Explícito de Pokémon - PMDverse: La Isla de los Desaventurados

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por jonan, 7 Diciembre 2018.

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    jonan

    jonan Jonan1996

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    Escritor
    Título:
    PMDverse: La Isla de los Desaventurados
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    10367
    Para Halloween tenía pensado entregar este relato que tiene a un pequeño Bunnelby como protagonista y quería meterlo en un contexto lleno de tensión, al estilo de películas Alien o Predator. El no lograr un resultado de mi gusto, el que se me alargara demasiado y el trabajar a contrarreloj no ayudaron y acabé dándome por vencido. Dos semanas después me animé de nuevo y bueno, resolví el escrito cambiando a una temática más de acción.
    Por otra parte veréis las siglas "PMDverse". Estos días me había estado planteando seguir escribiendo historias dentro del mundo de Pokémon Mystery Dungeon y plantearlos todos como un único universo.
    Dicho esto, aquí os dejo el Fic, espero que sea de vuestro gusto.


    PRIMERA PARTE:
    La Isla de los Desaventurados

    La cálida y arena sobre la que Bunnelby yacía inconsciente no resultaba para nada tranquilizadora. Los primeros rayos de sol despertaron al Pokémon. Se levantó en aquella playa de aguas turquesas y miró a su alrededor. El agua arrastraba trozos de la avioneta en la que surcaba el mar y automáticamente se preocupó por el piloto Aipom. Pronto vería el cuerpo flotando.

    Intentó recordar lo ocurrido, como Aipom y Bunnelby habían hallado la misteriosa isla, pero de repente la avioneta recibió un golpe y cayó al mar. Pensó en el ataque recibido. Tenía la certeza de que había sido un Pokémon.

    Pero la realidad era que había llegado a su destino, a la isla que durante tanto tiempo había estado buscando. Bunnelby era un estudiante de arqueología en la Universidad de Ciudad Caboestrecho y había dedicado sus últimos años a descubrir la mítica isla de los Desaventurados, isla donde se hallaba la famosa Esfera de los Continentes.

    Junto a Bunnelby había un viejo sombrero marrón con dos orificios. Estaba empapado, pero el Pokémon no dudó en ponerse su tan característico accesorio, metiendo sus dos orejas por los agujeros. Después miró a su alrededor en busca de un palo que rápidamente encontraría a escasos metros.

    Una vez cogió el palo se dispuso a dibujar un plano de la isla sobre la arena, intentando recordar un antiquísimo mapa que había descubierto años atrás y comparándolo con lo que podía ver de la isla. En frente tenía una frondosa jungla de esbeltos arboles de por lo menos 50 metros. Entre los árboles las lianas y los helechos reinaban por lo que avanzar isla adentro por ahí iba a ser difícil. A la izquierda del bosque existía una rocosa cordillera gris que comenzaba junto al mar y se extendía más allá del bosque tropical. En la parte más cercana se podían avistar tres cuevas artificiales, de forma cuadrada y con losas decoradas al rededor. Sobre estas entradas existía algún objeto cristalino que se reflejaba con la luz del sol. Finalmente, a la derecha había otra cordillera rocosa más pequeña de color más amarillento que podía cruzarse con facilidad. Tras esta se podía ver la parte superior de lo que parecía un campanario. Recordó que le mapa ya avisaba de la existencia de un poblado en esa zona.

    Bunnelby notó como una sombra se acercaba lentamente por detrás. El sol creó una gran sombra tras él, la sombra de una enorme pinza. El Pokémon pegó un salto que esquivó la pinza de un Kingler la cual se cerró a la altura de su cuello con una fuerza de 10.000 caballos.

    –Hoy no quiero comer Barboach. –Dijo Kingler mirando fijamente a su presa.

    –¿Qué? –Dijo Bunnelby aterrado por la idea de ser devorado.

    –Tranquilo... esto será rápido. –La enorme tenaza comenzó a brillar. –Guillotina.

    Kingler se abalanzó con todas sus fuerzas para cercenar el cuello de Bunnelby. Éste, rápidamente, saltó de nuevo y preparó sus pies para hacer un ataque Doble Patada, ataque que incrustó al Kingler en la arena. Después, salió corriendo dejando atrás al Kingler y se dirigió al poblado tras la montaña.

    El Pokémon acuático intentó ir tras él, pero se cansó rápido debido a su gran pinza. Decidió volver al mar, donde la caza sería más sencilla, pero una siniestra sombra de siete ojos lo paró en seco.

    –Mierda... –Susurró.

    La sombra alzó su pierna y aplastó a Kingler como si de una cascara de huevo se tratara.


    *****​


    En cuestión de una hora Bunnelby llegó al poblado compuesto por una docena de casas y rodeado por una fuerte muralla de una decena de metros de altura. El estado del poblado era lamentable, la mayoría de las casas estando en ruinas y la muralla tenía un tremendo boquete. Tras el pueblo había una cala con un pequeño puerto de madera prácticamente hundido en el mar, al igual que el galeón de oscura madera algunos metros más atrás. La iglesia, dedicada a Arceus, era el único edificio completamente en pie a pesar de ser completamente de madera. Frente a la iglesia, existía una pequeña losa de roca grisácea con cuatro símbolos, cada uno compuesto por siete puntos en disposiciones diferentes.

    Bunnelby llegó al gran boquete con intención de entrar al poblado en busca de información. Cansado de correr se detuvo un momento y se acercó a un pequeño riachuelo a las afueras donde unos Dwebble huyeron de él. Éste se quedó mirando intrigado como los Pokémon arrastraban sus caparazones rocosos.

    Entró en el poblado y directamente se dirigió hacia la iglesia. Con tranquilidad y sin perder detalle avanzó entre las viejas casas de piedra, muchas de ellas derrumbadas y tragadas por la vegetación. De repente, notó como una sombra lo miraba, pero al girar la cabeza esta ya había desaparecido.

    Llegó a la iglesia, la cual tenía una enorme puerta en el suelo. No dudó en entrar en busca de información. La capilla era muy simple pero el desorden era inmenso, estando los taburetes unos encima de otros o otros simplemente partidos en dos. Al fondo, intacta, se hallaba la estatua de piedra del gran Arceus sobre una bella columna de mármol blanco.

    –Creo que te has confundido de lugar. –Dijo un Primeape desde la puerta. Éste tenía el cuerpo lleno de cicatrices y un parche en el ojo. –Lárgate antes de que nos metas en problemas.

    –¿Sois los que me habéis vigilado?

    –Así es. –De repente seis Mankey y dos Primeape más entraron por los ventanales. –Vivimos ocultos en este poblado para no ser descubiertos por los monstruos.

    –¿Monstruos?

    Una aterradora voz robótica y siniestra se escuchó a las afueras de la muralla, sonido que resonó por todas partes.

    –Ya está aquí. –Dijo uno de los Mankey aterrado.

    –Os lo dije... Iba a traer al monstruo de siete ojos. –Dijo otro tembloroso. –Debemos matarlo y entregarlo en sacrificio.

    –¿Pero quién demonios se acerca?

    Uno de los tres protectores. No dudará en sepultarnos bajo sus rocas. –Dijo uno de los Primeape cerca de Bunnelby, intentando aparentar normalidad pero sudando a gota gorda.

    –Huyamos. Usaremos la puerta principal. La bestia seguramente entre por el boquete.

    El grupo salió corriendo por la puerta. El Primeape que más cerca estaba pegó un puño a Bunnelby que lo estampó contra la columna de mármol y después huyó. Cuando el conejo se repuso pudo oír ruidos de dolor. El monstruo estaba afuera. Desde el interior miró a la rocosa bestia de siete brillantes ojos en forma de hache, el cual había atrapado la Primeape que lo había golpeado.

    –Cabrón... –Dijo el mono al ver sus piernas aplastadas. El monstruo giro su brazo y lo apuntó a la cabeza. Después simplemente lo aniquiló de un Electrocañón, incluso calcinando el cuerpo.

    Bunnelby, ante la dantesca escena, no pudo evitar vomitar. Por suerte, el monstruo de fijo en dos de los Mankey que aplastó en cuestión de segundos con Lanzarrocas.

    El monstruo se dirigió a la izquierda, por lo que Bunnelby decidió salir por una de las ventanas de la derecha. Pegó un ágil salto y salió del edificio, apurando el ataque Poder Pasado que destruyó la iglesia por la mitad. Con el corazón a punto de salirse del pecho, Bunnelby corrió como jamás lo había hecho. La bestia le atacó con numerosos Lanzarrocas que lo podían aplastar sin dificultad, pero gracias a su agilidad el pequeño los pudo esquivar.

    Finalmente llegó al boquete, donde se encontró con los dos Primeape que quedaban y otros dos Mankey. Estos habían rodeado la muralla por lo alto de ella.

    –¡Cuidado! –Gritó Bunnelby al ver que una sombra había sido lanzada hacia ellos. Era un Mankey moribundo que se estampó contra la pared de la muralla reventándolo en miles de pedazos. Bunnelby se sintió mareado al ver como el Mankey desmembrado se despegaba del muro y caía trozo a trozo dejando un rastro de sangre fresca.

    –¡Es por tu culpa! –Dijo otro Mankey entre lágrimas. Éste saltó del muro a una increíble velocidad a por el Bunnelby.

    Éste, nervioso y aterrado, sólo se le ocurrió usar Bote contra el atacante. Ni siquiera fue zapa de abrir los ojos. Para cuando los abrió un rastro de sangre cruzaba su rostro. Había atravesado el cuerpo del Mankey con una de sus fuertes orejas.

    –Lo... Lo siento. –Dijo Bunnelby entre lágrimas y al borde del colapso.

    –Maldito... –Dijo el Mankey mientras la vida se alejaba de su cuerpo.

    Bunnelby, sin poder aguantar más, se desmayó.


    *****​


    El sol, en lo más alto, despertó a Bunnelby por segunda vez en aquel día. Su cabeza le daba vueltas. Se tocó la cara con una de sus orejas y la notaba pegajosa. Aún estaba cubierto de sangre.

    Levanto lentamente su cuerpo y cuando sus ojos asimilaron la luz pudo ver como los dos Primeape y el Mankey superviviente lo miraban. Todos se encontraban sobre el viejo galeón de madera que estaba hundido en la cala cercana al poblado. Apenas la cubierta tenía la mitad sobre el agua, pero la familia de los Primeape lo tenían preparado para vivir.

    –¿Por qué me habéis salvado? ¿He... He matado? –A Bunnelby le volvió la imagen del Mankey empalado con su oreja. Vómito lo poco que le quedaba en el estómago.

    –¿Nunca habías matado? –Le preguntó el Primeape con el ojo tapado. La otra Primeape estaba fumando lo que parecía hoja de tabaco con cacao y el Mankey restante simplemente miraba al horizonte intentando aguantarse las lágrimas.

    –No... –Bunnelby se limpió la boca con su oreja.

    –¿Eres un recién nacido? –Dijo el otro Primeape.

    –No... Vine en avión. Algo nos atacó y caímos. Mi compañero murió y me quedé solo en la playa detrás de las montañas.

    –¿Avión? ¿Vienes desde más allá del mar? –Preguntó la Primeape fumadora.

    –Os lo dije. –Respondió el otro. –Veo que te despertaste en la Playa Muerterocosa. Tienes suerte de estar vivo, el monstruo de roca siempre está ahí. Seguramente el monstruo te seguiría hasta el poblado.

    –Lo... lo siento. No quería que vuestros compañeros murieran. Ni matarlo a él... Fue un accidente. Yo no soy así.

    El Primeape líder sonrió levemente y se levantó de la esquina en la que estaba sentado. Caminó cuatro pasos y se sentó en frente de Bunnelby.

    –No lo sientas. Este lugar es así. Un infierno. Nunca decidimos cuando matar, pero nos toca hacerlo casi a diario. Nosotros normalmente vivimos en este viejo galeón en el que nuestros antepasados vinieron a la isla tras el tesoro. Es el único lugar en el que los monstruos no nos atacan ya que no pueden salir de la isla.

    –Esos monstruos... Me suena haberlos visto en los libros y algunas estelas.

    –¿Sabes algo de ellos? Son tres. Uno de roca, otro de acero y otro de hielo. Tienen siete ojos y son indestructibles.

    –Creo que son los tres Regis. Pokémon creados por él que arrastra continentes, Regigigas. Dicen que el trío se dedica a proteger a su creador. Quizás protejan la Esfera de los Continentes.

    –¿Tú también has venido tras la Esfera? Al igual que nuestros antepasados hace 400 años. –Dijo la fumadora.

    –En si he venido a conocer más sobre esa antigua cultura que vivía en la isla y protegía la Esfera. La antigua cultura Pokétalante.

    –Déjame contarte la triste historia de nuestros antepasados. –Primeape se levantó de su sitio y se acercó a lo más alto de la cubierta, en lo que un día fue la proa, de fondo estando el poblado.

    –Hace unos 400 años la isla fue encontrada por un grupo compuesto por tres grandes exploradores. Estos eran Sir Primeape, Sir Reuniclus y Sir Zoroark que descubrieron que la isla en el pasado se había movido, pero desde hace 4000 años este movimiento no se había dado. Avanzaron por la isla pero la masacre a manos de los tres monstruos pronto empezó. Aquella expedición de 150 Pokémon pronto acabaría en apenas en una veintena que acabarían separándose. Quien sabe... Quizás a día de hoy también exista una familia como la nuestra de Zoroark o de Reuniclus.

    –¿Que sabéis de la cultura Pokétalante?

    –Sólo sabemos que usaban está isla para sus experimentos. Existen, a parte del poblado, tres viejas ruinas esparcidas por la isla que en el pasado serían laboratorios. Mi padre intentó saber más al respecto, pero ese deseo se convirtió en una obsesión y acabó desapareciendo tras intentar ir a las ruinas de la montaña, donde el templo de tres puertas.

    Bunnelby quería saber más. Pero sentía que el tenso ambiente no ayudaba. Realmente pensaba que mucho más no sabrían al ver tanta brutalidad en una sola mañana. Adentrarse en la isla era toda una locura.

    –Entonces... ¿Cómo familia que futuro os espera? Digo... ¿No caéis en la monogamia?.

    –Solemos adentrarnos en la isla en busca de parejas con las que reproducirnos. Siendo un entorno hostil cuesta. Además de que no siempre son parejas compatibles.

    –Creo que entiendo todo... Y creo que podría ayudaros.

    –Si realmente quieres ayudarnos... –Interrumpió la otra Primeape. –Sácanos de esta isla.

    –Para ello tengo una idea, pero necesito vuestra ayuda.

    –Hacer un barco está jodido.

    –¿Por?

    –Porque si quieres madera de la jungla, ese es territorio del monstruo de metal. El más sanguinario de los tres monstruos. –Explicó la Primeape.

    –Tarde o temprano deberemos entrar en la jungla para lograr reproducirnos. No veo inconveniente en ir al interior. –Respondió el otro Primeape.

    –Es una locura. No pienso ir.

    –Es obvio que no vas a ir. Eres la última hembra de la especie y Mankey aún es demasiado joven. –Se giró hacia el Bunnelby. –Ahora bien, pequeñajo, cual es el plan.


    *****​


    Así es como al anochecer partieron hacia la oscura y frondosa jungla llena de extraños ruidos de Pokémon que los acechaban. Primeape usaba una espada de filo curvo para abrirse paso a través de la vegetación, mientras que Bunnelby le cubría las espaldas.

    –¿Estás seguro de tu plan para huir de la isla? No seríamos los primeros en intentarlo en 400 años.

    –La cosa es que en 400 años no se os ha ocurrido desmantelar una iglesia. La madera del edificio, junto con los materiales de esta jungla, serán suficientes para crear un navío.

    –Espera. –Dijo Primeape algo alarmado.

    Éste miró a su izquierda e intentó ver en la vegetación de qué Pokémon se trataba. El Pokémon, de claros tonos azulados, lanzaba objetos alrededor de la pareja intentando confundirlos, pero el ojo de Primeape no lo engañaba. Éste unió sus dos manos para agarrar la espada y esperó.

    –Quién demonios es.

    –Un problema. Ponte detrás de mí.

    Una enorme mandíbula se abalanzó contra ellos. Los dos saltaron para esquivar a la feroz criatura que cerró la boca un par de veces esperando haber pillado a su presa. Para cuando se dio cuenta Primeape le clavó la espada en el entrecejo, cayendo desplomado en cuestión de segundos.

    –Es un Feraligatr... –Dijo Bunnelby mientras Primeape recuperaba su arma ensangrentada.

    –Lo era. –El Pokémon se agachó y abrió la boca del recién difunto para arrancarle dos de sus más largos colmillos. Éstos aproximadamente tendrían casi diez centímetros. –Solamente tenemos un arma, por lo que empuñar estos colmillos serán mejor que nada.

    Continuaron el camino dejando atrás el cadáver por miedo que el olor acercara a más peligros. Caminaron por lo que parecía una zona algo más clara, lo que los exponía a más peligros pero por lo menos los verían acercarse a ellos.

    El bochornoso calor comenzaba a ser insoportable para Bunnelby. No esperaba que la humedad y el calor le fueran a dañar tanto, pero no podía despistarse. Sudaba mucho y bastó que una gota se le metiera en los ojos para despistarse. Cuando recuperó la concentración descubrió que sus pies ya no apoyaban el suelo y que estaba siendo arrastrado por un Beautifly.

    –¡Salta! –Gritó Primeape.

    Bunnelby, con el corazón a cien por hora, solamente se le ocurrió clavar el colmillo en una de las alas del Beautifly. Éste comenzó a caer hasta despeñarse en el suelo, aunque en ningún momento soltó a su presa. De repente, comenzó a sentir un gran dolor en la oreja izquierda. Miró y vio como el Pokémon le estaba chupando la sangre con su fina trompeta.

    –¡Cabrón! –Dijo Bunnelby clavándole de nuevo el colmillo, esta vez en la cabeza, y arrastrándose hacia atrás aterrado. – Qué... Qué es este maldito lugar.

    –¿Estás bien? –Le dijo Primeape mientras se acercaba corriendo.

    –Sí... solo me duele un poco la oreja. –Bunnelby se levantó del suelo de un salto y volvió a sentir nauseas, aunque ya no le quedaba nada que vomitar.

    –Debemos avanzar. Creo que alguien nos lleva vigilando un rato, aunque no entiendo por qué no nos atacan.

    –Pues yo tengo la sensación de que muchos nos vigilan.

    –Reza por que no aparezca el Monstruo de Acero. Aún nos quedara como media jungla por atravesar hasta esas malditas ruinas.

    –A parte de la madera necesitaremos material de navegación para salir de la isla. Según lo que me dijiste hay material de ese tipo en el laboratorio oculto en la jungla.

    –En ese templo conviven dos familias de Quagsire y Simisage. En el pasado, para impedir la monogamia, hemos acudido a ese lugar. Mi padre, por ejemplo, era un Simisage que realmente llegó a amar a mi madre. Pero ésta falleció a manos del monstruo de acero y mi padre decidió dejarme en el poblado de la costa para luego buscar las respuestas a esta isla. En las ruinas seremos bien recibidos.

    –¿Has llegado a ver al monstruo?

    –¿Acaso cómo crees que perdí el ojo?


    *****​


    La luna se encontraba en lo más alto del cielo cuando llegaron a las ruinas. Éstas se encontraban en medio de la jungla, rodeado de árboles, pero entre el bosque y el edificio existía una profunda fosa de agua que aparentemente no parecía tener problema alguno para ser atravesada. Las ruinas no eran muy grandes, al contrario, apenas estaban formadas por una edificación en forma de cubo con una gran puerta.

    –Esta fosa protege las ruinas del monstruo. –Comenzó a explicar Primeape. –Si la entrada es atacada el agua se convierte en Ácido Fluorhídrico y alejan a la criatura. Los Pokétalantes realmente tenían una tecnología avanzada.

    Lejos, en medio de la selva, un terrible sonido metálico interrumpió la conversación, siniestro sonido que resonó por toda la isla. Unos pocos segundos después una voz aterradora silenció a toda la jungla.

    –Otra vez... Es el monstruo. De vez en cuando alguien se le enfrenta y se escuchan ruidos así. Mi padre me decía que era un invisible espíritu del bosque intentando luchar contra el monstruo.

    –¿Invisible? –Pensó Bunnelby en voz alta.

    –Será mejor que entremos.

    Cruzaron la fosa llena de agua y se situaron frente a la gran puerta metálica. Pegó siete rítmicos golpes en la puerta y en el interior fueron alertados de su llegada. La puerta, lentamente, comenzó a abrirse frente a ellos creando un gran estruendo. Tras la puerta observaron una pequeña sala con unas escaleras descendentes. Frente a las escaleras un Quagsire, una Simisage y un Darmanitan los esperaban en posición de combate. Junto a ellos unos Wooper, Pansage y Darumaka los cubrían con lanzas.

    –Soy yo. –Dijo el Primeape. Lo reconocieron rápidamente y abandonaron la posición defensiva.

    –Ah... eres tú. –Dijo Simisage. –¿Qué demonios haces aquí?

    –Necesito vuestra ayuda.


    *****​


    La sala no era muy grande, pero era suficientes como para que el arqueólogo Bunnelby, el Primeape tuerto, el Quagsire sin cola, la Simisage de verde muy oscuro y el Darmanitan entraran alrededor de una mesa circular. En el centro de la mesa había un sextante que Bunnelby había construido con algunas piezas metálicas y una brújula que giraba sin parar sobre sí misma. La sala estaba alumbrada por la tenue luz de dos antorchas a cada lado de la habitación.

    –Las brújulas no funcionan en esta isla. –Dijo Darmanitan con los brazos cruzados.

    –Creo que el sextante será suficiente, pero para ello necesitaré saber la hora que es.

    –¿Realmente dices que esa embarcación puede funcionar? –Preguntó Quagsire.

    –Estoy seguro.

    –¿Y cuanta gente podría albergar ese barco? –En silencio, todos se quedaron mirando a Bunnelby durante unos largos segundos de silencio. Primeape miró al suelo conocedor de la respuesta.

    –Cuatro personas.

    –¿Y no podrías sacar a nuestras familias? ¿Crear una embarcación más grande?

    –Podrá hacerlo. Pero necesitaríamos tiempo y más madera. Podría crear un barco que lleve a unas treinta personas. Dibujaré unos planos.

    –Traedle papel. –Ordenó la Simisage. Inmediatamente Bunnelby comenzó a esbozar los planos de una embarcación que recordaba haber visto en los libros de historia. Éste era alargado navío de madera, no muy complejo, e impulsado por remos.

    –¿No tiene una vela?

    –No hay tiempo para construir una o dos velas del tamaño necesario. Por eso los remos. Aun así sigue existiendo un inconveniente. Tardaremos unos seis días en construirlo. Algo imposible teniendo en cuenta a esos tres monstruos.


    *****​


    En el exterior, a un kilómetro de distancia, la feroz batalla entre el ser invisible y Registeel continuaba. Una esfera azulada comenzó a originarse frente al Regi para luego ser lanzada contra él. El Pokémon retrocedió una decena de metros hacia atrás arrastrando con sigo el bosque. Rápidamente se recompuso y se preparó para lanzar una eléctrica esfera. La lanzó, pero no puso asestar en el objetivo. El potente ataque hizo desaparecer el bosque en una recta de cien metros.

    Para cuando se dio cuenta tres esferas azuladas aparecieron tras él.

    –Onda Certera. –Dijeron tres voces al unísono antes de asestarle con el triple ataque. El Pokémon salió despedido a una enorme distancia mientras liberaba un siniestro grito de dolor.

    Los tres Pokémon invisibles recobraron su forma, tres robustos Zoroark, uno variocolor que era el líder de los tres.

    –Parece que esta vez nos hemos pasado con la fuerza. –Dijo uno de ellos.

    –Esto es bueno. Parece que estamos a punto de vencerlo. –Respondió el variocolor.


    *****​


    Un gran estruendo rodeó las ruinas de la jungla, deteniendo por completo la reunión. Los cinco reunidos entraron en alarma.

    –!Darmanitan! –Dijo un pequeño Darumaka. –El... el monstruo ha caído sobre la entrada y ha destrozado la puerta. ¡Tenemos que huir!

    Todas las alarmas se encendieron. Primeape se quedó helado, con la mirada perdida, sin saber qué hacer. Simisage rápidamente estiró su brazo y se llevó los planos de la embarcación para después largarse. Bunnelby lo vio, pero no pudo detenerlo al interponerse Darmanitan.

    –Tú ven conmigo. Aquí no tenemos ningún reloj que funcione pero sé dónde hay uno.

    –¿Dónde quieres ir? –Dijo Primeape sabiendo la respuesta.

    –Al templo de la montaña.

    –¡No!

    –Sin reloj no hay otra opción.

    –¡Maldita sea! –Exclamó Primeape sin querer dejar atrás a Bunnelby.

    De repente, una explosión inundó todo el pasillo, tirando al suelo a todos los presentes. Gritos de dolor se escucharon, Pokémon en llamas y algún que otro órgano cercenado. El ambiente estaba lleno de polvo y apenas se veía nada en medio de aquella oscuridad solamente alumbrada por los ataques del monstruo y los Pokémon en llamas. En medio del caótico ambiente la voz del furioso Registeel sobresalía.

    Bunnelby, con los oídos taponados, la vista no muy clara y con el cuerpo dolorido se levantó del suelo, pero era incapaz de reaccionar. Alguien lo cogió en sus brazos y salió corriendo del lugar. Era Primeape, acompañado de Darmanitan el cual gritaba unas órdenes.

    –¡Salid por la salida de la jungla y refugiaros en el poblado! ¡Yo me encargaré de sacaros de la isla!


    *****​


    Bunnelby, Primeape y Darmanitan salieron por una puerta camuflada en la grisácea roca de las montañas tras haber recorrido un largo pasillo a oscuras y con el cuerpo muy dolorido. Salir y se sentaron para coger aire, aunque sabían de sobra que no tenían mucho tiempo. El sol comenzaba a aparecer en el horizonte.

    –¿Habéis cogido el sextante? –Dijo Bunnelby al recordar que nadie lo tenía.

    –Mierda... –Suspiró Darmanitan.

    –Si no conseguimos la brújula todo este viaje ahora mismo será en vano. –Dijo el Primeape mientras observaba que Darmanitan apenas tenía una sola herida. En cambio, él tenía parte de la cara y una pierna con algo de sangre. –Más adelante nos preocuparemos del sextante. Quizás podamos construir otro.

    –Estamos cerca de la entrada. Pero hay que tener cuidado con el monstruo de hielo. –Recordó Darmanitan.

    –Regice. –Interrumpió Bunnelby. –Se llama Regice. –Comenzó a reírse a pleno pulmón. –¿Dónde cojones me he metido?

    Unas sombras comenzaron a cubrir los cuerpos del trío, sombras que se movían en círculos. Los tres miraron al cielo y observaron a una banda de seis hambrientos Mandibuzz. Los dos luchadores se pusieron a la defensiva.

    –Dejádmelo a mí. –Dijo Bunnelby enfadado.

    Se levantó del suelo y apuntó con sus orejas. Creó una esfera anaranjada y la lanzó contra uno de los Mandibuzz al que le explotó de lleno cayendo debilitado. Sin compasión alguna el Pokémon volvió a repetir el ataque y derribó a otro pájaro. El cielo, lleno de nubes de polvo creadas por los Antiaéreo, se convirtió en cuestión de segundos en el cementerio de aquellos Pokémon.

    –Vamos. –Dijo mientras Bunnelby avanzaba mientras los otros dos lo miraban algo temeroso.

    Avanzando por la montaña pronto verían en línea recta la cueva con triple entrada rodeada por losas de piedra decoradas. Sobre cada entrada, rodeadas por losas rocosas con extraños dibujos, existía una extraña roca luminosa, una de color marrón, una gris y una azul. Solamente tenían que cubrir doscientos metros para llegar al destino.

    –¿No escucháis eso? –Dijo Darmanitan mientras se giraba para mirar tras él. Se giró y vio como Regice cargaba Hiperrayo. Con sus largos brazos empujó a Bunnelby contra Primeape para apartarlos de la trayectoria del ataque. Él se desequilibró y el ataque lo pilló con un brazo en alto.

    El ataque golpeó de lleno en el brazo, dejándolo muy dolorido. Gritó levemente de dolor, pero su voz se apagó al notar el rostro de Regice cara a cara con el suyo. Sin compasión alguna le atacó con Rayo Hielo, congelándolo completamente.

    –¡Darmanitan! –Gritó Bunnelby preocupado.

    –¡Vamos! –Gritó Primeape mientras arrastraba a Bunnelby del brazo.

    –No podemos dejarlo así.

    Tras ellos Regice estaba listo de nuevo para atacar con Rayo Hielo, pero un potente A bocajarro de Primeape los salvó. Primeape, iracundo, no dejaba de asestar golpes al robusto cuerpo de Regice que a pesar de notar el dolor apenas se inmutaba. Tras unos largos segundos se repondría, pero sin dudar un solo momento en luchar.

    El sonido del hielo rompiéndose los irrumpió. Darmanitan había usado el calor de su cuerpo para derretir y luego romper el hielo.

    –Cabrón... –Dijo mientras recuperaba la respiración.

    –¡Quietos! –Irrumpió la voz de un Reuniclus flotando en el aire. Regice lo miró pero no pudo atacarlo. Reuniclus, con su ataque Psíquico, lanzó lejos a Regice. –¡Ahora, corred!


    *****​


    Los tres entraron en la cueva junto con Reuniclus y se hallaron en una sala cuadrada a oscuras. De la sala un pasillo bien alumbrado con cristales luminosos les esperaba. En un lado también había barriles de pólvora negra amontonadas.

    –Tranquilos. Los Regis no entran en la cueva a no ser que la Esfera sea tocada. –Les dijo con una voz tranquilizadora. –Aunque tengo algunas preguntas.

    Explicaron todo lo sucedido y Reuniclus desde el primer momento sintió emoción al oír la idea de poder salir de la isla. También parecía muy dispuesto a resolver todas las dudas que Bunnelby tuviera sobre la isla y sus misterios.

    –No os preocupéis, tenemos varios relojes funcionales. –Dijo muy amable. –En cuanto a la isla y la cultura Pokétalante os lo explicaré de camino al gran salón.

    Partieron montaña adentro a través de un gran pasillo alumbrado con unos cristales blancos que emitían un potente haz de luz. Éstos estaban colocados en unas columnas de mármol blanco empotradas contra la pared que resaltaban con la oscura roca del pasillo. Las decoraciones de las columnas, sobre todo en los capiteles, eran preciosos.

    –Esta isla era en sí una localización estratégica para la cultura Pokétalante al estar en lucha con otras. Por supuesto esta gente cogió su fama por su avanzada tecnología. En esta isla llevaron algunos de sus avances más extraordinarios aunque aquí llevaron a cabo tres tipos de experimentos. Primero, crear el Oricalco, un metal irrompible, metal que compone el cuerpo de Registeel. En segundo lugar crear un vehículo que flotara por el aire llevando a cabo experimentos con varios Bronzong. Finalmente, estaba el mayor descubrimiento de su cultura, la inmortalidad.

    –¿El famoso elixir? –Dijo Bunnelby emocionado.

    –Así es. Existen unas tablillas de roca de hace 4000 años que dicen que su descubridor Gobalorg lo llevó lejos de aquí, donde el rey Thalos no pudiera obtenerlo, para evitar que el rey llevara algunos planes a cabo.

    –¿Y cómo entran los Regis y la Esfera de los Continentes en esta historia? –Preguntó Primeape.

    –Una isla así debía ser protegida de alguna forma, por lo que buscaron la esfera y capturaron por la fuerza a los Regis. Después despertaron a Regigigas y lo usaron para que la isla estuviera en constante movimiento. Hasta hace 4000 años.

    –¿Qué sucedió? –Preguntó Bunnelby. Mientras, el grupo giraba en un pasillo para descender por unas oscuras escaleras.

    –Poco después de que Gobalorg huyera falló el experimento de los Bronzong creando un gran desastre. Éste falló creando una gran explosión, una explosión electromagnética que liberó a los regís. Estos tres al separarse hicieron que Regigigas volviera a contenerse en su forma esférica. Desde entonces, durante 4000 años la isla no se ha movido. Los habitantes intentaron combatir a los regís pero la mayoría acabaron huyendo de la isla.

    Las escaleras descendentes finalizaron hasta llegar a una enorme sala de planta circular y con una altura de unos treinta metros. En medio de ésta un enorme Bronzong de color negro se hallaba con los ojos en blanco, Pokémon que a duras penas podía moverse.

    –Ahora está meditando. –Explicó Reuniclus. –Éste Pokémon lleva 4000 años aquí encerrado. Del experimento fallido Bronzong obtuvo propiedades electromagnéticas muy poderosas, al igual que ese color negro único. Es por este Pokémon que en la isla no funcionan las brújulas. –El Pokémon se giró y se volvió. –Ahora os llevaré a la sala de la esfera.

    Volvieron a subir las escaleras y continuaron el pasillo previamente cogido. Durante el camino se encontraron con dos pequeños Drilbur y pudieron ver que Reuniclus no estaba solo en el lugar.

    –Dentro de la cueva vivimos doce Pokémon. Salvo los dos Drilbur, un Excadrill y un Heatmor todos los demás pertenecen a mi familia. Llevamos viviendo aquí desde que llegaron nuestros antepasados hace 400 años. Primeape...

    –Dime.

    –¿Acaso no me vas a preguntar qué ocurrió hace 400 años?

    –¿Qué quieres que te pregunte? ¿Qué ocurrió entre los Sir?

    –Sir Reuniclus mandó avisos de lo que había en la cueva, pero éstos jamás volvieron y por lo que veo, tampoco llegaron. Lo de que los tres jamás llegaron a llevarse bien no es novedad.

    Finalmente llegaron a la sala de la Esfera de los Continentes, una enorme sala esférica con una plataforma flotante en el centro. Sobre la plataforma de magnetita yacía una bella esfera azulada. La sala era completamente esférica y tenía dos salientes que rodeaban la sala, representando un meridiano y un paralelo del mapa del mundo. Sobre estos salientes más piedras luminosas alumbraban el lugar, pero estas eran de color gris, azul y marrón.

    –Si la esfera es levemente tocada los Regis entraran en la cueva para comprobar que su creador está bien, por lo que es recomendable no entrar. Mi familia lleva 400 protegiendo que nadie se lleve la esfera. El robo de ésta puede ser peor para el mundo que el hecho de que esta isla sea un infierno.

    –Cabrón... Ni te imaginas lo que hemos tenido que pasar. –Dijo Primeape malhumorado.

    –Calma Primeape. Te entiendo, pero nuestra preocupación debe ser huir de aquí. –Le dijo Darmanitan mientras le ponía un brazo en el hombro. –Pronto estaremos muy lejos de aquí. Se acabará el sufrimiento.

    –Bueno, ahora que estamos aquí. ¿A parte de un reloj qué necesitamos para salir de esta isla?

    –Tenemos un plan. Pero existen inconvenientes. –Comenzó a explicar Bunnelby. –Aunque creo que sé que podemos hacer con los Regis.


    *****​


    Llegó el día siguiente. El sol estaba en lo más y los habitantes de la cueva llegaron al poblado en la costa. Estos arrastraban un enorme carruaje lleno de diversos objetos que necesitarían. Para su sorpresa, los Pokémon que vivían en el templo de la jungla y habían sobrevivido estaban allí, reconstruyendo la muralla del poblado. Bunnelby, Primeape y Darmanitan fueron bien recibidos por Zoroark, Quagsire y sus respectivas familias. La familia de Simisage también los recibieron bien, pero la cabeza del grupo no parecía tan entusiasmada.

    –¿Cómo habéis cruzado la isla con ese carro? ¿Y quiénes son estos? –Preguntó Quagsire sin poder contener la emoción.

    –¿Qué diablos habéis montado? Dicen que todos juntos vamos a salir de esta isla. –Dijo la Primeape feliz de ver a su compañero.

    –¡Tío! –Dijo un pequeño Darumaka que se lanzó a abrazar a Darmanitan. –Sabía que volverías sano y salvo.

    –Calma, calma. Reunámonos todos en la iglesia y explicaremos la situación.

    –Podemos reunirnos en la iglesia pero ya la hemos desmantelado. –Dijo la Primeape entre risas mientras se sacaba otro puro de tabaco y cacao y lo encendía.

    Frente a la iglesia, ya desmantelada y con las maderas apiladas junto a los restos del edificio, todos los presentes se reunieron.

    –Ahora mismo trabajamos contrarreloj. –Comenzó Bunnelby. –Antes de salir de la cueva hemos llevado a cabo una treta para ganar tiempo. Creé un pájaro bebedor, un instrumento que por largo tiempo puede moverse y además aprovechando el magnetismo del lugar ese tiempo he podido prolongarlo con el uso de la magnetita. Lo que quiero decir, ese objeto durante por lo menos cuatro o cinco días va a estar rozando la Esfera de los Continentes. Ésta al ser rozada mantendrá a los Regis alerta del artefacto sin que nos moleste mientras construimos la embarcación. Trabajamos a contrarreloj.

    –¿Entonces podemos construir el barco y caminar por la isla como si nada? –Preguntó el Zoroark variocolor.

    –Durante un tiempo sí. –Continuó Bunnelby. –Pero no sé exactamente cuántos días tardaremos en construirlo. Por lo que necesitamos crear defensas por si los Regis vuelven. El templo de la jungla tiene interesantes cosas para la defensa del poblado fortificado, hemos traído materiales y Oricalco del templo de las montañas y, sobretodo, somos un grupo que coordinado puede hacer frente a los Regís.

    Entre los presentes un leve alboroto comenzó a escucharse, ruido que rodeó a Bunnelby, Primeape, Darmanitan, Quagsire, Simisage, Zoroark y Reuniclus.

    –¿Qué pasó tras el ataque al templo por el monstruo de hierro? –Preguntó Darmanitan.

    –Cuando salimos todos del templo con los heridos los tres Zoroark aparecieron y nos cubrieron con sus ilusiones. Registeel no pudo hacer nada contra un enemigo imaginario. –Explicó la Simisage.

    –Muchas gracias. A los tres. Estoy en deuda con vosotros. –Dijo Darmanitan con gran gratitud.

    –Simisage. –Dijo Bunnelby en un tono arisco. –¿Tienes los planos?

    –Sí.

    –¿No te esperabas que fuéramos a salir vivos de ahí o no te interesaba? –Lo acusó sin temor alguno. Simisage, en silencio, no se atrevía a responder. Todos la miraban fijamente.

    –Bunnelby... –Dijo Primeape algo nervioso. –Ella es mi hermanastra. Si tiene algo personal es conmigo.

    –Pues que sepa que a la única persona a la que le voy a enseñar a usar el sextante es a ti. Así igual apreciara un poco más tu vida.

    –Por cierto... –Interrumpió Darmanitan. –¿Alguien cogió el sextante? –Nadie respondió. –Entonces tendremos que volver a la jungla.


    *****​


    Los trabajos comenzaron inmediatamente, todo según lo planeado por Bunnelby. La embarcación comenzó a ser construida en el centro del poblado, protegiéndolo de cualquier peligro. Reuniclus y su familia, con sus poderes psíquicos lo moverían al agua. Darmanitan y los Zoroark se encargaron de viajar al templo de la jungla y traer diferentes materiales que podrían aprovechar en la construcción y defensa del lugar.

    Cinco días de trabajo a contrarreloj fueron necesarios para tener la embarcación casi lista. Era de noche y necesitaban descansar, por lo que alrededor de una gran hoguera se rodearon. A la mañana siguiente colocar los últimos detalles y el barco estaría listo. Además, el pájaro bebedor les entregó esos días de tranquilidad que necesitaban y aparentemente iban a poder acabar el barco a tiempo. Aparentemente.

    Los tres Regis gritaron con enfado y brutalidad a falta de pocos minutos antes del amanecer, terribles gritos que despertaron a todo el poblado.

    –¡Todos a sus puestos! –Gritó Primeape preocupado. –¡Simisage! ¡Quagsire! Ayudadme a acabar el barco. El resto, necesitamos resistir por lo menos dos o tres horas. Y por cierto... ¿dónde está Bunnelby?

    Rápidamente Quagsire, cuatro Wooper, Simisage y cinco Pansage se acercaron y se pusieron manos a la obra.

    Sobre las murallas se repartieron en tres grupos que miraban fijamente a la cueva de tres entradas. Mirando desde el interior del poblado, a la derecha se hallaban los tres Zoroark, a la izquierda la Primeape junto con el joven Mankey, los dos Drilbur y el Excadrill y finalmente en el centro Darmanitan, Heatmor y cuatro Darumaka. Mientras tanto Reuniclus, los tres Duosion y los cuatro Solosis cubrían los cielos del lugar.

    –Compañeros. Preparad el ácido con cautela. Es muy peligroso. –Dijo el Zoroark variocolor a sus compañeros.

    –¡Sí! –Respondieron al unísono mientras subían las escaleras con unas grandes capsulas llenas del líquido.

    –Excadrill. Drilbur. –Comenzó la Primeape. –¿Habéis preparado el terreno?

    –Así es. Todo listo y lleno. –Respondió el más pequeño.

    –Perfecto.

    –¡Debemos aguantar tres horas! –Gritó Zoroark con gran efusividad.

    Pasó aproximadamente media hora en la que todos permanecieron en silencio. El avance de los tres regís a través de la jungla se escuchaba según mataban a todo lo que encontraban en su camino. En lo alto de la muralla todos sudaban frías gotas llenas de tensión.

    Un grito, más cercano que nunca, puso más alerta que nunca a los defensores. Incluso los que trabajaban en el barco llegaron a detenerse.

    –No paréis de trabajar. –Ordenó la Simisage.

    Regirock fue el primero en hacer acto de presencia. Lento pero sin pausa salía de la jungla, pero venía sólo.

    –No están alineados... –Dijo un pequeño Drilbur a la Primeape.

    –Debemos ganar algo de tiempo hasta que lleguen los otros dos. –Dijo Excadrill. –Lo atacarnos a distancia para hacerlo retroceder. Joven Mankey. Cuando te demos la señal hazlo explotar.

    –Bien. –Respondió el Mankey, acto seguido bajando de la muralla.

    –¿Qué ocurre? –Les preguntó Zoroark.

    –Mantened las posiciones. Vamos a retener a Regirock.

    El Excadrill y los dos Drilbur se colocaron en fila sobre la muralla. Sus cuerpos se iluminaron en azul y unos pequeños discos aparecieron sobre Regirock liberando un gran ataque Avalancha de rocas que lo sepultó sin problemas.

    –No va a ser suficiente. –Dijo la Primeape mientras se ponía a la par de la familia.– Probemos el nuevo ataque aprendido. Onda Certera.

    Regirock, enfadado, comenzó a apartar las rocas que tenía sobre su cuerpo. Alzó la cabeza y vio como una gran esfera se acercaba a él. Levantó sus manos para detenerlo, pero el golpe le dio de lleno haciéndole retroceder.

    –Bien hecho. –Le dijo Reuniclus.

    –Gracias. –Respondió la Primeape algo sonrojada.

    –¡Cuidado! –Gritó uno de los Zoroark.

    Registeel, con su potente Electrocañón, había atacado al grupo de Primeape y Excadrill. Al ver que el ataque se acercaba todos lo esquivaron, salvo un pequeño Drilbur que lo recibió de lleno, para después caer muralla atrás.

    –¡Drilbur! –Gritó aterrado el otro de los pequeños, el que era su hermano, mientras observaba como su debilitado cuerpo de estampaba contra el suelo.

    –¡Sólo está debilitado! –Dijo el Mankey que había ido a ver su estado. –Volver a vuestros puestos.

    Poco a poco Registeel llegaba a estar a la par de Regirock, pero Regice no aparecía por ninguna parte.

    –Tengo un mal presentimiento. –Dijo Heatmor al no ver que Regice aparecía.

    –No es un mal presentimiento... –Respondió Darmanitan que se encontraba de espaldas. –Es que hace frío.

    Regice, flotando en el aire, ascendía por la parte trasera de la muralla pillando por sorpresa a los cuatro Darumaka y el Heatmor. A un escaso metro de ellos lanzó un potente Rayo Hielo que Darmanitan respondió con un Puño Fuego. El puño fulminó sin problemas el helador ataque y golpeó en la dura cara de Regice haciéndolo retroceder en el aire un par de metros. El puñetazo llegó a ser doloroso para Darmanitan al chocar contra el duro cuerpo del Regí.

    –Cuando dé el aviso atacáis con todo. –Dijo Darmanitan. Pegó un tremendo salto contra el oponente y con sus largos brazos lo rodeó, impidiendo que atacará. – ¡Ahora!

    –Pero te golpearemos. –Respondió Heatmor.

    –¡Qué ataquéis!

    Todos atacaron con un impresionante Lanzallamas que atrapó a los dos Pokémon. Aquel mar de llamas se volvió insufrible para Regice, el cual huyó entre gritos ensordecedores a la parte exterior de la muralla, arrastrando y tirando a Darmanitan a las tierras delanteras de la muralla. Ahora Darmanitan estaba solo en tierra de nadie, entre los Regis y las murallas.

    –¡Darmanitan! –Gritaron los Darumaka preocupados.

    El Pokémon ígneo se levantó del sueño para ver que Registeel se acercaba hacia él.

    –Parece que estoy jodido. –Vaciló mientras alzaba sus brazos en forma de combate.

    Dos Duosion se lanzaron al rescate, pero Regirock los debilitó con facilidad mediante un ataque Electrocañón. Estos dos cayeron en seco junto a Darmanitan.

    –Mierda...

    Con su largo brazo los recogió en su mano y los lanzó al aire, para que Reuniclus y su familia los recogieran. Ese instante de descuido en el que le dio la espalda al enemigo fue suficiente para notar como un frío objeto había sido clavado por su espalda. Comenzó a notar el sabor de la sangre en su boca y no pudo evitar que un pequeño rastro de sangre cayera. Era Registeel, el cual le había clavado su mano por la espalda.

    –Por favor. Huid sanos y salvos. –Intentó gritar, pero le resultó imposible. Cogió aire una última vez y pronunció sus últimas palabras. –¡Volad esto por los aires!


    *****​


    Bunnelby esa misma noche había tenido una idea, pero al ser tan peligrosa decidió ir por su cuenta. No quería poner a nadie en peligro. Sólo, en la oscuridad de la noche, atravesó la isla hasta la cueva de tres puertas.

    Aprovechó la ocasión para reunir información sobre la inmortalidad descubierta por los Pokétalantes, lo anotó todo en una libreta y después se dirigió a la sala del gran Bronzong gigante.


    *****​


    Mankey, nervioso, llevaba un rato chocando el pedernal contra una pieza de hierro con idea de encender un pequeño montón de hojarasca.

    –¡Mankey! ¡Vuela esto por los aires! –Le gritó la Primeape algo desesperada.

    De repente, la hojarasca se prendió, la cual rápidamente usó para encender una mecha que se alargaba bajo la muralla. El túnel previamente cavado llegaba hasta la zona donde los Regis se encontraban, lugar dónde habían reunido la pólvora de la cueva.

    Una gran explosión subterránea lanzó la arena por los aires, sepultando el frío cuerpo de Darmanitan. Creó un gran boquete paralelo a la muralla del cual salía un oscuro humo. Los Regis cayeron algo heridos en el agujero, pero sus gritos de dolor no duraron mucho.

    –Hemos ganado algo de tiempo. Pero todavía solo llevamos media hora de combate. –Dijo Zoroark pensativo.

    –¡Duosion! ¡Solosis! Comencemos el ataque.

    La familia de Reuniclus se puso en fila apuntando a Regice, el cual fue el primero en salir del hoyo. Estos cargaron el ataque, una esfera celeste que los seis dispararon al mismo tiempo.

    –Onda Certera. –Dijeron al unísono.

    El tremendo ataque conjunto golpeó de lleno en el helado monstruo, el cual salió despedido contra la jungla.

    –Deberíamos hacer lo mismo. –Dijo la Primeape observando que Regirock comenzaba a salir. Inmediatamente el Excadrill y los Drilbur apuntaron y comenzaron a cargar sus Onda Certera. Al ver esto, Reuniclus, Duosion y los cuatro Solosis hicieron lo mismo, esta vez acribillando a Regirock. La polvareda levantada ocultó el sufrimiento del Regi, a pesar de que el grito que soltó era aterrador.

    –Algo ha sonado a roto. –Dijo Excadrill viendo que el ataque había sido exitoso.

    La polvareda se dispersó y quedó a la vista el Regi, o lo que quedaba de él. Su costado izquierdo, tanto la pierna como el brazo, habían sido completamente destruidos, al igual que la parte derecha del rostro del Pokémon. Las rocas que componían su cuerpo estaban esparcidas por el lugar en mil añicos. Avanzaba lentamente, arrastrándose por el suelo, en busca de rocas con las que regenerar su cuerpo.

    Registeel pegó un tremendo salto y comenzó a correr hacia la muralla a toda velocidad, con el cuerpo ligeramente tumbado hacia delante y con los brazos por detrás.

    –Es demasiado rápido. –Dijo Heatmor preocupado.

    El Zoroark líder se abalanzó contra él, chocando su puño cargado con Tajo Umbrío contra el duro metal de Registeel. El Pokémon cayó de espaldas para levantarse de nuevo y atacar con Machada una y otra vez. Su puño iluminado por el ataque comenzó a moverse con agilidad contra el enemigo, pero Zoroark lo esquivaba con facilidad. Finalmente, pegó un salto y atacó con Pulso Noche, creando una rosada explosión que hizo retroceder levemente a Registeel.

    –Ahora. –Gritó el Zoroark variocolor a sus compañeros.

    Registeel miró encima suyo para observar como los otros dos Zoroark le derramaban el balde de Ácido Fluorhídrico, el cual comenzó a derretir el duro metal convirtiéndolo es una maloliente espuma. El Pokémon se tiró al suelo y comenzó a retorcerse de dolor mientras el ácido iba derritiéndose y llegando a lo profundo de su robusto cuerpo.

    Los tres miraban el sufrimiento de su viejo adversario cuando Regice salió de la jungla sobre ellos directo a por Excadrill, llevándose a dos pequeños Solosis por el camino con Rayo Hielo. Excadrill le respondió con Taladradora, llegando a un tenso choque entre la extremidad de uno y el robusto hielo del otro.

    –Esto... Esto no será suficiente. –Dijo Excadrill con dificultades. Comenzó a hacer más fuerza hasta conseguir lanzar a Regice por los aires. –¡Mierda! –Exclamó al ver que se iba al interior de las murallas, cayendo al lado de un descuidado Pansage que trasportaba unas maderas.

    Regice se acercó a donde el descuidado Pansage y lo congeló con su potente rayo hielo.

    –¡No! –Gritó Simisage al ver a su pequeño compañero congelado. Acto seguido se abalanzó contra Regice. Lanzó un Energibola que apenas hizo efecto, pero si levantó una pequeña nube de humo que Simisage aprovechó para despistarlo. Después, pegó un salto y le asestó un ataque Demolición en la parte superior, incrustando al Pokémon contra el suelo. El Regi no se hizo esperar y le atacó con un Electrocañón que iba directo a él. En el último momento el tuerto Primeape apareció para salvarla del ataque que solamente destruyó una casa.

    –¿Cómo se te ocurre pelear sola?

    –¿Por qué me has salvado?

    –Hay que acabar con el barco y muerta no vas a ser de utilidad. Tenemos que sacar a Regice de aquí.

    Afuera de las murallas Regirock estaba a falto de rocas con la que regenerarse completamente y Registeel seguía gritando de dolor frente a los tres Zoroark, Uno de estos cogió la pieza de Oricalco conseguida en la cueva y fue a clavársela a Registeel para silenciarlo para siempre.

    Caminó dos pasos y con el trozo de metal agarrado como si fuera un cuchillo se dispuso a clavárselo allá donde el metal más se estaba derritiendo.

    –Hasta nunca desgraciado. –Dijo antes de clavárselo.

    Registeel liberó un último grito desesperado y lanzó un ataque Electrocañón directo a la cabeza del Zoroark, el cual cayó fulminado.

    –¡Cuidado! –Gritó el variocolor.

    Registeel se levantó de un salto y atacó al otro Zoroark pillándole por sorpresa. Los metálicos brazos se rodearon de un aura blanca, preparando un ataque Machada, que acabó aplastando la cabeza de Zoroark al cerrar ambas manos. La sangre y sesos del Pokémon salpicaron por todo el cuerpo de Registeel y parte del Zoroark variocolor.

    –¡No! –Gritó desconsolado Zoroark mientras veía como la sangre le salpicaba. No pudo evitar echar una lágrima. –No... Cabrón...

    Registeel lanzó su iluminado brazo contra la cabeza Zoroark, el cual a duras penas lo esquivó tirándose a un lado. Saltó y le pegó un puntapié, obligándole a gritar de dolor por el ácido que comenzaba a meterse en su cuerpo de forma grave. Registeel volvió a atacar con Machada, de nuevo a la cabeza pero con mayor velocidad. Zoroark se vio perdido al estar en el aire. Cerró los ojos y esperó.

    –Parece que este es el final. Lo siento familia, no he podido vengaros. –Susurró sonriente. Pero su muerte no llegaba.

    Registeel se quedó completamente paralizado. Intentaba avanzar, pero una fuerza lo tiraba poco a poco hacia atrás.

    –¿Qué ocurre? –Dijo Zoroark sorprendido.

    De repente, Registeel comenzó a ser arrastrado al igual que los objetos metálicos de toda la zona. Los brazos de Drilbur y le Excadrill comenzaron a ser arrastrados hacia la cueva, por lo que rápidamente Excadrill cogió a su pequeño y al otro ya debilitado para protegerse tras la muralla.

    –¿Qué demonios ocurre? –Gritó Primeape al ver que algunos de los clavos del barco se soltaban y chocaban contra Regice.

    –Alguien ha despertado a Bronzong. –Explicó Reuniclus. –¿Pero quién demonios ha sido?

    –¿Habrá sido Bunnelby? –Preguntó la Primeape.

    Regice se abalanzó contra el tuerto Primeape, el cual le respondió con un potente A Bocajarro, ataque que le hizo retroceder. Aprovechando el despiste, Simisage le lanzó un ataque Drenadoras. La pequeña semilla que lanzó de su boca chocó contra Regice liberando una pequeña planta enredadera que fue rodeando al Pokémon. Después, un aura roja comenzó a quitarle poco a poco su energía.

    –¡Primeape! ¡Simisage! –Gritó Heatmor. –Lanzádmelo, tengo una idea.

    –¿Qué demonios? –Dijo Primeape.

    –Hagámoslo. –Insistió Simisage. –Yo te lo sujeto y tú lo lanzas.

    –Esto no puede acabar bien. –Suspiró mientras recordaba la primera vez que conoció a su hermanastra.


    *****​


    –¿Tú eres ese maldito que tengo por hermanastro? –Dijo una joven y rencorosa Pansage a un Mankey en medio de su familia.

    –¿Tú quién eres para poder dirigirte a mí de esa forma?

    –Nuestro padre abandonó a mi madre Simisage por esa perra de Primeape que tenías como madre. –Pansage, saltó desde la rama donde estaba para ponerse frente a él. – Para su disgusto las dos acabaron asesinadas por el mismo monstruo. Me pregunto cuál será la próxima mujer que engatuse para luego abandonarla.

    –Pansage... las cosas no son así.

    –¿Y dime? ¿Dónde está ahora?

    –Se fue hace un mes hacia la cueva de las montañas. Aún no ha vuelto, ni creo que lo haga.

    –¿Pero por qué lo hizo?

    –Quería sacarnos a todos.


    *****​


    Simisage lanzó dos látigos que rápidamente envolvieron al monstruo de hielo y lo inmovilizó ligeramente. Primeape se lanzó contra él, pero Regice respondió con un Electrocañón. El mono se tiró al suelo y se dejó deslizar bajo el potente ataque eléctrico hasta llegar a sus pies, para luego agarrarlo de uno y comenzar a girar sobre sí mismo. En ese momento Simisage soltó sus lianas.

    –¡Aquí lo tienes Heatmor! ¡Movimiento! –Tras varias vueltas lo soltó en dirección Heatmor, el cual estaba en lo alto de la muralla. – ¡Sísmico!

    –Bien, es mi turno. –Heatmor saltó sobre el Regice que acababa de recomponerse. Los dos en el aire, el Pokémon de tipo fuego preparó su ataque. –Infierno.

    El fino hocico de Heatmor comenzó a liberar un tremendo mar de llamas hasta crear una gigantesca esfera, un pequeño sol que atrapó a Regice de lleno causándole un gran dolor que se vio reflejado en sus gritos.

    –Increíble... –Dijo Zoroark al ser deslumbrado por el ataque.

    –Ni Regice debería ser capaz de resistir eso... –Opinó Primeape desde el interior de las murallas.

    –Bien, dos menos. –Confirmó Reuniclus al ver como una sombra comenzaba a caer desde el interior de la esfera llameante. Regice, debilitado, cayó en seco sobre la muralla, para rebotar y desplomarse fuera de ésta.

    El ataque cesó y Heatmor se recompuso sobre la muralla, pero no aguantó mucho tiempo de pie. Los Darumaka se acercaron corriendo para ver qué ocurría. Pero era tarde, Regice había clavado un chuzo de hielo en la cabeza de Heatmor, trozo de hielo que derretido simplemente dejaba un sangriento boquete en su cabeza.

    –¡Heatmor, no! –Gritó uno de ellos desesperado, mientras otro de ellos no podía contenerse el vómito.

    –Mierda... debemos acabar esto ya. –Dijo la Primeape mirando al Regirock que intentaba recomponer su cuerpo. –¡Hagamos un último ataque todos juntos! –Gritó, llamando la atención de todos.

    –Gente, seguimos jodidos por aquí. –Dijo Excadrill aguantando a los dos pequeños Drilbur. Con esta potente fuerza magnética no podremos salir de la isla.

    –¡Debemos dormir a Bronzong! ¡Iré a la cueva! –Se ofreció Reuniclus.

    –Pero ahí está el monstruo de hierro. –Dijo el Duosion que quedaba en pie.

    –Asumiré el riesgo. Mientras encargaros de Regirock.


    *****​


    Bunnelby había despertado a Bronzong con una vieja receta de bayas que le había hecho Quagsire, pero ahora tenía la preocupación de no saber cómo dormirlo. Decidió marcharse sin más pero al subir las escaleras un gran estruendo se escuchó. Se asomó al pasillo y ahí lo vio, el monstruo de acero, luchando contra el tremendo magnetismo que lo arrastraba más y más. Dolorido por las heridas causadas por el ácido, intentaba agarrarse como podía. Bunnelby huyó escaleras abajo, pero Registeel ya lo había detectado.

    –Parece que hacerme el héroe me va a salir bastante mal. –Bromeó mientras escuchaba los gritos de Registeel y el rozar de sus dedos con las paredes.

    El cuerpo del Regi salió despedido hasta chocarse contra Bronzong. Intentaba liberarse pero no podía. Cargó un Electrocañón, pero este también fue atraído contra el cuerpo del Pokémon gigante. Volvió a atacar, una y otra vez, pero los ataques no parecían gustarle a Bronzong. Es más, parecía que se estaba sobrecargando.

    –Mierda. Esto parece que va a explotar.

    Bunnelby, a toda velocidad, salió corriendo de la cueva. Subir las escaleras, girar y solamente tenía que cruzar el largo pasillo hasta la salida, pero el tremendo magnetismo del lugar atraía trozos metálicos que se clavaban en su cuerpo. Veía ya la luz del día cuando uno de estos trozos metálicos se clavó en su pierna derecha, haciéndolo caer al suelo.

    –Parece que este es el fin.

    El Bronzong sobrecargado explotó arrastrando a Registeel, la Esfera de los Continentes, la cueva y parte de la montaña por delante. Bunnelby vio como la blanca explosión le iba a alcanzar hasta que un extraño aura rosada lo protegió. Miró sobre él, era Reuniclus protegiéndolo de la explosión y las rocas.

    –¿Estas bien? –Le preguntó mientras ponía toda su fuerza psíquica en proteger a Bunnelby.

    –Más o menos...


    *****​


    Los dos Primeape, el pequeño Mankey, los cuatro Darumaka y Simisage se colocaron en la muralla, Duosion y los dos Solosis desde los aires y Zoroark desde el suelo cargaron al mismo tiempo el ataque Onda Certera. Entre sus manos se creó la potente esfera azulada que luego lanzaron contra Regirock.

    –¡Onda Certera! –Gritaron al unísono.

    El Pokémon inevitablemente recibió los doce ataques rompiendo su cuerpo en miles de pedazos. Tantos, que a pesar de intentar regenerar su cuerpo este lo hacía muy lentamente.

    La defensa del poblado, aparentemente, había finalizado y todos los celebraban con alegría, aunque tampoco olvidaban sus pérdidas ni el cuidar a los debilitados.

    Todas estas emociones fueron rápidamente interrumpidas por una tremenda explosión en las montañas. El lugar donde se encontraba la cueva ahora era una enorme esfera blanca.

    –¡Reuniclus! –Gritó Duosion preocupado.

    –Maldita sea... –Dijo Zoroark, pero sabía que no podían detenerse. Conocía la capacidad de recuperarse de los Regis. –Debemos acabar el barco, curar a los heridos, enterrar a los fallecidos y marcharnos.


    *****​


    Pasó media hora desde la explosión.

    –¿Está listo? –Preguntó un pequeño Wooper emocionado.

    –Creo que sí. –Respondió el Primeape.

    –Bunnelby podría confirmarlo. –Dijo Simisage. –Si aparece...

    –Gente, hemos enterrado a Zoroark, Darmanitan y Heatmor. Aviso por si queréis pasaros a dar vuestras condolencias.

    –Sí. Deberíamos ir. –Dijo Simisage.

    En grupo y en silencio se dirigieron a lo que en un inicio había sido la iglesia. Allí tres grandes piedras rectangulares cubrían los agujeros donde habían depositado los inertes cuerpos. Zoroark había colocado una bella flor de la jungla sobre la tumba, como símbolo del lugar donde siempre habían vivido en familia. Los pequeños Darumaka, entre ellos el sobrino de Darmanitan, crearon una pequeña escultura del difunto a la que prendieron fuego en forma de despedida. El Duosion y los dos Solosis, que recordaban vivir con Heatmor desde su nacimiento, grabaron con sus poderes psíquicos el rostro de su viejo compañero.

    En círculo y callados todos miraban al suelo.

    –¿Qué habrá pasado con Bunnelby y Reuniclus? –Se atrevió a romper el silencio el más pequeño de los Duosion.

    –A saber que les ha pasado a esos dos desgraciados. –Dijo una voz vacilona tras ellos.

    Todos se giraron contentos al reconocer la voz de Bunnelby, el cual estaba siendo llevado en brazos por Reuniclus.

    –¡Estáis bien! –Dijo Zoroark sorprendido.

    –!Reuniclus! –Gritó su familia contenta.

    –¿Qué ostias has liado? –Dijo el Primeape a Bunnelby.

    –Hacerme un poco el héroe. –Comenzó a reírse aún incrédulo por lo ocurrido. –Bueno, pensé que si despertaba a Bronzong nos libraríamos de Registeel. Lo que no me esperaba es que Registeel comenzara a atacarlo y todo volara por los aires.

    –Estás loco. –Dijo la Primeape

    –Os juro que cuando se me ocurrió sonaba mejor en mi cabeza.

    –Dios... se te está yendo la cabeza. –Dijo la Primeape mientras observaba las heridas del pequeño. –Ven conmigo. Voy a curarte.


    *****​


    Todos se reunieron frente a la embarcación, un bello arca de madera con diez remos a cada lado. Los treinta y dos viajeros tenían espacio de sobra en aquellos treinta metros de eslora. Este estaba sujetado por troncos dispuestos a ambos lados de la embarcación. Bunnelby observaba el barco, Primeape, Reuniclus y Zoroark lo miraban muy tensos.

    –Habéis hecho un gran trabajo. –Dijo Bunnelby mientras observaba el barco.

    –Deberíamos partir cuanto antes. –Le comentó Zoroark.

    –Estoy de acuerdo.

    –Deberíamos comenzar a subir los Pokémon debilitados al barco. –Dijo Primeape.

    –Sí. Yo mientras explicaré a Reuniclus y su familia como deben depositar el arca en el agua.


    *****​


    Reuniclus, flotando sobre el barco, estiró sus brazos y cerró los ojos. El Duosion lo agarró a su mano derecha, mientras que los dos Solosis lo hicieron por la izquierda. Concentrados comenzaron a usar Psíquico para hacer volar el barco. El navío se rodeó de un aura azulada, al igual de la familia Pokémon que al estar unidos de las manos aumentaban sus poderes Psíquicos. El resto, sobre el barco, solamente veían como su libertad cada vez estaba más cerca.

    Sin previo aviso una gran bola de hielo fue lanzada contra el navío, la cual el Primeape rápidamente destruyó con un ataque Machada.

    –¿Qué ocurre? –Preguntó uno de los Darumaka confundidos.

    –Es Regice, ha vuelto. –Respondió el Zoroark variocolor en posición defensiva.

    –Y no está sólo. –Dijo Bunnelby, observando como un despedazado Regirock se arrastraba por los suelos.

    Éste alzó el brazo que le quedaba y se rodeó de un aura, que al mismo tiempo apareció sobre barco. Comenzaron a salir rocas que Zoroark contrarresto con un ataque Pulso Noche, una siniestra explosión que desplazó las piedras fuera.

    –¡Proteger a Reuniclus y los demás! –Gritó la Primeape.

    Regice no se hizo esperar y se lanzó contra ellos. Los Primeape respondieron juntos y saltaron contra él, combinando dos A Bocajarro que lanzaron al helador monstruo hacia atrás. Sus graves quemaduras provocadas por el Infierno hacían que los golpes fueran más dolorosos.

    A los Primeape, los cuales se colocaron de nuevo sobre el navío flotante, se les unió Simisage.

    Los Zoroark se encargaron de Regirock, el cual estaba constantemente usando Lanzar rocas.

    –Dejadme ayudaros. –Les dijo el sonriente Quagsire sin cola. –Hoy será mi pequeña venganza. Surf.

    El Pokémon concentró sus manos y del tranquilo y bello mar de colores turquesas salió una gran ola que iba directa a la costa, lugar donde Regirock estaba. La gran ola chocó contra la costa y avanzó con fuerza hasta donde se hallaba la muralla, llevándose por delante a Regirock. Éste chocó contra el muro, rompiendo su cuerpo en aún más pedazos.

    Los dos Primeape y Simisage saltaron de nuevo para chocar con Regice, pero esta vez mediante un leve movimiento ladeado pillo por sorpresa al tuerto Primeape. Un gran chuzo de hielo afilado iba a atravesar el cuerpo del Pokémon.

    –Adiós. –Dijo al verse sin escapatoria.

    –¡No! –Gritó su compañera.

    Simisage se interpuso entre el ataque y Primeape, atravesando su cuerpo y salvando la vida de Primeape.

    –Cuídate y cuida a mi familia Primeape. Lo siento por todo. –Dijo antes de hacer su último esfuerzo ante un incrédulo Primeape.

    Agarró a Regice con uno de las lianas de su Látigo Cepa y estiró el otro hasta la muralla, donde se agarró y arrastró al monstruo hacia dentro, por fin logrando que todos los que estaban dentro del navío estuvieran a salvo.

    La embarcación llegó al agua y la familia de Reuniclus dejó el arca con mucho cuidado. Después, todos se dispusieron a remar con idea de llegar a tierra firme, donde por fin lograrían ser realmente libres tras una semana de viaje.
     
    Última edición: 23 Diciembre 2018
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