Pensamientos del Prisionero

Tema en 'Relatos' iniciado por Muddy Waters, 14 Noviembre 2008.

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    Muddy Waters

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    Piscis
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    Pensamientos del Prisionero
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    Pensamientos del Prisionero

    I

    Siento las cadenas atadas a la pared, los fríos grilletes abrazan con fuerza mis manos y piernas, colgado de esa pared casi me había transformado en parte del decorado, el fuerte hedor de mi casi muerto cuerpo y los hongos que crecían en mis muñecas y tobillos por la humedad, la suciedad de mi cara que se llenaba mas de polvo cada día, mi pecho descubierto se mezclaba en una horrorosa combinación de tonos morados, rojos y marrones, conseguidos gracias a los azotes. Mi larga cabellera descuidada y desarreglada, las canas se podrían distinguir desde cualquier punto de mira, a pesar de la suciedad que este abarcaba en su extensión.

    Mi prisión de paredes rocosas y de abundante musgo, humedad alta y constante, tenuemente iluminada por algunas rocas faltantes en las paredes que dejaban pasar alguno que otro haz de luz. Ninguna de estas luces llegaba o llegaría jamás a mi rostro, nunca vería un amanecer de nuevo, volvería ver el paisaje de un día nevado, jamás recogería las hojas de otoño y ni sentiría la escarcha al tocar una rosa de un jardín cualquiera.

    Mis ojos rojos contrastaban con mis amarillas uñas, quebradizas e infectadas como el resto de mi cuerpo, mi semblante cabizbajo dejaba caer las lagrimas desde mi nariz cual gotera, mis dientes se perdían uno a uno, se permitían ver en el suelo, mi voz ronca, nunca podría volver a articular mas que susurros y gimoteos, pero daba lo mismo, nunca mas creería mi voz necesaria, yo no era ningún héroe mitológico para salir de aquí con fuerzas sobrehumanas, yo solo tengo lo que cargo que no es mas que mis huesos y mi piel, mis músculos se perdían junto a mis energías, seria fantasioso pensar que con estas fuerzas al borde de lo infrahumano pudiese resurgir de mi sudor, lagrimas y heces.

    A voces lejanas oía una familia gritar, mientras el sonido de las metálicas armaduras resonaban con fuerza, cubierto por el eco que hacia en mi caja los gritos de aquella mujer que probablemente ahora yacía en el suelo.

    Morir antes que un condenado a muerte, que irónico es ese curioso mundo exterior.


    II

    Los hongos crecen y ahora cubren parte de mi palma, los siento al formar un puño con mi mano, esta ahí creciendo con su textura rugosa, apropiándose poco a poco de mi cuerpo, aquellos hongos quizás sean unos de esos parásitos que crecen viviendo de la energía de otros cuerpos, crecen por mi decepción, desmoralizándome mas y mas hasta que ellos son preponderantes y yo pierda la vida. No permitiré eso, es seguro que moriré, pero aun a pesar de permanecer desnudo en esta pared, me niego a morir de una manera tan patética y ridícula.

    Orquídeas, se les llamaba a esas plantas parasitas, según recuerdo haber leído en algún libro perdido en alguna biblioteca de las pocas que hay en esta colonia.

    Algún tipo de bordado fue llevado por el viento a través de la rendija, verlo pulular alrededor de la habitación libre sin restricciones antes de tocar suelo fue ciertamente reconfortante, tenia algo que no podía dejar de alegrar mi vista, cierta libertad, cierta fantasía imposible que siempre soñé desde mis grilletes, flotar con el viento antes de tocar tierra y acabar despierto en una fosa comunal.

    Había muchas cosas que me reconfortaban cuando estaba en el exterior, el placer de pasar una página, el olor del fuego, su calor, la forma en que la tinta manchaba las hojas y escribía textos maravillosos, estar en un lugar pequeño y oscuro también me agrada, esto ultimo no se considera algo normal, pero me mantiene vivo en este lugar.
    Nunca tuve una mujer, siempre me pareció irrelevante tener una compañera, aunque más de una vez admito haber contratado algunas mozas para ayudarme con favores cuando sean necesarios.

    Tampoco pertenecía ha aquellos que envidiaban el linaje de príncipes o caballeros, no era el tipo de persona que esperaba ser, acepte mi destino de vida paupérrima.

    Creo que incendiaron mi casa junto a mis libros y manuscritos.

    III

    Me remito a mi soledad, en la oscuridad de la noche, cuando los pasos del pueblo no se oyen, las armaduras están en armarios guardados, los habitantes terrestres duermen y se permiten ese placer de soñar.

    El silencio me es ensordecedor por mas ilógico y paradójico que parezca, sin ruidos todo es tan vacío, a estas horas de las noches la humedad es aun mayor, es cuando mas crecen estos malditos parásitos. Comienza la conquista, extendiéndose mas haya de mi talón y subiendo por mis pantorrillas.

    Durante muchas noches, solo recostaba mi cabeza sobre mi pecho y dejaba que mi llanto limpiara una irrisoria parte del polvo que se acumulaba todo el tiempo en mi rostro, lágrimas cristalinas que al tocar suelo que no eran más que un extraño mejunje negro que se mezclaba con la superficie como lodo.

    Pero esta noche no, hoy solo deseaba dormir, romper la rutina antes de que estos hongos mengüen todos mis ánimos de vida.

    IV

    Ya no siento la frialdad del hierro, ya no siento nada, los hongo se han apoderado poco a poco haciéndose mas poderoso con cada avance, cual falange en guerra, numerosos y sin piedad intentan ser preponderantes sobre todas mis extremidades para, a fuer de esto llegar a todo mi cuerpo.

    Posiblemente lo lograrían, pero ahora no era el momento oportuno, no, aun no era mi tiempo.

    Se pueden oír en aruños en las duras rocas, a la par que veo caer restos de los cimientos.

    Era un perro.

    Excavaba la tierra buscando pasar por la rendija de la pared, era un perro abandonado pero amaestrado por sus costumbres, seguía excavando y comenzaron a caer algunas rocas, el perro no tardo en deslizarse junto a estas hasta tocar suelo. Cayo de lado, quizás insensible de mi parte pero, en mi condición, sus gemidos de dolor no me causaron ningún sentimiento, le veía fijamente, victima de mi propio sadismo, todo humano cuenta con uno, tenemos ese interno gusto por el sufrimiento de otros, esa curiosidad e interés por el dolor, humanos sentimientos.

    Esa figura de pelaje marrón arrastra sus patas delantera siendo la tercera, no mas que un apoyo simplemente ya no se movía, la cuarta tirada en el suela evidentemente rota.

    Buscando alguna ayuda vino hacia mi figura, aquel cadáver colgante que era yo, llanto ligero se dejaba oír, pero yo no sentía nada, mi alma insensibilizada no sentía la minima pena o repulsión por aquel malherido animal. El no sufría para nada. Todo era superficial.

    Con dificultad, busco por toda el área algún escape o algo convertir para su protección. No encontraba nada, me veía con sus ojos llorosos, esperando mi ayuda y no le di nada, no estaba en mis manos ayudarle, el debía comenzar a pensar y dejar esperar mi ayuda para centrarse en conseguir su escape.

    Si se piensa mejor no habría utilidad alguna, realmente el estaba igual de encerrado en esta maldita caverna como yo, adolorido el pobre animal, cargando con su peso en dos patas que no tardarían en ceder, se arrastraba hasta una esquina en busca de refugio, como cualquier especie de este mundo.

    La cabeza del perro y sus negros ojos me miraron por largos y numerosos segundos, minutos o quizás hasta hora, solo el relojero debía saberlo, cuando estas tanto tiempo encerrado como yo el tiempo se convierte en una nimiedad, como la cantidad de piedras en las paredes.

    Trescientas Setenta y Nueve.

    V

    Subo mis parpados para abrirme a esta pequeña obra de teatro llamada ‘’vida’’. El perro mordisqueaba mi pierna consiguiendo no mas que huesos y suciedad, buscando alimento, subsistir, sentimientos mucho mas simples y necesarios que nuestras búsquedas de oro y terrenos.

    Llamadle bestias, pero me parecen mucho más insultantes llamarles humanos. La pobre criatura retira sus dientes de mi espantoso hueso llevándose con sus caninos algunos restos de mi seca piel, vuelve a mirarme con ojos de tristeza, acto seguido vuelve arrastrándose a los rincones del lugar en busca de ese pertinente manjar que salvara su vida.

    La luz solar vuelve a posarse otra vez sobre el suelo pasando a través de las rendijas como todos los días. Trompetas se alzan con el amanecer con un sonido retumbante en mis oídos, aclamaciones venían y se convertían en ecos incesantes y molestos.

    Por supuesto se trataba de los reyes seguidos de sus caballeros a pasar por la ciudad, la gente aclamaba aquellos que no hacían nada por ellos.

    Adorar ha aquellos que son de alguna manera poderosos, que sientes, son el futuro, querer creer en ellos de alguna manera sentirse protegido, sin estarlo se a convertido en algo sui generis de los humanos. Quieren seguirlos, los adoran y aprueban cuando en realidad quieren ser ellos, a pesar de estar en contra de todo lo que son y predican, los seres nacidos no importen un nuevo modo de pensar y siguiendo el querer de todos como algo que debe ser así, un argumentum ex populo.

    Todo tiene sentido cuando ellos creen lo que quieren creer, se niegan a si mismo todo pensamiento individuales para unirse a masas a ese modus vivendi basado en fantasías y sueños no aplicables a la realidad, soñando con tener el imperium en sus manos, sin hacer nada para que sea así.

    La algarabía ceso, los reyes llegaron a su castillo y la gente volvía a su casa a vivir en su pequeña caja cerrada de sueños que nunca intentarían realizar.

    Que curioso es que haya un tonto del pueblo cuando el pueblo entero siempre a sido idota por excelencia.

    Como extraño aquellas obras en latín.

    VI

    El perro había muerto, su cadáver se dejaba ver ante las últimas luces que se permitían ver al atardecer, su cadáver yacía junto ha aquellos eternos ojos llorosos que siempre mostraba ante mi.

    Chirriante y estridente ruido que posee la habilidad de sacarme de mis pensamientos, esa seria la descripción precisa de lo que acaba de oír.

    Un soldado empujaba con su diestra un atorrante dentro de la habitación, en tanto con la zurda sostiene una vela. El vagabundo portaba unas vestimentas marrones desgatadas, un cabello largo blanco y sucio, además, poseía una barba de semejantes características.

    El guardia se acerca a mi con repulsión en sus ojos y con una mueca de asco en sus labios, toca mis cadenas con especial cuidado de no tocas a los malditos parásitos, arrodillado como se encontraba saca una llave de su bolsillo y libera mis piernas que en un movimiento cuales péndulos, chocan y hace un ruido de quebranto. Se para y con la misma expresión en su semblante, toma con cuidado los grilletes de mis manos y los abre.

    Caigo, sin intentar recogerme, mis débiles piernas ceden antes de siquiera tocar el suelo y mis brazos hacen los mismo cuando intento evitar la caída, golpeo el suelo con fuerza, dejando un sonoro efecto en todo la oscura habitación, haciendo temblar el fuego de la vela.

    Oh, libre por fin.

    El mendigo fue rápidamente colocado en mi posición, y ahora era yo quien lo veía ha alguien estado tendido en el piso cual perro, irónica vida.

    Colocando aquellos grilletes abrasivos que le quedaban menos holgados en sus muñecas y tobillos según intuyo encajaban en el mucho mejor que en mi, el aun tenia algún tipo de vida y eso grilletes no se le notaban holgados como a mi, en el si tenían una vida, una persona, un alma a la cual apresar.

    VII

    Desde el suelo, cual perro mugriento, que muerto en un rincón era sustituido por mi, mientras yo era sustituido las veces. Por aquel mendigo que mugriento e inmundo, ahora ocupa mi posición en aquellos grilletes fierros.

    Resplandeciente en las oscuridad, esa era la extraña presencia, el aura que tenia a su alrededor aquel guardia quien terminaba de colgar ha aquel mendigo.

    Era ciego, sus ojos blancos en su totalidad, se debe acotar, que no se puede. No, es necesario algo mas fuerte. No se debe permitir imaginar un blanco pulcro, diáfano, puro, no. Eso seria caer en un terrible error que haría que su presencia se tomara por menos incordia. No, su sola figura era desagradable, llenaba la sala de cierta esencia que suprimía el buen humor, era una persona molesta y pestilente, su imagen era sucia, deforme, se sentía una sensación de que aquella persona era intratable. Se sentía que tocarle… No, no tocarle, el solo hecho de mirarle era suficientemente insalubre en la mente del vidente, para que la sola acción sea dentro de lo posible, completamente evitada. Debe quedar completamente claro que su forma era repulsiva, asquerosa, detestable, despreciable, pestilente, deforme. Es terrible lo que transmite este ser sin apenas habérsele dirigido una sola palabra.

    —Si tan solo pudiese ver. ¿Dónde estoy? Que demonios me han hecho ellos, mi bolsa, ¿Dónde esta mi bolsa?

    Le miraba curioso, ¿De que hablaría? Bolsa, hablaba de un bolsa.

    —¿Hay alguien ahí? ¡Ayuden a este pobre ciego! ¡Yo no hice nada! Mi bolsa… quiero mi bolsa…

    Sus ruegos llenaban de ruido la cerrada habitación, se oía el, le oía yo y le oían las bichos que llenaban al perro muerto. No sugiero que ellos puedan oír, ni siquiera se que se supone que son.

    —Mi bolsa… necesito mi bolsa.

    Ahora que le veo bien, me parece que si tiene esa parte negra que tienen todos en los ojos. Pero es muy pequeña en este momento, o quizás mi agudeza visual ya no sea tan buena como antes.

    —Mi bolsa…

    Sus últimos gritos, se perdían, creo ver lágrimas caer por sus mejillas, me gustaría contestar su desesperado llamado de auxilio, pero no es conveniente, no seria conveniente, todos tenemos nuestras obligaciones obtenidas, ahora, tengo que encargarme de mis propias tareas. Así como el hereda mi soledad, yo heredare la muerte de aquel perro.

    Permanecíamos en silencio, el solo miraba cabizbajo el suelo, y yo mantenía mis pensamientos activos, pensar en morir junto a este mendigo es algo patético para lo que esperaba yo mismo de mi persona, silencio total. Suelo de tierra, prisión del reino, lugar desconocido, este seria mi camposanto. Siento el pinchazo, siento el dolor, siento mis parpados caer.

    Siento la muerte.

    FIN


    ----------------------------------------------

    Esta es la version rechazada de una historia que actualmente es un relato de muchas paginas que aun no termino. Esta version me agrada, pero no mas que la otra, me costo rechazarla, le tengo cariño. Por ello la publico. Muchas gracias por leer, espero que hayan disfrutado de la lectura.
     
  2.  
    berlinQueer

    berlinQueer Usuario común

    Capricornio
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    Pluma de
    Escritor
    Re: Pensamientos del Prisionero

    Bien!, muy interesante historia, hubieron un par de cositas en la forma de narrar que no me terminaron de cerrar, esto lo escribiste hace mucho? a ver cuando te pasas la nueva version.
     
  3.  
    Muddy Waters

    Muddy Waters Entusiasta

    Piscis
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    11 Septiembre 2008
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    Pluma de
    Escritor
    Re: Pensamientos del Prisionero

    Es mi historia mas reciente a decir verdad. La nueva version cuando termine sus muchas paginas es posible que la cuelgue, pero eso tomara un tiempo. La forma de narrar en primera persona con tantas cosas de una en tercera persona a mi tambien me molesto durante un tiempo pero era asi que veia mi historia, no puedo romper con mi inspiracion o terminara como cierta historia en donde en un parrafo intercambiaba ambas si ninguna intencion y tuve que eliminarla. Gracias por leer como de costumbre jeje.
     
  4.  
    ZAIKA

    ZAIKA Entusiasta

    Aries
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Pensamientos del Prisionero

    muddy impresionante es presioso wua tu si eres un buen escritor n,n
     
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  1. Kleopack
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