Exterior Patio norte

Tema en 'Planta baja' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

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    Zireael

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    —Me alegra que les gustaran, de verdad —respondí para ambos con una sonrisa—. Me preocupaba un poco porque no es como que tuviera mucha experiencia haciendo chocolates, por suerte mi hermano me ayudó un poco.

    La ayuda de Richard había sido más de soporte emocional que otra cosa, pero lo agradecía de todas formas porque había calmado la ansiedad que sentía mientras preparaba todo, a sabiendas de que no tenía la fuerza para pisar la escuela y entregar todo yo misma. Lo que quería decir, era que a pesar de que la preparación y entrega fueron algo accidentadas, de verdad me hacía sentir bien saber que les habían gustado y que había sido ese algo dulce que a veces se le antoja a uno luego de la comida. De hecho, ese antojo a veces hasta parecía lo único bueno del día.

    El asunto del apellido de la chica pasó un poco como si nada, ya que ella no le dio importancia real o al menos no se la dio de forma evidente, con la broma esa de si parecía hija de un magnate. La respuesta de Yuta ni siquiera la ofendió, simplemente le arrancó una risa y la hizo cortar el rollo de espalda erguida y cabello ondeando al viento o la cosa que fuera. En defensa del chico, la verdad era que no lo parecía ni un poco.

    —¡Pues claro que presté atención! —afirmó de lo más orgullosa, aunque acabó soltando una risa y luego miró a Kaia—. Bueno, idealmente a las cosas hay que llamarlas por el nombre real que poseen, pero todos sabemos que eso no siempre pasa.

    Luego Yuta dijo lo de que supuestamente el Hattori shinobi que decía Ilana era antepasado suyo. Al final esas cosas eran un poco enrevesadas y complejas, estaban los que sí eran descendientes y luego los del montón que, bueno, a veces parecía que se generaban del aire. No lo dije, pero quizás eso pasaba con la chica Rockefeller. Por otro lado, ¿cómo terminaba yo entre potenciales descendientes de gente importante? Dios mío...

    Igual la pregunta que vino después distrajo a Ilana de la cuestión de los shinobi, haciéndola regresar la vista a las flores que ya estaban hechas y habían dejado sobre el césped. Por un lado me hizo gracia, por el otro supuse que podía ser sincera con el tema, no era nada complejo.

    —Me di cuenta hace algunos días que hacer origami me ayuda a tranquilizarme cuando estoy nerviosa —confesé sin más, girando el papel para formar una nueva flor, esta era morada—. Aunque empecé por otro motivo, ¿no lo sabes todavía?

    Ilana paró la oreja, curiosa, y yo miré a Yuta entregándole la flor morada fuese a tomarla o no.

    —Planeo atestar el dojo de flores de papel.


    me vine a releer para contestar y me encontré el spoiler JAJAJAJA me estallé ausilio Kaia con los bombones en medio del mambo familiar Hattori
     
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    Gigi Blanche

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    La nueva mención de su hermano me ensanchó la sonrisa y asentí, pues lo recordaba de nuestro anterior almuerzo compartido en este mismo lugar. Yuta se dio cuenta y me miró como diciendo "¿y tú de dónde lo ubicas?", a lo que yo lo miré como diciendo "¿y a ti qué te importa?". Cierto era que ese día me había comprometido en contarle la idea de las flores y al final lo dejé estar, pero seguían siendo dos cosas diferentes. Si él se desaparecía por ahí día sí y día también, ¿no podía yo hacer amigas por mi cuenta? Además, la cara que había puesto fue divertida. Guardarle secretos era divertido, siempre se ofendía.

    Me alivió ver que Rockefeller no parecía tomarse personal las respuestas de Yuta y recibí sus palabras con una pequeña sonrisa. La manera en que formuló la idea me arrojó al primer incidente del receso y obviamente yo no iría a abrir la boca, pero...

    —En efecto —afirmó Yuta, asintiendo muy convencido—. Me alegra que lo reconozcas, rubia del instrumento extraño.

    En fin, en tanto nadie se enfadara... Regresamos a las flores, Laila le entregó la tercera a Yuta y él, gracias al Cielo, la aceptó sin complicaciones. A decir verdad, la aceptó casi en piloto automático, pues su atención acabó pillada por las palabras de la muchacha. Sentí que me atrapaban con las manos en la masa.

    —¿Saber qué? —cuestionó él, arrugando el ceño, y me lanzó un vistazo. La resolución de Laila le alzó las cejas—. ¿El dojo?

    Sí, definitivamente no tenía escapatoria. Me puse a girar la flor sobre mi regazo de nuevo.

    —El origami es muy bonito y entretenido —comenté hacia Meyer—, ¿has hecho otras figuras?

    —¿Por qué llenarían el dojo de flores de papel? —insistió mi primo, confundido—. ¿Habrá una fiesta y no me enteré?
     
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    El intercambio de miradas de los Hattori fue un poco simpático, pero no dije nada y la conversación grupal siguió fluyendo sin problema, en esencia porque Ilana no se ofendía por lo que sea que dijera Yuta. Vete a saber si era tolerante, genuinamente indiferente o sólo ocurrente, que también era una posibilidad. Suponía que tampoco importaba en tanto le sirviera.

    Eso sí, al ser llamada de nuevo "rubia del instrumento extraño" se desinfló los pulmones, como resignada a su destino. Después lo miró, con el ceño un poco fruncido, y se sonrió.

    —Ni modo. Así es el mundo, potencial descendiente de ninjas.

    Quise reírme, pero logré no hacerlo y me distraje dándole la flor morada a Yuta, él la aceptó aunque quizás fue más algo que hizo sin conferirle pensamiento. Parecía más ocupado en lo que dije yo, el pobre. Su cuestionamiento me estiró una sonrisa y lo dejé estar, atendiendo a la pregunta de Kaia.

    —Otra clase de flores, mariposas y grullas —contesté y arranqué una nueva hoja, esta era blanca con puntos amarillos.

    Empecé a doblarla de otra manera, Yuta insistió sobre las flores y su confusión, ahora sí, me hizo reír. Me concentré en seguir doblando el papel, cuando tuve entre mis manos una pequeña mariposa, se la di a Kaia y ahora sí atendí a su primo.

    —¿Y por qué no? ¿Tiene que haber una fiesta para que ponga flores de papel en algún lado? —cuestioné, entretenida, y lo que dije después le sacó una risa nasal a Ilana—. Quería ver tu cara cuando llegaras al dojo y notaras las guirnaldas de flores afuera.

    —Hay que admitir que tiene un punto —interrumpió la rubia, aunque había vuelto a tomar el instrumento entre sus manos y se había puesto a retomar la canción de antes.

    Lo que yo dije era una verdad a medias, la decoración quería que fuese para todos y medio que sí quería que fuese parte de, digamos, la inauguración de los clubes. La cosa es que ahora mismo sólo me divertía la potencial reacción del chico.

    —Ah, tengo que pasarte los tutoriales —dije regresando la mirada Kaia.
    mariposa para Kaia my beloved
     
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    No estaba seguro si Rockefeller había formulado su respuesta de aquella manera tan extraña como una pulla encubierta, pero yo de todas formas aproveché y me colgué de ella. Su reacción me arrojó a la posibilidad de que no fuera el caso y el rebate me hizo encogerme de hombros, satisfecho con el apodo. Sonaba bien, ¿a que sí? Y era bastante acertado.

    El "¿no te enteraste?" de Meyer sonó a que Kaia se había olvidado de algo y la miré automáticamente, pero ella se hizo la tonta y le sacó conversación a la chica. Mi ceño permaneció fruncido y bajé la vista a la flor que sostenía, intentando imaginar el dojo decorado. Quizá fue exagerado de mi parte visualizarlo absolutamente atestado de flores como pelotero infantil, pero si nadie me respondía ¿qué se suponía que hiciera? ¿Ser razonable? Jamás.

    —¡Mariposas! —exclamó Kaia, encantada con la idea—. Suena adorable.

    Meyer se empeñó en seguir doblando su papelito, soltó una risa ante mi insistencia y yo dejé pasar sólo unos segundos de silencio.

    —¿Hola? —demandé, inclinándome hacia su espacio—. ¿Me convertí en fantasma o algo?

    Kaia recibió la mariposa con una sonrisa de oreja a oreja, como si le estuvieran obsequiando una pila de lingotes de oro. No pude renegar plenamente del escenario pues cualquier cosa que la alegrara a mí me hacía feliz, pero tenía problemas más acuciantes entre manos. Cuando Meyer por fin se dignó a responderme, escuché la risa de Rockefeller y de repente sentí que estas niñas de aquí se andaban burlando de mí.

    —Entonces, si te pido, ¿vas y pones guirnaldas en mi casa? —repliqué, sin mitigar la confusión.

    —Lo habíamos pensado como una inauguración de los clubes —aclaró Kaia, y regresó los ojos a Laila—. Está preciosa, Meyer-san, muchas gracias.

    Relajé el ceño. Bueno, gracias, eso tenía más sentido, ¿tan difícil era decirlo? Suponía que no podía esperar nada diferente si los clubes eran administrados por puras mujeres. Kaia asintió respecto a los tutoriales y entonces su atención flotó hacia Rockefeller, quien había regresado a su instrumento extraño. Viéndolo de cerca, noté que poseía teclas metálicas largas y delgadas que ella iba enganchando con los dedos. La vibración producía las notas.

    —Uhm, Rockefeller-san —la llamó, con algo más de formalidad que la que utilizaba con Meyer, y para el apellido empleó la pronunciación estadounidense, no la japonesa—. ¿Cómo se llama ese instrumento? No creo haberlo visto antes.

    Había reunido la mariposa y la flor en su regazo, sobre la tela de la falda, y parecía custodiar ambas entre sus manos. Yo regresé la espalda al tronco y flexioné una rodilla, descansando allí el brazo; mis dedos colgaban y jugueteaban con la flor morada.
     
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    El ir y venir de Ilana y Yuta continuó sin tropiezos, él se encogió de hombros ante el apodo y ella, como si hubiese balanceado lo del "rubia del instrumento extraño", se dio por satisfecha. Yo, por otro lado, había dicho lo de atestar el dojo con toda la intención de que se lo imaginara lleno hasta arriba de figuras de papel, ¿por qué? Porque me hacía gracia, vaya, aunque era obvio que jamás me alcanzaría el papel ni las manos para semejante tontería.

    La exclamación de Kaia me hizo sonreír mientras seguía con los dobleces, Yuta siguió insistiendo y lo percibí inclinarse. Mi sonrisa se estiró, le di la mariposa a la chica que la recibió como si fuese el premio gordo de la lotería y sólo entonces le respondí a su primo. A ver, puede que un poco sí nos estuviéramos riendo de él, pero a mí me parecía bastante inofensivo hacerlo, pues el asunto eran unas inocentes flores de papel.

    Su confusión no mermó, Kaia fue quien contestó y me agradeció por la mariposa, ante lo que negué con la cabeza para restarle importancia pues no era nada. Ya habíamos superado el desconcierto inicial y se había aclarado la intención de las guirnaldas, pero a mí una tontería se me había quedado dando vueltas en la mente, así que miré a Yuta un momento.

    —Si me pagas para que vaya y ponga guirnaldas en tu casa, supongo que también puedo hacer eso.

    —¿Acabas de empezar tu negocio de guirnaldas de flores con Mr. Potencial Descendiente de Ninjas? —preguntó la rubia.

    Me reí por lo simpático de la noción aunque como tal no respondí, igual lo de las guirnaldas era sólo una parte de, la idea era hacer algo más, pero seguía sin ideas. La verdad era que sentía la mente pastosa, ya mucho hacía cuando lograba sentarme a hacer los deberes. No era mi mejor versión, pero no era que pudiese sólo eliminarla y empezar con una nueva Laila, reseteada de fábrica.

    Ilana reaccionó a la pronunciación de su apellido, a la fluidez, y levantó la cabeza para mirar a la muchacha, deteniendo su melodía que ya era más fluida que al principio. Apenas recibió la pregunta, extendió la cajita de madera en su dirección, instándola a tomarla. Era relativamente pequeña, teñida de azul, y las teclas de metal estaban sostenidas por otras piezas, variaban en largo y era su pulsar lo que generaba el sonido.

    —Puedes probarlo, si quieres. Es una kalimba —comenzó a explicar—. Creo recordar que su origen es africano, de otro instrumento de construcción similar, pero mayor tamaño. Se occidentalizó en versiones más pequeñas, qué sé yo, veinte centímetros, o menos, como esta.
     
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