Magic Knight Rayearth Pasiones prohibidas

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Modytec, 9 Julio 2012.

  1.  
    Modytec

    Modytec Iniciado

    Cáncer
    Miembro desde:
    19 Junio 2012
    Mensajes:
    20
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Pasiones prohibidas
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    10674
    Hola gente bonita, espero que les guste la historia y que conozcan el anime del que hablo, es el anime de "Magic Knight Rayearth" comúnmente conocido en español como "Las guerreras mágicas" (esa historia donde tres chicas, Lucy [Hikaru en japonés], Anahí (Fuu) y Marina (Umi) mataron a la princesa Emeraude (Esmeralda), regresaron a Tokio con arrepentimiento y de nueva cuenta volvieron a Céfiro para salvarlo.

    Por sino lo conocen, les platico de que se trata la historia completa en este link:
    http://fanficslandia.com/index.php?threads/magic-rayearth-guerreras-mágicas.27480/#f


    "Pasiones prohibidas"

    El corazón se le oprimía tanto que dolía en su pecho, "vacío", en esa sencilla palabra describía todo lo que sentía después de haber pasado tantos años, nueve para ser exacta, y desde entonces no había existido un solo día en que no pensará en él; en su fragante aroma, su porte gallardo de caballero, su singular expresión, su frialdad aparente y esos ojos misteriosos que lo convertían en la tentación más profunda de su alma.

    Suspiró, su aliento se impregno en aquel reluciente vidrio, producto del intenso frío que hacía en esa temporada en su ciudad.

    ─¡Hikaru! ─ El grito de su amiga la sacó de sus pensamientos, haciéndola reaccionar.

    Umi se acercó corriendo con la exclamación que hizo que todos los presentes voltearan a verla, Fuu seguía detrás a la chica de los cabellos azules, reía por lo inquieto de su amiga. Hikaru giró inmediatamente para recibirlas con una sonrisa, cada fin de semana era costumbre volver a reunirse en la torre de Tokio para recordar aquellos momentos inmemorables en Céfiro.

    Sin embargo pese a la careta de Hikaru, Fuu se dio cuenta de que estaba muy triste, hacía tantos años que no había vuelto a ver a la antigua Hikaru. Ella se sentía igual que su amiga, impotente, dolida, arrebatada del amor que tenía por aquel príncipe de Céfiro, su adorado Ferio, sin embargo sabía que tenía que continuar viviendo, aún con el fuerte anhelo de volver a aquel lugar; lo habían intentado tanto, hasta el cansancio, jamás lo lograron.

    ─¿De nuevo pensando en él? ─ le interrogó Fuu a la pelirroja, quien al verse descubierta solo agachó la mirada.

    Umi veía a sus dos amigas y se entristeció, sabía la causa de su sufrimiento, ella ahora tenía un novio muy guapo y distinguido, tenían ya cuatro años saliendo juntos y él pronto le pediría matrimonio, sin embargo, en su interior guardaba un profundo secreto, el más oscuro de todos, no podía darse el lujo de pensarlo, ¿para qué? después de todo no había confesado jamás ese amor hacía Clef, ni ella misma se lo podía creer después de tanto tiempo. Lo importante ahora eran sus amigas, había intentado de todo pero ellas seguían insistiendo en permanecer solteras y sin compromisos de ningún tipo con algún chico.

    ─¡Vamos! Hemos venido a disfrutar de este día, arriba ese ánimo ─ trató de alentar a Fuu y Hikaru. Después de un rato las tres estaban riendo de las cosas cotidianas que les habían sucedido en la última semana, el frío aumentó y la lluvia no dejaba de escurrir sobre los cristales de aquella alta torre, pero eso poco importó para las tres inseparables amigas.

    ─¡Es la hora de que regresen! ─ la voz resonaba por separado en cada una de las jóvenes damas, parecía una alucinación, las tres voltearon a todos lados extrañadas, comprendieron que todas estaban escuchando la misma voz que repetía una y otra vez que era la hora de su regreso. Sin previo aviso la torre de Tokio se convirtió en un lugar desértico y una intensa luz las rodeo por completo, un destello y sintieron que estaban dentro de una licuadora, daban vueltas sin cesar y luego una fuerza inmensa las llevaba hacía un lugar desconocido, no, el lugar que tanto añoraron, lo presentían.

    Y era verdad, Céfiro las había traído de nuevo, extendía su acogida hacía ellas. Todo estaba mezclado, emoción, miedo a un sueño, nervios, sorpresa y esperanza. Céfiro seguía siendo un lugar precioso gracias a sus pobladores. Pronto las dudas de las guerreras mágicas serían resueltas al encontrarse de nuevo a Clef, lo que sintió Umi en ese momento es indescriptible. Una vez que estuvieran enteradas del porque habían vuelto, un respiro de alivio les regresó la calma, todo estaba en orden. La única causa de su regreso fue que Ferio nunca se rindió, había durado años en encontrar la manera de retornarlas a su mundo, nunca se pudo concebir sin su Fuu, su adorada chica de ojos verdes y cabellos castaños con esa delicada sonrisa, frágil como una rosa y fuerte como una roca.

    Se instalaron en el castillo, la sorpresa fue inmensa cuando Fuu se encontró con Ferio, sus amigas no pudieron olvidar ese momento, fue conmovedor y extraordinario, de nuevo juntos, esta vez se dijeron "juntos para siempre". Ferio abrazó y besó a su amada en repetidas ocasiones, a ninguno de los enamorados les importaba que los vieran, nueve años de distancia eran motivo suficiente. Después de un intenso encuentro y una cena romántica, Ferio le pidió matrimonio a Fuu, nunca más la dejaría ir. Además ahora ella podía visitar a su familia y regresar a Céfiro cuando quisiera, gracias a su gran descubrimiento de cómo hacerlo.

    Habían pasado varios días, Hikaru no había mencionado palabra alguna de otra cosa que no fuera la inmensa felicidad de Fuu, su amiga Umi también parecía muy feliz con la noticia, además radiaba de alegría ya que todos los días daba paseos con Clef. Ahora la chica de fuego entendía un poco a Umi, comenzaba a descubrir ese secreto guardado tan celosamente, «como nunca me di cuenta de lo sentía por Clef», pensó. En ese momento comprendía que seguramente ella sufrió tanto como ellas durante esos largos años, pero jamás hubo una queja, además de que estaba su joven novio Kaneiro, quien adoraba a la joven de ojos azules.

    Pero aunque no había manifestado nada, su corazón seguía oprimido como cuando estaba en Tokio, siempre rodeándole la misma pregunta desde que llegó a Céfiro, habían pasado dos semanas y ni un rastro de él, nadie lo mencionó, había visto a la mayoría de sus antiguos amigos, Ascot, Caldina, Lafarga y más; ¿por qué? ¿por qué a Lantis no? Definidamente no podía seguir guardándolo, tenía que saber, debía entender que pasaba. ¿Y si estaba muerto? Se sacudió la cabeza y dejó de pensar, corrió directo al jardín del palacio de Céfiro.

    ─¡Clef! ─ dijo en voz alta, casi como un grito, pero lo suficientemente sereno como para solo llamar su atención. El mago estaba conversando con Umi como últimamente acostumbraban.

    ─¡Princesa Hikaru! ─ le contestó a su llamado, ella se incomodaba con ese titulo, varias ocasiones le decía una y otra vez que por favor no la llamará así, aunque era verdad que ella seguía siendo la princesa de ese mundo, en cambio en ese instante no le importó, solo tenía una pregunta que tenía que sacar.

    ─¿Dónde esta Lantis? ─ preguntó tajantemente, evitando cualquier rodeo. Al escucharla Clef palideció, sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, no quería pensar en eso, pero era lógico que Hikaru lo preguntara, se había tardado demasiado y él deseaba profundamente que lo hubiera olvidado, ¡que tontería! ¿Cómo ella podría olvidarlo?

    Umi apretó los puños impotente, Clef le había dicho la verdad y ahora había llegado el momento de que la supiera su amiga, no había tenido el valor de ser quien la informara, no quería que sufriera, no se lo merecía después de toda su espera. Hikaru volvió a preguntar lo mismo, tenía que conocer la verdad, su terror la consumía ya que imaginaba lo peor, al punto de ahogarse en su desesperación, pero su esperanza la levantaba porque se decía así misma que él estaba vivo.

    Clef finalmente le contestó ─Él esta bien, ahora vive fuera del palacio, en una aldea de Céfiro.

    Escuchar esto hizo que Hikaru volvería a sentir que respiraba ─¿En que aldea? ─ hablo apresurada

    ─La aldea de Uzmad, al norte del palacio ─ Clef agachó la mirada, no podía ver a Hikaru a los ojos

    Sin decir nada la hermosa mujer, se dio media vuelta y comenzó a correr como la niña de años atrás.

    ─¡Alto! ─ La voz seca de Clef la detuvo e hizo que girara su cuerpo, luego de una pausa el mago no dio pie a replica y continuó con lo que tenía que decir de todas formas ─Hikaru… ─ omitió el titulo de princesa, hablaba con un tono más familiar, más del amigo que se consideraba de la doncella ─tienes que saber algo antes de que lo busques… él ahora… ─ no podía continuar, la voz se le quebró, ¿por qué aún en este momento no tenía fuerzas para confesar la verdad? Se dio todas las agallas posibles para la revelación ─¡Lantis se casó hace dos años! ─ intentó decirlo lo más natural posible, pero sabía que era ridículo, no había manera de evitar la magnitud de esas palabras.

    Hikaru se quedo pasmada, no movía ni un músculo, enmudeció, parecía una estatua viviente adornando el jardín. Umi dio un paso al frente para acercarse a su amiga que estaba a distancia de ellos, ya que en cuanto entró al jardín había gritado desde lejos. Pero al primer paso que dio, se detuvo, no sabia que decirle, no sabía que hacer, si correr a consolarla o cerciorarse de cómo iba a reaccionar. Inmediatamente después de esto, supo que lo mejor era la segunda opción.

    ─Gracias por tus respuestas Clef, disculpen la interrupción, voy a buscar a Fuu, quede de ir con ella ─ volvió a girar hasta darle la espalda a sus amigos y salió caminando del área de jardín, ellos se quedaron en silencio.

    Una vez que se alejó del lugar, comenzó a correr fuertemente, sentía que sus pies le pesaban pero aún así se movían sin parar al punto de que parecían no tocar el suelo. Corrió tanto que había atravesado el castillo de un extremo a otro, todo el lugar que recorrió a esa hora parecía vacío, por suerte para ella nadie la había visto correr.

    Llego hasta una ventana enorme que justamente daba al lado norte del castillo, la vista era preciosa, recargó sus manos sobre el extraño cristal que asimilaba al vidrio de la torre de Tokio. Y luego sostuvo su peso en ambos brazos, agachó la cabeza, aún no podía digerir lo que había escuchado. No pudo impedirlo más, las lágrimas se escaparon como el reo de una prisión, escurrían a mares y no evitó sollozar con lamentos que resonaban en la zona donde estaba.

    ─¡¿Por qué?! ─ comenzó a gritar como una loca, una y otra vez, sacudía su cabeza de un lado a otro, al mismo tiempo su cuerpo parecía ser el instrumento de una lenta muerte, sentía su corazón como si el filo de miles de cuchillos le atravesaran, al son de espadas filosas clavadas en toda su existencia física, debido a esto perdió las fuerzas y se dejó caer al suelo, sus manos quedaron marcadas en el cristal mientras se deslizaban desde el mismo hasta tocar el helado piso. Su cuerpo estaba sin más fuerza, tirado en aquel rincón del palacio real.

    Su pregunta sin sentido se hacía cada vez más lenta, tanto que se convirtió en un leve susurro, susurro que terminó cuando alargo más su cuestionamiento ─¡¿por qué me hiciste esto Lantis?! ─ fue su última frase y no supo más.


    "Hikaru, ¿no te parece que ese hombre es buen mozo? Se muere por ti desde hace tres años y tú ni te enteras de que existe" la hermosa joven lo vio de reojo y era verdad, alto, corpulento, cabellos oscuros, sonrisa encantadora, ojos intensos y negros, ¡se parecía tanto a Lantis!, “sinceramente no me interesa” fue su respuesta. Así había perdido la cuenta de todos los hombres que rechazó. Se convirtió en una mujer codiciada e intocable, el tiempo la había favorecido con una silueta envidiable, todo estaba en su lugar y bien proporcionado, como una modelo, su rostro había adquirido más belleza de la de antes, le decían sus hermanos celosos de los hombres que la asediaban.

    La luz repentinamente se hizo más fuerte, los ojos de fuego se abrieron lentamente acostumbrándose a la luz «Fue un sueño» se dijo así misma al ver que sus pretendientes no estaban ahí. Miró alrededor y notó a sus dos amigas que estaban hablando en voz baja y que le sonreían.

    ─¡Que bueno que despertaste Hikaru! Nos tenías preocupadas ─ Fuu le sonrió

    ─¡Es cierto! Pensamos que algo muy malo te había pasado ─ Umi también mostró una dulce sonrisa

    ─¡Gracias por cuidarme! ─ recordó de nuevo su realidad y se imaginó que se había desmayado en aquel lugar ─ estoy bien, discúlpenme si las preocupe ─ les intentó sonreír pero solo le salió una mueca mal hecha.

    ─Hikaru… sabemos lo que paso y de verdad lo sentimos mucho ─ Fuu colocó su mano sobre la de Hikaru

    ─No se preocupen muchachas, fueron nueve años, debí saber que esto podía pasar ─ esta vez esbozó su mejor sonrisa, sabía que ellas estaban muy tristes. ─ por dentro se estaba muriendo en vida, ─pero en cambio tenemos que estar felices porque, contrario a mí Fuu, te toco un maravilloso hombre que te esperó pacientemente y pronto serás su esposa. ─ Lo decía lo más convencida que pudo.
    Fuu no logró evitar que se le escaparan unas lágrimas, sabía todo lo que estaba sufriendo su amiga, asintió sin decir nada y trataron de cambiar el tema, de hablar de cosas bonitas de Céfiro y de bromear para que Hikaru se animara.



    Una semana había pasado desde aquel trágico día para Hikaru, estaba un poco mejor, por lo menos trataba de no pensar en eso. Había decido que una vez que su amiga se casara y regresaran a Tokio le haría caso a Fuyakuta, su amigo de hace cinco años, quien siempre la había querido y hace poco le había confesado su amor, el cual por supuesto ella rechazo, pero aún así habían seguido su amistad como si nada. Se merecía olvidar y darse esa oportunidad, la necesitaba desesperadamente para seguir viviendo, pues ahora no tenía ánimos de ello.

    Entró a la habitación de Fuu, la cual ya la esperaba junto con Umi.
    ─¡Hikaru que bueno que llegas! ¿Cómo me veo?

    Fuu traía un prendedor de jazmín sosteniendo sus cabellos chocolate en media coleta, portaba un precioso vestido color perla, fresco, de tirantes y entallado en la cintura, con una ligera caída de seda; sus ojos verdes lucían radiantes de emoción y Umi sonreía al ver el toque especial que acababa de darle con el maquillaje tenue en su rostro.

    ─¡Te ves hermosa amiga! ─ le sonrió Hikaru al tiempo que le daba un ramo de flores que había llevado.


    Se acercaba la hora en que Fuu y Ferio unirían sus vidas, Caldina estaba algo histérica con que la boda estuviera perfecta ─¡Rayos! Creo que olvidé el Temay.

    Hikaru la vio extrañada ─¿el qué?

    ─El Temay es una comida dulce, típica de Céfiro que se le da a los novios en conmemoración a sus nupcias… Iré por él ahora mismo.

    ─Te acompaño

    ─Te lo agradezco Hikaru, pero yo voy sola

    ─No, de verdad quiero acompañarte ¿puedo?

    Caldina dudo un poco, pero luego pensó en “después de todo que podría pasar, la aldea era grande” y aceptó su compañía ─esta bien Hikaru, vamos rápido, no quiero perderme la boda

    ─Ni yo ─ Hikaru estaba feliz por su inseparable compañera, pronto sería esposa de Ferio


    Un rato después ya estaban en el poblado ─Bien, no estoy segura ¿será aquí? ─ Caldina había olvidado el lugar exacto donde había mandando ha Ascot a hacer el Temay.

    Hikaru la miró con ojos matadores ─Cal… di… na…

    ─No te preocupes Hikaru, creo que era ¡aquí! ─ señalo una puerta y comenzó a tocar

    Hikaru no estaba segura y caminó un poco a la esquina de otra calle para ver algo que le indicara que ahí había un Temay, no sabía que era, por momentos imaginaba que se trataba de algo como un pastel.

    ─Gracias ─ dijo la ronca y fría voz a una anciana que le entregaba una bolsa, repentinamente como si una luz se encendiera volteó a su derecha, justo donde la calle se encontraba con otra, ahí estaba, por lo menos parecía muy real. Se trataba de una joven de ojos mezclados entre café y un tono casi dando al color de su cabello, no llevaba una trenza, las hebras de su cabello suelto eran largas, un broche dorado en el lado derecho sostenía un mechón.

    En un segundo la miró de pies a cabeza, figura esbelta, hermosas proporciones, un vestido delgado sin mangas, largo hasta arriba de sus rodillas y unas zapatillas rosas a juego con su vestimenta. Aún así llevaba un guante inconfundible, el guante que le daba garantía que se trataba de ella, una guerrera mágica, no, no era solo eso, era la princesa Hikaru. La veía incrédulo, casi como si fuera un fantasma.

    En contraste a él, Hikaru lo veía sin expresión en su rostro, si bien con algo de sorpresa, nada relevante. Definitivamente sabía que era Lantis, parecía que los años no hubieran pasado sobre él, misma complexión, robusto, alto, cabellos del mismo largo y ojos negros como la noche, solo su cara notaba un poco más de años, pero casi parecía aquel Lantis que recordaba, ese que despidió el día que vencieron a Debonair y se convirtió en el pilar.

    El casual encuentro fue interrumpido por Caldina.

    ─Hikaru, si era aquí ─ se acerco a tocar de los hombros a la guerrera mágica y de reojo se dio cuenta de la situación, sin embargo, Hikaru reaccionó al momento.

    ─¡Que bien Caldina! entonces recojamos el Temay y vamonos porque es tarde ─ dio media vuelta y caminó a prisa de regreso al lugar donde tocó la hechicera, Caldina la siguió de inmediato.

    Todo fue en silencio, Hikaru se dio cuenta que el famoso Temay, más bien parecían dulces, los recogieron, regresaron de la misma manera que habían llegado. Una vez en el palacio de Céfiro, los colocaron donde correspondían.
    Todo transcurrió muy rápido y a pesar de los miedos en que algo sucediera, al fin Fuu y Ferio se convirtieron en marido y mujer, la fiesta fue impresionante y definitivamente llego a oídos de todos los habitantes de Céfiro, quienes también festejaron por el regreso de la princesa Hikaru y pensaron en hacer una fiesta en su honor.

    Umi y Hikaru conversaban una vez que los recién casados se fueron a su viaje de bodas.

    ─¡Espero que les este yendo bien en su viaje!

    ─Dirás su luna de miel, ¡qué estarán haciendo esos pillines! ─ Umi vio a Hikaru con cara picaresca

    Hikaru enrojeció ─¡Umi que cosas dices!

    El tiempo parecía volar tan rápido que en un santiamén ya estaban de regreso los recién casados, todo ese tiempo habían permanecido en el palacio sus amigas, en su espera, una vez ahí decidieron volver a Tokio, si bien Ferio no podía acompañarlas, Fuu prometió volver lo más pronto, en un mes exactamente. Y así fue, en un mes ya estaban de regreso, pero solo Fuu y Umi.

    ─¿Pero que dices?

    ─Así es Ferio, Hikaru nos sorprendió a todos, sus hermanos trataron de convencerla pero no, ella estaba decidida y se dice enamorada, por eso contrajo nupcias hace tres días con Fuyakuta, su mejor amigo.
    Las jóvenes guerreras parecían tristes, en el fondo lo sabían, su amiga se casó por despecho, tratando de olvidar a ese hombre que esperó por tanto tiempo, por nueve largos años.

    El tiempo se iba en ir a Tokio y regresar a Céfiro, Fuu trataba de encontrar la manera de decirle a sus padres y hermana que ahora era esposa de un hombre ¿pero como decirles? Ferio no podía ir a Tokio, ellos pensarían que estaba enloqueciendo. De cualquier manera eso no opacaba su felicidad. Umi seguía con su novio pero cada vez más alejada, definitivamente su vuelta a Tokio y reencuentro con Clef la había afectado, pese a que jamás confesara lo que sentía ni a él ni a nadie. Y Hikaru no había vuelto a Tokio de nuevo, desde aquel día hacía ya un año.

    ─¡Bienvenidas de nuevo! Gracias por venir Hikaru ─ Clef sonrió muy feliz, Hikaru por fin había vuelto a Céfiro, el motivo por el que lo hizo fue debido a que la gente iba ha organizar un festejo en su nombre.

    Pero Hikaru no estaba serena, se había dado cuenta, de verdad una parte de ella había tomado mucho rencor por Lantis, por otra parte no era muy feliz con Fuyakuta, era un buen hombre, le había tratado de entregar todo de ella, desde lo más difícil que fue su cuerpo, hasta lo más preciado que era su alma; ¿entonces por qué no lograba amarlo como él a ella?
    Había una duda que la carcomía desde hace un año ¿en que momento dejo de amarla Lantis o realmente nunca la amo? Sin darse cuenta terminó paseando por los alrededores y se topó con un hermoso lago escondido, se fue a sentar bajo la sombra de un árbol junto ha aquel cristalino paraje de aguas tranquilas, al dejarse caer junto al árbol comprendió que no estaba sola.

    ─Pensé que nunca te volvería a ver ─ le afirmó la rasposa voz masculina

    No lo podía creer, el corazón le latía a mil por hora, estaba ahí nuevamente, ante el hombre que trataba de olvidar, que trataba de no detestar como lo hacía y que a la vez le revolvía todo en su interior, aún pese a todo.

    Tardó en responder, ¿cómo se atrevía a hablarle como si nada? ─¿Hablas desde que me fui aquel día? ─ se refería al día en que se convirtió en el pilar de Céfiro.

    ─No, hablo de aquel día en el pueblo

    ─Solo estoy curioseando por aquí ─ le hablaba como si se hubieran visto de siempre, como sino importara verlo; pero en contraste, se paró en ese instante y estaba a punto de irse.

    Lantis se quedo en silencio unos momentos, ─me gusta venir aquí porque es muy tranquilo

    ─Ya veo ─ Hikaru no podía evitar sentir el inmenso dolor en su pecho, un dolor que parecía no tener fin, pero no tenía todavía el valor para enfrentar a Lantis y preguntar tantas cosas. El solo verlo a su lado la hacía querer destruirlo, por eso tenía que irse, caminó unos pasos ─adiós Lantis ─ lo dijo por cortesía

    ─¿Cómo es que volvieron? ─ le preguntó el joven ojos negros, esperando que dejara de caminar

    Hikaru se detuvo, le daba la espalda ─Ferio nunca se rindió, encontró un método para que pudiéramos regresar, eso es porque yo soy la princesa de Céfiro.

    ─Me enteré de que Fuu se ha convertido en su esposa

    ─Así es, ahora estarán juntos, espero que Umi también encuentre su camino ─ Hikaru se impaciento un poco quería salir corriendo de ahí y el cuestionamiento no terminaba ¿a caso era tan cínico?

    ─¿Y tú Hikaru? ¿Ya encontraste tu camino?

    Hikaru enfureció, simplemente no concebía que le hablara como si nada ─¿dime una cosa Lantis? ─ hubo una pausa larga, ─¿qué es lo que quieres?

    ─¡¿Uhm?!

    ─Sí, me entere que te casaste hace tres años ─ finalmente lo soltó amargamente ─y ahora que desgraciadamente te encuentro, me hablas como si nada ¿qué no te das cuenta de que te odio?

    Lantis estaba inexpresivo, veía directo al lago, no se atrevía mirarla. Ante lo que le dijo la joven mujer no sabía que decirle, no sabía como explicar algo y sin embargo, aunque su cara era insensible, al escuchar del odio de Hikaru sintió que una fuerza le estaba despedazando el corazón y que su alma se escapaba del cuerpo.

    ─Es cierto, me case ─ asintió, al tiempo que Hikaru volvía a sentir la herida abierta como si fuera el primer momento que recibiera la noticia, aún más fuerte tal vez, porque lo escuchaba de labios del propio Lantis. ─Aunque nunca pensé que llegarías a odiarme, es lógico después de eso.

    Hikaru apretó los puños, su voz permanecía enmudecida, queriendo gritarle… ¡¿Entonces porque me dijiste que me amabas?! ¡¿Entonces por qué espere tanto tiempo?! ¡Devuélveme mi vida! ¡Regrésame mis años! ¡te detesto como jamás pensé despreciar a alguien!
    Y un torbellino de emociones la traicionaba, ya que la incitaba a llorar, a desaparecer, era horrible estar frente al hombre que jamás fue ni sería suyo. ─Me voy Lantis ─ solo eso podía hacer, porque sino se iba, estaba segura que iba a enfrentarlo hasta la muerte.

    Lantis sabía que era la despedida para siempre, eso quería ¿o no?, era lo mejor para ambos. La joven empezó a correr alejándose de él, pero una convicción dentro del espadachín lo hizo correr tras ella con agilidad y por instinto la abrazó por la espalda, rodeando con sus brazos los de ella, hasta llegar a su cintura.

    ─Hikaru, Hikaru… ─ repetía sin cesar, apretándola fuerte y a la vez cuidando de no lastimarla. Ella no sabía como reaccionar, acababa de despedirse para siempre del hombre por el que tanto sufrió, hacía unos momentos que había decidido dejarlo atrás con su odio, sin preguntas, sin respuestas, sin nada. Y ahora llegaba hasta ella, la abrazaba de esa forma y le nombraba sin parar.

    ─¡Suéltame por favor! ─ le replicó al tiempo que intentó safarse, quería ser fuerte hasta donde más pudiera, quería que todo terminara, quería conservar la cordura. ─ ¡¿Qué estas jugando Lantis?! ─ El guerrero no la soltaba, no decía nada. Como pudo ella se soltó, dio la vuelta para quedar frente a él. ─ ¡Te odio tanto! ─ tenía el ceño fruncido y ojos llenos de rabia, no pudo controlar más su ira combinada con el sufrimiento que le causaba su amor frustrado. Él no contestó, la vio a los ojos, sintió miedo, miedo porque la había perdido, su mirada se lo decía.

    ─¡Te mataré! ─ aseguro la pelirroja, su coraje era tal que mágicamente invocó su espada y atacó a Lantis

    Él solo se defendía, seguía vivo, pero se sentía roto en mil pedazos, después de todo se merecía todo eso, por fin la guerrera mágica logro rozar su costado izquierdo.

    Lantis la vio tristemente ─¡perdóname! ─ Al tiempo que tocó su herida abierta y se dejó caer al suelo.

    Hikaru reaccionó, supo que había llevado las cosas demasiado lejos ─¡Estas bien! ─ le gritó mientras desaparecía su espada y se acercó al espadachín malherido. ─Ahora sí ─ clavó su mirada en los ojos de ella, era la misma Hikaru preocupada y dulce de aquel entonces, la jalo hacía su regazo, y la abrazó con su brazo derecho. ─Ahora estaré bien ─ daba a entender que era porque ella estaba ahí. ─ la herida era superficial.

    Hikaru no sabía que hacer, se sintió culpable de haberlo atacado, pero el joven la aprisionaba como a una niña pequeña y cuando menos lo pensó, acercó sus labios hasta robarle un beso al que ella se resistió, hasta que perdió el juicio, ese beso lo había esperado antes con tanto anhelo, alguna vez deseó mil cosas a su lado, aún antes de que se fuera de Céfiro hace diez años, desde que lo comenzó ha amar. Sin pensar empezó a dejarse llevar por ese beso hasta que Lantis ya no tuvo que sostenerla, estaba un poco inclinado y Hikaru rodeo su cuello con sus brazos, se besaron con vehemencia, entregándose a una ola de sensaciones interminable.

    El beso fue lo más prolongado que sus agitadas respiraciones pudieron soportar, cuando por fin se soltaron, se vieron un momento a los ojos, como si no hubiera pasado el tiempo, luego Hikaru volvió a la realidad y se paró.

    ─¡Como te atreviste Lantis! ─ le gritó molesta, pero conteniéndose para no sacar su espada ante el mal herido hombre.

    Sonrió maliciosamente, casi imperceptible. ─No me arrepiento ─ dejo asomar una mueca burlona. ─Porque ahora veo que no me odias.
    Hikaru no soporto más y se derrumbo al suelo, quedando hincada con sus manos apoyadas en la tierra, ─¿por qué haces esto? ─ le reprochaba al tiempo que las lágrimas se asomaron de sus ojos hasta escurrir sin cesar por su cara, pasaban por sus labios con un sabor salino y caían a la tierra.

    ─Hikaru, mi Hikaru ─ se podía ver reflejado el dolor en el rostro de Lantis ─ perdóname por lo que hice, te lo ruego ─ conservaba una mirada cabizbaja.

    ─¿Qué te perdone? ¿Me amaste alguna vez? ─ al fin había soltado su más grande incertidumbre.

    ─Te lo dije aquel día que te convertiste en princesa de Céfiro, aún ahora siento lo mismo, no, es más fuerte cada día, perdóname ─ volvía a pedir perdón una y otra vez, Hikaru estuvo a punto de acercarse ha abofetearlo, pero no pudo hacerlo, porque una lágrima traicionera salió de los ojos del muchacho. Sus ojos se abrieron asombrados, ¡jamás creyó verlo así! ¿Entonces por qué no la espero? ¿Por qué se casó con otra?

    El atractivo guerrero pareció escuchar sus pensamientos ─Me case con Maznia porque hace tres años Céfiro volvió a cambiar ─ hizo una pausa ─desde que te fuiste hubo seis maravillosos años de paz, pero todo acabo cuando vino el planeta Arjaen, intentó conquistarnos, buscaban a la princesa para matarla, por suerte no estabas. La gente comenzó a tener miedo sin ustedes, volvió a resurgir en sus corazones el horror de la guerra y se generaron monstruos. El señor de aquel planeta era fuerte y tenía un gran ejército, también una hija. ─ apretó los puños al decir esto. ─Esa hija es Maznia, venía para conquistarnos pero de alguna manera se enamoro de mí, el padre cumplía cada uno de sus caprichos y al ver que era imposible que yo le correspondiera hizo un trato. Yo a cambio de dejar en paz a Céfiro.

    No pudo continuar porque la voz se le quebró, Hikaru lo escuchaba con mucha atención, intentando comprenderlo todo, ahora deducía con claridad y su corazón adolorido dejaba de sentir el rencor hacía Lantis, la tristeza seguía, pero ahora los sentimientos adversos se tornaban a una pena agobiante, un desesperado intento de su parte de perdonar al joven y de aceptar el cruel destino al que ambos se sometieron.

    ─Entonces aceptaste su propuesta ─ le afirmó Hikaru, al tiempo que pensaba en lo sanguinario de las circunstancias

    ─Sí, acepte, la gente gracias a eso recuperó la fe nuevamente y Céfiro se volvió de nuevo hermoso y lleno de prosperidad, tal como lo vez ahora. Pero jamás se lo dije a nadie, todos pensaban que me enamore de ella y que gracias a eso el planeta Arjaen se alejó.

    Hikaru no sabía que decir, no sabía como reaccionar, él estaba casado con otra y ella también, pensó en su esposo, en Fuyakuta, él era un hombre bueno. No había más que hacer, ¿para que se lastimaban ella y Lantis? Así fueron las cosas y punto.

    ─Hace un año yo también me case, así que… ─ esa era la despedida ─así que “te perdono Lantis” y valoro tu sacrificio por Céfiro ─ no podía evitar la mirada más triste de su vida ─después de todo, de alguna forma u otra este mundo siempre buscará un pilar, pese a que yo anulé el sistema ─ recordaba el sacrifico de la princesa Emeraude y Zagato, así como ahora Lantis lo había hecho.

    Una sensación helada recorrió en Lantis, lo comprendía, ahora ella era tan prohibida como él ─¿Lo amas? ─ solo eso quería saber para resignarse a su destino.

    Hikaru quiso mentirle, pero de sus labios no salio lo que esperaba ─lo quiero, eso es suficiente ─ todo parecía una pesadilla de la que no iba a despertar. Lantis se paró y se acercó a ella y le ofreció su mano para levantarla, una vez hecho esto, la miró a los ojos con ternura, Hikaru se veía tan vulnerable. ─Todo estará bien ─ era una mentira que él mismo pretendió creerse, Hikaru asintió con la cabeza. Ese día nunca lo iban a olvidar, al final terminaron hablando de una y mil cosas, ella prometió verlo de nuevo, solo como amigos.


    Todo trascurría normal en el castillo, donde notaban que Hikaru estaba muy cambiada, alegre, entusiasta, como si hubiera superado lo de Lantis, así que estaban felices por ella. Hikaru se escapaba reiteradamente a ver a Lantis sin que nadie lo supiera, Umi después de todo tenía alguien más que también ocupaba su tiempo, Clef. Por lo que escaparse de su vista era fácil y Fuu estaba atenta con su nuevo esposo. Las reuniones con el espadachín mágico eran cada vez más seguidas, cercanas y lejanas a la vez, hablaban de asuntos cotidianos, de la vida de ella en Tokio, de la de él en Céfiro; más ninguno se atrevía a preguntar por el esposo del otro, era un tema que trataba cada uno de dejar en el olvido.

    ─Hoy te voy a llevar a un lugar especial ─ Lantis estaba contento y ella también. Pronto llegaron a una bonita cabaña en las afueras de algún lugar abandonado en el bosque de Céfiro. ─ Hacía años que no estaba aquí, mi hermano Zagato adoraba este lugar tanto como yo, ven.

    Entraron a la cabaña que lucía por fuera algo añeja, por dentro estaba un poco mejor, con algo de polvo por tanto tiempo pero con buen aspecto, había unos extraños artefactos propios de ese mundo y un cuarto con una cama. Empezaron a conversar y acabaron limpiando la cabaña, tardaron varias horas en concluir su labor. ─¡Por fin! ─ Hikaru estaba feliz de haber terminado la limpieza junto con Lantis, todo parecía un sueño del que no quería despertar.

    Después saborearon de la comida que ella había llevado para los dos y una cosa llevo a la otra, no supo en que momento habían terminado en aquella habitación que había resultado tan acogedora, Lantis deseaba fundir su alma tanto como ella con la suya, sus sugestivas formas lo transportaban a mundos desconocidos aún, acarició cada rincón de su piel, dibujando pinceladas. Los labios se unieron una y otra vez en un acento musical que despertaba sus más ocultos instintos banales.
    Los largos diez años ahora parecían esfumarse, al son del ritmo que ambos tocaban. La pasión los adentro en un mundo avasallador. Jugaban un juego peligroso que dejaba entrar y salir cada uno de sus deseos, fusionándose, hasta el punto de volverlos una sola persona y finalmente llego el clímax del amor en un tierno vaivén.

    Permanecieron varias horas abrazados en aquella cama que en ese momento era todo su mundo, un mundo totalmente diferente a los conocidos, su propia felicidad. Hasta que la realidad los arrastro de nuevo, tenían que volver. Hikaru se sentía culpable de lo que había hecho, su esposo no se merecía semejante daño, era tan bueno con ella, noble, paciente y la adoraba. Además se había convertido en “la amante” de Lantis.

    Lantis la acompaño cerca del castillo ─hasta aquí esta bien, no quiero que te vean

    ─¿Te encuentra bien Hikaru? ─ El pelinegro había notado la seriedad de la joven desde que salieron de la cabaña

    ─No, lo que pasó allá no estuvo bien

    ─¿Pero por qué?

    ─¡No lo entiendes! ¡Estamos casados! No es justo lo que hicimos, por lo menos no para mi esposo, es muy amable conmigo y me respeta mucho.

    Lantis permaneció en silencio, recordó a Maznia, ella no era mala persona, de hecho muchas veces le había pedido perdón por la forma en que terminaron juntos. Pero le confesó que lo amaba tanto que ahora haría cualquier cosa por él y era verdad, desde que se lo dijo, la mujer dura y caprichosa se convirtió en una persona dulce y afectuosa, tan sencilla como una margarita y tan hermosa como una rosa con su enorme corazón.

    ─¿Te arrepientes? ─ era la pregunta obligada

    Hikaru estaba llena de dudas y temores ─No lo sé

    Fue todo lo que hablaron, ella no volvió a buscarlo después de eso.


    El amanecer era declarado por la exquisita melodía de las aves, se podía escuchar afuera el correr del agua en una fuente de bambú. Hikaru abrió sus ojos lentamente para toparse con la claridad del sol en sus ojos y contemplar la sonrisa de Fuyakuta.

    ─¡Buen día princesa! ─ la miraba a los ojos

    ─Buen día ─ contestó ella tallándose los ojos, no quería verlo, no había podido desde hace tres semanas

    El atractivo caballero se sentía un poco desanimado, no sabía que tenía su esposa, estaba tan extraña. Sin preguntas se levantó del futón donde estaba recostado junto con Hikaru, se puso una playera, cubriendo parte de la musculatura de sus brazos y su marcado abdomen. Luego se colocó los pantalones que tapaban su curveada retaguardia y sus piernas.

    ─Voy a preparar algo de desayunar ─ estaba muy serio, Hikaru sospechaba que él sabía que algo no andaba bien.



    Lantis mientras tanto cortaba algo de leña en el cobertizo de su casa.
    ─¡Te he preparado algo de comer! ─ La dulce voz de Maznia lo sacó de sus pensamientos.

    Volteó de reojo a verla, lucía tan llena de vida, recordaba que la conoció en circunstancias poco agradables y eso la hizo aborrecerla en algún momento, no se concebía a su lado, inclusive no podía tocarla aún casados. Pero ella había cambiado tanto por amor, su belleza externa comenzó por fin a concordar con la interna y fue ahí donde él se enamoro de ella, a pesar de eso nunca dejo de amar sobre todas las cosas a Hikaru, por eso se sentía tan triste siempre.

    La hermosa rubia se acercó a él, poso los ojos verdes de su refinada cara en la espalda del joven, lo deseaba demasiado y hacía tanto tiempo que no la había tocado. Tenía contadas las veces, desde que se casaron solo había visitado su alcoba tres veces, tres en todo ese tiempo. ¿Seguiría pensando en aquella mujer? Y la última vez que la beso parecía tan lejana, siete meses sin darle un solo beso. Sabía que Lantis era así de inexpresivo, era consciente de que lo había forzado a casarse, pero pensó también que él finamente la amaba el día que por fin la hizo suya y que las cosas cambiaron entre ambos, habían aprendido a convivir y llevarse bien. Pero simplemente hacía poco más de un año, el volvió a ser el Lantis del principio.

    ─No tengo hambre ─ fue la seca respuesta del espadachín.

    Ella no dijo nada de su rechazo, aunque le dolía su pecho con sus desprecios ─esta bien, si tienes hambre no dudes en decírmelo ─ dicho esto se retiró con la vista cabizbaja.


    Umi y Fuu insistieron para que Hikaru volviera de nuevo a Céfiro ya que Fuu tenía que dar una noticia allá, noticia que quería que escuchara Hikaru. No sabían porque se mostraba tan renuente a volver, parecía que ya había superado lo de Lantis y ahora repentinamente escuchar “Céfiro” era como un monstruo para ella. Finalmente accedió, después de todo no tenía intención de buscar a Lantis.

    «No puedo creer que Fuu este esperando un hijo de Ferio me alegro por ella» divagaba mientras caminaba al lugar donde volvió a reencontrase con Lantis por segunda vez, a ese lago. Era solo para recordar, o así se justificaba, en el fondo su deseo era otro.

    ─Sabía que volverías ─ La voz varonil de Lantis resonó en sus oídos, todos los días iba ahí a la misma hora con la esperanza de verla de nuevo. No hubo más palabras, ella corrió a sus brazos y se fusionaron en un beso que ardía en todo su cuerpo, sin tapujos de ningún tipo ahí mismo se despojaron de todo cuanto les estorbaba y se dejaron llevar por la llama de un fuego intenso, comenzaron de nuevo el peligroso juego del amor, moviendo las fichas en las posiciones exactas, al punto de ser ambos los perdedores en un torrente de apuestas.

    Ese peligroso y quemante juego se torno indispensable en sus vidas, Hikaru comenzó a justificar sus acciones al igual que él, después de todo ¿era pecado amarse? El lento transcurrir de tiempo en Tokio comparado con el de Céfiro se volvía nada. Y es por eso que no salía de aquel místico mundo, se había alejado de todo lo que no fuera Lantis, sus amigas sabían ya que algo pasaba y una corazonada les hacía sospechar de que se trataba, pero callaban todo cuanto presentían.

    La tarde caía en el bosque de Céfiro y Umi decidió ir a buscar a Hikaru ya que no había regresado el día anterior a dormir y estaba preocupada por la guerrera mágica. Maznia también estaba angustiada por Lantis y decidió salir a buscarlo.

    Los amantes acababan de terminar la seductora entrega de su existencia física, salieron de la cabaña y caminaron por el bosque, iban abrazados, contemplando la brillante luna llena de esa noche, noche perfecta para su amor.

    ─¿Hikaru? ─ Umi estaba exhausta, se había cansado de buscar a su amiga, estaba apunto de rendirse cuando escucho los ruidos de la pareja que caminaban tranquilamente entre la hierba.

    ─¡Umi! ─ La joven de ojos de fuego se asustó al verse descubierta por su amiga, separó su cercanía de Lantis

    ─Estaba preocupada por ti, pero no se porque presentía que estabas con él ─ señaló despectivamente al Lantis

    ─Umi, es que yo… ─ no sabía como explicarse, en eso se escuchó otro ruido de alguien que se acercaba y se pusieron todos en guardia

    ─¡Lantis! ─ la tierna voz gritó emocionada, llamando al caballero oscuro y él se sorprendió de sobremanera al ver que se trataba de su esposa

    ─¿Maznia que haces aquí?

    ─¿Cómo me preguntas eso? Estaba muy preocupada porque no llegaste ayer, pensé que algo malo te había pasado ─ tenía los ojos llorosos y mostraba una cara de total inquietud.

    Hubo un silencio incómodo pero Umi salió a defender el momento ─perdón señorita, es que Lantis se quedo con nosotros en el castillo, permítame presentarme yo soy Umi Ryuuzaki y ella es mi amiga Hikaru Shidou, amigas de Lantis y teníamos mucho sin verlo.

    ─¿Amigas? ─ Maznia estaba extrañada

    ─Sí, de hace años, ¡ah que tonta! Tal vez usted nos conozca como “las guerreras mágicas”

    Escuchar su titulo sobresalto a Maznia « ¡las guerreras mágicas! Ellas son... » ─¡Por supuesto que he escuchado de ustedes! ¿Pero pensé que eran tres? ─ examinaba a las dos chicas de arriba ha abajo, queriendo adivinar algo.

    ─¡Ah sí! Pero nuestra amiga no ha venido con nosotros, encaminábamos a Lantis

    Y esa respuesta para ella era como una deducción, « seguramente esa es la mujer » y aliviada un poco de estar frente a las dos guerreras, les sonrió e hizo una reverencia de agradecimiento.

    La situación era incómoda, Hikaru había barrido con la mirada también a la joven frente a ella, era tan hermosa, cabellos tan rubios que parecían fina seda, ojos verdes esmeralda, silueta delgada y blanca piel como la leche, se veía tan delicada, su cara era tan dulce. Umi comprendía que aquello era una situación bochornosa y se despidió junto con Hikaru lo más rápido que se pudo.

    Maznia moría por conocer a la tercer guerrera mágica, ─me saludan a la princesa de Céfiro ─ mencionó con curiosidad para enterarse si realmente era la guerrera que faltaba

    ─De su parte ─ contesto Umi al tiempo que se retiraban.

    Hikaru tuvo que confesar a Umi la verdad y ella la regaño por convertirse en “la amante” de Lantis, entendía a su amiga pero esa no era la manera de hacer las cosas. Pero la rubia no se quedo tranquila y empezó a visitarlas en el palacio, hasta el día que finalmente conoció a Fuu, la odio tanto que por poco no podía disimular, era gentil y linda, pero no tan bella como lo era ella, no podía creer que Lantis tuviera ese tipo de gustos. Y en contraste había una guerrera que realmente le agradaba, esa guerrera era Hikaru con la que tenía muchas atenciones.

    ─Hikaru me gustaría invitarte a mi casa, ya que te gustan las cosas dulces, me encantaría prepararte un postre y conversar ─ le externo una sincera sonrisa en una de sus visitas.

    ─Yo este… no creo que pueda

    Maznia agacho la mirada ─bueno, si pudieras me avisas… ─ hizo una pausa y luego susurró ─…después de todo estoy algo sola, Lantis casi no esta en todo el día, a veces pienso que anda con alguna “mujerzuela”, me gustaría una amiga.
    Hikaru de verdad se sentía culpable por todo lo que estaba pasando, definitivamente ella y Lantis tenían que seguir caminos separados, ni Maznia ni su adorado Fuyakuta se merecían lo que ellos estaban haciendo. ¿Sería que ahora era una cualquiera de verdad?

    Pero era más fuerte lo que sentían, era como una droga para ambos el estar uno con el otro, se seguían viendo furtivamente, escondiéndose de Maznia, Umi y de la consciencia de ella por Fuyakuta, no le importaba que el mundo le llamara como fuera. Se pasaban días enteros conversando, conviviendo, amándose en secreto, pensando solo en ellos, en sus entregas.

    Hikaru finalmente decidió que lo mejor era dejar a su marido porque era más el daño que le hacía y él no se lo merecía, tampoco ella se merecía ser infeliz, con su firme decisión lo hizo, él le lloro demasiado y le suplico de igual manera, pero no había marcha atrás, al final Fuyakuta resulto ser ese buen hombre que conoció siempre, la dejo ir sabiendo que nada más podía hacer para retenerla a su lado. Después de eso se lo dijo a Lantis, ahora solo faltaba Maznia, lo tenían decidido, las guerreras mágicas habían vuelto y esta vez defenderían Céfiro nuevamente. Nada podía hacer otro planeta ante la fuerza de su corazón y Lantis las ayudaría, ahora solo tenía que dejar a la mujer con quien se desposo, para ser feliz con la que siempre amó.


    Maznia lo había concluido ese día, no podía seguir soportando la indiferencia de su marido, sospechaba abiertamente que el tenía de amante a Fuu. Se despidió por la mañana de Lantis y sin que él se percatara lo siguió sigilosamente, Lantis iba tan ensimismado en sus ideas que realmente no sabía que era espiado, como siempre su rumbo era el mismo, la cabaña donde Hikaru y él se olvidaban del resto de la humanidad.

    Hikaru ya lo esperaba feliz, a lo lejos agitó la mano al verlo llegar, ambos se besaron tórridamente, entraron a la cabaña, convivieron entre juegos y risas, hacían cualquier cosa, ella traía juegos de su mundo que ambos jugaban, cocinaban, platicaban, solo veían al techo recostados, o ideaban lo que fuera, lo importante es que ellos estaban juntos. Inclusive llegaban a fantasear con una familia, sus hijos y una casa mediana donde vivir, junto al lago que tanto apreciaban, felices, sin que nadie los molestara.

    ─¿Cuántos querrías tener? ─ Lantis la veía calidamente

    ─¡Tres! ─ le contestó sin dudarlo

    ─Yo una docena

    ─¿Una docena? ¡Estas loco! ─ hizo una mueca de disgusto y Lantis rió con su expresión, no había duda era la mujer de su vida, la única que él amaría por siempre, su Hikaru, la amable, compasiva y sonriente Hikaru.

    ─¡Te amo! ─ le dijo al tiempo que la abrazaba hacía su pecho.

    Hikaru estaba muy feliz, no había más dicha que en ese momento, era la primera vez, la primera vez que le decía literalmente “te amo” no podía ser más perfecto para ella. ─Te amo ─ correspondió, diciéndoselo por segunda vez en su vida y él se sintió totalmente pleno. Ambos enlazaron sus manos con ternura, se veían a los ojos fijamente, trasmitiendo parte de su alma en cada mirada, fue el mejor instante de su vida juntos, se tocaban con tal delicadeza, como el roce de una aterciopelada flor en la piel, él la trataba con el cuidado más grande del mundo, como si se tratase del mayor tesoro.

    Habían estado juntos muchas veces, demasiadas para contarlas, siempre sin cansarse de unirse en uno, pero ese momento era especial, sublime, un transporte al paraíso, si es que había uno. Cada sensación recorría su cuerpo como una poderosa endorfina, dando el placer de existir, de sentir, de amarse. No había manera de describirlo, pero se sentían realmente una sola persona en cuerpo y alma, una fusión de esencias que nacieron la una para la otra.

    ─¿Cuándo se lo dirás Lantis?

    ─Hoy mismo, así que vamos a prepararnos para un ataque, no nos vencerán Hikaru, no mientras sintamos esto ─ ella le sonrió, sí, su amor era indestructible.

    La tarde daba a su fin y tenían que marcharse, pero con la promesa de un mañana, Maznia estaba esperando afuera, había prometido no usar su poder mágico a Lantis, pero ahora ese Lantis que amó ya no existía, su odio era infinito al imaginar lo que estaba pasando dentro de esa cabaña, aguardaba con toda la paciencia que podía en el exterior, los celos, el dolor, la envidia, todo se mezclaban junto con al repulsión de haber estimado a Hikaru.

    Ahora lo sabía la maldita princesa de Céfiro no era aquella guerrera, todo el tiempo estuvo junto a ella, la tuvo frente a frente, debió suponerlo, demasiado hermosa, muy gentil, asustadiza, frágil y fuerte a la vez, justo la persona que Lantis podía haber amado, exactamente esa mujer que mencionó alguna vez sería para siempre la dueña de su corazón. Estaba dispuesta a todo, ya nada importaba.

    El ataque salió imprevistamente apenas unos segundos después de haber salido de aquel lugar símbolo de amor, y fue directo a Hikaru con una fuerza impresionante, ella lo vio venir de forma inesperada. No hubo tiempo de pensar en nada, solo cerro los ojos por instinto sin ser consciente de lo que iba a ocurrirle. Y cuando se escuchó ese estruendo los abrió con incertidumbre, para darse cuenta del peor de los horrores, el peso de Lantis cayó en ese momento sobre ella, estaba herido, lo sabía por la enorme cantidad de sangre que veía, examinó rápidamente y se dio cuenta de que no era cualquier cosa, tenía un enorme agujero en su estomago, algo lo había atravesado por detrás al intentar protegerla, un poder.
    Profirió un grito desgarrador, estaba aterrada, ¡Lantis lucía muy mal! ─¡Lantiiiiiiiiiiiiiiiisssssssss! ─ miró a su alrededor y la distinguió, era ella, Maznia, sus ojos encendidos demostraban la ira incontenible que llevaba consigo.

    ─¡Hikaru! ¿O debería decir la princesa adultera de Céfiro? ─ empezó a hacer unos extraños movimientos

    ─¡¿Qué le hiciste a Lantis?!

    ─No te preocupes, porque pronto te reunirás con él ─ decía al tiempo que generaba un nuevo poder en sus manos.

    ─Hi… ka… ru… ─ Lantis estaba muriendo, mientras un borbotón de sangre salida de su boca, llamaba a la princesa de Céfiro, le acarició su cara suavemente.

    ─Lantis por favor resiste ─ Hikaru comenzó a llorar de impotencia y a la vez mucho coraje, se levantó, dejando a Lantis a un lado de ella y sacó su espada, estaba dispuesta a cualquier cosa.

    Maznia estaba lista para atacar ─¡Maldita zorra, me lo haz quitado todo, muere!

    Hikaru le gritó ─¡Mientes! ─ Un leve silencio y continuó hablando ─¡tu me lo haz querido quitar todo! No puedes forzar a nadie ha amarte, Lantis y yo siempre nos amaremos, aunque tu lo forzaras a casarte contigo, aunque los años pasen, ¡porque yo y él nos complementamos! ─ el ataque fue impresionante, combinado con el que Maznia le estaba dando a ella, era un choque de poderes, Hikaru pensó en convocar a su genio si era necesario, no dejaría que Maznia ganará.

    El colapso de poderes se esfumo ante las dos mujeres quienes seguían una frente a la otra, con un duelo de vida o muerte.

    ─ja, ja, ja, ja, ja ─ la risa incontenible de Maznia resonaba en los alrededores

    ─¡Deja de burlarte! ─ Hikaru no sabía el porque de su risa, pero se imaginaba que era por haber dañado a Lantis

    De nuevo atacaron ambas pero la fuerza de voluntad de Hikaru era inmensa, tenía que ayudar a Lantis, solo en eso pensaba y para ello debía defenderse de la persona que los quería matar, en medio de fuego y rayos, en una cegadora luz, finamente Maznia fue herida mortalmente.

    ─Mujerzuela… ─ llamó a la guerrera mientras ella corría ha auxiliar a Lantis que estaba moribundo. La chica de cabellos rojos no le hizo caso.

    ─Hikaru… ─ la llamó por su nombre, ─ ¿sabes por qué me reía? ¡Porque sabía que tú me vencerías! Sabía que iba a morir en tus manos, siempre fue mi plan. Ja, ja, ja, ja, ja

    ─¡Lantis por favor tienes que resistir! ─ convocó a su genio, tenía que llevar a Lantis rápido con Clef

    ─¡Hikaru no tiene caso! Al final yo gané, me prometí que ibas a sufrir todo lo que yo y más, ahora ese será tu castigo, ¡vive para sufrir! Porque me he llevado a tu Lantis, me lo llevo conmigo al maldito infierno. Ja, ja, ja, ja ─ volvió a reír fuertemente para emitir finalmente el último aliento.

    Hikaru escuchó cada una de sus palabras, sin embargo, para ella era solo fanfarronerías, ella iba a salvar a su Lantis, ordenó a su genio levantarlos y llevarlos al castillo, pero el genio no respondía.

    ─¡Que esperas Rayearth! ─ gritó desesperada

    Sus amigas que habían sentido los poderes de su Hikaru, se trasportaron en sus genios para encontrar a la chica e iban llegando mientras Hikaru seguía gritando con locura, bajaron de sus genios y Hikaru ni siquiera las noto, suplicaba a Rayearth sin respuesta.

    ─¡Hikaru! ─ le llamó Fuu sin que ella notara siquiera su presencia

    Umi se acerco a ella que seguía histérica gritando y le dio una cachetada al tiempo que la llamaba fuertemente ─¡Hikaru! ─ Al fin reaccionó la guerrera, luego Umi movió la cabeza negativamente.

    Hikaru sabía lo que significaba ─Umi, no es verdad ─ repetía una y otra vez, se derribó junto a Lantis para llamarlo nuevamente, pero no había respuesta. Luego se quedó en silencio, tomó una de sus manos entre las suyas y profirió el grito más desgarrador que jamás se allá escuchado, un grito ausente de palabras, solo era el dolor expresado en sonido. Después le vino el silencio que enmudeció su boca.

    Las guerreras tuvieron que llevársela al castillo muy débil, junto al cadáver de Lantis. Cuando llegaron se esparció la noticia por doquier, Lantis había muerto y la princesa de Céfiro estaba destrozada. La dejaron sola en un cuarto, sin nada que pudiera dañarla, ni su guante, necesitaba estar a solas, entender lo que estaba viviendo.

    Hikaru permanecía en aquel solitario cuarto recordando las últimas palabras de Maznia "¡vive para sufrir!”, falso, ella ya no quería vivir, no podía, murió en el mismo instante que Lantis. Sus amigas habían olvidado un detalle, la ventana de aquella habitación era una deliciosa invitación a la muerte. La abrió y sintió de inmediato la congelada ventisca que se coló al cuarto. Todo estaba listo para reunirse con su amado.

    “Hikaru” una voz en el aire le llamaba, era tan real, era… era la voz de Lantis, ¿estaba aluciando?, “Hikaru” la llamó nuevamente, ella cerro los ojos y se dejo llevar ─¡Lantis! ¿Eres tú?

    “Hikaru, vive por favor, ese fue el último deseo de mi corazón antes de irme de este mundo…perdónenme Fuu, Umi, por mi egoísmo, se que lo harían por Hikaru” eso fue lo último que escuchó Hikaru, voz que escuchó Umi y Fuu al mismo tiempo, pero la guerrera de fuego aún así se lanzó por la ventana, una luz intensa cubrió a las tres chicas.


    La luz se hizo cada vez más tenue, como la neblina que se marcha, luego las mujeres estaban de nuevo en la torre de Tokio.

    ─¡Esta vez sin remordimientos! …

    ─¡Quiero vivir la nueva historia de Céfiro! ─ gritó emocionada la guerrera mágica, Hikaru, ahora una adolescente de apenas 14 años.

    Estaba feliz, aún podía recordar a sus seres más preciados después de haber salvado Céfiro de Debonair, Clef, Ferio, Caldina, Ascot, Lafarga, Presea, Mokona.

    “Alguien me falta” pensaba por un momento, pero no, estaba completa ahora, lo sentía, porque alguna fuerza misteriosa se encontraba dentro de su alma. Y era verdad, sin saberlo, Lantis finalmente se había convertido en un solo espíritu con ella y ni el mismo Kamizama podría separarlos.


    FIN.


     
    • Me gusta Me gusta x 2
  2.  
    Fushimi Natsu

    Fushimi Natsu Fanático

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2011
    Mensajes:
    1,011
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Hola y mucho gusto, después de algunos problemillas en casa me impidieron dejar comentario antes pero aquí estoy al final y ahora empezaré :) Lo primero que diré en la nostalgia que sentí mientras leía, hace cuánto tiempo habré visto esta serie? (que por cierto ha sido una de mis favoritas en la niñez) Ha sido un escrito hermoso, esta tragedia de amor entre dos personas cuyos destinos fueron cruelmente trazados en líneas sumamente diferentes, condenados a ocultarse por el bien de su amor impropio y el desenlace... puedo asegurarte que cumpliste mis expectativas en cuanto a originalidad :D
    El único fallo que encontré fue que, durante el trascurso de la historia, fuiste pasándote cada vez más tildes y en muchos de los casos (como los verbos en pasado) fue lo más alevoso. Igualmente, lo atribuyó a las prisas con las que quizás escribiste la historia o una revisión rápidita antes de entregar.
    Aún así, esta ha sido una de mis historias favoritas de las Guerreras mágicas, además del primero que leo aquí, así que eso para mí cuenta como un plus adicional.
    Si escribes algo nuevo sobre esta serie no dudes en avisarme, porque te has ganado una nueva lectora.
    Saludos ;)
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  3.  
    Modytec

    Modytec Iniciado

    Cáncer
    Miembro desde:
    19 Junio 2012
    Mensajes:
    20
    Pluma de
    Escritora
    Hola.

    Muchas gracias por tus comentarios y me alegra que te haya gustado la historia, que bueno que me haces la observación porque no me gustaría que mis lectores pierdan el hilo por las tildes o errores en la escritura, voy a darle una hojeada a fondo a la historia para ver donde tiene detalles y corregirlos. :)

    Agradezco tus palabras de aliento y no dudaré en avisarte si escribo algo nuevo.
    Saludos.
     

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso