Pasado mañana (inu/kag,mir/san,sess/?)

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por InunoTaisho, 6 Agosto 2010.

  1.  
    Lucy J Watson

    Lucy J Watson Usuario común

    Aries
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    Yo-Estuvo muy bueno.Hikaru-si es verdad inuyasha se sonrojo como cien veces en un día.Yo-realmente no me esperaba que kagome preguntara ese tipo de cosas.Hikaru- es verdad nunca pensé que kagome fuera así de pervertida.Yo-ah,pero bueno que se le va a ser,que vergüenza habrá tenido kagome cuando shippo le pregunto si inuyasha ya se había sincerado con ella.Hikaru-ese chamaco sabe demasiadas cosas para su edad.Yo-lo mismo digo de lin aunque yo se que dijo eso de que inuyasha y kagome se van a casar ingenuamente.Hikaru-aunque eso se va cumplir muy pronto.Yo-lo mismo digo.
    bueno continualo pronto y avisamé
     
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  2.  
    DanyNeko

    DanyNeko Tú imaginación es el camino a la felicidad

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    HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
    que ta lcomo estan todos (dejate de tonterias y ve al grano)--- deja de ser tan fria aveces me recuerdas a kikio y de verdad que me molesta (ashh es que yo no soy una florecita de primavera como tu) assssssssh
    Bn disculpen por la interrupsion de "ella"-disculpate!(Si si sis... mmmmLo siento :rolleyes:)
    Bn con eso me basta-creo-
    Ahora a lo que vinimos(al fin) :rolleyes:
    La conti estubo buenisisisisiisisisisisisisisima... Pero me mato lo que le pregunta aome a sango
    --Eee… oye Sango, no te ofendas pero… — tartamudeó un poco la pelinegra — ¿cómo fue?, ¿qué sentiste?
    Deberas que me mato jajajajajajjajajajajajajajajajajajajjjajajajajajajajajajjajajajajajjajjajajajajajajajajjajajaja--se cae de la silla con las manos en el estomago de tanto reir,........... (olle sera mejor que te levantes antes de que piensen que estas loca) ehhhhhh?.... ah..........sisisi......perdon ...perdon po lo de hace un momento:oops: pero es que eso no es porpio de aome
    Bn inu estubo que se moria de la pena cuando aome le abrazo al despedirse
    AHHHHHHH tmbn me encataria ver a aome entrenar y a inu esconido en los arboles espiandola esde lejoss miestras ella entrena solo para verla me daria tanta ternura
    me pregunto que diria koga cuando la veaa
    bn ya esta bueno de tanto parloteo(apenas te das cuenta) bn como sea yo me despido con un beso para todasla lectoras/es de este fic (yo tambn pero no con tanta cursileria) Sayo (Sayo)
    ATT: DanY-Chan​
     
  3.  
    SangoxMiroKagoxInu

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    ^^ que chiiido te salio :D estuvo super jajajaj ese miroku todo "UAHHHH soy un mouuuunstro y como mamas" xD juepuerca muy comico jajajjaaj xD ahh pero carajo tenia que decirlo en ese preciso momento T.T QUEDIA UN BESOOOO MUAAA MUAAA T.T bno almenos inu se le va a declarar en el proximo capi wiii que bn (Y) espero la conti con ansias jajaj este capitulo me dio cosita al final y...ya sabes porque...bno jajajj espero la conti raaaaaaaaaaaaapido
    Sayooo!!! bss cuidate amiga :D
     
  4.  
    Vianyz Elric

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    Waa muy genial!!! oye si necesitas ayuda con el romanticismo solo avisame asi no tendras tanto problema con el jajaja me encanto cuando Sango y kagome SE PUSIERON A HABLAR COSAS DE MUJERES ADULTAS e.e jeje pero fue genial pobre Inu-kun lo haces sufrir mucho pero bueno creo que puede estar bien asi
     
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  5.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador ejemplar Orientador Waku-waku

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    Título:
    Pasado mañana (inu/kag,mir/san,sess/?)
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    56
     
    Palabras:
    3715
    perdonene la tardanza, estuve bastante ocupada y ya tarde pude entrar nuevamente al inter, y aqui lo que sigue, es divertido.

    Capitulo 22 parte 2

    Miroku e Inuyasha se dirigieron a la cabaña de la anciana Kaede después de despedirse de forma amable y cariñosa de la familia y de Aome.

    No se hablaron en el breve trayecto, pues el monje sobaba la mejilla en la cual su esposa le plantó un buen bofetón por ser tan… indiscreto frente a todos, y el Hanyō miraba hacia el suelo, un poco enrojecido aun de la pena. Llegaron a la vivienda, en donde ya se encontraba esperándolos el joven exterminador junto a la nekomata.

    — Se tardaron un poco Excelencia. — sonrió Kohaku, y, al notar la marca en el cachete de su cuñado, parpadeó un poco — Ya veo porque — suspiró brevemente haciendo gesto de resignación. Kirara maulló como dando a entender que también pensaba lo mismo.

    — No te fijes, — dijo el ojiazul dejando de sobarse, aunque el golpe aún se veía — a veces se me pasa.

    — Bastante seguido — ironizó el ojidorado interviniendo en la conversación.

    En ese momento salieron Lin y la anciana Kaede, junto a Shippou. Al parecer la mujer y la niña se ausentarían de la aldea para cumplir con otros encargos.

    — Muy buen día Excelencia, — saludó la anciana — veo que ya se despidió como corresponde — hizo la observación mirando detenidamente el rostro del monje.

    — Tres años y no se te quita — le espetó el kitsune en lo que Lin parpadeaba.

    — Ya, ya, no es para tanto. — dijo el aludido tratando de minimizar el asunto — Lo primordial es irnos enseguida — se dirigió a su cuñadito.

    — Bien. Adelante Kirara — dijo el muchacho, y la pequeña criatura se transformó en pantera rugiendo en señal de aprobación.

    Miroku montó junto con Kohaku, e Inuyasha tomó velocidad. Se dirigieron con rumbo hacia la región Oeste. Los otros tres agitaron la mano en señal de despedida.

    — ¡Los esperamos! — gritó Lin con su sonrisa característica — ¡Cuídense!

    Los dos humanos correspondieron la despedida, el Hanyō sólo hizo un sonido ronco como diciendo “adiós” a su manera.

    — Bueno Kohaku, ¿cuáles han sido las señales principales del ataque de los yōkai? — preguntó Miroku con interés profesional, en tanto sobrevolaban un área boscosa.

    — En realidad no se han quedado en un solo lugar, — aclaró el chico — pero se han desplazado dentro de una misma zona, rebasando un poco los límites de la región Oeste.

    — ¡Keh! — interrumpió Inuyasha — Al tonto de Sesshōmaru no le importa defender “sus” tierras.

    — Alguna razón ha de tener para permitir el paso de seres inferiores por sus dominios. — razonó el monje — ¿No te parece extraño? — miró escrutadoramente al peli plateado — Hace mucho que no se presentaban disturbios semejantes por esa región… desde que él es el “dueño”.

    — ¡Keh! Sus razones no me importan en absoluto… para Sesshōmaru los humanos siguen siendo escoria.

    — No lo creo Inuyasha… Sesshōmaru ha cambiado aunque no lo demuestre. — lo contrario su amigo — Sólo me gustaría saber el por qué de semejante descuido a “su reino”. — miró a su cuñadito — ¿Lin no te ha contado nada?

    — No, — negó el muchacho con la cabeza — al parecer el Señor Sesshōmaru le ha pedido discreción, y ella… no va a hablar nada para no disgustarlo — puntualizó.

    — En fin. — concluyó Miroku con un breve suspiro — Tendremos que eliminar a los monstruos que se topen con nosotros e implementar una barrera de protección espiritual en las aldeas circunvecinas a la región. Por cierto, ¿qué arma utilizarás? — volvió a dirigirse al joven exterminador.

    — El maestro Totosai me ha forjado una nueva. — dijo respondiendo a la pregunta — Pasaré por ella cerca de donde él habita. — confirmó — Y, mientras, podrían investigar en los alrededores sobre el avance de los yōkai.

    — Me parece bien. — meditó el ojiazul — Es importante determinar como han sido sus movimientos.

    — ¡Keh! Esas mierdas no serán problema, — dijo Inuyasha con su tono habitual de arrogancia — yo solo podría acabarlos.

    El monje le lanzó una mirada reprobatoria, el muchacho se abstuvo de opinar.

    — Nadie pone en duda tus habilidades, — le reprochó su amigo — pero este es un trabajo de equipo y debemos distribuirnos… además recuerda que…

    — ¡Carajo! Ya entendí, no sigas — bufó.

    La tarde había caído cuando llegaron a una aldea cercana al área donde se registraron los primeros ataques. Adquirieron algunos alimentos y se dispusieron a pedir información, ofreciéndose a exterminar los yōkai por una buena paga (obra del charlatán de Miroku). Obtuvieron lo que necesitaban y se encaminaron hacia otro poblado vecino, en lo que el joven exterminador se dirigió junto con la nekomata al lugar donde habían sido citados por el anciano forjador de armas.

    — ¿Seguro que el viejo loco te verá ahí? — preguntó Inuyasha a Kohaku — Como es tan despistado y olvidadizo.

    — Por supuesto, no lo olvidará. — afirmó el muchacho — Yo los alcanzó más tarde, Kirara seguirá su rastro.

    — Salúdanos al maestro Totosai. — dijo Miroku amablemente y le palmeó el hombro a su cuñadito — Te estaremos esperando… en donde nos encuentres.

    Ya un poco alejados de la aldea, caminando por el sendero, nuestros amigos conversaron de… otro asunto importante.

    — Oye Miroku… — dijo Inuyasha en un tono cohibido, en cuanto Kohaku se marchó — ¿podrías…? — “¡Carajo! pero él es el que sabe” pensó un poco apenado.

    — ¿Qué es? — el ojiazul lo observó escrutadoramente — Me imagino de que se trata, pero dime.

    — Si ya lo sabes para que te haces — le soltó un tanto molesto.

    — Genio y figura… — contestó el otro en tono de enfado también — ¿A dónde crees que vas a llegar con ese carácter? — lo miró fijamente deteniéndose un poco — Y por eso te…

    — ¡Keh! Ya no me sermonees, — interrumpió con tono desesperado — en realidad… no se como decirlo de buena manera — concluyó sonrojándose levemente.

    Miroku por poco se azota ante lo que su amigo confirmó con sus palabras. “¿De qué te sirvió… espiar?” se preguntó internamente recuperando el equilibrio y mirando una vez más al peli plateado, con un gesto de resignación y un poco de pena.

    — Inuyasha, Inuyasha, — le dijo palmeándole suavemente el hombro y volviendo a caminar con él — ¿qué te detiene? Sabes que la señorita Aome te ama, no veo dónde está el problema. Todo lo que le expresaste…

    — Es más fácil escribirlo… — interrumpió una vez más, tartamudeando avergonzado — pero… cuando quiero… hablar… siento que… yo no soy… así — y enrojeció otro poco.

    El monje lo observó una vez más de reojo, de forma escrutadora, como sopesando la situación.

    — Mmm… — meditó un poco — Por curiosidad, ¿cómo te le declaraste a la señorita Kikyō?

    Por enésima ocasión el tono subió a un rojo brillante y encendido como el de su traje.

    — Yo… — tartamudeó una vez más el ojidorado — no lo hice.

    Ahora sí el monje dio con su humanidad en el piso en lo que el peli plateado desvió la vista. Miroku se enderezó, apoyado en su báculo y sobándose la frente.

    — ¡¿Cómo que no lo hiciste?! — preguntó asombrado — ¿Y entonces…?

    — Ella me lo pidió… indirectamente. — interrumpió Inuyasha sin verlo todavía — Me dijo que convirtiéndome en humano por el deseo de la perla, ésta se purificaría y desaparecería, y así… podría ser una mujer libre para… mí.

    — Ya veo, — dijo el ojiazul suspirando brevemente sin dejar de sobarse — y tú como buen hombre… aceptaste su propuesta. Eso explica muchas cosas — lo miró con suspicacia.

    — Pero no creas que pensé en alguna de tus marranadas — espetó volviendo un poco a su arrogancia habitual y recuperándose de la vergüenza.

    — Marranadas… — murmuró el monje viéndolo ahora con molestia — ya te dije que dentro de un matrimonio no puedes llamarle marranadas… y no me digas que nunca pensaste tener intimidad con la señorita Kikyō, si te hubieras casado con ella.

    Inuyasha volvió a enrojecer levemente, desviando la vista una vez más.

    — Me parece ver por donde va tu problema. — se sonrió Miroku un poco — Y si no se te quita esa idea de la cabeza, no vas a poder pedirle a la señorita Aome que se case contigo.

    — ¿Quién dijo que quiero casarme con ella? — preguntó sin meditar.

    Miroku volvió a fulminarlo con la mirada. “¡Si serás… bruto!” pensó.

    — ¿Entonces para que querías que regresara? — le reprochó — Ella volvió porque te ama, y espera de ti una respuesta mejor que la de antaño.

    — Perdón… — tartamudeó avergonzado por enésima ocasión — ¿Me ayudaras? — dijo en tono de súplica y mirándolo con sus dorados ojos algo desesperados y tristes.

    — Por supuesto. — le sonrió el monje otra vez — Pero debes estar dispuesto a abrirte a nuevos pensamientos para que realmente le declares tu amor… como no lo has hecho nunca.

    El Hanyō suspiró un poco aliviado. El monje podría ser un charlatán hablador, tal vez algo indiscreto, pero sabía que podía confiar en él.

    — Aunque por ahora — dijo Miroku después de volver a caminar — es menester concentrarnos en el asunto que nos trajo hasta acá.

    — ¡Keh! — recuperó su tono habitual — Monstruos mierdas.

    Llegaron a otro poblado y solicitaron información sobre los ataques.

    — Se han presentado de forma intermitente Excelencia. — dijo el mayor de la aldea, quien los había recibido en su casa — Hace aproximadamente un mes que se han sentido fuertes disturbios en el cielo, un poco más allá, sobre la zona poniente.

    — Ya veo… — dijo Miroku, como meditando en el hecho — Así que esas son las perturbaciones causantes que los yōkai se muevan de forma descontrolada. — se dirigió a Inuyasha — Mientras eso no termine no podremos hacer mucho. — volvió la vista al señor — Descuide patriarca, nos encargaremos de impedir el paso de esos seres implementando protección espiritual.

    — Se lo agradecemos tanto Excelencia — contestó el hombre haciéndole una breve reverencia.

    Llegaron a un arreglo acerca de la paga y, por supuesto, los servicios fueron bien cobrados. La barrera espiritual a los alrededores del poblado detendría los avances de los engendros… en ese lugar. Hasta Inuyasha sentía que se ahogaba un poco bajo esa energía sagrada. Salieron de ahí conservando el rumbo hacia el Oeste, ya casi anochecía. Kohaku los alcanzó un poco más adelante.

    — Es bueno verte de vuelta. — lo saludó el monje con una gran sonrisa — Se ve que es un arma muy versátil — comentó admirando lo que el joven exterminador traía.

    Se trataba de un arma en forma de hoz enorme, como la que el muchacho solía utilizar en su entrenamiento, pero esta vez casi al doble de su tamaño. Sin embargo Kohaku ya había adquirido habilidad como antaño su hermana.

    — Totosai hizo un buen trabajo — dijo Inuyasha observando también el arma — ¿Cómo está el viejo loco? — le preguntó al joven — Creo que iré a verlo en cuanto terminemos con esto.

    — El maestro Totosai se encuentra bien y lo estará esperando. — afirmó el chico — Precisamente preguntó por usted. Hace días debería haber llevado a Tessaiga a afilar.

    — ¡Keh! ¿Y toparme con Sesshōmaru? ¡Para nada!

    — Por cierto, — intervino Miroku dirigiéndose a su cuñadito — me imagino que el anciano Totosai ha de saber algo. Él y el anciano Myoga a veces se enteran de muchas cosas. ¿No te comentó algo?

    — Bueno… — dudó un poco Kohaku — lo único que me dijo es que tuviéramos cuidado, porque al parecer hay demonios tan poderosos como el Señor Sesshōmaru por los alrededores… a demonios así no es nada fácil exterminarlos — confirmó mirando a su cuñado.

    — Tienes razón. — suspiró un poco el aludido, recordando que alguna vez vieron algo parecido en contra de el gran demonio blanco, y lo mal que terminaron los que lo habían desafiado — Sabía que Sesshōmaru tenía algo que ver en esto.

    — ¡Keh! Te lo dije, — interrumpió Inuyasha con su arrogancia habitual, al parecer rememorando el mismo pasaje — él no ha cambiado.

    — No… no creo que le sea útil mandar a atacar humanos, — negó el ojiazul con la cabeza — ¿qué ganaría con ello? Además… la pequeña Lin es humana y la ha confiado al cuidado de nosotros. No es por ahí el asunto…

    — ¡Keh! Y entonces… ¿alguna reunión familiar?, — ironizó el peli plateado — ¿o para ver quién es el mero mero Daiyōkai?... ¡puras mierdas!

    — Tal vez estés más cerca de acertar de lo que crees… — le miró con suspicacia — pero de esas grandes energías demoníacas no podremos encargarnos, así que debemos concentrarnos en eliminar a los que estén por aquí y continuar sellándoles el paso.

    — Me daría mucho gusto acabar con uno de esos… — dijo Inuyasha sonriendo con maníaca expresión — sería más divertido que matar basuras…

    Miroku, Kohaku y Kirara hicieron gesto de resignación al oírlo hablar así.

    — ¿Por qué no… — dijo irónicamente el monje — le pides a Sesshōmaru que te los presente? Tal vez así pudieras…

    — No seas… tarado. — le contestó de fea manera, dándose cuenta de su chistecito — No voy a pedirle nada a ese engreído.

    No había tiempo de relajarse, así que llegaron a dos poblados más, donde hicieron su trabajo. Ya era muy tarde cuando al fin pudieron descansar, porque en el último asentamiento sí se habían topado con cinco demonios no tan débiles, a los que Kohaku exterminó, pues Inuyasha los consideró basuras, como siempre, aunque se encargó del último, que pensaba escapar… y lo mandó al “Meidou” en pedacitos.

    — Señor Inuyasha… — suspiró Kohaku — quería piel y huesos de ese monstruo para nuevas armaduras.

    — ¡Keh! Me lo hubieras dicho antes — respondió en forma golpeada.

    — No te preocupes Kohaku, — dijo Miroku tranquilizando al peli plateado — lo que tenemos aquí servirá.

    Después de implementar la barrera espiritual y de un primer ritual de purificación de lo obtenido… a dormir, ya mañana llegarían a la zona más conflictiva. Pero antes…

    — Oye Miroku, ¿no crees que exageras? — dijo Inuyasha en tono de estar ahogándose.

    — ¿Sobre el pago? — respondió el otro con una pregunta.

    — No, inútil… — reprochó — sobre la barrera.

    — Perdón, pero no sería conveniente hacerla débil — dijo a modo de disculpa.

    — Siento que… estoy muriéndome.

    — Mira quién exagera... — observó en tono divertido — Permíteme.

    Le colocó un pergamino en la frente… hizo un extraño movimiento con la mano y susurró unas palabras ininteligibles.

    — ¿Qué mierda...? — iba a replicar el ojidorado, pero sintió que se libraba de un peso — ¿Qué hiciste? — aspiró una bocanada de aire.

    — La cercanía de la luna nueva debilita tu poder demoniaco, pero aun así recibes la influencia de la energía espiritual, y por eso te sientes peor. — le explicó el monje — De alguna forma tuve que… resaltar un poco tu lado humano, el cual no se ve afectado.

    — ¡Aaahhh! — dijo sin comprender.

    — ¡Ajum! — bostezó Kohaku — De verdad que ya es usted más fuerte Excel… cuñado.

    — Lo que ha servido el entrenamiento. — afirmó orgulloso el ojiazul — Próximamente seré el encargado del templo, y eso requiere a un monje capaz de dominar esas esencias negativas.

    — Aunque hay ciertas negatividades que nunca dominaras del todo — dijo en tono burlón el Hanyō, señalando la mejilla que aun estaba un poco enrojecida.

    — Bueno, bueno, también soy un ser humano sensible… hecho de carne — afirmó un tanto apenado — ¿qué quieres?

    Y así se durmieron, para renovar sus fuerzas y continuar con su camino. El único que no durmió del todo fue Inuyasha, pero no porque estuviera preocupado por los monstruos, los cuales le tenían sin cuidado. Meditaba en otras cosas importantes para él.

    “Sinceramente nunca pensé en tener hijos con Kikyō… no estaba en mis planes,” se decía internamente, “y con Aome…” Enrojeció un poco al recordar que sí, esta vez si deseaba hijos, pues Miroku y Sango le habían hecho ver lo bello que sería… pero eso implicaría… ese tipo de acciones que le daban harta vergüenza… porque esos indecentes luego no se medían, principalmente el mañoso pervertido del monje. Sacudió la cabeza para apartar esas ideas cochambrosas de su mente. Aun así, no dejó de pensar…

    — Oye Miroku… — lo sacudió un poco y le habló bajo para no despertar a sus otros acompañantes.

    — Mmm… Sanguito, amor — decía en sueños — sólo un besito más… no te enojes…

    El ojidorado hizo mueca de desagrado y molestia, se veía a leguas que el libidinoso ojiazul estaba teniendo uno de sus sueños cochinos… porque la cuarentena aun no concluye. Ya nada más faltaba que lo abrazara confundiéndolo con su mujer.

    — No soy Sango torpe, — lo sacudió otro poco — despierta.

    — ¿Eh? — el aludido abrió un poco los párpados — ¿Por qué me despiertas? — los abrió del todo mirándole con reproche — Estaba teniendo un buen sueño.

    — Ya me di cuenta. — dijo el otro mirándolo inquisitivamente — Lástima que todavía falta tiempo para que termine la cuarentena.

    — Jajaja. — ironizó el monje — Si para eso me despertaste… déjame disfrutarlo en sueños.

    — No torpe, es que quiero saber… — y volvió a enrojecer un poco — ¿es necesario hacer eso al casarse?

    Una vez más su amigo ojiazul le lanzó una mirada de pena e hizo un gesto de resignación, enderezándose un poco hasta sentarse frente a él.

    — Inuyasha… — le preguntó — ¿para qué quieres casarte con la señorita Aome?

    — Bueno… — tartamudeó — yo…

    — ¿Amas o no a la señorita Aome? — la pregunta fue más inquisitiva.

    — Sí, — afirmó con presteza lo que no había admitido tiempo atrás — y por eso… ¿qué hago? — dijo un poco desesperado.

    — Tranquilo, vamos por partes. — dijo serenamente palmeándole el hombro — Primero era prioritario decidir si la amas, cosa que ya haz admitido… lo cual es un paso importante; ahora es menester que estés dispuesto a cambiar ciertas… ideas que tienes.

    — Ajá — comentó, animando a su compañero a continuar con la “lección”.

    — Bueno… el tener intimidad es parte esencial de la vida matrimonial — afirmó el ojiazul.

    — ¿Entonces tengo que…? — preguntó el ojidorado un tanto alarmado.

    Miroku le hizo un gesto de… poner los ojos en blanco por un instante.

    — Sí sólo quieres compartir la misma cama con la señorita Aome así como si nada… — dijo mirándolo con un poco de reproche — no creo que sea lo único que ella desee, porque para eso… hasta puede dormir con Shippou sin problemas. — suspiró un poco con gesto resignado en tanto el peli plateado levantó una ceja — Además… se que te gustaría tener hijos también — ahora le lanzó una mirada escrutadora.

    — ¿Quién dice eso? — por enésima vez le subió salvajemente el tono y habló sin meditar.

    Y nuevamente… los ojos en blanco por enésima ocasión, levantando un poco las manos al cielo. “Veo que es… muy lento de aprendizaje” pensó internamente el monje mientras sonreía como bobo por las… inmadureces de su amigo.

    — Pues… tú. — le respondió casi al momento — ¿Quieres que te recuerde cuándo me lo dijiste?

    — Eee… — un tartamudeo más — no… es necesario, ya recordé — y le vino a la memoria una conversación de hace tiempo, cuando las gemelas eran recién nacidas.

    — ¿A qué le tienes miedo? — el monje le volvió a lanzar una mirada escrutadora — La señorita Aome no te va a matar por eso… pero si lo haría si no le cumples como ella espera.

    — ¿Tú crees? — preguntó el peli plateado, con la duda en su rostro.

    — Amigo, — le sonrió el ojiazul — las mujeres son los seres más sensibles de la naturaleza, capaces de mostrar infinidad de emociones que tienden a complicar la vida de los hombres; si no las complaces como se debe… — hasta hizo como que temblaba — pueden ser mucho más terribles que los poderosos demonios que han provocado este alboroto.

    — Lo dices por experiencia, — ironizó un poco el Hanyō — ¿verdad?

    — Algo hay de eso. — cambio un poco su expresión por una de tonta vergüenza — Sango no podrá quejarse de que… — ahora el tartamudo fue otro — sólo de que a veces…

    — ¡Keh! Ya deja tus detalles para otros que quieran enterarse — le reprochó con su tono habitual, lanzándole una mirada enojada.

    — Muy bien, — recuperó su serenidad — entonces disponte a abrir tu cerrada mentalidad y siéntete libre de permitirte esos deseos ocultos. — le sonrió pícaramente — La señorita Aome se sentirá muy feliz… por lo visto ella también quiere una vida familiar contigo. Y ahora si me disculpas… — se acomodó otra vez en posición horizontal — tengo que descansar.

    — Puerco… — le dijo con molestia.

    — Me gusta ser cochinón… — bostezó y cerró los ojos con cara de felicidad.

    Inuyasha lo miró por última vez, con la molestia aun reflejada en su rostro, para después voltearse también y tratar de descansar. Permitirse un poco de locura era tal vez algo que no había concebido… ni siquiera con Kikyō.

    Nota de la autora: ¿Ven a lo que me refería? Sí Inuyasha fuera más cursi no sería él… creo que nos queda claro por qué le da harta pena llegar al matrimonio, para tener… ya saben que jajaja eso es lo que lo cohíbe, pero no desesperéis, Aome va a tener que darle un empujoncito debido a que ella también debe poner de su parte… y para eso recibirá ayuda de alguien… que no es Sango. No se lo pierdan, que esto todavía no termina. Sayonara y arigato por leerme aquí y en “Un juego por la vida de Naraku”… yo y mis loqueras.
     
  6.  
    Vianyz Elric

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    uy primera en postear genial!!! bueno me encanto el cap fue genial todo fue geniaql!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! jejejejejeje
    te lo repito si necesitas ayuda con el romanticismo me avisas.
    qe cosa mas linda Inuyasha nunca a sido como la gente qisiera jajajajaja me gusto eso de qe Kikyo se lo pidio indirectamente jajajaja comedia pura o como qe no penso en tener hijos, descendencia, linaje o lo qe sea hasta esas cosas XXX con Kikyo pero a como con Kagome si deveras depravado con una y santito con la otra jejejeje
    bueno me voy actualiza pronto y ya esta la continuacion de mi fic (no pongo el nombre por qe me da flojera) llamado "Si puedo confiar en Tessaiga y en Tenseiga...¿por que no puedo confiar en sus dueños?..." checalo se va a poner bueno en el capitulo 3 jeje bueno
    Bye-Bye
     
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  7.  
    SangoxMiroKagoxInu

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    OMG Ayyyy mi Dios jajajjajajaj que conversacion de Inu con Miroku jajajajajjajajajaj xD pobre Inu ta mas desesperado jajajja xD yo pensaba qe el ya se habia sincerado con Kykio yo quede = que Miroku cuando el dijo que no O.O pero bueno ya que pobrecito no sabe como declararse con kagome jajaj xD qe pecaito jajajajj bno ese Miroku ES UN COCHINON! esos sueño IUUUUG wacalaaaa Dios que...seva tan desesperado esta que ya quiere tener otro niño ahhhh Diiiiooos que assco todo "me gusta ser cochinon" em... Inu es un poco no inmaduro tal vez....inocente...en...esos...temillas jajajja -//.//- bueno y... es cierto lo que dice Miroku:"— Amigo, — le sonrió el ojiazul — las mujeres son los seres más sensibles de la naturaleza, capaces de mostrar infinidad de emociones que tienden a complicar la vida de los hombres; si no las complaces como se debe… — hasta hizo como que temblaba — pueden ser mucho más terribles que los poderosos demonios que han provocado este alboroto."

    es muuuuyyy cierto lo que dice el bno REIII DEMASIADO con la continuacion estuvo GENIAL como siempre amiga jaaajajajaj espero con ansias el otro capi = que la conti de un juego por la vida de naraku

    SAAYOOO bss!
     
  8.  
    Mar Sasha

    Mar Sasha Iniciado

    Piscis
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    HOLA!!!!!!!
    Que tal... me guto el capi. Gomen por ausentarme pero me la vivo castigada... nada mas reprobe Mate, fisica y quimica ingles Y formacion.
    Bueno hay Aome es muy curiosa como pregunta eso (si yo fuera Aome pediria detalles). pobre Inu no sabe como ser cursi
    Bueno cuantos regalos compro? oye tu que sabes, que le gusta a Sesshomaru? mi quiere saber
    creo que es todo avisame cuando pongas la conti
    SAYONARA!!!!!!!!!!!!
     
  9.  
    cristty

    cristty Iniciado

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    woww!!! te quedo muy bien
    a mi pobre inuyasha le da pena por la culpa de miroku... U.U
    aunque me dejaste con la duda...
    quienes son esos demonios que estan atacando las aldeas???
    espero que lo continues muy pronto
    bye!!
     
  10.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador ejemplar Orientador Waku-waku

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    holaaaaa hace tiempo sin saludarlos bien aqui esta la conti de este asombroso(en mi opinion) fic espero q os guste:

    Capítulo 22 parte 3.

    Suceso extraños habían ocurrido en poblaciones cercanas a la región Oeste… el “reino” que en tierra le pertenecía al Gran Señor Sesshōmaru, hijo mayor del Gran Señor Inu no Taishō, y heredero de esa zona. Pero al parecer había asuntos que lo mantenían ocupado en las regiones celestiales… en las cuales habitaba su madre Irasue, y las que también formarían su herencia. Y por ello se habían solicitado los servicios de nuestros conocidos. Eso implicó separarse de sus seres queridos en un viaje de alrededor de cinco días. Ya llevaban dos días fuera, recorriendo varias localidades, eliminando monstruos y brindando protección espiritual. La última noche habían descansado ya más cerca de la región Oeste.

    Al siguiente día continuaron con su avance, topándose con más yōkai, exterminándolos e implementando barreras de energía sagrada en todas las aldeas por las que pasaron. Aproximadamente al mediodía llegaron al lugar mas afectado, en el cual se sentía una gran energía maligna proveniente de arriba… del cielo.

    Esto es un poco más de lo que creía. — dijo Miroku observando la tenue oscuridad en el cielo — No cabe duda de que cierto tipo de yōkai son demasiado ostentosos con su poder.

    Aun no penetraban del todo en la región Oeste, pero ya estaban cerca. Miroku y Kohaku montaban sobre Kirara, Inuyasha había tomado gran impulso y velocidad, y parecía volar a su lado.

    ¡Keh! — ladró el Hanyō — Puros engreídos como el tonto de Sesshōmaru.

    Lo peor de todo es que no son los directamente responsables de los poblados destruidos. — observó el monje — Esto no parará hasta que… no se retiren cada uno por su lado.

    ¡Carajo! Cómo me encantaría ver a uno de esos prepotentes…

    Habían cruzado por 10 aldeas en ruinas, en las que desgraciadamente también encontraron personas muertas, lo que les originó una gran pena y enfado. ¿Por qué a los yōkai les gustaba atacar a los humanos?

    Calmadito, no podemos subir allá arriba, es demasiado lejos. — dijo Miroku en tono de mando — En lo que debemos concentrarnos es en cerrar el cerco e impedirles el paso hacia las aldeas restantes del área, para evitar más desgracias; y solicitar a los pobladores que… lo más prudente sería despejar la región por un tiempo… e implorar la ayuda del Divino Señor — suspiró al final.

    ¿Me estás diciendo que…? — preguntó sorprendido el ojidorado — ¡Mierda Miroku, no creí que te rindieras! ¿Dónde está tu gran poder espiritual?

    Una vez más el ojiazul le lanzó una mirada de enfado.

    ¿Es qué acaso no te das cuenta? — le reprochó — ¡Todo este embrollo lo provocaron los grandes demonios que se encuentran reunidos en las alturas, quien sabe por qué, y a esos no podemos exterminarlos con lo que tenemos! — e inmediatamente le hizo una mueca significativa señalándose una sien — ¿Te entra en la cabeza?

    ¡Keh! Ya te entendí, — espetó de mala manera — es que me da harta muina…

    Lo se, a mi tampoco me agrada. — lo interrumpió el ojiazul ya más calmado — Sólo nos queda esperar que Sesshōmaru… termine la “fiesta”.

    Señor Inuyasha, — intervino Kohaku un tanto apenado — usted es muy fuerte pero… — tartamudeó un poco — si hay grandes demonios como el Señor Sesshōmaru… no tendría muchas posibilidades ni utilizando el “Meidou”… usted sabe que hasta eso lo esquiva.

    ¡Keh! Ni sigas… no es necesario decir más — bufó, y decidió quedarse callado.

    Estuvieron un día más cazando y exterminando monstruos, creando barreras espirituales y confortando a los aldeanos asustados por tanta actividad demoniaca. Y… cobrando por ello.

    No os preocupéis patriarca, — dijo Miroku en la última población visitada — regresaremos en quince días para comprobar que todo haya vuelto a la normalidad… y recibir nuestros honorarios. — culminó guardando cuidadosamente el “pagaré” por sus servicios, como había hecho en los otros pueblos — Pueden estar tranquilos.

    Se lo agradecemos tanto Excelencia. — dijo el buen hombre — En compensación… serán atendidos con esmero por algunas de las más bellas jóvenes de nuestra aldea.

    Eran como seis mujercitas, que le dedicaron una caída de pestañas al apuesto monje. Inuyasha hizo expresión de enfado, pensando si el aprovechado de su amigo tomaría la ocasión para desahogarse… Kohaku se avergonzó en extremo, esperando que su cuñado no metiera la pata, no le perdonaría si se atrevía a engañar a su hermana… y ella se haría auto viuda si se enteraba de alguna jugarreta por parte de su esposo.

    Es usted muy amable patriarca, — dijo el ojiazul con una breve y respetuosa reverencia, después de ver bien a las muchachas y sonreírse levemente — únicamente deseamos cenar y descansar… mi hermosa mujer y mis tres hijos me esperan. Se les agradece lindas señoritas — se dirigió galantemente a las mujeres, despidiéndose de ellas.

    Bien, — dijo el señor de la casa, y se dirigió a su servidumbre — preparen de cenar para su Excelencia y sus asistentes, y dispongan de una buena habitación.

    Kohaku se guardó un suspiro de alivio e Inuyasha sólo levantó una ceja… debía admitir que las mañas del monje ya únicamente eran para su amada esposa. Lo único que no le gustó es que le dijeran una vez más… asistente del monje abusivo. Cenaron y se dispusieron a descansar.

    Se hizo lo que se pudo. — comentó Miroku al siguiente día, cuando ya iban de regreso a su hogar — Los monstruos seguirán alborotados hasta que Sesshōmaru termine su “celebración”. ¿Irás a ver a Totosai? — le preguntó a Inuyasha.

    Llevaban sobre Kirara algunos huesos y pieles de yōkai que utilizarían para la escuela. Primero volverían a casa para saludar a la familia, y más tarde irían al fuerte de los exterminadores para guardar los aditamentos.

    Ahora más que nunca deseo toparme con ese altanero de Sesshōmaru. — dijo con su tono habitual — De alguna forma tengo que saber que rayos… “celebra”. Dile a Aome que no se preocupe, tardaré un día más.

    Pero no vayas a provocarlo. — le recomendó su amigo — Si no lo encuentras… lo verás en la aldea, pues ya mañana es luna nueva.

    Ni en sueños lo veré como humano… espero verlo hoy o tendré que venir a buscarlo después — y se desvió rápidamente tomando dirección hacia la zona volcánica habitada por Totosai.

    ¡No te tardes más o la señorita Aome se entristecerá! — le gritó el ojiazul a modo de despedida.

    Al atardecer llegó donde Totosai… y percibió lo que quería, el olor de Sesshōmaru. Jaken se encontraba cerca del acceso y con expresión temerosa.

    Oye cosa verde, — dijo a modo de saludo, haciendo que el pequeño demonio brincara de susto, pues no se había percatado de su presencia — ¿me quieres decir que carajo pasa en la región Oeste?

    ¡Ay mamá! — gritó Jaken, y por poquito cae en un charco de lava — ¡Inuyasha!, ¿qué haces aquí? — preguntó recuperándose un poco — Creí que… menos mal que sólo eres tú — se limpió la frente con el dorso de la mano, y con expresión de alivio.

    ¿Acaso Sesshōmaru esperaba a alguien? — preguntó con curiosidad — ¡Habla Jaken! — lo miró duramente levantándolo del traje.

    ¡Suéltame abusivo! — dijo enfadado el demonio verde — ¡No tengo porque hablarte de…!

    ¡PLONC! Tanto uno como otro recibieron un fuerte golpe en la cabeza, lo que provocó que el pobre sirviente se desmayara con tres chichones en lo alto y el Hanyō lo soltara para sobarse la frente.

    ¡Mierda Sesshōmaru, no tienes que golpearme así! — le espetó a su hermano — Sólo quiero saber…

    El Daiyōkai se había percatado de su presencia aun antes de que llegara y, por la expresión que tenía, se podía adivinar que no era de su agrado verlo.

    No es de tu incumbencia. — le soltó sin dejar de taladrarlo con su ambarina y gélida mirada — Dedícate a tus asuntos.

    Pues sí es mi asunto… — respondió Inuyasha mirándolo retadoramente, aunque se hizo un poco hacia atrás — varios yōkai de tercera han invadido parte del área…

    No vives ahí — observó fríamente Sesshōmaru.

    No le cabía duda que, en el transcurso del tiempo, la estatura del gran demonio había aumentado… tal vez ya rebasaba los dos metros, haciéndolo parecer más intimidante y aterrador tanto de cerca como de lejos. La brisa que soplaba a su alrededor agitaba suavemente su platinada y larga cabellera. En su rostro no había señal de estar conmovido por lo ocurrido en sus dominios.

    A mi amigo el monje le pidieron ayuda. — dijo el ojidorado, como no haciendo caso a la respuesta dada — Tuvimos que ir a exterminar esas basuras, junto a Kohaku.

    Me encargaré de esa escoria a su tiempo. — habló pausadamente el de finas facciones, sin cambiar el tono — En lo demás… no te entrometas.

    Le dio la espalda y se encaminó nuevamente con paso lento hacia la “vivienda” del herrero, pasando sin cuidado sobre su desfallecido sirviente. Pero Inuyasha no iba a ceder… sentía curiosidad por enterarse de lo que a su hermano tenía ocupado arriba, a la vez que se sintió ofendido porque lo considerara como un inútil. Lo siguió a una distancia prudente.

    ¿Qué alboroto te traes en tu “mansión celestial”? — le dijo un tanto irónico — ¿Acaso vas a celebrar… tu cumpleaños?

    Sesshōmaru se detuvo e Inuyasha lo imitó. Si se acercaba más tal vez lo degollaría… aunque la corta distancia no era una garantía debido a la rapidez del Daiyōkai. El gran demonio le dirigió una dura mirada de soslayo y avanzó otra vez hasta entrar al “taller” de Totosai. El Hanyō entró tras él, y fue bien recibido por…

    ¡Amo Inuyasha! — ¡SUC!, era Myoga, con su saludo característico de “besito” en el cachete — ¡Tanto tiempo sin…!

    ¡No empieces con tus cosas Myoga! ¿Qué, no comiste con Sesshōmaru? — le preguntó entre enfadado y burlón al tiempo que le soltaba el manotazo a la pulga, haciéndola caer lentamente como papel.

    No juegue amo… — contestó el ancianito en un susurro mientras descendía — el joven Sesshōmaru si me mataría.

    Es bueno verte Inuyasha, — dijo Totosai, golpeando cuidadosamente una espada y haciendo saltar chispas brillantes — pensé que llegarías, sobre todo al ver el gesto de tu hermano.

    El de larga cabellera y finas facciones había caminado un poco más adentro y se apoyó en la “pared”, sin dignarse a mirarlos. Sin embargo les habló duramente, haciendo que los dos viejos yōkai temblaran un poquito.

    Déjense de estupideces. — tronó levemente la garra izquierda — Apúrate Totosai, no tengo tu tiempo.

    No se enoje joven Sesshōmaru. — dijo Myoga desde el suelo, haciendo una breve inclinación de respeto — Trabaja rápido viejo carcamán — le indicó a Totosai.

    Eso hago, pero debo ser cuidadoso o Bakusaiga me mata. — dijo el aludido sin dejar de golpear el arma — Espera tu turno Inuyasha.

    Bakusaiga sacaba chispas a cada golpe, y brillaba con un resplandor dorado. Nuestro peli plateado amigo no pudo mantener la boca cerrada, y la abrió por enésima ocasión.

    ¡Keh! ¿Para que mierda la afilas? — espetó cínicamente — ¿Piensas cortar la carne en la cena de celebración?

    Myoga y Totosai le dirigieron una mirada suplicante para que guardara silencio. Sesshōmaru… ni se movió, como si no lo hubiera escuchado.

    Por cierto Inuyasha, — dijo Totosai recuperando su expresión despistada, sin dejar de trabajar — Kohaku me dijo que Aome ha vuelto de su mundo.

    Por eso se le ve con mejor color amo — afirmó Myoga, riéndose un poco con su risita pícara.

    ¿A qué te refieres exactamente con eso? — le espetó el Hanyō a la pequeña pulga, viéndolo de fea manera.

    Bueno amo… — tartamudeó el viejito — yo se que a usted…

    ¡Cállate pulga bocona! — le soltó agarrándolo y apretándolo entre sus dedos hasta apachurrarlo una vez más — ¡No seas hablador! — y miró al gran demonio por un instante, esperando que no hubiera escuchado nada… le daría harto coraje que su hermano se burlara de él por sus… “debilidades” humanas.

    Sin embargo el Daiyōkai seguía tan firme como una estatua, sin siquiera cambiar su enigmática expresión de Esfinge. Por un lapso de tiempo el único sonido fue el del martilleo del herrero.

    Listo. — dijo Totosai al fin, levantando a Bakusaiga cuidadosamente — Siempre la mantienes muy bien Sesshōmaru.

    El aludido se encaminó con su paso elegante y tomó su espada como si fuera algo delicado y costoso. La miró detenidamente de arriba a abajo y después la guardó en su funda, para ponerla nuevamente en su obi.

    Más te valía un buen trabajo, viejo inicuo. — dijo con su tono habitual de calma y su armoniosa voz — Vendré después con Tenseiga — y se dirigió a la salida, en tanto que los ancianos hicieron una breve inclinación de respeto.

    ¿Y a esa espada para qué la afilarás? — habló nuevamente el menor ojidorado sin meditar — ¿Acaso revivirás a alguien que te robó el corazón, o cortarás el pastel? — preguntó con sarcasmo.

    Los dos viejos demonios cerraron sus grandes ojos mientras el Hanyō era bruscamente levantado a una altura considerable. El Daiyōkai lo sacudió sin ningún cuidado con la mano izquierda y le apretó el cuello. Casi le entierra las filosas y venenosas garras.

    Escúchame bien imbécil, — lo miró con furia, manteniéndolo lejos del piso — ocúpate de atender a tu mujer y deja de meterte en lo que no te importa. — lo dejó caer de golpe — No quiero verte merodeando en mis tierras, que te quede claro.

    Y salió del “taller” dejando a Inuyasha sobándose el cuello y con expresión adolorida y rabiosa.

    Muévete Jaken — ordenó Sesshōmaru a su sirviente, que ya se había recuperado, aunque aun se le notaba algo mareado.

    Se elevó suavemente desenrollando la estola, a la cual se aferró el demonio verde en cuanto su amo adquirió velocidad para tomar rumbo a sus dominios.

    ¡Con ese carácter ni quien te quiera! — le gritó su joven hermano sin dejar de sobarse el área afectada — ¡Mierda, Aome va a preguntarme que me pasó! — se levantó y volteó a ver a los otros dos, que tenían rostros de alivio — ¿Y ustedes qué me ven? — les espetó.

    Nada — contestaron al unísono.

    Inuyasha le entregó su espada a Totosai. En realidad casi no la había utilizado en los tres años después de la batalla contra Naraku, por lo que la iba a afilar muy de vez en cuando, precisamente porque no deseaba toparse con su hermano. Suficiente era que llegara una vez al mes a la aldea por la pequeña pelinegra… en esas noches sin luna, cuando tenía su frágil aspecto humano y no podría enfrentarlo. Pero en ese momento si le intrigaba lo que pudiera tener las “cosas de cabeza” para el Daiyōkai, así que le lanzó a Myoga una mirada escrutadora.

    Habla de una buena vez, pulga cobarde. — le espetó nuevamente — Ustedes saben más de lo que le dijeron a Kohaku.

    Hágale caso al joven Sesshōmaru, — dijo el aludido con voz temblorosa — eso es algo que sólo alguien como él puede arreglar… no por menospreciarlo a usted amo.

    Aún así suelta la sopa… bien que sabes.

    Inuyasha, — intervino Totosai, trabajando esta vez sobre Tessaiga — confórmate con saber que esa reunión no es para siempre, y Sesshōmaru tiene sus propios problemas… así que ustedes cuídense, no vayas a provocar desgracias peores únicamente por tu afán de saber más de lo que te conviene.

    Entonces sí hay algo allá arriba. — dijo cruzándose de brazos — ¿De qué se trata? — los miró fijamente.

    Más de lo que te dicho no se, — contestó el herrero — así que ya no preguntes.

    Por lo menos una cosa era segura… Sesshōmaru tenía ciertos pendientes y eso le intrigaba, ¿en qué estaría metido su hermano? Bueno, era mejor seguir el consejo del gran demonio… y ocuparse de esa mujer especial, la que había vuelto del “futuro” para vivir a su lado. Y entre más pronto arreglara esos asuntos, mejor.

    Nota de la autora: Los asuntos de Sesshōmaru se verán en su totalidad en el fic que estoy desarrollándole a él… así que queda en suspense por el momento en este, porque la vida del gran demonio no es tan importante en esta historia. Inuyasha tiene que concentrar su atención en solucionar su relación con Aome, y olvidarse de sus temores. Sayonara por seguirme y no pierdan la conti de “Un juego por la vida de Naraku”… comedia al por mayor.

    P.D. ¿Así o más bocafloja Inuyasha? Jajaja por eso se gana de su hermano… lo que se merece.
     
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  11.  
    SangoxMiroKagoxInu

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    jajaaj xD que bien que Miroku no las embarro jajaj que fiel es me dio risa eso de que Sango se haria autoviuda jajajaj lo se nunca se lo perdonaria = que Kohaku
    jajaj Sesshomaru tiene razon que Inu se meta en sus asuntos y piense haber como se le va a declarar a Kagome jajaj xD uhiii Sesshomaru en que se habra metido? ahh Dios no te demores en la conti (no se porque pero me parecio corto)
    SAYONARA!!!
    Pd: vaya soy la primera wiii!!!!
     
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  12.  
    Kai

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    Ohhh
    No había comentado, no sé ni para que me avisas spy mala. T.T
    Esta dificil que Inu sea más bocon, pero si no habla piensa, y si piensa le duele la cabeza .
    Insisto en algo, que Kagoem por cosas locas del destino y algo que pasa en el pasado viva tanto como Inu e ogual de joven, van a pensar que es su abuela...jajaja. Es tdo, me adelanté pero podrías pensar y complacernos en eso.
    Al menos a mi, me da infarto de curiosidad lo qeu pása en el cielo...¿la mama de Sessho se llama así?, esa no era la bruja que revivió a Kikyo, digo yo...
    Sayo.
     
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  13.  
    Vianyz Elric

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    jajajajaja qe mal plan Kag love Inu pero tienes razon si Inu-kun no habla piensa y si piensa le duele la cabeza jajajaja pero qe podemos acer (inuyasha: lo qe dices es mentira yo cuando pienso no me duele la cabeza) ok ok no te preocupes ya lo entendi (inuyasha: mas te vale) ay malumorado mejor vete a matar a shippo corre (inuyasha: ok ok me voy) tambien tienes razon con lo de Kagome si se vuelve anciana con el tiempo diran qe es la abuela o peor la bisabuela de inu!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! horror!!!!!!!!!!!!!! pero jeje ya que bueno me encanto la conti pero siento yo estuvo muy corto y gracias por postear en mi fick qe dios devo continuar pero no se me ocurre nada bueno como sea algo vendra lo presiento jejejeje pon conti pronto por favor
    byebye
    vianey se vaaaa!!!!!!!!!!!!!
     
  14.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador ejemplar Orientador Waku-waku

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    holaaaaaa pues aqui estoy para poner la anciada conti

    Capítulo 23

    En los días posteriores a su llegada, y esperando el regreso de Inuyasha, Aome fue a saludar a todos los del pueblo. También se dedicó a practicar con la anciana Kaede el control de su poder espiritual y auxiliarla en muchas otras cosas, aprendiendo rápidamente en conjunto con Lin, la cual estaba muy emocionada porque sería, igual que la señorita Aome, la sacerdotisa de la aldea. Ya había dejado de lado los ropajes de su época… tenía que adaptarse al período Sengoku, así que empezó a usar el vestuario de sacerdotisa y a utilizar nuevamente el arco obtenido en el Monte Asuza.

    — Ya lo extrañaba — dijo muy contenta al tomarlo entre sus manos, en cuanto Kaede se lo entregó al sacarlo del sitio donde lo había guardado.

    — Te enseñaré lo más que se pueda. — dijo la anciana mujer con un poco de seriedad — Me parece que es menester ir al templo donde Kikyō se consagró, te ayudará más.

    — ¿Ahí donde peleamos con Tsubaki? — parpadeó un tanto sorprendida.

    — Así es, el lugar fue reparado y purificado nuevamente. — sonrió brevemente Kaede — Las señoritas Momiti y Botán podrán ayudarte más que yo.

    — ¿Todavía siguen ahí? — se asombró al recordar a esas jóvenes aprendices que fueron engañadas por la malvada Tsubaki — Pensé que tal vez habían regresado a sus respectivas aldeas.

    — Claro que regresaron a sus hogares. — confirmó su interlocutora — Pero van al templo de vez en cuando para las instrucción de las más chicas, aunque Lin no quiere ir todavía… por Sesshōmaru.

    — Tal vez sea conveniente explicarle las cosas — la pelinegra sonrió un poco como bobita, pensando en la posibilidad de tener una “conversación” con el gran demonio sobre el futuro de la pequeña.

    Por andar a las vueltas con Kaede, Aome dejó a su amiga Sango sola con sus hijos, disculpándose con ella un tanto apenada, pero la castaña la confortó con una de sus bellas sonrisas.

    — Descuida, no es la primera vez que Miroku se ausenta por varios días. — le dijo con amabilidad — Ahora preocúpate por lo tuyo, para cuando Inuyasha vuelva… aclaren sus asuntos pendientes.

    La pelinegra se sonrojó tantito al pensar en ello, pues es lo que deseaba hacer, vivir con él… aunque no quería verse tan urgida y lanzada para no presionarlo mucho. No quiso irse al templo hasta no arreglarse bien con el Hanyō, eso le explicó a Kaede… porque esa es la razón principal de su regreso.

    — ¿Cree que afecte mi poder espiritual? — le preguntó con curiosidad a la buena mujer.

    — No lo creo. — contestó con sinceridad la viejecita — Su Excelencia no ha perdido nada a pesar de… bueno, ya sabes. — la anciana puso los ojos en blanco por un instante en tanto que la chica sonrió tontamente, porque le constaba que el monje no había abandonado ciertas manías — Así que no veo problemas.

    — ¿Y por qué Kikyō no lo pensó así? — fue una duda que le surgió — Me parece que podía seguir cuidando la Shikon no Tama aunque se hubiera casado con Inuyasha.

    — Eso era diferente. — contestó Kaede después de suspirar — Tenía que mantener sus pensamientos libres de cosas que pudieran perturbarla, para así no sembrar dudas en su corazón y afectar negativamente a la joya. Tú viste su poder cuando estuvo oscurecida por la maldad de Naraku.

    — Comprendo — Aome bajó un poco la vista, compadecida una vez más por la pobre sacerdotisa que perdió la vida al cuidado de esa perla, condenada a su voluntad y sin poder vivir la vida que hubiera querido.

    — No te angusties más. — Kaede la miró fijamente con un poco de cariño — Kikyō hizo lo que tenía que hacer, la vida con Inuyasha no era su destino… para eso reencarnó en tu persona; pero recuerda que sólo una parte de ella, todo lo demás fue y será hecho por ti — le sonrió.

    Aome le sonrió también. A pesar del tiempo no podía sacarse del todo lo que significó Kikyō en la vida de Inuyasha… y en la de ella misma. Tampoco podía dejar de sentirse un tanto mal por eso, y tal vez estaría más tranquila en cuanto el ojidorado le exprese de una buena vez que el amor que siente por ella, por Aome, supera lo que alguna vez creyó amar a Kikyō. Así su propia alma se sentiría mejor y se libraría del pesar por el triste final de la sacerdotisa. No había querido pensar tanto en Kikyō porque eso podría detenerla en su regreso… no quería ser vista únicamente como la reencarnación del amor del pasado, quería ser la amada a su lado.

    En la tarde anterior a la noche de luna nueva… los viajeros regresaron del Oeste, exceptuando el peli plateado Hanyō.

    — ¡Hola señorita Aome! — saludó Kohaku acercándose a la cabaña de Kaede, en donde la aludida se encontraba junto a Lin, dispuestas a salir de paseo — Es un gusto verla otra vez, siento no haberla saludado antes — le dijo con tono amable al llegar a su lado.

    — Hola Kohaku, — saludó también igual de alegre, abrazándolo un poco — el gusto es mío… ¡has crecido mucho! — observó mirándolo de arriba a abajo — ¿Y el monje Miroku? — preguntó dudosa.

    — Fue a saludar a mi hermana y a los niños primero. — contestó el chico, y se fijó en su amiguita, quien lo miraba con la típica sonrisa en su carita — Hola Lin — le sonrió tímidamente.

    — Hola Kohaku, — le respondió la chiquilla con alegre sinceridad — ¿cómo les fue? — preguntó con curiosidad sin dejar de mirarlo con sus grandes y bonitos ojos cafés.

    — Bien… en lo que cabe — respondió el muchacho tartamudeando tantito.

    Aome lo miró un momento, algo sorprendida al oírlo un poco nervioso. Sabía que el chico era bastante tímido, pero no pensó que pudiera mostrarse así frente a la pequeña pelinegra, con la cual había compartido y convivido algo de tiempo junto al gran demonio blanco. Se sonrió brevemente… no le cabía duda de que el joven exterminador ya no era un niño y en pocos años la niña sería una linda mujercita. Después reaccionó al percatarse de que faltaba alguien más.

    — ¿Dónde está Inuyasha? — preguntó con extrañeza.

    — El señor Inuyasha fue con Totosai… — contestó el jovencito recuperándose un poco — posiblemente llegue mañana, no se preocupe.

    — Bueno, — intervino Lin en lo que Aome suspiró un poco — íbamos a ver a las niñas, ¿verdad señorita Aome?

    — Claro. — contestó volviendo a sonreír — Pero dime Kohaku, ¿qué traes ahí? — señaló lo que el muchacho venía arrastrando.

    — ¡Ah!, es algo que trajimos para la escuela de exterminadores. — respondió el aludido — Su Excelencia y la señora Kaede los purificarán.

    El joven pecoso regresó sobre sus pasos, acompañado de las dos pelinegras, hacia la vivienda de su hermana y familia, platicando de algunas peripecias del viaje. Al llegar vieron al pobre monje “torturado generosamente” por sus hijas, que montaban sobre él como si fuera “caballito”, en tanto su madre alimentaba al pequeño Miatsu y sonreía grandemente ante la escena.

    — ¡Arre papi! — decían las chiquillas carcajeándose.

    — ¡Hola niñas! — saludó Lin con su misma sonrisa alegre, aguantándose las ganas de burlarse también de su Excelencia.

    — ¡Lin! — dijeron a una sola voz, muy emocionadas — ¡Tío Kohaku! — y casi se caen al querer bajarse del “lomo” de su papi, por lo que el hombre tuvo que tenderse en el piso para que lo “desmontaran”.

    — Con cuidado “mujercitas” — las reprendió un poco Miroku con tono cariñoso, porque las peques se abalanzaron sobre su amiga, lanzándose posteriormente sobre su tío.

    — Es un gusto verlo otra vez monje Miroku. — saludo Aome acercándose un poco más a la vivienda — Hola Sango, discúlpame por haberte tenido abandonada.

    — El gusto es mío señorita Aome — contestó el aludido levantándose y sacudiéndose la túnica.

    — ¡Tía Aome! — la abrazaron las gemelas por las piernas, por poquito la tiran.

    — Niñas, tranquilas. — les indicó Sango con un poco de severidad — Vayan a jugar con Lin para que no se haga más tarde. Hola Aome, hola hermano.

    — Si mami — dijeron, y jalaron a Lin hacia el interior de la vivienda.

    — Con permiso — dijo la pequeña pelinegra entrando con sus revoltosas amiguitas.

    — Con confianza. — sonrió el ojiazul sentándose al lado de su esposa — Tomen asiento — le dijo a sus visitas en su característico tono amable.

    — Hola hermana, — saludó el muchacho con un poco de pena al ver a su hermana mostrando el seno — lamento no haber venido antes.

    — No olvides que te queremos. — le dijo ella con un poco de reproche tierno — Pero entiendo que estés ocupado, debemos tener lista la escuela para el momento oportuno — después dirigió la vista a su amiga — Y tampoco te sientas mal Aome, tú también has estado ocupada.

    — Señorita Aome, — intervino Miroku — le comunico que Inuyasha llegará…

    — Gracias monje Miroku, — le sonrió al muchacha — Kohaku me contó lo sucedido. Por cierto… ¿cómo les fue de verdad? — preguntó mirándolo un tanto escrutadora, para después ver al muchacho.

    — Verá señorita Aome, — dijo el ojiazul después de meditarlo brevemente — se hizo lo que estuvo a nuestro alcance… eso está un poco fuera de control.

    — Y eso… ¿por qué? — preguntó dudosa.

    — No me gusta armar conjeturas, — explicó Miroku — pero hay demonios como Sesshōmaru involucrados en el alboroto… algo nada fácil de exterminar por los medios tradicionales, si recuerda usted.

    — Mmm… — Aome trajo a su memoria una escena de hace mucho tiempo atrás — Entonces… ¿él…?

    — No lo creemos así, señorita Aome. — la interrumpió educadamente — Sesshōmaru ha cambiado… por Lin; y de todos modos — dijo en tono sereno — en cierta medida sabemos que nunca le ha gustado involucrarse con los humanos… ese no es el caso, por lo tanto debe haber otra razón para su actitud.

    Kohaku asintió con un leve movimiento de cabeza en lo que Sango veía atentamente a su esposo, sin dejar de acariciar a su pequeño, el cual ya se veía somnoliento después de un buen banquete.

    — Entonces… las cosas no mejoraron. — suspiró la castaña un poco preocupada — Tendrán que regresar otra vez, ¿verdad?

    — Tranquila, — su marido la abrazó por los hombros, controlando un poco sus ganas de darle un buen apretón por tener al niño en brazos — por lo menos se implementó una buena barrara espiritual. Volveremos en quince días para ver como van las cosas.

    — ¿Podré acompañarlos? — dijo Aome entre curiosa y emocionada.

    — Si Inuyasha lo considera conveniente no veo el problema. — contestó Miroku — Querida, creo que Miatsu se ha dormido — se dirigió a su amada después de ver a su hijo con cariño.

    — ¿Por qué Inuyasha diría que no? — se rebeló un poco la pelinegra — Eso me serviría para manejar y mejorar mi energía espiritual.

    — Es bueno que se lo consultes, — dijo Sango entregándole a su marido cuidadosamente al bebé dormido, para acomodarse la túnica, mientras su hermanito desviaba la vista un tanto avergonzado — por algo vas a vivir con él y deben estar de acuerdo en muchas cosas. — le guiñó un ojo y se levantó con cuidado — Se quedan a cenar, la anciana Kaede y Shippou nos alcanzaran.

    Tuvieron una cena tranquila y amena en lo que cabe, pues Ahome y Kikyō no perdieron el tiempo y, en cuanto les fue posible, “obligaron” a papá a hacerles “caballito” otra vez… y como su padre no es alcahuete… hasta que mamá puso orden y las sentó a terminar sus verduras, regañando un poco a su indisciplinado y consentidor esposo. Más tarde se retiraron a sus aposentos, y Kohaku se quedó a dormir con su familia, en el cuarto de las gemelas. Miroku y Sango conversaron un poco de otro tema, después de asegurarse que sus dos “diablitas” estuvieran bien dormidas junto al llorón de su pequeño niño. Se encontraban acostados uno al lado del otro, abrazados como todas las noches.

    — Me preocupa un poco Inuyasha, — dijo el monje mirando al techo de su habitación — no pensé que en realidad le diera pavor… tener intimidad con la señorita Aome.

    — ¿En serio? — su esposa lo miraba fijamente, apoyada en su pecho, y se asombro un poco ante esa revelación — ¿Por eso no le ha expresado lo que siente?

    — Tal parece que esa es la razón. — opinó el ojiazul — Por lo visto nunca le había pasado por la cabeza que el matrimonio es así… ni con la señorita Kikyō. — y la miró esta vez con un poco de picardía — No sabe lo que se pierde…

    — Cariño… — ella se sonrojó un poco y desvió su mirada café de las azules pupilas con un poco de pena — qué dices.

    — En fin, — volvió a fijarse en el techo — como buen amigo tengo que darle ánimos y… alguna clara explicación de las cosas… que sepa de lo que se trata.

    — Miroku… — Sango lo miró una vez más, esta vez con un poco de enfado — ¿pretendes que…?

    — Nada fuera de algo teórico. — dijo mirándola con pena, sonriendo como bobo por un momento — ¿cómo crees otra cosa? — y la abrazó un poco más, acercándola a su cuerpo y cambiando la expresión por una de mucho amor — Tú sólo eres para mí.

    Empezó a besarla apasionadamente en los labios, las orejas, las mejillas, el cuello… a lo que Sango le correspondió igual de amorosa, pues siempre lo extrañaba mucho cuando se iba por varios días… claro que más allá de eso… la cuarentena aun no termina y el mañoso monje no querría abusar de la confianza de su amada, o ella lo mandaría a dormir afuera con un buen golpe en la mejilla.

    En cuanto a Aome… pensaba en su amado Inuyasha y en lo que estaría haciendo en esos momentos. Suspiró hondamente y cerró los ojos para dormir, acostada sobre su “cama” en la casa de Kaede. Después de levantar una plegaria a Dios por el peli plateado se adentró en el mundo de los sueños.

    — ¡Qué lugar tan bello! — se dijo al encontrarse en un hermoso prado, rodeada por flores de campanilla — ¿Por qué estoy aquí? — se preguntó al percatarse de que no había nadie más con ella.

    El cielo tenía un lindo tono azul, y la brisa agitaba las pequeñas flores llenando el ambiente con su suave perfume, y revolvía un poco sus negros y alborotados cabellos. Caminó siguiendo un sendero que pasaba en medio del prado. Vestía el traje de sacerdotisa y andaba con paso lento.

    — Recuerdo que… — meditó en voz baja, con la vista agachada — me acosté a dormir… esto debe ser un sueño.

    — Así es… pero no quiere decir que no pueda ser real — contestó un armoniosa voz a lo lejos, una voz que hacía tiempo había dejado de escuchar.

    — ¿Ki… Kikyō? — preguntó dudosa, frenándose un poco — ¿Eres tú? ¿Dónde estás? — volteó a ver a todos lados, buscando el origen de esa voz.

    — Sigue adelante Aome. — respondió la antigua miko — Te espero al final del sendero.

    Apuró el paso pensando cual era el motivo que nuevamente hiciera aparecer a la sacerdotisa muerta… después de tanto tiempo. Unos metros más adelante divisó su silueta. La suave brisa movía su larga y negra cabellera de forma armoniosa, así como a las flores que bordeaban el camino. Al observarla no sabía si estar contenta o mostrarse apenada con el antiguo amor de su amor. Kikyō volteó a verla con la seriedad habitual en su rostro, como si los años no hubieran pasado y siguiera sintiendo desprecio hacia la joven del futuro.

    — ¿Qué te pasa Aome? — le dijo — Parece que viste un muerto.

    — Eee… — tartamudeó la chica, pensando que ese comentario no tenía sentido — Kikyō… me da gusto…

    — Tú guardas dos formas de pensar. — la interrumpió — Te doy pena, lo se… aunque también se que eres sincera y que te da gusto verme. — le sonrió un poco — Estoy aquí para ayudarte.

    — Kikyō… — dudó un poco, pues las palabras de la miko se le hicieron algo duras y confusas — ¿cómo es que…?

    — Acompáñame. — la interrumpió otra vez, dándole la espalda — Necesitas mi ayuda para hacer lo que… yo nunca pude.

    Y empezó a avanzar hacia un pequeño templo que Aome no recordaba haber visto en cuanto llegó a su lado. La muchacha se repuso de su asombro y fue tras ella.

    — Oye Kikyō, ¿qué es…? — empezaba a decir.

    — Sigues hablando mucho. — dijo la aludida obligándola a callarse — Te diré todo en cuanto lleguemos al lugar adecuado.

    Entraron al recinto sagrado, el cual no era muy grande. Las paredes y los pisos eran muy blancos y brillantes, como que tenían resplandor propio. Al centro del mismo se encontraba una mesa con un servicio de té para tomar. Una ventana al fondo permitía seguir viendo las bellas flores y el azul del cielo.

    — Toma asiento por favor, — le indicó Kikyō a Aome — así podremos estar cómodas para charlar.

    En la mesa también había un platón con galletas y bocadillos propios de la época actual. Aome parpadeó extrañada de tan raro servicio. La antigua miko se acomodó suavemente en un cojín, en la pose habitual de las mujeres en el Sengoku. La del futuro la imitó.

    — ¿Qué significa esto? — habló Aome con la duda reflejada en su cara.

    — Es tu sueño, tú lo decidiste así. — dijo Kikyō mirándola fijamente, con la misma expresión seria de antaño — Yo sólo estoy aquí para explicarte las cosas.

    — ¿En serio? — preguntó — ¿Qué es lo que me vas a decir? — tomó una galleta para llevársela a la boca, sin dejar de observar a la otra chica — ¡Mmm! ¡Las hizo mi mamá! — se sorprendió saboreándola.

    La miko movió la cabeza un poco, sonriendo y pensando en que su reencarnación seguía comportándose infantil. Tomó su respectiva “taza” de té y bebió un sorbo.

    — Bueno, te escucho, — le indicó a la del futuro — ¿cuáles son tus inquietudes respecto a Inuyasha?

    Aome se había comido ya cinco galletas y un bocadillo, y en ese momento se atragantó un poco con el té.

    — ¡Oh, lo siento! — contestó tosiendo un poco — No pensé que era de eso que querías hablarme.

    — ¿Pues de que más? — la del pasado puso los ojos en blanco un momento — Volviste a esta época porque tenías que volver… porque lo amas tanto como tal vez nunca lo amé… y él te ama como quizá no me amo — volvió a ponerse seria mirando escrutadoramente a su interlocutora.

    — No lo creo, — Aome fue la que se puso seria ahora, y adquirió un tono un poco rojizo en las mejillas — a ti siempre…

    — Por favor Aome, — Kikyō la interrumpió una vez más — no quieras justificarte conmigo. Inuyasha te ama mucho más de lo que me amó… ¿por qué lo dudas?

    Aome no contestó al momento, recordando varias de las veces en que el Hanyō se fue con su antiguo amor, sin importarle su presencia ni el dolor que le causaba, ni lo que sentía por él, a pesar de ser agresivo y desconsiderado. Kikyō dulcificó su expresión, como adivinando sus pensamientos.

    — Aome, — dijo más calmada y con tono sereno — el tiempo entre él y yo quedó muy atrás… no éramos el uno para el otro, lo descubrí antes de morir otra vez. Cuando Inuyasha me vio nuevamente, al momento que Urasue trajo mi atormentada alma de regreso a la vida, sólo sentía que me había traicionado y que debía que compensarme de alguna manera.

    — Kikyō — la chica respondió con tristeza, sin verla a la cara — tú sabes que si hizo todo eso es porque… te seguía amando.

    — Tal vez… — se sonrió una vez más, de forma sutil — pero métete en la cabeza de una buena vez que nuestro amor no pudo ser… por diversas razones, y ahora es tu tiempo.

    — Kikyō… — la miró con un poco de pena.

    — No me tengas lástima, — le habló un poco dura, como solía ser — cumplí mi misión, como sea que haya sido. La primera vez que llegaste fue para ayudarme con mi destino y así terminar de una buena vez con esa maldita joya. Ahora… ya es el tiempo de Aome… hazlo realidad también para Inuyasha. — volvió a sonreír — Deben ser felices como el monje y la exterminadora.

    Ante esas palabras la joven del futuro también sonrió con timidez. Por supuesto que anhelaba ya estar con su amado ojidorado así como sus amigos, Sango y Miroku, casarse y tener hijos… ser una familia, algo que el peli plateado no había disfrutado del todo al morir su madre y dejarlo tan pequeño, a merced de todos, siendo humillado y discriminado hasta que tuvo edad para enfrentarlos.

    — Kikyō, — volvió a decirle a la miko — dime como ayudar a Inuyasha, tú lo conoces mejor que yo — clavó sus achocolatadas pupilas en el pálido y bello rostro, que en ese momento le sonreía como pocas veces.

    — Para eso estoy aquí. — le contestó la aludida — Pero conviviste con él más tiempo del que me duraron mis últimos días a su lado, así que lo conoces más. — y volvió a beber unos sorbos de té — Felicidades, el té te queda muy rico.

    — Eee… gracias — dijo en voz baja.

    — Antes que nada me parece adecuado que no lo presiones a decir algo que no salga de su corazón, hay que hacerlo con calma.

    — Dime una cosa Kikyō, — la interrumpió con un poco de curiosidad — ¿qué te dijo Inuyasha a ti?

    Ella suspiró un poco y puso ojos soñadores como los que Aome hace a veces, notándose más en ese momento el parecido de ambas.

    — ¿Quieres saber la verdad? — la miró fijamente — Inuyasha nunca me dijo que me amaba.

    — ¿No? — dijo asombrada — Y… ¿entonces?

    — Nadie le enseñó a amar, su madre se fue mucho antes de que él fuera lo suficientemente consiente de eso.

    — Si pero… — quiso decir algo, pero la miko se impuso.

    — Guarda silencio, eres bastante curiosa y desesperada. — le reprochó un poco — Cuando yo lo conocí era demasiado fiero, arrogante y duro… porque esa era la única forma que utilizaba para conseguir las cosas que quería.

    — No cambió mucho cuando lo libere del sello — susurró en voz baja la del futuro.

    — Es que se quedó con una idea negativa de mi persona, pero sí cambió o no hubiera dudado en matarte antes que a esa mujer ciempiés, o antes de que Kaede te auxiliara. — negó un poco la miko — Conforme nos fuimos tratando fue dándose cuenta de que había otras formas de comportarse. Aprendió porque tiene dentro de él la nobleza de un buen corazón humano, aunque quiera mostrarse como un demonio insensible por fuera.

    Aome no dijo nada más para no interrumpir la historia. Kikyō la miró momentáneamente en lo que guardó un breve silencio para beber otro sorbo de té. Continuó con su relato.

    — Mi deber y obligación como sacerdotisa me alejaba de relacionarme más íntimamente con otras personas, especialmente hombres. — dijo con seriedad — Eso era correcto para mí, pues debía mantener la Shikon no Tama libre de influencias negativas.

    — Pero te enamoraste… — intervino Aome soltando un leve suspiro — aunque no le veo lo malo.

    — El amor no es malo, — continuó Kikyō, sobreponiéndose una vez más a su reencarnación y sonriéndole otra vez — pero a veces te suele confundir, especialmente si ya tenías una meta y un destino establecido… por el que no te era permitido flaquear.

    — Eso fue un tanto injusto. — soltó la pelinegra sin poder guardar lo que pensaba — El amor es algo bello y puro, no tendría porque influenciar negativamente en la perla.

    — Aome… — esta vez la miró con un poco de pena — la figura y la posición que alguien representa a veces pesa más que si fuera… como el común de los mortales. Yo era la sacerdotisa elegida entre varias para cuidar y conservar la perla, esa misión me sentó muy bien porque nunca pensé que traicionaría mis ideales y principios… no podía darme el lujo de que un hombre ocupara mi vida y mi corazón por sobre lo que ya me había impuesto con anterioridad, no podía ser simplemente una mujer enamorada. — los ojos de Kikyō temblaron un poco, parecía que algunas lágrimas brotarían, sin embargó volvió a sonreír — Por ello me porte un tanto egoísta y quise utilizar la Shikon no Tama para mi propio beneficio, hacer de Inuyasha un simple humano para vivir con él me libraría de ese trabajo, porque la joya desaparecería para siempre… o eso es lo que pensé, y permití que ese egoísmo me hiciera dudar, lo que fue aprovechado por el ser que deseaba a toda costa el poder negativo… Naraku.

    — Kikyō… — Aome no sabía si debía abrazarla y permitirle llorar — tú no fuiste…

    — Si lo fui. — volvió a hablar un poco dura — Amé a Inuyasha pero de la forma equivocada, pues no pude aceptarlo como tal, y por ello casi lo obligué a renunciar a su propia condición, a pedirle que deseara ser sólo un humano… nada más para ser libre de la carga. Es ahí donde yo… le insinúe que quería vivir a su lado, — suspiró brevemente — sin decirle tampoco que lo hacía porque lo amaba. — le sonrió otra vez — Tú debes cambiar eso… de echo, ya lo has hecho.

    Aome no dijo nada otra vez. Sí… ella le había dicho a Inuyasha que no le importaba que fuera un Hanyō, siempre quería estar a su lado por ser alguien especial e importante, lo único que llegó a darle miedo fue que él la olvidara si se transformaba en un monstruo completo, y se lo hizo saber. También reconocía que el ojidorado sí había cambiado bastante su rudeza inicial en cuanto iniciaron la misión en búsqueda de los fragmentos de la Shikon no Tama… conforme conocieron a sus amigos y fueron teniendo una relación más estrecha se fue abriendo más al trato con los demás. Y, además, le había demostrado en muchas ocasiones lo importante que era ella para él… aunque siempre se enojaba por motivos algo tontos no dudaba en disculparse a su manera, y se mostraba preocupado si algo le pasaba a la muchacha. Aun así… faltaba la confesión final.

    — Estas lista para el paso que debes dar. — interrumpió Kikyō sus pensamientos — Lo que debes hacer es que se sienta más seguro, escúchalo en cuando te hable y no lo interrumpas porque entonces no le sacarás nada… y reconoce que no es el hombre superromántico que alguna vez soñaste. — la miró con picardía por un breve instante — Nada que ver con las películas que te gustaban cuando tenías 14 años.

    — Kikyō… ¿qué dices? — Aome se apenó bastante, pues sí había soñado alguna vez con Robert Pattinson declarándole su amor con un poema.

    — Así que cualquier insinuación de su parte… — continuó alegremente la miko — tómala y dale el sí. — le ofreció más bocadillos — Nos iremos hasta terminar con esto. — ella también tomó uno y le dio un pequeño mordisco en tanto que la del futuro tomó otro — Tienes razón, tu madre cocina muy rico.

    Las dos se miraron y se sonrieron otra vez. Nunca pensó en que el antiguo amor de su amor le ayudaría a tomarse las cosas con calma, y no porque Sango no se lo hubiera dicho, pero la ayuda de Kikyō le sacó un peso de encima. Disfrutaron el té y terminaron los bocadillos sin decir una palabra más. Al final la miko del pasado se levantó para despedirse con una leve reverencia. Aome pensaba enderezarse también pero ya no pudo moverse de su lugar.

    — ¿Qué pasa? — se dijo y miró extrañada a la otra.

    — Es hora de irme, cada quien debe regresar a su lugar. — le contestó — Como es tu sueño te quedas. Y si algún día vuelves a necesitarme háblame, estoy dentro de ti. Pero por favor, — volvió a mirarla con esa seriedad habitual en su rostro — ya no quiero tu lástima, ni que te sientas mal por mi. Morí porque así tenía que ser… debía regresar con más fuerza en tu interior, y no podíamos estar juntas al mismo tiempo. No me quejo por ello, no lo hagas tampoco y déjame descansar en paz. Agradezco que tus amigos me recuerden con agrado.

    — Kikyō… — la del futuro sentía que se hundía más en el cojín.

    — Adiós — le dio la espalda y se fue por la puerta.

    Aome la miró andar lentamente por el sendero bordeado de flores de campanilla, la suave brisa agitaba su larga cabellera negra al compás del movimiento de las flores. Ni una sola vez volvió la vista atrás y se perdió en la lejanía, como esfumándose entre los árboles. Después la pelinegra se hundió en su sueño.

    Nota: Para mi Kikyō fue un alma atormentada por el dolor de ver su amor frustrado, sin querer darse cuenta al principio que no fue culpa de Inuyasha el que hubiera muerto. Por esa razón se comportaba de manera dura, cruel, indiferente y aprovechada. Pero dentro de ella estaba la sacerdotisa noble y bondadosa que siempre fue. Por ello me tomé el atrevimiento de presentar mi versión de los hechos que motivaron a Kikyō a actuar de esa forma egoísta, no porque lo fuera verdaderamente. Al final se superó a sí misma al utilizar la última luz pura de la perla en devolverle a Kohaku la vida, por sobre sus deseos de venganza en contra de Naraku… así realmente su alma pudo descansar en paz, y se ganó de Sango y Miroku la admiración y el respeto. Kikyō ya no volverá a salir y sólo será mencionada en el nombre de la gemelita, o tal vez recordada una vez más por la pelinegra y el ojidorado, porque ella ya murió. Sayonara y sigan con esta historia que aun no termina… y no dejen de reír con “Un juego por la vida de Naraku” en donde al engendro lo pongo como carnada de las bromas… jajaja sin querer ser demasiado grosera con él.

    P.D. No odio a la miko, pero en ciertos fics la manejan con un carácter que me dan ganas de patearla… aunque en realidad no me gustaba para pareja definitiva de Inuyasha, tampoco la emparejo con nadie más. Por ello en mi fic es más dulce y bondadosa, aunque en ciertos momentos puede mostrarse indiferente y convenenciera, pero nada que motive a desearle lo peor, y que conste que para mí no es tanto OoC, me parece más en cuanto la manejan como una arpía.
     
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  15.  
    Vianyz Elric

    Vianyz Elric Entusiasta

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    hola Inu no Taisho!!!!
    me encanto el capitulo!!!!!!!!!!!! estuvo muy bueno!!!!!!!!!!!!
    tienes razon hay muchos fics donde pnen a Kikyo-sempai como una persona mal y cruel con los demas, yo no la considero asi ve hasta me di el lujo de llorar como loca cuando se murio.
    con respecto al capitulo. estuvo muy tierno!!! me da curiosidad como cocina la mama de Kagome? mmm supongo que bien todas las mamas lo acen, jejeje bueno bueno bueno tengo una duda alguien si fueran tan amables me podrian decir qe es OoC? ay mi ignorancia y yo! nunca cambiamos jejeje bueno espero pronto la conti y gracias por haberme avisado!!!
    bye-bye
    Vianey se vaaa!!!!
    P.D: oye te gustaria ser prima de Kagome en un fic que estoy haciendo? yo tambien entro como prima de Kagome asi que seriamos como hermanas y si KagomeG acepta ella tambien seria como nuestra hermana y prima de Kagome. si aceptas me avisas ok?
     
  16.  
    surisesshy

    surisesshy Usuario popular

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    Kawaiiiii, me encanta cuando ponen a Kikiou así, tierna y amable, aunqeu sea Ooc, aunque lo tuyo no lo es en lo absoluto, por lo menos yo no lo sentí asi, XD, yo tambien quieroprobar el té de Ahome y las galletas de su mamá, me necantó mucho ese sueño, aunque a mi tambienme da pena lo de kikiou, ahora creo queya no, ahora solo hay que esperar la confeción de Inuyasha y con la ayuda de Kikiou creo que será más fácil para Ahome sacarsela sutilmente, dale con todo Ahome, que yo te apoyo.

    Ahora no espero por ver como hases avanzar el amor que veo se está formando entre Kohaku y Lin, aunqeu no se si lo haras en este fic o en otro, XD, me gustó mucho el capi, siguelo así, bey.
     
  17.  
    sanxmir

    sanxmir Guest

    hola Inu. La conti estuvo interesante,me pregunto q' pasara en el siguiente cap.
    Espero q' pongas la conti pronto, F.Tu fiel seguidora, YO.:D
     
  18.  
    SangoxMiroKagoxInu

    SangoxMiroKagoxInu Entusiasta

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    VAYA! ese Miroku si...nonononono jaj es como cuando uno esta en la pubertad o en la niñez que uno tiene esa...conversacion con los papas o soolo uno de ellos...de esos temillas....¬////¬ . Y esa mente de Sango eso solo teorico sin demostraciones ¬////¬ creo que ya se volvio como el ¬/////¬
    Que sueño mas extraño tuvo Kagome pero severo que Kykio le haya dicho eso y tienes razon cuando dijiste:
    "P.D. No odio a la miko, pero en ciertos fics la manejan con un carácter que me dan ganas de patearla… aunque en realidad no me gustaba para pareja definitiva de Inuyasha, tampoco la emparejo con nadie más. Por ello en mi fic es más dulce y bondadosa, aunque en ciertos momentos puede mostrarse indiferente y convenenciera, pero nada que motive a desearle lo peor, y que conste que para mí no es tanto OoC, me parece más en cuanto la manejan como una arpía. "

    es verdad es solo que Kykio aveces me saca de quicio como en la serie trataba a Kagome o cuando estaba a solas con Inuyasha y el como imbecil decia "-Ky...kio" uhhh! pero es buena persona y sufrio mucho y tenia que morir porque la vida que llevaba (despues de su muerte) ya no era vida era muy...triste verla caminar con las serpientes caza-almas solitaria y con la mirada perdida....pero que bueno que le haya dicho eso Kagome le quita el cargo de conciencia que ella tenia...
    Bno espero la conti supe pronto SAYOO!!
     
  19.  
    cristty

    cristty Iniciado

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    amiga!!!!! me encanto!!! no tienes idea...
    me agrado la idea de que saliera Kikyo...
    yo opino lo mismo que tu, no era mala...
    pero bueno... espero la continuacion con ansias
    bye!!!
     
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  20.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador ejemplar Orientador Waku-waku

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    Pasado mañana (inu/kag,mir/san,sess/?)
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    56
     
    Palabras:
    5551
    Holaaaaa pues gracias por sus post la verdad siempre llegan en el momento adecuado para alegrarme el día y pues aqui les traigo la conti disfrtenla:

    Capítulo 24

    En la mañana, muy temprano, en un área cercana a la zona volcánica, se había armado un pequeño alboroto. Un joven de largos y platinados cabellos intentaba hacer reaccionar de “buena manera” a un viejo de aspecto extraño. El sol apenas despuntaba tras el horizonte.

    — ¡Carajo Totosai! — espetó Inuyasha — ¡Muévete que no tengo toda la mañana! — y lo zarandeó “cuidadosamente”.

    El viejo herrero le había ofrecido llevarlo de regreso a la aldea para que no tardara mucho, pero, al parecer lo olvidó, por lo que el Hanyō lo sacudió con su habitual rudeza para hacerlo despertar.

    — ¿Eh? — dijo el aludido abriendo de golpe sus enormes ojos y haciéndose un poco para atrás, con cara de asustado — ¡Piedad Sesshōmaru, yo no fui! — gritó.

    — ¿Qué mierda tiene que ver Sesshōmaru? — Inuyasha lo miró con tonta expresión anime ante las palabras sin sentido.

    — ¡Ah Inuyasha, olvidé que estabas aquí! — exhaló un suspiro de tranquilidad — Pensé que Sesshōmaru…

    — ¿Qué diablos le harías a ese engreído para que tuviera algo contra ti? — lo miró con suspicacia — ¿Acaso tiene algo que ver con lo que ocurre allá arriba? — preguntó con dureza.

    — ¡Pero qué gritos son esos! — salió Myoga de entre el ropaje del ojidorado, con sus grandes ojos de canica abiertos y enojados — Ya no puede uno descansar como Dios manda.

    — Par de flojos buenos para nada. — el peli plateado tomó a la pulga entre sus dedos y la sacudió — Despierten de una buena vez.

    Entre tanto regaño los dos ancianos decidieron que era mejor desperezarse para que el peli plateado Hanyō no fuera a desesperarse, poniéndose de peor humor… parecía no haber dormido bien.

    — No puedo salir sin haber desayunado — dijo Totosai después de haberse estirado un poco.

    — Ya te conseguiré algo para comer. — espetó Inuyasha una vez más — Andando — y salió de la “casa” con paso firme y seguro.

    — Ni hablar… — dijo Myoga sobre el hombro del herrero — cuando al amo le apura algo… Camina ya viejo o nos golpea a los dos.

    — Ya no se cual de los dos es peor. — observó Totosai después de exhalar un suspiro resignado y tomar su “martillo” — Inuyasha es tan brusco, agresivo, mal genio… pero Sesshōmaru esconde bajo su atractiva y tranquila apariencia a un monstruo despiadado, sanguinario y cruel… ¿cuál de los dos me matara primero? — tembló tantito de sólo imaginarse una muerte dolorosa.

    — No exageres viejo gallina, — dijo la pulga cruzada de brazos — ninguno te matara… porque no eres un demonio peligroso para ellos.

    — ¿Insinúas que no puedo dar una pelea y defenderme? — se molestó un poco mirando a su viejo compañero.

    — ¿Qué tanto murmuran? — el ojidorado volvió sobre sus paso y les lanzaba una mirada fulminante.

    — Nada — contestaron al unísono, y el herrero apuró el paso para alcanzarlo.

    Montaron sobre la vaca y salieron disparados con rumbo al pueblo. El sol ya había sobrepasado el horizonte y pintaba para un buen día.

    — ¿Y cómo es que Aome volvió? — preguntó Myoga con curiosidad.

    Inuyasha no había hablado mucho al respecto. Afirmó que verdaderamente la pelinegra regresó del futuro y que lo estaba esperando, sin decir nada más. En general, lo único que platicaron antes de que los dos viejos se soltaran a roncar, había sido sobre las desgracias ocasionadas por los espíritus desatados ante el aparente “descuido” de su hermano. De ahí en fuera se cerró también en sus sueños y en lo que tenía que aclarar.

    — No lo se en realidad, — contestó un poco serio — no hemos podido platicar. Llegó el día anterior a nuestra salida — y dejó de verlos un tanto avergonzado.

    — ¿Entonces no le ha expresado su amor? — a la pulga casi se le salen los ojazos de la sorpresa.

    — ¿Qué tonterías dices, bocón? — lo miró con enfado y… volvió a desviar la vista.

    — No entiendo nada de eso, — intervino Totosai — pero sí puedo afirmar que te debe haber dado mucho gusto su regreso.

    — Más que eso… — afirmó Myoga con una risita traviesa — ahora ya podrá hacer lo que hace su amigo Miroku, — y se rió un poco más fuerte — del cual no me extraña con el mujerón de Sango…

    ¡PAF! Inuyasha aplastó a la vieja pulga habladora entre sus dedos, echando chispas por los ojos y aun con el tono enrojecido.

    — ¡Cállate! — le espetó — ¡Deja de decir tarugadas!

    Totosai parpadeó un poco al ver caer a Myoga como una estampilla de correo sobre el lomo de su vaca.

    — No se enoje amo… — susurró al descender lentamente — sólo es un chascarrillo — y se recuperó en cuanto tocó firme.

    — Mejor guárdate tus comentarios — Inuyasha se cruzó de brazos volteándole el gesto.

    Llegaron a un bosque relativamente cercano a sitio habitado por el herrero, en donde el Hanyō pudo cazar a un pobre jabalí despistado. Totosai encendió una fogata para asarlo y desayunar. Ambos se sentaron esperando el momento propicio para hincarle el diente.

    — Nada más no vayas a comértelo todo y fingir indiferencia como es tu costumbre, — indicó el ojidorado de dura manera al anciano distraído — o te lo saco de mala manera.

    — Que geniecito — expresó Totosai, y se dedicó a darle vueltas al jabalí.

    — ¿Y yo que voy a desayunar? — se quejó Myoga desde el suelo.

    — No esperarás que te de un poco de sangre — dijo el herrero mirándolo fijamente.

    — La tuya es horrible. — contestó un tanto asqueado — Amo Inuyasha… si me permite — le lanzó una mirada suplicante a su señor.

    — Ya que. — contestó con resignación descubriéndose un poco el brazo izquierdo — Pero no te pases de tragón.

    Myoga brincó en dirección a la vena y… ¡SUC! adquirió un tamaño algo considerable hasta que el ojidorado lo mandó a volar golpeándolo con dos dedos. Por poquito no cae entre las llamas.

    — Te dije que no fueras avorazado — le espetó mirándolo de fea manera.

    — Lo siento amo, es que Totosai no tiene un buen sabor — se levantó con un poco de trabajo al estar más gordito.

    Comieron tranquilamente el delicioso jabalí asado en tanto la vaca también satisfacía sus necesidades básicas alimenticias masticando felizmente la hierba fresca del bosque. Al terminar continuaron su camino.

    No se podía quejar de que la vaca fuera lenta. Avanzó velozmente, en lo que cabe por ser una vaca, y aproximadamente al atardecer llegaron a la aldea. Se dirigieron a la vivienda de sus amigos, pues el aroma de Aome le indicó que se encontraba allá. Descendieron como quien no quiere la cosa en el área de enfrente, donde las gemelas y Lin jugaban con la aludida. Inuyasha bajó de un salto, más rápido de lo que se hubiera imaginado él mismo.

    — ¡Inuyasha! — la chica lo abrazó en cuanto tocó tierra firme porque se percataron de su llegada, pues las pequeñas “diablitas” son tan curiosas que les pareció divertido ver al “Perrito” saltar desde una vaca voladora — Ya te esperaba… ¿qué te pasó? — se apartó un poco a notar las heridas en su cuello.

    El joven ojidorado había enrojecido un poco ante su abrazo, pero no quiso decirle nada de Sesshōmaru porque Lin estaba ahí.

    — ¡”Perrito”! — las pequeñas lo tomaron por sorpresa haciéndolo caer, y jalaron sus orejas con el “cariño” de siempre.

    — Hola señor Inuyasha — sonrió Lin en tanto él trataba de alejar a las gemelas.

    Aome parpadeó un poco con incredulidad ante la actitud sumisa del ojidorado.

    — No… déjenme… me duele — tartamudeó algo asustado, tomándolas suavemente de sus kimonos.

    — ¡Totosai, anciano Myoga! — Aome se percató de la presencia de los dos viejos demonios y se acercó a saludarlos — ¡Me da tanto gusto verlos otra vez!

    Los dos aludidos se habían quedado un tanto absortos al ver al Hanyō dominado por esas niñas traviesas. Al escuchar a la chica volvieron a la realidad y también la saludaron.

    — El gusto es mío — dijo Totosai con una leve inclinación de cabeza.

    — ¡Aome! — Myoga no perdió el tiempo y… ¡SUC! le dio su besito en el cachete.

    — Pensé que decía que mi sangre es pesada — ¡PAF! lo golpeó con un poco de fuerza.

    — Lo es, — cayó la pulga nuevamente como pluma — pero eso no quita que te salude como es debido.

    — Oye Aome… — dijo Inuyasha en tono suplicante desde el piso — ¿me ayudas?

    Lin se reía alegremente de su cara en tanto las gemelas lo “torturaban” de forma constante. Sango salió en ese momento llevando a su hijo en brazos.

    — Disculpen, estaba cambiando a Miatsu. — dijo en tono de pena, y después le dirigió a sus hijas una mirada enojada — Ahome y Kikyō… — les habló con seriedad — les he dicho que no jalen las orejas de tío Inuyasha.

    Las niñas soltaron a su “víctima” con expresión avergonzada ante el regaño de su madre.

    — Sentirlo mami — dijeron al unísono agachando la cabeza.

    — Así está mejor. — les dijo más tranquila — Terminen de jugar con Lin porque más tarde se va a ir con el Señor Sesshōmaru.

    — ¡Señor Sesshōmaru! — gritaron emocionadas las chiquillas.

    — Vamos a jugar con las muñecas — dijo la pequeña pelinegra y se encaminaron a la parte de atrás, llevando todo su “tianguis”.

    — Anciano Myoga… maestro Totosai, — saludó respetuosamente la castaña — sean bienvenidos a mi humilde hogar. Tomen asiento por favor.

    — ¿Dónde está el maníaco de tu marido? — preguntó Inuyasha después de enderezarse, auxiliado un poco por Aome, que se le había acercado en cuanto las niñas se fueron, sacudiéndole el polvo.

    — Fue con Kohaku a nuestra aldea. — contestó ella al momento de acomodarse junto a Totosai — Regresaran más tarde.

    El peli plateado se dejó caer también junto con la pelinegra en la banca dispuesta para las visitas. Miatsu empezó a lloriquear… era la hora de su merienda.

    — Tranquilo mi bebé, — dijo amorosamente la exterminadora, y se descubrió para alimentarlo — toma tu leche.

    Las expresiones de los hombres fueron diversas al ver al niño succionar con ganas… Inuyasha desvió la vista muy colorado; Totosai parpadeó un poco y también optó por ver hacia otro lado; pero Myoga fijó sus grandes ojos de canica en la suave piel de Sango… y le dieron ganas de comer junto al pequeño. Aome los vio a todos con una mirada entre enfadada, divertida y apenada.

    — No me has dicho que te paso — volvió a indicarle al ojidorado con preocupación, señalando una vez más las heridas en el cuello.

    Todos voltearon a verlo exceptuando el nene, porque lo único importante para él en su corta existencia es su alimento, y no pensaba soltarlo aunque temblara.

    — No… te angusties, no es nada grave — desvió la vista del lindo rostro.

    — Pero, ¿qué fue? — insistió la muchacha mirándolo fijamente.

    — Me encontré… a Sesshōmaru en donde Totosai — contestó aun apenado y sin mirarla fijamente.

    — ¿Te pelaste con él? — parpadeó un poco, para después decir en tono triste y resignado — No han cambiado mucho en tres años.

    — Yo no me peleé con ese engreído, — levantó tantito la voz con su tono habitual de molestia ante una acusación infundada, mirándola una vez más — él es el que me atacó… porque sí — y volvió a ver hacia otro lado para no descubrir su mentira descarada.

    Aome lo miró de forma escrutadora… conocía muy bien el carácter y genio de su amado Hanyō y el de su hermano Daiyōkai, así que sospechaba la verdad aunque el ojidorado se empeñara en ocultarla. Hacía un buen tiempo que el mayor no atacaba al menor así como si nada… porque no es su estilo, y ya no había ningún motivo importante para conservar la rivalidad… fuera de que Sesshōmaru no aceptaría ante todos que Inuyasha le llegó a preocupar en alguna ocasión, como buen hermano mayor, ni Inuyasha admitiría que admiraba al gran demonio, como hacen los hermanos menores. Decidió ya no presionarlo más sobre el asunto y volvió a abrazarlo muy sonriente.

    — Lo bueno es que regresaste con bien, te extrañé — dijo en tono cariñoso, haciéndolo enrojecer una vez más.

    Aunque el peli plateado se debatió un poco entre corresponder el gesto o aguantarse por estar delante de algunos inoportunos… la abrazó al final por los hombros, aunque con un solo brazo para no ser tan evidente.

    — Gracias… por esperarme — le dijo un tanto apenado.

    Sango sonrió y desvió la vista fijándola en su pequeño tragón… y cambió su expresión cariñosa por una de incomodidad, pues el viejo mañoso de Myoga había aprovechado la distracción de todos para abalanzarse sobre la desnuda piel de su pecho, absorbiendo sangre con expresión de placer infinito, muy cerca de la cabecita de Miatsu.

    — Anciano Myoga… — le soltó con molestia tomándolo rápidamente entre los dedos de su mano libre — a Miroku no le va a hacer ninguna gracia saber en donde se atrevió a picarme. — y lo arrojó hacia los arbustos en las afueras del patio, con bastante precisión — De hecho, a mi tampoco me hace gracia.

    — ¡Echen paja! — gritó al salir disparado.

    Hablando del aludido ausente… se acercaba en ese instante caminando con Kirara a su lado, y vieron el vuelo de la pulga chupasangre.

    — ¿No era ese el anciano Myoga? — preguntó un tanto extrañado, a modo de saludo — Significa que… — se fijó bien en todos los presentes — Inuyasha, me da gusto verte de regreso… maestro Totosai, es un gran honor que nos visite, señorita Aome… — le dedicó una breve reverencia acercándose un poco más — veo que ya se sentirá más contenta. — hizo la observación con una mirada pícara por un segundo, para después darle a su amada un tronado beso en la mejilla — Amor mío… ¿qué fue lo que pasó? — no pudo dejar de notar la zona enrojecida donde el ancianito le picó, poniendo sin querer una cara un tanto tonta pervertida, pues le encanta ver también el seno de su esposa (Miroku y sus…).

    — Después hablamos de eso querido. — contestó un tanto ruborizada ante la geta de su esposo, cambiando a Miatsu de posición y tratando de acomodarse la túnica — ¿Y Kohaku? — preguntó extrañada.

    — Se quedó… ya sabes como es de tímido — recuperó la compostura y se dirigió a sus invitados — Nos acompañarán a cenar, ¿verdad?

    Inuyasha no había soltado a Aome, y, después de haber puesto ojos de rendija mirando escrutadoramente al monje y su tonta expresión, prefirió desistir de la invitación para poder platicar, ¡al fin!, con su amada pelinegra.

    — No se apuren. — dijo un poco brusco — Tengo mucho que hablar con Aome… a solas. — se sonrojó un poco en tanto la chica también adquirió un lindo tono colorado. Se dirigió al herrero recobrando la seriedad — Y me imagino que no vas a quedarte, ¿verdad Totosai? — lo miró escrutadoramente.

    — Eee… — tartamudeó el anciano yōkai, pues la perspectiva de quedarse a merced de las pequeñas “mujeres” del monje no se le hacía nada atractiva — Se los agradezco tanto, pero creo que debo ir allá con Kohaku para empezar a re forjar algunas cuantas armas que quiere utilizar en su escuela.

    — ¡Es verdad! — afirmó Sango un tanto emocionada — Solamente permítame un momento para que le lleve algo de cenar a mi hermano… — miró al viejo herrero con expresión bondadosa — se le olvidó cargar con algunas cosas.

    Aome le había lanzado una mirada entre dudosa y molesta al peli plateado pero, recordando lo que Kikyō le recomendó, decidió guardarse su queja para así darle la oportunidad de hablar… eso es lo que estaba esperando. Decidieron regresar con la pequeña Lin a casa de Kaede, por lo que se tardaron otro poco en tanto Miatsu caía dormido después de su merienda. Las gemelas querían tomar a su padre de “caballito” una vez más, sólo que el hombre les indicó seriamente que ya no era hora de jugar al tener a su hermano dormilón en brazos, y las mandó a asearse para cenar. Inuyasha se fue con Aome y con Lin, despidiéndose cortésmente de los anfitriones y de Totosai, el cual se dirigió hacia el fuerte de los exterminadores sin preocuparse por el destino de su pequeño amigo perdido entre las sombras.

    — Y dígame una cosa señor Inuyasha, — preguntó Lin con curiosidad, mirándolo fijamente, en lo que dirigían sus pasos a la vivienda de la anciana sacerdotisa — ¿cuándo se casa con la señorita Aome? Si no lo hace no puede dormirse con ella.

    Los dos enrojecieron como tomates… la niña era demasiado suspicaz y analizaba las cosas mejor de lo que podía pensarse. Fue Aome la que le contestó, con expresión de bobita.

    — Lin… los adultos veremos como arreglar nuestras cosas. — suspiró un poco — Por ahora el señor Inuyasha y yo… no dormiremos juntos — y miró rápidamente al ojidorado, como pidiéndole que dijera algo.

    — Eee… — tartamudeó — yo… no tengo prisa.

    La mirada de la pelinegra mayor cambió… le dieron ganas de azotarlo más de diez veces contra el piso, pero se contuvo ante la siguiente observación de la chiquilla.

    — Entonces no puede estar con nosotras allá donde la anciana Kaede, — dijo con seriedad, meditando mejor que una persona mayor — eso no sería correcto. La señora Kaede bien podría pasar por su abuelita y no habría problemas, yo todavía soy una niña… pero la señorita Aome es una mujer, y a usted le gusta mucho. — lo miró de forma escrutadora — Por lo tanto, no posponga la boda por mucho tiempo.

    El Hanyō abrió y cerró la bocota con incredulidad, en tanto su piel adquiría el tono enrojecido de su traje… esa jovencita sabe de las cosas más que él, y eso es mucho decir. Aome también se puso más colorada… sin duda Lin es bastante práctica y para todo debe encontrar una respuesta.

    — Además al Señor Sesshōmaru le agradará la noticia. — continuó diciendo la pequeña como si nada — Tal vez hasta se convenza de hacer lo mismo, porque él es muy guapo — y volvió a sonreír.

    Esta vez a los dos les brotó una gotita anime… lo último que se le ocurriría al peli plateado sería invitar a su hermano a su boda, y encima creer ser fuente de inspiración para que el gran demonio siguiera el mismo camino… sin una prospecta de por medio. Se abstuvieron de comentar sobre eso sonriendo como tontos, y llegaron a la cabaña.

    — Si tú lo dices… — fue lo único que dijo Inuyasha antes de entrar.

    — Bienvenido Inuyasha, — dijo Kaede al verlo — es un gusto que hayas regresado con bien.

    — Eee… gracias a ti también, — contestó el aludido un tanto apenado — por cuidar de Aome.

    — Lo siento anciana Kaede, — se disculpó la chica con expresión apenada — no creí que fuera tan tarde… no le ayudé con la cena.

    — Perdón — sonrió Lin también con vergüenza.

    — Descuiden, vengo llegando apenas… — contestó la buena mujer — no hay nada para cenar — observó.

    — ¡¿No hay comida?! — el ojidorado se arrepintió un poco de no haberse quedado con sus amigos.

    — ¡Oh, lo olvidaba! — dijo Aome y se dirigió al cuarto del fondo — Esperen aquí — sonrió.

    Se escuchó un poco de ruido, y después la muchacha regresó cargando varias latas, un paquete de galletas y tazones de sopa instantánea.

    — No se preocupen, — dijo sonriente en lo que los demás parpadeaban con admiración — en un minuto cenaremos.

    Colocó sobre el fogón encendido por Kaede una olla para hervir agua, sacó otros recipientes que la buena mujer tenía guardados en un rincón y vació el contenido de tres latas de ensalada de atún con mayonesa, revolviéndolo un poco con una cuchara. Colocó unos sobres de té en las correspondientes “tazas”, sólo faltaba esperar el agua caliente.

    — Dígame una cosa anciana Kaede, — preguntó la pelinegra en tanto que los otros se sentaban sin quitar la expresión de asombro de sus rostros — ¿dónde está Shippou?

    — Se fue con sus amigos zorros, — dijo la viejecita recuperándose de la sorpresa — me dijo que tiene que realizar algunas pruebas y no quiso perder la concentración de sus deberes.

    — ¡Qué emocionante! — intervino Lin sonriendo como siempre — Shippou es un zorrito muy inteligente.

    Inuyasha se dedicaba a contar el tiempo en el reloj que Aome puso a funcionar, salivando un poco, pensando en la deliciosa “comida estilo ninja” que la muchacha le había comprado. En cuanto sonó la alarma se acomodó mejor agitando las orejitas en éxtasis.

    — ¡Qué bien, comida ninja! — dijo en tono ansioso — Tenía mucho tiempo sin probarla.

    — Se buen chico y come con educación — le sonrió Aome al pasarle su primer tazón.

    La educación es algo innecesario para el ojidorado… sopló brevemente el contenido moviéndole un poco con los palillos, y empezó a devorar como acostumbra, haciendo que las mujeres hicieran gestos de desagrado.

    — Inuyasha… — observó la joven con molestia — ¿qué te dije?

    — ¡Chomp, chomp! — masticaba con la bocota abierta — ¡No molestes Aome, está sopa es deliciosa y moría de hambre!

    — ¿Podría probar un poco? — preguntó la niña con curiosidad en tanto que Kaede le servía a la pequeña un poco de atún.

    — Permíteme y te preparo una. — dijo Aome, para después lanzarle una mirada enojada al peli plateado — Vas a comer también de la ensalada de atún — le indicó en tono serio.

    — ¡Keh! Quiero más comida ninja, — se quejó botando el tazón vacío — no me llama la atención esa otra comida… huele raro.

    — Esta muy sabrosa, — intervino Kaede después de probar el atún con una galleta salada — pruébala.

    Lin le ofreció una galleta con atún mientras ella masticaba la que se había echado a la boca. El Hanyō le dio un mordisco a regañadientes… y en cuanto comprobó que sabía mucho mejor de lo que aparentaba pidió hasta doble porción, sin perdonar sus siguientes tazones de sopa. Aome le sirvió su sopa a la pequeña y también llenó las “tazas” con agua caliente.

    La noche llegó, era la noche de luna nueva. Antes de terminar la cena Inuyasha había adquirido su apariencia humana. Lin siempre le decía que esa apariencia lo hacía ver más joven y guapo. La pequeña ayudó a Kaede a limpiar lo que se había ensuciado, en lo que esperaba que Jaken llegara por ella, señal de que Sesshōmaru había arribado al lugar. Inuyasha salió con Aome a las afueras del poblado, en la cercanía del arroyo, porque sabía perfectamente que su hermano se apersonaba en el sitio del árbol sagrado y no tenía nadita de ganas de verlo… sus asuntos pendientes eran más importantes por el momento que preocuparse por los “problemas” del gran demonio en “sus” tierras. La pelinegra lo siguió un tanto cautelosa, consiente que tal vez por fin le pediría vivir con él, así que no dijo nada y salió detrás del Hanyō. Como humano sus facciones no eran tan duras y sus negros cabellos eran mucho más oscuros que los de ella. No la miró hasta que llegaron a un lugar relativamente apartado. Nadie los interrumpiría. Aome quería hablar, pero decidió que fuera Inuyasha el de la iniciativa, así que tuvo que morderse tantito la lengua para no arruinar el momento.

    — Aome… — le dijo mirándola fijamente con sus oscuros ojos — tengo que… — “¡Diablos, es más difícil de lo que pensé!” pensó, y empezó a sudar un poco y a tartamudear — yo quiero… tú sabes…

    Al verse reflejado en esa linda mirada capuchina sentía que le flaqueaban las piernas, y que todo su valor y coraje era únicamente para enfrentar a seres y criaturas terribles y despreciables. “¡Carajo”, pensó otra vez, desviando la vista avergonzado de su torpeza, “ese Miroku miserable pedía hijos como si nada, y a mí me cuesta un mundo pedirle que viva a mi lado!”.

    — Inuyasha… — Aome se le acercó un poco y le tomó una mano con cariño, agachando coquetamente la mirada — cualquier cosa que intentes decirme…

    Desgraciadamente, el mágico momento bajo la estrellas fue interrumpido una vez más.

    — ¡Señorita Aome! — Lin llegó corriendo entre los arbustos — ¡Venga por favor, el Señor Sesshōmaru quiere verla!

    Y, sin darles tiempo de nada, jaló a la joven de la amplia manga del traje de sacerdotisa.

    — Lin, espera — dijo ella un tanto sorprendida de sus palabras.

    — ¿Que Sesshōmaru quiere qué? — preguntó el desconcertado Hanyō, que sólo atinó a parpadear de incredulidad en tanto las dos pelinegras se perdieron de vista tras el seto.

    En cuanto reaccionó sacudió la cabeza y fue tras ellas, alcanzándolas antes de que llegaran al árbol sagrado.

    — ¿Oí bien? — le dijo a la chiquilla mirándola con un poco de molestia como pocas veces, pues lo que menos deseaba era portarse grosero con la niña — ¿Dijiste que Sesshōmaru quiere ver a Aome?

    — Lin, en serio, — habló Aome antes que la niña, tratando de conservar el piso y el paso — ¿por qué Sesshōmaru querría verme?

    — Porque quiere saludarla señorita Aome — contestó la pequeña con simplicidad, como si fuera lo más lógico del mundo.

    Se aproximaron al árbol sagrado… y ahí estaba el gran demonio, su enorme silueta resaltaba entre los árboles de los alrededores, despedía un bello resplandor plateado que lo hacía lucir más imponente entre la tenue oscuridad del follaje. A su lado se encontraba el pequeño sirviente verde, con expresión de cansancio. El Daiyōkai los miraba fijamente con sus ambarinos y fríos ojos, y su rostro inexpresivo de estatua.

    — ¡Mire Señor Sesshōmaru, — dijo la niña muy sonriente y emocionada al llegar cerca de donde se encontraba — la señorita Aome volvió para casarse con el señor Inuyasha! ¿No le parece maravilloso? — preguntó, dedicándole su típica mirada tierna.

    Él no dio muestras de pensar o sentir nada… ni siquiera habló. Únicamente los miraba sin parpadear en tanto que los aludidos enrojecieron de pena ante el comentario de la jovencita. Unos segundos después aparentó sonreír sutilmente, como encontrando algo gracioso en la situación, y dirigió la vista hacia la niña, dulcificando su expresión.

    — Lin, — le dijo con su tono habitual de calma — está noche no iremos a ningún lado.

    — ¿Por qué? — parpadeó un poco la pequeña — ¿Es por lo que sucede? — dijo un tanto triste. Sesshōmaru le acarició suavemente la negra cabellera sin quitarle la vista de encima.

    Inuyasha confirmó sus sospechas al escucharla hablar. La niña conocía la verdad de lo que ocurría allá arriba. Aunque, por el momento, sus importantes asuntos habían sido interrumpidos una vez más… por el engreído de su hermano. Recuperó la expresión de molestia habitual y espetó con enojo antes de que el gran demonio le dijera algo más a la jovencita.

    — ¡Keh! ¿No me digas que vas a dormir en la aldea… como un buen perro? — ironizó un tanto molesto.

    Su gran hermano le lanzó una mirada de enfado y hasta centellaron sus ojos con el tono rojizo de monstruo, por un breve instante. Aome abrazó instintivamente a su ahora pelinegro amor, tratando de protegerlo… e indicarle que cerrara su enorme boca.

    — ¡No cabe duda de que lo estúpido…! — decía Jaken cuando recibió un rápido coscorrón de parte de su amo, que le sacó un chichón y lo obligó a guardar silencio.

    — No seas ingenuo Inuyasha. — le dijo un tanto duro.

    Volvió a dulcificar la mirada la ver nuevamente a “su” niña.

    — Si la anciana mujer te permite, dormirás aquí en el bosque con nosotros — recupero su tono de calma.

    — ¿Cómo antes? — se emocionó la pequeña.

    El Inugami confirmó con un leve movimiento de cabeza.

    — ¡Sí! — lo abrazó por las piernas, para después encaminarse por el sendero de regreso a la aldea — ¡Esperadme aquí, no tardo! — y se fue tan veloz como le permitía su kimono.

    Sesshōmaru la vio irse, con el mismo rostro de mármol que acostumbra tener. No se dignó en ver ni una vez más a la pareja y se encaminó un poco más allá, cerca de las raíces del árbol sagrado, para esperar su regreso.

    — Jaken, — habló con gravedad sin ver tampoco al sirviente — ya sabes lo que debes hacer.

    El pequeño demonio se metió entre unos arbustos cercanos. Aome e Inuyasha parpadearon un poco, en realidad se dieron cuenta de que el gran demonio no había tenido intenciones de verlos, a ninguno de los dos. El joven la tomó de la mano con delicadeza para encaminarse también de regreso a la aldea. Ella lo detuvo un instante.

    — ¿Qué pasa? — le soltó un tanto molesto.

    — Espera, tengo que decirle algo a Sesshōmaru — dijo la chica, un tanto indecisa.

    — Sobre… — la miró escrutadoramente.

    — Sobre Lin y su futuro… como sacerdotisa. — contestó y se acercó al Daiyōkai un tanto temerosa — Oye Sesshōmaru… — tartamudeó un poco — ¿te molestaría que Lin… fuera sacerdotisa?

    Por supuesto que el gran demonio había escuchado sus murmuraciones y entendió a la perfección la pregunta. El futuro de la pequeña le importaba, aunque parecía no brindarle demasiada atención. Sin siquiera volver la vista a Aome respondió con absoluta calma y seriedad.

    — Lin es libre de hacer lo que quiera — y ya no dijo ni media palabra.

    Jaken volvió con unas ramitas para una fogata y la pequeña regresaba por el otro lado, cargando una cobija y, al parecer, dos paquetes de sopa instantánea. Aome e Inuyasha tomaron el camino de regreso para topar con ella.

    — ¡Buenas noches señorita Aome! — les sonrió al alcanzarlos — Dormiré con el Señor Sesshōmaru y le daré un poco de la extraña y deliciosa comida que trajo de su época. — señaló los tazones desechables — Pórtese bien señor Inuyasha, y ya no sea tan enojón. — lo miró un tanto severa, y después corrió hacia donde se encontraba el Daiyōkai — ¡Ya estoy lista Señor Sesshōmaru!

    — ¿Mi… comida? — tartamudeó el Hanyō y casi quiere alcanzar a la pequeña, si no es porque la chica lo tomó firmemente de la manga.

    — Inuyasha… — también lo miró con severidad, hablándole en un tono que no admite contradicciones — no vas a pelear con Sesshōmaru por unos simples tazones de sopa, además Lin me los pidió.

    — ¿Le diste mi comida? — preguntó sorprendido, y luego se molestó — ¿Cómo pudiste?

    — Porque Lin es muy dulce y quería regalarle algo a Sesshōmaru. — contestó jalándolo para seguir caminando — No te enfades, si podemos regresar compraremos más. — y ahora lo miró amorosa — Por el momento me parece mejor que descansemos.

    — Si… tienes razón — aceptó, y decidió que lo menos que podía hacer era tomarle la mano, aunque al hacerlo enrojeció por enésima ocasión.

    Ella le sonrió y apretó su mano con firmeza, sin decirle nada más sobre lo que pudo haber pasado antes de que Lin los interrumpiera. Recordando lo dicho por Kikyō decidió no presionarlo sobre el asunto ni obligarlo a nada. No faltaría otro momento para que el joven se explayara.

    Nota: Poor Inuyasha jajaja lo estoy haciendo sufrir de lo lindo… pero comparto su dolor porque yo también sufro con él, pues la confesión debe darse muy pronto y estoy afinando los detalles para hacerla sorprendentemente tierna… y tratándose del Hanyō consentido eso es mucho pedir… sigan disfrutando esta historia que tiene para más, porque después de la confesión nos iremos un tanto rápido para la boda… y otras peripecias de los protagonistas antes de culminar. Sayo y no pierdan detalle de “Un juego por la vida de Naraku”, que sigue con su aire de comedia y otras cosas. Yo y mis loqueras.

    P.D. Van quedando algunos largos y otros cortos porque no quiero dejar fuera algunas cosas con sentido lógico.
     
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