Our Forbidden Love.

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Hyuuga Erina, 13 Julio 2012.

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    Hyuuga Erina

    Hyuuga Erina Entusiasta

    Escorpión
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2011
    Mensajes:
    58
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Our Forbidden Love.
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2702
    Hola a todos, sé que he dasaparecido un tiempo y quiero disculparme... la escuela me tiene muy ocupada u.u.... pondré las contis de mis fics lo antes posible.​
    Bien, he aquí un two-shot para la actividad "una tentación prohibida" http://fanficslandia.com/index.php?threads/actividad-una-tentación-prohibida.27173/#post-543777
    subiré pronto el segundo capitulo, espero que les guste...​
    Our Forbidden Love.
    La vida… no, todo, pero absolutamente todo, es injusto en este mundo. Nuestro trabajo, es intentar que esa injusticia se reduzca, por lo menos un poco. A mí, en lo particular, me gusta mi trabajo, sin embargo... las reglas son muy estrictas aquí en el Cielo. Las reglas, cambian según nuestro rango, por ejemplo, nosotros, los Arcangeles, debemos respetar menos reglas que la mayoria de los otros angeles, sin embargo, todos los rango tenemos una regla en común: La regla numero uno, y la mas importante: Nunca amar a nadie que no sea angel. Ésta regla, es muy simple de entender, pero la verdad es que basicamente, no nos dejan amar a nadie, ni siquiera a los angeles, ya que la regla también implica que que si amamos a algún angel, pero un día ese angel, cae/ deciende a la tierra, debemos dejar de amarlo intantañamente. Es por esa razón que siempre estamos ncentrados en nuestro trabajo, ésa, es nuestra forma de proteger nuestros sentimientos... o eso, era lo que yo quería creer.
    1: Katherine.
    Ese día, me habían asignado una misión, debía bajar a la tierra, y vigilar a una niña... una niña de diez años. Al principio, no quería aceptar tal misión, ya que ese trabajo, era para los custodio, era una verguenza para mí, un Arcangel, tener el trabajo de cuidar a una niña pequeña, ¿Qué sentido tenía esto? Sin embargo, después de horas de negar y renegar, acepté la misión, solo para que se callaran. Al parecer, la niña estaba en peligro, supuestamente, había algo en ella que los demonios querían... y que no la dejarían en paz hasta que la obtuvieran.
    Resignado, bajé a la tierra, era de noche, como las diez, y las estrellas brillaban, y la luna iluminaba la tierra. Volé por un par de calles hasta que encontré la que estaba buscando. Y ví, la casa de la pequeña. Era bastante grande, era de dos pisos, de frente, se veían dos ventanas a los lados de la puerta, y en el piso de arriba, eran cinco ventanas, algunas luces seguían prendidas, y tenía un patio delantero, y uno trasero. Pensé en la información que me habían dado: Un padre, de 30 años. Una madre de 29, y una única hija de 10 años, su nombre era Katherine.
    Atravezé la puerta, y recorrí la casa. Los padres seguían despiertos, mirando la televisión en el piso de abajo. Subí lentamente las escaleras, encogiendo las alas. Y encontré la habitación de la pequeña. Atravezé la puerta con sumo cuidado. La niña se encontraba durmiendo, y la habitación se encontraría a oscuras si no fuera por la luz de la luna que entraba por la ventana. Me qudé sin palabras, mientras la miraba anonado. Tenía el cabello lasio, castaño, su pequeña carita pálida, sus labios bien formados, su pequeña nariz, y sus lidas manitos. Era hermosa... tanto, que por un momento dudé si era un angel. La niña, se movió entre las sabanas. Me exalté, ¿me había oído entrar? No, no era posible... los humanos no podían verme a menos que yo lo permitiera. Por instinto, mi cuerpo se movió, y dió un paso atrás, donde la luz de la luna no llegaba... Ella abrió los ojos lentamente, parpadeando un par de veces, se fortó los ojos, y miró hacia donde estaba yo. Mis ojos, encontraron los suyos... Azules... Como la medianoche, y el Zafíro.
    –¿Mamá? ¿Papá? –pronunció la niña.
    Su voz... era melodiosa... completamente dulce.
    –¿Quién está allí? –preguntó una vez más. –Sé que estas ahí... sal...
    Se le quebró la voz.
    –¿Eres uno de esos monstruos que me persiguen? –dijo temerosa.
    –¿Puedes verme? –pregunté.
    La niña vaciló.
    –¿Vas a hacerme daño? –dijo tartamudeando.
    Negué con la cabeza.
    –No te preocupes, he venido aquí para protegerte. –dije.
    Al verla con tanto miedo, tuve ganas de ir a abrazarla, y decirle que todo estaría bien... pero me contuve. Decidí que sería mejor dejarla dormir, y creer que había sido un sueño. La saludé con la mano, dí un paso hacia delante, y atravesé la ventana volando. Me senté sobre el techo, y esperé hasta la mañana siguiente.
    -o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
    Seis años después...
    Esa mañana fue diferente. No sabría decir en qué sentido, pero sabía que era de alguna manera diferente... me vestí, desayuné y me dirigí al colegio.
    Era extraño... no sentía era rara sensación de que alguien me estaba vigilando. Era un año nuevo... tal vez las cosas estaban cambiando.
    Llegué al colegio, y entré al aula. Me senté en un asiento al lado de la ventana, y esperé a que sonara el timbre.
    Cuando el profesor entró, luego del timbre, nos dió la bienvenida, y nos anunció que teníamos un estudiante de intercambio. Lo trasladaron aquí por asuntos del trabajo de su padre, y que era unos años mayores que nosotros debido a que no había asistido a clases los últimos años por problemas personales. La verdad es que no me interesaba nada de eso... yo solo quería terminar las clases...
    El profesor lo invitó a pasar, alzé los ojos para mirarlo un poco... pero me quedé boquiabierta. Un hombre... de más o menos 18 años... Cabello color azabache, y ojos color ceniza. Medía un metro setenta y cinco aproximadamente. Lo sabía porque me llevaba por lo menos una cabeza. Un físico muy bien formado.... Mi mirada se encontró con la suya. Esa mirada penetrante.... Era demasiado apuesto... pero tenía la sensación de que lo había visto en algún lugar antes... El profesor le indicó que se sentara en el asiento vacio a un lado mío. Me miró, me saludo con un gesto con la cabeza y sonrió.
    –Me llamo Cameron, pero puedes decirme Cam. –se presentó.
    –Katherine. –dije devolviendo la sonrisa. –Puedes llamarme Kathy, todos lo hacen.
    Se quedó pensativo.
    –Kathy… yo creo que prefiero Kate… –dijo en un susurro.
    La forma en la que lo había dicho… simplemente encantador…
    –¿Tu qué opinas? –preguntó.
    –Eh.. si, me parece bien, mientras te guste. –dije sonriendo.
    Se le escapó una pequeña risilla, y yo sonreí de lado.
    El día, pasaba rápidamente. En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba en la puerta del colegio, a punto de salir. Avanzé sin vacilar, como siempre. Caminé un par de cuadras, pero algo me detuvo. “No.. por favor, no de nuevo.” Me dije a mi misma. Sentí un tirón en el estomago, la cabeza me daba vueltas, esa sensación que me quemaba la garganta, agaché en cuclillas. Estaban cerca... lo sabía, cada vez que tenía esa sensación, sabía que ellos estaban cerca. No sabía como, pero siempre me las había arreglado para sobrevivir...
    –¿Estas bien? –una voz conocida se me acercó.
    Se arrodilló junto a mí. Levanté la vista a ver quien era. Lo primero que mis ojos habían captado: Aquellos hermosos color ceniza. Apoyó su mano sobre mi hombro. Su contacto me tranquilizaba, me hacía sentir segura, por más de que supiera de que no era así. El dolor, y el mareo, se fueron retirando. No entendía porqué no me habían atacado como siempre lo hacían. ¿Era por la presencia de aquel misterioso hombre?
    –¿Te encuentras bien? –preguntó.
    Asentí levemente. Él me ayudó a levantarme.
    –Gracias. –dije casi en un susurro.
    Él sonrió. Ese gesto... con tan solo ese gesto me había derretido. ¿Porqué me sentía así? Acababa de conocerlo, no podía haberme enamorado tan rápido. Pero no podía negar que el me atraía... ciertamente, me atraía...
    –¿Qué te pasó? –preguntó.
    Vacilé. ¿Debía decirle? No estaba segura de que me fuera a creer. Es más, tal vez pensaría que estaba loca. No, dfinitivamente no quería que el pensara eso de mí, pero había algo... que no me dejaba mentirle... algo que me decía que podía confiar en él. Me ayudo a sentarme en una banquilla que estaba allí y se colocó a mi lado.
    –Me... yo.... –tomé aire. –Me estaban persiguiendo otra vez.
    Para mi sorpresa el no cambió su expreción. Seguía inmutable.
    Ellos...Siempre que ellos se acercan a mí, siento un tiron en el estomago, y que se me quema la garganta... –dije.
    –¿Quiénes? –dijo serio.
    –Yo... sonará tonto....–dije.
    Me sujetó de los hombros, obligándome a mirarlo a los ojos...
    –Dime... –dijo.
    Su tono no era frío, ni mucho menos. Pero había seriedad en su voz, pero a la vez era dulce, con un toque de ternura.
    Los Demonios... –dije susurrando.
    Nunca lo había dicho en voz alta. Si, los demonios me perseguían, pero nunca se lo había dicho a nadie.
    –¿Desde cuando? –siguió preguntando. No parecía haberle importado lo de los demonios. Aún no me había soltado, nuestros rostros se entontraban a menos de diez centimetros de distancia.
    Lo pensé un momento.
    –Desde que tengo conciencia...–dije. –Mis padres me hicieron estudios, pero nada. No sabía por que me ponía así, solo yo. Nunca pensé en decirles, pero no me creerían. Al cabo de un tiempo, dejé de sentirlo tan seguido, y fingí que ya no me pasaba para que mis padres no se preocuparan más.
    Se sorprendió ante mi respuesta. Me soltó despacio, se acercó a mi rostro y me besó la frente.
    –Eres muy valiente...–murmuro.
    No me moví, su acto anterior me había dejado sin habla. No sabía como reaccionar a ello. Él notó eso, y se le escapó una pequeña risilla. Me sonrojé.
    –Lo siento, ¿Te asusté? –dijo sonriendo.
    –Eh-eh, no... más bien, me sorprendiste... –dije tartamudeando.
    Seguímos juntos el resto de la tarde, conversamos, y me invitó a tomar algo en la cafetería que estaba cerca. No lo rechazé, quería estar un poco más con él. Me hacía sentir bien, cómoda, segura... no lo sé.
    Después de eso, nos seguimos viendo, y empezabamos a salir todos los días después de la escuela. Y quedabamos en algún lugar el fin de semana. Las sensaciones disminuyeron mucho en su presencia, y sentía curiosidad. ¿Tenía Cam algo que ver con eso? No... o por lo menos, eso pensaba.
    Había mucho que no sabía de él, sin embargo, él ya sabía todo de mí. Quería saberlo... quería saberlo todo de él.
    –¿Sabes? –dije un día. –Las sensaciones han parado desde que empezamos a... salir.
    Estabamos sentados en el pasto del parque.
    Me miró un segundo, pero desvió la mirada de imediato.
    –¿Ah sí? –dijo. –Entonces no te volveré a dejar sola.
    Acto seguido, me rodeó con un brazo y me atrajo a su costado.
    –Gracias... –murmuré.
    Lo sabía. Ciertamente lo sabía. Sabía que había algo que él me estaba ocultando.
    Estaba en mi cama, no lograba conciliar el sueño, pero mantenía los ojos cerrados. Sentí una presencia y cuando abrí los ojos, una figura se encontraba en mi habitación. Una figura musculosa, con el torso descubierto, unos pantalones negros, y los pies descalzos, su cabellera oscura... no, azabache, y sus ojos... el cielo antes de la lluvia... la ceniza que queda de un volcán. Era él, no cabía duda, era Cam. Sin embargo, había algo distinto... Algo se extendía por su espalda, pero no lograba distinguir bien qué era, tenía figura irregular... y sobresalían cosas como puntas.... Plumas. Fue lo que mis ojos captaron.
    –¿Cam? –llamé.
    –¿Puedes verme? –preguntó él.
    Asentí. Él se acercó de a poco, permitiendome ver lo que se extendía de su espalda.
    Alas. Alas grandes y blancas. Una palabra vino a mi mente: Ángel.
    –Eres un ángel. –afirmé.
    El asintió con una sonrisa.
    –Kate... Quería decirtelo... pero no sabía como. Espero que puedas perdonarme. –dijo.
    Le hice un gesto para que se sentara en la cama, y así lo hizo.
    –Te perdono... –dije con una sonrisa.
    –Gracias. –dijo. –Ahora, déjame explicarte porqué estoy aquí.
    Asentí.
    –Soy un arcangel, hace seis años me enviaron aquí a la tierra por una misión. –comenzó. –Tenía que cuidar a una pequeña de diez años. Al principio me negué. No entendía porqué un arcangel como yo tenía que hacer el trabajo de un custodio, pero al final, acepté. Cuando llegué a la casa de la pequeña, ella ya estaba durmiendo. Fuí a su habitación a verla, y me llevé una gran sorpresa. La pequeña era preciosa, y por un momento pensé que era un ángel. Pero no fue lo único que me sorprendió, la pequeña niña podía verme. Algo que los humanos comúnes no podían hacer si yo no se los permitía. Supe en ese momento que esa niña era especial. La ví crecer, y me enamoré por completo de ella.
    Parpadeé. Un pequeño recuerdo vino a mi mente. Hace seis años... había alguien en mi habitación esa noche... pero lo pasé pro alto, pensando que era un sueño...
    Cam se hacercó a mí, dejando un escaso espacio entre nosotros, acercó su boca a mi oído.
    –Esa hermosa niña eres tú, Kate... –susurró en mi oído.
    No me moví. Podía sentir su respiración... Si, ciertamente me había enamorado de el.
    Movió su cabeza, y chocó su frente con la mía. Obvservé sus ojos... esos hermosos suyos...
    Borré la distancia entre nosotros, y uní nuestros labios. Al principio, un simple roce, pero luego, Cam me correspondió el beso. Era un beso apacionado, sentía la sed de sus labios, como si hubiera esperado mucho para hacerlo. Nos separamos por la falta de aire.
    –No sabes cuanto he esperado para hacer esto... –susurró, casi como leyendo mi mente...
    Me besó otra vez. Me sentía felíz, satisfecha. Pero había algo que faltaba... ¿Porqué razón yo era especial? ¿Qué cosa en mí me hacía diferente? ¿Porqué me perseguían los demonios?

    Continuará...
     
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    Asdfghjklñ

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    Escritor
    Saludos C:

    Bueno, empezaré diciendo que me pareció bueno, no digo que esté genial porque no me gusta lo romántico, pero a una persona que si le guste ese genero tal vez te diga que le encantó.

    Bien C: comenzaré con lo técnico:

    ~Separa un poco los diálogos, se ve todo muy junto.

    ~Te faltaron muchas tildes y a veces las colocaste donde no debían ir.

    ~Algunas veces escribías mal las palabras o en desorden; también alcancé a ver una palabra repetida.

    Te recomiendo utilizar Word o solicitar un Beta C:
    Ya que esto es para una actividad te deseo suerte.

    Ánimo y sigue mejorando.
     
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