One-shot Ojos Opacos [Rachel || BTOOOM!]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Zireael, 16 Julio 2019.

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    Zireael

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    Título:
    Ojos Opacos [Rachel || BTOOOM!]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
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    1
     
    Palabras:
    1893
    Oh shit, here we go again.

    Liza White QUÉ HE HECHO. ME QUEMA, ME LASTIMA.









    Ojos Opacos








    Vacío, opaco, muerto.

    Azul.

    La mirada de la joven estaba clavada en la nada de la habitación, pintada del mismo color de sus ojos, en un tono tan suave que recordaba al blanco.

    Había tenido que reñir con el muchacho que conducía aquel juego terrible con tal de permitirle a la ganadora un privilegio que nadie más había tenido nunca y que probablemente nadie volvería a tener; pero después de todo no era más que una niña, una que estaba allí por la muerte de otras dos jovencitas, por la fiera batalla que había dado su defensora y el sacrificio de un gigante de la KGB.

    Cuando la chica había sido traída al hospital más muerta que viva, traía consigo un aparato electrónico, que seguro había permanecido apagado hasta minutos antes de la batalla final.

    Cuando el médico revisó los contactos del móvil lo vio, el contacto que se diferenciaba de todos los demás por un emoji de corazón.

    "Mamá ❤️".

    La saliva se le tornó amarga en la boca.
    Si su hija que había desaparecido fuera llevaba a un hospital privado luego de casi morir, ¿él querría que alguien lo llamara y le dijera que podía verla?
    Sí. Incluso accedería a guardar el sucio secreto con tal de verla.

    El niño que se las jugaba de Dios le dijo que aquel no era el contacto de la madre de Rachel, sino de la de Akaisa, la que había luchado con uñas y dientes para asegurar la supervivencia de la rubia. El aparato era de la joven y esta se lo había entregado a la menor, adelantándose a los hechos. Le había dicho, además, que traer a Hailee no tenía objetivo alguno y rompía con sus propias reglas, sin embargo, su insistencia y el hecho que la muchachita no tenía más que dieciséis años de alguna forma lo hicieron ceder y aceptar que Hailee Akaisa tuviese acceso al hospital luego de firmar todos los contratos necesarios.


    —¿Hola? ¿Señora Akaisa?


    —¿Sí?


    —¿Ya el joven habló con usted?



    —Sí, señor. —Notó entonces su voz gangosa, debía haber llorado durante horas.


    —Lamento mucho lo ocurrido con Katrina.


    —No me dé el mismo discurso falso que me dio él.


    Guardó silencio. No quería siquiera pensar siquiera en todo lo que el mocoso le había dicho, con ese maldito tono condescendiente, y todo a lo que ella había accedido al saber cuál había sido la última voluntad de su hija.


    —¿Le contó de la chica? —Escuchó un sonido de aprobación del otro lado del teléfono—. Katrina entregó su vida por la de ella, señora Akaisa, y sé que eso no vale de nada para usted porque ha perdido a su niña para siempre pero creo que confiaba en que usted pudiera hacer algo ella o que ella pudiera hacer algo por usted.


    —Kat siempre estuvo dispuesta a entregar su vida para salvar a quienes amaba.


    —¿Cree que amaba a Rachel? —La escuchó sorber la nariz.


    —Se lo aseguro. ¿Cuándo podré ver a la niña?


    —En un par de semanas, luego de que esté estable y de todo el papeleo que imagino usted debe llenar.


    —Está bien.


    —Señora.


    —¿Qué? —El tono tosco de su voz le recordó a lo poco que había visto de Katrina en los monitores.


    —Tengo una hija. —Suspiró con pesadez—. Y fui quien hizo lo posible para que pueda ver a Rachel, como quería Katrina, así que de verdad lamento su pérdida. Era… había algo especial en ella, lo vi cuando defendió a Ray.


    No le dio tiempo de responder y cortó la llamada.


    Los días pasaron y aunque el cuerpo de la rubia se recuperaba, el gran fragmento de su mente que se había aferrado a Katrina y Alexander se negaba a regresar. Cumplía con sus necesidades básicas mecánicamente, bajo las órdenes de otros, pero nada más.
    Tenía terrores nocturnos prácticamente cada noche, de los que era difícil sacarla, y cuando lo lograban la niña se consolaba a sí misma tarareando una melodía, con los ojos opacos clavados en ninguna parte.


    —¿Cómo está la niña? —Hailee Akaisa tenía el rostro marcado por oscuras ojeras, pero aún así sus ojos heterocromos, la silueta de su cuerpo y prácticamente todo en ella recordaba a Katrina. Su voz… incluso su voz era parecida.


    —Ha sanado bien, bueno su cuerpo lo ha hecho, pero es como si la hubiesen desconectado de sí misma. No ha hablado desde que fue traída aquí.


    —¿Cree que haga alguna diferencia el que yo esté aquí? —La mujer se ajustó el abrigo, a pesar de que no hacía frío.


    —Quiero confiar en los deseos de Katrina —admitió mientras extendía hacia Hailee el teléfono celular de su hija—. Habían algunas fotos, imagino que querrá conservarlas.


    La mujer tomó el objeto, lo desbloqueó y abrió la galería. Fue recibida por fotografías de los últimos trabajos de Katrina y algunas fotos con sus dos amigas.
    El cabello teñido, corto como desde hace años, la ropa oscura, pero los ojos, sus ojos dispares de gatito y su sonrisa. Era su Kat, sin importar que tanto hubiese intentado cambiarse a sí misma, era y siempre sería su Kat.

    Los ojos se le humedecieron, murmuró un débil gracias antes de guardar el celular en su bolsillo y abrió la puerta de la habitación por fin. En la camilla estaba una muchachita delgada, con la vista puesta en la ventana; el cabello dorado caía en direcciones aleatoria sobre su espalda, y en el reflejo que le regresaba el cristal Hailee pudo ver sus opacos ojos azules, como uno de los ojos de su Kat.

    Era una versión de Katrina aún más menuda y con el cabello largo de su color natural. Por un momento, casi pudo suponer por qué su hija había acabado acercándose a ella.


    —¿Rachel? —La llamó mientras avanzaba lentamente hacia ella. El tono de su voz hizo que la aludida diera un pequeño respingo que casi pudo pasar desapercibido—. Ray, hola.


    Se sentó en el borde de la cama y observó su reflejo junto al de la joven. Azul y gris.
    Notó como la mirada opaca de Rachel se deslizaba a su reflejo y algo que le pareció sorpresa apareció fugazmente en sus ojos.


    —Kat. —Su voz sonaba pastosa, como si acabara de despertar, y era un murmullo apenas audible. Su cuerpo se giró lentamente hacia la mujer a su espalda, hasta que encontró su mirada dispar, y sin aviso alguno sus delgadas manos se posaron sobre las mejillas de Hailee, quien se congeló en su lugar—. Kat… había tanta sangre, tanto ruido, tantos gritos y polvo… Tú… ellas, ellas te llevaron al otro lado de la desembocadura, donde estaba papá… todos desaparecieron allí y me dejaron. Me dejaste.


    Con cada palabra los ojos de Rachel recuperaban su brillo, el brillo acuoso de la profunda tristeza, del llanto, y su voz se entrecortaba cada vez más porque amenazaba con estallar en cualquier momento.

    Hailee tomó sus manos entre las propias, llenas de profundas cicatrices que al igual que su hija ella misma se había provocado en las últimas semanas y las últimas horas, tragó grueso para evitar ser ella quien rompiera a llorar.


    —Cariño, no soy Kat. —Una risa ronca surgió de su garganta y apretó suavemente las manos de Rachel—. Soy Hailee, su madre.


    Los recuerdos se arremolinaron entonces en la mente de la muchacha, que hasta ese momento parecía haber estado apagada. Ella matando a un hombre, corriendo a través del bosque con un maletín, arrojándose a los brazos de Katrina para ser consolada por su cariño, siendo cargada por Alexander, comiendo con ambos, Katrina dándole su celular y diciéndole que hablara con su madre, ambas internándose en la cueva.
    Sangre, humo, polvo, agua. Muerte. El inerte cuerpo de Kat sobre su regazo.

    Un dolor punzante le atravesó el pecho y se llevó las manos a la cabeza, enredándolas entre su cabello mientras se rendía por fin al llanto. Lloraba a gritos, ahogándose con sus propias lágrimas y tiraba de su cabello con fuerza, como si de alguna manera quisiera arrancarse las imágenes que se repetían una y otra vez en su memoria, como si quisiera arrancar el recuerdo de Alexander de ella, el de Katrina, el de sus padres. Todos. Quería quedar en blanco y morir de una vez.

    A Hailee el corazón se le hizo diminuto en el pecho por incontable vez en la vida y vio en la colapsada Rachel una versión pasada de su hija. No podía llorar con ella aunque lo deseaba y como tantas veces había ocurrido, respondió a sus instintos. Envolvió a la niña entre sus brazos, atrayéndola a su regazo, y aunque se revolvió sin dejar de gritar, se negó a soltarla como tantas veces se había negado a soltar a Katrina. Acarició su cabellera dorada y su espalda, apoyando su mentón en su cabeza, y cuando los gritos mermaron aunque su llanto no se detenía, empezó a entonar la nana que su hija había tarareado tantas veces en la isla, para consolar a Rachel e incluso para consolarse a sí misma.

    El llanto se volvió silencioso y la chica se dejó envolver por la calidez que el pecho de Hailee le ofrecía, la misma calidez que había en los brazos de su hija, de su hermana mayor y dejó que la melodía apaciguara su mente, dejándola con su profunda tristeza.


    —Quiero que me regresen a Kat. —Era una súplica que sonaba ahogada por el llanto—. Regrésenme a Kat, tráiganla de regreso.


    —Oh cielo. —Un par de lágrimas se le escaparon por fin y fueron a parar sobre el cabello de Rachel, a quien abrazó con más fuerza—. Yo también quiero a mi bebé de regreso, pero no es posible. Ella no puede volver, pero de seguro está en un lugar bonito y tranquilo.


    —¿Con papá? —El médico le había explicado quién era ese padre a Hailee. Su corazón se hacía pedazos con cada palabra que surgía de Rachel, esa era la verdad.


    —Sí, cielo, de seguro está con él. —El rostro se le deformó por el esfuerzo que hacía para evitar llorar—. Deben estar juntos y no quieren verte mal, Ray, por eso hicieron lo que hicieron. Ahora yo estoy aquí, ¿de acuerdo? Y no te dejaré sola.


    El llanto de la niña volvió a intensificarse y esta vez Hailee no pudo contener el suyo, se abandonó a él, aferrándose con fuerza a la jovencita que tenía en brazos y permanecieron así por lo que pareció una eternidad.


    —Rach —murmuró la muchacha cuando el llanto le dio tregua—. Kat me llamaba Rach.


    La madre de Katrina reparó en el collar que le rodeaba el cuello a Rachel, su collar de cuarzo.
    De Hailee a Kat, de Kat a Rach, de Rach… a Hailee.


    —Rach será entonces. —Depósito un beso sobre su cabeza.


    —Kat te amaba —murmuró sin ser capaz de elevar la mirada a los ojos heterocromos de la mujer que tanto le recordaba a su hermana mayor, dispuesta a comunicarle el último mensaje que esta le había encomendado—. Te amaba con todo lo que era y eso… eso era demasiado.
     
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    Hygge

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    NOOOOO NO PUEDE SER MI CORAZONCITO NO PUEDE CON ESTO AAAAAAAA. POR QUÉ MELY, POR QUÉEE.

    Like omfg, recuerdo lo que me dolió el post de Katrina cuando le pidió que llamase a su madre en caso de que no sobreviviese, no quise que se me pasase por la cabeza esa idea porque me dolía muchísimo imaginar a la pobre Rach completamente sola, muerta en vida. Pero hela ahí, tal cual me la imaginaba, completamente vacía pero asegurándose de cumplir con sus necesidades por su familia, a pesar del dolor inimaginable que tiene que estar pasando. Lo mismo va para Hailee, perder a tu hija de esa forma debe ser horroroso, y tener que hacer de tripas corazón para cuidar a la pequeña que su hija amaba tanto ya ni te digo. Al menos se tienen la una a la otra, no habrá otra persona que las comprenda mejor </3

    Ay, cómo un rol puede darnos tanto sufrimiento y tantas cosas soft a la vez mira yo no puedo. Fue super bonito el detalle del collar, volvió a su dueña después de todo <//3 Estoy segura de que de alguna forma Rach llenará una ínfima parte del hueco que dejó su hija, al igual que Hailee, y así al menos podrán sobrellevar lo que les quede bc qué duro todo.

    Me encantó leerte como siempre pero si me disculpas voy a por pañuelos porque yA NO VEO LO QUE ESTOY ESCRIBIENDO *shora*
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado that's that me espresso

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    Tiene que ser muy duro para una madre perder a su hija de esa manera, ser incapaz de despedirse de ella como es debido y encima visitar a la persona que sobrevivió gracias a ella. Así que la verdad, debo decir que Hallie ha sabido controlar eso y consolar a Rachel, sabiendo que ella también lo estaría pasando mal porque haber visto morir a su "familia" debe haber sido duro.

    La escena en la que Rachel confunde a la madre con Kat y empieza a contarle lo que pasó omg, me rompe el corazón en mil pedazos. A la pobre la va a costar mucho superar un trauma como este, y la escena en la que prácticamente tiene un mental breakdown y Hallie acaba consolándola pero también llora es... en serio, mi corazón.

    En parte me alegra que no haya ganado ninguno de los tres porque hubiera sido muy duro para ellos saber que sobrevivieron a costa de los demás, aunque sepa que han muerto y eso es terrible, pero you know. Si esto hubiese pasado, hubiese dio muy duro de leer y escribir, yo creo.

    So yeah, otro gran fanfic por tu parte, ni me voy a sorprender porque escribes precioso uwu Seguiré leyendo lo que hayáis escrito de BTOOM porque aunque no haya seguido el rol, leeros es un placer.
     
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