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Nunca es tarde para empezar un nuevo juego

Tema en 'Relatos' iniciado por Kagamine Yoko, 1 Agosto 2012.

  1.  
    Kagamine Yoko

    Kagamine Yoko Guest

    Título:
    Nunca es tarde para empezar un nuevo juego
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    877
    Era diciembre, iba paseando por las frías calles de mi ciudad, al alzar la vista observaba como pequeños copos de nieve caían lentamente rozando mi triste rostro, sin saber porque me encontraba andando sin rumbo, sin pensamientos, mis ojos estaban teñidos de dolor y entelados por aquello a lo que llamamos lagrimas, acababa de romper con la persona que más he querido en toda mi vida, mi primer amor, y ahora me sentía engañada, al recordar esa escena mi corazón palpitaba rápidamente, estaba furioso a la vez que desolado, no entendía de razones, ni tampoco de porqués, en unos segundos, en una miserable noche, esa persona, esos deliciosos labios eran dueños de otra mujer, esos labios tiernos, dulces, que me habían consolado tantas veces, que me habían dado fuerza, ahora eran los causantes de mi irremediable dolor.
    Perdida en mis pensamientos, termine, sin saber cómo, en la playa, observaba como grandes olas chocaban con la fría arena, llenas de furia, como si estuvieran guiadas por el odio, como si una fuerza inexplicable las arrastrara hasta el inmenso mundo del rencor. Cerré los ojos con la esperanza de poder huir, aunque solo fuera unos segundos, de ese temible lugar, de ese putrefacto recuerdo y unirme con el silencio. Mis piernas no me respondían, no me querían hacer caso, y con las fuerzas perdidas, se temblaron y eso provoco que mi pálida piel sintiera la frialdad de la arena, la misma que había en mi corazón, y sin entender, lagrimas inundaron mis ojos, empecé a gritar como una loca, sin miedo ni temor a que nadie me oyera, solo quería que aquellos últimos seis meses desaparecieran de mi vida, poder olvidarlos, poder tirarlos de la misma forma en que uno lo hace con sus apuntes cuando termina el año escolar. El amor simplemente es un recurso para no sentirse sola, no más bien yo lo utilice para este objetivo, sin estar enamorada empecé con alguien por el simple hecho de que mi vida se había vuelto monótona y aburrida, y decidí jugar con ese ingenuo chico, de ojos marrones avellana y de pelo rubio, y así el tiempo iba transcurriendo, avanzando, y cuando creía que controlaba el juego, que yo era la ganadora, simplemente perdí, caí en la mayor tentación de todas, enamorarme, ridículo, me enamore de mi propio juego, y aun es más penoso, llorar y sentir dolor por esa partida que empecé tiempo atrás, idiota, perdedora.
    ¿Cuánto tiempo habrá pasado? No lo sé, quizás minutos, o tal vez horas. De repente alguien acarició mi fría mejilla, puede que por un momento haya notado mi dolor, abrí los ojos, lentamente, y ante mí había una figura, al principio era borrosa, y después, poco a poco, la iba reconociendo, su pelo largo y oscuro, sus ojos azules, y esa sonrisa que durante todo este ultimo año fue una de las mayores cosas que más feliz me hizo sentir, sin poder evitarlo, me lance a sus brazos, llorando como una niña de cinco años, gimiendo de dolor, ella me comprendía, me abrazaba, me daba consuelo, me hacía ver que en este mundo hay un pequeño lugar reservado para mí, y que se encontraba a su lado, siendo inevitablemente y condicionalmente su amiga, su mejor amiga. Y así estuvimos, tiempo, mucho tiempo, hasta que se hizo oscuro, ni una palabra, ni un sermón, ninguna palabra de consuelo, solo estábamos ella y yo, observando el furioso mar, la oscura noche, y las pequeñas estrellas que habían apareciendo, y de repente, de la nada, sus labios pronunciaron:
    -Nunca es tarde para empezar de nuevo el juego.
    Y así las dos nos quedamos mirando, en sus ojos azules se veía reflectado mi penoso rostro, y me di cuenta de que yo no soy de las que se rinden ante una dificultad, y sin saber exactamente el porqué, las dos empezamos a reír desmesuradamente, en esa playa donde horas antes reinaba el simple sonido de las olas, ahora estaba acompañado por nuestras risas escandalosas, que mostraban que nunca, el mundo podría con nosotras dos.
    -¡Mama, mama, mira que mariposa más linda!
    Entonces me puse a la altura de la pequeña de ojos verdes y le sonreí, en esa mirada se veía reflectada su inocencia y sus ganas de vivir, en mi mente era consciente de que esa pequeñita tendría que afrontar muchas dificultades, pero sé que en cada uno de sus problemas ella lo solucionaría a su manera, algo que me inspiraba mucha confianza en ella, esa pequeña niña. Entonces cogí la mano de mi hija, y observe a ese hombre que estaba a pocos metros de nosotras, tenía una hermosa sonrisa y el pelo revuelto, se me acerco lentamente, conté 3,2,1, y ya está, saboree el hermoso sabor del juego que muchos nombran amor, un sabor que nunca voy a aborrecer, simplemente soy adicta a él, y fue entonces cuando la vi, entre los árboles, con su sonrisa divertida, se encontraba ella, mi mejor amiga, a la amiga que hace 3 años, delante de su tumba le prometí: Cueste lo que cueste voy a empezar de nuevo ese juego, porque alguien me dijo que nunca es tarde para hacerlo, nunca es tarde para empezar un nuevo juego.

    Espero que les haya gustado y opinen :D
     

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