Historia larga No necesitamos decirlo

Tema en 'Novelas' iniciado por Borealis Spiral, 27 Diciembre 2016.

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  1. Threadmarks: Escena XI
     
    Borealis Spiral

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    Amistad
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    28
     
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    2130
    ¡Hola de nuevo! Aquí trayendo la siguiente escena de esta historia sin pies ni cabeza xD
    Agradezco enormemente a las lindas personistas que se toman el tiempo de leer y dejarme sus sellitos como son el caso de Leintni RousshLin y Aome fanfics ¡Muchas gracias su apoyo singifica mucho!
    A los demás que se pasan a leer de forma anónima, también se los agradezco. Sin mucho más que decir, aquí el capítulo de hoy, el que es bastante... hogareño, diría yo xD ¡Disfruten!

    Escena XI

    Abril estaba en el comedor de su casa e intentaba hacer los cuestionarios de repaso que le habían dado a la clase para los venideros exámenes del primer bimestre de la próxima semana. Su madre estaba en su estudio, organizando un trabajo que su patrón le encargó para mañana y por eso no la podía ayudar; aunque en realidad Abril quería resolverlos ella y ya después que su madre la ayudara a estudiar. Sin embargo, no podía concentrarse del todo; leía el libro de Historia, respondía una o dos preguntas y luego garabateaba en los bordes del cuaderno y del libro algunos bocetos de la Fruit Band. Eso hacía precisamente ahora.

    —Y luego Abi dirá que los príncipes azules sí existen —susurró para sí misma en lo que escribía el diálogo para la fresa del grupo. Sonrió satisfecha con su trabajo, hasta que recordó que no era lo que debía estar haciendo—. Ouh no, lo hice otra vez. No puedo distraerme así. Vamos, Abril, concentración.

    Se dio unas palmaditas en las mejillas para espabilarse y luego retomó su actividad, sus ojos llenos de determinación y el lápiz en la mano. Leyó tres párrafos más y su mente empezó a divagar otra vez.

    «Me pregunto cómo estarán los demás con las pruebas que vienen. Apuesto a que también están estudiando mucho». Sonrió al recordar a sus amigos. «No creo que sea tan malo para Abi y Beky, pero seguro que César tiene que estudiar duro como yo… ¡Exacto! Como yo. Estudiar, estudiar».

    Sacudió la cabeza para despejar los pensamientos y volvió a dirigir su mirada a las letras. Cinco minutos después.

    «Me pregunto si Emi también estará estudiando. Seguramente no, es tan listo. Aunque puede que sí. No puede saberlo todo con sólo las clases, ¿o sí?».

    Golpeó la mesa con el borrador del lápiz, ansiosa, antes de levantarse e ir a la sala para tomar el teléfono y marcar un número. Esperó a que atendieran.

    —¿Diga? —respondió la monótona voz de su amigo.

    —¡Emi! ¿Qué tal? —saludó ella con exceso de entusiasmo.

    —¿Qué quieres? —interrogó él, malhumorado.

    —Ouh, sólo llamaba para saber cómo estabas.

    —Nos vimos hace rato, ¿cómo crees que sigo desde entonces?

    —Ah… Pues… ¿Bien?

    —¿No deberías estar estudiando para el examen que viene?

    —¡Ya lo sé que tengo que estudiar! —se defendió ella, frustrada—. ¿Por qué me llamaste, Emi? Me distraes.

    —¡Tú fuiste la que me llamó a mí! —rebatió él, fastidiado—. Y tú te distrajiste sola.

    —Ya lo sé —confesó ahora, desesperada—. Emi, no me puedo concentrar y no quiero reprobar otra vez. ¿Qué hago?

    —¿Cómo quieres que lo sepa? —se exasperó el niño.

    —¡Ah! Ya sé. ¿Por qué no voy a tu casa y me ayudas? Quizás puedas evitar que me distraiga.

    —Olvídalo. —Fue su cortante respuesta.

    —Pero… —lloriqueó, agobiada.

    —No puedes venir. Voy a salir. Me voy.

    —Espera…

    No esperó; le colgó. Abril miró el aparato con profundo pesar; ahora debía encontrar otra manera de no distraerse.

    —¿Hija? —Su madre hizo acto de presencia—. ¿Qué haces? ¿No estabas haciendo tarea?

    —Perdón —se disculpó colgando el teléfono, yendo de nuevo al comedor—. Pensé que podía pedirle ayuda a Emi.

    —Abril. —Su progenitora la miró con seriedad pero cariñosa—. No debes molestar tanto a Emilio. Un día de estos harás que se canse de ti. Él también tiene cosas qué hacer, ¿sabes?

    —Sí, lo sé. Lo siento —volvió a disculparse, abochornada.

    —Si necesitas ayuda, siempre puedes pedírmela, hija —se ofreció la mujer, sonriente.

    —Pero estabas ocupada.

    —Es cierto, pero el trabajo puede esperar un poco. Tú siempre vas a ser mi prioridad. Vamos, veamos qué podemos hacer con esa tarea tuya.

    La adulta iba a tomar asiento a un lado de su hija cuando escucharon unos toques en la puerta, por lo que fue a atender.

    —Oh Emilio. Qué sorpresa —exclamó al ver al niño, quien raramente los visitaba—. Lo siento, pero deberás saber que ahorita mismo Abril está algo ocupada con la tarea.

    —Sí, lo sé —respondió él, educado—. Vengo a ayudarla.

    —Emi. —Abril salió de detrás de su madre, asombrada de verlo allí—. ¿Qué haces aquí? Dijiste que saldrías de casa.

    —Y no mentí. ¿O qué? ¿Me ves en mi casa o algo? ¿Cómo habría venido aquí si no hubiese salido en primer lugar? —dijo él como si fuera la obviedad más grande del mundo, cruzándose de brazos y arrugando el entrecejo.

    —Emi. —Abril sintió que los ojos se le aguaban de la emoción.

    —No hagas tanto escándalo, no es la gran cosa —la regañó él—. Ya te he dicho que te ves fea cuando lloras. Y es Emilio, no Emi. Además, dijiste que no sacarías ningún cinco este año y para cumplir eso vas a necesitar toda la ayuda que se pueda.

    La madre simplemente rio por lo bajo, divertida y enternecida de ver el intercambio de palabras de los chicos. La amistad era algo maravilloso y más cuando era una tan fuerte.

    —Bueno, ya que Emilio está aquí para ayudarte, volveré al trabajo. Emilio, siéntete como en casa y si necesitan ayuda no duden en llamarme, ¿de acuerdo?

    —Sí. —Los dos muchachos asintieron y ella pudo irse a trabajar.

    —¿En qué estás? —Quiso saber el rubio sentándose en la silla donde había estado sentada Abril.

    Historia. Debo responder el cuestionario guía para la prueba. —Ella se sentó a su lado.

    —Mmm. —Emilio le dio un vistazo a las preguntas contestadas—. Has hecho once de diecisiete. No está mal.

    —Gracias, pero no sé si todas están bien y aún me falta responder el de Geografía y por hoy son los únicos.

    —Entonces empecemos de una vez.

    —¡Sí!

    Los dos comenzaron a trabajar; Emilio ayudando a Abril cuando se trababa en algo o se distraía y corrigiéndole las preguntas que estaban mal contestadas para que volviera a buscarlas, ahora prestando más atención; lo bueno era que los cuestionarios guías de todos los grupos eran básicamente los mismos. Hicieron lo mismo con el cuestionario de Geografía y para el momento en el que terminaron todo, el padre de Abril arribó a su hogar al empezar el crepúsculo.

    —¡Hao! —lo saludó Abril al verlo, sonriente, alzando una mano a la altura del rostro muy al estilo apache.

    —Hao —respondió el hombre, risueño, imitándola y luego detalló a Emilio—. Oh, una visita en la tribu. Hao, pequeño.

    —Hola. —Emilio cabeceó.

    —Así no, Emi —lo reprendió Abril—. Debes hacerlo igual que los indios.

    —Ella tiene razón —concordó el padre—. Los visitantes deben integrarse a las costumbres de la tribu. Es fácil, sólo levanta la mano y di “hao”. Trata.

    El característico tic en la ceja amenazó por aparecer, pero Emilio intentó tranquilizarse; no podía ser grosero con el padre de Abril. Levantó la mano, dudoso.

    —H-ha-hao —tartamudeó inseguro y avergonzado, sobre todo cuando oyó la risita de Abril, haciendo que le dedicara una mirada asesina. Ya recordaba por qué no solía ir a casa de su amiga.

    —¿Lo ves? Sencillo, ¿verdad? —lo felicitó el adulto, orgulloso.

    —Bienvenido, Aristeo. —Su esposa apareció por el pasillo.

    —Ya vine. —Fue su réplica, dándole un beso en la mejilla y luego volvió su atención a los jóvenes, mirando directamente a Emilio—. ¿A qué se debe tu visita el día de hoy, pequeño?

    —Ah, Emi estaba ayudándome con los cuestionarios para los exámenes de la semana que viene —informó Abril, feliz.

    —Eso está muy bien —consintió Aristeo, ahora regresando su interés a su esposa—. ¿Qué hay de comer, Lola? Muero de hambre.

    —Ya te recaliento algo. Ve a lavarte las manos, anda —le pidió ella y él obedeció, por lo que ahora se dirigió a los muchachos—. ¿Quieren que les prepare algo de cenar?

    —¡Sí, porfa! —se apresuró a aceptar Abril, hambrienta.

    —No quiero molestar —se excusó Emilio, cohibido.

    —No es ninguna molestia. —Lola le sonrió con amabilidad—. Tu abuela se encarga de alimentar a Abril muchas veces; es lo menos que puedo hacer para devolverle el favor. Además, necesitas un premio por tu buena acción de ayudar a Abril con su tarea, así que anda, con confianza.

    —Está bien, gracias —cedió él, agradecido.

    —De nada. ¿Algo que se te antoje en particular? —indagó la mujer.

    —Lo que sea está bien.

    —Muy bien. ¿Y tú, Abril? ¿Qué quieres?

    —Quesadillas con jamón —demandó la chica.

    —¿Está bien si te hago lo mismo, Emilio?

    —Claro.

    —Perfecto. Quesadillas serán.

    —¿Podemos ver la tele? —preguntó Abril, deteniéndola antes de que se fuera.

    —¿Ya terminaron toda la tarea? —Fue la interrogante de Aristeo, quien reapareció en el comedor, escuchado la solicitud de su hija.

    —Todita, todita —avaló Abril, segura.

    —Entonces sí, pueden verla —otorgó el amo, dueño y señor de todo, tranquilo.

    —Gracias. —Abril sonrió, contenta, y tomó a Emilio de la mano—. Vamos, Emi.

    Lo llevó a la sala donde tomaron asiento en el sillón grande y encendieron la televisión. Abril cambió de canal en canal, buscando algo interesante para ver y cuando Emilio le dijo que lo dejara en una caricatura que a él le gustaba, se detuvo; después de todo él era el invitado. Al rato, Lola los llamó a cenar.

    —¿Podemos comer aquí? —pidió Abril viendo que Emilio estaba muy entretenido con el programa.

    —Hm. —Lola frunció el ceño, no muy convencida—. Sabes que no me gusta que comas en otro lado que no sea la cocina o el comedor, hija.

    —Pero… —Abril intentó pensar en una excusa.

    —Déjalos comer allí sólo por hoy —intervino Aristeo, ya sentado en su silla con su plato de comida en la mesa—. Una vez cada mil años no hace daño.

    —De acuerdo. —Lola suspiró, derrotada—. No hagan tiradero ni dejen boronas y no quiero que se vuelva costumbre, ¿entiendes, Abril?

    —Entiendo. Gracias, mami.

    Lola les llevó un par de quesadillas a cada uno en un plato, por lo que ambos se dispusieron a engullirlas sin dejar de prestar atención a la pantalla. Luego Abril se levantó para llevarle un vaso con leche a su amigo, en lo que ella se servía uno también; cuando terminaron y por orden del rubio, ella llevó los trastes sucios al fregadero, donde su madre los lavaba. Regresó al lado de Emilio y al cabo de algunos minutos cayó dormida en su lado del sillón, sus energías drenadas totalmente por la pasada sesión de estudios.

    Emilio no se percató de ello sino hasta que pasaron los créditos de la caricatura y la miró. Pensó en despertarla pero prefirió no hacerlo, por lo que tan sólo se levantó y se dirigió a la cocina donde Lola seguía limpiando.

    —Ya me voy, señora. Gracias por todo —le dijo, asomándose un poco.

    —¿Ya estuvo? ¿Y Abril? —Lola se limpió las manos con un trapo seco.

    —Se durmió.

    —Ay, esta niña. —Lola sacudió la cabeza, incrédula—. Bueno, así es ella. ¿Qué se le va a hacer? Está bien, Emilio, muchas gracias por venir.

    Tanto el niño como la mujer caminaron a la puerta.

    —Deberías venir más a menudo. Abril se pondría muy feliz y a mí y a mi esposo no nos molesta tenerte aquí, ¿lo sabes, verdad?

    —Claro. Lo pensaré. —La verdad era que Emilio solía sentirse muy fuera de lugar cuando estaba en casa de su amiga—. Bueno, pasen buenas noches. Adiós.

    —Adiós y me saludas mucho a tus abuelitos, ¿sí?

    —Sí, señora.

    Emilio se despidió sin más y Lola lo vio hasta que se metió a su propia casa. Cuando estuvo segura de que estaba a salvo, cerró la puerta y fue a la sala donde se hallaba su unigénita dormitando.

    —Hija, levántate —La llamó con suavidad, sacudiéndola un poco.

    —¿Qué pasa? —Abril abrió los ojos, adormilada, y se los frotó al tiempo que bostezaba—. ¿Dónde está Emi?

    —Acaba de irse.

    —¿Se fue? Ouh, no me despedí de él ni le dije gracias por ayudarme —se lamentó, decaída.

    —No te preocupes, yo lo hice por ti. Anda, ve a guardar tus libros. Cuando salga tu papá de bañarse, vas a lavarte los dientes y te acuestas que ya te anda de sueño.

    —Voy.

    Abril acató lo ordenado y Lola tan sólo la miró, sonriendo con cariño inmenso. Aun pese a cualquier deficiencia que pudiese tener, fuera grave o no, no cambiaría a su pequeña por nada del mundo.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

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    Qué genial, me encanta esta historia, no sé, tiene un algo que me gusta, y sin duda Abril y Emi hacen linda pareja, me cae muy bien la actitud de Emilio, frío como témpano pero muy en el fondo es cálido.

    Estoy interasado en lo que pasará próximamente. Aquí estaré pendiente a tus actualización, así pasen cien años (?)

    Saludos y hasta la próxima.
     
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    Aome fanfics

    Aome fanfics Inuyasha y Aome historias

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    Como siempre me encanta tu historia,me encanta la relacion de los personajes,ademas me gusta mucho tu forma de escribir,estare pendiente a las actualizaciones...
     
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  4. Threadmarks: Escena doce
     
    Borealis Spiral

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    Darth Revan ¡Hola! Me alegra muchos saber que la historia tiene un algo que te gusta y que también te guste Emilio. Y estoy de acuerdo contigo, Abril y Emilio hacen linda pareja xD Muchas gracias por tu apoyo y descuida, sin presiones para leer que yo sé que hay una vida detrás de FFL. ¡Gracias por leer y comentar! Lo aprecio mucho.
    Aome fanfics ¡Gracias por tus palabras! Me halaga que mi forma de escribir te guste y las relaciones de los personajes también. Espero no decepcionarte y si es así, pues dímelo que no muerdo :D ¡Muchas gracias por apoyo! Lo valoro mil.

    A los demás que se toman la molestia de leer, también se los agradezco enormemente. Especialmente aquellos que me dejan sus sellitos como Leintni RousshLin ¡Gracias! Y pues nada. A ustedes les dedico la siguiente escena que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena doce

    El próximo día sería entrega de boletas, por lo que se les estaba dando a los alumnos el citatorio pertinente para que se los entregaran a sus respectivos padres y vinieran a la junta habitual. No obstante, también les hacían entrega de sus calificaciones para que se dieran una idea de cómo debían esperar que sus padres reaccionaran al conocerlas el día siguiente.

    Abril tomó tanto el papel que contenía la cita de mañana como su boleta y los aplastó contra su pecho, sin darles ni un solo vistazo sino hasta que corrió de vuelta a su butaca. Ya sentada, con el corazón latiéndole rápidamente por el nerviosismo, poco a poco descubrió ambos papeles, mas ahora cerró los ojos para evitar mirarlos. Inhalando y exhalando para darse valor, abrió sus ojos canela con lentitud hasta que las letras se hicieron visibles y lo primero que vieron fueron sus calificaciones.

    Español: 7
    Matemáticas: 6
    Ciencias Naturales: 6
    Geografía: 6
    Historia: 6
    Educación Física: 6
    Educación Artística: 8

    No tenía ningún cinco; no había reprobado ninguna materia ese bimestre.

    —¡Yey, lo hice!

    Tanto fue su entusiasmo que no pudo contenerse de gritar a todo pulmón, en lo que se levantaba y alzaba la boleta en el aire, feliz, y ocasionando que el resto de sus compañeros se mofaran de ella por su exagerado actuar. Se sonrojó al oírlos, por lo que volvió a tomar asiento, avergonzada.

    —¿Buenas noticias, Abril? —le preguntó su maestra tras callar a los demás, amigable.

    —¡No reprobé nada! —informó ella, sonriente.

    —¡Milagro! —Se oyó alguien por allí, haciendo reír a la mayoría otra vez.

    —A ver silencio. —La docente volvió a silenciarlos, firme—. Más respeto para su compañera, es un gran logro para ella. —Miró a la chica, simpática—. Me da gusto por ti, Abril.

    —Gracias —le agradeció la castaña, animada.

    El resto del día trascurrió normal; la maestra les pidió que le entregaran de nuevo las boletas y que fueran avisando a sus padres de cómo les había ido y que mañana ya los vería ella en la reunión. Abril se mantuvo algo ausente el resto de las clases, demasiado ocupada con su alegría como para prestar atención a su alrededor. Finalmente, las clases concluyeron y ella velozmente guardó sus cosas para correr al salón de al lado, entusiasmada. Como siempre, Emilio la esperaba sentado en su butaca, cruzando los brazos sobre la mesa y ocultando el rostro entre ellos.

    —¡Emi! —gritó con tanta estridencia que el niño se sobresaltó, alarmado.

    —¿Pero qué…?

    Apenas iba a reprocharle cuando ella lo tomó de las manos rápidamente, jalándolo para hacer que se alzara de su asiento y empezar a bailar y dar brinquitos de dicha con él, de aquí para allá.

    —¡Lo hice, Emi, lo hice! —cantó por demás gozosa.

    —¡Oye, detente! Que pares te digo. —Emilio se zafó del agarre, brusco, y la miró con mala cara—. ¿Qué hiciste? ¿Por qué el escándalo? Y es Emilio, no Emi.

    —¡Las boletas, Emi! Hoy nos dieron las boletas ¿y adivina qué? ¡No reprobé ninguna materia! —anunció con semblante brillante, dando un par de vueltas más por su cuenta.

    —¿Eso es todo? ¿Tanto rollo por eso? —Emilio puso los ojos en blanco al tiempo que iba por su mochila y apenas iba a tomarla cuando sintió que Abril lo abrazaba por detrás y apoyaba su mejilla en su cabeza—. ¡Hey, quita! Eres molesta.

    —Pero estoy tan feliz, Emi. Pude hacer lo que me propuse para este bimestre y todo gracias a ti —dijo ella con gratitud.

    —No seas tonta. Fuiste tú la que tuvo que estudiar más de la cuenta, no yo; tú hiciste todo el trabajo, así que suéltame de una vez. —Emilio intentó sacársela de encima, sin éxito.

    —Pero tú siempre estuviste allí, ayudándome a estudiar y a hacer tarea y a evitar que me distrajera —repuso ella, frotando su mejilla en el cabello color arena de él a manera de agradecimiento, como si fuera un gatito.

    —¡Qué lata! Te digo que fue por tu propia voluntad. No discutas y suéltame ya. Vamos, que esa cabeza hueca que tienes funcione para algo. —Y ahora le propinó ligeros toquecitos en la sien, sin lastimarla en verdad aunque de alguna manera esperando oír el sonido hueco.

    —¡Miren eso! Emilio tiene novia. Emilio tiene novia —se burló uno de los compañeros de clase del chico, secundado por otro par.

    —Quién lo viera; tan serio que se veía. Se lo tenía bien guardadito —le siguió el segundo.

    —¡Es verdad! —Rio un tercero y luego cantó—. Se quieren, se abrazan, se besan.

    El típico tic de impaciencia se apoderó de la ceja de Emilio, en lo que su cejo se arrugaba por la irritación. ¿Qué era esto? ¿El jardín de infantes todavía? Suspiró mentalmente, fastidiado; allí iba buena parte de su reputación como huraño desinteresado, a la basura.

    —¡Eso no es cierto! —Abril se apresuró a rectificarlos, liberando a su amigo para encarar a los burlones—. Decir mentiras de la gente es grosero. Emi y yo somos buenos amigos.

    —Ese trato y ese abrazo dicen otra cosa —contestaron los otros, con sorna.

    —¿Qué tiene de malo que dos amigos se abracen? —cuestionó a su vez ella, no encontrándole nada de malo al asunto.

    —Olvídalo, Abril. No les hagas caso —aconsejó Emilio con seriedad, ahora sí tomando su mochila y colocándosela sobre el hombro para dirigirse a la puerta.

    —Pero…

    —Sólo ignóralos. No gastes energía y vámonos ya.

    —Okey. —Abril asintió, aunque no muy convencida y lo siguió.

    —¡Buh! ¡Miedosos gallinas! ¿Se van a hacer su gallinero y a tener pollitos o qué?

    Uno de los chicos los abucheó en lo que imitaba a dicho animal, cacareando y aleteando con sus brazos, sacándoles más risas satíricas a los otros dos.

    —¡Ustedes! —Abril iba a volverse para reprenderlos una vez más, pero Emilio la tomó de la mano e hizo que continuara caminando a su lado.

    —Te dije que los ignores —gruñó él, frío.

    —Pero… —Ella intentó excusarse.

    —Perderás el tiempo si te pones a discutir con gente como ellos; no les hagas caso y ya.

    Abril meditó en las palabras de Emilio, antes de posar su visión en su mano enlazada con la de él. El niño lo notó y rápidamente la soltó, metiendo la suya en el bolsillo del pantalón. Abril frunció el ceño, contristada.

    —Perdón —murmuró de improvisto, en un hilo de voz.

    —¿Eh? ¿Por qué te disculpas tan de pronto? —Él la miró confundido.

    —No había pensado que lo que hago a veces puede malinterpretarse. Debes sufrir muchas burlas por mi culpa, como las de hace rato. Lo siento mucho, Emi. —La vista se le nubló por las repentinas lágrimas.

    —Da igual, no me afecta. —Emilio observó hacia un punto adelante del camino—. Me tiene sin cuidado lo que la gente piense o crea de mí; no me importa y a ti tampoco debería importarte.

    —Pero…

    —Mira, nosotros sabemos quiénes somos, cómo somos, qué somos y qué no somos, ¿cierto? —Vio que Abril asentía—. Eso es suficiente. Lo que chismorreen los demás sobre nosotros no nos interesa, no nos conocen y tampoco quieren conocernos. ¿De qué sirvió que les dijeras que éramos buenos amigos? ¿Dejaron de creer lo que creían? —Ahora vio que Abril sacudía la cabeza—. Correcto. Eso significa que no quieren saber la verdad y si no quieren saberla, ¿por qué gastar recursos en aclararles las cosas si al final sólo seguirán diciendo lo que les dé la gana? Si hay alguien que en serio quiera saber de nosotros que se moleste en venir a preguntarnos directamente. Mientras tanto, sólo ignora su idiotez. Ya se aburrirán.

    —Sí —respondió Abril, sumisa, pero siguió muy sumida en sus pensamientos por un buen rato. Miró a Emilio—. Dime, Emi.

    —¿Qué quieres?

    —¿Crees que soy molesta? —indagó, curiosa.

    —Lo eres.

    La escueta respuesta del rubio y sin signo de duda la hirió un poco.

    —Oh, ya veo. —Desvió la mirada, incómoda, y se forzó por sonreír con desgana—. Sí, supongo que sí lo soy, ¿verdad?

    Emilio la miró de reojo, notando su turbación, antes de volver su visión al frente y declarar.

    —Eso no tiene por qué ser malo.

    —¿No lo es? —Ella parpadeó confundida.

    —No. Si no fueras molesta yo no sería tu amigo, pero lo soy porque eres molesta. Eso es bueno, ¿no?

    La miró con una expresión llena de tedio y ella le sonrió con amplitud.

    —¡Lo es! —le aseguró con contundencia.

    —Allí lo tienes entonces. No es malo.

    —Ya veo. Entiendo. Gracias, Emi.

    —¿Por qué? No he hecho nada.

    —Claro que sí. Siempre haces muchas cosas por mí. Me animas cuando estoy triste y me ayudas con la tarea y a estudiar. ¡Ah! Es verdad. Todavía tengo que pagarte por eso.

    —No quiero nada —negó él frunciendo el ceño, malhumorado.

    —No seas así. Me sentiré mejor si yo también hago algo por ti. Anda, dime, ¿qué hago?

    —Ya pues, cómprame un Danonino y deja de fastidiar —aceptó al final, harto.

    —Okey —accedió Abril, hasta que cayó en cuenta de algo y se detuvo, sorprendida—. ¡Ah!

    —¿Y ahora qué? —Emilio también se detuvo y se volvió a mirarla con extrañeza.

    —Es que, Emi, a ti en verdad te gustan los Danoninos.

    —¿Y qué con eso? —Alzó una ceja, ahora sí sin entender a qué locura se refería Abril esta vez.

    —Que no lo había pensado bien hasta ahora, pero tiene sentido. Realmente quieres ser más alto, ¿verdad, Emi? ¿Es tu sueño frustrado?

    —¿De dónde sacas tantas tonterías? —Emilio se irritó por el giro que acababa de dar la conversación—. Que me gusten los Danoninos no tiene nada que ver con que quiera crecer rápido. ¿Y por qué tiene que ser un sueño frustrado? ¡Tengo once, por el amor de Dios! ¡Y te he dicho que es Emilio, no Emi!

    —Pero los anuncios, yo los he visto —insistió Abril—. Si comes Danoninos serás alto, eso dicen.

    —Cállate antes de que vuelva a casa sin ti —refunfuñó él, comenzando a caminar en su intento de ignorarla por completo.

    —Oh Emi, no deberías preocuparte por eso. —Abril le dio alcance para abrazarlo una vez más—. Yo siempre te querré aunque seas chiquito; es más, me gusta mucho que seas así.

    —En verdad eres una molestia; una enorme, sentimental e irritante molestia —siseó él por demás exasperado, su ceja moviéndose contra su voluntad y su entrecejo arrugado a más no poder.

    —Está bien. Ahora sé que no es malo serlo, así que soy feliz —confesó ella, risueña.

    Emilio simplemente suspiró, derrotado, haciéndose una nota mental para sí mismo: la próxima vez que quisiera levantarle el ánimo a Abril, lo pensaría dos veces antes de hacerlo.


    Yo advertí que estos dos se robarían algunas escenas xD
    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    Leintni RousshLin

    Leintni RousshLin Siempre persistente y triunfal.

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    ¡Hola!, ¿Sabes?, estuvo muy lindo este capitulo , en serio me encanto, soy de esas personas que le gustan leer historias y relatos como este, es real mente conmovedor. Estaba pasando por aquì cuando me dije "¡Hey!, ¿ Y si..?", bueno, en teoria me gusto, y la verdad es que creo que esta parejìta se ven muy linda juntos.
    Y en realidad, si..¡ Me encanta Emilio! su forma de ser, su caracter, su forma de expresarse hacia Abril, es muy entretenido y curioso en el sentido de que, ella es alguien muy sentimental y sensible, muy al contrario de el.
    Realmente deseo algùn futuro, no tan triste para esta parejìta, realmente deseo leer mas de ellos.

    ¡Saludos y sigue asì!.
    Te aseguro que seguire la historia hasta el final.
    !Bye!
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    No necesitamos decirlo
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Amistad
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    28
     
    Palabras:
    3526
    Leintni RousshLin Ay, Dios mío que tus palabras me han dejado sonriendo como enamorada. Mil gracias por tan hermoso comentario, me ha hecho feliz, en serio, mi corazoncito está que se sale del pecho. Qué linda eres por decir todo eso, gracias <3 Me da mucho gusto que te guste estas historias y relatos, a mí también me gustan y aunque es verdad que esta parejita se roba escenas, hay que recordar que la historia trata de los cinco amigos, así que no nos olvidemos de ellos. De nuevo, gracias por tan bellas palabras. Me anima un montón :D

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco mucho, mucho y a todos ustedes mi lectores es que les dedico la siguiente escena. No me convenció cómo empezó, la verdad, pero al ir desarrollándola me encantó el resultado final y espero que a ustedes también les guste, pues aquí sale ¡un nuevo personaje! Cuya ficha estará ya disponible para que pasen a leerla aquí: Historia con enlances - Ficha de personajes [No necesitamos decirlo]

    Sin más. ¡Disfruten!

    Escena 13

    Eran las vacaciones de invierno finalmente y Abi se encontraba esperando en la cafetería local, Buon Caffè, en lo que vagaba por Facebook por medio de su celular en espera de que sus amigos llegaran, pues había quedado con ellos de encontrarse allí porque finalmente conocerían al famoso Rubén. Se extrañó un poco de que Abril no hubiese llegado todavía dado que siempre era la primera en aparecer. No obstante, su espera no duró mucho más, pues al poco rato Abril atravesó la puerta del negocio acompañada de Emilio.

    —¡Buenos días, Abi! —la saludó con su sonrisa de siempre en lo que la abrazaba con enjundia.

    —Buenos días, cariño. —Le devolvió el abrazo por demás gustosa, frotando su mejilla con la de ella; luego miró a Emilio—. Vaya, vaya, ¿y a quién tenemos aquí? Si no es otro que Míster Gruñón. Algo me dice que hoy va a llover.

    —Cállate. Eres escandalosa —refunfuñó el niño, cruzándose de brazos y juntando las cejas en disgusto.

    —Ay por favor, no lo escondas. Estoy segura de que viniste porque igual que nosotros también morías de curiosidad por saber cómo es Rubén —dijo Abi mirándolo con picardía.

    —Estás loca. A mí no me interesan sus chismes. Si vine fue porque Abril no dejaba de fastidiar —sentenció él, agrio.

    —Ouh, Emi, no me eches la culpa a mí. —Abril lo miró con desaprobación—. Yo sólo quería aprovechar a que nos reuniríamos para conocer a Rubén y quería que lo conocieras tú también. Él podría convertirse en parte de la Fruit Band, ¿sabes? Eso significa que todos deberíamos aprender a llevarnos bien, ¿a que sí?

    Abril le sonrió con candor y él simplemente volvió su rostro a un lado, indiferente.

    —Bueno, bueno. ¿Pedirán algo para tomar? El café con leche de aquí es excelente —les sugirió Abi en lo que le daba un sorbo a su vaso desechable.

    —Ah, yo quiero un chocolate caliente. Con las mañanas que se ponen tan frías siempre se me antoja uno. ¿Tú qué quieres, Emi?

    —Café negro y es Emilio, no Emi.

    —¿Eh? ¿Te gusta el café sin nada? ¿No crees que es muy amargo? —Abril lo miró sorprendida, pues ella no podría tomarlo así; para ella entre más dulce fuera todo, mejor.

    —Uy, pero si le va como anillo al dedo —comentó Abi con diversión, ganándose una mirada asesina por parte de Emilio.

    —Qué lata. —Fue lo único que soltó antes de encaminarse al mostrador a pedir su bebida.

    —Ah espera, Emi. —Abril lo siguió.

    Cuando ambos tuvieron en su poder sus respectivos brebajes, tomaron asiento en la mesa que ocupaba Abi y tanto ella como Abril empezaron a conversar un poco, sin la intervención del menor por mucho que Abi intentara meterlo en la plática. En eso arribó César.

    —¿Qué hubo? —Los saludó, casual, y luego detalló al niño—. ¡Hey, Emilio! Qué milagro, hombre. ¿Va a llover o qué?

    Abi rio con ganas, divertida de que César también tuviera su misma línea de pensamiento y haciendo que Emilio pusiera los ojos en blanco con molestia.

    —¿Dónde está Beky, César? —Fue la interrogante de Abril al ver al chico solo, pues casi nunca se separaba de su amiga.

    —Meh, quedamos en que yo vendría primero en lo que ella iba por el tal Rubén. Aparentemente el tipo es lo suficientemente tímido como para no atreverse a venir por su cuenta. —César se tumbó en una de las sillas con descuido y bufó con aversión—. De veras que ese tipo es una sanguijuela; no se despega para nada de Beky y pareciera como si no pudiera hacer nada sin ella. ¿Qué se supone que es? ¿Un parásito o qué?

    —Uhjujuy~. ¿Huelo celos por aquí? —Abi sonrió traviesa, dedicándole su mirada más pilla.

    —¡Por supuesto que no! —se defendió César, mirándola con irritación—. ¿Por qué iba a tenerlos? Es lástima. Me da lástima que él sea tan poco macho y que Beky sea tan idiota como para dejarse manejar por alguien así. Eso es todo.

    —¡Sí claro! —La pelinegra rodó los ojos, escéptica—. Ni tú te crees tus excusas. Acéptalo, César. Estás celoso de que con la posible llegada de Rubén ya no serás el único hombre en el grupo.

    El tic de irritación apareció en la ceja de Emilio al escuchar a la chica, por lo que sin pensárselo dos veces, le propinó un fuerte puntapié por debajo de la mesa, sin misericordia y sin darle oportunidad a César de justificarse.

    —¡Ay, ay, ay! —se quejó la bella joven, dándole masaje a su espinilla herida y sus ojos caramelo le lanzaron dagas al culpable—. Malcriado del demonio. ¿Ves por qué no te considero un hombre? ¡No eres más que un mocoso grosero!

    —Tú no eres mejor que yo —sentenció Emilio, frío.

    Abi se molestó por su comentario y le regresó la patada, sacándole un gemido de dolor prácticamente inaudible, pues por puro orgullo Emilio se lo tragó completito y mirándola con gran ira, se estiró con la intención de golpearla una vez más, pero ella hizo lo que pudo por esquivarlo en el reducido espacio.

    —Abi, Emi. No peleen, por favor —les pidió Abril y no pensando bien en sus acciones, también metió sus pies a la zona de batalla bajo la mesa, quedando en medio del fuego de ambos, por lo que inevitablemente los dos la patearon con ganas, creyendo que se trataba de su contrincante—. ¡Ouch! ¡Dolió!

    Abril se inclinó hacia adelante hasta que su frente chocó con la mesa y se frotó las partes afectadas con vehemencia, en lo que lágrimas de sufrimiento escapaban de sus ojos.

    —¡Perdón! —se disculparon los responsables con presteza, mirándola con preocupación y arrepentimiento; Abi apresurándose a acariciarle la espalda en lo que Emilio la ayudaba a frotarse los golpes.

    —¿Ves lo que haces? —Abi miró a Emilio con recriminación y enojo.

    —¿Yo? Es tu culpa por estúpida. ¿Para qué te pones al nivel de un mocoso grosero, eh? —El nivel de asesinato en la mirada de él se intensificó.

    César estaba tan entretenido con todo el asunto de la pelea que ni se molestó en intervenir, riendo por lo bajo y por demás divertido. Eso fue así hasta que sintió que alguien le daba un zape en la nuca.

    —¡Hey, ¿quién…?!

    Se levantó de su silla, airado con el idiota que se atrevió a darle un zape, mas al girarse descubrió a su mejor amiga, quien lo miraba con reprensión y que iba acompañada de un sujeto desgarbado y escuálido, de piel clara, sus mejillas teniendo un severo brote de acné, de cabello castaño claro, quebradizo y revuelto y que miraba el suelo, tímido.

    —Beky —la nombraron todos salvo Emilio.

    —Cielos, ¿es que nunca podremos tener una reunión normal? Me alegra haber llegado a tiempo antes de que se mataran entre ustedes —dijo la pequeña chica, colocando las manos en la cadera en lo que miraba a Abi y Emilio. No obstante, después se concentró en César, a quien miró con severidad apuntándolo con el dedo, acusadora—. Y tú. ¿Tenías que quedarte ahí como idiota sin hacer nada? ¿Por qué no hiciste algo para detenerlos? ¿Acaso no sabes que los buenos amigos evitan que se peleen entre sí?

    —¡Ja! No me vengas con tus sermones hipócritas, zotaca. —César apartó el dedo que lo apuntaba de un rudo manotazo—. Hablas de evitar peleas cuando eres tú la que siempre las empieza conmigo. No te queda la doble cara. ¿A quién intentas impresionar? —Miró al chico nuevo con hostilidad.

    —¡Grandísimo tarado! —Beky intentó darle un puñetazo, pero él lo esquivó con facilidad.

    —¿Ves cómo eres la que empieza? —se burló César, socarrón.

    —¿Y cómo no hacerlo si es el único idioma que pareces entender? ¡Bruto! —contraatacó la joven, irritada.

    —Pues no parece que te moleste tanto. De lo contrario te habrías esforzado más por enseñarme otro en lugar de aprender el mío —declaró el de cabello marrón dorado, arrogante.

    —¡Cá-cállate!

    Beky volvió alzar su mano para asestarle un golpe, pero ahora César la tomó entre la suya e hizo lo mismo con la otra, empezando así una lucha de vencidas entre ellos, empujándose uno al otro.

    —E-esto… ¿D-Disculpen? —La débil y apenas audible vocecilla del acompañante de Beky los interrumpió en su forcejeo—. Emm… L-la gente n-nos está viendo… raro.

    César y Beky miraron a su alrededor y notaron que efectivamente, los clientes del local mantenían su atención en ellos, mirándolos con desagrado total porque su revuelo estaba perturbando su paz, e incluso notaron que algunos de los empleados los miraban en clara advertencia de que si su mal comportamiento escalaba, los botarían a todos. César se alejó de Beky y chasqueó la lengua, fastidiado, al momento de murmurar:

    —Estúpidas normas sociales y de buena conducta.

    —No me sorprende que un salvaje como tú no las comprenda —acotó Beky con resentimiento, logrando que César la mirara mal, mas ella ya no le prestó atención porque se enfocó en su compañero y le sonrió ligeramente avergonzada—. Siento mucho el espectáculo que acabas de presenciar, Rubén.

    —N-no, no pasa nada. —Rubén le devolvió la sonrisa con una más pequeña, pero lo suficientemente abierta como para dejar al descubierto sus brackets—. E-es normal estar feliz de estar con los a-amigos.

    —Bueno, bueno, pero no se queden allá tan lejos. —Abi les hizo señas para que se acercaran a la mesa—. Vengan y dennos algo de su hermoso calor, anden. —Y le guiñó a Rubén, coqueta, haciéndolo sonrojar escandalosamente y que volviera a bajar la mirada, nervioso.

    —Ya vamos, ya vamos. Pero primero iremos por algo de tomar. Vamos, Rubén.

    —Sí. —Siguió a Beky, obediente.

    César volvió a aplastarse en su lugar, cruzándose de brazos, frunciendo el ceño en desacuerdo y bufó otra vez con gran hastío.

    —No me cae bien —decretó al final, malhumorado.

    —Oh vamos, no seas así. —Abi le propinó una palmada en la espalda, pero esta vez él ni se inmutó—. No puedes juzgarlo sin antes conocerlo bien. Yo creo que como primera impresión, se ve que es un amor de chico.

    —Es cierto —asintió Abril juntando las manos, sonriente—. Se ve que es alguien dulce. ¿Tú qué opinas, Emi?

    —¿A quién le importa? —Fue su hosca réplica.

    —A mí me importa, por eso te pregunto, ¿ves? —lo alentó Abril, amable.

    —Pues me da igual que te importe, así que ya no molestes. Y es Emilio, no Emi.

    —Ouh, eres tan malo.

    —¿Lo ven? Hasta Emilio ha de ver algo malo en él y por eso no quiere dar su opinión. —César se apresuró a torcer la conversación.

    —No. Sólo estás imaginado lo que te conviene —sentenció el rubio, apático.

    —Vamos, César, no seas tan posesivo. —Abi le dio un codazo, pícara—. Beky tiene derecho de hacer cuantos amigos desee, ¿sabes? Y si tuvieras miedo de que Rubén o cualquier otro te la quitara ya habrías hecho un movimiento con ella.

    —¿De qué idioteces hablas tú? —César la miró mal, regresándole el codazo—. ¿A mí qué me importa si se la queda o no? Por mí se la regalo, si quiere. Pero no creo que la quiera; ya he dicho que no hay manera de que alguien se fije en una marimacha violenta. Y Beky tampoco tiene tan mal gusto como para fijarse en un perdedor como ese.

    —No seas malo, César —lo regañó Abril, en desacuerdo—. No puedes decir que es un perdedor si no sabes cómo es.

    —¡Con las fachas que se manda basta y sobra! —se excusó él, terco—. ¡El sujeto es un perdedor y punto!

    —¿Quién es un perdedor? —La voz de Beky hizo que todos se volvieran a mirarla, en lo que veía con clara censura a su mejor amigo—. ¿No estarás hablando de Rubén, o sí?

    —¿Y qué si es así, zotaca? ¿Qué piensas hacer? —desafió el buscapleitos, rebelde.

    —Pues entonces eres más tarado de lo que pareces —sentenció la adinerada con dureza y clara amonestación en su voz, dejando sobre la mesa frente a él un vaso de café—. Toma. Capuchino con doble crema, tu favorito. Es cortesía del chico al que llamas perdedor, así que ya sabes, sigue insultándolo y burlándote de él, anda, que al cabo que no lo lastimas ni nada. No es como si también fuera un ser humano con sentimientos, ¿verdad? —Beky se volvió a Rubén y le sonrió a manera de disculpa—. En verdad lamento la actitud de César, suele ser más simpático. Gracias por picharnos* el café, por cierto.

    —N-no pasa nada y d-de nada. —Rubén sonrió, modesto—. Creo q-que no debí haber venido después de todo.

    —¡Qué va, qué va! —Abi se metió en la conversación, sonriéndole cordial—. César es un inmaduro que no sabe aceptar sus sentimientos, así que no lo tomes en serio. Sólo está celoso.

    —¡Que no lo estoy, sabe! —gritó el aludido, iracundo.

    —Lo que tú digas. —Abi rodó los ojos y luego palmeó la silla que tenía a su lado—. Vamos, vamos, tomen asiento y hablemos para conocernos mejor.

    Los dos hicieron caso a la pelinegra, así que Rubén tomó asiento a un lado de ella y Beky a su lado, quedando en medio de él y César, en lo que el jugador de baloncesto miraba con molestia palpable el capuchino sobre la mesa. Si creían que iba a tomárselo estaban muy equivocados; él no era un limosnero como para aceptar la caridad de un perdedor.

    —Así que Rubén, ¿eh? —Abi miró con intensidad al chico, de arriba a abajo, descarada—. Pues quitando lo del acné, en realidad no está nada mal, Beky. Tienes mi permiso para salir con él. —Le mostró un pulgar arriba y César arrugó la nariz con repulsión.

    —¡No empieces con tus cosas, Abi! —la reprendió la de cabello corto, sonrojada y luego miró a Rubén, quien también se había ruborizado mucho y volvía a bajar la cabeza—. Siento eso, Rubén, pero así es Abi.

    —Abilene para ti, primor. —Abi volvió a guiñarle un ojo, pilla.

    —Abi —la nombró Beky en advertencia—, no quiero que lo asustes y que luego no quiera venir otro día.

    —D-descuida. Ya m-me había hecho una idea c-con lo que me has platicado de e-ella —dijo Rubén, tranquilo—. S-supongo que verlo por mí m-mismo es más impactante.

    —Oh, ¿entonces Beky te ha hablado de nosotros? —Abril miró a Rubén con curiosidad.

    —Sí —asintió él—. Esto… Tú eres A-Abril, ¿cierto?

    —¡Sí! —La castaña se emocionó de que supieran quién era sin haberse presentado—. Un gusto conocerte, Rubén.

    —I-igualmente. —Devolvió la brillante sonrisa que le dedicó con otra más pequeña; luego miró a Emilio a su lado—. Y-y tú eres Emilio, ¿cierto? Un placer.

    —Claro. —Emilio cabeceó sin mayores ganas.

    —Y p-por supuesto, e-está C-César.

    Rubén observó al de cabello marrón dorado, quien le regresó la mirada con aversión evidente, poniéndolo muy nervioso, por lo que no pudo sostenérsela por mucho más tiempo y la bajó, cohibido. César sonrió con altivez al ver el efecto que tenía en el pobre diablo; a veces su personalidad de matón salía a flote con presas fáciles. Se acercó a la mesa, poniendo un brazo sobre esta para darse apoyo al inclinarse y poder ver mejor a Rubén.

    —Así que, Rubén —escupió el nombre con acidez—, Beky te ha contado cosas de mí, ¿eh? Vaya, espero que sean cosas buenas, aunque siendo ella quien es, lo dudo bastante.

    —¿Eso qué se supone que significa? —Beky lo miró con recriminación.

    —¿Pues qué más, zotaca? Lo único que sabes hacer es insultarme, ¿qué esperas que piense que le dijeras a éste?

    —A veces te pasas de imbécil, César Manuel, en serio te pasas —regañó ella por demás asqueada de su actitud de hoy.

    —¿Ves cómo sí me insultas siempre?

    —¡Ya estuvo! —Beky iba a lanzarse contra él, pero la voz de Rubén la detuvo.

    —¡No! —Lo miraron sorprendidos de oírlo alzar tanto la voz. Rubén se encogió sobre sí mismo, apretándose las rodillas para darse valor—. Beky… Beky no es como dices. E-ella… Ella siempre esta d-diciendo cosas buenas sobre ustedes. E-especialmente de ti, C-César. C-cada vez que h-habla de ti, s-su rostro se ilumina de una m-manera que… que no me a-alcanzan las palabras p-para describir. Y a mí m-me gusta mucho e-ese lado de ella, p-porque con t-tan sólo pensarte se ve que e-es muy feliz y que a-aprecia mucho s-su amistad.

    La declaración del castaño impactó a todos, sobre todo a César, quien aunque al principio quiso apresurarlo a que acabara y dejara de tartamudear como retrasado, al final la conmoción en su interior fue mayor y quedó estático, procesando cada palabra.

    —¡Rubén Molina Villarreal! —Beky lanzó todo su nombre completo, sintiendo que el azoramiento la atenazaba por completo, colorada hasta la médula ósea—. ¡No se suponía que dijeras nada de eso!

    —¿E-eh? —El joven su confundió y luego cayó en cuanta de que lo que dijo debía ser tremendamente personal—. ¡L-lo siento!

    Las risas de Abi y Abril empezaron a alzarse, abochornando en mayor medida a la pequeña chica.

    —¡Ustedes! No se rían que no es gracioso —las reprendió y luego escuchó que las propias carcajadas de César se unías a las de ellas, así que se volvió a verlo, ofendida—. ¡Y tú tampoco te burles! ¡No tienes derecho!

    —Pero… Es que… Yo creí…

    César no pudo hablar de tanto carcajear. ¿De qué había estado tan preocupado todo este tiempo? Beky era su mejor amiga y eso no iba a cambiar jamás; nadie iba a robarle ese puesto en su vida, nunca. Ya se encargaría él de que fuera así.

    —¿Ah sí? ¿En esas estamos? ¿Revelando secretos? Pues bien. ¡César se come los mocos y juega a las Barbies con su hermana! —lo delató Beky, rencorosa.

    —¡Zotaca traidora! Prometiste que no se lo dirías a nadie.

    César dejó su risa y la miró con irritación, sobre todo cuando los otros rieron burlones, salvo Emilio que puso una cara de desconcierto total. Eso definitivamente no se lo esperaba viniendo de César y lo peor era que lo sorprendía más el primer secreto que el segundo.

    —Para que aprendas a no burlarte de los sentimientos ajenos —arguyó ella con despecho.

    —Maldita enana vengativa —masculló él con enojo y le picó un costado en busca de revancha, pero naturalmente Beky no se quedó quieta, por lo que le devolvió los picotazos, enfrascándose ambos en una lucha, ya sintiendo el ambiente más ligero entre ellos.

    —E-esto… —Rubén hizo ademán de intervenir, pero Abi lo detuvo.

    —Déjalo así. No te preocupes, no están peleando en realidad. Si hacen algo es reconciliarse, por muy raro que parezca es así, por lo que es mejor dejarlos por ahora. Descuida, ya te acostumbrarás a sus teatros.

    —Ya veo. —Rubén miró a los peleoneros y puedo detallar la sonrisa de complicidad en el rostro de ambos. Eso significaba tener amigos, ¿no era así?

    —Pero vamos, cuéntanos un poco más de ti. ¿Qué te gusta hacer? —lo instó Abi a conversar.

    —B-bueno, me gusta mucho leer —confesó él, tranquilo.

    —Qué genial. —Abril lo miró maravillada—. A mí se me da fatal porque me distraigo fácilmente y supongo que porque también creo que es algo aburrido. —Soltó una risita, rascándose la cabeza un poco avergonzada—. ¡Ah! Pero me gusta mucho oír historias, así que puedes contarme algo que hayas leído con confianza, ¿sí?

    —E-estaría bien, gracias. —Le sonrió amigable.

    De esa manera, entre más conversaciones con Rubén para conocerlo más y en las que al rato se sumaron tanto César como Beky después de su disputa, los seis pasaron un rato razonablemente agradable pese a que César aún mantuvo una actitud ofensiva, pero ya no fue tan mala como al inicio. Y así el día concluyó para ellos.

    *Pichar: En México es invitar algo de comer y/o beber a alguien.


    ¿Qué tal el nuevo personaje? Y como pudieron ver, aquí se pone más al descubierto César y su relación con Beky. A mí me gustó, no sé. Tengo planeado trabajar más con este trío, jojojo.
    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer! :D
     
    Última edición: 24 Abril 2017
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  7.  
    Leintni RousshLin

    Leintni RousshLin Siempre persistente y triunfal.

    Cáncer
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    ¡Hola otra vez!, este capitulo estuvo muy bonito, la verdad es que me entretiene la forma en que se demuestran cariño Beky y Cèsar , su forma de demostrarse lo cuanto se quieren realmente es..divertido...jiji ^.^, ¡Me encanta!

    Y en cuanto al nuevo personaje, pues...Es..es algo..Mmm, no se, algo..¿Aburrido..?, no se si quizas lo pusiera..

    Nah!, es un mal chiste, jajaja, no te lo creas por favor. Su funsiòn aquì fue muy esencial para dejar a flote los celos de Cèsar, se nota que la quiere mucho y por lo que pude leer lo que realmente temìa era perder su amitad, no?, al final con su caràcter, ver a su mejor amiga siendo muy amigable con Rubèn, lo que no hace con el, pues..Le produjo celos..

    Jajaja, en resumen me gusto el capitulo.

    Como te dije, te seguire hasta el final, asì que en despedida ¡Saludos!
    y

    ¡Bye!

    XD Sigue asì!!!!
     
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  8.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

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    Hola!

    Bueno, una vez más, disculpas. Hace tiempo había leído el anterior capi, pero por fatal de tiempo, estoy un poco liado.

    *Suspiro* En fin...

    En este último capítulo, César a dejado en claro sus sentimientos, y Beky del mismo modo. Entre ellos existe la típica burla de "Se pelean porque se gustan" y eso es obvio, a kilómetros se nota.

    Algo que me he dado cuenta es que Emilio actua, digámoslo así, "Violento" con Abi, en cambio, con Abril no es así. Lo cuál indica un ligero "amor" hacia ella, y no es precisamente por ser amigos de toda la vida.

    Rubén por su lado, viene siendo el famoso y típico nerd con todas las de la ley. Un chico con el autoestima por los suelos, timido, afectado por el acné y bueno... qué más se puede decir?

    Pero, es una buena persona. Nunca he trabajado con un personaje así, si lo he hecho con chicas, pero con hombres cuesta mucho, en especial porque mis escritos no son muy al estilo "cotidiano" son más del género ficción, así que nunca me han sido falta. Sin embargo, un personaje así puede ser muy importante, y si está en la historia, es por algo. Veremos que papel tendrá éste personaje tan particular.

    Un gran capítulo, me ha hecho reír y lo más importante de todo, entretener.

    Saludos. Y cuidate. Espero el próximo capítulo.

    Chao, chao, meow.
     
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  9. Threadmarks: Escena XIV
     
    Borealis Spiral

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    Leintni RousshLin ¡Hola! Mil gracias por leer y comentar, lo aprecio mucho *u* Lo sé, la forma que se pelean demuestra lo mucho que se quieren... es raro xD Normalmente no manejo este estilo de relaciones, jijiji. Pero es verdad, podría decirse que César temía que le quitaran su puesto de mejor amigo, pero también hay muchos celos. ¿Rubén es aburrido? xD Me hizo gracia eso, quizás lo sea y está bien, se vale en serio, pero ya veremos su papel aquí, aunque advierto que no es un personaje tan recurrente como los cinco, pero tendrá sus momentos. ¡Gracias por el apoyo!

    Darth Revan Gracias por hacerte tiempo de leer y comentar pese a las ocupaciones; yo entiendo que a veces es complicado, así que no te preocupes. Sí, ese dicho de "los que se pelean se quieren" podría quedar muy bien con Beky y César. Ahora, me ha encantado que notaras la diferencia de actitud de Emilio hacia Abi, porque es verdad, él actúa un poco más agresivo con ella que con Abril, mas no diría que sea por el "amor" que le tenga a Abril ya que con Beky tampoco es agresivo; diría más bien que es por lo que siente por Abi, que sería algo así como choque de personalidad. De todos modos, en este capítulo se verá un poquito más de eso. En cuanto a Rubén, sí, parece el típico nerd y a mí me encanta trabajar con esta clase de personajes y que sean chicos, no sé por qué xD Son mi debilidad :') Igual, él no será tan recurrente como los cinco, pero tendrá sus momentos. ¡Gracias por el apoyo y tus palabas, lo valoro!

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco un montón. A ustedes vaya el siguiente capítulo que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena XIV

    —¡Sí señor! Mis padres sí que supieron cuándo traerme al mundo —exclamó Abi por demás contenta, terminándose el café descafeinado que acompañó al pastel.

    Los cinco amigos estaban reunidos en casa de la pelinegra, festejando su cumpleaños número catorce. Los padres de la muchacha todavía no llegaban del trabajo, pues su padre tenía consulta hasta tarde dadas las vacaciones de fin de año que tomó, y su madre tenía el turno de la tarde esa semana. De allí que Abi dispusiera su hogar para hacer lo que se le antojara, corriendo a su hermano Martín a su habitación amenazándolo de que si salía le tiraría todos sus juguetes, tal como la buena y abusiva hermana mayor que era.

    —Es cierto, Abilene. En estas fechas te bañas en festejos y regalos —le dijo César, casual—. ¿Por qué no nací con esa suerte?

    —Porque de seguro al verte la suerte se asustó —dijo Beky, burlona.

    —Tú cállate, zotaca. Si supieras cuántas chicas suspiran por mí no dirías eso —se vanaglorió el chico.

    —¿Cuáles? ¿Las de tu imaginación? —siguió mofándose ella, divertida.

    —No, en realidad sí es popular entre las chicas —declaró Abi—. Pero eso es simplemente porque siempre está conmigo. Obviamente yo le doy toda su popularidad. —Y le enseñó la lengua, pilla.

    Beky y Abril rieron divertidas por el comentario, sacándole protestas a César de que eso no era cierto, en lo que Emilio apoyaba el codo en el brazo del sillón en el que estaba sentado y descansaba la cabeza en la mano, aburrido.

    —Y hablando de esos preciosos regalos. A ver, mis bellezas, ¿qué le han traído a la más hermosa de sus amigas? —Quiso saber Abi con claro y exagerado interés y soberbia.

    —Oh, oh. Yo quiero ser primero. ¿Puedo, puedo, puedo? ¿Porfa? —Abril se levantó de su lugar a un lado de Emilio y sacudió la mano con vigor para que la escogieran, como si estuviera en la escuela y deseara responder desesperadamente a una pregunta.

    —Claro que sí, cariño —la alentó Abi, enternecida por su actitud infantil y entusiasta—. ¿Qué me trajiste?

    Abril tomó su regalo envuelto en papel rosa pastel con letras que decían “I Love You” y se lo entregó a Abi con una gran sonrisa.

    —¡Feliz cumpleaños, Abi!

    Abi se apresuró a romper el papel y descubrió la caja de un pequeño perfume muy adecuado para Abi por ser dulce y alegre, pero también coqueto.

    —¡Oh my God, cariño! ¡Es divino! —Abi le agradeció dándole un fuerte abrazo—. Muero por usarlo ya. Con esto tendré a todos en la escuela bajo mis pies.

    Y rio como una desquiciada, imaginando su próximo imperio de dominación masculino.

    —Ay no, Abilene. Yo soy el que tiene que soportar esos olores tan fuertes. Me marean, tú —se quejó César tapándose la nariz de tan siquiera pensarlo.

    —Eres tan delicado, César —lo regañó Beky y luego se llevó una mano al pecho para expresar con solemnidad—. Lo que pasa es que no comprendes la sensibilidad femenina transmitida a través del perfume selecto.

    —No entendí ni una palabra de lo que dijiste, zotaca, pero okey.

    —Es que eres tarado, por eso.

    —No. —Emilio habló por primera vez después de un largo rato de no soltar ni pío y miró a Beky con tedio—. César tiene razón. Los perfumes dan asco.

    —Gracias, hombre. Tu apoyo es valioso —dijo César medio sarcástico, medio en serio.

    —Ay, por favor, ya no sean escandalosos y déjenos continuar —amonestó Abi antes de mirar a Emilio con una sonrisa pícara—. A ver, Míster Gruñón, ¿qué has preparado para mí hoy? ¿Qué me regalarás?

    —Eso si es que te dará algo —comentó César a nadie en particular, ganándose un codazo por parte de Beky.

    Para sorpresa de todos, Emilio se acercó a la bella pelinegra y le dio una bolsita negra.

    —No fue sencillo conseguirlos, pero sé que los necesitarás —dijo él con expresión neutra.

    Curiosa al máximo, Abi sacó una pequeña caja de la bolsita, descubriendo para su desconcierto que se trataban de anticonceptivos orales. Quedó estática en su sitio por un momento, muda.

    —¿Qué es, Abi? —Abril se le acercó, curiosa, imitada por Beky, quien al ver la caja se sonrojó furiosamente y miró al niño con reprensión.

    —¿Cómo se te ocurre darle esto? ¡Eso es pasarse de veras! Es un claro insulto y lo sabes.

    —¿Pues qué es? —César iba a acercarse para ver también, pero la fuerte y evidentemente falsa risa de Abi lo detuvo, por lo que la miró extrañado—. ¿Abilene?

    —¡Ay, Emilio! Eres tan pero tan divertido. ¡Qué broma más simpática la tuya! —Abi siguió fingiendo que reía en lo que se le acercaba con un aura amenazante—. ¿Te crees muy gracioso, verdad? —Ahora lo miró con enfado.

    —No. Es mi venganza por lo de la estúpida horquilla —reconoció él, frío.

    A Abi le subió el enojo y velozmente lo sujetó de uno de los brazos, haciéndolo girar para que le diera la espalda a ella, estirándoselo hacia arriba, aplicándole una palanca dolorosa.

    —¡Suéltame! —demandó él, dolorido e iracundo.

    —Discúlpate primero, mocoso malcriado —exigió ella, indignada.

    Emilio gruñó con hastío y alzando un pie le propinó un golpe con el talón en la pierna, logrando que aflojara su agarre y así pudo liberarse.

    —Maldito grosero del infierno —siseó la joven frotándose su pierna un poco, antes de alzarse y disponerse a lanzarse contra él una vez más.

    —Esperen, esperen. Abi, Emi. —Abril se colocó en medio de los dos, quedando frente a su amiga y dándole la espalda al rubio—. No peleen, por favor. Hay otras maneras de solucionar esto, ¿saben?

    —Quítate de en medio, Abril. Estorbas —masculló Emilio, seco.

    —No. —Se volvió a mirarlo—. Discúlpate con Abi por tu regalo, Emi. La ha ofendido.

    —Olvídalo. —Se cruzó de brazos, terco.

    —Emi —lo nombró con desaprobación.

    —¿Por qué lo soportas tanto, Abril? No es más que un desconsiderado y majadero. ¿Por qué siempre te vas de su lado? —recriminó Abi con amargura—. ¿No se supone que yo soy tu mejor amiga?

    —¡Lo eres! —Abril se viró para encararla—. Siempre lo serás, Abi. Sabes que te quiero mucho.

    —Pues entonces demuéstralo y deja de preferirlo a él antes que a mí.

    —No la metas en esto. El problema es entre tú y yo —advirtió Emilio entre dientes.

    —¡Tú cállate, grosero! —Abi lo miró mal—. Es hora de que elija de una vez por todas a quién prefiere.

    —Yo… No puedo hacer eso. —Abril bajó la mirada, angustiada—. Es cierto que te quiero mucho, Abi, pero también quiero mucho a Emi… No… No puedo elegir entre ninguno de los dos. Lo siento.

    Abril se sintió tan acorralada y presionada que sintió que los ojos se le aguaban.

    —Qué poca lealtad tienes —la acusó Abi, agria, ganándose otra mirada asesina por parte de Emilio.

    —Es suficiente, Abi. —Beky intervino en la pelea al ver que los sollozos sacudían a la castaña y se apresuró a consolarla—. Hacerla escoger entre dos personas que quiere no es justo y es un golpe bajo, muy bajo.

    Emilio soltó una exclamación de puro descontento y exasperación, antes de darse la vuelta y dirigirse a la salida.

    —¡Hey, Emilio, espera! —César lo detuvo sujetándolo de la camisa—. Ni se te ocurra irte así como así. ¿No piensas hacer nada para arreglar este embrollo que has hecho o qué?

    —Suéltame —farfulló el niño, lanzándole una mirada que le indicó que si con Abi no se había detenido de usar la violencia física para liberarse, con él tampoco lo haría por mucho que fuera también más alto y fuerte que él.

    —¿En serio piensas huir cual cobarde? ¿Dónde está tu hombría, maldita sea? ¿Eh? —César lo sacudió con fuerza, impacientado por su actitud.

    —Déjalo ir, César —habló una vez más Beky.

    —¿Qué? Pero… —El adolescente miró a su amiga con desconcierto y Emilio aprovechó su momentánea distracción para zafarse de su agarre, correr veloz a la puerta y salir por ella, cerrándola de un portazo—. ¡Cobarde! ¡Poco hombre! ¡Gallina asustadiza! ¡Mariquita miedosa!

    —Basta, César. Por ahora es mejor que se vaya para calmar los humos —volvió a decirle Beky, seria, y el otro no pudo sino chasquear la lengua, inconforme.

    —Lo siento mucho, Abi. —El susurro de Abril entre sus moqueos les llegó a todos, por lo que la miraron en lo que se limpiaba el rostro—. Se supone que estas ocasiones deben ser dulces, no amargas. Perdón por no poder dejarte buenos recuerdos en tu día especial, ni por darte buenos regalos.

    —Tú no tienes que disculparte. Quien debe hacerlo es Emilio —la reprendió Abi con dureza.

    —Sí, lo sé. También perdóname por eso —asintió la chica con voz temblorosa, afligida en verdad.

    —Oh cariño. —Abi la miró con pesar al notar su sinceridad, yendo a abrazarla—. Tú perdóname a mí por ponerte en una posición tan difícil para ti. No sé qué me pasó.

    —Está bien. —Abril le sonrió tranquilizadora y le regresó el abrazo, gustosa—. Te perdono porque no puedo enojarme contigo, Abi, y no puedo enojarme contigo porque te quiero mucho, mucho. Nunca pero nunca lo dudes, ¿okey?

    —Claro que no, cielo, nunca lo haré —le aseguró la otra, devolviéndole la sonrisa.

    —Demonios, menos mal que la tensión se ha ido. Me estaba ahogando aquí —declaró César al ver que las cosas se había apaciguado.

    —Eso hubiese sido divertido de ver —manifestó Beky, mirándolo traviesa.

    —Muy bien, confiésalo de una vez, zotaca. ¿En verdad me quieres muerto o qué? —César la miró con disgusto—. ¿En serio te crees que el perdedor de Rubén cumplirá tan bien la función de mejor amigo como yo o qué te piensas?

    —¿Por qué siempre tienes que meter a Rubén en todo? —Beky se irritó con él—. ¿Qué te ha hecho para que te caiga tan mal? No es mi culpa que tengas tantos problemas de autoestima.

    —Mi autoestima está perfectamente bien. ¿Te lo demuestro para que te quede claro?

    —Adelante, inténtalo si te atreves.

    César y Beky se miraron desafiantes, manteniendo una corta distancia el uno del otro en lo que él se inclinaba para quedar a la altura de ella y mirarla directo a los ojos. En eso, vieron un flash y volviendo su rostro a un costado, observaron que Abi les había tomado una foto con el celular.

    —Jojojo~. La pose perfecta para la etiqueta de “los que se pelean se quieren”. Un clásico —canturreó la pelinegra riendo con diversión.

    —¡Nosotros no nos queremos! —gritaron los dos, molestos.

    —Ya sé cómo funciona la rutina, así que haré como que les creo —volvió a decir la festejada sacudiendo la mano de arriba a abajo para desechar el tema, entretenida.

    —¡Oye! —se indignaron los dos debatientes, sacándoles más risas no sólo a Abi sino que a Abril también.

    —Bueno, bueno. —Abi dio un par de aplausos, entusiasta—. Suficiente de temas agridulces. Ya que César y Beky han cumplido su trabajo de aligerar el ambiente. ¿Por qué no seguimos con la entrega de regalos? ¿Qué se creen? ¿Que me he olvidado de que soy la cumpleañera? ¡No señor! Si hay algo que no perdono es que no se me den mis regalos, así que a darle. ¿Quién de los dos me lo dará primero?

    —Yo lo haré. —Beky se apuntó, sonriente de verla ya más animada y fue por su respectivo obsequio—. Felicidades, Abi.

    Le entregó una caja de pequeña dimensión. Abi la abrió y descubrió un estuche de maquillaje.

    —¡Es precioso, Beky! —Abi también le dio un abrazo de agradecimiento—. No, pero si ustedes me tienen bien pero bien chiquiada. No es que me queje ni que no me lo merezca, pero a veces se pasan.

    —Oye, ¿para qué estamos si no es para eso? —Beky rio divertida por las ocurrencias de su amiga.

    —Tú sí sabes, Beky. Ahora sí, nos queda el último pero no menos importante. —Abi miró a César con expectación—. ¿Qué me darás, César?

    —Que te conste que no es algo tan genial como lo que te dieron ellas, eh. Recuerda que soy pobre —le advirtió él en lo que tomaba una pequeña bolsa de regalo que había mantenido a su lado todo el tiempo—. Es más, me costó un friego encontrar algo que te gustara. ¿Por qué las mujeres son tan complicadas de dar gusto?

    —Ay, por favor. —Abi rodó los ojos—. No lloriquees tanto y dame ya mi regalo. Sabes que la intención es lo que cuenta, así que lo que sea que me des estará bien.

    —Ya pues. Toma. Feliz cumple, Abilene.

    César le tendió la bolsa y Abi la abrió viendo que se trataba de un neceser sencillo, azul cielo.

    —¿Es que se han puesto de acuerdo ustedes dos o qué? —cuestionó Abi por demás divertida, en lo que inspeccionaba el neceser—. Mira que Beky darme maquillaje y César un lugar dónde llevarlo. ¡Es que es increíble!

    —¡Lo sabía! —se apresuró a manifestar Abril, impactada, señalándolos con el dedo—. Ustedes pueden leerse la mente.

    —¡Claro que no! —negó César con presteza—. Es una coincidencia. Yo no sabía que Beky iba a darle eso. Y Dios me libre de tener que leerle la mente a una enana marimacha.

    —¡Yo soy quien debiera decir eso! —Beky se irritó por el comentario, mas casi al instante sonrió de medio lado, maliciosa—. Quiero decir, ¿quién querría tener tus pensamientos? Lo único que tienes en la cabeza es esto: daaah.

    Hizo una mueca como si tuviera retraso mental y abrió la boca hasta que le salió la baba, haciendo reír a Abi y Abril, muy por el contrario de César, quien se molestó.

    —Tú, maldita zotaca machona. Ven aquí que ya me hartaste. —Se lanzó tras ella.

    —Ah, ¿no que muy valiente? Si no aguantas los insultos, no los empieces, bruto. —Ella lo esquivó corriendo al otro lado de la sala.

    —¡Cállate ya!

    César y Beky se envolvieron en una especie de juego de la traes, en el que él intentaba darle alcance a ella y ella hacía lo imposible por evitarlo subiéndose a los sillones, arrastrándose bajo las mesas y usando otros muebles como distracción y dado que era alguien veloz y pequeña, incluso aprovechó algunos espacios reducidos para dificultarle las cosas a su amigo. Y aunque Abi y Abril estaban por demás entretenidas del espectáculo, Abi tuvo que darle un alto al ver que casi tumban uno de los adornos de su madre del mueble donde estaba la televisión.

    —¡A ver, a ver! —Volvió a dar un par de palmoteos—. Ya déjenle a su juego. Si rompen algo será a mí a quien regañen y si lo hacen me pondré de malhumor y créanme cuando les digo que no quieren verme de malhumor, así que basta ya.

    —De acuerdo, de acuerdo. —Beky se detuvo de su huida—. De todos modos creo que yo ya me voy antes de que se oscurezca totalmente. Con el cambio de horario no… ¡Ay!

    Sintió que César le dio un pellizco en el brazo y lo miró con disgusto en lo que se lo frotaba con dolor.

    —Venganza cumplida —se ufanó él, sonriendo socarrón.

    —Tarado —lo insultó con rencor.

    —Yo también me voy —informó el jugador de baloncesto, ignorando los reproches de su amiga—. Hará dos días que acabaron las vacaciones y lo que quieras, pero los profes odian mi salón y nos han dejado un montón de tarea y tengo que hacerla antes de que me dé más flojera de la que ya tengo.

    —Ah, yo también tengo tarea —asintió Abril.

    —Bueno, entonces todos se van, ¿eh? Pues no hay más que hacer. Adelante, váyanse y déjenme aquí a morir sola —dramatizó la pelinegra.

    —No te preocupes, Abi. Seguiremos juntándonos los fines de semana y eso, ¿verdad? —intentó animarla Abril, sonriente.

    —Por supuesto, cariño. Esa es tradición y no puede faltar. Pero antes de que me abandonen al menos ayúdenme a limpiar este tiradero, ¿no?

    —¿Pero por qué? Es tu casa, tú límpiala sola —se opuso César.

    —No seas bebé y ayúdanos. ¿O qué? ¿Eres demasiado machista como para creer que los hombres deban limpiar? —Beky lo miró con resentimiento.

    —No es eso. Es más, te apuesto lo que sea a que limpio más rápido que tú —retó él, confiado.

    —Adelante, estoy dentro.

    Con eso, todos se pusieron a limpiar y dada la enjundia de César y Beky, terminaron rápido, por lo que ya listos y con las últimas despedidas los tres se fueron, dejando sola a Abi, quien también se dispuso a hacer la tarea que tenía pendiente antes de que fuera la hora de que su telenovela favorita comenzara; no podía no ver al bombón del protagonista. Habrían pasado unos veinticinco minutos desde entonces cuando el timbre de la casa retumbó las paredes. Fue a atender y al abrir descubrió a ningún otro que Emilio, quien la miraba con expresión insulsa.

    —¿A qué vienes ahora, majadero? —lo interrogó, enfadada todavía.

    Emilio extendió uno de sus brazos en cuya mano llevaba una bonita rosa amarilla adornada con un listón rosa y se la ofreció.

    —¿Crees que puedes comprarme así de fácil después del insulto que me has hecho? —cuestionó ahora, indignada.

    —No. Estoy cumpliendo con mi parte al venir con la intención de arreglar el problema. El resto depende de ti —explicó él con monotonía.

    Abi siguió mirándolo con desconfianza, pero de cualquier manera tomó la rosa sin mediar palabra.

    —Me comporté como un patán, lo reconozco y me disculpo —siguió hablando Emilio con voz sosegada, pero manteniendo su entrecejo arrugado—. Nunca nos hemos caído bien, eso es claro. ¿Y qué? Eso no significa que tenemos que pasarnos toda la vida como perros y gatos. Somos mejor que eso. Es un fastidio y una pérdida inútil de recursos tener que estar peleando contigo todo el tiempo. Ya no quiero hacerlo. Además, no quiero tener que involucrar a Abril en otra discusión como la de hace rato. Ella no tiene por qué verse en una posición tan complicada otra vez y no tiene por qué sentirse dividida de esa forma; no quiero que vuelva a llorar por nuestra estupidez. Así que si no lo haremos ni por ti ni por mí, ¿podríamos al menos intentar llevarnos mejor por ella?

    Abi miró al chico con expresión indescifrable, antes de llevarse la rosa a la nariz y aspirar su aroma. Sonrió con distinción.

    —Por Abril, mi no tan querido Emilio, puedo hacer lo que sea —aceptó al final, segura.

    —Bien. —Emilio ladeó su cuerpo un poco para ver el interior de la casa y notarla silenciosa—. ¿Se fueron?

    —Hace como media hora o así.

    —¿Abril se fue sola? —Emilio miró el cielo notando que la oscuridad ya caía por completo—. Quería volver antes, pero no hay florerías cerca de aquí.

    —César y Beky la acompañaron. También les preocupaba que anduviera sola ahora que se hace de noche más pronto —informó la pelinegra sonriendo más abiertamente.

    —Ya veo. Me voy. —Emilio se dio la vuelta dispuesto a irse, pero lo voz de Abi lo detuvo.

    —Hey, Emilio. Gracias por mi regalo de cumpleaños. Es bonito y este me gusta más que el de tu broma. —Sacudió la rosa con ligereza.

    —Da igual. —Emilio no se volvió a verla.

    —Si me lo hubieses dado antes nos habríamos evitado todo este drama, ¿sabes? —mencionó con soltura, descarada.

    —Cállate. No estoy de humor. —Giró un poco para mirarla de reojo, cascarrabias.

    —Está bien, está bien. Ahí muere. —Abi sacudió las manos ante sí—. Pasa buenas noches. Sueña conmigo.

    —¡Agh! —Fue la disgustada exclamación de él, comenzando a alejarse.

    —¿No te convence? ¿Entonces qué tal si sueñas con Abril? ¿Eso sí te gusta? —Abi alzó la voz para que la escuchara, pícara.

    —¡Estás loca y eres una lata! —gritó a su vez él, fastidiado y sin detenerse.

    Abi ya no dijo nada sino que se limitó a verlo irse y cuando lo perdió de vista, volvió su visión a la rosa; sonrió por demás satisfecha. Así que después de todo, Emilio sí que tenía un lado suave, ¿eh? Eso era interesante de saber.


    Pues sí, Abi y Emilio no se caen bien del todo, pero se esfuerzan por tolerarse (? xD Y creo que Emilio se pasó con el primer regalo, no sé ._.
    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 4 Mayo 2017
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    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

    Acuario
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    Hola.

    Dejó aquí mi comentario antes que se me olvide. xD

    Una vez más, se nos demuestra la amistad que une a los chicos. Y más por los regalos dados a la cumpleañera. Emilio se pasó un poco, pero me ha hecho reír a carcajadas. Jajaja

    Pero ya, enserio, se pasó un pelín con su regalo, y más debido a que pusieron a Abril en una posición muy difícil. Eso es cruel!

    Al final, Emilio reconoció su error y se disculpó, no por Abi, sino por Abril. Ha dejado más en claro sus sentimientos hacia ella. Ya lo he dicho, Emilio me cae bien, más que nada se debe a que he trabajado con personajes así, que demuestran ser fríos por un lado, pero son cálidos por otro.

    Veremos que pasará próximamente. La verdad, me gusta bastante la historia y espero que la continues. Meow xD

    Saludos.
     
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    Leintni RousshLin

    Leintni RousshLin Siempre persistente y triunfal.

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    Hola!
    Otra vez yo ( si..como siempre).

    No quiero siempre ser tan agobiante y tan fastidiosa con siempre dejar mi comentario y Decìr lo mismo pero, ¡Ah!, es que no puedo evitarlo. Siempre que leo esto me hace Reìr , sentir emociones y aveces sentimental, pero mas emocionada por saber que vendrà despuès, por eso..¡Animos!¡sigue sigue sigue!!!, en serio me encanta...
    Pero lo sè, aveces soy muy agobiante con mis comentarios( perdona..)

    Aja, dejando eso de lado.

    El capitulo, me encanto. Abi, como siempre tan delicada y tan perfecta, ( esta chica si que es encantadora ^^) me da gracia su forma de llevarse con Emilio, tan..Clara en su opiniòn a èl. Cèsar y Beky, pues, su relaciòn si que se ve cada vez mas divertida ( sin duda estos chicos no tienen remedio)..

    Y en cuanto a Emilio, mi favorito ( despuès de la encantadora de Abril, claro) si admito que se paso un poco, y cuando digo un poco es porque, del resto la verdad es que me causo gracia, en serio, valla forma de venganza, si que aveces sus acciones me sorprende...Pero bueno, el siempre sera asì..
    Pero lo que quiero que sepas es que me gusto esa parte en que èl acepta que hizo mal el actuar de esa manera en esa situaciòn, ya por saber que Abril era la que mas habìa salido mal por aquella orden de elegir entre dos de sus queridos amigos, aunque aquì entre nos si alguna vez a la dulce Abril le tuviera que tocar elegiìr entre Abi y Emilio, la verdad es que dudo que lo llegue a hacer...

    Ya por ser que entre amistades es muy difìcil elegir a un faborito.
    Y ella a todos los quiere por igual, aunque demuestre mas afecto a Emilio, eso es claro..

    Asì que, bueno, creo que ya e dicho todo..

    ^^ ¡Au revour!
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    No necesitamos decirlo
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Amistad
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    3528
    Darth Revan ¡Gracias por leer y comentar siempre! Me anima mucho. Sí, Emilio se pasó con el regalo, pero también me causó gracia. Es un desgraciado xD Igual al final se disculpó, así que bueno. A mí también me gustan personajes como Emilio, fríos pero cálidos, por eso es raro que en esta historia él sea el último en mi lista de favoritos xD Gracias otra vez por leer.
    Leintni RousshLin No, niña, no. No digas nunca que eres fastidiosa con tus comentarios; me encantan, así que no dejes de hacerlos, jijiji. Muchas gracias por leer y dejarme tus comentarios, en verdad lo aprecio mucho <3 Y sí, Abi es genial, a mí me gusta un montón, no más que Abril, eso sí. Y Beky y César no se quedan atrás, jajaja. Emilio se pasó, pero al menos se disculpó y no, probablemente Abril no podría elegir nunca entre Emilio y Abi; a los dos los quiere mucho. ¡En verdad gracias por el apoyo!

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco un montón. A ustedes es que va la siguiente escena que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena quince

    Era fin de semana y Abril estaba en la fonda La Cholita, que era otro de los puntos de reunión del grupo más usuales. Habían sido citados por Abi porque tenía algo muy importantes que contarles y aunque le había dicho a Emilio que era urgente, él no había podido ir porque ya había hecho planes con sus abuelos de antemano y no iba a cancelarlos. Aunque no importaba, ya después ella le contaría de qué trataba todo aquello.

    Tomó de su Manzanita Sol, que era lo único que había pedido en espera de que arribaran sus amigos y al poco rato llegó Beky.

    —¿Qué tal, Abril? —la saludó su amiga en lo que le daba un pequeño abrazo.

    —Hola, Beky. Todo bien, gracias. ¿Tú qué tal? —respondió ella sonriéndole amigable y luego notó que César no estaba con ella—. ¿Y César?

    —Cuando Abi me habló ayer para quedar aquí dijo que no lo esperara y que viniera yo sola, que ya ella pasaría por él —informó la chica sentándose a su lado.

    —Ya veo. Ah, también creí que vendrías con Rubén. Ya se me está haciendo costumbre verlo seguido.

    —Bueno, Abi también me dijo que lo que sea que nos diría debía quedar entre los cinco, así que me advirtió que por hoy no lo invitara.

    —¿Eh? Eso es raro. —Abril frunció el ceño, extrañada—. ¿Crees que sea algo malo?

    —Espero que no. —Beky soltó un suspiro y al ver la inquietud en el rostro de la castaña le sonrió afectiva—. No te preocupes, Abril. Sabes que Abi suele dramatizar las cosas. Seguro que es otra de sus exageraciones y no es nada grave.

    —Sí, supongo que tienes razón —consintió la castaña tranquilizándose un poco—. Por cierto, es raro verte aquí tan temprano, Beky. Como tú y César siempre llegan tarde a las juntas siempre pensé que era por tu culpa.

    —¡Qué va! —Beky sonrió con sorna—. Es por culpa de él. Es que su casa es un relajo total con sus hermanos, así que siempre hay algo que a última hora lo retrasa y por eso va a buscarme tarde. Con Rubén también me tardo mucho en llegar porque se pone en un plan de que a última hora le pega el bicho de la timidez y dice que le da no sé qué aparecerse así como así; creo que la culpa es de César por el odio que le tiene. Pero eso, es culpa de ellos.

    —Te entiendo, te entiendo. —Abril asintió con enjundia—. Cuando vengo con Emi también tardo mucho porque tengo que convencerlo de venir.

    —¿Lo ves? Los hombres son los que nos retrasan a las mujeres, no al revés.

    Abril rio divertida y continuaron con una amena conversación en lo que Beky pedía una Fanta y algunos minutos después llegaron los otros dos.

    —¡Buenas mañanas, mis primores! —Fue el jovial saludo de la pelinegra.

    —¿Qué hubo? —Fue el saludo de César, tan casual como siempre.

    —¡César! —Tanto Beky como Abril se sorprendieron de ver el estado en el que estaba el chico.

    Lucía moretones por todo el rostro y raspones que ya coagulaban, por lo que las cicatrices le daban un aspecto grotesco a su cara, además de tener una gran herida en la ceja derecha cubierta por una gasa de tela pegada con cinta médica.

    —¿Qué ha pasado, César? —cuestionó la de cabello corto, levantándose de su lugar para inspeccionarlo mejor, medio preocupada medio incrédula—. ¿En qué bronca te has metido ahora, por Dios?

    —No te lo vas a creer, zotaca, pero me peleé con uno de tercero —notificó sonriendo con soberbia.

    —Y estás muy orgulloso de eso, por lo que veo —farfulló ella sacudiendo la cabeza, decepcionada.

    —¡Hey! Siéntete feliz por mí. No todos los días se presenta la oportunidad de machacar a alguien mayor que tú —se quejó él.

    —¿Pero por qué pelear? —Quiso saber Abril, quien se había quedado en su sitio llevándose las manos al pecho, nerviosa de imaginar la feroz lucha en la que tuvo que estar para quedar tan maltrecho.

    —Eso es precisamente de lo que quería hablarles —tomó la palabra Abi—. Pero vamos, primero pidamos algo para almorzar antes de cualquier otra cosa.

    Todos le hicieron caso y ordenaron cada uno lo que se les antojaba y mientras esperaban a que le llevaran sus alimentos, se enfrascaron en el tema de su interés.

    —Ahora sí, cuenten. ¿Por qué se peleó César y qué eso que quieres decirnos, Abi? —interrogó Beky por demás curiosa.

    —Muy bien. Agárrense bien de sus asientos porque esto es la bomba. —La hermosa chica las miró con intensidad aunque manteniendo una sonrisa traviesa; luego, dado que se sentaba a un lado de César, le pasó el brazo por el cuello en un abrazo afectuoso y declaró con sencillez—: César y yo ahora somos novio y novia. ¿Qué tal?

    —¡¿Qué?!

    El impacto que la noticia ocasionó en las presentes no fue ni medio normal.

    —Amm… ¿Felicidades? —dijo Abril no estando muy segura de la felicitación; no creía comprender en totalidad cómo las cosas se habían dado tan de pronto, pero igual estaba feliz por ellos.

    —¿Qué? ¿Cómo demonios es que…? ¿Por qué…? —Beky no pudo formular ni una pregunta coherente, encontrándose demasiado contrariada y confundida. Golpeó la mesa con el puño en un impulso, frustrada de experimentar tantos sentimientos encontrados, y se alzó de su asiento apoyando las manos en la superficie, mirándolos con exasperación—. ¿Cómo es posible? Eso no tiene ningún sentido. ¿Es por esto que César se peleó? Explíquense bien, maldición.

    La sonora y nada confortante carcajada de Abi la hizo callarse en sus protestas y miró con desconcierto cómo su amiga hacía un tremendo esfuerzo por detener sus risotadas, en lo que se envolvía el estómago con los brazos.

    ¡Oh my God! Tendrían que haber visto su cara. ¡Oh Dios! Lo valió, definitivamente lo valió.

    —¿T-t-te estabas burlando de nosotras? —Beky enrojeció del más puro carmesí, sintiendo que todo el bochorno del mundo invadía cada fibra de su ser, el que aumentó cuando vio que César también reía abiertamente, divertido. Apretó los puños con fuerza, airada—. ¡Muy bien, adelante! Jueguen con los sentimientos de las personas, vamos, que para eso sirven nada más. ¡Es divertidísimo de ver, ¿verdad que sí?!

    Se aplastó en su silla, roja de la vergüenza y la ira, en lo que se cruzaba de brazos y se encogía sobre su asiento hasta casi desaparecer bajo la mesa, sin mirar a nadie, en lo que Abril a su lado le acariciaba el brazo a manera de consuelo.

    —Beky tiene razón. Mentirnos así fue muy grosero —reprendió la castaña mirando a los culpables con reproche.

    —Ya pues, lo sentimos, lo sentimos. —Abi sacudió la mano a manera de desechar el mal ambiente, en lo que con la otra se limpiaba una que otra lagrimilla que le había salido por tanta risa—. Pero en realidad no es mentira. O al menos no desde la perspectiva de todos en la escuela.

    —¿Cómo así? —Abril alzó las cejas, más confundida que antes y Beky tan sólo la miró con los ojos entrecerrados, sospechosa.

    —¿Recuerdan que les he contado de Lucio? —inquirió Abi, apoyando el codo en la mesa y el mentón en la mano.

    —¿El imbécil ese que se cree la crema y nata de todo? —manifestó Beky con voz grave por la furia contenida—. ¿Ese pesado vanidoso, engreído y pretencioso que piensa que todas las personas estarán a su disposición siempre? ¿Ese infeliz insoportable que no para de acosarte para que salgas con él?

    —Exacto. Ese mismo —asintió Abi.

    —Pues no, no me acuerdo de él —sentenció ella misma desviando la mirada, resentida.

    —¡Oh vamos, zotaca! Quién te viera tan rencorosa —se metió César, mirando a su mejor amiga con desaprobación, pero manteniendo un tono chispeante en su voz—. Ya ni yo lo soy tanto. ¿No se supone que yo soy el inmaduro del grupo? Anda pues, no me robes el puesto, ¿qué me vas a dejar luego, eh? Si no presumo al menos de eso, ¿entonces de qué?

    —Tardado —lo insultó sonriendo de medio lado, distrayéndose por las ocurrencias de su mejor amigo—. Ya estuvo pues. ¿Qué pasa con el tipo ese?

    —Lo que pasa es que sigue en su inútil intento de querer hacerme su novia —siguió exponiendo Abi, lanzando un suspiro de cansancio—. La verdad es que es tan estúpido que no entiende lo que es no y está cada día más fastidioso. Literalmente, no me da ni un sólo respiro. Es nada más verme y a darle, allí está encima mío. Lo peor es que hasta hace poco no se acercaba a mí si César estaba conmigo, pero ya ni siquiera le importa eso y continúa con su teatro de molestia.

    —Y justamente esos intentos estando yo presente hicieron que le agarrara un odio pero del bueno, de ese que no se te irá ni aunque mates al tipo —sentenció a su vez César con desagrado—. Ya sabía que era un pesado, pero esto que hace ahora es pasarse; ya ni la friega, seguro es peor que las hemorroides. En fin, que resulta que tanto odio y disgusto llegaron al límite y el jueves pasado explotó todo y nos agarramos a golpes.

    —¿Pero cómo fue exactamente? —Quiso saber Beky ya muy metida en la plática.

    —Estábamos en el recreo cuando mandé a César a que me comprara algo de la tienda y obviamente él aceptó como el buen amigo que es. —Abi miró a César, pícara.

    —¡Mientes! Eres una aprovechada del más alto nivel —protestó él—. Y siempre juegas sucio para salirte con la tuya. No se vale.

    —¿Jugar sucio? —Abril ladeó la cabeza, confundida—. ¿Cómo juegas sucio, Abi?

    —Oh, ya sabes, cariño. Con estas nenas puedes tener lo que quieras.

    Abi guiñó un ojo, coqueta, en lo que ponía las manos en su generosa delantera y la sacudía con descaro, haciendo sonrojar a Beky por su falta de decencia, al tiempo que César se cubría el rostro con las manos, también rojo hasta las orejas. Lidiar todos los días con la excéntrica pelinegra no era fácil, no señor.

    —Pero eso no es lo importante ahora. —Abi volvió al tema a tratar—. El caso es que César fue a la tienda y yo me quedé a esperarlo en el lugar donde siempre almorzamos y entonces llegó Lucio con su falso carisma y sus coqueteos de perdedor. Me preguntó que por qué no aceptaba un cita con él y aunque le expliqué que era porque no me gustaba nadita, nadita, su vanidad no le permitió aceptar eso como excusa y empezó a hablar de sí mismo y sus supuestas cualidades hasta por los codos, así que harta de él, pues como que se me salió decirle que no aceptaba su propuesta porque ya tenía novio.

    —¿Se te salió? —Beky la miró con escepticismo—. A ti no suelen “salírsete” las cosas, ¿sabes?

    —De acuerdo, sí, tal vez ya lo tenía pensado desde hacía un rato. —Abi rodó los ojos—. Pero estaba en una situación desesperada y creí que fingir tener novio daría resultado, por lo que se lo dije y cuando me preguntó quién era, le dije que quién otro iba a ser aparte de con el que me veía siempre. Él concluyó solito que era César, ¿eh? Yo no le dije nada.

    —No busques excusas, Abi —la reprendió Beky, seria—. Tu intención fue engañarlo de plano para zafarte de él.

    —¿Y está mal que lo hiciera? El sujeto es la mar de irritante, ¿sabes? ¿Por qué no intentas ponerte en sus zapatos, zotaca? —la regañó César.

    —Lo hago y la entiendo, créeme. Sólo quiero que no se excuse por hacer lo que hizo, es todo. Y por cierto, tú estás dentro de toda esta farsa también, ¿sabes? ¿Cómo te involucraste en esto? ¿Por qué aceptaste en primer lugar?

    —Meh, ya ves. —César se encogió de hombros, despreocupado—. ¿Y cómo no iba a hacer algo? Es lo que los buenos amigos hacen por los suyos, ¿no? Cuando llegué y vi que el imbécil ese estaba molestándola, pues me puse a defenderla como siempre y de pronto él me salió con eso de que si era verdad que yo era su novio y no sé qué. Me sorprendí al oírlo preguntar eso, pero bastó una mirada entre Abilene y yo para entender su plan y pues le dije que sí era cierto, que era su novio. ¿Y qué crees que hizo el bastardo? Se atrevió a burlarse de mí, ¡de mí! Se rio a carcajada viva de mi persona. Dijo que no podía creer que alguien como Abilene hubiese aceptado salir con un pordiosero como yo siendo que él existía. Y pues ya estuvo, eso fue suficiente para acabar con mi poca paciencia, así que adiós al buen comportamiento y hola morrazos y trancazos. Así fue como terminamos peleando.

    Beky no pudo evitar reír al escuchar todo el asunto, dando una aplauso por demás entretenida.

    —¡Oh por Dios! Me lo imagino y debió haber estado increíble. Si ya decía yo que tenía que haberte herido el orgullo como para que terminaras queriendo hacerlo pedazos.

    —¿Y qué más querías que hiciera? Nadie se mete conmigo, mi dignidad o mis amigos y sale bien librado —alardeó César.

    —¿Pero está bien que engañen a todos así? —cuestionó Abril en desacuerdo—. Mentir no está bien.

    —Abril tiene razón —concordó Beky—. Las mentiras siempre salen a la luz. ¿Qué pasa si Lucio los descubre?

    —Oh vamos, no nos sermoneen —se quejó César, fastidiado—. Lo hicimos como último recurso. Era un asunto de fuerza mayor y era por el bien de Abilene.

    —Exactamente. —Abi asintió con la cabeza con vehemencia—. Era por mi bien. Y no se preocupen. Esta farsa no durará tanto como para que nos descubran. Quedamos en que fingiríamos nuestro noviazgo hasta que Lucio se graduara y sólo faltan unos meses para eso, así que no pasa nada. Además, soy una actriz de primera. El que me preocupa que pueda echar a perder todo es César.

    —¡Hey! Que yo también puedo actuar bien si me lo propongo —se defendió él, molesto.

    —¿Ah sí? Ya lo veremos, aunque siento que tendré que sacarnos de los problemas que nos metamos gracias a ti más de lo que pienso. —Ellas rieron divertidas, sacándole más protestas al adolescente—. Y de todos modos, no es nuestra culpa que los demás en la escuela corrieran el chisme de que somos novios. Nosotros sólo engañamos a Lucio; que ya después los rumores alcanzaran a todos no nos hace culpables. Es igualito a lo que pasa con Abril y Emilio. No es su culpa que todos en su escuela crean que son novios.

    —No es igual en nada —arguyó Beky, frunciendo el ceño en discordancia—. Ellos no andan diciéndole ni a una sola persona que son novios cuando no lo son y si les preguntan lo niegan ¡porque no lo son! Al decírselo a Lucio ustedes mismos comenzaron los rumores y ya ni siquiera podrán negarlo cada que se los pregunten si no quieren echarse de cabeza.

    —¡Bueno ya estuvo! —César se impacientó y miró a su mejor amiga con irritación—. ¿Por qué te importa tanto si somos o no somos novios falsos? Fue nuestra decisión y tenemos nuestras razones. ¿Por qué tanta negativa?

    —N-no es negativa, es sólo que quiero que entiendan bien en lo que se han metido —se excusó ella con presteza.

    —¡Sí claro! Fueras tan linda y te lo creía —exclamó él, escéptico—. Pero no, te molesta otra cosa y creo que ya sé qué es. —Sonrió con socarronería.

    —Es-estás loco. ¿Por qué iba a molestarme nada? —se empeñó en negar ella, nerviosa.

    —Ah, ya lo creo que estás molesta. Estás molesta de que gané la apuesta, ¿verdad? ¡Si ya decía yo! Estaba seguro de que de los dos, yo sería el primero en conseguir novia y tenía razón. ¡Ja! En tu cara, zotaca.

    César se cruzó de brazos y alzó la barbilla, arrogante, en lo que Abril los miraba con curiosidad y Abi tan sólo se llevaba una mano al rostro, murmurando algo sobre la idiotez del chico. Mientras tanto, las palabras de César encajaron en la mente de Beky.

    —¡¿Pero qué diantres estás diciendo, idiota?! —se exaltó ella, incrédula—. ¡No se vale si son mentiras! Abi no cuenta porque no es tu novia de verdad, ¿no entiendes? Qué has ganado ni qué nada. Estamos en las mismas.

    —Nada, nada. Sé una buena perdedora y acepta que gané la apuesta —presumió él.

    —¡Ni en tu sueños, César Manuel, ni en tus sueños! No aceptaré una derrota a base de mentiras. A ver, si fuera tan sencillo, desde un principio le habría pedido a Rubén que fingiera ser mi novio y te habría ganado desde hace mucho. ¿Eso quieres que haga? ¿Eh? Si quieres se lo digo y lo consideramos un empate.

    —A ese perdedor no lo metas en nuestros asuntos —bramó el de cabellera marrón dorada, enfadado—. Y no, no puedes fingir ser su novia.

    —Entonces invalida lo de Abi —exigió ella.

    —Bien. No se vale y empezamos desde cero.

    —Bien.

    —Bien.

    —¡Bien!

    —¡Mal! —intervino Abril en un intento de sacarlos de su discusión, por lo que los dos la miraron con extrañeza—. Eh… Mejor volvamos al bien.

    Rieron amenamente por la ocurrencia de la castaña y justo en ese momento también llegaron sus pedidos, por lo que se apaciguaron los humos de la contienda.

    —De todos modos César tiene razón, Beky —habló Abi después de que todos le dieron un primer mordisco a sus alimentos—. Aunque yo empecé todo, César decidió seguir con el juego por voluntad propia, así que es nuestra responsabilidad lo que pase a partir de aquí.

    —Sí, ya lo sé. —Beky miró su plato unos instantes, antes de sonreír con seguridad—. Bueno, en ese caso no me queda más que darles mi apoyo moral. Además, si lo pienso mejor, las cosas podrían ponerse bastante interesante con ustedes dos “saliendo”. —Hizo comillas con los dedos y miró a César con malicia.

    —¿A qué te refieres? —Él le devolvió la mirada, desconfiado.

    —Oh ya sabes. Fingiendo o no, el que seas novio de Abi quiere decir que tienes que cumplir con todos sus caprichos. ¿O cómo piensas convencer a los demás de que son novios de verdad? Tienen que actuar como una pareja oficial, ¿sabes?

    —Oh no. —César entendió el punto y empalideció. ¿En qué lío se había metido?

    —¡Oh sí! —exclamó Abi con brillitos en los ojos de tan siquiera imaginarse las posibilidades—. ¡Por fin tendré a alguien que me sostenga las bolsas cuando vaya de compras!

    —Espera, Abilene. —El chico la miró con espanto—. No tenemos que fingir fuera de la escuela, ¿o sí?

    —Por supuesto que sí. Imagina que me encuentro con Lucio u otro compañero un día y no me ven contigo. ¿Qué clase de novios no se ven en sus ratos libres? ¡Oh cielos! Tengo tantas ideas para nuestras próximas citas. ¡Tú déjamelo a mí, amorcito! Verás cómo nos la pasaremos genial.

    Y riendo como una posesa volvió a pasarle el brazo por el cuello, traviesa, en lo que la pobre víctima tan sólo reclamaba por las locuras a las que su supuesta novia llamaba planes.

    —Qué curiosa pareja hacen —comentó Abril intentando no reír demasiado para no atragantarse con su bocado.

    —Ni que lo digas.

    Beky también rio con buen humor y continuó observando el espectáculo que montaban los falsos enamorados. Aunque siguiera pareciéndole un disparate todo ese asunto, de cualquier modo estaba decidida a pasarla bien con la nueva situación junto a sus amigos. Quería decir, acababa de empezar la adolescencia; se suponía que tenía que gozarla al máximo, incluyendo las locuras y estupideces propias de la etapa, ¿cierto? Definitivamente sí. Con ese pensamiento continuó almorzando y conversando con los demás, pasando un agradable, dichoso y divertido momento, tal y como debía ser.


    Curiosa situación esta, ¿no creen? ¿Qué opinan?
    Por ahora es todo. Gracias por leer.
     
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    Leintni RousshLin

    Leintni RousshLin Siempre persistente y triunfal.

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    ¡Ahhh!, ¡Escandalo!, ¡ME ENCAAAAAANNNTAAAA!! ¡Jajajajaja!
    En serio, Borealis Spiral, me gusto este capitulo (como todos)..Si!
    A, y..bueno, perdòn por el escandalo, ya sabes, reacciòn juvenil y todas esas cosa, pero no pude evitar escribir mi verdadera reacciòn.

    Quiero que sepas que siempre estarè aquì comentando tus capitulos, me cueste lo que me cueste, quizàs a alguien le paresca perdida de tiempo, pero solo lo hago para que sepas cuando lo leo y cuanto me encanta tu trabajo.

    Sobre la idea de que Abi y Cèsar son novios, pues..Wao!, me dejo en Shop en serio, ellos como parejas jamàs lo habìa pensado pero, luego de leer este capitulo, bueno pues, mi imaginaciòn volò, ¿Y quieres saber mi opiniòn?.

    Pues..

    ¡Es interesantes!, la actitud de Cèsar juntarse con una como la de Abi, pues, es toda una sorpresa en serio. Y sobre el capitulo en total, fue lindo e interesante.

    Aunque en el fondo luego de leerlo me quede pensando.

    Emilio, el personaje que me llama mucho la atenciòn, ¿Que estarìa haciendo?, despuès de todo segùn habìa quedado con sus abuelos a una salida, ¿No?, bueno, me parecio curioso que no saliera en este capitulo, porque solo imaginarlo en medio de esa explicaciòn de los nuevos novios y eso, me causaba risa, dando su opiniò de aseguro solo verìa aquello como un ¿What?, o un ¿En serio?, una enorme tonteria que habìan cometido ambos sin duda.

    Segùn quizàs a su opiniòn, porque de igual modo entre nos sabemos que el no le tomarìa mucha importancìa a esos asuntos amorosos. Pero no me hagas caso, aveces dejo mi imaginaciòn volar, despuès de todo es mi opiniòn. No se...
    Pero bueno..
    En serio, sigue asì, aquì termino con una despedida.

    ¡Nos leemos luego!¡Bye!
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Leintni RousshLin ¡Muchas gracias por leer y comentar siempre! Me levanta el ánimo siempre, en serio. Adoro tus reacciones y que me las escribas. Es tan lindo <3 Jajaja, me alegra que la idea de César y Abi sean novios te agrade xD Aunque no olvidemos que sólo están actuando, pero igual es curioso. En cuanto a Emilio, es cierto que si hubiese estado allí no le habría prestado mucha atención al tema, no es de su interés. Eso sí, no te sorprendas que no salga en estas reuniones, recordemos que el chico es medio antisocial xD ¡Gracias por tu apoyo! En verdad lo valoro mucho y te dedico a ti este capítulo es especial.

    A los demás que se pasan a leer de forma anónima o no tan anónima también se los agradezco enormemente, significa mucho. Y sin mucho más que decir, pasaré de lleno a la siguiente escena que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena 16

    Era la primera semana de marzo y la entrega de calificaciones del tercer bimestre se hacía patente. Abril esperaba en su butaca, ansiosa de que su maestra la llamara para que le entregara su respectiva boleta. Hasta ahora había estado cumpliendo su promesa de no reprobar nada y se encontraba muy feliz por ello. Escuchó que la docente la nombraba, por lo que se apresuró a tomar tanto el citatorio para la reunión de padres así como la boleta, y como era su costumbre, se los llevó al pecho apresurándose a su asiento y en cuanto estuvo sentada vio las notas.

    Español: 7 7 6
    Matemáticas: 6 6 5
    Ciencias Naturales: 6 7 6
    Geografía: 6 7 6
    Historia: 6 6 7
    Educación Física: 6 6 7
    Educación Artística: 8 8 9

    La sonrisa de emocionante expectación murió en sus labios cuando sus ojos canelas se toparon con la desagradable sorpresa de que había reprobado Matemáticas.

    «¿Por qué?», se preguntó con desaliento total, sintiendo que la decepción la golpeaba sin misericordia. «¿Por qué? Si estaba haciéndolo tan bien, estaba esforzándome mucho, estaba estudiando mucho… ¿Por qué?».

    No lo entendía, simplemente no lo entendía. Un terrible nudo en la garganta se le formó al tiempo que los ojos se le aguaban.

    —Ah, no es justo. Apenas pasé Matemáticas de panzazo.* Es que ahora sí estuvo difícil el examen —le comentó su compañera de al lado a su amiga con quien se sentaba y luego la miró a ella—. ¿A ti qué tal te fue, Abril?

    —Más o menos —respondió ella, intentando sonreír sin mucho éxito y colocando la boleta en la mesa, al revés para que nadie viera los resultados.

    —Hey, hey. —Otra de sus compañeras de enfrente y que solía molestarla de vez en cuando se volvió para encararla—. ¿Qué traes tú? Casi siempre presumes de tus calificaciones aunque den pena. ¿No me digas que ahora sí reprobaste todo? —Sonrió burlona—. A ver, presta para acá.

    Y se apresuró a tomar la boleta de Abril, pero ella la tomó y se la llevó al pecho, protegiéndola con su vida.

    —¡No! —gritó defensiva, inclinándose hacia adelante para protegerse más, no deseando que nadie viera su fracaso. Le daba vergüenza haber roto su promesa, mucha vergüenza.

    —¡Anda, pero si ya decía yo! Apuesto a que tienes cincos en todas las materias —siguió mofándose la chica.

    —¿Y de qué te sorprendes? Sorpresa era que no los hubiera sacado antes con lo bruta que es —siguió otro chico, hiriente.

    —¡A ver, ustedes al fondo! ¿Qué pasa? ¿Qué relajo traen? ¿Eh? —La llamada de atención de la profesora hizo que dejaran de prestar atención a Abril.

    —Nada, maestra, nada —contestaron los revoltosos, retomando sus actividades.

    —A ver. Ya que supieron cómo les fue en los exámenes y las compartieron con sus compañeros, anden, denme las boletas. Mañana hablaré con sus padres en la junta.

    Los alumnos hicieron caso y le devolvieron las boletas. Abril fue de las últimas en hacerlo.

    —Lo estás haciendo muy bien, Abril —le dijo la docente en cuanto le regresó el papel, procurando darle ánimos—. Hay que trabajar un poquito más con algunas materias, pero no te rindas, ¿de acuerdo? Si tienes alguna duda en las próximas clases, ven con confianza a mi escritorio y las dos nos pondremos a trabajar en eso, ¿sí? Para eso estoy aquí, mi trabajo es ayudarte.

    —Sí, gracias. —Abril asintió, cabizbaja—. ¿Me da permiso de ir al baño, por favor?

    —Claro, ve.

    —Gracias.

    Abril se apresuró al servicio de niñas y se encerró en uno de los cubículos donde pudo dejar que su frustración y desilusión desbordaran libremente por medio del llanto. Se sentía fatal; se sentía abochornada y confusa y creía que todo era muy injusto. ¿Por qué había vuelto a fallar si había estudiado tanto? No se valía, no era justo. Se suponía que había estado dando su todo, ¿entonces por qué le fue tan mal otra vez? ¿Acaso su máximo no era suficiente? ¿Y qué iban a pensar sus padres de esto? Ellos la habían animado, le dieron todo su apoyo y ella los había defraudado. ¿Iban a regañarla? ¿Qué había de Emilio? Él también la había ayudado mucho a estudiar y ni así pudo cumplir su promesa de no sacar ningún cinco. ¿Iba a molestarse por hacerlo perder el tiempo?

    Por un instante Abril deseó quedarse allí todo el día lamentando su desgracia, pero supo que no podía hacerlo; la maestra quizás la mandara buscar. Por lo que limpiándose el rostro y sonándose la nariz con el papel higiénico que siempre había en cada cubículo, procuró tranquilizarle y regresó al aula, intentando no darles motivos a sus compañeros para que la molestaran, aunque quizás sus irritados ojos la delataron, pues de pronto escuchó uno que otro murmullo por parte de los que usualmente se metían con ella, mas no pasó a mayores.

    El resto de las clases se la pasó distraída, sin ganas de prestar atención a su alrededor, mirando a través de la ventana, ausente, y apenas fue consciente de que dieron el timbre que finalizaba la escuela. Observó que los demás se levantaban dispuestos a irse; ella también comenzó a guardar sus útiles con lentitud, sin deseos reales de levantarse de su asiento. Todos se fueron, incluso la maestra, quien antes de salir volvió a dedicarle algunas palabras de aliento y luego ella quedó sola en el aula, mas no se dignó a moverse y siguió con su mirada perdida en un punto al vacío. Duró así lo que bien pudo parecer una eternidad.

    —Oye.

    Una voz la sacó de su mundo y al dirigir sus ojos a la persona, se encontró con que Emilio se acercaba a ella con pose tranquila, teniendo las manos en los bolsillos del pantalón y su característico ceño fruncido.

    —Emi —lo nombró con voz queda. Era verdad, se suponía que debió buscarlo para ir a casa juntos.

    —¿Qué tienes? —la cuestionó ya estando a su lado, mirándola con intensidad, sabiendo que algo estaba mal con ella si no había ido por él.

    —Yo… —Abril se debatió entre decirle o no, pero al final sintió que si no lo hacía iba a explotar, por lo que se confesó, triste, avergonzada y llorosa—. No creo que pueda seguir sacando buenas calificaciones, ¿sabes? —Intentó sonreír pero sólo fue una mueca fea—. Es que… Reprobé otra vez… No… No pude cumplir mi promesa, Emi y yo… Es… Es que sí soy tonta y no puedo arreglar eso. Ellos tienen razón…

    —No, no la tienen —rebatió Emilio, disgustado de oírla hablar así—. Sólo sigue esforzándote.

    —No es tan fácil…

    —Claro que sí, sólo ti…

    —¡Te digo que no es fácil! —Abril perdió la paciencia dado su momentáneo estado de vulnerabilidad y estalló—. ¿Cómo podrías saberlo? ¡Tú no tienes que esforzarte tanto como yo, Emi! Eres listo y tienes buena memoria y sacas dieces siempre y todo te sale bien, ¡pero a mí no! Que sea fácil para ti no quiere decir que lo es para mí porque no lo es. ¡No somos iguales!

    Un incómodo silencio los rodeó, en lo que Abril se daba cuenta de lo que había hecho: le había gritado a Emilio con verdadera molestia; nunca había hecho eso. Lo miró al rostro, temerosa, notando que él seguía igual de impasible que siempre y que la miraba con una expresión indescifrable. Bajó la vista, afectada; supo que lo correcto sería disculparse, pero por alguna extraña razón no quiso hacerlo.

    —Tienes razón. No somos iguales —sentenció al final Emilio, frío, y luego se alejó unos pasos de ella—. ¿Y qué? ¿Piensas quedarte aquí todo el día o qué? Si es así dímelo para irme sin ti porque yo ya quiero irme.

    Abril apretó los labios, dudosa, pero de cualquier manera se levantó tomando su mochila y se la colgó en los hombros. Se acercó a Emilio, quien no se había movido de su sitio en espera de su respuesta y estaba pasándolo de largo cuando él le metió el pie haciéndola caer de lleno al suelo, sacándole un gritito de sorpresa y dolor. Lo miró desde el suelo, asombrada y herida.

    —¿Por qué? —preguntó apenas audiblemente, aturdida e incrédula.

    —Porque no somos iguales —declaró él, serio.

    —¿Te estás desquitando por lo que te dije? —Abril sintió que lágrimas de desconsuelo bajaban por su rostro—. Qué cruel eres, Emi… muy, muy cruel…

    —Dime, ¿cuántas veces te ha pasado esto? —Quiso saber él sin dejar el tono solemne.

    —¿Eh? —Abril lo miró sin comprender su repentino comportamiento e interrogante.

    —¿Cuántas veces te has caído en tu vida? Por tu torpeza, porque otro te haya puesto el pie o por lo que sea, da igual, pero dime cuántas.

    —¿Para qué quieres saber? ¿Qué tiene que ver con esto? No entiendo.

    —Responde la pregunta. —Él empezaba a exasperarse un poco.

    —¡No lo sé! —exclamó ella mirando el suelo con desazón, en verdad confundida—. Muchas veces. No sé cuántas pero muchas.

    —¿Y cuántas veces te has puesto de pie?

    —Tampoco lo sé. Muchas también… Todas esas veces que me he caído.

    —¿Verdad? Pues esto es lo mismo.

    La castaña alzó su vista al escuchar que el timbre en la voz de Emilio se suavizaba notablemente y descubrió que su amigo se había acuclillado a su lado para quedar a su altura y mirarla directamente a los ojos.

    —Sólo has sufrido una caída con lo de las calificaciones, Abril. No significa que seas una burra sin remedio o estúpida o que no te esfuerzas lo suficiente. Simplemente has tropezado y has caído, pero puedes levantarte otra vez aunque te parezca difícil. Yo lo sé, confío en ti.

    —¿Cómo puedes estar tan seguro? —Lo miró con ojos brillantes por el llanto retenido.

    —Porque eres así; eres terca y no te gusta quedarte en el suelo por mucho tiempo. Puedes ser más lenta que otros para levantarte, pero al final lo haces. Y tus calificaciones de este año son mejores que las de otros y eso prueba que si te esfuerzas puedes cumplir tu promesa lo que queda del año, así que no digas que no puedes porque sí puedes y ya lo dejaste claro. Pero lo más importante es que no estás sola; no tienes que ponerte de pie tú sola. Tienes la ayuda de tu maestra, de tus padres, de la Fruit Band y la mía. —Emilio se irguió y le ofreció su mano—. Yo voy a seguir ayudándote a estudiar lo que haga falta para que no repruebes otra vez, te lo prometo. Así que tienes que levantarte.

    Abril lo miró con ojos grandes y centelleantes de admiración, sin dejar de derramar lágrimas, pero ahora de alivio; Emilio era tan genial. Miró la mano que le ofrecía y sin poderlo evitar sonrió con sinceridad, ya más renovada en espíritu, aceptando su ayuda para ponerse de pie.

    —Muchas gracias, Emi —le agradeció en lo que se limpiaba el llanto restante con la manga del suéter.

    —Da igual. Perdona por ser tan brusco —se disculpó el rubio en lo que la ayudaba a sacudirse el polvo de la ropa.

    —No importa —sacudió la cabeza con cero resentimiento—. Creo que tenías que hacerlo para que entendiera bien lo que me querías decir y de todos me ayudó a sentirme mejor, así que está bien. Y ya lo he decidido, Emi. Este será el último cinco que saque este año. ¡Lo juro! Es como dice el dicho de que habré perdido la guerra, pero no la batalla… ¿o era al revés? ¿Y cómo imaginas una guerra contra un examen y las tareas? Eh…

    Abril comenzó a hablar de sus divagues mentales y Emilio simplemente la miró entre extrañado y divertido, mostrando en su rostro una expresión de suavidad al verla de mejor humor, en lo que una rebelde sonrisa pugnaba por salir de sus labios, mas la contuvo al comentar como quien no quiere la cosa.

    —¿Entonces qué? Si este será el último cinco que saques este año, ¿significa que el año que viene puedes sacar todos los cincos que quieras?

    —¡Claro que no! No quise decir eso y lo sabes. —La chica lo miró con reproche.

    —Si tú lo dices, haré como que te creo. —Se encogió de hombros y ahora sí caminó a la puerta para salir del aula.

    Emilio esperó que Abril protestara como siempre que bromeaba con ella y que le dijera que era malo pero no lo hizo, cosa que lo extrañó, mas apenas iba a detenerse y virar para encararla de nuevo cuando sintió que ella lo abrazaba por detrás.

    —En serio muchas, muchas gracias por animarme siempre que lo necesito, Emi. Eres un muy buen amigo y te quiero por eso —reconoció inmensamente agradecida—. Y quiero que sepas que el día que tú te tropieces y caigas será mi turno ayudarte a levantarte. Esa es una promesa de mí para ti, ¿okey?

    —Aléjate, eres molesta. Y te he dicho que es Emilio, no Emi. —Forcejeó para liberarse—. ¿Y crees que soy tan torpe como para dejar que me pase lo que a ti o qué?

    —Ouh, Emi, estoy intentando ser amable y tú que me tratas tan feo. Eres tan malo —se quejó ella en lo que lo soltaba para mirarlo, disconforme.

    —¿Y es mi culpa? ¿Cómo crees que voy a dejar que me levantes? De seguro los dos acabamos en el suelo por culpa de tu torpeza. Y aparte eres una enclenque, no puedes conmigo.

    —¡Sí que puedo! —se defendió ella, determinada.

    —No, no puedes, ya no fastidies.

    Emilio retomó el paso, ignorándola. Abril infló los cachetes, ligeramente molesta de que la llamara débil, por lo que volvió a acercarse a él con decisión y lo abrazó nuevamente por detrás, pero ahora sujetándolo por la cintura y usando toda la fuerza que tenía lo alzó del suelo.

    —¡Hey! —protestó el niño, tomado por sorpresa al sentirse en el aire—. ¡Suéltame en este instante y lo digo en serio! ¡Bájame ya!

    —¿Ves que sí puedo contigo? —manifestó ella, orgullosa de su logro, pero le hizo caso porque él empezaba a retorcerse mucho y el agarre se le estaba aflojando.

    Emilio se alejó de ella varios pasos, receloso, y la miró con gran irritación en lo que sentía que su rostro ardía de pura humillación y el espasmo en su ceja se hacía presente. Abril realmente lo había cargado; como a un niño, ¡como a un bebé! Oh Dios, ¿por qué a él? En serio pero en serio que quería crecer ya.

    —¿Qué rayos tienes en la cabeza? ¿Por qué hiciste eso? —le recriminó por demás abochornado.

    —Para que vieras que sí puedo contigo. En realidad me sorprendiste, Emi; eres más livianito de lo que creía. Aww, eso te hace todavía más lindo.

    —Cállate, cállate, no quiero oírlo. —Emilio se cubrió los oídos; en ese momento le pareció que Abril sonaba como las amigas de su abuela y era odioso.

    —Pero…

    —No. No te oigo. Ah, ah. No. —Emilio comenzó a caminar a paso apresurado, procurando alejarse lo más pronto posible de ella antes de que la vergüenza fuera mayor.

    —Oh Emi, ser chiquito no es malo. Yo creo que es tierno. —Abril lo siguió, risueña.

    —¡Que te calles! Eres una molestia. —Él se volvió para mirarla mal aunque no se detuvo.

    —Creí que no me estabas escuchando. —Rio divertida.

    —¡Agh!

    Y entre más bromas, humillaciones, risas y reproches llenos de fastidio, los dos volvieron a casa.


    *Panzazo: En México significa pasar un examen de chiripa o a duras penas; de manera lamentable.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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  15.  
    Leintni RousshLin

    Leintni RousshLin Siempre persistente y triunfal.

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    ¡AAHH!¡Ahora si grito con ganas!. ¡Hay en serio!, ¡Me encaaaantooo!
    Y es poco con eso. En serio.
    ^.^¡Que ternura!, dirè lo mismo que dijo Abril, ¡Tan tierno!.

    Borealis Spiral, muchas gracias.

    Este capitulo lo leì tan entretenida, tan feliz que, me parecio especial, muy especial.
    La actitud que tuvo Emilio en con para Abril en su momento de caìda (literal mente) pues.. Me gusto, me parecio tan lindo y tan ejemplar, me parecio un gran gesto de buen amigo.

    Emilio en el fondo se ve que es una buena persona, aunque nadie lo vea de ese modo , Abril si lo ve y mucho mas. Ya entiendo porque el chico es un poco mas abierto solo con ella, si ella es la ùnica que lo quiere asì tal y como es de cruel y malhumorado, eso es lo que lo hace especial.

    Esta vez no solo te doy un Like, si no un Fangirl, en serio creo que ya te lo mereces.
    ¡El leer esto me a hecho muy feliz!

    Asì que, dejo aquì mi comentario y mi sellito. Y con una cordial reberencìa me despido (jijiji)

    ¡Bye!
    ¡Te deseo lo mejor!
     
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  16.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

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    Hola. n.n

    Debo admitir que aveces los capítulos suelen ser muy simples, pero eso no importa, ya que lo importante es entretener, y has hecho un gran tabajo.

    Del capítulo anterior debo decir que será muy interesante lo que pase entre la falsa relación de César y Abi. Espero morirme de risa.

    Y con respecto al nuevo, bueno, nos mostraste la parte más blanda de Emilio. Además de la razón por la que aprecia a Abril, pues ella es la única que lo quiere por como es realmente. Algo que me parece muy romántico ho, ho, ho.

    Ambos capis han sido muy buenos y entretenidos, algo que has cuidado muy bien, te felicito. Espero la próxima actualización. No quitare los ojos de la pantalla (?)

    Saludos, y cuídate!
     
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  17. Threadmarks: Escena XVII
     
    Borealis Spiral

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    Leintni RousshLin ¡Muchas gracias por comentar y leer! Eres una lectora fiel y te agradezco por eso, sobre todo porque yo soy mala escritora .-. Ese sello de fangirl me ha hecho feliz y tus palabras también. Que sientas tanto la historia y siga gustándote significa mucho para mí y me encanta que te expreses sobre cómo ves a los personajes. Emilio es un buen amigo y Abril es muy querendona. ¡Muchas gracias en verdad, lo aprecio mucho!
    Darth Revan Gracias por segurle la pista a esta historia y por siempre dejar tus impresiones, lo valoro mucho. Y sí, mi idea con esta historia siempre ha sido la de mantenerla lo más simple posible, pero al mismo tiempo entretenida. Me alegra que lo esté logrando. En cuanto a César y Abi, bueno, ojalá te saque alguna risa, pero insisto en que no debe tomarse en serio xD Emilio es un manojo de buenos sentimientos, sólo que procura esconderlo; saca de quicio a veces, ¿no? ¡De nuevo, gracias por el apoyo dado!

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco inmensamente. A todos ustedes mis lectores, especialmente los conocidos, les dedico el capítulo que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena XVII

    Sonó el timbre de recreo, por lo que todos los estudiantes se apresuraron a guardar sus cosas y tomar su lonche para salir del salón dispuestos a disfrutar de su media hora libre. Emilio también sacó su almuerzo en espera de que Abril hiciera su aparición, la que llegó casi de inmediato.

    —Emi, ¿qué…? —El saludo quedó a medias porque la voz le falló de golpe, produciendo un sonido chistoso, haciéndola carraspear.

    —Ea, ea, ¿qué pasa con ese gallazo? —Emilio la miró medio burlón y medio curioso.

    —No lo sé. Desde hace rato que me molesta la garganta —informó ella en lo que llegaba a su lado y se sentaba.

    —¿Hm? —Emilio la vio con intriga—. A ver, abre la boca.

    —¿Eh? ¿Para qué? —Ella también lo miró, extrañada.

    —Haz lo que te digo, anda.

    Abril obedeció y abrió la boca con un gran “ah”, por lo que Emilio puedo ver que las anginas estaban ligeramente inflamadas.

    —No estás bien. Tienes mala la garganta —la regañó indicándole que volviera a cerrarla—. ¿Por qué no le dijiste a tu mamá que no te sentías bien?

    —Pero sí me sentía —se defendió ella desenvolviendo su torta—. Me levanté igual que siempre, como todos los días, en serio. Y de todos modos no me gusta faltar a la escuela porque me atraso en las clases y luego se me hace más difícil de entenderlas y no me gusta.

    —No seas tonta. Si estás enferma de todos modos no vas a prestar atención. Si no quieres sacar otro cinco necesitas estar saludable. ¿Por qué no le dices a un profe que te sientes mal? Si no quieres molestar a tu mamá en el trabajo puedes llamar a la abuela y ella vendrá por ti.

    —Pero estoy bien, Emi. —Abril sacudió la cabeza en negación, terca—. No es nada, no tengo nada, puedo pasar el día sin problema. Es más, ni siquiera me duele la garganta, es sólo una molestia, pero no es que me duela de verdad. Mira, hasta puedo pasarme la comida y todo. —Le dio un mordisco a su torta y se lo tragó haciendo un sonoro sonido, como queriendo demostrarle a Emilio que estaba perfectamente bien; luego se señaló a sí misma, sonriente—. ¿Ves? Todo está bien.

    Emilio suspiró con resignación; no iba a hacerla cambiar de opinión y lo sabía, por lo que dejaría de insistirle. Lo único que esperaba era que en verdad se tratara de una molestia pasajera causada por alguna irritación sin importancia, por la resequedad o lo que fuera. Comenzaron a almorzar y aparentemente Abril no tuvo dificultades con su garganta, por lo que Emilio estuvo más tranquilo. Sacó un pequeño recipiente en el que su abuela le ponía fruta picada como postre.

    —Ah, hoy es melón. —Abril miró la fruta—. ¿Se le acabaron las jícamas a tu abuela?

    —Sí. Tengo que conformarme con esto hasta que traiga más en el próximo mandado.

    —¿Ves lo que te pasa por comer pura jícama, Emi? Te las vas a acabar un día. —Abril rio divertida.

    —Eres una exagerada y es Emilio, no Emi. Además, yo no soy el único con manías raras, señorita “arroz con crema, plátano, miel y canela”. ¿Cómo puede gustarte eso?

    —Sabe rico, de veras. Deberías intentarlo.

    —Asco.

    Emilio empezó a comer su postre y de reojo vio que Abril se entretenía jugando con el papel aluminio de su torta, haciendo un muñequito. Extendió el recipiente hacia ella, ofreciéndole melón.

    —¿Me das? —Ella lo miró con sorpresa; normalmente no le convidaba de su postre—. ¿Por qué?

    —¿Por qué no? —Emilio se encogió de hombros—. No es jícama de todos modos.

    —¿O sea que si fuera jícama no me darías?

    —Exacto.

    —Qué malo eres, Emi.

    —Qué bueno que no quieres. —Hizo ademán de alejar el recipiente, pero Abril lo detuvo tomándolo por el brazo.

    —Ah, espera, espera. Sí quiero, sí quiero. —Abril se llevó un pedazo a la boca—. ¡Qué rico!

    Los dos se terminaron la fruta entre más plática y en eso dieron el timbre que dio término al recreo, por lo que Abril se despidió de Emilio asegurándole que iría por él a la salida. Las clases transcurrieron normales y concluyeron también con normalidad, así que Emilio aguardó la llegada de Abril en su pose de siempre: brazos cruzados sobre la mesa y ocultando el rostro entre ellos. Cuando la castaña hizo acto de presencia, los dos se dirigieron a casa y el trayecto también habría sido ordinario de no ser porque Emilio se percató de que Abril carraspeaba demasiado, indicando así que su simple molestia había pasado a otro nivel.

    —¿Tanto te empeoró la garganta en tan poco rato? —la interrogó deteniendo el paso para mirarla directamente.

    —No, estoy bien —refutó ella en un hilo de voz, deteniéndose también.

    —No sabes mentir. Apenas si puedes hablar claro. —La miró con reproche.

    —Ouh, pero no me quiero enfermar. No me gusta —se quejó ella haciendo un puchero de inconformidad.

    —¿Y crees que nada más porque no te gusta ya no te vas a enfermar nunca o qué? —Emilio miró a su alrededor; estaban en medio de la cuadra y había visto que en la esquina había una tienda de abarrotes—. Espérame aquí. Ya vengo.

    —¿A dónde vas?

    —Tú espérame.

    Sin darle más explicación, el rubio se alejó de ella a paso rápido, por lo que Abril no tuvo más opción que aguardar allí, moviéndose en su sitio y mirando en torno, inquieta. Al poco rato, Emilio regresó con un paquete de Halls de miel con limón.

    —Ten. Esto te aliviará un poco o al menos hará que dejes de rasparte la garganta hasta que le digas a tu mamá que estás mala. —Le dio una pastilla.

    —Gracias. —La tomó sonriéndole agradecida y se la llevó a la boca, saboreándola con gusto—. Mmm, está rica y fresquita.

    Los dos iban a retomar la marcha hacia su casa cuando aparecieron dos niños un par de años más jóvenes que Emilio, haciéndose paso por entre ellos con aparente prisa y empujando a Abril en el acto.

    —Ouh, no empujen —protestó ella con voz débil.

    —Oigan —los llamó Emilio al ver que iban a irse sin siquiera pedir perdón—, fíjense por dónde van.

    —Ya, perdón, es que tenemos prisa —dijo uno de ellos volviéndose a ellos para mirarlos y entonces Abril notó los juguetes en sus manos.

    —¡Trompos! —exclamó ilusionada—. ¿Saben jugar trompos?

    —Sí, ahorita íbamos a juntarnos con unos amigos para jugar competencias y si no nos apuramos van a empezar sin nosotros. Adiós.

    —¡Esperen! —Abril los detuvo antes de que se fueran—. ¿Podemos ir a ver?

    —¿Eh? —Emilio la miró como si se le hubiera zafado un tornillo.

    —Si quieren, pero córranle que ya empiezan —los apuró el mismo chico, impaciente.

    —Vamos, Emi. —Lo tomó de la mano, arrastrándolo consigo cuando empezó a seguir a los niños.

    —¿Estás loca? Tienes que ir a casa a que te vean la garganta —recriminó el chico intentando soltarse del agarre de su amiga, pero parecía que estuviera adherido a ella; Abril tenía un agarre firme.

    —No te preocupes, la pastilla que me diste me alivianó un montón. Estoy mucho mejor. Aparte de que en serio quiero ver cómo se hacen las competencias de trompos. Nunca he visto una, ¿sabes? Deben ser tan geniales.

    —¿Y por qué rayos tengo que venir yo también? —rezongó, cascarrabias.

    —¿Cómo que por qué? A ti te gustan los trompos, ¿verdad, Emi? —Emilio no respondió pero Abril supo que su silencio era un sí, por lo que siguió—. Entonces es obvio que tienes que venir también. Siempre es lindo ver algo que te gusta, ¿a que sí?

    Le sonrió con simpatía y Emilio simplemente murmuró más protestas por lo bajo hasta que llegaron a un parque cerca de la zona del panteón de la ciudad. Allí observaron a varios grupos de chicos de diferentes barrios reunidos para la competencia, además de varios espectadores. Admitiéndolo en voz alta o no, Emilio sí que sintió mucho interés de estar en un lugar así; después de todo, tampoco había presenciado una competición de trompos de ninguna manera.

    Se acomodaron junto al demás público y casi de inmediato comenzaron el duelo; hicieron varias secciones en las que participaba un representante de cada barrio. La primera y más sencilla de todas fue la de la prueba de resistencia, pues todos los contrincantes lanzaron los trompos a ver cuál duraría más tiempo girando y el ganador otorgaría un punto a su respectiva colonia. El siguiente fue el de dibujar un círculo en el suelo y lanzar los trompos dentro de este haciendo que chocaran entre sí y el que saliera primero perdería y así hasta que uno resultara vencedor al no ser botado del círculo por los demás.

    Emilio se mantuvo bastante entretenido observando las diversas pericias e incluso hasta se acuclilló y se movió de aquí para allá, siguiendo los trompos, teniendo un campo más amplio y un mejor ángulo de visión. También se puso a analizar algunas jugadas, viendo cuáles podría realizar él sin problema y en cuáles necesitaría trabajar, como en la de sacar la moneda que pusieron en el centro del círculo. Ese truco requería de más habilidad y dado que él no se concentraba del todo en los trucos en tierra, sería complicado de llevar en su estado actual, mas su curiosidad por saber si podía llegar a dominarlo en algún momento lo hizo desear intentarlo en casa. Tal vez le pidiera consejo a su abuelo.

    La competencia terminó resultando como ganadores los de la colonia del Barrio Alto, por lo que todos empezaron a dispersarse e ir a sus respectivos hogares y Emilio hizo lo mismo. Se irguió mirando alrededor en busca de Abril, a quien encontró no muy lejos de allí, acuclillada también, pues en algún momento del encuentro había optado por imitarlo, esperando así poder sentir o comprender mejor lo que fuera que Emilio estuviera observando en aquella posición. Él se le acercó.

    —¿Nos vamos? —le preguntó, sereno.

    Vio que ella asentía y que le extendía la mano. El niño se extrañó un poco de que le pidiera ayuda para ponerse de pie dado que ella era muy enérgica por su cuenta, pero entonces recordó que no había estado sintiéndose bien. Presuroso, la tomó de la mano sintiéndola caliente y sudorosa, y pese a que ella era cálida por naturaleza, en esta ocasión estaba que ardía. La jaló para que se levantara y al hacerlo pudo verle mejor el rostro, el que brillaba de un claro y notorio rojo.

    —¿Te dio calentura? —Emilio la miró con reprobación—. ¿Es que eres tonta? ¿Por qué no me dijiste nada para irnos antes si te estabas sintiendo peor?

    —No quería. Estabas pasándolo tan bien viendo los trompos que no quise quitarte la diversión —se excusó ella con dificultad por el malestar en la garganta—. Es raro que te vea tan entretenido con algo y quise aprovecharlo todo lo que pudiera.

    —Pues sí que eres tonta. —Emilio sacudió la cabeza, descontento—. ¿No puedes pensar en ti más seguido?

    —Claro que puedo —declaró Abril, contundente—. Mira… Eh… Ah, ya sé. Emi, quiero que vengas otro día y participes en la competencia. Pregunté y dicen que las hacen cada dos semanas los miércoles o los viernes. La verdad es que me gustaría verte ganar, sería tan genial. ¿Ese es un pedido egoísta, verdad?

    —Lo es, pero no es seguro que gane. Ellos manejan un terreno con el trompo que yo no.

    —Oh. —Abril lo pensó un poco—. Bueno, entonces me gustaría verte perder.

    —Oye, ¿estás de mi parte o en mi contra? —El tic en su ceja amenazó por aparecer.

    —Sólo quiero que pases un buen rato como cuando veías los trompos, Emi. Si con verlos te viste tan feliz, creo que si juegas como los demás lo serás mucho más —se sinceró ella, sonriéndole ampliamente.

    —Es Emilio, no Emi. Y esa ya no es una petición egoísta —comentó él, mirando a un costado.

    —Ah de veras. —Rio nerviosa de verse con las manos en la masa.

    —De todos modos no estás en posición de exigir nada así como estás. Vamos, volvamos a casa. —Emilio comenzó a caminar a paso calmado, en lo que Abril lo seguía sin rechistar—. Si te mejoras quizás lo piense y otro día venimos con todo y mi trompo.

    —¿En serio? —Abril se emocionó—. ¡Ye…!

    Iba a celebrar pero otro gallo se le interpuso, por lo que volvió a carraspear irritándose mayormente la garganta y ahora sí no pudo disimular la mueca que el dolor le causó. Emilio no pudo más que darle otra pastilla en espera de que tuviera algún tipo de alivio. De ese modo y sin mayores percances, los dos volvieron a casa para que Abril pudiera ser atendida de su malestar.


    Otra escena con este par... Es que me encanta trabajar con ellos, de veras que sí. Aunque puede que eso cambie xD
    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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  18.  
    Leintni RousshLin

    Leintni RousshLin Siempre persistente y triunfal.

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    Oh valla, ¿Como le haces eh?. ¡Me encanto!

    Primero. No eres una mala escritora, para nada, me gusta tu forma en que haces expresar a cada personaje.

    Segundo. Me gusto mucho porque, como sabes...¡Adoro este Dùo!, son tan lindos, y porque pude notar muy bien que esta vez Emilio se encontraba muy atento con Abril, fue muy bonito las escenas en que èl se molestaba con ella con el disimulo de que en realidad estaba muy preocupado por su estado. Fue adorable.

    Y Tercero...^^ Sin duda seguirè visitando esta pagina incansable mente hasta terminar de leer el final de esta historia, SIII!!

    Te deseo lo mejor. Besos y abrazos.

    ¡Bye!
     
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  19. Threadmarks: Escena dieciocho
     
    Borealis Spiral

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    Leintni RousshLin ¡Hola Lein! Muchas gracias siempre por leer y comentar mi historia. Tu apoyo significa mucho para mí, especialmente cuando tardo en actualizar mis historias. ¡Gracias por ser paciente! A mí también me gusta mucho este dúo, creo que es la tercera de mis parejas favoritas, creo, pero amo la relación que tienen. Nuevamente agradezco tus palabras y tu animo. Me encantan.

    A los demás que se pasan a leer también les agradezco de corazón. Espero que la historia siga gustándoles y sin mayor contratiempo, les dejo la escena siguiente. ¡Disfruten!

    Escena dieciocho

    Eran las vacaciones de primavera que cayeron en abril y los cinco amigos estaban en casa de Abril celebrando su decimocuarto cumpleaños. Los chicos se encontraban en el comedor disfrutando de la tarta de frutas con crema pastelera que Lola había hecho para festejar la ocasión.

    —Mmm, ¡qué delicia! —exclamó Abi en lo que degustaba su pedazo con deleite—. Le ha quedado fantástica la tarta, Lola —halagó a la mujer obteniendo el apoyo de César, quien sólo mostró un pulgar arriba al hallarse demasiado ocupado comiendo de su segunda ración del día.

    —Muchas gracias. La hice con mucho amor —dijo Lola con una sonrisa sincera, haciendo una pequeña reverencia, elegante.

    —Y yo también ayudé —informó Abril, contenta—. Yo puse las fresas del centro.

    —Con razón están tan chuecas —comentó Emilio, dejando la mitad de su pedazo en la mesa, empalagado.

    —Qué malo eres, Emi. Me esforcé mucho para ponérselas.

    —Qué más da que estén chuecas. Lo sabroso no se lo quita nadie —sentenció César, ahora hincándole el diente al resto del pedazo de Emilio.

    —Esté sabroso o no, tú te comes todo lo que sea postre, César —comentó Beky rodando los ojos.

    —Pues sí, ¿y qué? —Se le acercó para hablarle en voz baja, confidente—. Es que yo sí sé cómo endulzarme la vida, no como otros. —Y señaló a Emilio sin mucha discreción.

    —Te estoy escuchando. —El rubio lo miró con fastidio.

    —Entonces dime que me equivoco, anda, te reto —desafió el otro, confiado.

    Emilio ya simplemente lo ignoró volviendo su rostro a un lado, apoyándose en el respaldo con descuido y cruzándose de brazos; su ceño fruncido no cambió en ningún momento.

    —¡Ja, lo sabía! Hasta tú sabes que tengo razón.

    —A ver chicos, que le roban el estrellato a mi cariñito en su día especial. —Abi se apresuró a redirigir el interés en su amiga—. Hoy toda nuestra atención debe ser para ella, es nuestra reina. ¡Eso es! ¿Qué les parece si la hacemos reina por este día? —Sugirió con emoción.

    —¿Reina? ¿Y cómo se hace eso? —Beky enarcó la cejas, interesada.

    —Sencillo. Por el resto del día haremos absolutamente todo lo que ella quiera y sin quejas. Así como un pueblo obedecería a su reina sin pensarlo —explicó la pelinegra, orgullosa de su idea.

    —Ay sí, sí. Hay que hacer eso, porfa. —A Abril le entusiasmó la idea y los miró ilusionada.

    —Por mí no hay problema —aceptó Beky, determinada.

    —Por mí tampoco. Es más, cualquier cosa que me lances lo haré a la perfección, mejor que cualquiera de ustedes —declaró César, arrogante.

    —Claro, que te pida graduarte con honores de ser un presuntuoso y eso sí que lo cumples sin problema —se burló Beky, irónica.

    —Y si a ti te pide esconder tu celos perderías muy feamente, zotaca —devolvió él, socarrón.

    —Anda, sigue soñando que es gratis. —Beky le mostró la lengua y él le devolvió el gesto.

    —A ver, César, yo sé que me engañas con Beky, pero disimula un poco, ¿quieres? Ten algo de respeto por mí —intervino Abi, pícara.

    —¡Eso no es cierto! —se apresuraron a protestar los implicados.

    —Y mucho menos te engañaría con ésta —concluyó César apuntando a Beky de manera despectiva y ella iba a recriminarle una vez más cuando Abril juntó sus manos en un sonoro aplauso.

    —¡Eso es! —exclamó, jovial, ganándose la atención de todos—. Ya sé cuál será mi primer pedido. César, me gustaría que le dedicaras un pequeño verso de amor a Abi. Sería tan lindo.

    —¿Qué? —El de cabello marrón dorado la vio como si tuviera una enfermedad contagiosa—. ¿Por qué tengo que hacer eso?

    —¿Cómo que por qué? Son novios, ¿verdad? Entonces es normal que le digas cosas bonitas —reveló Abril, contundente.

    —Pero sólo somos novios de mentiras —se excusó él, nervioso.

    —¿Y eso qué? —Esta vez fue Beky quien habló, cruzándose de brazos—. Hasta a los amigos se les pueden decir cosas bonitas. A ver, señor “haré lo que sea que me pidas”, ¿dónde quedó tu confianza de hace rato? Uy, no me digas que eso también era de mentiras. —Sonrió con malicia, divertida.

    —¡Claro que no! Es sólo que… Ya sabes… Es complicado…

    Oh my God. Esto está más bueno de lo que pensé que sería. —Abi rio por demás entretenida y se inclinó hacia su novio falso, alzando las cejas repetidas veces, coqueta—. A ver, mi amor, ¿qué clase de bellas palabras saldrán de tu linda boquita para la hermosísima de tu novia?

    Las chicas rieron y César se encogió de hombros sintiéndose verdaderamente avergonzado de ser el centro de las burlas.

    —Yo sé que puedes hacerlo, César —lo animó Abril, sonriente, y miró a Emilio—. Emi, dile algo para animarlo.

    —Me alegra no ser tú. —Fue su seco comentario.

    —No ayudas —arguyó el otro, molesto, y luego inhaló profundamente—. Creo que tengo algo que he visto por allí, pero es… ¡Demonios! Que conste que sólo lo digo porque no se me ocurre otro.

    —Sí, sí, lo que digas, pero suéltalo de una vez. —Lo apremió Beky, impaciente, muy curiosa de saber lo que le diría a Abi.

    César volvió a llenarse los pulmones de aire y encaró a Abi, mirándola directamente a los ojos al decir:

    —En la mañana brilla el sol, en la noche brilla la luna y en el centro de mi corazón, brillas tú como ninguna.

    —¡Ay, qué lindo! —Las tres chicas chillaron como desquiciadas, enternecidas, haciendo sonrojar enormemente al joven.

    —¡Por Dios, César! No tenía idea de que fueras tan romántico. —Beky le dio un codazo, traviesa—. Pues al final sí que tienes madera de novio, ¿eh?

    —Ya lo sé, ¿verdad? ¡Soy tan afortunada! —le siguió la corriente Abi, pasándole un brazo por el cuello a él—. A mí se me hace que ya no voy a querer dejarte ir después de esto.

    —No empieces con tus loqueras. —César la miró irritado y la apartó de sí, incómodo—. Dijiste que lo nuestro terminaría cuando Lucio se graduara y me lo vas cumplir sí o sí.

    —De acuerdo, de acuerdo, ya no te me pongas ansioso que te dará el soponcio. Uy, pero qué miedo me tienes. —Abi rio con ganas antes de redirigir su interés a Abril—. ¿Has quedado satisfecha, cariño?

    —Sí, fueron palabras muy bonitas —asintió, conforme—. Ahora quiero pedirle algo a Emi.

    —¿Eh? —Emilio la miró con expresión hastiada—. Olvídalo. Yo no estoy jugando. Y es Emilio, no Emi.

    —Ehjey, ni lo intentes, Míster Gruñón. De esta no te vas a escapar tan fácil. Lo tendrás que hacer quieras o no —le advirtió Abi mirándolo con agudeza.

    —Exacto, Emilio. Ni creas que dejaré que te salgas con la tuya de no hacer nada después de que yo hice un oso horrible. Vas a cumplir lo que sea que te pida así tenga que obligarte a cumplirlo, ¿me oyes? —amenazó César deseando que su vergüenza pasara a alguien más.

    —Además no sabes lo que Abril te pedirá, Emilio. Y dado que es ella, no puede ser tan malo, ¿sabes? —lo instó Beky, tranquila.

    Emilio rodó los ojos con molestia total y luego miró a Abril, desganado.

    —¿Qué quieres?

    —Un abrazo —solicitó la chica, simple.

    —¿Eh? Si siempre andas abrazándome por tu cuenta y sin mi permiso. ¿Para qué quieres otro? —indagó él, extrañado.

    —Ese es el problema, Emi. Yo soy la que te doy abrazos todo el tiempo, pero ahora que lo pienso bien, tú nunca me has dado ninguno ni me los devuelves cada vez que yo te los doy y realmente me gustaría que me dieras uno. Abi, Beky y César ya me abrazaron para desearme feliz cumpleaños y sólo faltas tú. ¿Me lo das por favor?

    Emilio frunció más el ceño, absolutamente nada convencido; él no era amante del contacto físico.

    —¡Que la abrace, que la abrace! —cantó Abi, pilla.

    —Vamos, Emilio. Demuestra que eres un macho de verdad —lo animó César, enérgico.

    —Sí se puede, sí se puede —canturreó Beky de igual manera, aplaudiendo al compás de cada palabra.

    Emilio suspiró con completo hastío antes de levantarse de su lugar e ir al lado de la castaña.

    —Párate —le ordenó y ella cumplió con presteza, emocionada. Emilio alzó su mirada gris-azulada para verla a los ojos y su entrecejo se arrugó mayormente—. Ven.

    La tomó de la mano para dirigirla a la sala de la casa, con los otros tres metiches siguiéndolos de cerca, curiosos. El de cabello arena llegó a la mesita de centro que adornaba la estancia y que no era muy alta; luego se subió a ella borrando la diferencia de estatura… o no, pues ahora él quedó un poco más alto. Mas antes de que cualquiera pudiera decir nada, envolvió a la chica en sus brazos.

    —Feliz cumpleaños.

    Y lo que tardó en decir la frase fue el tiempo que duró el abrazo, pues de inmediato se separó y bajó de la mesa antes de que Lola lo regañara. Sin pronunciar palabra volvió al comedor y ocupó de nuevo la silla donde había estado sentado, cruzándose de brazos.

    —Listo. ¿Ya podemos seguir? —Miró a todos con expresión aburrida.

    —Wow, Emilio, eres un campeón. ¿Cómo le haces para que hasta dar un abrazo se vea tan cool? —lo aduló el jugador de baloncesto, asombrado.

    —Con eso se nace, no se hace, así que vete olvidando de siquiera intentarlo —molestó Beky con chanza.

    —Ya pues, zotaca. Si tanto quieres pelea, la tendrás.

    César estuvo por lanzársele encima pero la repentina risita de Abril lo detuvo.

    —¿Estás bien, cielo? —preguntó Abi, acercándose a ella, incauta.

    —Sí, no es nada, es sólo que... —Ella procuró tranquilizarse y luego miró a Emilio—. Eres muy injusto, Emi. Ese fue un abrazo muy, muy corto. Apenas lo sentí, ¿sabes?

    —¿Y? Nunca dijiste que debía ser largo —se excusó él, indiferente.

    —Pero…

    —Emilio tiene razón, Abril —se metió Lola, quien había estado echándoles un ojo a los chicos desde la cocina—. Nunca dijiste cuánto debía durar y de cualquier manera cumplió tu pedido, ¿no? Deberías estar conforme.

    —Supongo que sí —consintió al final, sonriente.

    —¿Algo más que quieras pedir, cariño? —volvió a indagar la pelinegra.

    —No, creo que no. No se me ocurre nada por ahora —reconoció ella, pensativa.

    —¿Entonces qué tal si te damos tus regalos de una vez? —sugirió Beky.

    —Sí, hay que dárselos ya. Es la mejor parte de los cumpleaños de todos modos —apoyó César.

    —Entonces le daré el mío. —Emilio decidió tomar la iniciativa levantándose y dándole la caja envuelta en papel que había tenido consigo todo el tiempo—. Ten, felices catorce.

    Abril la abrió inmensamente curiosa y descubrió una linda alcancía de gato en pose defensiva, de unos veinte centímetros de altura cuya cola estaba levantada y por lo mismo podía usarse de anillero. El hueco para guardar monedas estaba en el lomo; era color beige y por todo el cuerpo tenía un diseño otoñal con hojas de árboles rojas, marrones, ocres y una que otra ráfaga de viento pintada aquí y allá. Era en realidad una pieza muy bonita.

    —Aww, Emi. Está lindísima. ¡Muchas gracias! —Y sin su consentimiento volvió a abrazarlo con fuerza, agradecida.

    —Da igual, pero suéltame ya. Eres molesta. Y te digo que es Emilio, no Emi. —Emilio la empujó de sí.

    —Es un muy bonito detalle, Emilio, gracias. —También Lola mostró su gratitud y luego miró a su hija y dijo en tono medio bromista y medio en serio—. Espero que así te den más ganas de ahorrar, Abril.

    —¡Lo haré, lo prometo!… O al menos trataré —se corrigió al final después de pensarlo mejor, riendo nerviosa.

    —Eso si no la rompes por torpe. Te doy un mes antes de que lo hagas —comentó el rubio como quien no quiere la cosa.

    —Qué malo eres conmigo, Emi. No soy tan torpe como para romperla —se indignó la chica.

    —Oh vamos, Emilio, tampoco te pases, hombre. Acuérdate que es su día feliz. —César fue en defensa de su amiga y le palmeó el hombro con empatía—. No te preocupes, Abril. No la romperás en un mes. Yo creo que te alcanza a durar de perdis medio año.

    —No tú también —lloriqueó la chica logrando que Emilio riera por lo bajo.

    —Ya dejen de molestarla —los regañó Abi, aunque no pudo esconder su propia sonrisa divertida.

    —¡Hombres tenían que ser! —Beky sacudió la cabeza, incrédula—. Mejor cambio de tema ya y te doy tu regalo, Abril. —Se lo entregó con una sonrisa sincera—. Aquí tienes. Mis más sinceras felicitaciones.

    La castaña abrió el obsequio, tratándose de un kit de dibujo con lápices, colores, marcadores, acuarelas y un block de dibujo.

    —Como te gusta tanto dibujar y la verdad se te da muy bien, creo que esto es perfecto para ti —explicó la de cabello corto, amigable—. Sigue dibujando, Abril. Siéntete orgullosa de tu talento y si crees que puede convertirse en tu pasión no renuncies a ello, ¿de acuerdo? Estoy segura de que todos los presentes aquí te apoyaremos siempre.

    —¡Muchas gracias, Beky! —Abril la abrazó, conmovida hasta lo más profundo de su ser por sus palabras—. Seguiré dibujando. Me gusta mucho y no quiero dejarlo. Voy a darle buen uso a tu regalo, de veras que sí.

    —Eso está muy bien. —Beky le palmeó la espalda, alentadora.

    —Ya estuvo, no se pongan cursis ahora, ¿quieren? —mencionó César haciéndose el disgustado.

    —En serio eres un insensible. Se nota que no entiendes los sentimientos ajenos. —Beky lo miró mal.

    —No necesito entenderlos ni quiero hacerlo. Son un dolor de cabeza.

    —Eres idiota, sin duda. —Le dio un pequeño puñetazo en el brazo—. ¿Y bueno? ¿Vas a darle tu regalo o no?

    —Por supuesto y estoy seguro de que le gustará más que el de cualquiera de ustedes. —César sacó algo de su bolsillo delantero—. Feliz cumple, Abril.

    Le entregó un pequeño colgante para la mochila; era un búho tejido a mano con hilo azul opaco a lo estilo peluche, muy lindo en verdad, había un pequeño corazón en el pecho del ave y sus ojos eran grandes y negros, dándole un toque mayormente adorable.

    —¡Qué lindo! —Abril lo observó completamente maravillada en lo que chillaba como una niña pequeña, emocionada—. Me encanta, César. Es súper tierno. ¡Gracias, gracias!

    Y se le lanzó encima dándole un gran abrazo de oso sin parar su emoción ni un poco, pues hasta saltó en su sitio, inquieta.

    —De nada, de nada. Ah, si es que soy genial. —El chico la abrazó de vuelta, satisfecho con la reacción que obtuvo de su parte y riendo con soberbia.

    —Bueno pues, mi turno de cerrar esto con broche de oro. —Abi tomó su propia bolsa de regalo—. A ver ustedes, ya pueden soltarse. Cielos, César, ¿también piensas engañarme con Abril? Eres un Donjuán descarado.

    —¡Ya párale con eso! —César liberó a la festejada para mirar a la pelinegra con irritación—. Y por si no lo sabías, soy alguien muy fiel.

    —Claro, fiel a tu harem —señaló la de cabello corto, burlona.

    —Menos mal que no eres una chica de verdad como para que estés en él, ¿eh, zotaca? —refutó él, mordaz.

    —Tarado. —Iba a golpearlo nuevamente, pero él la esquivó

    —Niños, las peleas están prohibidas aquí. Ya lo saben —advirtió Lola al verlos, seria.

    —Perdone —se disculparon ambos.

    —Y piensa en Emilio. ¿Qué clase de amigo serías si lo traicionas bajándole a su chica? —siguió exponiendo Abi con mesura.

    —¿Eso qué demonios se supone que significa? —Emilio sintió que el tic de impaciencia se apoderaba de su ceja. ¿Por qué estaba rodeado de locos?

    —Oh nada, nada. —Abi sacudió la mano, desechando el tema, haciéndose la inocente y luego miró a Abril—. ¡Pero bueno! Suficiente de líos amorosos y volvamos a lo importante. Aquí tienes mi regalo, cielo.

    Abril tomó la bolsa y dentro descubrió un coqueto conjunto de primavera consistente en una blusa sin mangas color salmón, con un gran escote delantero y con una forma de corazón en la parte de atrás que dejaba gran parte de la espalda descubierta, junto con una falda corta a medio muslo, negra y con un estampado de infinidad de flores de todos los colores.

    —Está muy bonito, Abi, gracias. —Abril abrazó a su mejor amiga en gratitud.

    —¿No crees que es algo revelador? —apuntó Beky al detallar bien las prendas, incómoda.

    —Por supuesto que es revelador. Es la moda de esta primavera, dah. —Abi rodó los ojos—. Además, Abril no tiene por qué esconder nada de su… eh, de por sí escondida belleza.

    —Y literalmente no tiene nada que esconder —comentó César posando su indiscreta mirada en la pobre delantera de la castaña, quien al notarlo se cubrió con los brazos, avergonzada, y consiguiendo que Emilio lo pateara por debajo de la mesa—. ¡Auch! ¿Qué quieres que haga? Soy honesto. No puedes negar lo que se ve… o en este caso lo que no se ve. —Una patada más.

    —¿Te gusta hacerla de imbécil, verdad? —Beky también lo miró con disgusto—. Te he dicho ya muchas veces que esos temas no se tocan así como así.

    —¡Ajá! Pues yo sabía que tocaría este tema y es por eso que también he preparado esto para ella. —Abi dejó al descubierto otra pequeña bolsa—. Aquí tienes, cielo. Disfrútalo mucho.

    Abril la abrió y sacó un sujetador con relleno.

    —¡Abi! —gritaron tanto la festejada como Beky, ruborizadas, en lo que César miraba la prenda con curiosidad y también un poco sonrojado, mientras que Emilio tan sólo se llevaba la palma de la mano al rostro, sacudiendo la cabeza y sintiendo vergüenza ajena; lo dicho: estaba rodeado de dementes.

    —¿Qué? —La aludida ni se dio por enterada de la conmoción que provocó (en realidad sí pero optó por ignorarla)—. Oh vamos, no me vean así, lo hice por una buena causa. Es que admitámoslo, cariño, tu pecho no será tan dotado como el de nosotras y sólo quería ayudarte a que lo resaltaras un poco más. Quiero decir, mira a Beky. En estos meses el suyo ya está más o menos igual que el tuyo y eso que es menor.

    Todas las miradas se posaron en la pequeña chica, quien se coloreó del carmín más intenso.

    —Oye, creo que sí es cierto —dijo César alzando las cejas, asombrado.

    —¡Ya deja de mirar, pervertido! —Beky empujó su rostro con fuerza a un lado para que dejara de observarla.

    —¡Hey, hey! Ya párale, zotaca. Harás que se me rompa el cuello. —César puso resistencia pese a los esfuerzos de ella.

    —¿Lo ves, cielo? Mi intención era buena. No quería avergonzarte ni nada. —Abi le sonrió a Abril con afecto y seguridad.

    —Yo sé que no lo hiciste con mala intención, Abi, pero… no estoy segura de sentirme cómoda usando esto —confesó Abril mirando el sujetador, vacilante.

    —¿Pero por qué no? Hará que te veas más llamativa. A todas las chicas nos gusta sentirnos atractivas y los chicos también prefieren a chicas así, ¿no es así, César? ¿O tú que dices? ¿Piensas que Abril debe usar relleno o no?

    —Sí hombre, que lo use; qué importa —respondió el chico manteniendo el forcejeo con Beky—. Total, no le hará daño, ¿o sí?

    —¡No lo necesita! —rebatió Beky, queriendo desechar la idea de César—. Estás bien como estás, Abril; que nadie te diga lo contrario.

    —¡Shhh, Beky! Estoy pidiendo las opiniones de los chicos, así que no te metas —la silenció Abi para después enfocar sus ojos caramelo en el rubio—. ¿Tú qué dices, Emilio? ¿Verdad que es mejor que use relleno?

    —Claro que no —rechazó sin pensárselo dos veces, tajante—. ¿Qué hay de bueno en aparentar ser algo que no eres o tener algo que no tienes? Lo auténtico siempre es mejor y es lo que en verdad importa. ¿Cuánto puede durar algo que es falso o un engaño? Hay belleza en lo natural, no en la mentira. Beky tiene razón, Abril está bien como está.

    —Ay, pero qué aburridos son —se quejó Abi con exagerada desilusión.

    —Siento interrumpir otra vez, pero Beky y Emilio están en lo correcto —medió Lola una vez más, mirando a su hija con cariño—. No debes acomplejarte por el tamaño de tu pecho, Abril. El tamaño no determina si una chica es hermosa o no. Tú lo eres por ser quien eres, por tu personalidad, tu carisma y tu encanto, así que siéntete a gusto con tu apariencia y quiérete así como eres, ¿de acuerdo? Todos aquí te queremos por quien eres y no por cómo luces, ¿no estás de acuerdo, Abi?

    —Pues sí, eso no lo voy a negar —reconoció la bella chica más a fuerzas que de ganas y luego suspiró con derrota, mas casi al instante sonrió con astucia y miró a la adulta—. ¿Y qué tal si llegamos a un acuerdo, Lola? ¿Por qué no la deja usar el sostén para una ocasión importante? Como por ejemplo, ¡mis quince años! Es que el vestido que planeo que use ese día quedaría tan bien con un poco más aquí adelante que ni se lo imagina. Ande, diga que sí, ¿plis?

    —Abi no sabe cuándo rendirse, ¿o sí? —Beky negó con la cabeza, entre incrédula y divertida.

    —Abi siempre será Abi —declaró Abril, riendo con nerviosismo de ver cómo su amiga y su madre empezaban a negociar sobre ella.

    —Siempre será una lata —comentó Emilio, gruñón.

    —Siempre dará miedo —soltó César reprimiendo un escalofrío.

    Y de aquella manera, entre más discusiones, convenios, pláticas variadas, comentarios desatinados y risas, el día concluyó para los amigos.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    ¡Holi de nuevo a todos! Espero que estén bien. Hoy les traigo una vez más el siguiente capítulo de esta historia que espero sea de su agrado, pero antes que nada quiero agradecer a todos los que se pasan a leerme, especialmente a Leintni RousshLin por su apoyo y dejarme su lindo sellito siempre; sabes que lo valoro mucho.
    Ahora sí, aquí la siguiente escena, la que es una pijamada de chicas, lo que significa: ¡conversaciones de chicas! Tan sólo aguanten conmigo xD ¡Disfruten!

    Escena 19

    Beky había logrado convencer a sus padres de que la dejaran hacer una pijamada con las chicas antes de que se terminaran las vacaciones de primavera y después de un par de intentos, finalmente había obtenido la aprobación del dueño de la casona, por lo que tanto Abi como Abril se encontraban en su habitación disfrutando de la noche.

    —¡Cielos, Beky! Nunca me canso de estar en tu cuarto. ¡Es que está divino! Ya quisiera yo que el mío fuera así —comentó por tercera vez Abi desde su lugar echada en la cama tamaño matrimonial, barriendo nuevamente la gran recámara bien amueblada, limpia y lujosa.

    —Pues yo sigo creyendo que es demasiado para una sola persona. Miren, hasta con nosotras tres aquí todavía hay un montón de espacio —rebatió Beky comiendo de los bocadillos que había preparado con antelación.

    —¿Y tus padres siguen tercos a que ningún hombre puede pisar tu cuarto todavía? —cuestionó Abi, curiosa.

    —Por supuesto. Los únicos con el permiso de entrar son papá y Ernesto.

    —Ah, hablando de él. ¿Cómo ha estado, Beky? —preguntó Abril, interesada, acostada a un lado de Abi—. Apuesto a que lo extrañas mucho de ahora que se mudó a la capital para ir a la universidad.

    —Sí, lo extraño un montón —reconoció Beky, suspirando con melancolía—. Ernesto siempre ha sido mi apoyo cuando papá se pone difícil, después de todo a él también le exigía mucho y sigue haciéndolo. Mira que tener que obedecerlo de estudiar Administración de Empresas para que pueda manejar bien el negocio familiar.

    —¿Y no te contactas con él a menudo? ¿No viene a visitarlos? —indagó Abril una vez más.

    —Sí que viene cuando está de vacaciones, como a fin de año y en verano. Los dos esperamos que esté aquí para mi cumpleaños. Y también hablamos seguido; al menos me llama tres veces por semana y se lo agradezco mucho porque a pesar de la distancia sigue dándome consejos para enfrentar a papá. —Sonrió con orgullo.

    —Me lo imagino. —Abi rio con ganas—. Los hermanos se unen para conspirar contra el padre tirano. Hmph, no puedo creer que Martín no pueda ser tan genial como Ernesto.

    —Oh Abi, no seas así —la reprendió Abril—. Te digo que Martín es un buen niño.

    —Es cierto, Abi —asintió Beky—. Tal vez no tienen ese lazo tan fuerte porque no quieres darle una oportunidad o quizás no te interesas por él lo suficiente.

    —Qué va, qué va. Es porque no nos caemos bien y punto. —Abi sacudió la mano para desechar el tema—. Vamos, no hablemos de mi molesto hermano menor y hablemos de algo más interesante. Dinos, Beky, ¿cómo te la pasas en la secundaria? ¿Algo interesante que te haya pasado últimamente? ¿Nos extrañas a César y a mí?

    —Eso ni se pregunta. Claro que los extraño mucho y no es por nada, pero me hace falta competir con César. A veces siento que las clases de Educación Física y los recreos me matan de aburrimiento porque no hay nadie que los haga interesante. La mayoría de las chicas de mi salón son brutas para los deportes y las que no, no lo juegan a menos que sea necesario.

    —¿Y por qué no le pides a los chicos que jueguen contigo? —Quiso saber la castaña, incauta.

    —Agh, ni siquiera quiero recordar a esos idiotas. —Beky puso una expresión de puro disgusto.

    —¿Por qué? ¿Qué ha pasado? —Abi se sentó en la cama y gateó para quedar más cerca de la de cabello corto.

    —Su actitud me da asco. Son unos machistas de lo peor. Ya saben, de esos típicos chicos que piensan que simplemente por uno ser niña ya no puede ser bueno en los deportes o hacer cosas que “sólo los chicos pueden hacer”. —Hizo comillas con los dedos, sarcástica—. Una vez en el receso estaba aburrida, así que yo y Rubén fuimos a la cancha de básquet donde estaban jugando los chicos y les pedí que me juntaran. ¿Pero qué creen? ¡No! Me dijeron que no podía jugar con ellos, que porque yo era una chica y que si me juntaban iba a estorbarles, que porque iba a hacerlos perder el paso y que iban a tener que ser cuidadosos para no lastimarme y no sé qué y no sé cuántos. ¡Agh! Ese día me dio un coraje que los insulté a ellos, a su madre, a su padre, a sus hermanos, a sus tíos, primos, a toda la familia que no conocen y a sus futuros hijos y nietos.

    —¡Oh por Dios, qué bueno! —Abi soltó la carcajada por demás divertida—. Me lo imagino y debió ser épico, Beky. Apuesto a que esos chicos no se olvidarán nunca de ti con tan buenos deseos que les diste.

    —Supongo que no. —Beky también rio con buen humor—. Por eso me gusta estar con César. Él nunca se contiene simplemente porque soy niña, me trata como a un amigo más.

    —¿Y qué dijo Rubén de que te enojaras? Es que no sueles enojarte tanto con otros a menos que sean Cesar y debió haberlo sorprendido mucho, ¿o no? —la interrogó Abril.

    —Bueno sí. —Beky se rascó la cabeza, desviando la mirada, abochornada—. En realidad fue vergonzoso. Cuando me calmé y pensé bien en todo lo que dije supe que quizás me había pasado y que exageré un poco. Me disculpé con él por mi comportamiento y por tener que escuchar tantas palabrotas de mi parte. Fue bastante comprensivo, pero creo que de todos modos lo asusté bastante, pues desde allí suele sobresaltarse con más facilidad cada que lo llamo alzando un poco la voz… Diantres, ojalá no piense que me altero con facilidad o que soy una loca agresiva.

    —Vaya, vaya, ¿preocupada de que piense cosas que no son? Uyuyuy~, creo que a alguien la ha picado el bicho del amor —comentó Abi, pícara.

    —¡C-claro que no! Rubén es sólo un buen amigo y no quiero que haya malentendidos entre nosotros, es todo —se defendió la chica, ruborizada.

    —¿Ah sí? Entonces cuenta, ¿tus padres ya conocen a Rubén?

    —¿Que si lo conocen? Pues sí, de hecho sí. Una vez que nos juntamos para hacer un proyecto tuvo que venir. ¿Por qué?

    —¿Y qué pensaron de él? —insistió Abi, sonriendo ladina.

    —Y yo qué sé. Mamá dijo que era un buen chico, muy tranquilo y eso y papá no soltó ni pío. ¿Por qué? —Beky entrecerró la mirada, sospechosa.

    —Ah, pero no se han quejado de que estás con él como cuando se quejan de que estás con César, ¿verdad? —explicó la pelinegra—. Eso significa que lo aprueban. Quién sabe, quizás y hasta piensen que sea un buen candidato como futuro novio.

    —¿Q-qué? —se escandalizó la otra—. ¡Estás loca! Tú y tus imaginaciones se pasan y a veces me hartan. Amigos, Abi, Rubén y yo sólo somos amigos.

    —¿Y qué hay de César? —Abi no dio su brazo a torcer.

    —¿Qué hay con él? —Beky la miró desconfiada.

    —Ah, yo quiero saber qué ha pasado con el tema de él, Beky —intervino Abril, mirándola con pesar—. ¿Tu papá sigue molestándose de que lo veas? ¿Siguen saliendo juntos como antes o también te lo prohíbe? Espero que no. Sería tan triste porque ambos se llevan tan bien.

    —No te preocupes, Abril, César y yo seguimos viéndonos algunas tardes aparte de las reuniones de grupo —informó Beky, serena—. Es cierto que no es tan seguido como cuando íbamos a la primaria y a veces de veras no lo veo en varios días, pero hacemos lo mejor que podemos. Prometimos que ni él ni yo estaríamos dispuestos a dejar que nuestra amistad terminara por culpa de papá. Es por eso que hasta me he visto obligada a chantajearlo un poco.

    —¿A tu papá? ¿Cómo así? —Abril ladeó la cabeza, confundida, en lo que Abi alzaba las cejas, interesada.

    —Cumplo con todo lo que me pide que haga. Tengo buenas notas, me esfuerzo por tener una conducta ejemplar en la escuela, en casa y en reuniones familiares e incluso los acompaño a sus asuntos cuando me lo piden. ¿Y yo? Yo no les exijo absolutamente nada, salvo darme libertad para salir con quien quiera en mi tiempo libre. Si lo piensas bien, el trato es bastante justo y es lo que le digo a papá, que en realidad no tienen derecho a negarse cuando soy tan buena hija y que si no quiere que me vea forzada a ser en verdad una mala hija, lo mejor es que me dé mi espacio.

    —¿Y por qué es que a tu papá no le gusta César, dijimos? —volvió a indagar la castaña.

    —Es porque es pobre, ¿no? —mencionó Abi, relajada.

    —Eso dice él y tal vez tenga un poco de razón, pero en realidad es más porque papá cree que es mala compañía —notificó Beky—. Al fin y al cabo no todos los días un maestro de kínder le dice a tus padres que su hija descalabró a un niño, ¿no creen? —Rieron por el comentario—. Tanto él como mamá creen que me he vuelto más rebelde desde que lo conozco, ¡pero qué va! Siempre he tenido mi carácter; que ellos no quieran verlo no significa que no lo tenga. No soy la chica perfecta que quieren que sea… Sonará tonto, pero con César siempre he podido ser yo misma sin necesidad de aparentar nada y eso es algo que no cambiaría por nada.

    —Aww, Beky, qué bonito. —Abril chilló enternecida.

    —E-eso no significa que con ustedes no la pase genial. También me gusta su compañía —se apresuró a recalcar Beky, nerviosa.

    —No te preocupes por eso, linda. —Abi le sonrió, traviesa—. Si cuando se está enamorada el que importa es el chico, no las amigas.

    —¡Yo no estoy enamorada! —negó ella, exaltada.

    —¿Ah no? Pues qué pena porque a César lo carcomen los celos todo el tiempo —reveló Abi mirándose las uñas, adquiriendo una pose despreocupada.

    —¿Qué? ¿Y ahora qué locuras te vas a inventar, por Dios? —Beky sacudió la cabeza, incrédula.

    —Yo no me invento nada. Es la verdad —aseguró Abi—. Es que no lo has visto en la escuela, Beky. Cada vez que hablo de lo bien que parecen llevarse tú y Rubén se vuelve loco. No para de criticar al pobre sujeto y se cuestiona infinidad de veces cómo es que siquiera pudiste pensar en acercártele a un perdedor como Rubén siendo que ya conocías la genialidad de alguien como él.

    —No, pues si ya decía yo que tenía graves problemas de autoestima —sentenció Beky con expresión indignada.

    —Yo creo que dice todo eso porque también extraña mucho a Beky —afirmó Abril, intentando comprender el comportamiento de su amigo.

    —Es más que eso, cariño. César está celoso de ya no ser el que pasa más tiempo con ella; muy, muy celoso —aseveró la pelinegra, contundente.

    —Aunque fuera así, no importa —intervino Beky antes de que la conversación se saliera de control—. Esté celoso o no, no voy a dejar de juntarme con Rubén simplemente porque a César no le cae bien. Ambos son mis amigos y como tal voy a pasar tiempo con ellos, les guste o no. Además, César es idiota; no debería preocuparse por cosas como esas. Él siempre será mi mejor amigo, no importa qué, no importa lo que pase, siempre voy a considerarlo el mejor… muy a su rara manera, pero sí. Es tan importante para mí como para darle ese puesto en mi vida sin peligro de que nadie más se lo quite, así que no entiendo por qué el alboroto. Creí que él lo sabía mejor que nadie, pero supongo que tendré que hacérselo entrar a la fuerza en esa cabeza dura que tiene.

    —Ay por favor, si ya sabías que tendrías que hacerlo, ¿para qué la haces de emoción? —Abi rodó los ojos—. Quiero decir, ya dijiste que es idiota, ¿no? ¿Qué más podías esperar?

    Las tres rieron, divertidas.

    —Qué mala eres, Abi —reprendió Abril con debilidad, pues ni siquiera ella pudo esconder lo gracioso que le había parecido el comentario.

    —Por cierto, ya que estamos hablando de César, había querido preguntarte algo desde hace rato, Abi. —Beky miró a la bella adolescente tornándose seria.

    —¿Hm? ¿Qué es? —Alzó una ceja, extrañada.

    —¿Cómo te la pasas estando con él? —curioseó la de cabello corto, intrigada—. Últimamente veo que su relación ha mejorado muchísimo, lo que es genial, no me malentiendas, es sólo que, no sé… No lo hubiera imaginado. Quiero decir, siempre hemos sido César y yo, Emilio y Abril; incluso a pesar de reunirnos los cinco tenemos esa maña de andar en pares. Y ahora tú y César han terminado más unidos en este año de secundaria y se ve que lo pasan muy bien juntos, así que no sé, me da curiosidad saber qué tal les va, cómo te lo pasas con él y si quizás ya has conocido algo más de él como para que, no sé, ¿te sientas atraída por él más que como amiga o algo…?

    Beky desvió la mirada, turbada, y Abi sonrió con astucia.

    —Hala, no me digas que tú también estás celosa —se burló, pícara.

    —¡N-no es eso! —se apresuró a corregir la otra, azorada—. Ya te dije que es simple curiosidad, es todo. No tienes que responder si no quieres. No es que me importe tanto.

    —Sí, sí, lo que digas. —Abi sacudió la mano de manera condescendiente, molestando en mayor medida a la chica, lo que la hizo reír más. Luego suspiró profundamente y miró el techo, pensativa—. La verdad no quería decirlo porque sé que sería problemático, pero sí, creo que me estoy enamorando de él.

    —¿En serio? —Las dos muchachas la miraron con los ojos y la boca bien abiertos, atónitas.

    —No. —Abi reprimió una risa.

    —¡Abi! —la nombraron ambas, inconformes.

    ¡Oh my God! Es que deberían ver sus caras. ¿Por qué siempre caen en el mismo truco? —Esta vez sí que no pudo contener las carcajadas burlonas que salieron de su garganta.

    —¿Por qué siempre eres así? ¡Estamos tratando un tema serio, por Dios! —la reprendió Beky, irritada.

    —Ya, ya, tranquila, tranquila. —Abi sacudió las manos frente a ella en señal de rendición, en lo que procuraba calmar sus risotadas—. Conque enamorarme de César, ¿eh? Nah. Es cierto que nos hemos unido mucho este año, aparte de que estamos fingiendo ser novios y todo eso y también es cierto que lo estoy conociendo mejor. Es por eso que sí puedo decir que es un chico increíble y que cualquier chica moriría por salir con él. No por nada tiene tantas admiradoras.

    —¿Entonces es cierto lo de sus admiradoras? —Beky se asombró.

    —Uy, no sabes. Antes de decir que éramos novios muchas chicas se le acercaban en plan de “conversar” con él y “conocerlo mejor”. Pero en realidad sólo querían coquetearle.

    —¿Y qué hacía César? —Quiso saber Abril.

    —Ah, el muchacho es más inocente de lo que aparenta. —Abi rio divertida por los recuerdos—. No me lo van a creer, pero ni siquiera se daba cuenta de las intenciones de algunas y sólo decía que eran chicas buena onda y amables.

    —Yo sí te creo. —Beky también rio de sólo imaginarlo—. Se cree un galán de primera y al final resulta que ni se da por enterado.

    —Exacto —asintió Abi, risueña—. En fin, a pesar de eso, en realidad César no es mi tipo. Es genial, un gran amigo, la pubertad le está sentando bien y lo que quieras, pero no es mi tipo. No siento que haya esa chispa que tienen otras parejas, como la que tienen tú y él, Beky, o la de Abril y Emilio, así que nada de caprichos amorosos. El día que conozca a alguien con el que sienta una fuerte conexión en el primer momento que lo vea, ese será mi chico ideal. ¡Ah, las maravillas del amor a primera vista! ¡El sueño de toda chica hecho realidad! —Le brillaron los ojos de emoción y las otras tan sólo la miraron con extrañeza, por lo que se tranquilizó un poco para sellar con broche de oro—. Además, siempre seré fiel al Ceky pase lo que pase.

    —¿Ceky? ¿Qué es eso? —Abril se extrañó por la palabra desconocida.

    —El nombre que le puse a la pareja de César y Beky, obviamente —indicó Abi, orgullosa.

    —¡En serio estás loca! —volvió a exasperarse Beky, sonrojada—. Que entre nosotros no pasa nada, sabe. ¿Y qué clase de nombre es ese? Es tonto.

    —¿Cómo que tonto? Si está divino y creo que les va a la perfección. —Abi defendió a su ship—. Aunque admitiré que últimamente también estoy teniendo cierta debilidad por el Ruky. Es que me parece tan tierno.

    —¿Ruky? —Beky pensó en el nombre y volvió a enrojecer—. ¿Rubén y yo? Dios mío, Abi, lo tuyo es peor de lo que pensé.

    —No me culpes a mí. Es tu culpa por atraer a potenciales pretendientes que formarán una bella pareja contigo.

    —¿Qué? Eso no tuvo ni un poco de sentido. —Beky se llevó una mano a la frente, frotándosela con frustración—. ¿Sabes qué? No quiero saber más de esto, así que mejor cambiemos de tema. Ya hasta me está doliendo la cabeza.

    —Ay, no aguantas nada. Tú sí me apoyas, ¿verdad, cariño? —La pelinegra miró a Abril con ojitos de cachorro.

    —La verdad es que yo también creo que siempre estás viendo cosas donde no las hay, Abi —confesó Abril, condescendiente.

    —Oh, no tú también —se indignó la chica—. Si ya hasta había pensando en un nombre para la pareja de ti y Emilio. Aunque aún no estoy segura de si dejarlo con Ebril o Emibril.

    —¡Ya estuvo pues! —Beky perdió la paciencia y le dio un almohadazo para que se callara—. Quédate tú con tus enfermas fantasías, pero déjanos a nosotras con nuestra pura y sana amistad.

    —Oh no. No, no, no. No acabas de hacer lo que hiciste. —Abi se estiró para tomar una almohada.

    —Ya lo creo que lo hice —avaló Beky, confiada, sujetando su proyectil con fuerza en espera del ataque que sabía vendría.

    —En ese caso, mi queridísima Beky, he de decirte que acabas de declararme la guerra y también he de advertirte que cuando me pongo seria, me pongo seria. Así que prepárate para enfrentar la más grande de las batallas de almohadas que hayas enfrentado nunca y a sufrir una derrota como la que ta… —Un cojín se estampó en la cabeza de Abi, deteniéndola en medio de su apasionante discurso. Se volvió a mirar con incredulidad a Abril, siendo la que se lo había lanzado—. ¿Pero por qué? ¿Qué traición es esa, Abril? —se escandalizó con exagerado dramatismo.

    —Es que te estabas tardando mucho para empezar y yo ya quería ver acción —reconoció la chica, campante, sonriendo con inocencia y cierto aire juguetón.

    —¿Quieres acción? ¡Pues la tendrás! Los traidores no se quedan sin castigo.

    Abi se le lanzó a Abril, pero en lugar de empezar una guerra de almohadas como había planeado, la pelinegra hizo pagar a su amiga con un ataque de cosquillas de los buenos.

    —¡No!… ¡Para, Abi!… ¡Ah, por favor!… ¡Piedad! —suplicó la pobre víctima entre carcajadas, jadeante, sintiendo que los costados le dolían mucho y retorciéndose como lombriz en un intento de liberarse de semejante suplicio, pues de por sí ella era muy cosquillosa.

    —Nada, nada. Eso te pasa por conspirar contra mí —sentenció Abi, complacida en hacer sufrir a la castaña—. Sufre, sufre, su… ¡Ah no! ¡Beky!

    Abi también comenzó a soltar fuertes risotadas porque la pequeña muchacha había ido en ayuda de Abril y de igual forma comenzó a hacerle cosquillas.

    —Esto te pasa a ti por ignorarme, ¿ves? —comentó Beky en lo que movía sus manos con habilidad en busca de los puntos clave.

    —Ya pues. Esto es guerra.

    Las tres se trenzaron en una batalla de cosquillas de dimensiones épicas… o al menos para ellas, donde no hubo tregua de ninguna, siendo un todas contra todas. Al final terminaron por demás agotadas, por lo que se dispusieron a ver una película romántica cliché en la laptop de Beky con la intención de criticarla. Cuando terminó ya era tarde, así que optaron por irse a dormir de una vez y de aquella manera su pijamada se dio por terminada, siendo una por demás divertida y la que gozaron mucho.

    Por ahora es todo. Gracias por leer :D
     
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