Historia larga No necesitamos decirlo

Tema en 'Novelas' iniciado por Borealis Spiral, 27 Diciembre 2016.

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    Borealis Spiral

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    No necesitamos decirlo
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    28
     
    Palabras:
    2037
    ¡Hola a todos! Lo sé, tengo un problema y lo reconozco, pero no pude contenerme. En fin.
    Les traigo otra historia de mi parte y antes de comenzar a leerla hay un par de cosas que deben saber. Esta historia no es de un estilo que yo maneje mucho, la verdad. No tiene ningún tipo de trama o argumento específico; simplemente trata de las vivencias de la protagonista y su grupo de amigos, no hay nada más aparte de eso. "Una historia del montón", me dijo alguien cuando se la describí y tiene razón, es del montón; simplona, común, trivial, mundana y vana.
    ¿Por qué la hice entonces? Pues porque me apeteció y ya está; quería hacer algo que no tuviera muchas complicaciones y que se centrara en un grupo de personas con diferente personalidad que interactúan entre sí.
    Si consideras que es tu tipo de historia, adelante, eres bienvenido a leerla y si no, pues gracias por el tiempo que te costó llegar hasta aquí, pasa un excelente día.
    También hice una ficha de personajes para que pasen a verla quien lo desee: Ficha de personajes [No necesitamos decirlo]

    Dicho esto, dejo la primera escena. ¡Disfruten!

    No necesitamos decirlo

    Escena 1

    Aquella mañana del cuatro de julio, el auditorio escolar estaba lleno de todas las familias de los graduados que aquel día terminaban con sus seis años de primaria. El evento de entrega de diplomas había terminado y ahora el director cerraba la ceremonia con un discurso final dirigido a los graduados y a sus familiares, una disertación emotiva y calurosa donde les deseaba a cada uno de sus alumnos lo mejor para el futuro, instándolos a seguir adelante con sus estudios.

    Desde uno de sus asientos como espectadora, una jovencita de trece años, cabello café opaco y ojos canela, se movía inquieta esperando que todo terminara para ir a felicitar a sus amigos, al tiempo que gruesas lágrimas corrían por sus mejillas por la emoción que sentía por ellos… o por la tristeza que le daba no estar junto a ellos. Ella también debía estar allí, recibiendo su diploma de graduación.

    Finalmente el director terminó con su discurso y todo el público invitado además de alumnado rompió en fuertes aplausos. En el momento en que todos se pusieron de pie para ir a felicitar a los ahora egresados, ella también saltó de su asiento cual resorte y se abrió paso entre el mar de gente con la única meta de llegar con sus queridos amigos. Los divisó junto a un pequeño grupo de sus compañeros.

    —¡Beky! ¡César! —los llamó con todas la fuerzas de sus pulmones en lo que sacudía el brazo como loca para que la localizaran y lo hicieron.

    —¡Abril!

    César y Rebeca, conocida por todos como Beky, la nombraron con grandes sonrisas en sus rostros y cuando Beky iba a decir algo más, Abril se les lanzó con ímpetu en un gran abrazo de oso, uno que fue complicado porque aunque ella y César casi median lo mismo, midiendo ella 1.53 m. y él 1.56 m., Beky era bastante baja con su 1.42 m. Así y todo, se las apañó para abrazarlos a ambos.

    —Estoy tan feliz por ustedes, chicos —dijo Abril sin dejar de sollozar—. Ya serán de secundaria. ¡Qué envidia!

    —¡Ja, lo sabía! Que estarías celosa de que tú todavía serás una niña de primaria y nosotros ya somos unos jóvenes adultos —se burló César—. Eso te pasa por ser tan bruta.

    —¡Bruto serás tú! —recriminó Beky zafándose de los brazos de Abril para asestarle un puñetazo en el brazo al chico—. No es culpa de Abril. Es culpa de su problema para concentrarse. El doctor se lo dijo. ¿No ves que hasta le dieron medicina y todo?

    —Es cierto, César. El doc dijo que era para canalizar toda mi energía de buena manera o algo así —asintió Abril meditativa, intentando recordar todo lo que el galeno le había dicho a sus padres.

    —Bah, excusas, excusas. Así hasta yo puedo reprobar no sólo dos, sino hasta tres años y no tener castigo —declaró el chico como si fuera lo más evidente.

    —Deja de comportarte como un imbécil con tu amiga —le regañó Beky.

    —Oblígame, zotaca* —la retó socarrón.

    —Tarado —insultó ella a punto de asestarle otro golpe, pero él sujetó su mano y cuando ella intentó darle con la otra, también se la sujetó, por lo que ahora se enfrascaron en una especie de lucha de vencidas, intentando ver quién empujaba más a quién.

    Abril miró la riña de los dos y sonrió con alegría; seguían siendo los mismos peleoneros de siempre aun pese a ya haberse graduado. Tan concentrados estaban los tres en sus propios mundos, que no se dieron cuenta de que alguien más llegaba por detrás de la castaña y la abrazaba por la espalda con una fuerza abrumadora.

    —¡Ah! —gritó la chica sorprendida.

    —Ay, ¿pero a qué bellezas tenemos aquí, peleándose y divagando en otro mundo tan temprano? —Fue el saludo la persona detrás de ella, divertida.

    —¡Abi!/¡Abilene! —gritaron ellos; Beky y César dejando de pelear.

    —¡Abi! —volvió a exclamar Abril con los ojos brillantes del puro contento, en lo que le devolvía el abrazo a la que consideraba su mejor amiga y frotaba su rostro en su hombro, queriendo demostrar lo mucho que apreciaba verla—. Abi, qué bueno que viniste. Te he echado tanto de menos.

    —Oh cariño, yo también te he echado de menos, a todos ustedes.

    Abilene tenía trece años igual que Abril (César tenía doce y Beky los cumpliría ese mismo mes), aunque ella cumplía años en enero, por lo que en sí era la mayor del grupo. En ese instante ya era una estudiante de secundaria que pasaría a su segundo año, tal y como debería haberlo hecho Abril si no se hubiese atrasado dos grados. Abi era el espíritu del grupo con su carácter jovial, amadora de las fiestas y el relajo. Era un belleza de chica, pues aun pese a su corta edad, la curvas femeninas que mostraba eran para matar a cualquiera y sus dotes delanteros más desarrollados que lo normal indicaban que sería una mujer muy agraciada, y si eso no era suficiente, la ropa que solía vestir resaltaba muy bien ese cuerpo de semi-diosa. Tenía el cabello negro como el ébano, largo, brillante y sedoso, con algunas ondas rebeldes que enmarcaban su bello rostro ovalado libre de imperfecciones, el que casi siempre era adornado con un toque de maquillaje; de nariz algo respingada, labios carnosos, y bellos ojos color caramelo. Por el momento era la más alta del grupo midiendo 1.62 m., indicando así que sería una mujer de buena estatura.

    —Me da gusto que pudieras venir, Abi —dijo Beky con una sonrisa sincera.

    —Por supuesto que sí. ¿Cómo iba a perderme de su graduación, chicos? Además, podemos aprovechar esto para salir y pasarla bien el resto del día. Es una manera de felicitarlos por dejar atrás los pañales y convertirse en casi adultos, jojojo. —Rio como loca.

    —Ya sabía que esto serviría de excusa para ir a alguna de sus fiestas —comentó Abril, feliz de que Abi también siguiera siendo la misma de siempre.

    —Oye, a mí no me molesta la idea. ¡De parranda se ha dicho! —Estuvo de acuerdo César alzando el puño en el aire y en ningún momento dejó de apreciar la hermosura de su amiga. ¿Tanto había cambiado desde la última vez que la vio?

    —Oye. —Beky le dio un zape—. ¿Acaso tienes los ojos pegados a ella o qué? Que la mires tanto te hace parecer un depravado.

    —¿Pero qué...? ¿Depravado? ¿Yo? —César se sintió ofendido—. Soy un hombre en crecimiento, ¿qué quieres que haga? Sé apreciar la belleza y no es mi culpa que tú estés más plana que una tabla.

    —Uy, ya estuvo. Te llamabas.

    Beky se molestó y se montó a la espalda del chico, colocando los brazos en su cuello en un intento de ahorcarlo, iniciando así otra lucha entre ellos.

    —Vamos, vamos, muchachos. —Abi aplaudió un par de veces—. No perdamos tiempo. Además, es natural que César esté interesado en el cuerpo de las mujeres, Beky; sobre todo el mío. Es decir, ¡mírame!, soy perfecta. —Rio con soberbia y Beky masculló alguna maldición por lo bajo en lo que se desmontaba del chico—. Pero sobre todo, recuerden que todos estamos pasando por la pubertad y es normal que empecemos a tener cambios. Si no hubiera reaccionado de ninguna manera, allí sí me habría preocupado.

    —Vale, vale, pero cambiemos de tema. —Beky optó por dejar de lado el asunto—. Tengo que ir a pedir permiso a mis padres para que me dejen ir con ustedes. Ya vuelvo.

    —Sí, yo también. Ya vengo, ¿eh? —César se fue junto a Beky.

    —Vaya, vaya. La relación amorosa de ese par sigue siendo un lío —suspiró Abi acicalándose el cabello con una mano.

    —Ay Abi, siempre viendo cosas donde no las hay. —Abril rio divertida.

    —Hablando de eso, ¿dónde está Míster Gruñón? ¿No le dijiste que viniera?

    —¿Eh?… ¡Ah! Claro que sí, pero no quiso venir. Dijo que el día iba a estar demasiado caliente como para salir de casa, así que se quedó. A veces Emi es tan delicado. —Abril hizo un puchero recordando a su amigo de la infancia y vecino.

    —Bueno, de que iba a hacer calor sí iba a hacer, por eso me vestí ligera.

    —¿Te vestiste o te medio vestiste? —indagó Abril con guasa, mirando los mini-shorts que ataviaba su amiga y la pequeña blusa que dejaba al descubierto parte del abdomen y de los hombros.

    —¡Pues claro que me vestí! Es la moda para el verano, totalmente fashion y fresca. Deberías intentarla.

    —No gracias, es demasiado fashion para una simplona como yo.

    —Oh cielo, tú no eres simplona y lo sabes.

    Abi abrazó otra vez a Abril, quien devolvió el gesto. Sin duda alguna, extrañaba esos días en el que todos estaban juntos. No podía esperar a ir a la secundaria en compañía de todos.

    Al poco rato, Beky y César volvieron después de obtener el consentimiento de sus respectivos progenitores, teniendo como condición de parte de los padres de Beky, que la llevaran a casa a las cinco de la tarde. Con eso, los cuatro amigos se aventuraron a las calles de la ciudad; fueron a un puesto de gorditas para almorzar, luego a petición de Abi se dirigieron a las tiendas de ropa y accesorios femeninos para tan sólo echarle un ojo a las ofertas y nuevos artículos; o eso fue en el caso de la mayoría, pues en el caso de Abi fue para comprar todo lo que llenara sus pupilas color caramelo. Simplemente no podía no llevarse algo de cada local al que entraban.

    Al caer la tarde, fueron a su nevería favorita, La Fresquita, donde cada quien se compró un cono, en lo que conversaban de varios temas, siendo en su mayoría anécdotas de todo lo que había pasado ese año en el que Abi estuvo cursando su primer ciclo de secundaria. Mas teniendo en cuenta que era la hermosa joven quien hablaba, la plática no pudo evitar convertirse en puro chismorreo, pero igual se la pasaron genial.

    Después de eso y de vagar un poco más por las calles, casi se hizo la hora acordada que le dieron a Beky para que llegara a casa, por lo que tanto ella como César quien la acompañaría, se despidieron y partieron rumbo. Abril también consideró que ya había estado fuera de casa por un buen tiempo y además quería ver a Emilio, así que también le dijo a Abi que se iría. La chica estuvo de acuerdo pues de cualquier modo debía regresar a casa a cuidar a su hermano menor. Así que con otro abrazo y con la promesa de que en estas vacaciones de verano los cinco se juntarían más a menudo, ambas se fueron a su hogar.

    *Zotaco/a: Regionalismo mexicano que significa enano, chaparro, bajito, corto de estatura, etc.

    Por ahora es todo. Me gustaría conocer su opinión en caso de que leyeran. Gracias por leer y hasta otra.
     
    Última edición: 7 Agosto 2017
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Ya veremos si es una historia de esas. Lo que sí te digo desde ya es que no es para nada simple darle un desarrollo que concluya en un final. Esta primera escena me trajo recuerdos de un tiempo en el que como mamá, presencié la primera graduación que tuvieron mis hijos y fue justamente así. Padres orgullosos de sus hijos, hijos entusiasmados y a la vez un poco temerosos porque después de esas vacaciones comenzaran un nuevo nivel escolar, ya no en la misma escuela que los tuvo durante seis años, sino en otra diferente, pero supongo que se verá eso más adelante, o quizás no xD

    Sobre los personajes todavía es apresurado decir algo, pero ya se nota la diferente personalidad. Me gustó el nombre de la nevería, muy propio y si algún día tengo un negocio de esos, así le voy a poner "La Fresquita" xD.

    Nos vemos. TAM
     
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    Borealis Spiral

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    @Marina ¡Hola Master! Qué lindo saber que estás por acá, sé que siempre puedo contar contigo, claro, cuando no estás ocupada. Me anima mucha tu presencia y es cierto lo que dices de que no es fácil hacer un desarrollo que concluya en un final, pero esta historia realmente no tiene desarrollo, así que probablemente tampoco tenga final xD Ejem, okey no, veré qué hago para terminarla y las otras también, tú sé paciente. Pero de veras, gracias por pasarte por aquí :D Te quiero mucho.

    A los demás que también se pasaron, se los agradezco mucho. Son mayores preámbulos, aquí dejo la siguiente escena. ¡Disfruten!

    Escena II

    Al llegar a su barrio, Abril se dirigió a la tienda de abarrotes más cercana a su casa.

    —¡Buenas! —saludó sonriente a la señora que atendía.

    —Ah, muy buenas a ti, linda —respondió la doña, amable, conociéndola porque era una cliente habitual.

    Abril se dirigió al ancho congelador que exhibía algunos helados y paletas de la misma marca del aparato. Su mirada brillante buscó aquello que deseaba comprar y cuando no lo encontró respingó con dramatismo.

    —¡No! No hay, ¿por qué? —Inclinó el rostro hasta que su frente tocó el frío vidrio, haciendo que se empañara con su calor corporal y respiración—. No hay Danoninos congelados.

    —Anda, ¿ya se han acabado? —dijo la dueña—. Cielos, sí que se venden con este calor tan feo.

    —Ouh, quería comprarle uno a Emi —susurró la chica frunciendo el ceño y haciendo un puchero de decepción, por demás triste de que sus planes se arruinaran.

    —Espera un poco, linda. Creo que tengo alguno reservado en mi congelador —le dijo la mujer al verla tan decaída.

    —¿En serio? —El semblante volvió a brillarle de emoción y empezó a dar salitos de alegría—. Gracias, gracias, gracias. ¡Muchas gracias!

    —No prometo nada, pero veré, así que tranquila allí, ¿sí?

    Abril asintió con vitalidad y la señora desapareció tras una puerta. La chica se balanceó en su lugar de un lado a otro, atrás y adelante e inspeccionó todo lo que había en el local; todo eso en lo que juntaba las manos y rogaba mentalmente de que sí hubiera Danoninos. Al poco rato, la señora hizo su aparición con cuatro elementos del dichoso postre.

    —Suertuda tú, aquí están.

    —¡Yey! —Abril levantó las manos por demás alegre—. Deme dos, por favor.

    La señora asintió. La joven pagó lo indicado por ambos yogures y antes de salir volvió a agradecerle a la señora con una gran sonrisa, despidiéndose moviendo la mano. Ahora sí, con su regalo en su poder, corrió por las calles hasta que llegó a la suya e incluso pasó por enfrente de su casa, pero como su destino no era su hogar, siguió de largo tres casas más hasta que se encontró frente a la morada de su amigo. Tocó la puerta por demás ansiosa, escuchó voces y entonces una señora en sus casi sesentas le abrió.

    —¡Buenas tardes, doña Ignacia! —la saludó Abril con cortesía y sin dejar de sonreír.

    —Ah, Abril. Hola. ¿Cómo te fue con tus amigos? Adelante pasa.

    —Gracias y me fue bien, gracias.

    —Me alegro. Si buscas a Emilio, está donde lo dejaste esta mañana. Siéntete en casa, mija.

    —Sí, gracias. Con permiso.

    Abril se dirigió a la sala de estar, donde efectivamente se encontraba su amigo en el mismo sitio, echado a lo largo del gran sofá, en lo que jugaba Super Smash Bros en la consola, siendo abanicado por el aire del ventilador que se ubicaba justo a un lado de él. La castaña se acercó a él lo más sigilosamente posible hasta que quedó detrás del brazo del sillón en el que recostaba su cabeza de cabellos claros cual arena, luego se inclinó sobre él ofreciéndole la mejor de sus sonrisas.

    —¡Ya vine, Emi!

    Emilio dejó de prestar atención a la pantalla por nos instantes para enfocarla en la recién llegada, su ceño fruncido por la concentración del juego se arrugó todavía más, antes de redirigir sus ojos grises-azulados a la televisión, la que era ligeramente tapada por el cabello de ella que caía al costado por la gravedad dada su posición.

    —Quítate de encima, estorbas.

    —Qué frío eres, Emi. Deberías estar feliz de verme.

    —¿Quién estaría feliz de ver tu fea cara? Y te he dicho que es Emilio, no Emi.

    —Ouh, eres cruel, muy cruel. —Abril hizo un puchero de niñita antes de alejarse de él y colocarse a su lado, sin taparle la vista—. Ni porque siempre pienso en ti y hasta te compré tu postre favorito. —Le mostró el yogur congelado, mas el otro ni se inmutó, por lo que ella siguió hablando—. La ceremonia de graduación de Beky y César estuvo linda, ¿sabes? Y después todos fuimos a almorzar y a pasear por la ciudad. ¡Hasta Abi estaba allí! Incluso preguntó por ti.

    —Esa tipa está loca.

    —No lo está. —Se apresuró a defender a su amiga—. Es alegre y sociable y divertida. Algo que definitivamente tú no podrías comprender, Míster Gruñón.

    Abril le dio la espalda y se cruzó de brazos en clara muestra de estar molesta con él, esperando sacarle alguna reacción, mas al pasar los segundos y ver que Emilio no dejaba de presionar botones del mando, suspiró dándose por vencida; después de todo no podía enojarse con él realmente.

    —Vamos, Emi, cómete tu yogur antes de que se derrita. Es Danonino, te servirá para crecer.

    Un tic se apoderó de la ceja de Emilio al escucharla; no le gustaba que se burlaran de su estatura, principalmente porque apenas iba a cumplir once años el próximo mes y estaba en proceso de crecimiento, por lo que todavía tenía muchos años para que su casi 1.40 aumentara todo lo que quisiera. Molesto por el comentario, levantó sus piernas sacándolas del sofá y rápidamente las entrelazó con las de Abril, realizando una maniobra para hacerla caer de posaderas al suelo, sacándole un grito de sorpresa.

    —Ouch, ouch, eso dolió, Emi. Malo —se quejó frotándose la parte trasera con dolor, en lo que sus ojos se aguaban.

    —Calla, eres molesta.

    —Pero el Danonino… —moqueó la otra.

    —Que te calles. —Emilio suspiró con fastidio—. Ya casi gano esta batalla.

    Abril se limpió las lágrimas y posó su mirada en la pantalla para ver cómo los personajes del juego luchaban entre ellos, hasta que al final el de su amigo obtuvo la victoria invicta, con todas las rondas ganadas por él. Aplaudió maravillada.

    —Eres realmente bueno en ese juego, Emi.

    —Da igual, dame —pidió el postre sentándose y Abril se lo dio, en lo que ella se sentaba a su lado para comer el otro que había comprado.

    —Aunque ahora que lo pienso mejor, ¿en qué no eres bueno?

    —En hacer que dejes de hablar —masculló el otro, irritado.

    —Ouh, de veras que eres cruel.

    Comieron su yogur en silencio y con placer, siendo Emilio el primero en acabarlo, por lo que retomó su juego ignorando a la adolescente, pero esto sólo fue durante un rato antes de que un rugido captara su atención, haciendo que volviera a mirar a la castaña, quien se sonrojó notoriamente por semejante sonido proveniente de ella. Se tocó el estómago y rio con nerviosismo.

    —Vaya, creo que mis tripas están muy ruidosas el día de hoy.

    —¿Qué no has comido? —indagó el niño viendo la televisión nuevamente.

    —Almorcé temprano con los chicos y cuando nos separamos vine aquí sin pasar a mi casa a comer algo —confesó avergonzada.

    Emilio suspiró con hastío poniéndole pausa al juego, levantándose del sillón.

    —Ven —le ordenó tomándola de la mano para que lo siguiera.

    Ella obedeció sin chistar, curiosa. Llegaron a la cocina y el muchacho le indicó que tomara asiento en lo que él buscaba algo de las sobras que comieron esa tarde para recalentarlas y dárselas para que se alimentara.

    —Aww, Emi, te preocupas por mi bienestar. Eres tan tierno —se emocionó Abril en modo fangirl.

    —Qué molesta. No lo malentiendas. Si dejo que tus tripas sigan gruñendo me vas a desconcentrar del juego.

    —De acuerdo, de acuerdo. Supongamos que te creo. —Abril sacudió la mano de manera condescendiente y en guasa.

    —¡Lo digo en serio! Y ya te he dicho que es Emilio —gritó enojado por la actitud burlona de ella, haciéndola reír e irritándolo más.

    Abril comió en casa de su amigo en lo que le platicaba en detalle de todo lo que había pasado con los demás y de lo que habían hablado. Emilio escuchó todo de manera ausente, realmente sin importarle un comino los chismes de los que Abi hacía partícipe a todos. Cuando terminó de comer, Abril lavó el plato que había usado y fue a sentarse junto a Emilio para jugar con él un poco, siendo brutalmente derrotada por su magnificencia videojugabilística, pero igual pasó un buen rato, sobre todo cuando Ignacia se acercó a hacerles compañía. A Abril le agradaban los abuelos de Emilio, eran muy amables y agradables; estaba feliz de que ellos cuidaran de él cuando sus padres no quisieron cuidarlo.

    Un par de horas después sonó el teléfono de la casa y cuando el niño fue a atender la llamada, resultó que se trataba de la madre de Abril, sabiendo que su hija estaría con su vecino y pidiéndole que volviera a casa antes de que anocheciera por completo.

    —Está bien, me voy ya. ¡Muchas gracias por todo, doña Ignacia! Me saluda a don Tomás cuando vuelva del trabajo —agradeció la hospitalidad de la mujer en lo que se dirigía a la puerta.

    —No hay de qué, mija. Y yo le mando tus saludos a Tomás. Vuelve cuando quieras, sabes que esta es tu casa.

    —Sí, gracias. Emi, ya vendré otro día a visitarte, ¿sale? Nos vemos.

    —¡Ni se te ocurra volver! —bramó él sin dignarse a verla una última vez, escuchando el portazo que anunció su salida. Volvió a suspirar ahora con agotamiento.

    —Mira que decirle cosas tan crueles, Emilio. Deberías aprender a ser más amable con ella, ¿sabes? —lo reprendió su abuela mirándolo con seriedad.

    —¿Por qué? —cuestionó haciéndose el desentendido.

    —Tú sabes por qué, señorito. A mí no me engañas. Te gusta que Abril venga a visitarte.

    Emilio ya no dijo nada, no necesitaba hacerlo, sino que se limitó a seguir con su juego. Satisfecha con su silencio, Ignacia lo dejó estar, teniendo la esperanza de que Abril y el resto de sus amigos pudieran hacer de su nieto un hombre ejemplar.


    Por ahora es todo. Gracias por leer.
     
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    Kay Greenwish

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    Hey! Hello, la verdad no estoy segura si te comentaré por aquí, ya sabes, te di mi impresión en palabras así que decir otra cosa de la que no sepas pues dificil. xD

    Esta escena la ame, ya lo sabes. Abril me parece una persona muy interesante y algo... mmm... no sé como explicarlo. Como te dije anteriormente, a parte de lo ya mencionado, que sufre deficis de atención, esta escena me pareció más desarrollada y la verdad es que me dio la impresionó de que sufra de algo más. Y muy adorable, Abril me es muy adorable, creo que ya la ame. Hay que ver como continua, estaré pendiente y leeré la historia más no creo comentarla completamente.

    Mi capítulo favorito, sin duda.
     
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    Borealis Spiral

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    @Sonia Vongola Hola, chica. No te preocupes, yo sé que estás muy ocupada ahora, así que no necesitas comentar la historia por completo, con que me dejes tu me gusta soy feliz xD Ya después me dices en persona qué tal, jojojo. Pero aprecio mucho, mucho que la leyeras y que dejaras tu impresión. En cuanto a Abril, pues ya dije que dejaré el tema de su condición algo abierto xD En fin. Gracias por pasarte :D Me anima mucho.

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco un montón. Y aprovecho para decir que en esta historia aceptaré sugerencias xD Ya veré si las incluyo. Y nada más, dejo el siguiente capítulo. ¡Disfruten!

    Escena tres

    La oscuridad reinaría en la estancia si no fuera por la débil iluminación que la televisión encendida proveía. Sin embargo, la tensión y el suspenso eran definitivamente palpables, por lo que el más mínimo sonido o movimiento inesperado ocasionaría un tumulto sin precedentes. Dicho y hecho, en cuanto un ente sobrenatural acaparó toda la pantalla, cuatro almas gritaron asustadas hasta la médula, plañendo y llorando por sus vidas. Y entonces se hizo la luz.

    —¿A qué retrasado se le ocurrió ver películas de terror a la una de la madrugada? —inquirió Abi siendo la primera en correr al interruptor para encender el foco, sabiendo dónde estaba al ser la dueña de la casa.

    Los amigos habían optado hacer una pijamada y como siempre, la hicieron en casa de la mayor del grupo porque sus padres eran bastante buena onda y permitían a César quedarse, quien al ser varón a veces no producía confianza al verse rodeado de chicas y dormir con ellas.

    —¡A ti! —acusó Beky, temblando de miedo y abrazando a una asustadiza Abril.

    —Bah, ustedes no aguantan nada. ¿Qué es esto? ¿Un gallinero? —se mofó César desde su lugar debajo del gran sofá.

    —Mira quién lo dice. El más cobarde de todos —regañó la misma chica soltando a su compañera para gatear hasta su amigo y darle una nalgada.

    —¡Hey! Cuida dónde pones las manos. No desgracies mis encantos —se quejó él saliendo de su escondite.

    —Pero si ni tienes encantos —se rio Beky.

    —¿Y por qué te escondías si se supone que no tenías miedo de la película, César? —cuestionó Abril no creyéndose las excusas del chico, abrazando sus rodillas contra el pecho.

    —¡Yo no estaba escondido! —se defendió él—. Es sólo que… Ya sabes... Me… Se me perdió algo y lo estaba buscando.

    —¿Buscabas algo en medio de la oscuridad? ¡Sí como no! —se burló Abi, también volviendo a tomar asiento en el sillón individual, sacándoles risas a las otras dos y avergonzando enormemente a César.

    —¡Oh, silencio panda de princesitas! Yo no fui el único que se asustó, así que estamos a mano.

    —Por supuesto. Mal de muchos, consuelo de tarugos —comentó Beky con sorna.

    —Muchachos.

    Una voz grave, profunda y a los oídos de los jóvenes, de ultratumba, resonó por la sala sobresaltándolos a todos, arrancándoles otro grito agudo de terror. Beky se le echó encima a César buscando refugio, en lo que él la abrazaba escondiendo su rostro en el hueco del hombro y cuello de ella, al tiempo que Abril se cubría la cabeza con la manta que había llevado a la pijamada y Abi se encogía sobre sí misma para escudarse tras el respaldo del sillón.

    —Ups, ¿los asusté? Perdón, no era mi intención —se disculpó la voz con bochorno y algo de diversión.

    —¡Papá! —exclamó Abi al reconocer la voz, saliendo de su escudo.

    —Ay, señor, no nos asuste así. Casi me da el patatús —suspiró Abril, descubriéndose al estar segura de que no se trataba de un fantasma y llevándose las manos al pecho.

    —Creo que a César sí que le dio —declaró la menor presente al ver que su amigo se hallaba tieso en su lugar, sin liberarla de su agarre e intentó hacer que se moviera dándole varias palmadas en las mejillas.

    —De veras lo siento —volvió a disculparse el hombre, esperando que el chico estuviera bien.

    —¿Qué pasa, papá? ¿Qué quieres? —preguntó Abi no muy contenta de que los interrumpieran.

    —Hija, creo que es hora de que vayan a dormir de una vez. Es tarde y tu madre está en su límite con el escándalo que traen y hasta tu hermano me pidió que bajara a callarlos.

    —¿Ah? Pero si no es tan tarde todavía y además mañana es domingo. Ninguno de ustedes va a trabajar y Martín es un llorón. Así que ¿qué importa que nos quedemos despiertos hasta mañana? Es una pijamada, papá, ¿sabes qué significa eso? Que debemos estar despiertos toda la noche. No arruines la diversión.

    —Abilene, por favor, te lo estoy pidiendo de buena manera. No me obligues a negarme a concederte una pijamada futura.

    —Pero~...

    —Abi, tu padre tiene razón. —Abril intervino en la conversación, sonriendo con amabilidad—. Las pijamadas siempre son aquí si queremos que los chicos vengan. Lo menos que podremos hacer es aceptar los términos de tus padres.

    —Estoy de acuerdo, Abi —concordó Beky ignorando un momento a su mejor amigo—. Además, ya tengo algo de sueño.

    —Pfff, bien. Hagan lo que quieran, aguafiestas —se resignó la otra cruzándose de brazos, indignada.

    —Gracias por comprender. Descansen. —El dueño de todo se despidió subiendo las escaleras para regresar a su dormitorio.

    No hubo tiempo de que se asentara el silencio porque César empezó a gemir, recobrando el conocimiento.

    —Jojojo~. El bello durmiente ha despertado al fin. —Sonrió Abi con malicia.

    —¿Bello? Más bien bestia durmiente. ¿Cómo rayos te desmayaste del susto? Tú eres el princeso aquí —recriminó Beky incapaz de creérselo.

    —¡Cállate, zotaca! —César la empujó sin consideración.

    —Ten cuidado, idiota.

    —Uy disculpa. Olvidaba que eres de porcelana y se te puede romper una uña.

    —¿Qué dijiste? —Beky empezaba a molestarse en verdad, pues no le gustaba que otros la trataran como una muñeca débil simplemente por su apariencia pequeña y aparentemente frágil.

    —Agh, olvídalo. ¡Maldito Emilio! ¿Por qué no quiso venir a la pijamada? Al menos así no tendría que estar rodeado de puro feminismo. Al rato y voy a querer maquillarme también.

    —¿Pero qué dices? —Abril rio divertida por la exageración de su amigo—. Se supone que estés feliz de estar rodeado de chicas lindas.

    —Es verdad, cualquiera moriría por estar en tu lugar, ¿sabes? —avaló Abi con seguridad.

    —¡Sí como no! Si todas fueran al menos la mitad de lo que es Abilene estaría bien, pero no, estoy rodeado de burros de planchar…

    —¡Grandísimo tarado! —Beky lo silenció al darle un almohadazo en el rostro—. No seas insensible. Esos temas no se tocan así como así.

    —Tú, maldita liliputiense plana.

    El de cabellera marrón dorada tomó uno de los cojines y se lo lanzó a la muchacha con fuerza, pero ella lo esquivó con buenos reflejos, así que el objeto vino a estrellarse en la cabeza de Abril, quien respingó con asombro en lo que se hacía una bolita en el sillón.

    —Demonios —se lamentó el chico acercándose a su amiga—. Hey, Abril, lo siento, fue un accidente.

    —César —lo nombró ella con voz sofocada y lo que a él se le figuró como llorosa.

    —¿Ves lo que haces, tonto? —lo reprendieron Abi y Beky.

    —Lo siento, de veras, de veras, de veritas. Abril yo…

    —¡Esto es guerra! —aulló la víctima, risueña, tomando su propia almohada y sorprendiendo a todos cuando golpeó al muchacho en el costado.

    —¡Eh, tramposa! —se quejó él al ser tomado con la guardia baja—. De veras creí que te había pasado algo malo.

    —Qué dulce de tu parte preocuparte por mí. Eres súper tierno —se burló Abril, encantada, hasta que su risa se convirtió en un quejido gracias a otro golpe con un proyectil suave.

    —Ja, será mejor que no juegues con los sentimientos de la gente, Abril —aconsejó el culpable, sonriendo victorioso, pero luego sintió un golpe en la nuca que lo lanzó hacia adelante.

    —Trata de seguir tu propio consejo, César Manuel —dijo Beky con su arma esponjosa en mano.

    Y de aquella manera los tres se enfrascaron en la pelea de almohadas del año. En su lugar y libre del pleito, Abi grababa todo con su celular, mientras que una sonrisa cómplice adornaba sus labios.

    —Esto es oro puro. Seguro que más adelante me sirve para algún chantaje, jijiji~. —Rio por demás feliz de sus maquinaciones.

    Sintiendo la perturbadora mirada caramelo de la pelinegra cernirse sobre ellos, los tres amigos dejaron de pelearse y dirigieron su atención a la belleza del grupo.

    —¿Hmm? ¿Qué pasa, chi…? ¿Chicos? ¡No espe…!

    El trío le lanzó su respectiva almohada o cojín a Abi, quien apenas tuvo tiempo de cubrirse el rostro con los brazos.

    —Oh, muy bien. ¿Quieren pelea? Pelea tendrán. —Se encendió ella tomando dos proyectiles, uno en cada mano, uniéndose a la “masacre”.

    De ese modo, la pelea del año se convirtió en la del siglo, llena de alaridos, protestas y sobre todo risas. Sin embargo, la batalla no duró mucho más tiempo porque un rugido furioso proveniente del piso de arriba los detuvo en medio de la acción.

    —¡Niños, duérmanse ya!

    Al instante, los cuatro se tumbaron sobre su almohada como muertos, simulando dormir, cada uno en el lugar en el que estaba, quedando Abi en el sillón grande, Abril en el pequeño y César y Beky sobre la alfombra de la sala. El silencio reinó un instante antes de que las risotadas de todos, sofocadas por las almohadas, inundaran la estancia.

    —Eso ha sido muy divertido —comentó Abril sin dejar de reír, ya doliéndole el costado.

    —Lo sé, ¿verdad? Extrañaba esto —consintió César con la respiración entrecortada por tanta actividad.

    —Sí, es una pena siquiera pensar que entre más crezcamos, más difícil será hacer este tipo de cosas —susurró Abi con melancolía.

    —Nah, no creo. Somos nosotros después de todo —animó el único varón, positivo.

    —Es cierto —apoyó Abril, decidida—. Si somos nosotros creo que podremos mantener la costumbre. Por eso decidimos ir a la misma secundaria todos juntos, ¿o no? ¿Tú qué dices, Beky?

    —¿Beky? —César gateó hasta su amiga cuando no hubo respuesta de su parte y notó que yacía profundamente dormida. Bufó entre fastidiado y enternecido—. ¿Y se supone que yo soy el delicado? Tonta.

    César tomó una de las mantas que habían quedado olvidadas en el suelo dada la pelea y cubrió a la pequeña figura con ella, cuidadoso de no despertarla.

    —Creo que ahora sí es hora de dormir —sugirió Abril, bostezando.

    —Sí, creo que sí. —Abi se dirigió una vez más al interruptor—. Buenas noches, chicos.

    —Buenas noches —respondieron al unísono los otros dos, acomodándose para soñar.

    Abi los contempló un instante antes de apagar la luz. Sonrió con ternura; en verdad deseaba que nada de eso terminara nunca.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    ¡Hola de nuevo! Aquí entregando la siguiente escena de esta historia. Agradezco a las personaitas que se toman el tiempo de pasar a leer cofsilashaycof, y especial agradecimiento a @Sonia Vongola por su "me gusta". Sin más, el siguiente capítulo que espero les guste. ¡Disfruten!

    Escena 4

    —Muchas gracias, vuelva pronto. —La señora de la tienda despidió a uno de sus clientes para seguir con el otro, tratándose de nadie más que de Abril trayendo consigo sus respectivos dos Danoninos. Sonrió afectiva—. Hola, Abril. Ahora sí había, ¿eh?

    —Sí, creo que es porque es temprano en la semana —respondió ella, feliz.

    La señora asintió y le cobró los yogures.

    —Aquí tienes. —Le devolvió el cambio—. Me saludas a tu mami, ¿sí?

    —Claro que sí, muchas gracias. ¡Pase buen día!

    Abril sacudió la mano en forma de despedida hasta que salió de la tienda y después se apresuró a correr a la casa de su amigo. Tocó una vez y casi al instante Ignacia atendió.

    —Hola, hola. Lo siento, mija, Emilio no está en casa.

    —¿No está? —Eso definitivamente sorprendió a la muchacha, sabiendo de antemano que Emilio no era alguien de salir a menudo a menos que ella y los demás lo arrastraran con ellos.

    —Fue al lote baldío que está a un lado del taller de Los Güeros. Se llevó su balón.

    —Ya veo. —Abril supuso que Emilio quería practicar un poco, aunque seguía siendo asombroso porque normalmente lo hacía en su patio. Con todo, sonrió contenta por él—. Me alegra que saliera al menos para eso, le hace falta que le dé el sol. Ah, no se preocupe, sé dónde está el lote. Iré a verlo.

    —Muy bien, pero hazme un favor, ¿quieres? Llévale algo por mí, ¿sí?

    —¡Claro!

    Ignacia la condujo hasta la cocina donde había un recipiente con jícama picada. Observó que la mujer tapaba el recipiente y lo ponía en una bolsa de plástico junto con un limón partido, el salero, unas cuantas servilletas y un par de mondadientes envueltos.

    —Por favor llévale esto para que ambos coman un poco, ¿sí? —Le entregó la bolsa.

    —¡Qué rico! Seguro que le va a gustar. —Abril aprovechó para meter los Danoninos allí—. Ah, ¿tiene Tajín? A Emi le gusta ponerle mucho.

    —Tienes razón. —Ignacia tomó el chile piquín de una de las despensas, pero antes de echarlo a la bolsa, miró a la chica y le advirtió—. Aquí está, pero te encargo que vigiles que no le ponga tanto, ¿de acuerdo? No quiero que se le irrite el estómago.

    —Yo me encargo, descuide —accedió la chica y satisfecha con la respuesta, la mujer metió el bote junto a lo demás—. Ahora sí me voy.

    —Cuidado en el camino.

    —¡Sí, gracias!

    Abril salió de la casa y volvió a correr yendo ahora al lote en el que se encontraría su amigo. Después de varios minutos de trayecto llegó a su destino y, efectivamente, allí estaba Emilio, practicando dominadas y demás trucos de fútbol por su cuenta en medio del terreno desolado y lleno de yerbajo.

    —¡Emi!

    Lo llamó captando su atención, por lo que el niño dejó en paz el balón un momento, viendo que la chica movía su brazo como loca aun pese a que ya la había divisado, en lo que se acercaba a él con rapidez.

    —Emi. —Llegó a su lado y se inclinó hacia adelante en un intento de recuperar el aliento, al tiempo que se limpiaba el poco sudor que se le había formado en la frente—. Ufff, me cansé —comentó lo obvio soltando una risita.

    —¿Qué haces aquí? —la cuestionó él retomando su actividad con las dominadas.

    —Esa es mi pregunta, Emi. ¿Tienes idea de lo mucho que me sorprendí cuando tu abuela me dijo que estabas practicando aquí? Fue como si… ¡Boom! Mi cabeza explotara. En serio; es una suerte que esté viva.

    —Qué exagerada y es Emilio, no Emi —farfulló él manteniendo su ceño fruncido.

    —Pero es bueno que salieras un rato. Estar encerrado todas las vacaciones es triste. ¿A qué se debe el milagro? —inquirió con curiosidad inmensa.

    —Esperaba librarme de ti. —Fue su seco comentario.

    —¡Qué cruel! Eres malo, muy malo. Ahora para que se te quite ya no te daré lo que tu abuela mandó para ti.

    Y fingiendo molestia se alejó de él dispuesta a irse de allí. Giró un poco su cabeza para ver la reacción del niño, mas notó que él seguía concentrado en lo suyo sin mayores ansias de saber qué era aquello que le habían mandado. Hizo un puchero de derrota, pataleando el suelo con berrinche antes de volver al lado de Emilio; después de todo no podía no darle el encargo de Ignacia, se lo había prometido.

    —¿Por qué me ignoras tan feo, Emi? —preguntó con voz suave, afectada.

    —Soy bueno haciéndolo en general, no es sólo a ti —dijo él poniéndole un alto a su actividad, mirándola—. ¿Y bien? ¿Qué me trajiste?

    Abril sonrió de tener su interés por fin y con renovada vitalidad se sentó en la tierra siendo imitada por él, sólo que él usó su balón como asiento, en lo que ella sacaba de la bolsa los Danoninos, siendo uno de ellos tomado prontamente por Emilio para empezar a comerlo. Sacó los demás utensilios y por último sacó el recipiente, destapándolo para dejar al descubierto su contenido.

    —¡Ta dah! Jícama picada, tu favorita —exclamó ella con dicha, sosteniendo el recipiente frente a él para que lo apreciara en toda su gloria.

    Efectivamente, la jícama era su fruta favorita, o verdura o leguminosa, o lo que fuera que se considerara la jícama; y con limón, sal y mucho piquín, pues qué mejor. Ansioso por probar tan deleitable alimento, Emilio se apresuró a terminar el yogur. Mientras lo hacía, vio que Abril preparaba la jícama echándole a la mitad sal y limón mientras que a la otra la dejaba sin nada, ya que ella no era muy amante del ácido y prefería la dulzura propia de las cosas. Emilio acabó con su producto lácteo e iba a tomar el Tajín para echarle a su mitad del recipiente, cuando Abril se le adelantó.

    —Espera, yo le pondré.

    —¿Eh? —Emilio enfocó sus orbes claros en ella, sin dejar de arrugar el entrecejo entre confundido y fastidiado—. A ti no te gusta el chile.

    —No a mi parte, a la tuya. Yo le pondré.

    —¿Por qué? —El niño entrecerró los ojos con sospecha.

    —Siempre te pasas cuando le echas y tu abuela está preocupada de que te haga daño, así que le prometí que yo cuidaría que no exageraras con el chile —le informó ella sonriéndole amigable y él la miró con intensidad por unos instantes, procesando el asunto hasta llegar a una conclusión.

    —Olvídalo. —Se abalanzó sobre Abril con la intención de arrebatarle el bote, haciendo que la chica cayera a tierra quedando él encima de ella.

    —¡No, Emi, espera! —Abril forcejeó para evitar que su amigo alcanzara el producto—. Por favor, se lo prometí a tu abuela.

    —No hagas promesas que no cumplirás. Ahora dame ese frasco.

    Por el brusco movimiento de ambos, la muchacha perdió el agarre en el envase y este rodó a un lado, quedando algo distanciado de ellos. Al ver la oportunidad, el niño brincó de sobre su amiga dispuesto a tomar el objeto, mas previendo sus intenciones, ella lo derribó sujetándolo de la cintura, cayendo nuevamente ambos a tierra. Él rodó sobre sí mismo para quedar frente a frente con ella, estando ahora él por debajo.

    —¡Suéltame! —rugió el pequeño sin dejar de retorcerse para liberarse del agarre de ella, quien sujetaba sus brazos para inmovilizarlos.

    —Si prometes que serás un buen niño y harás lo que te pido te dejaré ir —le pidió ella, sacándole muchos más reclamos de disgusto.

    Emilio intentó por todos los medios escapar pero fue inútil; ella era mayor, más grande, más alta y más fuerte. Con desazón y con un amargo sabor de boca no tuvo más opción que rendirse, por lo que después de tanta lucha su cuerpo finalmente quedó inerte. Sintiéndolo, Abril aflojó su agarre un poco, sólo lo suficiente en caso de que fuera una artimaña, mas preció ser que no se trataba de una porque el muchacho siguió estático.

    —¿Ahora te portarás bien? —quiso saber incauta y con su inocencia de siempre, escrutándolo con su mirada canela pese a que él mantuvo su rostro de lado, negándose a verla—. Emi.

    Alzó una de sus manos para tomarlo por el mentón y hacer que la mirara, pero aunque su rostro quedó frente al suyo, sus ojos grises-azulados no hicieron contacto con los canela de ella en ningún momento y entonces lo entendió todo. Estaba molesto, más que eso; estaba indignado. Emilio no estaba acostumbrado a perder un conflicto entre ellos y ella lo sabía; lo normal era que Abril fuera la derrotada en cada uno de sus intercambios de palabras. No obstante, este había sido diferente, este no se trató simplemente de un debate o una guerra del habla; este había sido un enfrentamiento cuerpo a cuerpo y en ese momento ella tenía la ventaja al ser mayor. Abril se preguntó cuándo había sido la última vez que pelearon de esa manera, si es que en realidad hubo alguna vez. No quedaba duda entonces: Emilio debía sentir su amor propio muy herido, pisoteado, hecho trizas.

    —Lo siento —susurró con pesar, alzándose de sobre él para quedar sentada a su costado.

    Él no movió ni un músculo, sino que siguió acostado sobre su espalda, mirando el cielo con expresión ausente y con sus cejas crispadas, exasperado. Quedaron en un silencio por demás incómodo, ninguno de los dos ya con ganas de comer jícama, dejando el bote de Tajín olvidado en su sitio, ignorado en totalidad, como si no desearan siquiera ver el objeto que ocasionó que la agradable visita se trasformara en tan agridulce memoria. Y en aquel ambiente lleno de tensión, Emilio no pudo sino dejar de lado su usual paciencia para aquello que llegaría a su debido tiempo, pues en ese preciso instante deseó crecer de una buena vez.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    ¡Hola a las personitas que todavía se pasan a leer esto! Espero que les haya ido muy bien en la semana. Y pues nada, yo aquí dejando la siguiente escena de esta historia, que por cierto, a partir de aquí puede que los capítulos me salgan algo más extensos. Lo siento. Intenté hacer que no lo fueran tanto, pero al final apesto para ello xD En fin. Dejo el capítulo que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena V

    Beky apagó las velas del pastel soplándolas con ímpetu y cuando se extinguieron, sus amigos rompieron en aplausos y exclamaciones de felicidad, disparando los lanza-confeti.

    —¡Hurra a la cumpleañera! —clamó Abi con vigor en lo que Abril aplaudía y saltaba en su lugar como si no hubiese un mañana.

    —Eso es, Beky. Ahora eres oficialmente tan adulta como el resto de nosotros —la felicitó César, mas de inmediato miró a su compañero de al lado—. Ah, sin ofender, Emilio.

    —Cállate. Lo dijiste con toda la intención de ofender, así que no acepto tus disculpas —gruñó el niño cruzándose de brazos, sus cejas juntas en disgusto igual que siempre.

    Los cinco amigos se hallaban en las albercas públicas celebrando el doceavo cumpleaños de Beky. Los chicos vestían un bañador que llegaba por arriba de las rodillas; César teniendo uno verde fosforescente y Emilio uno negro además de una playera sin mangas. En cambio, las chicas vestían trajes de baño siendo el de Abi el más provocativo al ser un bikini rosa de dos piezas, y el de Beky era el más modesto al ser de una sola pieza con bastante tela en azul claro. El de Abril era entremedio, pues aunque también era de dos piezas, la parte inferior era cubierta por una faldita que llegaba poco arriba del medio muslo y la parte superior tenía un velo semi-transparente que la cubría hasta por encima del ombligo; su conjunto era naranja pálido.

    Habían planeado con anterioridad ir al balneario de la ciudad al menos una vez antes de regresar a clases y como el cumpleaños de Beky se acercaba, lo tomaron como la excusa perfecta para hacer los preparativos allí. Cosa que les vino de perlas no sólo porque mataron dos pájaros de un tiro, sino también porque se enteraron de que los padres de su amiga le habían organizado una fiesta en su casa, únicamente para los familiares y que se llevaría a cabo en la tarde, por lo que ese era el momento de pasarla bien entre ellos.

    —¿Y qué estamos esperando para el pastel? ¡Vamos a comerlo! —exigió César con la boca hecha agua, obteniendo el apoyo de los entusiastas.

    —Ya voy, ya voy. ¡Qué impacientes! —los tranquilizó Beky cortando el postre y dándole un pedazo a cada quien, incluyendo a su hermano mayor que los cuidaba desde lejos en otra mesa aparte.

    El bizcocho no era muy grande ya que sólo era para ellos, siendo de frutas rojas con crema de frambuesa; tan delicioso que César y Abril pidieron doble ración e incluso el de cabello marrón dorado se comió la mitad que dejó Emilio, quien no era especialmente afecto a las cosas dulces.

    —¿Segura que no quieres otro pedazo, Abi? —ofreció la festejada, afable.

    —Oh, no te preocupes, estoy bien. Tengo que mantener a raya las calorías. No es sencillo mantener este cuerpo. —La chica guiñó el ojo en lo que hacía una pose sensual.

    —Pues creo que has hecho un gran trabajo, Abi —la halagó Abril, fascinada—. Quiero decir, ¡mira nada más! Eres el centro de atención.

    Y así era, pues la chica captaba el interés de varios jóvenes de diferentes edades que también disfrutaban de un día en la piscina. Abi sonrió con autosuficiencia, tumbándose a una de las sillas playeras cerca de la mesa que ocupaban.

    —Por supuesto que es así, cielo. Era mi intención al usar este traje de baño. —Y volvió a guiñar con encanto.

    —Al menos ella sí puede lucir el suyo —comentó César a nadie en particular, consiguiendo que Beky le lanzara un tenedor desechable.

    —Aunque en realidad mi plan era seducir a tu hermano, Beky —confesó la pelinegra con despreocupación.

    —¡Qué!

    No sólo Beky se sorprendió de oír aquello, sino que Abril y César la miraron como si le hubiese salido una segunda cabeza, mientras Emilio seguía en su tarea de contar las hormigas inexistentes que había en el suelo.

    —¿P-pe-pero qué dices? Ernesto es una persona decente —se exaltó la menuda chica, sonrojada—. Él es maduro, trabajador y serio. No andaría coqueteando con alguien a la ligera y menos con una menor. ¡No es un pedófilo!

    —Pfff. —César bufó por demás fastidiado—. Ernesto no es tan genial como lo pintan. ¿Por qué todas las chicas lo ven como el príncipe perfecto?

    —Oh, pero lo es —se apresuró a corregir Abi con brillitos en los ojos—. Tiene dinero, es guapo, tiene dinero, es talentoso para los negocios, tiene dinero, será el heredero de Textiles Luperón y lo más importante, ¡tiene dinero! ¿Tú qué piensas, Abril?

    —Bueno… —La joven sonrió al recordar al hermano mayor de su amiga, a quien admiraba mucho por su gentileza—. Es alguien muy amable y dulce y sé que se preocupa mucho por su familia y que quiere mucho a Beky. Hoy por ejemplo. No tenía por qué ser chaperón de todos nosotros, pero se ofreció a vigilarnos y todo sin ser demasiado estricto. ¡Es tan lindo!

    —Ah Ernesto/hermano.

    Las tres chicas suspiraron encantadas, mirando hacia el lugar en el que se encontraba el joven de dieciocho años, alejado de ellos para darles su espacio, pero de cualquier manera pendiente en caso de que lo necesitaran. Estaba ocupado en su celular, por lo que no notó los tres pares de ojos que lo contemplaban con adoración.

    —Ugh. —César casi se coloreó de verde—. Creo que voy a vomitar.

    —Te sigo —lo apoyó Emilio otorgando un poco de su atención a la escena.

    —A callar ustedes. Tan sólo están celosos de no ser tan geniales como mi hermano.

    —En tus sueños, zotaca.

    —¡Los regalos! —exclamó Abril levantándose de su silla de golpe, sorprendiendo al resto, que la miraron como si hubiese perdido un tornillo. Rio nerviosa rascándose la cabeza—. Quiero decir que creo que es hora de que abras los regalos, ¿no crees, Beky?

    —Buena idea, lo haré.

    —¡Primero el mío! —Abi corrió a tomar su regalo envuelto en papel rosa, entregándolo a su futura dueña—. Aquí tienes. Que cumplas muchos más, linda.

    —Gracias, Abi.

    Beky le sonrió desenvolviendo la caja y al abrirla descubrió un hermoso vestido veraniego a media pierna, con cuello alto y estampado de flores en crema. Al verlo, César lanzó una carcajada burlesca.

    —¿Qué clase de regalo es ese, Abilene? ¿Cómo le regalas un vestido a la hija del dueño de una fábrica de ropa famosa en la ciudad?

    En cuanto lo escuchó reírse, la agredida se le acercó por detrás, molesta, y le hizo una palanca al cuello como si quisiera estrangularlo.

    —¿Qué dijiste que no te escuché bien? ¿Eh? Anda, repítelo —lo retó con un aura asesina rodeándola.

    —Nada… lo siento —se disculpó la víctima sintiendo que le faltaba el aire, por lo que Abi lo soltó y ya pudo respirar tranquilo.

    —En serio eres bruto —lo regañó Beky doblando el vestido una vez más—. ¿Qué importa el regalo cuando las intenciones son las que cuentan? —Luego miró a su amiga y le sonrió—. Me ha gustado mucho, Abi. Gracias.

    —Oh, no hay de qué, pero más te vale que lo uses, ¿eh? Si no lo haces, lo sabré.

    —Descuida, lo haré. —Rio divertida—. Bueno, ¿quién sigue?

    —¡Nosotros! —gritó Abril tomando la mano de Emilio, alzando los brazos con exceso de jovialidad, haciendo que el niño también levantara el suyo, aunque fue sólo un momento porque de inmediato se soltó y se cruzó de brazos con su mohín agrio habitual, volviendo el rostro a un lado.

    —¿Los dos? —interrogó la festejada, curiosa.

    —¡Sí! —Abril sonrió en lo que le entregaba el regalo—. Emi no tenía idea de qué regalarte y yo ya sabía más o menos qué darte, así que le dije que lo compráramos entre los dos.

    —No es que no tuviera idea —se defendió el gruñón—. ¿Qué puedes darle a alguien que puede comprarse todo lo que quiera? ¡Y es Emilio, no Emi!

    —No digas eso —se escandalizó la castaña—. Ya oíste lo que dijo Beky, ¿no? La intención es lo que cuenta.

    Beky rompió el papel verde pálido que cubría el objeto, descubriendo un joyero de metal en color blanco, muy lindo.

    —Es precioso, chicos. Gracias. —Les mostró su gratitud y Abril le sonrió en respuesta, mientras que Emilio simplemente la miró con expresión aburrida; quería dormir.

    —Bien, dejamos lo mejor para el final, como siempre —alardeó César yendo por su regalo.

    —¿Lo mejor? ¡Ja! —se mofó Beky—. La última vez me regalaste un estuche para mis lápices y colores. ¿Yo para qué quería eso si ya tenía uno, idiota?

    —Ay, ¿de qué te quejas? Lo estuviste usando todo el año muy a gusto y hasta le pusiste tus calcamonías favoritas.

    —E-es-eso fue porque no soy una malagradecida. Lo usé por puro compromiso.

    —Pues usa esto por compromiso también, me da igual. —César le lanzó una pequeña caja y Beky la atrapó apenas.

    —¿Qué es esto? —Miró la cajita con sospecha y luego a él—. Sabes que no me gusta usar anillos.

    —Lo sé —respondió con un tono que le dijo que no era eso.

    —Tampoco pulseras.

    —También lo sé.

    —Ni collares.

    —¡Ya lo sé! Demonios, ¿quieres cerrar el pico y abrir el regalo en lugar de pasarte todo el día intentando adivinar?

    Beky arremedó a su mejor amigo en cachondeo, pero de cualquier manera le hizo caso y abrió el regalo, tratándose de un par de bellos aretes consistentes en una brillante piedra redonda color verde, con unas orejitas de conejo doradas con incrustaciones de diamante en cada una, dándole la apariencia de dicho animal a cada accesorio.

    —César, esto… —Beky se halló sin palabras—. Son preciosos.

    —El año pasado dijiste que tu mamá te compró las arracadas que traes y vi que te habían encantado por lo que supuse que estos te gustarían —explicó el chico tornándose rojo, nervioso y algo abochornado—. Vi estos un día y como sé que también amas los conejos, pues decidí apartarlos. Tuve que trabajar de cerillo por un tiempo para ajustarlos y a veces pensaba que no lo conseguiría a tiempo, pero al final lo hice y pues allí tienes, zotaca. Feliz cumple.

    César le sonrió con amplitud haciéndola sonrojar y recordó con pesar esos días que él no había podido salir con ella porque estaba ocupado, aunque nunca le dijo en qué. Se había molestado mucho pensando que él le ocultaba algo ya que se suponía que como mejores amigos debían contarse todo, pero ahora que se enteraba que había trabajado por ella se sintió especial y se arrepintió de siquiera pensar que César era un mal amigo.

    —Gracias, César. Aprecio el gesto, mucho. Es el regalo más valioso que me han hecho. De veras te lo agradezco —reconoció mirándolo con cariño y sonriéndole con gran afecto.

    —Uhjuju~. El amor está en el aire —canturreó Abi con picardía, sacándolos de su burbuja de emociones.

    —¿A-amor? —gritaron los dos, mirándola espantados—. ¿Yo y él/ella? ¡Nunca!

    Abi y Abril rieron por la perfecta coordinación que tenían ambos y Emilio tan sólo rodó los ojos, en lo que se dirigía a la piscina de tamaño mediano.

    —¿Y qué? ¿No nos vamos a meter al agua? ¿No vinimos a eso? —preguntó arisco, deteniéndose en el borde.

    —Apuesta a que sí. —César retomó su confianza, colocándose a un lado de su compañero—. Verán todos que mis dotes de natación son los mejores.

    —Sí claro, si eres como un gato en el agua. Asustadizo y sin encanto —se rio Beky, socarrona.

    —Eso era cuando era más pequeño —se excusó el otro, molesto; luego miró al de cabello arena y señaló algo con su dedo—. Hablando de eso, Emilio, el chapoteadero está por allá.

    Un tic de irritación pura se apoderó de la ceja del mencionado, creciendo su ira al escuchar las risas burlonas de las chicas detrás de ellos. Luego, con fingida clama hizo ademán de alejarse de César, quien creyendo que iría a la alberca menos profunda, fue tomado desprevenido por Emilio, que lejos de irse, se había posicionado detrás del mayor para darle una fuerte patada en las nalgas, haciendo que cayera al agua, salpicando por todos lados. César manoteó intentando estabilizarse de la impresión y mantenerse a flote.

    —¡Hey, ten cuidado! ¿Es que quieres matarme o qué? —se indignó, acercándose al borde.

    —¿No es obvio? —Fue la fría respuesta de Emilio.

    César se enojó y velozmente sujetó los tobillos del niño, tomándolo por sorpresa, haciendo que trastabillara cuando ejerció fuerza para arrastrarlo también al agua, llevándose un buen golpe en toda la parte de atrás antes de finalmente hacerle compañía en el manto líquido.

    —Acabas de firmar tu sentencia de muerte —amenazó Emilio al emerger a la superficie.

    —Adelante, dame con lo que mejor que tengas. No te tengo miedo —se ufanó el otro.

    —Ah, ¿que no tienes miedo? —Beky sonrió con malicia en lo que saltaba al agua, nadando hasta Emilio—. Veremos si dices lo mismo una vez te derrotemos.

    —¡Tú, zotaca traidora! —César la miró con mala cara y luego gruñó por lo bajo—. ¿En esas estamos? Bien. ¡Abril, dame una mano aquí!

    —¡Sí! —La chica también saltó al agua, risueña, colocándose a un lado de César.

    Emilio rio con ganas y en un tono burlón al verla.

    —¿Abril? ¿En serio? ¿De las dos tenías que elegir a la más torpe? Ya perdiste.

    —¡Qué malo eres, Emi! Yo no soy torpe —renegó la aludida y luego miró a su amigo al costado—. ¿Verdad que no, César?

    —Eh… —El chico observó en torno, ubicando a la pelinegra—. ¡Hey, Abilene! ¿Qué tal si cambias por Abril?

    —No tú también —lloriqueó la agredida, logrando que Emilio volviera a reír.

    —Dejen de molestarla —pidió Abi, seca y a salvo en su lugar, pero por demás divertida—. Y no, yo seré su árbitro, así que a darle. Una primera ronda de vencidas y luego unas carreras. ¡Vamos, vamos!

    De esa manera, las dos parejas se enfrascaron en una competencia entre ellos, donde jugaron a las vencidas en el agua, a la traes, a las carreras y demás, en lo que la mayor del grupo los apoyaba y hacía comentarios a veces fuera del lugar, como que las parejas estaban muy, muy disparejas y por eso no había química entre ellas, pero así era Abi; la doctora corazón sin certificado. Con todo, pasaron un muy agradable rato.


    Por ahora es todo :D ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 27 Enero 2017
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    Marina

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    Comentario por fin xd.

    Quisiera decir muchas cosas sobre lo que va de la historia, pero ya sabes, por ahora me es algo complicado escribir, así que sólo diré que César me encanta, me parece un personaje carismático, abierto, juguetón, seguro de sí, al contrario de Emi, quien es cerrado, gruñón y al parecer insensible con los sentimientos de Abril, la que a su vez haría cualquier cosa por Emi. Por otro lado, Abi también me parece interesante y su personalidad aparentemente superficial me da la impresión de que será importante para equilibrar la relación entre este bonito grupo de amigos.

    Todas las escenas en los capítulos fueron lindas. A mí también me gustan los danoninos congelados y la jicama con chilito XD. Esa batalla que tuvieron Emi y Abril en el terreno baldío hizo que sintiera ternura por él. Divertida guerra de almohadas y esos juegos en la piscina de seguro quedarán guardados para la posteridad.

    Buenos capítulos, nos vemos en los que siguen. Tqm.
     
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    Borealis Spiral

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    @Marina ¡Hola, Master! Qué feliz de leerte por acá :'D Yo sé que te es complicado, así que no te preocupes, por ese hecho es que te agradezco el doble por tu apoyo; me anima mucho. Me alegra que te guste la historia y te encante César, pues de pronto imaginé que sería el que más te gustaría no sé por qué xD Poco a poco se verán cómo son todos entre ellos y qué función desempeñan en el grupo. Pero bueno, otra vez gracias por pasarte a leer y dejarme tu impresión. Lo valoro mucho, mucho. Te cuidas donde estás y saludos a todos. Te quiero mil *u*

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco enormemente, incluido el apoyo silencioso de @Rodriguez Varia, lo aprecio mucho.
    También aprovecho para decir que hice una ficha de personajes para esta historia para que vayan a verla si desean. Aquí el link: Ficha de personajes [No necesitamos decirlo]

    Y ahora sí, dejo la escena del día de hoy que involucra nuevamente a Abril y Emilio. Por si no lo han notado, me encanta trabajar con ellos, no sé por qué, pero es sí; ya lo saben así que acostúmbrense a que se roben algunas escenas xD No más parloteo y dejo el capítulo. ¡Disfruten!

    Escena seis

    Abril estaba en casa de su vecino. Era día de lavar ropa y mientras esperaba a que se secaran las prendas tendidas en el tendedero para ayudar a Ignacia a doblarlas, tanto ella como Emilio jugaban en el patio trasero. O más bien dicho, él jugaba con el trompo que su abuelo le había dado años atrás, al tiempo que ella lo miraba completamente fascinada. El niño era muy bueno desde su punto de vista.

    Hacía que el trompo girara sobre sí mismo sin esfuerzo alguno y no sólo eso, sino que hasta hacía uno que otro truco, como la pala, donde se inclinaba para hacer que el trompo subiera a su mano y quedara girando en la palma por unos segundos; también efectuaba el cohete, consistente en tomar la punta del trompo con la cuerda, con un par de vueltas para sujetarlo bien y luego lo triaba hacia arriba para tomarlo con la mano, sin que dejara de girar sobre la palma.

    En estos momentos, Emilio intentaba perfeccionar el búmeran para poder hacer el puente, que era un movimiento más experto y que era su principal meta a conseguir. Gruñó con fastidio cuando no le salió bien el movimiento y aun así Abril le aplaudió, admirada.

    —Eres tan bueno con el trompo, Emi.

    —¿Te burlas de mí? —preguntó a su vez, molesto, en lo que enrollaba la cuerda en el trompo para intentarlo de nuevo.

    —No lo hago —se defendió ella, ofendida—. Eres muy, muy talentoso, de veras que sí. No sólo eres listo y sacas dieces en tus boletas, también eres bueno en los deportes, en los videojuegos y aparte manejas el trompo súper bien. ¿En serio hay algo que no puedas hacer? Es que eres tan, tan genial, Emi.

    —Calla, me desconcentras —la silenció, malhumorado.

    —Ouh, no seas malo… ¡Ah! Ya sé, ya sé. Déjame intentarlo, ¿sí? ¿Porfa? —rogó con ilusión.

    —¿Eh? ¿Quieres intentarlo? —La miró incrédulo—. Pero si eres más torpe que el más torpe de todos los torpes.

    —¡No lo soy! Es sólo que… a veces no es mi día… casi diario —murmuró nada convencida.

    Emilio la vio con cara de “eres condenadamente torpe y lo sabes; no lo niegues que no sirve”. Abril infló los cachetes, azorada.

    —Bueno sí, está bien, soy torpe. Pero eso no quiere decir que no me esfuerce por hacer las cosas. Anda, déjame intentarlo, ¿sí? ¿Porfis? ¿Porfis?

    Lo miró con sus grandes y brillantes ojos color canela, juntando las manos en plegaria y haciendo un puchero que le pareció por demás adorable (no que fuera a admitirlo alguna vez), así que Emilio no tuvo el corazón de negarse y suspirando con molestia le tendió el trompo, reticente.

    —¡Yey! Muchas gracias, Emi —agradeció sonriente, tomando el juguete con una mano y con la otra le revolvió el cabello.

    —Para ya. No es para tanto y es Emilio, no Emi. —La apartó de un brusco manotazo, yendo a apoyarse en una de las paredes, cruzándose de brazos, adoptando una posición despreocupada—. Quiero verte hacer el ridículo.

    Abril miró el objeto en sus manos, encantada; luego tomó aire y lo exhaló con lentitud, dándose ánimos a sí misma, determinada. Se enrolló en el dedo el pedazo de cuerda libre, posicionándose para lanzarlo y cuando lo hizo, el juguete salió disparado sin nada de gracia, como si fuera un proyectil, quedando tirado en el suelo, inmóvil. Emilio rio por lo bajo.

    —Buh, sáquenla. No sirve —la abucheó con malicia.

    —Eso no vale. Ese era el de calentamiento —se justificó, abochornada—. Ahora viene el de verdad.

    Abril frunció el ceño en pura concentración, enredando la cuerda nuevamente, dispuesta a no darse por vencida hasta conseguir hacerlo girar. Volvió a lanzarlo con enjundia, pero en esta ocasión no esperó lo suficiente a que el trompo se desenvolviera en totalidad, por lo que cuando hizo un segundo estiramiento simulando un búmeran, el juguete regresó volando en su dirección, dándole de lleno en la boca, sacándole un grito de dolor. En su lugar, Emilio soltó carcajadas vivas y con tal exageración que hasta se tumbó al suelo, rodando sobre él y llevándose los brazos al estómago.

    —¡Oh por Dios! Esto no tiene precio. ¡Pero qué idiota! —se burló sin dejar de desternillarse.

    —¡No te rías! Dolió mucho —regañó Abril, hincada en el suelo, con las manos en la boca y llorando a mares no sólo por el sufrimiento, sino también por la humillación—. Duele.

    Emilio se obligó a tranquilizarse un poco para ir al lado de su afligida amiga, arrodillándose ante ella.

    —A ver, quita las manos —le pidió sin dejar el tono chispeante en su voz. Abril se echó para atrás, rehuyendo su tacto y sacudió la cabeza.

    —Te vas a reír otra vez —sollozó con sentimiento.

    —No lo haré, lo prometo —le aseguró en tono serio.

    Aún renuente, se descubrió la boca y los dos notaron la sangre que teñían los labios y los dedos de la chica.

    —¿Sangre?

    La castaña se alarmó e incluso sintió náuseas de probar el sabor metálico. Emilio chasqueó la lengua, frunciendo el ceño en consternación.

    —No más clases de trompo por hoy —sentenció tomándola de la mano—. Vamos.

    La ayudó a ponerse de pie y la llevó al interior de la casa en busca de su abuela, quien miraba una de sus novelas favoritas en su habitación.

    —¡Santo Dios! ¿Qué ha pasado? —exclamó la mujer corriendo a revisar la herida de su invitada.

    —Quería aprender a usar el trompo y se pegó con él —informó el rubio.

    —Ay Dios mío, niños. Tienen que tener más cuidado. A ver, siéntate en la cama, mija. Tengo que desinfectarte eso.

    Abril hizo caso y esperó a que la mujer volviera con algodón y alcohol. Cuando regresó, procedió a limpiarle la herida con cuidado, mas de cualquier modo el líquido hizo que el corte ardiera, por lo que Abril se quejó por el daño y en ningún momento dejó de llorar. Emilio observó todo en silencio, con las manos en los bolsillos del pantalón y a una prudente distancia.

    —Listo, el dolor pasará entre hoy y mañana, así que no te preocupes mucho —dijo la mujer juntando todo lo que utilizó para guardarlo después, tirando el algodón sucio en el bote de basura que había allí en la habitación—. Pero estoy curiosa, mija. Has visto muchas veces que Emilio toma clases de trompo con su abuelo Tomás y nunca antes habías mostrado interés en aprender. ¿Por qué ahora sí?

    Abril subió los pies a la cama, abrazando sus rodillas contra el pecho, encogiéndose sobre sí misma y escondiendo el rostro, avergonzada. Emilio alzó las cejas, extrañado por su inusual actitud introvertida e insegura, por lo que se acercó más, curioso.

    —Yo no tengo talento —susurró al final la muchacha, alicaída.

    —¿Cómo fue? —preguntó Ignacia no escuchándola muy bien, por lo que Abril se descubrió el rostro y suspiró con pesadez.

    —Lo he pensado mucho y me he dado cuenta de que de todos en el grupo, yo soy la única que no sabe hacer nada. Emi tiene el fútbol y los videojuegos y los trompos; Abi está aprendiendo defensa personal; a Beky le gusta ir rápido y correr los metros planos, y el sueño de César es ser un jugador de básquet famoso. Pero yo no tengo nada, no soy buena para nada. Soy mala en la escuela y soy torpe para los deportes. Es muy injusto y frustrante y lo odio.

    Y empezó a llorar con intensidad, desalentada en totalidad.

    —Oh linda. —Ignacia la abrazó con cariño, intentando consolarla—. No te deprimas por eso. Seguro que en algún momento saldrá tu talento escondido. Tan sólo tienes que seguir buscándolo.

    —¿Usted cree? —inquirió ella, esperanzada, limpiándose las lágrimas.

    —¡Por supuesto! —La mujer le sonrió reconfortante y ella se la devolvió, agradecida.

    —Pero si sí tiene uno —se metió Emilio—. Es irritante como el demonio.

    —¡Qué cruel! Emi, eres muy, muy cruel conmigo —chilló la castaña, herida.

    —Emilio, ese lenguaje —lo regañó Ignacia, severa, haciendo que se encogiera de hombros y tragara duro, asustado.

    —Ya, perdón —se disculpó no deseando ser castigado.

    —Pero ese es un buen punto. —Volvió a tomar la palabra la mayor—. Abril, quizás tu talento no tenga que ver con los estudios o los deportes. Quizás sea algo más a lo que todavía no hallas dado mucha atención.

    —¿Algo más? —Abril lo pensó mucho. ¿Qué sería?

    —¡Ah, eso es! —Ignacia recordó algo—. Si mal no me acuerdo, una vez tu mamá me contó que cuando eras más pequeña te gustaba dibujar. ¿Por qué no pruebas con eso?

    —Dibujar —repitió Abril, imaginando las posibilidades—. Pero, ¿qué puedo dibujar?

    —Oh, hay tantas cosas. Animales, objetos, paisajes, frutas, personas. —La abuela las enumeró—. Son muchas las opciones. Hasta podrías dibujar lo que pasa en tu vida, como una caricatura. Tan sólo desata tu imaginación, mija.

    —Eso suena genial. —A Abril empezaba a gustarle la idea, mucho—. ¿Puedo empezar ya?

    —Claro que sí. Mira ven, te daré una libreta, lápiz y colores para que empieces ya mismo.

    Abril asintió, sonriendo por demás contenta, yendo a conseguir lo necesario para comenzar su nuevo proyecto. Emilio las siguió en silencio, su entrecejo fruncido en confusión y un poco escéptico de que algo bueno saliera de semejantes planes. Cuando la chica tuvo en sus manos las herramientas para crear arte, fue a sentarse ante la mesa de la cocina, iniciando una lluvia de ideas sobre lo que podría dibujar.

    Emilio se encogió de hombros al verla tan concentrada y se dirigió a la sala, echándose sobre el sillón cuan largo era, dispuesto a ver caricaturas. De seguro Abril terminaría por aburrirse o se distraería y dejaría de lado su trabajo para ir a molestarlo; siempre era así. Cuando los minutos se transformaron en cerca de hora y media, el niño no pudo evitar lanzar miradas furtivas por sobre el sillón hacia donde se ubicaba la cocina, su ceño arrugado en impaciencia. ¿En verdad estaba tomándoselo en serio? ¿Ya habría dibujado algo? De pronto lo asaltaron inmensas ganas de ir al lado de su amiga y espiarla un poco. ¡Estúpida tentación! No, debía resistir; tenía una imagen que mantener después de todo. Su espera no fue más larga porque entonces Abril salió de la cocina corriendo hacia él, entusiasta.

    —¡Mira, Emi, mira! Hice una caricatura de todos nosotros. ¡Somos frutas!

    Emilio se sentó y tomó el papel que su amiga le ofrecía. Sus facciones se llenaron de asombro, incredulidad y otro sentimiento que no supo describir. En la hoja se mostraba el dibujo de cinco frutas que los representaban a él, Abril y los demás, teniendo cada una alguna característica que los asemejaba con su persona. Abril era una pera de gran y brillante sonrisa, él era un durazno malencarado, Abi era una fresa coqueta que guiñaba un ojo, Beky era una uva con expresión ruda y César era un mango que sonreía con presunción. No eran dibujos de un experto, pero estaban bien hechos o al menos se distinguían. Lo que más llamaba la atención era que tenían un toque adorablemente tierno; en serio, Emilio pensó que debía ser ilegal tanta lindura junta. ¡Por Dios que parecían dibujos dirigidos a bebés!

    —¿Qué piensas? ¿Te gustan? —le preguntó Abril, ilusionada.

    —Están bien —contestó con simpleza, no queriendo demostrar lo mucho que le gustaron; él no era un bebé.

    —Qué bueno, me alegro. No puedo esperar a enseñarles a los demás. —Abril tomó la hoja en sus manos, mirándola pensativa—. Me pregunto qué nombre ponerles.

    —¿Nombre?

    —¡Sí! Un nombre para el grupo. Son frutas, así que supongo que debe estar relacionado con las frutas.

    —¿El Grupo Frutas? —Emilio frunció la boca—. Es chafa.

    —Sí, supongo que sí. —Abril se desanimó un poco.

    —¿Por qué no le pones uno en inglés? —sugirió él como quien no quiere la cosa.

    —¿En inglés? ¿Por qué? —La chica ladeó la cabeza, confundida.

    —No lo sé. —Emilio se encogió de hombros—. Según dicen, todo se oye mejor en inglés.

    —¿De veras? Ya veo. —Abril volvió a sonreír—. ¿Cómo se dice fruta en inglés?

    —Fruit.

    —¿Y grupo?

    El niño volvió a encogerse de hombros y en su lugar dijo.

    —Sé que banda es band.

    —¿Band? La Fruit Band —repitió el nombre varias veces, alegre—. Me gusta. Será la Fruit Band.

    Y con aquella resolución, corrió una vez más a la cocina, dispuesta a añadir el nuevo nombre a su creación y empezar a hacer más bocetos de los cómics que haría en el futuro. Emilio ahora sí se levantó de su lugar, dejando la televisión encendida y fue a la cocina, donde observó a su amiga ocupada y emocionada por seguir dibujando. Se dirigió al refrigerador y sacó un par de gelatinas dándole una a Abril, quien le agradeció sonriente; luego acercó una silla para quedar casi pegado a ella y la vio trabajar en silencio mientras engullía su propia gelatina. Tal vez aquello no fuera tan malo después de todo; quizás seguía siendo sinsentido, pero no era malo.


    Y así nació la Fruit Band :')
    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 6 Febrero 2017
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    Que bonito capítulo, me hizo recordar cuando de niña jugué con el trompo, aunque jamás fui diestra como Emi y seguro que si hubiera intentado hacer cualquier otro tipo de pericia aparte de girarlo en el suelo, también. Me habría roto la jeta XD.

    Que bien que Abril ya descubrió su talento. Esos dibujos de acuerdo a la descripción, me parecen geniales. Buen nombre para el grupo. Ya me leí la ficha de los personajes.

    Nos vemos en el que sigue. Tam.
     
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    @Marina Muchas gracias por tu comentario, Master. Me alegra que te recordara a tu infancia xD Yo no tuve una donde hubiera trompos, ¡qué mal!, pero aquí me desquité, jijiji. Como siempre, tu comentario me ha hecho feliz y espero que la historia siga siendo de tu agrado. Te extraño mucho y ya quiero verte *u* Te amo.

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco inmensamente. Aquí dejo la escena siete y ojalá les guste. ¡Disfruten!

    Escena 7

    Emilio se hallaba acostado en el sillón viendo caricaturas, apoyando su codo en el asiento y descansando la cabeza en la mano, mientras que con el meñique de la otra se picaba la nariz, sacándose los mocos y embarrándolos en la tela del mueble. Rogó que su abuela no lo viera o le daría el regaño de su vida. En eso, el teléfono de la casa sonó. Rezongó con fastidio, levantándose de su cómodo lecho con pereza y fue a contestar el aparato, arrastrando los pies. Tan sólo esperaba que no se tratara de otro estafador mediocre.

    —¿Diga? —inquirió con voz monótona, sin dejar de picarse la nariz.

    —¡Emi, hay una alerta fruta, código uva! —Escuchó la alarmada voz de su amiga.

    —¿Eh? —Fue su confusa respuesta—. ¿Qué tonteras dices ahora?

    —No son tonteras, es importante. Beky tiene problemas, así que voy por ti. Espérame.

    Y le colgó. Emilio miró el auricular unos instantes, extrañado. ¿Qué había sido eso? Se encogió de hombros, colgando de igual forma y regresó a la sala, mas apenas iba a tumbarse de nuevo cuando desesperados golpes se oyeron en la puerta. El niño rodó los ojos con exasperación. ¿Por qué el afán de Abril de llegar a arruinarle su último fin de semana antes de la escuela? Fue a atender el llamado.

    —¿Qué…?

    No alcanzó ni a preguntar cuando Abril lo tomó por la mano y lo estiró con ganas.

    —Vamos, tenemos que irnos ya —lo apremió, ansiosa.

    —Espera, torpe. —Emilio se resistió—. Tengo que ponerme zapatos.

    Abril vio que su amigo estaba descalzo, con sólo calcetines.

    —Emi, te dije que vendría por ti. ¿Por qué no estás listo? —reprendió ella, impaciente.

    —No me diste tiempo —recriminó él, irritado—. ¿Y cuál es la bendita urgencia?

    —Ya te lo dije. Es Beky. Vamos a que te pongas algo.

    Abril lo empujó con apetencia, ambos dirigiéndose al cuarto de él para que se calzara sus tenis y mientras él se ponía uno, Abril le ponía el otro.

    —¡Puedo hacerlo solo! —se quejó Emilio, airado de que lo tratara como un bebé.

    —No hay tiempo. Listo. Ahora vamos.

    Lo tomó de la mano otra vez y lo arrastró consigo, encontrándose con Ignacia en el pasillo.

    —Niños…

    —Lo siento mucho, doña Ignacia. Tenemos prisa, iremos al parque. Al ratito le traigo a Emi —se disculpó Abril sin detenerse.

    —Ya vengo, abuela. —Fue lo único que alcanzó a decir Emilio antes de que los dos salieran de la casa.

    —¡Ah! Vigorosa juventud. —La mujer mayor suspiró con nostalgia antes de retomar sus quehaceres.



    El par de amigos arribó al parque de juegos donde siempre habían jugado cuando eran más pequeños y el que se había convertido en uno de los puntos de reuniones para el grupo. Al pagar su entrada, ambos divisaron a los otros tres cerca de la zona de columpios. Abi se cruzaba de brazos teniendo una expresión seria en su hermoso rostro, Beky estaba sentada en un columpio, con los hombros y la cabeza bajos, mientras que César iba y venía, sus facciones llenas de disgusto y cólera. Se acercaron a ellos con la respiración entrecortada por la carrera pasada.

    —¿Qué pasa? —preguntó Abril, preocupada, no conociendo los detalles, pero increíblemente sintiendo la gran tensión en el ambiente.

    Nadie respondió durante unos segundos, hasta que Abi soltó la bomba.

    —Beky no irá a la misma secundaria que nosotros.

    —¿Qué? —Abril abrió los ojos, impactada, mirando a la susodicha—. ¿Por qué?

    —Dijeron que ir a una secundaria privada sería mejor para mí —respondió la de cabello tan corto como el de un chico, sombría.

    César dejó de caminar en círculos y ahora le propinó un patada a un árbol cercano, iracundo, haciendo que Abril se sobresaltara un poco por su actitud violenta.

    —Y por supuesto, tú tuviste que decir que sí a las exigencias de tus padres como la buena niña de alcurnia que eres —siseó él con amargura.

    —¿Eso piensas? —Beky se levantó del columpio y lo encaró, herida por la insinuación—. ¿Te crees que no les rogué para que me dejaran ir con ustedes? Nunca me ha gustado pedirles nada, pero esta vez dejé de lado mi orgullo porque quiero que sigamos juntos, ¿y así me lo agradeces?

    —Bueno, tus pedidos no fueron los suficientes, por lo visto —contraatacó el joven, acerbo.

    —¡Idiota insensible! No sé por qué sigo preocupándome por ti si no eres más que un tarado.

    —¡Ya basta ustedes! —Abi se posicionó entre los dos, no deseando verlos pelear en serio—. César, no estás pensando en la situación de Beky. Hizo lo que pudo, pero al final sus padres son los que tienen la última palabra. Lo último que necesita de nuestra parte son reclamos.

    —Es cierto, César. —Abril también se acercó, apacible—. Además, piensa en lo feo que sentirá Beky cuando llegue el lunes y no estén tú y Abi con ella. Tendrá que estar allí en una escuela nueva y buscar su salón sola y estará rodeada de personas que no conoce; todo eso sin ninguno de sus amigos cerca. ¿No crees que es triste? Yo sí lo creo; sería solitario y triste y daría miedo.

    César chasqueó la lengua, frustrado, alejándose un poco de ellas para tranquilizarse.

    —Lo que me molesta son las verdaderas intenciones de sus viejos —confesó el chico, indignado.

    —¿Verdaderas intenciones? —Abi frunció el ceño.

    —¿No se los has dicho? —César miró a Beky, quien suspiró derrotada, volviendo a sentarse en el columpio.

    —Mi padres… No, en realidad es más mi padre. Papá piensa que necesito otro tipo de compañía para convertirme en una mujer “responsable y trabajadora”. —Hizo comillas con los dedos, sarcástica.

    —¿Tu papá cree que somos una mala compañía? —se escandalizó Abi—. ¿Pero quién se cree ese viejo metiche? Si piensa que ser divertido y gozar la juventud está mal, entonces ese señor no tuvo infancia.

    —¿Los adultos tuvieron infancia? —Abril los miró con inocencia, haciéndolos reír, aligerando un poco el ambiente al menos unos segundos.

    —Ustedes no tienen nada de malo —negó César, volviendo a fruncir el ceño—. Yo soy a quien su padre no tolera. Siempre ha sido así.

    —¿Por qué haría eso? —Abril se sorprendió de tal acusación.

    —¿Pues por qué más va a ser? ¡Es porque soy pobre! —bramó el de cabello marrón dorado—. Ustedes están bien acomodados. Abi, tu madre es enfermera y tu papá es doctor de pulmones. Abril, tu papá tiene un buen puesto en la compañía de seguros de la ciudad vecina y tu mamá es secretaria de un notario. Incluso los abuelos de Emilio tienen su propia zapatería y les va re-bien. ¿Pero yo? Mi jefe es un mero peón de albañil y mamá es costurera en la empresa del padre de Beky. ¡Demonios! No es mi culpa que el viejo ese sea tan tacaño de pagarles a sus trabajadores una miseria.

    —¿Y qué piensas hacer entonces?

    La interrogante de Emilio, quien se había mantenido en silencio todo el tiempo con los brazos cruzados, sobresaltó a todos, haciendo que lo miraran con confusión.

    —¿A qué te refieres? —preguntó César, sin entender.

    —La decisión está tomada; no hay marcha atrás —explicó el niño, insulso—. ¿Vas a respetarla o vas a ir en contra de ella, dándole verdaderos motivos a su padre para creer que eres la manzana podrida del grupo? ¿No crees que ser una “buena niña de alcurnia” sea lo mejor para Beky en este caso? ¿O quieres que se rebele y pierdan su confianza en ella para que la castiguen hasta que no la dejen salir nunca más? Así ya no podrías verla de nuevo. ¿Eso quieres?

    —Yo… —César no supo qué decir, conmocionado. No había pensado en ese detalle.

    —Emilio tiene razón —concordó Abi colocando las manos en la cadera—. Nuestro poder es limitado en este caso. Lo mejor que podemos hacer es darle todo nuestro apoyo. Si se porta bien estos tres años, quizás sea suficiente para que su padre reconsidere dejarla entrar en la misma prepa que nosotros.

    —Sí, creo que tienen razón —concedió César, no muy feliz de estar tan atado de manos en la situación.

    —Ay, no lloriquees tanto. —Abi le asestó tremenda palmada en la espalda, haciéndolo brincar.

    —¡Hey, eso dolió! —se quejó, afectado.

    —¡Qué bueno! Así espabilas un poco. —Abi sonrió ladina—. No es como si no volviéramos a ver a Beky, ¿sabes? Aún podemos juntarnos los fines de semana, en las vacaciones y en otras ocasiones.

    —Es verdad, César. No es el fin del mundo, así que deja esa cara de depresivo —se burló Beky—. Te hace ver más feo de lo que eres.

    —Ja, ja. —Rio él con sarcasmo—. Tú no eres la chica más linda del mundo, ¿sabes?

    —¿Quieres pelea? —Beky hizo ademán de levantarse las mangas inexistentes de su blusa.

    —Sabes que sí, zotaca, ¿por qué preguntas? —respondió de vuelta, socarrón.

    Beky negó con la cabeza y soltó una risita mezclada con diversión e incredulidad.

    —De veras que eres un tarado, pero gracias por animarme. A todos, gracias por su apoyo.

    —De nada. —Abril le sonrió, amigable.

    —Es nuestro placer, linda —le aseguró Abi, tranquila.

    —Por cierto, ¿no podemos mantenernos en contacto de otra forma? ¿Como hablando por teléfono o algo? —Quiso saber César.

    —Claro, pero no por teléfono. Mis padres monitorean las llamadas —notificó Beky—. Por celular sería más seguro, eso sí lo respetan, pero sé que aunque Abi y yo tenemos, el resto de ustedes no tienen, así que está difícil porque hablar a un celular por teléfono cuesta.

    Abril soltó una risita nerviosa, rascándose la cabeza, avergonzada.

    —Lo siento, chicos. Mis padres dijeron que me comprarían uno cuando entrara a secundaria y creo que he retrasado un poco el asunto.

    —Igual aquí —dijo Emilio, seco; no era que en verdad muriera por uno.

    —Los míos no pueden darse ese lujo en estos momentos con eso de que tienen que pagar las colegiaturas y eso —declaró César con pesadumbre, pero luego recobró su vigor de siempre—. Bueno, no importa, si tengo que trabajar de cerillo otra vez para comprarme uno y poder hablar contigo, pues que así sea.

    —César. —Beky lo miró sorprendida y levemente sonrojada.

    —Ay, pero qué tiernos son luchando por su amor —canturreó Abi, encantada.

    —¡No somos tiernos! —gritaron al unísono, molestos—. ¡Y tampoco nos amamos!

    —Sí, sí, lo que ustedes digan. —Abi rio divertida, sacudiendo la mano—. Pero volviendo al tema. Hay un montón de redes sociales y otras formas que podemos usar para estar pendientes los unos de los otros. Skype, Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr, Google Plus y demás.

    —Vaya, no tenía idea de que hubiera tantas. Apenas si conozco la mitad —se asombró César.

    —Pero es mejor así, ¿no crees? —Abril sonrió—. Que haya muchas significa que podemos estar en contacto siempre, ¿a que sí?

    —No creo que funcione así —arguyó Emilio, arrugando el ceño.

    —Qué importa. —Abi desechó el tema—. Lo que nos interesa es saber que hay maneras de seguir en contacto.

    —De acuerdo, de acuerdo, ya quedó claro. —Beky se exasperó—. Vamos, dejemos de lado los temas tristes. ¿Qué les parece si aprovechamos que estamos aquí para pasarla bien un rato? Hace mucho que no venía a un parque de juegos.

    —Es cierto. La última vez que estuvimos en uno, quisiste lanzarte del columpio y caer de pie, pero al final besaste el zacate. —César se carcajeó ante los recuerdos.

    —Cállate. Tú no lo hiciste mejor. Quisiste hacer una voltereta y casi terminaste rompiéndote la cabeza —lo delató ella, irritada.

    —Bah, un pequeño desliz, ¿quién no lo tiene? —se defendió despreocupado—. Si lo intento ahora seguro que arraso contigo.

    —¿Es un reto? —Beky sonrió con soberbia—. Porque si es así estoy dispuesta a aceptarlo y bajarte esos humos.

    —Adelante. Inténtalo si puedes, zotaca.

    César se montó en el columpio que estaba a un lado de Beky y comenzó a impulsarse en él, siendo imitado por ella, comenzando una lucha por ver quién llegaba más alto para después ver quién saltaba más lejos y aterrizaba de pie.

    —Me voy —anunció Emilio al ver que ya no tenía nada que hacer allí.

    —No tan rápido. —Abi se apresuró a tomarlo por el brazo—. ¿Dónde está el incendio? ¿Por qué no te quedas un poco y juegas con nosotros?

    —No quiero. —Emilio se zafó del agarre con brusquedad.

    —No seas aburrido, Emi. Vamos a jugar un rato, ¿sí? —le pidió Abril sonriéndole con naturalidad.

    —Ya dije que no quiero —se empecinó el otro, fastidiado.

    —Claro, pero si habla Míster Gruñón, quien se cree demasiado maduro como para estar aquí, ¿no? —renegó la pelinegra.

    —¿Y qué si lo creo? —desafió el rubio, entrecerrando los ojos.

    —Oh se nota, descuida. —Abi sonrió, simpática—. Lo que le dijiste hace rato a César me dejó con la boca abierta. Has crecido, sí señor.

    La joven rodeó su cuello con su brazo y lo atrajo a ella, haciendo que su cabeza chocara con su desarrollado busto.

    —¡Suéltame! —gruñó Emilio, iracundo, empujándola sin consideración—. Apestas.

    —¿Cómo te atreves? —Abi se llevó una mano al pecho, indignada—. Me bañé esta mañana y hasta me eché perfume.

    —Pues hueles feo —repitió el niño mirándola con una expresión aburrida.

    —Hmph. No me molestaré en pelear contigo. —Abi se cruzó de brazos, virando su rostro a un lado—. Es obvio que un niñato como tú no entiende los sentimientos femeninos, pero no importa. Tan sólo espera a que llegues a la pubertad. Entonces sí que te rendirás ante mis encantos.

    Se llevó el dorso de la mano a la boca y comenzó a reír como loca, al estilo villana de telenovela barata, en lo que Abril también reía simplemente porque ella lo hacía, aunque bastante extrañada, mientras que Emilio se picaba la nariz, indiferente.

    —¿Eh? ¿Quién crees que soy? —indagó el chico, dejando en paz su fosa nasal—. No me interesan las viejas.

    Abi lo sujetó del cuello de la camisa en un rápido movimiento, acercándolo a ella con facilidad e inclinándose mucho para quedar a su altura.

    —Tú tienes deseos suicidas, ¿verdad? —cuestionó con voz amenazante, rodeada de un aura asesina.

    —También te apesta la boca. —Fue el lacónico comentario de él.

    —Tú, pequeño malcriado. —Abi mostró sus largas y filosas uñas bien cuidadas y pintadas—. Alguien tiene que enseñarte a respetar a tus mayores.

    —Esperen, esperen. Abi, Emi. —Abril se apresuró a intervenir antes de que verdaderamente corriera sangre, estando por demás nerviosa—. Vamos, vamos, todo esto es una broma entre amigos. No hay necesidad de pelear en serio; es guasa, es guasa….¡Ah, ya sé! ¿Qué tal si todos comemos unos raspados? Los venden aquí afuera, cruzando la calle. ¿Quieren uno? ¡Por supuesto que quieren! Entonces está decidido, Emi y yo iremos por ellos, ¿verdad, Emi? Claro que sí, así que… Amm, bueno… ¡Ahorita venimos!

    Y completamente alterada, tomó a Emilio de la mano y lo arrastró consigo, sacándolo del parque y librándolo del peligro. Ya afuera, Abril suspiró aliviada y luego lo miró con reproche.

    —Ouh, Emi, ¿por qué dijiste esas cosas tan groseras?

    —Estaba molestando. Se lo merecía —respondió él con frialdad, cruzándose de brazos.

    —¡No, no es cierto! Abi intentaba ser amable y hacerte un cumplido.

    Emilio giró su cabeza a un lado, desinteresado y Abril volvió a suspirar, ahora agotada; luego se sumió en sus pensamientos, mirando el vacío.

    —Oye, Emi, ¿qué harías si un día mis padres ya no me dejan verte? —le preguntó con suavidad y un ligero tono de melancolía, haciendo que él la mirara un poco tomado por sorpresa. Ella sonrió sin muchas ganas—. Es que Beky y César deben pasarlo mal con eso de que al papá de Beky no le cae bien César. Debieron vérselas difícil muchas veces para juntarse y eso… Me hace preguntarme qué habría pasado si mis padres no me hubiesen dejado juntarme contigo. O con Abi, o Beky, o César. —La voz se le quebró y los ojos se le aguaron—. No quiero imaginar una vida sin alguno de ustedes. Sería aburrida y solitaria y triste.

    —No seas tonta —la regañó él desviando sus ojos al puesto de raspados del otro lado de la calle—. ¿Por qué pensar y preocuparse por lo que no ha pasado y seguramente nunca pasará? En todo caso, quien debería decir que su vida sería aburrida sin ustedes soy yo. Tú y los demás habrían estado bien aunque no se hubieran conocido; habrían hecho otros amigos. Así que eso; siéntete mal por mí, no por ti o por Beky o cualquier otro.

    —Emi. —Abril parpadeó varias veces, sorprendida y sin palabras.

    —¿Y qué? ¿No vamos a comprar los raspados que prometiste? Que luego no digan que no hago algo bueno por el grupo. Y es Emilio, no Emi.

    Abril rio divertida, tallándose los ojos para aclararse la vista.

    —Sí, tienes razón, mejor no preocuparse por cosas que no han pasado. Muchas gracias, Emi. Bueno, ¿vamos?

    Con eso, los dos fueron a conseguir las golosinas congeladas para llevárselas a sus amigos.

    Por ahora es todo. Gracias por leer.
     
  12.  
    YaoiBidoofLover

    YaoiBidoofLover Guest

    Un Buen escrito en general, me gusto en lo personal
     
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  13.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

    Acuario
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    Bueno, me llegaron dos notificaciones tuyas y me entró la curiosidad de leer tus historias.

    Debo decir que está muy bien hecha, describes muy bien, y los diálogos son muy fáciles de comprender. Algo que a mí, me es difícil de hacer, no una, sino los tres puntos que menciono.

    De todos los personajes, me gusta más Emilio, su personalidad es muy interesante, parece detestar a sus amigos, pero en el mero fondo de su ser, los aprecia, especialmente a Abril.

    Las peleas que suelen tener, me recordaron a mi y a una compañera de la primaria, jajaja, parecíamos gatos peleando en plena calle xD

    También te quero decir, que una vez leí una de tus historias, creo que se llama "Tras la victoria", me encantó y a pesar que nunca comenté, es muy bonita, espero que algún día la llegues a terminar, me dejó en ascuas el último capítulo.

    Leeré la otra historia de tú autoría llamada "El nombre del Fracaso", no soy amante del ajedrez, pero se ve interesante.

    Te animo a terminar tus historias. Algunas veces hay que intentar y aprender a escribir con o sin la inspiración.

    Te lo digo porque, las futuras temporadas de mi historia (Que ya están escritas), las he escrito sin inspiración alguna, tan solo me centro en los personajes y en el mundo que los rodea.

    Haz el intento, al rato te puede servir mi consejo, espero la actualización, saludos.
     
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  14.  
    Bahamut

    Bahamut Entusiasta

    Virgo
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    Saludos.

    Es primera vez que comento una de tus historias, pese a que leí un poco de otra que publicaste. Bueno lo primero sería decir que me gusta la sencillez con la que trabajas la historia eso ayuda a que sea clara y se entienda fácilmente, aunque eso no quiere decir que hacer algo simple sea algo que cualquiera puede hacer. En cuanto a los personajes Abi, Emilio y Abril son los personajes que me llamaron más la atención por como son trabajados en especial la primera, ya que con los dos últimos me sentí más identificado con algunos de sus defectos jejeje. A grandes rasgos el trabajo está bastante bien hecho y eso se puede apreciar a simple vista.

    Debo añadir que me costo un poco engancharme de la historia; ya que al principio la temática que haces introducción al comienzo me pareció que iba un poco lento, no obstante, con el transcurso de los demás capítulos pude interesarme un poco más y eso me animó a terminar de leer lo que escribiste. Lo que me gustaría comentar también sería que en una historia se nota mucho cuando su autor tiene una idea clara, o bien, como es el caso deja que las ideas fluyan en la medida que escribe y este parece ser ese caso, además que tú ya mencionaste esto desde un principio. Lo otro me que interesaría ver es ver como se desarrolla el nudo de este conflicto que has planteado con la decisión del padre de Becky de separarla del grupo- el principal motivo porque comenzó a atraerme la historia- y la apreciación de cada uno de los miembros del grupo con este respecto.

    La última parte que me quisiera destacar es la creatividad que usaste para narrar el momento en que Abril volvió a descubrir su talento para el dibujo y como representaste a cada miembro del grupo con frutas.

    Ya me alargué demasiado.

    Suerte.
     
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  15. Threadmarks: Escena VIII
     
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    MarioUzumaki Muchas gracias por pasar a leer el primer capítulo. Me alegra que te gustara. ¡Muchas gracias! :D

    Darth Revan ¡Gracias por pasar a leer! Me ha hecho feliz y me ha sorprendido también enterarme que leías “Tras la Victoria”, jeje. Me alegra que creas que la historia está bien hecha y que algunas situaciones te recordaran a una amiga tuya de primaria xD Espero que lo que venga sea de tu agrado. En cuanto al tema de las historias inconclusas, gracias por el ánimo dado, lo valoro mucho en verdad.
    A veces uno tiende a echarle la culpa a la falta de inspiración, pero la realidad es que ocasionalmente lo que hacen falta son ganas. Yo puedo decirte que he tenido inspiración para seguir alguna historia, pero no he tenido ganas de escribir y pues no escribo. También tiene que ver con cuánto gusto le tengas a la escritura. A mí no me apasiona escribir tanto como me apasiona leer, por lo que no le dedico mucho de mi tiempo libre a la escritura. Si es que me aburro de mis pasatiempos favoritos y no tengo ganas de ver anime, pues entonces es que escribo.
    De cualquier manera tomaré en cuenta tu consejo, lo que sí digo es que no importa cuánto me demore, realmente no planeo abandonar totalmente las historias que tengo. ¡Gracias por comentar!

    Bahamut Muchas gracias por leer y dejarme tus opiniones con respecto a la historia; me han sorprendido pero también me ha animado muchísimo ^u^ Especialmente por decir que te usé creatividad cuando la mía es nula xD Ahora, confesaré que tu comentario me dejó pensando y bastante, por lo que espero explicar bien qué planes tengo para la historia sin parecer una ingrata de lo peor.
    En verdad aprecio que me dijeras que la historia no te llamara la atención del todo sino hasta el tema planteado con Beky y entiendo que desees que este asunto tenga más desarrollo, soy consciente de que da para más, mucho más; sin embargo, en esta historia me abstendré bastante de profundizar en los problemas o en los sentimientos más recónditos de los personajes fuera de lo que se ve por encima o ellos expresan. ¿Por qué? Porque como expliqué en el primer capítulo, quiero mantener la historia lo más simplona posible. Estoy experimentando con ella para hacerla más… superficial de lo que suelo escribir, centrándome en simples situaciones y vivencias sin demasiado drama de por medio. Es también por eso que los capítulos son autoconclusivos, así que a menos que indique lo contrario, por lo general el problema que surja en una escena se resolverá en la misma o al menos quedará estable. Aquí quedó claro que seguirán viendo a Beky y comunicándose con ella, por lo que es una solución al problema.
    Reitero que me ha dado mucho gusto leerte y si aún sientes una pizca de interés por lo que viene, estaré muy feliz y agradecida de contar con tu apoyo y saber qué cosas habrías esperado en alguna situación que surja y que probablemente no desarrolle; quien sabe, a lo mejor y de pronto hago alguna referencia xD ¡Muchas gracias por tu honesta impresión! :D

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco mucho por el apoyo, especialmente a Mori y Aome fanfics por sus me gustas ^u^ ¡Valen oro!

    Paso entonces a dejar la siguiente lección que espero sea de su agrado. ¡Disfruten!

    Escena VIII

    Abril se apresuró a terminar el cereal con leche y pera picada, en lo que su madre le preparaba la torta de jamón que comería en el receso. Era la tercera semana de agosto, así que iniciaba el nuevo ciclo escolar y la chica estaba emocionada porque si todo iba bien y con la ayuda del medicamento que tomaba todos los días, este año sería su último de primaria.

    Se terminó el cereal tomándose la leche restante de un trago, luego fue a su habitación a arreglar la mochila, guardando su lonche y dándose los últimos retoques, para después salir, preparada.

    —¡Estoy lista! —le anunció a su progenitora, emocionada.

    —Entonces vamos —le dijo su madre tomando su bolso, sonriendo por el entusiasmo de su hija. En eso tocaron la puerta—. Ah, allí está Emilio. Justo a tiempo.

    Abril corrió a abrirle a su amigo y vecino, quien dio un bostezo lleno de pereza, portando una expresión llena de tedio.

    —Emi, ¿listo para la escuela? —le preguntó, sonriente.

    —Pues ya qué. —Fue la hosca respuesta de él; luego miró a la madre de su amiga y la saludó, cortés—. Buenos días, señora. Gracias por llevarme a la escuela todos los días.

    —Buenos días y no hay de qué. Vamos a donde mismo de cualquier manera, así que no me cuesta nada hacerles ese favor a tus abuelos. —La mujer sonrió amable—. Bueno, mejor vámonos yendo si no queremos llegar tarde. Suban al carro.

    Los chicos hicieron caso y se montaron al automóvil, andando por las calles de la ciudad hasta que en cuestión de algunos minutos llegaron a la institución educativa. El auto se estacionó casi frente a la puerta.

    —Tengan cuidado al volver a casa —les recordó la madre, pues aunque ella los llevaba a la escuela, no podía ir a recogerlos por su trabajo de medio tiempo.

    —Okey. Adiós, mami —se despidió Abril dándole un beso en la mejilla, bajándose del vehículo.

    —Adiós, señora. Gracias otra vez. —Emilio también se bajó del auto.

    Con esto, los dos cruzaron la entrada principal, dispuestos a comenzar el día.

    —Ouh, no es justo que no estemos en el mismo salón, Emi —se lamentó la chica dirigiéndose a su respectiva aula—. Habría estado genial que nos hubiese tocado en el mismo, ¿a que sí?

    —Sueñas —gruñó él.

    —¡Malo! Eres muy, muy malo —recriminó la otra, pero no siguió haciéndolo porque llegó a su sala correspondiente—. Ah, ¿este es el mío? ¿Dónde estarás tú?

    Emilio señaló el salón adyacente al de ella.

    —¡Seremos vecinos también en la escuela, Emi! ¿No es genial? Es como si el destino quisiera que estuviéramos juntos siempre. —Abril sonrió juntando sus manos, mucho más entusiasmada que antes.

    —Maldito sea el destino. Y es Emilio, no Emi. Me voy. —Y sin decir más caminó a su aula.

    —Ten una buena mañana. ¡Nos vemos en el recreo! —le gritó Abril sacudiendo su brazo en despedida.

    Después de eso, miró nuevamente su salón, se dio unas palmaditas en las mejillas para espabilarse por completo, inhaló y exhaló para darse valor y con la resolución a tope, se adentró a la pieza, dispuesta a empezar un buen año y llevarse bien con todos sus nuevos compañeros.

    —¡Buenos días! —saludó enérgica, mostrando la mejor de sus sonrisas.

    Algunos de los alumnos presentes guardaron silencio un momento de sus conversaciones, mirándola con curiosidad malsana, antes de que entre ellos empezaran a murmurar cosas, riendo divertidos, para después ignorarla por completo y no responder el saludo.

    Abril parpadeó varias veces, ladeando la cabeza, confundida de tan extraña falta de recibimiento, pero no le prestó mucha importancia; seguro que seguían adormilados. Se dirigió a las butacas, las que eran dobles, por lo que debía compartirla con alguien, así que ella buscó una que no estuviera ocupada por nadie, pero no encontró y no le quedó de otra que disponerse a sentarse al lado de una chica.

    —Hey tú, no te sientes aquí. Está apartado para un amigo que todavía no llega —le dijo la chica, acaparando todo el asiento de la banca con las piernas.

    —Oh lo siento, no sabía. Buscaré otro —se disculpó Abril, yendo a la caza de otro asiento.

    —Ah, ah. Este también está apartado —le dijo esta vez un chico cuando encontró otro lugar que le gustó.

    —Ah okey. Perdona.

    Abril se dirigió al medio del cubículo al visualizar otro, pero nuevamente obtuvo el mismo resultado que con los otros, diciéndole que estaba apartado para su amigo. Quedó de pie allí, sin saber qué hacer, ocasionando que el resto se mofara de ella.

    —Oye tú —la llamó alguien, burlón—. Los nuevos y lo reprobados van en la esquina de allá.

    Señalaron la esquina de la derecha, donde había una butaca fea en comparación de las demás pues ya estaba despintada y algo carcomida; no obstante seguía cumpliendo su función, por lo que Abril se dirigió hacia allá tomando asiento, aunque no muy convencida, pues si no estaba enfrente seguramente se desconcentraría más. En cuanto se instaló, los murmullos que había escuchado al entrar al salón tomaron forma a sus oídos y pudo entenderlos con claridad.

    —¿A poco sí es ella?

    —Sí, es la que reprobó no sólo uno, sino dos años. ¿Puedes creerlo?

    —¿Qué tan tonta crees que sea del uno al diez?

    —Yo creo que como cien.

    —¿Crees que en serio sufra de retraso?

    —Yo pienso que sí. Es que mírala; es rara. ¿Por qué habría reprobado tanto si no?

    —Mejor ni me le acerco. Capaz y se me pega lo bruto.

    Risas crueles y burlescas se alzaron en la habitación, haciendo que Abril se encogiera de hombros, sintiéndose humillada y avergonzada. Aguantó todo en silencio hasta que llegó la que sería su maestra, quien le pidió que se presentara con todos, por lo que lo hizo, ganándose otros comentarios hirientes por parte de los demás que la docente tuvo que silenciar.

    A partir de allí, las primeras horas transcurrieron sin mayor contratiempo, salvo que a veces algún malvado le pedía a la profesora que volviera a explicar algún tema, en caso de que cierto alguien (refiriéndose a Abril) no lo hubiese entendido y demás bromas similares. En eso, el timbre que anunciaba el descanso se escuchó y la chica suspiró aliviada de tener un respiro. Se levantó de su lugar en cuanto todos se fueron y se apresuró al salón de al lado, el que estaría totalmente vacío de no ser por la presencia de Emilio.

    —Emi, ¿qué tal todo hasta ahora? —Quiso saber, sentándose a su lado.

    —Aburrido —contestó él sin mayores ganas, comiendo su emparedado. Abril sonrió divertida; esa era una réplica muy típica de su amigo—. ¿Tú qué tal?

    —Ah, pues… Estuvo bien. —Abril desvió la mirada de él, intranquila.

    Emilio notó el cambio en su actitud y se detuvo de darle un mordisco al sándwich. Arrugó el entrecejo, extrañado.

    —¿Estás bien?

    —¡Claro que sí! ¿Por qué no iba a estarlo? Todo está bien, de veras. —Rio con nerviosismo—. Es sólo que ya sabes, al principio está ese hielo con mis compañeros. No me conocen y no los conozco, pero es cuestión de tiempo antes de que todos nos llevemos bien.

    Emilio la miró con intensidad, entrecerrando los ojos en sospecha, realmente no creyéndose sus palabras y provocando que ella se moviera incómoda en su sitio, por lo que optó por cambiar de tema.

    —Pero hablemos de nuestros maestros. La mía es muy agradable; creo que me caerá bien.

    —El mío es un cascarrabias.

    —Oh, entonces también podrán llevarse bien, ¿verdad, Emi?

    —Cállate. Tu maestra ha de ser igual de fastidiosa que tú.

    —No lo es y yo tampoco lo soy.

    Entre más comentarios y plática amena, los dos pasaron la media hora de receso; Abril sonriendo abiertamente, olvidando el mal trago de hace rato. Estar con Emilio siempre la animaba mucho. Entonces llegó el momento de que la muchacha volviera a su propio salón y lo hizo con la mentalidad de que soportaría todo lo que se le viniera encima con aguante y una sonrisa. Cuando caminaba hasta su banca, alguien le puso el pie haciéndola caer al suelo con un sonido sordo, sacándole un grito de sorpresa y un lamento de dolor. Más carcajadas satíricas se escucharon.

    —Ups, ten cuidado. No quieres dañarte más el cerebro, ¿verdad? —dijo alguien por allí del grupo.

    —Eso fue muy grosero —los reprendió Abril levantándose, dolorida y con los ojos aguados.

    —¿Eh? Pero si te tropezaste tú sola. No nos culpes de tu torpeza —se excusó otro en mofa.

    —No es cierto. Ustedes me pusieron el pie —los acusó ella en lo que un par de lágrimas rodaban por sus mejillas.

    —Oww, pobrecita, está llorando —se burló otro—. No sólo es bruta, también es una llorona. Tenemos todo el paquete aquí.

    Y volvieron a reír, crueles. Abril se mordió el labio inferior, intentando suprimir los sollozos, mientras se limpiaba el llanto y los mocos con la manga del suéter del uniforme y retomaba el rumbo hasta su butaca con la cabeza en alto; no les daría la satisfacción de verla llorar. Se prometió resistir todo lo que se avecinara con una sonrisa valerosa e iba a cumplirlo.

    El resto de las clases transcurrieron más o menos de la misma manera que las primeras antes del receso, pero al menos Abril no sufrió más agresión física. Finalmente, el timbre de salida resonó y todos suspiraron aliviados de irse a casa. Abril guardaba sus nuevos libros cuando alguien le palmeó la espalda.

    —Hey, nueva —la saludó una chica en compañía de otras dos—. Vi cómo te trataron los demás. Fue grosero y no estuvo bien. Pero no los tomes en cuenta, ¿sí? Ya se aburrirán.

    —Ah, gracias por el consejo. —Abril le sonrió, feliz de que alguien la comprendiera.

    —Bueno, nos vemos mañana.

    —¡Sí! Pasen buen día y gracias otra vez.

    La chica y sus amigas se fueron, dejando a la castaña con un lindo sentimiento; sabía que no todos eran malas personas. Con energía renovada, salió del salón yendo al vecino para ir por Emilio, quien cruzaba los brazos sobre la butaca, escondiendo el rostro entre ellos. Abril rio divertida, acercándosele.

    —Emi, no puedes dormir aquí, debes esperar a llegar a casa.

    El niño gruñó, descubriéndose, mirándola con cara de pocos amigos, pero luego frunció el ceño al notar que algunos de sus compañeros veían raro a Abril y luego reían por lo bajo antes de irse.

    —¿Nos vamos? —cuestionó la chica, ignorante de lo que pasaba.

    —Claro.

    Tomó su mochila, levantándose y cuando la castaña le dio la espalda, descubrió la razón por la que todos se burlaban.

    —Espera. —Emilio sujetó el borde inferior del suéter de ella, parándola en seco.

    —Ay, ¿qué pasa? —Abril se volvió a mirarlo, confundida.

    —¿Y esto? —Le tendió una hoja de papel con cinta adhesiva que rezaba: “Soy estupida” (sin acento y todo), en grandes y gruesas letras negras.

    —¿Eh? ¿De dónde salió eso? ¿Cuándo…? —Abril recordó la palmada que la última chica le dio. Así que era eso; otra artimaña para molestarla. Sintió enormes ganas de llorar, pero en lugar de eso rio con debilidad, como si fuera otro tipo de lamento—. Ah, no puede ser. Es un truco tan viejo y cliché. Y pensar que caí tan fácil en él. ¡Cielos! Sí que soy torpe, ¿verdad, Emi?

    Hizo bolita el papel, arrojándolo al cesto de basura y permaneció allí, dándole la espada, cabizbaja.

    —Abril. —Emilio dio un paso en su dirección, preocupado.

    —¡Está bien! —Ella lo encaró nuevamente, con voluntad renacida—. Ellos creen que soy tonta y si pienso en mis calificaciones de antes, están en su derecho, pero les probaré lo contrario. ¡Eso es! Estudiaré mucho este año; tanto, que no sacaré ni un cinco y entonces tendrán que tragarse sus palabras. ¡Juro que lo haré! Así que no te preocupes por mí, Emi, por favor. Voy a estar muy bien.

    Le sonrió con seguridad, pero el rubio mantuvo un mohín de mortificación. Abril sonrió ahora con ternura, posicionándose frente a él y le revolvió el cabello.

    —Agradezco que te preocupes, pero en serio no hace falta. No puedo deprimirme por cosas como estas. No es como si yo fuera la única que tuviera problemas. ¡Es cierto! Ahora mismo muchos otros chicos también deben soportar a bravucones y seguro que algunos son más malos que los míos. Y seguro que a otros los ignoran a propósito y a otros… ¡Ah!

    La muchacha detuvo su discurso abruptamente al caer en cuenta de algo. Era verdad, había otros jóvenes que pasaban cosas más difíciles que ella. En realidad, allí ante su persona había alguien que también fue víctima de un tipo de rechazo: Emilio siempre había sido ignorado por el resto. No sólo sus padres lo habían despreciado, sino que por su actitud cascarrabias, fría y antipática era común que los demás le rehuyeran de plano y si no fuera por ella y el grupo, habría quedado totalmente abandonado en la escuela. Él entendía lo que se sentía; él sabía que por más que uno dijera que todo estaba bien, en el fondo no lo estaba; él conocía lo doloroso que era; él lo comprendía todo.

    —Hey, ¿qué tienes? —Emilio se inquietó de que dejara de hablar tan de repente y se perdiera en su mundo—. Abril, ¿qué…?

    Fue interrumpido abruptamente cuando ella le dio un abrazo rompe huesos y empezó a sollozar con potencia.

    —Oh Emi, no tenía idea. Debió ser muy triste para ti. Perdón por no darme cuenta antes.

    —¿Qué locuras dices ahora? ¡Y suéltame en este instante! —Emilio intentó empujarla del hombro y el rostro—. ¡Aléjate!

    —¡No quiero! —Abril usó más fuerza, derrocando los intentos de él por liberarse, haciendo que enterrara su rostro en su pecho.

    —¡Tú…! —Emilio sintió el típico tic en su ceja que le indicaba que estaba llegando al límite de su paciencia.

    —No merecías ser tratado tan mal por tus compañeros de clase; no tenían derecho a ignorarte sin darse la oportunidad de conocerte. Debieron intentarlo como yo y los demás. Es muy injusto. ¡Waaah!

    Y lloró a lágrima viva, sin dejar de abrazarlo y apoyando su mejilla en la áurea coronilla de él. Emilio suspiró rindiéndose en su forcejeo; no tenía caso cuando Abril se ponía tan sentimental. Así duraron unos momentos, ella hipando del sentimiento y él inmóvil en su sitio con los ojos cerrados. Cuando lo vio oportuno, ya escuchando a su amiga más tranquila, el niño levantó una mano y tentó hasta ubicar la frente de ella, dándole un pequeño golpe con el dedo medio y pulgar.

    —¡Ouch! —se quejó liberándolo y frotándose la frente—. ¿Eso por qué fue?

    —Por tocar un tema sin importancia.

    —Pero… —Sorbió por la nariz, limpiándose el llanto.

    —Lo digo en serio, Abril, ya no importa. Eso pasó hace mucho tiempo y ya se ha arreglado más o menos; aunque tuvieran razones para odiarme, conseguí que al menos me respetaran. No vale la pena recordarlo. Aquí lo importante es lo que pasa contigo. Ellos no tienen razones reales para odiarte; no a ti, no te conocen. ¿Dices que les mostrarás que no pueden llamarte tonta? Pues adelante, hazlo; enséñales la clase de persona que sí eres y la clase de emociones que sí puedes provocar, ¿de acuerdo? Yo te apoyo, así que esfuérzate.

    —¡Sí! —Le sonrió abiertamente, animada—. Gracias por todo, Emi.

    —Da igual y es Emilio, no Emi. Vamos. Cómprame un Danonino y estamos a mano. —El chico salió del salón.

    —Okey, me parece justo.

    Abril lo siguió, feliz. En definitiva, estar con Emilio siempre la hacía sentirse mejor.


    Por ahora es todo. Gracias por leer n.n
     
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    Aome fanfics

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    Me encantan tus historias y fics,gracias por agradecerle no me lo esperaban...♥♥♥
     
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    Buen (día/tarde o noche).

    Leí el capítulo y bueno... estuvo bien. Su cuota de romance entre los tortolitos eso siempre funciona en todas las historias jejeje... Creo que ya he comentado que me parecen los personajes en general y, esta vez, me referiré a algunas cosas que mencionaste en las respuestas los comentarios que has recibido de nuestra parte. Primero quisiera decir que para escribir cualquier cosa es imprescindible tener un mínimo de creatividad, ahora bien, puede ser que tal vez el nivel en que está aparezca no esté a la altura de tus expectativas o quizás simplemente como te has enfocado en crear una historia más "simple" piensas que no es muy creativa, no obstante, si te has propuesto desarrollar una idea y la has llevado acabo entonces esta ya tiene tu sello personal, y eso implica que tenga creatividad de por sí. Lo segundo está referido a la cuestión de lo que tú estás buscando con este fic, ya que me explicas que quieres experimentar con un historia más "superficial" y que tenga la cualidad de que sus capítulos tengan un principio, un desarrollo y un final dentro de los mismos. Aquí esto es un tema más discutible para mí, puesto que tengo un conflicto de roles entre mis perspectivas como lector y como escritor, para comenzar como escritor todo está centrado a lo que deseo entregar como producto(el texto) y la intención que hay detrás(el resultado) si estás dos cosas se cumplen bueno puedo decir que el objetivo está cumplido, dado que desde lo que tú me das a entender tienes claro lo que deseas entregar una historia sencilla sin mucha profundidad en su historia y que cada problema se resuelva dentro de cada capítulo, y eso es lo que se ve a simple vista. Mi problema tiene que ver con el segundo punto y esto se debe a que prefiero leer historias con algún trasfondo en el argumento por mínimo(tengo mis entandares) que sea y entendiendo que las cosas no van por ese camino, pues solo puedo decir que es una pena.

    Dejando esto en claro no me comprometeré a seguir posteando la historia capítulo a capítulo, pero si me da el tiempo le daré un vistazo y si hay algo que desee comentar serás la primera en saberlo.

    Te deseo muchas suerte.

    Saludos.
     
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    Borealis Spiral

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    Aome fanfics Al contrario, gracias a ti por leer y el apoyo :D Agradecerte es lo mínimo que puedo hacer, así que gracias por tus palabras. Espero que esto siga gustándote. ¡Gracias de nuevo!
    Bahamut Te comprendo perfectamente con eso de tus roles al leer una historia, yo también los tengo; de allí que me parezca perfecto que optes por dejar de lado la historia a menos que desees y te sobre tiempo. Muchas gracias por tu sincera opinión y tus palabras. Seguro no estamos leyendo por aquí o en el resto del foro. Cuídate ^u^

    A los demás que se pasan a leer también se los agradezco un montón y a ustedes va la siguiente escena, ojalá les guste. ¡Disfruten!

    Escena nueve

    Abril se encontraba sentada en una de las mesas de La Fresquita. Era sábado al mediodía y había quedado con los chicos de reunirse allí para hablar de cómo les había ido en su primera semana de regreso a clases y demás. Esperaba pacientemente en lo que se comía su nieve sabor choco-chips, hasta que sintió que alguien le tapaba los ojos y que apoyaba casi todo su peso en ella.

    —¡Ah! —gritó tomada por sorpresa.

    —Adivina adivinador, ¿quién soy? —preguntó la persona en tono cantarín y jovial, distorsionando un poco su voz para no ser descubierta tan fácilmente.

    —Eres Abi, obviamente —respondió ella, riendo divertida.

    —¡No es justo! ¿Cómo lo supiste tan rápido? —se quejó descubriéndole los ojos.

    —Es que te quiero tanto que te conozco muy bien. —Abril se sintió orgullosa de decir aquello.

    —Oh cariño. —Abi la abrazó con amor—. Eres tan dulce y adorable. Déjame secuestrarte, plis. Te esconderé en mi armario. Es espacioso, créeme, y te dejaría ponerte toda la ropa que no quiero. Es más, hay que convencer a nuestros padres de que te intercambien por Martín.

    Abril volvió a soltar una risotada por las ocurrencias de su mejor amiga, en lo que le devolvía el abrazo, gustosa.

    —¡Qué mala eres con tu hermano! Martín no es un mal niño.

    —Eso dices tú porque no vives con él —rezongó la joven, sentándose a su lado—. Pero de cualquier modo no creo que mi sueño se haga realidad. No creo que tus padres puedan vivir sin ti y en caso de que sí, Míster Gruñón es otra historia. Hablando de él, ¿no vino?

    —No. —Abril sacudió la cabeza—. Ya sabes cómo es Emi con estas juntas. Ejem. —Se aclaró la garganta para darle mayor énfasis a su dramática imitación de Emilio, frunciendo el ceño en disgusto y manejando un tono huraño, en lo que se cruzaba de brazos—. “No quiero nada que tenga que ver con sus tontos chismes, así que no iré”. O algo así.

    Fue el turno de Abi reír como desquiciada en lo que le daba fuertes golpes a la mesa.

    —Has sonado justamente igual que él. Tantos años de estar juntos tenían que influirte al menos para algo, ¿eh?

    —Sí, creo que sí. —También sonrió con buen humor.

    —Iré a pedir una paleta o algo en lo que Beky y César llegan.

    Abril asintió y cuando la pelinegra compró su paleta de fresa, conversaron un poco de trivialidades en espera de los otros dos, quienes llegaron unos diez minutos después.

    —¿Qué hubo? —saludó César, levantando la mano, causal, con Beky a su lado.

    —¡Beky! —Abril se levantó de su asiento para ir a abrazar a la pequeña chica—. ¿Estás bien? ¿Te fue bien en tu nueva escuela? ¿Te sientes muy sola? He estado tan preocupada por ti esta semana.

    —Tranquila, tranquila. —Beky le dio palmadas en la espalda, confortadora—. En realidad me ha ido bastante bien.

    —¿De veras? —Abril se apartó y viendo la seguridad en el rostro de su amiga, sonrió aliviada—. ¡Qué bueno! Me alegra.

    —Hey, hey. A mí tampoco me has visto en toda la semana —protestó César, herido o celoso o envidioso, o quizás de todo un poco—. ¿Que a mí no me vas a preguntar cómo me fue ni me vas a abrazar?

    —Claro que sí. —Abril también le dio un fuerte abrazo—. ¿Cómo te fue en tu primera semana de secundaria, César?

    —Estuvo bien, no me quejo. —César sonrió con astucia—. Oye, aprovechando que estás tan cariñosa, también podrías darme un beso en el cachete, ¿sabes? Todos en secundaria se saludan así.

    —¿En serio? —Abril parpadeó, procesando la información—. Ya veo. Okey.

    Abril casi rozaba sus labios en la mejilla de él cuando alguien lo alejó de ella con brusquedad.

    —¿Qué se supone que haces, pervertido aprovechado? —lo reprendió Beky, furiosa, en lo que sujetaba la oreja de él y la estiraba para retirarlo de la castaña.

    —¡Ouch, ouch! Suéltame, zotaca. Eso duele —chilló él dándole un manotazo para liberarse—. ¿Ves? Me la has dejado toda roja. ¡Y no soy ningún pervertido! ¿Qué tiene de malo que dos amigos se saluden con un beso en el cachete? Que tú no seas cariñosa no quiere decir que otros tampoco lo sean. Y de todos modos sólo quería ver si Abril se tragaba el cuento o no. Resulta que es más crédula de lo que pensaba.

    —¿Eh? —La susodicha se ruborizó escandalosamente, avergonzada hasta la médula ósea—. ¿Me estabas engañando? ¿En realidad no se saludan así en la secundaria? ¿Abi?

    Miró a la bella chica, quien ocultaba su rostro entre sus brazos apoyados en la mesa, haciendo un supremo esfuerzo por no reventar a carcajadas, pero fue imposible, así que se desternilló sin miramientos.

    ¡Oh my God! Ustedes son unos payasos, pero de los de calidad —se burló a duras penas, pues no podía ni hablar.

    —¡Qué malos son conmigo! Los odio, los odio, los odio. —Abril se sentó en su silla y se cubrió el rostro con las manos, demasiado abochornada para ver a alguno de ellos en este momento y deseando que la tierra se la tragara.

    —Cariño, no te lo tomes tan personal —la confortó Abi acariciando su espalda—. No nos hemos molestado entre nosotros por un tiempo y te tocó la lotería. Deberías estar feliz de ser la fuente de nuestras risas.

    —Eso no es nada consolador, Abi —regañó Beky.

    —Bueno, yo sí lo siento de verdad, Abril —se disculpó César, arrepentido—. Es sólo que ser el blanco de las bromas de Abilene todos los días está acabando conmigo. Tenía que desquitarme de alguna forma o iba a estallar.

    —Ay, eres un bebé. —Abi puso los ojos en blanco—. No aguantas nada.

    —Y esa no es excusa para usar a Abril de chivo expiatorio, idiota. —Beky le dio un manotazo—. Ponte con alguien de tu tamaño a ver si es cierto que muy valiente.

    —¿Como quién? ¿Tú? ¡Ja! Recuerda tu estatura, zotaca.

    Beky le iba a dar una patada, pero alcanzó a esquivarla a tiempo, e iba a posicionarse para contraatacar cuando la voz de una de las dependienta los detuvo.

    —¡Ustedes! Aquí no se permiten peleas. O se comportan, o se van.

    —Lo sentimos —se disculparon los dos buscapleitos, avergonzados.

    —No hagan que nos veten para siempre de otro lugar, por favor —pidió Abi, mirándolos con desaprobación—. Vinimos aquí a hablar, así que muévanse a pedir algo si van a hacerlo y vengan a sentarse.

    —Ya vamos, ya vamos.

    El par fue a pedir su respectiva nieve, siendo un cono de helado de café para César y un vaso simple de sabor nuez para Beky; luego, los dos se sentaron ante la mesa dispuestos a compartir sus experiencias de la semana, ya estando Abril más calmada, pues afortunadamente nunca duraba mucho tiempo molesta y no era nada rencorosa.

    —Muy bien, ahora sí, escúpelo todo, Beky. ¿Qué tal esa escuela privada? —Abi se inclinó hacia adelante, exageradamente interesada—. ¿Es como me la imagino? ¿Con salones súper nuevos, espaciosas y tecnológicos? ¿Los pizarrones son como una gran pantalla conectada a la computadora? ¿Tienen sus propios casilleros que se abren con una tarjeta de seguridad? ¿Sus jardines son de ensueño? ¿Hay chicos guapos, profesores sexys? ¿Tienen una mascota que tiene su propia habitación lujosa?

    —¿De dónde sacas semejantes ideas? —Beky rio por demás divertida.

    —¿Cómo que de dónde? De la televisión; los programas, series, novelas, caricaturas, anime, etcétera —explicó la pelinegra con ilusión—. ¿No has visto cómo pintan las escuelas privadas? Como lo máximo de la alta sociedad.

    —Abilene, creo que tu cerebro está absorbiendo pura información basura. —Fue el turno de César carcajearse, ganándose una mirada asesina por parte de la hermosa joven.

    —No hay absolutamente nada de eso. —Beky negó con la cabeza, comiendo de su helado—. Es justo como cualquier otra secundaria pública y creo que hasta es más pequeña que a donde van ustedes.

    —Qué desperdicio. —Abi suspiró decepcionada—. Se nota que no saben usar el dinero, hmph. ¿Al menos hay chicos guapos o profesores sexys?

    —Tampoco —respondió Beky en un tono chispeante.

    —Oh, ¿a dónde se han ido mis expectativas en la humanidad? —dramatizó hundiéndose en su asiento y haciéndolos reír.

    —Yo quiero saber si has hecho algún amigo o al menos un aliado, Beky. —Quiso saber Abril, preocupada—. De verdad no querría que estuvieras sola allí.

    —Sí, he hecho algo así como un aliado… En realidad no sabría cómo llamarle a nuestra relación. —Beky frunció el ceño, pensativa.

    —¿A qué te refieres? ¿Es un chico? —César alzó una ceja, no conociendo absolutamente nada de ese supuesto aliado.

    —Sí, es un chico y bueno… —Beky se rascó la cabeza, ordenando sus ideas—. En la escuela sí que hay un ambiente presuntuoso bastante intenso y hay tensiones notorias ente los estudiantes. Ya saben, esos típicos “mis padres tienen más dinero que los tuyos, así que no te metas conmigo” y toda esa basura por el estilo. Tienes que adoptar una postura bastante a la ofensiva y este chico es todo lo contrario. ¡Dios! No tiene nada de carácter; dice que sí a todo lo que le pidan y por eso hacen de él lo que quieran. En realidad da lástima, ¿saben?

    —Déjame adivinar. Un día viste que se metían con él y fuiste en su ayuda —adivinó César, sonriendo de medio lado.

    —Correcto —asintió Beky, apesadumbrada—. Y ahora no se despega de mí porque dice que se siente seguro conmigo y admira mi valor por haberlo defendido y demás cosas que ya preferí olvidar.

    César rio con ganas, burlón.

    —¿Cómo no lo ibas a hacer una sanguijuela si le das motivos para serlo, zotaca? A veces no se nota tu inteligencia.

    —¡Tú cállate! ¿Qué se supone que hiciera? ¿Cruzarme de brazos y simplemente verlos agredir a alguien? Sabes que no soy así; no tolero a los bravucones.

    —¿Y no crees que es irónico que tu mejor amigo sea uno? —se burló Abi, secundada por Abril.

    —¡Hey! Ya no lo soy —se defendió César, molesto—. Además, gracias a eso conocí a Beky, así que me alegra haber sido uno.

    —N-no digas tonterías. —Beky le dio un leve empujón—. Nada bueno sale de ser un bravucón.

    —Pues en mi caso sí… Aunque ahora que lo pienso mejor, creo que tienes razón. —El chico se llevó una mano a la parte superior trasera de la cabeza—. La pedrada que me diste ese día en el kínder no se me va a olvidar nunca. ¡Demonios! A veces la cicatriz me duele todavía, e incluso tengo pesadillas.

    —Eso te pasa por andar de valiente. —Beky rio con orgullo—. Nunca subestimes la puntería de una chica.

    —Es genial cómo es que terminaron siendo tan buenos amigos a pesar de ese episodio nada lindo —se maravilló Abril, con los ojos brillantes de la emoción—. Quiero decir, ya saben el cliché, ¿no? El salvador y el salvado se convierten en mejores amigos y luego ambos le dan una lección al bravucón. Pero con ustedes fue diferente. Es tan genial.

    Abril chilló enternecida, activando el modo fangirl, sacándoles más risotadas a los demás.

    —Bueno, en esta ocasión sí que se ha cumplido el cliché —anunció Abi, colocando un codo en la mesa y apoyando la mejilla en la mano—. La caballera de brillante armadura ha ido en rescate del damiselo en peligro. Mmm, me huele a un romance próximo.

    Abi miró a la pequeña chica con picardía, haciéndola sonrojar.

    —E-estás delirando. Eso no pasará, nunca; estás loca —negó, nerviosa—. Además, él ni siquiera me gusta.

    —¿Oh? ¿Es así? —Abi alzó una ceja—. ¿Es feo? No nos has dicho cómo se llama.

    —Se llama Rubén y guapo no es, eso es seguro.

    —Pero tampoco es feo, no lo dijiste, así que hay alguna posibilidad, ¿no? —insistió Abi, entretenida—. Y apuesto lo que sea a que él ha empezado a desarrollar sentimientos por ti por lo que hiciste por él.

    —Pfff. —César bufó con el mayor de los hastíos—. ¡Por favor! ¿Quién pensaría siquiera en ser novia de una violenta zotaca plana?

    —¿Qué has dicho, imbécil? —Beky se airó, tomándolo de la mejilla y estirándosela sin piedad en venganza.

    —Me oíste muy bien, zotaca plana —rebatió él, tomándola del copete que adornaba su frente al ser el cabello con más longitud y con más volumen que tenía, estirándoselo también.

    —No te creas tanto, idiota. ¿Quién querría salir con un bruto animal y aparte feo?

    —¿Feo? Sí claro. Si fuera tan feo como dices, Abril no me habría hecho un mango en la Fruit Band, ¿sabes? —se ufanó el otro, soltándola y cruzándose de brazos, adoptando una pose de confianza.

    —¿Eso qué tiene que ver? —Abril ladeó la cabeza, confundida.

    —Ah, ¿no sabes lo que significa que se le diga a un chico que es un mango? —Abi la miró, risueña, y Abril sacudió la cabeza, totalmente ignorante—. Si alguien dice de otro alguien que es un mango le está haciendo un cumplido; le está diciendo que es atractivo, o que está bien bueno, justamente igual que el mango.

    —Oh. —Abril lo entendió todo ahora; luego procesó la información—. Creo que debí hacerlo una piña como originalmente planeaba hacerlo.

    Las otras dos chicas soltaron la carcajada, en lo que el varón del grupo se indignaba sobremanera.

    —¿Eso qué se supone que significa, Abril?

    —¿Pues qué más? Que eres horrible —sentenció Abi, riéndose hasta dolerle los costados.

    —¿Ves cómo tengo razón cuando digo que nadie querría salir contigo? —dijo Beky, socarrona.

    —¡Ja! Te apuesto lo que sea a que soy el primero de los dos en conseguir novia —la retó César.

    —Bájale a esos humos. Ninguna chica está tan desesperada —se mofó la de cabello corto, cruzándose de brazos.

    —Hey, te recuerdo que he entrado al club de básquet de la escuela. Es cuestión de tiempo antes de que todos vean mi genialidad en el juego y que mi popularidad aumente y cuando eso pase, tendré un montón de admiradoras y todas las chicas morirán por salir conmigo —presumió él, arrogante.

    —Sigue soñando, César Manuel, sigue soñando.

    Los dos se miraron intensamente, sus ojos llameantes en desafío y resolución.

    —Por mí pueden besarse, no me enojo —los provocó Abi, sonriente.

    —¡Eww no! —Los dos se echaron para atrás, en pánico—. Ni que estuviera loco/loca.

    —Nunca dejarán de leerse la mente, ¿verdad? —cuestionó Abril, sonriendo con inocencia.

    —Apuesta a que no, cielo, apuesta a que no. —Abi soltó una risita divertida. Adoraba a sus amigos.

    Con eso, los cuatro siguieron poniéndose al día con respecto a lo que habían hecho esa semana, siempre envueltos en bromas, peleas, burlas, comentarios desatinados y muchas pero muchas risas.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 12 Marzo 2017
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    Aome fanfics

    Aome fanfics Inuyasha y Aome historias

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    La verdad me encanta tu historia,no me fije si tenia errores o no,porque creo que esos errores desaparecen con el tiempo,por eso solo te voy a decir que me encanta tu historia...Saludos!!!
     
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    Aome fanfics Me alegra mucho que la historia te guste. En verdad agradezco mucho tus palabras, ánimo y apoyo :) Es verdad que los errores desaparecen con el tiempo ^u^ ¡Gracias por leer!

    A los demás que se pasan a leer de forma anónima también se los agradezco mucho, especialmente aquellos que dejan sus "me gusta" ¡Valen oro! Sin más que decir, dejo la escena del día. ¡Disfruten!

    Escena 10

    —¡Felices once! —gritaron Abril, Abi, Beky y César desde la puerta, sonrientes.

    Emilio los miró con cara de pocos amigos, manteniendo su ceño fruncido habitual. Habían tocado la puerta y su abuela le había dicho que fuera a atender el llamado. No debió hacerle caso. Se dispuso a cerrarles en las narices, pero Abi velozmente metió el pie para evitarlo.

    —Alto ahí, Míster Gruñón. ¿Qué modales son esos? Estamos aquí para desearte un feliz día, ¿y así nos tratas? —se indignó la bella chica.

    —No les pedí que lo hicieran —refunfuñó él con clara molestia.

    —Oh vamos, Emilio. No seas aguado. Diviértete un poco —dijo César, animado.

    —Con ustedes aquí, ¿cómo? —replicó él, arisco.

    —No seas malo, Emi —lo regañó Abril, mirándolo con reproche—. Todos dejamos un rato nuestras tareas para venir a verte y celebrar, ¿sabes?

    —Además, trajimos pastel y regalos —intervino Beky, mostrando el postre y otra bolsa.

    —No me gusta el pastel y no me interesan los regalos —se empecinó él, fastidiado.

    —Ay, por favor. No te hagas el duro. Sabemos que estás feliz de que viniéramos. —Abi sacudió la mano para desechar las excusas de él—. Vamos, vamos. Apuesto a que mueres por saber qué te trajimos, así que andando.

    Y sin esperar invitación, apartó a Emilio a un lado para ingresar a la casa y ponerse cómoda.

    —¡Hey! —protestó el nieto del propietario, irritado.

    —Permiso —anunció ahora César, siguiendo a la pelinegra para instalarse de igual modo.

    —¡Tú! —El tic en la ceja de Emilio se hizo presente.

    —César, no entres a las casas de otros así como así —lo reprendió Beky, yendo detrás de él e ignorando totalmente su propio consejo.

    —Son una lata, una gran y espantosa lata —gruñó Emilio por demás hastiado de que se salieran con la suya hasta en su propia casa.

    —No te enojes con ellos, Emi —procuró tranquilizarlo Abril, sonriendo amigable—. Sabes que Abi aprovecha cualquier oportunidad para festejar lo que sea. Y es un buen motivo para juntarnos todos, ¿a que sí?

    —Si quieren juntase háganlo en otro lado, ¡pero no en mi casa! —explotó al final, colérico.

    —Lo siento. —Abril bajó la mirada, apenada—. Fue mi idea. No quería molestarte, sólo quería que los cinco pasáramos un buen rato en tu día especial.

    La castaña comenzó a llorar, sintiéndose terriblemente culpable. Emilio chasqueó la lengua, exasperado, y se cruzó de brazos.

    —Ya da igual. Ya están aquí; no me queda más que aguantarlos. Y deja de llorar; te ves horrible cuando lloras.

    —Perdón por no ser linda —se disculpó ella, limpiándose las lágrimas.

    —Olvídalo. Mejor entremos; entre más pronto empecemos con esto, más pronto acabamos.

    Abril asintió y ambos ingresaron al hogar, viendo que los otros tres conversaban amenamente con Ignacia en la cocina, en lo que la mujer les ofrecía hacerles algo de tomar para acompañar el pastel. Abi quiso una malteada de fresa, César una de fresa con plátano y Beky y Abril pidieron un chocomilk; Emilio tomaría simple leche, pues necesitaba calcio para seguir creciendo. Con las bebidas listas, sacaron el pastel y le colocaron once velitas, encendiéndolas.

    —Muy bien, Emilio, pide un deseo —lo animó Abi, sonriente.

    —¿Piensas que sigo creyendo que ese cuento es real o qué? —cuestionó el niño, disgustado.

    —Qué más da si es real o no —se metió César, rodando los ojos—. Es la tradición, así que anda. Pide un deseo y sopla las velas.

    —O tan sólo sóplalas y no pidas nada —repuso Beky, casual.

    Emilio suspiró una vez más, harto, apagando las velas y sí, pidió un deseo; en realidad fue uno sencillo y muy, muy bien intencionado: que se atragantaran con el pastel. Con eso, Ignacia partió el bizcocho y le dio un buen pedazo a cada uno, por lo que los muchachos lo degustaron con gran deleite, en especial César que nuevamente pidió doble ración y se acabó la que Emilio dejó a medias. Y como el rubio imaginó, su deseo no se hizo realidad. ¡Estúpidos cuentos chinos!

    —¡Ah, qué delicia! —Abi se terminó su malteada—. ¿No habrá manera de que me haga otra, o sí, doña Ignacia?

    —Ah, ¿cómo de que no? Ahorita mismo sale —ofreció la mujer, afable, lavando otras fresas.

    —Oye, ¿quién crees que es la abuela para que cumpla tus caprichos? —Emilio se airó por la actitud desvergonzada de la pelinegra.

    —No seas así, Emilio —lo calmó Ignacia, apacible—. Hay que ser un buen anfitrión y atender a los invitados lo mejor posible. Siempre te he enseñado eso.

    —Eso, eso, eso. —Abi estuvo de acuerdo imitando a “El Chavo”—. Tu abuela es una buena anfritiona. En comparación tú tienes que aprender tanto de ella.

    Y rio como maníaca, asestándole una fuerte palmada en la espalda, haciéndolo brincar en su asiento.

    —No quiero escuchar eso de ti —se exasperó él, apartándola con poca delicadeza—. ¿Y de qué tienes hecha la mano? Eso dolió.

    —¿Verdad que sí? —César se llevó una mano a la espalda y se la frotó con dolor—. Ahora intenta aguantar eso todo los días.

    —Eres tan llorón, César —se burló Beky—. ¿Y te haces llamar hombre?

    —Aparentemente no lo soy más que tú, ¿eh, zotaca? —contraatacó él, mordaz.

    —Tarado.

    Beky levantó un pie con la intención de empujarlo de la silla y que cayera, pero él lo detuvo con sus manos, por lo que ella levantó el otro y se enfrascaron en un forcejeo por ver si ella cumpliría su cometido o si él lo evitaría siempre.

    —Niños, niños. —Ignacia les llamó la atención, dándole su malteada a Abi—. No peleen aquí o los castigaré.

    —Perdone —se disculparon los revoltosos, dejando de pelear.

    —¿Y qué tal si mejor le damos sus regalos? —propuso Abril, sonriendo emocionada.

    —¡Sí señor! —Estuvo de acuerdo el de cabello marrón dorado—. Primero el mío.

    Le entregó una bolsa negra que había traído consigo y cuando Emilio la abrió, descubrió un balón de fútbol nuevo.

    —Wow, César, eres súper original —comentó Beky, sarcástica.

    —¡Cállate tú, zotaca! —la silenció, enojado—. No tienes idea de lo importante que es un balón en buen estado para alguien que practica deportes, así que no digas nada. Estoy seguro de que a Emilio le ha encantado, ¿verdad que sí, Emilio?

    —Pues no me hacía falta —reconoció él, seco, mas luego sintió sobre su nuca la indiscreta y reprensiva mirada de su abuela—. Pero gracias. Aprecio el gesto.

    —¡Ja! Allí lo tienes, zotaca. Lo aprecia, ¿ves? —se ufanó el jugador de baloncesto, orgulloso.

    —¿Ah sí? Pues ya veremos eso. —Beky sonrió maliciosa en lo que iba por su regalo y se lo entregaba al niño—. Aquí tienes, Emilio. Feliz cumpleaños.

    Emilio sacó un abrigo negro, una talla más grande que la suya, elegante y bastante fino.

    —Mira eso, Emilio. Ya tienes qué usar este próximo invierno —exclamó Ignacia, maravillada con el estilizado porte de la prenda—. Está divino, Beky.

    —Me gusta. Gracias. —Fue la sencilla respuesta de Emilio, pero se vio que sí le gustó porque lo dobló con cuidado.

    —De nada. —Beky le sonrió simpática y luego miró a César, socarrona—. En tu cara.

    —Maldita zotaca. Te aprovechas de que tienes dinero y tus padres manejan un negocio de ropa —se excusó él.

    —Eres tan mal perdedor —siguió mofándose ella—. Tus regalos son malos, acéptalo.

    —Que te calles te digo. Y si fueran tan malos no estarías usando los aretes que te di.

    —Y-ya-ya te dije que uso las cosas por cortesía.

    —¡Agh, cállense de una vez! —bramó Emilio por demás hastiado—. Si necesitan mi habitación para arreglar su estúpida pelea, úsenla, pero ya no fastidien.

    —¡Emilio!

    Ignacia se escandalizó por la insinuación de su nieto; insinuación que los implicados entendieron demasiado bien porque se sonrojaron hasta la médula, guardando silencio, demasiado avergonzados como para decir nada y alejándose el uno del otro; al tiempo que Abi hacía un supremo esfuerzo por controlar las carcajadas que amenazaban por salir de su garganta. La única que pareció perdida fue Abril.

    —No entiendo. ¿Por qué ir a la habitación? Pueden arreglar su pelea aquí, ¿o no? —Ladeó la cabeza, ignorante.

    —No es eso, cielo. Verás…

    Abi se le acercó al oído para explicarle, pero un golpe en la cara con una servilleta hecha bola la detuvo, por lo que se volvió a ver a Emilio, siendo el perpetrador del crimen y quien la miraba en advertencia; sus claros orbes diciendo en amenaza: “corrómpela con alguna de tus perversiones y sufrirás mi ira”. Su mirada fue tan convincente que a Abi la asaltó un escalofrío.

    —Eh… No te preocupes, cariño. Lo entenderás a su debido tiempo. No es importante —dijo al final, nerviosa, acariciándole la cabeza a su amiga—. Bueno, bueno. Volviendo a lo que nos interesa. Ten aquí mi regalo, Emilio.

    La joven sacó del bolsillo trasero del pantalón un pequeño estuche delgado y se lo entregó. Él lo tomó sin nada de ganas; era un regalo de Abi y siempre que se trataba de Abi, nada, absolutamente nada podía ser bueno y menos para él. Lo abrió descubriendo una horquilla para el cabello, de plata, con un adorno de flores recubierto en brillantina. El tic característico se apoderó de su ceja y su entrecejo se arrugó todavía más. Oh, sus presentimientos nunca le fallaban.

    —¿Qué es esto? —interrogó, aún sin creérselo.

    —Una horquilla, dah —respondió ella con obviedad y en tono burlón.

    —¿Esperas que use esta cosa? —masculló, temblando de coraje.

    —Claro que no —se defendió la joven—. Espero que cuando tengas novia se lo regales. ¿No soy una gran amiga? Te he ayudado por adelantado a mantener a tu futura novia feliz, porque obviamente tú no tienes el sentido común para hacerlo. A menos claro que te inclines por ese otro lado y quieras usarla tú. Si es el caso, oye, yo no te juzgaré.

    —¡Tú, grandísima idiota! —La paciencia del de clara cabellera se fue por el caño—. ¿Para qué demonios quiero esta porquería? ¿Novia? ¿Por qué rayos iba a querer una si todas las mujeres están locas y dan asco? ¿Por qué no tomas tu maldita horquilla y te la metes por…?

    —¡Ese lenguaje, Emilio! —lo censuró Ignacia, severa.

    —¡La nariz! Iba a decir nariz —se justificó con presteza y luego arrojó la horquilla a la mesa, violento—. Y no quiero esta cochinada.

    —No puedes rechazar un regalo —le advirtió Ignacia, seria.

    —Es verdad. ¿Qué grosería es esa? —se indignó Abi con dramatismo.

    —Pero es horrible —se quejó él, irritado.

    —No digas eso, Emi. —Abril tomó la horquilla y la examinó, curiosa—. Es muy, muy bonita y el color de la brillantina en realidad combina con tu piel, ¿sabes?

    Todos soltaron una divertida carcajada por el inocente comentario de la castaña, todos salvo Emilio, quien apoyó los codos en la mesa y se estiró el cabello con las manos, humillado e incordiado hasta donde no se podía, en lo que imploraba en silencio que alguien lo matara de una buena vez.

    —Ya estuvo bueno pues. —Ignacia intervino para ayudar a su nieto antes de que le diera un ataque o algo—. Yo guardaré esto hasta que Emilio le encuentre algún buen uso.

    —Nunca —rebatió él, hosco.

    —Ya veremos, ya veremos. Por ahora creo que es momento de que Abril y yo te demos tu regalo.

    —¿Abril y tú? —Emilio se sorprendió un poco—. ¿Lo compraron entre las dos?

    —¡Sí! —Abril fue a buscar el obsequio—. La idea fue mía, pero mamá dijo que costaba demasiado para comprarlo yo sola con mi domingo o sin gastar mucho de mis ahorros y cuando le platiqué a doña Ignacia, fue muy amable de ayudarme a pagarlo. Así que es de parte de las dos. Esperamos que te guste mucho, Emi.

    Le sonrió abiertamente, entregándole el presente. Emilio lo tomó con intriga y rompió el papel de corazoncitos que lo envolvía, descubriendo el estuche de un videojuego de la FIFA. Abrió los ojos con asombro.

    —¡Ta dah! —exclamó Abril, extendiendo los brazos a los lados, contenta—. Sé que te gusta mucho el fútbol y los videojuegos, así que cuando vi esto en el centro comercial supe que sería el regalo perfecto. ¿Te gusta?

    —¿Que si me gusta? ¡Es genial! —Emilio mostró una expresión que ahora sí concordaba con su edad—. ¡Gracias, abuela! —Fue a abrazar a Ignacia por mero impulso, emocionado.

    —De nada, mijo, de nada. Y también deberías agradecerle a Abril. Fue su idea.

    Emilio hizo un puchero de renuencia, pero de cualquier manera se le acercó a su amiga.

    —Gracias —soltó con brusquedad y sin mirarla, fingiendo indiferencia y cruzándose de brazos.

    —Aww, Emi, de nada. —Y con la espontaneidad que la caracterizaba, lo envolvió en un abrazo de oso.

    —¡Suéltame! —protestó él, buscando liberarse—. ¡Aléjate! Eres molesta.

    —Dime que eres feliz, Emi. Si tú eres feliz, yo seré feliz —le pidió la chica sin soltarlo.

    —¿Eh? ¿Qué tonteras dices? Tan sólo suéltame de una vez.

    —¡No quiero! No hasta que me lo digas. Yo sé que no te gusta este día porque te recuerda lo que tus padres hicieron y crees que es tu culpa por nacer, pero no es cierto. Para mí este día es importante porque este día nació Emi y al haber nacido pude conocerlo y haberlo conocido me ha hecho muy feliz y quiero que tú también seas feliz, Emi. Dime que lo eres, por favor.

    Y conmovida hasta lo más profundo de su ser, empezó a llorar con sentimiento. Emilio dejó de moverse, impactado por la confesión de ella.

    —Abril no es la única, Emilio —habló su abuela, sonriéndole con gran cariño—. El día que llegaste al mundo, tu abuelo Tomás y yo fuimos las personas más afortunadas del mundo.

    —Estar vivo es hermoso, ¿sabes? —dijo ahora Abi—. Especialmente cuando tuviste la suerte de conocer a alguien tan asombrosa como yo. —Le guiñó el ojo, coqueta, sacándole un bufido al rubio.

    —Sólo hay una vida, Emilio —tomó la palabra Beky, mirándolo con seriedad—. No aprovecharla al máximo sería un verdadero desperdicio. No sabes cuántas personas quisieran por lo menos estar en tu posición.

    —Estoy de acuerdo —la apoyó César, entusiasta—. Disfruta lo mejor que puedas, hombre; eres demasiado joven para amargarte tan rápido. Además, si no estuvieras aquí, ¿cómo podrías comer helado, pastel o salir con tus amigos?… Ah espera, que a ti no te gusta nada de eso. —Se detuvo en su discurso y Emilio rodó los ojos. César miró de reojo a Beky un instante—. Bueno, si no estuvieras aquí no habrías conocido a Abril y eso sí hubiera estado gacho, ¿no?

    —¿Lo entiendes, Emilio? —lo cuestionó Ignacia con suavidad—. Todos los que estamos aquí te queremos mucho y nos importa tu bienestar, y quien no haya visto la bendición que eres no merece ni tus pensamientos, ¿de acuerdo?

    Emilio frunció el ceño, realmente afectado por las palabras de todos, aunque ninguno lo percibió bien porque su rostro se mantenía oculto en el pecho de Abril.

    —Si quieres llorar, puedes hacerlo —sugirió Abi, juguetona.

    —¿Y por qué querría hacer eso? —se exasperó él y luego alzó la mirada para ver a su captora—. Suéltame ya.

    —Pero me tienes que decir —moqueó ella y él suspiró, derrotado.

    —Sí, Abril, soy feliz.

    Y contra todo pronóstico (o no), ella lo abrazó con mayor intensidad.

    —Oh Emi. Me alegra tanto saberlo.

    —¡Tú…! Prometiste que me soltarías. ¡Y es Emilio, no Emi!

    De aquella manera, entre abrazos, protestas, lágrimas, una que otra broma y risas, esa emotiva reunión con los amigos concluyó.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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