1. ¡FFL TE DESEA UNA FELIZ NAVIDAD!
    Descartar aviso

Bobobo No me gusta el chocolate, pero por ti haré una excepción.

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Muninn, 14 Julio 2012.

  1.  
    Muninn

    Muninn Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    14 Julio 2012
    Mensajes:
    33
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    No me gusta el chocolate, pero por ti haré una excepción.
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2302
    Hola! Este es mi primer fic aquí, así que espero que os guste y que lo disfrutéis, ah y sobretodo que comentéis, porfavor. Me encanta saber las opiniones de la gente que lee mis fanfics y nunca viene mal que me recalquen algún que otro error.
    Este oneshot es de Bobobōbo Bōbobo. La pareja es entre Halekulani y un personaje inventado por mi llamado Kinmekki. Kinmekki, es el Clon Contrario de Halekulani, o sea, es una chica, con un caracter diferente (o almenos yo lo veo así) y más poderosa. La idea de hacer clones de los malvados de la serie, fue de una amiga mía que tiene cuenta aquí, Nightcore, que creo que empezó a hacer un fanfic sobre ellos. La idea es suya, pero le pedí permiso y me dijo que podía publicarlo. Aún así, Kinmekki es inventada por mi.
    Bueno sin más que decir (me entretetuve mucho xD, lo siento), nomás que creo que he echo OOC con Halekulani, os dejo la historia:


    No me gusta el chocolate, pero por ti haré una excepción.

    POKKIN POKKIN

    Halekulani entreabrió los ojos, mirando de reojo a Kinmekki. Más concretamente el pocky que estaba comiendo. Estaba distraída, apoyando su barbilla en una mano y mirando algún punto invisible en la pared, engullendo esos finos dulces uno tras otro. Nunca se cansaba, en la hora del día cuando el sol picaba más, se sentaba allí mirando el techo o cualquier otra cosa y empezaba a comer esos dulces achocolatados. De alguna manera era comprensible, a esa hora del día, te asomabas al umbral de la puerta de tu casa, mirabas el suelo impregnado por el brillo del sol y te entraba calor tan solo verlo. Era como si el mismo suelo te pidiera ayuda por el abrumador calor.

    POKKIN POKKIN

    Lo que no podía entender, es que no se echara una siesta o algo así. Con lo dormilona que era, y al menos no haría tanto ruido. Lo había oído tantas veces que sabía que el intervalo de tiempo entre mordida y mordida eran 1 minuto y medio. Además, ¿Qué tenían de especial esos dulces? ¡Eran de chocolate! ¡Que asco! Tan solo verla comérselos con esa voracidad lo hacía tener que contenerse para no vomitar. La amaba, pero sus gustos por la comida eran horrendos.

    POKKIN POKKIN

    Otra vez, la parte cubierta de chocolate era la que caía primero y tan solo quedaba el pan. Había pequeñas manchas de chocolate en sus pequeños y rojos labios, que ella se esmeraba en limpiar y saborear con la lengua. Se sentía como un tonto al pensarlo, pero ver su lengua femenina recorrer sus labios tan suavemente le hacía querer probarlos, aunque estuvieran cubiertos del asqueroso chocolate. ¿Por qué no se compraba pocky bañado con miel? O con fresa, coco, leche, té verde, plátano. ¿Que mas daba? Mientras no fuera chocolate… Aunque estaba seguro de que aunque los labios de su novia estuvieran impregnados de tan asquerosa substancia, seguirían teniendo el mismo sabor exquisito… que nunca había probado. Cuando él se le acercaba, se alejaba, tranquila y pasiva como siempre, y rechazaba o, simplemente ignoraba, sus sonrisas y comentarios seductores. Si intentaba besarla, alo mejor lo mataba.

    Se sorprendió cuando Kinmekki se levantó y fue a la cocina. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se hubiera dado cuenta si no fuese por el ruido que hizo con la silla. Ella se había ido a la cocina a por la siguiente caja de pocky.

    “Ahora es la mía” Pensó el peliverde, mientras sonreía ladinamente. Se levantó del cómodo sofá donde estaba sentado y se dirigió con paso cauteloso y rápido hacia su habitación.

    ***///***

    Kinmekki volvió a revisar otra vez las tres bolsas de la compra. El día anterior, había comprado un montón de cajas de pocky. Ese “montón” ocupaba esas tres blancas bolsas. Dos bolsas las había vaciado el día anterior, nomás llegar a casa, empezó a comer los deliciosos dulces. La caja que acababa de comerse enterita, era la penúltima, la Nº19/20. ¿Dónde estaba la que hacía veinte?
    Frunció el ceño, entre confundida y enojada. Ella no se había equivocado. Había 20 cajas de pocky en cada bolsa.
    En ese momento, se le ocurrió que quizá, su querido peliverde la hubiera cogido. Era extraño, ya que él nunca había mostrado interés por los dulces, pero por probar no pasaba nada.
    Corrió, aunque no muy rápido, por el pasillo.

    –Hale-chan, ¿has visto una caja de pocky? Es la última, y tengo la manía de comerme como mínimo 20 cajas al dí…

    Se interrumpió al pisar el umbral del comedor y ver a su pareja con la caja de pocky perdida en la mano, colgando muerta de su brazo en el abismo, y uno de los dulces en la boca, por la parte vacía.

    –Lo tenías tú… Nunca te he visto comer chocolate, si me lo hubieras dicho habría comprado más cajas y te hubiera ofrecido. –dijo en un tono algo frío, pero Halekulani la conocía bastante como para saber que en realidad se preocupaba por él.

    –Dices que quieres comerte la caja, ¿no? –Halekulani arqueó una ceja cuando formulo la pregunta. Su actitud fría sorprendía un poco a Kinmekki. Él no solía ser frío, quizá serio, pero nunca frío, y mucho menos con ella. Aún así, siguió con la expresión pasiva que la caracterizaba. – He encontrado una forma más divertida de comer pocky.

    – ¿Cuál? –dijo aún seria, aunque se podía denotar un poco de curiosidad, tanto por lo que había dicho como por su rara actitud.

    Él sonrió con algo de maldad, para mantener el misterio, aunque en realidad estaba muy nervioso. ¿Cómo iba a reaccionar si ni tan solo le dejaba acercársele? Quizá lo mataba… O aún peor: quizá no lo mataba, pero le dejaba por impaciente.
    – ¿Has oído hablar del Juego Del Pocky? –dijo, observando su expresión impasible metamorfosearse a una sorprendida.

    –No…–susurró una mentira, desplazando su pie hacia atrás unos pocos centímetros. Esperaba que hacerse la tonta ayudara, pero no fue así.

    Su querido Hale-chan avanzó lentamente, mientras ella retrocedía a cada paso que daba él. La expresión de la fémina, había cambiado de fría y pasiva, a una expresión tímida que intentaba ocultar algo de “horror”. Cuando tocó algo sólido se maldijo así misma. ¿Cuántas veces había visto una escena parecida en las películas? Aún así, ni siquiera cambió su expresión a una de asombro o de fastidio o de terror. Estaba demasiado concentrada mirando cada paso que daba “su original”. Cada vez que una de las suelas de esos zapatos caros tocaban el suelo, la respiración de Kinmekki se hacía más rápida y eran más lo intentos absurdos de apretarse contra la pared, intentando que cediera. Cuando Halekulani dio el último paso hacia ella, apoyó sus manos contra la misma pared con la que Kinmekki se había auto-atrapado y las puso a los lados de la cabeza de esta.

    –Póntelo en la boca. –dijo con amabilidad, aunque en el fondo, a la chica le sonaba como una especie de orden.

    Después de decir eso, Halekulani alzó un poco el pocky, dejándolo a pocos centímetros de los labios de Kinmekki…

    “Sus preciosos y tentativos labios…” Pensó, disimulando a la perfección sus ansias.

    Algo desconfiada, tomó el delgado dulce entre sus labios. El dulce y exquisito sabor del chocolate hizo que instantáneamente, su lengua fuera a lamer el pequeño trozo que había introducido en su boca. Ni siquiera sabía por que había “aceptado”. Todas las cosas que él había echo, desde abrazos hasta sus casi irresistibles sonrisas seductoras, habían sido rechazadas por ella, no por que le odiara, por algo era su novio, simplemente… le daba algo de vergüenza. Nunca había demostrado cariño por nadie, aunque lo sintiera, y sentía que besarlo, dejarse abrazar o incluso hacer el amor, eran una falta a su carácter. Además, nunca había echo nada de eso. Ella solo había sido creada para matar a Bobobo y a su grupo. Se podría decir que le daba corte besarlo, aunque tuviera muchísimas ganas, porque temía no poder “satisfacerle”. Él seguramente habría besado un montón de veces…

    – ¿Cómo se llama el emperador al que Bobobo plantó cara?

    Kinmekki se sorprendió un poco al principio, ya que la había sacado de sus pensamientos abruptamente.

    –Bola de Billar IV. –respondió, un poco aliviada. Si respondía bien las preguntas, no tendría porque avan…

    –Bien. –dijo él, esbozando una sonrisa ladina que no iba con él. Tras eso, dio un mordisco, no muy pequeño, al dulce.

    Los orbes zafiros de Kinmekki se empequeñecieron, en parte por la sorpresa y en parte por ver que no tenía escapatoria. Aunque respondiera bien las preguntas, él avanzaría.

    Halekulani observó satisfecho la escena, aún sonriendo. Había formulado una pregunta fácil a drede para poder disfrutar de su nerviosismo. Al fin y al cabo, de momento, todo iba bien: ni se resistía ni le mandaba indirectas tipo “Si te mueves un pelo más te descuartizaré” con la mirada.

    –Siguiente. –dijo, borrando la sonrisa. – ¿Cómo se llama el hombre que cierra las “puertas” de la nariz de Bobobo aunque este esté en un combate?

    Kinmekki bajó la mirada, repitiendo en su mente todo lo que sabía de Bobobo, pero tan solo había aprendido todas sus habilidades y ataques, y como neutralizarlos, y ha aguantar sus tonterías. Aunque le preguntara su primer apellido, no sabría que responder.

    –N-No lo sé. –murmuró, frunciendo el ceño por la impotencia. Alzó la mirada, intentando ver algo de “pena” por ella, algo que le permitiera salir de esa situación. Pero nada, él había dibujado una pequeña sonrisa ladina y algo altiva, queriendo decir “Ya sabes lo que toca”.

    Las mejillas de Kinmekki se sonrojaron de repente y, desviando su mirada zafiro hacia un lado, mordió el dulce. Su único consuelo en esa situación era el chocolate.

    Halekulani abrió los ojos por la sorpresa, pero por supuesto, ella no lo vio. Era realmente adorable. Pensaba que ella no mostraría emociones nunca, sentirlas las sentía, pero nunca la había visto mostrar ningún sentimiento, y menos vergüenza.

    Kinmekki le enfrentó la mirada de nuevo, aún sonrojada, pero menos que antes. Pero ese gesto fue tardío para ver la expresión de Halekulani.

    –Tercera. ¿Cómo se llama la forma demoníaca de Over-kun?

    –…Chica Torpedo. –dijo, después de pensárselo unos segundos.

    –Bien…–murmuró, mientras le daba otro bocado al pocky. Tendría que pensar preguntas más difíciles, o si no se tendría que comer la parte cubierta de chocolate. – ¿Cómo se llamaba el líder del Anti-Imperio Margarita?

    –Hidrato.

    Comprobó, fastidiado, pero con cara de póquer, que tendría que comerse parte del chocolate. Pero él no podía dudar, al fin y al cabo, él había empezado todo esto.

    – ¿Cómo lo sabes? –preguntó, algo molesto por el sabor a chocolate.

    Kinmekki se había entretenido observando la cercanía de los labios de Halekulani, así que tardo un poco en responder, un poco más sonrojada:

    –Sé todos los enemigos a los que Bobobo se enfrentó.

    –Mm…–murmuró un poco molesto, sabiendo que no podría preguntarle más sobre los enemigos del afro rubio. Solo se le ocurrió una pregunta muy tonta, a su parecer: – ¿Cómo se llama la nube en la que viaja Son Goku?

    –Nunca he visto la serie. –dijo, mordiendo el dulce, quedando pocos centímetros entre sus labios. Aún así, intentó centrarse en sus ojos mejor que en sus labios.

    –Siguiente…–dijo un poco sorprendido por la respuesta y algo nervioso por lo cerca que estaba de cumplir su objetivo… Lo reconsideró por un momento. ¿Para que alargarlo más si ella no se resistía? Eso significaba que también quería besarlo.

    Sin alterar su expresión, se tragó los dos mordiscos bañados en chocolate que quedaban, juntando sus labios con los de su clon. Al principio tan solo fue un roce. Sin embargo, cuando él iba a separarse, Kinmekki le echo los brazos al cuello, acercándolo otra vez hacia ella y fundiéndose en un apasionado beso, aunque no sabía como hacerlo. Por supuesto, al darse cuenta de que era algo torpe, el vino en su “ayuda”.

    Y así, se acabaron la caja de pocky. Su PRIMERA DE MUCHAS cajas de pocky.
    FIN


    Creo que el final deja con ganas de más, pero es que lo escribí ayer a las 3:13 AM y como me vino la inspiración y como estaba segura que al día siguiente no la tendría y no la he tenido, no he podido buscar algo mejor `^^
     
    • Me gusta Me gusta x 3
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso