Explícito No es como tú [Ashel&Amelia]

Tema en 'Relatos' iniciado por Tarsis, 24 Mayo 2019.

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    Tarsis

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    Escritora
    Título:
    No es como tú [Ashel&Amelia]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1098
    Tenía tiempo sin escribir de ellos rhapsodic <3




    —¡Estoy cansada de todo esto, Ashel! No puedes simplemente venir y…y… echar toda mi vida abajo. ¡Tienes esposa, por Dios! —Le gritó con las mejillas coloradas y las lágrimas brillando en sus preciosos ojos castaños, Ashel puso los ojos en blanco, cruzándose de brazos antes de responder de malhumor:

    —No sabía que ahora era tu mejor amiga y debías estarle cuidando el marido.

    —No se trata de que sea mi mejor amiga o no, se trata de hacer lo correcto. Yo… me siento una p-p-uta —escupió la palabra con dolor—. ¡Sólo vienes, me usas y-y-y vuelves con ella! —Lo acusó mientras las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas ardientes.

    Ashel sonrió, satisfecho, arreglándose los lentes mientras se levantaba y caminaba hacia ella, acariciando su largo y precioso cabello como siempre, dejando que sus dedos se deslizaran desde el inicio hasta el final de sus hebras.

    —¿Estás celosa, Amelia? —preguntó divertido, ella le quitó las manos con brusquedad.

    —Nunca entiendes nada —resopló. Su corazón se detuvo en cuanto vio el cambio de expresión de Ashel. Y notó su error al quitarlo así, de esa forma. Ashel no era una persona que manejara muy bien el rechazo o las negativas. Sabía que ella tenía carta blanca en muchos asuntos en los que escocés era completamente intolerante, pero rechazarlo no era una de ellas.

    Su mano volvió a los cabello de Amelia, pero ésta vez los agarró todos en su mano, como si fuera a recogerlos en una cola con brusquedad, obligándola a verlo a los ojos.

    —Sabes que no me gusta dar explicaciones, y no tengo que dártelas —puntualizó, mientras su nariz rozaba la cálida piel de su cuello, y su lengua la saboreaba. Sentirla vibrar bajo él hacía que todo su cuerpo se estremeciera. Dejó uno, dos y tres besos en su piel desnuda. Amelia era simplemente la mujer perfecta, en sus pequeñas tallas, en su boca rosada y deseable, en sus manos temblorosas y suaves. Incluso aquellos pequeñitos quejidos que hacía mientras la tomaba eran completamente perfectos, por eso siempre terminaba en su puerta, y ella en su cama—. Mi “esposa” es un adorno, lo sabes, ella lo sabe, yo lo sé. Así que no digas que “vuelvo a ella”, porque no lo hago, ella simplemente está ahí. Fue un negocio. Ni siquiera es un buen polvo. No es cómo tú, Amelia…—La besó con pasión, haciéndola jadear por aire, levantándola con facilidad y haciendo que sus pies se despegaran del suelo—, ella no puede hacerme pensar en ella, no puede hacerme volver a su cama…—Mordió sus labios, deleitándose en el sonido de su pequeño gemido y en la sensación de aquella dulce boca comenzando a responder a sus besos—, ella nunca será como tú. Ella nunca podrá hacer que yo la persiga por todo el mundo no importa a donde vaya…—Sus manos la agarraron firmemente de las nalgas, alzándola y obligándola a rodearlo con las piernas para mantenerse estable. Amelia sintió la erección de Ashel a través de la delgada tela de su falda veraniega y su traicionero cuerpo siempre reaccionaba a él. Siempre le permitía entrar y le aumentaba su ego.

    —Y-Yo ya no te quiero, Ashel —balbuceó entre besos, sintió la sonrisa en sus labios. Aquel maldito ego que tanto le molestaba.

    —Dime eso cuando no estés así por mí —Uno de sus largos dedos se deslizó por su cavidad estrecha y comenpletamente lubricada—, dime eso cuando no pienses en mí cada vez que pienses en sexo..

    Amelia se sintió a desfallecer, mientras él la recostaba en el mueble para poder mover su mano dentro de ella con libertad. Allí estaba ella nuevamente, con la falda en los senos y las piernas abiertas para él. Ya jadeando sólo con sus dedos, completamente a su merced. ¿Cuanto más tiempo estaría así? ¿Cuánto más seguirían en ese ciclo enfermizo?

    —Nunca te ha importado si he querido o no —Le reprochó. Ashel suspiró, deteniéndose de malhumor. La sentó y se arrodilló frente a ella, entre sus piernas.

    —¿Quieres hacerme el villano, Amelia? Sabes que no me importa ser el malo si al final del día tengo lo que quiero.

    —No me dejas hacer mi vida con nadie, pero tampoco la haces conmigo, Ashel —Su voz tembló, sintiendo como la lengua del mencionado se deslizaba por el interior de sus muslos peligrosamente.

    —Dime qué quieres que haga —exigió, trazando un círculo sobre su clítoris, ella se arqueó, echando la cabeza hacia atrás.

    —D-Divórciate —pidió entre un gemido.

    Deevont se detuvo en seco, sacando su cabeza de entre sus piernas y viéndola directamente a los ojos. Aquello le parecía revelador. Sabía que Amelia había estado muy disgustada y que había tratado de desaparecer de su radar luego de su boda, pero pensó que ya ese tema estaba olvidado.

    —Convénceme, hazme querer divorciarme, es tu oportunidad —La retó, sentándose en el mueble frente a ella, desabrochándose los jeans y dejándolos caer al suelo junto a sus bóxers. Luego se tomó el tiempo de quitarse la camisa y luego tirarla con el resto de su ropa. Se acomodó en la suavidad del sofá completamente desnudo de la cintura para abajo.

    Amelia se puso de pie, caminando lentamente hacia él. Sus manos pequeñas y temblorosas recorrieron las piernas musculosas del joven que la miraba divertido. Era eso lo que le encantaba de Amelia, lo inocente, lo temblorosa, lo apetecible que se hacía a sus ojos. Disfrutó con satisfacción de ella entregándose enteramente a él. De su pequeño cuerpo sobre el suyo dándose placer, de su boca buscando la suya, de escucharla repetir una y otra vez su nombre entre jadeos, de todo aquello que tenía tiempo que no disfrutaba voluntariamente de Amelia.

    La cargó como si fuese de plumas, colocándola sobre el sofá grande. Todavía tenía la piel enrojecida donde sus manos la habían agarrado muy fuerte, aún el olor a sexo intoxicaba sus sentidos. Le acarició el cabello y le dio un beso en aquellos hinchados labios.

    —Sabes que no puedo divorciarme, Amelia. Y también sabes que no es necesario.

    Amelia abrió los ojos desmesuradamente al darse cuenta de lo que aquellas palabras significaban. Buscó su falta indignada, tratando de cubrirse. Se sentía desnuda, y usada.

    —¡Me engañaste! —Le espetó, mientras lágrimas de rabia comenzaban a brotar de sus ojos.

    —La que te estás engañando eres tú, Amelia. No hay nada por lo que debas sentir celos, ella no es como tú y nunca lo será.


    ¿Por qué le costaba tanto entender eso?
     
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    rhapsodic

    rhapsodic Adicto Comentarista empedernido

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    Te juro que a veces Ashel me cae mal y pienso, ¿Amelia no puede conseguirse algo mejor? O sea literal la vive jodiendo y nunca hay nada positivo en su """relación""" para ella. Todo es para Ashel. Él siempre se sale con la suya. Y o sea al comienzo es chevere y tal porque a todas nos gusta un buen macho posesivo y terco pero cuando pasan años y Ashel sigue en la misma, se vuelve cansino y tóxico para Amelia.

    Ya vas a ver cómo lo va a terminar dejando para irse a vivir a Alaska. Todo sea por su paz mental.

    :ganso:
     
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