de Inuyasha - Niño Soldado

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Lady Kyros, 3 Marzo 2008.

  1.  
    Lady Kyros

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    Niño Soldado

    Song Fic basado en la canción 'Niño Soldado' del grupo Ska-P. Ya lo había publicado antes, y lo vuelvo a hacer debido a que esta vez pasó por las manos de un Beta, así que lo publico sin errores, cosa que me tranquiliza ;)
    Espero que lo disfruten y se preparen para las muchas sorpresas... aunque no todas serán muy agradables... Después de todo, está ambientado en la Segunda Guerra Mundial...
    Quiero agradecer especialmente a Cath_Chan por ser mi Beta en esta historia =). Y ahora, les dejo el primer capítulo:


    Niño Soldado

    Capítulo I

    "Fui a nacer donde no hay nada...
    Tras esa línea que separa el bien del mal"
    (Fragmento canción 'Niño Soldado' de Ska-P)

    Aspiró profundamente una bocanada de aire. Inmediatamente sintió como si una sustancia ácida y condensada penetrase a su cuerpo, irritando su garganta, quemando sus pulmones. Tosió. Ya no había oxígeno puro en ese lugar, sino mezclado con hollín, oliendo a pólvora. Oía cañones a lo lejos, seguidos de una estruendosa explosión. El ruido de los gritos en el campo de batalla era opacado por el zumbido de las balas, el llanto reinaba en el campamento, como una fúnebre melodía.
    Sintió que alguien lo mecía suavemente y supo que ya era hora de despertar, no podía seguir evadiendo su realidad, no podía permanecer allí, tendido, sin hacer nada. Levantó lentamente sus párpados, pero casi de inmediato tuvo que bajarlos ya que una brillante luz se hallaba sobre él. Escuchó que alguien había apagado el interruptor de la lámpara. Abrió nuevamente los ojos, pero esta vez no tuvo necesidad de volver a cerrarlos. Junto a él se hallaba una joven enfermera de cabellera castaña, mirándole fijamente. Se sintió incómodo, aún no se acostumbraba a que las personas lo mirasen con tanta curiosidad, aunque ya sabía el por qué: no muchas personas poseían aquél tono ambarino en su mirar, no de forma natural, y mucho menos una abundante cabellera plateada como la suya. Durante toda su vida había estado sometido a las miradas atentas de la gente, los niños lo señalaban con el dedo, y con un cierto temor en la voz, lo llamaban “demonio”.
    La chica frente a él mantenía fijos sus acaramelados ojos en el ámbar de los del chico, quién poco a poco sentía cómo su nerviosismo iba en aumento.

    —¿Puedes dejar de mirarme así? —preguntó el joven un tanto irritado.

    —Lo siento, Inuyasha, pero ya sabes cómo me gustan tus ojos —sonrió la enfermera.

    —Pero Sango, ¿qué dirá Miroku si te oye decir eso?

    —Nada... Porque sabe muy bien que yo no soy como él, así que no habrá problema.

    La morena se alejó del chico y se dispuso a revisar los estantes en busca del medicamento que debía de administrarle. Inuyasha observó su torso vendado, recordaba vagamente el momento en que una bala perdida se había alojado repentinamente en su hombro derecho. Se tanteó el cuerpo en busca de alguna herida, pero no encontró ninguna. Finalmente observó sus brazos, manos, dedos y piernas, para luego respirar aliviado. No había perdido ninguno de sus miembros. Aunque...

    —No... Aún los conservo todos —pensó con alivio.

    El joven alcanzó a cubrirse nuevamente con la sábana al momento que la enfermera se volteaba para suministrarle el medicamento. El chico le sonrió con nerviosismo, pero a Sango pareció no importarle. El mirar acaramelado de la joven parecía distante, triste... E Inuyasha ya sabía el por qué.
    Miroku, el novio de Sango y mejor amigo de Inuyasha, había sido enviado a infiltrarse en las líneas enemigas. Hace ya más de un mes que no se tenían noticias suyas, cuando la misión no debiese de haber tardado más de una semana.

    —Sango... Él volverá.

    La voz segura del chico sacó a la enfermera de su ensimismamiento. La morena le sonrió con dulzura... Aquellas palabras, hace tiempo que deseaba escucharlas de los labios de alguien cercano a su amado Miroku. Sí, él volvería, solo había que darle tiempo.

    —Bueno, Inuyasha... Ha llegado la hora de tu medicina.

    El chico aceptó a regañadientes las dos relucientes píldoras que su amiga le ofrecía. Vació de un sorbo el vaso de agua que Sango le ofreció una vez que él se hubo metido las pastillas en la boca. Inuyasha efectuó una mueca que hizo que la chica se riera a carcajadas. Odiaba los remedios y más aún las inyecciones. Siempre hacía todo lo posible por evitar una visita a la enfermería del campamento. Pero esta vez no tuvo opción de negarse.

    —¿No deseas quedarte otro día? Últimamente las camas de la enfermería han estado vacías...

    —Pero he visto a muchos abandonar el campo de batalla... —se extrañó Inuyasha.

    —Es verdad, pero esas personas no necesitan de las camas... No por mucho tiempo —comentó la chica con tristeza.

    El joven bajó la cabeza... Era verdad, los soldados que abandonaban el campo de batalla sólo podían esperar un milagro para continuar con vida. La rudeza de la guerra era inimaginable, los ejércitos combatían con ferocidad, despojados de toda condición que los asemejase a su condición de Humanos. La piedad ya no existía en sus corazones al momento de matar, “morir o rendirse” era su ley al momento de enfrentar cara a cara a algún soldado del bando enemigo, morir con honor o vivir con vergüenza.
    Sango dejó al chico solo, sabía que en lo profundo de su ser necesitaba un momento para reflexionar.
    Inuyasha vagamente recordaba su infancia, durante la cual sufrió los primeros estragos de la guerra...

    ***

    Era una noche lluviosa. El rugido lejano les viento les anunciaba que pronto se avecinaría una poderosa tormenta. Unos cálidos brazos lo rodearon por la cintura, al momento que sentía la tibia respiración de su hermana en su cuello.
    Ambos niños estaban agazapados contra una muralla, cubiertos con unos harapos húmedos y papel de periódico roto. Se encontraban en el pasillo de un viejo hospital, donde todas las habitaciones estaban abarrotadas de personas que necesitaban un lugar para refugiarse de la tormenta. Inuyasha sollozaba por lo bajo, su hermana lo mecía suavemente, susurrándole palabras de aliento al oído. El niño apenas tenía 4 años, y su hermana solo era 5 años mayor que él. Ambos perdieron a su madre por culpa de la guerra. Una bomba había caído cerca de la residencia que ellos habitaban... En sólo cuestión de segundos ya no tenían nada más en el mundo que el uno al otro.
    Hace tan solo una semana había estallado la guerra, pero a pesar del corto período que llevaba, ya había transformado su pacífica región en un infierno terrenal. Los habitantes de la ciudad siempre estuvieron temerosos a un repentino ataque del país vecino, debido a su posición fronteriza con éste... Estaban solo a un paso de formar parte de los territorios enemigos. La ciudad rápidamente fue sitiada, los edificios destruidos, los oponentes asesinados... El ejército intervino a tiempo sólo para salvar a los patriotas de ser alejados del país, apresados por el adversario.
    Inuyasha no comprendía lo que ocurría a su alrededor, no entendía por qué su madre ya no volvía a su lado, por qué su hermana, Kanna, no dejaba que saliese a jugar. No entendía nada...

    ***

    —Inuyasha...

    La voz de Sango sacó al joven de su ensimismamiento. El chico movió lentamente la cabeza de un lado a otro.

    —No, Sango, no me quedaré otra noche. Debo volver al campo de batalla... Es mi deber —comenzó a vestirse rápidamente—. Soy un soldado, debo velar por la seguridad de mi patria —añadió.

    La enfermera no dijo nada, solo se dispuso a ordenar los medicamentos que tenía sobre el escritorio. Sabía que nada podía hacer para retener a su amigo. No entendía... No podía comprender cómo Inuyasha luchaba por su patria, la cual en su niñez lo marcó enormemente, le dejó heridas que aún no cicatrizaban...
    El soldado terminó de vestirse. Miró fijamente los ojos tristes de su amiga, pero no dijo nada. Sabía que ella no le comprendía, sabía que no lograba entender el por qué hacía todo eso, pero la razón era tan simple que no valía la pena mencionarla... Sólo deseaba que, en un futuro no muy lejano, los niños pudiesen salir a jugar libremente, sin temer que algún día intentaría regresar a casa, sólo para encontrar un gran cráter en el lugar en que se encontraba su morada. No deseaba que niño alguno perdiese a su madre, tal como le ocurrió a él, no deseaba que aquellas almas puras e inocentes tuviesen que pagar por los errores de los adultos.
    El joven salió de la enfermería con paso lento, sabía que estaba abandonando el lugar más seguro que por ahora podía encontrar, pero también sabía que lo más importante en ese momento no era su seguridad, sino la de los civiles.
    Una vez abandonó el campamento, se dirigió rápidamente al campo de batalla. El zumbido de las balas iba en aumento, el aire se volvía menos respirable, tuvo que aminorar la marcha, puesto que sus pulmones no recibían suficiente oxígeno. A lo lejos, el estallido de una bomba le devolvió las energías para seguir adelante. No se rendiría. No se detendría hasta ver cumplido su objetivo. Sintió una dolorosa punzada en su hombro, y recordó aquella bala perdida que se había alojado en él.

    —Bueno, es sólo parte del precio por hacer lo correcto —comentó para sus adentros.

    Inuyasha prosiguió su camino, no muy lejos se hallaban las trincheras, donde sus camaradas lo esperaban impacientes para dar inicio al contraataque. El joven no sospechaba que una persona muy importante le aguardaba allí, escondido entre los escasos matorrales, aguardando el momento indicado para aparecer frente a él.

    Continuará...


    Por favor dejen sus comentarios y/o críticas =)
    El Fic consta de 8 capítulos más el Epílogo.
     
  2.  
    Azzinoth

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    Re: Niño Soldado

    Así que éste es el padre de 'Pelotón'... Interesante.

    Me ha gustado mucho, realmente nunca pensé en usar aquélla canción para una historia; ha sido un resultado increíble.
    Haces buen uso de descripciones y de diálogos, la trama se ve interesante.
    No aprecié ningún error, Cath hizo un buen trabajo ;)
    Nuevamente comeinzas con las intrigas, ¿no te cansas de ellas, verdad? xD

    Espero la continuación ;)
     
  3.  
    Lady Kyros

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    Re: Niño Soldado

    Exacto, gracias a éste Fic creé Pelotón. :)
    Gracias por leer el capítulo, aquí va el segundo ;)

    Capítulo II

    Mi tierra se llama “Miseria”
    Y no conozco la palabra “libertad”
    Fui secuestrado en una guerra,
    Torturado y preparado pa’ matar...
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)
    El soldado aminoró su marcha al encontrarse en la entrada de la base. Un guardia lo retuvo para pedirle su identificación, tras lo cual le permitió el paso. Inuyasha emprendió una rápida carrera hacia las trincheras, le urgía volver a pelear junto a sus camaradas. El joven veía como la humareda iba incrementando a medida que acortaba el camino hacia el campo de batalla. De pronto paró en seco y agudizó el oído. Había escuchado ruidos a su derecha, proveniente de unos matorrales. El soldado sacó sigilosamente una navaja que llevaba ceñida a la cintura y se dispuso a acercarse con sigilo hacia el arbusto. De pronto perdió el equilibrio y cayó de espaldas, se había llevado una enorme sorpresa al ver surgir de entre las ramas a un hombre que deseaba ver hacia ya mucho.

    —Inuyasha... Si sigues con la guardia tan baja, pronto alguien podrá apresarte —le dijo el sujeto con una sonrisa burlona.

    —Mi... ¿Miroku? —preguntó el soldado con asombro.

    El sujeto asintió sonriente, le hacía mucha gracia haber asustado a su amigo. Miroku era un soldado de 20 años, dos más que Inuyasha, de tez bronceada, cabellos oscuros, recogidos por una coleta, y era poseedor de unos profundos ojos azules.
    Ambos jóvenes se conocieron al ingresar al ejército, entablando rápidamente una fuerte amistad. Miroku se había marchado hace ya casi un mes, debido a una misión especial para infiltrarse en las filas enemigas, pero desde ese día no se habían tenido noticias de él. Inuyasha no salía de su asombro al verlo materializarse frente a él tan repentinamente, tenía muchas cosas que preguntarle, tanto que contarle... Pero el tiempo apremiaba, y debía dirigirse al campo de batalla.

    —¿Qué esperas? ¿No tenías prisa, amigo?

    Miroku le sonrió, entendiendo el apuro que llevaba su amigo. El joven de mirar ambarino asintió lentamente. Se levantó del suelo y se encaminó hacia las trincheras, no sin antes darle un fuerte abrazo a su amigo y prometerle que pronto tendrían una larga charla.

    ***

    Sango no cabía en sí de la alegría de volver a ver a su amado soldado. El joven de ojos color océano la miraba con dulzura, con unos irrefrenables deseos de tenerla entre sus brazos y sentir el dulce aroma de su amada enfermera.

    —¿Por qué no me dijiste que volverías? ¿Por qué no me escribiste? —le reprochó la morena—. Estaba tan angustiada... —añadió.

    —Mi pequeña, yo...

    —Calla —selló sus labios con un dedo—. No importa cariño, sé muy bien que estabas en una misión, es solo... Que estaba muy preocupada...

    —Oh, Sango... No sabes lo mucho que te extrañé...

    El soldado abrazó a la enfermera con ternura, y con igual delicadeza besó sus labios. Realmente estaba feliz de volver, jamás pensó que regresaría a salvo, no después de ser apresado... Se retorció sobre sí mismo. Sango acababa de tocar su hombro, activando su sentido del dolor sobre esa zona. La enfermera se percató de la reacción de Miroku ante su caricia.

    —¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?

    —No... No es nada... Sólo estoy un poco fatigado, mi princesa —besó delicadamente la mano de su amada—. Es mejor que vaya donde el comandante para informarle sobre la misión.

    El joven salió lentamente de la enfermería, dejando a la morena sumamente confundida... Conocía muy bien a su novio, sabía a la perfección que algo le ocultaba...

    ***

    Inuyasha corría entre las trincheras velozmente, disparando, cargando municiones, volviendo a disparar. A su lado pasaban las balas como molestos mosquitos, incesantes, zumbadores y numerosos. El soldado de plateada cabellera se destaca entre los demás por su gran agilidad y resistencia, podía recibir un tiro, levantarse y seguir peleando; era digno de admirar, tanto por cómo actuaba en tiempos de guerra como por cómo logró salir adelante en su pasado. Todos sus camaradas sentían gran respeto por el chico, y se sentían orgullosos de integrar su pelotón. Inuyasha volaba por entre las trincheras reforzando el ataque, ayudando a la defensiva, reemplazando a los soldados cansados y rescatando a los malheridos. Cada vez que alguien le preguntaba por qué arriesgaba su vida por salvar la de sus camaradas él simplemente respondía que lo único que lo diferenciaba de otra persona era que el otro recibió un balazo que pudo haber estado dirigido para él.
    Las horas pasaban y el ataque no cesaba. El ruido de las explosiones ya era parte de la vida cotidiana de los guerreros, y las sangrientas escenas de miembros mutilados por una bomba ya sólo era tan común como un accidente con agua caliente.

    —Señor Inuyasha...

    El soldado volteó al oír su nombre. Tras a él se hallaba un joven de cabellera azulada, recogida por una trenza. El chico de ojos dorados reconoció a su camarada, Bankotsu, integrante del pelotón “B”.

    —¿Qué sucede? ¿Nos necesitan en la base? ¿Se han infiltrado? —preguntó con preocupación.

    —Nada de eso, señor, sólo vine a avisarle que mi pelotón está listo para relevar al suyo —contestó Bankotsu.

    —Muy bien, daré la orden para retirarnos... Y quisiera pedirte algo...

    —¿Qué desea, señor?

    —Que dejes de llamarme “señor”, tú y yo pertenecemos al mismo rango... No me temas —rió.

    —Entendido, se... Inuyasha.

    El soldado sonrió y se dirigió rápidamente a la base... Tenía una conversación pendiente con Miroku...

    ***

    El soldado de ojos azules se encontraba parado en la puerta de la base, a la espera de su amigo. El joven de plateada cabellera no tardó en llegar y ambos ingresaron al cuartel.

    —Y dime, Miroku, ¿Qué ocurrió? ¿Por qué te demoraste tanto?

    El joven de cabellos negros tomó un sorbo de su café antes de responder... Dañaba su orgullo confesar lo que iba a decirle a su amigo

    —Me tomaron prisionero.

    Inuyasha no podía creer lo que Miroku le decía. Su amigo era uno de los mejores en el escuadrón al momento de actuar como espía... No uno de los mejores... ¡Era el mejor!
    Sabía que no revelaría cómo ocurrió, pero una extraña sensación se apoderó del pecho del soldado de ojos dorados...

    —Te... ¿Te torturaron? —preguntó con un nudo en la garganta.

    Miroku asintió con lentitud.

    —No sé por qué te sorprende... Tú pasaste por lo mismo, y sólo eras un niño...

    Aquellas palabras desencadenaron una serie de imágenes en la mente de Inuyasha... Sí... Había pasado por lo mismo, poco después de haber iniciado la guerra...

    ***

    Kanna abrazaba a su hermanito con fuerza, la tormenta se encontraba sobre ellos y los azotaba con violencia. Inuyasha lloraba desconsolado, hacía tan solo unos minutos había comprendido que su madre no volvería, que estaba muerta...

    —Tranquilo, Inu... Ya todo estará bien, no llores...

    La voz de su hermana lo tranquilizaba poco a poco. Sintió que el cansancio lo vencía y cerró sus ojos, esperando que al abrirlos su madre estuviese frente a él y le dijese que todo fue un mal sueño...
    No pasó mucho tiempo cuando tuvo que abrir los ojos, y vio, con horror, que su hermana yacía inconciente contra una pared. Uno hombres lo tenían en brazos, y pese a sus esfuerzos por zafarse, fue imposible.

    —Tranquilízate, niño, ella estará bien.

    —Kanna... ¡Onee-san! ¡Ayúdame!

    —¡Silencio mocoso!

    Acto seguido uno de los sujetos le tapó la boca con una paño húmedo, luego de eso perdió el conocimiento...
    Al despertar se hallaba en un catre de campaña, tapado con una delgada frazada. Miró con preocupación a su alrededor y descubrió a otros niños en sus mismas condiciones. Todos le miraban con recelo, debido a la extraña coloración de sus cabellos y ojos. Inuyasha salió rápidamente de la habitación en la que se encontraba, buscando una salida para llegar junto a su hermana. Dobló por un pasillo a la derecha, atravesó el campo de entrenamiento, se desvió por un estrecho pasaje entre los edificios, volvió a doblar hacia la derecha, siguió en línea recta hasta el estacionamiento, luego torció hacia la izquierda, y cometió un error... Frente a él se hallaba un sujeto de aspecto huraño, con una varilla de madera en la mano. Antes de que Inuyasha pudiese gesticular palabra alguna, el hombre había comenzado a propinarle severos golpes con la varita... Esa fue la primera de muchas veces que se vio enfrentado a una reacción violenta por parte de sus captores... Latigazos, golpes, patadas... Formaron parte de su vida diaria, junto a largas horas realizando trabajos forzados, días sin comida ni agua... Poco a poco le fueron instruyendo en el arte de la guerra, de torturar, de asesinar...

    ***

    —Inuyasha...

    La voz de Miroku lo devolvió a la realidad. Inuyasha suspiró profundamente

    —Ya es hora de dejar el pasado atrás... Esos días ya debo dejarlos en el olvido, no soy la persona que ellos querían que fuera... Ni pienso serlo jamás... —sentenció para sus adentros.

    —Amigo... Cómo te iba diciendo, ellos sólo me dejaron un pequeño “recuerdito” antes de que lograra escapar.

    El soldado de mirar ambarino no pudo ocultar su impresión al observar el hombro que su amigo le mostraba. Allí, plasmado al rojo vivo, se observaba la bandera del enemigo. Aquellos malditos habían marcado a Miroku como si no se tratase más que de un simple esclavo...

    —Pero no te preocupes... Yo también les dejé un regalito de mi parte... —el soldado rió con malicia.

    ***

    Mientras tanto, en el país enemigo dos soldados se reunieron en la base

    —¿Qué ocurre? ¿Dónde está el prisionero?

    —No lo sabemos, señor... Seguramente está siendo interrogado.

    Ambos sujetos se dirigieron a la oficina de interrogación, pero se sorprendieron al encontrarla vacía. Uno de ellos dirigió su vista al escritorio, para luego señalar con horror un montón de paños sucios.

    —Se... Señor... Allí —señaló con voz temblorosa.

    El otro soldado se acercó con cautela, movió aquellos harapos y luego se apartó con asco. Frente a ellos yacía el cuerpo del soldado a cargo de hacer las interrogaciones... Pero su cabeza estaba girada en 180 grados de su eje central, y sus ojos miraban en dirección de un espejo, donde escrito con sangre se leían las palabras “Ustedes son los siguientes”

    —¿Qué quiso decir con eso?

    Pero no tuvieron que esperar la respuesta, puesto que el reloj que se hallaba sobre el escritorio había terminado de marcar la cuenta regresiva...

    Continuará...



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  4.  
    Sandritah

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    Re: Niño Soldado

    Éste fue el primer fic tuyo que leí, y sinceramente lo echaba de menos. Me gustó muchísimo cuando lo vi anteriormente, y lo andaba buscando para leerlo de nuevo. Por suerte, lo encontré.
    Me encanta la forma en que cuentas la historia, con las descripciones y la excelente narración. Además no vi errores, lo que es maravilloso para una gran historia como ésta.
    Espero el siguiente capítulo ;)
     
  5.  
    Sayo

    Sayo Guest

    Re: Niño Soldado

    super vergatario esta ese fic amiga es muy buena siguelo pronto y falta alguien y kagome por diossss donde esta
     
  6.  
    Azzinoth

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    Re: Niño Soldado

    Damn, tú siempre lo cortas en la mejor parte ._.
    !Malvada! ¬¬

    Bien, creo que nunca dejarás de sorprenderme, deberé acostumbrarme... Muy buen capítulo, la historia se va desarollando a un ritmo apropiado para este tipo de temáticas, explicando cada suceso para evitar confusiones.

    Espero el siguiente capítulo ;)
     
  7.  
    Prince Any

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    Re: Niño Soldado

    ¡Hola! ME he quedado mas que intrigada es la primera vez que leo un fic con una trama como la tuya, añoraba tanto leer uno de este tipo y me ha cautivado con apenas dos capitulos desde hace mucho habia escuchado hablar de el y ahora que tengo la oportunidad no la dejare escapar, ¡Asombroso! ¡Maravilloso! sencillamente me encanta espero la continuacion

    Se Despide

    Prince Any
     
  8.  
    Lady Kyros

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    Re: Niño Soldado

    Muchas gracias por sus comentarios =)
    Aquí les dejo el tercer capítulo.

    Capítulo III

    “Me han convertido en una bestia,
    Soy sólo un niño que no tiene identidad...”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)​

    Los dos amigos continuaron conversando por unos minutos antes de ser interrumpidos por Kouga, el soldado mensajero del ejército. El joven tenía largos cabellos negros y penetrantes ojos ligeramente celestes. Era reconocido por la gran velocidad que alcanzaba al correr, cualidad que lo había llevado a obtener el cargo que ahora ocupaba. El mensajero parecía muy exaltado y se podía leer gran emoción en su mirar, al parecer era portador de buenas e importantes noticias del frente.

    —Señor Inuyasha, señor Miroku, traigo un informe del campo de batalla —anunció.

    —Bien, queremos oírlo —pidió el espía.

    —Esta mañana nos han informado que una bomba fue plantada en la base enemiga y su detonación fue todo un éxito —Kouga les sonrió con complacencia—. No sólo celebramos la destrucción de parte de los edificios de nuestros adversarios —continuó—, sino que además la explosión se llevó consigo todas las investigaciones y reportes que el enemigo había extraído mediante los interrogatorios a los prisioneros de nuestro bando. Y también es importante agregar que gran parte de nuestros soldados, que permanecían en calidad de rehenes, han regresado con bien desde el país enemigo.

    —Son grandiosas noticias, Kouga, grandiosas en verdad —celebró Inuyasha.

    —Lo sé, señor, pero quería preguntar una cosa... —el mensajero se dirigió a Miroku—. ¿Usted estuvo involucrado en todo esto?

    —Quizás algo tuve que ver —contestó el aludido con aire distraído.

    Kouga se alejó lentamente, observando con admiración al soldado espía... A pesar de haber puesto en riesgo su propia vida, había escapado de las garras del enemigo y no sólo eso, sino que además había rescatado a los cientos de prisioneros que estaban encerrados en la base. Realmente, Miroku era un hombre digno de respeto.

    —¿Así que también rescataste a los rehenes? —preguntó Inuyasha con asombro, una vez el mensajero se hubo marchado.

    —Claro que sí, no podía dejarlos allí. Tú hubieras hecho lo mismo, amigo.

    ***

    En la enfermería, Sango estaba sorprendida por la gran cantidad de personas que requerían de sus servicios, y más aún, al reconocer rostros familiares que ya daba por muertos. Los soldados y civiles le contaron cómo pudieron escapar, refiriéndose detalladamente a la astuta estrategia del espía. Entre el gentío se hallaba un pequeño niño de cabellos anaranjados y ojos esmeraldas, que lucía sumamente cansado. La enfermera lo condujo hasta una cama separada de las demás, debido a que con el ruido de los gritos de celebración por parte de los adultos, el chico no podría descansar.
    La joven se dirigió al escritorio, en busca de algún medicamento para darle al pequeño, para así facilitar su descanso. Finalmente dio con él, sacó una diminuta y reluciente cápsula y se la ofreció al chico, junto a un vaso de agua.

    —Tómala, te hará bien.

    El niño no respondió, dirigió su mirada al medicamento y le dio la espalda a la enfermera. No quería nada, sólo deseaba que el tiempo volviese sobre su marcha, para arreglar todos los errores que la guerra había causado.
    Sango se preocupó por la triste mirada del chico, preguntándose qué podía hacer para que el pequeño le confesara su aflicción.

    —¿Ocurre algo?

    La joven se volteó rápidamente al oír aquella voz tan familiar.

    —¡Inuyasha! Qué bueno que viniste, necesito de tu ayuda.

    —¿Eh?

    ***

    El soldado se acercó a la cama en que se encontraba el niño. Sango le había pedido que hablara con él, para ver si podía averiguar qué le ocurría.

    —Eh... Hola —saludó.

    —Hola... —contestó el niño, sin muchas ganas.

    —Mi nombre es Inuyasha, ¿puedes decirme el tuyo?

    —Shippou.

    —¿Shippou? Es un extraño nombre —observó el soldado.

    —Sin embargo el tuyo parece ser apropiado para ti —contestó el muchacho tras observar detenidamente la apariencia de su interlocutor.

    —Je, eres muy observador. Dime, ¿cuántos años tienes?

    —Diez.

    —¿Y por qué estás aquí?

    Esa pregunta hizo que el pequeño bajase la mirada... Aún podía recordar los gritos de sus padres al momento de ser brutalmente asesinados por los soldados enemigos. Aún podía ver en sus sueños el rostro suplicante de su madre, pidiendo a que él no le hicieran daño.
    Inuyasha comprendió lo que el chico pensaba, él había pasado por lo mismo... Le entendía perfectamente. Su madre había muerto tras una explosión, su padre había desaparecido unos años antes, y su hermana..., jamás volvió a ver a Kanna luego de que los separaron.

    —¿Quisieras volver el tiempo atrás?

    Shippou salió de sus pensamientos y miró fijamente al soldado. ¿Cuántos años tendría? ¿18? No era un adulto, sin embargo había escuchado noticias grandiosas sobre sus hazañas en el campo de batalla. Podía leer en su mirar ambarino que él también había sufrido mucho, quizás al igual que él o más... Cómo maldecía a quienes iniciaron la guerra...

    —Sí —contestó finalmente el chico—. Quisiera que todo volviese a ser cómo antes... Mis padres fueron asesinados por soldados enemigos; luego me apresaron y me encerraron. Gracias al señor Miroku pudimos escapar.

    —Ya veo... ¿De dónde eres?

    —De Kyoto, allí viví toda mi vida, hasta el inicio de la guerra —respondió—. ¿Y tú? Claramente no eres japonés, como yo.

    El soldado no supo qué responder. Prácticamente había pasado la mitad de su vida en el ejército, y todos sus recuerdos de niñez habían sido completamente borrados, suplantados por tácticas de guerra, maneras más eficientes de asesinar...

    —No lo sé...

    ¿De donde venía? ¿Quiénes eran realmente sus padres? No recordaba el nombre de sus progenitores, vagamente recordaba el rostro de su madre. Solo Kanna permanecía en su memoria. ¿Quién era él realmente?

    ***

    —¡Vamos, levántate, holgazán!

    El pequeño abrió los ojos lentamente, todas las mañanas eran igual. El guardia pasó golpeando con su vara de madera a todos aquellos que se rehusasen a levantarse. Inuyasha alcanzó a saltar de su cama antes de que el soldado llegase junto a él. Los niños comenzaron a vestirse rápidamente, de lo contrario serían privados de su desayuno; les servían un pedazo de pan mohoso, acompañado de un vaso de leche agria. Al almuerzo les servían míseras porciones de puré de patatas o legumbres, acompañado de un pequeño vaso de agua.
    Las tardes eran extenuantes, los entrenaban duramente, bajo el candente sol del verano o bajo la torrencial lluvia del invierno. Debían enfrentarse entre ellos, y el grupo perdedor era cruelmente castigado a latigazos. El capitán Onigumo era un hombre sumamente despiadado, era quien se encargaba personalmente de maltratar a los pequeños y, mientras lo hacía, no paraba de reír con malicia.
    Cierto día, el grupo de Inuyasha salió perdedor, por un pequeño que no pudo seguir debido a la fatiga. El capitán los condujo hasta una sala vacía, el lugar en donde se llevaban a cabo los castigos. Esta vez el hombre parecía más gustoso que de costumbre, no se veía el látigo por ninguna parte, pero un curioso artefacto descansaba sobre el escritorio.

    —Verán, mocosos, el darles latigazos acaba por agotar mis energías... —dijo con lentitud, tras lo cual se escucharon suspiros de alivios por parte de los niños—. Pero no se confíen, no crean que saldrán inmunes de esto.

    El hombre levantó el extraño artefacto, para que los pequeños pudieran verlo mejor. Inuyasha se percató de que era de metal, con dos especies de ganchos saliendo de su parte superior, era plano y delgado, no se podía imaginar cómo aquel objeto podía reemplazar el dolor de un latigazo.
    El capitán sacó a un niño del grupo y lo puso delante de él, dándole la espalda.

    —Ahora verán lo que ocurre cuando fracasan.

    Acto seguido clavó las puntas del objeto en la espalda del niño, quien emitió un chillido aterrador, para luego retorcerse sobre sí mismo. Inuyasha corrió en su auxilio, mientras Onigumo reía a carcajadas.

    —¡¿No les parece increíble?! —exclamó exaltado—. Cientos de voltios de electricidad desplazándose por sus diminutos cuerpos... Supongo que será un dolor insoportable, ¿verdad?

    El pequeño que había sido atacado no podía gesticular palabra alguna. Inuyasha observó al capitán con ira... Ya no toleraría más sus torturas...
    Se levantó lentamente, dejando a su compañero recostado sobre la pared. Si algo había aprendido, era a ser cauteloso. Se deslizó por detrás del escritorio, a gatas se dirigió hacia el capitán, sin ser visto por él. El hombre se disponía a escoger a su siguiente víctima cuando sintió que alguien se aferraba a él por la espalda. Inuyasha se colgó de su cuello, para luego saltar hacia su brazo derecho. Onigumo soltó el artefacto de corriente y el pequeño se abalanzó sobre él. El capitán estaba sorprendido por la agilidad del muchacho, sin duda sería un gran soldado.

    —Dame eso.

    —De ninguna manera... Ya mucho nos ha torturado... ¡Pero ya basta!

    El pequeño se deslizó por entre las piernas del sujeto, se subió al escritorio y nuevamente se hallaba sobre su espalda. Los demás niños comprendieron el plan del chico de ojos ambarinos y sujetaron con fuerza las piernas del hombre.

    —¡Mocosos impertinentes!

    —Ya no más...

    Con suma determinación, Inuyasha clavó el aparato en la garganta del soldado, para luego lanzar la descarga...

    ***

    —¿Qué ocurre?

    La mano de Shippou sobre su hombro lo devolvió a la realidad. Inuyasha habría querido saber quién era, pero en sus recuerdos sólo figuraban fragmentos de su estadía en el ejército, e incluso recordaba, como si estuviesen grabadas al rojo vivo, cada uno de los rostros de las personas que por distintos motivos habían fallecido bajo sus manos.

    —Creo que es momento de que me vaya, debo volver al campo de batalla.

    El soldado se despidió de la enfermera y se dirigió rápidamente hacia las trincheras, con el único deseo de apartar de su cabeza las miles de aterradoras imágenes que ahora venían a ella...

    Continuará...
     
  9.  
    Azzinoth

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    Re: Niño Soldado

    OMG!
    Realmente me da lástima el pequeño Inuyasha ._.... pero hace que la historia se vuelva muy interesante, así que: tortúralo. xD
    Buen capítulo, no tiene errores y estás tratando muy bien la letra de la canción; espero leer el siguiente ;)
     
  10.  
    Lady Kyros

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    Re: Niño Soldado

    Capítulo IV

    “Me han obligado a disparar...
    Me han enseñado como asesinar...”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)​
    Inuyasha ingresó a las trincheras sumamente afligido. Sostuvo su arma con firmeza, a la vez que se preguntaba cuántas vidas había ya tomado en la guerra... ¿100? ¿200? No... Seguramente ya sobrepasaban las 500, e incluso las mil... Una bala pasó rozándole la mejilla. Los gritos de sus camaradas para que se cubriera le hicieron tomar conciencia del lugar en que se hallaba ahora. El joven de plateada cabellera se arrojó al piso, justo para esquivar una nueva oleada de proyectiles.

    —¡Esos malditos están avanzando! —maldijo un soldado a su lado.

    —¡Granadas! —gritó otro joven a sus espaldas.

    Inuyasha se agazapó contra la tierra, acto seguido se escuchó una estruendosa explosión. Miles de granos de arena lo cubrieron de pies a cabeza. La granada había estallado muy cerca de ellos.

    —¡Recarguen municiones! ¡Fuego a discreción! —se sorprendió gritando.

    Sin saber cómo, ya se hallaba corriendo entre las trincheras, dando órdenes para la estrategia de ataque. Se avergonzó de sí mismo. Sólo instantes antes se lamentaba por haber matado a tanta gente, sin embargo ahora emitía instrucciones para incrementar ese número. Los soldados le obedecían ciegamente, todas y cada una de las estrategias del joven soldado surgía efecto. Jamás erraba un ataque, nunca su pelotón debió lamentar la frustración de haber perdido un encuentro. El pelotón A era reconocido por la fiereza de su capitán y también por mantener aún en sus filas a gran parte de sus participantes desde el inicio de la guerra: sólo habían perdido a 5 hombres.
    Los soldados recargaban sus armas y relevaban a los que ya estaban exhaustos o malheridos. Habían logrado mantener a raya a gran parte del ataque enemigo. Inuyasha se desplazaba con agilidad por entre sus camaradas, observando atentamente el movimiento del escuadrón adversario, hasta que lo vio...: un soldado enemigo se había escabullido hasta muy cerca de las trincheras. El capitán se deslizó sigilosamente por entre los arbustos, en dirección al intruso. Lentamente sacó su pistola y avanzó hacia la espalda del sujeto. En una fracción de segundo se encontraba arriba del soldado, con la boca del arma apuntando a su nuca.

    —¡Please, don`t kill me! —exclamó el sujeto con voz temblorosa.

    —¿Who are you? —preguntó el joven de ojos ambarinos.

    Sin esperar una respuesta, Inuyasha volteó al soldado para que le enseñara el rostro. No pudo evitar sorprenderse al constatar que se trataba de un muchacho un par de años menor que él. El chico tenía el cabello castaño, ojos oscuros y el rostro ligeramente pecoso. Podía leer el miedo en sus ojos, no necesitaba saber el por qué... ¡No era más que un niño!

    —My name is Kohaku, sir -respondió el muchacho.

    Pudo ver una petición de misericordia en la mirada del chico. Inuyasha sabía que el reglamento establecía que debía de asesinar a los intrusos enemigos, o llevarlos como prisioneros... No sabía qué hacer. No se atrevía a matar a un pequeño, pero mucho menos deseaba que pasara lo mismo que él vivió. ¡Por eso era que luchaba! ¡Para evitar que otra alma pura e inocente se corrompiera a causa de la guerra!

    —¡Go away of here! —exclamó el capitán.

    —¡Stop! —ordenó una voz fría a sus espaldas—. Don’t move, boy.

    Inuyasha se volteó rápidamente al reconocer la voz del comandante, Sesshoumaru. Aquél hombre era reconocido por su frialdad, su trato cruel e indiferente con todos, en especial con los enemigos. Era un hombre de temer... A pesar de tener apenas 23 años ya era un soldado experto. A diferencia del capitán, el comandante había escogido su vida. Siempre sintió un gran desprecio por todos aquellos que eran débiles o sensibles, los consideraba escoria, sostenía que sólo los fuertes merecían vivir. El soldado de ojos ambarinos sintió un escalofrío, ya sabía de lo que era capaz aquél hombre. Pudo leer en sus penetrantes ojos dorados la orden que le daría...

    —Dispárale.

    Kohaku miraba a ambos soldados sin entender de qué hablaban. Aquél sujeto le asustaba. Temía por su vida, o incluso, temía aún más seguir vivo como rehén. Ya sabía cuál sería su destino, y su trato; había visto a muchos prisioneros en su base, y luego de verlos, por primera vez en su vida le deseó la muerte a alguien.

    —No puedo, ¡es sólo un niño! —exclamó Inuyasha.

    —¡Haz lo que te digo! ¡Es una orden! —bramó Sesshoumaru.

    —Me rehúso a cumplir dicha orden, señor —contestó el capitán.

    —Ya veo... ¡Entonces lo haré yo!

    El comandante apuntó el arma hacia el pecho del muchacho y, sin más preámbulos, apretó el gatillo. El niño vio un destello luminoso proveniente de la boca de la pistola, y cerró los ojos a la espera del impacto. No supo por cuánto tiempo mantuvo los ojos cerrados; pero, al constatar que aún estaba vivo, los abrió. Frente a él se hallaba el soldado que lo había descubierto. De su abdomen comenzaba a expandirse una mancha oscura por su ropa... Sangre.
    Inuyasha cayó de rodillas, respirando forzosamente. La sangre salía a borbotones de la herida. Sesshoumaru lo miraba con reprobación, qué inútil sacrificio... Dirigió su penetrante mirada al chico y le entregó un arma

    —Kill yourself... If you don’t want that the death of this man weighs in your conscience [1] —sentenció, apuntando a Inuyasha con su arma.

    El niño miró el arma que el comandante le había entregado, y luego dirigió su mirada al hombre que yacía postrado delante de él. Sabía que sucediese lo que sucediese, jamás regresaría con vida a su patria.
    Inuyasha observó al pequeño soldado y adivinó sus pensamientos.

    —Not! Don’t do it!

    —¡Do it! Or I myself will take charge doing it... And believe me... It will not be rapid[2] —mencionó el comandante con malicia.

    Kohaku levantó el arma, haciendo caso omiso a los gritos del soldado herido. Rápidamente cerró los ojos y jaló del gatillo. Inuyasha pudo ver cómo su cuerpo se desplomaba junto a él, inerte. Los ojos sin vida del muchacho seguían observándole... El joven puso su mano en la frente del niño, para luego bajar lentamente sus párpados, sintiendo que su corazón perdía otra parte de sí.
    Sesshoumaru miraba la escena con indiferencia, aquellos actos de piedad por el enemigo o de aflicción por el caído no eran propios de un soldado.

    —Algo debes aprender de ese chico... —observó el comandante—: A cumplir órdenes. Desde hoy, eres relevado de tu cargo. Una persona tan débil como tú no merece ser capitán —anunció con repugnancia, al momento en que le quitaba la insignia de la camisa —. Ahora ve a atender tu herida y regresa al campo de batalla.

    El hombre de fría mirada se retiró del lugar del incidente, dejando solo al soldado. Inuyasha cubrió el cuerpo de Kohaku con arena, ya que en las condiciones que se encontraba no podría cavar una tumba. Se levantó costosamente, ligeramente inclinado hacia su costado herido, y caminó hasta la enfermería... Nada podía hacer hasta haber curado sus heridas...

    ***

    —¡Inuyasha! ¿Qué te ha ocurrido?

    Sango se alarmó de sobremanera al ver llegar a su amigo en semejante estado. El soldado no quiso referirse a lo ocurrido, así que la enfermera dejó de hacer preguntas. Examinó rápidamente la herida, que por suerte era poco profunda, sin embargo había provocado que el joven perdiese mucha sangre. La morena le ordenó recostarse mientras buscaba los utensilios indicados para extirpar la bala y luego sellar la herida. Inuyasha miró en dirección de la ventana, a la vez que la aflicción volvía a apoderarse de él... Aún podía ver los ojos sin vida del muchacho, podía leer el temor en ellos, el deseo de que lo dejasen ir... ¡Y él no pudo hacer nada! Se sentía impotente ante tal situación... Todo el mundo lo admiraba por su valentía, por salvar a sus camaradas ante cualquier circunstancia... ¡Qué fiasco! ¡Cuando una persona más lo necesitaba, él le falló! No merecía que lo admiraran, que aspirasen a ser como él, ¡no merecía ser llamado “héroe”! ¡Cuánta razón les encontraba ahora a los niños que lo llamaban “demonio”! ¡Eso era! ¡Un monstruo! ¡Un asesino incapaz de salvar a un niño! ¡Incapaz de hacerle frente a un hombre! Se sentía inútil, impotente y avergonzado. Sentía que había defraudado a todos los que confiaban en él. Recordaba con rabia a todas las personas que habían perecido por su mano, se avergonzaba de sus actos, aunque a la vez sabía que estaban en juego la vida de sus hombres tras cada asesinato.
    Sango le puso anestesia, puesto que debía entrar a realizar una pequeña operación, a fin de evitar el daño de algún órgano vital. Inuyasha sintió cómo el sueño lo vencía y poco a poco oscuros recuerdos acudieron a su desolada mente...

    Continuará...

    [1] Mátate... Si no quieres que la muerte de este hombre pese en tu conciencia.
    [2] Hazlo! O yo mismo me encargaré de hacerlo... Y créeme... No será rápido.
     
  11.  
    Prince Any

    Prince Any Guest

    Re: Niño Soldado

    Es esplendorosa la manera en como describes la cruda realidad aunque las palabras siguen siendo sabes para lo que es en verdad la vida real, me gsuat mucho este fic y espero con ansias la continuacion, cada palabra retratada en la historia muestra las paginas de la historia del ser humano.

    Se Despide

    Prince Any
     
  12.  
    Sandritah

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    Re: Niño Soldado

    Demasiado triste. No puedo creer que Seshomaru sea tan frío, incluso cuando el sujeto no era más que un niño. Por lo menos quedó demostrado que Inuyasha tiene corazón ya que, aun cuando el otro se lo ordenó, él se negó a quitarle la vida a un niño.
    Triste, demasiado triste... y por desgracia, una muestra de lo que hacen los seres humanos.
     
  13.  
    Azzinoth

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    Re: Niño Soldado

    Me gustó el capítulo, la crueldad de los hechos, la realidad de la guerra.
    Cada vez me atrapa más la historia, espero que le continues pronto o me meteré en tu carpeta. :o
     
  14.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

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    Re: Niño Soldado

    Capítulo V

    “Me han obligado a mutilar
    En un infierno terrenal”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)

    —¿Qué hago aquí?

    El niño de cabellos plateados abrió lentamente los ojos, para luego encontrarse en una oscura habitación. Un escalofrío recorrió su espalda, y el miedo dominó sobre sus otros sentidos. Se cobijó contra la pared, mientras respiraba entrecortadamente, dirigiendo su mirada ambarina hacia todos los rincones de la recámara. Lentamente miró su mano y nuevamente sintió escalofríos..., aún recordaba cómo había atacado al capitán Onigumo con ese artefacto aterrador. Todavía sentía bajo su mano la descarga de corriente que fluía por aquel extraño aparato. Aún podía recordar el cuerpo del hombre, siendo presa de violentas convulsiones... Y luego la oscuridad.
    Inuyasha se llevó inconscientemente la mano a la cabeza, y al retirarla comprobó lo que intuía...: alguien le había atacado por la espalda; podía ver la sangre fresca proveniente de una herida, manchando su mano.
    El ruido metálico de las bisagras le hizo volver a la realidad. El niño se agazapó contra la pared, intentando fusionarse con las sombras que proyectaba la linterna del sujeto que había abierto la puerta. La luz del instrumento lo cegó momentáneamente.

    —Con que ahí te escondiste, ¿eh? —el individuo soltó una risa maliciosa—. Tienes el carácter de un asesino, ¿lo sabías?

    —Yo no soy un asesino —respondió Inuyasha—, ¡pero ustedes sí!

    —No te hagas el inocente, mocoso... —dijo el sujeto suavemente—. Puesto que me acaban de informar que el capitán Onigumo ha fallecido... Por tu culpa.

    El niño no supo cómo reaccionar. Por un momento sintió que todo a su alrededor había dejado de existir, que el tiempo se había detenido en torno a él... Una extraña sensación se apoderó de su cuerpo..., miedo. Jamás lo había sentido en tales proporciones. Miró sus manos con terror... ¿Con aquellas malditas extremidades había matado a alguien? Él nos hizo mucho daño, ¡merecía morir!, gritaba una voz en su interior, sí, ¡pero ahora me he convertido en lo mismo que todos ellos! ¡soy un maldito asesino!, contestaba otra voz en su cabeza.
    El soldado miraba al muchacho con un aire divertido. Le hacía mucha gracia ver cómo el pánico dominaba a las personas, cómo les hacía cometer actos desesperados con tal de calmar sus desoladas mentes. Que manipulables eran las almas humanas... Ni siquiera al niño que le decían “demonio” pudo oponer más resistencia que los otros pequeños.

    —Luego de matar, solo quedan dos salidas: o lo sigues haciendo, o te suicidas... ¿Qué harás, Demonio? —pensó el sujeto con malicia.

    El soldado salió de la habitación, cerrando la puerta con llave tras de sí. Observó por última vez el rostro desfigurado del niño a causa del miedo. El pequeño permanecía en estado de shock, y él no iba a hacer nada por intervenir... Era una escena divertida.

    Luego de aquella noticia, ya no fui el mismo nunca más... Había matado a un hombre, a quien, aunque despreciable y malnacido, no me correspondía arrebatarle la vida. ¿Quién está capacitado para aquello? ¿Quién puede decidir quién debe morir o no?... Quitar la vida es algo realmente sencillo, el cuerpo humano es frágil, pero..., ¿alguien puede dar vida? Somos capaces de extinguir la existencia de un ser vivo tan fácilmente como apagar la llama de una vela, pero ¿somos capaces de volver a dar latidos a un corazón muerto? No... Entonces, ¿con qué derecho la arrebatamos?

    El pequeño era conducido por oscuros corredores, hacia un lugar en el que nunca antes había estado. Tenía las manos atadas detrás de su espalda, y un soldado le iba guiando lentamente por las penumbras. Inuyasha no había mencionado palabra alguna desde que se enteró de lo que había hecho... Se aborrecía... Se sentía como un monstruo, igual de inhumano que sus captores.

    —Llegamos —le anunció su guía.

    Se detuvieron frente a un portón de hierro, estaba oxidado y la pintura comenzaba a descascararse. El sujeto tocó la puerta y luego se fue, dejando al niño solo en el oscuro corredor. Un hombre entrado en edad salió a recibirlo. Inuyasha sintió que se le erizaba el vello de la nuca al ver la expresión ruda de aquél hombre.

    —Entra —ordenó.

    El niño acató la orden e ingresó a la recámara. No era diferente a la habitación en que había estado encerrado últimamente, aunque debía admitir que ésta era más escalofriante. Las murallas de ladrillo y los barrotes en las pequeñas ventanas le daban la impresión de hallarse en el calabozo de un castillo. Paseó la vista por todos los rincones de la estancia, descubriendo al fondo de la pared de su derecha, una pequeña puerta. En medio de la recámara se hallaba una mesa y una banca de madera, un poco más atrás se situaba una silla alta, con cadenas y grilletes en sus mangos. El hombre le hizo un ademán para que se sentara en la banca, mientras él comenzaba a pasear lentamente frente a sus ojos.

    —Me han dicho que eres un asesino, ¿es verdad?

    Inuyasha guardó silencio. En otras circunstancias hubiese gritado que no, que él jamás mataría a alguien, pero ahora ya no estaba seguro. Accidente, casualidad o no, había acabado con la vida de un hombre. Ya no tenía derecho de recriminarles nada a los soldados... Por un arrebato de ira se había convertido en uno de ellos.

    —Supongo que estás confundido... Siempre escuché que nunca actuarías como un soldado, pero al parecer lo has hecho —el hombre se agachó y miró a Inuyasha fijamente a los ojos—. Dime, ¿qué sentiste al matarlo?, ¿miedo?, ¿angustia?..., ¿o placer?... ¿Acaso disfrutaste al verlo retorcerse sobre sí mismo, sufriendo, gimiendo de dolor?

    —Yo... no quería... —balbuceó el pequeño, con los ojos clavados en el piso.

    —¿Estás seguro? —le preguntó el sujeto con malicia—. Sé que Onigumo los maltrataba, es justificable que quisieses aniquilarlo, además..., todo esta aquí, en la cinta.

    El hombre le enseñó una cinta de video, que luego puso en un televisor que estaba oculto en una esquina. Inuyasha quedó conmocionado al verse en la grabación. Pudo ver su rostro desfigurado por la ira, su pequeño cuerpo saltando sobre el capitán; sin embargo eso no era lo que le había impactado... El niño se acercó a la pantalla del televisor para luego comprobar, con horror, que sus sospechas eran ciertas: al momento de electrocutar a Onigumo, en su rostro se había dibujado una sonrisa demente, como si disfrutara de aquello.
    El hombre apagó la grabación, para volver a dirigirse al muchacho.

    —Los hechos dicen lo contrario. Desde un principio querías matar al capitán, y no hiciste sólo eso, sino que además, lo disfrutaste al igual que un bebé cuando le dan un caramelo. Si tan sólo hubieses escuchado tu risa al momento de atacar a Onigumo, entenderías de lo que hablo —el hombre se dirigió a la puerta—. Ahora eres igual que aquellos a quienes despreciabas, dime, ¿qué harás? Aquí en el ejército, tu pasado será borrado, nadie te recriminará por lo que has hecho, pero afuera..., siempre serás un maldito asesino.

    Luego de aquello decidí quedarme en el regimiento. Ya no tenía nada en el mundo; ni a mi madre, ni a Kanna. Afuera existía un mundo hostil y desconocido, nadie me aceptaría por ser como era, un demonio.

    ***

    —Todos a sus lugares

    La voz procedente de los transmisores puso a las tropas en movimiento. Un pequeño escuadrón estaba en una misión de invasión a un pueblo enemigo. Los hombres esperaban la señal para comenzar la estrategia, mientras murmuraban entre ellos con nerviosismo. Sólo el soldado de ojos dorados permanecía indiferente, ya estaba acostumbrado a las misiones por parte del ejército.

    —Vamos, vamos, vamos... ¡Comienza la misión!

    Los soldados se desplegaron en movimiento de abanico, arrojándose al piso cada una distancia de 10 metros, siendo relevados por el escuadrón de la retaguardia, de esta forma se aseguraba el avance tanto a la ofensiva como a la defensiva. Inuyasha no esperaba el relevo para seguir avanzando, ya conocía de memoria la rutina y sus sentidos estaban más desarrollados de los del resto, por lo cual podía valerse por sí mismo.
    No tardó en comenzar la balacera. El enemigo se había percatado de las tropas japonesas y había salido a contraatacar. Los gritos de los civiles eran opacados por el zumbido de las balas, y en sólo cuestión de minutos el pueblo estaba sitiado. Sin conocer el origen preciso del incendio, el fuego comenzó a expandirse rápidamente, saltando entre los tejado de las casas. Las personas gritaban con fuerza, unos con miedo, otros con ira. El pueblo entero estaba rodeado por lenguas de fuego, dándole un aspecto cobrizo. Los soldados de ambos ejércitos comenzaban a retirarse, menos Inuyasha.
    El joven de cabellos plateados había entrado a una parroquia cercana, hacía mucho que no rezaba. Vagamente recordaba a su madre arrodillada frente al altar, implorando a Dios porque trajese a su marido de vuelta con bien. Inuyasha no creía en Dios, ni en nada. Sabía que al confiar en algo se estaba más expuesto a ser traicionado o desilusionado, para lo cual era preferible jamás confiar... Además, de donde él venía, sólo regía la palabra de los superiores.
    El soldado iba a salir de capilla, cuando fue interceptado por un hombre. El sujeto poseía una corta cabellera blanca, aunque no parecía alguien mayor, vestía una larga sotana negra y un crucifijo colgaba de su cuello.

    —Hágase a un lado —pidió Inuyasha con indiferencia.

    —Hijo, ésta es la casa de Dios... ¿Por qué traes al demonio a ella? ¿Por qué han abierto las puertas del infierno a las afueras de la entrada al cielo?

    El soldado lo miró con extrañeza. ¿Acaso pretendía darle un sermón? Fuese lo que fuese, él no tenía tiempo para escucharlo. Haciendo caso omiso de las palabras del hombre se dirigió a la salida, pero esta vez fue otra persona quien le interceptó.

    —Es un enemigo, ya sabe qué hacer, soldado.

    La voz del teniente sonó lúgubre al interior de la capilla. Inuyasha volteó con pesar y miró al sacerdote..., debía cumplir su deber.

    Continuará...
     
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  1. Lady Kyros
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