Colección de Naruto - Necesario.

Tema en 'Fanfics de Naruto' iniciado por Kattharina, 22 Marzo 2018.

  1.  
    Kattharina

    Kattharina I'm bisex.

    Tauro
    Miembro desde:
    10 Febrero 2018
    Mensajes:
    60
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Necesario.
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2808
    Aclaraciones:

    Narración.
    — Diálogo —
    “Pensamientos”.
    Advertencias:
    Posible OoC en los personajes.
    OC’s.
    Género: Romance | Drama.
    Clasificación: T.
    Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

    Nota de Autor:
    Yo por aquí, de nuevo... Sí, yo. Revisando, revisando entre mis archivos encontré esto, es una serie de OS que cuentan una pequeña historia, bueno, más o menos así... Ya verán conforme actualice. No soy de usar los personajes de Next Generation, en este caso me debatí mucho en usar Sarada; pero me pareció adecuado y creo que será la única vez que use uno de esos personajes en mis historias.

    Sin más me despido, que la disfruten. Ya me contarán que les pareció. Hasta la próxima.




    Necesario.

    .

    ‹‹El secreto de la libertad está en educar a las personas,
    mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlas ignorantes››.



    Maximilien Robespierre.



    Las pisadas eran fuertes y molestas, como la estampida de un elefante furioso en una pavorosa embestida.

    — ¡No lo puedo creer! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡¿A mí, a nosotros, a Sarada?! — gritó, con inevitable coraje.

    Tiró al suelo las prendas que había tomado arrebatadamente del closet mientras miraba de hito en hito al hombre que permanecía recostado sobre el marco de la puerta, con los brazos cruzados y la expresión tranquila.

    — Sabes porque — contestó parsimonioso.

    Eso la enfureció muchos más, sus ojos verdes chispearon con rabia. ¿Por qué lo hacía? ¿Qué caso tenía?

    — ¡No, no lo sé! — bramó tomando las prendas que tiró, las arrojó contra las maletas abiertas — ¡No puedo creer que nos hicieras esto!

    Entre más lo repetía, aumentaban sus ansias por explicaciones, pero sinceramente no había ninguna que le dijera a Sakura la lógica del asunto.

    — ¿Qué haces?

    La peli-rosa giró como si se tratara de un vendaval enfurecido y lo encaró, sus ojos jade conectaron con unos ópalos. Con frecuencia se imaginaba la luna, profunda y blanca, con un brillo extraordinario, único. Pero en ese momento, no podía admirar la belleza de los ojos de Neji, simplemente contemplaba al hombre que las llevó a punta de mentiras al lugar de sus recuerdos, de sus desgracias.

    — Empaco, Neji — contestó áspera —. Sarada y yo nos vamos, tú si quieres quédate, al fin y al cabo son tus negocios — increpó, caminando hacia el closet para continuar con el desparpajo de prendas de vestir.

    Hyūga suspiró superficial y calmadamente, su esposa podía llegar a ser una mujer muy exagerada. Entendía completamente que se sentía engañada, traicionada. La forma en la que se enteró de lo que sucedía no fue la mejor, de hecho, no tomó en consideración decírselo de otra manera hasta que pasó. Ese fue un error de cálculo, sin embargo, creía que Sakura exageraba demasiado.

    — No es necesario — agregó él.

    La peli-rosada rotó sobre su eje y lo encaró con una ceja enarcada, llena de incredulidad y más furia que al principio.

    ¿Cómo podía minimizar lo que sucedía? ¡La había llevado a la boca del lobo y ella sin saberlo! ¿Cómo Neji podía no tomarle importancia a lo que realmente sucedía?

    — ¿No es necesario? ¿Es en serio? — interrogó, mas incrédula que molesta — ¿Tan poca importancia le das a lo que me hizo? ¿Tan poco te intereso, Neji? — en esa última pregunta no pudo evitar la nota de congoja que se le escapó.

    Realmente, su esposo no comprendía la magnitud de las cosas. Tal vez era porque se creía que guardó detalles que no quería compartir con nadie, ni siquiera con él. O a lo mejor era algún tipo de inseguridad. Sakura necesitaba una razón válida para comprender porque motivo Neji la llevó hasta ahí, a sabiendas que las cosas no siempre fueron como creía.

    El castaño lo sabía, comprendía perfectamente bien como habían sido las cosas. Como sucedieron y el engaño que se fraguó a espaldas de su esposa, todo el daño que le hicieron. Él lo sabía, estaba consciente de todo. La única razón por la que la llevó ahí solo era para que se liberara de todo, del odio, del rencor, de todo el daño que aún le producían los recuerdos. Él solo quería que soltara todo el dolor reprimido, y de paso, que pudiera darle tranquilidad a su matrimonio. A él…

    — Sakura… — empezó, pero se vio interrumpido por el sonido de unos pasos acercándose a la habitación.

    Los pasos eran cortos y veloces, iba corriendo.

    — ¡Papi, papi! — gritaba una vocecita infantil asustada.

    Sakura se tensó, como lo hacía cada vez que Sarada clamaba por Neji. Tan pronto como desvió la mirada, una pequeña se hizo presente.

    — ¿Qué sucede? — preguntó Neji alzando a la infante del suelo.

    — ¡H-Hay algo debajo de la cama! — exclamó agitada, asustada, abrazándose al cuello de su padre.

    — Bien, iremos a ver — musitó el castaño, acariciando los espesos cabellos negros de la niña.

    Con presteza Neji dio media vuelta y empezó a caminar a grandes zancadas por el pasillo hasta la habitación de la nena, Sakura los siguió por inercia. Observaba la ancha espalda de su esposo, los brazos de su hija aferrados como si se tratara de una tabla salvavidas en medio del océano. Sarada amaba a su padre, era su agua en medio del desierto. Jamás creyó que su hija se aferrara tanto a Neji, mucho menos que éste hiciera lo mismo con ella.

    Sakura elevó la mirada y se encontró con los profundos e inquisidores ojos de su primogénita. Pese a que el iris de su hija tenía un tono profundamente oscuro, su abismal perspicacia le recordaba tanto a uno de sus parientes. Con dolor admitía que tuviera tantas similitudes con él.

    Un escalofrío la sacudió fuertemente y se le erizó la piel, pensar en él estaba terminantemente prohibido. Ni siquiera para recordar las cosas buenas. Las inolvidables, aunque si lo pensaba de mejor manera… No tenía muchos buenos recuerdos.

    — Ves, no hay nada en el closet ni debajo de la cama — escuchó a Neji decirle a Sarada, la pequeña balbuceó un par de palabras y luego le sonrió monumentalmente.

    — ¡Sí!

    Su esposo le devolvió la sonrisa a la infante, la alzó nuevamente entre sus brazos y la llevó hasta la cama arropándola para que pudiera dormir quitándole las gafas rojas en el proceso. La niña estaba cansada, caer presa del sueño no era ningún impedimento, Neji solía decir que heredó la pereza de su madre, ya que en cuanto colocaba la cabeza en la almohada caía dormida como piedra.

    Sakura desde el marco de la puerta observó al castaño acariciarle la cabeza a Sarada, le pasó los largos dedos sobre su espeso cabello bruno. Se acercó cuidadosa hasta la cama, se sentó en la orilla e imitó los movimientos delicados de Neji. Contempló el rostro tranquilo de su hija, acarició la pálida piel de sus mejillas con veneración al mismo tiempo que se cercioraba de su respiración, paulatina y sosegada. Era una manía que adquirió desde su nacimiento, temía por todos los medios que alguien le arrebatara a ese pequeño ser que logró darle vida cuando se creía muerta.

    Hyūga había apartado la mano, dejó que su mujer hiciera lo de siempre cuando se sentía abrumada por las situaciones, por las emociones que no podía controlar por mucho que se esforzara. Conocía a Sakura como la palma de su mano. Siempre recurría a su hija para desahogarse, abrazarla con fuerza hasta cansarse, asegurarse que respiraba, que eso no era un sueño que podía tornarse en pesadilla. El temor se traslucía en desesperación, angustia real a la pérdida de las personas que amas.

    Sarada era su vida, su renacimiento.

    Por eso la llevó ahí, porque el perdón debía llegar de la mano de la pequeña. Tenía que perdonar y dejar todo atrás para poder vivir, para que fueran una familia, para que pudieran existir en paz.

    — No es justo… — habló despacio y en un murmullo la peli-rosa, continuaba acariciando los cabellos y facciones de su hija —. No es justo que me quites la paz por la que tanto he luchado, ¿por qué lo haces?

    Neji suspiró, ya no sabía cómo abordar el punto, como hacerle entender que las cosas no eran de la forma trágica en que ella las concebía. No. Todo lo contrario, aunque auguraba que podían complicarse mucho si no jugaban bien sus cartas.

    — No hablaremos esto aquí — dijo él poniéndose de pie para salir de la habitación de la niña.

    Conocía a su mujer, iniciar esa conversación en la habitación de su hija sería contraproducente. Ella perdería la paciencia y empezaría a gritar asustando a la pequeña.

    Salió del cuarto dirigiéndose al principal, sabía que Sakura lo seguiría sin reparo. La mujer estaba de acuerdo con que no era el lugar indicado para continuar tratando ese tema, se conocía lo suficiente para saber que terminaría perdiendo la paciencia como Neji vaticinaba. No terminó de poner un pie dentro de la pieza cuando lo atosigó de nuevo con la misma pregunta.

    ‹‹¿Por qué lo haces?››

    Hyūga ahogó un suspiro profundo volviéndolo una superficial y pasajero, antes de contestar.

    — Esa no es paz, Sakura — dijo él —. La paz de la que tanto te ufanas, está construida a base de rencores y mentiras, de falsos perdones. No es lo que quiero para Sarada, no es lo que quiero para ti y tampoco quiero que me contamine a mí. Tú, aún no perdonas a Sasuke por lo que te hizo y eso te está haciendo daño, también a Sarada, ¿acaso no te das cuenta? — interrogó a la estupefacta peli-rosa —. La alejas de su familia, no le dejas conocer a sus abuelos, a su tío. Mi deseo no es que nuestra hija crezca en un mundo lleno de mentiras y engaños tejidos por su madre, debes ser honesta contigo y darte cuenta… Que no es justo — musitó, acercándose a ella lentamente y tomándola de la barbilla con suavidad —. No te traje como un castigo, porque quiera hacerte daño. Te traje porque es lo correcto.


    Sakura elevó sus orbes hasta encontrarse con los ópalos de Neji, brillantes y profundos como la luna llena en pleno apogeo. Había tanta honestidad, tanta sinceridad en su iris que podía perderse en ese mar lleno de amor poco explorado. Eso evocaba sus memorias… Neji Hyūga siempre fue el objeto de interés de muchas mujeres, por su físico, por su dinero, por su reputación y prestigio. Ser considerado un genio dentro de una familia destacada era un adjetivo más, pero no por eso menos importante.

    Había muchas palabras que describían a Neji Hyūga como un objeto de deseo para las féminas, muchas de ellas no podría contarlas con las manos ni siquiera mencionarlas por temor a represalias o por simple vergüenza. Para ella, su esposo tenía algo más que lo acreditaba como un ser humano excepcional.

    Su nobleza.

    Más allá del sentido del deber, del conocimiento de lo que es correcto estaba su honestidad. Podía no aparentar a alguien amoroso rebosante de miel, pero en el fondo, sus sentimientos eran tan puros que hacía totalmente difícil no amarlo, sobre todo cuando sabía de antemano que tenía razón. Como en esta ocasión.

    Asimismo le debía tanto… Neji fue su sostén, su aliento de vida después que Sasuke la usó y abandonó para cumplir sus ambiciones, para continuar con su legado familiar. Su esposo le ayudó a salir adelante, estuvo con ella cuando más lo necesitó. Todavía recordaba el nerviosismo que presentó cuando Sarada estuvo a punto de nacer, también la rabia que se suscitó después al darse cuenta que el control para no tener percances se puede ir de sus manos cuando menos lo esperaba. Enamorarse del heredero Hyūga fue lo mejor que le pudo haber pasado.

    Todavía recordaba la demanda por negligencia que presentó contra los médicos que la atendieron fue una de las cosas que recordaba con frecuencia, ya que era la razón por la que ahora Sarada usaba gafas de forma permanente. Las quemaduras de retina por líquido amniótico pudieron dejarla ciega. La furia de Neji había sido incontenible. Él pensaba y planeaba mucho, le gustaba controlar las situaciones a su alrededor y solventar lo que le molestaba. Sasuke Uchiha era un vivo ejemplo de eso.

    Sakura siempre tuvo la impresión que aunque su esposo se desviviera por su hija, la incomodidad del apellido Uchiha siempre lo mantenía alerta y de alguna manera, le hacía perder el control sintiéndose amenazado de perder a las dos mujeres que más amaba. Ella lo comprendía, entendía perfectamente que su marido no quería una pérdida más en su vida y que si hacía eso es porque quería tener la seguridad de que ella no tomó la decisión equivocada, impulsada por la situación complicada en la que le encontró. Y sobre todas las cosas, que Sakura tuviera paz.

    Ella intuía muy bien el discernimiento de Neji, el único problema radicaba en que no se sentía preparada para tener que enfrentar a Sasuke después de que la hubiese dejado por la mujer con la que, de antemano estaba comprometido en matrimonio y posteriormente se casó. Karin era una buena mujer, ingenua y un poco bipolar, pero buena persona al fin y al cabo.

    — No sé si estoy preparada para enfrentarlo — articuló dubitativa, cerró los ojos adormecida por las tramposas manos de su esposo.

    ¡Él y sus artimañas que la doblegaban con facilidad!

    — ¡Es injusto que siempre recurras a esto para hacer que me retracte! — exclamó indignada.

    El castaño emitió una risa baja, reconocía que su mujer tenía una fuerza muy grande e increíble, una voluntad de hierro que siempre la hacía salir adelante en los momentos más adversos. Pero también admitía que tenía debilidades como todos, que él arbitrariamente las usaba en su beneficio o es lo que Sakura creía; ya que el único afán de su esposo era mantenerla calmada. Alterándose no ganaba nada, solo terminaría perdiendo la paciencia.

    — Sabes que tengo razón — dijo él, dándole un beso en la barbilla —. Que sigas aquí es la prueba que dudas de ti misma, de tus decisiones — desplazó su mano suavemente hacia el blanco cuello de su mujer, Sakura se estremeció… ¡Era un maldito manipulador!

    ‹‹Pero a ti te gusta››.

    Oh, su consciencia aparecía cuando menos se lo proponía.

    ‹‹¡Cállate, no te quiero aquí!››

    Con una risa guasona su consciencia desapareció, permitiéndole enfocarse en el traslado de la mano de su esposo hasta su brazo desnudo y luego hacia su cintura acercándola un poco más.

    — Además, en el fondo, sabes que ya es tiempo que Sarada conozca a sus verdaderos abuelos — continúo Neji, moderando el tono, haciéndolo parsimonioso y profundo —. Y es hora que conozca a su padre biológico, no puedes engañarla por siempre.

    Sakura se estremeció, más por el hecho de tener que volver a ver Sasuke que por las caricias tranquilizadoras de su esposo. Abrió los ojos y los enfocó en los luna, con los años aprendió a leer cuidadosamente el abismo tormentoso de la mirada de Neji. Ahí, en esa bella mirada nívea había un talud insondable lleno de sentimientos y secretos que nunca reveló hasta que la conoció. Interpretar cada mirada le llevó su tiempo, descifrar el misterio que había detrás de la frialdad y la dureza de su expresión le contrajo varios dolores de cabeza. Y uno que otro enojo, grito o insulto.

    Pero valió la pena, porque ahora, en ese instante; podía decir con total y plena seguridad que solo quería lo mejor para ella y más que todo, para Sarada.

    Inspiró con agotamiento, no podía negarse. Tampoco estaba a discusión.

    — Está bien — soltó en un suspiro, hondo y reprimido.

    Neji sonrió de esa forma arrebatadora que la hacía arrebolar. Sakura llegaba a sentirse una adolescente comprendiendo el sex-appeal que su esposo poseía.

    Ella bufó, pero seguido lo besó siendo correspondida apasionadamente hasta robarle el aliento. Sus manos cobraron vida, dejando de lado el tema que los aquejaba.

    — Ponle seguro a la puerta.

    — Ya lo tiene — respondió su esposo.

    La peli-rosa sonrió, negó con la cabeza y dejó que la cargara hasta la cama.

    ‹‹Siempre un paso adelante›› se dijo a sí misma.

    Los besos de su esposo volvieron a su cuello, su barbilla, suspiró cerrando los ojos y dejándose llevar. Ya no había nada que hablar, nada que decir… Se enfrascó en las caricias cuidadosas y dedicadas de Neji.

    Gimió incontenible, él gruñó. Ya no había espacio para el pensamiento, solo guardaba el juicio para uno.

    Si tenían suerte, posiblemente Sarada tendría el hermanito que tanto pedía pronto.
     
    Última edición: 22 Marzo 2018
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    Chama, me mataste con este. Me encanta esta pareja crack. Creo que es casi mi fav. Luego de Itasaku. Bueh, en fin, a lo que venía.

    Este escrito es oro, me encanta que te hayas tomado la pausa de mostrar la relación entre la niña y Neji, que aunque no compartan sangre, ella lo ama totalmente. Me encanta que haya sido la voz de la razón, que haya sido el seguro y el maduro. Y me encanta esta frase, porque creo que describe a Neji a la perfección:
     
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