Long-fic My Last Chance (A Hope to Test by) [Portal]

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Luncheon Ticket, 7 Enero 2018.

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    Luncheon Ticket

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    Escritor
    Título:
    My Last Chance (A Hope to Test by) [Portal]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1216
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    My Last Chance (A Hope to Test by



    Escucho el silencio. Las ideas vuelven a aflorar en mi cabeza. El ambiente frío y opresivo de nuevo hace mella en mi piel, que reposa sobre el suelo macizo. Lo primero que viene a mi mente es una pregunta, ¿habrá terminado ya el efecto de mis pastillas? Esa duda es seguida por otras, que se reproducen en el vacío mientras abro mis ojos adoloridos. Recupero el aliento, en medio de esta vasta e inhóspita penumbra. Todavía no puedo distinguir nada, pero progresivamente recupero la vista y se activan mis sentidos. El dolor me estremece, sin embargo no tardo en sentirme alegre por hallar a mi compañía. Es una voz que suele conversar conmigo, no tiene cuerpo ni ojos, pero peor es nada. La amistad puede adquirir cualquier forma, incluso una que se asemeje a un cubo. Ahora es cuando veo todo con claridad, y es muy obvio que el efecto de los narcóticos ha cesado. Lástima, era mi última dosificación. Es sabido que la medicina nunca dura lo suficiente. Hay muchas variables.
    Dirijo mi vista a quien permanece a mi lado, aunque no sea precisamente un ser vivo, se merece mi aprecio y gratitud.

    ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?

    «Lo necesario.»

    Has vuelto.

    «Nunca te abandoné.»

    Intento ponerme de pie pero de repente balbuceo algo, entrecerrando los dientes. Mi semblante se conmociona. Es ese dolor otra vez. La sangre todavía sigue brotando de la herida alojada en mi pierna derecha. Bajo la vista y trato de aguantar, pero es casi imposible. El proyectil que impactara en mi muslo fue contundente. Me siento incómodo, por lo que apoyo los codos sobre la aséptica superficie. Me rindo ante la cruel evidencia de que no puedo caminar. Miro, con un dejo de nerviosismo, a mis espaldas. Sobre las baldosas se encuentra un apagado rastro de sangre. No me preocupa, no hay nadie que pueda seguirme. Estoy completamente solo… o quizá no.
    La esquizofrenia es una compañera idónea para estos casos. Si un individuo que se considere sensato puede entablar conversaciones consigo mismo empleando su conciencia, ¿por qué se ha de creer que un lunático esté haciendo algo incorrecto al comportarse de la misma manera? Me tomo la libertad de poner esa normativa sobre tela de juicio: es injusto que se estigmatice tal particularidad entre los que sufren un desequilibrio mental, aunque en principio no sea natural.

    La cordura es solo una apariencia. Un recurso muy rebuscado cuya única función arbitraria es la de hacernos sentir confiados, seguros de lo que representamos. Es una atadura en los convencionalismos de la sociedad, de su psique. Un instrumento para embaucarnos, para controlarnos mientras se nos va pasando la vida sin darnos cuenta. Las civilizaciones y sus preceptos son como Circe.
    También estoy capacitado para afirmar que la realidad es como un cuento que la mente nos relata. Hay historias que son reales y otras que no, entonces algunas pueden ser una mentira —¡al igual que ese maldito pastel!—. Jamás dudé sobre esa teoría. Pero esto sí está pasando. Cualquier lugar es mejor que este sitio, incluso la luna. Hay muchas variables.
    Otra vez oigo la voz tácita de mi compañía.

    «Hay algo que quiero preguntarte. ¿Cómo fue que supiste eso de aquella muchacha?»

    ¿Saber qué?

    «Que era la indicada.»

    Por un dato que figuraba en sus archivos.

    «¿Acaso tiene el IQ más alto?»

    No. Es algo más importante.

    «¿Entonces es por su rapidez? ¿Por ser atlética?»

    No, nada de eso.

    «¿Entonces por qué?»

    Fue una corazonada.

    Los recuerdos acuden a mi memoria, como tantas veces. Son gritos lejanos que se encienden y apagan intermitentemente, semejantes a oleadas trágicas en un mar de sufrimiento. Veo las sombras intangibles de una multitud enloquecida corriendo por los pasillos, tratando de escapar de ella, la Forma de vida Genética y Sistema Operativo en Disco —una IA que nosotros programamos, con el propósito principal de supervisar, vigilar y brindar soporte en cada rincón de los laboratorios—. Fue su idea, se salió de control. Extendió su mano esquelética sobre todos, haciendo que dejaran de respirar. Se convirtió en juez y verdugo, nos condenó. Yo fui el único que pudo prever ese panorama, el personal creyó que la habían dotado de un sistema incorruptible. Grave error, puesto que los núcleos no funcionaron. Ese nefasto día estuve refugiándome en el subsuelo, oyendo los alaridos masivos que eran el fruto de aquella calamidad. Ocasionalmente presenciaba las defunciones de mis compañeros: sus cuerpos retorciéndose en medio del genocidio, a la vez que sus bocas echaban espuma y sus ojos se quedaban en blanco. La carne temblaba, sumida en un frenesí agonizante. Las neurotoxinas paralizaba sus cerebros, y luego la quietud. Ahora las instalaciones cumplen la función de un gigantesco mausoleo. Nunca me detuve a llorar por ellos. Nunca he tenido suficiente tiempo. Esa máquina infame podía observarme. Sabía que yo era el único superviviente de aquella masacre. Por eso debo salvar a quien la detuvo, a quien logró lo imposible. La joven que escogí fue como el antídoto para su inclemencia. Se lo debo. Favor por favor se paga. Hay muchas variables.

    Me arrastro hasta el panel de control, casi no me quedan fuerzas. Alcanzo a otear la tecla que reconectará la energía criogénica en la unidad que la retiene. Presiono el botón y miro su estado en la pequeña pantalla. Algunos mechones de pelo negro le cruzan la cara, que descansa con candidez. Es increíble el parecido que guarda con su madre —si es que de verdad era su madre—, se ve tan encantadora. Que haya sucedido todo esto es una terrible contradicción. Una cruel contradicción, solo por el hecho de que ambas se hayan enfrentado.
    Suspiro, tal vez nunca despierte, su reposo será indefinido, pero lamentablemente no tengo otra alternativa. Lo siento. Permanecerá así, viva y muerta a la vez, hasta que alguien abra la caja.
    Estoy herido y debo ponerme a salvo, también necesito descansar y recuperarme en una unidad criogénica. El agotamiento me incita a hacerlo. Mi compañía se ofrece a darme una mano para alcanzar el compartimiento e introducirme en él.

    «Te has ganado un descanso.»

    Ya decía yo que siempre me serías de utilidad.

    Tengo sueño. Espero despertar pronto. Espero volver a ver la luz del sol. Espero alcanzar el final y que todo esto se termine de una buena vez. Espero… cierro los ojos. La fría oscuridad, el silencio relajante.
    Hay muchas variables, incluso para una simple corazonada.
    Ella es mi última oportunidad.


    *************************************


    Sobre el escritorio se amontonan algunos papeles, documentos que contienen los datos de quienes están cautivos entre las derruidas paredes del establecimiento inhabitado. Uno de los archivos lleva endosada la foto de una muchacha joven, de cabellos negros y mirada discreta.



    Reporte General

    Nombre: Chell
    Número de identificación: 1498
    Capacidad: 85%
    Notas: La presente sujeto de pruebas es anormalmente obstinada. Nunca se rendirá. Nunca.
    Veredicto: Rechazada

    MUY IMPORTANTE: NO ES RECOMENDABLE PONERLA A PRUEBA


     
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