Muñeco.

Tema en 'Relatos' iniciado por Kiryuuin, 30 Diciembre 2013.

  1.  
    Kiryuuin

    Kiryuuin Hermandad Oscura

    Sagitario
    Miembro desde:
    4 Octubre 2011
    Mensajes:
    130
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Muñeco.
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    763
    Muñeco.

    31 de diciembre. Año nuevo.

    Realmente siempre detesté esa época del año, no por las celebraciones y eso, sino por el clima; mosquitos todo el día, bichos raros en todos lados, días sin salir de casa, tirado en el piso del living sin nada que hacer, todos pegotes, calor, calor y más calor. Insoportable. Un asco.

    Dejé el celular en el suelo después de cambiar de canción. Miré al techo en la oscuridad recostándome, cantando por mímica.

    Pero… Una lucecita.

    Comencé a buscar de dónde venía, revolviendo las sábanas y almohadas.

    Alcé una ceja, atontado, destapando poco a poco. Ah, el coso éste…, pensé mientras miraba como se prendía y apagaba. Había sido el teléfono y esa lucecita intermitente cada vez que agarraba buena señal; me había olvidado de eso.

    Suspiré, relajándome, dejándome caer hacia atrás. Qué bobo, pensé, riéndome de mí. Aunque el alarmarme era normal, ¿no?, y más en esas fechas. Tranquilamente podrían haber sido ladrones; nunca faltaban de esos tipos en las fiestas, saqueando a cualquiera, hasta por las calles sin importarles nada. Suspiré. Qué va…

    Otra vez, fijé los ojos al techo, con la débil iluminación que me daba el móvil dejándome ver cada tanto en tanto.

    … Un momento

    Fruncí el ceño, ladeando la cabeza.


    —Eh… Kai, ¿sos vos? —pregunté al aire, sacándome los auriculares de un tirón. La puerta. ¿No estaba cerrada?, pensé.Ahora estaba entreabierta.Ni idea de cómo, pero… ¿cómo ni siquiera la escuché? — ¡Eh! —intenté de nuevo, más fuerte. En serio, ¿tan sordo está? , pensé molestándome, ¡Y después me dice a mí que ni le escucho…!


    Mejor lo dejaba y ya. Sabrá Dios qué hacía ése.


    Volví a recostarme, resignado, pasando las manos debajo de la nuca. ¿Para qué me molesto? Ni siquiera me toma en cuenta, pensé masajeándome la cien con fastidio.

    ~~~~~


    03:47 AM. Primero de enero, leí mentalmente, mirando la pantalla del móvil. Sin sueño y aburrido.

    El sonido de las bisagras del cuarto de mi hermano hizo levantarme sin quejas, dejando todo de lado, otra vez. Esperaba a que saliese con facha de zombie entre la oscuridad del pasillo para vengarme. Ya le haría pagar.

    Pero, sin embargo, esperé y esperé, pero en ningún momento salió.

    Hice un mohín, destensando los hombros. ¿Será por la cerradura que esa cosa se abre sola?, me pregunté, rascándome la nuca. ¡Naaah!

    Refunfuñé por lo bajo, volviendo a medio-sentarme ayudándome de los codos, cansado. Intenté enfocar bien la vista en su puerta con la irritación pintada en la cara, dudando de si ir a ver qué pasaba o quedarme cómodo como estaba, o trataba de estar. Todo me había cansado lo suficiente como para lidiar con alguien. Pero…


    A… ah, ¡Kai! —exclamé con furia, tratando de no trabarme solo y sonar firme—¡Kai!—alargué a los gritos. Pero nada. Ni un movimiento ni ruido. Nada. Tragué duro, estrujando la sábana que me separaba del piso.— ¡Ya te vi! ¡Sal ya y deja de molest…—Intenté volver a gritarle.


    Intenté.


    Sentí cómo alguien me tomó por las muñecas de un jalón, dejándomelas por arriba de la cabeza, arrasando con la adrenalina y el horror.


    —¡¿Qui- quién caraj—

    —¡Ah-ah! —el desconocido negó lentamente con la cabeza. Quería gritar, gritarle a Kai que viniera a ayudarme, que me lo quitara de encima. ¡Kai! Tapó mi boca con la otra mano al adelantarse de ver que amagaba a gritar a todo pulmón, zarandeándome debajo de él.

    ¡Desgraciado!, pensé mientras jadeaba de dolor. ¡El maldito me había mordido la mandíbula! ¡Me las pagaría el infeliz!—¡Hey, hey…!—habló, clavándome las uñas alrededor de la boca. Ardía— ¿No querrás terminar como él, no?—Y dirigió su mirada junto con la mía hacia el cuarto de mi hermano, viendo como al fondo, estaba desangrándose. Como si estuviese mirándonos.

    No…

    ¡No, no, no, no! ¡No llores, idiota! ¡No llores…!, me suplicaba a mi mismo por dentro, forcejeando con el tipo ése. Me ardía la piel, me escocían los ojos. No podía más.

    ¿Qué hago?

    ¡¿Qué hago?!


    —Tranquilo, muñeco. Sé aprovechar.

    .
    .
    .

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    Digamos que no sé si los líderes dejan publicar éste tipo de cosas x'D
    Pero mejor intentar que quedarse con la duda. Gracias por leer!
     

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