Mitología Egipcia Miradas

Tema en 'Mitología, Leyendas y Creepypastas' iniciado por Jaizmar, 5 Marzo 2018.

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    Jaizmar

    Jaizmar Usuario popular

    Virgo
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    Escritora
    Título:
    Miradas
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2667
    Esta historia participar de la actividad "Por los dioses del amor" organizada por Paulijem.

    Miradas

    En la ciudad de Dendera, en la ribera Oriental del río Nilo, se estaba dando comienzo a un gran festejo en honor a la diosa Hathor. Desde tiempos antiguos los sacerdotes y sacerdotisas le adoraban por medio de su naturaleza artística; y aún hoy en día los habitantes de la ciudad siguen presentándoles sus alabanzas a los dioses.

    Con la llegada de la apuesta de sol, se dio inicio a los cantos y bailes característicos de la región. Conocida como la soberana de la danza y la señora del canto, nunca hacían falta las diferentes expresiones artísticas que ambientaban la velada.

    Cada una de las alabanzas presentadas tenían su significado. En el pasado, eran los sacerdotes y sacerdotisas quienes presentaban estos actos para venerar el Templo de Dendera, dedicado a la diosa Hathor —en especial las mujeres—; pero en el presente, esto ha ido cambiando con el tiempo, dando cabida a la participación de los habitantes de la ciudad.

    La música tenía una función mágica y protectora; los sistros —instrumentos tradicionales— ofrecían sonidos agradables para los dioses, mientras que los que tocaban los instrumentos tenían el propósito de atraer a los difuntos por medio de la música; esto nunca había cambiado. Aún con el pasar de los siglos, el significado seguía siendo el mismo.

    En el centro de todas las personas congregadas para ser partícipes en el festejo, las mujeres bailaban mientras aplaudían y eran acompañadas por el público, siguiendo el ritmo de los distintos instrumentos que son tocados en esa noche. No muy lejos de allí, observando a sus compañeras bailar, se encontraba Ain.

    Era una chica menuda de complexión sencilla, cuyos expresivos pero tristes orbes castaños observaban todo desde la lejanía. Le encantaba bailar y mover su cuerpo al son de la música; pero aunque fuera su pasión, no lo hacía tan bien como sus amigas. Ella creía que no era digna de unirseles y que de hacerlo sólo deshonraría el Templo de Hathor.

    Desde pequeños a los niños se les inculcaba un gran respeto hacia los dioses y sus costumbres, siendo este tipo de pensamientos muy arraigados en las personas debido a sus creencias y religiones. Al igual que había hecho ya muchas veces en ese día, exhaló un corto suspiro de resignación.

    —¿Qué está haciendo aquí sola? —escuchó que preguntaban a sus espaldas. Exaltada, giró rápidamente su cabeza para encontrarse con unos intensos ojos de color gris.

    —Y-yo...mmm... —de sus labios solo salían balbuceos ininteligibles, ocasionados por el nerviosismo y la sorpresa que le causaba la cercanía de ese desconocido—. Me gusta observar desde lejos —respondió al fin.

    El chico se le quedó viendo durante unos segundos, escrutando su rostro. Ain se sentía pequeña —más aún de lo que ya era— ante el intenso escrutinio del que estaba siendo víctima en ese momento. Se estaba preparando para alejarse de allí cuando escucho su tranquila voz de nuevo.

    —Debería unírseles.

    Sin comprender del todo a qué se refería, la aludida inclinó levemente la cabeza en señal de confusión. Él solo asintió en dirección a las chicas que aún seguían bailando en respuesta a su silenciosa pregunta.

    Comprendiendo lo que quería decir con eso se apresuró a negarse con un movimiento nervioso de manos y cabeza.

    —No, yo no... No sé bailar y tampoco quiero hacerlo —respondió de manera atropellada y sincera, o bueno, sólo un poco. La verdad era que se moría por hacerlo.

    —Eso no es lo que me ha parecido —le dedicó una pequeña sonrisa de lado—; ha estado viéndolas durante un buen rato —añadió.

    Ante ese comentario Ain solo pudo desviar la mirada ruborizada por haber sido tan obvia. Intentaba por todos los cielos no verlo a los ojos, aunque en ese momento se permitió darse un pequeño repaso de su apariencia, en la cual no había reparado antes. Tenía el cabello de color castaño y corto, pero parecía suave al tacto y sus facciones eran duras pero bien perfiladas. Y aún a pesar de su apariencia, tenía una presencia amable aunque un poco intimidante.

    —No podría hacerlo, no soy tan buena como ellas —murmuró cabizbaja.

    —No creo que eso sea cierto, tal vez se subestima.

    —¡Claro que sí, usted no podría saberlo! —exclamó—. Aziza posee una belleza exótica y grácil en sus movimientos; mientras que Akila transmite fuerza y emoción con cada paso que da —señaló, dejando salir en voz alta lo que pensaba—. En comparación de ellas yo... —titubeo en un susurro, interrumpiéndose a sí misma.

    Observó nuevamente sus dos amigas moverse al compás de la música en compañía de otras chicas, permitiéndose detallar todo lo que las rodeaba: los majestuosos edificios de antigua envergadura, los instrumentos tallados con imágenes representativas de la diosa Hathor y la emoción de los espectadores. El panorama no podía ser más hermoso, aún si ella no participaba, era un espectáculo digno de apreciar.

    Ella estaba satisfecha con que todo fuera así, lo que no comprendía era el inusual interés de ese chico en ella y en su deseo de querer permanecer a solas por un momento.

    —De todos modos, no sé por qué le digo esto. —Cruzó sus brazos bajo sus pechos a manera de defensa, por lo expuesta que se sentía—. No lo conozco siquiera; así que no es de su incumbencia.

    —No deberías compararte con ellas —comentó, ignorando por completo sus palabras—. Sí es algo que te gusta y quieres hacerlo, ¿no deberías intentarlo?

    —Sería una deshonra, por sí no lo sabe se le da gran importancia a la música y el baile que son presentados como ofrendas a los dioses —respondió enfadadada por su insistencia y su obvia falta de atención a sus palabras—; es una tradición.

    Criada en una familia con arraigados principios religiosos, habían veces en las que no podía dejar de lado sus creencias.

    —Lo sé, pero siempre he creído que es más importante hacerlo con verdadera pasión, deseo y adoración que simplemente hacerlo bien; después de todo la finalidad de la música y el baile es transmitir eso, ¿no? —rebatió. De alguna forma, le causaba gracia esa conversación y lo expresiva que era su interlocutora.

    Ain estuvo unos segundos modulando palabras insonoras en sus labios sin respuesta alguna, no podía negarle eso. Ella también lo creía así aunque no quisiera admitirlo, pero la vergüenza parecía hacer mella en sí misma de manera inconsciente.

    —B-Bueno... Sí, pero... no podría hacerlo, no con todas esas personas mirando —susurró apenada. Desde pequeña siempre le habían dicho lo mal que lo hacía y había tenido uno que otro incidente vergonzoso, así que no quería volver a pasar por ello. Se reirían de ella.

    —A mí me gustaría verla bailar —declaró como sí nada, sin siquiera inmutarse; ante sus palabras ella levantó su mirada sorprendida, encontrándose con su sonrisa y sus hermosos ojos—. Estoy seguro de que sería maravilloso.

    Ain intentó encontrar algún atisbo de burla o sarcasmo en sus ojos y expresiones, pero solo veía seguridad en sus palabras.

    —Eso no...

    —¡Ain! —escuchó que la llamaban, reconociendo la voz de su hermano quien le hacía señas para que fuera con él y su familia.

    —Yo... Tengo que irme —dijo nerviosa aún con sus palabras en mente, sin saber cómo despedirse o qué hacer.

    —Claro, ha sido un placer —respondió—. Adiós, Ain —le dedicó una media sonrisa altiva, dándose el placer de pronunciar su nombre.

    Un evidente sonrojo cubrió su tez de inmediato y como resultado de su nerviosismo se despidió con un último asentimiento de cabeza y salió corriendo hacia donde la esperaban. Sentía las orejas arder, pero aunque sonara tonto, su nombre siendo pronunciado por sus labios, le pareció el sonido más hermoso del mundo. Su nombre... ¡Ella no sabía su nombre!

    Se detuvo de súbito y agitada se volvió a preguntarle: — ¿P-podrías decirme... Cuál es tu nombre? —cuestiono ruborizada.

    Él, quien no había dejado de verla desde que se alejó, esperó unos segundos antes de responder: —Asim, mi nombre es Asim.

    Ain esbozó una leve sonrisa al oírlo, y estuvo a punto de hablarle nuevamente, de no ser porque la volvieron a interrumpir. Su familia la esperaba, y aunque tenía un fuerte deseo por conocer más acerca de ese misterioso chico, no podía simplemente ignorar a su familia. Aún en contra de su voluntad, le dirigió una última mirada y se fue para encontrarse con quienes la esperaban, perdiéndose de vista entre la multitud.

    —¿Con quién hablabas, cariño? —inquirió su mamá.

    —¿Yo? —dudó un momento antes de contestar—, solo... era un conocido.

    Su mamá debió de notar la duda en su voz —aunado a su nerviosismo — porque le dirigió una mirada suspicaz que claramente decía “Sí, claro”, algo le decía que terminarían hablando sobre eso luego. Las madres y su sexto sentido.

    En respuesta, Ain rodó los ojos y se dispuso a disfrutar del festejo junto a sus amigos y familiares; ya habían pasado varios minutos desde que se alejó de Asim, pero no podía concentrarse en lo que hacían a su alrededor, no como hubiera deseado. Sus palabras seguían presentes en sus pensamientos, y no podía negar que se moría por seguir su consejo.

    —Hija, ¿por qué no subes con ellas? —sugirió su progenitora; notando lo abstraída que la misma se encontraba y conociendo de antemano lo que había deseado hacer desde hace semanas en ese día.

    —Mamá, ya sabes lo mal que lo hag...

    —No puede ser tan malo, ve —la interrumpió su hermano, mientras que con la ayuda de su madre la llevaban arrastras al comienzo de la tarima.

    Intentó escapar pero sabía que no desistirían; y mientras lo hacían aún podía escuchar las palabras de su abuela burlándose de ella cuando quiso participar en el baile de su escuela y la burla de sus compañeros durante todo el curso al quedarse pasmada y caer.

    Tenía pánico, por más que fuera una de sus grandes pasiones, después de eso sólo lo hacía sola y encerrada en su cuarto; aunque eso no era secreto para su familia al parecer. Al ver lo que intentaban, sus amigas que estaban en el escenario terminaron de subirla a el.

    Traidoras —pensó.

    Al volver la vista al frente se encontró con la mirada de todos los presentes sobre ella también; algunos la miraban expectantes a la espera de lo que haría y otros simplemente disfrutaban del espectáculo que estaban presentando el resto de las bailarinas. Inconscientemente comenzó a temblar y se quedó sin hacer movimiento alguno; a lo lejos su familia y conocidos la incentivaban con señas para que comenzara a hacer algo, al igual que Aziza y Akila.

    Cualquiera que quisiera hacerlo podía subir al escenario y unirseles, pero sólo las que sabían hacerlo bien se animaban. ¿Qué podía hacer ella? No quería volver a pasar por una experiencia como la de su infancia, y menos frente a tantas personas. Estuvo a solo unos pasos de bajar y darse por vencida antes de siquiera intentarlo cuando su mirada se encontró con la de Asim.

    Éste la veía entre la multitud con una pequeña sonrisa y al ver que tenía su atención, le dirigió un pequeño asentimiento de cabeza como queriendo incitarla a hacerlo. No pudo evitar recordar sus palabras: «Me gustaría verla bailar. Estoy seguro de que sería maravilloso».

    No sabía por qué, pero creía en la sinceridad de sus palabras, y sólo... Lo hizo. En ningún momento volteó a ver la reacción de los demás, tampoco prestó atención a sí lo estaba haciendo bien o no, sus pensamientos sólo estaban centrados en mantener el contacto visual y en dejarse llevar por el sonido de la música.

    Ella no había prestado atención a más, pero Asim sí. Se deleitó con el movimiento de sus manos y el compás que seguía con todo su cuerpo; sí bien era cierto que no lo hacía con la misma gracia y habilidad que las demás, despedía un aura llena de presencia, emoción y alegría.

    Sus movimientos eran un tanto patosos y descoordinados, pero aún así se pudo dar cuenta de que todos aplaudían el valor que tuvo al subir ahí y dar todo de sí aunque no fuera perfecto, pero para él sí lo era.

    Desde la primera vez que la vio moviendo la cabeza y las manos al ritmo de la música, pero alejada de todos, causó una gran curiosidad en él y después de compartir unas breves palabras con ella esa curiosidad se transformó en un genuino interés. Nunca la había visto bailar, pero no mintió cuando le dijo que deseaba verla hacerlo algún día, ya que sí al bailar despedía la misma emoción y pasión que al hablar de ello, sería algo magnífico. Y no se equivocó.

    Ain no dejó de verlo en ningún momento, se encontraba en un trance del que no podía salir y tampoco quería hacerlo; pero cuando vio que él comenzó a aplaudir sin despegar su mirada de ella en ningún momento, fue consciente de lo que sucedía a su alrededor. Nadie se reía de ella, y sí bien todos podían notar la gran diferencia entre sus pasos y los de las demás, la estaban animando también.

    De sus labios salió un sonora carcajada que se convirtió en una leve risa. No se podía creer lo que estaba haciendo, pero era cierto, estaba sucediendo y todo era gracias a él. Su mirada de alguna forma le dio la fuerza que necesitaba junto a sus palabras; se sentía protegida de algún modo, y aún sí todos los demás se burlaban, al hacerlo tuvo la certeza de que él y su familia nunca lo harían.

    A la música integraron los sonidos de los sistros, los cuales eran usualmente utilizados en danzas o ceremonias religosas tradicionalmente, creando un ritmo mucho más alegre. La atmósfera había cambiado de alguna forma, todos se sentían en un ambiente mucho más ameno y llenos de gozo por algún motivo, pero solo algunos notaron el cambio repentino.

    Esa noche todos festejaron y adoraron a la diosa hasta que el cansancio hizo presencia y se sentían desfallecer. Luego de la valentía que demostró Ain al bailar frente a todos aunque no lo hiciera del todo bien, muchos más lo hicieron y se le unieron, incluidos algunos niños y adultos.

    Asim y Ain no habían dejado de buscar al otro en toda la noche, aunque no tuvieron oportunidad de acercarse y volver a hablar. Una vez que llegó el momento de retirarse, se vieron por última vez en esa noche, con la promesa en la mirada de volverse a encontrar. No sabían cómo, pero algo les decía que sin duda lo harían algún día.

    Hathor era comúnmente conocida como la diosa de las mujeres, la fertilidad, los niños, la danza y la música .... Pero sobretodo, también era conocida por ser la encarnación de la dicha, el romance y el amor.

    Ese día las estrellas brillaron intensamente, y muchos creían firmemente que era por la satisfacción de la misma diosa, quien recibía gustosa sus adoraciones. Sirius, la estrella más brillante vista desde la Tierra —con la que se vincula a la diosa—, no dejó de brillar hasta que las miradas de ambos jóvenes tomaron rumbos diferentes, tal vez para volverse a encontrar en otra oportunidad.
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    Es la primera vez que escribo algo sobre mitología, así que toda sugerencia o crítica es bien recibida. Algunos de los datos utilizados en la historia fueron sacados de internet, pero la historia en general es de invención propia.

    Aquí los significados de los nombres en egipcio:
    * Asim: protector
    * Ain: imperceptible
    * Akila: perspicaz
    * Aziza: mujer bella

    Todos por la A xD
     
    Última edición: 5 Marzo 2018
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    Pire

    Pire Usuario VIP Comentarista Top Coordinador de Actividades Genin

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    El nombre encaja perfectamente con todo lo relacionado a la historia, como unas simples miradas cargadas de mucho sentimiento le dieron la seguridad suficiente para subir y demostrar sus sentimientos a flor de piel.

    Me gustó mucho, todo el contexto que fue sencillo pero los encuentros de estos dos personajes, el interés inmediato que se formó en los dos, pude sentirlo como si lo estuviera viviendo y fue lo mas hermoso.

    Aqui aplicaría perfectamente el hecho de que no hagas caso a lo que las demas personas piensen de ti o a los malos comentarios, es tu vida, tus decisiones y solo a ti deben importante.

    La forma en la que narraste tan fresca, adorable, pura y encantadora me llevó a imaginar cada movimiento, gesto y sentimiento presentes, lo cual fue demasiado agradable. También el hecho de no poner perfecta a la chica es un gran punto a considerar.

    He notado unos simples errores que pasarán como errores de dedo, no son graves sinceramente.


    Me gustó mucho verte por aqui, espero que te pases mas frecuentemente (:

    Saludos
     
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    Paulijem

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    Aquí vengo, recién -acepto puñaladas (?- a dar mi opinión y pido disculpas por ello.

    Definitivamente me encantó como lograste complementar: la tradición, esta diosa egipcia, la mitología en general, el amor y el mensaje tan claro y tierno, entre esta pareja (o futura pareja) de ser, como dijo Pire, uno mismo para encontrar el amor sin importar los prejuicios o no existentes. Precioso, sin duda.

    Me alegra muchísimo que te hayas animado a participar en la actividad y que, por supuesto, hayas dejado esta joya por aquí. Me encantaría leerte más seguido por estos lares :3

    ¡Saludos!
     
    Última edición: 17 Marzo 2018
  4.  
    Tarsis

    Tarsis Equipo administrativo Comentarista supremo Usuario VIP Escritora Modelo Maratonista Genin

    Cáncer
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    Que placer leer algo tan bien elaborado y tan lindamente escrito. Oh, el amor el amor... cuando hay una atmósfera como la que fuiste creando, es un deleite de leer.
     

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