Erotismo Mililitros de emoción

Tema en 'Relatos' iniciado por Ruki V, 24 Marzo 2020.

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    Ruki V

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    Escritora
    Título:
    Mililitros de emoción
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    982

    En la gigantesca Isla Artificial de Caperoe, ubicada justo en medio del Océano Pacífico, vivían 50 millones de humanos, y 50 millones de androides. Y tú, en tu delicado tobillo de bailarina, tenías tatuado el número de serie 01545205; lo que significa que eras parte de los primeros cinco millones de androides que fueron diseñados y producidos para el uso personal de las primeras familias humanas que se asentaron en la isla (a diferencia de otros androides que se fueron produciendo en masa para su uso exclusivo como mano de obra, en fábricas, brindando servicios, haciendo trabajo de oficina, de choferes, etcétera).

    Tu dueña es una profesora de ballet en un colegio privado; una mujer joven, soltera, bella y apasionada por su trabajo. Con tu cuerpo diseñado para ser eternamente joven, esbelto y flexible (esto último dependiendo del mantenimiento que recibieras), a tu dueña se le ocurrió que podría enseñarte de todo para ser su perfecta profesora de ballet asistente.

    A pesar de ser uno de los primeros modelos de androide, tu inteligencia e independencia son bastante altas; eres capaz de tomar decisiones racionales, caminar por la ciudad sin perderte, ayudar a los humanos, todo con ayuda del internet y lo que aprendas de los mismos humanos. Pocas cosas eran imposibles para una computadora andante como tú.

    Una de las cosas que era imposible para ti, y no para los humanos, era tener emociones.

    Y por eso, otra de las grandes invenciones de la humanidad que te dio “vida”, son las muy populares emociones embotelladas: literalmente, sentimientos que se pueden comprar. Se diseñaron exclusivamente para el consumo de los androides, sabiendo que sus dueños querían que se comportaran más como humanos, incluso si sus efectos eran temporales.

    Así, un androide podía beberse una dosis de alegría para sonreír de forma genuina. Sin embargo, en busca de complacer a los humanos, se vendían todo tipo de botellas, incluso algunas que contenían emociones que los humanos no siempre querían experimentar, como por ejemplo tristeza, dolor, furia, sueño, miedo, calor, frío, desagrado, entre otras.

    También, hay que mencionar las emociones más solicitadas por humanos a los que se les preguntó en una investigación de mercado qué les darían a beber a sus androides: placer y amor. Era predecible que al producirse los primeros androides perfectos, habría dueños que preferirían cambiar la posibilidad de tener pareja humana por tener pareja androide.

    Normalmente, tu dueña te pide beber un sorbo de alegría para ayudarla en el trabajo.

    Y eso era evidente para las estudiantes: sabían perfectamente bien que eras un androide porque habían visto el número de serie en tu tobillo, y habían visto tu falta de expresión antes de empezar a consumir la emoción embotellada. Sonreías con naturalidad, parecías más amable, les agradabas más a las niñas pequeñas que atendían a la clase de tu dueña.

    Lo que nadie sabía era que, tres noches a la semana, tu dueña también te pedía, de forma amable y “sin obligarte”, que bebieras una buena dosis de placer embotellado, y dejaras que ella te enseñara cómo disfrutaban la vida dos mujeres humanas atraídas una por la otra. Con sus manos, con juguetes, completamente desnudas, en lencería muy seductora.

    Técnicamente, no estabas obligada a hacerlo. La primera vez que lo bebiste, tu dueña de verdad te preguntó si estabas dispuesta a hacerlo, asegurándote que no se enfadaría si le decías que no. Tuviste que decirle que si quería una respuesta más honesta, tendría que darte un día para “pensarlo”; para investigarlo. Tenías tus dudas sobre lo que implicaba.

    Investigaste en internet muchas cosas que se fueron interconectando, empezando por la pregunta de qué era el placer. Y luego la de qué era el sexo. Y cómo funcionaba el sexo entre dos mujeres. Después te desviaste a preguntarle al internet si alguna vez salieron al público casos en que un androide se negara a una “petición” así y las cosas salieran mal.

    Nunca habías probado el sabor del miedo, pero internet te inclinó a decir “sí” a tu dueña.

    Entonces, te convertiste en una de tantas androides que recibían sonrisas incómodas por parte de las mujeres y risas cómplices de los hombres que trabajaban en las tiendas de emociones embotelladas, lencería, juguetes para adultos, de donde tu dueña te pedía comprar cosas para sus noches de placer juntas. Pero nunca habías probado la vergüenza.

    Cada mañana después de dormir en la misma cama con tu dueña (en lugar de dormir en tu propia habitación, como normalmente hacías), el efecto del placer líquido se disipaba por completo y lo que había pasado en la noche se quedaba como un recuerdo en tu memoria de androide. Un recuerdo que durante el día no te hacía sentir nada de nada.

    Pero lo recordabas. Estaba permanentemente grabada en tu tarjeta madre cada vez que tu dueña había acariciado tu piel sintética, besado tus labios, usando sus dedos dentro de ti en busca de intensificar los efectos de la bebida mágica. Recordabas su voz susurrando en tu oído el nombre que te ella misma te dio. Recordabas cada centímetro de su cuerpo.

    Si bien ella sabía aprovechar al máximo las horas en las que conocías el placer artificial, también te había enseñado a devolverle el favor. Habías memorizado donde estaban sus puntos sensibles. Sabías cuándo ser delicada con ella y cuándo morderla. Aprendiste qué juguetes y atuendos eran sus favoritos de usar, y también los que prefería que tú usaras.

    Sin embargo, aquella vez que investigaste sobre el sexo, te habías ido por las ramas y leído que muchos humanos asociaban el cato de tener relaciones sexuales con el amor; que las personas enamoradas lo hacían porque se sentían traídas físicamente una por la otra, pero también porque simbolizaba una “entrega” completa, “en cuerpo y alma”, al parecer.

    Si era el caso, entonces ¿por qué tu dueña nunca te había pedido que probaras el amor?
     
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