Luz y sombra

Tema en 'Guerras Genpei' iniciado por Amelie, 10 Enero 2026.

  1.  
    Nekita

    Nekita Amo de FFL

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    Akihito Shishio

    Había negado con suavidad cuando le reclamó, lo miraba con compasión y entendimiento de lo que estaba sintiendo, aunque no entendía muy bien qué era lo que lo rodeaba o como funcionaba estaba cien por ciento seguro que no se trataba de una prisión o sometimiento porque Rengo no era esa clase de persona, no lo privaría de algo que quería ayudarlo obtener y esperaba que ese gesto se lo comunicara.

    Ante la petición de matarlo no tuvo más opción que negar con suavidad su cabeza, si Rengo ansiaba liberarlo de Shi no creía que matarlo fuera hacer algún bien, menos cuando la caída de un dios ya había hecho una situación como esta, no quería imaginar lo que pasaría si eso pasaba con otro, además... no era algo que él tampoco deseara, aunque quizás el dios no lo considerara de esa manera él si le tenía un aprecio y no quería simplemente que muriera, sería perder otro amigo.

    Con todo eso pasando no esperó escuchar la voz de Takeda, pero sus palabras lo hicieron formar lo más cercano a una sonrisa que le fue posible, un abrazo sonaba mucho más a Rengo... y que fuera una mala para lograrlo le hacía mucho sentido.

    El nudo que se había formado en su garganta con fuerza luego de haber podido decirle todo lo que pensaba a Yuzuki hizo que no pudiera intervenir mucho más de intercalar miradas con Mara y Rengo, asintiendo a cosas en las que estaba de acuerdo con ella para que supiera que no era simplemente un comentario aislado, que él también lo creía aunque no sabía muy bien si eso siquiera haría una diferencia o traería algún consuelo al dios.

    Quizás era que se negaba a procesarlo del todo, quizás era que sentir tanto en tan poco tiempo lo hacía sentirse más lento con todo lo que pasaba a su alrededor pero tardó un poco en entender lo que Yuzuki quería de él, sin comprender que fuera siquiera posible para ella querer soltarlo y confiarle el cuerpo de Rengo aunque pudiera tener todo el sentido del mundo. Sus manos temblaban pero en ningún momento lo dejó caer o lo mantuvo lejos de su pecho, incluso si sintió que aquel golpe de frio repentino que le arrancó el aire de sus pulmones momentáneamente.

    Pesaba mucho, la muerte.

    Y las lágrimas que caían sobre él continuas y sin intención de detenerse conforme seguía escuchando lo hacían sentir como si poco a poco fuera a pesar más y más entre sus brazos.

    —Fue un gran regalo... —Logró decir con voz entrecortada, apenas un susurro que con suerte ella escucharía por la cercanía que tenía en esos momentos, abrazando todavía más a Rengo contra su cuerpo. —Debería agradecerle a él por hacerlo... para mí fue tan fácil... debí hacerlo más intenso. —Haber dado el paso desde antes, no cuando creyó que se le escaparía de las manos, pero ya nada podía hacerse y tampoco podía arrepentirse porque el resultado era algo que adoraba por muy poco que durara.

    Las conversaciones siguieron y él tan solo se dedicó a ir limpiando el rostro y manos de Rengo con un pañuelo que llevaba guardado, sus lágrimas sin querer ayudaban a que la tarea de ir despejando sangre fuera un poco más sencillo. Era una imagen bastante similar a la que tuvo en las Islas Oki, aunque seguía haciéndolo con el mismo cuidado y delicadeza, como si temiera despertarlo de su descanso en algún momento por sus movimientos aunque supiera que nada de eso iba a cambiar.

    —Lamento no tener ropa limpia esta vez y que lo único que pueda hacer sea esto... —apenas murmuraba, las voces ajenas hablando de otras cosas ocultaban su voz —, si lo hubiera hecho seguro en estos momentos de nuevo podrías molestarme con eso... y yo inventaría mil excusas para no darte la razón o cambiar el tema... —Terminó de limpiar sus manos y las apretó un poco, quería que sonara ligero, casual de la manera en la que él siempre aligeraba los momentos tristes con su humor pero dudaba que lo estuviera consiguiendo.

    Con cuidado fue moviéndose junto con Rengo para alejarlo un poco de su charco de sangre y una vez que sintió que estaba en una distancia adecuada se fue retirando su haori, doblándolo con lentitud al realmente solo poder hacerlo con una mano, pero cuando estuvo listo lo colocó sobre el suelo a una altura donde sabía que eventualmente quedaría debajo de la cabeza de Rengo, después también deshizo el nudo del listón que sostenía su cabello para que pudiera estar algo más cómodo y con mucha delicadeza lo fue acomodando en el suelo para que reposara.

    —Volveré en un momento... ¿sí? —Volvió a besar su frente antes de levantarse, y mientras caminaba ahora hacia Mara, guardaba aquel listón en el frasco donde lo había mantenido seguro la primera vez. Su andar era algo inestable al sentir que sus piernas temblaban con cada paso pero, al estar lo suficientemente cerca del dios simplemente lo abrazó.

    No pidió permiso de la misma manera en la que Rengo nunca pidió alguna clase de confirmación para hacerlo, también estaba seguro que el dios lo necesitaba también ahora que estaba obligado a sentir como un humano y cuando pasaron unos segundos de eso, se separó mirándolo a sus ojos.

    Ya casi todo estaba dicho, ya solo quedaba cumplir su voluntad.

    —El tiempo le ayudó a construir a Rengo una red de personas que no solo iban a estar a su lado, si no que también iban a poder acompañarte a ti cuando te sintieras listo... —Sabía que era difícil aceptar nuevas personas, pero confiaba que eso también era una intención de Rengo —Ninguno de nosotros te dejaría solo, así mismo ninguno quiere destruirte porque eso no es algo que Rengo hubiera deseado, mucho menos querido, y... porque yo también te considero un amigo, se que entre nosotros podremos... eventualmente, recuperar nuestra paz. La misma que tu me diste cuando estaba a punto de morir, la misma que le diste a él cuando le permitiste al escucharme para que se sintiera acompañado.

    —"El peso de la muerte siempre debe recordarse, cada vida; cada instante. Una vida no simplemente desaparece, debe siempre estar presente en la mente de aquellos que la recuerdan". Eso escuché cuando te pregunté por shi no omo-sa...—Con lo último que había visto de Hoshi sentía que ya no le molestaría tanto escuchar aquello —Ahora lo entiendo un poco más y se que todos nosotros, incluyéndote lo harán como lo mencionó Togashi y nos servirá de impulso para ir sanando nuestros corazones.

    Dio media vuelta no en dirección a Rengo, pero para aquel desconocido que ahora llevaba a Shi y con delicadeza colocó su mano sobre el mango, pidiéndole un permiso silencioso de llevársela —Deberías ir con él también, decir todo lo que necesites, aunque estoy seguro que no necesitaría perdonarte de nada. —La deslizó de su agarre y la llevó con una de sus manos bajo el mango y la otra sobre el filo para llevarla con respeto hacia Togashi y sostenerla para que pudiera cumplir la voluntad de Rengo.

    —El odio, el miedo, la desconfianza, los engaños, la soledad es lo que ha hecho que esta tragedia suceda —dijo en dirección a Kohaku, tratando de responder con eso su pregunta que había quedado al aire —. Ambos encontraron respuestas a sus preguntas, dijeron lo que estaba escondido en sus corazones y llenaron los huecos que necesitaban para tener una imagen completa de como habían terminado así... E incluso con todo eso no lo miró con odio, ni planeaba tomar su vida para liberarlo con ese sentimiento porque no iba a valer la pena, así que por hoy, lo mejor será dejar ese sentimiento atrás.

    Por mucho que doliera, por mucho que quisiera culparlo, enojarse, gritar... Si lo había visto tan claro y Rengo no lo había odiado ni siquiera en sus momentos finales, ¿cómo podría hacerlo él? ¿Cómo podía aferrarse al odio si también había podido escuchar cómo siguió hablándole desde un espacio del querer y la preocupación? Era complejo, demasiado. Pero tenía que hacerlo.

    Volvió a mirar hacia Mara.

    —Tu pelea sigue siendo contigo mismo, Kuroki... espero que puedas florecer en algún otro jardín donde puedas vivir sin que te usen de nuevo. Se que confiarás y ayudarás tú también a cumplir su voluntad. —Alzó la espada hacia Togashi, asintiendo hacia él para que la rompiera.

    Era momento de liberar al dios.
     
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    Kohaku Ishikawa

    La bruma de mis emociones se disipó lentamente, como las paredes de denso miasma que nos encerraban aquí. Intenté contrastar la información en las misivas de Yuzuki con lo que existía frente a mí. Mi confusión era palpable, casi angustiosa, y lo primero que me pregunté fue por qué parecía ser el único sintiéndola. Ese era Mara... y también era Kuroki. Togashi poseía una katana capaz de romper a Shi y liberar al Dios de la muerte. Observé el inmenso árbol negro que trepaba detrás de la criatura y acabé viendo al eclipse. Akihito hablaba.

    La misma que le diste a él cuando le permitiste escucharme para que se sintiera acompañado.

    Y comprendí.

    Agaché el rostro y clavé mi mirada en Mara. Un torbellino diferente arreció, irracional, egoísta. Entendí por qué era el único confundido, por qué nadie había hecho la misma pregunta que yo. Akihito se desvió hacia Byakko, quien cedió la espada, y me esforcé por reconciliarme con lo que sentía. No sabía si tenía derecho, no lo sabía, pero de repente estaba... tan enfadado. Tan frustrado.

    —Esperen... —farfullé, y la intención se ahogó en mi garganta.

    ¿Liberar a Mara? ¿Era prudente? Si ese shikigami existía para contenerlo, para abrazarlo, ¿qué ocurriría con la criatura si Mara la abandonaba? Dioses, ¿ese... ese era Kuroki? Quise detenerlos, quise pedir explicaciones, quise... Quería gritar. Quería reclamarle a Mara el haberme excluido, el haberme negado la mera posibilidad de despedirme de Rengo. ¿Por qué era? ¿Por mi energía? ¿Por mi padre? ¿Qué maldita culpa tenía yo de todo eso? Quería pedirle a todos que lo pensaran con mayor detenimiento, pero... sólo era yo, ¿verdad? Togashi y Akihito exhibían la seguridad de quienes maduraron su decisión por largo tiempo. La verdad era sencilla y me abofeteó en la cara.

    No tenía nada que hacer aquí.

    Aún si decidían con el corazón, aún si sólo pretendían honrar la voluntad de Rengo, ¿quién era yo para imponerme? Habiendo negado el poder de Kusanagi, el poder de Seiryu, incluso... Quería ganar esta condenada guerra bajo mis propios términos y liberar a Mara seguía la misma lógica. ¿Qué podía decir de un Dios que me despreciaba, de todos modos? No. No tenía la fuerza ni el derecho. Esta misión jamás me había pertenecido.

    Sólo era mi propia vanidad.

    Empuñé la daga de obsidiana en mi mano con fuerza y me acerqué a aquella criatura, despacio. La observé largo y tendido, detallé las cuentas del mala, las facciones grotescas, y también la inspeccioné a través del arma por si acaso. Aquí estaba la persona que había matado a mi padre y a Rengo, aquí estaba el Dios que siempre me despreció y privó de una importante despedida. Envueltos en miasma, en dolor humano. Recordé nuestra conversación de aquella vez, en los bosques de Niigata, cuando Rengo había sellado sus emociones y reemplazado a Takeda en Mito. Había acudido a su sangre para hablarle, sin saber qué otra cosa hacer, y él...

    —Dime una cosa, Mara —pedí en voz baja, serena—: ¿Rengo se equivocó al confiar en nosotros? ¿Lo vimos como una simple herramienta? ¿Forzamos una máscara sobre su rostro?

    ¿Cuál es el refugio que quieres darle?

    Terminará muerto si regresa a ustedes.

    Tomé aire, conteniendo las lágrimas, y regresé brevemente al pasado. Era invierno en mi villa, el aire me quemaba en el pecho y cuando alcé ese trozo de hielo hacia el sol, el dolor desapareció por completo.

    —Tal vez hayas tenido razón, pero... —Miré a Akihito—, no significa que haya sido incorrecto. El amor que Rengo recibió, el que aprendió a reflejar... —El hielo había descompuesto la luz, bañando la nieve de tonos magníficos—. Se proyectó en todas estas personas, como un prisma. Personas que quieren honrar su voluntad y ayudarte a escapar de tu largo encierro. ¿Algo de eso habría ocurrido si no regresaba? Tal vez, tal vez no.

    Fui recorriendo a todos con la mirada conforme hablaba, uno a uno. Suspiré.

    —Habría deseado que me llames —admití, y algo en la confesión se enterró en mi pecho—. Habría deseado poder hablarle a Rengo, no tienes idea cuánto. Tal vez algún día, de alguna forma. Habría deseado... llevarme mejor contigo. ¿Alguna vez te pregunté por qué me desprecias tanto? —Reí sin fuerza—. Ya no importa. Tomaste tus decisiones y... no es que pueda perdonarte ahora mismo, pero sé que eventualmente lo haré. Lo haré, pues todos nos equivocamos. Dioses y humanos.

    Retrocedí algunos pasos.

    —Es tu hora de ser libre, Mara.

    Y me giré, regresando a mi posición original.

     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

    Leo
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    Yuzuki Minami

    Si había preguntado qué pasaba si alguno de nosotros tomaba a Shi era justamente porque quería evitar más desastres, más errores que costaran vidas, y justo por eso no le prometí al Dios que lo liberaríamos o que no lo mataríamos y ya, dije que buscaríamos otra forma de hacer la cosas. No le había hecho una promesa vacía a Hayato, al mismo Rengo y ni siquiera a Takano, tampoco se la haría a Mara. Quería que pensáramos esto, que lo entendiéramos mejor, sin embargo, se nos acababa el tiempo, ¿verdad?

    La única verdad que dije fue la que sabía provenía del actuar de mi hijo y la que provenía de mi propio conocimiento, de la verdad que se me había revelado en Shizuoka y lo que comprendía, en silencio, cada vez que oía la voz de Mara. Para Ren era un amigo y por eso, por eso la prioridad era él y no la criatura resentida, mortal, en la que estaba atrapado. En ese mismo espacio escuché la voz de Kohaku y no supe... No logré formular más palabras, pero asentí con la cabeza.

    Sí, lo hizo.

    Kato había aparecido, no sirvió para otra cosa que avivar lo que sentía en medio del vacío y no comprendí una buena parte de lo que sucedió. Me callé de nuevo, esta vez porque no pensaba hacer un despligue frente al cuerpo de mi niño, Byakko le pidió perdón a Rengo y yo regresé la mano a mi espacio, todavía frente a la criatura. Togashi también nos había alcanzado, habló y dijo que cumpliría la promesa. Ya habíamos estado por liberarlo una vez, pero ahora, ¿era el momento correcto? No lo sabía.

    La respuesta de Aki fue más benevolente de lo que habría sido la mía, no supe si más centrada, pero por ello no abrí la boca incluso cuando creí que podía hilar un pensamiento. Rengo había venido aquí para obtener respuestas y estaba bien, si Ren había podido mirarlo sin odio, si había podido llenar un vacío, ser honesto o lo que quisiera y necesitara, pero Kuroki, de todas formas, me había dejado aquí un cuerpo sin vida. Yo no iba a dejar mi sentimiento atrás, porque al final del día a pesar del lazo que nos unía Rengo y yo éramos seres separados. La bondad desgarradora era algo de Rengo, no mío.

    No había fuerza en el mundo que me arrebatara las emociones que esto generaba.

    Ojalá en otra vida Kuroki pudiese... no ser esto, ojalá nosotros hubiésemos podido frenarlo, pero los errores se habían cometido en ambas direcciones y tampoco iría a negarlo. Nadie era inocente ni perfecto y cada uno debía hacerse responsable de esas decisiones, era lo que intentábamos. Retrocedí sin dejar de pensar en ello, la convicción de Togashi y de Aki por liberar a Mara quería impulsarme a creer que era lo correcto, pero desconocía qué pasaría con Kuroki una vez fuese separado del dios y, si me lo preguntaban, yo no quería volver a tener una bestia así encima de mí.

    Kohaku se había acercado también, inspeccionó a la criatura y el resto de sus palabras me hicieron pensar en lo frustrante, lo enfurecedor que debía ser saber que Mara no había acudido a él también. No dije nada, me limpié las lágrimas por incontable vez y miré a la criatura de reojo, casi cuestionando su decisión. Al ver a Ko y a Rengo creía que, al menos, habría merecido la misma oportunidad que nosotros, pero ya no había nada que hacer al respecto.

    Respiré con pesadez, volví con el cuerpo de Rengo que Aki se había ocupado en arreglar y hablé mientras me arrodillaba a su lado de nuevo.

    —Liberar a Mara puede implicar que Kuroki recupere el control sobre sí mismo y hace apenas unos instantes casi me mata —dije hacia nadie en particular y me tragué el comentario, ácido y resentido, de "como acaba de matar a Rengo"—. Puede que el mala lo contenga también, pero no sabemos por cuánto ni cómo. Fue capaz de atacarme a distancia también, no sé si por la conexión contigo, Mara. El punto es... cada uno es responsable de poder ponerse a salvo si parece que corremos peligro. Ren no querría que muramos aquí nosotros también.

    No podremos quedarnos aquí, ¿pero y su cuerpo?

    ¿Cómo... cómo lo dejaría aquí, en el suelo, en la oscuridad?

    Solo.

    Se me anudó la garganta y con cuidado de no deshacer nada de lo que Akihito había hecho, tomé a Ren de nuevo. Lo abracé con fuerza y esta vez fui yo quien depositó un beso en su frente, luego otro en su mejilla y volví a abrazarlo. Al regresar su cabeza al haori me quedé mirándolo, cediendo a las lágrimas una vez más, y después de pensarlo extraje a Ankoku de su saya y tomé un mechón fino de su cabello, de los pocos que habían escapado de la sangre, y lo deslicé por el filo del arma, desprendiéndolo de él. Con una venda lo até con fuerza a la saya del arma, como el talismán que seguramente ahora ni siquiera tenía efecto alguno. Era parte de mis pequeños recuerdos, junto a la nota de Kamakura y la rana de papel.

    No la sangre que me había empapado la ropa.

    Kero kero, dice la rana —murmuré junto a una sonrisa melancólica, como si fuera un secreto entre nosotros, y recordé el principio de la nota—. Kaeru. Volver, regresar. Algún día volveremos a vernos, algún día, quizás, seré tu madre de nuevo y podré darte todo lo que no pude en esta vida. Espérame hasta entonces, mi vida, y por favor... Intenta no romperme el corazón de esta forma de nuevo, ¿quieres?

    Hubo otro momento de debate en mi cabeza, existió más que nada porque estábamos rodeados de personas y al final pensé que eso no debía importarme. Tomé aire y deslicé el listón que ataba mi propio cabello hasta mi pecho sin soltarlo, atrayéndolo al frente, y maniobré mi brazo incompleto y el arma para poder deslizar el filo y luego aplicar fuerza en el movimiento. Las hebras cedieron a un corte irregular y la coleta cayó frente a mí, oscura, como había sido el cabello de Rengo alguna vez. No respondió a nada, solo fue una idea, un capricho, una forma de aliviarme, quizás, y sentir que no lo dejaba solo. Le entregué el ritual que nos había unido.

    —Iremos hasta el final juntos —repetí mis propias palabras y acomodé la coleta de cabello junto a él después de regresar a Ankoku a su saya—. Sea cual sea.

    Le di un último beso y contra mis deseos, me incorporé de allí para caminar hacia Takeda y Takano. Le di un toque en el brazo al primero, indicándole que me dejara ocupar su lugar para sostener a Takano. Lo estreché con fuerza, no busqué que detuviera su llanto ni yo detuve el mío, pero pude intentar consolarlo mejor que antes. No insistí en que se acercara a despedirlo si no estaba listo, simplemente le ofrecí mi calor para que al menos el dolor no se sintiera tan solitario.

    Una vez Mara fuese libre, tendríamos que irnos, lo sabía.
     
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    Gigavehl

    Gigavehl Equipo administrativo

    Cáncer
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    Kuroki

    Todo se había ido a negro, mis garras penetraron ya no solo su piel... Si no su corazón.
    No solo era determinación o shock... Era también muestra de que internamente había perdido la pelea, no solo contra el Kuroki que quería detener todo eso, si no también contra el Dios.

    Sabía que el remate debía ser ahora o nunca, que unos segundos más y ya no sería yo... Mara había cometido el error de centrarse tanto en mí que al arrebatarle a su recipiente, todo se le torció.

    Mi jugada final... Había funcionado.

    ... Y sin embargo, lo que creí que sería aún así el juicio final, la sentencia, la clara muestra en pleno lecho de muerte como me sucedió a mí... No sucedió.

    Su verdad, su honestidad... Su luz, brillaron con más fuerza que nunca, con una honestidad aplastante... Con una calidez el cual me recordaron a alguien más... Algo, que me hizo olvidar debido a todo el caos y odio que me hicieron renacer como Yokai.

    La sorpresa había sido tal como cuando me había enterado en el Meido que estaba casi completamente solo.

    Ver de nuevo a Rengo... De nuevo con su cabello negro; tal como lo conocí aquella primera vez. Me habló, y yo solo estaba hecho un mar de lágrimas.
    Dolía... Dolía porque genuinamente yo no quería hacer esto, aún sabiendo que era inevitable enfrentar a Rengo si seguía con Gendo y los suyos, dolía porque al final del día esto estaba contra mi naturaleza, dolía... porque ya veía el grado y número de errores cometidos en tan poco tiempo, y del que me estaba autojustificando porque estaba cegado por el odio, por el dolor, por el sentimiento de traición...

    Dolía porque era igual o puede que mayor al dolor que experimenté cuando mi hogar fué exterminado.

    El evento me había marcado mucho más de lo que jamás pude prever, me había plantado la semilla definitiva del odio y furia del que creí que Shiori me había arrancado, pero... No fué algo que ella no pudiera quitarme, fué algo del que sin darme cuenta, no quise que me quitaran.

    Porque sentía que sin querer venganza, entonces... Sería como estar muerto en vida.

    No supe ver que otros me lo querían arrancar, tampoco fuí consciente que poseía ese grado de odio, fuí tan ignorante, y después tan orgulloso que no pude verlo. Y ahora que por fin lo podía notar tan claramente... Era tan tarde.

    ¿Porqué siempre me daba cuenta tan tarde?

    Aún así, podía sentir cómo Mara seguía despedazando mi mente; el entorno... de alguna manera me era familiar, y las ramas que caían, las cuales debían golpearme, eran detenidos por Rengo, como si quisiera protegerme incluso de eso pese que... yo había decidido matarlo.

    Me extendió su mano, y me pidió que confiara en él, ahora mismo. Esas simples palabras, ese simple gesto... por irónico que fuese, por frustrante o inclusive absurdo que resultase... Con eso bastó.

    Volví a llorar, y por fin... En toda la pelea, pude extender mi mano, y sujeté el suyo no solo con fuerza; como de alguien que estaba por ahogarse, si no que pude sentir inclusive su calor, su tacto... Su honestidad.

    Pude sentir lo que tanto necesitaba... Un simple gesto de alguien que lo dejaba absolutamente todo, inclusive su vida, por querer salvar algo tan... evidentemente irreversible, insalvable.

    Y por fin me dí cuenta, tan tarde, del último error que pude haber cometido... El cual fué haber decidido llevar todo esto hasta este grado

    Al final, solamente continué llorando, bajando levemente la cabeza, y recibí un beso en la frente, uno que se me hizo vagamente familiar, volví a mirarlo; y pude escucharlo con claridad...

    "Arranca el miasma; devuelvenos el sol"

    La sensación... Las palabras... La sinceridad, todo hizo un cúmulo tal de cosas que me dejaron helado, me le quedé mirando, sorprendido como confundido; incapaz de comprender a lo que quería llegar con eso, y poco después, solo presencié como se desvanecía lentamente, perdiendo en el proceso su tacto, su calor... Quedándome solo una última vez en dicho plano.

    —Espera...—. Murmuré, torpe, confundido como aún atontado—. Espera, Ren. ¡¡Espera!! ¡Por favor!—. Exclamé con desespero, entre por genuina confusión, como también por mero descontrol debido a cómo Mara estaba masacrado mi mente.

    >>N-No... Espera... Es que... Creo que al fin entiendo algo importante—. Supliqué inútilmente, hacía una persona que no solo le había quitado la vida, si no hacia un metafórico borde del que intenté aferrarme en vano.

    Ya era demasiado tarde... Ya no había más nada que hacer.

    Quedarme en ese vacío, solo me provocó una sensación de desolación como de impotencia terribles. No por lo que acababa de hacer, si no por justamente haber comprendido tan tarde lo que tanto Rengo me insistía hasta hace poco; a lo que se refería con haberlo buscado a él, con que varios intentaron genuinamente desviarme de este camino, con que lo que me hice había sido horrible...

    Ahora lo entendía... Y ahora no podía hacer nada por revertirlo...

    Entonces... ¿Porqué pedirme eso?

    ¿Porque quería que me esforzara en algo que implicaría algo más que solo buscar el modo de devolver a Amaterasu?

    Aquella sensación, entre la confusión, desolación como contradicción me invadieron, hasta tal grado que reavivaron las llamas que me hicieron renacer como Yokai, seguía en shock, sí, pero también estaba horriblemente confundido.
    No entendía cómo debía afrontar eso, no entendía cómo debía de pronto buscar el modo, ni mucho menos colaborar incluso con el resto para conseguirlo, si es que pretendía eso.

    Ese dilema... Solo disparó lo que vendría después.

    Mara miró el ahora cadáver de Rengo, se descontroló, sintió, sufrió como humano, como un mortal... Y luego vino el shikigami.

    Su poderoso y firme abrazo solo me hicieron rugir a la par del Dios, no fué hasta ese momento que pude reaccionar y sentir de nuevo todo. Lo que me rodeaba, lo que sentía... Y la amalgama de cosas no solo de Mara, si no también los propios.
    El cuerpo no me respondía ya, no respondía a mi voluntad, no reaccionaba como yo quería, y lo entendí...

    No solamente tenía mi mente sometida... Mi cuerpo... Ahora era una vasija.

    Las memorias fluyeron, pero no las mías... Si no las de Mara, podía verlas e incluso sentirlas como si fuesen propias... Y poco a poco fuí perdiendo el control a su lado, incapaz de detener el flujo de memorias como de odio, pero al mismo tiempo, tampoco podía detener la sorpresa y confusión de la última voluntad de Rengo, no podía detener nada, no podía actuar libremente...

    No podía hacer nada más que solo compartir un mismo cuerpo con alguien que también ya odiaba.

    Todo eso me hizo soltar el mismo alarido de Mara, la ola de recuerdos, propios como ajenos; así como las emociones por detrás solo me hacían actuar por reflejo, incapaz ya de entender y diferenciar qué era mío genuinamente como qué era de Mara; una verdadera tortura...

    Una realidad que no podría eludir de ninguna manera.

    Al final, acabamos sometidos por el mala, arrodillados, con una amalgama de emociones que saltaban tan rápidamente de una emoción a otra que era tortuoso, me era imposible entender nada, y al mismo tiempo entendía todo.

    No... Definitivamente no podía acabar así...

    En algún momento, pude dejarme llevar, o creí dejarme llevar por la ola de emociones, ya que Mara empezó a actuar por mi, y yo al no sentir posibilidad alguna de poder cambiar eso, comencé a sentirme resignado...

    En realidad, me dí cuenta que estaba resignado desde antes de que Mara pudiera poseerme por completo, y ese sentimiento estaba porque ya había dado por sentado que no podría volver a hacer nada por mi cuenta ya, que mi ser no volvería a pertenecerme jamás. Y aún así... aquí estaba, de alguna manera.

    <<¿Porqué... Sigo vivo..?>>

    Pensé, terriblemente confundido, a lo que acabé observando en silencio todo lo que Mara hacía, lo que decía en respuesta, lo que cada uno expresaba conforme iba llegando.

    Observé la desolación y dolor de cada uno, cómo cada quién lidiaba con la cruda realidad, cómo lidiaban con el duelo, como se dejaban todo; lamentando, sufriendo.

    Lo que antes debió ser definitivamente gozo como Yokai, ahora... Ahora era definitivamente extraño.

    No había gozo, no había dolor... Pero tampoco neutralidad.
    Estaba en un punto moral y anímico que simplemente no era capaz de entender, no me sentía culpable, pero tampoco inocente. Tampoco simplemente vacío sin más.

    Y estar saltando repetidamente entre una emoción a otra solo lo empeoraba, no ayudaba a que pudiera encontrar algún sentido a todo eso... tampoco a algo que genuinamente me ayudase a aferrarme a lo que fuese, tampoco sabía si lo necesitaba... Solo observaba, en silencio, en una aparente calma, sin sentir genuinamente apego o repulsión alguna.

    Recuerdos fragmentados iban y venían constantemente, a veces me despertaba sentimientos, sí, pero estaba ya tan disociado de la realidad, de mis sentimientos y de todo lo que me rodeaba; e inclusive del Dios que estaba conmigo que de algún modo todo me resultaba tan... insulso... mundano.

    Simplemente ya no había nada.

    ... Y aún así, algo seguía insistiendo.

    "Arranca el miasma; devuelvenos el sol"

    Su último deseo...

    Mara debía sentirlo; tanto como yo podía sentir sus desvaríos producto de la fusión. Estaba ahí, con las mismas emociones rebotando una y otra vez sin orden ni control alguno, y aún así, estaba solamente yo ahí, observando en silencio.

    Ya no sentía odio por Takeda, por Yuzuki, ni siquiera por Kohaku, aún si volvía a demandar con esa duda y tono en específicos. Sí, algo volvía a arder producto de la destrozada psique, pero al menos a mí, o lo que creía era a mí, ya me era completamente mundano.

    Entonces... ¿Porqué seguía doliendo? ¿Porqué seguía sintiendo un vacío? ¿Como si algo me faltara? Como... Si debiera algo.

    Era por Mara, ¿no es verdad? Su cariño por Rengo, su dolor, su desesperación, debía ser eso, el modo en como me había atado sin querer a él y sus sentimientos tan genuinos por Rengo era lo que me hacían sentir así, una inyección tan brutal de dolor y cariño por un fallecido que se me contagiaba, al menos lo suficiente como para que yo lo sintiera y... En el proceso...

    Mantuviera vivo lo que ya debía estar muerto en mí.

    <<¿Qué más quieres de mí?>>

    Pregunté a nadie en específico de forma interna, no era hacia Mara, era hacia la vida misma, hacia el destino. Ya había reconocido mi derrota a su manera, ya estaba listo para simplemente desaparecer... ¿Porqué la vida insiste en mantenerme aquí? Ya había hecho lo mejor, ya había hecho lo peor; y aquí sigo.

    Entendía lo que quería Rengo, pero no entendía cómo en verdad pudiera ponerlo en acción, peor estando contenido por este abrazo.

    No serviría de nada si solo decía que iba a arreglar lo ocurrido con el eclipse, ¿no es verdad?

    ¿O es que era eso? ¿Debía confiar una vez más en ellos? ¿Tanto como él confió en mi?

    ¿Así de sencillo?

    Aunque no lo considerara una respuesta como tal, terminé por tomar el control del cuerpo en algún momento, sin que ninguno de los dos pudiera darse cuenta al momento. Yuzuki se acercó, me habló, inclusive me ofreció la mano, la observé en silencio, con una progresiva pero constante calma, como si el desvarío del Dios fuese cediendo de a poco, al ver el gesto... Acabé por aceptarlo, correspondiendo al tacto con firmeza, sin lastimarla, sin decir nada, ni siquiera supe si en verdad aquello lo hice de forma genuina o no.

    Luego vino Togashi, habló conmigo, y por mucho que estuviera yo; Mara también escuchaba. Lo miré, no me opuse a sus acciones, tampoco es que pudiera hacer casi nada, mostró una singular katana con el que pretendía poner fin a Shi, y de paso al aprisionamiento de Mara.

    Pero de nuevo... No dije nada, a pesar de entender de lo que Togashi hablaba.

    En medio de todo eso, otro hombre llegó, alguien a quién no reconocí de inmediato, pero por Mara entendí que se trataba de Akihito, yo como tal no lo conocía de nada, y esta fusión solo provocaba una sensación muy bizarra de familiaridad como de confusión. No era agradable.

    Aún así, recibí su abrazo, sus palabras... Todo, me hablaban como Mara, porque sabían que el Dios estaba aquí, era obvio, nadie me buscaba por obvias razones... Y en realidad no importaba.
    No intervení, no dije nada, no hice mucho, solo observaba, de vez en cuando soltaba lágrimas, incapaz de saber si eran mías o del Dios. Sentía, dolía... Y aún así, me seguía sintiendo en profunda deuda.

    No detuve a nadie, no contradecí a nadie, solamente los dejé estar, aún sabiendo y escuchando que pretendían destruir a Shi y liberar a Mara, sin saber yo como tal lo que me sucedería si hicieran eso.

    Y tampoco me importaba.

    Era extraño, este modo de mantener una aparente calma, pero al mismo tiempo no saber tampoco lo que realmente querías expresar o sentir, desolación e indiferencia de mi parte era lo que podía sentir todo el rato. Así como una amalgama de odio y cariño.

    Era tortuoso estar sintiendo eso a cada maldito segundo.

    <<Parece que serás libre al fin... Menos mal, no creo que quieras seguir aquí más tiempo>>

    Dije internamente hacia el Dios, con esa calma, ese vacío... e inclusive con un ligero tinte de urgencia.

    Urgencia por solamente moverme y buscar el modo de cumplir con la última voluntad de Rengo.

    Esta ya no era mi pelea, ni una encrucijada por venganza, ni mucho menos una guerra por ayudar a los Mori. Me sentía tan resignado y vacío que lo único en lo que podía pensar era en las últimas palabras de Rengo, en su último gesto, en su última voluntad...

    En que confiara en él incluso ahora.

    No pretendía convencer a nadie, mucho menos a Mara, pero al menos por mi parte, ahora eso sería lo único que me movería...

    Buscar el modo de devolver el sol.

    <<Si eres libre... Y eso me cuesta la vida; cuida a todos por Rengo, ¿de acuerdo? Al menos... Si es que aceptas su oferta. Lo que suceda conmigo realmente no me importa; lo sientes, ¿cierto? Si de alguna manera aún puedo actuar, será para que este Eclipse acabe de una buena vez, y si lo consigo... Bueno, ya harán lo que quieran conmigo.>>

    Añadí, con ese mismo vacío, como si genuinamente me hubiesen arrancado ya no solo la voluntad, si no directamente todo lo que me hacía humano; y solo me moviera y hasta hablara por inercia, porque me impusieron un sello de luz, y ahora me sentía en la obligación de cumplir con aquello.

    Así como hacía poco no me iba a sentir realizado si no concretaba mi venganza... Ahora, no me iba a sentir tranquilo si no terminaba con este Eclipse de alguna manera.
    Y ahora haría lo imposible por hacer aquello realidad.

    No dije más, mejor dicho, no pensé más, pues en realidad como tal articular alguna palabra no lo había hecho, al menos... No hasta que Togashi se dirigió a mí, inclusive si no me miró directamente.

    Para entonces había bajado la mirada de nuevo, pero al escuchar la pregunta de si yo estaba ahí, alcé la cabeza de nuevo; y lo observé en silencio.

    No tuve tiempo a decir nada, cuando ahora fué Akihito el que habló, dirigiéndose a mí con unas pocas palabras que en verdad me tomaron desprevenido; a pesar de que el vacío seguía ahí. Aún así, el peso de su corta pero certera frase me hicieron entender algo importante.

    No quería morir.

    No por miedo...

    Solamente porque dejaría la última voluntad de Rengo caer en balde.

    Recordé las palabras de Kuyo, el cómo me mencionó que se apiadaba de mí por haberme convertido en Yokai, asumo aún que lo dijo porque serlo me impediría renacer alguna vez, sin embargo, estaba aún listo ante aquella posibilidad.

    Estaba listo para morir y no llegar a ninguna otra parte; quedar en la nada misma. Pero al mismo tiempo me negaba porque no quería dejar las últimas palabras de Rengo así en la nada, así como su último gesto para conmigo.

    Creí que hasta ese momento me odiaria, que se mostraría arrepentido, que... simplemente me diera la razón al final, y nunca fué así.

    Eso era lo que me pesaba de verdad ahora.

    Mi base... Mi fundamento para haber hecho todo lo que hice... ahora carecía de sentido y valor, y de nuevo me sentía tan perdido como en un inicio.

    —Aún sigo aquí... Togashi—. Respondí con la misma seriedad como la aparente calma con la que venía hablándole a Mara. No hubo duda, no hubo mentira, tampoco rodeos, solo una contundente respuesta a una duda igual de simple.

    Cedí el gesto de Yuzuki, si no es que ella misma había cedido ya, y luego mire a Akihito.
    —Si... Tienes razón—. Dije hacia el chico, con la misma simplicidad de mi parte, sin más drama o rodeo por mi parte, porque de nuevo, me sentía vacío y resignado ya, además... Todo este bizarro cambio de perspectiva me hacían ver mi conflicto personal como algo estúpido, inclusive ridículo. ¿Es así como se siente cuando alguien sabe que ya iba a morir?

    Yo ya no necesitaba hacer nada, inclusive Kato tenía razón, no había porqué molestarse en decir nada, lo hecho ya estaba hecho, de nada servía arrepentirme o buscar más justificaciones absurdas, todo lo que quería ahora, era salir de aquí y buscar el modo de devolver el sol... Solo eso.

    Volví a mirar al frente, y luego al suelo, a la misma posición en la que nos encontraron, esperando ya a la resolución de todo esto.
     
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    Amelie

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    Byakko se giró hacia Togashi cuándo este habló; sostuvo la katana con fuerza, cortándose levemente en el proceso; se aferró a ella de manera natural, sin pensarlo. Cerró los ojos y tomó aire con fuerza, y al exhalar aflojó el agarre en sus manos. Miró nuevamente a Togashi y afirmó. Fue después Akihito quién pidió llevarse aquel arma; lo dejó sin resistencia alguna; había visto cómo cuidaba el cuerpo de Rengo y sus palabras lo tranquilizaron, fue así que se desprendió por completo de shi y se acercó a Rengo; esperando poder hacer algo. El estaba allí gracias a Taiki y Kawa; su vida, su fuerza; no todo estaba perdido. Miró sus manos, y las apretó; pero había una gran diferencia, él era un ser espiritual; muy distinto a cualquier humano.

    Akihito sostuvo a shi; brilló bajo el eclipse.

    La voz del cuerpo que parecía ser únicamente de Mara, sonó distinto; era Kuroki, su voz taimada, melancólica. Y cuándo este terminó; aquel yokai volvió a sacudirse con violencia, mordiendo el mala una y otra vez, mientras Kohaku pedía a Akihito y Togashi que esperaran. Kohaku inspeccionó al yokai a través de la daga de obsidiana; era una visión distinta a la que Togashi podría tener. Aquel ser brillaba, lleno de luz.

    "Dime una cosa, Mara"

    El yokai paró su mordisqueó y fulminó con la mirada a Kohaku mientras hacía sus preguntas.

    —Si, ustedes fueron un error. Rengo se equivocó en confiar en cualquier persona que se le cruzara en frente. Incluso, aun en sus últimos momentos, confió en su padre — Era nuevamente la voz de Mara; Kuroki y él parecían alternarse aquel cuerpo —Nadie vino... nadie le ayudó. ¡LO DEJARON MORIR! Si él hubiera elegido matar en lugar de perdonar, todo esto hubiera...

    "Yo sólo quiero elegir; no me sirve el poder si dejaré de sonreír por ello"

    Mara recordó las palabras de Rengo; y estas llegaron a Kuroki. El dolor y odio de Mara se acrecentaba. Kohaku miró a Akihito y Mara siguió su mirada con odio; al ver a Akihito esta mirada se relajó, obligándolo a bufar.

    "Habría deseado que me llames"

    La voz de Kohaku provocó en Mara una risa seca; pero ignoró el resto de sus palabras, clavando la vista en Yuzuki. Su voz lo inquietó —Primero lo llevo a la muerte conmigo antes de que vuelva a pisar este mundo — dijo refiriéndose a Kuroki con odio; sabía que lo escuchaba. Le importaba poco que ahora estuviera arrepentido; lo odiaba tanto, aborrecía estar atado a él —¡OÍSTE! ¡MALDITO EGOISTA! ¡PUDISTE HABER MATADO A CUALQUIER OTRO! — volvió a reclamar —¡Y no me detendré hasta...

    Mara se detuvo. Su odio amainó cuando vio como Yuzuki tomaba un mechón del cabello de Rengo.

    "algún día, quizás, seré tu madre de nuevo"

    ¿Qué era eso en su pecho? El sentimiento de dolor con ternura ¿Cómo era eso posible? No tenía sentido. Negó. Negó de nuevo; no podía compararse con un humano, no podía compartir el dolor con ella. No podía. Negó una y otra vez, hasta que se agotó.

    Cuándo Yuzuki se acercó a Takano; este la abrazó con fuerza. Takano no dejaba de recordar sus acciones, el cómo siempre alejaba a Rengo cuando este quería abrazarlo; y ahora sólo deseaba que se levantara y lo abrazara en ese momento. Takano se separó de Yuzuki, la miró con ojos rojos, empañados; y sin poder decir nada, se acercó a Rengo; hincándose junto a él; sus manos temblaron mientras sujetaba una mano de Rengo. Yuzuki se colocó a un lado de Takano mientras Takeda les dada su espacio; acercándose a Kohaku y al mirarlo, Takeda por fin pudo desprenderse de sus propias lágrimas mientras su respiración se volvía más agitada; negó y colocó su mano sobre el hombro de Kohaku; su mano temblaba.

    Mientras tanto Togashi y Akihito se prepararon, Mara levantó la vista hacia ellos.

    Hoshi y Kaito.jpg

    La imagen de Hoshi y Kaito vino a su mente.



    La mente de Mara jugaba con él y Kuroki; detrás de Togashi se colocó una imagen de Kaito, herrero. Detrás de Akihito se colocó una imagen de Hoshi, el yokai eterno; la criatura que lo encarceló, burlándose de él porque éste siempre escapaba a la muerte, una y otra vez.

    "Si él cree que hay otra manera para liberarme, le creeré. Porque él es mi único amigo"

    Mara lloró recordando sus palabras que confesó a Togashi. Su llanto fue profundo, gimoteaba mientras veía a Togashi preparar a Jinsei, sus lágrimas caían ácidas sobre sus garras al ver como Akihito sujetaba a shi con todas sus fuerzas a pesar de su dolor.

    ¿En qué momento había encontrado a dos amigos más? ¿En qué momento dos humanos hicieron un acto tan desinteresado por él?

    Miró nuevamente hacia Rengo. Era gracias a Rengo. Mara lloró, y contagió a Kuroki de su profunda tristeza. Mara tenía a dos amigos...

    Ruptura.jpg

    El impacto fue inmediato. Shi no repelió el tajo como siempre lo hacía; su acero no vibró con la fuerza de la otra arma; esta vez cayó en pedazos como Mara rompía en llanto. Un herrero mortal rompiendo un arma maldita; aquello no era algo que alguien hubiera podido lograr, romper la unión de sangre y maldición. Una promesa se rompió en aquel instante; cómo un sello de sangre, cómo una deuda de honor.

    —En verdad lo siento, Mara

    Mara trató de enfocar su vista en Akihito; la imagen de Hoshi ya no estaba allí; pero escuchó su voz mientras Jinsei brillaba con tal intensidad que todos los presentes pudieron notar.

    —Cuando Kato quiso matarle en Kamakura...— dijo Hoshi en la mente de Mara; pero Akihito y Togashi volvieron a escucharla.

    —El quería morir.

    —Pero aquí, ahora...

    Mara cerró sus ojos con fuerza —¡ÉL QUERÍA VIVIR!

    "Buscaré la manera de cumplir mi promesa... sin darte mi vida a cambio"
    Las palabras de Rengo en las Islas Oki resonaron en sus recuerdos. Kuroki también lo escuchó mientras ambos veían en la mente el cuerpo de un yokai puro.
    Hoshi.png

    —Por eso, entrego mi inmortalidad — Respondió Hoshi.

    —Pero... es tu mayor tesoro

    Hoshi soltó una carcajada —Mi mayor tesoro está esperando a que vayas por él, Mara. Él no se equivocó perdonando a su amigo

    Aquellas palabras calaron en Kuroki.

    "Tú tomarás la decisión que creas mejor porque nunca has actuado desde la maldad, eso convierte cualquier respuesta correcta, porque es tuya"

    —Sabes a dónde ir ¿No es cierto, Mara?

    Mara soltó una risa —¿Con quién crees que estás hablando? Aun recuerdo cómo ir a casa.

    Hoshi también rió —Ya es demasiado patético que dos humanos tuvieron que hacer la mitad del trabajo de un Dios

    Ambos sabían que si esa arma hubiera acumulado más vida; esa vida habría regresado; pero todo llegó tan tarde, ya no podían hacer mucho con el poco tiempo que tenían.

    Pero para eso estaban los amigos. ¿No es cierto? Para ayudar a completar la tarea.

    —¡Ya muérete de una vez! —gritó Mara en burla pero sin odio —Te perdono, Hoshi Harima. Sólo porque tuviste la suerte de compartir sangre con Rengo.

    Hoshi volvió a reír; pero la risa se convirtió dolorosaBien... La lluvia siempre cae ¿No es así? No puedes evitar mojarte; pero si puedes evitar un resfriado...— su voz se apagó por completo, y Jinsei destelló.

    —Descansa...

    "El amor es egoísta; pero también es puro. Por eso deseas liberarlo y no destruirlo. ¿Es acaso uno egoísta por querer salvar un poco de amor? No eres un Kami, no eres un Buda... No eres un desastre, eres un ser que vive en un desastroso mundo. Vive en él, domínalo, que él no te domine a ti. Permítete un poco de egoísmo para sentir empatía."

    El resplandor de Jinsei se adentró al cuerpo de Rengo, cada desgarre brilló intenso mientras se cerraba dejando cicatrices platinadas; una a una fueron dejando recuerdos de aquel odio infringido sobre de él. Yuzuki pudo notarlo de inmediato, el pecho de Rengo volvía a subir y bajar lentamente.

    "Los Kami hablan a través de las flores, y tú, que esperabas palabras, casi te pierdes la conversación"

    En la mente de Yuzuki se escuchó la voz de su padre, Shiro.

    "Los Kami no responden a tus exigencias; creí que te había enseñado eso. Creí que sabías tener fe"

    En la mente de Kohaku se escuchó la voz, uno de los viejos de la villa.

    No todos los kami eran luz y serenidad; había algunos que pisaban ese mundo mientras caminaban con los mortales; que no seguían las reglas, que desafiaban y engañaban. Dioses despreciados en los Cielos, repudiados y exiliados; sólo porque no obedecieron las reglas.

    ¿Será porque saben comunicarse con los humanos y esa idea les molesta? ¿Porqué sienten como ellos?

    Y allí estaba. Mara. Él también era un Dios, uno al que nadie respetaba, y aquello le importaba poco. Él, el Dios del caos y la muerte, desafío todos los principios; declarándose culpable de todo aquello a lo que fue condenado por sus iguales.

    El mala dejó de tener fuerza y cayó al suelo. Mara lo levantó mientras su cuerpo comenzaba a mutar nuevamente; cadenas salieron de su cuerpo, volviéndose parte de él. Su rostro se ennegreció entre las tinieblas; pero a su alrededor se formaron seres de fuego; onmoraki. Los cuales se sujetaban a las cadenas que se aferraban al cuerpo de Mara, cómo si estos fueran sus esclavos.

    —Se que aun puedes escucharme, Kuroki — dijo con fastidio mientras revisaba su nuevo cuerpo; no era su verdadera forma, no aún. Aun había algo que lo detenía; a pesar de ser libre de la prisión de shi Deberás acompañarme al Ikai.

    黒魔
    Demonio negro
    Kuromo.jpg
    Mara avanzó hacia Togashi y Akihito quienes luchaban por mantenerse firmes ante las ráfagas de aire que creaba el miasma que se sacudía violento; Mara no se inmutaba de aquella presencia; lentamente, el miasma aprisionaba a los presentes, obligándolos a separarse de aquel sitio. Dejando únicamente a Togashi y Akihito quienes aún resistían debido a la luz que irradiaba Jinsei, la cual ahora era tan ligera que no parecía ser un arma de acero shirogami.

    —Ustedes han traído el cuerpo de nuevo a la vida; Hoshi no hubiera podido hacer nada sin ustedes — afirmó devolviéndole a Togashi el mala que había prestado. Señaló al árbol negro frente a ellos; mientras el miasma comenzaba a intensificarse de nuevo, obligando a que Jinsei dejara de brillar.

    —Gracias...— Dijo Mara a sus dos nuevos amigos — Gracias por confiar en mí. No pienso defraudarlos — Torpemente, dio dos golpecitos en la cabeza de cada uno; miró hacia Rengo y envió a varios de los omagatoki a cuidarlo, no iba a dejarlo solo. Miró a Akihito —Recuperaremos el alma de Rengo, regresará a ti.

    Bruno TDF Nekita Gigavehl

    Tienen una última respuesta por si quieren. Si no postean más, avísenme.
     
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