Long-fic Luz Demoníaca [Devil May Cry and Inuyasha]

Tema en 'Crossover' iniciado por Nopal, 30 Julio 2012.

  1.  
    Nopal

    Nopal Usuario VIP

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    Título:
    Luz Demoníaca [Devil May Cry and Inuyasha]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    1240
    Luz Demoníaca
    [Devil May Cry and Inuyasha]
    I: El joven Sparda
    Su moto estaba estropeada a mitad de la autopista. Hizo un gesto vulgar con su dedo, a la vez batía la mano en un gesto despectivo ante el camión que había arrollado su preciado medio de transporte. Cuando acomodó su gabardina se paralizó en el sitio, escuchó una tétrica voz decir pausadamente: «Me gusta el olor de ésa sangre, un poco rancia pero apetecible, joven Sparda» Se le heló por un segundo la sangre. Era un efecto inevitable cuando alguien se inmiscuía de ésa forma en su mente, era grotesco.​
    Dante hizo un gesto de desagrado, haciendo una mueca burlesca, casi con gracia con sus finos labios. Luego oyó un jadeo del hombre, hizo ademán de echarse hacia atrás con un pie, pero retomó la marcha, al dar un paso se paró de golpe. Dudando. Debatió internamente el ir o no, devolverse y salvar la vida del hombre que casi lo había atropellado pero que sí arruinó su moto, o simplemente retomar el recorrido como si nada pasara a sus espaldas. No podía ser tan malo, ¿o sí?​
    ―Boom ―dijo quedito y dejando que sus labios formaran una perfecta ‘O’ en cuanto disparó con Ebony al demonio, que tenía agarrado al señor chófer de camión.​
    ―¡No te metas Sparda!, ¡es mi presa, no tuya! ―exclamó con los ojos desorbitados lo que parecía ser una lagartija, y ponerse en posición de ataque.​
    ―¿Presa?, ¡já! Sería un honor para este hombre que lo fuera. ―El demonio arremetió contra él rápidamente, Dante simplemente saltó sobre su cabeza, moviendo elegantemente su capa roja con él, y clavó una espada en su nuca. La sangre salió a borbotones.​
    ―¡Gra-gracias! ―exclamó el hombre con cierto temor ante el chicho, ¿qué era él?​
    Primero había salido de la nada a mitad de la noche frente a él mientras hacia el cambio de luces. Sin poder evitarlo le impactó con su camión y el chico saltó de la moto como si nada; le veía con cierta molestia y a la vez a la moto negra desecha en el pavimento. Se marchaba, y ahora sucedía esto: un monstruo y él le salvaba. Era de locos.​
    El demonio de cabello blanco soltó un silbido al ver la sangre correr por su espada, la sacudió y así mismo se la colocó de nuevo en su espalda, a donde pertenecía. Sólo asintió en dirección al hombre, colocó las manos en sus bolsillos y se fue del lugar, perdiéndose por la desierta autopista.
    ***
    Golpeó con la suela de su zapato el escritorio con la suficiente fuerza como para que el teléfono fijo se levantara y cayera en su mano.​
    ―Devil May Cry ―dijo monótonamente mientras esperaba la respuesta.​
    ―¡Dante, por un demonio!, ¿qué le pasó a mi motocicleta esta vez? ―exclamó desde el otro lado de la línea una chica de ojos bicolor.​
    ―Lady, Lady ―dijo negando con la cabeza―. Ya no es tú motocicleta. Es nuestra, por lo que, lo que le haya pasado me concierne a mi mientras yo la tenga. ―Se excusó, tratando que no le incrementara las deudas con la chica.​
    ―No me hagas ir hasta allá Sparda ―amenazó con pausa.​
    ―No me vendría mal que vinieras. Al lugar le falta un toque femenino ―dijo con desapego, curvó sus labios en una leve sonrisa, ya sabía lo que venía pero añadió―: Patty no está por lo que me hace falta.​
    ―¡Es una niña! Demonio aprovechado ―bufó―. Te haré llegar la factura con la cuenta del mecánico. ―Y colgó.​
    ―Puff ―dejó escapar el aire y tomó de nueva cuenta el teléfono, pero una tierna voz le detuvo.​
    ―¡Dante!, ¿cómo qué no estoy y me tienes por interés? ―exclamó con un puchero en sus infantiles labios. Dante se levantó y la ignoró olímpicamente―. ¡Oye!, ¿a dónde vas?​
    ―Irás conmigo a comer en el BullEye, Morrisón me impide llamar a la pizzería. ―Le despeinó levemente y le dijo al oído―: Quizás apostemos allá, hay testigos. ―Y le guiñó uno de sus azules ojos.​
    ―¡Yay! ―exclamó la pequeña con alta alegría mientras una sonrisa se extendía en sus labios―. Iré a cambiar mi vestido ―chilló y subió con prisa las escaleras.
    Un cuarto de hora después Dante miraba con ojos ansiosos la cantidad de batidos que estaban detrás de la joven Lowell, decepcionado extendió la mano para tomar la factura y firmarla. Las deudas se le iban a ir por las nubes. Al menos había podido comer su pizza de queso cuando la pequeña había ido al baño.​
    Las luces bajas del local se apagaron con fuerza, reventando unos cuantos bombillos. La pequeña gritó y Dante la escondió detrás de él, pegada a la barra. Por un momento creyó sentir una energía demoníaca, había sido una falsa alarma.​
    ―Tranquila ―susurró en cuanto regresó la luz amarillenta del sitio.​
    Esperó allí durante media hora. La niña no terminaba sus batidos, y el albino bufaba y volteaba los ojos mientras hacía malabares con su par de pistolas. De repente la puerta del solitario bar fue abierta, era algo muy extraño. Nadie nunca había entrado allí, debería ser una persona nueva. No le dio importancia y volvió su vista al frente, no podía ver a la niña comiendo tan dichosamente los postres, ¡frente a él, torturándolo! Y ella sonreía, y lo hizo más cuanto tomó el de fresa, y saboreó con grandes ganas la cuchara que había introducido en el cremoso elixir.​
    Se levantó con un gesto infantil en los labios y simplemente siguió su camino hasta el otro lado de la barra. Se sentó al lado de una chica, ¿una chica? Alzó ambas cejas, quizás era nueva allí, increíble. Ella le sonrió en cuanto lo vio, y el correspondió el gesto. El barman se acercó a ellos mientras secaba un vaso.​
    ―Dante, deja a la señorita, no la espantes ―pidió, no era común tener clientes que pagaran―, ¿qué desea?​
    ―Una cola de dieta, y si es posible, ¿me prestaría su teléfono para hacer una llamada a larga distancia? Le pagaré, lo prometo ―dijo con una sonrisa.​
    Dante la miró, había algo extraño en ella. Como un aura, con algo de paz. Quizás sería interesante hablar con ésa chica mientras Patty engullía sus postres.​
    1029 palabras
    N/A: Modifiqué con dos cosillas el capítulo, espero no sea ninguna molestia. El hombre se llama “Morrisón” no “Enzo”, errores míos al confundir a los socios ewe, amo a este chico…Será tanto así que me centraré con afán en su personalidad, pero será a lo largo de todo el fic.
     
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  2.  
    Artemisa

    Artemisa Usuario VIP

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    God! Había olvidado comentar aquí.

    Me encantó el primer encuentro entre Dante y Kagome, algo muy casual, pero que sin duda dejará huellas en el futuro de ambos. La manera en la que describes el aura de la chica me parece muy apropiada y hasta le infunde un poco de madurez extra a ésta. "No la asustes", ja. Eso me mató, de verdad. ¡Que le hable! Muero por ver qué le dice.

    Poquísimas fallas en el texto, ni me siento con ánimos de mencionarlas, como que me emocioné.

    Ojalá me avises cuando escribas el siguiente.
     
  3.  
    Nopal

    Nopal Usuario VIP

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    8
     
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    N/A: Recomiendo que lean de nuevo el capítulo I, he modificado un par de cosillas.
    II: La chica de piernas largas

    El joven de ojos azules se levantó con las manos en alto, como ésos gestos que dicen: tú ganas. Sonrió en dirección a la chica, pero ésta sólo rodó sus ojos y concentró su mirada en la repisa llena de vasos que estaba detrás de la barra mientras esperaba la respuesta del barman. Cuando pasaba por tercera vez el paño por fuera del vaso sonrió, ésa chica no podía ser mala, en absoluto.

    ―Claro ―cedió―, ¿qué desea primero, hacer la llamada o su bebida?

    ―Prefiero hacer la llamada ―dijo viendo de reojo al albino, él entendió la indirecta pero sólo se sentó en el banco al lado de ella. Haciéndola sentir un poco incómoda, rió por lo bajo y cruzó sus brazos sobre la barra.

    ―Deseo otra pizza, para compartir ―dijo mirando a la mujer de largas piernas. Quien le atendía sólo negó con la cabeza y se dirigió a la parte trasera a pedir la dichosa pizza. Antes de marchar se dirigió a la chica.

    ―Sígueme.

    ―¡Hey! ―llamó el albino―, cuando vengas de vuelta le dices a Patty que venga para acá ―pidió sin mirarle, él otro sólo asintió.

    La mujer pasó por detrás de él tranquilamente, pero increíblemente Dante sintió una corriente eléctrica recorriéndole; no era buena, no de ésas que le dan cuando va a un club de bailarinas exóticas, no, era una sensación de peligro, algo que le decía que debía de mantener la guardia alta, ¿por qué? La chica era una humana como cualquiera, incluso la blusa suelta que llevaba y la falda de capas que tenía la hacía adorable, pero admitía que las piernas que tenía eran de infarto.

    Sacudió la cabeza para disipar ésa sensación de peligro y se le calmó. Relajó los hombros mientras los movía, giró sobre su trasero y quedó de espalda a la barra, apoyó allí los brazos y echó su cabeza hacia atrás, mirando la polilla que revoloteaba torpemente cerca del bombillo.

    ―Al final del pasillo hay un teléfono sobre una mesa, la clave es: trescientos noventa y dos ―indicó el hombre mientras él iba por otro camino a encargar la pizza de Dante, sabía que no le pagaría, pero era buen chico.

    La joven de largas piernas fue por el pasillo, al final vio la mesa que el hombre le indicó y fue rápido hasta ése teléfono. Como deseaba oír la voz de su familia, había llegado hace sólo unas horas (de forma permanente esta vez), y ya estaba tan melancólica que le dolía. Pero a la vez era lo mejor para ella, por diversas razones que justo ahora no quería recordar. Cuando alzó el aparato marcó la clave, pero la línea estaba cortada, hizo una mueca de descontento. Dio la vuelta sobre sí misma para regresar y tomar su cola de dieta, decepcionada.

    ―¡Qué asco! ―oyó decir a una dulce voz cerca de donde estaba, infantilmente.

    Asomó la cabeza por una puerta que se extendía al lado izquierdo del pasillo, pudo ver que se trataba de un pequeño baño que estaba con la puerta semi abierta, demandando privacidad; aún así se asomó al oír un sollozo seguido de varias quejas de la infantil voz. El cabello color ébano cayó al frente de su cara impidiéndole la vista un segundo, tocó la puerta para ver si era invitada a pasar, al no oír respuesta decidió simplemente hacerlo.

    ―Soy tonta. ―Se quejaba de nuevo la cantarina voz―. Comer tanto dulce sólo lo hace Dante, no yo ―gimoteó.

    La mujer le dio cierta risa ése comportamiento. Detalló con cuidado el baño, justo en una esquina se encontraba sentada una pequeña niña que tendría unos once años, una dulce sonrisa le asaltó; luego al verla sollozar y gemir con cierto dolor decidió hablar, presentarse.

    ―¿Hola? ―indagó. La niña levantó la mirada y se paró rápido, secando las lágrimas que pudiera tener―, ¿estás bien? ―continuó aún sin acercarse a ella, se veía temerosa. Los bucles amarillos caían con suma ternura en su aniñado rostro, su vestido color lila era encantador, parecía una princesita, ¿qué hacía una niña en un lugar así? Ni para ella era adecuado, menos para una pequeña.

    ―Creo que sí ―dijo recelosa. Bien, la mujer se veía claramente amable. Pero con el tiempo que llevaba revoloteando cerca del chico de cabellera blanca aprendió que las apariencias engañaban grandemente―. ¡Auch! ―gimió en dolor cuando tomó su pequeño estómago, se había excedido con la apuesta.

    ―Oh cielos ―dijo la chica al sujetarla por los hombros, se acunclilló para quedar a su altura y le tocó la frente. No, no tenía fiebre―, ¿qué te duele? ―preguntó, la niña sólo señaló su estómago e hizo una mueca cuando lo tomó con sus manos.

    ―Comí demás ―aclaró.

    ―¿Acaso nadie estaba al pendiente de ti? ―preguntó con cierto timbre enojado en su voz. ¿Quién dejaba a una niña así nomás, atragantándose con dulce?―, vamos a pedir una soda, eso te calmará un poco el dolor. ―Le ayudó a levantarse y tomó su mano mientras iban afuera del baño y cruzaban el pasillo.

    Una vez fuera del pasillo oyó una silla caer con fuerza, al final de la barra. Vio al chico de cabello blanco levantarse, y sujetar al hombre que le atendía por la camisa, con el gesto fruncido y claramente enojado. Ella sólo había atinado a jalar la mano de la niña para sacarla de allí, semejante espectáculo no debería de verlo, pero se quedó con la boca abierta cuando la pequeña soltó su mano y lanzó una nuez que estaba cerca de ellas al chico violento. Ella hizo ademán de agacharse y pedir irse, que la llevaría con sus padres, pero cerró la boca al ver a la niña adoptar una posición de reproche en cuanto el joven volteó a mirarla.

    ―¡Dante! ―gritó molesta y él la miró con alivio―, bájale. No es su culpa que tú seas descuidado y me dejes tirada comiendo dulce a mi antojo ―hizo un puchero con los labios. El chico bajó al señor y se rascó la cabeza con una de sus manos mientras chasqueaba su lengua.

    ―No te desaparezcas así ―dijo sin inmutarse―, lo lamento. ―Se disculpó dirigiéndose al barman. El aludido asintió entendiendo sus motivos. El chico de nombre Dante peinó hacia atrás su cabello para dejarle de nuevo caer libremente y se acercó a las chicas.

    ―¿Vienes con él? ―preguntó la mujer alarmada. No podía dejar que una niña estuviese cerca de él, al menos no hasta comprobar que era seguro para la pequeña.

    ―Así es, Dante me cuida cada que a mí me place, pero no lo hace muy bien ―dijo con un puchero que se transformó en mueca cuando su barriga se quejó de nuevo.

    ―Gracias ―dijo el chico dirigiéndose a ella, dejando ver sus perlados dientes. La mujer sólo le ignoró y se acunclilló de nuevo cerca de la pequeña.

    ―Pidamos ésa soda. ―Le dijo quiñando un ojo―. Te sentirás mucho mejor ―alzó a la niña y la sentó en una silla de la barra. Pidió su cola de dieta y la soda de la pequeña. Todo esto ignorando al albino que tenía las manos en sus bolsillos y les miraba de lejos.

    ―¿Qué sucede? ―preguntó al final. La mujer le ignoró de nuevo y eso le molestó. Le agradecía amablemente el hecho de cuidar a la pequeña pero ni eso retribuía.

    ―¿Podemos hablar joven? ―pidió ella mientras lo miraba de reojo. Se aseguró que la pequeña diese un sorbo de su bebida y la guió a una de las mesas más cercanas.

    ―Claro ―accedió él un tanto aturdido. Se sentó donde estaba antes la pequeña y le indicó a la mujer que se sentara a su lado. Ella lo hizo sin perder de vista a la niña, mucho menos dándole la espalda.

    ―No es adecuado que traiga a una niña a lugares así ―aconsejó ella al tomar de su bebida helada.

    ―Ha estado en lugares peores ―dijo él sin inmutarse mientras recibía su pizza y le indicaba con la mano a la chica que tomara un trozo. Ella negó, tomó otro sorbo y le miró de nuevo.

    ―¿Y acaso usted cree que es adecuado para ella? Incluso creo que yo no debería estar aquí, imagine mi preocupación al ver a la pequeña en éstos sitios ―aclaró mirándole serio―. No me agrada que esté cerca de ella ―concluyó.

    Dante allí levantó levemente la mirada, lo había dicho en un tono nostálgico, preocupado, incluso con molestia. Y la corriente eléctrica volvió a sacudirlo, esta vez sintió que era realmente culpa de la mirada que la chica le dada, escrutándolo, queriendo adivinar más de él, saber quién era, o mejor dicho qué era. Sonrió y se comió como si nada dos trozos de pizza mientras miraba como la niña cabeceaba en la mesa, debería enseñarle a no dormir luego de comer. Pero admitía que él no era buen ejemplo en ésa materia.

    ―Nada es adecuado ahora en este mundo ―dijo y le quitó la bebida a la joven, tomando un poco de ella. La chica frunció el ceño y sólo negó cuando él se la quiso devolver―, pero debemos de sobrevivir en él. Sea como sea. Además, aquí somos amigos señorita, no enemigos ―dijo al comer otro trozo de pizza y de nuevo ofrecerle de la misma, recibiendo una negativa, por segunda vez.

    ―No creo que los amigos vean mucho el cuerpo de otros ―musitó la chica mientras dejaba descansar su mentón en la palma de su mano.

    Él se rió con ganas.

    ―Si bueno, adoré sus piernas debo decir. ―Ella murmuró un «atrevido», sin embargo él continuó hablando―: Pero ésa blusa me quedaría mejor a mí, el color no le favorece ―concluyó con una afable sonrisa.

    El mentón se resbaló de su mano y casi colisiona con la barra. ¿Con que muy machito, eh? Ella sonrió de costado, el joven no le daba mala espina. Lo sabía, mas quería estar segura de que la pequeña estaba en buenas manos, no se quedaría tranquila hasta saberlo. Movió sus pies en el aire y sin querer se tambaleó en el banco, el chico tomó la pata del mismo rápidamente, haciendo que su cara quedara muy cerca del cuerpo de la mujer, sonrió al verla enrojecer y musitar un «gracias», él asintió, y tomó de la bebida robada.

    Hizo una mueca, prefería una batido de fresa en ése momento.

    ―Así que, ¿le gusta vestir ropa de mujer, o las mujeres? ―preguntó ella mirándole a los ojos. El chasqueó de nuevo su lengua y se acercó.

    ―¿Usted que cree? ―susurró cerca, muy cerca del cuello de la mujer. Oyó el corazón de ella bombear rápido y se hinchó de orgullo.

    Ella se levantó rápidamente, procurando no tocarle ni nada. Él hizo lo mismo, con lentitud. Era atrevido el chico al acercársele de ésa forma tan íntima, sabiendo sin lugar a dudas lo atractivo que era, eso ella no lo negaba. En un descuido la mano de ella le rozó la punta de los dedos al hombre, y vio como este se sobresaltaba, incluso como sobaba sus dedos afectados; no había sido intencional, ella siempre tenía sus habilidades receptivas quizás ahora más por la niña que estaba cerca y su instinto demandaba proteger, eso definitivamente, ratificaba sus sospechas.

    ―Sigo creyendo que le gustaría más mi blusa ―dijo ella con burla.

    ―Bueno, me gustaría que se la quitara si me permite decirlo. ―Él la vio claramente ofendida pero decidió añadir con algo de seriedad―: Antes dijo que quizás no deba estar aquí, estoy de acuerdo.

    ―¿Por qué lo dice, joven? ―encaró aún un poco acalorada por la cercanía.

    ―Porque nunca sabe qué puede ser la gente que se encuentre cerca de usted ―dijo con un timbre seductor en su voz, escrutándola con sus agudos ojos azules.

    El semblante de la mujer cambió de uno sonrojado a otro mucho más serio y desafiante, el joven se percató de esto inmediatamente. La chica dejó el dinero sobre la mesa, tanto para su bebida como para la de la niña, quizás un poco más.

    ―Eso lo sé, pero usted no demanda ninguna amenaza ―dijo sin inmutarse, sonrió al final, con gracia y quizás algo de alivio.

    Hizo una leve inclinación de cabeza para despedirse, le indicó al hombre que estaba parado frente a ella que mirara a niña, diciéndole sin emitir palabras que ya era suficiente para ella. La chica de cabellos color ébano se acercó a la puerta, sonrió de costado y se marchó sin decir nada.

    El joven albino se encontró a los pocos segundos mirando sus dedos, levemente enrojecidos en las puntas, como si se hubiese quemado con agua hirviendo, mejor dicho, con agua bendita. Sus ojos se abrieron grandemente. Allí las piezas encajaron, el repentino corte de luz se había debido a un demonio, uno que huyó como un cobarde al saber que ésa chica se acercaba, al sentir su aura, una que él había ignorado porque nunca había sentido algo semejante. No por él mismo. Se llevó lo que quedaba de bebida a sus labios con una sonrisa. Con que la chica tenía poderes espirituales, ésa chica de nombre…

    ―No sé su nombre ―dijo en un silbido. Dejó allí la lata de la soda, fue a la mesa y tomó a una dormida Patty en sus brazos, con uno sólo.

    Salió por la puerta y a los segundos regresó de forma cómica para tomar el trozo de pizza que quedaba y comérsela. Cuando salió de forma definitiva su largo abrigo ondeó con gracia al viento. Perdiéndose en las oscuras calles de asfalto.


    ***

    La noche en definitiva no estaba de humor con ella, había empezado a nublarse a las pocas cuadras del bar al que había entrado. Estaba alerta a todo movimiento cerca de ella, no es que fuese paranoica por estar en un país que no era el suyo. Incluso donde ella vivía hasta hace un día se encontraba con ése índice de alerta. Lo que la tenía más alterada era que no recordaba en absoluto como diablos había llegado a ése bar. Pudo jurar que arribó en el lugar por el simple hecho de tener instinto, de que inconscientemente quería conocer lo más bajo del lugar, pero llegó al lugar equivocado al abrir la puerta del BullEye, era un bar decrépito en varios aspectos, lo admitía: las luces amarillas, la nula gente que estaba allí, y que los que estaban no solían pagar.

    Pero hubo algo que la mantuvo allí desde que entró, algo que hizo que no diese media vuelta y regresara a su apartamento, que justo ahora no sabía dónde estaba. Seguridad. Eso había sentido, un extraño encanto; algo muy en su interior le demandaba quedarse un poco más, a parte de la pequeña niña el lugar desprendía por sí solo calidez, familiaridad. Y eso le faltaba a ella, pero algo más… Y recordó un chasquido de lengua y unos cegadores ojos azules. Sacudió su cabeza, alejando ésas ideas. Un romance con ésa clase de personas era lo menos que deseaba. No ahora, ni nunca, lo decidió hace mucho tiempo atrás.

    ―No puede ser ―musitó mientras trataba de mantener sus brazos calientes, frotándolos constantemente. Definitivamente el gesto que tenía ahora era de fastidio, de uno muy grande.

    ―Hola preciosa ―dijo un hombre relativamente apuesto mientras salía de un oscuro callejón―, no deberías estar sola a estas horas de la noche ―aconsejó mientras se lamía los labios. Olía divino.

    ―Que cliché ―dijo la joven mientras levantaba el rostro y lo miraba directo a los ojos―. No estoy de humor, ¿sí? Me quiero ir a casa, ¿podemos apresurar esto? ―pronunció con gran hastío ésas palabras. El hombre se rió, la sádica sonrisa no tardó en llegar.

    ―Salgan chicos, ella quiere acabar con esto rápido ―demandó mientras alzaba los brazos a sus lados, con gracia, luego añadió―: ¿Lista querida?

    ―¿Para qué, para que dejes de decir bobadas y que se marchen? ―Le espetó mientras se quitaba los pequeños ganchos de su cabello, dejándolo caer como una cascada.

    Él colocó una cara insultada, con un gesto de su mano le indicó a los demás hombres que la
    tomaran. Uno se acercó y la sujetó con la muñeca, ella a la vez no se inmutó, sólo respiró con calma y sujetó también la muñeca de él, liberando lo que parecía ser una descarga eléctrica. Una llamarada lila rodeó al hombre, esta lo hizo gritar de dolor y retroceder, quemándose y quedando reducido a polvo.

    ―¿Qué demonios? ―musitó con sorpresa el que parecía ser el líder.

    ―Oh no, deberías decir “soy un demonio, témeme”. No tu temerme a mí, es patético. ―Él hombre sólo dio un paso para atrás antes de reír sonoramente.

    ―Un poco de agua bendita no te ayudará contra todos nosotros ―dijo mientras los cuatro hombres que quedaban la rodeaban―. ¡Ataquen! ―ordenó en un grito.

    Rápidamente los hombres dejaron de serlo, la coraza humana que los cubría se fue rompiendo, como cuando una serpiente cambia de piel. Dejando que las formas largas dentro de ellas se extendieran, no era la primera vez que la chica se enfrentaba a ése tipo de demonios, pero en definitiva éstos eran bien feos. Hizo un gesto de asco y fastidio, tomó la liga que tenía como pulsera en su mano y utilizó los ganchos del cabello que se había quitado como municiones. Era una simple resortera, pero con ella había lanzado dos de sus hebillas a la frente del primer demonio de color verde y ojos grandes de color rojo que se le había acercado, desintegrándolo con su poder espiritual.

    ―Pensé que serían más fuertes ―dijo mientras retrocedía y volvía a emitir una luz rosácea al lanzar otro proyectil que dio justo en el blanco. Sólo quedaba uno en pie, a parte del supuesto líder que no veía por ningún lugar.

    ―¡Eres una sacerdotisa, no deberían existir! ―dijo el último mientras tomó a la chica por el cuello, queriendo asfixiarla―. No tienes que hacer sin municiones, ¡te comeré! ―exclamó el demonio al acercar su rostro al de ella, logrando que un poco de su verde saliva cayera en su cara, repugnándola.

    ―No lo creo ―musitó con la voz un poco gastada la mujer.

    Apretó con sus pequeñas manos en torno a los brazos del demonio, logrando con sus uñas abrirle levemente la piel, con eso le bastó para dejar que su poder espiritual hiciera lo suyo al entrar por la herida abierta, y consumirlo desde dentro. El demonio se hizo de piedra y pensó que quedaría asfixiada de no ser porque se hizo polvo y ella cayó con fuerza al piso, clamando aire mientras tosía.

    ―Estoy fuera de forma ―dijo jadeante. Pero algo no estaba bien, aún no. Se levantó como pudo e irguió su figura.

    Antes de que pudiera crear un pequeño campo de sanación fue tomada con fuerza desde atrás. De nuevo por el cuello, jadeó pidiendo oxígeno. Trató de tomar el brazo que la aprisionaba pero enseguida se vio estampada en el piso mientras le tomaban las manos y presionaban su cabeza contra el concreto.

    ―No creo que ésa técnica te funcione de nuevo ―dijo en su oído el que era líder de la pequeña banda de demonios. Lamió su oreja y agregó―: Quizás me divierta primero antes de matar a una sacerdotisa pura como tú ―dijo mientras reía y la sometía contra el piso al sacudirse.

    ―Ya quisieras ―espetó con ira. Pero por dentro maldecía, no sabía qué hacer, estaba inmovilizada.
    Y aún no había dominado todo lo que debía para defenderse.

    ―¡Já! No sabes ni que hacer, tranquila prometo ser rápido con tu muer…¡Agr! ―chilló el demonio mientras la soltaba, sintió líquido caer sobre ella, y supo que era la sangre del sujeto, pero ella no había hecho nada.

    ―Creo que empezaste el show sin mi chica de piernas largas ―dijo Dante al caminar unos pasos hacia ella, mientras apuntaba con su par de pistolas al demonio que ya había recibido el impacto de bala―. ¡Tú! Espero sepas dar buena batalla ―dijo con una sonrisa mientras le dispara de nuevo.

    ―¡Maldito cazador! ―vociferó con ira cuando arremetió contra él.

    Dante sólo deslizó a Rebellion por el suelo, botando chispas, y de una estocada levantó al demonio, terminando de matarlo mientras no dejaba de dispararle con su par de pistolas. La mujer se sentó como pudo y miró, no tan sorprendida al joven que le había salvado. Incluso le veía sonriendo cuando lo decapitó con su espada, luego sacudió esta y la sangre resbaló fácilmente dejando a la espada reluciente.

    ―¿Ya acabó el show Dante? ―Se oyó cuestionar a una pequeña niña que se tapaba toda con la gabardina del hombre.

    ―¡No aún Patty! ―respondió―, chica de piernas largas. Purifícalo ―ordenó al tenderle una de sus
    pistolas.

    ―¿Disculpa?

    ―No deseo que Patty vea toda esta sangre, si le purificas no la verá ―aclaró.

    ―Claro que sé a lo que te refieres, pero, nunca he disparado un arma ―dijo apenada―, ¿qué es esto? ―indagó al ver que le daba una bala y el arma.

    ―Yo lo haré, sólo purifica la bala y carga el arma. ―La mujer hizo lo pedido y le dio el objeto. Él disparó sin pensarlo y en cosa de un segundo lo que quedaba del demonio se desintegró―. ¡Ya acabó Patty, dame la gabardina! ―notificó al gritar en dirección de la pequeña. Ella se la lanzó y él la tomó rápidamente.

    ―Gracias ―musitó la chica mientras él tendía su mano para ayudarla.

    ―No estuvo nada mal para que seas una chica, y novata ―dijo encogiéndose de hombros. Colocó la roja gabardina en los hombros de la chica e hizo que se la colocara, mientras rápidamente la amarraba al frente.

    ―No soy novata, sólo que no tenía nada con que defenderme. ―Se excusó ella casi haciendo un puchero―, ¿cómo me encontraste? ―indagó.

    ―La verdad, no sé aún tu nombre chica de piernas largas ―explicó en cuanto retomó la marcha en dirección a la pequeña que les sonrió a ambos.

    ―Así que, ¿eres cazadora de demonios, como Dante? ―preguntó mientras le tomaba la mano.

    ―Podría decirse ―respondió la joven con una sonrisa y apretaba el agarre de la pequeña―. ¿Caza demonios, un demonio como tú? ―aceleró el paso y se puso a la par del chico.

    ―Sí, lo soy, es mi trabajo ―colocó los brazos detrás de su nuca y la miró mientras aún caminaban, estaba hecha un desastre a causa de ésa batalla, sonrió―. ¿Cuándo supiste que era un demonio?

    ―Desde que entré en el bar ―respondió sin dudar―. Aunque tú te tardaste en descubrir lo que soy, Dante ―recordó risueña.

    ―Primera vez que sé que estos poderes tuyos existen, siempre han sido leyendas ―aclaró.

    ―Las leyendas se basan en hechos reales ―dijo ella. Él sólo asintió y tomó en sus brazos a la pequeña niña que bostezaba, ésta se durmió enseguida.

    Estuvieron caminando en silencio durante un tiempo. La mujer temblaba de frío, además había empezado a llover hace nada y ella se quitó la gabardina para arropar a la niña. Ella podía mojarse, no había problema. Podría haber dicho que se iría a casa, pero no tenía ni la menor idea de dónde estaba, y si la niña estaba segura cerca de ése demonio de nombre Dante, ella también podía estarlo. Estornudó y él volteó a mirarla, acomodó a Patty en un solo brazo sin despertarla y colocó la gabardina de manera horizontal, sujetó con la mano contraria la de la chica y la jaló hasta él, le abrazó con el mismo brazo y la tapó con lo que quedaba de gabardina, así ninguno de los tres se mojaría mientras llegaban a su local.

    La acción del chico fue tan rápida que no le dio tiempo de reaccionar, además el calor que desprendía le venía de maravilla ahora. No hay que olvidar que si armaba un alboroto la niña podría despertarse. Era una excusa pobre pero serviría si luego el hombre preguntaba el por qué no se resistió a ser abrazada.

    ―Así que, ¿cuál es su nombre señorita de hermosas piernas? ―Ella se sonrojó sin poder evitarlo ante el elogio. Además él la había abrazado con más fuerza, pegándola más a su cuerpo vestido de un chaleco de cuero negro, casi susurrando eso en su oído.

    ―Kagome ―respondió la mujer con una sonrisa―. Kagome Higurashi ―agregó ella al verle a los ojos. Él asintió, y miró los ojos del profundo color chocolate. No sabía si era el poder espiritual de la mujer u otra cosa, pero se sentía muy tranquilo.

    ―Muy bien Kagome, hoy te quedas en el Devil May Cry ―aseguró sin darle tiempo de responder, cuando la chica se dio cuenta ya estaban bajo techo.


    4107 palabras

    N/A: Siento que me sé de memoria este capítulo, lo he releído cientos de veces, cada vez que me siento a escribir lo leo y cada vez he encontrado algo que corregir, quitar o amoldar. Acá han visto personalidades, quizás he sido muy detallista con ellas, pero me encantan los personajes, más el chico y mis dedos fluyen por sí solos.
    PD: Mi primer capítulo largo desde hace unos dos años aproximadamente ; )
     
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    Artemisa

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    ¡Pf, me encantó! Qué condenado atrevido es Dante. Y pobre Patty, con severos problemas digestivos por tantos dulces.

    Ah, me parece muy apropiado que Kagome se encuentre en un crossover con Devil May Cry, ya que no será la típica damisela inútil a la que Dante tendrá que salvar, sino que es una sacerdotisa que, como yo lo veo aquí, ya sabe controlar muy bien sus poderes y ¿quién sabe? Quizás hasta pueda ayudar al demonio a cazar más demonios (ja, qué ironía, pero así trabaja la vida).

    Sigue habiendo pocas fallas, pero la mayoría son dedazos o fallas en los signos de puntuación, nada demasiado grave.

    Cuídate, bella.
     
  5.  
    Nopal

    Nopal Usuario VIP

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    Título:
    Luz Demoníaca [Devil May Cry and Inuyasha]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    3465
    Dante, es Dante mi adorada Mis.
    Oh, dedico este capítulo a Miku, Kohei M. Descubrí que conoce a este adorable chico.

    III: El Devil May Cray
    Sabía de ante mano que no estaba en casa. No porque no estuviese en el apartamento que la compañía le había dado con muebles. No, no era por eso. Era porque no estaba en su pequeño cuarto rosa, donde la ventana le daba un fresco viento mañanero, que podía oír a su gato maullar desde abajo, no pudiendo trepar ésa distancia por sí solo. El pequeño escritorio que estaba pegado a la pared, donde descansaban sus libros. Dio vueltas en la cama donde dormía, acomodándose en ella y queriendo dormir más, de repente le pegó algo de frío impidiéndole hacer lo que deseaba.
    Murmuró incoherencias contra la comodidad de la almohada.


    Cerró levemente los ojos al sentir la luz golpear sus párpados con suavidad, decidió subir la sábana que la cubría para taparlos, pero se sintió desnuda, literalmente desnuda. Aún estando dormida como estaba se levantó, quedando sentada y se apoyó en el respaldo de la cama y soltó un bostezo.

    Se sentía como una niña pequeña cuando restregó sus ojos con flojera, extendió sus labios en una boba sonrisa, no estaba realmente cómoda lejos de casa, pero había descansado lo suficiente para decir que se había repuesto de la noche anterior.


    ―Deberías cubrirte con algo ―dijo con sorna en su voz, con un deje de agrado.


    ―¿Por qué? ―cuestionó la chica abriendo poco a poco sus chocolates ojos, mientras trataba de acomodar su cabello. Lo primero que vislumbró fueron los ojos azul cielo del demonio, mirándola, detallándola con fascinación.


    ―Porque no traes ropa, querida ―dijo él mientras se echaba para atrás en la silla y colocaba los brazos en su nuca, sin preocuparse.


    ¿Cómo qué no llevaba ropa?, ¡ayer se había acostado en el sofá con ropa, eso lo recordaba! Un momento, ¿y el sofá?, ¡estaba en una cama! Una a la que ella no recordaba haberse dormido, porque no lo había hecho. Sintió frío, mucho. El chico había dicho algo sobre que no llevaba ropa, ¡¿no llevaba ropa?!


    ―¡Atrevido! ―Le gritó en cuanto estampó la almohada en su cara, increíblemente él no pudo esquivarla y cayó de espalda en el suelo.


    ―¡Eso dolió! ―Se quejó al quitar la almohada de su cara y mirarla con molestia.


    ―¡Nadie te pidió que me desvistieras!, ¿quién sabe qué me hiciste? ―riñó indignada mientras se enrollaba en la sábana.


    ―¿Violarte acaso? ―dijo recobrando la calma―. Admito que hubiese sido sencillo, duermes como roca ―murmuró riendo, volvió a sentarse y tomó la almohada en sus manos, acomodándola detrás de su cabeza.


    ―¡Imbécil! ―vociferó mientras se tapaba aún más con la sábana blanca.


    ―Antes de que decidas purificarme, era quitarte la ropa o te resfriarías con ella ―dijo mientras daba vuelta la silla, sentándose en ella y apoyó los brazos en el respaldo, dedicándole una intensa mirada.


    ―Deja de mirarme ―pidió bajo, sabiendo que él oiría―. ¿No pudiste despertarme? ―indagó.


    ―¿Y tú no pudiste lanzar la almohada sin energía espiritual? Dolió ―aseguró al pasar una mano por su rostro. Ella frunció el ceño y él lanzó la almohada de vuelta, para atraparla la chica soltó la sábana y ésta cayó, dejándola sin nada que le cubriera―. Deberías mantener mejor concentración ―dijo él al señalar su cuerpo desnudo con un dedo.


    Ella sólo se acostó de nuevo en la cama, tapándose completa y esperando a que lo subido de tono de su acalorado rostro bajara. Rezaba por ello. ¿Cómo podía ser ése demonio tan, tan, irritante?, ¡no lo sabía! Sonrió estando tapada entre las sábanas, sintió que le lanzaban algo y luego cerraban la puerta desde adentro. Decidió asomar su rostro un poco, sentía el aura del chico, pero no sabía dónde. Dio una mirada de inspección y respiró hondo cuando se dio cuenta de que estaba sola en la habitación, se levantó y vio su ropa sobre ella. Se la colocó y salió por la puerta de madera.


    Reparó en que sólo había ésa habitación en el lugar, luego a mano derecha se extendía un corto pasillo, salió de él y miró como una escalera reposaba en el borde de ésa planta, no era un segundo piso completo, era como un balcón bajo techo, no sabía explicarlo con claridad.


    Desde allí podía ver toda planta baja sin problemas, y se quedó observando mientras caminaba. Desde la exuberantemente gran puerta de la entrada hasta el otro extremo de la gran sala no había nada, salvo un sofá de cuero negro sobre una amplia alfombra de color rojo, luego había un escritorio de madera con un teléfono antiguo sobre él, lo que parecía ser una foto y una revista abierta. Cerca de la puerta había una caja de música, de ésas que se ven en los bares a mitad de la nada. Pudo ver en la pared adyacente al escritorio un marco amplio con varias armas, entre ellas espadas y distintas pistolas. Del lado contrario había rostros de demonios, trofeos quizás, y un pequeño perchero de madera.


    ―¡Wow! ―exclamó la chica al mirar todos los instrumentos musicales que estaban en la pared donde ella caminaba. Fue bajando las escaleras, tocando con la punta de sus dedos las guitarras. Se detuvo en una morada, una extraña, de gran tamaño y así mismo de aspecto dudoso.


    ―Ésa es Nevan ―dijo el chico saliendo de debajo de la platabanda. Estiró su mano y la guitarra empezó a moverse, se elevó y fue hasta su mano, empuñándola él sonrió, tenía tiempo sin tocarla―. Es el alma de una mujer vampiro del inframundo, le gané y me la otorgó como esta preciosidad ―aclaró el chico.


    La mujer se sentó al principio de la escalera y le miró con una sonrisa curiosa, aún entre los barrotes su rostro era nítido para él.


    ―Toca ―pidió como una orden―. Por favor ―agregó.


    Dante fue al final de la escalera, puso un pie en el primer escalón, dobló la rodilla y se apoyó en esta para sujetar de mejor manera a Nevan, esta vibró en sus manos y se sintió encendido por dentro, pero a pesar de eso quería tener motivos para que la chica se quedara sólo un poco más, o quizás lo suficiente para que se hiciera tarde y así saber dónde vivía, ansiaba saber eso. Nunca antes había tenido ésa necesidad.


    ―No creo señorita ―dijo al fin. Ella reflejó en su rostro decepción―. No le he tocado ni a mujeres que con las que sí he… ¿cómo decirlo? ―caviló un poco en sonar suave para la joven, no tan brusco pero sin perder su encanto.


    ―Con las que sí ha tenido sexo, entiendo ―dijo ella con una mueca, de verdad quería escuchar como sonaba ésa arma―. Pero me decepciona ―agregó.


    ―No se sorprenda, no soy un caballero, tengo… ―tardó un segundo en saber qué decir, y ella esperaba―, mi propio estilo en las conquistas ―aclaró.


    ―Así que, ¿soy una conquista para usted? ―preguntó ella levantándose y arreglando su falda―. Porque yo no lo veo así ―dijo al estar lo suficiente cerca de él como para detallarlo: sus labios, su cara fina y esculpida, parecía simplemente un Dios griego, uno más sexy.


    ―No señorita Kagome, llevar a mi cama a una virgen no está en mis planes ―dijo moviendo con lentitud sus labios. Acalorar a la chica y hacerla enrojecer con sus palabras le fascinaba. Era un nuevo entretenimiento, y no tenía que pagar nada por ello.


    ―¿Usted cómo sabe eso? ―indagó mientras arrugaba su nariz con molestia. No sabía el tipo demonio qué era, pero eso era relativamente nuevo para la chica.


    ―Sólo lo sé, su aura…El que aún tenga poderes ―explicó. Acarició las cuerdas de la guitarra, como tenía ganas de tocarla, y al parecer el arma ansiaba lo mismo. Tenían que aguantar sólo un poco más.


    ―No logrará seducirme joven cazador ―dijo con sorna al verlo concentrado en ella―. ¿Acaso usa algún hechizo para que las chicas caigan en sus redes? ―cuestionó al pararse en el mismo escalón que él, susurrando.


    ―Primero, no soy un demonio insecto ―sonrió―; segundo, mi cara bonita es el hechizo suficiente para ello ―dijo el demonio al realizar una sonrisa pizpireta―. Veo que no funciona ―mencionó decepcionado. La chica no se había inmutado al verle, o quizás sí pero lo había ocultado muy bien.

    Ella se rió por lo bajo y siguió inspeccionando el lugar. Dante sólo subió y dejó a Nevan donde estaba en un principio, hacerse el interesante no había servido de mucho, suspiró. Se quedó apoyado en un pilar de la escalera mientras observaba a la mujer admirar con detalle, y a veces con unas muecas, su local. Debajo de la platabanda contaba con una mesa de billar, y más a la esquina había una batería que ya no tocaba hace tiempo. Ella se quedó mirando curiosa la mesa de billar mientras con un pequeño impulso se sentaba sobre la misma y cruzaba sus piernas.


    ―Aquí falta una bola ―dijo ella. Dante sonrió, pero antes de poder decir cualquier comentario jocoso ella continuó―: la blanca, con la que juegas. ¿Qué le pasó? ―indagó.


    El joven demonio colocó ambas manos en sus bolsillos. La gabardina estaba puesta en el perchero por lo que sólo tenía la pequeña chaqueta de cuero sin mangas puesta, pero no estaba abotonada. Caminó tranquilo hasta donde estaba la mujer y tomó un taco de la pared, se acomodó, lo pulió y usó el taco para darle a la bola del número uno. Dándole a la chica una buena vista de su trasero, ella disimuló no verlo, pero él se dio cuenta, sonrió con gracia cuando se sentó a su lado.


    ―He tenido visitas especiales en el local. ―Ella arqueó una ceja, él sólo siguió hablando―. No se quedan quietas, son escurridizas y un tanto…apasionadas ―murmuró. Sabía que la chica le oía con una cara de incomodidad, pero aún así habló sin inmutarse―. Incluso rasguños me han dejado. En una ocasión simplemente se cayó la bola blanca mientras estábamos aquí, en esta mesa, y ya no la he visto más. ―La chica saltó de la mesa como si esta quemara.


    ―No tiene porque contarme sobre sus… encuentros ―dijo ella finalmente y con la cara roja.


    ―Son demonios de poca monta que creen que pueden ganarme, no entiendo su molestia ―simplificó el chico su relato.


    ―¿Demonios? ―musitó ella incrédula. ¿No hablaba de sus numerosos encuentros sexuales?, ¡maldición! Se sentía tan pervertida al pensar en aquello, pero debía admitir que el uso de ésas palabras que empleó el joven no era adecuada para referirse a batallas, lo había hecho apropósito decidió.


    ―¿No creerías acaso que mis asuntos carnales los atiendo aquí? ―cuestionó haciéndose el ofendido, ella sólo curvó sus labios en una mueca―. ¡Ja! Patty entra acá cada que le place, hace y deshace a su antojo, no haría eso sabiendo que ella entraría ―Kagome relajó sus postura, calmando la maraña de pensamientos que tenía, ése chico de verdad que no era malo.


    ―Hablando de Patty, ¿dónde está? ―inquirió―, recuerdo que dijiste que la llevarías a dormir, y me quedé acá ―recordó con cierta duda.


    ―Así es, la llevé al orfanato donde vive, de por sí ya iba a amanecer. Cuando llegué tú ya estabas dormida en el sofá ―explicó mientras bostezaba. Extrañamente estaba agotado―. Decidí quitarte la ropa y lavarla, estaba llena de sangre de demonio, no quería que atrajeras a unos carroñeros
    ―bostezó de nuevo y fue hasta su escritorio a sentarse.


    ―Pensé qué era para que no me resfriara―dijo ella un poco apenada.


    ―Bueno, tampoco me iba a quedar con las ganas de ver más que tus piernas, pequeña. ―Se sinceró. Colocó sus manos sobre su rostro cuando la chica tomó la revista y lo golpeó con ella.


    ―Eres un atrevido ―murmuró. Él se encogió de hombros y colocó los pies en el escritorio―. Debo de irme. Si no me reporto con mi jefe, puede que me despidan ―explicó mientras buscaba su cartera, la vio en el perchero de madera y la tomó―. Un placer, y gracias ―dijo la chica con una reverencia por costumbre.


    ―Espera ―dijo él. Ella volteó a mirarlo, sabía que pediría acompañarla a casa, pero ella no quería eso y no tenía ni idea de cómo iba a rechazarlo, simplemente no podía―. Puedo llevarte
    ―concluyó.


    Parecía que le hubiese caído un balde de agua encima cuando el demonio preguntó aquello, que en realidad no lo preguntaba ni se ofrecía, lo afirmaba. Iba a abrir la boca cuando el teléfono sonó, él lo tomó y le dio la espalda mientras atendía.


    ―Devil May Cry ―respondió―. Oh, Morrisón. ¿Una misión de qué? ―dijo. Luego asintió varias veces, bajó los pies en cuanto él otro le dijo algo sobre una condición―: ¿Cuál?

    Simple, sé silencioso. Nada de sangre ni rastros, sé un asesino a suelto. Uno que tenga más técnica humana ―pidió tratando de convencerlo. Le escuchó dudar, por ello añadió―: Mientras más discreto, la paga se irá redoblando.


    ―Pues di que acepto, sólo que me paguen el triple, no el doble. Tengo algo que hará que ni una ceniza quede del demonio ―dijo para finalizar y colgó antes de que le reclamaran.


    El chico volvió al ver al frente, pero no había nadie. ¿Dónde se había metido la chica mientras hablaba? No podían haberla secuestrado. Se levantó y fue abotonando el chaleco mientras caminaba. Le tenía cierto trabajo a la joven, purificar a ése demonio, pero ahora, si ella no aparecía debería de ser: discreto, silencioso y hacerlo parecer que fue mano humana la que hizo eso. Soltó una maldición, definitivamente él no podía hacer eso. Ya había aceptado, y si los resultados eran como siempre, el chico terminaría debiéndole a su cliente, lo sabía.


    Llegó hasta la puerta y la abrió, tropezó con la niña que llegaba y la tomó antes de que cayera al suelo, con una mueca.


    ―Veo que no te alegra verme Dante ―dijo con un puchero la pequeña Patty―, vengo por el resto de la apuesta ―finalizó.


    ―No es eso Patty, y sabes que no tengo pasta ―dijo mientras inspeccionaba con la mirada alrededor de la salida, dio un paso afuera apartando a la niña. Y concentró sus energías en buscar a la chica, nada, no sentía ni su olor ni su aura. Simplemente se había esfumado, quizás simplemente lo había soñado todo, ¿no?


    ―Dante ―llamó mientras jalaba su pantalón―, ¿dónde está la cazadora de anoche? No sé su nombre y le quiero agradecer. ―O quizás no.


    ―Eso mismo me pregunto justo ahora Patty ―dijo él mientras la despeinaba―. Entremos para ver que vestido quieres. ―concluyó él mientras cerraba la puerta a sus espaldas―. Kagome, ése es su nombre. ―Le dijo a la joven Lowell. Debía encontrarla antes de que pasara una semana, sino quizás nunca más la vería.
    ***


    Kagome se encontraba a sólo dos paredes de donde estaban ambos, a penas el joven demonio le dio la espalda salió del lugar sin ser vista, y luego se iba a ir pero vio a la pequeña Patty venir, lo único que pudo hacer fue esconderse en un diminuto muro de concreto y ocultar tanto su olor como aura, sabía que el demonio se fiaría de eso para encontrarla y no su vista. Al menos eso esperaba.

    Suspiró aliviada en cuanto el chico cerró la puerta de su local. Ella sin embargo sentía curiosidad, hizo un mohín con sus labios y caminó apresuradamente hasta que encontró un taxi y fue a casa. Se aseguró de grabar en su mente las calles y puntos de referencia para poder encontrar de nuevo al Devil May Cry, o el BullEye. Sólo en casos extremos, decidió.


    Hace ocho años la joven sacerdotisa había llegado a la conclusión que la lucha con demonios no era lo suyo. Había sido sólo un deber que ella tuvo en el pasado, literalmente hablando, uno que ya había cumplido. Cuando tuvo la mayoría de edad ya había perdido las esperanzas de que el pozo que la conectaba con los demás se abriera nuevamente, pero aún así sabía que los demonios no habían desaparecido como si nada, y por ello también sabía que no todos eran buenos. Pudo aprender artes marciales durante ésos años, sin descuidar ni un tanto sus estudios.


    Se dio cuenta que en Japón la amenaza de demonios era mínima, los que había se mezclaban con clase entre los humanos y tenían vidas normales, unos incluso trabajaban para el bien humano. Sonrió. Algo sabía ella de ésas criaturas, eran personas, tenían sentimientos, lo único diferente era la especie a la que pertenecían, una que estaba basada en leyendas.


    ―Leyendas ―susurró. Hace cuatro días que había conocido al joven demonio de cabello blanco.

    Encontró en una guía telefónica el número del local y lo tenía con un imán en su nevera.


    El joven había dicho que los poderes de ella eran leyendas, leyendas entre los demonios.
    Por lo poco que había estado en su oficina de trabajo y circulado por las calles se dio cuenta de que nadie más tenía poderes espirituales, ni si quiera los que se hacían llamar curas. En Japón eso era un requisito, sólo las personas con esas habilidades sabían del secreto de los demonios, uno que se llevarían a la tumba. Pero acá no era así, las auras demoníacas crecientes la ponía en alerta, la mayoría inofensivas y compañeros de trabajo, unos que no se acercaban a ella con miedo, la chica simplemente fingía que no sabía lo que ella misma era y había dado resultado.


    Tecleó en el navegador de su computadora: “Leyendas del mundo demoniaco”. Enseguida salieron cientos de resultados, pero el que le llamó la atención fue una página resguardada con clave, un blog que necesitaba tu apellido ‘demoniaco’ para entrar. Sin pensarlo mucho tecleó “Taisho” en la barra de texto. Inmediatamente salió un cartel que decía: “Bienvenido(a) demonio perro de gran linaje, explora el inframundo”


    La chica cerró la página en cuanto su jefe pasó detrás de ella, diciéndole que ya hace media hora había acabado su turno. Ella se excusó con que el trabajo le había parecido interesante y no se dio cuenta de la hora. Luego de eso marchó del lugar y fue directo a su apartamento. Tenía que averiguar qué era eso, ¿por qué no había un control de los demonios? Pero también, ¿dónde estaba el resto de ellos? No podían haber desaparecido así como así, sin dejar rastro. Esa pregunta siempre se la había hecho estando al lado de sus compañeros de batalla, pero justo ahora eso le interesaba mucho más.
    Cuando cerró la nevera para preparar la cena cayó el papel de la guía telefónica donde estaba el número del Devil May Cry. Lo tomó entre sus dedos, quizás el cazador tuviese las respuestas que ella necesitaba.

    3.112 palabras
    N/A: ¡Amo a Dante! Más que a Inuyasha así duela decirlo.
    Admitamos que la actitud de Kagome quizás no es la que recuerdan, o la que saben que posee, pero amores míos, han pasado ocho años, ya no es la cría de 15años, tiene 23, algo debió cambiar, madurar. Y amo ponerlos en ésas peleas verbales y de coqueteos **
     
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    Artemisa

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    Jo. Again, qué atrevido y descarado, por todos los cielos. xD

    Mientras peleaban por sus perversidades, pude sentir la frustración de la pobre de Kagome. Vamos, no todos los días despiertas en un cuarto de un extraño y encima desnuda. Jaja, me encantó que Dante aceptara el trabajo "discreto" y ella se le echara a la fuga, pf. ¡A ver si no se enojan cuando se vuelvan a ver!

    Hay pequeños errores de puntuación y uno que otro dedazo, pero ni me importa.

    Continúalo pronto, cariño. Ya me picaste feo. <3
     
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  7.  
    Mikura

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    ¡Omg! No me creía que me lo habías dedicado querida kai <3
    Admito que no había tenido el momento para terminar de leerlo, y debo decirte que me enganchaste. La manera en la que se comportan ambos personajes, es tan interesante; de verdad.
    Me ha gustado cómo has mostrado a Kagome, siendo más madura, y logrando explotar el personaje de una manera que no había visto antes, y ni qué decir de Dante, te soy sincera, creo que fangirlee con Dante... >u<
    En fin, avisame al próximo, que lo estaré esperando. Mientras, seguiré con el encarguito ;3

    Atte: K.Miku ;3
     
  8.  
    Nopal

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    IV: Fresas con crema

    Deberle un estimado de cinco mil dólares a su cliente de la semana no era un buen augurio para el local. Claro que, deberle diez mil a Lady, bueno, eso era la cuenta más baja que tenía con la chica. ¡Ni se diga de la factura del BullEye! Aunque tampoco tenía que olvidar la gran deuda que tenía con el sastre, la ropa de ésas mujeres salía malditamente cara. Preferiría pelear contra Mundus* mil veces seguidas a tener que pagar todo eso. Lástima que Mundus estuviese hecho trizas.

    Habían pasado dos semanas desde que él y la joven sacerdotisa se encontraron. Estaba clamando que la joven apareciera de nuevo, quizás si le cobraba por haberle salvado la vida, o el jabón que había usado para lavarle la ropa. Se golpeó en la frente al pensar en eso, no podía. No estaba en él hacer eso, sabía que las personas esperaban que algún día les pagara, pero no presionaban por miedo a su lado demoniaco. Pamplinas, él nunca les haría daño. Eso Morrisón lo sabía pero aún así usaba ésa pequeña artimaña para que las deudas siguieran extendiendo su plazo de pago, chantaje que no funcionaba ni pizca con la chica de ojos bicolor.

    ―Repíteme de nuevo, ¿qué hago yo aquí? ―pidió sin mirarla, el maniquí azul era interesante la verdad.

    ―Estás aquí porque sé que no pagaras la deuda, y prefiero que inviertas tu tiempo juzgando ropa de mujer, tienes un don nato para ello ―aclaró la joven mientras colocaba las manos en su cintura.

    Dante abrió un ojo y observó la vestimenta de la joven de cabello corto. Llevaba un vestido negro tipo coctel, la tela de la falda era desigual, el lado derecho era más largo que el izquierdo, tapando así la cicatriz que su padre le había hecho, el top hacía verla más voluptuosa, y marcaba su cintura. Sí, le quedaba bien pero…

    ―Busca otro color ―aconsejó. La mujer rió un poco. Dante definitivamente era bueno con la ropa femenina, después de todo, la joven Lowell le tenía leyendo revistas de moda las veinticuatro horas del día.

    ―Cualquiera diría que eres afeminado Dante ―sugirió la pequeña al salir del probador con varios vestidos encima.

    ―Sí, y cualquiera diría que tú no vives en un orfanato. ―Le quitó los vestidos de las manos y escogió solo dos, fue a la caja y los pagó. Después de todo él era su tutor en el aspecto económico. Mala elección si veían el estado de cuenta del cazador.

    ―Bueno, ahora sólo falta ir al mercado. ―Allí el chico de cabello níveo observó incrédulo a la mujer, y a la mujercita. Él no hacía mercado, entrar en ésos sitios era tan cosa de familia que se negaba rotundamente a hacerlo.

    ―Ni se les ocurra, yo ya hice mi parte… Alguna misión me ha de tener Morrisón ―dijo él al dar media vuelta y emprender marcha contraria a la de las mujeres.

    ―En realidad si te tiene una misión, Dante. ―El maldijo su suerte cuando la mujer le tomó el brazo y lo guió a su lado―. Bajar a la mitad tu deuda porque nos acompañes no es nada ―concluyó con una afable sonrisa. Él rodó sus ojos y se soltó de su brazo.

    ―Vamos pues, tengo una cita con mi sofá ―dijo al colocar sus manos detrás de su nuca y caminar al mercado más cercano. Luego de unas cuadras recordó a las mujeres, les quitó las bolsas y siguió su camino con ellas pisándole los talones.

    Cuando llegaron Lady se había ido a buscar las verduras, y le había encargado a él y a Patty ir al área de los congelados. Dante le había reclamado que podía ir sólo, intentando convencerla, pero ella había alegado que terminaría trayendo sólo pizza y nada nutritivo, por ello la menor lo acompañaba.

    Se sentía aburrido, abatido… La mujer ya sabía todas sus mañas y no le seguía el rollo, quería disfrutar un poco su personalidad, había estado encendido con coqueteos vagos y chistes de poca monta, pero para la mujer de ojos bicolor no era nuevo y nada la ponía nerviosa. Se sintió como un pequeño, ignorado por su madre cuando quería sorprenderla con un dibujo que el mismo había hecho. Sonrió con disimulada amargura, él nunca le había dibujado nada a su mamá.

    ―¡Mira Dante! ―llamó la niña, él se acercó y leyó el paquete que tenía en sus manos, “carne de res. 100% orgánica”.

    ―Pura mentira. ―Le aclaró a la niña, ella le miró con una mueca―. Esto es ciento por ciento químicos disimulados, prefiero ir y matar una vaca yo mismo antes de que tú comas esto. ―La niña sonrió y dejó el paquete donde lo había encontrado.

    Siguió al demonio hasta donde se suponía estaba la carne fresca. Mientras él iba atrás y hablaba con el encargado (que suponía era un demonio también), convenciéndolo con un poco de dinero de que él podía encontrar su propio buen trozo de carne. Él otro asintió, rechazando el dinero. No se arriesgaría a que un cazador lo matara por carne para una pequeña humana. Le indicó a Patty que le esperara, o en todo caso que no fuera muy lejos.

    Ella asintió, pero su lado infantil le ganó indudablemente y fue al pasillo donde estaba toca la comida “basura”, como había dicho Lady más de una vez al demonio que engullía sin parar todo tipo de golosinas. Eso la hizo sonreír, Dante podía ser un idiota egocéntrico, con altas dosis de petulante cómico sin oficio, agregándole a eso una cucharada de deudas, pero se preocupaba sinceramente por ella. Un claro ejemplo había sido ése gesto de la carne, sabiendo que iba a ser dañino para ella. Él podía comer “basura” toda su vida, y sería lo mismo a que comiera de forma nutritiva. El degustaba el sabor, sólo eso… Su metabolismo era tan extraordinario que no engordaba ni desmejoraba su condición ni apariencia humana. Ventajas de poseer sangre diabólica en sus venas, pero que no lo hacía malo.

    ―¡Wow! Mezcla para muffins de chocolate. ―La pequeña tomó en sus manos el paquete, observando con detenimiento la fecha de caducidad. Sonrió cuando vio que aún eran aptos para prepararlos.

    Allí habían muchas cosas, antes de que Dante saliera de la heladera de la carnicería fue a por una canasta para los enseres. Era bueno tener algo de dulce en el local, pero a sabiendas que el chicho de azules ojos sólo buscaría cosas lácteas o con fresas, decidió elegir ella los víveres. Fue rápido a pesar de que se había confundido un par de veces de pasillo. Luego de tomar la cantidad suficiente y aconsejable de cualquier nutricionista siguió su camino en busca de Dante, pasó de nuevo por el lugar de los congelados, esta vez arribó en el sitio donde reposaban los jugos y las verduras congeladas.

    ―Esto le encantará a Dante ―sujetó una bandeja llena de fresas y las metió en la canasta. Sólo le faltaba buscar la crema batida.

    Miró a los alrededores y nada que veía a Dante, a lo mejor sí se había tomado en serio el asunto de ir y matar una vaca él mismo y lo estaba haciendo en ese preciso instante. Vio a Lady reclamando el alto precio de unas verduras, y decidió no molestarla. Se las ingeniaría de una u otra forma para alcanzar el alto estante en donde se encontraba dicha lata presurizada.

    Pegó brincos, intentó montarse sobre las repisas, pero estaban muy altas para ella. Aprovechó un momento que el pasillo estaba solo y buscó una de las pequeñas escaleras que usaban para arreglar los productos, subió con cuidado cada escalón, balanceando su peso y que las rueditas no se movieran, alcanzó las latas con la punta de los dedos, rozándolas.

    ―Ya casi, ya casi ―murmuraba mientras extendía más su mano―. ¡La tengo! ―exclamó con alegría―. Oh, oh ―susurró.

    La estabilidad bajo sus pies se hizo nula, así mismo las ruedas de la escalera cobraron vida propia y empezaron a moverse. Cuando ya se había sujetado demasiado fuerte a la escalera y esta se detuvo, suspiró con alivio, pero en un descuido su agarre se deshizo y resbaló, apretó sus ojos esperando la caída, la dolorosa caída… Que llegó, pero no tan dolorosa como pensaba.

    ―Auch ―musitó una voz femenina, mientras sentían que la rodeaban en un abrazo delicado, protector―. Creo que siempre te encuentro con problemas por los dulces ―dijo risueña la chica al sonreírle.

    ―¡Kagome! ―exclamó la pequeña cuando se levantaron, la rodeó con sus brazos con mucha ternura.

    La mujer le tendió la lata de la crema batida, la niña la sujetó con una sonrisa.

    ―¿Viniste sola? ―cuestionó la mujer con tacto, el cazador le había mencionado que la jovencita vivía en un orfanato, por lo que debía ser cuidadosa.

    ―No, Dante y Lady me acompañan, Lady es una amiga de Dante ―aclaró cuando vio la duda en la chica―. Suelo venir con mi mamá, pero estaba ocupada ―explicó.

    A Kagome se le heló la sangre por dos motivos: primero, Dante estaba allí. Hace una semana se había acobardado de llamarlo, deseaba estabilidad primero en el trabajo y estar segura de que deseaba acercarse otra vez al asunto de los demonios. Segundo, ¿Patty no era huérfana? Algo allí no encajaba del asunto de que estuviese en un orfanato teniendo a su madre con vida.

    Hizo un gesto extraño con el rostro, había una tercera cosa que le había molestado, ¿Lady? Patty le dijo que era una amiga de Dante, pero ¿en qué condiciones de amistad?
    ***
    Si las miradas mataran, todos menos la niña rubia estarían en un ataúd.

    A penas Dante reparó en la presencia de la sacerdotisa le reclamó el hecho de haberse ido así como así, y que, por su culpa le debía dinero a su cliente. Claramente ella no tenía la culpa y se sentía indignada, enojada con él. Lady por su parte también miraba de reojo a la chica, ¿de dónde conocía a Dante?, ¿por qué él la miraba tanto?, ¿por qué peleaba con tanto gusto con la joven? Era un idiota. Los pensamientos de Kagome no eran tan distintos: ¿la mujer le acompañaba en qué sentido?, ¿de dónde se conocían?, ¿por qué hacían las compras juntos? Y, ¿acaso a Dante le gustaban las mujeres que vestían así? No es que le importase qué le gustara al demonio. No, en absoluto.

    Patty miró risueña la escena, las dos mujeres taladraban con la mirada al demonio, con grandes ganas de molerlo a golpes. En cambio las mujeres se miraban entre sí de reojo, con desconfianza, y a su vez el cazador miraba sólo a una de ellas con enojo, fascinación y cierta coquetería, por ello la otra lo miraba con mucha más ira, ¿qué tenía ésa chica?

    ―Vamos a por ésas fresas. ―Se atrevió a romper el silencio Kagome al dirigirse a la pequeña. Había descubierto una pequeña tienda que vendía todo fresco, y ella también tenía ganas de comer algún dulce.

    ―No es necesario que vengas si mi presencia te fastidia ―alegó el demonio con una sonrisa.

    La joven de cabello color ébano clamó paciencia, cada vez que él abría la boca lo hacía para decir algo ofensivo, o simplemente para hacerla repicar algo en contra, o sólo que bufara, él simplemente se reía con goce.

    ―Le prometí a Patty que iríamos a por ésas fresas frescas, no lo hago por ti ―espetó la mujer al tomar la mano de la niña y caminar más rápido, sin darle tiempo a la menor de replicar algo.

    «Si supiera para quién son ésas fresas», pensó con socarronería el cazador.

    ―Yo me voy al local Dante, ya no hago nada aquí ―dijo Lady al tomar algunas bolsas.

    ―Te sigo Lady. ―Él tomó las otras bolsas y luego se dirigió a la pequeña―. Te espero en el local. Adiós chica de largas piernas ―dijo al final para guiñarle un ojo. Kagome sólo se sonrojó, lo ignoró y siguió caminando con la pequeña, tomadas de las manos.

    Caminaron sin hablarse, el joven de vez en cuando miraba al costado y la veía con un gesto raro en el rostro. Cuando llegaron al local la mujer dejó las cosas en el sofá y puso los brazos en jarra, escrutándolo con la mirada con unas inmensas ganas de dispararle justo en la frente, él nunca se involucraba de ésa manera con humanas comunes, nunca. Era realmente imposible que alguna le hiciera cambiar, pero al parecer la tal Kagome lo estaba logrando sin darse si quiera cuenta de ello.

    Como era de esperarse el demonio fue directo a su escritorio, se lanzó prácticamente en la silla y se estiró todo lo que pudo. Oyó como la chica de ojos bicolor zapateaba con su bota el suelo, esperando una explicación. Dante soltó el aire que tenía, colocó las manos con los dedos entrelazados con su pecho y simplemente empezó a reír a sonoras carcajadas. Clamando aire, se tuvo que sentar y sujetar su estómago.

    ―Sólo admite tus celos preciosa ―murmuró aún riendo. Hizo el gesto con la mano de retirar una lágrima a causa de la risa.

    ―¿Celosa? ―Él alzó las cejas, como diciéndole que se atreviera a desmentirle―. Púdrete ―espetó.

    Fue al escritorio y se sentó en el cruzando sus piernas.

    ―Vamos, te da piquiña que al fin alguien me siga el rollo ―aseguró al colocar los codos en la mesa y mirarla con una mueca.

    ―Tú no sonríes ―espetó―. No pongas ésa cara. Te ríes, eres arrogante, alegre, sí. Pero no sonríes…―Hizo una pausa y luego se bajó de allí, mirándole a la cara―. Le sonríes a ella ―afirmó con un tinte extraño en su voz, no eran celos, ambos lo sabían.

    Dante se puso serio un segundo, eso no era verdad, para nada. Admitía que sí se reía más con la joven y todo eso, pero hasta allí. Volvió a replegarse en el asiento y tomó una de las tantas revistas que había en las gavetas, fingió leerla pero a sabiendas que la mujer no le creería, ella no tocó el tema. Simplemente le dejaría estar, no se inmiscuiría en la vida del cazador, eran sus problemas, pero si metía en problemas a ésa humana, arriesgando su vida, allí sí que le dispararía en su par de risueños ojos.

    Media hora más tarde Lady estaba puliendo su pistola mientras que su amigo se quedaba levemente dormido. Justo en ése momento se abrió la puerta, la pequeña Patty estaba un poco angustiada, ya había entendido eso de que hablar mucho podría ser su perdición.

    ―¡Imbécil! ―exclamó la sacerdotisa―. ¿De verdad me necesitabas por ése trabajo? No, mejor, ¿enserio abusas de una pequeña niña? ―vociferó apuntándole con un dedo.

    ―¡Hey! ―exclamó él levantándose de golpe, ¿abusar de Patty?, ¿ésa mujer estaba loca o qué?―. Yo no he abusado de nadie ni lo haré. ―Se defendió.

    ―Me refiero al dinero de ella, idiota ¿de verdad creíste que pensaba que abusabas de otra forma de
    ella? Degenerado ―alegó.

    ―¿Yo degenerado?, ¿quién fue la qué pensó que sucedía algo carnal sobre una mesa de billar? Ah sí, tú señorita ―Kagome frunció el ceño con molestia, estuvo todo el camino de vuelta pensando cómo ganarle una batalla verbal al demonio, y había perdido. La exasperaba.

    ―Olvídalo, recoge las cosas y vamos a mi casa ―demandó―, sólo que pediré que te coloques una venda en los ojos, no quiero que vayas algún día a secuestrarme ―pidió.

    ―Jo, ¿qué sentido tiene ir a tu casa si luego no te puedo robar? Es triste ―fingió decepción y se levantó con ánimo de la silla. Al fin, así podría localizarla al ser estrictamente necesario, o cada vez que se antojara.

    Estando ya en el apartamento de la chica decidió que no se parecía a ella, punto. Tenía aspecto de ejecutivo junior hijo de papi y mami, en definitiva la mujer no era así, para nada. No comentó lo que quiso, ya que el sofá lo llamó mágicamente y decidió recostarse un rato, sin importarle que tres pares de ojos le miraran reprobatoriamente. Se quedó dormido con el sonido de la alacena ser abierta y cerrada con cuidado, con el bajo retumbo de la televisión en algún programa que mirara Patty. Utensilios bailar sigilosos por la cocina, facilitándole la tarea a las mujeres en el sitio, el agua salir del grifo, el abrir y cerrar de la nevera. Todo lo tenía tranquilo, era muy hogareño aquello.

    Aún medio dormido visualizó cuando era pequeño, cuando aún su madre vivía y lo cuidaba a él y a su hermano gemelo. Padre no estaba, y ciertamente nunca le importó ése ser. Su madre era otra cosa, era tan cálida cuando le abrazaba porque había hecho algo bien, cuando los reñía por pelear entre ellos y romper algo en la casa, cuando nevaba ellos despejaban la entrada y ella los recompensaba con chocolate caliente. Un día simplemente salieron juntos a un parque, todos los miraban de reojo, con rabia, lo sentía.

    Ellos tomaban más fuerte la mano de su madre y seguían caminando, un señor vendía frutas y verduras en un carrito andante y allí su mamá compró unas coloridas frutas rojas. Cuando llegaron a casa él se había negado a probar algo con forma de trasero volteado y del color de la sangre, su progenitora con una sonrisa le convenció, las probó con dudas, pero le encantaron. No tuvo la misma reacción en su hermano que las había vomitado. A la mañana siguiente se levantó temprano y buscó a su madre para que le preparara más de ésa delicia, pero simplemente no la encontró en la casa.

    Ella nunca regresó.


    ―¿Comerás o no? ―Abrió los ojos con pereza, frente a él se encontraba en cuclillas Kagome, tendiéndole una copa llena de fresas con crema. Olía exquisito.

    ―Gracias ―dijo con una sonrisa al tomar la copa, ella correspondió su gesto con otra sonrisa mientras cerraba los ojos.

    Allí se percató de lo que le dijo Lady, le había sonreído a ésa mujer. Era extraño, demasiado como para tomarle tanta importancia. Tomó la cuchara y la llenó de crema, la colocó en la punta de la nariz de la fémina y antes de que ella le golpeara la retiró con su lengua, degustándose.

    Ella enrojeció notablemente.

    Adorable.

    ―¿No y que no eran para mí las fresas? ―cuestionó mientras seguía comiendo.

    ―No eres el único al que le gustan éstas cosas, Dante ―respondió la mujer al quitarle una fresa de la copa y comérsela―. Te terminas eso y te largas, a diferencia de ti, yo debo trabajar ―concluyó sacándole la lengua.
    3.103 palabras
    *Mundus: Es un enemigo del padre de Dante que fue sellado hace unos dos mil años, y que hace poco se enfrentó contra Dante en busca de venganza.
    N/A: Aclaro de una vez para que no piensen chorradas, Lady no tiene ningún sentimiento más allá de amistad por el demonio. Incluso fue capaz de rechazar un beso que un día iba a darle… Cosas del juego, divago. No sé, no sé, creo que hubo un párrafo mal redactado, pero no encontré como darle la vuelta :C
    Fresas con crema para ustedes también :3
     
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    Artemisa

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    Dante afeminado, jaja. No, en serio, que me dé consejos de moda a mí. Bien que me hacen falta.

    Aw, me encantó la parte en la que él se da cuenta de que sí le sonríe a Kagome. Me hizo fangirlear al grado de querer cantar: "Dante and Kagome, sitting on a tree, K I S S I N G!", en fin, cancioncitas infantiles como esas. Y, holy mother of the dear lord! Se la babeó, literalmente.

    Ash, no sé. Hay algo en la manera de ser de Dante, atrevido, confiado y todo sensual, que hace a este fanfic tan entretenido.

    Love it! <3
     
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    Nopal

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    Luz Demoníaca [Devil May Cry and Inuyasha]
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    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    8
     
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    Artemisa: Dante es un atrevido sin remedio, ése es su encanto *-*

    Gracias a todos aquellos que leen y los "Me gusta"

    Luego de casi un mes dejo continuación, este capítulo me costó mucho más de lo esperado. Se ha ido reduciendo el tamaño de los capítulos, lo sé, pero cuando necesite de verdad describir cosas nuevas-nuevas tendrán su tamaño promedio.


    V: Energía

    Habían quedado de verse hace una hora, maldito sea el momento en que creyó en la puntualidad del fracasado cazador que estaba visitando. Que le cayera un rayo encima por tener que recurrir a él estando herida, y necesitando un lugar donde quedarse cierto tiempo. Además sus pistolas se merecían un adecuado mantenimiento. Se sentía tan dependiente en ésos momentos, se sentía humana y eso le repugnaba.

    ―Maldito desvergonzado. ―Su vocabulario no era el más fino, lo admitía. Pero le dolía a horrores la espalda. Afortunada ella de haber luchado con cientos de arañas, pero al final nadie le pagó.

    Se sentía abatida, engañada y estafada. ¡Estaba furiosa! No entendía como su amigo podía soportar cada chasco que le hacían, sería el poder de la costumbre lo que le habría ganado. Aún así, no se compadecía de él un ápice, quizás porque continuaba herida de que no sería correspondida, y no podía reclamar nada, ella ni siquiera debería existir. Ni eso era aceptable.

    Sacudió ésas ridículas ideas de su mente, de verdad que el dolor la nublaba para pensar en semejantes idioteces. Eran aproximadamente las diez de la noche, y se habían quedado de ver en el “Pink Palace” hace una hora, quizás estaría en el BullEye devorando pizzas gratis del pobre Louis. Al llegar al lugar arrugó el gesto cuando le llegó el olor de Dante junto ―muy junto―, al de una humana. Sabía por el mismo olor que no era una de ésas con las que se revolcaba por una sonrisa, ésa mujer era diferente. De antemano supo que ya no estaban allí, y el rastro se había perdido en las deshabitadas calles. Decidió entrar al menos para telefonearle al local.

    ―Te dije que mañana a esta hora, no hoy ―espetó de una vez el demonio cuando la puerta de su local fue abierta de par en par.

    ―¡Me vale mierdas! Siempre estás disponible desde los jueves, y hoy es viernes ―retó. Se lanzó en el sofá mientras arrojaba las botas por algún lado.

    ―Odio que hables así, es grotesco ―dijo el demonio y le colocó las botas encima. La escrutó con la mirada, sabía que ella había ido al BullEye y oteó más de lo que debía. Debería marcar distancia por un tiempo.

    ―Lo que te molesta es que sea la apariencia de tu madre que lo diga ―vociferó. Estaba adolorida y él le reclamaba ésas cosas tan absurdas.

    ―¿Si lo sabes para qué lo haces? No seas cría ―riñó con un semblante serio. Era doloroso para él ver a ésa mujer, la estimaba. Pero su corazón humano, o al menos los rastros que quedaban de él lo atormentaban dolorosamente al verla. Al momento en que sonreía y le recordaba a su madre.

    ―Dame dinero ―demandó la mujer ya de pie. Si él no quería verla le parecía muy bien, pero que le diera como irse.

    ―No seas ridícula, quédate hoy ―ordenó ya sin mirarla―, mañana viene Morrisón y te curará ésa espalda ―concluyó. No era sólo porque no tenía pasta para darle, sino que ella perfectamente sabía que era bienvenida cuando lo necesitara.

    Ella se levantó, ondeó sobre sus hombros el rubio cabello y caminó con un fluido vaivén de caderas hasta las escaleras. Tratando de seducirle, aún sabiendo que no resultaría. Él no la miró ni un instante, simplemente se acostó en el sofá y bostezó, ya dispuesto a dormir cerró los ojos.

    ―Hueles a puta ―dijo la mujer sin inmutarse, estando ya en lo alto de la escalera.

    Dante sonrió con socarronería y le respondió.

    ―Sabes que no es ninguna puta. Ahora vete ―aseguró con alegría en su voz. La mujer dio media vuelta indignada y fue a la habitación.

    El demonio suspiró. Sí había detectado el olor de Kagome, tenía que hablar con Morrisón para que le dijera a la chica que no se acercara, por su bien. Y quizás que escondiera su aroma. Trish podía ser sin lugar a dudas una arpía cuando estaba celosa, y no quería un alboroto de su parte, le parecía infantil.

    ***

    Despertó a eso de las nueve de la mañana, aún bostezando se colocó las pantuflas y fue a la cocina, encendió la tetera. Había dormido como un bebé, y siempre dormía así de tranquila todos los viernes cuando, sin haberlo acordado, se veía con el cazador en el BullEye. Llevaba mucho tiempo sin realmente poder descansar de ésa forma, sin tener una rutina que le pareciera agradable. Si bien al estar con Dante siempre se llevaba una sorpresa distinta todos los viernes desde hace ya un mes, eso no le molestaba ni un poco.

    Se llevó la humeante taza a sus labios y fue a sentarse en el sofá de cuero blanco. Ése apartamento no se parecía a ella, lo sabía, pero la compañía le había otorgado ésa vivienda desde antes de recibir el trabajo de manera oficial. Sabía que eran órdenes del jefe de su jefe, y no podía protestar. Se movió inquieta en el mueble. Quizás buscara otro tipo de beneficios otorgándole semejante lugar, ella no era una genio en eventos ni mucho menos, ni siquiera se había graduado de lo que hacía, pero aún así le estaba yendo de maravilla en el extranjero, por ahora.

    El timbre sonó y fue a atender. Acomodándose la bata le abrió la puerta al técnico que venía a colocarle internet en su apartamento. Lo dejó entrar y hacer lo que debía.

    Mientras ella preparaba el almuerzo el hombre le notificó que había terminado y que cualquier duda le llamara, le entregó una pequeña tarjeta personalizada. Ella le ofreció un poco de limonada y luego el hombre se marchó con una sonrisa. Se sirvió el poco de espagueti con salsa que había preparado y se sentó frente a su computador.

    Volvió a teclear en busca del blog de la otra vez. Lo encontró rápidamente y escribió de nuevo “Taisho” en el cuadro. No fue redirigida a ninguna página, más bien le indicaban que ésa clave era incorrecta. Trató unas tres veces más, y la página colapsó. Bufó con molestia y se cruzó de brazos, terminó de comer con mala cara y fue a darse un baño. Una vez lista decidió buscar la biblioteca más cercana, sino podía resolverlo con la electrónica haría lo que hacía en casa: buscar libros, pergaminos, escrituras. Lo que fuese. Algo la impulsaba, deseaba saber más de cómo todo había llegado a estar así.

    El clima no era favorecedor, para nada. Había empezado a llover hace poco, era algo relacionado al otoño, al menos eso suponía ella. Alzó la solapa del cuello de su abrigo y lo apretó más a ella buscando calor en el. Averiguando la dirección de la dichosa biblioteca se encontró con unos hermosos vestidos exhibidos en una vidriera, no era fanática de los vestidos pero aquellos simplemente la llamaban para que se los colocara, casi hechizada. Podía pasar un día a buscar a Patty y tener un día de chicas, así libraría a Dante de ver más ropa femenina en maniquíes por un día al menos.

    Sería la primera vez en comprar ropa allí, ya llevaba unos dos meses en ése país y sólo conocía cuatro lugares: su apartamento, el lugar donde trabajaba, el Devil May Cry, y el BullEye. Por un momento palpó el teléfono en su bolso, tentada a llamar al cazador de risueña sonrisa, pero no lo hizo.

    Cuando entró no supo qué libros pedir, por lo que consultó una pequeña lista. No había nada. Suspiró un tanto decaída, no deseaba que pensaran que estaba inclinada a las artes oscuras, mucho menos sintiendo ella ciertas presencias demoníacas. Le era desconcertante estar en un estado de alerta constante a causa de demonios, quería poder quitar ésa habilidad de ella.

    Rondó por los pasillos durante una hora buscando algún título que sedujera su atención, no encontró nada más interesante que un cuento infantil donde alguien le vendía su alma a un desconocido, haciendo clara alusión a un demonio.

    Más de eso no había conseguido.

    ―Deberé ser directa y preguntarle a Dante ―dijo con desgana. La idea no le era atractiva, no con todo lo que le costaría sacarle la información al cazador, además sabía que él querría atraerla de nuevo a ésos peligros de hace ocho años atrás, sin embargo, ella no deseaba eso.

    Estaba desanimada, demasiado. Al salir sólo fue deambulando por las calles, el cielo estaba triste y eso a ella le ponía de mal humor. Murmurando cosas con descontento palpó de nuevo en su bolsillo y sintió el teléfono allí, lo tomó y lo apagó. Si llamara al joven él pensaría que lo hacía por otros asuntos a parte de sólo informarse, no deseaba dialogar mucho con él ahora, no para que le arrastrase a alguna misión o algo semejante.

    Todavía no oscurecía, por lo que decidió ir a un parque donde no hubiese edificios para contemplar el atardecer. Cuando llegó a dicho parque las hojas otoñales cubrían el suelo, se quejaron cuando las pisaba y más lo hicieron cuando subió a un columpio meciéndose de adelante hacia atrás suavemente, se quedó hasta que oscureció y fueron encendidas las farolas de las calles, cuando se dispuso a irse sintió una fuerte presencia, casi como si estuviese enojada, tragó fuerte y se encaminó a la parte más iluminada.

    ―Cálmate Kagome, Dante tiene más energía demoníaca y no te pones así, calma. ―Se consolaba. Claro que, Dante no despedía en su aura ganas de matarla.

    Tanteó en su cartera y rápidamente encontró su paquete lleno de horquillas y una liga, tendría que considerar tener algo más como defensa, dejó allí la mano simulando que era por el frío.

    Le recorrió un escalofrío por toda la espalda, y los vellos de la nuca se le erizaron. No pasaron ni tres segundos cuando una especie de rayo cayó cerca de la chica, haciéndola brincar hacia atrás. Buscó con la mirada de donde provenía tal fenómeno, además ¿caerle un rayo cerca a ella? Ridículo.

    Pronto empezó una muy suave llovizna, casi acariciándola. Tenía miedo y no entendía bien porqué, se abrazó a sí misma y siguió su camino pronto ésa caminata se apresuró, estaba entrando en pánico por aquella aura que le asechaba, con una hostilidad única, poderosa, y algo dudosa a veces, pero esa duda sólo hacía que apurara el paso.

    ―Me lleva… ―susurró cuando una luz centellante aterrizó frente a ella, lanzándola sobre su trasero con fuerza. Perdiendo lo que empuñaba con su mano.

    ―Eres una mujer ordinaria, no lo entiendo ―murmuró una figura femenina mientras se situaba donde antes había estado ella parada―. Además humana ―escupió con desdén.

    La chica se paralizó, y le dio algo de gracia. La mujer se había percatado se su condición humana no de sus poderes, en tal caso ¿porqué la atacaba?, ¿acaso simplemente quería divertirse? No, eso no era lo que había dicho, le habló o reclamó como si la conociera, y su aura despedía que sí lo hacía, con motivos nada agradables cabe destacar pero Kagome no tenía la menor idea del dónde o el cómo.

    ―¿Qué eres? ―preguntó con un fingido temor, debía aprovechar que aquél demonio desconocía lo que ella era.

    ―Un humano como tú no puede disparar rayos, ¿o sí niña? ―Kagome abrió los ojos con sorpresa, si fuese actuación no le saldría tan bien, ¿le había dicho niña?―. Veo que la pequeña entiende mi punto
    ―murmuró la chica agachándose a su altura.

    La de cabellos azabaches apretó los labios con molestia, sentía casi que podía gruñirle de rabia, ¡decirle pequeña! Hizo sonar sus dientes para concentrarse, debía buscar algo con qué defenderse, no había traído nada con ella. La mujer de cabellos amarillos se acercó más, como instinto Kagome se replegó pero aún así la chica se arrimó a ella. Tomó su mentón y la examinó volteando su rostro de lado a lado con rudeza.

    ―No me toques ―ordenó con los ojos encendidos―. Cosa ―completó con rabia.

    ―¡¿Cómo te atreves, cría?! ―Golpeó a la chica con un brazo, lanzándola lejos.

    Kagome tosió con fuerza y se levantó tambaleante del suelo. Se había podido alejar, pero había enojado a la mujer sin tener como defenderse empezó a concentrar su energía espiritual, tenía tanto sin hacer una barrera pero era lo que podía salvarla de momento.

    ―Cría, niña, cría, niña. Empezaré a creer que te limitas en apelativos porque no sabes más, demonio ―susurró para ganar tiempo, le cabreaba más pero antes de que ella arremetiera levantó la barrera y la mujer fue lanzada lejos de su alcance.

    ―¿Qué diablos? ―murmuró incrédula. Había una cosa invisible que la repudiaba, una barrera demoníaca podía ser derribada con su poder, esta en cambio le hacía temblar sin saber el motivo―.
    ¿Qué eres tú? ―vociferó desde lejos.

    ―Pensé que me atacabas por eso ―habló un poco serena Kagome, alzó una pequeña piedrecilla y se la lanzó a la mujer.

    La de ojos azules ni se inmutó por semejante intento, más bien sonrió socarronamente. Pero cuanto la piedrecilla impactó en su hombro arrugó el gesto en una mueca, tocó la zona afectada y la vio levemente quemada, su piel no se regeneró como solía hacerlo.

    ―Diviértete con tus jueguecillos, te estaré vigilando ―advirtió la mujer mientras saltaba a un techo―. Cría ―finalizó perdiéndose en la lluvia.

    Kagome respiró aliviada y se dejó caer en el suelo, ¿qué había sucedido? A pesar de estar segura en ése momento dejó levantada una mínima barrera alrededor de ella, ocultó su olor y aura, y fue a su casa a intentar dormir. Mañana visitaría a cierto cazador.
    ~~~~

    2.261 palabras.
    N/A: Tardé más de lo normal en hacer este capítulo, fue simple, trabajé muy poco con Dante ;-; Se los compensaré. Para quienes conozcan a Trish por el videojuego, bueno, ése no revela su completa personalidad al haber estado controlada, pero sí demuestra un verdadero interés por el cazador, y aún en el animé lo hay. Me atrevo a jugar con su actitud por que en ninguna de las entregas donde ella aparece (que yo haya visto, el juego 4 está fuera de mi cobertura) no perfila totalmente cómo es.
    Saludos~
     
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    Esa Trish. Primero acusando a Kagome de sexoservidora (?) y luego atacándola. ¿Quiere a Dante? ¡Que se aguante! Creo que éso rimó.

    En fin, mejor tarde que nunca. Es interesante poder desarrollar más a fondo la forma de ser de personajes poco explorados en algunas series. Buen trabajo, mía. <3
     
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    Nopal

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    VI: Sombras pasadas

    Al parecer mientras dormía era que pensaba más, si es que el algún momento usaría ésas ideas. La puerta fue lanzada con fuerza, él abrió un ojo con suma pereza y miró a Morrisón aflojar su corbata y acomodarse el sombrero.

    ―Tks, ¿qué sucede? ―reprimió un bostezo, no era precisamente mediodía ni nada.

    ―¿Está la joven Trish en la habitación? ―indagó el hombre del bigote.

    ―¿Qué sé yo de eso? Anduve en una misión temprano y has sido tú quien trató sus heridas ―comunicó el chico al sentarse en el sofá.

    ―Ve a ver ―aconsejó mientras encendía un cigarro―. Kagome no contestó el teléfono ―completó en un bajo suspiro.

    ―¡Hubieses empezado por allí! ―vociferó el chico yendo en un pitido a la habitación.

    Soltó el aire que había contenido, pero aún así no estaba aliviado. La mujer estaba allí, pero era que acababa de entrar por la ventana de la habitación, en ése instante lo olió: había estado cerca de Kagome.

    ―¿Qué mierda le hiciste? ―Le gruñó con una notoria ira, casi pudo imaginar tomarla del cuello y apretarlo para que hablara, sentía el olor de Kagome en ella, de una asustada Kagome, pero no había sangre.

    ―Bah ―reprochó la mujer sentándose en la cama y cruzando las piernas―. Debería preguntarte yo qué diablos es ella, da escalofríos ―concluyó.

    ―No te interesa. ―Le espetó duramente; y la vio a ella allí, tan tranquila acomodando su cabello que pateó la cama y ella brincó con ella. Estaba encabronado, demasiado―. Mañana no te quiero ver aquí, ni oler, ¿entiendes?

    ―¡¿Cuál es tu maldito problema?! Sólo la asusté. ―Claramente notó que Dante no le creía―. Es una mocosa más del motón. ―Sinceramente ella no comprendía su enojo, generalmente le hubiese sido sencillo para ella convencerle de que sólo le había asustado, que otras intenciones no tenía -aunque fuese mentira-, pero así cómo él estaba no era posible, ¿qué carajo tenía ésa mujer, brujería quizás?

    ―Pero querías matarla, mejor dicho quieres hacerlo. ―Le acusó, sabiendo de su culpabilidad―. Ya te dije, no te quiero ver. ―Él sabía que la perdonaría, no la odiaba, no podría hacerlo, pero tampoco podía estar cerca de ésa mujer capaz de matar a un humano por sus irracionales celos. Ella despedía aquello, no importa cuánto luchara para ocultarlo.

    Salió dando un portazo y fue a dormir, o cabecear un rato realmente.

    No durmió tantas horas como él deseaba, se levantó con torpeza y abrió su boca en un muy gran bostezo. Luego simplemente le apeteció ir a caminar por las calles, quizás encontrara algún demonio que exterminar, necesitaba liberar toda esa molestia acumulada por culpa de la mujer de cabellos amarillos.

    Unas diez cuadras después se percató de un pequeño grupo de demonios menores cuchicheando quién sabe qué, sólo recordó un comentario que le dio curiosidad: “tiene una espada que nunca usa, qué engreído”. Luego de eso empezaron a charlar sobre cómo atacar cierta guardería, allí él sí podía entender claramente, y haría que ellos lo entendieran a él a través de balas y en el otro mundo, clamando por compasión. Sonrió, admitía abiertamente que le gustaba matar a ésas sabandijas, lo merecían después de todo.

    Siguió vagando por las calles de asfalto, y cada vez que se cruzaba con algún demonio menor las palabras eran similares, “alguien que tiene una espada y nunca la usa”.

    ―Tú, cazador ―habló el líder de un grupo de tres―. ¿Sacarás tu espa… ―Antes de terminar ya había sido cortado en dos con Rebellion, los otros temieron, pero a la vez el joven percibió un tanto de decepción, ¿tanto deseaban qué fuese ése tipo de los rumores?

    ―Quizás le tenga algún pequeño trabajo de disculpa a ésa mujer ―guardó su espada en donde pertenecía y fue a beber un trago, debería difuminar sus lagunas.


    Con pasos trémulos salió de su departamento. Maldición, no se sentía segura, aún percibía el aura de aquella mujer, no era que estuviese allí, lo sabía, simplemente sentía aún escalofríos, como si nunca se fuese de ella. Era más temprano que de costumbre, dos horas más temprano para ser específica; visitaría al cazador.

    Él tenía que ver con lo pasó, punto.

    Tomó un taxi, no poseía ánimos suficientes para caminar. Aunque en parte sí estaba enojada con él, con todo lo que estaba ocurriendo en ése momento. Algo quería que se volviera a involucrar en todo ése mundo, uno que había dejado tan atrás como le fuera posible, ¿olvidarlo? No, eso no podía hacerlo, no se lo permitía ni quería, sólo no deseaba recordarlo de forma dolorosa y hasta que no pudiese controlarlo resguardaría lo más que pudiera, en ella misma y bajo llave.

    ―Ya estamos aquí, señorita ―anunció el conductor. Ella alzó la mirada y estaba cerca del local, el hombre no iba a ir más allá y no peleó con él. Pagó, se bajó, cerró la puerta y caminó con temor hacia el negocio.

    Estaba tan distraída que cuando entró por ésa puerta gigante no sintió el aura de la mujer hasta que esta salió del baño. Se miraron, ambas con sorpresa.

    ―Con que la niña sabe cómo ocultarse ―dijo con presunción.

    Kagome apretó los labios, tan molesta que quería gritar. Ellas dos estaban de extremo a extremo de la amplia habitación, las intenciones de ambas eran claras, Trish quería matarla, y que lindo detalle que fuese allí; Kagome no planeaba permitir aquello. Su temor no era por ella, no a morir, sabía que no pasaría, su temor radicaba en las consecuencias que todo aquello iba a conllevar.

    ―¿Y tú qué, cosa? Ayer te fuiste demasiado rápido. ―Kagome sonrió a decir aquello, si ésa mujer iba a ser arrogante, estaba bien, pero ella podía serlo mucho más.

    Se mantuvo impasible cuando la mujer empezó a caminar hacia ella. No levantó ninguna barrera previniendo lo que se iba a armar, y se sintió más tranquila cuando la puerta detrás de ella fue abierta, siendo el aura del chico lo primero que la abrazó, se volteó de inmediato.

    Dante vio con nitidez a Kagome, y tuvo el impulso de abrazarla, despegar sus pies del suelo y darle vueltas en el aire. Se sonrió él sólo, posiblemente era el impulso más extraño que haya tenido. Luego vio su rostro, sus grandes ojos marrones llameantes, claramente molesta con él y quizás sabía el motivo, la chica poseía una clara intención de soltarle una sarta de cosas. Bien, ahora más ganas tenía de alzarla como un tierno y liviano costal de papas.

    ―Trish, te dije que no te quería ni oler aquí ―regañó con falso enojo el chico. Ignorando –con claras intenciones-, a la extranjera quién lo único que hizo fue fruncir el ceño.

    Lo sabía, conocía a aquella mujer. Kagome leía fácilmente las intenciones de la fémina, como un libro abierto de pocas páginas y con los agradecimientos delante: fácil. ¿Dante? Ése hombre era distinto, era otra clase de libro, uno que no tenía nada escrito en él, mucho por escribir pero que nunca sería plasmado allí: impredecible.

    ¿Tan sencillo era para él ignorarla? Bueno… para ella no. Él se situó justo a su lado, y allí no sabía las intenciones del cazador; si hubiese sido delante era para defenderla, pero sí se hubiese quedado detrás era todo lo contrario, allí sí purificaría su trasero, ¿pero al lado de ella? Acaso él…él ¿quería que luchara contra demonios de nuevo? No era factible, no sí conocía a ésa mujer y claramente lo hacía.

    ―Lo siento, pero madrugaste querido ―dijo con pausa, casi con cariño.

    «Oh, así que quieres que Kagome sienta celos… qué predecible», se dijo mentalmente Dante cuando oyó claramente el cariño superficial en ésas palabras, nada más para que la menuda chica lo sintiera.

    ―¿Piensas que creeré en un falso cariño?, ¡estás demasiado encabronada conmigo como para que eso sea real! ―espetó con molestia. ¿Quería jugar? Que lo hiciera, ella también podría.

    La alarma de su móvil sonó anunciando que tenía un cuarto de hora para llegar al trabajo. La verdad en ésa situación poco le importaba que la mujer frente a ella quisiera matarla, Dante no lo permitiría, simplemente porque no, él defendía a los humanos y ella a pesar de todo era una.

    ―¡Rayos, voy tarde! ―exclamó―. No tengo tiempo para esto, adiós. ―Se dirigió al cazador con esto último, y simplemente dio la vuelta.

    ―¡Kagome, apártate! ―gritó el cazador cuando vio a la chica de cabellos amarillos cargar su poder demoníaco, lista para lanzarlo contra la mujer.

    Un escalofrío le recorrió completamente, apoyó la mano en la puerta y allí quedó estática. Ésas palabras juntas la derrumbaron por dentro, movieron cada pilar macizo que había erguido en ésa ala de su memoria y de su corazón. Con ellas, en grito, con ése tono de advertencia, molestia, preocupación… Ésa puerta sin llave se había vuelto de un fino papel de arroz.

    ―Mierda ―murmuró él contra la atacante. Hizo que esta bajara sus brazos, tomándolos con rudeza―. Cobarde ―susurró para picotearle el orgullo. A pesar de que el aura de la misma no era amigable con Kagome, a esta le parecía rebotar, ni la sentía, ni temía. Sólo estaba allí, con los hombros hundidos y el corazón agitado, pero no sabía porqué―. Sólo vete de una vez Kagome, no seas tonta―dijo con disgusto. Tan quieta que estaba ella, pero aún así no parecía ella.

    ―Adiós ―susurró la chica de cabellos ébano, abrió la puerta y al cerrarla Dante percibió una oleada gélida golpearle, no era el aire, era más pesado que eso.

    Se quedó mirando la puerta con duda. Tomó la mano de la mujer cuando esta se adelantó un paso para seguir a quien acababa de salir. Él mismo la guió cerca del escritorio, la dejó allí y se sentó en aquella silla tan familiar a su cuerpo, colocó las manos detrás de su cabeza, bufó y cerró los ojos.

    ―¿Qué te pasa a ti? ―inquirió la rubia al tomar asiento sobre aquella mesa, sobó su muñeca, dolorida.

    ―Nada.

    ―Algo te pasa, Dante. ―Ella se vio de repente triste. Siempre había tenido otros “altercados” con mujeres que se habían acercado a Dante, él lo tomaba como un buen numerito para reír, pero en esta ocasión estaba molesto.

    ―Hump, ni yo lo sé, deja el fastidio. ―Dio vuelta la silla, dándole la espalda.

    ―Sí lo sabes, dime ―dijo con un tono demandante, al chico eso le mosqueó.

    ―Tsk, no eres mi madre Trish, te puedes parecer a ella, pero no lo eres ―musitó con una extraña sutileza, sabiendo la mujer que no era por ella, sino por haber recordado a su madre.

    Ella quedó enfurruñada, y sabiendo que nada haría que el cazador le prestara atención ni siquiera modelar sin prenda alguna frente a él. Decidió ir de compras, distraerse, quizás buscara a Lady. Luego de salir pensó que había la posibilidad de que ella sí supiera algo de ésa tal Kagome.

    ―Vale la pena preguntarle. ―Se susurró a sí misma mientras saltaba de edificio en edificio.



    Decidió tomar de nuevo un taxi, pero para regresar a su casa. Ahora le importaba un comino el trabajo, haría horas extras de ser necesario.

    Encendió la calefacción, desconectó cualquier teléfono y apagó el propio, se colocó el pijama y se echó en la cama tapándose incluso con la colcha, se ovilló como un gato perezoso debajo de toda ésa tela, poniéndose cómoda, dispuesta a dormir pero sin poder hacerlo.

    Cerró los ojos fuertemente, y recordó lo que Dante había gritado: «¡Kagome, apártate!», y tratando de convencerse de que había sido él quien habló. Pero no podía. Para ella ése tono, ésas dos palabras juntas en grito, y la carga emocional en ellas fueron demasiado.

    Kagome se quedó quieta por el simple hecho de esperar que unos brazos rodearan su cintura, sentir el aire azotarla brevemente mientras era alejada del peligro, y luego un breve regaño de preocupación seguido de un: « Kagome, no seas tonta», dicho con pausa y con un oculto cariño. Eso había esperado ella, y cuando se percató que simplemente estaba en un local sujetando una puerta, y que nadie la había alejado del peligro sino que estaba de frente a él, se sintió hecha pedazos.

    ¿Por qué luego de ocho años unas simples palabras detonaban como dinamita? Nunca pasó en su casa, teniendo allí recuerdos frescos y constantes. Posiblemente había sido la costumbre de estar cerca de aquello que ya no dolía, esto, sin embargo era demasiado nuevo.

    Y una y otra, y otra vez recordó aquellas palabras, no dichas por quién las dijo hace unas dos horas, sino dichas por quién debería decirlas aún. Sin poder evitarlo unas diminutas lágrimas rodaron por sus mejillas perdiéndose en la almohada, mojando la misma empezó a quedarse dormida.

    ―Inuyasha. ―Otra lágrima se deslizó por su mejilla antes de dormirse completamente.
    2131; palabras

    N/A: Ñem~ La verdad tengo el capítulo desde hace un tiempo hecho, bueno, técnicamente no. Quise retomar hacer capítulos largos, pero simplemente traté de colocarle más texto, otras cosas, pero no pude. Si le hubiese puesto otra cosa cortaría horriblemente el impacto de ése último diálogo, no quería hacerlo :c
    Jo, ya tengo unas doscientas palabras del otro capítulo, ¿es poco, por qué se los digo? Lo segundo no lo sé; pero a lo primero, sí, es muy poco, pero cuando tengo así sea cien palabras, allí tengo de donde arrancar :3
    Fresas con crema para ustedes~
     
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    Artemisa

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    Ay, Trish Trish. Nada más no entiende.

    Lo que me encantó de este capítulo fue que, a partir del impulso de Dante para abrazar a Kagome, el carácter de éste dio un leve giro que familiarizó inmediatamente al lector con el último amor de la chica. Si bien es cierto que ya percibía esta semejanza tremenda, fue agradable leerlo en concreto al final del texto y saber que había sido completamente intencional.

    En cuanto a lo técnico, me parece que prefiero tu uso del guión largo como en el capítulo anterior, just saying. Esta vez no estuvo del todo mal (aunque había pocos errores), pero en lo personal me siento más cómoda con aquélla. Fuera de éso, pequeñísimos detalles.

    ¡Muy bien, preciosa! Saludos. <3
     
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    Nopal

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    Luego edito -si es que tengo más comentarios, mou-.

    Artemisa: No puedo evitarlo, la verdad cuando empecé con ése capítulo iba a hacer totalmente distinto, pero en una etapa fangirl, no pude evitarlo ;^; Sobre lo de el guión, creo que fue aquí:
    Donde se vio más el cambio. En los otros debo ver por qué lo dices, de verdad que no noto diferencia. Jo, lo leeré con pausa. Pero en este en específico hasta yo tuve problemas. Se debe deber al hecho de como abordé la narración del diálogo, esta creo, si fue distinta.
    Un día te amarraré sin darte amor para que me digas ésos pequeños errosillos ;-; No los veo, y se debe a que los desconozco, no quiero tenerlos ;-; Te adoro :*
     
  15.  
    Nopal

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    Título:
    Luz Demoníaca [Devil May Cry and Inuyasha]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    8
     
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    VII
    A eso del mediodía arribó en el Devil May Cry, simplemente se dejó caer por allí.

    Al entrar sintió de inmediato el aire denso del lugar, casi asfixiante. Se percató que allí estaba Trish, ésa mujer la ponía nerviosa. Se sabía de forma irrefutable que no simpatizaba con los niños, aunque trataba de hacerlo con ella, claramente por Dante, no porque lo deseara.

    ―Está bien, averiguaré eso por ti ―dijo de repente la mujer, movió coquetamente las caderas, acarició la cabeza de la niña y salió.

    ―Dante ―canturreó ella―, ¿sabes? Vi una tienda de empeño, y amé un collar de allí ―insinuó abiertamente con una gran sonrisa.

    ―Hump, vamos, saldrá más económico que esos trozos de tela ―explicó con tranquilidad, demasiada, ni siquiera había una pizca de broma. Patty lo dejó pasar.

    ―No son simples telas, por eso el precio ―realizó un puchero―. ¿Has visto a Kagome? ―indagó ella mientras caminaban uno al lado del otro por la acera.

    ―No ―mintió él descaradamente, la niña no se dio cuenta de esto.

    Luego de una media hora caminando la niña se vio más alegre, estaban cerca. Él bufó, ¿cuánto le saldría aquél capricho? Justo ahora necesitaba un alma femenina que transitara por allí y le tendiera una mano, la madre de la chica estaba de viaje haciendo no recordaba qué, y Kagome…

    Kagome estaba devastada, y no sabía el motivo. Le era demasiado extraño haberla sentido así, deprimida, desubicada en el entorno, ajena a todo, al peligro…a él. Eso le incomodó, ¿cómo podría no notarlo? Estaba acostumbrado a resaltar, y ahora también se le había hecho costumbre estar con la chica extranjera, que riera de sus bromas y que le peleara por gusto, sonriente y con rubor en sus mejillas, quizás fingiendo enojo.

    Pero la joven que salió por ésa puerta no era la misma, fue un cambio tan repentino que sintió su sangra helarse, ella desprendía dolor en cada poro cuando la madera cortó el gélido aire. Todos tenían un pasado, y al parecer el de Kagome no era tranquilo, nunca antes se había cuestionado cómo se había involucrado ella en ése mundo demoníaco, ¿qué tanto sabía ella de eso, o tendría él que enseñarle? Debería empezar a preguntárselo, otro trabajillo para Trish.

    ―Es aquí ―anunció la chiquilla tomando la gabardina del mayor y arrastrándole dentro del local. No pudo leer qué decía arriba.

    ―Bienvenidos ―dijo una casi chillona voz a penas la campanilla anunció su entrada.

    Dante pudo distinguir un curioso acento, muy similar al de Kagome. Frente a ellos se exhibían dos vitrinas llenas de curiosidades, formando tres pasillos. Los techos eran de unos cuatro metros, había una platabanda al final de la estancia, haciendo un segundo piso repleto de cajas. Y al final se extendía un amplio mostrados, la decoración danzaba entre el morado y el azul naval, evitaban el dorado teniendo muchas cosas de este color.

    Retozaban desde tazas para el té, radios, pinturas, joyas hasta armas diversas. Todo estaba bien organizado, quizás era un negocio familiar o algo semejante. Detrás del mostrador estaba un chico de unos quince años, con unas pecas en sus mejillas, unos lentes de pasta negra y detrás de éstos unos verdes ojos expresivos, el cabello se arremolinaba desordenado en su cabeza, y este era de un tono terroso. Su sonrisa era amplia y curiosa.

    Era un demonio, uno inofensivo.

    Dante saludó con la mirada, y el joven ni se inmutó, sonrió más ampliamente. Fue caminando tranquilo por cada pasillo, paseando la mirada, por si hallaba algo interesante. Y lo encontró, pero no era un objeto. Patty tenía las mejillas sonrosadas y los ojos un poco brillantes, no enfocados en ninguna joya, sino en el chico distraído.

    ―Al parecer te has ganado una admiradora ―canturreó Dante socarronamente.

    ―¡Cállate! ―espetó una muy colorada Patty inflando sus mejillas, avergonzada. Él le guiñó un ojo, asegurando que podría ayudarle en su “conquista”.

    El joven rió un poco, buscando quizás donde esconderse.

    ―Jovencita, viniste temprano, ¿ya te decidiste? ―Ella asintió, el joven dio vuelta y buscó algo detrás.

    Dejó una pequeña cajita hecha de bambú, al abrirlo Dante se acercó, dentro había un corazón de color dorado, un poco golpeado, con unos grabados en él, sólo pequeñas lazadas sin sentido realmente. Era un relicario.

    ―¿Eso es lo que quiere Patty? ―indagó con sarcasmo―. Oh, ya sé. Pondrás tu foto y la de este joven, que tierna ―dijo risueño. Ella, molesta, le pellizco el brazo, y él rió.

    ―¡Claro que no! Es para poner una foto contigo y mi mamá ―dijo y luego se tapó la boca, o debía haberlo dicho.
    ―Tks, ¿y cuando se supone que yo me tome ésa foto? Nunca Patty, nunca ―siseó él.

    Todos alzaron la vista al oír pasos arriba, Dante rozó con sus manos la funda de Ivory, era otra aura demoniaca, y no se notaba tan inofensiva, estaba alerta, latente.
    ―¿Qué sucede Kentaro? Hay mucho alboroto.

    ―Nada padre ―contestó dirigiéndose a la figura que salía desde la puerta detrás de él.

    Era un poco más pequeño que Dante. Con una nariz respingona y un gesto casi infantil, con claros rasgos de madurez. Su cabello era casi anaranjado, amarrado en una coleta alta, y aún así alborotado, un mechón caía en medio de sus ojos, unos abrillantados y grandes ojos verde esmeralda. Acogedores.

    ―Bienvenidos, ¿en qué puedo ayudarles? ―Su voz, como entrenada por un tenor llegó a él de forma familiar y alegre. Dejó de tocar su arma, ése hombre sólo protegía a su familia.

    ―Pues, la niña aquí presente, encantadora, enamoradiza y bulliciosa. ―Patty le pisó el pie y el hizo una mueca―. No retiraré lo dicho. Quiere que yo le compre ése relicario ―puntualizó.

    ―Me lo debes, perdiste la apuesta ―recordó ella.

    ―Ése relicario no está a la venta ―dijo con simpleza.

    Dante quiso reírse en la cara de la niña, es que enseguida creyó oír algo quebrarse, y supo que era su ilusión infantil hacia aquél objeto, pero sabía que ella no se daría por vencida, a pesar de sus ganas incontrolables de saltarle encima al dueño y exigirle que le vendiera al objeto, que pagaría lo que sea, corrección, que Dante pagaría lo que fuera.

    La pequeña se aferró con sus manos al borde del mostrador, alzándose lo más que podía y mirando, con ojos enternecedores al más joven, casi haciendo un puchero.

    ―Jovencita ―susurró el mayor. Salió de donde estaba y se colocó frente a ella, se agachó, la miró a los ojos y prosiguió―: Es un objeto personal, no podemos venderlo ―musitó―. Kentaro, acompáñala a ver qué otra cosa le interesa.

    Cuando los más jóvenes estaban lejos los otros suspiraron.

    ―¿Por qué tienen algo que no pueden vender el exhibición? ―apuntó Dante, sujetando el objeto en sus manos, dándole vuelta en sus dedos. No era oro y no valdría mucho, pero al parecer era otra cosa la importante.

    ―Debes ya tener la respuesta ―señaló escuetamente. Con un suspiro. Para él notar que ése relicario estaba allí lo llenaba de tristeza, simplemente no podía verlo, su corazón se estrujaba.
    Le dio la espalda al otro, tranquilo, mientras sacudía el polvo de las espadas que se disponían en la pared.

    ―Nunca antes había notado esta tienda ―murmuró―, y eso que siempre paseo por esta zona, no vivo tan lejos.

    El relicario danzaba en sus dedos, y él sentía los bordes de aquél corazón, empañado con un sentimiento extraño, como si le conociera pero fuera proveniente de otro espacio muy distinto en el que estaba.

    ―Llevábamos unos treinta años sin pasar por aquí, algo así como cuando ibas a nacer. ―Dante sonrió, era cierto. Ahora se sentía como un renacuajo que no sabía nada de nada. Aquél hombre que no parecía llevarle más de diez años, se sintió cómodo.

    Algo se recargó en su pierna, y suspiró pesadamente. Resignado a lo que le venía luego de eso se agachó y la cargó en sus brazos, dejando que ella se aferrara a su cuello, de verdad no quería saber cómo sería cuando ella se deprimiera de verdad.

    ―No hay nada más que me interese ―hizo un puchero, queriendo convencer con su mirada al hombre, pero no se percató que este no le miraba.

    ―Deja de ser tan cría ―riñó el cazador. La bajó se sus brazos y la despeinó, apurándola a salir.
    Antes de él marchar dio vuelta un par de veces más el objeto y se lo entregó al hombre, despidiéndose. El un descuido al otro se le cayó, y abierto en el suelo Dante lo tomó, le dio vuelta para cerrarlo y se quedó paralizado un instante, luego se lo entregó al hombre en la mano y fue a alcanzar a una desanimada Patty.

    ―¿Qué sucede, Dante? ―preguntó ella caminando hacia atrás mientras lo miraba.

    ―Nada, nada, sólo que ahora tendré que gastar en ésos trozos de tela ―dijo con fingida pesadumbre.

    ¿Sus ojos lo habían engañado?, ¿su mente lo traicionaba? Era imposible que dentro de ése antiguo relicario se encontrara una foto de una Kagome con uniforme colegial, de hace años, al lado de la un chico de extraños ojos dorados. Era simplemente improbable.

    ***

    Su cabello estaba alborotado cuando se levantó ésa mañana, ida en un mar de recuerdos que se golpeaban unos con otros de manera incoherente realizó lo que debía en la mañana y fue camino al trabajo, debía reportarse al menos. Ese quiebre que había tenido no debía permitírselo más, ¡Por Dios, era una mujer adulta ya, no una adolescente enamorada!

    ―Piensa claramente Kagome, debes de hacerlo ―suspiró y se apuró a tomar su café, lanzó el envase vació en una cesta metálica antes de tomar el ascensor.

    Se echó aire con la mano para evitar que unas lágrimas le arruinaran el maquillaje del trabajo, y su humor con él. A penas las puertas se abrieron se encontró con su jefe, distraído ante ella, que había bajado la mirada y se mordía el labio, nerviosa. Aún no había planeado su excusa, no podría llegar y decirle: “ayer no vine porque me dio una crisis con respecto a un amor adolescente, y es posible que se repita”, suspiró descartando la idea que la tentó un segundo, por ridícula.

    ―Higurashi ―dijo su jefe notando recién su presencia, ella quedó como pez fuera del agua, aturdida―. Acompáñame. ―El hombre entró con ella al aparato, y se puso aún más nerviosa.
    Marcó el último piso, y casi sudó frío. Iban a ver al dueño de la compañía, quería lanzarse al suelo y llorar, y no era por la situación, sino por lo de ayer.

    «Ya está, me despidieron, me regreso a casa», y casi se sintió aliviada por ése pensamiento. No vería más a Dante, y él no iría a buscarla a Japón, así todo estaría bien. No recordaría nada, pero no. Se recordó de nuevo que era adulta, huir no era una opción.

    Salieron del ascensor, cruzaron un pasillo y a una recepcionista, una puerta se irguió y ella entró en pánico, cuando su jefe tocó y le dijeron que pasara quiso salir corriendo y lanzarse por una ventana, así de exagerada y todo.

    ―Te veo abajo ―despidió el hombre. Ahora no le parecía tan exagerado lo de la ventana.
    Entró al lugar porque se lo ordenaron desde dentro, dejó escapar el aire que había retenido cuando cerró la puerta a su espalda y volteó lentamente.

    ―¿Me necesitaba? ―cuestionó de forma tímida, casi ida en sus pensamientos.

    ―No te recordaba así de tímida.

    ¡Era imposible! Ésa persona no podía estar allí, era ridículo. Palideció de inmediato, y las lágrimas se agruparon en sus ojos, ¿no había sido mentira? A veces se preguntaba si su pasado había sido un juego de su mente, pero ahora con él allí era imposible que lo fuera, quiso, con toda su alma abrazarle, aferrarse a ésa figura que era real. Pero no pudo.
    1974 palabras
    N/A: Casi dos mil palabras, well. Este capítulo me salió tan forzado, tenía toda la idea de el, pero sinceramente las palabras no salieron de forma fluida, me iba a rendir en mil, pero seguí, y salió esto, medio decente. Lamento la espera ; )
     
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    Nopal

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    VIII: ¿Bailas?

    Tenía una verdadera taza de té en sus manos, de aquellas que se usaban en antaño, moldeadas y decoradas a mano. El líquido hecho con hojas naturales de té, sin aditivos.

    ¡Oh, qué nostalgia!

    Aspiró el aroma y se sintió en casa. La primera impresión casi la había llevado a desmayarse: perdió el color, su corazón iba palpitaba dudoso y cuando las lágrimas bajaron ella estuvo a punto de caer al suelo, desvanecida y anonadada.

    Estaba feliz. Había un halo de paz emergiendo, sin desvanecerse, como impermutable en el ambiente, flotando con docilidad. Sin embargo, estada demasiado abrumada, creía que aquello la sumergiría en arenas movedizas, poco a poco sería absorbida por ellas y terminaría en lo mismo, mas no quería huirle, ya no.

    ―¿Por qué me contrataste? ―cuestionó ella, mientras dirigía el té a sus labios, sorbiendo de él mientras cerraba los ojos.

    ―Ya no te vas con rodeos ―dijo él y alzó muy levemente una ceja. Los siglos habían hecho mella en su personalidad, pincelándola un poco, haciéndola un poco más delicada.

    ―Deduje que, siendo ahora un hombre de negocios, no tienes tiempo que perder ―sonrió levemente, con ganas de llorar. Aún no lo creía, no podía.

    Él se levantó con su acostumbrado porte y le dio elegantemente la espalda mientras colocaba sus manos en su espalda y las entrecruzaba.

    ―El tiempo no me preocupa, y te contraté por que le hice una promesa a Rin antes de que muriera, es todo ―respondió con simpleza, la respuesta parecía incluso ensayada.

    Ella pensó que le había dado la espalda por un motivo, pero decidió que ni quinientos años lo ablandarían, era simplemente imposible. Lo de la promesa… era lo más seguro.

    ―Sesshômaru ―susurró ella, llamándole―. ¿Acaso…

    No le dejó terminar y miró sobre su hombro, ella estaba allí, con un gesto más maduro del que pudiese recordar, se parecía a Rin en las vísperas de su matrimonio, a esa chiquilla que no era ni de asomo similar a otro humano. Sus ojos cafés, entristecidos, la delataron.

    ―No sé de él desde hace unos treinta años ―respondió a la pregunta no formulada.

    Ella hipó, y sin poder contener las lágrimas dejó que estas se deslizaran por su rostro, con tranquilidad, y sin ademán de querer quitarlas sonrió levemente.

    Está vivo.

    Eso la llenaba de alivio. A veces su mente, ida en sus recuerdos la atormentaba con el hecho de que no estuviese vivo, y era eso de lo que se había convencido, para así no buscarle, para así ya no sufrir y enterrarlo de espíritu como debía estarlo físicamente. Ahora sabía que no era así, y por más que tratara de pensar en otra cosa ella estaba segura que se preguntaría siempre en dónde estaría, si le vería de nuevo, si la había olvidado, si la recordaba, siempre habría ese: ¿y sí él…?

    Recorrió con la mirada el despacho, las paredes se hallaban vacías por un segundo creyó que vería allí las espadas y en una esquina su inconfundible armadura, al lado de la afelpada estola, pero no había nada. Si lo meditaba, él no era extravagante, hacía saber a todos lo que valía, que era alguien que debían respetar y no necesitaba ni un solo objeto para demostrarlo.

    Secó las lágrimas que quedaban con el dorso de su mano, y respiró profundo.

    ―Ve a trabajar, la organización de esa boda no se hará sola ―ordenó el demonio.

    ―Sólo otra pregunta, ¿por qué no sentí tu aura? Ni ahora puedo.

    ―Los humanos pueden entrenar para ocultar su aura con el poder espiritual, nosotros podemos hacer lo mismo con el demoníaco, ahora ve. ―Se sentó de nuevo y empezó a revisar algunos papeles.

    Cuando Kagome salió del despacho observó a un pequeño hombrecito refunfuñar algo, y esa voz le pareció tan conocida.

    ―¿Jaken? ―cuestionó mirándole.

    ―¡¿Quién molesta al jefe, acaso no hay ya respeto?! ―gritó mirándole―. ¿Rin? ―se preguntó. Ella negó―. Oh, eres esa humana, la arpía de aquél híbrido.

    Kagome frunció el ceño y suspiró, sí, era Jaken, en definitiva. Dijo un “nos vemos” y tomó el ascensor. Cuando estuvo dentro del aparato meditó todo lo dicho en aquél despacho. No le había visto en treinta años…La puerta del ascensor se cerró, y con ella las posibilidades también. Quizás no le había visto en ese tiempo porque no podía hacerlo.

    No se puede ver a un muerto.


    ~~~

    Dos semanas llevaba sin mirar a la adorable chica… Pero tenía allí a la vanidosa e irritable, debería de compensarlo, hacerle pasar, quizás, un buen rato. Esperaba que el sarcasmo en sus ideas fuese claro, ya que eso empeoraba todo en tantos sentidos.

    ―No iré, día de comer y dormir, lo siento ―hizo gestos con las manos, queriendo alejarlas como palomas que le pedían pan en el parque y él no tenía.

    ―Déjale niña, dijo que no, es no ―refunfuñó Trish desde la platabanda.

    ―¡Cállate! ―gritó la pequeña inflando las mejillas―. Si no fuera por ti Kagome estaría aquí, bruja ―murmuró para sí misma. Los otros dos le oyeron; Dante rió apretando los dientes y la mujer resopló, molesta.

    Decirle bruja, que descaro aquél. Pero era solo una niña, no podía ni debía lastimarla, aunque solo un poquito, un leve jalón de orejas…

    No, no podía.

    Cuando unos tacones repiquetearon fuera de la puerta todos voltearon a ver, curiosos. Patty esperó que fuera un cliente, y los otros dos estaban alerta, no podían sentir nada que delatara qué era lo que venía.

    La puerta se abrió y Dante sonrió ampliamente mientras la mujer bajó a grandes zancadas hacia la puerta, hecha una furia.

    ―¡Kagome! ―gritó con alegría la niña, casi saltando a sus brazos.

    Su madre no volvía del trabajo, Lady estaba fuera en un encargo, Dante la ignoraba y la bruja rayaba en insufrible. Necesitaba un buen respiro, era una niña, aún lo era y necesitaba recibir cariño.

    ―Recibía quejas diarias de mi portero sobre una niña que revoloteaba preguntando constantemente por mí. ―Le guiñó un ojo en cuanto ésta se sonrojó, sorprendida en falta―. Admiro tu memoria ―dijo sonriente y dándole un beso en la mejilla.

    ―No te vi en dos viernes, preocupaste a Louis ―apuntó Dante.

    ―Hola, estoy bien, gracias por preguntar ―dijo ella caminando hacia el escritorio―. Adoro tus atenciones, Dante, siempre tan preocupado por mí.

    Había sarcasmo en sus palabras, pero la verdad Kagome no sabía que tan en lo cierto estaba.

    ―¿Qué te pasó? ―No necesitó más para ser entendido, que se haya marchado así no era normal.

    ―Hump, estaba indispuesta, es todo ―dijo con naturalidad, y así era. Lo estaba, había varias formas de sentirse así, que siempre se entendiera otra no era su problema.

    ―No detecté nada semejante ―echó su cabeza hacia atrás, suspirando.

    ―¿A qué te refieres con detectar? ―indagó. Él alzó una ceja, ¿necesitaba que fuera específico? Con sus ojos, traviesos, la miró de arriba abajo, enfocó la vista en un punto medio de su cuerpo.

    Ella enrojeció notablemente, ¿acaso él, era posible que…?

    ―Justo ahora estás indispuesta. Al menos que tú ciclo sea muy extraño y andes así cada dos semanas… Me mientes ―sonrió y apoyó su mentón en su palma, mirándola como pez fuera del agua.

    ―¿Cómo diablos puedes, cómo? Pero yo, mi barrera, el aroma, las esencias, el, eh, yo… ―balbuceaba Kagome, aún sin lograr entender.

    ―Hay veces en que bajas la guardia en tu barrera, como ahora, estás conmigo, por eso la bajas ―dijo, arrogante.

    Kagome iba a hablar, a reclamarle algo, pero en vez de eso suspiró, trató de ignorarlo olímpicamente y tomó a Patty de la mano, dirigiéndose a la salida.

    Trish se interpuso.

    ―¿A dónde vas, cría? ―le encaró la mujer.

    ―A mi casa, con Dante y Patty, si a ti te apetece nada puedo hacer. No me asustas, si de verdad te importara tanto matarte, ya lo habrías hecho, ahora quítate ―aclaró en un suspiro y con molestia. La de hebras amarillas se apartó, contrariada―. Gracias.

    ―Y callaron a la mujer irritante ―silbó Dante, pasándole por un lado a la incrédula mujer―. ¡Hey Kagome, a la próxima me invitas como a una persona! ―La aludida bufó, risueña.

    Al cabo de unos minutos Trish les siguió, enfurruñada.

    La pequeña Lowell se veía radiante en su vestido esmeralda, danzando con su chispeante mirada. Estaba en un parque aledaño al orfanato, donde se celebraba un evento de caridad. La niña ya no tenía necesidad de estar allí, pero, no podía vivir con Dante, simplemente quien tuviese un poco de sentido común no le dejaría a cargo a ese hombre otro ser vivo por más de doce horas consecutivas, al menos que hubiese una buena pasta de por medio. Así que, mientras su madre no estaba, el orfanato era una muy buena opción, aunque…

    Miró a Kagome, sonriente, cargando a un bebé de unos cuatro meses que había llegado hace poco, este gorgoteaba mientras la chica le alzaba levemente y lo bajaba, besándole la abultada barriga. Luego, gustosa, lo acunó en su pecho para darle de comer. Patty se enterneció notablemente. Kagome sería buena opción para vivir por algunas temporadas.

    Sonrió para sí misma al ver al de hebras blanquecinas acercarse a la chica.

    —Tienes talento natural —canturreó, un tanto sorprendido con la facilidad que la chica se desenvolvía.

    —Prácticamente ayudé en la mitad de la crianza de mi hermano pequeño —respondió sonriente.

    Había terminado ya de darle el biberón al pequeño, y no hallaba un paño que colocarse en el hombro para sacarle los gases. Dante se había sentado frente a ella, con menos de un metro de separación y la miraba atento, la silla estaba volteada, de forma que el joven apoyaba sus brazos en el respaldo y allí descansaba su cabeza.

    Ella, presurosa por buscar aunque fuese una servilleta de tela le entregó el bebé a Dante, él por instinto lo tomó, para no dejarlo caer. Y lo miró como si fuese algo extraño, con una curiosidad infinita. Le sacó la lengua pero el bebé sólo bostezó. Él frunció el ceño, le tocó uno con mal sentido del humor.

    —Ven acá, ese feo no sabe cómo sujetarte —le habló Kagome al bebé cuando regresó. Prosiguió enseguida a darle palmadas en la espalda, con suavidad.

    —Eh, puedo no saber sujetarlo, pero nada de feo y lo sabes —habló él, haciéndose el ofendido.

    —Oh, un joven matrimonio —dijo por lo bajo una de las monjas del orfanato—, quizás sea pronto para pensar en adoptar. Pero no se ven malos —siguió la mujer.

    Ellos no entendían nada, hasta que cayeron en cuenta de que estaba muy cerca el uno del otro, y con un bebé…Oh, ese había sido el malentendido.

    —Oh, no, no, no —se apresuró a decir una roja Kagome—. No estamos casados —dijo, señalándose a sí misma y luego al medio demonio. En ese instante la monja frunció el ceño, dispuesta a darles un sermón de alguna clase.

    Kagome entendió por qué el gesto de la monja y suspiró cansinamente, en muchos templos budistas había estado y tenido que ir a especie de convenciones en representación del templo Higurashi cuando su abuelo no podía, casi siempre daban esas charlas, ahora no quería una en inglés.

    —Venimos con Patty Lowel —apresuró a decir Dante, señalando de inmediato a la niña que hablaba animadamente con otros de su edad.

    La mujer asintió luego en entendimiento. Eran solo acompañantes, colaboradores. Aún así les dio un último vistazo antes de marchar, «no se ven mal juntos», meditó.

    A los minutos era hora de servir la comida, y pronto daría inicio la subasta de los dibujos y objetos que realizaban los niños en las clases de manualidades. También se contaba con donaciones que eran para recaudar dinero con ellas: equipos de sonido, televisores, cosas que el orfanato, siendo religioso, no permitía.

    A donde residía el micrófono se posó una joven de negros cabellos en bucles, con un vestido otoñal que le llegaba a las rodillas y marcaba su figura. Se veía a leguas que era una chiquilla que vivió eternamente entre lujos, y que, le dio por ser “altruista”.

    La japonesa abrió los ojos grandemente, ella la conocía, era su clienta para el evento de la boda, faltaban detalles mínimos para terminar el alquiler del salón, el trabajo de Kagome consistía en eso, realizar contratos por inmuebles, meramente alquilados. La verdad, la empresa a la que trabajaba se encargaba de todo por sectores, decoración y organización no le había tocado, sin embargo la mujer le pidió personalmente consejos…quería un casamiento regido por el budismo.

    Kagome suspiraba y trataba de explicarle el correcto uso de los términos, pero no comprendía, ella hablaba solo de la decoración, no de usar kimono ni nada semejante. Se sentía insultada, por ende no le simpatizaba mucho. Rogaba no ser vista.

    —¡Qué empiece la subasta! —chilló la mujer, creyendo que solo eso debía decir.

    Muchos sintieron pena ajena, oh, qué gran hipocresía.

    Todos se agruparon en sus grupos. Kagome sorprendió por detrás a Patty y le sonrió, Trish se colocó a un lado, enfurruñada, tantos niños, correteando, jugando, brincando…No le agradaba. Ellas estaban en medio de todo el barullo; Dante les llamó con el brazo, que se acercaran más al frente, al no poder hacerlo tomó a Patty y la colocó en sus hombros, para que mirara.

    —Ando de buenas, no abuses —le dijo, como advertencia.

    —Veamos —habló de nuevo la irreverente mujer—, la primera subasta es de, ¡los dibujos de los niños!

    Y así fue durante una media hora, las cosas de los pequeños se compraron rápidamente, y venían ya los electrodomésticos. La pequeña se aburrió, y arrastró a Trish a que le acompañase a jugar con ella y los demás niños…Oh, divino castigo por ser irritante.

    —Ahora, toca la subasta de, chan chan chán. —De nuevo, pena ajena—. ¡Una scooter! —dijo con tanta emoción que parecía que tenía un ataque—. Y para que sea más interesante…¡busquemos un modelo que la luzca!

    Todos parecieron haber pensado lo mismo, y dieron un paso atrás. Pero, ella ya tenía a alguien en la mira.

    —Aquel chico de cabello blanco, ¡ven acá!

    Dante la miró alzando una ceja, ¿él, modelo? Flojito y cooperando, se aburría. Kagome sonrió con sutileza, terminado de animarlo, y él, con gracia, la tomó de la mano y se la llevó con él hasta donde estaba el micrófono y ella forcejeando no pudo hacer nada, dejarle una quemada en la mano por su poder espiritual la tentaba, pero harían más espectáculo que el de ahora.

    —Un placer —saludó él sin dejar de sonreír ni de sujetar a Kagome—, oh, yo también necesito a mi propia modelo —acuñó él al observar como la chica miraba a la extranjera. Una infinita envidia la corroía.

    —Kagome —saludó la otra quedamente—, mañana organizaremos lo restante de la boda —ordenó sin más.

    La aludida frunció el ceño y asintió. Antes de que el cazador preguntase algo la mujer prosiguió con su plan, quizás un último revolcón antes de la boda, esa aventura final. Claro, estando comprometida, casada sería otra etapa de conteo.

    Las risas, bufidos y silbidos no se hicieron esperar. La mujer hizo que Dante se sentara en la scooter, con una posición que rayaba en lo sexy, agradecían que los niños se hubiesen marchado a jugar hace mucho. Claro, ella quería ser a quien sentaran en el “volante”, pero no.

    —Traje a mi propia modelo —dijo él simplemente y atenazó a Kagome de la cintura para subirla al lugar, el vestido subió un tanto y se veían completamente sus piernas.

    Ella no manoteó ni berreó, sino, sería peor para ella. Con un Dante coqueto amenazando en besar su cuello, seduciéndoles con la moto, ella estaba más roja que un tomate.

    Por el parque pasaron unos chicos, universitarios seguramente, y se acercaron al conjunto de personas, vieron a la chica y se codearon, sus ojos brillaron.

    —¡Deberían subastarla a ella! —gritó uno.

    No hizo falta decir más para que Dante de un salto quedara frente a él, lo mirara de forma amenazante, y sin mediar palabra este saliera corriendo. El show acabó silenciosamente luego de eso, se procedió a sacar unas hojas y realizar una subasta silenciosa.

    La scooter fue la más disputada.

    —Kagome, querida, hoy hay un baile en mi casa —dijo la mujer acercándose a ella, en ese instante ella estaba sola, Dante reía con Patty por algo dicho a Trish—. Ve, y trae a tu amigo contigo —invitó con simpleza, casi ordenando lo último y tendiéndole un invitación para dos.

    La chica la examinó con cautela, se sentía repentinamente nerviosa.

    ~~~

    —¡Vayan! —berreó la menor pegada al vestido de la chica, halándole levemente. Sus infantiles ojos brillaban, al parecer el lujo y las comodidades eran su talón de Aquiles.

    Kagome decidió que cambiaría eso.

    —La verdad no tengo ga…

    —Iremos —decidió Dante sin dejarla terminar.

    Se levantó y como estaban en la casa de la chica fue a la habitación de esta, Kagome le pisaba los talones, ¿qué diablos tenía en mente? Cuando entró ella no vio al cazador, este cerró la puerta. A ella le recorrió un escalofrío, había momentos en los que no tenía ni la menor idea de lo que era capaz de hacer el medio demonio.

    —No iré, me da mala espina —dijo ella rápidamente, mientras se sentaba en la cama y se cruzaba de brazos.

    Dante se sentó a su lado, apoyando los codos en sus piernas y la miró de soslayo. ¿Debía decirle? Decidió hacerlo, solo así cedería, no quería fastidiarla, no ahora. Habían cosas que en esas dos semanas lo tenían alerta. Incluso Trish se había comportado cerca de Kagome, y eso era ya mucho qué decir.

    —Con justa razón te da mala espina —empezó a decir, captó su atención completamente—, se rumorea que hay otro “cazador” por los alrededores. Y que quizás vaya a esa fiesta, hay un pez gordo allí —simplificó.

    La chica parpadeó, ¿era una especie de trabajo? No, no había paga, no había visto a Morrisón, eso era sospechoso, además, ¿decirle así de la nada? ¡Oh vamos! Él igual la hubiese arrastrado a ir, con invitaciones o no, si ese fuere el verdadero asunto. Algo extraño había allí.

    —¿Temes a la competencia? —dijo ella sin dudar. Casi queriendo sonreír con burla.

    Dante la miró sorprendido, ¿sería eso lo que le motivaba a ir para allá? No estaba seguro, pero aún así irían. Se levantó —ella sabía que no iba a recibir respuesta—, fue hasta el closet de la chica y sacó el primer vestido semi formal que halló.

    —Te vistes y vamos. —Fue a por la tarjeta, recordaba que decía otra cosa—. Máscaras, máscaras —meditó para él mismo. Oyó el repiqueteo de los tacones de la rubia fuera y se dirigió hacia allí—. ¡Trish, busca unas máscaras! —ordenó.


    A Kagome el azul marino le lucía, el vestido con corte de princesa le hacía ver como otras chicas de aquel grupo frívolo, sin embargo, era el centro de las miradas al ser extranjera. Se sentía tan fuera de lugar. Su cabello se lo había sujetado en un moño alto, tacones medios de color negro y casi nada de maquillaje. La máscara azul naval enmarcaba más su mirada achocolatada. Dante, bueno, él vestía igual que siempre, solo que tenía una máscara de color negro. Ambas eran tipo venecianas.

    —Simplemente resaltas, más con tus piernas —susurro en su oído Dante mientras iba a dar una vuelta, pasando la mano por su cintura.

    La japonesa enrojeció notablemente y alejó la mano atrevida del caza demonios de ella. Respiró profundo y fue a acomodarse cerca de la mesa de botanas, comería algo y buscaría ponche para calmar sus nervios. De todo el banquete se decidió por lo que parecía ser sushi, le daría una oportunidad. Claro, su clienta aún no entendía que un casamiento budista no estaba en la decoración, sino en la tradición, y no había manera de convencerla.

    Dio el primer bocado y tuvo que girar para ir en busca de una servilleta. Allí se encontró con los prometidos, tomados de la mano pero ella claramente molesta por-quién-sabe-qué-niñería, sonrió al verla, sin antes torcer el gesto.

    —Adrián, querido, esta es Kagome, quien nos ayuda con la decoración, ¿no es mona? —La aludida parpadeó, confundida. Oh, qué buena actriz.

    —Un placer señorita —dijo el joven, tomó la mano que no ocupaba la botana y le dio un beso al dorso. Ella asintió en respuesta.

    —¿Trajiste a tu amigo? —preguntó mirándola de arriba abajo, escrutándola.

    La chica asintió como pudo, ¡venga que quería escupir eso! No se lo tragaría por nada. El hombre se despidió para ir a hablar con la familia, y allí la máscara se desvaneció.

    —¿Dónde está ese bomboncito que te acompaña? No puedo creer que te le escurras así, está divino para un buen revolcón antes de la boda —dijo mordiendo su labio y echando su cabello hacia atrás—. Y, ¿cómo está el sushi? Mi mejor chef lo preparó con la receta que le di, ¿divino, no?

    Kagome se sentía asqueada, tanto por la comida como por la mujer, ¿de verdad tenía que trabajar para semejante cosa? Hablaría con Sesshômaru respecto a eso, él debería saber más de costumbres que ella, y era infalible en persuasión, porque era así, o es lo que él dice, o es lo que él dice. Así de sencillo.

    Tomó una servilleta plateada y la llevó a su boca, escupiendo el sushi.

    —Asqueroso, gracias —dijo con una sonrisa forzada, dándole la servilleta envuelta en su mano.

    La miró incrédula, ¡¿cómo se atrevía?! Tendría que hablar con su jefe para que la despidiera por su comportamiento, pero primero acosaría a un pizpireto chico que estaba para comérselo. Miró molesta a la extrajera y se retiró.

    Kagome suspiró aliviada y relajó los músculos, buscó un poco de ponche para pasar el mal sabor, estaba frente a la mesa, dándole la espalda a todo lo demás, sin embargo se sentía presionada, con ganas de llorar. Como si su mundo fuese a quebrarse. Aún sin voltear al resto de la sala tomó un sorbo de ponche. Dulce.

    —Disculpe. —Le llamaron tocando suavemente su hombro. Volteó lentamente y observó al hombre: labios algo gruesos, ojos grandes y de un vibrante negro azulado, alto y esbelto, su cabello lo tenía amarrado, pero presumía era largo, la máscara grisácea era simple, y eso era todo lo que podía ver. Quiso buscar un aura, algo, pero no le importaba. Él extendió su mano hacia ella—. ¿Bailas?

    3751 palabras.

    N/A: Luego de demasiado tiempo, aquí la continuación. Sin palabras.
     
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    Misuzu

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    Omg! Omg! Moshaaa *---* ¿Que te amara? Asghf sí te amo más con este capítulo, y de paso laaargo como me comentaste. Te acosé tanto ayer xD ves, actualizaste por fin. ¡Me súper encantó! ;-; tenía raato sin leer algo tan agradable y entretenido, me hubieses visto toda emocionada leyendo y riéndome a carcajadas en casi todo el capítulo.

    Primero. ¡Morí, morí! Sesshomaru *---* mi amor platónico, tenía el más gran presentimiento que era él, ashgf. Y fue tan lindo cuando leí que se casó con Rin, la promesa, uh, mucha emoción junta.

    Segundo. Estos personajes. Pobre Trish(? bien merecido que le tenía e.e La niña sí que le dio una buena respondida jaja; oh y esto, eso Kagome ;3
    Dante con su forma de ser e.e ¡Sangana! Ya veo porqué dijiste "Cochambrosidades" tú y tu perversión con Dante y más(? Los celos y todo aquello, lo de la moto, esa señora comprometida que ya me cae re-mal xD ¡Qué hipócrita, descarada y falsa aquella! Lo que faltó es que babeara por Dante. Kagome como siempre teniendo la razón y su nueva actitud me gusta:
    Eh, sabes que soy medio lenta xD o es el punto de la historia, no sé, equis. ¿Sesshomaru, Dante, Inuyasha, el chico que la invitó a bailar que quizá y pueda ser Inuyasha disfrazado o un nuevo personaje? Claro, Dante es protagonista pero yo qué sé, los giros rotundos en una historia son inevitables. ¿Quién será la pareja de Kagome al final? Mi dilema, haha.

    Bien, ahora lo técnico que es cortitu(? Eso es lo malo de la presión(? okno. Algunas tildes que te comiste, más en es uso de éste/este, ésta/esta, solamente. Te marco algunos :

    No hizo falta decir más para que Dante de un salto quedara frente a él, lo mirara de forma amenazante, y sin mediar palabra este saliera corriendo. El show acabó silenciosamente luego de eso, se procedió a sacar unas hojas y realizar una subasta silenciosa.

    Se levantó y como estaban en la casa de la chica fue a la habitación de esta, Kagome le pisaba los talones, ¿qué diablos tenía en mente? Cuando entró ella no vio al cazador, este cerró la puerta. A ella le recorrió un escalofrío, había momentos en los que no tenía ni la menor idea de lo que era capaz de hacer el medio demonio.

    ―Justo ahora estás indispuesta. Al menos que tú ciclo sea muy extraño y andes así cada dos semanas… Me mientes ―sonrió y apoyó su mentón en su palma, mirándola como pez fuera del agua.

    Ese 'tú' no lleva acento, ah.

    Y por último una regla que se te pasó del guión largo, en casi todo el cap; cuando el diálogo del personaje termia en un signo, sea exclamación/interrogación, etc tú ya lo sabes haha, la acotación del autor empieza en mayúscula:

    ―¿Por qué me contrataste? ―cuestionó ella, mientras dirigía el té a sus labios, sorbiendo de él mientras cerraba los ojos.

    ―¡Cállate! ―gritó la pequeña inflando las mejillas―. Si no fuera por ti Kagome estaría aquí, bruja ―murmuró para sí misma. Los otros dos le oyeron; Dante rió apretando los dientes y la mujer resopló, molesta.

    —¡Qué empiece la subasta! —chilló la mujer, creyendo que solo eso debía decir.

    Aunque no estoy segura del todo si van mayúscula, como empiezan en un verbo... ah, tú me dirás.

    Es todo jaja. ¡Espero la continuación! Y no te tardes tanto :c tía. Saludos <3

    #Edit.

    Sí, ahora sí que comento xD

    Yo tampoco los veo juntos a ellos, pero... Es que pensé eso por esto:
    Entonces no, puf, menos mal haha. Sí, sí entendí c: las reglas del guión largo, por eso me confundí. Gracias, mosha *-*
     
    Última edición: 5 Octubre 2013
  18.  
    Nopal

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    Respondereé por que asdsa, luego edito, si alguien más comenta.

    Bella, bella *------* Largo, yeah! ¡Era hora!
    Jajajajaja. Aclarando, Sesshô no se casó con Rin x'D Yo no logro verlos juntos :'C Loas acentos, siempre me fallan los de ése tipo :c Me hago bolitas. Con el tu...¡garrafal! x'D Nunca noto esas cosas en la pantalla mientras está en word sino cuando ya está publicado o impreso e.é

    Sobre los guiones, no, no van en mayúsculas. Como lo dices, depende es directamente del verbo, y este es un verbo directo (en todos los casos que mencionaste curiosamente), y van, por norma, en minúscula. Es más la regla del guión la que aplica, que la de los signos, por que al ser una intervención del narrador no se involucra directamente con lo que dice el personaje, ni responde a lo que este dice, ¿me explico?

    @Yukionnatifa; awwww. Jajajajajaja xD Que bueno que vayas por allí nada más, después de todo, no tengo aun continuación ;--; No, no lo estás. Me gustan las similitudes entre ambas, se puede jugar bastante con ello.
     
    Última edición: 11 Marzo 2014
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    Yukionnatifa

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    No es justo!! ya te odio... tengo una montaña de trabajo como para un año y no lo hago por leerte XD (mala excusa) apenas voy aquí, en cuanto termine con mi desastre regresare.... Dios!! eres genial; y ya veo que no estoy tan loca... yo también hice un crossover de DMC e Inuyasha jajajaj.

    Ya lo veras :3
    Considero que la actitud que le has dado Trish, si mata algunas dudas de su personalidad, aunque yo siempre la veré como una mujer que mira como un niño a Dante, sin duda esta personalidad que le has dado también le va a la perfección.
     
    Última edición por un moderador: 4 Enero 2015
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    ajjajaja me encanto tu fic aunque no soy un seguidor de inuyasha de echo no vi mas unos capítulos durante mi infancia asia ya un chingomadral de tiempo jejejej pero soy un gran fanboy de DMC desde que salio no hay juego que no me alla jugado y tu fic me deja demasiado intrigado por favor continualo ajjaaj estare esperando
     
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