Mini-rol Ludi Harpastum | UA (Genshin Impact)

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Gigi Blanche, 21 Diciembre 2021.

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    —Nunca me la había planteado así, pero sí, supongo que tiene ciertos aires de artista ese chico —contesté, genuinamente sorprendido por las similitudes—. He escuchado que es muy bueno dibujando, ¡todo tiene sentido ahora!

    ¿Había algo que Albedo no hiciera bien? Probablemente socializar y descansar, pero hey, nadie es perfecto.

    Estuve de acuerdo con todo lo que dijo Annie y asentí un par de veces. No importaba de donde viniéramos o porque bando pretendiéramos luchar, la muerte nos hacia iguales a todos, y todos merecíamos un final digno y en paz. No obstante su segunda pregunta me hizo dudar, ella chica cuestiono sobre aquel viajero encapuchado. Podría jurar que había comentado algo de él la noche anterior, ¿o solo lo había imaginado? ¿lo dije solo en mi mente? Anna estaba bastante convencida de que no lo había mencionado, pero tenía sus dudas, y para ser honestos yo estaba igual.

    —¿E-Eh? Estoy casi seguro de que lo mencioné antes...¿O no? —rasqué mi nuca, tratando de recordar— Recordaría haberte hablado de él. No bebimos tanto ayer, solo fueron dos copas...¿O doce?

    Pasé a colocar mi mentón sobre mi índice y mi pulgar. Sabía que tenía mala memoria, pero esto ya era exagerado. Al menos agradecía que la mayoría de recuerdos de anoche estuvieran intactos, definitivamente era cosas que nunca quisiera olvidar.

    >>Bueno, eso tal vez sea historia para otro día. Por ahora enfoquémonos en que esta nieve no nos coma vivos. —Le guiñé el ojo a la chica mientras nos aproximábamos a la entrada del campamento, eran apenas un par de lonas que cubrían la entrada a una pequeña cueva, con un par de libreros, unas sillas y una estufa. Tampoco hacía falta quedarse mucho tiempo, solo tomar un poco de aire antes de seguir. El camino a partir de este punto se volvía más peligroso y traicionero.

    Busqué entre mis cosas un mechero para poder encender las antorchas del lugar, no recordando que venía con alguien que podía ayudarme con eso.
     
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    Que ninguno de los dos estuviera seguro si ya habíamos hablado o no del viajero misterioso me arrancó una risa genuinamente divertida. Por los Arcontes, ¿cuánto habíamos bebido? Había sido una de esas noches donde al otro día amanecías convencido de que no había estado tan mal, pero luego comenzaban a preguntarte cosas o debías forzar la memoria y te dabas cuenta de la cantidad de baches que había. Este viajero misterioso sí que era misterioso, eh.

    —No puede ser, nos ha borrado la memoria y todo —bromeé, exagerando mis expresiones, y lancé la vista en varias direcciones—. ¿Y si... está aquí, entre nosotros?

    El campamento al que arribamos era bastante modesto, pero estaba bien equipado. Claramente le pertenecía a un alquimista. La mesa de trabajo y las estanterías del fondo tenían un montón de frasquitos, de diversos colores y tamaños, además de libros y cuadernos con lo que parecían muchas, muchas anotaciones de investigación. Me puse a curiosear, pues porque así era. ¿De verdad no corría riesgo todo este material aquí? Aunque más no fuera por los hilichurls, vaya. No me atreví a abrir ningún frasco, no quería acabar explotando o provocando una tormenta adentro de la cueva, aunque ni siquiera estaba segura de que la alquimia fuera capaz de semejante cosa.

    Di, entonces, con un cuaderno de bocetos. Una sonrisa se plantó en mis labios conforme pasaba las hojas. La mayoría de los dibujos eran de Espinadragón, del paisaje, los animales y criaturas que la habitaban. Quizá fuera una montaña peligrosa pero seguía siendo un ecosistema vivo, con sus características y particularidades, que le permitía sobrevivir a determinadas especies. Eso, al menos, fue lo que me recordó observar los trazos del alquimista. Había... cariño en ellos. Cuidado.

    —Parece que también ama lo que hace —murmuré, sentándome en una silla—. Déjame adivinar: ¿tiene una visión el señor alquimista?

    Solté una risa breve y estiré las piernas, siguiendo los movimientos de Aleck. El tonto estaba encendiendo las antorchas con un mechero, una a una, como si yo no hubiera podido encargarme simplemente chasqueando los dedos. No quise decirle nada, así que lo dejé correr.

    —¿Lo has pensado? Creo que hay como cierto... patrón entre las personas que han recibido una Visión.
     
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    Debíamos agradecer que no tuviéramos ningún tipo de resaca tras la aparente noche desmedida de alcohol. ¿Pero en que momento había pasado? ¿Habíamos bebido tanto como para tener estas lagunas mentales? Yo aun tenía varios recuerdos lúcidos de anoche, cómo el choque afuera de la ciudad o la canción de Annie...Espera un segundo, ¿pagué la cuenta? Demonios, sino pagué el señor Diluc me va a matar. ¿Cómo podía estar seguro de haber hablado del viajero si ni siquiera sabía cuanto debía haber pagado anoche?

    Negué con mi cabeza, tratando de olvidar todo ese delirio mental que me había montado yo solo antes de volver con la chica.

    —Puede ser, el chico siempre portaba una túnica blanca con capucha y era bastante sigiloso al moverse. Perfectamente podría estar escondiendo entre la nieve. ¿Qué tal si él nos borró la memoria?

    Bromeé antes de instalarnos totalmente en el campamento. Terminé de encender todas las antorchas; cuando finalmente mis neuronas conectaron y se dieron cuenta de que igual y sí que había una manera más sencilla de encender el lugar.

    De acuerdo Aleck, guarda el mechero, no hagas contacto visual y no digas ni una palabra.

    Traté de ocultar la vergüenza en mis ojos mientras calentaba la estufa para disipar el resto de frío que queda en la cueva, mientras la chica inspeccionaba las cosas de Albedo; lo estaba haciendo con cuidado, así que no vi porqué habría de detenerla. Ella contempló los dibujos del rubio, mencionando el palpable cariño y esfuerzo que le metía a su trabajo.

    —¡Ding, ding! Efectivamente, y portador de una visión Geo, ni más ni menos —respondí a su preguntar para posteriormente colocar una silla junto a ella y sentarme—. Pues...la verdad es que siempre me he cuestionado cual es exactamente el criterio que toman Los Arcontes para otorgarnos este poder.

    >>He visto gente de lo más vario pinta portar un visión, y cada anécdota suena diametralmente distinta a la anterior.

    Jamás me había puesto a pensar que el tema de las Visiones era algo que rara vez comentábamos entre portadores, sabía como la había conseguido Benny y cómo la había conseguido aquella niña de la taberna Cola de Gato, pero era un tema que usualmente no salía mucho a flote. Quizás ésta era una buena oportunidad.

    —¿Tú cómo conseguiste la tuya, Annie? Tal vez así pueda ver un verdadero patrón.
     
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    Conque Albedo portaba una visión del Arconte Geo, de Rex Lapis. Procesé la idea, jugueteando entre mis dedos con un adorno que colgaba de mi capa. La fogata que Aleck había encendido crepitaba frente a mí y su pregunta me sorprendió un poco. ¿Cómo había obtenido mi visión? Observé el fuego fijamente, como si estuviera a punto de hipnotizarme, y esbocé una pequeña sonrisa algo melancólica.

    —¿Sabes, Aleck? Llegué a Liyue como refugiada de guerra —murmuré, en voz baja y tranquila—. Viajé en la última flota de barcos que consiguió huir de Inazuma antes de que la Shogun cerrara las fronteras con su tormenta eterna. Mi Visión la conseguí en medio de ese lío. No... me gusta mucho hablar al respecto, tampoco estoy segura de por qué Murata me escogió, pero fue muy útil en ese momento. —Alcé la vista al chico—. A veces siento que no somos más que el patio de juegos de los Arcontes. He oído que, durante la guerra, los habitantes de Inazuma recibieron visiones Pyro, Anemo, Hydro. Pero ni una sola de los demás.

    Puede que las Visiones honraran las ambiciones de sus portadores, pero al mismo tiempo dudaba que se limitaran a eso. También podían ser declaraciones, demostraciones de poder, como si Murata, Barbatos y Focalors se hubieran proclamado activamente contra la Shogun Raiden, mientras que los demás no.

    —¿Y tú? ¿Cómo conseguiste tu Visión, Aleck?
     
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    Mi semblante cambió al escuchar los poco detalles que soltó Annie, la verdad es que me arrepentía un poco de haber sacado el tema. La guerra en Inazuma aun era una cuestión muy reciente y podía notar que era algo que a la chica no le entusiasmaba hablar. Aun con todo aquello, lograba entender las implicaciones de sus palabras, era fácil de imaginar, no era la primera vez que escuchaba que una visión llegaba en momentos de gran necesidad y desesperación. No dejaba de ser trágico ¿no? Todo ese poder, lleno de la gracia y elegancia que le dotaba Anna, y había sido adquirido en un momento cuanto menos infortunado.

    —Vaya...Y-yo no lo sabía, lo siento —desvié la mirada, ciertamente conflictuado—. Realmente la guerra no cambia nunca ¿eh? Ni entre nosotros, ni entre ellos.

    Me referí por un segundo a Los Arcontes, no dejaba de ser irónica la idea; aun con todo su poder y conocimiento, no dejaban de ser deidades con sus propios principios y egos. No era particularmente reconfortante de imaginar, sobre todo si pensábamos que eran ellos y su voluntad los que regían la mayor parte de nuestras vidas. En situaciones así, lo mejor que se podía hacer era tratar de tomar el control de nuestro propio destino, aun si eso era igualmente un capricho.

    —¿Yo? Fue hace varios años, mucha gente creía que mi visión simplemente me la habría encontrado en el campo, y bueno...técnicamente así fue —solté una risa nasal antes de dirigirme a la chica—. Por años mis padres insistieron en que me uniera a los caballeros de Favonius, me hacían entrenar día y noche preparándome para las pruebas de admisión; dijeron que si no aprobaba sería por mi haraganería y que mejor no me molestara en volver a casa si eso ocurría. Pero cuando fue el día de la prueba algo surgió:

    >>Había salido a dar un paseo por levantanviento antes del examen, tratar de despejarme, cuando vi a una familia viajando en una carrosa, rodeada de Lawachurls. Realmente no lo dude ni por un instante, prefería perder la prueba que pretender que no había visto nada. Ni siquiera iba armado ¿puedes creerlo? Llamé la atención de los grandulones como pude mientras la familia aceleraba para llegar a la ciudad. Deberías haberlo visto, pocas palizas me han dado así en mi vida ¡Tres días inconsciente en la clínica! —reí al recordar el incidente y la cara que puso Barbara al verme despertar—. Perdí la oportunidad de la prueba y por cómo me habían encontrado mis padres creyeron que simplemente me había largado a beber hasta perderme por ahí.

    Traté de evitar los detalles escabrosos de la anécdota, cómo el hecho de que mis padres realmente me habían echado de casa o los sermones que recibí por lo imprudente que había sido lanzarse desarmado a una situación así. Ya había hecho bastante el idiota cómo para dejar claro que no era el más brillante del pueblo.

    —Lo gracioso fue lo que vino después. Aun pese a las más que razonables suplicas de que me quedara en cama en la clínica, regresé a levantaviento, no podía parar de pensar que hubiera pasado con esa familia si no hubiese estado alguien ahí, los caballeros estaban muy ocupados haciendo...bueno, cosas de caballeros. Subí como pude a la copa del árbol, y en su cima —señalé a la piedra que portaba con orgullo en mi hombrera—, ¡Ahí estaba estaba la visión!
     
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    El semblante de Aleck cambió tras oír mi pequeño relato, cosa que predije y me dio algo de pena. Su disculpa sonó atropellada y meneé suavemente la cabeza, estirando las manos para darle un apretón delicado en las suyas.

    —No tienes que disculparte, Aleck, no es tu culpa —murmuré, conciliadora, y antes de regresar a mi posición le piqué la nariz con aire juguetón—. Además, la pregunta que me hiciste debe encabezar la lista de interrogatorios que reciben los portadores de Visiones, ¿no crees? —Reí ligeramente—. A la gente le encanta husmear sobre eso.

    Lo cual no significaba que siempre hubiera dicho la verdad. Ser refugiada de guerra no era agradable y de por sí no todos los habitantes de Liyue estaban a favor de recibir inmigrantes por motivos tan... escabrosos o irregulares. Ser una artista con cierto renombre tenía sus contrapartes y una de ellas era esforzarse por cuidar la imagen que el público construía de ti. Era casi ridículo cuando lo pensaba con detenimiento y en un comienzo, de hecho, me había negado, pero Yun Jin me ayudó a entrar en razón.

    Vivir de contentar a una audiencia implica sacrificios, había dicho.

    En el escenario y fuera de él dejas de ser sólo tú.

    —La guerra no es más que una forma extrema de conflicto —reflexioné, suspirando con cierto pesar y, sin embargo, aceptación—. En tanto vivamos en sociedad y bajo reglas determinadas, en tanto haya personas o Arcontes tomando decisiones, el conflicto jamás cesará. Es una parte intrínseca del contrato que establecimos.

    La historia de Aleck fue mucho más entretenida y liviana que la mía, por suerte; además, su forma de relatar era tan enérgica y apasionada que resultaba imposible no compenetrarse. Sonreí divertida, luego fruncí el ceño ante la rigidez de sus padres y mi semblante se suavizó al saber que se había lanzado sobre un montón de lawachurls sin siquiera estar armado, todo con tal de ayudar a unos desconocidos. Mi gesto volvió a contraerse, sin embargo, ante los tres días de inconsciencia en la clínica, incluso si él se rió al decirlo. Al final, efectivamente encontró su Visión... bueno, en medio del campo.

    —Arcontes, eres muy imprudente —me lamenté, no fue un sermón tal cual, y suspiré—. Tuviste suerte, pero... la familia a la que salvaste fue aún más afortunada. Creo que las personas como tú son un verdadero milagro, Aleck. No me sorprende que Barbatos te haya otorgado una Visión, ¡me habría quejado personalmente en la Iglesia si no lo hacía!

    Existía la posibilidad de que esa Visión hubiera sido de otra persona y Aleck la hubiera encontrado de casualidad, pero... lo dudaba. Quizá fuera una necedad propia de mi carácter, daba igual. Había pequeñas cosas en las que me gustaba creer, y una de ellas era la voluntad de los Arcontes. La recompensa de los actos nobles.

    —Pero... tres días inconsciente... —retomé, incapaz de olvidarlo, y volví a suspirar—. Al menos dime que fue la única vez que hiciste algo tan peligroso.
     
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    Rápidamente sentí el tacto de la chica sujetando mis manos, logrando enviar un poco de calor a mi rostro, ruborizando mis mejillas. Ella pretendía restarle importancia al asunto y al final aquel pequeño toquecito en mi nariz logró relajarme y soltar una suave risa nasal. En parte ella tenía razón, no es cómo que yo hubiese podido hacer algo para ayudarla en aquel momento, además, ciertamente las preguntas sobre nuestras visiones abundaban entre portadores y no portadores.

    —No seré yo quien niegue que el cotilleo tiene su encanto —acompañé su risa junto a la mía—. Siempre agradezco cuando la gente me tiene la suficiente confianza para contarme sobre ellos mismos.


    Escuché las palabras de Anna con respecto a la guerra y, bueno, la naturaleza que parecía persistir entre los humanos y los Arcontes. Mientras hubiera voluntad habría conflictos, no por nada Mondstadt había atravesado dos grandes conflictos bélicos a lo largo de su historia. Realmente parecía parte de un contrato que, consciente o inconsciente, habíamos firmado.

    Annie prestó especial atención a mi relato, cosa que en el fondo agradecía con todo mi corazón y aunque sabía que la parte de la enfermería no lo haría particular entusiasmo, bueno no había mucho que hacer, lo importante es que en el fondo todo había salido bien ¿no? Al menos yo así lo veía, pero me sentía un poco mal de haber preocupado a la chica, usualmente no mido la gravedad de las acciones que he tomado antes y que quizás puede apantallar un poco. Aun así, no iba a negar que las palabras de la chica me habían hecho dibujar una sonrisa.

    —Oh no, yo no iría tan lejos cómo para llamarlo un milagro ¿sabes?—agregué ala comentario de la chica mientras miraba al profundo manto blanco que se asomaba fuera del campamento—. Poder levantarse cada mañana y ver el amanecer es un milagro, así cómo la naturaleza tan bella que nos rodea, la música, la cultura, el arte y la gente que le da forma son milagros —me giré nuevamente hacía la chica dedicándole una amplia sonrisa—, y quizás el mayor milagro que he vivido a sido haber chocado contigo. Quiero decir ¿Cuáles eran las probabilidades de que eso pasara?

    >>Cualquiera puede ser un salvador de una persona en necesidad y ese es el verdadero milagro. Yo solo soy un chico que no suele pensar mucho antes de actuar.

    Las palabras que había mencionado eran en parte la razón por la que no estaba seguro de notar un patrón en la entrega de visiones por parte de los Arcontes. Había conocido gente de lo más noble y honrada, personas que darían todo por ayudar a sus semejantes, pero aun así no todo habían conseguido una bendición de los Dioses. Podía ser que Anna tuviese razón y en el fondo era un milagro del destino. Yo estaba agradecido de tener una, y seguro que ella también.

    —Te preocupas demasiado —estiré mi mano para tirar de la mejilla de la chica con suavidad a manera de juego—, aunque debo admitir que lo agradezco, pero créeme ¡no hay de que preocuparse! Aunque te mentiría si no te dijera que he visitado la clínica de la ciudad más veces de las que estoy dispuesto a aceptar.

    Acabé por confesarme algo apenado con la chica, al menos tenía la suerte de sanar rápido ¿no? Igual las monjas no eran tan fanáticas de verme en la enfermería con relativa frecuencia. Me incorporé en mi lugar para posteriormente girarme hacía la chica y extenderle mi mano y sonreír con calidez, invitándola a seguir con nuestro viaje.

    —Si me acompañas hasta la cima, te prometo que esto no terminara en un viaje a la enfermería de la ciudad.
     
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    Un rubor alcanzó el rostro de Aleck cuando toqué sus manos, detalle que noté pero preferí hacer de cuenta como que no, aún si aquello me forzó a suprimir mi sonrisa. A veces se avergonzaba por las tonterías más pequeñitas, ¿cierto? Era bastante adorable. Dijo que apreciaba el cotilleo, reí con suavidad para compartir el punto y nuestra conversación derivó en temas más profundos. Se quitó parte del mérito que le había otorgado, afirmó encontrar milagros en los recovecos de la vida y sonreí, sin mover mi atención de su rostro conforme hablaba. Ya lo había pensado antes, ¿verdad? Tenía una perspectiva sumamente fresca y optimista, era casi contagiosa.

    Él había desviado su atención al exterior y me pilló realmente desprevenida al decir que su mayor milagro quizá fuera haber topado conmigo. Mis ojos se abrieron y mi sorpresa inicial se bañó de vergüenza. Esbocé una pequeña sonrisa del calibre, me erguí un poco mejor en mi silla y agaché la mirada unos pocos segundos. ¿Quién era la tonta ahora, eh?

    —Cualquiera puede, pero no cualquiera lo hace —insistí, aunque justo después suspiré y volví a verlo, deshaciéndome del bochorno inicial—. Bueno, podemos ser el milagro del otro, ¿qué te parece?

    Pretendía ser una broma, quizás una negociación o un contrato al estilo liyuense. Él se inclinó para jalarme de la mejilla y yo fruncí el ceño, mas no me alejé. ¿Este muchacho tenía la osadía de regañarme cuando era él quien acababa en la enfermería por sus imprudencias? ¡El descaro!

    —Tendrás parte de sangre Adeptus y ya te habrás gastado tres de las siete vidas, si no no me explico —bromeé, y al final dejé el tema estar.

    Aleck tenía alma de aventurero y eso no cambiaría, por mucho que sus tendencias preocuparan a los demás. Seguiría siendo intrépido, curioso, valiente y quizás algo torpe; y era en esa torpeza donde yacía el valor de sus intenciones. Si no fuera él, si algún día su naturaleza se marchitaba, el resto dejaría de tener sentido. El mundo, entonces, perdería a un muchachito muy valioso.

    —¡Claro que no, porque yo estoy aquí! —exclamé con energías renovadas, poniéndome en pie, y comencé a caminar hacia la salida de la cueva—. Le rostizaré el trasero a cualquier hilichurl o criatura malvada que quiera enviarte a la enfermería, ¡lo juro por... por la garrita!

    Le extendí el dedo meñique de repente, riéndome, y aguardé por él en el camino algo rudimentario que bordeaba la ladera de la montaña, bajo la nieve.
     
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    Mis palabras causaron unas reacciones cuanto menos variadas en la chica. No había esperado que la conversación entrara en tintes tan reflexivos, pero no me desagradaba en lo más mínimo; la verdad era que hacía mucho no tenía un charla así de profunda con alguien, y siempre es bueno para el alma expresarnos con honestidad y libertad. Vivimos en un mundo tan agitado que a veces olvidamos lo reconfortante que puede ser sentarse junto al fuego y charla con alguien sobre lo que pensamos y sentimos, yo seguro que lo olvidaba con frecuencia, el siempre ir de un lado para otro sin pausa tiene sus desventajas al fin y al cabo. Probablemente por eso estaba disfrutando tanto este tiempo de calidad con Anna.

    La chica pareció sorprendida y algo avergonzada tras mencionarle mi sincera opinión respecto a nuestro encuentro, no negaría que me resultaba sumamente adorable, pero antes de siquiera lanzar un intento de capitalizar el momento y bromear un poco, la respuesta de la chica me dejó totalmente desarmado. Mis ojos se abrieron, en un reflejo casi idéntico a como lo habían hecho los de ella hacía unos instantes; con aquellas diez palabras que me dedicó podía jurar que mi corazón se había saltado un latido.

    —Sí... —contesté, reincorporándome con una cálida sonrisa—. La verdad es que eso me parece maravilloso.

    Ambos acordamos de esa manera ser un milagro mutuo, tanto por las circunstancias que habíamos pasado cómo por el hecho tener la fortuna de habernos encontrado, si era una especie de contrato estaba más que dispuesto a firmarlo cualquier día de la semana. Espera un segundo...¡¿Los Adeptus tienen siete vidas?! Por los Dioses, me hace falta leer más.

    Nos dispusimos a salir del campamento, no sin antes bromear un poco más. Ella garantizó mi seguridad, asegurándome que esta aventura no terminaría en un viaje a la enfermería, contar con una compañera de viaje tan amable y comprometida era algo que sin duda me llenaba de alegría el corazón, éramos nuestros propios guardaespaldas, pero sin dudas el ultimo gesto a la entrada de la cueva fue el que más logró conmoverme y quien sabe, tal vez hasta cambiaría el rumbo de mi vida cómo no podría imaginar.

    —¡Por la garrita, yo me aseguraré que cada día que pasemos juntos sea una aventura! —mi meñique se entrelazó con el de Annie y junto con los tenues copos de nieve como nuestros testigos, ambos firmamos aquel contrato.

    Mi mirada se quedó clavada en los ojos de la chica, quizás por más tiempo del que me di cuenta hasta que salí de mi transe, listo para retomar el camino.

    —Procuremos no separarnos mucho ¿sí? En la parte más alta de la montaña soplan ventiscas muy intensas y el camino es bastante empinado —advertí con un tono tranquilo, esperando no alarmar mucho a la chica.

    Nos adentramos a la parte más profunda de la montaña y no pasó mucho para notar que la visibilidad era cada vez menor y el camino era enterrado en más y más capas de nieve. Instintivamente tomé la mano de la chica, tanto para procurar que nos desviáramos de la ruta cómo para recibir un poco de calidez, porque ciertamente lo iba a necesitar. Juntos contemplamos los grandes flores de hielo que se formaban en algunos muros de la montaña así como antiguos pilares de granito de lo que alguna vez fue la civilización que alguna vez vivió en Espinadragón. Nos encontrábamos tan distraídos mirando el paisaje que por poco no veo que había algo delante que nos limitaba el paso.

    —¿Eh? Pero que demonios...—me acerqué al borde de lo que ahora era un puente roto que conectaba dos laderas de la montaña—....Huh, la ultima vez que estuve esta cosa estaba intacta. No sé si se cayó por el ambiente o fue algo más.
     
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    Aleck se adaptó sin problema a mi promesa improvisada, noté la alegría que le permeó el rostro y me reí, encantada con su resolución. Nuestros meñiques se entrelazaron y movimos nuestras manos, sellando un contrato del cual desconocía su peso. Si yo le ofrecía protección y él convertía nuestros días en aventuras, si básicamente nos prometíamos no desaparecer de la vida del otro, podían ocurrir muchísimas cosas.

    Y vaya que pasarían.

    Repasé sus ojos, el tono cálido que tan puro lucía entre la nieve, y se me escapó otra risa suave cuando un copito blanco se posó en la punta de la nariz. Me puse de puntillas, lo soplé lejos y retomamos el camino por Espinadragón hasta la cima de la montaña. Aleck buscó mi mano y yo, como había hecho antes, le pedí un poquito de poder prestado a mi visión para brindarle calor a través del contacto. Conforme ascendíamos, las ventiscas recrudecían y se sentían más y más heladas.

    Poco pudimos avanzar, sin embargo, pues nos encontramos con un puente roto. Para colmo, la distribución del terreno provocaba que el extremo opuesto se ubicara varios metros por encima de nosotros. Me acerqué al borde y miré abajo, aunque la bruma y la nieve impedían ver el fondo. Recorrí el resto de la imagen con la vista, pensativa. Tal parecía ser que nuestra única opción era escalar un poco.

    —Si conseguimos algo de altura podremos usar tu planeador para alcanzar el otro extremo, ¿verdad? —propuse.
     
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    La chica alejó de mí un pequeño copo de nieve que se había alojado en mi nariz. Solté una ligera risa nasal tras aquel gesto y retomamos nuestro camino; aquello podría ser una imagen de postal, lastima que no nos podíamos detener a apreciarlo por el terrible frío que empezaba a arremeter en la montaña, tenía que agradecer ir acompañado de alguien tan gentil como para compartir el poder de su Visión Pyro conmigo.

    Ambos observamos el panorama, ciertamente la otra mitad del puente se encontraba demasiado lejos, aun para tratar de alcanzarla con la ayuda de mi Visión Anemo, además de la altura, que no ayudaba en nada. Por suerte Anna ideó un plan sencillo y efectivo: Escalar un poco por el muro de la montaña y de ahí planear hasta el otro lado. ¡Perfecto! Asentí seguro, respaldando la idea, no deberíamos tener mayores complicaciones. Yo me adelanté, colocándome cerca del muro, quería asegurarme de que no fuese muy peligroso para ambos.

    —De acuerdo, ahora...—carraspeé—. ¡Permítame, oh señorita; mostrarle la experticia de un aventurero!

    De un salto, confiado, me sujeté a un par de rocas y comencé a escalar, ni siquiera me molesté en prestar atención de donde colocaba mis manos y mis pies, lo cual hubiese sido lo más lógico—y prudente— para hacer. A los pocos metros de subir noté una saliente lo suficientemente amplia como para ponernos de pie y usarlo como base para nuestro posterior descenso en planeador. Yo en un intento de concluir con la escalada comencé a hacer movimientos más bruscos, bastante confiado en mis habilidades de escalador. Demasiado confiado, mejor dicho. Mis manos se resbalaron justo al tratar de sujetarme de unas rocas, las yemas de mis dedos se aferraban como podían y por consecuente traté de pegar todo mi cuerpo a la superficie del muro, lo cual solo hizo que la mitad de mi cara fuera arrastrada varios centímetros por la fría y áspera superficie de Espinadragon. Ya sin mayor remedio invoqué mi espadón con energía Anemo, clavándolo desesperado en la montaña.

    Mi vergonzosa actuación se detuvo en seco cuando mi brazo izquierdo quedó sujetado a mi arma, mientras el resto de mi cuerpo colgaba en aquella precaria posición. Apenas acabé 2 metros por encima de donde había empezado. Aquello había sido más aparatoso que peligroso en realidad, tanto como para no creer que había corrido un riesgo real. No obstante, cómo si el destino quisiese arrebatarme el ultimo atisbo de dignidad que me quedaba, en cuanto alcé la mirada para localizar la saliente que había visto, una pequeña piedra se desprendió de la montaña, yendo a parar justo a mi cara, con la suficiente velocidad para hacerme soltar una queja del dolor.

    Tras todo aquel fiasco, mis ojos se volvieron a encontrar con los de la chica, estando apenas un par de metros separados. Yo trataba de disimular mi bochorno, sin ningún éxito.

    —Eeeeh...¿Me creerías si te dijera que usualmente soy muy bueno escalando?—pregunté, tratando de amenizar la situación.

    Me reincorporé y decidí ser un poco más responsable, escalando a un ritmo lento pero seguro, no tenía el valor de ahora mirar a la chica a los ojos y pretender darle consejos sobre cómo trepar. Tras unos instantes finalmente estaba al borde de la saliente, y subí a aquella plataforma a duras penas. Suspiré profundamente, no tanto por sentirme a salvo, sino para tratar de retomar mi aliento.

    —¿L-Lo vez? ¡f-f-fácil y sencillo! —mi voz aun se quebraba, producto de la pena que sentía. Traté de fingir que había recuperado la compostura, para continuar—, ahora, finjamos que aquello que hice fue una demostración de lo que NO debe hacerse, ¿de acuerdo? por favor, ten mucho cuidado.

    Cuan poco sabía sobre lo que mis ojos estaban a punto de presenciar.
     
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master yes, and?

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    Aleck apoyó mi idea y se acercó primero al muro, habiendo ambos asumido que tomaría la delantera por ser el aventurero de los dos. Su actitud tan confiada me arrancó una risilla suave y junté las manos cerca de mi boca, a la completa expectativa de verlo escalando. Tuve la ligera impresión de que se estaba apresurando un poco y mis sospechas acabaron confirmándose cuando, en un impulso algo brusco, sus manos se resbalaron. Di un respingo y mis dedos encontraron mi boca, pero no me moví de mi lugar. El muchacho se las ingenió para invocar su mandoble y con eso asegurar su posición en el muro, cosa que me quitó la preocupación del cuerpo.

    Un pesado silencio se asentó entre nosotros tras el espectáculo, y la piedrita que le arrancó un quejido de dolor fue el último empujón que necesitaba. Una risa murió en mi garganta, la contuve por los pelos, e intenté fingir demencia cuando volteó hacia mí. Mis dedos aún revoloteaban cerca de mi boca y los tamborileé suavemente sobre mis labios, alzando las cejas. Estaba claramente avergonzado y era... bastante adorable.

    —¿Hmm? Claro que te creo, Aleck —convine, pretendiendo sonar super convincente para ahorrarle bochorno al pobre chico.

    Con el equilibrio recobrado, se tomó el proceso con más calma y alcanzó la saliente que había detectado en un primer lugar. Se veía agitado, sin embargo, y tuve que seguir tragándome la risa. Arcontes, titubeó muchísimo al hablar. Lo miré desde abajo y asentí, consumiendo la distancia que me separaba del muro. Lo observé un par de segundos, tracé una ruta mental y... bueno, empecé. ¿Tuve dificultades? Ninguna. Escalé con fluidez y precisión, asiéndome de las piedras correctas y sin resbalarme, hasta que estuve junto a Aleck. Pobrecillo, esperaba no vulnerar su orgullo de aventurero o algo así.

    —Bueno, la parte del planeador te toca a ti —le recordé junto a una sonrisa amable, pretendiendo hacer de cuenta que no acababa de subir la ladera mil veces mejor que él, y consumí la distancia para inspeccionar su rostro con el ceño fruncido. Se había lastimado un poco y suspiré bajito, renovando la sonrisa—. No es grave, pero ten más cuidado, ¿sí?
     
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  13.  
    Rider

    Rider One of a Kind and... yes? Fuck it, we Thunder!

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    Suerte tuve de que al final la chica me siguiera el juego, de hecho, aun que pude notar que hacía cuanto podía para aguantarse la risa en ningún momento decidió burlarse de mí. Cualquier otra persona podría haberlo hecho, pero ella no, y aunque eso no me abría molestado, hablaba mucho sobre Anna y su empatía. Y lo agradecía profundamente.

    Me quedé expectante al ascenso de la chica. Estaba bien que yo fuera un insensato para muchas cosas, pero no era negligente, no cuando se trataba de la seguridad de otras personas al menos. No conocía las habilidades escaladoras de la chica y una parte de mí temía que aun siendo ella menos imprudente que yo, algo pudiese ocurrir. Ya había comprobado que la montaña era un sitio traicionero, así que estaba listo para ante la más mínima señal de peligro lanzarme a la acción. Annie no era ninguna novata, sabía perfectamente que podía cuidarse a si misma, pero supongo que parte de mi instinto protector se activo, probablemente por culpa de esa piedrita de hacía unos instantes.

    Observé cómo con destreza la chica se desplazaba por la superficie rocosa, afianzándose firme en puntos específicos aun un ritmo para nada lento. ¡Parecía toda una experta! En cuestión de segundos completó la tarea como si fuera nada, demostrando que la preocupación era injustificada. Me fue imposible no abrir mi boca asombrado, mientras mis pupilas contraídas mimetizaban aquella impresión.

    Ninguna otra reacción emergió de mí, el asombro aun permeaba el ambiente hasta que fue interrumpido cuando pude sentir la mirada de la chica tan cerca de mi rostro. Se cercioraba de que no me hubiese lastimado, y bueno, ciertamente unos pequeños raspones no iban a detenerme, pero más que eso, me conmovió cómo ella cumplía con nuestro trato desde el primer instante. Cuando confirmo que no era nada de que alarmarse me sonrió, lo que hizo que me olvidara de todo el bochornoso incidente y regresare el gesto de la misma forma.

    —Esta bien, esta bien, procuraré yo no iré a lo temerario —contesté, con una risa nasal—, además, no puede haber nada más seguro que planear.

    Estiré mi mano hacía la chica, invitándola a acercarse más. Colocó su brazo sobre mis hombros, mientras yo sujetaba su mano libre y su cintura. Nos encontrábamos a la suficiente altura, así que no hubo necesidad de correr o saltar, simplemente nos acercamos al borde de la saliente, le dediqué una ultima mirada a la chica con una sonrisa, dejando que las alas en mi planeador se desplegaran mientras mientras nuestros pies se despegaban de la montaña.

    El descenso fue tranquilo. Los copos de nieve se agolpaban contra nuestras caras a la par que el aire nos alborotaba el cabello. El aterrizaje fue perfecto, llegando finalmente al otro lado del puente.

    —¿Lo ves? Mientras no perdemos el espíritu, el viento estará de nuestro lado —sonreí ampliamente, aliviado de que ningún imprevisto ocurriera—. Eso sí, esperemos que no aparezcan más piedras salvajes.
     
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  14.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master yes, and?

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    Aleck parecía haber quedado genuinamente fuera de servicio, como el elevador de la Posada Wangshu cuando se descomponía y venían los mecánicos de Fontaine a repararlo. Imaginarle el pequeño cartelito pegado a la frente estuvo por hacerme reír, pero me acerqué a él y prioricé lo importante: su bienestar. Me preocupaba que el ascenso tan alborotado le hubiera dejado raspones o golpes graves, en especial luego de aquella piedra que cayó sobre su rostro. Al parecer no había motivos para alarmarse, sin embargo, y lo vi reflejar mi sonrisa. ¿Dejaría de ser tan temerario? Probablemente no, vaya, pero no importaba demasiado. La imprudencia era parte de su personalidad y... me gustaba la persona que Aleck era.

    ¿Planear era lo más seguro del mundo? Lo dudé para mis adentros y no repliqué nada; parte de mi reparo nacía de la inexperiencia, aún eran contadas las ocasiones donde había planeado junto a Aleck y... aún no me acostumbraba. El estómago se me tensaba y, mezclada con la alegría y el asombro, había una emoción muy fuerte similar al miedo. Era vigorizante, en cualquier caso. Me arrimé al cuerpo de Aleck, abracé su cuello como había hecho antes y él me afirmó por la cintura. El planeador se desplegó sobre nuestras cabezas y mis pies abandonaron el suelo. Esto era... particularmente inquietante. Planear sobre el puente roto me hizo muy consciente de la altitud a la cual nos encontrábamos y me pegué al pobre chico en un impulso.

    Aleck se lo había tomado con una calma absurda y yo hice el esfuerzo por disimular el susto. Aún sentía el corazón contra las costillas tras alcanzar el otro lado con éxito, me separé de su silueta con movimientos cuidadosos y avancé algunos pasos; mis pies se enterraban ligeramente en la nieve. Lo oí asegurar que el viento permanecería de nuestro lado en tanto no perdiéramos el espíritu y me detuve, girando el rostro en su dirección. La idea me hizo sonreír y logró tranquilizarme un poco. Pensé, otra vez, que ese optimismo tan transparente era una de las cosas más bonitas que Aleck tenía.

    El recordatorio de las piedras salvajes me robó una risa suave. Fue involuntaria, acabó de descomprimirme el cuerpo y lo esperé para seguir caminando.

    —Cierto, no me gustaría que sigan atacando esa carita tan adorable que tienes —lo molesté, aún si lo decía en serio, y me detuve un poco de repente—. Aleck, mira.

    En medio del camino que debíamos transitar había un hilichurl y un samachurl, ambos danzando en torno a una extraña piedra fulgurante. Tomé la mano del chico y nos oculté detrás de un muro derruido a nuestra izquierda. Podía oír ligeramente los cánticos de las criaturas. Estaban... bailando, sin hacerle daño a nadie, pero...

    —Si nos ven, van a atacarnos —murmuré, junto a un suspiro algo pesado—. Detesto decirlo, pero creo que nuestra mejor opción es atacarlos primero.

    No teníamos demasiadas alternativas, no con el inmenso precipicio de un lado y la pared de roca al otro, tan, tan alta, que se perdía entre la bruma de la tormenta.
     
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  15.  
    Rider

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    Planear podía ser un experiencia un poco intimidante para algunas personas, no era fácil deshacerse de la sensación de vértigo que se producía al sentir como tu cuerpo se desplazaba metros por encima del suelo, y en aquella situación en donde nos encontrábamos en la parte alta de la montaña entendía que podía ser algo inquietante para Anna, siendo que realmente no llevábamos tantos viajes como para que se hubiese acostumbrado. Pude sentir como ella se aferraba a mí con fuerza, probablemente producto de todo lo anterior mencionado. En un principio traté de buscar su mirada y hacerle saber que no había nada que temer, pero en esas circunstancias no habría mejor refuerzo que aferrarme a ella de la misma forma en que la chica lo hacía, haciéndole saber que sin importar nada en ese vuelo de escasos instantes no dejaría que nada le pasara.

    El aterrizaje ocurrió sin mayores problemas. Un vuelo corto y sencillo. La chica se separó un poco de mí y yo por mi parte aproveché para estirarme un poco, podía parecer algo sin mayor gracia, pero realizar los vuelos lograba consumir un poco de mi energía, más que correr o escalar. Me alegró saber que mi comentario logró tranquilizar a la chica un poco, ambos sonreímos, pero antes de poder acercarme de nuevo a ella su mención sobre mi rostro me tomó totalmente desprevenido. ¡¿C-Creía que mi cara era adorable?! El calor se me subió al rostro, ruborizando mis mejillas, parecía decirlo más para disfrutar mi reacción al escucharla que algo serio, pero antes de siquiera poder replicar, Anna tomó mi mano y me llevó detrás de las ruinas de un antiguo muro.

    No estaba seguro de que era lo que pasaba, pero cuando señaló algo nosotros delante nosotros sabía lo que había causado su reacción. Un par de criaturas danzantes, hilichurl y samachurl. Parecían muy concentrados cómo para habernos notado, pero por desgracia estaban justo en mitad del camino, no habría manera de pasar sin provocar las hostilidades.

    —¿Dónde está esa niña que habla con los Hilichurls cuando se le necesita? —solté por lo bajo, no muy cómodo con nuestra situación—. Creo que tienes razón, no soy ningún fan de la violencia innecesaria, aunque sé que esas criaturas han causado infinidad de problemas a mi no me gustaría que me pegaran en la cara mientras bailo tan comprometido.

    Coloqué el espacio entre mi pulgar y mi índice sobre mi mentón, tratando de analizar el panorama. Tendríamos que combatir, de eso no había duda, lo que teníamos que averiguar era cual sería el mejor curso de acción.

    — Bueno, ¿qué hacemos? ¿un ataque letal y sigiloso? —cuestioné a la chica, buscando su opinión—, podríamos saltar sobre ellos y darles con un ataque certero, cada quien encargándonos de uno esos bichos.
     
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  16.  
    Gigi Blanche

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    Mi pequeña travesura encendió las mejillas de Aleck de tal forma que no logré contener la risa suave, enternecida, que surgió directamente desde mi pecho. ¿Le tenía piedad a sus habilidades de escalada pero luego lo molestaba así? En fin. Podría haberle dicho algo al respecto, pero oí los cánticos de los hilichurls y nos oculté detrás de un muro, a buen recaudo. Aleck se lamentó por la ausencia de una niña que... ¿hablaba con los hilichurls? Lo miré, confundida, y aparté mi duda por ahora; no era momento de hacer preguntas.

    —Tendremos que pelear —resolví tras pensarlo algunos segundos, suspirando.

    Concentré la energía Pyro en mi mano, y en ella se materializó una gran lanza elemental que brillaba de un rojo incandescente. Abandoné el escondite sin mayores problemas y avancé hacia los hilichurls rápidamente; para cuando ellos advirtieron mi presencia, yo ya había atacado. La punta de mi arma, voluble de por sí, mutó, estirándose hacia un costado hasta adquirir una forma ganchuda. Corté el aire en diagonal y del movimiento se desprendió una guadaña de fuego que impactó contra los enemigos.

    —Enfoquémonos en el pequeño primero —le sugerí a Aleck—. Sabe usar magia, probablemente sea un mayor dolor de cabeza.

    ENEMIGOS
    Puntos de técnica: 1/5

    [​IMG]
    Hilichurl Granadero Cryo (QUEMADO 1/3)
    Nivel: 1
    PV: 130/135
    Energía: 38/100
    ATQ: 75
    DEF: 55
    VEL: 105
    Recarga de energía: 110%

    Técnicas

    • Bombita (HE): lanza un Slime Cryo mediano sobre sus oponentes. Causa el 100% del ATQ como daño Cryo a un oponente, y el 80% del ATQ como daño Cryo a los oponentes adyacentes.

    [​IMG]

    Samachurl Cryo (QUEMADO 0/3)
    Nivel: 1
    PV: 105/130
    Energía: 12/100
    ATQ: 75
    DEF: 60
    VEL: 95
    Recarga de energía: 120%

    TURNOS
    - Anna
    - Hilichurl Granadero Cryo
    - Aleck
    - Samachurl Cryo
    - Anna
    - Hilichurl Granadero Cryo
    - Aleck
    - Samachurl Cryo

    >>Anna: Moeru ōgama (Samachurl Cryo [-25 PV] y Hilichurl Granadero Cryo [-5 PV])
    >>Hilichurl Granadero Cryo: Bombita (Anna [-30 PS] y Aleck [-5 PV])


    upload_2024-2-9_0-46-24.png
    Anna (GÉLIDO 0/3)
    Nivel: 1
    Puntos de técnica: 1/5
    PV: 95/125
    Energía: 35/100
    Fulgor: 2/3
    ATQ: 100
    DEF: 45
    VEL: 110
    Recarga de energía: 100%

    Pasivas

    • Fulgor: acumula un stack de Fulgor cada vez que recibe daño o utiliza la habilidad elemental. Tras alcanzar tres acumulaciones, las consume todas y realiza automáticamente una curación, reiniciando el conteo. Se cura a sí misma en un 15% de su PV máximo y a sus aliados en un 10%.
    Técnicas
    • Hakanai honō (AN): asesta una estocada ardiente. Inflige el 70% del ATQ como daño Pyro a un oponente.
    • Moeru ōgama (HE): corta el aire y lanza una guadaña de fuego. Inflige el 85% del ATQ como daño Pyro a un oponente, y el 60% del ATQ como daño Pyro a los adyacentes. Acumula un stack de Fulgor.
    • Hakai suru hi (HD): carga su lanza de energía Pyro y corta el aire repetidas veces, dibujando un kanji que estalla. Inflige el 120% del ATQ como daño Pyro a todos los oponentes.
     
    • Fangirl Fangirl x 2
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  1. Gigi Blanche
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