Historia larga Los Viajeros IV: Seres superiores

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Manuvalk, 28 Marzo 2020.

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    Manuvalk

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    Título:
    Los Viajeros IV: Seres superiores
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    14
     
    Palabras:
    6735
    Después de varias semanas, finalmente llega la cuarta parte de Los Viajeros. En mi blog tenéis los links a las anteriores partes además de información previa que podría venir bien recordar. Sin más que añadir, disfrutad de la lectura.


    Sinopsis: Las tensiones entre el gobierno humano y los neonianos con el grupo rebelde llamado Resistencia desembocaron en una guerra civil por el control de todo. Sin embargo, en medio del conflicto, una gran cantidad de cápsulas de origen desconocido cayeron del cielo de Neonia hasta su superficie, desprendiendo una niebla que al ser respirada te dejaba inconsciente. No obstante, no era mortal. Entonces, ¿quiénes son esos seres que han interrumpido la guerra y qué fines tienen?




    Punto de partida



    — Ash, despierta — Una voz masculina y suave interrumpió el sueño de la chica — Vamos, es hora de levantarse.

    Ripley abrió los ojos lentamente. La oscuridad lo inundaba todo y su visión trabajaba para acostumbrarse. Sentía su cuerpo pesado, cómo si una losa se posara sobre ella y le dificultara el incorporarse.

    — Te espero abajo, vístete.

    La chica se sentó sobre el borde de su cama mientras observaba como en la penumbra se abría un resquicio de luz, ese que dejó la puerta entreabierta de la habitación y de la que un hombre salió tras decir lo último.

    Ashley obedeció a las palabras de aquella persona y comenzó a vestirse en medio de la oscuridad. Aquel lugar le resultaba extremadamente familiar pero la sensación no dejaba de ser un tanto extraña. Al salir de la habitación se percató de que estaba, sorprendentemente, en su casa. Fue la luz encendida del pasillo la que le hizo reconocer las paredes y la distribución del hogar en el que se crió.

    Comenzó a bajar unas escaleras hasta llegar al primer piso de la vivienda. Allí reinaba otra vez la penumbra pero la visibilidad para sus ojos era mejor, al haber varias lámparas encendidas. La mujer escuchaba ruido en la entrada, por lo que se acercó con cautela.

    Ashley no entendía nada principalmente porque recordaba, aunque vagamente, todo lo que había ocurrido con anterioridad. Recordaba la guerra con la Resistencia, la búsqueda de Snow y hasta ahí llegaba su memoria. Reconstruir los hechos hasta encontrarse dónde estaba le era muy complicado. Su mente no encajaba las piezas, o al menos, no sabía cómo encajarlas.

    Sin embargo, aquello pasó a ser la menor de sus preocupaciones cuando vio que allí en la puerta de la casa en la que vivió desde bien pequeña, se encontraba su hermano Alexander, colocándose un chaquetón para abrigarse. Tenía el mismo aspecto que cuando se reencontraron en Neonia después del ataque Rhajik a la Heaven I.

    La joven Ripley volvió a sentir esa sensación de dolor y angustia que tuvo cuando vio muerto a su hermano en la batalla que tuvieron en Ceres contra un Super Rhajik. A todo eso, se le añadió un sentimiento de nostalgia e incomprensión de la situación que desembocó en un mar de lágrimas que le recorrían las mejillas.

    Alexander la vio y su expresión facial era de extrañeza. El hombre no entendía porqué su hermana se ponía a llorar justo antes de salir de casa. No dijo nada, simplemente y con una media sonrisa, el hermano mayor de los Ripley se aproximó a su hermana pequeña y la rodeó con sus brazos.

    — No me gusta verte llorar, Ash — La voz de Alexander sonaba tan real para la chica, que ésta se apretó contra él con fuerza — ¿Qué ocurre?

    — Esto... esto... — La joven luchaba por articular las palabras — Es irreal...

    — ¿Qué? — Alexander soltó una carcajada — Mira, ¿quieres ver algo que parece irreal? Sígueme.

    Los hermanos Ripley salieron de su casa. La calle bien iluminada en la madrugada —aún era muy pronto para que saliera el Sol— contrastaba con lo vacía que estaba. Alexander tomó a su hermana de la mano y le metió prisa para llegar a algún sitio. El paseo duró media hora en la que Ashley seguía buscando el sentido a todo lo que estaba viviendo y sintiendo en ese momento.

    — Es aquí — Musitó el chico, subiendo una colina seguido de su hermana — ¿Lo recuerdas?

    Efectivamente, Ashley recordaba aquel lugar. Ella y su hermano solían acudir a esa colina para tumbarse en la fría hierba y contemplar la inmensidad de las estrellas en medio de la noche. Siempre iban allí, soñando con algún día poder surcar el espacio en una nave y descubrir mundos maravillosos.
    Cuando se dio cuenta, Alexander ya se había tumbado y con las manos detrás de la cabeza, contemplaba el cielo infinito. La joven Ripley no dejaba de observar a su hermano, que no se quitaba la sonrisa del rostro. Se le veía feliz, radiante y cómo si nada hubiese pasado.

    Ashley se recostó a su lado, observando también las estrellas. Mientras su mente intentaba procesar aquello en busca de saber si era un sueño, si era real, o si era otra cosa, su hermano se giró para mirarla.

    — Te noto rara, Ash — Murmuró el chico, preocupado por su hermana — ¿Estás bien?

    — No entiendo nada, Alex — Respondió la mujer, con esa mala sensación de sentir que todo desencajaba — Tú habías muerto en la guerra Rhajik y ahora estás aquí cómo si nada...

    — ¿La guerra qué...? ¿Qué dices? — Alexander observaba a su hermana realmente extrañado — Debe haber sido una pesadilla, o un sueño profundo de esos.

    Aunque las palabras de su hermano le sonaban a restarle importancia, Ashley comenzó a barajar la posibilidad de que realmente todo hubiese sido un sueño, uno de esos pocos en los que todo parece extremadamente real para finalmente despertarte de nuevo en tu cama.

    [...]

    — Cielo — Una voz femenina hizo que Tanner se volteara mientras observaba el horizonte desde un piso quince — El doctor me ha dicho que será un niño.

    Eron observaba, atónito, a su mujer. Recordaba estar peleando contra unos drones de procedencia extraña justo fuera de las arcas que conformaban Promesa, cuando de pronto, su mente lo trasladó a aquel momento. Para su sorpresa, era un momento que ya había vivido.

    — ¡Deanne! — El hombre la abrazó desesperadamente y la tomó del rostro para observarla más detenidamente — Eres tú... tan real...

    — Sí, Eron, soy yo — Musitó Deanne, sin entender la reacción de su pareja — ¿Estás bien?

    El hombre recordaba lo que ocurría en aquel momento. Sin responder a la pregunta de su mujer, el soldado se volvió a asomar al balcón de su casa y entonces lo vio. Tal y cómo ocurrió en el pasado, varias naves Rhajik aparecieron en el cielo con la clara intención de aterrizar para desplegar a sus máquinas y atacar sin piedad.

    Eron vivía en Reinicio, la colonia humana de Marte, porque La Unión en aquel entonces lo designó a la milicia marciana. Conoció a su mujer, Deanne, en la Tierra, de dónde ambos eran originarios. Sin embargo, llevaban varios años juntos y a ella no le importaba ir dónde él fuese, siempre con vaivenes y mudanzas de un lado a otro debido a que el gobierno interplanetario llamado La Unión siempre movía a sus soldados y más en aquel momento tan convulso debido al reciente contacto con los neonianos y la amenaza Rhajik.

    — Debemos irnos — Eron se volvió hacia su mujer — Esta vez no lo permitiré.

    — ¿El qué, Eron? ¿Qué ocurre? — Deanne se estaba poniendo nerviosa al ver a su marido comportarse de una forma un tanto paranoica — ¿Qué hacen esas naves?

    — Son los Rhajik, nos atacan — Musitó Eron, tecleando un código que abrió un armario con diversas armas y material — Voy a sacarte de aquí, cielo.

    El soldado preparó su Striker reglamentario para el combate, además de coger varios paquetes de munición, una granada de fragmentación y de energía, un chaleco protector fabricado por La Unión y un Buster con su munición. Tanto el chaleco cómo el Buster se lo entregó a Deanne, que tenía una comprensión limitada del manejo de armas.

    — ¿Dónde iremos? — Preguntó la mujer mientras se colocaba dicho chaleco y sujetaba el arma.

    — A la base de La Unión, allí estarás a salvo.

    Una vez preparados, la pareja salió de su vivienda y entró en el ascensor del edificio para descender del décimoquinto piso con rapidez. Eron pulsó el número uno y el ascensor comenzó a descender.

    — ¿Cómo sabías... cómo sabías lo que son esas naves? — Deanne estaba algo sorprendida de la rapidez con la que su pareja había actuado, incluso minutos previos al ataque.

    — He vivido éste momento y estoy haciendo lo contrario a lo que hice la última vez — Indicó Tanner, decidido — En aquel entonces, te dije que te quedaras y esas máquinas entraron para masacrarnos a todos.

    — ¿Moríamos? — La voz de Deanne se volvió temerosa.

    — Yo no, tú sí — Dijo Eron con seriedad y preocupación mientras observaba a su pareja — No sé porqué he vuelto a éste momento pero no hay tiempo para pararse a pensarlo, no permitiré que te suceda nada, ni a ti ni a nuestro futuro hijo.

    Las palabras de Eron Tanner reconfortaron un poco a Deanne, que pese a estar algo aterrada por ese extraño sueño de su marido y su forma de comportarse, sentía cierta seguridad al estar junto a él. El ascensor se encontraba en el cuarto piso cuando un estruendo hizo temblar el ascensor y con ello provocó la detención de emergencia de éste.

    — Mierda... — Murmuró Eron, viendo que el ascensor se había quedado bloqueado — Habrá que salir por arriba, voy a impulsarte para que abras la escotilla.

    — Vale.

    Con la ayuda de su marido, Deanne abrió dicha escotilla por la que salió seguida de él. Por suerte para ellos, el acceso al cuarto piso estaba realmente próximo para que subieran escalando, cosa que hicieron. Una vez en la cuarta planta, Tanner se colocó al frente para proteger a su mujer.

    Mientras avanzaban por un largo pasillo hasta las escaleras, ambos observaron por el ventanal lo que estaba ocurriendo en la colonia. Había fuego y humo por todas partes, se escuchaban gritos, disparos y alguna que otra explosión. No tardaron en descubrir el porqué de aquel estruendo que frenó al ascensor: una pequeña nave de origen Rhajik se había estrellado contra el edificio, derrumbando una parte de éste e impidiendo el acceso a las plantas inferiores por las escaleras.

    — ¡Maldición! — Rugió Eron con rabia, viendo que el aparato, incrustado en el edificio, les cortaba el paso.

    — ¡Eron...! — Exclamo Deanne al ver cómo una luz rojiza iluminaba cada vez con más fuerza el interior de la nave.

    — ¡Atrás! — Gritó el hombre justo antes de que dicha nave explosionara.

    La explosión provocó el derrumbamiento total del edificio, con personas dentro entre ellas Eron y Deanne. Lo último que vio el soldado Tanner antes de ser aplastado por el techo, fue a su mujer embarazada. Después, la oscuridad inmensa.


    [...]

    — Siento tener que interrumpirte, Vanth.

    El neoniano, que se encontraba en el característico trance que la meditación en los suyos provocaba, se vio fuera de ésta de forma abrupta. Dheer se habría enfadado de no ser porque la persona que le había interrumpido era su venerada líder, Narisha.

    — ¿Qué ocurre?

    — La Resistencia lo ha vuelto a hacer — Narisha parecía estar cansada del tema — Han destruido los cultivos que daban de comer a los trabajadores de la fábrica de Super Rhajik.

    Vanth suspiró con una mezcla de frustración e ira. No obstante, imperaba más el sentimiento de no encontrarse ubicado en tiempo real. El neoniano no entendía bien si lo que había ocurrido del ataque de esos drones tras lo de la niebla, formaba parte de algún sueño transitorio o premonición de tantas que aparecían durante el trance de meditación.

    — ¿Te encuentras bien? — La representante Taaliv notó algo extraño en su segundo al mando.

    — Sí, es solo que... siento que mí mente ha viajado a éste momento — Respondió el neoniano con total sinceridad — Sobre la Resistencia, no te preocupes, hoy mismo hay reunión del consejo del gobierno humano, hablaré con Snow acerca de esto.

    Cuando de su boca salieron esas palabras promovidas por el pensamiento de decirlas, Vanth se percató. Ese momento lo había vivido. El neoniano se sentía fuera de lugar, más aún cuando comenzó a recordar que Narisha murió en el asalto de la Resistencia a Isharay, su colonia.

    — Esto no tiene sentido, esto es... — Dheer estaba impactado.

    — ¿Se puede saber que ocurre, Vanth? — Narisha comenzó a preocuparse por su discípulo — Pareces descolocado, por así decirlo.

    — Lo estoy, Narisha — Musitó Dheer, tratando de sacar conclusiones de la situación — He vivido éste momento, sé que ocurre más adelante... estás muerta, no eres real. No estás aquí.

    Los ojos de Narisha se abrieron cómo platos ante la afirmación de Vanth. Éste parecía ido, buscando desesperadamente una explicación lógica a todo lo que estaba viviendo. De pronto, el neoniano decidió cerrar los ojos e intentar retomar el trance de su meditación, suponiendo que quizá así volvería al momento actual en el que se encontraba, enfrentando unos drones de origen desconocido.


    [...]

    Neonia

    Las tres arcas que conformaban Promesa habían pasado de ser un lugar repleto de vida y movimiento a un ambiente tétrico y oscuro de campo de batalla. La guerra civil había dejado cadáveres de ambos bandos por cualquier sitio al que miraras, sin embargo, la aparición de esa niebla y unos drones con forma circular habían provocado que el silencio fuera el rey dominante de la escena.

    Snow, Sun, Lio, Dyrian y Yak se encontraban en la sala de máquinas de una de las arcas, lugar que no aparecía a priori en los mapas porque se preveía que no volvería a usarse para viajar por el espacio profundo. La noche anterior habían sido asediados por cuatro drones de extraña procedencia y pese a que no parecían tener la intención de matarles, estos los trataron de seguir en todo momento.

    Ashley, Eron y Vanth cayeron al haber respirado esa niebla y pese a los intentos del grupo de recuperarlos, no hubo éxito al estar bajo la presión de esas cosas. Tuvieron que huir de nuevo al interior de Promesa mientras a los drones que enfrentaban se les añadían varios más. Apenas pudieron dormir, temerosos de que esos drones les encontraran. De no ser porque la gobernadora Carver conocía las salas de máquinas de cada arca y cómo acceder a ellas, probablemente habrían terminado cómo todos: inconscientes por culpa de la niebla.

    La líder humana se encontraba sentada en una esquina, recogida, con los brazos apretando sus piernas contra su pecho y la cabeza recostada en las rodillas. Ella vio cómo la Arcadia se iba y esperaba que en ella estuviesen Lill y Gina al menos. El único neoniano allí presente no le quitaba la mirada de encima a la asiática, que hacía lo propio. La ex miembro del grupo criminal de Jim Baker observaba con detenimiento al hombre de Ceres, que a su vez observaba por unas rejillas que daban acceso a la avenida principal como varios drones pasaban en busca de ellos.

    — ¿Siguen ahí? — Preguntó Dyrian, rompiendo el silencio en aquella sala.

    — Sí, no dejan de peinar el área — Respondió Lio, volviéndose hacia la chica — Llevan nueve horas así.

    — Y nosotros nueve horas aquí, sin suministros — Replicó Sun, llamando la atención del resto — Dígame, gobernadora Carver, ¿cuál es el plan?

    — Permanecer ocultos es la prioridad ahora — Murmuró Snow, consciente de que la asiática iba a atacar sus decisiones a cada rato — Aunque si se te ocurre algo mejor, te escuchamos.

    — ¿Ahora sí se me escucha? — La mujer se puso de pie — Si se me hubiera escuchado antes, no estaríamos aquí.

    — Basta, Sun — Musitó Lio, deteniendo lo que iba a convertirse en una discusión que no haría sino empeorar la situación — No sé que pensáis los demás, pero yo creo que deberíamos arriesgarnos.

    — ¿A qué te refieres? — Preguntó Yak, intrigado.

    — Lo principal es irnos de aquí — Propuso el hombre de Ceres — La Arcadia pudo irse, quizá queden naves operativas en el Sector 0.

    — ¿Pretendes que huyamos cómo cobardes? — Brume no estaba dispuesta a irse sin más.

    — Sería irnos para volver y pelear otro día — Respondió Lio — Ahora mismo estamos en clara desventaja.

    Pese a que no les gustaba en absoluto la situación actual de incertidumbre respecto a lo que ocurría, el grupo sabía que el hombre de Ceres tenía razón en sus palabras.

    — Creo que primero deberíamos abastecernos de comida y agua, no sabemos cuanto va a durar esto — Dijo Dyrian, consciente de que sin energía y fuerzas no llegarían lejos.

    — En el Sector 0 hay grandes reservas de suministros — Murmuró la gobernadora, conocedora de la ubicación de ciertos víveres — Como ha dicho Lio, lo mejor es ir al Sector 0.

    — ¿Y cómo vamos a hacerlo sin que esos drones nos detecten? — Quetaryan estaba preocupado por esas cosas de procedencia desconocida — No pretenden matarnos, pero sí quieren que respiremos esa niebla.

    — Aún tenemos las máscaras — Dijo Santos con seriedad — No les dejaremos que nos las quiten.

    — ¿Hay mucho camino de aquí a ese Sector 0 del que habláis? — Preguntó la asiática.

    — Unas cinco horas a pie — Musitó Snow, consciente de que todos estaban algo cansados al no haber dormido a penas — Podemos hacerlo.

    — Sin duda — Añadió Lio, tomando su Striker — Pongámonos en marcha.

    — Seguidme — Indicó la gobernadora Carver.

    Con Snow en cabeza, el resto la seguía por un estrecho pasillo que daba a una puerta. Sin embargo, ésta puerta estaba tapiada por fuera y no se podía ni entrar ni salir por ella, por lo que el siguiente paso era arrastrarse por un conducto amplio que daba a la principal avenida de Promesa, por dónde varios drones patrullaban.

    — Burlar a esos drones no será tarea fácil — Murmuró Clyne mientras avanzaban por el conducto.

    — Por eso mismo, saldremos de uno en uno — Propuso la gobernadora — Encended vuestras radios y no habléis, cuando escuchéis que la apago y la enciendo, os sonarán unos breves pitidos. Esa será la señal para que salga el siguiente.

    — ¿Dónde nos vemos en caso de que nos separemos? — Preguntó el neoniano, tratando de tener todas las opciones controladas.

    — Para llegar al Sector 0 debemos pasar por Unión, allí nos veremos.

    Conscientes de que hablar por radio o estar en una misma frecuencia podría alertar a esas máquinas voladoras, el plan de Snow parecía lo más adecuado viendo la situación. El resto obedeció sin más remedio, viendo que la primera en salir del conducto sería la propia Snow.

    Era muy difícil saber si habían drones por la zona puesto que apenas emitían sonidos o hacían ruido. Carver salió gateando del conducto y acto seguido se cubrió tras una maceta de marmol con plantas, que decoraban el paseo y estaban repartidas a ambos lados de la avenida.

    La mujer levantó la cabeza para observar el lugar, comprobando que para su sorpresa, esos drones no estaban. Decidida, Snow comenzó a avanzar sigilosamente hasta cruzar la avenida y llegar al otro lado para finalmente encontrarse con la salida de Promesa. Una vez había pasado sin problema, Carver apagó y encendió su radio para avisar al próximo en salir, que se trataba de Santos.

    El hombre de Ceres salió del conducto sujetando su arma y cubriéndose rápidamente en el mismo lugar dónde se cubrió su compañera. El hombre alzó su Striker, comprobando todos los flancos para querer evitar una posible sorpresa. Al ver que no había aparente peligro, Lio cruzó la avenida velozmente y sin hacer ruido.

    La siguiente en salir fue Dyrian, realizando el mismo primer movimiento que sus antecesores. Se dispuso a cruzar la avenida cuando vio a Sun, desde el interior del conducto, ponerse un dedo en la boca en señal de silencio, para acto seguido señalar arriba. Lio y Snow observaban con temor a uno de esos drones, que acababa de entrar a Promesa por la entrada principal y se encontraba prácticamente encima de Clyne.

    Al momento, el dron prosiguió su camino, adentrándose en las arcas mientras la asiática advertía a su compañera de que ya podía avanzar. Dyrian se sorprendió un poco de que su ex líder la ayudara, considerando que hasta hace nada se encontraban en bandos opuestos y suponiendo que con total seguridad, tanto a ella cómo a Lio, los consideraría traidores.

    Dyrian cruzó la avenida hasta llegar donde Lio y Snow, que vivían el momento con mucha tensión. Sun salió del agujero e hizo lo mismo que sus compañeros mientras Yak la observaba con seriedad. Era evidente que la asiática desconfiaba del neoniano debido a su propia forma de pensar y que éste desconfiaba de la humana por la forma de pensar de ella. Brume observó que no había peligro y cruzó hasta llegar dónde estaban el resto de sus compañeros.

    Quedaban por salir el neoniano, que hizo lo propio y esperó a no ver peligro. Quetaryan se cubrió tras el macetero de marmol cuando de pronto escuchó una serie de pitidos leves. El sonido procedía de su lado y sus ojos pudieron ver una granada de fragmentación humana activada. Yak no lo dudaba: Sun le había tendido una trampa.

    — ¡Mierda! — Exclamo, cogiendo dicha granada y lanzándola lo más lejos posible.

    Antes de que ésta tocara el suelo, explotó, provocando un gran estruendo y con total seguridad, llamando la atención de cualquier cosa que estuviese por allí merodeando. Así fue, pues una docena de drones entraron a Promesa decididos a averiguar que acababa de ocurrir.

    — ¡¿Qué carajo ha pasado?! — Lio no entendía nada, al igual que sus compañeros.

    — ¡¿Qué hacemos?! ¡Van a encontrarle! — Dijo Dyrian, queriendo ayudar a su compañero neoniano.

    — Qué bajo has caído, Dyrian — Musitó Sun en voz tan baja que ninguno de sus compañeros la escuchó.

    — Lanzaré una granada lo más lejos posible para llamar la atención de esas cosas — Decidió Snow, cogiendo una que casualmente tenía un cadáver a su lado.

    — Déjame a mí, la lanzaré más lejos — Dijo Lio, tomando dicha granada.

    Yak sabía que estaba realmente jodido y que era cuestión de segundos el ser encontrado por esos drones. Santos tomó impulsó y lanzó la granada al final de la avenida, sin embargo y para su sorpresa, los drones no siguieron a la granada, sino a su origen. Estos drones eran muy inteligentes, pues en vez de seguir la explosión que iba a acontecer, calcularon la ruta de la granada hasta dar con el resto del grupo. Snow, Lio, Dyrian y Sun observaron aterrados cómo la docena de drones se volteaban en el aire para observarles.

    — ¡Huye ahora, Yak! — Exclamo Snow, siendo la primera en disparar contra esas máquinas.

    El neoniano salió corriendo de su cobertura, sujetando su Rypper, mientras sus compañeros llamaban la atención de esas cosas. No obstante, varios drones vieron a Quetaryan huir, por lo que fueron en su persecución. Lo último que vio Snow fue al neoniano salir por la entrada principal de Promesa, justo antes de que una bala impactara en su máscara y se la destruyera, quedándose inconsciente debido a la niebla.

    — ¡Snow! — Exclamo Lio, decidido a recoger a la gobernadora en brazos.

    — ¡Tenemos que irnos, Santos! — Dijo Sun, tomándolo del brazo para huir.

    — ¡Vamos Lio, volveremos preparados a por ella! — Indicó Dyrian.

    El trío salió por la entrada principal de Promesa, huyendo a la desesperada y dejando a Snow inconsciente además de Yak en paradero desconocido mientras varios drones se disponían a perseguirles.

    [...]​

    Arcadia

    — ¡Tenemos que volver! — Exclamo Reeda, enfadada — ¡¿Cómo habéis podido abandonarlos?!

    — ¡No les hemos abandonado! — Respondió West, molesto — ¡Si no huíamos, habríamos terminado cómo todos!

    — Reeda, no podíamos cargar con todos y meterlos en la nave — Cinthia trató de apaciguar la situación con una voz más calmada que la de sus compañeros — Tú misma lo viste, esos drones aparecieron y...

    — Deberíamos haber peleado — Intervino Etyah, aún dolido por no haber acompañado a Eron en su misión de búsqueda de la gobernadora — Ahora sólo quedamos nosotros.

    — Trataste de contactar con el subcomandante Tanner pero no hubo respuesta — Todos observaron a Zyon, pues era raro verle unirse a una conversación — Es evidente que de habernos quedado allí, habríamos corrido el mismo destino.

    — ¿Acaso insinúas que están muertos? — Etyah se encaró con la máquina — Contigo solo basta con arrancarte los cables que asoman por tu nuca, no eres tan especial.

    — No lo están, son fuertes — Musitó Arva, sentada en el asiento de piloto de la nave con Gina en brazos.

    — Eh, chico, no te equivoques — Westley se acercó al joven con recelo — Zyon no es un Super Rhajik cualquiera, yo mismo mejoré todo su sistema incluyendo la imprudencia de que ciertos cables sensibles asomaran por su nuca.

    — ¿Qué quieres decir con eso? — El joven Preston mostraba desprecio a la máquina con su mirada.

    — Me parece increíble que cambien de un tema para otro — La neoniana estaba frustrada con sus compañeros.

    — Si juzgas la obra de un ingeniero tecnológico, sucede esto — La doctora Marlow suspiró — En fin, iré a ver cómo se encuentra Lill.

    Cinthia abandonó el puente de mando de la Arcadia mientras sus compañeros seguían con la discusión. La mujer avanzó por un pasillo amplio en el que se encontraban diez habitaciones —cinco a cada lado— y una vez alcanzó el final del pasillo, éste se abría en dos caminos —en el centro se encontraba una puerta que daba acceso a la sala del núcleo, el motor principal de la nave remodelada— y la doctora tomó el pasillo de la derecha —el de la izquierda te llevaba al gimnasio y la galería de tiro— que llevaba al hangar en el que había dos lanzaderas y dos vehículos terrestres, además de a la consulta médica, hacia dónde ella se dirigía.

    La mujer se percató al llegar de que la puerta de la consulta estaba entreabierta, saliendo por ese resquicio la luz de una lámpara que ella misma dejó encendida la última vez que visitó a Lill. Cuando esos drones de origen desconocido aparecieron en el Sector 0, el comandante Crane acababa de ser recientemente operado de su muñón, en el que ella misma y su pareja West le insertaron una prótesis de tecnología Rhajik conectada a sus nervios para así poder moverla bajo las órdenes de su cerebro, además de una increíble habilidad cómo lo era el hecho de disparar láser, propio de dichas máquinas.

    La doctora se dispuso a entrar a la sala cuando comenzó a escuchar ruidos, mientras acto seguido veía por la puerta entreabierta cómo caía al suelo una bandeja con material quirúrgico. Al alzar la vista, comprobó que se trataba de Lill, que andaba dando tumbos hasta apoyarse en un lavabo y mirarse detenidamente en el espejo. En ese preciso instante, Lill comenzó a apretar los dientes en una clara señal de dolor y Cinthia no dudó en entrar a socorrerle.

    — ¡Lill! ¡¿Te encuentras bien?! — La doctora temía que tuviese problemas serios tras la operación.

    Sin embargo, al oírla, el comandante Crane cesó sus quejas. Medio tembloroso, el hombre se volteó hacia su compañera y la miró. Un escalofrío de terror le recorrió la espalda a Cinthia, que observaba los ojos de Lill que habían adquirido una tonalidad rojiza, muy característica de los Rhajik en el punto del que disparaban láser.

    — ¿Lill...? — Murmuró la doctora Marlow, impactada con lo que estaba viendo y temiendo que la tecnología Rhajik pudiese haber afectado de alguna forma a su comandante.

    De pronto, Lill comenzó a gritar y retorcerse de dolor en el suelo hasta dejar de moverse. Todo aquel jaleo llamó la atención del resto de la tripulación, que corrió a la consulta médica a ver que sucedía.

    — ¡¿Qué ocurre?! — West fue el primero en llegar — ¡Cinthia! ¡¿Qué es todo esto?!

    — ¡Se trata de Lill, parecía... parecía controlado por algo durante un instante! — Exclamo Cinthia, atemorizando al resto.

    — ¡¿Cómo?! — Arva, que no quería que la hija del propio Lill lo viera así, salió fuera de la consulta.

    — No respira — Señaló Reeda al ver que el pecho del comandante no se movía — ¡No respira!

    La doctora Marlow no lo dudó y se arrodilló a su lado, lo puso boca arriba y comenzó la reanimación. Todos observaban temerosos de perder a Lill de una forma tan abrupta cómo aquella y considerando en la situación en la que se encontraban.

    — ¡Vamos, vamos, vamos! — Decía Cinthia ya con lágrimas en los ojos y finalmente dándose por vencida — Lo... lo siento, yo no... yo...

    West se arrodilló al lado de su pareja y la abrazó mientras ésta lloraba desconsoladamente. Reeda no pudo evitarlo y varias lágrimas comenzaron a recorrer su rostro mientras Etyah se sentaba con las manos en la cabeza, sin poder creérselo. La piloto Tidder supuso lo que había ocurrido y en llanto, se dispuso a irse cuando Zyon interrumpió los lamentos.

    — Voy a probar algo.

    El Rhajik ahora con forma de Super Rhajik se aproximó al comandante Crane, teóricamente fallecido, y colocó una de sus manos sobre el pecho del humano. Tras unos segundos de incertidumbre, Zyon le envió un pulso de energía directa al corazón, que para sorpresa de todos, hizo que Lill se levantara rápidamente y con una expresión de impacto en su rostro.

    — ¡Zyon! ¡¿Cómo?! — Cinthia estaba gratamente sorprendida.

    — La tecnología Rhajik de la prótesis, ha intentado hacerse con el control de su cuerpo — Musitó la máquina ante la mirada de todos — Su cuerpo reaccionó así para evitarlo, muriendo. Sin embargo, al reanimarlo con un pulso de energía redirigida al corazón, lo he despertado. Esto no implica que pueda volver a sufrir un ataque por parte de la tecnología Rhajik de la prótesis, sucederá hasta que su mente tome el control de dicha mano. En ese entonces, no volverá a tener ningún problema y lo sintético se unirá a lo orgánico.

    — Mierda, yo no pensaba que pudiese suceder algo así... — West se sentía bastante mal — Lill, espero que puedas perdonarme. Cuando estés listo, te quitaremos esa mano y...

    — No estoy enfadado contigo, West — Murmuró el comandante Crane — Ni quiero que me quitéis la prótesis.

    — Ya has escuchado a Zyon, corres peligro — Intervino Cinthia, preocupada.

    — También ha dicho que puedo hacerme con el control — Dijo Lill, incorporándose para asombro del resto — Estoy bien y lo estaré.

    — Bueno, si es lo que quieres — La doctora Marlow no estaba muy de acuerdo con su compañero — Zyon no se va a despegar de ti hasta que tengas esa cosa bajo control, por si te vuelve a dar un ataque.

    — Descuida, Cinthia — Musitó Zyon — Seré la sombra del comandante Crane.

    — ¿También vamos a dormir en la misma cama? — Preguntó Lill de forma sarcástica mientras se reía.

    — Solo si usted lo desea, señor — Respondió Zyon con su particular tono neutral que parecía que lo dijera en serio.

    — Quizá me pase con los parámetros del humor que te puse — Murmuró el ingeniero Finn, pensativo.

    De repente, la alarma comenzó a sonar en toda la Arcadia. Se trataba del aviso que daba el sensor cuando se aproximaba algo a la nave en un radio de cincuenta kilómetros. La tripulación fue corriendo al puente de mando y Arva, que había dejado a Gina en brazos de su padre, se sentó y comprobó lo que ocurría.

    — Se aproximan cuatro objetos desconocidos hacia nuestra posición — Explicó la piloto Tidder, volteándose — Comandante, ¿órdenes?

    La Arcadia se encontraba en órbita con Vulkano, por lo que Lill tenía clara la decisión.

    — Aterriza en Vulkano — Musitó el comandante Crane con seriedad — Si esas cosas van a descender también... no quiero darles una tregua.

    [...]

    — Es precioso, ¿verdad?

    De pronto, Ashley se encontraba en la Arcadia, en uno de los ventanales que ésta tenía a cada lado de la nave. Frente a ella, el espacio profundo con una inmensidad de estrellas. A su lado, el marciano Axlor Vaalot. Ripley no dejaba de mirar al chico, que estaba inmóvil y con la mirada fija en el horizonte estelar. La mujer no entendía nada, pues había pasado de encontrarse con su hermano Alexander a estar con el propio Axlor.

    — Te echo de menos — Fue lo primero que Ashley alcanzó a decirle al marciano justo antes de ponerse a llorar — Siento lo que te pasó, fue mí culpa, te arrastré a ello y...

    — Ashley, por favor, de nada sirve lamentarse — Respondió Axlor con parsimonia — Todos hemos cometido errores que han acabado con amigos muertos... yo tuve que abandonar a Naylon en Xhander y luego el Supremo tomó el control de él, apareció meses después y destruyó el Sistema Solar junto a millones de vidas... abandoné a Kyllian en Xhander y murió cuando la base del Supremo se precipitó contra el agujero negro... Así es la vida ahora, en el nivel en el que nos encontramos.

    — No quiero provocar más muertes, Axlor — Murmuró la chica, en llanto.

    — Lo sé, Ash, pero estamos en posiciones importantes en las que tomamos decisiones igual de importantes e inevitablemente siempre acabará alguien muerto — Explicaba Vaalot con una tranquilidad pasmosa — No quiero que sigas torturándote por mí. No me porté del todo bien contigo... tú me querías y yo a ti también, pero mí corazón era de otra persona y no pude corresponderte. Eso es lo que yo siento.

    — Eso es una tontería, no tienes porqué disculparte por ello — Dijo Ripley mientras se secaba las lágrimas.

    — Son cosas que a veces pasan, pero ten por seguro, que encontrarás a alguien que sepa valorarte — Axlor se aproximó a Ashley y le acarició el rostro — Eres una mujer increíble, valiente y decidida, Ashley Ripley. Hasta siempre.

    [...]

    — Papá.

    Sus ojos comenzaron a abrirse mientras se formaba una silueta ante él que contrastaba con la luz de fondo. El hombre se encontraba en una cama completamente limpia y con las sábanas blancas, hasta el punto de que la luz de alrededor brillaba con fuerza. Cuando sus pupilas se acostumbraron al destello, Eron comprobó que delante suya tenía a un niño de no más de cinco años, de pie frente a la cama, con unos rasgos que confirmaban que se trataba de su hijo y el de Deanne, su mujer.

    — ¡Estás despierto! — Exclamo el niño en un tono juguetón mientras se lanzaba encima de su padre y lo abrazaba.

    Tanner apenas se movió. El subcomandante no entendía nada de lo que estaba ocurriendo, al igual que cuando se encontraba con Deanne en lo que parecía ser un recuerdo al que había viajado para hacerlo distinto. Más aún, considerando el hecho de que antes de todo, estaba enfrentando a unos drones de procedencia desconocida a las puertas de Promesa.

    Al tener a aquel niño tan cerca, no lo dudó: se trataba del hijo que nunca llegó a nacer. Eron tenía sentimientos encontrados. Por un lado, creía que se encontraba en una especie de juego macabro donde le querían mostrar la vida que pudo ser y no fue. Por otro lado, veía aquello como una recreación de su subconsciente, que se imaginaba cómo hubiese sido todo sin la aparición de los Rhajik y todo en lo que ello derivó.

    Eron entonces abrazó a su pequeño hijo con fuerza mientras inevitablemente las lágrimas salían de sus ojos. Aquello era un momento precioso y aunque no fuese real, no significaba que no tuviera que disfrutarlo. El hombre no entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero sabía que debía aprovecharlo todo, pues eventualmente descubriría realmente que era todo aquello.


    [...]

    Cuando Vanth abrió los ojos, lo que menos esperaba ver era el agujero negro de nombre Xhander, lugar en el que estaba la base Rhajik del Supremo. Más aún, no esperaba ver como una figura con forma de neoniano se aproximaba a él de la oscuridad alejada de aquella superficie metálica a la que Dheer accedió dos veces: durante el rastreo a Axlor y Arva y después en la batalla final.

    — Hola, Vanth — El neoniano se mostró ante su semejante — ¿Todo bien?

    El rostro de Vanth quedó desencajado y sin saber que decirle a Turak Klamp, comandante de los pocos soldados neonianos que quedaban vivos y que perdió la vida precisamente en la primera llegada a Xhander.

    — ¿Sorprendido, amigo? — Klamp se aproximó a su compañero y le dio dos golpes en el hombro — Seguro que lo estás, y es lógico.

    — ¿Qué es esto, Turak? — Preguntó el neoniano, desconcertado — ¿Qué haces aquí?

    — Yo perdí la vida aquí — Respondió Turak, serio — La pregunta es, Vanth, ¿qué mierda haces tú aquí?

    El comandante neoniano y padre fallecido de Reeda le dio una vuelta a su compañero y se posicionó delante suya, con las manos cruzadas y una mirada desafiante.

    — No sé que hago aquí, si te soy sincero — Dijo Vanth, sin creerse que estuviese hablando con su compañero muerto, al igual que antes hizo con Narisha — Esperaba que tú me lo dijeras.

    — Represento a tu subconsciente, Dheer — Murmuró Turak, firme en su postura — Estoy aquí para decirte que te dejes de idioteces y te prepares para luchar. Porque amigo, va a haber que luchar.

    — ¿Cómo? — Vanth no entendía aquello — ¿A qué te refieres?

    — Nunca confié en los humanos, tú lo sabes — Explicaba Klamp — De hecho, has visto que tenía razón en cierto modo. Algunos bastardos se creían superiores a nosotros, esa... Resistencia, ¿no? Panda de idiotas.

    — No todos nos odian, Turak.

    — Lo sé, por eso reconozco que me he equivocado a medias — Dijo el comandante neoniano — Aunque eso provocase una maldita guerra en la superficie de nuestro hogar, que suficientes muertes de los nuestros ha visto... Por desgracia, eso no va a acabar.

    — ¿A dónde quieres llegar?

    — Sé que nunca has sido un guerrero cómo tal, pero ha llegado el momento de que lo seas. Otra guerra, más grande que la de nuestros antepasados contra los sylerianos, es inevitable.

    — ¿Quieres decir que hemos sido atacados por otra especie inteligente...?

    — Así es, no hace falta ser científico para darse cuenta — Dijo Turak con su peculiar carácter duro — Ahora te toca despertar.

    Vanth observó a su compañero fallecido, sin inmutarse ante él. Turak lo tomó de los hombros y comenzó a zarandearlo mientras le gritaba.

    — ¡DESPIERTA!


    [...]

    Una semana después

    El neoniano abrió los ojos y estos se le inundaron de un líquido espeso y transparente. Se encontraba en una especie de cápsula llena de ese líquido que al parecer, mantenía a las personas en un letargo, sin envejecer o perder la forma física, sin hambre ni sed.

    Vanth comenzó a patear con fuerza la compuerta que lo mantenía allí encerrado. No fue hasta la quinta patada que logró abrirla, provocando que el líquido y él cayeran en una superficie fría, metálica y grisácea mientras el neoniano luchaba por respirar, comprobando entonces que no se encontraba en tierra firme.

    Sus suposiciones se confirmaron cuando alzó la vista mientras jadeaba arrodillado en el suelo y vio un ventanal que daba directamente a Neonia, vista desde fuera. Se encontraba en una nave y se estaba quedando sin aire, pero antes de que pudiese moverse, cinco seres que iban armados con un arma similar a un pequeño cañón con mirilla y con un traje bastante similar a una armadura de robot, lo rodearon sin decir nada.

    Dheer a duras penas pudo vislumbrar la apariencia de estos, más allá de sus dos brazos y dos piernas reconocibles y una cabeza que debía estar escondida tras ese traje que añadía un casco con cristal delante que tenía dibujado un triángulo por el que esas cosas podrían mirar y llevaban anclado a la espalda una especie de propulsor muy idéntico a un pequeño motor de antiguo cohete humano.

    — No debiste haber destruido la cápsula — El neoniano se sorprendió de escuchar y entender a uno de ellos, con la voz filtrada por una rejilla del casco — Te mantenía con vida.

    Pese a los intentos de Vanth por responder, el neoniano se estaba quedando sin aire y era cuestión de minutos que muriese ahogado. Su mente no procesaba la idea de que no hubiese oxígeno en la nave en la que supuestamente se encontraba en órbita con su planeta natal, más si cabe por el hecho de que había unos seres desconocidos que presuponía debían respirar también oxígeno.

    El soldado de dicha especie desconocida que había hablado, les indicó al resto con un gesto que levantaran al neoniano y lo llevaran a algún lugar específico. Dos de esos seres se acercaron a Dheer y antes de tomarlo de los brazos para incorporarlo, le colocaron una especie de mascarilla para que pudiera respirar. Acto seguido, le indicaron mediante gestos que comenzara a andar.

    — Hora de despertarlos a todos — Dijo el único ser en hablar por el momento — Y después llevadlos al punto de partida.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola amigo, me alegra que finalmente hayas publicado esta nueva parte de la historia. Tenía muchas ganas de seguir leyendo, sobre todo por la forma en la que terminó la parte III. Este capítulo ha sido una buena apertura, honestamente, me ha encantado.

    Los sueños, por decirlo así, han sido muy bien narrados y claramente tendrán un significado. Estoy seguro que le tendrás preparado algo muy importante en esta parte para Ashley, Eron y Vanth después de haber hecho eso. Tengo que decir que mi favorito y el que más me dolió fue el momento en el que Ashley sueña con Axlor. Como bien sabes, él era de mis personajes favoritos y tuvo una muerte muy injusta. Lo que me gustó es que no hemos visto sufrir a Ashley por él, y este sueño fue perfecto para ilustrar lo que ella sentía. Realmente fue doloroso de leer ese momento. Los otros sueños han estado bien, por su parte. No me sentí mal por Eron. Creo que el momento estaba bien hecho, pero al no haber estado aquí tiempo suficiente, no pude llegar a empatizar suficiente con él.

    Luego, la realidad. Me parece bastante despreciable lo que ha hecho Sun, y la forma en la que ella piensa. Deseaba que pudiera empezar a cambiar, pero veo que ni siquiera en una invasión lo hace. Me dio mucha lástima que Yak, pese a no ser de mis favoritos, fuera traicionado así, y mucho más al ver que, luego Lio y Dyrian dejaron a Snow a merced de esas cosas. Si bien, entiendo que no pudieran hacer algo más, me dio lástima que hicieran eso. Ella no lo merecía.

    Imagino que si Yak y Snow son capturados, se unirán a Ashley, Vanth y Eron.

    Por otro lado, lo de la Arcadia creo que ha estado bien. Me preocupa bastante que no tienen casi soldados. Digo, Lill es el único. Cinthia es médico, West es ingeniero, Etyah todavía no ha terminado la academia y por eso no se le puede llamar soldado, Arva está embarazada y Gina es una bebé. Creo que los únicos soldados serían Rheeda que es neoniana y Zion, que es un super Rhajik.

    Fuiste un completo bastardo al haber matado así a Lill. Sí, lo mataste por unos segundos, y Zyon lo revivió, pero sigue contando como muerte XD. Luego de ver lo que sufrió, entendí que esa era tu venganza en mi contra por una escena de mi historia XDD. Ha sido una buena forma de vengarte y ya no lo olvidaré. Me dio risa el comentario de Zyon después de revivir a Lill, la verdad es que West es un loco.

    Hablando en serio, temo por lo que el brazo le pueda hacer. Ahora supongo que es una buena forma de probarlo, dado a que van a terminar aterrizando el Vulkano.

    Por último, lo mejor del capítulo, fue la escena donde Vanth despierta. Esos seres están cubiertos por armaduras, obviamente, y me pregunto que tipo de "Seres Superiores" serán. Y también me pregunto que clase de planes tienes para ellos. Honestamente, espero que no sea nada malo, porque no me da buena vibra lo que han hecho XD. Ya lo veremos todos. Espero que los grupos se reúnan pronto. Aunque el drama es mejor y mayor cuando están separados, el desarrollo de personajes (que es lo que me encanta de esta historia) es lo que reina cuando están juntos. Ojalá no tenga que esperar demasiado hasta que pase. Hasta la próxima.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros IV: Seres superiores
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    Ya está aquí el segundo capítulo de esta cuarta parte de Los Viajeros. Quiero avisar que no todos los capítulos van a estar divididos en los distintos grupos de personajes, sino que habrá algunos capítulos enteros y exclusivos para un solo grupo, pero es por el desarrollo de la trama y la importancia del momento. Así que no os preocupéis si tardáis varios capítulos en ver a ciertos personajes. Sin más que añadir, os dejo leer.





    El código



    Aquellos seres irreconocibles que por los trajes y las armas parecían soldados en su máximo esplendor, llevaron a Vanth a una sala circular que tenía un ventanal que la rodeaba, desde donde se podía apreciar que se encontraba claramente en una especie de base en órbita con su planeta natal. Los interrogantes en la mente del neoniano no dejaban de acumularse mientras los dos desconocidos alienigenas le dejaban ahí sin explicación alguna.

    El actual líder neoniano en detrimento de la fallecida Narisha Taaliv, no tuvo que esperar mucho tiempo para saber lo que iba a pasar. Por grupos, tanto humanos como neonianos ingresaban en aquella sala circular, donde si mirabas hacia arriba, veías que tenía forma de espiral. Una vez la habitación de superficie redonda estaba repleta de humanos y neonianos —habría un total de doscientas personas allí metidas— unas compuertas se cerraron a cal y canto ante la expectación y el temor de los presentes.

    Cuando la sala estaba presurizada para la seguridad de los que estaban allí, se escuchó un sonido muy similar a cuando se desacopla un objeto de otro con el que se une. En ese momento, todos comprobaron que estaban descendiendo a Neonia y los más inteligentes llegaron a la conclusión de que, en efecto, era una nave de carga y descarga con forma cilíndrica.

    Gran parte de los humanos se sentían como ganado al estar allí apretados y encerrados en una nave sin más función que la de transportar carga, además de estar bajo el dominio de una especie inteligente y desconocida para ellos de la que no sabían sus intenciones. Dheer observaba por el ventanal el descenso de la nave cilíndrica que entraba en la atmósfera neoniana cuando alguien llamó su atención por detrás.

    — Esto no me gusta.

    El líder neoniano se volteó para encontrarse con Eron. El que era subcomandante del ejército del gobierno humano se veía algo agobiado y demacrado en comparación a otros. Su aspecto hacía interpretar a Vanth que no había gozado de una tranquila siesta producida por la neblina, sino más bien lo contrario.

    — A ninguno le gusta — Respondió Vanth con seriedad — Usted es el subcomandante Tanner, ¿cierto? Recuerdo que coincidimos en el asalto de la Resistencia a Isharay...

    — Así es, aunque parece que haga mucho tiempo de eso, o que nunca haya pasado... — Dijo Eron con una voz cansada — Tú eres Vanth Dheer si no me equivoco.

    — No se equivoca — Musitó el neoniano, sintiéndose incómodo y estresado por el estado del humano — ¿Se encuentra bien? No tiene buen aspecto, subcom...

    — Llámame Eron, por favor — Le cortó el hombre — Y no, no me encuentro especialmente bien.

    — ¿A qué se debe su estado? — Preguntó Dheer, intrigado y preocupado por si aquellos seres habían experimentado o torturado al humano — ¿Le han hecho algo?

    — No que yo sepa, aunque no me sorprendería — Murmuró Eron, pálido y agotado — He tenido una serie de sueños muy extraños, quizá tan extraños que por eso he despertado un poco desubicado y sudoroso.

    — Te entiendo, yo también he tenido sueños — Contó Vanth — Y en ellos aparecían seres queridos ya fallecidos y en lugares o momentos concretos...

    — Ha sido exactamente igual conmigo — Musitó Tanner, cerca del neoniano — Mí mujer muerta y un hijo que nunca llegó a nacer. Ha sido muy raro.

    — Todo está siendo raro desde que esa especie ha aparecido...

    — No, desde que el Supremo destruyó el Sistema Solar.

    Las palabras de Eron causaron cierto impacto en el líder neoniano, aunque éste comprendía a que se refería. Nunca te imaginas ni te crees la idea de que tu hogar pueda destruirse por mucho que tenga fecha de caducidad y mucho menos te esperas que un ser tenga en sus manos el poder de borrar un cúmulo entero de una galaxia. La nave de descenso cilíndrica había traspasado la atmósfera neoniana y tras unos segundos ya se podía apreciar la superficie planetaria. Todos los encerrados en la nave observaban a dónde estaban siendo llevados, que no resultó ser otro lugar que territorio familiar: Promesa.

    Cuando la nave de descenso se aproximaba a tierra firme, se escucharon por poco, los ruidos leves de unos propulsores sorprendentemente silenciosos que contrarrestaban la fuerza con la que caía la nave hasta equilibrarla, para que el aterrizaje fuera suave y cómodo. En ese preciso instante en el que el aparato se posó sobre suelo neoniano y a escasos metros de la colonia humana, las compuertas —que eran dos— se abrieron para dar salida a todos.

    Saliendo de forma ordenada y precavidos ante lo que podía acontecer, las casi doscientas personas y neonianos mezclados en esa nave cilíndrica se encontraban, tras una semana, —pese a que ellos no supiesen la noción del tiempo que había pasado— de nuevo en la superficie de Neonia. Vanth y Eron, al igual que el resto, observaron su alrededor en busca de las señales que indicaran algo más acerca de la llegada de estos seres, ya fuera una colonia improvisada u algún otro artefacto cómo las cápsulas de niebla. No obstante, por no haber no había ni restos de la guerra que se sucedía previa a la aparición de las cápsulas. Ni destrozos ni cadáveres se podían apreciar allí, mostrándose todo, de alguna forma, sorprendentemente limpio.

    — ¿Eron? ¿Vanth? — La voz femenina se escuchó entre la gente, que se reunía con algunos de sus familiares o trataba de encontrarlos entre la muchedumbre.

    El subcomandante y el líder neoniano vieron como Ashley se acercaba a ellos con el rostro serio. La mujer solo sonrió brevemente cuando abrazó a ambos en una muestra clara de respeto y cariño que les tenía.

    — Me alegra veros, aunque sea en estas circunstancias — Murmuró Ripley, observando a su alrededor — ¿Qué creéis que van a hacernos?

    — ¿Aparte de dormirnos e inculcarnos sueños o recuerdos en la mente? — Eron sonaba realmente sarcástico — Ni idea.

    — ¿A vosotros también? — Ashley se sorprendió tras las palabras de su compañero.

    — Así es — Musitó Vanth — Tanto Eron cómo yo y al parecer tú, hemos tenido esos sueños o recuerdos pasados.

    — Eso significa que lo han hecho con todos — Dijo el subcomandante — Dudo mucho que seamos los únicos.

    — No tendría mucho sentido que lo fuéramos — Añadió Ripley, pensativa.

    — Lo que realmente nos debe preocupar ahora es el hecho de qué pretenden con nosotros y especialmente, ¿dónde están el resto? — Vanth colocó las prioridades sobre las teorías — Los humanos sois seis mil aproximadamente y los neonianos somos casi cien. Aquí estamos mezclados y no llegaremos a doscientos.

    — Cierto, somos muy pocos — Tanner se percató de eso — Espero que los traigan aquí al igual que a nosotros.

    — Depende — Musitó la mujer, seria — Si lo que van a hacer con nosotros es desagradable, prefiero que los demás no sigan nuestro camino.

    — Eso solo dependerá exclusivamente de ellos — Indicó Vanth, que con la mirada en el cielo, señaló una nave muy similar a las lanzaderas humanas aproximándose — Ahí vienen.

    [...]

    Había pasado una semana exacta desde que Lio, Dyrian y Sun tuvieron que abandonar a una inconsciente Snow y a un desaparecido Yak en la entrada a Promesa. El trío, con un pasado que los unía no hacía mucho tiempo, llegó al Sector 0 a los dos días de irse de la colonia humana. No fue nada fácil el hecho de escabullirse de los drones, constantes y en todos lados, peinando cada rincón que fue poblado hacía escasos días y que había sido testigo de una guerra civil.

    Una vez en el Sector 0, la decepción y la rabia se apoderaron del trío, que vio cómo sus opciones se limitaban. Todas las naves que yacían allí estaban, de alguna forma, inoperativas. Además, las filas de Super Rhajik listos para ayudar en combate también estaban fuera de servicio. Ninguno de los tres pudo entender qué o cómo lo hicieron esos seres para dejar a la humanidad y a los pocos neonianos sin defensas ni métodos de huida, sin embargo, los suministros estaban intactos: desde munición y armas hasta comida y agua, los víveres daban para al menos seis meses de vida.

    Habían pasado cinco días allí, sin ver movimiento enemigo ni rastro de otros humanos o neonianos. El silencio más eterno después del que hubo durante la destrucción del Sistema Solar. Cinco años habían pasado de Colapso y nadie lo había superado, sí sobrellevado en mayor o menor medida, pero no olvidado. De hecho, nunca sería olvidado y la prueba fue la guerra entre propios, gobierno y la Resistencia, por entender Colapso de distinta manera.

    Lio solía patrullar cada mañana por los alrededores, tratando de averiguar algo o de encontrarse con movimiento hostil. Hoy era la quinta mañana que salía y desde la primera no había visto ni oído nada, cómo si esos drones que anteriormente les perseguían, se hubieran esfumado. Sun y Dyrian permanecían en el complejo del Sector 0 y no era precisamente porque ellas quisieran. El hombre de Ceres les dejó muy claro desde el principio que no quería compañía y ellas no tuvieron más remedio que obedecer ante la mirada seria y decidida de Santos.

    Con la mejor arma creada por la humanidad —concretamente por West— anclada a la espalda del traje que portaba, el hombre avanzaba entre la frondosa maleza de los alrededores del Sector 0. Desde que la tuvo en sus brazos aquella vez que se reencontró con el ingeniero en Reinicio, la primera colonia marciana, no volvió a tenerla. No obstante, ahora no estaban esos militares de rango alto que las portaban en exclusiva. Ahora, la Rhajead estaba al servicio de todos.

    Lio solo escuchaba el cantar de algunas aves típicas de Neonia y con gran similitud a los pájaros de la ya extinta Tierra. Solo sus pasos, pese a ser lentos y sigilosos, se podían oír junto al reino animal en su máximo esplendor. Sin embargo, por primera vez en días, Santos comenzó a escuchar algo más que pájaros cantar o la planta de su pie aplastar hierba. El hombre alzó la vista al cielo, atraído por una especie de silbido suave que de no ser inteligente no habría logrado identificar. Sus ojos apreciaron una nave con forma de cilindro cayendo del espacio y su rumbo marcaba claramente que el aterrizaje iba a ser próximo al Sector 0.

    — ¿Venís de visita, capullos cobardes? — Dijo el hombre de Ceres, más para sí mismo que para nadie que hubiese con él — Muy bien, veamos que información puedo sacaros de vuestro irreconocible aspecto.

    Decidido a averiguar de qué se trataba aquello, Lio aligeró el paso con la Rhajead en mano mientras dicha nave cilíndrica se perdía en el horizonte no tan lejano.

    [...]

    — Aquí Dyrian Clyne desde el Sector 0, busco supervivientes a la niebla, ¿hay alguien ahí? — La mujer se encontraba en la sala de operaciones del lugar, en el que se entablaba contacto con otros puestos o zonas y en el que se manejaban los datos — Por favor, sí alguien humano o neoniano escucha esto, el Sector 0 es seguro, tenemos comid...

    La asiática apareció cómo una exhalación y apagó el generador de emergencia con el que Dyrian aún mantenía operativo ciertas zonas del Sector 0, principalmente dicha sala de operaciones. Acto seguido, Sun se aproximó a su ex compañera de la Resistencia y le propinó un puñetazo al que Clyne no pudo ni reaccionar. Cuando ésta comenzaba a asimilar el golpe y miraba a su ex líder con ira, Brume le respondió con un evidente enfado encima.

    — ¡¿Qué mierda se supone que haces, eh?! — Sun estaba furiosa — ¡Coges las comunicaciones y te pones a hablar cómo si nada, esperando que te conteste alguien ahí fuera y arriesgándote a que esas cosas detecten la señal y nos encuentren aquí! ¡Y encima cuentas que tenemos comida! ¡¿En qué carajo pensabas?!

    — Si tú estuvieras ahí fuera y por alguna remota posibilidad te hubieras librado de esa niebla, querrías saber si hay gente en pie en alguna parte — Respondió Dyrian mientras se incorporaba de su asiento con una mano en la zona del rostro dónde recibió el golpe de la asiática — Y si vuelves a ponerme la puta mano encima, estás muerta.

    Ni de lejos se esperaba Sun una respuesta tan contundente y amenazante, quedándose perpleja con las palabras de la otra mujer y sin saber qué decir o cómo reaccionar. Clyne salió de la sala de operaciones y se dirigió a la entrada del complejo, observando el muro que lo rodeaba y el amplio espacio malgastado en naves que ya no servían. Consciente de que ella y Brume no se llevaban nada bien, la mujer decidió aguardar el regreso de Lio sin nada más que hacer.

    [...]

    Los presentes ya en la superficie de Neonia aguardaban con preocupación e incertidumbre su destino. Una nave de tamaño medio manejada por la especie inteligente que les había atacado en plena guerra civil mediante dormirlos, se aproximaba a Promesa, dónde se encontraban casi doscientas personas entre humanos y neonianos. Vanth, Eron y Ashley observaban al igual que el resto cómo dicha nave de descenso de origen desconocido aterrizaba frente a todos ellos. Era una nave similar a una lanzadera de origen humano, pero un poco más grande. Si en una lanzadera cabían un máximo de diez personas, en aquella nave desconocida podrían ser hasta quince debido a su ligera envergadura superior a las originales humanas.

    Tras un breve espacio de tiempo en silencio, la compuerta de dicha nave de descenso se abrió mientras todos observaban atónitos cómo iban bajando de ella diversos seres totalmente cubiertos por sus trajes y armados con un cañón, que sujetaban en sus brazos. Lo único que por el momento se podía atribuir cómo similar o familiar a humanos y neonianos, era el hecho de que tenían una forma idéntica en lo que se refiere a dos brazos, dos piernas y un torso con cabeza. No obstante, era difícil conocer más de ellos si su aspecto estaba encubierto.

    Un total de doce soldados salieron de la nave y se colocaron cara a la multitud en una fila. Humanos y neonianos murmuraban con los suyos, haciéndose preguntas y analizando de arriba a abajo a estos seres de origen desconocido. No fue hasta pasados casi dos minutos de tensión, cuando uno de estos soldados dio un paso al frente ante el temor y la curiosidad de los nativos del planeta.

    — Mí nombre es Deon Xom — Comenzó diciendo aquel ser ante la expectación de todos — Y nosotros somos los Anixis.

    Vanth, Eron y Ashley no le quitaron la vista de encima. Aquello era una presentación de lo más formal y cordial que contrastaba completamente con la repentina aparición de cápsulas con el fin de adormecer a la población. Nadie se atrevió a hablar con Deon Xom, por miedo a decir o preguntar algo que lo pusiese en un aprieto a sí mismo.

    — Sé que tendréis muchas preguntas, pero por favor, obedeced mis órdenes y obtendréis las respuestas que buscáis.

    No a todos les pasó por alto el hecho de que esos seres que se llamaban Anixis, especialmente el único en hablar de nombre Deon Xom, hablasen el mismo idioma que humanos y neonianos, considerando que a estos últimos les costó utilizar en un principio un traductor universal.

    — Dirigios al interior de lo que vosotros llamáis Promesa.

    — ¡¿Y sí no queremos?! — Exclamo un impulsivo humano.

    — No hemos venido a iniciar otra guerra, vinimos a parar la vuestra — Murmuró Deon Xom con una suavidad que te hacía pensar que nada podía salir mal — Por favor, obedeced. Entrad en vuestro hogar.

    — ¡¿Dónde están el resto de nosotros?! — Ashley y Vanth observaron cómo el subcomandante Tanner daba la cara, aunque temían que tantas interrupciones terminasen por hacer perder la paciencia a Deon Xom.

    — Igual que vosotros — Musitó el Anixis, calmado — Habéis sido la nave número doce en traer colonos y cada nave ha realizado cincuenta viajes entre nuestra base en órbita y éste planeta.

    — ¿Por qué llevarnos a vuestra base en órbita y meternos en cápsulas líquidas? — La pregunta de un neoniano hizo que algunas personas exigieran la respuesta al Anixis.

    — Estabais bajo estudio científico, debíamos asegurarnos de que no representaríais un problema vírico o bacteriológico para nosotros — Respondió Deon Xom con aparente sinceridad — Pronto os reuniréis con vuestras familias y empezaréis una nueva vida sin la necesidad de impartir la violencia entre unos y otros.

    Tras las palabras del duodécimo Anixis allí presente, las doscientas personas obedecieron y comenzaron a entrar a Promesa, que no se parecía en absoluto a cómo estaba la última vez durante la guerra de la Resistencia. Todos observaban, estupefactos, lo limpio y ordenado que se encontraba todo. Para sorpresa de las doscientas personas que recién ingresaban en la colonia de tres arcas fusionadas, el resto de gente se encontraba ya allí. Seiscientos mil humanos y unos pocos cientos neonianos convivirían en el interior de Promesa, quizá un poco apretados, pero era tal y cómo los Anixis habían decidido, para tener un control total sobre todos.

    La gente buscaba desesperadamente a sus familiares o amigos entre la muchedumbre ante la mirada indiferente de los doce Anixis, de los que era muy difícil saber si observaban con ternura, lástima o seriedad la situación que estaba ocurriendo ante ellos. Los abrazos y llantos de emoción o tristeza se sucedían a cada momento una vez se reunían algunos o simplemente no encontraban a esa persona que tanto buscaban y que quizá habría muerto en la guerra civil. Vanth comenzó a buscar a los suyos, pues cómo líder, debía velar por la seguridad de todos ellos. Se aseguró de que los niños neonianos estuviesen a salvo pero le preocupó el hecho de que Reeda, quién los había estado cuidando y quién los llevó al Sector 0, no estuviese con ellos. Sin embargo, si pudo reencontrarse sorpresivamente con Snow, que le dio un fuerte abrazo al líder neoniano.

    — Es un honor volver a verte, Snow — Dijo Vanth, haciendo el saludo neoniano con ella.

    — Lo mismo digo, Vanth — La gobernadora colocó su antebrazo en alto, al lado del de su compañero alienigena, mostrando así el saludo neoniano que solo Naylon pudo hacer como humano, siendo ella la segunda en hacerlo.

    Snow abrazó a Ashley con normalidad —la gobernadora aún no había olvidado el hecho de que estuvo en la Resistencia y de que Axlor murió en parte por su culpa además de la pérdida de la mano de Lill— y acto seguido abrazó con emoción a Eron, quién era su subcomandante y un muy buen amigo de Lill y por lo tanto de ella también. Sin embargo, una vez terminó de saludarlos visiblemente emocionada, su rostro se ofuscó hasta la seriedad.

    — Me encontraba con Lio, Dyrian, Yak y Sun, la que era líder de la Resistencia — Explicaba Carver ante la mirada del trío — Estuvimos horas escondiéndonos y huyendo de los drones, pero cuando intentamos huir... nos asaltaron. Yak huyó mientras lo perseguían y yo solo recuerdo estar disparando a esas cosas.

    — ¿No sabes dónde están los demás? — Preguntó Ash, preocupada.

    — No, estaban conmigo hasta que perdí el conocimiento — Musitó la mujer — Cuando Eron cayó inconsciente e intenté despertarlo, ese joven llamado Etyah quiso enviar un mensaje pero se oía mal. En ese momento, vi únicamente a la Arcadia irse del Sector 0.

    — Bien, al menos alguien pudo huir — Murmuró Eron.

    — Tengo la esperanza de que Lill y Gina estén en esa nave, al igual que todos nuestros amigos y compañeros — Dijo Snow, algo apenada por desconocer su paradero — Lio, Dyrian, Sun y Yak deben estar por ahí fuera, o quizá los atraparan también y estén por aquí.

    — Estoy segura de que volverán — Ashley asintió, convencida — Y encontraremos al resto aquí.

    Snow asintió decidida a que así sería cuando de pronto los Anixis, especialmente Deon Xom llamó la atención de humanos y neonianos. Tras darles un momento para saludarse y reencontrarse con sus seres queridos, éste decidió que ya había sido suficiente y optó por tomar la palabra ante la atención de los colonos.

    — Sé que estáis presos de la incertidumbre y temerosos de nuestra presencia, pero ahora voy a aclarar los motivos por los que actuamos y por los que estamos aquí — Comenzó explicando Deon Xom — Desde ahora, estáis bajo el control de los Anixis y el porqué a esto os lo diré ahora: nuestra especie nació con un código inquebrantable. Éste consiste en la estabilidad, el equilibrio y la paz de nuestra galaxia. Si todo mantiene su curso, nada se perturba; nada cambia. Sin embargo, detectamos la destrucción de un cúmulo próximo a éste hace cinco años y debido a la gravedad de esto, decidimos intervenir. Descubrimos que una bomba de energía solar fue lanzada desde aquí y es cómo os encontramos. Os hemos estado observando, estudiando y comprendiendo hasta ver que vuestra autodestrucción era inminente. Aún con vuestras especies en peligro claro de extinción, hicisteis una guerra por ideologías. Fue por ello que decidimos actuar y lanzar diversas cápsulas que expulsaban niebla con un compuesto químico para dormiros. Os llevamos a nuestra base en órbita y os analizamos más de cerca para comprender cada pensamiento, cada sentimiento, cada forma de vuestras fisionomías hasta conoceros completamente. No podíamos dejar que os matarais entre vosotros, vimos dos especies inteligentes desamparadas por catástrofes que ellos mismos provocaron y abocadas a su fin eventualmente —humanos y neonianos observaban y escuchaban en silencio las palabras del Anixis— Por eso estamos aquí. No queremos una confrontación, no queremos vuestros recursos, no queremos nada de vosotros. Simplemente os vamos a mantener bajo nuestro control para asegurarnos de que no provocáis más daño a nuestra galaxia. El desequilibrio que habéis provocado, derivará en serias consecuencias en otra parte —los humanos comprendieron que se trataba de la famosa teoría del huracán y el aleteo de una mariposa— y no podemos permitir algo así a menos que se trate de un fenómeno natural. Somos responsables de nuestro hogar y mantenerlo en orden es trascendental para el futuro de todos y de otros. Así que desde ahora, viviréis bajo nuestra responsabilidad. Recibiréis todo lo que necesitéis de nuestra parte y os ganaréis el resto con vuestras tareas, pero no vais a salir de aquí. Podéis estar de acuerdo o no estarlo, pero esto es lo que merecéis y quién no quiera aceptarlo y cause problemas en la convivencia, será expulsado de ésta colonia y se le buscará otra utilidad por el bien común y el progreso. Aceptad el código, asumid la situación en la que estáis o estaréis condenados a la desaparición total.

    Las palabras de aquel ser enmudecieron a la gran mayoría, que era consciente del poder de esta nueva especie, quiénes iban a tenerlos a todos controlados. Mientras los humanos tenían el deja vu de cuando Promesa era un régimen militar tras Colapso, los neonianos rememoraban cuando los Rhajik tenían el control absoluto de Neonia. Deon Xom y los otros once soldados iban a quedarse en la colonia para supervisar a ambas especies y mantenerlas a raya, al margen de varios drones que vigilarían cada rincón de Promesa. Vanth, Snow, Ashley y Eron se miraron con preocupación y seriedad, pues les acababan de privar de la libertad y les habían implementado lo que todos comenzarían a llamar cómo el código de los Anixis.

    [...]

    Una hora antes

    Aquella nave con forma cilíndrica aterrizó delante de Promesa. El hombre de Ceres no tardó en alcanzarla y permaneció alerta a una distancia considerable mientras aguardaba acontecimientos. Vio que humanos y neonianos comenzaron a salir de dicha nave y entonces comprobó que del cielo caían más de esas naves cilíndricas. Lio quería salir de su escondite y buscar a sus compañeros y conocidos, sin embargo, su instinto le dijo que permaneciera alejado. Tras varios minutos, varias naves de esa especie desconocida llegaron y aterrizaron junto a las multitudes que se formaron alrededor de las naves cilíndricas.

    Santos observaba con detenimiento cómo esos seres salían de las naves más pequeñas y recién llegadas. Vio que su apariencia era idéntica a la humana pero se quedó con las ganas de ver el color de su piel o cuantos ojos poseían, pues llevaban una especie de trajes que impedían conocer su verdadero aspecto. Lo que sí parecía era que manejaban una tecnología bastante avanzada a la que humanos y neonianos tenían, cosa que lo intimidó un poco. Lio observó cómo estos seres se llevaban a todos los grupos de humanos y neonianos hacia el interior de Promesa.

    Mientras esto sucedía, el hombre escuchó ruidos detrás de su posición y con un movimiento de giro rápido y preciso, se volteó con su Rhajead en alto, apuntando a lo que fuese que estaba justo detrás de él. No obstante, al verlo, Lio bajo el arma y lanzó un largo suspiro.

    — Casi te agujereo, amigo — Murmuró el hombre de Ceres mientras se colocaba el arma en la espalda — ¿Cómo has escapado de ellos?
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, amigo, paso a comentar el capítulo.

    Tengo que decir que no me gustó.........me encantó XD. Creo que esta broma ya la hice antes, pero amerita hacerlo de nuevo.

    Sobre la narración, creo que este ha sido el mejor capítulo de LV (global) que has narrado. Todo estaba tan pero tan bien descrito, y la combinación de narración y diálogo ha estado fenomenal XD. Es una alegría que esta historia tenga tu total atención y que no haya conflictos para molestarte, como ocurrió en la parte II, puesto a que este capítulo fue una maravilla. No me gusta decir mi opinión como si fuera la verdad absoluta, pero si alguien te dice que la narración de este capítulo no está bien, se está equivocando XD. Es magnífica.

    Fuera de eso, me ha parecido un capítulo bastante normal. En cuanto a cosas espectaculares, prefiero el capítulo anterior. Pero este capítulo, como te dije, me gustó bastante.

    Tengo que decir que estoy bastante impresionado con todo el asunto de los Anixis. Todo lo que hay alrededor de ellos me asombra. Llegaron a Neonia y se declararon como los dueños del planeta, al punto de que no le permitirán a nadie salir de él, además del asunto de tenerlos controlados. Y sí, tengo un millón de preguntas al respecto de ellos ahora:

    • ¿En dónde se encuentra su planeta?
    • ¿No hay nadie en la galaxia que esté a su altura en tecnología?
    • ¿Tienen sometidas a otras especies en algún lado?
    • ¿Qué métodos usaron para desactivar tan fácilmente a los Super Rhajik? Estos fueron una pesadilla para los protas en la parte I y los Anixis los desactivaron como si nada.
    • ¿Seguirán fabricando Rhajik para aumentar su poder?
    • ¿Por qué no se decidieron a intervenir cuando los neonianos exterminaron a los sylerianos? Ese conflicto abarcó a mínimo dos planetas.
    • ¿Por qué no se decidieron a intervenir cuando los neonianos estaban por ser exterminados por los Rhajik? Ese conflicto no abarcó dos planetas, pero el Supremo vivía en una estructura metálica.
    • ¿Sabían de la existencia del arma syleriana capaz de erradicar un sistema completo?
    • ¿Por qué intervinieron en una guerra civil que solo abarcaba un planeta?
    • ¿Se quedarán de por vida o será algo temporal?
    • ¿Tienen un líder absoluto en algún lado?
    En fin, seguro me dejo alguna, pero para ser introducidos son bastantes XD.

    Cada capítulo que pasa le tomo más asco a Sun. La trampa que le tendió a Yak en el capítulo anterior fue muy bajo, y ahora ha atacado a Dyrian, quien era una mujer de confianza para ella. Lo peor es que ella no estaba haciendo nada malo. Estaba intentando contactar con otros humanos, los cuales Sun se jactaba de defender y desear proteger. Entiendo el riesgo, pero la forma en la que la atacó no está justificada. Espero que ella muera, sinceramente.

    Quedo a la espera de lo que ocurrirá con Lio, Yak, Sun y Dyrian, ya que ellos cuatro no han sido llevados al planeta de los Anixis. Lo mismo ocurre con Lill, Cinthia, West, Etyah, Reeda, Arva, Gina y Zyon. Espero que no se vuelvan hostiles en su contra, pero estoy seguro de que el enfrentamiento en Vulkano no pasará gratis.

    Me alegra que a Snow no le haya pasado nada. Reitero mi deseo de que el grupo se reúna nuevamente pronto, pero me imagino que pasarán unos cuatro o cinco capítulos antes de que eso suceda. Tengo el presentimiento de que el próximo capítulo será el adiós para Yak o para Dyrian. La muerte de uno de ellos encajaría perfectamente en el ambiente, ya que Dyrian es una amiga muy íntima para Lio tras la pérdida de Hillary, sin mencionar que Ashley también le tiene aprecio. Y Yak es la pareja de Rheeda, y es un ser muy querido para Vanth. Creería que la muerte de uno de ellos dos afectaría en gran medida a más de un personaje.

    Eso será todo por el momento. Hasta la próxima vez, que ojalá sea muy pronto.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Tercer capítulo de la cuarta parte. Antes de dejaros con la lectura, me gustaría informaros de que trataré de publicar regularmente los jueves de cada semana, aunque puede haber excepciones dependiendo de mí situación. No obstante, evitaré en la medida de lo posible los problemas. Dicho esto, os dejo con el capítulo.







    Buscando una ventaja



    — ¿Cómo has escapado de ellos?

    Lio observaba frente a él a Yak, uno de los discípulos de Vanth y que estuvo con él hacía una semana, tras ser emboscados por varios de esos drones y perdiéndole la pista al joven neoniano.

    — Tuve mucha suerte — Musitó Quetaryan, que por su aspecto, había ofrecido resistencia a esas máquinas voladoras — Tres de esos drones me siguieron y pude acabar con uno de ellos, los otros dos se fueron sin ningún motivo aparente.

    — ¿Se largaron sin más? ¿Dejaron de seguirte? — Santos estaba sorprendido con la afirmación del neoniano.

    — Así es, simplemente dieron media vuelta y me dejaron ir — Respondió Yak, igual de extrañado — Quizá recibieran órdenes de dejarme, o algo llamó su atención.

    — Bueno, ahora eso da igual — Dijo el hombre de Ceres volviéndose por el camino que le había llevado hasta ahí — Dyrian y Sun están en el Sector 0, regresemos.

    — Entendido.

    El neoniano y el humano pusieron rumbo hacia el Sector 0. Soplaba un viento moderado que hacía mecer las hojas a ráfagas y la frondosidad del bosque parecía rugir con cada golpe de aire. Lio pensaba que para los drones sería complicado introducirse entre los árboles y plantas debido a la cantidad de estas y a la dificultad para maniobrar a mucha velocidad, por lo que consideraba al bosque cómo una zona más segura a la hora de huir de los drones.

    — ¿Qué crees que pretendan hacer esos seres? — Santos rompió el silencio entre ambos — Es sospechoso que escondan su aspecto, no me agrada.

    — Ni a mí — Musitó el neoniano — Es complicado saber cuáles son sus intenciones, pero te aseguro que pronto lo descubriremos.

    — Estoy pensando en prepararnos y acercarnos más a Promesa para investigar un poco lo que ocurre dentro — Propuso el hombre de Ceres, quién quería obtener toda la información posible respecto a ésta nueva especie inteligente.

    — Estoy de acuerdo, es importante saber a lo que nos enfrentamos... si es que queremos enfrentarnos a ellos — Yak no quería precipitarse en la decisión de pelear.

    — Si no nos dan opción, tendremos que enfrentarnos a ellos — Murmuró Lio, decidido — Esperemos que haya una alternativa.

    — Por el bien de nuestras especies, que así sea.

    Quetaryan y Santos prosiguieron con su camino en dirección al Sector 0 y con las ideas claras respecto a cómo actuar según las circunstancias. Aún les quedaba un poco de trayecto hasta llegar a su provisional hogar.

    [...]

    Sun se encontraba en la armería del Sector 0. Con una bolsa de mano a su lado, la asiática se disponía a meter en ella varias armas, granadas y munición además de unas pocas raciones de comida que ya tenía guardadas. Tenía decidido abandonar a Dyrian y Lio, principalmente porque pensaban contrariamente y porque la amistad que los tres compartían en el pasado ahora no significaba nada, además de sentirse dolida por haber perdido a la Resistencia cómo organización, al haber muerto muchos y estar desperdigados el resto.

    Brume metió en dicha bolsa una Rhajead, un Striker, munición para ésta última, tres granadas de energía y tres de fragmentación, añadiendo una daga de energía y unos pocos víveres para sobrevivir varios días. Una vez cargada con lo que creyó necesario, la que fuera líder de la Resistencia optó por irse por la parte trasera del complejo, consciente de que en la delantera estaba su ex compañera Clyne, quién esperaba la llegada de Lio.

    Dyrian veía el tiempo pasar y comenzaba a preocuparse al ver que su compañero tardaba en aparecer, pues normalmente sus patrullas no se hacían tan largas. Sin embargo, antes de que decidiera ir en su búsqueda, el hombre de Ceres apareció acompañado por un neoniano. A la mujer le costó reconocerlo desde lejos dado el parecido total que tenían todos los de su especie, pero finalmente supo que se trataba de Yak cuando ambos se aproximaban a la entrada del complejo.

    — Iba a salir a buscarte — Musitó Clyne, visiblemente aliviada de ver a Santos de regreso — Veo que has traído compañía.

    — Sí, me aventuré un poco al ver una nave de esos seres y terminé encontrándome con él — Indicó Lio — ¿Dónde está Sun? Debemos hablar de cuál es el siguiente movimiento que queremos hacer.

    — Debe estar dentro — Murmuró Dyrian, algo indiferente.

    Lio, Yak y Dyrian entraron al interior del lugar y se sorprendieron de no ver a la asiática en ninguna parte. Tras una búsqueda un tanto exhaustiva, el trío se reunió en la sala de operaciones sin éxito aparente.

    — No lo entiendo, estaba aquí hace un rato — Dijo Clyne, intrigada.

    — Se trata de la mismísima líder de la Resistencia — Dijo Yak, quién no le tenía en muy alta estima — Habrá huido cómo el Ikorf cobarde que es.

    — ¿Habéis mirado en la armería? — Preguntó Lio.

    — Yo he mirado y he visto que faltaban algunas armas y demás pero he supuesto que habías sido tú, al salir a patrullar — Respondió Dyrian, haciendo que Yak y Lio se miraran ya sabiendo que ocurría.

    — Nos ha dejado tirados — Musitó Santos, algo molesto — ¡Maldita...! ¡Joder, no trabaja en equipo ni cuando se necesita hacerlo!

    — No merece la pena, morirá sola — Dijo Quetaryan, sin ánimo alguno de buscarla.

    — ¡Cuantos más seamos, mejor! — Exclamo Lio, quién le recriminó las palabras al neoniano — Joder... vamos a abastecernos de todo lo que podamos cargar e iremos tras ella, no puede andar muy lejos.

    — ¿Vamos a buscarla? — Dyrian tampoco parecía de acuerdo con ello — ¡Está loca! ¡Antes me ha pegado por tratar de contactar por radio con gente! ¡Es tan egoísta que prefiere incluso estar sola! ¡Qué se pudra!

    — He dicho que vamos a buscarla, no hay discusión, no dejaré a nadie atrás — El hombre de Ceres sonaba bastante convincente y decidido — Así aprovecharemos y rastrearemos la zona por si encontramos más suministros o incluso alguna nave operativa, que no vendría nada mal.

    — Me parece buena idea — Intervino Yak — Ya sabéis que hay laboratorios neonianos abandonados y demás bases encubiertas, seguro que en ellas encontraremos cosas que nos sirvan.

    — Muy bien, pues vamos a prepararnos y salimos en diez minutos — Dijo Lio, asumiendo el mando y la planificación de lo que debían hacer.

    Dicho y hecho, el trío formado por Lio, Dyrian y Yak comenzó a recaudar armas y comida para la causa. Tenían claro que si la cosa se ponía fea ahí fuera, tendrían la opción de regresar al Sector 0, con suministros de sobra por el momento. El hombre de Ceres, además de su Rhajead, tomó un Striker, granadas y comida. La mujer ex criminal decidió escoger un Striker y un Buster además de víveres mientras que el joven neoniano optó por una Rypper y una Rhajead, evidentemente con más suministros.

    Una vez abastecidos de sobra, el trío abandonó por detrás el complejo de nombre Sector 0. Atrás dejaban una docena de naves inoperativas, vehículos terrestres con el mismo destino y una gran cantidad de suministros que vendrían bien cara al futuro, siempre y cuando hubiese más gente para usarlos.
    El silencio en el planeta era sepulcral desde la llegada de esa nueva especie inteligente que tomó por sorpresa a humanos y neonianos en medio de la guerra civil contra la Resistencia. Santos iba en cabeza, abriendo paso entre la maleza para que sus compañeros avanzaran. Quetaryan iba en medio, observando a su alrededor y con el Rypper en la mano mientras que Clyne hacía lo propio en la retaguardia del grupo, para evitar sorpresas indeseadas.

    Neonia era asombrosa. Ninguno de los tres pudo apreciar de nuevo su belleza a lo largo de los cinco años que pasaron desde Colapso, no obstante, lo estaban haciendo ahora que se alejaban de territorio civilizado por colonias y asentamientos. Moverte a pie era cansado pero significaba ver como pasabas de andar por un bosque de arboleda alta, a encontrarte en una selva tropical y espesa, pasando por llanuras extensas e inclusive ríos que desembocaban en playas de arena casi blanca.

    Ya había pasado más de tres horas y seguían andando, sin rastro de la asiática. Toda esa diversidad de escenarios hizo que el trío pasara por alto en repetidas ocasiones las huellas de la ex líder de la Resistencia, que sin darse cuenta, las estaban siguiendo. No tardaron mucho en descubrir algo que era difícil de no ver: el cadáver de un Ikorf yacía en medio del sendero, e hizo que Yak al verlo, se aproximara para inspeccionarlo de cerca.

    — Tiene heridas superficiales de dientes, no ha sido Sun ni nadie humano o neoniano — Informó Yak a sus compañeros — Probablemente un enfrentamiento con otro Ikorf, y a juzgar por la sangre seca, hace muchas horas.

    — Habrá que andarnos con cuidado — Indicó Lio, Rhajead en mano.

    — Así es, desde que los Rhajik controlaban el planeta, ver Ikorfs era casi misión imposible, pero el silencio de ahora les hará salir — Murmuró el neoniano, serio y conocedor de la amenaza de estos animales autóctonos — Habrá un nido cerca y está anocheciendo, debemos encontrar un lugar en el que descansar y poder protegernos.

    — Estoy de acuerdo — Musitó Dyrian, temerosa de encontrarse con esas cosas — Sigamos adelante.

    El trío se dispuso a ponerse en marcha hasta encontrar un lugar en el que pasar la noche, cuando una serie de disparos en la lejanía llamaron su atención.

    — ¡Debe ser Sun! — Exclamo Lio, convencido — ¡Tendrá problemas, vamos!

    Pese a que Yak y Dyrian no eran partidarios de ayudar a la asiática, decidieron seguir al hombre de Ceres a regañadientes. El trío comenzó a correr a toda velocidad hacia el lugar del que provenían los disparos, que se hacían cada vez más repetitivos. Efectivamente, al llegar a lo que parecía ser un pantano, el trío se percató de que Sun disparaba contra una manda de Ikorfs. Estos eran al menos diez para cuatro personas bien armadas, sin embargo, la situación era de máximo peligro.

    La asiática vio cómo sus compañeros acudían en su ayuda y pese a no entender que hacían allí, la grata sorpresa le hizo sonreír brevemente. Brume se hallaba con fango hasta las rodillas y con la dificultad que ello conllevaba para moverse rápidamente. Mientras Yak y Lio llamaban la atención de los animales, Dyrian se aproximó a su ex líder y le ayudó a salir de la zona empantanada.

    — ¿Me habéis seguido? — Fue lo primero que preguntó Sun, mostrando cierta arrogancia.

    — Idea de Lio — Musitó Dyrian, sin ánimo de dar más explicaciones considerando la precaria situación en la que estaban — Si hubiese sido por mí, no estaríamos aquí para ayudarte.

    Sun se mostró un tanto seria y sacó la Rhajead de su mochila ante la mirada de la otra mujer, que mientras la observaba a ella también hacia lo propio para ver cómo sus otros dos compañeros enfrentaban a los Ikorfs. Clyne se dispuso a entrar en combate cuando escuchó a Brume decir algo que nunca le había oído decir.

    — Gracias — Musitó la asiática, que tras decir esto, tomó su arma y se unió al combate ante la mirada sorpresiva de su compañera.

    Quetaryan comenzó a disparar su Rypper contra dos Ikorfs que se aproximaban a él. Uno de ellos recibió en el rostro los disparos de energía que emitía el arma neoniana, quemándole hasta tal punto de que pereció al momento. El otro Ikorf se lanzó al joven discípulo de Vanth aprovechando que su atención estaba en el otro animal, pero Yak supo ver el movimiento y se apartó velozmente para ver cómo dicho Ikorf saltaba sin obtener éxito en su ataque.

    Santos usaba la famosa Rhajead contra los animales salvajes de Neonia. El hombre de Ceres tenía una precisión asombrosa para asestar disparos láser justo en la cabeza de los Ikorfs, evitando incluso que pudieran lanzarse hacia él. No obstante, Lio no vio que tras ellos había una cueva, y que los Ikorfs vivían en éstas y salían principalmente de noche, aprovechando la poca luz solar que quedaba.

    Quedaban cinco Ikorfs combativos pero de la cueva salieron cinco más, dificultando la pelea. Dos de estos se lanzaron contra el hombre pero antes de que llegaran a tocarle en el aire, una ráfaga de disparos láser de la Rhajead de Sun evitó que Santos pudiera salir malherido. Lio se percató de eso y asintió en señal de agradecimiento a la asiática.

    Dyrian usaba el Buster que había cogido del Sector 0 y aprovechaba que algún Ikorf se quedaba rezagado o confundido por algún disparo ajeno para asestarle el golpe mortal mediante el disparo de su arma. Considerando que el Buster era básicamente una escopeta, requería de cierto acercamiento a los enemigos para que el disparo fuera certero y cien por cien dañino. En uno de estos momentos, la ex criminal creyó acabar con la vida de uno de los Ikorfs cuando al voltearse, éste se arrastró malherido y mordió con fuerza el gemelo de la mujer. El grito de ésta llamó la atención del resto de sus compañeros, que inmediatamente y sin perder de vista a los Ikorfs que quedaban, se aproximaron para verla gravedad de la herida.

    — ¡Hijo de puta! — Gritó Lio, sentenciando al Ikorf que había mordido a la chica con un disparo potente y cercano en la frente — ¡Vosotros ocupaos del resto, yo me encargo de Dyrian!

    La orden iba dirigida a Sun y Yak, que obedecieron y comenzaron a confrontar a seis Ikorfs restantes. Ambos, humana y neoniano, se miraron durante un instante sorprendidos de estar colaborando en algo, sin embargo, no había tiempo para perder la concentración. Mientras ambos mantenían a raya a los animales salvajes, el hombre de Ceres sacaba la pierna de Clyne de la mandíbula dentellada del Ikorf abatido por él mismo. Lio sacó de su mochila una botella de agua y la vació sobre la herida, tratando de limpiarla y ver con claridad que tan profunda era. Sus ojos se sorprendieron de ver cinco agujeros provocados por los colmillos del Ikorf, de los que emanaba sangre, además de ver cómo el área alrededor de la herida obtenía un tono oscuro.

    — Me duele, Lio... — Murmuraba Dyrian, sin querer mirar siquiera la herida — No... no siento la pierna...

    — Seguramente la tengas entumecida — Dijo el hombre, buscando en la mochila unos calmantes, que era lo único médico que llevaba encima — Tómate dos de estos.

    Mientras Clyne se tragaba dos calmantes ante la mirada preocupada de Santos, la asiática y el neoniano terminaban con el último Ikorf allí presente. El extraño dúo en combate se aproximó a conocer el estado de su compañera, pero al ver la herida y la mirada de Lio, quedaba claro que no pintaba muy bien.

    — Debemos movernos, los disparos atraerán más Ikorfs o incluso drones — Dijo Sun, que decidió preocuparse luego, una vez estuviesen a salvo.

    — Esa cueva es nuestra única solución — Señaló Quetaryan, sorprendiendo al resto — Ahí pasaremos la noche.

    — ¿Ahí? ¿Para que salgan más Ikorfs? — La asiática no entendía el plan del neoniano.

    — Si quedasen más, ya habrían salido — Musitó Yak, que conocía más que ninguno de sus tres compañeros, el comportamiento de estos animales — Es importante pasar la noche a resguardo.

    — Está bien — Dijo Lio, consciente de que no había tiempo para ponerse a pensar — Adelantaros y aseguraos de que no hay nada ni nadie ahí dentro, yo ayudaré a Dyrian a ponerse el pie.

    Yak y Sun volverían a hacer tandem por petición del hombre de Ceres, que se dispuso a ayudar a la mujer malherida a incorporarse mientras la asiática y el neoniano se dirigían a la cueva con el Rypper y la Rhajead en alto respectivamente. Lio trató de poner a Dyrian en pie pero la ex criminal se quejó del dolor y no podía apoyar su pierna izquierda, que era la afectada. Entonces, el hombre optó por tomarla de la cintura y llevarla en brazos al interior de la cueva, que estaba siendo inspeccionada ya por sus dos compañeros.

    — ¿Estás bien? — Preguntó Santos, preocupado por su compañera y amiga.

    — Me siento débil, cómo si perdiera las fuerzas... — Clyne tenía un color de piel bastante preocupante, pues estaba entre la palidez y el violeta.

    — Tranquila, tú no te duermas, habla conmigo — Lio era consciente de que tenía que evitar que su compañera se durmiera — Fíjate, ¿recuerdas cuando hablamos de las cicatrices que teníamos, en aquel apartamento de Sun?

    — Cómo olvidarlo... — Dijo Dyrian, que sonrió levemente al recordar la noche de pasión que tuvieron previa a la conversación a la que Santos se refería.

    — Me preguntaste si creía que nos haríamos una nueva cicatriz en Neonia... bueno, tú te me has adelantado — El hombre de Ceres se rió, pues trataba de hacer llevadera la situación para no pensar en la gravedad de la herida — Tienes que aguantar hasta mañana, ¿vale? Iré personalmente al Sector 0 y cogeré todo el material necesario para curarte eso, ¿entendido?

    — Eres cómo un superhéroe, Leonardo Santos... — A Dyrian le costaba hablar por momentos — Solo espero que el día que encuentres la paz que tanto necesitas, no signifique que estés muerto.

    — No soy un superhéroe, solo alguien que está cansado de ver morir a familia, amigos, amores... — Mientras andaba cargando a Dyrian con la mirada al frente, Lio se acordó de su hermano Fabián, de su compañero Axlor y de su pareja Hillary, todos fallecidos — Encontraremos la paz, Dyrian, los dos, ¿me oyes?

    La respuesta de Clyne no llegaba, el tacto de su piel ya era frío. Lio la miró y acto seguido cerró los ojos mientras de estos salían varias lágrimas, dejó el cuerpo sin vida de su compañera en la tierra neoniana y cayó de rodillas ante ella, desconsolado. Su llanto, pese a ser silencioso, si que fue escuchado por Yak y Sun, que salieron de la cueva y vieron la escena, sintiéndose fatal por su compañero.

    Quetaryan era consciente de que un mordisco de un Ikorf era mortal, pero se sorprendió de la rapidez con la que el veneno que salía de los colmillos de estos animales había acabado con la humana. Este veneno penetraba en el sistema nervioso del sujeto, primero entumeciendo la zona afectada para finalmente paralizar las funciones motrices del cuerpo. El joven neoniano supuso que el Ikorf le inyectó demasiado veneno cómo para que el cuerpo de la mujer pudiese soportarlo, de ahí su muerte prematura.

    Sun conocía la estrecha relación que Lio y Dyrian tenían. Ella siempre notó que la mujer estaba enamorada del hombre de Ceres pese a que éste, tras cinco años de la muerte de Hillary, seguía pensando en ella y no se abría a otras posibles relaciones amorosas. Por eso, ambos simplemente tenían encuentros sexuales y pocas veces tenían momentos emocionales cómo el que acababan de vivir, aunque fuese breve. Clyne se estaba muriendo mientras hablaba con Santos y él apenas pudo hacer nada, cosa que la asiática sabía, le dolía mucho al hombre. Brume observaba con lástima a Lio y con dolor el cuerpo sin vida de Dyrian, no obstante, una serie de gruñidos provenientes de varias direcciones llamaron la atención de todos.

    — ¡Son más Ikorfs! — Exclamo Sun, observando en todas direcciones.

    — ¡Mierda! — Dijo Lio, alzando su Rhajead y preparado para pelear.

    — ¡Entremos dentro, estaremos a salvo! — Indicó Yak, señalando el interior de la cueva mientras los animales salvajes se aproximaban a ellos.

    — ¡Es una maldita cueva, vendrán tras nosotros! — Dijo el hombre de Ceres, con la ira apoderándose de él — ¡No dejaré que estas ratas gigantes se coman a Dyrian!

    — ¡Lio, no es solo una cueva! — Intervino la asiática, consciente de que tenían poco tiempo antes de que los Ikorfs atacaran — ¡Yak y yo hemos encontrado una compuerta que da acceso a una especie de base!

    — ¡Es cierto, Lio! — Añadió Quetaryan, tratando de convencer al enrabietado humano — ¡Coge el cuerpo de Dyrian y vayamos dentro!

    Los Ikorfs se aproximaban por todas direcciones sin que el grupo supiese de dónde provenían, pues inicialmente creían que salían de la cueva en la que estaban, sin embargo, parecía haber algún lugar más del que salían y parecían ser bastantes en conjunto. Santos frunció el ceño mientras se colocaba la Rhajead en la espalda y tomó el cuerpo de Clyne rápidamente mientras sus compañeros le cubrían la espalda.

    Lio fue el primero en introducirse en la cueva, cargando con la fallecida Dyrian, mientras Sun le seguía y Yak disparaba contra los animales que más cerca estaban. Siendo él quién conocía la forma de abrir esa compuerta, el neoniano volvió con sus compañeros y se dispuso a abrir la entrada a esa supuesta base de forma manual. Santos y Brume, ambos con un Rhajead y en medio de la oscuridad casi total del interior de la cueva, encendieron las linternas y apuntaron a la entrada, por la que comenzaban a llegar Ikorfs decididos a atacar.

    — ¡Qué no pasen! — Le gritó el hombre de Ceres a la ex líder de la Resistencia.

    Ambos comenzaron a fusilar con sus Rhajead los cráneos de los animales que se lanzaban al ataque desesperados por carne. Uno de los Ikorfs logró escabullirse de los disparos láser y se lanzó contra Leonardo, derribándolo y posándose sobre él con la intención de arrancarle la piel.

    — ¡Lio! — Exclamo Sun al ver que su compañero estaba en problemas.

    — ¡Sigue disparando al frente, yo me ocupo! — Intervino Quetaryan, quién tomó temporalmente su Rypper para disparar al Ikorf y quitárselo de encima a Lio.

    Santos apartó con rabia el cadáver del animal salvaje y tomó de nuevo su arma mientras le agradecía a Yak lo que acababa de hacer. Los Ikorfs iban reduciendo su número pero aún así era una amenaza constante, sin embargo, cuando menos lo esperaban, Sun y Lio obtuvieron la aprobación del joven neoniano para que entraran en el lugar.

    — ¡Está abierto, rápido, dentro!

    Mientras Yak metía el cuerpo de Dyrian en el complejo, los dos humanos corrieron a toda velocidad para entrar en aquel lugar secreto y una vez en su interior, el trío observaba como la compuerta se iba cerrando lentamente mientras los Ikorfs se aproximaban velozmente.

    — ¡¿Por qué tarda tanto?! — Santos estaba muy tenso.

    — ¡No lo sé, al generador de éste lugar debe quedarle poca energía! — Supuso Quetaryan, temiendo que los animales irrumpiesen en el lugar.

    — ¡Vamos, vamos, vamos! — Exclamaba Brume, quién disparaba contra los Ikorfs que se echaban prácticamente encima de la compuerta — ¡Eso es, al fin!

    Pese al suspense y la tensión, finalmente la compuerta se cerró a tiempo para evitar que los Ikorfs pudiesen entrar. El lugar apenas tenía luz y el trío no sabía cómo encenderla cuando de pronto, las luces comenzaron a parpadear hasta encenderse la base por zonas. Cada zona que se alumbraba, mostraba algo que les dejaba boquiabiertos. Había una especie de centro de operaciones a la izquierda con pantallas y botones, también se iluminó a la derecha una pared que parecía dividida en cuadrados de dos metros de alto por uno de ancho y finalmente, justo delante del grupo, la guinda.

    — Vaya, vaya... — Musitó Sun, asintiendo y de brazos cruzados.

    — No me jodas... — Murmuró Lio, apoyándose en sus propias rodillas debido al cansancio pero sin dejar de observarlo todo — Éste sitio es idéntico a la base que visité con mis compañeros de la expedición dos cuando llegamos a Neonia en busca del comandante Karless y su tripulación.

    — ¿Has visto antes una de nuestras bases secretas? — Preguntó Yak, sorprendido e intrigado.

    — Así es, cuando la expedición uno hizo contacto con vosotros y les llevasteis a una base similar a esta...

    — Los neonianos siempre con secretos — Dijo Sun, algo molesta — Luego os preguntáis porqué hay humanos que desconfían de vosotros...

    — ¿Acaso la humanidad no tiene secretos? — Contestó el discípulo de Vanth con seriedad.

    — Somos tan idiotas que los hemos compartido todos — Añadió la asiática, aún de brazos cruzados.

    — No es momento para reproches — Lio observaba el cadáver de su compañera con tristeza — Yak, ¿dónde podríamos enterrar a Dyrian?

    — Tendríamos que salir fuera y dudo que sea una buena idea en estos momentos — Dijo el joven neoniano — Sin embargo, aquí dentro podemos incinerarla, tal y cómo hacemos con los nuestros.

    — Está bien, eso haremos — Murmuró Santos, conteniendo las lágrimas y cambiando de tema — ¿Creéis que esté operativa?

    Aquello que el trío tenía justo delante de ellos era nada más y nada menos que una nave de origen neoniano. Su tamaño era ligeramente mayor al de la Arcadia y su forma de submarino —la Arcadia tenía un tronco y dos alas con propulsión, muy similar a un avión pero infinitamente superior tecnológicamente— la diferenciaba de ésta. Yak se aproximó a la nave, cubierta por tanto polvo que a penas se apreciaba su color gris oscuro, para observarla de cerca. Acto seguido, le parecieron ver unas letras de gran tamaño que con el polvo no se podían leer, por lo que comenzó a apartar la suciedad con su propia mano hasta poder leer el nombre que tenía la nave.

    — Valkshire... — Dijo el joven neoniano en su idioma natal, desconcertando a sus compañeros humanos.

    — ¿Qué significa eso? — Preguntó Lio, que no lo entendía.

    — Viajero estelar — Respondió Quetaryan, sin poder evitar mostrar una pequeña sonrisa — Valk es viajero y Shire es estelar.

    — ¿Por qué sonríes? — Intervino Sun, seria.

    — Porque es la primera vez en toda mí vida que veo una nave hecha por mi especie — Dijo Yak, visiblemente contento — Pensé que nunca llegaría a ver una nave hecha exclusivamente por neonianos.

    — Debe ser más emocionante aún si nos puede sacar del planeta — Murmuró Lio, que estaba observando la nave por todos lados y parecía tener un veredicto — Por el momento, he visto que le faltan bastantes partes y piezas así que yo diría que está a medio construir.

    — ¡Joder...! — Se quejó Sun, frustrada.

    — La terminaremos de construir nosotros — Indicó Yak, decidido — Deben haber algunos planos por aquí...

    El joven neoniano se dirigió al centro de operaciones para buscar en los archivos algún plano o instrucciones de cómo progresar en la construcción de la Valkshire, aunque siendo solo tres personas les tomaría meses siendo muy optimistas. Lio y Sun miraban a Yak, que no dejaba de buscar en la base de datos del complejo algo que indicara el proyecto de construcción de la nave, sin éxito aparente.

    De pronto, Quetaryan dejó de apretar botones y teclear, fijando su mirada en la pantalla y acto seguido volteándose para mirar la pared con cuadrados que se había iluminado pero que aparentemente no mostraba nada. Ambos humanos también miraron la pared pero no entendían que veía el neoniano.

    — Yak, ¿qué ocurre? — Lio observaba a su compañero con cierto temor.

    — ¿Puedes contestar? — Sun lo miraba con desprecio.

    El discípulo de Vanth no dijo nada, simplemente se limitó a apretar un botón de tantos que habían en la mesa de controles del centro de operaciones para que en esa pared iluminada y dividida en cuadrados, estos se comenzaran a abrir, dando paso a la vista impactante que todos pusieron al ver lo que se estaba mostrando.

    — No puede ser — Dijo Santos, absorto de lo que estaba viendo.

    Sun se quedó con la boca abierta y Yak observaba con felicidad absoluta cómo en el interior de esos cuadrados anclados a la pared que se estaban abriendo, se veían neonianos en un estado de criogenia o letargo. Nadie en ninguna parte de Neonia, incluidos los propios neonianos, sabían o siquiera creían en la existencia de miembros de su especie que se criogenizaran con el fin de preservarse para el futuro. Aquello significaba que los casi cien neonianos que estaban vivos no eran los únicos en estarlo.

    — Si estábamos buscando una ventaja... — Yak se sentía eufórico en su interior — ¡Diría que hemos encontrado varias!
     
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  6.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, amigo. Paso a comentar el capítulo de ahora.

    Debo decir que ha sido un capítulo bastante bueno para la historia. Pese a estar centrado en solo cuatro personajes, ha sido narrado de forma increíble y muy bien llevado. Lo que Sun hizo me disgustó bastante, pero al menos ella abandonó a los suyos sin atacarlos y sin obligarlos a seguirla. Debo decir que yo reaccionaría igual que Yak o Dyrian si me pidieran seguirla, mucho más teniendo en cuenta que ella en el pasado reciente le tendió una trampa al primero y atacó a la segunda. Sé que Lio quiso ir tras ella porque cree que no conviene quedarse solo, además de que debe estar harto de perder compañeros para él.

    No esperé ver a los ikorfs pelear en esta parte. De hecho, desde que casi no aparecieron más en la historia desde la parte I y su única mención en la parte II, ya no esperaba volverlos a ver. En la parte III creo que ni siquiera fueron mencionados. Lo que me gustó es que tanto ellos como el el paisaje de Neonia, que no fue muy descrito en partes anteriores hayan aparecido en el capítulo. Diría que la descripción que le has dado al planeta fue genial.

    La pelea entre el grupo y los ikorfs estuvo bien narrada. No esperé que Sun recapacitara como lo hizo. Creí que se mantendría igual, o que al cambiar, lo haría de gran manera. Pero en lugar de eso, va cambiando poco a poco en su forma de actuar mientras guarda rencor hacia los neonianos, y no es de extrañar teniendo en cuenta su cruzada contra ellos.

    Recuerdo leer en tu blog que la mordida de los ikorfs era venenosa, y me sorprendió que fuera Dyrian quien resultara ser su primer víctima. Me siento mal, no por ella, porque no llegó a agradarme mucho, sino también por Lio. Él ya vio morir a varios de sus compañeros, a Hillary, a su hermano y a Axlor. La muerte de Axlor fue causada por él dado a que él secuestró a Arva, mientras que la muerte de Dyrian también lo fue, ya que él insistió en ir por Sun. Si se hubieran quedado, ella estaría viva.

    Me preocupa bastante los neonianos criogenizados que encontraron en esa base al final. Estoy seguro de que ellos no deben tener ni la menor idea de lo que pasó entre el Supremo, los Rhajik, los humanos, Colapso y la Resistencia. Es más, no tienen por qué creerlo cuando ellos les informen. Al ver a los humanos, podrían reaccionar mal y cuando escuchen que "los humanos los salvaron de los Rhajik" no tendrán por qué creerlo puesto a que los Rhajik ya no son un conflicto. Lo del Supremo y Colapso es igual. Ellos no se enteraron de nada. Ahora, van a encontrarse con su planeta habitado por otra especie y "tomado" por otra; y temo que puedan reaccionar mal. Salvo que Yak logre convencerlos de que no ataquen a los humanos, veo un conflicto muy probable.

    Eso será todo. No recuerdo haber visto o encontrado errores. ASí que eso será todo de mi parte por ahora. Hasta el próximo jueves si es que mis responsabilidades me lo permiten XD.
     
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  7. Threadmarks: El precursor de una teoría
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Saludos. En este cuarto capítulo volvemos a retomar a los protagonistas a bordo de la Arcadia, a los que no vemos desde el primer capítulo. Para mí gusto, éste y el siguiente capítulo que será publicado el jueves que viene, son dos buenos capítulos. De todas formas, esto lo decidís los lectores, así que dejaré con ello.




    El precursor de una teoría








    La tripulación de la Arcadia corría por los pasillos de ésta en dirección a la armería mientras sonaba la alarma. Todos llevaban el traje espacial de combate y se disponían a coger un arma exceptuando a la piloto Tidder, que cuidaba de Regina, estaba embarazada y además era la única piloto, siendo así la última persona que el grupo quería poner en peligro. Zyon no requería de ponerse ningún traje por lo que aguardaba junto a Arva en el puente de mando, observando en el radar cómo cuatro objetos, supuestamente naves, se aproximaban a ellos a toda velocidad, augurando un enfrentamiento.

    Cinthia apenas tenía control sobre las armas, sin embargo, Lill necesitaba a los máximos posible dada la precaria situación en la que se encontraban. Pese a ser una miembro valiosa, algo que el comandante sabía, a éste le dolía tener que ponerla en la línea de fuego debido a que además de ser una amiga, perderla implicaría quedarse sin médico. West tenía un mayor manejo de las armas pero aún así no era un hombre de acción, además de ser el único ingeniero a bordo, convirtiéndolo en otra vital pieza del engranaje de la tripulación. La doctora Marlow temblaba con el Striker en sus manos y el ingeniero Finn posó su mano derecha sobre el hombro izquierdo de ésta, llamando su atención.

    — Tranquila, todo irá bien — Musitó Westley, mostrándose seguro ante su pareja — Mantente a cubierto y dispara cada cierto momento.

    Cinthia asintió pero en su rostro se podía apreciar el terror de tener que entrar en combate, pues nunca lo había hecho. Crane se aproximó a su compañera y le besó la frente en un acto de cariño y comprensión.

    — Lo vas a hacer bien, no te preocupes — Dijo Lill, confiando en la mujer — Si no lo ves seguro, no te arriesgues, ¿entendido?

    — Sí... — Murmuró la médico, asimilando que podría tener que disparar un arma por primera vez en su vida.

    Reeda era la hija del comandante neoniano Turak Klamp y había vivido en territorio hostil cómo lo era Neonia cuando los Rhajik campaban a sus anchas, por lo que manejar armas fue su pan de cada día desde muy pequeña. Como cada neoniano que se preciara, su arma estándar era el Rypper, conectándola a su traje para usar su propia energía cómo proyectiles.

    Etyah observaba a sus compañeros, sus gestos y sus rostros, analizando cada detalle de aquel momento. El joven afroamericano no se creía que estuviese en la mismísima nave de los Viajeros, preparándose para un posible combate en la superficie del polo norte de Vulkano. Veía al comandante Crane con absoluta seguridad y decisión, a Reeda con la calma y disciplina neoniana, a West luchando contra su miedo y a Cinthia un poco presa del pánico mientras él se preguntaba cómo se sentía, pues un cóctel de emociones recorría su cuerpo.

    Arva tenía a la hija de Lill y Snow en sus brazos mientras no perdía de vista el radar dónde se apreciaba la posición de las cuatro amenazas que se dirigían hacia ellos. Pese a aterrizar en Vulkano, parecía inminente que esas cosas descendiesen para encontrarse con ellos, por lo que el rostro de la piloto evidenciaba preocupación y seriedad. Más impasible se encontraba Zyon, a quién obviamente nunca se le podía apreciar ninguna emoción, pero que con sus más de dos metros de envergadura daba una sensación de seguridad inmensa.

    — ¿Arva? — Preguntó el comandante Crane, esperando información.

    — Van a aterrizar en breve.

    — Bien equipo, ya habéis oído — Dijo Lill en alto para que le escucharan todos — No sé si estos querrán dormirnos cómo a los otros o querrán matarnos por haber huido de Neonia, pero no les vamos a dejar opción.

    Todos se encontraban ya en el puente de mando, preparados y escuchando a su comandante, que buscaba la motivación del grupo y un plan de contingencia contra los enemigos que se acercaban. El radar comenzó a pitar, indicando que estas cuatro naves estaba muy próximas a la Arcadia y descendían cerca de su posición.

    — Prepara el escudo de defensa de la nave, por si pretenden atacarnos en el aire — Ordenó Lill a su piloto.

    — Entendido — Replicó Arva.

    — ¡Hora de verlos venir! — Indicó el comandante mientras se dirigía a la compuerta de salida de la nave — ¡Recordad: disparamos si ellos lo hacen primero! ¡Desconocemos sus intenciones pero tampoco somos asesinos!

    Zyon se colocó al frente junto al comandante Crane mientras la compuerta de la Arcadia que daba al exterior se abría frente al pelotón. El escenario era idóneo para el combate, pues además de ser conocido para el grupo, había diversas rocas de gran tamaño —fruto de las erupciones volcánicas en el resto del planeta, que eyectaban piedras que se solidificaban al caer de la atmósfera a los polos, repletos de biodiversidad— donde poder cubrirse, siendo un campo abierto también dónde poder ver venir a los enemigos.

    Todos los miembros de la Arcadia se colocaron en posición mientras en el cielo se veían llegar cuatro naves de un tamaño idéntico al de las lanzaderas humanas. Lill avisó a sus compañeros con repetidos gestos que indicaban que estuviesen alerta mientras dichas naves aterrizaban a escasos metros de la zona repleta de grandes piedras. De las cuatro naves de descenso salieron cinco seres armados, siendo un total de veinte. Sin embargo, portaban unos trajes que les cubrían literalmente todo, por lo que el grupo desconocía su apariencia alienigena. Antes de que los Anixis se organizaran, el comandante Crane salió de detrás de una roca de enorme tamaño sin dejar de apuntar a esa veintena de soldados, que al verlo, alzaron sus armas por igual.

    — No sé si me entendéis, pero me importa una mierda — Comenzó diciendo Lill, con el botón de su Rhajead listo para apretar y disparar — Espero que seáis conscientes de que quién dispare primero, habrá iniciado el conflicto, si es que no lo habéis iniciado ya con nuestra gente en Neonia.

    — No hay conflicto iniciado en vuestro planeta ni conflicto que iniciar en éste — Indicó uno de los Anixis, hablando por el resto — Somos los Anixis y hemos venido a llevaros de regreso a vuestro hogar.

    — ¿Llevarnos de regreso? — Lill soltó varias carcajadas — Amigo, ¿acaso no ves que tenemos una nave para volver cuando queramos?

    — Cierto, pero no debéis volver cuando queráis, sino ahora — Murmuró aquel ser — Vuestra gente os espera.

    — Nuestra gente debe estar dormida, tal y cómo queríais, ¿verdad?

    — Les hemos despertado y reubicado en esa ciudad que vosotros llamáis Promesa.

    — ¿Y qué mierda pretendéis con eso?

    — Un nuevo comienzo, pero de verdad.

    — No son formas de iniciar un nuevo comienzo las vuestras, la verdad.

    — Tampoco lo es matarse entre vosotros, ¿no crees?

    Lill frunció el ceño pero sabía que al alienigena no le faltaba razón. Sin embargo, seguía sin fiarse de esa falsa confianza que parecían proyectar los Anixis. Debido a que el comandante no emuló ninguna respuesta, el ser que hablaba por todos quiso mostrar que no quería atacar mediante colocarse su arma, algo parecido a un pequeño cañón, anclado al muslo de su pierna izquierda.

    — Queréis respuestas y os las daré, solo si guardas tu arma.

    Lill se mostró reacio a la idea de guardar su Rhajead, pero él tampoco quería causar problemas a la ligera. Finalmente, colocó su arma en la espalda del traje, dónde ésta se enganchaba para no caer. Tras esto y viendo que el resto de Anixis no bajaban sus armas, el resto del grupo se asomó de sus coberturas con las armas en alto.

    — Adelante, dame respuestas — Musitó Lill, escuchando.

    — Mí nombre es Ender Xom y los Anixis somos pacifistas galácticos, por así decirlo — Explicaba aquel ser — Hace unos cinco años, vimos desde nuestro cúmulo la destrucción del vuestro, que tengo entendido que llamáis Sistema Solar. No lo sabéis, pero aquello provocará eventualmente un efecto contrario en la otra parte de la galaxia, la teoría que conocéis cómo efecto mariposa. Por ello, nosotros hemos venido hasta aquí para asegurarnos de que no vais a provocar más daños y cuando llegamos para observaros, vimos que estabais en guerra, por lo que intercedimos con las cápsulas somníferas para parar el conflicto. Ahora en Promesa, vuestra gente en su totalidad ha sido introducida allí con el fin de que, bajo nuestro control, abandonéis esas ideas extremistas que ponen en peligro a vuestra propia especie. Por ello, os solicito que vengáis con nosotros.

    La tripulación de la Arcadia se miró entre sí, dubitativos y dudosos de las palabras del Anixis. ¿Por qué una especie inteligente tan benevolente iba a querer dominar a otras? Pese a que sus argumentos eran lógicos en cierta forma y sus intenciones no parecían ir más allá de la suplica, el grupo tenía claro que no iban a arriesgarse en lo más mínimo.

    — Es una historia realmente fascinante — Dijo West, apuntando con su arma a los Anixis — Pero déjame decirte, Ender Xom, que no vamos a ir con vosotros a Neonia.

    — ¿A dónde vais a ir sino? — Ender miraba extrañado al humano — Vuestra resistencia es un sin sentido.

    — No os conocemos, no confiamos en vosotros y por lo tanto no iremos a dónde queréis — Reeda fue tajante — Si de verdad sois tan pacíficos cómo decís ser, nos dejaréis marchar e ir dónde nos de la gana. De lo contrario, habrá conflicto y ninguno saldrá ganando.

    — Yo diría que la ventaja la tenemos nosotros, neoniana — Intervino otro soldado Anixis, que fue frenado con un gesto de Ender, quién le pidió con la mano que no intercediera en la conversación — ¿De verdad vamos a seguir discutiendo esto, Xom?

    — No causamos problemas, Haal, no somos así — Dijo Ender en un tono serio mientras se volteaba de nuevo hacia el grupo — Está bien, humanos. Os dejaremos marchar, si es lo que queréis.

    — Es lo que queremos, amigo de otro planeta — Murmuró Etyah, quién se mostraba muy desconfiado de los alienigenas.

    El comandante Crane hizo un gesto para retroceder de vuelta a la nave y el resto comenzó a hacerlo, sin dejar de apuntar a los veinte Anixis que no les quitaban la vista de encima. Uno a uno fueron subiendo a la Arcadia, siendo el último Lill, que escuchó unas últimas palabras de Ender.

    — Intentaba salvaros la vida — Dijo el Anixis sin inmutarse y bajo ese traje hecho de un material similar al metal pero completamente ligero — Tened cuidado ahí fuera.

    Tras las palabras del líder de aquel grupo de seres, Lill permaneció durante unos instantes mirándolo de manera desafiante hasta subir a la nave. Una vez dentro, Arva activó el núcleo, encendió los propulsores y la Arcadia se alzó sobre el polo norte de Vulkano para perderse en la lejanía del cielo ante la mirada de los Anixis, impasibles.

    — Van a ir tras ellos, ¿verdad? — Murmuró uno de los soldados a su líder.

    — Lo harán, mí padre no da muchas oportunidades — Respondió Ender, observando como la Arcadia desaparecía entre las nubes rojizas del planeta.

    [...]

    — ¿Qué mierda pretendían esos seres? — Preguntaba el joven Preston, más para sí mismo que para el resto.

    — Esto no me gusta — Musitó el ingeniero Finn, algo preocupado.

    — Ni a mí — Dijo el comandante Crane, dirigiéndose a la piloto Tidder — Mantén un ojo en el radar, es posible que nos sigan.

    — Entendido.

    — ¿Y a dónde vamos a ir? — Reeda sentía que no había un plan cómo tal — Esos Anixis han tomado Neonia y a saber que estarán haciendo con nuestra gente.

    Zyon no lo dijo, pero notaba que el grupo había dicho varias veces desde hace tiempo "nuestra gente", haciendo referencia tanto a humanos cómo a neonianos e incluyéndolos en el mismo saco. Además de ese dato poco relevante, el Super Rhajik si que quiso dar una información que seguramente la mayoría pensaron pero pasaron por alto.

    — Hablan el mismo idioma que los humanos — Dijo la máquina, llamando la atención de todos.

    — Nos han estudiado según ha dicho ese tal Ender, así que deben haber sido astutos y haberlo aprendido durante ese tiempo — Pensó la doctora Marlow, agradecida en su interior de no haber iniciado un combate.

    — Es muy probable que lo sepan todo sobre nosotros y nosotros apenas algo sobre ellos — Indicó Lill, cogiendo a su hija en brazos y mirándole a los ojos — No podemos regresar a Neonia sin un plan de ataque y ahora mismo solo somos nosotros contra ellos.

    — ¿Qué sugieres entonces, Lill? — Preguntó Arva, esperando que el comandante tuviese alguna idea.

    — Sinceramente, no tengo idea de cómo hacer esto — Mientras abrazaba a Gina, el hombre se miraba la prótesis Rhajik de su mano derecha — Hay que alejarse de éste cúmulo hasta que se nos ocurra algo, ellos deben vigilar la zona con total seguridad.

    — Comandante... — Etyah se encontraba en el puente de mando junto a Arva, observando las pantallas.

    El resto se voltearon temiendo lo peor mientras la piloto Tidder confirmaba las lecturas del escáner de la nave en una pantalla de tantas que había.

    — ¡No puede ser! — Arva estaba impactada — ¡Han inutilizado la Arcadia! ¡Los sistemas automáticos no funcionan!

    — ¡¿Qué?! — Preguntó Reeda, sorprendida.

    — ¡¿Cómo es posible?! — Exclamo Lill, preocupado.

    — ¡Mierda, se aproximan tres naves a nuestra posición! — Contaba el joven afroamericano mientras observaba el radar — ¡A una velocidad de setecientos kilómetros por segundo! ¡Los tenemos encima!

    — ¡Sácanos de aquí, Arva! — Le ordenó el comandante, aterrado.

    — ¡Pasando a control manual! — Indicó la piloto — ¡Todos a las cápsulas de emergencia!

    Cuando la nave se encontraba en grave peligro de poder ser destruida, el protocolo dictaba que la tripulación en su mayoría se marchara a las cápsulas de salvamento para ser eyectadas al planeta seguro más cercano, pues estas tenían diversas rutas marcadas para no caer en esferas inhabitables. Con la tecnología automática fuera de servicio debido a un pulso electromagnético enviado por los Anixis, la piloto Tidder tuvo que ponerse a prueba con el pilotaje en manual. Hacía cinco años que no pilotaba, por lo que la confianza en sí misma iba a ser clave si querían salir ilesos del potencial ataque que estaban cerca de recibir.

    Mientras la tripulación, exceptuando a Arva y Zyon que decidió quedarse con ella por si le ocurría algo, se sentaban en los asientos de dos cápsulas y se colocaban los cinturones de seguridad, la piloto dio media vuelta a la nave y activó los propulsores a su máxima potencia, aunque no era una velocidad excesiva debido a que dichos propulsores tenían potenciadores automáticos que en circunstancias normales los impulsarían diez veces más y darían una mayor velocidad a la nave. Arva y Zyon comprobaban por el radar cómo tres naves Anixis se dirigían hacia ellos a mayor velocidad de la que la nave humana podía ir, dejándolos a merced de la destrucción.

    — Señorita Tidder, sugiero que vayamos a una de las cápsulas y abandonemos la nave — Dijo el Super Rhajik, consciente del peligro que corrían.

    — ¡No, espera! — De pronto, Arva parecía tener una idea al ver que en el radar se mostraba la ubicación de Xhander, el famoso agujero negro — ¡Podemos despistarlos allí dentro!

    — ¿Xhander? — Zyon se sorprendió con el plan improvisado pero comprendía que podía funcionar — Yo estuve años metido allí con otros Rhajik puros y exploramos el mundo arenoso en el que estábamos pero no había nada, aunque existe la posibilidad de que igual que hay una entrada, pueda haber una salida.

    — ¡Puede que se trate de azar, pero voy a tomar esa posibilidad! — Exclamo Arva, virando el rumbo de la Arcadia en dirección a Xhander.

    Cuando la nave se aproximaba al agujero negro, ésta comenzó a temblar y la luz de las estrellas pasó a ser oscuridad total. La tripulación en las cápsulas miraba por la pequeña escotilla sin entender que estaba ocurriendo y aterrados de que los Anixis fuesen los causantes de lo extraño que estaba pasando en aquel momento. Arva y Zyon no tardaron en ver cómo la Arcadia era arrastrada al interior y cómo dicha oscuridad total pasó a ser un destello cegador que daba paso al paisaje arenoso con dunas que ya conocieron anteriormente.

    La piloto Tidder, controlándolo todo manualmente, tuvo que levantar los mandos de la nave para que ésta no cayese directamente sobre la arena, tal y cómo pasó la última vez que cayeron en Xhander al no saber cómo reaccionar. La Arcadia alzó su parte frontal y se propulsó hacia arriba, estando muy cerca de chocar con una duna que parecía ser una ola de un mar de arena. El radar perdió toda noción y no transmitía nada al estar en una zona donde el tiempo no pasaba. Sin saber si las tres naves Anixis continuaban tras ellos, Arva de pronto obtuvo el control de los automatismos de la nave, dándole con todo el potencial a la propulsión y al núcleo que hacia de motor para continuar hacia delante.

    De pronto, ese paisaje tan conocido se quedó atrás y volvió la oscuridad inmensa de antes. La nave comenzó a temblar de nuevo y en las cápsulas todos cerraban los ojos deseando que terminase de pasar aquello. Tanto la humana cómo la máquina vieron la nada, el silencio y la oscuridad mientras la nave se frenaba con pasmosa calma. Temiendo haberse quedado en el interior del agujero negro para siempre sin poder moverse, Arva tragó saliva, cuando de pronto el color negro del horizonte paso a ser negro con luces brillantes. Poco a poco iban apareciendo estrellas y la piloto comenzó a sonreír, sin entender que estaba ocurriendo, al ver que no seguían en el agujero negro y que muy probablemente habían salido de él. El radar volvió a recuperar su cordura y comenzó a emitir lecturas, pues se encontraban en un nuevo y desconocido cúmulo.

    — Avisa a los demás — Indicó la mujer, sin poder evitar borrar la sonrisa de su rostro.

    Zyon asintió y se dirigió a la zona de la nave donde se encontraban las cápsulas, listas para ser eyectadas. El resto de la tripulación se encontraba en las dos únicas que había en la Arcadia. El comandante Crane, su hija Regina y el joven Preston se encontraban en una mientras que la doctora Marlow, el ingeniero Finn y la neoniana Klamp se hallaban en la otra. La máquina se aproximó a la primera cápsula y la abrió, sorprendiendo al comandante y al afroamericano mientras la pequeña niña lloraba fruto de los tambaleos y sonidos que habían ocurrido durante la entrada y salida de Xhander.

    — ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? — Etyah se quitó rápidamente el cinturón, mientras salía de la cápsula tembloroso.

    — Todo está bien — Musitó el Super Rhajik — Dirigios al puente de mando, la piloto Tidder os explicará lo que ocurre.

    Lill asintió mientras trataba de calmar a su hija, que no dejaba de llorar. Mientras el afroamericano se dirigía al puente de mando seguido de su comandante y la niña, Zyon fue directo a la siguiente cápsula para abrirla. Al hacerlo, vio los rostros de sorpresa de sus tres integrantes, sin entender nada de lo que estaba pasando.

    — Zyon, ¿qué pasa? — Le preguntó Cinthia, preocupada.

    — Nada — Respondió la máquina — Id al puente de mando, por favor.

    West se quitó el cinturón que lo mantenía en el asiento y ayudó a su pareja a quitárselo mientras la joven neoniana salía primero de la cápsula. Arva observaba el nuevo horizonte en el que se encontraban desde su asiento de piloto en dicho puente de mando, mientras la tripulación llegaba al lugar con ganas de saber lo ocurrido.

    — Arva, ¿nos puedes explicar que ha sido todo esto? — Preguntó Lill, que había logrado menguar el llanto de la pequeña Gina, ya más calmada.

    — Por favor, la intriga me está matando — Intervino West.

    La piloto señaló el amplio ventanal que tenían justo delante, vislumbrándose miles y miles de estrellas. Nadie logró comprenderlo exceptuando a Reeda, quién se aproximó al cristal que separaba la gravedad artificial de la Arcadia de la no gravedad del espacio exterior. La neoniana sonrió al igual que hacía Arva, dejando más desconcertados aún al resto.

    — ¿Alguien va a decir dónde carajo estamos? — Etyah estaba harto de tanto suspense.

    — ¿Acaso no lo veis? — La piloto se volteó hacia sus compañeros — Son estrellas que nunca hemos visto.

    West fue corriendo a ver el radar mientras Lill miraba absorto el amplio horizonte que se abría ante los ojos de todos.

    — ¿Cómo...? — Preguntaba Cinthia, impactada — ¿Cómo nos has traído aquí, Arva?

    — Es una de las humanas más inteligentes que conozco — Las palabras de Zyon fueron toda una sorpresa para la tripulación, especialmente para la propia piloto — Ella nos ha salvado a todos de la destrucción.

    Las miradas pasaron de centrarse en un alabador Zyon a la heroína del momento. Arva decidió explicarles la improvisada y repentina idea que le vino a la cabeza mientras eran perseguidos por tres naves Anixis.

    — Xhander apareció en el radar cuando estábamos en plena persecución — Explicaba la mujer — Entonces se me ocurrió entrar con la Arcadia en su interior, suponiendo que las naves Anixis no entrarían, cuando Zyon me dijo que quizá podía haber una salida y bueno, me arriesgué y resultó ser así, hemos salido.

    — Increíble — Musitó West, atónito — Has hecho algo que entrará en la historia, Arva.

    — Entonces Xhander no es un agujero negro como tal, sino una especie de agujero de gusano o portal a otro cúmulo... — Teorizaba Reeda, quién había escuchado los rumores de que Xhander fuese algo artificial — Sin duda alguna, en una situación de normalidad, nuestros científicos deberían estudiar esto.

    — Apuntaremos todos los datos que podamos obtener de lo vivido, pero ahora es momento de parar — Dijo el comandante Crane, cambiando de tema — Quizá los Anixis siguen buscándonos, así que sugiero aterrizar en algún planeta apto. ¿El escáner planetario dice algo?

    — Detecta cinco planetas y solo uno es... habitable, por así decirlo — West, que se encontraba frente al radar y las lecturas del escáner, lo explicaba — Es un planeta con una superficie rocosa y agua líquida, no obstante, el aire está contaminado.

    — Los trajes cuentan con mascaras para filtrar aire, ¿ese planeta tiene oxígeno o debemos llevar suministro de éste? — Dijo Lill, decidido a que ese era el siguiente lugar al que ir.

    — Cómo he dicho, el aire está contaminado de partículas que desconocemos — Repitió el ingeniero — Sin embargo, hay una ínfima cantidad de oxígeno en la atmósfera. No es suficiente para poder respirar con normalidad, así que sugiero la implantación de botellas de oxígeno en el traje.

    — Las llevaremos — Decidió el comandante Crane — Arva, ¿te importaría cuidar de mí hija?

    — Será un placer — Musitó la piloto, cogiendo de los brazos del padre a la niña — Me encantan los niños.

    — Serás una madre excelente — Dijo Lill, apoyando su mano derecha en el hombro derecho de la mujer — Gracias por todo lo que haces.

    Arva asintió visiblemente emocionada por las palabras de su comandante y amigo.

    — Necesito que alguien se quede con ellas — Añadió Lill, quién no quería dejar a solas a la piloto con la niña.

    — Lo haré yo — Indicó la doctora Marlow, decidida — La acción no es lo mío y aquí podré ser más útil.

    — Entendido. Arva, llévanos a tierra firme — Dijo el líder del grupo — Los demás poneos los trajes, tomad un arma y una botella de oxígeno. Nos vemos en la compuerta de salida en unos minutos.

    Exceptuando a Arva, Gina y Cinthia, el resto de la tripulación saldría de la Arcadia a explorar el planeta al que iban a aterrizar para tener una pausa y reflexionar sobre cómo actuar después. Pese a que dicho planeta tenía el aire contaminado, el hecho de tener una superficie firme lo hacía el candidato perfecto para parar y desaparecer durante un tiempo, por si los Anixis cruzaban Xhander y mantenían la búsqueda.

    El comandante Crane se aproximó a su hija, en brazos de Arva, y le besó la frente mientras acto seguido abrazaba a su amiga. El ingeniero Finn se aproximó a su pareja, la doctora Marlow, dándole un beso y un abrazo. Etyah, Reeda y Zyon ya se encontraban en sus respectivos camarotes, colocándose los trajes.
    La Arcadia se aproximó al desconocido planeta y entró en su atmósfera a gran velocidad. El cielo repleto de nubes con una tonalidad verdosa dio paso a un extenso océano de agua pregnado también de ese color verde que parecía caracterizar el planeta, quizá por la contaminación en el aire o simplemente porque era así. La nave humana casi se deslizaba sobre el mar alienigena mientras la espesor del aire contaminado dificultaba la visión en busca de tierra, y de no ser por el radar y el escáner, encontrarla habría tomado más de lo previsto.

    La piloto Tidder, quién había dejado a la pequeña Crane en brazos de la médico, avistó tanto en el radar cómo con sus propios ojos varias montañas, poniendo rumbo hacia ellas para aterrizar. Una vez llegados al continente de aquel planeta, la Arcadia buscó un lugar apropiado para descender definitivamente, encontrándolo en un área desierta, justo entre dos montañas que formaban una sierra.

    Los cinco miembros de la tripulación que saldría a explorar bajo el mando del comandante Crane ya se encontraban listos y dispuestos para ello justo frente la compuerta que se abriría ante ellos para dejarles salir, pues iban a llevar consigo un vehículo terrestre para moverse mejor. Arva posó la nave en una superficie arenosa y rocosa, con las dos montañas a cada lado, dando la sensación de zona segura y protegida.

    — Temperatura de cuarenta y tres grados celsius, comandante — Indicó Cinthia, comprobando las lecturas de los sensores de la Arcadia.

    — Va a hacer bastante calor — Murmuró West, preocupado por ese dato.

    — Los trajes pueden soportar temperaturas de hasta sesenta grados en superficies planetarias — Lill tranquilizó a su compañero — Y tienen un sistema de refrigeración para no sufrir mucho los efectos del calor.

    — Menos mal — Musitó Etyah.

    — Yo puedo soportar temperaturas de hasta cien grados, comandante — Intervino Zyon.

    — Eres una máquina, puedes hacer muchas cosas que nosotros no — Dijo Reeda, algo molesta con el comentario del Super Rhajik — Dudo que haya especies inteligentes que soporten dicha temperatura, salvo que sean robots.

    — Quizá si exista alguna especie que soporte temperaturas extremas — Supuso el ingeniero — Solo debemos encontrarlas.

    — Espero que esos malditos Anixis no soporten las temperaturas — Murmuró el joven Preston, pensando que quizá tuviesen esa debilidad — Si pueden hacerlo, añadiendo la tecnología con la que parecen contar... serían invencibles.

    — Chico, ¿has oído hablar de la teoría de los seres superiores? — Le preguntó West al joven explorador.

    — No, no me suena — Musitó el afroamericano, serio — Y me llamo Etyah, amigo.

    — ¿Nadie ha oído hablar de esa teoría? — West buscaba que sus compañeros se unieran a la conversación justo antes de salir de la Arcadia — ¿Sois todos tan incultos cómo Etyah?

    — ¡Qué te jodan, West! — Exclamo el joven, molesto.

    — No, West, no conocemos esa teoría — Murmuró Reeda, cansada de oírle hablar — Suéltala de una vez y salgamos antes de que me explote la cabeza.

    — Tú eres neoniana, es obvio que no la habrás oído — Dijo Westley, decidido a explicar la teoría — Jefferson Stagger, el que fuera primer representante de Marte, dijo tras colonizar Plutón, que cuando viajáramos los humanos más allá del Sistema Solar nos encontraríamos con total probabilidad, con una especie superior a nosotros en todos los ámbitos. Según él, precursor de ésta teoría, podría ser pacífica o colonizadora, aunque él creía lo segundo. Decía que si nos encontrábamos con una especie así, sería imposible escapar o frenarla, podría ser incluso nuestro fin. Tal y cómo veo a los Anixis, están demostrando ser ambas cosas.

    La compuerta comenzó a abrirse para dar salida a la expedición que exploraría la zona en busca de cualquier cosa interesante y el comandante Crane, que iba en el asiento de conductor, aceleró.

    — Pacifistas conquistadores — Murmuró Reeda, pensativa — No me lo creo, o son una cosa o son la otra.

    — Eventualmente lo descubriremos — Dijo Zyon.

    El vehículo terrestre manejado por Lill comenzó a alejarse de la Arcadia, manteniendo una frecuencia de onda larga para no perder el contacto. El yermo en el que se encontraban era extenso y largo, por lo que había poco que explorar en los alrededores de dónde habían aterrizado. Buscando vegetación o vida de cualquier clase, el comandante condujo recto pues por los lados se crecían ambas montañas que convertían el lugar en un embudo cuando de pronto, la radio del vehículo comenzó a emitir una extraña señal que provenía de una frecuencia desconocida.

    — ¿Qué es eso? — Preguntó Etyah, intrigado y atemorizado.

    Lill aminoró la velocidad hasta pararse en medio de aquel yermo y trató de encajar la señal con la frecuencia correcta para escuchar más nitidamente aquel sonido.

    — ¡¿Es una voz?! — West creyó haber oído palabras.

    — Joder, la señal es débil — Musitó el comandante, probando.

    Efectivamente, los cinco miembros de la Arcadia allí metidos en el vehículo todoterreno, escucharon en un idioma desconocido, diversas palabras de forma clara. Todos se miraron atónitos y temerosos de que fueran los Anixis, que podrían haber llegado al planeta. En ese preciso instante en el que las dudas flotaban en el ambiente, Zyon las disipó.

    — Estamos rodeados y han bloqueado nuestra frecuencia, no podemos contactar con la Arcadia — Dijo la máquina, haciendo que todos alzaran la vista y vieran al menos una treintena de alienigenas rodeando el vehículo — Nos están escaneando, comandante.

    — ¿Escaneando? — Lill se sorprendió de aquello.

    — Y van armados por lo que parece — Añadió West, con los ojos bien abiertos.

    — Es imposible — Musitó Reeda sin motivo aparente, observando atónita a esta nueva especie desconocida.

    — ¿Qué ocurre, Reeda? — Preguntó el joven Preston, quién en su expresión tenía el terror personificado.

    — Son sylerianos — Respondió la neoniana en un tono neutro mientras estos se aproximaban al vehículo.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, paso a comentar este capítulo.

    Tengo que decir que este capítulo ha sido el que más me ha gustado hasta ahora. Creo que ha estado muy bien narrado y bien llevado en lo que se mostró aquí, aunque sinceramente yo creo que daba para más cosas.

    En primer lugar, tengo que decir que Lill se ha ganado más mi apoyo después de la forma en la que mantuvo organizado a su grupo ante el posible ataque, sabiendo que solo él y Reeda son soldados. Claramente, ha tenido una gran evolución. En la parte I, él no tenía ni la menor idea de pelear, y ahora ha demostrado como dirigir y mantener la calma de su equipo en medio de un posible ataque cuando no todos ellos son soldados. Siento que en la parte I él sobraba, dado a que no luchaba contra los demás, pero a diferencia de otros como Cinthia, Arva y Juice, su rol de cartógrafo no aportaba a la historia. Fue luego de pasar por la academia cuando empezó a tomar protagonismo, pero incluso después de eso, no hizo la gran cosa. Solo participó de un enfrentamiento contra los Rhajik. En la parte II, él fue por Jim y quedó fuera de combate rápido. Lo mismo en la parte III luego de ser capturado. Creo que es ahora donde finalmente tiene el tiempo para brillar y dirigir, y espero que no se lo quites XD.

    Tengo que decir que me dio algo de lástima que ellos se hayan marchado sin creerle a los Anixis, dado a que Snow, Vanth, Eron y Ashley se encuentran esperandolos a todos en Neonia y también se encuentran a salvo. Pero es totalmente lógico que no les hayan creído dado a que estos no llevaban pruebas que sustentaran sus palabras. Me resulta muy difícil de creer (es una conveniencia para la trama, ya lo sé XD) que estos seres sean tan avanzados en tecnología y que no hayan llevado videos, fotografías, o alguna otra forma de mostrarles a ellos para que pudieran ver con sus propios ojos que era verdad. Me ha sorprendido el nombre de Ender ya que comparte el mismo apellido con Deon, lo cual quiere decir que son hermanos. Y sus palabras al hablar de su padre me asustan un poco XD. Parece ser que él es el líder de todo. Pero bueno, el grupo ha huído de ellos y espero que no sean asesinados por ellos.

    Al final, resulta que Xhander no era un agujero negro sino una especie de portal hacia otro cúmulo del universo. Debo decir que siempre me pareció sospechoso que pudieran entrar tan fácilmente y salir igual de fácil del mismo. Ahí está la explicación. Lo que me ha gustado de este capítulo es que, aunque no fuera voluntariamente, los personajes han hecho honor a su nombre y han viajado por el espacio, cosa que en las partes II y III no se ha visto. Lo cual no le resta mérito a las mismas, pero prefiero que viajen aunque sea por un tiempo a que se queden varados en un lugar.

    El final resultó ser lo más intrigante, lo cortaste en el momento justo XD. Al final, luego de la sorpresa de que quedan más neonianos con vida en Neonia, ahora resulta que también han quedado sylerianos con vida en ese planeta. Me pregunto que tanto sabrán ellos sobre el conflicto de neonianos y sylerianos, y de las cosas que hizo el Supremo. Quiero decir, el Supremo fue creado para vengar a los sylerianos, pero resulta que hay varios de ellos que están vivos. Por un lado me gusta y por otro no. No me gusta en el sentido de que ahora el conflicto del Supremo pierde peso, ya que hizo una guerra y destruyó el sistema solar por su venganza. Una venganza que no se concretó porque quedaron neonianos vivos y que no era una venganza como tal porque había más sylerianos vivos. Pero por otro lado, me gusta en el sentido de que me parecía que los sylerianos eran una raza muy interesante, y me dio algo de lástima que hayan desaparecido así.

    Tengo una gran intriga por saber qué es lo que harán los humanos cuando conozcan a los sylerianos (sobre todo porque quienes descubrieron la verdad en la parte II fueron Cinthia y Zyon y ellos están allí), saber si los sylerianos conocen a los anixis, cómo reaccionarán los neonianos si deciden formar una alianza para deshacerse de los seres superiores. Además, de que también tengo la duda de como reaccionarán estos cuando descubran a los sylerianos. Como dije antes, el conflicto del Supremo perdió peso narrativo. Si su objetivo fuera la preservación de los sylerianos restantes, que tiene más sentido que una venganza al haber varios con vida, la trama que lo envolvió a él se habría mantenido igual. Pero bueno, pese a eso, esto me gusta.

    Tengo una teoría: creo que los humanos se unirán a los sylerianos, y que junto a neonianos, y Rhajik lucharían para expulsar a los seres superiores de Neonia. Ese conflicto podría terminar con la muerte de los hermanos Deon y Ender, y eso podría traer la ira de su padre, y desencadenar en una guerra mayor. Ya luego veremos lo que ocurre.

    Errores no creo haber encontrado. Estaré esperando a la próxima semana con ansias. Me despido hasta la próxima.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros IV: Seres superiores
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    Este capítulo continua con los personajes a los que dejamos en el anterior y para mí es uno de los mejores de esta parte, aunque eso lo juzgaréis los lectores. Sin más que añadir, os dejo con ello.




    Una unión perfecta








    Los sylerianos, que se creían extintos según los neonianos, se hallaban en ventaja numérica ante parte de la tripulación de la Arcadia que había salido a explorar. Su aspecto similar a los propios neonianos tenía ciertas pero contadas diferencias. Eran extremadamente delgados en comparación a los humanos pero solo un poco más que los neonianos, de sus finos y largos brazos desembocaban seis dedos, sus piernas terminaban con pies de largaria similar a las aletas de origen humano, su cabeza terminaba en punta hacia atrás y su nariz lo contrario pues apuntaba al suelo, para finalmente apreciar unos ojos pequeños y completamente redondos de un color grisáceo con el fondo muy oscuro.

    En el registro de datos de los neonianos figuraba una descripción de estos seres, explicando también la guerra que tuvieron ambas especies hacía ya más de doscientos años que desembocó en la supuesta extinción syleriana. No obstante, quedaba demostrado en aquel instante que aquello no fue así: los sylerianos lograron sobrevivir a las bombas termodinámicas que los neonianos lanzaron contra su planeta y que causaron una irradiación en su superficie además de la contaminación en el aire, que sorprendentemente, aún no se había disipado tras más de dos siglos.

    — Lo mejor será que salgamos del vehículo y nos presentemos — Dijo de pronto Lill, rompiendo el silencio.

    — Es arriesgado, ¿no creéis? — Reeda temía que los sylerianos la mataran al ser una neoniana.

    — Si quisieran matarnos, ya lo habrían hecho — Supuso Westley — Somos un blanco muy fácil y nos superan en número, tienen el control.

    — Y por eso no tienen prisa por matarnos — Añadió Etyah, preocupado con que ese fuese su destino final — Qué bien.

    — Comandante, ¿órdenes? — Intervino Zyon, quién sentía la misma sensación de intriga que cuando conoció a los humanos en Xhander, por primera vez.

    — Salid del vehículo lentamente y con las manos en alto — Indicó el comandante Crane, consciente de que no tenían otra salida — No habléis, dejadme a mí.

    Obedeciendo al comandante, tanto él cómo sus compañeros abrieron las puertas del vehículo terrestre y salieron lentamente ante la mirada seria de los sylerianos, que cuando vieron que los desconocidos comenzaban a salir del aparato, alzaron sus armas al unísono. Dicha arma tenía una apariencia similar a un arco de flechas, cosa que sorprendió al grupo puesto que hasta ahora, las especies inteligentes que conocían, portaban armas de fuego o de energía.

    La mayor parte de la tripulación de la Arcadia que se encontraba en aquel vehículo de exploración todoterreno, ya se encontraba fuera de éste. Todos se miraban entre sí y también a los sylerianos, quiénes se mostraban impasibles ante la presencia de alienigenas en su planeta, pero sorprendentemente tranquilos para la situación en la que estaban. El comandante Crane esperaba que alguno de aquellos seres iniciara la conversación, pero los minutos pasaban y nadie decía nada, hasta que uno de ellos bajó su sorprendente arma rudimentaria y se aproximó al grupo de tres humanos, una neoniana y un Super Rhajik.

    La presencia de éste y de la neoniana eran una preocupación para los humanos, puesto que los sylerianos tuvieron su batalla contra las máquinas también y había un serio riesgo de que estos les atacaran sin previo aviso. Los miembros de la Arcadia querían evitar a toda costa un posible conflicto, especialmente porque ya tenían uno con los Anixis, o al menos eso sentían. Dicho syleriano que se aproximó al grupo comenzó a observarlos de arriba a abajo con gesto dubitativo, mirada penetrante y murmullos ininteligibles, hasta que pasados dos minutos en esta tesitura, el syleriano articuló dos palabras.

    — Shavad takom — Las palabras de aquel ser parecían una orden, pues otro de ellos se aproximó al que habló y le cedió un pequeño aparato que el propio syleriano activó ante los ojos del grupo, acercándolo precisamente al rostro de Lill — Jysum brekt aonm.

    — ¿Qué? — Preguntó el humano, sin saber que debía hacer ante dicho aparato — Sé más explícito, por favor.

    — ¡Jysum! — Exclamo el syleriano, insistiendo en algo que el comandante no entendía mientras mantenía el aparato cerca de su rostro.

    — Comandante, creo que eso es un traductor — Indicó Zyon, quién poseía un escaner interno con el que analizaba cualquier cosa en busca de comprender su función — Y creo que ese syleriano quiere que hable al aparato.

    — Entiendo — Dijo el comandante Crane, decidido a presentarse — Soy el comandante Lill Crane de la humanidad, es un honor estar ante una especie de la que solo habíamos oído hablar por historias.

    El syleriano, con el ceño fruncido, apretó otra parte del traductor y se lo colocó en lo que parecían ser unos auriculares que portaba incorporados en ambas orejas, casi inexistentes pues se trataban de una serie de tres líneas similares a los bronquios de los peces en la Tierra por el que al parecer escuchaban estos seres. Tras un breve momento, el alienigena mantuvo su expresión de seriedad y para sorpresa de todos, habló en el idioma de los humanos.

    — Agradezco la cortesía de tus palabras, comandante Lill Crane, pero me intriga el hecho de que el término 'humanidad' implique también a una neoniana y a una de sus máquinas serviciales — Las palabras del syleriano dejaron realmente impactados al grupo, especialmente a Reeda y exceptuando a un siempre indiferente Zyon.

    — No, humanidad es el título de mí especie, somos humanos — Respondió Lill, señalando también a West y Etyah — Pero tenemos una alianza con los neonianos y los Rhajik.

    — Cuidado con esa alianza, comandante Lill Crane — Aquel ser resultaba incisivo en cada una de sus palabras y en lo que quería decir con cada una de ellas — ¿O acaso los humanos sois de la misma calaña?

    Los miembros de la Arcadia estaban realmente sorprendidos de la capacidad tecnológica de los sylerianos, que con escuchar unas palabras de otra especie, lograban descifrar un idioma entero y hablarlo holgadamente. Sin embargo, dicha tecnología contrastaba con el arma que estos portaban, carente de la potencia de un arma de combate.

    — Entiendo tu postura, pero neonianos y Rhajik han cambiado, ya no son los que iniciaron la guerra contra vosotros — Indicó Lill, que además quería conocer el nombre del que parecía ser el líder de aquella treintena de sylerianos presentes — Todavía no me has dicho tu nombre, la cortesía debería ser mutua.

    — Om Paokt, protector de la Elegida y syleriano, cómo ya sabes — Dijo el ser, siendo no tan respetuoso — ¿Acaso cambian los agujeros negros? No, se hacen más grandes y lo absorben todo a su paso... los neonianos son hijos de la destrucción.

    Frustrada por oír al syleriano, quién mostraba su repudia a la especie neoniana, Reeda intervino en la conversación y se puso frente a Om, provocando que la gran cantidad de sylerianos presentes se aproximaran con sus armas en alto, listos para disparar lo que parecía ser una flecha.

    — ¡Hace más de doscientos años, fueron nuestros antepasados quiénes pelearon! — Exclamo la neoniana Klamp, algo enfadada y queriendo aclarar el asunto — Hemos pagado el precio de nuestra avaricia y reputación de conquistadores, créeme.

    — ¿Habéis visto morir niños, abrasados por el fuego incandescente en el aire, qué arrasaba la vida cómo si fuera una ola gigante en un mar de muerte? ¿Habéis tenido familias destruidas, hogares pulverizados y un planeta contaminado del que solo quedan recuerdos e imágenes de su esplendor? ¿Habéis tenido que vivir en una ciudad subterránea siendo el tres por cierto de lo que quedaba de tu especie con vida? ¿Habéis visto generaciones crecer en un lugar completamente distinto al que deberían ver? ¿Habéis ayudado a otra especie y ésta os ha intentando extinguir? — El syleriano Paokt estaba a escasos centímetros del rostro de la neoniana con un sentimiento de ira notable — No habéis pagado el precio, créeme.

    — Hemos visto cómo nuestra propia creación nos reducía al cero coma uno por ciento de nuestra especie, cómo vivíamos presos en bases secretas en el interior de montañas porque en el exterior estaban los Rhajik, la llegada de los humanos y su ayuda desde el principio a terminar con las máquinas, la guerra contra vuestra IA llamada Supremo quién controló a dichas máquinas y casi nos extingue; cómo ésta, controlando al primer humano que hizo contacto con nosotros, lanzaba vuestra bomba de energía desde una nave abandonada en nuestro planeta, destruyendo el cúmulo de la humanidad... — Esto último impactó mucho a los sylerianos, quiénes se sentían mal por causar daño indirecto a otra especie que no tenía culpa — Quién no debía pagar el precio fue quién lo ha terminado pagando, y los causantes de que los neonianos sigamos vivos; los que nos han traído hasta este momento.

    El silencio se hizo en aquel yermo. Todos los sylerianos, que también portaban máscaras de oxígeno debido al aire contaminado, se miraron entre sí, un poco afectados por conocer que la humanidad se había llevado la peor parte de una guerra que no tenía que ver con ellos.

    — ¿Es eso cierto, comandante Lill Crane? — Preguntó Om al humano, mirándolo fijamente.

    — Así es, mí planeta natal llamado Tierra y el resto de planetas y cuerpos celestes de mi sistema ya no existen, son polvo. Ahora vivimos con los neonianos en su planeta, Neonia — Respondió el comandante, dejando más impactado aún al syleriano — Y por favor, llámame Lill, comandante es un mero formalismo.

    En ese momento, el propio Om se echó la mano derecha a una de las orejas dónde tenía el aparato similar a un auricular y comenzó a asentir mientras hablaba en su idioma. Tras cortar la transmisión con quién fuera que estuviese hablando, el syleriano dio la vuelta y comenzó a marcharse.

    — Seguidme, por favor, os enseñaré nuestra ciudad — Murmuró Om mientras era seguido por el resto de los de su especie.

    — Tenemos dos compañeras más en nuestra nave — Explicó Lill, quién no quería dejarlas atrás sin más — Y también mí hija.

    — ¿Quieres traerlas?

    — Solo quiero saber que estarán a salvo, al menos.

    — Cuando habléis con la Elegida y acabe vuestra visita, os escoltaremos con una patrulla hasta vuestra nave, no te preocupes — Dijo Om Paokt, mostrándose por primera vez, cercano y confiable — Ahora no podemos perder tiempo.

    [...]

    La pequeña Regina Crane Carver se encontraba sentada en el suelo metálico de la Arcadia, pasando sus manos por encima de un aparato que mostraba hologramas de los animales de la Tierra mientras reía de diversión. Arva la observaba con ternura y tristeza a la vez, pues las imágenes en 3D de diversas especies animales del planeta natal de los humanos era lo único que quedaba de ellos. La mujer nacida en la Luna sentía lástima por la niña, quién nunca vería realmente a ninguno de esos animales. Aquello la hizo acariciarse la barriga, entristecida por el hecho de que su futuro hijo o hija nunca vería la cuna de su especie ni la diversidad que éste contenía en todos los aspectos.

    En ese momento, Cinthia se encontraba a su lado en el puente de mando de la nave, intentando contactar con el resto de la tripulación que había salido a explorar. Pese a intentarlo repetidas veces, parecía cómo si sus mensajes cayeran en el limbo de la frecuencia por la que debían responder sus compañeros. Pese a que no hacía mucho tiempo que habían salido, la preocupación en el rostro de la doctora era más que evidente.

    — Estarán en alguna zona sin señal, a veces suele pasar — La tranquilizaba Arva — Pronto nos dirán algo, no te preocupes.

    — Eso espero — Musitó la médico, dejando de lado la radio tras varios intentos de contacto — ¿Cómo te encuentras?

    — Bien, la verdad — Dijo la piloto, con una sonrisa apagada.

    — ¿Cuanto hace del embarazo? — Preguntó Cinthia, queriendo conocer el tiempo que llevaba gestándose el futuro hijo de la mujer y el fallecido Axlor.

    — Unas tres semanas aproximadamente — Respondió la embarazada, acariciándose el vientre — Todavía no he tenido tiempo siquiera para asumir que voy a ser madre.

    — Te entiendo, han pasado otras cosas que nos han hecho enfocar nuestros pensamientos en ello — Murmuró la doctora Marlow, cabizbaja — Ya ni recuerdo cuando tuvimos una tregua.

    — Y no parece que la vayamos a tener pronto — Dijo Arva, centrando su mirada en la hija de Lill y Snow — Ella ni es consciente de lo que ocurre a su alrededor, probablemente sea la persona más feliz en estos momentos.

    — Es una niña de tres años, debe ser así — Dijo Cinthia, también observando a la pequeña — Por ella, por tu futuro hijo y por los que niños humanos y neonianos que hay en Neonia, debemos legarles un futuro libre de conflictos y repleto de paz.

    — Lo haremos — Musitó la mujer nacida en la Luna — Porque ellos son el futuro.

    Cinthia se quedó pensativa, algo que Arva notó al instante. El rostro de la doctora evidenciaba una preocupación interna que llevaba tiempo arrastrando consigo, por lo que la piloto decidió preguntarle acerca de lo que estaba pensando.

    — ¿En qué piensas?

    — Pienso... bueno, más bien siento, que no estoy contribuyendo de la mejor forma a ese futuro del que estamos hablando — Explicaba Cinthia, algo deprimida — Quisiera ser más útil, ¿sabes?

    — Eres médico de campo, salvas vidas, ¿qué más se puede pedir?

    — También podría ayudar en combate, pero siempre me quedo atrás porque tengo miedo — Murmuró Cinthia, frustrada consigo misma — West dedicó parte de su tiempo a entrenarse para posibles enfrentamientos, yo me negué. Él podría salvarme de enemigos, pero si su vida dependiera de mí en una batalla, probablemente moriría.

    — Cinthia, eso no es así, tú pued...

    — Quiero que me enseñes a pelear, Arva — Las palabras de la doctora Marlow sonaban a decisión definitiva — Quiero aprender a disparar, le pediré a Lill que nos enseñe el combate cuerpo a cuerpo, pero tú puedes ayudarme a manejar las armas, ¿lo harías por mí?

    — Por supuesto, cuenta conmigo — Musitó la piloto Tidder, alegre de que su compañera quisiera dar un paso al frente — Pero no te infravalores, tu función es esencial en el grupo.

    — Lo sé, simplemente quiero ayudar más — Añadió la médico, que cambio de tema rápidamente — Antes de que vayamos a la galería de tiro a practicar, ¿quieres que comprobemos el estado de tu feto?

    Arva se mostró rápidamente ilusionada con poder ver cómo avanzaba la gestación de su futuro bebé, por lo que asintió visiblemente emocionada y ambas se levantaron de sus asientos en el puente de mando. La piloto cogió en brazos a Gina y las tres fueron a la sala médica, dónde se realizaría la observación del estado del embarazo.

    La puerta de la consulta se abrió a un lado para dar paso a las mujeres y a la niña. Mientras Cinthia preparaba el aparato específico, Arva sentaba a la pequeña niña sobre un sillón apartado en una esquina de la consulta, junto al aparato de hologramas que tanto la entretenía.

    — Túmbate en la camilla — Le indicó la doctora Marlow, con todo listo — Te colocaré algo parecido a un gel por encima del vientre y podremos ver en directo a tu hijo.

    — Genial — Musitó una Arva entusiasmada mientras se tumbaba.

    — Muy bien, a ver... — Cinthia comenzaba a ver la imagen en la pantalla.

    La piloto Tidder observaba a su compañera con detenimiento, pues la expresión de su rostro diría mucho de lo que se apreciara en la pantalla. En ese preciso instante, los ojos de Cinthia se abrieron aún más de lo que ya lo estaban, cosa que impacientó y preocupó a la mujer embarazada.

    — ¿Qué ocurre? — Preguntaba Arva, temiéndose lo peor — ¿Hay algo mal?

    — No, para nada es algo malo — Respondió la médico, girándose hacia su amiga con una leve sonrisa — Vas a tener mellizos, Arva.

    [...]

    El comandante Crane, el ingeniero Finn, el joven Preston, la neoniana Klamp y la máquina Zyon seguían al syleriano Paokt y a sus treinta soldados por un sendero apartado del yermo en el que se encontraron. El grupo fue obligado a dejar el vehículo terrestre por desconfianza de la especie natal del planeta y porque el lugar al que se dirigían estaba relativamente cerca.

    Los miembros de la Arcadia se percataron de que todo a su alrededor tenía una tonalidad verdosa y que solo había tierra, rocas, montañas y yermos extensos. Westley se percató de que en el suelo había brotado una pequeña planta y cuando se aproximaban a ésta, varios sylerianos hicieron un círculo para protegerla de posibles pisadas. Todos se llevaron una grata sorpresa con ese gesto, pues denotaba una preocupación considerable por el estado del planeta y su futuro.
    Reeda no dejaba de sentirse mal conforme avanzaban, puesto que cargaba con la culpabilidad de provenir de la especie neoniana, con una reputación de conquistadores que deberían revertir ante sus antiguos enemigos. Además, ver en lo que sus antepasados habían convertido el planeta de nacimiento de los sylerianos, la destrozaba por dentro.

    — ¿El planeta muestra signos de evolucionar favorablemente? — Preguntó de forma repentina la neoniana.

    — Así es, pero con una lentitud preocupante — Respondió Om, sin girarse — Ya hace más de doscientos años que tu especie irradió la superficie del planeta y contaminó el aire, sin embargo, tardará unos quinientos años más aproximadamente en recuperar su mejor color.

    La hija del comandante Klamp asintió visiblemente afectada. West trató de animarla apoyando su mano izquierda sobre el hombro derecho de ésta, dándole a entender que no tenía culpa de aquello.

    — ¿Cómo se llama vuestro planeta? — Preguntó Etyah con curiosidad.

    — Habéis llegado al cúmulo Syler y os encontráis en el planeta Syleria — Murmuró otro de los sylerianos — En su mejor época, éste planeta era hermoso... tenemos imágenes, os las mostraremos cuando lleguemos a Sovaam.

    — ¿Sovaam? — Preguntó Lill, intrigado — ¿Qué es y qué significa?

    — En vuestro idioma, significa próspero — Om volvió a tomar la palabra de los suyos — Es una ciudad dónde convivimos desde el ataque neoniano para evitar la toxicidad del aire.

    — ¿Sois muchos? — Preguntó West, queriendo conocer el número de supervivientes a la guerra con los neonianos, que claramente perdieron.

    — Compruébalo tú mismo — Musitó Paokt mientras el grupo observaba atónito.

    Desde el borde de un acantilado a mucha altura se observaba un extenso horizonte, en el que se podía apreciar el mar incluso en la lejanía. Pese a que las nubes dificultaban la visión se podía ver cómo bajo la montaña, una ciudad formada por edificios de distinto tamaño y envergadura se extendía varios kilómetros a lo largo y ancho del terreno, además, una gran cúpula abarcaba toda la ciudad y parecía mantenerla limpia del aire contaminado del exterior y a salvo de lluvias radioactivas.

    — Es increíble... — Musitó Etyah, sin palabras.

    — Es ingeniería pura — Dijo West, fascinado.

    Reeda observaba con asombro aquello, mientras soñaba con tener ciudades de ese tamaño en Neonia algún día. Zyon se encontraba al lado de Lill, quién no daba crédito a lo que estaba viendo. Om no pudo evitar sonreir levemente al ver los rostros de sus invitados.

    — Continuemos, queda un poco más de camino — Indicó Paokt, dando paso a los suyos, que bajaban por un sendero del acantilado.

    — ¿No tenéis vehículos para moveros? — Preguntó el comandante Crane, extrañado.

    — Contamos con unas naves de transporte, pero son de pequeño tamaño y con estas nubes espesas es imposible viajar — Respondía Om mientras descendía frente al grupo de la Arcadia — Vehículos de tierra cómo el vuestro, no tenemos, no los consideramos adecuados.

    Al ser lo que quedaba de trayecto hacia abajo, al grupo se le hizo mucho más ameno y menos agotador. Todos observaban el paisaje de aquella ciudad, que casi parecía otro planeta en relación a lo que le rodeaba, por lo que el silencio se hizo presente para cerrar las bocas y abrir bien los ojos. Pasados unos quince minutos, llegaron a la explanada dónde se hallaba el hogar de los sylerianos.

    Una vez frente a la compuerta de gran tamaño que daba acceso a la ciudad, Om tuvo que hablar por una radio allí puesta para pedir entrar y tras un intercambio de palabras en su idioma, la entrada se abrió.

    — Antes de entrar en Sovaam, tenemos que descontaminarnos — Indicó uno de los sylerianos al grupo — Es un gas de fabricación propia que limpia y desinfecta a todo aquel que entre en la cámara.

    — Entiendo — Musitó el comandante Crane — Te agradecemos la explicación.

    — Es un placer compartirla con seres de otros mundos.

    Una vez la entrada se abrió, ésta dio paso a una sala cuadrada donde todos se metieron. La compuerta de entrada se cerró tras ellos y tras un aviso en idioma syleriano, un gas a presión comenzó a salir de cada esquina, nublándolo todo durante unos instantes hasta que unos filtros absorbían de nuevo ese gas y limpiaban la sala.

    — Protocolo de descontaminación superado — Le dijo Om al comandante Crane y al resto mientras otra compuerta se abría, ésta vez para dar acceso directo a la ciudad syleriana — Bienvenidos a Sovaam, capital de Syleria.

    Escoltados por la treintena de soldados sylerianos, el grupo entró en la ciudad. Las baldosas del suelo eran de color negro, suaves y limpias, con las luces de las calles dando un brillo asombroso al lugar. Dichas calles eran transitadas por muchos sylerianos, que observaban al grupo muy sorprendidos, algunos con temor y otros con curiosidad.

    — ¡Bissak ghan telum! — Exclamo uno de los soldados que escoltaban al grupo.

    — ¿Qué habrá dicho ese? — Se preguntó el joven Preston, intrigado con el idioma de aquellos seres.

    — La comprensión que tengo de su lenguaje me indica que ha dicho a los ciudadanos que abran paso — Dijo Zyon, quién al ser una máquina, analizaba y comprendía muchas cosas que el resto de especies no podía a simple vista.

    Diversos locales muy iluminados por luces de muchos colores le daban un toque alegre e íntimo a las calles de Sovaam. La ciudad parecía ser el hogar de una familia, exceptuando que esa familia era aproximadamente de quinientos mil sylerianos. Guiados por el protector de la Elegida, Om Paokt, y sus soldados, el grupo llegó al edificio más alto de la ciudad. La treintena de sylerianos se dispersaron y dejaron a Om y tres más junto al grupo de cinco que conformaban los tres humanos, la neoniana y el Super Rhajik.

    — ¿Qué va a pasar ahora, Om? — Le preguntó Lill, quién quería guardar las distancias al encontrarse en un territorio desconocido.

    — La Elegida os va a recibir, quiere conoceros — Indicó el syleriano con normalidad — Se encuentra en la última planta, os llevaré hasta ella.

    — ¿Tiene nombre la Elegida? — Preguntó West mientras se metían en el edificio ante la mirada de todos los alienigenas.

    — Hylda Admir — Respondió Om mientras llevaba al grupo hasta un ascensor — Pero salvo que ella os lo pida, debéis llamarla Elegida.

    — Entendido, amigo — Musitó el joven Preston, dándole una palmada al syleriano.

    — No somos amigos aún, joven humano — Dijo Om Paokt con seriedad y algo molesto por el golpe recibido — Todavía hueles a nuevo.

    Aquella respuesta del syleriano hizo que el ingeniero Finn y la neoniana Klamp no pudiesen evitarlo y soltasen varias carcajadas. Om observaba soprendido a los miembros del grupo que se reían, pues el concepto del humor en los sylerianos era muy distinto al de los humanos, y además no lo había dicho con la intención de hacer risa.

    Tras ese momento incomodo en el ascensor, finalmente éste llegó a la cima del edificio. Se abrió en la última planta, dónde un espacio amplio y con pocos muebles recibía a sus invitados. Había cristaleras que daban una visión panorámica y total de toda la ciudad, pues dicho edificio estaba prácticamente en el centro de ésta. Considerando que la noche estaba asentándose en Syleria, unas luces potentes iluminaban la sala. Om se dispuso a irse cuando una voz menos ronca y grave que la de los sylerianos que el grupo había escuchado hablar, hizo que éste frenara en seco sus intenciones de marcharse.

    — Quédate, Om — Musitó una syleriana, con un vestido color rojo fuerte repleto de brillantes que resaltaba sus senos y una diadema en la frente que la hacía más atractiva pese a que los sylerianos y las sylerianas no tenían pelo.

    — Entendido — Respondió Paokt como un buen soldado servicial a su líder.

    — Bienvenidos a Sovaam, viajeros de otros mundos — Dijo la Elegida, líder de su especie — Supongo que Om os habrá hablado de mí.

    — Así es — El comandante Crane sería el portavoz de su grupo, por lo que tomó la palabra de los suyos — Soy el comandante Lill Crane de la humanidad, es un honor estar aquí.

    — El honor es mío, comandante Lill Crane y compañía — Respondió la syleriana, mostrando su belleza realmente exótica — Soy la Elegida, Hylda Admir — La líder observó detenidamente a cada miembro del grupo — Mí protector Om me informó por radio de la presencia de una neoniana y una máquina Rhajik, por lo que os dejaré estar a ambos por el simple hecho de que vais junto a otra especie que asegura que habéis cambiado vuestra... forma de pensar.

    — Muchísimas gracias, Elegida — Musitó Reeda, queriendo agradar lo máximo posible — Es un privilegio.

    — Te lo agradecemos todos — Dijo Lill, mostrándose colaborativo.

    — Valoro vuestra predisposición, humanidad.

    — Humanidad es el término general, pero se suelen referir a nosotros cómo humanos — Intervino West, que fue fulminado con la mirada por Lill, quién quería respetar a toda costa su primer contacto con otra especie sin intervenir en esos pequeños detalles — Disculpe el atrevimiento, Elegida, solo quería hacer esa corrección.

    — No hay problema, agradezco la sinceridad y la corrección — Dijo Hylda, quién se dirigió lentamente hasta la cristalera que separaba el interior del lugar del exterior bullicioso de la ciudad — Estáis aquí porque evidentemente un primer contacto debe ser respetuoso y pacífico y supongo que con Om y sus soldados eso no ha sido así...

    — Ha sido totalmente comprensible la desconfianza inicial en el primer contacto — Respondió el comandante Crane — Entiendo que los sylerianos habéis pasado por muchas dificultades durante mucho tiempo.

    — Siempre nos hemos caracterizado por ser una especie pacífica y solidaria, hasta la guerra contra los neonianos — Murmuraba Hylda con un tono que paso de la suavidad a la seriedad — Y no puedo evitar preguntarme que hace una de ellos aquí.

    — Verá, Elegida, los neoni...

    — Creo que la neoniana puede hablar por su cuenta, comandante Lill Crane — La interrupción seria de la líder syleriana hizo que Lill asintiera un poco temeroso, pues no quería provocar una disputa ni crear un malentendido.

    — Sé que nuestras especies tuvieron un gran conflicto hace muchos años y que nosotros provocamos la situación en la que estáis ahora, pero déjeme decirle, Elegida, que mis antepasados conquistadores fueron los últimos de nosotros en cometer semejante atrocidad — Reeda quería convencer a Hylda de que debían dejar el pasado atrás — Las siguientes generaciones nacimos bajo un guerra con nuestra propia creación, los Rhajik, que hasta hace relativamente poco supimos que se rebelaron porque una IA creación vuestra, llamada Supremo, obtuvo su control. Solo quedamos en aquel entonces treinta y seis neonianos con vida, momento en el que apareció la humanidad y se ofreció a ayudarnos a cambio de instalar una colonia en nuestro planeta.

    Hylda Admir, al igual que Om Paokt, escuchaba detenidamente las palabras de la neoniana, muy interesada en conocer la historia completa.

    — Gracias a los humanos, que nos protegieron y se enfrentaron a los Rhajik y al Supremo, logramos vencerles... hasta que el Supremo, a quién creíamos muerto, tomó el control del humano que hizo el primer contacto con mí especie y cuando conoció la ubicación de una de vuestras naves llamada Bataller, que se hallaba caída en Neonia, decidió apoderarse de ella, dónde sin nosotros saberlo había una bomba de energía solar dispuesta a destruir un sistema entero.

    — Mí padre mandó esa nave a vuestro cúmulo para dar fin a la guerra — Dijo, para sorpresa de todos, la Elegida — Pero nunca regresó.

    — Mirko Admir era un gran hombre y un mejor general de las tropas sylerianas — Añadió Om, al parecer, porque era un referente para aquellos sylerianos que se forjaban cómo soldados.

    — Según los registros de datos, nuestro ejército la derribó justo antes de que activarais el lanzamiento de vuestra bomba — Continuaba explicando Reeda — Volviendo al pasado reciente, el Supremo activó esa bomba y la lanzó... contra el cúmulo en el que vivía la humanidad, acabando con la mayor cantidad de humanos y convirtiendo a aquellos que se instalaron en Neonia, en los únicos supervivientes.

    — Siento mucho eso, de verdad — Hylda se mostró realmente consternada ante la mirada de Lill, West y Etyah, los tres humanos allí presentes — Todos hemos perdido algo por lo que veo.

    — Efectivamente, Elegida — Murmuró el comandante Crane, que decidió tomar la palabra — Han pasado cinco años de aquel acontecimiento al que los humanos llamamos Colapso y a día de hoy, aún tenemos secuelas por ello, porque perder tu hogar para siempre no es nada sencillo de asumir.

    — Lo entiendo completamente, comandante Lill Crane — Murmuró la líder syleriana, asintiendo — En nombre de los sylerianos, déjame decirte que, si vuestras intenciones son tan nobles y pacíficas cómo parecen ser, la humanidad será una fuerte aliada nuestra.

    — En nombre de la humanidad, agradezco tu propuesta y precisamente de ello quería hablarle, Elegida — Proseguía Lill — Tras dicho acontecimiento que acabo de mencionar, mí especie se dividió en dos bandos: la mayoría decidió unirse definitivamente a los neonianos y la minoría optó por culparles de lo sucedido. Aquello derivó en una guerra que hasta hace pocos días ocurría entre nosotros mismos por el pensamiento diferente de cada uno, hasta que de pronto, otra especie inteligente nos lanzó unas cápsulas somníferas para obtener el control del planeta. A día de hoy, mí tripulación son los únicos que han logrado escapar a estos seres que se hacen llamar Anixis, quiénes dicen mantener bajo su control al resto de la población, en Neonia. Mí propuesta es, que los sylerianos se unan a la humanidad y a los neonianos en la lucha por liberarse del yugo de esta nueva especie dominante.

    — ¿Otra guerra? ¿Acaso no hemos tenido suficiente? — Om Paokt se mostró negacionista ante la propuesta del líder humano — Cómo protector tuyo, Elegida, desapruebo ésta alianza pues comenzaría con un pacto de guerra.

    — Silencio, Om — Hylda fue tajante con su protector mientras centró su mirada penetrante en Lill — ¿Qué beneficio recibirían los sylerianos a cambio de apoyo en una guerra de la que necesitaremos más detalles antes de iniciar?

    — Aparte de la alianza de humanos, neonianos y sylerianos que fortalecería más si cabe a nuestras especies con comercio y demás, obtendríais una colonia en Neonia — La propuesta del comandante humano dejó perplejos a todos los presentes en la sala, tanto a los dos sylerianos cómo a su propio grupo — Aquí en Syleria no estáis mal, lo he visto pero, ¿de verdad queréis vivir para siempre rodeados de contaminación y encerrados en una ciudad cuando podríais convivir con especies aliadas en un planeta vibrante y repleto de vida? Podríamos convertir Neonia en un centro de diversidad cultural de cara a encuentros con futuras especies si estas son pacíficas. ¿Por qué negarse a eso? ¿Por qué rechazar un futuro en comunión con otros y de beneficio mutuo? Sovaam significa próspero en mí idioma. Si de verdad queréis prosperidad... esta es la oportunidad. Seremos una unión perfecta.

    Hylda parecía absorta en sí misma mientras que Om se mostraba indiferente a las palabras del humano. Para sorpresa de Lill y los suyos, la Elegida no lo pensó mucho tiempo.

    — Humanos, neonianos y sylerianos colaboraremos en un futuro próspero — Indicó la líder Hylda Admir, provocando las sonrisas en los miembros de la Arcadia y la incredulidad en Om, qué se aproximó a su líder para pedir explicaciones.

    — ¿Por qué decides esto, Hylda? — El syleriano se mostraba preocupado — ¿Qué crees que pensará nuestra gente?

    — Nuestra gente está harta de vivir encerrada en una cúpula, Om — Le recriminó la líder syleriana — Cuando tomé el testigo de mí padre cómo Elegida, juré que sacaría a los nuestros de éste lugar con el fin de poblar otros mundos, expandirnos y volver a crecer... de la mano de los humanos, podemos hacerlo.

    — ¿Y de verdad vamos a confiar en los neonianos? ¿Así sin más y después de todo lo vivido?

    — Los humanos muestran una nobleza, confianza y seguridad que me recuerda a nuestros antepasados cuando conocieron a los neonianos — Explicaba la Elegida — Creo que pueden ser unos buenos aliados, pero aún así, vamos a tener que vigilarles, especialmente a los neonianos.

    — ¿Cómo pretendes hacer eso, Hylda?

    — Vas a ser nuestro emisario, Om — Respondió la syleriana mientras acariciaba el rostro de su protector — Serás el representante de los sylerianos en su territorio. Obsérvalo todo, asegúrate de que esos Anixis son un peligro, comprueba que no mienten y si vuelves sano con la convicción de que son aliados de confianza, Syleria enviará un destacamento de soldados a Neonia.

    — Maldición Hylda, ¿me pides que colabore con unos alienigenas que acabamos de conocer y con nuestros enemigos del pasado? — Paokt no estaba muy cómodo con la idea de enrolarse en la Arcadia — Espero que no nos arrepintamos.

    El comandante Crane y el grupo observaban en todo momento a ambos sylerianos, hasta que estos dejaron de hablar entre sí y levantaron la cabeza.

    — Comandante Lill Crane...

    — Por favor, llámame Lill.

    — Bien, Lill — Musitó Hylda — ¿Te importa que Om se una a tu tripulación? Él evaluará la situación que decís tener en Neonia con esos Anixis y una vez tengáis un plan, regresad y si convence a todas las partes, enviaremos parte del ejército syleriano a defender vuestro hogar... que también será el nuestro eventualmente.

    — No hay ningún problema, Om será bienvenido a la Arcadia — Respondió el comandante, recordando cuando Vanth se unió a la tripulación.

    — Bien, pues volvamos a vuestra nave y pongamos rumbo al cúmulo Neon — Indicó el syleriano Om Paokt mientras cogía el arma estándar de su especie — Pasaré por mí vivienda y cogeré mis pertenencias básicas.

    — Entendido — Musitó Lill, ante la mirada de Hylda, que se aproximó a él por primera vez en toda la conversación.

    — Si en menos de cuarenta días no recibo noticias de Om... — La líder syleriana se aproximó al oído del líder humano — Convertiré Neonia en el mismo yermo que es Syleria.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, amigo. Paso a comentar el capítulo.

    Mantengo las cosas que dije sobre los sylerianos en el capítulo anterior. Siento que su aparición aquí le quitó peso a la cruzada de El Supremo. Pero como dije, su concepto y su idea me parecía genial y tenía deseos de ver más de ellos. Este capítulo me ha dado eso. Y me ha gustado.

    A mi opinión, el primer capítulo sigue siendo el mejor, pero eso seguro es por haber encarado la trama desde la perspectiva de todos los personajes. Este capítulo lo pondría en el segundo lugar.

    Su narración, como viene pasando en toda la parte desde que empezó, me ha encantado. Todo está descrito y bien detallado en la medida justa. Ni se excede ni se queda corto. Con solo cinco capítulos, esta parte ya ha superado a la parte II, y está a muy poco de superar la parte III. Eso lo iré juzgando a medida que se avance. Creo que he visto un par de errores con las tildes, pero como leí el capítulo en celular y ahora comento en pc, no los podré identificar. Fuera de eso, no recuerdo haber visto nada grave.

    Yo tenía mucha curiosidad por saber cómo reaccionarían los sylerianos al recibir a los humanos, y más que nada porque una neoniana iba con ellos. Me imagino que para Reeda, habrá sido un momento de presión muy grande. Estar tú sola ante seres que casi fueron asesinados por tus antepasados, además sabiendo lo que ha pasado en casa, y sin contar con un grupo muy numeroso seguro habrá llenado de nervios a la neoniana. Me sorprendió la forma tan racional en la que han actuado Om y los demás. En este capítulo, Om me ha parecido más razonable que Ender y Deon Xom. Y estoy seguro de que cuando el padre de estos aparezca, tendrá el mismo efecto XD.

    No creí que los sylerianos podrían acceder tan fácilmente a una unión con humanos y neonianos, teniendo en cuenta que los neonianos han sido quienes dejaron su planeta en ese estado. Pero claramente Lill ha sabido cómo lidiar con ellos, ofreciéndoles un lugar para vivir y la oportunidad de convivir fue una maniobra que era bastante obvia que había que hacer, pero lo hizo bien. Honestamente, al ver a Lill siendo un simple cartógrafo en la parte I, no imaginé que él sería quien firmara un acuerdo como este. Lill, Jefferson y Naylon (estos dos últimos ya fallecidos) son los tres seres humanos más importantes de la historia. Jefferson condujo la primera expedición humana, Naylon estableció el contacto con los neonianos, y ahora Lill pactó una alianza entre humanos, neonianos o sylerianos. Mi personaje favorito es Lill, y esto que hizo me preocupa. Lo que hizo lo deja como el ser humano más importante (y no es porque sea mi favorito XD) de la historia al pactar una alianza entre neonianos y sylerianos. Pero si algo sale mal, y tengo el presentimiento que saldrá, los sylerianos atacarán Neonia, convirtiéndolo en un yermo como Syleria. Eso causará un conflicto con los sylerianos, neonianos e incluso humanos. Digo, había varios detractores de Naylon por haber entablado contacto con neonianos y provocar la destrucción del sistema solar. Si la alianza se va al carajo, las tres especies, y los Anixis también, por qué no, odiarán a Lill y se convertirá en el ser más odiado de la galaxia.

    En fin, solo espero que puedan proteger a Om. Porque un error con él provocaría que se ganaran otro enemigo. Muero de ganas por ver que Vanth descubra a Om y la verdad sobre los sylerianos; porque sylerianos y Anixis se conozcan, y por ver como se integran a la historia los neonianos criogenizados. Tengo dos teorías posibles. La primera es que Om morirá asesinado por los neonianos criogenizados y eso genere un conflicto entre sylerianos, anixis, humanos y neonianos por todos lados. Estoy seguro de que algo así podría suceder, conociéndote. La segunda sería que Om viera que los Anixis no son una amenaza y quiera usarlos como una oportunidad para salvar a su gente y vengarse de los neonianos, aprovechando el hecho de que los neonianos tienen a varios de los suyos criogenizados, apelando a eso para ganarse su favor.

    Me dio algo de tristeza enterarme que Arva va a tener mellizos. No por ella o por la noticia, sino porque Axlor sería feliz al enterarse que tendría a dos hijos a los que educar y criar. En fin, tú ya sabes que opino que eres un monstruo por lo que hiciste XD. Lo que ha dicho Cinthia de querer aportar más que solo ser médico me preocupa, y creo que está empezando a juntar números para la rifa del próximo personaje en morir XD. Ya veremos que ocurre.

    Sé que tienes tus problemas, pero me gustaría que, cuando pudieras y si no fuera mucha molestia, actualizaras la guía de personajes con todos los que están apareciendo ahora. Aunque calculo que estás esperando a que aparezca el padre de Deon y Ender y dar una introducción a los neonianos criogenizados antes de eso. Cuando puedas, no es algo tan urgente.

    Eso será todo por el momento. Hasta la próxima semana si hay suerte.
     
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    Manuvalk

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    Antes de dejaros con el capítulo, me gustaría agradecer a Reydelaperdicion por sus comentarios y por seguir la historia con atención y detalle. Dicho esto, también añadiré que ya está actualizada la guía de personajes con los nuevos que han aparecido en esta cuarta parte. Éste capítulo es exclusivo de los personajes que permanecen retenidos por los Anixis en la colonia de Promesa, espero que os guste.



    Recluidos







    Promesa se había convertido, casi sin darse cuenta, en una especie de campamento en vez de la ciudad que era y pretendía ser. Había puestos ambulantes de fruta y verdura que los nuevos dueños habían traído, otros vendían objetos y chatarra con la que algunos se atrevían a construir armas en secreto y la mayoría de ciudadanos se mostraban resignados ante el poder y control que imperaba por parte de la nueva especie inteligente. Las compuertas delantera y trasera que daban salida al exterior de la colonia estaban selladas por los Anixis, quiénes habían decidido que humanos y neonianos no salieran de las tres arcas en mucho tiempo.

    La vida en Neonia se había convertido en un bucle, una monotonía interminable con la única diferencia de que doce seres de otro planeta se encargaban del orden y seis drones lo hacían de la vigilancia. No había rincón, conducto ni pasadizo secreto que no hubiese sido investigado por los Anixis; ni vivienda, almacén, despacho o hangar que no hubieran hurgado en busca de cualquier cosa que pudiese provocar una revuelta. Había pasado una semana desde el encierro y salvo a unos pocos protestones e incentivadores, nadie se había atrevido a plantear en serio una manifestación.

    La humanidad y los neonianos vivían resignados, algunos incluso dando la razón a los recién llegados, a convivir recluidos bajo una especie inteligente que había demostrado hasta el momento una cierta superioridad, y de la que se sabía tan poco, que inquietaba el hecho de que tuviese más potencial u otras intenciones secretas de las que nadie supiese. Los Anixis habían sabido instalar el miedo a su presencia en la ciudadanía de Promesa, respetando su famoso código de paz y equilibrio sin romper ninguna norma impuesta ni no impuesta, temiendo que los alienigenas se exaltaran e iniciaran una purga con toda la población atrapada en una sola zona.

    Snow avanzaba por la siempre transitada —especialmente desde el control de los Anixis— avenida de Promesa, que era la calle que conectaba las tres arcas y las convertían en una única ciudad. Era sorprendente el cambio que había dado la mujer en tan solo unos días, vestida con un uniforme de gobernadora grisáceo con líneas blancas por los bordes que le cubría más allá de las rodillas y unas botas oscuras que resonaban con fuerza a cada paso que daba, un rostro más aún resaltado por algo de maquillaje y un peinado extravagante con el pelo recogido justo en la coronilla. Ahora esa imagen era muy distinta, con la gobernadora Carver vestida con pantalones vaqueros, un suéter rojo claro con las mangas más largas que sus propios brazos y unos zapatos desgastados e informales de color blanco. Pese a ello, era una mujer muy bonita y atractiva físicamente, por lo que la falta de maquillaje no la afeaba en los más mínimo, pues sus ojos verdes captaban la atención de todos con quiénes hablara y el peinado extravagante había dejado paso a una coleta que le daba un aspecto más guerrero.

    Ese notable cambio en el aspecto no hizo que algunos de sus conciudadanos la reconocieran y mostraran, algunas más y algunos menos o nada, alegría de verla con vida tras la guerra contra la Resistencia y la llegada de los Anixis, sino la mirada dura y seria que la hija del fallecido Eduard Carver siempre ponía cada vez que la situación apretaba la soga en el cuello. No muy pocos, pues Snow Carver era reconocida por ser una de los Viajeros y por ser la actual gobernadora de la humanidad —aunque no tuviese poder sobre nada— y eso la hacía reconocible incluso con las pintas que llevaba.

    — ¡Mirad, es la gobernadora Carver! — Se escuchaba entre los murmullos de la muchedumbre.

    — Espero que usted y sus amigos tengan un plan para librarnos de esos alienigenas dominantes de mierda, gobernadora — Dijo un hombre de aspecto imponente, barba poblada y apenas pelo en su cabeza.

    Snow le dirigió la mirada pero no hizo ninguna mueca de nerviosismo o miedo, cosa que descolocó al hombre, quién permaneció mirándola muy sorprendido por no haber influido esa temeridad que pretendía en la líder humana. Tras ella avanzaba el subcomandante Tanner, fiel protector de la gobernadora y quién era ya considerado parte de la familia por la propia Snow y Lill.

    — El plan es que cierres la puta boca, amigo — Pese al aspecto decrépito de Eron, su fuerza no era cuestionable — Se hará lo que se pueda y cuando se pueda, la gobernadora no es la niñera de nadie, solo de su hija.

    — ¿Y dónde mierda está su hija? — Aquel hombre se encaró con el subcomandante Tanner, algo que hizo que la propia gobernadora y Ashley, quién también les acompañaba, dejaran de andar hacia delante — Porque no la veo muy preocupada de no tenerla con ella.

    — Eron, no merece la pena — Musitó la soldado Ripley, tratando de evitar una pelea absurda y de que el subcomandante no revelara que la Arcadia logró salir del Sector 0, pues podría dar lugar a malinterpretaciones — Nos están observando.

    Aquel círculo de humanos alzó la vista y vieron cómo uno de los drones se encontraba observando a cierta distancia lo que ocurría. El aparato podría llamar a los soldados Anixis en cualquier momento si se sucedía una pelea, cosa que no podría acabar muy bien para los protagonistas de ese combate sin sentido. Dicho dron emitía la imagen en directo para la base espacial en órbita que tenían estos seres, desde dónde se mantenían al tanto de lo que ocurría en Promesa.

    En un pequeño cuadrículo pintado de oscuro y con una luz tenue que daba un ambiente algo tétrico al cuarto, Ender Xom, ya llegado de Vulkano tras el encuentro con Lill Crane y el resto de la tripulación de la Arcadia, observaba hasta seis monitores —la señal emitida por los drones de Promesa en directo— de los que llamaron su atención solo dos. En el primero se veía a Eron, Ashley y el hombre imponente rodeados de varias personas, observando fijamente al dron que hacía lo propio con ellos, al ver un posible conflicto y estar analizando la situación.

    — Humanos, siempre tan impulsivos y emocionales... — Dijo Haal, uno de los Anixis que estuvo en Vulkano y que ahora se encontraba de pie detrás de su superior, Ender — ¿Crees que las naves que ha enviado tu hermano alcancen a la Arcadia?

    — No lo sé, ni me importa — En el fondo, Ender no quería que las naves Anixis hubiesen atrapado o destruido a la tripulación de Arcadia — Ellos tomaron una decisión, mí hermano tomó otra.

    — La decisión de ese comandante Crane fue estúpida — Respondió el Anixis que estaba de pie — Les ofrecimos traerles aquí, sin riesgo alguno, pero han preferido tentar a la suerte y a tu hermano Deon. Y conociendo a tu hermano... no le habrá gustado en absoluto esa rebeldía.

    — Mí hermano es cómo mí padre, siempre han sido extremadamente autoritarios — Indicó Ender, quién se percató de que parpadeaba un aparato de la mesa que indicaba que estaba recibiendo una llamada — Nuestra atención está aquí, en Neonia. Lo de fuera no nos incumbe a nosotros.

    — Somos los mejores de los nuestros, Ender — Murmuró Haal, dispuesto a marcharse — Y lo digo en ambos sentidos, tú me entiendes.

    Ender se esperó a que su compañero y mano derecha llamado Haal, saliera del pequeño cuarto para así activar la llamada. Las pantallas de los monitores en directo de Promesa pasaron a un segundo plano, mostrándose las seis señales de los drones en una única pantalla que los dividía mientras el resto de pantallas mostraban a otro Anixis en lo que parecía ser una extensa sala con el fondo borroso pero que indicaba que se encontraba en algún planeta.

    Hijo — Musitó aquel Anixis al otro lado de la llamada y en directo en las pantallas — Esperaba encontrarme con Deon.

    — Él ha decidido quedarse un tiempo en la superficie de Neonia para controlar el rebaño de humanos y neonianos que tenemos en su propia colonia — Ender lo dijo todo con cierta desaprobación, cosa que notó su padre.

    Me he cansado de repetírtelo más veces, Ender, tú hermano lo entiende y tú no — Le recriminó su padre — Has visto lo que han hecho, tienen lo que se merecen... aún teniendo mucha más suerte que nosotros, mira cómo se portaban entre sí... les hemos salvado.

    — Mí idea de salvarles era muy diferente — Ender contraatacó con su respuesta, pero decidió cambiar de tema para no enfadar a su padre — Dígame, Emperador Xom, ¿qué mensaje quiere que le dirija a Deon?

    Desde mí posición, hemos detectado movimiento en el sector X-01, concretamente en Xhander — Explicaba el líder de los Anixis, el Emperador Xom — Dile que las naves que envió para detener la Arcadia de Lill Crane han fracasado, están destruidas en el limbo y ellos han escapado, encontrándose actualmente en el cúmulo Syler.

    — Le remitiré tú mensaje, padre — Musitó Ender, deseando cortar la conexión — ¿Algo más?

    Dile que le quiero.

    Ender cortó rápidamente la conexión y las pantallas volvieron a obtener cada una la señal de cada dron que se encontraba en Promesa. El Anixis permaneció pensativo y algo molesto por las últimas palabras de su padre, quién no dejaba de demostrar una y otra vez que admiraba a su hermano Deon por encima suya. Frustrado por ello pero también resignado, el ser inició la llamada con su hermano, que se encontraba en la colonia de Promesa. Mientras la llamada hacía contacto, Ender se quedó observando uno de los monitores, en los que se veía un grupo de niños neonianos junto a uno adulto.

    — Vanth, tenemos miedo de esa cosa — Los niños neonianos señalaban al dron que los estaba observando a cierta distancia — Nos recuerdan a los Rhajik rojos y tenemos pesadillas.

    — No os preocupéis por ese dron, si no provocamos altercados, no nos hará nada — Respondió el líder de los neonianos, mientras se volteaba de nuevo hacia el dron, con el ceño fruncido y la mirada penetrante y llena de ira hacia el aparato.

    En ese instante, la puerta se abrió a un lado para dar paso a una joven neoniana. Algunos de los niños corrieron a abrazarla mientras ésta se aproximaba hacia Vanth.

    — La gobernadora Carver y dos de sus acompañantes te esperan fuera.

    — ¿Qué quieren?

    — Hablar contigo.

    — Está bien.

    Tras lanzar un largo suspiro de desesperación y agobio, el neoniano salió del cuarto en el que se encontraban unos doce niños y con los que se quedó aquella joven neoniana. Dheer cruzó una estrecha calle en la que se encontraban la mayoría del resto de los de su especie, sentados a los lados con visible tristeza o realizando ejercicios para no perder la forma. Al final del callejón, el trío humano le esperaba.

    — Vanth — Murmuró Snow, saludándolo al estilo neoniano — Tenemos que hablar.

    — ¿Sobre qué? — Preguntó el neoniano, que pese a hacerse una idea, tenía la esperanza de que fuera otra cosa.

    — Idear un plan de huida — Respondió la gobernadora, provocando la resignación en Vanth.

    — ¿Acaso no ves cómo estamos? — Dheer miraba a su alrededor — Snow, tengo a mí gente deprimida y desnutrida porque esos Anixis de mierda apenas nos traen comida para nosotros y la comida humana no toda nos sienta bien.

    — Huir de aquí sería una forma de ayudarles, porque buscaríamos cómo atacar a esos Anixis — Intervino Ashley.

    — Estoy intentando mantener a los míos unidos, ¿sabes?

    — Vanth, no podemos quedarnos así para siempre, ¿lo entiendes? — Eron trataba de convencerle para que se uniera al complot.

    — ¿Entendéis vosotros mí situación o solo estáis pensando en la vuestra? — Vanth se mostraba serio — Apenas somos cien neonianos junto a casi seiscientos mil humanos, encerrados en el mismo sitio. Solo porque la guerra con la Resistencia se haya interrumpido, no significa que aún no haya miembros suyos que esperen la mínima oportunidad para dejarnos sin la poca comida que nos proporcionan esos seres que nos controlan. Simplemente, no puedo abandonarles. Además, hay unos pocos fuera de aquí y algunos se fueron con la Arcadia según tú, ¿no? — El neoniano se refería a Snow — Pues entonces seamos pacientes, ellos regresarán con la intención de sacarnos de aquí. Esto no es cómo cuando La Unión protegía a los míos y yo iba con vosotros en la Arcadia. Es distinto... hace mucho que lo es.

    El neoniano permaneció allí durante unos segundos y acto seguido se volvió por el callejón repleto de neonianos. Snow, Ash y Eron comprendían la situación pero creían que Vanth debía arriesgarse por los suyos en vez de permanecer a la espera de algún milagro o de la llegada del grupo de la Arcadia, que sin una buena ventaja u oportunidad de atacar a los Anixis, no aparecería.

    — Esperadme aquí, hablaré a solas con él — Indicó la gobernadora Carver a sus dos acompañantes mientras seguía al líder neoniano por el callejón.

    Vanth llegó al final de dicho callejón y se metió en la vivienda dónde la docena de niños permanecía vigilada y protegida por varios neonianos. Tras él entró Snow, acaparando las miradas de todos los presentes.

    — Vanth, sea lo que sea que tengáis que hablar, hacedlo fuera — Le recriminó una de las neonianas, pues no quería que los niños obtuvieran información que les preocupara.

    Dheer asintió y le indicó con calma a la humana que saliera del lugar mientras él la seguía. Una vez fuera y a escasos metros de la puerta, además sin nadie a su alrededor más próximo, ambos líderes iniciaron una conversación más por insistencia de la mujer que por otra cosa.

    — No voy a participar en lo que sea que tengáis en mente, Snow — Dijo el neoniano de primeras — Ya conoces mí postura, pero considerando que tengo tiempo de sobra, te dejaré intentar convencerme.

    — No pretendo convencerte, Vanth — Respondió la gobernadora Carver con seriedad — Necesito que nos ayudes.

    — ¿Cómo? ¿Cuál es vuestro plan?

    — Eron, Ash y yo hemos decidido que lo mejor será provocar una distracción que haga que los drones y los Anixis se centren en ello mientras nosotros escapamos por uno de los conductos residuales que dan al exterior de Promesa — Explicaba Snow — Cómo no vas a venir con nosotros, tú papel será informarnos por canal privado de radio, todo lo que esté ocurriendo durante nuestra huida, por si somos detectados.

    — Si lo que queréis es que sea vuestros ojos mientras salís de aquí, podéis contar conmigo — Murmuró Vanth, dispuesto a ayudar mínimamente — ¿Y cómo vais a provocar esa... distracción?

    — Es la parte fácil, basta con cabrear al tipo idóneo y... bueno, ven con nosotros para colocarte en posición.

    Mientras Snow y Vanth ultimaban ciertos detalles del plan y el apoyo del neoniano en éste, el subcomandante Tanner y la ex líder de la Resistencia, Ripley, conversaban frente al callejón repleto de neonianos a la espera de que la gobernadora regresara con o sin el líder de estos.

    — ¿Cómo conociste a Lill y Snow? — Preguntó Ashley de forma repentina — Te veo muy unido a ellos.

    — ¿A qué viene esa pregunta ahora? — Eron no se esperaba para nada que la conversación comenzase por ahí.

    — Apenas nos conocemos pero tenemos amigos en común, tan solo quería saber.

    — Fue tras la victoria de Snow en las elecciones a gobernador. Cuando ella tomó el mando, todos los soldados tuvimos que reportarnos de nuevo, mostrar nuestros expedientes y jurar compromiso a la nueva gobernadora — Explicaba Eron ante la total atención de la mujer — Primero conocí a Lill, quién fue nombrado comandante por su propia mujer. Él tuvo entrevistas con varios soldados con el fin de que alguno fuera su subcomandante, y terminé siendo yo.

    — ¿Tienes un buen expediente militar? — Preguntó Ripley con curiosidad.

    — Bueno, no he formado parte de los Viajeros cómo tú, pero tengo mí experiencia, claro.

    — ¿Y fue así cómo te hiciste amigo de la pareja?

    — Así es, especialmente con Lill — Musitó Eron, que de pronto alzó la mirada a la cristalera por la entraba la luz solar y se veía el cielo — Es cómo un hermano para mí, espero que esté a salvo ahí fuera y regrese con algo que nos pueda ayudar a quitarnos a esos Anixis de encima.

    — Pues si los hubieras conocido a ambos cuando lo hice yo... — Murmuraba Ashley — Nadie juraría que tiempo después se convertirían en gobernadora y comandante de la humanidad.

    — Supongo que ellos tampoco se esperarían que tú y otros de sus amigos os unierais a la Resistencia — Dijo Eron, lanzando una indirecta que la mujer detectó perfectamente.

    — Lo sé, supongo que todos cambiamos con el tiempo.

    — Constantemente — Musitó el subcomandante, que se percató de que Snow y Vanth regresaban — Ahí vienen.

    — Vanth ya está al tanto del plan y va a ayudarnos — Dijo Snow una vez llegó a sus compañeros — Voy a dirigirme al callejón donde se encuentra el conducto que vamos a usar, Vanth se colocará en uno de los balcones de las viviendas que tenemos enfrente. Ash, conmigo; Eron, ya sabes lo que tienes que hacer. Mucho cuidado. Frecuencia de radio privada número 038G.

    — Lo tendré — Musitó Tanner, colocando dicha frecuencia en su radio y dirigiéndose a la zona donde anteriormente tuvo un pequeño altercado con aquel famoso hombre imponente.

    — Vamos — Indicó Ashley, moviéndose hacia el callejón donde se encontraba el conducto residual.

    — Os estaré observando desde ahí arriba para daros cualquier información — Añadió Dheer mientras se iba — Mucha suerte.

    Cada uno se colocaba en sus respectivas posiciones y esperaban a la señal de la gobernadora, que cuando supo que todos estaban listos, dio la orden. Vanth había entrado a una casa que no era la suya pero que por suerte estaba vacía en ese momento, por lo que deberían darse prisa antes de que el dueño se encontrara con un neoniano en su hogar, asomado a su balcón.

    Snow comenzó a abrir la tapa que daba acceso al interior del conducto residual —era como un alcantarillado y el conducto era residual, básicamente por dónde se movían los excrementos de toda la población— mientras Ashley se aseguraba de que nadie interfería en ello o las pillaba tratando de huir.

    Eron se aproximó al tipo con el que rato antes tuvo un rifirrafe. Aquel hombre calvo pero con mucha barba y una altura de dos metros limpios no se lo pensó dos veces y clavó su mirada en el subcomandante, que se colocó frente a él con aires de superioridad.

    — Amigo, se me ha olvidado preguntarte algo antes — Comenzó diciendo Eron — ¿Tienes un plan para esa cara fea que tienes? Porque si no es así, estoy seguro de que los Anixis te pueden ayudar. Quiero decir, ellos esconden su aspecto con conciencia y creo que debe ser por lo mismo que tú también deberías. Es solo un consejo.

    — ¿Te crees gracioso? — Aquel hombre se aproximó a Tanner con un visible enfado, tomándolo del cuello.

    — Vale vale, perdona — Murmuraba Eron con la mano apretándole el cuello — Fue ese tipo, me ha ofrecido comida para tres días si venía a decirte esto.

    — ¿Esperas que me lo crea? — El tipo empujó a Eron contra un puesto de fruta, provocando que toda se desparramara por el suelo y la gente comenzara a cogerla indiscriminadamente.

    — ¡Maldito idiota! — El dueño del puesto, un hombre de condiciones similares al tipo que empujó a Eron, vio lo que había ocurrido — ¡Vas a pagarme esto, hijo de perra!

    Pese a que el plan no le había salido cómo inicialmente Eron quería, que era básicamente señalar a alguien que no tenía culpa de nada, soltar la argucia y esperar que el tipo le creyera, todo estaba saliendo sobre ruedas. Entre la muchedumbre que se amontonó en la zona para recolectar toda la fruta posible e incluso pelearse por ella, el dueño del puesto y el hombre imponente se enzarzaron en una pelea intensa que no tardó en llamar la atención de los drones y del soldado Anixis encargado de esa área de Promesa.

    Vanth observaba cómo Eron se escabullía de la zona mientras la intensidad de la pelea atraía a más ciudadanos y ello provocaba mayores tensiones e incluso nuevas disputas. Dos drones rodeaban el lugar y el Anixis allí presente comenzó a avisar por radio a algunos de sus compañeros, que no tardaron más de un minuto en llegar, pues sus trajes parecían portar algo parecido a un reactor de cohete en la espalda y resultaba ser un propulsor, lo que les facilitaba llegar de un sitio a otro mediante saltos.

    — Todo marcha según lo previsto — Indicó el neoniano, que desde una posición privilegiada, observaba cómo el trío ya se encontraba bajando por el conducto residual y la revuelta generaba más problemas — Mucha suerte, amigos.

    Vanth se dio la vuelta para regresar por dónde había venido cuando de pronto recibió un contundente golpe en la frente, pues el dueño de la casa le acababa de golpear con el extintor que tenía en su propia vivienda. Mientras el neoniano recobraba el equilibrio, el humano se aproximaba a él con mucha rabia contenida.

    — Nunca había tenido un neoniano tan cerca y sienta muy bien golpearle — Indicó el hombre, de no más de cuarenta años y unos harapos cómo ropa — Viva la Resistencia, alienigena.

    El humano se dispuso a golpearle en la cabeza pero Dheer le pateó las piernas y lo derribó. Sin embargo, el hombre se incorporó casi al mismo tiempo que el neoniano y en un ataque de ira se lanzó contra él para placarlo. Vanth reaccionó sorprendentemente rápido pese a estar aturdido y colocó su pierna izquierda de forma que éste tuviera una zancadilla, precipitándose al balcón y cayendo por éste. Los gritos del exterior auguraban que el golpe de ese humano contra el suelo había sido letal, por lo que el líder neoniano, con sangre en su frente, supo que debía salir rápidamente de allí sin ser detectado.

    Snow, Ashley y Eron avanzaban por el interior del sucio conducto residual, teniendo que sufrir el potente olor a excremento y meado de los suyos y muy probablemente de los neonianos e inclusive de los Anixis allí presentes. No obstante, el sufrimiento nasal no sería muy largo pues la luz al final del túnel se hacía cada vez más grande. En silencio, el trío salió de dicho conducto al exterior, respirando un aire más puro que el de dentro. Sin embargo, los pensamientos de alivio se vieron contrastados con las palabras de Eron, que se encontraba observando algo frente a ellos.

    — No puede ser — Dijo, mientras sus compañeras veían a qué se refería — Estamos atrapados.

    Efectivamente, frente al trío, había una barrera muy visible que parecía rodear las tres arcas que conformaban Promesa, convirtiéndola en una auténtica prisión. Varios pilares se unían con otros mediante paneles eléctricos que, si eran tocados, descargaban una cantidad incesante de voltios hasta provocar la muerte.

    — Entonces, ¿no hay salida? — Ashley se sentía abatida.

    — ¡Debe haber una manera de desactivar eso! — Snow no quería rendirse sin más — ¡Podría...!

    — ¡Snow, no te acerques! — Exclamo Eron, interceptándola para evitar que trastease con uno de los pilares que daban energía a la barrera — No sabes cómo funciona.

    — ¡Pero merece la pena intentarlo! — Exclamo la gobernadora Carver, al borde de las lágrimas — ¡Por favor, mí hija y mí marido están ahí fuera!

    — No hay manera de encontrarlos, Snow, lo sabes — Murmuró el subcomandante Tanner, quién vio como del tejado de Promesa saltaban varios Anixis con sus propulsores y les rodeaban — No podemos hacer nada.

    El trío no portaba armas consigo porque en Promesa todas habían sido requisadas por los Anixis, por lo que se encontraban en clara desventaja. Cinco de esos seres les rodearon, apuntando con sus armas mientras uno de ellos se aproximaba a Ashley, con las manos levantadas, y Eron abrazaba a una desconsolada Snow.

    — Muy osado vuestro plan, pero supongo que no contabais con esto — Dijo Deon, el Anixis al mando del puesto — Nosotros siempre vamos un paso por delante; humanos, estáis recluidos aquí. Asumirlo es más difícil que la muerte, pero siempre estáis a tiempo.

    — ¿A tiempo de vivir cómo animales enjaulados? — Ashley quiso plantar cara al líder Anixis, cosa que no le sentó bien a éste, golpeándola con la mano abierta y derribándola.

    — Los animales enjaulados son incluso seres mejores que vosotros — Deon Xom no mostraba su expresión pero en sus palabras se notaba el desprecio a la humanidad — Llevadlos a las celdas, allí evaluaremos que hacer con ellos.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, amigo, voy a ponerme a comentar este capítulo. Está siendo bastante interesante ver estos capítulos donde se nos muestra a un grupo sí y a otro grupo no. Ver el avance de la trama desde diferentes puntos de vista es genial.

    Primero que nada, agradezco que ya hayas actualizado la guía de los personajes. Venía haciendo falta con la inclusión de tantos personajes en estos capítulos. Señalaré los errores primero.

    En esta parte

    Estás explicando el concepto de "conducto residual" utilizando la propia palabra para eso. Creo que con simplemente poner que era un alcantarillado ya era suficiente.

    Otra cosa que noté, y también en algunos capítulos anteriores, es que siempre que aparece un "mi" o un "tu", le pones tilde. A veces van, y a veces no. "Mi" lleva tilde cuando se usa en una frase como "conduce hacia mí", y no cuando se indica posesión. Por ejemplo "mi padre" va sin tilde. "Tu" es el mismo caso. Cuando se habla de la persona, ejemplo "según tú" lleva tilde. Cuando se habla de posesión no lleva. Por ejemplo "tu hermano".

    Eso se ha repetido a lo largo del capítulo. En capítulos anteriores también pasó, pero en este fue demasiado notorio.

    Con eso dejado de lado, voy al capítulo.

    Tengo que decir que me asombré bastante con lo que se mostró. Creí que los Anixis establecerían un dominio dictatorial sobre Neonia, pero pensé que sería más ligero. Esperaba que simplemente no los dejaran salir de su planeta, y no que simplemente los encerraran en Promesa sin dejarlos salir de allí. Fue más excesivo de lo que pensé, y eso me gusta. Indica que ahora ellos mandan, y que su vida no será normal.

    Sorprende bastante que Snow tenga a Ashley como ayudante. Entiendo que Amina haya muerto, y que Lill, Cinthia y West no estén en el planeta, pero me sigue sorprendiendo que ella haya aceptado a alguien de la Resistencia, justamente quien fue su líder por mucho tiempo, como su ayudante. Claramente, no esperaba que fuera dejada de lado por un personaje nuevo, pero igualmente sorprendió que lo hiciera tan rápido. Hablando de Ashley, ella siempre me ha parecido un personaje que ha tenido un potencial gigantesco, pero que, dicho potencial nunca pudo explotar para convertirla en alguien relevante. En la parte I, ella se decide a luchar contra los Rhajik pero al poco tiempo después, la guerra termina y los héroes de la misma fueron Jefferson y Kyllian. En la parte II, ella se vuelve la comandante, pero antes de siquiera tener una misión, el Supremo borra el Sistema Solar y ella se retira. En la parte III, ella era la líder de la Resistencia, pero al poco tiempo Guy y Marlo la derrocaron. Siempre que ella parece que tendrá gran relevancia en la trama de la historia, otros personajes se roban su oportunidad. Sé que esta parte IV apenas empieza, pero ella no ha dado indicios de que fuera a hacer algo importante. Y quizá ese sea el twist del año. En las tres partes anteriores ella parecía que iba a hacer algo importante pero no lo logró. En esta parte, ella no parece que hará algo importante, pero si lo hace, sería un movimiento redondo de tu parte. Sé que tienes todos tus capítulos escritos para esta parte, así que será muy fácil de juzgarlo cuando llegue el momento.

    Por otro lado, parece que Vanth está en una posición comprometida. Él debe ser el primer representante que tiene que liderar a su tribu en medio de una dictadura. Le ha tocado el peor momento posible, y se nota que no lo está pudiendo llevar a cabo. Pero la situación es grave, y es comprensible. Al final, ha decidido ayudar a sus compañeros siempre que no involucre ensuciarse las manos. Quizá eso cambie pronto. Me pregunto si tendrá problemas por haber asesinado a su agresor, pero tratándose de una caída, los demás podrían ver y juzgar las imágenes como un suicidio cometido por dicho hombre. Lo que ha hecho aquel tipo revela que la Resistencia sigue pese a que no tiene a ninguno de sus 3 líderes al frente. Sun está ausente, Ashley está aliada con Snow, y Guy está muerto. Ninguno de los tres está para liderarlos, y ellos siguen ahí. Me pregunto si seguirán manteniendo reuniones secretas o simplemente aquel hombre sea el único loco de ellos que queda. Con todos los puntos que estás pensando en esta parte, además de cómo están distribuidos los personajes, dudo mucho que la Resistencia siga existiendo. Pero no cierro la puerta a nada.

    Ha sido algo duro, aunque se pudo describir mejor, ver como Snow sufre por no poder escapar y sabiendo que Lill y Gina están fuera de Neonia y que no tiene forma ni de contactarse con ellos para saber si están bien. Quiero decir, son las dos personas más importantes para ella, y en medio de una guerra civil, unos seres extraños salieron del espacio le instauraron una dictadura, lo que provocó que no pueda saber de ellos. Deon descubrió su intento de escape y ciertamente, los va a castigar. Espero que no les pase nada a ninguno de los tres. La charla de Ender con Haal y su padre, que es el emperador de todos ellos, hacen notar que él no está al cien por ciento de acuerdo con lo que está ocurriendo. Sé que no habrías planteado eso si no fuera para que Ender hiciera algo. Tengo el presentimiento de que él, harto de los métodos de su padre y de que no lo tome en cuenta, esté esperando una oportunidad para hacer algo y volverse en su contra. Me da curiosidad saber que tipo de ideas tendría él. Luego de sus diálogos, se nota que él es el más razonable de los Anixis, y que no se quedará quieto. A ver que sale de ahí.

    Eso será todo por ahora. Saludos y hasta la próxima.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros IV: Seres superiores
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    Con este capítulo llegamos al ecuador de la cuarta parte de Los Viajeros, que consta de catorce capítulos en total. Quiero agradecer de nuevo a Reydelaperdicion por sus comentarios y por remarcarme los errores de ortografía. Intentaré en la medida de lo posible evitarlos. Sin más que añadir, os dejaré con la lectura.




    Utopía







    El comandante Lill Crane aguardaba a que Om Paokt, el soldado syleriano y protector de la Elegida —la líder syleriana— llamada Hylda Admir, recogiera sus principales pertenencias para enrolarse en la Arcadia cómo representante de los suyos, con el fin de conocer la situación de la humanidad y los neonianos de primera mano. Junto al líder humano, se encontraban el ingeniero Westley Finn, el joven soldado Etyah Preston, la joven neoniana Reeda Klamp y la máquina Super Rhajik llamada Zyon. La piloto Arva Tidder y la doctora Cinthia Marlow esperaban a su grupo a bordo de la nave.

    Durante la espera, el grupo observaba su alrededor, quedando prendados de la arquitectura syleriana, con edificios cómo el que acababan de visitar que contenía más de treinta plantas, siendo éste el más alto. No obstante y al margen de la largaria de las construcciones sylerianas, también se podía apreciar el aspecto laberíntico de la ciudad, que vista desde el cielo debería parecer un patrón de números y letras juntas, además de una iluminación prácticamente idéntica a la de Oslo, ciudad y sede de La Unión en la Tierra cuando aún existía. Lo triste de Sovaam, era que en el cielo no se podían ver las estrellas, debido a la carga de toxicidad en el aire, por lo que la noche era completamente oscura si alzabas la cabeza.

    Los ciudadanos sylerianos que daban vida a aquella ciudad, no dejaban de mirar a los tripulantes de la Arcadia que frente a la vivienda de Om, esperaban a que éste saliera. Sin embargo, apenas se atrevían a acercarse, primero porque eran alienigenas y segundo porque cuatro soldados acompañaban al grupo, garantizando su seguridad y cómo guías que los sacarían de Sovaam hasta llevarlos a su nave. Finalmente, tras cinco largos minutos que fueron más largos para unos que para otros, el que sería representante syleriano de cara al resto de los humanos y neonianos, salió de su vivienda particular con lo que parecía ser una bolsa de viaje relativamente pequeña.

    — ¿Seguro que lo tienes todo? — Le preguntó West, sorprendido al ver una bolsa tan pequeña para un viaje de diez días y vete a saber cuanto más tiempo en Neonia.

    — Tengo lo que necesito — Respondió el syleriano con firmeza — Prosigamos con nuestra andadura.

    Mientras se colocaban al frente dos de los soldados sylerianos que acompañaban al grupo con el fin de indicarles el camino de regreso a la Arcadia, los otros dos permanecían en la retaguardia, cosa que inquietaba a más de uno.

    — Parece que vayan a llevarnos fuera de la ciudad para asesinarnos — Murmuró Etyah, incómodo con los dos sylerianos tras el grupo.

    — No digas tonterías — Le reprochó Reeda, sin querer darle importancia.

    Una vez el grupo al completo salió de Sovaam, pasando antes por la sala de descontaminación, la luz de sus calles se veía cada vez más distanciada conforme se adentraban en uno de tantos bosques en Syleria. El trayecto duraba media hora larga y más aún cuando debían subir por un acantilado, que por suerte contaba con un sendero, hasta llegar a la explanada en mitad de dos montañas rocosas con forma de sierra en sus puntas, lugar donde se tuvo el primer contacto y donde se hallaba el vehículo terrestre.

    — Nosotros os dejamos aquí — Indicó uno de los cuatro soldados sylerianos, que chocó el puño únicamente con Om a modo de despedida — Mucha suerte, protector.

    — Muchas gracias a todos, volveremos — Respondió Paokt con seriedad, volviéndose acto seguido hacia el comandante Crane — ¿Qué opinas de Sovaam... y de la Elegida, Lill?

    — Vuestra ciudad es preciosa y me recuerda a las ciudades de mi planeta natal — Respondió el comandante con sinceridad — La Elegida es... imponente, y parece que carismática.

    — Oh, lo es — Musitó el syleriano — No te preocupes por ello, una vez os ganéis nuestra confianza y nos demostréis ser unos buenos aliados, no la verás tan seria.

    — Si no confiáis en nosotros, ¿qué haces subiéndote con nosotros a una nave? — Preguntó West con cierta molestia tras las palabras del syleriano.

    — Para conoceros mejor, conocer vuestra situación y confirmar la veracidad de vuestra historia — Dijo Om, mostrándose ahora más serio — Así os ganaréis mi confianza y la de los míos. Aquí soy yo el que corre más riesgos.

    — Si tú lo dices... — Añadió el ingeniero humano, indiferente con la respuesta del alienigena.

    — Hablaremos más cómodamente en la Arcadia — Intervino Lill, subiendo al asiento del conductor — Subid al vehículo.

    Dicho y hecho, el grupo obedeció al comandante Crane, que con todos en el vehículo todoterreno, puso rumbo a la ubicación exacta en la que se encontraba su nave. En apenas quince minutos ya habían llegado, por lo que avisaron por radio a sus compañeras para que abrieran la compuerta que diese paso al grupo en el vehículo.

    — ¿Arva? Aquí el comandante Crane, estamos en la compuerta de entrada.

    ¿Estáis todos bien? ¿Qué ha ocurrido?

    — Todos a salvo, perdonad por no contactar, ha sido complicado. Os lo explicaremos ahora.

    Entendido, comandante.

    La compuerta se abrió y Lill condujo el vehículo terrestre hasta el pequeño hangar de la Arcadia, que contaba también con una lanzadera. Una vez dentro, dicha compuerta se cerró y el grupo salió del vehículo mientras Arva con Gina en brazos y Cinthia les recibían.

    — Estaba preocupada... — Murmuró la doctora Marlow, abrazando y besando acto seguido a su pareja.

    — Lo entiendo, pero ya estamos aquí — Dijo West, devolviendo los gestos de cariño a su chica.

    — ¿Cómo está mi pequeña? — Dijo Lill mientras la piloto Tidder le cedía a la niña en sus brazos — ¿Te has portado bien con la tía Arva?

    Regina balbuceó un sí conforme pudo, pues apenas había comenzado a hablar, mientras se abrazaba al cuello de su padre. Arva saludó a Etyah y a Reeda al igual que Cinthia le chocaba la mano a Zyon, acto que el robot solía hacer con la humana pese a que fuera algo indiferente para él. Aquellas muestras de cariño y unión, causaron una gran impresión en el syleriano, que se vio abrumado por tanto sentimiento y compromiso. Aquel instante hizo que Om cogiera un poco de confianza al comprobar que no eran tan distintos los unos de los otros, ni siquiera entre ellos y su propia especie.

    — Lill... — Cinthia observaba, atónita, a Om — ¿Qué...? ¿Quién es él?

    — Arva, Cinthia; os presento a Om Paokt, protector de la Elegida y cómo podéis ver, syleriano — Murmuró el comandante Crane, introduciendo a sus compañeras al nuevo miembro del grupo.

    — ¿Syleriano? ¿No estaban extinguidos por los neonianos hace doscientos años? — Preguntó Tidder, escéptica al inicio.

    — Eso creíamos, pero no ha sido así, menos mal — Dijo Reeda, consciente de que los nuevos neonianos deberían demostrar el cambio de mentalidad ante los sylerianos que conociesen, empezando por Om.

    — Es increíble, jamás pensé que conoceríamos a un syleriano... — Murmuró la médico, atónita.

    — Bueno, todas las preguntas que queráis hacerle, se las haréis luego — Indicó Lill — Acompañaré a Om a su camarote para que se instale y acomode. Arva, pon rumbo a Neonia.

    — ¿Neonia? — La piloto se sorprendió un poco — ¿Vamos a...?

    — No, no vamos a atacar a los Anixis aún — Respondió el comandante, serio — Después lo explicaré todo.

    Arva asintió tras las palabras de su comandante y se dirigió hacia el puente de mando para poner rumbo de regreso a casa. Cinthia, West y Zyon se fueron a la habitación que compartía la pareja mientras que Reeda fue a la suya, Etyah al gimnasio y Lill acompañaba a Om a su habitación. Una vez el humano y el syleriano se quedaron a solas durante el trayecto hasta el lugar de descanso del alienigena, iniciaron una breve conversación.

    — Me ha gustado mucho ver el ambiente tan familiar que tiene la tripulación — Comenzó diciendo Om — Los sylerianos somos así también, ya lo irás viendo conforme cojamos confianza.

    — Es bueno saberlo — Musitó Lill.

    — Por cierto, Lill, ¿qué te sucedió en la mano? — El syleriano se percató de la prótesis — Lo vi desde el principio, pero aprovecho para preguntarte ahora en la intimidad.

    — Durante un conflicto con un grupo de mi gente llamado Resistencia, humanos que odian a los neonianos y les echan la culpa de todo lo sucedido — Explicó el hombre con cierta rabia contenida al recordar cómo Marlo le amputaba una de sus manos.

    — Entiendo... en la sociedad syleriana actual, no hemos detectado extremistas — Murmuró Om — Pero con vuestra llegada, eso es una causa que puede crecer.

    — Comprendo, por eso vamos a demostrar que somos de fiar — Dijo el comandante Crane mientras se paraban frente a la habitación del syleriano — Esta será tu vivienda mientras estés con nosotros, te dejo a solas para que te instales.

    Om asintió y entró a la habitación que le habían asignado mientras Lill se marchaba por el pasillo. El syleriano comprobó que el cierre de seguridad de la puerta estaba activado para evitar posibles interrupciones y comenzó a desempacar la bolsa de viaje que llevaba consigo. Sacó tres piezas de ropa, un gel específico para la limpieza de dientes, una especie de tablet en la que hacer apuntes o ver cosas y cinco artefactos de función desconocida.

    El syleriano apartó todo menos esos cinco artefactos y comenzó a colocarlos uno a uno, de forma que en menos de un minuto había montado un arma. El arma era nada más y nada menos que un Rhajaal, el arma estándar de los antiguos soldados neonianos que usaron en la guerra contra los propios sylerianos, que disparaba un potente láser azulado y solo necesitaba luz solar para funcionar. Dicho armamento era tan antiguo para los neonianos, que solo tenían registros de dicha arma, ni planos ni partes, por lo que era completamente desconocida para las nuevas generaciones.

    El fusil de origen neoniano mostraba piezas de origen syleriano también, cosa que indicaba que había sido modificado y reparado con el tiempo. Además, una pequeña grieta solidificada en la culata, quizá fruto de un golpe con ésta, hizo que Om se sumiera en uno de los recuerdos más tormentosos que tenía y que, sorpresivamente para cualquier otra especie, no era un recuerdo propio de Om, sino de su padre. Los sylerianos tenían la capacidad de mantener en su memoria genética diversos recuerdos de sus antepasados, recuerdos que les hubiesen marcado de forma considerable cómo para que su ADN los inculcara en sus futuros hijos, quizá para que reconocieran ese mismo peligro si lo veían.

    [...]

    Un grupo de tres soldados sylerianos vagaban por la montaña durante una fuerte ventisca. Entre aquello y la nevada que se proyectaba sobre la superficie de aquel planeta, la visibilidad y la movilidad se dificultaban considerablemente. Uno de ellos cojeaba fruto de un disparo limpio en el muslo derecho y tenía que ser ayudado por otro de sus compañeros para no caer sin fuerzas al suelo. Llevaban andando horas, incomunicados y sin apenas suministros para sobrevivir a la tormenta y a la guerra en la que se encontraban, además las condiciones planetarias no invitaban ni de lejos a la habitabilidad.

    Tras ellos se podía vislumbrar una humareda negra y espesa debido a la colisión de una cápsula de salvamento contra la superficie, pues no se activaron los propulsores de dicha cápsula para el frenado de emergencia que habría hecho el aterrizaje mucho más suave. En el cielo, pese a no ser de noche, se observaban varias auroras boreales de color verde y azul, sin embargo, el trío de sylerianos se fijó en una luz apenas visible y potente en la lejanía, que se perdía de vista conforme se alejaba en el espacio.

    — Espero que la Bataller cumpla su cometido — Murmuró de pronto el syleriano malherido, mientras observaba a aquella luz desaparecer.

    — Si lo logran, veremos un destello en el cielo y una onda de energía destruirá todo el cúmulo Neon — Dijo el syleriano que iba al frente — Eso significará nuestra muerte también, al igual que la de los neonianos.

    — Ya lo sabíamos cuando nos embarcamos en la misión, Paokt — Indicó el compañero que ayudaba al malherido a andar — Si no morimos por la bomba de energía, moriremos aquí por el frío insoportable y él por la herida.

    — No entiendo cómo nos han detectado al entrar con la Bataller en su cúmulo, no vi ningún satélite que pudiese haberles alertado y sin embargo, estaban listos para destruirnos, cómo si supiesen que veníamos — Dijo el syleriano que ayudaba a su compañero herido — Asaltaron la Bataller, incluso conociendo las compuertas presurizadas que daban acceso al interior... menos mal que pudimos tomar una cápsula de salvamento a tiempo, fue una gran idea, Paokt. Con un poco de suerte, no sabrán que llevamos esa bomba de energía en la nave y se detonará con la colisión en algún planeta próximo o con la destrucción que provoquen las armas neonianas.

    — ¿Insinúas que teníamos un traidor entre nosotros? — Le preguntó el syleriano herido al compañero que lo cargaba — Porque si es así, espero que se pudra en el interior de la Bataller cuando ésta explote.

    — No lo insinúo, lo creo — Musitó el compañero — Y sinceramente, creo que estaba entre los ocho que estábamos en la cápsula. Ojalá esté entre los cinco que han muerto, porque sino, está aquí.

    — ¿Qué te hace pensar eso? — Paokt se volteó por primera vez en toda la conversación, con un Rhajaal en sus manos.

    — No lo sé, dímelo tú, amigo — Aquel syleriano soltó al compañero malherido, que cayó al suelo mientras se retorcía de dolor, y se encaró a Paokt, mirándolo despreciativamente de arriba a abajo — Has tenido la idea de sacarnos en la cápsula de salvamento durante el asalto de los neonianos a la Bataller, decides que caiga en el tercer planeta de su sistema específicamente, apenas muestras rabia porque el plan pueda estar fracasando... mierda, hasta llevas un fusil fabricado por ellos.

    — ¿Y por todo eso que has dicho, ya consideras que soy un traidor y que he vendido a nuestra especie a esos seres desquiciados y adoradores de la guerra? — Paokt plantó cara — Te equivocas, jamás haría algo así.

    Rápidamente, Paokt apretó el gatillo de su Rhajaal contra el abdomen de su compañero, perforándolo repetidas veces con los disparos láser hasta que éste cayó al suelo gravemente herido. El otro syleriano, tras ver lo sucedido, comenzó a arrastrarse para alejarse mientras se agarraba el parche en la herida del muslo, para evitar desangrarse.

    Paokt se aproximó al que era uno de sus compañeros y le asestó un disparo mortífero en la cabeza, acabando con su sufrimiento y sus suplicas de piedad. Acto seguido, se volteó hacia el otro syleriano que acababa de disparar varias veces en el abdomen, ahora en el suelo boca abajo mientras la sangre se expandía lentamente por encima de la nieve espesa del tercer planeta del cúmulo Neon —Plan 03 para los humanos— y se arrodilló ante él.

    — Tr... trai... dor...

    — No lo soy, amigo — Musitó Paokt, con una indiferencia y una frialdad características de un auténtico soldado sanguinario y asesino espía — He hecho esto porque me han prometido que no atacarán Syleria. Me han dado su palabra.

    — ¿Acas... crees qu... lo cumpl... irán?

    — Debo arriesgarme — Explicaba Paokt, serio — Somos una especie pacifista, ¿no? Entonces, ¿por qué seguir a Mirko Admir en esta confrontación? Ni siquiera se ha esforzado por proponer la paz o un trato a esos déspotas neonianos... ¡ni siquiera ha pensando en nuestras familias!

    El syleriano gravemente herido luchaba por articular más palabras, pero la pérdida de sangre que había tenido lo estaba haciendo sucumbir a ojos de Paokt. Éste lanzó un suspiro que pudo verse en el vaho congelado del aire y se incorporó, sujetando la Rhajaal con fuerza.

    — Que las estrellas de éste lugar te guíen de regreso a tu hogar — Dijo, mientras asestaba repetidos golpes con la culata del arma hasta que ésta se partió y el cráneo del syleriano estaba hecho añicos.

    Paokt cerró los ojos y miró al cielo para acto seguido otear el horizonte y encontrarse con una especie de lanzadera ya preparada por alguien allí para que él se la llevara. El syleriano se dirigió al lugar, se metió en la lanzadera y puso rumbo hacia Syleria, dónde le esperaba su mujer con la idea de tener algún día, un futuro para su futuro hijo.

    [...]

    Om observaba la culata ya reparada de su Rhajaal, reliquia de una guerra que marcó tanto a sylerianos cómo a neonianos y que indirectamente, más de doscientos años después, afectó a la humanidad. El syleriano no llegó a conocer a su padre, pues éste murió durante el bombardeo de los neonianos a la superficie de Syleria, con bombas termodinámicas que contaminaron el aire y dejaron desprovisto al planeta de cualquier forma de vida animal o vegetal, dando a los sylerianos por muertos, quiénes sobrevivieron bajo la superficie en estaciones subterráneas.

    Una vez supo de la muerte de su progenitor y vio ese recuerdo hereditario entre varios que tenía de su padre, lo entendió todo. Su padre, un alto cargo del ejército syleriano bajo el mando del Elegido, Mirko Admir, buscó por su cuenta una alternativa a la destrucción del cúmulo Neon con el fin de que los neonianos no destruyeran Syleria, pero estos fueron más inteligentes y se salieron con la suya, convirtiendo a su padre en un traidor para su especie y teniendo él que encubrirlo sin contar nunca a nadie ese recuerdo, exceptuando a su moribunda madre durante los últimos segundos de su vida.

    — ¿Om? ¿Estás ahí? — Reeda se encontraba tras la puerta de la habitación del syleriano, pero con el cierre de seguridad activado, no podía entrar — Todos te esperamos en el puente de mando, vamos a cenar y hemos pensando que deberíamos hacerlo todos juntos, así nos conocemos un poco más.

    — Entendido, ahora salgo — Musitó Paokt, escondiendo la Rhajaal bajo la cama.

    El syleriano trató de retomar el control de sus emociones tras revivir semejante recuerdo de su padre y tras unos segundos, desactivó el cierre de seguridad para salir de su camarote, encontrándose de cara con la joven neoniana Klamp.

    — ¿Ya te has instalado? — Preguntó la hija del fallecido comandante Klamp — Espero que estés cómodo.

    — Así es, y lo estoy, muchas gracias — Respondió el syleriano, siguiendo a su compañera hasta el puente de mando.

    Mientras Reeda y Om se dirigían al puente de mando para cenar, en dicho lugar concreto había una mesa circular con un aparato de hologramas en el centro, zona donde se discutían los planes o se observaban planetas y otras estructuras en tres dimensiones. Ahora dicho aparato estaba desactivado para que aquello simplemente fuera una mesa donde poder sentarse a cenar. Mientras los demás preparaban la mesa, la doctora Marlow se aproximó a un recién llegado Om junto a Reeda, quién se puso manos a la obra para ayudar también.

    — El comandante Crane nos ha presentado antes pero creo que ahora toca la verdadera introducción — Dijo la mujer, extendiendo su mano — Cinthia Marlow, médico a bordo de la Arcadia. Es un placer conocerte, de veras.

    — Om Paokt, protector de la Elegida; el placer es mío — Murmuró el syleriano, observando de forma extraña la mano tendida de su compañera — ¿Por qué haces eso?

    — Es el clásico saludo humano, tú me das tu mano y la apretamos y zarandeamos en señal de saludo... ahora que lo pienso, suena un poco ridículo — Tras las palabras de la doctora, el syleriano obedeció y le dio un apretón de manos — Bienvenido a la Arcadia.

    — Muchas gracias, Cinthia — Musitó Om, visiblemente nervioso y dispuesto a sentarse en la mesa.

    — Espera, Om — La doctora Marlow quería preguntarle algo — ¿Qué significa lo de 'protector de la Elegida'?

    — La Elegida es la líder de mi gente, se llama Hylda Admir — Explicó el syleriano tratando de relajar su tensión interna — Yo soy su protector.

    — Básicamente su guardaespaldas, ¿no? — Intervino West, uniéndose a la conversación — Westley Finn, ingeniero. No nos hemos presentado antes.

    — Supongo que algo así — Respondió Om, mostrándose serio y a disgusto con la interrupción del ingeniero — Om Paokt, aunque eso ya lo sabías.

    — Así es, claro — West soltó varias carcajadas — ¿Coméis algo distinto los sylerianos? Tenemos mucha verdura, fruta, pasta, incluso una crema nutritiva de los neonianos que está realmente buena.

    — Sí, creo que será comestible para mí también — Indicó Paokt, dispuesto a sentarse de una vez — Con vuestro permiso...

    — Claro, adelante — Musitó West, que acto seguido se quedó mirando a Cinthia con cara de extrañado.

    Con la mesa ya puesta y repleta de comida de todo tipo, los nueve integrantes de la Arcadia comenzaron a cenar. Mientras cada uno se servía lo que le apetecía en el plato, Lill inicialmente colocaba verduras y frutas en el de su hija Regina, siendo él el último de todos en ponerse comida.

    — Me gustaría, antes que nada, dar la bienvenida oficial a Om — Dijo el comandante Crane, con su niña sentada sobre sus piernas y ya comiendo — Pese a conocernos de hace pocas horas, ha decidido enrolarse para conocernos más de cerca y para conocer la situación en la que nos encontramos en Neonia. Es de admirar.

    — Lo es — Musitó Arva, observando al alienigena y cogiendo el vaso que en su caso, estaba lleno de agua — Un brindis, por Om.

    — Y por una alianza próspera con los sylerianos — Añadió Lill ante la mirada de todos, especialmente de Paokt.

    Mientras todos hacían el brindis, el syleriano imitaba las acciones de sus compañeros pues no conocía lo que era un brindis ni hasta ese momento conocía el significado de brindar. No obstante, no se quedó atrás y alzó el vaso —qué en su caso también era agua— junto a los del resto.

    — Me gustaría que hiciéramos otro brindis — Añadió Arva, cosa que sorprendió a toda la tripulación exceptuando a Cinthia — Voy a ser madre de mellizos.

    — ¡¿Cómo?! — Lill se sorprendió muchísimo, pero también se alegró — ¡Enhorabuena, Arva!

    El comandante se levantó para darle un tierno abrazo mientras todos aplaudían emocionados, conscientes de que era una gran noticia pese a la situación en la que se encontraban. Los que conocieron a Axlor, deseaban que desde dónde él estuviese, dotara de salud y prosperidad tanto a Arva cómo a sus dos futuros hijos.

    La cena transcurrió entre un ambiente cálido, al margen de una cantidad incesante de preguntas sobre Om, que al ser la novedad, debía responderlo todo para dotar de información acerca de su especie al resto. El syleriano estuvo cómodo y se sorprendió de ver el buen ambiente que había en lo que inicialmente para él, era una nave y una tripulación de soldados. No obstante, al ver que no todos eran soldados y que inclusive el líder de todos tenía allí a su propia hija, pudiendo estar a salvo en su planeta, comprendió que debía estar pasando algo serio, aunque lo descubriría al final de los diez días que tardaban en llegar al cúmulo Neon.

    [...]

    Día tres: el viaje de regreso

    El joven explorador y soldado Etyah Preston se encontraba realizando ejercicios en las máquinas del gimnasio de la Arcadia. Sentía que debía compensar su inexperiencia en ese tipo de situaciones con una preparación adecuada, de esa forma las probabilidades de éxito aumentarían para él y para todos. El afroamericano llevaba al menos dos horas ejercitándose cuando se vio sorprendido por Zyon, al que ya era costumbre ver vagar por la nave cómo si nada.

    — ¿Vas a ejercitarte? — Le preguntó Etyah a modo de broma.

    — Yo siempre estoy en forma — Respondió Zyon, señalándose el físico — Ventajas de ser una máquina.

    El joven Preston comenzó a reírse y cesó sus ejercicios al considerar que ya había hecho suficiente. En aquel instante, Reeda llegaba acompañada de Om al gimnasio, cosa que extrañó al humano. Neoniana y syleriano parecían ir dispuestos a proponer algo.

    — Justo os estaba buscando — Murmuró la joven neoniana discípula de Vanth — Om quiere entrenar el combate cuerpo a cuerpo, algo muy característico de su especie, y viendo que aquí somos cuatro representantes de cada especie aliada por así decirlo...

    — ¿Quieres que nos enfrentemos entre sí? — Preguntó Etyah, sorprendido pero dispuesto.

    — Así es — Respondió Paokt — Y lo haremos todos contra todos, si os parece bien.

    Las palabras del syleriano dejaron impactados a la neoniana y al humano, al margen de que a Zyon todo le fuera indiferente.

    — ¿Hay reglas? — Preguntó la máquina, con el fin de establecer unos parámetros y no acabar con heridos — Lo pregunto porque soy una máquina de acero, los golpes apenas me afectan.

    — Esto se va a poner feo... — Musitó el joven Preston.

    — Oye, Etyah, ¿tú no peleaste contra Zyon en Neonia? — Le preguntó Reeda, recordando aquello.

    — Así es, fue un entrenamiento.

    — Cómo lo será esto — Intervino Om, decidido a explicar las normas — En Syleria, los combates cuerpo a cuerpo son un entrenamiento básico de nuestros soldados, pues no siempre podrás depender de un arma de fuego para defenderte. Las reglas constan de: no golpear en la cabeza a tus rivales, no usar tácticas engañosas cómo un golpe bajo, lanzar arena a los ojos y demás... no usar objetos, solo tu cuerpo y finalmente parar si tu rival sangra.

    — Entonces, ¿el combate termina para uno mismo si comienza a sangrar? — Preguntó Etyah.

    — Exactamente.

    — Yo no sangro — Musitó Zyon, diciendo una gran verdad.

    — Cierto... pues en tu caso, si podemos desactivarte, será considerado victoria — Respondió Reeda, proponiendo esa idea.

    — ¿Eso no sería cómo matarme? — Zyon puso esa pega pero rápidamente mostró que bromeaba — Es broma, me parece bien.

    Etyah, Reeda y Om se miraron sin saber qué decir, pues los parámetros de humor de Zyon a veces simplemente le hacían responder bromas de muy mal gusto o apenas graciosas, pese a que otras veces si lo fueran y mucho. Al margen de que West le inculcó aquello, también lo perfeccionó bastante, convirtiéndolo en el Super Rhajik más avanzado de todos los que se había conocido.

    La sala de gimnasio de la Arcadia ahora también contaba con un espacio para el arte de la lucha cuerpo a cuerpo. Una sala diseñada para entrenar bajo condiciones extremas y planetarias —dicha sala fue creada de forma pionera en la Luna, siendo usada por Axlor y Ashley tras la guerra Rhajik— con el fin de mejorar las habilidades en general de todos los integrantes de la tripulación.

    Los cuatro seres que decidieron enfrentarse a modo de entrenamiento ya habían entrado a dicha sala. Cada uno de una esquina, la señal de inicio la daría un contador, que además controlaría el tiempo que duraba el combate. El grupo decidió no simular condiciones planetarias en la sala, dejándola simplemente para el combate puro. Una vez la alarma dio comienzo, los cuatro se lanzaron entre sí.

    Reeda fue contra Etyah y Om contra Zyon. La joven neoniana corrió rápidamente hacia el humano y le propinó una potente patada en el abdomen, alejándolo del epicentro de la lucha y provocando que éste cayera de espaldas al frío suelo metálico. En ese instante, la hija del fallecido comandante Klamp se vio sorprendida por Paokt, quién esquivó un golpe de Zyon y aprovechó para deslizarse por el suelo para desequilibrar a otra de sus rivales, que no pudo ver cómo la máquina le daba un puñetazo en el costado y la derribaba con dicho golpe.

    Etyah se encontraba en una esquina, doliéndose del golpe inicial y observando la escena. Reeda se revolvía de dolor en el suelo mientras Zyon insistía en golpear al syleriano, que mostraba una rapidez de movimientos hasta ahora nunca vista. Om dio una voltereta hacia atrás y se impulsó con las dos manos para dirigir una patada con las piernas juntas hacia el torso de Zyon, que paró el movimiento con sus manos e hizo rodar a Om hasta lanzarlo contra la pared.

    — ¡Maldición! — Se lamentaba Om mientras se dolía del golpe contra la pared — ¡Esa máquina es imparable!

    — No por mucho tiempo.

    El joven Preston, quién ya había peleado con Zyon y conocía la parte en la que podía arrancarle el cableado que lo mantenía operativo, se lanzó a toda velocidad contra la máquina. Zyon tuvo tiempo de esperarle y cuando lo tuvo encima, trató de propinarle un golpe con el puño cerrado que iba dirección al torso del humano, pero Etyah supo ver el movimiento de la máquina y la esquivó de forma sorprendente para acto seguido, darle un codazo en el cuello al Super Rhajik, que sabiendo que era una de las zonas más débiles de estos, tuvo que retroceder por ello.

    Al humano no le dio tiempo a celebrar el golpe, pues Reeda apareció por detrás dispuesta a golpearle, no obstante, Etyah la escuchó lanzarse contra él, por lo que se volteó y puso ambos antebrazos en forma de equis, parando un golpe que iba con fuerza por parte de la neoniana. Paokt aprovechó aquello y corrió con toda su rapidez además de con los brazos abiertos, golpeando a humano y neoniana y derribándolos en el suelo.

    Apenas había tiempo para respirar, pues Zyon tomó a Om de forma que éste no pudiese zafarse de sus brazos, sujetándolo cómo a una percha. La máquina, en un combate serio, solo tendría que disparar su láser a escasos metros de la cabeza del syleriano y lo mataría, pero al no poder hacer eso, el Super Rhajik corrió a toda velocidad mientras sujetaba a Om, dispuesto a estamparlo contra la pared. El syleriano veía lo que iba a ocurrirle y era algo que le haría mucha sangre en el rostro, por lo que preparó sus piernas a modo de muelle cuando estuvo cerca de la pared, evitó el golpe final pese a la fuerza de la máquina.

    Acto seguido, Om dio una vuelta en el aire que le hizo zafarse de Zyon y ante la sorpresa de Reeda y Etyah, le arrancó de una los cables que lo mantenían activo, acabando con la participación de Zyon en el combate, que se replegó cómo cuando un humano se encoge las rodillas y se sienta en el suelo. Neoniana y humano se quedaron sorprendidos con la habilidad del syleriano, que sin tregua, se lanzó hacia ellos. Klamp quiso esquivarle pero no lo hizo a tiempo y recibió un golpe en su costado derecho, provocando que cayera de lado al suelo, mientras Preston optó por encogerse y colocar su codo al frente, sorprendiendo al syleriano y hundiéndole la punta del codo en el abdomen a éste.

    Mientras Om rodaba por el suelo para evitar más golpes del humano, éste último se vio sorprendido por el salto de Reeda, que le propinó una patada en la cabeza que dejó aturdido al joven Preston. La neoniana quiso atacar ahora al syleriano, que la vio venir y demostró una vez más su habilidad, esquivando a la joven neoniana para empujarla contra la pared. Sin embargo, un dolorido Etyah le respondió con un placaje al syleriano, estrellándolo también contra la pared. Ambos alienigenas estaban en el suelo y para acabar el combate deberían sangrar, por lo que Etyah tomó carrerrilla de un lado de la sala al otro y se lanzó con sus dos piernas en dirección a los rostros de sus compañeros.

    Om se apartó justo a tiempo para no recibir el golpe, pero Reeda lo recibió de lleno, provocando que la neoniana cayese muy debilitada y aturdida mientras la sangre brotaba de su nariz. Con Reeda y Zyon fuera del combate, solo quedaban Om y Etyah, que se abalanzaron entre sí. Ambos alzaron sus brazos y prepararon el puño para un golpe que, quién diera de los dos, dejaría al otro muy tocado. El humano iba tan decidido, que no se percató de la jugada del syleriano, quién alzó también su pierna y propinó un rodillazo potente en el pecho de Etyah, quién cayó al suelo tosiendo por falta de aire. Antes de que pudiese voltearse, Om le dio un puñetazo que terminó por derribar al joven humano y hacerle una brecha que comenzó a sangrar. Aquello decretaba a Om Paokt, el protector syleriano, cómo ganador de aquella pelea de entrenamiento.

    [...]

    Día siete: el viaje de regreso

    — Mantén el arma en alto y siempre que apuntes, hazlo un poco más abajo, porque el retroceso hará que el disparo salga proyectado unos milimetros más arriba de dónde apuntas — Indicaba el comandante Crane a la doctora Marlow — Lo estás haciendo bien, Cinthia. Apenas es el séptimo día y ya te manejas de forma considerable.

    — He tenido un gran profesor... — Musitó la médico con cierto tono provocativo ante la mirada celosa de West — Muchas gracias, Lill.

    — No hay de qué — El comandante vio que el ingeniero Finn observaba la práctica de tiro de su pareja desde la puerta de entrada a la sala — ¿No te apetece aprender un poco más, West?

    — He sido un puto criminal, sé disparar, gracias Lill — Respondió Westley con cara de pocos amigos, mientras salía de la sala — Capullo.

    La piloto Tidder se encontraba en la sala contigua a la galería de tiro, dónde Gina estaba dibujando a los animales de la Tierra que había visto en el aparato de hologramas que tenía para jugar. Arva observaba a la pequeña y se imaginaba a ella misma con sus mellizos. La mujer nacida en la Luna no pudo evitar recordar una breve conversación que tuvo con su fallecido marido, Axlor Vaalot, acerca de un futuro sin conflictos ni guerras, dónde una alianza con diversas especies inteligentes enriquecieran y beneficiaran a todos los miembros de ésta.

    Arva y Axlor se encontraban sentados en el porche de su nueva vivienda, comprada con unos fondos que el marciano nunca quiso revelar, aunque se trataba de dinero sucio que la Resistencia obtuvo mediante donaciones y demás, y que se le fue robado a Sun Brume sin que ésta lo supiera. El habitáculo se encontraba en la playa de una reciente colonia humana llamada Cuna, que se adentraba más en el bosque pero que tenía diversas casas a la orilla del mar.

    La pareja disfrutaba de una noche estrellada que reflejaba en el mar y mostraba un paisaje de lo más bonito, sin embargo, el silencio con el que estaban tan a gusto fue roto por las palabras de la chica nacida en la ya inexistente Luna.

    — Siempre que veía las estrellas junto a Juice, nos imaginábamos cuantos planetas y especies inteligentes habría por ahí fuera, incluso hablábamos de que algún día la humanidad formase alianzas con otras civilizaciones — Decía la mujer, nostálgica al recordar a su fallecida hermana — Creo que, pese a todo lo ocurrido, a ella le encantaría ver éste paisaje.

    — Allá dónde esté, Juice lo estará viendo, seguro — Vaalot le sonrió a su chica — Y verá cómo prosperamos, todos juntos. Esperemos que la alianza con los neonianos no sea la única que hagamos y que la Resistencia no la joda.

    — Todavía me cuesta creer que formaras parte de eso hasta hace nada...

    — Me di cuenta de que no iba a ningún puerto y que solo causaría daño, además... no podía estar por ahí sabiendo que no me habías perdonado por lo de Ashley.

    — No podía enfadarme contigo, Axlor, sé que me puse celosa y... bueno, eso ya es pasado.

    — Cierto, mejor hablemos de futuro — El marciano se volvió hacia su chica, ambos sentados en el porche de su casa — ¿Cómo crees que sea?

    — Repleto de vida, de otros conocimientos y culturas, una sociedad autosuficiente y unida... aunque suene a utopía — Dijo Arva sin pensarlo dos veces — Y contigo, sin dudarlo. Contigo hasta el fin.

    — Jamás lo volveré a dudar, créeme — Murmuró Axlor, visiblemente entusiasmado por lo que acababa de oír — Y... formaremos una familia, ¿verdad?

    Arva miró a su pareja con sorpresa. El marciano acercó su silla hasta ella y comenzó a acariciarle el brazo.

    — Los niños son el futuro, quizá ellos sean los encargados de realizar esa utopía de la que acabas de hablar...

    — Eso de tener hijos ya lo veremos, Axlor Vaalot — Dijo Arva Tidder mientras sonreía — Todo puede pasar.


    Cuando Arva volvió en sí tras aquel recuerdo, se percató de que una lágrima recorría su mejilla. En ese momento, vio pasar a Westley por el pasillo con un evidente enfado encima. El ingeniero avanzaba en dirección a su habitación, pasando también por la sala de entrenamiento dónde Zyon, Etyah, Reeda y Om iniciaban ya el quinto combate desde que se subieron a la nave hacía siete días. El ex criminal habitante de Ceres no entendía porqué sentía celos de Lill simplemente porque éste enseñara a su mujer a disparar, y mientras se sumía en sus pensamientos, recordó el día en el que invitó a Cinthia a una copa, momento que fue el inicio de su relación.

    — Ya es la quinta botella que llevas — Murmuró West mientras observaba a la médico con evidente estado de embriaguez — ¿Estás bien?

    — Lo que no entiendo es cómo puedes estarlo tú — Dijo Cinthia de forma tajante y visiblemente afectada por el alcohol y por otras situaciones personales — El Sistema Solar entero acaba de desaparecer, los colonos de Neonia somos los únicos supervivientes de nuestra especie y tú... tú siempre estás sonriendo...

    — Me he pasado toda mí vida yendo solo de un lugar a otro, jamás he tenido un lugar al que llamar hogar... quizá es por eso que no sufro tanto la pérdida de nuestro cúmulo — Explicaba con sinceridad el ingeniero — Y es que pese a todo eso, sonrío porque estamos vivos... y porque estoy delante de una mujer muy atractiva e interesante, y hace mucho de la última vez que estaba en una situación así.

    — Oh, osea que Ceres no tenía mujeres atractivas eh... — Dijo Cinthia mientras derramaba sin querer parte de su vaso de whiskey — Upps, se ha desperdiciado un poco.

    — Cinthia... — Westley tomó por sorpresa la mano de la mujer, que se quedó fijamente mirándole — Había mujeres atractivas en Ceres, pero ninguna cómo tú.

    Aprovechando su estado de embriaguez, su frágil autoestima y la situación en la que se encontraban, West logró que Cinthia le besara. Tras este paso, ambos comenzaron a quitarse la ropa mientras las luces tenues de la vivienda del ingeniero en Promesa y las varias botellas que había en la mesa, daban un paisaje de fondo a la escena de sexo que se estaba dando en el sofá.


    West recordaba aquel momento sentimental y lujurioso mientras se repetía una y otra vez la misma pregunta: ¿Y si Cinthia estaba con él simplemente para no estar sola? ¿Y si West para ella solo había sido un apoyo que duraba ya cinco años? Las dudas en su relación y los celos le estaban torturando, por lo que el ingeniero se echó en la cama que compartía con la mujer y decidió consultar con su almohada cuál debería ser la mejor decisión para ambos.

    [...]

    Día diez: llegada al sistema Neon

    — Eso no estaba ahí cuando nos fuimos a Vulkano, o al menos, no lo vimos — Arva mostraba tanto en el horizonte cómo en el radar lo que parecía ser una base en órbita con Neonia — Debe ser cosa de los Anixis.

    — No cabe duda — Musitó Reeda con seriedad — Debe llevar ahí desde hace semanas, quizá meses.

    — Ese tal Ender que nos encontramos en Vulkano ya nos lo dijo, nos han estado vigilando y lo conocen todo acerca de nosotros — El comandante Crane estaba preocupado por esto — No podemos descender a Neonia sin que nos detecten ni podemos acercarnos a su base sin que nos ataquen sus defensas.

    — ¿Entonces qué vamos a hacer? — Preguntó Etyah, preocupado.

    — Sugiero que nos infiltremos en su base para recabar más información acerca de ellos mediante una distracción — Las palabras de Om llamaron la atención del resto de la tripulación — Yo confirmaré vuestra historia y vosotros descubriréis más cosas sobre esos Anixis.

    — Es una idea — Musitó Cinthia.

    — ¡Es una locura! — Exclamo West, que no compartía dicha idea — ¡Es un riesgo innecesario! ¡Si os detectan y os capturan u os matan, nos debilitamos aún más!

    — Ya estamos debilitados West, solo somos nueve personas en esta nave y una de ellas es mí hija — Dijo Lill en un tono muy serio — No podemos esperar a un milagro que nunca va a llegar, ni podemos lanzarnos al ataque de forma directa... necesitamos sacarles una ventaja y podemos encontrarla en su base en órbita, así que eso haremos — El comandante se dispuso a irse del puente de mando en dirección a la armería — Arva, usa la Arcadia para distraer a sus naves y aterriza en Neonia para despistarles. Om, Reeda y Etyah, vendréis conmigo en la lanzadera. Vamos a infiltrarnos en esa maldita base.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, amigo. Paso a comentar el capítulo. No marcaré errores, pero eso es porque he leído desde el celular y no he encontrado. No sé si habrá alguno, pero no he dado con ellos, así que pasaré a comentar el capítulo.

    Tengo que decir que me emociona mucho que Om se una al grupo, ya que estamos viendo a un syleriano unirse a la tripulación. Yo seguiré manteniendo mi postura dividida en el asunto de que estén vivos, pero reconozco que Om es un personaje bastante analítico e interesante. Se ha acoplado bien en la historia, y me agradan estas pequeñas interacciones que ha tenido por el momento, pero todavía le falta mucho para que se gane mi favoritismo. De momento, puedo decir que me cae bien. Me sorprede que, siendo un syleriano tan importante, se haya ido solo. Digo, si es tan importante, lo normal sería llevarse a varios de ellos para que lo protejan en caso de que los Anixis fueran peligrosos o de que incluso los viajeros le tendieran una trampa. Sorprende y cuesta creer que dejen ir así nomás a alguien tan importante, pero imagino que habrás tenido tus razones para hacerlo. Viendo que esta parte ha introducido a 6 personajes nuevos, y que todavía faltan más, puesto a que todavía quedan los neonianos criogenizados, comprendo que no quisieras agregar más personajes.

    La habilidad de su especie para ver los recuerdos de sus antepasados me parece muy interesante, y temo porque esos recuerdos influyan en sus decisiones. Sé que no lo mostraste solo porque sí. Cuando haces referencia a algo, es porque luego vendrá algo pesado en el futuro. En los recuerdos de Om, hemos visto a su padre traicionar a los suyos (aunque fue más una manipulación que una traición) por el bien de su gente, para que al final, no diera resultado y no lograra mantenerlos a salvo. Creo que Om pensará esta vez en simplemente no arriesgarse y buscar siempre el bien para su especie, aunque eso signifique traicionar a la humanidad y a los neonianos.

    La pelea entre 4 miembros del grupo me ha gustado, dado a que hubo un representante de cada una de las especies de la alianza. Ha sido una pelea bastante bien narrada, incluso me recuerda a mis historias. Sé que las peleas cuerpo a cuerpo son algo nuevo para ti, pero disfrutaría mucho de ver más en el futuro. Esta ha sido bastante buena para la primera vez. Y un plus a la escena fueron los diálogos de Zyon. Debo admitir que ahora que tiene esos parámetros de humor es algo más gracioso y con más personalidad que en las partes anteriores. Me está empezando a caer bien, y lo digo en serio XD. Espero que no estés preparándote para matarlo, ya que sería una pena que muriera así.

    Y, para contrastar, Cinthia, quien me caía bien, me ha empezado a caer mal con lo que hizo. No me gusta para nada que ella le haya empezado a coquetear a Lill así de descarada sabiendo que está en una relación con West, que Lill está con Snow y que hasta tiene una hija. Eso es algo que no se hace. De más está decir que la relación de Lill y Snow es una muy bien construida y de las que más me gusta, y ver a alguien intentando meterse entre ellos dos es un NO gigante como el que estás viendo en pantalla XD. No me malinterpretes. No me cae mal Cinthia porque le guste Lill. Ella está en todo su derecho a que le guste quien quiera, pero una cosa es que le guste y otra es coquetearle estando ella en una relación y él también, sin mencionar que ella conoce a Snow y sabe que ambos tienen una hija. Con esto, Cinthia se baja del podio que tenía. Fue interesante ver como ella y West terminaron juntos. Pensé que sería porque sus profesiones los habían llevado a trabajar juntos (un ingeniero tecnológico y una doctora tienen muchas probabilidades de cruzar caminos para elaborar maquinaria médica) y eso había alimentado su relación. En vez de eso, fue porque simplemente estaban bebiendo juntos. Se nota que West está furioso por lo que vio, y espero que él hable con ella y no se decida a hacer una estupidez.

    Me dolió mucho ver la escena donde Arva recuerda cuando Axlor estuvo con ella. Axlor quería tener una familia, y su muerte fue muy injusta. Pero ese flashback me generó dudas. Axlor sentía cosas por Ashley (las sentía XD) y me sorprende que él se marchara de la Resistencia sin haber intentado convencerla a ella de que se fuera con él. Él notó que la causa no llevaba a ningún lado, y Ashley era buena con él. Ella lo buscó para levantar su ánimo luego de la guerra Rhajik, intentó hacer que se recupere de sus secuelas psicológicas, lo cuidó cuando El Supremo lo dejó inconsciente, y lo atendió cuando fue herido en una revuelta. Ashley hizo mucho por él, y Axlor se marchó del lugar sin antes haber hablado con ella. Algo extraño. Otra duda es, ¿por qué Axlor jamás delató a la Resistencia? Él podía haber detenido todo al inicio. Sabía donde se reunían. Incluso si no quería involucrar a Lill, Arva y Snow en una pelea contra amigos y ver como sus seres queridos se mataban entre sí, podría haber hablado con Vanth para que le prestara Super Rhajik para asaltarlos. En la guerra civil, vimos como la Resistencia no podía parar a los Rhajik y eso fue 5 años después de su nacimiento. De haber atacado en el momento, podrían haberlos derrotado incluso sin matarlos. Eso me tiene en duda.

    Tengo que decir, y lamento hartarte con esto, que Axlor era un personaje con un potencial colosal para la historia. Si él hubiera sobrevivido tendría que enfrentar cosas como:

    • Que un enfermo mental tuviera retenida a su esposa embarazada, cuando su mayor deseo era tener familia
    • Que Ashley, la chica por la que sintió algo, fue la que decidió eso. Y que, por una cadena de eventos, lo terminara convirtiendo en el asesino indirecto de Narisha
    • Que Lill, un amigo suyo que le dio su apoyo y además era el comandante de la humanidad, terminara perdiendo su mano
    • Que Vanth, que era su amigo, lo terminara odiando por haber hecho lo que hizo
    • Ver como varios de los neonianos, la Resistencia y miembros del Gobierno (los tres bandos por excelencia de la parte III) lo miraran con resentimiento e indiferencia, y él tuviera que decidir a que bando pertenecer para empezar a ganarse la confianza de ellos
    • Y ni hablar del conflicto con los Anixis
    Pese a que fue dolorosa, su muerte fue muy bien escrita, pero me dolió. No solo por lo que me agradaba del personaje, sino por todo el potencial que dejaste ir con su muerte. Sé que ya has avanzado con la historia, pero me gustaría mucho que hubiera una oportunidad de traerlo de vuelta. Ningún otro personaje de LV actualmente o en el pasado, ni siquiera Lío que fue el más complejo con los asuntos de su pasado, Jim, Dyrian, West, Hillary y su responsabilidad en el asesinato de Eduard; se acerca a este nivel de complejidad que podría haber tenido Axlor. Lamento hacerte comer un testamento con un personaje que ha muerto hace mucho, pero así lo veo yo.

    Finalmente, llega la parte del final. Me sorprende que vayan a infiltrarse en la plataforma de los Anixis. Honestamente, espero que no le suceda nada a Lill ni a Om. No porque Om me agrade demasiado, sino porque, si a Om le pasa algo, los sylerianos se volverán contra Lill y no quiero eso XD. A ver que clase de estrategia utilizan. Lo bueno es que, ahora mismo, Ender está en la plataforma y él es el más razonable de todos los Anixis hasta ahora. Ojalá no se haya marchado, porque si resulta que en la plataforma está Deon, me voy a morir del susto XD.

    Estoy seguro que el próximo capítulo diré que esta parte ya ha superado a la parte III. Está solo a un pelo de hacerlo XD. Todavía le queda para superar a la primera, pero no es una brecha muy grande.

    Saludos y hasta la próxima.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Un saludo a todos los que estéis leyendo y especialmente a Reydelaperdicion por estar siempre presente. Este capítulo abarca la trama desde varios lados, cosa que no sucedía (si no recuerdo mal) desde el primer capítulo de esta parte. En mi opinión, este capítulo es el punto de inflexión respecto a lo que vendrá. Sinceramente, espero que os guste.



    Intrusos







    En algún lugar de Neonia

    De la pared de aquella base secreta neoniana comenzaron a salir una especie de cápsulas individuales que contenían a miembros de la especie natal del planeta. La sorpresa en el rostro de Sun y Lio era evidente, pero la alegría de Yak al ver que su pueblo de casi cien habitantes no estaban solos, era inmensa. El joven discípulo de Vanth logró, sin saber exactamente cómo, activar lo que era llamado 'el despertar del sueño eterno', pues se podía leer en una de las pantallas, en el idioma de estos seres.

    Una vez dichas cápsulas sobresalieron lo suficiente de la pared que los mantenía ocultos, el trío formado por los dos humanos y el neoniano se aproximaron. En cada una de las cápsulas había una descripción del neoniano que estaba dentro, indicando su rango, su estado y por supuesto su nombre. Era increíble ver que tras cada cápsula había otra y que inclusive había más detrás, formando una fila que penetraba en la pared de la que habían salido.

    — Deben haber cientos, al menos — Supuso Santos mientras observaba una de las largas filas de cápsulas.

    — Vale, ¿y qué vamos a hacer con todos estos neonianos? — Preguntó Brume, a quién no le hacía gracia alguna que hubiese más neonianos de los que ya conocía.

    — No vamos a despertarlos a todos, no ahora — Dijo Yak, tajante — Estoy buscando en las descripciones de cada cápsula al líder de ésta base, a él lo despertaremos.

    — Te entiendo, primero debemos saber porqué se criogenizaron sin decir nada a nadie — Murmuró Lio, que comenzó a ayudar a su compañero en la búsqueda de la máxima autoridad de aquel lugar — Pero eventualmente deberemos despertarlos a todos, porque serían de gran ayuda para construir la Valkshire y para realizar un ataque contra esos seres que retienen a todos en Promesa.

    — No sabemos cuantos de esos seres hay en vuestra colonia, probablemente sean un destacamento — Contestó Yak, siguiendo con la búsqueda en segundo plano — Si les atacamos sin saber más sobre ellos, podrían enviarnos un ejército y masacrarnos, vete a saber.

    — Sorprendentemente, estoy con el neoniano — Intervino Sun, que no ayudaba en nada a sus compañeros con la búsqueda del líder neoniano de la base — Necesitamos información.

    — No voy a quedarme de brazos cruzados, ya no — Dijo el hombre de Ceres con algo de furia — De no ser por ellos, no habríamos llegado aquí y Dyrian no habría muerto.

    — Tampoco habríamos encontrado éste sitio y a más de los míos — Añadió Yak con recelo — Entiendo tu ira contra esos seres y la tristeza que debes sentir por la muerte de tu compañera, pero en vez de recordar esto cómo un error, recuérdalo cómo lo que ha sido: Dyrian ha dado su vida para traernos, inconscientemente, hasta aquí.

    Al hombre de Ceres no le sentaron bien las palabras del joven neoniano y se dirigió hacia él para tomarlo del cuello y chocarlo contra una de las cápsulas. Sun observaba aquello con una envidiable sonrisa de oreja a oreja.

    — Si tuviera que dar las vidas de todos los neonianos que hay aquí para que Dyrian volviese a la vida, créeme que lo haría — Santos se mostraba muy serio y enfadado — Así que deja de justificar algo que no tiene justificación. Antes estaba con la Resistencia, pero tuvo que morir un amigo para darme cuenta de que ese no era el camino. Eso no significa que haya olvidado ni perdonado; trabajamos en equipo pero no somos amigos, humanos y neonianos.

    Leonardo soltó del cuello a Yak, que lo apartó de un empujón con visible frustración. Sin embargo, la cápsula comenzó a emitir varios sonidos y captó la atención del joven neoniano, quién se volteó para ver que sucedía y comprobó que sin darse cuenta, había activado manualmente la apertura de la cápsula. Para su grata sorpresa, el neoniano de su interior era el líder de aquella base secreta.

    — Tovam, Erie — Leía el discípulo de Vanth en la descripción de la cápsula que estaba reanimando al neoniano de su interior — Ingeniera jefe de la base A-072. Estado: sana.

    — ¿Qué significa eso de base A-072? ¿Acaso es el nombre de la base o su número de identificación? — Preguntaba la asiática, en una mezcla de sorpresa y preocupación — Porque si es lo último, indicaría que es la base neoniana número setenta y dos que existe, queriendo decir que ya hay un mínimo de setenta y una por ahí fuera.

    — Setenta, porque Naylon en su momento ya encontró una, la que lideraba Vanth — Dijo Lio, recordando el inicio de todo.

    — Incorrecto, ¿veis que delante tiene un cero? — Quetaryan se lo mostraba a sus compañeros — Eso indica que hay un mínimo de cien, porque caben hasta tres dígitos. En el mejor de los casos, puede haber novecientas noventa y nueve.

    — No sé si ese sería el mejor de los casos... — Musitó Sun, reacia a que hubiese tal cantidad de bases y por ende millones de neonianos.

    — Otro motivo más para que, sean cuantas bases sean, los despertemos a todos y ataquemos — Lio volvía a la idea principal — La humanidad ya peleó por vosotros contra los Rhajik; ahora es vuestro turno hacerlo contra esa nueva especie inteligente.

    Yak no estaba del todo seguro de querer hacer eso, pero optó por no decir nada y se centró en la cápsula, que ya comenzaba a abrirse ante los ojos del trío. La neoniana de su interior tardó más de treinta segundos en abrir sus ojos pero finalmente lo hizo, mostrando primero una reacción de terror al ver a Lio y Sun, dos alienigenas para ella.

    — Tranquila Erie, son aliados — Murmuró Yak, al lado de su simil — Tómate tu tiempo para ubicarte.

    La neoniana de nombre Erie Tovam pareció tranquilizarse un poco al ver el rostro de uno de los suyos, pero rápidamente se volteó hacia Sun y Lio, mostrando una expresión de asombro y desconcierto al verlos.

    — ¿Qué... son? — Fueron las primeras palabras de la líder neoniana de esa base.

    — Humanos, una especie inteligente que proviene de un sistema llamado Solar — Explicaba Yak con normalidad — Llevamos varios años siendo aliados, ellos nos ayudaron a terminar con los Rhajik.

    — Lo... lo sabía — Musitó Erie, levantándose de la cápsula para salir de ésta — El día que decidí poner a los nuestros en letargo, supe que nos despertarían alienigenas de otro planeta.

    — ¿De veras? — Preguntó Sun, sorprendida con esa afirmación.

    — Así es, humana — Respondió la neoniana — Nuestra especie estaba al borde de la extinción, el resto de bases dejaron de emitir su señal, los Rhajik nos rodearon y no podíamos salir de la base... aún los escucho intentar entrar.

    [...]

    — ¡Bloquea la apertura de la compuerta desde dentro! — Ordenó el comandante militar neoniano al mando de los soldados de aquella base.

    — ¡Comandante, intentan entrar por la compuerta principal y la salida de escape! — Indicaba uno de los neonianos que comprobaba la tecnología del lugar, observando por las cámaras cómo los Rhajik disparaban su potente láser contra la puerta.

    — ¡Las compuertas resistirán! ¡Deben hacerlo!

    — ¡Comandante! — Erie se aproximó corriendo a la máxima autoridad militar, aunque ella era la autoridad civil por así decirlo — ¡Dígales a sus soldados que dejen de trastear con mí nave! ¡La Valkshire no puede volar aún!

    — ¡Usted dijo que estaría construida en dos semanas! — El comandante le recriminó sus palabras a la ingeniera jefe y líder principal del complejo — ¡He depositado a mis soldados y mí esperanza en esa maldita nave para que nos saque de aquí! ¡¿Acaso no ve la situación en la que nos encontramos, Tovam?!

    — ¡Tenemos otra alternativa, comandante!

    Los Rhajik golpeaban la entrada a la base y continuaban disparando las compuertas, que pese a ser resistentes, no duraban eternamente.

    — ¡No vamos a ponernos a dormir! — Exclamo dicho comandante, molesto con esa idea — ¡En esta guerra hay que luchar, morir o huir para pelear otro día si es necesario!

    — ¡Si los ponemos a todos el letargo, será cómo huir para pelear otro día! — Erie trataba de meter a su comandante militar en razón — ¡¿Y si somos los últimos, comandante?! ¡Ninguna otra base responde a nuestras llamadas! ¡¿Y si estamos solos?! ¡¿Quiere que la especie neoniana se extinga por su orgullo?!

    Algunos soldados y trabajadores de la base se habían detenido en sus funciones para observar la acalorada discusión entre ambos líderes del complejo. Ciento veintiun almas que veían cómo su vida se encontraba en grave peligro por el asedio total de los Rhajik y veían cómo sus líderes no se ponían de acuerdo. Algunos de ellos incluso se aproximaron a ambos con una decisión ya tomada por su parte.

    — Lo mejor es criogenizarnos, si la Valkshire no está operativa — Murmuró un neoniano civil.

    — No sería la primera vez que ponemos en práctica el despertar del sueño eterno — Dijo otro de ellos — La expedición que se dirigió a Vulkano también estuvo en letargo durante su viaje, hace años. Es una forma de preservar el futuro.

    Erie no podía estar más de acuerdo con ese neoniano. El comandante observó a los civiles con seriedad para finalmente resignarse a la idea de la ingeniera jefe, pues por el momento era la única opción de salir ilesos si las máquinas irrumpían en la base.

    — Qué así sea.


    [...]

    — Veo que al final, los Rhajik no entraron — Dijo Lio, pues ellos fueron los primeros en abrir la compuerta durante el ataque de la manada de Ikorfs.

    — Parece que no — Musitó Erie — Pero en aquel entonces, creíamos que lo harían. Un asedio implica que no puedas salir por suministros al exterior, y aunque contábamos aquí con cultivos, alimentar a más de cien neonianos en un espacio tan apretado era relativamente complicado.

    — Tomaste una gran decisión, Erie — Yak apoyó a la neoniana — Mi base no tuvo la misma suerte.

    — ¿Qué ocurrió?

    — Cada grupo que salía a explorar, para conocer la ubicación de los Rhajik o encontrar a otros neonianos, no regresaba — Explicaba Quetaryan con cierta lástima en su tono — Vanth Dheer era nuestro líder junto a nuestro comandante Turak Klamp, y decidieron no volver a salir. Pero llegaron los humanos y nos ofrecieron ir a su planeta llamado Tierra para estar a salvo, mientras ellos se ocupaban de los Rhajik aquí. Eso a cambio de una colonia aquí, en Neonia.

    — ¿Y lo consiguieron? ¿Eliminaron a los Rhajik? — Erie Tovam no podía evitar sorprenderse con ello.

    — Sí, pero con graves consecuencias para nuestra especie — Intervino Lio, mostrando su descontento — Nuestro sistema, nuestro hogar... fue reducido a cenizas por el líder de los Rhajik, el Supremo, una inteligencia artificial syleriana.

    — ¡¿Fueron los sylerianos los causantes de la rebelión Rhajik?!

    — Así es — Yak asintió, apenado — La humanidad pagó la peor parte de la guerra y los que formaban aquí una colonia, son ahora los únicos supervivientes de su especie. Aún así, son muchos más que nosotros.

    — Muchos humanos os odiamos — Añadió Sun, llamando la atención de la neoniana — Incluida yo.

    — ¿Nos atribuyes la culpa? — Erie quiso plantar cara.

    — Déjala Erie, no merece la pena — Le murmuró Yak en la oreja — Ella es la líder de la Resistencia, un grupo organizado de humanos que nos atacó... mataron a Narisha Taaliv, quién era nuestra representante.

    — ¿Son ellos la amenaza ahora? ¿Es eso lo que me quieres decir? — Erie estaba visiblemente enrabietada — ¿No eran nuestros aliados?

    — La alianza está débil últimamente, pero lo son, sí — Dijo el joven neoniano — La amenaza ha venido de fuera ésta vez.

    — ¿A qué te refieres?

    — Te lo explicaré.

    Mientras Yak Quetaryan se llevaba consigo a una confundida y desconcertada Erie Tovam, el dúo humano permaneció en medio de la base neoniana, observando su alrededor. Tras unos segundos incómodos entre ambos, Leonardo decidió dirigirse hacia el cuerpo de Dyrian, que se encontraba sobre una mesa y cubierto por un plástico biodegradable con el que enterrar a los muertos.

    El hombre de Ceres sentía mucha lástima por no haber salvado a Clyne a tiempo. Sentía furia e impotencia porque si las cosas estuviesen en la normalidad, habría sido tan fácil cómo llevarla a Promesa en un vehículo y Cinthia la habría sabido tratar, al igual que otros médicos que a través de ella, aprendieron cómo curar la infección venenosa que un Ikorf podía provocar con su mordida.

    La asiática se aproximó al que una vez fue miembro de su organización y se colocó a su lado, observando ambos el cadáver de su fallecida amiga. El silencio entre ambos tenía motivos, pues no se llevaban especialmente bien y la situación no les daba una conversación. No obstante, Brume se hartó de estar callada e inició la charla.

    — ¿A veces no piensas que esto simplemente es una pesadilla? — Por primera vez en mucho tiempo, la asiática sonaba sincera — ¿Qué todo volverá a ser normal cuando te despiertes?

    — ¿Estamos dormidos? — Preguntó Lio de forma retórica.

    — En ciertos aspectos, sí — Respondió Sun, mirando al frente — Odio a los neonianos, y es muy difícil que cambie para mí cómo lo ha hecho para ti, pero quiero que sepas que no voy a ser un problema. El enemigo de verdad está ahí fuera, los neonianos son aliados y tienen al enemigo en común con nosotros... pelearé codo con codo con quién sea, por el bien de lo que queda de la humanidad.

    Santos estaba completamente asombrado por las palabras de la ex líder de la Resistencia. Hacía años que no la escuchaba hablar con tanta sinceridad cómo en aquel momento, cosa que se agradecía. El hombre asintió con una leve sonrisa mientras tomaba la palabra.

    — Me alegra oír eso, Sun — Musitó Lio — Espero que para cuando la batalla termine, ese odio a los neonianos lo hayas logrado disolver. Yo, por mí parte, ya estoy intentando que así sea, aunque cueste.

    — Veremos — Dijo Sun, sintiendo que su compañero le había dado un voto de confianza — Ahora toca ser otro tipo de Resistencia, ¿verdad?

    — Así es, por todos — Añadió Lio, haciendo alusión a humanos y neonianos por igual — Veamos cómo van Yak y Erie.

    Sun y Lio terminaron la conversación y se dirigieron al dúo de neonianos, que se encontraba ahora en la sala central de la base, trasteando con la tecnología. Ambos humanos no entendían que estaban haciendo pero al escuchar cómo el resto de cápsulas se abrían, lo entendieron al instante.

    — ¿A qué se debe esta decisión? — Brume se sentía ignorada por no haber tenido voto en la decisión de despertar a todos los neonianos de la base.

    — Nos ayudarán a construir la Valkshire — Indicó Yak, visiblemente entusiasmado.

    — Y podremos ir a buscar otras bases neonianas, porque si hay más criogenizados cómo nosotros, vamos a ser muchos para pelear contra esos seres que retienen a nuestro pueblo en vuestra colonia — Explicaba Erie, decidida — La construcción de lo que queda de la nave no debería llevarnos más de ocho días.

    — Yo he sido ingeniero de naves... bueno, técnicamente, de lanzaderas — Lio mostraba su experiencia a los neonianos — Ayudaré en la construcción de la nave.

    — Yo también tengo cierta experiencia, mí padre tenía una corporación de construcción de naves y demás, allí en la Tierra — Indicaba Sun, también participativa.

    Los neonianos iban levantándose uno a uno de las cápsulas, ante la mirada de los cuatro allí presentes. La mayoría se mostraban reservados y temerosos, especialmente cuando veían a Lio y Sun, pues eran alienigenas para ellos. Sin embargo, otros se aproximaban a los humanos con asombro y curiosidad, pues se criogenizaron con la idea de que otra especie inteligente pudiese despertarlos. El hombre y la mujer, por otro lado, miraban extrañados a esos atrevidos neonianos que se acercaban a verlos de cerca, siendo observados de arrriba a abajo.

    — El despertar del sueño eterno... — Murmuró Quetaryan para sí mismo mientras veía cómo más de cien de los suyos recobraban la vida — Buena hora para despertar.

    Tras haber pasado diez días exactos desde la muerte de Dyrian Clyne y también del despertar de la ingeniera neoniana Erie Tovam, máxima autoridad de la base que Yak, el cadáver de la ex criminal fue incinerado en una de las cámaras de la base, dejando sus cenizas en una jarra que el hombre de Ceres tenía decidido esparcir en Cuna, concretamente en la orilla de su playa.

    Lio se hallaba pensativo respecto a todo lo que estaba por venir. Sentado frente el puesto de control de la base neoniana, con varias pantallas y controles operativos, el hombre estaba sumidos en sus pensamientos cuando Yak se aproximó a él, haciendo que éste levantara su mirada.

    — La Valkshire ya está lista.

    Santos abrió más aún los ojos y no pudo evitar sonreír pues se trataba de una grandísima noticia. Con ciento veinte neonianos que habían sido despertados de su letargo, la construcción de la nave había dado un gran avance y en diez días, lo que faltaba por colocar ya estaba colocado. El hombre de Ceres siguió a su compañero Quetaryan hasta la zona de construcción de la Valkshire, dónde los neonianos celebraban efusivamente que habían terminado el trabajo.

    — Ya está lista para partir y yo soy piloto además de ingeniera, así que... — La líder neoniana Erie Tovam se mostraba realmente alegre — Nos vamos, todos, a reanimar al resto de los nuestros que puedan estar criogenizados en sus respectivas bases. Cuantos más seamos, más posibilidades tendremos que derrotar a esos seres que nos tienen cómo un rebaño.

    — Mucha suerte — Musitó Leonardo, dándole la mano a la neoniana — Espero que vengáis siendo muchos.

    — ¿Cuál será el siguiente paso una vez despertéis a tantos cómo queden en esas bases? — Preguntó la asiática, intrigada respecto al plan.

    — Atacaremos Promesa con todo para liberar a vuestro pueblo y a los nuestros — Respondió Erie con seriedad — Pero lo primero es lo primero, despertar a mi gente. Tomará semanas viajar por toda Neonia y tocar a la puerta de cada base, quizá incluso nos topemos con algún Rhajik rezagado.

    — ¡Hora de irnos! — Exclamo por el fondo el comandante neoniano.

    — Bueno, debo irme — Murmuró Erie, mostrándose agradecida al trío — Contactaremos conforme podamos con vosotros una vez estemos de regreso.

    — Entendido — Musitó Lio, viendo a la neoniana marchar.

    — Voy a irme con los míos — Dijo Yak de pronto, sorprendiendo a sus dos compañeros humanos — De alguna manera, he iniciado esto... quiero estar ahí. Cuando vayamos despertando a neonianos, podrán oír de mi boca toda la verdad de la historia que nos precede hasta ahora.

    — No puedo decir que estoy de acuerdo, pero te comprendo — Sun mostró su apoyo al neoniano, cosa que le sorprendió tanto a él cómo a Lio — Volved listos para pelear.

    — Eso siempre — Dijo Quetaryan mientras pasaba de darle la mano a Sun a dársela a Lio — Cuidaos.

    — Igualmente, Yak.

    El joven discípulo de Vanth tuvo que correr hasta la compuerta de entrada a la Valkshire, dónde ya estaban entrando los últimos neonianos. Lio y Sun observaban cómo el techo de la base, que se encontraba incrustada en el interior de una montaña, se abría a ambos lados para dar paso a la salida de la nave. Los propulsores de ésta se encendieron ante la mirada de los dos humanos, que vieron cómo la nave se alzaba poco a poco en el aire y cuando ya había salido definitivamente, se impulsaba velozmente hasta desaparecer de la vista de los únicos que quedaron en la base.

    Lio se dirigió hacia el lugar donde había dejado sus pertenencias y lo tomó todo, sujetando la Rhajead en sus brazos. Sun hizo lo propio, portando con ella un Striker además de ambos suministros para al menos tres días. Los dos se miraron decididos, pues tenían claro cuál iba a ser su movimiento. Lo hablaron dos días atrás, preparándolo cómo un plan B por así decirlo.

    — Les he oído hablar de su plan — Decía Sun mientras se sentaba al lado de Lio, que llevaba días tomándose un tiempo a solas tras acabar su turno cómo ingeniero en la Valkshire — Van a llevarse la nave para ir de base en base por el planeta y despertar a otros neonianos, si es que están criogenizados, claro.

    — Lo entiendo, por eso no me he opuesto a que se lleven la nave — Murmuró Lio, mirando al frente — Nosotros iremos a Promesa, buscaremos la forma de infiltrarnos y encontrar a nuestros amigos.

    — Son tus amigos, no los míos — Dijo la asiática, resignada — Me odian por todo lo que ha pasado y lo que les he hecho pasar.

    — Evidentemente — Musitó Santos — Pero puedes comenzar ganándote su perdón, ayudándome a sacarles de allí.

    — Cuenta conmigo, Lio.

    — No hagas que me arrepienta, Sun.


    El hombre de Ceres abrió la compuerta que daba acceso a la base y salieron a la cueva por la que entraron. La docena de cadáveres de Ikorfs les daban la bienvenida de nuevo al mundo exterior de Neonia mientras observaban la luz que entraba por la cueva y les indicaba la salida. A medida que avanzaban hacia el exterior, el canto de algunos pájaros y el viento meciendo las hojas de los árboles se escuchaban con más fuerza, hasta finalmente salir y respirar el aire puro. Lio observó a su alrededor y miró el horizonte, buscando ubicarse hasta que finalmente lo hizo y se volteó hacia Sun.

    — Nos tomará al menos un día caminando el llegar a Promesa si no paramos — Dijo Santos, comenzando ya la andadura — Vamos, no perdamos tiempo.

    [...]

    Promesa

    La zona de presos en Promesa, que consistía de un largo pasillo con celdas a cada lado de éste, estaba repleto en su mayoría de humanos exceptuando de unos pocos neonianos. Separados entre tanta gente y por varias celdas, Snow, Eron y Ashley veían cómo sus opciones de huir quedaban reducidas a nada. Tras ser retenidos por Deon Xom, el Anixis al mando de la colonia, y cuatro de los suyos, el trío de humanos había sido llevado a la prisión y repartido en celdas para no juntarlos, provocando que fuera más difícil idear otra ruta de escape.

    Mientras esperaban cuál era su destino, Vanth se encontraba junto a los suyos, en aquel famoso callejón dónde se juntaban la gran mayoría de neonianos, algo apartados del resto. El líder neoniano observaba a un dron que pasaba de largo por la zona, vigilante durante día y noche en cada sector de la colonia conformada por tres arcas. Dheer se preguntaba si sus compañeros humanos habían logrado escapar, y si quizá lo habían hecho, si debería haber ido con ellos.

    Por otro lado bien distinto se encontraba Deon Xom. Instalado en el que antes era el despacho de la gobernadora Carver, el Anixis mantenía una comunicación con su hermano, Ender Xom, quién se encontraba en la base en órbita con Neonia. Días antes ya le había informado de que la Arcadia evadió las naves de persecución Anixis en Xhander, información que le dio su padre y que éste compartió con su hermano rápidamente. Sin embargo, el tema ahora era diferente.

    — Voy a enviarte a muchos que han causado problemas a lo largo de estos días — Le informaba Deon a su hermano — Ya sabes que hacer con ellos.

    Entendido, podrás subirlos en la próxima nave de descenso que envie con suministros — Indicó Ender — Yo iré en esa nave.

    — ¿Para qué?

    Quiero que hablemos, hermano.

    — ¿De qué, Ender? — Deon odiaba la falta de información.

    Lo hablaremos cuando llegue. Cambio y corto.

    Ender se fue de la conexión rápidamente, enfadando más aún a su hermano, quién no se llevaba especialmente bien con él. Deon estaba comenzando a cansarse de estar a cargo de Promesa, pero desconfiaba tanto de que su hermano pudiese ocupar su puesto, que prefería aguantarse.

    — De todas formas... — Pensaba el Anixis — ...nuestro padre no tardará en venir a ver esto, y te pondrá en tu sitio.

    [...]

    Arcadia

    Una lanzadera partía desde la Arcadia en dirección a la base en órbita de los Anixis, llevando en ella al comandante Crane, la neoniana Klamp, el syleriano Paokt y el joven Preston en lo que iba a ser una misión de infiltración. A falta de dos minutos para entrar en contacto directo con las naves de defensa que patrullaban el perímetro alrededor de la base, la piloto Tidder puso en marcha la nave para cruzar frente a sus enemigos a toda velocidad, captando su atención. Mientras cinco de esas naves Anixis se lanzaban directamente a por la Arcadia, que se precipitaba sobre Neonia con el fin de despistarles ahí, la lanzadera comandada por Lill se aproximaba ahora sin riesgo de ser atacada. No obstante, el líder de la tripulación no contó con torretas, que detectaron la lanzadera cómo intrusa y comenzaron a disparar plasma.

    — ¡Mierda! — Exclamo Reeda, quién era la que pilotaba la lanzadera — ¡Maniobras evasivas!

    — ¡Lo tienen todo pensado! ¡Sabrán que vamos! — Indicó Etyah, consciente de que el factor sorpresa lo acababan de perder.

    — ¡Da igual! ¡Llévanos hasta una zona dónde aterrizar y entrar! — Ordenó Lill sin pensarlo dos veces.

    — ¡Se suponía que iba a ser una misión de sigilo, comandante Crane! — El syleriano le echó en cara la improvisación — ¡Debemos retirarnos si el enemigo sabe que vamos!

    — Se le llama improvisación táctica y no, no van a saber exactamente que vamos — Dijo el comandante, que rápidamente se dirigió a su piloto — Reeda, acércate lo máximo que puedas a la base y prepárate para abrir la compuerta, Om y yo saltaremos.

    — ¡¿Y qué se supone que haremos nosotros?! — Preguntó el joven afroamericano, visiblemente aterrado.

    — Tú y Reeda os largáis — Ordenó Lill con seriedad mientras se preparaba frente la compuerta para saltar a la señal de la piloto neoniana — Seguid a la Arcadia y aterrizad en Neonia, nosotros encontraremos la forma de descender una vez hayamos investigado bien la base.

    — O nos hayan detectado... — Musitó Om, molesto por el cambio repentino del plan.

    — Entendido, comandante Crane, preparáos... — La joven neoniana Klamp colocó la lanzadera sobre la base de forma temporal, pues más naves Anixis salían de sus muelles de atraque para atacar — ¡Ahora!

    La compuerta de la lanzadera se abrió, provocando un efecto gravitatorio en ella —al romper la gravedad artificial de la lanzadera con el espacio vacío— que la hizo tambalearse fuertemente. El humano y el syleriano saltaron de ella, precipitándose lentamente hasta caer sobre la parte de arriba de la base. Ambos vieron cómo la lanzadera cerraba su compuerta y se alejaba rápidamente mientras tres naves Anixis les pisaban los talones.

    — Espero que no sepan que estamos aquí — Murmuró Om, aún molesto por la brusquedad con la que Lill actuó — Me sorprende que un comandante tome decisiones repentinas e imprudentes.

    — ¡La retirada no era una maldita opción! — El humano se mostraba enfadado por la reacción lógica del syleriano — Mira, Om, sé que no ha sido lo más correcto, pero era lo más oportuno. Si hemos tenido suerte, creerán que seguimos todos en esa nave y en la Arcadia.

    — Por nuestro bien, que así sea — Musitó Paokt, que pese a no aprobar lo que acababa de ocurrir, comprendía la medida tomada en cierta forma.

    — Bien — Lill observó cómo a unos treinta metros había una esclusa — Ahí tenemos nuestra entrada.

    — ¿Cómo sabemos qué eso da acceso a un lugar tranquilo por el que empezar? — Om estaba siendo totalmente lógico — ¿Y si caemos en medio de un pelotón de esos a los que llamáis Anixis?

    — Habrá que averigüarlo, Om — Dijo Lill mientras abría la esclusa con determinación.

    — Espero que todos los humanos no seáis así... — Murmuró Om, molesto con la improvisación táctica del comandante humano.

    Lill fue el primero en meterse por dicha esclusa, que sorprendentemente, tenía una gran anchura. Om le seguía por detrás, dubitativo en todos los aspectos. El syleriano apenas tenía información acerca de los Anixis y de lo que ocurría, sin embargo, la precipitación del humano lo comprometía más aún y hasta que no viese con sus propios ojos la veracidad de la historia contada por la tripulación de la Arcadia, desconfiaría.

    Paokt portaba un Buster prestado de la armería de la Arcadia, pues no iba a contar que tenía una Rhajaal en su habitación que se había traído de Syleria por si la cosa salía mal. Lill llevaba un Striker consigo pero el plan era entrar, obtener información de los Anixis y salir sin ser detectados, por lo que si no usaba el arma, sería un logro en la misión. Finalmente, el conducto por el que el dúo iba terminó dando a un pasillo de la nave, cosa que los dejaba bastante expuestos a ser vistos.

    — Bajaré y si no hay peligro, te aviso — Indicó Crane mientras abría la reja para bajar del conducto.

    Om permaneció en silencio mientras Lill bajaba y tras unos segundos sin oírse nada, el humano le indicó que éste bajara. Ambos se encontraban ahora en uno de los pasillos de la base Anixis en órbita con Neonia. La arquitectura era muy similar a la ya vista en cualquier especie pues todas provenían de una misma base, no obstante, el color de paredes y suelo era un verde fuerte oscuro y las luces un poco ténues le daban una apariencia secreta al lugar.

    El dúo comenzó a avanzar por el pasillo hasta que éste se abrió en dos. Diversas habitaciones parecían ser los camarotes de los alienigenas, por lo que suponían que se encontraban en la parte de la tripulación de la base. Dispuestos a proseguir con el camino en sigilo, el humano y el syleriano tuvieron que meterse rápidamente en una de las habitaciones pues escucharon cómo varias voces se aproximaban a ellos por el pasillo contiguo. Por suerte para ellos, en el camarote dónde se habían escondido no había nadie.

    — ¿Has recibido la orden? — Le preguntaba un Anixis a otro — Muelle de atraque tres, en veinte minutos.

    — Entendido — Musitó el otro cómo respuesta — Es el envío de suministros semanal, ¿no?

    — Exacto — Dijo el que fuera primero en hablar — Ahora ve y llévale el mensaje al lameculos de Haal, que seguro ni se ha enterado de la orden de Ender.

    — Sí, señor.

    Uno de los Anixis continuó avanzando por el pasillo mientras el otro se metió en una habitación, por lo que Lill y Om respiraron aliviados. Tras haber oído esa breve conversación, el dúo ya sabía cómo saldría de la base en órbita, sin embargo, tenía veinte minutos para encontrar cualquier información que pudiese comprometer a los Anixis. Tras un momento de silencio en los pasillos, el syleriano se dispuso a salir del camarote donde se habían refugiado cuando fue frenado bruscamente por el humano.

    — Espera... — El comandante parecía haber visto algo de gran importancia en lo que parecía ser el escritorio de la habitación.

    — ¿Qué ocurre? — Preguntó el protector de la Elegida, extrañado al ver la reacción de su compañero.

    Lill se aproximó a dicho escritorio, concretamente a lo que parecía ser un aparato de hologramas idéntico al que tenía su hija Gina en la Arcadia y con el que podía ver en tres dimensiones, animales y otras cosas originales de la Tierra. Om seguía sin entender nada mientras el comandante Crane no sabía que pensar de aquello. El humano pulsó el botón que activaba el aparato y éste se encendió, mostrando el holograma del planeta Tierra con un nivel de detalle asombroso, que hasta hizo que Om se aproximara a verlo con los ojos abiertos.

    — ¿Conoces ese planeta? — Le preguntó el syleriano, absorto en sí mismo mientras apreciaba la belleza de la ya desaparecida Tierra.

    — Es la cuna de mi especie — Musitó Lill mientras luchaba por contener las lágrimas — Es el planeta Tierra. Mi planeta.

    — Es precioso... — Dijo Om, que rápidamente volvió en sí para analizar la situación — ¿Por qué querrían los Anixis tener un holograma de vuestro planeta, si ya no existe?

    — No lo sé, yo... no tengo ni idea — Lill seguía impactado por lo que había visto — Quizá nos llevan investigando desde mucho atrás, quizá nos han estudiado desde el principio, no sé...

    En la mente de Lill Crane comenzaban a sucederse miles de preguntas. ¿Llevaban siendo vigilados por los Anixis desde incluso antes de la guerra Rhajik? ¿Podrían ser los Anixis los creadores de la humanidad? ¿Tenían alguna conexión entre ambas especies? El comandante apenas podía ponerse a teorizar cuando escucharon pasos por el pasillo que iban y venían. Conscientes de que no había tiempo que perder, el dúo salió de la habitación y decidió buscar ese muelle de atraque tres del que habían oído hablar, pues cuanto más tiempo estuviesen allí, más se comprometían a ser detectados. Para el humano, aquel dato del holograma no era una ventaja que tanto buscaba, pero sí significaba algo, por lo que quedó mínimamente satisfecho con la aventura de la infiltración.

    Lill y Om cruzaron varios pasillos con la suerte de encontrarse de cara con ningún Anixis hasta llegar al muelle de atraque tres. Escondidos tras cajas de suministros, observaban cómo estos alienigenas cargaban una nave de descenso para llevarla a Promesa. El syleriano optó por rebuscar en las cosas de una de esas cajas, encontrando lo que parecían ser detonadores de energía. Al verlos, Lill se estremeció notablemente, pues temía que fuesen para destruir la colonia humana de Promesa, por ejemplo.

    — Explosivos, me preguntó para qué los querrán — Murmuró Om, intrigado.

    — Será mejor que no los utilicen en nuestra contra — Musitó Lill, que comprobó que los detonadores estaban por configurar — Así que los usaremos contra ellos.

    Om observó con asombro cómo el comandante Crane manipulaba los explosivos de la forma más sencilla, pues al no saber manejar tecnología Anixis, optó por apretar los botones del centro que tenía cada detonador y en estos ponía un tiempo de diez minutos, con el contador bajando.

    — Ha sido más sencillo de lo que pensaba — Murmuró Lill, cerrando la caja — Para cuando lleguemos a Neonia en esa nave, al menos se llevarán un buen susto con la explosión en uno de sus muelles de atraque.

    — No creo que solo en éste muelle, Lill, ahí hay detonadores para destruir una nave de cinco veces más el tamaño de la Arcadia, por así decirlo — Indicó el syleriano — Vas a hacer algo más que darles... un susto.

    — Se lo merecen por lanzarnos cápsulas con el fin de dormirnos y tenernos a su antojo — Respondió el hombre con ira — Además, vinimos en busca de una ventaja, ¿no? Pues debe ser ésta.

    Om no era partidario del juego sucio de Lill, aunque comprendía que cuando era necesario, se debía hacer. Lill aprovechó la situación y tuvo suerte al encontrar dichos explosivos cuando acto seguido reconoció a Ender, aquel Anixis que habló con él en Vulkano, por la forma de su traje, distinto al del resto de los suyos y por lo que supuso que se trataba de un rango superior al resto. Parecía estar hablando acaloradamente con otro de los suyos y el dúo apenas podía escucharles hablar lo que se decían debido al ruido de las turbinas de las naves de descenso, algunas siendo probadas para testar su funcionamiento y la que iba a despegar para comprobar que todo marchaba bien.

    — ¡...ue diga mi hermano! ¡La Arcadia ahora es problema suyo, ha entrado en Neonia! — Exclamaba Ender Xom, muy enfadado por algún reproche recibido por Deon desde Promesa.

    — ¿...de la lanzadera? — El otro Anixis era ese tal Haal, su segundo al mando en todos los aspectos — Ha intentado llegar a Neonia pero las otras naves le cortaron el paso y se ha dirigido a Vulkano.

    — ¿Los tenemos? — Preguntó Ender, interesado en saberlo.

    — Es cuestión de tiempo, no tienen escapatoria — Respondió Haal, mientras ambos proseguían hasta la nave que les llevaría a Promesa.

    Durante la conversación de ambos Anixis, el comandante Crane y el protector Paokt se infiltraron sin ser detectados en la nave de descenso, metiéndose en el compartimento junto a las cajas de suministros que serían enviados a Promesa. Ambos sabían que Reeda y Etyah podrían estar en problemas, sin embargo, primero debían preocuparse en salir de la base en órbita sin ser detectados. No tuvieron que esperar más de cinco minutos para que se pusiera en marcha la nave, y mientras Om seguía esperando una muestra de crueldad por parte de los Anixis que confirmara la historia de humanos y neonianos, Lill se sumía en los pensamientos que le sobrevenían tras ver en un holograma de tecnología humana, que no Anixis, una imagen en tres dimensiones del planeta Tierra.

    Considerando que los Anixis mostraban una tecnología punta asombrosa en comparación al resto y que parecían incluso venir de otra parte de la galaxia, el hecho de que tuvieran aquel objeto en sus manos no dejaba de sembrarle todo tipo de dudas. ¿Y si los intrusos habían sido ellos, los Anixis, prácticamente desde el principio? ¿Y si habían sido espiados por estos seres desde hacía años, de ahí la comprensión que tenían acerca de todo? El cartógrafo y ahora comandante humano tendría unos minutos para pensarlo mientras la nave de descenso alienigena se dirigía a la superficie de Neonia, concretamente a Promesa, dónde esperaba reencontrarse con algún conocido al menos. Además, los contadores de los detonadores de energía activados junto a los que no lo estaban —que también explotarían al estar en contacto con los activos— ya llevaban dos minutos de su cuenta particular.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Saludos amigo. Paso a comentar el capítulo. En información no relevante, este es el comentario número 500 que hago en este foro XD. Se lo lleva tu historia, así que, sin más que decir paso al capítulo.

    La narración sigue siendo espectacular y me encanta la forma en la que todo es descrito. Ese aspecto hace a esta parte superior a las anteriores, pero creo que todavía le falta más para poder alcanzar a la parte I en cuanto a historia.

    La primera escena entre Lio, Sun y Yak con los neonianos criogenizados, liderados por la tal Erie ha sido algo interesante. Por alguna razón, Erie no me ha agradado. Y eso se debe a que no parecía estar muy contenta de que los Rhajik hayan dejado de ser una amenaza y que los humanos los hayan salvado. Pese a que se criogenizaron con dicha esperanza, su reacción cuando se encontró que lo que esperaban encontrarse al despertar no es la que yo me hubiera imaginado que tendría. Incluso su reacción me pareció poco apropiada, pero puedo imaginar que es algo comprensible. Después de todo, encontrarse lo que uno espera encontrarse no siempre reduce el factor shock. Los neonianos recién despertados han empezado a construir la nave, y tras terminarla, partirán en la búsqueda de más neonianos como ellos en el planeta. Realmente, dudo que vayan a aparecer más. Ya has introducido a 4 anixis, 2 sylerianos, y una neoniana nueva. Creo que, como mucho, encontrarán algún grupo más, y de ese grupo, saldría algún otro líder. Pese a que Sun no me agrada, entiendo sus razones para desconfiar. Ya tuvieron sus problemas con un grupo reducido de neonianos, y ahora, parece que van a tener muchos más. Sin dudas, será bueno ver que ha ocurrido con la Resistencia, en el momento en que este conflicto se termine.

    Lio me ha encantado con sus diálogos en este capítulo. Lo que ha dicho a Yak y a Sun ha sido fenomenal. Sin duda alguna, demuestra cada vez más que es un gran personaje muy complejo. Ha tenido una vida triste dado a que su hermano fue asesinado, vengarse le condenó la vida, vive con el remordimiento de haber sido el responsable por la muerte del representante terrestre, perdió a Hillary luego de reconciliarse con ella, sus acciones llevaron a la muerte de su amigo, y perdió a Dyrian. Pese a eso, ha aprendido de sus errores y no se deja caer, pese a que él mismo muestra que no está bastante resistente. Eso ha hecho que me vuelva a agradar tanto como antes, y lo lograste en medio capítulo, lo que lo hace todavía mejor.

    Sobre Sun, está claro que ella y los neonianos no han cerrado el libro por completo, más que nada teniendo en cuenta que ahora son más. Pero me alegra que finalmente se haya dado cuenta de quién es el peligro real y quienes son sus aliados. Pese a que debe demostrar más, no solo de su cambio, sino en general, puesto a que la parte III se la pasó en una celda, me está empezando a caer un 5% mejor XD. Veremos a donde llega con eso. La sigo odiando, pero un poquitin menos XD.

    Me hubiera gustado algún diálogo de Ashley, Eron y Snow en las celdas. Se menciona que había más prisioneros con ellos. Habría sido bueno ver si estos prisioneros le reclamaban cosas a Snow pese a que ella intentó hacer algo, y ver como reaccionaban Eron y Ashley al ver eso. Ya que ambos ya habían compartido celda en una ocasión en la parte III. También parece ser que Vanth cree que han escapado, se ve que no se han dado cuenta de que sus amigos no lo lograron. Eso fue raro. Creí que Deon los castigaría en público para que todos vieran que intentar escapar es inútil y que se llevarían un castigo, en un intento por calmar posibles revueltas futuras. Fue raro que no lo hiciera.

    La Arcadia parece que ha logrado aterrizar en Neonia, y la lanzadera, se ha ido a Vulkano. Eso es algo que seguro dará mucho juego en próximos capítulos, puesto a que Arva, Gina, West, Cinthia y Zyon van a bordo. Reeda y Etyah la tendrán más complicada. La lanzadera no tiene suministros, y un rescate será necesario pronto. Ellos dos me agradan, así que, espero les vaya bien.

    Debo decir que en este capítulo, Lill se ha comportado bastante temerario, más de lo que me gustaría. Sin tener idea de lo que los Anixis les hicieron, ha dejado explosivos en su nave, y es más que seguro de que lo van a pasar mal. Sin embargo, ha sido inteligente. Los explosivos al momento de explotar, no van a dejar rastro de sus huellas digitales, y si hubiera cámaras (cosa que no hay, puesto a que de haber, los habrían detectado fácilmente. Otra cosa sorprendente es que los Anixis, pese a ser superiores en tecnología, no se hayan percatado de instalar cámaras en su nave) serían destruidas. No habrá evidencia de que han sido ellos, y eso es bueno. Pero me preocupa lo que Om dijo. Si los explosivos tienen tanta fuerza, y la base se hace pedazos, varios fragmentos podrían caer del espacio y lastimar a alguien. En fin, espero que eso no mate a ningún personaje favorito mío XD.

    Por último, sorprende mucho que los Anixis tengan imágenes de la Tierra. Noté este diálogo de Haal con Ender en capítulos anteriores

    No creas que no lo noté, simplemente no lo entendí XD. Ahora, es casi un hecho que los Anixis han estado vigilando a los humanos. Tengo la teoría de que los Anixis los han creado y llevado hasta la Tierra para observarlos, porque están esperando a que obtengan o alcancen algún estado mental por su cuenta. Que no han intervenido antes porque la humanidad, pese a sus guerras (entre ellos y con Rhajiks), no estaba por extinguirse, y que se decidieron a intervenir en la guerra civil porque creen que los humanos son muy poco numerosos.

    En fin, ya veré si se cumple dicha teoría o no. Muero de ganas porque Lill y Snow se vuelvan a ver. La última vez que hablaron fue en el capítulo 1 de la parte III. Llevan 17 capítulos sin hablarse, y eso debería ser pecado mortal XDD. Bromeo, no lo tomes tan literal, sabes que me encanta la pareja.

    La nave espacial de los Anixis, o plataforma, debería decir, va a explotar tanto con Ender y Deon sobre Neonia, y eso claramente causará conflictos, a parte de debilitar mucho a los Anixis. Estoy empezando a pensar que su padre no aparecerá en esta parte, y si así fuera, sería en el capítulo final. Ya se verá.

    Me despido, y hasta la próxima ocasión XD.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Saludos a todos. Tuve un problema con mi anterior pc y por ello se interrumpió brevemente la publicación de los capítulos, pero finalmente pude comprar uno nuevo y ya puedo retomar la continuidad. Este capítulo es, básicamente y desde mi punto de vista, el detonante de lo que está por venir. No diré más; os dejo con la lectura.




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    Leonardo 'Lio' Santos y Sun Brume avanzaban por el bosque extenso en dirección a Promesa. Era la mañana del día siguiente, por lo que el trayecto de la base neoniana hacia la colonia humana había sido de un día entero andando. Exhaustos por el viaje, el dúo decidió tomarse un descanso al ver en el horizonte lejano a las tres arcas que conformaban Promesa. Una vez se sentaron sobre un tronco caído en medio del bosque, la asiática comenzó a beber agua de una cantimplora alargada que portaba en la mochila mientras que el hombre de Ceres mordía un trozo de pan con mala gana.

    — Estamos cerca — Musitó Sun mientras le ofrecía el agua a su compañero — Una vez allí, buscaremos la forma de entrar.

    Lio asintió a las afirmaciones de su compañera pero rechazó educadamente el agua, por lo que Sun volvió a guardar la cantimplora en su mochila. En ese preciso instante, un estruendo lejano llamó la atención del dúo, que se incorporó rápidamente con la Rhajead en manos del hombre y el Striker en las de la mujer. Ambos otearon el horizonte temiendo que fuese una explosión en Promesa, pero tuvieron que alzar la vista al cielo para ver una pequeña luminosidad en el.

    — ¿Qué mierda habrá sido eso? — Preguntó Sun, aunque su compañero no supiese la respuesta.

    — Ni idea, quizá una de sus naves ha explotado en órbita — Teorizó Santos, sin dejar de mirar aquella luz parpadeante.

    — ¿Podrían ser los nuestros? — Brume tenía la esperanza de que así fuera — ¿Y si les han atacado de alguna forma?

    — Es una posibilidad, pero sea lo que sea, lo descubriremos — Lio recogió su petate y todo lo demás, decidido a continuar el camino — Vamos, todavía nos quedan unas horas para llegar.

    [...]

    Tras lograr despistar a las cinco naves de defensa Anixis que protegían la base en órbita de estos, la Arcadia aterrizó en Neonia, concretamente en las ruinas de Unión. Los edificios de esta zona estaban derrumbados debido a la guerra civil que hubo hacía un par de semanas contra la Resistencia, por lo que suponían que las unidades terrestres de esos seres no buscarían de primeras en un lugar en ruinas.

    — ¿Y bien? ¿Ahora qué? — Preguntaba Cinthia, que se sentía mal por no estar haciendo nada.

    — Ahora esperaremos — Respondió Arva, quién tomó el mando cómo relevo del comandante Crane.

    — ¿Esperaremos a qué? ¿A qué nos encuentren? — West creía que quedarse allí parados era un error — ¡Aquí somos un blanco fácil!

    — ¡Les he despistado, West! — Dijo la piloto Tidder, molesta con la forma de hablar del ingeniero.

    — Tenemos un ochenta y tres por ciento de posibilidades de que los Anixis nos encuentren, señorita Tidder — Intervino Zyon con un comentario muy de inteligencia artificial — Lo más prudente sería moverse.

    — ¿Y dejar la Arcadia aquí? — Arva lo tenía clarísimo — Ni en mis peores pesadillas.

    West mostró su frustración evidente al largarse del puente de mando haciendo aspavientos con los brazos en señal de disconformidad mientras que su pareja lo siguió al no querer que hubiese tensiones entre su hombre y su amiga. Zyon permaneció junto a la piloto mientras esta se sentaba de nuevo en el asiento propio y resoplaba de estrés mientras acariciaba su vientre, hogar temporal de sus mellizos.

    — Deberías buscar la forma de relajarte, señorita Tidder — Dijo la máquina al percibir ese estrés en la humana — Esta situación de máxima presión no es buena para los fetos.

    — Lo sé, Zyon... lo sé — Murmuró Arva, cerrando los ojos y respirando profundamente.

    En ese momento, el ruido de un estruendo hizo que la piloto se levantara sobresaltada y que tanto Westley cómo Cinthia regresaran al puente de mando a toda velocidad.

    — ¡¿Qué ha sido eso?! — La doctora Marlow estaba aterrada.

    — ¡Debemos irnos de aquí ahora! — Exclamo el ingeniero Finn, consciente de que podían correr peligro.

    — ¡No, espera! — Dijo Arva, observando el radar — Eso no ha ocurrido en la superficie de Neonia, el radar lo muestra... ¿a unos kilómetros por encima de nosotros?

    — Podría tratarse de la base en órbita de los Anixis a la que el comandante Crane y el protector Paokt se han infiltrado junto a Klamp y Preston — Dijo Zyon, suposición que parecía ser la más idónea.

    — ¡Da igual lo que haya sido, debemos largarnos ya! — West se mostraba muy irritante, hasta el punto de encararse con Arva — ¡Tienes suerte de que no sepa pilotar, porque sino tomaría éste trasto y nos alejaríamos de aquí!

    La piloto Tidder golpeó con fuerza la nuez del ingeniero, que se cogió el cuello mientras jadeaba de dolor y en un intento por poder respirar, retrocediendo varios pasos. Cinthia se aproximó a conocer el estado de su pareja mientras le lanzaba una mirada incriminatoria a su amiga.

    — ¡Arva! — Le reprochó la médico.

    — Que no se acerque demasiado a mí, no con esa forma de hablar — Dijo la piloto Tidder, mostrando las habilidades y el caracter que le llevaron hasta ser una de los Viajeros — Esperaremos a los demás.

    West miraba a la piloto con cierta ira mientras Cinthia comprobaba que se iba recuperando. Rápidamente, el ingeniero se giró hacia el Super Rhajik para reprocharle que no hubiese intervenido en su defensa.

    — ¡Podrías haberme ayudado, Zyon!

    — Tu estado no era el adecuado para dialogar, Westley — Respondió la máquina — Además, solo intervengo en situaciones peligrosas y esto solo ha sido un conflicto de intereses. Y debo añadir, que amenazar a una embarazada no me parece correcto.

    — Maldita máquina... — Musitó West mientras optaba por volver a irse.

    Cinthia miró a Arva y levantó los hombros en señal de no saber qué le pasaba a su pareja. Tras esto, la doctora Marlow le siguió y Zyon se quedó nuevamente con la piloto, quién veía cómo a escasos metros se encontraba Gina, jugando con el famoso aparato holográfico.

    [...]

    La nave de descenso Anixis se preparaba para aterrizar a las puertas de Promesa, dónde Deon Xom y dos Anixis más les esperaban. Dentro de la nave viajaban Ender Xom, Haal y dos Anixis más que les acompañaban junto a varias cajas de suministros en las que muy al fondo estaban Om y Lill. Humano y syleriano, tras infiltrarse en la base en órbita, aprovecharon para que la nave de descenso les llevara a Promesa, cosa que hizo. Haal, quién pilotaba, logró el aterrizaje de forma impoluta y la compuerta se abrió para que Ender y los otros dos salieran a recibir a Deon.

    — Sigo sin saber a qué has venido, hermano — Dijo el Anixis al mando de Promesa, rememorando aquella conversación de videollamada entre ambos — Pero entiendo que querrás hablarlo en privado, así que deja que ellos se encargen de entrar los suministros a la colonia y nosotros vayamos a mí despacho.

    — Entendido — Musitó Ender mientras Haal observaba a ambos hermanos con seriedad — ¿Dónde están esas personas problemáticas que querías que me llevara a la base en órbita?

    — Están siendo sacadas de sus celdas, pronto las traerán aquí — Indicó Deon, señalando el camino a su hermano — Haal, ¿te ocupas?

    — Entendido, general Xom — Respondió Haal, volteándose hacia el resto de Anixis que cargaban con las cajas — ¡Vamos, quiero todas esas cajas dentro! ¡Qué no qued...!

    De forma repentina y abrupta, una explosión en el cielo llamó la atención de Deon, Ender, Haal y los otros Anixis que se encontraban fuera. Inclusive los de dentro y la población de Promesa habían oído el estruendo, que no había sido leve desde su ubicación. Cuando levantaron la vista al cielo y vieron de qué se trataba, los Anixis desplegaron rápidamente sus armas. La barrera eléctrica que rodeaba la colonia había caído, pues ésta estaba conectada a la base en órbita y solo la destrucción de ésta provocaría tal apagón.

    — ¡Debe ser una puta broma! — Exclamo Deon al ver cómo se precipitaban trozos metálicos de la base en órbita contra la superficie de Neonia — ¡Todos a cubierto!

    Mientras llovían restos de la base en órbita contra Promesa, Om y Lill aprovecharon semejante distracción para salir de la nave de descenso. Sin embargo, apenas tuvieron tiempo para reaccionar, pues Haal los vio al instante.

    — ¡Intrusos! ¡Tenemos intrusos! — Gritó el Anixis mientras alzaba su arma, una especie de cañón con mira que comenzó a disparar plasma contra los enemigos.

    Uno de los trozos de la base Anixis cayó por el techo de Promesa, rompiendo la cristalera que daba acceso a la luz solar y cayendo sobre varias personas, matándolas al instante. Aquello provocó un caos generalizado que hizo que la población, tanto humana cómo neoniana, comenzara a salir de la colonia al ver la entrada abierta y estar la barrera caída. Deon observaba furioso cómo todos escapaban del complejo, por lo que tomó el cañón de plasma que tenía anclado a su cadera y se dispuso a dispararles a todos, siendo frenado por su propio hermano.

    — ¡¿Estás loco?! — Ender evitó que su hermano se pusiera a asesinar gente sin más — ¡Esas no son las órdenes de nuestro padre!

    — ¡Tampoco creo que nuestro querido Emperador Gar Xom quiera que estas ratas se nos escapen! — Gritó Deon, dispuesto a usar su arma.

    Ender le hizo un placaje para evitar que su hermano disparara el Flasher, una especie de pequeño cañón de plasma con una mira. El arma combina la potencia de una escopeta en distancias cortas con la precisión de un fusil en distancias largas, gracias a su mira. Utiliza un pequeño reactor nuclear anclado en la estructura del arma que activa un acelerador electromagnético, con el que dispara algo parecido a un rayo o pulso de plasma (una materia con elevados niveles energéticos y de temperatura).

    Los pocos Anixis que había en Promesa, que eran dieciseis con la llegada de Ender, Haal y otros dos más, eran insuficientes pese a la docena de drones también contra seiscientas mil personas entre humanos y neonianos que salieron en tromba de la colonia, huyendo en su gran mayoría hacia el bosque. Haal no pudo evitar que el comandante Crane y Om salieran corriendo y se mezclaran entre la gente, aunque el hecho de comprobar que Om no era ni humano ni neoniano, lo dejó paralizado.

    La gran mayoría de la población tenía un destino claro: el Sector 0. Más aún cuando veían al comandante Crane acompañado de un alienigena, mientras les decía que propagaran el mensaje de permanecer todos en dicho lugar. Fue así cómo Lill se encontró de cara con Vanth Dheer y varios neonianos más entre la muchedumbre corriendo.

    — ¡Lill! — Exclamo Vanth, visiblemente alegre de volver a verle pero enmudecido al reconocer a un syleriano a su lado.

    — ¡Me alegra verte bien, Vanth! — Respondió el comandante humano — Éste es Om Paokt, ya te explicaré el resto luego. Ven con nosotros.

    — Debo guíar a mí gente...

    — ¡Vanth, ve con el comandante y ese ser! — Le dijo la neoniana que cuidaba de los niños, acompañada de varios neonianos hombres — ¡Nosotros nos encargamos!

    Mientras Lill, Om y Vanth corrían por entre la gente, Ashley y Eron se encontraban de cara con Lio y Sun, quiénes iban contracorriente con el fin de llegar a Promesa y ver que ocurría. Al verse, Ashley le dio un fuerte abrazo al hombre de Ceres mientras que Eron miró con seriedad a la asiática. Apenas tuvieron tiempo para intercambiar palabras, pues corrían el riesgo de ser derribados y aplastados por la multitud. Entre tanto ruido se escuchaba el aviso de ir todos al Sector 0, no muy lejano de Promesa, por petición del comandante Lill Crane. Fue así cómo la gobernadora Carver, sola entre la gente, supo que su marido se encontraba allí.

    — ¡Lill! ¡Lill! ¡Lill! — Gritaba sin parar la mujer mientras apartaba a la fuerza a las personas.

    Sus gritos no tardaron en dar sus frutos, cuando alguien la tomó por la cintura y la abrazó con fuerza. Snow se volteó y vio al padre de su hija visiblemente emocionado por reencontrarse con ella. Ambos se fundieron en un abrazo que tuvieron que dejar a medias, porque se escuchaban rumores de que varios drones seguían a la gente para saber dónde se dirigían.

    — ¡Debemos hacerles retroceder! — Dijo el comandante Crane en alusión a los drones.

    — Cuenta conmigo — Musitó Om, quién ya creía tener pruebas de que Lill decía la verdad, al ver a toda la humanidad y los neonianos salir corriendo de un lugar en el que estaban encerrados.

    — ¡Vanth, llévate a mí mujer al Sector 0, nos reuniremos allí!

    — ¡No, Lill, no, espera!

    — ¡Ve, Snow! — Le ordenó su pareja — ¡Frecuencia 1.98 en la radio! ¡Gina está en la Arcadia! ¡Contacta con ellos y diles que regresen al Sector 0!

    Vanth tuvo que forzar un poco a Snow para que ésta le siguiera por petición de Lill. Mientras, el comandante humano y el protector syleriano avanzaban contracorriente para hacer frente a los drones que seguían a la población. Evidentemente, así era, por lo que alzaron sus Striker y Buster y comenzaron a dispararles.

    Cinco drones a los que los Anixis llaman RECO (Dron de reconocimiento y combate) perseguían a los últimos humanos y neonianos que corrían temiendo que pudiesen dispararles por la espalda. En ese momento, los disparos de Lill y Om captaron rápidamente la atención de los drones, que pese a tener la orden inicial de no disparar fuego contra la población, si podían hacerlo cuando alguien les disparaba.

    El comandante Crane se cubrió tras el tronco de un árbol y dos de esos drones comenzaron a disparar desde su torreta móvil contra él, provocando que el humano rodara por el suelo hasta cubrirse tras varias piedras de tamaño considerable. El protector Paokt se aproximó velozmente a uno de los RECO y apretó el gatillo de su Buster, acabando con el y atrayendo a otros dos, quiénes comenzaron a abrir fuego contra el expuesto syleriano. En ese momento, un potente rayo láser perforó a ambos drones de un disparo certero, derribándolos. Om se volteó sorprendido al ver a Lill, con su mano robótica en alto, apuntando a los otros dos drones restantes, que optaron por retirarse. En ese momento, el comandante Crane cayó al suelo visiblemente agotado.

    — ¿Estás bien? — Preguntó el syleriano mientras le ayudaba a incorporarse — No sabía que tu mano ortopédica era también un arma.

    — Es... es la primera vez que la uso — Respondió el humano, jadeando al haber consumido mucha energía concentrada en el disparo que acababa de hacer — Deb... debemos volver... deb...

    Lill no pudo aguantar el esfuerzo desmesurado que había hecho con un único disparo, pues apenas sabía controlar la mano Rhajik que le implantó Westley, por lo que su cuerpo cayó rendido y desmayado al suelo. El syleriano lo tomó en brazos, mostrando su envergadura y altura considerable a varios humanos y neonianos que eran los últimos de la muchedumbre, quiénes se quedaron para observar el combate y al nuevo alienigena.

    — ¿Sabéis la ubicación de ese Sector 0? — Preguntó Om de forma cortés, cargando con el comandante humano.

    — Así es, síguenos — Dijo uno de los humanos, iniciando la andadura.

    [...]

    La orden del comandante Crane de que todos se dirigieran al Sector 0 logró evitar que algunos se quedaran rezagados o solos por ahí fuera. Casi seiscientos mil, la inmensa mayoría humanos y unos cien neonianos, se establecieron en el lugar indicado. Al no haber espacio para todos dentro de los muros del complejo, se instalaron tiendas de acampar en el exterior para que estos vigilasen el perímetro, e incluso dormían en las naves inservibles. Entre todos se comenzaron a repartir la comida pero fue la gobernadora Carver quién propuso racionarla para que durase más tiempo, cosa a la que todos accedieron. Las naves, a excepción de la Arcadia, estaban inoperativas pese a que no les faltaban piezas ni aparatos, al igual que los Super Rhajik, quiénes serían un apoyo inmenso contra los Anixis de no ser porque también estaban inoperativos.

    No obstante, más allá de la incertidumbre respecto a cuál sería el siguiente movimiento contra los Anixis, la gente estaba expectante con el syleriano recién llegado. Todos habían oído la historia de la guerra entre esta especie y los neonianos, una batalla que ocurrió hace más de doscientos años y de la que solo había registros y descripciones. Sin embargo, ver a un syleriano allí de pie, les hizo preguntarse primero a los neonianos, si el resto de su especie les apoyaría o les guardaría rencor por lo que les hicieron sus antepasados, mientras que los humanos se preguntaban si podrían ser aliados o habría problemas cómo los hubo hacía poco con los neonianos.

    Mientras la noche caía sobre Neonia y la gente comenzaba a asentarse en el Sector 0, ahora libres del control de los Anixis —que seguían estando por ahí fuera, en algún lugar— en el interior de la Arcadia se encontraba por primera vez en muchísimo tiempo, el grupo reunido de nuevo. Había caras nuevas y faltaban otras, pero los Viajeros que quedaban con vida se encontraban juntos después de cinco años turbulentos tras Colapso.

    El comandante Crane se encontraba en la consulta médica de la nave, mientras Cinthia se aseguraba de sus cuidados, Zyon y West permanecían allí por lo de la prótesis Rhajik y Snow tenía en sus brazos a Gina, a quién hacía semanas que no la veía, haciéndosele los días eternos durante la ausencía de su niña. El ingeniero Finn acababa de comprobar que la protesis no había resultado dañada y Cinthia confirmó que el comandante no sufría ningún daño interno.

    — Parece que ha tomado el control de la tecnología Rhajik — Dijo Zyon con normalidad — Ahora solo debe aprender a dosificar la energía que dispara a través de la mano. Cuanta más potencia o más disparo láser sin cesar, más agotado terminará, sin embargo, si dispara ráfagas podrá aguantar sin problemas.

    — No sé si eso me reconforta — Murmuró la gobernadora Carver, preocupada.

    — La noticia positiva es que la tecnología Rhajik de la mano ya no intentará adueñarse de su cuerpo, cómo intento al principio — Explicaba Westley — Ahora solo responderá a las órdenes de su cerebro.

    En ese momento, Lill comenzó a despertarse, por lo que Cinthia se aproximó a comprobar su estado.

    — No te muevas aún — Indicó la doctora Marlow con la clásica pequeña linterna que le apuntaba a los ojos al paciente — Mira aquí... y aquí...

    — Me encuentro bien, tranquila — Musitó el comandante Crane, sentándose al borde de la camilla y observando a Snow con Gina en brazos — No tienes ni idea de las ganas que tenía de ver de nuevo esa imagen.

    Snow no pudo evitar sonreír mientras Gina reía, feliz por la reunión de sus padres tras un tiempo sin verse. Cinthia respiró aliviada de que todo hubiese salido bien al igual que West, quién temía dañar a Lill por haber fabricado una prótesis de mano con tecnología Rhajik. Ese pequeño instante de alegría en la consulta médica se vio interrumpido por las palabras de Zyon.

    — Comandante, el resto de la tripulación espera en el puente de mando — Indicó la máquina — Lio Santos tiene algo que decir.

    El comandante asintió y se incorporó con normalidad, pese a que Cinthia y West se ofrecieron a ayudarle a andar. Incluída Snow con su hija Regina, todos salieron de la consulta médica en dirección al puente de mando, dónde se encontraban Lio, Sun, Eron, Ashley, Vanth, Om y Arva. Las miradas eran entrecruzadas, pues mientras Ashley y Eron miraban seriamente a Sun, Arva observaba seriamente a Ashley, Lio observaba preocupado a Arva y Vanth no le quitaba la vista de encima a Om, quién se sintió tan observado que fue el primero en romper el silencio.

    — ¿Ocurre algo? — Preguntó el syleriano al neoniano, molesto por no dejar de estar observado.

    — No, simplemente... jamás pensé que vería un syleriano, eso es todo — Respondió el líder neoniano, sorprendido — Me llamo Vanth Dheer, soy el líder de los pocos neonianos que quedan.

    — Om Paokt, protector de la Elegida — Musitó Om, serio — ¿Eres la máxima autoridad de los neonianos?

    — Así es, desde hace relativamente poco — Dijo Vanth — Narisha Taaliv, nuestra anterior representante, murió asesinada por un humano.

    — Estoy al tanto de vuestra situación, he leído informes de la guerra contra la Resistencia humana... — El syleriano parecía conocer lo que ocurrió al haberse informado a bordo de la Arcadia — Siento decir que no les culpo.

    — El syleriano me cae bien — Indicó Sun, interviniendo en la conversación entre neoniano y syleriano.

    — ¿Hasta cuando? — Preguntó Ashley a la asiática con cierto reproche — ¿Hasta que decidas promover una guerra contra su especie?

    — Ambas habéis hecho morir a personas, no sois las más indicadas para hablar — Dijo Arva, callando a las dos mujeres al instante.

    Lio y Eron fueron los únicos que no abrieron la boca. El hombre de Ceres prefería hablar en privado con la piloto Tidder mientras que el subcomandante Tanner poco tenía que decir hasta que Lill llegó al puente de mando acompañado de su familia y de West, Cinthia y Zyon.

    — Me alegra verte en pie, hermano — Murmuró Eron, dando un fuerte abrazo a su amigo y comandante.

    — Lo mismo digo, hermano — Respondió Lill, correspondiendo al abrazo.

    — Creía qué... ¿dónde está Etyah? — Preguntó el subcomandante, quién tenía en muy alta estima al joven afroamericano.

    — También querría saber dónde están Yak y Reeda — Añadió Vanth, serio.

    — Perdimos a Yak durante un ataque de esos drones en Promesa, tuvo que huir — Dijo la soldado Ripley.

    — Etyah y Reeda deberían estar aquí, he intentado contactar con ellos pero no obtengo respuesta — Intervino Arva, quién estaba al tanto de la situación — No creo que sea nada grave, parece cómo si hubiesen bloqueado la frecuencia de radio para evitar ser detectados.

    — Eso tampoco es algo bueno — Dijo Eron, visiblemente preocupado — Debemos buscarles.

    — Dyrian, ¿dónde está, Lio? — El ingeniero quería saber dónde estaba su amiga.

    Santos lanzó un suspiro que preocupó y mucho a la tripulación. El hombre de Ceres se apoyó sobre la mesa circular en la que se encontraban todos y se dispuso a explicar lo sucedido.

    — Me encontraba con Sun y con Dyrian aquí, en el Sector 0. Llevábamos días aquí, y en uno de esos días me alejé porque vi naves aterrizar en Promesa — Contaba Lio — Vi cómo toda la gente era metida dentro por esos seres y fue entonces cuando me topé con Yak, quién me dijo que huía de esos drones. Cuando decidimos cuál movimiento íbamos a hacer, Sun se fue por su cuenta y optamos por ir tras ella, encontrándola cerca de una de esas bases neonianas que están en el interior de las montañas. Nos atacaron unos Ikorfs... y mordieron a Dyrian. El veneno y la falta de recursos para curarla, la mataron.

    Todos mostraron su pena en aquel momento, pero al margen de Lio, el más afectado fue West, quién no pudo evitar contener las lágrimas. Su rostro estaba inerte pero dichas lágrimas recorrían sus mejillas sin parar, teniendo Cinthia que abrazarle por la espalda para consolarlo.

    — Logramos entrar en la base y descubrimos que tenían una nave a medio construir, llamada Valkshire. Además, descubrimos que había más de cien neonianos criogenizados en cápsulas — Las palabras de Santos dejaron atónitos al resto, especialmente a Vanth — Los despertamos empezando por su líder, llamada Erie Tovam, y terminamos de reconstruir la Valkshire. Erie contó que habría más bases neonianas por el mundo y que necesitarían a todos quiénes pudieran encontrar, suponiendo que en otras bases haya neonianos en letargo, por lo que tomó la nave y se fue a buscar más neonianos. Yak fue con ella para contarles a todos lo que estaba ocurriendo, para así obtener más gente para pelear contra esos putos alienigenas.

    Mientras Vanth Dheer trataba de asimilar lo que acababa de oír, algo que era una gran noticia para su pueblo, el ingeniero Finn tomó la palabra, atrayendo la atención de todos.

    — Han hecho bien, porque habrá que pelear — Dijo West en un tono muy serio y poco común en él — Me encargaré de que los cuatrocientos Super Rhajik que tenemos aquí estén operativos para el combate.

    — ¡Aún no podemos hablar de un combate! — Exclamo Eron, siendo la voz de la razón — ¡No sabemos una mierda sobre los Anixis y está claro que vendrán más, no son solo los que se han quedado en Promesa y los que han muerto en la explosión de su base en órbita!

    — ¿Y esperas que nos quedemos de brazos cruzados sin más? — Intervino Brume, decidida a pelear.

    — Por el momento, esa es la mejor opción — Indicó Om, la novedad en el grupo — Sugiero que regresemos a Syleria, yo hablaré personalmente con Hylda para traer con nosotros un ejército de los míos y confrontar a los Anixis que vengan.

    — Es lo que tenía pensado — Añadió Lill — Es necesario que la gente se reagrupe aquí, en el Sector 0, que se preparen para lo que será una dura batalla. Algunos iremos a Syleria a traer soldados sylerianos, pero es un viaje de diez días y durante ese periodo podemos sufrir algún ataque, por lo que necesito que algunos os quedéis aquí al mando de esto.

    — Yo iré con vosotros, quiero conocer a la líder del pueblo syleriano — Murmuró Vanth.

    — Yo me quedaré a preparar a los Super Rhajik — Dijo West, decidido.

    — Yo y Sun también nos quedaremos a defender esto — Indicó Lio, sin que la asiática se molestara por hablar por ella, consciente de que no formaba parte de la tripulación de la Arcadia.

    — Cuenta conmigo — Musitó Ashley, quién no quería permanecer con Arva en la misma nave, debido a la tensión que había entre ambas.

    — Eron, necesito que te quedes al mando del Sector 0 — Dijo la gobernadora Carver al subcomandante — Yo no pienso separarme más de mí marido.

    — Lo entiendo, me haré cargo — Tanner asintió.

    — Entonces está todo dicho, regresaremos en diez días con un ejército de sylerianos — Finalizaba el comandante Crane la reunión.

    Los miembros del grupo que iban a quedarse en el Sector 0 y tenían pertenencias en la Arcadia, fueron a cogerlas. Exceptuando a Sun, Lio, Ashley y Eron, el que se dirigió a su camarote para recoger sus cosas fue el ingeniero Finn, quién fue seguido por su pareja, preocupada por la actitud que comenzaba a mostrar el hombre desde hacía poco.

    — ¿Estás bien?

    La pregunta provenía de Cinthia, que observaba a un nervioso Westley, guardar sus pocas pertenencias de la habitación en la Arcadia que compartía con la mujer, en una pequeña maleta. Intranquilo, el ingeniero apenas asintió para responder la pregunta de la médico, que se acercó hasta su pareja, descubriendo que éste la huía.

    — West, ¿me puedes decir que ocurre?

    — Nada — Musitó el ingeniero con seriedad — Me preparo para quedarme. Ayudaré a recuperar el ejército de Super Rhajik que tenemos por si los Anixis nos atacan.

    — Lo sé, pero hay algo más — La doctora Marlow estaba decidida a salir de allí con la verdad — ¿Qué te ocurre? Llevas unos días comportándote de forma extraña, y ahora con la noticia de Dyrian...

    — ¡Estoy bien! — Exclamo el ingeniero Finn, cerrando con rabia la maleta para luego tratar de calmarse — Estoy bien.

    Cinthia lo observaba con atención, consciente de que las palabras de su pareja no reflejaban la verdad de su situación. La médico se dirigió a la puerta de la habitación y activó el cierre de seguridad por dentro, para evitar que West saliera sin darle una explicación. El ingeniero observó la escena sin inmutarse, mientras la doctora se colocaba de brazos cruzados.

    — Nunca te he visto comportarte así — Murmuró Cinthia, seria — Algo te ha hecho cambiar, y quiero saber el qué.

    — He tenido estos tres últimos días para reflexionar — Dijo Westley, cabizbajo — Y he llegado a la conclusión de que lo mejor será que nuestros caminos se separen.

    Las palabras del hombre le sentaron a la mujer cómo un jarro de agua fría sobre su cabeza. Ni de lejos se esperaba Cinthia que aquel fuese el motivo del extraño comportamiento del ingeniero, además sorprendida por la decisión que acababa de tomar respecto a su relación sentimental.

    — ¿Por qué...? — No fue una sorpresa para West que la médico apenas demostrara que se sentía mal tras la afirmación de éste — ¿Por qué quieres esto?

    — Porque me he dado cuenta de que no soy lo suficientemente idiota para ser el peluche a quién abrazar de nadie — Respondió Finn con dureza — Me sorprende que te hayas quedado conmigo cinco años cuando tus ojos solo buscan a otra persona por la que te sientas más protegida.

    West se refería, evidentemente, al comandante Lill Crane. Cinthia sabía a qué se refería, pues se consideraba una mujer frágil y débil en muchos aspectos y no era un secreto que ella siempre había buscado un hombre al que admirar, cuidar y principalmente, que la hiciera sentir segura. West era un ingeniero, no un soldado, y ni su aspecto ni sus habilidades lo clasificaban cómo un hombre con el que sentirse a salvo. La doctora Marlow apenas pudo responder a su —desde ese momento— ex pareja, pues no le faltaba razón. Ella llevaba cinco años intentando querer de verdad a Westley, pero sus sentimientos no prosperaban, más allá de los buenos momentos que pudiesen haber pasado juntos.

    — Me ha tomado cinco años darme cuenta, conocerte de verdad — Las palabras de West resultaban hirientes para Cinthia, que ya tenía los ojos humedecidos — Gracias por todo.

    El ingeniero esperó pacientemente a que la médico, conteniendo las lágrimas, desactivase el cierre de seguridad de la puerta para que el hombre pudiese salir por ella, cargado con su maleta. Una vez hecho, West pasó por el lado de Cinthia y salió, dejando a la mujer en la completa soledad. Abatida por las palabras de su ex pareja y la tensión de la conversación, la doctora Marlow descargó todo lo que contenía en su interior en forma de llanto, sentada en el borde de la cama de matrimonio. Unos minutos después, Zyon hizo acto de presencia.

    — ¿Todo bien, Cinthia? — Preguntó el Super Rhajik, observando a la persona con la que más tiempo había pasado y a quién consideraba cómo madre, dentro de los parámetros de consideración de un robot.

    — La verdad es que no, Zyon — Murmuró la médico, alzando la cabeza y mostrando su rostro enrojecido y humedecido por el llorar — Necesito que me hagas un favor y espero que obedezcas.

    — Lo que necesites — Musitó la máquina.

    — Quédate con West — Dijo Cinthia con absoluta seriedad — Protégelo y ayúdale cómo hiciste conmigo hace años, ¿entendido?

    — Entendido, Cinthia — Respondió Zyon, saliendo por la puerta — Buen viaje a Syleria, doctora.

    La máquina accedió a quedarse en el Sector 0 junto a su programador, lo más parecido a un padre, Westley Finn. Con ellos, también se quedaban en tierra el subcomandante Eron Tanner, Lio Santos, Ashley Ripley y Sun Brume. Una vez estos seis estaban fuera de la nave, preparados para defenderse de un posible futuro ataque de los Anixis, la Arcadia liderada por el comandante Crane y la gobernadora Carver, puso rumbo en dirección a Syleria para reunirse con Hylda Admir, la Elegida, y pedirle apoyo militar, conscientes de que vendrían más Anixis tras la destrucción de su base de operaciones en órbita con Neonia.

    Al margen del comandante Lill Crane y la gobernadora Snow Carver, también permencieron a bordo la pequeña Regina Crane Carver —pues sus padres consideraban que estaría más segura con ellos— la piloto Arva Tidder, la doctora Cinthia Marlow, el líder neoniano Vanth Dheer y el protector syleriano Om Paokt. La nave despegó desde los exteriores del Sector 0 y se perdió en la lejanía del cielo hasta salir a la órbita planetaria. Fue justo en ese instante cuando recibieron la señal de la lanzadera de Reeda y Etyah, que mostraba su ubicación en el sensor e indicaba la proximidad a Vulkano cómo posición del dúo.

    — ¡Reeda, Etyah, ¿estáis ahí?! — Fue Lill quién tómo la radio en el puente de mando, mientras todos detrás suya esperaban recibir noticias de sus compañeros — ¡¿Ha ocurrido algo?! ¡Contestad, maldición!

    Entre estática y sonidos extraños, la respuesta de la neoniana y el joven humano no se demoró mucho.

    ¡...tamos en peligr...! — Rezaba el mensaje de respuesta, pareciendo ser Etyah quién lo retransmitía — ¡Están trat... d... turarnos! ¡Ademá... emos tenido cont... visual con... con...!

    — ¡¿Con qué?! ¡¿Con qué?! — Exclamaba el comandante, visiblemente nervioso.

    ... — La radio obtuvo un breve silencio hasta que retomó el final del mensaje — ...oxima una fl...a de tr... ves...!

    — ¡Repite, repite eso! — Indicaba Lill, frustrado por cómo se oía la comunicación.

    La radio cesó de transmitir en ese momento, dejando al comandante Crane y al resto de la tripulación con una terrible preocupación. Apenas podían entender que había dicho el joven Preston, pero estaba claro que se encontraban en peligro, además de que advertían de otro peligro inminente. Nadie tuvo que decir nada, pues inmediatamente el comandante dio la orden.

    — Arva, llévanos a la última posición conocida de Reeda y Etyah.

    [...]

    Algunos restos de la base en órbita de los Anixis habían caído en llamas a la superficie del planeta. La colonia de Promesa había sufrido daños severos, pues la caída de trozos sobre su tejado habían provocado la destrucción de este en algunas zonas de las tres arcas que conformaban la colonia. Justo en la entrada se encontraban Deon y Ender Xom, Haal y nueve soldados Anixis más. Además de un único dron RECO. No tuvieron que esperar mucho para ver que de los cinco drones que enviaron a seguir a la población, solo regresaban dos de una pieza.

    — ¡Maldita sea! — Exclamo Deon al ver que habían perdido tres drones — ¡Estamos jodidos!

    — No hay necesidad de decir una obviedad, hermano — Murmuró Ender, más calmado.

    — ¡Andamos escasos de recursos y hemos perdido el control de una situación que estaba controlada! — Dijo Deon, quién estaba al mando de Promesa hasta hace nada de tiempo — ¡Y somos el mejor escuadrón Anixis de todos!

    — Encima estamos abandonados en éste planeta — Musitó Haal, un poco cabizbajo.

    — No por mucho tiempo — Indicó Ender, dando esperanzas al grupo — La base contaba con una señal que emitía nuestra posición a Paraíso, por lo que en cuanto vean que ésta ha dejado de emitir, enviarán a alguien aquí.

    — Sabes que el Emperador se va a enfadar, ¿verdad? — Dijo Deon, haciendo referencia a su padre — Hemos fallado de manera estrepitosa en la misión.

    — Pero nada está perdido aún, ¿no? — Preguntó otro de los nueve Anixis que había allí.

    — No del todo — Dijo Deon Xom, tomando su Flasher y el control del grupo cómo líder — Vamos a rastrear a esas ratas hasta dar con su nuevo paradero en lo que vienen los nuestros para dar apoyo.

    — Por supuesto, vamos a cazar — Murmuró otro Anixis, entusiasmado y con ganas de ver sangre.

    — Hagamos que se sientan perseguidos y acosados — Dijo otro de los soldados.

    — ¡No tenemos órdenes de matarles! — Exclamo Ender, frenando las esperanzas de algunos de poder disparar a la población humana y neoniana — ¡Les localizaremos y esperaremos instrucciones del Emperador Gar!

    Todos los soldados asintieron, algunos resignados y otros comprendiendo la situación. Deon se aproximó a su hermano con el arma llamada Flasher en la mano, cediéndosela con fuerza y visible frustración.

    — A nuestro padre no le importaría que hubiese algunos muertos en el proceso — Susurró el líder del grupo — Aguafiestas.

    Siguiendo al líder, quién era en esos momentos Deon Xom, el grupo de doce Anixis en total y tres drones RECO avanzaron hasta adentrarse al interior del bosque, decididos a rastrear y encontrar a seiscientos mil humanos y neonianos, tarea que no sería difícil dada la cantidad de ellos que eran cómo para esconderse fácilmente.
     
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    Saludos amigo. Me da gusto que hayas podido publicar el capítulo, ya estaba extrañando la historia XD.

    Para empezar, me sorprendí bastante cuando la explosión sucedió al principio. Pensé que ocurriría casi al final, a la mitad del mismo como mucho. Sé que quedaban pocos minutos para que se diera, pero no creí que sucedería tan pronto en el capítulo. Al final, estos "Seres Superiores" de superiores no tienen nada más que las armas y los drones, porque son bastante torpes XD.

    • Pudieron haber convencido a Lill y a los demás de irse con ellos si hubieran mostrado imágenes de los habitantes de Promesa estando en buen estado. Eso es algo que solo requiere de un celular, y no se les ocurrió eso. Sería diferente que Lill luego declinara la oferta, pero ni intentaron algo que se podía hacer con un celular en el año 2010, y en esa historia estamos más allá del 2130 XD.
    • No tienen cámaras instaladas en su nave, ni sensores, ni alarmas ni nada. Lill y Om se escabulleron por ahí como perros por su casa, y nunca habían estado en esa nave.
    • Sus explosivos pueden ser fácilmente configurables. Lill les voló la nave configurando los explosivos en tan solo unos segundos. Increíble que no tengan un escaner de huellas o una contraseña.
    • El cerco eléctrico estaba ligado a su nave. Increíble que no tengan generadores que funcionen con energía solar siendo tan avanzados y dejen el cerco eléctrico ligado a un servidor en una nave. ¿Qué pasa si su servidor falla internamente? Se les rompe el cerco.
    La verdad es que creo que el título de Superiores les queda grande. Teniendo en cuenta que los sylerianos crearon un arma que hizo polvo el sistema solar, ellos tampoco son superiores en armamento o tecnología XD. Parecían temibles en el capítulo 10 de la parte III, pero ahora no son nada XD.

    Pasando a lo demás. Fue un completo caos cuando la barrera se vino abajo, y varios humanos pudieron escapar. Me sorprende que para Om sea más que suficiente eso asumiendo que los Anixis los tenían encerrados. Porque esa es una reacción natural. Creo que debió indagar algo más, más que nada considerando que es alguien sensato y que puede ver las memorias de su padre. No sé, como que lo convencieron muy fácil.

    Pero bueno, lo que más me gustó ver fue la escena de Lill encontrándose con Snow en el medio del caos. Lástima que duró tan poco su reencuentro, pero al menos están juntos XD. Hubiera querido ver algo de diálogo entre Eron y Ashley con Lio y Sun, más que nada teniendo en cuenta que la última vez no se fueron en buenos términos. Otra cosa que siento que le faltó al capítulo. Fue interesante ver a Lill disparar su mano Rhajik, y espero que no le vuelva a ocasionar problemas. Él visita la enfermería con más frecuencia de la que me gustaría XD. Pero que bueno que tuvieron una idea para que la pueda usar, y que ya no intente apoderarse de su cuerpo.

    Finalmente, el grupo se reunió en la Arcadia. Me sorprende que hayan dejado entrar a Sun como si fuera una más. Yo puedo entender que han pasado muchas cosas, pero cuesta creer que Snow, Lill, Ashley, Arva y Vanth accedieran a dejarla entrar y además hablar. Por eso creo que faltó algún diálogo entre Eron y Ashley con ella. Habría dado más sentido al asunto y ver su opinión al respecto. Al final, el reencuentro no duró mucho, puesto a que ya tienen que separarse. Varios se van a Syleria y otros se quedan a defender Neonia. Es una lástima, los capítulos donde el grupo están todos juntos pueden contribuir a relaciones y charlas interesantes, y duele que ni siquiera estarán juntos por más de un capítulo.

    La actitud de West parece exagerada. Quiero decir, lo que Cinthia dijo estuvo mal, pero él debería haber hablado con ella. Fue un solo momento el que le hizo cambiar de parecer en lo respectante a su relación, y ni siquiera le dio la oportunidad de preguntarle nada. Tomó una decisión muy drástica basada en un momento de 10 segundos para terminar una relación de 5 años. Pero bueno, no eran de mis personajes favoritos, y su pareja, a diferencia de la de Lill y Snow no me provoca nada, así que, imagino que será interesante ver una nueva faceta entre ambos ahora que están separados. Sinceramente, creo que uno de los dos, o ambos, no la cuentan al final de esta parte.

    Parece que antes de ir a Syleria, el grupo tiene que pasar por Vulkano para rescatar a Etyah y a Reeda. Sorprende mucho el mensaje, ya que parece ser que detectaron la presencia de tres naves acercándose hacia ellos. Sé que los Anixis están ahí, pero presiento que esas naves no son suyas. A saber de quienes son. Algo que me gustaría ver en ese grupo serán las interacciones entre Vanth y Om, teniendo en cuenta que ambos cumplen un rol similar, o cumplían en el caso de Vanth, ya que él es el nuevo representante.

    Por último, parece que Ender y Deon van a guiar a los suyos hacia un enfrentamiento con los humanos. Aquí es donde se verá el verdadero poder de fuego que tienen sus armas en comparación a las de la "alianza" por así decirlo. Están en una gran desventaja, ya que los humanos y neonianos son un grupo numeroso, los super Rhajik se quedaron inhabilitados, pero West podría despertarlos, y Zyon está ahí. Sin mencionar al resto de neonianos. Pese a que saben que parten con desventaja, y de que Neonia está lleno de criaturas como los ikorfs, no se los ve asustado ni un solo momento. Me pregunto de dónde viene esa confianza.

    Errores, no encontré muchos. Sigues tildando "mí" cuando no debería ir con tilde, además de que hay algunas palabras mal tildadas como esta.

    Pero nada que corte la lectura. Así que, hasta el próximo capítulo. PD: ojalá pueda ver escenas de Lill y Snow juntos con su hija. Teniendo en cuenta que estuvieron semanas separados, quiero ver que se dicen mutuamente, teniendo en cuenta que Lill y Snow no se veían (ambos estando concientes) desde el primer capítulo de la parte anterior.

    Hasta otra.
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Saludos a quiénes leen la historia y especialmente a Reydelaperdicion que siempre está XD. Respecto a tu comentario, estaba esperando cuando me dirías que los Anixis no te parecen tan "superiores" cómo el título de la parte indica, y ello tiene una explicación que descubrirás eventualmente. También lo del error del 'mí', decirte que antes sin Word era difícil de corregir porque siempre se me pasaba alguno y ahora el Word, con el nuevo pc, tampoco parece corregirlo XD es más una cuestión mía, pero si ves ese error en los próximos capítulos es porque fueron escritos hace unas semanas y desconocía el fallo. Por otro lado, los detalles que apreciaste que no estaban respecto a cámaras en la base en órbita, generadores de la cerca que rodeaba Promesa y demás, fueron detalles que decidí omitir para avanzar en la trama. Sé que no es lo correcto, así que trataré de aquí en adelante explicarlo todo de forma que se entienda y tenga sentido. Sin nada más que añadir, te dejo avanzar con la historia.




    Esta es nuestra Tierra







    Reeda pilotaba la lanzadera que había dejado al comandante Crane y al protector Paokt sobre la base en órbita de los Anixis. Apenas les dio tiempo a dejarles, pues tres naves enemigas iniciaron una persecución contra la pequeña nave humana, que tenía cómo destino Neonia. Sin embargo, las tres naves de defensa Anixis supieron la maniobra de la neoniana Klamp y se aseguraron de que no pudiera poner rumbo a Neonia, por lo que ésta se vio obligada a virar y dirigirse, en contra del plan, a Vulkano.

    — ¡¿Qué se supone que haces?! — Preguntó Etyah, viendo que la neoniana cambiaba el curso del plan — ¡El comandante Crane ha dicho que aterricemos en Neonia!

    — ¡Nos están cortando el paso, Etyah! — Le explicó Reeda — ¡Debo cambiar de rumbo si no queremos que nos destruyan!

    — ¡Pero si no nos están disparando!

    — ¡Tampoco sabemos hasta cuando durará esa generosidad!

    La lanzadera aceleró con toda su potencia mientras las tres naves Anixis hacían lo propio. Considerando que Vulkano se encontraba a unas catorce horas de Neonia, en el sistema Boor'dehm —que significaba 'solitario y oscuro' en el idioma neoniano y dónde también se encontraba el agujero negro Xhander, descubierto recientemente cómo un portal al cúmulo Syler— Reeda se dirigió allí, con el fin de tratar de despistar a las naves enemigas en la superficie volcánica del planeta, que contrastaba con sus dos polos.

    El trío de naves Anixis, para sorpresa de los dos integrantes de la lanzadera, no hicieron ningún esfuerzo por atacarles. Se limitaban a acelerar a medida que la lanzadera hacía lo mismo, pero más allá de un seguimiento exhaustivo, no ocurría nada más. Muy pronto, Reeda y Etyah se encontraban en el sistema Boor'dehm y vislumbraban el único planeta de dicho sistema, Vulkano.

    — Trataré de hacer contacto con la Arcadia para informarles de la situación — Indicó el joven Preston, decidido a usar la radio para comunicarse con los suyos.

    — ¡No! — Exclamo la neoniana Klamp, frenando la intenciones de su compañero — Eso sería un error.

    — ¿Error? — El afroamericano estaba molesto con el cambio de planes de Reeda — ¡Error es lo que has hecho tú, qué has cambiado de destino sin motivos firmes para hacerlo!

    — ¡¿Sin motivos firmes?! — Reeda se enfadó con las palabras del joven humano — ¡Nos siguen y nos pueden atacar en cualquier momento! ¡Esta no es una lanzadera de ataque, es una de exploración, raahjash!

    — ¡No sé que mierda ha sido eso último que me has dicho, pero voy a usar la radio sí o sí!

    Etyah se dispuso a tomar la radio pero fue interceptado por la neoniana, quién tomó el brazo del joven humano y lo empujó hasta el final de la lanzadera.

    — ¡¿Acaso no lo entiendes?! — Reeda se dispuso a explicarlo con un visible enfado — ¡Si abrimos las comunicaciones, los Anixis sabrán que pedimos ayuda y la Arcadia podría sufrir las consecuencias! ¡Debemos esperar, maldición!

    El joven Preston frunció el ceño tras las palabras de su compañera, pero apenas le dio tiempo para una contestación, pues el radar de la lanzadera indicaba que Vulkano se encontraba enfrente.

    — Ya hemos llegado, voy a colocarme en órbita y después haré la entrada atmosférica — Indicó la joven neoniana, pilotando el aparato.

    — ¿Y cuál es el siguiente paso de tu plan de mierda? — Etyah se mostraba molesto con que Reeda tomara la iniciativa, cómo si él no pudiera hacerlo — ¿Vas a meternos en un puto volcán a ver si los Anixis son tan estúpidos cómo para seguirnos al infierno?

    — No — Musitó Klamp, iniciando la entrada en la atmósfera del planeta — Vamos a aterrizar, y cuando ellos también lo hagan y salgan a buscarnos, regresaremos a la lanzadera y huiremos a Neonia con tiempo.

    Etyah se sorprendió con la idea de la neoniana y cuando quiso responderle que era una locura puesto que no sabían cuantos de esos seres iban en cada nave, la lanzadera comenzó a balacearse fruto de la entrada gravitatoria al planeta, por lo que el joven humano se cogió de su asiento para evitar rebotar por toda la lanzadera.

    Tras ellos iban las tres naves Anixis que hacían exactamente lo mismo que la lanzadera de origen humano. Reeda se dirigió al polo sur de Vulkano, lugar que nunca había sido visitado, aterrizando en un pequeño puesto edificado por los antiguos neonianos que colonizaron el planeta hacía más de doscientos años. Rápidamente, neoniana y humano tomaron ambos un Striker cada uno y salieron de la lanzadera para entrar en aquel edificio en ruinas, momento en el que las naves enemigas aterrizaban a escasos metros de la lanzadera.

    — ¡Encontradlos y traedlos! — Ordenó el Anixis que parecía al mando del pelotón — ¡Los queremos vivos salvo que nos obliguen a lo contrario!

    De cada nave salieron unos cinco Anixis, contándose cómo un total de quince de estos seres, de quiénes solo diez entraron en el edificio neoniano y los otros cinco permanecieron fuera rodeándolo. Etyah seguía a una Reeda que se guiaba por las indicaciones de los pasillos, que la llevaban a un sótano para fines desconocidos.

    — ¿Esto es un puesto científico o algo así? — Preguntó el joven Preston a modo de susurro para no alertar a sus perseguidores.

    — Por lo que pone en las inscripciones, eso parece — Respondió la neoniana, siguiendo unas indicaciones en su idioma — Vamos al sótano, allí les encerr...

    De pronto, Reeda se encontró de cara con un Rhajik. La sorpresa fue tal para la neoniana y el humano, qué la máquina apuntó con su rayo láser y estuvo muy cerca de acertar de pleno en el torso de ésta. Ambos corrieron a toda velocidad por un pasillo cercano, encerrándose en una sala con instrumentos de todo tipo y tecnología antigua.

    — ¡¿Qué mierda ha sido eso?! — Etyah estaba muy asustado — ¡Pensé que nunca más volvería a ver a esas cosas!

    — Las medidas de seguridad del complejo deben permanecer activas aún, después de tantos años... — Decía Reeda — No sé cuantos haya de Rhajik por aquí, pero no son esos que fueron controlados por el Supremo, sino los que fueron puestos cómo medida de defensa para intrusos.

    En el pasillo contiguo, dos Anixis se vieron sorprendidos por tres Rhajik, quiénes dispararon sus láseres, matando a uno de ellos y provocando la huída del otro.

    — ¡Mierda! ¡Son Rhajik! ¡Atrás, atrás! — Gritaba aterrado el Anixis que vio morir a su compañero.

    La neoniana Klamp alzó la vista y comprobó una ventana destruida que daba a la parte trasera del edificio, por lo que podrían aprovecharla para escabullirse y volver a montarse en la lanzadera para huir. Reeda se lo señaló a Etyah, que asintió, y la neoniana fue la primera en ir bajando, sujetándose a los bordes y grietas hasta bajar. El joven Preston sujetaba el Striker y se aseguraba de cubrir a su compañera, mientras oía gritos y disparos de los Anixis en contra de los Rhajik que protegían el lugar.

    Una vez la neoniana Klamp estaba abajo, fue el turno del humano. Etyah se colocó el arma en la espalda y comenzó a bajar de forma cuidadosa cuando un disparo láser perforó la pared a escasos centímetros de él, provocando que esa parte se derrumbara y el joven Preston cayera al suelo desde, por suerte para él, un primer piso. Sin embargo, un Anixis que combatía con un Rhajik, les vio huir al desprenderse completamente la pared y quedar expuestos a su vista.

    — ¡Escapan por det...!

    El Rhajik acabó con la vida de aquel ser antes de que éste diera la orden completa a los suyos, sin embargo, estos no eran tontos y comprendieron que ocurría. Reeda y Etyah se camuflaron entre arbustos y maleza, rodeando el complejo a cierta distancia para evitar encontronazos con sus enemigos. Poco a poco y a modo de sigilo, el dúo formado por la neoniana y el humano llegaron a su lanzadera, entrando en ella y encendiendo los propulsores, momento que llamó la atención de los Anixis restantes.

    — ¡Escapan! — Exclamo uno de ellos, alzando su Flasher y disparando plasma contra la lanzadera.

    La lanzadera se alzó rápidamente, sin embargo, uno de los cuatro propulsores que ésta tenía resultaron dañados debido a los disparos de más Anixis que se unieron a su compañero. Además de eso, el sistema de radio quedó dañado, situación que descubriría el dúo dentro de poco. Con menos velocidad que antes debido a la pérdida de un propulsor, la lanzadera pilotaba por Klamp salió de Vulkano en dirección a Neonia, siendo un trayecto de otras catorce tensas horas hasta sentirse a salvo.

    — Mierda, la radio está dañada — Murmuró Etyah, serio — Han debido dar al enlace cuántico cuando nos hemos alzado.

    — Inténtalo igualmente — Le pidió Reeda, al control de la lanzadera.

    El joven Preston comenzó a hablar por la frecuencia que tenía predeterminada con la Arcadia, siendo dificultoso debido a que la señal no llegaba completamente tras el daño recibido. No obstante, al activar las comunicaciones, fueron ellos los primeros en recibir el mensaje.

    — ¡Reed... Etyah, ¿estáis...?! — Fue Lill quién tómo la radio en el puente de mando, mientras todos detrás suya esperaban recibir noticia de sus compañeros — ¡¿Ha ocur... al...?! ¡Contestad, mal...!

    — ¡Estamos en peligro! — Exclamo Etyah, mostrando su preocupación — ¡Están tratando de capturarnos!

    Mientras el joven Preston se encontraba en la radio, Reeda comprobó en el radar que tres objetivos se acercaban a ellos, y no parecían ser en absoluto las naves que antaño les estaban persiguiendo.

    — Etyah... — Musitó la neoniana, señalando el radar.

    — ¿Qué...?

    Reeda y Etyah alzaron la vista para ver a través de la cristalera, lo que parecía ser una flota de tres naves, las tres del tamaño de media arca cómo las que hicieron Promesa. El humano tomó de nuevo la radio, aterrado.

    — ¡Además hemos tenido contacto visual con...!

    — ¡¿Con qu...?! ¡¿C... qué...?! — Exclamaba el comandante, visiblemente nervioso.

    — ¡Se aproxima una flota de tres naves, comandante!

    — ¡Repit... re... eso! — Indicaba Lill, frustrado por cómo se oía la comunicación.

    La flota de esas tres naves avanzaba a gran velocidad, pues en un momento se encontraron encima de la lanzadera. Etyah soltó la radio, visiblemente asustado mientras que Reeda tragaba saliva. De pronto, la lanzadera fue arrastrada hacia esas tres grandes naves, momento en el que el dúo cayó al suelo y las luces y las comunicaciones comenzaron a fallar sistemáticamente. Reeda y Etyah se miraron, conscientes de que estaban siendo atraídos por una fuerza mayor, obra de los Anixis. Tras haber sido perseguidos y haber huído, ahora habían sido capturados.

    [...]

    La Arcadia se encontraba en el sistema Boor'dehm, lugar que debían cruzar para llegar a Xhander y de ahí al sistema Syler. La última ubicación conocida de la lanzadera de Reeda y Etyah estaba próxima a Vulkano, no obstante, al llegar no había rastro de ellos. La piloto Tidder, a petición de la gobernadora Carver, trató de limpiar la conversación mantenida entre el comandante Crane y el joven Preston, viéndose entrecortada y fallida por la debilidad de la señal de radio.

    ¡Se aproxima una flota de tres naves, comandante!

    La tripulación se miró entre sí. La reconstrucción de la conversación realizada por Arva terminó de confirmar aquello que ya se temían: había más Anixis en camino. Consciente de que la gente de Neonia se encontraba en potencial peligro, Lill ordenó a su piloto que enviara un mensaje al Sector 0 para alertar del aviso que un desaparecido Etyah les había enviado a ellos.

    — ¿No vamos a ir a buscarles? — Vanth observaba incrédulo al comandante y al resto — ¡Son nuestra gente también!

    — Lo sé — Musitó Lill, serio — Pero no podemos entretenernos salvando dos vidas cuando hay más de medio millón en juego, Vanth.

    El líder neoniano no tuvo argumentos para responder al comandante humano, pues éste tenía razón. Vanth asintió ante la mirada de Arva, Cinthia, Snow y Om, quiénes también comprendían la situación. Incluso para Lill era duro dejar atrás a Reeda y Etyah, pero había muchísimas más vidas en juego, por lo que urgía llegar cuanto antes a Syleria y visitar la ciudad de Sovaam para hablar con la Elegida, Hylda Admir, y pedirle apoyo militar para volver a Neonia con más posibilidades de victoria. Y así, en un ambiente enrarecido a bordo de la Arcadia, pusieron rumbo al sistema syleriano de nombre Syler.

    [...]

    Había pasado un día exacto desde que la Arcadia abandonó el Sector 0 con rumbo hacia Syleria. Durante veinticuatro horas, la humanidad y los pocos neonianos se encargaron de asentarse y prepararse ante un posible ataque enemigo. Con los ciudadanos viviendo la mayoría en tiendas de campaña, diversos puestos improvisados que repartían las raciones diarias, grupos de soldados ejercitándose y algunos nuevos voluntarios para aprender a desenvolverse en combate por si requerían de ciertas habilidades en el futuro y una vigilancia constante alrededor del lugar amurallado, todos se encontraban realizando cualquier actividad o tarea que beneficiara de alguna forma al bien común.

    West se encontraba trabajando en la reactivación de los más de cuatrocientos Super Rhajik que había allí, decidido a traerlos para la causa. Zyon se encontraba con el ingeniero, pues sería el encargado de liderar a los de su misma especie aunque tecnológicamente inferiores a el mismo.

    — ¿Podrás hacerlo? — Le preguntó la máquina de repente, mientras veía trabajar al humano en unos componentes.

    — La destrucción de esa base en órbita nos ha abierto muchas puertas, amigo — Dijo Westley, terminando de construir lo que parecía ser un dispositivo para anular la inactividad de los Super Rhajik — Desde ahí arriba, mantenían con energía a esa barrera que rodeaba Promesa y además lanzaron un pulso electromagnético de manera constante para mantener inoperativos a los tuyos y a las naves, por lo que sí, ahora esto es fácil.

    Lio realizaba las reparaciones necesarias para las pocas naves que había en el Sector 0, ya listas para funcionar tras la destrucción de dicha base en órbita. Eran un total de cinco, pero al margen del número, siempre era bueno tenerlas preparadas para usar. Desde la distancia, el hombre de Ceres vigilaba a Sun, quién se hallaba hablando con un numeroso grupo de unas treinta personas reunidas, posiblemente miembros de lo que era la Resistencia. La asiática no tardó en percatarse de que Santos la observaba, comenzando a sonreírle de forma pícara mientras disolvía la reunión y se aproximaba a su ex compañero.

    — ¿Te puedo ayudar en algo? — Preguntó Brume con normalidad, apoyándose en sus rodillas.

    Lio se quitó el destornillador que portaba en la boca y se quedó mirando con seriedad a la mujer, mientras se encontraba sentado en el suelo y a unos centímetros de la nave que estaba reparando, concretamente del casco.

    — No, gracias — Musitó Santos — Ya te he visto ocupada con esas personas.

    — Se preocupan por mí, soy su líder — Murmuró la asiática, ahora un poco más seria que antes.

    — ¿Ya estás planeando crear una nueva Resistencia? — Le echó Lio en cara a la mujer.

    — Si lo que quieres saber es sí pelearán con todos los demás, sí, lo harán — Indicó Sun, molesta con la intromisión de su ex compañero.

    — Yo no te he preguntado eso — El hombre de Ceres se incorporó para colocarse al mismo nivel que la asiática — Espero que sepas lo que te conviene, Sun.

    El subcomandante Tanner, ahora al cargo de toda la población en el Sector 0, se encontraba en el interior del complejo junto a una veintena de soldados humanos, con el fin de darles indicaciones ante un posible ataque Anixis.

    — Quiero cinco patrullas constantes de cuatro cada una a diez kilómetros alrededor del Sector 0, ¿entendido?

    — Entendido, subcomandante Tanner — Respondió uno de los soldados — ¡Ya le han oído, en marcha!

    Esos veinte soldados del ejército humano salieron del complejo para dividirse en cinco grupos de cuatro cada uno, con el fin de tener ojos a cierta distancia del Sector 0 y poder avisar con antelación de algún ataque. Eron salió de la sala de comandos del complejo y acto seguido fuera de éste, observando cómo la población realizaba distintas tareas para sobrellevar la situación, además de prepararse. El hombre caminó doscientos metros hasta llamarle la atención una mujer que se encontraba realizando flexiones junto a otras personas. Al verla más de cerca, Eron vio que se trataba de Ashley, quién parecía estar entrenando a algunos hombres y mujeres que apenas tenían experiencia militar. El subcomandante esperó unos minutos a que Ripley terminara dicho entrenamiento físico para aproximarse a ella.

    — Vaya, estás en forma — Dijo Eron, comprobando a primera vista el estado físico de la mujer — Te envidio.

    — Tú tampoco estás mal — Murmuró Ashley, sonriente mientras se secaba la sudor de la frente — ¿Va todo bien?

    — Bueno, hoy he decidido incrementar a dos grupos más las patrullas después de que ayer me viniera una señora diciendo que su hijo había visto a dos Anixis observarnos en el bosque — Explicaba el hombre con seriedad — Quizá es sugestión o el estrés le hizo ver algo que no existía, pero prefiero no arriesgarme, sabiendo que aún quedan algunos de esos capullos por ahí fuera.

    — Veo improbable que ataquen, somos muy superiores en número — Respondió la ex líder de la Resistencia, mientras ambos comenzaban a caminar por la zona.

    — Sí, bueno, la pregunta a eso es, ¿hasta cuando? — Eron no se fiaba de la ventaja temporal que tenían — Deben estar viniendo más, especialmente después de que Lill y ese syleriano destruyeran la base en órbita.

    — ¿Crees que fue un error? — Le preguntó la mujer, intrigada tras oírle — Suena a que lo piensas.

    — Creo que esa acción va a desencadenar en una guerra importante — Dijo el subcomandante, visiblemente preocupado — Los Anixis no nos han hecho daño desde su llegada y aunque no estoy de acuerdo en que nos traten cómo un rebaño de ovejas, apenas había violencia.

    — Es como si aprobaras la situación de antes, Eron — A Ashley no le gustaba eso lo más mínimo.

    — No la apruebo, pero después de haber vivido la guerra Rhajik y la guerra de la Resistencia... — Eron se sumió en sus pensamientos — Hubiese preferido intentar hablar, antes de matar.

    — Comprendo lo que quieres decir, pero la situación es la que es ahora, y debemos afrontarla cómo tal — Indicó Ripley, mostrándose decidida a pelear — Deberías desconectar, Eron Tanner... ¿qué tal una cena, tú y yo?

    — ¿Yo con una ex líder de la Resistencia? — Eron comenzó a reírse — Menos mal que eres atractiva y graciosa, Ash.

    — Soy muchas más cosas que esas... — Murmuró la mujer en un tono serio y provocativo — Soy la ex comandante Ripley también.

    — Entonces espero que esta noche vengas cómo ex comandante y no cómo ex miembro de la Resistencia — Dijo el subcomandante, con una media sonrisa en su rostro que delataba cierta atracción por la mujer — Porque cómo subcomandante que soy, me veré obligado a vigilarte si no es así.

    Ashley asintió de espaldas mientras soltaba una carcajada, continuando su camino. Eron se quedó allí de pie, observando el pelo esbelto de la mujer y las curvas llamativas de ésta, además de su caracter aguerrido pero tierno, que el subcomandante apenas conocía pero que, no obstante, tenía ardúos deseos de conocer.

    Finalmente, el Sol se puso en el horizonte de Neonia y con ello llegó la noche. El Sector 0 se iluminaba brevemente para evitar ser un foco de luz en medio de la oscuridad, pero aquello no evitó que los doce Anixis y tres drones restantes se posicionaran a una distancia prudente, burlando la vigilancia de las patrullas. Repartidos en cuatro equipos de tres soldados y un dron por grupo exceptuando el formado por Haal, Ender y Deon Xom, los Anixis observaban todo lo que ocurría en el lugar dónde los humanos y neonianos se hallaban.

    — Idiotas, no saben la que se les viene encima — Murmuró Haal, con una sonrisa un tanto maquiavélica — En cuanto vengan más de los nuestros, reduciremos este sitio a cenizas.

    — Eso solo ocurrirá si el Emperador Gar Xom, mí padre, lo ordena — Indicó Ender, quién quería dejar claro a todo momento que nadie podía actuar por su cuenta.

    — Lo ordenará — Musitó Deon, mirando fijamente a su hermano — Sabes que lo hará.

    — No estés tan seguro — Le reprochó Ender — Pueden servirnos para muchas cosas, matarlos sin necesidad no debería ser una opción.

    — ¿Sin necesidad? — Haal se mostró molesto con esas palabras — Dejamos escapar a la Arcadia y luego algunos de esos hijos de perra se infiltraron en nuestra base y la destruyeron desde dentro. Han matado a treinta de los nuestros con eso.

    — ¿Y tú qué mierda harías en su lugar, Haal? — Le recriminó Ender Xom, también molesto por el comportamiento de los suyos.

    — Nosotros ya hemos estado en su lugar, ¿recuerdas? — Intervino Deon, serio — De hecho, hemos estado en peor situación.

    — Por suerte, quién persevera, obtiene logros y nosotros lo hicimos — Haal parecía recordar algún momento en específico — Ser Anixis es el mejor regalo que cualquier especie podría tener.

    — Y la humanidad, los neonianos y el maldito alienigena que Haal vio con el comandante Crane, verán en primera persona todo nuestro potencial — Añadió Deon, mostrándose convencido — Se quedaron sin la Tierra, se quedarán sin Neonia... están condenados a la extinción.

    [...]

    La Arcadia seguía su curso por el espacio profundo tras cruzar el portal de Xhander y llegar al cúmulo Syler. Habían pasado seis días desde su salida de Neonia, por lo que les quedaban cuatro para llegar a Syleria y visitar a la Elegida en busca de apoyo militar por parte de los sylerianos. Arva y Cinthia se encontraban en el puente de mando. La médico llevaba todos esos días visiblemente deprimida debido a la ruptura de su relación con West, a quién no quería completamente, pero se preocupaba por él. Sin embargo, lo que le preocupaba era que había puesto sus ojos en el hombre equivocado, pues Lill llevaba mucho más que cinco años con Snow, y temía distanciarse de ellos o que estos se enteraran y dejaran de tener contacto con ella.

    — ¿En qué piensas? — Le preguntó la mujer nacida en la Luna a su compañera.

    — Westley — Murmuró la doctora Marlow, cabizbaja.

    — Sé que es duro, pero ahora debes enfocarte en ti misma y pensar que es una nueva etapa en tu vida — Le aconsejó Arva con suavidad — Yo necesité de muchos meses para saber que quería con Axlor y finalmente lo descubrí.

    Arva se acarició la barriga con una leve sonrisa y Cinthia no pudo evitar sonreír también.

    — Siento que sigue aquí, conmigo — Musitó Arva, emocionada — Y estoy deseando ver el rostro de mis mellizos.

    — Lo harás, Arva — Cinthia asintió, segura de sus palabras — Estarás ahí para ellos.

    — Y también espero que estés tú para ayudarme — Dijo la piloto Tidder a su amiga — Yo te ayudaré en esto y en todo lo que haga falta.

    — Gracias, Arva — La doctora Marlow decidió incorporarse y darle un abrazo — Contar con amigas cómo tú es una bendición.

    En el camarote del comandante, Snow dormía plácidamente junto a su pequeña Gina. Sentado en un sillón a escasos metros de la cama, estaba Lill, observando con ternura aquella escena. Llevaba dos horas mirando a su mujer y a su hija, juntas después de un par de semanas angustiosas, precedidas por una guerra civil que también los mantuvo ocupados, tanto cómo para no pararse a valorar esos pequeños instantes que tanto llenan. El comandante Crane solo le pedía al universo que mantuviera a salvo a las dos mujeres de su vida, aunque tuviera que ser a costa de la suya.

    Om se hallaba en su habitación también, sentado sobre el borde de su cama, pensativo. Al girar la cabeza hacia su derecha, se percató de que hacía días que había escondido la Rhajaal bajo su almohada y temiendo que ya no pudiera estar, levantó el cojín rápidamente, asegurándose de que sí que estaba. El syleriano la tomó en sus manos y la volvió a mirar de arriba a abajo, cómo no hacía desde el primer día que subió a bordo de la nave, tras abandonar por primera vez en toda su vida, la superficie de Syleria. Sumido en los más profundos pensamientos, Paokt no se percató de que habían tocado a su puerta hasta la tercera vez que lo hacían. De no ser porque tenía el cierre de seguridad activado, podrían haberle pillado con el arma en las manos. Om la guardó rápidamente bajo la almohada y desactivó el cierre de seguridad para dar paso, sorpresivamente, al líder neoniano Vanth Dheer.

    — ¿Ocurre algo? — Fue lo primero que se le ocurrió preguntar al syleriano, además extrañado de que Vanth se pasara por su habitación.

    — No, todo está en calma — Respondió el neoniano, observando la habitación de arriba a abajo, cosa que incomodó al syleriano — Vine porque quería hablar contigo.

    — Claro, ¿sobre qué?

    — El pasado — Musitó el líder y representante neoniano — Sé que en esa guerra, muy probablemente pelearon antepasados de mí especie y de la tuya, por lo que considero que las siguientes generaciones a esa, no tienen culpa de aquel conflicto.

    — Concuerdo contigo, Vanth — Om se sentó en el borde de su cama, para sobreproteger de alguna forma, el arma escondida en la almohada — Y no tienes porqué disculparte por algo que tú no hiciste, sé que tampoco define a tu especie... aunque me costará asimilar eso.

    — Lo entiendo, Om, créeme — Dijo Vanth, sentándose al lado del syleriano e incomodándole más — Pero por eso he venido aquí, para hablar con tu líder personalmente y mostrarle mí más sincera repudia a lo que hicieron mis antepasados, seres cegados por la superioridad de la tecnología y la conquista.

    — Comprendo — Musitó Om, deseando que el neoniano se fuese — Estoy seguro de que Hylda aceptará tus disculpas.

    — Eso espero, quiero que esta alianza entre sylerianos, neonianos y humanos sea el comienzo de un futuro esperanzador para todos, pueblos que hemos sufrido mucho — Añadió Vanth, quién se incorporó finalmente para irse — Me alegra que pensemos igual respecto al pasado.

    — La única forma de avanzar es mirar hacia delante — Respondió el syleriano, asintiendo — Un placer, Vanth.

    — Lo mismo digo, Om.

    El líder neoniano se dispuso a irse cuando de reojo vio que algo sobresalía mínimamente de la almohada, por lo que se quedó parado justo en la puerta, algo que inquietó y extrañó al syleriano.

    — ¿Estás bien? — Preguntó Paokt, mirándolo seriamente.

    Vanth reaccionó rápidamente y se lanzó contra Om, golpeándole el mentón con el codo y derribándolo para acto seguido, quitar la almohada y descubrir la Rhajaal bajo ella.

    — ¡No! ¡Suéltala! — Exclamo Om, incorporándose velozmente — ¡No es lo que parece!

    — ¿Y qué se supone que parece, Om? — El líder neoniano tenía el arma en sus manos — ¿Por qué escondes una antigua arma neoniana estando a bordo de una nave de tus aliados?

    — Lo puedo explicar, Vanth — Musitó el syleriano, preocupado por lo que pudiera hacer el neoniano con su arma — Es... por precaución. Quería cubrirme la espalda en caso de necesidad, en caso de que esto fuera una trampa.

    — ¿Y ya te ha quedado claro que no lo es? — Vanth se mostró escéptico, pero terminó entregándole la Rhajaal — Debo notificarle esto al comandante Crane.

    Om cogió el arma en el aire y la sujetó apuntando al neoniano, ya de espaldas dispuesto a salir.

    — No deberías hacer eso — Om se mostró serio — No quiero hacerte daño, pero el hecho de que eres un neoniano y de que mí trato de alianza es principalmente con los humanos, me lo pone difícil.

    — Te creía más listo — Dijo Vanth, decidido a salir pasase lo que pasase — Si me matas, no tienes escapatoria y podrías despedirte de esa alianza con los humanos además de un puesto en Neonia. Haz lo que creas conveniente, Lill sabrá acerca de esto.

    Vanth salió por la puerta de la habitación, provocando que Om bajara el arma con abatimiento y resignación, pues el neoniano tenía decidido a notificarle al comandante humano lo que acababa de ocurrir, más allá de que el syleriano ocultaba un arma en su habitación.

    [...]

    En el Sector 0 todo eran gritos y aplausos a la llegada de la Valkshire tras una semana en paradero desconocido, realizando su misión de buscar más bases alrededor del mundo con neonianos en ellas, con el fin de tener más gente para la futura lucha. Mientras la nave de origen neoniano aterrizaba en el exterior del complejo, Eron despertaba en su tienda de campaña, pues pese a ser el hombre al mando de toda la población, decidió que las familias convivieran en el interior del edificio, usando el resto las tiendas.

    La celebración de la llegada de la Valkshire fue lo que le despertó, haciendo que el subcomandante se sentara en el borde de su colchón y se volteara para ver la silueta de Ashley, tendida en la cama con la sábana cubriéndole hasta la cintura y el pelo suelto sobre ella. Desde aquella cena para la que quedaron, ambos tuvieron más encuentros con frecuencia y fue la noche anterior cuando los dos se entregaron a la tensión sexual que se tenían. Tanner se colocó los pantalones y se incorporó, dirigiéndose al lavabo improvisado que tenía en la tienda —un cubo de agua fresca y un pequeño espejo— para lavarse la cara. En ese momento vio a través del espejo, cómo Ripley le miraba la espalda seriamente.

    — Me lo hicieron cuando fui capturado junto a Lill y Axlor — Murmuró Eron, sabiendo que ese sería un momento difícil de olvidar — Se aseguraron de que no me olvidara.

    — Lo siento — Respondió Ashley, sin saber qué más decir.

    — Lo sé — Musitó el subcomandante, colocándose una camisa para cubrir la palabra 'Resistencia' que tenía cicatrizada en la parte alta de la espalda, hecho durante el cautiverio en la Bataller — Parece que ha llegado Yak Quetaryan con la nave neoniana, iré a recibirle. Te puedes quedar todo el tiempo que quier...

    — Me gustaría ir contigo, si es posible — Dijo la mujer, aún apenada por lo que acababa de ver en la espalda del hombre, pues apenas se fijó la noche anterior — Por favor.

    Eron la observó durante unos segundos en completo silencio, rememorando un viejo recuerdo que cada ciertas noches le venía a la mente en forma de pesadilla.

    — Me gustaría ir contigo, si es posible — Deanne, su mujer, no quería permanecer en casa mientras su marido salía a buscar un transporte para sacarla de Marte — Por favor.

    El hombre sintió cómo si aquel momento se tratara de un dejá vù al oír aquellas palabras. Ashley se inquietó con tanto silencio hasta que el subcomandante asintió con la cabeza.

    — Vale — Musitó — Te esperaré fuera.

    Alrededor de tres minutos después, la soldado Ripley salió de la tienda de campaña, ya vestida. Eron le indicó entonces que hicieran camino hasta la Valkshire, aterrizada fuera de los muros del Sector 0 por la falta de espacio que había en su interior. Apenas llegó, ya había varios humanos curiosos que observaban como los neonianos que eran liderados por un Vanth que se encontraba en el viaje a Syleria, se saludaban con los neonianos despertados de la criogenia por Lio, Sun y Yak. El hombre de Ceres y la asiática también estaban allí, saludándose con la líder ingeniera y piloto Erie Tovam y con el propio Yak. A cierta distancia, miembros de la Resistencia observaban la escena, recelosos de tener a más neonianos con ellos y por ende más bocas que alimentar.

    — Subcomandante Eron Tanner, máxima autoridad temporal del Sector 0 — Dijo el hombre a su llegada, saludando a la líder neoniana y acto seguido a Yak — Quetaryan, un placer verte sano y salvo.

    — Lo mismo digo, Eron — Musitó Yak, presentando a su compañera de viaje — Ella es Erie Tovam, la líder de estos ciento veinte neonianos y neonianas que se han despertado hace poco más de una semana.

    — ¿Qué tal ha ido vuestra misión? — Ashley cambió de tema de forma abrupta, desconcertando a algunos presentes.

    — Muy bien, la verdad — Erie tomó la palabra — Hemos visitado el total de cien bases que había alrededor del planeta... algunas estaban inoperativas, otras destruidas... sin embargo, la mayoría estaban en perfecto estado y había neonianos en letargo en su interior.

    — ¿Cuantos sois en total? — Preguntó Lio, intrigado.

    — Alrededor de cien mil neonianos — Respondió Erie, sorprendiendo a los presentes.

    — Eso es una grandísima noticia — Dijo el subcomandante, consciente de que sería más apoyo en todos los aspectos — ¿Y dónde están?

    — Evidentemente, no cabían en la Valkshire — Murmuró Yak, siendo lógico — Permanecen en sus bases operativas, estarán en contacto permanente con nosotros y si necesitamos su ayuda, vendrán con sus naves.

    — Excelente — Musitó Sun, un poco sarcástica.

    — Subcomandante, me gustaría dar un discurso a tu gente y a la mía, si no es molestia — Dijo Erie de pronto, sorprendiendo al resto — Yak me ha contado todo lo ocurrido durante mí letargo y tengo la necesidad de hablarles a todos.

    — Lo haremos, te acompañaré — Indicó Eron el camino — Sígueme.

    Ambos líderes actuales de los suyos avanzaron hasta lo que era un pequeño escenario improvisado, desde donde se daban las órdenes generales a toda la población y se realizaba algún anuncio o discurso, cosa que iba a ocurrir. Al ser la mayor parte humanos, estos se sorprendieron de que la neoniana se iniciara tomando la palabra.

    — Mí nombre es Erie Tovam, soy una de los muchos líderes de bases secretas que tiene mi pueblo. Fui despertada en mi base por uno de los míos y dos de los vuestros. Pero si estoy aquí, es porque quiero un nosotros — Decía la neoniana con su discurso — He sido informada de la amenaza a la que nos enfrentamos en estos momentos, que nos tienen así, viviendo cómo supervivientes. Y os diré algo, no debe darnos vergüenza, ¡porque lo somos! ¡Somos supervivientes! ¡Y si he recorrido mí mundo en busca de más de los míos es para defenderos también a vosotros, humanos! ¡Porque esta es nuestra Tierra! — Esta última frase de Erie, la dijo en alusión también al planeta natal de la humanidad, ahora convertido en polvo cósmico.

    Eron observaba atónito cómo la mayor parte de humanos celebraba las palabras de Erie con los puños en alto y gritos de apoyo total, confirmando que la mayoría de la humanidad estaba firmemente segura de su alianza con los neonianos. Vista la situación, parecía que ocurriese lo que ocurriese con los Anixis, humanos y neonianos pelearían codo con codo cómo si se tratara de hermanos o camaradas. Detrás de toda la enorme multitud que conformaban los seiscientos mil humanos y neonianos presentes, concretamente a la entrada del Sector 0, uno de los Anixis observaba con seriedad la escena.

    — Esta no es vuestra tierra... — Deon sentía deseos irrefrenables de iniciar el conflicto en ese instante — Esta es tierra de nadie.
     
    Última edición: 30 Mayo 2020
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    Hola amigo. Paso a comentar el capítulo. Es oficial. Ya esta parte ocupa el segundo puesto dentro del ranking de tus historias. Entre el anterior y este, las partes II y III quedaron atrás por completo. Aunque es entendible ya que eran partes bastante cortas y no había una amenaza a gran escala (al menos conocida) como en la parte I. Ahora sí esta parte ya se ganó el segundo puesto.

    Sé que quedan solo 4 capítulos, y no creo que con eso logre alcanzar o superar a la parte I, dado a que esa parte tiene 24 capítulos. Pero el segundo puesto también es digno XD. A ver en que depara el siguiente capítulo.

    Para sumar a lo anterior en el comentario del último capítulo, me quedé con ganas de ver como Lill le reprochaba a Ashley y Lio por su mano metálica. En circunstancias normales, él no tendría una mano Rhajik implantada y eso le evitaría poder disparar un arma en el futuro. Además, no es que él precisamente esté totalmente sano por tener la prótesis, ya que ha sufrido y bastante. Me hubiera gustado ver qué tenía él para reprocharles, dado a que sus militares y la Resistencia estaban enemistados, y ellos en el pasado fueron sus amigos. Creo que ya no tiene sentido ver esa charla en algún futuro, salvo que Ashley o Lio le vuelvan a hacer algo a él. En fin, sé que debí comentar esto en el capítulo anterior pero lo olvidé XD.

    Ahora, pasando a este, debo decir que me alegra que se centre en varios puntos de vista. No digo que los exclusivos estén mal, pero esta clase de capítulos te muestra las tramas avanzando al mismo tiempo. Por un lado, parece que Sun está organizando a los que quedaron en la Resistencia. Eso no me gusta nada. Ocasionaron una guerra civil, causaron la muerte de Narisha y de Axlor, y """"supuestamente"""" (pronto explicaré por qué le puse estas comillas) ocasionaron que los Anixis llegasen a Neonia. Pero bueno, Lio me agrada, pero no me bastó que le dijera a Sun que haga lo correcto. La Resistencia mató a un amigo suyo, y me cuesta ver que él está tranquilo viendo como se podría estar formando otra bajo sus narices. Aunque entiendo que está bajo la presión de la amenaza Anixis. West, por otro lado, parece que está progresando en su cometido de reactivar a los Rhajik. Y los van a necesitar, dado a que se ve que los Anixis tienen armas bastante poderosas. La relación de Ashley y Eron, por un lado, la intuía desde que los vi teniendo esa conversación en la celda en la parte III. Pero creo que fue muy repentina. Ellos apenas tuvieron diálogos en 3 capítulos, y se conocen de relativamente poco tiempo, y ya se encamaron. Debo decir que fue rápida. Aunque ambos enfrentaron la pérdida de alguien a quien amaron en su momento, y creo que la tensión de la situación contribuye a que busquen apoyo en alguien. Ambos personajes me agradan, pero fue muy rápido como para que me pudiera sentir bien por ambos. Ya veremos a donde va ese barco.

    Me llevé una sorpresa muy grande cuando vi que Etyah y Reeda fueron atacados por los Rhajik de Vulkano. No esperaba ver de nuevo Rhajik hostiles, y mucho menos luego de que el Supremo estuviera muerto. Debo decir que me da curiosidad saber que otra cosa tendrían los neonianos allí para ordenarle a las máquinas proteger el lugar. Ojalá pronto se pueda ver, o al menos tengamos mención de ello. Al final, el dúo fue encontrado por los Anixis y terminaron siendo capturados. Me pregunto que les deparará ahora.

    Por otro lado, parece que las conversaciones de la Arcadia fueron muy bien. Arva y Cinthia parecen estar formando una gran amistad, y eso me gusta. Ambas han perdido a su pareja (de diferente forma), ambas estuvieron juntas en la Expedición II (que nostalgia recordar la parte I) y ambas parecían no tener amigas más allá de Snow. La escena de Lill cuidando de Snow y Gina mientras duermen me dio ternura. Ojalá él no muera, porque es mi personaje favorito, pese a que entienda que si debe sacrificarse por ellas, lo hará. Tengo el presentimiento de que en esta parte IV no será, pero luego de esta escena y de saber que Lill le ha dado varios problemas a los Anixis, creo que el emperador lo podría convertir en un objetivo prioritario. Ojalá equivocarme, pero no lo veo llegando al final de la parte V :'(

    Al final, Vanth terminó descubriendo la mentira de Om justo después de acordar que dejarían el pasado atrás. Eso no es bueno XD, y realmente, agradezco que hayamos tenido diálogos entre ellos antes de que se descubra. Ya que son miembros importantes de su especie y van a tener que trabajar juntos contra una amenaza mayor para dejar el pasado.

    Me da curiosidad saber cómo reaccionarán los miembros de la Resistencia ante las palabras de Erie. De hecho, me gustaría ver una charla entre ella y Sun. Dado a que Erie se muestra agradecida con los humanos por salvarlos, y no estuvo presente en el momento de que desapareció el sistema solar. Me pregunto qué tipo de relación tendrán Erie y Vanth al conocerse, pero se me hace que van a entrar en conflicto. Lo presiento XD.

    Por último, los Anixis. Deon se ve demasiado confiado. Increíble que estando tan en la mierda logre mantener la calma y la confianza de esa forma. Una carta tiene que tener para eso, porque sin contar a los sylerianos que están por venir, los neonianos y humanos los superan en gran número. Si logran activar a los Rhajik, y luego con los sylerianos, serán 4 vs 1. Pese a eso, Deon se ve muy tranquilo. Es de admirarse, a mí me mandan 3 trabajos prácticos en la misma semana y ya me estreso como loco XD. Está claro que son superiores, en algún punto, de lo contrario, no estaría tan tranquilo.

    Esos tres diálogos me han dejado pensando. "Nosotros ya hemos estado en peor situación" y "quien persevera obtiene logros" hacen referencia al pasado Anixis. Sé que eso será una historia aparte, ya que no veo algo que pueda ser contado en un capítulo. Ya lo presiento XD.

    "Ser Anixis es el mejor regalo que cualquier especie podría tener" confunde bastante. Creo que es porque los Anixis no son una especie en sí, sino una organización o agrupación. De hecho dice "cualquier especie" por lo que parece que no hay restricción.

    "Se quedaron sin la Tierra, se quedarán sin Neonia, están condenados a extinguirse". Honestamente, espero que esa sea respondida con tiempo. Supuestamente, el código de los Anixis hablaba de equilibrio y paz, pero esos diálogos no parecen ser nada pacíficos y menos hablar de equilibrio. Está claro que ese código era nada más que una vulgar mentira, de lo contrario, Deon no tendría la autoridad de ir por ahí diciendo esas cosas. Viendo que los Anixis tenían una foto de la Tierra, sumado a todo esto, me trae muchísimas dudas. A ver a que hora son respuestas XD.

    Por último, en este capítulo también está el problema de las tildes en "mí" cuando no va. Word no lo toma como error porque tanto "mi" como "mí" son válidas. Mi se usa para posesión como "mi auto" y mí para referirse a uno mismo como "cuéntamelo a mí". No es un error ortográfico, y Word no está muy avanzado como para poder distinguir errores gramaticales. Te tocará verlo por tu cuenta XD. Igualmente, son cosas que no entorpecen nada la lectura. Son detalles. Está bien decirlo, pero no es algo muy grave.

    Ahora sí, con la biblia terminada XD, me despido hasta la otra. Saludos.
     
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