Saint Seiya [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Kazeshini, 6 Enero 2013.

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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Saludos, Víngilot. Paso a responder tus comentarios sobre los capítulos 20 al 25. Antes de comenzar, sólo permíteme agradecerte por continuar con la lectura de mi historia y también por compartir tus opiniones.

    Mar como portadora de Cabellera de Berenice, fue otra de las ideas de su creadora para incluirla en la historia. Me fue bastante interesante reclutarla en el ejército de Atenea, siendo que ella es una chica normal y no tuvo el entrenamiento respectivo para ganarse la protección de una constelación. Poco a poco verás cómo va evolucionando como guerrera.

    Sobre el pasado de Shun y Anna, tal como has mencionado, existe más que admiración y respeto por parte de la alumna hacia el maestro. Justamente quise resaltar el momento en el que despiertan los sentimientos de la chica, y precisamente durante momentos de la vida en los que uno se ilusiona más, tal como lo son los de la infancia y después la adolescencia. Hubiese querido ahondar un poco más en el pasado de esta pareja, pero ya tendremos tiempo para ello durante el arco de Morrigan.

    Es bueno saber que logré describir de buen modo el combate de Anna y Aibhill. La ambientación macabra destacaba la naturaleza triste de la Guardiana de Banshee y para mí es un honor que la compares con escenarios épicos como los que mencionaste de Hagen y Fenrir. Qué gusto saber que consigo transportar a los lectores hacia los lugares que claramente veo en mi cabeza.

    Pasando al Bosque de Luonnotar, te cuento que su inspiración la obtuve de los libros de fantasía que leía hace años. Junto con los terroríficos, me fascinan esos escenarios fantásticos y qué mejor lugar que aquel para que habite la poderosa Mielikki… Y hablando de ella y de su rival de turno… Uff… vaya que me he divertido escribiendo sobre ambas. Si algo me gusta en una historia, es ver a mujeres demostrando lo aguerridas que son. Además, siempre quise que los Santos Femeninos tuvieran algo más de protagonismo en la trama oficial, aquí está un tributo hacia ellas, quienes, justamente, también son dignas representantes de todas las cualidades que mencionas y que a ambos nos convirtieron en fans incondicionales de SS.

    Sobre la armadura de oro de Shaina, la idea la saqué de un artículo que vi hace un tiempo en un periódico. Ahondando un poco más en internet, me enteré de que existen más constelaciones que son consideradas del zodiaco aparte de las doce que ya conocemos. Entre ellas están el Ofiuco y Cetus. ¡Y qué oportunidad más perfecta para darle a Shaina el lugar que merece con una armadura de oro! Y sobre su diseño y el de Mielikki, me es grato saber que te agradaron.

    Sobre el reencuentro de los Santos de Bronce con Kyrie y Eleison, y tal como mencionas, les acabo de adelantar el preludio a un arco más de la historia en el que los cuatro amigos se verán involucrados. Aquel fue un pequeño adelanto para que conozcan la estrecha relación que existe entre los cuatro y claro, lo detallaré mejor cuando sea el momento. Con respecto al paradero de Shaka, sólo te puedo decir que todavía falta un buen tiempo para que volvamos a verlo tras su encuentro con Caramon y Raistlin.

    Refiriéndome a la aparición de Marin y su hermano Touma. Al fin logré cumplir otra de mis fantasías de ver batallando juntas a Marin y Shaina. Además, me quedé con ganas de seguir viendo en acción a Touma después de la película de Tenkai-Hen Overture. Entre los tres, a su máximo nivel, están consiguiendo el milagro de contener las arremetidas de Mielikki.

    Por último, se agradece la mención sobre el respeto mostrado a la unión entre Caballero y cloth. Como se menciona en el canon: no es la armadura la que hace poderoso a un guerrero, sino el vínculo que el mismo mantiene con su constelación.

    Gracias por todo Víngilot. Bendiciones para ti también y un gran abrazo desde mi Ecuador.

    ¡Larga vida a los Caballeros de Atena!
     
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    [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
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    Acción/Épica
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    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 36: ¡EL PODER DEL ODIO! LA CONDENACIÓN DEL DIOS Y EL HUMANO

    ==Estados Unidos==

    Un joven hombre de larga cabellera castaña avanzaba lentamente entre el caos de la urbe. Las desgarradas ropas que dejaban al aire sus heridas de quemaduras, le daban una apariencia lastimera.

    —¡Desgraciado Ikki! —maldijo entre dientes, quien alguna vez fue la reencarnación del poderoso Horus—. ¡Me arrebataste lo más valioso que tenía! ¡Por tu causa, ahora no soy más que un patético humano luchando por su vida, al igual que todas estas escorias!

    Apoyando su espalda en una pared de cemento calentada por la alta temperatura del aire, el hombre posó su cansada mirada gris en el cruel espectáculo que se desarrollaba a su alrededor: Cientos de personas corrían aterradas en grupos, mientras que otros huían despavoridos de los vehículos que erráticos intentaban escapar a toda costa de ese infierno.

    —Mi señor Ra estaba en lo correcto… La naturaleza humana es el egoísmo y la desesperación. Todos ansían abandonar este lugar para salvar sus propias vidas, sin que su prójimo les importe en lo más mínimo… —reflexionó en voz alta, luchando por avanzar ayudándose con el muro—. Aunque mi vida ya no tenga sentido como la de todos estos humanos cobardes, no pienso morir tan fácilmente. ¡Aunque ya no cuente con mi poder divino, pensaré en alguna forma para vengar la humillación que me hizo pasar ese Santo de Oro y cumpliré con los propósitos del supremo egipcio!

    Quien se hacía llamar Horus sabía que de no encontrar un refugio resistente, acabaría muriendo súbitamente en el exterior, así que en medio de su desesperación, se puso en la tarea de buscar protección en las humeantes ruinas de lo que antes fue uno de los más grandes edificios de aquella metrópoli.

    Tras un sobrehumano esfuerzo impulsado por pura adrenalina, el maltrecho hombre logró internarse en el subterráneo de la edificación derrumbada, para luego hacer a un lado los pesados escombros que parecían haber sido colocados a propósito para obstaculizar el paso de intrusos.

    Lo que Horus vio cuando entró en esa gran habitación oscura, provocó su aversión y desprecio inmediatos: Aquel lugar se encontraba casi abarrotado de civiles horrorizados. Los en su mayoría ancianos, niños y personas con bebés en brazos se sobresaltaron e intimidaron al ver a ese hombre herido de extraña vestimenta, quien con tan solo una mirada era capaz de desarmar a cualquiera debido a la agresividad que transmitía.

    El recién llegado decidió que sería mejor no hacer alboroto en el refugio, así que, tras bajar la cabeza con resignación al saber que debería compartir el espacio con los seres que tanto despreciaba; se limitó a sentarse en un alejado y solitario rincón.

    Fue un alivio sublime el que sintió cuando dejó descansar su cuerpo entre las refrescantes sombras. Su agotada mente empezaba a recobrar lucidez al mermarse un poco el dolor físico que lo agobiaba.

    Pasaron varios minutos en los que el joven castaño maquinó infinidad de posibilidades y estrategias para derrotar a los Santos de Atenea. Su profunda concentración solo pudo ser interrumpida cuando sintió que algo halaba repetidamente sus quemadas vestiduras.

    —Señor… se ve preocupado y triste —le dijo inocentemente la niñita que intentaba llamar su atención—. No es bueno que esté aquí solito.

    Por un momento Horus dirigió una indiferente mirada hacia quien le hablaba. Se trataba de una sonriente pequeñita de rubio cabello y grandes ojos verdes, la cual no pasaría de los ocho años. Ella sostenía en ambas manos una pequeña pelota de goma con la figura de un gato de caricatura impreso en la misma.

    Sin que le importe en absoluto lo que le decía la jovencita, la ex deidad no se dignó a seguirla observando, pensando que al ignorarla se marcharía y lo dejaría pensar tranquilamente.

    —No debe preocuparse, señor —insistió ella con el mismo entusiasmo—. No importa lo que hagan los malos en la ciudad, ¡porque un superhéroe llegó para salvarnos a todos!

    La seguridad con la que ella había pronunciado estas palabras, logró intrigar al esquivo egipcio, quien simplemente se limitó a observar a la chiquilla entrecerrando los ojos con desconfianza.

    —No te creo, enana… —reaccionó él en tono grosero—. No existe nadie en este planeta que sea capaz de detener el ‘Juicio Final de los Dioses’.

    La niña apenas entendió lo que dijo su interlocutor, pero sí le quedó claro que éste intentaba hacerle perder el sentimiento de esperanza, así que haciendo pucheros, enfatizó sus aseveraciones.

    —¡No soy una enana y sí estoy diciendo la verdad! ¡Yo lo vi en el parque en el que estaba jugando esta mañana! ¡Nuestro superhéroe es un chico muy guapo y fuerte que usa un lindo traje especial de metal! ¡Él les ganará a los malos y entonces las personas que están heridas como usted se salvarán! ¡Y si no me cree, mire esto, yo lo dibujé!

    Posando en el piso su apreciado juguete, sacó de uno de los bolsillos de su vestido una hoja de papel doblado y se la entregó al desconfiado Horus, quien por pura curiosidad abrió el objeto para inspeccionar su contenido.

    —Vaya… entonces este es tu “superhéroe”… —manifestó él, haciendo un énfasis irónico en la última palabra de su frase.

    Los infantiles trazos de crayones plasmados en el papel mostraban la mal dibujada imagen de un sonriente joven de lisos cabellos plomos, vivaces ojos rojos y una exagerada versión de la armadura de Fénix. En efecto, se trataba de Evan.


    ==En otro lugar de la ciudad estadounidense==

    Viendo perplejo aquella mirada color sangre clavada sobre su ser, Anubis sonrió satisfecho al saber que había logrado su propósito.

    —«Comparado con el nivel de odio que poseía cuando ejecutó su nueva técnica, los sentimientos negativos que emana ahora este humano son inconmensurables» —meditó atónito el chacal, siendo testigo de cómo se corrompía la energía cósmica del joven Evan, la cual pasaba de la usual tonalidad anaranjada a una de color rojo que tendía a negro, muy similar al cosmos flameante que emanaba el mismo dios de los muertos…

    Tras reincorporarse de los restos de cemento en los que había sido enterrado, el poseído Santo de Fénix respiraba agitado, casi bramando con una furia incontrolable. El blanco de sus ojos había desaparecido y solo se podía ver una mirada iluminada en un intimidante rojo. Evan inconscientemente despertó su Séptimo Sentido por segunda ocasión, siendo impulsado por el odio extremo hacia Anubis, Ikki y, en general, a todo lo que existe.

    —¡Excelente, humano! ¡Esperaba con ansias el momento en el que me mostrarías tus verdaderos colores! —lo felicitó emocionado el único que podía hablar en ese momento—. ¡No sabes la alegría que siento al saber que mi máxima creación ha despertado! ¡Junto con los que descansan en mis sarcófagos, haremos que la muerte reine en todo este país!!

    El Guardián egipcio se acercó lentamente al inmóvil Caballero de Bronce corrompido, y con delicadeza le levantó el rostro tomándolo del mentón.

    —Admito que la primera vez que te vi creí que no eras más que un simple y debilucho humano, quien eventualmente se convertiría en mi alimento, pero ahora que te veo rebosante de desprecio y de poder, se podría decir que incluso he llegado a considerarte como mi hijo…

    La mano de Anubis se incendió dolorosamente con las furiosas flamas negras que emanaba el joven endemoniado. Su cosmos simplemente era demasiado poderoso.

    Indignada la deidad retrocedió de un salto, sacudiendo desesperadamente el área afectada para disipar el fuego.

    —¡Demonios, Evan! ¡¿Cómo te atreves a lastimar a tu padre de una forma tan cruel?!

    —Pa… padre… —balbuceó el aludido en medio de su trance.

    —¡Así es, mi pequeño! ¡Desde ahora en adelante, yo seré tu padre! —respondió jactancioso el agredido, olvidando el dolor de su más reciente herida.

    Los restos de la cloth de Fénix se elevaron de entre el concreto y cubrieron el cuerpo de su portador. La legendaria armadura del ave mítica reaccionó al creciente cosmos maligno del joven y utilizó su habilidad única de regenerarse de entre sus propias cenizas. Lo curioso fue que la cloth había mutado su diseño a uno más amenazante a la vista. Partes afiladas sobresalían de sus guanteletes, perneras y hombreras. El color violáceo oscuro de este nuevo ropaje evocaba una apariencia similar a los sapuri de Hades.

    Aún inmóvil, Evan balbuceaba palabras al azar para sí mismo. Trastornadas frases que alimentaban más sus sentimientos negativos y por lo tanto su poder destructivo.

    —¿Qué es aquello que tanto repites? —le preguntó curioso el chacal, haciendo un intento por escucharlo mejor.

    —Odia, Evan. Porque si no eres capaz de despreciar todo lo que existe en este mundo, jamás podrás desplegar las alas del Fénix. Odia a todo rival que te enfrente hasta que tengas unos ojos como los míos. Odia a la misma Atenea por atreverse a mantener este mundo en medio de una Guerra Santa… Odia, Evan. Odia a quien se negó a entrenarte. Odia a los dioses por utilizar a los humanos como marionetas. Odia tu destino de ser Caballero. Odia tu vida… Odia… Evan… ¡Odia a tu padre por mentirte y decirte que todos los Santos son personas buenas! ¡ODIA! ¡ODIA!!!

    Evan seguía sumido en las falsas palabras de Ikki, las cuales ya estaban enraizadas en su subconsciente. Las repetía una y otra vez con demencial ímpetu, dándose fuerza sin que esa sea su voluntad. Incluso el mismo Anubis se vio intimidado al presenciar el gran poder que era capaz de desatar su, según él, aliado.

    —Rayos… esto se me está escapando de las manos. A estas alturas no seré capaz de controlarlo. Lo mejor será dejarlo solo para que desquite su furia con los humanos que habitan este lugar.

    El egipcio intentó huir de la escena lo más rápido que pudo. Sabía que no le convenía permanecer en ese sitio.

    —Cuida bien de mis sarcófagos, Evan —le pidió con gran nerviosismo—. Ya falta poco para que esas personas se queden sin energía vital y renazcan nuestras marionetas. No las vayas a descuidar, eh.

    Cuando Anubis se giró para abandonar el lugar, el corazón casi le da un brinco cuando vio que el Santo se había trasladado a velocidad increíble, hasta plantarse detrás de él.

    —No me dejes, padre… —le dijo en un hilo de voz el joven que vestía la nueva armadura de Fénix —¡Tienes que morir en mis manos por atreverte a mentirme desde pequeño!!!

    —Entonces vas en serio, mocoso… Es una lástima, nos habríamos divertido mucho juntos, pero por desgracia tendré que exterminar a mi más preciosa creación antes de que pierda completamente la voluntad.

    Anubis encendió su cosmoenergía a un nivel casi divino. Relampagueantes destellos negros rodeaban todo el cuerpo de quien los había invocado.

    Por su parte Evan todavía no podía ubicarse en tiempo y espacio. Su desequilibrada y poseída mente veía en Anubis a la figura de su padre. En momentos también vislumbraba a Atenea y hasta a sus compañeros de bronce, pero lo que más desató su odio fue ver en el dios la imagen del actual Santo de Leo.

    —I… Ikki… —balbuceó el humano con notoria demencia—. Te negaste a entrenarme… y ahora… yo me negaré a permitirte vivir…

    —Solo hablas cosas sin sentido, así que cerraré para siempre esa atrevida boca que tienes. Nos vemos luego en mi Necrópolis, Evan… ¡‘Ejecución Suprema en la Duat’!!

    Todos los rayos que chispeaban alrededor de su ser fueron reunidos en una sola masa de energía concentrada. La esfera de oscuros relámpagos giraba a gran velocidad en su interior, produciendo un agudo sonido en el proceso.

    Viendo que su oponente estaba listo para arrojarle su máxima técnica, el Fénix reaccionó simplemente extendiendo hacia adelante el brazo derecho.

    —Esta es una de… tus técnicas favoritas, Ikki… Y con ella te enviaré… al infierno… Desaparece en medio del odio que… tú mismo me inculcaste… ‘Puño de la Ilusión Demoníaca del Fénix’.

    Tras el susurro con el que evocó el nombre de su ken, el joven de bronce desplegó un fino haz de luz roja desde su puño cerrado, el cual atravesó velozmente el cerebro del rival egipcio, quien quedó paralizado en el acto con las pupilas dilatadas.


    ==La Duat Egipcia==

    El dios de los muertos caminaba orgulloso por el enigmático y oscuro inframundo de sus ancestros. A su paso observaba complacido como miles de personas eran dolorosamente torturadas en los innumerables aparatos y artilugios, los cuales eran operados por demonios y criaturas maléficas.

    —No solo la vida representa sufrimiento constante —se dijo arrogante a sí mismo—. La muerte es solo el comienzo del calvario del ser humano.

    Hace poco una persona común había sido escogida para reencarnar en su cuerpo al espíritu del poderoso dios conocido como Anubis. Tras un doloroso proceso de metamorfosis, sus facciones humanas desaparecieron para hacer visibles las del ser divino con cabeza de chacal negro.

    Un pequeño charco de agua entremezclada con sangre llamó su atención. No pudo evitar ver reflejada su animalesca imagen en el mismo.

    —«El dolor que sentí al transformarme no fue nada en comparación al gran poder que ahora me otorga la muerte —reflexionó, fascinado con su actual apariencia—. ¡Al fin tengo el destino de los más débiles en mis manos!!»

    Tan abstraído estaba en su vanagloria, que no notó que de repente su rostro había mutado nuevamente. Cuando dio un segundo vistazo a su reflejo, con horror se percató de que sus facciones habían vuelto a ser las de antes.

    El avatar humano del dios de la Necrópolis lucía como un trigueño hombre adulto de suaves facciones. Su ondulada cabellera negra combinada con aquellos delineados ojos color miel, destacaban la morfología de ese rostro de evidente origen egipcio. Cualquiera al verlo diría que se trataba de la reencarnación de un faraón perteneciente a una de las civilizaciones más antiguas del planeta.

    —¡¿Qué demonios me pasó?!! —se preguntó, desencajando sus facciones humanas en una expresión de desconcierto— ¡Mi poder! ¡Mi divinidad me ha abandonado!!!

    Tras estas desesperadas declaraciones, el convulsionado ambiente que lo rodeaba pareció detenerse por un instante. Los gritos humanos de sufrimiento fueron acallados y un perturbador silencio reinó en la Duat.

    Tras esto, solo murmullos invadieron el escenario. Sonaban balbuceos de los centenares de condenados y castigadores que se aproximaban cual zombis hacia aquel humano que creían había usurpado el puesto del señor de los muertos.

    La resistencia que opuso el joven fue inútil. No pudo evitar que esos repulsivos seres se las arreglen para acomodarlo con violencia sobre la mullida superficie de un sarcófago.

    —¡Deténganse! ¡Soy su dios y les exijo que me suelten ahora mismo!!! —fueron las desesperadas órdenes que daba el aterrado hombre, al ver que la cubierta interior de la tapa del ataúd estaba densamente poblada de filosas púas.

    Sus gritos de terror no fueron escuchados por oídos racionales. Los habitantes de la Necrópolis estaban empeñados en castigar al invasor, así que sin ningún remordimiento cerraron el mortal objeto de tortura sobre su víctima. Sería imposible describir la terrible agonía que sintió Anubis cuando las incontables picas perforaron su carne, órganos y huesos.


    ==Estados Unidos==

    Tras despertar de la ilusión del Fénix, el malvado egipcio bajó los brazos por inercia, desvaneciendo por completo su mortal técnica.

    —Mal… Maldito Evan… —tartamudeó el agredido con suma dificultad—, pagarás por… por humillarme con esa visión…

    El aludido permaneció inmóvil y no se dignó a responderle al chacal. En señal de victoria simplemente bajó el brazo con el que había desplegado su ken.

    Y en efecto, los daños producidos por la técnica del Fénix resultaron ser más devastadores que de costumbre… En esta ocasión el ataque no solo afectó a la mente y espíritu del rival, sino que también había destruido su materia orgánica.

    Siendo presa de un terrible dolor que lo calcinaba desde su mismo interior, la última reacción de Anubis fue soltar sonoras carcajadas, sin quitarle la mirada de encima al humano poseído que lo había derrotado.

    —¡Felicidades, hijo mío!! —le dijo emocionado en medio de su agonía—. ¡Has asesinado por primera vez y condenado tu alma al infierno! ¡Alégrate, porque a partir de ahora se te hará más fácil matar a todos los patéticos humanos que veas! ¡Nos vemos en mi inframundo cuando termines de saciar tu sed de sangre en esta ciudad! ¡Ah! ¡Y no olvides saludar a Ikki de mi parte, Evan de Fénix!!!

    Súbitamente el Guardián egipcio detuvo su discurso. El ‘Puño de la Ilusión Demoníaca del Fénix’ se convirtió también en un ken físico e incineró los órganos internos de la sorprendida víctima, quien tras dejar escapar humo por el hocico y retorcer sus ojos hasta que quedaron en blanco, dejó caer su peso de espaldas sobre el cemento de la plaza.

    El cuerpo y espíritu de Anubis estaban completamente muertos. Tras un largo y terrible combate, el resultado del mismo se definió con un solo golpe lleno de odio concentrado…

    Luego del inesperado deceso del malvado africano, enseguida se detuvo el efecto de su técnica llamada ‘Cremación Oscura’. El fuego negro que absorbía la energía vital de miles de inocentes se desvaneció, dejando libres a sus exhaustas víctimas, quienes al estar todas en un estado catatónico, se desplomaron pesadamente.

    Por su parte, los dos sarcófagos egipcios se mantuvieron cerrados e inmóviles.

    —Merecías morir, Ikki… Merecías morir, padre… Merecías morir, Atenea —balbuceó iracundo el Santo, al regresar la calma a la plaza—. ¡Merecían morir, malditos humanos!!!

    Evan estaba lejos de deshacerse de sus intensos sentimientos negativos. En su confundida mente no solo había asesinado a su rival, sino también a todas las personas del planeta.

    Su extremo odio fue descargado en un potente grito, tras el cual una densa columna de llamas negras emergió a sus pies, elevándose furiosa hasta casi alcanzar la altura de las cúspides más encumbradas de los edificios que lo rodeaban. En medio de la estela de flamas oscuras, solo se podían distinguir los ojos del joven corrompido en forma de dos intensas luces rojas.

    Alguien fue testigo de los instantes finales de la batalla desde lo alto de un edificio. Había ocultado su cosmos para no ser descubierta por ninguno de los dos contendientes.

    Dando un gran salto desde las alturas de su escondite, la Guardiana Isis se plantó a distancia prudente de la manifestación física de odio llameante del Caballero.

    —«Si no hago algo al respecto, el alma de este joven acabará siendo completamente destruida y consumida por la maldad —se dijo a sí misma la bella mujer egipcia, intentando cubrir su rostro con el dorso de su antebrazo, en un intento por protegerse de las chispas que saltaban desde la columna de fuego—. Sin duda Evan posee un gran poder, pero no sirve para mis propósitos en tal estado de corrupción…»

    Extendiendo los brazos lateralmente, la diosa evocó con su cuerpo la forma de una cruz. Tras esto, cerró sus felinos ojos verdes para concentrarse en la tarea de encender su casi divino cosmos. Una reconfortante aura rosácea de naturaleza bondadosa intentaba contrarrestar a la oscura y maligna de Evan.

    En un agónico y lento proceso, un par de alas empezaron a nacer desde sus brazos cuan largos eran. Las filosas plumas rojas y verdes atravesaron dolorosamente su piel y armadura mientras se abrían paso. La mujer de lacia melena negra casi perdió la concentración a causa del intenso sufrimiento, pero ni aún así se dio el lujo de gritar o siquiera quejarse.

    Aunque las suyas se encontraban goteando sangre en ese momento, sus preciosas alas le daban una apariencia majestuosa a Isis. La diosa tenía el mismo aspecto con el que solían representarla en dibujos jeroglíficos ancestrales.

    Un fino rayo rojo emergió entre las llamas azabaches. Evan inconscientemente había desplegado una vez más su mortal técnica para acabar con la recién llegada, quien con un acrobático movimiento logró esquivarlo sin problemas. Acababa de ser testigo de lo devastadora que podía ser aquella variación del ken de Fénix y no pensaba dejarse tocar por ella.

    —¡No te rindas, Evan! ¡Yo te ayudaré a deshacerte del odio que te esclaviza! —le comunicó con mucha seguridad, desplegando a su máximo posible las alas que habían nacido de su cuerpo, al tiempo que su aura rosa invadía la totalidad de la plaza—. ¡Despierta de una vez, Ave Fénix! ¡‘Purificación Sagrada en el Nilo’!!

    Una cegadora luz anuló a la oscuridad que emanaba el Santo. Cuando el poderoso destello se disipó, Evan e Isis habían desaparecido, dejando solo silencio y calma en la escena.

    Solo quedaban las inconscientes personas que por poco perdieron la vida con la técnica de Anubis y, además, los dos sarcófagos egipcios que por un momento parecieron emitir un ligero halo de llamas negras… A pesar de que su invocador había muerto, la energía acumulada en el proceso de resurrección permitió que quien descansaba en uno de los ataúdes regrese al mundo de los vivos…

    Continuará…
     
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    Kazeshini

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    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 37: ¡ENFRENTAMIENTO! EL REGRESO DEL SANTO DE ORO LEGENDARIO

    ==Maravilla Suprema, Selva de Eldorado==

    Una hermosa aura de color verde azulado bañaba el cuerpo de Cavillaca de Colibrí.

    Viendo a la inca en pose amenazante, Mar hizo su parte alzando la guardia, esperando muy atenta los primeros movimientos de quien intentaba atacarla.

    —No me contendré al combatir contra ti —amenazó enérgica la sudamericana, clavando una mirada furtiva sobre la invasora de su territorio—. Perteneces a la noble orden de los Santos de Atenea y aún así te has rebajado al nivel de una vulgar ladrona.

    La imprecada decidió no contestar a las infundadas acusaciones de su interlocutora. Sabía que sería inútil hacerlo, así que en silencio se mantuvo quieta e intentó concentrarse en el combate.

    Solo había algo que seguía inquietando a la Amazona en cloth negra: Poco a poco caía presa del nerviosismo y la duda… Aunque había pasado corto tiempo desde que logró despertar su cosmos gracias a su gran poder de voluntad, aún así no conocía prácticamente nada sobre estrategias de batalla, ni tampoco las respectivas técnicas de su constelación guardiana.

    El nerviosismo de la chica gradualmente empezaba a convertirse en desesperación, al sentir elevarse el cosmos de su oponente en mayor proporción.

    Su reacción instintiva fue tratar de imitar a la enemiga y encender su propia aura cósmica en la misma proporción, pero había algo que no le permitía manifestar su verdadero poder.

    —«¡No lo entiendo! —se dijo a sí misma la chica de cabellera negra, sintiendo como el sudor frío bañaba su frente—. ¡¿Por qué no puedo elevar mi cosmos tal y como lo hice en el instante en que ascendí hacia este lugar?! ¡¿Qué me pasa?! ¡Tampoco puedo sentir la fuerza y seguridad que me permitieron desenterrar los materiales del señor Kiki!!»

    La representante de Q’inti lentamente se iba acercando a la inexperta Mar, quien instintivamente retrocedía con cada paso que avanzaba la Guardiana.

    —No seas cobarde, pequeña. Ya que tú no tienes la voluntad para luchar, seré yo quien tome la iniciativa.

    —No pienso claudicar ante ti, Cavillaca —alegó la muchacha de Coma Berenices, intentando ocultar sus inseguridades con un tono convincente—. ¡Recuperaré las armaduras doradas que originalmente le pertenecen a Atenea!!

    La joven de cabellera negra en trenza lanzó golpes al azar a su contendiente, los cuales, a pesar de estar reforzados por el cosmos celeste de la Ateniense, eran esquivados con relativa facilidad.

    —Parece ser que me has estado mintiendo todo este tiempo —manifestó la mujer en armadura emplumada, esquivando una patada baja de un brinco—. Se ve que no sabes nada sobre el combate real. ¡No eres un Santo Femenino de Atenea como afirmabas!

    Con un rápido movimiento, la inca eludió un último embate, para aprovechar la guardia baja de la inexperta guerrera e inmovilizarla con sus brazos. Un potente abrazo frontal bastó para atenazar por completo a la Amazona.

    Mar forcejeaba por liberarse, y más al sentirse incómoda al estar tan cerca del rostro de su rival, quien de hecho tenía una marcada expresión de disgusto en su semblante. Sus ojos encendidos en púrpura reflejaban el desprecio que le tenía a la invasora, y mucho más al tenerla tan de cerca.

    —¡Mantente quieta, Mar! —le ordenó con autoridad—. Tampoco me agrada la idea de tenerte así de cerca, pero un contacto físico como este es necesario para ejecutar mi técnica…

    A la aludida se le dilataron las pupilas de terror al escuchar estas palabras. Por primera vez en su vida recibiría los efectos del poderoso ken de un enemigo.

    —¡‘Caleidoscopio Primaveral’!

    Los ojos de la protectora de Viracocha resplandecieron como un arcoíris y miles de combinaciones de colores que se retorcían en simétricas y confusas formas geométricas, invadieron el campo de visión de la aturdida joven. El ambiente selvático fue reemplazado de repente por la perturbadora visión de inquietos y vivos colores, los cuales provocaban efectos nocivos en su víctima, quien poco a poco iba perdiendo su capacidad sensorial.

    Viendo que Mar había caído en un profundo trance al ser presa de su ken, la joven mujer de blanca cabellera rizada vio seguro soltarla de su abrazo. Acto seguido, se camufló entre la infinidad de combinaciones cromáticas que había creado.

    —«Sé que me escuchas, porque estoy hablando directo a tu mente —empezó a decirle desde la nada a quien había paralizado con su ken—. Antes de enviarte al otro mundo, debes saber que hicieras lo que hicieras, jamás habrías podido vencerme. A mi compañero Wayra se le otorgó un don divino, al igual que a mí… Poseo la bendición de la poderosa deidad femenina inca llamada Mama-Ocllo, quien en su infinita bondad me obsequió el don de la ‘Victoria Perpetua’. Es imposible que yo pierda, porque puedo conocer al instante cuáles son las fortalezas y debilidades de cualquier ser humano para aprovecharlas a mi favor…»

    La técnica de parálisis había aplacado por completo a la joven Mar, quien al escuchar en el interior de su mente las palabras de su enemiga, intentó idear alguna forma para deshacerse de la ilusión arcoíris.

    —«No puede ser… tan fácilmente caí en la trampa de Cavillaca —reflexionó para sí misma la muchacha, dejando escapar lágrimas de sus entonces opacos ojos celestes—. A este paso no podré cumplir con las expectativas de mis compañeros de Plata ni del señor Kiki».

    —«Precisamente, pequeña. No eres más que una vergüenza… —respondió para su sorpresa la mujer inca en sus pensamientos—. Y que no te extrañe que pueda leer tus cavilaciones. Cuando alguien recibe los efectos del ‘Caleidoscopio Primaveral’, no solo puedo leer sus fortalezas y debilidades, sino que también puedo anticiparme a sus acciones».

    —«Si ya conoces mis fortalezas, entonces tendré que potenciarlas para vencerte».

    —«Lo siento, Mar, pero solo veo debilidades en ti. Y de hecho la principal de ellas radica en tu cuerpo. Por lo visto acabas de recuperar tu capacidad de caminar hace poco, y todavía no te acostumbras a los cambios en tu físico. Vencerte será más fácil de lo que esperaba.»

    Sin que ésta lo notara, tres zonas del cuerpo de la chica de Rodorio empezaron a emitir ligeros destellos de luz blanca. Una en el hombro izquierdo, otra en el centro del cuello y una última en pleno corazón.

    —«La constelación de Cabellera de Berenice está compuesta por tres estrellas. Aprovechando el hecho de que no has formado un vínculo fuerte con la cloth de tu formación de astros, te derrotaré atacando tus puntos estelares… Ni siquiera una saqueadora como tú merecería el sufrimiento que está a punto de experimentar… ¡‘Dolor Eterno’!!»

    La Guardiana de Colibrí no exageraba con sus advertencias telepáticas. Apenas pronunciado el nombre de su segunda técnica, su víctima fue presa del dolor más terrible que podría existir. Mar no pudo evitar gritar a toda voz al sufrir tan inconcebible tortura en las tres áreas de su cuerpo antes mencionadas. Cada uno de sus puntos estelares parecía ser taladrado repetidamente desde su mismo interior por una fuerza punzante que incluso había agujereado las piezas de su cloth.

    En medio de su indescriptible martirio, la agredida aún intentaba resistirse al cruel castigo. Desesperadamente lanzaba débiles golpes al aire, esperanzada por impactar con alguno a Cavillaca para que detenga el martirio.

    —«¿Entonces así se siente estar completamente sola? —elucubró la muchacha, en medio de la demencia que le producía su agonía y la desagradable combinación de colores—. ¿En la Tierra logré alcanzar mi potencial porque tenía a personas apoyándome?... Sí… debió ser eso… Si el señor Kiki, mis compañeros de Plata y la señorita June no hubiesen estado conmigo, yo jamás habría hecho bien las cosas por mí misma».

    —«Vaya… recuerdo que aseguraste que habías sentido un gran dolor en el pasado, pero veo que el actual lo supera. Por otro lado, creí que las mujeres que luchan para Atenea tendrían una mentalidad más decidida, pero no te culpo por querer rendirte, Mar. Mi técnica llamada ‘Dolor Eterno’ imita la velocidad de los aleteos del colibrí para producir un sufrimiento continuo del que no podrás escapar. Como ves, combinadas mis técnicas son infalibles».

    Y en efecto, el confuso ambiente psicodélico que envolvía la jungla, aparte de paralizar a la Amazona, también parecía incrementar la intensidad del suplicio. Sus piernas tambalearon y cayó de rodillas, intentando contener la sangre que escapaba en delgados hilos por sus tres heridas. Su cosmos se había apagado por completo para ese momento, pero aunque en su mente aún tenía confusión y dudas, se incorporó nuevamente y se puso en la tarea de continuar lanzando sus débiles arremetidas al azar.

    —«Cavillaca… puede ser que el dolor y mi humanidad me hagan tener dudas en momentos críticos… pero eso no quiere decir que me rendiré ante ti. ¡Es cierto que estoy sola acá arriba, pero si quiero ser una guerrera digna de servir a Atenea, lucharé sin ayuda hasta vencerte. Aunque ya no queden residuos de cosmos en mi cuerpo, te venceré!!»

    Los huesos de la clavícula y esternón de la joven de Coma Berenices estaban a punto de ser completamente perforados. Cuestión que habría dejado desprotegidos sus órganos vitales, sin embargo, intempestivamente la guerrera de melena blanca detuvo sus dos técnicas.

    —Ya tuve suficiente —sentenció la sudamericana, reapareciendo entre la espesura de la selva—. Es hora de terminar de una vez con esta batalla sin sentido…

    Mar había caído nuevamente tras volver la normalidad el escenario y detenerse su agonía. No obstante, la Amazona era incapaz de recuperarse para reaccionar a lo que vendría a continuación.

    Viéndola recostada sobre un charco de su propia sangre, Cavillaca extendió una aguda púa desde el metal de su guantelete izquierdo y la acercó a pocos centímetros del rostro de la indefensa chica.

    —Observa bien esto, pequeña. Este el pico del sagrado Q’inti. ¡Te ejecutaré con él si te niegas a rendirte y no admites que eres solo una ladrona de reliquias incas!!

    Por unos segundos que parecieron eternos, el silencio reinó en el lugar de la batalla. A pesar de la terrible amenaza, la Guerrera de Atenea no parpadeó una sola vez y su mirada mostraba un intenso brillo que denotaba su determinación.

    —Prefiero morir… antes que rendirme contra alguien tan bajo como tú…

    —Entonces esa es tu respuesta… Fue un honor pelear contra ti, Mar de Cabellera de Berenice…

    Con un rápido y simple movimiento, Cavillaca hundió su arma directamente en el corazón de la expuesta joven en armadura de metal desconocido.


    ==Estados Unidos==

    Todo permaneció en absoluto silencio tras la súbita desaparición de Isis y Evan. Solo dos sarcófagos egipcios se mantenían estáticos, como mudos testigos de la sangrienta batalla que acababa de acontecer.

    El ataúd que se encontraba a la derecha del cadáver de Anubis se abrió lentamente tras emanar flamas negras. De su interior escapaba un denso vapor de la misma tonalidad, haciendo imposible ver el contenido del cofre.


    ==Maravilla Suprema, Bosque de Luonnotar==

    Tras la terrible batalla en territorio finlandés que terminó con el deceso de dos diosas; los tres guerreros que habían enfrentado a Mielikki aún se mantenían con vida, pero sus condiciones eran lamentables y se encontraban casi al borde de la muerte.

    Marin de Águila fue la primera en recobrar la consciencia. Tambaleándose, avanzaba entre los árboles sin importarle sus heridas. Estaba ansiosa por encontrar a su compañera de oro y a su hermano menor.

    —«No puedo sentir ningún cosmos en el bosque —reflexionó desesperada la Amazona de Plata—. Shaina… Touma… por favor, resistan…»

    Algo detuvo su doloroso avance. Una extraña sensación invadió su corazón y la obligó a voltearse para mirar a ninguna parte. Por alguna razón su instinto provocaba que su corazón lata velozmente.

    —Este sentimiento me es familiar… —se dijo en un susurro, levantando por inercia su cansada mirada azul hacia las copas de los árboles, las cuales dejaban colar delgados rayos de sol entre sus ramas—. Es imposible que hayas escapado del castigo que te impusieron los dioses…


    ==Estados Unidos==

    Un visiblemente frustrado Ikki de Leo arribó a la plaza donde se desarrollaba la contienda entre el dios de los muertos y el joven de bronce.

    —¡Demonios! —maldijo el recién llegado, descargando su ira con un certero puñetazo en una pared que tenía cerca—. Me distraje intentando buscar el cosmos de ese sujeto Ra y no me apresuré en ayudar al novato, aun cuando sentí que su alma se corrompía. ¡No debí creer que él podría sobreponerse solo al odio que crecía en su interior!

    Lo único que encontró el Santo de Oro fue silencio absoluto y dos cofres mortuorios que parecían haber emergido desde las entrañas de la tierra, para permanecer en una quieta posición vertical. Pero lo que en realidad le extrañó, fue que uno de los sarcófagos estaba abierto y vacío…

    —No tengo tiempo para distraerme con estos objetos. Encontraré a Evan y lo liberaré de esos malos sentimientos. Lo que menos me hace falta en este momento es lidiar con uno de mis propios compañeros.

    Al girarse para abandonar la escena, Ikki se sobresaltó cuando vio lo que se presentaba ante él: La imperceptible presencia de un hombre a sus espaldas lo había estado escoltando desde que llegó a la plaza.

    Se trataba de un joven y atlético guerrero de corta cabellera castaña ensortijada. Aquel invasor ataviado en una bella armadura de metal blanco casi platinado, tenía su indescifrable mirada verde posada sobre el Caballero de Atenea.

    —Tú… tú eres…

    —Así es, Ikki. Soy Aioria de Leo…

    El actual dueño de la cloth del quinto signo del zodiaco se veía sumamente impresionado al tener a su antecesor cara a cara. Casi no podía articular palabra ante tal sorpresa.

    —Esto debe ser un error… Se suponía que el espíritu de Aioria fue encerrado en el monumento a los Caballeros Dorados que se erguía en el Santuario.

    Quien decía ser el Legendario Leo, escrutó al antaño Fénix con la mirada. Casi no le había prestado atención a sus palabras, ya que su atención estaba concentrada en la armadura de oro que vestía el de cabellera azulada.

    —No imaginaba que alguien como tú sería el heredero de mi cloth dorada —manifestó pausadamente y en tono tranquilo el guerrero de atavíos blancos—. Dejando a un lado el hecho de que no posees ninguna relación con mi constelación, me extraña que Atenea te haya dado el honor de formar parte de sus Caballeros más poderosos. Supongo que su imprudencia le obligó a caer en la desesperación, al estar ansiosa por tener nuevamente doce Santos de Oro protegiéndola.

    —El verdadero Aioria no diría cosas como esas…

    —Piensa lo que quieras, Fénix… pero tú sabes que no mereces portar esa armadura de oro. Supongo que te otorgaron el derecho a usarla solo como un mero obsequio por tus supuestos logros.

    Ikki se mantuvo en silencio por un momento. No supo refutar las palabras de quien parecía ser el antiguo León Dorado. En su mente solo estaba presente la idea de que en realidad no deseaba abandonar su armadura original del Fénix para convertirse en un Caballero Dorado.

    —¿Qué sucede, Ikki? —añadió el castaño con un nuevo tono frío e hiriente—. ¿Acaso no puedes soportar el hecho de que tu generación no es lo suficientemente digna y poderosa, como para compararse con los doce que sacrificamos nuestras vidas en Giudecca?

    —Definitivamente alguien como tú no podría ser mi antecesor —replicó contrariado el aludido—. Respeto profundamente a todos y cada uno de los valientes que habitaron las Doce Casas antes que nosotros. Y ese respeto nace precisamente de la nobleza y lealtad que mostraron en el Inframundo, y todo para darnos la esperanza de que los mortales sí podíamos alcanzar el territorio de los dioses. ¡Alguien que menosprecie a sus compañeros es una deshonra! ¡Es un impostor como tú quien no merece vestir siquiera esa mala imitación de la cloth de Leo que portas!!

    Ikki se refería al diseño de la armadura blanca que vestía a su oponente, el cual era idéntico al de la suya. La única diferencia entre ambos era que el Dorado no portaba su casco de Leo, ya que Horus se lo había arrancado cuando lo golpeó en el rostro durante su combate.

    —La verdad me tiene sin cuidado si crees o no en mis aseveraciones, pero ya que eres un hombre de hechos y no de palabras, te demostraré que soy el verdadero Aioria…

    En un parpadeo la energía cósmica del guerreo en cloth blanca se elevó a niveles insospechados. Por un momento a Ikki le pareció que el poder de aquella aura dorada superaba incluso a la de los Guardianes egipcios. En silencio simplemente se limitó a ocultar el asombro en su rostro y disfrazarlo con su característico entrecejo fruncido, mientras que por su parte su rival concentraba la energía emanada en su puño.

    —Al ser el Santo Dorado de Leo, imagino que dominas y podrás detener mi técnica insignia… ¡‘Plasma Relámpago’!

    Ikki quedó paralizado al ver acercarse una red formada por una multitud de finos rayos de luz dorada. Cada uno de los millones de golpes de plasma luminoso pasó de largo a su víctima, apenas acariciando su armadura dorada. Su objetivo no era impactar en el Santo, sino sobre un edificio que se erguía detrás de él. El fortísimo conjunto de letales líneas de luz entrecruzadas, colisionó en la base de la estructura y la derrumbó sobre sus cimientos como si de un castillo de naipes se tratase.

    —La próxima vez que ejecute mi ken, no será sobre un simple edificio —amenazó el enemigo con malicia en sus palabras—. Tu cuerpo será destrozado cuando despliegue el ‘Plasma Relámpago’ nuevamente.

    Por un momento el Dorado se volteó para ver de reojo la terrible devastación que había causado su nuevo contendiente. Su furia fue extrema al conocer de antemano que cientos de personas se encontraban dentro de esa edificación.

    —¡Maldito infeliz!! ¡Eres un demonio corrompido por la maldad! ¡Un Santo de Atenea jamás atentaría contra la vida de inocentes! ¡Seas o no Aioria, no tenías derecho a cometer una atrocidad como esa!

    Al agresor le tenían sin cuidado las iracundas palabras del Ateniense. Aún rebosante de poder dorado, cambió su actitud fría a una más usual de él.

    —Dime una cosa, Ikki: ¿Acaso sientes al menos residuos de maldad en mi cosmos? ¿Acaso mis ojos ya no reflejan la nobleza y el corazón valiente, que siempre me caracterizaron cuando portaba esa armadura dorada que ahora vistes sin ningún mérito?

    Una vez más el aludido se quedó en silencio. Las últimas acciones y palabras del enemigo le dieron la certeza de que estaba enfrentando al auténtico León Dorado, quien en pocas palabras era el mismo que había conocido cuando aún se mantenía con vida.

    —Entonces así son las cosas… —habló al fin el antaño Fénix, con cierta resignación en su voz—. Es evidente que fuiste revivido en ese extraño sarcófago abierto. Solo respóndeme algo, Aioria: ¿Vendiste tu alma a los dioses egipcios, para traicionarnos a cambio de la efímera vida que ahora posees?

    —Fui revivido tiempo antes de ingresar en aquel ataúd, pero no poseía un nivel de poder como el actual, hasta que el señor Anubis reforzó mi cosmos con la energía vital de cientos de personas… No, espera… —se corrigió haciendo una pequeña pausa—. No fui revivido. En ningún momento morí en realidad... Lo que hice fue nacer como un hombre renovado. Abrí los ojos a la verdadera misericordia y magnanimidad, las cuales no pertenecen a Atenea como ustedes creen. Es mi señora Morrigan quien posee la bondad absoluta.

    Solo con la simple mención del nombre de la diosa celta de la oscuridad, Ikki perdió el control y se dejó dominar por su ira. El recuerdo de las atrocidades por ella cometidas en el Santuario, y las tantas vidas de sus aliados que había segado; estaban presentes en su furioso pensamiento.

    Por instinto Ikki lanzó un rabioso puñetazo llameante al rostro del Santo Blanco de Leo, quien con cierta dificultad logró contenerlo con su mano derecha, antes de que el golpe impacte en su rostro.

    —¿Es que no lo entiendes Fénix? —le cuestionó el agredido, aún forcejeado con el puño de su rival—. ¡Atenea no merece más mi lealtad! ¡Porque a pesar del gran sacrificio de mi hermano Aioros y de toda mi generación de compañeros de oro en el Muro de los Lamentos; ella no movió un solo dedo por liberarnos del martirio que nos impusieron los dioses griegos! ¡Fue Morrigan quien, incluso perteneciendo a un panteón diferente de deidades, tuvo la amabilidad de sacarnos de aquel suplicio! ¡Mientras Atenea nos había olvidado en medio del limbo, fue Morrigan quien extendió su divina mano para rescatarnos de la oscuridad infinita en la que nos encontrábamos sumidos!

    —¡Eres tú quien no entiende, Aioria!! —le increpó el actual Leo, presionando más con su puño para romper la defensa de su oponente—. ¡Aunque ahora puedas disfrutar de la luz del mundo de los vivos, tu corazón sigue muerto y envuelto en la más densa oscuridad!!

    —No hay razón para seguir escuchando tus sandeces…

    A vertiginosa velocidad, Aioria arrojó una poderosa esfera de luz concentrada al rostro del hombre en cloth de oro. El impacto fue tan potente, que logró proyectar violentamente al agredido contra una estatua que se encontraba a distancia considerable, haciéndola pedazos con su cuerpo tras la estrepitosa colisión.

    —Vaya tonto… —añadió despectivamente el antaño Dorado—, cometiste un error básico, dejando desprotegida tu cabeza al no usar tu casco. Hagas lo que hagas, siempre mantendrás el nivel de un simple Caballero de Bronce.

    Una fuerte risa retumbó entre los restos del monumento destruido.

    —Para mí es un halago el que recuerdes que sirvo a Atenea desde que era un Santo de Bronce —intervino Ikki riendo para hacer perder la calma a su agresor—. Estoy orgulloso del vínculo que aún mantengo con la constelación del Fénix.

    Retirando los escombros de roca que lo enterraban, se reincorporó y señaló amenazante a Aioria para decirle unas palabras llenas de convicción:

    —No me hables de errores básicos, traidor… ¡Ambos pelearemos sin casco en igualdad de condiciones!

    —¿De qué hablas? No me obligarás a quitarme el…

    Aioria calló su réplica cuando sintió que su diadema blanca de Leo se rompía bruscamente sobre su cabeza. Una sección afilada de metal incluso lastimó un costado de su frente, haciéndola sangrar.

    —Admito que tu velocidad y fuerza son bastante impresionantes —lo elogió el guerrero blanco de Morrigan, al tiempo que limpiaba el líquido vital que derramaba su rostro—, pero eso no significa nada en comparación con lo que yo puedo hacer… Mi poder incluso ha superado al del Caballero de Oro promedio.

    El castaño usó su prodigiosa velocidad para acercarse al Santo y tomarlo firmemente por el cuello con una mano. No solo su cosmos había aumentado tras regresar a la Tierra, su fuerza física también se había incrementado y la muestra era la relativa facilidad con la que estaba asfixiando a Ikki.

    —Hablabas de luchar en igualdad de condiciones, ¿cierto?, pero no sucederá con alguien como tú… Tanto criticas mi deshonra al traicionarlos y eres tú el pecador que osa vestir esa armadura, sin siquiera aceptar la protección de la constelación de Leo.

    Propinándole un fuerte rodillazo en el antebrazo, Ikki se soltó de la garra. En una rápida maniobra, aprisionó al rival rodeándolo por el cuello con el brazo extendido. Acto seguido, lo estrelló rabiosamente contra el pavimento, destrozando el piso en el proceso y levantando una espesa nube de polvo y escombros.

    Teniendo al antaño usuario de la cloth de Leo aturdido por el golpe, el actual portador de dicha armadura aprovechó para seguir descargado su ira con sus palabras.

    —Puede ser que no esté completamente satisfecho con mi papel de Santo de Oro, ¡pero aún así planeo cumplir la misión que Atenea me ha encomendado, sin importar quien intente detenerme!!

    El recién golpeado se reincorporó en medio del dolor. Con desprecio escupió la sangre que se había acumulado en su garganta, y con la misma aversión observó a su oponente.

    —Ikki… —lo llamó un tanto furioso, disipando el polvo en un santiamén con el impulso generado por su fuerza cósmica dorada—. Es una lástima que no puedas respaldar esas palabras… Te advertí que la próxima vez que despliegue el ‘Plasma Relámpago’ lo impactaría contra tu cuerpo.

    —Te afectó demasiado el golpe que te di. En ningún momento ejecutaste tu técnica.

    Pero el Santo de cabellera azulada se equivocaba. Aioria estaba consciente del hecho de que un ken no suele funcionar dos veces contra un Caballero, así que, en millonésimas de segundo, se las arregló para camuflar la ejecución de su técnica, sin que el Dorado se percate de ello.

    Ikki apenas y pudo contemplar la compleja red entretejida de incontables líneas de luz que colisionó sobre su desprevenido ser. Los rayos de plasma dorado salidos de la nada vapulearon a su objetivo de manera salvaje, incluso cuarteando severamente las piezas de las que se componía la armadura de Leo.

    Abatido, el agredido se desplomó de boca sobre el cemento. El efecto del ken parecía haber sido más devastador que de costumbre, ya que quien lo había recibido no daba señales de siquiera moverse o reaccionar.

    —Ese es el poder de un auténtico León Dorado, quien pasó por miles de vicisitudes para poder ganarse el derecho de portar esa armadura que me vi en la penosa obligación de averiar…

    Continuará…
     
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    Hola Kazeshini, me he tardado bastante pero dije que no iba a abandonar la historia y aquí estoy.

    Inicio destacando y valorando esa amistad entre Mielikki y Viracocha, me gustaría ver un final alternativo o bien alguna escena en la que este par de dioses convivieran pacíficamente. Es una linda imagen la que me he impreso de estos “villanos”. Continuando con ellos qué encuentro ese entre Mielikki y Artemisa ¡cielos, sé que no lo son pero es un auténtico duelo de amazonas! Respecto a Artemisa me quedo con una frase suya, aquella donde dice que es increíble cómo los pequeños detalles logran conmover a los más fríos corazones, sabiduría absoluta, me quedo con ello, me llegó… Y caray, ha sido un digno final para la finlandesa que ha logrado recapacitar aunque a qué costo. Fue muy emotiva la escena de su caída con la hermosa paradoja de que aún en su muerte hizo renacer la vida y ese lamento de toda clase de bestias y aves fue uno de tus mayores logros en toda la historia, sencillamente genial, tienes mucho talento, mucho.

    Y ya era hora de que fuera apareciendo Ra, uno de los más enigmáticos y poderosos dioses. No importa que haya sido su propósito sólo despertar a un león dormido, ya llegará el momento de entrar en acción y será seguramente algo… bestial. En cuanto a Mar como la nueva guerrera es un gran reconocimiento a su alma pura y convicción de ayudar a los demás, una persona así no puede ser desaprovechada, debe reclutarse. Y como ya leí los siguientes capítulos sólo se confirma su gran corazón al cuidar del malherido Mu y los Caballeros de Plata y ascender en solitario a la fortaleza de los dioses llevando consigo las armaduras, vital herramienta en la lucha contra el enemigo.

    Y óyeme, aquí vengo con una queja: cómo es que haces toda la intro para que aparezca Ikki de esa manera tan majestuosa, describirlo con su típica arrogancia y arrollador poder y después ¡zaz! Resulta que sólo lo desviaron a una trampa y no entra en combate ni nada. Para mi suerte volvió a intervenir de manera soberbia y aunque apenas y empecé a leer esa batalla ya se me antoja como la más espectacular de todas, los elementos son idóneos: una ciudad en llamas, el cosmo ardiente de los combatientes y su explosiva personalidad harán que literalmente de este choque salgan chispas. Aquí al único ausente que veo de acuerdo con esa forma de encarar las batallas es Aioria, ya también me tocará maravillarme con su respectivo duelo ¡Sí!

    ¡Evan! Toma nota hijo de cómo se pelea y luego le agradeces a Ikki la clase: “Así se trata a los rivales” cuando le toma del pico a Horus, me encanta este personaje. Ya imagino que harán una magnífica mancuerna contra Horus y ver el escenario dantesco, apocalíptico sólo le da un superlativo al enfrentamiento ¡Eres un genio! ¡Yeah!

    Bueno, me despido por ahora con la duda esa de la diosa egipcia, ya me enteraré. Debo agradecerte por este fabuloso preámbulo a una batalla descomunal y de paso desearte que estés muy bien y por favor, si me vuelvo a tardar no desesperes, llegaré, no abandonaré este lujo de historia ¡no! Un abrazo desde México.

    ¡Larga vida a los Caballeros de Atena!
     
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    Víngilot

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    Hola Kazeshini, qué tal. Menudo lugar te has mandado este del santuario de Viracocha. Sabes, leí una espectacular trilogía titulada Inca acerca justamente de esta cultura y tengo muy presentes los escenarios tanto de templos y palacios como de tierras de siembra y caminos con sus respectivos tambos. Así que al leer este paisaje no pude más que acordarme de la historia leída y sólo tuve que insertar ahí a Raistlin, Caramon y Wayra ¿No murió Caramon, o sí? Una vez más vemos a los Caballeros sacrificándose por los suyos, en especial ahora que eran hermanos, pero ¿tan débil se sintió como para pensar que sólo podía servir de escudo? Eso sólo lo vi, si mal no recuerdo con Casio al contener a Aioria y su ataque por el bien de Seiya aunque él aseguraba que lo hacía por Shaina. Y lo entendí, Casio no fue nunca investido como Caballero, pero Caramon sí ¿por qué una participación tan fatalista? ¿Tan poderoso es Wayra? A pesar de eso jamás los Santos se rinden o se ofrecen tan a la ligera como carne de cañón, caray, estoy a la expectativa pero… Y como contrapeso a esa pérdida tenemos una brillante actuación de Raistlin, esa alusión que hace del lobo que añora llegar a la luna contra la burla que hacía su rival ha sido muy admirable, pero el ataque, señor Kazeshini, el ataque fue una maravilla, inesperado, eficiente y espectacular ¡wao!

    Pasando a los Estados Unidos donde la verdad Ikki derrota con suma facilidad (así me pareció) a Horus, me quedaré con las ganas de verlo en su máxima expresión. Vi una clase más a su “pupilo” primero salvándolo de una muerte segura y luego motivándolo y comprometiéndolo a la causa ateniense; y a Horus definitivamente jugó con él ¡jugó con él! Creo y espero que la lucha fuerte de Ikki llegue contra el mismísimo Ra porque llevo algunos capítulos esperando ver al Fénix arder y sólo le han bastado chispas para abrirse paso entre los enemigos. Caso contrario el de Evan que está sufriendo contra Anubis. Ha sido impresionante verlo en acción y cómo irónicamente su falta de control y su poder destructivo están causando lo que quiere evitar. Y, no es que sea un canalla pero imaginar el escenario descrito en total caos me estremece y agrada al mismo tiempo, es el lugar ideal para una batalla de este tipo, claro, tengo que pensar en los millares de víctimas pero… ay, qué dilema, oye, y cuando llegue la batalla contra Ra se va a acabar la ciudad porque si sus lacayos son capaces de generar esa destrucción no quiero imaginar el poder que detenta el dios-Sol (me froto las manos).

    Ya aprovechando que hablo sobre Ra qué buen elemento éste de las armas, también de inmediato establecí la relación con Thol, el Dios Guerrero de Asgard y sus martillos mágicos, claro que estas armas lucen más poderosas, elegantes y estilizadas. Haber cómo las inutiliza Ikki, je, je, ya doy por hecho que se van a enfrentar y a lo mejor ni siquiera.

    Bueno, por el momento me despido y veo que ya me faltan pocos episodios para alcanzarte, por fin. Mi buen, un abrazo desde México, que estés muy bien, hasta luego.

    ¡Larga vida a los Caballeros de Atena!
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Saludos desde Ecuador, Víngilot.

    Discúlpame por responderte y actualizar la historia hasta el día de hoy. Se me complican bastante estos meses en la oficina. Procedo a responder tus comentarios con todo gusto:

    Comentarios capítulos 26-30.

    Sobre la relación entre Mielikki y Viracocha, te cuento que también tuve la idea de escribir una escena alternativa como la que mencionas. En realidad desearía escribir muchos otros cortos que complementen a la historia principal, y hacerlo como una especie de Gaiden. Ya sacaré tiempo para ello, porque en serio tengo ganas.

    Con respecto Artemisa apareciendo en el momento más crítico de la historia, satisfice mi deseo como fan de ver batallar a la diosa griega al menos una vez. Y qué mejor que hacerlo durante el clímax de un combate épico y emotivo como el que nos ofreció Mielikki, quien, como mencionaste, merecía recapacitar aunque a un muy alto costo. La escena de su deceso y la imagen final de su cuerpo rodeado de animales lamentando su muerte, es una de las que más tengo presente en mi mente.

    Algo más que quiero resaltar sobre lo que mencionaste, fue la frase de Artemisa. La escribí motivado por experiencia propia. Aunque uno a veces se esfuerce por aparentar frialdad e indiferencia, siempre, en cualquier momento, llegará alguien que te ablande el corazón.

    Pasando al siguiente arco, Mar ha sido uno de los personajes que más ha ido evolucionando conforme avanza la trama. Quizás no haya recibido un entrenamiento para portar una cloth, pero lo que la hace digna de hacerlo es su gran calidad como ser humano, tal como mencionaste.

    ¡Y por fin estamos viendo a Ikki en acción! Se entiende tu queja sobre su aparición y el engaño del que fue víctima en la pirámide jeje. En ese punto ya ansiaba escribir sobre su enfrentamiento previo contra Anubis, pero ya después compensé aquello cuando la acción se trasladó a los Estados Unidos.

    Sobre Evan, como vimos, empezó demasiado impulsivo y rencoroso. Y en las circunstancias en las que ambos Fénix atraviesan, le puede costar la vida. Por suerte su antecesor ha tenido la paciencia para guiarlo, aunque sea con unos pocos consejos.

    Por último, la duda de la diosa egipcia pronto la conocerás… Por ahí se trae algo con Evan…


    Comentarios capítulos 31-34.

    Pasando al territorio inca, sería interesante leer la trilogía que mencionas sobre ellos. La información que leíste en esas escenas, están basadas en lo que se me enseñó de esta cultura, documentales y visitas a museos.

    Refriéndome a Caramon y a su sacrificio por su hermano, es interesante que lo compares con el de Casio para liberar a Aioria de la maldad. No me lo había planteado, pero tienes razón desde el punto de vista que el menor de los lemurianos tenía planeado sacrificarse de antemano. Solo que la diferencia es que ésta no fue la única opción que tenía Caramon (como sí lo fue en el caso de Casio) El Oso había planeado ofrecerse como escudo para su hermano pero sólo como último recurso, y justamente eso fue lo que sucedió cuando falló el Escudo de Cristal que ambos erigieron con tanto esfuerzo. Uff… bueno, con todo verás pronto lo que será de los dos hermanos de bronce que enfrentan al poderoso Cóndor.

    Pasando a Estados Unidos, efectivamente, Ikki venció con relativa facilidad a Horus. (Suceso ocurrido únicamente porque se trata del inmortal Ikki jeje). También sentí que este combate pudo haber dado más de sí, pero por ahí le tengo preparado algo al egipcio fuera de los combates… Un poco de paciencia, amigo, te aseguro que verás a Ikki brillando en todo su esplendor en sendos combates que lo exigirán de verdad! Lo de Horus fue un abreboca de lo que vendrá a continuación…

    Pasando al Anubis vs Evan, qué mejor que un escenario apocalíptico para demostrar el caos en el que será sumido el mundo con el Cataclismo (También me gustan ese tipo de escenas, no eres el único jeje). Como vemos, el joven Fénix va progresando como guerrero, aunque sea a las malas.

    Es interesante la comparación que haces de las armas de Ra con los martillos Mjolnir de Thol. Aunque a Atenea no le guste, me encanta cuando se utilizan armas en Saint Seiya. Por esa razón cada dios de la Alianza posee sus armas que iremos conociendo en cada enfrentamiento: Viracocha con su hacha Imbabura, Mielikki con su arco Vainamoinen, Ra con sus katares Seth y Osiris. Ya veremos si alguien es capaz de inutilizar tan devastadores artefactos…

    Me alegro saber que te faltan ya pocos episodios para alcanzar mis publicaciones. Te agradezco mucho por tomarte tu tiempo para dejarme tus opiniones tan detalladas, yo las contestaré con gusto y con la misma minuciosidad. También espero que estés muy bien y que disfrutes lo que sigue en este arco. Así como tú no abandonarás la lectura de mi historia, tampoco desistiré al publicarla en este espacio, aunque quizás también me tarde un poco.

    Un abrazo desde Ecuador y… ¡larga vida a los caballeros de Atena!
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 38: ¡EL DESPERTAR DE IKKI! EL LEÓN DE FUEGO SE MANIFIESTA

    ==Maravilla Suprema, Selva de Eldorado==

    El convulsionado ambiente de la jungla amazónica pareció enmudecer cuando Mar dejó escapar un último suspiro. Sentir aquella delgada y afilada hoja clavándose en su palpitante corazón la aterró y paralizó por completo, pero aun en medio de su agonía, ni siquiera parpadeó y continuó observando a su ejecutora con unos llorosos ojos que todavía desbordaban valor y convicción.

    —¡‘Néctar de las Flores de Hanan Pacha’! —exclamó Cavillaca, enviando su energía cósmica verde azulada hacia su arma de Q’inti.

    El aura de la Guardiana inca se expandió hacia su oponente y la cubrió por completo con una sensación agradable, la cual era inyectada directamente en sus entrañas a través del filo en forma de pico de colibrí.

    Las recientes heridas de la Amazona fueron completamente sanadas por la técnica de la inca.

    —¿Por qué me ayudaste, Cavillaca? —le preguntó confundida la chica de Rodorio, sentándose para palpar por inercia los tres puntos de su cuerpo en los que ya no sentía dolor alguno.

    Volteándose para no verla y en actitud incómoda, la mujer sudamericana le respondió:

    —Me equivoqué y lo siento, Mar. No eres una ladrona como creía —admitió con cierto dejo de vergüenza, pero sin despojar de fuerza sus palabras—. Te comenté que tengo la habilidad de conocer las fortalezas y debilidades de quienes enfrento… Por fortuna tuya, a último momento pude contemplar en tus ojos aquellas fortalezas que te permitieron conservar el valor a pesar de estar tan cerca de la muerte. Sin duda tus razones para estar en territorio inca son nobles.

    La Guerrera de Coma Berenices vio seguro posar delicadamente su mano sobre la hombrera verde de quien le daba las espaldas.

    —Gracias por entender mis motivos para luchar.

    —Ambas defendemos lo que creemos, sin importarnos estar en lo correcto o no —afirmó la inca, observando de reojo a su renovada interlocutora—. Y conociendo tu determinación, supongo que no huirás de la Maravilla Suprema para conservar la vida.

    —No puedo hacerlo, Cavillaca —manifestó enseguida sin vacilar—. Aunque ello represente invadir el territorio que defiendes, debo cumplir la misión que me encomendaron en el Santuario.

    —Curé tus heridas para que abandones esta jungla y regreses a la Tierra en paz, pero imaginaba que tu respuesta sería una rotunda negativa. En ese caso, considera mi auxilio como una compensación por haber hablado mal de ti, y como mi forma de iniciar una batalla en igualdad de condiciones.

    La cosmoenergía verde azulado de la Guardiana se encendió en gran proporción, haciendo retroceder a la Ateniense varios metros y espantando a los animales que rodeaban la escena del combate.

    Con un semblante completamente diferente, el cual ya no denotaba desprecio, sino respeto; la mujer se volteó y posó sus brillantes ojos lilas en su contendiente.

    —Me has hecho notar que eres un ser humano excepcional, Mar. ¡Ahora debes mostrarme también tu valía como Guerrera! ¡Porque si no me enfrentas en serio en esta ocasión, ni siquiera podrás lamentarte por haber decidido continuar en territorio inca!

    Siendo testigo de la nueva actitud noble de la guerrera de Q’inti, la chica de cabellera negra en trenza simplemente sonrió complacida, llenándose a la vez su alma de seguridad y fuerza.

    —¡Así será entonces, Cavillaca! ¡No te decepcionaré ni a ti, ni a quienes esperan el éxito de mi misión en el Santuario de Atenea!

    —Ahora creo en tus palabras, Mar. Y por esa razón también tengo la certeza de que los grandes objetos dorados que traías contigo, te pertenecían originalmente, pero te advierto que si logro derrotarte, ofreceré como sacrificio esa gran cantidad oro a la memoria de mi señor Viracocha, para que su descanso eterno sea pacífico en la Urin Pacha.

    El poder de la griega y la inca se expandió en la misma proporción hasta cubrir la selva entera.

    —¡No podrás resistir mi técnica magna, a menos que superes mi poder! ¡‘Shuar Tzantza’!!

    Parecía ser que todas las técnicas de la Guardiana inca estaban destinadas a torturar a sus rivales, ya que Mar una vez más fue presa de un apabullante dolor, el cual se concentró en su cráneo.

    La fuerza de gravedad aumentó su presión en todos los puntos alrededor de la cabeza de la chica. Su cerebro era violentamente aplastado, como si una fuerza invisible intentara compactar dolorosamente su cabeza.

    La doncella en cloth negra gritaba desesperada al no poder hacer nada por evitar tan cruel martirio.

    —«Nadie ha sido capaz de resistir la ‘Reducción de Cabezas’ de mi pueblo Shuar. Un minuto es el tiempo que te resta de vida, antes de que tu cráneo se parta como una nuez —reflexionó la mujer de melena blanca ensortijada, observando en actitud digna el sufrimiento de la Amazona—. Vamos, Mar. Sé que puedes elevar tu cosmos tan alto como tu nobleza».

    La muchacha cesó sus lamentos y perdió la consciencia aún estando en pie. Hace unos segundos había superado la barrera del dolor y, lo único que podía percibir era como sus sentidos se desvanecían en la negrura de un espacio infinito.

    —«Mar… recuerda que cuando todos los colores que existen se juntan, lo único que predomina es el más oscuro negro… —comentó una desconocida voz femenina en el trance de la chica—. Por esa razón tu armadura tiene esa tonalidad. Los cabellos de Berenice pueden consumir todo lo que posea color».

    —«Logro reconocerte. Eres la misma persona que me ayudó a despertar cuando Cavillaca me atacaba con sus plumas metálicas… ¿Quién eres?»

    —«No soy una persona —replicó la invisible entidad, vocalizando dulcemente sus palabras—. Solo digamos que soy una aliada que te enseñará a sacar el máximo potencial de tu título de Guerrera de Atenea».

    —«No logro entender bien lo que tratas de decirme, extraña, pero confío en ti e intentaré hacer mi mejor esfuerzo para vencer cuando despierte».

    —«Excelente… sabía que no me equivoqué contigo, Mar —resaltó la voz femenina con orgullo—. Siempre supe que tenías todo lo necesario para servir a la diosa protectora de la Tierra, ya que de hecho, esta no es la primera batalla que enfrentas».

    —«¿A qué te refieres?»

    —«Luchaste varios años tras perder tu capacidad de caminar y, cada día, a pesar de sentir un inmenso pesar en tu corazón; no te rendiste y mostraste siempre una actitud positiva acompañada de una vivaz sonrisa. El combate que enfrentas ahora, no es nada en comparación con lo que ya viviste».

    Aquellas palabras lograron reconfortar sinceramente a la cansada joven, quien en medio de su ensoñación, obtuvo más fuerza psicológica para encontrarse con su destino.

    —«Gracias… seas quien seas».

    —«Gracias a ti por ayudarme a despertar, Mar. Los pocos Santos que han vestido la armadura especial de Coma Berenices, se ganaron ese derecho al poseer habilidades y valores extraordinarios. Ahora tú eres parte de ese grupo de virtuosos y honorables guerreros, cuyas memorias y sentimientos también se encuentran grabados en cada una de las piezas que conforman esta cloth. Así que, ahora que has armonizado tu cosmos con las tres estrellas de tu constelación, sabrás qué hacer contra tu rival cuando dejes esta negrura y tus ojos contemplen nuevamente los colores de este mundo».

    Mar abrió los ojos por inercia. Su mirada perdida en la jungla denotaba que aún se mantenía en un profundo trance, ya que ni siquiera emitió un ligero quejido a pesar de la tortura que seguía ejerciendo su sobresaltada rival.

    Cavillaca intentó disfrazar su asombro al ser testigo del cambio de tonalidad en el aura que bañaba a su oponente. Ésta se había tornado negra desde su celeste original.

    Mientras aquella densa oscuridad invadía la selva entera, quien la había invocado murmuraba incomprensibles palabras en voz baja.

    —Se acabó, Mar. Fuiste una digna rival, pero al final seré yo quien se quede con las cajas de oro que traías…

    La Guardiana de Colibrí extendió el brazo e hizo la gesticulación de cerrar fuertemente la mano, como si estuviese aplastando un objeto invisible entre sus dedos. Ese gesto representaba la culminación de su ken, el cual se suponía quebraría el cráneo de la joven para reducir su cabeza.

    Un fuerte crujido seco invadió la totalidad de jungla…

    —Siempre odié el sonido de los huesos quebrantándose —se dijo con cierta tristeza la inca—. Es una lástima que una guerrera tan valiosa como ella haya terminado de esta forma. Solo me queda orar a mis dioses para que descanse en paz.

    —Aún es… pronto para darme por muerta, Cavillaca…

    La aludida enmudeció al contemplar espantada la figura de la chica griega. No fue su cabeza lo que se partió con la técnica, sino el casco de su armadura negra.

    Cosmos, cloth y constelación de Coma Berenices entonaron por un instante el flujo de la energía espiritual de su representante, elevando su fuerza a niveles extraordinarios.

    —¡Ahora sé cómo vencerte, Guardiana de Colibrí! —gritó la joven Ateniense, desbordando la poderosísima energía negra que la bañaba—. ¡Esta es la técnica de Cabellera de Berenice que consumirá todos tus colores! ¡‘Lluvia Perpetua de Oricalco’!!


    ==Estados Unidos==

    —¿Y dices que tu “superhéroe” nos salvará del castigo divino? —inquirió burlón el ex Guardián egipcio a su pequeña interlocutora.

    —¡Así es, señor! ¡Mi héroe es un chico muy fuerte y guapo que les ganará a todos los malos! —respondió ella emocionada, intentando convencer al incrédulo hombre castaño.

    Indiferente, devolvió a su dueña la maltratada hoja con el dibujo de Evan.

    —Vaya que eres una ingenua, enana. Un solo guerrero humano sería incapaz de enfrentar a los dioses que destruirán este país.

    —¿Dioses? —indagó la niña rubia con gran curiosidad—. Mis papis me enseñaron que solo hay un Dios y que, además, es bueno.

    —Te equivocas, mocosa. Los poderosos dioses egipcios son…

    Quien solía denominarse Horus, detuvo su explicación al notar su situación:

    En su mente prevaleció la idea de que estaba herido, postrado en un oscuro rincón de la abarrotada habitación en la que pululaban los seres que tanto detestaba y, además, se había rebajado a conversar con una niña que ignoraba la situación real de su ciudad.

    —No tengo por qué explicarte nada más —declaró grosero y cortante el hombre egipcio, retirándole la mirada—. Ahora ve con tus padres y no me hagas perder el tiempo.

    Escuchando la severa sugerencia, la chiquilla bajó triste la cabeza y ansiosa apretó su pelotita de goma con ambas manos.

    —No… no encuentro a mis papis —soltó la jovencita con la voz entrecortada—. Me perdí cuando el parque se incendió y todos salieron corriendo.

    El maltrecho hombre castaño entrecerró los ojos al contemplar a la afligida criatura. Por alguna razón se sintió particularmente incómodo, viéndola tan indefensa y a punto de llorar. De alguna forma debía deshacerse de ese extraño sentimiento que lo confundía.

    —Pues no soy tu padre, ni nada que se le parezca, así que puedes ir con cualquiera de los cobardes que abundan en este horrible lugar para que te cuide —profirió él en tono hiriente—. Si buscas una niñera, no la encontrarás en mí.

    Aún cabizbaja y con las mejillas rojas por el esfuerzo de contener las lágrimas, la aludida se volteó y sin decir una palabra, se alejó corriendo del rincón.

    —«Vaya molestia —se dijo fastidiado a sí mismo quien hace poco era un dios—. Los humanos son tan predecibles… bastaron solo un par de palabras duras para espantarla».

    Varios minutos pasó absorto en sus cavilaciones, rememorando una y otra vez su reciente combate contra el Santo de Atenea que lo había derrotado. Todo para intentar descifrar el fallo en sus estrategias de batalla.

    Tan concentrado en lo suyo estaba, que no notó que alguien se le acercó y, en silencio, se había tomado la molestia de empezar a tratar sus heridas.

    —¿Pero, qué demonios?

    Era precisamente la dulce infante rubia, quien había regresado con botiquín en manos para tratar al hombre malhumorado que la regañó hace rato. Por un momento había dejado su preciado juguete a un lado, para ponerse en la tarea de aplicar unos primeros auxilios improvisados al egipcio.

    —¿Qué haces, enana? Nadie te ha pedido ayuda.

    —Lindsey… mi nombre es Lindsey, señor —respondió ella levantando la carita, para mostrar un semblante sonriente—. ¿Y usted, cómo se llama?

    Por unos instantes el hombre de larga cabellera castaña contempló el inocente y radiante rostro de su interlocutora.

    Aunque la pequeña Lindsey tenía su vestido maltratado y el rostro manchado de tizne tras pasar por tantas penurias; aun así transmitía una inocente alegría.

    —Mi nombre no es de tu incumbencia… —respondió al fin el egipcio con un severo talante—. Y ya te dije que no necesito de tus atenciones…

    A pesar de aquellas duras palabras, la niñita no desistió en su intento por curar a ese hombre mal encarado que hasta el momento le había dicho tantas cosas feas.

    Horus, al notar la actitud testaruda de la chiquilla, se resignó y la dejó continuar su tarea, a pesar de que ésta no estaba siendo ejecutada de la manera más correcta. Después de todo, era una niña intentando ejecutar el trabajo de un adulto.

    —¿Fueron también tus “papis” quienes te enseñaron a aplicar tan buenos primeros auxilios? —le interrogó con ironía, con el objeto de ofenderla.

    Por fortuna, su infantil inocencia no le permitió interpretar el sarcasmo y, alegre amplió más su sonrisa tras escuchar lo que ella creía era un elogio.

    —Los primeros auxilios los aprendí en la escuela. Aunque falté a la última clase porque me resfrié, y no sé bien cómo tratar las quemaduras. Aun así no se preocupe, señor sin nombre, se sentirá mejor cuando termine.

    —No me vuelvas a llamar “señor sin nombre”, enana. Desde tiempos ancestrales me conocen como la deidad celestial que rige la civilización egipcia, soy el gran Hor…

    Intempestivamente detuvo su arrogante presentación, recordando que ya no poseía poder divino alguno. Su realidad lo golpeó de repente y tuvo la humildad de reconocer su condición humana y abandonar sus aires de grandeza.

    —Menouthis… Ese es mi nombre, pequeña —expresó resignado en un suspiro.

    —Meno… Minotis… —balbuceó Lindsey, incapaz de vocalizar correctamente aquel extraño nombre. Intentaba atinarle diciendo palabras al azar—: ¿Monitos?

    —No… Se pronuncia Menouthis… ¡Menouthis! —recalcó él, perdiendo la paciencia—. ¡Eso saco por revelarle mi nombre a una mocosa que…!

    El hombre egipcio calló una vez más, pero en esa ocasión fueron otros asuntos los que lo distrajeron.

    Con suma preocupación, observó atentamente la columna que se levantaba en el centro de la habitación y sin decir nada se reincorporó dispuesto a abandonar presuroso el lugar.

    —¿Qué ocurre? —indagó la jovencita, un tanto asustada por la expresión del castaño—. El señor Monitos está todo pálido…

    —Te recomiendo que abandones este lugar de inmediato —le interrumpió, casi sin prestarle atención—. Los cimientos han sido comprometidos y el edificio se derrumbará en cualquier momento…


    ==Estados Unidos==

    —Vamos, Fénix… ¿No afirmabas que cumplirías con tu misión sin importar quien intente detenerte? —cuestionó con seriedad el Santo Blanco de Leo, mientras pateaba a Ikki en un costado con el propósito de hacerlo reaccionar.

    El fuerte golpe lo ayudó a regresar a la realidad, aunque aún se mantenía aturdido tras la poderosa técnica recibida. El ambiente de la apocalíptica ciudad giraba en su confundido campo de visión y se entremezclaba con el carmesí del cielo.

    —Todavía… no has vencido, Aioria… —expresó el Dorado desafiante, esforzándose por reincorporar su peso y el de su armadura cuarteada desde el cemento—. Es una lástima para ti, pero mientras más me castigues, más veces resucitaré entre mis cenizas con más poder, al igual que el Ave Fénix.

    —Tan testarudo como siempre… Sigues empeñándote en aferrarte a tu constelación de Bronce y no te has preocupado por fortalecer el vínculo que deberías tener con Leo. ¡Eres una vergüenza!

    —¡Te demostraré quién es una vergüenza, traidor! —retó furioso el protector de Atenea, elevando su energía cósmica llameante en magníficas proporciones—. ¡‘Alas del Fénix Volador’!!!

    Resaltando el fastidio en su semblante, Aioria vio acercarse la poderosa y veloz ráfaga de fuego expulsada por la técnica de su rival.

    —Veo que solo podré hacerte entender a las malas, Ikki —se dijo a sí mismo entre dientes el de atavíos blancos, dando sin temor un salto horizontal directamente hacia el fuego expulsado por el rival.

    Una barrera de cosmos dorado le ayudó a atravesar fácilmente la llamarada, para encarar a un incrédulo Ikki, el cual no pudo evitar que el antaño Leo le propine un puñetazo reforzado en el centro del pecho.

    Cuando el contrariado Santo de Oro se recuperó de la agresión, notó con incredulidad que su clavícula había sido fracturada, ya que recibió el embate con el cuerpo desprotegido. Las doradas piezas protectoras de pecho, hombros y abdomen de su armadura lo habían abandonado a último momento…

    —No te sorprendas tanto, Ikki. Era lógico que la misma cloth de Leo se niegue a vestir a un falso portador, y más al tener al original tan cerca.

    A pesar de que sentía un terrible dolor oprimiéndolo en el pecho, Ikki tuvo la sangre fría para reír ante las aseveraciones de su oponente.

    —¿Crees que necesito de la protección de una armadura de oro para vencerte? —interrogó con los ojos llenos de furia—. He triunfado antes en peores circunstancias. Incluso estando desprovisto de todos mis sentidos, he logrado hacer estallar mi cosmos a su máximo posible.

    —Supongo que te refieres a tu combate contra Shaka hace años. No me compares con el Virgo de ese entonces… Soy mucho más fuerte de lo que ambos éramos en esas épocas.

    —¡Pues yo también lo soy!! ¡Hemos vencido a dioses en el pasado y un traidor a Atenea como tú no es nada en comparación con ellos!!

    Dicho esto, el frenético Caballero de Leo se dispuso a atacar físicamente a su antecesor, así que corrió raudo hacia él. Aunque sus movimientos eran erráticos a causa de las heridas recibidas, también denotaban la gran determinación que debe poseer un Santo de Atenea.

    —¡Suficiente! ¡Si tanto afirmas que no eres el de antes, entonces no te estanques en el pasado! ¡Tu ciclo como Santo de Bronce terminó y te lo haré notar a la fuerza! ¡‘Relámpago de Voltaje’!

    La totalidad del cosmos de Aioria se concentró en su puño derecho, del cual fue expulsado un masivo orbe dorado repleto de electricidad. Ikki se detuvo intempestivamente al ver acercarse tal cantidad de energía, y apenas tuvo tiempo de reaccionar cubriéndose con los antebrazos. Por desgracia suya, los guanteletes dorados de Leo también lo abandonaron, haciendo más devastadora para él la explosión cósmica que se produjo tras la colisión.

    Aunque el hombre de cabellera azulada había sido severamente lastimado, tuvo el suficiente temple como para no desplomarse ante su contendiente. Todavía se mantenía en pie, respirando agitado. Y aunque había dejado caer sus maltrechos brazos desnudos, tenía su furiosa mirada clavada en Aioria.

    —El rango… es lo menos importante cuando… de proteger a Atenea se trata…

    —Demuéstralo entonces —provocó serio el castaño.

    —Haré que te tragues tus aseveraciones y blasfemias, Aioria —aseguró el hombre que solo vestía la parte inferior de su cloth dorada, haciendo una mueca de dolor mientras extendía el puño derecho—. ¡Destrozaré tu cerebro desde su mismo interior! ¡‘Puño de la Ilusión Demoníaca del Fénix’!!

    —Alguna vez caí en una técnica de la misma naturaleza. No funcionará conmigo en segunda ocasión…

    Dicho esto, al antaño León Dorado le bastó con extender la palma de su mano para contener fácilmente la trayectoria del fino haz de luz en el que Ikki desplegó su clásica técnica. El atacante sorprendido vio como su rival manipulaba a su antojo el ken mental, el cual parecía tomar forma física al retorcerse en sus manos.

    —¡Inconcebible! ¡Pocas personas han sido capaces de resistir el embate del puño fantasma!

    —Conque una vez más utilizas una técnica del Fénix —se extrañó el guerrero de Morrigan, jugueteando con la técnica fantasmal entre sus dedos, en un gesto que parecía hacer alarde de superioridad—. Es irónico saber que serás derrotado por tu propia arrogancia y necedad.

    A velocidad superior a la que se la habían arrojado, de manera íntegra Aioria devolvió la técnica de bronce a su ejecutor. El incrédulo Santo no pudo evitar que su propio ken atraviese su cerebro…


    ==Ribera del Limbo==

    El lecho seco de un río fue el lugar donde se vio Ikki de repente. Aquella perturbadora y oscura escena compuesta por un yermo terreno sembrado de filosas estalagmitas, estaba invadido, además, por un sinnúmero de montículos cuidadosamente edificados con guijarros.

    —Una vez más he vuelto a este horrible lugar —profirió la maltrecha víctima de su propia ilusión—. La antesala del infierno me vuelve a dar la bienvenida.

    Avanzó con cautela, atento a cualquier sorpresa que pudiera ofrecerle el limbo. El cuidado que ponía con cada paso que avanzaba era muy exhaustivo, ya que tenía la certeza de que su ser había sido desprovisto de todo poder. Incluso el Fénix lo había abandonado y en ese momento no era más que un humano común vagando en la tierra de los infantes fallecidos.

    Retumbares intermitentes en el suelo interrumpieron su camino. Aterrado se volteó sobre su hombro para notar que una enorme bestia lo estaba acechando.

    Se trataba de un grande y poderoso león macho, el cual observaba atentamente al humano que se había internado en su territorio.

    —«Im… Imposible… —titubeó el indefenso guerrero, retrocediendo por inercia al contemplar el salvaje porte del animal y las ansias por devorarlo reflejadas en sus ojos—. Me hará pedazos si no logro recuperar mi poder».

    Envuelta en llamas, un ave de plumaje anaranjado surcó repentinamente aquel cielo muerto, dejando una estela de fuego a su paso.

    Siendo testigo de la majestuosidad del Fénix, Ikki olvidó por un momento el terror de su predicamento y concentró su atención en la figura ígnea que se alejó entre la negrura del limbo.

    —«Con mi fuego pude iluminar incontables veces los rincones más oscuros y amenazantes que tuve que atravesar —reflexionó con nostalgia—. Y no solo eso, al estar protegido por el Fénix, emprendí vuelo sin molestarme en contemplar lo que se presentaba bajo mis alas. Siempre aspiré alto y obtuve un gran poder al solo mirar hacia arriba».

    El ensordecedor rugido del león lo obligó a regresar a aquella amenazante realidad. El animal lo había acorralado y no tenía escapatoria. Sin embargo, aun encontrándose en tales circunstancias, el Dorado recuperó su confianza.

    —«Ahora entiendo… Lo he hecho todo como Santo de Fénix al desplegar mis alas para conquistar el cielo infinito y ahora… ha llegado el momento de desplegar también las garras que son capaces de partir la tierra».

    Con tan solo un vistazo lleno de convicción del humano, el furioso león detuvo su intento de ataque y se pasmó ante él.

    —¡Mi mirada no se concentrará únicamente en las alturas! —le gritó con el corazón en la garganta—. ¡La tierra firme también será protegida por mi fuego!!!

    El poderoso animal reaccionó levantando la cabeza y echando atrás la melena para dejar escapar otro furioso rugido, pero en esa ocasión, aquel clamor no sonaba amenazante. Esa era la forma en la que la bestia mostraba su orgullo por quien al fin aceptaba su protección.

    Cada una de las hebras del pelaje pardo del león se incendió en feroces llamas anaranjadas. Era un imponente felino formado enteramente de fuego lo que se presentaba ante el decidido Ikki, quien al ver a ese majestuoso animal dando un salto directamente hacia él, reaccionó abriendo los brazos, dando a entender que lo estaba acogiéndolo con todo su ser.

    Ambos cuerpos se fusionaron en uno solo, formando una sola entidad incandescente de apariencia humana. Ikki aceptó el llameante vínculo con la constelación de Leo, el cual fue sellado en los ojos del Santo. Sus pupilas felinas resplandecían en una ardiente tonalidad anaranjada que denotaba el valor y nobleza del nuevo León Dorado.

    Mientras el ritual llameante acontecía, el fénix regresó a la escena chillando estridente, y orgulloso sobrevoló en círculos al ser humano que se ganó su protección desde hace varios años atrás.

    Continuará…
     
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    Thetis

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    que pasa despues no me dwejen con lasd ganas
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Hola, Thetis. Gracias por leer lo que va de la historia. Discúlpame por no haber actualizado en un buen tiempo. Intentaré publicar más seguido. Saludos.
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 39: ISIS: LA DIOSA PURIFICADORA DE ALMAS

    ==Estados Unidos==

    Ikki seguía sumido en la ilusión provocada por él mismo, mientras que su poderoso rival lo observaba atento a cualquier movimiento repentino.

    —Creo que no despertará —profirió Aioria para sí mismo, acercándose tranquilamente al indefenso Santo de Oro que recientemente fue abandonado por su cloth—. Lo mejor será que termine de una vez con esta batalla sin sentido…

    La energía cósmica dorada del antaño Caballero se manifestó con el desprendimiento de su poderosa aura, cuya fuerza elevaba su castaña cabellera para darle un aire casi divino. Trozos de concreto se levantaron del piso cuando el guerrero blanco envió su cosmos hacia su puño derecho.

    —Te arrancaré la cabeza y la conservaré como trofeo, Ikki de Fénix… ¡‘Relámpago de Voltaje’!

    Una vez más Aioria desplegó aquella técnica, en esa ocasión variándola para impactar con su cápsula de luz en el centro de la frente de su víctima.

    La colisión fue tal, que creó una estridente explosión eléctrica, tras la cual el agresor notó alarmado que el objetivo de su ken se mantenía prácticamente ileso…

    —¡Inaudito! ¡¿Cómo es posible que no lo haya herido de gravedad, a pesar de que recibió directamente mi ataque reforzado?! —se cuestionó incrédulo, aún haciendo presión con el puño en la frente sangrante del Dorado.

    Ikki abrió los ojos repentinamente, sobresaltando al incrédulo hombre en armadura alba. Las pupilas del Santo mostraban un fulgente tono anaranjado, el cual le daba un énfasis furioso a su salvaje mirada felina.

    —Aioria… me enorgullece que pongas tras mi nombre la denominación del Fénix, pero a partir de ahora… ¡SOY IKKI DE LEO!!!

    Su grito sonó como el potente rugido de un auténtico león, al tiempo que su característica aura llameante bañaba su amoratado cuerpo, que para ese momento también fulgía en dorado.

    Al inicio su cosmos ígneo se manifestaba en la usual forma del ave mítica llamada Fénix, la cual aleteaba con orgulloso frenesí sobre sus espaldas. Pero solo unos segundos bastaron para que esa manifestación transmute en la figura de un furioso león etéreo formado enteramente de fuego, cuya intención parecía ser escoltar y proteger a quien lo había aceptado recientemente.

    —Me exhortaste a abandonar mi pasado como Santo de Bronce, pero creo que a ti te hace falta recordar el tuyo propio —aseguró un decidido Leo, desbordando el poder cósmico de su nueva constelación—. ¡Has olvidado por completo el significado de lealtad, rebajándote al nivel de un simple sirviente de Morrigan!

    Aprovechando la corta distancia que los separaba, Ikki hizo a un lado el puño que seguía haciendo presión contra su frente y tomó a su desprevenido rival de la cabellera con ambas manos. Enseguida dirigió un rodillazo cargado de fuego hacia un costado de la faz enemiga.

    El ser entero del agredido fue sacudido salvajemente tras recibir tan devastadora arremetida. El incrédulo Aioria incluso se sintió indefenso al verse víctima de un furioso león que había descargado sus ímpetus gregarios sobre su rostro.

    Dejando a un lado tales ideas que empezaban a inquietarlo, el antiguo portador de la quinta constelación del zodiaco reaccionó sacudiendo la cabeza y levantando la mirada, percatándose a la vez que su sucesor estaba portando nuevamente su armadura de oro, la cual lucía más majestuosa que nunca tras ensamblarse sobre su cuerpo.

    —Mi pasado está lleno de vergüenza… —dijo el aturdido guerrero blanco, limpiando la sangre que escapaba de sus labios—. Fui considerado como el hermano de un traidor y menospreciado a pesar de convertirme en uno de los más nobles y poderosos Santos. Si recuerdo lo que nos hicieron a Aioros y a mí, solo despertaré un irracional deseo de venganza. Y no creo que eso sea conveniente para ti…

    —Por lo que veo, ambos nos hemos dejado llevar por sentimientos negativos en alguna ocasión —comentó muy serio el de cabellos azules—, pero no me refería a la venganza cuando te animaba a recordar a tu hermano y su sacrificio. Mi intención era hacerte recapacitar para que luches nuevamente por Atenea, tal como lo hicieron ambos en el pasado. Porque de no ser así… —el dorado hizo una ligera pausa para darle un énfasis amenazante a su voz y a su mirada—, tendré que acabarte con mis propias manos…

    Recuperando su decidido semblante y porte altivo, Aioria encaró a su renovado oponente.

    —Admiro el hecho de que lograras convertirte en todo un Santo Dorado, pero eso no te da derecho a subestimarme y amenazarme de un modo tan contundente.

    De manera tosca, el ex guardián de Atenea tronó los dedos de sus manos y le regaló una provocadora media sonrisa a su contendiente.

    —Hemos extendido demasiado esta batalla, ¿no crees, Ikki? Lo malo es que cuando dos hombres necios se enfrentan, al final de cuentas no se sabe quién tiene la razón hasta que alguno es vencido… Habremos de decidir esta lucha con un solo movimiento que resulte en la muerte del perdedor.

    —Es drástico pero justo… Solo el verdadero ‘León Dorado’ será el que se mantenga en pie tras esta lucha… ¡Y eso significa que recuperaré al Aioria de siempre, aunque eso signifique matarlo!

    La ciudad entera pareció retumbar cuando los dos representantes de Leo expandieron sus cosmos hasta el infinito. Ambos poseían exactamente el mismo abrumador nivel de poder.

    —¡Respalda tus palabras con acciones y muéstrame el brillo de nuestra constelación! —retó el hombre en cloth blanca, magnificando su aura dorada a niveles cercanos a la Gran Voluntad—. ¡Que las garras del león partan la tierra con el máximo poder de mi técnica clásica!! ¡‘PLASMA RELÁMPAGO’!!!

    —¡No me sorprenderás con tu técnica esta vez, Aioria! —exclamó con gran seguridad el Caballero Dorado, viendo acercarse la naciente multitud de rayos luminosos—. ¡He logrado combinar mi poder de fuego, junto con la técnica de Leo de la que acabo de ser testigo! ¡‘ARDIENTE PLASMA RELÁMPAGO’!!!

    El Santo de Oro logró ejecutar a la perfección la técnica insignia de su antecesor, solo que la suya tenía la particularidad de estar reforzada por incontables haces incandescentes. Aparte de la red de luz desplegada, el nuevo ken de Ikki dejaba pasar por las aberturas entre líneas a una infinidad de rayos de fuego anaranjado que no dejaban huecos o espacios vacíos en la ráfaga. En pocas palabras, era una técnica masiva que combinaba el poder de sus constelaciones de oro y bronce.

    Por su parte, la arremetida de Aioria también fue desplegada de una manera distinta. La infinidad de líneas entrecruzadas de luz eran fortalecidas por millones de hebras y ramificaciones de chispeante electricidad, que también llenaban los espacios vacíos que dejaban las estelas luminosas al cruzar el aire.

    El devastador y veloz choque de técnicas perfectas estaba a punto de acontecer…


    ***


    Evan recuperó la consciencia lentamente.

    En sus cansados ojos escarlata era visible aquel decidido brillo que siempre lo caracterizó. Parecía ser que el odio recién despertado por Anubis desapareció de su ser.

    —¿Dónde estoy…? —se preguntó confundido el joven Fénix, retirando la mirada de los fuertes rayos de sol que lo cegaban—. No recuerdo nada desde que ese dios egipcio me golpeó salvajemente…

    Saliendo de su ensoñación, apenas en ese momento notó que estaba flotando boca arriba en las refrescantes aguas de un tranquilo río. Su sobresalto fue grande al notar este hecho, así que alarmado se reincorporó apoyando los pies en el lecho subacuático.

    Ante él se presentó una hermosa escena: Un paisaje desértico adornado por ligera vegetación, era cruzado por el ancho río en el que se encontraba. Aquel oasis enmarcado por un limpio cielo sin nubes, se le antojó tranquilizador al maltratado muchacho de cabellera platinada, quien por un momento se dejó llevar principalmente por el drástico cambio de tonalidad en el firmamento azul.

    Pero su atención se distrajo de la escena cuando se dio cuenta de su realidad: Evan había sido despojado de su armadura de bronce y no solo eso… Su atuendo entero había desaparecido por alguna razón, permitiendo que su trigueña piel desnuda sea bañada por la calidez del sol del desierto, y directamente acariciada por el agua que corría por su cintura y piernas.

    —Bienvenido, Evan —intervino una suave voz femenina, llamando la atención del aludido—. Este es el lugar en el que ha comenzado la purificación de tu alma.

    Sin siquiera alterar el movimiento ondulante del agua, emergió lentamente la figura de una preciosa mujer también desnuda. El joven estadounidense quedó pasmado ante la belleza de aquella fémina de lisa cabellera negra, la cual clavó su serena mirada verde en la suya escarlata.

    Evan se sonrojó al ver por primera vez a una mujer en tales condiciones, pero pronto su vergüenza cambió a un prudente asombro, cuando notó que la dama tenía la particularidad de poseer un par de alas desplegadas bajo los brazos. Aunque lo que le perturbó en realidad fue observar la sangre que goteaba de sus plumas rojas y verdes para teñir el río mientras avanzaba.

    —I… Isis… —balbuceó el confundido Fénix al verse apenas a un par de metros de su rival egipcia.

    Su reacción instintiva fue alzar la guardia en un claro intento por defenderse. Él sabía que se encontraba en una seria desventaja, pero aún así no desistió en su intento por enfrentar a la diosa.

    —Tranquilízate, por favor. Mi intención no es luchar contra ti —le informó ella con un tono suave y casi suplicante—. Mi deseo es ayudarte a deshacerte de la maldad que se esconde en tu corazón.

    El Santo confió en las palabras de su interlocutora, leyendo la sinceridad en su mirada felina.

    —No eres como Anubis ni como Horus —aseguró muy serio, bajando la guardia—. Recuerdo que intentaste defenderme cuando ese pajarraco trató de asesinarme. Supongo que debería agradecértelo.

    La reencarnación de Isis sonrió cálidamente al escuchar aquellas palabras.

    —No es necesario, Evan. Lo importante ahora, es continuar con tu proceso de purificación en este lugar sagrado.

    La atención del joven Fénix se concentró nuevamente en el escenario que los rodeaba.

    —¿Adónde me has traído?

    —Nos encontramos en la cuenca del río Nilo del Egipto ancestral. Utilicé mi técnica curativa para distorsionar la dimensión y el tiempo actual, trasladándote así a mi tierra de origen. Solo con la combinación de mi sangre semidivina y estas aguas sagradas, fui capaz de contrarrestar tal nivel de corrupción y regresarte a tu estado original.

    La sangrante doncella desnuda bajó preocupada su semblante, continuando su explicación:

    —Solo hay algo que me inquieta… No fui capaz de deshacerme completamente del odio que Anubis enraizó en tu alma. Solo tú puedes hacer a un lado aquella maldad abandonando tu resentimiento hacia Ikki.

    —Ikki… —repitió Evan apretando los dientes con furia.

    En efecto, los residuos de sentimientos negativos que el dios egipcio de los muertos cultivó en Evan, seguían viviendo en su ser como un virus latente. Los falsos recuerdos que despertaron el odio oculto en el joven, despertaron una vez más en él con solo escuchar el nombre de su antecesor de bronce.

    El cosmos rojo oscuro que brotaba del descubierto cuerpo del Santo, daba a entender que nuevamente empezaba a ser presa de un trance nocivo. Y más cuando el ambiente entero se convulsionó de repente con aquella manifestación de odio involuntario.

    —¡Es suficiente, Evan! —lo detuvo Isis con gran autoridad en su voz—. ¡No permitiré que un ser humano tan importante como tú sea víctima de la maldad!!

    La magna aura rosa de Isis rivalizó contra la rojiza del Caballero, aplacándola por completo y amansando los ímpetus de destrucción del actual Fénix. El ambiente desértico también volvió a la calma.

    —Escúchame bien. La naturaleza de tu alma no es malvada como Anubis afirmaba —manifestó la deidad, haciendo una pequeña pausa para pensar bien sus palabras—. Eres valioso, Evan. Más de lo que imaginas… por esa razón me concentré en ti y te trasladé a territorio estadounidense mientras ascendías con tus compañeros a la Maravilla Suprema. Al ser testigo de tu gran poder, ahora estoy segura de la fuerte relación que posees con nosotros los dioses egipcios…

    —Eso no es verdad, Isis —reaccionó aún confuso el muchacho que por poco se dejó llevar nuevamente por el odio—. La única relación que mantengo es con la constelación del Fénix y con la diosa griega llamada Atenea. No tengo nada que ver con ustedes.

    —Te equivocas. Precisamente nuestro vínculo nace debido a que estás protegido por el Fénix. Aquella ave legendaria pertenece originalmente al panteón egipcio, pero nosotros lo conocemos como ‘Bennu’: Un ser primigenio y bienhechor de naturaleza divina, el cual representa al ‘Ba’ del dios que comanda nuestra invasión a los Estados Unidos: el supremo Ra.

    —Ra… Había escuchado ese nombre en las conversaciones de tus compañeros pero, ¿qué significa eso del ‘Ba’? —atinó a preguntar el confundido y sorprendido Santo de Bronce.

    —Todos los seres humanos poseen una parte espiritual, una fuerza anímica que les permite existir como entidades racionales y emocionales. En el caso de las divinidades, esa fuerza se denomina ‘Ba’ y también es representada por sus encarnaciones terrenales… En lo que al dios Ra se refiere, el Fénix o ‘Bennu’ constituye parte de su esencia espiritual.

    En un impulso, la mujer egipcia se acercó al joven de cabellera platinada y lo abrazó fuertemente.

    —Tú eres el único ser humano capaz de detenerlo. ¡Eres mi última esperanza, Evan!

    Los acontecimientos habían tomado un extraño giro. Las revelaciones que acababan de compartir con él lo habían dejado sin aliento, pero sobre todo confundido, así que no le importó el hecho de que estaba rodeado por los brazos de una diosa y, además, en contacto directo con su piel.

    Al notar el repentino e íntimo roce entre ambos, la mujer conocida como Femi de Isis se alejó avergonzada, recuperando a la vez la compostura y su porte divino.

    —Discúlpame… no debí actuar de esa forma.

    —No… —dijo casi balbuceando el joven, intentando reordenar sus pensamientos—. Es imposible. ¡¿Cómo puedo yo tener una relación con el infeliz que está causando tanto sufrimiento en mi país?! —añadió interrogando a la diosa, perdiendo los cabales en el proceso—. ¡Debiste escoger a Ikki, sabiendo que él tiene un vínculo mucho más fuerte con la constelación del Fénix!!

    —Una vez más te equivocas. Tú eres el guerrero de ‘Bennu’ de esta generación. El que Ikki aún tenga la protección de aquella constelación, no quiere decir que su vínculo sea más fuerte que el tuyo. Por esa razón te escogí y te traje de vuelta a tu país. El error en mi plan, sin embargo, fue el no prever que Anubis intentara corromperte, percatándose también de la relación que tienes con el ave mítica. Por lo que veo, sus verdaderas intenciones eran manipularte para poder derrocar a Ra y convertirse en el supremo egipcio.

    —Ese infeliz… me las pagará por haber intentado manipularme…

    —Es mejor que no recuerdes lo que ocurrió con Anubis. Solo puedo decirte que fue derrotado y ya no representa una amenaza.

    Más sorpresas impactaban al Caballero de Bronce, pero aun así no perdió de vista sus objetivos.

    —Isis, por favor devuélveme mi armadura y regrésame a mi país —le pidió muy decidido, enmarcando el entrecejo—. Si todo lo que me has dicho es verdad, quiero creer que seré capaz de detener a Ra en sus ambiciones.

    —Me alegra escuchar esas palabras, Evan, pero aún hay una cosa pendiente que debemos atender en este lugar —añadió la deidad, posando su mano delicadamente sobre la superficie del agua—. Como te mencionaba antes, el único capaz de purificar por completo su alma, eres tú mismo, y para ese fin debes liberarte de las falsas memorias que Anubis plantó en tu mente. Observa esto con atención:

    Las tranquilas aguas del Nilo ancestral proyectaron imágenes y sonidos del pasado. Evan se vio a sí mismo cuando era un niño en su primera noche en el Santuario.

    —Lo recuerdo, fue en ese momento cuando Ikki me instó a abrazar el odio como fuente de poder.

    —No fue así, joven Santo. Ahora mismo te mostraré tu verdadero pasado y el origen de tu resentimiento…


    ==Hace siete años. Santuario de Atenea==

    La noche cayó en el recinto de la diosa griega y a pesar del intenso frío, el pequeño Evan no se movió ni un centímetro del lugar de su primera derrota. Ni siquiera tuvo los ánimos para levantarse del polvoriento terreno en el que lo había derrotado Natassia hace unas horas.

    El taciturno niño de cabellos de plata reflexionaba, mientras jugueteaba por inercia con la arena del terreno. En tales momentos de vulnerabilidad emocional, no sabía cómo proceder al verse completamente solo y sin nadie que lo entrene en el futuro. Poco a poco iba desechando lo que en tantas ocasiones le había contado su padre con entusiasmo. Con dolor había notado que no todos los Santos de Atenea eran personas bondadosas como su progenitor aseveraba.

    —Me extraña ver todavía en el Santuario a un mocoso débil como tú —le dijo con extrañeza Ikki, quien al parecer pasaba casualmente por allí.

    El infante evitó verlo, así que con una mezcla de ira y tristeza, le retiró la mirada para que no lo observe mientras enjugaba sus lágrimas.

    —Yo no soy un mocoso… ¡Mi nombre es Evan!

    —No me interesa conocer tu nombre. De ahora en adelante me limitaré a llamarte ‘novato’ hasta que demuestres que puedes proteger a Atenea como un Caballero.

    Ropas de entrenamiento toscamente dobladas aterrizaron frente al jovencito, quien se sobresaltó y se giró nuevamente al ver esos sucios atavíos marrones que el portador del Fénix le había arrojado de manera desentendida.

    —Esas son las ropas que debe vestir un aspirante a Santo —le comunicó el hombre de cabellera azulada, dándole las espaldas y alejándose con paso severo de la escena—. El atuendo de niño rico que usas no es digno de un guerrero.

    El pequeño Evan se emocionó al tener entre sus manos su primera ropa de entrenamiento y con unos ojos brillantes observó al orgulloso Fénix.

    —¡Estupendo! ¿Entonces sí me entrenará, señor Ikki?

    —No te confundas, novato. Te di esas ropas como recompensa a tu paciencia —respondió el aludido girándose y encarando al aspirante a su armadura—. En realidad creí que abandonarías llorando el Santuario tras mi negativa, pero aún así te quedaste. Por desgracia tuya, soy bastante testarudo cuando una idea se mete en mi cabeza. Dije que no te entrenaría y no pienso cambiar de opinión.

    Cabizbajo, el niño estadounidense hizo silencio mientras lo invadía una profunda decepción.

    —Lo siento, pero yo no sirvo para maestro —añadió el Caballero de Bronce con tono inexorable—. La paciencia no es una de mis virtudes, y menos para entrenar a un mocoso que cree que ser Santo es un capricho que se toma a la ligera.

    —¡Ser un Santo y servir a Atenea no es un capricho!! ¡Ese es mi sueño!! —replicó altanero el pequeño, reincorporándose rápidamente y encarando sin temor a su interlocutor.

    Ikki ocultó bien la sorpresa que le causó el cambio de actitud de quien sería su alumno, cuyos ojos rojos centelleando ira por primera vez en su corta vida, se clavaron con decisión en la inflexible mirada entrecerrada del adulto.

    —No eres tan llorón como creía… —manifestó el entonces Fénix con cierto dejo de orgullo—. Creo que puedo ser sincero contigo: Mi razón para no entrenarte, es que no quiero ser un mal maestro para ti como el que tuve en el pasado. La mayoría de enseñanzas que podría transmitirte, son las mismas que en su momento me inculcó aquel demonio llamado Guilty. Solo alejándote de la mala influencia que yo podría representar para ti, obtendrás el derecho de vestir esta armadura de bronce tras cultivar tu propia fuerza y conocimiento.

    Dicho esto, el hombre en cloth posó su mano en la cabeza del niño en un gesto de despedida.

    —Cumple tu sueño, novato —añadió, exhortándolo como un padre lo hiciera con su hijo.

    Ambos se quedaron en silencio en esa posición por varios segundos.

    —Usted… puede ser un maestro diferente, señor Ikki —farfulló el infante, al sentir por primera vez la calidez que emanaba quien sería su antecesor—. Sé que puede hacer la diferencia y convertirme un buen hombre como usted.

    Escuchando esto, Ikki simplemente bajó la mirada, dando un suspiro de decepción.

    —Aún eres muy joven para entenderme… Tu mirada me muestra que todavía no has sentido el dolor de ver morir a alguien que amaste… Lo mejor para ti será pensar que tendrás una relativa ventaja con respecto a otros aspirantes a Santos, siendo el único que obtendrá el poder por sus propios medios… No te entrenaré y es definitivo.

    La rotunda negativa provocó que, en un impulso común en un niño de nueve años, Evan reaccione quitando groseramente la mano que se había posado sobre su cabeza, para luego levantar una desafiante mirada.

    —¡Entonces no me entrene si no quiere! —replicó a manera de berrinche el dolido jovencito—. ¡Puede estar contento, porque no necesitaré ni maestros ni de nadie para demostrarle que puedo ser un Santo digno!

    Sin duda el Caballero se sorprendió al ser testigo de la repentina actitud del pequeño. Su primera reacción fue reprenderlo de mala manera, pero logró contenerse.

    —Es normal que sientas ese rencor ante mis palabras —le dijo dándole las espaldas y alejándose—. De hecho, lo más sano es que expreses esos sentimientos negativos y que los saques de tu corazón.

    —¡No necesito de los consejos de alguien malvado que no merece ser un Caballero! —le grito una vez más el furioso pequeño, desbordando lágrimas mientras apretaba fuertemente sus ropas de entrenamiento con ambas manos—. ¡Cumpliré mi sueño sin su ayuda y encontraré por mí mismo la fuerza para proteger a Atenea!!

    Ikki sonrió levemente al escuchar esas últimas afirmaciones, pero no se dignó a voltearse para que su futuro sucesor observe ese semblante.

    —Tienes actitud, novato. Solo por esta ocasión permitiré que me hables de esa forma y que te desahogues todo lo que quieras.

    —¡Lárguese de una buena vez!!! —le ordenó el niño en medio de su descontrol—. ¡No quiero convertirme en alguien como usted cuando porte esa armadura!!!

    —Como quieras, mocoso… Solo recuerda bien estas últimas palabras: Si alguna vez veo que conviertes ese resentimiento en odio, yo mismo me encargaré de hacerte reaccionar, incluso si me veo obligado a utilizar la fuerza contra ti.


    ==Cuenca del Nilo. Egipto Ancestral==

    —Y así lo hizo… —secundó el joven Fénix en el presente, tras disiparse del agua las imágenes de sus recuerdos—. De no haber sido por Ikki de Leo y el potente golpe que me propinó en el estómago, me habría dejado invadir por el odio hacia Morrigan en el mismo Santuario.

    —Ese fue tu pasado, tal cual ocurrió y sin ninguna alteración —intervino Isis con gran seguridad—. De ti depende ahora sacar tus propias conclusiones.

    —A su forma, Ikki estuvo orgulloso de mí desde los primeros instantes en los que me conoció —dijo Evan más para sí mismo, casi ignorando las palabras de la diosa africana—, mientras que yo actué como un niñito mimado y me dejé llevar años por un rencor infundado. Vaya… tarde me doy cuenta de que gracias a Ikki me convertí en un Santo. Indirectamente, él despertó al guerrero en mi interior y me dio la actitud necesaria para sobrellevar los entrenamientos que me auto impuse.

    Sonriéndole amable, la bella deidad de melena negra le extendió su alado brazo.

    —Al fin lo entendiste. Y tras haber experimentado esta epifanía, lograste deshacerte también del odio que seguía vivo en tu interior.

    Por inercia el joven tomó suavemente la mano que le ofrecían y la estrechó con delicadeza. La diosa de la fertilidad reaccionó al gesto, envolviendo con ambas manos la del sonrojado Caballero.

    —Te felicito, Evan —añadió ella con ternura—. La purificación está completa y el nuevo guerrero que representa al legendario ‘Bennu’, ha nacido. Llegó la hora de que detengas a Ra.

    —¿Detenerme, dices? —la interrumpió desde el vacío una arrogante y potente voz, haciendo eco en todo el Nilo—. Un simple ser humano no sería capaz de siquiera tocarme…

    El pacífico ambiente desértico que albergaba a diosa y humano se destruyó quebrándose cual cristal, para revelar nuevamente el escenario apocalíptico en el que se estaba desarrollando la batalla entre egipcios y griegos desde un principio. Ante la pareja se presentó una vez más la convulsionada ciudad estadounidense que experimentaba el infierno en la tierra bajo ese amenazante cielo carmesí.

    Evan e Isis, quienes en esa realidad sí estaban portando sus ropas y armaduras, alzaron la guardia al ver acercarse a paso lento a su más peligroso rival.

    Entre una llameante aura de fuego rojo que derretía toda materia a su paso, la majestuosa figura del supremo egipcio Ra hizo presencia ante los peculiares aliados.

    —Ambos son unos ingenuos… ¿En serio creyeron que podrían escapar de mí con solo con mudar de dimensión? —interrogó el dios pelirrojo, sabiendo que quienes veía como víctimas no le responderían a causa del gran impacto de verlo—. Ahora mismo les enseñaré el verdadero significado de terror…

    Continuará…
     
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    Sheccid

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    Para sintetizar un poco, los capítulos que me faltaban por leer,como siempre me tenían al borde de la sill.
    Me pareció importante que resaltaras la relación entre el odio y la armadura de fénix. Esa cloth en mi infancia me llamaba mucho la atención por parecerme un tanto oscura, pero que tenía un poder sorprendente. Ikki se mantenía sin aceptar su nueva armadura dorada por apegarse a su antiguo ropaje de bronce que tanto esfuerzo le costó, mientras que Evan no aceptaba totalmente su constelación, pero al final ambos dieron la bienvenida a esos cambios, lo que me hace esperar una genial batalla en los siguientes capítulos.
    Te felicito por las descripciones de batallas, son sorprendentes, las valoro mucho porque yo no es como que me salga muy bien crear luchas en mi mente XD. Además, la sintesis que haces de mitologías egipcia, celta e inca dan un gran aporte de calidad a tus escritos, en especial la parte del Ba, leí por ahí que el de las personas normales viajaba en forma de gallina por la Mat en los sueños XD
    Y tengo grandes expectativas en Mar, cuya armadura siempre me recuerda a Gigantomachia n.n pero ¿quién será la voz aliada?
    Fangirlee con la aparición de Aioria, pero sigo esperando que su asunto termine como en la saga de hades y no sea un traidor o que sea un espejismo , Aioria, como bien dijiste, es diferente a los demás caballeros por la dignidad, nobleza y valentía con la que porta su armadura.
    Ortografía perfecta y sigo pidiendote que me sigas invitando, no me perdería el fic por nada del mundo y disculpa la tardanza
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Hola, Sheccid. Qué gusto leerte nuevamente por acá y saber que estás al corriente de la historia.

    Fue interesante rescatar la relación entre la cloth de Fénix y el odio. De las cosas que más recuerdo (y que más me traumaron de niño), fueron los entrenamientos de Ikki con su maestro Guilty. Y bueno, les costó bastante a sucesor y antecesor, pero al final lograron establecer vínculos fuertes con sus armaduras actuales. De otro modo, no podrían enfrentar lo que se les viene a continuación…

    Te agradezco por tus felicitaciones y te confieso que una de las cosas que más me gusta narrar son precisamente las batallas. La mitología también me interesa bastante, pero debo admitir que no tenía un conocimiento muy profundo de la misma hasta que escribí esta historia. Poco a poco voy investigando e incluyendo secciones mitológicas que considero apropiadas y emocionantes.

    Pasando a Mar, leerás un poco más sobre ella y lo que ocurre en territorio inca más adelante. Justamente me basé en Mei de Cabellera de Berenice de la Gigantomaquia para su diseño.

    Con respecto a Aioria… Solo te puedo adelantar que tengo planeado algo muy especial para él. Es de mis Dorados legendarios favoritos y más desde que vi su intervención en la Saga de Hades.

    Por último, agradecerte como siempre por tu apoyo y decirte que seguiré notificándote la publicación de nuevos capítulos. Saludos.
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Título:
    [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    57
     
    Palabras:
    3611
    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 40: ¡INICIA EL ENCUENTRO ARDIENTE!: LA SUPREMACÍA DE RA

    ==Estados Unidos==

    La imponente figura del más poderoso de los egipcios se vio más intimidante al encontrarse rodeada por tan dantesco escenario. Tras dejar la quietud del Nilo, los contendientes fueron transportados al centro de una amplia avenida moderna, a cuyos costados se elevaban decenas de altos edificios incendiados. En sus bases, una gran cantidad de automóviles habían chocado, dándole un aire perturbador al lugar.

    —Algo me decía que no debía confiar en ti, Isis… Actuabas de manera extraña cuando me entregaste las armas de Mielikki —manifestó el supremo egipcio, lanzando una mirada furtiva a sus acorralados oponentes—. Ni siquiera te imaginas el sufrimiento que estás a punto de experimentar a causa de tu traición…

    A pesar de tener la guardia alta, la deidad femenina retrocedió unos pasos por instinto. Su semblante intentaba ocultar su terror, pero sus titubeantes palabras susurradas entre dientes la delataban:

    —Es el supremo dios egipcio Ra… Al fin apareció nuestro más poderoso rival…

    Escuchando estos murmullos, Evan supo que después de pasar por tantas penurias, al fin tenía enfrente suyo al causante del apocalipsis que reinaba en su país, y a la vez a su más poderoso antagonista.

    El guerrero que tras su despertar obligado vestía una nueva versión de la armadura de Fénix, no se acobardó a pesar de lo crítico de su situación y, siguiendo su instinto de coraje; intentó encarar y desafiar al dios pelirrojo, mas se detuvo al notar que Isis ya se había plantado en actitud altiva frente al mismo.

    —¡No tienes el derecho para hablar de traiciones, Ra! —le gritó ella implacable, apuntándole valientemente con el dedo—. ¡Fuiste tú quien se reveló contra el panteón de dioses egipcios y los convirtió en sus sirvientes…!

    Un nudo se formó en su garganta, mientras contenía las lágrimas que intentaban escapar de sus ojos al pronunciar su siguiente frase:

    —¡Tu mente no podría siquiera concebir el dolor que sentí cuando supe que asesinaste a mi esposo Osiris! ¡Y todo para convertir su esencia en el simple pedazo de metal que ahora cubre tu brazo derecho!!!

    —Vaya… no imaginaba que me tenías tanto resentimiento —respondió con un dejo de sarcasmo el regañado—. En primer lugar, dejé a un lado el panteón egipcio porque necesitaba aliados igual de fuertes que yo. Por fortuna encontré dioses en otras culturas que compartían mis nobles objetivos de purificación… En segundo lugar, tu “querido esposo” Osiris no ha desaparecido como crees. Su espíritu divino está más vivo que nunca dentro de mi katar… y te lo demostraré ahora mismo…

    Dibujando una soberbia media sonrisa en su rostro, Ra extendió su brazo derecho apuntando el agudo filo de su arma hacia el joven Fénix.

    —Escuché atentamente todas las mentiras que le dijiste a ese pobre humano cuando se encontraban en el Nilo —añadió arrogante en esa misma pose amenazante—. Será irónico ver como el poder divino de tu ser más querido, se encarga de aniquilar a tu “última esperanza”.

    Ondulantes y furiosas llamas rojas se manifestaron alrededor de aquel dios supremo vestido por una elegante túnica del mismo color.

    A pesar de estar desprotegido por su Armadura Suprema, la cual se encontraba reposando en la Pirámide de Abu Gurab; la presencia de la deidad lucía majestuosa ante tal demostración de poderío y supremacía.

    —«Es… apabullante… —reflexionó un impresionado Caballero de Atenea—, es la primera vez que siento un poder tan enorme y magnífico. En nada se compara el cosmos llameante de un dios supremo con los de Anubis, Horus e Isis».

    Diosa y humano quedaron pasmados ante la prodigiosa expansión de energía quemante, la cual fue concentrada en milésimas de segundo en la katar derecha del egipcio.

    —¡Desaparece, falso Bennu! ¡‘URÆUS DE LA CORONA SOLAR’!

    Astutamente Ra adaptó la técnica original de Osiris a su propio poder flamígero. El ken consistía en darle vida al símbolo usado desde tiempos ancestrales para representar el poderío de los faraones egipcios: el uræus; y encantarlo con el cosmos de propiedad elemental de fuego.

    Una fina cobra en llamas coronó al supremo egipcio y empezó a girar lentamente sobre su cabeza. El reptil etéreo describía un óvalo continuo en el aire, como si tratase de dibujar el recorrido elíptico de los planetas alrededor del astro rey.

    Su movimiento se hizo cada vez más veloz, hasta que con una vehemente gesticulación de quien lo había invocado, el uræus arremetió raudo contra el Santo, saliendo disparado desde la hoja de la katar derecha.

    El rayo incandescente en el que transmutó la cobra roja, viajó a una velocidad tan vertiginosa, que Evan no logró leer su trayectoria. Por su parte, Isis sí fue capaz de verla, así que al notar que su protegido se encontraba en peligro, se arrojó contra él y lo alejó de la amenaza empujándolo a último momento.

    Por desgracia, la técnica suprema impactó de lleno en su vientre, atravesando limpiamente su armadura y cuerpo.

    Estupefacta, la dama egipcia intentó inútilmente contener el sangrado de su fatal herida.

    —No… dejaré… que mi vida se pierda en vano… —profirió ella con la voz entrecortada a causa del intenso dolor—. ¡Al menos salvaré… la vida de este joven!!

    Mientras el incrédulo Evan intentaba acercarse a la agonizante diosa para ayudarla, ésta lo detuvo con un implacable ademán, sin siquiera voltearse para encararlo. Acto seguido, se encomendó a la tarea de hacer arder su divino cosmos rosa junto con el resto de su energía vital.

    —¡Isis! ¡Eres una imbécil! —le regañó severo el pelirrojo con una expresión de rabia, la cual daba a entender que no pensaba herirla en ese momento—. ¡Acabas de sacrificar inútilmente tu vida por la de un patético humano!!

    —Tú mismo lo dijiste antes… Ra… ¡Este guerrero representa mi última esperanza…! ¡Y por esa razón no permitiré que… le hagas daño!! —la deidad femenina reunió sus últimas fuerzas y exclamó el nombre de su técnica máxima—: ¡‘El Sello Eterno de Neftis’!!!

    Por primera vez en toda su existencia, la diosa de la fertilidad y la naturaleza cambió su carácter bondadoso para ejecutar de improviso su ken magno. Con un semblante lleno de furia y unos felinos ojos verdes que resplandecían con vigor; expulsó de sus brazos extendidos una fuerte ráfaga de luz blanca, entremezclada ésta con cientos de gotas de la sangre divina que emanaba la herida de su vientre.

    Evan y Ra se vieron obligados a cubrirse los ojos al ser cegados por tan intenso resplandor.

    El supremo egipcio recibió de lleno la técnica sin siquiera inmutarse. Su aura roja fue suficiente para anular por completo el brillo surgido de su coterránea.

    —Tu último esfuerzo fue inútil, Isis —le dijo muy serio el atacado, tras recuperar su capacidad visual—. Solo te pusiste en vergüenza, aun sabiendo que no lograrías siquiera tocarme con un ataque tan débil…

    Tras aquella cruel sentencia, la aludida se desplomó exhausta. En su rostro era evidente la decepción por su fracaso.

    El Santo de Fénix tuvo la suficiente capacidad de reacción para sostenerla en brazos y acomodarla suavemente en su regazo, mientras que Ra simplemente retiró su disgustada mirada para evitar ver la deprimente escena.

    Evan no supo cómo proceder al enfrentarse por primera vez a una situación tan crítica. Su nerviosismo incluso creció cuando las comisuras de los labios de la Guardiana dejaron escapar finas líneas del líquido vital.

    —Tranquilízate… Evan… —musitó la moribunda mujer, esbozando una amable sonrisa—. Me sacrifiqué porque… ese fue mi deseo… así que… no debes sentirte mal por mí…

    —¡Y cómo no iba a sentirme mal! —reaccionó indignado el joven de cabellera platinada—. ¡Si la diosa que hizo tanto por mí, está herida severamente por culpa mía y aun así me está mostrando ese rostro tan sereno!

    La deidad soltó una débil risita mientras alzaba la mano para posarla en la mejilla de su protector, quien sorprendido por el repentino contacto de esos cálidos y suaves dedos, dejó escapar incontables lágrimas sin que esa sea su voluntad.

    Lo espontáneo de su llanto le molestó debido a su orgullo, así que intentó ocultar el sufrimiento que lo invadía con un forzado semblante decidido.

    —¡No dejaré que termines así! ¡No morirás aquí, Isis!!! —vociferó con gran convicción el muchacho estadounidense, haciendo presión con sus manos para detener el sangrado de la herida que aquejaba a su salvadora, quien en un gesto de resignación, simplemente posó su mano libre sobre las del joven para detener su esfuerzo.

    —No me llames Isis… por favor… Ya no soy una diosa… —farfulló ella con el mismo tono apacible de voz—. En estos momentos… me siento orgullosa de decir que… soy un ser humano al igual que tú… por esa razón deseo que… me hagas un último favor.

    —Pídeme lo que quieras.

    —Regálame una sonrisa y… pronuncia mi nombre… Por último, no olvides jamás que… existió alguien que te consideró como la persona más valiosa del planeta…

    Sintiendo el dolor más grande de su vida, Evan acogió la petición y sonrió sinceramente para Isis después de tantos años de amargura y resentimiento. Y aunque no pudo contener el flujo de sus lágrimas, el joven Fénix logró reconfortar a la casi extinta dama que yacía en su regazo.

    —No tienes idea de lo agradecido que estoy contigo —le confesó él, cerrándole los parpados con delicadeza—. Ahora, solo descansa y permite que el guerrero de Bennu mantenga vivos tus anhelos… Te prometo que protegeré a la humanidad en tu nombre, Femi…

    Quien fue la reencarnación de Isis se regocijó al saber que el Caballero había recordado su nombre humano, a pesar de que lo había pronunciado una sola vez.

    Con el corazón lleno de paz, suspiró por última vez y murió recordando la imagen del hombre que encarnó a su esposo Osiris, quien curiosamente tenía un gran parecido con el joven Evan.

    —Cometí un gran error de estrategia —intervino Ra fastidiado—. Al final Isis resultó ser igual de inútil que los otros dos… Debí saber que sería yo mismo quien terminaría reclamando estas tierras para edificar el Nuevo Egipto.

    Escuchando esas palabras llenas de indiferencia, el Santo levantó su furiosa mirada invadida por el dolor y la clavó en los ojos anaranjados de quien las había pronunciado.

    —¡Maldito infeliz!!! ¡Fuiste capaz de asesinar a tu propia compañera y ni siquiera te importa!!!

    Inmutable, el regañado observó a la inerte mujer de cabellera negra, la cual parecía dormir tranquila y disfrutar de un hermoso sueño.

    —Bien sabes que no quería matarla. Mi técnica buscaba atravesar tu corazón en primer lugar. Es una lástima saber que no podré castigarla en la Duat por su traición, pero ya no importa…

    —¡Eres un monstruo!!! ¡Eres tú quien merecía ser castigado y desaparecer!!! ¡No tienes la mínima consideración por la vida ni los sentimientos humanos!!!

    El dios supremo dio un suspiro lleno de desdén, y soberbio le dedicó unas palabras a su interlocutor:

    —Déjame hacerte una pequeña revelación antes de acabar contigo por atreverte a levantarme la voz: Los sentimientos humanos son el origen de su fracaso como especie… Esas emociones estúpidas los convirtieron en entes imperfectos que han llegado a un nivel tal de corrupción, que podrían considerarse como una enfermedad para el planeta. ¡Así es! ¡No son nada más que un parásito con voluntad propia y nosotros los dioses somos la cura que evitará la perdición de la Tierra!

    —No lo entiendo… ¡¿Cómo es posible que un ser que se supone debe velar por la vida, piense eso de sus propias creaciones?!

    —Te equivocas… Ustedes son un accidente de la creación divina. Todo era perfecta armonía en este planeta hasta que el Supremo Creador les permitió dominar a las demás especies —Ra desencajó su rostro haciendo una ligera mueca de ira—. ¡Es una vergüenza admitir que incluso dos deidades dignas como Viracocha y Mielikki fueron contaminados con esos asquerosos sentimientos, y que ello significó la perdición de ambos!

    La última frase del dios hizo eco en el vacío de la avenida abandonada. El ímpetu con el que fue pronunciada pareció acallar por un momento los convulsionados ruidos de caos que invadían la urbe.

    —Incluso tú mismo puedes corroborar mis aseveraciones con lo que has vivido recientemente —añadió el africano con un dejo acusante—. Pude sentir claramente la energía negativa que desataste en tu cosmos hace unos momentos. Y no puedes negar que ese sentimiento que ustedes llaman odio, por poco significa tu autodestrucción.

    El joven Fénix todavía respiraba agitado tras los recientes golpes emocionales sufridos, así que no reaccionó ante tales inculpaciones. Su mente estaba concentrada más bien en aprehender para sí la paz que transmitía la mujer fallecida que tenía en brazos, mientras a paso lento se disponía a recostarla en un lugar alejado de la batalla.

    —Tienes razón en algo, Ra… —reaccionó al fin el Caballero del Fénix, observando con una indescifrable expresión al invasor de su país—. Los sentimientos negativos constituyen la decadencia de cualquier ser racional. Manifestarlos significa envenenar cuerpo y alma… pero te recuerdo que gracias a la mujer que asesinaste he sido capaz de liberarme de las cadenas del odio. Nunca estuve solo, porque adicional al apoyo que ella me dio, también tuve el del poderoso Santo Dorado de Leo.

    En un parpadeo Evan rebosaba una poderosa aura llameante. Una vez más su cosmoenergía se expandió hasta el Séptimo Sentido.

    —¡Las palabras de Femi me otorgaron la seguridad para enfrentarme a un dios fuerte como tú, mientras que las del señor Ikki, me enseñaron a equilibrar el miedo que me agobiaba! ¡Por esa razón lo único que me impulsa ahora, es mi férreo sentimiento de protección hacia las personas de mi patria!!

    Concentrando toda la energía que fue capaz de desatar en ese momento, el muchacho se arrojó con ímpetu contra su contendiente divino. Toda su esperanza se había reunido en un solo golpe fulminante.

    —Iluso, ¿en serio crees que el fuego producido por un humano puede ser más fuerte que el de una deidad suprema? ¡Destrozaré tus esperanzas tal y como hice con las de Isis!

    La inconmensurable cantidad de calor que bañaba al dios fue suficiente para detener en seco la arremetida del humano, quien a pesar de su obvia desventaja, seguía esforzándose por sobrepasar a la fuerza la barrera de infernal temperatura; mas a pesar de que su poder era portentoso, no fue suficiente para lograr tal proeza.

    La intensa concentración de calor logró mermar por completo su fuerza física y paralizarlo en el acto. De hecho, si no hubiese portado en esos momentos la nueva versión de la armadura del Fénix, habría sido carbonizado enseguida.

    Evan no claudicó aun estando en una situación tan crítica. Su mirada altiva daba a entender que seguiría luchando hasta las últimas consecuencias.

    —Es admirable tu fuerza de voluntad, humano —enalteció arrogante la deidad—. Aun estando a pocos metros de un ser omnipotente como yo, no dejas de mostrar esa determinación que suelen atribuir a los Santos de Atenea. Por fortuna para ti, en ocasiones también suelo ser misericordioso como tu diosa. Generalmente castigo con crueles torturas a quien se rebela contra mí, pero ya que me he divertido bastante contigo, tendré la consideración de ejecutarte de un solo golpe para que no sigas sufriendo.

    Tras la sentencia, levantó su katar derecha para darle más impulso al golpe que asestaría a continuación.

    —¡Que la fuerza divina de Osiris te dé el descanso eterno!!

    Ra blandió su arma directamente contra el Fénix, produciendo con el movimiento circular una ráfaga cortante de aire caliente, la cual colisionó directamente en la cabeza de su objetivo, mandándolo a volar de manera estrepitosa contra la pared de un edificio.

    Extrañado por el efecto poco devastador de su embate, Ra inspeccionó confundido a Osiris.

    —Ahora entiendo… al final sí lograste tu objetivo de sellar el alma de tu esposo…

    Una gota de la sangre de la deidad femenina logó alcanzar la cuchilla de la katar e inutilizar su poder divino.

    En lugar de contrariarse por este hecho, la reacción del portador del arma muerta fue soltar una sonora y burlona carcajada.

    —¡Felicidades Isis! —prorrumpió en medio de incontrolables risas—. ¡Tú sacrificio no fue tan inútil como creía! ¡Acabas de convertir a Osiris en un inservible trozo de metal!

    Evan logró deshacerse de los pesados escombros de cemento que lo aprisionaban. Cuando se reincorporó exhausto, su casco se partió en dos para revelar el profundo corte recto que acababan de infligirle en medio de las cejas. Aquella horrible herida rememoraba a la cicatriz que lucía en la frente su antecesor de bronce.

    —No… has vencido todavía, Ra —manifestó entre dientes el agredido, intentando limpiar la sangre que le dificultaba la visión.

    —Vaya que eres resistente, mortal. Me extraña que aún te mantengas con vida a pesar de que mi arremetida fue solo física. Por desgracia para ti, todavía poseo otra katar que podría considerarse más temible que la invalidada por Isis —arrojando con desprecio al piso su cuchilla derecha, el dios extendió amenazante la que sobresalía de su brazo izquierdo—. Te presento a Seth, el más cruel de los dioses egipcios. Con él acabaré de una vez con tu existencia…

    El calor en el aire aumentó en varios cientos de metros a la redonda. La sofocante temperatura que emanaba el egipcio tiñó el ambiente de rojo mientras furiosas llamas incendiaban los edificios y automóviles accidentados que cercaban la avenida, cuyo asfalto además bullía como si de un lago de alquitrán hirviente se tratase.

    Con cada paso lento que avanzaba el peligroso dios, su oponente se sentía más y más abrumado y débil. Sus rodillas temblaban y su visión se nublaba al costarle respirar en tan dantesco infierno. Sin embargo, a pesar de las circunstancias extremadamente desfavorables, el Fénix no se rindió, e intentó disipar el calor que lo rodeaba expandiendo su aura cósmica anaranjada.

    —Es inútil que luches. Tu tiempo y el de todos los de tu especie terminó —profirió el pelirrojo muy confiado y en tono socarrón—. Con ese cosmos tan ínfimo me has demostrado que no eres digno de ser llamado ‘El Legendario Guerrero de Bennu’ que formó parte de mi espíritu en épocas ancestrales. No eres más que un polluelo que ansía alcanzar las alturas, sin siquiera aprender a volar todavía. No mereces…

    —¡Cállate!!!

    El africano arqueó una ceja en señal de incredulidad y detuvo su monólogo ante tan altanera orden.

    —¡Me cansé de escuchar tus discursos arrogantes! ¡Contrario a lo que afirmas, he aprendido mucho como guerrero y como ser humano desde que arribé a mi país! Sentí tantas cosas nuevas y recibí lecciones incluso de tus propios Guardianes. Estuve a punto de morir en varias ocasiones e incluso dependí de Ikki e Isis para salvar mi vida, ¡pero ha llegado el momento de luchar por mí mismo! ¡Desplegaré las alas de Bennu con la máxima técnica del Fénix y esta vez lo haré sin la influencia del odio!!

    La intensa cosmoenergía del joven logró dispersar el intenso calor por unos instantes.

    —¡‘FURIA INMORTAL DEL AVE MÍTICA’!!! ¡Renace!!!

    Ante la incredulidad de Ra, el asfalto fundido bajo sus pies empezó a temblar con violencia. Acto seguido, una veloz línea de fuego surcó la irregular superficie para dibujar la silueta del legendario Fénix.

    —Esta figura… No puedo creer que un simple humano sea capaz de invocar a…

    Un ensordecedor alarido calló al egipcio, quien por primera vez se vio sobremanera impresionado.

    Una vez más el chillido del Fénix invadió la ciudad entera, pasmando de terror a todas las personas que desesperadas intentaban escapar de ese apocalipsis. No hubo estructura de cristal que quede en pie después de aquel fuerte estruendo.

    Tras esto, la silueta en llamas pareció tomar vida propia y se elevó en la forma de una gigantesca ave formada enteramente de fuego, la cual destrozó la tierra bajo su objetivo y emprendió vuelo ascendiendo verticalmente.

    —¡Es Bennu! —declaró emocionado Ra, recibiendo de lleno los efectos de la mortal columna incandescente que dejó el ave a su paso—. ¡Isis no se equivocó al afirmar que poseías su protección!!

    Cuando la estela circular de llamas ascendió por completo, Evan notó decepcionado que su técnica no había dañado en absoluto a su rival. El dios cuyo cuerpo humeante se mantenía intacto, observaba maravillado al Fénix desapareciendo al alcanzar una altura considerable.

    —¡Es fantástico! —exclamó él entusiasmado—. ¡No había visto a Bennu surcando el cielo desde la era mitológica! ¡Tras recibir ese fuego lleno de valor y decisión, por fin pude sentir mi alma completa después de tantos miles de años!!

    En medio de su éxtasis, el supremo egipcio disminuyó por completo su cosmos y devolvió a la normalidad la temperatura del ambiente.

    Evan cayó exhausto de rodillas tras el esfuerzo de ejecutar una técnica de tan grande magnitud y, aterrado, observó como su antagonista se plantaba a pocos centímetros de su maltrecho ser.

    Por un momento, su reacción fue bajar la cabeza esperando su inevitable ejecución…

    —Para nada eres un ser humano común —enalteció orgulloso el dios del sol, ofreciéndole la mano a su contendiente en un gesto que lo invitaba a reincorporarse—. Tu poder es tan magnífico, que incluso podría superar al de Anubis, Isis y Horus; por tal razón he decidido que te convertirás en uno de mis Guardianes, portando una de las armaduras divinas de los dioses egipcios.

    Escuchando tal proposición, el Santo levantó impactado su mirada para observar el emocionado rostro que quien le hablaba.

    Regalándole una sonrisa cómplice a la divinidad que se erguía ante él, Evan estrechó su mano con gran convicción aún estando de rodillas…

    Continuará…
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
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    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 41: ¡AIORIA, IKKI Y EVAN!: LA COALICIÓN DE TRES GENERACIONES

    ==Estados Unidos==

    Con una sonrisa que denotaba arrogancia y superioridad, Ra observó al joven que en pose sumisa tenía a su merced. En efecto, Evan todavía se mantenía arrodillado frente a él.

    Tras la propuesta del pelirrojo, las manos de dios y humano se estrecharon en un amistoso gesto de confianza y pacto.

    —Me perteneces a partir de este momento, joven Bennu —aseguró el egipcio con un tono severo, haciendo más presión en la mano de su interlocutor para darle un énfasis amenazante a sus palabras—. Juntos purificaremos con fuego estas pútridas tierras corrompidas por los humanos…

    —Exactamente… usaré mi poder para hacer que este país renazca… —musitó el Fénix con una opaca mirada perdida en el rostro de su interlocutor—. ¡Pero para ello primero deberé acabar contigo, Ra!!!

    El nuevo furioso ímpetu del de cabellera platinada fue descargado con una rápida maniobra. El Santo aprovechó el apagado cosmos y la guardia abierta del rival, para propinarle un certero puñetazo en el rostro.

    Aquel salvaje golpe no fue suficiente para derribarlo, pero sí para hacerle volver el rostro con violencia.

    —«¡Excelente! —se dijo emocionado a sí mismo el joven atacante, viendo a su poderoso oponente inmóvil tras la conmoción—. ¡Al fin logré golpearlo y lastimarlo!»

    El supremo africano pasó el dorso de la mano por sus labios, observando con disgusto que sus dedos quedaron impregnados de su propia sangre divina.

    —No lo entiendo… —profirió con rabia el agredido, apretando con desprecio el líquido vital que embarró su puño—. ¡Es la primera vez en toda mi existencia que soy condescendiente con un humano, ¿y así es como se me paga?!!! ¡En toda la historia nadie se había atrevido a siquiera tocarme!!!

    Ni el potente grito, ni la fulgente mirada anaranjada que reflejaba la cólera del dios; consiguieron intimidar al joven Fénix, quien sin vacilar encaró desafiante a su rival.

    —No me interesa haber desatado tu ira, Ra. Jamás pensaría en siquiera fingir una alianza con un dios asesino y prepotente como tú. ¡Mi sueño de toda la vida fue convertirme en un Santo de Atenea y si debo morir como tal, lo haré con orgullo!!!

    Aquellas palabras llenas de coraje y valentía solo lograron despertar la aversión del más peligroso de los egipcios, quien en un parpadeo, convirtió nuevamente el escenario en un sofocante infierno rojo con su cosmos supremo.

    —¡Insolente sabandija! ¡Pudimos reinar juntos estas tierras y convertir a toda América en una sola nación dominada por la supremacía de los egipcios!

    —¡Los humanos no necesitamos que ningún dios malvado nos gobierne! —replicó altanero el de cabellos de plata—. ¡Todo sería armonía en este planeta si seres como tú no existieran!!

    —¡Te equivocas!! ¡Una raza imperfecta como la suya necesitó siempre de seres superiores que los guíe! ¡¿O acaso no te has dado cuenta de lo que ocurre cuando se da libre albedrío a los humanos?! ¡Yo te diré lo que ocurre!: ¡En lugar de adaptarse a su entorno, lo arruinan para acomodarlo a sus egoístas necesidades! ¡Y, mientras unos le faltan el respeto a los seres que son superiores a ellos, catalogándolos como imaginarios entes mitológicos; los otros que están conscientes de su existencia, los desafían e incluso osan exterminarlos!!

    Con un rápido e imperceptible movimiento Ra tomó a Evan por el cuello, haciendo una quemante y asfixiante presión en su garganta. El joven no fue capaz de reaccionar y no pudo evitar que levanten todo el peso combinado de su cuerpo y su nueva armadura con absoluta facilidad.

    —No… no mereces ser un dios —balbuceó sofocándose la víctima de la zarpa, aún sin quitar el brillo retador de sus ojos—. Un dios… debe proteger a los humanos… y no destruirlos.

    Tal afirmación provocó la burlona risa del cruel torturador, quien aún iracundo acercó su rostro a pocos centímetros del del Santo. Su objetivo era hacer que las miradas de ambos se crucen.

    —¡Mira bien estos ojos, Bennu! —le instó descontrolado Ra, clavando sus llameantes pupilas anaranjadas en las suyas carmesí—. ¡Ahora te estoy dando el privilegio de contemplar de cerca la mirada de un dios supremo! ¡¿Crees que alguien como yo sería capaz de tener piedad con un ser inferior?!!

    En un impulso provocado por la ira, el dios del sol desencajó sus facciones frunciendo sus pobladas cejas y propinó sendos puñetazos en el rostro del Caballero de Fénix. Tales golpes llameantes que poco a poco magullaban y amorataban aquella desprotegida faz, eran su forma de desquitarse por la humillación de haber sido lastimado por un humano.

    —¡Te diré de qué trata ser un dios en realidad! —añadió, haciendo una ligera pausa en el intermitente castigo—. ¡Ser un dios es una cuestión de poderío y dominación!! —un golpe más fue asestado en la testa del casi inconsciente joven—. ¡Ser un dios no es otra cosa más que infundir terror y respeto en los seres insignificantes como tú, ya que es a través de ese miedo que se genera la obediencia! —otro golpe impactó en su frente, abriendo más la herida provocada anteriormente por la katar—. ¡Ser un dios significa tener a todos los patéticos humanos en la palma de la mano, y aplastarlos en el momento que a uno le plazca!!

    A pesar de que lo seguían atenazando por la garganta y aporreando, Evan ni siquiera dejó escapar un ligero quejido, incluso recibiendo tan brutal castigo. Su voluntad era inquebrantable, al igual que la resistencia que ganó con sus recientes batallas.

    —Tanto detestas los… sentimientos humanos y… tú mismo te dejas llevar por la ira… —replicó altanero el maltratado joven—, además, Anubis… golpeaba más fuerte que tú… —provocó con dificultad, soltando a la vez una burlona risita que logró exasperar a quien le estaba aplicando la cruel paliza.

    —¡Suficiente! ¡He soportado demasiada humillación de tu parte! ¡Ya que te has negado a formar parte de mi ejército de una manera tan atrevida, lo único que me queda es extraer a la fuerza el espíritu de Bennu desde tu cuerpo!!

    Justo cuando la iracunda deidad dirigía su mano libre hacia el pecho de su víctima, algo lo detuvo…

    —Es bastante irónico saber que un poderoso dios necesita golpear a un ser humano indefenso para mantener su ego en lo más alto —intervino una autoritaria voz masculina cerca del lugar—. Por qué mejor no dejas en paz a ese niño y te enfrentas a un hombre…

    Sorprendido ante tal desafío y soltando por inercia al casi extinto Fénix; el egipcio centró su atención en quien le hablaba con un tono tan atrevido.

    —Así que el cosmos lleno de furia que sentí adentrarse en este país te pertenecía… No suponía que un Santo de Atenea fuera capaz de decir palabras como esas…

    El supremo africano calmó un poco sus ímpetus y con gran desprecio observó al recién llegado, quien mostrando esa clásica confianza en su semblante, encaró con porte solemne al de atavíos faraónicos.

    —Eres Ra, supongo —manifestó el hombre en armadura de oro, a quien parecía no afectarle en absoluto la temperatura inconmensurable del lugar, ni impresionarle ver incendiándose el dantesco ambiente a su alrededor.

    —¿Y tú eres…?

    —Soy Ikki, Caballero Dorado de Leo —se presentó sin titubear el Ateniense—. Y creo que está de más decir que he venido para acabar con tu existencia.

    La gran seguridad con la que el antaño Santo de Bronce pronunció su última frase, provocó que la tensión entre los dos rivales se tornara aún más abrumadora que el intenso calor que invadía lo que antes fuera una transitada avenida.

    —Interesante… —contestó Ra con un dejo ironía, sonriendo arrogante nuevamente—. Desde un principio ansié enfrentarme con rivales dignos de mi fuerza… Veremos si tú no me decepcionas al igual que ese inútil del guerrero de Bennu.

    El dios tronó sus dedos haciendo una mueca de satisfacción, mientras continuaba con lo que quería decirle al imperturbable guerrero que tenía enfrente:

    —Hace poco pude sentir la intensidad de la cruenta batalla que estabas librando con una de las marionetas pertenecientes a esa insoportable de Morrigan… Veo que no fue lo suficientemente fuerte como para detenerte…

    —Aioria, tú no eras una marioneta… —farfulló Ikki para sí con amargura…


    ***


    En otro lugar de aquella ciudad estadounidense se desarrollaba hace pocos minutos el desenlace de la feroz batalla entre los representantes de Leo de dos generaciones.

    Las técnicas perfectas que ambos desplegaron, colisionaron produciendo una estática masa de luz, electricidad y fuego.

    No faltaba mucho para que aquella peligrosa manifestación de poder arremetiera contra cualquiera de los dos contendientes, así que al estar conscientes de este hecho, ambos extendieron los brazos al mismo tiempo y lucharon por reforzar con sus cosmos el avance de sus kens.

    El esfuerzo de ejecutar los prodigiosos ataques no fue nada comparado con el de imprimirles más poder. En los rostros de Aioria e Ikki era evidente el extenuante sacrificio que ambos realizaban para romper el balance de fuerzas; hasta que tras varios minutos de incansable forcejeo cósmico, fue la energía del Dorado la que logró imponerse y romper el equilibro.

    Fue el ‘Ardiente Plasma Relámpago’ el que al final logró vencer a su homónima versión original, y el terrible ímpetu de sus líneas luminosas e incandescentes impactó de lleno contra el guerrero en armadura blanca, vapuleándolo salvajemente sin que éste siquiera dé indicios de oponer resistencia.

    —Al fin terminó —sentenció el agotado Santo en un suspiro, casi cayendo de rodillas al ver que su destrozado oponente impactaba dolorosamente contra la pared de un edificio cercano.

    Aunque la armadura blanca de Leo que portaba prácticamente se hizo añicos, ésta logró resguardar en última instancia la vida de Aioria.

    El estado del abatido guerrero era más que deplorable, pero aún así tuvo los suficientes bríos como para retirar una parte de los escombros que lo aprisionaban.

    Dibujando una dolorosa sonrisa en su rostro, el inmóvil antecesor de Leo vio a su sucesor acercándosele a paso lento pero firme.

    —Felicidades, Ikki. Me venciste en justa lid y demostraste que sí eres digno de portar esa cloth de oro.

    —Lo detuviste, ¿cierto? —interrogó muy serio el aludido sin prestar atención a los elogios, plantándose a pocos centímetros de quien se los había dedicado—. Detuviste a último momento tu ‘Plasma Relámpago’ y te dejaste alcanzar a propósito por mi nueva técnica.

    Aioria no respondió y, sonriendo satisfecho, simplemente giró el rostro para evitar mirar al Santo que lo había vencido.

    Esta reacción logró exasperar al hombre de cabellera azulada, a quien no le importó en absoluto lo grave de la situación de su derrotado oponente, y sin ninguna consideración por su indefenso estado, lo levantó vehementemente agarrándolo de sus rotas hombreras y lo obligó a encararlo.

    —¡¿Por qué demonios detuviste tu técnica?!!! —insistió furioso, perdiendo la paciencia—. ¡Pudiste haber vencido con el poder superior que se te otorgó al regresar de la muerte!!

    Posando su cansada mirada verde sobre la impaciente y llameante de quien lo sostenía, el antaño León Dorado respondió a aquellas frenéticas palabras:

    —Pero… al final fui yo quien obtuvo la victoria. Aunque la batalla que libré no fue contra ti, sino contra el dominio de la diosa celta, del cual tú me ayudaste a deshacerme…

    Impactado ante tales aseveraciones, el actual portador de Leo calmó sus ímpetus y dejó descansar al maltrecho Aioria sobre la pila de escombros de cemento que produjo el más reciente impacto.

    —¿Entonces… estuviste siendo manipulado por Morrigan todo este tiempo? ¡Es inaudito! ¡En ningún instante fui capaz de sentir auténtica maldad en tu cosmos!

    —Y por esa razón te convenciste de que había regresado como un traidor a Atenea, ¿verdad?… Escúchame bien Ikki, esa es precisamente la clave de la supremacía de Morrigan sobre nosotros los Caballeros Dorados. Su estrategia fue dejar intactos nuestros espíritus y utilizarlos como una mera fuente de poder para estos cuerpos ataviados en armaduras blancas. De esa forma no seríamos vistos como demonios revividos, sino como guerreros renegados que por voluntad propia se niegan a servir a Atenea… Aunque todavía no entiendo la razón por la que no corrompió nuestras almas, está claro que ella deseaba que nuestra voluntad original presencie aquellos actos reprochables, los cuales fue capaz de cometer la existencia material que se nos otorgó… La crueldad de la diosa celta es inconcebible…

    Aioria hizo una pausa en su explicación para alzar su mirada y clavarla en el cielo rojo, mientras su oponente lo observaba con una expresión acusante.

    —Sé lo que piensas, Ikki. Ahora sabes que a todo momento estuve consciente de mis palabras y mis actos desde que regresé al mundo de los vivos, pero lejos de querer excusarme, no imaginas el martirio que tuve que soportar al ser un impotente espectador de todas las blasfemias y actos crueles de los que fui capaz tras mi regreso. Y aunque sé que nada justifica aquellas atrocidades, debes saber que en un punto logré retomar el control sobre mis acciones.

    —Ya veo, entonces recobraste la lucidez tras los castigos recibidos a lo largo de nuestro combate —el Caballero de Oro hizo una pausa para reflexionar—, pero entonces… ¿por qué seguiste luchando hasta este extremo?

    —La respuesta es obvia: debía asegurarme de tener un digno sucesor de mi querida armadura —respondió muy calmado el postrado hombre de cabellos castaños—. Y conociéndote, solo podría lograrlo a la fuerza.

    —Aioria, tú…

    —Discúlpame si fui severo, pero todas las generaciones de Santos Dorados de Leo se han caracterizado por su orgullo, nobleza y sentido de compañerismo. Sin embargo, tener orgullo no quiere decir aferrarse de manera terca al pasado. Si Atenea te dio la responsabilidad de protegerla como uno de sus guerreros de oro, debiste aceptar de inmediato el vínculo con tu nueva constelación.

    —Ahora lo entiendo gracias a ti —admitió Ikki un tanto incómodo—. Y te prometo que en tu nombre portaré esta armadura para defender a todas las personas de este país. ¡Detendré a Ra, sea como sea!

    Aioria intentó reincorporarse para apoyar a su sucesor en su siguiente combate, mas lo severo de sus heridas y lo penoso de su estado no se lo permitieron.

    —Vaya… me complace el hecho de que me hayas liberado de las cadenas de la maldad, pero sí que me diste una buena paliza en el proceso —bromeó sonriendo el recién derrotado, desplomándose nuevamente sobre su peso—. Si mi hermano Aioros me viera en esta situación, seguramente me lo reprocharía… pero en estos momentos críticos no importan las heridas. De alguna forma te acompañaré y venceremos juntos a ese tal Ra. No podrás enfrentarte solo contra el causante de este infierno y…

    —Me sermoneaste sobre el orgullo y justamente ahora estás pecando del mismo —le interrumpió el actual Dorado con su clásico tono severo, al tiempo que le daba las espaldas a su interlocutor—. Bien sabes que en la condición en la que te encuentras, no serás capaz de seguir luchando…

    Sin decir nada más, Ikki se dispuso a abandonar la escena, pero por un momento Aioria lo detuvo con sus palabras:

    —Los años no pasan en vano. No tuve el gusto de conocerte a fondo, pero se ve que has madurado en todo este tiempo… Solo no olvides que estás luchando contra un dios. Siendo testigo de lo que Morrigan hizo conmigo y con otros de mis compañeros de generación, ya debes estar consciente de lo que aquellas deidades son capaces de lograr…

    —Agradezco tu advertencia, pero ya no puedo seguir perdiendo el tiempo en este lugar —agregó impaciente el antaño Fénix, observándolo de reojo sobre su hombro.

    —Espera, Ikki. Antes de que te marches solo respóndeme una última pregunta.

    —Apresúrate y hazla.

    —¿Se encuentra bien Marin? —preguntó el castaño, intentando ocultar la mezcla de emociones que le producía mencionar el nombre de la Amazona de Águila.

    —No lo sé… Hace varios días que no sabemos nada sobre ella. Supongo que todavía se mantiene con vida, ya que no se encontraba en el Santuario cuando Morrigan nos atacó.

    —Ya veo… Me alegra saberlo…

    El cuestionado se giró por segunda ocasión y empezó a caminar lentamente hacia el lugar en el que había sentido tres enormes cosmos enfrentándose. Solo por un momento detuvo su marcha y levantando su inflexible mirada dijo:

    —Mi maestro Guilty, aunque fue un hombre cruel en todos los sentidos, me ayudó a desplegar las alas del Fénix… Y ahora, gracias al legendario Santo de Oro de Atenea, soy capaz de poseer los colmillos y las garras del León Dorado… Adiós, Aioria y… gracias por todo…

    Era poco usual escuchar a Ikki agradeciéndole a alguien. Y de hecho el antecesor de oro lo notó al escuchar el tono incómodo con el que el sucesor le había dado las gracias, para luego emprender veloz carrera entre los altos edificios.

    —Gracias a ti, Ikki —musitó sonriendo el antaño Dorado, al verse solo—. Me liberaste de la maldad que me aprisionaba y me hiciste sentir más vivo que nunca… Por favor… cuida de Atenea… por mí…

    Dicho esto, se desvaneció exhausto entre la más profunda inconsciencia…


    ***


    Sin previo aviso, Ikki dirigió un atronador golpe en llamas al costado del cuerpo del supremo egipcio, quien decepcionado se limitó a esperar el impacto.

    —Aburrido… —profirió para sí en la transición con el embate—. Este humano también utiliza al elemento del fuego como fuente cósmica de poder…

    Con un rápido movimiento, Ra dejó pasar la extremidad del Santo entre su costado izquierdo y su propio brazo, aprisionando firmemente a su atacante a pocos centímetros de él.

    Por primera vez Ikki fue capaz de contemplar de cerca la magnificencia del aspecto de una deidad suprema, y aunque presenciar la fulgente ira en los ojos del africano lo sorprendió, no se dejó intimidar y se liberó de la captura lanzando otro golpe con su brazo libre, el cual tampoco logró impactar en su ágil contendiente.

    —Nada mal para ser un simple humano —comentó prepotente el pelirrojo, sin poder ocultar la emoción en su voz—. No sé por qué, pero tú y yo tenemos los mismos ojos… Creo que medir mis fuerzas físicas contigo será bastante divertido.

    En efecto, desde que Ikki aceptó su vínculo con la constelación de Leo, dicho pacto fue sellado en sus ojos y el color azul de sus pupilas fue reemplazado por un llameante anaranjado, el cual le daba a su mirada la misma apariencia que la de Ra.

    —¡Esto no es una cuestión de diversión, sino de respeto por la vida humana!!

    Exclamado esto, el Caballero encendió su aura cósmica dorada, canalizando esta energía para fortificar sus embates físicos, mientras que su rival se confió y vio suficiente enfrentarlo con tan solo con el poder físico que le otorgaba el cuerpo que le elaboró su compañera Yggdrasil. A fin de luchar a puño limpio, desvaneció momentáneamente la katar que adornaba su brazo izquierdo, dejando sus extremidades desnudas.

    En un milisegundo dios y humano interpretaron en silencio las intenciones del otro, y con gran ímpetu se arrojaron al mismo tiempo contra el contendiente.

    Infinidad de puñetazos y patadas fueron desplegados por ambos a una velocidad superior a la de la luz. Para cualquier espectador de la sorprendente lucha en igualdad de condiciones, los impactos hubiesen sido atestiguados como un estruendoso fenómeno de luminosos y veloces estampidos ígneos, los cuales incluso salían del rango de batalla y colisionaban contra los edificios cercanos, destruyéndolos desde sus cimientos.

    —«¡Demonios!! —maldijo mentalmente el portador de la quinta constelación del zodiaco, lanzando una lluvia de golpes con gran concentración en su semblante—. ¡Impacté ya miles golpes en el cuerpo de este sujeto y aunque no porta una armadura, ni siquiera se inmuta!!»

    —Vamos, Ikki de Leo, puedes darme el combate ardiente que ansío —instó el enemigo divino, sonriéndole arrogante a su oponente, al tiempo que mantenía el ritmo veloz de los incontables ataques que le propinaba—. ¡Si ese guerrero llamado Evan logró hacerme sentir vivo después de milenios, tú también puedes conseguirlo!!

    —¡Yo no lucho para darte el placer de hacerte sentir vivo! ¡Yo lucho para que sientas el dolor que experimentaron todas las personas inocentes que ustedes han asesinado en este país!!

    Codazos, rodillazos, puntapiés y todo tipo de golpes chocaban y eran evadidos por ambos contendientes. Aquella lid que se estaba librando tan solo con la fuerza física era simplemente impresionante.

    El dios egipcio reía a toda voz al ver mermarse poco a poco la resistencia del Dorado de Leo, quien gradualmente empezaba a decaer en su nivel de pelea.

    —Vaya decepción… ni siquiera uno de los poderosos Santos de la orden más importante de Atenea fue un digno rival para mí. Creo que ya es hora de terminar con esta farsa.

    Al fin Ra encendió ligeramente su cosmos, concentrándolo todo en su testa a manera de llamas que reemplazaron cada una de las fibras de su cabello rojo. En una peculiar maniobra, terminó a grosso modo con el veloz combate en el que prevalecía la fuerza bruta, aplicando un certero cabezazo de fuego que logró aturdir por completo al humano y dejarlo casi inconsciente.

    —Fue entretenido, lo admito. Pero será más divertido arrancarte las entrañas con Seth

    Inclemente, el supremo africano dirigió la hoja de la katar que se materializó nuevamente en su brazo izquierdo, directamente hacia el vientre de su inmóvil víctima, pero justo cuando el arma estaba a punto de destajarlo, el joven e impulsivo Santo de Bronce de Fénix apareció de manera providencial y tras pegar un fuerte grito, embistió con todo su peso al desprevenido dios, arrojándolo lejos y salvando así la vida del antaño dueño de su cloth.

    —Aunque no me haya entrenado, el señor Ikki es como un maestro para mí… —intervino desafiante el también llamado Bennu, plantándose en actitud protectora frente a su caído antecesor—. ¡No permitiré que otra persona importante para mí muera ante mis ojos!!

    Aun cuando el muchacho de cabellera platinada se encontraba seriamente lastimado y casi tambaleándose para mantenerse en pies, se erguía con firmeza y encaraba muy decidido al irascible dios, quien sin problemas se reincorporaba nuevamente. Por su parte, un Ikki más recuperado observó con asombro la gran convicción que mostraba su sucesor.

    —Evan… al fin lograste deshacerte de tus miedos y desplegar con orgullo las alas del Fénix —aceptó el legendario ex portador de Bronce, mientras que el actual lo ayudaba a pararse, acomodándole el brazo tras su espalda—. Sabía que lo lograrías, muchacho.

    —Es la segunda vez que no me llama “novato” y pronuncia mi nombre —dijo el Caballero de Bronce, intentando ocultar con su característica seriedad, la alegría que sentía—. ¿Debo suponer que ya me ha aceptado como su sucesor?

    —Solo admitiré que mereces vestir esa armadura, cuando ambos hayamos derrotado a ese sujeto arrogante —manifestó el Dorado, imprimiendo fuerza en sus palabras con un semblante muy decidido.

    A pesar de la situación crítica que atravesaba, internamente Evan se emocionó al saber que lucharía por primera vez junto al Santo a quien consideraba como uno de los más poderosos de su generación.

    Evitando que el Caballero de Oro vea su sonrisa de satisfacción, el más joven dejó a un lado el cansancio y el dolor para colocarse a su lado.

    —Que así sea entonces, Ikki de Leo. Le daremos una buena lección a ese infeliz de Ra y, te demostraré de una buena vez que es ‘Evan’ el nombre que recordarán las futuras generaciones, al mencionar al portador legendario del inmortal Fénix.

    —Vaya chico tan atrevido. Todavía te hace falta aprender sobre el respeto a tus superiores, pero no te lo reprocharé porque yo tenía ese mismo carácter fuerte a tu edad y, además —a Ikki le costó pronunciar su siguiente frase—, no te recriminaré nada por esta vez, porque gracias a ti… aún me mantengo con vida.

    —Ese fue solo un agradecimiento de mi parte por haberme rescatado de las garras de Horus hace unos minutos.

    Ikki rió entre dientes ante la actitud atrevida de su sucesor y con porte altivo se plantó también a su lado. Ambos observaron con los ojos encendidos al supremo dios egipcio, quien ya se había recuperado completamente de la más reciente agresión.

    Por primera vez en toda la historia, los Santos de Leo y Fénix de dos generaciones se reunieron para enfrentar juntos su último y más peligroso desafío…

    Continuará…
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
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    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo

    CAPÍTULO 42: ¡VUELA ALTO, AVE FÉNIX! ¡CONQUISTA LA TIERRA, LEÓN DORADO!


    ==Estados Unidos==

    Aunque un dolor generalizado mermaba su lento caminar, un más recuperado Menouthis —el humano que hace poco era conocido como Horus—; buscaba con ansias alejarse de los restos del recién colapsado edificio en el que se había refugiado.

    —«Mis años de experiencia en construcciones ancestrales no me permitirían equivocarme. Sabía que esa estructura no se mantendría en pie por mucho tiempo, pero —frunciendo el entrecejo, recordó lo recién acontecido— aún no entiendo por qué esa enana hizo lo que hizo…

    El maltrecho ex Guardián rememoró con disgusto el esfuerzo de la pequeña Lindsey por advertir de la potencial tragedia a todas las personas que se encontraban dentro del refugio subterráneo. Bastó con que ella señalara las notorias grietas en la columna central del edificio, para que los centenares de inocentes evacuaran aquella trampa mortal que por fortuna no dejó víctimas al derrumbarse.

    —Daba igual si todos esos estorbos morían en ese lugar —se dijo a sí mismo, apoyándose en una pared esquinera para descansar un poco—. Cualquier cosa sería mejor que enfrentar este caos infernal…

    El hombre castaño observó con prudencia como centenares de personas huían despavoridas.

    Al acercarse con curiosidad al lugar del que emergía la marea de gente, clavó su asombrada mirada gris en el escenario que producía tal pánico en los habitantes de la ciudad:

    Con una tonalidad más roja que la del mismo cielo estadounidense, un halo de furiosas llamas parecía formar una cúpula incandescente sobre la lejanía de los altos edificios. Aquella gigantesca manifestación de fuego circular trajo a su memoria los más terribles escenarios sobre los que Dante Alighieri escribiera hace siglos en su ‘Divina Comedia’.

    —¡Es él! ¡El cosmos de mi señor Ra al fin se ha hecho presente! —declaró emocionado el egipcio, yendo ansioso contra la corriente humana—. ¡Llegaré con usted sea como sea, y me ayudará a recuperar mi poder divino!!

    —¡Espéreme, por favor! —lo detuvo de repente una infantil voz a sus espaldas—. ¡Por poco no lo alcanzo, señor Monitos!

    Lindsey había emprendido una maratónica carrera para alcanzar al hombre, que según ella, le había salvado la vida al advertirle que el edificio se destruiría.

    Aún llevando su preciada pelotita en manos, la pequeña dejó el cansancio a un lado y, dedicándole una mirada acusante; se plantó decidida frente a él.

    —¡No me vuelva a dejar solita otra vez! —le reclamó, haciendo pucheros—. Me asusta mucho no tener a alguien a mi lado…

    —Ese no es mi problema, mocosa… —reaccionó grosero el regañado—. Ya no me fastidies y aléjate de mí de una buena vez…

    El tono severo y cortante con el que el castaño pronunció estas palabras, logró intimidar a la niña. No obstante, ella continuó empeñada en seguirle los pasos de manera exhaustiva, a pesar de que el ex dios no le prestaba atención.

    Cuando él avanzaba dándole las espaldas, la pequeña rubia también lo hacía y de igual forma cuando se detenía. Tal actitud testaruda logró exasperar y provocar que el adulto pierda la paciencia.

    —¡¿Por qué demonios no dejas de seguirme?!! —le increpó casi desorbitando los ojos de sus cuencas.

    La jovencita se encogió de hombros ante los gritos y le respondió titubeante:

    —Es que… sus heridas de quemaduras aún no se curan y… necesita que yo las trate.

    La entrecerrada mirada de desconfianza con la que ese hombre de inflexible talante la escrutaba, desarmó por completo la voluntad de la inocente Lindsey.

    —Estás mintiendo, enana… Mis heridas ya no representan un peligro. Tú solo buscas a alguien que te proteja…

    Tal presión psicológica fue demasiado para una niña de tan solo ocho años, quien al ver todo en su contra, simplemente no fue capaz de seguir conteniendo sus lágrimas.

    —Por favor no me deje —le suplicó llorando, al tiempo que lo tomaba de su quemada túnica con notoria desesperación—. Mis papis ya no están conmigo y solo lo conozco a usted. Todos en la ciudad están muy asustados y solo piensan en escapar, y por esa razón no me prestan atención.

    Aquella demostración de vulnerabilidad emocional y desesperanza no logró conmover al inflexible Menouthis, sino incomodarlo al extremo. Sin decir nada, soltó groseramente sus ropas de la pequeña mano que las aprisionaban y aceleró el paso a fin de alejarse lo más lejos posible de esa inquietante criatura, la cual le producía extrañas y nuevas sensaciones con su llanto.

    En medio de su desconsuelo, Lindsey intentó seguir al hombre que se empeñaba en abandonarla de manera indiferente, mas su visión nublada por las lágrimas no le permitió percatarse de la presencia de una profunda grieta en el pavimento y tropezó con ésta, soltando a la vez su juguete y lastimándose el tobillo.

    Más que por el dolor de su herida, la niña estadounidense sufrió al saber que ese hombre de semblante insensible no la quería a su lado, así que desconsolada lo observó alejarse lentamente entre los edificios incendiados, permaneciendo quieta en el lugar de su caída. Su reacción instintiva al verse desamparada, fue cubrir su carita con ambas manos para contener sus sollozos.

    —«¿Entonces así termina todo? ¿Me voy a morir solita y no veré más a mis papis? —se lamentó la criatura, perdiendo completamente la esperanza—. Yo… quería crecer y convertirme en una violinista… Deseaba alegrar al mundo con mi música y…»

    De repente sus cavilaciones fueron interrumpidas, cuando sintió que su pequeño cuerpo era levantado desde el cemento en el que estaba postrada. Grande fue su sorpresa al percibir la sensación de ser acomodada cuidadosamente sobre una cálida e irregular superficie, la cual no supo identificar hasta que retiró las manos de su rostro.

    —¡Señor Monitos!! —exclamó ella desbordando júbilo, viéndose sentada sobre los fornidos hombros de la reencarnación de Horus—. ¡Sabía que usted era bueno a pesar de su mirada enojona!!

    —Por enésima vez, mi nombre es Menouthis… y que no vuelva a escucharte decir que soy bueno, porque si insistes en ello te soltaré y te dejaré a tu suerte. Solo estoy llevándote a un lugar seguro para retribuir tu ayuda de hace rato.

    El egipcio no estaba seguro de por qué regresó por Lindsey. Actuó por inercia al sentir que la pelota de goma de la niña rodaba solitaria a sus pies. Por alguna razón la recogió y volvió con su dueña para devolvérsela y, al verla en un estado tan vulnerable, la cargó en sus espaldas de manera disimulada.

    La chiquilla casi no les prestó atención a las advertencias de su malhumorado protector. Lo desfavorable del ambiente dejó de importarle porque se sentía reconfortada en su compañía.

    En una reacción motivada por un naciente cariño, la niñita rubia abrazó muy contenta a Menouthis por el cuello. Éste, sonrojado y sin quitar la seriedad de su rostro, simplemente continuó su camino en silencio.

    —«Así que esto es a lo que llaman ‘calor humano’ —se dijo a sí mismo el adulto, percibiendo la ternura de esos pequeños y suaves brazos que lo rodeaban—. Pues, no se siente nada mal».

    Varios minutos duró la tortuosa y lenta marcha de aquel hombre que cargaba a una niña herida en hombros. Poco a poco buscaba acercarse a distancia prudente al escenario de la batalla principal.

    —Oye, enana —la llamó él con un acento un tanto incómodo—. Respóndeme algo.

    —Pregúnteme lo que quiera, señor Meno…uthis…

    —¿Por qué decidiste ayudarme a pesar de lo mal que te traté?

    La jovencita observó con duda a quien la protegía. La respuesta a aquella pregunta le pareció de lo más obvia, así que con su característica inocencia le respondió:

    —Lo ayudé porque simplemente lo necesitaba. Usted estaba herido y nadie más lo atendió al ver su cara de malo, pero desde muy pequeñita me enseñaron que lo correcto es ser buena con todas las personas, sin importar su apariencia —la duda detuvo su discurso por unos instantes— ¿O acaso existe otro motivo para ayudar a alguien?

    —Existen varios, pequeña. En ocasiones el ser humano se ayuda entre sí debido a intereses ocultos que…

    Menouthis cesó su explicación. No vio motivos para corromper el puro pensamiento de su interlocutora con la crudeza de la realidad. En lugar de ello, aceleró un poco el paso al sentirse más recuperado, concentrándose al cien por ciento en el escenario apocalíptico del máximo combate.

    Al notar que el egipcio se encontraba abstraído en aquella majestuosa cúpula de fuego que se erguía en la lejanía de la ciudad, Lindsey no pudo contener su infantil entusiasmo y curiosidad.

    —¿A usted también le gusta, señor?

    —¿A qué te refieres?

    —¡Al lindo cielo rojo y a esa fogata bien grandota a la que nos estamos acercando!

    —Vaya niña extraña, no me digas que no te asusta este ambiente tan caótico.

    —Pues no, el rojo es mi color favorito. Además, mientras esté con usted, estoy segura de que nada malo me ocurrirá, ¡porque el señor Menouthis me protegerá de los villanos!

    El ex Guardián imaginó la gran sonrisa con la que su protegida pronunció esta última frase y, por un momento, sintió que el hielo que cubría su corazón empezaba a derretirse.

    —«En todos mis años de existencia, fui testigo de la corrupción de la cual es capaz la humanidad —reflexionó, despojando ligeramente su semblante de la seriedad que siempre lo caracterizó—. A donde sea que volteaba, solo podía percibir egoísmo, indiferencia, crueldad, odio, muerte… Por esa razón me emocioné tanto al saber que el señor Ra pensaba al igual que yo, un simple mortal; y por lo tanto acepté servirle fielmente como uno de sus Guardianes… Vi mi vida transformada junto con mi físico al otorgárseme un poder divino. ¡Al fin tenía la fuerza para implantar mi propia justicia y la de los dioses egipcios que luchaban para proteger la vida en el planeta!»

    Quien en un punto poseyó las facciones de un orgulloso halcón, se detuvo intempestivamente. Una ligera sonrisa de amargura se dibujó en su rostro al sentir remordimiento por sus acciones previas:

    —«Nos equivocamos, señor Ra —admitió para sí, dejando caer un par de lágrimas que se evaporaron con el calor de su piel—. Sí existen seres humanos buenos e inocentes en este mundo. Esta pequeña me lo ha demostrado».

    Por un momento las palabras finales que le había dicho Ikki antes de marcharse, retumbaron en su ya lúcido pensamiento:

    —«Aunque eres mi enemigo, he aprendido a respetarte. Jamás sentí auténtica maldad en tu cosmos, porque peleaste hasta el último momento por lo que creías correcto. De hecho… tú y yo nos parecemos bastante, Horus. Ahora que has perdido tu poder, vive y reivindica el daño que has hecho…»

    —“Vive y reivindica el daño que has hecho…” —repitió en un hilo de voz, girándose y emprendiendo veloz carrera hacia el lado contrario de la batalla.

    —¿Qué sucede? —inquirió confundida la jovencita que llevaba en hombros, casi desplomándose a causa de lo repentino de los movimientos de Menouthis— ¿No iremos a ese lugar que brilla bonito?

    —No, Lindsey. Tenemos algo más importante que hacer en estos momentos: Tú y yo evitaremos la destrucción de esta ciudad.

    —¡¿En verdad?! —cuestionó la chiquilla con los ojos brillando de emoción— ¡¿Seremos superhéroes al igual que el chico guapo en traje de metal?!

    —¡Exactamente, así que sostente muy bien de mi cuello!

    Ella así lo hizo, mientras el joven hombre africano sacó fuerzas de donde no las tenía, para correr con toda la resistencia que le permitieron sus adoloridas y lastimadas piernas.

    —«Quizás no sobrevivamos a la furia de Ra, pequeña —le dijo mentalmente, al no ser capaz de hacerlo en voz alta—, pero te prometo que haré todo lo posible para protegerte mientras viva, ya que gracias a ti he entendido el verdadero significado de justicia. Talvez ya sea demasiado tarde, pero yo también deseo hacer lo correcto sin preguntarme el porqué, tal y como tú lo haces siempre, Lindsey».


    ***


    —Así que se juntaron para recibir una segunda ronda de castigo —comentó con sarcasmo el supremo Ra, al notar que Ikki y Evan lo observaban con decidida furia—. Es tan enternecedor presenciar las demostraciones de amistad de los humanos.

    Ninguno de los dos se dignó a responder a aquellas malintencionadas palabras. Los ojos de sucesor y antecesor parecían dejar escapar violentas llamas, mientras que ambos se concentraban en buscar el momento adecuado para realizar sus primeros movimientos.

    Los Santos dejaron lejos la impresión de verse en una ciudad cruelmente incendiada, ya que en sus mentes solo estaba presente la idea de exterminar de una vez la amenaza que representaba su peligroso enemigo.

    Solo desviaron la mirada por un momento, para observarse entre sí con una expresión de complicidad. En silencio ambos asintieron con gran seguridad al notar las intenciones del otro y enseguida se pusieron en la tarea de encender sus energías cósmicas a niveles insospechados.

    El pelirrojo observó fascinado el —según dedujo— increíble espectáculo que le ofrecían los humanos:

    La poca, pero a la vez valiosa experiencia que Evan obtuvo en sus más recientes combates, le permitió incendiar su cosmoenergía anaranjada hasta superar las barreras convencionales del Séptimo Sentido. Tal prodigiosa manifestación de poder tomó la forma de la furiosa ave mítica a la que representaba su constelación. Una vez más el aura del Fénix se hizo presente, aleteando vivaz al escoltar a quien la había convocado.

    Por su parte, Ikki desplegó también su cosmos a instancias incluso mayores que las de su heredero de bronce. Su aura cósmica, en cambio, parecía rebosar de vida propia. El ímpetu salvaje con el que un león en llamas hizo presencia tras el Caballero de Oro, le dio un porte casi divino a quien había aceptado recientemente su protección.

    —Magnífico —profirió con desgano la deidad en atavíos faraónicos, aplaudiendo lentamente en gesto irónico—. Nada más hermoso que presenciar el descenso de dos constelaciones a la misma Tierra, pero si no se apresuran en atacarme, voy a empezar a enfriarme.

    Tras tronar los huesos de su cuello, el dios extendió el brazo derecho hacia sus contendientes y girando hacia arriba la palma abierta de su mano, los desafió con una provocadora gesticulación que los invitaba a acercársele.

    —Vengan a mí… patéticos humanos…

    La arrogante y quemimportista sonrisa con la que el egipcio acompañó su irrespetuoso gesto y palabras, logró su objetivo de provocar a los dos Santos que lo estaban enfrentando, quienes al no dejar pasar desapercibido el desafío, dieron un rápido salto horizontal, dispuestos a golpear al mismo tiempo al poderoso rival.

    —Son como moscas arrojándose sobre la miel —se dijo a sí mismo un sonriente Ra, viendo a sus dos oponentes aproximándosele tras dejar un par de estelas de fuego a su paso—. Bastará con que los enfrente solo con mi poder físico nuevamente. No hay necesidad de siquiera encender ligeramente mi cosmos.

    El dios del sol se confió en sus propias afirmaciones y, cruzándose de brazos, esperó tranquilo los ataques que se le avecinaban. No obstante, para sorpresa suya, quienes se oponían a él desaparecieron de su campo de visión y precepción.

    Incrédulo, sintió como centenares de miles de golpes impactaron veloces en su desprotegido cuerpo, pero a diferencia de la pelea a puño limpio que tuvo hace poco contra Ikki, los ataques en esa única ocasión sí lograron lastimarlo.

    Por primera vez en toda su existencia, Ra sintió en carne propia el verdadero significado de dolor. Un dolor tan intenso que fue capaz de paralizarlo al concentrarse en su abdomen, costillas y extremidades. El potente castigo llegó al extremo de hacerle expulsar una gran cantidad de sangre por la boca…

    —Tu soberbia te costará la victoria, maldito infeliz —le imprecó implacable el Dorado de Leo, todavía asestándole una invisible lluvia de golpes quemantes—. ¡Jamás subestimes a dos seres humanos que luchan por lo que aman!

    —Las batallas que hemos enfrentado hasta el momento no han sido en vano —añadió el joven de bronce, imprimiendo fuerza en sus palabras y arremetidas—. ¡Al igual que el ave Fénix, hemos renacido desde nuestras cenizas con más fuerza que antes!

    —¡Esto es imposible!!! —gruñó Ra extremadamente enojado, sin poder creer todavía la paliza que le estaban propinando—. ¡Soy la deidad más poderosa del panteón egipcio!!! ¡El dios supremo del sol no puede ser humillado así por dos simples humanos!!!

    El aporreado pelirrojo se hartó de la falta de respeto de la que estaba siendo víctima, y aunque no fue capaz de controlar sus impulsos de rabia, sí dejó la ironía a un lado para reemplazarla con una actitud diferente y poco usual en él.

    —Humanos insolentes… se acabó la hora de los jueguecitos infantiles… Admito que me equivoqué al subestimarlos, así que de ahora en adelante me tomaré en serio esta batalla…

    Pegando un colérico grito que quizás fue escuchado en toda la urbe, Ra avivó su cosmos supremo a niveles próximos a la ‘Gran Voluntad’. Tan violenta expansión de energía incandescente, provocó que los dos Santos que lo estaban enfrentando sean rechazados con absoluta facilidad.

    La abrumadora y repentina presión que ejerció la liberación de poder, además, logró dañar severamente la armadura dorada de Leo y destruir casi por completo la nueva versión del ropaje de Fénix, sin mencionar las severas heridas de quemaduras que ocasionó tal agresión en la pareja de Santos, quienes por fortuna no fueron calcinados por el inimaginable aumento de temperatura, precisamente gracias a la protección de sus casi arruinadas cloths.

    Aturdidos y adoloridos al extremo, Ikki y Evan se reincorporaron por puro instinto.

    Lo que el joven de cabellera plateada observó cuando recuperó su capacidad de orientación, lo impresionó sobremanera:

    Todo a su alrededor había sido incendiado y derretido de manera grotesca. Nada quedó de los enormes edificios modernos que se elevaban a los extremos de la amplia avenida, ni tampoco de los cientos de vehículos y estructuras creadas por el ser humano. Todo fue reducido a irreconocibles amasijos incandescentes de fierros al rojo vivo y cemento fundido.

    El ambiente en ese momento imitaba perfectamente el del interior de un volcán, ya que ríos de burbujeante e hirviente magma cruzaban a pocos centímetros los pies de los únicos dos humanos que se mantenían con vida en varios kilómetros a la redonda.

    Encontrarse en aquel amenazante escenario cuya temperatura le dificultaba la respiración y le nublaba la vista, se sumó a la acumulación de heridas y logró mermar la resistencia del aún inexperto Fénix.

    Al notar este hecho, el Caballero de Oro posó su mano en la destrozada hombrera de su camarada de Bronce en un gesto de compañerismo.

    —Esto no significa nada para nosotros —manifestó el más adulto con gran seriedad y convicción, a pesar de sus notorias heridas—. Como Santos de Fénix, hemos descendido al mismo infierno y presenciado sus horrores. Hará falta mucho más que esto para detener a dos hombres que luchan por Atenea.

    —Muy cierto, señor Ikki —secundó el más joven, sacudiendo la cabeza para recuperar su capacidad sensorial—. Ahora que ese sujeto va en serio, me adaptaré rápido a esta inmensa cantidad de calor y…

    Evan enmudeció de manera abrupta, al sentir que su corazón fue estrujado a causa de una sofocante y candente presión cósmica. El Santo de Bronce observó incrédulo hacia el lugar en el que el dios se mantenía inmóvil y cubierto por una densa nube de humo negro. Su reacción al estar consciente de su situación, fue apretar los dientes y los puños en un gesto de paralizante ira e impotencia.

    —Santos de Atenea… —los llamó Ra con una grave y potente voz—. No tienen ni la más remota idea de lo que acaban de desatar…

    La humareda azabache se desvaneció para revelar la flotante figura del egipcio, quien por primera vez desde milenios, se mostró rodeado por su verdadera aura cósmica color rubí. Además, su ímpetu iracundo se manifestó en su cabello, cejas y ojos, los cuales fueron reemplazados por violentas llamaradas que chispeaban formando ondulantes puntas ascendentes en su cabeza. Sin embargo, lo que en realidad impactó a la pareja Ateniense, fue presenciar a la deidad en toda su magnificencia, ya que estaba vistiendo jactancioso su Armadura Suprema

    —Tenían que provocarme hasta este punto, ¿cierto? Incluso mis propios compañeros de Alianza me acusaron de arrogante, cuando son los humanos quienes pecan de soberbia al querer superar el poder de nosotros los dioses. ¡Me parecía una ridiculez portar esta armadura porque estorbaría mi movimiento en batalla, pero ahora que la he traído desde la Maravilla Suprema para vestirla, me siento invencible!!

    El ropaje divino de Ra mostraba un glamoroso diseño resaltado por sus tonalidades rojas, anaranjadas y amarillas. Su hermosa estructura era resaltada por el gran número de adornos que evocaban la clásica simbología egipcia, entremezclados éstos con estilizadas formas circulares a manera de llamas. Tal armadura, además, era engalanada por un par de sendas alas que nacían desde su espalda, otorgándole una presencia aún más esplendorosa a su portador.

    La ira del Caballero de Bronce cambió a vacilación al ver a su renovado oponente en toda su gloria, así que, retrocediendo un par de pasos por inercia a causa de la impresión, musitó:

    —Entonces… ¿esa es la verdadera apariencia y fuerza de una deidad suprema?... Ahora entiendo a lo que se refería Ikki… La sola presencia de un dios puede hacer que se estremezcan hasta la última de mis células.

    —Basta de dudas, Evan —lo reprendió severo el hombre en armadura áurea, al escuchar sus titubeos—. Recuerda que en este momento somos los únicos que podemos detener a ese infeliz.

    A pesar de que Leo estaba consciente de la abismal diferencia de poderes, mostraba una imperturbable expresión en su semblante. Al Fénix le sorprendió contemplar más de cerca los felinos ojos de su sucesor resplandeciendo en un fulgente anaranjado.

    —«Ni siquiera parpadeó cuando presenció la transformación de Ra —reflexionó el sorprendido joven—. Aparte de su mirada, hay algo diferente en el Ikki que siempre conocí. Con solo verlo puedo sentir la gran seguridad que transmite…»

    —Es en estos momentos críticos cuando debes manifestar tu verdadera fuerza —añadió como consejo el de cabellera azulada, sin quitarle los ojos de encima a su adversario—, pero para lograrlo, debes mantener la calma y la sangre fría, conservando a la vez un espíritu tan ardiente como el fuego.

    Acogiendo estas palabras, Evan se relajó un poco y alzó la guardia, imitando los movimientos de su superior. Una gran sonrisa que irradiaba confianza se formó en sus labios.

    —Entiendo… Gracias por el consejo, maestro.

    El énfasis con el que el joven pronunció la última palabra de su frase, provocó que el Santo de Leo también sonría, pero de una manera más discreta.

    —Conque maestro, eh… —reaccionó un tanto complacido el aludido—. Ya charlaremos después sobre tus excesos de confianza conmigo, por ahora concentrémonos en la batalla.

    —¿Alguna idea para detener a este sujeto? —inquirió el joven trigueño de ojos escarlata, con una actitud más fuerte.

    —En teoría podremos lograrlo, Evan. Para vencer a Ra en este punto, habremos de combinar el máximo poder del Fénix y el León Dorado, produciendo con ello un fuego cuya temperatura sea miles de veces superior al suyo.

    —Eso será imposible para dos insectos como ustedes —intervino muy serio el dios en atavíos divinos, encendiendo más las llamas que emanaban sus ojos y cabellos—. El fuego de ambos es falso, artificial como el único que son capaces de producir los de su especie. Analizando sus ataques, puedo deducir que sus llamas se generan con la combinación de su cosmos encendido con los rápidos movimientos que avivan la combustión del aire al friccionarse. Mi fuego, en cambio, representa la pureza y autenticidad absoluta de este preciado elemento, ya que proviene directamente de su fuente máxima: el sol. Imaginar que dos simples humanos sean capaces de superar la temperatura del mismo sol, me parece irrisorio.

    La carcajada del dios supremo sonó potente, pero no burlona como de costumbre.

    —Ríe lo que gustes, Ra, porque esta será la última vez que lo hagas… —lo amenazó atrevido Evan, concentrando nuevamente su aura cósmica a niveles superiores al Séptimo Sentido—. ¡Me vengaré por la muerte de Femi, enviándote a la Duat para que le pidas perdón a su espíritu!!

    —Retráctate, Evan —le ordenó Ikki, colocándose junto a él, al tiempo que imitaba la acción de liberar su cosmoenergía fulgente—. Que la venganza no sea tu motivación para obtener esta victoria. Sabes que como Santo de Atenea, tienes razones más significativas para triunfar.

    El aludido notó su error y simplemente asintió en silencio un tanto incómodo.

    Tras esto, la gran compatibilidad que desarrollaron en tan poco tiempo antecesor y sucesor del Fénix, les permitió interpretar las intenciones del otro y emprender valientemente su colosal objetivo de vencer a Ra. Con toda la potencia de sus pulmones exclamaron el nombre de las técnicas que desplegaron a continuación:

    —¡Por Atenea! ¡‘ARDIENTE PLASMA RELÁMPAGO’!!!

    —¡Por la protección de las personas de mi país! ¡‘ALAS DEL FÉNIX VOLADOR’!!!

    La red de billones de rayos de luz y fuego que fueron arrojados desde el puño del Dorado, viajó rauda hacia su inmóvil objetivo. Paralelamente a aquella técnica inédita, la ráfaga ígnea expulsada por el Caballero más joven avanzaba a la misma velocidad.

    En un punto, ambos kens se juntaron en sus trayectorias, formando con su colisión lateral una enorme mole esférica de energía quemante. Los guerreros que la produjeron, hicieron un esfuerzo monumental a fin de enviar la totalidad de sus energías cósmicas hacia el ataque combinado. La meta de ambos era aumentar la cantidad de calor en la esfera, para que la temperatura producida por ésta sea capaz de superar al calor emanado por su oponente divino.

    —Vaya decepción… Solo han logrado ponerse en ridículo con ese fuego tan impuro —sentenció presuntuoso el iracundo africano—. ¡Esa cantidad ínfima de poder no merecería siquiera que me retire de su trayectoria, así que ahora mismo destruiré las esperanzas que depositaron en ella, con el arma que tanto he ansiado utilizar! —Ra echó atrás su brazo izquierdo, materializando sobre el mismo la katar que le restaba—. ¡Devora, Seth!!!

    En una acción transcurrida a velocidad superior a la de la luz, el dios de cabellera en llamas blandió su antebrazo izquierdo en un rápido movimiento vertical, generando con esto un enorme incendio y creando a la vez una gigantesca ráfaga de fuego circular en forma de media luna.

    Fue el mismo movimiento que hace minutos partió en dos al monumento insigne de aquella ciudad invadida; el cual, tras ser reforzado miles de veces por su ejecutor, seccionó fácilmente la exorbitante masa de energía que tanto esfuerzo les costó crear a los Santos.

    Tan abstraído estaba Ra en contemplar el resultado de su ataque con Seth, que no notó que un tercer guerrero hizo sigilosa aparición entre la abertura que él mismo produjo al cercenar en dos la esfera incandescente. Su capacidad de reacción no fue suficiente para protegerse del poderoso embate que el recién aparecido estaba a punto de asestarle.

    Continuará…
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
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    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 43: ATÓN: LA FURIA INCANDESCENTE DEL DIOS SOL

    ==Estados Unidos==

    —¡‘Colmillo Relámpago’!! —rugió el recién aparecido en milésimas de segundo, dirigiendo su puño extendido hacia el desprevenido dios en Armadura Suprema.

    El ken conocido como ‘Colmillo Relámpago’ generalmente impacta en tierra y libera una multitud indefinida de rayos que destruyen al rival según la voluntad del ejecutor; pero en esa ocasión el Santo Blanco se las arregló para variarlo y concentrar toda su fuerza en un solo ataque fulminante.

    Estratégicamente, la técnica del antaño Leo fue desplegada hacia la extremidad superior izquierda de su objetivo.

    —¡¿Quién rayos eres?! —inquirió rabioso el atacado, protegiéndose por instinto del impacto con el dorso del antebrazo—. ¡¿Cómo te atreves a interrumpir así mi juicio divino?!!

    —Mi nombre es Aioria de Leo —se presentó el aludido con un tono altanero—, y que no se te vaya a olvidar…

    Los estragos del embate no se hicieron esperar, y la katar llamada Seth fue despedazada ante la mirada atónita de su portador.

    Ikki y Evan, quienes permanecían de rodillas tras el esfuerzo de ejecutar sus técnicas combinadas, observaron con incredulidad a su nuevo aliado, el cual se había plantado con un porte solemne ante el dios africano. Aunque su armadura blanca casi destruida y sus incontables heridas le daban una apariencia lastimera, fueron su férrea voluntad y valentía las que lo impulsaron a seguir en la lucha a pesar de su estado crítico.

    —¡Una marioneta!! ¡Una simple marioneta de Morrigan destruyó el espíritu del cruel dios Seth!! —rugió Ra, avivando con su ira las llamas que recubrían sus cabellos y cejas—. ¡No eres más que un simple sirviente de nosotros los dioses de la Alianza Suprema, y aun así te has atrevido a levantarle la mano a quienes te dieron el privilegio de ver el mundo de los vivos nuevamente!!!

    —Te equivocas… No soy una marioneta. ¡Soy un ser humano…!

    Dicho esto, el antecesor de oro de la quinta constelación del zodiaco se desplomó sobre una de sus rodillas. Su existencia física había llegado a sus límites.

    —¡Aioria! —gritó alarmado el Caballero Dorado, al ver que quien portara su armadura en el pasado, se encontraba indefenso y a la vez tan cerca de su peligroso adversario.

    Con una rápida maniobra, Ikki y Evan lograron retirar al legendario Leo de la trayectoria de un furioso golpe que le arrojó instintivamente el egipcio. La pareja se había colocado uno a cada costado del Santo Blanco, acomodándole los brazos en las espaldas de ambos.

    Mientras Ra seguía sumido en la impresión de ver su poderosa arma destruida a sus pies, sus tres contendientes aprovecharon el momento para alejársele a una distancia prudente.

    —Gracias, amigos —pronunció en un suspiro el agotado guerrero en cloth alba—. Casi no puedo moverme…

    —Señor Aioria —lo llamó con gran respeto el joven de bronce desde su izquierda, sin retirarle la mirada al inmóvil dios—. Ahora que tres generaciones de guerreros de Atenea se han reunido, seremos capaces de obtener la victoria.

    —Así que tú eres el actual Santo del Fénix… —manifestó el castaño, sonriendo con orgullo—. Desde siempre he sido capaz de conocer a las personas de un solo vistazo y, al observar tus ojos, puedo sentir la gran fuerza y valor que posees —dicho esto, se giró a su derecha para observar a su sucesor de oro—. Se ve que entrenaste a un digno heredero de tu armadura de bronce, Ikki.

    El aludido cerró los ojos en un gesto de extrema seriedad y con su característico hablar austero, respondió:

    —Evan es bastante maleducado como para no presentarse ante un Santo legendario de tu nivel, así que está claro que no aprendió esos modales de mi parte. Tengo el placer de decir que no perdí mi valioso tiempo entrenándolo —por un instante Ikki se detuvo, e intentó ocultar el orgullo que sintió por el muchacho estadounidense al pronunciar su siguiente frase—: Él desarrolló su cosmos sin ayuda de nadie y obtuvo un gran poder por sí mismo… Poco a poco me está demostrando que ya no es un ‘novato y que es digno de portar la armadura del Fénix.

    El Caballero de Bronce no dijo una palabra y, con la misma reserva que mostrara su antecesor, acogió para sus adentros los elogios disfrazados de reproches. Ninguno de los dos superiores notó la ligera sonrisa que se dibujó en el rostro del más joven.

    —Cada día me sorprende más esta generación de guerreros —intervino satisfecho el otrora León Dorado—. Me alegra saber que tengo dos compañeros que…

    —¡Malditos sean, humanos despreciables!!!

    Al fin el dios supremo salió de su letargo, reaccionando con un potente y feroz bramido, el cual logró estremecer a los tres Santos que lo escucharon.

    —¡No se conformaron solo con destruir las armas que Mielikki fabricó para mí, sino que también debían mancillar la perfección de la defensa que me otorgaba mi Armadura Suprema!!! —con total y desmedido descontrol, el africano extendió su guantelete izquierdo para que el trío humano lo mirase—. ¡Pensaba conservar intactos estos ropajes sagrados como trofeo y símbolo de la supremacía de los dioses sobre los humanos, pero ustedes, miserables, han pecado una vez más contra nosotros!!!

    En efecto, pese a las predicciones de Viracocha, quien forjara esa magnífica armadura de metales escarlata en las entrañas de la Tierra; las supuestamente indestructibles placas protectoras del brazo izquierdo de Ra también fueron dañadas con el ken de Aioria.

    —¡Jamás se los perdonaré!!! ¡Le acaban de faltar el respeto a tres dioses de la Alianza Suprema!!! —clamó con infinito desprecio—. ¡Y ahora, su atrevimiento ha provocado que decida adelantar la purificación de este país! ¡No solo ustedes tres perecerán en este lugar, sino también todos los humanos que habitan los Estados Unidos!!!

    La irritada deidad solar materializó en sus manos la única pieza de su armadura que no estaba portando desde un principio: el casco. Tras colocárselo con premura, su cabeza entera fue consumida por el mismo fuego que hace poco cubría solo su cabellera roja.

    En medio de la llamarada ascendente en la que se convirtió su testa entera, solo sus fulgentes ojos anaranjados eran reconocibles como facciones de apariencia humana. Ra estaba a punto de alcanzar el nivel de poder de un dios supremo…

    —Debemos detenerlo ahora mismo —manifestó un Aioria más recuperado a causa del sobresalto, tras plantarse en el centro de sus dos sucesores de generación—. Como habrán notado, la extrema ira que siente este sujeto no solo alimenta el fuego de su cosmos, sino que también está autodestruyendo su cuerpo…

    —Tienes razón —lo secundó Ikki de Leo, rezumando el sudor que empapaba su frente—. Mientras su existencia física se consume, su espíritu divino crece de manera desmedida. Llegará el punto en el que la expansión de la temperatura que produce, acabe con toda la vida en este país…

    Tal manifestación descontrolada de cosmos quemante logró dispersar por completo la cúpula de fuego que cubría el escenario del combate, la cual, aparte de servir como fuente y conservación del inmenso calor que emanaba el dios, también tenía la función no programada de mantener los estragos de la lucha dentro de ella. Por lo tanto, al desaparecer el gigantesco fuego circular, la ciudad y el país norteamericano entero quedaron a expensas de lo que vendría a continuación…

    —¡Todavía conservo el control como sobre mis acciones, mortales! —expresó el de armadura alada, intentando mantener la compostura que había demostrado perder—. ¡De no ser así, no podría castigar a los de su especie con una de mis técnicas divinas!

    Los tres guerreros que lo enfrentaban, se alteraron sobremanera al escuchar aquella implacable sentencia; y más aún al ver que quien la profirió, levantó amenazante su brazo para apuntar hacia el sol adornado por el ya despejado cielo rojo.

    —¡Qué ironía! ¡Será precisamente la estrella que permitió que la vida florezca en este planeta, la que se encargará de aniquilar a todas las personas de este país!


    ***


    Mientras Menouthis corría raudo entre el caos de la ciudad, la pequeña que traía en hombros se giró por un momento para ver el instante justo en el que desaparecía la cúpula de fuego que le gustaba tanto. Acto seguido, su atención se concentró nuevamente en su protector, al notar que éste se detuvo intempestivamente.

    —Hemos llegado, Lindsey —le comunicó jadeando y recostándola con suavidad sobre una de las pocas porciones verdes de pasto del lugar—. Debo encontrar un objeto muy importante, así que no te vayas a mover de aquí. Estaré vigilándote a todo momento. No te preocupes.

    —Confío en usted, señor Menouthis —manifestó la niña, asintiendo con una sonrisa de oreja a oreja.

    Mientras el egipcio hurgaba ansioso entre la hierba quemada, ella todavía se seguía preguntando el porqué de su regreso al parque en el que vio por primera y única vez a Evan. Dejando a un lado esos pensamientos, su deseo fue reincorporarse y ayudar en la búsqueda, pero no logró moverse porque la luxación en su pie aún le dolía.

    Tras una exhaustiva inspección, el lastimado hombre pudo localizar los restos de su armadura en el lugar en el que Ikki lo había derrotado hace unas horas. Revolviendo las destrozadas placas de metal cobrizo, logró encontrar el objeto específico que buscaba: una joya amarillenta de citrino en forma de escarabajo, la cual adornó hace poco el peto de la armadura del dios Horus.

    Acercándose a la chiquilla, Menouthis le mostró con disimulada emoción la valiosa gema.

    —Mira esto, Lindsey. Estos escarabajos son la clave de nuestra salvación.

    —¡Qué lindo bichito! —reaccionó ella, maravillada al ver la brillante reliquia color ámbar—. ¿Pero en serio podremos salvar a la ciudad con un objeto tan pequeñito?

    —Por supuesto. Esta invaluable joya será un regalo especial para el superhéroe que dibujaste. Se trata de un instrumento necesario para su victoria sobre los villanos que invaden esta ciudad.

    Al escuchar tales afirmaciones, los ojos verdes de la pequeña se abrieron como platos a causa de una extrema emoción. Como si el objeto le perteneciera, por un momento tuvo el impulso de correr con éste en manos para confiárselo al joven que le gustaba.

    —¡Vamos, señor Menouthis! ¡Entreguemos el escarabajito al chico guapo!

    —Tranquilízate, pequeña. Tardaríamos mucho y sería bastante peligroso para ti acercarnos al lugar en el que tu héroe se encuentra, así que haré algo para que le llegue nuestro obsequio.

    Confundida, la jovencita observó a la reencarnación de Horus cerrar su puño sobre la gema para luego acercarla a su pecho. Ella decidió no distraerlo con sus dudas al verlo tan serio y en un profundo trance que duró varios minutos.

    Cuando despertó y abrió los ojos, Menouthis arrojó el escarabajo amarillento a pocos metros sobre su cabeza.

    Pensando que la joya se quebraría al caer, Lindsey ignoró el dolor de su esguince e intentó arrojarse para agarrarla en medio de su trayectoria, pero grande fue su asombro cuando vio que el objeto se mantenía en el aire, levitando sobre quien lo aventó.

    —¡El señor Menouthis es mago! —exclamó la chiquilla, diciendo lo primero que se le ocurrió al ser testigo de aquel inédito fenómeno.

    Su sorpresa fue mayor cuando el escarabajo fue envuelto por un ligero halo de llamas blancas.

    —No soy un mago, ni un brujo, ni nada que se le parezca —explicó el hombre de larga cabellera castaña, sonriendo ligeramente—. Lo que estás presenciando ahora, es el poder del cosmos.

    Con una gesticulación de su dueño original, la joya se dirigió flotando hacia el lugar del enfrentamiento ardiente. El egipcio la observó retirarse de la escena y, con gran seriedad, puso todas sus esperanzas en ella.

    —«Pensaba utilizar esos residuos de cosmos para acercarme a Ra y rogarle para que me regrese mi poder —elucubró muy serio, viendo la joya alejarse entre lo alto de los árboles incendiados—, pero será mejor que lo último que restaba de mi energía divina sirva para fines altruistas… Vaya… si tan solo Femi y Khalid hubiesen tenido conocimiento sobre el verdadero poder de estas gemas, quizás entre los tres hubiésemos derrotado a Ra antes de que todo esto ocurriera, pero mi ciega lealtad me obligó a ocultarles la verdad».

    —No entiendo eso del ‘cosmos’, señor —lo interrumpió su pequeña interlocutora con su característico entusiasmo—, pero si puede hacer que los bichitos que brillan bonito vuelen por los cielos, ¡yo también quiero aprender a utilizar el ‘cosmos’!

    Lo inocente de esas animadas palabras provocó que Menouthis riera a toda voz por primera ocasión en toda su vida.

    Sin duda la muchachita se alegró al ver que ese hombre, quien se había mostrado siempre serio y mal encarado; olvidó por un momento su actitud habitual y se dejó llevar por una sincera y sonora risa, la cual emergió de lo más profundo de su alma.

    —¡No se burle de mí o volveré a llamarlo señor Monitos! —bromeó la niñita rubia con fingida indignación—. Mejor explíqueme sobre la magia del cosmos, ¿sí?

    —Pues, si me llamas Monitos, yo empezaré a decirte ‘enana’ nuevamente —replicó el aludido entre carcajadas—. Escúchame con atención, Lindsey. El cosmos es…

    En medio del complejo discurso del adulto, la infante se rindió ante su cansancio y, abrazándolo por el cuello, durmió tranquila al sentirse reconfortada por la calidez que él transmitía.

    Mientras se alejaba de la ciudad con premura, quien en algún punto de su existencia fue la reencarnación de un dios egipcio, apenas se percató de que la criatura dormía plácidamente, así que, para no despertarla, se despidió en silencio de los guerreros protectores de la Tierra:

    —«Ikki de Leo… Evan de Fénix… sabrán qué hacer con las joyas sagradas cuando lleguen a ustedes. Considérenlas como un gesto de disculpas de mi parte… Yo sé que nada de lo que haga podría reparar todas las fechorías que cometí cuando fui un dios, pero espero que mi primer acto de renovada justicia les sirva para obtener la victoria… no por mí, sino por la niña que ablandó mi corazón…»

    Menouthis ya no necesitaría de su poder divino para emprender su segundo acto de justicia, ya que, a partir de ese momento, cuidar de Lindsey se convertiría en su nuevo objetivo de vida y, además, en su redención.


    ***


    —Ahora los entiendo —profirió Ra en un hilo de voz, mientras se esforzaba por articular correctamente sus palabras—. Creía que la idea de los otros dioses de la Alianza de acabar con los humanos, era demasiado extrema pero… si no los detenemos ahora, podrían atreverse a exterminar a todas las deidades que existen. Por fortuna, la nueva especie dominante no será altanera, ya que Nü Wa los diseñará para que existan como seres pacíficos y manipulables…

    El supremo egipcio extendió ambos brazos hacia el cielo a manera de plegaria, mientras la llamarada que consumía su cabeza se acrecentaba por la extrema ira que a ratos le hacía perder el control.

    —¡Padre, concédeme tu fuerza para convertir en cenizas a todos los parásitos que corrompen estas tierras! —le rogó al sol, elevando su poder a niveles jamás antes vistos en el planeta—. ¡Que sea tu fuego el que purifique al Nuevo Egipto!! ¡‘LA SUPREMACÍA FULGENTE DE ATÓN’!!!

    Evocado el nombre del segundo ken de Ra, el sol visto en el cielo matutino cambió su tonalidad amarilla a una roja intensa. Todas las personas en el hemisferio occidental fueron testigos de tan perturbador y apocalíptico fenómeno.

    La técnica divina consistía en aprovechar los quince millones de grados centígrados de temperatura que posee el centro del sol, para crear un masivo rayo termonuclear de indescriptibles proporciones.

    Aquella inconmensurable masa ígnea viajó en segundos a través del espacio exterior y, tras pasar de largo a los dos primeros planetas del sistema solar, se dirigió sin piedad hacia la Tierra.

    Para los tres guerreros que esperaban los resultados de tan brutal ken, éste fue presenciado como una gigantesca columna de energía al rojo vivo, la cual, tras romper la atmósfera terrestre y apartar las nubes que se le interponían, emergió desde el cielo para estrellarse violentamente a pocos kilómetros del lugar del combate.

    El rayo solar de cientos de kilómetros de radio y millones de longitud empezó su letal avance tras una vehemente gesticulación de quien lo produjo. Su lento movimiento que arrasaba sin contemplaciones el terreno, aparte de desintegrar hasta el último átomo de todo lo que llegaba a tocar; también produjo el irracional pánico y desasosiego en todas las personas que lo observaron aterradas desde la distancia.

    —¡Detente ahora mismo, Ra!! —le exigió Evan en medio de su desesperación—. ¡Tu lucha es contra nosotros tres y no con las personas inocentes de este país!!

    Tal reacción provocó que una amplia y maquiavélica sonrisa apareciera entre las llamas que reemplazaron la cabeza de la descontrolada deidad. Su demente y ensordecedora risa retumbó en medio de ese infierno.

    —¡Sientan lo insignificantes que son… en comparación con mi técnica! ¡Lo que pueden hacer tres humanos… no se compara en nada con la devastación… de la que es capaz un dios supremo!!

    Con el tronar de los dedos de su ejecutor, la columna solar se ensanchó peligrosamente a fin de cubrir una mayor área de destrucción.

    —Demonios… —maldijo un enojado Ikki entre dientes—, si continúa incrementando la amplitud de esa centella que emergió del sol, la vida será erradicada por completo en todo este país…

    —Es una técnica magnífica, sin duda —admitió Aioria con un tono de voz absolutamente calmado—, por lo tanto será todo un placer observar el rostro de ese dios fanfarrón cuando detenga su ken con el mío…

    Los dos Santos que lo escucharon proferir tan seguras y atrevidas afirmaciones, lo observaron con sorpresa, mientras que el iracundo dios que también oyó la desafiante frase, río burlón en medio de su furia.

    —¡Marioneta insolente, no engañarás a nadie con tu ridículo blofeo! ¡Un muerto en vida como tú no sería capaz de superar la fuerza de mi padre Atón, y menos en el estado deprimente en el que te encuentras!!

    —¡Te equivocas, Ra! —le espetó el hombre en armadura alba, mientras le apuntaba con el dedo en un gesto de apabullante convicción—. ¡Prometo que nosotros tres seremos capaces de dispersar por completo tu voraz técnica!!

    El africano en Armadura Suprema reaccionó entrecerrando con desprecio sus anaranjados ojos, mientras que el rayo solar seguía ampliando lentamente su rango de destrucción.

    —Entonces los desafío a hacerlo —dijo al fin el dios solar, recuperando su característica actitud pretenciosa, al olvidar por un pequeño instante su ira—. ¡Adelante!! ¡Superen los millones de grados de temperatura del núcleo del sol!!

    Con el antaño Leo posicionado en el centro de una formación estratégica, los representantes de tres generaciones de guerreros de Atenea se reunieron hombro con hombro y encararon a su adversario, quien cruzándose de brazos, esperaba atento las acciones del trío humano.

    —Espero que en serio tengas as bajo la manga, Aioria —le dijo Ikki muy serio, al tiempo que posaba su mano sobre la cuarteada hombrera blanca del aludido—. En lo que sea que intentes, puedes contar conmigo… Te lo debo por lo que hiciste por mí.

    —Lo apoyaremos en lo que sea necesario, señor Aioria —añadió Evan imitando la postura solemne de su antecesor—. ¡Defendamos juntos a las personas de mi patria!

    —Por favor, bríndenme la totalidad de sus cosmos, amigos —les pidió con afán el Santo Blanco—. ¡Con su ayuda manifestaré el máximo poder de los Doce Caballeros Dorados!!

    Pese a que Aioria apenas podía mantenerse en pie a causa de los estragos de su reciente combate contra Ikki, logró expandir su cosmoenergía a niveles prodigiosos. Era su nobleza y valor los que lo impulsaban a continuar a tal punto.

    Enseguida sus dos sucesores de generación lo imitaron y, tras cerrar los ojos para concentrar sus mentes y espíritus en la tarea, maximizaron sus auras cósmicas hasta superar con creces el poder promedio de un Santo de Oro.

    A la velocidad de la luz, un león de relámpagos, un fénix incandescente y un león de fuego se fusionaron para formar una gigantesca aura de energía combinada.

    El tiempo pareció ralentizarse para el hombre castaño…

    —«No… nuestro momento cumbre no llegó en el Muro de las Lamentaciones en Giudecca. Aunque estoy orgulloso de nuestro esfuerzo de entonces, sabía que nacimos para lograr algo más grande que un sacrificio colectivo… —reflexionó él, sonriendo reconfortado al recordar a sus once compañeros de generación—. Por mi parte, hermano y amigos; siento que todos nosotros hemos regresado a la vida para conseguir nuestro instante de consagración frente a Atenea y la humanidad… No importa si revivieron gracias a Morrigan, estoy seguro de que lograrán liberarse de su maldad y demostrar su verdadera nobleza y valor…»

    Lágrimas fluyeron espontáneamente de sus ojos verdes, contemplando en su mente las figuras fantasmales de los once Santos que protegieron las Doce Casas junto con él en otras épocas:

    —«Mû, Aldebarán, Saga, Máscara Mortal, Shaka, Dohko, Milo, hermano Aioros, Shura, Camus, Afrodita… por favor, permitan que la vida de uno de sus camaradas valga la pena. ¡Les ruego me presten su poder para defender las vidas de millones!!»

    —¡Hagas lo que hagas, hazlo de una buena vez, Aioria!! —le apresuró Ikki con frenesí con el objetivo de sacarlo de sus cavilaciones.

    Dejando su letargo a causa de los gritos de su sucesor. El antaño Caballero de Oro regresó a la realidad.

    —El sol del que tanto alardeas, no es más que una estrella en el firmamento, Ra —le dijo Aioria sin titubear al verse envuelto por un poder que acariciaba lo divino—. Por desgracia para ti, en este momento cuento con la fuerza de las decenas de estrellas que forman las constelaciones de mis hermanos… —el castaño hizo una pausa para llenar de aire sus pulmones y pronunciar su apasionado desafío final—: ¡Esta es la máxima técnica de Leo que convierte a los hombres en leyendas!! ¡Por Atenea y por la Tierra!!! ¡‘EXCLAMACIÓN DEL ZODIACO’!!!

    Doce técnicas doradas fueron desplegadas en veloz secuencia desde los brazos extendidos del guerrero blanco.

    Las auras manifestadas en las figuras de un ágil carnero, un toro salvaje, una pareja de gemelos dioscuros, un inquieto cangrejo, una hermosa virgen alada, un voraz tigre de bengala, un escurridizo escorpión negro, un flamante centauro con arco y flecha en manos, una cabra galopante, una mujer acarreando un cántaro en hombros, un par de vivaces peces, encabezados todos ellos por un furioso león; arremetieron veloces hacia el rayo solar.

    Ante la mirada atónita de todos los presentes, la cosmoenergía acumulada de los doce signos del zodiaco se juntó en una sola esfera dorada de inerrable poder, la cual, al ser reforzada también por los incandescentes cosmos de Ikki y Evan, imprimió más velocidad y capacidad destructiva en su impacto contra la columna de energía carmesí que seguía devastando la ciudad al ampliarse y avanzar.

    Aunque era infinitas veces menor en volumen, por segundos la fuerza acumulada de los tres humanos fue capaz de superar a la del dios. Como resultado, el masivo ken de quince millones de grados centígrados fue desviado de la Tierra a causa de la colosal fuerza de empuje que ejerció la combinación de cosmos dorados, los cuales incluso llegaron al punto de desvanecer la ‘Supremacía Fulgente de Atón’ en las mismas entrañas de su origen.

    Tras la abrumadora colisión de técnicas que se anularon entre sí, el Sol y la Tierra regresaron a una relativa calma…

    Al ver con cierta incredulidad que lograron su objetivo, el Fénix se emocionó y en un impulso de regocijo intentó abrazar al legendario León Dorado para felicitarlo, mas sus intenciones fueron interpretadas y detenidas en seco por el actual Santo de Leo, quien lo sostuvo de la hombrera y negó muy serio con la cabeza cuando el joven lo encaró confundido.

    —Es tarde, Evan —le dijo Ikki con gran amargura, mientras observaba fijamente la inmóvil figura de su antecesor de espaldas a ellos—. Ese obstinado consumió su vida junto con su cosmos cuando desplegó aquella técnica. Lo siento, pero… Aioria ha muerto…

    —No… puede ser… —balbuceó atónito el de lacia melena platinada—. Todavía puedo sentir su presencia y…

    El Caballero de Bronce enmudeció al ver que el cuerpo del guerrero blanco empezó a desvanecerse en la forma de pequeñas motas de luz.

    No habrá despedidas emotivas esta vez, eh… —musitó el agonizante Aioria con una sonrisa melancólica, girando la cabeza para observar de reojo a sus dos sucesores—. Ikki, Evan… a ustedes encomiendo la protección de Atenea y de la Tierra. Adiós, amigos…

    Dicho esto directamente en los cosmos de los Santos nombrados, lo poco que quedaba de la existencia física y espiritual del legendario Leo, se iba deshaciendo en gran proporción en medio del aire.

    —«Lo hice bien, ¿cierto, Aioros?... —reflexionó—. El pequeño niño que siempre te admiró, creció, se convirtió en un Santo de Oro siguiendo tu ejemplo y ahora será inmortalizado como una leyenda. ¡Cómo me habría gustado que pudieses verme luchar y que te enorgullezcas de lo fuerte que me he vuelto!, pero… ya es tarde y ha llegado el momento de despedirnos, mi querido hermano mayor…»

    Solo un débil destello de luz dorada quedó del hombre castaño, quien en medio de una paz infinita, estaba listo para dejar este mundo. Solo un pensamiento final detuvo la desaparición de los últimos residuos de su alma:

    —«Esta imagen que me acompaña y me reconforta tanto… ¿Quién es aquella preciosa mujer pelirroja de hermosos ojos azules? ¿Acaso es Marin?… ¡Sí, es Marin!... ¡Me alegra tanto ser el primer hombre en ver su rostro!... Si acaso puedes escucharme, solo quiero pedirte una cosa antes de partir: por favor… no te olvides de mí… y jamás…me alejes de… tu corazón…»

    —¡Aioria!!! —gritó descontrolado Evan, al sentir extinguirse por completo la existencia de aquel valiente guerrero que murió para salvar las vidas de millones.

    En un impulso provocado por la inmensa impotencia y tristeza que sentía, el joven de bronce se desplomó sobre sus rodillas y descargó su frustración con un fuerte golpe en el asfalto solidificado.

    —Levántate, Caballero de Fénix —le ordenó implacable Ikki, plantándose enfrente suyo para darle las espaldas—. Ya llorarás la muerte de Aioria cuando todo esto haya terminado. Por ahora nos limitaremos a no permitir que su sacrificio haya sido en vano…

    Evan no notó que un par de lágrimas nacieron de los ojos del anterior dueño de su cloth de bronce, quien a pesar de mostrar un semblante de extrema ira, se dolió profundamente por la muerte del hombre que le ayudó a aceptar el vínculo con la constelación de Leo.

    —Espabila de una vez, porque el combate está a punto de llegar a su momento más crítico —añadió el guerrero de cabellos azules, apretando los dientes con rabia—. Observa a Ra…

    Acogiendo la sugerencia, el más joven fue testigo de una imagen que no sería capaz de olvidar en toda su vida:

    El cuerpo físico del dios supremo fue consumido en su totalidad por las mismas llamas que hace poco cubrían su cabeza. La deshonra de ver la fuerza del sol anulada por tres mortales, provocó que su ira se manifieste a su máximo posible.

    —¡La humillación!!! —rugió la descontrolada entidad de fuego, quemando su cosmos infinitamente—. ¡Tres gusanos se han atrevido a superar el poder de un dios supremo y degradarlo al nivel de un ser inferior!!!...

    Tal ensordecedor bramido se complementó perfectamente con la nueva apariencia del dios, cuya armadura suprema cayó inútil en tierra, al no tener un cuerpo físico que vestir.

    —A este paso, Ra terminará incendiando no solo mi país, sino toda América con tan solo la expansión de su cosmos —manifestó el Santo estadounidense muy serio, tras reincorporarse y colocarse a un lado del Dorado—. Dejó de ser un dios y se ha convertido en un terrible demonio sediento de venganza…

    —No se trata de un demonio —le corrigió enseguida Ikki—. Solo es un sujeto que fue autodestruido por su ira…

    En efecto, Ra no tenía reparos en manifestar la máxima expresión de furia jamás antes vista en la Tierra.

    El poder fulgente que desataba el descontrolado dios, era simplemente arrollador. Sus gritos de cólera eran solo ahogados por el estampido de llamas, explosiones y rayos incandescentes que expulsaba su espíritu; ataques involuntarios que desintegraban al contacto toda creación humana que llegaban a tocar.

    Justamente unas de aquellas violentas emanaciones de fuego se dirigió hacia el Fénix.

    —¡Esquívalo, Evan!! —le advirtió su antecesor, haciendo lo propio al evadir las que arremetieron contra él.

    Sin embargo, la velocidad del más joven solo fue suficiente para que éste reaccione cubriéndose con los guanteletes de su cloth de bronce, los cuales por desgracia no resistieron tal concentración de temperatura y fueron reducidos a cenizas, al igual que el resto del ropaje del Fénix.

    —¡No me dejaré intimidar nuevamente! —aseguró sin titubear el atacado, a pesar de estar su cuerpo completamente desprotegido y vulnerable—. ¡Mi armadura tiene la capacidad de auto regenerarse!!

    Pese a lo aseverado, el legendario ropaje inmortal no fue capaz de resurgir desde sus cenizas, ya que su poder había sido sellado por la involuntaria y salvaje acometida de Ra.

    Con incredulidad, el portador actual del ave inmortal observó los inmóviles e inservibles residuos carbonizados a los que fueron reducidas las placas de metal de su cloth.

    —¡Se acabaron… los juegos… Santos de Atenea!!! —rugió la deidad solar, apenas en capacidad de articular sus palabras—. ¡Carbonizaré a… todos los humanos de… este hemisferio!!! ¡Me han obligado a… utilizar mi técnica magna!!!

    Continuará…

    ******************************

    Hago este paréntesis para compartir con ustedes algo más. Les presento dos recopilaciones en .pdf de los primeros cuarenta capítulos de la historia, los cuales incluyen fichas de personajes originales y sus dibujos:

    ***
    SAINT SEIYA - SAGA: CATACLISMO 2012

    VOLUMEN I

    (Recopilación en formato pdf de Capítulos 1~20, Fichas de OCs, Arts originales y a color de OCs)

    Enlaces del .PDF para descarga:

    HQ: Utilizar el siguiente link:
    >>CLICK AQUÍ<<

    SQ: Utilizar el siguiente link:
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    ***
    SAINT SEIYA - SAGA: CATACLISMO 2012

    VOLUMEN II

    (Recopilación en formato pdf de Capítulos 21~40, Fichas de OCs, Arts originales y a color de OCs)

    Enlaces del .PDF para descarga:

    HQ: Utilizar el siguiente link:

    >>CLICK AQUÍ<<
    SQ: Utilizar el siguiente link:
    >>CLICK AQUÍ<<

    ***
    Agradezco a mi esposa y a su estudio Skylight por el gran trabajo que realizó en estas recopilaciones. Saludos desde Ecuador.
     
    Última edición: 22 Febrero 2016
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    Víngilot

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    Comentario capítulos 35-37.

    ¡Hola Kazeshini! De vuelta por acá. Disculpa que me tarde tanto pero es que la vida de un padre de familia es asfixiante, créeme, el trabajo no es nada comparado con los deberes familiares, no estoy renegando, sólo digo lo que es, sabes, al igual que tú también soy casado y además tengo un hermoso hijo que vaya que me “entretiene”, por ellos vivo y dejo todo lo demás para después.

    Bueno, luego de las excusas inicio con el comentario: Ahora conozco el origen de uno más de los Santos de Bronce, no sabía que Evan era exactamente lo contrario a lo que es en la actualidad y vaya las diferencias, pasó lo mismo con Wolverine, un niño rico al que le cambió radicalmente la vida obligándose a convertirse en un guerrero ¿el motor? El odio. No me pareció justo que Ikki tratara así a Evan, si bien es cierto que el Fénix es el típico tipo rudo no por ello implica que denigre a su pupilo, se puede ser exigente y amar al mismo tiempo, regañar implacablemente cuando la situación lo requiere y fungir como un bálsamo cuando es necesario. Pero bueno, Ikki tuvo sus motivos y a pesar de él, Evan consiguió convertirse en Caballero nada más que por la mala y ahora alguien va a pagar las consecuencias. Afortunadamente Evan ha logrado “canalizar” su poder y derrotar con la mano en la cintura a Anubis, pero el mal ha sido desatado y quiero ver quién para semejante poder de destrucción.

    En cuanto a Horus vaya prueba de humildad ¿eh? No cabe duda, la amabilidad mata al coraje. ¿Qué va a pasar con él? ¿Volverá a ser un guerrero egipcio o ya ha perdido definitivamente su guerra personal? Punto y aparte este comentario: todo esto de los dioses egipcios me ha brotado las ganas de leer algo de por allá y tengo el libro exacto, de hecho es una pentalogía del autor Christian Jaqu dedicada al gran Ramsés II, mañana mismo le hinco el diente, gracias por inspirarme.

    Continúo. ¿Qué pasó con Isis y Evan? ¿A dónde fueron? Posponerlo tanto sólo me impacienta, la verdad quisiera que Evan se quedara así y me encantaría ver un triple duelo Ikki-Aioria-Evan ¡sería espectacular! Respecto a éste enfrentamiento de Caballeros de Leo hasta el momento va de maravilla, fue una excelente introducción, no quiero que manipulen a Ikki emocionalmente como a los demás, sencillamente eso no aplica a personas con esa personalidad como el antaño Fénix, a él no le cuentas nada, de él se aprende, así que me ha gustado hasta el momento que no se contamine de los comentarios venenosos de Aioria (uno de mis personajes favoritos, adoro su versión EX SoG ¿tú los coleccionas?). No quiero finalizar sin mencionar que me encanta (creo que soy malo) que los escenarios de batalla sean en las ciudades, de alguna manera que la amenaza esté en un ambiente más familiar, más íntimo, origina que uno se identifique con las víctimas y eso le da un superlativo a tus descripciones sobre las peleas.

    También quiero saber cómo terminará Mar, le está yendo muy mal en su enfrentamiento con Cavillaca, pero todos sabemos que un Caballero, sea masculino o femenino aprende de sus batallas y seguramente Mar logrará sobreponerse. ¿A quién vio Marin? Esas escenas que dejas en misterio son otro de los éxitos de esta historia, nos das a probar lo que tú quieres y sólo nos dejas con las ganas de más, je, je.

    Bueno Kazeshini, por ahora es todo, en un par de días regreso a dejar otro comentario, he pedido mi permiso en el trabajo y pienso invertirlo en el foro y en tu maravillosa historia, que estés muy bien.

    ¡Larga vida a los Caballeros de Atena!
     
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    Víngilot

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    Comentario capítulos 38-40.

    Hola Kazeshini, ojalá que estés muy bien. He vuelto a comentar esta tercia de episodios por demás fantástica.

    El duelo entre Mar y Cavillaca ha sido muy emocionante, una vez más la solemnidad y el honor con que los guerreros (aunque sean femeninos) enfrentan a su oponente es de admirarse, eso lo aprendí de los Caballeros y creo que en mi vida en la parte deportiva lo he llevado a cabo desde entonces y se siente bien, muy bien de hecho. Yo pienso que la voz que escuchó Mar es la de Atena, ella suele manifestarse y apoyar de esa forma y hay una parte que me quedó en la mente, cuando le dice, más o menos, que la batalla que está luchando no es nada comparado con la lucha diaria a lo largo de su vida y que le ha permitido llegar hasta donde está. Es cierto, cuando las personas tienen una vida difícil suelen desarrollar personalidad y fortaleza que les ayuda en su presente y futuro y no se arredran ante nada, progresando gradualmente, los Caballeros así lo hicieron y consiguieron auténticamente obrar milagros y ahora Mar se da cuenta de una verdad que es tan obvia pero que por el momento no había reparado en ello, con la mente despejada y fortalecida ahora la batalla se antoja más emocionante aún ¡excelente!

    Y volvió a aparecer Horus. ¿Qué sucede con él? ¿Qué tienes planeado? ¿Acaso sólo está viviendo de más para probar toda la humildad y humanidad que no probó en su antigua vida o es que aún podrá ser capaz de volver a portar una armadura y combatir? Me gusta la primera opción: vivir y sufrir como humano, imperfecto, intenso, siendo parte de algo, ser uno con alguien. Habrá que esperar a ver qué le tienes deparado a este personaje.

    ¡Viene lo más emocionante! Esta batalla entre Ikki y Aioria es un deleite y créeme, te voy a endulzar el oído: ya quisieran (lo juro) en el equipo de producción de Masami tener a alguien que escribiera historias de esta magnitud y nivel ¡eres un genio! No dejas nada al azar, no descuidas nada, todo lo tienes planeado, se nota que cuidas hasta el último detalle, incluso los nombres de las técnicas se oyen fabulosas; tú pensarás que exagero pero tu historia para mí merece pasar a la posteridad como uno de los íconos de la cultura de Caballeros del Zodiaco, referencia obligada para cualquiera que quiera otra versión de este sensacional universo Saint Seiya. ¿Por qué lo digo? Mi base es este pedazo de maravilla que describiste aunado a tantas batallas que han sido un auténtico festín, pero en esta ocasión me concentro en esta pelea. Aioria tiene mucha razón al encarar así a Ikki quien se aferra al pasado y se auto incapacita para evolucionar, para mejorar ¿Es el verdadero motivo por el que lo enfrenta? Tal vez no, pero de paso muestra que aún al rival se le puede ayudar. Y caray, esa escena en que la comunión entre la constelación y el caballero se respeta y fortalece es bellísima, imaginé cada palabra que anotabas y el resultado es cautivante, siento orgullo ajeno, además, ya te había comentado que me gusta leer tu fic acompañado de la música del ánime y hay algunas piezas que son completamente de Ikki, deben ser de las mejores, y le da un sabor especial al momento; pocas historias he disfrutado tanto como esta tu obra. Ese último ataque que ejecutan ambos caballeros es formidable ¡ojalá que la batalla no termine ahí! Que sea sólo el inicio de una larga batalla que hasta el momento está cumpliendo con creces.

    En cuanto a Evan e Isis qué linda escena de purificación. Me gustó cómo parece haber algo más entre ambos, creo que hacían una linda pareja, de esas que hasta en la intimidad se respetan, lo digo porque aunque lucían desnudos ninguno vio con morbo al otro, por el contrario, parecían venerar tal belleza, qué hermoso. También me agradó ver la verdadera versión de los hechos de cuando Evan e Ikki se distancian pero no a causa de ese odio que buscaba sembrar Anubis si no a un tonto orgullo mal entendido y peor ejecutado, está bien, una herida así es siempre curable, no es mortal ni dañina, reduce mucho la preocupación, preocupación que sí genera la aparición de Ra en el campo de batalla. No sé pero Ra junto a Ikki, Aioria y Evan han formado (en mi mente) un grupo ideal de adversarios, parecieran tan perfectamente compaginados, como inventados para acompañarse, para enfrentarse y ese debe ser otro de tus aciertos: saber crear al personaje de manera que luzca e insertarlo frente a rivales con los que ni opaca ni se opaca, si no que genera una escena inmortal, una atmósfera perfecta que uno saborea una y otra vez. Por su parte, Ra me ha parecido muy agradable tanto a la vista como al hambre de batallas emocionantes, si bien Viracocha me había encantado por su honor en la lucha, el desprecio de Ra por la vida de los demás es… cautivador, es de esos villanos malignos que uno puede llegar a admirar por su poder, por su personalidad y te recuerdo que yo me identifico más con los villanos que con los héroes (excepto curiosamente con Caballeros del Zodiaco) pero esa última escena en la que le tiende la mano a Evan me deja intrigado, sé que Evan no aceptará ningún ofrecimiento del dios, pero por qué éste se alegra de esa manera ¿un mero recuerdo de su juventud o es algo más?

    Excelente por donde se le vea, cómo disfruto leerte. Aún me queda un día de permiso así que mañana regreso para continuar degustando tu obra y de paso, acompañado por mi reciente adquisición: Sorrento EX, estoy como niño con juguete nuevo, literalmente. Que estés muy bien amigo, un abrazo.

    ¡Larga vida a los Caballeros de Atena!
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    Saludos, Víngilot. Es un gusto leerte nuevamente por acá. No te preocupes, amigo. La familia siempre debe ser nuestra prioridad. No tengo hijos (todavía) pero sé bien que requieren de toda nuestra atención, amor y cuidado.

    Comentario capítulos 35-37.

    Pasando al fic, veo que comentaste sobre el pasado de Evan en los falsos recuerdos que Anubis plantó en la mente de Evan. Ambos sabemos que Ikki es un hombre duro, curtido por el dolor que tuvo que atravesar de más joven, pero habría sido demasiado cruel que también incite a su sucesor a odiar (como lo hizo su maestro Guilty con él). Como ya leíste después en el capítulo 39, la parte final de esos recuerdos era de lo más falsa.

    Con respecto a Horus, estoy intentando redimir un poco al más severo de los Guardianes egipcios. La idea es simple en realidad: Siempre llega una persona que logra derretir el hielo en nuestros corazones. A mí me pasó justamente eso, y por eso intenté plasmarlo en la historia. En otro tema, es interesante saber que logré inspirarte a leer los libros que mencionas. Los temas históricos —y más cuando tienen cierta sazón mitológica— son fascinantes.

    En el tema Aioria vs Ikki, debo decir que siempre quise establecer una relación entre ambos, para que el tema de antecesor-sucesor tenga un poco más de sentido. Aparte de la constelación dorada que comparten (y del fugaz momento en el que el antaño Fénix vistió la cloth de Aioria), Ikki no tenía ninguna relación con la constelación de Leo.

    Sobre si colecciono mith cloths… pues te cuento que no tengo ni una sola, aunque ganas no me faltan jeje. El otro día vi justo la de Aioria que mencionas en exhibición y me quedé con la boca abierta. Cómo quisiera al menos ver la de Aldebarán SoG EX (mi dorado favorito, por cierto)

    Regresando a la historia y refiriéndome a los escenarios del combate. Quise experimentar un poco con este arco, trasladando la batalla a un ambiente más cotidiano y de paso satisfaciendo mis ganas por describir un apocalipsis y relacionarlo con el universo de Saint Seiya. De pequeño recuerdo las películas de SS que pasaban por la tele, y en todas acontecía un enorme y horrible cataclismo que devastaba todo. Quise revivir eso también.

    Pasando a Marin y su ligera aparición, te cuento que aquella era una introducción a la aparición de Aioria. Marin sintió que el espíritu de Aioria regresó de la muerte y por eso menciona que es imposible que él haya escapado del castigo que le impusieron los dioses.


    Comentario capítulos 38-40.

    Pasamos a Mar y su enfrentamiento con la guerrera inca de Colibrí. Vaya que disfruté escribiéndolo. Me alegra saber que logré resaltar la esencia de Saint Seiya de jamás rendirse y progresar como guerrero gracias a las dificultades que uno atraviesa. El que hayas tomado el honor que nos enseña SS para tu vida deportiva es algo digno de admirarse. Sobre la voz que Mar escuchó en el momento más crítico… eso es algo que todavía les tengo reservado para después, pero sus palabras son muy ciertas: comparado con lo que la joven tuvo que atravesar, aquel combate es sólo un obstáculo más a superar para alcanzar la grandeza como ser humano.

    Regresando a Horus, sólo te puedo adelantar que su intervención será vital para el desarrollo del combate principal de este arco. Por cierto, junto con el capítulo compartiré un dibujo que hice de él en su forma humana, junto con la pequeña Lindsey.

    Con respecto a la continuación de Ikki vs Aioria, me ha encantado enfrentar a esos dos, pero no por simple fanatismo, sino más bien como un ritual para crear vínculos con la constelación de Leo. Esa escena ilusoria en la que el león de fuego acoge a Ikki es una de mis favoritas, y vaya que me gustaría verla dibujada o animada, y claro, con la música épica que tú escuchas cuando lees mi fic y que me inspira al escribirlo.

    Y vaya honor que me haces con tus palabras sobre mis ideas y mi historia. Lo que más me gusta hacer es, precisamente, escribir y crear nuevas alternativas para este universo que nos ha cautivado tanto desde la infancia. Este es solo un tributo, entre los muchos que hay, para la serie que tanto amamos. Y es justamente porque amo Saint Seiya, que cuido los detalles de forma y fondo al escribir.

    Refiriéndome a Evan e Isis en su escena de purificación, justamente quise resaltar el hecho de que ambos no se miran con morbo, a pesar de encontrarse desnudos. Y qué mejor que Evan purifique primero su cuerpo en el Nilo antes que su alma con los recuerdos verdaderos de su infancia. Como te decía unas líneas más arriba, Ikki jamás le inculcaría odio, y justamente aquello pudimos atestiguarlo a inicio del fic, allá por el capítulo 4 de la historia.

    Sobre Ra… creo que nadie más había sido capaz de enfrentarlo aparte de Ikki y Evan. Como mencionas, esos tres hacen un complemento interesante en batalla, y más por la personalidad fogosa que los tres poseen. Parecería ser que, ante la mínima provocación, cualquiera de los tres estallaría y se lanzaría dispuesto a acabar con el otro.

    Al igual que tú, me agradan más los villanos en una historia. De esos villanos memorables por su poder, por su personalidad, por sus motivaciones, por su maldad o por cualquiera de sus características. Y como ves, Ra es un dios irascible que no se mantendrá indiferente ante el reto que se le presentará con los Caballeros de Atenea. En una palabra, Ra es fuego. Ra es todo lo que representa el fuego.

    Por último, que disfrutes mucho de tu tiempo libre y de tu nuevo Sorrento EX. Te tengo una envidia sana jeje. Mil gracias por leer y comentar esta historia. Cuídate mucho y te envío también un gran abrazo desde Ecuador.

    Y como dices tú… ¡Larga vida a los Caballeros de Atena!
     
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    Kazeshini

    Kazeshini Caballero de Junini

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    [Longfic] Saint Seiya - Saga: CATACLISMO 2012
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    57
     
    Palabras:
    4895
    [Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012

    Escrito en Ecuador por José-V. Sayago Gallardo


    CAPÍTULO 44: ¡HASTA SIEMPRE, GUERRERO INDOMABLE! EL SACRIFICIO DEL SANTO LEGENDARIO

    El agresivo ser etéreo de apariencia humanoide en el que se convirtió el dios egipcio, alcanzó por puro instinto su máximo nivel de poder. La llamada ‘Gran Voluntad’ o ‘Último Sentido’ reforzaron de manera incontenible su quemante aura color rubí.

    Los habitantes de México, Canadá y el resto de los Estados Unidos fueron los primeros testigos de los estragos que ocasionó tal liberación de cosmos… Cuando el cielo se tornó repentinamente en un rojo sangre a la vista de toda América, el caos y el pánico se desataron en los habitantes del continente entero.

    En el pensamiento de todas las personas ajenas a la batalla, el tan anunciado apocalipsis maya continuó con el súbito aumento de temperatura que alteró aún más las condiciones climáticas del hemisferio occidental.


    ***


    —Mi… mi cosmos ha superado miles de veces al que… utilicé para ejecutar… mi anterior técnica —sentenció el irracional Ra, apenas pudiendo hablar—. Mi máximo ken producirá… millones de rayos de fuego, uno por cada persona viva… en este continente. Mi candela divina juzgará a… cada humano en América y… lo aniquilará como castigo por sus pecados —la potente risa malintencionada del espíritu del dios retumbó de manera grotesca en la urbe entera. Su ira extrema se entremezcló con un demente frenesí—. Por desgracia para todos ustedes, mi técnica… es extremadamente estricta al juzgar a los mortales… ¡¿Entienden lo que… eso significa?!! ¡Por mínimas que… hayan sido las faltas que… cometieron los habitantes de… estas tierras, serán considerados como… seres impuros y nada evitará que… mueran carbonizados!!!

    Tras escuchar la cruel condena, Ikki y Evan encararon con seria determinación a su ya desquiciado rival.

    —Pude entenderlo… —dijo el Fénix, llamando la atención del Caballero más experimentado—. La convicción en los ojos del señor Aioria me permitió percibir sus sentimientos finales… Él sabía que llegó al momento cumbre de su vida y por esa razón se sacrificó por nosotros —dando unos pasos al frente, el joven sin armadura se posicionó frente a Leo—. También entiendo el significado de la muerte de Femi, la Guardiana de Isis. Ella deseó que yo viviera, precisamente para que también experimente mi momento de consagración… Al ser el único capaz de detener a Ra, mi propósito de vida es destinar la totalidad de mi fuerza espiritual para lograrlo…

    —Sé lo que intentas hacer y te equivocas completamente —le corrigió inexorable el de áurea armadura—. Ninguno de los dos nació para sacrificarse. Estamos en este mundo por nuestra diosa y porque tenemos objetivos más grandes que cumplir por ella y por toda la humanidad. Y tú bien sabes que este momento nuestro propósito es salvar las vidas de todas las personas de América.

    —Entiendo, maestro Ikki, pero Isis me aseguró que…

    —¡No me interesa lo que esa mujer te haya dicho! —le interrumpió el aludido de un grito—. ¡Te prometí que acabaríamos juntos esta batalla y así será! ¡Encenderemos nuestros cosmos hasta abarcar el suyo y lo detendremos!!

    Tal regaño enmudeció al menor de los Atenienses, quien al saber que no podría cambiar la testaruda mentalidad de quien sería su tutor en el pasado, simplemente negó con la cabeza en actitud de resignación y, tras esbozar una sonrisa de complicidad, empezó la tarea de avivar su energía cósmica junto con el Caballero de Oro.

    Mientras sus rivales se esforzaban al máximo para igualar su nivel de fuerza, Ra se encomendó a un rezo de invocación:

    Jepri, el crepúsculo del amanecer, Hor-Ajti, la magnífica luz del mediodía e Itemu, la extinción del ocaso… ¡Los ancestrales tres dioses solares… ejecutarán a toda América!! ¡‘ANKH DEL JUICIO FINAL’!!!


    ***


    El desasosiego y la ansiedad reinaron también en Centroamérica y el Caribe. No era solamente el cielo rojo lo que intimidaba a sus millones de habitantes… El sol se había tornado del mismo color y, además, aumentó su volumen de manera alarmante, provocando que el calor alcance niveles insoportables.

    En Sudamérica, en cambio, predominó el miedo irracional. Incontables desastres naturales fueron causados por las alteraciones meteorológicas. Los glaciales perpetuos de los Andes se derritieron en segundos y causaron crueles inundaciones y pérdidas de vidas.

    De entre las pocas personas que todavía mantenían la cordura al presenciar tan perturbadores fenómenos, solo un manojo de ellos parecía intuir la fatalidad de su inminente destino…


    ***


    El cadáver de Anubis permanecía hocico arriba en el centro de la plaza en la que se enfrentó contra Evan hace poco. Solo algo perturbó su absoluta quietud…

    La joya de escarabajo negro de obsidiana que adornaba el centro del peto de su armadura, brilló con ímpetu y pareció tomar vida propia al arrancarse por sí sola del metal que la aprisionaba, dirigiéndose luego hacia un lugar en específico.

    Al mismo tiempo, y no muy lejos del escenario del combate contra Ra, algo resplandeció entre uno de los ríos de magma que creó la furia de la deidad egipcia. Se trataba de la gema de escarabajo turquesa que alguna vez adornó la placa de la cintura de Isis. Esta valiosa reliquia permaneció intacta a pesar del intenso calor que la cubría y sin demora emergió de su prisión de lava para trasladarse no muy lejos de allí…


    ***


    Apenas el dios solar pronunció el nombre de su máxima técnica, tres objetos brillantes aparecieron levitando para colocarse entre los dos Santos y su rival.

    La gema ámbar que Menouthis envió hacia Evan e Ikki con los últimos residuos de su cosmos divino, hizo reaccionar también a las de sus dos compañeros caídos. Así los tres invaluables objetos se juntaron en su trayectoria hacia la batalla.

    —¡Malditos… traidores…!!! —vociferó el trastornado Ra con una voz más profunda y grotesca, deteniendo la ejecución de su ken magno, al reconocer el trío fulgente de gemas escarabajo—. ¡Aun después de haber desaparecido… mis Guardianes se empeñan en detenerme!!!

    Una revelación, una epifanía fue la que experimentó en segundos Evan de Bennu desde lo más profundo de su alma. Fue el vínculo que mantenía inconscientemente con los dioses egipcios desde milenios atrás, lo que le permitió saber cómo proceder apenas vio los tres instrumentos ancestrales.

    —¡Señor Ikki! —lo llamó el joven con suma premura—. ¡Debemos tomar esas joyas! ¡Con ellas podremos sellar el cosmos de Ra!!! ¡Ahora nos será más fácil combinarlas con su espíritu, ya que el dios no posee una existencia física que lo proteja!!!

    En efecto, el mismo africano había colocado esas reliquias en las tres armaduras divinas. Desde un principio fue precavido y tomó esa medida cautelar para mantener controlados los espíritus de las tres deidades egipcias que luego se convertirían en sus Guardianes. De hecho, lo mismo planeaba hacer con Evan cuando le ofreció un ropaje sagrado…

    —¡No se los permitiré, humanos!!! —manifestó iracundo el ente de fuego, usando la fuerza de su ‘Ultimo Sentido’ para arrojar todo tipo de ataques ígneos a los dos Santos que intentaban agarrar las gemas con desesperación. La fuerza quemante acumulada que pensaba dispersar con su técnica, le sirvió para este fin.

    Por fortuna para la pareja Ateniense, entre ambos lograron alcanzar niveles de poder superiores a los que manifestaron anteriormente, siendo así capaces de contrarrestar la velocidad de los embates con la suya propia y esquivarlos hasta llegar a las tan ansiadas joyas.

    —«Este cosmos lo conozco —se dijo a sí mismo el Dorado de Leo en microsegundos, al tener entre sus manos las gemas púrpura de Anubis y turquesa de Isis—. ¡Horus! ¡Ese pajarraco nos está apoyando con los últimos residuos de su cosmos!!»

    Por su parte, Evan logró alcanzar y tomar el escarabajo amarillento del dios-halcón.

    —¡Ahora, señor Ikki!!! —gritó con frenesí el joven Bennu, dándole a entender a su antecesor que debían ingresar las tres piedras preciosas en la existencia etérea de Ra al mismo tiempo.

    Lo descontrolado y desordenado del pensamiento y las acciones del supremo dios solar, no le permitió reaccionar al tener a los dos Caballeros de Atenea a pocos centímetros de su llameante ser.

    Fénix y Leo extendieron con frenesí los brazos hacia la entidad incandescente y lograron hacer contacto en ésta con los tres objetos clave. En medio de incontenibles alaridos y gritos de dolor, Ra sintió una indescriptible agonía paralizante con tan solo tener cerca las gemas.

    Aunque los dos Santos rebosaban de un nivel magnífico de poder que en parte los protegía, su aura cósmica no era suficiente para evitar que sean severamente lastimados por las arremetidas cósmicas que el dios expulsaba a manera de acción de resistencia. Tal cantidad de calor empezaba a desprenderles la piel y, sin embargo, pese a todas estas desventajas que enfrentaron en ese crucial momento, no desistieron en su afán de aprovechar esa única y valiosa oportunidad para obtener la victoria.

    —¡Aioria! ¡Continuaremos con tu legado y protegeremos a todas las personas de este continente!! —rugió Ikki, con los ojos desbordando un furioso fuego—. ¡Desaparece de una vez, Ra!!!

    Apenas el Caballero de Oro introdujo las dos gemas que portaba en el indefinido cuerpo del adversario, éstas empezaron a absorber su cosmos divino en gran proporción. No obstante, la energía quemante que emitía el africano en goce de la ‘Gran Voluntad’, simplemente era demasiado inmensa, así que no pasó mucho tiempo para que las alhajas de Isis y Anubis se sobrecargaran y se despedazaran entre las mismas manos del Santo.

    Al mismo tiempo que su superior, el joven desprovisto de cloth también logró ingresar la piedra de Horus en la existencia espiritual del adversario, pero, aunque este escarabajo también absorbió una gran parte del cosmos enemigo, tampoco logró sellarlo definitivamente.

    En un impulso de ira y dolor, Ra alejó violentamente a los dos humanos con una arremetida en llamas más débil de lo usual.

    —¡Me han quitado… gran parte de mi poder divino!! —manifestó alterado el demente ser de fuego—, ¡pero no me dejaré vencer… así de fácil!!! —apuntando lo que parecía ser su mano hacía el guerrero de bronce, sonrió ampliamente en un gesto macabro—. Bennu… tú me regresarás la fuerza que me… han arrebatado… tomaré tu espíritu y tu cuerpo y… seré tan poderoso como en la Era Mitológica ¡Que el ave inmortal… complemente el ‘Ba’ de mi existencia!!!

    Poseyendo un tercio de su poder original y en una maniobra desesperada, Ra dio un veloz salto a fin de adueñarse de la existencia entera del Santo de Fénix, quien apenas se estaba recuperando de la más reciente agresión.

    —¡Esta vez no lograrás tu cometido, maldito infeliz!! —aseguró el Caballero de Leo, colocándose en la mortal trayectoria entre el dios y su nuevo protegido—. ¡Te detendré aunque me cueste la vida!!!

    Aunque ya no tenía fuerzas para continuar, Ikki no desistió al intentar proteger valientemente a quien heredó su armadura de bronce.

    —¡Apártate, estorbo!!!

    Ante la mirada atónita del de cabellera de plata que apenas pudo reaccionar levantando la cabeza, el actual Leo fue herido mortalmente en el costado diestro de su pecho. La velocidad e impaciencia con la que el dios arremetió para poseer a Evan fue tanta, que logró traspasar sin problemas armadura y cuerpo del Santo.

    —¡Señor Ikki!! —gritó el estadounidense con incredulidad, al ver desplomarse a su antecesor en un charco de su propia sangre.

    —¡Desde que estrechaste mi mano… te aseguré que me pertenecías, Bennu!!! ¡No te resistas… a nuestra fusión de almas!!!

    Dejando por un momento la horrible imagen de Ikki siendo herido sin piedad, Evan tomó consciencia de su situación. Él sabía que si su antagonista lograba su objetivo de arrebatarle su esencia, sería el final de todo…

    —«¡Ya basta de tanta muerte y sacrificios…! —reflexionó él con iracunda determinación—, ¡esto se terminará aquí y ahora!»

    La gema de citrino de Horus aún se mantenía intacta en su mano a pesar de toda la fuerza que absorbió, así que, al estar el guerrero de bronce consciente de este hecho desde un principio; expandió su cosmos hasta casi alcanzar el ‘Último Sentido’ y, con toda aquella fuerza, extendió con solemnidad ambas manos aferrándose a la reliquia, logrando así contener el impacto del ser incandescente.

    A pesar de que el espíritu del dios supremo era presa de un terrible sufrimiento al estar en contacto con el escarabajo amarillento, seguía esforzándose por alcanzar su objetivo. Aun al no contar con su poder original, era tanta era la fuerza y violencia que imprimía en su avance, que poco a poco Evan iba cediendo y echando los brazos hacia atrás.

    El tiempo pareció congelarse para el contendiente humano. Por unos instantes, solo lo que parecía ser el rostro psicótico de la deidad incandescente, invadió su ralentizado campo de visión.

    Sin embargo, aunque el muchacho se encontraba en medio de una situación tan crítica, lo invadió de repente un profundo sentimiento de melancolía.

    —«Estuve solo la mayor parte de mi vida y jamás necesite de alguien para volverme fuerte y materializar mi sueño de convertirme en un Santo —se dijo a sí mismo el Fénix, aún forcejeando desesperadamente con el espíritu del dios—. Al verlo alejado de todo el mundo, me convencí de que Ikki de Leo obtuvo su legendario poder de la misma forma que yo, pero muy en el fondo sabía que él logró convertirse en el gran guerrero y hombre que es, debido al apoyo que siempre tuvo de sus amigos… Mi padre tenía razón… es la amistad lo que des da la fuerza a los Caballeros de Atenea… Lo he entendido demasiado tarde, ahora que me hace falta más que nunca el apoyo de los amigos que nunca tuve…»

    —«Vaya… hasta que al fin estás consciente de la realidad, Evan —le dijo en tono tranquilo una voz familiar a sus espaldas—. Aunque es un poco drástico que afirmes que no tienes amigos».

    El aludido giró extrañado la cabeza, para notar con gran sorpresa que quien le hablaba en su mente era la figura incorpórea del actual Santo de Dragón.

    —«¡Senshi!!! ¡¿Cómo es que tú…?!!»

    —«Y no es solo él quien te ha acompañado siempre, amigo —intervino la siempre espontánea presencia del recién aparecido Kenji de Pegaso—. Aunque ya me estoy cansando de que siempre me golpees por la espalda… ¡he aprendido apreciarte, cabeza dura!»

    La gran sonrisa con la que el joven rubio pronunció esta frase, provocó que su interlocutor respondiera al gesto también sonriendo con complicidad.

    —«Pues te daré una buena paliza cuando todo esto termine, Kenji —le desafió el trigueño de cabellos platinados, tratando de recuperar su clásico talante—. Nadie me llama ‘cabeza dura’ y continúa tan campante».

    —«¡Oye, feo! —lo llamó una tercera voz femenina a su costado—. ¡Ni creas que te permitiremos llevarte toda la gloria de la victoria para ti solo!!»

    —«¡Anna!! —exclamó aún más sorprendido el Fénix, al ver cerca suyo el translúcido ser de la enmascarada Guerrera de Andrómeda—. ¿Tú también has venido a reprocharme, mocosa?»

    La chica castaña soltó una pequeña risita al escuchar los improperios.

    —«Todavía te hace falta aprender a tratar a una dama, pero no discutiré contigo solo por esta ocasión, Evan… ¡Y no creas que engañas a alguien con esa actitud de ‘chico malo’ que siempre te ha caracterizado! ¡A pesar de lo grosero y patán que has demostrado ser, sabemos que eres un buen chico en realidad!!

    —«Ella tiene razón» —la secundó titubeando la Amazona de Cisne, asomando tímidamente la cabeza detrás de su compañera.

    —«También tú… Natassia…» —musitó embelesado el Caballero portador del ave mítica, sonrojándose ligeramente a causa de una fascinación que le resultó inexplicable. Observar la cándida figura de la enmascarada joven de rizada cabellera celeste, le devolvió por un momento la paz a su alma.

    —«Aunque te hayas esforzado en alejarte de todos nosotros, siempre te hemos respetado y apoyado —añadió Cisne, hablando casi en voz baja—, así que jamás olvides que tienes amigos que siempre estarán allí para ti…»

    —«¡Ya la escuchaste, Evan! —añadió emocionado Senshi de Dragón—. ¡Nosotros somos un equipo de amigos y jamás te dejaremos solo! ¡Así que ahora ve y derrota de una vez a ese dios malhumorado en nuestro nombre!!»

    El aludido sonrió ampliamente. Jamás en su vida sintió tanta seguridad como en ese momento.

    —«Así será, amigos y… gracias a todos ustedes por acompañarme en estos momentos…»

    Las figuras de los cuatro Santos de Bronce se desvanecieron y el tiempo regresó a su crítico curso normal.

    —¡Ríndete, Bennu!!! —le exigió el descontrolado dios, luchando salvajemente por superar la barrera de la joya y apoderarse de cuerpo y alma del joven.

    —¡Jamás!!! —reaccionó Evan con abrumadora convicción—. ¡No me vencerás, porque no estoy solo!!!

    Con los nuevos ánimos que le otorgaron los espíritus de sus cuatro amigos, la fuerza del Fénix alcanzó niveles insospechados para un ser humano. El joven guerrero no solo logró acariciar los límites del ‘Último Sentido’ sino que también consiguió despertar el vínculo que mantenía con el legendario Bennu desde la era mitológica.

    Fue precisamente su aura en forma de la ancestral ave mítica egipcia la que, en lugar de reforzar y complementar al espíritu de Ra; lo abarcó por completo y luchó por aprisionarlo en la joya de escarabajo del dios celestial de la civilización egipcia.

    —¡Por Atenea! ¡Por las personas de toda América! ¡Por mi padre! ¡Por ustedes, amigos! ¡Por la Guardiana Femi, quien perdió su vida para salvarme! ¡Por el señor Aioria, quien murió para rescatar a las personas de mi patria! ¡Y por mi maestro Ikki!... ¡‘EL SELLO ETERNO DE NEFTIS’!!!

    Con solo verla una vez, Evan logró imitar a la perfección la técnica de sellado espiritual que utilizaría la diosa de la fertilidad antes de fallecer, manifestándola en una ráfaga de luz anaranjada que reforzó al cosmos oculto de Horus en la gema.

    Los resultados no se hicieron esperar y, gradualmente, el furioso espíritu de Ra estaba siendo absorbido por la piedra preciosa fortificada.

    El dios perdió por completo la cordura al verse casi derrotado. Era solo su instinto lo que permitía resistirse a no ser encerrado en la reliquia.

    —¡Maldición!!! —rugió el ser de fuego con una grave voz demoníaca, la cual sonó más fuerte que la convulsión del clímax de la batalla— ¡Isis, Horus, Anubis, Osiris, Seth… detengan a este infeliz que intenta acabar con mi existencia!!! —añadió enardecido, con las ideas y la consciencia de la realidad perdidas por completo—. ¡¿Dónde estás, Nü Wa?!!! ¡Te necesito!!! ¡Eres la única que aprecio de entre todos los dioses de la Alianza Suprema!!! ¡Nü Wa!!!

    El último grito irracional del supremo africano fue ahogado, cuando los remanentes de su alma divina fueron confinados en el instrumento ancestral en forma de escarabajo.

    A Evan le temblaba la mano derecha en la sostenía con afán la joya y en su desencajado rostro aún era visible su expresión de furiosa determinación.

    Tras el apoteósico esfuerzo, el humano que logró apresar al espíritu de un dios supremo, cayó exhausto de rodillas.

    La primera idea que se le pasó por la cabeza, fue apresurarse en ir a socorrer a su gravemente herido antecesor, mas su intento se detuvo al tener un fatal presentimiento que lo obligó a inspeccionar aterrado el objeto que se había tornado escarlata.

    —Algo va mal… El cielo no cambia de color y todavía puedo sentir la amenaza que representa Ra… —musitó incrédulo, para luego abrir los ojos de gran forma al darse cuenta de un terrible hecho—: ¡Demonios!!! ¡Ese infeliz se liberará en cualquier momento! ¡El sello espiritual es demasiado débil!!!

    El tiempo se le acababa, así que tomó una drástica decisión…

    —La joya por sí sola no podrá resistir la fuerza que todavía posee ese infeliz… Se necesitará ingresar la reliquia en un contenedor vivo para sellar definitivamente su alma… —manifestó sobremanera frustrado.

    Reemplazando su expresión perturbada con una sonrisa que denotaba profunda amargura, Evan cargó todo su cosmos en el puño que sostenía el alma encerrada del egipcio.

    —Vaya… luchamos tanto para detenerlo y al final no podré disfrutar de la victoria junto con mi maestro…

    Entre lágrimas, el Caballero de Bronce dirigió un fulminante golpe contra sí mismo. Su objetivo era insertar el escarabajo de topacio en sus entrañas vivas.

    —«Adiós, señor Ikki… Adiós amigos… ¡Les encargo salvaguardar la paz en el planeta!!»

    —¡‘Puño de la Ilusión Demoníaca del Fénix’!!

    El agonizante Santo de Leo logró ejecutar a último momento su ken de bronce, logrando así paralizar el sistema nervioso de su impetuoso sucesor y detener su intento de autoinmolación.

    Con total incredulidad e impotencia, Evan vio a la destrozada figura de su maestro caminando a paso firme.

    Ikki avanzaba con su clásico porte serio y digno. Aunque su armadura dorada estaba en gran parte cuarteada y, golpes, magulladuras, quemaduras y la fatal herida que atravesaba su pecho lo aquejaban; no se dignó a siquiera mostrar una mínima mueca de dolor en su rostro. Al contrario, sus brillantes nuevos ojos anaranjados y felinos resplandecían con más ímpetu que nunca antes. Al Santo no le importaba lo grave de la incontenible hemorragia que manaba el agujero de su pecho.

    —Se… Señor Ikki… —balbuceó impresionado el inmóvil joven —¡¿Por qué… me ha detenido?!! ¡Es necesario que encierre a Ra en mi cuerpo!!! ¡Se nos acaba el tiempo para…!!!

    —No quieras hacerte el héroe, muchacho —le interrumpió implacable el de cabellera azulada, sin siquiera detenerse a mirarlo en medio de su solemne marcha—. Tu nuevo vínculo con el Fénix te permitió detener a ese sujeto y por lo tanto, tu papel en este combate ya terminó… Llegó la hora de que yo también demuestre la verdadera fuerza de mi constelación de oro…

    La armadura de Leo abandonó a su portador y se ensambló en su forma de object frente al intranquilo Santo de Bronce, cuya intuición le hacía esperar lo peor del hecho de ver a su antecesor desprotegido.

    Ikki se dirigió al lugar en el que se encontraban esparcidas las piezas de la Armadura Suprema de Ra y sin decir palabra, empezó la tarea de calzarlas manualmente sobre su cuerpo.

    Debido a que el ropaje sagrado no estaba diseñado para proteger a un ser humano, con cada placa de metal rojizo que el Santo colocaba en su ser, las piezas intentaban rechazarlo, elevando su temperatura y quemando la piel de quien tan atrevidamente osaba portarlas.

    Llevando en mano el casco de la Armadura Suprema y, soportando la terrible agonía que le producía vestir la misma; el Caballero de Leo consiguió dominarla con la ayuda de su ardiente cosmos.

    Al ver la escena de Ikki desplegando majestuosamente las alas del ropaje divino, a Evan le dio la impresión de que quien consideraba como su maestro, se había convertido en un dios. Y tal sentimiento no era exagerado, ya que el más experimentado de los Atenienses lucía un porte solemne y magnífico, muy similar al que tenía el supremo egipcio cuando utilizó esa armadura estando aún en goce de su existencia física.

    —Dijiste que se necesitaba de un contenedor vivo a fin de sellar para siempre a ese sujeto, ¿cierto? —inquirió el hombre en armadura divina, a pocos centímetros del maltrecho Fénix—. ¡Pues aquí tienes a uno perfecto para albergar su espíritu! ¡Ahora que me adueñé de su armadura, Ra no podrá escapar en milenios tras lo que planeo hacer!!

    —¡Deténgase, señor Ikki!! —le rogó desconsolado su paralizado interlocutor—. ¡Si fusiona su espíritu con el del dios, perderá completamente su esencia humana y no será más que un indefinido avatar sin voluntad!!

    El Dorado no acogió las advertencias, así que, suavizando un poco lo severo de su talante, le arrebató la joya roja de las manos.

    —Esa profunda cicatriz que tienes en el centro de la frente… —le dijo, mirándolo con una nada habitual actitud paternal—. Cada vez que la observes, recuerda el día en el que te convertiste en un verdadero hombre…

    Dicho esto, Ikki enterró violentamente el escarabajo en su cuerpo… El impulso de un golpe en llamas rebosante de un poder casi divino, le fue suficiente para perforar parte del peto de la Armadura Suprema e insertar la joya a través de la misma herida sangrante que le infligió Ra hace poco. El objeto sagrado quedó alojado a pocos centímetros del palpitante corazón del Santo de Oro.

    La incredulidad de Evan al ver esta escena fue tal, que no logró reaccionar en absoluto. Ver a Ikki sacrificándose de tal modo, era demasiado para él.

    Al presenciar el pasmado rostro de quien sería su alumno, el agonizante hombre se giro y se dispuso a abandonar la escena. Con el porte esplendoroso que le otorgaba vestir la armadura de Ra, empezó su marcha hacia las afueras de la ya tranquila ciudad.

    —«Jamás me habría imaginado haciendo este tipo de cosas por alguien que no sea nuestra diosa —reflexionó Leo, colocándose el casco del ropaje divino en medio de su marcha—, y mucho menos por alguien como Evan, ya que consideraba que no era más que un mocoso mimado que regresaría llorando a su vida de comodidades. Sin embargo, me demostró todo lo contrario con los años y por eso no me arrepiento de sacrificarme por él… Debo admitir que ese testarudo se ha ganado mi respeto… e incluso mi estima y mi cariño».

    Por un momento se detuvo y giró el rostro para mirar de reojo a su heredero de bronce.

    —Casi, lo olvido —le dijo Ikki con sumo orgullo—. Reconozco tu valía como un Santo de Atenea, como mi digno sucesor y como un igual… ¡Así que vive y protege a Atenea y a la Tierra en mi nombre, Evan de Fénix!!!

    Aquellas efusivas palabras sacaron al joven estadounidense de su trance. Al fin logró reaccionar al ver alejarse al hombre en armadura alada carmesí.

    —¡Por favor no me abandone, maestro!!! —le suplicó a lágrima viva—. ¡Comenzamos juntos esta batalla y usted me prometió que también la terminaríamos juntos!!!

    En medio de su desesperación e impotencia, Evan tuvo los suficientes bríos para desembarazarse de la parálisis provocada por el ken psicológico. Así que al verse en libertad de movimientos intentó correr con frenesí hacia su antecesor.

    —«Este chico me ha sorprendido hasta en los últimos momentos —continuó cavilando Ikki, esbozando una ligera sonrisa de satisfacción—. No cualquiera se deshace de una técnica ejecutada con el máximo nivel de cosmos... Lo siento, muchacho, pero este es nuestro adiós…»

    La armadura de Leo dejó su forma de object y se ensambló enseguida sobre el cuerpo de Evan. Esa fue la drástica medida final que tomó el dueño original de la cloth para detener nuevamente al Santo de Bronce.

    Al estar otra vez inmovilizado, el joven trigueño de lacia cabellera platinada se desesperó más todavía.

    —¡Maldita sea, Ikki!!! ¡¿Qué demonios planeas hacer con el espíritu de ese dios en tu cuerpo?! ¡¿A dónde rayos irás?!!! ¡Ikki!!! ¡No me ignores, infeliz!!! ¡Dame la cara al menos!!! ¡Ikki!!!

    Los gritos del joven se perdieron en la absoluta quietud que invadió ambiente cuando el legendario Dorado se alejó caminando de la escena.

    —«¿Acaso es paz absoluta lo que invade mi corazón? Vaya… no se siente nada mal… Me marcho tranquilo sabiendo que dejo todo en buenas manos… Evan, amigos, señorita Saori, hermano Shun… les pido perdón por… abandonarlos una vez más… Les prometo que… esta será la última vez… que lo hago… Adiós…»

    La última lágrima de Ikki cayó sobre la tierra quemada y su presencia y cosmos desaparecieron por completo. Al mismo tiempo, la amenaza que representaba Ra fue completamente erradicada y la quietud regresó a todo el continente americano.

    Una vez más el cielo rebozó de su tranquilizador color azul, el cual poco a poco iría restableciendo la paz en todas los pueblos de los Estados Unidos y el resto de América.

    Aunque el Santo Dorado ya no estaba presente, la cloth de oro de Leo resplandecía con vivaz intensidad al vestir a Evan y todavía emanaba la calidez y bondad que su dueño original nunca compartió con el sucesor de su constelación de bronce.

    Era la primera vez que tenía la oportunidad de percibir a su antecesor tan de cerca. El corazón le latía con intensidad al sentir los últimos residuos del cosmos de Ikki, los cuales le daban vida a su casi destruida cloth.

    Tal combinación de intensas emociones logró conmover profundamente a Evan, quien tras recuperar su libertad de movimiento, se arrodilló y lloró a toda voz por la desaparición de quien se sacrificó en su lugar.

    —¡No quiero esta armadura dorada que no me pertenece! —rugió, golpeando repetidas veces el piso con frustración, mientras que en su mente se formaba la clásica imagen seria del antiguo dueño del ropaje áureo que portaba—. ¡Yo quiero tener de vuelta a mi maestro!!! ¡Maldición!!!... ¡Eres un idiota, Ikki de Leo!!!

    La luz roja del Calendario Maya se apagó…

    El segundo sarcófago que convocó Anubis fue abierto y, quien reposaba en el mismo, regresó al mundo de los vivos…

    Continuará…

    ***

    Con ustedes un dibujo más de mi colección:

    Lindsey y Menouthis
    [​IMG]

    Agradezco a mi esposa por el gran trabajo en darle color.
     
    Última edición: 2 Marzo 2016
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