Macross (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Gerli, 29 Marzo 2018.

  1.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2445
    80




    Hal y Tass entraron juntos al puente de mando de la Rainbow llevando la enorme valija de plastico reforzado que habían estado cargando desde las barracas. Cuando al fin la depositaron en el suelo el ruido hizo que Amanda y Evans giraran las cabezas en su dirección.
    —¿Tuvieron problemas al hacer el cambio? —preguntó la Capitana poniéndose de pie.
    Tass se pasó la mano por la frente, lo que dejó una cuantas marcas de aceite en su rostro. —Nada demasiado complicado, aunque tuvimos que usar algunas herramientas improvisadas para acceder al núcleo de la computadora.
    Amanda asintió. —¿Que opinas ahora que lo has visto?
    La joven se dejó caer agotada sobre uno de los sillones pero su rostro revelaba una alegría que era imposible de ocultar. —¡Un Ghost! ¡En La Rainbow! ¿Como no me lo dijiste antes Amanda?
    De los presentes, solo Evans no tenía idea de lo que esos tres estaban hablando. —¿Un Fantasma? —preguntó.
    —Un Drone. —contestó Amanda tratando de zanjar rápidamente la curiosidad del médico. —Es solo un Drone ¿Verdad Tass?
    La forma en que dijo la última frase casi heló la sangre de la joven.
    —S-si. —dijo asustada. —Supongo que es un simple Drone.
    Hal suspiró profundamente. —Como sea Cap. Después de haber hablado con Tass sobre el tema, creo que hay una posibilidad al fin y a cabo.
    Amanda miró con interés al joven. —¿Seguro?
    Tass pareció recuperarse del susto y se inclinó en el sillon. —El programa de vuelo es relativamente sencillo, adaptarlo a las dimensiones y prestaciones del Ghost no debería suponer demasiado esfuerzo… siempre y cuando tengas la documentación necesaria.
    —Las tendrás. —afirmó la Capitana. —¿Qué hay del piloto?
    Tass sonrió. —Tengo o que necesitas. —dijo. —Aunque no es exactamente la clase de tarea para lo que está preparada… en fin, nada que no pueda improvisarse.
    Amanda frunció el ceño. —No me gusta como suena esa palabra Tass… aquí no se improvisa sobre la marcha. Debemos tener prevista cada eventualidad y tener preparados planes y procedimientos listos de antemano.
    La joven suspiró. —Si si… pero déjame terminar antes de sermonearme… como te decía, se trata de “enseñar” al Ghost a volar en El Campo ¿No?
    Hal y Amanda asintieron en silencio.
    —Bien, hace unos años que vengo trabajando en un proyecto de aprendizaje basado en Redes Neurales… Por supuesto que no tienen idea de lo que hablo ¿Verdad?
    —Yo si. —dijo Evans levantando la mano. —Recuerdo haber leído algo de eso. Son sistemas de aprendizajes computacional basados en redes neuronales artificiales. ¿No?
    Tass asintió. —Exacto.
    Amanda levantó un ceja. —¿Tienes una IA aprendiendo en la Red de la Rainbow? —preguntó.
    —Ajá.
    —¿Cómo es que me entero ahora…?
    —Son proyectos en los que trabajo en mi tiempo libre… la mayoría de las veces son cosas que no son de tu interés Amanda…
    La mujer hizo un gesto con la mano. —De acuerdo. Continua.
    —Bien, además del programa de vuelo de Hal tambien disponemos de todos los logs que sus Drones han registrado durante todos estos años de operación… mi idea es meter esos datos en un simulador y reproducir todas las situaciones en las que los robots de Hal participaron dentro del Campo.
    —Estamos hablando de cientos de horas de vuelo. —dijo Hal.
    —Creo que entiendo a lo que quieres llegar. —dijo Amanda. —Pretendes crear simulaciones de cada vuelo y dejar que tu IA “aprenda” de ellas.
    —Exacto. —dijo entusiasmada. —A estas alturas la capacidad de aprendizaje de Green debe estar lo suficientemente desarrollada y podría aprender a volar Drones en apenas unos días.
    —¿Quien? —preguntó la Capitán.
    —Green… así se llama la IA que estoy programando.
    Amanda se cruzó de brazos mientras miraba a su subordinada—Curioso nombre has elegido… de acuerdo, me parece un plan razonable. ¿Además de la documentación del Ghost, que más necesitas?
    —Ya le di acceso a todos los datos de las Barracas. —dijo Hal. —También le di acceso a los registros del transporte, hay información de respaldo que también puede serle útil.
    Amanda asintió complacida. —Bien, antes de empezar, Tass quiero preguntarte una cosa.
    —Adelante.
    —Esa IA tuya. ¿Es segura?
    Tass se sorprendió ante la pregunta. —Claro. ¿Porque lo dices?
    La mujer se acomodó la gorra de Capitán y miró fijamente a Hal. —Por nada. —dijo. —Solo quiero asegurarme que se respeten todos los procedimientos ante cualquier clase de contingencia… sea lo que sea.
    Tass asintió. —De acuerdo. —dijo. —Solo una cosa más necesito saber.
    —Pregunta.
    —¿Que hago con las armas?
    Evans abrió los ojos con sorpresa. —¿Armas? ¿A qué te refieres?
    Hal bajó la mirada al piso. —Si Ralph se entera estaremos en problemas. —dijo. —Hay un contenedor ventral lleno de misiles activos en ese Ghost.
    Amanda se sentó en su sillón y cruzó las manos. —Haz de cuenta que no están. Que tu programa no contenga ninguna instrucción que permita activarlas.
    Los dos jóvenes asintieron en silencio, no así Evans.
    —¿Armas activas? ¿En una nave? Amanda creo que estas cometiendo una equivocación.
    La mujer se enderezó en la silla. —Nadie va a usar esas armas Doctor, no hay nada de qué preocuparse.
    —No me gusta… no me gusta nada eso. —volvió a repetir el hombre. —Deberías esperar a que el transporte esté reparado.
    —No hay tiempo.
    Evans guardó silencio mientras meditaba profundamente lo que acababa de escuchar. —¿Qué hay del piloto de la NUNS? ¿Qué hacemos si se llega a enterar de que tenemos una nave armada en la Colonia?
    Amanda y Hal se miraron entre si y luego miraron a Tass.
    —¿Que? —se puso a la defensiva la chica.
    —El Teniente Glenn no tiene por que saber nada. —dijo Amanda. —¿Verdad Tass?
    La joven abrió la boca para responder pero ninguna palabra salió de la misma.
    —¿Verdad? —volvió a preguntar la Capitana.
    —Esta bien. —se dio por vencida Tass. —No diré nada.
    Hal tomó su Pad y manipuló el aparato para proyectar una imagen sobre la parte despejada de la pared. —Entonces este es el plan. —dijo.
    Una representación tridimensional del espacio alrededor de la Colonia apareció ante ellos. La Rainbow era perfectamente visible en el centro del campo esférico de color azulado. Hal deslizó sus dedos sobre la pantalla y la vista se centró en el Campo. Millones de partículas amarillas representaban los escombros más grandes que los radares situados cerca rastreaban continuamente.
    —Basados en la rotación actual del disco interior, podemos predecir la ubicación del blanco con unos doscientos o trescientos metros de precisión horizontal y cien de vertical…. al menos durante las primeras noventa y seis horas desde que estas lecturas fueron tomadas hoy por la mañana. —aclaró el joven.
    —Cuatro días. —dijo Amanda. —¿Qué pasará después del cuarto día?
    Hal designó una zona circular en un lugar del campo que quedó resaltada en naranja. —Luego el margen de error aumentará en cincuenta metros cada dia.
    Tass suspiró. —Con la radiación afectando el rendimiento y alcance de los sensores de rastreo, esos cincuenta metros extra son varias horas más de busqueda… pero también hay que tener en cuenta la capacidad de Green de aprendizaje. Cada vez que salga ahí fuera será un poco más eficiente que la vez anterior.
    —Estas muy confiada en ese programa. —comentó Evans cruzandose de brazos. —¿Haz instalado guardas de seguridad adecuadas?
    Antes que la joven pudiera responder Amanda se adelantó. —Tass sabe lo que hace. Si ella dice que es seguro entonces tenga por cierto que lo es.
    El hombre asintió. —Bien.—dijo. —Solo me puse algo nervioso al escuchar juntas las palabras “Armas” e “IA”.
    —¿No podemos simplemente sacar los misiles? —preguntó Hal. —Will podria hacerlo.
    Al escuchar el nombre de su amigo Tass dió un respingo. Por suerte Amanda pareció no darse cuenta de la reacción de la joven.
    —Lo pensaré. —dijo. —Pero remover carga de la nave podría hacer que necesitaremos recalcular su masa y ajustar su programa de vuelo… no, dejemos los misiles donde están.
    La joven suspiró aliviada. —Por cierto. —dijo mirando al Doctor. —¿Qué hace usted aquí?
    Evans se encogió de hombros y echó una mirada a la Capitana. —Vine a discutir un asunto delicado con la Capitán Kyle. —dijo.
    Amanda asintió. —Estábamos justo a la mitad de la charla cuando ustedes llegaron.
    —¿Quieres que nos vayamos? —preguntó Tass indecisa.
    —No, no te preocupes Tass, todavía tengo que discutir otros asuntos con ustedes dos. El Doctor Evans estaba hablando sobre algo relacionado a la energía musical...
    Hal se rascó la cabeza. —¿Otra vez las canciones de Matt? —preguntó.
    Evans suspiró. —Matt es el único de esta Colonia que produce Sound Energy… a veces siento que estoy explotando al pobre chico con mis investigaciones pero… me temo que esto que tengo que reportar es importante.
    —Yo diría que la cerveza que Ralph y el hacen ya es algo importante. —dijo el Operario entre risas. —Matt es un buen chico y creo que te daría toda su sangre si se la pidieras para experimentar con ella.
    Ahora fue Evans el que se sobresaltó al escuchar la palabra “sangre”. —Uhh… bueno… digamos que es algo relacionado con eso. —dijo mientras desviaba la vista de los demás.
    —Expliquese por favor. —dijo Amanda.
    El hombre miró a la Capitana y suspiró. —De acuerdo. —dijo poniéndose de pie. —Ya le di una versión resumida a Amanda así que con ustedes tendré que dar la lección completa.
    El hombre caminó hacia el centro de la oficina y extrajo su Pad del bolsillo de su delantal. —Empecemos desde el principio. —dijo proyectando una imagen hacia la pared.
    Una imagen de microscopio apareció en donde antes Hal hubo mostrado a los demás su mapa del Campo. —¿Reconocen esto?
    —Sangre. —dijo Tass mirando a la Capitana. Amanda asintió en silencio.
    —Exacto. Esta sangre es de un tipo especial, se la denomina Fenotipo Alfa Bombay.
    Hal inclinó la cabeza. —Nunca escuche hablar de eso. —dijo.
    Un mapa de La Tierra reemplazó la imagen del microscopio y Evans señaló una serie de islas del Océano Pacífico. —Este es un mapa de La Tierra previo al Holocausto de la 1era Guerra Espacial. Esta sangre proviene de esa zona.
    La pantalla enfocó una isla en particular y varios datos geográficos aparecieron superpuestos sobre el terreno. —Aquí es donde la Protocultura estuvo en contacto por primera vez con la raza humana. —dijo Evans. La sangre que vieron pertenece a un grupo de habitantes de la zona con descendencia directa de aquellos primeros humanos modificados por los alienígenas ancestrales
    —¿Osea que el Ser Humano proviene de ahí?
    Evans movió la cabeza. —No. La raza humana ya se encontraba distribuida en gran parte del globo para ese entonces. África, Europa y Asia y ciertas partes de América ya estaban poblados por diferentes grupos de humanos. Aquí en la Isla Mayan lo que se produjo fue la intervención de la Protocultura en el genoma de la raza humana, lo que provocó el aumento de la capacidad cognitiva y la aparición de muchas características nuevas que resultaron ser fundamentales para el desarrollo de una sociedad más avanzada…. todo eso surgió aquí mismo.
    La imagen volvió a mostrar el planeta entero mientras Evans utilizaba el dedo para señalar varios puntos del globo terráqueo.
    —Lo que siempre intrigó a los investigadores es la velocidad con la que estos cambios al genoma humano se esparcieron por toda el planeta. Según los registros fósiles excavados alrededor del mundo, casi un 99% de la población humana sufrió la alteración de sus genes en un plazo no mayor a cien años. Cambios tan repentinos a nivel planetario desafían la lógica de cualquier modelo científico basado en física, química o patrones demográficos.
    —¿Por? —preguntó Hal.
    —Porque no se trata de pasar los genes de generación en generación, eso demoraría muchos cientos de años de desplazamientos de los grupos humanos y sabemos con seguridad que los habitantes de Mayan nunca se aventuraron demasiado lejos de su isla. Además la distribución de individuos debería haber seguido un patrón expansivo en todas direcciones, algo muy difícil dado el enorme obstáculo que representa el Océano Pacífico. La única corriente migratoria posible es saltando de isla en isla en dirección a Asia o hacia Oceanía.
    El hombre dibujó grandes flechas a lo largo de las islas del Pacífico hasta la India. —Es un viaje muy largo para hacerlo en pequeños botes. Tenía que existir otra explicación.
    La pantalla mostró ahora una pequeña laguna de aguas cristalinas donde unas extrañas ruinas con forma de arco sobresalian del agua.
    —El fenotipo Alfa Bombay se manifestaba diferente en hombres y mujeres. Por los registros que sobrevivieron de las investigaciones del Doctor William Hasford en la isla Mayan sabemos que ciertas mujeres poseían habilidades que solo se producían bajo ciertas condiciones especiales, mejor dicho, durante el canto.
    Amanda asintió con la cabeza. —¿Sound Energy?
    —Así es. Tal y como hace Matt con las plantas del jardín de Ralph, estas mujeres podían hacer crecer los cultivos, sanar heridas y otras clases mas de “milagros” en el medio ambiente. No pasó mucho tiempo antes que fueran reverenciadas como enviadas de los dioses y nombradas Sacerdotisas del Viento.
    —¿Viento? —preguntó Tass. —¿Porqué Viento?
    Evans se aclaró la garganta. —Probablemente el Viento formaba parte del culto de los Mayan previo a la llegada de la Protocultura… o tal vez la manifestación de los poderes creaba la impresión del movimiento del aire entre los indígenas ¿Quien sabe? Después de todo el viento no es más que lo que percibimos cuando los gases de la atmósfera se mueven de un lado a otro a consecuencia de las diferencias de energía que calientan o enfrían ciertas partes del planeta.
    —Suena como magia. —bromeó Hal
    —Para ellos lo era. En fin, se teorizó que mediante la manifestación de estos “poderes” las Sacerdotisas del Viento no sólo modificaban su alrededor, también de alguna forma creaban un vínculo entre toda la humanidad y era mediante esta relación que la información genética era transmitida y alterada a escala planetaria…. al menos es lo que dice la teoría.
    —Conozco esa teoría. —dijo Amanda. —No hay evidencia que la respalde.
    —Hasta ahora. —dijo Evans.
    La imagen de la pantalla volvió a cambiar. Ahora lo que aparecía era una célula de forma regular.
    —Un glóbulo rojo. —dijo Hal. —Esa hasta yo la conozco.

    Evans accionó el Pad y lo que parecía ser un video se reprodujo en pantalla. —Esto sucedió el día del incidente en El Campo. —dijo Evans.
    La célula comenzó a brillar, casi imperceptiblemente al principio, pero aumentó rápidamente su intensidad como si desde su interior una pequeña estrella púrpura se encontrara luchando por salir del cascarón.
    —¿Que se supone que estamos viendo? —preguntó Amanda.
    —Un glóbulo rojo de la Inspectora de Seguridad Ambiental Cinthya Ross. —dijo agachando la cabeza.
     
  2.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2084
    81




    El interior estaba débilmente iluminado. A la pálida luz azulada que daban las pantallas de monitoreo colgadas a los lados del escenario Cinthya pudo distinguir apenas la silueta de las sillas de metal apiladas a cada lado de las paredes del salón de Actos. La mayoría del espacio libre del recinto parecía haberse usado para alojar y mover equipos electrónicos de diversos usos. Docenas de cables cruzaban el piso en todas las direcciones, aunque la mayoría parecía converger hacia el fondo y centro del salón, donde el modesto escenario se elevaba sobre una tarima de madera rodeado de unos simples bastidores de tela que disimulaban lo que habia detras.
    En el centro del escenario se encontraba un solitario piano vertical, rodeado de cables y aparatos a una distancia prudencial, como espectadores silenciosos del músico en escena.
    En el momento de entrar al recinto la joven notó un ligero cambio, como si al penetrar en el interior su cuerpo hubiese provocado una ligera onda en la superficie calma del aire del salón. Esa onda se expandió a lo largo del mismo hasta llegar al piano. La música continuó sin cambios, pero un leve estremecimiento en la luz que rodeaba al instrumento fue evidente para Cinthya.
    La puerta se cerró con suavidad y sin ruido tras ella. Casi en puntas de pie, evitando hacer el menor ruido la joven avanzó lentamente por entre los manojos de cables sin quitar la vista del sitio donde la música emanaba como una fuente de notas cristalinas.
    Por la forma que estaba situado el piano en el escenario Cinthya no podía ver al pianista directamente. Solo el contorno de su espalda se destacaba sobre la pálida luz azulada que enmarcaba la escena. La joven rodeó lentamente el piano por el lado izquierdo pisando con cuidado en los sitios libres.
    La silueta de Matt se destacaba contra el fondo oscuro del salón. Estaba sentado en el pequeño taburete giratorio apenas inclinado sobre las teclas de su instrumento, completamente concentrado en su arte, moviendo no solo las delicadas manos sobre cada tecla, sino que todo su cuerpo parecía ser una extensión de las mismas, acompañando de forma sutil cada pulsación, cada vibración, como si piano y pianista formaran una unidad inseparable, respondiendo mutuamente a cada estímulo que carne y madera recibían y devolvian con cada acorde.
    La escena la fascinaba. Era algo mágico, como una de esas ilustraciones de acuarelas que solían decorar los cuentos de hadas.
    No supo distinguir el paso del tiempo mientras contemplaba al pianista ejecutar su obra. Simplemente se quedó allí de pie junto a las silenciosas máquinas mientras la canción continuaba fluyendo desde el piano.
    Sólo volvió en si cuando las últimas notas sonaron y murieron en la penumbra del salón, que poco a poco pareció volver a formar parte del mundo que lo rodeaba. Al cesar la música también había cesado la misteriosa atmósfera que los rodeaba. Matt se enderezó y volviendo la cabeza miró a Cinthya a los ojos.
    —Hola. —dijo simplemente, como si hace rato que supiese que la joven estaba ahí contemplandolo.
    La joven permaneció inmóvil en el sitio aún presa del hechizo. Las palabras del muchacho terminaron por hacerla volver a la realidad. —Matt… —dijo confundida. —Eso fue… hermoso..
    El rostro del joven se encendió de rubor. —Gra-gracias. —dijo mientras se pasaba una mano por el cabello rojo.
    Cinthya se acercó al piano y acarició uno de los lados del instrumento, sintiendo el tacto de la madera en sus dedos. —Escucharte en persona es… diferente. —dijo sin saber como expresar lo que sentía. —No solo el sonido del piano se escucha mejor, la canción es más… profunda. —dijo mirando al sorprendido joven. —Perdona.. yo… no sé expresarme bien con estas cosas.
    Matt sonrió y sacudió la cabeza. —Esta bien Cinthya, entiendo lo que queres decir… y te agradezco.
    —¿Puedo? —dijo la joven señalando el piano. —Matt asintió con la cabeza y observó maravillado como la joven arrimaba uno de los taburetes cercanos y se sentaba junto a él.
    Cinthya pulsó una de las teclas y la nota sonó clara y vibrante. El joven respondió pulsando una nota similar en la escala opuesta del teclado. Cinthya se rió y pulsó otra tecla diferente, haciendo que Matt contestara con otra pulsación.
    Era una especie de diálogo lento, donde la joven elegía una tecla al azar y el joven respondía con una nota que la complementaba, creando una elemental melodia en el pequeño espacio que ambos compartían frente al piano.
    Podrían haber estado un rato largo jugando de esa forma casi infantil, sino fuera porque en un determinado momento los hombros de ambos se rozaron, haciendo que repentinamente tomaran noción de lo escasa que se había vuelto la distancia entre uno y otro. Cinthya fue la primera en levantarse.
    —Nunca había tocado uno. —dijo mientras deslizaba la mano por el teclado.
    —No se compara para nada con los verdaderos pianos de cola… ojala algun dia pueda tocar uno de esos.
    Cinthya retiró la mano y se volvió al joven con resolución en la mirada. —¿Pero qué dices? ¡Por supuesto que podrás tocar en uno! ¡Estoy segura que serás un gran pianista!
    El joven se sonrojó y volvió la vista hacia las blancas teclas.
    —Tienes un gran talento Matt. ¿Tienes ganas de dedicarte profesionalmente al piano? —preguntó mientras se apoyaba en una de las mesas de equipos electrónicos.
    Matt movió la cabeza sin quitar la vista del teclado. —No… yo… yo no creo que pueda irme de la Rainbow.
    Cinthya observó al joven en silencio, sin saber que decir a continuación. Las palabras de Matt estaban cargadas de pena, eso era indudable.
    —¿Enserio no puedes irte? —preguntó con preocupación.
    Matt continuó con la vista baja mientras deslizaba sus finos dedos por las teclas, como si el contacto de las mismas sirviera para relajarlo. —No es que… en realidad… todavía no quiero irme.
    La forma en que dijo esa palabra llenaron de curiosidad a la joven. —¿A qué te refieres Matt?
    —Tengo… tengo que hacer algo antes de irme. —dijo mirando a la joven a los ojos. —En El Campo.
    La mención de aquel peligroso sitio despertaron los recuerdos de la experiencia que la joven había tenido entre los restos de la antigua batalla. Por un momento le pareció que los reflejos de la poderosa arma de energía había destellado por una fracción de segundo en el interior del Salón.
    —¿Cinthya? —preguntó Matt preocupado al ver a la joven llevarse la mano a la cabeza. —¿Te encuentras bien?
    —Estoy bien. —respondió ella mientras se apartaba un mechón de cabello. —Es solo que… ese sitio me dá escalofríos ¿Que tienes que hacer en un lugar como ese?
    Matt se puso de pie lentamente y apartó el taburete donde había estado sentado momentos antes. —Es… no se si pueda explicartelo Cin… es algo que yo debo ver por mi mismo.
    Una de las pantalla de monitoreo se encendió por unos pocos segundos y volvió a apagarse, al parecer todo el equipo estaba en una especie de modo de hibernación esperando para registrar vaya a saber que reacción.
    —Yo estuve allí Matt. —dijo la Joven mientras se sentaba sobre un sitio libre entre los aparatos electrónicos. —No hay nada más que chatarra… chatarra y cadáveres momificados, es un sitio horrible.
    —Es lo mismo que dice Mina. —dijo el joven.
    Cinthya se sobresaltó al oír el nombre de la muchacha.
    —Se que todos intentan protegerme.. y estoy muy agradecido por ello, pero es algo que debo buscar por mi mismo, yo se que hay algo ahí fuera, mi música casi ha llegado a tocarlo.
    La música. Cinthya comprendió de inmediato que Matt no estaba hablando de la música como si de una simple canción se tratara.
    —Tú música.—dijo la joven mirando fijamente el rostro de su compañero. —Estas hablando de tu poder ¿Verdad?
    Matt asintió en silencio.
    —Manuel y Akemi me explicaron muchas cosas ayer. —continuó hablando la joven. —Cosas sobre energía del sonido… ondas FOLD y la herencia de la Protocultura…. todo sonaba muy irreal, casi mágico.
    —Entiendo. —dijo el joven apartando la mirada del rostro de Cinthya. —Todo lo que rodea a mi música es así de extraño y misterioso. Se que puede parecer antinatural y todo eso a los ojos de los demás…. pero es algo que surge de mi interior.
    —Lo sé Matt… pero no quise decir que fuera algo desagradable o extraño… tu música es maravillosa y lo que puedes hacer con ella lo es aún más. ¡Vi cómo curaste a Ralph en un instante! ¡Vi como las rosas revivian y florecían nuevamente!
    El chico guardó silencio mientras escrutaba el rostro de la joven, parecía estar indeciso sobre algo. —¿Puedo preguntarte algo, Cin?
    —Dime.
    —¿Crees que la Protocultura es buena o mala?
    La pregunta sorprendió a la joven. Era algo que jamás se había planteado en su vida. —¿La Protocultura?
    —Nuestros creadores.
    Cinthya se cruzó de brazos mientras observaba el parpadeo de las pequeñas luces de un monitor cercano. —No lo sé Matt… realmente no lo se. Tu pregunta entra casi en el campo de la Filosofía. ¿Fue algo ético lo que hicieron con nosotros? ¿Tenían el derecho de modificar el camino de nuestra evolución natural? ¿O acaso fue una obra egoísta por su parte? Creo que esas preguntas son demasiado profundas para darte una respuesta verdadera. ¿Tu que opinas?
    —Yo… al principio creí que los dones que nos habían prodigado eran señal de algo bueno. Como si no pudiera ser de otra forma. La música, la literatura, el arte en general… la Cultura es un don demasiado maravilloso para ser dispensado al azar…. pero ahora.
    —Ahora estás asustado. ¿Verdad?
    El joven asintió. —Es mi sangre. —dijo.
    El silencio en el edificio se había vuelto algo palpable. Ahora incluso hasta se podía oír claramente el murmullo de los pequeños ventiladores de los equipos electrónicos. Cinthya sintió un ligero escalofrío. —¿Tu sangre? —preguntó.
    Evans dice que cuando toco el piano mi cuerpo…. sufre una especie de cambio, como si la música actuara directamente sobre las células de mis tejidos y órganos.
    —¿Como cuando curaste a Ralph?
    Matt meneó la cabeza. —No. Evans dice que que la canción solo afecta de esa forma a mi propio cuerpo.
    —¿Pero tu estas bien? ¿Acaso te hace daño cuando tocas?
    El joven volvió a sacudir la cabeza. —La verdad es que no lo se. Al parecer cuando las ondas FOLD adquieren cierto nivel durante mis interpretaciones, algunos genes en mi organismo comienzan a cambiar, como a reprogramarse.
    Cinthya miró al joven confundida —¿Genes?
    —Así es. A veces es un cambio sutil, como el color de mis ojos, casi siempre los tengo marrones pero a veces se me ponen verdes, incluso les he tenido azules durante un tiempo. Otros cambios son un poco más problemáticos, como el de mi sangre por ejemplo.
    —¿Sucede algo malo con tu sangre? —preguntó preocupada la joven.
    Últimamente… parece que mi sangre ha comenzado a reaccionar a esta especie de interferencia de los genes. Evans dice que puede ser la producción de hormonas extra durante la emisión de ondas FOLD o que un cambio más profundo se está llevando a cabo incluso dentro de la médula de mis huesos… en definitiva, cree que de seguir estos cambios es probable que mi tipo de sangre cambie.
    —¿Tu grupo sanguíneo?
    Matt asintió. —Yo siempre fui de Sangre Grupo O, era el único con esta sangre en la Rainbow por lo que soy el unico que tiene una reserva individual en el banco de sangre de la Colonia. Pero ahora Evans dice que mi sangre está lentamente alterando su composición, creando una especie de Antígenos que no existen en este tipo de sangre.
    —¿Y eso no es… peligroso? —preguntó Cinthya. —¿No hay algun tratamiento que pueda detener ese cambio?
    El joven caminó unos pasos hasta una de las mesas y se sentó tal y como había hecho Cinthya. —El Doctor dice que hay que esperar. Cree que es mejor dejar que el cambio se produzca y que adopte el nuevo tipo de sangre en cuanto se establezca.
    —¿Y no hay peligro que tu sangre se vuelva… incompatible con tu propio cuerpo?
    —Evans dice que no, al menos no si el cambio se produce lentamente. Cree que eventualmente todas mis células se adaptaran al cambio y pasaré a tener algo llamado Fenotipo Proto-Bombay.
    Cinthya escuchó asombrada lo que el chico había dicho. —¿Proto-Bombay? ¿Estás seguro?
    Matt asintió.
    —¡Matt! ¡Es el mismo tipo de sangre que yo tengo!
     
  3.  
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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    104
     
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    82




    —Se ve bien. —dijo Gray ajustando su asiento. —Puedes empezar a calentar el motor FOLD.
    El joven asintió mientras hacía bailar sus dedos sobre el teclado. A pesar de tener puestos los guantes del traje de vuelo, la rapidez con la que introducía las secuencias de coordenadas en el pequeño teclado no dejaban de impresionar al viejo piloto.
    La computadora revisó la información y pidió una confirmación. Luego mostró una representación del Plano Galáctico y la posición relativa de la nave con respecto a los destinos seleccionados. Una fina y brillante línea roja indicaba el trayecto por el cual el Salto FOLD de largo alcance los llevaría.
    La cabina de la Río Grande estaba tenuemente iluminada. Apenas lo suficiente para que los dos pilotos distinguieran las siluetas de cada pieza de equipo o control diseminados por el pequeño puente de mando. Los preparativos para un FOLD de larga duración eran importantes, ya que cada etapa demandaba varios días consecutivos de viaje transdimensional durante los cuales toda la energía del reactor de la nave se usaba exclusivamente para mantener la burbuja WARP, dejando el resto de los sistemas desactivados o con las mínimas reservas de energía disponibles para una eventual emergencia.
    Como decía Gray; necesitaban todo el “jugo” disponible.
    Casi todas las pantalla del puente mostraban el brillo esmeralda característico de las interfaces de monitoreo de sistemas “en verde”. Esa era la clase de colores que a Gray le gustaban.
    —Todo en Verde, Cap. —confirmó Mike frotándose las manos.
    —No soy ciego muchacho. —contestó el piloto. —¿Distancia al punto de Entrada?
    El copiloto consultó la pantalla. —Trescientos kilómetros más para salir de la zona amarilla.
    Gray asintió en silencio y extendió el brazo para seleccionar un par de controles en el panel del techo. El monitor frente a ellos mostró una ventana de video donde se veían los contenedores en fila tras ellos, pero no era eso lo que quería ver Gray.
    —Pareciera que ahi atras no hubiera sucedido nada ¿No? —preguntó Mike señalando el disco opaco de material del Campo que se veía claramente en la lejanía.
    —Si esa arma dimensional hubiese atravesado perpendicularmente el disco ahora mismo veríamos otra cosa completamente diferente. —comentó el piloto.
    Mike chasqueó la lengua. —Todavía no entiendo qué le ve Amanda o Unity a este lugar. —dijo.
    —Rentabilidad seguro que no. —respondió Gray. —Los materiales del Campo son valiosos, especialmente las aleaciones y materiales superconductores que se extraen de esas armaduras destrozadas… pero la logística de extracción es una pesadilla.
    —Ni hablar de los costes de transporte. —agregó Mike. —¿Entonces porque siguen ahí?
    Gray suspiró y volteó la cabeza en dirección a su compañero. —Si realmente piensas convertirte en un transportista espacial algún día será mejor que abras más los ojos, chico.
    Mike inclinó la cabeza confundido. —¿Eh? No entiendo Cap….
    El viejo piloto golpeó con el puño el casco de su copiloto. —Piensa Mike, piensa: ¿Cuantas veces nos cruzamos con los transportes que se llevan el material procesado de la Rainbow..? ¿Cuantas veces observaste naves cargando en el hangar principal?
    El joven bajó los ojos pensativo. Al cabo de un momento miró a su Capitán —¿Nunca?
    —Nunca. —repitió Gray. —¿Eso no te dice nada?
    —Que no venden lo que procesan…. ¿Pero que rayos..? ¿Cómo...?
    Gray se rió. —¿Tantos años conmigo y recien te das cuenta? La Colonia Rainbow no exporta ni vende nada de lo que saca del Campo… simplemente lo almacenan.
    —¿Osea que trabajan a pérdida? ¿Cómo es posible eso?
    Antes que el piloto pudiera responder una serie de indicadores parpadearon en las pantallas principales. Ambos tripulantes centraron su atención en la información que se desplegaba frente a sus ojos.
    —Energía alcanzando niveles óptimos Cap.
    —Despliega la burbuja Warp.
    Las luces de la cabina comenzaron a perder intensidad a medida que la energía del reactor fluía fuera de la nave, creando una burbuja protectora que los llevaría con seguridad a través del espacio dimensional.
    —¿Recuerdas cuando veniamos desde la Barrow y le comentamos a Amanda lo del VF-19? —pregunto Gray de repente.
    Mike asintió con la cabeza. —Me acuerdo. También se sorprendió al escuchar la noticia.
    —¿Y vos le creíste?
    A través del visor del casco el viejo piloto vió como Mike abrió bien grandes los ojos. —¿Desconfias de Amanda? —preguntó asombrado. —¿Qué quieres decir?
    —Que nunca te guies por las apariencias Mike… como regla general, casi nada es lo que parece. Amanda y Unity tienen sus propios planes, así que hagan lo que hagan con su Chatarra no es problema nuestro.
    Mike volvió a asentir. —¿Y por que saca este tema justo ahora?
    —Porque ayer le dije a ese piloto de la NUNS que nunca me había cruzado con una PMC cerca de la Rainbow… pero no fue más que una verdad a medias..
    —Qué es lo mismo que una mentira a medias. —respondió el copiloto con un gesto de la mano. —¿Insinuas que ese VF-19 que nos cruzamos antes era de Unity?
    Gray se rió. —¿Insinuar? ¡Estoy casi seguro que era una de las Amazonas en persona!
    Mike abrió la boca para responder pero el resplandor de la pantalla de entrada FOLD lo interrumpió de pronto. El punto donde la nave debía usar su burbuja warp para “perforar” el tejido dimensional se proyectaba desde la nave y creaba un campo energético de un millar de colores. Era un espectáculo que incluso los veteranos de mil saltos como Gray nunca se cansaban de ver. Casi de inmediato la familiar distorsión óptica creo fantasmas de lo que veían, la misma luz era quebrada y reflejada mientras la energía que los envolvía cambiaba la materia a un estado compatible con el traspaso a la interdimensión.
    El Salto FOLD seguía estando rodeado de una especie de mística para los pilotos espaciales. Incluso cuando la base de la tecnología y las propiedades de los procesos involucrados en cada parte del viaje eran conocidos desde hacía más de cincuenta años, el hecho de abandonar la propia dimensión para poder desplazarse por la galaxia era algo que rayaba lo arcano.
    Los dos pilotos guardaron un respetuoso silencio mientras la el reactor de la Rio Grande terminaba de proyectar el campo de entrada e impulsaba a la nave hacia delante, perforando como una flecha la materia multicolor donde terminaba la dimensión y comenzaba el misterioso espacio FOLD.
    El proceso culminó en solo unos segundos. Una vez del otro lado, la nave debía impulsarse a relativamente poca potencia ya que el mantenimiento de la burbuja de energía requería de casi todo el poder del reactor. En las grandes naves militares propulsión y sistemas FOLD eran componentes individuales, pero la Rio Grande aun usaba uno de los primeros modelos de Salto FOLD que habían salido al mercado Civil luego de la Primera Guerra Espacial.
    El comienzo del viaje era lento, pero a medida que la nave cobrara velocidad dentro del espacio Dimensional progresarian rápidamente.
    Gray reclinó su asiento mientras la explosión de colores llenaba por completo el cristal al frente de la cabina.
    —La Amazonas…. —Mike sacudió la cabeza. —Crei que solo usaban QRaus y nunca se Micronizaban.
    —Al parecer si lo hacen. Pero lo mas raro es haber visto a una sola de ellas, generalmente esta clase de escuadrones trabajan en parejas. —el viejo piloto hizo el ademán de acariciar su barba pero el cristal del casco se lo impidió. —Eso me hace pensar que podría haber otro VF-19 ahí fuera.
    El joven miró a su Capitán y suspiró. —Un misterio tras otro —dijo. —Hablando de pilotos ¿Que le pareció el del VF-17?
    —¿Jim? Me pareció un buen tipo. Tomamos un par de tragos juntos en la cafetería el otro dia e intercambiamos algunas anécdotas… no me dijo mucho de él así que fue más lo que adiviné que lo que me enteré por su propia boca.
    Mike sabía que a Gray le encantaba hablar de sus colegas de profesión y no hizo ademán de interrumpirlo.
    —Probablemente el Teniente Jim sea un buen piloto para los estándares de la NUNS y con seguridad se merezca su puesto en las fuerzas especiales… o en lo que sea que el Escuadrón de Enlace Situacional haga…
    —Guerra Electrónica. —corrigió Mike.
    —Ya se que es eso muchacho, me refiero a que probablemente no sea el mejor lugar para un piloto como él. Los pilotos de combate no deben volar computadoras con alas, deben volar armas, deben estar siempre al borde del peligro ¿Me entiendes?
    Mike asintió. —Comprendo, pero está usando muchos “Probablemente” y “seguramente” ¿Pero qué le pareció como piloto?
    Gray hizo una mueca de disgusto. —Directo al grano ¿Eh? Pues te lo diré… esta nueva generación de pilotos “de manual” no son pilotos verdaderos. Saber disparar o conocerse un par de maniobras de un curso de vuelo defensivo no te convierten en un piloto de combate.
    —No todo el mundo es un “natural” jefe…
    —Tampoco yo lo fui, sin embargo tuve los mejores puntajes de mi clase en la academia militar y no por leer libros….
    El joven se encogió de hombros. —Las cosas cambian Cap.
    —Para peor… si ya se, estoy hablando como un viejo… ¡Dilo!
    Mike hizo un gesto de obviedad.
    —Lo que pasa. —dijo el hombre con tono indignado. —Lo que pasa es que estos nuevos “pilotos” son más fáciles de controlar. ¿Pero sabes qué es lo peor? No son los altos mandos los que piensan en la carne de cañón que envían al frente… no señor, ni siquiera sirven para eso. Ahora dejan eso a las computadoras.
    Mike giró la cabeza confundido. —¿Que?
    —¿Haz visto los VF-171? Prácticamente vuelan solos. El piloto solo debe mantener el culo pegado al asiento para que la computadora verifique que hay un humano dentro de la cabina… ¿Despegar? Lo hace la computadora ¿Vuelo crucero? Computadora ¿Vuelo en formación? Computadora...
    —Ok ok… ya entendí. Osea que no te gustan los Pilotos Automáticos…
    Gray gruñó. —No es que no me gusten… Las ayudas de vuelo están bien, lo que no está bien es que el piloto no tenga control sobre el botón que las enciende o…. mierda.
    La frase quedó tan abruptamente interrumpida que Mike ni siquiera pudo reaccionar a todos los eventos que se sucedieron en fracción de segundos. De pronto pareció que el espectro multicolor fuera de las ventanillas se quebraba en un millar de líneas blancas, luego fue una luz brillante que los encegueció.
    Solo Gray sabía lo que estaba sucediendo.
    —¡Colapso de burbuja! —gritó apartando la vista del frente y colocando sus manos sobre los controles. El reactor de la nave acaba de cortar todo el suministro de energía y el descenso abrupto de la tensión había disparado todos los mecanismos de emergencia. El espacio Fold se dobló sobre si mismo, o mejor dicho, envolvió a la nave como si de pronto hubiera detectado a la intrusa y quisiera aplastarla por haber osado a aventurarse en sus dominios secretos.
    Sin la burbuja protectora, la materia de la nave no pudo permanecer fuera de su dimensión originaria. La poca energía residual que conservaba el casco se disipó y de forma repentina, una enorme herida de luz surgió en un punto del espacio, expulsando al paralizado carguero a la oscuridad del vacío.
    Los dos tripulantes quedaron aplastados contra sus asientos. La súbita materialización en la dimensión actual creaba un gran stress en todas las moléculas del cuerpo. Las fuerzas que gobiernan la física del Universo actuaron de inmediato sobre la recién llegada materia, creando peligrosas fluctuaciones cuánticas.
    Mike respiró una bocanada de aire al sentir que sus pulmones se habían vaciado por completo. —¿Que mierda fue eso? —gritó en cuanto pudo llenar su pecho de aire puro.
    Gray estaba mucho mejor preparado que su camarada para el shock posterior a la ruptura de la burbuja. Ya lo había experimentado antes y nunca creyó poder volver a vivir el terror que lo embargaba frente al desastre inminente.
    No obstante nada de esto importaba ya. Los ojos de Gray estaban fijos en lo que repentinamente había aparecido frente a ellos, a una distancia de unos pocos centenares de metros.
    —I-Imposible. —Balbuceó abriendo bien grandes los ojos. —Imposible. —volvió a repetir mientras movía la cabeza con incredulidad.
    Mike había quedado casi cegado por el brillante resplandor al colapsar la burbuja. Lentamente abrió los ojos sin entender qué era lo que sucedía. —Capitán ¿Que rayos…?
    Dos poderosos reflectores se encendieron y obligaron al joven a cubrirse el visor del casco con el brazo. —¡Capitán!
    La Rio Grande activó sus impulsores delanteros y se detuvo frente al grupo de extraños que había aparecido frente a ellos. Gray retiró las manos de los controles y miró el panel de mando como si fuera la primera vez que lo veía. La nave acababa de ejecutar una maniobra que el no había comandado. Entonces ya no tuvo ya la menor duda.
    —Estamos jodidos. —dijo simplemente dejando colgar sus brazos a los costado de su cuerpo. —Estamos bien jodidos. —repitió mientras giraba la cabeza en dirección al joven, entonces pareció reaccionar —¡Mike!. ¡Mike por todos los cielos escúchame con atención! —gritó sujetando al muchacho por el traje espacial. ¡Mike! ¿Puedes oírme?
    Los cascos de los dos hombres chocaron entre sí cuando Gray atrajo al joven violentamente hacia si. —¡Mike!
    El joven tardó unos segundos en reaccionar. Con los ojos y la boca abierta vió la expresión de su Capitán y por primera vez sintió terror. —¿Qué sucede…?
    —Escúchame con atención… pase lo que pase, NO HAGAS NADA ¿Me escuchaste? NADA.
    —Esa es una buena orden, Capitán. —dijo una voz extraña.
    Gray soltó a su copiloto y volvió a quedar sentado en su asiento. Había comprendido que sus vidas ya no les pertenecian. Sea lo que sea que sucediese a continuación, solo el destino lo sabia.
    —No hagas ni digas nada Mike. —repitió mientras cerraba los ojos.
    Mike imitó a su Capitán y volvió a reclinarse en su posición. Ahora podia mejor lo que sucedía allá afuera.
    A unos treinta o cuarenta metros de la nave un nutrido grupo de individuos los observaban con atención desde una variada selección de naves y transportes de todo tipo y clase. Mike podía contar al menos una docena de pequeños transportes de tipo transbordador, algunos de ellos verdaderas ruinas flotantes.
    Pero lo más inquietante eran las armaduras que rodeaban el perímetro. Mike contó media docena de robots, todas armaduras de combate.
    —Zentradis. —exclamó el joven.
    —Piratas. —lo corrigió Gray.
    Dos de los transportes se pusieron en movimiento hacia la Río Grande escoltados cada uno por dos armaduras. La extraña voz que había hablado antes volvió a sonar por el sistema de comunicación interno del carguero.
    —Prepárense a ser abordados. —dijo.
     
  4.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    29 Marzo 2018
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2668
    83




    Virya jamas habia hecho tantos saltos seguidos. Ya había perdido la cuenta alrededor de las dos docenas de ellos y Exedore parecía no mostrar señales de estar más o menos cerca del objetivo. En todo caso era evidente que al lugar al que se dirigian no se podía llegar fácilmente. Cuerpos celestes extraños como púlsares, agujeros negros, distorsiones FOLD y otras cosas que ni siquiera tenían nombre para la guerrera eran obstáculos del espacio que formaban regiones inaccesibles para los viajeros interestelares.
    Pero no eran los peligros del espacio lo que obligaban al Archivista a seguir esa intrincada ruta. Su destino era un lugar tan secreto, tan celosamente protegido por la armada Zentradi que ninguna precaución estaba de más a la hora de desplazarse hasta allí. Era de vital importancia que no fueran seguidos por ningún enemigo.
    Maya habia permanecido en silencio desde que el transporte había comenzado con su cadena ininterrumpida de saltos. Tanto su armadura como la de Virya permanecían abiertas una frente a la otra en el enorme compartimiento destinado a transportar una docena de guerreros listos para el combate. Las dos Meltrans estaban sentadas en el suelo en completo silencio, girando las cabezas de vez en cuando para seguir los movimientos que el Archivista realizaba. El Zentran era el único de los tres que parecía saber lo que estaba haciendo.
    Las horas se sucedían una tras otra sin nada que las diferenciase de la anterior, salvo tal vez el creciente malestar que las dos guerreras parecían compartir en ese momento. Al final fue Maya la primera en ponerse de pie.
    —¡Debura! —exclamó de pronto apoyándose en su armadura. —¡Debura! —volvió a repetir con inusitada furia.
    Virya se removió inquieta en su lugar. Había estado meditando profundamente en todo lo sucedido las últimas horas y, no para su sorpresa, seguía encontrando todo el asunto verdaderamente incomprensible.
    No era que no supiese que decir, en ese momento decenas de palabras se le venían a la mente. No, no era ese el problema.
    El problema era ella misma.
    ¿Quien era Virya ahora? Hace mucho tiempo y en circunstancias completamente diferentes, se había planteado la mism pregunta. ¿Quién era ella? ¿Una Meltran? ¿Una Comandante? ¿Una Archivista? La guerrera nunca había obtenido la respuesta a su pregunta y en definitiva había resuelto convivir con todas las respuestas posibles. No había una verdadera Virya, todas eran parte de algo más grande, más general… ella era una Zentradi.
    Pero ya no.
    Dortrad-Jen lo había dicho, con sus palabras había quitado a Virya su linaje y pertenencia. Ella ya ni siquiera era Zentradi… era.. algo diferente, algo roto.
    Algo defectuoso.
    La palabra tenía un mal sabor. Virya se dió cuenta que no era realmente la exactitud con que la palabra la describiera a ella lo que la molestaba ¿Como podía ser su existencia un error, una falla? ¿Acaso no había demostrado ser la mejor guerrera de toda la flota? ¿Cómo podía una anomalía o un defecto ser la mejor?
    —No tiene sentido.
    Para sorpresa de Virya, las palabras no salieron de su boca, sinó de las de Maya.
    —No tiene sentido.. ¡Debura! —volvió a exclamar la joven golpeando el costado de su armadura con evidente frustración. La joven permaneció en silencio y de pronto giró su cabeza en dirección a Virya.
    —¡Capitán!
    La Meltran se sobresaltó al escucharla, pero no dijo nada. No podía decir nada.
    —¡Capitán Virya!
    Maya se acercó y la levantó del suelo, tomándola fuertemente de los restos del traje de vuelo hasta que sus rostros estuvieron a la misma altura.
    —¡¿Que sucede Capitán? ¡Responda! —gritó sacudiendo fuertemente a la silenciosa Meltran.
    Virya se mordió el labio y apartó la vista de Maya. Un remolino de sensaciones diferentes se sacudía dentro de su cabeza.
    —¡Capitán!
    El grito de Maya llamó finalmente la atención de Exedore, quién apagó la proyección del holograma que se desplegaba frente a el a medida que se daba la vuelta. —¿Sucede algo su Excelencia?
    Maya soltó a Virya, quien volvió a quedar sentada en el suelo con la cabeza gacha. La joven meltran miró al Archivista y luego volvió a contemplar a quien fuera su superiora apenas un día antes.
    —¿Que… qué le sucede a Virya?
    El Archivista observó con atención a Maya y luego fijó su vista en Virya. —Está rota. —dijo simplemente. —¿Algo más?
    La forma casual en la que el Zentran había comentado el estado de Virya hizo que Maya apretara los dientes. —¿A qué rayos se refiere? —respondió conteniendo la furia. —¡No está herida!
    —Su estado mental ha sido comprometido. —contestó Exedore con el mismo tono de voz. —El daño no es en el cuerpo de Virya, es algo que sucede en el interior de su cerebro.
    Maya no podía creer lo que el Archivista estaba diciendo.
    —Eso… eso no puede ser. —dijo bajando los brazos. —¿Su mente? ¿Que rayos le pasa a su mente?
    —Virya ya no es una Zentradi. Usted misma escuchó las palabras de Dortrad-Jen. Quien fuera la Capitán Virya en el pasado ahora no es nadie, su existencia sólo se debe a la voluntad de su excelencia.
    “Su Excelencia”, la palabra la enfureció aún más.
    —Virya no puede luchar como un Zentradi porque ya no lo es y combatir es el único sentido que tiene su vida. Sin su espíritu de lucha Virya es… una cáscara vacía —dijo mientras volvía la vista hacia la pantalla que había vuelto a encenderse. Evidentemente el tema no le interesaba y había dicho todo lo que tenía que decir sobre la desdichada Meltran.
    Maya apretó los dientes. Acaba de comprender el significado de esas palabras.
    Palabras, esa era la clave.
    Recordó los dichos del Archivista referente a las palabras. Había pasado no mucho tiempo de ese breve intercambio de radio hacia ¿Dos? ¿Tres días? Luego de todo lo que había pasado desde su “incorporación” violenta al escuadrón de Virya esos días parecían haber transcurrido hacía varios ciclos.
    “Las palabras son peligrosas” había dicho Exedore.
    Y tenía razón, solo habían bastado tres palabras para destruir a la mortal guerrera Virya y transformarla en un cadáver viviente.
    “No eres Zentradi”, tres palabras que en un instante habían logrado lo que flotas enteras de enemigos no habían podido hacer nunca.
    Pero había algo más, tenía que haber algo más. Maya sabía que el conocimiento necesario para salvar a Virya residia en alguna parte.
    —Archivista Exedore.
    El Zentran volvió la cabeza en dirección a Maya. —¿Sí, excelencia?
    —¿Cómo llegó la Capitán Virya a ser lo que es?
    La pregunta sorprendió al Archivista, quien guardó silencio mientras su cabeza se convulsionaba de forma ya habitual para la guerrera. —Curioso que lo pregunte. —dijo al cabo de un rato. —El caso de Virya ha sido muy interesante de analizar y estoy seguro que aportará invaluable información para el futuro de nuestra raza.
    —No me interesan los datos o el futuro. —contestó la guerrera mientras se ponía en cuclillas para estar a la altura del rostro de Exedore. —Quiero conocer su origen, su pasado.
    —Su… ¿Historia? —preguntó confundido el Archivista.
    —Eso… sí, eso mismo.
    El Zentran volvió a apagar la pantalla holográfica y centró toda su atención en Maya. —Son… muchos datos los que tengo registrados.
    —Tenemos tiempo ¿Verdad?
    Exedore hizo una mueca que bien podría haberse traducido como un suspiro de resignación. —De acuerdo. —dijo. —Puedo narrar los acontecimientos relacionados a las actividades de Virya desde los registros de sus combates y operaciones, pero hay ciertas partes que, evidentemente, no han sido debidamente documentadas… como el caso de su anatomía “extra”.
    Maya asintió en silencio mientras el Archivista retraia sus apéndices debajo de la túnica y se preparaba para contar la historia.

    Exedore narró la historia de Virya de forma extraña, utilizando muchas palabras que Maya no conocía y que la obligaban a interrumpir cada dos por tres al Zentran para exigir explicaciones. A pesar de lo difícil que resultaba para una simple guerrera entender el punto de vista de los altos mandos Zentradi, Maya fue, poco a poco, comprendiendo los orígenes y luchas por las que su antigua líder había pasado durante los ciclos que sirvió como la mejor combatiente en la flota de Dortrad-Jen.
    Cuando Exedore narró los acontecimientos de la extraña misión en la que Virya fue transformada en Micrón para salvar la nave de Kreegan, muchas cosas quedaron en claro para la joven Guerrera.
    —Es evidente que el proceso de Micronización aceleró los cambios en los genes de Virya. —dijo Exedore recordando el episodio. —Tanto el Comandante Supremo como nosotros los Archivistas teníamos el conocimiento que esas cosas podían suceder durante el procedimiento. Ahora que analizo bien la situación, no es posible que Virya haya logrado ocultar su estado sin ayuda de quienes en ese momento eran sus superiores.
    —Dulmei. —dijo Maya.
    —Si, es evidente que Dulmei encubrió a Virya luego de cumplida la misión. ¿De qué otra forma se puede explicar lo ocurrido? Esa Meltran acogió a Virya bajo su protección y al hacerlo evitó que detectaramos el peligro de los defectos genéticos en esa guerrera.
    —¿Por qué? —preguntó la guerrera. —¿Porque son peligrosos los genes de Virya?
    —Porque son diferentes. —la forma en que Exedore pronunció la frase hizo que Maya se estremeciera. —Los Zentradi somos lo que somos porque nuestros cuerpos están hechos para la guerra. Cualquier cosa que se aparte de ese propósito es una clara contradicción a nuestra existencia.
    —Pero Virya es la mejor guerrera de toda la flota. —dijo Maya sin comprender. —¿Porque sus genes no la hacen una mejor Zentradi? ¿Que tienen de malo?
    Exedore frunció el entrecejo. —Usted misma lo ha visto. —dijo. —Desobedecer órdenes, cuestionar la autoridad, incluso enfrentarse al mismísimo Comandante Supremo ¿Le parecen esas cualidades beneficiosas en un soldado? No— se respondió a si mismo. —La variedad genética crea individuos unicos y diferentes, pero los Zentradi luchan como un solo ser. No necesitamos esa clase de comportamientos en nuestra guerra.
    —Entonces es eso. —entendió Maya. —Virya es única y por eso debe morir.
    —No. —Exedore sacudió la enorme cabeza. —No se trata solamente de eso. Las expresiones de individualismo no representan el verdadero peligro de las mutaciones genéticas. Hay una razón todavía más importante, pero no puedo discutirla aún.
    —¿”Aun”? —preguntó Maya
    —Tal vez… si, tal vez cuando lleguemos a nuestro destino. —dijo el Archivista. —Todo se aclarará allí. Ahora si me lo permite, seguiré con la historia.
    Exedore continuó describiendo cómo los cambios de actitud de Virya luego de recuperar su tamaño normal habían traido dudas al Alto Mando de la flota, no obstante su desempeño como soldado era tan extraordinario que el propio Dortrad-Jen había dado vía libre a que se explotara todo el potencial de la Meltran, dándole libertad a elegir sus propias misiones y blancos. La reputación de Virya creció con el paso de los ciclos, así como lo hacía su audacia y nervios de acero.
    —Pero cuando destruyó a ese escuadrón de entrenamiento. —dijo el Archivista mientras echaba una rápida ojeada a Virya quien seguía sentada en el suelo con la cabeza gacha. —Ahí supimos que había ido demasiado lejos. El propio Kreegan juzgó necesario poner un fin a esas peligrosas muestras de individualismo. Fue una suerte que las cosas hayan salido como finalmente salieron.
    —La batalla.
    Exedore asintió. —La batalla final contra nuestros enemigos. El saber que el fin de la flota se acercaba obligó a Dortrad-Jen a poner en marcha su plan, lo que en definitiva me dió a mi la oportunidad de interceder ante Kreegan.
    —Lo que finalmente salvó su vida.
    —Realmente curioso. —exclamó el Zentran. —La forma en que se han desarrollado las cosas no tienen precedente en la historia de nuestra gente. En fin, eso es todo lo que tengo para contar sobre Virya, el resto lo ha vivido usted en persona.
    Exedore se dió vuelta y volvió a encender la pantalla donde la ruta del transporte estaba siendo planificada.
    Maya meditó profundamente en todo lo que había oído. Indudablemente Virya era la mejor guerrera de toda la flota, tenga o no tenga esos dichosos genes trastocados. ¿Acaso se había vuelto demasiado peligrosa? ¿Cual era el verdadero peligro que su existencia presagiaba? Maya no lo sabia, solo sabia que… debía salvarla, era su obligación como camarada, como superior. Tenía que haber una forma de anular el efecto de las palabras del Comandante Supremo, sí solo…
    —Archivista Exedore.
    —¿Excelencia?
    La guerrera tragó saliva. —¿Cual es su estimación sobre el estado del combate de nuestra flota en…. en estos instantes?
    Los filamentos tentaculares que sobresalian por entre los pliegos de la túnica del archivista dejaron de moverse de pronto. —¿A que se refiere?
    —¿Dónde está nuestra flota ahora?
    Exedore guardó silencio, pero las protuberancias de su cabeza se movían violentamente.
    —Archivista…
    —Destruida. —dijo el Zentran apagando nuevamente la pantalla. —A estas altura la flota de Dortrad-Jen ya debe haber cumplido su misión.
    Destruida. Tres millones de naves, más de veinte millones de guerreros Zentradis.
    Muertos.
    —No, no está destruida. —dijo de pronto Maya tomando nuevamente a Virya por la tela desgarrada del traje—¿Lo ha oído, Capitán?
    —Su Excelencia….
    —¡Silencio! —casi gritó la Meltran en dirección a Exedore, quien cerró la boca de inmediato. —¿Me escucha Capitán Virya? ¿Lo entiende? —las sacudidas se volvieron más violentas. —¡Nosotros somos ahora La Flota!
    La boca de Exedore se abrió casi tan grande como sus dos ojos. —Eso no es…
    Maya dio un paso atrás y cerrando el puño golpeó violentamente el estómago de Virya. El golpe fue tan fuerte que envió a la incapacitada guerrera volando hacia una de las paredes del transporte. Su propia armadura roja fue la que detuvo el corto vuelo con un terrible golpe.
    Virya aulló de dolor.
    —De-Deculture! —exclamó Exedore sin dar crédito a lo que presenciaba.
    —¡De pié Capitán Virya! —dijo Maya con un tono de voz tan diferente que hizo que el Archivista retrocediera un paso asombrado. —¡ES UNA ORDEN!
    La guerrera se puso inmediatamente de pie. Los ecos del poderoso grito de Maya no se habían extinguido todavía pero la Meltran se había incorporado sin decir una sola palabra.
    Maya contempló a su compañera en silencio. Las palabras, eso era era la clave. Había poder en ellas. —Archivista Exedore.
    Exedore había comenzado a temblar. Su cabeza era un verdadero hervidero de pulsaciones y latidos exagerados, hasta el color verde de algunas partes de su cráneo se había blanqueado un poco. —¿Su Excelencia…?
    —Ponte junto a Virya. Ahora.
    Exedore obedeció, sin peros. Simplemente se puso al lado de Virya en silencio mientras contemplaba atónito a la figura que se encontraba parada frente a ellos.
    —No son sólo las palabras ¿Verdad? —preguntó Maya al confundido Archivista.
    —No. —Exedore comprendió de inmediato a donde quería llegar la joven guerrera. —Las palabras tienen poder, pero solo para quien las utilice adecuadamente
    —Y en el momento justo.
    Virya estaba de pie pero su mirada seguía perdida. Maya temió por la mente de la Meltran. ¿Sería demasiado tarde?
    Solo había una forma de averiguarlo. Tomando una profunda bocanada de aire, la guerrera se plantó frente a quien fuera su mentora.
    —Dortrad-Jen ya no existe. —dijo. —Sus palabras han muerto con él ¿Me ha escuchado Capitán Virya? Solo quedamos nosotros tres Zentradis para continuar la guerra.
    —Tres Zentradis es una flota realmente pequeña. —dijo Exedore mirando de reojo a Virya. —¿Verdad?
    —Tenemos a la Capitán Virya. —contestó Maya colocando la mano sobre el hombro de la guerrera. —Ella vale por Treinta… no ¡Cincuenta!
    —No tengo los datos que respalden semejante afirmación, pero podría calcular..
    —Cincuenta. —exclamó Maya mirando fijamente al Zentran que de inmediato se encogió aún más dentro de la túnica.
    —Si... su Excelencia. Cincuenta…. es un buen número,
    Un extraño sonido sorprendió a ambos ¡Virya se estaba riendo!
    —Ca.. ¿Capitán? —exclamó Maya abriendo bien grandes los ojos por la sorpresa.
    Virya levantó una mano y la apoyó sobre el brazo de la confundida guerrera. —¿Era necesario el golpe en el estómago? —preguntó con una media sonrisa.
    —Funcionó conmigo ¿No?
    —Aprendes rápido, recluta.
    —Almirante....—corrigió Maya. —Bienvenida de vuelta Capitán Virya.
     
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    Gerli

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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    Drama
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    104
     
    Palabras:
    2600
    84




    El silencio se había adueñado por completo de la torre de control. Todas las miradas se volcaron hacia Evans quien, bastante nervioso, no dejaba de meter y sacar las manos de los bolsillos, como si buscase algo que sabía que no estaba realmente ahí.
    Amanda abrió la boca pero luego lo pensó mejor y simplemente se llevó la mano a la frente, como aquejada por un repentino dolor de cabeza. —Dime que estás bromeando.
    El doctor se encogió de hombros y volvió a dirigir su mirada hacia la pantalla. —Lo se. —respondió apenado. —No fue nada ético lo que hice pero..
    —Doc… ¿Qué rayos estaba pensando..? —El rostro de Amanda se había empezado a congestionar por la ira. —Se suponía que su investigación era para el bienestar de la Colonia y ahora me sale conque ha estado utilizando tejido sin autorización de dicha persona… ¿Se da cuenta que ha cometido un delito?
    El ambiente se había vuelto demasiado tenso. Hasta la propia Rebecca apartó los ojos de su monitor por un momento al escuchar el tono de voz encolerizado de su Capitán.
    —Amanda…
    —Expliquese Evans. —dijo cortante la mujer. —¡Ahora!
    El hombre suspiró y tomó asiento en una de las terminales de monitoreo mientras se quitaba los lentes y los limpiaba de forma lenta. —Esto va a llevar un rato.
    La mujer no mostraba signos de querer cambiar de idea por lo que Evans no tuvo mas remedio que comenzar a hablar.
    —Como bien saben ustedes mis trabajos de investigación se centran principalmente en el estudio de las células y su interacción con la energía dimensional.
    Tanto Amanda como Tass asintieron. Rebecca y Hal solo tenían una vaga idea sobre lo que el facultativo estaba hablando.
    —Generalmente la energía proveniente de otras dimensiones no se manifiesta en la nuestra. Cada dimensión está separada por barreras físicas muy poderosas que son mantenidas en su lugar por las diferentes fuerzas que actúan sobre la materia y energía del universo… Gravedad, campos magnéticos, etc. Solo bajo condiciones muy especiales se puede producir una conexión entre nuestro universo y lo que llamamos “Espacio FOLD” que en realidad no es una dimensión en sí, sinó una especie de medio ENTRE dimensiones.
    La tecnología FOLD que nuestra especie obtuvo de los restos alienígenas que cayeron al Planeta Tierra nos permitió explorar este nuevo medio y explotar sus capacidades para el viaje interestelar. Hasta aqui me siguen ¿Verdad?
    Todos asintieron.
    —Bien, el viaje FOLD es posible gracias a la enorme cantidad de energía que se necesita para envolver al objeto que se prepara para viajar y hacerlo compatible con las diferentes fuerzas elementales que reinan en el Espacio FOLD. Esta especie de burbuja que nos aísla de las leyes físicas normales y nos permite viajar más rápido que la luz debe ser mantenida durante todo el viaje ya que, de lo contrario, la materia es expulsada del espacio dimensional de forma violenta y, generalmente, muy peligrosa.
    Entonces para resumir, la materia de este universo no puede interactuar con el Espacio FOLD. Esto se consideró una ley inviolable durante mucho tiempo… hasta que se descubrió una excepción.
    Evans tomó de nuevo su Pad y busco una imagen entre sus miles de archivos fotográficos. —Esto. —dijo señalando la pantalla.
    El color de la imagen tiñó buena parte de la torre de control de sutiles tonos púrpura.
    —¿Un mineral? —preguntó Hal intrigado.
    Amanda frunció el ceño. —¿Qué es eso? —preguntó.
    —Se llaman Cuarzos FOLD. Es un material exótico y muy raro con propiedades muy especiales.
    —¿Que clase de propiedades? —preguntó intrigada Tass.
    —Básicamente, se trata de la única forma conocida de materia estable que existe en nuestro universo y en el espacio dimensional simultáneamente.
    Amanda hizo un gesto de sorpresa. —¿Simultáneamente? ¿O sea…?
    —Sin necesidad de cambiar su estado o utilizar una burbuja Warp. Este material es compatible con cualquiera de los estados dimensionales conocidos.
    —Increible.
    Evans volvió los ojos hacia la pantalla. —Estos cristales son tan raros que solo unos pocos científicos tienen acceso a ellos. Solo recientemente, luego de años y años de solicitar una oportunidad al Gobierno Unificado para estudiarlos se me concedió una pequeña muestra.
    —¿Le enviaron de esas cosas? —preguntó Tass.
    —Si, llegaron con la Río Grande el otro dia, pero eso no es lo extraordinario… verán, durante mucho tiempo estuve preparando los equipos de análisis y espectrográficos para comenzar a trabajar con estas muestras. Instale sensores en varias partes de la Colonia, en mi laboratorio y, especialmente, en el Salón de Actos.
    —Otra vez Matt. —comentó Hal.
    —Si, mi intención era examinar los cristales expuestos a la música de Matt pero pasó algo… desconcertante el otro dia.
    —Durante el incidente en El Campo. —dijo Amanda.
    —Asi es, yo estaba calibrando los equipos, ansioso por empezar a trabajar con las muestras lo más pronto posible cuando mis instrumentos comenzaron a detectar la reacción de los Cristales a la energía musical… casi me caigo de la silla cuando vi las lecturas
    Hal se rascó la cabeza. —No entiendo ¿No se supone que eso era justo lo que sus aparatos tenían que hacer?
    Evans suspiró. —Si claro.. el problema es que las muestras todavía no habían llegado… y mis instrumentos detectaban su reacción a solo unos metros de mi laboratorio.
    Los presentes hicieron silencio expectantes de lo misteriosa que se estaba volviendo la historia. Hal carraspeó y Rebecca se movió inquieta en su silla frente al radar de aproximación de la Rainbow.
    —Lo primero que pensé fue en una falsa lectura, luego en una broma luego… en fin, comencé a quedarme sin opciones. Entonces levanté la vista hacia los monitores que tengo instalados sobre mi escritorio y me di cuenta que durante todo ese tiempo Matt había estado tocando el piano en el Salón de Actos y ya no tuve ninguna duda. —Evans señaló la pantalla. —Algo estaba reaccionando a la música de Matt y estaba muy cerca. Así que sin pensarlo dos veces me puse a buscar la fuente de aquella señal. Tome uno de mis espectrógrafos portátiles y salí de mi laboratorio en la dirección general de donde habían procedido las extrañas lecturas. Mi laboratorio está contiguo a la Clinica asi que sea lo que sea que había reaccionado a la música estaba dentro de alguno de las habitaciones.
    En ese momento la Doctora Yuki estaba en su consultorio con un paciente, así que revisé mi propio consultorio primero pero no encontré nada anormal. Entonces entré al consultorio del Doctor David…
    Amanda levantó la mano para interrumpir a Evans. —Un momento. —dijo. —Antes de continuar permítame decir algo a los demás. —La mujer miró a cada uno de los presentes directamente a los ojos. —Todo lo que aquí se diga es confidencial ¿Entendido? No se que es lo que está sucediendo pero sí Evans actuó de esa manera, al menos debemos darle el beneficio de la duda.
    Tass, Hal y Rebecca asintieron en silencio.
    Evans inclinó la cabeza. —Gracias por su voto de confianza Capitán.
    —Continue.
    El hombre asintió. —Revisé la habitación y pude constatar que había una ligera firma de energía FOLD proveniente de uno de los recipientes donde descartamos el material biológico usado. Sin dudarlo tomé el recipiente y volví al laboratorio.
    Resultó que la firma de energía provenía de una ampolla de aplicación de un medicamento inyectable. Algunas plaquetas y glóbulos rojos habían quedado adheridos al material vítreo de la ampolla y resultaron ser susceptibles a la energía musical que emanaba de Matt. Inmediatamente extraje las muestras y las analicé en el microscopio con los filtros adecuados para analizar los cristales y… si, en efecto eran el mismo tipo de comportamiento que otros investigadores habían observado en el cuarzo FOLD.
    —Entonces buscó en la base de datos la identidad del propietario de esa sangre. —observó Amanda.
    Evans asintió. —Si, como los contenedores de material biológico se vacían por la noche solo debía ver cual de todos los pacientes del Doctor David se había atendido en las últimas horas.
    —¿Y no lo consultó con el? —preguntó la mujer cruzándose de brazos.
    —Estaba durmiendo a esa hora y no hubiese querido molestarlo…
    —De acuerdo, continue.
    El hombre respiró profundamente. —Di fácilmente con la información que buscaba. La señorita Cinthya Ross había sido la última paciente del turno de David y su historia clínica temporal de visitante había sido actualizada con la información pertinente a su diagnóstico… bueno, no es necesario que revele esa clase de información supongo.
    —Si… no hagamos algo poco ético. —comentó Hal en broma pero una feroz mirada de la Capitana Kyle lo volvió a silencio.
    Evans suspiró. —Lo sé… en fin, a esas alturas ya tenía una ligera sospecha de lo que podía estar pasando pero me pareció algo demasiado fortuito… así que pedí un informe completo de ambos visitantes.
    —Un momento. —lo interrumpió Amanda. —¿También del Teniente Glenn?
    —Me pareció… adecuado revisar los datos del Teniente, por las dudas… —reconoció el hombre desviando la mirada.
    —De acuerdo… ¿Que sucedio despues?
    —La petición de los datos del Teniente Glenn fue rechazada de inmediato, pero la de la Señorita Ross llegó al instante. Como lo suponía su tipo de sangre era el que yo esperaba.
    —Alpha Bombay.
    —Exactamente, en sus datos figuraba sangre de tipo Bombay pero yo sabía que probablemente quien confeccionara dicha ficha no podía distinguir entre ambos Fenotipos… sólo son identificables por sus propiedades FOLD y esa clase de diferencias sólo puede ser establecida con instrumental especializado que no se encuentra en cualquier centro médico o clínica común.
    —Tengo una pregunta. —dijo Tass levantando la mano. —Usted nos mostró antes imágenes de esa sangre Alpha Bombay. ¿Acaso esa muestra no reaccionó con la música de Matt?
    Evans sacudió la cabeza. —Esa muestra lleva varios años en mi laboratorio y casi me había olvidado de ella. Cuando vi el fenotipo de la Señorita Ross recordé que la tenía y la extraje de inmediato del congelador de muestras mientras Matt tocaba las últimas notas de su canción. Para mi sorpresa la sangre de mi archivo no mostraba esa clase de reacción o brillo características del Cuarzo Fold.
    Hal se cruzó de brazos mientras echaba una mirada a la pantalla. —El misterio se profundiza. —comentó de forma casi teatral.
    Amanda permaneció pensativa mientras los demás se miraban desconcertados. —Me alegra haber aclarado eso Doctor. —dijo finalmente. —Pero ahora queda una pregunta fundamental por responder: ¿Porque es tan importante esta investigación?
    Evans apagó la pantalla y se quitó los lentes. —Para salvar la vida de Matt, espero.
    El rostro de Tass se nubló de preocupación
    —¿Qué le pasa a Matt? —preguntó Rebecca poniéndose de pie. El resto de los presentes también reaccionaron con alarma.
    Evans extendió las manos hacia delante en un gesto de contención. —Calma, se los explicaré enseguida… todo está relacionado con la hipótesis que discutimos antes y posiblemente la llegada de la Inspectora Ross sea una verdadera bendición.
    —Explíquese. —dijo Amanda con la mirada fija en el profesional.
    —¿Recuerdan cuando hablamos de como las Sacerdotisas del Viento podían crear un vínculo Dimensional con la propia humanidad? ¿Y que de esta forma se podía cambiar el genoma humano a escala planetaria? Creo que Matt…. creo que Matt ha estado haciendo eso.
    Amanda frunció el ceño. —¿Como? ¿Aquí en la Colonia?
    El hombre volvió a hacer el mismo gesto con las manos. —Se porque estas preocupada Amanda… no, Matt no ha estado reescribiendo los genes de la gente de la Rainbow, eso te lo aseguro. Me temo que solo sus propios genes son los que han sido sometidos a un proceso de mutación generado por la energía que su música produce.
    —¡Pero entonces hay que evitar que siga tocando! —gritó Tass preocupada. —Amanda tienes que hacer algo.
    —Va a ser más fácil pedirle a Matt que deje de respirar me temo. —comentó Hal sacudiendo la cabeza.
    —Cálmense todos. —pidió Rebecca acercándose al grupo. —dejen que Evans nos explique.
    El hombre dió unos pasos hacia la enorme ventana que mostraba el campo estrellado y permaneció en silencio contemplando la vastedad del cosmos. —Es su sangre. —dijo volviéndose a los demás. —Poco a poco la energía dimensional ha estado alterando ciertos genes en su cuerpo y últimamente su médula ha comenzado a producir hormonas que han comenzado a cambiar el tipo de fenotipo de su sangre.
    —Déjeme adivinar. —dijo Amanda suspirando, —Alpha Bombay.
    Evans asintió. —Correcto. —El cambio es lo suficientemente sutil y lento, pero se va acelerando cada vez que Matt toca el piano. Mi preocupación es que en algún momento su cuerpo no tolere un cambio particularmente brusco y se produzca una reacción hemolítica grave, que podría ser fatal.
    El silencio volvió a reinar en la torre de control, la respiración de todos se podia escuchar claramente.
    —Que… ¿Qué podemos hacer? —preguntó Rebecca.
    —Primero hablar con la señorita Ross. —dijo Amanda. —Quiero que usted Doctor Evans le explique lo sucedido y solicite su ayuda. Si su sangre puede salvar la vida de uno de los ciudadanos de la Colonia, entonces debemos pedir su colaboración.
    Evans asintió en silencio.
    —El resto de ustedes. —dijo Amanda mirando a cada uno de los presentes. —Aquí se ha discutido información confidencial y privada sobre un habitante de la Rainbow, les pido discreción y, especialmente, que tengan fe en el trabajo del Doctor Evans. Estoy seguro que el podra sanar a Matt.
    Tass y Hal asintieron mientras Rebecca volvió a su puesto de monitoreo.
    —Bien, espero que podamos resolver esta situación. —dijo La Capitana mientras se apoyaba en una de las consolas.
    Tass dió un paso al frente aún con preocupación en la mirada —Crees… ¿Crees que Matt estará bien?
    La mujer asintió. —Es joven y lleno de energía. Estoy segura que podrá salir adelante con la ayuda de todos… por cierto, hablando de eso.
    —¿Si?
    —Recuerdo que hace unos años cuando estabas en la escuela junto con Will solías hacer escapadas al Interior ¿Verdad?
    Tass no supo cual de los nombres disparó más alarmas en su cerebro. —¿El… el Interior? —preguntó nerviosa.
    —No te hagas la tonta Tass, se que solían ir a jugar a los exploradores más allá de las zonas restringidas… tu, Will y acaso también Hal. —dijo lanzando una mirada incriminatoria al joven.
    —A mi no me metas en líos. —contestó el joven. —Ese sitio me da pesadillas.
    Amanda suspiró. —Como sea. Necesito saber una cosa Tass ¿Tienes forma de monitorear partes del Interior desde la central de seguridad?
    La pregunta tomó por sorpresa a la joven. ¿En el Interior? No… bueno si, están los sistemas originales de vigilancia de la Flota 37, nunca los actualizamos al nuevo estándar de la Colonia. Vaya a saber si todavia funcionan ¿Porque lo preguntas?
    La Capitán Kyle se cruzó de brazos. —Necesito buscar algo que se ha perdido en el Interior. —dijo como sin darle importancia. Evans desde el rincón levantó la vista interesado. —¿Crees poder utilizar los recursos que tengas a mano?
    Tass se rascó la dorada cabellera. —Me estas pidiendo demasiadas cosas. —dijo. —Todavía tengo que programar a Green para trabajar en el Ghost.
    —Eso es prioridad uno. —dijo Amanda sacando su Pad. —Comienza a trabajar en tu IA lo antes que puedas, voy a asignarte un ayudante con bastante tiempo libre para que se encargue del trabajo en lo del Interior.
    Antes que Tass pudiera reaccionar, la pantalla frente a ellos se activó en respuesta a los comandos de Amanda en el Pad y una imagen de video se proyectó holograficamente. Todos los presentes reconocieron de inmediato una de las celdas de los calabozos de La Torre.
    Tass se puso blanca como la nieve.
    —¿Dónde rayos está Will? —preguntó Amanda.
     
  6.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    168
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2585
    85




    —De-Deculture! —exclamó Maya al ver el paisaje que se desplegaba frente al pequeño transporte.
    Virya también estaba algo sorprendida. No era la primera vez que veía un cinturón de asteroides, pero aquí no se trataba de pedruscos separados por cientos de kilómetros de distancia… aquí se trataba de una enorme banda de rocas, algunas casi del tamaño de un planeta enano, densamente agrupadas en lo que casi parecía ser una pared en vez de un anillo. Todo el cinturón giraba lentamente alrededor de una diminuta estrella (O en realidad los restos de una antigua estrella) que apenas emitia luz suficiente para resaltar las enormes rocas del fondo oscuro del espacio.
    Pero si las enormes formaciones rocosas permanecían casi ocultas a la poca luz de la estrella, el resto de los objetos que habitaban aquel cinturón se destacaba visiblemente contra el fondo estrellado. Apenas el transporte hubo emergido de la grieta del espacio-tiempo FOLD, un grupo de naves Zentradi se separó de su ruta de patrullaje y se dirigió velozmente a interceptar al recién llegado.
    Maya y Virya se sobresaltaron al percibir de inmediato lo inusual de estas fuerzas. No utilizaban el color verde o azulado de las diferentes flotas Zentradis. Las naves de combate que rodearon al transporte era de un color blanco, algo que Virya jamas habia visto en su vida.
    —No hay nada de qué preocuparse. —intentó tranquilizarlas Exedore. —No son tropas regulares, eso es todo.
    —Jamas habia visto tropas como esas. —sentenció Virya mirando detenidamente cada destructor, cada nave de asalto. Incluso las armaduras que los rodeaban eran inusuales.
    —Son todas tropas de elite. —Dijo Maya.
    —Virya asintió. —No veo Nonas ni Regulds
    Exedore ignoró los comentario de las guerreras y utilizó sus tentáculos para transmitir información hacia el sistema de comunicación del transporte. Momentos después y al parecer correctamente identificados, parte de las tropas que los habían rodeado se alejaron mientras que una escolta de diez armaduras se colocaba a ambos lados de la nave.
    —Continuemos. —dijo el Zentran mientras aceleraba la nave.
    De inmediato continuaron el acercamiento a lo que parecía ser el centro de aquel complejo Zentradi. Ahora que estaban más cerca todos pudieron ver la enorme escala del lugar.
    —Es… gigante. —dijo Maya con la boca abierta.
    “Gigante” era quedarse pequeño, incluso hablando de Zentradis. El complejo que se extendia ante ellos tenia dimensiones planetarias.
    Virya colocó la mano sobre el cristal de la cabina. —Me recuerda a…
    —Satélites Fabrica. —dijo Exedore. —Si, aquí es donde se construyen. Usted una vez estuvo destinada a la defensa de uno.
    La guerrera asintió. —Fue hace muchos ciclos. Mi última misión como miembro del Escuadrón de Defensa…. pero esto… esto es mucho más grande.

    Mientras el transporte se introducía cada vez más en el interior del cinturón de asteroides, seguidos de cerca por la escolta de armaduras pudieron ver como todo el complejo se componia de asteroides y planetoides unidos por enormes estructuras tubulares que los interconectaban. Cada enorme roca parecía tener una función diferente. Ello saltaba en evidencia por el tipo de estructuras que brotaban de la misma roca en varios puntos de la superficie. Virya distinguió bahías de atraque, hangares y plataformas de embarque pero también había otras instalaciones que escapaban por completo a su comprensión.
    —Maya.
    —¿Si Capitan?
    La guerrera suspiró. Aun siendo Maya una Meltran con grado de Almirante, seguía respondiendo a Virya como si de una Superior se tratase.
    —Observa aquella patrulla a las dos-arriba ¿Que puedes decirme?
    La joven encontró rápidamente al objetivo y los siguió atentamente con la mirada durante unos minutos. —Es un escuadrón de Glaugs, probablemente un pelotón de pilotos de élite. Su vuelo es perfectamente sincronizado, todo el escuadrón se mueve como si fuera una sola unidad, como si las ocho máquinas estuvieran unidas entre si.
    Virya asintió. —¿Qué opinas de eso? ¿Que puedes sacar en claro de semejante comportamiento?
    La joven guardó silencio pensativa. —Parece… parece como si llevaran haciendo eso durante mucho tiempo. Como si hubieran repetido ese plan de vuelo miles de veces ¿Verdad?
    —Estoy segura que ese escuadrón no hace otra cosa que dar vueltas por la misma ruta desde que fueron comisionados a ello.
    Exedore giró la cabeza en dirección a las guerreras. —Probablemente no se equivoque Capitán. Nunca nadie ha atacado este complejo.
    —Osea que son tropas de Elite… ¿Sin experiencia de combate? —preguntó confundida Maya
    —Así parece.
    El Zentran sacudió la cabeza. —Realmente remarcable su capacidad de observación Capitán. Creo que empiezo a comprender el porqué nuestro Antiguo Comandante Supremo la dejó vivir…
    Virya se cruzó de brazos. —En el Campo de Batalla hay que tener siempre los ojos bien abiertos. Una fracción de segundo de descuido puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Recuerda Maya; SIEMPRE debes analizar tu alrededor, todos los detalles cuentan y si alguno de ellos capta tu atención, da por seguro que te proporcionará más información de la que posee a simple vista.
    Maya asintió en silencio, sin quitar la vista de las armaduras de combate que zigzagueaban allá arriba a lo lejos.
    El transporte rodeó una de las enormes rocas y entró a lo que parecía ser un enorme espacio destinado al depósito de naves. Miles y miles de fragatas Quitra Queleual se encontraban alineados uno junto al otro, ancladas a enormes estructuras alargadas que, como las raíces de un gigantesco árbol, surgían de las rocas circundantes convergiendo hacia el centro.
    Virya señaló una de las enormes naves del extremo más cercano del astillero. —¿Podemos abordar una de esas? —dijo.
    Maya abrió los ojos por la sorpresa. —¿Abordar…? —entonces comprendió rápidamente. —Tu traje de vuelo.
    La guerrera asintió mientras levantaba los jirones del traje que dejaban al descubierto sus enormes pechos.. —Será mejor que no vean mi cuerpo asi o podríamos tener problemas.
    Exedore hizo una especie de ruido que bien podía parecer una protesta o un suspiro. —De acuerdo. —dijo. —Informaré sobre el cambio de plan de vuelo.
    Los finos tentáculos brillaron e inmediatamente la nave cambió de rumbo, zambulléndose entre la enorme red de muelles y espigones que formaban aquella gigantesca telaraña donde las fragatas permanecían atrapadas como gigantescos insectos a merced de una araña de proporciones colosales.
    Al acercarse a la nave que tenían más cerca el sistema automático de aterrizaje se activó guiando el transporte hacia la enorme compuerta de atraque.
    Virya y Maya jamas habian visto una fragata completamente nueva. La falta de rayones en el piso, la ausencia de chatarra en los rincones, lo increíblemente vacío que se veía el hangar sin armaduras o munición que continuamente entraba y salía del mismo a medida que la maquinaria de guerra Zentradi llevaba su combate por toda la galaxia… era algo casi irreal.
    Las armaduras que los escoltaban quedaron fuera mientras el transporte se posaba delicadamente sobre la superficie reluciente del hangar de la fragata.
    —Parece ser que somos los primeros en aterrizar aquí. —dijo Maya.
    Había dos soldados Meltran de guardia en el hangar. Al parecer la llegada del transporte las tomó completamente por sorpresa porque permanecieron totalmente inmóviles sin saber que hacer, salvo mirar con ojos abiertos como platos lo que estaba sucediendo.
    —Apresurense. —dijo Exedore mientras abría una de las compuertas laterales. —No quiero dar muchas explicaciones al Comandante de este lugar si nos tardamos demasiado.
    Virya y Maya asintieron. —De acuerdo. —respondieron.
    Las guerreras descendió del transporte y se dirigió hacia la pareja de soldados quienes se habían acercado a la nave. Cuando estuvieron a unos diez metros de distancia tanto Virya como Maya hicieron el saludo Meltran llevándose el puño derecho al pecho. Virya fue quien habló primero.
    —Estamos en una misión oficial de parte de la Flota Combinada de Dortrad-Jen. Acabamos de estar en combate y necesito un traje de vuelo nuevo.
    Los dos soldados respondieron con el mismo saludo pero no articularon palabra alguna. Si estaban sorprendidas por el pedido o por el aspecto de Virya, eso no sabían decirlo. Maya se imaginó que estas guerreras no estarían acostumbradas a ver a una piloto del tamaño de un Comandante Zentran.
    Finalmente las Meltran si miraron entre sí y asintieron con la cabeza. —Siganme. —dijo una de ellas mientras se daba la vuelta en dirección a la salida del hangar.
    Virya y Maya siguieron al soldado mientras su compañera se quedaba vigilando el transporte. En realidad, dado que todas las fragatas eran iguales, no tenía mucho sentido que fueran escoltadas hasta las barracas de los pilotos, no obstante se dejaron conducir sin decir una palabra durante todo el recorrido. Fué Maya quien rompió el silencio en cuanto el grupo entró a uno de los elevadores.
    —Aquí mis palabras no tienen tanto poder ¿Verdad Capitán?
    Virya asintió. —Probablemente estas tropas me tomen por tu superior, incluso podrían tomarme por un superior al propio Exedore si nos vieran juntos. Este cuerpo se ha vuelto demasiado grande…
    —Supongo que la información es la que da valor a las palabras. —dijo la joven Almirante mirando a la soldado que los escoltaba, quien había estado guardando silencio desde que salieran del hangar. —¿Crees que si le doy una orden a esta Meltran me obedezca? —preguntó Maya.
    Virya se encogió de hombros. —Prueba.
    La joven estaba a punto de abrir la boca cuando fueron las puertas del elevador las que se abrieron en cambio.
    —Por aquí. —dijo la Meltran mientras abría la marcha. Maya suspiró y caminó tras Virya resignada.
    Tras una breve caminata llegaron a una de las barracas donde los pilotos de armaduras Meltran se preparaban para la batalla. Todo estaba inmaculado y en perfectas condiciones.
    —Deculture! —Exclamó Virya entrando a la cubierta. —Todo es tan…. nuevo.
    Maya se acercó al primer dispensador de agua y al colocar la mano sobre el sensor un chorro de agua clara salió del pequeño orificio. —Nunca vi que el primer dispensador de la fila funcionase. —dijo.
    —Ni el primero ni el quinto o sexto. —contestó Virya.
    Maya bebió un sorbo de agua y retiró una tableta de nutrición de uno de los contenedores. —¿Comemos algo?
    —Primero me gustaría cambiarme esto. —dijo la guerrera mientras echaba una rápida mirada al soldado, quien las observaba desde la puerta. Maya captó el sutil movimiento de los ojos y asintió. —Bien. —dijo.
    Virya abrió el primer compartimento de trajes y buscó alguno de su talla. Todo el contenedor estaba lleno de trajes nuevos, ordenados por tamaños y en perfecto orden. Buscó el más grande y tomándolo se dirigió hacia el centro de la estancia.
    Maya ya había salido con la soldado de guardia, al parecer le había preguntado algo y ambas estaban hablando en el pasillo. Bien.
    La Meltran desató el improvisado cinturón hecho con los jirones de su traje y los restos del uniforme cayeron a sus pies. Pensar que la última vez que estuvo así desnuda lo hizo frente a uno de los seres más poderosos de la Galaxia, un ser que podía haberla matado con el solo movimiento de una insignificante parte de su monumental cuerpo.
    Trató de apartar el pensamiento de su cabeza. En ese momento, estando asi desnuda en el interior de una de esas naves relucientes. ¿No era como si hubiese sido fabricada ella también recientemente?
    Virya recorrió su cuerpo con la mirada. Era una lástima que no hubiera nada con que poder contemplar su cuerpo. Buscó con la mirada y distinguió un enorme panel de metal que servía como divisor al sector donde se encontraban las vainas de sueño. En todas las fragatas que había estado esa parte de la pared siempre era opaca y sucia, aquí no, era una pieza reluciente y brillante. Sin pensarlo dos veces caminó hacia allí y observó cómo su cuerpo se reflejaba en el pulido metal.
    Era la primera vez que contemplaba su cuerpo desnudo. La pared de metal le devolvió una imagen a la vez conocida y desconocida de su propio cuerpo. Sus pechos, su vientre, sus caderas, todo estaba allí, sin embargo los enormes músculos estaban bien marcados, creando formas que nunca había visto antes.
    Además estaba eso.
    Virya se había acostumbrado a su presencia después de tantos ciclos y era una parte más de su cuerpo, pero verlo ahora desde esa perspectiva era algo nuevo para ella. ¿Cómo se sentían los Zentran con esa cosa? ¿Para que lo usaban?
    Estaba tan concentrada mirando el reflejo de la cosa que no vió cuando Maya se puso a su lado.
    —¿Está bien, Capitán? —preguntó echando miradas a la Meltran y al reflejo.
    Virya asintió y miró a la joven. —¿Y la soldado..?
    —Le ordené que volviera al transporte. —dijo la Meltran encogiéndose de hombros. Tardó un segundo más de lo que me gustaría en reaccionar, pero acató la orden.
    La veterana guerrera volvió la vista hacia la imagen. —Estaba viendo… mi cuerpo. —dijo.
    Maya miró con curiosidad la pared de metal donde la imagen desnuda de Virya se reflejaba. —¿Tu cuerpo? ¿Pasa algo malo?
    —¿Tu que ves? —preguntó la guerrera.
    —¿En el reflejo? —preguntó intrigada la joven.
    Virya le dió la espalda al panel y caminó unos pasos hacia el centro de la estancia, luego se dió vuelta y miró directamente a Maya. —Dime lo que ves. —repitió extendiendo los brazos.
    Maya observó el cuerpo desnudo de Virya con atención, observando cuidadosamente cada parte, cada pliegue de la piel, cada pequeño detalle que la luz blanquecina del techo resaltaba con acuciante detalle. —Veo a una guerrera Meltran. —dijo sin dudarlo. —Una poderosa guerrera.
    —¿Que más?
    Maya se acercó lentamente y cuando estuvo frente a quien fuera su Capitán se puso en cuclillas mientras extendía un dedo en dirección a la entrepierna de la Meltran. —Esto. —dijo señalando el miembro que colgaba inerte. —Te refieres a esto. ¿Verdad?
    Virya asintió en silencio.
    La joven lo examinó en silencio. Al cabo de unos minutos suspiró y volvió a ponerse de pie. —No se lo que es. —dijo. ¿Eso es lo que te molesta? ¿Por qué no le preguntamos a Exedore? Seguro que el…
    —No. —cortó Virya de pronto. —No quiero saber nada de mi propio cuerpo por intermedio de ese Zentran. Yo… yo simplemente quería saber tu opinión. Nunca antes había dejado que alguien lo viera tan… tan de cerca. —dijo.
    Maya se cruzó de brazos mientras volvía a mirar la cosa que tanto preocupaba a Virya. —Entonces tal vez debas descubrir tu misma para que sirve. —dijo. —Te ayudaría si pudiera pero…
    —Entiendo. —respondió la guerrera bajando los brazos mientras se dirigía a donde había dejado las nuevas ropas. —Y por cierto… gracias Maya.
    La joven sonrió y se sentó en uno de los bancos mientras observaba como Virya se ponía el nuevo traje. Al cabo de unos minutos Virya estaba vestida y lista para continuar. —Vamos dijo.
    Recorrieron nuevamente los pasillos y tomaron el elevador hacia el nivel del hangar. Si bien guardaron silencio durante todo el trayecto, Virya sentía que se había sacado un peso de encima al confiar su secreto de forma tan… abierta con Maya.
    Salieron del elevador y tras unos minutos de caminata volvieron a entrar al hangar. Las dos Meltran estaban de pie junto al transporte y no hicieron ningún comentario mientras las dos pilotos abordaban la nave.
    —¿Todo en orden? —preguntó Exedore mientras observaba a las dos guerreras tomar su lugar junto a sus armaduras.
    —Estamos listas. —dijo Maya. —terminemos de una vez con esta misión. —agregó.
    Exedore suspiró y despegó la nave que, lentamente, abandonó la ahora visiblemente manchada plataforma de aterrizaje.
    No sería la única cosa que quedaría marcada ese dia.
     
  7.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2537
    86




    —¿Enserio? —preguntó Matt sorprendido.
    Cinthya asintió. —Si ¿Que casualidad, verdad?
    Matt sacudió la cabeza. —crei… crei que esta sangre era algo raro… exótico.
    Cinthya sonrió enigmáticamente. —Lo es… o eso me dijo una vez mi padre. Recuerdo que una de las primeras cosas que aprendí cuando empecé a salir sola de casa allá en Ciudad Macross era que siempre debía llevar mis datos médicos al alcance de la mano… tu sabes, en caso de un accidente o emergencia, nosotros no podemos recibir cualquier sangre en una transfusión.
    El joven asintió. —¿Te dió problemas alguna vez?
    —Nunca… bueno, se supone que en caso de querer quedar embarazada debería consultar antes con mi médico pero… no es más que procedimientos de prevención. —dijo Cinthya sonrojándose. —Yo tampoco sé mucho sobre mi sangre, mi padre me contó algunas cosas pero…
    Matt se incorporó del lugar donde se había sentado y caminó nuevamente hacia el piano mientras colocaba sus manos en los bolsillos. —¿Tu padre tambien tenia esa sangre? —preguntó mientras recogía un trapo que estaba apoyado sobre uno de los extremos.
    Cinthya negó con la cabeza. —No. —dijo. —En mi familia solo las mujeres han tenido este tipo de sangre. Mi padre me contó que, antes que yo naciera, mi abuela materna era la única persona con esa sangre. Al parecer es un fenotipo común en algunas islas del Pacífico y en toda Asia, allá en La Tierra.
    —¿Tu familia viene de allí?
    —Si, mi abuela fue parte de un grupo de refugiados que fueron rescatados de los bombardeos durante la Guerra de Unificación, antes que los Zentradi llegaran al Planeta Tierra. Mi abuela y su familia permanecieron a bordo de un buque de guerra durante muchos meses, allí conoció a mi abuelo que era un soldado de las fuerzas Pro-Unificación y se casaron a bordo del mismo barco. Luego ella se alistó como enfermera y juntos sirvieron en la flota hasta que abordaron la Macross durante la evacuación de la isla de Ataria del Sur.
    Matt escuchó la historia en silencio mientras deslizaba el trapo por sobre las blancas teclas del piano. Luego repitió la operación sobre los paneles de madera del frente y sobre el instrumento.
    —A veces. —continuó contando la joven. —A veces me resulta increíble que sigamos en la misma historia. ¿No te parece?
    El joven se detuvo un instante al escuchar la pregunta. —¿La misma historia? —preguntó confundido
    —La historia de cómo la humanidad sobrevivió contra todo pronóstico.
    —La historia de Minmay. —dijo Matt. —Te entiendo Cin.
    Cinthya se reclinó hacia atrás y dirigió su vista hacia el techo, como si el gesto le permitiese ver las estrellas a través del metal. —Su canción sigue sonando ¿Verdad? —preguntó la joven.
    Matt asintió. —Las canciones de Minmay no solo salvaron a la humanidad de la aniquilación. Son también la fuerza que la impulsan a través de la Galaxia… o al menos eso creo yo.
    Cinthya cerró los ojos, como si tratara de percibir aquella fuerza que se extendía por la Vía Láctea.—La música es algo maravilloso, por eso creo que no deberías preocuparte Matt.

    El joven desvió la mirada hacia una de las paredes del salón. —Yo no estoy preocupado… al menos no creo que la música sea dañina para mi propio cuerpo ¿No?
    La joven miró con preocupación el rostro del chico, levemente iluminado por el brillo de los monitores. —Yo tampoco lo creo Matt. Algo tan bello no puede causar daño.
    Matt levantó la mano y la observó detenidamente mientras abría y cerraba los dedos. —Hay tantas cosas que son invisibles… tantas cosas que no conocemos. —dijo con voz apenada. —¿Qué otras cosas nos ha hecho la Protocultura? ¿Que parte de nuestros cuerpos es verdaderamente nuestra? ¿Somos realmente los dueños de nuestro destino?
    Cinthya no tenía la respuesta y francamente dudaba que alguien la tuviera. Guardó silencio respetuosamente mientras Matt terminaba de limpiar el resto del piano.
    Una vez que hubo terminado, dobló cuidadosamente el trapo y lo colocó sobre el teclado. Acto seguido cerró la tapa del instrumento y permaneció contemplando el reflejo de los monitores en la superficie barnizada. —¿Eres creyente Cinthya?
    La pregunta sorprendió a la joven. —¿Creyente? ¿Yo?
    Matt se sentó en el taburete y contempló a la joven. —Perdón si la pregunta te hace sentir incómoda Cin…
    La joven negó con la cabeza. —No te preocupes… en realidad no sabía muy bien que contestarte. No soy creyente… pero tampoco soy lo que se dice una persona Atea… creo… creo que si hay algo superior que nos rodea, algo más allá de nuestra comprensión y posibilidades. Algo superior incluso a la Protocultura.
    —Es difícil hoy en dia ser creyente cuando la humanidad sabe exactamente de dónde viene. —dijo Matt girando lentamente en el taburete. —Sin incertidumbre no hay mística.
    Cinthya miró al joven con curiosidad. —¿Tu crees?
    El joven meditó unos instantes mientras detenía el impulso que lo había hecho girar como un trompo. —¿No se supone que es lo desconocido lo que impulsa a la gente a creer en dioses? —preguntó.
    La inspectora Ross se incorporó y caminó hacia el joven con una enigmática sonrisa en los labios, antes que Matt pudiera reaccionar la joven colocó su dedo índice sobre la frente del joven. —¿Es eso lo que te impulsa a buscar eso que dices está ahí afuera? —preguntó. —¿En el Campo?
    Matt se sonrojó y apartó la vista de la Inspectora. —No es algo místico. —dijo sintiéndose ofendido. —Estoy seguro que es algo real. Y voy a encontrarlo.
    Cinthya se cruzó de brazos mientras permanecía de pie junto al joven. —¿Como? —preguntó.
    El joven se mordió un labio y desvió la mirada. —Yo…. no… ¡Maldición! —de pronto pareció haber tomado una decisión y mirando a la joven directamente a los ojos sonrió. —¿Quieres saber cómo? ¡Te lo enseñaré! —dijo poniéndose de pronto de pie.
    La inspectora se sorprendió ante la repentina reacción del joven, pero eso no fue nada cuando Matt tomó de la mano a la joven mientras señalaba la puerta.
    —¿Vamos? —preguntó.
    Cinthya miró primero al joven y luego la puerta. Estaba indecisa pero… algo en su interior la impulsaba a seguir al joven. —De acuerdo. —dijo casi sorprendiendose de escuchar su voz.
    Matt sonrió aún más intensamente y soltando la mano de la joven se dirigió hacia la parte posterior del escenario. —Espérame mientras junto mis cosas. —exclamó a la vez que revolvía unas cosas tras una pila de cajas.
    Las diferentes máquinas y monitores habían vuelto a aletargarse, como si supieran que ambos jóvenes estaban a punto de retirarse. Un monitor que mostraba una delgada línea roja sobre un plano azul se apagó de pronto con un silbido.
    Matt emergió de detrás del piano llevando una mochila al hombro —¿Lista?
    La joven asintió. —¿A dónde vamos?
    —Primero al Hangar Principal, necesito recoger algo que dejaron para mi el otro dia.
    Los dos jóvenes salieron del salón de actos y la claridad casi los deslumbró. Se habían acostumbrado tanto a la penumbra y al brillo de los monitores que la luz artificial de la Colonia y los enormes ventanales atmosféricos casi parecían como si de un día soleado se tratase.
    Unas cuantas parejas caminaban por el parque charlando mientras un par de niños reían de algo que se proyectaba en sus Pads.
    —El aire…. se siente diferente. —exclamó Cinthya aspirando hondo.
    Matt miró hacia lo alto, donde las pasarelas y caños se entrecruzaban casi fuera de la vista. —Ozono fresco. —dijo imitando la inspiración profunda de la joven. —Es lo más parecido que tenemos a la lluvia en la Colonia.
    —En La Tierra decimos que es olor a Tierra Mojada. —dijo Cinthya. —¿Lluvia eh? Eso me trae recuerdos.
    La joven caminó hasta la barandilla de la cubierta y recostó sus brazos sobre el borde mientras miraba con melancolía la enorme estructura de la torre que se erguía entre las diferentes cubiertas. —En La Tierra tampoco llueve muy seguido. Se han hecho muchos avances en la restauración de los ecosistemas y los ciclos climáticos, pero las temporadas de lluvia sobre Ciudad Macross solo tienen una o dos precipitaciones anuales. —dijo mientras observaba a los colonos ir de aquí para allá en el último piso de la cubierta principal.
    El joven se acercó y miró en la misma dirección. —Debe ser algo especial ver llover. —dijo Matt pensativo.
    —A los espíritus melancólicos les gusta la lluvia. —reflexionó Cinthya mirando a su compañero. —Supongo… sí, supongo que yo pasé por esa etapa de mi vida cuando era adolescente, dias y dias mirando las nubes bajas sobre Ciudad Macross, días y noches por igual, a veces la lluvia era una especie de acontecimiento especial que quebraba la monotonía del paisaje.
    El joven asintió en silencio. Comprendía perfectamente como se sentía Cinthya ¿Acaso no había sentido él lo mismo durante tanto tiempo? No había nubes bajas en la Colonia ¿Pero no era una cortina de metal lo que lo separaba del cielo de estrellas del espacio exterior? ¿Acaso no era la Rainbow una gran nube hecha de soportes, cañerías y módulos de construcción todos entrelazados como las moléculas de agua en estado gaseoso que formaban las verdaderas nubes?
    Sin decir una palabra se incorporaron y bajaron las grandes escaleras en dirección a la planta baja del centro comunal. Había poca gente en la calle, pero quienes se cruzaban a la pareja los saludaban amablemente.
    —¿Vamos en un transporte? —preguntó Cinthya mirando una pequeña fila de vehículos eléctricos aparcados cerca del hall desde donde se accedía al ascensor principal. Matt negó con la cabeza. —Yo no se manejar… bueno, en realidad si, pero no me gusta…. además conozco un atajo.
    Sin decir más entraron al elevador y descendieron varias cubiertas. Cuando las puertas se abrieron al llegar a su destino, un enorme pasillo se descubrió frente a ellos. Matt salió del elevador mientras Cinthya se rezagaba unos segundos.
    —Matt
    El joven se dió vuelta y miró a la joven.
    —Este atajo… ¿Es seguro?
    —Si claro. ¿Por qué lo preguntas?
    Cinthya salió del ascensor y miró nerviosa a su alrededor. Estaban en una cubierta que se extendía entre grandes bloques de estructuras tubulares, como si el interior de uno de esos enormes órganos de iglesia se tratase. El conjunto de tuberías se erguía imponente hacia el centro de lo que parecía ser una especie de conducto troncal que desaparecía en las profundidades de un abismo inmenso.
    —Akemi me advirtió acerca de estos lugares. —dijo Cinthya tomandose de una de las barandillas de la pasarela.
    El joven caminó hacia Cinthya y la tomó de la mano. El contacto de la cálida piel de Matt hizo que la inspectora se sintiera más tranquila de inmediato.
    —El interior. —exclamó. —No, no estamos todavía allí. Estas son las cubiertas de acceso periférico, lo que sucede es que ya es tarde y no hay mucha gente yendo y viniendo, pero esta es una zona por donde generalmente los obreros acceden a los diferentes sectores de mantenimiento.
    Cinthya soltó la mano de la baranda y se dejó guiar por Matt, quien la llevó por la estrecha pasarela hasta una de las decenas de puertas que se alineaban a lo largo de la vía de acceso.
    —Hay muchas leyendas tontas acerca del interior de esta vieja nave. —comentó Matt girando la palanca de la compuerta. —Pero son solo historias que los grandes inventaron para asustar a los más chicos.
    La joven inspectora asintió en silencio mientras la pesada puerta se abría y revelaba un pasillo oscuro. —No te preocupes, traje una linterna. —La tranquilizó Matt mientras sacaba el aparato de uno de sus bolsillos.
    El rayo de la linterna iluminó un pasaje bastante ancho que descendia levemente y parecía estar destinado al tránsito de equipos de mantenimiento o carretones de mercancías, tal vez una vía de acceso alternativa para cuando los elevadores no funcionasen. Matt dió unos pasos hacia la oscuridad y tiró levemente del brazo de Cinthya.
    —Es seguro, te lo prometo.
    La promesa dió ánimos a la joven quien dejó que la puerta se cerrase tras ella con un fuerte estampido.
    La pareja comenzó a descender por el pasillo a paso vivo. No es que tuvieran realmente prisa por llegar al hangar principal, era más bien el apuro por salir de aquel túnel oscuro y de la atmósfera que, según creía percibir Cinthya, se había vuelto demasiado pesada. La sensación parecía ir en aumento y en una de las decenas de vueltas que el camino daba sobre si mismo a medida que descendía entre cubiertas, Matt se detuvo.
    Cinthya casi se tropieza con la espalda del joven cuando este se hubo detenido de golpe.
    —¿Sucede algo Matt?
    El muchacho no respondió, parecía estar concentrado en algo, movía la cabeza lentamente de un lado a otro como tratando de captar algo con sus oídos. Finalmente apoyó la palma de la mano libre en una de las paredes metálicas y pareció sentir algo a través del metal.
    —¿Matt?
    —Escucha.
    Cinthya aguzó el oído lo más que pudo pero no podía escuchar nada más que su respiración y los latidos cada vez más acelerados de su corazón. Entonces imitó el gesto del joven y apoyó su mano sobre la pared.
    Había una serie de vibraciones en el frío metal, como ecos distantes de una máquina que ronroneaba en alguna parte de la enorme nave. ¿Era eso lo que Matt sentía? Se sobresaltó al oír la voz del muchacho de pronto. —Sostén la linterna un segundo Cin. —dijo mientras extendía la mano con el aparato. Cinthya tomó la linterna y alumbró el sector que tenían por delante mientras Matt apoyaba ambas manos contra la pared. Su comportamiento estaba poniendo muy nerviosa a la inspectora.
    El joven pareció notar la incomodidad de su compañera. —Lo siento Cin… es que siento… no se como explicarlo realmente, siento que algo ha cambiado en la Rainbow. Yo crecí dentro de esta enorme nave y desde pequeño me acostumbre a sus sonidos…
    —¿Y ahora la Rainbow suena diferente? —preguntó la joven.
    Matt asintió con la cabeza sin quitar ambas manos del metal. —Si, algo ha cambiado. No se como decirlo pero… hay un sonido… un tono especial que se propaga por el esqueleto de vigas, por la piel de acero. Algo… no, alguien está resonando junto con la nave.
    La forma en que Matt dijo estas últimas palabras sobresaltó a la joven. La linterna resbaló de su mano y cayó al suelo de metal donde se apagó de inmediato.
    Para sorpresa de ambos, no fueron rodeados por la oscuridad.
    Había una fuente de luz, algo que flotaba entre ellos y creaba un aura de luz rosada alrededor.
    —¿Matt? ¿Que es..? —comenzó a balbucear una asustada joven cuando Matt se apartó lentamente de la pared.. —¿Esto es…?
    El joven se abrió el cuello del traje de mantenimiento y extrajo la misteriosa fuente de luz adosada a una fina cadenita dorada. Sea lo que sea brilló más intensamente en cuanto estuvo frente a los jóvenes.
    —¿Que…?
    Matt cerró el puño alrededor de la pequeña gota de cristal y miró hacia un punto fijo en la pared que tenía enfrente. Cinthya no estaba segura pero creyó saber hacia donde estaba mirando Matt.
    Hacia El Campo.
     
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    Gerli

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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
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    104
     
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    2152
    87




    Evans dejó pasar a Hal primero, antes de cerrar la puerta dió un breve vistazo a las mujeres que habían quedado solas en el interior de la Torre de control pero una mirada fría como el hielo de la Capitán Kyle le hizo cerrar la puerta de inmediato.
    —Tass está muerta. —dijo Hal suspirando profundamente. —Amanda la va a fusilar.
    —¿Fusilamiento? No creo que Tass tenga tanta suerte… no, no quiero ni imaginarme lo que nuestra Capitan le depare a esa pobre chica si realmente fue ella quien sacó a Will de la celda… ¿Es que todos se han vuelto locos estos últimos días? —preguntó el hombre sabiendo que nadie estaba en condiciones de darle una respuesta.
    Hal se encogió de hombros y señaló la puerta cerrada. —No me gusta esto de dejarla ahí dentro sola pero…
    —Lo se. Yo también tengo mis órdenes. Al menos nos queda el consuelo que Tass es aún más importante que nosotros en los planes de Amanda. Sea cual sea el castigo que le espera, no será algo que la pobrecilla deba enfrentar de inmediato.
    Ambos hombre caminaron unos metros hasta la zona del estacionamiento donde un vehículo eléctrico los esperaba. —Yo manejo. —dijo Hal sin esperar la respuesta del médico. El hombre asintió en silencio y ocupó el asiento al lado del conductor.
    Se pusieron en marcha de inmediato, dejando atrás la torre de control mientras circulaban por el estrecho túnel que conectaba las dos secciones de la superestructura donde descansaba el puente de mando.
    —¿Qué es lo que quiere buscar Amanda en el Interior? —preguntó Hal mientras consultaba el mapa que se desplegaba en el panel de mando del vehículo.
    —A Funes. —respondió Evans mirando distraídamente las luces naranjas que marcaban el camino entre las diferentes secciones de metal. Hal pisó el freno de golpe y el vehículo se detuvo en el acto.
    —¡Eh! ¡Ten más cuidado! —comenzó a decir el hombre mientras se recuperaba del brusco movimiento..
    —¿Dijo Funes? —preguntó azorado Hal —¿EL Funes?
    Evans suspiró y miró al conductor con gesto cansado —¿Acaso conoces a otro? —preguntó señalando el mapa. —Será mejor que te pongas en marcha de una vez.
    Hal obedeció y volvió a poner en marcha el transporte. —Funes. —dijo moviendo la cabeza. —El viejo ermitaño de la flota 37… para la mayoría de los Colonos es una leyenda urbana ¿Sabía?
    Su compañero asintió. —A decir verdad tengo mis dudas de que esté vivo… ¿Hace cuánto que no ha dado señales de vida?
    —Años. —respondió Hal con seguridad. —Recuerdo que Ralph había comentado algo sobre captar sus murmuraciones con ese amplificador de voz humana que tiene siempre en la oreja… pero si era eso o un murmullo de algún altavoz perdido en las tuberías… no estoy seguro.
    Llegaron al ascensor principal y bajaron del transporte justo cuando las puertas se abrían ante ellos.
    —Por cierto Hal. —Evans había bajado la voz y eso no pasó desapercibido para el operario. —Con respecto a Ralph….
    Hal entró al elevador y marcó una de las cubiertas intermedias. —Si, se lo que va a decirme… es sobre el Ghost ¿No?
    Evans asintió. —Tu sabes que no soy partidarios de los secretos, menos que menos si involucran a amigos y compañeros cercanos pero…
    —A decir verdad no estoy seguro sobre que voy o no voy a decirle al viejo Ralph todavía. —dijo.
    —Si aceptas el consejo de un veterano, yo recomendaría que no le digas nada. Ralph puede ser muy….. apasionado en lo que él cree que es lo correcto…
    Hal asintió. —Y justamente estamos hablando de armamento en la Colonia.
    Las puertas se cerraron con un leve chasquido y el elevador comenzó a descender hacia las entrañas de la gigantesca nave. Ambos hombre permanecieron en silencio mientras las pantallas a ambos lados del habitáculo mostraban información de actividades culturales y avisos publicitarios.
    —Han reparado el espejo. —dijo Hal señalando el cristal que ocupaba una parte del fondo del elevador.
    —Espero que nadie se haya lastimado seriamente. —respondió Evans.
    —Hablando de eso… —Hal miró al facultativo a los ojos. —He visto lo que la música de Matt hizo en las heridas de Ralph. El chico se esta volviendo muy bueno en sea lo que sea que está haciendo.
    Evans continuó mirando su imagen reflejada en el inmaculado espejo. Le pareció que había envejecido varios años en los últimos días. Al menos unos cuantos mechones de sus finos cabellos blancos se habían caído durante la última ducha.
    —¿Doctor?
    El hombre apartó la vista del espejo. —No te creas que todo fue mérito de Matt. —dijo restándole importancia al asunto. —Ralph tiene el cuerpo de una armadura de combate, puede soportar cosas mucho peores que esa, recuerda que fui yo quien tuvo que meter medio cuerpo dentro del agujero que trajo en el pecho seis años atrás para suturar una arteria.
    Hal frunció el ceño. —Eso fue..
    —Eso fue una locura. —respondió bruscamente Evans. —Y ahora está por ocurrir nuevamente.
    El operario apartó la vista del médico. —Ralph… Ralph tenía sus razones, todos en las barracas lo apoyamos.
    —Nos mintieron, a todos. Se llevaron el transporte pesado, atacaron una instalación de investigaciones de la flota Galaxy y se robaron algo… a Ralph casi le volaron el corazón de un disparo de Gunpod… y tu todavía lo defiendes.
    Hal apretó los puños. —No robamos nada. Ralph fue a buscar lo que ellos le quitaron.
    —Casi lo matan. —sentenció Evans. —Y casi los matan a ustedes tambien. ¿Qué crees que diría Amanda si llegase a saber la verdad? ¿Que no fueron Piratas los que destruyeron el transporte?
    El joven se dió vuelta y miró fijamente al doctor con fuego en la mirada. —Lo prometió. —dijo. —Prometió no decir nada.
    —Si. Lo hice. —respondió Evans cruzándose de brazos. —Y mantendré mi palabra de honor, puedes estar seguro de ello, pero estoy harto Hal, estoy harto de las mentiras.
    Las puertas del elevador se abrieron en la cubierta donde se encontraba la clínica médica pero ninguno de los dos hombres se movió.
    —Esto es lo que conseguimos por vivir ocultandonos cosas todo el tiempo… Ralph, tú, Amanda y Yo… no hemos estado haciendo más que ocultarnos cosas los últimos veinte años. Esto tiene que terminar.
    Hal no respondió y Evans salió del ascensor con las manos en los bolsillos.
    —Doc.
    Evans se dió vuelta.
    —Lo que hizo Ralph… lo hizo por amor.
    —Lo se. —contestó el médico. —Por eso fue algo tan estúpido.
    Las puertas se cerraron y Evans permaneció en silencio observando el pulido metal.
    —¿Amor eh? —dijo suspirando profundamente.
    Sacó el Pad del bolsillo de su delantal y buscó uno de los contactos. El nombre de la Inspectora Cinthya Ross apareció resaltado junto con un pequeño retrato de la muchacha. Evans hizo el ademán de seleccionar la llamada pero se arrepintió a último momento. Quería pensar bien que decirle a la joven y en el estado en que había quedado luego de su charla con Hal no era la mejor ocasión para discusiones delicadas.
    Volvió a guardar el aparato y entró a la Clínica.
    Había un par de pacientes esperando en el hall a quienes saludó cordialmente. Sin nada más que hacer entró en el pasillo de los consultorios y caminó hasta el fondo donde estaba la puerta que comunicaba con su laboratorio. No se sorprendió al ver casi todos los monitores de su escritorio encendidos, Matt había estado tocando el piano esa tarde y los equipos habían estado registrando la actividad en modo automático.
    La enorme cantidad de datos hizo que Evans se rascara la cabeza. Iba a tener que sumergirse en esos graficos durante horas en busca de los patrones que deseaba analizar para poner a prueba sus teorías.
    —Café —dijo en voz alta y la pequeña cafetera del laboratorio se encendió enseguida con un silbido mientras el hombre se sentaba cansadamente en el sillón frente al tablero de instrumentos.
    —Vamos a ver que tenemos aqui. —dijo extendiendo las manos sobre las cuales se proyectó un teclado de luz holográfica.
    Una espectrografía se desplegó a lo largo de la mesa de trabajo. Era la firma de energía que la música de Matt había estado generando durante la hora y media que había durado la sesión de práctica. Evans utilizó gestos de las manos para seleccionar diferentes fragmentos del espectro visible para estudiarlos con atención, acercando y alejando los diferentes picos de datos en busca de anomalías.
    Evans perdió la noción del tiempo. Solo el incesante pitido de la cafetera avisando que el café había sido recalentado al menos cuatro veces pudo sacarlo del trance en el que había estado mientras examinaba los miles de datos registrados esa tarde. El hombre se quitó los lentes y se pasó la mano por el rostro mientras se levantaba lentamente de la silla. No pudo terminar de hacerlo.
    —Pero que caraj…
    El gráfico que estaba desplegado sobre el escritorio sufrió un cambio abrupto. Las líneas rojas se desplazaron hacia la izquierda y un sector con nuevos datos se agregó de pronto desde la derecha. Evans miró incrédulo como una nueva emisión de energía dimensional cobraba intensidad a medida que la gráfica crecía de tamaño. —Mierda. —dijo casi en un susurro mientras su cerebro trataba de comprender lo que estaba pasando.
    —Salón. —exclamó de pronto y uno de los monitores superiores se activó mostrando el oscuro interior del Salón de Actos donde el piano se encontraba. Estaba desierto.
    —No puede ser… ¿Donde…?
    Con un gesto de la mano abrió una nueva ventana. Se trataba de un plano de visualización que formaba una grilla de coordenadas color verde sobre un fondo oscuro. De inmediato los datos comenzaron a formar un patrón de ondas.
    —Sound Energy… ¿Pero de dónde viene? —se preguntó Evans rascándose la barbilla. Utilizando dos dedos de la mano hizo un gesto para alejar el zoom de la imagen, lo que vió lo dejó perplejo.
    —Por todos los…. ¡Es imposible!
    Otro cambio en las gráficas interrumpieron sus cavilaciones. Algo estaba pasando en el campo dimensional y sus instrumentos estaban registrando niveles extraordinarios de energía. Ahora una serie de curvas de color turquesa se superpusieron sobre la firma recién detectada. La forma de esas ondas era inconfundible. —Resonancia. —exclamó sorprendido Evans sentándose de pronto y sin sacar los ojos de la proyección holográfica.
    Con un gesto de la mano recortó la parte donde las curvas de resonancia se superponian con la energía dimensional y las amplió.
    Lo que vio lo llenó de asombro y dudas.
    —Esto es el cristal. —dijo separando una línea… —Pero esta otra… esta es... ¿Cinthya? ¿Está… resonando..?
    Con un gesto brusco de la mano barrió toda la información y gráficos fuera del escritorio. Todas las imágenes se apagaron al unísono dejando al hombre sumido casi en las tinieblas.
    —Tengo que llamar a Amanda. —dijo mientras tomaba el Pad de uno de sus bolsillos. Con manos temblorosas buscó el contacto y dió prioridad máxima a la llamada.
    Los segundos que la comunicación tardó en establecerse parecieron durar una verdadera eternidad para el nervioso hombre. Finalmente la llamada fue contestada.
    —Aquí Kyle ¿Que sucede Evans…?
    —Amanda, Matt está en peligro.
    Se hizo un silencio en la comunicación. Al cabo de unos momentos la voz de la Capitán Kyle volvió a escucharse.
    —Explíquese.
    —El cristal FOLD… yo me equivoque… ¡Tenemos que encontrar a Matt lo más pronto posible!
    —Calmese Evans, no podemos ayudar a Matt si no me explica que esta pasando.
    El hombre se pasó la mano por la frente perlada de sudor. —Cometí un error grave Amanda, le di a Matt el Cuarzo Fold.
    —¿Esa piedra exótica? ¿Porqué…?
    —Estaba seguro que las propiedades del cristal harían que la Sound Energy de Matt se amplificaría, pero me equivoqué.
    —¿Que está sucediendo? ¿Qué es lo que le está pasando a Matt?
    Evans empujó la base del escritorio y la silla se apartó del mismo mientras el hombre no dejaba de tomarse la cabeza. —El Cuarzo Fold no amplifica la energía Dimensional, lo que hace es resonar con ella.
    —¿Resonar?
    —Absorbe Sound Energy y la envía a través del espacio dimensional, pero a la vez emite un tipo de onda diferente… una especie de...Onda FOLD.
    —Y esa Onda…
    —Es lo que está haciendo que Matt cambie sus genes. —respondió Evans con la voz temblando. —Además hay otra cosa… es la inspectora Cinthya…
    La voz de Amanda sonó diferente. —¿Qué sucede con la Inspectora Ross?
    —Ella también está resonando con la Sound Energy.
    Se hizo el silencio durante unos segundos del otro lado del aparato. De pronto la voz de Amanda sonó con impetu y resolución. —Enviaré a personal de seguridad a que cierren el Salón de Actos, Matt no puede volver a tocar ese piano.
    —Amanda…
    —También será mejor que evitemos la reproducción de música en los parlantes de la Colonia. Estableceremos una cuarentena musical hasta saber lo que..
    —Amanda…. escucha.
    —¿Que pasa..?
    —La Sound Energy… viene Del Campo.
     
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    La masiva instalación eclipsaba la luz de la pequeña estrella. Definitivamente estaban llegando al centro de todo el complejo, desde donde partían la mayor cantidad de tubos, puentes y tensores que conectaban las demás instalaciones a esa especie de red gigantesca de manufactura de maquinaria de guerra Zentradi.
    Era un planetoide… al menos las partes que estaban libres de construcciones lo seguían siendo. La mayoría de la superficie rocosa había sido minada y convertida en partes funcionales de sea lo que sea que se fabricaba ahí dentro.
    Exedore voló el transporte hacia la primera entrada libre que encontró, dejando atrás a la escolta de guerreros que al parecer tenían vedado el acercamiento a dicha instalación.
    El muelle de atraque estaba desierto y a oscuras. Había grandes ventanales vidriados en un sector del techo pero al estar a la sombra de la enorme instalación casi no se veía nada del exterior, solo algunos contornos grises denotaban la presencia de cañerías o soportes que cruzaban aquí y allá el espacio entre las rocas.
    Nadie los estaba esperando cuando la nave aterrizó sobre la superficie de metal gris ni cuando la compuerta lateral se abrió de par en par.
    Maya descendió primero seguida por Virya y Exedore quienes caminaban tan solo unos pasos detrás de la flamante Almirante recién ascendida.
    Una serie de luces se encendieron en el hangar de forma que una senda quedó resaltada sobre el oscuro recinto, el grupo caminó en la dirección señalada hasta llegar a una compuerta ubicada al fondo del mismo.
    La puerta se abrió en cuanto Maya estuvo a unos cuantos pasos de distancia revelando un largo corredor ascendente.
    —¿Quien se supone que debe recibirnos? —preguntó Virya mientras atravesaba la puerta.
    —El Comandante Supremo Breka-Nel es quien dirige las operaciones de esta Matriz. —respondió el Archivista sin apartar la mirada del frente. —Estamos bajo sus órdenes en el momento en el que entramos a la influencia gravitacional de esta estrella.
    Maya y Virya asintieron en silencio.
    Al cabo de unos minutos de caminar el corredor desembocó en una estancia amplia y algo mejor iluminada. En el medio de la misma había un círculo en el piso de una especie de material oscuro y opaco. El grupo caminó hasta el mismo centro y de inmediato comenzaron a ser elevados hacia los niveles superiores.
    A medida que la plataforma circular atravesaba las diferentes cubiertas que se abrían casi sobre sus cabezas aumentaba la sensación de gravedad. Al parecer estaban acercándose al mismo centro de aquel planeta modificado.
    La última compuerta se abrió y la plataforma se detuvo en una especie de caverna de grandes dimensiones. Tan alto era el techo que se perdía entre las sombras allá arriba. Frente a ellos un enorme racimo de cables y tuberías surgía de todas direcciones posibles para converger en un único tronco retorcido de conecciones tentaculares.
    En la base de aquel enorme conjunto de cables estaba un Zentran.
    Maya y Virya esperaban encontrar a uno de los Enormes Comandantes Supremos, así como habían visto al gigantesco Dortrad-Jen erguirse sobre aquel masivo cuerpo de centenares de metros de altura.
    Breka-Nel era un poco más alto que Kreegan, al menos eso era lo que parecía a simple vista ya que el Comandante Supremo yacía sentado en una especie de asiento hecho de un material lleno de poros y protuberancias al parecer del mismo material que conformaba las paredes. Al igual que Kreegan su cabeza estaba cubierta por varias prótesis de metal llenas de sensores y mejoras, pero si Kreegan solo tenía un par de parches de metal alrededor del cráneo, Breka-Nel estaba literalmente conectado al enorme manojo de cables que se introducían por toda la cabeza del poderoso Zentran.
    En cuanto el grupo abandonó la plataforma circular un estremecimiento y un rugido audible para todos recorrió el enorme pilar central. De inmediato los cables y tentáculos se contrajeron y se desprendieron de las conecciones craneales de Breka-Nel, quien de pronto abrió los ojos.
    —Los esperaba. —dijo mientras se ponía de pie.
    El poderoso Comandante se acercó al grupo mientras varias luces iluminaban el centro de la cámara. Cuando estuve frente a Maya se detuvo y miró inquisitivamente a la joven Almirante.
    —Quítese el traje.
    Maya obedeció de inmediato, primero quitándose el casco y luego activando los controles que aflojaron el traje haciendo que cayera de una sola vez a sus pies. Tal y como había hecho Exedore antes, una serie de tentáculos surgió de entre las vestiduras del Zentran y procedieron a examinar cuidadosamente el cuerpo desnudo de Maya.
    La revisión fué aún más exhaustiva que en la Fortaleza de Dortrad-Jen, solo cuando todos los rincones del cuerpo de la Meltran hubieran sido palpados y evaluados el Comandante Supremo dió por concluida la revisión. —Bien. —dijo retrayendo los apéndices nuevamente. —El proceso comenzará en doce horas. La matriz ha sido inicializada y comenzará a crecer en cuanto la información genética sea alimentada. Luego se cargaran los datos de memoria y el sistema se encargará del proceso de maduración por sí solo.
    Mientras Breka-Nel hablaba la caverna había comenzado a sufrir una transformación notoria. La oscuridad que los rodeaba había desaparecido, reemplazada por un tenue resplandor verde que emanaba de las paredes. irya reconoció esa especie de material biológico similar al que formaba las estructuras de la fortaleza de Dortrad-Jen.
    Una vez que hubo observado los alrededores volvió la vista al frente y vió con alarma que el Comandante Supremo la estaba mirando.
    —Virya 712. —la voz del Zentran tenía un tono metálico al pronunciar su nombre. —La Meltrán de los genes trastocados.
    Virya saltó hacia atrás con un acto reflejo, casi había creído percibir el fugaz ataque del Comandante solo que… no había pasado absolutamente nada.
    Maya había comenzado a vestirse en cuanto Breka-Nel hubo apartado la vista de ella y quedó sorprendida ante la reacción de su compañera. Exedore ahogó una exclamación.
    El Comandante permaneció en el mismo sitio sin siquiera cambiar la expresión del rostro.
    —Lo… ¿Lo sabia…? —preguntó la Meltran aún con la guardia alta.
    —Por supuesto. —respondió Breka-Nel sin apartar la vista de la guerrera. —Dortrad-Jen envió la información antes de entrar en batalla.
    Virya apretó los puños. ¿Acaso se había hecho ilusiones de poder mantener a salvo su secreto por mucho tiempo? Había llegado tan lejos, sobrevivido a tantos peligros y todo para…
    —¿Va a matar a Virya? —preguntó Maya mientras sostenía el casco con ambas manos. —El Comandante la miró con indiferencia ante la preocupada expresión de Exedore quien parecía estar temblando entre las dos Meltrans. —¿Por sus genes?
    Breka-Nel emitió algo asi como un gruñido mientras miraba en la dirección de Virya. —¿Que le hace suponer eso?
    Ahora fue el turno de Exedore de abrir los ojos grandes como platos. —Su excelencia… pero sus genes…
    —Sus genes son un error, un accidente, una consecuencia de las leyes que regulan nuestra existencia. —Una mueca se dibujó fugazmente en el rostro siempre inexpresivo del Comandante. —Ah… claro, ademas ni usted ni Dortrad-Jen lo saben ¿Y por qué habrían de saberlo? Sus órdenes son destruir a nuestros enemigos, no preocuparse por el Acervo Genético Zentradi.
    Maya pareció volver a respirar normalmente. —Entonces sus genes…. ¿No son peligrosos?
    —Solo para ella misma. —sentenció Breka-Nel.
    Al escuchar las palabras del Zentran Virya por fin relajó sus músculos. ¿Realmente había escuchado bien?
    Exedore hizo una reverencia y el Comandante volvió la cabeza en dirección a Maya. —A partir de este momento tanto usted como el Archivista Exedore tienen prohibida la salida de esta instalación, cuando llegue el momento de iniciar el proceso serán llevados a una instalación de cuarentena antes de activar las cámaras.
    Virya dió un paso al frente. —¿Qué sucederá conmigo? —preguntó.
    —Haz lo que quieras. Puedes unirte a nuestras tropas de elite encargadas de la defensa de este lugar o puedes esperar a que la nueva flota esté lista.
    —¿Nueva flota? —preguntó Maya asombrada.
    —La nueva flota que crearemos a partir de sus datos y perfiles genéticos, Maya Lagrexia 732 —dijo Breka-Nel volviéndose hacia Exedore. —Debo volver a conectarme a la estación para comenzar las tareas de inicialización de las factorías, no tengo tiempo para contestar preguntas de simples soldados, si lo desea puede acceder a mi archivo y dispensar todo el conocimiento que desee.
    Acto seguido los apéndices volvieron a extenderse mientras el Archivista hacía lo propio con los suyos. La conexión se estableció y tanto Maya como Virya pudieron ver como no solo la cabeza de Exedore temblaba violentamente al recibir los datos, una especie de fugaz brillo pareció encenderse por una milésima de segundo dentro del abultado cráneo.
    Los ojos del Archivista parecieron inyectarse de sangre y todo su cuerpo sufrió una convulsión. Luego el silencio volvió a reinar en la estancia.
    —¿Archivista…? —comenzó a preguntar Maya pero Virya la detuvo con un gesto de la mano. —Dale un momento, Maya. —dijo moviendo la cabeza.
    Breka-Nel volvió a hacer la misma mueca que antes ¿Acaso era el equivalente a una sonrisa? Luego simplemente se alejó en dirección a esa especie de puesto de Comando donde su cabeza volvió a conectarse a la maraña de cables y tubos mientras el Zentran permanecía sentado y con los ojos abiertos.
    Exedore se sacudió y pareció salir del trance.
    —Vamos. —dijo Virya poniendo la mano sobre la espalda del Archivista. Era la primera vez que la guerrera tocaba de una forma no violenta al Zentran, lo que hizo que Exedore se sobresaltara nuevamente. No obstante se dejó guiar en silencio hasta la plataforma circular.
    —¿Dónde vamos? —preguntó Maya
    —A nuestras armaduras… es… es el único lugar conocido que nos queda. —dijo Virya con un extraño tono en la voz.
    Maya asintió y ambas iniciaron la marcha seguidas por Exedore.
    La plataforma comenzó a descender en cuanto los tres estuvieron quietos en el centro. Tal y como habían hecho al llegar fueron desandando el camino hasta llegar a la habitación desde donde partía el pasillo que conducía al muelle de atraque.
    —Usted sabía lo de la nueva flota ¿Verdad? —preguntó Virya en cuanto la plataforma hubo tocado el suelo.
    —Si. —respondió Exedore. La respuesta tan directa desconcertó a la guerrera. ¿Que más había cambiado en la cabeza de Exedore? De alguna forma sentía que lo averiguaria pronto, demasiado pronto para su gusto.
    Entraron al corredor descendente y avanzaron en silencio hasta la entrada del muelle. No se sorprendieron en absoluto al ver que ya no existía la compuerta de salida. Había sido recubierta por ese material poroso que parecía crecer por todos lados y a la vez formara parte de la arquitectura del lugar.
    —Al fin y al cabo somos prisioneros. —dijo Maya acercándose a su Rau. La poderosa armadura reflejaba las luces del techo del hangar y distorsionaba el reflejo de la joven guerrera.
    Virya se sentó junto a ella mientras Exedore permanecía parado a unos pocos pasos con su abultada cabeza todavía convulsionando de vez en cuando. No tenían nada que comer (En realidad los guerreros Zentradi no necesitaban alimentarse demasiado seguido) pero compartieron algo de agua de la cantimplora de Maya mientras observaban en silencio como la actividad había empezado a aumentar en los alrededores del lugar donde se encontraban. A través de los ventanales del techo algunas luces comenzaron a aparecer en las instalaciones vecinas, como si las fábricas despertaran de su letargo y comenzaran lentamente a trabajar para sus amos.
    —Una nueva flota. —exclamó Maya mirando por los cristales hacia la oscuridad que los rodeaba. —¿Es posible?
    Virya se había quitado el casco y dejó la cantimplora a un lado asintiendo. —Todas las armaduras que usamos en combate se construyen en lugares como estos. La que conocí yo era mucho más pequeña claro, pero esta clase de fábricas pueden construir absolutamente todo.
    —¿Incluso una Superfortaleza? —preguntó la joven Meltran.
    Virya se encogió de hombros. —Supongo. —dijo mientras señalaba al Archivista. —Ahora, más que nunca, es Exedore el que tendría que tener todas las respuestas a nuestras preguntas.
    El Zentran no dió muestras de haber escuchado su nombre y continuó impasible con esa especie de trance en la que se había sumido al entrar al hangar. Virya suspiró. —Será algo extraño verte a los mandos de una Superfortaleza, Maya.
    La joven hizo un gesto de asombro —¿Yo? ¿Yo al mando de….?
    —Serás como Dortrad-Jen —dijo la guerrera con una sonrisa. —Te convertirás en una de las Meltran más poderosas de la Galaxia y podrás mover toda la flota a tu antojo.
    Maya estaba demasiado confundida para decir nada, simplemente se limitó a pestañear y mirar con incredulidad a su mentora. Lo que estaba diciendo no podía ser verdad.
    —Perseguiremos a nuestros enemigos hasta el mismo centro de la Galaxia si es preciso y vengaremos a Kreegan y a… ¿Que rayos…?
    Exedore se había acercado en silencio a las dos Meltran y ahora se encontraba parado junto a Virya. Su cabeza había dejado de temblar pero su expresión había cambiado por completo.
    —¿Que sucede Ex-?
    El golpe del tentáculo en su mejilla izquierda la sorprendió. No fué para nada fuerte, pero la velocidad con la que el blanco apéndice se movió en el aire y golpeó a la distraída Virya la dejaron paralizada.
    No se lo esperaba, podría haber esquivado fácilmente ese golpe pero… no, simplemente no podía creerlo. —Tu… —fue lo único que pudo decir Virya mientras pasaba su mano por la mejilla enrojecida.
    —Es usted muy observadora Capitán Virya. —dijo el Zentran en un tono sarcástico. —Siempre afirmando que reconocer sus alrededores es de vital importancia para sobrevivir ¿Verdad?
    La expresión de Virya se ensombreció. —¿Qué rayos está diciendo?
    Exedore retrajo su apéndice y observó a la Meltran con ojos fríos como el hielo. —Usted asume muchas cosas, Capitán. Pero lo hace mal. No es un Almirante, ni un Archivista, menos que menos una Comandante General. Sus genes no le dan la pericia necesaria para pensar como uno de nosotros. No lo haga, ni siquiera lo intente…. le aseguro que no vivirá tanto si continúa con esa clase de actitud.
    Maya y Virya se pusieron de pie. El tono de voz de Exedore las estaba poniendo nerviosas. jamas habia escuchado hablar así al pequeño Zentran.
    —Breka-Nel tiene razón. —continuó diciendo el Archivista. —Virya es libre de elegir su destino. Quedarse aquí o partir con la nueva flota ¿Pero nosotros? —Y al decir esto su mirada se clavó en Maya. —Nosotros nunca saldremos de aquí con vida.
    La mano de la Meltran salió despedida de inmediato y tomó a Exedore por el cuello de la túnica. —¿Que estas diciendo? ¡Explicate! —gritó elevando el pequeño cuerpo varios metros en el aire.
    —No lo comprende. —Exedore parecía escupir las palabras en el rostro de Virya. —Se cree capaz de comprender la realidad y no sabe nada ¡Nada!
    —Capitán… —Maya puso su mano sobre el hombro de la alterada guerrera. Virya sintió el contacto de su compañera y aflojó el brazo y el Archivista volvió a tocar el suelo. —Dime. —dijo apretando los dientes. —Dime lo que sabes…. por favor.
    Exedore abrió grandes los ojos. —Tu no puedes pedirme nada. —dijo
    —Entonces yo te lo pido, no, te lo ordeno. —dijo Maya colocándose junto a Virya. —Dinos lo que Breka-Nel transmitió a tu cabeza.
    Ni siquiera Exedore podía rechazar una orden. El Zentran emitió algo así como un suspiro y se alejó unos pasos de la pareja de Meltrans mientras el silencio los envolvia. Pasaron varios segundos antes que Exedore volviera a hablar.
    —Breka-Nel va a utilizar el cuerpo de Maya para extraer su información genética y combinarla con otra similar que codifica a los Comandantes Supremos. El cuerpo se destruye en el proceso. Es así de simple.
    Virya no podía creer lo que estaba escuchando. —No puede ser… después de tanto.
    Maya simplemente cerró los ojos y respirando profundamente los abrió lentamente al cabo de unos segundos. —Entiendo. —dijo mientras retiraba la mano del hombro de su compañera y daba unos pasos hacia el Archivista. —Si esa es mi misión final la aceptaré con honor.
    Virya cayó de rodillas sobre el suelo del hangar. —No, no así. —dijo moviendo la cabeza de un lado a otro. —No quiero perder también a Maya.
    Ni su compañera ni el maldito Zentran dijeron nada ¿Acaso era más simple para ellos aceptar su destino? ¿Había perdido ella la capacidad de aceptar lo inevitable?
    El suelo de metal pareció volverse difuso, nublado. Virya pestañeó sorprendida y dos gotas cayeron sobre el gris metal.
    Lagrimas.
    Eran las mismas que había visto el dia que Kreegan la había arrastrado fuera de sus rutinas de combate, de su escuadrón, de sus compañeras. El dia que toda esa maldita historia había comenzado.
    —¿Capitán?
    La Meltran levantó la vista y tanto Exedore como Maya pudieron ver las lágrimas que corrían por las mejillas de su rostro.
    —Capitán… sus ojos…. —Maya no comprendía lo que estaba sucediendo. Exedore en cambio si. —Todo está relacionado. —dijo levantando la vista hacia el gran ventanal. —No, en realidad todo está encadenado, esa serie la palabra más adecuada.
    —Los genes. —respondió Maya sin quitar la vista de su mentora. —¿Por qué son tan importantes? —preguntó.
    —Nos hacen lo que somos. —respondió Exedore. —Y por eso Dortrad-Jen temía tanto a los genes retorcidos de Virya.
    —¿Dortrad-Jen les Temía? —Maya no comprendía.
    Exedore suspiró. —¿Recuerda lo que le explique antes de venir aquí? ¿Sobre como los Zentradi fuimos creados para ser una maquinaria de guerra eficiente? Cada soldado es creado con un propósito y los cuerpos que poseen reflejan esa necesidad. Ni un solo gen extra debe ser usado para otra cosa que no sea la batalla y el combate. Virya rompió esa regla, se convirtió en algo que su existencia no podía justificar… y eso es algo que Dortrad-Jen no podía tolerar.
    —Pero usted me dijo que habia algo mas…
    El Archivista asintió con la cabeza. —Si, algo “Tabú” que ni siquiera los Comandantes Supremos podían hablar con nosotros los Archivistas de la flota… pero yo no conocía realmente de qué se trataba. Ahora lo sé y puedo comprender en verdad el peligro mortal que se esconde en los genes.
    Como para reafirmar lo que acababa de decir su cabeza tembló violentamente. —Breka-Nel me dió la respuesta junto con el resto de la información sobre lo que nos sucederá en solo unas horas más.
    —¿Cual es esa respuesta? —preguntó Maya —¿Cual es la verdad que ocultan los genes?
    Exedore miró a Maya directamente a los ojos. —Demuestran que no somos guerreros perfectos.
    —¿Que?
    Virya se puso de pie al instante. —¿Que clase de razón es esa?
    Maya giró la cabeza en dirección a la guerrera. —Virya…
    —Este Zentran no puede decir que..
    —Silencio. Es una orden.
    La boca de Virya se cerró de pronto mientras su rostro adquiria una expresión de sorpresa absoluta. Sin embargo no contestó y se limitó a sentarse nuevamente en el suelo.
    —Continúe por favor Archivista.
    —Gracias Excelencia. Como decía, todo está relacionado; los genes, el destino de la flota de Dortrad-Jen, Virya, Breka-Nel, nuestra muerte inevitable. Todo tiene una razón de ser y esa razón es la forma imperfecta en la que nuestros creadores nos diseñaron.
    Virya se removió inquieta en su lugar. Maya la imitó y tomó asiento a su lado. —Hábleme sobre… sobre nuestros creadores. —pidió la joven.
    Exedore suspiró. —Esto va a ser largo…. ojalá yo también pudiera sentarme.
     
  10.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    168
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2136
    89




    Rebecca supo inmediatamente que algo no estaba bien por la forma en que Amanda quedó mirando la ventana luego de cortar la comunicación.
    —¿Amanda…?
    Hasta los dedos de Tass habían dejado de golpear el teclado de su consola. La chica no había dejado de trabajar en la terminal desde que Amanda descubriera lo sucedido con Will. Ahora el silencio había vuelto a reinar en la Torre de Control mientras las dos mujeres contenían la respiración.
    —Mierda. —dijo Amanda guardando lentamente el Pad en uno de sus bolsillos.
    —¿Ese era Evans? —preguntó Tass levantando la vista. La Capitán Kyle dio la espalda al enorme ventanal y caminó hacia su silla. —Rebbie, necesito información del reactor.
    La mujer giró la silla en su dirección. —¿El reactor?
    —Dame un reporte completo.
    —Si Capitan.
    Rebecca volvió la silla a su posición de trabajo y desplegó sus manos sobre el teclado. De inmediato invocó en la pantalla central del Puente todas las interfaces de control y diagnóstico del corazón de la Rainbow. Ni siquiera Tass había visto todos los sistemas desplegados al mismo tiempo.
    —Reactor en línea, Salida al tres porciento, flujo estable. Sistemas primario, secundario y terciario operativos. Subsistemas de apoyo en línea. Todos los sistemas operativos y listos. ¿Qué es lo que…?
    —¿Vas a mover la Rainbow? preguntó Tass sin sacar la cabeza de enfrente de la pantalla que tenía delante. La Capitán asintió. —Es una posibilidad. —dijo.
    —Amanda… no puedes mover la Colonia de este lugar sin la autorización expresa de la Directora.
    La mujer se cruzó de brazos en actitud desafiante. —¿En serio crees que no lo se? —dijo mirando el gráfico del reactor que en esos momentos flotaba en el centro del proyector de hologramas. —No quiero hacerlo Rebbie, pero tenemos que estar preparadas..
    —¿Qué es lo que sucede? —preguntó la mujer morena apagando la interfaz de su estación.
    —Evans detectó Sound Energy que proviene del campo… cree que es la misma clase de energía que está produciendo esos cambios corporales en Matt
    —¿Desde El Campo…? Eso es…
    —Imposible, ya lo se. —contestó la mujer. —No debería haber nada vivo ahí dentro y sin embargo… —la mirada de Amanda se clavó en la muchacha de anteojos. —Tass, te dije que te concentraras en tu trabajo. Busca a Will en el interior y comunicame con él lo antes posible.
    La joven suspiró. —Ya te dije que se va a esconder hasta que se vaya Jim, dijo que no volvería hasta estar seguro…
    Amanda hizo un gesto con la mano. —No pensé que Will llegara a ese extremo… es un idiota, pero esta vez superó todos los records de estupidez previamente registrados. Debió haber confiado en mí… si tan solo…
    La interfaz del holograma cambió nuevamente y el globo azulado del radar de vigilancia volvió a ocupar su lugar en el centro de la Torre de Control.
    —¿Comunicaciones? —preguntó la mujer.
    —Sin retornos Amanda. —respondió Rebecca revisando su pantalla. —Ultimo ping recibido hace setenta y tres horas, veintitrés minutos.
    —¿Alguna comunicación de la Barrow?
    —Nada.
    Amanda se sentó en su silla de mando con un gesto de cansancio. —Eso es lo que más me preocupa. —dijo mirando el enorme globo azul. —Leonardo ya debería haber respondido a nuestros mensajes…
    Rebecca giró la cabeza en dirección a la mujer. —Gray me dijo que el viejo y su estación estaban bien cuando vinieron hacia aquí…. creo que te preocupas demasiado.
    —Preocuparme es lo que mejor se hacer. —respondió. —Deberían aprender a cuidarse solos de una buena vez. —Dijo mirando a la nerviosa Tass. La muchacha continuó deslizando sus manos por la interfaz holográfica y mantuvo la boca cerrada.
    —¿Qué es lo que piensas hacer Amanda?
    —Primero, encontrar a Matt. —dijo.
    —¿Encontrar? ¿A Matt? —preguntó Rebecca confundida.
    —No está en el Salón de Actos y al parecer ha desconectado su Pad. Evans cree que el chico está en alguna parte de la Colonia junto a la inspectora Ross, pero ella tampoco contesta sus llamados.
    —Oh!
    —Debemos encontrarlo pronto y ponerlo bajo observación. Si se produce un cambio brusco en su organismo, tenerlo cerca de cuidados intensivos podría salvarle la vida.
    Rebecca se quitó los auriculares y miró preocupada a su Capitana. —¿No podemos simplemente aislarlo de esas emisiones de energía?
    Amanda negó con la cabeza. —No. —dijo. —Evans dice que la Sound Energy se transmite por el espacio dimensional. No hay ningún material que pueda aislarte de esa clase de emisiones… solamente la distancia podría amortizar sus efectos sobre Matt.
    —Y por eso quieres mover la Colonia.
    —Al menos unos cuantos miles de kilómetros más lejos del Campo… la falla alrededor de la anomalía absorbe casi toda emisión dimensional, si nos alejamos un poco más podría disminuir drásticamente.
    La mujer morena asintió. —La Directora seguro lo aprobaría pero…
    —Estamos atados de manos hasta no restablecer las comunicaciones. —dijo suspirando.
    Amanda se sentía cansada, cansada como nunca se había sentido en tantos años de trabajo a los mandos de aquella ciudad… bueno, en realidad eran apenas algo mas que un poblado en medio del espacio y sin embargo, aquellos colonos eran su pueblo, su mundo.
    —Estamos tan cerca. —dijo la Capitán Kyle sacudiendo la cabeza. —No podemos bajar los brazos justo ahora. No, hagamos un último esfuerzo. —dijo mientras se levantaba. —Tass, olvídate de Will, es hora de reorganizar nuestras prioridades.
    La joven dejó de teclear y giró la cabeza en dirección a Amanda.
    —Será mejor que trabajes en tu IA, yo me encargaré de Will. —dijo mientras se acercaba a la joven y ponía una mano en su hombro. —Déjalo todo en mis manos.
    Tass asintió en silencio y se levantó de la estación sin decir una palabra. Acto seguido hizo una sutil reverencia y abandonó la Torre de Control por la puerta Principal.
    —Oculta algo. —sentenció Rebecca desde su puesto.
    —Tass es demasiado sincera. —respondió Amanda suspirando. —Apostaría mi gorra a que algo más se esconde detrás de esta “fuga”, pero sea lo que sea no tengo tiempo de preocuparme por Will ahora.
    —Matt.
    —Si, Matt… es uno de los huérfanos de la flota 37 y mi obligación es protegerlo hasta que sea lo suficientemente mayor para elegir su propio destino.
    —Creo que él ya ha empezado a hacerlo Amanda. —respondió Rebecca señalando el icono de la pantalla que mostraba al contacto del chico fuera de línea. —Sea lo que sea que esté haciendo con la Inspectora, no creo que le interese tu opinión al respecto.
    —Cinthya Ross. —Amanda pronunció el nombre como si de un acertijo se tratara. —¿Crees en el destino Rebbie?
    La mujer hizo un gesto de indiferencia con la mano. —A estas alturas de mi vida, esas cosas no me preocupan…. y a ti tampoco deberían. —agregó dirigiendo una mirada cómplice a su superiora.
    Amanda sonrió. —por supuesto siempre tienes razón Rebbie. —dijo sacando el Pad de su bolsillo. —No vale la pena preocuparse si algo ya está definido de antemano, lo importante es estar preparados para lo inevitable. —Quinn.
    Rebecca levantó la vista. —¿A quien había llamado Amanda? Nunca había escuchado de ese nombre en la Colonia.
    —Quiero que estés en tu puesto en cuanto puedas… no, no ha ocurrido nada pero estoy intranquila. De acuerdo. —La mujer cortó la comunicación y miró hacia las estrellas mientras guardaba el aparato en su bolsillo.
    —¿Quien…?
    —Nada, tu no te preocupes. —Contestó la Capitana Kyle. —Solo que a mi tampoco me gusta dejar que otros decidan por mí lo que hay que hacerse. Pase lo que pase voy a estar preparada Rebbie.
    La mujer asintió en silencio y volvió la vista hacia la pantalla de su terminal. —Tengo la ubicación de la última conección del Pad de Matt a la Red de la Colonia. ¿Enviamos un drone allá?
    —¿Donde es eso? —preguntó Amanda.
    Un sector en el enorme mapa interno de la nave se desplegó ante las mujeres. —Acceso T-14, Nivel 23.
    Amanda sacudió la cabeza. —El acceso periférico, si esos dos van para el hangar eligieron la ruta más larga. Ponme en los altavoces de ese sector, no quiero alarmar al resto de los Colonos.
    Rebecca activó un comando y una pequeña luz roja se activó sobre la pantalla central de la Torre de Control. La Capitán Kyle activó el trasmisor de su oreja izquierda y habló en voz alta.
    —Matt, aqui Amanda. Necesito ponerme en contacto contigo, es importante.
    Las mujeres guardaron silencio mientras los minutos transcurrían. Al cabo de un rato era evidente que el joven no iba a responder al llamado.
    —Maldición. —dijo Amanda llevándose la mano a la frente. —¿Qué demonios estará haciendo ese chico?
    —¿Crees que está…?
    La mujer sacudió la cabeza. —No, si hubiese pasado algo Cinthya se hubiese puesto en contacto con nosotros. Esos dos nos están esquivando deliberadamente. Esto no me gusta nada. Envía al Drone de seguridad.
    Rebecca abrió una pequeña pantalla de video y la ubicó frente a su terminal. —¿Lo vuelo yo?
    —Por favor.
    La mujer movió las manos sobre el panel y una interfaz holográfica se desplegó sobre sus manos, proyectando dos esferas de control alrededor de cada muñeca de la operadora. —No podemos usar el drone estando las puertas de la vía periférica cerradas, intentaré adelantarme y cortarles el paso sobre las pasarelas que dan acceso al muelle central.
    Amanda asintió y observó atentamente como Rebecca volaba el pequeño robot por los diferentes tubos de acceso. El Drone era rápido, pero el camino daba muchas vueltas, especialmente alrededor de los bloques que rodeaban el hangar principal.
    Pasaron varios minutos mientras las dos mujeres observaban atentamente los monitores.
    —¿Habrán llegado ya al hangar? —se preguntó Amanda mientras hacía un gesto con la mano para abrir otra ventana. Seleccionó una de las cámaras de seguridad y activó la visión térmica.
    Solo una tenue fuente de calor se destacaba dentro del enorme espacio vacío del hangar principal y Amanda no tuvo problemas en identificar la forma en que los materiales especiales del traje de vuelo disminuían notablemente la firma calorífica.
    —Jim. —dijo la Capitán Kyle acercando la cámara. —Esta otra vez junto a su avión.
    La cámara realizó una acercamiento al avión y claramente pudo verse cómo las varias capas de blindaje dañados por la terrible arma de energía dimensional reflejaban diferentes niveles de radiación.
    El Teniente estaba sentado dentro de la cabina de su avión consultando algo en el Pad. Al parecer no tenía otra cosa que hacer que quedarse a la espera de la llegada de sus superiores, o a lo mejor estaría aguardando la reanudación de las conexiones. ¿Habría podido enviar el reporte de lo sucedido en el Campo? Seguro que no, el apagón de datos se había producido unas pocas horas después del incidente…. tal vez...
    —¿Pero que rayos…?
    Amanda giró la cabeza en dirección a la desconcertada Rebecca —¿Que sucede?
    La mujer sacudió la cabeza mientras señalaba la pantalla en negro. —Acabo de perder la señal del drone.
    —¿Perder? ¿Te estrellaste contra algo?
    Rebecca chasqueó la lengua. —No me compares con Hal, yo si sé manejar estas cosas. Estaba entrando al área 22b cuando la señal se cortó de pronto.
    —Más contratiempos. —Amanda se quitó la gorra y se rascó la cabeza. —¿Hay algo más que pueda salir torcido el dia de hoy? —preguntó en dirección al enorme globo azul del centro de la estancia.
    —Yo que tu no hubiera dicho eso. —contestó la mujer cerrando la pantalla de video. —Voy a reiniciar mi terminal a ver si recupero el control del Drone.
    —Llamaré a Hal, tal vez pueda decirnos algo sobre eso aunque es raro, hoy lo usamos para buscar a Tass y funcionó perfectamente.
    Amanda volvió a sacar el Pad de su bolsillo pero no llegó a marcar el contacto en la pantalla. La puerta de entrada a la Torre de Control se abrió de repente y una joven entró corriendo al mismo.
    Rebecca reaccionó inmediatamente, levantándose con un rápido movimiento mientras extraía una pistola de debajo de la terminal.
    —¡Alto o disparo! —gritó mientras quitaba el seguro y apuntaba al pecho de la desconocida.
    La joven de anteojos y cabello castaño echó una mirada despectiva a la pistola y volvió su vista a Amanda.
    —¡No está! —gritó.
    —¡Quinn! ¡No puedes entrar aquí!
    —¡No está! ¡Alguien se lo llevó! —volvió a gritar acercándose a la Capitán. Rebecca dio un paso adelante pero Amanda levantó un brazo y se interpuso entre su compañera y la misteriosa joven.
    —Baja el arma Rebbie.
    —Pero Capitán….
    —Baja esa arma antes que termines lastimada. —dijo mientras arrojaba una mirada penetrante a los ojos negros de Rebecca. —Es una orden.
    La mujer morena obedeció, dando un paso atrás mientras mantenía el arma bien agarrada con ambas manos.
    Amanda volvió la vista hacia la recién llegada —Calmate Quinn, no entiendo lo que..
    —¡Se han llevado mi VF-19! —gritó la joven al borde de las lágrimas.
     
  11.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
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    90




    Los poderosos reflectores cruzaron sus haces sobre las ventanas del carguero haciendo que las tenues luces rojas que iluminaban la cabina retrocedieran. Gray y Mike entrecerraron los ojos tratando de distinguir las enormes formas que los rodeaban.
    —Son decenas. —dijo el joven asombrado.
    Gray movió la cabeza. —En todos los años que llevo con este trabajo jamás vi o escuche nada igual. —dijo. —Tengo un muy mal presentimiento.
    Para corroborar sus temores. La computadora de la Río Grande comenzó a ejecutar una serie de instrucciones mientras ambos hombres miraban las pantallas sin hacer nada.
    —Están purgando los contenedores. —dijo el viejo piloto con un hilo de voz.
    Por la cámara de video trasera pudieron ver como los dos container se separaban del carguero mediante un breve disparo de los propulsores de gas comprimido.
    Mike tuvo un escalofrío pensando en lo que estaría viviendo su amigo Will en esos momentos. ¿Cuánto aire tendria disponible en cuanto el sistema de soporte vital dejase de funcionar? —Oiga Jefe. —dijo tragando saliva. —Tengo que decirle algo importante..
    —Ahora no Mike, tengo que pensar..
    Mike suspiró pero cuando abrió la boca para hablar nuevamente no pudo articular palabra.
    —Mierda. —solo atinó a decir.
    Dos enorme moles estaban siendo arrastradas por cuatro armaduras hacia ellos. Las formas eran fácilmente reconocibles.
    —Contenedores. —dijo Gray. —¿Que rayos están…?
    Sin poder hacer otra cosa que mirar, los dos tripulantes fueron testigo de como los dos contenedores pasaron sobre ellos y fueron colocados en posición detrás del carguero. En ese momento la computadora volvió a tomar el control del timón y con unos pequeños impulsos de los retropropulsores delanteros, la nueva carga quedó asegurada firmemente en la Río Grande.
    Una vez terminada la operación de amarre, las armaduras volvieron a su posición de guardia junto con los otros transportes que rodeaban a la Rio Grande. No pasó mucho tiempo hasta que una nave de aspecto utilitario comenzara a acercarse por babor.
    La voz que habian escuchado al principio volvió a oirse por los canales de comunicación general.
    —Por favor, permanezcan en sus asientos mientras terminamos.
    Gray hizo una mueca de desagrado y miró de reojo la compuerta de entrada. La cerradura estaba abierta y los seguros habían sido desactivados. El sonido metálico que hizo la nave al atracar en la esclusa fué como una campanada lúgubre.
    —Bueno, ya están aquí. —dijo Mike nervioso. —¿Algun consejo…?
    —Solo…. quédate quieto. —respondió el Capitán Gray poniendo sus brazos a los costados.
    Los hombres aguardaron en silencio el desenlace de lo que el destino les habia preparado aquel dia. No era la primera vez que Gray se había encontrado con Piratas, pero lo que estaba sucediendo ahora delante de sus ojos… no tenía ni pies ni cabeza.
    La compuerta de salida se abrió y la presión entre ambas naves se equilibró con un lugubre sonido.
    Los haces de luz de las linternas adosadas a los rifles de asalto iluminaron a los tripulantes de la Río Grande. Dos hombres vestidos con trajes de combate para gravedad cero entraron flotando a la cabina sin dejar de apuntar al Capitán y su copiloto. Otros dos hombres entraron inmediatamente después y permanecieron a los lados de la entrada con el mismo tipo de armamento. Finalmente quien parecía ser el líder de ellos entró flotando en último lugar.
    Estaba enfundado en un traje espacial del mismo tipo que Gray y Mike usaban en esos momentos, pero por el tamaño era evidente que se trataba de una persona de contextura grande.
    El recién llegado se detuvo en medio de la cabina e hizo un gesto con la mano. Los dos guardias que estaban junto a la puerta salieron por la esclusa en silencio.
    —Saludos Capitán Gray. —dijo mientras encendía los agarres magnéticos de las botas y se erguía de pie en el piso. —Espero que el DEFOLD no haya sido demasiado brusco.
    Gray gruño algo incomprensible mientras giraba su silla ante la atenta mirada de los hombres, quienes mantuvieron las miras láser de sus armas apuntando al pecho de los pilotos. —Lo fue, gracias por preguntar. —dijo mirando fijamente al intruso. No podía ver mucho a través del casco pero se dió cuenta que los ojos del hombre mostraban inteligencia y determinación.
    —Bien, perdonen que deba limitar el tiempo disponible para las presentaciones pero… tenemos algo de prisa… ¿Caballeros?
    Sin decir una palabra el hombre que estaba junto a Mike guardó su rifle y tomó al joven copiloto por detrás del casco, levantandolo de su asiento.
    —¿Pero qué ray…? —Comenzó a gesticular Mike pero el ruido que hizo el cañón de una pistola automática junto al visor del casco lo hicieron callar de repente.
    —Guarda silencio muchacho. —dijo el desconocido mientras caminaba hacia la consola de mando. —Ahora serás nuestro rehén por un tiempo mientras tu Capitán y yo charlamos rápidamente sobre…. negocios.
    Mike y su captor salieron flotando de la cabina dejando a los tres hombres solos. Quien parecía estar al mando caminó hasta el asiento de Mike y sentó despreocupadamente frente a la consola.
    —Bien. —dijo girándose hacia el Capitán. —Vamos a ser claros y directos; la vida de su copiloto está en sus manos Capitán así que espero de sus más absoluta y dedicada colaboración. ¿Me ha comprendido?
    —Si.
    El hombre asintió complacido. —Bien, esa es la clase de respuestas que quiero escuchar, directas y concisas… verá Capitán, hay muchas cosas en juego y no quiero dejar NADA librado al azar. —dijo enfatizando las palabras.
    Mientras hablaba hizo una seña con la mano y el guarda se alejó hasta la entrada de la cabina mientras colocaba el rifle en posición de descanso.
    —Aclarado ese punto… será mejor que continuemos… ¿Me recibes Otako? —El hombre pareció hablar por un canal diferente de comunicaciones y Gray no escuchó la respuesta.
    —Perfecto, ven aquí que voy a presentarte a alguien. —dijo.
    Al cabo de unos momentos una persona enfundada en un traje de vuelo amarillo entró a la cabina. Al contrario del hombre junto a la silla del Capitán este recién llegado era de contextura delgada y parecía estar en un traje que le quedaba demasiado grande. La cara que se distinguía a través del visor del casco era demacrada y llena de pecas, los ojos eran brillantes pero grandes ojeras remarcaban los parpados caidos de un rostro que parecía recién salido de una mala noche de bebida.
    —Capitán Gray, le presento a Otako… el es quien ha estado volando su nave, si puede disculparlo por semejante atrevimiento.
    Como respuesta una pantalla holográfica se proyectó desde un dispositivo ubicado en la muñeca del joven y se materializó frente al casco. Gray reconoció rápidamente la interfaz de navegación de la Río Grande.
    El llamado Otako deslizó los dedos por la interfaz holográfica y en todas las pantallas de la cabina de la Rio Grande apareció un dibujo en tonos verdes que representaba una carita sonriente con un parche en el ojo.
    —¿No es un amor? —preguntó el desconocido con sorna.
    —Tus DEFOLDS apestan. —respondió Gray escupiendo las palabras. —Mi nave te queda grande.
    El joven mostró los dientes, al parecer el comentario lo había molestado bastante.
    —No sea duro con Otako. —dijo el hombre con un gesto conciliador de la mano. —No es muy sociable que digamos… es de la clase de personas que se lleva mejor con sus hologramas 3D que con la gente de verdad.
    —¿Uno de esos NEET’s virgenes? —preguntó Gray echando una mirada de desprecio hacia el joven. A través del cristal del casco pudo ver claramente como su cara se ponía roja de ira.
    El desconocido se rió y aplaudió con fuerzas —¿No te decía yo que el Capitán Gray es una persona muy observadora, Otako? Por supuesto que es virgen, pero se ha equivocado con lo demás, este joven ha trabajado muy duramente con nosotros… estoy seguro que le va a encantar todo lo que ha preparado para esta ocasión. —dijo señalando las pantallas de la consola. —Pero bueno, creo que estamos perdiendo tiempo valioso… Otako, danos control.
    El joven asintió y volvió a manipular la interfaz de su terminal. Enseguida las luces rojas de la cabina pasaron al blanco y las pantallas fueron restauradas a sus funciones normales.
    —Excelente. —exclamó el hombre mientras consultaba los instrumentos. —La Río Grande es toda suya Capitán… Ya puedes retirarte Otako.
    El joven volvió a asentir en silencio y se alejó flotando mientras no dejaba de ver la información de las varias pantallas que se desplegaban delante de su casco. En cuanto atravesó la esclusa seguido por el último guardia armado, la compuerta se cerró en silencio.
    —Gracias. —respondió Gray colocando las manos sobre el comando. Se sintió mucho mejor al tocar los controles y saber que podía tener el mando de su nave en su totalidad, no obstante, por solo un instante, tuvo una sensación de desagrado al pensar en la persona que había estado jugando con ellos hacía tan poco tiempo.
    El hombre a su lado sonrió ampliamente.
    —¿Qué es lo que quieren? —preguntó entonces sin soltar los mandos.
    —Oh vamos Capitán Gray…—El hombre pareció desilusionado. —Es usted perfectamente consciente de lo que queremos ¿Verdad?
    Gray cerró los ojos y asintió. —Volver a la Rainbow ¿Verdad?
    Su ahora compañero de cabina chasqueó la lengua. —Muy bien Capitán, eso es exactamente lo que queremos y para ello…. bueno, se que no es exactamente su fuerte pero voy a tener que pedirle que ejecute conmigo un poco de actuación para… suavizar las cosas.
    Gray movió la cabeza. —Nunca lo lograrán. —dijo. —La Rainbow es una fortaleza, Amanda los aplastará antes que puedan ver las luces de la Colonia.
    —Tss, tss, tss… —chistó el hombre mientras movía el dedo índice de un lado a otro. —En eso se equivoca amigo. No crea que no disponemos los medios para asaltar a esa Colonia por la puerta del frente… los tenemos y créame que esto. —dijo señalando las naves que se veían a través del cristal de la cabina. —Esto que ve aquí es solamente mi escolta personal. A decir verdad mis amigos están deseosos de lanzarse al ataque de una vez por todas… especialmente nuestros camaradas más… grandes.
    Gray podía ver perfectamente a las armaduras Zentradi que custodiaban el perímetro de la extraña congregación de piratas.
    —Pero yo… es decir nosotros, necesitamos esa nave lo más intacta posible, Capitán… así que como se habrá dado cuenta, preferimos usar medios no tan drásticos.
    —¿Y que le hace pensar que yo voy a colaborar…?
    El hombre se encogió de hombros. —Bueno Capitán, si la vida de ese muchacho copiloto suyo no vale lo suficiente, creo que debería considerar que un asalto frontal podría significar una pérdida de vidas mucho más significativa para esa pequeña Colonia… mis muchachos Zentradi suelen excitarse mucho durante el combate y…. en fin, cuesta un poco hacer que se detengan o incluso hacer que distingan entre mujeres y niños… usted sabe cómo son. —Dijo mientras sonreía mostrando todos los dientes.—Créame cuando le digo que la Rainbow ya es nuestra y la verdad es que me gustaría tomar posesión de ella de la forma menos violenta posible.
    —Bonito discurso viniendo de un pirata.
    Por primera vez en todo ese tiempo el hombre puso una expresión seria. —Le advierto, Capitán, que es contraproducente que utilice esa clase de designaciones para con mis muchachos o mi persona…. nosotros somos una Corporación, una asociación independiente con un objetivo común ¿Piratas? ¡Por favor! Estamos en el siglo XXI Capitán… esas cosas están muy pasadas de moda…. lo que está en boga ahora es esto. —y mientras decía esto último extrajo una pistola automática con la que golpeó suavemente el casco de Gray.
    —Nosotros tenemos fuerza y pensamos invertirla en algo más rentable que uno o dos cargueros de la Periferia. ¿Me entiende Capitán?
    El viejo piloto asintió sin quitar la vista del arma. —Aun así me parece que piensan meterse en la boca algo demasiado grande. —exclamó suspirando.
    —¿Unity? —preguntó el hombre mientras enfundaba la pistola. —Si se refiere a la famosa Fundación y sus fuertes lazos con los militares… le repito que no debe preocuparse, todo está previsto y planeado…. lo que me recuerda que ya es hora que salgamos, no quiero perder más tiempo en charlas banales… ¿Capitán? —dijo señalando los mandos. —¿Nos haría el honor de llevarnos hacia la Rainbow?
    Gray gruño y activó los propulsores de maniobra. El carguero volvió a la vida y comenzó a rotar lentamente sobre su eje mientras el misterioso copiloto introducía una nueva ruta de navegación en la computadora frente a su asiento.
    —¿Me promete que Mike estará bien? —preguntó mientras miraba preocupado la nueva carga adosada a la popa de la nave.
    El hombre giró la cabeza en dirección al Capitán.—Como ya le dije, prefiero evitar el uso de violencia. Esta operación está planificada para evitar la pérdida innecesaria de vidas… dicho lo cual, todo depende enteramente de su colaboración Capitán.
    Ahora fue el turno de Gray de encogerse de hombros.
    —Soy un pésimo actor. —dijo aplicando potencia a los motores principales.
    —Lo se, por eso Otako se encargará de los Efectos Especiales… usted solo actue normal y todo saldrá bien… muy bien.

    La Rio Grande aceleró y pronto la pequeña congregación de forajidos fue tan solo unas pequeñas luces entre millones de estrellas en la Vía Láctea. Gray apartó la mirada del monitor trasero y se concentró en su panel de mandos…. Mike, el corazón del viejo piloto sufría el haber tenido que dejar solo al muchacho en medio de esa escoria galáctica pero… ¿Acaso tenía otra opción?

    A varios centenares de kilómetros de distancia, varios pares de ojos seguían con atención el vuelo de la Río Grande mientras se desvanecía en la distancia. Finalmente las luces del carguero desaparecieron y la tripulación de la nave de asalto continuó con sus tareas asignadas.
    —Está hecho. —dijo un hombre alto enfundado en un traje de combate verde. Su casco estaba decorado con graffitis al igual que el rifle de asalto que portaba en la espalda. Dándose vuelta se alejó de los monitores y flotó hasta un rincón donde el joven del traje amarillo manipulaba datos con ambas manos frente a su pantalla holográfica. —Eh Otako! —gritó el hombre. —¿Alguna señal del número cuatro?
    El joven movió la cabeza sin mover los ojos de las pantallas.
    —Mala cosa. Con razón el Jefe estaba intranquilo. ¿Reporte del radar dimensional?
    Uno de los operarios frente a un pequeño globo holográfico del tamaño de una pelota de fútbol sacudió la cabeza. —Nada todavía, Comandante Lee.
    El hombre de traje verde suspiró. —Si esos idiotas se hubiesen caído del FOLD ya los habriamos detectado… bien, de todas formas ya están muertos, no podemos permitirnos ir a buscarlos por todo el sector a ciegas…. y hablando de perder el tiempo...
    —Al decir esto se dió vuelta en dirección al joven que estaba atado en el suelo junto a varias cajas de municiones.
    Mike levantó la cabeza en dirección al hombre. —¿Yo?
    —Si tú… ven aquí.
    Sin decir una palabra tomó al joven del cuello y lo arrastró hasta la esclusa de entrada. —¿Eres Mike, verdad?
    El joven asintió asustado.
    —Bien… ¿Comprendes tu situación muchacho? —preguntó poniendo una mano sobre el hombro del joven. Mike sintió como un escalofrío le recorría todo el cuerpo. —Su… supongo que si señor.
    —Me alegra mucho entonces… yo no soy tan bueno como el Jefe para dar charlas o explicar cosas. —dijo mientras accionaba el control de la compuerta, que se abrió rápidamente.
    Mike miró el vacío del espacio y al volver la cabeza se encontró con el cañón de una pistola apuntando al visor de su casco.
    No hubo estampido, no había sonidos en el espacio, la cabina estaba despresurizada y solo el fogonazo del arma fue visible mientras iluminaba brevemente los rostros que miraban divertidos la trágica escena. El cristal del casco se resquebrajó y una llovizna tiño el interior del mismo de rojo. El cuerpo de Mike se sacudió y salió despedido por la compuerta hacia el espacio.
    —Un cabo suelto menos. —dijo el hombre cerrando la esclusa.—Prepárense para salir, nos movilizamos al punto de encuentro Beta en treinta minutos. Seis ¿Me recibe?
    A través de la radio la voz de uno de los Zentradis en armadura de combate fue claramente audible.
    —Aquí Seis.
    —Ustedes se quedan aquí hasta las 2300, luego reúnanse con el resto de la flota en el punto Delta.
    El gruñido del Zentran fue claramente audible para todos.
    —Tomaré eso como un “sí señor” —dijo el hombre llamado Lee cortando la comunicación. —Malditos Zentradis domesticados. —murmuró para sí mientras flotaba hacia el puesto de mando.
     
  12.  
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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    104
     
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    91




    Amanda permaneció de pie frente a la pantalla todo el tiempo que la extraña visitante demoró en bajar desde lo más alto de La Torre hasta el depósito de containers del hangar principal. Solo cuando Quinn la llamó desde el lugar e informó de la situación la mujer se dejó caer agotada sobre el sillón de mando.
    —¡Capitán! —exclamó Rebecca al escuchar el ruido que hizo Amanda al desplomarse sobre la silla —¿Estás bien?
    La Capitán Kyle no respondió y Rebecca se puso de pie, abandonando momentáneamente su puesto.
    —Amanda… Estás… ¿Temblando?
    La mujer cruzó los brazos sobre el pecho y suspiró aliviada. —Gracias… a Dios. —dijo cerrando los ojos.
    Rebecca permaneció junto a la silla sin saber que hacer. Al cabo de unos momentos Kyle giró la cabeza y miró a su compañera con curiosidad.
    —Ya deberías haber guardado eso. —dijo
    La mujer morena bajó la mirada en dirección al arma que seguía empuñando en su mano derecha.
    —Oh! —exclamó.
    Ambas mujeres se rieron y la tensión pareció bajar un poco en la torre de control.
    Mientras Rebecca volvia a depositar el arma bajo la terminal de su puesto, Amanda se incorporó en el asiento y se acomodó la gorra.
    —¿Estás bien, Amanda? —preguntó regresando junto a su amiga. La Capitán Kyle asintió en silencio.
    —¿Que tan malo fue… eso? —preguntó señalando la pantalla donde hacia unos instantes habían aparecido las imágenes del depósito.
    —Podría haber sido peor. —respondió Amanda. —MUCHO pero… escucha Rebbie, no quiero hablar de esto ahora.
    La mujer sacudió la cabeza. —Amanda… Somos compañeras… no, somos AMIGAS desde hace años. ¿No crees que ya es hora que confíes en mi de una vez por todas?
    La Capitán kyle frunció el ceño. —Rebbie….
    —Escucha Amanda, todos estos secretos, todas estas mentiras… no puedes continuar ignorandonos por mucho más tiempo…. somos parte de esto, todos nosotros. ¿Cuando se terminará todo este… encubrimiento? Amanda, sabemos que Unity no es una compañía hostil, no ha ayudado en el pasado y siempre ha respaldado a los Colonos, en las buenas y en las malas, sabemos cuales son nuestras obligaciones con la empresa y con agrado las aceptamos. ¿Es necesario que mantengas tu sola toda esta pantomima? ¿Después de tanto tiempo sigues sin confiar en nosotros... sin confiar en mi?
    Amanda pareció hundirse más en el sillón mientras evadía la mirada de su subordinada.
    —Rebecca… no es así, estás equivocada… yo confio en ti, confío en todos los colonos es solo que...
    —Pruébalo. —dijo la mujer cruzándose de brazos. —Dinos qué está pasando con Unity y la Rainbow.. cuéntanos qué planes han trazado para nosotros los de la Fundación y la Directora.
    —Yo… no puedo Rebbie, lo siento pero…
    Rebecca suspiró y colocó la mano sobre el hombro de Amanda. —Como quieras. —dijo. —Se darme cuenta que cargas con una responsabilidad demasiado grande, siempre lo haz hecho, pero ahora el peso está comenzando a hundirte.
    La Capitán Kyle levantó la vista hacia su amiga.
    —Casi has perdido el control hace unos momentos. —dijo. —Eso nunca había pasado antes.
    —No. —respondió Amanda.
    —Esa… Quinn. —dijo Rebecca retirando la mano. —Era una Amazona ¿verdad?
    Amanda no contestó, pero era evidente que se había puesto nuevamente en guardia. El momento de debilidad había pasado.
    —Lo vi, lo vi en sus ojos. —dijo la mujer mirando pensativamente hacia la puerta. —Ni siquiera me prestó atención, no me consideraba una amenaza a pesar del arma que le estaba apuntando al pecho. Era una Meltran micronizada, una verdadera guerrera, aquí, en la Rainbow.
    Rebecca caminó hacia el enorme holograma que mostraba la zona de control de los radares de la Colonia. —Unity ha comenzado a enviar a su personal de seguridad a la Rainbow de forma encubierta ¿Porque? ¿Acaso teme algo..?
    Amanda no respondió, seguía mirando a Rebecca a los ojos con seriedad.
    —Pero hay algo más. —continuó la mujer morena con ademán pensativo. —Aun con los plazos de la finalización del contrato con la NUNS acercándose a su fin… no tiene sentido enviar a una sola guerrera para formar un cuerpo de seguridad o defensa o lo que sea…. por muy buena que sea, esa Amazona es solo un elemento aislado, no podría nunca ocuparse ella sola de defender a la Rainbow… su presencia es algo especial… e inusual…. además, las Amazonas siempre trabajan en parejas ¿No?
    —Rebbie…
    —Estoy cerca ¿Verdad?
    Amanda suspiró. —Basta. —dijo. —Creeme que no quiero involucrarte en esto, no es seguro. Hay un plan si, lo sabes muy bien, asi como tambien sabes que es en beneficio de todos nosotros. Estamos en un lugar hostil, en tiempos hostiles, la NUNS… la NUNS no puede protegernos, nunca lo ha hecho realmente y yo…
    El sonido de la puerta al abrirse detuvo el discurso de Amanda.
    —Tass.
    La joven entró tímidamente a la torre de control. El silencio los envolvió como un pesado manto de inquietud mientras ambas mujeres se escrutaban detenidamente.
    —Amanda… tu..
    —Will… —La Capitán se levantó de la silla y miró a la joven directamente a los ojos. —Escapó en la Rio Grande dentro de un contenedor. ¿Verdad?
    Tass asintió en silencio.
    —Tu lo ayudaste. Fue toda tu idea desde el principio.
    Rebecca se llevó la mano a la boca. —¡Oh Tass! —exclamó.
    —Si, fue mi idea. —reconoció la joven. —Me hago por completo responsable de mis actos.
    La Capitán Kyle suspiró y miró a su compañera. —¿Todavia tienes a mano tu pistola, Rebbie? —preguntó.
    La mujer morena miró con desaprobación el gesto de su Capitán. —Amanda….
    —¿Ves como no soy la única que guarda secretos aquí?¿Y encima quieres que confie en todos ustedes? —dijo mientras daba vuelta al puesto de control y se acercaba a la insegura Tass. —No, no voy a dispararte Tass, aunque ganas no me faltan.
    Las dos mujeres permanecieron en silencio una frente a la otra, solo Rebecca parecía estar libre de moverse en ese pesado ambiente. Suspirando se acercó y puso su mano sobre el hombro de su Capitana. —¿Y bien? —preguntó. —¿Como vamos a resolver esto?
    —No podemos hacer nada. —contestó Amanda liberándose de la mano de su amiga. —El contenedor está fuera de nuestro alcance en medio de un FOLD de larga distancia hacia Nueva Caledonia. Incluso si las comunicaciones vuelven y enviamos un mensaje, Gray no lo recibirá hasta que llegue al sistema de destino… —Mientras decía esto comenzó a caminar por el puente de mando pareciendo hablar consigo misma en voz alta. —Y aun así no puede volver a saltar enseguida. Debe atracar en Nueva Caledonia y reingresar el contenedor al circuito comercial de la Rainbow, eso demandará papeleo y tiempo.—dijo deteniéndose mientras miraba a Rebecca. —Si queremos recuperar esa cosa tenemos que ponernos primero en contacto con Unity. Es la prioridad número uno.
    —¿Amanda? —preguntó Tass con timidez. —¿Porque estas hablando del contenedor y… no de Will?
    —Porque lo que me interesa es lo que había dentro de ese contenedor, no el estúpido de tu amigo Will. —contestó la mujer con evidente mal humor. La respuesta desconcertó a la joven.
    —¿Eh?
    Rebecca se adelantó y se cruzó de brazos frente a Tass. —No te preocupes chica, Amanda arreglará todo, pero no esperes que te cuente nada, hoy está más misteriosa que de costumbre…. ah y por cierto, déjame darte un consejo.
    Amanda gruño y concentró su atención en la esfera del radar mientras Rebecca se inclinaba sobre Tass y decía unas palabras al oído de la joven.
    —Si te cruzas con una mujer desconocida de anteojos y pelo corto… te sugiero que te alejes lo antes posible sin dirigirle la palabra. Lo digo por tu….. seguridad.
    La joven abrió los ojos sorprendida pero no llegó a contestar. Una alarma sonó en en la Torre de Control.
    —¿Que rayos..? —comenzó a preguntar Rebecca pero Amanda ya había reconocido los datos que se proyectaban en la esfera del radar. El enorme holograma siempre mostraba el espacio monitoreado pasivamente como una esfera azul. Ahora la esfera se había tornado verde, lo que indicaba que ahora estaban viendo una representación del espacio subdimensional que rodeaba a la Rainbow.
    —Reacción de DEFOLD. —dijo Amanda señalando la perturbación de las líneas brillantes que formaron una especie de onda expansiva en unos de los extremos exteriores de la esfera, como si alguien hubiera arrojado una piedra a un estanque de esmeraldas. —No muy cerca, pero…. es en nuestra vecindad.
    Sin decir una palabra Tass y Rebecca se arrojaron en sus puestos. Ambas mujeres olvidaron sus problemas y se concentraron en su trabajo.
    —Analizando la firma de energía. —dijo Tass desplegando una versión más pequeña del radar dimensional frente a la pantalla de su terminal.
    —No hay ninguna comunicación anterior o posterior al DEFOLD, Capitán. —informó Rebecca. —Las comunicaciones siguen cortadas.
    —Tengo un muy mal presentimiento. —sentenció la mujer quitándose la gorra.
    Tass hizo que sus manos volaran por sobre el panel de la terminal, los datos pasaban frente a sus ojos con velocidad deslumbrante. —Tengo la firma… patrón expansivo irregular, parece... ¡Oh no!
    Rebecca y Amanda giraron las cabezas en dirección a la joven.
    —¡Es un colapso de burbuja! —exclamó la joven con un hilo de voz.
    —¡Maldición, Gray está en problemas! —gritó Amanda corriendo hacia la terminal de Tass.
    Las mujeres contuvieron el aliento. Un colapso de burbuja era una de las peores cosas que podían pasarle a una nave espacial que viajara por el Espacio FOLD, las posibilidades de sobrevivir eran… muy escasas, la mayoría de las veces solo pedazos de metal y restos retorcidos era lo único que era expulsado al espacio tras esa clase de accidentes.
    —Tenemos que enviar una nave. —dijo Amanda. —¿Distancia?
    —Un poco más de un octavo de UA… Amanda ¿Estás segura que es La Río Grande…?
    La mujer señaló la esfera holográfica. —La dirección coincide, tienen que ser ellos, no hay dudas.
    —No tenemos nada que pueda llegar hasta allá en un tiempo razonable. —dijo Rebecca moviendo la cabeza. —Los recuperadores utilitarios tienen motores de uso local, tardarian dias en llegar hasta allí.
    —Jim.
    —Amanda y Rebecca miraron desconcertadas a Tass. —¿Qué has dicho?
    —Jim puede llegar hasta la Río Grande rápidamente. —dijo Tass esperanzada. —¡Amanda tienes que pedirle a Jim que ayude a Gray, Mike y Will!
    La Capitán Kyle apartó la vista del monitor de Tass. —No… no creo que esa sea una buena idea..
    —¡Pero tenemos que hacer algo! —Exclamó la joven mientras las lágrimas comenzaban a empañar los lentes dorados. —¡Pueden estar heridos!
    La mujer golpeó con violencia el respaldo de la silla ¡Maldición! —exclamó con furia mientras se pasaba la mano por los cabellos. —Esto no puede estar pasando…
    Sin decir nada más extendió uno de sus brazos y con un gesto abrió nuevamente la pantalla de video frente al enorme ventanal estrellado.
    —Hangar Principal, bahia número cuatro. —dijo y las cámaras enfocaron inmediatamente el lugar donde el VF-17S2 se encontraba aparcado dentro del enorme hangar. Se podia ver claramente al piloto dentro de la cabina mientras manipulaba la interfaz de la nave.
    Amanda extrajo su Pad y seleccionó el contacto del piloto. Por la pantalla pudo verse como Jim apagaba las pantallas y extraía su propio pad.
    —Capitán Kyle. —respondió el piloto al mismo tiempo que se incorporaba del asiento y miraba hacia el techo del hangar, como presintiendo que una cámara lo estaba enfocando en ese preciso instante.
    —Teniente Glenn, tenemos una emergencia. necesitamos su ayuda.
    El piloto descendió de la cabina de un salto y se colocó a un lado del tren de aterrizaje delantero. —¿Qué sucede?
    —Acabamos de detectar un colapso de burbuja en nuestro radar dimensional, no hemos recibido ninguna señal de auxilio pero dado la dirección de donde provino la fluctuación de energía…
    —La Rio Grande. —respondió Jim con preocupación en su voz. —¡Rayos!
    —No tenemos forma de llegar hasta el lugar, nuestra única nave con motor de aceleración estelar está fuera de combate.
    Jim comprendió rápidamente la situación. —Comprendo. —dijo. —Prepararé mi nave para despegar de inmediato. Preparen la ruta de vuelo más directa a esas coordenadas.
    —Estamos en eso. —dijo Rebecca haciendo que sus dedos bailaran a una velocidad vertiginosa sobre el teclado. —Te estoy enviando el vehículo de asistencia..
    —No hay tiempo. —dijo Jim mientras trepaba a la cabina. —Voy a arrancar con el procedimiento de emergencia, las baterías bastarán.
    —De acuerdo. Prepárese para despegar y espere a nuestra señal para salir del hangar. Vamos a declarar la emergencia.
    La mujer cortó la comunicación y cerró la ventana de video. —Declaren el Protocolo de Emergencia en Alerta Amarilla para toda la nave. Todo el personal de emergencia debe estar en su puesto en quince minutos. Que la población civil regrese a sus casas de inmediato.
    Rebecca y Tass se pusieron manos a la obra. El entrenamiento del personal de la Rainbow era excelente y los simulacros eran muy habituales entre personal y colonos por igual. Todo el aparato de emergencia de la Colonia se activó en apenas unos minutos y en todas las pantallas de video a lo largo y ancho de la enorme Three Star Factory comenzaron a transmitir información y órdenes. Por todos los altavoces se escuchó lo mismo;
    —Atención. Se ha declarado Alerta Amarilla en toda la Colonia. —La voz de Rebecca sonaba calma y profesional. —Esto no es un simulacro. Todo el personal de Seguridad a sus puestos. Repito; esto no es un simulacro…
    Amanda apretó los dientes y miró hacia las estrellas.
     
  13.  
    Gerli

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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    —Imperfectos.
    La palabra sonaba extraña, fuera de lugar. ¿Una mentira? Si, esa era la palabra, no podía ser verdad.
    —Miente. —le espetó Virya al Zentran parado junto a ellas. —Nosotros somos guerreros perfectos.
    Maya suspiró. A pesar de que ordenara a la guerrera que cerrase la boca cada cinco minutos, era imposible reprimir la rebeldía que brotaba con cada revelación del Archivista. Las dos Meltran habían tomado asiento frente a Exedore y escuchaban con atención el relato de los misteriosos orígenes de su raza, solo las violentas expresiones de Virya rompían el silencio que rodeaba el gigantesco hangar donde estaban confinadas a la espera del mortal destino.
    —Yo no miento. —volvió a responder Exedore como por décima vez. —Solo comunico datos y hechos establecidos de nuestra base de conocimientos galácticos. ¿Quien… no, QUE es usted para cuestionar mi información?
    Llegados a este punto los dientes de Virya se apretaban con tal fuerza que el sonido que hacían era audible hasta para Maya, quien preventivamente colocaba su mano sobre el hombro de su compañera para evitar que asesinara al pequeño Zentran de un golpe.
    Virya en cambio golpeó el piso de metal con fuerza para descargar su ira. —Fanra, Rika, Kiria, Tyna, Melia, todas eran perfectas… Maya es perfecta. No voy a dejar que insulte nuestro orgullo con sus… datos.
    Los ecos del golpe resonaron por todo el hangar y se extinguieron lentamente mientras era el turno de Exedore de suspirar. Al parecer el Zentran había tenido demasiado con las interrupciones de Virya y su paciencia se estaba agotando. Sin decir una palabra accionó el dispositivo que sobresalía del cuello de su extraña vestimenta y una pantalla holográfica se proyectó hacia delante.
    —¡Eh! —exclamó Virya cuando el holograma la atravesó por completo pero Exedore ignoró a la guerrera y acomodó la imagen para que se proyectara sobre una de las piernas del Qrau. La imagen que en ese momento se proyectaba adquirió un tono rojizo similar al de la armadura de la Meltran.
    —Observen. —dijo Exedore mientras señalaba la imagen.
    Virya no tuvo más opción que retroceder de mala gana y ubicarse junto a su compañera.
    Las dos Meltran observaron en silencio. Nunca habian visto una escritura ni una interfaz gráfica igual a esa en todas las naves de la flota. No obstante dos figuras eran claramente visibles en el centro del holograma.
    —Un Meltran y un Zentran. —dijo Maya pensativa.
    El archivista sacudió la cabeza. —¿Segura? —preguntó. —Observen bien.
    Las dos figuras parecieron encogerse mientras Exedore alejaba la imagen para mostrar el cuadro completo. Había dos enormes seres a cada lado de las primeras siluetas, de casi diez veces su tamaño.
    —Eran Micrones. —dijo Virya y su voz pareció perder fuerza por un momento. —Nosotros somos esos.
    Maya observo fascinada la enorme diferencia de tamaño. De pronto comprendió realmente por lo que había pasado Virya durante su extraña misión hacía tantos cíclos atrás. —Tú… ¿Tu fuistes asi? —preguntó incrédula a su compañera. Virya asintió en silencio.
    —Así eran nuestros creadores. —dijo Exedore señalando la pantalla. —Nosotros los Zentradis fuimos creados en base a esos Micrones.
    —¿Por qué… por qué eran tan pequeños? —preguntó Maya.
    —Eso no está en mis datos. —reconoció Exedore. —Probablemente porque no necesitaban ser grandes como nosotros, ellos no luchaban.
    —¿No luchaban? —fue el turno de preguntar de Virya. —No entiendo… si no luchaban ¿Para que existían?
    Maya asintió en concordancia con su compañera. —Virya tiene razón, no tiene sentido eso que dice...
    —Ellos no luchaban porque nosotros lo hacíamos en su lugar. —respondió el Archivista. —Nuestra existencia se debe a que nos crearon exclusivamente para pelear sus batallas y es lo que hemos estado haciendo ininterrumpidamente a lo largo de todos estos miles de ciclos.
    Las guerreras guardaron un momento de silencio mientras no dejaban de observar a las dos figuras que giraban lentamente en medio de un complicado patrón de figuras geométricas. ¿Habían sido creados para pelear las guerras de otros? ¿Que significaba?
    —Usted… ¿Usted sabía esto, Archivista Exedore? —preguntó Maya girando la cabeza en dirección al Zentran.
    —Solo una parte. —reconoció. —Toda esta información, incluido estos gráficos y escrituras son algo nuevo para mi. Muchos de ellos carecen incluso de sentido y debería analizarlos en profundidad para… —El Archivista se detuvo y dirigió su mirada hacia el enorme ventanal, donde se veían las luces intermitentes de las gigantescas factorías a medida que se movían y articulaban en sus nuevas posiciones de trabajo. —Oh, cierto que ya no hay tiempo para eso. —respondió suspirando. —Estaremos muertos dentro de unas horas.
    Maya asintió pero Virya movió la cabeza. —Yo no moriré. —dijo. —Sea lo que sea que tenga usted en la cabeza, si lo comparte conmigo no se perderá.
    Exedore abrió los ojos con un gesto de sorpresa. —¿Ahora quiere convertirse en un Archivista?
    —No lo se. —reconoció la guerrera. —Pero sea lo que sea que depare el futuro de la nueva flota, tal vez el nuevo Comandante Supremo encuentre algún uso para mis… capacidades especiales.
    El Zentran abrió la boca pero no supo qué decir. Simplemente se limitó a mover uno de sus tentáculos de forma nerviosa frente a su cabeza. —Es estúpido… y sin embargo no carece por completo de sentido… realmente me hubiese gustado examinarla con más detenimiento, Capitán Virya. —reconoció Exedore de mala gana. —Estoy seguro que a pesar de sus defectos, usted es un ejemplar valioso de estudio.
    Maya se removió inquieta en su lugar. —Todavía no nos ha explicado el porqué de esa imperfección que tanto menciona. —preguntó intrigada.
    Exedore cambió de expresión y miró seriamente a la guerrera. —Como dije antes, todo está relacionado. Observe.
    El gráfico frente a ellos sufrió una actualización. Algo apareció entre los dos micrones al pié de la imagen.
    Virya y Maya no entendían el significado de lo que veían.
    —¿Eso es…?
    —¿Que rayos es eso?
    El Archivista volvió a acercar la imagen a las figuras y estas se reprodujeron con todo detalle en la pantalla. Había un Zentran y una Meltran y entre ellos, una pequeña figura de proporciones diferentes. No era ni Zentran ni Meltran era algo… desconocido.
    —¿Un Micrón… de un Micrón? —preguntó Virya aun mas confundida.
    Exedore sacudió la cabeza. —Eso que ven ahí al parecer es el resultado de los procesos reproductivos de los Micrones.
    —¿Procesos repro…. que? —las palabras confundian a Maya.
    —Los Micrones… es decir nuestros creadores, no son fabricados en centros de Protogónesis como nosotros. Ellos podían reproducirse mediante un sistema biológico de intercambio genético. Lo que ven ahí es el resultado de ese proceso de interacción entre una Meltrán y un Zentran.
    Las guerreras abrieron sus bocas asombradas. Lo que escuchaban no tenía ningún sentido.
    —Ellos… ¿Ellos podían crear a otro Micrón sin usar una factoría? —preguntó Virya sin salir de su asombro.
    —Eso es lo que indican estos registros. —confirmó el Zentran. —Una pareja de esos Micrones podía engendrar a otro Micrón con la información genética de ambos individuos mediante un proceso de gestación y crecimiento de aproximadamente tres cuartos de cíclo.
    Maya estaba aterrada. Lo que escuchaba la había dejado prácticamente sin habla. Virya notó el estado de la joven y colocó su mano sobre el hombro de la guerrera. —Maya….
    —Un Zentran y una Meltrán…Deculture! —dijo la joven con un hilo de voz. —¿Por qué?
    —Porque así fueron creados ellos. —respondió Exedore. —Pero por alguna razón no pasaron esa clase de “habilidad” a nuestra raza. Nosotros los Zentradi no podemos crear a otro Zentradi mediante ese proceso biológico. Necesitamos de las instalaciones adecuadas para fabricar a nuestros soldados.
    —Por supuesto. —respondió Virya. —Tres cuartos de ciclo es un tiempo excesivo para crear un soldado. Nuestras factorías producen tropas mucho más rápidamente… ¿Verdad?
    —Ciertamente. —contestó Exedore. —Pero a un costo.
    —¿Costo? —preguntó Maya
    Exedore extendió un tentáculo hacia Virya. —Usted. —dijo.
    Virya guardó silencio. Sabía perfectamente a lo que se refería el Archivista.
    —Defectos genéticos. —dijo Maya. —¿Ese es el costo del que habla, Exedore?
    El Archivista asintió. —Nuestros creadores eran una civilización que dominó todas las ramas del saber. Desde el viaje interestelar hasta la manipulación de la vida misma. Su tecnología era la más avanzada de toda la galaxia… sin embargo no tenían el control absoluto de todo.
    —¿A que se refiere? —preguntó Virya.
    Exedore volvió a manipular la pantalla y la imagen se centró en los dos guerreros Zentradi. —Zentran y Meltran, nuestros guerreros están diseñados para ser máquinas de guerra perfectas. Nuestros creadores elaboraron todos los aspectos de nuestra existencia en base al propósito bélico, por eso desde que somos fabricados hasta que perecemos en la batalla, todo lo que hacemos está planificado y codificado en nuestra propia memoria genética. Un Zentradi que luchó y murió hace mil ciclos es exactamente igual a usted, Maya. —dijo señalando a la guerrera. —y eso ha sido así desde que nos crearon.
    Las guerreras guardaron silencio y Exedore continuó satisfecho de no ser interrumpido nuevamente.
    —Nosotros los Zentradis fuimos creados para un propósito con todo lo necesario para llevarlo a cabo de la forma más eficiente posible. Nuestra guerra es eterna y por ese motivo el ciclo de nuestra creación y muerte se repite indefinidamente a través del tiempo. Sin cambios. Nunca.
    —La forma en que dijo esta última palabra sonó, de alguna forma, extraña.
    —Pero hay una limitación. —dijo de pronto. —A pesar de la enorme capacidad tecnológica de nuestros creadores y el enorme cuidado que pusieron en nuestro diseño, ciertas cosas escapan de su control.
    —¿Como… cuales? —preguntó Virya
    —Como que somos seres vivos. —respondió Exedore. —Y la Vida tiene sus propias reglas.
    Maya y Virya se miraron sin comprender.
    Una sacudida los interrumpió violentamente. Los tres Zentradi levantaron las cabezas al unísono hacia el enorme ventanal. Una enorme estructura se había acoplado a la ya de por si gigantesca base en donde se encontraban, otras más se acercaban lentamente desde varias direcciones para hacer lo mismo. Al parecer la creación de una superfortaleza requería de toda la capacidad de manufactura del complejo.
    La escala era apabullante. Virya sintió como si por un momento volviese a ser una indefensa Micrón.
    Exedore proyectó una serie de imágenes superpuestas. Eran diferentes formas de vida, completamente desconocidas para las guerreras. Algunas parecían ser enormes, casi del tamaño de sus cruceros de asalto. Otras eran diminutas y frágiles, con tentáculos y pequeñas alas traslúcidas. Muchas de las cosas que aparecían en pantalla ni siquiera tenían nombres que Virya pudiese describir.
    —La vida es casi infinita en la Galaxia. —dijo Exedore. —Y asume una casi infinita variedad de formas también, pero en toda esta diversidad se esconden una serie de reglas compartidas entre todas ellas… y nosotros no somos la excepción. —agregó volviendo a la imagen original de la pareja de micronianos. —Los seres vivos dependen de la reproducción para transmitir la información genética de una generación a otra, este mecanismo no solo asegura el crecimiento y la persistencia de la especie, es también necesario para una característica esencial de los seres vivos; la evolución.
    —¿Evolución? —preguntó Maya
    Exedore asintió. —Todos los seres vivos evolucionan a través del tiempo, es uno de los principales pilares de cómo están estructuradas las formas de vida en la galaxia.
    —La Vida es Cambio. —dijo Virya con un tono extraño de voz. —Un cambio constante.—Exedore y Maya la miraron asombrados.
    —¿Qué dijo? —preguntó el Archivista abriendo los ojos.
    Virya pareció reaccionar a la voz del Zentran. —Nada. —dijo sacudiendo la cabeza. —Es algo que…. recordé.
    Exedore miró a Virya pensativo. —Si… —dijo inseguro. —En efecto, la vida implica una serie de cambios dictados por el medio ambiente. Esos cambios se graban, por así decirlo, en los genes de los individuos y se reflejan en las generaciones subsiguiente en forma de características heredadas…. pero no es así con nosotros los Zentradi.
    Somos una raza creada para combatir y nuestros hacedores eliminaron todo aquellos que pudiera alterar nuestra perfección para el combate. Las reglas que nos atan al cambio inevitable por el paso del tiempo no se aplican a nosotros ya que nuestros genes son reproducciones que se copian una y otra vez desde la matriz de las fábricas donde los soldados son creados. No hay transferencias de genes, nada se altera a pesar del paso del tiempo. Cualquier cambio que se produzca en un Zentradi. —Mientras decía esto señaló a Virya. —Cualquier cambio muere con el individuo. —dijo.
    Las guerreras asintieron en silencio.
    —Al eliminar la reproducción y la transmisión genética en nuestra raza, nuestros creadores se aseguraron que permaneceríamos sin cambios a lo largo de todo el tiempo necesario para cumplir nuestra misión. No importa cuantos miles de ciclos fueran necesarios. Pero se equivocaron.
    —¿Se equivocaron? —preguntaron Maya y Virya al unísono.
    Exedore asintió. —Somos una máquina de guerra autónoma. Fabricamos nuestras armas así como a nuestros propios soldados y nos expandimos por la Galaxia en busca de nuestros enemigos. Nada ha cambiado en nuestras ordenes desde que fuimos creados, pero eso no es completamente cierto, algo sí ha cambiado. —El Zentran mantuvo una tensa pausa mientras miraba los rostros asombrados de ambas guerreras. —Algo que demuestra que no somos los guerreros perfectamente diseñados que creíamos ser.
    —La imperfección de la que tanto habla. —dijo Virya.
    —Si, es algo que ha ocurrido a lo largo de toda la galaxia, en cada una de las miles de flotas Zentradis que recorren las estrellas en busca de la destrucción de nuestros enemigos, una especie de corrupción que genera lo que hemos visto en Virya.
    —Los defectos genéticos.
    —Si, esa clase de defectos no son algo aislados. Es algo que ha ocurrido en cada una de las matrices sin importar la distancia de las flotas Zentradis. Esas alteraciones suceden cada cierto tiempo y son inevitables.
    —¿Porque? —preguntó Maya
    —Porque es así como funciona la vida. —contestó el Zentran. —No se puede evitar el cambio y probablemente ni siquiera nuestros creadores sabían cómo hacerlo. Cada soldado creado en la Matriz es examinado minuciosamente en busca de errores y es prontamente destruido en cuanto son descubiertos, pero cada cierto tiempo las computadoras a cargo del sistema no son capaces de detectar los cambios más sutiles y Zentradis como Virya son desplegados en el campo de batalla.
    Virya levantó la mano derecha y la observó atentamente mientras abría y cerraba el puño repetidamente. —No comprendo. —dijo. —¿Como algo como eso puede afectar a TODOS los Zentradis de la Galaxia..?
    Exedore se encogió de hombros. —Ojalá lo supiera. —dijo. —Tal vez… tal vez no estemos tan alejados unos de otros como parece. —dijo pensativo. —Tal vez todos los seres vivos forman parte de algo más grande…. algún tipo de conexión, de vínculo. Tal vez no sea tan fácil diseñar algo como lo hicieron nuestros creadores… y esta corrupción no es más que un proceso natural inevitable. Ojalá lo supiera pero lamentablemente no me queda tiempo para investigarlo.
    La pantalla se redujo y el holograma pareció desvanecerse dentro del broche del Archivista. Virya y Maya se miraron entre si sin saber que decir.
    El tiempo se agotaba para todos.
     
  14.  
    Gerli

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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    93




    —¡Matt!
    Había sido tan repentino que Cinthya no pudo reaccionar a tiempo y el joven cayó de rodillas sobre la cubierta de metal mientras se llevaba la mano al pecho con un gran gesto de dolor.
    La luz púrpura se había apagado de inmediato y la oscuridad los envolvió rápidamente. Cinthya extrajo su pad y al colocar su dedo sobre el cristal hizo que la luz del aparato iluminara el rostro del joven.
    —Tengo que llamar al Doctor Evans. —dijo Cinthya mientras buscaba desesperadamente el contacto en la interfaz del aparato pero no llegó a marcar el número; Matt extendió la mano y tomó a la joven por el brazo.
    —Cinthya… no, detente.
    La joven se sobresaltó y casi dejó caer el Pad mientras tomaba a Matt por los hombros.
    —¡Matt! ¿Qué sucede? ¿Estas bien?
    Matt respiró hondo y asintió con la cabeza. —Estoy…. bien. —dijo abriendo los ojos. —Ya pasó.
    El joven hizo un esfuerzo y consiguió ponerse de pie ante la atenta mirada de Cinthya, quien se mantenía alerta ante el menor signo de otra inminente caída. —Tenemos que volver Matt, tu salud..
    El joven clavó la vista en los ojos de la asustada inspectora. No había dolor ni debilidad en su mirada, sólo resolucion. —Voy a seguir. —dijo simplemente mientras daba un paso apoyándose en la pared metálica.
    Cinthya se había quedado sin palabras. Sin nada más que hacer se limitó a levantar la linterna y seguir detrás de Matt, mientras paso a paso caminaban por el oscuro túnel en dirección a lo que parecía ser una serie de elevadores suspendidos en una enorme columna central. El joven avanzó lenta pero resueltamente y al cabo de unos minutos de marcha pudo comenzar a caminar normalmente aunque Cinthya notaba la respiración agitada en el pecho de su amigo.
    Al llegar a la encrucijada de cubiertas tomaron una de las rampas que descendía hacia el abismo de tuberías y recorrieron un centenar de metros hasta llegar a una pequeña sala desde donde partían pasillos a las diferentes cubiertas que accedian al hangar principal. Para sorpresa de Cinthya, Matt no tomó ninguno de los accesos sinó que se agachó en un punto determinado del piso y comenzó a forcejear con una de los paneles que parecía estar flojo.
    —Dejame ayudarte. —dijo al observar los resoplidos del joven. Se colocó en posición junto a Matt y tomando los bordes del metal se preparó para hacer fuerza—A la una, a las dos y a las… ¡Tres!
    El pesado panel salió del marco donde estaba ubicado y dejó al descubierto el acceso a un conducto de mantenimiento que se accedía por una pequeña escalerilla, Cinthya iluminó el túnel y suspiró; era tan estrecho que sólo podían avanzar en fila por el oscuro pasillo.
    —¿Tenemos que ir por ahí?
    Matt asintió en silencio y bajó primero por la escalera. Cinthya lo siguió unos momentos más tarde completamente resignada.
    Avanzaron lentamente, en algunos sitios donde las tuberías atravesaban el estrecho pasillo debían agacharse para sortear los obstáculos. Al principio Cinthya había creído que estaban yendo en dirección al hangar pero ahora había perdido por completo el sentido de la orientación, además el pasillo no era recto, cada cierta distancia el camino cambiaba de dirección ya sea a la izquierda o a la derecha y ya había perdido la cuenta de cuántas veces habían doblado en aquellos recodos.
    Matt se detuvo un momento a tomar aliento y Cinthya lo iluminó brevemente con la linterna. El rostro del muchacho estaba perlado de sudor y su respiración agitada era perfectamente audible.
    —Matt…
    —Estoy bien. —respondió el muchacho… —Solo…. Solo déjame descansar un segundo.
    Estaban en un espacio algo más despejado del camino, una especie de nicho que al parecer había contenido algún equipo removido hace tiempo, varias tuberías surgían desde el suelo como extraños hongos rojos luego de una lluvia. Al tener un poco mas de sitio pudieron sentarse y apoyar la espalda contra el frío metal de la pared y estirar las piernas. Era evidente que Matt estaba llegando a su límite pero Cinthya se había dado por vencida en tratar de cambiar la decisión del joven de seguir adelante.
    —¿Que.. qué es lo que esperas encontrar allá? —preguntó colocando la linterna entre ambos. —En el Campo….
    Matt abrió los ojos y pareció concentrarse en algo, de pronto con un rápido movimiento que sobresaltó a la joven apagó la linterna y se llevó el dedo índice a los labios, luego señaló hacia arriba con la otra mano. En ese lugar el techo era un enrejado metálico y pudieron ver como una pequeña esfera flotante equipada con un reflector iluminaba el pasillo sobre ellos y avanzaba despacio en su misma dirección.
    Aguardaron en silencio hasta que hubo pasado y las luces se extinguieron nuevamente.
    —¿Eso era…? —preguntó Cinthya en un susurro.
    —Uno de los Drones de Amanda. —respondió Matt nervioso. —Nos estan buscando.
    Cinthya encendió la linterna e iluminó el pasillo. —¿Es lejos?
    —No. —dijo el joven poniéndose de pie. —Ya estamos cerca.
    Se pusieron en marcha nuevamente y al cabo de unos minutos y de dar un par de vueltas mas se toparon con algo diferente.
    Cinthya proyectó el haz de la linterna hacia el espacio por delante y el círculo de luz alumbró una extraña caja en el medio de lo que parecía ser otro de esos nichos para equipo vacíos.
    —¿Qué es eso? —preguntó nerviosa Cinthya. —Matt tengo miedo.
    El joven no respondió y tomó la linterna de la mano de la joven. Luego avanzó resueltamente hacia la extraña caja y la examinó de todos los ángulos. —Huevos. —dijo con una misteriosa sonrisa.
    —¿Huevos?
    Matt puso la linterna en el piso y acarició la caja con ambas manos. —Es algo que trajo la Río Grande para Will y para mi…. Amanda no tiene que saber nada de esto asi que usamos una palabra clave; se supone que esto es una docena de huevos en el manifiesto de las compras escolares. —dijo mientras probaba moverla del sitio. —Fué la forma de Gray de avisarnos que el cargamento llegaria y que debíamos recogerlo en este punto.
    La enorme caja estaba equipada con unas ruedas en la base, por lo que moverla no resultó nada dificil a pesar de la debilidad del joven.
    —¿Que hay ahí dentro?
    —Ahora lo verás. —respondió Matt. —Pero no aquí, busquemos un lugar más amplio.
    Los dos jóvenes empujaron juntos la caja y facilmente recorrieron el resto del camino. Todavía debieron dar un par de vueltas más y luchar con la enorme caja en las esquinas, pero al cabo de unos diez minutos se encontraron con el fin del túnel. Estaban en una habitación despejada de unos diez metros cuadrados sin ninguna salida.
    —¿Como saldremos de este lugar? —preguntó preocupada la joven.
    Matt empujó la caja hacia una de las paredes y luego le alcanzó la linterna a Cinthya. —Necesito que me alumbres ahí arriba. —dijo señalando el techo de la habitación.
    Cinthya observó intranquila como Matt se subía a la caja, lista para socorrerlo si volvía a desmayarse como antes, pero el joven demostró haberse recuperado lo suficiente para hacer lo que quería. A la luz de la linterna Matt se puso en puntas de pie sobre la extraña caja mientras usaba un destornillador que llevaba en uno de los bolsillos de su traje para remover unos tornillos de una de las placas metálicas del techo.
    Solo le llevó unos minutos hacerlo. Los tornillos cayeron sobre el piso metálico y la placa superior quedó suelta. Matt probó levantarla pero era demasiado pesada.
    —Dejame ayudarte. —dijo Cinthya mientras se subía ella también a la caja.
    Matt hizo todo el sitio que pudo pero los dos estaban increíblemente juntos en precario equilibrio. La sensación de tener el cuerpo de la joven tan cerca suyo hizo que su rostro se pusiera aún más rojo que su cabello. Por suerte la oscuridad evitaba que Cinthya viera su turbación.
    —Gra-gracias. —respondió el joven nervioso.
    Pero el panel era demasiado pesado. Ni con la fuerza combinada de ambos pudieron levantarlo más que unos pocos milímetros. Finalmente luego de resoplar y esforzarse un rato se dieron por vencidos.
    —Es… demasiado… pesado. —dijo Cinthya bajando de un salto. —Estoy agotada.
    Matt se sentó sobre la caja y miró hacia arriba. —Hay otra forma. —observó mientras la agitada respiración se le normalizaba de a poco. —Supongo que tendré que ponermelo aqui abajo. —dijo suspirando.
    Sin decir una palabra mas se puso de pie y estiró la mano hacia Cinthya. —Pasame la linterna Cin.
    La joven le entregó el aparato y observó como el joven accionaba el pequeño dispositivo de adhesión magnética para así dejar que la linterna quedara colgando del techo e iluminase todo el recinto. Acto seguido se bajó con cuidado y buscó la forma de abrir la caja.
    —Ayudame Cin. —pidió señalando el otro extremo de la misma.
    La joven se puso en el lado opuesto y juntos acostaron la caja con las cerraduras hacia arriba. Al activar la apertura unas patas metálicas se extendieron a cada lado del contenedor y elevaron el mismo como si de una mesa plegable se tratase. La tapa se abrió a continuación revelando el contenido a la asombrada Cinthya.
    —Esto es… ¿Una armadura?
    Matt asintió. —Algo parecido, se llama EX-GEAR.
    El joven se inclinó sobre la caja abierta y señaló las diferentes piezas. —Es un sistema de apoyo al piloto. —dijo. —Sirve tanto como traje de vuelo como asiento eyector o chaleco salvavidas.
    —Y tu… ¿Vas a usarlo? —preguntó confundida la joven.
    —Will iba a ser el piloto. —dijo suspirando. —Se supone que deberíamos entrenar los dos en el manejo de este traje pero… ya no hay tiempo. —Mientras hablaba miraba hacia la pared que tenia delante, como si pudiera ver a traves de ella. —No hay tiempo. —repitió mientras movía la cabeza.
    Habia casi una docena de piezas diferentes. Cinthya ayudó a Matt a sacar todas las partes mas pequeñas y dejaron lo que parecía ser una mochila pesada que se encontraba fuertemente incrustada en el fondo de la misma. —Esta parte se coloca al final. —explicó el joven mientras extraía su Pad y encendia la pantalla. —Tengo que revisar las instrucciones.
    En la pantalla de su aparato apareció una serie de imágenes donde se explicaba paso a paso cómo se debían encastrar cada una de las partes de la armadura.
    —¿Donde consiguieron esto? —preguntó Cinthya mirando con curiosidad las partes pintadas de blanco.
    Matt deslizó el dedo por las imágenes y memorizó los diferentes pasos. —Tass nos ayudó. —dijo. —En realidad fué cosa de Gray, le debía un par de favores a Tass y fue quien aportó los contactos necesarios para conseguir uno de estos. Will me dijo que el control sobre los EX-GEARs es un tema delicado y la NUNS es muy celosa de quienes usan estas cosas.
    Cinthya suspiró. —Si Amanda se llega a enterar que tu y Will juegan con material de la NUNS… y encima de contrabando….
    El joven se encogió de hombros. —Cuando lo sepa ya será tarde. —dijo. —Mi intención no es desafiar a la Capitán Kyle, yo solo quiero llegar al Campo… solo una vez.

    En silencio comenzó a ensamblar las diferentes partes mientras Cinthya sostenía el Pad frente a sus ojos. Primero desplegaron una especie de soporte desde la tapa de la caja que sirvió como armazón para colocar las diferentes piezas de la armadura. Sobre esta especie de maniquí colocaron primero las partes que iban sobre las piernas, luego las tobilleras y a continuación las protecciones del torso y espalda que conectaban piernas y brazos al soporte principal de la mochila. Les llevó casi cuarenta minutos armar la armadura y al terminar se sentaron en el piso de metal para admirar su obra en silencio.
    —Voy a probarlo. —dijo Matt poniéndose de pie al cabo de unos minutos.
    El joven se colocó de espaldas a la armadura y se subió a las plataformas que formaban los pies del traje. A continuación puso las manos sobre los controles que se encontraban en cada uno de los brazos y al apretar con fuerza los dispositivos de agarre las piezas de la armadura se cerraron en torno a sus brazos y piernas. Matt quedó firmemente sujeto al traje ante la mirada inquieta de Cinthya.
    —Me olvidé el casco. —dijo de pronto mirando hacia la caja. La joven lo tomó y se puso frente al traje para colocarlo. —Estas mas alto. —dijo con una sonrisa mientras se ponía en puntas de pie. La armadura había aumentado la estatura del joven de forma que ahora le sacaba mas de una cabeza a la joven inspectora.
    Cinthya se apoyó en el pecho del joven y estirándose lo más que pudo colocó el casco en la cabeza de Matt, quien había vuelto a sonrojarse ante la proximidad de la joven.
    —Gracias… —dijo el muchacho desviando la mirada. —Ahora…
    —La mochila. —respondió Cinthya echando una mirada al Pad. —Supongo que tengo que empujarte con todo y soporte. —suspiro resignada.
    Por suerte las ruedas del maniquí facilitaron el trabajo, en cuanto el traje retrocedió hasta la caja que habia detras la mochila se desplegó automáticamente como si de un fuelle se tratase y se alineó automáticamente con la espalda de Matt. Hubo un “Track” repentino y la armadura se activó encendiendo una serie de líneas verdes a lo largo de los hombros y piernas.
    —Ya puedo moverme. —dijo Matt inseguro. —creo.
    Dió un impulso hacia delante y la armadura se liberó del arnés con un chasquido. El joven avanzó un paso con cuidado y luego otro. Cinthya vió que el chico sonreía.
    —Funciona. —dijo.
    A continuación levantó el brazo derecho y luego el izquierdo. Seguidamente abrió y cerró las manos mientras contemplaba el movimiento de los dedos de metal de sus nuevas extremidades.
    —Es casi como si fueran mis propias manos. —dijo.
    Mientras el joven probaba los movimientos de su traje, Cinthya miró el interior de la caja a ver si no se habian olvidado otra cosa. —¿Qué es esto? —preguntó señalando una cajita que había pasado desapercibida. Matt se acercó a ella y miró donde señalaba. —Huevos. —dijo.
    —¿Huevos? —La joven tomó la cajita confundida y la abrió. En efecto dentro había media docena de huevos blancos alineados en fila uno al lado del otro.
    —Te lo dije. —respondió divertido el muchacho. —Lo que trajo Gray fueron huevos, el resto….
    —¿Solo un packaging? —respondió Cinthya con una carcajada. Ambos jóvenes se rieron y sus risas resonaron en los oscuros pasillos.
    Matt extendió uno de los dedos señalando el pequeño huevo. —Es parte de un entrenamiento que vimos en un video de la Red. —dijo. —Como estos trajes aumentan la fuerza del usuario, hay que tener mucho control sobre la presión que se ejerce al manipular objetos o uno corre el riesgo de aplastarlos.
    Matt extendió dos dedos de la mano articulada y con delicadeza tomó uno de los huevos. Ante la mirada fascinada de Cinthya lo levantó y lo giró como examinándolo con curiosidad.
    —Esto… es muy fácil. —se dijo intrigado.
    Cinthya sonrió. —Es que eres pianista Matt. Tus dedos son muy delicados y sensibles, cualquier otro hubiese explotado ese huevo con solo tocarlo.
    El muchacho miró a Cinthya y asintió con la cabeza. —Supongo…. Que debe ser eso. —dijo moviendo la mano y el pequeño huevo frente a su rostro.
    Volvió a depositar el huevo en el contenedor junto a los demás y Cinthya guardó el paquete en su mochila.
    —¿Te los vas a llevar? —preguntó el joven.
    —No me gusta desperdiciar comida. —respondió Cinthya encogiéndose de hombros. —Mas tarde puedo prepararte una tortilla si quieres.
    Matt se rió y dió unos pasos hacia el centro de la habitación. —Mira esto. —dijo.
    Hizo un giro en el sitio y comenzó a patinar alrededor de Cinthya. La joven puso cara de sorpresa mientras veía al joven moverse con tanta soltura a su alrededor. —¿Enserio es la primera vez que usas uno de estos? —preguntó desconfiada. Matt volvió a reírse. —Es todo asistido por computadora. —reconoció. —Yo solo elijo por donde moverme y el traje interpreta mis movimientos.
    El muchacho se detuvo junto a Cinthya haciendo una exagerada reverencia y ambos se rieron nuevamente.
    —Oye Cin…. ¿Puedo preguntarte algo?
    —Si, claro Matt —respondió la joven.
    —Tu… ¿Tienes novio?
    La pregunta descolocó por completo a la Inspectora Ross. La joven abrió la boca sorprendida mientras miraba el rostro sonrojado del joven. —Yo… no, claro que no. —dijo casi sin aliento. —No desde….. hace un tiempo. —dijo mientras desviaba la vista de Matt.
    El joven notó el dolor en la respuesta y se arrepintió de inmediato. —Lo…. Lo siento Cin, no fué mi intención….
    La joven sacudió la cabeza. —No te preocupes Matt… no es nada. —dijo mientras se sentaba sobre la caja del traje. —Es solo que… es algo que aún no superé por completo. —reconoció con la voz cargada de tristeza.
    Matt se sentia fatal por haber preguntado semejante cosa a su amiga pero… habia sido algo tan espontaneo, tan repentino..
    —Es mi culpa. —dijo Cinthya mirando al compungido joven. —Nunca he sido buena para relacionarme con la gente y… bueno, en materia sentimental soy igual de desastrosa. —reconoció desviando la mirada hacia una de las paredes donde la sombra de la silueta de la armadura se proyectaba desde el centro de la habitación.
    —Yo soy igual. —respondió Matt intentando rascarse la cabeza, mas la armadura hizo un gesto completamente exagerado que sacó una sonrisa a la Inspectora.
    —No te creo… de seguro vuelves locas a todas tus compañeras de curso. —dijo señalando la cabeza del joven. —En La Tierra las chicas se vuelven locas por los pelirrojos.
    Matt abrió los ojos con un gesto de sorpresa. —¿Enserio?
    La joven no respondió pero miró a Matt a los ojos. —¿Y tu? —fué el turno de preguntar de Cinthya. —¿Tienes novia?
    El joven sacudió la cabeza. —No. —dijo sonrojándose aun mas.
    —Pero seguro que alguna chica de la escuela te gusta. —La inspectora se llevó la mano a la barbilla en actitud pensativa. —Mina y Akemi son chicas muy hermosas. —reconoció asintiendo con la cabeza. —Y luego está la Profesora Silvia… de seguro a ti y a Manuel los vuelve locos con esa ropa tan provocativa que lleva ¿A que si?
    Matt puso cara de asombro y sacudió la cabeza. —¿La profesora Silvia? Yo no…. Bueno no, es atractiva si pero no es… mi tipo.
    Cinthya estaba sorprendida —¡Pero si parece una modelo! —exclamó haciendo un gesto exagerado con sus manos sobre su busto. —Tiene unas curvas que seguro vuelven loco a mas de un hombre…
    Matt se puso aún más colorado y pareció encogerse dentro del traje.
    —Al menos Manuel de seguro está loco por ella. —dijo pensativa. —Juzgando por las imágenes de esas almohadas eróticas que tiene dentro de su Pad, a el esa clase de mujeres con pechos enormes de seguro lo vuelven loco.
    Matt carraspeó y dijo algo ininteligible.
    —¿Como? —preguntó Cinthya.
    —A Manuel…. Bueno no estoy del todo seguro pero… creo que Silvia tampoco es de su tipo.
    Cinthya estaba sorprendida. —¿Seguro? La profesora Silvia es una verdadera belleza, cualquier hombre se volvería loco por una mujer asi..
    —Es que… Silvia Sensei es un hombre. —reconoció Matt apartando la mirada.

    El silencio en la habitación fue tan profundo que cuando la voz de Rebecca sonó en los altoparlantes de toda la nave anunciando la emergencia, ambos jóvenes casi se caen de espaldas del susto.
     
  15.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    29 Marzo 2018
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
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    Anexo: La Última Batalla de Kreegan.
    ¿Cómo narrar los acontecimientos de una batalla en la que no han quedado testigos? Un combate que ni siquiera tiene nombre, ya que aconteció tras el manto protector de una enorme nebulosa de polvo y gas cósmico, objetos celestes los cuales ni siquiera tenían un nombre en las bases de datos cartográficos de los Zentradis.
    Sólo años más tarde, cuando los humanos pusieron un nombre a los objetos cercanos al lugar de la batalla y una fecha estimada, entonces si podemos tener una referencia, algo, por poco que sea, para comenzar este relato.
    Aún hoy en día, el Ejército de Supervisión (ES en adelante) sigue siendo un gran misterio para las mentes más brillantes de la Raza Humana. Sabemos muy poco sobre sus orígenes, sabemos apenas lo justo y necesario sobre cómo la Protocultura extendió su dominio sobre la Vía Láctea, pero su declive y casi total desaparición aún eluden nuestras más salvajes teorías.
    ¿Es el ES lo que llamamos Protocultura? ¿O su existencia debe ser tomada como algo completamente separado de la de sus creadores? Los expertos debaten acaloradamente sobre este tema desde el mismo momento en que la primera nave alienígena se estrelló en La Tierra allá por el año 1999. Solo sabemos que su existencia, al igual que la de los Zentradis, ha sido y sigue siendo hasta el dia de hoy, únicamente para la guerra. Solo una sola cosa los diferencia: El ES puede emprender la retirada del combate cuando lo cree necesario.
    Los Zentradi jamás retroceden.
    ¿Entonces qué estaban haciendo allí reunidos tras esas enormes nubes de polvo? ¿Que buscaban al reunirse en un número tan grande y emprender un masivo salto FOLD hacia el centro de la Vía Láctea? ¿Que esperaban lograr con eso?
    ¿Que buscaban?
    Preguntas, cientos de preguntas que seguramente ni Kreegan ni el propio Dortrad-Jen necesitaban hacerse. Había enemigos cerca y había que destruirlos. Eso era lo único que movía a la enorme maquinaria de guerra Zentradi.
    Pero el efecto de ese movimiento fue una marea tan enorme, tan extensa, que cambió los destinos de cientos de mundos sembrados por la Protocultura a lo largo y ancho de ese sector de la Galaxia.
    Hasta la ola más grande tiene un comienzo humilde, apenas una piedra irrumpiendo en las serena superficie del cosmos.
    Esa piedra fue Kreegan, golpeando al desprevenido Goliath a la velocidad de la luz, tan repentinamente que sus acciones resonaron en los más lejanos rincones de la Vía Láctea.
    ¿Pero cómo reconstruir esa batalla olvidada?
    Tenemos varias pistas. La primera y principal son los registros aportados por el Archivista Exsedol de la Flota del Almirante Vrlitwhai. Sabemos que en algún momento del año 1869 del calendario terrestre se produjo una inusual operación conjunta entre dos flotas Zentradi que se encontraban al acecho de una de las últimas grandes concentraciones masivas de elementos del ES conocidas de la Galaxia.
    Generalmente las flotas Zentradi mantienen las distancias unas con otras y si acaso sus exploradores establecen contacto unos con otros, escaramuzas aisladas pueden producirse como muestra de cierta rivalidad o belicosidad espontánea entre los guerreros. No obstante ante la presencia del ES en un sector toda hostilidad mutua queda opacada por la necesidad imperiosa de destruir al enemigo común.
    Esto es lo que parece haber sucedido con las flotas de Boddole Zer (La misma flota que casi cien años después atacaría la Tierra) y la comandada por el Almirante Supremo Dortrad-Jen.
    Esta cooperación sin embargo no se dió en el sentido moderno de una operación militar moderna. Ambas flotas solo coordinaron el momento y posición de los ataques, que según los registros fueron a una buena distancia unos de otros.
    ¿Fue exitosa la operación? No lo sabemos a ciencia cierta. El ataque llevado a cabo por Boddole Zer exterminó por completo a los elementos del ES que correspondian a su flanco de ataque. ¿Pero cuál fue el destino de la flota de Dortrad-Jen?
    Parte de este misterio comenzó a desvelarse con la primera detección de los restos de la batalla en el año 2022, gracias al estudio detallado de quienes desglosaron todos los datos extraídos de los archivos del Almirante Vrlitwhai.
    Al examinar los restos fue posible determinar el tipo de naves involucradas en la batalla y su número aproximado. Casi un millón y medio de naves del ES yacían en ruinas desperdigadas a lo largo y ancho del campo de batalla, formando un extraño sistema de sedimentos que orbitaba los restos de las enormes superfortalezas que habían sido destruidas en la galaxia.
    Las pérdidas de la flota de Boddole Zer también habían sido cuantiosas, llegando casi al millar de unidades perdidas. Muchos investigadores especulan que de no haber sido por esta batalla y las enormes pérdidas sufridas por la flota Zentradi, tal vez el ataque a La Tierra hubiese sido aún más devastador.
    ¿Pero qué hay del otro flanco del ataque? ¿Cuantas naves lo componían? ¿Cuales eran los números con que contaban las fuerzas de Dortrad-Jen? Estos datos solo los conocía el propio Boddole Zer, por lo que se han perdido para siempre.
    Fue la Flota de Emigración 37 quien dió con los restos del ataque de lo que llamaremos El «Flanco Izquierdo», ya que esa fue la dirección del ataque visto desde el plano galáctico tomando como referencia el eje central de la Galaxia.

    Los exploradores que dieron por primera vez con los restos del «Flanco Izquierdo» estimaron en poco más de un millar de naves destruidas, al parecer en una mezcla relativamente homogénea de naves del ES y naves Zentradi.
    Eran evidentemente los restos de una gran batalla, pero ni por asomo de la magnitud que había tenido el «Flanco Derecho» donde la flota de Boddole Zer había aniquilado a sus enemigos.
    ¿Donde estaban las naves que faltaban?
    Mediante la cuidada medición y estimación de la posición de cada uno de los restos se llegó a simular una aproximación a lo que debió ser la batalla entre el ES y las fuerzas de Dortrad-Jen.
    Los resultados dejaron boquiabiertos a los investigadores de la Flota 37.
    El ES había dividido en dos sus fuerzas, repeliendo el ataque de los Zentradi a la vez que desviaba una importante cantidad de elementos en la dirección opuesta a la que seguía la enorme flota.
    ¿Que clase de misterio se ocultaba tras esa maniobra? La flota del ES del «Flanco Izquierdo» superaba ampliamente por 2 a 1 a la flota de Dortrad-Jen. Al dividir sus fuerzas apenas pudieron contener el ataque de los Zentradi y, al parecer, solo su Superfortaleza pudo escapar del ataque ya que no había restos de la gigantesca nave del ES en el campo de batalla.
    Solo el enorme y retorcido armazón de la fortaleza de Dortrad-Jen permaneceria como silencioso testigo de la terrible batalla.
    ¿Donde estaba entonces el resto de la flota del ES? Definitivamente no había ido a reforzar el «Flanco Derecho» que estaba en la dirección contraria. Al parecer había vuelto al punto de origen, a la nebulosa donde Kreegan luchaba solo contra fuerzas que lo superaban ampliamente en número.
    Pero esta es la historia de Kreegan, de como su última batalla fue el inicio de marea que, incluso hoy en día, arrastra a todos los vástagos de la Protocultura a lo largo y ancho de la Galaxia.
    Esta es su historia.

    —¡Fuego!
    El grito resonó en el interior del puente de mando de la enorme nave mientras los espejismos de luz aún bailaban frente a la enorme pantalla de mando. Lo que estaba haciendo Kreegan era una locura y todos y cada uno de los Capitanes que en ese momento abrieron fuego en simultáneo con la gigantesca nave Capital lo sabían también.
    Al fin y al cabo estaban disparando sus armas desde dentro de las burbujas FOLD.
    Desde el preciso momento en que toda nave emergia del espacio FOLD aún conservaba la burbuja WARP por unos pocos segundos mientras las enormes ondas de energía luminosa se expandian por el tejido de espacio-tiempo en el lugar preciso donde, por unos instantes, el espacio era perforado.
    Esa energía se disipaba rápidamente al equipararse la materia de su interior con el vacío del espacio (Razón por la cual no se hacían FOLDS en la atmósfera de un planeta, los resultados podrían ser imprevisibles)
    Disparar armas de energía desde el interior de una burbuja WARP en colapso también era peligroso, parte de la energía del arma se dispersaba por la burbuja y estallaba al colapsar la misma, restando potencia de fuego al disparo final. El efecto que creaba por el contrario, era algo más aterrador y era justamente en lo que Kreegan estaba interesado.
    Frente a ellos, a unos pocos kilómetros de distancia los sensores de las naves enemigas no detectaron las decenas de miles de disparos simultáneos que rápidamente convergian hacia ellos, sinó que sus pantallas mostraron una enorme detonación de energía de casi cinco kilómetros de diámetro, algo que solo el arma principal de una superfortaleza podía generar.
    Aun con poder de fuego reducido, el ataque por sorpresa devastó las filas de naves de la flota que cerraba la retaguardia del ES, Kreegan sabía que solo disponía de unos minutos para destruir la mayor cantidad posible de naves antes que las primeras corbetas ligeras girasen ciento ochenta grados y comenzaran a disparar sobre sus tropas.
    —¡A toda potencia! —gritó extendiendo el brazo hacia delante mientras simultáneamente casi un millar de naves aceleraba al máximo sus impulsores creando un único y majestuoso resplandor esmeralda.
    No había tiempo que perder. Toda la flota embistió de lleno la formación de naves que lentamente había empezado a girar para enfrentar a los atacantes. Cinco minutos, ese era el tiempo que demoraban las naves más rápidas en maniobrar y ubicarse en posición de disparo, pero aún así Kreegan tenía la ventaja de su posición y la velocidad.
    El Comandante había colocado una vanguardia de naves de soporte, transportes y naves de suministro que se arrojaron sobre los enemigos con las únicas armas de su masa y velocidad. Algunas pocas lograron evadir el ataque suicida, la mayoría recibió las colisiones en el centro de sus cascos mientras los flancos quedaban expuestos en medio del cambio de curso. Las explosiones de estos improvisados arietes cargados de explosivos llenaron de luz la pantalla frente a Kreegan. El combate recién estaba comenzando y pese a las terribles bajas inflinjidas a la retaguardia del ES, Kreegan seguía estando en inferioridad númerica.
    Las tropas en sus armaduras de combate se desplegaron a continuación. Tenían la ventaja de la velocidad que los cruceros que las lanzaban habían acumulado durante la tremenda aceleración luego del salto FOLD y no la desaprovecharon. En solo unos segundos el campo de batalla se llenó de explosiones y las dos flotas enemigas se fundieron en un solo enjambre de naves.
    Caos, esa era la única palabra que podía describir el pandemonium que se había desatado en esa parte del espacio. Naves de asalto, cruceros, fragatas, hasta los enormes tanqueros que suministraban suministros y municiones a las flotas estaban enzarzados en combate. Kreegan había puesto tropas en cada una de las naves que no poseía poder de fuego ofensivo y las había arrojado contra sus enemigos en un intento de perforar los cascos y llevar la lucha al interior mismo de las naves enemigas. En varias de estas naves se luchaba cuerpo a cuerpo, gigante contra gigante, en medio de disparos y misiles que ya no distinguían amigo de enemigo, todos eran un objetivo y rara vez un disparo erraba un blanco, simplemente había demasiados enemigos.

    Kreegan absorbía los datos como el aire que respiraba. El descontrol que reinaba en el campo de batalla cobraba sentido frente a sus ojos, incluso ante semejante despliegue de caos y destrucción, el objetivo del Comandante seguía siendo claro: debia producir el mayor daño posible.
    El enorme cañón de energía de su nave volvió a rasgar el espacio frente a el. Cada descarga destruia enormes concentraciones de naves y tropas que no lograban ponerse a salvo y lo mismo pasaba con el resto de sus naves, descargaban su artillería hacia ambas bandas siempre en dirección a las concentraciones más grandes de tropas, inflingiendo todo el daño que podían en el menor tiempo posible.
    Tiempo, esa era la clave. La clave para la victoria y la clave para su destrucción.
    Veinticinco minutos habían transcurrido desde que la flota de Kreegan irrumpiera en las filas de la retaguardia del ES, era el tiempo máximo que el Comandante había previsto en su ataque.

    Un enorme resplandor, como una supernova iluminó el espacio frente a ellos. Kreegan sonrió satisfecho. La flota principal del ES habia comenzado el FOLD masivo. Las Superfortalezas habían comenzado a proyectar sus burbujas y la energía era tan alta que todas las estrellas parecieron perder brillo e intensidad. Nunca había visto nada así antes.
    Lo habia logrado. El plan había funcionado, ahora todo dependía de Dortrad-Jen y Boddole Zer el destruir el grueso de la flota enemiga. Kreegan solo podia resistir.
    Y morir.

    Al cumplirse el minuto veintisiete la flota de Kreegan comenzó a ser aniquilada.
    La retaguardia del ES se desplegó en dos grandes flancos para envolver a los atacantes. Pronto quedaron envueltos en una enorme burbuja de enemigos de mas de doscientos kilometros de diametro. Las naves enemigas que lograron evadir el primer ataque se posicionaron a distancia y adoptaron posición de disparo con sus cañones de bandas mientras las naves que habían cerrado el cerco apuntaron sus cañones principales hacia la flota de los Zentradi. No importaban los miles de aliados que aun quedaban entremezclados con las naves de Kreegan, simplemente estaban a punto de convertirse en bajas.
    Kreegan dispersó las naves de batalla en un arco doble y se preparó para resistir. ¿Cuanto tiempo tardarian en aniquilarlos? Exedore seguro conocía la respuesta, ese maldito Archivista sabría lo que estaría pensando en ese momento y le arrojaria los datos y análisis en la cara antes siquiera que pudiera preguntárselo.
    Exedore… ¿Habría él también cumplido con su misión? ¿Seguía con vida? Kreegan estaba seguro que si, de alguna forma creyó que si el Zentran que tantos años había servido a su lado hubiese muerto él lo sabría… de alguna manera u otra.
    El pensar en el Archivista también lo obligó a pensar en Virya. ¿Qué habría sucedido con esa maldita Meltrán? Desde que había entrado a su nave aquella vez convertida en minusculo Micrón no había dejado de causar problemas en la Flota. Era una guerrera extraordinaria, por lejos la mejor combatiente de todo el ejército de Dortrad-Jen, extremadamente eficaz y letal. De hecho era tan eficaz que el propio Dortrad-Jen había dejado que ella misma planease sus propias misiones y ejecutara sus planes de vuelo. Virya podía tomar las armaduras que quisiera de la flota y elegía personalmente a las pilotos Meltran que formaban parte de su escuadrón. Eso habia sido asi durante ciclos y ciclos… pero todo eso había terminado.
    Nuevos datos ingresaron a la pantalla frente a su rostro que hicieron volver al Comandante a la batalla.
    Su flanco derecho estaba colapsando bajo el fuego enemigo. Kreegan desplegó veinte baterías de su propio crucero para saturar con fuego de artillería la zona que había quedado desprotegida de su flanco. Cientos de misiles se dirigian hacia ellos y las alarmas sonaban por doquier.
    Ojalá estuviese Virya con el en ese momento. La enviaria con gusto a causar toda la destrucción que pudiera entre las filas enemigas. Esa Meltran podría encargarse por si sola de todo su maldito flanco derecho. ¿Porque… porque no habia mas Meltran como ella?
    La pregunta lo sorprendió. ¿En serio se estaba preguntando eso? Le daban ganas de…. De reir.
    Kreegan estalló en carcajadas ante las miradas de asombro de los soldados en el puente.
    —¡Deculture! —exclamó sacudiendo la cabeza. Lo estaban masacrando, estaban matando a sus hombres uno a uno, cada segundo que pasaba su otrora mortífera flota quedaba reducida a escombros… ¿Y estaba pensando en esa Meltran?
    —Inaudito. —se dijo a sí mismo pero en realidad estaba gritando a la pantalla que tenia delante. —Ella cumplió con su misión, mi Archivista cumplió con la suya y yo cumpliré con la mía.
    Una sacudida casi lo arroja hacia atrás. Una fragata del ES se había incrustado dentro del cañón principal de su crucero Nupetiet-Vergnitzs con la esperanza de bloquear los disparos de la terrible arma. Kreegan gruñó y no le restó la menor importancia. —Da igual. Fuego.
    El enemigo se desintegró por completo por el enorme poder del rayo, la explosión que sobrevino después hizo temblar a toda la nave.
    —Cañón principal inutilizado. —bramó uno de los Zentran desde el puesto de control.
    —Desvíen toda la energía a la artillería de bandas. —exclamó Kreegan con calma. —El cañón principal no importa, ya no quedan tantos blancos por delante de todas formas. Disparen a todo lo que esté a nuestro alrededor hasta que se derritan los cañones.
    Y eso hicieron, literalmente. Las enormes torretas estaban fijas en sus posiciones, los soportes giratorios se habian fundido con el enorme calor y ya no se movían pero los cañones, hechos de un material mas resistente, seguían escupiendo fuego de forma continua.
    Una hora, la mitad de su flota había sido destruida. Todas las tropas de asalto habían perecido y solo quedaban aquellas abocadas a las defensas de punto contra las oleadas de misiles que llegaban desde todas direcciones. El tiempo se agotaba. La muerte se aproximaba.
    Explosiones a su izquierda, más detonaciones a la derecha. El crucero que protegía el ala derecha de Kreegan recibió tres enormes descargas de energía y explotó en una inmensa bola de fuego. Cinco minutos más tarde la propia nave del Comandante recibia dos impactos directos sobre estribor. Las explosiones hicieron sacudir la nave y las pantallas temblaron.
    —Hangar principal destruido, propulsores tres y cinco dañados, cubiertas veintitrés a treinta y dos comprometidas.
    La Nupetiet-Vergnitzs estaba envuelta en llamas pero aun así continuaba avanzando, seguida del resto de la otrora poderosa flota Zentradi. Dos corbetas ocuparon momentáneamente el flanco derecho y recibieron el fuego directo de los cañones que apuntaban a su nave insignia.
    Entonces sucedió. A casi mil kilómetros de la carnicería en la que se había tornado la batalla un resplandor púrpura rasgó la negrura espacial.
    Kreegan miró la pantalla y esbozó una sonrisa. —Esto se estaba demorando demasiado.—dijo.
    Una enorme flota enemiga había hecho DEFOLD y se dirigía hacia ellos. Eran aproximadamente un millar de naves, casi todas naves de artillería con cañones de energía para atacar a distancia. Eran tantos… Kreegan supo de inmediato que con una sola andanada de descargas podrían destruir lo que quedaba de su flota. Todo acabaría en solo medio minuto.
    La flota pasó frente a ellos a unos miseros quinientos kilómetros.
    —¿Que rayos….? —Exclamó Kreegan sin poder creer lo que veían sus ojos. La flota recien llegada cruzó el espacio y pareció maniobrar cambiando de formación, abandonando la clásica disposición en punta de lanza para adoptar una configuración plana, como una enorme malla de filas y filas de naves a intervalos regulares..
    Kreegan conocía perfectamente de qué se trataba; era una formación exclusiva de los saltos FOLD en zonas peligrosas, especialmente útil para lidiar contra las fallas del tejido FOLD.
    —¿A donde se dirigen…? —De pronto lo supo, o tal vez lo sintió o simplemente lo adivinó. ¿Quién podría saberlo? Kreegan supo que la flota enemiga se dirigía hacia un objetivo mucho más importante, aún más valioso que las tres Superfortalezas que acababan de partir hacia el centro de la Galaxia.
    Solo podia ser una cosa.
    —¿Que flota aliada fue asignada como refuerzo del ataque principal? —preguntó a los Zentradi que monitoreaban las estaciones de comunicaciones. Uno de ellos se puso de pié de inmediato.
    —La flota del Comandante Vrlitwhai tenía asignado el ataque a la retaguardia luego de la intercepción.
    —Vrlitwhai. —Kreegan repitió el nombre. No conocía a ese Comandante, solo sabía que era parte de la flota combinada de Boddole Zer. ¿Podria darse cuenta del peligro inminente que esos enemigos representaban? ¿Reaccionaría a tiempo? La misión de ese Comandante era la de cerrar el cerco y evitar que los enemigos escapasen durante la batalla ¿Y si ignoraba el peligro y continuaba con su misión original?
    No pudo pensar durante mucho tiempo mas. La flota enemiga culminó los preparativos y la nueva formación comenzó a generar las burbujas warp a medida que los incontables puntos de entrada surgían como enormes flores en el espacio.
    Kreegan se decidió en menos de un segundo.
    —Alto el fuego. —gritó. —Analicen esa firma de energía FOLD de inmediato!
    Los cañones de Nupetiet-Vergnitzs quedaron momentáneamente en silencio mientras la energía era redireccionada a los instrumentos de vigilancia y sensores para medir la firma de energía dimensional que se proyectaba frente a ellos. Esa breve pausa de las armas fue suficiente para que varios misiles alcanzaran fácilmente su blanco.
    Docenas de explosiones sacudieron la sentenciada nave. El puente de mando se llenó de humo y varias tuberías estallaron, lanzando enormes esquirlas de metal por todo el espacio, matando o hiriendo gravemente a varios tripulantes que se encontraban en la trayectoria. Algunas se clavaron en las piernas y brazos del propio Kreegan pero el gigante no les prestó demasiada atención. Desplegó una ventana de transmisión y preparó su último mensaje.
    —Comandante Vrlitwhai. —dijo solemnemente. —Cuando reciba esta trasmisión mi misión estará cumplida y yo habré sido destruido en combate. Una flota enemiga ha realizado un FOLD hacia nuestra instalación Matriz. Ignoro cómo han descubierto su ubicación pero se dirigen hacia allá y deben ser interceptados antes que destruyan nuestro más preciada posesión estratégica en esta parte de la Galaxia.
    Los datos del análisis energético se superpusieron al mensaje y Kreegan asintió satisfecho. —Buena suerte, Comandante. —dijo haciendo el saludo Zentradi.
    El mensaje fue enviado y la nave de Kreegan estalló en medio de una bola de fuego. El resto de la flota lo imitó unos momentos más tarde.
     
  16.  
    Gerli

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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    95



    —Mas, mas, mas… ahi!
    Le pesada pieza de equipo se detuvo de inmediato y los dos hombres se acercaron para examinar las conexiones mientras Ralph retrocedía unos metros y se inclinaba para examinar mejor la zona de trabajo.
    —¿Que opinas? —pregunto.
    Hal hizo que la linterna iluminara el puerto que formaba parte del conector de la pieza que estaban instalando y levantó el dedo pulgar en señal de aprobación. —Servirá. —dijo haciendo una mueca. —Hay que remover un poco de material del borde para que el encastre sea perfecto, podremos hacerlo sin problemas Ralph.
    —¿Y la fuente de energía?
    Nix cerró una de las compuertas de acceso de mantenimiento y se sacudió las ropas. —Debería alcanzar sin problema. Estos reactores de tipo militar tienen unas especificaciones impresionantes. No creo que nos quedemos cortos con la alimentación de los anclajes.
    —Será mejor estar seguros. —respondió el gigante mientras se recostaba sobre una de las paredes del dique y observaba con desconfianza a la aeronave que colgaba inofensiva de la grúa principal de las barracas.
    —Entonces… —Hal miró a sus compañeros antes de señalar el aparato. —¿Lo conectamos?
    Ralph y Nix suspiraron casi al unísono. —Adelante. —respondió el gigante decidido. —No podemos seguir hasta no saber si esta cosa funciona o no.
    Hal asintió y abrió la compuerta de conexión externa de la energía mientras Nix desenrollaba los cables y los acomodaba de forma que no estorbaran en el pequeño andamio que habían montado en el borde de la cubierta superior.
    —Energía conectada. —informó el técnico luego de terminar de asegurar el grueso cable al puerto del Ghost. —Ahora el Datalink.
    Los sistemas de la aeronave cobraron vida al instante de recibir la energía externa. Una serie de luces se encendió en la proa vidriada y las luces de posición y maniobra destellaron brevemente indicando que los sistemas habían comenzado a activarse.
    La conexión de datos se hacía a través de un simple cable de red que Hal había conectado a su Pad, en cuanto el puerto estuvo asegurado a la nave el joven técnico activó el software de monitoreo y configuración.
    —Estamos en linea. —confirmó levantando el dedo índice. —Iniciando rutinas de revisión de sistemas.
    Nix se sentó junto a la barandilla y dejó que sus piernas colgaran hacia el abismo. Todo lo que correspondía al software de los equipos corría por cuenta de Hal, ninguno de los otros Recolectores tenía el conocimiento necesario sobre el manejo de los Drones de la Rainbow.
    —Vaya a saber todas las cosas que Amanda tiene escondidas en ese almacén. —comentó el operario mientras balanceaba las piernas.
    Ralph asintió con gravedad mientras se cruzaba de brazos. —Lo lazos de Unity con empresas y contratistas ligados a la industria armamentística no son secretos. —dijo mirando al Drone. —Su división de seguridad está armada con el mejor equipo que una organización civil puede comprar en el mercado en estos tiempos.
    —Crees que… —Hal bajó el Pad y miró a Ralph inquisitivamente. —¿Crees que Unity vaya a establecer una unidad de seguridad aqui? —preguntó.
    —Seguramente. —respondió el gigante. —En cuanto la Rainbow declare su independencia la seguridad pasará a ser la prioridad número uno de Amanda.
    Nix estiró un brazo y abrió una pequeña heladera portatil de donde sacó una lata de refresco. Luego de abrirla dió un trago largo y suspiró satisfecho. —Amanda debería crear esa unidad con gente de la Colonia. —dijo.
    Ralph gruñó disgustado. —¿Te parece que hay soldados entre los Colonos? —preguntó visiblemente enojado. —Yo lo pensaría dos veces antes de darle un arma a cualquiera… o dios no lo permita, un Caza Variable….
    —Estás pensando en Will. —dijo Hal sin levantar la vista del Pad.
    —Estoy pensando en el imbécil de Will. —confirmó Ralph. —¿Enserio se fugó de la cárcel…?
    Nix apretó la lata y la aplastó con el puño. —Esta vez la hizo buena. —dijo arrojándola hacia el vacío.
    Los hombres permanecieron en silencio mientras Hal controlaba el funcionamiento del Drone militar. De vez en cuando un zumbido se escuchaba en el interior del aparato seguido por un aumento o disminución de la intensidad de las luces de navegación en las puntas de las alas. En un momento se escuchó un chasquido y tanto los alerones como las superficies variables de las turbinas se movieron varias veces.
    —Las superficies de control se ven bien. —dijo Hal mirando las alas plegadas del Ghost. —El hardware está en excelentes condiciones, creo que podemos montar el bastidor ahora mismo. —dijo bajando el pad.
    Nix se puso de pie y ayudó a Hal a colocar las piezas que tenían que adaptar sobre un carro de herramientas. Todo el trabajo que tenían que hacer era demasiado delicado para Ralph, así que el gigante permaneció recostado contra la pared mientras proyectaba una versión enorme de la pantalla de su Pad en la pared que tenía frente a él. —¿Vas a dejar esa cosa encendida? —preguntó mientras señalaba el generador portátil al que Hal había conectado el Drone.
    Hal dejó que Nix llevara el carrito hacia el banco de trabajo y giró la cabeza para contestar al gigante. —Tass me dijo que lo dejara encendido y conectado a la red de las Barracas en cuanto montaremos el bastidor de los anclajes magnéticos.
    Ralph asintió con la cabeza. —¿Crees que esa cosa pueda arrastrar un QRau completo? —preguntó.
    El hombre acarició los pocos pelos de su incipiente barba mientras miraba el andamiaje donde descansaba la máquina en la que estuvieron trabajando durante casi todo el dia. —Es posible. —dijo. —El reactor tiene la potencia bruta para hacerlo, lo que me preocupa es cómo afectará la maniobrabilidad del Drone entre toda la chatarra del Campo.
    —Amanda no consentirá que vueles esa cosa sin que sepas exactamente lo que vaya a encontrarse ahí fuera…
    Hal se cruzó de brazos. —Lo se. Voy a correr un par de simulaciones para ver cual es la posición de captura más adecuada.
    —Ten en cuenta que ese Irregular estaba dañado. —dijo Nix desde uno de los bancos llenos de herramientas en donde había comenzado a poner las piezas que tenía que manipular. —Le faltaba un brazo ¿No?
    —Y parte de la cabina. Tendrás que tener todo eso en cuenta a la hora de planificar la captura.
    Hal se rascó la cabeza. —Si si…. no se preocupen por eso. —Dijo para tranquilizar a sus compañeros.
    Utilizaron un torno para rebajar el diámetro de cada uno de los conectores que usarían para instalar el bastidor de anclajes magnéticos por debajo del fuselaje del Ghost. Trabajaron en silencio, concentrados en las piezas y las medidas que habían tomado como referencia. El hardware de grado militar poseía especificaciones diferentes del resto de los equipos que usaban en la Rainbow y había sido necesario adaptar las piezas para que funcionasen en el Ghost.
    El plan era simple: Buscar al irregular, fijar el drone a la armadura con los anclajes magnéticos y volver a la Rainbow de una pieza. Hal escuchó la idea de Amanda y sacudió la cabeza resignado.
    —Hay tantas cosas que pueden salir mal Capitán…
    La mujer se habia cruzado de brazos y habia respondido simplemente que por su bien mas le valia que tuviese una respuesta a cada una de esas situaciones o le quitaria su permiso de operación de Drones.
    —Es tarde. —dijo Nix depositando la última pieza en la bandeja frente al torno a la vez que miraba su reloj de pulsera. —¿Lo montamos ahora?
    Hal asintió. —Si, quiero dejarlo listo y conectado para que Tass pueda calcular la masa crítica y modifique el perfil de vuelo para empezar con las simulaciones. Amanda le ha dado prioridad total a esto así que no me extrañaría que la obligue a trabajar doble turno.
    —Pobre Tass. —dijo Ralph suspirando.
    Llevaron las piezas nuevamente al andamio y las instalaron ante la atenta mirada del gigante. Una vez que el armazón estuvo completo solo faltaba instalarlo bajo el Ghost usando los anclajes de armamento del fuselaje.
    —¡Bajalo Andy!. —gritó Ralph al operador de la grúa una vez que Hal y Nix alinearon los conectores bajo el Drone.
    Del otro lado del Dique se podía ver, perfectamente iluminada, la pequeña cabina del operario de la grúa. Estaba colgada de un soporte articulado que le permitía cambiar su posición para tener siempre la mejor vista del área de trabajo. Andy levantó el pulgar y accionó la enorme maquinaria.
    Lentamente el Ghost comenzó a descender mientras los operarios vigilaban con cuidado la posición de los anclajes. El enorme drone se posó sobre el armazón de metal y los encastres se cerraron automáticamente.
    —Perfecto. —dijo Hal encendiendo la linterna. —Revisemos más de cerca.
    Los anclajes estaban firmemente ajustados y Hal corroboró en su Pad que la nave había reconocido la carga extra y mostraba el inventario actualizado como “Armamento cargado”
    —Mira. —dijo Nix señalando la pantalla. —El Drone cree que le montamos un par de bombas.
    Ralph gruño y Hal apartó nervioso la vista del Pad.—Voy a activar el puerto de datos inalámbrico para que Tass pueda subir el software desde La Torre. —una serie de pitidos indicó que las instrucciones habían sido recibidas y el técnico desconectó el cable de su Pad y cerró la compuerta de un golpe.. —Dejaremos el cable de energía externa conectado hasta que nos avise que todo está listo.
    Se escuchó un ligero zumbido y una antena se desplegó desde la parte superior de la nave.
    —¡Súbelo!. —dijo por el comunicador mientras guardaba el aparato.
    Andy volvió a hacer un gesto afirmativo y lentamente el Ghost se elevó un par de metros con la nueva carga firmemente adherida a su fuselaje.
    Los tres hombres admiraron su trabajo en silencio. Ya de por sí era algo extraño ver una nave en las barracas y más extraño todavía que fuera un Drone de esas dimensiones.
    —Una cosa menos. —dijo Ralph satisfecho. —Dejemos todo por hoy.
    Andy hizo un gesto con la mano desde su puesto y luego de apagar las luces y salir de la cabina bajó por una escalerilla hasta una plataforma que se extendía por debajo del puesto de mando de la grúa. Ralph se acercó y colocó la palma de la mano hacia arriba con el pulgar levantado. El hombre saltó sobre la mano del gigante y se sujetó del dedo.
    —Agárrate fuerte.
    Ralph cruzó todo el dique en solo dos pasos y depositó al obrero del otro lado de la cubierta, justo cuando Hal y Nix terminaban de replegar el andamio y comenzaban a guardar las herramientas.
    Mientras el resto de los hombres terminaban con sus tareas del dia Ralph se quitó el casco de seguridad tamaño Zentradi y lo puso en uno de los enormes nichos del dique.
    —¡Hey Ralph! —gritó Nix (Aunque sabía que gritara o no el gigante lo escucharía igual) —¿Jugamos unas manos de Poker esta noche?
    El gigante giró la cabeza en dirección a la cubierta superior. —Claro. —dijo. —No me vendria mal unos créditos extra.
    —Ya se va a acabar esa racha tuya. —comentó Hal echando su bolso al hombro. —¿A las diez entonces?
    —A las diez. —repitió el enorme obrero.
    Los hombres agitaron las manos y salieron por la compuerta que conectaba al pasillo de acceso a las barracas. Afuera los esperaba un transporte eléctrico listo para llevarlos al módulo habitacional.
    Ralph echó una última mirada al piso del dique y luego de cerciorarse que todo estaba en orden golpeó con el puño un enorme interruptor y todas las luces de la barraca se apagaron al unísono.
    Solo unas pequeñas luces rojas permanecieron encendidas en la proa del Ghost, denotando que los sistemas de la nave estaban conectados y listos para recibir los datos cruciales para la misión. Ralph miró con desagrado los reflejos rojizos en el ojo del principal sensor visual del Drone y salió del dique murmurando algo ininteligible.
    La enorme compuerta se cerró tras él con un estampido. Ralph debía atravesar el almacén principal y utilizar uno de los enormes ascensores de equipo pesado para llegar al siguiente nivel de la Rainbow.
    La Rainbow no estaba diseñada para que Zentradis o Humanos Macronizados trabajaran en su interior. La mayoría de los equipos y accesos que Ralph utilizaba diariamente eran parte de la infraestructura que se usaba para operar con los enormes robots militares o de construcción, así que la comodidad no era algo que abundara en la nave.
    Entró al gigantesco montacargas y activó el interruptor para subir hasta su cubierta. La ascensión demoraría un rato, esos elevadores no estaban diseñados para llevar operarios rápidamente de un piso a otro, sólo enormes máquinas o robots con excruciante lentitud y seguridad.
    Casi diez minutos después la puerta se abría y Ralph emergió del elevador con evidente fastidio marcado en el rostro; odiaba esos lentos ascensores, eran una de las cosas más incómodas de toda la Colonia.
    Así y todo tanto Unity como la propia Amanda habían hecho todo lo posible para facilitar la vida del gigante a bordo de la nave. Tenía un camarote privado a su medida y ciertas comodidades acorde a su tamaño. El excusado de proporciones gigantes era uno de esos lujos ya que Ralph había oído historias espeluznantes sobre los retretes improvisados que los Zentradis solían usar en algunas partes de la galaxia.
    Justamente hacia allí se dirigió Ralph mientras se desabrochaba el enorme cinturón y se rascaba el trasero con desgano.
    Los Zentradi no tenían un sistema digestivo demasiado activo. Sus cuerpos estaban diseñados para obtener los recursos y energía necesarios de una forma eficiente y casi sin producir desechos. Si bien un humano macronizado tenía algunas sutiles diferencias con respecto a un Zentradi “fabricado” en una de esas secretas plantas de Genoconcepción, en cuanto a alimentación y excreción ambos cuerpos funcionaban de forma similar.
    Básicamente Ralph cagaba una vez por semana, por decirlo de una forma más simple.
    El “pequeño” excusado estaba justo delante de la compuerta de su camarote. Ralph abrió la puerta y maniobró su enorme cuerpo sobre el retrete mientras se bajaba los pantalones, finalmente se sentó y dejó escapar un suspiro de alivio. Los operarios que trabajaban en la zona de tratamientos de afluentes solían bromear con que cada vez que el gigante se sentaba en el excusado todas la Colonia lo escuchaba.
    Ralph desplegó la pantalla holográfica de su Pad frente a la puerta cerrada y dejó que su cuerpo se ocupara de la tarea de forma automática.
    Estaba preocupado. No solo por la perspectiva de usar un aparato militar en El Campo, también sobre las implicaciones de lo que Hal había dicho ¿Una división de combate en la Rainbow? Amanda tenía personal de seguridad por supuesto, pero la media docena de hombres que servían en la Colonia apenas portaban algo más peligroso que una pistola aturdidora.
    Si había armas de fuego en la Rainbow, Amanda las tenía bien guardadas y a decir verdad en todos los años que había trabajado allí nunca se dió una situación que implicara usarlas ¿Por qué habría de cambiar de idea ahora?
    La respuesta era la declaración de Independencia, claro estaba.
    ¿Pero que? ¿Acaso podían correr más peligro que antes? ¿Qué nuevas amenazas se podían cerner sobre la Colonia que no hubiesen estado presentes hasta entonces? La posición de la Rainbow en ese lugar alejado de la Galaxia era el principal motivo por el que habían estado tan aislados de los problemas… a menos que.
    ¿Se atrevería Amanda a mover la Colonia?
    Ralph sacudió la cabeza disgustado con la idea. No, no podía ser. El Campo suministraba toda la materia prima necesaria para la operación de la Colonia y ni ellos ni Unity pagaban absolutamente NADA por los derechos de explotación del gigantesco cementerio de naves. Abandonar ese lugar sería…. ¿Un error?
    Pero había otra explicación posible. Todos los obreros sabían que las operaciones de la Rainbow no eran comercialmente viables. Todo el material que se extraía era procesado y reciclado pero jamás abandonaba la Colonia. Ocasionalmente un transporte de Unity llegaba con alguna pieza o componente demasiado grande para que la Rio Grande pudiese con él, pero siempre se iban vacíos. El depósito principal estaba a rebosar de materiales y componentes y los astilleros estaban en excelentes condiciones y, a pesar de estar completamente desiertos y vacíos, podían ponerse en funcionamiento en cualquier momento.
    ¿Esa era la respuesta? ¿Pondría Unity a la Rainbow en total funcionamiento para producir naves espaciales?
    ¿Iban a crear una nueva flota Independiente? El gigante cerró los ojos y suspiró.
    Era una posibilidad que varios de sus compañeros barajaban. Crear una flota y buscar un planeta no era algo tan imposible, especialmente disponiendo de los recursos técnicos de la enorme nave factoría. Con los contactos y personal adecuado podían construir cualquier tipo de nave civil y adaptarla a sus necesidades ¿Cargueros? ¿Transportes? ¿Transbordadores? Los astilleros de las Three Star podían producir varias naves al mismo tiempo siempre y cuando tuviera el personal disponible.
    Tal vez ese sería el destino de la Colonia Rainbow.. quedarse en este cementerio de naves mientras que la flota recién creada cruza la galaxia en busca de un nuevo planeta donde echar raíces. ¿Y entonces que seria de el? ¿Se iría con ellos en esa especie de diáspora galáctica?
    La respuesta era no, por supuesto.
    No dejaría atrás a Midori, nunca más. Ralph tenía la mente muy clara con respecto a eso. Jamás la abandonaría.
    Un repentino resplandor rojizo hizo que Ralph volviera en sí.
    —Atención. Se ha declarado Alerta Amarilla en toda la Colonia. —La pantalla holográfica que se proyectaba sobre la puerta del excusado frente a Ralph mostró un enorme recuadro rojo con el símbolo de exclamación negro y la palabra EMERGENCIA resaltada en el mismo color.—Esto no es un simulacro. Todo el personal de Seguridad a sus puestos. Repito; esto no es un simulacro… —La voz de Rebecca era inconfundible y algo en el tono de voz de la mujer le hizo saber a Ralph que la cosa era en serio.
    El gigante se puso de pié tan de prisa que casi hace volar la puerta frente a él.
    —¿Y ahora que mierda pasa? —gritó luchando con sus enormes pantalones mientras abría la puerta y salia corriendo al pasillo.
    Recordaba muy bien el protocolo de emergencia y sabia a donde debía dirigirse en cuanto se declarase una.
    El enorme montacargas estaba abierto y listo para bajar pero Ralph sabía que en una emergencia no disponía de los diez minutos que demoraba el enorme elevador en llevarlo de una cubierta a la otra. Había una ruta más rápida.
    A un lado del elevador se encontraba una de las esclusas principales donde las enormes tuberías del sistema de enfriamiento del sistema primario iban desde la base de la nave hasta la punta de la torre principal donde descansaba el enorme reactor. Ralph saltó desde su cubierta y sujetándose fuertemente del enorme tubo descendió por el pozo rápidamente, cuidando de no golpear ninguna de las tuberías más pequeñas con sus enormes botas. Amanda había autorizado esa vía de acceso siempre y cuando fuera una emergencia y el gigante no rompiese nada.
    La cubierta del hangar principal estaba completamente iluminada y Ralph aterrizó sobre la plataforma que sobresalia con un estampido.
    Sin perder un minuto se dirigió a toda prisa hacia su posición en la bahía uno.
     
  17.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    168
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    2689
    96





    No tenían forma de medir el paso del tiempo en aquel enorme espacio. Exedore había vuelto a adentrarse en un mutismo impropio del otrora verborrágico Archivista ¿Estaría poniendo en orden sus ideas? ¿Se estaba preparando para el final? Al menos las enormes venas y protuberancias de su cabeza no se movían con la violencia característica, así que sea lo que sea que estuviese pensando, no parecía ser algo urgente.
    Maya y Virya también habían usado el tiempo ocioso para asimilar (o al menos intentarlo) toda la información que el Archivista les había revelado de repente. Sus orígenes, los de sus creadores, su papel en la Galaxia y acaso el futuro de su propia raza… si, Virya lo había entendido demasiado bien; no eran ideas o conceptos que cualquier soldado de infantería pudiera saber a la ligera.
    Y luego estaba aquella corrupción, aquella falla que se cernía sobre los Zentradi como una amenaza constante. El sentirse víctima de aquel error de diseño la hacía sentir sucia. Había tardado decenas de ciclos en controlar su cambiante cuerpo, en adaptarse a las ventajas y desventajas que esa amalgama de partes Zentradi que formaban su cuerpo. Finalmente había alcanzado un equilibrio, un dominio perfecto entre su fuerza, agilidad e inteligencia… y ahora todo se venía abajo.
    Su flota había sido destruida, su escuadrón diezmado. Maya moriría en cualquier momento y su Archivista…. bueno, todavía le resultaba extraño contar a Exedore como miembro de su escuadrón… pero lo era, y el hecho que su destino también estuviera ligado al de Maya la hacía sentir exactamente lo mismo por ambos.
    Pero lo que más extraño le resultaba era la idea que ambos terminarían formando parte de algo…. ¿Único? Francamente Virya encontraba la perspectiva de ver a esos dos individuos completamente diferentes uno del otro amalgamados en uno solo como algo completamente imposible.
    ¿O no?
    Había tantas cosas que no sabia… eso la ponía furiosa. Ojalá tuviera uno de esos apéndices grises de los Archivistas… estaba segura que podría extraer hasta la última gota de información de Exedore si tuviera uno de esos….
    Una idea cruzó por su mente ¿Acaso no tenía un apéndice extra en su cuerpo? Al fin y al cabo esa cosa que colgaba en su entrepierna era un misterio para ella. Incluso durante el combate había notado como crecía y se hinchaba ¿Acaso podría servir para extraer información? ¿Como podria hacer que se extendiera por fuera de su traje de vuelo?
    Virya estaba perdida en sus pensamientos y no notó que el Archivista se había alejado del grupo.


    Exedore no había estado justamente ocioso. No solo había asimilado y ordenado toda la nueva información que el enlace de Breka-Nel había suministrado a su ya de por sí extensa base de datos, también había meditado profundamente sobre las implicancias de lo sucedido en los últimos días.
    ¿Que haría el nuevo Comandante Supremo con la información que su propia cabeza le proporcionaria? La existencia de los errores en la replicación del acervo genético Zentradi era conocida hacia varios miles de ciclos por los altos mandos y la información de Breka-Nel lo corroboraba. Pero lo particularmente alarmante era el aumento de los casos que se había registrado en los últimos centenares de ciclos: aproximadamente uno de cada mil soldados era purgado de la matriz por defectos en su estructura genética, uno de cada cien mil llegaba a desarrollarse en las cámaras de crecimiento con errores y era rápidamente esterilizado durante los controles previos al acondicionamiento. Pero al menos uno por cada millón de individuos podía pasar sin ser detectado por las computadoras y entrar al servicio activo portando genes defectuosos sin manifestaciones visibles que despertaran sospechas entre sus superiores o camaradas de armas. El caso de Virya era algo novedoso ya que sus cambios se habían producido tras un procedimiento de Micronización, algo muy poco común de realizar en las flotas Zentradis.
    Exedore abrió los ojos y miró hacia el techo del enorme hangar. ¿Esa era la respuestas? ¿Obligaría el próximo Comandante Supremo micronizar a todos sus soldados para detectar a los individuos defectuosos?
    No, logísticamente hablando era una locura. Tenía que haber otra respuesta. ¿Pero qué pasaría si el problema continuaba extendiéndose? ¿Qué pasaría si de pronto un Comandante desarrollaba genes defectuosos…? El solo pensar en ello hizo temblar violentamente las protuberancias de Exedore.
    Entonces una idea se iluminó en su cabeza. Una idea aterradora.
    «—No puede ser» —pensó mientras bajaba la mirada hasta el piso. «—¿Pero y si es verdad…?»
    Solo había una forma de averiguarlo.
    Virya y Maya notaron el movimiento extraño del Archivista y se pusieron de pie en un instante. Cuando la túnica del Zentran cayó al piso sus bocas prácticamente hicieron lo mismo.
    —De-Deculture…! —Exclamaron al unísono.
    Exedore había quedado completamente desnudo mientras les daba la espalda a las guerreras. Su cuerpo era extremadamente deforme, con la columna vertebral visiblemente expuesta y cruzada de miles de terminaciones nerviosas que parecían cubrir la verdosa piel del individuo. Era un cuerpo frágil, protegido únicamente por la envoltura negra que hacía a la vez de armadura y vestimenta del Archivista.
    Los apéndices largos y grises se movieron en todas direcciones. Virya observó que se extendían desde la nuca del Zentran, algo asi como si fueran extensiones de su cabello, pero esas cosas definitivamente no eran pelos.
    Los tentáculos rodearon el cuerpo de Exedore y sus extremos se tornaron luminosos.
    —¿Que… qué está haciendo? —preguntó Maya asombrada.
    Virya lo sabía demasiado bien.
    —Se está examinando a sí mismo. —respondió señalando. —Observa.


    Y eso hicieron, miraron en silencio como los finos apéndices grises tocaban cada palmo del cuerpo deforme y encorvado del Archivista. Cada tanto un espasmo recorria la figura enclenque pero los movimientos lentos y seguros de los tentáculos no se interrumpian ni por un segundo.
    Le llevó casi media hora al Zentran examinar detenida y exhaustivamente su cuerpo. Entonces repentinamente, tal y como había comenzado los apéndices se contrajeron y el Archivista quedó silencioso a la espera de los resultados.
    Las dos Meltran se acercaron en silencio mientras la cabeza del Zentran se convulsionaba al ritmo de sus pensamientos.
    Entonces todos los movimientos se detuvieron.
    Exedore se dió la vuelta lentamente y miró a las guerreras directamente a los ojos.
    —¿Archivista…? —preguntó la joven Maya deteniéndose junto a su compañera. —¿Está bien?
    El Zentran no respondió y Virya asintió.
    —Este es uno de esos momentos donde las palabras no son necesarias. —dijo mientras se ponía de rodillas. Su rostro estaba ahora a la altura del de Exedore y sus ojos se encontraron frente a frente.
    —¿Que…? —comenzó a preguntar Maya pero Virya levantó su mano para hacerla callar.
    —Usted también. —dijo Virya. No era una pregunta.
    Exedore asintió con la cabeza y maya comprendió finalmente.
    —Defectos genéticos… ¿Él también…? —los ojos de Maya se abrieron como platos. —De-Deculture!
    Exedore suspiró. —Asi que asi es como usted se siente. —dijo desviando la mirada de la guerrera.
    —¿Que tan malo es? —preguntó Virya.
    El Zentran sacudió la cabeza. —No tanto como su caso, Capitán. —respondió. —Pero la evidencia es incuestionable. Mi cuerpo está comprometido con la corrupción genética que amenaza a nuestra raza.
    —¿Desde….?
    —¿Desde cuando? —Exedore cerró los ojos. —Soy viejo, casi tan viejo como el propio Dortrad-Jen… así que no, no lo sé. ¿Cómo pude haber estado tan…. ciego? —Exedore volvió a mirar a Virya a los ojos. —La misión ha fracasado. —dijo.
    —No.
    Virya reprimió el impulso de sujetar por el cuello al diminuto Zentran. Se había dado cuenta que si ponía un dedo en ese escuálido cuerpo, mataría al débil Archivista sin lugar a dudas.
    —No es cierto. —exclamó en cambio dando un paso hacia atrás. —No puede ser
    —Virya… tiene razón. —dijo Maya poniendo una mano sobre su hombro. —Si Exedore está corrupto no puede aportar sus genes al…
    La guerrera se incorporó y miró al desgraciado Zentran desde arriba. Sin el traje protector parecia aun mas pequeño e indefenso que antes.
    —Breka-Nel no tiene porque saberlo. —dijo.
    Maya puso cara de asombro. —¿Saberlo…? —preguntó sin poder creer lo que estaba oyendo.
    Exedore sufrió un escalofrío al oír las palabras de Virya. Lentamente giró su cabeza y cruzo miradas con la guerrera.
    —N-No. —dijo temblando. —tengo que informar a su Excelencia ahora mismo.
    Sin esperar una respuesta el maltrecho Archivista extendió el brazo hacia las ropas que habían quedado a sus pies. El enorme broche anaranjado que formaba el cuello de la túnica contenía los dispositivos de comunicaciones y pantallas holográficas que el Zentran usaba para comunicarse.
    Lentamente sus dedos se acercaron al broche..
    Virya aplastó el aparato de un pisotón sin siquiera mirar hacia abajo.
    —Ups. —exclamó.
    Exedore tembló violentamente y dirigió una mirada de puro odio a la guerrera.
    —¿Que cree que está haciendo, Capitán?
    —Lo correcto. —respondió la guerrera.
    Había dicho eso, pero en su interior lo dudaba. ¿Valía la pena tomar semejante riesgo? Había una violenta lucha de voluntades en el interior de la cabeza de Virya. Por un lado la férrea disciplina que la impulsaba a cumplir su misión de cualquier forma posible, seguida por la total obediencia y lealtad a la armada Zentradi y por último, mas no por ello relegada de ninguna forma, la esperanza de salvar a su camarada Maya.
    Exedore se incorporó y apuntó con uno de sus huesudos dedos al pecho de Virya. —Tu… tu no sabes lo que estás haciendo. —dijo. —Si me procesan junto con la Almirante Maya los resultados podrían ser… imprevisibles.
    —Una flota imprevisible es mejor que ninguna flota.
    Ahora fue el turno del Archivista de abrir grandes los ojos. —Tu…
    —Quiero terminar esta misión. —respondió la guerrera. —Quiero que Maya cumpla su deber y esta es la única forma. —dijo. —Así que cierre la boca y cumpla usted también con su cometido.
    Exedore abrió la boca para responder pero finalmente optó por no decir nada. Maya se agachó y tomó la túnica mientras pedazos del broche se desprendían y caían al suelo.
    —Gracias. —exclamó al recibir las ropas de manos de la Meltran.
    Virya sacudió la cabeza. —No se que vaya a pasar de ahora en más. —dijo mirando a sus dos compañeros. —Pero no lograremos nada si simplemente nos rendimos. Maya asintió en silencio.
    El Archivista contempló en silencio el broche destruido y seguidamente se envolvió con el tejido. Por suerte, sea cual sea el dispositivo que controlaba la extraña túnica, al parecer no estaba en el broche y la prenda se volvió rígida alrededor del menudo cuerpo del Zentran, haciendo que la figura del Zentran recuperarse algo de rigidez.
    —Estoy de acuerdo con Virya. —dijo Maya cruzándose de brazos. —Toda esa información y datos que usted tiene en esa cabeza. —y mientras decía esto señaló con el dedo los bultos palpitantes del Zentran —Si simplemente se perdieran seria…. algo malo.
    Exedore levantó la vista hacia el techo y contempló impasible las enormes vigas que atravesaban el hangar de lado a lado. —Ciertamente. —dijo luego de una pausa. —Despues de todo lo que hemos pasado sería un despropósito si-
    Una voz atronadora interrumpió la débil voz del Archivista, parecía provenir de todos lados simultáneamente.
    —Archivista Exedore, Almirante Maya, los preparativos están completos. Procedan hacia el elevador central para iniciar el proceso de conversión de inmediato.
    Era la voz de Breka-Nel y el sonido que anunciaba el fin del escuadrón de Virya.
    Maya suspiró y puso una mano sobre el hombro de Exedore. —Es hora. —dijo.
    El Archivista asintió y se puso en marcha tras la guerrera.
    Virya permaneció de pie sin poder moverse. Sabía que era el final, pero su cuerpo se negaba a dar el primer paso hacia la muerte de Maya. —¡Debura! —exclamó y se obligó a caminar tras sus camaradas mientras apretaba los puños.


    Los tres Zentradi abandonaron el hangar por la misma vía que había recorrido anteriormente. La estructura interna de la instalación había cambiado visiblemente. Tuberías y columnas habían brotado de pisos y paredes y hasta el techo había sido reemplazado por enormes bloques de andamiajes y esqueletos de metal.
    En cambio la plataforma circular que los había llevado hasta Breka-Nel seguía en el mismo sitio. El grupo se colocó en el centro y el dispositivo se puso en marcha de inmediato, elevándose suavemente a través de una abertura que había aparecido en el techo.
    Pero el camino había cambiado, ya no se dirigian hacia arriba. La plataforma detuvo su ascensión y comenzó a desplazarse longitudinalmente a lo largo de un enorme túnel octogonal que se abrió ante ellos en la nueva cubierta.
    Llegaron a una enorme compuerta que se abrió con un crujido a su paso y volvió a cerrarse tras ellos mientras avanzaban lenta pero constantemente por la gigantesca instalación.
    —Estamos en otra factoría. —dijo Virya para romper el silencio.
    —Una de las muchas que se han acoplado en las últimas horas. —corrobó el Archivista.
    Maya permaneció en silencio.
    Una nueva compuerta se abrió ante ellos y penetraron en lo que parecía ser un enorme dique de naves, pero lo que había al final de la enorme estructura no era un crucero de batalla.
    —He visto eso antes. —asintió Virya señalando la enorme mole a la que se dirigian…
    Exedore bajó la cabeza. —El centro neurálgico de todas las Superfortalezas es igual. —dijo. —El exterior cambia con cada Comandante Supremo, pero el lugar donde reside el cerebro es igual en todas las flotas.
    La enorme estructura rojiza estaba formada por dos partes que se ensanchaban en el centro y le daban esa apariencia extraña que ya habían visto en la Fortaleza de Dortrad-Jen hacía un tiempo que parecían ciclos, pero que en realidad solo había sido hacía solo un par de días.
    El lugar estaba siendo construido mientras ellos atravesaban el espacio vacío. Enormes grúas y brazos articulados montaban columnas y vigas alrededor, bloques de metal y aparatos de todo tipo entraban por miles y miles de aberturas a lo largo de los esqueletos que formaban las paredes de la enorme fortaleza en construcción. Todo estaba en movimiento a su alrededor, solo la plataforma a la que se dirigian estaba sumida en la oscuridad y ajena al ajetreo y aparente caos de la enorme voluntad que construía la nave.
    —¿Está Breka-Nel construyendo todo esto el mismo? —preguntó Virya viendo como los enormes bloques de metal cruzaban el camino por delante y detrás sin detenerse en ningún momento. Exedore sacudió la cabeza. —Solo supervisando. Como todos nuestros centros de producción y manufactura, las máquinas trabajan según las instrucciones que nuestros creadores programaron en ellas. La guerrera asintió.


    La plataforma circular que los transportaba se posó suavemente en la cubierta y desapareció bajo sus pies mientras el piso comenzaba a emitir luz lentamente, de forma que pudieron ver perfectamente en donde se encontraban.
    Estaban en una superficie enorme contemplando una estructura extraña que no se asemejaba a nada que hubiesen visto antes.
    —¿Esto es..? —preguntó Virya aunque ya se imaginaba la respuesta.
    Era una cápsula enorme, de un tipo de cristal de color verde semi-opaco que no dejaba ver demasiado bien lo que había dentro, El enorme contenedor estaba sujeto a una armazón de metal que se extendía como alas de una punta a la otra de la plataforma. Una serie de tuberías y cables salían desde la base del recipiente y se perdían hacia el abismo negro que había bajo ellos.
    —Esta es la matriz de la nueva flota. —explicó Exedore avanzando hacia el enorme dispositivo. La luz esmeralda bañó su rostro y, al menos por un momento, hasta lo hizo parecer más joven. —Ahí. —señaló con la mano en la base del recipiente, donde un manojo de cables como grandes raíces blancas se enroscaba alrededor de dos vainas mas pequeñas, las puertas abiertas, expectantes de los invitados recién llegados.
    —Debemos entrar ahí. —dijo Exedore. —Su excelencia Maya a la derecha, yo a la izquierda.
    Virya apretó los dientes y reprimió su furia. —¿Tiene que ser…?
    —Ahora. —la respuesta la sorprendió, era Maya quien había hablado.
    —Maya…
    La joven dió un paso al frente y colocó su mano sobre el hombro de Virya. —Es mi deber. —dijo.
    Si. —respondió la guerrera bajando la vista.
     
  18.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
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    Los disparos rasgaron la negrura del espacio en una perfecta seguidilla de brillantes líneas verdes. El container recibió la andanada de proyectiles y comenzó a girar lentamente con enormes agujeros humeantes en todo su exterior.
    El jefe de aquella cuadrilla gruño por la radio en cuanto dos armaduras más se sumaron al juego de disparos espontáneos. Dos ráfagas después y solo quedaban jirones de metal retorcidos.
    —¡Alto el fuego! —gritó por encima de las risas de los demás combatientes. —¿Son idiotas o que? ¡El que vuelva a abrir fuego va a quedar peor que esa cosa! —gritó mientras la armadura señalaba los restos del contenedor.
    Cuatro de las armaduras bajaron sus armas pero quién había disparado primero adoptó una actitud desafiante.
    —Son solo un par de containers vacíos. —la voz rasposa del Zentradi estaba cargada de desdén. —Deje que nos divirtamos un poco al menos…
    —Dije que nada de disparos —respondió la armadura verde oscuro mientras se giraba para enfrentar al subordinado. —Hay que mantener silencio absoluto.
    —De Radio. —respondió otro de los soldados. —Nadie nos dijo nada sobre disparar unos cuantos tiros.
    —¡Idiota! —gritó quién estaba a cargo de la tropa señalando una región del espacio.
    —Estamos en medio de una operación a cargo del mismísimo Jefe y ya saben lo detallista que es con sus órdenes. Nos arrancaría las tripas si no hacemos lo que nos dijo al pie de la letra..
    La armadura que había disparado primero hizo un gesto obsceno hacia la dirección general en donde había desaparecido la flota pirata junto con la ahora rehén Río Grande. —Me cago en el Jefe y en su misión de mierda. —dijo escupiendo las palabras. —Estamos a cien años luz de la patrulla de la NUNS más cercana y nos dejan aquí parados vigilando un par de cajas vacías… ¡Nos prometieron acción!
    —Nos prometieron fuegos artificiales. —dijo otro de los Zentran. —De los grandes.
    —Yo les daré fuegos artificiales. —exclamó el líder mientras un compartimento se abría desde uno de los laterales de la armadura de combate. Dos misiles salieron disparados y se dirigieron a toda velocidad hacia el solitario container que se alejaba girando lentamente del grupo de piratas.
    La explosión iluminó brevemente el espacio alrededor.




    --------------------




    Lo primero que percibió Will fué el perfume.
    Había esperado encontrarse con un ambiente de aire enrarecido, incluso al olor a moho o grasa vieja que tenían a veces los equipos que pasaban mucho tiempo almacenados pero… ¿Perfume de mujer? ¿Dentro de un Contenedor de Exportación?
    La oscuridad era completa y recordó que había dejado las gafas de visión nocturna junto a la mochila de Tass en la plataforma de atraque. Sin nada más que hacer suspiró resignado y sacó el Pad del bolsillo, entonces recordó las instrucciones de su amiga:
    “No enciendas el Pad hasta salir de la Rainbow”
    Will chasqueó la lengua y volvió a guardar el aparato. Sin luz y sin nada más que hacer se sentó junto a la pared de metal y se dejó caer de costado sobre el enorme bolso de ropa.
    Era dormir entonces, otra opción no tenía.
    Así que durmió.
    Will no era una persona que soñara… o mejor dicho no era alguien que solía recordar lo que había soñado al despertar, pero esa vez sí lo hizo.
    Estaba en un campo de flores amarillas que se mecían suavemente con la brisa. El olor de las flores llenaba por completo sus fosas nasales y amenazaba con ahogarlo. El joven se incorporó en medio de fuertes toses y miró desorientado a su alrededor.
    Will nunca había estado en un planeta antes. Nacido en la flota 37, sus más lejanos recuerdos eran de un cielo abovedado, cruzado aquí y allá por los marcos de amarre de la enorme cúpula atmosférica que formaba el caparazón de Ciudad 7.
    Pero lo que estaba viendo ahora… era un verdadero cielo, de un azul como nunca había visto antes. Además esas eran nubes. Will sabía el nombre de las cosas que veía, aunque era la primera vez que las contemplaba en su forma verdadera, sin tratarse de una mera proyección digital en el caparazón de la gigantesca nave colonial.
    Un verdadero cielo, nubes, el horizonte infinito. Estaba en un planeta tipo terrestre… ¿En que parte de la galaxia?
    Su olfato se había ido acostumbrando lentamente al perfume de las flores y ya casi no lo molestaba. El joven se cubrió los ojos con la mano para evitar que el sol lo deslumbrara y oteó el horizonte en busca de algo….
    Nada, mirara hacia donde mirara el campo de flores amarillas se extendía en todas direcciones hacia lo que parecía el infinito. El terreno no era plano y podía distinguir ligeras ondulaciones en la lejanía. ¿Colinas? Si, ese era el nombre de esas cosas… colinas.
    Will comenzó a caminar hacia la elevación más cercana.
    Las distancias lo desorientaban, estaba tan acostumbrado a vivir en una Colonia confinada que tanto espacio abierto confundia todos sus sentidos. Lo que parecía ser solo un centenar de metros resultó en realidad ser casi un kilómetro de caminar entre las flores que llegaban hasta su cintura. Will miró hacia atrás y vió con claridad el rastro de flores pisoteadas que estaba dejando tras sí. Ojalá no fuera el campo de cultivo de alguien o estaría en problemas.
    Volvió la vista al frente y siguió caminando en la misma dirección. De improviso salió a un sendero claramente trazado entre las flores. Will se rascó la cabeza y lo siguió con la mirada, al parecer trazaba una curva y se dirigía hacia la colina. Bien.
    El sendero era bien definido, la tierra estaba bien prensada y no había rocas o raíces que obstaculizara la marcha, además era angosto, como si hubiera sido hecho para una sola persona. El joven comenzó a caminar sin prisa en dirección a la elevación, más para su desconcierto, la bendita colina estaba más lejos de lo que parecía.
    Tras varios minutos de caminata la frustración comenzó a colmar su paciencia. El sendero trazaba una clara curva hacia la elevación cercana pero cuando el joven llegaba al sitio donde el sendero describía la curva, se encontraba con el mismo sendero recto y la curva hacia la colina al final.
    —¿Pero que mierda….?
    Will se lanzó a la carrera y dobló el sendero tan velozmente que cayó de bruces al suelo. La colina seguía estando al final del sendero.
    —Hija de puta.
    Tres veces corrió hacia el final del camino y las tres veces terminó sentado en el suelo con su cabeza a la altura de las pequeñas flores amarillas. Tras el último intento el joven se dejó caer de espaldas al piso y contempló la solitaria nube que cruzaba el cielo en ese momento.
    <<Un cielo de verdad>> pensó mientras estiraba la mano como queriendo tomar la nube entre sus dedos. Cerró el puño en el aire y resignadamente dejó caer el brazo al costado de su cuerpo.
    Al cabo de unos momentos se puso de pie, miró hacia la curva del camino y le dedicó un “Fuck-You” con su mano derecha, luego echó a andar en la dirección contraria al sendero.
    En pocos segundos estuvo en la misma cima de la colina.
    Will no se sorprendió, al fin y al cabo ya nada de lo que lo rodeaba tenía sentido y preocuparse por un problema que acababa de resolverse solo no era…. ¿Lógico? ¿Inteligente?
    —Inútil. —dijo en voz alta aunque no sabía si se refería a si mismo o a la situación en la que se encontraba.
    El sol estaba en su punto más alto en el cielo de modo que la sombra de Will se proyectaba apenas bajo su cuerpo. Era imposible distinguir una dirección en concreto ¿Norte? ¿Sur? Todo se veía igual…. campo hacia allí, flores en aquella dirección, más flores detrás, tetas enormes más allá y…. ¿Que?
    El joven se protegió los ojos y trató de ver con más claridad aquello que asomaba entre las flores… si, no cabía la menor duda, eran un par de pechos enormes envueltos en lo que parecía ser una prenda azul. Will contuvo el aliento mientras observaba aquellas enormes masas redondeadas subir y bajar lentamente al compás de la respiración de su dueña.
    El joven no lo pensó demasiado. Había recordado un refrán que venía muy bien para su situación en concreto:
    “Ante la duda, la más tetuda”
    Lentamente descendió de la colina en dirección a las tetas gigantes.
    No había sendero por suerte, Will se dijo que en caso de dar con uno simplemente lo esquivaria, no quería saber absolutamente nada más con senderos de ninguna clase.
    Para su sorpresa al descender de la elevación las flores se hicieron cada vez más altas, de modo que al cabo de unos minutos los tallos lo rodearon y las delicadas flores amarillas quedaron bien por encima de su cabeza. Aun recordaba la dirección general de aquella maravillosa visión erótica así que continuó caminando apartando los delgados tallos con las manos mientras silbaba una tonada de moda.
    Al cabo de unos minutos Will salió a lo que parecía un claro en medio del bosque de flores. Había una mujer de proporciones gigantes acostada sobre una manta de colores mientras parecía leer un libro. Tenía un sombrero de ala ancha y anteojos de finos marcos dorados, unos mechones de pelo castaño caían alrededor de sus hombros pero el ala del sombrero ocultaban parte de su rostro. Vestía una remera azul eléctrico y unos jeans gastados. Al parecer estaba tan concentrada en la lectura que no había percibido la llegada del joven.
    Una Meltrán, definitivamente se encontraba ante una de las Zentradi gigante que habían combatido contra los humanos allá en la primera Guerra Espacial. ¿Que hacia una de ellas en medio de ese prado de flores?
    Will nunca había visto a una Meltrán en persona. Estaba acostumbrado a tratar con Ralph y sus gigantescas proporciones, pero una Mujer de ese tamaño era algo completamente diferente.
    Will tragó saliva y comenzó a trepar por la remera azul.
    Tras un gran esfuerzo logró encaramarse al estómago plano de la joven. Notaba el calor que desprendía el cuerpo así como un perfume agradable que le recordaba algo especial, no supo qué, pero sabía que seguramente era algo hermoso.
    Will caminó sobre el cuerpo de la joven decidido a verle el rostro. Sin detenerse un segundo escaló las enormes colinas que se interponian entre él y su objetivo y se sentó despreocupadamente sobre el pecho izquierdo de la joven, justo sobre una letra “U” bordada en dorado sobre la tela azul de la prenda.
    Aun con todo el ajetreo la Meltran no se había percatado de la presencia de Will sobre una de sus tetas. El joven suspiró mientras miraba desanimado el enorme libro que tapaba la visión del rostro de la joven. Algo en la portada le resultaba familiar pero el título estaba en lenguaje Zentradi.
    —Hola. —Saludó el joven desde su confortable lugar.
    La Meltran bajó el libro sobre su pecho y casi aplasta al pequeño Will, quien se arrojó a un lado antes que el pesado objeto cayera sobre el.
    —Aquí abajo. —gritó Will.
    La giganta levantó el libro y descubrió a Will que se había refugiado precariamente entre la depresión de ambos senos. —Hola. —contestó sin la menor muestra de sorpresa en su voz. —No te había visto.
    Will escaló nuevamente el pecho izquierdo y volvió a sentarse sobre la “U” dorada. —Soy Will. —dijo.
    —Ya lo se. —respondió la Meltran dejando el libro a un costado. —Te estaba esperando.
    —¿A mi?
    —¿Ves a alguien más por aquí cerca? —respondió la Meltran con una mueca. —Tienes trabajo por hacer. —dijo mirando fijamente al pequeño humano.
    Will observó con atención el hermoso rostro que llenaba toda su visión. La Meltrán parecía ser más madura de lo que se había imaginado, como si recién hubiera dejado atrás los florecientes años de la juventud y ahora toda su belleza se revelara con una majestuosidad solemne.
    —¿Sucede algo? —preguntó la misteriosa Meltran. ¿Tengo algo en el rostro…?
    Will sacudió la cabeza para despejarse. —No no… es que… nunca había visto una Meltran en tamaño gigante y tan… hermosa. —Al decir lo ultimo se habia sonrojado tanto que parecía ser un hermano de Matt.
    La Meltran sonrió y dejó escapar una pequeña risa. —Gracias por el cumplido Will… pero creo que te equivocas en una cosa.
    El joven levantó la cabeza confundido. —¿Eh?
    —Yo ya estoy micronizada. —contestó la mujer estirando un brazo hacia las flores que los rodeaban.
    Will se rascó la cabeza y siguió con atención el movimiento de la mano de la joven, quien cortó una de las flores y la acercó hacia donde estaba el joven sentado. —Eres tu el que está más pequeño. —dijo mientras rozaba con cuidado uno de los pétalos en los cabellos del joven.
    El perfume de la flor hizo que la cabeza de Will diera vueltas. ¿El estaba micronizado? Miró a su alrededor y comprendió que así era, las flores, las rocas, las mariposas que lo rodeaban… todo era gigante… no, todo era de tamaño normal, era Will el que se había encogido.
    —¿Cómo es posible? —preguntó volviendo la vista hacia el rostro de la mujer.
    Ella se encogió de hombros y volvió a reírse. —¿Quieres crecer? —preguntó con una sonrisa misteriosa.
    Will no lo dudó un momento. —Si. —respondió. —¿Que tengo que hacer?
    La mujer extendió uno de sus dedos y señaló la dorada letra bordada sobre el pecho izquierdo. —Eso. —dijo.
    Will bajó la vista y se dió cuenta que no se trataba de una letra “U”, en realidad era una letra “C”, la primera letra de una palabra escrita verticalmente.
    —”¿Chúpame”? —leyó confundido.
    La misteriosa Meltran levantó con cuidado la remera azul y dejó al descubierto su enorme pecho izquierdo. El pezón rosado estaba visiblemente erecto y una pálida gota blanca rezumaba en la punta del mismo.
    —¿Pu-Puedo? —preguntó el joven nervioso.
    La mujer asintió y Will acercó su boca abierta al palpitante pezón, entonces lo rodeó con su labios y chupó con fuerza.


    La violenta sacudida lo lanzó contra la lona que tenía enfrente. Aire, le faltaba todo el aire en los pulmones. Will aspiró profundamente y llenó su pecho con el enrarecido aire del contenedor. ¿Que mierda estaba pasando?
    Todavía tenía restos del sueño en su palpitante y doliente cabeza, la erección en su entrepierna tampoco había desaparecido por completo pero lo que primero reclamó toda su atención fué lo que sucedía a su alrededor. ¿Eso había sido un DeFold? Rápidamente sacó el Pad de su bolsillo y encendió la iluminación básica.
    Había restos de distorsión dimensional a su alrededor, la luz de la pantalla mostró restos del espejismo que la energía de la burbuja FOLD formaba durante el salto, pero esa sacudida violenta, esa sensación de ahogo… algo marchaba terriblemente mal.
    Lo supo inmediatamente. El soporte vital del container no se había activado. Estaba sin gravedad artificial en un ambiente de oxígeno enrarecido… si la sacudida no lo hubiese despertado seguramente hubiese muerto en el sueño por envenenamiento de dióxido de carbono.
    Su bolso estaba flotando junto a la pared. Rápidamente se impulsó hacia el y revolvió el interior en busca de la mascarilla. Buena Tass, por suerte la chica había pensado en todo. Encontró el aparato y rápidamente se lo puso en el rostro.
    El aire fresco inundó sus pulmones y el joven dio una bocanada tras otra hasta que los latidos de su corazón se normalizaron y el dolor de cabeza remitió un poco.
    Otra sacudida, esta vez mas leve pero el sonido de metal al chocar fue perfectamente audible para el joven ¿Que estaba sucediendo?
    Permaneció en silencio escuchando con atención pero ningún sonido se propagaba por el espacio. Sea lo que sea que sucedia ahi fuera Will no podía saberlo. Al cabo de varios minutos empezó a sentir frío.
    El contenedor se estaba enfriando. La temperatura del interior comenzaba lentamente a ser irradiada hacia el espacio, muy despacio pues el calor no se propagaba por el vacío, pero la energía se desplazaba lenta e irreversiblemente y si no hacía algo moriría congelado.
    ¿Morir asfixiado o congelado? Menuda elección le escupía el destino en la cara. Will se rió con una carcajada y golpeó con violencia la pared de metal
    —Maldición.
    La había cagado, la había cagado tantas veces en las últimas setenta y dos horas que ya había perdido la cuenta. ¿Que pensaria Tass, Matt, Manuel y Akemi de cómo había terminado su genial idea?
    Para peor era una idea excelente.
    Las lágrimas llegaron sin aviso y Will no hizo nada para reprimirlas. Era inútil, él era un verdadero inútil, siempre lo había sido. Les había fallado a todos, había puesto en peligro la vida de la inspectora y tal vez hasta había llevado el caos a la Rainbow ¿Y ese era su castigo? ¿Morir en aquel ataúd de metal en medio del espacio? Francamente se merecía algo peor…
    El aliento formaba pequeñas nubes de vapor cuando los últimos sollozos se extinguieron. Un trozo de tela flotó cerca del rostro y Will lo sujetó con la mano para limpiar los restos de lágrimas de los hinchados ojos. Se sentía mejor ahora que se había desahogado, pero seguía en peligro de muerte.
    Entonces miró el pedazo de tela que tenía en la mano y descubrió con asombro que no era un pedazo de tela cualquiera.
    Era un sostén rosa de mujer, con finos encajes y todo.
    —¿Pero que….? Los recuerdos del sueño volvieron a su mente y el joven sacudió la cabeza tratando de concentrarse. —Calma. —se dijo arrojando la prenda hacia el fondo del container. —No es hora de pensar en eso. —dijo mientras tomaba el Pad y apuntaba el haz de luz para examinar su alrededor en busca de algo, una idea, una salvación.
    Había una enorme lona frente a donde estaba, era la misma lona con la que había chocado al salir violentamente del FOLD.
    La gruesa tela le dió una idea—Pero primero el abrigo. —dijo revolviendo el bolso en busca de ropa. Encontró un gorro de lana y una campera de montaña, también guantes y una bufanda, Tass era una genia.
    Se abrigó con todas las prendas adecuadas y recuperó algo de calor, pero no era suficiente, tenía que minimizar la pérdida de calor y la lona le había dado una idea. Tal vez pudiera envolverse en ella y así usar su Pad para enviar alguna clase de señal de auxilio.


    Se impulsó contra la pared de metal y se acercó a la enorme lona gris. A la luz del pad descubrió que cubría gran parte del interior del container, apenas dejaba espacio a los costados para que alguien muy delgado pudiese pasar. Sin pensarlo dos veces tomó uno de los extremos sueltos y jaló con fuerza para dejar un hueco libre por donde meterse.
    La enorme cabeza de metal devolvió el reflejo del pad con tonos esmeraldas.
    Will reconoció enseguida la estilizada líneas del VF-19. La presencia de los cañones extra a los lados de la enorme cabeza le decían que estaba ante nada más y nada menos que la variante “S” del famoso caza variable.
    —De-Deculture! —exclamó Will retrocediendo mientras el Pad flotaba libremente y hacía que las sombras sobre el robot danzaran en caprichosas formas.
    Los colores llamaron su atención. Negro y dorado ¿Donde había visto un esquema de pintura así? No en la NUNS por supuesto.
    Con cuidado retiró aún más la tela y dejó al descubierto gran parte de la parte superior del robot. Habían embarcado al VF-19 en modo Battroid dentro del container ¿Con qué motivo? ¿Sabía Amanda que había un VF abordo de la Rainbow? Will sacudió la cabeza. Si, tenía que saberlo, Amanda sabía todo.
    Utilizó el Pad para alumbrar el sector donde la cabina del caza se plegaba sobre si misma y quedaba protegida tras la coraza del pecho. Una escotilla abierta se desplegaba justo debajo de la cabeza del mecha y daba acceso a la cabina.
    Will no lo pensó dos veces y flotó hacia la escotilla.
    Lo primero que notó fue el perfume, era mucho más fuerte ahí dentro. ¿El piloto era una mujer? Eso explicaría el perfume y la ropa interior pero… ¿Que clase de misterio era ese? ¿Quien era la piloto?
    Sintió que estaba violando el espacio íntimo de la propietaria del avión pero… ¿Qué otra opción le quedaba? Esa cabina le proporcionaria aire y calor… si podía encenderla por supuesto.
    Will entró a la cabina y se sentó en el asiento del piloto. Tenía una oportunidad y no iba a desaprovecharla.
    Ahora bien, el chico no era piloto de combate, apenas sumaba medio centenar de horas de vuelo en el transporte de los recolectores pero no obstante era, al fin y al cabo, un piloto certificado y poseia el entrenamiento básico para volar naves en el espacio.
    El panel de control le resultaba desconocido pero él conocía el funcionamiento básico de los Cazas variables. APU, Reactores, baterías y bombas de combustible, los sistemas eran, en el fondo, los mismos en todos los cazas. Will buscó el switch de las baterías auxiliares y cruzó los dedos; si el anterior ocupante del caza lo había bloqueado con una llave o clave, Will se podía dar por muerto.
    Subió la palanca con un click y contuvo la respiración.
    El panel se iluminó frente a sus ojos. Las pantallas se encendieron y los sistemas cobraron vida a medida que las computadoras iniciaban sus rutinas de encendido y el software era cargado en la memoria.
    —Lucky! —exclamó el joven mientras cerraba la escotilla de acceso y se ajustaba el arnés de seguridad.
    Buscó el panel lateral y encontró los botones que buscaban. Todos los cazas tenían la opción de encendido rápido en caso de necesitar desplegarlos en una emergencia. Will había visto “Checklist” de más de cien pasos diferentes para poner en marcha aeronaves mucho más antiguas que esa, pero casi siempre había una forma automática de saltear el proceso. (aunque rara vez los pilotos las utilizaban) Arrancar manualmente una nave era la forma más segura de controlarla.
    La pantalla principal mostró el menú de arranque y Will seleccionó la opción automática. La computadora pidió confirmación e inmediatamente tomó el control de los sistemas, activando la bomba auxiliar de combustible e iniciando el APU, previo paso al arranque de los motores principales.
    Will dejó que la computadora trabajase sola y se dedicó a observar como los indicadores empezaban a llenarse de datos y valores de referencia. El panel de las armas llamó su inmediata atención y con unos toques en la pantalla táctil accedió a los registros.
    —Mierda. —exclamó.
    El VF-19 estaba completamente armado. Tenía el cañón principal lleno y cuatro cargadores guardados en los depósitos externos. Los contenedores de misiles estaban llenos y cargados, así como las contramedidas y los sistemas de interferencia y señuelos. ¿Quien había dejado ese VF listo para el combate?
    Una vibración en la cabina le indicó que uno de los motores se había puesto en marcha. Los indicadores pronto mostraron señales en verde y, unos segundos más tarde, el segundo motor arrancó de inmediato. Todo parecía estar funcionando de maravilla.

    Entonces el caos explotó a su alrededor.
     
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    La pantalla holográfica se desplegó por encima de ellos de forma tal que abarcaba una gran parte de la plataforma. La figura de Breka-Nel apareció nítidamente resaltada contra el fondo oscuro y pronto los bordes de aquel rectángulo enorme desaparecieron dejando solo la figura holográfica del gigantesco Zentran dominando todo el espacio sobre sus cabezas. Su voz sonaba extraña, artificial… era evidente que no estaba hablando al pequeño grupo de Zentradis que observaban la escena en silencio.
    —Los preparativos han culminado y entramos en la última fase de configuración antes del ingreso de los datos genéticos y de memoria al núcleo de la Superfortaleza.
    Varias luces se encendieron alrededor de ellos y la estructura en el centro quedó perfectamente iluminada. Enormes venas recorrian todo el exterior de aquella especie de caparazón que envolvian al ¿Ser? que estaba destinado a convertirse en un gigantesco Comandante Supremo.
    Breka-Nel movió los apéndices que salían de su cabeza y estos quedaron fuera de la pantalla, pero era evidente que había realizado una serie de conexiones físicas importantes.
    Un rugido profundo se escuchó a lo lejos, como un trueno muchos kilómetros de distancia seguido de una vibración apenas perceptible.
    —El núcleo operará de forma automática hasta que el proceso de crecimiento del cuerpo principal esté lo suficientemente desarrollado para que el nuevo Comandante tome el control por cuenta propia.
    Unos relámpagos restallaron sobre y por debajo de ellos.
    —Removiendo anclajes de protección, liberación de las unidades gravitacionales confirmado. —la vibración iba en aumento a medida que el gigante repasaba los numerosos componentes que eran necesarios para dar vida a la instalación.—Activando reactores del núcleo… ahora.
    Enormes descargas de energía dorada saltaron por las paredes a medio construir del recinto, trepando por las vigas y saltando de panel en panel hasta perderse en la negrura del abismo que se encontraba bajo de la plataforma.
    Virya, Maya y Exedore contemplaban en silencio la increíble representación que era la puesta en marcha de aquella fortaleza titánica. A pesar de ser apenas un esqueleto de vigas y material biológico de refuerzo, la enorme nave había cobrado vida, alimentada por vaya a saber qué monstruoso reactor en las entrañas de la misma.
    Los tres lo sintieron. No fue solo el profundo temblor que recorrió a toda la nave y retumbó en el pecho de cada uno de ellos. Era como si…
    —Como si algo hubiese despertado. —exclamó Maya en voz alta ante la mirada atónita de Virya.
    Exedore no dijo nada pero giró la cabeza en dirección a la enorme estructura que dominaba la plataforma y las dos Meltran hicieron lo mismo.
    Lo que estaba dentro de aquel saco se estaba moviendo.
    El grupo de Zentradis contempló como hipnotizado los rítmicos movimientos de la misteriosa cosa que se sacudía allí dentro, prácticamente ciegos a todo el pandemonium de actividad que se había desatado a su alrededor.
    Enormes torres de metal segmentado surgieron de las profundidades todo alrededor de la gigantesca plataforma. Cables y tuberías articuladas emergieron de huecos en las paredes que aparecieron de la nada, creando una enorme red que pronto los rodeó en todas direcciones.
    Enormes descargas de energía reptaban por aquellas nuevas estructuras, alimentando ¿La construcción? ¿El crecimiento? Era difícil definir con palabras lo que estaba sucediendo. Metal y carne parecían mezclarse en una amalgama de colores y texturas a medida que los agujeros se rellenaban, las paredes eran levantadas y todo aquel recinto crecía y se transformaba en todas direcciones.
    Cables que reptaban como enormes gusanos, esqueletos de metal que se elevaban como una red por sobre sus cabezas para ser rápidamente cubiertos por un entramado de fibras de aquel material poroso que de lejos parecía roca verduzca pero en realidad estaba vivo y respiraba, cambiaba de forma, arrastrándose lentamente por todas las columnas en busca de su lugar apropiado.
    Breka-Nel contemplaba su obra en silencio. Su enorme cuerpo holográfico era atravesado aquí y allá por las vigas y cables que conectaban la enorme crisálida a la nave en construcción pero el gigante guardaba silencio.
    Otro cambio notable se produjo en aquel embrión amorfo que ahora latía a un ritmo cada vez más veloz. Los brillos esmeraldas habían cambiado a tonos rojizos y toda una serie de nuevas venas y tuberías habían rodeado el exterior de la membrana opaca que protegía a lo que latía dentro. Las vainas a los pies de aquella monstruosidad estaban abiertas pero ahora emitían una luz rosada y nubes de vapor surgían de las mangueras que las rodeaban.
    Virya comprendió que el final había llegado.
    —Es hora. —dijo Maya cerrando los ojos.
    Exedore asintió en silencio sin quitar la vista de aquellas masas palpitantes. Todos habían aceptado su destino pero nadie se movía. Sus voluntades parecían estar detenidas en el tiempo a la espera de la orden irreversible de Breka-Nel.
    Virya dió un paso hacia Maya, forzando a su cuerpo a romper aquel hechizo, solo por unos momentos.
    —Maya. —dijo casi con hilo de voz. —Quiero… quiero decirte algo.
    La joven guerrera dirigió la mirada hacia los ojos de su mentora y asintió en silencio. Las dos Meltran se alejaron de Exedore y este no hizo ningún ademán de seguirlas; era claro que no lo necesitaban.
    Breka-Nel seguía con la mirada fija en el núcleo palpitante mientras las dos guerreras se alejaron unos pasos hasta el borde de la plataforma. Enormes bloques de metal y cables habían creado una especie de pared a su alrededor que crecía continuamente. Virya y Maya se sentaron una frente a la otra en uno de aquellos tubos que sobresalian a medias del piso de la plataforma.
    —¿Como…? —Virya notaba la dificultad de hablar en aquel momento pero se obligó a decir lo que sentía. —¿Cómo te sientes? —preguntó.
    Maya no contestó inmediatamente y la veterana guerrera se dió cuenta que sufría la misma presión que ella para hablar. Pero confiaba en ella, sabía que podía superar todos los obstáculos. Maya no la defraudó.
    —Me siento… —Maya sacudió la cabeza como descartando palabras. —No…. no lo se. —dijo mirando fijamente a su compañera. —No encuentro las palabras. —dijo como dándose por vencida.
    —Entonces no uses palabras. —respondió Virya.
    La guerrera asintió y tomando una de las manos de Virya la llevó hacia su pecho izquierdo.
    —Siento algo aquí. —dijo apretando fuertemente la mano sobre su pecho. —Pero no se como describirlo, es algo que no había sentido nunca.
    —Virya asintió y tomando a su vez la mano libre de su compañera imitó el gesto sobre su propio pecho. —Yo también lo siento. —dijo.
    Las dos Meltran sintieron simultáneamente el latir de sus corazones durante un tiempo que parecía no tener fin, como si el propio universo se hubiese detenido para presenciar la escena que se estaba desarrollando en aquel extraño lugar. Una escena que no habia ocurrido jamás y cuyas consecuencias era verdaderamente impredecibles.
    —Somos iguales. —dijo Maya mirando los ojos de Virya. —Los genes, la corrupción, no importa lo que nuestros superiores o nuestros creadores digan.
    Virya asintió. —Nuestros corazones laten al mismo ritmo, con la misma intensidad. —respondió.
    Maya soltó la mano de Virya y la alzó hasta el rostro de la guerrera, acariciando suavemente la mejilla mientras una lágrima rodaba por entre sus dedos.
    —Estas son… ¿Lágrimas? —preguntó fascinada viendo cómo sus dedos se humedecian sobre la pálida piel de la guerrera. —Es tan… extraño.
    Pero mientras lo decía ella misma había comenzado a derramar lágrimas. Virya alzó también la mano y acarició la mejilla de la joven, sintiendo como la humedad de las lágrimas bañaba sus dedos. —Extraño… no, esa palabra no es la adecuada para esto. —dijo sintiendo que algo se derramaba en su interior, como si enormes barreras y diques monumentales colapsaran bajo una fuerza incontenible.
    Las dos Meltran se abrazaron envueltas en lágrimas. Aquello que las hacía ser lo que eran se había roto momentáneamente y las lágrimas fluían como un torrente por sus rostros.


    Exedore sufrió un estremecimiento. Lo que estaba viendo era por completo incomprensible. Algo en su interior también se agitaba, una sensación nueva, una poderosa presencia que dormitaba en su interior. ¿Eran sus genes defectuosos? ¿Se estaban despertando en aquel momento? ¿Que era lo que estaba presenciando en ese momento? ¿Qué poder oculto, que fuerza incontenible había atravesado las poderosas barreras de acondicionamiento para despertar aquellas extrañas sensaciones enterradas tras miles y miles de ciclos de férrea disciplina?
    Miedo, esa era la palabra que Exedore conocía y no se atrevía a mencionar.
    El miedo, aquella sensación poderosa que solo existía como un nombre, un dato, un conocimiento remoto…. tabú, eso era, algo que no debía existir entre los guerreros Zentradi.
    Y sin embargo estaba aflorando allí mismo, en el centro mismo del poder de toda la raza Zentradi.


    El tiempo parecía haberse detenido si, pero aquello no podía durar demasiado tiempo. Los latidos de la gigantesca mole de cables y bultos no se había detenido. Su misma presencia era la prueba irrefutable de que su tiempo había llegado a su fin. Las Meltrans se separaron al fin y se miraron una a la otra como si fuera la primera vez que se veían.
    Virya fue la primera en hablar tras haberse secado las lágrimas con la manga de su traje de vuelo. —No te abandonaré. —dijo sujetando las manos de su compañera. —Pase lo que pase te prometo que permaneceré a tu lado. —Tal vez… tal vez algo de ti permanezca en tu nueva forma, si es asi quiero luchar junto a ti.
    Maya asintió y dejó que Virya secara sus lágrimas. La joven respiró profundamente y tomó coraje. —Yo tampoco la olvidaré Capitán. —dijo. —No se se como, no lo se realmente pero… de alguna forma voy a seguir a su lado… lo… lo intentare.
    —No, prometemelo. —dijo Virya. —Es una orden.
    Maya se rió y aquella manifestación extraña de alegría hizo que el propio Breka-Nel bajara la mirada hacia ellas, preguntándose qué rayos había sido aquello.
    —Sí Señor. —contestó la joven poniéndose rápidamente de pie. —Una Almirante no puede desobedecer la orden de una Capitán. —respondió tendiendo la mano hacia Virya.
    La guerrera tomó la mano de la joven y se levantó con una extraña sonrisa en el rostro.


    Aquel extraño momento atemporal había pasado, la actividad pareció resumirse alrededor de las Meltran en cuanto volvieron a su sitio al lado del Archivista Exedore quien no había apartado la vista de las dos guerreras mientras duró su despedida.
    Un neblina de vapores rosados había cubierto lentamente el piso de la plataforma de modo que ahora parecía que el pequeño grupo de Zentradis caminaba sobre una nube gigante, en cuyo mismo centro surgía aquel monstruoso huevo rodeado de máquinas y tuberías.
    Exedore dirigió una mirada de reproche a la veterana guerrera en cuanto esta se puso a su lado. —Eso fue…. peculiar. —dijo con su habitual estilo de elegir la palabra más adecuada.
    Virya se encogió de hombros y ante la sorpresa de Maya colocó su mano sobre la cabeza del Zentran. Increíblemente el diminuto Archivista no reaccionó ante la extraña muestra de cordialidad.
    —Voy a extrañarlo a usted también… creo. —reconoció la Meltran retirando la mano de la abultada cabeza.
    —Somos más parecidos de lo que pensaba. —reconoció Exedore suspirando profundamente mientras agachaba la cabeza. —Es una pena que las circunstancias no hayan previsto que nos conociéramos mejor. Estoy seguro que de haber sido diferentes las cosas nuestras capacidades hubieran sido una enorme ventaja para la flota de Dortrad-Jen…
    —De haber sido diferentes las cosas ahora estaríamos muertos. —respondió la guerrera.
    Exedore asintió. —Por supuesto. —dijo.
    Maya se adelantó un paso y miró al Zentran con curiosidad. —¿Archivista Exedol?
    Exedol levantó la vista hacia la joven guerrera. —¿Sí, excelencia?
    —¿Usted también puede derramar lágrimas?
    El desorientado Archivista abrió la boca mientras su cabeza temblaba violentamente, al parecer tratando de encontrar una respuesta adecuada a la pregunta de Maya, no obstante la profunda voz de Breka-Nel interrumpió aquella búsqueda exhaustiva de datos.
    —Prepárense para entrar a las vainas. —dijo Breka-Nel mientras su enorme figura se movía alrededor de la plataforma. —El proceso de transferencia debe ser iniciado de inmediato.


    Maya y Exedore dieron un paso al frente mientras desprendían los agarres de sus respectivas vestiduras. En unos instantes ambos quedaron completamente desnudos mientras remolinos de niebla rosada se enroscaban entre las piernas.
    Virya contempló a las dos figuras asombrada. Eran tan desiguales una de la otra, como si se tratara de dos especies completamente diferentes. El esbelto cuerpo de Maya, bañado en la brillante luz clara que irradiaba de las alturas y le daba a su piel un tono lechoso era completamente opuesto al pálido y arrugado cuerpo de Exedol, quien se encontraba ahora encorvado sobre sus raquiticas piernas, ya desprovisto del soporte que la rígida túnica le otorgaba.
    Pero eran Zentradis, apenas diferentes caras de la misma moneda y, como ella, partes de un todo que existía solo para un propósito que estaba mas allá de su forma física.
    Ella, más que nadie lo sabía muy bien. Sabía lo que era ser varias partes de un todo. Comprendía que, en el fondo, nadie podía sentirse completamente entero sin otros que lo complementaran y, en su caso, esos otros habían sido sus personalidades interiores durante todos sus ciclos de continuos combates en la flota de Dortrad-Jen, pero solo tras haber perdido a su escuadrón y haber conocido a esos dos… si, realmente ahora comprendía lo que Exedore y Maya significaban para ella.
    El Archivista había hablado de circunstancias ¿Pero acaso esa palabra podría resumir todas las experiencias, todas las situaciones y elecciones que Virya había tenido que afrontar desde que saliese de su vaina de entrenamiento en cuanto fué despertada al servicio de su flota? ¿Era posible que semejante camino hubiese desembocado en aquella situación de otra forma?
    La guerrera sacudió la cabeza. No, claro que no. Estaban frente a la culminación de algo en lo cual Virya nunca había tenido una verdadera posibilidad de modificar en lo más mínimo.
    Ella los había llevado hasta allí y a cambio ellos le habían dado un propósito.
    Virya dió un paso al frente y extendió las dos manos hacia sus compañeros. Ambos comprendieron el gesto y cada uno se tomó de una mano de la guerrera antes de avanzar hacia las vainas de transferencia.
    Breka-Nel observó la escena en silencio y siguió con la mirada los movimientos de los tres Zentradi a medida que se acercaban al enorme embrión palpitante. Una vez frente a las cápsulas Virya abrazó a Maya solo un momento, pero con una fuerza que sorprendió hasta a la propia Meltran.
    —Cumple con tu deber, Maya. —Susurró Virya. —Y recuerda tu promesa.
    La joven asintió pero ninguna lágrima asomó en sus brillantes ojos. Ahora era una guerrera a punto de cumplir su última misión, no había lugar para lágrimas.
    —Sí Capitán. —exclamó haciendo el saludo Meltrán.
    Maya se recostó en la vaina mientras jirones de niebla escapaban del interior del aparato Virya estiró la mano y tomando la manija de la puerta la cerró con un movimiento mecánico. El interior de la vaina se iluminó permitiendo ver a la Meltran que estaba dentro a pesar de la opacidad del grueso cristal. Maya parecía tan pequeña ahí dentro…
    Sin darse cuenta ambas guerreras habían apoyado su mano sobre el cristal en un último gesto de despedida. Podían haber estado asi por horas pero Exedore tiró de las ropas de la guerrera en evidente estado de nerviosismo.
    —Capitán….
    Virya retiró la mano y comprendió el porqué del nerviosismo del Zentran. Breka-Nel los estaba mirando con una expresión de perplejidad absoluta.
    —Vamos.
    Exedore y Virya se dirigieron hacia la otra vaina. Era mas pequeña que la otra y parecía ser de una tecnología completamente diferente. El interior no estaba acolchado con esa especie de espuma similar al interior de las cámaras de sueño o recuperación, las paredes de la vaina estaban tapizadas de pequeñas protuberancias redondeadas, cada una con un pequeño filamento luminoso que sobresalia del extremo.
    —No se ve muy cómodo. —dijo Virya mirando el interior del aparato.
    Exedore sopló disgustado. —Claro que no se ve cómodo, es mi cabeza la que va a recibir todo el tratamiento, mi cuerpo no es importante.
    Sin esperar que el Zentran lo solicitase Virya levantó el pequeño cuerpo en el aire y lo depositó dentro del aparato de la forma menos brusca que pudo lograr.
    Exedore quedó boca arriba, recostado sobre aquella especie de cama de bultos y de inmediato una serie de tentáculos y cables rodearon su enorme cráneo protuberante.
    —Es la despedida, supongo. —dijo Virya mirando como la cabeza del Archivista casi desaparecía bajo los cables y aparatos que la habían atrapado fuertemente.
    Exedore no podia hablar, su boca había quedado paralizada y una baba verde se escapaba entre los grises labios… pero sus ojos estaban brillantes y miraron fijamente a la guerrera en cuanto esta cerró la puerta.


    Estaba hecho.


    —Misión cumplida. —se dijo Virya alejándose de aquella cosa palpitante. Finalmente había dejado atrás los restos de su antigua vida: su flota, su escuadrón, sus camaradas… Maya.
    Breka-Nel pareció reaccionar a la presencia de Virya en ese momento y se inclinó en toda su altura sobre la plataforma.
    —Capitán Virya.
    La Meltran se detuvo al instante e hizo el saludo meltran llevándose el puño al pecho. —Si Excelencia. —respondió mirando hacia lo alto, hacia la imponente figura holográfica de aquel poderoso ser.
    —Ahora está usted bajo mi mando. He revisado los reportes del Archivista Exedore y concuerdo en que sus habilidades son, en efecto, extraordinarias. Queda ascendida al rango de Comandante y tendrá una escuadra de naves a su mando. Preséntese de inmediato en los astilleros del sector ocho para iniciar los preparativos logísticos pertinentes.


    Mientras Breka-Nel asi hablaba, un enorme agujero circular se había formado en la plataforma frente a Virya donde la niebla comenzó a caer lentamente por los bordes del mismo. Una enorme sombra surgió de las profundidades al cabo de unos segundos y tras elevarse varios metros por sobre los vapores que se arremolinaban alrededor quedó iluminada por las luces blancas del techo.


    Todo había sucedido tan deprisa. Había dejado atrás una historia y ahora otra había comenzado a desarrollarse frente a sus ojos. La guerrera apretó los puños; en realidad no había cambiado nada. Su vida seguía estado atada a las órdenes y caprichos de sus superiores. Asi habia sido siempre
    Así era como debía ser.
    Su Rau Rojo brillaba como la sangre fresca, su cabina abierta proyectaba una sombra oscura que ocultaba el interior de la armadura como unas enormes fauces abiertas de par en par.
    Virya bajó la mano del pecho y se encaminó lentamente a su máquina de guerra, tomando apenas conciencia de la vida que estaba abandonando y la que estaba naciendo frente a ella.
    No había vuelto la vista atrás en ningún momento, pero no tuvo más remedio que hacerlo en cuanto hubo saltado dentro de la cabina. Por entre los tenues jirones de humo se podían ver las cápsulas a los pies de aquella monstruosidad latente. Los vidrios eran iluminados por dentro con sucesivos resplandores escarlata. Virya apartó la vista y cerró la cabina para no ver semejante espectáculo.
    La oscuridad la envolvió con su familiar atmósfera de intimidad. Aunque Virya sabía que era una sensación momentánea, esos pocos segundos de calma fueron un verdadero oasis para su convulsionada mente.
    La pantalla frente a sus ojos se encendió y una interfaz extraña cubrió con docenas de nuevos datos y canales de comunicación las imágenes que se proyectaban a escasos palmos de su rostro. Breka-Nel no solo le había dado el mando de una escuadra completa. Ahora también disponía de las herramientas necesarias para ello.
    Virya suspiró y movió sus piernas. La armadura se elevó por sobre la plataforma dejando un remolino de niebla tras sí.
     
  20.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    168
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    104
     
    Palabras:
    3762
    99





    Había sido una suerte que el VF-19 estuviese embarcado en el contenedor en modo robot o de otro modo Will no hubiera sobrevivido a la explosión.
    El sistema de alerta del caza se activó en el preciso momento que las cabezas de guerra estallaron sobre las paredes de metal enviando trozos de metralla moldeada a través del acero como si fuera papel maché. La barrera defensiva se desplegó tan rápidamente que la diferencia de presión en el interior y exterior fue explosivamente igualada en una fracción de segundo.
    Will tenía las manos sobre los controles de potencia y palanca de mando así que su reacción inmediata fue la de sujetarse fuertemente de ellas mientras la onda de choque lo aplastaba contra el asiento.
    Lo siguiente que pasó fue toda la interfaz visual de la cabina activándose simultáneamente por lo que Will pronto se vió como flotando entre nubes de humo y restos de chatarra que salían disparados en todas direcciones.
    —Mierda mierda mierda mierda! —gritó en todas las direcciones mientras giraba la cabeza tratando de encontrar sentido a lo que sucedía a su alrededor. Las alarmas sonaban por toda la cabina, el sistema de amenazas había registrado las emisiones hostiles que en esos momentos estaban centradas en la zona afectada por la explosión.
    —MIERDAAAAAAAA!
    Will giró la palanca de potencia y pasó a modo caza. El cambio solo demoró un segundo, mucho más rápido de lo que sucedía en las simulaciones de combate ¿Pero acaso no estaba en algo mas avanzado que los viejos VF-1? Sin detenerse a pensarlo, aplicó toda la potencia a la palanca que sujetaba fuertemente con su mano izquierda.
    Nunca había sentido una fuerza de aceleración semejante.
    Su cuerpo quedó aplastado contra el asiento mientras el sistema de anulación inercial aumentaba la repulsión gravitacional de su espalda para contrarrestar las peligrosas fuerzas G que casi dejaron sin aire el pecho del joven.
    El VF-19 salió disparado de la nube de desechos en medio de un resplandor rojizo.


    ----------------------------------


    —Pero que mier-
    El resplandor tomó por sorpresa al grupo de piratas, quienes comenzaron a gritar y a maldecir en varios dialectos humano y Zentradi indiscriminadamente.
    —Cierren el culo malditos bastardos! —gritó el líder mientras aceleraba al máximo los propulsores de su armadura. —Tres y Cuatro conmigo, el resto desplieguese en dos grupos y atrapen esa cosa.
    El resto de los soldados salió disparados tras la misteriosa nave mientras quien estaba a cargo abría un enlace de comunicaciones con la armadura que estaba a su lado.
    —¿De donde mierda ha salido esor? ¿Como…? —preguntó uno de ellos en cuanto en enlace estuvo en línea.
    —De dentro de ese contenedor, no cabe la menor duda. —El Zentran siguió atentamente con la mirada los movimientos que perseguidores y perseguido hacían mientras se alejaban. —Algo falló. —dijo. —Algo en el plan del Jefe no salió como debía salir… y ahora esto.
    El grupo de tres armaduras se acercó hasta lo que parecía una pieza de equipo montada sobre una estructura de tubos ensamblada precariamente. Era lo que parecía ser restos de la cabina de una nave, probablemente un transporte de tipo civil pero habían desmontado por completo el interior y una maraña de cables salía por los agujeros donde debían ir los cristales para conectarse a una especie de vaina oxidada que recordaba vagamente la forma de un cigarro alargado.
    —Ustedes dos protejan el trineo. —dijo el líder del escuadrón seis señalando el equipo. —Si algo le llega a pasar tendremos el mismo destino que los pobres diablos del escuadrón cuatro.
    Acto seguido se alejó en la dirección del alboroto que estaban montando sus hombres mientras perseguían a la misteriosa nave.
    Fijar la computadora de blancos sobre el escurridizo caza demoró varios intentos. El Zentran no se sorprendió en lo más mínimo al descubrir la razón.
    —¡Mierda! —masculló mientras golpeaba la pantalla frente a él, donde el perfil de la nave era claramente identificable a pesar de lo borrosa de la imagen en movimiento. —¿Que hace un VF-19 ahí afuera?.
    Los materiales compuestos de la aeronave intrusa hacían que el bloqueo de la computadora se perdiera cada vez que esta hacia un giro particularmente brusco, en todo caso las emisiones del motor eran relativamente fáciles de seguir por los receptores de imagen del sistema de seguimiento. Definitivamente no escaparía.
    Era endiabladamente rápida. Los Battle Suits apenas podían acercarse durante breves periodos de tiempo pero no podían competir con la increíble aceleración del VF. Además el radio de giro de esas toberas vectoriales era insano, las estelas de plasma que dejaban tras si formaban espirales que, por momentos, parecían ángulos de tan cerrados los giros de la aeronave… una verdadera locura.
    Pero lo que más llamaba la atención del experimentado Zentran era la actitud del piloto. No había abierto fuego ni una sola vez desde que su escondite estallara por los aires. ¿Que estaba haciendo? ¿Jugando con ellos? No había dado órdenes de derribar al aparato y es algo que sus muchachos tenían en cuenta, se limitaban a perseguir a la intrusa tratando de encerrarla y evitar que escape, aunque a decir verdad no se veía ninguna clase de vaina de Salto Fold equipada sobre el fuselaje…
    El líder sonrió. Esa aeronave no tenía capacidad de salto y tarde o temprano caería en su poder. Ojalá pudiera capturarla intacta, su Jefe probablemente lo recompensaria enormemente por capturar una nave de tan excelentes características…. mierda, hasta incluso podría considerar micronizarse para volarla el mismo…
    El VF-19 cambió de rumbo de forma tan repentina que no le dió tiempo a reaccionar. Su boca apenas se había abierto por la sorpresa cuando el caza ya había pasado como un relámpago junto a él y el resplandor del cañón lanzó destellos de fuego en los cristales de su armadura.
    —¡HIJO DE PUTA!
    Las armaduras que estaban guardando el trineo tampoco reaccionaron al repentino ataque del enemigo. La primera ráfaga de disparos impactó de lleno en el pecho de la armadura de la izquierda y ni siquiera había comenzado a estallar cuando la siguiente andanada arrancó un brazo y parte del tórax de su compañera.
    Los gritos de rabia de los piratas saturaron las comunicaciones locales. En apenas un segundo el espacio se llenó de centenares de estelas mientras los misiles abandonaban los compartimentos de las cuatro armaduras que se lanzaron en pos del sorpresivo atacante.


    Will finalmente había comprendido lo que debía hacer.
    Había estado casi paralizado durante su milagroso escape, pero aquella sensación de terror había dado paso a una especie de frenesí que no recordaba haber experimentado nunca. ¿Era otro sueño? ¿Seguía estando dentro de aquella caja de metal rodeado por el perfume desconocido?
    No, claro que no, todo era real, peligrosamente real.
    Había mantenido la calma mientras volaba lo más rápido que podía. Sabía que necesitaba entender su situación antes de decidirse a hacer algo. ¿Quienes eran esas armaduras? ¿Zentradis salvajes? La respuesta no tardó en llegar en cuanto las distancias se acortaron y el juego del gato y el ratón empezó a desarrollarse entre ellos.
    Un Zentradi salvaje hubiese disparado de inmediato, estas armaduras lo estaban persiguiendo con la intención de atraparlo, no había otra explicación posible.
    Pero lo que más le preocupaba era la Río Grande ¿Donde mierda estaban todos? A medida que maniobraba su nave para esquivar a sus perseguidores no había dejado de buscar en los alrededores alguna señal del carguero y sus ocupantes.
    Nada, en los alrededores solo estaban ellos y los restos de los containers. ¿Habían destruido a la Rio? No era posible, hubiese visto los restos de la misma forma que la computadora había localizado y resaltado aquella especie de transporte ruinoso en el que con seguridad habían llegado esos piratas allí.
    Piratas, eso era lo que eran.
    Will conocía historias espeluznantes que se contaban sobre las regiones del espacio que estaban en manos de enormes bandas de forajidos, tanto Humanos como Zentradis, que asolaban las rutas comerciales y hacían presa de toda nave que osara adentrarse fuera de las rutas de patrullas de la NUNS.
    El increíble tamaño de la galaxia hacía prácticamente imposible para el Gobierno Unificado el mantener las zonas libres de la amenaza que estos grupos de individuos representaban para los viajeros espaciales y las noticias de la Galaxy Network solían incluir semanalmente los informes sobre los daños que provocaban durante sus ataques.


    De todas las bandas de piratas que asolaban la Galaxia, los Zentradis rebeldes eran los más peligrosos.
    La exposición a la Cultura era una probada forma de reprimir la violencia intrínseca de estos seres creados para la guerra, pero los efectos de este Shock Cultural no eran siempre del todo efectivo ante los soldados más violentos y sanguinarios. Rebeliones y levantamientos habían surgido a lo largo de toda la expansión de la raza humana tras la Primera Guerra Espacial y se había cobrado cientos de miles de vidas, tanto de civiles como de los soldados que intentaron detener las insurrecciones. El frenesí de combate de los Zentradis era algo pavoroso de por sí, pero al introducir la Cultura humana en su forma de luchar los resultados podían ser verdaderamente catastróficos. Alcohol, drogas y otros estimulantes químicos y mentales crearon estragos entre aquellos que rechazaron la paz humana. La simple violencia de los Zentradi no era nada comparada a la crueldad, el egoísmo y la búsqueda de riquezas que esta nueva “clase” de alienígenas abrazó como su propia cultura. La piratería pronto se convirtió en su nueva forma de vida.
    Y esto los hacía aún más peligrosos e impredecibles.
    No era extraño que los comerciantes espaciales de las regiones de la periferia sufrieran un ataque pirata una o dos veces al año…. las distancias fuera del área de influencia directa de la NUNS se medían en decenas de años luz de distancia y había zonas por las que nunca había pasado una patrulla de vigilancia antes, por lo que las bandas que se dedicaban al crimen proliferaban a sus anchas. La mayoría de los comerciantes que habían sufrido esta clase de ataques lo tomaban como un riesgo intrínseco de su profesión y, salvo el mal momento (además de todo el papeleo posterior con la aseguradora) las cosas no pasaban a mayores. Los Piratas humanos generalmente se atenían a un código de conducta bastante simple: danos la carga y puedes irte en paz. Esta especie de común arreglo era frecuente en la frontera y, en definitiva, beneficiaba a ambas partes: el comerciante soltaba uno o dos contenedores para ponerse a salvo y el pirata obtenia algo sin exponerse a un combate o un abordaje fallido.
    Esto no era así con los Zentradis rebeldes, la mayoría de los encuentros terminaba con la muerte de los comerciantes y la destrucción de todo lo que los salvajes gigantes no pudieran llevar con ellos.
    ¿Estaba Will ante esa clase de monstruos?
    Si la respuesta era positiva, luchar era la única salida que le quedaba. Aún estando en inferioridad númerica sabía que estaba a los mandos de una nave que valía por, al menos, una docena de esas armaduras. El problema claro es que el propio Will no estaba a la altura de aquella nave maravillosa.
    Eso no era un videojuego o una simulación de Tass, aquello era la realidad y esos misiles que se enroscaban a su alrededor y trataban de volarlo en mil pedazos eran la prueba de ello. Atacar primero había sido la acción adecuada.
    Sabia que tenia la ventaja de la velocidad mientras mantuviera la distancia, el VF-19 podia moverse con una agilidad asombrosa pero el cuerpo de Will estaba sufriendo las consecuencias. En más de una oportunidad la sensación de estar a punto de perder el conocimiento lo embargó mientras aplicaba las maniobras para contrarrestar el efecto de las fuerzas G en su propio cuerpo. Un mal movimiento de la palanca de mandos y acabaría desmayado y a completo merced de esos tipo.
    Will no permitiría que lo capturasen vivo.
    Habia esquivado la mayoría de los misiles y solo quedaban unos pocos lo suficientemente cerca para ser una amenaza inmediata. Sopesó la posibilidad de desplegar el modo Gerwalk para abatirlos con el Gunpod pero eso le haría perder velocidad y tenía a cuatro armaduras pisandole sus talones. Los Battle Suits Zentradi eran armaduras de ataque duro, equipadas con armas de grueso calibre, ideales para la batalla CQC y el cuerpo a cuerpo, incluso cada uno de esos robots tenía un maldito cañón triple de repetición montado a un lado del torso, no eran enemigos para ser tomados a la ligera.
    Pero lo más peligrosos eran los cañones que tenían en cada uno de los brazos, esos cañones eran los que no dejaban de escupir fuego contra Will y su ágil pero relativamente frágil nave. Si uno de esos disparos lo alcanzaba no estaba seguro que tanto podría resistir el blindaje del VF-19.
    Y luego estaba aquella armadura, la que se mantenía a un lado, como si observara sin perderse detalle de todo lo que pasaba. ¿Y si aquel era el líder del escuadrón pirata? ¿No había cometido Will un error fatal al destruir primero los blancos más oportunos que tuvo delante? Ojalá hubiese destruido esa armadura al principio, le daba muy mala espina su pasividad en el combate.
    Una alarma de la computadora lo alertó que estaba en la línea de fuego de uno de los perseguidores. Will pisó con fuerza los pedales a la vez que giraba con violencia hacia la derecha mientras los disparos trazaron brillantes líneas a pocos metros de su cabina.
    Las fuerzas G volvieron a aplastarlo mientras toda la estructura del caza temblaba violentamente a medida que los motores rugían para compensar el cambio de curso. Había estado cerca y ahora…
    —¡Mierda! —gritó Will
    Una de las armaduras se había abierto también hacia la derecha y tras hacer un tonel se había puesto casi frente a frente. Will pudo ver el destello de los cañones del torso y brazos cuando dispararon simultáneamente hacia la nave que se abalanzaba a toda velocidad.
    No había tiempo para cambiar de curso, solo quedaba atacar.
    Y Will atacó.
    Moviendo la palanca de potencia hacia arriba inició el cambio a modalidad Gerwalk. Había una razón verdaderamente práctica en esa maniobra y era que, por un instante, todo el centro de masa del Caza cambiaba repentinamente al desplegarse las piernas bajo el fuselaje. El vector de potencia también sufrió un cambio abrupto y en una fracción de segundo todo el impulso de los dos reactores había cambiado casi ciento ochenta grados.
    Pero más allá de lo desconcertante de la maniobra para el piloto enemigo, el objetivo era detener la lluvia de disparos con la mayor cantidad posible de blindaje que, en el caso del VF-19, estaba en el escudo que se desplegaba sobre su brazo izquierdo.
    Eso hizo, girando todo el avión hacia la derecha de modo que el brazo con el escudo recibiera todo el fuego enemigo mientras su Gunpod se desplegaba, algo más lentamente, en la mano derecha.
    Los resplandores esmeraldas estallaron sobre el escudo mientras la barrera de punto defensivo absorbia la energía de los proyectiles y la disipaba hacia el espacio circundante ante el asombro y frustración del Zentradi, quien levantó nuevamente ambos brazos para disparar una segunda ráfaga. Para ese entonces el GU-15 de Will ya estaba apuntando a la cabeza de la armadura.
    Hubo un fogonazo amarillo y de pronto una explosión de algo rojo en el sitio donde antes estuviera la cabeza de la armadura. Todo sucedió tan deprisa que Will apenas tuvo de tiempo de volver a cambiar a modo caza antes que las piernas de su nave chocaran contra los restos del desgraciado Zentradi que aún movía brazos y piernas en una especie de rictus grotesco.
    Los disparos de las restantes tres armaduras llovieron sobre él mientras escapaba a toda velocidad. Esos pocos segundos enzarzado en combate habían sido suficientes para que los demás enemigos se le echaran encima. Will esquivó los disparos lo mejor que pudo, sabiendo que su suerte se estaba acabando. No podría soportar es clase de castigo por mucho más tiempo.
    Tenía a dos armaduras casi encima de él cuando recordó que podía usar el cañón láser de la cabeza sin necesidad de desplegarlo primero. Los VF-1 tenían de esos mismos cañones pero desplegados en la parte inferior del fuselaje, en cambio el VF-19 lo tenía en la parte superior y podían dispararse hacia atrás incluso en modo caza.
    No podía darse el lujo de apuntar de tan concentrado que estaba con las maniobras evasivas. Will simplemente apretó el gatillo de disparo secundario y laser escupió varias ráfagas hacia las dos armaduras que lo seguían a escasos veinte metros de distancia.
    Ninguno de los disparos dio en el blanco pero el ataque sorprendió a los Zentradis quienes se abrieron violentamente a ambos lados mientras Will hacía un giro en espiral y se alejaba a toda velocidad, ganando algo de distancia en el proceso.


    El Zentradi lider del escuadron habia visto lo suficiente.
    —Es solo un novato. —masculló mientras extendía el brazo derecho de su armadura.
    A diferencia de los demás Battle Suits, la armadura líder tenía un aditamento extra en el brazo derecho: Se trataba de un largo cañón de energía, similar a los que los Q-Rau llevan montados sobre el fuselaje y utilizaban para atacar a distancia con mortal precisión.
    Solo una vez un desgraciado Zentran había hecho un comentario gracioso sobre aquella arma de Meltran, pero luego de haber experimentado el poder del arma en su propia cabeza no había vuelto a mencionar el tema… ni ningún otro miembro del escuadrón seis por cierto.
    Había estado observando atentamente los movimientos de aquel caza desde que comenzara esa absurda carrera. Quien estuviese tras los mandos de aquella máquina definitivamente no era un piloto de combate. Casi que parecía uno de esos videojuegos de salón que se jugaban en pantallas holográficas….
    El cañón comenzó a calentarse a medida que el proyectil y el sistema de empuje se cargaban previo al disparo. No se trataba de una verdadera arma de energía sinó de un cañón de rieles que disparaba un proyectil de uranio empobrecido a casi veinte kilómetros por segundo.
    Un impacto directo de esa cosa bastaba para arruinarle el dia a cualquiera. Especialmente a mosquitos irritantes como el que volaba ahí afuera.
    La computadora desplegó una pantalla de video desde el receptor de puntería del arma y el Zentran esperó el momento adecuado mientras sonreía confiado.
    El VF-19 repetía los mismos movimientos una y otra vez. Luego de cada voltereta y ruedo lateral venía un cambio abrupto hacia la izquierda o derecha, siempre intercalando la maniobra contraria con rigurosa puntualidad. Era un clásico error de novato; para evitar los efectos de las fuerzas G el piloto plicaba giros intercalados para mantener un equilibrio constante sobre la aceleración.
    Y eso sería su perdición. Tras un giro particularmente violento era garantizado que el VF giraría en la dirección contraria para que las fuerzas de inercia se igualaran, momento en el cual su pequeño bebé dejaria un enorme agujero en medio de esa bonito fuselaje dorado y negro.
    El sistema de apuntado terminó de calibrar los indices de radiación y polvo estelar y presentó ante la pantalla la retícula de resolución de disparo. El control habia pasado a manual y el Zentradi se relamió mientras se inclinaba sobre la brillante pantalla que teñia de azul el pequeño interior de su cabina. Calibró la distancia máxima a treinta kilometros y esperó pacientemente a que el caza entrara en el rango de ataque cosa que no tardó demasiado en suceder.


    Will, mientras tanto, ignoraba todo esto y trataba frenéticamente de posicionarse tras una de las armaduras para intentar derribarla de alguna forma. Los tres enemigos eran más lentos que su caza variable, pero sabían mantenerse fuera del alcance de las armas de Will, siempre tratando de rodearlo y flanquearlo en cuanto la nave cambiaba de rumbo y elegía una presa. Will comprendió que era inútil seguir con esa estrategia, debía hacer algo diferente, algo inesperado.
    Una distracción.
    Se zambulló en picada y se dirigió hacia uno de los contactos pasivos que la computadora había registrado y mantenido en la pantalla del radar todo ese tiempo. En cuanto sus perseguidores se dieron cuenta del verdadero objetivo de su presa gritaron una serie de maldiciones y dejaron de lado todo tipo de trabajo en equipo para lanzarse a toda velocidad a la vez que disparaban frenéticamente sus armas hacia el ágil caza.
    Will disparó dos misiles y cambió directamente a modo battroid, haciendo que el VF-19 girase como un trompo mientras los impulsores vectoriales cambiaban rápidamente el vector de velocidad para compensar el repentino cambio de actitud de la nave.
    —¡A ver qué les parece esto! —gritó Will disparando su gunpod al grupo de armaduras que se abalanzó sobre él en medio de los gritos de rabia de los Zentradis.
    Solo un par de los disparos dieron en el blanco y Will no se detuvo a evaluar los daños que había causado, simplemente volvió a pasar a modo caza y se lanzó contra la armadura solitaria que se encontraba a menos de veinticinco kilómetros de distancia.
    A su espalda el Trineo con la unidad FOLD explotó en mil pedazos mientras los tres Battle Suits Zentradi giraban lentamente para volver a la persecución, sedientos de sangre y venganza por el destino fatal al que acababan de haber sido condenados.
    —Hijo de mil putas. —gruño el líder escupiendo una flema amarillenta—Ojalá te atragantes con esto. —dijo mientras apretaba el gatillo.
    Momentum, asi le había dicho Amanda sobre la clase de energía que debía aprovechar a la hora de atacar frente a frente a un enemigo en curso de colisión directa. La velocidad del VF-19 se añadía a la aceleración inicial de los misiles al momento de lanzarse y eso contribuía a aumentar la fuerza y alcance del ataque. Que después la vieja no dijera que no había aprendido nada útil de ella.
    Will disparó todos los misiles de su nave y se emocionó al ver el espectáculo que se desplegaba ante sus ojos. Nunca había visto algo más hermoso que eso.
    La boca del cañón enemigo escupió el proyectil a una velocidad tan alta que fué apenas un relámpago a los ojos de Will. Al fin y al cabo el proyectil podía recorrer la distancia que los separaba en menos de un segundo.


    Will solo vió un par de chispas a escasos metros del cristal de su cabina antes que esta se resquebrajara en mil pedazos.
     

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