Macross (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross

Tema en 'Fanfics Anime y Manga' iniciado por Gerli, 29 Marzo 2018.

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    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
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    29 Marzo 2018
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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    89
     
    Palabras:
    2445
    80




    Hal y Tass entraron juntos al puente de mando de la Rainbow llevando la enorme valija de plastico reforzado que habían estado cargando desde las barracas. Cuando al fin la depositaron en el suelo el ruido hizo que Amanda y Evans giraran las cabezas en su dirección.
    —¿Tuvieron problemas al hacer el cambio? —preguntó la Capitana poniéndose de pie.
    Tass se pasó la mano por la frente, lo que dejó una cuantas marcas de aceite en su rostro. —Nada demasiado complicado, aunque tuvimos que usar algunas herramientas improvisadas para acceder al núcleo de la computadora.
    Amanda asintió. —¿Que opinas ahora que lo has visto?
    La joven se dejó caer agotada sobre uno de los sillones pero su rostro revelaba una alegría que era imposible de ocultar. —¡Un Ghost! ¡En La Rainbow! ¿Como no me lo dijiste antes Amanda?
    De los presentes, solo Evans no tenía idea de lo que esos tres estaban hablando. —¿Un Fantasma? —preguntó.
    —Un Drone. —contestó Amanda tratando de zanjar rápidamente la curiosidad del médico. —Es solo un Drone ¿Verdad Tass?
    La forma en que dijo la última frase casi heló la sangre de la joven.
    —S-si. —dijo asustada. —Supongo que es un simple Drone.
    Hal suspiró profundamente. —Como sea Cap. Después de haber hablado con Tass sobre el tema, creo que hay una posibilidad al fin y a cabo.
    Amanda miró con interés al joven. —¿Seguro?
    Tass pareció recuperarse del susto y se inclinó en el sillon. —El programa de vuelo es relativamente sencillo, adaptarlo a las dimensiones y prestaciones del Ghost no debería suponer demasiado esfuerzo… siempre y cuando tengas la documentación necesaria.
    —Las tendrás. —afirmó la Capitana. —¿Qué hay del piloto?
    Tass sonrió. —Tengo o que necesitas. —dijo. —Aunque no es exactamente la clase de tarea para lo que está preparada… en fin, nada que no pueda improvisarse.
    Amanda frunció el ceño. —No me gusta como suena esa palabra Tass… aquí no se improvisa sobre la marcha. Debemos tener prevista cada eventualidad y tener preparados planes y procedimientos listos de antemano.
    La joven suspiró. —Si si… pero déjame terminar antes de sermonearme… como te decía, se trata de “enseñar” al Ghost a volar en El Campo ¿No?
    Hal y Amanda asintieron en silencio.
    —Bien, hace unos años que vengo trabajando en un proyecto de aprendizaje basado en Redes Neurales… Por supuesto que no tienen idea de lo que hablo ¿Verdad?
    —Yo si. —dijo Evans levantando la mano. —Recuerdo haber leído algo de eso. Son sistemas de aprendizajes computacional basados en redes neuronales artificiales. ¿No?
    Tass asintió. —Exacto.
    Amanda levantó un ceja. —¿Tienes una IA aprendiendo en la Red de la Rainbow? —preguntó.
    —Ajá.
    —¿Cómo es que me entero ahora…?
    —Son proyectos en los que trabajo en mi tiempo libre… la mayoría de las veces son cosas que no son de tu interés Amanda…
    La mujer hizo un gesto con la mano. —De acuerdo. Continua.
    —Bien, además del programa de vuelo de Hal tambien disponemos de todos los logs que sus Drones han registrado durante todos estos años de operación… mi idea es meter esos datos en un simulador y reproducir todas las situaciones en las que los robots de Hal participaron dentro del Campo.
    —Estamos hablando de cientos de horas de vuelo. —dijo Hal.
    —Creo que entiendo a lo que quieres llegar. —dijo Amanda. —Pretendes crear simulaciones de cada vuelo y dejar que tu IA “aprenda” de ellas.
    —Exacto. —dijo entusiasmada. —A estas alturas la capacidad de aprendizaje de Green debe estar lo suficientemente desarrollada y podría aprender a volar Drones en apenas unos días.
    —¿Quien? —preguntó la Capitán.
    —Green… así se llama la IA que estoy programando.
    Amanda se cruzó de brazos mientras miraba a su subordinada—Curioso nombre has elegido… de acuerdo, me parece un plan razonable. ¿Además de la documentación del Ghost, que más necesitas?
    —Ya le di acceso a todos los datos de las Barracas. —dijo Hal. —También le di acceso a los registros del transporte, hay información de respaldo que también puede serle útil.
    Amanda asintió complacida. —Bien, antes de empezar, Tass quiero preguntarte una cosa.
    —Adelante.
    —Esa IA tuya. ¿Es segura?
    Tass se sorprendió ante la pregunta. —Claro. ¿Porque lo dices?
    La mujer se acomodó la gorra de Capitán y miró fijamente a Hal. —Por nada. —dijo. —Solo quiero asegurarme que se respeten todos los procedimientos ante cualquier clase de contingencia… sea lo que sea.
    Tass asintió. —De acuerdo. —dijo. —Solo una cosa más necesito saber.
    —Pregunta.
    —¿Que hago con las armas?
    Evans abrió los ojos con sorpresa. —¿Armas? ¿A qué te refieres?
    Hal bajó la mirada al piso. —Si Ralph se entera estaremos en problemas. —dijo. —Hay un contenedor ventral lleno de misiles activos en ese Ghost.
    Amanda se sentó en su sillón y cruzó las manos. —Haz de cuenta que no están. Que tu programa no contenga ninguna instrucción que permita activarlas.
    Los dos jóvenes asintieron en silencio, no así Evans.
    —¿Armas activas? ¿En una nave? Amanda creo que estas cometiendo una equivocación.
    La mujer se enderezó en la silla. —Nadie va a usar esas armas Doctor, no hay nada de qué preocuparse.
    —No me gusta… no me gusta nada eso. —volvió a repetir el hombre. —Deberías esperar a que el transporte esté reparado.
    —No hay tiempo.
    Evans guardó silencio mientras meditaba profundamente lo que acababa de escuchar. —¿Qué hay del piloto de la NUNS? ¿Qué hacemos si se llega a enterar de que tenemos una nave armada en la Colonia?
    Amanda y Hal se miraron entre si y luego miraron a Tass.
    —¿Que? —se puso a la defensiva la chica.
    —El Teniente Glenn no tiene por que saber nada. —dijo Amanda. —¿Verdad Tass?
    La joven abrió la boca para responder pero ninguna palabra salió de la misma.
    —¿Verdad? —volvió a preguntar la Capitana.
    —Esta bien. —se dio por vencida Tass. —No diré nada.
    Hal tomó su Pad y manipuló el aparato para proyectar una imagen sobre la parte despejada de la pared. —Entonces este es el plan. —dijo.
    Una representación tridimensional del espacio alrededor de la Colonia apareció ante ellos. La Rainbow era perfectamente visible en el centro del campo esférico de color azulado. Hal deslizó sus dedos sobre la pantalla y la vista se centró en el Campo. Millones de partículas amarillas representaban los escombros más grandes que los radares situados cerca rastreaban continuamente.
    —Basados en la rotación actual del disco interior, podemos predecir la ubicación del blanco con unos doscientos o trescientos metros de precisión horizontal y cien de vertical…. al menos durante las primeras noventa y seis horas desde que estas lecturas fueron tomadas hoy por la mañana. —aclaró el joven.
    —Cuatro días. —dijo Amanda. —¿Qué pasará después del cuarto día?
    Hal designó una zona circular en un lugar del campo que quedó resaltada en naranja. —Luego el margen de error aumentará en cincuenta metros cada dia.
    Tass suspiró. —Con la radiación afectando el rendimiento y alcance de los sensores de rastreo, esos cincuenta metros extra son varias horas más de busqueda… pero también hay que tener en cuenta la capacidad de Green de aprendizaje. Cada vez que salga ahí fuera será un poco más eficiente que la vez anterior.
    —Estas muy confiada en ese programa. —comentó Evans cruzandose de brazos. —¿Haz instalado guardas de seguridad adecuadas?
    Antes que la joven pudiera responder Amanda se adelantó. —Tass sabe lo que hace. Si ella dice que es seguro entonces tenga por cierto que lo es.
    El hombre asintió. —Bien.—dijo. —Solo me puse algo nervioso al escuchar juntas las palabras “Armas” e “IA”.
    —¿No podemos simplemente sacar los misiles? —preguntó Hal. —Will podria hacerlo.
    Al escuchar el nombre de su amigo Tass dió un respingo. Por suerte Amanda pareció no darse cuenta de la reacción de la joven.
    —Lo pensaré. —dijo. —Pero remover carga de la nave podría hacer que necesitaremos recalcular su masa y ajustar su programa de vuelo… no, dejemos los misiles donde están.
    La joven suspiró aliviada. —Por cierto. —dijo mirando al Doctor. —¿Qué hace usted aquí?
    Evans se encogió de hombros y echó una mirada a la Capitana. —Vine a discutir un asunto delicado con la Capitán Kyle. —dijo.
    Amanda asintió. —Estábamos justo a la mitad de la charla cuando ustedes llegaron.
    —¿Quieres que nos vayamos? —preguntó Tass indecisa.
    —No, no te preocupes Tass, todavía tengo que discutir otros asuntos con ustedes dos. El Doctor Evans estaba hablando sobre algo relacionado a la energía musical...
    Hal se rascó la cabeza. —¿Otra vez las canciones de Matt? —preguntó.
    Evans suspiró. —Matt es el único de esta Colonia que produce Sound Energy… a veces siento que estoy explotando al pobre chico con mis investigaciones pero… me temo que esto que tengo que reportar es importante.
    —Yo diría que la cerveza que Ralph y el hacen ya es algo importante. —dijo el Operario entre risas. —Matt es un buen chico y creo que te daría toda su sangre si se la pidieras para experimentar con ella.
    Ahora fue Evans el que se sobresaltó al escuchar la palabra “sangre”. —Uhh… bueno… digamos que es algo relacionado con eso. —dijo mientras desviaba la vista de los demás.
    —Expliquese por favor. —dijo Amanda.
    El hombre miró a la Capitana y suspiró. —De acuerdo. —dijo poniéndose de pie. —Ya le di una versión resumida a Amanda así que con ustedes tendré que dar la lección completa.
    El hombre caminó hacia el centro de la oficina y extrajo su Pad del bolsillo de su delantal. —Empecemos desde el principio. —dijo proyectando una imagen hacia la pared.
    Una imagen de microscopio apareció en donde antes Hal hubo mostrado a los demás su mapa del Campo. —¿Reconocen esto?
    —Sangre. —dijo Tass mirando a la Capitana. Amanda asintió en silencio.
    —Exacto. Esta sangre es de un tipo especial, se la denomina Fenotipo Alfa Bombay.
    Hal inclinó la cabeza. —Nunca escuche hablar de eso. —dijo.
    Un mapa de La Tierra reemplazó la imagen del microscopio y Evans señaló una serie de islas del Océano Pacífico. —Este es un mapa de La Tierra previo al Holocausto de la 1era Guerra Espacial. Esta sangre proviene de esa zona.
    La pantalla enfocó una isla en particular y varios datos geográficos aparecieron superpuestos sobre el terreno. —Aquí es donde la Protocultura estuvo en contacto por primera vez con la raza humana. —dijo Evans. La sangre que vieron pertenece a un grupo de habitantes de la zona con descendencia directa de aquellos primeros humanos modificados por los alienígenas ancestrales
    —¿Osea que el Ser Humano proviene de ahí?
    Evans movió la cabeza. —No. La raza humana ya se encontraba distribuida en gran parte del globo para ese entonces. África, Europa y Asia y ciertas partes de América ya estaban poblados por diferentes grupos de humanos. Aquí en la Isla Mayan lo que se produjo fue la intervención de la Protocultura en el genoma de la raza humana, lo que provocó el aumento de la capacidad cognitiva y la aparición de muchas características nuevas que resultaron ser fundamentales para el desarrollo de una sociedad más avanzada…. todo eso surgió aquí mismo.
    La imagen volvió a mostrar el planeta entero mientras Evans utilizaba el dedo para señalar varios puntos del globo terráqueo.
    —Lo que siempre intrigó a los investigadores es la velocidad con la que estos cambios al genoma humano se esparcieron por toda el planeta. Según los registros fósiles excavados alrededor del mundo, casi un 99% de la población humana sufrió la alteración de sus genes en un plazo no mayor a cien años. Cambios tan repentinos a nivel planetario desafían la lógica de cualquier modelo científico basado en física, química o patrones demográficos.
    —¿Por? —preguntó Hal.
    —Porque no se trata de pasar los genes de generación en generación, eso demoraría muchos cientos de años de desplazamientos de los grupos humanos y sabemos con seguridad que los habitantes de Mayan nunca se aventuraron demasiado lejos de su isla. Además la distribución de individuos debería haber seguido un patrón expansivo en todas direcciones, algo muy difícil dado el enorme obstáculo que representa el Océano Pacífico. La única corriente migratoria posible es saltando de isla en isla en dirección a Asia o hacia Oceanía.
    El hombre dibujó grandes flechas a lo largo de las islas del Pacífico hasta la India. —Es un viaje muy largo para hacerlo en pequeños botes. Tenía que existir otra explicación.
    La pantalla mostró ahora una pequeña laguna de aguas cristalinas donde unas extrañas ruinas con forma de arco sobresalian del agua.
    —El fenotipo Alfa Bombay se manifestaba diferente en hombres y mujeres. Por los registros que sobrevivieron de las investigaciones del Doctor William Hasford en la isla Mayan sabemos que ciertas mujeres poseían habilidades que solo se producían bajo ciertas condiciones especiales, mejor dicho, durante el canto.
    Amanda asintió con la cabeza. —¿Sound Energy?
    —Así es. Tal y como hace Matt con las plantas del jardín de Ralph, estas mujeres podían hacer crecer los cultivos, sanar heridas y otras clases mas de “milagros” en el medio ambiente. No pasó mucho tiempo antes que fueran reverenciadas como enviadas de los dioses y nombradas Sacerdotisas del Viento.
    —¿Viento? —preguntó Tass. —¿Porqué Viento?
    Evans se aclaró la garganta. —Probablemente el Viento formaba parte del culto de los Mayan previo a la llegada de la Protocultura… o tal vez la manifestación de los poderes creaba la impresión del movimiento del aire entre los indígenas ¿Quien sabe? Después de todo el viento no es más que lo que percibimos cuando los gases de la atmósfera se mueven de un lado a otro a consecuencia de las diferencias de energía que calientan o enfrían ciertas partes del planeta.
    —Suena como magia. —bromeó Hal
    —Para ellos lo era. En fin, se teorizó que mediante la manifestación de estos “poderes” las Sacerdotisas del Viento no sólo modificaban su alrededor, también de alguna forma creaban un vínculo entre toda la humanidad y era mediante esta relación que la información genética era transmitida y alterada a escala planetaria…. al menos es lo que dice la teoría.
    —Conozco esa teoría. —dijo Amanda. —No hay evidencia que la respalde.
    —Hasta ahora. —dijo Evans.
    La imagen de la pantalla volvió a cambiar. Ahora lo que aparecía era una célula de forma regular.
    —Un glóbulo rojo. —dijo Hal. —Esa hasta yo la conozco.

    Evans accionó el Pad y lo que parecía ser un video se reprodujo en pantalla. —Esto sucedió el día del incidente en El Campo. —dijo Evans.
    La célula comenzó a brillar, casi imperceptiblemente al principio, pero aumentó rápidamente su intensidad como si desde su interior una pequeña estrella púrpura se encontrara luchando por salir del cascarón.
    —¿Que se supone que estamos viendo? —preguntó Amanda.
    —Un glóbulo rojo de la Inspectora de Seguridad Ambiental Cinthya Ross. —dijo agachando la cabeza.
     
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    Gerli

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    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    89
     
    Palabras:
    2084
    81




    El interior estaba débilmente iluminado. A la pálida luz azulada que daban las pantallas de monitoreo colgadas a los lados del escenario Cinthya pudo distinguir apenas la silueta de las sillas de metal apiladas a cada lado de las paredes del salón de Actos. La mayoría del espacio libre del recinto parecía haberse usado para alojar y mover equipos electrónicos de diversos usos. Docenas de cables cruzaban el piso en todas las direcciones, aunque la mayoría parecía converger hacia el fondo y centro del salón, donde el modesto escenario se elevaba sobre una tarima de madera rodeado de unos simples bastidores de tela que disimulaban lo que habia detras.
    En el centro del escenario se encontraba un solitario piano vertical, rodeado de cables y aparatos a una distancia prudencial, como espectadores silenciosos del músico en escena.
    En el momento de entrar al recinto la joven notó un ligero cambio, como si al penetrar en el interior su cuerpo hubiese provocado una ligera onda en la superficie calma del aire del salón. Esa onda se expandió a lo largo del mismo hasta llegar al piano. La música continuó sin cambios, pero un leve estremecimiento en la luz que rodeaba al instrumento fue evidente para Cinthya.
    La puerta se cerró con suavidad y sin ruido tras ella. Casi en puntas de pie, evitando hacer el menor ruido la joven avanzó lentamente por entre los manojos de cables sin quitar la vista del sitio donde la música emanaba como una fuente de notas cristalinas.
    Por la forma que estaba situado el piano en el escenario Cinthya no podía ver al pianista directamente. Solo el contorno de su espalda se destacaba sobre la pálida luz azulada que enmarcaba la escena. La joven rodeó lentamente el piano por el lado izquierdo pisando con cuidado en los sitios libres.
    La silueta de Matt se destacaba contra el fondo oscuro del salón. Estaba sentado en el pequeño taburete giratorio apenas inclinado sobre las teclas de su instrumento, completamente concentrado en su arte, moviendo no solo las delicadas manos sobre cada tecla, sino que todo su cuerpo parecía ser una extensión de las mismas, acompañando de forma sutil cada pulsación, cada vibración, como si piano y pianista formaran una unidad inseparable, respondiendo mutuamente a cada estímulo que carne y madera recibían y devolvian con cada acorde.
    La escena la fascinaba. Era algo mágico, como una de esas ilustraciones de acuarelas que solían decorar los cuentos de hadas.
    No supo distinguir el paso del tiempo mientras contemplaba al pianista ejecutar su obra. Simplemente se quedó allí de pie junto a las silenciosas máquinas mientras la canción continuaba fluyendo desde el piano.
    Sólo volvió en si cuando las últimas notas sonaron y murieron en la penumbra del salón, que poco a poco pareció volver a formar parte del mundo que lo rodeaba. Al cesar la música también había cesado la misteriosa atmósfera que los rodeaba. Matt se enderezó y volviendo la cabeza miró a Cinthya a los ojos.
    —Hola. —dijo simplemente, como si hace rato que supiese que la joven estaba ahí contemplandolo.
    La joven permaneció inmóvil en el sitio aún presa del hechizo. Las palabras del muchacho terminaron por hacerla volver a la realidad. —Matt… —dijo confundida. —Eso fue… hermoso..
    El rostro del joven se encendió de rubor. —Gra-gracias. —dijo mientras se pasaba una mano por el cabello rojo.
    Cinthya se acercó al piano y acarició uno de los lados del instrumento, sintiendo el tacto de la madera en sus dedos. —Escucharte en persona es… diferente. —dijo sin saber como expresar lo que sentía. —No solo el sonido del piano se escucha mejor, la canción es más… profunda. —dijo mirando al sorprendido joven. —Perdona.. yo… no sé expresarme bien con estas cosas.
    Matt sonrió y sacudió la cabeza. —Esta bien Cinthya, entiendo lo que queres decir… y te agradezco.
    —¿Puedo? —dijo la joven señalando el piano. —Matt asintió con la cabeza y observó maravillado como la joven arrimaba uno de los taburetes cercanos y se sentaba junto a él.
    Cinthya pulsó una de las teclas y la nota sonó clara y vibrante. El joven respondió pulsando una nota similar en la escala opuesta del teclado. Cinthya se rió y pulsó otra tecla diferente, haciendo que Matt contestara con otra pulsación.
    Era una especie de diálogo lento, donde la joven elegía una tecla al azar y el joven respondía con una nota que la complementaba, creando una elemental melodia en el pequeño espacio que ambos compartían frente al piano.
    Podrían haber estado un rato largo jugando de esa forma casi infantil, sino fuera porque en un determinado momento los hombros de ambos se rozaron, haciendo que repentinamente tomaran noción de lo escasa que se había vuelto la distancia entre uno y otro. Cinthya fue la primera en levantarse.
    —Nunca había tocado uno. —dijo mientras deslizaba la mano por el teclado.
    —No se compara para nada con los verdaderos pianos de cola… ojala algun dia pueda tocar uno de esos.
    Cinthya retiró la mano y se volvió al joven con resolución en la mirada. —¿Pero qué dices? ¡Por supuesto que podrás tocar en uno! ¡Estoy segura que serás un gran pianista!
    El joven se sonrojó y volvió la vista hacia las blancas teclas.
    —Tienes un gran talento Matt. ¿Tienes ganas de dedicarte profesionalmente al piano? —preguntó mientras se apoyaba en una de las mesas de equipos electrónicos.
    Matt movió la cabeza sin quitar la vista del teclado. —No… yo… yo no creo que pueda irme de la Rainbow.
    Cinthya observó al joven en silencio, sin saber que decir a continuación. Las palabras de Matt estaban cargadas de pena, eso era indudable.
    —¿Enserio no puedes irte? —preguntó con preocupación.
    Matt continuó con la vista baja mientras deslizaba sus finos dedos por las teclas, como si el contacto de las mismas sirviera para relajarlo. —No es que… en realidad… todavía no quiero irme.
    La forma en que dijo esa palabra llenaron de curiosidad a la joven. —¿A qué te refieres Matt?
    —Tengo… tengo que hacer algo antes de irme. —dijo mirando a la joven a los ojos. —En El Campo.
    La mención de aquel peligroso sitio despertaron los recuerdos de la experiencia que la joven había tenido entre los restos de la antigua batalla. Por un momento le pareció que los reflejos de la poderosa arma de energía había destellado por una fracción de segundo en el interior del Salón.
    —¿Cinthya? —preguntó Matt preocupado al ver a la joven llevarse la mano a la cabeza. —¿Te encuentras bien?
    —Estoy bien. —respondió ella mientras se apartaba un mechón de cabello. —Es solo que… ese sitio me dá escalofríos ¿Que tienes que hacer en un lugar como ese?
    Matt se puso de pie lentamente y apartó el taburete donde había estado sentado momentos antes. —Es… no se si pueda explicartelo Cin… es algo que yo debo ver por mi mismo.
    Una de las pantalla de monitoreo se encendió por unos pocos segundos y volvió a apagarse, al parecer todo el equipo estaba en una especie de modo de hibernación esperando para registrar vaya a saber que reacción.
    —Yo estuve allí Matt. —dijo la Joven mientras se sentaba sobre un sitio libre entre los aparatos electrónicos. —No hay nada más que chatarra… chatarra y cadáveres momificados, es un sitio horrible.
    —Es lo mismo que dice Mina. —dijo el joven.
    Cinthya se sobresaltó al oír el nombre de la muchacha.
    —Se que todos intentan protegerme.. y estoy muy agradecido por ello, pero es algo que debo buscar por mi mismo, yo se que hay algo ahí fuera, mi música casi ha llegado a tocarlo.
    La música. Cinthya comprendió de inmediato que Matt no estaba hablando de la música como si de una simple canción se tratara.
    —Tú música.—dijo la joven mirando fijamente el rostro de su compañero. —Estas hablando de tu poder ¿Verdad?
    Matt asintió en silencio.
    —Manuel y Akemi me explicaron muchas cosas ayer. —continuó hablando la joven. —Cosas sobre energía del sonido… ondas FOLD y la herencia de la Protocultura…. todo sonaba muy irreal, casi mágico.
    —Entiendo. —dijo el joven apartando la mirada del rostro de Cinthya. —Todo lo que rodea a mi música es así de extraño y misterioso. Se que puede parecer antinatural y todo eso a los ojos de los demás…. pero es algo que surge de mi interior.
    —Lo sé Matt… pero no quise decir que fuera algo desagradable o extraño… tu música es maravillosa y lo que puedes hacer con ella lo es aún más. ¡Vi cómo curaste a Ralph en un instante! ¡Vi como las rosas revivian y florecían nuevamente!
    El chico guardó silencio mientras escrutaba el rostro de la joven, parecía estar indeciso sobre algo. —¿Puedo preguntarte algo, Cin?
    —Dime.
    —¿Crees que la Protocultura es buena o mala?
    La pregunta sorprendió a la joven. Era algo que jamás se había planteado en su vida. —¿La Protocultura?
    —Nuestros creadores.
    Cinthya se cruzó de brazos mientras observaba el parpadeo de las pequeñas luces de un monitor cercano. —No lo sé Matt… realmente no lo se. Tu pregunta entra casi en el campo de la Filosofía. ¿Fue algo ético lo que hicieron con nosotros? ¿Tenían el derecho de modificar el camino de nuestra evolución natural? ¿O acaso fue una obra egoísta por su parte? Creo que esas preguntas son demasiado profundas para darte una respuesta verdadera. ¿Tu que opinas?
    —Yo… al principio creí que los dones que nos habían prodigado eran señal de algo bueno. Como si no pudiera ser de otra forma. La música, la literatura, el arte en general… la Cultura es un don demasiado maravilloso para ser dispensado al azar…. pero ahora.
    —Ahora estás asustado. ¿Verdad?
    El joven asintió. —Es mi sangre. —dijo.
    El silencio en el edificio se había vuelto algo palpable. Ahora incluso hasta se podía oír claramente el murmullo de los pequeños ventiladores de los equipos electrónicos. Cinthya sintió un ligero escalofrío. —¿Tu sangre? —preguntó.
    Evans dice que cuando toco el piano mi cuerpo…. sufre una especie de cambio, como si la música actuara directamente sobre las células de mis tejidos y órganos.
    —¿Como cuando curaste a Ralph?
    Matt meneó la cabeza. —No. Evans dice que que la canción solo afecta de esa forma a mi propio cuerpo.
    —¿Pero tu estas bien? ¿Acaso te hace daño cuando tocas?
    El joven volvió a sacudir la cabeza. —La verdad es que no lo se. Al parecer cuando las ondas FOLD adquieren cierto nivel durante mis interpretaciones, algunos genes en mi organismo comienzan a cambiar, como a reprogramarse.
    Cinthya miró al joven confundida —¿Genes?
    —Así es. A veces es un cambio sutil, como el color de mis ojos, casi siempre los tengo marrones pero a veces se me ponen verdes, incluso les he tenido azules durante un tiempo. Otros cambios son un poco más problemáticos, como el de mi sangre por ejemplo.
    —¿Sucede algo malo con tu sangre? —preguntó preocupada la joven.
    Últimamente… parece que mi sangre ha comenzado a reaccionar a esta especie de interferencia de los genes. Evans dice que puede ser la producción de hormonas extra durante la emisión de ondas FOLD o que un cambio más profundo se está llevando a cabo incluso dentro de la médula de mis huesos… en definitiva, cree que de seguir estos cambios es probable que mi tipo de sangre cambie.
    —¿Tu grupo sanguíneo?
    Matt asintió. —Yo siempre fui de Sangre Grupo O, era el único con esta sangre en la Rainbow por lo que soy el unico que tiene una reserva individual en el banco de sangre de la Colonia. Pero ahora Evans dice que mi sangre está lentamente alterando su composición, creando una especie de Antígenos que no existen en este tipo de sangre.
    —¿Y eso no es… peligroso? —preguntó Cinthya. —¿No hay algun tratamiento que pueda detener ese cambio?
    El joven caminó unos pasos hasta una de las mesas y se sentó tal y como había hecho Cinthya. —El Doctor dice que hay que esperar. Cree que es mejor dejar que el cambio se produzca y que adopte el nuevo tipo de sangre en cuanto se establezca.
    —¿Y no hay peligro que tu sangre se vuelva… incompatible con tu propio cuerpo?
    —Evans dice que no, al menos no si el cambio se produce lentamente. Cree que eventualmente todas mis células se adaptaran al cambio y pasaré a tener algo llamado Fenotipo Proto-Bombay.
    Cinthya escuchó asombrada lo que el chico había dicho. —¿Proto-Bombay? ¿Estás seguro?
    Matt asintió.
    —¡Matt! ¡Es el mismo tipo de sangre que yo tengo!
     
  3.  
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    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    89
     
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    2438
    82




    —Se ve bien. —dijo Gray ajustando su asiento. —Puedes empezar a calentar el motor FOLD.
    El joven asintió mientras hacía bailar sus dedos sobre el teclado. A pesar de tener puestos los guantes del traje de vuelo, la rapidez con la que introducía las secuencias de coordenadas en el pequeño teclado no dejaban de impresionar al viejo piloto.
    La computadora revisó la información y pidió una confirmación. Luego mostró una representación del Plano Galáctico y la posición relativa de la nave con respecto a los destinos seleccionados. Una fina y brillante línea roja indicaba el trayecto por el cual el Salto FOLD de largo alcance los llevaría.
    La cabina de la Río Grande estaba tenuemente iluminada. Apenas lo suficiente para que los dos pilotos distinguieran las siluetas de cada pieza de equipo o control diseminados por el pequeño puente de mando. Los preparativos para un FOLD de larga duración eran importantes, ya que cada etapa demandaba varios días consecutivos de viaje transdimensional durante los cuales toda la energía del reactor de la nave se usaba exclusivamente para mantener la burbuja WARP, dejando el resto de los sistemas desactivados o con las mínimas reservas de energía disponibles para una eventual emergencia.
    Como decía Gray; necesitaban todo el “jugo” disponible.
    Casi todas las pantalla del puente mostraban el brillo esmeralda característico de las interfaces de monitoreo de sistemas “en verde”. Esa era la clase de colores que a Gray le gustaban.
    —Todo en Verde, Cap. —confirmó Mike frotándose las manos.
    —No soy ciego muchacho. —contestó el piloto. —¿Distancia al punto de Entrada?
    El copiloto consultó la pantalla. —Trescientos kilómetros más para salir de la zona amarilla.
    Gray asintió en silencio y extendió el brazo para seleccionar un par de controles en el panel del techo. El monitor frente a ellos mostró una ventana de video donde se veían los contenedores en fila tras ellos, pero no era eso lo que quería ver Gray.
    —Pareciera que ahi atras no hubiera sucedido nada ¿No? —preguntó Mike señalando el disco opaco de material del Campo que se veía claramente en la lejanía.
    —Si esa arma dimensional hubiese atravesado perpendicularmente el disco ahora mismo veríamos otra cosa completamente diferente. —comentó el piloto.
    Mike chasqueó la lengua. —Todavía no entiendo qué le ve Amanda o Unity a este lugar. —dijo.
    —Rentabilidad seguro que no. —respondió Gray. —Los materiales del Campo son valiosos, especialmente las aleaciones y materiales superconductores que se extraen de esas armaduras destrozadas… pero la logística de extracción es una pesadilla.
    —Ni hablar de los costes de transporte. —agregó Mike. —¿Entonces porque siguen ahí?
    Gray suspiró y volteó la cabeza en dirección a su compañero. —Si realmente piensas convertirte en un transportista espacial algún día será mejor que abras más los ojos, chico.
    Mike inclinó la cabeza confundido. —¿Eh? No entiendo Cap….
    El viejo piloto golpeó con el puño el casco de su copiloto. —Piensa Mike, piensa: ¿Cuantas veces nos cruzamos con los transportes que se llevan el material procesado de la Rainbow..? ¿Cuantas veces observaste naves cargando en el hangar principal?
    El joven bajó los ojos pensativo. Al cabo de un momento miró a su Capitán —¿Nunca?
    —Nunca. —repitió Gray. —¿Eso no te dice nada?
    —Que no venden lo que procesan…. ¿Pero que rayos..? ¿Cómo...?
    Gray se rió. —¿Tantos años conmigo y recien te das cuenta? La Colonia Rainbow no exporta ni vende nada de lo que saca del Campo… simplemente lo almacenan.
    —¿Osea que trabajan a pérdida? ¿Cómo es posible eso?
    Antes que el piloto pudiera responder una serie de indicadores parpadearon en las pantallas principales. Ambos tripulantes centraron su atención en la información que se desplegaba frente a sus ojos.
    —Energía alcanzando niveles óptimos Cap.
    —Despliega la burbuja Warp.
    Las luces de la cabina comenzaron a perder intensidad a medida que la energía del reactor fluía fuera de la nave, creando una burbuja protectora que los llevaría con seguridad a través del espacio dimensional.
    —¿Recuerdas cuando veniamos desde la Barrow y le comentamos a Amanda lo del VF-19? —pregunto Gray de repente.
    Mike asintió con la cabeza. —Me acuerdo. También se sorprendió al escuchar la noticia.
    —¿Y vos le creíste?
    A través del visor del casco el viejo piloto vió como Mike abrió bien grandes los ojos. —¿Desconfias de Amanda? —preguntó asombrado. —¿Qué quieres decir?
    —Que nunca te guies por las apariencias Mike… como regla general, casi nada es lo que parece. Amanda y Unity tienen sus propios planes, así que hagan lo que hagan con su Chatarra no es problema nuestro.
    Mike volvió a asentir. —¿Y por que saca este tema justo ahora?
    —Porque ayer le dije a ese piloto de la NUNS que nunca me había cruzado con una PMC cerca de la Rainbow… pero no fue más que una verdad a medias..
    —Qué es lo mismo que una mentira a medias. —respondió el copiloto con un gesto de la mano. —¿Insinuas que ese VF-19 que nos cruzamos antes era de Unity?
    Gray se rió. —¿Insinuar? ¡Estoy casi seguro que era una de las Amazonas en persona!
    Mike abrió la boca para responder pero el resplandor de la pantalla de entrada FOLD lo interrumpió de pronto. El punto donde la nave debía usar su burbuja warp para “perforar” el tejido dimensional se proyectaba desde la nave y creaba un campo energético de un millar de colores. Era un espectáculo que incluso los veteranos de mil saltos como Gray nunca se cansaban de ver. Casi de inmediato la familiar distorsión óptica creo fantasmas de lo que veían, la misma luz era quebrada y reflejada mientras la energía que los envolvía cambiaba la materia a un estado compatible con el traspaso a la interdimensión.
    El Salto FOLD seguía estando rodeado de una especie de mística para los pilotos espaciales. Incluso cuando la base de la tecnología y las propiedades de los procesos involucrados en cada parte del viaje eran conocidos desde hacía más de cincuenta años, el hecho de abandonar la propia dimensión para poder desplazarse por la galaxia era algo que rayaba lo arcano.
    Los dos pilotos guardaron un respetuoso silencio mientras la el reactor de la Rio Grande terminaba de proyectar el campo de entrada e impulsaba a la nave hacia delante, perforando como una flecha la materia multicolor donde terminaba la dimensión y comenzaba el misterioso espacio FOLD.
    El proceso culminó en solo unos segundos. Una vez del otro lado, la nave debía impulsarse a relativamente poca potencia ya que el mantenimiento de la burbuja de energía requería de casi todo el poder del reactor. En las grandes naves militares propulsión y sistemas FOLD eran componentes individuales, pero la Rio Grande aun usaba uno de los primeros modelos de Salto FOLD que habían salido al mercado Civil luego de la Primera Guerra Espacial.
    El comienzo del viaje era lento, pero a medida que la nave cobrara velocidad dentro del espacio Dimensional progresarian rápidamente.
    Gray reclinó su asiento mientras la explosión de colores llenaba por completo el cristal al frente de la cabina.
    —La Amazonas…. —Mike sacudió la cabeza. —Crei que solo usaban QRaus y nunca se Micronizaban.
    —Al parecer si lo hacen. Pero lo mas raro es haber visto a una sola de ellas, generalmente esta clase de escuadrones trabajan en parejas. —el viejo piloto hizo el ademán de acariciar su barba pero el cristal del casco se lo impidió. —Eso me hace pensar que podría haber otro VF-19 ahí fuera.
    El joven miró a su Capitán y suspiró. —Un misterio tras otro —dijo. —Hablando de pilotos ¿Que le pareció el del VF-17?
    —¿Jim? Me pareció un buen tipo. Tomamos un par de tragos juntos en la cafetería el otro dia e intercambiamos algunas anécdotas… no me dijo mucho de él así que fue más lo que adiviné que lo que me enteré por su propia boca.
    Mike sabía que a Gray le encantaba hablar de sus colegas de profesión y no hizo ademán de interrumpirlo.
    —Probablemente el Teniente Jim sea un buen piloto para los estándares de la NUNS y con seguridad se merezca su puesto en las fuerzas especiales… o en lo que sea que el Escuadrón de Enlace Situacional haga…
    —Guerra Electrónica. —corrigió Mike.
    —Ya se que es eso muchacho, me refiero a que probablemente no sea el mejor lugar para un piloto como él. Los pilotos de combate no deben volar computadoras con alas, deben volar armas, deben estar siempre al borde del peligro ¿Me entiendes?
    Mike asintió. —Comprendo, pero está usando muchos “Probablemente” y “seguramente” ¿Pero qué le pareció como piloto?
    Gray hizo una mueca de disgusto. —Directo al grano ¿Eh? Pues te lo diré… esta nueva generación de pilotos “de manual” no son pilotos verdaderos. Saber disparar o conocerse un par de maniobras de un curso de vuelo defensivo no te convierten en un piloto de combate.
    —No todo el mundo es un “natural” jefe…
    —Tampoco yo lo fui, sin embargo tuve los mejores puntajes de mi clase en la academia militar y no por leer libros….
    El joven se encogió de hombros. —Las cosas cambian Cap.
    —Para peor… si ya se, estoy hablando como un viejo… ¡Dilo!
    Mike hizo un gesto de obviedad.
    —Lo que pasa. —dijo el hombre con tono indignado. —Lo que pasa es que estos nuevos “pilotos” son más fáciles de controlar. ¿Pero sabes qué es lo peor? No son los altos mandos los que piensan en la carne de cañón que envían al frente… no señor, ni siquiera sirven para eso. Ahora dejan eso a las computadoras.
    Mike giró la cabeza confundido. —¿Que?
    —¿Haz visto los VF-171? Prácticamente vuelan solos. El piloto solo debe mantener el culo pegado al asiento para que la computadora verifique que hay un humano dentro de la cabina… ¿Despegar? Lo hace la computadora ¿Vuelo crucero? Computadora ¿Vuelo en formación? Computadora...
    —Ok ok… ya entendí. Osea que no te gustan los Pilotos Automáticos…
    Gray gruñó. —No es que no me gusten… Las ayudas de vuelo están bien, lo que no está bien es que el piloto no tenga control sobre el botón que las enciende o…. mierda.
    La frase quedó tan abruptamente interrumpida que Mike ni siquiera pudo reaccionar a todos los eventos que se sucedieron en fracción de segundos. De pronto pareció que el espectro multicolor fuera de las ventanillas se quebraba en un millar de líneas blancas, luego fue una luz brillante que los encegueció.
    Solo Gray sabía lo que estaba sucediendo.
    —¡Colapso de burbuja! —gritó apartando la vista del frente y colocando sus manos sobre los controles. El reactor de la nave acaba de cortar todo el suministro de energía y el descenso abrupto de la tensión había disparado todos los mecanismos de emergencia. El espacio Fold se dobló sobre si mismo, o mejor dicho, envolvió a la nave como si de pronto hubiera detectado a la intrusa y quisiera aplastarla por haber osado a aventurarse en sus dominios secretos.
    Sin la burbuja protectora, la materia de la nave no pudo permanecer fuera de su dimensión originaria. La poca energía residual que conservaba el casco se disipó y de forma repentina, una enorme herida de luz surgió en un punto del espacio, expulsando al paralizado carguero a la oscuridad del vacío.
    Los dos tripulantes quedaron aplastados contra sus asientos. La súbita materialización en la dimensión actual creaba un gran stress en todas las moléculas del cuerpo. Las fuerzas que gobiernan la física del Universo actuaron de inmediato sobre la recién llegada materia, creando peligrosas fluctuaciones cuánticas.
    Mike respiró una bocanada de aire al sentir que sus pulmones se habían vaciado por completo. —¿Que mierda fue eso? —gritó en cuanto pudo llenar su pecho de aire puro.
    Gray estaba mucho mejor preparado que su camarada para el shock posterior a la ruptura de la burbuja. Ya lo había experimentado antes y nunca creyó poder volver a vivir el terror que lo embargaba frente al desastre inminente.
    No obstante nada de esto importaba ya. Los ojos de Gray estaban fijos en lo que repentinamente había aparecido frente a ellos, a una distancia de unos pocos centenares de metros.
    —I-Imposible. —Balbuceó abriendo bien grandes los ojos. —Imposible. —volvió a repetir mientras movía la cabeza con incredulidad.
    Mike había quedado casi cegado por el brillante resplandor al colapsar la burbuja. Lentamente abrió los ojos sin entender qué era lo que sucedía. —Capitán ¿Que rayos…?
    Dos poderosos reflectores se encendieron y obligaron al joven a cubrirse el visor del casco con el brazo. —¡Capitán!
    La Rio Grande activó sus impulsores delanteros y se detuvo frente al grupo de extraños que había aparecido frente a ellos. Gray retiró las manos de los controles y miró el panel de mando como si fuera la primera vez que lo veía. La nave acababa de ejecutar una maniobra que el no había comandado. Entonces ya no tuvo ya la menor duda.
    —Estamos jodidos. —dijo simplemente dejando colgar sus brazos a los costado de su cuerpo. —Estamos bien jodidos. —repitió mientras giraba la cabeza en dirección al joven, entonces pareció reaccionar —¡Mike!. ¡Mike por todos los cielos escúchame con atención! —gritó sujetando al muchacho por el traje espacial. ¡Mike! ¿Puedes oírme?
    Los cascos de los dos hombres chocaron entre sí cuando Gray atrajo al joven violentamente hacia si. —¡Mike!
    El joven tardó unos segundos en reaccionar. Con los ojos y la boca abierta vió la expresión de su Capitán y por primera vez sintió terror. —¿Qué sucede…?
    —Escúchame con atención… pase lo que pase, NO HAGAS NADA ¿Me escuchaste? NADA.
    —Esa es una buena orden, Capitán. —dijo una voz extraña.
    Gray soltó a su copiloto y volvió a quedar sentado en su asiento. Había comprendido que sus vidas ya no les pertenecian. Sea lo que sea que sucediese a continuación, solo el destino lo sabia.
    —No hagas ni digas nada Mike. —repitió mientras cerraba los ojos.
    Mike imitó a su Capitán y volvió a reclinarse en su posición. Ahora podia mejor lo que sucedía allá afuera.
    A unos treinta o cuarenta metros de la nave un nutrido grupo de individuos los observaban con atención desde una variada selección de naves y transportes de todo tipo y clase. Mike podía contar al menos una docena de pequeños transportes de tipo transbordador, algunos de ellos verdaderas ruinas flotantes.
    Pero lo más inquietante eran las armaduras que rodeaban el perímetro. Mike contó media docena de robots, todas armaduras de combate.
    —Zentradis. —exclamó el joven.
    —Piratas. —lo corrigió Gray.
    Dos de los transportes se pusieron en movimiento hacia la Río Grande escoltados cada uno por dos armaduras. La extraña voz que había hablado antes volvió a sonar por el sistema de comunicación interno del carguero.
    —Prepárense a ser abordados. —dijo.
     
  4.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    29 Marzo 2018
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    89
     
    Palabras:
    2668
    83




    Virya jamas habia hecho tantos saltos seguidos. Ya había perdido la cuenta alrededor de las dos docenas de ellos y Exedore parecía no mostrar señales de estar más o menos cerca del objetivo. En todo caso era evidente que al lugar al que se dirigian no se podía llegar fácilmente. Cuerpos celestes extraños como púlsares, agujeros negros, distorsiones FOLD y otras cosas que ni siquiera tenían nombre para la guerrera eran obstáculos del espacio que formaban regiones inaccesibles para los viajeros interestelares.
    Pero no eran los peligros del espacio lo que obligaban al Archivista a seguir esa intrincada ruta. Su destino era un lugar tan secreto, tan celosamente protegido por la armada Zentradi que ninguna precaución estaba de más a la hora de desplazarse hasta allí. Era de vital importancia que no fueran seguidos por ningún enemigo.
    Maya habia permanecido en silencio desde que el transporte había comenzado con su cadena ininterrumpida de saltos. Tanto su armadura como la de Virya permanecían abiertas una frente a la otra en el enorme compartimiento destinado a transportar una docena de guerreros listos para el combate. Las dos Meltrans estaban sentadas en el suelo en completo silencio, girando las cabezas de vez en cuando para seguir los movimientos que el Archivista realizaba. El Zentran era el único de los tres que parecía saber lo que estaba haciendo.
    Las horas se sucedían una tras otra sin nada que las diferenciase de la anterior, salvo tal vez el creciente malestar que las dos guerreras parecían compartir en ese momento. Al final fue Maya la primera en ponerse de pie.
    —¡Debura! —exclamó de pronto apoyándose en su armadura. —¡Debura! —volvió a repetir con inusitada furia.
    Virya se removió inquieta en su lugar. Había estado meditando profundamente en todo lo sucedido las últimas horas y, no para su sorpresa, seguía encontrando todo el asunto verdaderamente incomprensible.
    No era que no supiese que decir, en ese momento decenas de palabras se le venían a la mente. No, no era ese el problema.
    El problema era ella misma.
    ¿Quien era Virya ahora? Hace mucho tiempo y en circunstancias completamente diferentes, se había planteado la mism pregunta. ¿Quién era ella? ¿Una Meltran? ¿Una Comandante? ¿Una Archivista? La guerrera nunca había obtenido la respuesta a su pregunta y en definitiva había resuelto convivir con todas las respuestas posibles. No había una verdadera Virya, todas eran parte de algo más grande, más general… ella era una Zentradi.
    Pero ya no.
    Dortrad-Jen lo había dicho, con sus palabras había quitado a Virya su linaje y pertenencia. Ella ya ni siquiera era Zentradi… era.. algo diferente, algo roto.
    Algo defectuoso.
    La palabra tenía un mal sabor. Virya se dió cuenta que no era realmente la exactitud con que la palabra la describiera a ella lo que la molestaba ¿Como podía ser su existencia un error, una falla? ¿Acaso no había demostrado ser la mejor guerrera de toda la flota? ¿Cómo podía una anomalía o un defecto ser la mejor?
    —No tiene sentido.
    Para sorpresa de Virya, las palabras no salieron de su boca, sinó de las de Maya.
    —No tiene sentido.. ¡Debura! —volvió a exclamar la joven golpeando el costado de su armadura con evidente frustración. La joven permaneció en silencio y de pronto giró su cabeza en dirección a Virya.
    —¡Capitán!
    La Meltran se sobresaltó al escucharla, pero no dijo nada. No podía decir nada.
    —¡Capitán Virya!
    Maya se acercó y la levantó del suelo, tomándola fuertemente de los restos del traje de vuelo hasta que sus rostros estuvieron a la misma altura.
    —¡¿Que sucede Capitán? ¡Responda! —gritó sacudiendo fuertemente a la silenciosa Meltran.
    Virya se mordió el labio y apartó la vista de Maya. Un remolino de sensaciones diferentes se sacudía dentro de su cabeza.
    —¡Capitán!
    El grito de Maya llamó finalmente la atención de Exedore, quién apagó la proyección del holograma que se desplegaba frente a el a medida que se daba la vuelta. —¿Sucede algo su Excelencia?
    Maya soltó a Virya, quien volvió a quedar sentada en el suelo con la cabeza gacha. La joven meltran miró al Archivista y luego volvió a contemplar a quien fuera su superiora apenas un día antes.
    —¿Que… qué le sucede a Virya?
    El Archivista observó con atención a Maya y luego fijó su vista en Virya. —Está rota. —dijo simplemente. —¿Algo más?
    La forma casual en la que el Zentran había comentado el estado de Virya hizo que Maya apretara los dientes. —¿A qué rayos se refiere? —respondió conteniendo la furia. —¡No está herida!
    —Su estado mental ha sido comprometido. —contestó Exedore con el mismo tono de voz. —El daño no es en el cuerpo de Virya, es algo que sucede en el interior de su cerebro.
    Maya no podía creer lo que el Archivista estaba diciendo.
    —Eso… eso no puede ser. —dijo bajando los brazos. —¿Su mente? ¿Que rayos le pasa a su mente?
    —Virya ya no es una Zentradi. Usted misma escuchó las palabras de Dortrad-Jen. Quien fuera la Capitán Virya en el pasado ahora no es nadie, su existencia sólo se debe a la voluntad de su excelencia.
    “Su Excelencia”, la palabra la enfureció aún más.
    —Virya no puede luchar como un Zentradi porque ya no lo es y combatir es el único sentido que tiene su vida. Sin su espíritu de lucha Virya es… una cáscara vacía —dijo mientras volvía la vista hacia la pantalla que había vuelto a encenderse. Evidentemente el tema no le interesaba y había dicho todo lo que tenía que decir sobre la desdichada Meltran.
    Maya apretó los dientes. Acaba de comprender el significado de esas palabras.
    Palabras, esa era la clave.
    Recordó los dichos del Archivista referente a las palabras. Había pasado no mucho tiempo de ese breve intercambio de radio hacia ¿Dos? ¿Tres días? Luego de todo lo que había pasado desde su “incorporación” violenta al escuadrón de Virya esos días parecían haber transcurrido hacía varios ciclos.
    “Las palabras son peligrosas” había dicho Exedore.
    Y tenía razón, solo habían bastado tres palabras para destruir a la mortal guerrera Virya y transformarla en un cadáver viviente.
    “No eres Zentradi”, tres palabras que en un instante habían logrado lo que flotas enteras de enemigos no habían podido hacer nunca.
    Pero había algo más, tenía que haber algo más. Maya sabía que el conocimiento necesario para salvar a Virya residia en alguna parte.
    —Archivista Exedore.
    El Zentran volvió la cabeza en dirección a Maya. —¿Sí, excelencia?
    —¿Cómo llegó la Capitán Virya a ser lo que es?
    La pregunta sorprendió al Archivista, quien guardó silencio mientras su cabeza se convulsionaba de forma ya habitual para la guerrera. —Curioso que lo pregunte. —dijo al cabo de un rato. —El caso de Virya ha sido muy interesante de analizar y estoy seguro que aportará invaluable información para el futuro de nuestra raza.
    —No me interesan los datos o el futuro. —contestó la guerrera mientras se ponía en cuclillas para estar a la altura del rostro de Exedore. —Quiero conocer su origen, su pasado.
    —Su… ¿Historia? —preguntó confundido el Archivista.
    —Eso… sí, eso mismo.
    El Zentran volvió a apagar la pantalla holográfica y centró toda su atención en Maya. —Son… muchos datos los que tengo registrados.
    —Tenemos tiempo ¿Verdad?
    Exedore hizo una mueca que bien podría haberse traducido como un suspiro de resignación. —De acuerdo. —dijo. —Puedo narrar los acontecimientos relacionados a las actividades de Virya desde los registros de sus combates y operaciones, pero hay ciertas partes que, evidentemente, no han sido debidamente documentadas… como el caso de su anatomía “extra”.
    Maya asintió en silencio mientras el Archivista retraia sus apéndices debajo de la túnica y se preparaba para contar la historia.

    Exedore narró la historia de Virya de forma extraña, utilizando muchas palabras que Maya no conocía y que la obligaban a interrumpir cada dos por tres al Zentran para exigir explicaciones. A pesar de lo difícil que resultaba para una simple guerrera entender el punto de vista de los altos mandos Zentradi, Maya fue, poco a poco, comprendiendo los orígenes y luchas por las que su antigua líder había pasado durante los ciclos que sirvió como la mejor combatiente en la flota de Dortrad-Jen.
    Cuando Exedore narró los acontecimientos de la extraña misión en la que Virya fue transformada en Micrón para salvar la nave de Kreegan, muchas cosas quedaron en claro para la joven Guerrera.
    —Es evidente que el proceso de Micronización aceleró los cambios en los genes de Virya. —dijo Exedore recordando el episodio. —Tanto el Comandante Supremo como nosotros los Archivistas teníamos el conocimiento que esas cosas podían suceder durante el procedimiento. Ahora que analizo bien la situación, no es posible que Virya haya logrado ocultar su estado sin ayuda de quienes en ese momento eran sus superiores.
    —Dulmei. —dijo Maya.
    —Si, es evidente que Dulmei encubrió a Virya luego de cumplida la misión. ¿De qué otra forma se puede explicar lo ocurrido? Esa Meltran acogió a Virya bajo su protección y al hacerlo evitó que detectaramos el peligro de los defectos genéticos en esa guerrera.
    —¿Por qué? —preguntó la guerrera. —¿Porque son peligrosos los genes de Virya?
    —Porque son diferentes. —la forma en que Exedore pronunció la frase hizo que Maya se estremeciera. —Los Zentradi somos lo que somos porque nuestros cuerpos están hechos para la guerra. Cualquier cosa que se aparte de ese propósito es una clara contradicción a nuestra existencia.
    —Pero Virya es la mejor guerrera de toda la flota. —dijo Maya sin comprender. —¿Porque sus genes no la hacen una mejor Zentradi? ¿Que tienen de malo?
    Exedore frunció el entrecejo. —Usted misma lo ha visto. —dijo. —Desobedecer órdenes, cuestionar la autoridad, incluso enfrentarse al mismísimo Comandante Supremo ¿Le parecen esas cualidades beneficiosas en un soldado? No— se respondió a si mismo. —La variedad genética crea individuos unicos y diferentes, pero los Zentradi luchan como un solo ser. No necesitamos esa clase de comportamientos en nuestra guerra.
    —Entonces es eso. —entendió Maya. —Virya es única y por eso debe morir.
    —No. —Exedore sacudió la enorme cabeza. —No se trata solamente de eso. Las expresiones de individualismo no representan el verdadero peligro de las mutaciones genéticas. Hay una razón todavía más importante, pero no puedo discutirla aún.
    —¿”Aun”? —preguntó Maya
    —Tal vez… si, tal vez cuando lleguemos a nuestro destino. —dijo el Archivista. —Todo se aclarará allí. Ahora si me lo permite, seguiré con la historia.
    Exedore continuó describiendo cómo los cambios de actitud de Virya luego de recuperar su tamaño normal habían traido dudas al Alto Mando de la flota, no obstante su desempeño como soldado era tan extraordinario que el propio Dortrad-Jen había dado vía libre a que se explotara todo el potencial de la Meltran, dándole libertad a elegir sus propias misiones y blancos. La reputación de Virya creció con el paso de los ciclos, así como lo hacía su audacia y nervios de acero.
    —Pero cuando destruyó a ese escuadrón de entrenamiento. —dijo el Archivista mientras echaba una rápida ojeada a Virya quien seguía sentada en el suelo con la cabeza gacha. —Ahí supimos que había ido demasiado lejos. El propio Kreegan juzgó necesario poner un fin a esas peligrosas muestras de individualismo. Fue una suerte que las cosas hayan salido como finalmente salieron.
    —La batalla.
    Exedore asintió. —La batalla final contra nuestros enemigos. El saber que el fin de la flota se acercaba obligó a Dortrad-Jen a poner en marcha su plan, lo que en definitiva me dió a mi la oportunidad de interceder ante Kreegan.
    —Lo que finalmente salvó su vida.
    —Realmente curioso. —exclamó el Zentran. —La forma en que se han desarrollado las cosas no tienen precedente en la historia de nuestra gente. En fin, eso es todo lo que tengo para contar sobre Virya, el resto lo ha vivido usted en persona.
    Exedore se dió vuelta y volvió a encender la pantalla donde la ruta del transporte estaba siendo planificada.
    Maya meditó profundamente en todo lo que había oído. Indudablemente Virya era la mejor guerrera de toda la flota, tenga o no tenga esos dichosos genes trastocados. ¿Acaso se había vuelto demasiado peligrosa? ¿Cual era el verdadero peligro que su existencia presagiaba? Maya no lo sabia, solo sabia que… debía salvarla, era su obligación como camarada, como superior. Tenía que haber una forma de anular el efecto de las palabras del Comandante Supremo, sí solo…
    —Archivista Exedore.
    —¿Excelencia?
    La guerrera tragó saliva. —¿Cual es su estimación sobre el estado del combate de nuestra flota en…. en estos instantes?
    Los filamentos tentaculares que sobresalian por entre los pliegos de la túnica del archivista dejaron de moverse de pronto. —¿A que se refiere?
    —¿Dónde está nuestra flota ahora?
    Exedore guardó silencio, pero las protuberancias de su cabeza se movían violentamente.
    —Archivista…
    —Destruida. —dijo el Zentran apagando nuevamente la pantalla. —A estas altura la flota de Dortrad-Jen ya debe haber cumplido su misión.
    Destruida. Tres millones de naves, más de veinte millones de guerreros Zentradis.
    Muertos.
    —No, no está destruida. —dijo de pronto Maya tomando nuevamente a Virya por la tela desgarrada del traje—¿Lo ha oído, Capitán?
    —Su Excelencia….
    —¡Silencio! —casi gritó la Meltran en dirección a Exedore, quien cerró la boca de inmediato. —¿Me escucha Capitán Virya? ¿Lo entiende? —las sacudidas se volvieron más violentas. —¡Nosotros somos ahora La Flota!
    La boca de Exedore se abrió casi tan grande como sus dos ojos. —Eso no es…
    Maya dio un paso atrás y cerrando el puño golpeó violentamente el estómago de Virya. El golpe fue tan fuerte que envió a la incapacitada guerrera volando hacia una de las paredes del transporte. Su propia armadura roja fue la que detuvo el corto vuelo con un terrible golpe.
    Virya aulló de dolor.
    —De-Deculture! —exclamó Exedore sin dar crédito a lo que presenciaba.
    —¡De pié Capitán Virya! —dijo Maya con un tono de voz tan diferente que hizo que el Archivista retrocediera un paso asombrado. —¡ES UNA ORDEN!
    La guerrera se puso inmediatamente de pie. Los ecos del poderoso grito de Maya no se habían extinguido todavía pero la Meltran se había incorporado sin decir una sola palabra.
    Maya contempló a su compañera en silencio. Las palabras, eso era era la clave. Había poder en ellas. —Archivista Exedore.
    Exedore había comenzado a temblar. Su cabeza era un verdadero hervidero de pulsaciones y latidos exagerados, hasta el color verde de algunas partes de su cráneo se había blanqueado un poco. —¿Su Excelencia…?
    —Ponte junto a Virya. Ahora.
    Exedore obedeció, sin peros. Simplemente se puso al lado de Virya en silencio mientras contemplaba atónito a la figura que se encontraba parada frente a ellos.
    —No son sólo las palabras ¿Verdad? —preguntó Maya al confundido Archivista.
    —No. —Exedore comprendió de inmediato a donde quería llegar la joven guerrera. —Las palabras tienen poder, pero solo para quien las utilice adecuadamente
    —Y en el momento justo.
    Virya estaba de pie pero su mirada seguía perdida. Maya temió por la mente de la Meltran. ¿Sería demasiado tarde?
    Solo había una forma de averiguarlo. Tomando una profunda bocanada de aire, la guerrera se plantó frente a quien fuera su mentora.
    —Dortrad-Jen ya no existe. —dijo. —Sus palabras han muerto con él ¿Me ha escuchado Capitán Virya? Solo quedamos nosotros tres Zentradis para continuar la guerra.
    —Tres Zentradis es una flota realmente pequeña. —dijo Exedore mirando de reojo a Virya. —¿Verdad?
    —Tenemos a la Capitán Virya. —contestó Maya colocando la mano sobre el hombro de la guerrera. —Ella vale por Treinta… no ¡Cincuenta!
    —No tengo los datos que respalden semejante afirmación, pero podría calcular..
    —Cincuenta. —exclamó Maya mirando fijamente al Zentran que de inmediato se encogió aún más dentro de la túnica.
    —Si... su Excelencia. Cincuenta…. es un buen número,
    Un extraño sonido sorprendió a ambos ¡Virya se estaba riendo!
    —Ca.. ¿Capitán? —exclamó Maya abriendo bien grandes los ojos por la sorpresa.
    Virya levantó una mano y la apoyó sobre el brazo de la confundida guerrera. —¿Era necesario el golpe en el estómago? —preguntó con una media sonrisa.
    —Funcionó conmigo ¿No?
    —Aprendes rápido, recluta.
    —Almirante....—corrigió Maya. —Bienvenida de vuelta Capitán Virya.
     
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    Gerli

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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    Drama
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    89
     
    Palabras:
    2600
    84




    El silencio se había adueñado por completo de la torre de control. Todas las miradas se volcaron hacia Evans quien, bastante nervioso, no dejaba de meter y sacar las manos de los bolsillos, como si buscase algo que sabía que no estaba realmente ahí.
    Amanda abrió la boca pero luego lo pensó mejor y simplemente se llevó la mano a la frente, como aquejada por un repentino dolor de cabeza. —Dime que estás bromeando.
    El doctor se encogió de hombros y volvió a dirigir su mirada hacia la pantalla. —Lo se. —respondió apenado. —No fue nada ético lo que hice pero..
    —Doc… ¿Qué rayos estaba pensando..? —El rostro de Amanda se había empezado a congestionar por la ira. —Se suponía que su investigación era para el bienestar de la Colonia y ahora me sale conque ha estado utilizando tejido sin autorización de dicha persona… ¿Se da cuenta que ha cometido un delito?
    El ambiente se había vuelto demasiado tenso. Hasta la propia Rebecca apartó los ojos de su monitor por un momento al escuchar el tono de voz encolerizado de su Capitán.
    —Amanda…
    —Expliquese Evans. —dijo cortante la mujer. —¡Ahora!
    El hombre suspiró y tomó asiento en una de las terminales de monitoreo mientras se quitaba los lentes y los limpiaba de forma lenta. —Esto va a llevar un rato.
    La mujer no mostraba signos de querer cambiar de idea por lo que Evans no tuvo mas remedio que comenzar a hablar.
    —Como bien saben ustedes mis trabajos de investigación se centran principalmente en el estudio de las células y su interacción con la energía dimensional.
    Tanto Amanda como Tass asintieron. Rebecca y Hal solo tenían una vaga idea sobre lo que el facultativo estaba hablando.
    —Generalmente la energía proveniente de otras dimensiones no se manifiesta en la nuestra. Cada dimensión está separada por barreras físicas muy poderosas que son mantenidas en su lugar por las diferentes fuerzas que actúan sobre la materia y energía del universo… Gravedad, campos magnéticos, etc. Solo bajo condiciones muy especiales se puede producir una conexión entre nuestro universo y lo que llamamos “Espacio FOLD” que en realidad no es una dimensión en sí, sinó una especie de medio ENTRE dimensiones.
    La tecnología FOLD que nuestra especie obtuvo de los restos alienígenas que cayeron al Planeta Tierra nos permitió explorar este nuevo medio y explotar sus capacidades para el viaje interestelar. Hasta aqui me siguen ¿Verdad?
    Todos asintieron.
    —Bien, el viaje FOLD es posible gracias a la enorme cantidad de energía que se necesita para envolver al objeto que se prepara para viajar y hacerlo compatible con las diferentes fuerzas elementales que reinan en el Espacio FOLD. Esta especie de burbuja que nos aísla de las leyes físicas normales y nos permite viajar más rápido que la luz debe ser mantenida durante todo el viaje ya que, de lo contrario, la materia es expulsada del espacio dimensional de forma violenta y, generalmente, muy peligrosa.
    Entonces para resumir, la materia de este universo no puede interactuar con el Espacio FOLD. Esto se consideró una ley inviolable durante mucho tiempo… hasta que se descubrió una excepción.
    Evans tomó de nuevo su Pad y busco una imagen entre sus miles de archivos fotográficos. —Esto. —dijo señalando la pantalla.
    El color de la imagen tiñó buena parte de la torre de control de sutiles tonos púrpura.
    —¿Un mineral? —preguntó Hal intrigado.
    Amanda frunció el ceño. —¿Qué es eso? —preguntó.
    —Se llaman Cuarzos FOLD. Es un material exótico y muy raro con propiedades muy especiales.
    —¿Que clase de propiedades? —preguntó intrigada Tass.
    —Básicamente, se trata de la única forma conocida de materia estable que existe en nuestro universo y en el espacio dimensional simultáneamente.
    Amanda hizo un gesto de sorpresa. —¿Simultáneamente? ¿O sea…?
    —Sin necesidad de cambiar su estado o utilizar una burbuja Warp. Este material es compatible con cualquiera de los estados dimensionales conocidos.
    —Increible.
    Evans volvió los ojos hacia la pantalla. —Estos cristales son tan raros que solo unos pocos científicos tienen acceso a ellos. Solo recientemente, luego de años y años de solicitar una oportunidad al Gobierno Unificado para estudiarlos se me concedió una pequeña muestra.
    —¿Le enviaron de esas cosas? —preguntó Tass.
    —Si, llegaron con la Río Grande el otro dia, pero eso no es lo extraordinario… verán, durante mucho tiempo estuve preparando los equipos de análisis y espectrográficos para comenzar a trabajar con estas muestras. Instale sensores en varias partes de la Colonia, en mi laboratorio y, especialmente, en el Salón de Actos.
    —Otra vez Matt. —comentó Hal.
    —Si, mi intención era examinar los cristales expuestos a la música de Matt pero pasó algo… desconcertante el otro dia.
    —Durante el incidente en El Campo. —dijo Amanda.
    —Asi es, yo estaba calibrando los equipos, ansioso por empezar a trabajar con las muestras lo más pronto posible cuando mis instrumentos comenzaron a detectar la reacción de los Cristales a la energía musical… casi me caigo de la silla cuando vi las lecturas
    Hal se rascó la cabeza. —No entiendo ¿No se supone que eso era justo lo que sus aparatos tenían que hacer?
    Evans suspiró. —Si claro.. el problema es que las muestras todavía no habían llegado… y mis instrumentos detectaban su reacción a solo unos metros de mi laboratorio.
    Los presentes hicieron silencio expectantes de lo misteriosa que se estaba volviendo la historia. Hal carraspeó y Rebecca se movió inquieta en su silla frente al radar de aproximación de la Rainbow.
    —Lo primero que pensé fue en una falsa lectura, luego en una broma luego… en fin, comencé a quedarme sin opciones. Entonces levanté la vista hacia los monitores que tengo instalados sobre mi escritorio y me di cuenta que durante todo ese tiempo Matt había estado tocando el piano en el Salón de Actos y ya no tuve ninguna duda. —Evans señaló la pantalla. —Algo estaba reaccionando a la música de Matt y estaba muy cerca. Así que sin pensarlo dos veces me puse a buscar la fuente de aquella señal. Tome uno de mis espectrógrafos portátiles y salí de mi laboratorio en la dirección general de donde habían procedido las extrañas lecturas. Mi laboratorio está contiguo a la Clinica asi que sea lo que sea que había reaccionado a la música estaba dentro de alguno de las habitaciones.
    En ese momento la Doctora Yuki estaba en su consultorio con un paciente, así que revisé mi propio consultorio primero pero no encontré nada anormal. Entonces entré al consultorio del Doctor David…
    Amanda levantó la mano para interrumpir a Evans. —Un momento. —dijo. —Antes de continuar permítame decir algo a los demás. —La mujer miró a cada uno de los presentes directamente a los ojos. —Todo lo que aquí se diga es confidencial ¿Entendido? No se que es lo que está sucediendo pero sí Evans actuó de esa manera, al menos debemos darle el beneficio de la duda.
    Tass, Hal y Rebecca asintieron en silencio.
    Evans inclinó la cabeza. —Gracias por su voto de confianza Capitán.
    —Continue.
    El hombre asintió. —Revisé la habitación y pude constatar que había una ligera firma de energía FOLD proveniente de uno de los recipientes donde descartamos el material biológico usado. Sin dudarlo tomé el recipiente y volví al laboratorio.
    Resultó que la firma de energía provenía de una ampolla de aplicación de un medicamento inyectable. Algunas plaquetas y glóbulos rojos habían quedado adheridos al material vítreo de la ampolla y resultaron ser susceptibles a la energía musical que emanaba de Matt. Inmediatamente extraje las muestras y las analicé en el microscopio con los filtros adecuados para analizar los cristales y… si, en efecto eran el mismo tipo de comportamiento que otros investigadores habían observado en el cuarzo FOLD.
    —Entonces buscó en la base de datos la identidad del propietario de esa sangre. —observó Amanda.
    Evans asintió. —Si, como los contenedores de material biológico se vacían por la noche solo debía ver cual de todos los pacientes del Doctor David se había atendido en las últimas horas.
    —¿Y no lo consultó con el? —preguntó la mujer cruzándose de brazos.
    —Estaba durmiendo a esa hora y no hubiese querido molestarlo…
    —De acuerdo, continue.
    El hombre respiró profundamente. —Di fácilmente con la información que buscaba. La señorita Cinthya Ross había sido la última paciente del turno de David y su historia clínica temporal de visitante había sido actualizada con la información pertinente a su diagnóstico… bueno, no es necesario que revele esa clase de información supongo.
    —Si… no hagamos algo poco ético. —comentó Hal en broma pero una feroz mirada de la Capitana Kyle lo volvió a silencio.
    Evans suspiró. —Lo sé… en fin, a esas alturas ya tenía una ligera sospecha de lo que podía estar pasando pero me pareció algo demasiado fortuito… así que pedí un informe completo de ambos visitantes.
    —Un momento. —lo interrumpió Amanda. —¿También del Teniente Glenn?
    —Me pareció… adecuado revisar los datos del Teniente, por las dudas… —reconoció el hombre desviando la mirada.
    —De acuerdo… ¿Que sucedio despues?
    —La petición de los datos del Teniente Glenn fue rechazada de inmediato, pero la de la Señorita Ross llegó al instante. Como lo suponía su tipo de sangre era el que yo esperaba.
    —Alpha Bombay.
    —Exactamente, en sus datos figuraba sangre de tipo Bombay pero yo sabía que probablemente quien confeccionara dicha ficha no podía distinguir entre ambos Fenotipos… sólo son identificables por sus propiedades FOLD y esa clase de diferencias sólo puede ser establecida con instrumental especializado que no se encuentra en cualquier centro médico o clínica común.
    —Tengo una pregunta. —dijo Tass levantando la mano. —Usted nos mostró antes imágenes de esa sangre Alpha Bombay. ¿Acaso esa muestra no reaccionó con la música de Matt?
    Evans sacudió la cabeza. —Esa muestra lleva varios años en mi laboratorio y casi me había olvidado de ella. Cuando vi el fenotipo de la Señorita Ross recordé que la tenía y la extraje de inmediato del congelador de muestras mientras Matt tocaba las últimas notas de su canción. Para mi sorpresa la sangre de mi archivo no mostraba esa clase de reacción o brillo características del Cuarzo Fold.
    Hal se cruzó de brazos mientras echaba una mirada a la pantalla. —El misterio se profundiza. —comentó de forma casi teatral.
    Amanda permaneció pensativa mientras los demás se miraban desconcertados. —Me alegra haber aclarado eso Doctor. —dijo finalmente. —Pero ahora queda una pregunta fundamental por responder: ¿Porque es tan importante esta investigación?
    Evans apagó la pantalla y se quitó los lentes. —Para salvar la vida de Matt, espero.
    El rostro de Tass se nubló de preocupación
    —¿Qué le pasa a Matt? —preguntó Rebecca poniéndose de pie. El resto de los presentes también reaccionaron con alarma.
    Evans extendió las manos hacia delante en un gesto de contención. —Calma, se los explicaré enseguida… todo está relacionado con la hipótesis que discutimos antes y posiblemente la llegada de la Inspectora Ross sea una verdadera bendición.
    —Explíquese. —dijo Amanda con la mirada fija en el profesional.
    —¿Recuerdan cuando hablamos de como las Sacerdotisas del Viento podían crear un vínculo Dimensional con la propia humanidad? ¿Y que de esta forma se podía cambiar el genoma humano a escala planetaria? Creo que Matt…. creo que Matt ha estado haciendo eso.
    Amanda frunció el ceño. —¿Como? ¿Aquí en la Colonia?
    El hombre volvió a hacer el mismo gesto con las manos. —Se porque estas preocupada Amanda… no, Matt no ha estado reescribiendo los genes de la gente de la Rainbow, eso te lo aseguro. Me temo que solo sus propios genes son los que han sido sometidos a un proceso de mutación generado por la energía que su música produce.
    —¡Pero entonces hay que evitar que siga tocando! —gritó Tass preocupada. —Amanda tienes que hacer algo.
    —Va a ser más fácil pedirle a Matt que deje de respirar me temo. —comentó Hal sacudiendo la cabeza.
    —Cálmense todos. —pidió Rebecca acercándose al grupo. —dejen que Evans nos explique.
    El hombre dió unos pasos hacia la enorme ventana que mostraba el campo estrellado y permaneció en silencio contemplando la vastedad del cosmos. —Es su sangre. —dijo volviéndose a los demás. —Poco a poco la energía dimensional ha estado alterando ciertos genes en su cuerpo y últimamente su médula ha comenzado a producir hormonas que han comenzado a cambiar el tipo de fenotipo de su sangre.
    —Déjeme adivinar. —dijo Amanda suspirando, —Alpha Bombay.
    Evans asintió. —Correcto. —El cambio es lo suficientemente sutil y lento, pero se va acelerando cada vez que Matt toca el piano. Mi preocupación es que en algún momento su cuerpo no tolere un cambio particularmente brusco y se produzca una reacción hemolítica grave, que podría ser fatal.
    El silencio volvió a reinar en la torre de control, la respiración de todos se podia escuchar claramente.
    —Que… ¿Qué podemos hacer? —preguntó Rebecca.
    —Primero hablar con la señorita Ross. —dijo Amanda. —Quiero que usted Doctor Evans le explique lo sucedido y solicite su ayuda. Si su sangre puede salvar la vida de uno de los ciudadanos de la Colonia, entonces debemos pedir su colaboración.
    Evans asintió en silencio.
    —El resto de ustedes. —dijo Amanda mirando a cada uno de los presentes. —Aquí se ha discutido información confidencial y privada sobre un habitante de la Rainbow, les pido discreción y, especialmente, que tengan fe en el trabajo del Doctor Evans. Estoy seguro que el podra sanar a Matt.
    Tass y Hal asintieron mientras Rebecca volvió a su puesto de monitoreo.
    —Bien, espero que podamos resolver esta situación. —dijo La Capitana mientras se apoyaba en una de las consolas.
    Tass dió un paso al frente aún con preocupación en la mirada —Crees… ¿Crees que Matt estará bien?
    La mujer asintió. —Es joven y lleno de energía. Estoy segura que podrá salir adelante con la ayuda de todos… por cierto, hablando de eso.
    —¿Si?
    —Recuerdo que hace unos años cuando estabas en la escuela junto con Will solías hacer escapadas al Interior ¿Verdad?
    Tass no supo cual de los nombres disparó más alarmas en su cerebro. —¿El… el Interior? —preguntó nerviosa.
    —No te hagas la tonta Tass, se que solían ir a jugar a los exploradores más allá de las zonas restringidas… tu, Will y acaso también Hal. —dijo lanzando una mirada incriminatoria al joven.
    —A mi no me metas en líos. —contestó el joven. —Ese sitio me da pesadillas.
    Amanda suspiró. —Como sea. Necesito saber una cosa Tass ¿Tienes forma de monitorear partes del Interior desde la central de seguridad?
    La pregunta tomó por sorpresa a la joven. ¿En el Interior? No… bueno si, están los sistemas originales de vigilancia de la Flota 37, nunca los actualizamos al nuevo estándar de la Colonia. Vaya a saber si todavia funcionan ¿Porque lo preguntas?
    La Capitán Kyle se cruzó de brazos. —Necesito buscar algo que se ha perdido en el Interior. —dijo como sin darle importancia. Evans desde el rincón levantó la vista interesado. —¿Crees poder utilizar los recursos que tengas a mano?
    Tass se rascó la dorada cabellera. —Me estas pidiendo demasiadas cosas. —dijo. —Todavía tengo que programar a Green para trabajar en el Ghost.
    —Eso es prioridad uno. —dijo Amanda sacando su Pad. —Comienza a trabajar en tu IA lo antes que puedas, voy a asignarte un ayudante con bastante tiempo libre para que se encargue del trabajo en lo del Interior.
    Antes que Tass pudiera reaccionar, la pantalla frente a ellos se activó en respuesta a los comandos de Amanda en el Pad y una imagen de video se proyectó holograficamente. Todos los presentes reconocieron de inmediato una de las celdas de los calabozos de La Torre.
    Tass se puso blanca como la nieve.
    —¿Dónde rayos está Will? —preguntó Amanda.
     
  6.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    147
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    89
     
    Palabras:
    2585
    85




    —De-Deculture! —exclamó Maya al ver el paisaje que se desplegaba frente al pequeño transporte.
    Virya también estaba algo sorprendida. No era la primera vez que veía un cinturón de asteroides, pero aquí no se trataba de pedruscos separados por cientos de kilómetros de distancia… aquí se trataba de una enorme banda de rocas, algunas casi del tamaño de un planeta enano, densamente agrupadas en lo que casi parecía ser una pared en vez de un anillo. Todo el cinturón giraba lentamente alrededor de una diminuta estrella (O en realidad los restos de una antigua estrella) que apenas emitia luz suficiente para resaltar las enormes rocas del fondo oscuro del espacio.
    Pero si las enormes formaciones rocosas permanecían casi ocultas a la poca luz de la estrella, el resto de los objetos que habitaban aquel cinturón se destacaba visiblemente contra el fondo estrellado. Apenas el transporte hubo emergido de la grieta del espacio-tiempo FOLD, un grupo de naves Zentradi se separó de su ruta de patrullaje y se dirigió velozmente a interceptar al recién llegado.
    Maya y Virya se sobresaltaron al percibir de inmediato lo inusual de estas fuerzas. No utilizaban el color verde o azulado de las diferentes flotas Zentradis. Las naves de combate que rodearon al transporte era de un color blanco, algo que Virya jamas habia visto en su vida.
    —No hay nada de qué preocuparse. —intentó tranquilizarlas Exedore. —No son tropas regulares, eso es todo.
    —Jamas habia visto tropas como esas. —sentenció Virya mirando detenidamente cada destructor, cada nave de asalto. Incluso las armaduras que los rodeaban eran inusuales.
    —Son todas tropas de elite. —Dijo Maya.
    —Virya asintió. —No veo Nonas ni Regulds
    Exedore ignoró los comentario de las guerreras y utilizó sus tentáculos para transmitir información hacia el sistema de comunicación del transporte. Momentos después y al parecer correctamente identificados, parte de las tropas que los habían rodeado se alejaron mientras que una escolta de diez armaduras se colocaba a ambos lados de la nave.
    —Continuemos. —dijo el Zentran mientras aceleraba la nave.
    De inmediato continuaron el acercamiento a lo que parecía ser el centro de aquel complejo Zentradi. Ahora que estaban más cerca todos pudieron ver la enorme escala del lugar.
    —Es… gigante. —dijo Maya con la boca abierta.
    “Gigante” era quedarse pequeño, incluso hablando de Zentradis. El complejo que se extendia ante ellos tenia dimensiones planetarias.
    Virya colocó la mano sobre el cristal de la cabina. —Me recuerda a…
    —Satélites Fabrica. —dijo Exedore. —Si, aquí es donde se construyen. Usted una vez estuvo destinada a la defensa de uno.
    La guerrera asintió. —Fue hace muchos ciclos. Mi última misión como miembro del Escuadrón de Defensa…. pero esto… esto es mucho más grande.

    Mientras el transporte se introducía cada vez más en el interior del cinturón de asteroides, seguidos de cerca por la escolta de armaduras pudieron ver como todo el complejo se componia de asteroides y planetoides unidos por enormes estructuras tubulares que los interconectaban. Cada enorme roca parecía tener una función diferente. Ello saltaba en evidencia por el tipo de estructuras que brotaban de la misma roca en varios puntos de la superficie. Virya distinguió bahías de atraque, hangares y plataformas de embarque pero también había otras instalaciones que escapaban por completo a su comprensión.
    —Maya.
    —¿Si Capitan?
    La guerrera suspiró. Aun siendo Maya una Meltran con grado de Almirante, seguía respondiendo a Virya como si de una Superior se tratase.
    —Observa aquella patrulla a las dos-arriba ¿Que puedes decirme?
    La joven encontró rápidamente al objetivo y los siguió atentamente con la mirada durante unos minutos. —Es un escuadrón de Glaugs, probablemente un pelotón de pilotos de élite. Su vuelo es perfectamente sincronizado, todo el escuadrón se mueve como si fuera una sola unidad, como si las ocho máquinas estuvieran unidas entre si.
    Virya asintió. —¿Qué opinas de eso? ¿Que puedes sacar en claro de semejante comportamiento?
    La joven guardó silencio pensativa. —Parece… parece como si llevaran haciendo eso durante mucho tiempo. Como si hubieran repetido ese plan de vuelo miles de veces ¿Verdad?
    —Estoy segura que ese escuadrón no hace otra cosa que dar vueltas por la misma ruta desde que fueron comisionados a ello.
    Exedore giró la cabeza en dirección a las guerreras. —Probablemente no se equivoque Capitán. Nunca nadie ha atacado este complejo.
    —Osea que son tropas de Elite… ¿Sin experiencia de combate? —preguntó confundida Maya
    —Así parece.
    El Zentran sacudió la cabeza. —Realmente remarcable su capacidad de observación Capitán. Creo que empiezo a comprender el porqué nuestro Antiguo Comandante Supremo la dejó vivir…
    Virya se cruzó de brazos. —En el Campo de Batalla hay que tener siempre los ojos bien abiertos. Una fracción de segundo de descuido puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Recuerda Maya; SIEMPRE debes analizar tu alrededor, todos los detalles cuentan y si alguno de ellos capta tu atención, da por seguro que te proporcionará más información de la que posee a simple vista.
    Maya asintió en silencio, sin quitar la vista de las armaduras de combate que zigzagueaban allá arriba a lo lejos.
    El transporte rodeó una de las enormes rocas y entró a lo que parecía ser un enorme espacio destinado al depósito de naves. Miles y miles de fragatas Quitra Queleual se encontraban alineados uno junto al otro, ancladas a enormes estructuras alargadas que, como las raíces de un gigantesco árbol, surgían de las rocas circundantes convergiendo hacia el centro.
    Virya señaló una de las enormes naves del extremo más cercano del astillero. —¿Podemos abordar una de esas? —dijo.
    Maya abrió los ojos por la sorpresa. —¿Abordar…? —entonces comprendió rápidamente. —Tu traje de vuelo.
    La guerrera asintió mientras levantaba los jirones del traje que dejaban al descubierto sus enormes pechos.. —Será mejor que no vean mi cuerpo asi o podríamos tener problemas.
    Exedore hizo una especie de ruido que bien podía parecer una protesta o un suspiro. —De acuerdo. —dijo. —Informaré sobre el cambio de plan de vuelo.
    Los finos tentáculos brillaron e inmediatamente la nave cambió de rumbo, zambulléndose entre la enorme red de muelles y espigones que formaban aquella gigantesca telaraña donde las fragatas permanecían atrapadas como gigantescos insectos a merced de una araña de proporciones colosales.
    Al acercarse a la nave que tenían más cerca el sistema automático de aterrizaje se activó guiando el transporte hacia la enorme compuerta de atraque.
    Virya y Maya jamas habian visto una fragata completamente nueva. La falta de rayones en el piso, la ausencia de chatarra en los rincones, lo increíblemente vacío que se veía el hangar sin armaduras o munición que continuamente entraba y salía del mismo a medida que la maquinaria de guerra Zentradi llevaba su combate por toda la galaxia… era algo casi irreal.
    Las armaduras que los escoltaban quedaron fuera mientras el transporte se posaba delicadamente sobre la superficie reluciente del hangar de la fragata.
    —Parece ser que somos los primeros en aterrizar aquí. —dijo Maya.
    Había dos soldados Meltran de guardia en el hangar. Al parecer la llegada del transporte las tomó completamente por sorpresa porque permanecieron totalmente inmóviles sin saber que hacer, salvo mirar con ojos abiertos como platos lo que estaba sucediendo.
    —Apresurense. —dijo Exedore mientras abría una de las compuertas laterales. —No quiero dar muchas explicaciones al Comandante de este lugar si nos tardamos demasiado.
    Virya y Maya asintieron. —De acuerdo. —respondieron.
    Las guerreras descendió del transporte y se dirigió hacia la pareja de soldados quienes se habían acercado a la nave. Cuando estuvieron a unos diez metros de distancia tanto Virya como Maya hicieron el saludo Meltran llevándose el puño derecho al pecho. Virya fue quien habló primero.
    —Estamos en una misión oficial de parte de la Flota Combinada de Dortrad-Jen. Acabamos de estar en combate y necesito un traje de vuelo nuevo.
    Los dos soldados respondieron con el mismo saludo pero no articularon palabra alguna. Si estaban sorprendidas por el pedido o por el aspecto de Virya, eso no sabían decirlo. Maya se imaginó que estas guerreras no estarían acostumbradas a ver a una piloto del tamaño de un Comandante Zentran.
    Finalmente las Meltran si miraron entre sí y asintieron con la cabeza. —Siganme. —dijo una de ellas mientras se daba la vuelta en dirección a la salida del hangar.
    Virya y Maya siguieron al soldado mientras su compañera se quedaba vigilando el transporte. En realidad, dado que todas las fragatas eran iguales, no tenía mucho sentido que fueran escoltadas hasta las barracas de los pilotos, no obstante se dejaron conducir sin decir una palabra durante todo el recorrido. Fué Maya quien rompió el silencio en cuanto el grupo entró a uno de los elevadores.
    —Aquí mis palabras no tienen tanto poder ¿Verdad Capitán?
    Virya asintió. —Probablemente estas tropas me tomen por tu superior, incluso podrían tomarme por un superior al propio Exedore si nos vieran juntos. Este cuerpo se ha vuelto demasiado grande…
    —Supongo que la información es la que da valor a las palabras. —dijo la joven Almirante mirando a la soldado que los escoltaba, quien había estado guardando silencio desde que salieran del hangar. —¿Crees que si le doy una orden a esta Meltran me obedezca? —preguntó Maya.
    Virya se encogió de hombros. —Prueba.
    La joven estaba a punto de abrir la boca cuando fueron las puertas del elevador las que se abrieron en cambio.
    —Por aquí. —dijo la Meltran mientras abría la marcha. Maya suspiró y caminó tras Virya resignada.
    Tras una breve caminata llegaron a una de las barracas donde los pilotos de armaduras Meltran se preparaban para la batalla. Todo estaba inmaculado y en perfectas condiciones.
    —Deculture! —Exclamó Virya entrando a la cubierta. —Todo es tan…. nuevo.
    Maya se acercó al primer dispensador de agua y al colocar la mano sobre el sensor un chorro de agua clara salió del pequeño orificio. —Nunca vi que el primer dispensador de la fila funcionase. —dijo.
    —Ni el primero ni el quinto o sexto. —contestó Virya.
    Maya bebió un sorbo de agua y retiró una tableta de nutrición de uno de los contenedores. —¿Comemos algo?
    —Primero me gustaría cambiarme esto. —dijo la guerrera mientras echaba una rápida mirada al soldado, quien las observaba desde la puerta. Maya captó el sutil movimiento de los ojos y asintió. —Bien. —dijo.
    Virya abrió el primer compartimento de trajes y buscó alguno de su talla. Todo el contenedor estaba lleno de trajes nuevos, ordenados por tamaños y en perfecto orden. Buscó el más grande y tomándolo se dirigió hacia el centro de la estancia.
    Maya ya había salido con la soldado de guardia, al parecer le había preguntado algo y ambas estaban hablando en el pasillo. Bien.
    La Meltran desató el improvisado cinturón hecho con los jirones de su traje y los restos del uniforme cayeron a sus pies. Pensar que la última vez que estuvo así desnuda lo hizo frente a uno de los seres más poderosos de la Galaxia, un ser que podía haberla matado con el solo movimiento de una insignificante parte de su monumental cuerpo.
    Trató de apartar el pensamiento de su cabeza. En ese momento, estando asi desnuda en el interior de una de esas naves relucientes. ¿No era como si hubiese sido fabricada ella también recientemente?
    Virya recorrió su cuerpo con la mirada. Era una lástima que no hubiera nada con que poder contemplar su cuerpo. Buscó con la mirada y distinguió un enorme panel de metal que servía como divisor al sector donde se encontraban las vainas de sueño. En todas las fragatas que había estado esa parte de la pared siempre era opaca y sucia, aquí no, era una pieza reluciente y brillante. Sin pensarlo dos veces caminó hacia allí y observó cómo su cuerpo se reflejaba en el pulido metal.
    Era la primera vez que contemplaba su cuerpo desnudo. La pared de metal le devolvió una imagen a la vez conocida y desconocida de su propio cuerpo. Sus pechos, su vientre, sus caderas, todo estaba allí, sin embargo los enormes músculos estaban bien marcados, creando formas que nunca había visto antes.
    Además estaba eso.
    Virya se había acostumbrado a su presencia después de tantos ciclos y era una parte más de su cuerpo, pero verlo ahora desde esa perspectiva era algo nuevo para ella. ¿Cómo se sentían los Zentran con esa cosa? ¿Para que lo usaban?
    Estaba tan concentrada mirando el reflejo de la cosa que no vió cuando Maya se puso a su lado.
    —¿Está bien, Capitán? —preguntó echando miradas a la Meltran y al reflejo.
    Virya asintió y miró a la joven. —¿Y la soldado..?
    —Le ordené que volviera al transporte. —dijo la Meltran encogiéndose de hombros. Tardó un segundo más de lo que me gustaría en reaccionar, pero acató la orden.
    La veterana guerrera volvió la vista hacia la imagen. —Estaba viendo… mi cuerpo. —dijo.
    Maya miró con curiosidad la pared de metal donde la imagen desnuda de Virya se reflejaba. —¿Tu cuerpo? ¿Pasa algo malo?
    —¿Tu que ves? —preguntó la guerrera.
    —¿En el reflejo? —preguntó intrigada la joven.
    Virya le dió la espalda al panel y caminó unos pasos hacia el centro de la estancia, luego se dió vuelta y miró directamente a Maya. —Dime lo que ves. —repitió extendiendo los brazos.
    Maya observó el cuerpo desnudo de Virya con atención, observando cuidadosamente cada parte, cada pliegue de la piel, cada pequeño detalle que la luz blanquecina del techo resaltaba con acuciante detalle. —Veo a una guerrera Meltran. —dijo sin dudarlo. —Una poderosa guerrera.
    —¿Que más?
    Maya se acercó lentamente y cuando estuvo frente a quien fuera su Capitán se puso en cuclillas mientras extendía un dedo en dirección a la entrepierna de la Meltran. —Esto. —dijo señalando el miembro que colgaba inerte. —Te refieres a esto. ¿Verdad?
    Virya asintió en silencio.
    La joven lo examinó en silencio. Al cabo de unos minutos suspiró y volvió a ponerse de pie. —No se lo que es. —dijo. ¿Eso es lo que te molesta? ¿Por qué no le preguntamos a Exedore? Seguro que el…
    —No. —cortó Virya de pronto. —No quiero saber nada de mi propio cuerpo por intermedio de ese Zentran. Yo… yo simplemente quería saber tu opinión. Nunca antes había dejado que alguien lo viera tan… tan de cerca. —dijo.
    Maya se cruzó de brazos mientras volvía a mirar la cosa que tanto preocupaba a Virya. —Entonces tal vez debas descubrir tu misma para que sirve. —dijo. —Te ayudaría si pudiera pero…
    —Entiendo. —respondió la guerrera bajando los brazos mientras se dirigía a donde había dejado las nuevas ropas. —Y por cierto… gracias Maya.
    La joven sonrió y se sentó en uno de los bancos mientras observaba como Virya se ponía el nuevo traje. Al cabo de unos minutos Virya estaba vestida y lista para continuar. —Vamos dijo.
    Recorrieron nuevamente los pasillos y tomaron el elevador hacia el nivel del hangar. Si bien guardaron silencio durante todo el trayecto, Virya sentía que se había sacado un peso de encima al confiar su secreto de forma tan… abierta con Maya.
    Salieron del elevador y tras unos minutos de caminata volvieron a entrar al hangar. Las dos Meltran estaban de pie junto al transporte y no hicieron ningún comentario mientras las dos pilotos abordaban la nave.
    —¿Todo en orden? —preguntó Exedore mientras observaba a las dos guerreras tomar su lugar junto a sus armaduras.
    —Estamos listas. —dijo Maya. —terminemos de una vez con esta misión. —agregó.
    Exedore suspiró y despegó la nave que, lentamente, abandonó la ahora visiblemente manchada plataforma de aterrizaje.
    No sería la única cosa que quedaría marcada ese dia.
     
  7.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    89
     
    Palabras:
    2537
    86




    —¿Enserio? —preguntó Matt sorprendido.
    Cinthya asintió. —Si ¿Que casualidad, verdad?
    Matt sacudió la cabeza. —crei… crei que esta sangre era algo raro… exótico.
    Cinthya sonrió enigmáticamente. —Lo es… o eso me dijo una vez mi padre. Recuerdo que una de las primeras cosas que aprendí cuando empecé a salir sola de casa allá en Ciudad Macross era que siempre debía llevar mis datos médicos al alcance de la mano… tu sabes, en caso de un accidente o emergencia, nosotros no podemos recibir cualquier sangre en una transfusión.
    El joven asintió. —¿Te dió problemas alguna vez?
    —Nunca… bueno, se supone que en caso de querer quedar embarazada debería consultar antes con mi médico pero… no es más que procedimientos de prevención. —dijo Cinthya sonrojándose. —Yo tampoco sé mucho sobre mi sangre, mi padre me contó algunas cosas pero…
    Matt se incorporó del lugar donde se había sentado y caminó nuevamente hacia el piano mientras colocaba sus manos en los bolsillos. —¿Tu padre tambien tenia esa sangre? —preguntó mientras recogía un trapo que estaba apoyado sobre uno de los extremos.
    Cinthya negó con la cabeza. —No. —dijo. —En mi familia solo las mujeres han tenido este tipo de sangre. Mi padre me contó que, antes que yo naciera, mi abuela materna era la única persona con esa sangre. Al parecer es un fenotipo común en algunas islas del Pacífico y en toda Asia, allá en La Tierra.
    —¿Tu familia viene de allí?
    —Si, mi abuela fue parte de un grupo de refugiados que fueron rescatados de los bombardeos durante la Guerra de Unificación, antes que los Zentradi llegaran al Planeta Tierra. Mi abuela y su familia permanecieron a bordo de un buque de guerra durante muchos meses, allí conoció a mi abuelo que era un soldado de las fuerzas Pro-Unificación y se casaron a bordo del mismo barco. Luego ella se alistó como enfermera y juntos sirvieron en la flota hasta que abordaron la Macross durante la evacuación de la isla de Ataria del Sur.
    Matt escuchó la historia en silencio mientras deslizaba el trapo por sobre las blancas teclas del piano. Luego repitió la operación sobre los paneles de madera del frente y sobre el instrumento.
    —A veces. —continuó contando la joven. —A veces me resulta increíble que sigamos en la misma historia. ¿No te parece?
    El joven se detuvo un instante al escuchar la pregunta. —¿La misma historia? —preguntó confundido
    —La historia de cómo la humanidad sobrevivió contra todo pronóstico.
    —La historia de Minmay. —dijo Matt. —Te entiendo Cin.
    Cinthya se reclinó hacia atrás y dirigió su vista hacia el techo, como si el gesto le permitiese ver las estrellas a través del metal. —Su canción sigue sonando ¿Verdad? —preguntó la joven.
    Matt asintió. —Las canciones de Minmay no solo salvaron a la humanidad de la aniquilación. Son también la fuerza que la impulsan a través de la Galaxia… o al menos eso creo yo.
    Cinthya cerró los ojos, como si tratara de percibir aquella fuerza que se extendía por la Vía Láctea.—La música es algo maravilloso, por eso creo que no deberías preocuparte Matt.

    El joven desvió la mirada hacia una de las paredes del salón. —Yo no estoy preocupado… al menos no creo que la música sea dañina para mi propio cuerpo ¿No?
    La joven miró con preocupación el rostro del chico, levemente iluminado por el brillo de los monitores. —Yo tampoco lo creo Matt. Algo tan bello no puede causar daño.
    Matt levantó la mano y la observó detenidamente mientras abría y cerraba los dedos. —Hay tantas cosas que son invisibles… tantas cosas que no conocemos. —dijo con voz apenada. —¿Qué otras cosas nos ha hecho la Protocultura? ¿Que parte de nuestros cuerpos es verdaderamente nuestra? ¿Somos realmente los dueños de nuestro destino?
    Cinthya no tenía la respuesta y francamente dudaba que alguien la tuviera. Guardó silencio respetuosamente mientras Matt terminaba de limpiar el resto del piano.
    Una vez que hubo terminado, dobló cuidadosamente el trapo y lo colocó sobre el teclado. Acto seguido cerró la tapa del instrumento y permaneció contemplando el reflejo de los monitores en la superficie barnizada. —¿Eres creyente Cinthya?
    La pregunta sorprendió a la joven. —¿Creyente? ¿Yo?
    Matt se sentó en el taburete y contempló a la joven. —Perdón si la pregunta te hace sentir incómoda Cin…
    La joven negó con la cabeza. —No te preocupes… en realidad no sabía muy bien que contestarte. No soy creyente… pero tampoco soy lo que se dice una persona Atea… creo… creo que si hay algo superior que nos rodea, algo más allá de nuestra comprensión y posibilidades. Algo superior incluso a la Protocultura.
    —Es difícil hoy en dia ser creyente cuando la humanidad sabe exactamente de dónde viene. —dijo Matt girando lentamente en el taburete. —Sin incertidumbre no hay mística.
    Cinthya miró al joven con curiosidad. —¿Tu crees?
    El joven meditó unos instantes mientras detenía el impulso que lo había hecho girar como un trompo. —¿No se supone que es lo desconocido lo que impulsa a la gente a creer en dioses? —preguntó.
    La inspectora Ross se incorporó y caminó hacia el joven con una enigmática sonrisa en los labios, antes que Matt pudiera reaccionar la joven colocó su dedo índice sobre la frente del joven. —¿Es eso lo que te impulsa a buscar eso que dices está ahí afuera? —preguntó. —¿En el Campo?
    Matt se sonrojó y apartó la vista de la Inspectora. —No es algo místico. —dijo sintiéndose ofendido. —Estoy seguro que es algo real. Y voy a encontrarlo.
    Cinthya se cruzó de brazos mientras permanecía de pie junto al joven. —¿Como? —preguntó.
    El joven se mordió un labio y desvió la mirada. —Yo…. no… ¡Maldición! —de pronto pareció haber tomado una decisión y mirando a la joven directamente a los ojos sonrió. —¿Quieres saber cómo? ¡Te lo enseñaré! —dijo poniéndose de pronto de pie.
    La inspectora se sorprendió ante la repentina reacción del joven, pero eso no fue nada cuando Matt tomó de la mano a la joven mientras señalaba la puerta.
    —¿Vamos? —preguntó.
    Cinthya miró primero al joven y luego la puerta. Estaba indecisa pero… algo en su interior la impulsaba a seguir al joven. —De acuerdo. —dijo casi sorprendiendose de escuchar su voz.
    Matt sonrió aún más intensamente y soltando la mano de la joven se dirigió hacia la parte posterior del escenario. —Espérame mientras junto mis cosas. —exclamó a la vez que revolvía unas cosas tras una pila de cajas.
    Las diferentes máquinas y monitores habían vuelto a aletargarse, como si supieran que ambos jóvenes estaban a punto de retirarse. Un monitor que mostraba una delgada línea roja sobre un plano azul se apagó de pronto con un silbido.
    Matt emergió de detrás del piano llevando una mochila al hombro —¿Lista?
    La joven asintió. —¿A dónde vamos?
    —Primero al Hangar Principal, necesito recoger algo que dejaron para mi el otro dia.
    Los dos jóvenes salieron del salón de actos y la claridad casi los deslumbró. Se habían acostumbrado tanto a la penumbra y al brillo de los monitores que la luz artificial de la Colonia y los enormes ventanales atmosféricos casi parecían como si de un día soleado se tratase.
    Unas cuantas parejas caminaban por el parque charlando mientras un par de niños reían de algo que se proyectaba en sus Pads.
    —El aire…. se siente diferente. —exclamó Cinthya aspirando hondo.
    Matt miró hacia lo alto, donde las pasarelas y caños se entrecruzaban casi fuera de la vista. —Ozono fresco. —dijo imitando la inspiración profunda de la joven. —Es lo más parecido que tenemos a la lluvia en la Colonia.
    —En La Tierra decimos que es olor a Tierra Mojada. —dijo Cinthya. —¿Lluvia eh? Eso me trae recuerdos.
    La joven caminó hasta la barandilla de la cubierta y recostó sus brazos sobre el borde mientras miraba con melancolía la enorme estructura de la torre que se erguía entre las diferentes cubiertas. —En La Tierra tampoco llueve muy seguido. Se han hecho muchos avances en la restauración de los ecosistemas y los ciclos climáticos, pero las temporadas de lluvia sobre Ciudad Macross solo tienen una o dos precipitaciones anuales. —dijo mientras observaba a los colonos ir de aquí para allá en el último piso de la cubierta principal.
    El joven se acercó y miró en la misma dirección. —Debe ser algo especial ver llover. —dijo Matt pensativo.
    —A los espíritus melancólicos les gusta la lluvia. —reflexionó Cinthya mirando a su compañero. —Supongo… sí, supongo que yo pasé por esa etapa de mi vida cuando era adolescente, dias y dias mirando las nubes bajas sobre Ciudad Macross, días y noches por igual, a veces la lluvia era una especie de acontecimiento especial que quebraba la monotonía del paisaje.
    El joven asintió en silencio. Comprendía perfectamente como se sentía Cinthya ¿Acaso no había sentido él lo mismo durante tanto tiempo? No había nubes bajas en la Colonia ¿Pero no era una cortina de metal lo que lo separaba del cielo de estrellas del espacio exterior? ¿Acaso no era la Rainbow una gran nube hecha de soportes, cañerías y módulos de construcción todos entrelazados como las moléculas de agua en estado gaseoso que formaban las verdaderas nubes?
    Sin decir una palabra se incorporaron y bajaron las grandes escaleras en dirección a la planta baja del centro comunal. Había poca gente en la calle, pero quienes se cruzaban a la pareja los saludaban amablemente.
    —¿Vamos en un transporte? —preguntó Cinthya mirando una pequeña fila de vehículos eléctricos aparcados cerca del hall desde donde se accedía al ascensor principal. Matt negó con la cabeza. —Yo no se manejar… bueno, en realidad si, pero no me gusta…. además conozco un atajo.
    Sin decir más entraron al elevador y descendieron varias cubiertas. Cuando las puertas se abrieron al llegar a su destino, un enorme pasillo se descubrió frente a ellos. Matt salió del elevador mientras Cinthya se rezagaba unos segundos.
    —Matt
    El joven se dió vuelta y miró a la joven.
    —Este atajo… ¿Es seguro?
    —Si claro. ¿Por qué lo preguntas?
    Cinthya salió del ascensor y miró nerviosa a su alrededor. Estaban en una cubierta que se extendía entre grandes bloques de estructuras tubulares, como si el interior de uno de esos enormes órganos de iglesia se tratase. El conjunto de tuberías se erguía imponente hacia el centro de lo que parecía ser una especie de conducto troncal que desaparecía en las profundidades de un abismo inmenso.
    —Akemi me advirtió acerca de estos lugares. —dijo Cinthya tomandose de una de las barandillas de la pasarela.
    El joven caminó hacia Cinthya y la tomó de la mano. El contacto de la cálida piel de Matt hizo que la inspectora se sintiera más tranquila de inmediato.
    —El interior. —exclamó. —No, no estamos todavía allí. Estas son las cubiertas de acceso periférico, lo que sucede es que ya es tarde y no hay mucha gente yendo y viniendo, pero esta es una zona por donde generalmente los obreros acceden a los diferentes sectores de mantenimiento.
    Cinthya soltó la mano de la baranda y se dejó guiar por Matt, quien la llevó por la estrecha pasarela hasta una de las decenas de puertas que se alineaban a lo largo de la vía de acceso.
    —Hay muchas leyendas tontas acerca del interior de esta vieja nave. —comentó Matt girando la palanca de la compuerta. —Pero son solo historias que los grandes inventaron para asustar a los más chicos.
    La joven inspectora asintió en silencio mientras la pesada puerta se abría y revelaba un pasillo oscuro. —No te preocupes, traje una linterna. —La tranquilizó Matt mientras sacaba el aparato de uno de sus bolsillos.
    El rayo de la linterna iluminó un pasaje bastante ancho que descendia levemente y parecía estar destinado al tránsito de equipos de mantenimiento o carretones de mercancías, tal vez una vía de acceso alternativa para cuando los elevadores no funcionasen. Matt dió unos pasos hacia la oscuridad y tiró levemente del brazo de Cinthya.
    —Es seguro, te lo prometo.
    La promesa dió ánimos a la joven quien dejó que la puerta se cerrase tras ella con un fuerte estampido.
    La pareja comenzó a descender por el pasillo a paso vivo. No es que tuvieran realmente prisa por llegar al hangar principal, era más bien el apuro por salir de aquel túnel oscuro y de la atmósfera que, según creía percibir Cinthya, se había vuelto demasiado pesada. La sensación parecía ir en aumento y en una de las decenas de vueltas que el camino daba sobre si mismo a medida que descendía entre cubiertas, Matt se detuvo.
    Cinthya casi se tropieza con la espalda del joven cuando este se hubo detenido de golpe.
    —¿Sucede algo Matt?
    El muchacho no respondió, parecía estar concentrado en algo, movía la cabeza lentamente de un lado a otro como tratando de captar algo con sus oídos. Finalmente apoyó la palma de la mano libre en una de las paredes metálicas y pareció sentir algo a través del metal.
    —¿Matt?
    —Escucha.
    Cinthya aguzó el oído lo más que pudo pero no podía escuchar nada más que su respiración y los latidos cada vez más acelerados de su corazón. Entonces imitó el gesto del joven y apoyó su mano sobre la pared.
    Había una serie de vibraciones en el frío metal, como ecos distantes de una máquina que ronroneaba en alguna parte de la enorme nave. ¿Era eso lo que Matt sentía? Se sobresaltó al oír la voz del muchacho de pronto. —Sostén la linterna un segundo Cin. —dijo mientras extendía la mano con el aparato. Cinthya tomó la linterna y alumbró el sector que tenían por delante mientras Matt apoyaba ambas manos contra la pared. Su comportamiento estaba poniendo muy nerviosa a la inspectora.
    El joven pareció notar la incomodidad de su compañera. —Lo siento Cin… es que siento… no se como explicarlo realmente, siento que algo ha cambiado en la Rainbow. Yo crecí dentro de esta enorme nave y desde pequeño me acostumbre a sus sonidos…
    —¿Y ahora la Rainbow suena diferente? —preguntó la joven.
    Matt asintió con la cabeza sin quitar ambas manos del metal. —Si, algo ha cambiado. No se como decirlo pero… hay un sonido… un tono especial que se propaga por el esqueleto de vigas, por la piel de acero. Algo… no, alguien está resonando junto con la nave.
    La forma en que Matt dijo estas últimas palabras sobresaltó a la joven. La linterna resbaló de su mano y cayó al suelo de metal donde se apagó de inmediato.
    Para sorpresa de ambos, no fueron rodeados por la oscuridad.
    Había una fuente de luz, algo que flotaba entre ellos y creaba un aura de luz rosada alrededor.
    —¿Matt? ¿Que es..? —comenzó a balbucear una asustada joven cuando Matt se apartó lentamente de la pared.. —¿Esto es…?
    El joven se abrió el cuello del traje de mantenimiento y extrajo la misteriosa fuente de luz adosada a una fina cadenita dorada. Sea lo que sea brilló más intensamente en cuanto estuvo frente a los jóvenes.
    —¿Que…?
    Matt cerró el puño alrededor de la pequeña gota de cristal y miró hacia un punto fijo en la pared que tenía enfrente. Cinthya no estaba segura pero creyó saber hacia donde estaba mirando Matt.
    Hacia El Campo.
     
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    Gerli

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    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    87




    Evans dejó pasar a Hal primero, antes de cerrar la puerta dió un breve vistazo a las mujeres que habían quedado solas en el interior de la Torre de control pero una mirada fría como el hielo de la Capitán Kyle le hizo cerrar la puerta de inmediato.
    —Tass está muerta. —dijo Hal suspirando profundamente. —Amanda la va a fusilar.
    —¿Fusilamiento? No creo que Tass tenga tanta suerte… no, no quiero ni imaginarme lo que nuestra Capitan le depare a esa pobre chica si realmente fue ella quien sacó a Will de la celda… ¿Es que todos se han vuelto locos estos últimos días? —preguntó el hombre sabiendo que nadie estaba en condiciones de darle una respuesta.
    Hal se encogió de hombros y señaló la puerta cerrada. —No me gusta esto de dejarla ahí dentro sola pero…
    —Lo se. Yo también tengo mis órdenes. Al menos nos queda el consuelo que Tass es aún más importante que nosotros en los planes de Amanda. Sea cual sea el castigo que le espera, no será algo que la pobrecilla deba enfrentar de inmediato.
    Ambos hombre caminaron unos metros hasta la zona del estacionamiento donde un vehículo eléctrico los esperaba. —Yo manejo. —dijo Hal sin esperar la respuesta del médico. El hombre asintió en silencio y ocupó el asiento al lado del conductor.
    Se pusieron en marcha de inmediato, dejando atrás la torre de control mientras circulaban por el estrecho túnel que conectaba las dos secciones de la superestructura donde descansaba el puente de mando.
    —¿Qué es lo que quiere buscar Amanda en el Interior? —preguntó Hal mientras consultaba el mapa que se desplegaba en el panel de mando del vehículo.
    —A Funes. —respondió Evans mirando distraídamente las luces naranjas que marcaban el camino entre las diferentes secciones de metal. Hal pisó el freno de golpe y el vehículo se detuvo en el acto.
    —¡Eh! ¡Ten más cuidado! —comenzó a decir el hombre mientras se recuperaba del brusco movimiento..
    —¿Dijo Funes? —preguntó azorado Hal —¿EL Funes?
    Evans suspiró y miró al conductor con gesto cansado —¿Acaso conoces a otro? —preguntó señalando el mapa. —Será mejor que te pongas en marcha de una vez.
    Hal obedeció y volvió a poner en marcha el transporte. —Funes. —dijo moviendo la cabeza. —El viejo ermitaño de la flota 37… para la mayoría de los Colonos es una leyenda urbana ¿Sabía?
    Su compañero asintió. —A decir verdad tengo mis dudas de que esté vivo… ¿Hace cuánto que no ha dado señales de vida?
    —Años. —respondió Hal con seguridad. —Recuerdo que Ralph había comentado algo sobre captar sus murmuraciones con ese amplificador de voz humana que tiene siempre en la oreja… pero si era eso o un murmullo de algún altavoz perdido en las tuberías… no estoy seguro.
    Llegaron al ascensor principal y bajaron del transporte justo cuando las puertas se abrían ante ellos.
    —Por cierto Hal. —Evans había bajado la voz y eso no pasó desapercibido para el operario. —Con respecto a Ralph….
    Hal entró al elevador y marcó una de las cubiertas intermedias. —Si, se lo que va a decirme… es sobre el Ghost ¿No?
    Evans asintió. —Tu sabes que no soy partidarios de los secretos, menos que menos si involucran a amigos y compañeros cercanos pero…
    —A decir verdad no estoy seguro sobre que voy o no voy a decirle al viejo Ralph todavía. —dijo.
    —Si aceptas el consejo de un veterano, yo recomendaría que no le digas nada. Ralph puede ser muy….. apasionado en lo que él cree que es lo correcto…
    Hal asintió. —Y justamente estamos hablando de armamento en la Colonia.
    Las puertas se cerraron con un leve chasquido y el elevador comenzó a descender hacia las entrañas de la gigantesca nave. Ambos hombre permanecieron en silencio mientras las pantallas a ambos lados del habitáculo mostraban información de actividades culturales y avisos publicitarios.
    —Han reparado el espejo. —dijo Hal señalando el cristal que ocupaba una parte del fondo del elevador.
    —Espero que nadie se haya lastimado seriamente. —respondió Evans.
    —Hablando de eso… —Hal miró al facultativo a los ojos. —He visto lo que la música de Matt hizo en las heridas de Ralph. El chico se esta volviendo muy bueno en sea lo que sea que está haciendo.
    Evans continuó mirando su imagen reflejada en el inmaculado espejo. Le pareció que había envejecido varios años en los últimos días. Al menos unos cuantos mechones de sus finos cabellos blancos se habían caído durante la última ducha.
    —¿Doctor?
    El hombre apartó la vista del espejo. —No te creas que todo fue mérito de Matt. —dijo restándole importancia al asunto. —Ralph tiene el cuerpo de una armadura de combate, puede soportar cosas mucho peores que esa, recuerda que fui yo quien tuvo que meter medio cuerpo dentro del agujero que trajo en el pecho seis años atrás para suturar una arteria.
    Hal frunció el ceño. —Eso fue..
    —Eso fue una locura. —respondió bruscamente Evans. —Y ahora está por ocurrir nuevamente.
    El operario apartó la vista del médico. —Ralph… Ralph tenía sus razones, todos en las barracas lo apoyamos.
    —Nos mintieron, a todos. Se llevaron el transporte pesado, atacaron una instalación de investigaciones de la flota Galaxy y se robaron algo… a Ralph casi le volaron el corazón de un disparo de Gunpod… y tu todavía lo defiendes.
    Hal apretó los puños. —No robamos nada. Ralph fue a buscar lo que ellos le quitaron.
    —Casi lo matan. —sentenció Evans. —Y casi los matan a ustedes tambien. ¿Qué crees que diría Amanda si llegase a saber la verdad? ¿Que no fueron Piratas los que destruyeron el transporte?
    El joven se dió vuelta y miró fijamente al doctor con fuego en la mirada. —Lo prometió. —dijo. —Prometió no decir nada.
    —Si. Lo hice. —respondió Evans cruzándose de brazos. —Y mantendré mi palabra de honor, puedes estar seguro de ello, pero estoy harto Hal, estoy harto de las mentiras.
    Las puertas del elevador se abrieron en la cubierta donde se encontraba la clínica médica pero ninguno de los dos hombres se movió.
    —Esto es lo que conseguimos por vivir ocultandonos cosas todo el tiempo… Ralph, tú, Amanda y Yo… no hemos estado haciendo más que ocultarnos cosas los últimos veinte años. Esto tiene que terminar.
    Hal no respondió y Evans salió del ascensor con las manos en los bolsillos.
    —Doc.
    Evans se dió vuelta.
    —Lo que hizo Ralph… lo hizo por amor.
    —Lo se. —contestó el médico. —Por eso fue algo tan estúpido.
    Las puertas se cerraron y Evans permaneció en silencio observando el pulido metal.
    —¿Amor eh? —dijo suspirando profundamente.
    Sacó el Pad del bolsillo de su delantal y buscó uno de los contactos. El nombre de la Inspectora Cinthya Ross apareció resaltado junto con un pequeño retrato de la muchacha. Evans hizo el ademán de seleccionar la llamada pero se arrepintió a último momento. Quería pensar bien que decirle a la joven y en el estado en que había quedado luego de su charla con Hal no era la mejor ocasión para discusiones delicadas.
    Volvió a guardar el aparato y entró a la Clínica.
    Había un par de pacientes esperando en el hall a quienes saludó cordialmente. Sin nada más que hacer entró en el pasillo de los consultorios y caminó hasta el fondo donde estaba la puerta que comunicaba con su laboratorio. No se sorprendió al ver casi todos los monitores de su escritorio encendidos, Matt había estado tocando el piano esa tarde y los equipos habían estado registrando la actividad en modo automático.
    La enorme cantidad de datos hizo que Evans se rascara la cabeza. Iba a tener que sumergirse en esos graficos durante horas en busca de los patrones que deseaba analizar para poner a prueba sus teorías.
    —Café —dijo en voz alta y la pequeña cafetera del laboratorio se encendió enseguida con un silbido mientras el hombre se sentaba cansadamente en el sillón frente al tablero de instrumentos.
    —Vamos a ver que tenemos aqui. —dijo extendiendo las manos sobre las cuales se proyectó un teclado de luz holográfica.
    Una espectrografía se desplegó a lo largo de la mesa de trabajo. Era la firma de energía que la música de Matt había estado generando durante la hora y media que había durado la sesión de práctica. Evans utilizó gestos de las manos para seleccionar diferentes fragmentos del espectro visible para estudiarlos con atención, acercando y alejando los diferentes picos de datos en busca de anomalías.
    Evans perdió la noción del tiempo. Solo el incesante pitido de la cafetera avisando que el café había sido recalentado al menos cuatro veces pudo sacarlo del trance en el que había estado mientras examinaba los miles de datos registrados esa tarde. El hombre se quitó los lentes y se pasó la mano por el rostro mientras se levantaba lentamente de la silla. No pudo terminar de hacerlo.
    —Pero que caraj…
    El gráfico que estaba desplegado sobre el escritorio sufrió un cambio abrupto. Las líneas rojas se desplazaron hacia la izquierda y un sector con nuevos datos se agregó de pronto desde la derecha. Evans miró incrédulo como una nueva emisión de energía dimensional cobraba intensidad a medida que la gráfica crecía de tamaño. —Mierda. —dijo casi en un susurro mientras su cerebro trataba de comprender lo que estaba pasando.
    —Salón. —exclamó de pronto y uno de los monitores superiores se activó mostrando el oscuro interior del Salón de Actos donde el piano se encontraba. Estaba desierto.
    —No puede ser… ¿Donde…?
    Con un gesto de la mano abrió una nueva ventana. Se trataba de un plano de visualización que formaba una grilla de coordenadas color verde sobre un fondo oscuro. De inmediato los datos comenzaron a formar un patrón de ondas.
    —Sound Energy… ¿Pero de dónde viene? —se preguntó Evans rascándose la barbilla. Utilizando dos dedos de la mano hizo un gesto para alejar el zoom de la imagen, lo que vió lo dejó perplejo.
    —Por todos los…. ¡Es imposible!
    Otro cambio en las gráficas interrumpieron sus cavilaciones. Algo estaba pasando en el campo dimensional y sus instrumentos estaban registrando niveles extraordinarios de energía. Ahora una serie de curvas de color turquesa se superpusieron sobre la firma recién detectada. La forma de esas ondas era inconfundible. —Resonancia. —exclamó sorprendido Evans sentándose de pronto y sin sacar los ojos de la proyección holográfica.
    Con un gesto de la mano recortó la parte donde las curvas de resonancia se superponian con la energía dimensional y las amplió.
    Lo que vio lo llenó de asombro y dudas.
    —Esto es el cristal. —dijo separando una línea… —Pero esta otra… esta es... ¿Cinthya? ¿Está… resonando..?
    Con un gesto brusco de la mano barrió toda la información y gráficos fuera del escritorio. Todas las imágenes se apagaron al unísono dejando al hombre sumido casi en las tinieblas.
    —Tengo que llamar a Amanda. —dijo mientras tomaba el Pad de uno de sus bolsillos. Con manos temblorosas buscó el contacto y dió prioridad máxima a la llamada.
    Los segundos que la comunicación tardó en establecerse parecieron durar una verdadera eternidad para el nervioso hombre. Finalmente la llamada fue contestada.
    —Aquí Kyle ¿Que sucede Evans…?
    —Amanda, Matt está en peligro.
    Se hizo un silencio en la comunicación. Al cabo de unos momentos la voz de la Capitán Kyle volvió a escucharse.
    —Explíquese.
    —El cristal FOLD… yo me equivoque… ¡Tenemos que encontrar a Matt lo más pronto posible!
    —Calmese Evans, no podemos ayudar a Matt si no me explica que esta pasando.
    El hombre se pasó la mano por la frente perlada de sudor. —Cometí un error grave Amanda, le di a Matt el Cuarzo Fold.
    —¿Esa piedra exótica? ¿Porqué…?
    —Estaba seguro que las propiedades del cristal harían que la Sound Energy de Matt se amplificaría, pero me equivoqué.
    —¿Que está sucediendo? ¿Qué es lo que le está pasando a Matt?
    Evans empujó la base del escritorio y la silla se apartó del mismo mientras el hombre no dejaba de tomarse la cabeza. —El Cuarzo Fold no amplifica la energía Dimensional, lo que hace es resonar con ella.
    —¿Resonar?
    —Absorbe Sound Energy y la envía a través del espacio dimensional, pero a la vez emite un tipo de onda diferente… una especie de...Onda FOLD.
    —Y esa Onda…
    —Es lo que está haciendo que Matt cambie sus genes. —respondió Evans con la voz temblando. —Además hay otra cosa… es la inspectora Cinthya…
    La voz de Amanda sonó diferente. —¿Qué sucede con la Inspectora Ross?
    —Ella también está resonando con la Sound Energy.
    Se hizo el silencio durante unos segundos del otro lado del aparato. De pronto la voz de Amanda sonó con impetu y resolución. —Enviaré a personal de seguridad a que cierren el Salón de Actos, Matt no puede volver a tocar ese piano.
    —Amanda…
    —También será mejor que evitemos la reproducción de música en los parlantes de la Colonia. Estableceremos una cuarentena musical hasta saber lo que..
    —Amanda…. escucha.
    —¿Que pasa..?
    —La Sound Energy… viene Del Campo.
     
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    Gerli

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    La masiva instalación eclipsaba la luz de la pequeña estrella. Definitivamente estaban llegando al centro de todo el complejo, desde donde partían la mayor cantidad de tubos, puentes y tensores que conectaban las demás instalaciones a esa especie de red gigantesca de manufactura de maquinaria de guerra Zentradi.
    Era un planetoide… al menos las partes que estaban libres de construcciones lo seguían siendo. La mayoría de la superficie rocosa había sido minada y convertida en partes funcionales de sea lo que sea que se fabricaba ahí dentro.
    Exedore voló el transporte hacia la primera entrada libre que encontró, dejando atrás a la escolta de guerreros que al parecer tenían vedado el acercamiento a dicha instalación.
    El muelle de atraque estaba desierto y a oscuras. Había grandes ventanales vidriados en un sector del techo pero al estar a la sombra de la enorme instalación casi no se veía nada del exterior, solo algunos contornos grises denotaban la presencia de cañerías o soportes que cruzaban aquí y allá el espacio entre las rocas.
    Nadie los estaba esperando cuando la nave aterrizó sobre la superficie de metal gris ni cuando la compuerta lateral se abrió de par en par.
    Maya descendió primero seguida por Virya y Exedore quienes caminaban tan solo unos pasos detrás de la flamante Almirante recién ascendida.
    Una serie de luces se encendieron en el hangar de forma que una senda quedó resaltada sobre el oscuro recinto, el grupo caminó en la dirección señalada hasta llegar a una compuerta ubicada al fondo del mismo.
    La puerta se abrió en cuanto Maya estuvo a unos cuantos pasos de distancia revelando un largo corredor ascendente.
    —¿Quien se supone que debe recibirnos? —preguntó Virya mientras atravesaba la puerta.
    —El Comandante Supremo Breka-Nel es quien dirige las operaciones de esta Matriz. —respondió el Archivista sin apartar la mirada del frente. —Estamos bajo sus órdenes en el momento en el que entramos a la influencia gravitacional de esta estrella.
    Maya y Virya asintieron en silencio.
    Al cabo de unos minutos de caminar el corredor desembocó en una estancia amplia y algo mejor iluminada. En el medio de la misma había un círculo en el piso de una especie de material oscuro y opaco. El grupo caminó hasta el mismo centro y de inmediato comenzaron a ser elevados hacia los niveles superiores.
    A medida que la plataforma circular atravesaba las diferentes cubiertas que se abrían casi sobre sus cabezas aumentaba la sensación de gravedad. Al parecer estaban acercándose al mismo centro de aquel planeta modificado.
    La última compuerta se abrió y la plataforma se detuvo en una especie de caverna de grandes dimensiones. Tan alto era el techo que se perdía entre las sombras allá arriba. Frente a ellos un enorme racimo de cables y tuberías surgía de todas direcciones posibles para converger en un único tronco retorcido de conecciones tentaculares.
    En la base de aquel enorme conjunto de cables estaba un Zentran.
    Maya y Virya esperaban encontrar a uno de los Enormes Comandantes Supremos, así como habían visto al gigantesco Dortrad-Jen erguirse sobre aquel masivo cuerpo de centenares de metros de altura.
    Breka-Nel era un poco más alto que Kreegan, al menos eso era lo que parecía a simple vista ya que el Comandante Supremo yacía sentado en una especie de asiento hecho de un material lleno de poros y protuberancias al parecer del mismo material que conformaba las paredes. Al igual que Kreegan su cabeza estaba cubierta por varias prótesis de metal llenas de sensores y mejoras, pero si Kreegan solo tenía un par de parches de metal alrededor del cráneo, Breka-Nel estaba literalmente conectado al enorme manojo de cables que se introducían por toda la cabeza del poderoso Zentran.
    En cuanto el grupo abandonó la plataforma circular un estremecimiento y un rugido audible para todos recorrió el enorme pilar central. De inmediato los cables y tentáculos se contrajeron y se desprendieron de las conecciones craneales de Breka-Nel, quien de pronto abrió los ojos.
    —Los esperaba. —dijo mientras se ponía de pie.
    El poderoso Comandante se acercó al grupo mientras varias luces iluminaban el centro de la cámara. Cuando estuve frente a Maya se detuvo y miró inquisitivamente a la joven Almirante.
    —Quítese el traje.
    Maya obedeció de inmediato, primero quitándose el casco y luego activando los controles que aflojaron el traje haciendo que cayera de una sola vez a sus pies. Tal y como había hecho Exedore antes, una serie de tentáculos surgió de entre las vestiduras del Zentran y procedieron a examinar cuidadosamente el cuerpo desnudo de Maya.
    La revisión fué aún más exhaustiva que en la Fortaleza de Dortrad-Jen, solo cuando todos los rincones del cuerpo de la Meltran hubieran sido palpados y evaluados el Comandante Supremo dió por concluida la revisión. —Bien. —dijo retrayendo los apéndices nuevamente. —El proceso comenzará en doce horas. La matriz ha sido inicializada y comenzará a crecer en cuanto la información genética sea alimentada. Luego se cargaran los datos de memoria y el sistema se encargará del proceso de maduración por sí solo.
    Mientras Breka-Nel hablaba la caverna había comenzado a sufrir una transformación notoria. La oscuridad que los rodeaba había desaparecido, reemplazada por un tenue resplandor verde que emanaba de las paredes. irya reconoció esa especie de material biológico similar al que formaba las estructuras de la fortaleza de Dortrad-Jen.
    Una vez que hubo observado los alrededores volvió la vista al frente y vió con alarma que el Comandante Supremo la estaba mirando.
    —Virya 712. —la voz del Zentran tenía un tono metálico al pronunciar su nombre. —La Meltrán de los genes trastocados.
    Virya saltó hacia atrás con un acto reflejo, casi había creído percibir el fugaz ataque del Comandante solo que… no había pasado absolutamente nada.
    Maya había comenzado a vestirse en cuanto Breka-Nel hubo apartado la vista de ella y quedó sorprendida ante la reacción de su compañera. Exedore ahogó una exclamación.
    El Comandante permaneció en el mismo sitio sin siquiera cambiar la expresión del rostro.
    —Lo… ¿Lo sabia…? —preguntó la Meltran aún con la guardia alta.
    —Por supuesto. —respondió Breka-Nel sin apartar la vista de la guerrera. —Dortrad-Jen envió la información antes de entrar en batalla.
    Virya apretó los puños. ¿Acaso se había hecho ilusiones de poder mantener a salvo su secreto por mucho tiempo? Había llegado tan lejos, sobrevivido a tantos peligros y todo para…
    —¿Va a matar a Virya? —preguntó Maya mientras sostenía el casco con ambas manos. —El Comandante la miró con indiferencia ante la preocupada expresión de Exedore quien parecía estar temblando entre las dos Meltrans. —¿Por sus genes?
    Breka-Nel emitió algo asi como un gruñido mientras miraba en la dirección de Virya. —¿Que le hace suponer eso?
    Ahora fue el turno de Exedore de abrir los ojos grandes como platos. —Su excelencia… pero sus genes…
    —Sus genes son un error, un accidente, una consecuencia de las leyes que regulan nuestra existencia. —Una mueca se dibujó fugazmente en el rostro siempre inexpresivo del Comandante. —Ah… claro, ademas ni usted ni Dortrad-Jen lo saben ¿Y por qué habrían de saberlo? Sus órdenes son destruir a nuestros enemigos, no preocuparse por el Acervo Genético Zentradi.
    Maya pareció volver a respirar normalmente. —Entonces sus genes…. ¿No son peligrosos?
    —Solo para ella misma. —sentenció Breka-Nel.
    Al escuchar las palabras del Zentran Virya por fin relajó sus músculos. ¿Realmente había escuchado bien?
    Exedore hizo una reverencia y el Comandante volvió la cabeza en dirección a Maya. —A partir de este momento tanto usted como el Archivista Exedore tienen prohibida la salida de esta instalación, cuando llegue el momento de iniciar el proceso serán llevados a una instalación de cuarentena antes de activar las cámaras.
    Virya dió un paso al frente. —¿Qué sucederá conmigo? —preguntó.
    —Haz lo que quieras. Puedes unirte a nuestras tropas de elite encargadas de la defensa de este lugar o puedes esperar a que la nueva flota esté lista.
    —¿Nueva flota? —preguntó Maya asombrada.
    —La nueva flota que crearemos a partir de sus datos y perfiles genéticos, Maya Lagrexia 732 —dijo Breka-Nel volviéndose hacia Exedore. —Debo volver a conectarme a la estación para comenzar las tareas de inicialización de las factorías, no tengo tiempo para contestar preguntas de simples soldados, si lo desea puede acceder a mi archivo y dispensar todo el conocimiento que desee.
    Acto seguido los apéndices volvieron a extenderse mientras el Archivista hacía lo propio con los suyos. La conexión se estableció y tanto Maya como Virya pudieron ver como no solo la cabeza de Exedore temblaba violentamente al recibir los datos, una especie de fugaz brillo pareció encenderse por una milésima de segundo dentro del abultado cráneo.
    Los ojos del Archivista parecieron inyectarse de sangre y todo su cuerpo sufrió una convulsión. Luego el silencio volvió a reinar en la estancia.
    —¿Archivista…? —comenzó a preguntar Maya pero Virya la detuvo con un gesto de la mano. —Dale un momento, Maya. —dijo moviendo la cabeza.
    Breka-Nel volvió a hacer la misma mueca que antes ¿Acaso era el equivalente a una sonrisa? Luego simplemente se alejó en dirección a esa especie de puesto de Comando donde su cabeza volvió a conectarse a la maraña de cables y tubos mientras el Zentran permanecía sentado y con los ojos abiertos.
    Exedore se sacudió y pareció salir del trance.
    —Vamos. —dijo Virya poniendo la mano sobre la espalda del Archivista. Era la primera vez que la guerrera tocaba de una forma no violenta al Zentran, lo que hizo que Exedore se sobresaltara nuevamente. No obstante se dejó guiar en silencio hasta la plataforma circular.
    —¿Dónde vamos? —preguntó Maya
    —A nuestras armaduras… es… es el único lugar conocido que nos queda. —dijo Virya con un extraño tono en la voz.
    Maya asintió y ambas iniciaron la marcha seguidas por Exedore.
    La plataforma comenzó a descender en cuanto los tres estuvieron quietos en el centro. Tal y como habían hecho al llegar fueron desandando el camino hasta llegar a la habitación desde donde partía el pasillo que conducía al muelle de atraque.
    —Usted sabía lo de la nueva flota ¿Verdad? —preguntó Virya en cuanto la plataforma hubo tocado el suelo.
    —Si. —respondió Exedore. La respuesta tan directa desconcertó a la guerrera. ¿Que más había cambiado en la cabeza de Exedore? De alguna forma sentía que lo averiguaria pronto, demasiado pronto para su gusto.
    Entraron al corredor descendente y avanzaron en silencio hasta la entrada del muelle. No se sorprendieron en absoluto al ver que ya no existía la compuerta de salida. Había sido recubierta por ese material poroso que parecía crecer por todos lados y a la vez formara parte de la arquitectura del lugar.
    —Al fin y al cabo somos prisioneros. —dijo Maya acercándose a su Rau. La poderosa armadura reflejaba las luces del techo del hangar y distorsionaba el reflejo de la joven guerrera.
    Virya se sentó junto a ella mientras Exedore permanecía parado a unos pocos pasos con su abultada cabeza todavía convulsionando de vez en cuando. No tenían nada que comer (En realidad los guerreros Zentradi no necesitaban alimentarse demasiado seguido) pero compartieron algo de agua de la cantimplora de Maya mientras observaban en silencio como la actividad había empezado a aumentar en los alrededores del lugar donde se encontraban. A través de los ventanales del techo algunas luces comenzaron a aparecer en las instalaciones vecinas, como si las fábricas despertaran de su letargo y comenzaran lentamente a trabajar para sus amos.
    —Una nueva flota. —exclamó Maya mirando por los cristales hacia la oscuridad que los rodeaba. —¿Es posible?
    Virya se había quitado el casco y dejó la cantimplora a un lado asintiendo. —Todas las armaduras que usamos en combate se construyen en lugares como estos. La que conocí yo era mucho más pequeña claro, pero esta clase de fábricas pueden construir absolutamente todo.
    —¿Incluso una Superfortaleza? —preguntó la joven Meltran.
    Virya se encogió de hombros. —Supongo. —dijo mientras señalaba al Archivista. —Ahora, más que nunca, es Exedore el que tendría que tener todas las respuestas a nuestras preguntas.
    El Zentran no dió muestras de haber escuchado su nombre y continuó impasible con esa especie de trance en la que se había sumido al entrar al hangar. Virya suspiró. —Será algo extraño verte a los mandos de una Superfortaleza, Maya.
    La joven hizo un gesto de asombro —¿Yo? ¿Yo al mando de….?
    —Serás como Dortrad-Jen —dijo la guerrera con una sonrisa. —Te convertirás en una de las Meltran más poderosas de la Galaxia y podrás mover toda la flota a tu antojo.
    Maya estaba demasiado confundida para decir nada, simplemente se limitó a pestañear y mirar con incredulidad a su mentora. Lo que estaba diciendo no podía ser verdad.
    —Perseguiremos a nuestros enemigos hasta el mismo centro de la Galaxia si es preciso y vengaremos a Kreegan y a… ¿Que rayos…?
    Exedore se había acercado en silencio a las dos Meltran y ahora se encontraba parado junto a Virya. Su cabeza había dejado de temblar pero su expresión había cambiado por completo.
    —¿Que sucede Ex-?
    El golpe del tentáculo en su mejilla izquierda la sorprendió. No fué para nada fuerte, pero la velocidad con la que el blanco apéndice se movió en el aire y golpeó a la distraída Virya la dejaron paralizada.
    No se lo esperaba, podría haber esquivado fácilmente ese golpe pero… no, simplemente no podía creerlo. —Tu… —fue lo único que pudo decir Virya mientras pasaba su mano por la mejilla enrojecida.
    —Es usted muy observadora Capitán Virya. —dijo el Zentran en un tono sarcástico. —Siempre afirmando que reconocer sus alrededores es de vital importancia para sobrevivir ¿Verdad?
    La expresión de Virya se ensombreció. —¿Qué rayos está diciendo?
    Exedore retrajo su apéndice y observó a la Meltran con ojos fríos como el hielo. —Usted asume muchas cosas, Capitán. Pero lo hace mal. No es un Almirante, ni un Archivista, menos que menos una Comandante General. Sus genes no le dan la pericia necesaria para pensar como uno de nosotros. No lo haga, ni siquiera lo intente…. le aseguro que no vivirá tanto si continúa con esa clase de actitud.
    Maya y Virya se pusieron de pie. El tono de voz de Exedore las estaba poniendo nerviosas. jamas habia escuchado hablar así al pequeño Zentran.
    —Breka-Nel tiene razón. —continuó diciendo el Archivista. —Virya es libre de elegir su destino. Quedarse aquí o partir con la nueva flota ¿Pero nosotros? —Y al decir esto su mirada se clavó en Maya. —Nosotros nunca saldremos de aquí con vida.
    La mano de la Meltran salió despedida de inmediato y tomó a Exedore por el cuello de la túnica. —¿Que estas diciendo? ¡Explicate! —gritó elevando el pequeño cuerpo varios metros en el aire.
    —No lo comprende. —Exedore parecía escupir las palabras en el rostro de Virya. —Se cree capaz de comprender la realidad y no sabe nada ¡Nada!
    —Capitán… —Maya puso su mano sobre el hombro de la alterada guerrera. Virya sintió el contacto de su compañera y aflojó el brazo y el Archivista volvió a tocar el suelo. —Dime. —dijo apretando los dientes. —Dime lo que sabes…. por favor.
    Exedore abrió grandes los ojos. —Tu no puedes pedirme nada. —dijo
    —Entonces yo te lo pido, no, te lo ordeno. —dijo Maya colocándose junto a Virya. —Dinos lo que Breka-Nel transmitió a tu cabeza.
    Ni siquiera Exedore podía rechazar una orden. El Zentran emitió algo así como un suspiro y se alejó unos pasos de la pareja de Meltrans mientras el silencio los envolvia. Pasaron varios segundos antes que Exedore volviera a hablar.
    —Breka-Nel va a utilizar el cuerpo de Maya para extraer su información genética y combinarla con otra similar que codifica a los Comandantes Supremos. El cuerpo se destruye en el proceso. Es así de simple.
    Virya no podía creer lo que estaba escuchando. —No puede ser… después de tanto.
    Maya simplemente cerró los ojos y respirando profundamente los abrió lentamente al cabo de unos segundos. —Entiendo. —dijo mientras retiraba la mano del hombro de su compañera y daba unos pasos hacia el Archivista. —Si esa es mi misión final la aceptaré con honor.
    Virya cayó de rodillas sobre el suelo del hangar. —No, no así. —dijo moviendo la cabeza de un lado a otro. —No quiero perder también a Maya.
    Ni su compañera ni el maldito Zentran dijeron nada ¿Acaso era más simple para ellos aceptar su destino? ¿Había perdido ella la capacidad de aceptar lo inevitable?
    El suelo de metal pareció volverse difuso, nublado. Virya pestañeó sorprendida y dos gotas cayeron sobre el gris metal.
    Lagrimas.
    Eran las mismas que había visto el dia que Kreegan la había arrastrado fuera de sus rutinas de combate, de su escuadrón, de sus compañeras. El dia que toda esa maldita historia había comenzado.
    —¿Capitán?
    La Meltran levantó la vista y tanto Exedore como Maya pudieron ver las lágrimas que corrían por las mejillas de su rostro.
    —Capitán… sus ojos…. —Maya no comprendía lo que estaba sucediendo. Exedore en cambio si. —Todo está relacionado. —dijo levantando la vista hacia el gran ventanal. —No, en realidad todo está encadenado, esa serie la palabra más adecuada.
    —Los genes. —respondió Maya sin quitar la vista de su mentora. —¿Por qué son tan importantes? —preguntó.
    —Nos hacen lo que somos. —respondió Exedore. —Y por eso Dortrad-Jen temía tanto a los genes retorcidos de Virya.
    —¿Dortrad-Jen les Temía? —Maya no comprendía.
    Exedore suspiró. —¿Recuerda lo que le explique antes de venir aquí? ¿Sobre como los Zentradi fuimos creados para ser una maquinaria de guerra eficiente? Cada soldado es creado con un propósito y los cuerpos que poseen reflejan esa necesidad. Ni un solo gen extra debe ser usado para otra cosa que no sea la batalla y el combate. Virya rompió esa regla, se convirtió en algo que su existencia no podía justificar… y eso es algo que Dortrad-Jen no podía tolerar.
    —Pero usted me dijo que habia algo mas…
    El Archivista asintió con la cabeza. —Si, algo “Tabú” que ni siquiera los Comandantes Supremos podían hablar con nosotros los Archivistas de la flota… pero yo no conocía realmente de qué se trataba. Ahora lo sé y puedo comprender en verdad el peligro mortal que se esconde en los genes.
    Como para reafirmar lo que acababa de decir su cabeza tembló violentamente. —Breka-Nel me dió la respuesta junto con el resto de la información sobre lo que nos sucederá en solo unas horas más.
    —¿Cual es esa respuesta? —preguntó Maya —¿Cual es la verdad que ocultan los genes?
    Exedore miró a Maya directamente a los ojos. —Demuestran que no somos guerreros perfectos.
    —¿Que?
    Virya se puso de pie al instante. —¿Que clase de razón es esa?
    Maya giró la cabeza en dirección a la guerrera. —Virya…
    —Este Zentran no puede decir que..
    —Silencio. Es una orden.
    La boca de Virya se cerró de pronto mientras su rostro adquiria una expresión de sorpresa absoluta. Sin embargo no contestó y se limitó a sentarse nuevamente en el suelo.
    —Continúe por favor Archivista.
    —Gracias Excelencia. Como decía, todo está relacionado; los genes, el destino de la flota de Dortrad-Jen, Virya, Breka-Nel, nuestra muerte inevitable. Todo tiene una razón de ser y esa razón es la forma imperfecta en la que nuestros creadores nos diseñaron.
    Virya se removió inquieta en su lugar. Maya la imitó y tomó asiento a su lado. —Hábleme sobre… sobre nuestros creadores. —pidió la joven.
    Exedore suspiró. —Esto va a ser largo…. ojalá yo también pudiera sentarme.
     
  10.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    147
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    89
     
    Palabras:
    2136
    89




    Rebecca supo inmediatamente que algo no estaba bien por la forma en que Amanda quedó mirando la ventana luego de cortar la comunicación.
    —¿Amanda…?
    Hasta los dedos de Tass habían dejado de golpear el teclado de su consola. La chica no había dejado de trabajar en la terminal desde que Amanda descubriera lo sucedido con Will. Ahora el silencio había vuelto a reinar en la Torre de Control mientras las dos mujeres contenían la respiración.
    —Mierda. —dijo Amanda guardando lentamente el Pad en uno de sus bolsillos.
    —¿Ese era Evans? —preguntó Tass levantando la vista. La Capitán Kyle dio la espalda al enorme ventanal y caminó hacia su silla. —Rebbie, necesito información del reactor.
    La mujer giró la silla en su dirección. —¿El reactor?
    —Dame un reporte completo.
    —Si Capitan.
    Rebecca volvió la silla a su posición de trabajo y desplegó sus manos sobre el teclado. De inmediato invocó en la pantalla central del Puente todas las interfaces de control y diagnóstico del corazón de la Rainbow. Ni siquiera Tass había visto todos los sistemas desplegados al mismo tiempo.
    —Reactor en línea, Salida al tres porciento, flujo estable. Sistemas primario, secundario y terciario operativos. Subsistemas de apoyo en línea. Todos los sistemas operativos y listos. ¿Qué es lo que…?
    —¿Vas a mover la Rainbow? preguntó Tass sin sacar la cabeza de enfrente de la pantalla que tenía delante. La Capitán asintió. —Es una posibilidad. —dijo.
    —Amanda… no puedes mover la Colonia de este lugar sin la autorización expresa de la Directora.
    La mujer se cruzó de brazos en actitud desafiante. —¿En serio crees que no lo se? —dijo mirando el gráfico del reactor que en esos momentos flotaba en el centro del proyector de hologramas. —No quiero hacerlo Rebbie, pero tenemos que estar preparadas..
    —¿Qué es lo que sucede? —preguntó la mujer morena apagando la interfaz de su estación.
    —Evans detectó Sound Energy que proviene del campo… cree que es la misma clase de energía que está produciendo esos cambios corporales en Matt
    —¿Desde El Campo…? Eso es…
    —Imposible, ya lo se. —contestó la mujer. —No debería haber nada vivo ahí dentro y sin embargo… —la mirada de Amanda se clavó en la muchacha de anteojos. —Tass, te dije que te concentraras en tu trabajo. Busca a Will en el interior y comunicame con él lo antes posible.
    La joven suspiró. —Ya te dije que se va a esconder hasta que se vaya Jim, dijo que no volvería hasta estar seguro…
    Amanda hizo un gesto con la mano. —No pensé que Will llegara a ese extremo… es un idiota, pero esta vez superó todos los records de estupidez previamente registrados. Debió haber confiado en mí… si tan solo…
    La interfaz del holograma cambió nuevamente y el globo azulado del radar de vigilancia volvió a ocupar su lugar en el centro de la Torre de Control.
    —¿Comunicaciones? —preguntó la mujer.
    —Sin retornos Amanda. —respondió Rebecca revisando su pantalla. —Ultimo ping recibido hace setenta y tres horas, veintitrés minutos.
    —¿Alguna comunicación de la Barrow?
    —Nada.
    Amanda se sentó en su silla de mando con un gesto de cansancio. —Eso es lo que más me preocupa. —dijo mirando el enorme globo azul. —Leonardo ya debería haber respondido a nuestros mensajes…
    Rebecca giró la cabeza en dirección a la mujer. —Gray me dijo que el viejo y su estación estaban bien cuando vinieron hacia aquí…. creo que te preocupas demasiado.
    —Preocuparme es lo que mejor se hacer. —respondió. —Deberían aprender a cuidarse solos de una buena vez. —Dijo mirando a la nerviosa Tass. La muchacha continuó deslizando sus manos por la interfaz holográfica y mantuvo la boca cerrada.
    —¿Qué es lo que piensas hacer Amanda?
    —Primero, encontrar a Matt. —dijo.
    —¿Encontrar? ¿A Matt? —preguntó Rebecca confundida.
    —No está en el Salón de Actos y al parecer ha desconectado su Pad. Evans cree que el chico está en alguna parte de la Colonia junto a la inspectora Ross, pero ella tampoco contesta sus llamados.
    —Oh!
    —Debemos encontrarlo pronto y ponerlo bajo observación. Si se produce un cambio brusco en su organismo, tenerlo cerca de cuidados intensivos podría salvarle la vida.
    Rebecca se quitó los auriculares y miró preocupada a su Capitana. —¿No podemos simplemente aislarlo de esas emisiones de energía?
    Amanda negó con la cabeza. —No. —dijo. —Evans dice que la Sound Energy se transmite por el espacio dimensional. No hay ningún material que pueda aislarte de esa clase de emisiones… solamente la distancia podría amortizar sus efectos sobre Matt.
    —Y por eso quieres mover la Colonia.
    —Al menos unos cuantos miles de kilómetros más lejos del Campo… la falla alrededor de la anomalía absorbe casi toda emisión dimensional, si nos alejamos un poco más podría disminuir drásticamente.
    La mujer morena asintió. —La Directora seguro lo aprobaría pero…
    —Estamos atados de manos hasta no restablecer las comunicaciones. —dijo suspirando.
    Amanda se sentía cansada, cansada como nunca se había sentido en tantos años de trabajo a los mandos de aquella ciudad… bueno, en realidad eran apenas algo mas que un poblado en medio del espacio y sin embargo, aquellos colonos eran su pueblo, su mundo.
    —Estamos tan cerca. —dijo la Capitán Kyle sacudiendo la cabeza. —No podemos bajar los brazos justo ahora. No, hagamos un último esfuerzo. —dijo mientras se levantaba. —Tass, olvídate de Will, es hora de reorganizar nuestras prioridades.
    La joven dejó de teclear y giró la cabeza en dirección a Amanda.
    —Será mejor que trabajes en tu IA, yo me encargaré de Will. —dijo mientras se acercaba a la joven y ponía una mano en su hombro. —Déjalo todo en mis manos.
    Tass asintió en silencio y se levantó de la estación sin decir una palabra. Acto seguido hizo una sutil reverencia y abandonó la Torre de Control por la puerta Principal.
    —Oculta algo. —sentenció Rebecca desde su puesto.
    —Tass es demasiado sincera. —respondió Amanda suspirando. —Apostaría mi gorra a que algo más se esconde detrás de esta “fuga”, pero sea lo que sea no tengo tiempo de preocuparme por Will ahora.
    —Matt.
    —Si, Matt… es uno de los huérfanos de la flota 37 y mi obligación es protegerlo hasta que sea lo suficientemente mayor para elegir su propio destino.
    —Creo que él ya ha empezado a hacerlo Amanda. —respondió Rebecca señalando el icono de la pantalla que mostraba al contacto del chico fuera de línea. —Sea lo que sea que esté haciendo con la Inspectora, no creo que le interese tu opinión al respecto.
    —Cinthya Ross. —Amanda pronunció el nombre como si de un acertijo se tratara. —¿Crees en el destino Rebbie?
    La mujer hizo un gesto de indiferencia con la mano. —A estas alturas de mi vida, esas cosas no me preocupan…. y a ti tampoco deberían. —agregó dirigiendo una mirada cómplice a su superiora.
    Amanda sonrió. —por supuesto siempre tienes razón Rebbie. —dijo sacando el Pad de su bolsillo. —No vale la pena preocuparse si algo ya está definido de antemano, lo importante es estar preparados para lo inevitable. —Quinn.
    Rebecca levantó la vista. —¿A quien había llamado Amanda? Nunca había escuchado de ese nombre en la Colonia.
    —Quiero que estés en tu puesto en cuanto puedas… no, no ha ocurrido nada pero estoy intranquila. De acuerdo. —La mujer cortó la comunicación y miró hacia las estrellas mientras guardaba el aparato en su bolsillo.
    —¿Quien…?
    —Nada, tu no te preocupes. —Contestó la Capitana Kyle. —Solo que a mi tampoco me gusta dejar que otros decidan por mí lo que hay que hacerse. Pase lo que pase voy a estar preparada Rebbie.
    La mujer asintió en silencio y volvió la vista hacia la pantalla de su terminal. —Tengo la ubicación de la última conección del Pad de Matt a la Red de la Colonia. ¿Enviamos un drone allá?
    —¿Donde es eso? —preguntó Amanda.
    Un sector en el enorme mapa interno de la nave se desplegó ante las mujeres. —Acceso T-14, Nivel 23.
    Amanda sacudió la cabeza. —El acceso periférico, si esos dos van para el hangar eligieron la ruta más larga. Ponme en los altavoces de ese sector, no quiero alarmar al resto de los Colonos.
    Rebecca activó un comando y una pequeña luz roja se activó sobre la pantalla central de la Torre de Control. La Capitán Kyle activó el trasmisor de su oreja izquierda y habló en voz alta.
    —Matt, aqui Amanda. Necesito ponerme en contacto contigo, es importante.
    Las mujeres guardaron silencio mientras los minutos transcurrían. Al cabo de un rato era evidente que el joven no iba a responder al llamado.
    —Maldición. —dijo Amanda llevándose la mano a la frente. —¿Qué demonios estará haciendo ese chico?
    —¿Crees que está…?
    La mujer sacudió la cabeza. —No, si hubiese pasado algo Cinthya se hubiese puesto en contacto con nosotros. Esos dos nos están esquivando deliberadamente. Esto no me gusta nada. Envía al Drone de seguridad.
    Rebecca abrió una pequeña pantalla de video y la ubicó frente a su terminal. —¿Lo vuelo yo?
    —Por favor.
    La mujer movió las manos sobre el panel y una interfaz holográfica se desplegó sobre sus manos, proyectando dos esferas de control alrededor de cada muñeca de la operadora. —No podemos usar el drone estando las puertas de la vía periférica cerradas, intentaré adelantarme y cortarles el paso sobre las pasarelas que dan acceso al muelle central.
    Amanda asintió y observó atentamente como Rebecca volaba el pequeño robot por los diferentes tubos de acceso. El Drone era rápido, pero el camino daba muchas vueltas, especialmente alrededor de los bloques que rodeaban el hangar principal.
    Pasaron varios minutos mientras las dos mujeres observaban atentamente los monitores.
    —¿Habrán llegado ya al hangar? —se preguntó Amanda mientras hacía un gesto con la mano para abrir otra ventana. Seleccionó una de las cámaras de seguridad y activó la visión térmica.
    Solo una tenue fuente de calor se destacaba dentro del enorme espacio vacío del hangar principal y Amanda no tuvo problemas en identificar la forma en que los materiales especiales del traje de vuelo disminuían notablemente la firma calorífica.
    —Jim. —dijo la Capitán Kyle acercando la cámara. —Esta otra vez junto a su avión.
    La cámara realizó una acercamiento al avión y claramente pudo verse cómo las varias capas de blindaje dañados por la terrible arma de energía dimensional reflejaban diferentes niveles de radiación.
    El Teniente estaba sentado dentro de la cabina de su avión consultando algo en el Pad. Al parecer no tenía otra cosa que hacer que quedarse a la espera de la llegada de sus superiores, o a lo mejor estaría aguardando la reanudación de las conexiones. ¿Habría podido enviar el reporte de lo sucedido en el Campo? Seguro que no, el apagón de datos se había producido unas pocas horas después del incidente…. tal vez...
    —¿Pero que rayos…?
    Amanda giró la cabeza en dirección a la desconcertada Rebecca —¿Que sucede?
    La mujer sacudió la cabeza mientras señalaba la pantalla en negro. —Acabo de perder la señal del drone.
    —¿Perder? ¿Te estrellaste contra algo?
    Rebecca chasqueó la lengua. —No me compares con Hal, yo si sé manejar estas cosas. Estaba entrando al área 22b cuando la señal se cortó de pronto.
    —Más contratiempos. —Amanda se quitó la gorra y se rascó la cabeza. —¿Hay algo más que pueda salir torcido el dia de hoy? —preguntó en dirección al enorme globo azul del centro de la estancia.
    —Yo que tu no hubiera dicho eso. —contestó la mujer cerrando la pantalla de video. —Voy a reiniciar mi terminal a ver si recupero el control del Drone.
    —Llamaré a Hal, tal vez pueda decirnos algo sobre eso aunque es raro, hoy lo usamos para buscar a Tass y funcionó perfectamente.
    Amanda volvió a sacar el Pad de su bolsillo pero no llegó a marcar el contacto en la pantalla. La puerta de entrada a la Torre de Control se abrió de repente y una joven entró corriendo al mismo.
    Rebecca reaccionó inmediatamente, levantándose con un rápido movimiento mientras extraía una pistola de debajo de la terminal.
    —¡Alto o disparo! —gritó mientras quitaba el seguro y apuntaba al pecho de la desconocida.
    La joven de anteojos y cabello castaño echó una mirada despectiva a la pistola y volvió su vista a Amanda.
    —¡No está! —gritó.
    —¡Quinn! ¡No puedes entrar aquí!
    —¡No está! ¡Alguien se lo llevó! —volvió a gritar acercándose a la Capitán. Rebecca dio un paso adelante pero Amanda levantó un brazo y se interpuso entre su compañera y la misteriosa joven.
    —Baja el arma Rebbie.
    —Pero Capitán….
    —Baja esa arma antes que termines lastimada. —dijo mientras arrojaba una mirada penetrante a los ojos negros de Rebecca. —Es una orden.
    La mujer morena obedeció, dando un paso atrás mientras mantenía el arma bien agarrada con ambas manos.
    Amanda volvió la vista hacia la recién llegada —Calmate Quinn, no entiendo lo que..
    —¡Se han llevado mi VF-19! —gritó la joven al borde de las lágrimas.
     

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