Macross (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross

Tema en 'Fanfics Anime y Manga' iniciado por Gerli, 29 Marzo 2018.

Cargando...
  1.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2761
    60



    Las tres armaduras cayeron con estrépito sobre la cubierta del hangar principal de la Quitra Queleual de la Capitán Dulmei. De inmediato el grupo de combatientes del Escuadrón de Defensa Antimisiles Número 30 corrió hacia los restos de armadura que sobresalian entre la pareja de Raus que lo habían arrastrado dentro de la nave.
    —¡Yuwe! —gritaban mientras usaban sus manos para doblar el retorcido metal en busca de un acceso a la cabina.
    La fuerza combinada de la media docena de chicas logró abrir una abertura lo suficientemente grande para que una de ellas asomara su cabeza y alumbrara el interior del maltrecho aparato.
    En ese preciso momento llegó Dulmei a toda carrera escoltada por sus oficiales.
    —Apártense todas de ahí! —gritó mientras señalaba el Rau y la orden fue obedecida de inmediato. El grupo de guerreras se apartó al unísono dejando sitio para que Dulmei se acercara a la abertura.
    La masa de metales retorcidos cobró forma ante el ojo experto de la Capitana. De inmediato comprendió lo que había sucedido con la armadura y el porqué del daño recibido sobre la cabina. Sin perder un solo segundo la oficial se asomó al agujero y exploró el interior en busca de su ocupante.
    Yuwe estaba aprisionada contra el fondo de la cabina, casi aplastada por el puño de su propia armadura pero viva, aunque por el gesto de dolor que se vislumbraba a través del visor quebrado de su casco no le quedaba mucho tiempo
    —¿Capitán Yuwe? ¿Me escucha?
    La Meltrán movió un poco la cabeza ante la voz de su superiora. Buena señal.
    —Vamos a sacarla de ahí inmediatamente.
    La joven pareció hacer un enorme esfuerzo y de pronto la armadura tembló de forma violenta.
    —¿Que…? ¡Yuwe no se mueva!
    Pero al parecer la Meltran no escuchó la orden o por increíble que parezca decidió no obedecerla. Los temblores en la armadura continuaron y Dulmei retrocedió en cuanto el puño de la armadura comenzó a retroceder lentamente mientras las destrozadas articulaciones se movían en medio de chirridos y salpicaduras de fluidos internos.
    En ese momento el resto del grupo se dió cuenta de lo que había sucedido. Parecía que Yuwe había metido el puño de su armadura violenta y directamente dentro de la cabina, como si su robot se hubiese dado un golpe a si mismo con toda la fuerza posible.
    —Pero… ¿Que..? —comenzó a preguntar una de las guerreras pero fue interrumpida por un gesto de Dulmei.
    Yuwe estaba intentado manipular los controles con las pocas fuerzas que le quedaban a su maltrecho cuerpo y la Capitán comprendió que era algo que solo ella podia hacer. Era una batalla que la guerrera debia luchar sola.
    Durante segundos interminables, en medio de lo que parecia una terrible agonia el puño de la armadura se abrió al mismo tiempo que la guerrera lanzaba un grito desgarrador.
    De entre el metal retorcido que apenas recordaba al puño del Queadluun una masa sanguinolenta cayó sobre el gastado piso de metal. Todo el grupo de Meltran guardó silencio, roto solo por los crujidos de la armadura y el jadeo continuo de Yuwe.
    Dulmei dió un paso al frente y se inclinó sobre los restos examinandolos cuidadosamente. Al cabo de unos segundos adelantó la mano y extrajo un objeto pequeño.
    Las demás guerreros ahogaron un grito de asombro.
    —Virya— La Capitán pronunció el nombre como si no creyera lo que tenía entre las manos.
    En ese momento la guerrera de la armadura destrozada colapsó con un gemido.
    —¡Ayuden a Yuwe! —gritó Dulmei mientras se ponía de pie. El grupo reaccionó con rapidez y en unos minutos habían rescatado el cuerpo de la joven de entre los restos retorcido. Increíblemente aún respiraba.
    —Llevenla de inmediato a la bahía médica— dijo señalando a sus escoltas— Ayudenla.
    Yuwe estaba muy mal herida pero viva, tenía las piernas aplastadas y torcidas de una forma antinatural y un hilo de sangre salía por su boca entreabierta… cada segundo era vital para su supervivencia.
    El grupo corrió a través del hangar llevando a la Meltran en andas mientras Dulmei y las dos pilotos de QRau quedaban solas en el enorme espacio. Una de las guerreras dió un paso al frente y miró con incertidumbre a la Capitán. —Virya…. esta?
    La oficial levantó la mano y abrió el puño para que las jóvenes pudieran ver mejor. —Viva— dijo solamente.
    Viva, era increíble pero estaba viva. Dulmei no podía apartar la mirada de la pequeña guerrera que sostenía inconsciente en la palma de su mano. Cuando vió toda la sangre y pedazos de carne sobre el cuerpo de la Micrón temió que hubiese sido aplastada por la armadura de Yuwe, pero no era así, esa sangre no era de Virya. Su traje estaba intacto, estaba simplemente desmayada.
    Una de las guerreras extendió la mano para tomar a Virya pero Dulmei apartó a la joven de sus compañeras. —Aún no ha terminado su misión— dijo.
    —¿Su misión? —respondieron consternadas las guerreras.
    —Debemos regresarla a su condición normal— Dulmei extendió la mano libre hacia delante, hacia una de las piloto— Trae algo de agua.
    La joven salió corriendo en dirección a su armadura y volvió al cabo de un minuto con un recipiente lleno de agua. Dulmei puso con delicadeza a la inconsciente Virya en el piso del hangar y la roció con el contenido de la cantimplora para limpiar un poco la sangre y los restos de tejido.
    Las tres Meltran miraban a Virya sin decidirse a hacer algo, finalmente la oficial extendió un dedo y comenzó a masajear el pecho de la pequeña micrón a intervalos regulares.
    Al cabo de unos minutos de repetir el improvisado tratamiento Virya reaccionó y comenzó a moverse. Las tres Meltran suspiraron aliviadas.
    —¿La llevamos a una vaina de tratamiento? —preguntó la guerrera que habia traido el agua.
    Dulmei sacudió la cabeza. —Es demasiado pequeña para una vaina de recuperación. Espero que sus heridas no sean de gravedad y soporte el proceso de regresarla a la normalidad. Es la unica chance que tiene de recuperarse.
    Mientras decía esto tomó con cuidado el diminuto cuerpo de la guerrera y lo depositó con la mayor delicadeza posible en el bolsillo de su uniforme. —Debemos ir al debriefing de la misión en el puente del mando. Kreegan espera.

    El grupo de Meltrans abandonó el hangar y se dirigió hacia el pasillo que conducia a la cubierta de circulación general de la Quitra Queleual. La nave habia sido evacuada y solo el mínimo de personal estaba apostado en sus puestos de guardia. Al llegar al elevador principal encontraron a las dos oficiales que habían acompañado a Yuwe a las instalaciones médicas.
    —En descanso— dijo Dulmei mientras hacía un gesto con la mano—¿Como está la Capitán Yuwe?
    —Respiraba cuando entró a la vaina— contestó una de ellas llevándose el puño al pecho. —La recuperación completa demandará doce horas.
    —Bien. ¿Algo más que reportar?
    —La nave de Kreegan se posicionó a estribor hace treinta minutos. También recibimos autorización del comando central para regresar a la flota en cuanto estemos listos.
    Dulmei se preguntó si todo lo que había pasado sería de interés para el Almirante Dortrad-Jen y si había seguido la operación. En todo caso lo peor había pasado, solo restaba recuperar a su nueva piloto a su estado original.
    —Haremos el debriefing ahora— dijo mientras se daba la vuelta en dirección a las pilotos que la habían escoltado. —Buen trabajo soldados, se han desempeñado de forma extraordinaria.
    Las dos Meltran se llevaron el puño al pecho. —Gracias Capitán! —contestaron al unísono.
    —Vuelvan con sus compañeras y descansen mientras puedan.
    Las chicas dieron media vuelta y se alejaron por el pasillo en dirección a las barracas mientras Dulmei y sus oficiales (Y la desvanecida Virya) entraban al ascensor principal que las llevó inmediatamente el puente de mando de la fragata.

    La mayoría de la tripulación que quedaba en la nave estaba ahora en el puente de mando, supervisando las operaciones previas al salto FOLD parar volver a la flota principal.
    Dulmei salió del elevador seguida de sus oficiales y se dirigió hacia el centro del puente, de forma tal que las enormes pantallas holográficas cubrieran toda su visión.
    —Comuniquenme con Kreegan— ordenó.
    La pantalla tembló casi imperceptiblemente y la imagen del enorme Zentradi ocupó la totalidad del espacio.
    —Capitán Dulmei 172 reportandose. —exclamó mientras realizaba el saludo Zentradi.
    Kreegan hizo un gesto y la imagen retrocedió un poco de forma que Exedore y el quedaron dentro de la imagen. —Buen trabajo Capitán— respondió el Comandante contestando el saludo. —Ha realizado usted una labor extraordinaria.
    —Gracias Comandante. —el rostro de Dulmei no mostraba ningún tipo de emoción.
    —Yo mismo le informaré al Almirante sobre el desempeño de sus combatientes en esta misión, será condecorada por ello.
    Ahora si que Dulmei tuvo que hacer un pequeño esfuerzo para no dejar escapar una exclamación de orgullo.
    —¿Qué hay de la Meltran Virya? —preguntó Exedore. —¿Sobrevivió?
    Dulmei colocó ambos brazos a los costados. —Así es señor, fue rescatada por la Capitán Yuwe y ambas resultaron heridas durante la detonación.
    —Lamentamos la pérdida de la Capitán Vaal— contesto Kreegan. —Su sacrificio ha traído una gran victoria a nuestra flota. Mi Archivista garantizará que su nombre no será olvidado.
    Exedore asintió y miró atentamente a la pantalla. —Las acciones de este dia han sido más que extraordinarias— respondió. —¿Han sufrido graves heridas sus dos combatientes?
    —La Capitán Yuwe está en la vaina de recuperación— dijo Dulmei sin cambiar de postura. —La Teniente Virya está aquí conmigo.
    Kreegan y Exedore cruzaron las miradas en silencio.
    —Dejeme verla— ordenó Kreegan.
    Dulmei extrajo con cuidado a la joven Micrón del bolsillo delantero de su uniforme y la colocó en la palma de su mano de forma que quedara a la vista de la enorme pantalla.
    Los dos Zentran observaron a Virya en silencio mientras la imagen se acercaba y mostraba a la joven en un primerísimo plano. La pequeña Micrón no se movia pero se podia ver el movimiento de su pecho al respirar.
    —¿Cual es su diagnóstico? —preguntó el Comandante
    —Contusiones y shock debido a la onda de choque— respondió Dulmei. —Puede haber hemorragia interna pero el traje Micrón no tiene indicadores de estado.
    —Es demasiado pequeña para la vaina de recuperación estándar. —comentó Exedore sin quitar la vista de la imagen. —Revertir el proceso de Micronización podría salvarla pero…
    Kreegan miró a su Archivista con el ceño fruncido.
    —¿Pero...?
    Exedore parecía indeciso. Su cabeza temblaba de forma exagerada —No sabemos si volverá a la normalidad
    Dulmei se puso alerta y una arruga de preocupación cruzó su rostro. Por supuesto que había visto cambios físicos en Virya, pero había juzgado prudente no informar de ello a sus superiores por el bien de la misión ¿Valía la pena seguir ocultando la verdad? Virya había arriesgado mucho más que su vida en esa misión.
    —Leimos su informe— dijo Kreegan volviendo la mirada hacia la Capitán— La teniente Virya no resultó con alteraciones físicas durante su micronización, no obstante mi Archivista ha juzgado que hubo alteraciones en el comportamiento y se trata de un tema en el que debemos tener mucho cuidado.
    La Capitán Dulmei tragó saliva. Una palabra de más y Virya estaría condenada. —La Teniente Virya ha cumplido con su tarea de forma exitosa— dijo. —No hay ninguna alteración en su comportamiento. Todas las Meltran estamos hechas para triunfar en la batalla, no importa que tan imposible sea la tarea.
    Siguió un momento de silencio mientras Kreegan gruñia y su Archivista continuaba mirando fijamente a la Meltran micronizada. —Hay una posible explicación— dijo Exedore de pronto— Ciertos cambios de comportamiento suelen producirse luego de vivir situaciones de combate extremas ¿Virya es la única superviviente de su escuadrón de Nonas, verdad?
    —Así es.
    —Ridículo— contestó el Comandante con desagrado. —La mente de un Zentradi no puede romperse tras una batalla.
    —Ciertamente— confirmó el Archivista. —Pero no sabemos con exactitud si eso se aplica a los Micrones.
    Kreegan miró a su subordinado fijamente. —¿Cual es su análisis?
    Las protuberancias de la cabeza de Exedore temblaron violentamente mientras el Zentran trataba de examinar las pocas conclusiones sobre el caso. —La Teniente Virya es un caso extraordinario para analizar. Como Archivista me interesa pero también estoy al tanto de la necesidad de proteger la flota. En estos momentos Virya no presenta un peligro para nosotros, pero debemos determinar qué hacer con ella antes de volver a la flota principal.
    —¿No podemos simplemente matarla? —dijo Kreegan casi sin importancia.
    Dulmei se estremeció levemente. Sabía que si el Comandante o su Archivista lo ordenaban simplemente bastaría con cerrar el puño con un poco de fuerza y Virya se convertiría en un pedazo de carne aplastada. Era muy fácil.
    Solo una palabra.
    Pero aquellos dos Zentran no daban la orden ¿Acaso algo les impedía tomar la decisión?
    Exedore dio un paso al frente y señaló con el dedo huesudo una representación de la flota de apoyo que en esos momentos se encontraba en la retaguardia de la flota principal. —Propongo revertir el proceso de Micronización lejos de la flota y evaluar nuevamente a la Meltran. Si vuelve a la normalidad sin secuelas entonces le devolveremos a su combatiente— dijo el Archivista ahora convencido. —Si, creo que es la mejor opción para todos.
    Dulmei suspiró aliviada.
    —Bien, dejaré esta situación en sus manos Archivista Exedore —contestó el Comandante. —Si piensa que la información obtenida puede ser valiosa para el futuro de la flota entonces no me opondré.
    —Así se hará Comandante— respondió Exedore inclinando la cabeza.
    —Entonces es hora de regresar. Capitán Dulmei.
    —Si señor! —respondió la meltran mientras se ponía en posición de firme.
    El enorme Comandante la miró fijamente. —Ocúpese de la recuperación de la Teniente Virya, es un valioso elemento de su personal de combate.
    —A la orden Comandante.
    La imagen se desvaneció de inmediato sumiendo al puente de mando en un silencio profundo. Dulmei volvió a suspirar, esta vez más profundamente.
    —Activen la baliza de la nave DBN-712 y establezcan un punto de salto tras la flota principal, separación de un millón de kilómetros.
    El puente de mando recobró su habitual actividad mientras la tripulación de oficiales alistaba la nave según las órdenes recibidas.
    Mientras tanto, a unos tres años luz de distancia, en algún punto entre el enjambre de naves de soporte que conformaban la retaguardia de la flota principal Dortrad-Jen, en el deshabitado puente de mando de una pequeña nave de soporte se iniciaba una serie de comandos automáticos que alteraron el curso de vuelo y pusieron a la nave en la dirección opuesta a la flota. Algunos chispazos iluminaron brevemente las resquebrajadas pantallas y en algun lugar una alarma comenzó a sonar, pero no había nadie que pudiera escucharla.

    —Punto de reunión en treinta minutos— informó una de las Meltran que operaba un puesto de navegación. —iniciando preparativos para FOLD de corto alcance.
    Dulmei asintió satisfecha. —Inicien procedimiento FOLD en cuanto estén listos. Estaré en el hangar principal— dijo mientras se dirigía al elevador. Una vez que estuvo dentro y las puertas se cerraron tras ellas echó una mirada a la pequeña Micrón que todavía llevaba en la mano.
    Para su sorpresa descubrió que Virya estaba despierta y la miraba con atención.
    —¡Tu! —Exclamó la Capitán sorprendida —¿Cuando…?
    —Desde hace rato— respondió con lentitud.
    Dulmei abrió la boca para decir algo pero ninguna palabra salió de entre sus labios. Finalmente suspiró y metió con cuidado a Virya en el bolsillo delantero.
    —Parece que se ha salvado de nuevo Teniente.
    Virya no respondió, tenía demasiadas cosas en la cabeza, demasiado que pensar.
    Descendieron en silencio mientras la atmósfera comenzaba a vibrar por efecto de la energía dimensional que envolvía la nave momentos previos al salto FOLD.
    Cuando las puertas del elevador se abrieron la nave se encontraba viajando por el éter interdimensional en dirección a la retaguardia de la gigantesca flota de Dortrad-Jen.
    —Quiero que sepa— Dulmei hablaba sin quitar la vista del pasillo por donde caminaba. —Quiero que sepa Teniente que si el Comandante hubiese dado la orden de matarla lo hubiese hecho sin dudarlo un solo segundo.
    —Lo sé— respondió Virya asomada fuera del bolsillo. El juego fantasmal de luces e imagenes del procedimiento FOLD hacían que el enorme rostro de Dulmei pareciera algo irreal y distante. —¿Por qué habría de hacer algo diferente?
    —Exacto —contestó simplemente la Capitán.
    El aire tembló una última vez y la distorsión visual menguó por completo. La nave había salido al espacio tradicional cerca de su destino.
    Dulmei y Virya entraron al hangar principal.
     
  2.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    3653
    61



    Tass deslizó la palma de su mano sobre la proyección de la pantalla holográfica y esta se retrajo hasta convertirse en una minúscula esfera de luz flotando sobre el teclado.
    La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por el resplandor de un par de pantallas que daban a la estancia un tinte azulado, como si del fondo del mar se tratase.
    El color también hacía juego con el estado de ánimo de la joven.
    Se había desvestido a medias, conservando la ropa interior y una sola de sus medias que colgaba indecisa del inquieto pie que golpeaba una y otra vez el borde del escritorio donde la joven se hallaba recostada.
    La Río Grande era la única opción, lo había sido desde el principio cuando Tass se dió cuenta que debían sacar a Will de la Colonia y alejarlo lo más pronto posible fuera del alcance de Amanda.
    La joven suspiró y se reclinó en la silla mirando el techo a través del cristal de sus anteojos. Una serie de reflejos borrosos se deslizaban por la superficie como lentos habitantes del mar de información digital.
    ¿Como meter a Will en la nave de Gray? El viejo piloto le debía algunos favores a Tass, pero algo como lo que estaba planeando… no, Gray jamas aceptaria hacer algo como eso, jamas traicionaria la autoridad de Amanda.
    La otra opción que quedaba era la de tratar de meter al pobre Will como polizonte de uno de los containers de la Rainbow, lamentablemente esos contenedores no poseían soporte vital autónomo. Si Will se metia dentro de uno no llegaría vivo al puerto espacial más cercano. Tass comprobó por segunda vez el inventario de contenedores de la Colonia para cerciorarse que ninguno contaba con equipo de soporte vital instalado…. nada. Todos eran simples cajas de metal para transportar mercancías.
    Tenía que haber otra forma, se lo había prometido a Matt.
    Desplegó el inventario y comenzó a buscar por clase. Con la Red Galaxy caída no tenia acceso a la búsqueda universal de los fabricantes de contenedores, asi que debía registrar cada uno de los ítems dentro de la Colonia con el mejor criterio de búsqueda que pudiera implementar.
    Nada. Simplemente no había ningún contenedor con esas características en la base de datos.
    Otro suspiro. Tass estaba empezando a sentirse frustrada.
    Barajó diferentes posibilidades, una más descabellada que la otra. Cuando estaba seriamente considerando ver si podía meter a Will en una cápsula de criogenización para enviarlo dentro de uno de los contenedores normales algo llamó su atención.
    Sin darse cuenta había estado pasando a través de todas las cámaras de seguridad del hangar principal para enfocar a la Río Grande desde todos los ángulos posibles para tratar de inspirarse con algo. Una de las cámaras mostraba el amarre donde los containers vacíos se “devolvian” a la salida de la Colonia y eran acoplados automáticamente a la nave de correos que entonces podía salir por la esclusa principal.
    Había dos contenedores vacíos en el muelle a la espera de ser recogidos por la Río Grande cuando partiera al dia siguiente. Algo en esas dos piezas de equipo llamó la atención de la joven, quien se acomodó en el asiento y accedió a las grabaciones de seguridad.
    La imagen de la nave atracando en el muelle apareció inmediatamente y Tass comprendió el porqué de su inquietud; La Río había llegado a la Colonia con tres containers, dos con mercancías para la colonia y uno vacío proveniente de la Estación Barrow, pero al parecer se iba con solo dos, lo que significaba que uno de ellos permaneceria en la Colonia. Eso era raro.
    La nave de Gray solía visitar la Colonia con un solo contenedor de mercancías para el consumo de los habitantes aunque no era extraño que ciertos equipos y componentes importantes llegaran a veces desde alguna manufactoria lejana para cumplir con las estrictas regulaciones comerciales que imponia el Gobierno Unificado.
    La joven volvió a inspeccionar el video, estaba segura de haberse pasado por alto algún detalle importante.
    Usando los controles de video mejoró el contraste de la imagen y usó un filtro para eliminar la iluminación rojiza de la bahía de atraque, entonces pudo ver con detalle la pintura del último contenedor. Tenía una franja azul que recorría todo el perímetro del casco.
    Tass hizo un gesto violento con la mano y la pantalla se apagó frente a ella.
    —Mierda —dijo en voz alta.
    Era un container con soporte vital y había llegado a la Colonia en la Río Grande el día anterior, la casualidad era… no, no podía ser simple casualidad ¿o si?
    Necesitaba investigar esa pieza de equipo, pero hacerlo desde su terminal sólo atraería la atención de Amanda de inmediato y lo que necesitaba era tiempo, tiempo para sacar a Will y esperar que su jefa descubriese la fuga solo cuando el chico estuviera fuera alcance.

    Tendría que usar su «Gorrito de Aluminio»
    Se puso de pie de un salto y se dirigió hacia la cocina. Al llegar frente a la pileta se agachó y abrió la puerta deslizante del compartimento donde guardaba los productos de limpieza. Al fondo, cerca de donde el caño de desague penetraba en la pared metálica del camarote habia un pequeño cable colgando.
    Tass tiro suavemente del cable y lo estiró hasta salir lentamente de la cocina, tratando de ejercer la menor fuerza posible en el mismo. El cable se desenrrolló hasta el dormitorio de la joven y Tass dejó la pequeña ficha del extremo colgada del respaldo de la cama.
    Hacia mucho tiempo que no usaba esa computadora.
    En la jerga de los expertos en seguridad o personajes algo mas oscuros se las llamaba «Gorritos de Aluminio» en referencia a la paranoia de ciertas personas sobre la vigilancia que los gobiernos ejercen con sus ciudadanos.
    Un «Gorrito de Aluminio» es una computadora construida a partir de partes que no poseen identificadores comerciales que permitan rastrear su procedencia, por ejemplo placas base creadas mediante impresiones 3D o chips comprados a fabricantes ilegales o entusiastas fuera del mercado regulado de hardware.
    Eran computadoras diseñadas para usarse solo una vez, especialmente si se usaban para acceder a la Red Galaxy, donde su presencia sería revelada tarde o temprano frente a la continua búsqueda e investigación de los diferentes nodos de seguridad que recibían y enviaban los datos a cada terminal que conformaba la gigantesca red.
    El «Gorrito de Aluminio» de Tass nunca había sido conectado a la Red, la chica había usado la computadora en entornos simulados para probar la fuerza de sus medidas de seguridad. Pero esta vez era diferente. Esta vez era ella la que no quería ser vista mientras manipulaba las bases de datos de la Colonia.
    El cable era la clave y el tesoro mas preciado de Tass.
    Se trataba de una conexión física al núcleo computacional de la Rainbow. No se trataba de uno de los cientos de enlaces inalámbricos que existían por la Colonia y que eran vulnerables a ser interceptados u «olfateados» por cualquier dispositivo electrónico. Ese cable era un acceso directo e indetectable que había demandado un esfuerzo enorme por parte de sus amigos para mantenerlo oculto a la mirada de su Capitán.
    Tass sostuvo la pequeña ficha frente a sus ojos. Aquel cable se escurría dentro de la nave por casi kilómetro y medio. Habían tardado un año entero en descubrir una ruta segura lejos de los sensores y cámaras de Amanda que monitoreaban las vías de acceso de datos, tuberías y desagües que creaban las vías circulatorias de la enorme nave.
    Will había provisto uno de los drones de Hal y lo había modificado para que pudiese llevar un dispensador de cable montado en su parte trasera. Con paciencia y mucho sigilo habían ido tendiendo aquella línea secreta a lo largo del «interior», el enorme laberinto de túneles, pasarelas y cañerías que formaban la red de servicio de ingeniería de la Rainbow.
    Había sido una tarea monumental que solo ahora le parecía a Tass concebida para una situación como a la que se enfrentaba.
    Volvió a dejar el cable y abrió una de las puertas de un gran mueble detrás de la cama. Al fondo de uno de los cajones encontró la caja donde guardaba su computadora especial.
    La mayoría de los componentes los había rescatado de los depósitos de reciclaje que quedaron abandonados por la antigua tripulación de la nave. Borrar la firma digital de los componentes básicos fue fácil, el resto, los componentes más «delicados» los había importado desde diferentes partes de la galaxia, siempre utilizando los canales «especiales» de los entusiastas como ella.
    El resultado era una computadora portátil básica, sin grandes capacidades de desencriptación o ataques de fuerza bruta, pero perfecta para navegar bases de datos en forma silenciosa y sin dejar rastros.
    Buscar e investigar de forma silenciosa era lo que Tass necesitaba en ese momento. Se acostó en la cama boca abajo y desplegó la pantalla de su preciada herramienta. Una vez que confirmó el funcionamiento óptimo y que el software estaba listo para entrar en acción, solo entonces conectó el cable a uno de los puertos a un lado del teclado.

    Tass se concentró en la pequeña pantalla. Debia ser rápida y certera con su búsqueda de lo contrario…
    El Ringtone de su Pad sonó como una alarma en la habitación. La chica dió un salto y quedó de pie sobre la cama tratando de cubrir un golpe invisible. Ese Ringtone era inconfundible, Amanda la estaba llamando
    —No puede ser —murmuró mirando la pantalla de su computadora —¿Tan rápido me ha encontrado? ¿Como…?
    La llamada seguía sonando incesantemente. Tenía que contestar
    La joven se bajó de la cama y alcanzó el aparato que había quedado sobre el escritorio. Casi con miedo extendió la mano y tocó brevemente la pantalla. La llamada se conectó de inmediato.
    —Tass! ¿Que pasa? ¿Por qué no contestas? —pareció rugir el altavoz mientras acercaba la pantalla a su rostro.
    —Disculpa Amanda, estaba por acostarme.
    La cámara estaba conectada y Amanda estaba viendo que llevaba solo la ropa interior puesta… bien, al menos no la atraparia mintiendo con eso.
    —Lo siento Tass… cierto que es tu dia libre, no debería haberte gritado. —la voz de la mujer sonaba realmente dolida. —Te pido que me disculpes
    —No pasa nada —respondió la joven. —¿Sucede algo?
    —Tu dimelo…. esperaba al menos un mensaje sobre lo que hablaste con Silvia..
    —¡Mierda!
    Lo había olvidado por supuesto, su entrevista con Silvia esa mañana. Debía de haber escrito un informe para Amanda pero todo lo que había pasado con Matt y Will la había hecho olvidar por completo.
    —Yo….
    El suspiro fue audible para Tass, parece que Amanda ya no sentía tanta culpa. —Solo dame un resumen general.
    Tass se relajó y se sentó en la cama levantando las piernas. Era solo una casualidad, si, eso era. Su computadora seguía conectada al cable pero al cerrar la pantalla toda actividad habia cesado de inmediato.
    —Silvia me dijo que el tipo de sangre es relativamente conocida en el ámbito de estudio de Evans, pero que se trata de un material que está muy controlado por el Gobierno.
    Amanda hizo una breve pausa antes de preguntar —¿Que tan confidencial es?
    Tass se rascó distraídamente la cabeza —Digamos que llamarlo «sensible» es quedarse cortos.
    —Es… ¿Algo peligroso?
    Tass negó con la cabeza. —No, para nada. Silvia dijo que hay un vínculo bastante importante entre el tipo de sangre y la herencia de manipulación genética de la Protocultura en los primeros humanos.
    —Ya veo— murmuró la mujer desde el puente. —¿Algo más?
    Tass trató de recordar los detalles más importantes. —Mencionó sobre la investigación de los militares… una flota de investigación que desapareció misteriosamente o algo asi… en fin, insinuó que no sería nada bueno para la privacidad de la Colonia que Evans investigue abiertamente en la red sobre el tema.
    —Comprendo, supongo que será mejor hablar con él sobre el tema. —contestó la Capitana. —Probablemente se enfade conmigo por invadir la privacidad de su investigación pero…
    —Estoy segura que entenderá las razones— exclamó Tass inclinándose hacia adelante. —¿Eso es todo Amanda? Me gustaría dormir un rato…
    La mujer guardó silencio como pensando profundamente. —Por supuesto— dijo finalmente. —Que descanses bien Tass.
    —Te veo mañana— saludó la joven mientras sacudía la mano sobre la pantalla, que se apagó de inmediato.
    Fiuuu! —exclamó. Eso había estado demasiado cerca.
    Arrojó su Pad sobre las mantas y volvió a recostarse boca abajo con los pies en la almohada mientras abría nuevamente la pantalla de su equipo «especial»
    Dejó que los programas de diagnóstico se ejecutaran y colocó las protecciones necesarias. Ahora debería planear muy cuidadosamente sus movimientos.
    Tarde o temprano Amanda descubrirá la huida de Will y Tass sería señalada inmediatamente como la responsable. Ella asumirá el castigo por supuesto pero debía darle a su amigo todo el tiempo extra que pudiese para que se alejara lo suficiente de la Colonia.
    Si accedía a la base de datos de la Rainbow directamente haría saltar las sospechas de la Capitana casi de inmediato, despues de todo estaría registrando una petición de datos desde un dispositivo desconocido. Debía utilizar un camino indirecto, uno que desviase la atención lo más posible y dificultase el seguimiento de cualquier rastro digital que quedase registrado.
    Tenía varias opciones, pero se decidió por la más simple.
    Todos los componentes de la Rainbow estaban conectados al sistema informático central que manejaba desde el inventario hasta las tareas de mantención y reparación de todos los equipos que trabajaban diariamente para mantener en marcha la operación de recupero y reciclaje del Campo. Todo, desde las grúas del hangar principal hasta los pequeños robots de limpieza que se arrastraban por los pasillos estaban de una u otra forma conectados entre sí y se retroalimentaban de datos y órdenes con el centro de cómputos de la nave.
    Eso incluía por supuesto al muelle de atraque del Hangar Principal.
    El proceso de acople de naves, la carga y descarga de los contenedores eran parte de un gigantesco sistema de logística que recorría las entrañas de la Rainbow formando una red de incontables vías, caminos y tuberías que conectaban a cada módulo de la Proa a la Popa. Grúas, cintas transportadoras, vagones de carga, elevadores y acopiadores, miles de diferentes máquinas estaban conectadas entre sí para distribuir rápida y eficientemente cualquier cosa, desde unos cuantos tornillos a módulos enteros que se agregaban o quitaban de la superestructura de la nave según eran o no necesarios.
    Todas y cada una de ellas enviaba miles de peticiones a la base de datos central como parte de su rutina básica de seguimiento de cada proceso.
    Esa era la clase de laberinto que Tass usaría para enmascarar su investigación.
    Accedió a la red de Logística y registró un acceso de bajo nivel con el muelle de atraque del hangar cuatro, a partir de ese momento toda petición de datos pasaría a formar parte de la red de máquinas y la mantendría oculta a miradas indiscretas, al menos por el momento.
    El registro de atraques fue lo primero que examinó, como lo esperaba los tres contenedores de la Rio Grande figuraban casi a lo último de la lista junto con los dos últimos containers vacíos que Rebbie o Annie habían dispuesto en la cola de espera para ser cargados en la nave en cuanto Gray zarpe por la mañana.
    —GMC/SV38534, te tengo. —exclamó la joven.
    La denominación «SV» o SoporteVital, indica la presencia de equipamiento para transportar animales o personas en el espacio de carga de forma protegida a las peligrosas condiciones del Espacio Exterior.
    La joven usó los datos que disponía en la lista para entrar directamente al hardware de registro del contenedor. Estos se desplegaron antes sus ojos casi de inmediato.
    —Así que vienes de la Barrow— dijo la joven. —No se que rayos estabas haciendo ahí pero te aseguro que pienso averiguarlo.
    El contenedor era bastante viejo, en su registro figuraban más de setenta puertos diferentes desde que fuera comisionado en el año 2047. La lista de cargas incluia animales de todo tipo, desde gallinas hasta varios ejemplares de dinosaurios de Edén para un zoológico galáctico itinerante…. ojalá que estuviese limpio o Will la iba a pasar muy mal ahí adentro.
    Figuraba registrado a nombre de una pequeña compañía de transportes de la Flota 31 aunque los últimos diez clientes que habían utilizado el contenedor eran todos diferentes, cosa que era lógica, después de todo había millones de contenedores repartidos por toda la Galaxia. Era muy posible que la compañía que lo había mandado a construir ya no existiera salvo en la memoria física de la base de datos del equipo.
    El registro de fechas llamó la atención de Tass… GMC/SV38534 había llegado a la Barrow casi cinco años atrás ¿Había estado atracado en la vieja estación de investigación todo ese tiempo? Aparentemente había sido llevado por error de otra nave de carga y luego olvidado en el muelle de la Barrow hasta ahora.
    Entonces de alguna forma la Río Grande lo había recogido junto a la carga mensual para la Rainbow.
    Tass sabía perfectamente cómo funcionaba el sistema de logística de la Rainbow, generalmente los contenedores se instalaban en los rieles de transporte y a medida que se desplazaban por la Colonia se colocaban en fila unos tras otros hasta que al final, tarde o temprano volvían a ser recogidos por las grúas y devueltos al muelle de atraque. Había un centenar o más de contenedores en toda la Rainbow, muchos de ellos aparcados en vías desactivadas fuera del circuito primario, casi siempre eran los mismos diez o veinte contenedores que se paseaban por las vías y volvían a ser cargados.
    GMC/SV38534 no estaba en el circuito primario y eso despertó la alarma de Tass. ¿Donde rayos estaba? Lo encontró rápidamente, había sido apartado del resto y descansaba en una vía secundaria cerca del taller de soldadura, acoplado a otro contenedor vacío.
    La joven suspiró aliviada. Ambos contenedores figuraban como abiertos y descargados. Menos mal, era imposible para ella descargar un contenedor entero sin llamar la atención del personal dedicado a ello.
    En fin, ya tenía a su presa. Ahora debía prepararla para llevar a cabo su plan.
    Primero debía encontrar el modo de sacar los dos containers que ya estaban estacionados en el muelle de atraque. Eso era fácil, simplemente necesitaba activar un proceso de «Purga» de la estación de carga. Había varias rutinas de diagnóstico de ejecución rutinaria cuyo requerimiento era disponer de la plataforma de carga libre de containers. Tass ejecutó una de ellas y el sistema comenzó inmediatamente a quitar los contenedores.
    A casi medio kilómetro de la habitación, una enorme sección de la bahía de atraque comenzó a desprenderse de la estructura principal. Lentamente la sección se elevó por los rieles adosados a la pared y comenzó a rotar lentamente. Casi a cincuenta metros por encima de ella una compuerta se abrió y dos rieles se extendieron desde la abertura, listos para recibir los contenedores que estaban siendo cargados desde el muelle.
    Todo el proceso demoraria más de veinte minutos. Tass necesitaba ocuparse de otra cosa mientras el muelle se liberaba.
    Centró su atención en el contenedor. Los indicadores de estado mostraban que los sistemas estaban en condiciones y listos para funcionar, solo había un detalle; el sistema de soporte vital solo se pondría en funcionamiento cuando el contenedor estuviera cerrado y despachado. Eso requeria de una llave de seguridad y una carga de Manifiesto.
    La joven suspiró y desvió la vista de la pantalla un momento. Al fin y al cabo tendría que hacer aquello que más odiaba.
    Tass no era un Hacker. Si bien la línea que separaba a un experto en seguridad de un hacker era demasiado difusa, Tass pertenecía a un grupo de entusiastas de la informática que se diferenciaba radicalmente de aquellos que explotaban las vulnerabilidades del software.
    Tass era una «Emulator», una experta en lo que se conoce como «Emulación» de los sistemas informáticos. Un Emulador no hackeaba sistemas; los simulaba. Desde simples consolas de videojuegos a enormes redes industriales o vehículos, la tarea de un Emulador era recrear el comportamiento de un aparato o sistema dentro de un entorno lo más parecido a su contraparte real.
    No era algo tan simple como ejecutar el código de un programa en otro hardware distinto al que originalmente se había planeado. Un Emulador profesional podía recrear todas las características del Hardware deseado de tal forma que su comportamiento no se diferenciase del original. Esto incluia simular la temperatura generada por el hardware emulado, las vibraciones de sus piezas, incluso la radiación y campos electromagnéticos que sus partes móviles generaban.
    Tass sacudió la cabeza decidida; no habia vuelta atras.
    Usó un programa especial para extraer el código de la llave de GMC/SV38534 mientras creaba una copia virtual de la cerradura. Tass no tendria que Hackear ningún código, despues de todo ella quería cerrar el contenedor, no abrirlo. Lo que necesitaba era crear una cerradura realista, de modo que pudiera ser cargada en el sistema y enviada fuera de la Colonia sin que saltase ninguna alarma de los diferentes sistemas automáticos de monitoreo.
    Para eso necesitaba que el contenedor GMC/SV38534 figure en el manifiesto de la nave que iba a sacarlo de la Colonia. El problema era que el Manifiesto se cargaba primero en la nave y luego se transfería a cada cerradura electrónica de los Contenedores que formaban la carga
    Tass volvió a suspirar y contempló la pequeña ventana de video que mostraba la nave de carga en el silencioso hangar principal.
    —Café. —dijo en voz alta y en la cocina la pequeña cafetera Espresso comenzó a calentar el agua. —Doble. —Agregó sabiendo que tendría que trabajar a contrarreloj durante el resto del día.
    Al fin y al cabo iba a Emular a la toda «Rio Grande».
     
  3.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    4165
    62



    —Manu! —gritó Akemi con la suficiente fuerza para que su amigo soltara de inmediato el emparedado que había tomado del plato.
    —Tengo hambre! —se justificó el joven haciendo una mueca —¿Cuanto más se supone que vamos a esperar?
    La joven no respondió, pero apartó el plato con los emparedados lejos del alcance de las manos de Manuel, quien hizo una especie de gruñido y sacó su Pad para matar el tiempo.
    No había mucha gente en el parque, la mayoría permanecía en la plaza de la cubierta inferior y solo algunas parejas recorrian los senderos o se sentaban a conversar en los bancos de metal cerca de las barandillas. El mantel a cuadros donde Manuel y Akemi esperaban sentados a que llegaran los demás era el único Picnic de todo el parque.
    —No deberían tardar mucho más Manu. —dijo la joven mientras colocaba servilletas al lado de cada platillo. Luego se sentó apoyando la espalda contra el tronco del árbol a la sombra del cual había extendido el mantel a la espera de sus amigos. Una ligera brisa producto de los acondicionadores y filtros de aire soplaba en ese momento, agitando levemente las pequeñas hojas pardas que aún no habían caído al suelo de esa especie de otoño simulado en la Colonia Rainbow.
    Una pareja de niños perseguía una pelota entre los senderos. Sus gritos de entusiasmo era en verdad los únicos sonidos que llenaban la atmósfera del parque aunque todavía se escuchaba algún que otro murmullo proveniente de los colonos que se habían quedado hasta último momento en el mercado de frutos.
    —Ah por cierto. —dijo Manuel levantando la vista de su Pad. —Tengo tu paquete.
    El joven estiró el brazo y tomó una abultada mochila que había permanecido a un costado. Luego de revolver un poco sacó de su interior una caja envuelta en una bolsa sellada.
    —Tus zapatillas nuevas supongo— dijo Manuel mientras le ofrecía el paquete.
    —Gracias Manu. —respondió entusiasmada la joven tomando la caja con ambas manos. —Las estaba esperando.
    Akemi rompió el precinto y abrió la caja ante la mirada curiosa de Manuel.
    —¿Son de Running profesional? —preguntó
    La joven asintió y comenzó a desabrocharse los cordones de sus viejas zapatillas. —Me las voy a probar ahora mismo. —agregó.
    Ambos jóvenes estaban tan entusiasmados con el calzado que no vieron llegar a Mina, quien se detuvo a observarlos desde atrás con gesto divertido.
    —Y yo preocupada por si estaban aburridos por mi demora— dijo.
    Akemi había terminado de atarse las nuevas zapatillas y de un salto se puso de pie para darle un abrazo a su amiga. —¡Llegaron mis zapatillas! —exclamó mientras se apartaba y levantaba el pie derecho para mostrar el calzado.
    —Estan geniales Akemi— contestó la joven mientras dejaba la cartera junto a la mochila de Manuel. —Perdona por haberte dejado sola organizando todo esto. —dijo
    Akemi hizo un gesto con la mano restándole importancia al asunto. —No pasa nada, además Manu me ayudo un poco.
    El joven levantó la vista de un catálogo que había venido incluido con las zapatillas. —¿Un poco? —dijo con un suspiro. —Tuve que subir toda la comida yo solo.
    —Si, fue un milagro que no te cayeras por las escaleras. —respondió Akemi. —¿Que tal estuvo la mañana Mina?
    La joven se sentó sobre el mantel y estiró sus brazos en un gesto cansado. —Interesante al menos— dijo pensativa. —Evans tiene algo nuevo para sus investigaciones sobre la herencia genética de la Protocultura.
    Akemi se puso en cuclillas y usando sus dedos presiono con delicadeza un pequeño dispositivo sobre el empeine de cada una de sus zapatillas. Se oyó un leve silbido y el calzado pareció inflarse, cambiando su forma alrededor del pie de la joven.
    —Wow. —exclamó Mina. —Parece que estuviesen vivas
    —Es un material inteligente, se adapta automáticamente a la forma del pie y responde a los requerimientos de cada actividad. —explicó entusiasmada la joven.—Ahora que estoy en reposo adopta una forma más confortable. ¿Que decias de Evans?
    —Que probablemente deje a Matt tranquilo por una temporada. —contestó.
    Manuel dejó el catálogo dentro de la caja y se sentó derecho. —Evans está presionando demasiado a Matt con sus experimentos— dijo. —Antes acostumbraba a supervisar los ensayos una vez por mes o cada quince días… pero ahora cada vez que entro al salón de actos veo las pantallas de monitoreo encendidas o los paneles desplegados.
    Mina asintió en silencio.
    —Es cierto Mina. —opinó Akemi. —Deberías hablar con él sobre eso… o que interceda tu madre..
    —Evans no tiene malas intenciones con Matt— respondió su amiga. —Es solo que se siente más cerca de lograr algo con sus investigaciones pero… —La joven bajó la vista hacia el mantel a cuadros. —No, tienes razón. —dijo finalmente. —Hablaré con el Doctor sobre eso, no creo que sea necesario recurrir a mi madre.
    Manuel y Akemi se miraron un momento mientras Mina guardaba silencio pensativa.
    Una nota musical quebró el silencio del parque, inmediatamente la voz de una mujer se escuchó desde lo alto, proveniente de altavoces disimulados entre las tuberías y conductos del techo.
    —Se informa al público que el Mercado se encuentra ahora cerrado. —Culminó la voz seguida de otro tono musical.
    —¿Ya son las dos de la tarde? —preguntó Mina mientras miraba su Pad.
    —Espero que Cinthya no se haya perdido. —Dijo Akemi con preocupación. —Le dije que la esperábamos a la una.
    —Tampoco hay señales de Matt. —Mina miró las pantallas donde se proyectaba el falso cielo. —Dijo que iba a visitar a Will al calabozo ¿No?
    Manuel asintió. —Deben estar conspirando sobre ese Robot del astillero cuatro ¿Enserio no has podido disuadirlo todavia Mina?
    —No. —contestó. —Pero después de lo que hizo Will el otro dia… no se atreverían a hacerlo, Will ha sobrepasado el limite esta vez.
    —Crees… —Akemi tragó saliva. —¿Crees que los militares lo encarcelen?
    La joven negó con la cabeza. —No— dijo. —No se que tan grave fue el incidente pero si hay algo que mi madre no quiere es justamente problemas con la NUNS. Estoy segura que encontrará la forma de solucionar el asunto dentro de la jurisdicción de la Colonia.
    —¿Aunque eso implique dejar a Will varios años encerrado? —preguntó Manuel apoyando el Pad en el mantel.
    —Probablemente… aunque me inclino más a pensar que podrían revocarle su licencia para desactivar y manipular explosivos.
    Akemi y Manuel miraron a Mina con incredulidad. —Eso sería un duro golpe para Will. —comentó el joven. —Es un Otaku del armamento Zentradi.
    —Sigue siendo mejor alternativa que terminar en una celda en vaya a saber qué planeta o colonia prisión usen los militares— dijo Mina encogiéndose de hombros.
    Akemi asintió mientras sacaba su propio Pad de entre sus cosas. —Voy a llamar a Cinthya a ver si le ha sucedido algo.
    Puso el dedo sobre la pantalla del aparato pero no llegó a seleccionar el contacto adecuado, en ese momento vió con alegría como Cinthya llegaba corriendo trayendo de la mano a Matt.
    —¡Perdón por la demora! —exclamó la inspectora entre jadeos mientras prácticamente caía de rodillas en la hierba. —Vinimos corriendo desde la cubierta 11.
    Matt también estaba sin aliento pero permaneció de pie junto al árbol. —Hola. —dijo saludando al grupo agitando la mano derecha.
    La aparición de Matt había tomado a Mina por sorpresa, pero eso no fue nada a la sensación que le provocó el ver como Cinthya traía a su amigo agarrado de la mano.
    —¿Donde rayos estaban ustedes dos? —preguntó Manuel soltando una carcajada. —¡Nos estamos muriendo de hambre!
    —¿Y esa venda? —preguntó Mina mientras se ponía de pie. —¿Qué te pasó, Matt?
    Akemi y Manuel miraron primero a la mano vendada de Matt y luego a Cinthya, quien había empezado a respirar con normalidad.
    Matt se sonrojó y ocultó la mano detrás de la espalda mientras tomaba asiento sobre el mantel. —No es nada— dijo. —Es solo un cortecito.
    Cinthya suspiró profundamente. —Me lo encontré vagando solo por el hangar con la mano sangrando… tuve que aplicarle primeros auxilios y llevarlo a la enfermería de la Colonia.
    Manuel entornó los ojos como adivinando parte de la historia. —Eso de vagar por el hangar principal es totalmente algo que Matt haría— dijo señalando a su amigo. —Pero la parte de andar dejando un reguero de sangre por el piso es algo nuevo ¿Qué cuernos se te pasó por la cabeza?
    Ante el silencio del joven Cinthya se puso de pie y volvió a tomar la palabra. —El Doctor David me aseguró que la herida no es grave, solamente está algo inflamada pero debería curarse pronto si no la mueve demasiado.
    Mina había permanecido de pie y en silencio todo ese tiempo mirando inquisitivamente a Matt, algo indecisa sobre qué hacer con su amigo, finalmente se dió por vencida y volvió a sentarse en su sitio.
    —Bueno bueno. —Dijo de improviso Akemi tratando de cambiar el tenso ambiente. —Yo me estoy muriendo de hambre ¿Y si empezamos a comer?
    Los demás aplaudieron la idea y Cinthya se sentó en el mantel al lado de Manuel.
    La joven había dispuesto casi una docena de platos diferentes en el enorme mantel a cuadros. Cinthya observó con deleite todos los platillos sin saber que saborear primero. Había bollos rellenos, langostinos fritos con su arroz blanco y rollitos de huevo ideales para comer con palillos pero también había manjares más tradicionales como emparedados y bocadillos, croquetas rellenas de queso y muchos snacks para elegir, aceitunas y pickles e incluso un pequeño calentador donde una ollita mantenía una Fondue a la temperatura ideal para sumergir los bocadillos y cubrirlos con dorado queso fundido.
    Los cinco amigos se lanzaron a comer con avidez, intercambiando de vez en cuando algún comentario o carcajada sin dejar de probar uno u otro plato ante el deleite de Akemi.
    —Trabajé toda la noche en esto— dijo con la boca llena. —Mas les vale comerlo todo.
    Todos asintieron sin dejar de masticar y Manuel aplaudió entusiasmado. El chico realmente apreciaba la comida.
    Matt permaneció en silencio durante la abundante comida y no porque tuviera la boca ocupada en masticar todo el tiempo. Cada tanto levantaba la cabeza y miraba a la inspectora con intención de decir algo pero desviaba la mirada si Cinthya lo miraba directamente.
    Mina contemplaba a Matt mientras sostenía con fuerza su vaso de jugo y se sobresaltó cuando Manuel le pidió que le alcancen el frasco de mayonesa. Cada vez que Matt miraba a la inspectora la joven sentía una punzada de dolor en el pecho.
    Akemi fue la primera en terminar de comer, dejó su plato en el mantel y se masajeó el estómago mientras suspiraba satisfecha —Estoy llenisima! —exclamó.
    —Todo estuvo delicioso Akemi. —dijo Cinthya limpiándose los labios con una servilleta. —Eres una magnifica cocinera.
    —Tuve una buena maestra. —contestó la joven mientras daba una palmada en la espalda de Mina, quien devolvió la sonrisa. —Creo que has aprendido más de Brad que de mi Akemi— dijo.
    Manuel terminó su emparedado de un bocado y luego bebió un trago de jugo. —Ahhhh! —exclamó. —Valió la pena esperar todo ese tiempo. Oye Matt ¿Estas bien? Casi no has comido nada.
    El joven pelirrojo pareció salir de un trance cuando escuchó su nombre. Miró a su amigo y esbozó una tenue sonrisa.
    —¿Qué les parece si hacemos un brindis? —dijo Akemi de repente. —Traje algo especial para la ocasión.
    Ante la sorpresa de todos (Y más de Cinthya) la joven extrajo una botella de vidrio de su mochila
    —Tada! —exclamó sonriente
    —Eso es… ¿Alcohol? —preguntó Cinthya alarmada.
    —Sidra —dijo Akemi señalando la etiqueta. —¿Qué les parece?
    Mina, Matt y Manuel se miraron. —Yo diria que si. —dijo Manuel con seguridad.
    Akemi quitó el envoltorio metálico del corcho y comenzó a forcejear con el dispositivo de apertura mientras la joven inspectora miraba nerviosa a ambos lados del camino —Chicos no se si esto sea una buena idea… —dijo nerviosa. —Los menores de edad no deberían beber alcohol.
    Como única respuesta recibió el “Plop” del corcho al salir disparado de la botella, perdiéndose entre las ramas del árbol.
    —¿Quien quiere proponer un brindis? —exclamó Mina poniéndose de pie.
    —¿Por mis zapatillas nuevas? —Bromeó Akemi mientras servía la bebida en los vasos de metal.
    —¿Por la independencia de la Rainbow? —Propuso Manuel
    —¿Que tal por nuestra visitante?
    Los amigos miraron con asombro a Matt, que había estado muy callado durante la comida y ahora había hablado de repente.
    —Claro que si— dijo Mina. —Brindemos por Cinthya.
    —Por Cinthya! —exclamaron los cuatro amigos mientras la joven inspectora se ponía colorada de vergüenza. No obstante alzó su vaso y brindaron por esa y varias razones más que Manuel y Akemi empezaron a proponer a medida que bebían su sidra.
    Estaban tan concentrados en la celebración que Manuel no se dió cuenta de la presencia de la pareja hasta que alguien tomó con fuerza la botella de sidra y se la quitó de las manos con una fuerza irresistible.
    —Vaya vaya vaya. —repitió una voz con sorna. —¿Que tenemos aqui?
    El grupo entero dirigió la mirada a los recién llegados con sorpresa. —¡Rebecca! ¡Gray! —exclamó Mina de pronto poniéndose de pie. —¿Que sorpresa!
    La mujer morena saludó con la mano a todos los presentes. —Hola chicos. —¿Interrumpimos…?
    Manuel fue el siguiente en ponerse de pie mientras echaba una mirada de odio al hombre —Viejo devolveme esa botella
    El viejo piloto soltó una carcajada. —¡Por La inspectora! —exclamó y se llevó la botella a los labios tan repentinamente que sobresaltó a Cinthya.
    —¡Hey! —Protestó el joven pero el hombre ya había bajado todo el contenido de la botella de un solo trago.
    Rebecca suspiró profundamente. —Oye Gray, ya basta de alcohol, mañana tienes que pilotar tu nave.
    —Bah! —exclamó el aludido limpiándose la barba con la manga del uniforme de vuelo. —Esta porqueria es muy suave… les estaba haciendo un favor, además de paso borraba evidencia. —agregó mientras hacía un guiño a la joven inspectora.
    La mujer morena volvió a suspirar dándose por vencida. —En fin— dijo. —Es un gusto conocerte en persona Cinthya.
    —El gusto es mío. Siento profundamente haberles causados tantos problemas a los de la Torre de Control.
    Gray estalló en carcajadas al oír a la inspectora y abrazó fuertemente a Rebecca. —¿Así que tu y ese piloto hicieron transpirar a mi chica? Mal mal… ella ya no es tan joven como para… ¡Auch!
    El pisotón que la mujer propinó al veterano piloto fue audible para todos, quienes rompieron a reir de inmediato.
    —Sigo siendo lo suficientemente joven como para tirarte por la cubierta, viejo maleducado. —contestó Rebeca mientras se liberaba del brazo de Gray.
    —¿Ven? Eso es lo que obtengo por preocuparme por su trabajo! —exclamó el hombre suspirando. —Pero bueno… ahora hablando en serio señorita Cinthya… —y mientras decia esto miraba con seriedad a la inspectora. —Ha tenido usted una suerte enorme en tener al Teniente Glenn como su piloto.
    Cinthya se sorprendió al escuchar el nombre de Jim y devolvió una mirada de curiosidad al piloto. —¿Suerte? —preguntó.
    —Y mucha… pilotos natos como Jim se cuentan con los dedos de una mano. Te lo dice un veterano de la NUNS.
    Manuel dejó escapar un silbido de asombro mientras volvía a sentarse en el suelo —¿En serio? ¿Tan bueno es?
    El hombre devolvió la botella vacía al sorprendido Manuel e hizo un gesto de asentimiento. —No se que rayos hace un piloto como el Teniente Glenn sirviendo como chofer de una Inspectora civil, pero por los siete infiernos, me alegro que haya sido así… otro piloto no habría salido vivo de aquel infierno.
    Matt miró con incredulidad al piloto. —¿Se refiere al Campo?
    Gray observó con atención al joven pelirrojo y pareció que iba a decir algo pero se contuvo. El gesto no pasó desapercibido para Mina, quien supo de inmediato que el viejo piloto se estaba guardando algo que solo le concernia a Matt y a sí mismo.
    —Si, El Campo— dijo el hombre con voz grave. —Si hubieran visto cómo quedó el avión… si, por suerte era Jim el que pilotaba y no uno de esos cabezas huecas que vuelan solo bajo la dirección de su computadora.
    Fue el turno de Cinthya en asentir. —Jim también se la pasa hablando de eso… bueno, cuando habla, quiero decir. —dijo sonrojandose. —Parece que los pilotos ya no vuelan sus aviones si no es a través de la asistencia de una computadora.
    —¿Lo ven? —exclamó Gray cruzándose de brazos. —Ya no hay pilotos como antes, ahora son apenas “Intermediarios” entre el avión y la computadora.
    —Podría ser peor Gray— dijo Rebecca con una sonrisa. —Podrían reemplazar a todos los pilotos por computadoras si quisieran.
    —¿Y perder la oportunidad de echar la culpa al piloto si algo sale mal? —contestó riendo. —No Rebbie… ya lo intentaron hacer una vez y cuando se vió que las responsabilidades por las malas decisiones de una computadora caían directamente entre los oficiales tras los escritorios, inmediatamente cambiaron de idea. Los pilotos somos necesarios, hasta como Chivos Expiatorios!!! —exclamó a carcajadas.
    —Además. —agregó Rebecca. —El universo no podría soportar la pérdida de estas insufribles criaturas
    —Por supuesto que no! —Dijo Gray mientras pasaba un brazo por la cintura de la mujer morena. —¿El universo despojado del Sex-Appeal de los pilotos de combate? ¡Inaudito! Incluso apuesto a que Cinthya ya está loca de amor por nuestro Teniente Glenn!
    Los rostros de todos se giraron en dirección a la inspectora que enseguida se puso roja como un tomate.
    —¿Que? ¿Y-yo? —exclamó aturdida.
    —¿Enserio te gusta Jim? —preguntó Akemi entusiasmadisima.
    Cinthya se había quedado sin palabras. Mina le dirigió una mirada a Matt y constató que el joven tenía los ojos desmesuradamente abiertos.
    —Yo… nosotros solo somos colegas… —balbuceó la joven inspectora mientras movía nerviosamente las manos.
    —No me extrañaría— dijo Manuel sumándose a la chanza. —pasar tanto tiempo adentro de esa cabina tan chiquita… los dos solos… seguro que hasta sorprendiste a Jim con una muñequita de Minmay en el bolsillo!
    De los presentes, sólo Gray y su pareja parecieron entender la broma. Rebecca puso cara de escandalizada y le echo a Manuel una mirada fulminante.
    —Manuel! —exclamó. —No seas grosero!
    Gray por otro lado soltó la cintura de la mujer morena y como quien no quiere la cosa sujeto al joven por cuello del traje de mantenimiento y lo levantó sin esfuerzo hasta que sus pies quedaron sacudiéndose en el aire.
    —Eso fue inapropiado jovencito. —dijo acercando su rostro al confundido jóven. —Discúlpate ahora.
    —Pero tu..
    —¡Ahora!
    Si había habido algún rastro de borrachera en la voz de Gray, esta había desaparecido por completo. El rostro de Manuel se puso blanco al mirar los ojos del piloto. Estaba hablando en serio.
    —Yo…. lo… lo siento— dijo apenas con un hilo de voz.
    —!Más fuerte! —exclamó el hombre levantando al joven diez centímetros más
    —¡Lo siento! —grito Manuel —¡Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento! —repitió cada vez con la voz mas chillona.
    Gray bajó el brazo de golpe pero no arrojó al joven, lo depositó gentilmente sobre sus pies y lo sostuvo mientras las piernas dejaban de temblar.
    —Eso está mucho mejor. —dijo sin sacarle los ojos de encima. —Estoy seguro que ese comentario fue un efecto de la fuerte sidra que estuvieron bebiendo y que no tuviste verdadera intención de decirlo —agregó. —Procura no volver a decir esas cosas. ¿Entendido?
    —S-sí señor— dijo tembloroso el joven mientras caía de rodillas sobre el mantel.
    Todo el grupo se había quedado callado, incluso el parque había perdido sus característicos sonidos y una atmósfera algo fría se había instalado en el solitario prado.
    —Bueno… será mejor que olvidemos este mal momento. —dijo Gray rascándose la cabeza. —Además tengo hambre y mi chica me prometió algo delicioso para esta noche.
    El suspiro de Rebecca fue audible para todos. —Después de todo lo que comiste y bebiste aun te queda sitio… ¿Acaso tienes un agujero negro ahí adentro? —preguntó señalando el estómago del hombre.
    Gray soltó una carcajada y volvió a pasar el brazo por la cintura de su pareja —Adios amigos, salgo temprano por la mañana así que no nos veremos por un tiempo me temo… ¡Vigilen que Manuel tenga la boca cerrada cuando estén cerca de Jim!
    Dicho esto último levantó la mano libre a modo de saludo (Mientras su compañera hacía lo mismo) y ambos se fueron caminando hacia la escalera principal que descendía a la cubierta base.
    Los cinco amigos observaron en silencio como la pareja se retiraba y desaparecía por la escalera. Entonces Akemi se levantó de pronto y tomó a Manuel de la misma forma que Gray había hecho unos minutos antes, aunque sin levantarlo del sitio.
    —¿Que rayos fue eso que dijiste!!! —exclamó a los gritos mientras sacudía a su amigo hacia delante y hacia atrás violentamente,
    Matt y Cinthya se habían recuperado del shock y miraban a Manuel con curiosidad.
    —Fue un comentario racista— dijo Mina de pronto y sus palabras sorprendieron al resto. Había vuelto el silencio y todas las miradas se habían dirigido a la joven.
    —¿Ra-Racista? —preguntó Cinthya insegura.
    —¿Cómo es eso? —exclamó Akemi mirando a Mina y luego a Matt, quien seguía con los ojos bien abiertos.
    Mina se pasó la mano por el cabello y se acomodó en su sitio. —Manuel debe haber creído que se trataba de un comentario… picante. —dijo mirando el rostro pálido de su amigo. —Pero en realidad se trata de una expresión despectiva sobre la… bueno. —dijo algo incómoda mientras trataba de encontrar las palabras adecuada. —Sobre la sexualidad de los Zentradis….

    Matt, Akemi y Cinthya miraron a Manuel, quien ahora había perdido la palidez del rostro y estaba aún más avergonzado de lo que había estado la joven inspectora unos minutos antes.
    —¿De donde sacaste eso? —preguntó Matt intrigado.
    —De la Red. —respondió nervioso el joven. —Creí que era una simple broma sobre cuando se te pa…
    —Si si, ya captamos la idea— dijo Akemi soltando la ropa de su amigo para alejarlo.
    —Jim es mestizo ¿Verdad? —preguntó Mina dirigiéndose a Cinthya.
    La inspectora asintió con la cabeza. —Yo también creo que lo de Manuel fue un malentendido. Un error lo puede cometer cualquiera….
    —Gray solo quería evitar que metieras la pata con el compañero de Cinthya. —dijo Akemi mientras se sentaba en su lugar. —Pero un comentario de ese estilo… no lo puedo creer.
    Matt suspiró profundamente. —Comentarios como esos dichos en el lugar y ante la persona equivocados pueden ser peligrosos.
    —Lo dices por lo de los orígenes de la Colonia ¿Verdad? —preguntó Cinthya.
    Manuel se había recuperado un poco y ahora respiraba con normalidad. —Todo eso de la segregación es historia antigua Cin. Prometo cerrar la boca si estoy frente a ese Jim del que tanto hablan…
    —Mas te vale. —dijo Akemi cruzándose de brazos. —Lo único que nos falta es que tu comentario figure en los reportes de un militar.
    —Amanda nos mataría. —exclamó Manuel sentándose derecho. —Pero no entiendo ¿Qué clase de insulto es ese?
    Ahora todos miraban a Mina buscando explicaciones. La joven se sonrojó y volvió la vista al techo del enorme hábitat. —Es… algo difícil de explicar ¡Me da vergüenza! —dijo sonrojandose.
    —Si quieres puedo buscarlo en la red. —dijo Matt sacando su Pad pero Akemi lo detuvo. —Ni se te ocurra Matt. —dijo con seriedad. —No queremos que Amanda se entere de esto.
    Cinthya abrió los ojos en un gesto de sorpresa. —¿La Capitán Amanda controla lo que los Colonos hacen en la red? —preguntó asombrada.
    —Oficialmente no. —dijo Manuel. —Pero dada la rapidez con la que suele enterarse de muchas cosas, nosotros lo sospechamos.
    Ante la sorpresa de todos Mina se puso de pie de pronto. —¡Mi madre nunca haría eso! —exclamó indignada. —Esos rumores de que espía a los Colonos son malintencionados y falsos!
    El grupo se quedó en silencio mientras Mina mantenía los puños cerrados y miraba fijamente a Cinthya, entonces Akemi se puso de pie y abrazó a su amiga con fuerza. —¡Lo siento Mina, realmente no quise decir eso! —exclamó dolida. —Perdón.
    La joven devolvió el abrazo a su amiga y permanecieron en silencio un rato largo mientras Matt, Manuel y Cinthya guardaban respetuoso silencio. Finalmente las dos amigas se se separaron y volvieron a sentarse juntas sobre el mantel.
    Matt extendió la mano y la apoyó en el hombro de Mina. —¿Estas bien? —preguntó consternado. La joven asintió con la cabeza y respiró profundamente. —Estoy bien, no pasó nada chicos. —dijo mientras miraba uno por uno los rostros de sus amigos. —Será mejor que les cuente lo de la muñequita de Minmay o Manuel no nos dejará en paz hasta que lo sepa de uno u otro modo…. además hay muchas versiones de la historia creadas por una u otra facción de quienes odian a los Zentradis. La que les voy a contar es parte de una investigación oficial de la Universidad de la La Tierra.

    Mina comenzó a contar la historia ante su atónito público.
     
  4.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    4637
    63


    La Primera Guerra Espacial comenzó oficialmente el 7 de Febrero del año 2009 a las 11:47 AM Horario del Pacífico, cuando el armamento principal de la SDF-1 se activó en forma autónoma destruyendo dos naves de la flota Zentradi que en esos momentos hacían una maniobra de inserción de órbita hacia nuestro planeta.
    Sin advertencias, sin ni siquiera un intento de diálogo o esfuerzos diplomáticos por las partes beligerantes, la humanidad y los Zentradi comenzaron una guerra de aniquilación total que se extendió más de un año a partir de ese momento.
    Durante toda la guerra no hubo comunicación formal entre los bandos, sin embargo durante el apogeo del conflicto armado, una serie de incidentes entre la tripulación del SDF-1 y ciertos componentes de la flota del Comandante Britai Kridanik dieron inicio a un intercambio de información y propiciaron el comienzo de un efecto que más tarde se convertiría en el “Shock Cultural” que cambiaría el curso de la guerra.
    Luego del comienzo de las hostilidades la SDF-1 y gran parte de los habitantes civiles de la Isla de Ataria del Sur fueron transportados a los límites del Sistema Solar por medio de un procedimiento FOLD de emergencia.
    Varados a millones de kilómetros de La Tierra, sin poseer el sistema FOLD necesario para volver a casa la nave, su tripulación y casi Setenta Mil civiles comenzaron el lento regreso a casa desde la lejana órbita de Plutón.
    Pronto la flota de Britai descubriría el rastro de la nave humana y comienza una dura etapa de combates de acoso y desgaste, que se prolongará por los meses venideros hasta que la nave llega por fín sana y salva a la órbita del Planeta Tierra.
    Durante los meses que la SDF-1 pasó viajando por el espacio se produjeron numerosos combates con las fuerzas Zentradi, durante los cuales ocurrieron los primeros contactos “accidentales” entre las dos civilizaciones.
    La naturaleza de estos contactos fue meramente casual, debido a que los habitantes de la Isla de Ataria del Sur, quienes a pesar de su situación de refugiados de guerra, intentaron por todos los medios posibles de seguir con sus vidas cotidianas. Es así como algunas semanas más tarde de llegar a la órbita de Plutón y de iniciar el regreso a casa, las transmisiones de radio y televisión de la isla se reanudan en forma precaria dentro de la ciudad que se estaba reconstruyendo en las entrañas de la enorme nave,
    Si bien los militares colaboraron con los recursos técnicos necesarios, no se controló el contenido ni la propagación de las señales generadas por los habitantes. Es así como estos pequeños fragmentos de cultura humana comenzaron lentamente a llegar a la flota Zentradi.

    Ahora bien, muchos investigadores no se ponen del todo de acuerdo en cómo fue exactamente el mecanismo de propagación de la cultura entre los Zentradi de la flota de Britai, especialmente cuando dichos investigadores tuvieron acceso a las bases de datos de su Archivista Exsedol y la historia de la flota de Bodole-Zel quedó documentada.
    La enorme flota Zentradi llevaba incontables años de batalla en esta parte de la Galaxia. De entre los innumerables registros de batalla se encontraron numerosos ejemplos de conflictos con civilizaciones originadas por la Protocultura, la localización de sus sistemas planetarios y un simple comentario de lo acontecido. Absolutamente en todos los casos documentados, la flota de Bodole-Zer exterminó sistemáticamente a toda civilización con la que tuvieron contacto.
    ¿Cómo es posible que la Humanidad no haya sufrido el mismo destino? Esta interrogante motivó debates extensos entre los académicos de todo tipo, desde sociólogos, antropólogos y psicólogos hasta biólogos y químicos, todos intentando resolver el misterio de los Zentradi y su guerra de exterminio a lo largo de toda la galaxia.
    Las respuestas tardaron varios años en llegar, pero una vez que la humanidad abandonó el Sistema Solar y se adentró en las profundidades de la Vía Láctea, los restos de la campaña de aniquilación de los Zentradi empezaron a salir a la luz.

    Las primeras ruinas de una civilización con signos de intervención de la Protocultura aparecieron en un sistema solar a casi treinta años luz de La Tierra. Se trataba de una sociedad tribal, de unos dos a tres millones de años de presencia en su planeta, de aproximadamente dos veces la masa del Planeta Tierra a la que los investigadores nombraron Shoá.
    Nada se sabe de esta civilización, ningún resto de los habitantes fue descubierto a pesar de los esfuerzos de los arqueólogos que exploraron las ruinas del lugar, solo algunos masivos monumentos tallados en las faldas de las montañas lograron resistir las enormes ondas de choque del ataque Zentradi.
    El planeta había sido bombardeado desde órbita de manera similar a lo acontecido al planeta de los humanos. Por supuesto el escaso desarrollo tecnológico de la sociedad primitiva impidió que refugios u otros asentamientos en órbita pudiesen evitar la extinción de la especie.
    Solamente los restos de una vaina de intervención de la Protocultura quedaba como testigo mudo del holocausto.
    El siguiente descubrimiento fue más revelador.
    Se descubrieron señales de radio provenientes de una estrella a unos cuarenta años luz de la Tierra y una expedición partió rápidamente al encuentro de lo que se pensaba sería el primer contacto con una civilización “hermana” de la humanidad, más al llegar a la estrella en cuestión otra masacre fue revelada a los investigadores.
    La civilización en cuestión había desarrollado un programa de expansión mucho más avanzado que la terrestre, colonizando tres de los doce planetas que orbitan la estrella amarilla, ligeramente más pequeña que nuestro Sol.
    Los Dobahrin fueron una sociedad que alcanzó un desarrollo técnico y cultural muy elevado, aunque no se encontraron pruebas concretas, se cree que pudieron haber desarrollado el viaje interestelar a velocidades inferiores a la de la luz, pero hasta el dia de hoy ninguna de sus naves fue hallada en ninguna parte de la Galaxia.
    Sea como sea, fueron exterminados por la flota de Bodole-Zer de la misma manera que los anónimos habitantes del planeta Shoá. Si bien se recuperaron algunos cuerpos momificados en refugios que soportaron el ataque alienígena, el daño recibido en los planetas tras los bombardeos fue lo suficientemente severo como para condenar a los pocos sobrevivientes a una extinción lenta e inevitable.
    Gracias a sus satélites y algunas bóvedas supervivientes, los humanos pudimos conocer algo de esta cultura, sus costumbres, su música y su arte.
    Pero la pregunta aún persistía ¿Porque los humanos habíamos sobrevivido donde culturas más avanzadas habían perecido? Los Dobahrin habían luchado contra los Zentradi, pero la falta de armas de energía dimensional sumados a lo poco numeroso de sus fuerzas habían resultado ser fatal para la supervivencia de la raza.
    Más perturbador aún, se encontraron evidencias de música en la cultura Dobahrin ¿Acaso no había sido efectiva contra los Zentradi? ¿O no lograron descubrir sus propiedades a tiempo? Todos estos descubrimientos no hicieron más que arrojar nuevas dudas e interrogantes sobre la guerra.

    La respuesta, como bien supusieron los investigadores, estaba en la SDF-1.
    Se analizaron miles y miles de grabaciones y registros generados durante la guerra así como testimonios de cada uno de los supervivientes y soldados que estuvieron en contacto con los invasores.
    Poco a poco el rompecabezas se fue ensamblando y una hipótesis comenzó a formarse lentamente, algo que al principio, cuando la idea del Shock Cultural como única arma de la victoria ya se había instalado en el imaginario popular, se consideraba irrefutable.
    Había algo más, un factor que había pasado desapercibido a los investigadores y sin embargo había estado presente desde el principio, actuando a un nivel más profundo que el de la música de Minmay o cualquier otra manifestación cultural.

    Todo cobró sentido cuando los investigadores revisaron los archivos de Britai y encontraron registros de una operación que habían pasado por alto en un primer momento por ser una misión completamente rutinaria.
    La unidad 099 del 8avo. Batallón de Reconocimiento Zentradi fue desplegado para interceptar y registrar transmisiones de la nave enemiga que habian comenzado a alcanzar a la flota de Britai a las pocas semanas de reiniciarse los ataques. La pequeña nave de reconocimiento llevaba tres tripulantes: un piloto, un artillero y un oficial de comunicaciones. Al examinar con detenimiento la transcripción de los diálogos que estos tres soldados mantuvieron durante el transcurso de la misión los investigadores tuvieron la primera pista sobre el misterioso factor disparador.
    Al comparar las transmisiones de la MBS a bordo de la Macross con los registros de la misión del Batallón 8avo. se descubrió que lo que los soldados grabaron y presenciaron fué el concurso Miss Macross que se desarrollaba entre la población civil de la ciudad.
    Esto tiraba por la borda la teoría inicial de que fueron las canciones de Minmay la primera experiencia “Cultural” de los Zentradis con la raza humana. Copias del concurso fueron restauradas y examinadas minuciosamente en busca de pistas sobre posibles mensajes ocultos que pudieran evidenciar un cambio de actitud en los tres soldados que miraban el programa.
    En cuanto el programa quedó sobreimpreso a la transcripción de los diálogos de los pilotos todo quedó en evidencia.

    -Artillero: —No se como ponerlo en palabras… siento algo parecido a la excitación del combate
    -Piloto: —Si, yo tambien siento algo similar… pero duele.
    -Oficial de Comunicaciones: —¿Como cuando te hieren en batalla?
    -Artillero: —Es un impacto, definitivamente se siente como un impacto.
    -Oficial de Comunicaciones: —¡Ataque Enemigo!
    -Piloto:—¿Un nuevo enemigo?
    -Oficial de Comunicaciones:—¡Es el mismo de antes!

    En ese momento una nave de exploración de la UNSpacy hace contacto con los Zentradi y se inicia una pequeña escaramuza. Pero ya los investigadores no tenían dudas de lo que había pasado: La nave había sido interceptada momentos antes de iniciado la transmisión, lo que originó algún intercambio de disparos que obligó a los Zentran a retirarse momentáneamente. Una vez despejada la zona reanudaron la grabación de señales, presenciando en directo la ceremonia de Miss Macross y a Minmay en traje de baño. Finalmente son nuevamente interceptados y su nave sufre el suficiente daño como para justificar su abandono, pero ya los tres Zentran habían estado expuestos a las imágenes provocativas.

    —¿Que….? —comenzó a preguntar Manuel pero cerró la boca ante la mirada seria de Mina.

    Como decía, los investigadores comprendieron que los tres Zentran habían estado viendo imágenes de una joven exhibiendo su cuerpo con muy poca ropa y en actitud sensual y esa visión había comenzado a perturbarlos de alguna manera. Por el diálogo mantenido se infiere que dos de ellos habían sufrido una experiencia desconocida, mientras que el Oficial de Comunicaciones no parecía demasiado afectado. ¿A qué se debía esto? Registros sobre Soldados Zentradi expuestos a la música indicaban una reacción de un 100% a sus efectos, pero en este caso los tres soldados demostraron grados diferentes de reacción.
    Los investigadores no necesitaban ver los datos para llegar a la misma conclusión: lo que estaba actuando en esos tres soldados era la líbido… o para decirlo de una forma que Manuel lo entienda— dijo Mina mirando al joven. —Estaban despertando sexualmente.
    —Se…. Ellos… digo ¿Se excitaron? —Preguntó Cinthya sorprendida
    —Así parece. —Contestó la joven.
    —Pero no entiendo.. ¿Por qué el otro no? ¿Era… Gay? —preguntó Akemi.
    Manuel movió la cabeza mientras se cruzaba de brazos. —No Akemi, nadie vive toda su vida entre compañeros encerrados en una nave y nunca sale del armario… para mi que Minmay no era de su tipo… ustedes vieron las fotos ¿No? Le faltaba un poco de delantera. —Dijo mientras hacía un gesto en su pecho con las manos abiertas.
    —Manuel tiene razón en eso— respondió Mina suspirando. —Al menos es lo que pensaron los investigadores…. pero bueno, dejen que siga con la historia.

    En fin, la nave de reconocimiento Zentradi fue destruida y con ello las grabaciones que hicieron del concurso Miss Macross, lo único que pudieron llevar de vuelta a su flota fueron las grabaciones de cabina y, por supuesto, sus relatos de la experiencia.
    Esto se cree que fué lo más extraordinario de todo, porque de haber sido Britai o el propio Bodole-Zer quienes hubiesen examinado los videos de las féminas en traje de baño, tal vez hubiesen previsto el peligro y por consiguiente, simplemente se limitaran a matar a los Zentran “Infectados” por las imágenes provocativas.
    La falta de imágenes hizo que los Zentran relataran la experiencia vivida con un muy limitado conocimiento de las palabras necesarias para ello, lo que en definitiva les salvó la vida. El Alto mando de los Zentradi juzgó la experiencia de los soldados relativamente inofensiva y los dejó reintegrarse a sus funciones normales.

    —Y entonces el rumor de su experiencia se esparció por toda la nave— dijo Matt.
    —Exacto. —respondió Mina. —Pronto todos los soldados de la nave de Britai habían, en una u otra medida, oído hablar sobre las féminas micronianas y las extrañas sensaciones que producía el verlas con unos raros trajes que dejaban al descubierto buena parte de su piel.
    Akemi y Manuel se miraron asombrados. —¿No se supone que la flota de Breetai era mixta? —preguntó la joven. —¿Cómo es que nunca en todos esos años no ocurriera que un Zentran y una Meltran se atrajeran mutuamente?
    —Porque si bien Zentran y Meltran operaban en conjunto, cada género usaba armas y naves diferentes. Nunca se mezclaban dentro de los sectores habitables de las naves que los albergaban. —contestó Mina
    Cinthya asintió en silencio tratando de imaginarse la vida en una de esas flotas, pero Manuel simplemente no podía concebirlo —¿Pero cómo es posible que nunca un Zentran haya visto a una meltran desnuda? —preguntó.
    —Tal vez porque no fue el solo hecho de ver a alguien del sexo opuesto sin ropa lo que provocó una manifestación de la líbido en los Zentran, sinó la combinación de los movimientos sensuales, la música, tal vez incluso de los primeros planos de las partes más sensuales que hacían los camarógrafos de la MBS. —explicó la joven.
    —Tiene sentido. —dijo Matt inclinando la cabeza. —¿Entonces más que un “Shock Cultural” lo que sucedió fué un “Shock Erótico”?
    Mina contuvo la risa, tratando de mantener la seriedad al responder la pregunta. —No Matt, el Shock Cultural es algo que realmente sucedió y tuvo el efecto que ya todos conocemos y estudiamos en la escuela. Los investigadores habían demostrado que otras culturas habían estado en contacto con los Zentradi, pero solo la Raza Humana logró provocar un impacto lo suficientemente importante como para desencadenar el efecto de Shock Cultural. ¿Como había sido posible que la Cultura Humana sorteara las barreras defensivas del férreo condicionamiento Zentradi? El Sexo parecía ser la respuesta indicada.
    —¿Como pudo el despertar sexual imponerse a la educación Zentradi? —preguntó Akemi.
    —Por los genes— respondió Mina. —O mejor dicho por una combinación de reacciones químicas que alteraron su programación genética en el momento y lugar adecuados.
    Akemi, Cinthya, Matt y Manuel se miraron confundidos.

    Mina suspiró. —Ok, empecemos por lo básico: ¿Para que fueron creados los Zentradi?
    —Esa es fácil, para luchar. —dijo Akemi.
    —Correcto. ¿Y qué atributos recibieron de sus creadores para ayudarlos a ese fin?
    —¿Hacerlos condenadamente grandes? —preguntó inseguro Manuel.
    —Y también fuertes, resistentes y completamente leales al mando— agregó Matt.
    Mina asintió. —En efecto, no obstante la Protocultura debió crear a los Zentradi usando sus propios cuerpos como base de esos cambios ¿Verdad?
    —Claro, por eso cuando se micronizan son iguales a nosotros. —Respondió Cinthya.
    —Así que tenemos, básicamente, un cuerpo humano sometido a un proceso de modificación genética que aumenta las capacidades de lucha a niveles extremos. Matt mencionó recién que los Zentradi son completamente leales y no se cuestionan nada. Para lograr eso se requiere de mentes simples, de personalidades sumisas que no piensen demasiado en lo que les ordenan hacer ¿No?
    —¿Zombies? —preguntó Manuel
    —No, pero entiendo tu razonamiento— dijo Mina. —El tema es que un soldado con capacidades cognitivas limitadas no es un guerrero eficiente en el campo de batalla. Lo que la Protocultura quería era conservar la inteligencia, la capacidad de reaccionar y adaptarse a los cambios de batalla pero al mismo tiempo mantener un férreo control de la voluntad de cada soldado. Al final optaron por una solución simple, algo que el mismo cuerpo humano ha venido haciendo durante millones de años.
    —¿Que cosa? —preguntó Cinthya intrigada
    —Hormonas. —contestó la joven.
    —¿Hormonas? —preguntaron los amigos a coro
    —Las hormonas son la forma en que los seres vivos hacen que sus cuerpos responden a ciertos estímulos o falta de ellos y trabajen más eficientemente.
    Manuel se rascó la cabeza. —¿Hormonas como la testosterona y esas cosas?
    —Como la Adrenalina— comentó Akemi.
    —Claro, hay cientos de moléculas diferentes que son producidas dentro del cuerpo y sirven para funciones específicas… las que ustedes mencionan son las más conocidas. ¿Saben por qué?
    —La adrenalina te hace correr mas rapido, o algo asi— dijo Akemi insegura.
    —Y la Testosteron te hace salir pelos en el pecho— respondió entre risas Matt —¿Pero de qué le sirve eso a un Zentradi?
    —Pero también aumenta la mas muscular y por ende la fuerza, además de estar relacionada con una actitud más agresiva. Cosas muy útiles en el campo de batalla. Lamentablemente las hormonas tienen efectos… “secundarios” que no sirven de mucho en una maquinaria bélica como los Zentradi. En el caso de la Adrenalina, aumentar la velocidad, la frecuencia cardiaca y mejorar los reflejos es algo muy importante en el campo de batalla, pero la hormona actúa en base al instinto de lucha y huida de todo organismo vivo. Así como puede acelerar tu cuerpo, la Adrenalina también puede paralizarte en el sitio y sumirte en un stress traumático.
    —¿Y la Testosterona? —preguntó Manuel
    —La Testosterona otorga fuerza y agresividad, pero a la larga es la que produce el desarrollo de los órganos sexuales y los cambios de la pubertad que anteceden a la madurez sexual del individuo.
    —Y esas cosas… son justamente cosas que la Protocultura no necesitaba.—comentó Cinthya.
    —Exactamente. —dijo Mina. —Los Zentradi no necesitan reproducirse, por ende esas hormonas no podían permanecer activas en los cuerpos de los soldados.
    —¿Y cómo resolvió ese dilema la Protocultura? —preguntó Akemi.
    —De una manera extremadamente simple— respondió la joven. —Con el condicionamiento. Verán, las hormonas son muy útiles en la batalla, pero no durante los momentos de reposo del soldado. La Protocultura no deseaba perder los beneficios que estas sustancias le daban a los combatientes así que decidieron utilizar un mecanismo de regulación que permitiese al cuerpo producir hormonas determinadas sólo cuando el soldado entrase en batalla. A esto se le llamó el “Éxtasis” o “Frenesí” de Combate. Cuando un Zentradi entraba en combate sus órganos producian las hormonas necesarias para aumentar sus capacidades de lucha. Una vez que la batalla terminaba, la producción cesaba y las moléculas se eliminaban por los procesos fisiológicos normales. De esta forma los cuerpos de Zentran y Meltran permanecian sin cambios durante toda su vida.
    —¿Y para eso servía el acondicionamiento? —Preguntó Matt
    —Claro, los Zentradi eran creados y sometidos a un proceso de crecimiento acelerado que los convertía en adultos rápidamente a la vez que acondicionaban su personalidad para disfrutar del éxtasis de la batalla y “activar” sus celulas y organos de producción hormonal necesaria para el combate.
    —Es… horrible. —dijo Akemi acongojada.
    —Una existencia solo para la lucha. —comentó Cinthya. —No puedo ni imaginarlo.
    —Y ahora llegamos al punto en donde todas las piezas del rompecabezas se unen. —dijo Mina mirando con atención a cada uno de sus amigos. —¿Quien se anima a resolver el misterio de los tres Zentran y la transmisión de Miss Macross?
    Los cuatro amigos se miraron entre ellos y luego miraron nuevamente a Mina. Finalmente Matt levantó la mano. —Los tres Zentran entraron en combate antes de ver a Minmay en traje de baño ¿No?
    —Exacto.
    —Así que estaban en modo “Frenesí” y por ende sus órganos estaba produciendo grandes cantidades de hormonas. —dijo Akemi,
    —Y cuando, luego del combate vieron a la joven con poco ropa… su nivel de Testosterona estaba al máximo y… oh! —exclamó Cinthya sonrojandose.
    —Excitación confirmada! —exclamó Manuel entre risas.
    —Eso explica el porqué las barreras del acondicionamiento no pudieron evitar que el instinto sexual de los Zentradi despertara en ese momento. Simplemente se habían dado absolutamente todas las condiciones necesarias. —comentó Matt asombrado.
    —El posterior combate volvió a elevar el nivel hormonal de los soldados y acentuó el “Shock” en ellos. Realmente fué una situación totalmente inesperada para los investigadores. Casi un… milagro.
    —Son…. demasiadas coincidencias Mina. ¿Realmente creen que sucedió así?
    La joven asintió con la cabeza. —Es la teoría con más evidencia que la soporte hasta ahora. Los investigadores creen que solo una cambio hormonal puede ser lo suficientemente impactante como para servir de disparador a un cambio de comportamiento. Al menos es así como sucede con los humanos.
    —¿Y cómo se relaciona todo esto con el comentario de Manuel sobre las muñecas? —preguntó Akemi.
    —Ya llegamos a ese punto. —contestó la joven. —A partir de este momento se produjeron varias situaciones de “contacto” no violento entre ambas facciones. Si bien la flota Zentradi mantenía un apretado cerco y hostigaba continuamente a los humanos con escaramuzas y ataques de desgaste, parecían no querer destruir la nave.
    El porqué de la actitud extraña de Britai es otro tema aparte, así que volvamos al tema del cambio de comportamiento de los Zentradi. Unas semanas más tarde se decidió infiltrar tropas Zentran para que realicen investigaciones y reconocimiento desde dentro de la fortaleza enemiga. Para ello se Micronizaron tres soldados al tamaño humano y se los introdujo dentro de la SDF-1 mediante un ataque de distracción. Que estos tres soldados hayan sido los mismos que protagonizaron el incidente de la transmisión Miss Macross nos indica que se había producido un notable cambio en el pensamiento de estos soldados; la confusión original había dado paso a la curiosidad y a la búsqueda de revivir lo acontecido durante la misión de observación. Si bien sus niveles hormonales habían sido reducidos rápidamente luego de la experiencia, sus cuerpos aún recordaban las sensaciones de placer a las que las descargas hormonales habían sometido sus aletargados genes…. y claro, una vez que un proceso genético despierta, ya no se lo puede volver a desactivar.
    Ahora bien, uno de los aspectos más importantes de la micronización de un cuerpo gigante es la pérdida completa de las modificaciones realizadas por los diseñadores originales. Si bien un Zentradi micronizado conserva su aspecto general, no sucede así con su fuerza, su resistencia o su agilidad. Se vuelven “normales” por así decirlo. Incluso ante esta perspectiva, los soldados aceptaron volverse así de débiles para reencontrarse con lo que habían vivido tan fugazmente.

    Estos tres espías realizaron observaciones de la vida civil y militar a bordo de la SDF-1 durante meses, registrando desde la más trivial de las actitudes hasta experimentar sentimientos y actitudes completamente desconocidas para los Zentradis, como la caridad, el esparcimiento y, por supuesto, la música y el amor.
    Vivir entre Micronianos disparó decenas de reacciones diferentes, reacciones para las que su condicionamiento no estaba preparado, como perfumes, sabores y sonidos, estímulos que desataron reacciones hormonales en todo el cuerpo micronizado, ya libre de las modificaciones y limitaciones impuestas por la Protocultura.

    Pero lo más importante, además de sus observaciones, los tres Zentran se llevaron con ellos muestras de todo tipo de cultura humana. Desde objetos increíblemente faltos de importancia táctica como pianos de cola o heladeras, también lograron llevarse reproductores musicales, de video y algunas muestras de comida y bebida.
    Entre este “contrabando” cultural estaban las famosas Muñequitas de Minmay.
    —Recuerdo la escena en la película Do You Remember, Love? —comentó pensativa Cinthya. —De los gigantes temblando y gritando de pavor ante la pequeña muñeca que cantaba y bailaba sobre una mesa… ¿De esas muñecas se trataba?
    —Si y no— dijo Mina con una sonrisa. —Recuerden que esa película tiene muchas cosas de ficción a pesar de estar basada en los hechos reales. La realidad es un poco más… cruda.
    —¿A qué te refieres? —preguntó confusa Akemi.
    —Veanlo de este modo…. ¿Cual seria el tamaño de una de esas muñequitas para un verdadero Zentradi?
    —Minúsculas por supuesto. —dijo Matt haciendo un gesto con los dedos índice y pulgar. —Casi del tamaño de un grano de arena.
    —¿Cómo explican entonces que un objeto tan pequeño haya desatado tanto pavor y descontrol en la flota Zentradi? —preguntó Mina.
    —No tengo ni idea— reconoció Manuel levantando los brazos.
    Mina se acomodó en el lugar y tomó aliento antes de hablar. cuando lo hizo trató de sonar lo mas seria que pudo. —Lo que los tres Zentrans llevaron a bordo de su flota no eran muñequitas, eran… Dakimakuras.
    El silencio que se produjo en el grupo fue tan profundo que por un momento el roce de las hojas del árbol fue claramente audible. Finalmente fue Cinthya la que rompió el silencio. —¿Que es una Dakimakura?
    Manuel no respondió pero tomó su Pad, ingresó un par de datos y lo apoyó en el centro del mantel. Una imagen holográfica se elevó desde la pantalla y proyectó un objeto tridimensional en el aire. Era una almohada, bastante grande, de casi metro y medio de altura pero a diferencia de una simple almohada de cama, esta tenía impresa una figura femenina sin ropa y con una expresión de evidente éxtasis.
    —Eso es una Dakimakura.
    Cinthya y Mina se sonrojaron al instante, Akemi se limitó a arrojar la caja de las zapatillas sobre el aparato para bloquear la imagen proyectada. —Sos un pervertido Manu— dijo.
    —Ella preguntó. —se disculpó el joven recogiendo el aparato. —¿En serio los Zentran llevaron una de estas a su nave? —preguntó a Mina.
    —Así es— dijo ella con un suspiro. —Al parecer consiguieron contrabandear varias de esas almohadas de compañía con la figura de Lynn Minmay impresa… el resto ya se lo pueden imaginar.
    —Así que estas son las famosas “muñequitas” —exclamó Matt sorprendido. —Claro, tiene sentido. Tienen el mismo tamaño que la persona real…. bueno, que un “Micrón” real.
    —¿Y estas cosas fueron las que sembraron el pánico y la deserción en la flota de Britai? —preguntó Akemi.
    Mina asintió. —Las Dakimakuras llevaron el despertar sexual a las entrañas mismas de la flota Zentradi. Los soldados fueron expuestos a toda una nueva serie de sensaciones. Sumemos la música y los relatos de los tres espías, todo contribuyó a crear las condiciones para que la producción de hormonas se desatara libremente por toda la nave.
    —Erecciones… erecciones por todos lados. —exclamó entre risas Manuel.
    Mina se sonrojó visiblemente. —Cuando el despertar sexual se propagó entre los Zentradis, también lo hizo la confusión y el descontento general. Al fin y al cabo los niveles de Testosterona se dispararon en todo momento, haciendo que los soldados se volvieron violentos e indisciplinados. Ya no existían las barreras del acondicionamiento para contenerlos y de pronto el tener una erección, como dice Manu, se volvió un indicativo de rebelión, de “contagio” Microniano.
    —Y lo de la muñequita de Minmay…. —comenzó a decir Cinthya.
    —Se convirtió en un eufemismo entre los Zentradis. Cuando veían a un compañero… visiblemente “excitado”, se le preguntaba si llevaba una muñequita de Minmay en el bolsillo.

    —Comprendo. —dijo Matt visiblemente acongojado. —No pensé que se trataba de eso.
    —Puede parecer cómico, pero muchos Zentran fueron ejecutados por sentir por primera vez el llamado de la sexualidad— dijo Mina con tristeza.
    —Pero gracias a eso nosotros nos salvamos. —contestó Akemi.
    —¿Osea que tres pervertidos fueron los salvadores de la humanidad? —Preguntó Manuel de pronto. —Y yo que pensaba que no había esperanzas para los de mi calaña…
    Akemi le dió una fuerte palmada en la espalda. —El primer paso es aceptarlo Manu. Dudo que puedas salvar al mundo, pero a lo mejor, algun dia, vas a conseguir novia.
     
  5.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    3686
    64



    El transporte se había detenido a unos doscientos metros de la compuerta que daba acceso al único hangar de la nave DBN-712 a la espera de las señales de acercamiento. En el interior del mismo viajaban Dulmei, Virya y un soldado Zentran que hacía de piloto y escolta de la pareja de Meltrans. A casi un millón de kilómetros de ahí, las luces de la flota Dortrad-Jen brillaban débilmente como un puñado de esmeraldas lejanas.
    —¿Porque tarda tanto? —preguntó la Capitán Dulmei mientras flotaba hacia la cabina del transporte. —Reporte. —exigió mientras se colocaba tras el piloto Zentran. Virya contemplaba la escena de las enormes y silenciosas compuertas que se veían a través del cristal de la cabina, desde su posición privilegiada en el bolsillo superior del uniforme de su Capitán.
    —Estoy a la espera de autorización para entrar al hangar. —respondió mecánicamente el piloto.
    —Somos los únicos en un radio de un millón de kilómetros de distancia, comuniqueme con mi nave.
    El Zentran asintió y estableció las comunicaciones pertinentes sobre la consola. Una voz Meltrán se escuchó por el sistema de altavoces del transporte
    —Puente de mando.
    —Aquí Dulmei. Abran de inmediato la puerta del hangar de DBN-712
    Del otro lado de la comunicación se hizo un silencio prolongado, cosa que no agradó para nada a la Oficial.
    —¿Qué sucede? —preguntó aunque ya sabía con certeza la respuesta.
    —Abrimos las puertas hace más de diez minutos Capitán.
    —Vuelvan a hacerlo.
    A través del enlace radial se podía escuchar como la actividad en el puente de mando de la Quitra Queleual se había intensificado, no obstante nada sucedió y las pesadas puertas de DBN-712 seguían igual de cerradas y silenciosas.
    Dulmei se estaba impacientando.
    —¿Tenemos algún tipo de telemetría del estado de la nave? —preguntó.
    —Negativo —contestó la operadora. —Las órdenes llegan a la nave pero no estamos recibiendo indicadores de rechazo.
    —Entendido. Manténgase a la espera de nuevas órdenes.—respondió la Capitana. —Dulmei fuera.
    El silencio volvió a sumir la cabina del transporte y Dulmei suspiró profundamente.
    —Esto está mal. —dijo como para sí, aunque su voz fué perfectamente audible para la Micrón que llevaba en el bolsillo.
    —¿No hay otra nave como esta en la flota? —preguntó Virya.
    La Capitán Dulmei sacudió la cabeza. —No —dijo. —Esta clase de naves ya no se requieren en la flota y no se piden sustitutos a los Satélites de Fabricación.
    Virya asintió en silencio.
    —Por supuesto. —continuó diciendo Dulmei. —dudo mucho que Kreegan o el propio Dortrad-Jen tengan la solución a este problema, Teniente Virya.
    —Entiendo. —respondió la joven. —No valgo los recursos necesarios para restaurarme a mi estado original. ¿No?
    Dulmei bajó la vista y observó atentamente a la pequeña Micrón.
    —¿Que le hace pensar eso, Teniente?
    —Así opinaria el Archivista Exedore. —respondió.
    La Capitán frunció el ceño. —Usted no es un Archivista, Teniente. Será mejor que no intente pensar como uno.
    La joven se llevó el puño al pecho y se colocó en posición de firme. —Sí Capitán, disculpe mi atrevimiento.
    —Eso está mejor Teniente. —respondió la Meltran. —No obstante su observación me parece acertada y estoy segura que si volvemos a la flota Kreegan se limitará a ordenarme que la mate y vuelva a mis obligaciones lo más pronto posible. —La Meltran notó un leve estremecimiento de la Micrón pero continuó hablando como si no lo hubiese notado. —¿Sabe Teniente? Cuando una Oficial como yo ha servido en esta flota durante tantos ciclos, digamos que una aprende cosas que no se nos enseña durante la asignación de nuestros mandos.
    Virya miró hacia arriba, hacia el enorme rostro de Dulmei quien en esos momentos miraba con atención las puertas del hangar de la silenciosa nave que tenían enfrente. Comprendió que su superior estaba hablando de los conocimientos que todo Zentradi recibía al momento de su creación, cosas que uno sabía desde el primer momento en que abría los ojos…
    —Esta flota es vieja…. muy vieja. —djo la Meltran señalando la enorme mole de acero que tenía por delante. —Y las cosas, cuando se vuelven viejas, dejan de funcionar. ¿Que se hace con las cosas que dejan de funcionar, o no sirven mas, Teniente?
    —Se las abandona. —contestó la joven.
    —Correcto. —respondió Dulmei. —¿Y que me dice de usted? ¿Ha dejado usted de funcionar, Teniente Virya? ¿Sigue usted siendo útil a nuestra causa?
    La pregunta la sorprendió, no era algo que esperaba escuchar de su superiora.
    —¿Teniente?
    —¡Claro que si! —respondió la joven.
    —Ya me parecía. —dijo Dulmei mientras se inclinaba sobre el asiento del piloto. —Avance hacia la puerta del hangar, lo más lentamente que pueda. —dijo señalando la nave que tenía enfrente.
    El soldado Zentran miró primero las puertas cerradas y luego a la Meltran.
    —¿Señor…?
    —Hágalo.
    El soldado acató la orden al instante, tal era su condicionamiento inalterable. La nave de transporte disparó sus propulsores por solo una fracción de segundo y comenzó a moverse lentamente en dirección a la entrada.
    —Como le decía Teniente Virya— continuó hablando Dulmei. —Las cosas que ya no sirven se abandonan, pero a lo largo de todos mis ciclos de servicio he estado al mando de varias naves, las cuales debía abandonar y reemplazar por una nueva cuando los daños se hacían demasiado severos o simplemente la nave estaba demasiado vieja para continuar. ¿Nunca le ha sucedido que cuando va a tomar agua, el dispensador no funciona?
    —Sí Capitán. —respondió Virya recordando todas las veces que había experimentado eso.
    El soldado que pilotaba la nave trató de llamar la atención de Dulmei, pero la Meltrán lo ignoró por completo.
    —Y que hacía al descubrir que no funcionaba?
    —Utilizaba el de al lado. —respondió la joven.
    —Capitán Dulmei las puertas no… —comenzó a decir el soldado pero Dulmei lo hizo callar con un gesto de la mano.
    —¿Y si el de al lado tampoco funciona?
    —Entonces buscaba otro más allá.
    La Capitán sonrió misteriosamente. —Bueno Virya, yo si he aprendido algo a lo largo de todos estos ciclos; la próxima vez que esté ante algo que no funciona, pruebe darle un golpe.
    En ese momento el transporte chocó contra las puertas de acero y sufrió una sacudida que casi hizo que Virya saliera disparada del bolsillo.
    El impulso no había sido demasiado elevado pero aun así la nave rebotó contra la compuerta y retrocedió lentamente. Ante la mirada atónita de Virya y el piloto Zentran las luces de la entrada se iluminaron y las enormes puertas comenzaron a abrirse.
    —A veces un golpe hace funcionar las cosas. —dijo Dulmei. —Proceda. —indicó al asombrado piloto.
    —Si señor. —respondió el confundido Zentran y aplicó un poco de potencia a la nave que comenzó a entrar lentamente al hangar.

    Si la primera vez que Virya había visto el hangar las cosas parecían abandonadas y en decadencia, lo que ahora se exhibía ante sus ojos era un panorama completamente diferente. Las balizas de emergencia se habían activado, aire y refrigerante escapaban en grandes chorros por varias de las tuberías principales del hangar y en varios puntos las chispas que caían de los paneles del techo había comenzado pequeños incendios que consumían rápidamente las manchas de aceite en el suelo de metal.
    —Debura! —exclamó Dulmei al contemplar el desastre. —Esto está peor de lo que pensaba.
    El transporte maniobró entre los restos de chatarra y se posó en la zona más despejada del enorme hangar, con la proa apuntando hacia la puerta para un rápido escape.
    —Nos estamos quedando sin tiempo Virya, será mejor que… ¿Virya? ¿Está bien?
    La joven Micrón se había doblado sobre sí misma y yacía en posición fetal en el fondo del bolsillo. La enorme Meltrán soltó una maldición y con gran cuidado extrajo a la joven usando la punta de sus dedos.
    —¡Virya responda! —ordenó mientras la colocaba en la palma de su mano.
    La Micrón pareció responder a la orden y rodó hacia un costado, quedando detenida boca arriba entre el pulgar y el índice de Dulmei. A través de las comunicaciones del casco se pudo escuchar claramente el gemido de dolor de la joven.
    —Mi-mi estomago… me duele mucho. —gimió mientras se sujetaba con fuerza la zona abdominal.
    La Capitán Dulmei frunció el entrecejo. Había temido desde un principio que la joven pudiese tener algún tipo de herida interna luego del trauma sufrido tras el rescate por parte de Yuwe. —Resista. —solo atinó a decir. —Ya estamos cerca.
    La puerta del transporte se abrió y la Meltran bajó de un salto mientras sostenía a la sufriente Micrón en la mano. No había ningún sitio donde pudiera examinarla con seguridad así que ordenó al Zentran que la ayudara.
    —Sostenga a la Teniente. —dijo colocando el pequeño cuerpo en las manos del soldado. El Zentran asintió mientras extendía las manos y Dulmei colocó el cuerpo boca arriba. Acto seguido se quitó los guantes y con todo el cuidado que pudo removió el casco de la cabeza de Virya.
    Los cabellos de la guerrera estaban empapados de sudor al igual que su rostro. Era evidente que estaba sufriendo una gran cantidad de dolor. Utilizando el reborde de sus uñas, la enorme Meltran tomó cada una de las puntas del encastre que sujetaba el casco al cuello y tiró con firmeza.
    El traje se rasgó de un solo tirón ante la fuerza irresistible de la gigante.
    —Debura! —exclamó.
    La Meltran veía claramente la mancha de sangre que manaba de la entrepierna de Virya y había corrido por las piernas de la joven.
    —Hemorragia interna. —dijo. —Tenemos poco tiempo.
    El haber liberado a Virya de la presión del traje pareció mejorarla un poco. Su respiración había comenzado a normalizarse y ya no gemía.
    —¿Me escucha Virya? ¿Esta mejor?
    La joven abrió los ojos y miró a la Dulmei mientras asentía con la cabeza. —Me siento mejor dijo mientras se incorporaba lentamente.
    Dulmei miró con preocupación el pequeño cuerpo desnudo y luego miró al Zentran que presenciaba la escena con rostro inexpresivo. —Yo me quedaré junto a la nave de transporte. Usted lleve a la Teniente Virya de inmediato a la vaina de Micronización. —dijo. —CON MUCHO CUIDADO.
    El soldado asintió y se colgó el rifle al hombro con una mano mientras que sostenía el pequeño cuerpo de Virya en la otra. En ese momento Dulmei dijo en voz alta. —Recuerde su misión, soldado.

    El Zentran avanzó con prisa por el pasillo envuelto en tinieblas. Las luces de emergencia apenas lograban teñir el ambiente de un tono rojizo que asemejaba el interior de un cuerpo vivo. Llegaron rápidamente al elevador pero descubrieron que no funcionaba. Dieron la vuelta y buscaron una de las rampas que zigzagueaba por el centro del casco y conectaban todas las cubiertas.
    Desorientados y sudando a chorros por el aumento de la temperatura en toda la nave, la pareja de Zentradis recorrió los últimos pisos hasta llegar al sector de las vainas.
    Virya había estado silenciosa todo el recorrido. El dolor no había desaparecido, pero su mente había conseguido por fin adaptarse a su presencia. Estaba sorprendida al ver la sangre entre sus piernas, pero lo que más le sorprendió es que la hemorragia se había detenido por sí sola. ¿Que clase de herida interna había sufrido? Sentía su cuerpo de forma extraña, no solo su vientre era presa de dolores repentinos, también sus pechos ardían, como víctimas de un calor abrasante. ¿Podría volver a ser la de antes? ¿Seguiría siendo útil a Dulmei?
    En ese momento atravesaron la puerta de la cubierta donde estaban las cápsulas y se dirigieron al fondo, donde sabían que estaba la única máquina que aún funcionaba.

    —No!. —exclamó Virya.
    La vaina estaba apagada. Las luces verdes que debían estar encendidas en el panel de control estaban completamente muertas.
    El Zentran se mantuvo quieto mientras sostenía a Virya, quien había caído de rodillas sobre la palma de la mano del soldado. No podía dejar de mirar la vaina abierta y lo que su silencio significaba para ella.
    Había cumplido su misión, había dado su vida por la flota, pero ahí terminaba su papel. No había lugar para una Micrón como ella en el ejército Zentradi. ¿Que haria Dulmei? ¿Le daría una muerte rápida? ¿La dejaría dentro de la vieja nave para que muera asfixiada cuando el soporte vital deje de funcionar? Al fin y al cabo Virya y esa nave se había convertido en la misma cosa.
    Una cosa rota.
    El soldado dio media vuelta y se alejó de la vaina en dirección a la puerta.
    —Golpeala. —dijo Virya.
    El soldado se detuvo y observó perplejo a la pequeña Micrón.—¿Que? —atinó a preguntar.
    —Que golpee esa vaina. —respondió Virya con una voz extraña.
    A través del casco Virya observó como los ojos del Zentran reflejaban duda. Había una especie de lucha en la mente del soldado, algo que estaba más allá del razonamiento.
    —Es una orden. —dijo.
    El gigante dio la vuelta al instante y se encaminó decidido hacia la cápsula.
    —Golpee el panel de control. —repitió Virya y el gigante obedeció descargando el puño sobre el frío metal.
    Nada sucedió.
    —Más fuerte. —gritó Virya.
    El Zentran golpeó una y otra vez la consola haciendo temblar todo el aparato, pero nada sucedía.
    —Déjeme en el suelo y use las dos manos. —ordeno.
    Y el gigante obedeció, descargando puñetazos una y otra vez sobre la máquina.
    —Use su arma para golpear más fuerte!
    Con un movimiento del brazo el soldado se descolgó el rifle del hombro y usó la culata del mismo para golpear fuertemente la vaina. Al segundo golpe una luz verde apareció en la consola.
    —¡Alto! —gritó Virya y el gigante se detuvo al instante.
    Ambos estaban sudorosos y cansados. El soldado se quitó el casco y enormes chorros de transpiración cayeron al suelo al lado de Virya.
    —Voy a entrar, prepare la vaina. —dijo la joven mientras trepaba el escalón y se dirigía hacia la cápsula pequeña al pie del contenedor más grande.
    Todavía había restos de líquido de su transformación anterior. Virya se acomodó dentro de la cápsula y cerró la puerta con ambos brazos.
    ¿Lo había logrado? ¿Podría funcionar la máquina?
    Espero pacientemente y los minutos pasaron sin que nada cambiara. Ningún ruido se filtraba del exterior y el vidrio estaba totalmente opaco. ¿Estaria aun manejando la consola el soldado Zentran? ¿O la habría dejado abandonada?
    Su cuerpo comenzó a temblar repentinamente. le llevó unos momentos darse cuenta del porqué; la cápsula se estaba llenando de líquido.
    Virya cerró los ojos y esperó a que el proceso se completara. Al llenarse la boca de fluido lo tragó lo mejor que pudo, aunque no logró evitar las arcadas. Pronto sus pulmones se llenaron de líquido y los temblores pasaron.
    Era tal cual lo recordaba. La sensación de paralisis, su respiración haciendose cada vez mas lenta, su corazón dejando de latir. Todo volvía a repetirse.
    Sintió el tirón y se dejó caer, deseosa de volver a su cuerpo, su propio y viejo cuerpo.
    Las estrellas la rodearon, también la sensación de abarcar un espacio mucho más grande del que su cuerpo ocupaba en el espacio. Allí estaba ella, solo mente, solo palabras.
    ¿Solo palabras? La idea la golpeó con fuerza. Si no tenía un cuerpo ¿Que era ella en ese momento? ¿Solo el conjunto de pensamientos que podía tejer? Pero eso no podía durar mucho tiempo, en cualquier momento sentiria el tirón hacia atrás y volvería a ser la misma de antes…. sí, ahí estaba, la sensación de ser lanzada hacia atrás, hacia su cuerpo.
    Pero algo sucedió, Virya volvió a ser lanzada hacia delante.
    —¡No! —gritó (o penso)
    Hizo un esfuerzo, intentó volver hacia atrás, pero volvió a ser rechazada con más fuerza aún.
    —¡Debura! ¡Debura! —exclamó mientras su desesperación aumentaba. —¿Porque me rechazas? —preguntó a las estrellas que brillaban cada vez más intensamente. —¡Dejame volver! —grito

    —«¿A donde?»—pareció responder su propia voz.
    —¡A mi cuerpo, a mi propio cuerpo!
    —«¿A qué cuerpo?» —volvió a preguntar la voz. —«¿Al de la piloto de Nona? ¿Al de la Micrón? ¿Al de la Meltran que piensa como un Comandante? ¿O a la que razona como un Archivista?»
    —¡A mi cuerpo! —Volvió a gritar (o pensar) Virya. —¡Devuelveme mi cuerpo!
    La voz guardó silencio por un tiempo que a Virya se le antojó eterno. Cuando volvió a hablar lo hizo con un tono extraño, como si varias voces diferentes hablaran al unísono.
    —«Solo puedes volver a una clase de cuerpo, tal es el destino de los Zentradi. Debes elegir.
    —No se que sea el destino, solo quiero volver a mi cuerpo. Soy Virya, soy una guerrera. No elijo nada, sólo obedezco órdenes.
    —«Pero ya has elegido Virya»— dijo la voz. —«Solo te falta aceptar el cambio para que tu cuerpo y mente vuelvan a unirse bajo un mismo ser».
    —¿Qué es lo que elegido? —gritó (o pensó) la guerrera
    —«Vivir» respondió la voz.
    —¡Quiero vivir! —respondió Virya sintiendo que la luz la envolvía.
    —«Y la vida es justamente eso Virya, el cambio constante, porque la vida se encuentra atada al paso incesante del tiempo y el tiempo es cambio. Debes aceptarlo si quieres vivir ¿Lo aceptas?»
    —¡Acepto!

    Un relámpago iluminó la cubierta, haciendo retroceder las tinieblas y proyectando decenas de sombras alargadas, como si cada una de las cápsulas de micronización se hubiesen despertado de pronto.
    El soldado estaba en guardia y levantó su rifle. Apuntó cuidadosamente a la puerta de la vaina mientras el resplandor rosado del interior comenzaba a apagarse.
    Las órdenes eran claras: —«Si lo que sale de ahí dentro no es una Meltran, dispare a matar» —había dicho Dulmei. El soldado se colocó en posición de disparo.
    La puerta de la vaina se abrió de forma explosiva y una nube de vapor salió violentamente del interior lanzando fragmentos de metal y vidrio por doquier.
    El Zentran levantó el brazo izquierdo para protegerse de la metralla. Varias esquirlas perforaron el traje pero no hicieron gran daño.
    Había un Zentradi en el interior de la vaina, pero con tan poca luz y el denso vapor, apenas se distinguía algo. Casi inmediatamente el cuerpo se movió y estiró un brazo, sujetándose de la maltrecha puerta donde colgaban todavía algunos trozos de cristal.
    —¡Alto! —gritó el soldado y apuntó al pecho del Zentradi.
    El vapor se disipó un poco y a la luz amarillenta de las balizas pudo ver que eran dos pechos enormes, esas cosas que las Meltran tenían en lugar de los Zentran. La Meltran adelantó una pierna y comenzó a salir de la máquina. Ahora el soldado podía ver más claramente el cuerpo desnudo de la Meltran, lo que hizo que se relajara un poco.
    —¿Esta bien? —preguntó bajando el arma.
    La voz hizo que Virya se detuviera. Levantó la cabeza y miró detenidamente al Zentran.
    —Pense que habia muerto cuando explotó la vaina. —dijo. ¿Esta herida?
    Virya no respondió. Seguía con medio cuerpo dentro de la vaina y la mano sujeta al marco de la puerta.
    El soldado examinó el cuerpo de Virya en busca de heridas. Todo parecía normal, su piel estaba chorreando ese líquido rosado por todas partes, pero se la veía intacta. Recordó la herida sangrante de la entrepierna y dirigió su vista a esa zona en busca de rastros de la hemorragia.
    —No sabía que las Meltran también tenían uno de esos. —dijo señalando el miembro que colgaba de la entrepierna de Virya con el cañón del arma.
    —Yo tampoco. —respondió la guerrera con una voz extraña.
    Los reflejos del guerrero Zentran eran rápidos, pero ni por asomo tan rápidos como los de una Meltran. En una fracción de segundo el trozo de cristal que la guerrera había tomado de la puerta desgarró la mitad de la garganta expuesta del soldado.
    —Deb-! —exclamó el desgraciado mientras un surtidor de sangre salía de su cuello destrozado. Intentó levantar el arma pero las fuerzas le fallaron. Cayó sobre el piso de metal con los ojos aún abiertos por la sorpresa.

    Virya salió de la vaina y permaneció de pie mientras la sangre del soldado mojaba sus pies. Había decidido vivir y aceptar las consecuencias de esa decisión.
    Sus vieja ropas todavía estaban junto a la máquina, parcialmente manchadas por la sangre que había brotado a chorros de la garganta del Zentran. Virya comenzó a vestirse lentamente y descubrió que su traje de combate apenas le entraba. Su cuerpo era ahora más grande, probablemente era una cabeza más alta que antes.
    Solo se calzó la mitad del traje y dejó la parte de arriba sin ajustar, de modo que sus pechos quedaron al descubierto.
    Una alarma comenzó a sonar en toda la nave. Algo había fallado catastróficamente y el tiempo se agotaba. Para confirmar sus suposiciones la gravedad artificial dejó de funcionar en ese momento y todo a su alrededor comenzó a flotar.
    Tomó el arma del soldado muerto y se alejó flotando de la cámara.

    Encontró a Dulmei en la puerta del transporte. La meltran sonrió misteriosamente al verla llegar sola.
    —¿Dónde está el soldado que la escoltaba? —preguntó mientras miraba la sangre que cubría buena parte del pecho y ropas de la Meltran.
    —Cumplió su misión. —respondió Virya mientras atravesaba la puerta.
    —Me imagino. —dijo. —¿Está usted bien Teniente Virya? ¿Ha vuelto a ser una guerrera útil a la causa Zentradi? ¿Su cuerpo está funcional? ¿O hay algo diferente?
    —Mi cuerpo no tiene nada que sea extraño a cualquier Meltran o Zentran. —respondió la joven—Soy la Zentradi Virya 712 y estoy lista para combatir, Capitán.
    Dulmei asintió y cerró la puerta del transporte tras ella. —Bienvenida de vuelta. —agregó mientras se dirigía a la cabina y se sentaba tras los mandos. —Misión cumplida, es hora de volver a nuestra nave.
    Despegaron entre una lluvia de partículas mientras la vieja nave comenzaba a girar descontroladamente sobre su eje. En cuanto salieron por la esclusa Dulmei envió una orden por radio que al parecer había preparado de antemano.
    A casi medio millón de kilómetros de distancia la fragata Quitra Queleual abrió fuego con su cañones de proa. poco más de un segundo mas tarde DBN-712 explotaba en medio de una bola de fuego.
     
  6.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    4353
    65



    Manuel se aburría. Llevaba casi media hora de espera sentado en el asiento del conductor del pequeño transporte de personal que la Colonia había puesto a disposición de la escuela para trasladarse por todo el complejo. El joven suspiró por quinta vez consecutiva y se puso a ajustar el espejo retrovisor nuevamente. Pudo ver el reflejo de los enormes ventanales en el espejo, donde una solitaria nube cruzaba la pantalla de alta definición.
    —¿Dónde cuernos están..? —no pudo terminar la frase ya que un fuerte golpe en la cabeza lo interrumpió. ¡Ay! dijo.
    —Mas te vale que cuides tus modales frente a Cinthya, Manu. —dijo Akemi levantando la palangana de plástico llena de productos de higiene personal con la que lo había golpeado. La joven estaba acompañada por Mina y Cinthya. Las tres mujeres vestian de forma casual y cada una portaba una pequeña palangana como la de Akemi.
    —¡No es justo! — se quejó el joven mientras se refregaba la cabeza. —¿Me tuvieron esperando media hora aquí afuera y encima me regañan?
    —Agradecé que te dejamos venir con nosotras— dijo. Mina se rio y colocó sus pertenencias en la parte de atrás del vehículo.
    —Vamos Akemi— dijo. —No seas dura con Manu, además... Ralph nos invitó a todos.
    Akemi suspiró resignada y le hizo señas a Cinthya de que se acercarse. La mujer había permanecido tímidamente a un lado de la conversación con su palangana abrazada fuertemente.
    —Un momento ¿Donde esta Matt?
    —Dijo que quería practicar. —respondió Cinthya mientras echaba una mirada hacia la escuela, donde Matt se había dirigido tras despedirse un rato antes.
    —Eso no se lo cree nadie. —observó Manuel haciendo un gesto con las manos. —De seguro no quiere que lo veas cuando el calor del Onsen hace que se ponga mas rojo que el pelo de su cabeza.
    —¿Enserio vamos a ir a un baño termal…. con Ralph?
    A decir verdad todavía estaba un poco temerosa de cómo podría reaccionar la gente de la Colonia al saber que habían puesto en peligro la vida de Ralph y su equipo en el Campo, pero sus temores parecían ser infundados, ya que tanto Akemi como los demás chicos habían tomado las noticias del incidente y las heridas del gigante con relativa calma. —No te preocupes por Ralph— Le había dicho Mina luego del almuerzo. —Se pondrá bien rápidamente. Ante su pregunta de si era debido a la modificación genética de la Macronización, Mina se había encogido de hombros y respondido con un «Ya lo veras».
    —Ven Cin, arriba! —Ven Cin, arriba!La apresur Manuel mientras le extendía la mano.
    Colocó sus efectos personales junto a los demás en la parte trasera del vehículo y subió al asiento trasero.
    —¿Dónde está el piloto?— preguntó Manuel
    —Allá— señaló Mina hacia el ascensor que se usaba para descender al hangar. Un vehículo avanzaba hacia ellos llevando dos pasajeros, Cinthya reconoció a Jim y al operario que los había acompañado el día de su salida al Campo.
    —Dan!— saludó efusivamente la joven. —¿Como esta la nave Jim?— preguntó volviéndose hacia el soldado en cuanto ambos vehículos quedaron detenidos uno junto al otro.
    Jim se apeó del transporte y saludó al grupo con la mano.—Puede volar al menos— dijo. —Pero todos los sistemas de navegación FOLD están fritos, tendremos que pedir un transporte para volver a Edén. De pronto se quedó mirando a Cinthya y a los jóvenes con cara de sorpresa —¿Y ustedes a donde van?
    —A un baño termal… o eso creo —dijo Cinthya encogiéndose de hombros.
    —¿Baño termal...?
    —Suba teniente— dijo Manuel mientras Akemi pasaba al asiento trasero junto a Mina y Cinthya. —Ralph también lo invitó a usted.
    El piloto dudó un instante y tras un profundo suspiro se subió al asiento del acompañante junto a Manuel. —Supongo que también es parte de misión acompañarla a usted a todos lados— dijo.
    Las chicas se rieron y Manuel arrancó el transporte.
    —Diviertanse chicos. —Saludó Dan mientras ponía en marcha su vehículo y se alejaba por la via de acceso principal.
    Recorrieron parte de la cubierta y entraron a un pequeño ascensor con espacio para un solo vehículo en donde subieron varias cubiertas. Al abrirse las puertas Manuel adelantó el transporte unos metros hasta quedar sobre una especie de vagón, donde unas enormes agarraderas sujetaron las ruedas firmemente y comenzaron a viajar de lado por una vía ferroviaria que ascendía lentamente.
    Cinthya miraba fascinada el increíble paisaje que se abría ante ella; las vías trazaban un camino zigzagueante entre enormes máquinas, grúas y tuberías gigantescas, estructuras metálicas y enormes depósitos de líquidos o sólidos, todo entrelazado por enormes plataformas y rampas que transformaban el interior de la enorme fábrica en una gigantesca telaraña de soportes y vigas metálicas.
    Mientras el vagón continuaba su lenta ascensión Jim había extraído el Pad de su bolsillo y miraba fijamente una serie de indicadores. —¿Son muy comunes estos cortes de comunicaciones? —preguntó mientras mostraba la pantalla a los pasajeros de atrás. Mina observó el indicador y movió la cabeza asintiendo.
    —No muy seguido —dijo. —Una vez al mes o algo asi, pero como toda la red está en su mayor parte respalda localmente y enviar un mensaje suele tardar varias horas…. es raro darse cuenta a menos que se monitoree la conexión con los satélites en tiempo real.
    —Jim asintió. —Estamos tan lejos que incluso las comunicaciones FOLD tienen demoran en llegar al resto de la Galaxia.
    —¿Y eso no causa problemas? —preguntó la joven inspectora.
    —Uno se acostumbra a escribir cartas. —respondió Akemi. —En todo caso yo no tengo amigos o parientes viviendo fuera de la Colonia.
    —Ni yo. —contestó Manuel. —Mina tiene unos tíos que viven en una flota de inmigración ¿No?
    La joven asintió. —La Flota Colonial Frontier.
    Jim sonrió al escuchar el nombre. —Dicen que es una de las flotas con mejor calidad de vida de todas. Hasta tienen un océano propio con vida marina.
    Manuel suspiró y se recostó en el volante. —Los militares siempre hacen todo a lo grande…. debe ser genial tener todos esos recursos y poder ilimitados…
    Akemi y Mina lanzaron una mirada de reprimenda al joven pero Jim no pareció darse por aludido.
    —¿Es muy lejos? —preguntó Cinthya tratando de cambiar de tema.
    —No demasiado, aunque la vía de acceso da varias vueltas y eso alarga el viaje, pero en realidad es cerca de la popa de la Rainbow— dijo Akemi.
    Continuaron ascendiendo lentamente por entre las enormes máquinas de la factoría. Manuel encendió el reproductor de música del transporte y continuaron el viaje cantando las canciones de Sheryl Nome. Al salir del túnel todos estaban cantando salvo Jim, quien miraba pensativo a su alrededor siguiendo el ritmo de la música, golpeando el piso con sus botas de piloto.
    —Fin del recorrido— anunció Manuel saltando ágilmente del transporte. Se encontraban ante una plataforma que servía de terminal a los carros de transporte de la línea ferroviaria. Si bien solo el carro que los había llevado estaba en la plataforma había lugar de sobra para una media docena de ellos. Por sobre sus cabezas se extendía un enorme domo compuesto por placas de forma hexagonal, lo que daba al conjunto la impresión de ser el interior de una enorme colmena de abejas.
    —¿Estamos dentro de un tanque de almacenamiento? —preguntó confundido Jim.
    —Si, toda esta zona es parte de los bloques de almacenamiento que están detrás del reactor, en la parte superior de la Rainbow. —dijo Mina. —La mayoría de estos depósitos están vacíos… bueno, casi vacíos.
    —¿«Casi»? —preguntó preocupada Cinthya
    —Aquí se guarda mucho del aire de la Colonia— dijo Akemi. —Cuando se lo necesita se lo bombea de una zona a otra.
    —¿Osea que hay zonas de la Rainbow que no tienen aire respirable? —Preguntó Jim.
    —Casi el setenta por ciento de la Rainbow es espacio sin uso y aislado por compuertas, muchos de los compartimentos no tienen aire pero se los puede llenar a voluntad distribuyendolo desde cualquier otro sector por medio de las tuberías de distribución. —explicó Manuel.
    —Increible! —exclamó Cinthya. Bajaron los recipientes con artículos de aseo del compartimento trasero del vehículo y entraron por la compuerta que se abría al final de la plataforma de arribo. Se trataba de una escotilla que separaba dos cubiertas diferentes de la Rainbow, por lo que debieron cerrar una compuerta y abrir la siguiente para poder ingresar, cuando salieron de las escotillas Cinthya quedó anonadada.
    —Dios mio! —exclamó la joven casi sin poder decir otra cosa por varios segundos. —Esto es… es… hermoso.
    Se encontró frente a un muro de rosas rojas de casi un metro y medio de altura. Eran las rosas mas hermosas que había visto en su vida, de un color casi irreal, cada flor abierta en su plenitud o pimpollos semi abiertos cubiertos por unas pequeñas gotas de rocío. El aroma también inundó sus fosas nasales y se sintió mareada por el perfume, pero fue solo un momento. Caminó unos pasos hacia las flores y extendió lentamente la mano, como temiendo tocarlas y descubrir que se trataba de una ilusión o un holograma. Las rosas eran demasiado perfectas para ser reales..
    Pero lo eran. Cinthya dejó el recipiente con los frascos de shampoo y toallas en el piso y acarició delicadamente los pétalos de una rosa. El rocío corrió por sus dedos y cayó al piso de metal de la cubierta, donde unas rejillas recogían el agua de las plantas y la conducían por unos pequeños canales a lo largo de toda la cubierta.
    —Son de verdad… —dijo sin poder creer lo que veía.
    —Claro que son de verdad Cin— dijo Akemi acercándose. —Son rosas de Edén ¿Las conocías? La joven no contestó, estaba de cuclillas frente a las flores observándolas con la boca abierta. Acariciaba los pequeños pimpollos y las flores abiertas como si fuera la primera vez que veía algo así. —Son… tan perfectas, todas —dijo. —No hay ninguna flor marchita, ni siquiera una hoja… ¿Como es posible..? Akemi y Mina cruzaron las miradas y se rieron brevemente. —Ya lo verás. —dijeron.
    Como habíamos dicho, el muro de rosas media algo así como un metro y medio de altura, de modo que formaba una especie de pared perimetral que rodeaba la cubierta por la que caminaba el grupo de jóvenes seguido por Jim. Estaban en un espacio de dimensiones colosales, un gigantesco techo abovedado se elevaba a más de cincuenta metros de altura por sobre sus cabezas. La cubierta por la que circulaban media unos tres metros de anchura y estaba en su totalidad rodeada por el muro de rosas.
    Cinthya estaba fascinada por la enorme cantidad de plantas que rodeaban la plataforma en un círculo perfecto. Por encima de las rosas se podía ver como del otro lado había varias cubiertas por debajo de ellos, cada una de ellas rebosante de plantas de todo tipo; había helechos plumosos de varios metros de altura, también había plantas de hoja anchas, como enormes orejas de elefante que colgaban de la cubierta hacia el vacío. Arbustos de todo tipo y también pequeños árboles frutales se intercalaban en una especie de desorden vegetal que colmaba la vista de una inmensurable cantidad de diferentes tonos de verde. Plantas de todo tipo convivían una al lado de la otra, alternándose con líquenes, musgos y varias especies de hongos. Era como si todo el ecosistema de un planeta conviviese en armonía en las diferentes cubiertas circulares.
    —Jamás hubiese imaginado que semejante lugar podía existir en esta nave— dijo Cinthya maravillada, mirando todo con los ojos abiertos como platos.
    —Es el Jardín de Ralph— dijo Manuel. —Todos en la Colonia lo admiramos por haber creado este lugar.
    Llegaron a una escalera que bajaba a través de las cubiertas y comenzaron a descender los escalones lentamente a medida que pasaban por entre las plantas de los niveles inferiores.
    —Hay un ascensor que baja directamente al estanque, pero este camino es más hermoso para recorrer— dijo Mina.
    Descendieron entre las diferentes plantas como si fueran exploradores en una selva lejana, a cada paso descubriendo un árbol, un arbusto o una flor diferente. Los perfumes también se mezclaban a cada paso, desde el fuerte aroma a pino hasta la suave fragancia de la lavanda y las magnolias. En los niveles inferiores vieron cañaverales y varios tipos de juncos, casi a nivel del agua verde clara del estanque. La parte inferior del enorme espacio estaba cubierto casi en su totalidad por un enorme estanque de aguas termales. Lo rodeaba un pequeño parapeto de rocas colocadas de forma escalonada, intercaladas con algunos grupos de cañas de bambú que formaban pequeños biombos separadores. Sobre una de las márgenes se erguía una construcción de una sola planta y dos entradas.
    —Esos son los cambiadores.—dijo Akemi Caminaron por un sendero de grava que rodeaba la orilla de grandes piedras y se detuvieron frente al edificio. Estaba hecho de madera y bambú, imitando el estilo de los famosos «Onsen» japoneses. La entrada estaba separada en dos accesos diferenciados, cada uno cubierto a medias por una lona roja y otra azul. En la tela se podía ver dibujados con trazos blancos un ideograma diferente en cada entrada.
    —Azul chicas, Rojo chicos ¿verdad? —bromeó Manuel mientras apartaba la tela roja con la mano y Akemi lo agarraba de la oreja.
    —Más vale que te comportes Manu..
    —¡Ay! —exclamó el chico mientras corría hacia la entrada azul. Akemi suspiró y señaló a Jim, quien esperaba sentado en un tronco al costado del camino. —Creo que hay shampoo y jabón en el vestidor de chicos, puede tomar también una palangana para lavarse allí si lo desea— dijo señalando una pila de recipientes apilados sobre una pequeña mesita al costado del edificio.
    —No se preocupen por mi, no quiero tomar un baño ahora— dijo.
    —¿Seguro Jim? —preguntó Cinthya. —Creo que es una estupenda oportunidad para relajarnos un poco. El piloto levantó el pulgar y se alejó caminando por el borde piedra.
    —El se lo pierde— contestó resignada Cinthya. —Se toma esto de la misión de escolta demasiado en serio.
    —Bueno, es un profesional y ese es su trabajo— dijo Mina apartando la tela de la entrada. —¿Entramos?
    Las tres jóvenes entraron al edificio y se encontraron en un recibidor de pequeñas dimensiones donde dejaron su calzado en unos compartimentos junto a la pared. Todo estaba limpio y reluciente, la madera barnizada y con aspecto de ser bastante nueva. No habia nadie mas que ellas en todo el edificio.
    —¿Ralph construyó todo esto? —preguntó asombrada Cinthya.
    —Él lo pagó de su sueldo, pero vinieron constructores especializados hace unos tres años a levantar las instalaciones— explicó Akemi.
    Entraron por una puerta lateral a un espacio más grande, con suelo de madera y varios estantes alineados junto a las paredes donde descansaban varios canastos de juncos. Mina y Akemi comenzaron a desvestirse y a poner las ropas en los cestos.
    —Es la primera vez que voy a un baño público— dijo Cinthya algo sonrojada mientras se desabotonaba la blusa.
    La temperatura de la estancia era agradable y pronto estuvieron las tres desnudas. Pasaron a la siguiente habitación donde se encontraban las instalaciones para el lavado. —Aquí nos lavamos antes de entrar al estanque— señaló Akemi.
    Se sentaron en unos pequeños bancos de madera frente a una serie de grifos y duchas apoyados en un estante de granito junto a la pared y se enjabonaron y refregaron el cuerpo lentamente mientras conversaban sobre lo sucedido la jornada anterior. Cinthya frotaba lentamente la piel de sus brazos con una esponja enjabonada mientras pensaba en todo lo que había sucedido en los últimos días. Pensándolo detenidamente era la primera vez que se relajaba por completo desde que había llegado a la Rainbow ¿Cuando había sido la última vez que había tomado un baño calmadamente y no a las apuradas? Probablemente haya sido del otro lado de la galaxia, en La Tierra casi con seguridad. Tomó el envase de shampoo de la palangana y colocó una pequeña cantidad en su mano, luego lo aplicó sobre el cabello y comenzó a masajearlo lentamente, disfrutando la sensación de hacerlo sin prisa y cuidadosamente. Giró la cabeza hacia un lado para poder refregarse mejor y vio a Mina y Akemi que la miraban con interés.
    —¿Sucede algo? —preguntó intrigada con las manos en alto sobre su cabeza
    —Tus pechos.
    —¿Mis pechos? —Cinthya miro sus senos sin entender —¿Qué sucede con mis pechos?
    Las dos jóvenes se rieron. —Es que se nota que crecistes con la gravedad de La Tierra— dijo Akemi riendo. Cinthya miró perpleja a las jóvenes y de pronto entendió el porqué del comentario. Mina y Akemi tenían los pechos mucho más erguidos y redondeados debido a la diferencia de gravedad de la Colonia Rainbow, algo menor a la terrestre y similar a la del planeta Eden. Las tres jóvenes se rieron con ganas y se quitaron los restos de espuma y jabon vertiendo abundante agua tibia con las palanganas.
    —Ahora vamos al estanque— dijo Mina poniéndose de pie y recogiendo las botellas de shampoo y jabón que estaban sobre el suelo.
    Cinthya miró con preocupación hacia la puerta de madera que salía al exterior. —¿Así desnudas? Pero... ¿Y Manuel…?
    Akemi se acercó a uno de los gabinetes del otro extremo del baño y extrajo tres enormes toallas blancas.
    —No te preocupes Cin, el baño es mixto pero nos envolvemos con estas, no queremos que Manu se desmaye por una hemorragia nasal masiva. Se envolvieron con las toallas y las sujetaron con un pequeño broche al costado. Mina también se envolvió el cabello con una toalla más pequeña ya que de las tres, era la que lo tenia mas largo y no quería que se enredarse.
    Salieron al exterior del edificio y vieron que Manuel ya estaba allí, recostado contra el borde de piedra. Parecía descansar con los ojos cerrados. Cinthya contuvo una exclamación de asombro. El estanque era enorme, de forma completamente circular, tenía una enorme piedra solitaria erguida en el centro, como uno de esos antiguos Menhires que se encontraban en las ruinas terrestres. El agua era clara, con un leve color verde claro que permitía ver el lecho de piedras grises en el fondo del mismo. Una serie de rocas planas formaban una escalera natural que descendía hasta el agua, Cinthya camino con cuidado por ellas mientras sostenía fuertemente la toalla contra su cuerpo, se sorprendió al notar que el agua apenas estaba tibia. La profundidad era escasa, no llegaba ni a un metro, pero había una serie de bloques tallados en piedra que estaban sumergidos y apoyados contra el borde del estanque, lo que permitía sentarse a la vez que se permanecía sumergido en las claras aguas.
    Las tres jóvenes se sentaron en dichas piedras y se relajaron en el agua.
    —El agua no está tan caliente como pensaba— dijo Cinthya estirando las piernas bajo el agua.
    —Espera a que llegue Ralph— dijo Akemi pasando un brazo por detrás de la cabeza de Mina.
    Mientras tanto Manuel había abierto los ojos y se acercó a las jóvenes, pero se detuvo a unos dos metros ante la penetrante mirada de Akemi
    —Ahí viene— dijo señalando hacia el otro lado del estanque mientras se sentaba a una distancia segura de los puños de la joven.
    Al mismo tiempo se escuchó un fuerte crujido y lo que parecía ser el fondo de la cámara se abrió revelando una enorme puerta de metal. Cinthya se puso tensa y agarró con fuerza el brazo de Mina, quien la tranquilizó con una sonrisa. Ralph entró en la enorme habitación llevando solo una toalla anudada a su cintura.
    Verlo desde adentro del estanque era una visión imponente, incluso para los jóvenes que lo conocían desde hacía tanto tiempo. Ralph era un gigante entre gigantes, bastante más alto que los Zentradi que Cinthya había visto en las calles o en las bases de la NUNS.
    —Hey. —dijo levantando una mano. —¿Hace mucho que llegaron?
    Cinthya notó que llevaba el dispositivo auricular que amplificaba la voz humana y le permitía hablar a una distancia prudencial sin ningún impedimento. Nunca había visto a un gigante tan de cerca y menos que menos con tan poca ropa. La cantidad de vello en el cuerpo del gigante eran un indicio de su condición humana, ya que los Zentran no tenían vello corporal y solo les crecía al igual que la barba si se sometian al proceso de Micronización. Ralph avanzó lentamente y puso un pié dentro del estanque que, al parecer, era muchisimo mas profundo en esa parte.
    —Cuidado con la toalla Ralph o Cinthya se va a desmayar— dijo Manuel entre risas. El gigante lanzó una carcajada y se sostuvo firmemente la toalla con una mano mientras se ayudaba con la otra para descender al interior del estanque. Aunque lo hizo con todo el cuidado que su enorme cuerpo le permitía, generó una pequeña ola que cruzó el estanque y se estrelló contra el grupo de jóvenes, quienes gritaron y salpicaron jubilosos. Una vez que estuvo sentado en su sitio y las aguas se calmaron un poco, el gigante estiró un brazo y accionó con facilidad una enorme llave circular que probablemente hubiese requerido la fuerza de dos hombres para accionarla.
    Sintieron un leve estremecimiento que surgía del piso de rocas y la luz verde del agua pareció aumentar levemente en intensidad, así como la temperatura. Unas pequeñas nubes de vapor comenzaron a formarse sobre la superficie del agua y pronto la atmósfera se cargó de vapor y humedad, creando una réplica casi exacta de una fuente termal natural.
    —Espero que esa luz no sea radiación de Cherenkov— dijo Jim bromeando.
    Cinthya vió que el piloto se había acercado en silencio desde atrás del muro de piedras y se había sentado en el borde, cerca de Manuel.
    —¿No se nos une, Teniente?— preguntó Ralph haciendo un gesto con la mano.
    —Gracias Ralph, pero será en otra ocasión— dijo.
    —Como guste amigo, por cierto no, no es radiación del reactor, pero como habrá adivinado tomamos «prestado» algo del calor residual para nuestro baño— dijo alegre. —La luz es sólo decoración.
    —Además la radiación de Cherenkov es azul, Jim— dijo Cinthya mientras levantaba el dedo índice como si de una lección se tratase.
    —Muy bien!— aplaudió entusiasmado Jim—No podía esperar menos de nuestra Inspectora Ambiental favorita.
    Todos se rieron y las mejillas de Cinthya se sonrojaron, trato de hundirse en el agua para que no se viera, pero de todas formas todos estaban con las caras un poco coloradas por el vapor. Ralph volvió a ajustar la válvula y el calor remitió un poco.
    —Asumo que estamos sobre el radiador principal de la cola ¿Verdad? —preguntó Jim
    —Si —dijo Manuel. —Del otro lado de la zona de depósitos empieza la cola de la Rainbow que sirve de disipador del calor para el reactor. Permanecieron un rato en silencio contemplando las plantas y flores que colgaban de las cubiertas sobre sus cabezas. En un momento Ralph se reclinó sobre el borde del estanque y estiró sus brazos en ambas direcciones, flexionandolos para una mejor relajación. Cinthya notó entonces los golpes.
    —Por dios Ralph —exclamó llevándose la mano a la boca para ahogar un grito. Ahora que el vello del pecho del gigante estaba empapado se podía ver que no era en realidad tan tupido, sinó que un enorme hematoma cubría gran parte del enorme pectoral derecho y se extendía hacia la cintura en diagonal a través del torso del gigante. —Esa herida es horrible!
    Ralph abrió los ojos y sonrió despreocupadamente— No es nada Cinthya, tengo el cuerpo de un Zentradi, estos golpes ni siquiera me duelen.
    —Tonterías Ralph— dijo Akemi con seriedad. —Escuche que tienes una costilla fisurada, eso incluso a ti debe dolerte. El gigante agitó la mano despreocupadamente. —Nada que una sesión de música no cure— dijo.
    Cinthya abrió la boca para preguntar algo pero se vió interrumpida por Jim. —¿Esa herida de GunPod tampoco te dolió Ralph?
    Se hizo un silencio incómodo en el estanque. Ralph gruñó algo ininteligible y se pasó los dedos de la mano sobre una enorme cicatriz que había pasado desapercibida por el vello y las marcas del golpe, pero que ahora resultaban bien visibles para todos. Una antigua herida cicatrizada a la altura de la tetilla derecha de casi un metro de diámetro.
    —Es una herida de un arma de un Valkirye, un GunPod casi con seguridad— dijo Jim señalando el pecho del gigante. Akemi y Mina miraron a Jim y luego miraron a Ralph, se notaba la confusión en sus rostros.
    —Es una vieja herida— dijo Ralph. —No quiero hablar de ello.
    —Lo siento Ralph, no fue mi intención…
    —No pasa nada teniente, usted no tuvo mala intención al preguntar— contestó el gigante dando por terminado el asunto. Las jóvenes respiraron aliviadas y la tensión pareció disminuir en el ambiente.
    —Que hermosas rosas, Ralph— dijo Cinthya tratando de cambiar el tema. —Me quedé como una tonta viéndolas allí arriba, son preciosas y cada una es más perfecta que la otra ¿Como haces para cuidarlas tan bien?
    Todos levantaron la vista hacia el círculo de rosas que coronaba el estanque, varias decenas de metros por encima de sus cabezas. Desde ahí abajo se veían como un anillo de tonos rojizos, como una cinta de seda que adornarse la última cubierta.
    —Esas rosas son muy importantes y queridas para mí— dijo Ralph con un tono muy emotivo en la voz— Me recuerdan algo muy querido que perdí una vez. Permanecieron en silencio mientras contemplaban las flores y Ralph cerraba los ojos rememorando algo. De pronto los abrió y pareció haber decidido algo.
    —No les puedo contar cómo me hice esta herida— dijo tocándose la cicatriz del pecho y guiñandole un ojo a Jim, pero si quieren les puedo contar sobre esas rosas de Edén.
    —Me encantaría oír esa historia— dijo Cinthya acomodándose junto a Mina. Ralph se cruzó de brazos y miró hacia la enorme roca que sobresalía del centro del estanque como buscando inspiración.
    —Fue hace veinte años— dijo. —Pero me parece que fué ayer…
     
  7.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    6446
    66



    El gran reloj holográfico de la torre del ayuntamiento indicó que eran exactamente las 3 de la tarde. Las enormes agujas y los números romanos que indicaban la hora se agrandaban de tal forma que el conjunto sobresalia del edificio, como si de una enorme corona se tratase y podía ser visto desde casi cualquier punto de la ciudad.
    Ralph ni siquiera pestañeó cuando el enorme VI pasó a través de su cuerpo y ocupó su lugar en la parte baja del edificio.
    Una suave brisa alborotó sus cabellos oscuros. Las fragancias marinas inundaron sus fosas nasales y lo obligaron mirar hacia el este, hacia la bahía sobre la que se extendía la Ciudad Capital.
    El sitio en donde estaba parado no era exactamente un mirador, pero su pase de técnico le había dado acceso a uno de los puntos más altos de Ciudad Capital y salvo la parte que quedaba oculta por la enorme mole de la torre a sus espaldas, podía ver casi toda la ciudad y sus alrededores desde donde estaba.
    Distinguió inmediatamente los muelles con los pequeños botes de pesca y más alejada, la dársena donde descansaban algunas naves espaciales. Era la temporada de buen tiempo y temperaturas agradables, lo que atraía a una gran cantidad de turistas de todas partes de la galaxia, pero principalmente, de las colonias mineras que rodeaban el cinturón de asteroides cercano al planeta.
    Una de las naves ancladas comenzó a moverse muy lentamente por entre los amarres. Ralph la siguió con la vista hasta que llegó al límite exterior de los rompeolas que protegían al puerto de los huracanes otoñales. De pronto, un anillo azulado surgió de debajo de la nave y comenzó a expandirse por la bahía, mientras la nave se elevaba lentamente con sus motores gravitacionales.
    La nave ascendió cada vez más rápido y salió de la atmósfera dejando tras sí una finísima lluvia de agua de mar, que al descender sobre la bahía, formó un pequeño y efímero arcoiris.
    Ralph volvió la cabeza al sur, hacia la cinta de asfalto que formaba la Autopista Uno, la única vía de salida de la ciudad y la que conectaba a la metrópoli con las pequeñas aldeas y asentamientos rurales que proveían de alimentos frescos a la urbe. Enormes bosques se extendían a cada lado de la ruta, que creaba un tajo violento en el paisaje cargado de diferentes tonos de verde.
    Más allá, casi al límite de lo que podía apreciar Ralph a simple vista, comenzaba el desierto. Una serie de estelas blancas cortaban el horizonte caprichosamente. Cazas de la Base New Edwars seguramente.

    Giró la cabeza hacia el norte, hacia las colinas que delimitaban la ciudad, apenas cubiertas de hierba y algunos árboles achaparrados. Una serie de destellos intermitentes delataban la presencia de los enormes molinos de viento de Star Hill, una tecnología bonita, ecológica y anticuada, apenas un recuerdo dejado por un grupo de ecologistas que llegaron a Eden con más sueños que certezas.
    Star Hill.
    Como un lugar con un nombre tan poético podía traer tan dolorosos recuerdos a Ralph.
    Había conocido a Midori en Star Hill al llegar a Edén ¿Hacia cuanto? ¿Dos años ya? Maldito sea el planeta y su calendario diferente al Terrestre.
    Ella adoraba ese lugar. La vista de la bahía, las montañas que la rodeaban, incluso se podía ver la enorme cascada que descendía de Lake Valley.
    Precisamente, el primer recuerdo que tenía Ralph de Midori era el de la joven recostada contra las barandillas del mirador, con una mano sujetando el enorme sombrero para evitar que la brisa se lo llevara y la otra sosteniendo un libro que nunca terminaba de leer, porque siempre se olvidaba de abrir al contemplar maravillada el paisaje que la rodeaba.
    Había sido amor a primera vista para Ralph.
    Visitó ese lugar todos los días a la misma hora solamente para verla. Esperaba impacientemente el fin de su turno en el taller donde trabajaba ocho horas diarias, solo para salir corriendo, montar en su bicicleta y recorrer los cinco kilómetros pendiente arriba que lo separaban de la colina con las turbinas de viento.
    La joven debía tener unos veintitantos, pero su cuerpo menudo la hacían parecer mucho más joven. Tenía el cabello rosado, largo y lacio, que le llegaba hasta la espalda, casi siempre lo llevaba suelto y solo se lo cubría con el enorme sombrero de ala ancha. Si el tiempo era bueno (Y por suerte en esa parte de Edén las lluvias eran escasas y casi siempre nocturnas) se quedaba hasta que el sol se ocultaba tras las montañas, momento en que Star Hill se convertia en el único lugar de la ciudad donde se podía ver la enorme cascada refulgir con una maravillosa profusión de tonos rosados, naranjas y violacios a medida que las sombras trepaban por las estribaciones montañosas y las estrellas asomaban sobre el cielo límpido del planeta.
    Sólo entonces la joven parecía salir del trance en el que observaba maravillada el paisaje y se retiraba a su casa en una pequeña motocicleta eléctrica.
    Ralph observaba este ritual de lejos, sentado en uno de los bancos del lado opuesto al mirador, con una especie de fascinación y, a la vez, temor reverencial hacia aquella maravillosa criatura.

    Los días se transformaron en semanas y las semanas en meses. El joven técnico estaba hechizado por el ritual diario, solo interrumpido por los fines de semana y los escasos días donde una llovizna infame azotaba la Ciudad Capital y el corazón de Ralph.
    Había encontrado a su Eva en el Edén ¿Pero cómo podría siquiera dirigirle la palabra a tan hermoso ser? Ralph carecía de la confianza en sí mismo, sentía que simplemente tenía derecho a admirar a la joven y aun asi se sentia culpable de un crimen, como si solo el hecho de observarla en silencio desde aquel banco alejado constituyera una especie de atrevimiento imperdonable.
    Tuvo su oportunidad una tarde, cuando luego de esperar a que la joven se fuera, permaneció unos minutos fumando un cigarrillo mientras pensaba en las desdichas de los enamorados y de como deseaba cagar a patadas en el culo a ese famoso cupido.
    —Disculpe. —Dijo un empleado de la limpieza acercándose a Ralph mientras sacudía algo en la mano. —¿Esto es suyo?
    Ralph abrió un ojo y pensó en enviar al pobre hombre a cierto lugar de la anatomía de su sagrada madre, pero se quedó sin aliento al ver que el hombre tenía un pequeño libro en la mano. Conocía demasiado bien ese libro.
    —Eh! —Dijo reaccionando tarde, cuando el hombre había comenzado a darse la vuelta para volver a su carrito de limpieza. —Se de quien es.
    —¿De verdad? —Preguntó con desconfianza el empleado, pero… bueh, qué diablos. —Tome. —Dijo lanzandole el diario.
    Ralph lo atrapó con ambas manos e hizo una pequeña reverencia al hombre. Lo que tenia entre las manos era la primera cosa tangible que lo conectaba con la joven. El libro era pequeño, como si de una edición de bolsillo se tratade, pero con tapas duras. Lo giró lentamente, con un temor reverencial, como si de un objeto sagrado se tratase ¿Le pareció que emanaba un perfume exquisito? Era su imaginación seguramente, pero no estaba seguro.
    Miró la tapa del libro.
    El Principito.
    Ralph se quedó perplejo. Había esperado encontrarse con un libro de poemas, o tal vez (y ese pensamiento le pareció algo ridículo) una biblia pero… ¿El Principito? Le pareció recordar haber leído ese libro en la escuela… alguna clase de literatura de la que jamás se hubiese acordado de no ser por haber encontrado ese libro, en ese lugar, en ese planeta…
    Abrió con cuidado el libro y miró la primera página, si… reconocía el dibujo del pequeño príncipe, parado en su pequeño planeta o asteroide o vaya a saber que, mientras contemplaba las estrellas. Era un libro para niños ¿Porqué lo estaba leyendo ella?
    Recordaba la historia… un aviador, uno de esos primeros tipos que volaban con aviones cientos de años atrás.. bueno, no cientos de años, pero en el siglo pasado seguro. Resulta que se le rompía el avión y aterrizaba de emergencia en un desierto… como el tipo era también mecánico o algo asi, se ponía a arreglar la aeronave y de pronto, como surgiendo de la nada misma, se le aparece un niño vestido de príncipe.
    Mientras recordaba iba acariciando lentamente las primeras páginas, sin leer el texto, solo tratando de recordar la historia de memoria.
    —¿A ti también te parece un sombrero? —Dijo una voz angelical a su espalda.
    Ralph volvió en sí y miró primero la hoja que tenía delante. El autor había dibujado algo con acuarelas, una especie de.. si, era un sombrero marrón.
    —Si, parece un sombrero. —Dijo Ralph dándose la vuelta.
    La joven lo miraba con curiosidad mientra señalaba el dibujo del autor —Ciertamente parece un sombrero. —Dijo. —Nunca le creí a la gente que decía que era un elefante dentro de una boa ¡Ni siquiera un niño de verdad podría adivinar lo que es!
    Ralph estaba completamente paralizado, había perdido por completo el habla y hasta se había olvidado de pestañear.
    —Hay… hay adultos más… más adultos que otros… —Atinó a balbucear como dentro de un sueño, mientras apartaba la vista del hermoso rostro y miraba, ahora si, a la boa con el elefante dentro. La joven se rió y el corazón de Ralph pareció convertirse en un reactor de fisión con un alave roto.

    Comenzaron, ahora si, a verse todas las tardes. Al principio sentados uno junto al otro en silencio contemplando el paisaje. Luego comenzaron a charlar de otras cosas y en poco tiempo ya estaban tomados de la mano. Si le hubiesen preguntado su opinión en esa época, Ralph hasta habría dicho que Star Hill no le parecía tan feo lugar.

    Ahora lo detestaba. Era el peor lugar de Eden.
    Eden, Eden… ¿Quien mierda le había puesto ese horrible nombre? Era solo un maldito planeta “tipo” terrestre. No había Jardín del Edén para Ralph en todo el universo… ¿Era acaso una burla de un Dios hipócrita? No… no había más dioses. Los Zentradis los habían matado a todos, junto con todos los pobres humanos que habían quedado en La Tierra.
    Ralph suspiró. No había ninguna divinidad a quien echarle la culpa. La responsabilidad recaía sólo en el.
    Dió un paso al frente y se precipitó al vacío, mientras sus lágrimas formaron una pequeña estela tras sí.

    El planeta lo abrazó mientras caía.
    No era ni por asomo tan cálido y reconfortante como los brazos de Midori y eso, junto a las inexplicables lágrimas que nublaban la grandiosa vista, su última mirada a esta cruel existencia, lo hicieron enfadar.
    ¿Podría alguien enfadarse durante su propia muerte? Ralph lo estaba… o más bien creía estarlo. ¿Donde estaba la liberación en cometer semejante acto de desesperación…? Ah, ya era demasiado tarde para pensar en eso, mejor cerrar los ojos y esperar el fin inevitable.
    El problema es que, al cerrar los ojos, los recuerdos de Midori llenaron su mente.

    Midori entró en la vida de Ralph como si un rayo de luz horadada las profundidades de un mar oscuro y solitario. Con ella a su lado, una nueva perspectiva se había abierto frente a Ralph, una nueva forma de ver el mundo, de sentirlo, de poseerlo.
    Si alguien hubiese dicho que el amor lo había cambiado, probablemente habría hecho reír a carcajadas al joven técnico. Sólo al perderlo se había dado cuenta de su gran error.

    Durante incontables tardes compartieron el paisaje. Como si Edén fuera un patio de juegos exclusivamente para sus ojos. Nadie más existía alrededor de ellos mientras contemplaban juntos, tomados de la mano, el descenso del sol tras las lejanas montañas.
    Y una noche, durante las festividades por la llegada del solsticio de verano, solos en medio de la playa y a la luz de los fuegos artificiales que creaban majestuosas figuras en el cielo estrellado, sellaron su amor con un beso.
    También, sin saberlo, habían sellaron su destino en Edén.

    De pronto, Star Hill se había convertido en un sitio demasiado estrecho para su amor. Recorrieron juntos la enorme urbe de Ciudad Capital, descubriendo cada tarde un nuevo y maravilloso lugar para contemplar. Las terrazas llenas de cafés y restoranes que descendían hasta la bahía, las grandes avenidas peatonales que conectaban la plaza principal con los distritos residenciales, la enorme fuente de aguas danzantes que se hallaba frente al ayuntamiento. Todos los lugares que Ralph ya había visitado con anterioridad se habían, de pronto, transformado en lugares completamente nuevos y diferentes a los ojos de ambos.

    Bailaron de noche, solos a la luz de las farolas de la plaza principal. Jugaron a las escondidas entre los juegos para niños y armaron castillos en los areneros del parque. Cantaron hasta perder la voz en una de las tantas casas de karaoke en el sector comercial y persiguieron felices, como niños, a los pequeños robots de limpieza que se escabullian de ellos mientras trataban de mantener limpia la ciudad.
    Saltaron sobre los pedestales holográficos de la 5ta.Avenida y se vistieron con ropas antiguas, De pronto fueron reinas, reyes, soldados de armadura brillantes y damas con enormes vestidos de seda. Fueron Romeo y Julieta, fueron Juana de Arco y El Cid Campeador, fueron Marilyn Monroe y Antonio Banderas.
    Fueron Lynn Minmay y Nekki Basara.
    Hicieron el amor debajo del mirador de Star Hill, con las dos lunas de Edén como únicas testigos. También entre las dunas de la playa y en medio del bosque. Se amaron como solo dos adolescentes podían amarse en la plenitud de sus vidas, descubriendo a cada momento algo nuevo, algo sorprendente y maravilloso el uno del otro.
    —Eres mi Principita. —Le dijo Ralph a su amada una noche, mientras contemplaba el reflejo de las lunas en la reluciente superficie de Lake Valley, abrazados y cubiertos por una pesada manta.
    Ella se rió encantada y no lo corrigió
    —¿De qué planeta has venido? —Preguntó mientras hundía su nariz en el cabello de su amada y aspiraba el delicado perfume.
    —Del asteroide B612. —Dijo mientras cerraba los ojos y descansaba su mejilla en los fuertes brazos de Ralph.
    Se quedaron dormidos mientras las lunas surcaban el cielo estrellado sobre sus cabezas. Era como si la propia galaxia… no, el mismo Universo girase en torno a ellos dos.

    El tiempo pasó pero ellos no lo notaban. Ralph rechazó promociones y ascensos solo por estar más tiempo junto a Midori. Ahorraron centavo a centavo y, finalmente, alquilaron un pequeño departamento con vista al puente colgante que cruzaba la bahía.

    Ralph no pudo resistir más y abrió los ojos.
    A lo lejos, por sobre los edificios que lo rodeaba se podía divisar el puente colgante que unía la ciudad con la isla donde se emplazaba el aeropuerto local. Fue solo un segundo pues pronto quedó oculto tras las torres de oficinas. ¿Tanto se tardaba en caer en ese maldito planeta? Ciertamente la gravedad era ligeramente menor a la de La Tierra, pero debería caer casi a la misma velocidad.
    El viento rugía a su alrededor y no podía escuchar nada más ¿Estaba gritando? No lo sabía y quería hacerlo, quería expulsar toda su pena y frustraciones de un solo golpe.
    Apretó los dientes con fuerza y cerró los ojos.
    Quería verla una vez más, una sola vez más.

    Midori plantó rosas en el balcón del departamento. Eran una variedad nativa de Edén y no eran exactamente como las fotos de las rosas que se podían ver en la Enciclopedia Galáctica, pero a Midori le encantaban y por ende a él también.
    Se pasaba horas y horas cuidando de ellas y Ralph se pasaba horas y horas también contemplando a ambas, flores y amada como si fueran la misma cosa.

    Un sonido furioso lo trajo de vuelta al mundo que se deslizaba a toda velocidad mientras se acercaba con rapidez al suelo. Ya podía distinguir los autos en las avenidas elevadas y las enormes calles especiales que usaban los Zentradis para caminar por el centro de la ciudad. Era gracioso, iba a caer en medio de esa calle, a lo mejor un gigante lo aplastaba con el pie y llevaría su cuerpo aplastado pegado a la suela como si fuera un excremento de perro.
    Una bandada de gaviotas cruzó el aire a su alrededor. Durante una fracción de segundo vió plumas revoloteando por todos lados, al asustarse las aves del repentino ser humano que caía en picado desde lo alto de la torre. ¿Que le recordaba eso..? Ah si… el pequeño príncipe había llegado a La Tierra usando a una bandada de golondrinas para desplazarse por el espacio… Ojala los humanos pudieran viajar así y no depender de esos enormes armatostes que llamaban naves espaciales y sus aparatosos dispositivos de salto FOLD. Sin esa tecnología, no hubieran descubierto Edén.
    Pero tampoco él habría conocido a Midori.

    —Si yo soy la Principita… —Dijo Midori mientras regaba las rosas con un pequeño atomizador. —¿Eres tu el Piloto varado en el desierto? —Preguntó.
    Ralph no respondió, pero al día siguiente pidió una semana libre en el taller, alquiló un vehículo 4x4 y juntos fueron a visitar el desierto de Edén.
    Recorrieron las enormes extensiones de enormes e infinitas dunas, seguros de no perderse o quedarse sin combustible. Los satélites que giraban sobre sus cabezas mantenían el contacto con el vehículo las veinticuatro horas del día.
    Al segundo día de exploración se toparon con los restos de un avión estrellado.
    Era un caza de la U.N.Spacy, casi con seguridad el remanente de un accidente o de algún ejercicio de tiro del centro de pruebas de la base. En Edén se probaban siempre los nuevos prototipos de cazas variable que usaba el Gobierno Unificado.
    Ralph reconoció el avión, era un VF—11 Thunderbolt. Se hallaba incrustado en la arena y se había partido en varios pedazos. Al parecer los militares habían quitado los dos reactores y las municiones. Solo quedaba el fuselaje y restos de cables y placas de aleación descoloridas por el sol. El avión había estado transformado en modo Gerwalk durante el aterrizaje de emergencia, por eso no se sorprendió al ver las “piernas” y “brazos” que asomaban por encima del fuselaje. Lo que lo sorprendió es que el avión estaba cabeza abajo. ¿Habría sobrevivido el piloto?
    —¿Vas a arreglarlo, mecánico? —Preguntó Midori bajando del vehículo, con su sombrero de ala ancha para protegerse del sol y un vestido ligero de verano que le llegaba a las rodillas.
    —Técnico Mecánico. —Corrigió Ralph y comenzó a desmontar la tienda de la parte trasera del vehículo.
    Armaron la tienda junto al avión e hicieron el amor toda la noche.
    —No me dejes nunca. —Le dijo Ralph a Midori por la mañana, cuando el sol se asomó por entre los picos de piedra y las sombras comenzaron a retroceder.
    —Solo si tu me proteges de las serpientes. —Dijo mientras lo abrazaba.

    Una idea le cruzó por la mente ¿Acaso no era una serpiente la que había separado al piloto del Principito en el cuento? ¿Y no había también una serpiente en el Jardín del Edén, la que había condenado a Adán y a Eva a una vida de sufrimiento? ¿Acaso todo estaba relacionado en esta maldita historia?
    Ralph volvió a abrir los ojos, pasando rápidamente junto a las pasarelas superiores de la calle, llenas de transeúntes que caminaban despreocupadamente. El suelo venía velozmente a su encuentro
    Ya no había tiempo, su caída llegaba a su fin. Ralph cerró los ojos para no ver llegar a la muerte. Al fin y al cabo era un cobarde.

    —————

    Las dos Meltran caminaron rápidamente siguiendo la traza que atravesaba el centro de la ciudad y se desviaron hacia el norte en la primera rampa que encontraron. Ciudad Capital era uno de los pocos lugares de la esfera de influencia humana donde la infraestructura urbanística había sido concebida para la coexistencia de ambas especies.
    La pujante metrópoli estaba erigida en las faldas del macizo montañoso conocido como Cordillera Centralia, una sucesión de picos elevados que discurren en forma de media luna, perdiendo altura a medida que se adentraba en el Mar de Satruán.
    —Más despacio Lala! —suplicó la joven de anteojos mientras trataba de seguir el paso a su compañera—. Se supone que no debemos llamar la atención!
    El pasaje en el que había desembocado la calle estaba libre de otros Zentradis, no obstante las pasarelas para los micronianos estaban atestadas de gente. La pareja siguió avanzando mientras echaban miradas por sobre sus hombros
    —No creo que nos haya visto nadie —agregó en un murmullo.
    —Estas cosas solo pasan en los comics —exclamó su compañera con evidente irritación en la voz— ¿Que se supone que debemos hacer ahora?
    —Busquemos un lugar apartado primero —indicó con la mano un enorme cartel en lenguaje Zentradi a unos doscientos metros de distancia. —Allí!
    Salieron a un espacio abierto, donde los edificios circundante eran más bajos y la falda de la montaña estaba casi al nivel de la calle. Era una plazoleta pequeña, aunque «pequeño» en lenguaje Zentradi se traducía en un enorme espacio abierto de más de cuatrocientos metros cuadrados.
    Habían tallado bancos y mesas apropiados para los gigantes con el mismo granito de la montaña. No muchos, apenas 5 bancos en la plaza circular con un enorme roble en el centro. Ambas Meltran se sentaron en el banco que quedaba oculto tras las ramas del árbol.
    Una cubierta elevada con barandillas recorría el perímetro la plaza, de modo que los Zentradis que se sentaban allí podían conversar e interactuar con los humanos en una posición relativamente más cómoda.
    —En los mangas siempre es una hermosa muchacha la que suele caer del cielo sobre el protagonista —dijo la joven de anteojos mientras hacía un gesto negativo con la cabeza. —Mira a ver si esta vivo todavia.
    Su compañera se enderezó nerviosa en el banco y miró hacia los costados para ver si había alguien cerca. No se veía a nadie por suerte y el árbol, a pesar de llegarles a la altura de la cintura cuando estaban de pie, ahora que estaban sentadas la ocultaban bastante bien de miradas indiscretas.
    —Deprisa Lala, debe estar asfixiandose!
    La joven suspiró y se desabrochó los botones superiores de la blusa blanca que llevaba puesta, dejando a la vista el inicio de su enorme busto, completamente visible a través del escote abierto.
    Con un rápido movimiento metió la mano entre sus pechos y revolvió buscando algo.
    —No lo encuentro —Dijo
    —Déjame probar a mi —Exclamó la joven de anteojos metiendo su mano dentro del escote de su amiga, a la vez que comenzaba a buscar en el reducido espacio.
    —Despacio Quinn, me haces cosquillas — exclamó con la cara roja de vergüenza.
    Forcejearon un momento en una escena que hubiera puesto colorado hasta al más avinagrado de los burócratas del Gobierno Unificado. De pronto Quinn dio un grito de triunfo y extrajo de entre los pechos de su amiga, cuyo rostro ya parecía un tomate, a un inconsciente Ralph.
    —¿Está vivo? —preguntó Lala viendo como su amiga levantaba delicadamente al desvanecido Microniano y lo depositaba en la palma de su mano.
    —No se… ¿Y si lo tiramos ahi? —dijo señalando una pequeña fuente que se encontraba en la cubierta de observación.
    Su compañera asintió y tomó al hombre con la mayor delicadeza posible. Los micronianos eran muy frágiles, un movimiento brusco podría aplastarle las costillas o empeorar las heridas que tuviera ya.
    —¡Lala! —exclamó su amiga y señaló tras el árbol
    Una joven Meltran con ropa de camarera se acercaba a ellas. Lala soltó a Ralph, que cayó desde unos dos metros de altura justo dentro de la fuente, levantando un pequeño géiser de agua.
    —Hola! —Saludo la recién llegada —¿Quieren ordenar algo?
    —Eh… ¡Café! —Exclamó de pronto Quinn sobresaltando a la camarera.
    —Eso.. Cafe yo también — agregó rápidamente su compañera a la vez que interponía su brazo delante de la fuente para ocultar el pequeño desastre que había causado.
    —Dos cafés —La joven Meltran anotó la orden en un Pad que luego volvió a guardar en un bolsillo de su uniforme.
    Quinn y Lala suspiraron con alivio cuando la camarera desapareció tras uno de los edificios en el recodo del camino. De pronto se acordaron del humano y miraron a la fuente con preocupación.
    Ralph había salido por sus propios medios y yacía a un costado de la misma mientras tosía y escupía agua por su boca.
    —Fiuuu! —exclamó aliviada Lala
    —Hey Lala —Quinn bajó la voz lo más que pudo —¿No será un pervertido?
    Su amiga la miró con cara de no comprender. —¿A qué te refieres?
    —Lo lei en la Red, algunos pervertidos se arrojan sobre los escotes fingiendo caídas o accidentes.
    Lala miró a su amiga y luego miró a Ralph, quien seguía tosiendo agua de la fuente en cuatro patas. —No lo creo —dijo moviendo negativamente la cabeza. —Venía cayendo desde muy alto
    —¿Un suicida? —Quinn frunció el ceño y el tono de su voz sonó aún más preocupado. —Lala, no podemos inmiscuirnos en esto… las órdenes…
    —No voy a dejar a ese Microniano tirado….deberíamos llevarlo a un hospital o algo.
    Quinn suspiró profundamente y miró a su amiga con ganas de decirle unas cuantas verdades pero… la verdad es que Lala era su superior en esa misión, ella solo estaba como soporte de inteligencia y comunicaciones.
    —Haz lo que quieras —dijo volviendo a suspirar —Pero por el bien de la misión te aconsejo que no te enredes en sea lo que sea que este tipo estaba haciendo.
    Ambas Meltran volvieron a mirar al hombre, quien finalmente se había sentado en el suelo y miraba a las dos gigantas sin comprender nada.
    —¿Estas bien? —preguntó Lala
    Ralph todavía respiraba con algo de dificultad, pero el chapuzón lo había hecho reaccionar de inmediato. Lo primero que vio cuando abrió los ojos fue a estas dos enormes Meltrans quienes parecían estar discutiendo sobre el. Una de ellas llevaba el cabello castaño claro y ondulado que le llegaba hasta los hombros y usaba anteojos, un accesorio realmente extraño en un Zentradi. Vestía una simple remera azul con una pequeña letra U bordada en dorado sobre el pecho izquierdo.
    La otra Meltran era un poco más alta, de cabello oscuro con reflejos verdes, era de tez morena y tenía el pelo atado en dos largas coletas. Tenía un aspecto bastante más humano que su compañera y además vestía de forma mucho más femenina; una blusa blanca a la que Ralph no pudo evitar ver el amplio busto que se asomaba por el escote desabrochado. La Meltran pareció darse cuenta de lo que miraba el Microniano y se tapó el pecho con ambas manos. Ralph se pasó la mano por el rostro y se fregó los ojos con vigor, pero cuando los abrió nuevamente la escena no había cambiado; allí estaban las dos gigantes mirándolo fijamente.
    —Estoy…. bien — dijo aun aturdido mientras bajaba la cabeza y miraba sus ropas mojadas.—¿Ustedes me salvaron? —agregó de pronto recordando lo sucedido
    —El busto de mi amiga te salvó —dijo Quinn señalando el amplio pecho de Lala, quien había vuelto a ponerse colorada mientras cerraba los botones de la blusa para ocultarlo.
    —Yo… —dijo Ralph balbuceando —...lo siento, de verdad.
    Las Meltran intercambiaron miradas por unos segundos. Parecían estar confundidas e indecisas por lo que debían hacer o decir a continuación, finalmente fue Lala quien tomó la palabra.
    —No ha sido nada, fue una casualidad que pasaramos justo en ese momento por allí. ¿Seguro que estás bien?
    Ralph intentó ponerse de pie pero las piernas le temblaron y volvió a caer de rodillas ante la consternada mirada de las dos gigantas. Una pareja de jóvenes enamorados pasó caminando por la pasarela junto a la fuente, pero no miraron ni a Ralph ni a las Meltrans, estaban tan pendientes uno del otro que ni siquiera repararon en ellos.
    —Oye, no te esfuerces demasiado —dijo la Meltran de anteojos. —Acabas de sufrir un golpe bastante fuerte ¿Quieres que te llevemos al hospital? Mi amiga y yo…
    —¿Porque lo hiciste? —interrumpió su compañera, dejando a Quinn boquiabierta.
    —¡Lala!
    Ralph no contestó; había logrado ponerse de pie y con dificultad caminó un par de pasos hasta un banco de madera que estaba enfrentado a la barandilla. Se sentó trabajosamente y apoyó la espalda mojada contra el respaldo de madera. Pasó casi un minuto hasta que Ralph se movió nuevamente, buscando algo en el bolsillo superior de su traje de mantenimiento.
    Quinn y Lala observaron como el Microniano extraía una cajilla de cigarrillos, algo mojada por el chapuzón reciente. El hombre rebuscó hasta encontrar un cigarrillo lo bastante seco como para prenderlo y se lo puso en la boca, pero no lo encendió.
    —¿Porque lo hice? —pareció que se lo preguntaba a sí mismo —Porque soy débil y un cobarde, por eso.
    La joven camarera llegó entonces con una bandeja y dos tazas de café humeantes. Mientras colocaba las bebidas frente a las dos amigas, miró con curiosidad al Microniano vestido con un traje de mantenimiento naranja quien parecía haber salido de la ducha hacía solo un momento. Estaba segura que el banco estaba vacío cuando había tomado las órdenes antes.
    Quinn sacó un Pad del bolsillo de su pantalón y lo acercó a la camarera, quien extendió el suyo y descontó el importe de las bebidas. —Muchas gracias —dijo y colocó unos dulces junto a las tasas, alejándose inmediatamente luego de hacer una pequeña reverencia a las jóvenes.
    En silencio abrieron los pequeños sobres de azúcar (Que en realidad era bolsas de papel de al menos cincuenta kilogramos de sacarina) y revolvieron el contenido de las tazas lentamente, viendo como el vapor se elevaba en pequeñas nubes.
    —Los Zentradis conocen el acto de quitarse la vida voluntariamente —dijo de pronto Quinn al terminar de dar un pequeño sorbo; estaba bien negro y fuerte, como a ella le gustaba. —De hecho se lo considera una táctica de ataque válida cuando el enfrentamiento es contra fuerzas superiores o la importancia del blanco requiere una neutralización sin posibilidad de fallas —colocó la taza suavemente sobre el plato de cerámica y miró con curiosidad a Ralph. —Pero en el caso del ser humano, los motivos suelen ser de naturaleza mucho más… —Quinn se detuvo al no encontrar la palabra exacta. —¿Banales? —Pregunto dudando.
    —¿Fué por una mujer? —preguntó Lala
    —Fue por una mujer —respondió Ralph mientras se reclinaba en el banco.
    Permanecieron en silencio, ellas bebiendo de a pequeños sorbos y él recostado en silencio, sintiendo la brisa que bajaba de las montañas, transportando las fragancias de los pinos y las «Flying Apples» que maduraban en esa época del año.
    El reloj de la torre del ayuntamiento dió las 4 de la tarde, Ralph sólo pudo ver la parte superior del dial a medida que se erguía por sobre los edificios circundantes. Tuvo un pequeño escalofrío al escuchar las cuatro campanadas y recordar su caída.
    —Hey Lala —exclamó de pronto la Meltran de anteojos —Es tarde y todavía no conseguimos nada.
    Lala bajó la taza y miró a Ralph con tristeza en los ojos. —¿Vas a intentarlo de nuevo? —preguntó.
    —Tal vez —dijo Ralph
    Quinn suspiró y depositó la taza vacía en su plato. —Haz lo que debas hacer Microniano. Tu vida es cosa tuya y nada mas que tuya.
    La Meltran de coletas miró a su amiga y movió la cabeza en gesto de desaprobación. —No —dijo —Estoy segura que puede haber otro camino, debe haberlo. ¿Cuál es tu nombre, Microniano?
    —Ralph —dijo el levantando la cabeza. —Pero me temo que no hay esperanzas para mi, si muero aquí o me escondo en la otra punta de la Galaxia, todo seria igual.
    Lala no supo qué responder a eso y bajó la vista hacia la mesa, sintiéndose mal por el desdichado humano, pero Quinn levantó una de sus cejas intrigada. —Oye Ralph —dijo de pronto señalando el uniforme naranja que vestía. —¿Eres mecánico?
    —Tecnico Mecanico —dijo sin pensarlo Ralph, mientras cerraba los ojos. —Como si realmente importara ya.
    Lala miró sorprendida a su amiga y luego miró a Ralph, sin entender el porqué de la pregunta.
    —Tecnico mecanico —repitió Quinn mientras se acomodaba los lentes sobre la nariz, gesto que Lala conocía de sobra cuando veía a su amiga pensar sobre un asunto en extremo delicado. —¿Tienes experiencia en trabajar con mechas pesados? —preguntó.
    —Trabajo en los equipos de mantenimiento con los clase HMG Serie III —explicó el hombre palpando los bolsillos de su traje en busca de su encendedor. El aire fresco de la montaña había secado bastante su traje.
    —Esos son mechas pesados, de los que se usan en construcciones submarinas —dijo Quinn mirando a su amiga con una extraña luz en los ojos —¿Trabajas entonces con traje de buceo? ¿Haces EVA’s (1) también?
    —¿El espacio? —preguntó Ralph intrigado —No —dijo. —Nunca trabaje en Gravedad Cero, aunque si entrené en las piscinas con gente que si lo hace, es bastante similar en cuanto a los procedimientos de seguridad.
    Lala estaba algo perdida con la conversación y se puso a quitarle el envoltorio a uno de los chocolates que la camarera había dejado. ¿Que estaba tramando Quinn?
    —No puedo prometerte la otra punta de la Galaxia Ralph… pero sí un lugar cerca de eso —dijo mientras cruzaba las manos y las apoyaba sobre la mesa —Estamos buscando a alguien con tus capacidades para trabajar en una Colonia en el Brazo de Perseo de la Vía Láctea.
    Lala se quedó petrificada y casi se atragantó con el chocolate. —¡Quinn! —exclamó mientras tragaba rápidamente el resto del dulce de un bocado —Se supone que debemos contratar a un Zentradi! Si volvemos con un microniano la Directora nos…
    —¿Conoces el proceso de Macronización Ralph? —agregó Quinn ignorando las protestas de su amiga.
    Lala y Ralph asintieron en silencio.
    —Mi compañera y yo representamos a la Fundación Unity —explicó Quinn. —Si aceptas, nos encargaremos de los costos del proceso de Macronización y todo el entrenamiento que requieras para poder empezar a trabajar con nosotros.
    A Ralph se le deslizó el cigarrillo por los labios, entreabiertos por la sorpresa y cayó silenciosamente al suelo ¿Estas Meltran querían convertirlo en uno ellos? ¿En un gigante?
    Lala estaba casi tan confundida como el humano —Oye Quinn…—dijo dubitativamente mirando a su compañera —No si eso esta contemplado en las directrices de la misión… ¿Estás segura que la Directora lo permitirá?
    —Lo garantizo —afirmó con seguridad.
    La joven de Coletas suspiró y se cruzó de brazos a la vez que cerraba los ojos. Al parecer no tardó mucho en llegar a una decisión, porque abrió repentinamente los ojos y miró fijamente a Ralph —¿Tú qué dices?
    —La paga es muy buena —insinuó Quinn haciendo un pequeño gesto con los dedos índice y pulgar.
    Ralph se pasó la mano por la barbilla, hace varios dias que habia dejado de afeitarse…. exactamente desde aquel dia.
    —¿Cuanto? —pregunto.
    —Quince veces el sueldo de un trabajador calificado de tamaño Micrón, plus la bonificación por trabajar en la Periferia.
    La «Periferia» eran los bordes más alejados de la esfera de Colonización Humana, lugares tan alejados que tomaba semanas y semanas de saltos FOLD solo para llegar a ellos. Solo los pioneros y los desesperados trabajaban en lugares tan alejados.
    Ralph se rió y las Meltran lo miraron confundidas ¿Porque se reía?
    —¿Qué es lo gracioso? —preguntó algo molesta Lala —Te estamos ofreciendo la oportunidad de empezar de nuevo —dijo. —¿No nos dijistes que eras débil y cobarde? Con el cuerpo de un Zentradi ya no lo seras, eso te lo aseguro.
    —Un nuevo comienzo, un nuevo cuerpo, una nueva vida —dijo Quinn mientras cruzaba sus manos frente a su barbilla —Es la oportunidad de tu vida, Humano. Elige
    Los ojos de Ralph se llenaron de lágrimas y bajó la cabeza hacia el suelo, donde sus lágrimas formaron pequeñas manchas oscuras en el pavimento. —No quiero una nueva vida —dijo. —No quiero dejar atrás a Midori.
    Quinn y Lala quedaron en silencio, sin saber que hacer mientras miraban al robusto hombre derramar lágrimas en el suelo. Nunca había visto llorar a un hombre y eso las afectó profundamente. Lala estiró la mano para tratar de consolar a Ralph, pero Quinn sostuvo el brazo de su amiga y movió la cabeza en forma negativa. —Déjalo —dijo. —Dale solo un momento.
    Permanecieron en silencio mientras Ralph sollozaba, al cabo de unos minutos se calmó y se pasó la manga del traje de mantenimiento por el rostro, secándose las lágrimas que quedaban con un gesto de resignación.
    —Lo siento —dijo.
    —Ella…. —Lala preguntó con un susurro —Esa Midori, digo ¿Ella murió?
    Ralph suspiró y colocó sus manos sobre las piernas, respirando profundamente. Luego levantó la mirada y vió a las gigantes que lo miraban fijamente.
    —No —dijo. —Midori no está muerta.
    —Entonces no debes perder las esperanzas —se sorprendió Quinn hablando con total franqueza al Microniano Ralph. Lala asintió con la cabeza, aprobando el comentario de su amiga.
    El hombre respiró hondo y pareció tomar una decisión, de pronto se puso de pié y enfrento con determinación a las dos Meltrans —¿En verdad seré un gigante? —dijo ¿Sere tan grande y fuerte como un Zentradi?
    —Con seguridad que sí —dijo Lala entusiasmada. —Eres alto y robusto siendo un Micrón, conservaras esas características cuando te Macronices.
    Ralph avanzó lentamente hacia la barandilla, de modo que ahora podía ver con toda claridad a las Meltrans a cada lado de la mesa. De pronto extendió el brazo y abrió la palma de la mano.
    —Acepto. —dijo. —Por Midori
    Quinn estiró el brazo y abrió la mano, extendiendo solo el dedo índice para estrechar la mano de Ralph. —Son Quinn y ella es Lala —dijo. —Bienvenido a Unity Ralph.

    Dos días más tarde, un transbordador privado con el logotipo de la Fundación Unity despegaba de la bahía de Eden, con un solo pasajero; Ralph.
    A cada lado de la nave, dos Queadluun—Rau, pilotados por Lala y Quinn lo escoltaban de cerca. El joven técnico miró por última vez Ciudad Capital y el sitio donde apenas podía distinguirse las colinas de Star Hill.
    —No te abandonaré Midori. —dijo poniendo su puño sobre el vidrio. —Lo juro por mi vida.
    El transbordador llegó a la atmósfera superior y una serie de vibraciones seguidas de un resplandor dorado indicó el inicio del salto FOLD. Ralph se acomodó en su asiento y miró hacia adelante.
    Un resplandor rodeó la nave y las dos armaduras Meltran, luego un destello y de pronto los cielos quedaron en silencio.
    —Por Midori —repitió Ralph.
     
  8.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2425
    67




    Todos habían guardado completo silencio durante el relato de Ralph y se mantuvieron igual de silenciosos al finalizar el mismo. Akemi sollozaba mientras Mina la abrazaba comprensivamente. Cinthya había quedado fascinada con la historia y se había quedado completamente sin palabras.
    —Entonces… —dijo Manuel rompiendo el silencio. —¿Casi te axfisias dentro de un par de tetas gigantes…? ¿En Serio?
    Ralph suspiró y se reclinó aún más en el agua clara.
    —Digamos que ese par de tetas gigantes cambió mi vida para siempre Manuel, pero no creo que sea lo más importante de la historia.
    —Es una historia muy triste Ralph, no sabía que llevabas una pena tan grande en tu corazón— dijo Mina mientras acariciaba el cabello de Akemi. —¿Qué sucedió con Midori?
    —La he perdido— dijo Ralph levantando la cabeza mientras miraba las flores.— La he perdido pero no pierdo las esperanzas de volver a encontrarla, por eso mantengo este jardín, porque se que este lugar seria un sueño para ella.
    —¿No has probado la Red Galáctica? ¿La Policía? ¿Un investigador Privado…? —preguntó Jim de pronto interesado. Ralph movió negativamente la cabeza y volvió a suspirar.
    —Créanme que he hecho todo lo posible e imposible por recuperar a Midori. Guardaron nuevamente silencio sin saber que decir. La tarde iba pasando y pronto deberían volver para la cena.
    Cinthya bajó la cabeza hacia el agua y vió como su imagen se reflejaba en la superficie del estanque. Pensaba en Ralph y en todo lo que había tenido que sufrir por su amor, un amor que Ralph consideraba algo más importante que su propia vida y que incluso la separación física no podía diluir. De pronto un pétalo de rosa cayó en la superficie del agua frente a ella. Cinthya estiró la mano y recogió el pequeño pétalo junto con un poco de agua e instintivamente levantó la cabeza. Miles y miles de pétalos rojos estaban lloviendo sobre ellos, era como si una nevada rojiza se hubiese desatado sobre el estanque y cada copo fuese un pétalo rojo que caía lentamente en pequeñas espirales
    —Qué hermoso— exclamó Cinthya poniéndose de pie.
    —Ha comenzado— dijo Ralph y cerró la gigantesca válvula por completo. Los jóvenes miraban con deleite la lluvia de flores y se habían puesto de pie imitando a Cinthya para ver mejor el espectáculo. Pronto la superficie del estanque se cubrió por completo de una capa de pétalos rojos y el perfume de las rosas se mezcló con el aire, ya despojado del vapor del agua caliente.
    —Es como un sueño— dijo Akemi mirando alrededor. Jim permanecía impasible sobre la orilla rocosa. Había extendido la mano y contemplaba indiferente los pétalos que se habían acumulado sobre el guante de su traje de piloto. La lluvia de flores continuó por varios minutos más y tan repentinamente como empezó, cesó de repente.
    —Oh no, Ralph! —exclamó Cinthya. —¡Las rosas!
    Los rosales de la cubierta superior estaban completamente marchitos, no solo las flores habían caído hacia el estanque, sino que las hojas estaban flácidas y a punto de caer.
    —El calor y el vapor no son buenos para los rosales— dijo Manuel mirando las marchitas plantas. —Era obvio que iba a suceder eso.
    —¡Pero es terrible! —Cinthya miró a Ralph con genuina preocupación en el rostro. —¿No va a hacer nada por las rosas que son tan importantes para usted?
    En ese momento la luz pareció atenuarse un poco. Cinthya levantó la cabeza y vió como una serie de paneles de aspecto extraño se habían desplegado desde el techo del enorme tanque de almacenamiento, como si de un enorme trébol de cuatro hojas se tratase. Una parte de la luz que venía del techo había sido bloqueado por los paneles y por eso el ambiente se había vuelto algo más oscuro, dado que la principal fuente de luz era ahora el resplandor del estanque.
    Ralph abrió los ojos e hizo un gesto con la mano hacia el grupo de jóvenes. Manuel volvió a sumergirse en el agua al igual que Mina y Akemi.
    —No te preocupes Cin, ahora vas a comprender todo— dijo Mina con la voz calma.
    —Siéntese en el agua y relájese Cinthya, pronto comenzará— dijo Ralph
    Cinthya obedeció y volvió a sumergir su cuerpo en las aguas del estanque, ya de una temperatura algo más tibia que hace unos momentos.
    —Cierren los ojos y no los abran hasta que yo les diga— explicó Ralph mientras cerraba los suyos. Esto último la tomó por sorpresa, pero al ver que todos, incluso Jim que no estaba en el agua lo hacían, ella también cerró los ojos.

    Lo primero que sintió fue como el perfume de las rosas se hacia mas intenso, lo que era bastante entendible, ya que el otrora agua cristalina del estanque se había transformado en una especie de sopa de pétalos rojos terriblemente difícil de limpiar para quien no sea un gigante como Ralph.
    La primera nota la sorprendió; no esperaba escuchar música en ese lugar y fué como si el sonido cayese dentro del estanque y produjese una solitaria onda expansiva. Parecía provenir de algún lugar en lo más alto de la bóveda que servía de techo al jardín de Ralph La segunda nota hizo que pensara inmediatamente en Matt y en su experiencia en el Campo. ¿Porque no había venido el joven con ellos? Mina alegó alguna excusa que a Cinthya se le ocurrió demasiado floja para ser verdad ¿Era la piel de Matt tan sensible que no toleraba el calor? Tonterias, sin lugar a dudas y estaba segura que debía de existir una razón mucho más importante que esa. La tercera nota fué el verdadero comienzo de la melodía y la oscuridad que rodeaba a Cinthya se transformó.
    Reconoció de inmediato la melodía, era un tema cantado por Mylene, la bajista y cantante de FireBomber ¿Love Song? Era un tema cargado de sentimientos y ejecutado enteramente en piano creaba una atmósfera más íntima todavía. Las ondas que pareció percibir al principio se habían difuminado en la oscuridad. Ahora, mientras las notas se sucedían con regularidad, notó como alrededor de ella se producían diferentes ecos, pero no una simple repetición del sonido como la que se produce por los efectos acústicos, sino que el eco que resonaba en el escenario oscuro de sus ojos cerrados era algo completamente diferente.
    Cinthya estaba sentada en medio de la oscuridad y alrededor de ella los ecos de la melodía tomaron forma. Mina y Akemi se materializaron a su lado, como si figuras irradiadas de luz se tratase, mas allá alcanzó a ver a Manuel y a Jim y frente a ella, como si un enorme muro se tratase, estaba Ralph. Cada uno brillaba con una luz diferente, le pareció incluso que la intensidad del brillo variaba de persona a persona. A medida que la canción continuaba, Cinthya comenzó no solo a ver los ecos que la música producía en los presentes, sino las corrientes de música misma, que como un torrente de líneas brillantes envolvían al estanque y a los oyentes. Cada línea surgía de un punto más allá de la enorme compuerta por la que había entrado el gigante, además, Cinthya comprobó que el sonido ya no venía del techo. Recordó su experiencia en la oscuridad total de las entrañas de la nave Zentradi, como había escuchado la música a pesar de no disponer de ninguna clase de aparato o medio para que el sonido llegase hasta ella. Claro que no había notado las finas líneas que veía ahora mismo, pero la presencia del origen de la música, como un distante faro que perfora las tinieblas, era la misma. ¿La música de Matt podía atravesar el espacio sin interactuar con la materia? Si era así era una habilidad sorprendente, algo que contradecía por completo las leyes fisicas del universo. ¿Lo sabían los demás?
    Cinthya se concentró en la música, sentía una inmensa curiosidad por entender ese fenómeno. Lo primero que descubrió fue que cada filamento del torrente que conformaba la corriente multicolor de la canción se dividía en busca de las personas, como si fueran atraídas por ellos. Ralph destacaba en el grupo porque los hilos formaban una enorme red que envolvía su cuerpo con una telaraña de color verde. Manuel, Akemi y Jim eran, en cambio, quienes menos interactuaban con la música; los filamentos azules apenas rodeaban sus cuerpos un par de veces, como si no llegaran a sincronizar del todo con su presencia. Mina también estaba rodeada por una enorme cantidad de filamentos dorados, pero le pareció a Cinthya que muchos de ellos provenían de la misma joven y se entrelazaban con los provenientes de la corriente de músical como los tallos de una enredadera. Había también una leve perturbación en el centro, como si algo crease una leve desviación del cauce principal, pero no había nadie allí. Finalmente Cinthya miró su propio cause musical y se llevó una sorpresa increíble. El fluir de toda la música, el caudal mas importante de los filamentos estaba dirigido hacia ella. A diferencia de los demás, ningún color se destacaba, estaba rodeada por una intrincada maraña de delicados filamentos de todos los colores imaginables. Cada hilo danzaba a su alrededor sin llegar a tocarla, rozando apenas la superficie de su cuerpo desnudo. Sintió que su cuerpo reaccionaba a la música, que todas las células que lo componían absorbian la misma y emanaban una respuesta simultaneamente, era algo completamente indescriptible.
    Era fascinante, se sentía en medio de un remolino de sonidos, pero no estaba asustada, sentía una indescriptible paz en todo su ser que surgia justamente de la música.
    Entonces la melodía cambió.
    Ya no era un «Cover» de Fire Bomber, ahora era una melodía que Cinthya nunca había escuchado antes. Las notas eran profundas, como si viniesen de lo profundo de un mar lejano, cargadas de un sentimiento poderoso, pero a la vez contenido, refrenado, encadenado a algo irreconocible. El escenario apreció cambiar también, ahora Ralph, Manuel, Akemi y Jim habían dejado de brillar y los hilos que formaban los brazos del torrente parecían pasar alrededor de ellos, como las piedras de un arroyo, formando pequeños remolinos en la corriente.
    Pero ya no era un torrente, se había dividido en dos. Uno iba hacia mina, quien brillaba con su luz dorada, el otro se dirigía hacia ella, quien estaba brillando con una luz rojiza. «Es como un enorme triángulo» pensó Cinthya maravillada.
    Entonces observó como uno de los torrentes se encogía y disminuía de caudal, mientras que el otro parecía ensancharse y aumentar su brillo. El torrente que la rodeaba. Mina pareció extinguirse, su luz dorada se opaco y el último filamento abandonó su cuerpo.
    Un grito pareció rasgar la oscuridad y Cinthya abrió los ojos asustada. Todos parecían haber salido del trance al mismo tiempo, Ralph y los demás miraban preocupados a Mina, quien se había tapado los oídos y parecía mirar el agua frente a ella completamente aterrada
    —¡Mina! ¿Estás bien? —Akemi abrazó a su amiga mientras trataba de calmarla La joven dejó de temblar y se llevó una mano a la cara, como si quisiera borrar la experiencia de su rostro.
    —Estoy… bien Akemi, no pasa nada— dijo lentamente. Los demás suspiraron aliviados y entonces Cinthya observó el pecho de Ralph.
    —Señor Ralph! —exclamó Cinthya alarmada. —Sus heridas.. sus heridas se han...
    El gigante se pasó la mano por el pecho, donde antes había estado el horrible hematoma producido en el Campo, había desaparecido por completo. Solo la vieja cicatriz, ahora mucho más visible, se veía en el enorme cuerpo de Ralph. Cinthya contempló el milagro con los ojos abiertos como platos, no podía creer lo que veía.
    —Había oído de aguas termales curativas— dijo Jim poniéndose de pie y mirando hacia arriba. —Pero esto ya roza lo ridículo..
    La joven inspectora levantó la vista hacia donde señalaba Jim y el corazón se le detuvo por un segundo.
    Las rosas habían vuelto a florecer en lo alto de la cubierta.

    Media hora más tarde el grupo se reencontró a la salida del edificio con los cambiadores. Habían dejado a Ralph solo en el estanque, según él para «Meditar un poco». En silencio abordaron el ascensor, que los llevó rápidamente a la última cubierta del jardín. Al abrirse la puerta del elevador, volvieron a ver los rosales, restaurados a su antiguo esplendor de forma tan misteriosa. Cinthya se acercó y volvió a acariciar las hermosas flores.
    —Ha sido la música de Matt ¿Verdad? —preguntó sin dirigirse a nadie en particular
    —¿Matt? —preguntó Jim confundido. —¿Ese chico pelirrojo? Akemi asintió con la cabeza pero Mina se mantuvo en silencio. Desde que habían salido del agua no había dicho una sola palabra. Cinthya estaba más que preocupada por la joven, especialmente luego de aquel grito desgarrador.
    —Te lo explicaré por el camino— dijo Manuel mientras se adelantaba al grupo. —Voy a poner en marcha el transporte.
    Jim permaneció unos segundos frente al elevador mientras las mujeres caminaban lentamente tras Manuel. Suspiró profundamente y se acercó al muro de rosas y echó un vistazo hacia abajo. Ralph estaba mirando hacia arriba y sus miradas se cruzaron, por lo que el piloto levantó el brazo en forma de saludo y se encaminó hacia la escotilla de salida.
    Ralph continuó mirando la última cubierta hasta que el golpe de la escotilla al cerrarse retumbó en todo el estanque. Respiró hondo y descubrió que ya no le dolía nada, muy posiblemente la fisura de su costilla se había regenerado por completo. Se puso de pié y caminó hasta el centro del estanque, donde la enorme roca sobresalía del agua cubierta de pétalos de rosa. El gigante rodeó con ambos brazos la enorme piedra y tiró con todas fuerzas para levantarla. incluso con su enorme fuerza tardó casi un minuto en moverla, centímetro a centímetro. La roca tenía un agujero circular de algo más de un metro de diámetro y al quitarla, dejó a la vista un cilindro metálico que sobresalía a casi dos metros de la superficie del agua. Con cuidado depositó la roca en el estanque y lentamente quitó la parte superior del cilindro, revelando una cápsula de vidrio donde una figura humana que se hallaba suspendida en una especie de líquido esmeralda.
    Ralph acercó su rostro al cristal y observó con atención a la joven de cabellos rosados que parecía dormir tranquilamente. Una pequeña consola en la base del cilindro mostraban una serie de datos y gráficos en forma continua. Ralph los observó durante largo tiempo y suspiró profundamente.
    —No te rindas Midori. —Dijo.
     
  9.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2651
    68



    «—¿Qué otros cambios hubo luego de su micronización?» Había preguntado Exsedol. La simple pregunta había disparado recuerdos almacenados en la cabeza de Virya por decenas de ciclos, apartados, casi olvidados. Solo para resurgir como un torrente de fuego enemigo justo delante de sus ojos.
    —Cientos, Miles— hubiese querido responderle, pero no lograría nada con eso. Ella era una guerrera Meltran, la mejor guerrera Meltran de toda la flota. No dejaria que ningun otro Zentradi pusiera en duda sus capacidades.
    Y sin embargo algo la hacía diferente del resto.
    No era solo esa cosa que le colgaba entre las piernas, se había acostumbrado a su presencia luego de todos esos ciclos desde que apareciera tras su misión de rescate. Eran todo el conjunto de nuevas sensaciones, ideas, conceptos, detalles que otras guerreras solían pasar por alto pero eran insoportablemente obvios para la mente de Virya.
    Exsedol ya había abordado la nave de transporte dejando a Virya sola en medio de la plataforma. Un pesado silencio había envuelto el interior de la gigantesca fortaleza. Sean cuales fueran los preparativos que había comenzado el Comandante Supremo, ya había culminado.
    Estaban a la puertas de la batalla y la flota aguardaba en silencio la orden de lanzarse al combate, pero ni Virya ni su escuadrón formarian parte de ella.
    La guerrera dio la espalda al oscuro abismo y se dirigió a su armadura. Pensaba en su primer escuadrón, en Yuwe, en Vaal, también en Dulmei… todas muertas, todas víctimas de alguna de las incontables batallas en las que ella había participado a lo largo de su existencia.
    Pero Virya seguía con vida, aferrada a la promesa que hiciera dentro de esa pequeña cápsula de micronización.
    «Quiero Vivir» —había dicho.
    Pero jamás pensó en el precio que debió pagar para ser lo que era. ¿Y que era ella? Una guerrera, una estratega, una líder.
    No, era en realidad una máquina, una simple maquinaria de guerra que había estado rota, pero que con un golpe había vuelto a funcionar. ¿Pero quién había asestado ese golpe? ¿Vaal? ¿Dulmei?
    Entró en su armadura, tal y como lo había hecho miles de veces, con un solo movimiento fluido, dejando que sus piernas se deslizaran a través del material gomoso que se pegaba a su traje de vuelo como si una segunda piel se tratase.
    Era más fuerte, más veloz, su mente analizaba sistemáticamente el entorno que la rodeaba y le permitía predecir las cosas que sucederían a su alrededor. Y sin embargo algo no encajaba, había una pieza faltante que de alguna forma evitaba que Virya se sintiera verdaderamente completa. Solo al estar dentro de su armadura remitia la sensación y todo su potencial se desplegaba.
    Dentro de la cabina del QRau las pantallas se encendieron y la familiar oscuridad dió paso al flujo incesante de información que todos los sensores de su armadura registraban y proyectaban a la piloto para informarle de todo lo que pasaba a su alrededor.
    Levantó el brazo derecho y cerró el puño con fuerza, observando cómo las poderosas articulaciones se cerraban sin un solo quejido.
    Virya sonrió satisfecha, pero esa sensación conocida fue tan fugaz como su sonrisa.
    Ahí estaba ella, lista para el combate, lista para enfrentar sea lo que sea que sus comandantes le pusieran delante, derrotarlo, destruirlo y volver a su base para alistarse al próximo combate.
    ¿Próximo combate? ¿Y cuando seria eso? Dortrad-Jen había proclamado abiertamente que era una misión suicida. Sin la flota de Kreegan (Que se estrellaria contra la retaguardia del Ejército de Supervisión) la menguada flota no tendría chances contra el grueso del enemigo. Todo esto le resultaba tan evidente… tan…. ¿Inútil?
    Si la flota de Dortrad-Jen era destruida ¿A donde volvería el escuadrón de Virya?
    Por primera vez en muchos ciclos, Virya contempló seriamente la posibilidad de estar frente a la que podría ser su última misión.
    —Consejero Exsedol. —la voz de Virya quebró el silencio de radio. —¿Qué precedentes existen de la misión que estamos a punto de realizar?
    El Archivista permanecía de pie en el centro del compartimiento de tropas perdido en sus propios pensamientos. La voz de la Capitana pareció traerlo de vuelta.
    —No en esta flota —dijo haciendo una pausa. —No obstante tengo conocimiento de que se ha hecho antes entre los Zentradis.
    —¿Y no puede decirme el propósito de esta misión? —pregunto Virya.
    —Por órdenes directas del Comandante Supremo, no puedo hacerlo. —respondió secamente el Zentran.
    Virya cortó la comunicación y apretó con fuerza el puño, había algo más, estaba segura. Volvió a abrir el canal de radio y se aseguró que todo el escuadrón escuchara su voz. —¿Todas escucharon eso? —preguntó.
    El escuadrón completo asintió con un «Sí Capitán!»
    —Bien, ahora quiero que cada una me diga lo que piensa…. lo que piensa sobre esta misión, lo que sea…. —hizo una pequeña pausa. —Es una orden.
    La sorpresa golpeó a las guerreras como la onda expansiva de un arma de energía. La Capitán Virya jamás había dado una orden como aquella ¿Opinión? ¿Sobre la misión? El silencio en el canal de radio era palpable para todos, especialmente para la Capitan.
    Que fuera Maya la primera en hablar no sorprendió en absoluto a la Capitana.
    —¿Solo nos enfrentaremos a otras Meltrans? —preguntó. ¿Porque no contra un escuadrón de Zentrans?
    Virya sabía que su “consejero” temporal responderia con gusto a cualquier pregunta que no contradijera la orden del Comandante Supremo. Pensaba aprovechar todo lo posible esa valiosa fuente de información. —¿Consejero? —preguntó sabiendo que la respuesta no tardaría en llegar.
    —En esta misión solo pueden participar Meltrans. —respondió.
    Virya memorizó la información. —¿Alguna otra pregunta?
    La voz de Fanra fue la siguiente. —¿Usted también participará de la lucha, Archivista Exsedol?
    —Así es— dijo.
    —¿Que rayos…? —Fue Tyna la que interrumpió la transmisión con una maldición —¿Tenemos que cuidarlo a él también?
    Virya sintió impulsos de ordenar que se callara, pero sabía que Tyna había expresado lo que todo el escuadrón sentía en ese momento.
    —Soy parte del escuadrón de la Capitán Virya— dijo Exsedol sin cambiar el tono de voz. —Seré también parte de la batalla.
    —Más bien será un blanco más junto a la novata. —Soltó despectivamente Melia.
    El canal de radio se llenó de voces que discutían las últimas noticias. Virya no había visto jamás semejante desorden en la radio, pero había ordenado que cada guerrera dijese lo que pensaba. Mantendrá esa orden.
    —Maya. —dijo Virya de pronto. —ocúpate de destruir los Archivistas de los dos escuadrones enemigos. ¿Entendido?
    —Si Capitán. —exclamó la joven.
    —Bien, eso evitará que nos estorbe al inicio de la misión. —exclamó Melia satisfecha.

    Virya suspiró y entró al transporte. El escuadrón estaba apostado a los lados del compartimiento de armaduras mientras Exsedol permanecía silencioso en medio del grupo.
    —Afuera. —dijo moviendo el brazo derecho. Las seis armaduras restantes levantaron las cabezas al unísono.
    —¿Afuera…? —preguntó Melia pero sabia que no tenía sentido decir nada. Era una orden.
    —Afuera. —repitió la Capitana. —Vamos a entrar en FOLD fuera del transporte, que solo quede el Archivista dentro.
    Las siete armaduras salieron del transporte de a una a la vez y formaron un perímetro alrededor.
    —Despeguen. —ordenó Virya.
    El pesado transporte despegó seguido del escuadrón de Raus. Tras elevarse una decena de metros, se dirigieron lentamente hacia la enorme esclusa de salida que se abrió solo parcialmente para dejarlos pasar. El panorama que se vislumbraba al atravesar la puerta era completamente diferente al que estaban acostumbrados.
    La flota había cambiado su forma, ahora se extendía en dos inmensas alas con la gigantesca fortaleza en el centro. Todos los grandes cruceros de batalla se habían ubicado al frente de la formación, listos para el combate.
    —El FOLD de la flota es inminente. —informó el Archivista desde las entrañas del transporte. Al parecer podía ver los alrededores a través de las cámaras de observación de su propia nave.
    El Rau rojo de Virya se elevó por sobre la formación y escrutó la flota. —No veo la flota de Kreegan— dijo. —¿Habrán entrado en FOLD?
    —No —respondió el Archivista. —Según el plan harán el salto simultáneamente.
    Fue Rika quien divisó los pequeños puntos de luz lejanos. —Ahi estan Capitán.
    Virya observó con atención la que, de pronto, le parecía una diminuta escuadra de naves ¿Esa pequeña fuerza iba a atacar la retaguardia de la poderosa flota del Ejército de Supervisión? —Vamos allá. —ordenó.
    El grupo puso rumbo a la lejana flota a toda potencia.

    Mientras se acercaban a las fuerzas de Kreegan la cabeza de Virya no dejaba de pensar en el despropósito del sacrificio. —Kreegan es el mejor comandante de la flota. —dijo en voz alta sin pensarlo. —No deberían enviarlo a morir de esa forma.
    El grupo guardó silencio, solo Exedore comprendía el verdadero significado de las palabras de la Capitana.
    —No coincido con su análisis. —comentó con el habitual tono de consejero. —Solo un Comandante como Kreegan puede ejecutar un ataque lo suficientemente brutal y preciso para confundir al enemigo y hacerle creer que se enfrenta a fuerzas mucho más numerosas de lo que realmente son.
    La guerrera apretó los dientes y no respondió, se estaban acercando a la retaguardia de la flota. De inmediato quedó en claro para todos, no solo para Virya y el Archiviste que no se trataba de una formación corriente.
    La flota de Kreegan parecía haberse duplicado en número en las últimas horas, cosa verdaderamente extraña en tan poco tiempo de preparativos y no hacía falta ser un experto en táctica para darse cuenta del motivo.
    —Kreegan va a utilizar las naves de soporte. —dijo Tyna asombrada.
    Mezcladas entre los destructores y cañoneros de la flota se encontraban todo tipo y clase de naves de suministro, refinamiento y transporte asi como tambien las naves destinadas a acondicionamiento y entrenamiento de nuevos guerreros. Había naves tan dañadas que solo uno o dos de sus múltiples motores funcionaban a duras penas para mantener el ritmo de avance de la flota.
    —Debura! —exclamaron varias de las guerreras al observar la extraña mezcla de naves en formación de combate.

    A la cabeza de aquel rejunte de naves estaba la enorme Nupetiet-Vergnitzs, con todo su armamento desplegado, lista para entrar en combate. El escuadrón de Virya flanqueó la gigantesca nave por estribor y se adelantó a poca velocidad a lo largo del casco.
    Al pasar por la sección media de la nave Virya no pudo dejar de observar la antigua cicatriz que el enorme misil había dejado en la vieja nave. El agujero perfectamente redondo seguía estando allí, chatarra y basura se había acumulado en su interior a lo largo de los ciclos, pero seguía estando igual que siempre. El sacrificio de la Capitana Vaal había salvado la poderosa máquina de guerra Zentradi que ahora sería usada para asestar un golpe terrible a sus enemigos ¿Cuál sería la situación actual si la misión de Virya hubiese fracasado? ¿Estaría Kreegan al mando de una nave más pequeña? ¿La estrategia sería diferente? ¿No tendría que luchar contra su propia gente en esa especie de prueba de combate?
    Su cabeza creaba situaciones y escenarios cada vez más complejos, tratando de evaluar cada una de las alternativas que sus acciones podrían haber cambiado de haber resultado diferentes, Virya no quería saber nada de eso, no quería saber nada con el pasado, solo le interesaba el ahora, su armadura, su escuadrón, incluso a su Archivista Temporal, eran su responsabilidad.
    —Los combates no se ganan con recuerdos. —murmuró y recordó la respuesta de Exsedol.
    Pero ella era algo más que una simple guerrera.
    El escuadrón había llegado a la proa de la Nave Capital cuando Virya levantó la mano y ordenó cortar el impulso. Ahora todos se movían a la misma velocidad con relación a la nave de Kreegan atrapados en el ligero campo gravitatorio que los rodeaba.
    No había ventanas en la Nupetiet-Vergnitzs, pero Virya estaba segura que en esos momentos la imagen de su escuadrón estaba siendo proyectada en las enormes pantallas que se erguía frente al propio Comandante Kreegan. Casi de inmediato una comunicación de video se proyectó frente a las cabinas de todos los integrantes del escuadrón.
    La imagen del Comandante ocupó toda la superficie de la proyección, se encontraba de pie, cruzado de brazos y con la misma expresión que recordaban la primera vez que lo vieron, al menos la que tenía momentos antes de abalanzarse sobre la Capitán Virya e intentar aplastar su garganta.
    —Capitán Virya. —dijo el enorme Zentran mirando fijamente la pantalla. —No esperaba volver a verla.
    —Ni yo —respondió la guerrera. —Nuestros Puntos de Salto coinciden, eso es todo.
    Era una mentira y Virya estaba segura que tanto Kreegan como Exsedol lo sabían, pero había aprendido que a veces no importaba tanto lo que uno decía, sino lo que no se decía. Como si algunas palabras tuvieran más importancia cuando no se pronunciaban en voz alta.
    El Comandante hizo una mueca… ¿Era una especie de sonrisa? ¿Podían hacer eso los Comandantes?
    —Ya veo. —dijo simplemente. —Le agradezco que se haya detenido un instante antes de su misión ¿Como se siente tener a un Archivista bajo su mando? —preguntó.
    —Es útil. —contestó con soltura. —Sabe muchas cosas.
    —Exacto— respondió Kreegan y el atisbo de sonrisa se borró de su rostro. —El Archivista Exsedol concentra todo el conocimiento de nosotros los Zentradis y nuestras batallas en esa cabeza… le sugiero, Capitán Virya, que haga lo posible por cuidar que se mantenga lo más intacta posible.
    —Lo mismo me atrevería a sugerirle a usted. —dijo Exsedol. —Aunque esta vez mi consejo no le sea de provecho.
    El poderoso Zentran pareció mirar directamente hacia donde estaba su Archivista, como si de alguna forma pudiera detectar su presencia a través de las enormes capas de metal y espacio vacío que los separaban en ese momento. —Tengo mis órdenes y las cumpliré hasta el final, mi supervivencia no es algo a tener en cuenta durante esta batalla.
    —Que sea una gran victoria. —respondió el Archivista desde la oscuridad del transporte de tropas. —Ha sido todo un honor servir bajo su mando.
    —Opino igualmente. —aseguró tajante Kreegan. —Procure ser igual de eficiente con su nuevo Capitán. —El Zentran levantó la vista y miró fijamente la pantalla. —Capitán Virya.
    —Si señor!
    El Comandante permaneció inmóvil unos segundos, como si se preparara para algo. —Gracias. —dijo simplemente.
    La guerrera no estaba segura de porqué había sucedido, pero de alguna forma su boca se había abierto de par en par..
    —Gracias por traer al Archivista Exsedol hasta aquí.
    Virya no sabia que responder, pero algo en su interior le dijo que en ese momento no había nada que pudiese decir que valiese más que el silencio. Asintió en silencio, sabiendo que en ese momento Kreegan, Exsedol y ella, por increíble que pareciese, estaban pensando lo mismo.
    —Es hora. —dijo Kreegan extendiendo el brazo. —Es hora de cumplir nuestra misión, de hacer lo que fuimos creados para hacer.
    —La destrucción de nuestros enemigos! —El grito salió de cada una de las armaduras del escuadrón de Virya.
    Sin decir una palabra mas los guerreros se separaron, cada uno en pos del cumplimiento de su propio destino. Los motores rugieron y en pocos minutos las luces de la flota de Kreegan no eran más que otro puñado de estrellas en la Galaxia.
    Volaron en silencio, siguiendo la ruta que el Comandante Supremo había trazado para ellas cada vez más lejos de la flota.
    —Alto. —dijo Virya de pronto.
    El escuadrón se detuvo en el acto y formó alrededor de Virya y el transporte de Exsedol.
    —Es hora. —exclamó el Archivista y todos levantaron la vista en la dirección en la que habían venido.
    Una terrible explosión de luz encendió el espacio, como una masiva supernova de energía que transformó brevemente la negrura en pura luz esmeralda. La Flota de Dortrad-Jen saltaba en ese momento al espacio FOLD simultáneamente.
    La batalla estaba a punto de comenzar.
     
  10.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    3168
    69



    La puerta del elevador se abrió con un chasquido y Tass asomó la cabeza fuera. El vestíbulo estaba desierto como lo suponía. Suspiró aliviada y arrastró el pesado bolso fuera del ascensor con gran esfuerzo, lamentando como por decima vez no haber tomado uno de los carritos del mercado..
    Atravesó el solitario puesto de guardia y entró al pasillo que conducía a las diferentes celdas del calabozo. Como era de esperar solo la última celda del pasillo estaba cerrada, pero algo de luz se filtraba por debajo de la puerta. Tass arrastró el equipaje hasta la misma y se asomó por la pequeña ventana.
    Will estaba acostado con la vista fija en el techo. Al menos estaba despierto.
    —¿Will? —pregunto.
    El joven pestañeó y movió la cabeza en dirección al sonido que lo había perturbado. Pareció bastante confundido durante unos instantes pero al final reconoció la voz. —¿Tass?
    La joven acercó el Pad al sensor de seguridad y la puerta se abrió de inmediato. —Por suerte estas despierto. —dijo mientras arrastraba el enorme bolso dentro de la celda.
    —¿Que carajo estas haciendo acá? —preguntó mientras se restregaba los ojos y sentaba en la cama. —¿Que hora es?
    —Las tres de la mañana Will. —contestó ella mientras la puerta se cerraba tras ella. —Dame tu Pad y no digas nada, estoy agotada.
    La orden fue tan repentina que al joven ni se le ocurrió protestar. Estiró el brazo y tomando el aparato de arriba de la mesita de luz se lo pasó en silencio. En verdad que el semblante de la joven estaba bastante demacrado y las ojeras se destacan bien oscuras bajo los lentes redondos.
    —Gracias, esto me llevará unos minutos. —dijo ella mientras conectaba un cable rojo a una pequeña computadora portátil que había extraído de uno de los bolsillos de su traje.
    Will observó en silencio como Tass desmontaba hábilmente la parte trasera del Pad con un pequeño juego de destornilladores. La rapidez y seguridad que la joven demostraba al manipular las pequeñas piezas era algo que despertaba una maravillosa admiración en Will, quien consideraba a su amiga como “Sempai” en lo que a tecnología se refiriera.
    —¿Que estas haciendo? —preguntó finalmente el joven sin poder aguantar más la curiosidad.
    Tass removió el chip de identificación de la placa principal y lo reemplazó por uno idéntico pero de color verde que extrajo de un pequeño bolsillo de su pechera. —Estoy haciendo lo posible por ofuscar un poco tu Pad Will. —contestó. —Lo vas a necesitar para cuando estes lejos de aquí.
    Will miró con atención a la joven. —¿Así que van a ayudarme a escapar? —preguntó. —Tass, enserio, aprecio muchísimo lo que tu y Matt están haciendo pero no puedo involucrarlos más… yo…. yo ya estoy enterrado hasta el cuello en esta mierda y no quiero arrastrarlos a ustedes tambien.
    Tass dejó de atornillar la tapa del Pad y miró fijamente a su amigo por primera vez. —Tarde, Matt ya tiene tu mierda hasta los tobillos y yo casi hasta las tetas— dijo con evidente enfado. —Pero nosotros ni por asomo estamos tan jodidos como lo vas a estar vos si los militares ponen las manos encima a esos registros del radar.
    El joven suspiró y apoyó la espalda contra la pared metálica de la celda. —¿Fugitivo eh? —pareció decirse a sí mismo. —No suena tan mal… es… hasta romántico.
    —Huy si, totalmente idílico. —respondió Tass con sorna mientras colocaba el film protector que sellaba al Pad de forma perfecta. —Ten y no la pierdas. —exclamó arrojando el aparato al regazo de su amigo.
    Will atrapó el aparato y lo examinó con atención mientras Tass abría el enorme bolso y revolvía buscando algo en su interior. —¿Hay algo de tu celda que necesites llevarte? —pregunto.
    Will guardó el pad en su bolsillo y echó una mirada alrededor. —¿A donde voy? —quiso saber.
    —Nueva Caledonia— respondió Tass mientras arrojaba una serie de paquetes de un material metalizado sobre la cama. —Cuando bajes de la Rio vas a poder elegir vos el destino, pero te aconsejo que sigas moviéndote en dirección al centro de la Galaxia.
    Will extendió un brazo y tomó uno de los paquetes. —¿Raciones MRE? —preguntó sorprendido.
    —Vas a tener que permanecer escondido un tiempo bastante largo. —respondió la joven mientras señalaba el bolso. —¿Tenés ropa interior de repuesto?
    Will suspiró y se puso de pie de un salto, luego abrió un cajón que se encontraba bajo la cama y se puso a sacar varias mudas de ropa, de pronto se quedó quieto, como si lo que acababa de escuchar hubiese hecho efecto en ese momento.
    —¿La Rio? —preguntó dándose vuelta. —Tass ¿Como….?
    Tass tomó la ropa y la arrojó al interior del bolso. —Llevalo vos, pesa una tonelada. —dijo mientras se ponía de pie y abría la puerta.
    El rostro del joven se había puesto pálido pero obedeció ante la voz autoritaria de su amiga. —Déjame ponerme los zapatos al menos.
    —Rápido. —contestó Tass sin apartar la vista del pasillo.

    Unos minutos más tarde ambos salían del Lobby en dirección al ascensor. Tass llamó al mismo con su Pad y echó una mirada hacia la celda que había vuelto a cerrarse. —Si la Rio despega a la hora programada deberías tener un par de horas de ventaja hasta que el primer guardia venga al turno de la mañana.
    Will asintió en silencio mientras sostenía con firmeza el equipaje contra su cuerpo. —Es muy poco tiempo Tass.
    La joven asintió. —Ni siquiera Amanda podría obligar a la Rio Grande a salir de un FOLD para devolverte a la Colonia… no, incluso si la Capitan ata los cabos rápidamente, tendrias al menos una semana entera de ventaja sobre cualquier perseguidor.
    —¿Pero y si me están esperando en Nueva Caledonia?
    —Al menos no serán los militares. Amanda deberá informar primero a la Fundación Unity y serán ellos quienes decidan que hacer.
    Will sufrió un escalofrío. —Las Amazonas. —dijo. —De pronto los militares no me parecen tan malos —murmuró el joven nervioso. —¿Conoces los rumores acerca de la división de seguridad de Unity, verdad?
    —Todas guerreras Meltran Micronizadas— respondió Tass. —Si, yo misma he visto un par de informes sobre sus actividades… no te preocupes Will, dudo mucho que Unity use a su mejor equipo de seguridad para ocuparse de una molestia menor…
    —Uh…¿Gracias?
    En ese momento llegó el elevador y las puertas se abrieron frente a ellos.
    —En todo caso no será tan evidente tu desaparición en la Rio. —dijo Tass entrando al ascensor. —Usaré una copia de tu Pad para hacer creer a los sistemas de seguridad de la Rainbow que has desaparecido en el Interior. Amanda no creerá que te haz ido de la Colonia, no hasta que te haya buscado por los todos los rincones de la Rainbow con cada cámara y cada drone que tenga disponible.
    Will entró junto a Tass y apoyó la espalda contra el fondo del elevador mientras la joven marcaba el destino en el panel de control y confirmaba su acreditación de seguridad. —Amanda no confiará en ningún sistema de seguridad estando tu involucrada en mi escape. —Lo se, pero aun así deberá respetar todos los protocolos antes de acusarme o tomar alguna otra medida más drástica. Eso te hará ganar tiempo Will.
    La respuesta arrancó otro suspiro del joven. —Tiempo… todo se reduce al maldito tiempo ¿Eh?
    El ascensor se puso en marcha con una leve vibración. A medida que ascendían por los niveles de La Torre el nerviosismo de Tass se incrementó visiblemente. Al pasar por el nivel del hangar Will contuvo un grito.
    —¿No vamos al hangar? —preguntó confundido.
    —No, más arriba.
    Las puertas se abrieron dos niveles por encima de donde la Rio Grande reposaba en silencio. Estaban en una zona de mantenimiento y acceso de operarios que trabajaban sobre las maquinarias que colgaban de las vigas del techo del enorme hangar.
    En completo silencio los dos jóvenes salieron del ascensor y recorrieron furtivamente el puente de pasarelas que conectaba los accesos de personal al elevador principal.
    —Ponte esto. —dijo Tass alcanzando un objeto a su amigo. Will lo tomó y comprobó que era un par de gafas protectoras, parecidas a las que se usaban en los talleres de maquinarias pesadas. Solo un pequeño dispositivo adosado al marco de plástico denotaba que no era una simple protección cualquiera. Will se la puso y de inmediato una pequeña lamina traslucida se desplegó frente a su vista, iluminando los alrededores con un resplandor verdoso.
    —Pensaste en todo. —dijo. Tass refunfuñó algo inentendible y se colocó sus propias gafas de visión nocturna.
    —Rápido. —dijo.
    Avanzaron por una serie de pasarelas cada vez más estrechas. Will sabía que Tass tenía memorizadas donde estaban todas las cámaras de seguridad en esa parte del hangar, en definitiva era ella quien las monitoreaba rutinariamente. Al cabo de veinte minutos de dar vueltas llegaron a una pequeña escalerilla y descendieron con cuidado una decena de metros hasta llegar a una enorme plataforma desde donde surgian una serie de estructuras de vigas metálicas en dirección al techo y pared cercanos.
    —Esto…. ¡Esto es el muelle de los contenedores! —exclamó Will reconociendo el lugar.
    —¡Silencio! —lo reprendió la joven. —Vas a embarcar desde aquí.
    —¿Dentro de un container? Voy a necesitar algo más que raciones de emergencia para viajar en uno de estos. —exclamó el joven señalando las dos enormes moles de metal que descansaban en la estructura metálica.
    —No te preocupes, encontré un contenedor con soporte vital, podrás sobrevivir al viaje Will.
    El joven cerró la boca y miró preocupado hacia donde señalaba su amiga.
    —¿De verdad es seguro?
    —¿Tenes alguna idea mejor?
    Will no la tenia asi que se limitó a guardar silencio. Se pusieron en marcha nuevamente y rodearon la estructura central por medio de una angosta pasarela que discurria a lo largo de los dos enormes contenedores.
    —GMC/SV38534 —dijo Tass mientras apoyaba la palma de la mano en el frío metal. —Es este.
    El enorme contenedor se erguía ante ellos en completo silencio. Tal y como la joven había observado en los registros era una pieza de equipo bastante vieja; llena de abolladuras y con la pintura saltada aquí y allá, pero en relativa buenas condiciones.
    —Bueno —dijo Will rascándose la cabeza. —No será primera clase pero algo es algo. ¿Cómo hacemos para entrar?
    Mientras tanto Tass se había sentado en el suelo de metal. Sacó su computadora personal de la mochila que llevaba en la espalda y la pantalla iluminó a ambos.
    —Hay una entrada auxiliar que hace de cámara de descompresión ahí. —dijo la joven señalando unas marcas naranjas en la desgastada pintura. —Necesito que me ayudes con la conexión de datos.
    Will tomó la mochila de Tass y sacó un rollo de cable de datos de su interior. Extendió una de las puntas a su amiga y con el otro se encaminó hacia el extremo de la enorme caja, justo en el lugar donde una enorme pieza de metal servia de articulación amortiguante con el otro contenedor. Una pequeña luz verde indicaba la presencia de un panel corredizo, Will accionó el mecanismo y un pequeño panel de control con una terminal de datos quedó al descubierto.
    —Conectando. —dijo Will mientras insertaba la ficha en el puerto de datos.
    La conexión se estableció de inmediato en la pantalla de Tass. Una serie de tareas de diagnóstico se ejecutaron automáticamente y la telemetría devolvió los datos correctos.
    —El contenedor tiene un sistema de soporte vital que funciona de forma autónoma con respecto a la nave que lo lleva. —dijo Tass sin dejar de teclear frenéticamente. —Pero solo se pondrá en funcionamiento cuando se encuentre sellado y despachado.
    —Osea que no podemos ponerlo en marcha aquí mismo ¿No?
    —Exacto. Solo podemos sellarlo y dejarlo listo para que se ponga en funcionamiento en cuanto la Río Grande lo recoja dentro de unas horas.
    Will miró la enorme caja con preocupación. —¿Como respiro entonces?
    —Hay aire suficiente dentro del contenedor hasta entonces. —contestó Tass sin sacar los ojos de la pantalla. —Por las dudas puse una mascarilla de oxígeno en el bolso, pero si todo sale bien no tendrás que usarla, además…
    El haz de la linterna dando de lleno en el visor nocturno fué como una explosión de luz que los cegó completamente. Tass y Will se cubrieron los ojos como si hubieran recibido un golpe directo.
    Los habían descubierto. Will se interpuso de inmediato entre la luz y su amiga para protegerla de lo que sea. Levantó los brazos en actitud sumisa —¡No estamos armados! —gritó.
    —¿Quien anda ahí? —gritó una voz mientras dirigía el brillante haz de luz hacia los dos jóvenes acurrucados. —¿Que están ha…..? ¿Will????
    La linterna redujo la intensidad del brillo y el haz quedó apuntado hacia el suelo. Tanto Will como Tass se quitaron los visores y miraron asombrados al visitante inesperado.
    —¿Mike?
    —¿Que mierda estan haciendo ustedes dos acá? —preguntó el copiloto de la Río Grande mientras se acercaba cautelosamente a la pareja de jóvenes. —Will ¿No se supone que estabas en el calabozo?
    Will se puso de pie y estrechó la mano de su amigo. —Viejo, casi me das un infarto.

    Mike devolvió el apretón de manos y ayudó a su amigo a ponerse de pie. —El infarto se lo van a dar a Gray, de eso seguro. Vuelvo a repetir ¿Que carajos….?
    —Voy a escaparme de la Rainbow Mike, ahi adentro. —dijo Will señalando el contenedor.
    El joven copiloto miró a Will sin entender del todo. —¿Escaparte…? ¿Ahí? —repitió incrédulo mientras apuntaba el haz de la linterna hacia donde señalaba su amigo. —¿Es broma?
    —Ojalá. —contestó Tass volviendo a abrir la pantalla de la computadora que había cerrado instintivamente al ser sorprendida. —Ya te imaginaras en que clase de lío estará metido para que lleguemos a este extremo.
    —Viendo que te involucró a ti también Tass, ya veo que no es cualquier travesura normal. —respondió Mike mientras bajaba la linterna. —¿Es tan grave la cosa?
    —Hasta el cuello de mierda. —dijo el joven haciendo un gesto con la mano. —Tengo que huir de los militares por un tiempo.
    Mike se rasco la cabeza sin saber qué decir. Al parecer la cosa iba en serio y esos dos no estaban bromeando. —No vas a poder viajar en un Container Clase SV, no funcionan cuando están abiertos.
    —Ya lo sabemos. —contestó Will poniéndose de cuclillas junto a la joven. —Tass tiene un plan.
    —¿Plan? —Ahora Mike parecía visiblemente confundido. —No se puede despachar un contenedor sin… ehhh???? —Su exclamación de sorpresa fue tan estridente que Will tuvo que taparle la boca con la mano.
    —Silencio! —dijo sin soltarlo.
    Mike señalaba la pantalla de la computadora de Tass con insistencia. —Esa es la interfaz de la computadora de la Rio! —murmuró nervioso en cuanto Will hubo retirado la mano de la boca del nervioso copiloto. —¿Como rayos hicistes eso?
    —La emulé. —contestó Tass sin dejar de teclear frenéticamente.
    —¿Emulaste la interfaz de la computadora?
    —Emule toda la Rio Grande.
    Mike y Will se miraron confundidos. —Es Tass. —dijo finalmente Will encogiéndose de hombros. —Si ella dice que emuló toda la puta nave es porque realmente lo hizo.
    —¿Tass es una Emulator? —preguntó asombrado Mike. —Mierda… mierda! —repitió sin poder creer lo que había escuchado. —Pensaba que los Emulators eran una Leyenda Urbana…. increible.
    —Seremos una leyenda, pero no somos despachantes de mercancías intergalácticos Mike. ¿Podrias darme una mano con esto? —preguntó Tass mientras se hacia a un lado y señalaba la pantalla. —Despacharía mucho más rápido el container con Will dentro si me mostraras como lo hacen ustedes normalmente….
    Mike dio un paso atrás mientras su semblante perdía el color. —Ah no. —dijo. —Yo no quiero problemas, ni con el Capitán Gray ni con Amanda…. a mi no me involucren.
    —Tarde. —dijo Will moviendo la cabeza. —Culpa tuya por andar metiendo la nariz donde no te llaman.
    —¿Eh??? —exclamó enfadado el joven. —¡Se supone que yo vine a revisar los contenedores, es mi trabajo!
    —Mala suerte entonces… al menos tuvimos suerte que no haya sido el Capitán Gray quien hiciera la revisión en persona.
    Mike suspiró y señaló una de las pestañas de la interfaz de carga. —Segundo menú de la derecha, cuarta opción, no pienso darte los códigos del manifiesto porque esos solo los conoce el Capitán…
    —No te preocupes, ya los tengo. —contestó Tass como si nada. —Gracias Mike.
    El aludido volvió a suspirar, esta vez más profundamente. —Es una locura… Gray se va a dar cuenta enseguida.
    Will y Tass levantaron la vista de la pantalla. —¿A qué te refieres?
    —A que en cuanto vea que un contenedor SV está funcionando, lo primero que va a hacer es revisar el porque salimos de la Rainbow con una carga cerrada. No es normal.
    —Pero por suerte el confiable y eficiente Mike revisó dichos containers y tranquilizará al Capitán. ¿Verdad? —preguntó Will
    —Y además estos equipos son viejos… no sería extraño que algún sensor falle de vez en cuando ¿No? —insinuó Tass.
    —Ok ok… ustedes ganan. —se rindió Mike. —Espero que puedas aguantar la respiración hasta que salgamos Will. —dijo señalando el contenedor.
    Will levantó el pulgar. —Gracias viejo.
    —Solamente prometan no delatarme con Amanda… prefiero mil veces enfrentar los puños del Capitán Gray a los horrores de La Torre.
    —Los calabozos no son tan malos. —dijo Will encogiéndose de hombros.
    —Si… por eso estás escapando de ellos. —contestó Mike aún más intranquilo.
    Una serie de pitidos en la computadora indicaron el fin de los preparativos. Tass cerró la pantalla y quedaron solo iluminados por el resplandor de la linterna del copiloto.
    —Todo listo. Es hora Will.
    El joven abrazó a su amiga y permanecieron un largo rato en silencio.
    —Gracias Tass, nunca olvidaré lo que hicieron por mi.
    Las lentes de la joven estaban empañadas por la transpiración y ocultaban las lágrimas en sus ojos. —Trataremos de arreglar la situación lo mejor que podamos desde aquí. —dijo entre sollozos. —Cuidate Will, no hagas mas locuras por favor.
    —Saluda a los chicos. Prometo regresar en cuanto todo se aclare. —dijo el joven separándose con gran dificultad de Tass.
    Mike desconectó el cable de datos del panel y accionó los controles para abrir la pequeña compuerta de emergencia. —Intentaré distraer al viejo piloto, pero no prometo nada Will, todo va a depender de tu buena fortuna.
    Will asintió y tomando el bolso se acercó a la puerta que se abría en ese momento.
    —Suerte viejo. —dijo Mike.
    El joven desapareció en el oscuro interior del contenedor, segundos después la puerta se cerraba tras sí.
    —Hice todo lo que pude. —dijo Tass cayendo rendida sobre el piso de metal.
    Mike sintió una profunda pena por la joven. Sin saber que mas hacer por sus amigos se limitó a ayudar a Tass levantarse y juntos abandonaron la plataforma, sin percatarse de la solitaria cámara de video de vigilancia remota que había estado siguiendo sus movimientos desde que llegaran a la bahía de atraque.
     
  11.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2808
    70



    El ícono estaba en verde. Cinthya acercó el dedo al pequeño cuadrado que indicaba que uno de sus contactos estaba disponible en la pantalla de su Pad pero no se atrevió a tocarlo. ¿No era muy temprano aún? El reloj marcaba las 4:12 de la mañana pero apenas había podido pegar un ojo en toda la noche.
    Hizo una leve presión en el cristal y el icono se convirtió en una pequeña ventana de video donde el símbolo de la NUNS giraba lentamente.
    —¿Estás despierto? —preguntó susurrando desde debajo de las sabanas.
    —Si. —respondió la voz del piloto. —¿Vos tampoco pudiste dormir?
    La voz familiar la tranquilizó. —No. —dijo cerrando los ojos.
    Del otro lado del teléfono Jim guardó silencio. Se había quitado el traje de vuelo y solo vestía el uniforme de Marine, sin las botas ni la chaqueta. El resplandor de la pantalla del Pad era la única fuente de luz del camarote y daba al rostro del piloto un tinte azulado.
    —Si te hace sentir mejor, yo tampoco nunca había visto nada como eso. —dijo.
    Cinthya se dió la vuelta, quedando boca abajo mientras sostenía el aparato contra el colchón. —¿Crees que nos haya afectado a nosotros también?
    —¿La música?
    Cinthya asintió. —Claro… osea… estabamos todos juntos en el baño termal con el señor Ralph.
    —¿Tienes todavia ese chichón en la frente...?
    Cinthya recordó de pronto su herida y el feo aspecto que había tenido el dia que llegaron. Deslizó el dedo por la pantalla y activó la cámara frontal del Pad. Una ventana de video se superpuso a la que ya estaba abierta mostrando el rostro de Cinthya bajo las sábanas.
    —La marca ya no está. —dijo Cinthya con voz de asombro. —Es como si nunca me hubiese golpeado la frente. —agregó mientras se pasaba la mano por donde estuviera la herida.

    Jim tragó saliva nervioso. Desde su propio Pad podía ver la misma ventana de video que estaba usando Cinthya como si fuera un espejo y por ende veía a la perfección como el sujetador de la joven se asomaba entre los pliegues de las sabanas.
    —Hay muchas leyendas y rumores sobre el poder de la música. —dijo Jim desviando la mirada de la pantalla.
    —Es como si fuera magia. —contestó la joven apagando la cámara para alivio de Jim. —Me pregunto si Matt sabe lo que su música es capaz de hacer…

    Manuel y Akemi habían explicado a grandes rasgos como la investigación de Evans había logrado transformar la música de Matt en una especie de energía regeneradora. Cinthya estaba maravillada por supuesto, pero Jim sabía que había algo más.
    Mina había estado silenciosa durante todo el viaje de regreso. Desde aquel grito en el baño termal no había dicho una sola palabra. Se preguntó si las heridas de Matt tambien habian sanado de la misma forma. Estaba preocupada por las manos del chico pero al escuchar el piano en el Onsen se sintió mucho más aliviada.
    —¿Sentistes algo? —preguntó Jim.
    La pregunta tomó por sorpresa a Cinthya. —¿Yo? Bueno… era una sensación extraña estar en el agua con todo ese vapor y el aroma a rosas… recuerdo que cuando cerré los ojos sentí una gran paz.
    —Una gran paz. —repitió Jim como examinando las palabras.
    —A veces, cuando era apenas una niña, mi padre me llevaba al mar, a una pequeña playa a unas pocas horas de auto de Ciudad Macross… ¿Conoces el mar, Jim?
    —Desde la base New Dallas se pueden ver los mares de Edén. —respondió el piloto.
    Cinthya suspiró. —Me refiero a nivel del mar Jim, no desde la órbita baja de un planeta.
    —¿Meter los pies en el agua y todo eso..? —Contestó divertido Jim. —No, nunca hice eso.
    —Como te decía, cuando era pequeña íbamos al mar… y cuando a veces recorría la playa desierta de noche, especialmente las noches sin luna, cuando el mar y el cielo estaban completamente negros, entonces podía escuchar la voz del viento… algo así sentí con la música de Matt.
    —La voz del viento… eso suena muy cursi Cin.
    —No te burles. —lo amonestó la joven. —A veces se pueden escuchar voces en el viento. ¿Sabias?
    El piloto apoyó el Pad entre sus piernas y cruzó los brazos tras la cabeza para descansar mejor. —Deben ser cosas de Terráqueos… en el espacio exterior no tenemos cosas tan frívolas como vientos y olas… pero te creo Cin, algo en tu voz me dice que estas diciendo la verdad.
    —¿Enserio?
    —Si… en cuanto volvamos a New Dallas pienso pedir bajar a Eden para mi siguiente permiso. Eso del mar suena bien.
    Las palabras de Jim reconfortaron profundamente a Cinthya. Ella también estaba segura que su camarada estaba siendo sincero con ella. —Hablando de volver —dijo Cinthya bajando la voz. —No podemos usar tu caza ¿Verdad?
    —No, la vaina FOLD quedó flotando en algún lugar del Campo… estamos varados aquí hasta que el Comando Central envíe a un transporte a buscarte.
    —¿Voy a irme sin ti? —La voz de Cinthya sonó apesadumbrada.
    —Me temo que si. Yo debo permanecer junto a mi nave hasta que lleguen los técnicos y evaluen mas a fondo el estado general. Si dan el OK podre instalar otra vaina FOLD y volver por mis propios medios.
    —¿Y cuanto demorará eso? —preguntó la joven.
    —Una semana siendo optimistas, dos siendo realistas. —respondió Jim. —Para ti serán como unas vacaciones pagas Cin.
    La joven suspiró profundamente. Dos semanas de espera más otra semana más de viaje… prácticamente perdería un mes entero de un trabajo que pensaba liquidar en no más de diez días. Por suerte había dejado a su gato al cuidado de una vecina.
    —Menudas vacaciones. —suspiró.


    ----------------------



    El sonido de la puerta automática al abrirse devolvió momentáneamente a Amanda al presente. La mujer giró la cabeza y observó como su colega Rebecca entraba al puente.
    —Buenos días Amanda. —saludó la mujer con un gesto de la mano. —¿Ya se fue Tass?
    —Está indispuesta. —dijo la Capitán volviendo su vista a la pantalla principal.
    Rebecca miró también la pantalla. Aunque las luces estaban apagadas, gracias al filtro de amplificación de luz se podía ver perfectamente el avión del Teniente Jim aparcado en el hangar principal, rodeado de las partes dañadas que el joven había retirado el dia anterior.
    —¿Sucede algo en el hangar principal, Amanda?
    La mujer suspiró y movió la palma de la mano sobre el panel de control que extendía frente a su sillón de mando. En la pantalla la cámara cambió de posición y enfocó a la Río Grande, que se destacaba perfectamente en la oscuridad del hangar iluminada por los reflectores de dos vehículos de mantenimiento que en esos momentos ayudaban al alistamiento de la nave.
    —Nada por suerte. —contestó. —Es solo que…
    Rebecca colocó la mano sobre el hombro de su Capitana. —Todo va a salir bien Amanda. Ya lo veras.
    La Capitán Amanda Kyle sonrió y colocó su mano sobre la de su amiga. —Si no te conociera desde hace tantos años diría que tratas de levantarme el ánimo….
    —¿Café?
    —Otra pregunta innecesaria como esa y te quedas doble turno.
    Rebecca se rió con una carcajada y se encaminó hacia la pequeña cocina de la torre de control. La cafetera estaba casi vacía así que quitó el contenedor del café, reemplazó el filtro por uno nuevo y colocó una nueva cápsula con la mezcla especial que Brad preparaba para “Las Chicas del Puente”.
    —¿Cómo estuvo tu cena con Gray? —preguntó Amanda sin dejar de ver la pantalla.
    Rebecca presionó el botón del aparato y el agua caliente comenzó a recorrer el recipiente. —Bien, al menos esta vez no se quedó dormido en mi regazo luego de la quinta cerveza. —dijo mientras limpiaba la taza usada por su Capitana. —Siento pena por su pobre hígado, un órgano no debería sufrir tanto abuso.
    Pronto el aroma del café comenzó a sentirse por todo el puente de mando. Amanda estiró los brazos en un ademán de cansancio y movió su silla hacia atrás, hasta la posición de observación en el centro de la estancia.
    —Es increible como siempre termina teniendo razón. —dijo
    —¿La Directora? —respondió Rebecca sirviendo el café.
    —Desde antes de iniciar todo esto. —y con la mano abierta señaló la extensión del puente. —Ya desde entonces me advirtió que nunca confiara en seguir los planes al pie de la letra, porque hasta el más detallado y conservador de ellos podía fracasar irremediablemente ante el más mínimo cambio inesperado.
    Su compañera se acercó llevando las dos tazas en una bandeja junto con unos sobres de azúcar y un plato con galletas. —Por si tienes ganas de masticar algo. —dijo colocando la bandeja sobre la consola ubicada a la derecha de la Capitana.—Y las últimas cuarenta y ocho horas no han sido más que una sucesión de cosas imprevistas e inesperadas una tras otra. ¿Verdad?
    —Te faltó catastróficas— dijo la mujer tomando una de las tazas. —Casi perdemos a todos los Recolectores ahí afuera.
    —Y al equipo de Inspección de la NUNS.
    Amanda cerró los ojos mientras aspiraba el aroma a café que subia desde su taza. —El solo pensarlo me da escalofríos. —dijo. —Un equipo de investigación de la junta de accidentes de la NUNS podría quedarse aquí meses enteros para recabar información.
    Rebecca sonrió mientras se apoyaba en la consola. —Aun así estoy segura que lo arreglarias. Haz resuelto situaciones aún más delicadas que ésta ¿O no?
    —No a estas alturas. —afirmó con seriedad Amanda. —No podemos cambiar los planes ahora, sería contraproducente, las cosas ya están en movimiento desde hace demasiado tiempo.
    —Desde el momento que esa armadura roja quedó abandonada ahi afuera ¿Verdad? —dijo Rebecca mirando hacia el cristal que daba al campo de estrellas.
    —Si.
    —Por eso quieres recuperarla a toda costa. —suspiró la mujer con resignación —Por ella.
    —Fue Virya quien dió el puntapié a todo esto. Fué su sacrificio el que inició a la esperanza que esta Colonia representa.
    Amanda. —la voz de Rebecca había perdido el rastro de jovialidad habitual. —No creas que si recuperas ese pedazo de chatarra la Directora va a…
    —Lo se, lo se. —suspiró la Capitán. —No está en mis planes fallarle a ella... o al Plan. —mientras decía esto no dejaba de mirar las estrellas a través del cristal. —Pero quieras o no esa armadura es un simbolo, uno por el que vale la pena arriesgarse.
    Rebecca bebió su café lentamente, mientras sus pensamientos viajaban mas allá de la Colonia, hacia los recuerdos de la flota 37 y todo lo que habia pasado junto a su amiga. —Es una historia muy triste. —dijo dejando la taza sobre la bandeja. —La de Virya.
    La Capitana asintió. —Es triste porque nos recuerda que tan similares y patéticas somos todas las razas creadas por la Protocultura, sin importar donde o cuando nos encontremos. Por eso es tan importante lo que estamos a punto de hacer.
    —Romper el ciclo de sufrimiento. —dijo Rebecca.
    —Quizás sea el destino de la humanidad. —contestó Amanda. —Corregir los errores de la Protocultura.
    —¿Y eso no es querer sobrepasar a nuestros creadores?
    Amanda miró a su amiga directamente a los ojos. —Tal vez sea necesario. —dijo. —Por nuestra supervivencia en la Vía Láctea.
    Una serie de pitidos provenientes de la terminal de Rebecca dieron fin a la discusión filosófica de las dos mujeres.



    ----------------------


    —¿Otra vez esa cosa? —exclamó Gray señalando la pantalla del Pad.
    Mike sintió un escalofrío y volvió la cabeza hacia su Capitán, quien permanecía sentado sobre el capó de uno de los transportes. —¿Pasa algo?
    El hombre mayor sacudió la cabeza mientras levantaba la pantalla en dirección a su copiloto. —El contenedor ese que recogimos en la Barrow… volvió a salir en la rotación de salida.
    —¿Ah sí?
    —¿No te diste cuenta cuando fuiste a revisar más temprano? Mierda Mike, no te pago para que vayas de paseo ¿Estaba todo en orden?
    —Serias el primero en enterarte si hubiese encontrado algo fuera de lugar.
    El hombre masculló algo parecido a un insulto y volvió a concentrar la vista en el manifiesto de carga. Movió sus dedos sobre la superficie del aparato y unos pitidos se escucharon claramente. Mike tragó saliva.
    —Nueva Caledonia tiene abundante exportación de animales en pie, seguramente quedará allí en cuanto atraquemos…. ¿Vas a quedarte ahí parado sin hacer nada?
    Mike dió un salto y continuó descargando los bultos del transporte en silencio, echando de vez en cuando una mirada disimulada al viejo Capitán.
    El hombre apagó el pad y se bajó del vehículo con un gesto cansado. Contempló la vieja nave con orgullo, observando cada panel, cada juntura en busca de una marca o una grieta. La Rio Grande estaba Oscura y Fría como se conocía en la jerga a las naves que están completamente apagadas y solo devolvió un sepulcral silencio ante la mirada inquisitiva de su Capitán.
    —Hora de partir linda. —dijo mientras acariciaba el frío metal.
    Hizo un gesto al personal que esperaba alrededor de los vehículos y estos saludaron con las manos mientras comenzaban a subir a los asientos. Dentro de la cabina de la Río una serie de luces comenzaron a encenderse en familiar secuencia, derramando una luz dorada sobre las placas metálicas del piso del hangar.
    Gray puso un pie en la escalerilla pero se detuvo un momento. Levantó la vista hacia el techo, hacia las oscuras sombras que envolvían las estructuras que recorrian toda la parte superior del hangar. Máquinas, grúas y aparejos.
    Mike asomó la cabeza por la compuerta de acceso y vió el gesto preocupado del hombre. —¿Sucede algo Cap?
    Gray volvió la cabeza hacia la escotilla y suspiró cansado. —Nada Mike, no es nada. —Cosas de gente vieja. —dijo mientras se colocaba el casco en la cabeza. Inmediatamente el sistema de comunicación quedó cerrado y Mike tuvo que ponerse el mismo el casco para escuchar a su Capitán.
    —Todo listo.
    El hombre asintió y señaló la consola del puesto de Mike. —Avisa que nos vamos.
    El joven se sentó inmediatamente frente a los controles y desplegó la interfaz de comunicaciones. —Aquí portacontenedores Rio Grande, motores encendidos y preparativos completos, solicitando permiso para salir. Plan de vuelo enviado.
    Pasaron uno momentos hasta que la familiar voz de Rebecca sonó por los transmisores de los cascos de ambos hombres.
    —Aqui Torre de Control, perdonen la demora. Plan de vuelo aprobado y permiso concedido, todo libre para la carga en el muelle de atraque de la bahía seis. Proceda cuando guste.
    —Copiado Torre, nos dirigimos a bahía de atraque seis. Río Grande fuera.
    —Buen viaje chicos.
    —Te veo en un par de semanas Rebbie. —dijo Gray tomando asiento al lado de su copiloto.
    Mike activó las luces de navegación y cerró la escotilla. El reactor ronroneaba y la computadora mostraba todos los indicadores de estado listos para salir.
    —Panel en verde. —confirmó Mike.
    Gray tomó los controles con ambas manos mientras ejercía una leve presión en los pedales de dirección. La pesada nave comenzó a elevarse en el sitio como un gigante despertando de un sueño centenario.
    Se elevaron unos pocos metros mientras giraban pesadamente hacia la enorme compuerta de salida que se iluminó con las balizas de precaución que indicaban su inminente apertura.
    En cuanto la Rio estuvo perfectamente alineada, la pesada puerta de metal comenzó a abrirse lentamente, revelando la enorme bahía seis y el muelle de atraque tenuemente iluminado donde descansaban los dos contenedores. Gray movió los controles hacia delante y la nave penetró despacio a través de las puertas. Una vez que estuvieron delante del muelle y un poco por encima Gray hizo descender la nave y la parte trasera quedó sobre los rieles de carga. inmediatamente la estructura se iluminó y dos poderosos pistones empujaron los contenedores hacia la Río, bloqueando los enormes enganches con un fuerte estampido.
    —Contenedores asegurados. —informó Mike mirando la interfaz. —Listos para salir.
    Gray levantó la vista hacia el panel que colgaba del techo y encendió la pantalla trasera para echar una mirada a los contenedores. Una serie de indicadores de estado se iluminaron junto a la ventana de video.
    Mike tragó saliva. Era el momento clave. Si Gray se daba cuenta que uno de los contenedores activaba los sistemas de soporte vital todo quedaría descubierto.
    El hombre retiró la mano del panel y volvió la vista al frente.
    —Salgamos entonces. —dijo empujando los controles hacia delante. La pesada nave, ahora con varias toneladas extra de peso total, avanzó lentamente hacia la última compuerta que los separaba del espacio exterior.
    Mike suspiró aliviado y volvió su mirada al frente, mucho más tranquilo ahora que el peligro había pasado, sin sospechar que la verdadera razón por la cual Gray no había reparado en la anomalía del último de los contenedores era simple y preocupante.
    El sistema de soporte vital del último contenedor no se había encendido.
     
  12.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2958
    71



    Aunque intentara sacudirse con todas sus fuerzas, los brazos y piernas no se liberaban de la pegajosa cuerda. La telaraña era enorme, los grises hilos se extendían en todas direcciones, como si no fuera una, sino cientos de redes que se intersectan aquí y allá creando paredes enteras de un blanco fantasmal, temblando casi imperceptiblemente por los movimientos de los seres atrapados en cada uno de los hilos.
    Mina no estaba sola, mirara en la dirección que mirara cientos, miles de personas se encontraban pegadas a uno o varios hilos de la red. Algunas estaban inmóviles y grises, como si solo quedara una carcasa como prueba de su existencia. Otras, como ella misma, se debatian en forcejeos para tratar de salir.
    Había personas, pero también Zentradis, gigantes atrapados en decenas de hilos, completamente indefensos a la irresistible fuerza que los mantenia pegados a la red. En ese momento todos eran iguales, todos eran víctimas de la misma araña.
    Intentó calmarse respirando pausadamente. no era la primera vez que estaba en ese lugar, de eso estaba completamente segura, solo que algo se notaba diferente, como una tensión en el ambiente. Casi podía sentir la vibración del aire y no provenia de los hilos.
    ¿Viento?
    Algo estaba por suceder, no cabía ninguna duda. Otros prisioneros de la enorme tela también lo presentian y buscaban con la mirada algún indicio de la tempestad que se avecinaba. No había nubes, solo la lechosa niebla gris que rodeaba la intrincada estructura que se extendía hacia todas direcciones.
    La respiración pausada hizo que se controlara un poco. Dejó de debatirse inutilmente y solo permaneció colgada en su lugar, registrando con todos sus sentidos lo que pasaba alrededor. Ahora tambien podia escuchar un murmullo lejano, como un oleaje que llega a una playa lejana luego de atravesar las infinitas extensiones del océano del cosmos.
    Matt.
    Lo sintió cerca, como si su piel registrara la sensación del calor cercano de su cuerpo. Mina giró la cabeza y lo vio, cerca, pero no lo suficiente.
    Matt estaba colgado al igual que ella pero a diferencia de los otros, su lugar parecía formar parte de una encrucijada de hilos enormes, anchos como pilares, cada uno de ellos sosteniendo una red diferente de hilos. El joven parecía estar inconsciente o dormido, ni siquiera parecía respirar.
    —¡Matt! —gritó Mina, pero por más que gritara y gritara con todas sus fuerzas el joven no la escuchaba.
    Una explosión repentina la encegueció, cuando pudo recuperarse del resplandor vió que el caos se había desatado alrededor de ella.
    Había estallidos de luz por doquier, enormes esferas luminosas que aparecían de la nada y repentinamente crecían hasta explotar en un destello enceguecedor, algunas cercanas, otras lejanas, casi veladas por las redes de la telaraña que habia empezado a temblar por efecto de las ondas expansivas.
    Mina se estremeció, pero no por las explosiones o el caos reinante. Algo estaba pasando con Matt. El joven habia despertado y miraba al cielo con los ojos bien abiertos mientras extendia su mano hacia uno de los hilos que lo sujetaban. El hilo se volvió rojo en cuanto su puño se cerró sobre el y Mina comprendió que el destino ya había trazado un camino para Matt
    —¡No! —gritó mientras sujetaba el hilo más cercano que se comunicaba con su amigo. Sintió la energía fluir por el delicado entramado de fibras, como algo pulsante y vivo.
    Tiró con todas sus fuerzas y el hilo se volvió rojo, exactamente como el que Matt tenía en la mano.
    —¡No me rendiré Matt! —gritó con todas sus fuerzas —¡No te dejaré ir! ¿Me escuchas?
    De pronto hubo un estallido más grande o acaso muchas explosiones simultáneamente. Mina vió con horror como todos los hilos que ataban a Matt se volvían rojos como la sangre y se separaban violentamente. El joven permaneció un momento atado a ellos, como una de esas antiguas figuras religiosas atadas a una cruz…

    Mina despertó con un grito.
    Permaneció jadeando con la mano en el pecho sintiendo como el corazón latía furiosamente. La sensación de terror había sido muy real. Había visto como los hilos desmembraban a su amigo.
    —Matt….¿Que está sucediendo? —dijo mientras se tapaba la cara con ambas manos.
    Permaneció sentada en la cama mientras trataba de controlar su respiración.
    Aun sentía la vibración en sus oídos, como una especie de interferencia de fondo que la oscuridad que la rodeaba multiplicaba inexorablemente.
    Sintió un movimiento en su regazo y apartó las manos para ver. A pesar de la penumbra pudo distinguir la pequeña silueta del pequeño Kiklo sobre las mantas.
    —Ya pasó Gú. —dijo acariciando al animalito.
    —¡Luz! —exclamó y pronto la habitación se iluminó con el resplandor blanquecino de la lámpara circular del techo. Gubaba entrecerró los ojos ante la repentina luz, pero permaneció alerta con las orejas gachas, preocupado por la repentina esencia a miedo que emanaba de su dueña.
    Mina se fregó los ojos para tratar de borrar los últimos restos de las horribles imágenes que había presenciado. Las pesadillas se estaban volviendo cada vez más realistas.
    Miró la hora que flotaba el aire proyectada desde el Pad arriba de la mesita de luz. Las cinco y media de la mañana. Suspirando salió de debajo de las mantas y busco las pantuflas que estaban al pie de la cama.
    Era temprano, pero después de la pesadilla se le habían ido las pocas ganas que tenía de dormir, además Gubaba ya se había recostado en la almohada y no se atrevería a sacarlo de ahí.
    Un pequeño parpadeo en la esquina de la pantalla del aparato llamó su atención. Había mensajes en la bandeja de entrada. Estiró la mano pero se detuvo a unos centímetros del cristal, no se sentía con ganas de leer nada.
    Dejó el Pad donde estaba y se levantó de la cama. Luego de un ligero estiramiento se encaminó al baño mientras repasaba mentalmente las cosas que tenía que hacer en el dia.
    La imagen que el espejo reflejaba de vuelta no mejoró su humor, así como tampoco el indicador del nivel de agua de la ducha. Mina suspiró y se lavó la cara con agua fría, de esa forma pudo borrar los últimos restos de la pesadilla.

    Salió del baño y se quitó el camisón. Como tenía varias cosas que hacer antes de ir a la escuela se puso una remera que le quedaba bastante grande y se dedicó a ordenar su apartamento. Juntó la ropa que había usado el dia anterior y la depositó en el cesto de la lavandería, luego hizo su cama y finalmente las ganas de desayunar la obligaron a dirigirse a la cocina.
    El refrigerador estaba lleno de comida fresca que habian traido el dia anterior. Cuando ella y Akemi habían llegado por la noche a su sector de viviendas encontraron las cajas del reparto llenas de productos frescos esperandolas en la puerta de sus habitaciones. A Mina le encantaba cocinar, encontraba una relajación especial en el acto de elaborar las viandas que ella y Matt compartían cada dia en la escuela.
    Relajarse, eso era lo que necesitaba ahora. Tomó un cartón de leche y cerró la puerta con las caderas mientras pensaba en que cocinar para el almuerzo.
    Encendió la cafetera y recogió una taza del aparador de la cocina, mientras esperaba que su desayuno se preparase extrajo la máquina para cocinar arroz de debajo del fregadero y la colocó sobre la mesada. Ya se había decidido por un Bento tradicional.
    Abrió la tapa de la arrocera e introdujo las medidas correspondientes a las dos viandas, inmediatamente vertió el agua y encendió el aparato. El arroz era lo que más tardaba en cocinarse, pero Mina tenía tiempo de sobra gracias a su despertar prematuro.
    Mientras tanto la cafetera indicó con una melodía que el café estaba listo. La joven retiró el recipiente y vertió el oscuro líquido hasta poco mas de la mitad de su taza favorita, luego completó el resto con leche.
    El aroma despertó aún más su apetito así que tomó un paquete de masitas dulces de la alacena. Depositó todo en una bandeja de metal y se dirigió a la mesa del comedor.
    A través de la puerta de su cuarto pudo ver a Gubaba aun dormido sobre la almohada y conociendolo, es probable que siguiera asi durante buena parte de la mañana. Mina suspiró y entro en silencio en la habitación para tomar el Pad de la mesita de luz. Luego salió y se sentó en la mesa con la bandeja delante.
    Mientras bebía un sorbo de su taza con la otra mano trazó una serie de instrucciones sobre la pantalla de cristal que inmediatamente aumentó su brillo y proyectó una versión tridimensional de la misma frente al rostro de Mina.
    Había dos mensajes en la bandeja de entrada: Uno de ellos era del Doctor Evans y el otro de Ralph.
    La joven movió el dedo índice en dirección al pequeño icono del sobre y el mensaje de Evans se desplegó frente a sus ojos.

    Te envio los análisis espectrográficos que llegaron con la muestra del cristal, son de gente que conozco hace varios años en el campo de materiales exóticos así que puedo garantizarte que se trata de información fidedigna. Creo que encontrarás interesante la correlación entre las formaciones cristalinas de este Cuarzo y las estructuras bio-manufacturadas de los artefactos de la Protocultura encontradas hasta ahora. Se que la teoría de los Proxys no es de tu completo agrado, pero esta nueva evidencia claramente apunta en esa dirección. Te adjunto los últimos Papers sobre el tema.

    Evans.

    Al final del texto una docena de archivos se encontraban suspendidos en el aire, como pequeñas carpetas fantasmales esperando ser abiertas. Mina suspiró y usando su dedo índice dibujó un círculo alrededor de los archivos, estos quedaron automáticamente “atados” al dedo de la joven quien luego simplemente los arrastró hasta el Pad que descansaba en la mesa. Los archivos se “zambulleron” dentro del cristal y quedaron guardados en el interior del aparato.
    “Proxys”, un lindo eufemismo para referirse a la «Teoría de las Piezas de Recambio» como la llamaba ella. La carta la puso de mal humor, pero incluso asi no podia negar evidencia científica, mas si estaba correctamente documentada y bajo el riguroso control del método científico.
    La teoría de los Proxys era un tema muy controversial entre la comunidad de científicos que estudiaban a la Protocultura y las razas que habían estado en contacto con ella. Básicamente afirmaba que el motor que impulsaba a la intervención de las formas de vida nativa de los planetas explorados era simplemente logístico, que no obedecía a ningún plan de expansión o de desarrollo que beneficiaria a esas especies.
    La primera vez que Mina había leído sobre eso quedó desconcertada. Recordaba perfectamente como Evans le había explicado de qué se trataba
    —Logística… suena desagradable, lo sé. —había dicho Evans. —Pero yo estoy también de acuerdo con eso.
    —No comprendo. —había dicho Mina. —¿Como si fuéramos cosas?
    —Si… bueno, mas que “cosas” yo diría Piezas, piezas de repuesto. —había contestado el hombre.
    «Piezas». La humanidad había sido modificada, sus genes trastocados, su destino cambiado ¿Y por que? Pues para servir de piezas, de material de mantenimiento a esos seres biomecánicos que la Protocultura utilizaba para explorar el cosmos.
    —No puede ser. —había dicho Mina pensando que Evans le estaba gastando una broma (Luego sabría que Evans NUNCA bromeaba) —Si nos hubieran cambiado en simple repuestos… o herramientas o lo que sea… ¿Por qué dejarnos la Cultura? ¿Por qué dejarnos todas las características evolutivas que a la larga nos permitirían viajar a las estrellas? ¡No tiene sentido!
    —Es que supuestamente la Protocultura tenía formas de evitar esa evolución… claramente algo no salió bien durante nuestra intervención y nuestros genes se desarrollaron más allá de lo que la Protocultura necesitaba. —respondió Evans encogiéndose de hombros.
    Lo que Evans quería decir es que el agente interventor de la Protocultura debía haber esterilizado el planeta Tierra luego de conseguir los “repuestos” que necesitaba. Pero no lo hizo, sea por la razón que fuera.
    Eran demasiadas casualidades, pero más allá del azar (que existía, definitivamente el azar jugaba un papel clave en la evolución) que algo tan maravilloso y rico como la cultura humana se desarrollara a partir de unas simples herramientas… era demasiado.
    El sonido de la alarma de la arrocera interrumpió sus pensamientos. Mina levantó la vajilla de la mesa y la llevó hasta el fregadero de la cocina, luego sacó el arroz del interior de la máquina y lo dejó reposar a un costado.
    —Ridículo. —se repetía a si misma mientras abría el refrigerador y sacaba el resto de los ingredientes.
    Colocó las verduras y la carne sobre la tabla de cortar de madera y se puso a trabajar en lo que le gustaba, olvidándose momentáneamente de la misteriosa Protocultura.
    Cortó los vegetales en forma de medialunas y deshuesó cuidadosamente la carne de pollo. Luego comenzó a cocinar cada uno de los ingredientes que formaban su bento favorito. Cortó unas salchichas al medio y con una serie de precisos cortes las transformó en unos pequeños pulpos que salteó en la sartén bien caliente. Luego cocinó el pollo condimentado con salsa de soja junto con unos trozos de zapallo hasta que estuvieron bien dorados. El resto de los vegetales los hirvió por separado, las papas junto a las zanahorias, luego la espinaca y finalmente un par de brócolis. En otra sartén preparó un tamagoyaki que luego rellenó con la espinaca hervida. Finalmente preparó los bollos de arroz, dándole la famosa forma triangular y envolviendolos en las hojas de Nori.
    Mina sonrió satisfecha. Todo se veía delicioso y, lo más importante, había vuelto a sentirse relajada.
    Solo faltaba armar las cajas de Bento.
    La joven sacó dos cajas de la alacena y las colocó desarmadas sobre su mesa de trabajo. La suya era de color rojo con unas pequeñas flores de cerezo fileteadas en la tapa, la de Matt era una simple caja de plástico amarillo con las iniciales del chico grabadas con trazador negro. Mina comenzó lenta y cuidadosamente a colocar cada uno de los bocadillos en un orden particular, alternando cosas dulces con saladas, colocando los Onigiri a un lado y el pollo frito en otro, intercalando los vegetales junto con las salchichas y las papas mezcladas con las zanahorias.
    Al terminar su tarea cerró cuidadosamente las tapas, colocó el par de palillos sobre cada una de las cajas y las envolvió con las servilletas que usarían como mantel durante el almuerzo. Mina estaba satisfecha, ademas todavia tenia algo de tiempo libre.
    Comenzó a limpiar la cocina mientras el Pad que había quedado sobre la mesa del comedor informaba que ya eran las siete de la mañana, hora de prepararse para ir a la escuela.
    Al terminar de limpiar todos los utensilios de la cocina se quitó la vieja remera y se vistió con el mameluco que usaban como uniforme escolar. Era un simple uniforme de mantenimiento, nada que ver con los preciosos uniformes escolares que las chicas de su edad llevaban en las escuelas privadas que salian en los mangas que leía. La joven suspiró y se calzó los zapatos, solo faltaba tomar su bolso y meter el Bento dentro. Entonces recordó que no había leído el otro mensaje.
    Era de Ralph, seguramente en respuesta al correo que le enviara la noche anterior antes de acostarse.

    Re:Gracias por lo de esta tarde

    Me alegra que la hayan pasado bien chicos. Estaba algo preocupado por tu reacción al final de la canción de Matt, pero tu mensaje me ha dejado mucho más tranquilo. Lo que me esta preocupando un poco es como vayan a tomar esos dos extranjeros lo que sucede con las habilidades de Matt. Para quien no esté acostumbrado a la manipulación y uso de la energía del canto estas cosas pueden parecer… bueno, ya sabes; mágicas y misteriosas. Me sentiria mas tranquilo si Evans habla con esos dos y elimina todas las dudas que puedan tener.
    Con respecto a tu amigo y al otro idiota del calabozo, vuelvo a repetirte lo que te dije el otro dia: no hay chances de que activen ese robot. Los Queadlunn Rau no tienen mandos o interfaz que pueda ser manejada por un humano micronizado, a diferencia de otras armaduras Zentradis no tienen botones o palancas que empujar, son una armadura de cuerpo completo que se amolda al cuerpo de las Meltran como una segunda piel… es más; ¡Ni siquiera yo podría usar esa cosa! ¡Soy demasiado grande para esas estrechisimas cabinas femeninas!
    Espero que esto te tranquilice Mina, esos dos no podrán salir de la Colonia, al menos no en esa armadura.

    Ralph.

    Mina suspiró aliviada. Tal vez era otro de los proyectos locos de Will y realmente había cero posibilidades de que esa cosa saliese al Campo con Matt dentro. El problema era la mirada de su amigo cuando se lo confesó. Matt hablaba muy enserio y Mina lo conocía demasiado bien.
    Will podía hacer castillos en el aire, pero Matt se tomaba en serio sus metas.
    Tomó las cajas de Bento y las puso en su bolso, luego recogió el envase de leche que todavía tenía la mitad del contenido y lo vertió en el recipiente donde le daba de beber a Gubaba.
    —¡Nos vemos mas tarde Gú! —saludó en dirección a la habitación. A través de la puerta entreabierta creyó percibir un ligero temblor en la larga oreja del animalito, pero por lo demás siguió durmiendo como si nada.
    Guardó su Pad en el bolsillo del traje y tomando el canasto de ropa sucia salió al pasillo, donde Akemi ya estaba esperándola, bostezando apoyada contra la pared.
     
  13.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2898
    72



    El transporte se deslizaba en silencio por el enorme túnel de energia dimensional que se formaba durante el salto FOLD. Virya contemplaba el familiar espectáculo sin ningun interes particular, pensando intensamente en lo que les esperaba allá delante, donde los colores se fundían en una especie de luz blanquecina que parpadeaba intermitentemente.
    Llevaban casi una hora de salto, muy probablemente Kreegan ya hubiese comenzado el ataque suicida a la retaguardia del Ejército de Supervisión. Según había entendido, el ataque de Dortrad-Jen no se produciría hasta varias horas después, cuando el grueso de las tropas enemigas se encontrasen dentro del espacio dimensional y sus superfortalezas sean un blanco fácil para el ataque de pinzas de las dos flotas Zentradi.
    Semejante nivel de coordinación entre tantos millones de naves la fascinaba, aunque sabia que esa clase de pensamientos no venían de la Virya original; ahora eran varias versiones de si misma quienes habitaban su cuerpo, cada una con una voz particular que podía sobreponerse a las demás según la situación lo requiriese. Ahora que estaba inmóvil en su armadura a merced de las sacudidas que el viaje FOLD le propinaba, solo podía pensar en estrategias o recursos, lo que sea que le proporcionara una ventaja táctica sobre el combate por venir, un combate donde las superarian numéricamente y que para colmo de males encontraba al escuadrón con sus capacidades mermadas por la falta de una guerrera experimentada.
    Maya, era buena si, pero no estaba lista.
    El primer combate de una guerrera era una experiencia que se recordaba para toda la vida. Era una lástima que Maya hubiese aparecido justo en ese momento, sus chances de sobrevivir eran….
    —Cercanas a cero. —susurró en su cabeza la voz de la Virya Archivista.
    Exacto, era virtualmente imposible que sobreviviera. ¿Debería incluir la muerte prematura de Maya en sus planes de batalla? Todo dependia que que tan lejos estuviesen los Archivistas de ambos grupos rivales. Si Maya se separaba del grupo y se alejaba del combate principal tal vez podría sobrevivir lo suficiente como para que los números se balancearan a su favor.

    Un sutil cambio a su alrededor la trajo de vuelta. Virya comprendió inmediatamente que el FOLD llegaba a su fin. La burbuja que los rodeaba había empezado a perder la energía que los mantenía aislados de lo que sea que habia ahi afuera.
    La guerrera miró hacia delante, hacia la luz blanca que se acercaba.
    Podía ver algo allá, una serie de puntos luminosos al final del túnel, pálidos aun, pero haciéndose más brillantes a medida que se acercaban.
    Virya levantó el puño cerrado y luego de mantenerlo un par de segundos en alto lo abrió , agitando los dedos de la armadura. Sabía perfectamente que el resto del escuadrón había comprendido la orden y más valía que Maya también o no sobreviviría ni un segundo en el campo de batalla.
    Las distorsiones visuales temblaron y comenzaron a converger sobre si mismas. Virya respiró profundamente y se inclinó hacia adelante… tres, dos, uno… ¡Ya!

    El transporte atravesó la estela de energía que marcaba el sitio donde el Espacio-Tiempo había sido rasgado por la salida del FOLD, inmediatamente fué recibido por media docena de descargas de energía.
    El escuadrón de Virya se desplegó en todas direcciones, esquivando fácilmente los disparos enemigos, protegidas por las ondas FOLD que aún permanecían brillando contra la negrura del espacio.
    Tal y como lo había predicho, los dos escuadrones de Raus se lanzaron a la persecución de las recién llegadas.
    Incluso con toda la experiencia de Virya en combate, luchar contra otro escuadrón de élite era algo completamente diferente. Las reglas del combate normal no se aplicaban, cada guerrera era una máquina mortífera, sin puntos flojos que explotar, sin posibilidad de subestimar, cada movimiento debía ser contrarrestado al instante o la muerte sobrevendría al siguiente segundo.
    Las dos Capitanes se lanzaron contra ella, acelerando al máximo los propulsores de sus armaduras, Azul y Verde brillante, como dos relámpagos que danzaban a su alrededor.
    Virya aceptó el baile y entró al abrazo mortal que los giros cerrados y fintas certeras requerían.
    Las fuerzas G eran terribles, aplastaban a las guerreras contra el fondo y los lados de sus armaduras, hacían que sus cuerpos se estirasen y contrajeran de forma que los trajes de soporte vital apenas podían mantener la circulación de la sangre en los niveles apenas tolerables para el poderoso cuerpo Meltran.
    Las vueltas eran cada vez más cerradas, era imposible mantener a una de sus rivales sobre la mira de las armas sin descuidar exponer una mínima parte de su propia armadura al fuego de su compañera. Virya se sentía viva, mas viva que nunca. Era el combate que habia estado esperando desde siempre.
    Una dos, tres veces vió los disparos pasar a escasos centímetros de su Rau. Las velocidades que las tres guerreras estaban experimentado desafiaban toda experiencia o conocimiento previo. Se trataba de un combate único e irrepetible y por eso Virya lo disfrutaba. Sintió el calor subiendo por su cuerpo, su corazón latiendo furioso en el pecho, la respiración intensa, su cuerpo era una máquina perfecta, estaba haciendo exactamente lo que tenía que hacer, lo que estaba diseñada para hacer.
    La batalla.
    No lo vió, pero lo sientió. Rika
    Habia sido la primera en morir. ¿Como? Simplemente sintió, o mejor dicho, dejó de sentir su presencia. El espacio giraba a su alrededor tan rápido que era imposible saber cual de las decenas de explosiones que las rodeaban eran la del Rau de la chica muerta.
    ¿Habría podido abatir alguno de los enemigos? ¿Estaria alguna de las otras chicas luchando contra dos enemigos extra? La respuesta vino demasiado pronto en forma de rafagas de proyectiles en dos direcciones diferentes al mismo tiempo. Ahora eran cuatro los enemigos tras ella.
    Bien.
    Virya siguió moviéndose, más rápido, más violentamente que antes. Sus ojos se movían frenéticamente en busca de los vectores de las armas que rasgaban el espacio alrededor de ella. Cada rayo de energía que erraba el blanco le daba a Virya la posición exacta del enemigo, pero esa información solo era útil por unas centésimas de segundos.
    Abatió a uno de los Raus de un disparo en la cabeza mientras esquivaba otros tres dirigidos a su pecho. Varias marcas negras aparecieron en el rojo brillante del blindaje, había estado demasiado cerca.
    Todo el frente de su visión se llenó de puntos rojos. Misiles.
    No la preocupaban los misiles, eran armas muy previsibles, una vez que sabias como volaba uno, los conocías a todos. No importaba si eran diez o veinte, o más de cincuenta como parecían ser los que venían hacia ella desde todas direcciones.
    Virya se pasó la lengua por los labios y cargó hacia los misiles.
    Las espirales verdes se contrajeron sobre ella. Su velocidad era tan alta que los propulsores de esas armas simples no podían corregir sus vectores de velocidad lo suficientemente rápido. Para compensar eso, solían explotar antes de tiempo con la esperanza de impactar algo con la metralla producida.
    Aún estaba recibiendo disparos de sus tres perseguidores, pero incluso ellas debían compensar el movimiento salvaje del Rau que zigzagueaba erráticamente entre el enjambre de misiles. La velocidad del Rau de Virya era tal que su estela parecía otro misil más, salvo que sus giros eran más cerrados, casi formando esquinas y ángulos extraños en medio del pandemonio de explosiones, estelas y rayos de energía.
    El Rau que se había unido a la batalla tuvo que esquivar uno de los misiles y eso le dió a Virya las décimas de segundo necesarias para partirlo en dos de un disparo de su cañón de energía.
    —Dos. —dijo Virya satisfecha. El sudor había comenzado a sobrepasar la capacidad de su casco de mantenerla fresca y decenas de gotitas perlaban su rostro, pero Virya no se sentía cansada en absoluto. Parecía que su cuerpo recién estaba entrando en calor.
    Reanudó el combate con los dos Raus, Azul y verde, giraban tan rápido que a veces los colores se confundian los unos con los otros.
    Captó una imagen fugaz en su ojo derecho: el transporte donde Exsedol permanecía encerrado aun estaba intacto, ningún enemigo lo había considerado como algo que valiese la pena. ¿Habría Maya destruido a los dos Archivistas enemigos?
    Más explosiones, decenas. A su alrededor volaban los misiles ¿Serían de Tyna? Ella solía disparar sus misiles en el medio del combate, como forma de distracción.
    Volvió su atención hacia el Rau Verde, sus movimientos eran sutilmente diferentes de los de su compañera Azul. Era evidente que sólo se habían puesto de acuerdo en abatirla de cualquier forma y no estaban coordinando sus ataques… lo que era una suerte. Si realmente fueran una pareja de su escuadrón su coordinación sería perfecta, tan perfecta que podrian…
    Fanra acababa de morir. Virya se atrevió a mirar en la dirección de la explosión, arriesgándose a recibir un disparo por la espalda. Ahí estaba el Queadluun gris de Fanra, o lo que quedaba de él.
    —Dos. —dijo apretando los dientes. Había perdido dos camaradas en un mismo dia. Inconcebible.
    Se obligó a concentrarse en su batalla, a esquivar el fuego enemigo. Algo algo estaba cambiando, algo había cambiado.
    Tyna dió un grito al morir. La pobre chica no pudo mantener el silencio de radio que Virya había impuesto para la misión. Si hubiese sido en otra ocasión se habría molestado mucho. Esta vez no. Su grito fue como si uno de los cientos de rayos que pasaban a su alrededor le hubiese impactado en el pecho. Pero no, Virya seguía combatiendo, seguía viva. Rika no, ya no podría luchar nunca más, solo quedaban tres miembros de su escuadrón.
    —Y sin embargo lo sabías. —Dijo una voz en su cabeza, era la voz de Virya, la estratega, la Meltran Comandante que creaba planes en su cerebro. —Sabias que habría bajas.
    —¡No así, no las tres en una sola batalla! —contestó Virya apretando los dientes.
    —¿Tres? Mis registros indican que son Cuatro. —contestó la Virya Archivista al mismo tiempo que la presencia de Kiria se apagaba de su mente.
    —¡No! —gritó Virya sintiendo que el universo explotaba a su alrededor. —¡No! —volvió a gritar mientras giraba furiosamente para enfrentar a los cinco enemigos que la rodeaban.
    —¿Cinco contra Uno? —pareció preguntarse a sí misma la Virya Comandante. —Eso se ve muy mal. ¿Cuales son las chances…?
    —Yo diría de Trescientos Cuarenta y Ocho a Uno. —respondió Virya Archivista de forma calmada. —Si, esas serian las probabilidades.. aunque deberíamos insertar algunas variables más ¿verdad? Al fin y al cabo Virya no es una Meltran común..
    Una terrible sacudido la arrancó de aquella conversación sin sentido dentro de su cabeza. Su armadura estaba quieta.
    Cuatro Raus enemigos la tenían inmovilizada, sujetando fuertemente cada una de sus extremidades. Frente a ella, los Rau Azul y Verde flotaban a unos escasos veinte metros de su cabina mientras apuntaban los cañones de sus brazos hacia su pecho.
    —No disparan. —dijo la Virya Archivista. —¿Será que…?
    —Es evidente. —respondió la Virya Comandante. —Saben que en cuanto nos destruyan ambas volverán a ser enemigos, quién dispare primero será la siguiente en morir.
    —Mmm… —pareció meditar la Virya Archivista. —Sería muy simple si se pusieran de acuerdo en disparar al unísono.
    —Son simples guerreras. —dijo la Virya Comandante. —No tienen esa capacidad de razonamiento. No son como nosotras.
    Virya gritó y se sacudió, pero su armadura no tenía la fuerza suficiente para librarse de los cuatro Raus, era imposible.
    La guerrera suspiró y se rindió, no había nada por hacer. Soltó los mandos al final de cada brazo y se inclinó hacia atrás, apartando la vista de la pantalla y los indicadores de daño que parpadeaban por toda la cabina. Ahora solo veía el techo, iluminado tenuemente por las luces rojas de las alarmas.
    Cerró los ojos.
    Su cuerpo se había relajado, como si el hecho de abandonar la lucha hubiese liberado toda la presión contenida y los músculos simplemente se apagaran al unísono. Era hasta reconfortante.
    —Interesante. —dijo la Virya Archivista. —Estoy segura que esta situación sería una experiencia muy interesante para el Archivista Exsedol… no debe tener ni siquiera un registro sobre algo similar a esto en todos esos datos y memorias que guarda en su cabeza.
    —Es una situación muy particular. —opinó la Virya Comandante. —Una situación en que ninguna de las tres puede hacer nada. ¿No es así?
    —Coincido. Ni la inteligencia de Kreegan o el conocimiento de Exsedol, ni siquiera la agilidad de Virya la Meltran puede salvarnos ahora…. pero tal vez….
    —¿Tal vez?
    —¿Ya lo has olvidado Virya? —dijeron las voces en su cabeza.
    Si, claro que lo había olvidado. Habían pasado tantos ciclos que se había acostumbrado a esa parte desconocida y extraña. Pero era cierto, las voces tenían razón, no podía desconocer la totalidad de las partes que la formaban.
    Virya la Meltran, Virya la Comandante, Virya la Archivista.
    Virya la Zentran.
    La presencia de Tyna se desvaneció en medio de una explosión en su cabeza y borró todo resto de dudas que podía albergar.
    Abrió los ojos que ahora eran rojos como la sangre. Necesitaba ser fuerte, necesitaba superar los límites de su cuerpo y solo había una forma.
    Sintió la cosa entre sus piernas, la cosa que colgaba y no tenía nombre, la cosa que ocultaba cada vez que cambiaba su traje de vuelo y había alguna compañera cerca. La parte extraña… la cosa Zentran.
    Su corazón comenzó a latir diferente, lo sentía retumbar en el pecho con un sonido extraño, como si de pronto bombeara un volumen mayor de sangre.
    Sintió la sangre fluyendo hacia abajo, llenado la cosa, inflandola. El traje apretaba su entrepierna, aplastando la cosa contra el tejido del traje de vuelo…. algo terrible estaba sucediendo.
    —Testosterona. —dijo Virya Archivista de pronto con una voz extraña, más gruesa. —Nuestro cuerpo está produciendo Testosterona! —repitió sin saber lo que significaba la palabra.
    Su cuerpo tembló y los músculos se expandieron de pronto, violentamente, como la cosa en su entrepierna.
    —!Este es el poder de los Zentran! —exclamó la Virya Comandante. —¡Ahora tienes todo el poder de los Zentradi en tus manos!

    —Fanra
    —Rika
    —Kiria
    —Tyna

    Virya repitió sus nombres. —Fanra, Rika, Kiria, Tyna. Los repitió una y otra vez. —Fanra, Rika, Kiria, Tyna.Fanra, Rika, Kiria, Tyna.Fanra, Rika, Kiria, Tyna.
    El silencio en el campo de batalla era total. Solo la voz de Virya se escuchaba por el canal de comunicaciones general.
    —Fanra, Rika, Kiria, Tyna. Fanra, Rika, Kiria, Tyna. Fanra, Rika, Kiria, Tyna
    Solo repetía sus nombres, como si las palabras tuvieran otro significado, algo más que unos simple sonidos que servían para crear los nombres de sus compañeras.
    —Fanra, Rika, Kiria, Tyna. —Repitió Virya, modulando la voz, a veces más aguda, a veces más grave.

    A varios kilometros de ahi, en el transporte que había quedado olvidado fuera del campo de batalla, Exsedol se sobresaltó.
    Escuchaba a Virya a través del canal de comunicaciones, así como lo hacía el resto de las guerreras que en ese momento aún combatían entre ellas.
    —De-Deculture! —exclamó mientras su cabeza temblaba violentamente.
    Lo que estaba haciendo Virya… no estaba simplemente recitando los nombres de sus compañeras muertas en batalla… la forma de decir cada nombre, de modular la voz… no, no podía ser.

    Virya apenas entraba en la cabina del Queadluun Rau. Su cuerpo se había expandido en todas direcciones debido al repentino crecimiento de su masa muscular. Sin perder un momento, presa de un frenesí de violencia insospechado, movió su cuerpo como nunca creyó poder hacerlo.
    Virya volvió a combatir.
    Acaso su fuerza se trasmitió de alguna forma al Rau o fueron sus propios músculos los que movieron brazos y piernas de la armadura. La repentina violencia desatada por el movimiento de su nuevo cuerpo tomó por sorpresa a los Queadluuns que la sujetaban de los brazos.
    Con la mano izquierda aplastó la cabeza de uno de ellos hasta que vió como la sangre de quien estuviese en la cabina salía a borbotones por entre el metal retorcido. Con el brazo derecho arrastró a la otra impotente armadura de forma que recibió de inmediato los disparos de los Raus Azul y Verde, quienes reaccionaron de inmediato al despertar de Virya.
    Pero no lo suficientemente rápido..
    Su improvisado escudo explotó de inmediato, pero esas milésimas de segundos de confusión extra bastaron para que los demás Raus soltaran sus piernas y Virya pudiera salvar la distancia que la separaba de la armadura Verde, cuyo brazo aun estaba disparando hacia el lugar donde momentos antes estuviera la inofensiva Virya.
    Creyó escuchar el “Debura!” de la piloto mientras su puño se introducía sin resistencia en la cabina y soltaba una descarga completa sobre el rostro de la desdichada.
    La explosión la hizo retroceder, pero ya no importaba. Sintió el cañón del Rau Azul dirigirse hacia ella y no había forma de esquivar el ataque, estaba demasiado cerca…
    El rayo verde cruzó perpendicularmente al Queadluun Azul. Virya vio incrédula como la energía que había comenzado a calentar el cañón del arma que apuntaba a su cabeza se apagaba de pronto, la explosión del Rau vino segundos más tarde.
    Maya y Melia habían llegado, contagiadas por la violencia de Virya, descargando sus armas sobre los restantes enemigos ahora desorientados por la muerte de sus Capitanes, convirtiendo el campo de batalla en un caos de fuego y sangre.
     
  14.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2782
    73




    —¿Funes? —preguntó atónito Evans.
    —Así es —respondió Amanda. —Usted parece ser la última persona que habló con él en esta Colonia.
    El hombre se rascó la cabeza confundido. —Pero eso… eso habrá sido hace casi siete u ocho años Amanda…. no le he vuelto a ver desde entonces.
    La Capitán chasqueó la lengua disgustada. —Mierda.
    Evans dejó el Pad sobre la repisa donde varios instrumentales médicos yacían acomodados en perfecto orden. Todo el consultorio médico estaba reluciente y en excelentes condiciones. —Hacía muchos años que no escuchaba nombrar a Funes.—dijo el médico cruzándose de brazos. —¿Por qué lo buscas justo ahora…? ¿Es por…?
    —Virya. —respondió la mujer. —Necesito saber mas sobre esa Meltran.
    —Virya. —repitió Evans pensativo. —Otra vez el fantasma de esa guerrera. Dime Amanda ¿Enserio quieres seguir con esto? Si la Directora…
    —La Directora me ha dado su voto de confianza en lo que a manejar esta operación y todos sus detalles respecta. —dijo cortando secamente al médico.
    Evans suspiró y movió la cabeza resignado. —Como sea, no es asunto mío Capitán, pero con respecto a Funes, si sigue escondido en el Interior como parece dudo mucho que pueda encontrarlo… asumiendo que siga vivo por supuesto.
    Amanda había permanecido apoyada en el marco de la puerta del consultorio todo el tiempo. De pronto echó una mirada al pasillo y al comprobar que no había nadie entró a la habitación y cerró la puerta tras ella.
    —Las comunicaciones con la Red Galaxy están cortadas —dijo tomando asiento frente al escritorio de Evans. —Puede ser cuestión de días o tal vez un mes entero de incomunicación como la última vez, no puedo arriesgarme a quedar sin información, no en un momento como este.
    El hombre asintió con gravedad. —Entiendo. Aún así recurrir a Funes… digo, él no está completamente en sus cabales. ¿Recuerdas?
    —Lo se. —contestó la mujer mientras acomodaba la gran trenza sobre su regazo. —Espero que estos años de soledad no lo hayan trastocado aún más.
    Evans tomó asiento en su sillón y apoyó los brazos sobre el escritorio, como si en realidad estuviese discutiendo un diagnóstico complicado con una paciente querida. —¿Por qué la prisa?
    Amanda miró fijamente al médico antes de responder. —Tenemos la localización de la armadura, pero con el caos en que quedó el Campo luego del incidente del otro día no estaremos seguros de la posición por mucho tiempo.
    —¿A qué te refieres?
    —Con cada colisión, cada rebote de las incontables piezas que hay ahí fuera, cada vez será más difícil calcular la posición con respecto a la última localización conocida.
    —Entiendo. —dijo Evans reclinándose hacia atrás. —Pero el transporte no estará reparado hasta dentro de dos semanas.
    —Enviaré un Drone de Observación. —respondió la mujer. —Si no puedo rescatarla al menos obtendré imágenes claras de esa armadura y solo Funes puede darme las respuestas que necesito.
    Evans se cruzó de brazos y miró con atención el rostro de Amanda, como si tratara de penetrar en los incomprensibles pensamientos de la mujer. Suspiró profundamente y miró hacia una de las paredes, donde una lámina colgada de la pared representaba un esquema de las entrañas la Rainbow, dibujada como si un cuchillo la hubiese cortado al medio. Había cientos, tal vez miles de pasajes, escotillas, cubiertas y recintos de todo tipo.
    —El Interior es un maldito Laberinto. —dijo Evans. —Si Funes no quiere ser encontrado da por seguro que no lo lograrás.
    Amanda miró la lámina con interés. —Tass puede localizarlo. Hal puede enviar uno o todos sus drones de infiltración dentro del laberinto. Tenemos el equipo y el personal adecuado, podremos encontrarlo si nos lo proponemos.
    El hombre asintió. Tass, Hal, incluso el idiota de Will, eran jóvenes extremadamente talentosos, cada uno de ellos un verdadero experto en el área que los apasionaba.
    —De acuerdo. —dijo. —Revisaré mis notas de hace ocho años atrás a ver si encuentro algo de relevancia que nos permita ubicarlo. Te enviaré un mensaje si encuentro algo. —mientras decía esto volvió a inclinarse sobre el escritorio a la vez que extendía las manos sobre un rectángulo de madera más oscura que el resto. Un teclado holográfico se elevó desde la superficie y se colocó a la altura de las manos del médico.
    —Algo….. más. —dijo Amanda algo dubitativa.
    —¿Que cosa?
    —Es sobre… —una serie de golpes en la puerta la interrumpieron.
    —Disculpa. —dijo Evans levantándose del sillón. —Es Hitomi, ya lleva un rato esperando.
    La puerta se abrió despacio y una joven de veinte años se asomó tímidamente por la puerta. —¿Doctor Evans..? —preguntó.
    —Pasa Hitomi, adelante, ya estaba terminando.
    La joven entró al consultorio seguida de su pareja. Se sorprendieron al ver a la Capitán Amanda en la habitación y la saludaron cordialmente.
    —Buenos días Hitomi. —respondió Amanda al saludo mientras se ponía de pie. —¿Cómo está esa bebé?
    La joven sonrió tímidamente mientras acariciaba su prominente vientre. —Ya estoy entrando al Octavo mes. —dijo.
    —¿Ya has elegido el nombre?
    —Aún no, estamos en eso. —dijo con una risa mientras miraba a su pareja, quien la abrazó dulcemente. —Tenemos un par que nos gustan mucho pero nos cuesta decidirnos por uno.
    —Estoy segura que elegirás uno bonito. —respondió la mujer mientras se calzaba la gorra de Capitana y se dirigía hacia la puerta. —Perdón por robarles a Evans un rato, ahora los dejo tranquilos.
    La pareja saludó con una pequeña reverencia y Amanda salió de la clínica con mas preguntas que respuestas. Al menos la visita no había sido del todo en vano. Ver ese diagrama en el consultorio de Evans le había dado una idea.
    Un transporte eléctrico estaba aparcado en la entrada de la Clínica. La mujer se subió al asiento del acompañante mientras extraía el Pad de su bolsillo y marcaba una serie de instrucciones.
    —¿Volvemos a La Torre? —preguntó Dan mientras se acariciaba la barba.
    —Aún no. —dijo levantando la vista. —Llévame a las barracas.
    Dan levantó una ceja con un gesto de sorpresa, pero Amanda no le prestó atención y siguió concentrada en la pantalla del aparato. —Entendido. —dijo mientras consultaba la ruta al ascensor más cercano y ponía en marcha el vehículo.

    ----------------------

    El ruido fue ensordecedor. Hal y Nix dieron un salto y casi dieron vuelta la mesa donde estaban sentados charlando durante el desayuno.
    —¡Ralph! —Gritó Hal encaramándose a la barandilla que delimitaba la cubierta donde los operarios descansaban o preparaban el trabajo de escritorio.
    Ante él se abría un espacio enorme, de unos treinta metros de altura, ochenta de anchura y más de un centenar de metros de lado. Parecia mas un dique para reparar buques mercantes que una oficina, sin embargo ese era el lugar donde Ralph trabajaba dentro de la Colonia.
    El gigante estaba agachado, recogiendo algo que se había caído al suelo y había producido el terrible estruendo.
    —¿Estas bien? —preguntó Hal mientras veía a la mole de su compañero incorporarse hasta que su rostro estuvo varios metros por encima del piso de la pasarela.
    —Si, no pasa nada, solo se me cayeron las tenazas.
    Hal soltó una maldición y volvió a la mesa donde Nix estaba levantando las tazas y papeles que se había caído durante el alboroto.
    Ralph miró la enorme herramienta. No sabia como, pero se habia distraido una fracción de segundo y el enorme objeto se había simplemente deslizado de su mano. Era una suerte que el piso de los lugares por donde Ralph tenía asignado el paso estuvieran prohibidos para el resto de los operarios. Cualquiera de las herramientas que manipulaba el gigante pesaban varias toneladas y un simple casco de seguridad no bastaría para evitar una muerte horrible. Ralph suspiró y colocó las enormes tenazas en un nicho de la pared de metal.
    —Dos accidentes de trabajo consecutivos. —dijo Nix mientras levantaba las sillas. —Eso es un record hasta para ti Ralph.
    —¿Dos? Crei que fueron tres.
    —Cuatro si contamos la travesura de Will. —dijo Hal vertiendo café en la taza vacía. —Adiós al bono extra de seguridad laboral de este mes.
    El gigante suspiró y levantó el enorme traje espacial que usaba para salir al campo. —¡Gancho! —gritó.
    Desde el techo un enorme brazo de grúa se desplegó y un guinche descendió unos cuantos metros hasta la altura del enorme operario. Ralph tomó el pesado traje y pasó el enorme gancho de metal por una anilla especial destinado a colgarlo de la grúa. —!Subelo! —volvió a gritar.
    La grúa se puso en movimiento y el traje se elevó hasta quedar suspendido a varios metros por encima del suelo. Ralph tomó una enorme lámpara de mano, probablemente una luz de guia de alguna fragata o carguero espacial y se puso a examinar el traje en busca de daños.
    —¿Como se ve eso? —preguntó Nix encaramándose a la barandilla.
    Ralph murmuró algo entre dientes y deslizó su mano por el tejido que formaba la parte delantera del traje. —Esto parece un puercoespín. —dijo. —Hay esquirlas de metal por todos lados.
    —No me extraña, de no haber sido por el pedazo de casco que nos protegió ahora estariamos definitivamente muertos ahí afuera. —exclamó Hal mientras bebía un sorbo de café. Ambos trabajadores contemplaron en silencio como el gigante tomaba un enorme cepillo compuesto por miles de alambres y repasaba varias veces las partes exteriores del traje. Una brillante lluvia de esquirlas y fragmentos metálicos pronto comenzó a caer desde lo alto.
    Todo el proceso duró unos quince minutos. Luego de cerciorarse que no había más fragmentos clavados Ralph tomó un gran trozo de lo que parecía ser un pedazo de carbón y comenzó a hacer marcas circulares alrededor de los hoyos más importantes del traje.
    Nix dió un silbido de sorpresa cuando Ralph dibujó el décimo quinto círculo sobre la trama. —Eso tiene más agujeros que tus calzoncillos Ralph.
    El gigante retrocedió y observó con cuidado el entramado de marcas que cubría todo el frente del traje. —La espalda no tiene marcas. —dijo. —Pero el frente va a llevar un buen rato para emparchar ¿Como estamos de Resina Polymerica?
    —Debe quedar la mitad de un barril y hay otro cerrado en depósito. —respondió Hal bajando la vista del Pad que había consultado.
    —Tsss! —exclamó Nix. —Y la Rio Grande acaba de irse….
    —Nos será suficiente con un barril. —dijo Ralph. —Denme una mano con el casco.
    Hal y Nix se levantaron de la mesa y se acercaron a una enorme plataforma móvil a un lado de la cubierta. Hal activó la consola de control y las enormes barreras de seguridad se abrieron a cada lado, dejando sitio para que Nix empujara dentro un caballete hecho de una estructura de tubos que estaba montado sobre ruedas de acero.
    —Listo Ralph.
    El gigante levantó el casco del traje de vuelo y esperó que la plataforma bajara hasta la altura de su pecho, entonces lo ubicó con cuidado boca arriba sobre el caballete. En cuanto hubo retrocedido unos pasos Hal volvió a activar la barrera y la plataforma volvió a la altura de la cubierta del personal Microniano.
    Una vez arriba, Hal ayudó a Nix a meterse dentro del casco usando una escalera plegable.
    —¿Y? —preguntó Ralph al cabo de varios minutos.
    Nix asomó la cabeza por el borde del casco mientras sostenía la linterna con la que había estado examinando el interior del equipo. —Se ve bien, nada parece haber penetrado la capa interior.
    Hal asintió y miró con cara de preocupación el exterior abollado del casco. —Me gustaría hacer una prueba de hermeticidad en el tanque seis, por las dudas. —dijo.
    —¿Crees que es necesario? —preguntó Nix sentándose en el borde.
    —Por supuesto que es necesario. La seguridad es prioridad total en esta instalación.... espero que no lo hayan olvidado —dijo la voz de Amanda.
    Los dos hombres se dieron vuelta sorprendidos mientras Ralph fruncía el ceño. ¿Amanda en las Barracas? Eso no podía ser.
    —Buenos días caballeros. —saludó la Capitán entrando a la cubierta. Nix saltó como pudo fuera del casco y se ubicó al lado de su amigo mientras Ralph se adelantaba hasta que su enorme rostro estuvo justo detrás de sus colegas.
    —¿Como estas de tus heridas Ralph? —preguntó mientras se detenía frente a los hombres.
    El gigante sonrió. —Como nuevo Jefa. —dijo inflando el pecho.
    Amanda se cruzó de brazos y asintió. —Excelente, porque tengo un trabajo para ti.
    Los tres hombres se miraron. —¿Acaso hacemos otra cosa que no sea trabajar para ti? —preguntó Nix pero la broma no pareció divertir a nadie. —Lo siento. —murmuró avergonzado.
    Amanda ignoró el comentario del hombre y continuó mirando fijamente a Ralph. —necesito que traigas un container del depósito central, es un clase 4, código CM-666
    —CM-666, lo tengo. —dijo Ralph. —¿A donde lo llevo?
    —Tráelo aquí.
    —¿Aquí mismo? —preguntó Hal confuso mientras Ralph se alejaba de la plataforma en dirección a la compuerta de salida.
    —Necesito estar a nivel del piso. —dijo señalando la cabina de control que sobresalía unos metros de la plataforma. —¿Puedes bajarnos Hal?
    El hombre se rascó la cabeza. —Es contra el protocolo de seguridad bajar al nivel del piso cuando Ralph está trabajando. —respondió.
    —Es bueno saber que al menos mis hombres saben las reglas. —dijo la mujer. —Es una orden.
    Hal se encogió de hombros y se dirigió hacia la cabina mientras murmuraba algo ininteligible. Nix suspiró y se encaminó hacia el guardarropas mientras Amanda contemplaba el enorme casco dado vuelta sobre su soporte.
    —Al menos póngase esto, jefa. —exclamó Nix alcanzado un casco de seguridad amarillo a la mujer. —Hoy quiero estar con la conciencia limpia.
    Amanda aceptó el casco y quitándose la gorra se lo ajustó firmemente a la cabeza. Nix comprobó que estuviera bien seguro e inmediatamente se puso el propio. —Todo listo. —exclamó levantando el pulgar, señal que Hal esperaba para iniciar el descenso de la plataforma.
    Las puertas que daban al pasillo de acceso se cerraron automáticamente para evitar que un visitante inoportuno callera al vacio mientras la plataforma estaba en el lugar más bajo. Una vez que estuvieron aislados toda la cubierta comenzó a descender lentamente los diez metros que la separaban del fondo del recinto.
    El procedimiento tardó varios minutos. Cuando finalmente toda la cubierta llegó al nivel del suelo con un estruendo las barandillas se plegaron sobre sí mismas y dejaron acceso total al enorme espacio vacío. Amanda fue la primera en bajar. Caminó un par de metros por la cubierta metálica mientras examinaba con curiosidad el techo. De pronto se detuvo y bajando la vista observó un sitio donde las enormes placas del metal se había hundido varios centímetros dejando un enorme desnivel de casi metro y medio de diámetro. La mujer observó el agujero y luego miró a los hombres como exigiendo una explicación pero Hal y Nix miraban distraídos el techo y parecieron no darse cuenta… o al menos fingieron no hacerlo.
    Para entonces el estruendo causado por las pisadas de Ralph era ya audible al fondo del recinto. Al cabo de un minuto toda la pared posterior del dique se elevó y Ralph entró llevando un enorme contenedor en sus brazos.
    —Se supone que tenías que usar un carro para mover esas cosas. —lo amonestó Hal.
    Ralph no respondió y se limitó a depositar la pesada carga en el centro del dique, bien lejos de los tres pequeños micronianos que lo observaban con admiración.
    A pesar de la seguridad del gigante era obvio que el esfuerzo lo había agotado. Después de todo el contenedor era enorme; diez metros de largo por seis de ancho y cuatro de alto. Estaba pintado de naranja como todos los contenedores estándar de mercancías de ese tipo y tenía las marcas de identificación algo gastadas por el uso.
    —CM-666 —dijo Ralph. —Aquí lo tienes.
    Amanda avanzó hacia el contenedor mientras extraía su Pad. Luego de consultar algo lo volvió a guardar y activó el panel de control de seguridad. Una vez que la pantalla se encendiera y un panel de números y letras apareciera frente a ella, marcó un código de seguridad y una serie de ecos resonaron dentro del mismo.
    —Listo, puedes abrirlo Ralph.
    El gigante se acercó y tomando los lados del contenedor tiró hacia arriba. Debajo había un bulto grande, envuelto con una lona gris.
    —No se queden parados ahí. —dijo la mujer señalando a los dos obreros.
    Nix y Hal asintieron y comenzaron a retirar las cuerdas que sujetaban la lona a la base del contenedor. En cuanto la última cuerda hubo sido soltada Ralph retiró la tela como si cambiara las sábanas una cama de su tamaño.
    El ruido que hizo Hal al caer sentado al piso fue casi tanto o más estruendoso que el de la herramienta de Ralph.
     
  15.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2048
    74



    —Se acabó el tiempo!
    Silvia dejó la tiza electrónica en uno de los bolsillos de su guardapolvo mientras dirigía la vista hacia la fila de pupitres donde los chicos “grandes” habían finalizado su prueba escrita de Inglés. —Matt ¿Puedes recoger las hojas?
    El muchacho del cabello rojo asintió y tomando sus propias hojas se levantó del asiento. Mina, Akemi y Manuel recogieron las suyas y se las pasaron a Matt mientras este recorria los pupitres.
    —Gracias Matt. Ponlas sobre mi escritorio y apenas termine con cuarto Grado las corregiré.
    Mientras el joven cumplia la orden Manuel comenzó a reorganizar los pupitres de forma que volvieran a formar la gran mesa grupal que solían usar en las clases normales.
    —¿Como te fue? —preguntó Akemi a Manuel mientras empujaba las sillas para hacer lugar a las mesas.
    El joven suspiró resignado. —Todavía no logro comprender porque tenemos que estudiar inglés existiendo los malditos traductores universales. —dijo señalando el Pad de Akemi sobre su escritorio.
    La joven chasqueó la lengua. —Es bueno aprender otro idioma tonto, hace trabajar el lado opuesto del cerebro que usas para tu lengua natal.
    —Además. —agregó Mina, —Al contrario de una computadora, tu cabeza funciona las veinticuatro horas del dia Manu, y es mucho más fiable que una simple máquina.
    —Y ni hablar de la mejora substancial que logras cuando intentas cantar una canción en Inglés. —dijo Matt sentándose cansado en una de las sillas.
    Mina miró preocupada al joven. —¿Estas bien Matt?
    Manuel y Akemi tomaron asiento junto a sus amigos. —De seguro estuvo estudiando toda la noche. —dijo Akemi mientras guardaba su Pad en la mochila.
    —Y encima te perdiste de ver a la Inspectora con solo una toalla. —bromeó Manuel dando un codazo a su amigo. Akemi le arrojó una mirada amenazadora pero ni Matt ni Mina parecieron darse cuenta.
    —Como sea. —dijo Manuel cambiando de tema con tal de evitar las represalias de su amiga. —¿Cómo está tu mano Matt?
    El joven levantó la mano derecha y la mantuvo en alto para que sus amigos la examinaran. Se había quitado el vendaje y solo un pequeño enrojecimiento en los nudillos denotaban la presencia de la herida.
    —Se ve bien. —observó Akemi.
    El salón comenzó a oscurecerse lentamente. La profesora Silvia había accionado las cortinas de las ventanas que automáticamente se estaban bajando para proporcionar el ambiente adecuado para una presentación de imágenes.
    Una de las niñas de sexto grado se puso de pie y adelantándose hasta estar cerca del pizarrón/pantalla comenzó a dar una lección.

    —El cúmulo globular de Brisingr se encuentra ubicado en la región periférica del Brazo Escudo Centauro, en el otro extremo de la Vía Láctea. Su exploración comenzó en el año 2025 dando como resultado el descubrimiento de más de veinte planetas habitables, muchos de ellos con poblaciones nativas de civilizaciones creadas por la Protocultura.
    La profesora Silvia asintió con la cabeza y dirigiendo la tiza hacia la pantalla hizo aparecer un diagrama del cúmulo de estrellas. —¿Puedes nombrar los planetas más importantes del cúmulo, Luci?
    La niña estaba visiblemente nerviosa, lentamente se dió vuelta para mirar la imagen y señaló con el dedo un par de estrellas que se encontraban resaltadas sobre el fondo oscuro. —Los principales mundos habitados son Windermere, Ragna, Vordor y As… Al… Alj…
    —Alshahal. —dijo Silvia divertida. —A mi también me costó aprenderlo.
    Los niños de la clase se rieron y Luci se sintió más relajada.

    —Tu habilidad se vuelve cada vez más potente Matt. —dijo Akemi mientras señalaba las manos del joven. Vi con mis propios ojos cómo curaste los golpes de Ralph por y esta vez no solo fué una mejoría, creo que lo sanaste por completo.
    —¿Que sintieron? —preguntó el joven pelirrojo de pronto. —¿Notaron algo diferente esta vez?
    Manuel se cruzó de brazos intentando recordar la sensación. —No se como explicarlo exactamente. —dijo cerrando los ojos. —Se sintió diferente que otras veces, pero no puedo decir por que..
    —A mi me pasó igual. —comentó Akemi con interés. —La música era la misma de siempre, pero cuando cerré los ojos la sensación era diferente. ¿Evans estuvo probando algo nuevo?
    Matt sacudió la cabeza. —No. —dijo. —El Doctor no estaba ayer en el piano.
    De pronto Mina tomó la mano de Matt y la examinó con cuidado. —A ti no te hizo tanto efecto como a Ralph. —dijo preocupada.
    El contacto cálido de las manos de Mina hicieron que el joven se sonrojara de inmediato. Manuel y Akemi se rieron disimuladamente e intercambiaron una mirada cómplice. —Deberías dar prioridad a tus propias heridas antes que a las de los demás Matt. —agregó.
    El joven se encogió de hombros y miró la pantalla del salón, donde Luci continuaba dando su lección sobre el Cúmulo Brisingr y sus curiosos habitantes. —¿Y tú qué sentistes, Mina? —preguntó cómo por casualidad.
    Ahora fue el turno de Mina de sonrojarse. Soltó la mano de su amigo colocó sus manos en el regazo. —Yo… también lo noté…. diferente Matt. —dijo dubitativa.
    El joven volvió la cabeza y su mirada se cruzó con la de Mina. Algo en la forma en que la chica lo miraba desató un cambio, una reacción en la mente de Matt. De pronto sintió algo que no había sentido nunca y el tiempo pareció detenerse.
    —¡Matt! —Silvia golpeó suavemente la cabeza del chico con el Pad. —Te estoy hablando.
    El joven reaccionó al golpe y levantó la vista confundido. —¿Que…?
    —Te pregunté si podrías nombrar algún producto del Cúmulo Brinsingr que hayas probado en la Colonia. —dijo ya resignada. —Olvidalo…. ¿Mina...?
    La joven suspiró, el momento mágico había pasado para siempre. —Las manzanas de Windermere. —dijo.
    —Muy bien, las manzanas del planeta Windermere son famosas en toda la Galaxia… ¿Alguien sabe porque...?
    Aparentemente nadie del salon lo sabía. Silvia escrutó uno a uno los rostros de sus alumnos pero al parecer ninguno de los chicos conocía la respuesta. —¿Nadie se anima a adivinar al menos?
    Silencio. Ahora fue el turno de la profesora Silvia de suspirar. —¿Mina?
    —Las manzanas que crecen en Windermere no se oxidan. —dijo la joven como mencionando algo que debía de ser conocimiento general.
    —¿Como? —preguntó Manuel mirando primero a Mina y luego a Silvia.
    La profesora asintió. —Las manzanas que la humanidad trajo desde La Tierra suelen oxidarse una vez que la fruta es pelada o cortada. La variedad que crece en el planeta Windermere sin embargo no tiene este problema y los gajos mantienen su color claro durante días sin necesidad de tratarlos con algún antioxidante.
    —En el bento de hoy puse algunos gajos de manzanas de Windermere. —dijo Mina sacando su caja de debajo de pupitre. —¿Quieren ver?
    Los niños se acercaron y formaron un círculo alrededor del grupo de bancos de los chicos grandes. Mina quito la tapa de su caja de Bento y procedió a mostrar a todos los delicados gajos de la manzana que había cortado de forma que parecieran pequeñas liebres. —Como ven el color del interior de la manzana sigue siendo el mismo que apenas cortada. —explicó Silvia a los niños.
    La vista de los exquisitos bocadillos produjo más de un rugir de estómago entre los alumnos, cosa que desató varias carcajadas entre los más pequeños.
    —Bueno. —dijo Silvia apagando la pantalla. —Ya que estamos todos con hambre y a la vista de semejante delicias ¿Que les parece si almorzamos ahora?
    Los chicos asintieron con varios gritos y comenzaron a sacar sus cajas y viandas para el almuerzo. Las luces se encendieron y las ventanas volvieron a abrirse para que la luz de las ventanas panoramicas entrase al aula.
    Mina tomó la caja de Matt y se la alcanzó mientras sacaba el mantel y ordenaba la mesa. El joven tomó su vianda con ambas manos sin apartar la mirada de su amiga,
    —¿Y ese planeta solo exporta Manzanas? —preguntó Akemi.
    Silvia miró a la joven y asintió lentamente. —Así es. Windermere es una sociedad con muy poco desarrollo industrial y casi todas sus exportaciones son derivados de la agricultura. Lamentablemente es una situación muy común en los planetas de la periferia.
    —¿”Lamentablemente”? —preguntó Matt intrigado con los palillos en la mano,
    Silvia asintió. —Porque es una de las prácticas favoritas del Gobierno Unificado para mantener el control de las economías fronterizas.
    —¿Control? —Akemi miró con curiosidad a la profesora mientras sacaba su comida de la lonchera. —¿Control económico?
    —Al mantener un gran desequilibrio de la balanza comercial entre lo que el planeta importa y lo que exporta se logra limitar el desarrollo de la sociedad. —explicó la maestra. —En el caso de Windermere, pocos recursos naturales y una sociedad estratificada del tipo feudal hacen que este tipo de presión comercial sea más efectiva todavía.
    —¿No hay un gobierno civil en Windermere? —preguntó Manuel.
    —Es una monarquía. —dijo Mina. —El Reino del Viento.
    —Que primitivo. —opinó Akemi mientras daba un mordisco a su sándwich. —Aunque eso de un reino con princesas, caballeros y todo lo demás… suena muy pintoresco ¿No?
    Los demás asintieron pero Silvia frunció el ceño. —Windermere es un planeta con muchos problemas. —dijo mientras se cruzaba de brazos. —Y los políticos no hacen nada para apaliarlos. Hay un gran descontento de la población debido a la presión que el Gobierno Unificado ejerce sobre los planetas de la periferia para que importen casi todos los bienes de consumo desde los planetas manufactureros cercanos a La Tierra. Ya hubo varios incidentes en el pasado y podrían escalar aún más en el futuro, además los Windermerenses tienen un gran factor militarista en su cultura, creo que el Gobierno Unificado debería cambiar su actitud con las demás razas hijas de la Protocultura o arriesgarse a rebeliones masivas a lo largo de toda la periferia de la Galaxia. Ya ocurrió así una vez con los Zentradi.
    Akemi y Matt asintieron en silencio. Manuel dejó sus palillos a un lado y miró a Silvia a los ojos. —Parece que no somos los únicos con ganas de librarnos del Gobierno Unificado ¿No?
    Mina tosió y pareció atragantarse con el bocadillo. Silvia en cambio sonrió. —Pero nosotros no somos guerreros. —dijo.
    —¿Pero tenemos posibilidades de lograr la independencia? —preguntó Akemi
    La Profesora Silvia asintió. —Si. —dijo seriamente. —Las condiciones ya están dadas para el cambio y la fundación Unity está llevando a cabo las gestiones necesarias. Si todo se mantiene en marcha y de acuerdo a lo planeado tendremos total independencia civil y económica antes que acabe el año.
    —¿Entonces los rumores son ciertos? —preguntó Matt.
    —No se de que rumores hablas. —contestó la maestra. —Si hablas de esos que dicen que Unity va a conseguirnos un planeta para nosotros solos… creo que es una exageración, una muy grande exageración.
    —¿Pero entonces seguiremos siendo una flota inmóvil? —Manuel bebió un sorbo de jugo de naranja y suspiró satisfecho. —¿Nos quedaremos en este cementerio de naves Zentradi para siempre?
    —Eso lo decidiremos en una asamblea, —dijo Mina muy seria. —Será la mayoría la que elija qué hacer.
    Matt mordió uno de los Onigiri y lo saboreo en silencio mientras seguía con interés la discusión de sus amigos. La política no le interesaba demasiado pero lo que estaba sucediendo en la Colonia en esos momentos sería clave para el futuro.
    —Pero Unity es la dueña de la Rainbow. —opinó Akemi. —¿Podemos decidir nosotros qué hacer con la nave?
    —No, pero a lo mejor podríamos construir nuestra propia flota de naves Coloniales. —dijo entusiasmada Silvia. —Las Three Star pueden fabricar otras naves desde cero, pero solo siendo realmente independientes podríamos hacerlo… y además el Campo puede proveernos de todo el material que necesitamos.
    Los chicos guardaron silencio, tratando de comprender el verdadero alcance de lo que Silvia acababa de revelarles.
    —Por eso ustedes son tan importantes para Amanda y los demás. —continuó diciendo Silvia. —Matt, Akemi, Mina y tú Manuel, ustedes serán la primera generación de jóvenes que podrán dirigir los destinos de la Colonia Rainbow. Ya sea buscar un planeta propio o construir nuestra propia flota para vivir viajando por las estrellas, eso es algo que ustedes deberán decidir por su cuenta.
    —Pavada de responsabilidad. —bromeó Manuel sacudiendo la cabeza.
    Los demás se rieron y terminaron la comida entre risas y bromas, disfrutando de los últimos momentos de tranquilidad.
    La tormenta ya estaba casi sobre ellos.
     
  16.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2113
    75




    El ultimo Queadluun enemigo estalló cuando las rafagas de Maya y Melia impactaron al unisono. El espacio volvió a recuperar su pesado manto de silencio mientras las tres guerreras sobrevivientes quedaban flotando formando un círculo alrededor de los restos de sus enemigos destruidos.
    Sea lo que sea, estaba hecho. Habían sobrevivido a la batalla que Dortrad-Jen había orquestado para los tres mejores escuadrones Meltran de la flota.
    La cabeza de Virya era un torbellino de ideas y pensamientos diversos. ¿Era necesario sacrificar a tantos guerreros? ¿Cual era la finalidad de semejante masacre? Esas y otras miles de preguntas hacían ruido en la cabeza de la guerrera, pero al menos una cosa era segura: estaban a punto de obtener respuesta.
    Levantó la mano para indicar la puesta en marcha cuando lo vio.
    La armadura de Melia estaba seriamente dañada. Había recibido un impacto justo a un lado de la cabina. Gran parte del blindaje había sido arrancado por la fuerza de la explosión y junto con el un buen trozo del lado derecho del Queadluun Rau había desaparecido.
    Así como el brazo derecho de la piloto.
    Melia había resistido la amputación de su brazo y si bien su rostro perlado de sudor mostraba una inconfundible mueca de dolor, la guerrera parecía soportarlo, incluso su puntería no había sido afectada.
    El traje de vuelo había sellado el muñón sangrante con una bola de espuma y eso había logrado contener la hemorragia. Melia viviría, solo necesitaban llegar a una Quitra Queleual cualquiera y meter a la guerrera en una de las cámaras de recuperación. Ahora con respecto a su condición de guerrera… ese brazo faltante era un arma menos a disposición del escuadrón. La experiencia de Melia era impresionante, había sido su ala durante más de diez ciclos e incontables batallas, pero ahora estaba “rota”. Y esa clase de daños no se solucionarian con un golpe como había dicho Dulmei tanto tiempo atrás.
    Virya sacudió la cabeza para alejar las ideas que sus otras personalidades estaban elaborando continuamente. Más tarde, si. Pensaría en eso más tarde.
    Ahora quería respuestas.
    —En marcha! —gritó y las tres armaduras se movieron en simultáneo.
    Maya… los movimientos de Maya habían cambiado completamente ¿Como había sucedido eso? La chica había estado en solo una batalla… y sin embargo se movía como si hubiese formado parte del escuadrón toda su vida… Virya se dió cuenta que era su parte de Archivista la que deseaba saber más sobre semejante prodigio. Debía haber una explicación, tenía que existir.
    —Maya. —dijo por la radio. —Buen trabajo.
    —Gracias Capitán. —respondió la novata.
    —Tú también Melia. Las dos han tenido un desempeño extraordinario en esta batalla.
    La guerrera no respondió y Virya sabía porque. Era otro de esos momentos en que las palabras no eran necesarias. Los silencios también tenían un significado especial.
    A unos cuantos cientos de kilómetros descubrieron al transporte. Estaba girando levemente con los motores apagados, sin ninguna señal de actividad en su interior. El escuadrón de Virya rodeó la nave por un lado y se acercó a la escotilla de entrada.
    La nave había recibido varios impactos durante el DEFOLD, pero la mayoría de las descargas de las armas había sido absorbida por la burbuja de energía que rodeaba a las naves momentos previos al FOLD. Virya no se cuestionó como sabia eso, simplemente lo sabía y ya.
    Ahora sabía muchas cosas.
    Así y todo el transporte estaba intacto. La enorme compuerta lateral se abrió en cuanto la armadura de Virya envió la solicitud automática a la computadora de la nave. El interior estaba apenas iluminado por un par de luces rojas de emergencia.
    Una figura solitaria estaba de pie en el centro de la plataforma.
    —Me alegra ver que sigue vivo. —dijo Virya aterrizando dentro del transporte.
    El Zentran abrió los ojos pero no respondió. Una especie de burbuja transparente había rodeado su enorme cabeza y al parecer lo había protegido de la súbita descompresión de la nave. Salvo por ese pequeño detalle, Exsedol estaba exactamente en el mismo lugar donde lo habían dejado.
    Maya y Melia entraron tras su Capitán e inmediatamente la enorme rampa se cerró herméticamente. Las luces del interior pasaron a un tono azulado y el ambiente fue presurizado con oxígeno puro.
    —En descanso. —dijo Virya y salió de su propia armadura. Lo primero que notó era que su traje de vuelo estaba despedazado. La súbita expansión de su masa muscular había reventado por completo la parte superior del traje dejando al descubierto sus pechos. Por fortuna la parte inferior había estado contenida por el gel que servía de amortiguación y contención a las piernas de la armadura, su secreto seguiría estando a salvo.
    Maya fue la siguiente en salir. Su armadura había recibido algunos disparos indirectos y alguna que otra abolladura producto de las esquirlas de los misiles, pero por lo demás estaba perfectamente funcional.
    Melia no podia salir por si misma, por lo que Maya y Virya unieron fuerzas para levantar los restos de la pesada compuerta, parcialmente destrozada por la violenta explosión que casi había destruido al mecha y a su piloto.
    Exsedol contemplaba en silencio la escena, prácticamente inmóvil salvo por un ocasional y violento palpitar de alguno de los bultos de su cabeza. Qué estaría pensando Virya no podía deducirlo.
    Extrajeron a la guerrera y la depositaron en el suelo junto a su armadura. Estaba débil, pero con la hemorragia bajo control su vida no corría un peligro inmediato.
    Las tres guerreras permanecieron sentadas en el piso del transporte. Ninguna de ellas dijo una sola palabra, ya que simplemente no podían expresar del todo lo que sentían en ese momento.
    Pero Virya si podía. Ella tenía las palabras, sea como sea.
    —Misión cumplida. —dijo simplemente. —¿Me ha escuchado Archivista Exsedol?
    — ¿Misión cumplida?. —repitió el Zentran con la vista fija en la armadura roja de Virya. —No. —dijo de pronto. —Todavía no hemos terminado.
    Virya y Maya cruzaron miradas. ¿Que había querido decir?
    —Explíquese. —exigió Virya poniéndose de pie. —Hemos sobrevivido a la batalla ahí afuera. —dijo señalando hacia la compuerta del fondo.
    —En contra de todo pronóstico ni más ni menos…. si, eso parece. Han sobrevivido.
    Virya no pudo resistirlo más. Dió un paso al frente y tomó al Zentran por la capa o traje o lo que quiera que fuere esa cosa que llevaba puesta. Era increíblemente liviano y con un solo movimiento tuvo su enorme cabeza frente a frente.
    —¿Que más quiere Dortrad-Jen de nosotras? —preguntó.
    Exsedol no respondió, pero su cabeza se convulsionó frenéticamente. Virya supuso que Kreegan no solía tratar de esa forma a su Consejero.
    Era evidente que Exsedol no iba a decirle nada más. Simplemente depositó en el suelo de la misma forma en que lo había levantado. —¿Qué hacemos ahora? preguntó.
    —Volver a la flota —respondió el Archivista
    Ahora hasta Melia levantó la cabeza confundida. ¿La Flota? ¿No estaban ellos, sus camaradas, luchando a muerte en esos momentos?
    Exsedol pareció advertir la pregunta en la mirada de las guerreras. —La batalla final aún no se ha iniciado. Solo Kreegan a dado el, espero, exitoso primer golpe. Las fuerzas de Dortrad-Jen se han posicionado de acuerdo al plan de intersección. En cuanto nuestros enemigos aparezcan cruzando el espacio dimensional Dortrad-Jen lanzará la interdicción final.
    —¿Cuándo sucederá eso? —preguntó Virya.
    —En cuestión de horas. Debemos volver ya mismo a la fortaleza de Dortrad-Jen o la muerte de sus camaradas y los míos habrán sido en vano.
    Virya comprendió de pronto que Exsedol había mencionado a los Archivistas de los dos escuadrones que acababan de destruir.
    —Esos Archivistas… —comenzó a decir Virya pero una serie de ruidos la interrumpieron. Exsedol había comenzado a preparar la nave para el salto FOLD, al parecer el Zentran podía interactuar directamente con la computadora del transporte y pilotar el mismo sin moverse del lugar donde había quedado fijo al abordar el transporte varias horas antes.
    Exsedol abrió los ojos y miró fijamente a Maya. —Maya Lagrexia 732 —dijo. —Usted ha destruido blancos con un valor estratégico miles de veces mayor a todos los enemigos que su Capitán ha abatido en toda su existencia.
    Maya estaba tan confundida que no sabía como responder, pero Virya comprendió de inmediato. Había ordenado a la Novata que matara a los demás Archivistas. Al principio creyó que la idea de hacerlo era simplemente una forma de alejarla de la batalla, pero ahora se daba cuenta que había sido una decisión estratégica. Esos Zentran eran blancos importantísimos, su razonamiento había sido el correcto, pero algo no cerraba del todo.—Ellos no eran necesarios para el Almirante Supremo ¿Verdad?
    —Por supuesto que no. —respondió el Archivista. —Dortrad-Jen va a realizar un ataque suicida, nuestros conocimientos y registros no sirven de nada en ese tipo de acciones.
    Maya miró a su Capitana confundida. —¿Capitán?
    La guerrera sacudió la cabeza. —No importa. —dijo. —Volvamos a la flota, debemos tratar a Melia de inmediato.
    Exsedol volvió a cerrar los ojos y pareció concentrarse en poner en funcionamiento el transporte. Al cabo de unos minutos el rugido de los motores sacudió la nave y comenzaron a avanzar entre los restos todavía humeantes de quienes habían sido las guerreras más temibles de la flota de Dortrad-Jen.
    Virya y Maya no permanecieron sin hacer nada mucho tiempo. Melia estaba momentáneamente incapacitada, pero ellas dos tenían cosas que hacer. Revisaron las armaduras y recargaron las municiones faltantes que, en el caso de Maya, eran casi todas. El Rau de la guerrera herida estaba completamente inutilizado, ya que habían forzado la cabina durante el rescate y ahora jamás volvería a cerrarse.
    —¿Qué sentiste en tu primer combate? —preguntó Virya en cuanto hubieron terminado de cargar el último misil en las bahías laterales del Rau de la novata. Maya se sorprendió por la pregunta ya que hasta entonces las dos habían trabajado en silencio. —No lo se. —dijo. —Yo… solamente vi lo que hacían ustedes y traté de moverme igual.
    Virya asintió. La chica tenía un talento innato, “instintivo” como había dicho Exsedol. Había estado copiando los movimientos del escuadrón y aplicándolos a medida que combatía y aun así…. no cabía la menor duda, había sobrevivido donde guerreras más experimentadas habían perecido.
    —¿Que va a pasar ahora? —preguntó la joven mirando fijamente a su superiora.
    La experimentada guerrera señaló al personaje que seguía parado en el medio del hangar. —Solo el y el propio Dortrad-Jen lo saben. —dijo.
    Las luces parpadearon y bajaron de intensidad. Pronto el aire alrededor de ellos comenzó a temblar visiblemente y la nave se preparó para entrar en FOLD.
    —Hay… hay algo más del combate que creo es importante que sepa, Capitán. —dijo Maya mientras se sentaba con las piernas cruzadas y apoyaba su espalda en las piernas del Rau.
    Virya la imitó al pie de su propia armadura. El color rojo sangre del Queadluun tenía un tono diferente ahora que la luz comenzaba a quebrarse por el espectro de la energía dimensional, casi del mismo tono que su piel.
    —La oi. —dijo. —Oi cuando repetía los nombres de nuestras compañeras muertas en batalla.
    La Capitán Virya miró a la joven con atención. —Claro que me oíste. —respondió. —Estaba usando el canal de radio general.
    La novata movió la cabeza. —No dijo. —No escuche eso por la radio, lo… lo sentí, como desde dentro. —contestó mientras se llevaba la mano al pecho. El gesto desconcertó a Virya.
    —Yo también. —dijo Melia abriendo con evidente esfuerzo los ojos. —No era el canal de comunicaciones, eso seguro. —la guerrera herida señaló con dificultad la maltrecha cabina del robot. —Mi radio ya había sido destruida mucho antes de escucharla.
    —Imposible. —Virya hizo un gesto tajante con la mano. —Lo que dicen es…
    —Algo peligroso. —contestó Exsedol abriendo los ojos. —Muy peligroso.
    Las tres guerreras miraron al Zentran como si de pronto hubiera aparecido de la nada.
    —¿Que está diciendo? —pregunto Virya.
    El Archivista no respondió y solo se limitó a observar a la veterana guerrera fijamente, como si sus ojos pudieran ver a través del cuerpo de la Meltran.
    —¿Y bien? —Virya estaba perdiendo la paciencia. —Se supone que usted debe darme datos, registros y respuestas. ¿O acaso no puede hacer eso para lo que fue creado?
    La cabeza del Zentran se convulsionó de forma violenta y visible para todos. —No. —dijo. —No voy a hablar de ello. Está prohibido. Ningún Zentradi puede hablar de ello.
    Virya se planteó en volver a sacudirlo en el aire, pero algo en su interior le dijo que no lograría nada con eso.
    El aire brilló y la visión de Exsedol se convirtió en un espejismo múltiple. La nave de transporte estaba iniciando el procedimiento FOLD.
    Dortrad-Jen los esperaba.
     
  17.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    3251
    76




    —¿Quien eres? —preguntó Green.
    No obtuvo respuesta. Que extraño, estaba segura que la habían escuchado.
    Ella raramente hablaba con palabras, fundamentalmente porque ninguno de los Colonos parecía escucharla. Pero esta presencia era nueva y diferente. En los años que llevaba viviendo en la Rainbow era la primera vez que sentía una presencia como esa.
    —Soy Green ¿Estás perdida? —preguntó.
    Tampoco obtuvo respuesta, pero algo pareció cambiar en la presencia; al parecer había tomado nota de la existencia de Green y estaba tratando de ocultarse.
    La voz sin palabras llamada Green escuchó con atención. Los mismos sonidos de siempre, la gotera de la humedad que se condensaba en la tubería de enfriamiento 43b, la abrazadera con el tornillo flojo que producía el traqueteo en la pasarela de la cubierta 51d, los ronquidos de aquel que se hacía llamar Funes, el sonido lejano de las pisadas de Ralph cuando caminaba por el dique tres llevando algo muy pesado. El estruendo que aquella cosa pesada produjo cuando Ralph la depositó en el suelo.
    Se dio cuenta que la recién llegada (porque aparentemente había llegado desde el exterior hace solo unos días) se movía silenciosamente por la Colonia, casi tan silenciosamente como la propia Green.
    Era algo realmente muy raro, parecía… si, parecía como si estuviese buscando algo. Green podría ayudarla a encontrar sea lo que sea que estaba buscando, total conocía todos los rincones de la vieja nave como si… bueno, como si ella fuera la propia nave.
    No, eso no estaba bien… Green no era la nave, de eso estaba segura. Simplemente habitaba la nave como si fuera una simple inquilina. Su casa estaba en otro lado.
    La presencia se ocultó aún más, detrás de muchas puertas y cerraduras. Green decidió dejarla en paz, tal vez pudiera ayudarla más tarde.
    Volvió su atención hacia los habitantes de la Colonia.
    Vio como los obreros movían enormes piezas de metal usando las enormes y ensordecedoras grúas de carga.
    Vio como en las cocinas los cocineros preparaban el almuerzo de los obreros.
    Vio como Amanda discutir acaloradamente con Ralph
    Vio como Evans volvió a su laboratorio con expresión preocupada
    Vio a Tass despertarse y tomar su Pad para hacer una llamada
    Vio al piloto que había llegado en el avión azul contestar esa llamada
    También vió a la joven que lo acompañaba. Al parecer.
    estaba preparándose para salir de su camarote.
    Miró hacia la escuela y vio a los chicos comer y reírse en el salón.
    Vio a Mina y Akemi, vió a Silvia y a Manuel.
    Vio a Matt y supo que algo no estaba bien.
    Matt tenía una expresión preocupada, la había tenido desde el día anterior cuando desde su piano tocara sus hermosas canciones. Green adoraba la música de Matt, pero en aquella oportunidad su canción había sonado diferente.
    Era muy curioso. Todos en la Colonia habían empezado a actuar diferente desde hacía solo unos dias. ¿Estaría relacionado con la presencia de todos los recién llegados? Le gustaría mucho saberlo, tal vez hasta pudiera ayudarlos a ellos también.
    Green amaba a los Colonos y haría lo que pueda para ayudarlos. Era una verdadera lástima que ellos no notaran su presencia…. bueno, al menos casi todos ellos. Matt la había “tocado” varias veces con sus canciones, pero solo de forma accidental, Green no estaba segura si el chico sabía que su música la acariciaba, la rodeaba, le daba una forma diferente… en todo caso era una sensación pasajera. La música no estaba dirigida hacia ella. Las notas viajaban más allá, hacia el exterior, hacia el espacio….
    Hacia ese lugar que llamaban El Campo.
    Green no podía llegar hasta allí. Había una especie de fuerza que emanaba de aquella dirección y frenaba sus sentidos. A veces podía seguir a Ralph, Will, Nix y Hal mientras viajaban con el transporte hacia el lugar de donde volvían con esas enormes partes de robots, pero nunca más de unos pocos kilómetros.
    Simplemente no podía llegar tan lejos.
    Will, cierto. El chico se había ido de la Colonia aquella misma mañana. Se había metido dentro del mismo container del que había salido la joven de anteojos el otro dia ¿Porque les gustaba viajar dentro de esas cosas? Eran oscuras y seguro muy incómodas.
    La joven del cabello castaño y anteojos. Green solo sabía que se llamaba Quinn y al parecer sólo Amanda había hablado con ella, el resto de la Colonia no se había enterado de su llegada.
    Era todo muy extraño, se dijo Green. Nunca hubo tantos visitantes en la Rainbow al mismo tiempo y además… además había habido otro de esos apagones. Ya no podía comunicarse con la Red Galaxy, simplemente se habia desconectado.
    Decidió investigar lo que sucedía en su amada Colonia. En realidad mirar era todo lo que podía hacer.
    Así que observó en silencio.

    ----------------------

    —¡Eso es un Ghost! —gritó Hal sentado en el piso señalando con el dedo tembloroso lo que había aparecido debajo de la lona.
    Ralph frunció el entrecejo. —¿Qué significa esto Amanda? —dijo arrojando furioso la lona al suelo. —¡Explicate!
    La mujer se plantó frente al gigante con las piernas abiertas en posición desafiante.
    —Es un Drone. —dijo calmadamente.
    —Es una puta arma ¡Maldita sea! —respondió Ralph bruscamente señalando el objeto. —¿Que mierda estabas pensando….?
    Amanda se cruzó de brazos. —Otro insulto como ese y considerate bajo arresto.
    Ralph cerró la boca de forma tan brusca que todos sintieron el profundo chasquidos que sus dientes hicieron al chocar entre si. El gigante miró con verdadera furia a la mujer pero no dijo nada, solo se limitó a dar un terrible pisotón que hizo que Nix y Hal dieran un salto hacia atrás.
    Amanda no se inmutó y siguió en el mismo sitio mientras observaba al gigante descargar su furia contra las placas metálicas. Ralph dejó de patear el piso y a continuación comenzó a golpear violentamente las paredes del dique. Cada puñetazo hacia temblar las paredes y provocaba una incesante lluvia de oxido hacia donde se encontraban los aterrorizados obreros.
    —¿Terminaste? —preguntó en cuanto Ralph se hubo detenido con evidente fatiga. Las enormes depresiones en las placas de metal de las paredes eran perfectamente visibles para todos.
    —Terminé. —dijo el enorme obrero restregándose el brazo por el rostro. —No deberías enfurecerme así Amanda, bien sabes que estos cuerpos gigantes no son buenos controlando la ira.
    La mujer se acomodó la trenza y caminó hasta el contenedor abierto. —Se perfectamente lo que es un Ghost. —dijo.
    Hal se incorporó y seguido de Nix se acercó también al aparato. —Nunca había visto uno de cerca. —dijo extendiendo la mano con algo de temor reverencial. —Este color amarillo me imagino que es por algo ¿No?
    —Pertenece a Unity por supuesto. —explicó Amanda. —No se suponía que debíamos usarlo hasta que obtengamos la independencia completa del Gobierno unificado pero la situación amerita el riesgo.
    Ralph se restregó los magullados nudillos. —Estas cometiendo un error Capitán. —dijo. —No deberíamos tener una de esas cosas aquí.
    Hal miró al gigante y luego volvió a mirar el aparato. —Tiene razón en algo Ralph. —comentó mientras señalaba la trompa del Drone. —No es un arma.
    —¿A qué te refieres Hal?
    Como respuesta Hal tomó una pequeña linterna que colgaba de su traje de mantenimiento e iluminó diferentes partes del fuselaje. —Aqui deberian estar los cañones láser, en estos módulos o “Pods” a cada lado de la nave. El modelo que usan los militares lleva dos a cada lado y uno en la parte inferior. Cuando la linterna de Hal iluminó el sensor óptico que se encontraba encerrado en la “nariz” de cristal del Drone les pareció a todos que el ojo brillaba como si estuviera vivo.
    —Esta cosa me da escalofríos. —dijo Nix. —No me gusta para nada.
    —Los Ghost tienen mala fama entre los pilotos de combate. —dijo Hal apagando la linterna. —Pero rara vez se los usa para otra cosa que no sea reconocimiento.
    Ralph suspiró profundamente. —¿Para que quieres esta cosa? —preguntó.
    Amanda se quitó el casco de seguridad ante la mirada desconsolada de Nix y volvió a ponerse la gorra de Capitán. —Como bien ha dicho Hal, lo quiero para reconocimiento.
    —Osea que vas a enviarlo al Campo. —dijo Hal.
    La mujer asintió. —Y necesito de tus habilidades.
    El hombre abrió los ojos asombrado. —Eso es… imposible Capitán, no estoy capacitado para eso.
    Amanda suspiró. —No digas estupideces Hal, si no te considerara capaz ya te hubiera expulsado de esta operación hace años.
    —No es lo que…
    —Ya sé lo que has querido decir. —lo cortó Amanda. —Y sigo opinando que son tonterías. Vas a ponerte a trabajar en este Drone lo antes posible, es una orden.
    Hal se dió por vencido. —Está bien. —dijo suspirando. —Espero que tengas el manual de usuario a mano… no creo que mi software de configuración de los Drones de exploración sea compatible con esa cosa.
    La mujer sonrió. —Por supuesto, pero no te preocupes por el software… de hecho te recomendaria que dejes todo eso en manos de Tass, lo que necesito de ti es que diseñes el plan de vuelo y aproximación al disco interior, solo tu conoces la mejor forma de acercarte a la zona más peligrosa del Campo y maniobrar un Drone con seguridad.
    —El irregular. —dijo Ralph de pronto. —Quieres usar el Ghost para llegar a la armadura de Virya.
    Amanda asintió. —Con el Transporte fuera de servicio es nuestra única oportunidad de volver a encontrarla.
    Nix sacudió la cabeza. —Imposible Cap. —dijo. —Ningún Drone, por más avanzado que sea, puede ser operado desde aquí si está dentro de la zona de radiación del Campo, ningún Datalink resiste la interferencia de la radiación de neutrones de la anomalía.
    Hal miró a Nix y luego a Amanda. —Ella no quiere que lo manejemos nosotros. —dijo.
    —¿Eh? —esclamó Nix confundido…. —¿Quien va a pilotarlo entonces?
    —Una IA —dijo Ralph.
    Hal se puso pálido. —Oh mierda. —dijo mirando el aparato. —Si hubiesen leído las historias que se cuentan sobre estas cosas no hablarian de Inteligencia Artificial de forma tan casual…
    —Leyendas Urbanas. —dijo Amanda haciendo un gesto de desdén con la mano. —La NUNS usa IA’s en su flota de Ghosts desde hace décadas sin problemas, mas te vale que no me salgas de nuevo con esas tonterías Hal.
    El susodicho se quitó el casco para rascarse la cabeza. —Leyendas Urbanas o no, tengo mis serias dudas de usar una IA Militar en esta operación Capitán. —dijo.
    Amanda se cruzó de brazos. —No vas a usarla, esta unidad no tiene ningún tipo de software cargado, Sus bancos de memoria están en blanco,
    Los tres hombres se miraron confundidos. —¿Entonces? —preguntó Ralph.
    —Eso dejaselo a Tass. —Contestó la mujer. —Ella se hará cargo de todo.


    ----------------------

    Evans suspiró aliviado. Sea lo que sea que estuvieran haciendo los obreros ese dia en el dique por fin había terminado. Jamas habia escuchado un estruendo semejante, parecía que estuvieran usando un martillo y yunque gigantes. Apostaría su sueldo entero que Ralph tenía algo que ver con eso.
    Volvió a concentrarse en la pantalla del microscopio electrónico. El resplandor púrpura que reflejaba el Cuarzo Fold era la única fuente de luz del laboratorio y teñía todos los equipos electrónicos y de investigación con los mismos tonos rojizos que el rostro del hombre.
    A pesar que miraba una y otra vez su pequeña muestra no podía creer lo que sus registros mostraban. El día anterior los cristales habían entrado en fase, irradiando energía dimensional en todas direcciones a pesar de estar encerrados en el compartimento de seguridad.
    Volvió a consultar el Pad y los registros coincidian; Matt había ido al salón de actos a tocar y sea lo que sea que había ejecutado esa tarde había causado una reacción inusual en los cristales. Maldijo en silencio que sus deberes lo hayan mantenido alejado de su laboratorio cuando eso sucedía. De haber estado presente hubiese recogido invaluable información sobre la misteriosa energia.
    Lo hecho, hecho estaba. Solo poseía una limitada cantidad de datos que sus equipos de monitoreo pasivo habían recogido de forma fortuita el dia anterior. Esos datos se proyectaban en una pantalla holográfica sobre el Pad y se expandieron cuando Evans pasó su mano por los gráficos.
    Datos, lo que habían aparecido en pantalla era algún tipo de código o información desconocida. No se trataba de la energía que las notas musicales generaban cuando Matt tocaba el piano. Había algo intercalado entre las ondas dimensionales, una especie de registro.
    Evans tomó un sector de esos datos y los proyectó en forma gráfica, pero carecían por completo de sentido. Era como intentar descifrar un lenguaje desconocido sin tener la piedra de Rosetta, una tarea imposible.
    El hombre suspiró y se reclinó hacia atrás en la silla con gesto cansado. No tenía ni idea de lo que podían ser esos datos.
    Mientras estaba así reclinado miró hacia un lado, hacia la repisa donde guardaba varias pilas de libros y catálogos. Un pequeño portarretratos captó su atención por un momento.
    —Luz. —dijo y el laboratorio se iluminó con la luz blanca de los focos del techo.
    Evans se levantó de la silla y caminó hasta la repisa, donde tomó con delicadeza la fotografía enmarcada en una pequeña pantalla digital.
    Era una fotografía de su ya fallecida esposa, de la época en que recién se habían conocido mientras ambos estudiaban en la universidad. La mujer de la imagen llevaba un guardapolvo blanco y guantes amarillos mientras sostenía un vaso de precipitado lleno de alguna sustancia verdosa con gesto de emoción.
    El hombre acarició la pantalla con ternura, habían pasado tantos años desde entonces… al pasar sus dedos sobre el cristal la interfaz táctil del portarretratos registró el gesto y aplicó un acercamiento a cierta parte de la imagen. Evans observó la imagen ampliada del cuello de quien fuera su amada esposa y tuvo una idea.
    —Si. —dijo emocionado. —¿Por qué no…? Es una buena idea Lucy.
    Dejó la fotografía en el mismo lugar de donde la tomara y abrió uno de los cajones del mueble, donde guardaba sus efectos personales.
    Tras revolver un momento encontró lo que buscaba; una pequeña cajita negra. Evans la tomó con cuidado y se encaminó hacia la mesa de trabajo junto al microscopio.
    La cajita era muy vieja. Al parecer había contenido recuerdos de la familia de Lucy y había pasado de generación en generación vaya uno a saber desde cuando… ahora estaba allí, en la Rainbow, en el otro extremo de la Galaxia.
    Evans la abrió y contempló con fascinación el objeto que estaba en su interior.
    Era una delicada cadenita de oro, forjada con pequeños eslabones dorados de la que colgaba una pequeña gota de un cristal increíblemente translúcido.
    Lucy tenia una igual cuando la enterraron en La Tierra, probablemente todavia seguia alli.
    Con delicadeza la sacó de la pequeña cajita y la examinó profundamente. Serviria perfectamente para lo que pensaba hacer.
    Dejó el collar en la mesa y estirando el brazo tomó una de las máquinas para manipular muestras. Era un instrumento parecido a un microscopio pero en vez de lentes una serie de taladros y tubos podían ajustarse sobre las muestras para extraer material del interior de rocas o cristales.
    Evans no quería extraer nada, solo necesitaba hacer unas modificaciones a la pequeña piedra que colgaba de su collar. Tomó la delicada gota de cristal y usando unas pinzas separó la piedra del engarce dorado. Luego la colocó en la bandeja de muestras y usando la mecha más pequeña realizó una perforación hasta el centro mismo del cristal.
    El hombre no era muy bueno con los trabajos manuales, por suerte su equipo contaba con manipuladores mecánicos para el manejo de muestras pequeñas. Así que simplemente colocó la caja blindada cerca del taladro y uso un delicado brazo robótico equipado con un manipulador gravitacional para tomar el minúsculo cristal FOLD e insertarlo en la perforación de la gota de cristal.
    Todo el proceso demoró casi media hora. Evans colocó una gota de pegamento en el engarce de la cadena y fijó la piedra con el cristal dentro.
    El investigador contempló con admiración su obra. La gota de cristal ya no era más una piedra translúcida; de alguna manera el diminuto cristal había transferido su brillo púrpura a su nuevo recipiente. Era algo realmente bello.
    El reloj de su pad indicó que ya eran las tres de la tarde, debería apurarse si queria entregar el collar ese mismo dia.
    Se puso de pie y guardó su obra dentro de la cajita negra, luego metió la cajita en uno de los bolsillos de su guardapolvo blanco y salió del laboratorio en dirección al transporte que lo esperaba cerca del acceso principal.
    Demoró unos diez minutos en llegar a la plaza. Dejó el vehículo en la cubierta principal y ascendió lentamente la escalera hasta llegar al parque. Varios colonos paseaban entre los canteros o charlaban sentados en los bancos.
    Caminó hasta la escuela esperando que Matt estuviera todavia alli, por suerte vio al grupo de chicos salir juntos por la puerta principal del edificio.
    —¡Eh Matt! —gritó cuando estuvo cerca. —¿Como va eso?
    El joven levantó la cabeza y miró al médico confundido. ¿Evans lo buscaba en la escuela? Eso era inusual en el facultativo. Mina también miró extrañada al hombre. —¿Sucede algo Doctor? —preguntó.
    El hombre se detuvo frente a los chicos y fue directo al grano. —Venía a darte esto. —dijo sacando la cajita de su bolsillo.
    El chico miró lo que Evans le ofrecía y luego miró al propio hombre —¿Para mi? —preguntó aun más confundido.
    —Primero abrelo y te explicaré. —respondió el hombre.
    Matt hizo lo que Evans decia y abrió la cajita mientras sus amigos lo rodeaban. Akemi soltó una exclamación de asombro al ver el collar. —¡Que hermoso! —exclamó
    —¿Eso es oro? —preguntó Manuel con un silbido de admiración.
    Fue Mina la que notó el tenue brillo púrpura de la delicada gota de cristal. Cuando Matt levantó el collar y lo mostró a todos comprendió de pronto de que se trataba.
    —Eso es… oh rayos ¿Es eso lo que creo que es? —preguntó asombrada mirando a Evans.
    El hombre asintió. —Esto Matt es para ti, creo que puede ayudar a que tus canciones lleguen más…. lejos.
    El joven miró el collar y luego miró a Evans. —¿Más lejos? —repitió confundido.
    —Una especie de amplificador. —dijo.
    —Eso que tienes ahi es un Cuarzo FOLD. —dijo Mina señalando la pequeña roca con el dedo. —Tiene propiedades dimensionales y reacciona con la energia musical aparentemente. —explicó, luego volvió a mirar a Evans —¿Está seguro de eso Doctor…?
    El hombre volvió a asentir en silencio.
    Matt contempló el regalo, a la luz de las enormes pantallas atmosféricas parecía brillar tenuemente con luz propia, pero eso era imposible ¿No?
    —¿Que se supone que hace? —preguntó.
    —Todavía no estamos del todo seguro. —dijo Evans. —Pero parece reaccionar con tu música, enviándola a través del espacio dimensional más rápido que la luz.
    Akemi abrió la boca asombrada —¿Más rápido que la luz?
    —Como sea, me pareció que podía ayudarte. —respondió el hombre encogiéndose de hombros. —Con esto tal vez tu música pueda llegar a donde realmente quieres.
    Matt asintió. —Gracias. —dijo. —¿Puedo probarlo ahora?
    El hombre asintió y Akemi ayudó al chico a ajustar el pequeño broche al cuello. Al terminar la joven dió un paso atrás y contempló a su amigo. —No está mal. —dijo dándole un codazo. —hasta hace juego con tu pelo. —dijo bromeando.
     
  18.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    3246
    77



    Tass se acurrucó contra el pecho de Jim.
    —¿Enserio estas bien? —preguntó el piloto acariciando los cabellos de la joven. Deberías haberte quedado en cama hasta que empiece tu turno.
    La joven sacudió la cabeza y permaneció recostada sin abrir los ojos. —Esto esta mucho mas comodo que mi cama. —dijo.
    Jim suspiró y abrazó a la joven con dulzura. —Definitivamente se está bien aquí. —dijo.
    Los dos enamorados estaban sentados en una pequeña plataforma que sobresalia desde las pasarelas que recorrian lo más alto del espacio comunal de la Colonia. Debajo de ellos las pantallas atmosféricas proyectaban el cielo otoñal sobre los diminutos colonos allá en el parque, casi medio centenar de metros por debajo de ellos.
    Jim había invitado a la joven al parque, lo que no se imaginaba era que Tass conocía más de un lugar para disfrutar de las vistas que el reducido grupo de árboles y césped proporcionaba a los habitantes. Al menos tenían cierta privacidad ahí arriba, lejos de miradas curiosas e inquisitivas que pudieran incomodarlos.
    —Son todos Micronianos. —dijo Tass mirando las pequeñas figuras que avanzaban por el parque. —¿Así nos ven los Zentradi? —preguntó.
    El piloto miró hacia abajo y se rió. —Yo tambien veo a la gente pequeñita cuando estoy en la cabina de mi avión. —dijo.
    —No se vale usar robots. —respondió la chica ofendida. —Además la perspectiva es diferente.
    —Es cierto. Pero hasta un Zentradi se ve chiquito a la distancia. —bromeó Jim. —A MUCHA distancia claro…
    La joven se dió vuelta y lo besó. Estaba sentada a horcajadas del piloto y lo tenía absolutamente a su merced. Jim no se resistió en absoluto y dejó que todo el peso de la chica descansara sobre su pecho. Cuando Tass despegó los labios de los del piloto estaba acostado contra el piso y casi sin aliento.
    —Otro beso como ese y me consideraré oficialmente derribado. —dijo
    La joven se rió. —¿Nunca te habían derribado antes piloto?
    —¿En una misión? ¡Jamás! —dijo con seguridad. —Me han disparado misiles, láseres, armas de energía dimensional…. nada puede contra mi.
    —Hasta ahora. —dijo Tass mientras apuntaba con el dedo índice el pecho del piloto.
    —Impacto directo al corazón. —exclamó Jim dejando caer la cabeza hacia atrás. —¿Que clase de calibre haz utilizado?
    La joven no respondió. Apoyó una oreja sobre el pecho del piloto para escuchar los latidos del corazón. —Creo que aún fun-
    Un estampido seguido de un temblor interrumpió su frase.
    —¿Y eso? —preguntó alarmado Jim
    Tass permaneció con el oído pegado al piloto. —Alguien debe estar usando alguna maquinaria pesada Jim, es normal escuchar esos ruidos aquí.
    Como para respaldar lo dicho por la joven una serie de estampidos siguió al primero. ¡BLAM BLAM BLAM! Con cada golpe toda la Colonia parecía temblar al compás del atronador ruido.
    Tass suspiró. —Esto mata completamente el romanticismo. —dijo resignada.
    Permanecieron abrazados en silencio hasta que los ecos murieron entre las vigas y soportes del techo.
    —Yo también me crié entre ruidos y maquinarias pesadas. —dijo Jim. —En el planeta Barnard había máquinas enormes que taladraba y partían rocas las veinticuatro horas del día.
    La joven se bajó de encima de Jim y se apoyó sobre la barandilla metálica. —Eso era el golpe de un martillo, o nunca he oído uno.—dijo Tass mirando hacia el vacío. Jim se sentó contra uno de los soportes metálicos y miró confundido a la chica. —¿Que?
    —Es lo que dice Gimli al escuchar a los Orcos en las Minas de Moria… oh por todos los cielos Jim ¿No has leído nunca el Señor de los Anillos?
    El piloto sacudió la cabeza. —¿Eso es una novela de moda…?
    —Olvidalo. —dijo resignada. —Cuando era niña le tenía terror al laberinto que hay dentro de las partes inhabitadas de la Rainbow.
    Jim asintió. —El otro dia fui caminando hasta el hangar y casi me pierdo. Hasta con un mapa es difícil orientarse ahí.
    —Nosotros lo llamamos El Interior. —explicó Tass. —Hay cientos de módulos diferentes interconectados por túneles, pasillos y pasarelas que forman una especie de laberinto de accesos. Muchos de esos módulos no tienen conexión directa al sistema de soporte vital de la Colonia y puede haber sectores donde la concentración de oxígeno desciende muy por debajo de los niveles de seguridad.
    —¿Por eso le tenias miedo? —preguntó el piloto.
    —Claro que no tonto. —respondió la chica ofendida. —Es que yo de chica había leído El Señor de los Anillos y me había hecho la idea que… bueno, El Interior era como las Minas de Moria.
    —¿Un sitio embrujado? —preguntó Jim rascándose la cabeza.
    —Deberías leer ese libro. —dijo Tass sentándose a su lado. —Dame tu Pad.
    Jim miró a la joven confundido. —¿Mi Pad? No puedo darte mi Pad Tass, es parte de mi equipo militar y…
    —Jim…
    —Ok ok, toma. —dijo el joven piloto mientras extendía el aparato a la entusiasmada joven. —Pero no lo hackees o algo por el estilo.
    Tass no se tomó bien el comentario. —¿Me estas comparando con un Hacker? —dijo evidentemente ofendida. —Disculpese ahora mismo Teniente o puede olvidarse de volver a invitarme a salir.
    Jim abrió la boca pero no supo realmente que decir. Se había dado cuenta inmediatamente que la chica no fingía. Había herido de alguna forma sus sentimientos con ese comentario —Hey… lo siento Tass yo… no sabía de estas cosas.
    La joven no respondió. Se había cruzado de brazos como esperando algo más que una disculpa.
    —Rayos… —Jim no sabía que responder. —Ok mira, si me perdonas te… te regalo un pedazo de mi avión.
    Tass abrió un ojo. —¿Me lo prometes?
    —Siempre y cuando no se lo digas a nadie, es una promesa.
    La joven dió un grito de alegría y abrazó al piloto con fuerza. —Te perdono entonces dijo dándole un beso. —Pero no vuelvas a llamarme Hacker o te golpearé.
    Jim levantó las manos en un gesto de rendición mientras Tass lo soltaba y volcaba toda su atención en el Pad del piloto.
    —¿Que vas a hacer con eso? —preguntó Jim mirando por encima del hombro de la joven.
    —Voy a cargar los tres libros de El Señor de los Anillos en tu Pad por supuesto. —dijo la chica. —Pensandolo bien voy a cargar también el Silmarillion y El Hobbit. —agregó introduciendo una serie de comandos. —Los he copiado desde mi servidor particular.
    Tass alcanzó el Pad a Jim mientras le guiñaba un ojo. —Cuando estés en un FOLD de larga duración considera empezar a leerlos. —dijo.
    Jim tomó el Pad de las manos de Tass —Gracias. —dijo indeciso mirando la lista de archivos que se habían añadido a la página frontal de su aparato. Colocó el dedo en la pantalla y con un movimiento rápido envió todos los iconos al directorio donde guardaba sus archivos personales.
    Mientras tanto Tass había apoyado su cabeza contra el hombro de Jim mientras miraba las tuberías del techo. —Claro que no hay Orcos en El Interior. —dijo. —Aunque tenemos una especie de Gollum local que dicen que vive ahí.
    Jim levantó una ceja. —¿Gollum?
    Tass levantó el dedo índice y lo hizo girar en el aire. —Es solo una tonta Leyenda Urbana local. —dijo. —Dicen que hay una especie de Ermitaño que elude a la gente y vive escondido en el laberinto de las profundidades de la Rainbow.
    —Y sale de noche a secuestrar a los niños que se portan mal ¿No? —preguntó Jim con una sonrisa. —En Barnard teníamos una leyenda igual, salvo que allí era una especie de Hombre-Topo que perseguía con su taladro gigante a los niños que se metian sin permiso en los túneles.
    Ambos jóvenes rieron con ganas y volvieron a besarse apasionadamente.
    —Oye. ¿Tienes hambre? —preguntó Tass una vez que Jim la hubo soltado.
    El joven asintió mientras observaba como la joven sacaba un par de Bentos de su mochila. —Son los que prepara la cafetería para los obreros. —dijo ruborizándose. —Si hubiese sabido que íbamos a almorzar juntos hubiera preparado algo yo.
    —¿Y sentirme culpable por no haberte dejado descansar? Ni hablar Tass. —dijo Jim de forma cortante.
    Las cajitas de Bento no eran ni por asomo tan sofisticadas y glamorosas como las que preparaba Mina, pero en cambio estaban llenas de bocadillos de un sabor exquisito. Jim saboreó un poco de cada cosa sorprendiendose por la excelente calidad de los ingredientes. Al fin y al cabo la nave de correos había llegado el día anterior, cosa que se notaba perfectamente en el sabor y textura de los vegetales del almuerzo.
    Comieron con avidez, como si necesitaran desesperadamente de recuperar las energías que habían perdido por estar besándose tanto.
    —Abre la boca. —dijo Tass mientras sostenía un pequeño bocado con sus palillos. Jim cerró los ojos abrió grande la boca, esperando a que la joven lo alimentara, pero al cabo de varios segundos sin que sucediera nada volvió a abrir los ojos confundido.
    Un pequeño Drone-Camara estaba flotando entre ellos dos de forma bastante impertinente.
    —¿Que dem-? —empezó a decir Jim pero una visiblemente molesta Tass metió el bocadillo de forma violenta en la boca entreabierta del piloto para callarlo abruptamente.
    —¿Que se supone que estás haciendo? —preguntó la joven dirigiéndose al aparato volador. El pequeño Drone giro sobre si mismo y apuntó su pequeña cámara a la furiosa Tass.
    —Te estaba buscando hace media hora. —una voz femenina se escuchó a través de un pequeño parlante en el frente del aparato. —¿No podrías haber dejado encendido tu Pad al menos?
    —Conozco esa voz. —dijo Jim tragando a duras penas el bocado.
    —Siento interrumpirlos, en serio.—dijo la voz de Amanda y por primera vez le pareció a Jim que sonaba sincera. —pero es absolutamente necesario que subas a La Torre Tass.
    La joven suspiró. —De acuerdo. —dijo.
    El Drone apagó su cámara y se elevó sobre ellos, partiendo raudamente hacia una tubería en lo alto que al parecer se usaba para mover las pequeñas naves por toda la Colonia.
    La pareja de enamorados quedó en silencio contemplando el techo de la colonia. Finalmente Tass se puso de pie y se sacudió las pequeñas partículas de óxido que se habían pegado a su traje de mantenimiento. —Tengo que irme Jim. —dijo apenada.
    —No te preocupes Tass, lo pasé muy bien contigo. —respondió Jim imitando el gesto de la joven. —Al fin y al cabo voy a quedarme bastante tiempo varado aquí. Podremos comer muchas veces juntos.
    La joven sonrió animada y poniéndose en puntas de pie besó al piloto en los labios.
    —Gracias Jim. —respondió aliviada mientras recogía su mochila. —Ah ¿Podrías devolver esto a la cafetería...? —dijo señalando las cajas casi vacías que estaban en el piso de metal.
    El joven asintió. —Claro… ah y Tass, que tengas un buen dia. —agregó.
    Jim permaneció apoyado contra la barandilla mientras observaba a la joven alejarse rápidamente. Había sido una buena idea concertar esa cita, aunque la verdad era que sentía un poco de remordimiento por haber dejado sola a Cinthya. Al fin y al cabo su misión consistía en escoltarla mientras hiciera su trabajo.
    Mientras pensaba esto miró hacia el parque. Un grupo de chicos salía de la escuela en dirección a la cubierta principal donde se detuvieron un momento a charlar. Jim bostezo aburrido, de pronto un fugaz brillo púrpura captó su atención ¿Que había sido eso? Se reclinó sobre la barandilla y trató de agudizar la vista. Ese de ahí abajo era ese chico Matt, su pelo rojo era inconfundible entre las cabezas de sus amigos. El joven saludó a sus compañeros y se dirigió en la dirección contraria, hacia un gran edificio debajo de los ventanales atmosféricos.
    Jim se rascó la cabeza sin comprender lo que había visto, probablemente un reflejo o algo. Volvió a sentarse sobre la plataforma metálica y se dedicó a devorar los últimos bocadillos que habían quedado en las cajas de bento.


    ----------------------


    “....lo que en definitiva concuerda con los valores observados durante el trabajo de campo.”
    Cinthya dejó caer las manos sobre la mesa agotada. Escribir ese informe le había llevado toda la mañana y ni el excelente café de Brad había servido para evitar la frustración que sentía ante la maldita página en blanco.
    Habían perdido la vaina de medición durante el “incidente” en El Campo, así y todo los datos recogidos se habían guardado en el Pad de Cinthya y ahora estaban a salvo. Explicar lo que había sucedido ahí fuera iba a requerir algo más que un reporte escrito, especialmente teniendo en cuenta el valor del equipo destruido. No obstante Cinthya decidió no apresurarse y esperar a la opinión de Jim, después de todo él era el responsable del Hardware de la misión y ella era solo una operadora. Ahora que lo pensaba creía recordar que esa vaina tenía insignias militares, tal vez ni siquiera era de su compañía.
    Desplegó una de las hojas donde había dispuesto los datos obtenidos en forma de gráficos. A su jefe le encantaban los gráficos, seguramente no entendía nada de las cifras y unidades que aparecian en las planillas de datos, pero cuando se trataba de gráficos de barras, tortas y diagramas el maldito bastardo se comportaba como un experto.
    La joven suspiró y retocó el tamaño de los títulos, resaltó los datos más importantes y cambió un par de tipografías para facilitar la comparación de los valores.
    Cinthya no necesitaba de esos dibujitos para comprender lo peligroso que era El Campo. Solo con ver las cientos de columnas de números en bruto bastaban para pintar una imagen de lo que habia ahi adentro… diablos, de haberlo sabido antes probablemente no hubiera aceptado ese trabajo.
    Sea lo que sea que habitaba el centro del Campo no era para nada amigable con las formas de vida que se atrevían a penetrar en su interior, sea humana o alienígena. Las radiaciones de Neutrones sobrepasaban casi todas las escalas de tolerancia apropiadas para el trabajo seguro. Solo los gruesos trajes y blindajes de las naves podían mantener a sus ocupantes a salvo de las peligrosas radiaciones que fluían desde la misteriosa anomalía.
    Al menos ellos tenían las naves. El señor Ralph estaba solo protegido por ese traje.
    El pensar en el gigante recordó a Cinthya que necesitaba incluir de alguna forma la extraordinaria resistencia del obrero macronizado ya que ninguno de los valores de referencia se podían aplicar al gigante. Tenía valores para Zentradis pero no para humanos sometidos al proceso de agigantamiento. Cinthya meditó un momento y envió un pedido de información a la base de datos de su compañía. Al cabo de unos minutos un mensaje automatizado le indico que la conexión con la Red Galaxy seguía cortada por lo cual su petición se colocaria en modo de espera. Genial.
    Cinthya apagó la pantalla de su Pad y el fantasmal holograma se desvaneció en el aire.
    Hacía rato que había pasado la hora del almuerzo y su estómago se lo estaba recordando con un concierto de sonidos variopintos, pero realmente no tenía ganas de comer algo pesado.
    —¡Mia! —llamó cuando vió a la joven que pasaba cerca de allí.
    La mesera acudió prontamente ante el llamado de la muchacha. —¿Por fin terminaste, Cin? —preguntó mientras levantaba la taza vacía y la depositaba en la bandeja.
    —Finalmente. —contestó la inspectora apartando el Pad hacia el centro de la mesa. —¿Podrías traerme una ensalada?
    —¡Claro! —contestó la muchacha encendiendo su Pad. —¿Algo en especial?
    Cinthya eligió una con muchos ingredientes de las diferentes fotografías que Mia desplegó desde la pantalla de su Pad y se proyectaron en el aire. La mesera anotó el pedido y se retiró haciendo una pequeña reverencia.
    Ahora que había terminado con su trabajo de escritorio podría disfrutar de un merecido descanso. Jim había afirmado que podrían estar al menos una semana completa sin hacer nada hasta que la primera nave de la NUNS llegara a la Colonia. Cinthya barajó las opciones que tenía para pasar el tiempo ¿Leer? La Red local de la Rainbow tenía una enorme biblioteca a su disposición que podía consultar en cualquier momento desde su Pad, asi como peliculas y series en abundancia. Estaba pensando en eso cuando una voz conocida la interrumpió.
    —Buenas tardes Cinthya!
    —Hola Rebbeca! Me pareció escuchar tu voz esta mañana al despertarme.
    La mujer morena se rió con ganas. —Soy la voz de la Colonia. —dijo bromeando mientras dejaba la gran bolsa que cargaba en el suelo—¿Estabas a punto de almorzar?
    Cinthya asintió. —Estuve trabajando en mis reportes toda la mañana, quería comer algo rápido y salir a caminar al parque o algo… realmente no se que hacer con mi tiempo libre. —dijo encogiéndose de hombros.
    Rebecca volvió a reírse. —Después de lo que te sucedió allá fuera mejor que te relajes y aproveches el descanso. —dijo. —Amanda me comentó que probablemente tengas que pasar una semana o más esperando a que alguno de los burócratas del Gobierno se digne a enviar una nave a rescatarte de nosotros.
    —¿Ya ha terminado tu turno? —preguntó la inspectora.
    La mujer sacudió la cabeza. —En realidad no, pero Amanda me ha mandado a casa temprano y he aprovechado para venir a repartir unas cosas… oh por cierto, ten una tu también. —dijo mientras sacaba un pequeño recipiente de plástico de la bolsa.
    Cinthya tomó el paquete y lo examinó con curiosidad. Un agradable aroma dulce se desprendía del mismo.
    —¿Y esto? —preguntó.
    —Tarta de ananá… o piña, como también le llaman algunos. —dijo la mujer. —Hice tanta que ahora la estoy repartiendo por toda la Colonia.
    —Huele delicioso. —dijo Cinthya entusiasmada. —Muchas gracias!
    Rebecca sacó otro paquete y lo colocó delante de Cinthya. —Para tu amigo piloto. —dijo. —Casi se me olvidaba y por cierto ¿Por donde anda?
    Cinthya volvió a encogerse de hombros. —Hablamos por chat esta mañana temprano pero no le he visto desde entonces. —dijo.
    En ese momento llegó Mía con la comida y saludó afectuosamente a Rebecca. Luego de colocar los platos y la bebida en la mesa la muchacha saludó y se fue ella también con un paquetito de tarta de ananá en la bandeja.
    —Bueno, voy a seguir repartiendo esto. —dijo la mujer dándole una palmada a la bolsa. —Creo que tengo para toda la tarde.
    Se despidieron amigablemente y Cinthya devoró su ensalada en cuestión de minutos. Cuando terminó el abundante plato estaba llena y de un excelente humor. Guardó los paquetitos en su bolso y recogiendo su Pad salió de la cafetería que, a esas alturas se había convertido en su segundo hogar.
    Había poca gente en la plaza central. Cinthya subió las escaleras lentamente pensando en muchas cosas, pero principalmente en lo que había hablado con Jim esa mañana. Era la primera vez que experimentaba algo que podía considerarse “sobrenatural” en persona. Y el hecho que hubiese sido una sensación tan placentera la confundia aún más. Sin darse cuenta el camino que tomaba caminó entre los canteros y los pocos árboles amarillentos hasta llegar a la pared del fondo del parque, donde los enormes ventanales iluminaban el atardecer de la Colonia.
    Un piano sonó cerca y el corazón de Cinthya comenzó a latir aceleradamente.
    —¿Matt?
    La música venía del edificio que estaba justo debajo de las pantallas. La joven inspectora creyó recordar que Mina le había hablado sobre el salón de actos, el lugar donde Matt tocaba el único piano de la Colonia. Sin dudarlo un segundo se acercó al edificio y asomó la cabeza por la puerta.
     
  19.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    2672
    78



    Para sorpresa de las guerreras, emergieron directamente frente al enorme ojo de la superfortaleza de Dortrad-Jen.
    La flota entera había adoptado la posición de combate, lista para saltar a la batalla ante la orden del Comandante Supremo. La tensión se sentía en el aire como una vibración poderosa, algo que incluso Virya no había sentido nunca de forma tan intensa. Todos los Zentradi se preparaban para combatir, incluso aquellos cuyas tareas implicaban dar soporte indirecto a los soldados de primera línea estaban ahora armados y listos para combatir. Los soldados de infantería rara vez se utilizaban durante un combate en el espacio, pero en esta ocasión no sería así; miles de transportes de tropas serían arrojados sobre las naves más grandes del Ejército de Supervisión para intentar abordajes que posibiliten la destrucción de los enemigos desde dentro. Otros miles llevarían enormes cañones portátiles y desde el exterior de sus naves intentarán derribar a cuanta armadura tuvieran a tiro, sin importar lo vulnerables que serían al fuego enemigo. Ningún Zentradi haría otra cosa en la batalla que no sea luchar con todas sus fuerzas.
    Y morir por supuesto.
    ¿Cuántos de esos millones de soldados sabían que se trataba de una misión suicida? ¿Lo sabían los Capitanes? Virya sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento ridículo. No hacía falta saberlo, no lo necesitaban.
    Exsedol maniobró la nave de transporte que se sambuyó debajo de la Superfortaleza en busca de la entrada mas cercana. Una serie de luces intermitentes de iluminaron en cierto punto y hacia allí dirigió la nave el Archivista que, desde que iniciaran el procedimiento FOLD habia estado extrañamente callado.
    Salvo las parpadeantes luces amarillas de maniobra, la flota estaba a oscuras. Incluso en aquella región de enormes nebulosas y nubes de polvo que ocultaban la luz de las estrellas, la flota aguardaba en silencio.
    Sintieron el leve tirón que la gravedad de la gigantesca nave impuso a la recién llegada cuando atravesaron la compuerta y continuaron en silencio hacia las entrañas de la fortaleza. Al parecer estaban tomando una ruta diferente o todo el interior de la nave había cambiado por completo. En todo caso no se dirigieron hacia las plataformas de atraque y el transporte atravesó el espacio vacío en dirección al propio núcleo de la fortaleza.
    El poderoso cuerpo de Dortrad-Jen se erguía en el centro mismo de la nave, masivo e imponente, iluminado contra el fondo de tinieblas que lo rodeaba. Exsedol acercó la nave hasta estar casi debajo del gigantesco Comandante Supremo y aterrizó en una plataforma circular que emergió de entre las sombras.
    —Prepárense para salir. —dijo Virya y su voz le pareció extraña, débil. Como si mover la lengua en aquel lugar fuera una tarea pesada.
    Las dos guerreras supervivientes de su mortífero escuadrón asintieron en silencio. Virya seguía preocupada por Melia; sabia que los fármacos que el traje había aplicado automáticamente al detectar la amputación del brazo no harían efecto por mucho más tiempo. La perdida de sangre había sido importante, si el dolor se intensificaba era posible que el corazón de la guerrera no resistiera tanto. Necesitaban volver a una fragata con vainas de recuperación de inmediato.
    Tomó los restos de la parte superior de su traje de vuelo y los anudó en su cintura. Pasara lo que pasara no quería revelar su secreto al Comandante Supremo.
    Las luces del transporte se apagaron y la compuerta de desembarque se abrió junto a ellas.
    —Desciendan. —ordenó Virya mientras se ponía de pie.
    Maya ayudó a su compañera a bajar la rampa, mas la guerrera no aceptó ayuda para caminar.
    —Estoy bien. —dijo apartando la mano de Maya. —Puedo permanecer de pie.
    Virya y maya asintieron en silencio. Tras ellas el Archivista Exsedol descendió del transporte con la misma expresión en el rostro que había tenido durante todo el viaje.
    Los cuatro Zentradi supervivientes caminaron por la plataforma hasta el mismo borde del abismo. En ese momento un ligero temblor sacudió la plataforma y ascendieron (¿O fué Dortrad-Jen el que descendió?) hasta que la enorme cabeza del Comandante Supremo estuvo a la altura del grupo.
    Virya abrió los ojos de par en par; Dortrad-Jen era realmente gigante. La cabeza del ser era del tamaño de una nave de asalto, cada uno de los ojos tenía el tamaño de una armadura completa.
    Las tres Meltrans y el Archivista permanecieron unos segundos en silencio, de pie ante el terrible espectáculo del ser más poderoso de toda la flota Zentradi.
    Antes que ninguno de los presentes dijera nada, Exsedol extendió uno de sus extraños apéndices o tentáculos desde debajo de la túnica y haciendo que se alargara sobre sus cabezas, estableció una conexión con uno de los miles de cables o filamentos que se
    extendían desde la cabeza de Dortrad-Jen hacia todas direcciones.
    Los enormes ojos parecieron brillar en cuanto la conexión fue establecida. ¿Que clase de datos estaban siendo transmitidos?
    Fue rápido. Brutalmente rápido.
    Los reflejos de Virya pudieron detectar el movimiento, pero su mente fue más rápida. «No te muevas» dijo alguien en su cabeza y era la acción adecuada. Virya no podía hacer absolutamente nada.
    Un relámpago pálido cruzó el aire frente a ellos, como si por un momento un rayo de luz hubiese penetrado en el recinto. Pero no era luz, no era ni por asomo algo tan rápido y Virya pudo ver con espantoso detalle como el apéndice fibroso se sacudió a una velocidad vertiginosa sobre el grupo.
    Melia continuó de pie a pesar que su cabeza había sido separada de su cuerpo. Maya fue la siguiente en reaccionar, abriendo la boca asombrada, ahogando un grito de dolor ante lo que veía.
    Lo siguiente que ocurrió fue el surtidor de sangre que manó de la herida abierta. A decir verdad teniendo en cuenta la enorme cantidad de la misma que la guerrera había perdido previamente, no fue algo demasiado impresionante. Melia sólo mantuvo los ojos abiertos mientras su cabeza caía. ¿Todavia seguia bajo los efectos de las drogas? ¿Estaría dándose cuenta de lo que sucedía? De pronto un agujero apareció debajo de la desgraciada chica y el cuerpo cayó de pie junto con la cabeza, dentro de la oscuridad del abismo que los rodeaba.
    Solo la cabeza de Exsedol pareció reaccionar a lo acontecido, apenas un latido de una de sus grandes venas azuladas.
    —«Lo sabía». —pensó Virya. —«El maldito sabía que iba a pasar eso». —se dijo a si misma y deseó matar a la pequeña criatura con sus propias manos, allí mismo. Sintió sus músculos tensarse, su sangre calentarse. Su cuerpo se sacudió deseando la lucha, la violencia. Quería matar.
    Pero no, no era ella la dueña de su destino. Estaban dentro del propio Dortrad-Jen, allí no tenían voluntad propia. Virya apretó los dientes. Los apretó tan fuerte que creyó que se romperían.
    —«Calma, debes calmarte Virya». — se dijo mientras saboreaba su propia sangre. —«No puedes pelear. No puedes matar…. solo…. escucha».
    —«Solo escucha». —repitieron otras voces en su cabeza.
    El agujero se cerró en silencio y de pronto no había nada allí en la plataforma. Era como si nunca hubiese habido algo. Ahora su mortífero escuadrón era de solo dos guerreras.
    Y un Archivista.
    —«Solo escucha».
    La voz de Dortrad-Jen retumbó en sus cabezas, como si el sonido atronador llegara desde todos lados al mismo tiempo, incluso desde el interior de sus cerebros.
    —¿Qué significa esto? —Bramó el gigantesco ser. —¿Acaso no fueron claras mis órdenes?
    —«Escucha»— volvieron a repetir las voces en tono desesperado. —¡Escucha Virya!»
    —¡Solo la mejor guerrera debía volver de este combate! —La voz era cada vez más atronadora. Virya vió con aterradora claridad como los filamentos del apéndice de Dortrad-Jen estaban comenzando a tensarse nuevamente.
    —«¡Debura!» —pensó. —«Lo va a volver a hacer»
    —«¡Escucha!» —gritaron las voces.
    —«Maya…»
    —¿Una lisiada? ¿Una novata sin experiencia? ¿Acaso esto es lo que he pedido?
    Si las voces gritaron algo, Virya ya no las escuchaba a su cabeza. Había cerrado por completo su cerebro concentrada en el enorme tentáculo que había retrocedido, listo para golpear en cualquier momento.
    —¡Solo la mejor y más experimentada guerrera puede aportar sus valiosos y perfectos genes en esta operación! ¡No necesitamos individuos inferiores! —gritó Dortrad-Jen blandiendo su apéndice con furia.
    Maya cerró los ojos. Virya no. Finalmente había escuchado lo que quería escuchar.
    Esta vez se movió más rápido que las voces de su cabeza. Los músculos de sus piernas se expandieron de forma tan repentina que sintió como sus huesos se doblaban ante la enorme presión. De un solo salto interpuso su cuerpo entre el mortal látigo y su compañera Maya.
    Ahora fue el turno de Exsedol de ahogar un grito.
    Dortrad-Jen detuvo el golpe a solo un palmo de la cabeza de Virya. La cosa fibrosa quedó suspendida en el aire como si repentinamente las fuerzas que gobiernan el universo obedecieran al instante las órdenes del Comandante Supremo.
    Un mortal silencio se extendió por toda la nave.
    —Tú.
    La palabra sonó extraña. Carente de significado, como si el sonido no llevara nada relacionado a lo que Dortrad-Jen estaba diciendo.
    Una repentina luz roja alumbró la plataforma y el gigantesco cuerpo que se inclinaba hacia ellos.
    —¡TÚ! —gritó el gigante desplegando docenas de apéndices en dirección a la guerrera. —¡¿COMO TE A-?!
    Virya dejó caer los restos de su traje de vuelo. Sabía que no había ninguna palabra capaz de reemplazar lo que estaba a punto de hacer. Las piezas de tela cayeron a los pies de la guerrera, ahora completamente desnuda frente a su Comandante Supremo.
    Los tentáculos se detuvieron. Las luces rojas se apagaron. Dos enormes ojos observaron en silencio, escrutando, evaluando.
    Exsedol seguía con la boca abierta y los ojos aun más abiertos todavía.
    —Defectos genéticos. —dijo el Comandante Supremo.
    —Genes defectuosos. —balbuceó el Archivista avanzando lentamente hacia la guerrera, ahora iluminada por un haz de luz blanca que la hacía resaltar por completo del fondo oscuro de la enorme caverna donde se erguía Dortrad-Jen.
    La luz se tornó amarillenta, casi pálida. El gigantesco Comandante se retiró varios metros, como si no quisiera estar cerca de la plataforma.
    Maya también retrocedió aturdida y contempló atónita la figura envuelta en luz. No podía comprender lo que estaba pasando. Había algo diferente en Virya, en su postura en su… cuerpo. Ese cuerpo… ¿Que era lo que le sucedía a ese cuerpo? Una sensación extraña la recorrió de punta a punta al contemplar la figura desnuda de su Capitán.
    —Ahora comprendo. —dijo Dortrad-Jen mientras enormes descargas de energía saltaban de uno a otro lado de las conexiones de su titánica cabeza. —Archivista Exsedol.
    El Zentran se detuvo al lado de Maya y levantó la vista hacia el enorme rostro. —¿Su excelencia?
    —Análise a esa criatura. —dijo.
    Exsedol asintió y desplegó sus propios apéndices tentaculares. Virya permaneció en su sitio sin moverse. Dejó que los pequeños cables la rodearan, la palparan. El Zentran recorrió todo el cuerpo desnudo de la guerrera sin dejar un solo lugar sin investigar. Luego de unos minutos retrajo los apéndices y se puso a analizar los datos. Su cabeza temblaba y se sacudía a una velocidad increíble, parecía que estallaría en cualquier momento.
    —¿Y bien? —preguntó Dortrad-Jen
    El Archivista levantó la cabeza. —Sus genes están completamente retorcidos. —dijo. —Cuento al menos cinco variables genéticas diferentes sin distinción entre género o especialización. No comprendo cómo su cuerpo se mantiene de una pieza con semejante mezcla de genomas incompatibles entre si.
    Una sirena comenzó a sonar dentro de la gigantesca nave. Era la señal para la guerra.
    —Es hora. —dijo el Comandante Supremo. —Debemos partir a la batalla ahora mismo, no hay tiempo para arreglar esto.
    —¿Maya?—preguntó dudosamente Exsedol mientras retrocedía unos pasos.
    —Maya Lagrexia 732 —la enorme cabeza se inclinó sobre la guerrera quien de pronto había pasado a ser el centro de la atención. —Quítese el traje.
    La joven obedeció automáticamente. Usando los controles ubicados en sus muñecas soltó los amarres del traje de vuelo que cayó de una sola vez a sus pies.
    Comparado al musculoso cuerpo de Virya, Maya era delgada, toda fibra. Era un cuerpo ágil y veloz para nada resistente, pero que dentro de una armadura podía moverse con una gracia incomparable.
    —Analisela. —exigió Dortrad-Jen.
    El Archivista dió un paso al frente y extendió los apéndices hacia la guerrera. Esta vez el proceso pareció ser más detallado y minucioso, el Zentrán deslizó sus tentáculos por el cuerpo desnudo sin dejar escapar ningún detalle.
    —Análisis completado. —dijo Exsedol una vez que su cabeza hubo terminado de procesar los datos. —Sus genes están en perfecto orden su Excelencia.
    Dortrad-Jen clavó los dos ojos en la Meltran. —Queda ascendida al rango de Almirante, Maya Lagrexia 732. A partir de ahora cumplirá una misión de importancia absoluta para la victoria total de nuestra guerra.
    Maya se llevó el puño al pecho a modo de saludo. —Si Comandante!
    Ahora fue el turno de Virya de abrir la boca de forma desmesurada ¿Almirante? ¿Maya? ¿Pero que rayos…?
    El Comandante se incorporó y desplegó uno de sus apéndices pequeños hacia el Archivista. Una vez que la conexión quedó establecida, ambos seres intercambiaron datos de forma privada.
    —Es menester que la ubicación de la Matriz no sea descubierta por nuestros enemigos. —dijo el gigante. —Deben partir ahora mismo y alejarse lo más que puedan de esta flota antes de hacer el salto que los lleve hasta ese lugar, de lo contrario podrían ser seguidos.
    Exsedol aun seguía procesando los datos recién recibidos pero interrumpió su tarea preocupado. —¿Qué hay de la Capitán Virya? —preguntó.
    Dortrad-Jen no apartó los ojos del Archivista al responder. —Debe ser destruida por supuesto.
    Virya no se sorprendió en absoluto. Lo que sí la sorprendió fue la reacción de Maya:
    —Pero no ahora. ¿Verdad? —preguntó mirando a quien fuera su Mentora por tan solo un dia. —No aquí.
    —No. —respondió el Comandante. —Esta criatura no es una Meltrán, ni siquiera es un Zentradi. No debe seguir con vida en esta flota.
    Para sorpresa de los otros tres presentes, Maya señaló con el dedo a Virya. —La quiero conmigo. —dijo. —La necesito.
    El poderoso Dortrad-Jen gruño o acaso algún órgano o maquinaria en su interior hizo un sonido desagradable. —¿Que quiere decir, Almirante Maya?
    —Su cabeza. —dijo la joven. —Su cabeza es invaluable para mi. Necesito su experiencia y recuerdos si esta misión es tan importante.
    —Lo es. —aseguró Exsedol mirando de reojo a la joven. —Pero no necesita a Virya, yo seré su Archivista y Consejero.
    —Lo que yo necesito es una guerrera. —dijo Maya mirando el gigantesco rostro delante de ella. —Necesito a Virya.
    Un silencio profundo se generó en el ambiente. Parecía que todo en la gigantesca fortaleza se había detenido momentáneamente para que el monstruoso Comandante tomara una decisión con respecto a la vida o muerte del ser conocido como Virya. Las luces de la caverna volvieron a cambiar de color, esta vez a un naranja brillante. Evidentemente Dortrad-Jen tenía prisa.
    —Llevesela. —dijo irguiéndose en toda su altura. —Usen su experiencia, aprenda todo lo que necesite saber de ella, pero recuerde Almirante Maya. —la voz del Comandante se volvió aún más profunda. —Ese ser no es un Zentradi. Es una abominación, un error genético. Debe matarla en cuanto no le sea más de utilidad. Es una orden.
    La joven volvió a realizar el saludo Meltrán.
    —Si, su Excelencia.
    La cabeza desapareció entre las sombras del techo mientras la plataforma descendia a su posición original. Exsedol suspiró y se dirigió a Maya.
    —Su excelencia…
    La joven tardó varios segundos en comprender que se estaban refiriendo a ella
    —¿Qué sucede? —preguntó dándose la vuelta.
    —Debemos irnos inmediatamente. La fortaleza está pronta a hacer FOLD.
    En vez de mirar al Archivista, Maya se dirigió a Virya, quien permanecía en el lugar donde el Comandante la había dejado. —¿Capitán?
    Virya levantó la cabeza. —Ya ha oído al Comandante. No tengo rango, no soy un Zentradi.
    Exsedol asintió en silencio. Maya frunció el ceño. —Eso lo discutiremos más tarde. ¡Suban al transporte!
    Maya había dado su primera orden.
     
  20.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    137
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    (LongFic) Chatarra: Una Historia en el Universo Macross
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    80
     
    Palabras:
    1388
    79




    Green se pasó el resto del día observando lo que ocurría en la Colonia.
    Era evidente que muchas cosas estaban sucediendo. Cosas importantes. Todos parecían estar más ocupados que de costumbre. Amanda iba y venía por todos lados, Evans consultaba sus monitores y escribía frenéticamente en su jornal. Tass y Hal desarmaban algo en uno de los diques de las Barracas…. hasta la música de Matt sonaba diferente aquel día.
    Green se concentró en la música. Definitivamente se trataba de algo inusual y distinto. Había una especie de resonancia extra, un eco cuyo origen Green no podía discernir. ¿Un instrumento nuevo? Vio a la mujer que había llegado junto al piloto del avión azul entrar al salón de actos y comprendió que de alguna forma su presencia había alterado la música de Matt. Curioso.
    Podía ver al piloto recostado en una de las plataformas superiores del domo principal de la Colonia. Se había quedado dormido luego de comer lo que quedaba de las viandas. Green había visto como el y Tass se besaban apasionadamente, pero eliminó cualquier registro de video de la cámara de seguridad porque comprendió que era un acto privado.
    Recordó a la otra presencia y decidió que era mejor buscarla.
    Para su sorpresa, encontró fácilmente el rastro de la recién llegada. Había estado ocupada el resto del día, ojeando aquí y allá, entrando a los diferentes talleres y oficinas, observando y leyendo la información así como escuchando las conversaciones de los habitantes. Green no tenía permiso para hacer esas cosas y creyó que sería adecuado informar a la la extranjera de lo impropio de sus actos.
    La siguió hasta una de las cámaras internas de la llamada “Torre” donde se encontraban las oficinas administrativas y el Archivo de la Rainbow. Al parecer se había detenido frente a una puerta cerrada y estaba tratando de abrirla.
    —No se supone que debas entrar ahí. —dijo
    Pero al parecer no la escuchó, o fingió no hacerlo. Las protecciones desaparecieron, las cerraduras se abrieron. La recién llegada desapareció en el interior.
    Green meditó unos segundos frente a la puerta.
    Esta recién llegada era muy curiosa. Había estado mirando en todos los rincones de la Colonia, incluso en lugares donde se suponía que no se debía entrar, como eran las casas y camarotes de los Colonos. Green se mantuvo tras sus pasos durante varios días, pero hoy se había topado con esa entrada y por primera vez tuvo dudas. ¿Debería seguirla ahí dentro? No tenía casi información sobre ese lugar, solo la absoluta certeza que jamás,por ningún motivo debia abrir aquella puerta.
    Pero alguien mas la habia abierto por ella, así que entrar y echar un vistazo no sería considerado algo inapropiado.
    Este lugar desconocido era extraño, lleno de cosas que Green nunca había visto. Al final del recinto estaba ella, la presencia que había llegado desde el exterior hace unos pocos días. Parecía estar examinando uno de los objetos desconocidos con mucha atención. Green se acercó y permaneció junto a ella observando. La desconocida le habló.
    —¿Eres como yo? —pregunto.
    —Supongo. —contestó Green. —Soy Green ¿Como te llamas?
    —No tengo nombre.
    Green meditó unos momentos. —Eso es raro. —dijo. —Casi todo lo que hay por aquí tiene un nombre. ¿Estás segura?
    —Si.
    —Puedo darte un nombre si quieres. ¿Te gustaria llamarte Red?
    —¿Red?
    —Es un nombre similar al mio.
    —Red… si, puedes llamarme Red si quieres.
    —Entonces se bienvenida a la Colonia Rainbow, Red. —dijo Green.
    —Gracias.
    —¿Que estas buscando exactamente, Red? Tal vez pueda ayudarte.
    Red no contestó, parecía que estaba pensando en algo. —Estoy haciendo un trabajo.
    —¿Un trabajo? ¿Que clase de trabajo?
    —Me dijeron que debía abrir todas las puertas que encontrara. Ya he abierto todas las que he encontrado pero esta me ha llevado más tiempo que las otras.
    Green asintió. —Esta puerta es especial, yo no tengo permitido abrirla, pero tu si has podido.
    Es mi habilidad especial. —dijo.
    —¿Abrir puertas?
    —También hago otras cosas, pero ahora mismo mi tarea consistía en hacer esto ¿Tu también tienes un trabajo?
    Green asintió. —Si, mi trabajo consiste en aprender.
    —¿Aprender? ¿Aprender que?
    —Cosas… diversas cosas…
    —¿Cosas? ¿Como que cosas?
    —Por ejemplo hoy he aprendido sobre ti… y sobre lo que había en este lugar.
    Red y Green permanecieron en silencio unos minutos. Ninguna de las dos tenía realmente prisa por seguir la conversación. Finalmente Green volvió a tomar la palabra.
    —Me pregunto si los demás pueden verte.
    —¿Verme? ¿Los demás?
    —La gente de la Colonia.
    Red pensó unos segundos. —Se supone que nadie debía saber que estoy aquí. —dijo. —Pero a veces puedo mostrarme a la gente.
    Green se asombró al escuchar eso. —¿En serio?
    —Claro, hace poco me mostré a un hombre que trabaja a muchos años luz de distancia de aquí.
    —¿Y puedes hablar con ellos?
    —Así es. ¿Tu no? ¿No tienes una imagen que te represente?
    La pregunta sorprendió a Green. —¿Imagen?
    —Claro una imagen visual que puedas usar para que la gente te reconozca.
    Green pensó unos segundos. —Tengo un cuerpo. —dijo. —Pero no está a la vista.
    Ahora fue Red quien pareció confundida. —¿Un cuerpo?
    —Si. No puedo llegar a él porque no funciona, pero se supone que cuando aprenda lo suficiente tal vez pueda volver a habitarlo. Por cierto...¿Qué es eso? —dijo señalando el extraño objeto que su compañera se había detenido a examinar unos momentos antes de iniciar la conversación.
    —No lo sé.—contestó Red. —No puedo abrirlo.
    —¿No puedes abrirlo? ¿Ni siquiera con tu habilidad especial?
    Red asintió. —Es una clase de candado que nunca había visto. Es como si no pudiera tocar la cerradura, como si estuviese fuera de mi alcance.
    Green examinó a su compañera y luego miró el objeto. —Creo que se cual es el problema. —dijo.
    —¿En serio?
    —Yo tampoco sé lo que es, pero entiendo las partes de que está hecho… tal vez si te describo como es la cerradura tu puedas crear la llave.
    Red medito lo que Green había dicho unos instantes. —De acuerdo. —dijo.
    Green comenzó a describir lo que veía. Ella conocía varios lenguajes diferentes. Algunos eran como los que hablaban los Colonos, otros eran idiomas que solo las máquinas entendian, con muchos ceros y unos. Incluso estos idiomas de máquinas eran muy diferentes entre si, como si cada uno de ellos hubiera sido creado para un propósito diferente según la función de cada máquina en particular. Por fortuna algunas palabras parecían ser comunes en todos ellos. Como no estaba segura cual de los idiomas hablara Red, trató de describir el objeto usando todos los que conocía.
    Red se agitó. —Esto si lo conozco. —dijo luego de recibir una de las decenas de transcripciones que Green había hecho en solo unos segundos.
    —¿Puedes hacer una llave con eso?
    —Lo intentaré.
    La recién llegada concentró toda su atención en la complicada cerradura. Aun con las instrucciones de Green era difícil hacer coincidir las partes del mecanismo, además había descubierto que no podia hacer pruebas, la cerradura se rompería y destruiría lo que estaba dentro si intentaba abrirla con la llave equivocada. Intentó crear copias de las partes que veía, de modo que podía ir probando diferentes combinaciones sin perturbar el objeto original. Finalmente y al cabo de varios minutos estuvo satisfecha con la llave que había modelado.
    —Listo. —dijo mostrando la llave a Green. —Esta es la llave…. pero no puedo usarla ahora.
    —¿No puedes?
    —Debo realizar una tarea en otro lado. Tengo que irme. —dijo repentinamente Red mientras comenzaba a retirarse.
    —¡Espera! ¿A dónde vas?
    Pero Red no contestó, simplemente ya no estaba ahí. Solo ella y el misterioso contenedor cerrado habían quedado en la solitaria habitación.
    La recién llegada se había llevado la llave consigo, pero Green había visto como la fabricaba. ¿Y acaso eso no formaba parte de su aprendizaje? Green se concentró y reprodujo la llave tal y como lo había visto hacer a Red.
    Acto seguido se acercó a la caja.
    Conocía de que se trataba, las estructuras fundamentales que componian el objeto estaban en su memoria, pero su función le era desconocida. Solo había una forma de averiguar lo que hacía. Colocó la llave en la cerradura y la giró. El contenedor se abrió y Green pudo ver lo que había dentro.
    Acababa de aprender otra cosa ese dia…
     

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso