Long-fic de Inuyasha - [Long Fic] Niño Soldado

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Lady Kyros, 27 Septiembre 2010.

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    Lady Kyros

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    [Long Fic] Niño Soldado

    Título: Niño Soldado
    Summary: La guerra es cruel y despiadada, destruyendo familias, sueños y esperanzas... Acabando con todo en la vida del pequeño Inuyasha, obligándolo a formar parte de lo que más odiaba: el ejército. Luego de años de torturas, asesinatos, ataques... ¿podrá seguir siendo humano?
    Fandom: Inuyasha
    Clasificación: T
    Tipo: Long Fic/Song Fic, basado en la canción "Niño Soldado" de Ska-P.
    Capítulos: 8 + epílogo.
    Terminado: Sí
    Advertencias: Asesinatos y torturas; la crueldad de la guerra.
    Cantidad de palabras: 1,497 (sin título ni lírica; primer capítulo)




    [FONT=&quot]>>Niño Soldado<<[/FONT]

    [FONT=&quot]Capítulo I[/FONT]


    [FONT=&quot]Fui a nacer donde no hay nada,[/FONT][FONT=&quot]
    Tras esa línea que separa el bien del mal...
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)[/FONT]​



    [FONT=&quot]Instintivamente aspiró profundamente una bocanada de aire. De inmediato sintió como si una sustancia ácida y condensada penetrase a su cuerpo, irritando su garganta, quemando sus pulmones. Tosió. Ya no había oxígeno puro en ese lugar, sino mezclado con hollín, oliendo a pólvora. Oía cañones a lo lejos, seguidos de una estruendosa explosión. El ruido de los gritos en el campo de batalla era opacado por el zumbido de las balas… El llanto reinaba en el campamento, como una fúnebre melodía.
    Sintió que alguien lo mecía suavemente y supo que ya era hora de despertar, no podía seguir evadiendo su realidad, no podía permanecer allí, tendido, sin hacer nada. Levantó lentamente sus párpados, pero casi de inmediato tuvo que bajarlos ya que una brillante luz se hallaba sobre él. Escuchó que alguien había apagado el interruptor de la lámpara. Abrió nuevamente los ojos, pero esta vez no tuvo necesidad de volver a cerrarlos. Junto a él se hallaba una joven enfermera de cabellera castaña, mirándole fijamente. Se sintió incómodo, aún no se acostumbraba a que las personas lo mirasen con tanta curiosidad, aunque ya sabía el por qué: no muchas personas poseían aquel tono ambarino en su mirar, no de forma natural, y mucho menos una abundante cabellera plateada como la suya. Durante toda su vida había estado sometido a las miradas atentas de la gente, los niños lo señalaban con el dedo, y con un cierto temor en la voz, lo llamaban “demonio”.
    La chica frente a él mantenía fijos sus acaramelados ojos en el ámbar de los del chico, quién poco a poco sentía cómo su nerviosismo iba en aumento.

    —¿Puedes dejar de mirarme así? —preguntó el joven un tanto irritado.
    —Lo siento, Inuyasha, pero ya sabes cómo me gustan tus ojos —sonrió la enfermera.
    —Pero Sango, ¿qué dirá Miroku si te oye decir eso?
    —Nada... Porque sabe muy bien que yo no soy como él, así que no habrá problema.

    La morena se alejó del chico y se dispuso a revisar los estantes en busca del medicamento que debía de suministrarle. Inuyasha observó su torso vendado, recordaba vagamente el momento en que una bala perdida se había alojado repentinamente en su hombro derecho. Se tanteó el cuerpo en busca de alguna otra herida, pero no encontró ninguna. Finalmente observó sus brazos, manos, dedos y piernas, para luego respirar aliviado. No había perdido ninguno de sus miembros. Aunque...[/FONT]
    [FONT=&quot]
    [/FONT]
    [FONT=&quot] <<No... Aún los conservo todos>>, pensó aliviado.

    El joven alcanzó a cubrirse nuevamente con la sábana al momento que la enfermera se volteaba para suministrarle el medicamento. El chico le sonrió con nerviosismo, pero a Sango pareció no importarle. El mirar acaramelado de la joven parecía distante, triste... E Inuyasha ya sabía el por qué.
    Miroku, el novio de Sango y mejor amigo de Inuyasha, había sido enviado a infiltrarse en las líneas enemigas. Hace ya más de un mes que no se tenían noticias suyas…: la misión no debiese de haber tardado más de una semana.

    —Sango... Él volverá.

    La voz segura del chico sacó a la enfermera de su ensimismamiento. La morena le sonrió con dulzura... Aquellas palabras, hace tiempo que deseaba escucharlas de los labios de alguien cercano a su amado Miroku. Sí, él volvería, solo había que darle tiempo.

    —Bueno, Inuyasha... Ha llegado la hora de tu medicina.

    El chico aceptó a regañadientes las dos relucientes píldoras que su amiga le ofrecía. Vació de un sorbo el vaso de agua que Sango le ofreció una vez que él se hubo metido las pastillas en la boca. Inuyasha efectuó una mueca que hizo que la chica se riera a carcajadas. Odiaba los remedios y más aún las inyecciones. Siempre hacía todo lo posible por evitar una visita a la enfermería del campamento. Pero esta vez no tuvo opción de negarse.

    —¿No deseas quedarte otro día? Últimamente las camas de la enfermería han estado vacías...
    —Pero he visto a muchos heridos abandonar el campo de batalla —se extrañó Inuyasha.
    —Es verdad, pero esas personas no necesitan de las camas... No por mucho tiempo —comentó la chica con tristeza.

    El joven bajó la cabeza... Era verdad, los soldados que abandonaban el campo de batalla sólo podían esperar un milagro para continuar con vida. La rudeza de la guerra era inimaginable, los ejércitos combatían con ferocidad, despojados de toda cualidad que los asemejase a su condición de humanos. La piedad ya no existía en sus corazones al momento de matar, “morir o rendirse” era su ley al enfrentar cara a cara a algún soldado del bando enemigo: morir con honor o vivir con vergüenza.
    Sango dejó al chico solo, sabía que en lo profundo de su ser necesitaba un momento para reflexionar.
    Inuyasha vagamente recordaba su infancia, durante la cual sufrió los primeros estragos de la guerra...

    [/FONT]
    [FONT=&quot]
    [/FONT][FONT=&quot]
    Era una noche lluviosa. El rugido lejano del viento les anunciaba que pronto se avecinaría una poderosa tormenta. Unos cálidos brazos lo rodearon por la cintura, al momento que sentía la tibia respiración de su hermana en su cuello.
    Ambos niños estaban agazapados contra una muralla, cubiertos con unos harapos húmedos y papel de periódico roto. Se encontraban en el pasillo de un viejo hospital, donde todas las habitaciones estaban abarrotadas de personas que necesitaban un lugar para refugiarse de la tormenta. Inuyasha sollozaba por lo bajo, su hermana lo mecía suavemente, susurrándole palabras de aliento al oído. El niño apenas tenía 5 años, y su hermana solo era 7 años mayor que él. Ambos perdieron a su madre por culpa de la guerra. Una bomba había caído cerca de la residencia que ellos habitaban... En sólo cuestión de segundos ya no tenían nada más en el mundo que el uno al otro.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Hace tan solo una semana había estallado la guerra, pero a pesar del corto período que llevaba, ya había transformado su pacífica región en un infierno terrenal. Los habitantes de la ciudad siempre estuvieron temerosos a un repentino ataque del país vecino, debido a su posición fronteriza con éste... Estaban solo a un paso de formar parte de los territorios enemigos. La ciudad rápidamente fue sitiada, los edificios destruidos, los oponentes asesinados... El ejército intervino a tiempo sólo para lograr salvar a los patriotas de ser alejados del país, apresados por el adversario.
    Inuyasha no comprendía lo que ocurría a su alrededor, no entendía por qué su madre ya no volvía a su lado, por qué su hermana, Kanna, no dejaba que saliese a jugar. No entendía que la guerra iba a arrebatarle todo lo que amaba...



    —Inuyasha...

    La voz de Sango sacó al joven de su ensimismamiento. El chico movió lentamente la cabeza de un lado a otro.

    —No, Sango, no me quedaré otra noche. Debo volver al campo de batalla... Es mi deber — comenzó a vestirse rápidamente—, soy un soldado, debo velar por la seguridad de mi patria —añadió.

    La enfermera no dijo nada, solo se dispuso a ordenar los medicamentos que tenía sobre el escritorio. Sabía que nada podía hacer para retener a su amigo. No entendía... No podía comprender cómo Inuyasha luchaba por su patria, la cual en su niñez lo marcó enormemente, le dejó heridas que aún no cicatrizaban...
    El soldado terminó de vestirse. Miró fijamente los ojos tristes de su amiga, pero no dijo nada. Sabía que ella no le comprendía, sabía que no lograba entender el por qué hacía todo eso, pero la razón era tan simple que no valía la pena mencionarla... Sólo deseaba que, en un futuro no muy lejano, los niños pudiesen salir a jugar libremente, sin temer que algún día intentarían regresar a casa, sólo para encontrar un gran cráter en el lugar en que se encontraba su morada. No deseaba que niño alguno perdiese a su madre, tal como le ocurrió a él, no deseaba que aquellas almas puras e inocentes tuviesen que pagar por los errores de los adultos.

    El joven salió de la enfermería con paso lento, sabía que estaba abandonando el lugar más seguro que por ahora podía encontrar, pero también comprendía que lo más importante en ese momento no era su seguridad, sino la de los civiles.
    Una vez abandonó el campamento, se dirigió rápidamente al campo de batalla. El zumbido de las balas iba en aumento, el aire se volvía menos respirable, tuvo que aminorar la marcha, puesto que sus pulmones no recibían suficiente oxígeno. A lo lejos, el estallido de una bomba le devolvió las energías para seguir adelante. No se rendiría. No se detendría hasta ver cumplido su objetivo. Sintió una dolorosa punzada en su hombro, y recordó aquella bala perdida que se había alojado en él.

    <<Bueno, es sólo parte del precio por hacer lo correcto>>.


    Inuyasha prosiguió su camino, no muy lejos se hallaban las trincheras, donde sus camaradas lo esperaban impacientes para dar inicio al contraataque. El joven no sospechaba que una persona muy importante le aguardaba allí, escondido entre los espesos matorrales, esperando el momento indicado para aparecer frente a él.

    [/FONT]








    Pondré los capítulos a más tardar cada una semana, debo revisarlos para ver si no tienen errores.
    Espero que disfruten la historia, y los/as invito a leer mis otros dos Long Fic's:
    Las alas perdidas. [CCS][TRC]
    La llave de los secretos. [Original]
     
  2.  
    Sandritah

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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Sabes, Kyros, que adoro esta historia. Siempre es un placer volver a leerla, porque sé que la primera vez me sorprendiste paso a paso, capítulo a capítulo, con cosas que no me esperaba en absoluto. Si bien ahora ya no será así (o eso espero, hay cosas que no recuerdo), de igual forma disfrutaré viendo cómo avanza la historia y cómo se desenvuelven los hechos.

    Me gusta ese Inuyasha luchador, con su carácter y sus ideas claras; su infancia fue triste... las guerras siempre traen tristeza, dolor y desolación con ellas. Y esperemos que Miroku regrese para así restablecer las alegrías de Sango.

    Te sigo leyendo ;).
     
  3.  
    Lady Kyros

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    [FONT=&quot]Capítulo II[/FONT]

    [FONT=&quot]Mi tierra se llama “Miseria”[/FONT][FONT=&quot]
    Y no conozco la palabra “libertad”
    Fui secuestrado en una guerra,
    Torturado y preparado pa’ matar...
    [/FONT][FONT=&quot](Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)[/FONT]​
    [FONT=&quot]
    El soldado aminoró su marcha al encontrarse en la entrada de la base. Un guardia lo retuvo para pedirle su identificación, tras lo cual le permitió el paso. Inuyasha emprendió una rápida carrera hacia las trincheras, le urgía volver a pelear junto a sus camaradas. El joven veía cómo la humareda iba incrementando a medida que acortaba el camino hacia el campo de batalla. De pronto paró en seco y agudizó el oído: había escuchado ruidos a su derecha, proveniente de unos matorrales. El soldado sacó sigilosamente una navaja que llevaba ceñida a la cintura y se dispuso a acercarse con sigilo hacia el arbusto. De pronto perdió el equilibrio y cayó de espaldas, se había llevado una enorme sorpresa al ver surgir de entre las ramas a un hombre que deseaba ver hacía ya mucho tiempo.

    —Inuyasha... Si sigues con la guardia tan baja, pronto alguien podrá apresarte. —Le dijo el sujeto con una sonrisa burlona.

    —Mi... ¿Miroku? —preguntó el soldado con asombro.

    El hombre asintió sonriente, le hacía mucha gracia haber asustado a su amigo. Miroku era un soldado de 27 años, dos más que Inuyasha, de tez bronceada, cabellos oscuros, recogidos por una coleta, y era poseedor de unos profundos ojos azules.
    Ambos jóvenes se conocieron al ingresar al ejército, entablando rápidamente una fuerte amistad. Miroku se había marchado hace ya casi un mes debido a una misión especial para infiltrarse en las filas enemigas, pero desde ese día no se habían tenido noticias de él. Inuyasha no salía de su asombro al verlo materializarse frente a él tan repentinamente; tenía muchas cosas que preguntarle, tanto que contarle... Pero el tiempo apremiaba, y debía dirigirse al campo de batalla.

    —¿Qué esperas? ¿No tenías prisa, amigo?

    Miroku le sonrió, entendiendo el apuro que llevaba su amigo. El joven de mirar ambarino asintió lentamente. Se levantó del suelo y se encaminó hacia las trincheras, no sin antes darle un fuerte abrazo a su amigo y prometerle que pronto tendrían una larga charla.

    ***

    Sango no cabía en sí de la alegría de volver a ver a su amado soldado. El joven de ojos color océano la miraba con dulzura, con unos irrefrenables deseos de tenerla entre sus brazos y sentir el dulce aroma de su amada enfermera.

    —¿Por qué no me dijiste que volverías? ¿Por qué no me escribiste? —Le reprochó la morena—. Estaba tan angustiada...

    —Mi pequeña, yo...

    —Calla —selló sus labios con un dedo—. No importa cariño, sé muy bien que estabas en una misión, es sólo... que estaba muy preocupada...

    —Oh, Sango... No sabes lo mucho que te extrañé...

    El soldado abrazó a la enfermera con ternura, y con igual delicadeza besó sus labios. Realmente estaba feliz de volver, jamás pensó que regresaría a salvo, no después de ser apresado... Se retorció sobre sí mismo. Sango acababa de tocar su hombro, activando su sentido del dolor sobre esa zona. La enfermera se percató de la reacción de Miroku ante su caricia.

    —¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?

    —No... No es nada... Sólo estoy un poco fatigado, mi princesa —besó delicadamente la mano de su amada—. Es mejor que vaya donde el comandante para informarle sobre la misión.

    El joven salió lentamente de la enfermería, dejando a la morena sumamente confundida: conocía muy bien a su novio, sabía a la perfección que algo le ocultaba.

    ***

    Inuyasha corría entre las trincheras velozmente, disparando, cargando municiones, volviendo a disparar. A su lado pasaban las balas como molestos mosquitos, incesantes, zumbadores y numerosos. El soldado de plateada cabellera se destaca entre los demás por su gran agilidad y resistencia, podía recibir un tiro, levantarse y seguir peleando; era digno de admirar, tanto por cómo actuaba en tiempos de guerra como por cómo logró salir adelante en su pasado. Todos sus camaradas sentían gran respeto por el chico y se sentían orgullosos de integrar su pelotón. Inuyasha volaba por entre las trincheras reforzando el ataque, ayudando a la defensiva, reemplazando a los soldados cansados y rescatando a los malheridos. Cada vez que alguien le preguntaba por qué arriesgaba su vida por salvar la de sus camaradas él simplemente respondía que lo único que lo diferenciaba de la otra persona era que el otro recibió un balazo que pudo haber estado dirigido a él.
    Las horas pasaban y el ataque no cesaba. El ruido de las explosiones ya era parte de la vida cotidiana de los guerreros, y las sangrientas escenas de miembros mutilados por una bomba eran tan comunes como un accidente con agua caliente.

    —Señor Inuyasha...

    El soldado volteó al oír su nombre. Tras a él se hallaba un joven de cabellera azulada, recogida por una trenza. El chico de ojos dorados reconoció a su camarada, Bankotsu, integrante del pelotón “B”.

    —¿Qué sucede? ¿Nos necesitan en la base? ¿Se han infiltrado? —preguntó con preocupación.

    —Nada de eso, señor, sólo vine a avisarle que mi pelotón está listo para relevar al suyo —contestó Bankotsu.

    —Muy bien, daré la orden para retirarnos... Y quisiera pedirte algo.

    —¿Qué desea, señor?

    —Que dejes de llamarme “señor”, tú y yo pertenecemos al mismo rango... No me temas —rió.

    —Entendido, se... Inuyasha.

    El soldado sonrió y se dirigió rápidamente a la base: tenía una conversación pendiente con Miroku.

    ***

    El soldado de ojos azules se encontraba parado en la puerta de la base, a la espera de su amigo. El joven de plateada cabellera no tardó en llegar y ambos ingresaron al cuartel.

    —Y dime, Miroku, ¿qué ocurrió? ¿Por qué te demoraste tanto?

    El joven de cabellos negros tomó un sorbo de su café antes de responder... Dañaba su orgullo confesar lo que iba a decirle a su amigo

    —Me tomaron prisionero.

    Inuyasha no podía creer lo que Miroku le decía. Su amigo era uno de los mejores en el escuadrón al momento de actuar como espía... No uno de los mejores: ¡era el mejor!
    Sabía que no revelaría cómo ocurrió, pero una extraña sensación se apoderó del pecho del soldado de ojos dorados.

    —Te... ¿Te torturaron? —preguntó con un nudo en la garganta.

    Miroku asintió con lentitud.

    —No sé por qué te sorprende. Tú pasaste por lo mismo, y sólo eras un niño...

    Aquellas palabras desencadenaron una serie de imágenes en la mente de Inuyasha. Sí. Había pasado por lo mismo, poco después de haber iniciado la guerra...

    ***

    Kanna abrazaba a su hermanito con fuerza, la tormenta se encontraba sobre ellos y los azotaba con violencia. Inuyasha lloraba desconsolado, hacía tan sólo unos minutos había comprendido que su madre no volvería, que estaba muerta...

    —Tranquilo, Inu, ya todo estará bien, no llores...

    La voz de su hermana lo tranquilizaba poco a poco. Sintió que el cansancio lo vencía y cerró sus ojos, esperando que al abrirlos su madre estuviese frente a él y le dijese que todo fue un mal sueño...
    No pasó mucho tiempo cuando tuvo que abrir los ojos y vio, con horror, que su hermana yacía inconsciente contra una pared. Un hombre lo tenía en brazos y, pese a sus esfuerzos por zafarse, fue imposible liberarse de su agarre.

    —Tranquilízate, niño, ella estará bien.

    —Kanna... ¡Onee-san! ¡Ayúdame!

    —¡Silencio mocoso!

    Acto seguido uno de los sujetos le tapó la boca con un paño húmedo, tras lo cual el pequeño perdió el conocimiento...
    Al despertar se hallaba en un catre de campaña, cubierto con una delgada frazada. Miró con preocupación a su alrededor y descubrió a otros niños en sus mismas condiciones. Todos lo miraban con recelo, debido a la extraña coloración de sus cabellos y ojos. Inuyasha salió rápidamente de la habitación en la que se encontraba, buscando una salida para llegar junto a su hermana. Dobló por un pasillo a la derecha, atravesó el campo de entrenamiento, se desvió por un estrecho pasaje entre los edificios, volvió a doblar hacia la derecha, siguió en línea recta hasta el estacionamiento, luego torció hacia la izquierda, y cometió un error... Frente a él se hallaba un sujeto de aspecto huraño, con una varilla de madera en la mano. Antes de que Inuyasha pudiese gesticular palabra alguna, el hombre había comenzado a propinarle severos golpes con la varita. Esa fue la primera de muchas veces que se vio enfrentado a una reacción violenta por parte de sus captores... Latigazos, golpes, patadas... Formaron parte de su vida diaria, junto a largas horas realizando trabajos forzados, días sin comida ni agua. Poco a poco le fueron instruyendo en el arte de la guerra, de torturar, de asesinar...

    ***

    - Inuyasha...

    La voz de Miroku lo devolvió a la realidad. Inuyasha suspiró profundamente.

    [/FONT]
    [FONT=&quot]<<Ya es hora de dejar el pasado atrás. Esos días ya debo enterrarlos en el olvido, no soy la persona que ellos querían que fuera... Ni pienso serlo jamás>>.

    —Amigo... Cómo te iba diciendo, ellos sólo me dejaron un pequeño “recuerdito” antes de que lograra escapar.

    El soldado de mirar ambarino no pudo ocultar su impresión al observar el hombro descubierto que su amigo le mostraba. Allí, plasmado al rojo vivo, se observaba la bandera del enemigo. Aquellos malditos habían marcado a Miroku como si no se tratase más que de un simple esclavo...

    —Pero no te preocupes: yo también les dejé un regalito de mi parte... —añadió el soldado, riendo con malicia.

    ***

    Mientras tanto, en el país enemigo dos soldados se reunieron en la base

    —¿Qué ocurre? ¿Dónde está el prisionero?

    —No lo sabemos, señor... Seguramente está siendo interrogado.

    Ambos sujetos se dirigieron a la oficina de interrogación, pero se sorprendieron al encontrarla vacía. Uno de ellos dirigió su vista al escritorio, para luego señalar con horror un montón de paños sucios.

    —Se... Señor... Allí —señaló con voz temblorosa.

    El otro soldado se acercó con cautela, movió aquellos harapos y luego se apartó con asco. Frente a ellos yacía el cuerpo del soldado a cargo de hacer las interrogaciones... Pero su cabeza estaba girada en 180 grados de su eje central, y sus ojos miraban en dirección de un espejo, donde escrito con sangre se leían las palabras “Ustedes son los siguientes”

    —¿Qué quiso decir con eso?

    Pero no tuvieron que esperar la respuesta, puesto que el reloj que se hallaba sobre el escritorio había terminado de marcar la cuenta regresiva.







    Cantidad de palabras: 1701 + lírica y título
    Sandritah: A mí también me gusta este Inuyasha. :) Espero que la historia aún te siga sorprendiendo.
    [/FONT]
     
  4.  
    Sandritah

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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Y no conozco la palabra "Libertad" :silbar:.

    La letra de la canción me encanta y creo que supiste escoger maravillosamente bien los fragmentos al inicio de los capítulos, al menos de los ya publicados. En concreto este me gusta porque empiezas a profundizar en la psicología de los personajes, en lo que fue Inuyasha, en lo que hace o es capaz de hacer Miroku, y a la vez de mostrar esa faceta tierna, responsable y preocupada en ambos.
    Debo resaltar que adoro el final. ¿Tortura? Bien, ellos torturan, pero Miroku no se queda atrás y devuelve la moneda. A veces esas pequeñas sorpresas son las que hacen las cosas más interesantes :).
     
  5.  
    sessxrin

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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Mmmm Debo admitir que dude antes de leerlo, las historias muy largas me da cosa leerlas en computador, pero la curiosidad me puso más.
    Excelente trama. Me gusta por que sale de lo convencional, se centra más en el portagnosta y es una historia cruda que es muy real y que ha muchos les ha pasado. Entiendo a Inuyasha, mis familiares estan marcados por la guerra, así que entiendo mucho más a Inuyasha.

    Me leí rapidamente los capitulos, buenisímos, eres realmente buena en esto Kyros. Sólo, a mi parecer, colocaste mal unos puntos puntos suspensivos, al menos en mi opinión personal.
    Maravilloso long-fic, espero seguir leyendolo. Nos vemos ;)
     
  6.  
    Lady Kyros

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    [FONT=&quot]Capítulo III[/FONT][FONT=&quot][/FONT]
    [FONT=&quot]“Me han convertido en una bestia,[/FONT][FONT=&quot]
    Soy sólo un niño que no tiene identidad...”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)[/FONT]​
    [FONT=&quot]
    Los dos amigos continuaron conversando por unos minutos antes de ser interrumpidos por Kouga, el soldado mensajero del ejército. Era un joven de largos cabellos negros sujetados por una coleta y penetrantes ojos ligeramente celestes, reconocido por la gran velocidad que alcanzaba al correr, cualidad que lo había llevado a obtener el cargo que ahora ocupaba. El mensajero parecía muy exaltado y se podía leer gran emoción en su mirar: al parecer era portador de buenas e importantes noticias del frente.

    —Señor Inuyasha, señor Miroku, traigo un informe del campo de batalla —anunció.

    —Bien, queremos oírlo —pidió el espía.

    —Pues, esta mañana nos han informado que una bomba fue plantada en la base enemiga y su detonación fue todo un éxito. —Kouga les sonrió con complacencia—. No sólo celebramos la destrucción de parte de los edificios de nuestros adversarios —continuó—, sino que además la explosión se llevó consigo todas las investigaciones y reportes que el enemigo había extraído mediante los interrogatorios a los prisioneros de nuestro bando. Y también es importante agregar que gran parte de nuestros soldados, que permanecían en calidad de rehenes, han regresado con bien desde el país enemigo.

    —Pues son grandiosas noticias, Kouga, grandiosas en verdad —celebró Inuyasha.

    —Lo sé, señor, pero quería preguntar una cosa... —el mensajero se dirigió a Miroku—. ¿Usted estuvo involucrado en todo esto?

    —Pues, quizás algo tuve que ver —contestó el aludido con aire distraído.

    Kouga se alejó lentamente, observando con admiración al soldado espía... A pesar de haber puesto en riesgo su propia vida, había escapado de las garras del enemigo y no sólo eso, sino que además había rescatado a los cientos de prisioneros que estaban encerrados en la base. Realmente, Miroku era un hombre digno de respeto.

    —¿Así que también rescataste a los rehenes? —preguntó el albino con asombro, una vez el mensajero se hubo marchado.

    —Pues sí, no podía dejarlos allí. Tú hubieras hecho lo mismo, amigo.

    ***

    En la enfermería, Sango estaba sorprendida por la gran cantidad de personas que requería de sus servicios, y más aún, al reconocer rostros familiares que ya daba por muertos. Los soldados y civiles le contaron cómo pudieron escapar, refiriéndose detalladamente a la astuta estrategia del espía. Entre el gentío se hallaba un pequeño niño de cabellos anaranjados y ojos esmeraldas, que lucía sumamente cansado. La enfermera lo condujo hasta una cama separada de las demás, puesto que con el ruido de los gritos de celebración por parte de los adultos, el chico no podría descansar.
    La joven se dirigió al escritorio, en busca de algún medicamento para darle al pequeño, para así facilitar su descanso. Finalmente dio con él, sacó una diminuta y reluciente cápsula y se la ofreció al chico, junto a un vaso de agua.

    —Tómala, te hará bien.

    El niño no respondió, dirigió su mirada al medicamento y le dio la espalda a la enfermera. No quería nada, solo deseaba que el tiempo volviese sobre su marcha, para arreglar todos los errores que la guerra había causado.
    Sango se preocupó por la triste mirada del chico, preguntándose qué podía hacer para que el pequeño le confesara su aflicción.

    —¿Ocurre algo?

    La joven se volteó rápidamente al oír aquella voz tan familiar.

    —¡Inuyasha! Qué bueno que viniste, necesito de tu ayuda.

    —¿Eh?

    ***

    El soldado se acercó a la cama en que se encontraba el niño. Sango le había pedido que hablara con él, para ver si podía averiguar qué le ocurría.

    —Eh... Hola —saludó.

    —Hola... —contestó el niño, sin muchas ganas.

    —Mi nombre es Inuyasha, ¿puedes decirme el tuyo?

    —Shippou.

    —¿Shippou? Es un extraño nombre —observó el soldado.

    —Pues el tuyo parece ser apropiado para ti —contestó el niño tras observar detenidamente la apariencia de su interlocutor.

    —Je, eres muy observador. Dime, ¿cuántos años tienes?

    —Diez.

    —¿Y por qué estás aquí?

    Esa pregunta hizo que el pequeño bajase la mirada... Aún podía recordar los gritos de sus padres al momento de ser brutalmente asesinado por los soldados enemigos. Aún podía ver en sus sueños el rostro suplicante de su madre, pidiendo a que él no le hicieran daño.
    Inuyasha comprendió lo que el chico pensaba, él había pasado por lo mismo... Le entendía perfectamente. Su madre había muerto tras una explosión, su padre había desaparecido unos años antes, y su hermana... Jamás volvió a ver a Kanna luego de que los separaron.

    —¿Quisieras volver el tiempo atrás?

    Shippou salió de sus pensamientos y miró fijamente al soldado. ¿Cuántos años tendría? ¿veinticinco? No lucía como el resto de los soldados, sin embargo había escuchado noticias grandiosas sobre sus hazañas en el campo de batalla. Podía leer en su mirar ambarino que él también había sufrido mucho, quizás al igual que él o más... Cómo maldecía a quienes iniciaron la guerra.

    —Sí —contestó finalmente el chico—. Quisiera que todo volviese a ser cómo antes... Mis padres fueron asesinados por soldados enemigos. Luego me apresaron y me encerraron. Gracias al señor Miroku pudimos escapar.

    —Ya veo... ¿De dónde eres?

    —De Kyoto, allí viví siempre, hasta el inicio de la guerra —respondió—. ¿Y tú? Claramente no eres japonés, como yo.

    El soldado no supo qué responder. Prácticamente había pasado la mitad de su vida en el ejército, y todos sus recuerdos de niñez habían sido completamente borrados, suplantados por tácticas de guerra, maneras más eficientes de asesinar...

    —No lo sé...

    ¿De dónde venía? ¿Quiénes eran realmente sus padres? No recordaba el nombre de sus progenitores, vagamente recordaba el rostro de su madre. Solo Kanna permanecía en su memoria. ¿Quién era él realmente?

    ***

    —¡Vamos, levántate, holgazán!

    El pequeño abrió los ojos lentamente: todas las mañanas eran igual. El guardia pasó golpeando con su vara de madera a todos aquellos que se rehusasen a levantarse. Inuyasha alcanzó a saltar de su cama antes de que el soldado llegase junto a él. Los niños comenzaron a vestirse rápidamente, de lo contrario serían privados de su desayuno. Les servían un pedazo de pan mohoso, acompañado de un vaso de leche agria. Al almuerzo les servían míseras porciones de puré de patatas o legumbres, acompañado de un pequeño vaso de agua.
    Las tardes eran extenuantes, los entrenaban duramente, bajo el candente sol del verano o bajo la torrencial lluvia del invierno. Debían enfrentarse entre ellos, y el grupo perdedor era cruelmente castigado a latigazos. El capitán Onigumo era un hombre sumamente despiadado, él era quien se encargaba personalmente de maltratar a los pequeños y mientras lo hacía no paraba de reír con malicia.
    Cierto día, el grupo de Inuyasha salió perdedor, por culpa de un pequeño que no pudo seguir debido a la fatiga. El capitán los condujo hasta una sala vacía, el lugar en donde se llevaban a cabo los castigos. Esta vez el hombre parecía más gustoso que de costumbre, no se veían el látigo por ninguna parte, pero un curioso artefacto descansaba sobre el escritorio.

    —Verán, mocosos, el darles latigazos acaba por agotar mis energías... —dijo con lentitud, tras lo cual se escucharon suspiros de alivios por parte de los niños—. Pero no se confíen, no crean que saldrán inmunes de esto.

    El hombre levantó el extraño artefacto, para que los pequeños pudieran verlo mejor. Inuyasha se percató de que era un objeto de metal, con dos especies de ganchos saliendo de su parte superior; era plano y delgado, no se podía imaginar cómo aquel objeto podía reemplazar el dolor de un latigazo.
    El capitán sacó a un niño del grupo y lo puso delante de él, dándole la espalda.

    —Ahora verán lo que ocurre cuando fracasan.

    Acto seguido clavó las puntas del objeto en la espalda del niño, quien emitió un chillido aterrador, para luego retorcerse sobre sí mismo. Inuyasha corrió en su auxilio, mientras Onigumo reía a carcajadas.

    —¡¿No les parece increíble?! —exclamó exaltado—. Cientos de voltios de electricidad desplazándose por sus diminutos cuerpos... Supongo que será un dolor insoportable, ¿verdad?

    El pequeño que había sido atacado no podía gesticular palabra alguna. Inuyasha observó al capitán con ira... Ya no toleraría más sus torturas. Se levantó lentamente, dejando a su compañero recostado sobre la pared. Si algo había aprendido, era a ser cauteloso. Se deslizó por detrás del escritorio, a gatas se dirigió hacia el capitán, sin ser visto por él. El hombre se disponía a escoger a su siguiente víctima cuando sintió que alguien se aferraba a él por la espalda. Inuyasha se colgó de su cuello, para luego saltar hacia su brazo derecho. Onigumo soltó el artefacto de corriente y el pequeño se abalanzó sobre él. El capitán estaba sorprendido por la agilidad del muchacho: sin duda sería un gran soldado.

    —Dame eso.

    —De ninguna manera. Ya mucho nos ha torturado... ¡Pero ya basta!

    El pequeño se deslizó por entre las piernas del sujeto, se subió al escritorio y nuevamente se hallaba sobre su espalda. Los demás niños comprendieron el plan del chico de ojos ambarinos y sujetaron con fuerza las piernas del hombre.

    —¡Mocosos impertinentes!

    —Ya no más...

    Con suma determinación, Inuyasha clavó el aparato en la garganta del soldado, para luego lanzar la descarga...

    ***

    —¿Qué ocurre?

    La mano de Shippou sobre su hombro lo devolvió a la realidad. Inuyasha habría querido saber quién era, pero en sus recuerdos sólo figuraban fragmentos de su estadía en el ejército, e incluso recordaba, como si estuviesen grabadas al rojo vivo, cada uno de los rostros de las personas que por distintos motivos habían fallecido bajo sus manos.

    —Creo que es momento que me vaya, debo volver al campo de batalla.

    El soldado se despidió de la enfermera y se dirigió rápidamente hacia las trincheras, con el único deseo de apartar de su cabeza las miles de aterradoras imágenes que ahora venían a ella...






    -------
    Cantidad de palabras: 1623 + lírica + título


    Este FanFic lo escribí hace unos tres años, o quizás un poco más. No he querido modificarlo mucho porque podría eliminar datos importantes, pero igualmente he estado intentando corregir los errores que voy encontrando al leerlos antes de publicar.
    Y la historia no es tan larga, son 8 capítulos nada más, y el epílogo. :3

    Muchas gracias a ambas por leer. :3
    [/FONT]
     
  7.  
    sessxrin

    sessxrin Fanático

    Virgo
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Cada vez me gusta más este long-fic, la historia es demasiado cruda para ignorarla, me gusta, me gusta mucho.
    Y de alguna forma logras dejar a los personajes como son, Miroku por lo general es muy inteligente y con la bombita que dejo, mostraste eso. Inuyasha es muy fuerte y no sé, cada vez que se mete en sus recuerdos, me recuerda inmediatamente a Willy Wonka >_< x'D que tambien tenía recuerdos a cada ratico :)!!

    Todavía sigues teniendo un problema con los puntos suspensivos, pero entiendo que quieras dejarlo así.
    Me encanta, la forma en como desarrollas la historia, ¡me tienes enganchada e intrigada!

    Nos vemos Kyros ;)!!
     
  8.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    *Izayoi llora desconsolada, mientras está atada a una silla y con unos audífonos de música relajante (Debido a que Izayoi desea asesinarte por todo lo que le ha pasado a su hermoso y adorado hijo, amor, etc… la he amarrado, yo comentaré :D La temática es buena y original, con la crueldad de la guerra detallada donde yo espero ver sangre :D Pobre de el Inu de Iza pero es así la vida, no me quiero ni imaginar lo que le habrá pasado a la hermana xD Una cosa, veo que usas los guiones largos como debe de ser pero a veces se te van y pones en su lugar los cortos, cuidado con eso) *Se quita la mordaza* ¡¡¡Si lo asesinas yo iré por ti!!! (¬.¬ Eres demasiado sobreprotectora. En fin, muy buen fic ;D)
     
  9.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    [FONT=&quot]Capítulo IV[/FONT][FONT=&quot][/FONT]
    [FONT=&quot]“Me han obligado a disparar...[/FONT][FONT=&quot]
    Me han enseñado cómo asesinar...”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)[/FONT]​
    [FONT=&quot]
    Inuyasha ingresó a las trincheras sumamente afligido. Sostuvo su arma con firmeza, a la vez que se preguntaba cuántas vidas había ya tomado en la guerra. ¿100? ¿200? No. Seguramente ya sobrepasaban las 500, e incluso las mil... Una bala pasó rozándole la mejilla. Los gritos de sus camaradas para que se cubriera le hicieron tomar conciencia en el lugar en que se hallaba ahora. El joven de plateada cabellera se arrojó al piso, justo para esquivar una nueva oleada de proyectiles.

    —¡Esos malditos están avanzando! —maldijo un soldado a su lado.

    —¡Granadas! —gritó otro joven a sus espaldas.

    Inuyasha se agazapó contra la tierra, acto seguido se escuchó una estruendosa explosión. Miles de granos de arena los cubrieron de pies a cabeza. La granada había estallado muy cerca de ellos.

    —¡Recarguen municiones! ¡Fuego a discreción! —se sorprendió gritando.

    Sin saber cómo, ya se hallaba corriendo entre las trincheras, dando órdenes para la estrategia de ataque. Se avergonzó de sí mismo. Sólo instantes antes se lamentaba el haber matado a tanta gente, sin embargo ahora emitía instrucciones para incrementar ese número. Los soldados le obedecían ciegamente, todas y cada una de las estrategias del joven albino surgía efecto. Jamás erraba un ataque, jamás su pelotón debió lamentar la frustración de haber perdido un encuentro. El pelotón A era reconocido por la fiereza de su capitán y también por mantener aún en sus filas a gran parte de sus participantes desde el inicio de la guerra: sólo habían perdido a 5 hombres.
    Los soldados recargaban sus armas y relevaban a los que ya estaban exhaustos o malheridos. Habían logrado mantener a raya a gran parte del ataque enemigo. Inuyasha se desplazaba con agilidad por entre sus camaradas, observando atentamente el movimiento del escuadrón adversario, hasta que lo vio: un soldado enemigo se había escabullido hasta muy cerca de las trincheras. El capitán se deslizó sigilosamente por entre los arbustos, en dirección del intruso; lentamente sacó su pistola y avanzó hacia la espalda del sujeto. En una fracción de segundo se encontraba arriba del soldado, con la boca del arma apuntando a su nuca.

    —Not, please, don`t kill me! —exclamó el sujeto con voz temblorosa.

    —Who are you? —preguntó el joven de ojos ambarinos.

    Sin esperar una respuesta, Inuyasha volteó al soldado para que le enseñara el rostro. No pudo evitar sorprenderse al constatar que se trataba de un muchacho un par de años menor que él. El chico tenía el cabello castaño, ojos oscuros y el rostro ligeramente pecoso. Podía leer el miedo en sus ojos, no necesitaba saber por qué: ¡no era más que un niño!

    —My name is Kohaku, Sir —respondió el niño.

    Pudo ver una petición de misericordia en la mirada del chico. Inuyasha sabía que el reglamente establecía que debía de asesinar a los intrusos enemigos, o llevarlos como prisioneros. No sabía qué hacer... No se atrevía a matar al niño, pero mucho menos deseaba que pasara lo mismo que él vivió: ¡por eso era que luchaba! ¡Para evitar que otra alma pura e inocente se corrompiera a causa de la guerra!

    —Go away from here! —exclamó el capitán. <<Vete lejos de aquí>>.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    —Stop! —ordenó una voz fría a sus espaldas—. Don’t move, boy.

    Inuyasha se volteó rápidamente al reconocer la voz del Comandante, Sesshoumaru. Aquel hombre era reconocido por su frialdad, su trato cruel e indiferente con todos, en especial con los enemigos. Era un hombre de temer. A pesar de tener apenas 29 años ya era un soldado experto. A diferencia del capitán, el comandante había escogido su vida. Siempre sintió un gran desprecio por todos aquellos que eran débiles o sensibles, los consideraba escoria, sostenía que sólo los fuertes merecían vivir. El soldado de ojos ambarinos sintió un escalofrío, ya sabía de lo que era capaz aquel hombre. Pudo leer en sus penetrantes ojos dorados la orden que le daría...

    —Dispárale.

    Kohaku miraba a ambos soldados sin entender de qué hablaban. Aquel sujeto le asustaba. Temía por su vida, o incluso, temía aún más seguir vivo como rehén. Ya sabía cuál sería su destino, y su trato; había visto a muchos prisioneros en su base, y luego de verlos, por primera vez en su vida le deseó la muerte a alguien.

    —No puedo, ¡es sólo un niño! —exclamó Inuyasha.

    —¡Haz lo que te digo! ¡Es una orden! —Le gritó Sesshoumaru.

    —Me rehúso a cumplir dicha orden, señor —contestó el capitán.

    —Ya veo... ¡Entonces lo haré yo!

    El comandante apuntó el arma hacia el pecho del muchacho, y sin más preámbulos, apretó el gatillo. El niño vio un destello luminoso proveniente de la boca del arma, y cerró los ojos a la espera del impacto. No supo por cuánto tiempo mantuvo los ojos apretados, pero al constatar que aún estaba vivo, los abrió. Frente a él se hallaba el soldado que lo había descubierto. De su abdomen comenzaba a expandirse una mancha oscura por su ropa... Sangre.
    Inuyasha cayó de rodillas, respirando forzosamente. La sangre salía a borbotones de la herida. Sesshoumaru lo miraba con reprobación, qué inútil sacrificio... Dirigió su penetrante mirada al chico y le entregó un arma.

    —Kill yourself... [/FONT][FONT=&quot]If you don’t want that the death of this man weighs in your conscience —sentenció apuntando a Inuyasha con su arma. [/FONT][FONT=&quot]<<Mátate… Si no quieres que la muerte de este hombre pese en tu conciencia>>[/FONT][FONT=&quot]

    El niño miró el arma que el comandante le había entregado, y luego dirigió su mirada al hombre que yacía postrado ante él. Sabía que sucediese lo que sucediese, jamás regresaría con vida a su patria.
    Inuyasha observó al soldado y adivinó sus pensamientos

    —Not! Don’t do it!

    [/FONT][FONT=&quot]—Do it! Or I myself will take charge doing it... [/FONT][FONT=&quot]And believe me... It will not be rapid —mencionó el comandante con malicia. <<¡Hazlo! O yo mismo me encargaré de hacerlo… Y créeme… No será rápido>>.

    Kohaku levantó el arma, hacienda caso omiso a los gritos del soldado de cabellos plateados. Rápidamente cerró los ojos y jaló del gatillo. Inuyasha pudo ver cómo su cuerpo se desplomaba junto a él, inerte. Los ojos sin vida del muchacho seguían observándole. El joven puso su mano en la frente del niño, para luego bajar lentamente sus párpados, sintiendo que su corazón perdía otra parte de sí.
    Sesshoumaru miraba la escena con indiferencia, aquellos actos de piedad por el enemigo o de aflicción por el caído no eran propios de un soldado.

    —Algo debes aprender de ese chico —observó el comandante—: a cumplir órdenes. Desde hoy, eres relevado de tu cargo. Una persona tan débil como tú no merece ser capitán —dijo al momento en que le quitaba la insignia de la camisa—. Ahora ve a atender tu herida y regresa al campo de batalla.

    El hombre de fría mirada se retiró del lugar del incidente, dejando sólo al soldado. Inuyasha cubrió el cuerpo de Kohaku con arena, ya que en las condiciones que se encontraba no podía cavar una tumba. Se levantó costosamente, ligeramente inclinado hacia su costado herido, y caminó hasta la enfermería. Nada podía hacer hasta haber curado sus heridas.

    ***

    —¡Inuyasha! ¿Qué te ha ocurrido?

    Sango de alarmó de sobremanera al ver llegar a su amigo en semejante estado. El soldado no quiso referirse a lo ocurrido, así que la enfermera dejó de hacer preguntas. Examinó rápidamente la herida, por suerte era poco profunda, sin embargo había provocado que el joven perdiese mucha sangre. La morena le ordenó recostarse mientras buscaba los utensilios indicados para extirpar la bala y luego sellar la herida. Inuyasha miró en dirección de la ventana, a la vez que la aflicción volvía a apoderarse de él. Aún podía ver los ojos sin vida del muchacho, podía leer el temor en ellos, el deseo de que lo dejasen ir... ¡Y él no pudo hacer nada! Se sentía impotente ante tal situación. Todo el mundo lo admiraba por su valentía, por salvar a sus camaradas ante cualquier circunstancia… ¡Qué fiasco! ¡Cuando una persona más lo necesitaba, él le falló! No merecía que lo admiraran, que aspirasen a ser como él, ¡no merecía ser llamado “héroe”! ¡Cuánta razón le encontraba ahora a los niños que lo llamaban “demonio”! ¡Eso era! ¡Un monstruo! ¡Un asesino incapaz de salvar a un niño! ¡Incapaz de hacerle frente a un hombre! Se sentía inútil, impotente y avergonzado. Sentía que había defraudado a todos los que confiaban en él. Recordaba con rabia a todas las personas que habían perecido por su mano, se avergonzaba de sus actos, aunque a la vez sabía que estaban en juego la vida de sus hombres tras cada asesinato.
    Sango le puso anestesia, puesto que debía entrar a realizar una pequeña operación, a fin de evitar el daño de algún órgano vital. Inuyasha sintió cómo el sueño lo vencía y poco a poco oscuros recuerdos acudieron a su desolada mente...






    Cantidad de palabras: 1,474
    [/FONT]
     
  10.  
    pinkprincess

    pinkprincess Entusiasta

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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Ohhh! OoO Me encanta! ><
    Habia empezado a leerlo en Fanfition, pero me estaba dando una vuelta por aqui y me encontre con el titulo xD Me quedé asombradisimaaa! Me meti y me lei lo nuevo que pusistes ;)
    Ainnss..... pobre chiquillo... y pobre Inu! T.T Que pena! Y a la vez que admiración! Está todo mezcladoo! Es emocionantisimo ^^


    PD: El fic va solo de Inu, no?? O Kagome al final también sale??
     
  11.  
    Lady Kyros

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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Kagome saldrá, pero a su debido tiempo. :rolleyes:
    El protagonista aquí es Inu.
     
  12.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Cuando hablaste de posible violencia creí que sería algo más fuerte, pero igual pobre de Kohaku, tan niño y por no ver morir a Inu y salvarse de ese baka de Sesshoumaru se suicidó (ToT) Pones a Sessh tal y como es -y creo sería- en una situación de guerra. ¡Me haces volver a odiarlo xD! Ah, peor a la vez me agrada que sea igual de frío que siempre (¿?) ¿Qué es lo que recuerda mi hermoso Inu en su infancia? Estoy desesperada por no verlo xD (Igual lo leemos, ni te apures)
     
  13.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    Capítulo V



    [FONT=&quot]“Me han obligado a mutilar[/FONT][FONT=&quot]

    En un infierno terrenal”

    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)[/FONT]​
    [FONT=&quot]<<¿Qué hago aquí?>>[/FONT][FONT=&quot]

    El niño de cabellos plateados abrió lentamente los ojos para luego encontrarse en una oscura habitación. Un escalofrío recorrió su espalda y el miedo dominó sus otros sentidos. Se cobijó contra la pared, mientras respiraba entrecortadamente, dirigiendo su mirada ambarina hacia todos los rincones de la recámara. Lentamente miró su mano y nuevamente sintió escalofríos: aún recordaba cómo había atacado al capitán Onigumo con ese artefacto aterrador. Todavía sentía bajo su mano la descarga de corriente que fluía por aquel extraño aparato. Incluso podía recordar el cuerpo del hombre siendo presa de violentas convulsiones... Y luego la oscuridad.
    Inuyasha se llevó inconscientemente la mano a la cabeza, y al retirarla comprobó lo que intuía: alguien le había atacado por la espalda. Podía ver la sangre fresca proveniente de una herida, manchando sus dedos.
    El ruido metálico de las bisagras le hizo volver a la realidad. El niño se agazapó contra la pared, intentando fusionarse con las sombras que proyectaba la linterna del sujeto que había abierto la puerta. La luz del instrumento lo cegó momentáneamente.

    —Con que ahí te escondiste, ¿eh? —El individuo soltó una risa maliciosa—. Tienes el carácter de un asesino, ¿lo sabías?
    —Yo no soy un asesino —respondió Inuyasha—, ¡pero ustedes sí!
    —No te hagas el inocente, mocoso... —dijo el sujeto lentamente, saboreando el impacto de las palabras que pronunciaría—. Puesto que me acaban de informar que el capitán Onigumo ha fallecido... por tu culpa.

    El niño no supo cómo reaccionar. Por un momento sintió que todo a su alrededor había dejado de existir, que el tiempo se había detenido en torno a él. Una extraña sensación se apoderó de su mente: miedo. Jamás lo había sentido en tales proporciones. Miró sus manos con terror. ¿Con aquellas malditas extremidades había matado a alguien? Él nos hizo mucho daño, ¡merecía morir!, gritaba una voz en su interior, sí, ¡pero ahora me he convertido en lo mismo que todos ellos! ¡soy un maldito asesino!, contestaba otra voz en su cabeza.
    El soldado miraba al muchacho con un aire divertido. Le hacía mucha gracia ver cómo el pánico dominaba a las personas, cómo les hacía cometer actos desesperados con tal de calmar sus desoladas mentes; qué manipulables eran las almas humanas... Ni siquiera al niño que le decían “demonio” pudo oponer más resistencia que los otros pequeños.

    <<Luego de matar, solo quedan dos salidas: o lo sigues haciendo, o te suicidas. ¿Qué harás, Demonio?>>

    El militar salió de la habitación, cerrando la puerta con llave tras de sí. Observó por última vez el rostro desfigurado del niño a causa del miedo. El pequeño permanecía en estado de shock, y él no iba a hacer nada por intervenir: era una escena divertida.

    <<Luego de aquella noticia, ya no fui el mismo nunca más... Había matado a un hombre, a quien, aunque despreciable y malnacido, no me correspondía arrebatarle la vida. ¿Quién está capacitado para aquello? ¿Quién puede decidir quién debe morir o no? Quitar la vida es algo realmente sencillo, el cuerpo humano es frágil, pero... ¿Alguien puede dar vida? Somos capaces de extinguir la existencia de alguien tan fácilmente como apagar la llama de una vela, pero ¿somos capaces de volver a encender el fuego de la vida? No... Entonces, ¿con qué derecho la arrebatamos?>>

    El pequeño era conducido por oscuros corredores, hacia un lugar en el que nunca antes había estado. Tenía las manos atadas detrás de la espalda, y un soldado le iba guiando lentamente por las penumbras. Inuyasha no había mencionado palabra alguna desde que se enteró de lo que había hecho. Se aborrecía. Se sentía como un monstruo, igual de inhumano que sus captores.

    —Llegamos —le anunció el soldado.

    Se detuvieron frente a un portón de hierro, estaba oxidado y la pintura comenzaba a descascararse. El sujeto tocó la puerta y luego se fue, dejando al niño solo en el oscuro corredor. Un hombre entrado en edad salió a recibirlo. Inuyasha sintió que se le erizaba el vello de la nuca al ver la expresión ruda de aquel hombre.

    —Entra —ordenó.

    El niño acató la orden e ingresó a la recámara. No era diferente a la habitación en que había estado encerrado últimamente, aunque debía admitir que ésta era aun más escalofriante. Las murallas de ladrillo y los barrotes en las pequeñas ventanas le daban la impresión de hallarse en el calabozo de un castillo. Paseó la vista por todos los rincones de la estancia, descubriendo al fondo de la pared de su derecha, una pequeña puerta. En medio de la recámara se hallaba una mesa y una banca de madera, un poco más atrás se situaba una silla alta, con cadenas y grilletes en sus mangos. El hombre le hizo un ademán para que se sentara en la banca, mientras él comenzaba a pasear lentamente frente a sus ojos.

    —Me han dicho que eres un asesino, ¿es verdad?

    Inuyasha guardó silencio. En otras circunstancias hubiese gritado que no, que él jamás mataría a alguien, pero ahora ya no estaba seguro. Accidente, casualidad o no, había acabado con la vida de un hombre. Ya no tenía derecho de recriminarles nada a los soldados... Por un arrebato de ira se había convertido en uno de ellos.

    —Supongo que estás confundido... Siempre escuché que jamás actuarías como un soldado, pero al parecer lo has hecho. —El hombre se agachó y miró a Inuyasha fijamente a los ojos—. Dime, ¿qué sentiste al matarlo? ¿Miedo? ¿Angustia?... ¿o placer? ¿Acaso disfrutaste al verlo retorcerse sobre sí mismo, sufriendo, gimiendo de dolor?

    —Yo... no quería... —balbuceó el niño con los ojos clavados en el piso.

    —¿Estás seguro? —Le preguntó el sujeto con malicia—. Sé que Onigumo los maltrataba, es justificable que quisieses aniquilarlo, además... Todo está aquí, en la cinta.

    El hombre le enseñó una cinta de video, que luego puso en un viejo televisor que estaba oculto en una esquina. Inuyasha quedó conmocionado al verse en la grabación. Pudo ver su rostro desfigurado por la ira, su pequeño cuerpo saltando ágilmente sobre el capitán; sin embargo eso no era lo que le había impactado... El niño se acercó a la pantalla del televisor para luego comprobar, con horror, que sus sospechas eran ciertas: al momento de electrocutar a Onigumo, en su rostro se había dibujado una sonrisa demente, como si disfrutara de aquello.
    El hombre apagó la grabación, para volver a dirigirse al muchacho.

    —Los hechos dicen lo contrario. Desde un principio querías matar al capitán, y no hiciste sólo eso, sino que además, lo disfrutaste al igual que un bebé cuando le dan un caramelo. Si tan sólo hubieses escuchado tu risa al momento de atacar a Onigumo, entenderías de lo hablo. —El hombre se dirigió a la puerta—. Ahora eres igual que aquellos a quienes despreciabas. Dime, ¿qué harás? Aquí en el ejército tu pasado será borrado, nadie te recriminará por lo que has hecho, pero afuera... Siempre serás un maldito asesino.

    <<Luego de aquello decidí quedarme en el regimiento. Ya no tenía nada en el mundo, ni a mi madre, ni a Kanna. Afuera existía un mundo hostil y desconocido, nadie me aceptaría por ser como era, un demonio>>.

    ***

    —Todos a sus lugares.

    La voz procedente de los transmisores puso a las tropas en movimiento. Un pequeño escuadrón estaba en una misión de invasión a un pueblo enemigo. Los hombres esperaban la señal para comenzar la estrategia, mientras murmuraban entre ellos con nerviosismo. Sólo el soldado de ojos dorados permanecía indiferente, ya estaba acostumbrado a las misiones por parte del ejército.

    —Vamos, vamos, vamos... ¡Comienza la misión!

    Los soldados se desplegaron en movimiento de abanico, arrojándose al piso cada una distancia de diez metros, siendo relevados por el escuadrón de la retaguardia, de esta forma se aseguraban el avance tanto a la ofensiva como a la defensiva. Inuyasha no esperaba el relevo para seguir avanzando, ya conocía de memoria la rutina y sus sentidos estaban más desarrollados de los del resto, por lo cual podía valerse por sí mismo.
    No tardó en comenzar la balacera. El enemigo se había percatado de las tropas japonesas y había salido a contraatacar. Los gritos de los civiles eran opacados por el zumbido de las balas, y en sólo cuestión de minutos el pueblo estaba sitiado. Sin conocer el origen preciso del incendio, el fuego comenzó a expandirse rápidamente, saltando entre los tejado de las casas. Las personas gritaban con fuerza, unos con miedo, otros con ira. El pueblo entero estaba rodeado por lenguas de fuego, dándole un aspecto cobrizo. Los soldados de ambos ejércitos comenzaban a retirarse, menos Inuyasha.
    El joven de cabellos plateados había entrado a una parroquia cercana, hacía mucho que no rezaba. Vagamente recordaba a su madre arrodillada frente al altar, implorando a Dios porque trajese a su marido de vuelta con bien. Inuyasha no creía en Dios, ni en nada. Sabía que al confiar en algo se estaba más expuesto a ser traicionado o desilusionado, para lo cual era preferible jamás hacerlo. Además, de donde él venía, sólo regía la palabra de los superiores.
    El soldado iba a salir de capilla cuando fue interceptado por un hombre. El sujeto poseía una corta cabellera blanca, aunque no parecía alguien mayor, vestía una larga sotana negra y un crucifijo colgaba de su cuello.

    —Hágase a un lado —pidió Inuyasha con indiferencia.

    —Hijo, ésta es la casa de Dios... ¿Por qué traes al demonio a ella? ¿Por qué han abierto las puertas del infierno a las afueras de la entrada al cielo?

    El soldado lo miró con extrañeza: ¿acaso pretendía darle un sermón? Fuese lo que fuese, él no tenía tiempo para escucharlo. Haciendo caso omiso de las palabras del hombre se dirigió a la salida, pero esta vez fue otra persona quien le interceptó.

    —Es un enemigo, ya sabe qué hacer, soldado.

    La voz del teniente sonó lúgubre al interior de la capilla. Inuyasha volteó con pesar y miró al sacerdote. Debía cumplir su deber...[/FONT]





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  14.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    ToT no puedo creer que hasta padres tengan que asesinar… Pobre de InuYasha, encerrada en ese sitio y llevado al extremo de la locura todo para que asesine por su propia mano, y el shock que le debió haber causado ver su rostro en la videocinta. (LOl ¿Por qué no en un dvd?) ¬.¬ ¿Sabes que clase de tontería estás diciendo…? (See :D) ¬.¬ Bien. Amiga, sólo una cosita sobre los párrafos, te recomiendo que revises todo antes de enviar ya que a veces la página se come los saltos entre éstos y aunque no sea tu error todo mundo dice que deberías dejar espacios (A menos que me equivoqué y así los dejas en realidad…) Ya leí que ella sale después pero lo que a mi me da curiosidad es si tardará mucho en salir Kagome… ¿Y Kikyou?) No es nada en su contra pero me gustaría que él la asesinara) xD See, eso le daría mucho drama a al historia
     
  15.  
    Lady Kyros

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    Re: [Long Fic] Niño Soldado

    El momento en que Kagome aparezca de por sí le añadirá mucho drama, en especial el próximo capítulo.
    Los diálogos yo los pongo juntos, los que están separados son porque así los tenía en el formato original y olvidé modificarlo. x.X
     
  16.  
    pinkprincess

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    Dios! Ya pusistes contii!
    Pobre Inu, matar desde tan temprana edad v.v Y, aunq fue sin querer, lo disfruto! (Yo tambien de haber estado en su lugar ¬¬) Por ciertooo! Algo que me reconcome desde que lo lei... que le pasó a Kanna?? Me tiene bastante intrigada! O.o
    De seguro el que mando a matar al cura fue Sessh, no?? (Corrigeme si me equivoco ;) )
    Aparición de Kagome = Drama! Dios, esto me huele muuu mal T.T Espero que no.... weno, ya me entiendes... v.v
    Weno, ya me voy ;) Espero la conti prontooo :) No te tardes! Oki?? Bss^^
     
  17.  
    Lady Kyros

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    Capítulo VI
    “¡Hey, no! Tu indiferencia no tiene perdón,
    ¿Quién te robó el corazón?
    No te levantes del sillón
    ¡Hey, no! Tu indiferencia no tiene perdón
    ¿Quién te robó el corazón?
    Apaga la televisión”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)

    El sacerdote miró los profundos y penetrantes ojos dorados del soldado que se encontraba frente a él, en busca de un atisbo de misericordia en ellos, un matiz de humanidad... ¿Cómo podían encomendarle a un niño tan cruda misión? Porque sin duda el muchacho que estaba frente a él no tendría más de dieciséis años y, a pesar de su corta edad, algo en su mirada anunciaba que esta no sería la primera vez que mataría a alguien. Por debajo del casco se podía ver mechones plateados de cabello, ennegrecidos por el hollín de los cañones; sus ropas estaban sucias, mas no se veían desgarradas, como si el muchacho se hubiese mantenido al margen de la batalla.

    —¿Qué espera, soldado, para cumplir la orden que le he dado? —le cuestionó el teniente.
    —Señor, no me agrada hacer mi trabajo en público —contestó Inuyasha, conservando la vista fija en su víctima.
    —Es verdad, había olvidado que oí hablar del estilo propio del Demonio —mencionó el hombre—. Pues, creo que la oficina del Padre es indicada, ¿no?

    Sin esperar una respuesta, el teniente arrastró al desdichado párroco hasta su oficina. Al entrar el soldado, cerró la puerta, dejando tanto al cazador como a la presa adentro.
    El sacerdote aún no salía de su asombro, hasta que el niño dio un paso hacia él.

    —¡Detente, por el amor de Dios! ¡No cometas una barbaridad! —le suplicó el sacerdote.

    El muchacho no le prestó atención a sus palabras y se dispuso a desenfundar su arma. Miraba vagamente los ojos de su víctima, sabía que si pensaba mucho en lo que estaba próximo a hacer, no sería capaz de llevar a cabo su cometido.

    —¡Hijo mío, por favor! —insistió el padre—. ¡Estoy seguro de que tu madre no te trajo al mundo para que hicieras esto! ¡Piensa en ella!

    Inuyasha se paró en seco. Hacía ya muchos años que no pensaba en su madre, que no oía a nadie mencionársela. Era verdad, ella siempre quiso que él fuera un hombre de bien, que siguiera los pasos de su padre... Aunque no recordaba a qué se dedicaba su progenitor: siempre le fue un desconocido.
    El sacerdote se percató de la vacilación del joven y lo condujo hasta un mullido sillón. Le miró con aflicción. A pesar de que el soldado planeaba asesinarle momentos antes, no podía dejarlo solo en aquél estado de perturbación. Sabía que sus palabras habían surtido efecto en el muchacho.
    El párroco observaba la figura inclinada del joven soldado, sin dejar de preguntarse el por qué existía gente tan ambiciosa de poder y fama, que no les importaba instruir a un pequeño en tácticas de guerra.

    —Hijo mío, no tienes por qué obedecer a ese sujeto —le dijo el Padre con aire paternal.

    Al oír la voz del hombre, el soldado se levantó bruscamente del sillón y lo apuntó con el arma. Parecía que acababa de despertar de un trance, sin embargo tenía una orden que obedecer sin importar qué se interpusiese en su camino. Debía dejar de lado aquella repentina melancolía que acosaba su ser. Los sentimientos no eran necesarios para ser soldado.

    —Por favor, hijo, recapacita —pidió el sacerdote—. ¿Acaso no oyes a tu corazón? ¡Cómo puedes actuar con tanta frialdad! ¡Cómo puedes ser tan insensible!
    —¿Corazón? —preguntó el soldado con extrañeza—. Eso no es necesario en el ejército. Los sentimientos hacen débiles a las personas, porque les recuerdan su condición de simples humanos.
    —¿Y qué crees que eres tú? Eres un humano, ¡como todos nosotros! ¡Una hermosa creación del Señor! —exclamó el párroco—. ¿O acaso piensas que tienes en tus manos el poder de decidir quién debe morir o no? ¿Te crees Dios?
    —¿Dios? —repitió el muchacho, soltando una risita despectiva—. No, no soy tu Dios... Ni tampoco un humano como tú. Soy un Demonio, Padre, y he venido a llevarte al infierno.

    El joven soldado se dispuso a sacarle el seguro a su revólver, tiempo que el sacerdote aprovechó para buscar un objeto en medio de sus papeles. Cuando Inuyasha levantó nuevamente el arma, el sujeto saltó hacia él, blandiendo unas hojas de papel frente a su cara.

    —¡Mira! ¡Mira bien estas fotografías! ¿Crees que ella estaría feliz con lo vas a hacer?

    El muchacho tomó una de las imágenes, sin dejar de apuntar a la cabeza del párroco. Una lágrima rodó por su sucio rostro, arrastrando el polvo de las explosiones que se alojaba en su mejilla. En aquella fotografía se encontraba el sonriente rostro de su madre. Sus negros cabellos relucían bajo un sol otoñal; sus ojos parecían verdaderas esmeraldas, brillantes, verdes y puros; su blanca piel era acariciada suavemente por los débiles rayos del sol. Inuyasha había olvidado el rostro de su madre, pero ahora los recuerdos acudían a su cabeza como traídos por el viento.

    —¿Crees que Izayoi esperaba un destino como éste para ti? —inquirió el Padre.
    —¿Cómo... conoces el nombre de mi madre? —preguntó el soldado, intentando disimular su emoción.
    —Eso no importa, Inuyasha, la conocí hace muchos años, a ella, a ti, a tu hermana y... a tu padre – contestó con melancolía.
    —¿Y por qué no me lo dijo antes?
    —¿Para qué? ¡Ibas a matarme de todas formas! —exclamó—. Perdón... Vas a matarme de todas formas —corrigió.

    El soldado miró el arma que aún sostenía en alto. La bajó. Por primera vez desde que estaba en el ejército vaciló en lo que debía hacer. No podía asesinar a ese hombre, no después de saber que él conoció a su madre. ¡Quizás podía saber algo del paradero de su hermana! ¡O de su padre! Definitivamente no podía cumplir la orden del teniente. El sacerdote debía vivir.

    —¿Existe alguna manera de sacarlo de aquí sin que el teniente se dé cuenta? —preguntó el soldado con sigilo.
    —Hay una entrada oculta tras ese cuadro. —Le indicó el párroco—. Pero es muy pesado, será difícil moverlo.

    Inuyasha se acercó hacia la pintura. Observó el grueso marco que protegía la imagen, golpeó suavemente las paredes que lo rodeaban... Efectivamente había un espacio hueco detrás del cuadro. El soldado se dirigió lentamente hacia la ventana de la oficina del Padre. Afuera se veía una casa en llamas: era ideal para su plan.

    —Padre, escuche, debe seguir al pie de la letra mis instrucciones.
    —Eso significa... ¿qué no vas a matarme? —preguntó el hombre lleno de júbilo.
    —Exacto... Después de todo, somos humanos, ¿no? —comentó el muchacho con un suspiro—. Y somos más emocionales que racionales.

    Acto seguido, el joven le explicó al sacerdote su osado plan. Ambos moverían el cuadro y el párroco escaparía por la puerta secreta. De inmediato el soldado pondría el cuadro en su lugar, lanzaría un disparo hacia la ventana, dejaría un débil rastro de tinta desde la ventana hasta la casa en llamas y le diría al teniente que había cumplido su misión, terminando por arrojar al hombre hacia la vivienda.

    —¿Entendido? —preguntó, una vez concluyó su idea.
    —Es arriesgado... ¿Por qué lo harás?
    —Porque usted es la única persona en el mundo que puede darme las respuestas que necesito— respondió el muchacho mirando fijamente los ojos celestes de su interlocutor.
    —Tu madre estaría orgullosa por lo que estás haciendo —aseguró el párroco, dándole un abrazo fraternal—. No sabes cuánto te pareces a ella...

    Inuyasha sintió cómo las lágrimas amenazaban por salir de sus dorados ojos. Hizo un esfuerzo por no mostrarse débil. Hacía años que no lloraba frente a alguien. Pero sabía que debía actuar rápido, el teniente no tardaría en entrar.

    —Vamos, Padre, levantemos el cuadro.

    El sacerdote y el muchacho se dirigieron hasta la pintura. Se ubicaron a los extremos y comenzaron a levantarlo, sin mucho éxito.

    —¡Está pesado! ¡No creo que podamos moverlo! —exclamó el sacerdote con resignación.
    —¿Necesitan ayuda?

    El soldado volteó rápidamente al oír la voz del teniente a sus espaldas. El hombre los miraba con una sonrisa maliciosa. Inuyasha sintió cómo un escalofrío recorría su cuerpo... Esa mirada ya la había visto antes: era la misma mirada de Onigumo antes de torturar a alguien... ¿Qué siniestras ideas pasaban ahora por la mente del teniente Renkotsu?



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  18.  
    pinkprincess

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    Holaa!
    Vaya capitulo! Corto pero beuno ;) Vaya con el párroco, tenia un as bajo la manga! :D
    Que le podrá decir el padre de su familiaa?? Y porq hizo esa pausa cuando dijo lo de su padre?? Hmmmm :rolleyes:
    Vaya, si que le da al coco con el plan :D Pero claaarooo tenia que aparecer el metiche del teniente ¬¬ No se podia haber ido a dase una vuelta?? :D Espero que les salga bien la cosa! ^^
    La narración 10! Me encanta como narras, además, apenas tienes fallos (por no decir ninguno! :D )
    Espero con ansias el siguiente capii ;) Xaooo! Nos vemos ^^
     
  19.  
    Sandritah

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    Bueno, en el fondo siempre queda algo de humanidad en las ovejas descarriadas. Ahora bien, es obvio que el párroco va a morir... y adiós respuestas para Inuyasha. Ya sabía yo que no todo podía ser de color de rosa tratándose de ti, Kyros, y de tus conspiradoras ideas. Lo bueno es que me sigue encantando la historia; lo malo, tal vez, que hay detalles que ya sé. Pero igual estoy contenta de poder volver a seguirla.

    Let's go, baby :)
     
  20.  
    Lady Kyros

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    [Long Fic] Niño Soldado
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    Capítulo VII
    “Una pistola en mi cabeza,
    Me está obligando a asesinar a mi papá”
    (Fragmento canción “Niño Soldado” de Ska-P)

    —¡Inuyasha!

    El soldado abrió los ojos sobresaltado al sentir una mano meciéndolo con violencia. Dirigió su ambarina mirada en todas direcciones, en busca del teniente o del sacerdote, para luego darse cuenta de que aquello era en vano: sólo había sido un mal sueño. Aunque algo en su interior le decía que no era así..., sino que se trataba de un oscuro recuerdo. Lentamente levantó la vista, para quedar cara a cara con los preocupados ojos de Sango.
    La enfermera le sujetaba fuertemente por los hombros, se había alarmado de sobremanera al ver que su amigo poco a poco comenzaba a gemir entre sueños hasta lanzar un grito desgarrador y comenzar a retorcerse sobre sí mismo, mientras repetía incansablemente la misma petición: “No, por favor... ¡No me obligue a hacerlo! ¡No puedo! ¡Cualquier persona menos él!”.

    —¿Estás... bien? —preguntó con preocupación.
    —Yo..., sí, por supuesto —se apresuró a mentir.
    —Te oí gritar —comentó la chica, mientras lo miraba con recelo.
    —Sólo fue un mal sueño, eso es todo, no te preocupes.

    Inuyasha se sentó sobre la camilla, dispuesto a vestirse lo más rápido posible para poder regresar al campo de batalla. Tenía que distraer su mente, de lo contrario aquellos oscuros recuerdos saldrían a flote, a pesar de lo mucho que le costó enterrarlos en lo más recóndito de su memoria.
    Mientras el soldado se vestía, la enfermera no dejaba de mirarlo con cierta inquietud. Conocía muy bien a su amigo, y sabía a la perfección que algo le ocultaba.

    —Espera, Inuyasha —pidió antes de que se marchara hacia las trincheras—. Miroku me dijo que quería hablar contigo... Sobre algo importante —añadió con vacilación.

    El joven le agradeció el recado y partió en busca de su amigo, a quien encontró no muy lejos de la enfermería. El espía parecía contrariado y, a juzgar por la expresión de su mirada, no era portador de buenas noticias. Le pidió a Inuyasha que le siguiera a un lugar apartado, para poder tener un poco más de privacidad.

    —¿Qué ocurre? Tú jamás actúas así —observó el soldado de cabellos plateados.
    —Inuyasha... Tengo información sobre tu familia —anunció con pesadez.
    —¿De mi familia? –—preguntó el joven de mirar ambarino con exaltación—. ¿Qué sabes? ¿Están bien?
    —Bueno... Como sabrás, tu madre murió en la explosión, pero sus restos han sido encontrados, por lo que le han dado sepultura en un cementerio no muy lejos de aquí...

    Inuyasha se sintió aliviado. Durante toda su vida se había sentido abrumado por el hecho de no poder dar a su madre un lugar digno de descanso, no soportaba la idea de que sus huesos estuvieran dispersos por cualquier lugar, o que incluso pudiesen servir de comida a los animales.
    Sin embargo, luego de aquel repentino alivio, una nueva pregunta se volvió a formular en su garganta:

    —¿Y Kanna?
    —Bueno..., de ella aún no sabemos nada —confesó Miroku con pesar.

    El soldado se sintió afligido. No había un día en que no pensara en dónde podía estar su hermana. Quería saber cómo se encontraba, asegurarse de que era libre y feliz...

    —Pero, conozco el paradero de tu padre —anunció el espía mirando fijamente los ojos de su amigo.
    —¿Mi padre? —preguntó Inuyasha con asombro—. ¿Está vivo? ¿Dónde puedo encontrarlo?
    —Calma, no te exaltes... Las que te traigo no son buenas noticias, por favor siéntate.
    —Miroku, me asustas… ¿Qué sucede con mi padre? ¿Está enfermo?
    —No, no está enfermo —contestó el espía sin apartar la vista de su amigo—. Está muerto.

    Aquella noticia impactó de sobremanera al soldado de plateada cabellera. El joven nunca tuvo dentro de sus prioridades conocer a su padre, sin embargo se había ilusionado con la idea de saber dónde estaba, de quizás volver a formar una familia... Pero ahora aquel repentino deseo se derrumbaba ante sus ojos tan rápidamente como había aparecido.
    Sólo quedaba una cosa que deseaba saber.

    —¿Cómo fue?
    —¿Perdón? —preguntó Miroku sin entender a lo que se refería su amigo.
    —Que cómo murió...

    Esta vez el espía se tomó tiempo para responder. Sabía que no podía ocultarle la verdad a Inuyasha, pero no le parecía que estuviese en condiciones de oírla. Dirigió su mirada azulada hacia su amigo, deseando profundamente que jamás le hubiese tocado entregarle tan fúnebre noticia.

    —Fue asesinado.

    Aquellas palabras calaron hasta lo profundo de los huesos del soldado. Esperaba que su padre hubiese encontrado la muerte de forma pacífica, ya que su madre siempre lo caracterizó como un hombre de bien. Pero esto lo sobrepasaba; sin previo aviso un sentimiento abrasador surgía en su interior…

    Venganza.

    —Quién lo hizo.

    No era una pregunta, sino más bien parecía ordenarle a Miroku revelar la identidad del asesino.

    —Inuyasha... No creo que sea el momento para decírtelo... —se excusó con nerviosismo—. No estás en condiciones de...
    —¡Dime quién fue, maldita sea! —le interrumpió—. ¡Dime el nombre de aquel infeliz!

    El espía retrocedió ante la violenta expresión en la mirada del soldado. No podría seguir ocultándole la verdad, no sería justo con Inuyasha, pero... ¡La verdad sólo traería más dolor a su amigo!
    Decidió no pensarlo dos veces. El joven de ojos dorados jamás se lo perdonaría si no se lo dijera.

    —¿Realmente quieres saber quién asesinó a tu padre? —preguntó, con la esperanza de que la respuesta fuera una negativa.
    —Claro que sí.
    —Bien. El asesino de tu padre… —tragó saliva para continuar— eres tú, Inuyasha.

    El joven tardó en asimilar las palabras que salían de la boca del soldado de ojos azules. Aquella revelación le había causado una conmoción... ¿Él era el asesino de su padre? No, se negaba a creerlo, se hubiese dado cuenta, hay lazos que no se pueden ignorar... ¡No podía ser verdad!

    —Dime que es una mentira —pidió, con voz suplicante.
    —Lo siento... —Miroku lo miró con aflicción—. Inuyasha, tu padre era aquel párroco que asesinaste en el asalto a la ciudad de Nanking, en China.

    Inuyasha sintió cómo sus piernas perdían fuerzas y cayó de rodillas, consternado. Ya no había duda alguna. Sintió como una gran opresión crecía en su pecho y la desesperación comenzaba a apoderarse de él, al igual que aquella vez...

    Renkotsu había desenfundado rápidamente su arma, pero en lugar de apuntar a la cabeza del párroco, la boca del arma iba en dirección a la cabeza del muchacho. El teniente avanzó lentamente, haciendo resonar los tacones de sus botas en la desolada capilla, como si con cada paso anunciase que la hora final se hallaba cada vez más cerca. Cuando se hubo aproximado lo suficiente al joven, rió de forma maliciosa.
    Inuyasha podía sentir su respiración agitada en su oreja, muestra de que el teniente estaba emocionado por su repentina elocuencia. El chico de ojos dorados no comprendía el improvisado plan de su despiadado superior, sólo procuraba mirar el techo para poder controlar su desesperación y nerviosismo al sentir la boca del arma directamente en su nuca.
    Finalmente la fría voz del teniente Renkotsu llegó a sus oídos, como si con cada palabra desgarrase una parte de su ser.

    —Mátalo.

    Inuyasha no pudo evitar sentir una ola de miedo en su interior. Como soldado, debía obedecer la orden; pero como persona, algo en su interior gritaba que no lo hiciera.

    —No —se oyó suplicar—, no, por favor, ¡no me obligue a hacerlo!
    —Hijo mío... —murmuró el sacerdote, dejando la frase en el aire.
    —¿Qué es lo que oigo? —preguntó el teniente burlonamente—. ¿El gran Demonio me pide misericordia con la vida del enemigo? Te has ablandado, chico. Ahora, dispárale... No —se contradijo—, mejor desángralo.

    El hombre le entregó un cuchillo. Realmente disfrutaba hacer que los soldados jóvenes se vieran enfrentados a este tipo de situaciones: le causaba gran placer ver la desesperación plasmarse en sus rostros, el miedo dominar sus sentidos.

    —¡No, por favor! —rogó nuevamente el soldado—. ¡Cualquier persona menos él!

    No podía hacerlo. Aquel sacerdote le había devuelto su corazón, su humanismo, además él podría decirle cosas sobre su familia. No podía asesinar a la única persona que podía ayudarlo... Sin embargo sabía qué ocurriría si no lo asesinaba él.

    —Conoces las reglas: o lo haces tú, o lo hago yo—mencionó el teniente con satisfacción—. Y ya sabes, una lenta y muy dolorosa muerte... Todo frente a tus ojos, complementado por un castigo ejemplar para ti, por tu insubordinación.

    Inuyasha miró al párroco con aprensión. No tenía alternativa. Si le permitía seguir con vida, el teniente se encargaría de torturarlo de una forma horrorosa, sin embargo si lo asesinaba él, no sería tan cruel. De una forma u otra, ya no podría conocer la verdad de su familia... Y su secreto se iría con el sacerdote.
    El párroco comprendió lo que ocurría y simplemente levantó la vista al cielo, entregándose por completo a su Señor. Inuyasha comprendió entonces que le entregaba su garganta desnuda para que llevara a cabo su oscura misión.

    —Hazlo, hijo mío.
    —Perdón, Padre...

    Dicho esto, con un ágil, rápido y certero golpe, la garganta del sacerdote estaba abierta en dos, dejando salir la sangre a borbotones. El cuerpo del párroco cayó al suelo pesadamente. La poza de sangre se expandió rápidamente, tiñendo de rojo sus plateados cabellos...


    Inuyasha sintió los brazos de Miroku alrededor de sus hombros. Sabía ahora por qué su amigo no había querido decirle la verdad tan repentinamente, pero le agradecía por no habérsela ocultado.
    Aquella despedida que tuvo con el sacerdote... ¡Cuánto significado cobraba ahora! ¿Cómo no se percató en la insistencia de llamarle “hijo mío” y en hablarle sobre su madre? Todo estaba tan claro, las pistas saltaban a sus ojos, pero no quiso verlas... Tan cegado estaba por encontrar a su familia que no percató que la tuvo frente a sus ojos.
    Se despreciaba, no solo a él, sino también al ejército, a los comandantes, tenientes, coroneles, sargentos... ¡A todos aquellos malditos que hicieron de él lo que era ahora! ¡El asesino de su propio padre!
    El soldado golpeó la tierra con fuerza, maldiciendo su vida, maldiciendo la guerra, maldiciendo a todas aquellas personas que plantaban el terror sólo por beneficio propio. Pensó en aquellas víctimas inocentes, en los millones de niños que vagaban como él por el mundo. Si no hubiese estallado la guerra todo sería tan diferente: él estaría con su madre, su padre y su hermana, juntos, viviendo en la hermosa casa que tenían de niños... ¿Por qué la vida debía ser así? ¿Por qué las cosas no pudieron quedarse como estaban? ¿Por qué?
    Inuyasha sintió como todos los sentimientos de opresión, aflicción, tristeza, melancolía e impotencia inundaban su ser y, por primera vez en muchos años, lloró. Sollozó como un niño pequeño, deseando que todo parase, sentía que ya no le quedaban fuerzas para seguir luchando... Ya no más...


    Continuará...





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    pinkprincess

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    Yupii! La primera! ;)
    Dios! Pobre Inu! T-T Mató a su padre y ni siquiera lo sabia!! Que penita me da! T-T Es desgraciado de Renkotsu! ¬¬* Yo si que lo voy a matar! ><
    Y anda que enterarse despues de haber tenido ese sueño..... Eso fue debstador! Que penita me da v.v Espero que pronto me lo pongas más contento, ehh! ^^
    Como siempre, una narración 10! ;)
    Weno, te dejo! Hasta l siguiente capii!! Pero no te tardes, ehh! ^^ Byee! Besos!
     
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  1. Lady Kyros
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