Locura [DC cómics] Batman & Joker

Tema en 'Fanfics abandonados TV, Cine y Comics' iniciado por The Condesce, 21 Abril 2016.

  1.  
    The Condesce

    The Condesce Usuario común

    Acuario
    Miembro desde:
    25 Abril 2015
    Mensajes:
    323
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Título:
    Locura [DC cómics] Batman & Joker
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    700
    Bueno, esto quedó un poco más abstracto de lo que planeé, tanto, que incluso podría ir en originales.... creo que no logré lo que quería, pero el texto en sí mismo tiene un valor y well... aunque no es lo que quería que fuera, no está tan mal.




    Locura

    Hierro. A hierro sabe el carmesí que se resbala hasta el asfalto. Tus entrañas se hacen espinas y desgarran la carne. Dulce sabor de muerte en la punta de tu lengua cuando los huesos se vuelven polvo y se derraman por tus miembros llevando como agua de río el lacerante dolor. Oscuridad. No puedes ver más que oscuridad, y murciélago que frente a tus córneas se desliza entre las sombras tenebrosas. No hay estrellas, se han visto remplazadas por las luces neón de la ciudad que parecen un espejismo en el horizonte cuando lo ves con tu visión distorsionada y borrosa.

    Cada fibra de tu cuerpo grita que vas a morir. Más sabes que no es así. No vas a morir. Por eso se escapan risas desquiciadas por el cerco de tus dientes. Él no va a matarte.


    Él no se atreverá a matarte.


    Él no puede matarte.


    Y sus ojos de luna nueva hay desprecio, asco, repudio. Pero no te odia. Esa es su mentira. La eterna persecución por los callejones, donde suenan los chillidos de los gatos entre los botes de basura, y cada vez se repite la visión de una mujer con maquillaje exagerado prácticamente desnudada, vistiendo medias de red y altos tacones rojos de aguja. La sensación de estar en el borde del abismo a punto de caer y despedazar tus miembros al impacto con las rocas, el químico tóxico que se derrama por cada rincón, por cada célula y acelera el corazón al borde del infarto. Es una coreografía de sombras. El mismo acto que se repite, nunca cae el telón.

    Le tomas del brazo. La dureza de sus músculos atraviesa los guantes que cubren tus dedos. Todo lo atraviesa. Puedes prácticamente palpar su mera existencia, como si fuera una fina tela transparente. Y es que en esta tragicomedia, son el mismo personaje. Él es tú y tú eres él. Sólo que él es la cara larga y tú la máscara que sonríe. Se funden, se funden y son un terrible engendro de pesadilla, un ente del infierno que desgarro el suelo y se coló por las grietas de la tierra.

    Vidrio. Está hecho de frágil cristal soplado, se quebrará si lo dejas caer al suelo. Entonces recogerás sus pedazos y al volverlos a pegar nunca podrá volver atrás y se convertirá en un mosaico de colores. Sus ojos se volverán un caleidoscopio de sangre roja, negra y vino derramada.

    Quieres mostrarle que existe una realidad más allá de las camisas y corbatas, un mundo donde no existe la palabra orden.

    Lo jalas. Le jalas del brazo para caer en el vacío y flotar entre el polvo cristalino que quedó de los cristales rotos, entre los espíritus del infierno, se escuchan las voces del mundo. Todo se vuelve absurdo e irrelevante. El mundo se distorisiona, es un carnaval de sombras danzantes. Las caras se deforman y todos no son más que payasos en el acto de un mal circo. Caen y caen sin nunca caer. Y el aire se vuelve agua y la presión hace explotar la cabeza. Se deja de ver y no hay nada más que tinieblas. Se va desprendiendo la puel de la carne porque el agua es de ácido, se consume hasta dejar los huesos y los huesos se vuelven agua. Ya no existen. Son tan sólo existencias etéreas que se desprenden de la mugre y la suciedad. Todo pierde el sentido. Más no se necesita. Nada en el País de las Maravillas tiene sentido.

    Aquello suena como el escenario más placentero.

    Sabes que el eco de tu voz turbada resuena en su cabeza, se cuela entre su carne y resuena. Tus palabras son un taladro que perfora su cráneo, y la entidad caliginosa que amenaza con escapase desde sus centros te tiende la mano para bailar.



    Y algún día, los dos juntos abrazarán la locura.





     

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso