One-shot Llovía [Pokémon Rol | Ian x Mimi]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Kurone, 2 Diciembre 2019.

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    Kurone

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    Título:
    Llovía [Pokémon Rol | Ian x Mimi]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1240
    Título: Llovía
    Fandom: Pokémon Rol | AU
    Personajes: Ian Lockhart, Mimi Honda, Dante Miles y Emily Hodges.
    Summary: "Fuera llovía de forma copiosa"
    N/A: Me apetecía escribir algo con estos dos porque tienen una dinámica que me resulta entre entrañable y graciosa. Son el Tsuntsunshipping hetero (?)

    ***

    Llovía. Las gotas de lluvía formaban pequeños regueros incoloros sobre los cristales de las ventanas del aula.

    Mimi suspiró por tercera vez en menos de tres minutos. Un suspiro profundo, contenido, que le estremeció el pecho. La camisa del uniforma escolar.

    Aquella ocasión fue con frustración. Con rabia. No podía creer que hubiese olvidado su paraguas en casa. El pronóstico del tiempo le había avisado con anterioridad que llovería ese día. Lo sabía de sobra. Pero de algún modo, por alguna razón, decidió que no sería para tanto al final del día. Y ahora descubría con horror no solo que sí era para tanto, si no que aquello no era una simple lluvia de otoño. Era el diluvio universal.

    ¿Pero por qué su suerte era siempre tan nefasta? ¿Por qué el universo le tenía tanta inquina?

    —¡Mimi! ¡Hasta mañana!

    En ese momento alzó la vista arrancada bruscamente de sus pensamientos internos. Sus ojos azules se encontraron con la amable sonrisa de su mejor amiga en la puerta del aula. Emily Hodges. Una jovencita de alegres ojos morados y liso y largo cabello negro. A su lado, siempre a su lado, sosteniendo un paragüas rojo cerrado se encontraba Dante, su novio desde hacía seis semanas. Se marcharían juntos, como era usual. Compartiendo aquel paragüas bajo la tormenta, como era usual. Solos. A pesar de su nefasta situación Mimi no tenía pretensiones de impotunarlos con su presencia.

    No tenía ese derecho.

    De modo que solo alzó la mano elevando las comisuras de sus labios en la sonrisa más honesta que logró esbozar. (No fue muy convincente)

    —Hasta mañana Em.

    Mantuvo aquella sonrisa hasta que ambos desaparecieron por el pasillo. Y entonces volvió a suspirar. Su móvil no daba señal por lo que avisar a alguien quedaba completamente descartado. Sin paraguas y sin ayuda, solo le quedaba correr y rezar para no pillar el resfriado del siglo al llegar a casa.

    Recogió su cartera y abandonó el salón. Se preguntó si quizás alguien habría dejado algún paraguas en el paraguero junto a las taquillas. Solía ocurrir a veces, tal vez un alma caritativa podía haber previsto su situación.

    O no.

    Comprobó demasiado pronto, por millonésima vez en su vida, lo esquiva que tendía a serle la suerte.

    El paraguero estaba completamente vacío. Su fondo negro parecía devolverle la mirada, burlándose de ella y de su mala fortuna.

    —¡Mierda!

    Apretando los dientes con frustración, sintiendo la sangre hervirle en las venas, le arreó una brusca patada. Con un sonido metálico el paraguero se volcó y rodó a unos metros de distancia... antes de ser detenido por el pie de alguien.

    Una voz masculina silbó con sorna.

    —Vaya. Tienes un máster en eso de "respetar el mobiliario escolar", Honda.

    Se trataba de un joven alto de revuelto cabello castaño y sagaces ojos cafés. Ian Lockhart. Un chico algo mayor con el que compartía salón. Y aquello era lo único que compartían, porque quizás "detestarlo" era una forma suave de decir que Mimi no podía verlo ni en pintura.

    Ian era a sus ojos prepotente, molesto, un tipo que se adelantaba a las situaciones como si supiera lo que iba a suceder y siempre guardaba algún truco bajo la manga. Tenía respuestas para todo a pesar de ser un rebelde sin causa, un gamberro cualquiera, y aquello lograba irritarla.

    Apartó la mirada con dignidad.

    —Tsk. Cierra la boca Lockhart—gruñó más que dijo.

    Ian no pareció darle importancia. Mimi lo vio levantar el paragüero con un movimiento del pie, las manos en los bolsillos del pantalón del uniforme. Una sonrisa socarrona se plasmó en sus cara al pasar por su lado deteniéndose frente a la entrada para abrir su paraguas.

    Su paraguas.

    Mimi frunció ligeramente el ceño. Dios. Dios. ¿Sería posible? ¿Por qué él si tenía?

    —¿Esperas a alguien?—le preguntó con cierto tono informal, trivial, de quien empieza una conversación casual sin esperar nada.

    Mimi chasqueó la lengua.

    —¿Qué te importa?

    —No me importa—respondió encogiéndose de hombros—. Era una simple pregunta para romper la tensión. Dado que te ves como si hubieras visto un fantasma, pensé que quizás te vendría bien charlar con alguien, jé.

    —Vaya consideración la tuya—acotó sarcástica. Y sonrió de forma mecánica, forzada y falsa al volverse para encararlo—. Ahórrate tu amabilidad barata ¿quieres?, no la necesito. Estoy mejor que bien de hecho.

    Ian la miró. Bastó una sola y breve mirada para hacerle sonreír de forma indescifrable. Esa chica siempre era tan tonta y orgullosa. Todo su ser era una masa amorfa de obstinación.

    —Ya—dijo simplemente—. Bueno, nos vemos entonces.

    Cerró los ojos y contó mentalmente los segundos.

    No quedaba nadie más en todo el centro. Alumnos y profesores se marchaban por igual bajo la intensa lluvia. Y ella... no tenía nada. Salvo quizás su cartera para protegerse. Y su patético orgullo que jamás le servía de nada.

    Tres...

    Iba a congelarse. Iba a morir de una hipotermia por tonta. Su resistencia a las bajas temperaturas era nula.

    Dos...

    Aquella perspectiva le heló la sangre en las venas. Lo odiaba. Lo odiaba tantísimo... pero su cuerpo actuó antes que su cerebro. Fue un impulso repentino.

    Uno.

    —¡Espera!

    Ian apenas había dado ni dos pasos cuando ella lo detuvo con la voz entrangulada en una súplica, vulnerable y preocupada. No se volvió de forma inmediata, sin embargo.

    Por el contrario, se llevó la mano al rostro y rio. Una estruendosa carcajada burlona. Mimi no dio crédito a sus ojos. ¿Se estaba riendo? ¿Riéndose de ella? ¡Ese maldito payaso prepotente!

    —Uf, que divertido fue—finalizó limpiándose disimuladamente una lágrima de sus ojos. Y en ese momento la encaró—. Predecible en tu estado más puro.

    Mimi apretó los puños, tensa.

    —¡Tú...!


    Y ese momento tuvo que ser rápida para alcanzar en sus manos algo que Ian le lanzó. El joven ya había empezado a alejarse, la fuerte tormenta golpeando sobre la tela de su paragüas verde.

    —Puedes quedártelo—fue todo lo que le oyó decir.

    Era... una llave. Mimi la miró con confusión, extrañada, preguntándose que demonios pretendía que hiciese con eso. Era pequeña, metálica, con el número 312 escrito en un papelito. No parecía pertenecer a ninguna de las aulas, ni siquiera a una puerta en sí. ¿Quizás...?

    Regresó tras sus pasos e introdujo la llave en una de las taquillas. Y allí, nada más desvelar su contenido, su corazón dio un vuelco y sus ojos se abrieron como platos de la impresión.

    Estaba... salvada. Podría irse a casa. Porque en la taquilla, convenientemente cerrado, había un paraguas de brillante color rojo. Y una pequeña nota junto a este rezaba las siguientes palabras: "No tiene nada raro, descuida. De nada".

    Mimi no lograba entenderlo. ¡Siempre sabía que cosas le pasaban por la cabeza! ¿Por qué era tan transparente? ¿O es que era él el adivino acaso? Cerró la taquilla de un golpe, frustrada. Las mejillas como dos tomates maduros.

    ...

    —Ugh.

    Pero aquella ocasión su pecho se sintió cálido. Y aunque prefirió usar su cartera para cubrirse de la lluvia, su corazón lanzó una respuesta sin palabras.

    "Gracias."
     
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    Amane

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    Debo decir que me sorprendió bastante ver algo de estos dos en la mesa pero ha sido una sorpresa grata. También debo contar por aquí que me lo leí en mitad de clase de literatura porque era mil veces más entretenido que la clase en sí.

    Así que cuando Ian apareció por dentro yo estaba: AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA y por fuera: -w- que bien, Browning, una gran escritor, sí.

    JAJAAJ en fin, me ha gustado mucho, es una escena en realidad bastante simple pero que se ve muy bien el carácter de los personajes. Ya a Mimi la conocemos bastante bien, pero me está agradando leer cada vez más cosas de Ian y como desarrollamos su personaje, y no sé Juanjo, pero es que el crush que yo tengo en Ian cada día más alto no es ni medio normal.

    Lo he visto super bien reflejado en el fic, la verdad, con esa sonrisa suya constante y sabiendo en cada momento lo que va a suceder porque, well, no por nada he is the ultimate strategist (and ultimate daddy sí o qué(?). Tbh, no me extraña nada que lo tuviese todo preparado, just bc le divierte hacer este tipo de cosas porque así es él.

    Mención especial al Demily siendo adorable por favor todos sabemos que Emi sería tan desastre de no llevarse su paraguas tampoco y menos mal que tiene a Dante porque si no, no sé que haría la chiquilla. Bueno, en verdad como es más social que Mimi, seguro acabaría yendo con alguien porque sabe como seducirlos (?)

    Anyways, ha sido muy sorprendente y grato de leer. Me gusta ver cosas de parejas y relaciones tan diferentes, es super curioso uwu
     
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