Explícito La verdad sobre Gerión

Tema en 'Relatos' iniciado por NNIN, 3 Julio 2021.

  1.  
    NNIN

    NNIN Entusiasta

    Sagitario
    Miembro desde:
    3 Marzo 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    La verdad sobre Gerión
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3007
    Con sumo Cuidado empujó la carcomida madera de la puerta para que se abriese. Torpemente, empezó a
    girar sobre sus goznes emitiendo un chirrido grave acompañado por el crujir de la resquebrajada y
    descolorida madera.

    En el interior de la habitación el ambiente no mejoraba.
    La suave luz de la mañana que se colaba por las rendijas de la persiana, pasaba a través de las cortinas
    naranjas y se posaba en el polvo acumulado, dando la sensación de una casa abandonada. El papel pintado
    de las paredes, amarillento, resquebrajado y lleno de humedades, sumado a los escasos muebles de madera,
    descoloridos y rotos, reforzaban esta idea en la cabeza de Inocencia.

    ¡Pero no estaba para nada deshabitada! En el centro de la habitación, a la luz de un escueto candil, había un
    viejo sentado en una vieja silla de ruedas, de espaldas a ella.

    El viejo permanecía inmóvil.

    Podía ser que no se hubiera percatado de la presencia de Inocencia, que no tuviera ganas, o peor…
    El viejo tosió e Inocencia suspiró aliviada.

    Con cierta precaución Inocencia se acercó al viejo.
    ̶ Perdone…

    El viejo ni se inmutó.

    Con redoblada cautela ̶ Disculpe… ̶ preguntó de nuevo Inocencia, apoyándose esta vez en la silla para
    hacerse notar.
    El viejo, sorprendido, se intentó girar rápidamente.
    ̶ ¿Qué?¡¿Quién…?! ̶ un nuevo ataque de tos le interrumpió.
    El viejo vestía un batín a rallas rojo y blanco, sombrero y gafas de sol a pesar de estar dentro de casa y a
    oscuras, pero lo más llamativo es que no tenía piernas y le faltaba también el brazo izquierdo.
    ̶ ¿Se encuentra usted bien…? ̶ se preocupó Inocencia.
    ̶ ¡Mírame y averígualo…! ̶ el viejo siguió tosiendo. Su voz sonaba ronca y desgastada, como un susurro
    grave y profundo.
    ̶ Perdone ̶ se trató de disculpar Inocencia aún sin saber muy bien el porqué.
    El viejo ̶ Perdóname tú,… ̶ más calmado tras superar el ataque de tos ̶ no debería ser tan maleducado. Y
    menos aún con la escasa compañía que ocasionalmente tengo.
    Inocencia preguntó ̶ ¿Vive usted solo? ̶ con curiosidad.
    ̶ Más o menos… ̶ una breve e incómoda pausa ̶ De vez en cuando una joven viene a casa y me ayuda con mis
    cosas, pero hace tiempo que no viene…

    ̶ ¿Hay algo en que yo pueda ayudarle? ̶ se sintió obligada a preguntar Inocencia.
    El viejo carraspeó intentando aclarar su garganta y su voz. ̶ Bueno…hace mucho que no como nada caliente.
    Yo no puedo cocinar y hace días que mí…cuidadora, por así llamarla, no viene así que he estado comiendo
    de latas y de sobras, pero agradecería tanto una comida casera y calentita…
    Inocencia lamentó haber sacado el tema, pero le daba pena aquel viejo, enfermo y abandonado.
    Sin nada más que objetar se dirigió a la cocina.


    La cocina estaba sorprendentemente limpia para lo desastrosa que se le había presentado la habitación del
    viejo. Una puerta blanca con un traslucido cristal amarillo daba paso a una cocina con baldosas blancas en la
    mitad inferior y pintada de amarillo en la mitad superior, muebles no demasiado descuidados pero
    notablemente viejos y en la esquina una cocina de gas.

    Inocencia apenas tenía catorce años, luego tampoco sabía mucho de cocina. Revisando entre los estantes y
    estanterías seleccionó un frasco con judías verdes aún en sus vainas. Encontró sal, aceite y pimienta. En el
    frigorífico medio limón reseco y lomo.
    Por suerte de las pocas recetas que sabía hacer eran judías verdes con jamón (hoy interpretado por el lomo).
    Así que se puso a ello: primero llenó una cacerola con agua caliente, con extrema dificultad consiguió
    encender el fuego sin quemarse y puso las judías en la cacerola y esta a su vez sobre el fuego, después, no
    sintiéndose tan valiente como para tener dos fuegos encendidos a la vez, puso una sartén con aceite, las
    judías y el "jamón", por último, lo puso todo en un plato de flores descoloridas con un toque de sal y
    pimienta. “Voilà, un plato digno de un banquete”, pensó ella.

    Mientras cocinaba, Inocencia miraba constantemente al viejo, esperando no se impacientase, pero el anciano se mantuvo inmóvil, con la mirada perdida. Sólo cuando ella se acercó con la comida esbozó una tímida
    sonrisa. Le colocó el plato con cuidado en el regazo y le ofreció un tenedor.

    Con ansia animal agarró el tenedor y con apetito voraz el viejo empezó a comer, pero de repente se detuvo
    en seco. Empezó a toser y escupió lo que tenía en la boca en un pañuelo de tela que le sobresalía de un
    bolsillo del batín.
    ̶ ¡¿Qué mierda es esta…?! ̶ dijo mientras tosía tapándose con la “servilleta” ̶ ¡No me gusta el lomo, este
    aceite es el del pescado y la pimienta me sienta mal…!
    Inocencia tuvo un amago de culpa, pero en seguida se defendió ̶ ¡Oiga, he hecho lo que he podido con tan
    poco material y tan poca experiencia! ̶ y aún dijo más ̶ Además, ¡cómo voy yo a saber lo que a usted le gusta
    y lo que le sienta bien y mal, no le conozco, ni siquiera sé su nombre!
    Un silencio incómodo congeló el tiempo.
    ̶ Gerión…
    ̶ ¿Cómo?
    ̶ Me llamo Gerión ̶ repondió el viejo.
    ̶ Yo…me llamo Inocencia.
    ̶ Bonito nombre… ̶ Gerión trató de disculparse ̶ lo siento niña, soy un viejo cascarrabias, ya lo sabes. ̶ el
    anciano la devolvió el plato y el tenedor. Inocencia se los llevo de nuevo a la cocina, donde tiró con pena las
    sobras a la basura y miró con aún más pena al viejo, de nuevo con la mirada perdida y con la “servilleta” aún
    encima, manchada.
    De nuevo se sintió obligada a preguntar, por cortesía ¿o quizás por culpa? ̶ Quiere algo más…
    El viejo volvió en sí y dijo no querer nada más, pero en seguida se retractó. ̶ Bueno…en realidad la comida
    me ha dejado bastante seco ̶ rió secamente ̶ tenía demasiada sal… ̶ como era de esperar volvió a empezar a
    toser.
    Una vez se hubo calmado, continuó ̶ Sírveme un vasito de whisky antes de marcharte, por favor…
    La niña se sintió en la obligación de reprender al viejo. ̶ No cree usted qué en su estado no es buena idea
    tomar alcohol…
    Gerión se enfadó todo lo que su condición le permitía.
    Inocencia, ignorando al viejo fue a servirle un vaso de agua.
    ̶ ¡Te he dicho que quería un whisky!
    ̶ Y yo le he dicho que está usted muy mayor para eso. ¡Tome! ̶ le ofreció con energía el vaso de agua.
    El viejo bebió un poco y, un poco más sosegado, le explicó a la joven.
    ̶ Mira…yo sólo soy un viejo sin ninguna alegría: no puedo tomar picante, no puedo tomar dulces, no puedo
    fumar ni tampoco puedo beber refrescos con gas. Para algo que me han dejado los médicos…déjame que
    beba un poco de whisky.
    La explicación no le resultaba del todo satisfactoria a Inocencia. Con sumo cuidado, la joven se atrevió a
    preguntar: “¿Qué enfermedad padece usted?”.
    ̶ Vejez… ̶ se rió quedamente el viejo Gerión.
    Inocencia seguía insatisfecha. ̶ No, en serio…
    La única respuesta del viejo fue: “Créeme que no quieres saberlo.”
    La joven, aún insegura, se dirigió a la cocina en busca de la botella. Si bien no tardó en encontrarla, no tardó
    tampoco en darse cuenta de que estaba vacía. La marca le resultaba familiar…ya había visto ese dibujo en
    algún otro sitio. De repente se acordó dónde, en su piso. Su hermana mayor guardaba una en lo alto de la
    nevera.
    Inocencia miró a Gerión y dudó. El viejo en verdad le daba lástima, pero no era tampoco su whisky.
    ̶ Bueno… ̶ se dijo a sí misma ̶ no creo que eche en falta un vasito, siempre y cuando lleve la botella de vuelta
    luego. ̶ Se giró al anciano, decidida, y le dijo ̶ Ahora vuelvo.
    Se marchó corriendo, dejando la puerta del piso abierta tras de sí, en lo que el viejo decía muchas gracias,
    niña. Volando bajo las escaleras y abrió la puerta de su piso. Su hermana no estaba, “¡Perfecto!” pensó, y
    cogiendo la banqueta de la cocina se asomó a lo alto de la nevera. Allí estaba, tal como la recordaba. En un
    suspiro la cogió y volvió a la casa de Gerión.
    El viejo reaccionó igual que cuando la vio aproximarse con el plato de judías. En el mismo vaso en que le
    había servido agua, le sirvió un culín de whisky.
    El viejo no tardó ni un segundo en bebérselo. Le acercó el vaso a Inocencia con la intención de que le
    sirviese más, pero ella lo consideraba más que suficiente y se negó.
    ̶ ¡Venga…! ̶ insistió el viejo ̶ El primero no me ha dado tiempo ni a saborearlo.
    Inocencia se mantuvo firme ̶ ¡Pues habérselo tomado con más calma!
    Gerión siguió quejándose mientras la joven lavaba el vaso y lo ponía a secar junto al plato. Cogió la botella
    y se marchó mientras el viejo se terminaba de quejar.
    ̶ Adiós… ̶ dijo desde la entornada puerta de la casa.
    El anciano cambio apresuradamente su discurso ̶ Aaah…mmm…adiós…y gracias, niña…


    Inocencia bajó despacio las escaleras hasta el primer piso. Entró por la puerta de su casa.

    ̶ ¡Hey tú!
    ̶ Hermana… ̶ trató de esconder la botella en su espalda, su hermana, parada enfrente de ella la impedía el
    paso.
    ̶ ¿A dónde te habías ido? ̶ y sospechando que Inocencia ocultaba algo en la espalda se abalanzó hacia ella ̶
    ¿Qué llevas ahí?
    Intentando en vano ocultar la botella y avanzar hacia la cocina para poder devolverla a su sitio ̶
    Nada…¡Conscientia, dejame pasar!
    Arrebatándola la botella al echarse a un lado para dejarla pasar ̶ ¿Y esto?
    Inocencia se disponía a excusarse, pero Conscientia la interrumpió.
    ̶ ¿Esto es lo que me querías ocultar? ̶ comprobando el contenido de la botella ̶ ¿No eres un poco joven para
    esto, o es que te han convencido unos amigos?
    La joven, enfadada, replicó ̶ ¡No es eso para nada…! ̶ pero su hermana no la escuchaba avanzando hacia la
    cocina a dejar la botella.
    ̶ Ya, ya ̶ fue lo único que Conscientia dijo mientras devolvía la botella a su lugar.
    ̶ ¡Te juro que no era para mí…! ̶ persiguió Inocencia a su hermana por la cocina, mientras esta sacaba la
    sartén del horno ̶ Era para el vecino de arriba…
    ̶ Sí claro ̶ Conscientia seguía ignorando a su hermana mientras sacaba ingredientes de la despensa.
    ̶ El señor…este, ¡Gerión! fue quién me ̶ pero en ese instante su hermana la paró y le dijo: “¿Has dicho
    Gerión?” ̶ Sí, creo que se llamaba así… ̶ contestó tímida y confusa Inocencia.
    Sin más que murmullos su hermana salió corriendo por la puerta de la casa.

    La joven se quedó inmóvil, preguntándose que tenía de malo que le hubiese dado una copa de whisky a un
    anciano desvalido. Incluso se empezaba a preocupar por sí, como ella había sospechado, había hecho mal
    dándole alcohol.

    De pronto se oyeron gritos en el piso de arriba. Parecían de su hermana.
    Inocencia subió corriendo las escaleras y encontró la puerta del viejo abierta de par en par, de allí venían los
    gritos: “¡Cabrón!” “¡¿Cómo te atreves?!” fueron sólo algunas de las cosas que se oían desde el pasillo. La
    joven se adentró a ver que le pasaba a su hermana.
    ̶ ¡Escúchame, sucia rata, como vuelvas a acercarte a ella te parto las piernas! ̶ gritaba Conscientia.
    ̶ Sabes perfectamente que no tengo piernas ̶ se carcajeó el anciano ̶ Además, fue ella la que vino a mí.
    ̶ ¡Ni se te ocurra volver a dirigirle la palabra o te juro que…! ̶ en ese instante entró Inocencia en el cuarto del
    viejo. Los dos se quedaron callados mirándola.
    ̶ Tú y yo hablaremos luego… ̶ Conscientia cogió a Inocencia de la mano y se la llevó de vuelta a casa.
    Ni siquiera cerraron la puerta de Gerión.
    Durante el camino Inocencia sólo tartamudeó intentando preguntarle a su hermana qué había pasado. En
    cuanto llegaron a su piso, Conscientia cerró la puerta con llave y le dio un puñetazo.
    ̶ ¿Qué…? ̶ la joven Inocencia aún se sentía confusa, incómoda e incluso atemorizada ̶ ¿Qué ha pasado…?
    Conscientia la cogió por los hombros y la dijo: “No vuelvas a acercarte a ese hombre.”
    ̶ Pero… ̶ tartamudeó Inocencia ̶ ¿Po-Porqué…?
    ̶ Créeme que no quieres saberlo ̶ soltó a su hermana y se encaminó de vuelta a la cocina ̶ Sólo necesitas saber
    que es un monstruo.
    La joven la siguió hasta la cocina, pensando en lo que pasaba.
    Inocencia se acordó de su encuentro con el viejo Gerión.
    ̶ Pero si sólo es un anciano en una silla de ruedas…
    ̶ Te repito, no quieres saberlo.
    Inocencia seguía pensando en aquel pobre anciano sin extremidades y no podía creérselo.
    ̶ Pero…¿qué tiene de malo?
    ̶ Tiene de malo lo que te podría hacer.
    Inocencia seguía viendo en su cabeza a ese anciano desvalido.
    ̶ Pero si es un viejo indefenso, no puede ni valerse por sí mismo. Si tan sólo su cuidadora…
    ̶ ¡Mira imbécil yo soy su cuidadora! ̶ un corto silencio eterno heló el corazón de Inocencia ̶ No sé que te
    habrá contado, pero olvídalo, era todo mentira…
    Pero a Inocencia le asaltaba una y otra vez aquella imagen espectral del viejo, abandonado. Casi podía oírle
    llorar…en su cabeza.
    ̶ ¡Y porqué no le visitas! ̶ se encaró con ella ̶ Podría morirse de hambre, o de…
    ̶ Ya te he dicho que todo lo que te haya dicho es mentira.
    ̶ ¡También era mentira cuándo te vi gritándole!
    ̶ Inocencia yo…
    ̶ ¡Cállate! ̶ la joven se fue corriendo de la habitación
    Fue corriendo a abrir la puerta de la casa. Las llaves alertaron a Conscientia.
    ̶ ¿Inocencia…? ̶ preguntó en vano.
    Ya era tarde, la joven ya se había ido y, para cuándo su hermana se hubo dado cuenta de que, efectivamente,
    su hermana se había ido, ésta ya se encontraba abriendo la puerta de la calle.
    Pero algo la detuvo. Resonó otra vez en la cabeza de la joven Inocencia el llanto del viejo Gerión.
    “Debería disculparme con él por el comportamiento de mi hermana” pensó ella.
    Subió corriendo las escaleras, dejando atrás los gritos de su hermana que la llamaba, saliendo a la calle, en
    su busca.
    Se adentró en el piso. Encontró al viejo con cara de pena. Pareció alegrarse de verla.
    ̶ Yo…lo siento mucho por lo de mi hermana.
    ̶ No pasa nada ̶ dijo él sonriendo ampliamente ̶ ¿Te ha dicho ella algo sobre mí…? ̶ preguntó con interés el
    viejo.
    ̶ Nada…sólo que era su cuidadora y que es…usted un monstruo.
    ̶ Vaya…que palabras más duras…
    Inocencia sintió la necesidad de expresarle al anciano su descontento con el comportamiento de su hermana.
    ̶ Ella no tenía derecho a gritarle así.
    ̶ Después de todo esto, creo que ya puedes tutearme.
    ̶ ¡Es que usted no me ha hecho nada malo…! ̶ estaba enfadada con Conscientia ̶ ¡Usted…TÚ, no me has
    hecho nada malo!
    Inocencia notaba la rabia que brotaba de su interior.
    ̶ ¡Primero te grita sin motivo y luego me grita a mí!
    Puede que fuese todo el rencor de años acumulados o que de verdad esta situación la sacaba de quicio, le
    parecía tremendamente injusta.
    ̶ ¡¿Quién se ha creído?! ̶ Gerión seguía con atención el desarrollo de este monólogo ̶ ¡Como si ella lo supiese
    todo y lo hiciese todo bien! ̶ mirando a Gerión sentía como si la alentase a seguir, a soltarlo todo.
    ̶ Odio a Conscientia… ̶ el viejo se alzó de su silla.
    ̶ ¿Cómo dices?
    ̶ Odio a mi hermana ̶ de repente el viejo se elevaba sobre una enorme cola de serpiente de un negro intenso.
    Pero Inocencia estaba llena de odio y no se dio cuenta. No podía pensar con claridad.
    ̶ ¡Odio a Conscientia! ̶ es lo único que era capaz de repetir una y otra vez mientras la cola del viejo la
    empezaba a apretar con un abrazo mortal. De repente, la cogió con su garra derecha del cuello y la clavó las
    uñas en la arteria, empezando a succionarla todo el odio.
    ̶ Sí, así me gusta ̶ su voz ya no sonaba ronca ni apagada, sonaba grave e imponente.
    Sus ojos de serpiente se incendiaron con el fuego de la vida que le arrancaba a la pobre Inocencia.
    De repente se paró, y dejó caer a la pálida y tambaleante Inocencia. Movía la boca en silencio, sin poder
    decir nada. Nadie sabría diferenciar si estaba viva o muerta.
    ̶ Bueno, y ahora… ̶ levantándola por la pierna con la cola al tiempo que se quitaba el sombrero y las gafas de
    sol que ocultaban las escamas que le cubrían la calva y parte de las mejillas ̶ a deshacerse del cuerpo del
    delito ̶ apenas hubo dicho esto empezó a desencajar su mandíbula preparándola para el brutal festín.



    * * *​



    Conscientia entró en la habitación del viejo, sólo un ligero reguero de sangre restaba de su hermana delante
    del viejo sentado cómodamente en su silla de ruedas.
    ̶ Eres… ̶ se contuvo Conscientia ̶ te juro que te mataré un día de estos.

    ̶ Ya… ̶ con un gesto de superioridad, el viejo Gerión indicó a la mujer que se pusiese detrás de la silla ̶ Los
    dos sabemos que no tienes ni idea de cómo hacerlo.
    La muchacha, obediente, se dispuso a empujar la silla del viejo.
    ̶ Tienes suerte de que fuésemos huérfanas, sino no sé cómo explicaríamos esto… ̶ la mujer, sombría,
    intentaba no llorar mientras le llevaba por el pasillo de la casa.
    ̶ ¡Me subestimas! ̶ se rió el viejo ̶ puedo camelarme a cualquiera.
    ̶ A saber que la dijiste, cerdo ̶ dijo Conscientia con ojos vidriosos.
    ̶ ¡Nada! La muchacha fue muy obediente e interpretó su papel a la perfección…se nota que la educaste muy
    bien…
    ̶ No tanto…capullo… ̶ saliendo por la puerta de la casa, no pudo soportar más las lágrimas.
    ̶ No llores…¡La culpa es tuya por no alimentarme más a menudo! Me he visto obligado a buscarme yo la
    forma de traer la comida a casa.
    ̶ A saber qué hiciste para que ella…
    ̶ Eso es secreto profesional ̶ la cortó el viejo ̶ no soy tan tonto como para rebelarte esas cosas.
    Según abría la puerta de la calle Gerión readoptó su tono apagado y le dijo a Conscientia ̶ Anda, llévame al
    parque a ver qué encuentro para mañana.
    Conscientia, obediente, siguió empujando la silla del viejo hacia la calle, soñando con el día en que se pueda
    deshacer de él.

    FIN


     
    Última edición: 3 Julio 2021

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