Mitología La Profecía de los Héroes.

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por SilRock, 26 Abril 2021.

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    SilRock

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    Título:
    La Profecía de los Héroes.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    3216
    Hola a todos! He subido esta historia aquí, porque trata de varias mitologías y un poco de mi invención, si no es su lugar correcto, avisadme para cambiarlo sin problemas ^^. Espero que os guste y disfrutéis de la lectura!

    Prólogo: Comienza una aventura.

    Ahí estaba ella, sola ante la adversidad de esos malditos Demonios Rojos que se dedicaban a derrotar a los héroes que libraban la batalla contra su prueba de valor. Años de preparación para convertirse en un héroe de verdad, duros y largos entrenamientos durante inclementes climas, maestros que nada tenían que envidiar a los instructores espartanos. Todo para ser reconocido como un héroe si eran capaces de superar la prueba.

    Ella había observado como sus compañeros se habían enfrentado contra su propio monstruo, el malvado y todopoderoso Demonio Oscuro, capaz de acabar con varios héroes al mismo tiempo… ¡Y lo habían derrotado! Habían quedado victoriosos después de un año de dura lucha contra el poder maligno del gran jefe. Sir Diego CaballeroLeón había gritado “¡Libertad!” aclamado por sus iguales, la hechicera Krystine, la Guerrera Loreto, el Paladín Galaha y la Sacerdotisa Charle habían arriesgado su vida ante el monstruo, mofándose en su cara y obteniendo una grata victoria.

    Ahora le tocaba a ella.

    Nuestra heroína combatió contra el Maestro Llaglés con dificultad, dureza y nerviosismo… y en el último momento, cuando pensaba que con toda probabilidad iba a sucumbir con aquel golpe de gracia de su martillo, ¡zas! Una luz cegadora traspasó la Sagrada Caverna dando de pleno en el grotesco monstruo. Empuñando la legendaria Espada del Fulgor y escudada, la heroína dio unos pasos vacilantes, herida y cansada de las noches en vela entrenando y preparándose para aquella prueba, sin quitar la vista del monstruo que empuñaba el hacha con odio y frustración, agarrando la empuñadura con asco y repulsión.

    -Si lo derroto seré una heroína…-Se repetía nuestra heroína recordando lo hablando con los Oráculos que le habían dicho que se convertiría en una heroína si era capaz de superar aquella prueba. Impasible, haciendo una finta con su espada, atacó al monstruo que se rascaba los ojos desprevenido, molesto por la luz que había entrado.-Si me derrota no…-¡Zas! Otra estocada, un potente golpe crítico.- ¡si lo logro seré una heroína!-Y atacó sus piernas.- ¡Una heroína!

    Y fue cuando el monstruo se recobró, devolviéndola el golpe y haciéndola perder el escudo con estrépito.

    La heroína saltó hacia un lado, cayendo mal e hiriéndose en un brazo. Las esperanzas se le iban con las fuerzas. Tragó saliva, agarrando con fuerza su espada con las dos manos, olvidándose del dolor y fulminando al Maestro con furia.

    -¡Por la victoria!-Gritó antes de saltar hacia su enemigo. Dos golpes certeros y justo a tiempo para saltar a un lado, huyendo de la cola escamada del enemigo. Volvió a saltar y descargó el golpe sobre su hombro, pero trastabilló y cayó al suelo, gritando de furia.- ¡No!

    El Maestro Llaglés entornó los ojos, empuñando aún su hacha, dispuesto a atacarle con todas sus fuerzas. Nuestra heroína, agarró con las dos manos la empuñadura de su espada legendaria y la clavó en el pecho de su enemigo, haciéndole soltar un grito que hubiera helado la sangre de cualquiera que se hubiera atrevido a seguir a la heroína contra su destino. Con las manos temblando del esfuerzo, la heroína retorció la espada y estiró para sacarla, haciendo brota la sangre del monstruo y viendo como fulminaba con sus oscuros ojos.

    -Has vencido por el momento…-Y rompió en espeluznantes carcajadas.

    Una vez se recuperó de su combate, temblando aún por la adrenalina que recorría su cuerpo, se permitió desplomarse durante largos minutos, mientras lágrimas de emoción descendían sus mejillas y le recordaban el fruto que los esfuerzos le habían entregado.

    ***​

    Se imponía ante ella un largo y duro camino hacia el Castillo del Olvido, donde estaba escrita su Profecía. Aún recordaba la pesadilla de combate que había tenido que librar contra aquel monstruo maligno. Agarrándose el brazo herido comenzó su viaje, dispuesta con su espada legendaria, la Espada del Fulgor, y su pesado escudo, clamándole a los Dioses que la enviaran fuerza y ayuda, mas parecían hacer oídos sordos. Debía pensar en sus compañeros, aquellos héroes vencedores de su profecía, los cuales se habían quedado atrás en la Posada El Carro de Apolo, esperando las buenas noticias… o quizás malas.

    Atravesó el Bosque Eterno y nadó el Lago Castus donde sucumbió de cansancio por aquel día en la soledad y la amargura de aquel viaje que tenía que hacer sola. Nuestra heroína no las tenía todas consigo pese a las buenas expectativas de sus compañeros. Antes de que amaneciera reprendió el viaje en un oscuro silencio que parecía querer sumirla en su más terrorífica soledad. Escaló el Monte Naikan con dificultad, siendo atacada por los monstruos que le salieron a su paso, ayudado por aquellos héroes que habían caído antes que ella, sin poder lograr su objetivo todavía, y que aún guardaban algo de luz y esperanza en sus corazones.

    Al fin llegó a su destino, tragó saliva y se aventuró por la puerta del imponente castillo.

    El Maestro Llaglés ya estaba allí, con una sonrisa de autosuficiencia en su rostro demacrado por las batallas y la edad, sentado sobre un trono labrado en la roca, con su hacha en la mano.

    -Vaya, vaya, vaya… Has llegado muy lejos, heroína.-Dijo con un siseo, seguido de una risa que te helaba el alma.

    Nuestra heroína desenvainó su espada y le apuntó con ella.

    -Cállate, monstruo.-Se encaró.-Y dime mi Profecía… te vencí una vez, puedo volver a hacerlo.

    El Maestro se levantó de su trono, con una sonrisa maliciosa y con un brillo maligno en sus ojos oscuros.

    -No pasarás de aquí,-habló, convirtiéndose de nuevo en aquel vil monstruo-eres como tu compañero…-Y señaló a un lado oscuro que no tardó en iluminarse.

    Nuestra heroína al principio no lo reconoció, desconcertada, pero cuando su compañero alzó la cabeza con dificultad, se le heló la sangre en las venas.-Paladín Galaha…

    Y aprovechando la desconcentración de la heroína, el enemigo se lanzó hacia ella, con un rugido que hizo vibrar el suelo. La heroína se cubrió tarde, recordando las lecciones aprendidas y empuñó su espada con temeridad, sin dejar de pensar en su compañero caído. Debía rescatarle y llevarlo a un lugar seguro donde le atendieran con medicina y magia. Pero antes, tendría que derrotar a su destino.

    Estaba escrito que se enfrentaría a él dos veces, ¿por qué hacerle esperar?

    -Con valor…-Se animó, cubriéndose de un golpe con su escudo y con un fiero grito de guerra se enzarzó en un épico combate contra su destino, esperando que la fortuna fuera su compañera.

    La heroína, llena de seguridad, atacó a diestro y siniestra al Maestro, haciéndole retroceder. No tenía que vacilar, no debía dejarse llevar por las emociones, tenía que utilizar la cabeza, el pensamiento.

    -¡Cúbrete!

    -¿Qué?

    La heroína se cubrió con recelo, justo a tiempo para parar una llamarada de fuego verde que el grotesco monstruo le había lanzado y buscó de donde procedía la voz. Era el Paladín Galaha, que le lanzó su espada con las últimas fuerzas.

    -¡Acaba con él!

    La heroína lanzó el escudo, con un salto esquivo un coletazo y agarró la espada antes de caer con estrépito sobre el hombro de su brazo herido, gruñendo de dolor. Debería haberse curado antes de lanzarse a luchar, le habían dicho.

    Maldijo por lo bajo, levantándose rápidamente, sin saber dónde estaba el monstruo, observó la espada del Paladín, y se asombró. Era la legendaria Espada Leviatán, apretó la empuñadura con fuerza, dispuesta a acabar con un último golpe y oyó la risa macabra de su enemigo.

    -Esa espada no le ha servido a tu compañero, no ha podido impedir ni soportar mi fuerza.-Dijo la voz, un rugido y de nuevo se lanzó sobre ella.

    La heroína interpuso sus dos espadas para que las fauces del monstruo no la engulleran con dificultad, la fuerza de su enemigo la hizo moverse unos centímetros hacia atrás. Sin embargo, aguantó, para sorpresa del monstruo. Con el poder de ambas espadas, supo que podría ganar. Le propinó una patada en el hocico y descargó con un rugido de bárbara las hojas de las espadas, haciendo retroceder al monstruo. De nuevo le lanzó otro ataque, uno tras otro lo acosó con furia, por su compañero caído, dejándose llevar por la rabia y la fuerza que la recorrían.

    El enemigo se puso nervioso, no comprendía cómo un insignificante humana podía estar venciéndolo. Apenas un aprendiz en todo. Y antes de que pudiera hacer nada, tenía clavada la espada de nuestra heroína de nuevo en el pecho. Soltó un rugido de frustración y dolor, sintiendo que se le iban las fuerzas y volviendo a su verdadera forma.

    La heroína corrió hacia el lugar donde estaba tendida su compañero, sin importarle el monstruo.

    -Paladín Gallaha…-Lo llamó.

    Su compañero abrió los ojos.

    -Lo has conseguido…-Y empezó a toser.-Ojalá hubiéramos emprendido… el viaje juntos. Corre-tos de nuevo-, arrebátale la Profecía…

    Nuestra victoriosa heroína asintió, nerviosa, y después de inspeccionar las heridas de su compañero se giró, cogiendo de nuevo su espada. El Maestro Llaglés, con dificultad se había arrastrado hacia su trono y se había sentado, no desapareció como la primera vez que lo derrotó. Ahora, decrepitó y herido de muerto, observaba a la heroína con odio.

    -Aquí tienes, heroína…-Y con los restos de su antiguo poder hizo elevarse la profecía de la heroína.-Espero que sepas utilizarla… Pero recuerda, ¡volveremos a encontrarnos!-Y desapareció. Lo había devuelto al infierno de donde nunca debería haber salido.

    La heroína se cubrió entonces los ojos al resplandor enceguecedor del desvanecimiento de su enemigo. Cuando abrió los ojos, ante ella brillaba una estrella roja.

    Sonrió, lo había conseguido.

    ***​

    -Yo creo que está lo suficientemente afilada, héroe.

    La voz le sacó de su ensimismamiento, alzando la vista de aquellos ojos claros para ver al centauro que tenía delante. Reparó en su daga y dejó de afilarla con la roca.

    -Cierto… pero estoy nervioso.

    El Centauro sonrió con sorna.

    -¿Nervioso el Azote de los Maestros?-Preguntó, moviendo la cola.

    -Mi profecía, Maestro Borya, pronto me tocará enfrentar a mi destino…

    -¡Que viene un héroe!

    Centauro y héroe siguieron a la muchedumbre fuera de la Posada El Carro de Apolo. La gente se arremolinaba a la espera de reconocer a las figuras que se acercaban. El héroe se hizo paso entre la gente y se puso en primera fila, reconociendo a varias personas.

    -¿Qué ocurre?

    -Viene un héroes de su profecía, y no viene solo.-Habló sir Diego CaballeroLeón.

    Entornó los ojos para ver mejor en la distancia, concentrándose en las figuras que se acercaban lentamente. Cuando apenas había cien metros entre las figuras y la muchedumbre, alguien gritó el nombre de la heroína y el héroe la reconoció.

    Nuestra heroína, cargando con dificultad con el cuerpo del Paladín Galaha, caminaba hacia ellos hasta que no pudo más y se desplomó.

    -¡Ayuda! ¡Hay un herido!

    Y varios médicos y magos se acercaron a ella. El centauro espoleó sus cascos para llegar el primero.

    -Heroína… ¿cuál es tu profecía?-Preguntó, haciéndose oír entre los médicos y los magos.

    La heroína, sentada en el suelo junto a su compañero, le miró con una mueca impenetrable. Tenía ojeras y un brazo herido.

    -He vencido, Maestro Borya…-Fue lo único que dijo antes de derrumbarse y empezar a roncar, vencida esta vez por el cansancio y el agotamiento acumulados.

    ***​

    La oscuridad lo rodeaba todo, no había atisbo de luz por ninguna parte, no había sonido que te guiara en aquel mar de oscuridad acechante. Mas sabía que allí había algo. Sentía el poder que emanaba aquel ser. Maligno. Oscuro. Terrorífico. Se removía en las sombrar que eran su hogar, ignorando a lo que parecía una figura humana que caminaba sin dirección entre las sombras. Un ronquido gutural rompió el silencio.

    -Mistral.

    La figura humana dejó de moverse, esperando.

    -Son seis los elegidos.-Dijo una lejana voz.

    Mistral asintió.

    -Seis los que llegarán desde el norte guiados por la invidente. Bajo la luz plateada abrirán la puerta, despertando al que mora en las entrañas de las sombras. Uno caerá por la pendiente y regresará. Dos conseguirán lo escondido, pero no acabarán el viaje. El que tiene sabiduría tendrá la clave para la victoria mientras que el nerviosismo consumirá y entregará al miedo a otro. El orgullo de uno será su propio enemigo. Dos finalizarán el viaje y un traído sucumbirá. Ve, oráculo, y cumple con tu cometido.

    Y fue cuando vio aquellos dos ojos rojos como rubíes que la observaban en la oscuridad. Había tal maldad en su color, rojo como la sangre, que despertó gritando despavorida.

    -¡Goliat, Goliat!

    Goliat entró en la habitación con el hacha en la mano, aunque eso ella no lo vio.

    Ama Mistral…” Y se arrodilló en la cama de su dueña, entendiendo que aquellos gritos solo podían significar una cosa. Una visión.

    Mistral se incorporó en la cama como pudo, con la mirada perdida como hacía ya tantos años, sudorosa y nerviosa por los dos ojos rubíes que había visto.

    -Goliat… prepara mis cosas, debemos partir…

    Es de noche, mi señora…

    -Me da igual.-Lo cortó.-Lo elegidos… deben saber su destino. ¡Aprisa!

    Goliat asintió, envainando su hacha y ayudando a su ama a levantarse. Cuando terminó de vestirla, salió por la puerta dejando a Mistral sentada en la cama, pensando aún en la Profecía. Un traidor, oscuridad, miedo… De todas las profecías que había visto, aquella era la más extraña para su gusto. Respiró profundamente, iba a necesitar toda la ayuda de los Dioses para conseguir aquello.

    ***​

    Cuando nuestra heroína despertó de su profundo y regenerador sueño, se encontró a oscuras y aquello la desconcertó. Con sus sentidos alerta, se incorporó en la mullida cama en la cual estaba tendida y se percató de que tenía el brazo herido vendado y casi recuperado. Se lo tocó inconscientemente, observando la modesta habitación que se abría ante ella y se dispuso a levantarse de la cama con torpeza y entumecimiento en sus miembros, estirándose se acercó al cortinaje de la ventana y lo descorrió, dejando entrar una resplandor de luz que la cegó unos instantes. Cuando se acostumbró a la luminosidad, miró por la ventana descubriendo la ciudad en todo su apogeo, Ticeo brillaba con luz propia en un atardecer cargado de movimiento en el mercado con las últimas compras del día. Estaba en la posada El Carro de Apolo. Se separó de la ventana dispuesta a salir cuando reparó en su espada y su escudo, roto, apoyados en la pared de al lado de su camastro.

    -Mierda…-Cogió el escudo inspeccionándolo, ahora tendría que ir al herrero para arreglarlo.

    El sonido de su estómago hambriento la sacó de su ensimismamiento, dejando el escudo sobre el camastro, y decidió bajar al comedor. Abrió la puerta y el sonido de ajetreo la animó, dirigiendo su camino hacia el lugar. Allí, sonrió al reconocer a sus compañeros héroes, a los trabajadores de la posada y a su maestro centauro.

    -Nuestra ganadora.-Habló Sir Diego CaballeroLeón, alzando su jarra de hidromiel con una sonrisa. Entonces todos repararon en ella, contentos y alzando sus jarras.

    La heroína sonrió con modestia, contenta al reconocer entre ellos al Paladín Galaha, que engullía un plato de estofado con ganas y vendajes por doquier y una sonrisa, casi recuperado de sus heridas. Se sentó, pues, en un taburete junto a la barra y el posadero se acercó a ella, sonriente.

    -¿Qué va a ser, campeona?-Preguntó, sirviéndola un vaso de agua.

    La heroína bebió con ganas, dándose cuenta de lo sedienta que estaba.

    -Cualquier cosa… tengo un hambre voraz.-Comentó con una brillante sonrisa.

    El posadero, Jarvis, sonrió.

    -¿Cualquier cosa?-Habló una vocecilla tras la heroína.-Mi comida no es cualquier cosa, ¿cuántas veces tendré que decíroslo a vosotros los héroes?

    -Vamos, Juna, sabes que adoran tu comida, les encanta.

    Juna gruñó y entró en la cocina con desgana, llevando platos y jarras sucias en su bandeja. Diez minutos después nuestra heroína engullía un buen plato de estofado con dos rebanadas de pan moreno.

    Mientras, en una de las mesas a espaldas de ella, uno de sus compañeros héroes jugaba con su comida escuchando, aburrido, la conversación de Sir Diego CaballeronLeón y la Amazona Alecta, que debatían la que hubiera sido la victoria perfecta de los 300 espartanos, que los Dioses los tuvieran en su gloria.

    -Yo estoy con el Maestro Borya,-argumentaba la amazona, con porte amenazadora y los dientes de sus víctimas atados al cuello, señalando al maestro centauro que coceaba junto a la barra con el tenedor-mucho escudo, mucho escudo, pero luego no les sirvió todo lo que tuviera que pagar por él.-Zanjó, llevándose el trozo de carne a la boca.

    Sir Diego CaballeroLeón negaba con la cabeza.

    -Mala planificación, como en el sitio de Troya.-Argumentaba, desmenuzando el pan sobre su sopa.-Si Atenea les hubiera favorecido, la sabiduría les hubiera ayudado.

    -Chorradas.-Soltó entonces el héroe.-Perdieron porque fueron engañados por el Caballo de Ulises. Y los espartanos, ¿qué decir de los que encuentran glorioso morir ganando que vivir perdiendo?

    Amazona y caballero se miraron, pero ella quien habló:

    -¿No preferirías volver victorioso y lleno de gloria?.-Preguntó.- ¿antes que volver derrotado y herido de gravedad?

    El héroe le sostuvo la mirada unos segundos.

    -Al menos volvería…

    -Yo he vuelto y no he traído la victoria conmigo, amazona, ¿tienes algo que decirme?-Dijo el Paladín Galaha fulminándola con su mirada parda, estaba en la mesa de al lado, escuchando la conversación.-Ni la gloria, no me siento honrado por ello, pero si por volver con vida.

    La amazona miró al paladín y antes de que pudiera decir algo más, Sir Diego se interpuso para apaciguar los ánimos de los presentes, algo nervioso.

    -Nadie os va a recriminar, Paladín Galaha. Vos hicisteis lo que pudisteis… Además, las amazonas tienen muy por encima el orgullo de la victoria, héroe.-Añadió.-Pero yo creo que tenéis ambos razón, aunque no dudaría en morir en la batalla si la causa es noble…

    Y justo cuando el héroe iba a responder a eso con un mordaz comentario, las puertas de la posada se abrieron con estrépito apagando las velas que iluminaban la posada y una figura cubierta por una túnica con capucha se hizo paso tambaleante entre ellas.

    -¡Héroes!-Gritó, atrayendo las miradas de todos, que se giraron para observarla.- ¡Seis de vosotros corren un grave peligro!-Y se quitó la capucha, mostrando una venda cubriendo sus ojos, su cabello corto y azul eléctrico le daba fortaleza, hacía que el hombre que venía detrás de ella fuera insignificante aunque midiera casi dos metros y llevara un hacha de doble filo atada a su espalda.

    -Es una vidente…-Se oyó que alguien decía.

    -Una profetiza…

    -Soy un Oráculo.-Dijo la susodicha con orgullo.-Y tengo una profecía para seis de vosotros. Deben franquear una prueba de valor.
     
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    Nao Sharp

    Nao Sharp Iniciado

    Aries
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    Holii~
    Antes que nada, me ha gustado mucho leerte n.n Te voy a comentar algunos fallos que he visto, pero son detalles que no tienen mucha importancia, así que nada de desanimarse :3

    Aquí en concreto me resulta muy repetitivo lo de heroína... Poner "se repetía ella" creo que quedaría mejor :3

    Es devolviéndoLE el golpe, si no me equivoco devolviéndola es un laísmo.

    Sería "brotar", supongo.

    No sé si desconcertación existe, pero creo que es más correcto y queda mejor "el desconcierto".

    "Diestro y siniestro" es la expresión que conozco yo, supongo que "diestro y siniestra" es un error.

    Sería "tendido", según entendí es un chico (?)

    Sería "herido de muerte", creo uwu

    "Se removía entre las sombraS"

    Supongo que sería "los elegidos".

    Ay me ha quedado súper largo. Sé que es mucho, pero es un texto bastante largo... Yo tengo errores de este tipo también, así que nada de desanimarse.

    Antes de irme felicitarte por el esfuerzo y decirte que espero la continuación.

    Un saludo!
     
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    SilRock

    SilRock Iniciado

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    No sé si me habré dejado alguna falta por corregir, porque después de un rato la vista acaba por cansarse y todo parece bonito y perfecto ^^'. Voy a intentar subir más seguido esta historia, que no es muy larga, y así poder subir otras que tengo. Espero que os guste!

    —————————————
    Capítulo Segundo: Comienza el Viaje.

    En aquella parte del contienen era invierno y la ciudad de Ahriel era atacada por una ventisca de nieve que tenía encerrados a todos los ciudadanos en sus casas sin la opción de ir a trabajar sus campos. El río Urgit estaba congelado, los picos de las Montañas Debra estaban nevados y hacía días que no veían la luz del sol. El príncipe heredero de Ahriel estaba sentado en el trono de su ausente padre con una pierna colgando de uno de los reposabrazos de plata. Jugaba con su corona de oro entre sus manos mientras oía lo que el senescal le estaba contando sobre las pérdidas de la agricultura por el mal tiempo. Era su deber cuando su padre estaba fuera.

    Y era tan aburrido.

    Bufó, lanzando la corona al aire y recogiéndola con su pie, bailando una sonrisa divertida en sus labios. El senescal le observó, sin dejar de hablar, con reproche.

    -Perdone que mi discurso le aburra, Alteza.-Carraspeó.-Pero a mí tampoco me gusta esto.

    -Qué novedad.

    El senescal se sintió ofendido.

    -Cuando vuelva vuestro padre, volveréis a ser libre, mi estimado señor.

    -Claro.

    -Y podréis volver a perseguir ninfas en los bosques como siempre.

    -Brillante.

    -Y, sobre todo, poder llevar a cabo el plan del Señor Aliester.

    El príncipe dejó de mirar el vacío y concentró sus ojos pardos en el senescal. Se sentó bien, sonriendo con malicia, y se colocó la corona.

    -Bien.-Se levantó, colocándose el chaleco y bajó los escalones del pedestal para asombro del senescal.-Dales un sellado a esos papeles, Kell, me voy a la Torre.

    -Pero, alteza, aún no he acabado de… ¡Alteza! ¡Mi señor!-Un portazo fue su única respuesta.

    El príncipe recorrió el bastión con arrogancia, siendo reverenciado por los siervos que se encontraba, hasta llegar a las escaleras de caracol que conducían a la Torre. Cuando estuvo arriba del todo, abrió la puerta sin llamar.

    La estancia, a oscuras, estaba caliente por la chimenea encendida al fondo de la habitación. Los grandes ventanales estaban cerrados por la ventisca y con las cortinas echadas, dándole oscuridad, el príncipe se acostumbró rápido a la oscuridad y se fijó en la gran cama con doseles y cojines que había en el centro. Donde estaba ella tumbada, una túnica de seda lavanda cubría su cuerpo, y una venda del mismo color sus ojos. Sus cabellos, rizados, estaban trenzados, y en una de sus manos había una cadena. Siguió la cadena hasta que encontró al gran siervo de casi dos metros, que mantenía la cabeza gacha, sumiso y en un silencio eterno.

    -Yshiara.-La llamó el príncipe.

    La susodicha giró la cabeza en dirección al joven y apuesto príncipe.

    -Alteza.-Lo saludó.

    El príncipe se acercó a la chimenea encendida y avivó las llamas echándole leña.

    -Vengo a…

    -Ya sé a lo que venís, alteza. Soy adivina.-Y soltó una carcajada.

    El príncipe sonrió.

    -Pues entonces, dame mi respuesta, querida.

    La adivina se incorporó de la cama, tiró de la cadena y el gigante se levantó, ayudándole a ponerse de pie. Le guio hacia la chimenea y allí el príncipe le cogió una mano, besándola galantemente.

    -Ya sé quiénes son los Elegidos. Son de la ciudad de Anstor…

    -¿Anstor? ¡Por las barbas de Merlín! Eso está en el otro lado del continente. ¿Cómo se supone que van a llegar hasta aquí?

    -No os impacientéis, mi joven señor.-Lo tranquilizó Yshiara.-Llegarán guiados por la invidente…

    -Vaya guía.

    -Ella les traerá hasta ti sin saberlo. Son seis elegidos, los acompaña un Maestro centauro estirpe del mismísimo Quirón, la vidente y su protector.

    El príncipe se apoyó en la pared con los brazos cruzados, pensativo.

    -Recita de nuevo mi Profecía, Yshiara.-Ordenó.

    La profetiza, criada en Delfos como todas sus hermanas, se dispuso a recitar la Profecía del heredero de Ahriel, pero la puerta de la habitación se volvió a abrir y por ella entró un siervo.

    -Alteza, tenemos un mensaje del Señor Aliester.-Dijo apresuradamente.

    -¿No puede esperar?

    -Es importante, alteza.

    -Joder… Vale, Yshiara, pregúntales a las estrellas cuándo llegarán…

    -Ellas me hablan a mí, no yo a ellas…

    -Me da igual. Quiero saberlo ¡ya!-Ordenó, irritado.-No querrías enfadarme de nuevo, ¿cierto? Ya sabes lo que le pasó a tu amiguito la última vez.-Y puso una mano encima del hombro del gigante.- ¿Aún lo recuerdas, Hakk?

    Hakk tembló al contacto del príncipe.

    Yshiara buscó a tientas la mano de su gigante y la apretó con fuerza.

    -No, mi señor.

    El príncipe siguió a su siervo y cerró la puerta con una sonrisa macabra en el rostro. Sus ojos, pardos, brillaron con una pizca de locura. El siervo que iba a su lado, cabizbajo, temía el contacto de su gélido príncipe.

    Ahriel era una ciudad misericordiosa y en paz unitaria con otras regiones. Pero desde que el Príncipe había sido encontrado por Yshiara y su mudo compañero, todo había cambiado en el honorable y bondadoso futuro monarca. Tenía tratos oscuros con bestias desconocidas de ojos rojos y destilaba crueldad y odio por cada poro de su piel. Su padre, el rey Nagi, no sabía nada de esto, pero sabía que su heredero había cambiado en los últimos tiempos. Mas no podía hacer nada, cuando debía partir del reino pasaba a manos de su único hijo y él era quien tomaba las decisiones. Como la decisión de que un Oráculo de Delfos pasara a vivir con ellos en el bastión. Y aquellos tratos con alguien de las Montañas Debra. El siervo guio a su líder hacia la Sala del Trono y allí, donde ya había desaparecido el senescal, el príncipe se sentó en su trono.

    -¿Qué es lo que ocurre?-Preguntó con frialdad.- ¿Cuál es el mensaje de Aliester?

    El siervo hizo una reverencia e hizo una seña para que el mensajero entrara. Cuando estuvo delante del príncipe habló.

    -El amo Aliester ha doblegado la voluntad de uno de los Elegidos y…

    -¿Quién es?

    -Eso no puedo revelártelo, mi príncipe, no entra en los planes del amo. Pero quiere que os diga que ya se acerca el momento y pronto tendréis que interpretar vuestro papel en esta función.

    -Bien.

    ***​

    La puerta se abrió con estrépito y el sonido de los cascos del Maestro le despertaron con estridencia, saltando del jergón y cayendo al suelo con dolor en sus nalgas. El centauro corrió la cortina dejando entrar el sol sin consideración y se cruzó de brazos, mirando a las dos chicas con reproche.

    -Ya es casi medio día.

    -¿Medio día? Ahí va la leche, ¡mi herrería!-Y la herrera se puso sus pesadas botas rápidamente y se perdió por la puerta bajando la escaleras con estrépito.

    La heroína se levantó del suelo, sobándose las nalgas doloridas. Se sentó en el jergón y se calzó con parsimonia notando como su resaca le iba a mantener en un estado de mal humor durante todo el día.

    -¿A qué hora partimos? Tengo asuntos que atender…

    -Si hubieras despertado antes, podrías haber atendido esos asuntos, heroína holgazana.-Le riñó Borya.-Así que levántate, prepara tu petate y baja con tus compañeros.

    -Yo no quiero esta Profecía, Maestro.

    -Te puedo asegurar que muchos desearían estar en tu pellejo, ¿lo sabías?

    La heroína se levantó.

    -Sí, bueno. Lo que tú digas…

    El centauro salió de la habitación resonando sus cascos. Y no fue hasta tiempo después que la heroína se preguntó cómo demonios había subido por las escaleras…

    Cuando estuvo abajo, se sentó a desayunar en una mesa apartada con su dolor de cabeza. No se dio cuenta hasta tiempo después que varias personas le echaban miradas inquisidoras, y simplemente le dio igual. Tan pronto como se terminó las gachas, se masajeó las sienes con enojo. Era como tener un martillo golpeándote en la frente con fuerza.

    -Maldito dolor de cabeza…

    -Se llama resaca.-Dijo una voz en la mesa de al lado.

    La heroína abrió los ojos y miró a las dos chicas que estaban al lado, desayunando con tranquilidad. Pertenecían al grupo que había presentado ayer la vidente. La maga y la caballera. Las ignoró, volviendo a sus masajes.

    -Si quieres, puedo darte algo para remediar el dolor.-Habló la maga, sonriendo y buscó entre su petate un brebaje azul, tendiéndoselo a la heroína.-Te hará sentir mejor.

    Le heroína le miró y luego el brebaje. Lo tomó y pegó un sorbo.

    -¡Pero qué asco!-Exclamó al notar el repugnante sabor.

    La maga sonrió.

    -He dicho que te haría sentir mejor, no que estuviera bueno.

    -¡Agua, por los Dioses, agua!

    La caballera rellenó su baso de la jarra con agua y se lo tendió.

    -Qué dramática…

    La heroína bebió abundantemente agua, sacudiendo después la cabeza. Cuando el mal sabor pasó, suspiró más tranquila. Lo cierto era que ya no le dolía la cabeza y había recuperado casi todas sus fuerzas.

    -Vaya… funciona…

    -Claro que funciona, lo he preparado yo.-Dijo la maga, con orgullo.-Me llamo Mita, y esta es Ania.

    -Encantadas yo soy…

    -¡Aún estás aquí!-Sonó la potente voz del centauro.- ¡Ve ahora mismo a hacer esos asuntos, heroína!

    La heroína pegó un brinco, asustada, se despidió de las chicas y salió de la posada rápidamente, intentando no reírse al ver al centauro enojado. Maga y caballera sonrieron, iba a ser un viaje muy interesante si aquella heroína los acompañaba.

    -Creo que nos lo vamos a pasar bien con ella.-Comentó Ania.

    Mita asintió.

    Cerca de allí, el joven héroe, dibujaba un petate en su Lienzoescudo con perfección, cuando hubo acabado, dio una palmada y concentró sus manos en el dibujo, haciéndolo aparecer a su lado. Ya tenía hecho su petate, sin apenas esfuerzo y sin tener que preocuparse por si se dejaba algo. Sonrió y se levantó para salir a dar una última vuelta por la ciudad.

    -No es una buena forma de hacer un petate, joven héroe.

    El héroe se quedó quieto, avergonzado se giró a mirar al centauro, que lo miraba con reproche, con una ceja alzada.

    -Esto…-Rio nerviosamente.-pero ha sido rápido, Maestro Borya.

    Borya suspiró, derrotado.

    -No sé qué voy a hacer con vosotros… De verdad que no lo sé.

    El héroe, volvió a reír.

    -No te preocupes, maestro, todo saldrá bien.-Y aquello lo dijo de puro corazón.-Cumpliremos con nuestra Profecía y volveremos victoriosos.

    Borya no pudo evitar sonreír.

    -De acuerdo, héroe, tú ganas.

    -Siempre lo hago.

    ***​

    Llegar a la Herrería le costó más que el día anterior por el cansancio. Entró y se encontró al duende del día anterior, que le miró y le ignoró, señalándole la puerta por donde había ido la última vez. Recorrió las fraguas de los cíclopes y llegó a la de su amiga Soma, apartó la cortina y le encontró trabajando.

    -Amiga Soma.-Le llamó a voz de grito para que la escuchara por encima del estruendo.- ¡Soma!

    Soma dejó de martillear y se giró a observarla.

    -¡Hola! ¿Qué tal llevas la resaca?

    La heroína se encogió de hombros.

    -Parto esta misma tarde y estoy cansada… No sé qué me depara este viaje.

    Soma le palmeó la espalda con efusividad.

    -¡No pases pena! Ya verás como vuelves con la victoria de nuevo.-Y se acercó a su mesa donde reposaba el escudo.-Está nuevecito, y además, ha sido rápido.

    -Pensaba que no te daría tiempo después de haberte ido así…

    -La verdad es que le dejé el trabajo a uno de mis cíclopes… Así que sí que te va a costar caro.

    -¿Qué?

    -¡Era una broma mujer!

    -Ah, vale… Porque después de la charla que me dio ayer mi Maestro…

    Soma rio y le entregó el escudo.

    -Le he puesto mi señal para que todos sepan que está hecho en la mejor herrería del país.

    La heroína sonrió.

    -Muchas gracias, amiga Soma.

    -¡Gracias a ti por la juerga de anoche! Estaré unos cuantos meses sin probar el vino…

    Y las dos rieron.

    ***​

    Mistral bajó las escaleras con ayuda de Goliat después de comer para ver cómo iban los preparativos de la Campaña. Algunos lo tenían ya todo listo, otros, sin embargo…

    -¡Mira que te dije que te prepararás, holgazana!

    -¡Ya voy, ya voy! Pero no me pegues con ese palo…

    -¡Pues haberte levantado antes!

    Mistral suspiró. Aquello empezaba a hacérsele difícil, notaba que no estaba preparada para aquella misión que les habían entregado a las estrellas. El miedo se adueñó de su corazón, ¿y si no se hacían con la victoria? ¿Y si caían antes de tiempo? Una silenciosa lágrima resbaló por su rostro y se perdió en su barbilla. Goliat le cogió la mano y se la apretó.

    Estoy contigo, ama Mistral.” Sonó en su mente.

    Mistral, agradecida, apretó la mano de Goliat. Era el único que podía comprenderla. El único que iba a estar con ella hasta el final. El único que pertenecía a su mundo en la Torre.

    -Gracias…

    Con renovadas fuerzas y su corazón lleno de ternura por Goliat, alzó la cabeza con orgullo. Iba a llevar a aquellos chicos a su destino, les haría conseguir la victoria y no permitiría que ninguno cayera prematuramente.

    -Vamos a ello…-Dio unos tambaleantes pasos y se detuvo, con seriedad.- ¡Jóvenes héroes de la Profecía!-Los llamó. Los cinco la miraron desde sus respectivos puestos.-La hora de partir ha llegado, debemos entregarnos a la fortuna y que la suerte nos guíe hacia la victoria.

    -¡Si!

    -Maestro Borya… Comencemos.

    Borya asintió, se giró hacia los Elegidos y los miró con orgullo, saliendo por las puertas de la posada. Los héroes le siguieron con sus petates, mochilas y armas.

    -Heroína…

    Ella se giró y observó con una sonrisa que era el Paladina Gallaha. Había dejado su armadura atrás, y se le veía extraño vestido con aquellas ropas finas y oscuras. Le miraba con sus ojos oscuros con una intensidad que la heroína no pudo descifrar.

    -¡Paladín! ¿Qué tal estás?

    -Bien…-Contestó, ignorando sus heridas casi curadas.-Me han contado lo de esta Profecía… Increíble.

    -Sí, pensé que podría volver a mi tierra y descansar… Pero no caerá esa breva.-Y se giró a mirar al grupo, que empezaba a alejarse.-Vaya… ¡He de partir, Paladín! Espero que te recuperes pronto y vuelvas al ataque.

    -¡Espera!-Y le agarró del brazo.-Quiero darte algo como presente y buen augurio.-Y desenvainó su legendaria Leviatán, que brilló con intensidad.

    La heroína observó la espada con incredulidad, la hoja era tan hermosa como recordaba, y tan letal también. Combinada con su Espada del Fulgor había conseguido darle la victoria que tanto había buscado.

    -¿No estarás pensando…? No, no puedo aceptarlo.

    -La utilizaste bien, heroína, y es lo menos que puedo hacer después de salvarme de una muerte segura.-Y cogió la mano de la heroína para que agarra la empuñadura negra.

    -Tú hubieras hecho lo mismo por mí.-Se apresuró a decir la heroína.

    -Sí, pero no tan bien como tú….

    -Pero… no soy digna de ella.-Replicó la heroína, mirándole a los ojos.

    Galaha volvió a sonreírla con total sinceridad.

    -Sí que lo eres, heroína, solo tú puedes blandirla.-Y le hizo una reverencia.

    -Pero yo… no me lo merezco… De verdad.

    -Adiós y suerte, heroína. Que los Dioses sean bondadosos y te dejen ver la tierra pronto.-Y el Paladín sonrió, alejándose de ella.

    La heroína, apretó la empuñadura de aquél magnífico regalo y la envainó junto a la otra espada. Agarró con fuerza el petate y echó a correr sin mirar atrás hacia sus compañeros que se habían detenido a esperarla. No podía defraudar a su amigo, debía traer la victoria ya no solo por ella.

    Cuando llegó al grupo, miraron las dos legendarias espadas que llevaba colgadas a la espalda con sorpresa y curiosidad.

    -Buenas armas.-Dijo su prima Aria.- ¿Verdad, Yess?

    Yess asintió, y se llevó una mano a su martillo en su espalda.

    -Pero nada como un buen martillo forjado por los enanos de Trelheim.-Comentó.

    Y continuaron el viaje hasta ya entrada la noche a unos metros del camino principal. Siguieron un camino trazado por el Oráculo que, junto con Goliat, iba al frente de la comunidad guiándolos. La brisa nocturna avivaba las llamas de la pequeña hoguera mientras cenaban pan de lembas con cecina de cerdo.
     
  4. Threadmarks: Capítulo 3: el Lago Ender.
     
    SilRock

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    Capítulo Tercero: El Lago Ender.

    Las piedras del camino forjaban el destino de los héroes, que guiados por la profetiza Mistral, continuaban su viaje hacia el norte notando como cada vez la temperatura bajaba por la proximidad a las Montañas Debra, donde era invierno durante todo el año. Habían sacado sus capas de sus petates, y abrigados, luchaban contra el frío viento que azotaba durante las noches, apenas calentados por las fogatas que lograban encender con la magia o la maña. Era duro, y no todos estaban contentos en el grupo. Unos intentaban llevar la marcha con buen humor, enfadando a los que no eran tan positivos, y había tensiones que fácilmente se podían arreglar. A veces.

    Las primeras noches montaron guardia de dos en dos, pero con la proximidad a la región de Wiggin, donde los ogros y los trasgos eran numerosos, empezaron a apostar cuatro centinelas armados. Y eso significaba pocas horas de sueño para los kilómetros que recorrían durante el día.

    Las armas les pesaban, el cansancio se notaba, y el maestro Borya tenía que reñirlos varias veces al día para que todos se llevaran bien. No quería que le grupo se rompiera por la presión que estaban sufriendo nada más empezar la aventura. Era como si alguien les hubiera maldecido al salir de Anstor, y no era el único que lo pensaba.

    Fueron atacados por ladrones y moradores de los bosques, pero lograban deshacerse de ellos entre todos. Ya fuera por la magia de la hechicera Mita, la fuerza de Goliat, o los planes del héroe. Todo estaba escrito, cada ataque meticulosamente deparado para ellos. Todos representaban un papel fundamental en las luchas, como si su elección hubiera sido la acertada de antemano. Cada uno con sus características propias.

    Una de las noches, después de cenar, los héroes tuvieron un ataque imprevisto.

    Goliat, el Maestro Borya, el héroe y la heroína tenían la primera guardia. El día había sido duro, horas caminando bajo una lluvia torrencial que les había pillado desprevenidos. Desanimados, se habían cobijado en una arboleda y habían encendido una fogata, no sin dificultad. Los demás dormían, y los cuatros centinelas velaban sus sueños agotados y deprimidos, sin saber que era una buena noche para un ataque.

    Goliat y el centauro en la parte norte y los jóvenes héroes en la parte sur.

    -Que frío hace…-Se quejaba la heroína, acurrucada entre dos mantas, con una de sus espadas desenfundada. Miró a su silencioso compañero, que miraba hacia el bosque con sueño. Suspiró, cómo deseaba estar en la haciendo de su tío y dormir hasta medio día, hincharse de comer y pasar la tarde de caza con sus compañeros para acabar cantando por la noche aquellas canciones de su tierra. Una le vino a la mente y no pudo evitar comenzar a silbarla, un poco más animada al haber recordado a los suyos.

    El héroe la miró por encima del hombro, al menos alguien se lo pasaba bien. Dejó su lienzoescudo a su lado y se quitó una de sus destrozadas botas. Llevaba todo el día con algo metido en ella y ahora había caído en que debía quitárselo. Zarandeó la bota y una piedrecita salió disparada al suelo y cuando se iba a calzar, escuchó el ruido.

    Al principio lo ignoró, pero cuando volvió a escucharlo hizo callar a la heroína con rudeza, agudizando el oído.

    -Oye…

    -Cállate, he oído algo.

    La heroína se levantó, dejando caer sus mantas.

    -¿Dónde?

    Pero ya era tarde, y cuando quisieron darse cuenta, estaban rodeados por oscuras siluetas que los apuntaban con arcos. La heroína maldijo por lo bajo, soltando sus espadas, que cayeron con estrépito y sonido metálico al suelo, y así hicieron los demás centinelas, que estrecharon el cerco, despertando a los que dormían.

    Mistral se agarró al fuerte brazo de Goliat, que la protegía, aún con su hacha en la mano y una mueca de frustración en su rostro.

    -¿Qui-quiénes sois?-Preguntó Aria.

    -No contestarán…-Dijo Yess, que soltaba su martillo con impotencia.-Son náyades, del Lago Ender.

    -¿Qué?-Preguntó Mistral, asombrada.- ¿Por qué nos atacan tan lejos de su territorio?

    -Los enviará la Bruja del Lago.-Contestó Ania, observando las figuras que se acercaban hacia la fogata.

    Sus pieles, azules grisáceas, brillaban a la luz del fuego, sus cabellos cobrizos acompañaban con sus ojos avellanados, y las branquias de sus cuellos los delataban como moradores del Lago. El que parecía el líder, una náyade que no les apuntaba con su arco, se aproximó más a ellos.

    -Como los feéricos sepan que estáis aquí, pagaréis caro.-Habló el centauro.-No les gusta que sus enemigos correteen por sus bosques.

    La náyade el fulminó con sus ojos avellanados, hizo un par de señas a sus subordinadas y estas apremiaron al grupo a recoger para seguir caminando.

    El héroe, impotente, tuvo que escuchar como sus compañeros deshacían el campamento y eran arrastrados por aquellos mudos guerreros. Goliat pasó una mano por los hombros de Mistral en afán protector, pero ella iba tranquila.

    Mita se acercó sigilosa al lado del Maestro Borya, que movía la cola nervioso.

    -Maestro…-Le susurró, observando que ninguna náyade les escuchara.-Puede utilizar un conjuro para dormirlos y escapar cuando…

    -No lo hagas.-Ordenó Mistral, autoritaria.

    Mita y Borya la miraron, sin entender.

    -Pero Oráculo…

    -Es nuestro destino que seamos escoltados hacia el Lago Ender por las náyades.-Fue su única respuesta.

    Mita abrió mucho los ojos, mirando a Ania, anonadada.

    -¿Tú lo sabías?-Preguntó la caballera, con un deje de enfado en la voz.

    Mistral asintió, agarrándose al brazo de Goliat.

    -Es necesario…

    -¿Qué pongas nuestras vidas en peligro?-Se apresuró a decir el héroe, mordazmente.

    -Eso…-Lo corroboró la heroína.

    -¿Y si no hubieran sido tan piadosos?

    -Si lo he hecho, joven héroe, es por algo.-Dictó Mistral, y zanjó la conversación caminando más deprisa y alejándose unos metros de ellos.

    -Joder…-Comentó la heroína.- ¿Y ahora qué hacemos?

    El maestro Borya se encogió de hombros.

    -Démosla el beneficio de la duda, no deja de ser un Oráculo de Delfos.-Argumentó el centauro.-Solo los Dioses saben cómo va a acabar esto.

    -Genial...

    El centauro fulminó con su mirada castaña a la heroína, que pegó un brinco, bajando le mirada. Los demás siguieron en silencio a las náyades, que apremiaban el paso hacia el Lago Ender.

    Tardaron toda la noche y parte de la mañana en empezar a oler el agua del Lago, y a medio día, divisaron los kilómetros de agua que lo separaban, y justo detrás, las montañas Debra. Para celebración de las náyades, no se toparon con ningún feérico, algo inusual, con lo cual no tuvieron ninguna opción en escapar.

    Justo en medio del enorme y oscuro Lago, se imponía un enorme castillo de cristal que seguía sumergido en las brillantes y heladas aguas hasta el fondo. Asombrados, esperaron frente a la orilla a que las náyades se agruparan, la mitad del grupo se zambulló en las aguas y desapareció, mientras que la otra parte esperó a que una lancha de madera tirada por lo que parecía hipocampos llegara hasta ellos. Las náyades les obligaron a subir y los hipocampos tiraron, no sin notar el peso de todos, hacia el imponente castillo de cristal.

    La heroína se sentó y se quitó las botas para sumergirlas en el agua. Después de la caminata, pensó, aquella era una de las mejores ideas que tenía en muchos días. Notaba el frío del agua enfriando sus cansados pies, un buen gusto. Pronto, sus compañeros se sumaron a ella, recuperando, así, algo de sus fuerzas perdidas.

    -Oish, si no fuera porque están a punto de matarme, me tiraba al agua…-Murmuró la heroína. Y se fijó en una silueta oscura que pasaba por debajo de ellos.-Qué demonios…-Extrañada, sacó los pies del agua y acercó su cara al agua para observar mejor, intrigada.

    De pronto, dos ojos almendrados le saludaron, haciendo que pegara un bote y estuviera a punto de caer al frío agua.

    -¡Ah!-Gritó, intentando desenfundar una de sus espadas de su vaina vacía.- ¡Por el Tridente de Poseidón! ¡Un monstruo!

    Sus compañeros sacaron los pies del agua, alarmados.

    -¿Qué dices, heroína?

    -¡Que he visto unos ojos!-Contestó, señalando el punto de agua donde había visto los ojos.- ¡Es un monstruo!

    -En este Lago no hay monstruos-Respondió Yess, pero recapacitó.-… bueno… o al menos no ahora…

    -¿Qué había antes?-Preguntó Mita, intrigada, alejándose del borde de la lancha de madera.

    Yess miró el agua.

    -¿Os sueno de algo el nombre de Nessy?

    Todos se miraron, pero fue el héroe quien respondió.

    -¿Pero no estaba en el Lago Ness?

    -Sí, pero de alguna parte tenía que venir, ¿no?-Respondió Yess.-Tiene familia.

    -El Lago Ness está a miles de kilómetros de aquí… ¿cómo?

    -Magia.-Respondió Mita.-Un hechizo de transportación, ¡pues claro! Eso responde a muchas preguntas…

    -Espera, espera, espera… ¿Me estás diciendo que hay más bichos como ese?-Preguntó Ania, con algo de repelús.

    Y algo golpeó la lancha de madera con violencia, y todos oyeron un sonido como un maullido amortiguado por el agua.

    -Creo que no le ha gustado que le llamaras bicho.-Comentó la heroína.-Pero es comprensible. ¡Perdona amigo Nessy!

    Y de nuevo el mullido.

    -Qué susceptible…-Murmuró Ania.

    -Mujer, a mí tampoco me gustaría que me llamaran bicho, ¿sabes?-Lo defendió la heroína.-Ni a ti tampoco, ¿verdad?

    La caballera se encogió de hombros y llegaron a su destino. Bajaron de la lancha calzándose, y se encontraron frente a dos enormes puertas de cristal brillante que se abrieron despacio, dejando ver más náyades armadas. Les obligaron a entrar y recorrieron un pasillo lujoso de cristal iluminado por antorchas en conchas submarinas y cuadros de habitantes del mar. El suelo, transparente, dejaba ver lo que sucedía en el piso inferior, al igual que las paredes y el techo. Tras girar por un pasillo, subieron unas escaleras de mármol, que relucía de diferencia contra el brillante y plateado cristal, para dar a una enorme puerta flanqueada por dos nagas, mujeres con la parte inferior del cuerpo de serpiente, que les miraban con asco, armadas con lanzas de oro y punta de plata. Una de las náyades habló y las nagas abrieron las puertas con repugnancia, fulminando, asimismo, a las náyades.

    El centauro observó el gesto con interés.

    -¿Qué es lo que ocurre, maestro?-Preguntó la Ninja Aria.

    -Creo que este castillo no es lo que parece…

    Y entraron.

    ***

    El príncipe pasaba la mano por la sensual cadera de su compañera de coito con indiferencia mientras ella dormía, desnuda entra las sábanas de seda que cubrían la cama de dosel verde. Había sido satisfactorio para ambos, pero ahora que ya habían acabado, que la mujer estuviera en su cama repugnaba al joven príncipe, que acabó por zarandearle con violencia.

    -Eh. Despierta.

    La mujer, volviéndose hacia su señor, sonrió con picardía, tocándole el pecho.

    -¿Queréis otro, mi señor?

    -Lo que quiero es que te largues.-Respondió el príncipe, quitándole la mano de su pecho, donde caía una cadena de plata con una llave-espada.-Quiero dormir.

    La mujer, enfadada, se levantó de la cama, cogió su ropa y salió por una puerta que había tras uno de los cuadros del arrogante príncipe, dejándolo solo. Éste, se dispuso a dormir, desnudo entre sus sábanas y ocupando todo lo que podía de la cama, pero no lograba dormirse, y aquello le enfureció. Se levantó y buscó su bata en el diván, se le puso y salió al balcón descalzo. El frío, al cual ya estaba acostumbrado, le dio la bienvenida, agitando sus cabellos rizados, se apoyó a la baranda, observando el jardín trasero del bastión.

    Se sentía impaciente por lo que debía hacer, se sentía preparado y presto a hacerlo. Según Aliester, llegarían en una semana como mucho, si no había más imprevistos de los que ya había.

    Cuando empezó a notar el frío en los huesos entró de nuevo en la caldeada habitación y cerró los ventanales, caminó hacia la cama y se quitó la bata, metiéndose de nuevo en la mullida cama. Bostezó, siendo presa del sueño, y justo cuando se estaba quedando dormido, algo saltó sobre su estómago, desvelándolo por completo y haciéndolo perder el aliento. Cuando la pesada figura se hubo quitado de encima, le lamió la cara con cariño, ladrando lastimeramente.

    -¡Braco!-Le riñó el príncipe, incorporándose y apartándolo de las almohadas.- ¡Estúpido chucho malcriado!

    El gran lobo blanco aulló, dolorido.

    -¡Fuera de la cama!

    El lobo gruñó, enseñando los colmillos.

    El príncipe suspiró.

    -Haz lo que quieras… ¡Debí quedarme con tu hermana!-Y se levantó de la cama.

    El lobo, contento, se acomodó entre las almohadas, mirando a su amo con sus ojos verdes. Si hubiera podido sonreír, ahora mismo lo estaría haciendo.

    El príncipe, develado por completo de nuevo, se vistió y salió de la habitación dando portazo. Lo guardias que velaban sus sueños se sorprendieron, poniéndose firmes. El príncipe farfulló algo sobre lobos por lo bajó y se dirigió a dar una vuelta, con suerte caería rendido. Se pasó una mano por el cabello oscuro y salió del bastión hacia los jardines. Allí se sentó en uno de los bancos y observó las nubes que se cernía alrededor de la alta Torre, donde, a oscuras como siempre, estaba su propia Oráculo de Delfos.

    -Alteza…-Lo saludó una siseante voz.

    El príncipe se giró, y una mueca de repugnancia se creó en su cara.

    -¿Qué haces aquí? ¿No sabes que mi padre ha vuelto?-Le preguntó a la mantícora.-Ya no podéis salir de la cueva.

    -Lo sé, mi señor, pero tenemos noticias del Lago Ender…

    -¿Del Lago Ender? ¿Otra petición de compromiso por parte de la Bruja del Mar…Perdón, del Lago?-Y sonrió, mofándose del nuevo título, girándose y dándole la espalda al monstruo con arrogancia.-No me cansaré nunca de darle una rotunda negación… ¡Es tan divertido!

    -Bueno… entre otras cosas…-Dijo la mantícora, escondida entre las sombras.-Ha apresado a los Elegidos y los tiene encerrados…

    -¿¡Qué ha hecho qué?!-El príncipe se giró rápidamente hacia ella.- ¿Esta mujer está loca?

    -Bueno, mi señor, entraba en los planes del amo Aliester…

    -¡Así no llegarán nunca, joder!-Se quejó enérgicamente el joven monarca.

    La mantícora se encogió sobre sí misma, asustada por el tono de voz.

    -¡Envía a las Arpías!-Ordenó.- ¡Y que me los traigan o iré yo personalmente a buscarlos!

    -Sí, A-alteza…-Y la mantícora desapareció con rapidez, dejando al príncipe de nuevo solo y enfadado.

    ***

    -¿Alguien puede recordarme porque estamos aquí?-La heroína, abatida y cabizbaja, estaba sentada en el suelo de la celda donde estaban encerrados en los calabozos del palacio de cristal, y apoyada contra la pared había hecho la pregunta.

    -Díselo a la Oráculo, fue ella la que no nos dejó defendernos.-Contestó el héroe, que estaba en la celda contigua a la suya, apoyado entre los barrotes, molesto ante la situación.-Podríamos haber escapado como si nada…

    -Pero era nuestro destino venir a parar aquí, ¿no lo comprendéis?-Mistral estaba ofuscada por los reproches de sus compañeros.

    -No, no lo entendemos, señorita de Delfos, nosotros no somos videntes.-Habló Yess, con condescendencia desde su celda.-No vemos el futuro ni ninguna de esas chorrada estúpidas…

    -Eh, no seas tan cruel.-Se metió Ania, defendiendo a la profetiza.

    -No soy cruel, solo soy realista.-Yess se apartó de los barrotes.

    Y cuando iba a haber más pelea, uno de los guardias les lanzó un vaso de hierro que trastabilló contra los barrotes haciendo un ruido atroz.

    -¡Eh, vosotros, cerrad el pico, intento dormir!-Les gritó.

    La heroína bufó, recordando el encuentro que habían tenido con la dueña del Palacio.

    -¿Qué demonios querrá?-Se preguntó en voz alta.

    Mita, que compartía la celda con ella, le observó. Ella tenía la misma duda… Porque cuando habían entrado en la Sala del Trono, la antigua Bruja del Mar les había dado la bienvenida, para asombro de todos…

    -Bienvenidos, Héroes de la Profecía…Soy Riag, la Bruja del Lago, espero que las náyades se hayan comportado… Aún no están acostumbradas a su nueva líder.-Había dicho, desde su trono de roca marina, sentada entre almohadas y con un horroroso vestido color azul marino. Se había levantado y se había acercado unos metros a ellos, respaldado por otros dos Nagas armados.-Perdonad que no seáis tratados con mi mayor cortesía, pero son nimiedades del Amo Aliester, nada de armas y esas cosas. No puedo arriesgarme a que me matéis, ¿sabéis? Soy demasiado importante…-Y soltó una arrogante carcajada.

    -¿Qué es lo que quieres de nosotros, Bruja del Mar?-Había preguntado Borya.

    La susodicha, cambiando su mueca de una felicidad arrogante, cambió hasta de postura, enrojeciendo de ira.

    -Ahora ya no soy la Bruja del Mar, estúpido centauro.-Se dio la vuelta con arrogancia, y se sentó de nuevo en su trono.- ¡Llevadlos a las mazmorras y encerradlos ahí! No quiero ni verlos…

    Ellos, sin entender, habían sido arrastrados hacia fuera hasta llegar allí. Con las dudas de quien era "el amo Aliester" y de por qué los querían allí.

    -¿Alguien sabe porque le han desterrado?-Preguntó Aria, aburrida.-Pensaba que la Bruja del Lago Ender era…

    -¡No digas su nombre!-Se apresuró a interrumpirla Mistral.

    Todos le miraron extrañados desde sus celdas, ella, que compartía con el centauro, estaba sentada en medio de la celda, con las piernas cruzadas a lo indio y los brazos sobre las rodillas.

    -¿Qué pasa si digo su nombre?-Preguntó, entonces Aria, sin entender.

    -¿No sabes lo importante que son los nombres?-Terció Mistral.-Yo te contaré la historia si quieres, pero no pronuncies, no pronunciéis, el nombre de la Antigua Bruja del Lago. No si queréis salir de aquí…

    Todos asintieron.

    -Todo empezó con la Profecía…-Comenzó Mistral, con paciencia.-No os lo he contado antes porque no es importante aún, pero cuando lo sea, no dudaré en contaros más sobre ello. Se han creado dos bandos en todo el continente, uno somos nosotros. El otro, son Aliester, Riag y nombres que aún no se han dado a la luz. Hay guerra, batallas… Muertes por estos dos bandos, no solo el Lago Ender está sufriendo cambios.-Y se detuvo, buscando fuerzas. La mano mental de Goliat le enfundó fuerzas.-Riag fue desterrada por Anfítrite, como muchas otras diosas que están de nuestro lado, cuando se enteró de a quién era fiel la Bruja. Como no podía arriesgarse a una batalla por los océanos con Poseidón luchando contra sus propios enemigos, tomó la decisión por su marido y le echó del mar repudiada por todas las criaturas de agua salada…

    -Pero el destierro no decía nada del agua dulce.-Comentó el héroe, entendiéndolo todo.

    -Exacto.-Lo apoyó la Oráculo.-Llegó al Lago Ender enferma de poder y venganza, invocó al único ser que aún le era fiel y derrocó a la Antigua Bruja del Lago… Ante esto, las náyades, presas del pánico, tuvieron que acatar las órdenes de su nueva líder a regañadientes… Pero…-Una sonrisa se formó en los labios.-Creo que tenemos visita…

    Y oyeron unos pasos por el pasillo. El guardia roncaba, así que una sombra encapuchada se acercó a él, le arrebató las llaves y después le cortó el cuello con un tajo limpio y mortífero. Ya nunca se despertaría. Rápidamente, se acercó a la celda de la Oráculo y le miró, se santiguó y comenzó a probar llaves.

    -Vaya… así que era esto lo que esperábamos…-Comentó la heroína, levantándose del suelo y sacudiéndose el polvo.- ¿Quién eres?

    Mistral se levantó con ayuda del centauro y observó la figura que abría su puerta.

    -La hija de la verdadera Bruja del Lago…-Y la figura se quitó la capucha, mostrando unos rizos rojizos y unos ojos negros como el tizón, su piel, azul grisácea, daba a entender que era una semi-náyade, les observó a todos y le pasó las llaves al centauro para que siguiera con su trabajo.-He venido a recuperar lo que es de mi madre, y solo vosotros podéis ayudarme…

    -Nosotros ya tenemos nuestra propia misión.-Dijo Yess.

    -¿Y tú sabes cuál es?-Preguntó Ania, saliendo ya de su celda.

    Yess le fulminó con la mirada.

    -¿Quién dice que esto no forme parte de nuestra misión?-Preguntó Mita.

    -Debemos irnos rápido, dentro de poco cambiarán al centinela y…

    -No podemos irnos sin nuestras armas.-Se apresuró a decir el héroe, que echaba de menos sus preciosas armas.-No llegaríamos muy lejos.

    -¡No hay tiempo que perder!-Dijo la semi-náyade.

    El centauro salió de su celda con impaciencia.

    -El muchacho tiene razón, seríamos un blanco fijo para ellos… Y aún tenemos que hablar de cómo cruzaremos el Lago sin ser vistos.

    -Yo puedo hacer un conjuro de Invisibilidad.-Dijo Mita.-Me costará bastante esfuerzo, pero si luego alguien carga conmigo, lo lograremos.

    El centauro asintió.

    -Goliat y yo iremos a por las armas…

    -Iré yo, Maestro Borya.-Dijo Aria, negando rotundamente con la cabeza.-Vosotros seréis vistos con facilidad, sin embargo, yo me he entrenado con el sigilo desde que era una niña. Soy una ninja.

    El centauro asintió, el argumento era bueno y muy lógico.

    -Está bien, pero no puedes ir sola.

    -Pues claro que no,-se apresuró a decir la heroína.-no pienso dejar que mi prima vaya sola por un castillo lleno de monos azules… Iré con ella, sin discusión.

    -De acuerdo.-Dijo el centauro.-Nosotros os esperaremos fuera, si no habéis vuelto dentro de una hora aproximadamente… Nos iremos sin vosotras.

    Aria y la heroína se miraron, asintiendo y se alejaron por las escaleras, saltando el charco de sangre del guarda. Los demás esperaron unos minutos y siguieron las mismas escaleras en silencio y sigilo, con Goliat y el centauro a la cabeza y el héroe y la maga a la retaguardia guiados por la hija de la Antigua Bruja del Lago.

    ***

    Yshiara abrió los ojos, encontrándose a su oscuridad de siempre saludándole y dándole los buenos días, tanteó con las manos por el colchón de la cama y halló la cadena de Hakk.

    -Hakk…-Lo llamó, tirando un poco de ella.

    Hakk soltó un gemido y oyó un gran bostezo a su lado.

    -Hakk… he tenido una visión.

    Hakk, aquel grandullón que era su compañero desde que había nacido, se estiró entre las sabanas y se incorporó.

    “¿Qué has visto?”Sonó la voz en su mente.

    Yshiara se quiso levantar de la cama.

    -Corre, llévame con el príncipe, aprisa… he de decírselo.

    Hakk se levantó con rapidez mosqueado por haber sido ignorado, saliendo de la cama con un brinco, le cogió del codo y le ayudó a levantarse con cuidado, aún celoso del príncipe. Cogió uno de los largos velos de la vidente y le cubrió el cuerpo y la cabeza con él, después, se dirigió a la puerta y le guio fuera de la Torre rumbo hacia las habitaciones del príncipe. Nunca le había gustado el príncipe, ni nunca le gustaría después de lo que había pasado la última vez que se había enfrentado a él. Ni si quiera Yshiara, que había estado con él desde el principio de sus tiempos, le había visto sufrir tal tormento, aunque el dolor que él mismo sentía, ella lo padecía multiplicando por dos… le había tendido la mano hacia a él, para que dejara de gritar en silencio. Y eso no podía perdonárselo, porque a él le daba igual que le hirieran, pero que no tocaran a su Yshiara. Y le dolía, le molestaba, le sacaba de quicio que ella acudiera a cada llamado de él y le dejara pasearse por sus habitaciones como si nada…

    -Hakk, ¿qué te ocurre?-Solo obtuvo un gruñido por respuesta.- ¿Te has levantado con el pie izquierdo?-Y la vidente sonrió.-Vamos, Hakk… perdóname si he hecho algo que te ha molestado… Pero es importante darle esta información al príncipe, ¿me comprendes? Luego volveremos a la Torre y te cantaré tu canción favorita si quieres…

    Hakk, sin poder evitar que el enfado fuera disminuyendo, aminoró el paso y cogió a su ama de la mano, con cariño.

    -Eso está mejor…

    Y Hakk sonrió.

    Pronto, llegaron a las habitaciones del príncipe custodiadas por dos centinelas y esperaron unos segundos hasta que tuvieron el permiso para entrar. Dentro, el príncipe desayunaba en la cama junto con dos doncellas que le daban los alimentos a la boca vestidas con poca ropa.

    -¡Oh, mi vidente favorita!-Exclamó el príncipe, apartando algo que le servía una de las doncellas.- ¿Quieres desayunar algo? Te hago un hueco en la cama…

    Yshiara sonrió, a su lado, Hakk bajó la cabeza de nuevo, como siempre que estaba con aquel espantoso hombre, le daba miedo, pese a ser más grande y fuerte que él… No podía evitar lo que le había hecho, y se contuvo para no temblar. Y pensar que había sido un bravo y valiente guerrero en Delfos…

    -No es menester, Alteza, solo vengo a decirte lo he que visto…-Contestó Yshiara, notando de nuevo el estado de Hakk. Y se culpó por ello.

    -¿Una visión?-Y el príncipe dio un sorbo a su zumo.-Interesante.

    -Sí, los Elegidos han escapado de Riag y se dirigen hacia aquí…

    El príncipe sonrió.

    -Suponía que esa mentecata no podría apresarlos mucho rato, es una pena, había enviado a las Arpías para que le ayudaran. Una pena, ¿ha muerto?

    -No…

    -Qué lástima.

    ***

    La heroína y Aria habían seguido una serie de pasillos y entrado en habitaciones vacías donde no habían encontrado sus armas. Le habían quitado un par de espadas a dos armaduras de decoración y recorrían el pasillo con cuidado, puesto que las paredes eran de cristal y siempre que veían náyades o nagas cerca, torcían para esquivarlas.

    -Debemos darnos prisa… ¿Dónde demonios estarán nuestras armas?-Preguntó la heroína, cubriéndose tras un tapiz a que pasara una náyade.

    -No lo sé… Pero no podemos perder tanto tiempo esquivando a las náyades, tarde o temprano nos toparemos con alguna y…

    -¡Oh, una niña!

    Y Aria se giró hacia donde miraba la heroína, que se había acercado a lo que parecía una indefensa e inocente niña náyade que les miraba con asombro.

    -¡Hola, pequeña! ¿Te has perdido?

    -Aléjate de ella, heroína…

    -Pero si es monísima…-Y se acuclilló ante la pequeña niña.- ¿Cómo te llamas, criatura?

    La niña abrió la boca para contestar, pero en vez de decir su nombre, chilló como una condenada.

    -¡Te dije que te alejaras de ella!

    -¡Y yo que sabía que se iba a poner a chillar!

    -¡Corre!

    Y ambas corrieron por un pasillo, pero se toparon con dos náyades.

    -Mierda…

    -Pues nos va a tocar luchar…

    -Y el ruido atraerá a más.

    -No voy a dejar que me pinchen con esas lanzas, Aria…-Y la heroína empuñó su espada.-Esquívalas y corre, nos reuniremos con los demás sin las armas.

    Y atacó a una de las náyades, que interpuso su lanza deteniendo el ataque. Aria, que no estaba muy acostumbrada a luchar con espada, echó de menos sus dagas, shurikens y kunais, le pegó una patada a una y siguió a la heroína, que ya corría en dirección a la salida. Pero justo cuando estaban a punto de llegar, tres nagas les cortaron el paso.

    -¡Por la puerta de la izquierda!-Gritó Aria, y entraron en la habitación, cerrando la puerta con estrépito.

    -¿Y ahora qué hacemos?-Preguntó, la heroína, notando los golpes que las nagas daban contra la puerta. No tardaría en ceder.

    -¡Joder, no lo sé…!-Gritó Aria, y observó la habitación, iluminada por una ventana, y la señaló.- ¡La ventana!

    La heroína se negó enérgicamente.

    -¿Te recuerdo que no sé volar?

    -Caeremos al agua.

    POM, una espada se clavó entre ambas.

    -El agua llena de monstruos extraños…-Comentó la heroína, alejándose de a puerta.

    -¿Prefieres morir entre mujeres serpientes?-Dijo Aria, que abría la ventana con rapidez.

    -Sí…

    -¡Salta!-Y su prima le agarró del brazo, precipitándose al vacío.


    -Ya ha pasado una hora.-Dijo Mistral.

    Nadie contestó. Todos habían esperado, ansiosos, reconocer a las dos rubias llegando cargadas con las armas corriendo hacia ellos. Les hubiera dado igual que estuvieran siendo perseguidas por enemigos. Siempre y cuando volvieran con las armas.

    -Debemos…

    -¡No podemos irnos! No sin ellas y las armas.-Exclamó Yess, interrumpiéndole.-No tardaríamos en caer… ¿Os recuerdo que el Lago está lleno de bichos?

    El héroe empezó a pensar con rapidez.

    -Puedo traer las armas aquí…-Dijo, no muy convencido.-Quizá… utilizando la alquimia y con ayuda de Mita.

    Mita asintió, bajo la mirada de los demás, que esperaban ansiosos la explicación de héroe.

    -¿Qué tengo que hacer?

    -¿Puedes hacer aparecer algo de metal para hacer el cambio?-Mita asintió.-Bien… ¿alguien más puede aportar collares, pulseras o algo de hierro?

    Algunos llevaban cosas y las tiraron al suelo, frente al héroe, que lo disponía todo para el cambio. A su lado, Mita, concentró su poder e hizo aparecer dos montones de hierro frente a él. Se tambaleó, cansada, y suspiró.

    -No puedo hacer más si luego debo hacernos invisible, lo siento…

    -No te preocupes… esto servirá.-Y el héroe lo colocó, buscó un palo e hizo unos dibujos en el suelo dentro de un circulo. Se sacudió el cuerpo, cogió una piedra afilada y se hizo un tajó en la mano, apretando los dientes por el dolor, juntó las manos, concentró el poder en ellas, dio una palmada y puso las palmas dentro del hierro.- ¡Cambio!

    La fuerza levantó arena, haciendo así que los demás se cubrieran los ojos, cuando se disipó, frente al héroe estaban las cosas del grupo y el joven tendido en el suelo, inconsciente.

    Mita fue a socorrerle, buscándole el pulso con nerviosismo. Cuando lo encontró, asintió, más tranquila.

    -Ya podemos agradecérselo mucho si salimos de esta…-Y señaló en una dirección.

    Todos se giraron para mirar y con asombro, observaron el grupo de nagas y náyades que se acercaban hacia ellos.

    -¡Hermanas!-Gritó la hija de la Antigua Bruja.- ¡No escuchéis a esa farsante! ¡Mi madre es la verdadera y única Bruja del Lago! ¡Vosotras…!-Una flecha se clavó en su hombro con fuerza, haciéndola caer hacia atrás y gritar de dolor.

    -Creo que no están dispuestas a escucharte.-Dijo Yess, enarbolando su martillo, dispuesta a pelear.- ¡Vamos, quien tumbe más enemigos será recompensado con una cena!

    Ania se le adelantó, dispuesta con su lanza y su gran escudo.

    -¡Pues ves preparando tu bolsa de talentos!-Gritó, golpeando a una naga con su escudo.

    Goliat, recuperando su hacha, se interpuso entre el héroe herido y Mistral que le cuidaba a él y a la herida semi-náyade. Borya disparaba flechas certeras con rapidez, dando en el banco siempre, Mita, con su báculo entregándole el poder de la naturaleza, lanzaba bolas de energía con bailes exóticos y los enemigos cada vez eran más.

    Cuando apareció la Bruja del Lago, ruja por la furia y levantó sus brazos al aire, concentrando su poder, supieron que no iban a salir ilesos de aquella batalla.

    -¡Retirada!-Gritó Ania, perdiendo el terreno que había ganado ante la demostración de poder de Riag. Yess, a su lado, la siguió asombrada.

    -Por Zeus…-Bramó el maestro Borya.- ¿Se dispone a hacer la invocación que creo?

    Los brazos de Riag se dirigieron hacia el Lago y éste, a su vez, comenzó a crear burbujas y burbujas hasta que cesó de pronto.

    -¿Qué demonios está pasando?-Preguntó Ania.

    -Ha invocado al Cracken…-El héroe, repuesto de su inconsciencia, se llevó una mano a la cabeza.-Contra eso no podemos hacer nada…

    -Así que fue con eso con lo que derrocó a mi madre…-La semi-náyade se incorporó, sacándose la flecha del hombro con un grito de dolor.

    Mistral, impotente, se levantó.

    Riag, extasiada, esperó unos segundos.

    -¡Ven a mí, mi querido y único amigo!-Lo llamó, alzando los brazos.

    El Palacio de cristal vibró cuando el Leviatán, desde las profundidades del lago, rugió. Ahora no cabía duda de que sí había monstruos en el Lago.

    Cuando los tentáculos del Cracken aparecieron por la superficie del agua, las náyades se alejaron de la orilla despavoridas, arrojando las armas y corriendo hacia el castillo del cristal. Las nagas, a su vez, alzaron los brazos, victoriosas, y vitoreando a su aliado esperando. Segundos después, la cabeza de calamar del monstruo marino asomó, con su fuerte pico abriéndose y cerrándose, Riag se acercó a ella, acariciando mientras caminaba uno de los tentáculos de su monstruo con casi pasión y amor.

    Cuando llegó ante el oscuro ojo, le sonrió, señalando al grupo de héroes que estaba alejado del lugar.

    -Acaba con ellos, precioso mío, dame de nuevo la victoria. Entre ellos está la hija de la zorra de la Antigua Bruja del Lago, que te aproveche.-Y soltó una sonora carcajada. Y el calamar gigante guio sus tentáculos hacia ellos, que presas del pánico, retrocedieron sin querer tampoco meterse en el agua. No había salida, iban a ser la comida de aquel maldito monstruo que creían se había extinguido, sin poder evitarlo.

    El héroe se levantó, empuñó su dagapincel y garabateó un muro en su lienzoescudo con rapidez. Lo puso en el suelo, dio una palma y ante ellos se creó un muro de granito que impediría por poco tiempo, que el calamar se acercara más a ellos.

    -Eso le entretendrá un rato mientras pensamos lo que podemos hacer… Pero ¡¿qué haces insensata?!

    La semi-náyade cerrando los ojos se había metido en el agua hasta el pecho, y su herida, que sangraba abruptamente, no tardaría en llamar la atención de los moradores peligrosos del lago.

    -Dui nen…-Y alzó los brazos.- ¡Aparece Guardián del Lago!

    Hubo un temblor de tierra, aparición de una neblina verde sobre el agua y un mullido atroz sonó desde las profundidades del Lago, asombrando a todos. Incluso a Riag, que había dejado de reír y observaba todo con los ojos como platos.

    -No es posible…-Murmuró.- ¡No es posible!

    Dos figuras comenzaron a distinguirse entre la niebla. La más pequeña iba a la cabeza, nadando en zig-zag con rapidez.

    -¡Ataca pequeño Spike!-Gritó una voz conocida para el grupo.

    -¿Cómo…?-Preguntó Mistral, que no podía ver lo que ocurría a su alrededor.- ¿Quién viene?

    Y desde la orilla vieron cómo se acercaban la heroína y Aria que venían montadas sobre un pequeño reptil de cuello y cola largos, aletas y cuerpo verdes y ojos almendrados que mullía como guiando a alguien que aún estaba entre la neblina.

    -¡Un leviatán!-Rugió Borya, asombrado, señalando a la criatura que llevaba montados a las chicas.

    Y cuando el muro se derrumbó dando paso a los tentáculos del Cracken, una sombra verde salió de la niebla con un rugido atroz y se lanzó sobre el Cracken sin vacilar, con unas enormes fauces por delante. El Cracken silbó y se defendió con sus tentáculos.

    -¡Eh!-Gritó la heroína, que se había bajado de su montura.- ¡No le hagas daño a la madre de mi amigo, calamar apestoso!

    -¿Dónde estabais?-Preguntó Yess, que le entregaba sus armas a Aria.

    Aria bufó, armándose.

    -Es una historia muy larga…

    -¿Y no la puedes resumir?-Preguntó Mita.

    -Supongo… pero creo que ahora lo primordial es defenderse de las nagas.-Contestó Aria.-No creo que la madre de Spike pueda con el Cracken…

    -¿Spike?-Preguntó Borya.

    Y Spike, el pequeño leviatán, gruñó con simpatía.

    -Mi prima le ha puesto nombre…

    La heroína cogió sus espadas, las desenvainó, y muy seria los miró.

    -¡No podemos dejar que el calamar mate a la madre de Spike!-Dictó.- ¡Tenemos que ayudarle!

    -¿Y qué pretendes hacer? Nos supera en tamaño, y no vas a poder hacer nada con esas espadas.-Terció Yess.-Primero hay que acabar con las nagas.

    La heroína le sostuvo la mirada.

    -Me da igual, voy a luchar. Si tengo que pelear contra las nagas primero, lo haré…-Y se dirigió hacia las nagas con furia.

    Borya bufó.

    -No vamos a dejarle sola, ¿verdad?

    -¿Bromeas? ¡Estoy deseando partir huesos!-Gritó el héroe, preparando sus armas con emoción.

    Y así hicieron, siguieron a la heroína todos, salvo Mistral que se quedó junto a Spike y la semi-náyade, que había salido del agua con dificultad, y tendida en la arena, observaba a Spike, que se había arrastrado fuera del agua con dificultad, la tocaba con su morro mojado la herida, que se fue curando poco a poco…
     
    Última edición: 5 Mayo 2021 a las 11:44 AM
  5. Threadmarks: Capítulo 4: Equilibrio.
     
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    La Profecía de los Héroes.
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    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    3307
    Capítulo 4: Equilibrio

    La letra de una bonita canción se oía por todo el jardín con una harmonía encantadora. La voz de la chica era dulce y tranquilizadora, capaz de hacer olvidar los males por unos instantes.

    Hakk, que oía la canción en su mudo silencio, tenía los ojos vidriosos por la emoción, admirando la voz de Yshiara con devoción. Su cadena descansaba en el suelo junto a su dueña, que le regalaba aquella hermosa canción con simpatía y a la vez añoranza de un tiempo bueno y pasado, antes de que ella se convirtiera en una de las sagradas videntes de la profecía. Parecía no recordar los males que había pasado en ese castillo…

    Pero su felicidad no tardaría en romperse cual cristal al caer, pues la imponente y arrogante figura del príncipe escuchaba no muy lejos de allí a la joven, y cuando la profetiza terminó, se acercó aplaudiendo.

    -¡Bravo! No sabía que tuvieras una voz tan dulce, vidente.

    Yshiara, sorprendida, cogió inconscientemente la cadena de Hakk, que volvía a ser aquel manojo de nervios temblante.

    -Muchas gracias, alteza…

    -Quiero que cantes para mí en la fiesta que voy a dar para los elegidos.

    -¿Cómo?

    El príncipe sonrió con malicia.

    -Órdenes de Aliester, cuando lleguen a Ahriel les daremos la bienvenida…-Y se dejó llevar por una risa cruel que heló la sangre a Hakk y a vidente…


    El héroe junto las palmas de las manos y ante él, salido de su lienzoescudo, se materializó una gigantesca mangosta.

    -¡Ataca!-Le ordenó, señalándole a las mujeres serpientes que miraban a su enemigo mortal con ojos desorbitados. La mangosta atacó con las garras por delante, como un auténtico dragón.

    Prestó, se apresuró a clavarle su dagapincel a un enemigo que le acosaba de cerca. Cuando le sacó la afilada cuchilla, observó las batallas a su alrededor, empezando a notar el cansancio, se cubrió con su escudo y observó la pelea de titanes entre Leviatán y Cracken.

    El Leviatán, con sus largos cuello y cola, acosaba al Cracken sin parar, atestando mordisco con sus grandes y afilados dientes. El Cracken, enrollado al cuerpo del Leviatán, intentaba hacerse paso entre su gruesa piel con su pico puntiagudo, abrazando con sus tentáculos a la hermosa bestia.

    Spike, el hijo del enorme Leviatán, mullía para darle ánimos a su madre que con algunas heridas causadas por el calamar gigante, no parecía tener la movilidad que necesitaba. Como ambos procedían del agua, estaban en su terreno.

    La Bruja Riag observaba la pelea de los dos monstruos con chispas en los ojos, gesticulando y levantando las manos, rabiosa. Y cuando captó como la semin-náyade había reunido un grupo de náyades que habían vuelto a serle fieles, su enfado fue tal que comenzó a lanzar bolas de energía por las manos.

    La hija de la Antigua Bruja del Mar, recuperada de su herida gracias a la cría de Leviatán, se había alejado de Mistral y la protección que le brindaba Goliat para volver al castillo, donde había conversado con sus hermanas prometiendo que su madre volvería a reinar el lago cuando acabaran con la maligna Riag y su monstruo.

    Ania levantó su escudo, luchando con dos nagas a la vez que no le dejaban descansar. Con su larga lanza se defendía de uno, mientras que con su enorme escudo retenía a la otra. Tenía el brazo muerto de cansancio y la lanza le resbala por la sangre de sus enemigos. En un momento dado, trastabilló con un escudo de alguien caído y su propio escudo se alejó de su mano.

    -¡No!-Y puso su lanza entre las dos nagas, que la atacaban sin descanso, descargando sus espadas sobre la parte de madera de la lanza. Ania temía que llegara a romperse… y justo cuando notó el crujido, una de las nagas cayó sobre ella, con el cráneo aplastado.

    -¿Necesitas ayuda, caballera?-Preguntó Yess, que daba vueltas a su martillo, y atacó a la otra naga.-Así nunca conseguirás mi bolsa de talentos…-Y la ayudó a levantarse.

    Cuando Ania estuvo de pie, le lanzó su lanza a una naga que se acercaba por la espalda de Yess.

    -Creo que sí podré conseguirla…

    Goliat, temiendo por la vida de la vidente, se había alejado de la batalla con Mistral en sus brazos, ésta, abrazada al cuello del grandullón, le recitaba oraciones a su dios, Apolo, para que su campaña fuera la ganadora.

    Quédate aquí, ama Mistral.”Le dijo Goliat, tras apoyarla en uno de los muros del palacio de cristal.”Yo debo luchar como me han entrenado… pero no quitaré a vista de aquí…

    -Goliat…-Y Mistral aún lo retuvo un poco más, tocándole el conocido rostro con sus manos desnudas.-Ten cuidado…

    Goliat asintió, separándose de Mistral, y corrió hacia la batalla, empuñando con fiereza su hacha de doble filo.

    Mita y la heroína combatían juntas, mientras que la hechicera utilizaba la naturaleza de su alrededor concentrada en su báculo y la lanzaba hacia las nagas y náyades seguidoras de Riag, la heroína se ocupaba, con sus espadas legendarias, en alejar a los enemigos de ella.

    El centauro, posicionado en un enclave estratégico, se había quedado más pronto que tarde sin flechas, y había cogido a la menuda Aria montándola en su lomo y cabalgando como sus primos los caballos. Aria, como si fuera una amazona, buscaba los movimientos más convenientes para lanzar sus shurikens y su boomerang, que afilado cual cuchillo, cercenaba miembros y colas.

    Empezaban a cansarse, pero tenían una meta aún que cumplir. Mistral lo sabía, lo había visto… ganarían, pero tendrían que pagar un precio por ello.

    Y cuando un rugido gutural les sacó de sus luchas y vieron a la madre Leviatán zambullirse, herida de muerte, la fe de todos se esfumó por completo. Spike maullando lastimeramente, se arrastró de nuevo al agua y nadó rápidamente hacia su madre.

    -¡Spike!-Gritó la heroína, alejándose de Mita y siguiendo la orilla.- ¡No vayas!

    Spike llegó hacia su madre que gruñía, sangrando por el pecho, justo donde el fiero pico del calamar había abierto una fea herida. El pequeño Leviatán, con un valor que no había experimentado nunca, enseñó los colmillos de leche al Cracken, que parecía querer devorar a su madre, sacando espuma por su asquerosa boca.

    Y Spike se lanzó hacia el Cracken con valentía y sin miedo, sin pensar las consecuencias.

    -¡Lo va a matar!-Y la heroína entró en el agua, y justo cuando el agua le llegaba por las rodillas, el héroe y Mita la detuvieron.- ¡Spike!

    Pero nada le pasó al pequeño Leviatán. Su madre, que protegería de él hasta que muriera, le lanzó un coletazo al Cracken que le sacó del agua, chocando con el Palacio de Cristal, que se tambaleó y se resquebrajó. El Leviatán, llevada por el instinto de maternidad, se lanzó con las fuerzas que le quedaban sobre el Cracken con los colmillos por delante.

    Riag, viendo que su calamar no podía defenderse, optó por interferir, aunque le estuviera prohibido. Preparó una gran bola de fuego verde y se la lanzó a la madre Leviatán que no podría detenerla.

    Pero la bola no se estrelló contra la madre Leviatán que, con sus afilados colmillos, arrancaba la carne del calamar pese a estar agotada y herida de muerte, sino que rebotó contra una pared invisible. Spike cerca de su madre, le arrancaba la punta de un tentáculo al Cracken, que ya no podría hacer nada por defenderse. Y fue cuando el palacio de cristal comenzó a derrumbarse.

    Riag, enfurecida, volvió a preparar otra bola de fuego y la lanzó de nuevo, esta vez contra la cría. Pero ocurrió lo mismo. Soltó un chillido de irritación, girándose en busca de alguien.

    -¡Sal maldita zorra!-Ordenó al aire.- ¡Sé que estás aquí!-Preparó bolas de fuego y las lanzó por doquier.- ¡Sal o destruiré este maldito lago con mi poder!

    Los héroes se agruparon cerca de Spike y su madre, que ya había matado a su enemigo, y agoniosa, se lamía sus heridas con jadeos de dolor, no faltaban muchos minutos para que su vida se consumiera como una vela.

    La heroína se acercó al lado de su amigo, acariciándole la cabeza con lástima.

    Y la Antigua Bruja del Lago hizo acto de presencia cuando la madre dejó de respirar, soltando un último maullido y haciendo así gritar a su cría de pena.

    -¡Madre!-Gritó la semi-náyade, que había caído de rodillas, como sus hermanas, por la pérdida de un gran protector y amigo.

    Era más hermosa que las ninfas del bosque, irradiaba un aura azulada, su cabello azul celeste le llegaba hasta la cintura, y su rostro, terso como una jovencita, era pacífico. Salió del agua con parsimonia, sin quitarle la vista de encima a la Bruja Riag, sus ojos, verdes, radiaban tranquilidad y paz.

    La semi-náyade se acercó a su madre con respeto.

    -Madre…-La joven tenía lágrimas en los ojos.

    La Antigua Bruja del Lago asintió, entendiendo el dolor que padecía su hija.

    -Has matado al Guardián del Lago, Riag.-Habló, con voz autoritaria.-Has cometido uno de los peores errores de tu vida.

    Riag, con la cabeza bien alta, orgullosa, la fulminó con la mirada.

    -Y tú has matado a mi único amigo.

    -Los Dioses te castigarán por este sacrilegio, has matado a una bestia divina que no había cometido ningún mal, has desobedecido a Anfitrite…

    -Anfitrite ya no importa, al igual que su marido el sesos de alga, ese.-Le interrumpió la Bruja.-Ahora yo sirvo a otro señor, uno más poderoso.

    -No tendrás nada a lo que servir cuando acabe contigo…

    Y ambas desaparecieron.

    Las nagas, entendiendo que su ama había marchado a una batalla donde no las necesitaba, huyeron despavoridas. Las náyades fieles a Riag, al volver a ver a su señora, cambiaron de parecer y arrojaron las armas. Todo volvería a ser lo de siempre en el Lago Ender. El Equilibro reinaba de nuevo.

    -¿Adónde han ido?-Preguntó Mita, entristecida, como todos, por la muerte de la madre de Spike.

    -Han ido al confín de la tierra a luchar.-Explicó Mistral, que había vuelto de su escondrijo, ayudada siempre por Goliat.-Una de las dos volverá y tomará el trono del Lago como única y fiel señora.

    -¿Y qué va a pasar ahora con Spike?-Preguntó la heroína, que observaba como el pequeño Leviatán acariciaba con el morro a su madre, pero su magia no surtía efecto con los muertos.

    -Tendrá que aprender a vivir solo, supongo.-Se aventuró a contestar el héroe.

    La semi-náyade se acercó a Spike.

    -Ave, nuevo Guardián del Lago.-Y se inclinó ante Spike, que ladeó la cabeza.-Ahora tú serás quien proteja a las criaturas del Lago y el palacio de cristal.

    -Pero si es muy pequeño…

    -Se hará grande y fuerte… ¿A que sí, compañero?-Lo animó la heroína.-Y cuando sea gigantesco como su madre, se comerá a los calamares que vengan a tocarle la narices, ¿verdad?

    Spike maulló con fuerza, como apoyando la idea.

    Todos rieron.

    ***
    -Las despedidas nunca han sido lo mío…-Y la heroína observó el imponente lago que dejaban atrás, con su agua cristalina llena de sorpresas.

    -Bueno, piensa que Spike nunca estará solo…-Añadió Aria, caminando junto a Yess.

    -Sigo pensando que nos lo podríamos haber traído, ¿y si nos hace fata volver a montar en Levi… qué?

    -Leviatán.-Contestaron todos.

    -Pues eso… ahora no sabemos con lo que nos vamos a encontrar, ¿no?

    -Bueno, la Oráculo sí que lo sabe.-Contestó Yess.-Otra cosa es que nos lo diga…

    -No estoy autorizada para revelar más cosas, joven guerrera.-Dijo Mistral con paciencia.-Y ahora, continuemos, tenemos un largo camino por delante.

    Y así hicieron, caminaron hasta un par de horas entrada la noche y llegaron a una ciudad protectorado de Ahriel, Sandiel. Allí, habían llegado justo antes de que cerraran las puertas, buscaron una posada y después de una semana durmiendo en raso, pudieron dormir en colchones y bañarse, algo que les alegró.

    -Sagrada Atenea… ¡Qué gusto da darse un baño!-Exclamó Yess, relajada en uno de las termas.-Qué suerte que en esta ciudad tengan estas cosas.

    -Estas cosas se llaman Termas, y vienen de oriente.-Le corrigió Ania, que se enjabonaba el cabello largo.

    -Está bien, la verdad.-Comentó Mita, dando vueltas, persiguiendo burbujas.-Y por suerte chicas y chicos están separados.

    -Bueno, a la Oráculo le daría igual, no podría ver nada…-Bromeó la heroína.- ¿Eh, Mistral?

    Mistral, en un rincón de la piscina, con una toalla en la cabeza y enjabonándose el cuerpo, se encogió de hombros.

    -Tengo cosas más importantes en las que pensar, heroína.

    -Claro, claro. No lo pongo en duda… Pero si se te pone delante un caballero con un buen culo…-Y alzó las cejas varias veces.

    -Igualmente no podría verlo, heroína, sin faltar al respeto, sagrada vidente.

    Mistral se encogió de hombros.

    -No comparto estas opiniones con vosotras, perdonadme.-Dijo, para quitarle hierro al asunto.-Me han enseñado de otra forma en mi convento.

    Las chicas asintieron.

    -¿Y os espera alguien en vuestros pueblos?-Preguntó la heroína, con una mirada pícara.- ¿Algún joven héroe que os haya amado con pasión?

    -¡Heroína!

    -¿Qué? A me hubiera gustado haber dejado un buen mozo en casa… Además, sé de una que piensa casarse cuando haya cumplido su misión, ¿eh, Aria?

    Aria, que se estaba echando agua en la cabeza, falló y se la echó en la cara y cuando hubo acabado de toser fulminó a su prima con la mirada.

    Todas rieron.

    -¿Y qué pasa contigo y Goliat, sagrada profetiza?-Preguntó Yess, que sabía que la heroína acabaría sonsacando cosas a todas.- ¿Hay algo entre vosotros?

    La heroína, que iba de un lado a otro, se quedó quieta.

    -Cierto. Se le ve un chico maravilloso… y es un buen mozo.

    -Heroína, en serio, estás enferma de lívido.

    -Bah, tonterías. Es porque me crie con cinco varones…

    Mistral se sonrojó sin poder evitarlo, pensando en Goliat, en el tacto de su cara y su pelo, en sus fuertes brazos cargándola y en lo dulce que era cuando había que tratarla.

    -Es mi protector y yo soy su… dueña.-Contestó, girándose para que no le vieran el rostro.-Estamos juntos desde que nací y… somos muy buenos amigos, ya está.

    -Claro….

    -No entiendo eso de la dueña. ¿Puedes hacer lo que quieras con él?

    -¡Por favor! Qué mal pensada eres…

    -¿Tú crees?

    Mistral ignoró la enzarzada conversación que mantenían ahora las chicas. "Goliat, ¿estás ahí?" Lo llamó con la mente. "Sí, mi señora" Y suspiró, más tranquila. Le encantaba como su conciencia se acercaba a la suya y le hablaba solo a ella. "Ten todos los sentidos atentos, Goliat, no sabemos qué enemigos pueden estar acechándonos". "Lo sé, ama".

    Y en la zona contigua, la de los chicos, todo era silencio y tranquilidad. Sin conversaciones picantes ni absurdas peleas.

    Borya limpiaba su cola con dificultad, mientras el héroe, tumbado cuan largo era reposaba sobre el agua. Goliat, al acecho, vigilaba.
    ***

    -Que gusto da dormir toda la mañana, ¿verdad?-Preguntaba el héroe, que junto a la heroína había sido enviado a por provisiones mientras lo demás terminaban de descansar.

    -Sí, ha sido gratificante.-Comentaba la heroína.- ¿Adónde debemos ir ahora?-Preguntó, entonces, cargada con un par de petates con cosas necesarias para seguir la aventura.-Empiezo a hartarme… ¿Por qué nos ha enviado a nosotros el Maestro Borya?

    -Porque hemos sido los primeros en despertar.-Contestó el héroe, encogiéndose de hombros.

    -Me tiene manía…

    -Pudiese ser.

    -Gracias por los ánimos… ¡Auch!-La heroína se había chocada contra alguien. Busco a ese alguien, pero era mucho más bajito que ella.

    -Tenga más cuidado, señorita… ¡tú!-Y el duende repelente le señaló.- ¿Es que hasta aquí me vas a molestar?

    -¿Quién es, heroína?-Preguntó el héroe, mirando al duende con frustración. ¿Hay que decir que no le gustan los duendes por lo borde que son? ¿Alguien más se le une?

    El duende de la Herrería de Soma, miraba con reproche a nuestra heroína, que se tocaba la rodilla con dolor, éste le había dado con un tosco escudo de hierro.

    -Trabaja en la Herrería de Anstor…

    -¡Rimpli! No vayas tan deprisa, demonios…-Y una figura vestida de marrón se llegó hasta ellos.- ¡Estás aquí!-Y otras dos figuras llegaron hasta ellos.

    -¿Amiga Soma?

    Soma, que recuperaba el aliento, levantó la cabeza, se quitó el pelo de la cara y escudriñó a la heroína con sus ojos azulados.

    -¡Heroína!-Exclamó, abrazándose a ella.- ¡Qué casualidad! ¿Ya has acabado tu misión?

    La heroína negó con la cabeza y observó a las dos figuras que llegaron hasta ellos, una era un cíclope de mediana edad y a otra la conocía muy bien.

    -¡Amazona Alecta!

    -¿Alecta?

    -¡Hola, amigos! Ya os he dicho que podéis llamarme Sonne… ¿Entendido?

    -¿Pero qué estás haciendo aquí?-Preguntó el héroe sin entender.- ¿No habías vuelto a Delfos por mandato de Artemisa y bla, bla, bla?

    -Sí, teníamos una caza pendiente, pero la sagrada Artemisa está trabajando junto al sagrado Apolo en la defensa de Delfos. Es muy importante… ya sabéis, profecías.

    -¿Y vosotras os conocéis?-Preguntó el héroe, sin entender.

    -¡De hace años!-Exclamó Soma.-Suele ayudarme cuando sus obligaciones no la mantienen lejos.

    -Vaaaaaaaaaaya, que pequeño es el continente.-Comentó la heroína.- ¡Debemos beber juntas! Veniros a nuestra posada y…

    -Ejem, ejem. Tenemos deberes, heroína, y no estaremos toda la vida aquí. Recuerda que mañana partimos a Ahriel.

    -¿Ahriel? ¿Qué se os ha perdido en Ahriel?-Preguntó Sonne.-Bueno, nosotras vamos hacia allí… Soma es la herrera predilecta y ha de ir a llevar unas armas con sus cíclopes, creo que el rey Keldar está preparando una batalla o algo así… Yo la acompaño para ayudarle.

    -¿Keldar prepara una batalla?-El héroe se quedó pensativo.-Debemos volver ya, heroína, esto no me gusta nada… Pero nada de nada.

    La heroína asintió.

    -Espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar, amigas.-Y se despidió de ella, siguiendo al héroe, que iba reflexionando en voz baja.

    Herrera y amazona siguieron su camino, bueno, más bien siguieron a Rimpli, que caminaba entre la gente sin reparo, empujando si hacía falta, y el cíclope, cargado hasta los topes, intentaba no chocar contra ellos.

    -¿Crees que nos los encontraremos en Ahriel, Soma?-Preguntó Sonne, con una sonrisa. Le había gustado ver a sus amigos, conocía al héroe de hacía años, y a la heroína de hacia relativamente poco, pero se llevaban genial. Incluso había luchado junto a ellos.

    Soma se encogió de hombros.

    -No lo sé… Pero si su profecía les lleva a Ahriel y nosotras vamos allí porque se está preparando una batalla… No sé muy bien lo que significa, pero algo me huele mal.

    -No he sido yo…-Dijo el cíclope.

    -¡Sanset!-Lo riñó Rimpli.-Deja a la ama trabajar en paz…

    Sonne miró a Soma.

    -Espero que no lo pasen demasiado mal… Sé lo que es enfrentarte en la batalla y a veces… no sé, la oscuridad siempre está ahí acechándote por si caes.

    Uno de nuestros elegidos había caído inconscientemente, siendo el puente entre ese nuevo señor oscuro, Aliester, el que llevaba locos a los Olímpicos, y la campaña con su sagrada vidente de Delfos.

    Aún estaba por decidir el papel de este individuo que no dudaría en hacer caer a los demás sin pensárselo dos veces.

    Porque por muy fuerte que sea un corazón, puede ceder y aunque el último rayo sea el más difícil de apagar, se acabará apagando.
     
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    SilRock

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    La Profecía de los Héroes.
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    Capítulo 6: Batalla.

    Con los estómagos saciados y descansados, los héroes empezaban a ver mejor el día que se abría ante ellos. Entre todos recogieron las cosas y terminaron de hacer sus petates, pero no empezaron aún el camino.

    -Héroes…-Habló Mistral, buscando las palabras acertadas para platicar con los jóvenes.-Hoy será un día difícil para todos… Pero recordad esto que os voy a decir…-Los héroes se miraron entre ellos sin entender, incluso el Maestro Borya miró a la vidente con extrañeza.-Todo lo que está pasando, está pasando por algo y por muy difíciles que se pongan las cosas, entre todos podéis encontrar la salida. Quizá haya retazos de oscuridad en vuestros corazones, pero nunca olvidéis que sois y seréis grandes héroes al final de esta aventura… Todos. Aunque perdáis… o, aunque venzáis, siempre seréis recordados como los Héroes de la Profecía.

    Los jóvenes, animados por las bonitas palabras de la sagrada vidente, alzaron las cabezas con orgullo, desenfundando sus armas, preparados para partir. Pero no partieron, entre breves conversaciones esperaron a que la vidente les diera la orden de partida.

    Mistral les dio la espalda y esperó, cerrando los ojos y conteniendo el aire unos segundos…

    Y fue cuando sonó el cuerno.

    Los héroes se giraron, sorprendidos por el sonido, y el centauro galopó hasta lo alto de la colina donde habían descansado aquella noche y palideció ante la escena. Los héroes le siguieron, y delante de ellos apareció un ejército de hombres norteños liderados por un joven en un caballo blanco como la nieve que cubría los parajes.

    -¿Pero qué demonios…? ¿Quiénes son esos?-Preguntó el héroe, asombrado.

    Mistral y Goliat se acercaron hacia ellos.

    -Tenemos que ir por ahí…-Dijo, sin más, y comenzó a bajar la explanada de la colina con firmeza, tratando de no temblar.

    Los héroes se miraron entre ellos.

    -¿Qué hacemos?-Preguntó Yess, apoyando su martillo en el suelo y apoyándose en él.-Por lo menos son ciento cincuenta…

    -Yo diría que llega a los doscientos.-Corrigió Ania, colocándose el escudo y ciñéndoselo a su brazo izquierdo.

    El héroe observó el ejército y al joven que lo lideraba.

    -Tenemos que pasar por ahí.-Habló.-Y aunque diéramos un rodeo nos perseguirían.

    Mita asintió, empezando a recoger energía de la tierra con su báculo, siguiendo los pasos de decididos de Mistral y Goliat.

    -No les hagamos esperar, pues.-Dijo.

    ***
    El príncipe observó con una sonrisa maliciosa en el rostro los seis jóvenes elegidos que se acercaban hacia él. Marchó con su caballo alejándose un poco de sus tropas y observó a la vidente y su guardián.

    -Tú debes ser la vidente Mistral.-Habló, observando a la joven ciega desde su altura, luego observó al centauro.-Y el Maestro Borya, descendiente de Quirón…

    -¿Y con quién tenemos el gusto de hablar?-Preguntó el centauro, que en menos de veinte segundos podría colocar una fecha en su arco y lanzarla si era menester.

    El príncipe sonrió con orgullo.

    -Soy el príncipe Keran de Ahriel.-Se presentó.-Y he venido a conocer a los elegidos que se están interponiendo en los planes de Aliester… y quién sabe, quizá a derrotaros de una vez por todas ya que Riag no cumplió con sus órdenes.

    Los héroes, en tensión, se quedaron en silencio, evaluando el ejército tras el príncipe y sus armas. Así que aquel joven monarca estaba detrás de todo eso, o al menos, eso parecía.

    -Creo que Yshiara ya te contó el final de esta batalla, ¿por qué no simplemente nos dejas pasar y olvidamos que has venido?-Habló Mistral, con tranquilidad, intentando no importunar al príncipe con sus palabras.

    Sin embargo, lo único que consiguió es que el príncipe se enfadara por su osadía, le fulminó con la mirada y levantó una mano. Con la orden, sus tropas arqueras apuntaron con arcos a los Elegidos.

    -¿Decías algo, vidente?-Preguntó.-Con un movimiento de la mano puedo hacer que os aniquilen, que no se cumpla esa estúpida Profecía y…

    -Cobarde.

    El príncipe se dirigió a los Elegidos y observó a una en particular.

    -¿Cómo dices?-Echó a andar su caballo hacia la izquierda y lo detuvo con el cejo fruncido.

    -Te he llamado cobarde.-Habló la heroína.-Y no soy la única que lo piensa.

    Y sus compañeros Elegidos asintieron, dándole la razón.

    -¿Cómo osas…?

    -¿Por qué no peleas con tus propias manos?-Preguntó Yess.

    -¿Tanto miedo te damos que te escondes detrás de tus soldados?-Le retó el héroe.

    El príncipe les fulminó con su mirada parda y estuvo tentado de dar la orden y ser el verdugo de aquellos jóvenes, pero el insulto le había irritado tanto que antes quería hacérselo pagar. Se bajó del caballo y uno de sus soldados se acercó a él y se llevó el caballo, entregándole un florete que el príncipe desenfundó.

    -Bien… vosotros lo habéis querido.-Habló, dando unos pasos hacia los Elegidos- ¿Algún voluntario para morir primero?

    -¿Morir? Eso no te lo crees ni tú, principito.-Habló la heroína, preparándose para ser la primera.-Dejádmelo a mí… no puedo con su chulería…-Gruñó, dando unos pasos hacia el príncipe.

    -Acaba con él.-Le apoyó el héroe.-Espero no tener que ir a rescatarte.

    -Eso es lo que te gustaría…- Y la heroína desenvainó sus dos legendarias espadas, recordando a su amigo Paladín.

    -Estad atentos, héroes, esto no acaba aquí…-Susurró la vidente, poniéndose detrás de Goliat.-Va a lanzar un ataque contra nosotros igual…

    -Cuando quieras…-Aventuró la heroína, observando por encima del hombro a sus compañeros.

    El príncipe sonrió y antes de lanzarse con su florete por delante dio una orden y sus tropas se lanzaron hacia los Elegidos.

    -¡Esperad!-Mita se adelantó y dando vueltas a su báculo acabó por golpear el suelo con fuerza, creando una barrera de fuerza que se fue clavando en los Elegidos.-Esto os ayudará contra los golpes enemigos…-Y resbaló un poco por el cansancio.

    Ania se acercó a ella y le cubrió de los ataques enemigos con su gran escudo mientras la hechicera se iba recuperando.

    Y así, comenzó lucha.

    ***
    Yshiara notó cuando empezó el combate como si le estuvieran golpeando a ella, y tumbada hecha un ovillo en su cama, apretó los ojos para no sentir más.

    Hakk la miraba, impotente, deseando a su vez acabar con la arrogante vida del príncipe con sus propias manos. Se acuclilló junto a la vidente y le cogió de las manos, enfundándole ánimos. Yshiara apretó sus manos como respuesta, al menos no estaba sola.

    Además de Yshiara, alguien más estaba viendo la lucha. Apolo, dios del Sol, observaba impotente la lucha, temiendo por la vida de Mistral. Sabía que no debía interponerse, pero no pudo evitarlo, y con un movimiento de mano les dio un poco más de fuerza a los héroes…

    -No deberías haber hecho eso, Apolo.

    El dios, sorprendido en su falta, se volteó observando la inmaculada figura de su hermana Atenea.

    -Atenea…

    La esplendorosa figura de Atenea le saludó mirándole con sus ojos color oliva infinitamente tiernos. Llevaba puesta la égida y tenía en su hombro izquierdo a su sabio búho que descansaba con inocencia.

    -Lo que tenga que pasar, pasará.

    Apolo se volvió dándole la espalda.

    -Que así sea…

    ***
    La protección de Mita no iba a durar eternamente, lo sabían, pero aun así, no dejaban de luchar contra cada nuevo enemigo que se les ponía por delante. Ellos eran más… pero no sentían las mismas ganas al luchar ni sus golpes eran tan certeros como los de los Elegidos. Por algo eran especiales…

    Hacía frío, pero ellos no lo notaban. Su piel estaba caliente por los movimientos y prendada de la sangre de los que ya habían vencido…

    Yess daba vueltas a su martillo, lista para derrotar a otro soldado de un golpe en la cabeza, su especialidad. Le encantaba el sonido de los cráneos rotos, y como espartana que era, aún más la lucha sangrienta. Cuando lanzó el golpe sesgando la vida de su enemigo sonrió entregándole aquella victoria a Ares, que la recibía con orgullo y satisfacción.

    Ania hacía lo mismo cerca de Mita, ya que estaba algo cansada por el hechizo que había utilizado para proteger a los demás, y pese a que sacaba la energía de la naturaleza, aquel territorio norteño estaba muerto de frío. Ambas luchaban juntas, acostumbradas a la presencia de la otra. Sus movimientos se entrelazaban haciendo aún más fácil la lucha contra el enemigo, como si estuvieran conectadas tras los años que habían pasado juntas.

    Aria, que se había quedado sin shurikens, intentaba recuperarlos mientras se protegía con sus kunais… una dura tarea. Al final acabó cogiendo una espada de alguien caído, y aunque era más de catana, iba haciendo lo que podía… no estaba acostumbrada a un combate en campo abierto, como sus compañeros, pero haría lo que pudiese.

    Goliat con su hacha de doble filo protegería a Mistral con su vida, que desvalida, se escondía tras él, junto a Borya, que se había roto una pata y solo podía lanzar flechas con su arco. Mistral rezaba en silencio, con las manos cruzadas y anhelando ser escuchada. Sabía cómo iba a acabar todo aquello y aunque por un lado era bueno, no le gustaba nada el final.

    El héroe, que se podía decir que era uno de los más poderosos del grupo, había invocado a un Grifo y montado sobre él, atacaba a los soldados, no muy lejos del combate que estaba manteniendo la heroína con el príncipe. Rápidamente, saltó del grifo y garabateó dos perros del infierno. Se tiró al suelo, dando una voltereta y esquivando a un gran soldado con una maza que había aparecido ante él y perdió el lienzoescudo…

    -Mierda…

    El soldado grandote, que cogía su maza con las dos manos, se apresuró a golpearlo. Pero antes de que su maza cayera sobre el héroe, una espada se clavó en el pecho del soldado, matándolo. El cuerpo cayó sobre el héroe.

    -¡Ten más cuidado, héroe!-Le gritó Ania, que volvió a por su espada, ayudándole a levantarse mientras Mita les cubría las espaldas.

    El héroe gruñó, recuperó su lienzoescudo y con una palmada convocó a los perros del infierno, que se lanzaron en la ayuda del Grifo, que ya empezaba a desaparecer y estaba siendo acorralado. El héroe se cubrió con su escudo y observó a sus compañeros, parecía que la lucha estaba siendo bien dura.

    Volvió a dibujar uno de sus monstruos, pero no pudo terminarlo porque le volvieron a atacar. Frustrado, se protegió con el lienzoescudo, empuñando su dagapincel con ganas. Miró a los ojos a su enemigo, y le sorprendió ver miedo en ellos. Lo mató, y notó un atisbo de culpa cuando lo hizo… Quizá aquellos soldados habían sido arrastrados a la batalla sin opción… Escuchó un grito y se volvió a observar a la heroína, que había sido herida en un brazo por el príncipe.

    El príncipe sonreía con satisfacción, viendo como el brazo de la chica sangraba.

    La heroína apretó los dientes y le pegó una patada en el estómago a su contrincante, que se alejó de ella. Rápidamente, la heroína aguantó el dolor y se lanzó con las dos espadas hacia el príncipe, que ya se había recuperado del golpe.

    Los aceros se encontraron, sonando y saltando chispas. Las dos espadas cayeron sobre el florete, que pese a parecer fino, era fuerte y aguantaba los golpes con fiereza.

    El príncipe no dejaba de sonreír y aquello ponía nerviosa a la heroína, que le fulminaba con sus ojos azules, rabiosa. Y aquello divertía aún más al príncipe.

    -No duraréis mucho, ¿lo sabes?

    La heroína no contestó, rompiendo el contacto de las dos espadas y volviendo a atacar. El príncipe la esquivó, se defendió y atacó, pillando de nuevo a la heroína y haciéndole otro corte en el muslo.

    La heroína cayó al suelo estrepitosamente, el príncipe se acercó a ella y le pegó una patada en el estómago.

    -Vas a ser la primera en morir. Debe ser todo un honor.-Habló el príncipe, preparándose para darle el golpe de gracia.

    La heroína se revolvió se alejó del florete del príncipe y corrió explanada arriba, pero tuvo que frenar porque acababa en un precipicio…

    -Mierda…

    -Pero no huyas, ¿no eres un héroe?

    La heroína se giró, observando al príncipe con odio y se lanzó hacía él con sus espadas por delante, como siempre, aunque ahora ya no las tenía todas consigo.

    El príncipe la recibió, y aunque aquella vez la heroína logró herirle en el hombro con una de sus espadas, ningún de los dos iba a ganar aquella batalla.

    Los dos forcejearon de nuevo, metal contra metal, empujando para ganar terreno al otro.

    La heroína debía ganarlo, porque no tenía mucho más que retroceder, sabía que pronto no tendría tierra por la que luchar… Y no sabía si eso el príncipe lo sabía.

    El dolor del brazo y del muslo era insoportable, y sabía que las fuerzas se le iban con la sangre que derramaban los profundos cortes. Empezaba a notar el cansancio y como le temblaban los brazos por el esfuerzo, la ayuda mágica de Mita hacía un rato que le había abandonado, justo cuando el príncipe le había herido por primera vez…

    El príncipe ya notaba el sabor de la victoria, sabía que eran más que ellos y que sus saldados eran los mejores del reino. Solo tendría que acabar con aquella chica para poder empezar a celebrar su victoria. Le dolía la herida del hombro, pero aquello era secundario, nada que no se pudiera arreglar con descanso tras la victoria. E Yshiara se tragaría sus palabras… Volvió a sonreír con más ganas…

    Se centró en la heroína, que no dejaba de mirar hacia atrás. Con el cejo fruncido, el príncipe se fijó en lo que había detrás de la heroína. Nada.

    Retrocedió y cuando dejó de empujar, la heroína aprovechó para empuñar una de sus espadas y clavársela en el hombro sano. Gritó con frustración.

    -Desgraciada…-Y la atacó con ira, sorprendiendo a la heroína, y ambos cayeron por el precipicio…

    ***
    -¿Estamos listas, Sonne?-Preguntó Soma, con su martillo de herrera en la mano.

    La Amazona asintió, cogiendo su gran hacha con las dos manos.

    -Estamos listas.

    Y las dos corrieron hasta el centro de la batalla, donde los Elegidos empezaban a tener dificultades, con un grito de guerra.

    El héroe las reconoció en el acto, y sonrió, invocando de una palmada a un nuevo grifo. Se montó en él y se lanzó al ataque, cansado por tantas invocaciones; sabía que después de ese grifo no podría invocar a nada más y debía utilizarlo bien.

    Yess, ayudaba a Aria, que estaba herida y llena de rasguñas. Lo habían pasado canutas durante la batalla y necesitaba verdadera ayuda.

    -¡Atrás, Aria, atrás!-Aconsejó Yes, haciendo frente a los enemigos.- ¡Por Ares!

    Aria escapó hacia donde estaba Borya, y le costó más de lo que pensaba llegar hacia el centauro. Estaba agobiada, agotada y nerviosa por todo lo que estaba ocurriendo.

    -¡Sonne detrás de ti!-Gritó el héroe.

    Sonne se giró justo a tiempo para detener el ataque de un soldado.

    -¡Me haré unas botas con tu pellejo, malnacido!-Le gritó, pegándole con el raso de su hacha.

    El soldado cayó al suelo, miró a la imponente amazona y arrojó el arma, gritando despavorido de miedo.

    Sonne se giró en busca de otro enemigo, y todos los soldados que estaban cerca de allí arrojaron las armas y huyeron despavoridos de miedo. Todos sabían la reputación que precedía a las amazonas.

    ***
    Mistral lo había notado, y aunque no hubiera podido verlo como en su visión, había visto a la heroína y al príncipe caer por el precipicio en su mar de oscuridad. Tan nítido que incluso le había dado miedo.

    -¡Goliat!-Gritó el nombre del mudo casi con desesperación.- ¡Goliat!

    Goliat, que estaba ocupado con dos soldados, se giró hacia su ama, preocupado. Soltó a uno de los soldados, que salió corriendo en el acto, y le lanzó un tajo en el pecho al otro para poder volver junto a Mistral.

    ***
    -¡El príncipe Keran ha caído!-Gritó un soldado.- ¡El príncipe Keran ha caído!

    Soma levantó la cabeza, quitándose el sudor de la frente, buscando al príncipe, pero no encontró el cuerpo de Keran por ninguna parte. Frunció el ceño y pensó en su padre, el rey Keldar… Se guardó el martillo y se acercó a Sonne, que descuartizaba con su hacha a un soldado casi con satisfacción.

    -Ya puedes parar, Sonne, parece que todo ha acabado.-Le dijo, cruzándose de brazos.- ¿No te dije que no te emocionaras?

    Sonne se levantó y sonrió con inocencia fingida.

    -Bueeeeeeeeno, ya sabes cómo va esto… cuando empiezas no puedes parar.

    Soma y ella rieron.

    El héroe se acercó a ellas.

    -Gracias por la ayuda.-Le dijo, haciéndoles una inclinación.-Os debemos una grande.

    -No tiene importancia.-Habló Soma.-Me parecía todo demasiado sospechoso.-Y cogió una de las espadas de los enemigos.-No sabía que mis armas se estaban utilizando para esto…

    El héroe la observó.

    -Supongo que nadie se lo esperaría…

    -Esto no se va a quedar así. Cuando pille a Keldar…

    -Quizá Keldar no supiera lo que su hijo estaba tramando, Soma.-Le intentó calmar Sonne, que veía en la cara de su amiga que estaba muy enfadada.-Ya oíste al Mariscal…

    Soma suspiró.

    -Quizá tengas razón.

    -Para una vez que la tiene…-Comentó el héroe, para quitarle hierro al asunto y él y Soma se rieron de Sonne, que se hizo la ofendida.

    Los Elegidos volvieron a reunirse junto al centauro lisiado y la profetisa. Todos tenían alguna herida causada durante el combate y estaban cansados. Mita intentaba recolectar energía meditando y pidiendo ayuda a Deméter para poder curar las heridas de sus amigos, pero le estaba costando muchísimo reunir la energía.

    -Pronto llegará mi caravana y os podremos llevar a Ahriel.-Dijo Soma, con una sonrisa.-Así que vosotros descansad un poco, tengo unas habitaciones en la posada donde podréis quedaros el tiempo suficiente para descansar y…

    -No creo conveniente ir a la ciudad después de haber matado al príncipe…-Hablaba Yess, pero fue interrumpida por Mita.

    -¿Y la heroína?-Preguntó, saliendo de su trance.

    -Pues…-El héroe, que parecía ser el último que la había visto la buscó.-Si el príncipe ha caído es porque… ¿dónde está?

    Cuando estaban a punto de separarse para buscarla, Mistral carraspeó.

    -No la busquéis.-Dijo despacio.

    -¿Por qué?-Preguntó Aria, tumbada en el suelo, mareada por el esfuerzo.

    -¿Ella ha…?-Fue a preguntar Yess, pero la vidente le interrumpió.

    -Estará bien…

    -Tus palabras no nos engañan.-Le cortó Ania, con rudeza.

    -Debemos seguir el camino. Pronto será luna llena y debemos estar…

    -No vamos a dejarla donde quiera que esté y…-Empezó el héroe.

    -¡Es su destino! Todo está pasando por algo…

    -¿Estás diciendo que has sabido todo este tiempo lo que iba a pasar y no has hecho nada?-El héroe, sorprendido, habló.

    -¿De qué serviría?-Preguntó Mistral.-El futuro no se puede cambiar.

    Soma divisó su caravana y se puso en medio de los Elegidos.

    -Bueno, bueno, bueno… Vamos a tranquilizarnos.-Dijo, moviendo las manos.-Ahora iremos a Ahriel y allí hablaremos mejor… descansaremos y saldremos a buscarla, ¿qué os parece?

    -No pueden hacer eso.-Contestó Mistral.

    -No nos digas lo que tenemos que hacer, joder.-Se quejó Yess, ayudando a Aria a incorporarse.-Es su prima, ¿sabes?

    Aria tenía una mueca de tristeza.

    -Espero que esté bien…

    Y el silencio se impuso en los Elegidos, que pagaron su frustración con malas palabras hacia Mistral, que impotente, no podía hacer nada más que bajar la cabeza y aceptar sus palabras. Pero el destino estaba dictado y nadie podía luchar contra él que, aliado con la fortuna, ponía las cosas difíciles a aquellos jóvenes héroes, que con esperanzas mínimas marchaban hacia la ciudad de Ahriel.
     
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