Song-fic La Maldita Primavera

Tema en 'Fanfics sobre TV, Cine y Comics' iniciado por Factummale, 5 Septiembre 2019.

  1.  
    Factummale

    Factummale Psyduck.

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    Inventory:

    Escritora
    Título:
    La Maldita Primavera
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1493
    Bueno, le he dicho a Amane que escribiría sobre esta serie, así que aquí estamos, uwu, espero que te guste el resultado, porque yo me divertí escribiéndolo uwu igual no tiene mucho que ver la canción, pero bueno, conveniencias para la trama uwu
    Por cierto, las palabras en cursiva se supone que están en español, porque bueno, así es la cosa xD

    Título: La maldita primavera.
    Fandom: One Day at a Time.
    Palabras: 1404 palabras.
    Personajes: Lidya, Schneider, Penélope, Elena, Syd, Alex. (Si, los he ordenado de mayor a menor)
    Summary: La primavera comienza en la casa Álvarez, al igual que algunos inconvenientes.


    En la casa Álvarez solo se podía escuchar la radio. La estación de música latina favorita de Lydia tocaba "La maldita primavera" mientras la mayor de la casa barría los pisos y usaba la escoba de micrófono en un lip sync solitario. Nadie le interrumpía, nadie le quitaría ese momento.

    Adoraba esos momentos en solitario, con o sin los otros en la casa, todos sabían que Lydia "cantando" mientras hacía un quehacer del hogar era lo mismo que verla sentada en el sofá con un cartel de "no molestar", en especial con la primavera haciendo su entrada a la casa, las flores que tenía como centro de mesa eran más brillantes que de costumbre, pero el polvo parecía acumularse con mayor facilidad y si no quería que su lindo Papito sufriera de alergias repentinas ella tendría que trabajar el doble.

    Así se encontraba en su propio mundo, era la parte del coro y la escoba ya no solo era un micrófono, había subido de categoría a compañero de baile.

    "Me maldiiiice solo a miiiiiii"

    Se escucha un grito. La latina detiene su acto, gira la cabeza a todos lados, esperando ver a uno de sus nietos mirándole fijamente mientras baila, como ya ha pasado, pero nada, sala sigue vacía. El grito se vuelve a escuchar.

    Frunce el ceño y va camina hasta la radio, bajando el volumen de la música, era momento de llegar al fondo de esto.

    Caminó por la casa, hasta llegar a la puerta de su hija, se escuchaba un revoltijo allí dentro, sostuvo su escoba como un arma improvisada y abrió la puerta.

    Penélope miraba fijamente a un punto en la pared mientras se movía rodeando su cama, Lydia dejó caer la escoba y entró a la habitación.

    ¡Ay, mi niña! —comenzó avanzando hacia su hija —, ya sabía yo que esas pastillas nada bueno traían. Tu sangre latina debió contaminarse y ahora has quedado cucú.

    Mamá —responde Penélope sin voltear —, no es momento para tus locuras —comenta, palpando la cama en busca de alguna cosa —, necesito toda mi concentración.

    Continúa palpando la cama, pero no se topa con nada y Lydia solo le mira preocupada por su sanidad, la menor maldice en español y voltea a la cama, un poco más lejos de donde buscaba esta una de sus pantuflas. Gira nuevamente a la pared, pero se congela un segundo. Salta y rueda por la cama en busca de su arma. Lydia ya puede asegurar que su hija perdió la razón y repasa remedios caseros que su madre le hacía en Cuba.

    Mamá —vuelve a hablar Penélope, mirando a todos lados —, no quiero asustarte —oh, eso nunca es bueno —. Pero en la pared había una muy grande y desagradable cucaracha y —toma aire, paranoica —, la perdí.

    A Lydia se le va el color de la cara, de no ser por el maquillaje se vería casi enferma. Corre a esconderse tras su hija, mirando a todos lados asustada.

    —Pues has algo y encuéntrala —responde, su acento más marcado por el miedo —, tú que estuviste en el ejército, deberías poder con esa cosa monstruosa.

    —Claro —responde, ahora irritada —, porque en el ejército nos divertimos cazando insectos.

    —Pues claro, mi niña, con un ambiente como ese no me sorprende que ese fuese su medio de entretención.

    Penélope se pone roja y está por responder, pero la cucaracha ahora está en su cama y la distrae.

    —Ay, mami, está sobre mi cama, no puedo matarla sobre mi cama —se abraza a la mayor, la cual corresponde mientras ambas miran al bicho.

    —Solo hay que sacarla, tranquila, se a quien le gustan estas cosas desagradables —acaricia el cabello de su hija y luego voltea la cabeza en dirección de la puerta — ¡Elena!, ¡Elena, ven rápido!

    La adolescente no tarda en llegar, se le ve irritada y con Syd siguiéndole el paso.

    —¿Qué ocurre, abuelita? —dice con voz cansada —, estábamos ocupadas haciendo la tarea —se señala a sí misma y a su otro Sydnificante.

    —Si, si, muy bien —ignora lo que dice Lydia —, ahora, ve y toma a esa cucaracha de la cama de tu mamá, déjala en el piso y así podemos aplastarla como la alimaña que es.

    Elena se horroriza por la idea, su rostro cambia de expresión, mostrando molestia y un deje de decepción.

    ¡Abuelita! —la nombrada reconoce el tono, aquí va otro discurso aburrido —, ¿Cómo puedes pedirme hacer tal cosa?, puede que sea desagradable, pero es un ser vivo y como tal merece vivir como todos nosotros —mira a Syd, que le da ánimos desde la puerta —, ¿te gustaría que un extraño llegue y simplemente te aplaste sin razón?

    Lydia le mira despectiva, ¿en serio quería discutir eso con ese monstruo en la habitación?

    —No me molestaría en este momento.

    Elena abre la boca ofendida, se para derecha, dispuesta a responder, pero Penélope interrumpe:

    —¡No importa! —sigue mirando al bicho, que ahora va camino a su almohada. Perfecto, ahora tendrá que quemarla —, Elena, mi amor, por favor llévatela de aquí, si luego quieres liberarla o algo bien por mí.

    —¡Eso haré! — responde, orgullosa —, o puede que incluso me la quede y cuide de personas como ustedes.

    Syd le extiende una de las hojas de su cuaderno de estudio, Elena le sonríe y con cuidado va por el bicho.

    Lo que sucede después la hace gritar y correr con su pareja. Esa cucaracha era de las que volaban y ahora revolotea por la habitación. Todos dejaron el cuarto, manteniéndose en la puerta, para vigilar al insecto y todos sus movimientos.

    —Y tú la querías de mascota —comenta la abuela, la castaña se ve dispuesta a iniciar una discusión, pero la llegada de Alex interrumpe todo.

    —Hey —saluda, quitándose los audífonos —, ¿Qué está pasando aquí?

    ¡Ay, Papito! —Lydia se hecha a llorar a sus brazos —, una cucaracha está en la habitación de tu mamá, revoloteando como su fuese su espacio y apoderándose de todo lo que toca. ¡No sabemos cómo sacarlo!

    Papito le mira, sintiendo una extraña ironía, pero simplemente se queda pensando unos segundos.

    —¿Pensaron en abrir la ventana?

    —¡No seas ridículo! —exclama Elena —, ¿Cómo nos va a ayudar abrir la...?, de hecho, es una buena idea.

    —Claro, solo la abres y luego haces que vuele hasta ella.

    Así comienzan a formular el plan "saquemos a esa cucaracha del cuerpo de Penélope, pero sin dañarla porque es un ser vivo y merece vivir"

    Alex sería el encargado de abrir la ventana cubierto por una manta, idea de Lydia, luego Penélope y Elena entrarían usando las almohadas de la última para incentivar a la cucaracha a dejar el hogar Álvarez para siempre.

    Ahora, decir que las cosas salieron como se esperaba no es precisamente exacto, la cucaracha se posó sobre la pobre Elena, la cual asustada lanzó las almohadas al aire y gritando corrió fuera de la habitación a los brazos de su otro Sydnificante, quien trataba de calmar a su novia con pequeñas caricias en la espalda.

    Así fue como Papito ocupó su lugar, ayudando a su madre a deshacerse por una vez por todas del bicharraco ese.

    Cuando Penélope al fin cerró la ventana soltó una exclamación de felicidad mientras abrazaba a su hijo, su madre también entró, alegre de sobrevivir esa situación de vida o muerte, Syd y Elena también se unieron a un abrazo familiar.

    El cual se vio interrumpido por un grito y el sonido de pasos pesados, Schneider entró corriendo a la habitación, sosteniendo una catana de dudosa procedencia.

    —Rápido —exclama, en guardia —, ¿Dónde está el peligro?

    Todos le miran con una ceja alzada, las mismas preguntas en mente, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿por qué?

    —Lo siento —responde Penélope —, pero ya lo resolvimos.

    —¡Demonios! —exclama, genuinamente decepcionado —, nunca podré usar esta cosa.

    —Querido, nunca deberías en pensar usar esa cosa.

    Y con eso dicho Schneider relaja la pose, pasando a una cara infantil, como a un niño que se le niega algo. Los otros ríen levemente y se van de la habitación, dispuestos a retomar sus deberes.

    Por lo que Elena averigua luego, esa cucaracha había sido solo una advertencia, la maldita primavera y la reciente humedad estaban listas para traer más de uno de esos bichos voladores.
     
    Última edición: 5 Septiembre 2019
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Crítico de Oro Duende bloguero

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    Ay Eli, lo amé, lo amé, gracias por hacer esto tan lindo omg <3 No te haces idea de lo mucho que he disfrutado de esta serie, que me la he visto casi tres veces ya, y ver algo escrito de ella aquí pues es genial.

    Has captado la esencia de la serie a la perfección, prácticamente me imaginaba la escena en mi cabeza según iba leyendo y es que lo veía en la serie, son los subtítulos y todos, escuchaba las voces incluso. En serio, ha sido genial, te ha salido super bien. Me he reído imaginando a Lydia toda desesperada al pensar que su hija estaba loca, y Schneider como siempre apareciendo de la nada para liarla, y el discursito de Elena, tan típico de ella.

    Me ha gustado mucho, a ver si yo también me animo a escribir algo de ellos por aquí que seguro que tiene que ser muy divertido imaginarse algo y escribir a la familia Álvarez haciéndolo, con sus locuras y desastres. Sigue así, linda <3
     
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