Long-fic de Pokémon - La Historia de Jack Evans

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Thranduil, 4 Febrero 2018.

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  1. Threadmarks: Capítulo 32 - Problemas en el barco
     
    Thranduil

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    La Historia de Jack Evans
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    Para niños. 9 años y mayores
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    Aventura
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    Capítulo 32 - Problemas en el barco


    Desde donde estaba se podía ver gran parte de la ciudad, el majestuoso puerto lleno de barcos mercantes y turísticos, y los paneles solares en los tejados de gran parte de las edificaciones. Carmín era la única ciudad que no dependía en su totalidad de la Planta Eléctrica, ubicada al norte de Lavanda.

    Jack caminaba por segunda vez por las calles de la ecológica urbe portuaria, respirando los refrescantes y limpios aires que recorrían libremente las calles. Embarcándose en aquel puerto era la única forma de acceder a la Isla Canela para un entrenador común y corriente. Además, el siguiente gimnasio quedaba en aquella ciudad, ahora sólo esperaba que hubiese algún barco disponible con boletos.

    Arribó al puerto, estaba lleno de gente, muchos turistas como en la vez anterior, la gran diferencia era la ausencia del S.S. Anne III, pero en su lugar estaba un trasatlántico nombrado S.S. Aqua, no era tan grande, pero no tenía nada que envidiarle al famoso crucero. El joven interceptó a un marinero, era joven y de uniforme bien arreglado.

    —Disculpe señor —preguntó el chico, aquel sujeto era bastante gordo, por un momento dudó si era marinero—. ¿Sabe qué barco puedo abordar para ir a Isla Canela?

    —Ese que está ahí —indicó el sujeto amablemente a un ferry de tamaño mediano—. Es de pasajeros y cargas menores, con él llegarás de noche.

    El chico agradeció y se fue directo al transporte acuático. Habló con una mujer de uniforme ubicada en un puesto al costado del ferry. El pasaje no le costó mucho, recibió un leve descuento por ser entrenador de la Liga.

    Abordó el ferry para situarse en la cubierta. Aquel barco también llevaba algunas máquinas y automóviles. Muchas personas paseaban de un lado a otro por el lugar, Jack se sentó en una banca a pensar. Nuevamente se encontraba sólo, no lo estaba desde su estadía en Azulona. Franny y Henry se habían despedido de él en Azafrán, no tenían intensiones de viajar a las afueras de la capital regional, al menos no por ahora. De todos modos, la rubia le dio su teléfono, era el séptimo que recibía de alguien que había conocido durante su viaje.

    El sol estaba radiante, así que decidió sacar a Ivysaur, para que tomase un poco de sol, le serviría para que su flor creciera más bella. También aprovechó de liberar un rato a Horsea.

    —Mira Horsea —indicó el chico—. Estamos en la misma ciudad donde nos conocimos —el pequeño caballo de mar se mostró alegre. El chico dejó su mochila de lado para descansar de su peso.

    El viento se volvió un poco más frio ante la puesta del sol, Jack y sus pokémon fueron invadidos lentamente por el sueño, hasta quedarse dormidos a merced de la brisa del mar.

    El lugar estaba oscuro, la luz era casi imperceptible, y se escuchaba cómo una gotera golpeaba un charco de agua, el ruido que emitía era constante y desesperante. Tenía hambre, miedo, tiritaba anhelando estar rodeado de la calidez de su hogar o jugando en el jardín con Doduo. No estaba sólo, unos siniestros ojos lo observaban sin pestañar, desde una esquina de la lúgubre habitación mal cuidada. No sabía por qué estaba ahí, pero no había nadie que lo ayudase.

    De repente Jack abrió los ojos, acompañado de un brusco movimiento de su parte, despertando de paso a sus compañeros por el susto de su salto, había sido un inquietante sueño del pasado. Hace días que no tenía un nuevo recuerdo de aquel suceso en su niñez. Cuando tomó consciencia de dónde estaba, el ferry a Canela ya había partido, Carmín ya estaba lejana, apenas podía verla.

    Decidió pararse para pasear por el lugar, no había gente en la cubierta, con excepción de un chico pelirrojo, vestía una sudadera blanca con capucha y mangas negras, con pantalones cortos de color blanco. Estaba mirando hacia el mar, pero por unos segundos volteó hacia Jack, dejando ver su rostro cubierto por tímidas pecas, y gritó.

    —¡Oye tú! —apuntó hacia Jack— ¡Te están robando!

    Jack giró la cabeza y vio cómo un sujeto tomó su mochila para luego salir corriendo por los pasillos. El chico no demoró en tomar a Horsea y comenzar a perseguir al ladrón. El pelirrojo también se sumó a la persecución. Ivysaur quedó atrás debido a su lentitud.

    El chico no podía permitir perderla, no sólo tenía las seis medallas ganadas, también tenía un objeto muy codiciado para los que sabían de su existencia, era un regalo y era parte de un momento importante en su vida, un error que le había costado la pérdida de un pokémon muy especial, uno que jamás olvidaría.

    Llegaron a la popa del barco. El sujeto no sabía a dónde ir, no le quedó más que luchar. Tenía la nariz aguileña y una mirada asustada, aunque extrañamente vestía ropa muy elegante y a la medida, seguramente estaba esperando por una víctima hace mucho, usaba esa ropa para que no sospechasen de él.

    Lanzó una pokéball y de ella salió una criatura cuya piel era de un color muy similar al que adquiere la tierra cuando es mojada superficialmente. Llevaba puesto un cráneo en su cabeza, se podían ver sus tristes ojos por los orificios oculares de la calavera. Portaba un hueso sucio en su mano.

    —¡Cubone, usa hueso palo! —la tierna criatura alzó su hueso y se dirigió corriendo con pequeños saltos hacia Jack.

    —¡Eevee, ocupa ataque rápido!

    Un pequeño zorro de suave pelaje marrón apareció por el costado de Jack, golpeando al pokémon del ladrón, para lanzarlo lejos. Aquella criatura de cuatro patas tenía un collar de pelos más largos y claros, al igual que en la punta de su felpuda cola. Sus orejas eran largas. El chico pelirrojo apareció, era su entrenador.

    —¿Estás bien? —preguntó, Jack asintió.

    —¡Huesomerang! —Cubone lanzó su hueso como un boomerang, dio una curva en el aire para impactar el costado izquierdo de Eevee.

    —¡Hidrobomba! —Horsea soltó de su trompa un fuerte chorro de agua que vengó el golpe a su inesperado compañero de cuatro patas. Cubone quedó en el suelo, no tenía cómo defenderse, aún no sabía lanzar su hueso de tal manera que éste volviese a él.

    —¡Inútil! —gritó el ladrón al cubone con una voz hueca, seguido por una patada en el cráneo que cubría su cabeza— ¡¿Por qué no puedes ganar una batalla?!

    —¡Oye, tú, maldito! —gritó Jack sumamente indignado al ver a aquella criatura indefensa ser golpeada de esa manera tan brutal y despiadada— ¿Qué demonios crees que haces, infeliz? —un furioso calor comenzó a recorrer su cuerpo.

    —¡Tú no te metas, mocoso! —gritó vulgarmente el hombre. Era un extraño espectáculo ver a un sujeto bien vestido tratando de escapar de un robo efectuado por él mismo— ¡Es mí pokémon y hago con él lo que se me da la gana!

    Jack lo observó con enojo y desaprobación, le desagradaba profundamente la irresponsabilidad de algunos que se decían entrenadores, pero que no cuidaban debidamente de sus pokémon. El chico sólo atinó a hacer una cosa.

    Hidrobomba contra ese sujeto.

    El caballo de mar nuevamente ocupó el movimiento, esta vez el chorro salió más fuerte, tan así que casi expulsó al elegante ladrón por la borda, de no ser porque Ivysaur apareció y usó sus lianas para sujetarlo y no dejarlo escapar. El hombre se golpeó contra el suelo.

    Horsea comenzó a brillar inesperadamente. Creció hasta tener una altura mayor a un metro, sus escamas endurecieron, sus aletas se volvieron más puntiagudas y sus rasgos eran más gruesos y toscos. Al dejar de resplandecer, fue fácil apreciar que el color celeste seguía dominando en su apariencia. Ahora era un seadra.

    —¡¿Qué sucede aquí?! —preguntó un policía que acababa de llegar. Los barcos acostumbraban a tener al menos uno a bordo en caso de eventualidades como ésta.

    —Este hombre intentó robar mi mochila y golpeó a su pokémon —dijo arrebatándole sus pertenencias y la pokéball de Cubone—. Me quedaré con este pokémon por ahora, conozco a alguien que puede cuidar muy bien de él.

    —Está bien por mí. Me llevaré a este sujeto a la custodia —tomó al sujeto y lo esposó para llevárselo. Ivysaur lo soltó—. Si quieren pueden curar a sus pokémon, tenemos una enfermería ahí dentro. Iré más tarde a tomarles una declaración por los hechos.

    Los muchachos aceptaron. Jack tomó en brazos a Cubone, éste tenía los ojos llorosos, se notaba que era pequeño. Junto al pelirrojo entraron por un pasillo hacia el interior del ferry. Sin embargo, no eran las únicas personas presentes en la popa. En el balcón de la planta superior, había dos personas observando. Una mujer pelirroja vestida con abrigo de piel blanco y botas negras, eran sus prendas que estaban a la vista, observó la situación con un leve grado de sorpresa. El sujeto que la acompañaba era sumamente alto y musculoso, también vestía un traje elegante de azul marino, aunque no tenía cara de que le agradara traer esa ropa.

    —¿Observaste bien, Iván? —preguntó la mujer de cabellera roja como la sangre— Es una interesante coincidencia lo que presenciamos. Parece que Jack no es tan débil, ni tan miedoso como pensé que podría serlo. Tal vez lo que le ocurrió de pequeño no fue mucho para él.

    —¿Qué le sucedió? —preguntó el alto sujeto, su voz era ronca y profunda— ¿Y cómo sabes que le pasó algo?

    —Omar se encargó de buscar cualquier registro sobre él, no sólo su posición en la Liga —contestó sonriendo—. Pero no te diré nada, pretendo ocupar esa información en caso de que robarle la masterball sea muy complicado. Será como un as bajo la manga —su sonrisa creció.

    —Como sea. Ese sujeto, el que estuvo a punto de robarle la mochila, trabaja para Úrsula —indicó con su voz grave.

    —Tal vez lo estaba siguiendo —comentó—. Pero es una fortuna que lo hayamos encontrado tan fácilmente. Así podemos seguirlo desde cerca —sonrió maliciosamente, ya estaba imaginándose con la poderosa cápsula en la mano, cumpliendo su objetivo.
     
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  2. Threadmarks: Capítulo 33 - A los pies del volcán
     
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    Capítulo 33 - A los pies del volcán



    Luego del altercado en el ferry, pasaron unas horas para que llegasen a la famosa isla. Lo primero en verse fue el imponente volcán, aquella formación natural ocupaba gran parte del cayo, en la zona noroeste de éste, aunque no se le podía apreciar mucho, pues la oscuridad no lo permitía. El barco rodeó la ínsula hasta llegar al puerto ubicado al sur. No era muy grande y sólo había un barco más, muy cerca había una pequeña feria, sin embargo, todos sus puestos estaban cerrados. Más allá comenzaba la zona urbana.

    Jack se bajó del ferry, acompañado del chico pelirrojo que le había ayudado, su nombre era Ryan Wong, y venía a la isla a reunirse con un amigo. Además, él también era de Pueblo Paleta, pero se había mudado a otra región cuando tenía ocho años de edad.

    Se dirigieron inmediatamente al Centro Pokémon, no exploraron mucho la ciudad, era tarde y tenían sueño. Inmediatamente en el hospital, el novato entrenador sacó hora para retar al líder de gimnasio, le dieron una para tres días más, durante la mañana. Tenía mucho tiempo para entrenar.

    Al día siguiente se levantaron, desayunaron en la recepción del Centro Pokémon, en unas horas más llegaría el amigo de Ryan. Tendrían una batalla y Jack estaba interesado en verla, ambos tenían diecisiete años de edad, sería interesante ver a entrenadores desconocidos, pero con mayor experiencia, luchar entre ellos. Tal vez podría aprender algo nuevo de aquel encuentro.

    —Desde que nos conocimos, buscamos lugares interesantes para luchar en ellos —explicó Ryan, acababa de tragar un sándwich de jamón—. Hemos tenido batallas en bosques, lagos, edificios abandonados, etc. El escenario de la batalla también influye mucho en el resultado de ésta, además de darle más emoción —agregó.

    —¿Ahora lucharán arriba del volcán? —preguntó Jack con la boca llena de comida.

    —Sería lo ideal —indicó el pelirrojo—, pero es muy peligroso, pues está activo. Nos enfrentaremos a los pies del volcán, por la ladera. Nos encontraremos ahí en un rato.

    Se encaminaron a aquel lugar. Decidieron ir a pie para dar un vistazo a la ciudadela, era todo muy colorido y acogedor, la urbanización no era muy grande, pero no carecía de nada importante como hospital o mercado. Al noroeste estaba el volcán, ahora era mucho más fácil observarlo con su natural majestuosidad y esplendor, al costado de éste había un pequeño bosque de abedules y frondosos robles que contrastaban la aridez del cráter.

    Al llegar a los pies del volcán encontraron a un chico de la misma estatura de Ryan y, a diferencia de éste, que lucía un aspecto más deportivo, aquel muchacho usaba ropa algo formal pero desarreglada. Vestía una camisa blanca, una corbata negra al igual que sus pantalones. Su cabello era oscuro y usaba anteojos, la luz se reflejaba en ellos, así que Jack no logró ver sus ojos hasta que se acercaron, eran azules, profundos como el mar.

    —¿Cuánto tiempo sin vernos, Ryan? —preguntó el chico. Se dieron un caluroso abrazo— Me alegra que estés en Kanto nuevamente.

    —Así es. Apenas puse un pie en la región aproveché para llamarte y tener una batalla, como en los viejos tiempos—. Por cierto, él es Jack Evans—se saludaron de mano y el pelirrojo le explicó todo lo sucedido en el barco para ponerlo al tanto.

    —Ya veo. ¿Entonces te quedarás a ver la pelea? —preguntó amablemente, su nombre era George, aunque al chico le pareció que tenía un aspecto familiar en su rostro. Esos ojos tan profundos ya los había visto antes, pero no logró asociarlos a ninguna persona.

    —Sí. Pretendo ver si aprendo algo, en dos días retaré al líder de gimnasio y toda ayuda me sirve —respondió.

    —Ya tienes seis medallas —apuntó George al ver la correa de su bolso— y tienes la de mi ciudad. Esa batalla contra Sabrina debió haber sido muy buena. Pareces fuerte, tal vez algún día luche contigo —Jack asintió—. Y bien, ¿cuáles pokémon trajiste para luchar? —preguntó dirigiéndose a Ryan.

    —Uno que conoces muy bien y otro que estoy entrenando —respondió.

    —Excelente, luchemos de una vez. Me estoy poniendo ansioso.

    Jack no lo vio de esa manera, el chico de los anteojos se veía bastante tranquilo, su respiración no estaba agitada, parecía que meditaba la situación. El pelirrojo, por su lado, parecía ser todo lo contrario, se movía bastante e intentaba contenerse, aunque aseguraba estar relajado. Ambos no dejaban de mirarse, resultaban ser personas con varias diferencias a simple vista. Si realmente eran amigos debían de tener al menos una cosa en común, algo que los haya hecho congeniar y llegar a la instancia en la que estaban.

    Los dos entrenadores estaban en la ladera del volcán, en una parte baja pero inclinada llena de paso seco y piedras, eso daría diversión a la batalla, según ellos. Jack se sentó en una roca cercana en primera fila para deleitarse del enfrentamiento.

    —¡Eevee! —el pequeño zorro del día anterior apareció con su jovial expresión y encanto. Pero si el otro pokémon del pelirrojo era el más entrando, Jack deseaba verlo en escena.

    —¡Mr. Mime! —una criatura humanoide con aspecto de mimo salió de la pokéball lanzada por George. Sus extremidades eran delgadas y salían de unas esferas rojas en su tórax blanco. Tenía guantes del mismo color y zapatos azules doblados en las puntas. En su cabeza tenía unas formaciones de la misma tonalidad que emulaban el cabello. Su mirada era alegre, aunque algo engañosa e inquietante.

    —¡Cola férrea!

    Eevee corrió hacia el mimo mientras su cola se tornaba metálica y brillaba a la luz del sol. Dio un salto en el aire para darle un golpe a su oponente, pero el entrenador de éste se adelantó. Mr. Mime envolvió su mano con fuego y de un solo puñetazo tumbó al zorro en todo su costado izquierdo. El golpe fue abrupto, dejándolo adolorido, mas no derrotado. Se paró firme de espaldas al pelirrojo, era pequeño, pero resistente.

    —Me agrada ese Eevee, será fuerte cuando lo evoluciones —indicó George.

    —Quiero que se quede así —apuntó Ryan, tenía cierto agrado por los pokémon del tipo normal—. Necesito una piedra eterna para que no evolucione.

    —¿Qué es una piedra eterna? —una vez más, Jack demostraba su ignorancia ante personas que acababa de conocer.

    —Es una piedra que evita la evolución de los pokémon —explicó el de los anteojos—. Deben llevarla equipada. Continuemos.

    Ataque rápido.

    El zorro se movió rápidamente hacia el mimo, su mirada era desafiante, comenzaba a moverse con más soltura, como si su entrenador le hubiese transmitido las ganas y la pasión por las batallas. Por otro lado, estaban George y su pintoresco amigo, quien no recibió en lo absoluto el golpe de Eevee. El pokémon del pelirrojo chocó contra lo que parecía ser una pared invisible y cayó rendido al suelo, se propuso ir tan rápido contra el mimo que el impacto con la inesperada barrera se vio aumentado con creces.

    Barrera —agregó Ryan mientras devolvía a su amigo a su cápsula bicolor—, muy típica de un pokémon mimo. Hacer que uno se imagine algo que en realidad no está.

    —Fascinante —comentó Jack totalmente maravillado—. Pero, ¿en qué momento la puso?

    —Debió haberla puesto cuando golpeó a Eevee con puño fuego hace un rato —aseguró el pelirrojo, se notaba que se conocían bastante—. Utilizó su mano libre y colocó unos cuántos. Había olvidado que podía hacer eso de vez en cuando.

    —Claro que sí —dijo George para molestarlo—. Siempre olvidando. Ahora, deja salir a tu pokémon más fuerte.

    —Muy bien. Tú lo pediste. ¡Lickitung!

    Una criatura gorda y de suave piel rosada apareció ante todos, tenía la barriga amarillenta, extremidades cortas y una pomposa cola doblada. Sus ojos eran pequeños. Inmediatamente después de poner sus patas sobre la tierra del volcán, dejó caer una larga lengua de su boca, levantó sus manos y se burló de George. Éste sólo rió.

    A Jack le causó gran interés y admiración ver semejante amistad entre ambos entrenadores, se preguntó si algún día llegarían a ser así junto a Elliot. Aunque le surgió una duda, una de esas que uno no espera ni ve venir, de esas que sólo llegan, pero una vez están ahí, no se van en un largo tiempo y no hacen más que rondar por tu cabeza. Si llegaban a participar en la Liga y lograban establecerse en la final, ¿seguirían siendo amigos luego de que uno triunfara por sobre el otro? El chico lo pensó por unos segundos, mientras George y Ryan charlaban, pero un ruido subterráneo, seguido por un brusco movimiento, lo apartaron de sus pensamientos.

    —¿Qué fue eso? —preguntó asustado.

    —El volcán —contestó el chico de los anteojos con suma calma, aunque por dentro estaba nervioso, no quería mostrarse con miedo ante Ryan. Por su parte el pelirrojo estaba igual—. Creo que esto hace la batalla más interesante.

    —Estoy de acuerdo —ambos querían salir de ahí y ponerse a salvo en caso de que sucediese algo más peligroso, pero el sueño de luchar en diferentes lugares memorables era más fuerte que el miedo y gracias a ello lograron contenerse.

    —Mr. Mime, descansa —George devolvió al mimo a su pokéball—. Este pokémon también quiere divertirse —dijo al mismo tiempo que sacó un nueva cápsula bicolor—. ¡Golduck!

    De la pokéball salió una criatura humanoide con boca de pato, su piel era azul y de su cabeza salían unas puntas, sus dedos tenía membranas, su anatomía estaba hecha especialmente para el nado. En su frente poseía un cristal rojo.

    —Ahora es cuando las cosas se ponen interesantes —aseguró Ryan con una sonrisa en su rostro.

    —¡Acua jet!

    El hombre-pato expulsó una gran cantidad de agua de su boca que no demoró en rodearlo completamente. Una vez envuelto en aquel líquido vital, Golduck se lanzó velozmente hacia su obeso oponente, impactando en el estómago de éste.

    —¡Lickitung, usa lengüetazo!

    El pokémon de Ryan estiró su enorme lengua, demostrando que aún quedaban varios metros por ver, y golpeó con un increíble control el rostro del nadador tan sólo usando la punta. Una manera de emplear el movimiento que difiere bastante de lo tradicional, normalmente un pokémon hubiese pasado la lengua por la cara del oponente, dándole un verdadero lengüetazo, pero Lickitung la había usado para golpear. Sin duda era un arma natural sumamente peligrosa para quien se le enfrentase.

    —Una manera distinta de usar lengüetazo —comentó Jack, había sufrido de ese ataque por parte de los fantasmas de Henry.

    —A veces hay que defenderse usando tu imaginación —indicó Ryan.

    —O usarla para entrenar —agregó el de lentes para terminar luego con la conversación—. ¡Sigamos! ¡No te distraigas, que te puedo vencer! —su amigo lo cuestionó con la mirada— ¡Golduck, cabezazo zen!

    El nadador, que, a criterio de Jack, sería un perfecto compañero para Peter, cerró sus ojos y se mantuvo quieto, demoró un segundo para abrir los ojos y abalanzarse contra Lickitung por segunda vez. Sin embargo, el obeso había aprovechado aquel tiempo adicional que George había regalado con esa orden y lanzó un potente rayo con tonalidades amarillas y anaranjadas que se mezclaban sin saber dónde empezaba una y terminaba la otra.

    —¡Ese segundo te costará la batalla! —vaticinó el pelirrojo, ya tenía la victoria en sus manos.

    —¡Evádelo!

    Golduck saltó, mostrando gran destreza fuera del agua, esquivó el ataque, el cual casi da con George, puesto que pasó a casi un metro de él, y cayó con su cabeza sobre la frente de su oponente, dejándolo tumbado a los pies del volcán, sin lograr levantarse.

    —Lickitung, regresa —el gordo volvió a la cápsula de la que salió—. Lo tenía planeado desde el principio —aseguró sonriendo.

    —Llevábamos mucho tiempo sin pelear, te conozco lo suficiente como para saber que te pondrías ansioso y olvidarías algunas cosas —contestó el de cabello oscuro.

    —¡Esa fue una batalla increíble! —gritó Jack— Espero que mi batalla contra Elliot en la final de la Liga sea así de espectacular.

    —Primero debes vencer al líder de gimnasio de Canela —le recordó Ryan—. ¿Qué tal si…? —se vio interrumpido por un fuerte y largo movimiento subterráneo que los alarmó.

    —Vamos al Centro Pokémon, allá seguimos con la conversación —propuso George y nadie se negó, tenían la sospecha de que el volcán pudiera hacer erupción, después de todo estaba activo.

     
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  3. Threadmarks: Capítulo 34 - Acertijos en el fuego
     
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    Capítulo 34 - Acertijos en el fuego



    El sol alumbraba sobre la volcánica isla haciendo del día uno particularmente caluroso, ni el viento era capaz de apaciguar aquella inusual alta temperatura, probablemente un breve adelanto sobre la siguiente batalla que se llevaría a cabo en la lejana urbe.

    Jack, Ryan y George estaban parados frente al gimnasio de la isla, tenía el mismo diseño que todos los recintos anteriores, con la típica excepción de la estructura metálica sobre la entrada, ésta era anaranjada. Sin embargo, el desagradable calor que azotaba el lugar acentuaba la sensación de falta de vitalidad. Además, que la estructura estuviese a los pies de aquel volcán, hacía que todo se viese totalmente árido, ni siquiera la presencia del pequeño bosque cercano apaciguaba la carencia de vida.

    Entraron a aquel edificio, Jack llevaba puesta la sudadera amarrada a la cintura. La temperatura aumentó dentro del gimnasio, el aire estaba demasiado sofocante. Había un sujeto de traje marrón en la entrada, era obeso y estaba sentado en una silla, su sudor era notorio en la frente.

    —¿Es uno de ustedes Jack Evans? —preguntó con poco aliento.

    —Yo soy —contestó el chico. El sujeto bebió agua.

    —Puedes avanzar, los otros dos pueden observar desde aquí.

    Jack caminó más allá de las estatuas de la entrada y unas antorchas se encendieron, estaban puestas en las paredes, éstas eran blancas, anaranjadas por la luz del fuego, aunque manchadas de negro por las candentes batallas llevadas a cabo en aquel sitio. El piso estaba cubierto por baldosas rotas de un color semejante al de la tierra.

    Del otro lado de la habitación se hallaba un sujeto de bata blanca, como la de los científicos, usaba lentes y pantalones beige oscuro.

    —Soy Dante y antes de llegar al líder, debes enfrentarte a dos entrenadores, yo soy uno de ellos —indicó acomodándose los anteojos—. ¡Ponyta!

    Un pequeño equino de pelaje amarillento apareció ante Jack, tenía una mirada dócil, dueño de un cautivador, pero peligroso crin de fuego, al igual que su cola. Relinchó de una manera que Ryan consideró adorable desde su distancia.

    —¡Seadra! —la acuática criatura salió de la pokéball y se posicionó ante su cuadrúpedo oponente.

    —¡Giro fuego!

    Ponyta lanzó de su hocico un espiral de fuego que se dirigió peligrosamente al pokémon de Jack, no obstante, bastó con una orden del chico para que de la trompa de Seadra saliera un poderoso chorro de agua que eliminó fácilmente la ígnea ofensiva del equino. Hidrobomba terminó dando en todo el rostro de la criatura de fuego, dejándola tirada en el suelo para no volver a levantarse.

    Dante se retiró y dio paso al siguiente entrenador que apareció de la oscuridad del fondo, por alguna razón aquel lugar se mantuvo así, aunque Jack creía saber quién estaba ahí. El nuevo contrincante tenía unos pantalones azules y una camisa blanca, también usaba lentes y esbozó una sonrisa maliciosa.

    —Soy Zack y no seré tan fácil como Dante —aseguró—. ¡Growlithe! —un can anaranjado con rayas negras se manifestó ante Seadra. A diferencia de los Growlithe de los policías que Jack había visto en el altercado en Azulona, éste se veía más desaliñado— ¡Rueda fuego!

    El perro lanzó una llamarada de su hocico que tomó la forma de una rueda, la que comenzó a rodar amenazantemente hacia Seadra. Pero sucedió exactamente lo de la vez anterior, hidrobomba fue suficiente para suprimir el ataque y tumbar a Growlithe. Zack se retiró en silencio.

    —Puede ser tan alto como un pino y pesar menos que un comino, o del tamaño de una nuez más nadie podrá con él —dijo una voz grave proveniente de aquel lugar sin iluminación.

    —¿Qué es lo que dices? ¿De qué hablas? —preguntó Jack sin entender lo que le habían dicho.

    —Es un acertijo —indicó la voz—. No pareces ser la persona astuta que describieron los demás líderes. Y, para serte sincero, no te ves muy astuto.

    —Lo dice una persona que ni siquiera se muestra —respondió Jack, sabía que eso era para provocarlo un poco, en esta ocasión no caería con facilidad.

    Las antorchas del final de la habitación se prendieron y dejaron ver a un anciano apoyado en un bastón ligeramente curvado en la parte donde apoyaba la mano, haciendo alusión a un signo de interrogación. Sus pantalones eran marrones, vestía una camisa roja como un rubí y sobre ella un pulcro chaleco blanco sin mangas. Llevaba anteojos negros como los que usaba Henry y sobre su calva descansaba un sombrero blanco con una franja roja a su alrededor. Su poblado bigote canoso tapaba la parte superior de su boca.

    Aquel sujeto se hallaba acompañado de un enorme can muy similar a Growlithe, su pelaje poseía los mismos colores, sólo que en mayor abundancia y más alborotado. Su hocico era más feroz, al igual que su mirada.

    Detrás del anciano y su pokémon estaba la representación de la medalla, en un tamaño más grande, era la iconografía de una llama de fuego. Al lado izquierdo, desde el punto de vista del chico, había una puerta, del otro lado, una fotografía colgada en la muralla se llevaba la atención. El muchacho no lograba verlo, pero en ella aparecía el anciano frente a él, con menos edad, junto a un amigo.

    —Mi nombre es Blaine —anunció sin moverse— y soy el líder del Gimnasio de Isla Canela. Y por cierto, la respuesta era fuego.

    —Soy Jack Evans y he venido a desafiarte —dijo con confianza y algo de molestia por el calor.

    —No me había percatado de eso —dijo con evidente sarcasmo y dejó escapar una sonrisa bajo su abundante bigote. A Jack no le molestó eso, incluso también sonrió, pero sí le causó curiosidad saber por qué el anciano líder usaba un chaleco en medio de tanto calor—. Muy bien, comencemos de una vez, este es mi último enfrentamiento del día y quiero descansar. Arcanine.

    El gigantesco can avanzó hacia el campo de batalla con paso amenazante, proponiéndose atacar cuando su amo lo pidiese.

    —Seadra, ven aquí, lucharás después —la criatura obedeció y se puso al costado de su entrenador—. ¡Dratini! —el dragón apareció enroscándose ante el perro, pero no pudo evitar verse intimidado por aquella imponencia.

    —Comencemos —indicó el anciano con amabilidad—. Arcanine, usa envite ígneo.

    De la boca del can salió una poderosa flama que lo envolvió en su totalidad, luego comenzó a correr hacia el dragón para embestirlo con todo su cuerpo. Dratini llegó a parar a los pies de su entrenador. El cuadrúpedo volvió a su posición original. El dragón se enderezó con dolor.

    —¡Ciclón! —ordenó, no sin antes lanzar una mirada de preocupación por el estado de su compañero.

    Un fuerte viento se inició dentro del recinto, no fue molesto puesto que el aire era tan sofocante que la arrasadora brisa llegó para apaciguar el calor. Sin embargo, el golpe dio con Arcanine, quien logró soportar de pie aquella ofensiva.

    Algunas llamas aparecieron por el cuerpo de Dratini, causándole daño y algunas quemaduras, envite ígneo lo había quemado. Jack y Blaine esperaron unos segundos, pero la habilidad mudar del dragón no se manifestó.

    —¡Furia dragón!

    De su boca, Dratini lanzó una bola de fuego rodeada por electricidad. No obstante, Blaine y su comando fueron más rápidos. Arcanine logró en un abrir y cerrar de ojos, evadir el ataque y golpear a su oponente tan sólo usando el impulso de su velocidad. La mitológica criatura cayó rendida.

    —¿Qué demonios fue eso? —preguntó Jack, pensó que sus ojos lo habían engañado y que era sólo una ilusión provocada por el insoportable calor de la habitación. Blaine no había dicho el nombre del movimiento. Demoró en guardar a Dratini.

    —No te lo diré tan fácilmente —contestó el anciano—. Un entrenador no debe decir todas sus estrategias, eso podría ser su ruina. Pero te diré esto, no es algo material, pero su resultado si lo es.

    Jack estaba tratando con un entrenador con vasta experiencia en batallas, con tan sólo ver la brecha etaria se hacía notoria la gran desventaja del muchacho. Además, este líder lo estaba ayudando con una pista disfrazada de acertijo. El chico tenía la respuesta ante sus narices, pero no lograba verla con claridad.

    —No soy muy bueno en acertijos —anunció con pesar—. Sólo me queda seguir luchando. ¡Seadra! —el caballo de mar avanzó ante Arcanine.

    —Es fácil, debiste haberlo deducido cuando lo viste.

    El joven entrenador calló por un rato.

    <<Con ese movimiento, no sólo golpeó a Dratini, sino que también esquivó el ataque —pensó Jack—. Es demasiado rápido, su velocidad es…extrema.>>

    —¡Velocidad extrema! —gritó Jack— ¡Usaste velocidad extrema!

    —Así es, Jack. ¡Arcanine, úsala para rodear a Seadra!

    El can corrió velozmente y en cuestión de segundos se volvió difícil saber dónde estaba exactamente. Jack sólo veía cómo una mancha anaranjada formaba un círculo alrededor de su pokémon y le lanzaba viento de vez en cuando.

    —¿Cómo se golpea a algo que lo evade todo? —preguntó Jack, pero no esperó una respuesta por parte del líder, quien lo miró con interés— ¿Será posible alcanzarlo con un golpe que no falla? —Blaine lo miró con detención, sin mover ni un sólo músculo— ¡Hidrobomba!

    De la trompa de Seadra salió un poderoso chorro de agua, al igual que las veces anteriores, que dio fácilmente con Arcanine, haciendo que éste perdiese el equilibrio y se arrastrara por el suelo e impactara la muralla del lado izquierdo de Jack. El golpe contra la pared lo noqueó, la velocidad era inmensa.

    —Arcanine, regresa —el can regresó a su cápsula bicolor—. Imagino que su habilidad es francotirador.

    —Sí.

    —Tendré eso en cuenta. Sigamos. Este es más rápido —anunció sacando una nueva pokéball—, aunque no debes preocuparte, sus movimientos no están basados en eso. ¡Rapidash!

    Un caballo tan alto como Blaine apareció frente a Seadra y su entrenador, al igual que su pre evolución Ponyta, éste tenía un suave y claro pelaje amarillento y su crin también era de flamas. Poseía un cuerno en su frente, emulando a un indomable y mítico unicornio. Sus ojos eran rojos y pequeños.

    —Los líderes anteriores también mencionaron sobre tus sorpresivas estrategias, ¿seré espectador de alguna de ellas?

    —Puede ser —respondió algo evasivo, pero sonriendo, pues no estaba seguro si tendría oportunidad de usarla—. ¡Burbuja! —Seadra lanzó varias burbujas, a tal punto que la habitación quedó inundada de ellas, era un espectáculo digno de un concurso, Lyra hubiese sentido envidia.

    —Interesante —calificó el líder—. Bloqueas la visibilidad, pero de paso bloqueas la tuya —Jack no se percató de eso—. Grave error, cuando haces una estrategia, no sólo debes ver cómo afecta a tu oponente, sino que también debes considerar las eventuales consecuencias que puede sufrir tu equipo.

    El líder no estaba muy seguro de hacia dónde mirar, puesto que las burbujas tapan realmente todo, sólo supuso que Jack estaba frente suyo. Ninguno de los entrenadores ni pokémon podía ver dónde estaba su oponente.

    Una burbuja reventó hacia la derecha del anciano y éste no demoró en empezar la ofensiva.

    —¡Voltio cruel!

    Rapidash generó electricidad de su pelaje y lanzó agresivamente un rayo hacia el lugar donde la pompa de agua había explotado, acabando con varias burbujas en el camino. Sin embargo, el ataque golpeó a una de las antorchas del lugar, apagando su flama. El movimiento generó una pequeña brisa que hizo que varias burbujas se acercaran al equino, reventándose cerca de él y haciéndole daño.

    Las pompas se dispersaron un poco, el lugar estaba tan caluroso que el aire dentro de ellas se expandía y las hacía explotar. Blaine logró ver los pies de Jack, pero Seadra ya no estaba ahí. Otra burbuja explotó, esta vez a la izquierda del líder.

    —¡Vuelve a usar voltio cruel!

    —¡Ciclón!

    La criatura de fuego alcanzó a generar más de esa peligrosa electricidad y se dispuso a lanzarlo, no obstante, Seadra inició un fuerte viento, como el de su compañero caído, y acercó todas las burbujas hacia Rapidash, haciendo que este recibiera el impacto de todas las pompas antes de que alcanzase a liberar el rayo. El equino terminó por electrocutarse a sí mismo. Cayó derrotado.

    —Creo que es momento de algunas explicaciones —Blaine regresó a su pokémon a su pokéball.

    —Dijiste que no había que revelar todo —contestó Jack sonriendo.

    —Pero ahora no importa, esa estrategia no funcionará con mi siguiente pokémon —aseguró con tranquilidad—. Te daré una pista para que pienses mientras me explicas tu estrategia. Su elemento no es la roca, pero de ella nació.

    —Bueno —suspiró, pues no se le ocurrió nada—. El propósito de las burbujas era confundirte acerca de la posición de Seadra, él reventó la segunda burbuja con un hidrobomba pequeño, la primera explotó sola, supongo que fue el calor. De hecho, tu ataque eléctrico casi le dio a Seadra —hizo una pausa, el anciano líder lo escuchaba atentamente—. Después el plan era lanzarle las burbujas usando ciclón, y aproveché de usarlo cuando quisiste usar nuevamente voltio cruel, para que se electrocutase.

    —Fascinante —sentenció Blaine—. ¿Ya adivinaste el pokémon? —Jack movió la cabeza en negación— Su temperatura corporal es tan grande que tuve que poner un poderoso aislante a su superball para no quemarme.

    Lanzó la cápsula y una criatura con aspecto ligeramente humanoide apareció ante todos, aunque su boca era como la de un ave. Tenía dos llamas en su cabeza y una en su cola, sus brazos poseían algo similar a los flecos. Su piel iba entre los colores amarillo y anaranjado oscuro, por su espalda recorrían puntas. Su cuello y tobillos tenían algo que parecían ser grilletes, pero sin la cadena ni la bola. La mirada que lanzaba de sus ojos era calma más su apariencia no dejaba de ser inquietante.

    —La respuesta era Magmar —apuntó el líder—. Nacen de la lava, que es roca fundida, pero es de tipo fuego, eso explica el acertijo.

    —Con agua será suficiente —dijo Jack confiado. Blaine sonrió y esperó—. ¡Hidrobomba!

    Seadra lanzó nuevamente un potente chorro de agua, ya no recordaba cuántas veces lo había hecho. El ataque no llegó a Magmar, el agua se evaporó centímetros antes de alcanzarlo, creando una pequeña niebla. Jack quedó mudo.

    —Su temperatura es de mil doscientos grados Celsius —informó el líder—. Puño trueno —el pokémon de fuego corrió hacia Seadra al mismo tiempo que envolvía su puño con electricidad. Al llegar a él, le propinó un fuerte golpe en el rostro. El muchacho no logró reaccionar y el caballo de mar se debilitó.

    —Regresa —la caída criatura volvió a su cápsula bicolor—. Nidoking —el venenoso pokémon de Jack apareció ante Magmar, éste último era levemente más pequeño, sería una batalla muy reñida—. Con él no podrás usar ese ataque.

    Rayo confuso —Magmar lanzó un haz de luz amarilla de sus ojos que impactó suavemente a la criatura del cuerno. Éste comenzó a moverse muy extraño.

    —Maldición —dijo Jack apretando los dientes, Nidoking era la única opción para ganar la medalla. Además, el calor del ambiente había aumentado considerablemente—. ¿Por qué hace tanto calor? ¿Acaso la temperatura de Magmar puede hacer eso?

    —Un poco, pero también está usando sofoco, lo usa cada vez que sale a luchar, sirve para confundir más al oponente, más el daño que proporciona —alardeó el viejo.

    Jack estaba en serios aprietos, la gran ofensiva de Magmar era confundir al oponente, sin contar con que su pokémon estaba confundido, sólo le quedaba poner toda su fe en que su compañero podría tomar total control de su cuerpo y acciones en algún momento de la batalla. Todo estaba a favor del anciano, después de todo era entrenador desde hace mucho tiempo, antes de que los padres de Jack naciesen.

    —¡Usa puya nociva! —gritó con desesperación.

    El pokémon logró entender el mensaje, pero al acercarse no pudo dar con Magmar, quien no tuvo problemas para evadirlo.

    —Tómalo de un brazo y arrójalo contra la pared, para terminar de noquearlo —Blaine tenía la batalla bajo control.

    Magmar aprovechó la fuerza de Nidoking y lo lanzó del brazo contra la pared. No obstante, ante un último grito de Jack, su pokémon chocó en la muralla con sus patas, tomó impulso de vuelta para comenzar a girar en el aire y emuló a un taladro. Guiado por su cuerno, golpeó a Magmar en su pecho, botándolo al suelo.

    —¡Sí! —celebró Jack.

    —No tan rápido, muchacho. Observa.

    Unas llamas envolvieron a Nidoking y le causaron varias quemaduras. Magmar se levantó ante su oponente, pero un fuerte dolor se agudizó en el lugar del impacto. Para sorpresa de Blaine, al volcánico ser se le agotaba el aliento.

    —¿Querías que viera eso? —preguntó el chico, aunque no con tono burlesco, puesto que su pokémon también había recibido daño.

    —Cometiste un enorme riesgo, eres afortunado de que Nidoking pudiese seguir tus órdenes por un instante —dijo Blaine— Sin embargo, ambos pokémon están peligrosamente cerca. ¡Quémalo con tu cuerpo!

    Magmar lo abrazó y ocupó su alta temperatura para dañarlo. El dolor era tan fuerte que provocó que Nidoking gritara a más no poder.

    —¡Maldición! ¡Le está haciendo mucho daño!

    Jack se preocupó, no le agradó para nada ver sufrir a su pokémon de esa manera. No paraba de sudar, no era el calor, era la situación que estaba viviendo. Intentó calmarse para pensar mejor, pero los gritos de Nidoking no lo dejaban, tenía una piel dura y justamente por eso aún no se desmayaba. El chico vio que su compañero tenía los brazos libres, Magmar lo tenía sujeto por debajo de éstos. Tuvo una idea.

    —¡Usa golpe roca sobre su cabeza con tus dos puños!

    Esta vez Nidoking escuchó claramente la orden, el dolor lo había sacado de la confusión. Le asestó dos golpes en su cabeza, por diferentes lados. Magmar cayó de a poco y el pokémon de Jack retrocedió para no seguir en contacto con su oponente.

    —Ganamos —sonrió y corrió a abrazar a Nidoking, tenía lágrimas en sus ojos—. Lo siento, demoré mucho en pensar. El pokémon lo hizo a un lado y comenzó a moverse extraño ante él—. Es verdad. El baile de la victoria —Jack le siguió los pasos y los presentes sonrieron ante tal ridícula danza triunfadora.

    —Sin duda una maravillosa manifestación de alegría, Jack —dijo Blaine al mismo tiempo que Magmar regresaba a su cápsula especial—. Aquí está la medalla volcán —el chico recibió una insignia con la forma de una flama, era anaranjada. La puso bajo la medalla pantano, en la correa de su bolso—. Ahora iré a descansar, fue una batalla impresionante. Que tengan un buen día.

    Se despidió del líder y junto a Ryan y George abandonó el lugar.

    —¿A dónde irás luego de curar a tus pokémon, Jack? —preguntó el pelirrojo.

    —Acostumbro visitar lugares para aprender más. El Laboratorio de Canela me servirá.

     
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  4. Threadmarks: Capítulo 35 - Secuestro y robo
     
    Thranduil

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    Holi mis niñes, les vengo con nuevo capítulo. Besos.

    Capítulo 35 - Secuestro y robo



    Era un edificio bastante pulcro y moderno, con murallas blancas y pilares que lo adornaban, su base era tan celeste como el cielo matutino. Parte del techo era rojo, aunque esto último no podían verlo Jack y sus acompañantes. El joven entrenador había decido ir el mismo día que enfrentó a Blaine, luego de curar a sus pokémon se apresuró para visitar el Laboratorio de Investigación de Canela. Quería llegar lo antes posible a Verde para retar al último líder, pero no deseaba perderse los conocimientos que aquel sitio le podía entregar, de lo contrario, Elliot lo regañaría por haberlo hecho, si es que llegaba a enterarse.

    Por dentro el recinto tenía una primera sala de recepción, con asientos y vitrinas que mostraban algunos hechos científicos relevantes llevados a cabo por los investigadores del lugar. Muchas piedras extrañas y varios fósiles, no obstante, el lugar no era tan grande como el Museo de Plateada.

    —¿Qué puede haber aquí que te interese aprender, Jack? —preguntó Ryan.

    —Ya te lo había dicho, nunca se sabe a qué pokémon podría enfrentarme —contestó—. Tal vez algún día me enfrente a uno extinto —recordó las palabras de Peter.

    El recorrido comenzó, era el último de la jornada. Entraron por un pasillo a la derecha, mientras la guía informaba sobre el origen del Laboratorio. Hasta el momento, todo parecía aburrido y poco interesante, Ryan y George sólo deseaban irse a descansar. Jack se detuvo a amarrarse las agujetas de su zapatilla izquierda, quedando al final del grupo. Para cuando se levantó, lo habían adelantado bastante, pero eso no le preocupó. Había parado justo delante de una puerta entrecerrada de la que salía una atractiva luz blanca y brillante. Como cualquier otra persona oriunda de Paleta, decidió abrir y entrar, su característica curiosidad fue más fuerte.

    Una extraña máquina llena de botones era la emisora de aquella cegadora luz, el resto de la habitación estaba a oscuras. En su centro, una especie de cristal anaranjado se trizó dejando ver una minúscula masa en su interior que comenzó a crecer lentamente, estaba protegida por un vidrio y levitaba en su interior.

    —Fascinante, ¿no? —preguntó una voz femenina. Jack observó a una esbelta mujer de pantalones negros y chaqueta de cuero marrón acercarse al aparato, aunque guardó algo de distancia. No logró ver su rostro, los anteojos que llevaba reflejaban la luz— La tecnología y la ciencia han avanzado tanto que hoy podemos traer de vuelta a un pokémon que murió hace mucho.

    —¿Estás reviviendo a un pokémon extinto? —preguntó Jack con incredulidad.

    —Así es —afirmó con una actuada amabilidad que el chico creyó—. Aunque técnicamente es un clon de un ser que falleció. Sólo está permitido con pokémon prehistóricos —hizo un breve pausa—. Sin embargo, una vez intentaron hacerlo con uno vivo.

    —¿Y qué pasó? —la masa seguía creciendo en el interior del cristal— ¿Qué pokémon fue?

    —Fue un pokémon del que se dice posee el ADN de todos los pokémon existentes —dijo sin rodeos—. Pero resultó mal. Cambiaron genéticamente a ese clon para hacerlo más fuerte, fue un ambicioso proyecto con fines egoístas. Pudieron controlar a aquel ser tan sólo por un tiempo, hasta que un joven lo liberó de su dolor.

    La masa ya tenía una forma definida, poseía alas grises y opacas, una feroz mandíbula y una cola de flecha. Pero a Jack le surgió una duda.

    —¿Quién eres y por qué me dices esto?

    —Porque necesito tu masterball —dijo suavemente.

    El muchacho quedó helado, no sabía que alguien más, a parte de su familia y amigos cercanos, estaba al tanto de ese secreto. Esa cápsula había sido un regalo de cumpleaños y era parte de un momento muy importante en su vida, no se la daría a cualquiera.

    —¡¿Quién eres y cómo lo sabes?! ¡Responde! —demandó saber, su voz se tornó preocupada, estaba alterado, no veía nada bueno en aquello.

    —Necesito capturar ese pokémon que crearon.

    La pared del fondo explotó, los pedazos saltaron lejos, rompiendo el cristal que protegía al recién resucitado pokémon. Éste era enorme y amenazante, la membrana de sus alas era púrpura y su mirada era agresiva. El peligro estaba ante Jack, no obstante, el chico estaba semi consciente, no entendía muy bien lo que ocurría, con la explosión se había golpeado en la cabeza.

    Detrás de la muralla apareció un hombre de casi dos metros de alto y mirada severa, vestía completamente de negro. Tenía barba.

    —¡Huye de aquí, Iván, espérame en el puerto! —ordenó Adriana mientras se subía al aerodactyl resucitado— ¡Me llevaré al chico a la Mansión Pokémon, no me arriesgaré a enfrentarme a esos dos que lo acompañan! ¡Vete!

    La extinta criatura tomó a Jack con sus patas, éste no se resistió, y el hombre escapó entre los árboles cercanos. La mujer salió del lugar montada en su nuevo pokémon y voló sobre la isla. Pasó por encima del pequeño bosque de robles y pinos para llegar a una aislada y descuidada mansión de murallas marrones. El muchacho logró verla cuando llegaban, estaba comenzando a recuperar la consciencia.

    Entraron, las ventanas eran altas y estaban rotas, Aerodactyl arrojó a Jack al suelo. Estaban en el último piso. El joven entrenador se puso de pie, adolorido por el golpe, limpiándose el polvo que se le pegó de la arruinada alfombra roja que cubría el piso.

    Jack estaba en aprietos, no sentía un peligro semejante desde hace mucho tiempo, de cuando tenía seis años y ese sujeto entró a su casa agrediendo a todos. La mujer estaba frente a él y nuevamente no podía ver su rostro, estaba en la oscuridad de la habitación. Por las ventanas el sol se ponía en el horizonte, más allá del puerto.

    Un sudor helado corría por su cuerpo, tiritaba asustado, estaba nervioso. La imagen de Doduo tirado en el suelo sin moverse y con los ojos cerrados se le vino a la mente. No podía escapar, Aerodactyl lo alcanzaría en segundos, debía enfrentarlo, pero no quería que uno de sus amigos terminase como aquella ave. No deseaba que la historia se repitiese.

    —No…no te daré nada —dijo tartamudeando.

    —No temas, si me das la masterball no te haré nada —sonrió maliciosamente, Jack no lo notó.

    Un fuerte ruido sucumbió el lugar, ambos miraron por la ventana y vieron salir humo del volcán, seguido por la lava que comenzó a descender, amenazando con destruir todo a su paso. Debían salir cuanto antes de ahí.

    Jack no tenía intención de darle la masterball, pero no veía más opción, no arriesgaría a sus pokémon. Volteó su bolso para sacarla, alcanzó a abrirlo, pero sus pokéballs se movieron, sus compañeros lo miraban fijamente, querían ayudarlo a enfrentarla. El chico se llenó de confianza, no estaba solo ante el peligro, no obstante, no podía mandar a Nidoking, Dratini o Seadra, habían luchado ese mismo día. Y Cubone no tendría mucha oportunidad, sólo lo estaba cuidando, no podía pedirle que luchar por él.

    —¡Ivysaur! ¡Golbat!

    El animal-planta y el murciélago aparecieron para defender a su entrenador, ellos habían aceptado viajar con él y pasar por cualquier aventura y enfrentamiento. La situación en la que estaban no sería una excepción.

    —Aerodactyl está a un nivel bajo, pero aun así es fuerte. Sin embargo, no es justo que luche solo contra dos —sacó una pokéball—. Omastar.

    Una criatura con caparazón enroscado, con puntas en éste, salió de la cápsula, de dicha protección natural salía un cuerpo celeste con tentáculos. Sus ojos eran amarillos y su boca era un pico que se abría en cuatro partes.

    —¡Aire afilado!

    —¡Avalancha!

    Golbat agitó sus alas y lanzó un viento tan filoso que pareció que Aerodactyl fue atacado por dagas invisibles, mientras que con un solo rugido de éste, el techo sucumbió y casi aplastó a Jack y sus pokémon. Avalancha normalmente ataca dejando caer rocas, pero esta vez lo que estaba encima de ellos era el techo del lugar. Un enorme agujero quedó sobre ellos.

    Omastar, por su parte, lanzó un gélido rayo celeste contra Ivysaur, dejándole una pata cubierta con hielo. El cuadrúpedo no se quedó atrás y lo golpeó en medio de su cara con una de sus lianas.

    —¡Drenadoras!

    —¡Colmillo rayo!

    Ivysaur lanzó una semilla marrón de su flor cerrada, Omastar no alcanzó a esquivarla, no era muy rápido en tierra. Unas lianas lo rodearon y comenzaron a quitarle energía. Mientras tanto, el murciélago era alcanzado por la boca llena de electricidad de Aerodactyl, Golbat no logró evadirlo, un refrescante viento soplaba a favor de su oponente, haciéndolo más rápido. La nocturna criatura cayó desplomada. Jack no demoró en guardarlo.

    Las pokéballs de sus demás compañeros se movían por las ansias de pelear de sus ocupantes, pero no sacaría a uno de sus otros pokémon, la enfermera le había restaurado las energías, pero aún debían recuperarse de sus heridas. Sólo contaba con Ivysaur.

    —Ivysaur —dijo Jack respirando fuerte—. Golpea tu pata contra el suelo hasta quebrar el hielo —su pokémon le hizo caso hasta que lo logró.

    —Dame luego esa masterball y podrás salvarte junto a tus pokémon. Ese Golbat no podrá llevarte, en cambio, yo tengo a Aerodactyl —indicó con calma—. Si alargamos esto, morirás con tus amigos.

    Nuevamente la imagen de Doduo vino a su mente, sus recuerdos eran más claros. Jack se perdió en ellos. Un hombre entró a su casa y mató al ave de dos cabezas, derrotó a sus padres en un abrir y cerrar de ojos y su hermano no estaba para ayudarlo. El sujeto lo tomó mientras lloraba asustado. Su hogar estaba cada vez más lejos, luego todo se volvió oscuridad y miedo.

    Una luz cálida se abrió paso en la penumbra de su tristeza, se sintió aliviado y apoyado, cuando volvió de sus recuerdos, Ivysaur ya no estaba ahí. En su lugar estaba un pokémon más grande que él, su flor estaba completamente abierta, tenía manchas pálidas y descansaba sobre un grueso y áspero tallo marrón, de la base de éste salían unas hojas que caían sobre el enorme y pesado cuerpo celeste. Aquel pokémon lo miró con confianza y Jack entendió el mensaje, debían seguir luchando.

    Venusaur —el chico sonrió—. ¡Venusaur, usa eco voz!

    Toda la habitación tembló, las ventanas que no se habían roto por el paso del tiempo se quebraron. Aerodactyl, Omastar y Adriana sintieron un agudo dolor en sus oídos.

    —¡Tierra viva!

    Un temblor aún más fuerte se sintió en la Mansión y, a pesar de estar en el último piso, unas manos de tierra salieron del suelo y atraparon a Jack y Venusaur, dejándolos inmóviles. La masterball saltó del bolso de Jack y llegó a los pies de Adriana, ella la tomó, con triunfo en su mirar.

    —¿Sabes? El pokémon que busco capturar fue creado aquí…por órdenes de un ambicioso hombre con sed de poder, un renombrado científico de la época lo hizo —comentó la mujer, seguía en la oscuridad, no quería que el chico viera su rostro—. Con el volcán, todos los vestigios de ese pokémon quedarán enterrados aquí y se destruirán, nadie sabrá nada sobre él. Sólo lo que hay en mi memoria y lo que te he contado, si es que sobrevives —se subió a Aerodactyl y guardó a Omastar—. ¡Gracias por el regalo, Jack! ¡Te prometo darle un buen uso! —rió y se marchó volando.

    Ahora Jack estaba atrapado junto a sus pokémon, no alcanzaba la pokéball de ninguno de ellos y esa mujer se había llevado la masterball, pero ahora sólo le interesaba salvar la vida de sus compañeros. Le ordenó a Venusaur que usara una de sus lianas para liberar a Nidoking, éste salió algo molesto por no haber luchado, pero no perdió tiempo regañando, con un solo puño destruyó ambas manos de tierra.

    —Gracias. Ahora regresen, debemos salir de aquí.

    Bajó al primer piso, le tomó algo de tiempo puesto que la construcción tenía un diseño algo confuso, después de todo, gente en ese lugar había jugado a ser Dios y debía ocultarlo de alguna manera.

    En Canela se habían forjado caminos hacia el mar en caso de erupción, para que la lava transitase por esos lugares y no llegara a las casas. Para mala suerte de Jack, la Mansión estaba en ese camino. El calor era desesperante, no alcanzaría a llegar al puerto para evacuar. Se oyó un galope. Blaine apareció ante él cabalgando su Rapidash, habían salido del bosque vecino a la casona.

    —¿Cómo supiste que estaba aquí? —preguntó Jack con evidente sorpresa.

    —¡Desde mi gimnasio vi que ese aerodactyl te llevaba! —explicó— ¡Sube, no hay tiempo! —se dispuso a montar sobre el lomo de Rapidash, pero se detuvo al ver el fuego en él— ¡No tengas miedo! ¡Si confía en ti, no te quemarás!

    Eso no era muy alentador para el muchacho, pero no tuvo más remedio que arriesgarse. El fuego de la crin no le hizo nada y Blaine ordenó al equino que comenzara el galope. Se adentraron en el bosque.

    —¡¿El puerto está muy lejos?!

    —¡No vamos al puerto! ¡Ya no hay tiempo! ¡Además, la lava se desbordó del camino y llegó a varias partes de la ciudad!

    —¡¿Entonces qué haremos?! —preguntó con preocupación.

    —¡Habrá un barco esperando al costado de la isla!

    —¡¿Saltaremos?! ¡No vamos a alcanzar! —la preocupación de Jack aumentó exponencialmente, no estaría tranquilo hasta estar a salvo en el barco junto a sus pokémon.

    —¡Afírmate! —gritó el anciano.

    Llegaron al límite de la isla y un barco los esperaba en el mar a una distancia prudente del pequeño risco, no quería chocar con las rocas de la orilla. Rapidash saltó con todas sus fuerzas, por unos segundos pareció que el equino voló por el aire y que el tiempo se detuvo. Lograron llegar al barco, estaba lleno de gente y pokémon salvajes evacuados. Más allá había más barcos y cruceros que ayudaron ante la emergencia.

    —¿Estás bien? —preguntó Blaine.

    —Sí, gracias por salvarme a mí y mis pokémon. Ahora quiero descansar.

    Se alejó un poco de la multitud, no tenía ganas de hablar con nadie, sólo quería pensar en lo ocurrido, fueron muchos acontecimientos en un día y una nueva preocupación se formaba en su mente.

     
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    Dark RS

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    Saludos.

    ¿Acaso es Jack vidente? Pudo adivinar el futuro inmediato.

    Oh, Doduo, como se te extraña. Aunque técnicamente no salió.

    Fue un capítulo intenso. Y ya el juego, digo la historia, está en la recta final.

    Y esa magia de distraerse en un trauma y volver para ver que el pokémon evolucionó. Muy listo, Jack.
     
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  6. Threadmarks: Capítulo 36 - La captura del monstruo
     
    Thranduil

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    Hola mis niñes, les vengo con nuevo capítulus.

    Dark RS: extrañé tus comentarios. No pensé lo de Jack viendo el futuro, supongo que salió de casualidad, de hecho no me percaté de la relación que encontraste. Si, queda poco para el enfrentamiento con Adriana y todo lo relacionado con ella. Gracias por seguir leyendo.


    Capítulo 36 - La captura del monstruo



    Todo estaba cubierto con neblina, era espesa y blanca, no era posible ver más de quince metros a la redonda, como un lúgubre manto natural que obliga a las personas a perderse en su caminar y pensamientos. El césped se encontraba húmedo por el rocío y el día estaba nublado. No corría viento por aquel lugar. Una postal deprimente de un paraje que nadie quisiera recordar, dominado por la palidez de un blanco muerto.

    Ahí estaba la cueva tan famosa al norte de Celeste por lo que supuestamente habitaba en ella, se hablaba de una criatura humanoide de dos metros y piel pálida, ahora su libertad corría peligro, alguien quería capturarlo y apropiarse de sus dones, con propósitos egoístas, similares a los que lo habían encarcelado hace algunos años. Siete personas rodeaban la entrada, atentas a cualquier movimiento extraño en los alrededores.

    —¿Cómo sabes que se trata del pokémon que está ahí dentro, Blaine? —preguntó un hombre rubio y alto, estaba acompañado por una criatura de electrizante pelaje amarillo, con irregulares rayas negras en su cuerpo, tenía una cola y algo que parecían ser antenas— Ni siquiera sabemos si esa cosa es real —dudó, aunque ya sabía la historia.

    —Sabemos por Misty que en las profundidades de la cueva hay algo que no permite la entrada a nadie —respondió el viejo—. Además, ¿se te ocurre otro lugar donde haya un pokémon extraño, Surge? —Magmar estaba a su lado, otorgándole el calor que el lugar no le entregaba.

    —¿Cómo convencieron al señor Fuji de terminar el experimento del doctor Jones? —preguntó un sujeto parado al lado de un cuerno plano, en la frente de una enorme serpiente de rocas grises que se alzaba entre la bruma— ¿Lo amenazaron?

    —Así es, Brock —contestó con pesar, Fuji era su amigo, por ende, conocía toda la historia, él había formado parte de la creación de tal ser—. Para enmendar su error ahora cuida de los pokémon huérfanos en Lavanda. No puede hacer mucho con la culpa, sabe que el pokémon es un arma y la dejó en las peores manos.

    —¿Por qué Jack tenía una masterball? —preguntó una dulce voz femenina, la mujer estaba junto a un vileplume que reposaba jugando con la hierba cercana.

    —No lo sé, Erika. No me lo dijo.

    El líder de Canela se estaba cansando de contestar tantas preguntas de sus pares, pero no quiso ser grosero, aunque era evidente que lo interrogarían, eran muchas dudas las que circulaban por sus mentes. Además, fue Blaine quien los llamó y convocó para proteger la cueva, nadie más que él tenía la información necesaria para saber qué afrontaban exactamente. Todo había sido muy repentino.

    —Janine, ¿revisaste los alrededores? —el anciano continuaba apoyado de su bastón de madera.

    —Sí, no hay nada extraño —contestó la ninja, quien era acompañada por su Venomoth.

    —Brock, Misty, ¿ven algo desde arriba? —preguntó Surge.

    Blaine era quien había tomado el mando del grupo de líderes, sus compañeros se lo habían concedido por su vasta trayectoria, pero el rubio notó cierto cansancio y preocupación en la voz de su par con más experiencia, sin contar que su lado militar le salía a flote de vez en cuando y no podía evitarlo.

    La pelirroja estaba en el aire sobre su starmie, a la misma altura que Brock.

    —No se ve nada —contestó la nadadora—. Nuevamente, ¿por qué no estamos todos? —inquirió algo molesta. No entendía por qué el líder de Ciudad Verde no estaba presente para luchar a su lado.

    —Él no pudo venir —dijo Blaine, realmente ya no quería más preguntas, pero el ambiente estaba tenso y no tenía intenciones de ocasionar una pelea interna—. Le pedí que investigara unos lugares, lo que hay ahí podría sernos de ayuda en caso de que fallásemos aquí —Misty se propuso preguntarle sobre esos lugares, pero fue interrumpida.

    —Prepárense —advirtió Sabrina, su alakazam estaba con ella y había detectado lo mismo que su entrenadora—. Están aquí, son cinco.

    Justamente ese fue el número de siluetas humanas que aparecieron entre la bruma, sólo cuatro se dejaron ver, la motociclista fue la primera en aparecer. Úrsula vestía su traje de cuero negro como de costumbre, con su larga cabella oscura al descubierto, seguida por Arbok. Iván apareció a su costado, con cara de pocos amigos, le lanzó una mirada a Surge, quien no se sintió para nada intimidado y le devolvió la mirada, sólo ansió patearle el trasero. Estaba escoltado por una llamativa criatura púrpura de rugosa piel, conformada por tres esferas, dos de ellas fusionadas que expresaban una triste sensación de angustia, pero expelían un asqueroso hedor que haría vomitar a cualquiera que no estuviese acostumbrado a ella.

    Esteban y Omar se dejaron ver por el otro lado, el primero se notaba algo ansioso por el gran paso que darían, estaba acompañado por un toro de tres colas y pelaje marrón que pateó su pata contra el suelo, en señal de amenaza. Por su parte, el hacker se encontraba nervioso y se dejó ver junto a una enorme mantis de color verde claro que portaba unas peligrosas guadañas naturales que amenazaban con cortar cualquier cosa que se le atravesase.

    La mujer al mando, Adriana, para procurar no mostrar su rostro, traía puesta una máscara blanca, no deseaba ser reconocida por ninguno de los líderes, pero sobre ella estaba Aerodactyl esperando la orden para atacar. Blaine tenía curiosidad sobre cómo logró controlar tan fácilmente a aquel pokémon, Jack le había dicho en el barco que la mujer lo revivió aquel mismo día, probablemente poseía algunos conocimientos sobre arqueología que la ayudaban a manejarse con dicha criatura.

    —¡Que maravillosa bienvenida! —indicó la mujer con una sonrisa que nadie vio— Estoy realmente contenta de que hayan decidido ser espectadores del comienzo de mi ascenso al poder —fanfarroneó, la aparición de los líderes le dificultaba las cosas y la alejaba de su deseo, pero no quería que se percatasen de su desventaja.

    —¡No te dejaremos capturarlo! —sentenció Blaine con fuerza.

    Ambos lados del enfrentamiento marcaron territorio dentro del campo de césped. Miradas desafiantes cruzaron el lugar amenazando a cualquiera que alcanzase. Los puños se tensaron, pero sus posiciones se mantuvieron firmes.

    —Así que ya saben sobre él. ¿Aquel muchacho te lo dijo? —preguntó haciendo alusión a Jack— Debí asegurarme de que no volviera a ver la luz del día.

    —¡Lo sabía desde antes! ¡Él no tiene nada que ver en esto! —indicó el anciano con fervor y enojo, no podía permitir que se llevaran a aquella criatura, desconocía lo que tramaban, pero sea lo que fuese que planeasen, no debía ser nada bueno— ¡Ahora prepárate para ser detenida! ¡Líderes de Kanto, ataquen!

    La batalla comenzó sin hacerse esperar, los líderes bajaron y se enfrentaron a aquellas personas. Surge le plantó cara a Iván, ambos eran hombres rudos sin miedo a nada, el primero un militar de excelencia y el otro un experto en explosivos. Era como ver dos montañas enfrentándose en una guerra de alturas.

    —¡Electabuzz! ¡Onda voltio!

    —¡Weezing, usa bomba lodo!

    La criatura de pelaje amarillo generó electricidad de su cuerpo, que erizó sus pelos, y la lanzó a su oponente en forma de onda, mientras que éste abrió sus dos bocas y escupió un lodo con tintes púrpuras. Ambos ataques dieron con sus objetivos, pero ninguno de los pokémon se intimidó.

    La pelea continuó y Electabuzz propinó un veloz golpe en el centro de las dos caras de Weezing, con previas órdenes de Surge. A simple vista, el eléctrico parecía llevar la ventaja, puesto que se veía más enérgico, no obstante, en cuestión de segundos, su respiración se agitó, mostrando una expresión más cansada, al mismo tiempo que su venenoso oponente recuperaba un poco de aliento.

    Divide dolor —murmuró Surge para sí mismo, no le costó adivinar la táctica de su enemigo. No por nada era un líder de gimnasio— ¡Juegas sucio y sin honor! —lo acusó, aunque no estaba disconforme con aquello. En una batalla de semejantes características era evidente que algo así podría suceder, y de esa macera se lo había enseñado a Jack en su encuentro en el gimnasio.

    Al costado de ambos hombres, Sabrina luchaba contra Úrsula sin dar su brazo a torcer, Alakazam tenía la ventaja de tipo sobre Arbok, pero la motociclista no tenía intenciones de ser humillada por la entrenadora del pokémon psíquico. Su orgullo estaba por sobre perder.

    —¡Deslumbrar! —la cobra miró a su contrincante a los ojos y lo dejó inmóvil, como si le anunciase sobre un impactante peligro a través de la mirada— ¡Triturar! —el rastrero ser se abalanzó con sus fauces abiertas directamente al cuello del psíquico, acomodándole una dolorosa mordida.

    —¡Psíquico! —comandó Sabrina con evidente preocupación en su tono de voz.

    Alakazam alzó sus cucharas y Arbok salió volando contra la motociclista, ambas cayeron al suelo, Úrsula siendo aplastada por su pokémon.

    En medio del improvisado campo de batalla, Blaine y Brock intentaban sacar del anonimato a la mujer detrás de dicha operación. El líder de Plateada atacaba al aerodactyl en los cielos para darle una oportunidad al anciano de avanzar con una ofensiva directa contra la mujer.

    —¡Día soleado! —Magmar lanzó de su boca una esfera brillante hacia el cielo, se perdió entre las nubes y éstas se abrieron para dar paso a los poderosos rayos del sol, las sombras comenzaron a moverse entre la bruma— ¡Sofoco! —el aire alrededor estaba frío, haciendo que el calor producto del movimiento fuese bien aceptado. Sin embargo, luego de unos segundos se tornó molesto, se volvió realmente sofocante, potenciado por el sol, afortunadamente sus compañeros de batalla estaban lejos como para sufrir las consecuencias.

    —No es justo dos contra una —aseguró Adriana—. ¡Hidrobomba!

    Un potente chorro de agua salió del costado de la mujer, quien retrocedió varios pasos, Blaine estaba peligrosamente cerca y podía emplear alguna artimaña para quitarle la máscara. Omastar estaba escondido junto a ella, pero se mostró para luchar contra Magmar, tenía la ventaja sobre aquel pokémon.

    —Tenías un as bajo la manga —regañó el anciano.

    —¿Molesto? —se burló Adriana.

    —No. Yo también tengo uno —aseveró sin problemas—. ¡Puño trueno!

    La criatura volcánica se lanzó contra su enemigo al mismo tiempo que envolvía su puño con electricidad. Al estar cerca del acuático, le acomodó el golpe en su caparazón, había alcanzado a esconderse.

    Del otro lado, Misty y Janine le hacían frente al hacker. Starmie y Venomoth, tenían acorralado a Omar y la enorme mantis verde. Ellas se mantenían en todo momento seguras de sí mismas, formaban un buen equipo de batalla, mientras que él era un manojo de nervios, no acostumbraba a luchar, su labor principal era la informática. Adriana le había alertado sobre eventuales batallas, pero nunca esperó una así, sus rivales eran líderes de gimnasio después de todo.

    <<Maldición —Omar observó a los demás—. Están luchando sin ningún problema —pensó.>>

    —Pareces nervioso —indicó la ninja, tenía la intención de preocupar más a su oponente, por otro lado, Misty estaba perdiendo la paciencia, pero permaneció callada ante el propósito de Janine—. ¿Por qué no te rindes y dejas a esta mujer? Si lo haces, te dejaremos ir y no te entregaremos a la policía.

    —¡Sí! —intervino Misty— Y si tus compañeros te delatan, declararemos a tu favor —la pelirroja le siguió el juego a su compañera—. ¿Qué dices?

    Omar se mostró nervioso, por un momento a las líderes les pareció que el hacker aceptaría su propuesta, una propuesta fingida e improvisada en el minuto, pues no tenía intenciones de cumplir nada de lo que había propuesto con tanta seguridad. Pero el entrenador de la mantis realmente lo pensó.

    —No puedo —susurró—. Scyther —respiró agitado—. Híper rayo.

    La mantis abrió la boca y expulsó un poderoso rayo con tonalidades amarillas y naranjas. Las líderes y sus pokémon lograron evadirlo con rapidez y contraatacaron. Starmie expulsó un fuerte chorro de agua de su pico superior y Venomoth batió las alas una velocidad difícil de captar para el ojo humano, pero ningún movimiento dio con el blanco. Durante la pequeña polvareda, un campo de protección verde se levantó sin que se dieran cuenta. El hacker había soltado a Pinsir para que los protegiese.

    —Debiste haber aceptado nuestra generosa oferta. Además, eso no durará mucho —sonrió Misty, pero su rostro no demoró el expresar algo diferente al ver que protección no se deshacía—. ¿Qué demonios sucede?

    —Pinsir, el radio que abarcas es muy pequeño. ¿Podrías agrandarlo un poco, por favor? —sin duda alguna, Omar era algo diferente de los demás enemigos, no se manifestaba como una persona con malas intenciones.

    Misty y Janine observaron sorprendidas al ver cómo la semi esfera verde y transparente que rodeaba a Omar y sus pokémon aumentaba su tamaño, y más aún cuando el movimiento seguía siendo ejecutado.

    Al lado izquierdo de ellas estaba Erika junto a su fiel vileplume, el kimono de la chica no era un impedimento para su destreza en batalla, mucho menos un estorbo. Esteban, desde el otro lado, ansiaba con creces poder derrotar a la líder y continuar adelante con el plan.

    —¡Tauros, usa avalancha!

    Algunas rocas se desprendieron de la entrada de la cueva y alrededores para volar sobre la líder de Azulona y la planta andante. Vileplume empujó a Erika y recibió el impacto de todas esas rocas, quedando medianamente sepultada, parte de su flor roja quedó al descubierto.

    —¡Vileplume! —gritó angustiada y la planta logró descubrirse un poco para darle señales a su entrenadora de que aun podía seguir luchando— ¡Rayo solar!

    —Eso demorará mucho —fanfarroneó Esteban burlándose, pero su rostro se horrorizó al ver que un encandilador rayo de luz blanca venía directo hacia él y su tauros. El impacto los arrojó varios metros, perdiéndose en la niebla.

    —Menos mal que Blaine usó día soleado —comentó Erika a su vileplume, a quien ayudaba a sacarse algunas rocas de encima.

    En los cielos, Brock seguía enfrentando a Aerodactyl, quien parecía saber perfectamente lo que debía hacer, no recibía ninguna orden de Adriana. La serpiente de roca mordió al prehistórico ser de un ala y lo arrojó al suelo, cerca de donde Úrsula y Arbok habían parado hace unos instantes gracias a Sabrina.

    —¡Onix, usa terremoto! —gritó el líder de Plateada y todos sus compañeros retrocedieron de sus enfrentamientos.

    Luego de un estruendoso rugido por parte de la serpiente de rocas, la tierra se movió bruscamente debajo de todos por igual, el suelo se resquebrajó en varias partes, dejando fisuras considerables entre los líderes y el enemigo. El sismo fue tan grande que muchas aves salieron volando de sus nidos en árboles y uno que otro pokémon salió de su madriguera a inspeccionar.

    Los líderes de gimnasio llevaban la ventaja en la batalla, Esteban y Úrsula habían sido derrotados, mientras que los otros tres estaban en aprietos. Sabrina se acercó a Blaine y éste se detuvo para dejarla hablar.

    —¡Ya no es necesario que sigas luchando ni escondiéndote! —sentenció la líder de Azafrán, con su fría mirada— ¡Estás siendo derrotada!

    Adriana no dijo nada, la estaban acorralando, más no deseaba admitir una derrota tan temprana, estaba tan cerca de su objetivo que no era capaz de largarse como si nada y que todo su esfuerzo se fuera por la borda. Le había costado contactar a la motociclista y convencer al hacker para que le ayudasen, hacerse con una masterball había sido problemático y su padre había muerto creando a esa criatura antes de verla viva, ella lo había perdido por culpa de aquel ser. Sentía que era suyo, que tenía derecho sobre él.

    —¡Ese pokémon me pertenece! —sentenció Adriana desde la niebla.

    Blaine se dispuso a hablar, pero un brusco movimiento de Sabrina lo alertó. La entrenadora del alakazam observó fijamente la entrada de la cueva por varios segundos, su pokémon también lo había detectado. Una fuerte presencia psíquica como nunca antes la había sentido, se aproximaba a salir y mostrarse ante el mundo.

    —Su poder es inmenso —anunció Sabrina con evidente asombro, estaba asustada y su respiración se agitó. Comenzó a sudar frío, Blaine vio el miedo en sus ojos—. Viene hacia acá.

    Adriana escuchó esas palabras. Aquel pokémon se presentaría en el momento más oportuno, la mujer sacó la masterball y la mantuvo en su mano, lo esperaría lista, estaba dispuesta a todo. No podía evitar sonreír, ya saboreaba la captura.

    La primera en caer fue Misty, quedó en el suelo dormida. Starmie y Janine fueron a su ayuda, pero esta última también se desplomó, los siguientes fueron Surge y Erika. Brock se cayó sobre su onix, quien alcanzó a evitar que cayese de su cabeza. Blaine no resistió y quedó tirado a los pies de Sabrina. La líder sintió cómo aquella presencia se metió en su cabeza a invadir sus pensamientos, se le resistió por varios segundos, pero su poder no fue competencia para él. Todo se volvió negro, lo último que vio fue la cara de su alakazam.
     
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  7.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Como que Jack es mejor prediciendo el futuro. Sabrina avisó instantes antes de que aparecieran. Y Janine tampoco hizo bien su trabajo ninja si se acercaron sin que los detectara.

    No había visto una lucha campal así desde que los líderes de Unova enfrentaron al team Plasma.

    Esos líderes pudieron elegir mejor a sus oponentes. Solo a Brock lo hubiera dejado contra aerodactyl.

    Y ahora llegó Mewtwo a salvar a los villanos y dejarse capturar por Adriana para darle drama a la trama. ¿O los vencerá también, la policía los arresta y devuelven la master ball a Jack?

    La respuesta a esta pregunta y muchas más se resolverán la próxima semana, por el mismo fic, pero a distinta hora.
     
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