Historia larga La Gran Catástrofe III Invasor Agresivo

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Reydelaperdicion, 1 Agosto 2018.

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    Resistance

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    Es obvio que la intensidad iba a bajar, pero ha sido un gran capítulo. Hemos visto tanto a Black Meteor (cuanto tiempo XD) como a Zenith lamerse sus heridas, que ahora mismo están por sanar. Me ha gustado ver lo que pensaba cada uno, ver que Xander está volviéndose pesimista, Casey acercándose a Paul, Natasha pensando en Ace... Frans bebiendo XD no creo que esa deba ser la actitud de un comandante pero bueno, es lo que hay.

    Estoy deseando conocer al nuevo comandante del Zenith y los cuatro compañeros que tendrán. También estoy deseoso de que los garak traigan a Michael ya recuperado y Alicia comparta el poder de la energía. Los pensamientos del resto de personajes han estado geniales de ver y lo que más me ha gustado es el final, con Devlin sacando su ira contra su hermano. Te dije que era una trama que me gustaría ver y parece que se va a cumplir, ¡PELEA DE HERMANOS! XD estoy seguro de que dará mucho juego a lo que queda de parte 3. Deseando ver lo que sigue, aunque deba esperar. Un saludo, amigo.
     
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    Reydelaperdicion

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    La Gran Catástrofe III Invasor Agresivo
    Clasificación:
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    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    31
     
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    Saludos. Pasada una semana desde la última actualización, llegó el momento de publicar el capítulo siguiente. Este capítulo tendrá una longitud muy similar a la del anterior, no llegando a las 5000 palabras como el resto de capítulos, y creo que es el último de los que quedan de esta parte con una longitud así. En este capítulo harán su aparición varios personajes nuevos para la historia. A ver cómo será su impacto desde ahora. Sin más que decir, los dejaré con el capítulo.


    Figura de autoridad:

    En pleno amanecer, una nave descendió desde el cielo hasta llegar al centro del complejo del cual despegaban las naves espaciales que Zenith utilizaba para las misiones. Una vez que la nave se detuvo por completo, la compuerta de bajada se abrió y cinco personas bajaron de allí. Al frente marchaba un hombre adulto de altura mediana y gran musculatura, llevaba una barba mediana de color negro igual que su cabello, el cual era corto y no había ni un solo mechón en su frente. Cuatro soldados iban detrás suyo, caminando en línea recta, haciendo notar que quien iba al frente era el comandante. Los cinco entraron al complejo, donde fueron recibidos por uno de los encargados del lugar.

    — Comandante Stones, sea bienvenido — dijo el hombre mostrando respeto ante la llegada de aquel hombre — Le daré la ubicación de la base en donde lo están esperando los soldados, junto con un resumen de lo sucedido en estos últimos días. Es fundamental que se pongan al corriente lo más rápido posible, dado a que Magnus iniciará los preparativos para que partan mañana por la noche.

    — Entendido — el comandante aceptó lo que le decía el encargado del complejo, y luego volteó para ver a sus soldados — Esperen en el vehículo, yo iré enseguida.

    De inmediato, los cuatro soldados, todos ellos varones, salieron del lugar para dirigirse al vehículo asignado para ser utilizado como medio de transporte. El encargado del complejo fue con el comandante hasta una sala privada, donde unos pocos trabajadores, siendo menos de diez, se encontraban trabajando. Una vez allí, le entregó una tableta con un reporte de la situación actual de Zenith, el cual el comandante miró con atención por unos momentos. Una vez que lo terminó de ver, se despidió de las personas que se encontraban allí y se marchó con la tableta en sus manos.

    Al salir del complejo, subió al vehículo donde los demás soldados lo estaban esperando, y luego se puso en marcha hacia la base donde los soldados que habían estado bajo las órdenes del comandante Richard lo estaban esperando.

    […]

    El equipo del Zenith recibió la noticia de que su nuevo comandante iba a llegar dentro de poco, por lo que decidieron esperarlo en la sala central de la base. Se aseguraron de pararse en línea recta para recibirlo, pero eso fue lo único que hicieron.

    Tras esperar durante diez minutos y creer que no iba a llegar, escucharon un vehículo en el exterior de la base, lo cual les indicaba que había llegado. Finalmente, vieron como un hombre adulto y cuatro soldados entraban y se acercaban al centro de la sala, justo en donde estaban ellos. El comandante se quedó al frente, mientras que los demás se pararon en línea recta y en posición firme, uno al lado del otro, además de que sacaban el pecho en alto y ponían las manos en la espalda. El comandante dio un vistazo a los cuatro soldados que estaban allí, y no pudo evitar enojarse al ver que estaban parados como si se encontraran con una persona normal.

    — ¡¿Qué demonios creen que hacen?! — el grito tan repentino del comandante alarmó un poco a los soldados — ¡Quiero una postura firme! ¡Son soldados, carajo!

    Luego de haber recibido ese grito, los cuatro soldados imitaron las posturas de los cuatro que se encontraban detrás de su nuevo comandante, quien de entrada dejó en claro ser un hombre bastante estricto. La expresión de enojo que tenía cambió a una de seriedad, pero no se movió de allí.

    — Así está bien — el comandante parecía conforme — Primero que nada, me presento. Soy el comandante Zion Stones. Tras la muerte del comandante Richard Sable, que en paz descanse, el líder Magnus Hotfire los ha asignado a todos ustedes a mi unidad. Antes que nada, voy a proceder a explicar una cosa que quiero que tengan presente en todo momento. Conocí al comandante Sable en persona, y sé que es un hombre que no le gustaban mucho las formalidades, y no le importaba que ustedes lo llamaran por su nombre propio. Ese es el motivo por el cual él fue asignado comandante de la misión de saqueo de recursos, y no yo. Querían a alguien amigable para dirigir esa misión, pero yo no me parezco en nada a él. Cuando estén en mi presencia, me llamarán comandante Stones. No aceptaré que me llamen comandante a secas, o Zion Stones, o comandante Zion o señor Stones. Cuando no esté me pueden llamar como se les dé la gana, pero cuando esté en frente me llamarán comandante Stones. Mi apellido no es difícil de pronunciar ni de recordar, por lo que no aceptaré que no lo hagan. ¿Se entendió?

    — ¡Sí, comandante Stones! — Thomas, Gwyn, Agustina y Ace respondieron al unísono.

    — Me gusta que entiendan rápido — el comandante se alegró de que todo quedara claro desde el principio.

    Aunque hubiera leído el informe, el comandante le iba a exigir a cada uno de los soldados que se presentara de forma individual, dado a que quería conocerlos bien en persona, y no leyendo un simple informe preparado para él. Lo primero que hizo fue pararse en frente de Thomas y mirarlo con un semblante serio, que no consiguió intimidar al soldado.

    — La educación es fundamental, así que quiero que me digas tu nombre — su mirada no era ni un cuarto de seria de lo que fue su voz.

    — Soy el soldado Thomas Delleo — respondió — Y estoy listo para unirme a su unidad, y obedecer sus órdenes. Es un gusto conocerlo, y es un placer que me hayan asignado a su unidad.

    — Un soldado de verdad, lame botas, pero soldado al fin — Zion se apartó del frente suyo y se acercó a Gwyn — Tu turno.

    — Soy la soldado Gwyn Fairin, y al igual que Thomas, estoy preparada para entrar en su equipo — Gwyn no dijo nada más, y pudo notar que la mirada de Zion se puso más seria.

    — Espero que demuestres ser un verdadero soldado en el futuro — el comandante Zion sonaba como si estuviera decepcionado — Porque lo que acabo de escuchar es una niña.

    Gwyn entristeció al escuchar esas palabras. Thomas no se sintió bien al ver que su novia fue ofendida, pero supo que si decía algo se meterían los dos en un serio problema. Agustina se puso nerviosa cuando Zion se le acercó, y aún más cuando notó que el comandante no estaba diciendo nada, y que la presentación dependía de ella.

    — Comandante Stones, mi nombre es Agustina Young, y estoy lista para pelear bajo sus órdenes, tal y como he luchado bajo las órdenes de nuestro anterior comandante — esperaba que esas palabras fueran suficiente para convencerlo.

    — Fairin, usted debería aprender de Young — Zion miró a Gwyn una vez más — Ella realmente habla como un verdadero soldado — finalmente, dirigió su mirada sobre Ace — Parece que eres el último.

    — Así es, comandante Stones, mi nombre es Ace Lakor — Zion le dio un vistazo cercano — He sido elegido por mis compañeros y por mi anterior comandante como líder del equipo, en el caso de que algo malo llegara a sucederle al comandante. Y si usted lo requiere, estoy preparado para ejercer dicha función. Solamente necesito su orden y su aprobación.

    — Líder del equipo, ¿eh? — Ace se confundió al escuchar esas palabras — Pues ya no más. Y conozco tu historia, Lakor. Sé de tu pasado en Black Meteor, y he oído que has asesinado al comandante Morris Grant. Conocí a ese hombre en persona en una reunión mucho antes de la Gran Catástrofe. Déjame decirte que me impresiona que hayas sido capaz de asesinarlo, pero no dejes que eso se te suba a la cabeza.

    Una vez que las palabras terminaron, el comandante Zion Stones se alejó de ellos y se puso en el medio. Los nuevos soldados de su unidad, junto con los viejos, estaban frente a frente, momento que aprovecharon para poder verse bien cara a cara.

    — Su presentación no estuvo mal, pero tampoco estuvo bien — el comandante Zion miró a sus cuatro soldados — Observen y aprendan.

    El primero de los chicos de la fila dio un paso al frente. Llevaba el cabello corto, de color castaño y ojos exactamente iguales. En estatura era el más bajo de los cuatro.

    — Mi nombre es Dustin Burntforest — explicaba a sus nuevos compañeros — Y tengo la mejor puntería en lo que a armas de fuego se refiere.

    Tras haber dicho esas palabras, retrocedió a su lugar original, momento que otro de los soldados, un chico rubio de ojos celestes y ligeramente más alto aprovechó para imitar su acción.

    — Me llamo Owen Jungle, y soy el soldado más rápido de todo el equipo.

    Una vez que su presentación terminó, Owen retrocedió para que su compañero que se encontraba al lado, también de cabello rubio y ojos azules, pasara al frente. Este soldado era más alto que cualquiera de todos los presentes en la sala.

    — Yo soy Bastien Beck, y soy el soldado con más fuerza física del equipo.

    Solamente quedaba uno, quien pasó al frente una vez que Bastien retrocedió. Dicho soldado tenía el pelo negro y algo largo, y era físicamente muy parecido al comandante. Su altura era la misma, pero él tenía menos músculos y no llevaba barba.

    — Mi nombre es Wagner Stones — su parecido y el apellido delataban que era hijo del comandante — Soy un soldado experto en estrategias de combate, además de cumplir mi rol como líder del equipo cuando se requiera. No está de más saber que he sido el soldado con el mejor promedio de la historia del Zenith, e hijo único del comandante Stones.

    Los soldados se sorprendieron al ver que el comandante que tenían a cargo tenía a su propio hijo como un soldado de su unidad. Ciertamente, les trajo recuerdos de cuando cumplieron su primera misión, dado a que la situación era similar a lo ocurrido con el comandante Morris Grant y Ace. La diferencia era que Wagner era muy parecido a su padre, y claramente no había posibilidades de que no fueran familia de forma directa.

    — ¿Han visto? Así es como un soldado se presenta — Zion parecía estarlos regañando — Deben dejar en claro cuál es su especialidad, y no decir que están dispuestos a obedecer mis órdenes. Ustedes son los soldados y yo el comandante, lo que quiere decir que mis órdenes van a ser obedecidas estén dispuestos o no.

    Los nuevos soldados no pudieron evitar bajar la cabeza muy apenados tras haber escuchado eso. El comandante Richard nunca les exigió algo parecido, y siempre se mostró como un hombre amable sin importar la situación, y que actuaba de forma severa cuando la situación lo ameritaba. La primera impresión que se llevaban de su comandante no era la mejor, pero deberían acostumbrarse a eso. Sin embargo, ahora contaban con nuevos compañeros, y ellos no se habían mostrado tan fríos como su comandante. Sin dudas, sería una nueva experiencia para todos.

    — Pasemos a lo importante — el comandante Zion se dirigió a los cuatro soldados de Richard — Según el informe que leí, Noble Alicia y Umcali Michael se han retirado con los líderes de una especie llamada “garak” hacia un planeta con un nombre similar. Pero recuerdo que leí que Umcali Devlin estaba aquí, en el Zenith. Más no lo estoy viendo por ningún lado. ¿En dónde se encuentra?

    — El día de ayer nos enfrentamos a un berrod llamado Orz — Ace decidió defender a su compañero — Además de asesinar al comandante Richard Sable, también asesinó a varios soldados del Zenith. Entre esos soldados estaba Erin Aster, novia de Devlin Umcali. Y no solo eso, sino que también asesinó a sus padres. Devlin ha sufrido mucho y nos pidió que le diéramos tiempo para estar solo, además de que tenía que ordenar las cosas de sus padres. Es por eso que él no está aquí con nosotros, comandante Stones.

    — Un motivo válido — Zion Stones puso una mirada de tristeza — Entiendo lo que es perder familiares cercanos, por lo que Umcali Devlin no recibirá ningún castigo por su ausencia. Aprovecharé para repetir esto ante todos ustedes. El día de mañana vamos a partir hacia el planeta Tgarak. Parte del trato que Magnus hizo con los líderes garak nos obliga a darles apoyo en la guerra en contra de los berrod, a cambio de que ellos ayuden al soldado Umcali Michael con su problema, y de su cooperación para encontrar las respuestas a la catástrofe. Yo mismo me iré al complejo para poder hablar con Magnus Hotfire. Ustedes espérenme aquí. Aprovechen el tiempo para conocerse bien entre ustedes.

    Y luego de que dichas palabras fueron pronunciadas, el comandante Zion Stones salió de la base militar, dejando solos a los soldados. Una vez que se marchó, los soldados que estuvieron desde el principio bajo sus órdenes decidieron ir a hablar con sus nuevos compañeros.

    Wagner, hijo del comandante, fue quien tomó la palabra inicial.

    — Hola, me llamo Wagner, por si lo habían olvidado — el hijo de comandante, y líder del equipo extendió su mano — No dejen que mi padre los asuste. Es un tipo estricto, pero no es tan malo como aparenta ser. Quiere que la primera impresión que da demuestre que es un tipo al que se debe respetar, pero una vez que lo conozcan, se darán cuenta de que es un tipo amable.

    — Eso espero, porque es un cambio muy drástico el pasar de Richard a Zion — Thomas aceptó el saludo de Wagner — Soy Thomas. Es un gusto.

    — Wagner, ¿puedo preguntarte algo? — Agustina no había repetido su nombre y sonaba muy seria.

    — Claro que puedes.

    — Si no escuché mal, eres el líder del equipo — explicaba la soldado — ¿Tu padre te nombró líder por qué realmente eres apto para el rol, o solo por ser tu padre?

    — Veo que no confías en mi capacidad — respondía Wagner, sin sentirse ofendido por la pregunta — Pregúntale a él y te dirá que me eligió por lo primero. Espero poder ganarme tu confianza pronto.

    — No es que no confíe en ti, es solo que Ace hizo un gran trabajo como líder de nuestro equipo, y ahora lo acaban de poner detrás de ti, y no me parece justo — Agustina parecía estar molesta con ese cambio.

    — Agustina, está bien, el comandante no me conoce — Ace apreciaba el detalle de su novia, pero creía que estaba exagerando — Cuando Zion me vea en el campo de batalla evaluará la situación.

    — Es que no me parece justo. Tú te esforzaste, y te lo quitaron como si no fueras digno de algo así — Agustina realmente se sentía desanimada por eso.

    — Eres Ace Lakor, ¿verdad? — Wagner estrechó sus manos con las de su nuevo compañero — Desde que me enteré de tu existencia le pedí a mi papá que arreglara un encuentro contigo para poder enfrentarte. Él siempre me dijo que era un capricho, y que lo olvidara. Y ahora aquí estoy.

    — Veo que mi historia es conocida por más personas de las que yo estaba enterado — Ace aceptó el apretón de manos con su nuevo líder, quien parecía ser muy amable.

    — Es interesante tener a un soldado que se crio en Black Meteor luchando en el Zenith, es todo — Bastien se unió a la conversación — Tal y como dijo el comandante, que no se te suba a la cabeza.

    — Tranquilo, Bastien — Owen apoyó la mano derecha sobre el hombro de su compañero — No perderás tan rápido tu posición como segundo mejor del equipo.

    Wagner, Dustin, y Gwyn se rieron al escuchar ese comentario por parte de Owen, el cual pareció molestar a Bastien por la forma en la que lo dijo. Eso daba a entender que Bastien estaba en la sombra de Wagner, y Ace asoció a su nuevo compañero con Shun, rogando que eso fuera lo único que compartieran.

    — Muy chistoso, Owen — Bastien se retiró del lugar sin quedarse a charlar más tiempo — Si tu capacidad de decir chistes fuera igual a tu capacidad de pelea, serías el soldado más fuerte del universo.

    — Vamos, Bastien, no dejes que eso te desanime — Dustin quiso evitar que se fuera, pero no pudo.

    Thomas se sintió algo molesto con esa conducta de parte de su nuevo compañero. Tal parecer, no soportaba para nada estar detrás de Wagner. En cierta forma, Thomas se veía reflejado en Bastien, pero podía notar que él le daba mucha importancia al rango dentro del equipo. El soldado creyó que Bastien aún no había madurado de la misma forma que él, y era eso lo que llamaba su atención.

    Agustina, por su parte, no terminaba de aceptar que le quitaran a Ace su puesto de líder del equipo, pero Wagner le daba la impresión de ser un soldado muy agradable, al menos en ese tiempo.

    — Díganme, ¿Cuántos de ustedes eran en el momento de que inició la misión? — Gwyn sentía ganas de saber más sobre sus compañeros.

    — Éramos un grupo de nueve. Perdimos a cinco cuando fuimos emboscados por una raza extraña mientras explorábamos un planeta — contestó Owen, imaginándose que le preguntarían por dicha raza, por lo que decidió adelantarse a responder — Tenían la piel de color azul, y no tenían nada de pelo. Al menos eso es lo que recuerdo.

    — Sus armas eran muy potentes, como un lanzacohetes — relataba Wagner, recordando aquel día — No estaban preocupados por los suyos, y en realidad, varios de ellos murieron en el mismo ataque que ellos nos lanzaron.

    — ¿Hablaban? — Thomas sentía curiosidad.

    — Sí, pero no escuchaban lo que teníamos que decir — Dustin se unió a la charla — Quisimos ser amigables con ellos, pero simplemente nos atacaron. No sé qué estarían pensando, pero para ellos éramos el enemigo.

    — Se parecen en cierta forma a los berrod — Agustina los comparaba.

    — Así es, pero los berrod se hacen pasar por amigables y luego demuestran lo que verdaderamente son — Ace discrepaba con esa comparación — Ellos aparentemente atacan de forma directa, y no parecen querer seres de otro planeta en el suyo.

    — Cuéntennos un poco más acerca de los berrod — Wagner quería conocer mejor a los que serían sus nuevos enemigos — ¿Cómo son ellos en realidad?

    — Su piel es de color rojo, pero de su personalidad no podemos saber nada concreto — explicaba Ace — Aún no hemos hablado con ninguno, y no sabemos bien qué tipo de actitud tendrán. Orz logró manipular a Michael, y luego quiso abandonar el planeta según lo que nos dijeron. Según Asmir, el líder garak, era uno de los más peligrosos. Si todos los demás son como él, estaremos en problemas.

    — Que complicado — Dustin ya se imaginaba lo que sería luchar contra ellos — Lo bueno es que ahora conocemos un poco mejor a lo que nos vamos a enfrentar, y contaremos con la ayuda de los garak.

    — Es una ventaja, por lo menos — opinaba Owen.

    Los siete soldados continuaron hablando entre ellos durante un largo tiempo. No se realizaron preguntas personales, y simplemente ponían en común las experiencias que habían vivido. El grupo de Wagner les contó acerca de los compañeros que habían muerto cuando fueron atacados por esa especie tan misteriosa. Por su parte, el otro grupo les contó acerca de la misión de saqueo de recursos, y de las vivencias en el espacio exterior. Incluso mencionaron todo lo relacionado a sus compañeros muertos. Wagner sabía que ellos también estaban pasando por momentos difíciles, dado a que su comandante y una de sus compañeras habían muerto justamente el día de ayer. Gwyn era quien más afectada se veía, mientras que los demás ya lo estaban empezando a superar.

    En un momento durante la tarde, cuando nadie lo estaba esperando, Devlin se hizo presente en la base. Sus viejos y nuevos compañeros veían la expresión de dolor que estaba reflejando su rostro. Ya no tenía más lágrimas, pero su tristeza no había terminado. El soldado entró y se sorprendió de ver a otros soldados desconocidos en la base. Gwyn se acercó a Devlin, y le dio un abrazo para hacerle saber que ella también estaba lastimada por la pérdida de Erin, y que no estaría solo en el dolor.

    — ¿Cómo te sientes ahora mismo? — Gwyn sabía que Devlin debía estar destrozado, pero se sentía obligada a preguntar.

    — Tenía que irme de mi casa — Devlin sonaba muy desanimado al hablar — Ya ordené todo lo que debía, y no soporto el estar allí y no ver a mis padres conmigo…

    — Devlin, sabes que puedes contar con nosotros para cualquier cosa — Ace se acercó a él para estrechar su mano.

    — Lo agradezco, Ace — Devlin aceptó el saludo, para luego mirar a los otros tres soldados que estaban allí — Discúlpenme, pero no me siento muy bien. Me presento, soy Devlin Umcali.

    — Hemos escuchado lo que pasó, Devlin — Wagner se acercó a él — Lo lamento mucho, de veras. Aprecio que hayas venido a vernos. Mi nombre es Wagner.

    — Él será nuestro líder a partir de ahora — Agustina no estaba muy entusiasmada al decir eso — Así que, ante cualquier duda, le puedes preguntar a él.

    — Interesante — respondió Devlin, a quien ya no le importaba en lo más mínimo quien fuera o no el líder — Me adaptaré. No te preocupes.

    — Ellos son mis compañeros, Dustin y Owen — Wagner los presentó.

    — Encantado, compañero — Dustin le dio un abrazo de compasión — Entiendo que perdiste a varias personas especiales. Lo siento mucho. Nadie está preparado para algo como eso.

    — Gracias por el apoyo — Devlin apreciaba que sus nuevos compañeros fueran amables.

    — Esperamos que te recuperes pronto — Owen habló con su nuevo compañero — Te ayudaremos si hace falta.

    Devlin estaba harto de no decir nada más que solo gracias, por lo que simplemente asintió ante sus comentarios. Bastien, que no se había acercado en todo el tiempo que pasó, se acercó hasta ellos, y le estrechó su mano a Devlin. El soldado respondió aceptando de forma educada, aunque no le gustó que su nuevo compañero no le dijera ni una sola palabra al momento de presentarlo.

    — ¿Eres Devlin? — Bastien no parecía hablar con delicadeza — ¿El que perdió a sus padres y a su novia el día de ayer?

    — ¡Bastien! — a Wagner le molestó la falta de sensibilidad de su amigo.

    — No pasa nada, Wagner — Devlin miró con seriedad al soldado más alto del equipo — Él tiene razón, el que perdió a sus padres y su novia soy yo. Desearía no serlo, pero lo soy.

    — ¿Estás seguro de que no prefieres tomarte un descanso de la misión? — Bastien devolvió la mirada seria a Devlin — Porque, por si no lo sabes, vamos a librar una guerra contra los berrod en unos días.

    — Estoy bien, te lo aseguro — Devlin no se sentía cómodo con él cerca — No te tienes que preocupar por mí.

    — No me preocupo por ti, sino por el equipo — Bastien era muy duro al hablar — Si estás afectado, podrías cometer errores en la batalla. Y eso nos podría poner en peligro a todos. Claro que Wagner ya lo sabía, pero él no es de la clase de persona que dice esas cosas.

    — ¡Bastien, detente ahora! — Owen se sentía mal por las palabras que estaba escuchando de su parte — ¡Devlin sufrió mucho, y no tienes que hacérselo peor!

    — Está bien, Dustin, yo puedo soportarlo — Devlin miró con resentimiento a Bastien — No es la primera vez que pierdo a un familiar.

    — Soy Owen, Dustin es él — señaló el soldado — Y no importa lo que pase, Bastien se está pasando con sus comentarios.

    — Estoy de acuerdo — Gwyn miró a Bastien de forma seria, claramente apoyando a Devlin — Erin era mi amiga, y podrías tener un poco más de consideración. Con Devlin y conmigo.

    — Lo lamento — Bastien no sonaba sincero al decirlo — Espero que dejemos esto atrás.

    Y tal como vino, se fue de regreso a su habitación. Thomas estaba furioso con él. Claramente el ser el segundo por detrás de Wagner le molestaba, y aunque pareciera que podía controlar sus acciones, dado a que Wagner no les informó sobre nada inusual en él, era seguro que no controlaba sus palabras.

    — ¿Cuál es su problema? — preguntaba Thomas.

    — Descuida, él no es así, ya se le pasará — Wagner habló en defensa de Bastien — Sabe que soy mejor que él, incluso lo acepta. Pero se la pasa un buen rato malhumorado cuando alguien se lo recuerda. Y yo lo mencioné en mi presentación.

    — Se parece mucho a alguien que conozco — Ace tenía a Shun en mente — Deberíamos presentarlos. Ciertamente se llevarían bien.

    — Te aseguro que Bastien no es alguien tan malo — Dustin también lo defendía — Es como dice Wagner, no le gusta que le echen en cara que es el segundo mejor. Y Owen no ayudó con el chiste que hizo.

    — Perdón, perdón, perdón — Owen se quejaba del reproche de su compañero — Pero que le duela la verdad no es mi problema.

    — Da igual, te aseguro que mañana verán al verdadero Bastien — Dustin aseguraba que su compañero no era alguien malo.

    — No puede ser peor que el que acabamos de conocer el día de hoy — Agustina expresó su opinión.

    — Por cierto — Devlin tomó la palabra nuevamente — Lo que él mencionó sobre una guerra contra los berrod, ¿era cierto?

    — Lo es — explicó Wagner ante la pregunta de su soldado — Es parte del trato para que Zenith y los garak hagan una alianza. ¿Por qué?

    — Es bueno saberlo — todas las miradas se centraron en Devlin — Un berrod mató a mis padres y a mi novia. Lo único que quiero ahora mismo es matar a la mayor cantidad posible que pueda. Y si hay alguna oportunidad de separar a Orz del cuerpo de Michael y ponerlo en otro cuerpo, me aseguraré de torturarlo hasta la muerte.

    Dichas palabras llamaron la atención de sus compañeros. Ace, Agustina y Thomas estaban preocupados porque Devlin se dejara llevar por la ira en el momento de combatir, tal y como Bastien había dicho. Aunque la forma en la que habló no fue la adecuada para expresarlo, lo cierto era que no se equivocaba. Si Devlin permitía que la ira lo domine, podría terminar muerto, o peor aún, podría causar la muerte de alguien más.

    Gwyn, por su parte, compartía el deseo de Devlin de querer asesinar a los berrod. Había perdido a su mejor amiga, y los únicos responsables eran los invasores que atacaron a los garak. Si se hubieran extinto con la Gran Catástrofe, nada de eso habría pasado, por lo que llegó a la conclusión de que los debían exterminar de la existencia.

    Wagner, Dustin y Owen no conocían nada acerca de los berrod, fuera de lo que sus compañeros les habían contado, por lo que no podían estar menos de acuerdo con lo que Devlin estaba diciendo, lo cual reflejaba irresponsabilidad por parte del soldado. Sin embargo, consideraron que se veía influenciado por el dolor de la pérdida de sus padres y de su novia el día de ayer. Ciertamente necesitaba tiempo, y alguien que pudiera comprenderlo para hacerlo entrar en razón. Ellos acababan de conocerlo, por lo que no serían capaces de ayudarlo, al menos durante los primeros días en los que convivieran.

    Devlin no tenía otro objetivo en su cabeza que no fuera el eliminar a los berrod. Por culpa suya perdió a su familia y a la chica que amaba, y ciertamente era algo imperdonable. En cuanto le confirmaron que iban a participar en una guerra contra ellos, no pudo evitar formar una sonrisa en su rostro.

    Al llegar la noche, los soldados se fueron a dormir. Todos sabían que el día de mañana era cuando iniciaba el viaje hacia Tgarak para poder dar inicio a la guerra contra los berrod. No era necesario que les dijeran que dormir bien era importante antes de partir hacia una misión como esa.
     
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    De nuevo por aquí, el capítulo como siempre me ha gustado, los nuevos compañeros parecen prometedores. La presentación ha estado muy bien y ya hemos descubierto un poco sobre ellos, de su personalidad y como dicen las cosas. Aún tengo muchas intrigas pero poco a poco se van despejando.

    Ace ha aceptado su rol y ahora ya no es el líder aunque no es algo que le importe demasiado como hemos visto. No cabe destacar mucho más del capítulo ya que es de transición como digo, ya tengo ganas de ver como luchan y mueren(?.

    En fin, espero el siguiente. Otro capítulo de 10!!!
     
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    Reydelaperdicion

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    Saludos a todos los lectores, principalmente a Poikachum y Resistance que han estado leyendo últimamente. Es rarísimo ver que esté publicando un capítulo el día jueves cuando se supone que la fecha de publicación es siempre el viernes. Bien, el asunto es que la universidad está matándome con los trabajos y las entregas. Recién es la tercer semana y ya se me acumularon muchísimas cosas. Es por eso que casi no encuentro nada de tiempo para entrar al foro, y ante eso voy a alejarme del mismo por un tiempo. Es una decisión super apresurada que tomé hoy mismo, y por eso no la vieron venir. A decir verdad, yo tampoco. Me parecía una lástima tener que irme sin publicar el capítulo de mañana. El asunto es que ya mañana y el sábado voy a estar super ocupado y no podré entrar al foro. Es por eso que decidí que publicaría hoy el capítulo que iría para mañana.

    No tengo idea de cuando voy a volver. Sé que será cuando la universidad me afloje un poco con las entregas, pero no sé cuando sucederá. Podrían ser dos semanas, un mes, dos meses o quien sabe. El caso es que me marcharé, y este capítulo será el último que publique en un tiempo. No se preocupen, regresaré. Y tampoco se preocupen por la parte III de la historia. Está completa y lista para ser publicada. El que no está listo soy yo.

    Espero que disfruten del resto de la historia. Luego de este, ya solo nos quedan un total de 6 capítulos para que llegue el final. Sin más nada que decir, les dejo el capítulo.


    Próximos objetivos:

    Al día siguiente de haberse conocido, el equipo del Zenith recibió un mensaje del comandante Stones, en el cual les pidió que se dirigieran hacia el complejo para poder ayudar a cargar comida, agua, y todo el equipo que se iban a llevar al planeta Pgarak para encontrarse con dicha especie, y donde posteriormente, librarían una guerra en contra de los berrod. El equipo entero fue hacia el lugar, y una vez llegaron, Zion los recibió para darles indicaciones.

    — Ya hemos cargado la mayoría el día de ayer, solo quedan estas cajas — decía el comandante señalando a un vehículo que se aproximaba arrastrando una carretilla — Sáquenlas y métanlas en la nave. Una vez terminen, elijan una habitación. Me encargué de marcar cual habitación pertenece a mí y a los soldados, por lo que no tendrán problemas en esto.

    — Gracias, comandante Stones — respondió Ace, quien contestaba más por obligación que por estar agradecido realmente.

    — Umcali, espera — Zion notó que el soldado que no conoció ayer estaba con ellos — Quiero tener una charla contigo.

    Devlin se apartó del grupo principal, y mientras todos cargaban las cosas, el comandante empezó una especie de interrogatorio con su nuevo soldado.

    — ¿Qué tanto te hablaron tus compañeros sobre mí? — preguntó Zion, necesitando saberlo para tener en claro que preguntas hacerle.

    — Me explicaron lo mismo que usted les explicó ayer, comandante Stones — respondió Devlin, a quien le parecía que los dichos de sus compañeros eran exagerados, puesto que el comandante se mostraba muy amable.

    — Excelente, eso nos ahorrará tiempo — Zion se alivió de no tener que repetir las cosas — Empezaré con las preguntas más importantes. ¿Cómo te sientes ahora? Necesito conocerte bien, considerando todo lo que te ha pasado.

    — No me he recuperado por completo, si es lo que quiere saber. Pero el viaje hacia Pgarak durará una semana, y estoy seguro que ir a bordo de la nave me ayudará a sobrellevarlo mejor.

    — Si tú lo dices — Zion tomó una libreta digital pequeña e hizo un par de anotaciones allí — Si hubieras dicho que no te encontrabas emocionalmente bien, te habría dado permiso para que te quedaras. Pero ya que crees que estarás mejor con el tiempo, vas a venir, así que espero que te comportes como un soldado en esta guerra.

    — Es para esto que se me fue entrenado — contestó Devlin.

    — Pasaré a la siguiente pregunta — Zion se preparaba para anotar más cosas — ¿Vas a obedecer todas mis órdenes sin cuestionarlas cuando estemos en Pgarak, o vas a actuar por tu propia cuenta?

    Devlin supo que la primera pregunta que le hizo fue para saber si él se sentía lo suficientemente bien como para poder ir a la misión. En caso de haber contestado que se sentía mal en el principio, Zion le daría el permiso para quedarse atrás. Ahora que él había dicho que podría ir, el comandante estaba haciendo preguntas que evaluarían si estaba calificado para poder participar en la misión. Debía ser muy cuidadoso con lo que iba a decir, o de lo contrario, Zion lo podría dejar afuera de la misión. Desde que supo que iba a enfrentar a los berrod, él se convirtió en el que más ganas tenía de ir a pelear, y no podía permitirse contestar mal una pregunta.

    — Tal vez cuestione sus órdenes si veo que es una situación peligrosa, pero no debe preocuparse por mi obediencia — Devlin le hizo saber a Zion que sería confiable — De hecho, creo que debería preocuparse de la obediencia de mi hermano.

    — ¿Te refieres al otro Umcali? — preguntó Zion, aunque sabía que era obvio — Dime, ¿qué opinas de Umcali Michael y de Noble Alicia? Porque si el resumen que me dieron es correcto, todo esto pasó por ellos.

    — Alicia no tiene nada que ver en esto, solo fue una víctima de un malentendido — Devlin sonaba muy convencido de esas palabras — Michael es el verdadero culpable de lo que pasó. Desobedeció a Richard, actuó por su cuenta, e hizo el trato con Orz. Sé que ese berrod puede ser un monstruo, pero fue Michael quien lo dejó escapar.

    — Interesante postura respecto al tema — Zion anotaba todo — Ciertamente, yo pensé lo mismo que usted, soldado. Creo que no tiene sentido seguir con esto. Veo que usted lo está llevando muy bien, así que por el momento ayude a sus compañeros y descanse.

    Devlin agradeció al comandante de forma apropiada y luego se puso a cargar cajas de alimentos junto al resto de sus compañeros. Era una gran cantidad, lo cual quería decir, o al menos para él, que una vez la guerra terminara, reanudarían la exploración del espacio en busca de respuestas de lo que había causado la Gran Catástrofe. Devlin no estaba tan animado como antes. Después de las muertes de Julie, Erin y sus padres, y de lo que Michael había hecho, sin mencionar a sus tíos, él ya no veía motivos para seguir peleando. Todos los seres a los que él quería murieron, y los que no murieron le hicieron daño o le dieron la espalda.

    No tuvo tiempo para pensar más en eso, dado a que Bastien se colocó al lado suyo. Devlin lo miró con algo de resentimiento por la charla que habían tenido el día de ayer, a lo que Bastien simplemente decidió no hacer caso. El soldado se veía algo apenado, y probablemente se diera cuenta de que el día de ayer se comportó de manera insensible.

    — Lo siento, Devlin, ayer no era mi mejor día — Bastien quería disculparse por haber sido tan descuidado con sus preguntas.

    — ¿A quién perdiste? — Devlin no se tragó esa disculpa — Porque yo perdí a mis padres y a mi novia. Dime a quién perdiste, y tal vez te entienda.

    — Escucha, ya te dije que lo lamento, y si no quieres aceptar la disculpa está bien para mí — Bastien sonó molesto con esa respuesta — Reconozco mi error, y pido perdón, pero eso es todo lo que vas a obtener de mí. Y para que sepas, yo también perdí a varios compañeros que eran como mis hermanos. Los perdí en una puta misión de exploración, por culpa de una especie que actúa de forma muy parecida a los berrod. Así que no creas que eres el único que perdió gente. Tal vez seas el que más ha perdido recientemente, pero eso no significa que yo no me sienta igual que tú.

    Devlin no respondió hasta que él y Bastien soltaron las cajas de cargamento en el interior de un depósito en donde se guardaba todo lo que tenían. Mientras iban a buscar más cajas, el mellizo de Michael decidió hablar.

    — Disculpa aceptada — Bastien se alivió de escucharlo decir eso — Pero no creas que esto nos convertirá en mejores amigos, o que lo voy a olvidar. Solamente te he perdonado.

    — En tanto tú y yo disparemos en la misma dirección y nos ayudemos mutuamente, no me importa lo demás — Devlin pensó que Bastien podría haber dicho algo que sonara mejor, pero luego creyó que tal vez no le salía hacerlo, por lo que simplemente lo olvidó.

    Mientras los dos compañeros salían, Wagner, Thomas y Gwyn entraban con una caja para uno, para poder guardarlas en su lugar correspondiente. El hijo del comandante, y ahora líder del equipo, expresó su descontento con esa tarea.

    — Los trabajadores del complejo podrían haberse encargado de esto — decía Wagner, a quien no le gustaba dicha actividad — ¿Para qué mierda les pagan, sino?

    — Yo opino igual que tú — respondía Gwyn — Encima que vamos a ir a luchar, tenemos que cargar nuestras propias cosas. Son unos vagos.

    — No sean tan duros, imagino que tienen que encargarse de más cosas además de esto — Thomas no estaba del todo en desacuerdo con la idea de tener que cargar sus propias cosas, pero no le agradó que Wagner y Gwyn los llamaran vagos.

    — Por cierto, ayer no hemos hablado casi nada sobre nosotros — Wagner guardó su caja en el lugar después de que llegaron — ¿Hace cuánto que están juntos ustedes dos?

    — En realidad, no han pasado ni siquiera dos semanas — contestó Thomas.

    — Cuando los vi, me dio la impresión de que llevarían un año o algún tiempo parecido — respondió el líder.

    — Pues, lamento que demos una impresión como esa — Gwyn se reía un poco del comentario de su compañero — ¿Qué hay de ti, Wagner, tuviste alguna novia alguna vez?

    — Tuve tres en toda mi vida, pero a ninguna de las tres le agradaba mi padre — el comentario de Wagner hizo reír a carcajadas a Thomas y Gwyn.

    Sabían que Wagner no lo dijo con esa intención, pero era inevitable no reírse con un comentario como ese. Los dos soldados se hacían la idea de cómo el comandante Stones trataría a las novias de su hijo, e imaginarse eso los hacía reír cada vez más. El soldado estaba feliz de que sus experiencias pudieran hacer que sus compañeros se relajaran un poco. A pesar de haberlos conocido hace tan solo un día, ya les estaban cayendo bien. Y sentía lo mismo por el resto del equipo.

    Owen y Dustin cargaban cajas acompañados por Ace y Agustina, quienes querían saber más sobre sus compañeros, dado a que el día anterior no habían hablado mucho sobre ese tema. Owen decidió contar una experiencia graciosa que tuvo con una chica una vez. Dustin ya la había escuchado, pero le encantaba tanto que volvía a hacerlo.

    — ¿Te acostaste con su hermana solo por qué ella no te prestaba atención? — Ace no se veía capaz de hacer eso — Empezaste la historia diciendo que estabas hipnotizado por su belleza, ¿y solo por qué te dijo no decidiste ir por su hermana?

    — Imagino que no eres muy fiel a tus propias palabras, y que la chica que te gustaba se habrá dado cuenta — agregó Agustina — Tú solamente le confirmaste sus sospechas al hacerlo.

    — Oigan, yo siempre he tenido un lema que me ha llevado muy lejos — respondió Owen, mientras Dustin intentaba contener la risa — Es mejor coger sin amar que amar sin coger.

    Agustina y Ace no pudieron evitar soltar una carcajada tras haber escuchado a Owen diciendo eso. Los dos se imaginaban a Owen diciéndole algo como eso a la chica que le gustaba. Dustin, quien ya había escuchado la historia antes, también rio junto con ellos. Por lo que habían observado el día anterior y ahora mismo, la pareja se daba la idea de que Owen se caracterizaba por sus comentarios algo incómodos para diversas situaciones, pero en todo momento los decía con una intención humorística y nunca faltándole el respeto a nadie más, lo que causó que les agradara mucho.

    Los nueve soldados continuaron con el trabajo hasta que por fin terminaron de cargar todas sus provisiones para el viaje. Les hubiera gustado no tener que trabajar realizando esa clase de cosas, e incluso habrían aceptado cargar menos cajas, pero eso ya daba igual. Lo hecho estaba hecho. Ahora que habían terminado, solo necesitarían elegir habitaciones en el interior de la nave.

    En el pasillo de las habitaciones, Bastien se encontraba hablando con Dustin en la puerta de la habitación de este último. Wagner y Owen fueron a buscar al comandante Stones, y no tenían idea de a donde habían ido el resto de sus compañeros, dado a que debían encargarse de elegir una habitación.

    — Les he dicho que tú eras una buena persona, y que solamente no te sentías bien el día de ayer — reveló Dustin a su compañero.

    — Me alegra que me hayas defendido, pero aun así creo que debo disculparme personalmente con todos ellos — contestó Bastien, quien recordaba apenado sus palabras del día anterior — No es mi intención, simplemente no me gusta que me echen eso en cara — el soldado no lo quiso mencionar, y no hacía falta, dado a que Dustin entendió de qué hablaba — Lo bueno es que pude disculparme con Devlin el día de ayer. Cuando vea a los demás les voy a ofrecer una disculpa.

    — Creo que lo dijiste en un buen momento — Dustin miró hacia la izquierda del pasillo — Porque aquí viene alguien.

    Se escuchaban los pasos de alguien acercándose, por lo que los dos soldados miraron en esa dirección. Agustina fue la primera en llegar, y ciertamente ahora ella iba a elegir una habitación. Al pasar por al lado de donde estaban sus dos compañeros, levantó la mano y les sonrió como forma de saludo. Dustin respondió con el mismo gesto, mientras que Bastien se quedó mirándola fijamente mientras caminaba.

    — Por Dios, qué chica tan hermosa — Dustin se sorprendió de haberlo escuchado decir eso.

    — Te habrías dado cuenta ayer si no te hubieras encerrado en una habitación la mayor parte del día — contestó su compañero.

    — Iré a hablar con ella — Bastien se alejó de su compañero, quien quedó solo mientras lo miraba alejarse.

    — Supongo que es otro más que se me escapa — las palabras de Dustin no fueron escuchadas por Bastien, quien ya se encontraba cerca de Agustina.

    Dustin entró en su habitación, esperando que a su compañero le fuera bien en su intento de conquista. Ace y Agustina no les revelaron a sus compañeros que tenían una relación, por lo que ni Dustin ni Bastien lo sabían en ese momento.

    Agustina miró a su derecha y observó a su nuevo compañero caminando al lado suyo.

    — Hola, Agustina — Bastien no se encontraba nervioso al hablarle — ¿Puedo hablar contigo?

    — Claro, ¿de qué trata? — preguntó la chica.

    — Quería disculparme por mis palabras del día de ayer — Bastien intentó sonar arrepentido — Fui un insensible con tus compañeros, y creo que eso significa que también lo fui contigo.

    — No pasa nada, el día de hoy te has portado bien — Agustina sonrió amablemente al chico.

    — Dime, son siete días de viaje, y ustedes son cinco en total. Eso quiere decir que podré entrenar un día con cada uno de ustedes, e incluso me sobrarían dos días. ¿Te gustaría entrenar conmigo mañana?

    — Seguro — la respuesta de Agustina alegró a Bastien.

    — Eso es excelente — Bastien se acercó un poco hacia ella — ¿Sabes? Mi madre era cocinera profesional y me mostró como hacer un gran plato con comida simple. Así que te voy a preparar algo que te va a encantar… pero eso será solo para ti.

    Bastien pasó su mano por el hombro de Agustina, lo cual terminó incomodando a la chica, a la que no le gustaba ese atrevimiento por parte del soldado, quien decidió no terminar allí. Después de eso, Bastien le tocó los pechos de forma suave, acto que sorprendió mucho más a Agustina, quien no podía creer que su compañero hubiera hecho esto. No solo le sorprendía, sino que también la hizo enojar por haberle hecho eso. Unos segundos después, Agustina apartó la mano de Bastien con un golpe.

    — ¡¿Qué te pasa? ¿Quién te crees que eres?! — Agustina sonaba muy enojada, cosa que confundió a Bastien.

    — ¿Perdón? — el soldado fingía no entender a qué se refería.

    — ¡¿Por qué me tocaste de esa forma?! — la respuesta de Bastien solo la hizo enfurecer más.

    — Vamos, no te enojes así, eres afortunada — Bastien se defendía — Mis compañeras de la escuela se hubieran matado entre ellas para tener una oportunidad de que yo las toque. Y tú no necesitaste…

    — ¡¿Y qué te hizo pensar que yo soy igual que ellas?! — Agustina golpeó a Bastien en la cara por ese comentario, mientras interrumpía sus palabras.

    — Bueno, es una mala costumbre mía — explicaba Bastien a quien no le agradó ese golpe — Pero yo no tengo la culpa de que todas las chicas que conocí tuvieran esa actitud.

    — Dime algo, ¿realmente quieres entrenar conmigo, o solo vas a aprovechar el entrenamiento para tocarme? — Agustina se calmó un poco, dado a que no quería que nadie se enterara de eso, pero seguía enojada.

    — Creo que acabo de tocarte y no necesité el entrenamiento para eso — fue la respuesta de Bastien.

    — Eres un pedazo de mierda — Agustina se alejó de él.

    La chica entró en una habitación que tenía cerca, la cual, iba a ser la que usaría durante la misión. Bastien estaba confundido, dado a que, según él, todas las chicas que conoció en la escuela no tenían problemas en que él las tocara. El ver a alguien con una actitud diferente, y que además era muy bonita, hizo que tuviera ganas de conquistarla de alguna forma. Sin embargo, lo que acababa de hacer solamente le puso las cosas un poco más difíciles.

    Bastien claramente no quería que lo encontraran así, por lo que se retiró a su habitación antes de que llegaran los demás.

    El día pasó, y Devlin fue el siguiente en llegar. El soldado aún no terminaba de procesar la muerte de Erin y de sus padres, por más que mostrara lo contrario a los otros. Eso lo llevó a elegir la última habitación del pasillo. No quería ser molestado por nadie, por lo que creyó que sería la ideal para eso.

    Quién llegó después fue Ace. Agustina salió a su encuentro y le indicó cuál era su habitación, lo que terminó llevando a que eligiera una que se encontraba contigua. Los siguientes en llegar fueron Thomas y Gwyn, quienes al igual que sus compañeros, también buscaron habitaciones contiguas. Wagner, Owen y el comandante Zion fueron los últimos en llegar a ese lugar, y una vez que vieron que todo ya estaba preparado para el viaje, el comandante decidió reunirlos a todos en la sala de comandos.

    Los nueve soldados no tardaron en reunirse en la sala, lo cual alegró mucho al comandante, quien se sentía aliviado de que todos hubieran acudido rápido. Ahora que todos estaban reunidos, les explicó bien cómo iban a proceder a partir de ese momento.

    — Muy bien, estos serán los pasos a seguir — todas las miradas estaban puestas en él — Lo primero es recuperar el satélite que su grupo soltó en el espacio luego de que salieron del sistema solar. La idea de Magnus es llevarlo hacia Pgarak para que nuestros nuevos “aliados”, por así decirlo, puedan ajustarlo para que podamos establecer comunicaciones con ellos.

    — ¿Es posible eso? — preguntaba Gwyn, quien estaba confundida — No recuerdo que hubieran mencionado eso cuando hablaron con nosotros.

    — Está en un informe que me dio Magnus Hotfire, así que imagino que su líder lo habló con él — explicaba Zion, que no tenía la responsabilidad de explicar el plan, solo debía hacer que se cumpla — Una vez que ese problema esté solucionado, lo más probable es que tengamos que brindar ayuda inmediata en la guerra contra los berrod. Según entiendo, los planetas Sgarak y Tgarak que eran usados como apoyo, han quedado fuera de alcance para ellos. Si es así, y solo les quedó Pgarak, lo más probable es que quieran finalizar la guerra antes de que los berrod envíen exploradores que se den cuenta de esto. Una vez la guerra termine, incorporaremos a Umcali Michael y a Noble Alicia al equipo otra vez, y regresaremos el satélite al lugar en donde estaba antes. Para luego reanudar la exploración del universo.

    — Creo que es un plan muy lógico a seguir — apreciaba Dustin.

    — Sí, pero yo preferiría que nos encargáramos del satélite antes de librar la guerra — Wagner daba su opinión — Si algo pasa y necesitamos ayuda, los mensajes tardarán mucho en llegar al Zenith. Sabiendo que entre la Tierra y Pgarak hay siete días de viaje, no es recomendable que eso ocurra.

    — No, pero puede que no tengamos tiempo para eso — Ace se unía a la conversación — Los berrod son peligrosos, de hecho, uno solo de ellos nos causó problemas. Y si llegan a descubrir que Sgarak y Tgarak cayeron, podrían lanzar un ataque en cualquier momento.

    — Nos habían dicho que ellos no tienen un planeta fijo — Thomas recordaba la primera conversación con los garak — Por lo que nadie sabe exactamente donde están. Creo que lo más prudente es ir a Pgarak y esperar alguna indicación.

    — Pgarak…Sgarak…Tgarak… ¿quién les puso esos nombres tan espantosos a los planetas? — Bastien lo veía ridículo — ¿No era mejor ponerles números a los otros dos planetas?

    — Deberías darte cuenta de que no puedes tomar las decisiones por otros — Agustina dijo esa frase con un doble sentido que solo Bastien supo a qué referenciaba exactamente.

    — ¿Alguien que no haya entendido el plan? — el comandante Stones quería asegurarse de que no había problemas.

    Dado a que nadie dijo una sola palabra, se asumió que todo se entendió a la perfección.

    — Una cosa más — explicaba Zion — Nuestro dron de exploración fue destruido durante la exploración en donde varios de nuestros soldados murieron. Por lo que nos llevaremos a su dron Vigía. Eso quiere decir que ustedes no tendrán que preocuparse por conectar sus armaduras a la cámara del dron — dijo eso refiriéndose a los soldados que antes estaban con el comandante Richard — Nosotros ya nos encargaremos de eso.

    El comandante dio permiso a todos los soldados a retirarse si eso era lo que querían. El viaje daría inicio de inmediato, aunque todavía no era la hora que habían pactado para eso. Sin embargo, como todos ya estaban preparados, no había razones para esperar más.

    Todos los soldados, exceptuando a Wagner, se fueron de la sala de comandos. El comandante Stones tuvo el presentimiento de que su hijo se había quedado para observarlo, y al mirarlo a la cara, la expresión de Wagner le confirmó que así era. Conocía muy bien a su hijo, y se dio cuenta de inmediato que quería prestar atención a todo lo que hacía, dado a que su deseo era ser un comandante igual que él. A Zion lo llenó de orgullo saber eso, ya que siempre quiso que su hijo siguiera sus pasos.

    — Quiero ver cómo es que debe comportarse un comandante — Wagner lo dijo para aclarar las cosas, pero para Zion estaba más que claro — Sé que eres fuerte y nunca te pasará nada, pero algún día te vas a retirar. Y nada me haría más orgulloso que ser quien te reemplaza.

    — Te aseguro que verte tomar mi lugar me llenará de orgullo más de lo que te puedas imaginar — Zion se acercó a Wagner para darle un abrazo de padre a hijo — Ya estoy orgulloso de ver lo lejos que has llegado. Si alguien está capacitado para reemplazarme, eres tú.

    — Aún no estoy listo, por eso quiero ver todo lo que hagas — Wagner estaba dispuesto a aprender — Quiero aprender del mejor.

    Zion se comunicó con Magnus para que este último permitiera el despegue de la nave, dado a que necesitaría autorización para salir antes de lo previsto. Su hijo estuvo con él prestándole atención a cada palabra que él decía.

    Los demás soldados, por su parte, decidieron irse a las habitaciones. Devlin se despidió de sus compañeros dándoles las buenas noches de forma muy seca, y luego se metió en su habitación. A todos les daba lástima verlo así, pero consideraron que no debía faltar mucho para que pudiera reponerse y seguir adelante. Dustin fue el primero en caminar, seguido por Gwyn y Thomas, quienes a su vez eran seguidos por Ace y Agustina.

    Bastien miró a Agustina desde atrás, y entonces pudo ver como Ace la tomaba del hombro y la acercaba hacia él. Esperaba que la chica lo alejara de la misma forma en que hizo con él, pero no fue así, sino que ella parecía estar feliz caminando con él. Luego, los vio entrar a los dos a la misma habitación, lo que hizo que Bastien se diera cuenta de la situación.

    — ¿Son novios? — Owen fue el único que lo escuchó — Creí que eran hermanos.

    — El apellido de Ace es Lakor, y el de Agustina es Young — Owen respondió dándose cuenta de a qué se refería su compañero — ¿Cómo van a ser hermanos? Eres algo despistado, Bastien.

    — Es que nunca dijeron que eran novios, y son parecidos en cierta forma — Bastien se dio cuenta de su error — Tengo que fijarme algo.

    Owen se sorprendió de que Bastien se alejara de él. Ciertamente, estaba actuando de manera extraña, algo poco común en él. Sin embargo, lo que Bastien dijera no era asunto suyo, o algo por lo que preocuparse, por lo que procedió a irse a dormir.

    Thomas y Gwyn se metieron en la misma habitación. Dustin los observó y no pudo evitar sentirse bien por ambos. A pesar de que dijeran que llevaban menos de dos semanas siendo novios, según lo que Wagner le contó, los dos parecían ser felices juntos. El soldado olvidó preguntarle a Bastien como le había ido con Agustina, y dado a que no vio a la chica irse con Ace, no descubrió la respuesta. Para él, Bastien era una buena persona, además de ser muy atractivo, pero si él no compartía los mismos gustos que tenía no lo podía culpar. Finalmente, decidió que preguntaría mañana, dado a que estaba cansado de haber movido cajas de un lado para el otro.

    Thomas y Gwyn se encontraban juntos sobre la cama. Desde que iniciaron su noviazgo, los dos se sentían con ganas de tener relaciones. Aunque no pasara mucho tiempo estando juntos, habían sido compañeros por más de un año, lo que quería decir que no tenían que descubrir mucho el uno del otro. Sin embargo, pese a la tentación que tenían, decidieron dejar pasar más tiempo.

    — Me alegra que sintieras lo mismo que yo — Thomas estaba aliviado de que Gwyn estuviera de acuerdo — Me gustas mucho, Gwyn. Pero aún creo que es muy pronto para esto. Y no creo que hoy sea el mejor día.

    — Lo mejor será dejarlo para después — Gwyn se limitó a besar a su novio en la boca — Para serte sincera, me basta solo con eso. Realmente te quiero, Thomas, y ahora sé que estoy con alguien que también me mira de la misma forma. Así que no hay necesidad de apresurarnos.

    — Gwyn, eres la chica más hermosa del mundo — decía el soldado, acariciando el rostro de su novia — Puedo esperar todo lo que quieras.

    Tras besar a Thomas una vez más, Gwyn se sentía muy segura al estar junto a él. No solo en el aspecto de sentirse protegida, sino también en cuanto a su relación. Tras ver la respuesta de Thomas, Gwyn descubrió que no se sentía de esa manera con Michael, a pesar de haber tenido sexo con él varias veces. Sentía como si las relaciones que ambos mantenían fueran un intento suyo por forzar a Michael a dar un paso más en lo que ellos tenían. Y, sin embargo, no había resultado, y todo se debía a que Michael realmente no estaba enamorado de ella. Con Thomas era diferente. Gwyn podía sentir en los besos entre ambos que Thomas solo estaba interesado en ella, y que no debería intentar acelerar las cosas con él, porque no era necesario.

    Aunque las cosas iban bien para ella, hubiera deseado haberse dado cuenta de eso desde el principio.

    Ace y Agustina, por su parte, se besaban con más pasión mientras estaban recostados. Ellos llevaban un largo tiempo siendo pareja, por lo que no atravesaban lo mismo que Gwyn y Thomas atravesaban en ese momento. Sin embargo, con la noticia de saber que iban a marchar hacia Pgarak para librar una guerra en contra de los berrod, no sentían ganas de avanzar más. Consideraban que los besos eran más que suficiente para esa noche. Sin embargo, Agustina realmente mostraba pasión en los mismos.

    — ¿Te pasó algo? — preguntó Ace después de darle un beso en el cuello a su novia — Te noto más cariñosa que de costumbre.

    — Simplemente no me puedo resistir a ti, Ace — Agustina imitó la acción de su compañero — Eres la mejor compañía que podría tener.

    — Agustina, dime… — Ace se puso algo nervioso con lo que iba a decir — No quiero que tengamos relaciones esta noche. Pero quiero saber si puedo…

    Agustina abrazó a su novio y lo interrumpió con un beso en la boca. Le parecía muy tierna la forma en que Ace se dirigía a ella.

    — Ya te dije que no tienes que pedirme permiso — fue la respuesta de la chica — Si quieres tocarme solo hazlo. No te lo voy a impedir.

    Bastien, quien había salido de su habitación para pararse frente a la puerta y oír lo que decían, claramente logró escuchar toda la conversación entre ambos, sobre todo esa última frase. Ya no quería oír más de lo que ya había hecho, por lo que simplemente entró a su habitación muy enojado, y sin darse cuenta, empezó a hablar solo.

    — Es la chica más hermosa que vi en mi vida — Bastien hablaba en voz baja hacia sí mismo — No puedo dejar que un debilucho como Ace se la quede. Tal vez la guerra contra los berrod me sirva para…

    Bastien hizo silencio en el momento en que escuchó unos pasos en el pasillo. El soldado supo que, si alguno de sus compañeros lo escuchara decir esas palabras, se iba a meter en grandes problemas. Por ese motivo, decidió no seguir hablando y acostarse a dormir, haciéndose la idea de que Ace y Agustina lo estarían pasando bien en ese momento.

    El dueño de los pasos que se escucharon fue Wagner, quien decidió ir a hablar con los encargados del complejo. Magnus les había dado la autorización para despegar, por lo que quiso avisar para ver si todo estaba bien y podían marcharse de inmediato. Lo consideró algo innecesario, pero avisar nunca estaba de más.

    El soldado habló con los que monitoreaban toda la situación, y una vez que informó sobre lo charlado con Magnus, estos les concedieron el permiso de despegue. Wagner regresó a la nave, no sin darse cuenta antes de que estaba empezando a anochecer, por lo que el tiempo que habían ahorrado en trabajar rápido lo habían perdido esperando que Magnus y las personas del complejo les dieran el permiso de despegue.

    — Ya puede despegar, comandante Stones — Wagner se mostraba con su padre como si fuera un soldado más.

    — Entendido perfectamente — Zion respondió de la misma forma en que su hijo le habló.

    El comandante, muy respetuoso con el código militar del Zenith, activó los comandos necesarios, y la nave del Zenith despegó. En dos minutos ya había abandonado la atmósfera de la Tierra, y ahora su rumbo era en dirección al lugar en donde se localizaba el satélite que el grupo del comandante Richard había lanzado al iniciar la misión. Recuperarlo sería su primer objetivo, por lo que Zion debería prestar mucha atención en el momento en que abandonaran el sistema solar, dado a que él no sabía del punto específico en el que lo habían lanzado.

    La nave ahora mismo se encontraba recorriendo el espacio exterior, en dirección a Pgarak, donde los garak los esperaban junto con Michael y Alicia.
     
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    Reydelaperdicion

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    La Gran Catástrofe III Invasor Agresivo
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    Ciencia Ficción
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    Saludos a todos. Es tiempo de que continúe con la publicación de esta historia. Estuve desaparecido por dos meses, lo que es el equivalente a unas 8 semanas. De no haberlo hecho, ya habría publicado el capítulo final hace tiempo XD. Lamentablemente, la universidad, en este período, se superó a sí misma y me han dado tantos trabajos que por poco me quitan la respiración. Ya pasé la peor parte, pero eso no quiere decir, precisamente, que ya estoy libre para estar en el foro todos los días.

    Aviso algo a Poikachum y a Resistance . Los capítulos de esta parte III ya están terminados, pero tengo que corregirles algunas cosas, dado a que hay detalles que no me gustan y que no quiero dejar así. Por eso, no garantizo que publique una vez por semana como lo venía haciendo antes. Tal vez sí lo haga, pero no es una certeza. Sin embargo, no hay de qué preocuparse, ya que no me volveré a marchar del foro ahora que ya volví. Calculo que no tendré que ausentarme más de esta forma, y si tuviera que hacerlo, sería a mediados de octubre/noviembre.

    En fin, la historia de mi vida es aburrida, así que mejor la dejo de lado y pasamos a lo más interesante: la historia de LGC. Con este capítulo ya entramos a la etapa final, ojalá la disfruten.


    Unidos por la sangre:

    Agustina se encontraba en la sala de entrenamiento, a punto de ser testigo de un combate de entrenamiento. Quienes iban a luchar en ese momento eran Ace y Bastien. Además de ellos tres, no había nadie más en la sala de entrenamiento. Agustina miraba con atención como sus compañeros se preparaban para enfrentarse mutuamente, recordando una conversación que había tenido en la noche con Bastien, la cual le molestó mucho.

    […]

    Agustina había ido a la sala de entrenamiento, dirigiéndose al final, para entrar en el depósito donde guardaban las provisiones. Tomó un vaso y se sirvió algo de agua, dado a que le había dado sed. Mientras bebía, escuchó pasos acercándose a ella dentro de la sala. Volteó para ver quién era y descubrió que se trataba de Bastien, quien también se sirvió algo de agua.

    Veo que a ti también te da sed por las noches — el soldado sonreía.

    ¿Es eso lo qué te pasó a ti? — Agustina no le creía — ¿O solo estás siguiéndome?

    No creo que tenga que decírtelo, después de todo no me creerás — Bastien tomó el vaso con agua.

    Agustina no quería quedarse para seguir hablando más tiempo con él, por lo que guardó el vaso de agua y se disponía a irse, pero Bastien se interpuso en su camino. El soldado tenía ganas de preguntarle algo, y ella solamente quería que se terminara.

    Estuve escuchando algo de tu conversación con Ace — le dijo Bastien — Le has dicho que él puede tocarte sin que le des permiso.

    Exactamente, porque él y yo somos pareja, y usualmente eso es algo íntimo que las parejas acuerdan — Agustina respondía de forma sarcástica.

    Yo estaba pensando… ¿y si mejor me dices esas cosas a mí en lugar de a él?

    ¿Por qué debería de hacerlo? Ace es un chico amable, respetuoso y también sensible. En cambio, tú solamente eres una cara bonita y nada más.

    Agustina se retiró del lugar, dado a que no quería seguir viendo ni escuchando a su compañero, quien no la perdió de vista ni un solo segundo.

    […]

    Bastien también recordaba dicha conversación, pero de manera algo diferente a su compañera.

    […]

    Después de que Agustina le dijera que solamente era una cara bonita y nada más, Bastien mostró una pequeña mueca de molestia ante dicho comentario. Su compañera se retiró, y él aprovechó cada momento que estuvo en la sala de entrenamientos para mirarle el culo, al mismo tiempo que una expresión de morbo reemplazaba su mueca.

    A Ace no le queda mucho tiempo de vida, cariño — pensaba Bastien — En dos meses, como mucho, tú vas a estar en mi cama, y Ace va a estar bajo tierra. La pregunta es, ¿en qué planeta lo vamos a enterrar? Quizá en Pgarak, quizá en la Tierra, quizá ni siquiera podamos darnos el lujo de enterrarlo.

    […]

    El soldado sabía que no iba a ganarse a su compañera con esta batalla, pero había retado a Ace a una pelea para derrotarlo y alimentar su orgullo un poco más. Ace le molestaba mucho, y tenía que derrotarlo para poder estar tranquilo. Aunque solamente fuera una simple pelea de entrenamiento, lo quería ver siendo inferior a él.

    La pelea ya estaba por comenzar, y se usarían las reglas propuestas por Brandon en Black Meteor. Los golpes a la cabeza no eran válidos, ni tampoco lo eran los que iban por debajo de las rodillas. El objetivo era tirar al suelo al enemigo y mantenerlo allí por unos segundos. A Ace le pareció una buena oportunidad para medirse contra quien era, según Wagner, el segundo soldado más hábil del equipo, además de contar con la mayor fuerza física. Después de la preparación, la pelea dio inicio.

    Ace decidió no confiarse y ser el primero en atacar, empezando a correr hacia Bastien, quien lo esperó pacientemente. El soldado le tiró un puñetazo que Bastien esquivó con facilidad moviendo su cuerpo unos centímetros hacia atrás, para luego darle un potente golpe de puño en la barbilla a Ace. El soldado sintió la fuerza del golpe, y comprobó de primera mano que Bastien poseía una fuerza muy grande. Sin embargo, el golpe fue en la cabeza, por lo que perdió el combate.

    — Eso no es lo que acordamos — Ace abandonó su postura de combate — Has perdido.

    — Vamos, es una regla tonta, luchemos con todo como verdaderos soldados — Bastien se le acercó corriendo.

    Antes de que Ace pudiera tomar una postura defensiva, Bastien le metió un rodillazo en el estómago, y luego le dio un golpe en la cabeza. Odiaba a los tramposos. Su compañero accedió a luchar según esas reglas, y ahora las estaba desobedeciendo. Ace no quería quedarse atrás, ya que había recibido tres golpes al hilo de su rival. Cuando Bastien se le acercó para darle un puñetazo con el brazo izquierdo, Ace se inclinó hacia adelante para esquivar el ataque y también darle un golpe en el estómago, que parecía no haberle causado ningún daño a Bastien, que no se movió del lugar. Antes de que el ex líder pudiera responder, sintió un codazo en la nuca, el cual lo terminó derribando al piso. Colocó ambas manos sobre su pecho para evitar tocar el suelo, y luego rodó justo a tiempo para esquivar un golpe de puño de Bastien. Ace se levantó del suelo rápidamente y le dio una patada en la cabeza, la cual logró moverlo unos metros hacia el costado. Ace ahora corrió de nuevo hacia él, y cuando Bastien quiso darle un puñetazo, Ace se tiró al suelo de frente, para luego rodar y quedar de espaldas a él. Sin levantarse del piso, pateó una de las piernas de Bastien con ambos pies, causando que su rival perdiera el equilibrio y terminara cayendo de espaldas al suelo. Antes de que pudiera reaccionar, Bastien recibió un codazo de Ace que lo aturdió un poco, y luego sentía como le pisaban la cabeza.

    Ace logró evitar que su compañero lograra levantarse del suelo, ganando la pelea. Retrocedió un poco para alejarse de él. Lo habría ayudado a levantarse, pero no le gustó el hecho de que hubiera hecho trampa. Al estar distraído, no logró ver a Agustina acercarse por el costado. La chica saltó hacia su novio para luego darle un abrazo y un beso. Ace correspondió, tomándola de la cintura. Su chica estaba verdaderamente feliz de que le hubiera dado una pequeña humillación a Bastien, quien, por su parte, miró hacia el frente para ver a la pareja besándose delante suyo.

    — Este tipo me hace querer vomitar — Bastien pensaba con furia mientras se levantaba.

    Una vez terminado el combate, los tres se retiraron. Aunque uno de ellos iba muy enojado por lo acontecido recientemente.

    Devlin estaba recostado en su habitación muy pensativo, y a punto de derramar un par de lágrimas. El soldado no se podía quitar a su novia de la cabeza.

    — Esta es la primera vez que despierto en la nave y no estás conmigo — Devlin hablaba en voz alta, aunque nadie lo estaba escuchando— Erin, no sabes lo mucho que te extraño.

    El soldado quería ser fuerte, pero no logró evitar que un par de lágrimas cayeran de los ojos. Habían pasado dos días, pero él no la podía olvidar. Sus momentos más felices los pasó con ella haciéndole compañía, pero el dolor de su muerte era muy fuerte como para que lo soportara. No quería tener recuerdos de Erin, simplemente quería olvidarla. Su tren de pensamientos fue interrumpido cuando llamaron a su puerta. El soldado tomó las sábanas de su cama para secarse las lágrimas, y luego avisó a quien estuviera llamando que podía entrar.

    — Adelante — indicó el soldado a quien estaba afuera.

    Gwyn y Thomas entraron en la habitación de su compañero, que decidió levantarse para poder hablar de frente con ellos. Los dos soldados se hallaban preocupados por él, y querían comprobar su estado.

    — ¿Cómo estás? — fue la pregunta de Thomas, aunque por la cara de Devlin, se imaginaba su estado.

    — Como se puede — contestó el soldado — Agradezco que hayan venido a preguntar.

    — Erin era mi mejor amiga, Devlin, eso quiere decir que no eres el único que sufrió una pérdida bastante grande — respondió la chica — Era especial, sin duda alguna.

    — Mejor no estiremos esto por mucho tiempo — dijo Thomas, quien dio paso a su tema principal de conversación — ¿Cuál es tu opinión de todo lo que pasó? Todos sabemos que aconteció, pero queremos saber cómo lo ves.

    — Hay una sola persona que es culpable de todo esto — las palabras de Devlin llamaron la atención en sus dos compañeros — Es Michael. Los berrod podrían haber hecho cosas horribles, los garak también, pero Michael es el responsable de esto. Si él no se hubiera ido solo, todos habríamos ido en una nave segura a recuperar a Alicia. Nunca habría conocido a Orz, y él nunca habría salido de la prisión en la que estaba.

    — Entiendo que veas a Michael como culpable — Gwyn en parte estaba de acuerdo con Devlin — Pero fueron los berrod los que desencadenaron esto. Si no hubieran atacado a los garak, nada de lo que pasó habría terminado así. Alicia tendría a su familia con vida, Michael nunca hubiera conocido a Orz, y probablemente Erin y el comandante Richard estarían vivos ahora mismo.

    Devlin sabía que lo que Gwyn decía era verdad, pero se negaba a aceptarlo. Para él, Michael era el principal culpable. Sin embargo, las palabras de su compañera le hicieron desviar algo de su furia hacia los berrod. Aún más de lo que estaba dirigida.

    — Tienes razón, Gwyn — Devlin aceptó lo que decía — Pero no creo que uno sea más culpable que el otro. Michael y los berrod tienen la culpa de esto… por igual.

    — ¿Qué piensas hacer? — Thomas quería saber a dónde apuntaría su compañero a partir de ahora.

    — Erradicar a los berrod de la existencia, eso es seguro — Devlin apretó ambos puños de sus manos — No dejaré a ninguno de ellos con vida. La muerte de Erin no será vengada del todo hasta que no estén todos muertos.

    Gwyn y Thomas estaban preocupados por su compañero en ese momento. Su deseo de matar a esa raza era muy grande, y se podía notar. Por más que no estuvieran de acuerdo con la forma en que Bastien lo hizo notar, Devlin podría actuar de forma desprevenida durante la misión, lo cual no era demasiado recomendable. Aunque todavía quedaba tiempo para que llegaran, y tal vez su actitud cambiara con el tiempo. Los dos soldados se quedaron un tiempo más con su compañero, charlando de sus nuevos compañeros.

    — ¿Qué opinas del resto del equipo? — preguntaba Gwyn.

    — Wagner es muy agradable, y Dustin también — contestó Devlin, quien pensaba en los otros dos que quedaban — Pero Bastien no me termina de cerrar, y Owen es un tonto. Siempre intentando decir algún chiste de cualquier situación. Intenta ser un comediante, pero termina siendo un payaso. No me agrada, al menos no de momento. Pero no siento odio por ellos.

    — A mí me caen bien todos, excepto Bastien — Gwyn recordaba la forma en la que habló sobre la muerte de Erin como si no fuera nada.

    — Yo pienso lo mismo, pero no soy quien para juzgarlo — Thomas recordaba la misión de recolección de recursos — Siento que él se siente mal por ser el segundo mejor del equipo, pero no ha causado ningún problema, por lo que Wagner nos dijo. En cierta forma, él ahora es mucho mejor de lo que yo fui antes.

    — Pero tú reconociste tu error, y cambiaste — Gwyn le tomó la mano a su novio — Él parece que no va a cambiar en ningún momento.

    — Yo cambié luego de que los destinos de Harold y Julie estaban decididos — Thomas estaba apenado por recordarlo — Él aún está a tiempo de cambiar.

    — Hey, no te culpes mucho, Thomas — Devlin sonaba apenado con su compañero — En cierta forma, yo me acobardé y no hice mucho para evitar que Julie muriera. Pero si sigues diciendo que fue tu culpa, voy a terminar asumiendo que verdaderamente lo es.

    — Supongo que una mentira que se dice muchas veces se termina convirtiendo en verdad — pensó Thomas — Pero ciertamente no es una mentira. Yo tengo parte de la culpa.

    — Mejor no hablemos más sobre Erin ni sobre Julie — Devlin quiso terminar esa conversación que no ayudaba en nada a ninguno de los tres.

    En la sala de comandos, Dustin y Owen acompañaban a Wagner y a su padre Zion. El comandante comparaba las coordenadas que le entregaron en el informe, y las coordenadas actuales a las que la nave se dirigía en dicho momento. Tras recuperar el satélite, deberían fijar su rumbo hacia Pgarak, y aún no terminaba de comprender del todo el resumen, dado a que también incluía coordenadas de los otros dos planetas que una vez estuvieron bajo el control de quienes serían sus nuevos aliados.

    — Eligieron los peores nombres — los tres soldados escucharon las palabras de su comandante — Su planeta de origen se llamaba Garak. Luego le agregaron una letra delante de dicho nombre a cada uno de los planetas restantes. ¿Les costaba tanto asignarles un número?

    — Es como si nosotros descubriéramos un planeta similar a la Tierra y lo llamáramos Ntierra, por poner un ejemplo — Owen estaba de acuerdo con lo que decía el comandante.

    — Encima ya han perdido los otros dos planetas — Dustin expresaba su opinión — Podrían devolverle el nombre original a su planeta, y darnos las coordenadas de ese mismo.

    — Lo bueno es que dudo que tengamos que regresar a este lugar después de la guerra — Wagner se veía optimista — Con la amenaza de los berrod exterminada, podremos confiarle a los garak la exploración del sector 2-B, lo cual es una gran ventaja para nosotros. Aún quedan otros siete sectores, pero es mejor esto a nada.

    — Cualquier cosa que sume, aunque sea un poco, es buena — respondió el padre de Wagner, quien compartía el pensamiento de su hijo.

    La nave espacial continuaba el camino hacia la salida del sistema solar, en donde el grupo del comandante Richard había liberado el primer satélite que lanzaron al espacio. Recuperarlo era el primer paso de la misión, y no era algo que pudieran dejar para más tarde.

    […]

    Cuando los siete días transcurrieron, la nave del comandante Zion ya estaba entrando en la atmósfera de Pgarak. El viaje se le pasó muy rápido a todos los soldados, quienes decidieron prepararse para poder descender en el planeta. Lo primero que habían preparado era el satélite, para que los ingenieros de dicha especie pudieran analizar el satélite, de forma en que cualquier nave del Zenith pudiera comunicarse con cualquier nave de dicha especie.

    Al bajar un poco la altura de dicha nave, lograron divisar que debajo suyo tenían una ciudad. Los edificios de los garak contaban con un diseño uniforme, consistiendo varios de ellos en casas u otros edificios de forma cuadrada o rectangular, imaginando que eso dependía de la función que cumpliera dicho edificio. Los mismos eran demasiado bajos en altura, no llegando a tener más de dos pisos.

    El grupo no sabía a donde ir, pero luego, en el cielo del planeta, se vieron tres luces rojas a la distancia. Considerando que podría ser una señal, el comandante fijó la nave en ese rumbo. Tal y como lo había pensado, dicha luz se trataba verdaderamente de una señal. Salieron de esa primera ciudad a la que habían ido, y luego llegaron a lo que sería una especie de capital para la especie garak. Los edificios allí eran bastante altos, y se podían ver varios tipos de estructuras con distintas formas en dicho lugar. Al oeste se podían ver edificios de forma circular, al norte y al sur, edificios de forma triangular, y al este solamente había un edificio de forma irregular, bastante alto, acompañado de un largo campo abierto. Considerando que ese lugar sería el más apropiado para dejar la nave, y que ese edificio alto era la base principal del planeta, fijaron el rumbo hacia allá.

    Aterrizaron y detuvieron la nave en dicho lugar, y lograron ver a través de una cámara que un grupo de garaks, que también iba acompañado por dos humanos, se estaba acercando. Sabían que habían aterrizado en el lugar correcto, por lo que el grupo descendió y se quedó cerca de la nave.

    A su encuentro llegaron Michael y Alicia, acompañados de Asmir, Plamo y Domir sin mencionar a un total de diez guardias garak, los cuales iban armados. Michael y Alicia se alegraron mucho de ver a sus compañeros, y también descubrieron que había cinco caras nuevas con ellos. Asumieron que el mayor de todos ellos, que resultaba ser Zion, debía ser el comandante, y los otros cuatro serían sus compañeros. Una vez que todos estaban en el mismo lugar, dieron lugar a las presentaciones para luego ponerse al corriente.

    — Bienvenidos a Pgarak — Asmir fue quien habló — Veo que hay caras nuevas, por lo que debo presentarme. Yo soy Asmir, el líder de nuestra especie. Quien está a mi derecha es Plamo, el segundo al mando. Y el que está a mi izquierda es Domir, mi tercero al mando.

    — Es un gusto conocerlo, Asmir — Zion se presentaba — Me llamo Zion Stones, y soy el comandante del grupo. Imagino que habrán conocido al fallecido Richard Sable. Ante su muerte, yo soy quién está puesto al cargo.

    — Solamente lo he conocido de nombre — Asmir se olvidó por completo del nombre del comandante fallecido, pero no quiso ofender a Zion — Antes de que el tema se desvíe, quiero informarles lo que hemos hecho con Michael y Alicia.

    Todos los humanos recién llegados prestaron atención a lo que iban a escuchar a partir de ahora. Una parte del trato consistía en que los garak lograrían evitar que Orz estuviera libre, además de ayudar a Alicia a poder disparar energía igual que ellos. Alicia fue quien primero demostró sus nuevas habilidades. La chica empezó a acumular energía en sus manos, algo que antes no podía hacer, y luego la liberó apuntando en una dirección donde no había nada ni nadie. El disparo de energía recorrió una distancia muy grande antes de desaparecer, que claramente era superior a la distancia a la que ellos podían disparar su energía.

    — Los disparos de Alicia llegan a un alcance muy superior a los disparos de Michael — explicaba Plamo, quien fue el encargado de experimentar con ella — Quisimos exponer a Michael a la radiación, para que él pudiera disparar de la misma forma, pero no dio resultado.

    — Aparentemente, ya hemos evolucionado una vez, e imagino que ya no lo podemos volver a hacer — Michael daba nota de su experiencia — Además, cuando expusieron a Alicia a una cantidad considerable de radiación, ella quedó inconsciente por mucho tiempo. Sin embargo, conmigo no tuvo ningún efecto.

    — Nuestra conclusión es que el cuerpo humano ya no puede evolucionar más — Alicia agregó — Luego me expusieron a más radiación, pero no consiguió ningún efecto en mí.

    — Pero nosotros estuvimos en una cueva repleta de radiación al ser expuestos por segunda vez — Ace recordaba dicho acontecimiento — Y nuestros disparos son limitados.

    — Nos aseguramos de exponer a Alicia en una cápsula cerrada — Domir daba su opinión — Tal vez en la cueva había mucha dispersión, y es por eso que terminaron así.

    — No lo sé, nunca entendimos de donde viene esta maldita radiación — Zion se quejaba al no poder crear una relación entre los hechos que él vivió y los experimentos garak — Es justamente por eso que exploramos el espacio en primer lugar.

    — ¿Y qué pasó con la situación de Michael y Orz? — Devlin quería saber si habían logrado aislar al asesino de Erin del cuerpo de su hermano — ¿En dónde está?

    Las caras de Michael, Alicia y los tres líderes garak mostraron una expresión seria. El grupo del Zenith no entendía lo que pasaba, y lo tomaron como malas noticias. Sin embargo, Michael había logrado hablar como él acostumbraba hacerlo, lo cual quería decir que Orz debía estar preso en algún lado. Los líderes garak no estarían tan tranquilos de no ser así. Asmir fue quien decidió hablar, al notar que el comandante Zion dejó ver una expresión de impaciencia.

    — Intentamos todo lo que pudimos, pero sus mentes estuvieron juntas por muchos días — explicaba Asmir — No hay manera de separar a Michael de Orz, sin importar que máquina se utilice. Retirar una mente implica retirar la otra.

    — ¿Y qué fue lo que hicieron? — Gwyn quería respuestas — Si Michael está libre, quiere decir que algo debieron haber hecho al respecto.

    El soldado del Zenith arremangó su uniforme, descubriendo su brazo izquierdo. Todos observaron con curiosidad, y lograron ver una placa de metal con forma de rombo cocida a la piel de su compañero. En el centro del rombo había una luz de color azul. A todos les impactó ver algo como eso, pero no entendían lo que quería decir.

    — Esta placa envía pulsos eléctricos al sistema nervioso, lo cual mantiene a Orz en mi cerebro, sin poder salir — explicaba Michael, quien no estaba orgulloso de contar eso.

    — ¿Te duelen esos impulsos eléctricos? — Dustin quería saber lo que se sentía.

    — Ni los siento, pero esta placa está cocida a mi piel, y está sujetada con clavos a mis huesos — Michael relataba recordando ese día con poca alegría — A pesar de la anestesia, y de que mis huesos, músculos y piel se hicieron más resistentes, me dolió como el infierno.

    — Si la radiación no lo hubiera vuelto más resistente, lo más probable es que su brazo se hubiera roto en el instante — las palabras de Asmir causaron algo de nauseas en el equipo del Zenith — Pero mantiene a Orz retenido. Sin embargo, si dicha placa es destruida, Orz será libre otra vez.

    — ¿Qué pasará si te llegan a cortar el brazo? — preguntó Bastien, que quería saber las consecuencias.

    — Orz será libre, pero imagino que la pérdida de sangre me dejará inconsciente el tiempo suficiente para que puedan ponerme otra placa en el otro brazo — Michael dijo lo que le habían explicado — Igualmente, en cada misión, incluso la más simple, voy a llevar puesta mi armadura. Esto me dolió mucho, y lo que menos quiero es pasar por esto otra vez.

    Por lo que Michael decía, todos asumieron que tener esa placa insertada en la piel, sin importar que parte del cuerpo sea, debía doler. Pero Orz ya se encontraba preso otra vez, que era lo importante. No era una prisión ideal, pero Michael podía tener el control absoluto de su cuerpo una vez más.

    Con lo concerniente a Michael y Alicia ya discutido, Zion decidió comunicarles lo del satélite a los garak.

    — Escuchen, hemos traído un satélite de la Tierra hasta aquí — explicaba Zion a los líderes garak — Queremos que sea configurado por sus ingenieros, de manera que nuestras naves y las bases en nuestro país se puedan comunicar sin problema alguno con sus naves y las bases de este planeta.

    — Será algo difícil, porque nosotros no sabemos mucho sobre su tecnología — Asmir no se veía muy optimista respecto a esto — Pero haremos lo que podamos.

    — Te acompañaré — fue la respuesta de Zion — Llevemos el satélite a su edificio principal. Mientras más rápido empecemos, más rápido terminaremos.

    — Plamo, Domir y algunos de ustedes, quiero que nos ayuden a cargar el satélite — ordenó Asmir.

    De esa manera, los guardias garak acompañaron a sus líderes y al comandante del Zenith al interior de la nave, donde tomaron el satélite, y se encargaron de llevárselo hasta el interior del edificio. Los garak no habían visto algo así en su vida, por lo que sería difícil configurarlo correctamente, por lo que Zion debería prestar toda la ayuda posible al respecto.

    Los soldados humanos se quedaron solos, momento que Michael y Alicia decidieron aprovechar para saludar de forma debida a sus compañeros, algo que no pudieron hacer debido a la charla que tuvieron los líderes.

    — ¿Cómo están? — preguntó Michael, estrechando la mano con Ace.

    — Mejor que tú seguro — Ace no se sentía muy bien bromeando con Michael de su situación, pero dado a que él parecía tomárselo muy bien, no vio motivos para no hacerlo.

    — Los extrañé mucho — Alicia abrazó a Agustina, quien correspondió dicho abrazo.

    — Yo también opino lo mismo, no es lo mismo sin ustedes — fue la respuesta de Agustina.

    — ¿Cómo estuvo el viaje? — le preguntó Michael a Gwyn.

    — Hemos aprovechado el tiempo para entrenar más que nada — respondió Gwyn, estrechando la mano con Michael.

    — ¿Cuánto tiempo han entrenado ustedes? — preguntó Thomas queriendo saber de la preparación de sus compañeros — Imagino que los experimentos les habrán quitado mucho tiempo.

    — Lo que dices es verdad, además de que no pudimos entrenar en el viaje porque la nave garak no cuenta con una sala de entrenamiento — contestó Alicia, quien le dio un abrazo a Thomas y luego a Gwyn.

    — ¿Cómo has estado, hermano? — Michael extendió su mano para saludar a Devlin.

    Devlin se enojó con su mellizo por intentar saludarlo así nada más como si nada hubiera pasado, por lo que le dio un golpe a la mano de Michael, apartándola del frente suyo. Esta acción causó confusión en todos, incluyendo a los nuevos compañeros de ambos.

    — Devlin, ¿qué ocurre? — Wagner quería saber por qué reaccionó de esa manera.

    — ¿Qué te pasa? — fue la respuesta de Michael, quien no entendía nada.

    — ¡¿A ti que mierda te pasa?! — los gritos de Devlin sorprendieron a todos los demás — ¡Vienes y me quieres saludar sin antes pedirme una puta disculpa! ¡¿Acaso no te diste cuenta de lo que hiciste, pedazo de mierda?! ¡Mataste al comandante Richard, a Erin, y a nuestros padres! ¡Me dejaste destruido por tu puto capricho de querer salvar a Alicia tú solo, y ni siquiera me vienes a ofrecer una disculpa! ¡Pedazo de mierda!

    Devlin golpeó en el rostro a Michael, asustando un poco a Gwyn, Agustina, Alicia, Owen, Dustin y Thomas. Wagner y Ace decidieron acercarse a él, mientras que Bastien simplemente lo miraba con seriedad.

    — Devlin, tranquilo — Ace se interpuso entre él y Michael — No quieres empezar una pelea con Michael. Él no es tu enemigo. Solamente estás enojado. Cálmate un poco.

    — Ace dice la verdad — Wagner se colocó delante suyo — Te estás dejando llevar, y si sigues así, haré que mi padre te retire de la misión.

    — Devlin, yo soy tu hermano — Michael se frotó la zona donde Devlin lo golpeó — Nacimos el mismo día, crecimos juntos, estudiamos juntos, e incluso luchamos juntos. No tuve la intención de matar a nadie. Ni siquiera fui yo el que lo hizo. Era alguien más utilizando mi cuerpo.

    — ¡Y tú fuiste quien le permitió usar tu cuerpo! — Devlin quiso lanzarse sobre Michael, pero Wagner y Ace lo detuvieron — ¡Pedazo de mierda, sabías que yo te iba a ayudar a recuperar a Alicia! ¡No tenías por qué irte por tu cuenta! ¡Todo esto es culpa tuya, tuya y de los berrod!

    — ¡Devlin, cálmate de una vez, no lo repetiré! — Wagner se puso serio al ver el enojo de su soldado.

    — Devlin… — Alicia se acercó hasta él algo asustada, pero sabiendo que tenía que preguntarlo — ¿Me consideras responsable por lo que le pasó a Erin?

    — Alicia es inocente — Michael tomó la mano de Alicia para luego arrastrarla lejos de él.

    — Puede que esté furioso, pero no soy un ignorante — Devlin sonó muy furioso — Alicia no tiene nada que ver en esto. La culpa de que Orz se metiera en tu cuerpo es toda tuya, Michael. No nos esperaste a nosotros, pero hiciste un trato con un tipo al que no conocías de nada. Además, fuiste tan descuidado que ni siquiera nos revelaste nada.

    — Creía que lo podía mantener bajo control — Michael agachó la cabeza, sabiendo que lo que Devlin decía era verdad.

    — Bueno, no pudiste, pedazo de mierda — Devlin se había tranquilizado un poco — Y Orz mató a Erin y a nuestros padres. Además, vienes y me hablas sin disculparte. Por supuesto que no habría aceptado tus disculpas, pero me haría tener una mejor opinión de ti. Pero resulta que eres un pedazo de mierda. No te puedo considerar mi hermano. Por lo que a mí concierne, lo único que me une a ti es la sangre que llevamos. Fuera de eso, solo eres un tipo con el mismo apellido y una apariencia parecida.

    Devlin se alejó muy molesto del resto del grupo. El soldado entró en la nave, ciertamente sin ganas de continuar viendo a su hermano o incluso hablar con él. Los gritos de Devlin llamaron la atención de un par de guardias garak, quienes se acercaron para ver que no hubiera problemas, y luego de que Devlin se retirara, decidieron marcharse del lugar.

    Michael se sentía mal por las palabras de Devlin, al punto de que derramó un par de lágrimas. Con la muerte de Julie y sus padres, la única familia cercana que le quedaba era Devlin, y ahora mismo él no lo consideraba como parte de su familia. Lo peor de todo, era que Michael era responsable del enojo de Devlin, incluso él mismo lo justificaba.

    Todos, exceptuando a Bastien, sentían lástima por Devlin, y mantenían la cabeza agachada. El soldado decidió romper el silencio.

    — Sabía que sería un problema — Bastien no evitó decir lo que pensaba — Espero que no estropee la misión.

    — ¿Quién eres tú? — Michael miró algo furioso a Bastien por hablar así de su hermano.

    — Me llamo Bastien Beck — contestó con seriedad el soldado — No hace falta que se presenten, porque ya conozco sus nombres.

    — Yo soy Dustin Burntforest — el soldado se presentó.

    — Me llamo Owen Jungle — su compañero procedió a lo mismo.

    — Y yo soy Wagner Stones — el soldado miró atentamente a Michael — Soy hijo del comandante Zion Stones. Y también soy el líder del equipo en las misiones.

    Michael estaba asombrado por ver que habían retirado a Ace del puesto de líder, pero considerando que Wagner era hijo del comandante, no debía sorprenderse demasiado. El soldado saludó a todos, exceptuando a Bastien, con un apretón de manos.

    — Aunque saben mi nombre, lo mejor es presentarme por educación — contestó Michael — Soy Michael Umcali.

    — Mi nombre es Alicia Noble — respondió la novia de Michael.

    Alicia saludó con un apretón de manos a todos los soldados, incluyendo a Bastien, dado a que no consideraba que él estuviera equivocado respecto a Devlin, lo cual no quería decir que le agradara. Bastien fue el primero, seguido por Dustin, Owen, y por último Wagner. El líder del equipo no le había prestado atención a Alicia, excepto cuando ella disparó la energía demostrando sus poderes. Ahora que ella lo saludó, la miró con atención. Al hacerlo, Wagner quedó impresionado con la belleza de su compañera. El soldado consideraba que su rostro era muy hermoso, y su cuerpo estaba bien dotado, quedando casi hipnotizado por su belleza. Fue tanta su impresión que le costó quitarle la mirada de encima. Sin duda alguna, Alicia logró que Wagner sintiera un poco de interés en ella con solo su primera impresión, al igual que como había ocurrido con Michael.
     
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    Saludos a todos. Llegó el momento de publicar el capítulo número 27 de esta tercera parte. Cada vez nos acercamos más al final de la parte III, y espero que la estén disfrutando a medida que la vayan leyendo. En fin, no hay mucho que decir respecto a esto, solamente desearles que les guste el capítulo.


    Solo uno de nosotros – Parte 1:

    Tres naves pertenecientes a los berrod se encontraban recorriendo el espacio exterior con dirección hasta el planeta conocido como Tgarak. Las naves estaban en una misión de reconocimiento cerca del planeta para poder verificar la actividad enemiga en dicho lugar.

    Hace varios días que los berrod se habían podido instalar en el planeta Sgarak, el cual quedó completamente abandonado luego de que se diera el incidente con Orz con los humanos, algo que era desconocido para ellos. Todas las naves junto a la población de dicha especie se asentaron en un extremo del planeta, justamente el opuesto al lugar en donde se encontraba la única base garak del lugar. Faltaba muy poco tiempo para que la órbita de Sgarak se acercara lo más que se pudiera hacia el planeta Pgarak, el cual sería el momento perfecto para que diera inicio el ataque. Sin embargo, antes se debía explorar a fondo el planeta Tgarak, un potencial peligro para su ataque. Reinor insistió en que no atacaran sin antes descubrir la cantidad de fuerzas que tenían sus enemigos en dicho planeta, motivo que llevó a esas tres naves a explorar el lugar.

    Cair, líder de uno de los grupos de batalla era el mandamás en esta operación, y por lo tanto, el piloto de la primera nave. Las tres naves y todas las tripulaciones le obedecían a él, al menos durante este momento. El soldado berrod supo que todo eso fue posible gracias al haber manipulado a Reinor con la creencia de la existencia de criaturas que lanzaban energía, lo cual él mismo confirmó que se trataba de una realidad, por lo que no fue una mentira del todo.

    — Este es el maldito lugar donde lo mataron — comentaba Keren, que no se despegaba del lado de Cair.

    — Tranquila, hermana, no vinimos por ellos todavía — fue la respuesta de Deren, que notaba la impaciencia en su único familiar con vida.

    — Pero tiene razón cuando dice que es el lugar donde uno de los mejores guerreros que teníamos perdió la vida — explicaba Cair, defendiendo a su pareja.

    El berrod tomó el control de una máquina y le dio una advertencia a los compañeros que viajaban en las otras dos naves.

    — Los garak poseen un gran poder capaz de derribar naves — advertía el líder de la operación — La última vez que atacamos este lugar, trajimos dos naves y una de ellas fue derribada. Hasta ahora no sabemos cuántos garak puede haber aquí, así que manténganse alerta.

    Los pilotos de las demás naves respondieron de forma afirmativa ante los dichos del líder de la operación. Las tres naves pasaron cerca del planeta, para después adentrarse en la atmósfera del mismo, teniendo cuidado en todo momento de no volar muy bajo para no ser detectados. La altura no les impedía ver lo que ocurría alrededor, dado a que contaban con cámaras que capturaban las imágenes del planeta y las transmitían hacia la nave.

    De primer momento, esas cámaras no captaban más que terreno vacío, sin presencia de actividad garak por ningún lado. Cair miraba el planeta y se dio cuenta de que, desde el último ataque que habían realizado al mismo, no había cambiado en casi nada, lo cual lo hizo sospechar.

    — Es extraño no ver a un centenar de garaks aquí — Cair notaba algo preocupado — Sabiendo que somos una amenaza potencial, ¿por qué no protegen mejor lo que es su planeta de defensa?

    — Tal vez confíen demasiado en sus soldados — a Keren no le gustaba lo que iba a decir — Likar dirige este lugar, y él fue capaz de derrotar a Orz.

    — Entiendo, pero por más bueno que sea no debería ser capaz de frenar una invasión completa por sí mismo — Cair sonaba cada vez más y más preocupado.

    — ¡Cair, mira! — Deren manipuló la cámara para poder captar imágenes desde más lejos — ¡Es la base principal de este planeta!

    Los tres miraron atentamente y pudieron identificar el lugar en donde los garak controlaban las operaciones del planeta. Dicho lugar también poseía armas capaces de derribar una nave desde las alturas, y cuando lo encontraron, creyeron que estaban en problemas.

    — ¡Maldición! — Cair no podía creer su suerte — ¡El enemigo nos va a descubrir! ¡Avisaré para dar la vuelta!

    — ¡Espera! — gritó Deren intentando detener a su líder — La última vez fueron capaces de derribar una de nuestras naves antes de que pudiéramos entrar en el planeta. Ahora mismo estamos dentro, e incluso hemos podido divisar su base.

    — ¿A dónde quieres ir con esto? — Keren no comprendía a su hermano en el momento.

    — Que puede que sus equipos estén defectuosos — Deren explicaba su teoría — Tal vez sus cañones de disparo no funcionen, o tal vez su radar no nos detecta, pero nos estamos acercando cada vez más y aún no nos ha pasado nada. Y recuerda que la otra vez ni siquiera habíamos entrado en su planeta y ya habíamos sido derribados.

    Las palabras de Deren causaron que Cair y Keren empezaran a considerar su teoría de que los garak tenían sus equipos defectuosos en ese instante. Si eso era verdad, lo que podrían hacer ahora mismo es verificarlo. Cair descendió un poco para estar a más baja altura, mientras les advertía a las otras dos naves que mantuvieran la guardia en todo momento en caso de que todo fuera una trampa de los garak. Sin embargo, no había razones para creer esto. Los garak ya tenían métodos para derribar naves que ni siquiera habían entrado en el planeta, por lo que utilizar eso como una trampa no era necesario para ellos.

    Cair quiso estar seguro, por lo que bajó todavía más su altura. Fue ahí cuando la cámara que tenían consiguió captar una mejor imagen de la base, la cual tenía el aspecto de estar abandonada, y con una nave incrustada en el lugar. Esto ciertamente le llamó la atención de los tres. Ya se habían acercado mucho, y ni siquiera habían recibido un ataque.

    — Esa es una de sus naves — Keren miraba más de cerca — Se estrelló en su base.

    — Si esto es cierto, quiere decir que sus equipos están descompuestos y que no nos podrán disparar — Cair conocía bien a los garak — No tiene sentido que estén usando esto para atraernos hacia ellos. No usarían una estrategia tan defectuosa, y menos cuando ya sabemos de primera mano de lo que son capaces.

    — ¿Qué es lo que opinas? — Deren quería saber cuáles serían las órdenes a seguir.

    — Opino que es hora de bajar y descubrir que ocurrió allí — Cair dio la orden explícita a todos los que lo acompañaban.

    Al cabo de un minuto, las tres naves de los berrod ya se encontraban en el suelo del planeta Tgarak, situándose muy cerca de la base de los enemigos. Los tripulantes de cada una de esas naves se colocaron las armaduras y tomaron sus armas, preparados para pelear contra cualquier garak que pudiera situarse allí. No tenían idea del momento exacto en el que esa nave se estrelló, pero si se trataba de algo reciente, lo deberían aprovechar.

    — ¡Ahora! — Cair ordenó a su grupo que se pusiera en marcha.

    Todos entraron en la base de forma apresurada, dado a que querían aprovechar el instante para meter a la mayor parte del equipo en el interior de su base antes de que los garak tuvieran tiempo si quiera de descubrir quiénes estaban allí. Sin embargo, al momento de entrar, todos se llevaron una gran sorpresa. La base estaba totalmente abandonada, al punto de que no quedaba ningún garak a la vista. Los equipos estaban totalmente destruidos, e incluso las luces de emergencia ya no funcionaban. Claro que esto era solo la parte delantera del lugar. Cair ordenó que un grupo numeroso lo acompañara a explorar el lugar.

    A pesar de registrar toda la base desde comienzo a fin, el resultado fue el mismo. En ese lugar ya no quedaba nada útil. Los equipos eran inservibles y los trabajadores no estaban. Todo aquello que pudiera tener algún valor ya se lo habían llevado. Cuando ya no les quedó nada por registrar, Cair regresó con el grupo principal.

    — ¿Y bien? ¿Qué es lo que pasó aquí? — preguntó uno de ellos.

    — No estoy seguro, pero lo que sea que haya pasado terminó destruyendo este lugar — una sonrisa siniestra se formó en el rostro del líder — Esto quiere decir que los garak han perdido este planeta. Ahora mismo solo les estaría quedando su planeta principal, y no habrá forma de que reciban ayuda de ningún otro lado. Si me preguntan a mí, este es el momento en el que nuestros enemigos están más vulnerables que nunca, y lo tenemos que exprimir. Tomen fotos de este lugar para enseñárselas a Reinor. Estoy seguro de que le gustará ver un escenario como este.

    Una vez que los berrod tomaron las imágenes que el líder de la expedición les pidió, estos regresaron a sus respectivas naves, para poder despegar y dirigirse nuevamente con los suyos. No había uno solo que no estuviera feliz de lo ocurrido. No se sabía que había pasado, pero sus enemigos quedaron debilitados. Probablemente no tendrían otra oportunidad así, por lo que hicieron que las naves se movieran del planeta y por el espacio a la máxima velocidad permitida.

    Cair se encontraba piloteando la nave, siendo acompañado solo por su novia, Keren, la cual se encontraba muy alegre tras haber descubierto lo que les ocurrió a los enemigos. La mujer se sentó sobre las piernas de Cair, quien se alegró un poco por aquel gesto.

    — Dime, ¿para ti que crees que pasó? — preguntaba Keren, quien tenía deseos de saber la opinión de su pareja.

    — Veo dos opciones posibles — explicaba el líder de la operación — Los atacó alguna otra raza, o están pasando por una guerra interna. Si me preguntas cual prefiero, escojo la segunda.

    — ¿La guerra interna? — a Keren le llamaba la atención que Cair pensara de esa manera.

    — Si los garak están luchando entre ellos, es el momento perfecto para que los ataquemos — Cair daba su punto de vista — Espero que no estén siendo atacados por otra especie, porque eso nos daría más trabajo.

    — Igualmente podríamos matarlos a los dos si es el caso — Keren puso su rostro cerca del de Cair.

    — Mataremos a todos los que se encuentren en Garak — afirmó Cair, muy seguro de sí mismo — Sean solo ellos, dos especies, tres, cinco o diez. Los mataremos y nos quedaremos con ese planeta para nosotros.

    La pareja decidió relajarse y disfrutar de esta nueva información que habían logrado recolectar. Sin perder de vista su trabajo como piloto en el momento, Cair empezó a besar a su novia, la cual correspondía con la misma acción. El líder de la operación deseaba poder irse a alguna habitación con ella, pero sería un acto de irresponsabilidad que solamente lo haría quedar mal ante su líder. Él fue quien informó sobre los seres que disparaban energía, y quién tuvo la idea de acercarse a la base garak para verificar el estado de la misma, por lo que no podía dejar que unos momentos de placer se interpusieran en su misión.

    — Ya vamos a tener tiempo para hacerlo apropiadamente cuando exterminemos a los garak — decía Cair mientras besaba a su novia — Cuando ya no tengamos que preocuparnos de ellos, voy a pasar unos buenos momentos contigo.

    — Primero recuerda que tenemos que encontrar y matar al asesino de mi hermano — le decía Keren, sin distraerse del momento.

    — Es probable que ya se encuentre muerto en este momento — respondió el líder.

    Las tres naves berrod se dirigían nuevamente al planeta en cual se habían asentado temporalmente, listos para informarle a su líder acerca del estado actual en el que se encontraban sus enemigos. Ya todos estaban imaginando la cara de felicidad que pondría cuando le informaran que los garak se habían debilitado, y que su planeta ahora se encontraba vulnerable y listo para ser atacado por ellos. Si todo les salía bien, los berrod tendrían un nuevo hogar en el cual vivir, y podrían ponerle fin a sus tiempos de ir de planeta en planeta cambiando de lugar dependiendo de las condiciones en las que se encontrara el mismo.

    […]

    Zion se encontraba junto a Asmir y un grupo de científicos e ingenieros garak. El satélite humano era algo que nunca en su vida habían visto hasta ese día, por lo que descifrar su configuración para que tanto los planetas como el Zenith pudieran comunicarse casi sin problemas era un desafío para ellos, a pesar de su inteligencia. El comandante Stones estaba allí para brindarles ayuda con el procedimiento, y una vez que terminaron, solo restaría ir a colocar el satélite en el lugar en el que estaba antes, para así poder probarlo.

    — ¿Ya podemos comunicarnos con tu líder? — preguntó Asmir, quien había olvidado el nombre del líder del Zenith.

    — Me temo que no — contestó el comandante del Zenith — El satélite necesita estar en el espacio exterior para funcionar de forma apropiada. Aquí no servirá de mucho.

    — ¿Por qué no te lo llevas a ese lugar si tanta falta hace? — uno de los científicos expresó su opinión.

    — Porque dentro de poco tendremos una guerra contra los berrod — afirmaba el comandante Zion — Necesitamos cinco días para llegar al punto en donde se debe dejar al satélite, y otros cinco días para regresar. Incluso aunque los berrod no lancen su ataque en el día uno, podrían hacerlo en cualquier momento, y terminar causando daños considerables.

    — Zion dice la verdad — expresaba Asmir ante los dichos del comandante — Necesitamos a todos los humanos aquí. Principalmente a Zion, Alicia y Michael. Si los berrod llegan a descubrir, aunque sea por accidente que Orz está en el cuerpo de uno de los humanos, lo liberarán, y ya nos costó mucho capturarlo en el Zenith cuando luchaba solo. Alicia es nuestra guerrera más valiosa, y alguien con la experiencia de Zion nos vendrá de utilidad. ¿O me equivoco?

    — Aún no he hablado casi nada con Umcali y con Noble, pero reconozco que son importantes basado en lo que me han dicho — explicaba el comandante, muy molesto de que lo llamaran por su primer nombre — Escucha, ¿podrías llamarme comandante Stones? He acostumbrado a mis soldados a que me hablen así, y si tú lo haces de otra forma los vas a impulsar a que me hablen así.

    — Perdóneme, comandante, pero yo soy el líder de los garak y usted no es el líder del Zenith — informaba el líder garak — E incluso aunque lo fuera, lo seguiría llamando por su nombre. Los garak no usamos lo que ustedes llaman como “apellido”, y no consideramos una falta de respeto llamarlo a usted por su nombre propio. Pero si se siente más cómodo con que lo llamen así, lo voy a intentar.

    — ¿Quién te habló sobre los apellidos?

    — Fueron Michael y Alicia. La verdad yo no puedo ver algo así como una cualidad útil.

    Zion estaba muy molesto con el líder garak. Desde que se convirtió en comandante siempre hizo que todos los que estuvieran en presencia suya, incluyendo al propio Magnus, lo llamaran comandante Stones. Consideraba que lo nombraran por su primer nombre como una falta de respeto a toda su carrera y su entrenamiento militar, pero no podía estar obligando a los garak a que lo llamaran de la forma en la que él quería, ya que, después de todo, la alianza con ellos no se había completado. Solamente podría aguantar esa situación mientras estuviera con ellos.

    Por otro lado, los soldados del Zenith se encontraban hablando en un recinto militar garak. En dicho lugar se podían ver armerías y otra clase de habitaciones donde se guardaban provisiones para la guerra. Garaks que portaban armas muy similares a los rifles de asalto humanos, circulaban por el lugar. El grupo se encontraba dividido en estos momentos. Michael, Alicia, Thomas, y Gwyn se encontraban sentados sobre un banco en medio de una de las paredes de la sala, hablando entre ellos.

    — Eso tuvo que doler demasiado — Thomas miraba el brazo de Michael — No sé cómo fuiste capaz de hacer esto.

    — Thomas, te confesaré algo — decía Michael, sonando algo serio — Cuando confesaste que causaste la muerte de Julie, yo tenía muchas ganas de darte una paliza.

    — ¿Y por qué no lo hiciste? — Thomas deseaba saber los motivos de su compañero.

    — Porque yo también tenía un secreto escondido, y a diferencia de ti, no lo pensaba revelar nunca — Michael agachó la cabeza algo apenado — No tengo derecho a odiarte, ni siquiera tengo derecho a criticarte. Yo causé las muertes de Richard, Erin y mis padres, dejando de lado a todos los garak, soldados del Zenith y soldados de Black Meteor que he asesinado. Tú solamente te consideras culpable de dos muertes, pero yo he causado todavía más. No olvidaré nunca tu confesión, pero no recibirás ni una sola palabra de mí.

    — ¿Cómo estás llevando todo esto? — Gwyn tenía curiosidad por ver como lo estaba pasando Michael.

    — Mal… — Michael miró a Gwyn a los ojos para después darle un abrazo — Lo siento, Gwyn. Erin era tu mejor amiga. Desde que hemos entrado a Tgarak solamente estuve lastimándote… perdóname.

    Michael realmente se sentía apenado por lo que hizo, lo cual causó cierta incertidumbre en Gwyn. La chica aceptó las disculpas de Michael, dado a que sonaban muy sinceras, y correspondió el abrazo del mismo. Sin embargo, ella nunca olvidaría lo que Michael había hecho. Alicia miraba con algo de seriedad como Michael y Gwyn se abrazaban. Entendía los motivos de ambos, pero eso no quería decir que le agradara demasiado. La chica se levantó y se sentó al lado de Thomas para hablar con él mientras sus dos compañeros estaban compartiendo el dolor del asunto.

    — Thomas, ¿qué me puedes decir sobre nuestros nuevos compañeros? — la chica tenía ganas de saber su opinión.

    — Bastien es un tipo insensible y que no es delicado para nada, pero el resto me agrada — Thomas contestó de acuerdo a lo observado durante la semana — Pero creo que tú deberías descubrirlo por tu cuenta.

    — ¿Cómo se encuentra Devlin? — Alicia supuso que se encontraba mal por Erin, pero quería saber en qué medida.

    — Está devastado — contestó Thomas — Michael, te sugiero que te muestres así con tu hermano.

    — Lo sé — el abrazo entre Michael y Gwyn terminó — Pero no quiere hablarme. No ha salido de su habitación de la nave. Espero que Ace y Agustina lo puedan convencer para que al menos acepte hablar conmigo.

    Mientras ellos se encontraban hablando entre sí, Ace y Agustina salían de la nave tras haber hablado con Devlin. Bastien y Dustin se estaban acercando a la nave misma, y cuando los vieron bajar solos, se dieron cuenta de lo ocurrido.

    — ¿No quiere salir? — preguntaba Dustin.

    — No, ya lo hemos intentado todo — contestó Agustina.

    — ¿Es por lo que siente, o solamente por su hermano? — preguntó Bastien, harto de la conducta de Devlin.

    — No nos lo ha dicho, pero seguro es por Michael — contestó Ace.

    — Bueno, entonces habrá que obligarlo a salir — Bastien estaba dispuesto a entrar.

    — Cuida tus palabras — Agustina veía como Bastien iba a entrar en la nave.

    — Si quieres puedes venir conmigo para asegurarte de eso — Bastien quería provocarla.

    — Ni lo sueñes — Agustina tomó a Ace del brazo — Regresemos con Michael para contarle todo.

    — Está bien — Ace empezó a caminar junto con ella — Estoy seguro de que lo querrá saber.

    Dustin y Bastien vieron como sus dos compañeros se marchaban para poder charlar con Michael acerca de la conducta de Devlin. Dustin miró a Bastien sin que se diera cuenta, y fue ahí cuando pudo ver una expresión de enojo en su compañero mientras miraba como la pareja se iba. No era normal en él mostrarse de esa forma, y lo sabía porque lo conocía muy bien, por lo que se vio obligado a preguntarle.

    — ¿En qué piensas? — Dustin se puso serio con él.

    — En nada que te deba preocupar — Bastien subió a la nave — Vamos a hacer que Devlin salga.

    — Espérame — Dustin lo acompañó.

    El soldado llegó a preocuparse un poco por Bastien, dado a que esa conducta que tenía no era muy normal. Sin embargo, él ya era mayor de edad y podría solucionar sus problemas por su cuenta. Ambos llegaron a la habitación donde se encontraba Devlin. Dustin se disponía a tocar la puerta, pero Bastien la abrió de golpe. Al entrar, Devlin, quien se encontraba mirando al techo, cambió su mirada hacia sus compañeros.

    — Debes tocar la puerta primero — no le agradó que entraran así en su habitación.

    — Lo siento, Devlin — decía Dustin, que estaba de acuerdo con él — Pero…

    — El comandante Stones quiere verte — Bastien quiso acelerar las cosas — Ahora. No lo hagas venir a buscarte como si fueras un niño pequeño.

    — Si tú lo dices — Devlin se levantó muy desanimado de su cama — ¿Y qué es lo que quiere exactamente?

    — Lo quiere discutir en persona contigo — Bastien no se mostró delicado al responder — Así que ven ahora.

    — Está bien, ya voy — fue la respuesta de Devlin.

    Los tres se dirigían al complejo para poder hablar con todos los demás, principalmente con el comandante Stones, aunque Bastien solo había mentido para obligar a Devlin a bajar de la nave.

    Wagner y Owen se tomaron un tiempo para recorrer el lugar, y ahora que ya habían visto los edificios garak desde más cerca, decidieron que sería mejor reunirse con los demás. En el camino, Wagner tocó un tema que le pareció importante.

    — Dime, Owen, ¿alguna de las chicas te parece atractiva? — a Owen le parecía raro que su líder hablara de eso con él.

    — ¿Bromeas? Las tres son una belleza — Owen no tenía problemas en decir la verdad — Lamentablemente todas ya tienen pareja, pero yo me conformaría con fotos suyas.

    El líder del equipo no pudo evitar lanzar una pequeña carcajada al escuchar a su compañero. Owen supo que Wagner no había sacado ese tema solo para quedar allí, así que esperó a que terminara de reír para poder seguir hablando.

    — ¿Y tú por qué preguntas? ¿Le echaste el ojo a alguna? — Owen creyó que la respuesta era un sí.

    — Alicia es una chica muy hermosa — Wagner fue sincero con su compañero — Recuerdo una foto que mi padre me mostró cuando mi madre y él eran jóvenes. Mi madre era muy hermosa, y Alicia se le parece mucho.

    — Supongo que es cierto lo que dicen que todos los chicos se enamoran de su madre — fue la contestación de Owen — Bueno, todos exceptuando a Dustin.

    Los dos empezaron a reírse sobre esa situación. Owen nunca se caracterizó por medir sus comentarios que creía graciosos, y ciertamente no iba a empezar en ese momento. Cada vez que tenía la oportunidad de burlarse de alguien, lo hacía, siempre que considerara que el tema de burla era realmente para burlarse.

    Owen y Wagner llegaron con Alicia, Michael, Gwyn, Thomas, Ace y Agustina. Poco después de que aparecieron, Plamo y Domir se acercaron hacia todos ellos, claramente para hablar de forma abierta. Ninguno de los dos estaba portando su armadura en el momento.

    — Escuchen, nunca les hemos pedido una disculpa oficial por haberlos atacado de esa forma — Plamo sí lo había hecho con Michael y Alicia, pero no con el resto — Lo lamentamos. Likar era quien tenía la mayor autoridad en nosotros tres, y no pudimos convencerlo para que se lo tomara con más calma.

    — Todo esto se pudo haber evitado si nos hubieran dicho la verdad desde el principio — contestó Gwyn, que sonaba muy severa con ellos — Lo sabían, ¿verdad?

    — Lo sabemos, y es por eso que queremos pedirles una disculpa — Domir sonaba muy arrepentido de lo que pasó — Pero ustedes podrían habernos preguntado también antes de llevarse a Alicia así nada más. Según lo veo, este malentendido fue culpa de todos. Y eso llevó a que Likar, varios de mis compañeros, su comandante, la chica llamada Erin, y varios de sus soldados estén muertos.

    — Un solo berrod fue capaz de aprovechar las mentiras entre nosotros para causar un daño inimaginable — Plamo veía la situación desde ese punto de vista — Por eso quiero que las mentiras terminen aquí y ahora, si es que no han terminado antes. Y para que sepan, Domir y yo estamos muy interesados en cooperar con ustedes. La idea de explorar el universo nos ha llamado mucho la atención, por lo que estamos pensando en pedir permiso para explorar junto con ustedes.

    Dichas palabras dejaron impactados a todos los soldados. Owen y Wagner no estaban demasiado convencidos, pero el resto de soldados experimentó de primera mano la fuerza que ellos poseían, y estaban seguros que su ayuda les vendría muy bien. Sin embargo, no era una decisión que ellos pudieran tomar.

    Un silencio incómodo era dueño del lugar ahora mismo, dado a que nadie sabía cómo contestar a esas palabras. En ese momento, Bastien y Dustin aparecieron acompañados por Devlin, quien no quitó su expresión de seriedad de su rostro, y ciertamente no miró a Michael. Su hermano se puso de pie para hablar con él, pero al acercarse, Devlin simplemente apartó la vista hacia otro costado. A todos, con excepción de Bastien, Plamo y Domir, les dolía mucho ver cómo estaba de mal la relación entre ambos hermanos.

    Antes de poder continuar, el comandante Zion se hizo presente en el lugar.

    — Umcali Michael y Noble Alicia, quiero hablar con ustedes en privado — ordenó el comandante — Luego contigo, Umcali Devlin. Y por último contigo, Stones Wagner.

    Michael y Alicia acompañaron a su nuevo comandante a un lugar donde nadie podría escuchar su conversación. La pareja se dio cuenta al instante de la enorme diferencia que había entre Zion y Richard tan solo por la forma en la que se dirigía a los soldados, sobre todo a su propio hijo.

    — Aunque ya me presenté, no lo hice con ustedes de forma directa — hablaba el comandante — Soy el comandante Zion Stones, y confío en que alguno de mis soldados ya les habrá hablado sobre cómo deben dirigirse a mí.

    — Sí, comandante Stones — ambos respondieron al unísono.

    — Me da gusto saber eso — Zion se acercó a ellos — Noble Alicia, tengo entendido que usted proviene de Coast Trident. Es un caso similar al del soldado Lakor Ace, que proviene de Black Meteor. Pero la lealtad de su compañero ha quedado demostrada. Sin embargo, usted hasta el momento no ha participado en misiones oficiales con el Zenith, siendo esta la primera — la seriedad con la que hablaba le causaba algo de miedo a Alicia — Mi pregunta es, ¿qué hará si no le gusta formar parte del equipo del Zenith? ¿Se quedará con nosotros, u optará por abandonarnos y regresar a su país? No se sienta presionada con su respuesta.

    — Coast Trident no tiene nada para mí, comandante Stones — Alicia respondía algo asustada — Soy la última superviviente de una expedición que ellos enviaron al espacio. La nave que nos otorgaron está destruida, y si regreso con ellos, me obligarán a trabajar como esclava hasta que pague los gastos.

    — No creo que sea tan cierto como usted dice — Zion no lo creía — Solo es necesaria una demanda con testigos y los líderes del mundo podrán optar por aplicar algún castigo sobre dicho líder, de la misma forma en que aplicaron castigos sobre Magnus Hotfire y Abel Hartka. Su respuesta no me convence, soldado.

    — Es la verdad, y no creo que el líder de Coast Trident lo vea como usted lo hace ver — Alicia se defendía — Además, ya no tengo familia o alguien especial que me motive a volver con ellos. Michael es la persona más especial para mí en este momento, y no lo pienso abandonar. No después de todo lo que hizo por mí.

    — Entiendo, y eso me lleva a usted, Umcali — Zion lo miró fijamente — Usted ha robado una nave militar, ha emprendido un viaje a un planeta peligroso por su cuenta, en contra de las órdenes de su comandante, y luego ha hecho una alianza en secreto con un berrod, la cual le costó la vida a su comandante, a varios compañeros, e incluso a sus padres. Imagino que saber eso es bastante castigo sobre usted, pero no voy a tolerar que se quede así. Todas las cosas malas que ha hecho, las hizo bajo las órdenes del comandante Richard Sable. Aplicarle un castigo no me corresponde a mí, dado a que usted solamente lleva unas horas bajo mis órdenes. Pero sepa que no le toleraré un solo error más. Si usted desobedece mis órdenes, o las órdenes de Stones Wagner, haré que lo retiren de su puesto de soldado. Y si esa desobediencia termina causando una muerte, haré que lo ejecuten por incompetencia, desobediencia e imprudencia. ¿Fui lo suficientemente claro?

    — Claro que lo fue, comandante Stones — Michael sentía una presión gigantesca encima — Obedeceré cualquier tipo de orden que usted o su hijo, quien ahora es nuestro líder, estén dispuesto a darme.

    Zion les hizo saber a los dos que se podían retirar para seguir con sus compañeros, pidiéndoles además que avisaran a Devlin que era su turno de hablar. La pareja se sentía muy presionada por la seriedad que el comandante les infundía sobre ellos. Claramente no deberían buscar una sola pizca del comandante Richard dentro de Zion, dado a que nunca la iban a encontrar.

    […]

    Las tres naves berrod ya habían aterrizado en Sgarak, más específicos en el lugar donde los berrod acordaron que guardarían sus naves para utilizarlas a futuro. Cair iba junto a Keren, Deren, y otros diez soldados berrod más hacia el lugar en el que se encontraba Reinor, líder de su especie.

    Sus compañeros, ya sea soldados o no, estaban algo extrañados por ver como ellos avanzaban con sonrisas en sus rostros, por lo que interpretaron que ellos debían estar portando buenas noticias. Fue así que el espíritu de alegría que sentían los que fueron a la operación en garak los terminó contagiando a ellos también.

    Finalmente llegaron al lugar donde se encontraba Reinor, ansioso por recibir alguna novedad. Como toda su gente, él también se sorprendió al ver esas sonrisas en los rostros de sus soldados.

    — ¿A qué se deben esas caras? — Reinor se acercó a ellos para entender mejor la situación.

    — Tan solo vea estas imágenes — Cair le alcanzó a su líder varios dispositivos que mostraban las imágenes que habían obtenido.

    Reinor los tomó a todos y se puso a mirarlos con atención, para ver qué era lo que descubría. Fue entonces cuando vio todo lo que ellos vieron. La base principal del planeta Tgarak estaba totalmente abandonada, y todo el equipo que quedaba estaba destruido. No tardó en darse cuenta que los garak habían perdido el planeta que utilizaban como apoyo en caso de una guerra contra los berrod.

    — Esto es una maravilla — Reinor no podía contener la felicidad en su cuerpo — ¿Qué fue lo que causó esto?

    — Podría tratarse de un conflicto con otra especie, o incluso una guerra interna — Cair le dio sus hipótesis a su líder.

    — Sea lo que sea, los garak están debilitados — el líder ya tenía decidido lo que iba a hacer — Tenemos que adelantar el ataque ya mismo. Ataque de otra especie o guerra interna no importa, tenemos que aprovechar esta ventaja gratuita. Sin importar que el conflicto esté teniendo lugar ahora mismo, o que haya terminado, ya no cuentan con su planeta de apoyo. Hay que golpearlos antes de que tengan algo de tiempo a recuperarse.

    Aunque el ataque a Pgarak iba a realizarse en un par de días, a los soldados no les importaba en realidad. Antes o después, la guerra iba a ocurrir, y si sus enemigos no tenían la misma fuerza que antes, era el momento perfecto para empezarla.

    — Quiero que todos los soldados que participarán del primer ataque coman bien y se aprovisionen para la lucha que se avecina — ordenaba el líder berrod — Esta será la guerra final. Ya han perdido dos planetas, y no abandonarán el último que les queda. Ciertamente, ellos van a pelear hasta morir. Y si nosotros no logramos ganarles ahora, nunca lo haremos, por lo que escapar no sirve de nada. Incluso aunque sirviera de algo, nuestros números se verían reducidos y eso nos podría llevar a perecer en algún otro planeta. Al final de esta guerra, solo uno de nosotros seguirá existiendo en el universo.
     
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  7. Threadmarks: Solo uno de nosotros - Parte 2
     
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    La Gran Catástrofe III Invasor Agresivo
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    Ciencia Ficción
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    31
     
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    Saludos. Llegó el momento de publicar el próximo capítulo de la historia. Seguimos avanzando, y a medida que avanzamos, nos acercamos más al final. Ya casi estamos ahí, no queda casi nada.

    Ya he corregido todo lo que me faltaba por corregir y me he liberado de casi todas las tareas que tenía pendientes. La semana próxima, voy a publicar el capítulo el día jueves, dado a que el viernes estaré ocupado. Pero no voy a ausentarme más de la publicación de la historia.

    Sin más distracciones, les dejaré el capítulo.


    Solo uno de nosotros – Parte 2:

    Había anochecido en Pgarak, y para los humanos, la vista era un espectáculo visual. La luz de los exteriores era tan blanca y brillante que parecía que siguiera siendo de día en las zonas más bajas del planeta, mientras que al subir un poco se podía observar la oscuridad de la noche. Los garak no entendían comentarios de los humanos al decir que era un espectáculo, y que ellos no habían visto algo parecido, por lo que estos tuvieron que explicarles que en su país no hay ciudades donde se tuvieran esa clase de luces y que era la primera vez que presenciaban un espectáculo como ese.

    Casi todos los soldados del Zenith se habían ido a dormir, exceptuando a Wagner, Bastien y el comandante Zion. El comandante había cargado el satélite terrestre de vuelta a su nave, para así poder llevarlo al punto en el que se encontraba antes de que lo recogieran y lo llevaran a Pgarak. Wagner y Bastien estaban charlando acerca de algo que preocupó al líder.

    — Dime, Dustin me ha mencionado que no te veía muy bien esta tarde — le decía Wagner a su soldado y compañero.

    — Está imaginándose cosas, es todo — Bastien mantenía la seriedad que tuvo en todo el día — Estoy bien, Wagner, pero simplemente me siento extraño al estar en un planeta con una especie inteligente por tanto tiempo.

    — Forma parte del acuerdo que se hizo — explicaba Wagner — A cambio de la ayuda que ellos, nosotros tendremos que pelear una guerra contra los berrod. Una vez que termine, habremos ganado aliados para explorar el universo. Solo tenemos tres años antes de que nos expulsen de la Tierra. Incluso si no logramos encontrar nunca la respuesta a la Gran Catástrofe, los garak nos podrían ofrecer vivir en su planeta.

    — No me entendiste, Wagner. No dije que no entendiera las cosas. Solamente me siento incómodo y extraño al estar en este lugar. Y es aún más extraño que vaya a pelear contra una especie a la que no conozco. Solamente he visto fotos de ellos, pero no sé nada más. Me parece extraño.

    — Cuando entraste a la academia de soldados sabías que podrías ser reclutado para misiones en donde enfrentarías a personas que no conocías desde antes. Esto no es diferente.

    — Para mí sí lo es — Bastien empezó a alejarse de Wagner — Entré a la academia para pelear por mi país, no para pelear en un planeta que se encuentra a siete días de viaje del nuestro. Pero no tengo problema en hacerlo. Si los berrod son tan peligrosos como se dice, entonces deben ser eliminados antes de que puedan acercarse a la Tierra. Buenas noches.

    Wagner observó como Bastien se alejó para irse a una de las habitaciones que los garak les tenían reservadas para ellos en el planeta. El soldado aún no había ido a ver la suya, por lo que no tenía ni la más mínima idea de cómo serían. Vio llegar a su padre al complejo, por lo que fue a hablar con él.

    — ¿Todo bien? — Wagner preguntó de forma amistosa para darse cuenta de que olvidó algo importante — Comandante.

    — Ahora mismo no estamos en una misión, y estamos solos, así que puedes decirme papá si quieres — respondió Zion, quien estaba feliz de que su hijo se tomara en serio los rangos militares.

    — Bueno, eso no importa — Wagner no le dio importancia — Te pregunté si estaba todo bien.

    — De momento sí — Zion se mostraba preocupado por la guerra contra los berrod — Pero no puedo dejar de pensar en todo lo que pasará cuando empiece la guerra en la que nos metimos. No he luchado antes contra los berrod, y parecen ser peligrosos. No hemos tenido demasiado tiempo para prepararnos, y esa guerra podría empezar tanto en unas dos semanas como podría empezar ahora mismo.

    Antes de que Wagner pudiera darle una respuesta a su padre, una alarma fuerte sonó en el complejo, despertando a todos los que se encontraban dormidos, y poniendo en alerta a todo el mundo. Se escuchó la voz de Asmir preguntando qué era lo que había sucedido, y su respuesta no tardó en llegar.

    — ¡Hemos divisado las naves berrod entrando en la atmósfera! — gritó uno de los trabajadores — ¡Son unas veinte en total! ¡No sabemos en donde podrán aterrizar, pero cuando lo hagan daremos las coordenadas!

    — ¡Perfecto, manténgase alerta! — Asmir dio esa orden para todos los garak del planeta.

    Wagner y Zion fueron corriendo a buscar al resto de soldados. Bastien, que apenas había conseguido acomodarse en su cama, fue el primero en salir y llegar con ellos. Todos los demás tardaron poco tiempo en aparecer. Para evitar perder tiempo, cada uno de ellos fue a ponerse sus armaduras, tomar las armas y buscar al dron. Posteriormente, Domir, Plamo, varios soldados garak, y el líder del planeta se encontraban reunidos en las afueras del complejo.

    — ¡Vayan a buscar los vehículos! — fue la primera orden del líder del lugar — ¡Nos desplazaremos por tierra! ¡Si usamos las naves y las derriban, podríamos caer sobre un edificio y matar a los nuestros! ¡Es la mejor precaución!

    — ¿Cómo quieres que se dividan los míos? — Zion sabía que debía obedecer a los garak, le guste o no.

    — ¡Los dividiremos en cuatro grupos, donde yo, Plamo, Domir y usted seremos los líderes! — Asmir le estaba dando autoridad al comandante del Zenith — ¡Habrá cuatro grupos contando tanto con soldados garak como humanos, y uno de ellos estará a cargo del comandante Stones!

    Los garak que estaban allí se sentían algo molestos por el hecho de tener que ser liderados por un soldado que no era de su planeta, sin embargo, lo único que los tranquilizaba en ese momento era que quien los lideraba era un comandante, lo cual quería decir que debía tratarse de un guerrero fuerte con experiencia en combates como este. Asmir procedió a seguir hablando.

    — Alicia y otro más vendrán conmigo — informaba el líder — Domir, Plamo, y Zion tomarán a otros tres soldados cada uno.

    — Yo iré con Alicia — Michael habló antes que alguien pudiera interrumpirlo — No la dejaré sola.

    — Me llevaré a Ace, a Agustina y a Bastien, si eso no es problema — Plamo ya había organizado a su equipo, nadie se opuso a la propuesta del garak al elegir a su equipo.

    — Thomas, Gwyn y Owen vienen conmigo — Domir fue el siguiente que armó su equipo.

    — Supongo que eso quiere decir que Stones, Burtforest y Umcali Devlin vienen conmigo — explicó el comandante del Zenith.

    Nadie emitió queja alguna de sobre cómo se debían integrar los equipos, por lo que se asumió que todos estaban de acuerdo. Los garak que habían ido en busca de los vehículos habían regresado con al menos veinte de estos. Los vehículos de guerra terrestre de los garak se veían como un tanque terrestre, con la diferencia de que tenía una altura muy grande, puertas en las partes del frente, atrás y los costados, y carecía de cañón. Pero su diseño era muy similar, incluso en las guerras. Los soldados que fueron con el comandante Richard recordaron una historia donde los garak mencionaron que solo tuvieron una guerra en toda su vida, y que esa guerra se ganó con secretos de los enemigos, y no con vehículos o armas potentes, por lo que veían lógico que no contaran con vehículos tan fuertes. Sin embargo, eso no provocaba ni un solo alivio en ellos.

    Los soldados humanos se despidieron antes de partir cada uno en vehículos distintos.

    — Cuídense todos — Ace mostraba preocupación por sus compañeros.

    — Lo mismo digo — Dustin se unió al pedido de Ace.

    — Devlin, intenta no dejarte llevar por tus emociones — Michael advertía a su hermano.

    — Hubiera sido grandioso que te hubieras dicho algo como eso a ti mismo hace días — respondió el mellizo, desinteresado en las palabras de Michael.

    — Devlin, es por tu propio bien — Alicia estaba preocupado por él — Ten mucho cuidado.

    — Gracias, Ali — Devlin respondió de forma tranquila a su compañera, haciéndole ver a los demás que el problema lo tenía con su hermano.

    — ¡Manos a la obra! — ordenó Plamo, quien sabía que era tiempo de empezar a moverse.

    — ¡Denme un poco de tiempo para activar a Vigía! — ordenó el comandante Stones.

    El comandante procedió a activar el dron, haciendo que este tomara una gran altura para poder divisar el campo de batalla a la distancia. Plamo, Domir y Asmir ya lo habían visto, pero el resto de los garak quedaron asombrados con una invención como esa. El dron activó su cámara y empezó a transmitir las imágenes captadas a las armaduras de los humanos. Eso sería utilizado como una ayuda para que todos pudieran ver lo mismo que el comandante veía, incluso aunque estuvieran peleando en zonas muy separadas.

    Con todos los preparativos terminados, tanto humanos como garaks, aunque estos últimos eran más, se metieron en el interior de los vehículos. Una vez dentro pudieron observarlos bien. Se contaba con una cámara que permitía ver en todas las direcciones, aunque por defecto se apuntaba al frente. Había un asiento en la parte de adelante y luego unas placas de metal colgando en las paredes, las cuales permitirían sentarse a los demás acompañantes. Los humanos no las precisaban, pero cada vehículo venía con varias cajas de munición para los combates. Los vehículos dieron arranque y todos los grupos se separaron en posiciones distintas, atentos a las advertencias sobre los berrod.

    […]

    Cair, Keren, Deren y su grupo iban recorriendo la atmósfera del planeta sobre su nave, la cual era la segunda por detrás de la de su líder, Reinor. Los tres estaban algo preocupados por la forma en la que se había decidido realizar el ataque, pero reconocían que Reinor tenía la razón.

    Todos los que podamos pelear atacaremos juntos — explicaba el líder a todos los presentes — Nos llevaremos la mayoría de las naves para pelear, y aterrizaremos en las ciudades más pobladas.

    ¿No cree que es algo arriesgado? — preguntó Cair, sin entender del todo a su líder — Si las derriban en el aire o las destruyen en tierra, no podremos escapar.

    Es que ese es el caso — Reinor quería que todos entendieran a lo que se refería — No vamos a escapar. Si escapamos ahora que los garak están débiles, nunca podremos derrotarlos. No importa que nuestras naves sean destruidas, dado a que vamos a quedarnos con todo lo que ellos tengan. Y si las llegan a derribar en el aire, intenten estrellarse sobre sus edificios.

    Fue así que todos entendieron la estrategia de Reinor, pero esto no quería decir que estuvieran del todo contentos con la misma. Ciertamente tenía su riesgo, sobre todo porque al líder no le parecía importante prevenir que las naves pudieran ser derribadas.

    El grupo recibió una llamada desde la nave de su líder.

    — ¡Prepárense para tocar tierra! — ordenó Reinor, dándoles a entender que iban a aterrizar — ¡Mi nave y otras siete aterrizaremos aquí, mientras que el resto seguirá adelante! ¡Forzaremos a los garak a dividir sus fuerzas!

    Deren, quien era el piloto de la nave en ese momento, decidió aterrizar justo detrás de la nave de su líder, quien posicionó su nave en las afueras de la ciudad. Tal y como él hizo, los pilotos de las otras naves las colocaron muy cerca. Por suerte para ellos, los garak no habían intentado derribar sus naves, por lo que las ocho pudieron aterrizar a salvo. Una vez que todos bajaban, unos trescientos berrod se podían encontrar reunidos a las puertas de la ciudad garak.

    — ¡Muy bien, divídanse en cuatro grupos de setenta y cinco cada uno! — explicaba Reinor — ¡Iremos cerca uno del otro, para que en caso de que nos veamos rodeados, podamos reunirnos! ¡Qué setenta y cuatro guerreros vengan conmigo!

    De esa manera, un cuarto de los berrod que había llegado hasta ese lugar entró junto con su líder. Cair iba a liderar el otro grupo, por lo que decidió nombrar a Deren como líder de uno de los grupos, y a otro guerrero en el que confiaba para liderar el restante. Keren, su novia, se quedaría junto a él.

    Una vez que cada grupo ya estaba formado y dividido, todos decidieron entrar por partes diferentes de la ciudad, asegurándose de recordar el consejo de su líder de mantenerse cerca unos de otros para poder llevar a cabo la pelea. De oeste a este, el de Reinor fue el primer grupo, el de Deren el segundo, el de Cair el tercero, y el del otro guerrero berrod fue el cuarto.

    Nada más recorrer los primeros bloques de edificios de la ciudad, un grupo de soldados los interceptó y empezó a dispararles. Sin embargo, dichos grupos eran de tan solo veinte o treinta soldados, los cuales no portaban armaduras. Los disparos de los garak impactaban contra las armaduras de los berrod, que atraían los disparos enemigos al mismo tiempo que disparaban en contra de sus enemigos. Al ser más numerosos y abrir más fuego sobre ellos, los garak eran alcanzados por los disparos, fallando en su objetivo de defender la ciudad. Cada uno de los cuatro grupos berrod fue atacado, pero no hubo ningún contratiempo sobre ellos, y lograron acabar fácilmente con los grupos de contención. Ciertamente, los garak no se rendirían allí mismo, por lo que era de esperar que les enviaran grupos de contención para evitar que se distribuyeran hacia otra ciudad.

    […]

    Garaks y humanos avanzaban por los caminos del suelo del planeta Pgarak, en su mayoría vacíos. Nadie hablaba en el interior de dichos vehículos, dado a que se quería estar alerta en caso de que se diera algún aviso, y este no tardó mucho en llegar.

    — ¡Ocho de las veinte naves aterrizaron en la Ciudad Horfoen! — exclamó uno de los habitantes de dicha ciudad, dando la información conocida.

    — ¡Eso quiere decir que les quedan doce naves en el aire! — concluyó Asmir, suponiendo que la información de que eran veinte naves era correcta — ¡Deduzco que van a dividir esas naves en dos grupos de seis naves cada uno, por lo que la Ciudad Horfoen es la que más ayuda necesita, si es que hay ocho grupos atacando el lugar!

    — ¡Sugiero que nosotros nos dirijamos hacia allá! — Plamo daba su idea de cómo enfrentar — ¡Que un par de vehículos se detengan y esperen nuevas indicaciones! ¡El resto nos dirigiremos hacia la ciudad Horfoen!

    — ¡Nueva información llegando! — el habitante que alertó primero volvió a hablar — ¡Se han dividido en grupos de a cuatro, y avanzan cada uno por un sector distinto de la ciudad!

    — ¡Entonces eso es lo que haremos nosotros también! — Asmir interpretó la estrategia de pelea de los berrod — ¡Zion, Domir, Plamo y yo lideremos cuatro grupos por cada sector de la ciudad! ¡Mejor decidamos quienes van a qué sector!

    — ¡Yo tomo el primer sector! — Domir pedía ir al primero de todos.

    — ¡El segundo es mío! — Plamo pedía actuar allí.

    — ¡Yo tomaré el tercero, y que Zion espere más atrás para que sepa bien cuál es el número cuatro! — fueron las palabras de Asmir.

    — ¡Me parece bien, así sabré bien en donde meterme, y no me confundiré entrando en el sector de alguien más! — al comandante Stones le pareció que era una buena idea, dado a que él no conocía la ciudad que estaba siendo atacada, por lo que no tenía forma de saber bien donde empezaba y donde terminaba cada sector.

    Con todos los líderes de los grupos sabiendo bien que sector deberían tomar, los vehículos continuaban su marcha hacia la ciudad Horfoen. Ciertamente, la pelea contra los berrod sería difícil, más que nada porque no tenían la certeza de saber cuántos enemigos tendría cada sector. Lo único que podían hacer era prepararse psicológicamente para un combate a gran escala.

    […]

    Tras unos minutos de conducción, finalmente los cuatro vehículos donde se encontraban los líderes, junto con los demás vehículos de apoyo llegaron a lo que los garak conocían como Ciudad Horfoen. En total eran dieciséis vehículos, sin contar los vehículos donde viajaban los líderes. Cinco vehículos irían a cada uno de los cuatro sectores de la ciudad que se encontraban bajo ataque berrod en el momento. Domir tomó el primer sector, el cual abarcaba una gran cantidad de bloques, cosa que le sirvió de mucha ayuda a Zion para saber bien que tanto debía calcular la dirección de su vehículo al entrar en la ciudad. De igual forma, el comandante del Zenith solicitó ayuda de uno de los vehículos acompañantes, asegurándose de hacerlo de forma correcta.

    Cada uno de los vehículos entró en el sector que los líderes habían elegido para la defensa.

    […]

    Domir, quien tenía a Thomas, Gwyn y Owen en su grupo, fue directamente hacia la zona en donde estaba peleando nada más ni nada menos que Reinor. Al acercarse siguiendo el ruido de los disparos, lograron ver a unos cuantos berrod disparando contra un número muy pobre de garaks, los cuales se cubrían usando vehículos o espacios entre edificios. Sin embargo, los garak que no eran soldados también daban algo de ayuda. Desde las partes altas de las casas arrojaban ladrillos e incluso artefactos metálicos de gran peso hacia los berrod, quienes cada cierto tiempo debían desviar el fuego de los soldados garak hacia la gente de las casas. Varios civiles y soldados garak morían, y comparado con las bajas que sufrían los atacantes, eran una gran cantidad.

    Domir hizo que los vehículos se detuvieran a una distancia de no más de veinte metros del lugar de conflicto.

    — ¿Por qué nos detenemos? — preguntó Owen, que no entendía la estrategia del garak — Podríamos usar los vehículos para pasarlos por encima.

    — El problema es que las ruedas pueden trabarse con facilidad si pedazos de carne u otros objetos entran en las mismas — Domir explicaba el porqué de su estrategia — Michael y Alicia nos dijeron que en la Tierra cuentan con tanques que no tienen esa clase de problemas, pero nosotros no estamos acostumbrados a guerras internas, por lo que no era una emergencia pensar en otra cosa.

    — ¿Estás queriendo decir que las ruedas podrían trabarse si aplastamos a los berrod? — Thomas preguntó — Pero creo que podríamos aplastar a varios de ellos con los cinco vehículos antes de que pase.

    — No es muy difícil trabar estas ruedas — otro de los garak que iba en el vehículo le informó la situación al soldado — Nada nos garantiza que podamos aplastar a más de dos con cada vehículo.

    — Y si nuestros vehículos se traban y ellos los rodean, estamos muertos — Domir sonaba muy serio al respecto.

    — Podrían forzar las puertas de los vehículos y luego matarnos sin dificultad dado al poco espacio que hay aquí — Gwyn analizaba la situación.

    — Exacto, o incluso podrían acribillarnos a balazos al salir — Domir abrió las cuatro puertas del vehículo al mismo tiempo — Paramos aquí. Es hora de pelear.

    De cada vehículo salieron unos diez soldados. Al ser cinco, la lucha sería más ventajosa para los berrod, sin tener en cuenta que los soldados que ya estaban luchando eran asesinados poco a poco, y que la gente decidió no tirar más objetos al ver que los berrod podrían usarlos para atacar o cubrirse de los soldados que los estaban atacando en el momento.

    Domir lideró a su grupo, con los tres humanos que había pedido siguiéndolo desde atrás. Al llegar hasta el lugar, el líder del escuadrón de defensa lanzó un grito de guerra.

    — ¡Mátenlos a todos! — exclamó con fuerza y convicción — ¡No le permitan el escape a ninguno! ¡Un solo berrod puede causar mucho daño! ¡Que mueran aquí y ahora! ¡Por nuestro planeta!

    Los tres humanos no se vieron demasiado motivados por esa clase de arenga, y, de hecho, les pareció una demasiado pobre para motivar a los garak a pelear. Sin embargo, los garak apoyaban a Domir levantando las armas y gritando las palabras “muerte a los berrod”. Creyeron que se debía a que los garak no acostumbran pelear, y cualquier grito de guerra podía motivarlos, pero no iban a ponerse a cuestionar eso ahora mismo.

    Los soldados garak y berrod que estaban peleando fueron testigos de cómo una cantidad numerosa de garak llegaron y abrieron fuego sobre ellos. Los cincuenta soldados que llegaron al combate dispararon una enorme ráfaga de balas, dirigidas hacia los berrod. Estos no se fueron a cubrir, dado a que sus armaduras hacían todo el trabajo, siendo capaces de atraer los disparos. No solamente podían actuar como imán, sino que también eran muy resistentes.

    — ¡Detengan los disparos! — ordenó Domir a todos los suyos, que obedecieron al instante — ¡Nos quedaremos sin balas antes de poder matar a uno de ellos!

    — ¡Devuelvan el fuego! — Reinor, por su parte, les dio órdenes a los suyos.

    Fue así como todos los que iban con él devolvieron los disparos recibidos en contra de los garak. Varios de ellos se tiraron al piso para evitar las ráfagas, pero otros no lograron reaccionar a tiempo. Las armaduras garak eran resistentes, pero se desgastaban con cada impacto de bala recibido. Todos los soldados que luchaban antes de la llegada del grupo de Domir recibieron heridas cuando los metales de sus armaduras cedieron. Varios cayeron heridos y perdiendo sangre, mientras que otros no corrieron esa suerte y cayeron muertos.

    — ¡Hay que atacar desde cerca! — sugirió Owen mientras los disparos seguían — ¡No creo que las armaduras los puedan desviar si disparamos a corta distancia!

    — ¡Es verdad, es nuestra mejor carta de ataque! — Domir estaba de acuerdo en seguir las indicaciones del humano.

    — ¡Señor, ¿va a hacerle caso a un humano?! — uno de los garak no estaba muy seguro del riesgo que conllevaba.

    — ¡Es la mejor idea que hay ahora mismo! — Domir supo que quedarse intercambiando disparos no llevaría a ningún lado — ¡Si no podemos ganarles, al menos hay que debilitarlos, y el plan de Owen es el mejor para eso! ¡Al ataque!

    Con Domir al frente, los garak y los humanos avanzaron hacia los berrod listos para llevar la pelea a un espacio reducido. Para evitar que sus armaduras recibieran un gran daño, avanzaron disparando con el fin de que varias de las balas chocaran contra las que los berrod les empezaron a disparar en el momento en el que empezaron a correr.

    En menos de dos minutos, los berrod vieron como los garak habían llegado hasta su lugar, dando inicio a un tiroteo muy comprimido. Tal y como Owen dijo, Domir logró matar a tres de ellos disparándoles en la cabeza. Al estar muy cerca, las armaduras no lograron desviar las balas de su arma, las cuales consiguieron atravesar los cráneos de los tres berrod que caían con vida. Un grupo que estaba cerca abrió fuego contra Domir, sabiendo que su armadura no resistiría demasiados disparos. El líder del escuadrón tuvo que cubrirse el rostro, mientras el resto de su cuerpo recibía disparos. En total eran cinco berrod atacándolo en simultáneo.

    Thomas, Gwyn y Owen lo vieron y fueron a ayudarlo junto con otros dos garak que también se percataron del asunto. Los cinco se tiraron encima de los berrod que no dejaban de dispararle a Domir, por lo que no lograron ver venir dicho ataque. Los empujaron con una fuerza tan grande que consiguieron tirarlos al piso causando que soltaran sus armas. Una vez que ya los habían reducido, colocaron los cañones de sus rifles en el medio del cráneo de los enemigos y dispararon. Las balas atravesaron el hueso y llegaron hasta el cerebro, salpicando grandes cantidades de sangre sobre ellos. Las armaduras que portaban se ensuciaron con sangre, pero no les importaba ahora mismo.

    El intercambio de balas continuaba, y ninguno de los dos bandos daban tiempo al enemigo. Garaks y berrods morían a manos de enemigos cada minuto. Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo y morían los enemigos, el campo de batalla se volvía algo más amplio, permitiendo realizar mejores movimientos.

    Un berrod se acercó hacia Domir desde atrás, para luego deslizarse al piso y patearle la pierna. El soldado garak cayó al suelo, y el berrod se levantó para apuntar su arma al rostro, lugar que su armadura no cubría. Levantó su rifle y le disparó rápidamente. Domir logró evitar una muerte inminente al colocar su guante en la boca del cañón del arma del atacante, para después encenderlo y permitir que empezara a liberar calor. El berrod quería seguir disparando hasta romper su guante y por consiguiente la mano, pero las balas no salían con fuerza y no causaban ningún daño. Finalmente, el cañón se fundió y su arma quedó inutilizable.

    Domir se levantó del suelo, miró fijamente a su enemigo, y luego le dio un rodillazo en la cabeza al tiempo que encendía su otro guante. El rodillazo aturdió un poco al berrod, que no se pudo defender ni tampoco esquivar la siguiente acción del enemigo. Domir colocó ambas manos alrededor del cráneo del enemigo, y en calor que sus dos guantes liberaban se encargaron del resto, fundiéndole el cráneo hasta cenizas. Domir lo soltó y su cuerpo, o lo que quedaba de él, cayó de forma seca al suelo.

    Reinor vio a Domir actuar de esa forma. No conocía esa clase de armas en los garak, y le parecían demasiado interesantes. Vio, además, como algunos garak que vieron a Domir decidieron activar sus guantes y utilizarlos para la pelea. Uno de los garak se acercó a él intentando poner el cañón de su arma en su cabeza para matarlo, acción que fue repelida por Reinor, quien logró interceptar su arma y quitársela con un tirón hacia el costado. Acto seguido, tomó su rifle rápidamente, lo colocó en el rostro del garak y disparó, matándolo usando la misma técnica que los garak intentaban en contra de los suyos.

    Un garak que había activado uno de sus guantes se dirigió hacia Reinor, intentando golpearlo en la cabeza. El líder berrod logró reaccionar a tiempo, retrocediendo para evitar el ataque, y sintiendo el calor como si hubiera pasado más cerca de su cabeza de como pasó en realidad. El garak repetía el ataque, y Reinor no hacía más que esquivar, sabiendo que si era tocado por el guante podría recibir un gran daño, suponiendo que no muriese con el mismo. Reinor esquivó dos ataques del garak, y luego le disparó. El atacante colocó su guante para interceptar la bala, y esta, al ser pequeña, se fundió en menos de un segundo. Sabiendo que, si seguía retrocediendo y esquivando podría tropezar con un cadáver y quedar indefenso, el líder de los invasores decidió correr un riesgo.

    Esperó a que el garak intentara atacarlo de nuevo, y así fue. Cuando apuntó hacia la cabeza, Reinor logró tomar el antebrazo de su atacante, y haciendo un gran esfuerzo, logró dirigir su ataque hacia su armadura. El guante tenía problemas para fundir la protección que estaba usando el líder berrod en ese momento, pero el calor era superior y estaba logrando fundirla. Reinor apoyó su rifle sobre el brazo del garak, y disparó con su mano libre, logrando acertar el disparo en la cabeza de su enemigo, que cayó muerto al instante. El líder de los invasores tomó su guante desde los costados para sacárselo del brazo, para luego colocárselo. Viendo a los garak pelear, logró descubrir cómo apagarlo, por lo que procedió a hacerlo para colocarse el guante restante. Una vez que se puso ambos guantes, los encendió al mismo tiempo.

    Un garak y un berrod intercambiaban golpes en la cabeza el uno con el otro, pero debido a los guantes y al casco, quien se llevaba más daño era el soldado de Reinor. Ninguno de los dos portaba armas, por lo que se podía asumir que se habían quedado sin balas y recurrieron a un combate a puño limpio. Viendo que su soldado estaba por caer derrotado, Reinor atacó al garak por detrás, poniendo los guantes sobre su rostro, para luego empezar a fundírselo. El garak gritó de dolor intentando liberarse, hasta que su cráneo, al menos en la parte de arriba fue fundido del todo por el enemigo. Una vez muerto, Reinor miró al soldado que acababa de salvar.

    — Toma sus guantes, y enciendelos de esta forma — Reinor los apagó, pero el procedimiento de encendido y apagado era el mismo — Matemoslos con sus propias armas.

    — Entendido — el berrod obedeció, siguiendo las indicaciones de su líder.

    Reinor y el berrod que habían logrado robar el guante empezaron a atacar a otros garak, ya sea que estuvieran disparando o luchando cuerpo a cuerpo. A medida que los mataban, más berrod lograban obtener los guantes de los garak, aunque no todos estaban diseñados para poder liberar calor. Sin embargo, incluso aunque no funcionaran de esa forma, podían seguir siendo utilizados para golpear más fuerte a los enemigos.

    Cada vez eran menos los que seguían usando las armas, dado a que muchos recurrían al combate cuerpo a cuerpo. El líder de la raza atacante fijó su vista en uno de los soldados del campo de batalla, logrando descubrir que no era un garak. Se trataba de alguien que pertenecía a otra raza, una que él no había visto antes. El soldado utilizaba sus manos para disparar energía, lo cual llevó al líder a pensar en lo que Cair le había dicho.

    — ¡Son ellos, los que las leyendas describen! — pensó para sí mismo el líder berrod — ¡Se han aliado con los garak! ¡Malditos, así que era cierto que ustedes vinieron para destruirnos!

    Reinor empezó a correr hacia Owen, el soldado humano.

    — ¡Te mataré! — gritó el berrod, acercándose hacia él.

    Owen logró ponerle las manos en la cabeza al berrod con el que peleaba, luego de haberlo desarmado. Teniéndolo retenido, empezó a liberar energía sobre él, causando que su cráneo sufriera grandes y cada vez más graves heridas, hasta que logró rompérselo en pedazos. Antes de que se pudiera dar cuenta de que se le acercaban, recibió un golpe en la nuca, el cual lo derribó al piso boca abajo. Parte del casco de Owen se quemó por el golpe, pero estaba lejos de fundirse. El soldado humano se dio la vuelta, y sin levantarse, intentó patearle las piernas a Reinor, quien logró reaccionar saltando a tiempo, esquivando esa patada. Antes de permitir que Owen se levantara, el berrod se le tiró encima, juntando las manos y dándole un golpe en la cabeza que aturdió a Owen y le rompió el visor del casco. Sabiendo que debía anular sus manos para evitar que pudiera lanzar energía, Reinor tomó las manos de Owen y los guantes se encargaron del resto. El calor le fundió la piel, la carne y los huesos de Owen, quien empezó a gritar de dolor mientras su cuerpo estaba siendo fundido por el enemigo.

    — ¡Mierda! — Owen, tiró de sus brazos con fuerza, y pudo separarlos de los guantes del atacante, solo para ver como sus dos manos ya no estaban — ¡No! ¡No! — el soldado se horrorizó al ver ambas manos amputadas, sumado al dolor horrible y el calor que estaba sintiendo en el momento.

    — ¡Elegiste el bando equivocado! — Reinor le colocó las manos en la cabeza a Owen, que no tenía como defenderse.

    El casco del soldado recibió el calor intenso de los guantes garak que el líder berrod había robado, y este empezó a fundirse sobre su cabeza, provocando que Owen se quemara y gritara del dolor. El olor del metal de su casco siendo fundido sobre su cabeza lo estaba empezando a asfixiar, y el metal fundido que caía en su cabeza le estaba provocando quemaduras terribles. Finalmente, fueron las quemaduras las que terminaron causando la muerte del soldado del Zenith, quien no tuvo oportunidad de defenderse ante su enemigo.

    — No son tan fuertes como yo lo esperaba — Reinor veía al cadáver del humano — Supongo que incluso las leyendas van a morir el día de hoy.

    El líder berrod se levantó para continuar con la batalla, la cual todavía estaba lejos de finalizar.
     
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  8. Threadmarks: Solo uno de nosotros - Parte 3
     
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    Como ya dije en el capítulo anterior, el capítulo de esta semana sería publicado un día jueves y no un viernes porque estaré ocupado. Bien podría publicarlo el sábado, pero quiero las moneditas XD, okno. Tengo ganas de publicar estos capítulos ya que nos estamos acercando al final. En realidad, ya estamos justo ahí.

    Sin más distracciones, los dejo leer.


    Solo uno de nosotros – Parte 3:

    La batalla feroz continuaba en el primer sector de la ciudad Horfoen. Con cada minuto que pasaba, cada vez más garak y berrod morían. Tras haber asesinado a Owen, el líder de los invasores consiguió matar a tres garak más con sus guantes. Antes de poder entablar una batalla en contra de un nuevo enemigo, sus guantes se apagaron automáticamente.

    — Mierda, creo que los agoté — Reinor se los dejaría puestos para que sus puños ganaran fuerza.

    Sin embargo, cuando el líder berrod empezó a buscar por otro oponente, notó que varios de los suyos estaban siendo asesinados en mayor medida que los enemigos. No podía calcular cuántos quedaban vivos de su bando y del bando enemigo, pero el escenario no se estaba viendo favorable para ellos. El líder se acercó a un par de los soldados berrod que estaban más cerca y les susurró algo al oído. Estos dos soldados se marcharon corriendo del lugar, mientras que Reinor se aseguró de ponerse en una posición donde los suyos pudieran escucharlo a pesar del ruido de la batalla.

    Tras pasar un minuto, el líder decidió dar un aviso a los suyos.

    — ¡Retirada! — Reinor gritó con fuerza — ¡No tiene sentido que sigamos peleando! ¡Regresemos a las naves y cambiemos de lugar!

    Sin cuestionárselo demasiado, los miembros de su ejército se retiraron corriendo lo más rápido que pudieron del campo de batalla. Los garak estaban esperando a que se diera la orden de seguirlos.

    — ¡Vamos a seguirlos antes de que escapen! — gritó uno de los soldados.

    — No, déjenlos marchar — Domir creía saber su plan — Si no me equivoco, tienen las naves cerca de aquí. Con sus armaduras atrayendo nuestros disparos, y las naves a la entrada de la ciudad no les podremos hacer nada. Conviene ir a ayudar a los guerreros que pelean en otras ciudades, las cuales serán el objetivo de ellos ahora que han huido de aquí.

    — ¿Qué vamos a hacer con todos los que están muertos? — preguntó Thomas, sin saber que era lo que los garak hacían en esa situación.

    — Los habitantes de la ciudad se encargarán de los caídos, nosotros nos encargaremos de que el número de los que van a caer se reduzcan — Domir creyó que Likar diría algo como eso, y fue por eso que habló de esa manera — En marcha.

    — Thomas, mira — Gwyn llamó la atención de su novio.

    El soldado se volteó, acción imitada también por otros soldados garak. Al hacerlo, logró ver a su compañero Owen tirado en el suelo, con la cabeza y las manos totalmente fundidas. Si bien, no llevaban ni siquiera diez días conviviendo como compañeros, su muerte sí que le dolió a la pareja. Owen era un chico divertido, además de un gran soldado. Su muerte sería dolorosa para sus compañeros y el comandante Stones.

    — Owen… — Thomas se lamentaba por la muerte de su compañero — Lo siento.

    — Lamento que haya muerto en un conflicto que no le pertenecía, y me disculpo en nombre de los garak — Domir no quiso que la moral de los humanos cayera — Pero es tiempo de irnos y continuar peleando. Porque hasta que no matemos al último de los berrod, ninguno de nuestros planetas estará a salvo.

    — Diles que no le hagan nada al cuerpo de Owen — Gwyn avisó a Domir — Al finalizar este conflicto nosotros nos lo llevaremos con nosotros.

    Domir dio esa indicación a los garak que salían de sus casas para poder atender a sus compañeros. Con la situación casi terminada en ese sector, los sobrevivientes subieron a los vehículos para ponerse en circulación y brindar su ayuda apenas recibieran un llamado.

    […]

    Reinor iba corriendo junto a sus soldados por las calles de la ciudad a la que había atacado. Al darse cuenta que no estaba siendo perseguido, decidió tomar un artefacto que se encontraba en un compartimiento oculto de su armadura. A simple vista era imperceptible. Un pequeño pedazo de metal se movió, permitiéndole al líder tomar un comunicador.

    — Habla Reinor, dando la orden de retirada a todos los que están atacando Horfoen — el invasor habló al resto de soldados que estaban luchando en la ciudad — Tomaremos las naves y cambiaremos de lugar de combate. Nuestros números han sido reducidos, y no tiene sentido seguir peleando aquí.

    […]

    Plamo y su grupo, en el cual se encontraban Agustina, Ace y Bastien llegaron hasta el sector que estaba bajo ataque por culpa de los berrod. Dado a que era un sector que se encontraba en el centro de la ciudad, había más soldados que en los extremos. Aunque seguían en desventaja numérica contra los berrod incluso aunque se unieran todos juntos, el combate debería resultarles más sencillo.

    Los vehículos se detuvieron bajo las órdenes de Plamo, quien alegó, al igual que Domir, que los vehículos garak no servirían para aplastar a los berrod. Ace, Agustina y Bastien creyeron que la Tierra tendría mucha ventaja en un combate contra los berrod. Aunque no lo creyeran en su momento, la gran cantidad de guerras dio lugar a la creación de armas y artillería poderosa que podría superar a los berrod con facilidad. Sin embargo, ese no era el momento para pensar en esto. Todos salieron de los vehículos y se decidieron a atacar.

    — Escuchen, el plan es correr hacia ellos para forzar peleas cuerpo a cuerpo — Plamo creyó que sería lo más conveniente — Sus armaduras atraen las balas, por lo que no sirve quedarnos en la distancia. De hecho, mientras más cerca estemos de ellos, más serán nuestras probabilidades de ganarles.

    — Es una idea astuta — Agustina creyó que serviría — Sin embargo, si disparamos desde muy cerca puede que las balas logren llegar hasta su cráneo.

    — Que inteligente, ahora que lo pienso, es verdad — Bastien alabó a su compañera por dicho pensamiento.

    — Lucharemos contra ellos de la forma en que podamos — Ace estaba listo para el combate — Solo deberíamos tener cuidado de que no puedan dispararnos en la parte de la cabeza que nuestros cascos no cubren.

    — Si ese es el caso… — Plamo tomó aire — ¡Al ataque!

    El líder garak, sus soldados, y los tres soldados humanos que estaban allí empezaron a correr hacia el frente. De entrada, sus armas estaban abajo para no molestarse a sí mismos, y una vez que se acercaban más a la zona de los disparos, todos ellos las levantaron y empezaron a avanzar disparando. Los berrod que los vieron llegar también empezaron a disparar.

    Algunas balas chocaban entre ellas en el aire, mientras que las otras simplemente impactaban en las armaduras de cada uno. En esa carga contra el enemigo, no murió nadie de ninguno de los bandos. Finalmente, llegó el momento en el que todos estaban cara a cara. Los berrod, que no estaban esperando un combate cuerpo a cuerpo, fueron tomados por sorpresa por varios garak, quienes los golpeaban o disparaban con los cañones de sus armas en sus cráneos. La batalla no tardó mucho tiempo en dar sus primeras bajas, y eran los invasores los más afectados de entrada.

    Ace y Agustina decidieron actuar y luchar ayudándose por su cuenta. Uno de los dos se ponía delante de un berrod, permitiéndole al otro llegar desde atrás y dispararle justo en la nuca. Con esa técnica, y realizando movimientos rápidos y precisos tales como agacharse, retroceder, o cubrirse los visores del casco con los brazos, los soldados lograron acabar con la vida de cuatro enemigos en tan solo un minuto y medio. Bastien los miraba de cerca con seriedad, sobre todo a Ace. Creyó que esta podría ser una oportunidad para matarlo y hacerlo pasar como accidente.

    — Si me alejo lo suficiente y le disparo de lejos podré decir que le apunté a un berrod y fallé — pensaba para sí mismo — Entonces es lo que voy a hacer.

    Bastien se acercó caminando hacia ellos, disparando balas de su rifle en contra de los berrod que lo rodeaban.

    — Veo que luchan en equipo para derrotarlos — les decía Bastien con un tono arrogante — Pero podrían hacerlo mucho mejor. Vean y aprendan.

    Ace y Agustina vieron como su compañero se lanzó a la carga en contra de tres enemigos, los cuales abrieron fuego con todo en su contra. Bastien se cubrió la cabeza con los brazos hasta poder acercarse hasta ellos. Una vez que estuvo cerca de los tres, le dio un golpe en la cabeza a uno de ellos con una fuerza tan potente que lo tiró al piso. Posteriormente tomó su arma y la usó para golpearle la cabeza al que más cerca tenía, causando que cayera de rodillas. El tercero abrió fuego para matarlo, pero Bastien logró esquivar la muerte cubriéndose el visor con los brazos, lugares de la armadura donde impactaron las balas. Levantó su pierna y le dio una patada al enemigo, causando que tire su arma al piso. Con los tres oponentes reducidos, matarlos no le costó trabajo. Apoyó el cañón de su arma en la frente de los tres para luego liquidarlos con un solo tiro en la cabeza a cada uno.

    Sus dos compañeros continuaban la lucha, pero lo que habían visto de los movimientos de Bastien los dejó asombrados. Más de los garak se les estaban acercando, por lo que tuvieron que dirigir sus disparos hacia ellos. Bastien miró a la pareja, y creyó que aún estaba muy cerca como para que uno de sus disparos pudiera matar a Ace y que pareciera que fue un accidente. Motivo que lo llevó a seguir avanzando y peleando. Al levantar la cabeza vio como uno de los berrod logró patearle los tobillos a un garak, haciéndolo perder el equilibrio y soltar el arma. Luego le disparó en la cabeza, causándole la muerte de forma directa. Bastien se decidió a atacarlo, por lo que empezó a correr hacia él.

    Cair, quien había logrado matar a uno de los garak, notó como alguien particular estaba corriendo hacia él. El diseño de su armadura era muy similar a las armaduras de la raza a la que se enfrentó en una expedición por recursos hace varios días, y supuso que se trataba de alguien de la misma.

    — Deben haberse unido a los garak — Cair lo miraba acercarse cada vez más — Sus armaduras son muy similares. En ese caso, los mataré a todos aquí y ahora.

    El líder del escuadrón que atacó la ciudad decidió tomar su arma solo con su mano derecha, teniendo un dedo sobre el gatillo en todo momento, mientras dejaba su otra mano libre. Bastien se acercó más a él, y luego levantó su arma en un intento de abrir fuego sobre el enemigo. Cair esperaba que hiciera eso, por lo que saltó hacia él cuando consideró que su distancia ya se había acortado demasiado. De un golpe con su mano libre, logró tirar el arma del humano al suelo. Bastien no lo esperaba, pero reaccionó rápido dándole un potente golpe de puño en el rostro a Cair. Pero para su sorpresa, el enemigo no se movió ni un paso de donde él estaba. El berrod levantó su arma y le disparó a la mano izquierda de Bastien, la cual no era cubierta por la armadura para permitirle lanzar energía. El disparo del arma fue tan cercano que le creó un enorme agujero en el medio, del cual empezó a brotar sangre, además de que varios pedazos de carne, e incluso tres de sus dedos fueron arrancados. Esto causó que el soldado se sostuviera su mano herida mientras gritaba por un dolor fuerte.

    — ¡La puta madre! — Bastien veía como la carne y sus otros dos dedos restantes colgaban, como la sangre caía, e incluso podía ver un pedazo de hueso.

    — ¡Imagino que ya no podrás lanzar energía! — gritó Cair en un tono de burla contra el soldado.

    — ¡¿Cómo lo sabías?! — Bastien estaba asombrado de que el berrod supiera que él contaba con esa habilidad.

    — ¡Hemos enfrentado a tus amigos en un planeta extraño! — Cair no tenía idea de la existencia de Zenith y Black Meteor, y para él, todo era igual — ¡Dale las gracias a ellos!

    Sin tener idea de a qué se refería, Bastien levantó su mano herida para disparar energía por allí, sin embargo, la energía le arrancó lo que quedaba de su mano izquierda, causándole un dolor terrible, además de terminar yendo a parar en la armadura de Cair. El berrod tomó su arma y golpeó a Bastien en la cabeza, destruyéndole el visor del casco. Bastien supo que debía arreglarse con una sola mano, por lo que le apuntó con su mano derecha para luego dispararle. Sin embargo, el disparo de calor nuevamente volvió a caer en la armadura de Cair. Este, al ver que su enemigo no le podía ofrecer más combate, se agachó y le pateó los dos tobillos a Bastien, que terminó cayendo boca abajo al suelo. Posteriormente, le pateó la cabeza para dejarlo mirando hacia arriba, colocó su arma en el agujero que el visor tenía y disparó una bala que le atravesó el cráneo a Bastien, matándolo en un instante mientras la sangre salpicó hacia arriba.

    Keren estaba luchando contra otro de los garak. La mujer guerrera decidió matarlo rápido para luego elegir al siguiente objetivo. Cuando el garak quiso atacarla con su puño, ella lo interceptó con ambas manos y luego le torció el brazo con mucha fuerza. El garak estaba asombrado con la fuerza que tenía su enemiga, y empezó a gritar del dolor mientras le torcían el brazo. Sabiendo que debía matarlo rápido, Keren le pegó en la cabeza con su arma y luego le disparó en el rostro, lugar que tenía libre. El garak cayó muerto al instante.

    La berrod miró hacia su derecha y notó como un garak estaba quemándole el cráneo a uno de sus compañeros utilizando unos guantes extraños, los cuales ella no había visto antes. Tomó su arma y le disparó, intentando darle en el rostro, pero la bala impactó en el casco. El garak terminó con su enemigo y luego se puso de pie para acercarse a quien había disparado contra él. Al mirarlo, Keren reconoció que se trataba de Plamo, uno de los garak más importantes.

    — ¡Tú! — disparó tres balas que fueron bloqueadas por el soldado enemigo — ¡Me acuerdo de ti! ¡Tú eres el amigo del tipo que mató a mi hermano!

    — ¡No tengo idea de quién es mi amigo, ni de quién es tu hermano! — Plamo no recordaba a la soldado — ¡Pero me alegro de que lo haya matado!

    — ¡Pedazo de basura! — Keren se dejó llevar por la ira y se acercó a él — ¡Te asesinaré!

    La chica corrió hacia Plamo mientras le disparaba sin cesar. Plamo colocó sus guantes en frente suyo, y el calor de los mismos terminó fundiendo las balas. Keren ya se acercó lo suficiente hacia él, por lo que le dio un golpe en la cabeza, el cual terminó impactándole en el cráneo. Plamo la quiso golpear con su mano derecha, pero Keren lo esquivó agachándose para después patearle la pierna desde el frente, causando que su enemigo cayera de rodillas al suelo.

    — ¡Esto es por mi hermano Orz! — exclamó Keren apuntándole al rostro.

    Plamo logró agachar su cabeza para que los tres disparos que le dieron impactaran en su casco y no en su rostro. Por lo que ella había dicho, Plamo recordó que Orz tenía a dos hermanos menores, y supuso que Keren debería ser su hermana. La soldado seguía disparando contra la armadura del garak, y cada disparo la dañaba cada vez más. Plamo reaccionó rápido y colocó ambas manos suyas alrededor de los pies de su enemiga, permitiendo que el calor le fundiera ambos pies, causando que ella grite de dolor por las quemaduras y terminara cayendo al suelo. Plamo apagó uno de sus guantes.

    Keren no quería rendirse todavía, por lo que levantó su arma y apuntó al frente como pudo. Sin embargo, Plamo colocó su mano con el guante inactivo en la boca del cañón, bloqueando la bala. Posteriormente, le retiró el arma de las manos para colocársela en el cuello. El soldado abrió fuego, y el disparo logró atravesarle todo el cuello, causando que ella empezara a ahogarse lentamente.

    Keren sentía un dolor que a medida que aumentaba, le quitaba la vida. La chica empezó a recordar a su hermano Orz, sintiéndose impotente al sentir que estaba por perder la vida sin poder vengarlo. Quería pronunciar su nombre, pero estaba ahogándose con su propia sangre, por lo que lo único que pudo hacer es balbucear cosas inentendibles.

    — Por cierto, para que lo sepas, Orz está vivo — Plamo dijo sabiendo que Keren tenía poco tiempo restante — Lo tenemos prisionero en una cárcel. Así que has muerto para nada.

    Las palabras del garak hicieron de los últimos momentos de la soldado mucho peor de lo que ya eran. El solo hecho de pensar que su hermano seguía vivo, y de que ella estaba muriendo por un intento de vengarlo, hacían que empezara a derramar lágrimas por perder su vida de esa manera. Quiso creer que era mentira, pero la verdad es que lo que decía Plamo tenía más probabilidades de ser cierto que de ser falso. Para terminar su sufrimiento, el garak colocó su guante en la parte de arriba del cráneo de la soldado, fundiéndole dicha parte, dejándole su cabeza a la mitad, mientras que la otra mitad se había calcinado sobre el suelo.

    Cair logró tirar a un garak al piso, haciéndolo caer boca arriba, para luego ejecutarlo. Cuando levantó la vista, lo primero que hizo fue buscar a su novia. Y ciertamente, la encontró. Descubrió con horror como ella moría en manos del garak.

    — ¡Keren! — un par de lágrimas cayeron del rostro de Cair — ¡No! ¡¿Por qué?!

    Se agarró la cabeza y gritó muy fuerte para intentar desahogar el dolor que estaba sintiendo en ese momento. Su novia había sido asesinada, y ya no podría hacer nada para ayudarla. Sin embargo, sabiendo que el conflicto no terminó, decidió continuar peleando.

    — ¡Pedazo de mierda! — gritó contra el garak que la mató — ¡Te voy a matar! ¡¿Me escuchaste?! ¡Su muerte no quedará así!

    Cair tomó su arma, pero antes de que pudiera empezar su ataque, se empezó a escuchar un sonido proveniente desde el interior de sus armaduras. Se trataba del mensaje de retirada de Reinor.

    — Habla Reinor, dando la orden de retirada a todos los que están atacando Horfoen — el líder del escuadrón escuchó a su líder — Tomaremos las naves y cambiaremos de lugar de combate. Nuestros números han sido reducidos, y no tiene sentido seguir peleando aquí.

    El dispositivo de comunicaciones estaba hecho para que todos pudieran escucharlo sin necesidad de tenerlo encima en todo momento. Todos los berrod escucharon las palabras de Orz, y procedieron a retirarse mientras que Cair observaba con una cara que mostraba dolor como ellos se iban del lugar.

    — ¿Retirarme? — preguntó Cair de forma retórica — Ni hablar. ¿Cómo voy a mirar a Deren a la cara si me voy sin haber matado al asesino de su hermana? Me voy a quedar aquí, y si los mato, él sabrá que su hermana fue vengada. Y si muero, ya no tendré que lidiar con él.

    Cair veía que algunos aún no se habían retirado del todo del campo de batalla.

    — ¡¿A dónde van?! — el grito del líder fue escuchado por todos — ¡Yo soy el que está al mando de ustedes, no Reinor! ¡Les ordeno quedarse a pelear!

    El soldado no supo si no lo habían escuchado, o si lo habían ignorado, pero en cuestión de minutos, quedó totalmente solo, siendo rodeado de los soldados garak sobrevivientes, y los dos humanos. Sin contarlo a él y a ellos, el campo de batalla quedó cubierto de varios de cuerpos de los berrod, mientras que los garak eran tan solo un poco más de un tercio de cadáveres.

    […]

    Asmir se acercó junto a Michael y Alicia al lugar de la batalla. Al igual que el sector tomado por Plamo, varios de los soldados del ejército de la ciudad Horfoen se encontraban enfrentándose a los invasores enemigos. Sin embargo, eran menos, y varios de ellos estaban cayendo. Desde la distancia, Asmir vio que los suyos estaban peleando con ferocidad, pero no solo eso. La batalla estaba comprimida en tan solo unas dos calles de la ciudad, y los berrod continuaban cercándose. Esto le dio una idea al líder de los que estaban siendo invadidos en el momento.

    — ¡Usemos los vehículos para cortarles el escape! — Asmir envió una orden a los cuatro vehículos que lo acompañaban — ¡Ustedes rodéenlos y corten sus vías de escape mientras que nosotros nos acercamos a ayudar a los nuestros!

    — ¡De inmediato! — exclamó uno de los que iba en el otro vehículo.

    Los cuatro vehículos que les estaban haciendo compañía empezaron maniobras para poder bloquearles el escape. La idea era que dos de ellos se pusieran de un lado de la calle, evitando que retrocedieran, y luego, los otros dos entrarían desde el otro lado para poder encerrarlos.

    Asmir, Michael, Alicia, y los demás garak que iban con ellos bajaron del vehículo de transporte y empezaron a discutir el plan de entrada.

    — Escucha, Alicia, tú energía debería ser capaz de evitar el mecanismo de defensa de las armaduras berrod — explicaba Asmir — Así que no te acerques porque no será necesario. Tú serás la que nos cubra desde la distancia.

    — Haré lo mejor que pueda — Alicia estaba lista para pelear — Aunque no sé qué tan buena será mi puntería.

    — Vamos a encerrarlos a todos en un lugar muy reducido — Michael apoyó sus manos sobre los hombros de su novia — No tienes que preocuparte mucho por eso.

    — Michael, tú procura proteger tu brazo izquierdo — le advirtió el líder garak — Si Orz queda libre, será una verdadera tragedia.

    — Mi armadura es resistente, con eso debería bastar — informó Michael.

    — Ten mucho cuidado — Alicia estaba preocupada por él — No quiero perderte ahora.

    — Y no lo harás — Michael dejó escapar una pequeña risa para intentar aliviar a su novia — No pienso dejarte sola. Los berrod son los responsables de lo que te pasó. Y es el momento de que paguen por lo que hicieron.

    El grupo se acercó hasta el lugar donde el tiroteo estaba siendo llevado a cabo. Dos de los vehículos ya estaban en la posición, y solo se necesitaba la señal de Asmir para que el plan empezara.

    Los berrod, con Deren a la cabeza continuaban agrupándose y acercándose a los garak.

    — ¡Continúen así! — ordenaba el que era líder de ese escuadrón — ¡Son un grupo pequeño, y si nos quedamos cerca unos de los otros podremos matarlos con facilidad!

    El plan de Deren era muy complicado de entender para sus compañeros. De hecho, había varios que no lo terminaban de entender, pero él había sido nombrado como líder, por lo que debían obedecer. Los berrod se agrupaban y disparaban. Dado a que estaban muy cerca unos de otros, los disparos de los garak siempre impactaban sobre las armaduras de los mismos. Deren quería que los que iban al frente del grupo cambiaran de lugar con los que estaban por detrás a medida que pasara el tiempo, para que las armaduras recibieran daños de forma pareja, algo imposible de controlar si estaban separados. Al menos esa era su intención.

    Asmir estaba mirándolo todo de lejos, y pudo notar que los berrod se acercaron demasiado a la mitad de la calle y que su plan ya podía empezar.

    — ¡Ahora, corran hacia ellos! — Asmir fue quien empezó a correr primero.

    Deren y su grupo observaron cómo los enemigos se les estaban acercando. El líder iba a dar la orden de retroceder para alejarse de la zona de conflicto, pero antes de que se diera cuenta, escuchó ruidos de vehículos acercándose a ellos. Efectivamente, dos vehículos garak llegaron desde la parte de atrás de la calle, y luego estacionaron cerca de donde ellos estaban, impidiéndoles el paso hacia atrás. Mientras que, desde el frente, varios garak, se acercaban corriendo. Una vez que todos los que fueron corriendo hacia ellos entraran a la calle donde tenía lugar la pelea, dos vehículos apareciendo y les cerraron el escape por el frente.

    Deren se dio cuenta de que cometió un error al querer priorizar que las armaduras sufrieran daños leves, pero ya no había vuelta atrás. Su única alternativa era matarlos si quería salir de allí.

    — ¡Pedazos de mierda, ¿creen que me van a encerrar así nada más?! — el berrod estalló en furia contra los garak — ¡Mátenlos! ¡Mátenlos y escapen de este lugar!

    Los berrod y los garak recién llegados abrieron fuego de las armas que portaban. Los disparos impactaban en las armaduras sin alcanzar partes del cuerpo que estuvieran desprotegidas. Deren creyó que el combate terminaría con victoria para ellos, dado a que por más puntería que tuvieran los garak, las armaduras desviarían los disparos hacia el centro. Durante un minuto, ambos bandos disparaban unos contra otros sin poder causar daño, pero eso cambió cuando uno de los berrod que se encontraba al lado de Deren recibió tres disparos de energía en la cabeza. El primer disparo lo aturdió y le quemó un poco la piel, el segundo disparo le causó quemaduras más graves, y el tercero le destrozó el rostro, provocando que cayeran muertos.

    — ¡Q…que… — Deren estaba asustado al ver eso — ¡¿Qué mierda pasó?!

    Más disparos de energía caían sobre los berrod que iban con él, y varios de ellos daban en la cabeza, de forma en que sufrían daños muy graves y algunos de ellos caían muertos.

    — ¡¿Quién dispara eso?! — Deren levantó su arma y disparó cinco disparos al azar, los cuales no mataron a ninguno de los enemigos.

    Deren miró con atención e identificó dos personas que no eran del ejército de los garak. Uno de ellos disparaba con su arma, mientras que el otro disparaba energía. Deren recordó su enfrentamiento contra soldados que tenían un poder similar, además de que notó que el diseño de sus armaduras era parecido, más no igual. Eso llevó a pensar al berrod que los garak se habían aliado con esa especie extraña a la que se habían encontrado. Lo que no terminaba de entender era como era posible que sus disparos lograran evadir la atracción de sus armaduras.

    — ¡Vean al frente, al que está disparando energía! — gritó Deren a sus soldados — ¡Maten a ese soldado, es el más peligroso de todos!

    Para cuando Deren y los suyos cargaron hacia la batalla ya habían perdido a unos diez berrod. De no haber quedado encerrados en un espacio tan pequeño, habrían tenido oportunidad de evadir los ataques de Alicia. Sin embargo, a Deren no le importaba eso, solo quería eliminar al responsable. Los garak que estaban rodeándolos tanto desde el frente como desde atrás empezaron a correr hacia ellos disparándoles con las armas. En unos segundos, ambos bandos estaban cara a cara, dando inicio a un combate cuerpo a cuerpo. Los berrod atacaban a los garak, pero sus armaduras eran tan resistentes que sus golpes apenas les hacían daño. Asmir, y varios de los suyos encendieron sus guantes y empezaron a fundirles los cráneos a los invasores.

    Algunos berrod que tenían la suerte de apuntar bien conseguían matar a varios garak, principalmente a aquellos que no contaban con dichos guantes. Asmir empezó a correr con furia contra los enemigos. Al llegar hasta uno de ellos, golpeó su cabeza con las palmas de las manos abiertas, y ese golpe, sumado al calor intenso, le rompió el cráneo. Un berrod se le acercó por detrás, pero el líder fue más rápido y logró golpearlo en la cabeza, provocándole quemaduras con su guante. Finalmente logró terminar con su vida al tomarle la cabeza y hacerle presión con las manos.

    Con cada momento que pasaba, cada vez más y más berrod eran asesinados por los garak o por los disparos de Alicia. Los garak también tenían bajas, pero en menor medida. Se podía decir que se moría un garak por cada cuatro berrod, y la escala iba cada vez en aumento, dado a que mientras más berrod morían, más indefensos quedaban los que seguían vivos.

    Michael corrió cubriéndose el rostro de los disparos de los invasores, y cuando llegó al que le estaba disparando, se tiró al suelo mientras lo tomaba con los brazos. La fuerza que ejerció le permitió derribarlo a él también. Con el enemigo reducido, empezó a golpearlo en el rostro mientras liberaba energía sobre él. Dado al calor de la energía que liberaba de sus manos, solo le fue suficiente con tres golpes para poder eliminarlo. Michael se puso de pie y se dirigió a su siguiente enemigo, Deren.

    El soldado humano saltó contra él, dándole una patada en la cabeza, la cual le hizo retroceder unos pocos pasos más hacia atrás. Deren levantó su arma sabiendo que el visor de su casco debía ser su punto débil, pero antes de poder dispararle, Michael le apuntó energía que terminó impactando en los brazos, dado a que los tenía al frente de la armadura. El golpe de energía causó que terminara soltando su arma, y de esa forma, Michael retomó el ataque contra él. El soldado del Zenith le metió un golpe en la cabeza, el cual no lo movió ni un solo centímetro. Deren reaccionó con la misma acción, golpeando a Michael en la cabeza. El golpe no fue muy fuerte, pero sí causó que Michael retrocediera unos pasos hacia atrás. Posteriormente, el berrod le pegó un rodillazo en el estómago, el cual hizo que Michael se inclinara un poco.

    El humano levantó sus dos puños contra la cabeza del berrod, golpeándolo en el rostro mientras le liberó energía de forma directa. El calor de la energía le causó quemaduras a Cair, e incluso lo dejó ciego del ojo izquierdo. El berrod se sujetó el rostro para dar paso a un grito de dolor muy fuerte.

    — ¡No puedo ver nada! — Deren solamente perdió la visión de un ojo, pero se encontraba aturdido.

    Michael se acercó hacia él para terminar la pelea. Deren, por instinto, arrojó un puñetazo hacia adelante, creyendo que lo tendría en frente. Su creencia fue acertada, y el golpe causó que Michael retrocediera un paso. El soldado humano se hartó de su enemigo, por lo que se acercó a él y le metió un rodillazo en el estómago. La armadura de Deren suavizó el impacto, pero Michael no se detuvo allí. El soldado del Zenith juntó ambas manos cerca del rostro del enemigo y disparó un enorme fragmento de energía. Deren lo recibió de lleno y calló de espaldas al suelo.

    Sorprendentemente, no estaba muerto, pero sus dos ojos se habían fundido, y la piel de la frente se le quemó parcialmente, dejando ver el color de su cráneo. El berrod ya no tenía casi nada de energía como para poder gritar por el dolor, y sabiendo que sería su final, empezó a pensar en su hermana, Keren. Era un hecho que no la volvería a ver, por lo que su último deseo fue que estuviera a salvo.

    — Cair, por favor, protege a Keren — pensaba Deren esperando la muerte que se le acercaba — Ella te eligió como su novio… tienes que protegerla.

    Michael acumuló energía en sus manos y luego la liberó en el rostro de su enemigo. Su cráneo se dañó en tal forma que terminó explotando, salpicando sangre, huesos y parte de los sesos del invasor hacia los costados.

    Con su líder muerto, los otros berrod que quedaban no tardaron mucho tiempo en morir asesinados por los garak restantes. La estrategia de su líder tuvo varios defectos, y el quedar encerrados solamente les jugó en su contra. Asmir, Michael, Alicia, y los garak sobrevivientes se acercaron al centro del lugar.

    — Hemos perdido a muy pocos de los nuestros — Asmir se encontraba muy serio — Aunque yo hubiera preferido que no perdiéramos a ninguno.

    — Fueron los berrod los que causaron esto — otro de los garak habló — Si no nos hubieran atacado hace años, esto no habría pasado. No tienes que culparte tú, Asmir. Cúlpalos a ellos. Toda esta muerte es culpa suya.

    — Él tiene razón — Michael veía lógica en lo que decía — Su conducta agresiva causó las muertes de personas inocentes — el soldado pensó en la familia de Alicia, en su propia familia, en Erin y en el comandante Richard — Ellos son los culpables de todo lo que ha ocurrido hoy.

    — Ya sé que ellos son los culpables, es solo que me apena que varios de los míos hayan muerto — Asmir hablaba con tristeza — Tanto tiempo teniendo cuidado de llevarnos bien entre nosotros y de no matarnos el uno al otro, para que vengan ellos y lo arruinaran todo. Son una enfermedad que no debería existir. Les mostramos hospitalidad cuando lo perdieron todo, y así es como nos pagaron.

    Por primera vez en todo el tiempo que estuvo allí, Alicia empezó a sentir empatía con los garak. Ella los consideraba responsables de la muerte de su familia. Sin embargo, supo que los berrod fueron los que empezaron todo lo que estaba viviendo. Y ahora estaba viendo lo que los garak probablemente habían visto desde que inició la guerra contra ellos.

    — Asmir, ¿Cuál es nuestro siguiente paso? — preguntó la soldado.

    Antes de que el líder pudiera responder, se escuchó un ruido que llamó la atención de todos. Se trataba de la advertencia que Reinor había dejado tras retirarse.

    — Habla Reinor, dando la orden de retirada a todos los que están atacando Horfoen — el invasor habló sin saber que uno de sus grupos había sido exterminado — Tomaremos las naves y cambiaremos de lugar de combate. Nuestros números han sido reducidos, y no tiene sentido seguir peleando aquí.

    Aparentemente, las armaduras de los berrod contaban con alguna especie de artefacto capaz de mantenerlos comunicados unos con otros. Desafortunadamente para Reinor, todo el grupo de Deren había sido eliminado, y los que escucharon esa estrategia fueron los enemigos.

    — Eso lo dice todo — Asmir sabía que era lo que debían hacer — En cualquier momento, sus naves, o, aunque sea una, van a despegar. Veremos cuál es la dirección que toma, y la seguiremos. Vamos a tratar de evitar a toda costa que sigan matando a más de los nuestros.
     
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  9. Threadmarks: Solo uno de nosotros - Parte 4
     
    Reydelaperdicion

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    La Gran Catástrofe III Invasor Agresivo
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    Ciencia Ficción
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    31
     
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    Saludos a todos. Ya casi, ya casi... Ya con este capítulo, solo quedaría uno más para ponerle fin a la tercera parte de la historia. Tengo que admitir que estos capítulos a mí me gustaron mucho, pero como dije antes, los mejores capítulos fueron los que vinieron antes. Eso lo deberían juzgar ustedes una vez que todo haya terminado.

    Sin más distracciones ahora que estamos cerca del final, los dejaré con la historia.


    Solo uno de nosotros – Parte 4:

    El grupo del comandante Zion se estaba acercando al lugar en donde tendrían su enfrentamiento. Wagner, Dustin y el resto de los garak que iban con ellos estaban escuchando los disparos cada vez más fuerte, lo cual quería decir que en unos dos minutos como máximo, la batalla en su sector iba a dar inicio. Devlin, por su parte, estaba con la mirada en el suelo del vehículo. No se quitaba de la cabeza una conversación que tuvo con su compañero hace varios días, cuando inició el viaje hacia el planeta en donde se encontraba ahora.

    [...]

    Ace y Devlin se encontraban en la habitación de este último, quien quería una charla con él. El ex líder del equipo decidió concedérsela, sabiendo que Devlin confiaba más en él que en Wagner, por lo que creyó que podría corresponder esa confianza. Ambos soldados tomaron asiento en la cama del mellizo.

    ¿Qué es lo que necesitas? — Ace se mostraba gentil — Aunque ya no sea el líder no quiere decir que no pueda ayudarte si lo necesitas.

    Quiero que me ayudes a pensar en lo que voy a hacer con mi vida — las palabras de Devlin confundieron a Ace — Derrotaremos a los garak en un enfrentamiento, ¿y después qué voy a hacer? Erin está muerta, Julie y mis padres también. Michael tiene a Alicia, pero yo no tengo a nadie. ¿Qué es lo que voy a hacer? ¿Por qué sobrevivir si voy a pasar el resto de mi vida solo? Dudo mucho que otra chica pueda hacerme feliz como Erin lo hizo.

    Bueno, no sé por qué elegiste preguntármelo a mí, pero puedo contarte una historia — Ace recordó algo de su primera misión — Los objetivos de la vida no son fijos, siempre pueden cambiar por alguna razón, o tal vez por un conjunto de razones. Cuando descubrí que el comandante Grant me había utilizado, me enfurecí más que nunca en toda mi vida. No quería dejar que alguien así se llevara la victoria gracias a mí, por eso me uní a ustedes. El asunto fue que, cuando terminé, me quedé sin nada. Julie había sido asesinada, el comandante ya estaba muerto, y todos ustedes tenían los recursos necesarios para cumplir su misión. Por un segundo, creí que lo mejor que podía hacer era quedarme en la base y dejar que las explosiones o la caída de algún escombro me matara.

    ¿Y por qué no te quedaste? — preguntó Devlin — No lo pregunto en el sentido en que no quiero que vivas, solo quiero saber lo que te dirigió a no hacerlo.

    Porque soy un soldado, y un soldado lucha hasta que ya no puede más — contestó Ace, aunque no era una respuesta muy inspiradora para Devlin — Decidí seguir adelante con mi vida, sabiendo que encontraría alguna otra razón para pelear en el futuro… y la encontré. Conocí a la persona más importante en mi vida. Si yo hubiera muerto allí, no hay forma de saber que le podría haber pasado a Agustina cuando hubiera estado cara a cara contra esas bestias. El solo pensar eso hace que odie ese segundo donde creí que lo mejor podría ser dejar mi vida. El asunto es, Devlin, que mi objetivo cambió. Lo que quise toda mi vida fue enorgullecer al comandante Grant, ahora solo quiero encontrar las respuestas a la Gran Catástrofe y luego vivir una vida tranquila con Agustina. No puedo decirte cual debería ser tu objetivo, pero tarde o temprano vas a encontrar otro. De eso se trata la vida, de cambiar constantemente nuestros planes. Nadie planeó nunca la Gran Catástrofe, y mucho menos nuestra evolución. Y puedes estar seguro de que vendrán muchas cosas en el futuro que ahora mismo no puedes imaginar.

    Devlin agradeció las palabras de Ace, y luego le dijo que ya podía marcharse. El soldado decidió dejar a su compañero tranquilo para que procesara mejor las palabras que le había dicho. Una vez retirado, Devlin se recostó en su cama y se puso a pensar en las palabras de Ace. Sabía que era lo que tenía que hacer, por lo menos, de momento.

    Matar a todos los berrod — el soldado tenía su objetivo claro — Ese será el comienzo. Luego veré que es lo que voy a hacer.

    […]

    — ¡Maldición! — el grito del comandante quitó a Devlin de sus pensamientos — ¡Le han disparado a Vigía!

    Los tres soldados vieron las imágenes que su dron les estaba enviando, y lograron ver como se movía sin control de un lugar a otro. Aparentemente, uno de los berrod del campo de batalla distinguió al dron en el cielo y le disparó creyendo que se trataría de una clase de equipo que usaban los garak. Mientras miraban, notaron que el dron volvía a perder estabilidad y quedó peor que antes, acercándose cada vez más al suelo hasta que se estrelló y las imágenes se dejaron de transmitir.

    — Bueno, ese fue el final para Vigía — Zion se lamentaba por la destrucción del dron — Ya solo queda confiarnos solo de nuestros propios ojos.

    Los vehículos llegaron hasta el campo de batalla, y el escenario no era nada agradable para ninguno de ellos. Los berrod estaban haciendo que los garak retrocedieran cada vez más, matando a todos aquellos que se quedaban en el lugar intentando defenderse. Ante ese escenario, el comandante hizo que todos bajaran y se prepararan para el combate.

    — ¡Abajo, ahora! — Zion Stones dio la orden de atacar una vez que ya estaban todos abajo — ¡Ataquen rápido, ayuden a sus compañeros!

    Todos los soldados que estaban en su grupo empezaron a correr con las armas en alto hacia el campo de batalla, ayudando a todos los garak que estaban siendo aprisionados cada vez más por los berrod, los cuales no estaban esperando que la respuesta de los garak llegara todavía. Las balas empezaron a circular frenéticamente por todo el campo de batalla, pero no había víctimas en los primeros minutos del tiroteo. Las armaduras hacían bien su trabajo y cubrían a los soldados, protegiéndolos de una muerte segura. Zion sabía que debía dar paso a un cambio de estrategia, o todo se iba a terminar resolviendo cuando alguien se quedara sin balas.

    — ¡Escuchen, todos, al ataque! — el comandante empezó a correr al frente — ¡Llevémoslos a una lucha cuerpo a cuerpo!

    Con las órdenes del comandante, todo el equipo empezó a correr al frente mientras disparaban con sus armas. Los berrod intentaron asesinarlos antes de que llegaran hasta ellos, pero solo lograron matar a uno solo de los garak. No fueron capaces de evitar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo que se les vino encima. Zion levantó su arma y disparó con el cañón tan cerca de los cráneos de los enemigos, logrando meterles un tiro certero en el medio de la frente. Luego pasó a utilizar su arma de fuego como arma de cuerpo a cuerpo, corriendo entre la horda de enemigos y empujándolos con su rifle, tirándolos al piso donde luego les metía un tiro en la cabeza.

    Wagner, Dustin y Devlin estaban asombrados por la fuerza demostrada por el comandante, por lo cual decidieron imitar sus acciones. Wagner, quien era de los soldados más fuertes, logró avanzar de la misma forma que su padre, abriéndose paso entre los enemigos, ejecutándolos con su rifle mientras los tiraba al suelo. Dustin no corría, a diferencia de los otros dos. Simplemente golpeaba a los berrod en la cabeza para tirarlos al piso, y avanzaba hacia el soldado caído para meterle un tiro en la nuca. Devlin estaba muy furioso en contra de los berrod, dado a que los consideraba los responsables indirectos de la muerte de su novia. El soldado avanzaba moviendo su arma de forma imprudente de un lado al otro, con el dedo en el gatillo disparando ráfagas de balas de calor hasta que se sobrecalentaba, y disparando energía con su otra mano libre. A pesar de ese movimiento tan imprudente, logró eliminar a cinco de ellos. Al encontrarse con dos berrod que se encontraban juntos, los quiso derribar a los dos al mismo tiempo.

    Sin embargo, no contaba con que estuvieran preparados. Al embestirlos, los dos enemigos lograron soportar el impacto, uno de ellos le quitó el arma de las manos y el otro lo sujetó a él, para poder tirarlo al suelo. El berrod se le echó encima y lo estaba reteniendo, mientras que Devlin luchaba por liberarse. Su compañero levantó el arma y le apuntó al visor del casco, creyendo que se trataba de un punto débil a aprovechar. Pero no lograron asesinar al soldado del Zenith, gracias a que Wagner se le echó encima al que tenía el arma, para luego meterle un tiro en la cabeza, mientras que Dustin le apuntó con las manos a la cabeza del berrod que retenía a Devlin, para luego volársela con un disparo potente de energía.

    Wagner ayudó a su compañero a levantarse del piso.

    — Gracias por la ayuda — decía Devlin mientras se levantaba.

    — Devlin, debes tener más cuidado — Wagner le daba una advertencia — ¿O acaso quieres morir?

    — No, no quiero morir contra los tipos que hicieron todo esto — fue la respuesta del soldado.

    — Entonces pelea como corresponde — Wagner se alejó de sus dos compañeros — Porque puede que ya no podamos ayudarte otra vez.

    — Guarda la calma en el combate, amigo — Dustin le daba un consejo — No nos sirve de nada que te mueras.

    Devlin veía marchar a sus dos compañeros hacia posiciones distintas del campo de batalla. Sabiendo que a partir de ahora debía cuidarse solo, decidió hacerles caso y tener más cuidado. Tomó su arma y empezó a disparar desde su posición, sabiendo que no serviría de mucho en su intento de matar a un berrod, pero podría causar que alguno se le acercara.

    — No pienso morir — se decía Devlin a sí mismo — No aquí, no hoy.

    El tiroteo ya se había reducido solamente a uno o dos peleadores, dado a que garaks y berrods se mataban entre sí con movimientos cuerpo a cuerpo. Los que más bajas causaban en el bando enemigo eran los dueños del planeta, dado a que sus armaduras eran bastante resistentes en comparación con las de los berrod.

    La lucha no tardó demasiado en cambiar en favor de los invadidos, que cada vez asesinaban a más invasores debido a la gran pérdida que les causaban mientras luchaban. Algunos de ellos intentaban escapar, pero el comandante Zion, Wagner, y otros soldados garak se encargaban de perseguirlos y matarlos.

    — ¡Nadie abandona este campo de batalla con vida! — el comandante disparaba energía contra varios berrod — ¡¿Me escucharon?! ¡La única salida es la muerte!

    Los disparos del comandante Zion no mataban a los berrod, pero tenían tanta fuerza que los derribaban al suelo casi sin problemas. Wagner se les acercó con su arma en alto para fusilarlos antes de que pudieran levantarse. El comandante estaba orgulloso de la forma en la que su hijo estaba peleando en ese momento.

    Solo se necesitaron tres minutos más de combate para poder matarlos a todos. Los berrod ya habían sido asesinados hasta que no quedó ninguno, y el equipo a cargo del comandante del Zenith pudo saborear la victoria.

    — ¡Lo hemos conseguido! — levantó su arma al cielo en forma de celebración — ¡Todos los berrod han sido asesinados!

    Los gritos del comandante fueron acompañados de gritos de júbilo de los garak, que estaban muy satisfechos por haber logrado repeler el ataque de los invasores, al menos en ese sector de la ciudad. Sin embargo, el festejo no duró casi nada de tiempo, dado a que se escuchaba a varias naves volar a muy baja altura cerca de ellos. De inmediato, unas cuatro naves pasaron a una altura muy baja, causando que algunos edificios empezaran a temblar por la onda de movimiento. El grupo supo que los que iban en dichas naves eran berrods que habían escapado del campo de batalla, y que se dirigirían hacia otra ciudad para atacarla.

    — ¡Maldición! — el comandante Stones supo que era una mala situación — ¡Tenemos que seguirlos, rápido!

    […]

    Cair se hallaba rodeado por completo de los garak, además de dos soldados humanos. El líder de aquel escuadrón no logró convencer a nadie para que se quedara junto a él a luchar en contra de los enemigos, y ahora estaba metido en una batalla que no sería capaz de ganar. Enfurecido, y sin mostrar debilidad sobre los que asesinaron a su novia, Cair tomó su arma y avanzó hacia adelante con un grito.

    Los garak se prepararon para pelear, pero cuando Cair levantó su arma para empezar los disparos, Ace, quien se le acercó sin que lo notara debido a la cólera del momento, levantó su pierna y pateó su arma enviándola varios metros hacia un costado. Cair derribó al soldado del Zenith con solo un golpe a la cabeza, y antes de poder atacar otra vez, Agustina se acercó hasta él y le dio un puñetazo en la cabeza. Cair no retrocedió, sino que respondió con dos golpes de puño en la cabeza de la chica, los cuales la hacían retroceder a pesar de llevar casco. El soldado berrod contaba con una fuerza bruta muy grande, y los dos soldados del Zenith no eran rivales para él. Fue corriendo hasta su arma, pero cuando la quiso levantar del suelo, Plamo la pisó con rapidez para luego propinarle un puñetazo con su guante, que ya estaba apagado. Cair retrocedió, pero sin caer al suelo, dio la vuelta sobre sí mismo para buscar el arma de algún compañero muerto.

    Antes de poder llegar a su objetivo, Ace le pegó una patada en la cabeza, seguida de un puñetazo. Ambos golpes sí le causaron daño a Cair en esta ocasión, pero este no se rendía. Cuando Ace quiso atacar con un codazo, el berrod lo bloqueó, y con un rodillazo fuerte en el estómago, lo hizo retroceder dos pasos. Sin embargo, ese golpe le había dañado ligeramente la rodilla. Agustina se acercó hasta él, logrando darle un codazo en la frente. Cair respondió con un golpe que ella logró esquivar agachándose, y antes de poder atacar nuevamente, Ace llegó desde atrás de ella y le dio un puñetazo en la boca. Posteriormente, Agustina le encajó un rodillazo en la barbilla, y Plamo, que se encontraba detrás, le pegó en la nuca con un puño, para después juntar ambas manos y darle en el mismo lugar. Tras tantos golpes, Cair cayó al suelo, donde Ace y Agustina empezaron a patearle la cabeza. El resto de los garak tenía las armas listas para intervenir en caso de que los demás necesitaran ayuda, pero veían que se las estaban arreglando muy bien. Finalmente, Ace le dio una patada que dejó a Cair mirando boca arriba. Plamo se le acercó con un arma, apoyándosela en la cabeza, mientras que los dos soldados del Zenith que seguían vivos le pisaban las manos para que no se defendiera. Cair miró a la cara al garak que tenía en frente.

    — ¿Qué estás esperando para matarme? — preguntó el berrod, hablando en voz baja, sabiendo que ese sería su destino — Ya has matado a mi novia, y ninguno de mis soldados va a venir a salvarme.

    — ¿Por qué, Cair? — Plamo lo reconoció — Vivíamos en paz. Tanto tu raza como la mía. El universo está lleno de peligros que todos nosotros podríamos haber superado si trabajáramos juntos. ¿Por qué tuvieron que hacer esto? Solo consiguieron condenarse a la extinción.

    — Me conmueve que te sepas mi nombre — Cair no lograba recordar al que tenía en frente — Yo no me acuerdo el tuyo. Y la razón es simple… nosotros somos así. No nos gusta compartir nuestras cosas con nadie. Una vez, en nuestro planeta, vivía una raza que también era inteligente como nosotros. Teníamos un trato para compartir el planeta, pero a nosotros no nos gustaba. Si tan solo hubiéramos sabido que esas putas piedras iban a caer desde el espacio, no los habríamos matado, y les hubiéramos dejado quedarse con el planeta.

    — Han perdido, Cair — Plamo le quería enseñar una lección antes de matarlo — ¿Nunca se pusieron a pensar que tarde o temprano se encontrarían con alguien más fuerte que ustedes? Nosotros sí, y es por eso que hicimos una alianza con los humanos en lugar de matarlos como si nada.

    — Nunca pensamos que habría alguien tan fuerte como para vencernos — Cair se mostraba arrogante — Pero ustedes no nos vencieron por su cuenta. Esta victoria no es solo suya. Recuérdalo siempre.

    — A diferencia de ustedes, nosotros no tenemos un orgullo tan grande como para taparnos la vista — Plamo se dio cuenta que no tenía sentido seguir hablando con él — Siempre recordaremos la ayuda que hemos recibido en esta batalla. Y podremos vivir con eso.

    — Pues, felicidades, pero todavía no han ganado — Cair sonreía por última vez — Reinor sigue con vida. Y él es el soldado más fuerte que tenemos. Mientras siga respirando, la pesadilla no desaparecerá.

    — Yo mismo lidiaré con Reinor cuando lo tenga en frente — Plamo se dispuso a eliminarlo — Tal y como hice contigo ahora.

    Tras esas palabras, Plamo disparó su arma en el rostro de Cair, destrozándole el mismo por completo, junto con parte del cráneo, salpicando sangre en todas las direcciones. Cair era junto con Reinor y Orz de los soldados berrod más fuertes, y el hecho de que él estuviera muerto y Orz encerrado, quería decir que el único que les quedaba era nada más y nada menos que el líder de los invasores.

    El sonido de las naves sobrevolando la ciudad no tardó en escucharse, y al levantar la vista, Plamo, Ace, Agustina y los demás garak vieron como las naves se elevaban por encima de sus cabezas, en dirección a otra ciudad. El haber visto eso preocupó a todos los presentes.

    — ¡Mierda, podrían ir a cualquier parte! — Agustina se preocupaba por el próximo objetivo de las naves — ¡Hay que seguirlos antes de que los perdamos de vista!

    — ¡Agustina tiene razón! — Plamo levantó las manos para que todos volvieran a los vehículos — ¡Incluso aunque no los perdamos de vista, es peligroso dejar que nos saquen mucha ventaja! ¡Mientras más rápido lleguemos hasta ellos, será lo mejor!

    Fue así que todos se subieron rápidamente a los vehículos, para poder seguir de cerca el movimiento que esas naves iban a efectuar. En el camino a los mismos, Ace volteó y logró encontrar a Bastien tirado en el medio de todos esos cuerpos. No lo había visto desde que se separaron para pelear, pero creyó que se encontraría al final de las filas, y no muerto.

    — Bastien… — Ace se sentía mal por su compañero.

    — Ace, déjalo. Ya no podemos hacer nada por él — Agustina sonó muy seria al pronunciar esas palabras.

    — Lo entiendo, pero…

    — ¡Descuida, los garak que habitan aquí se encargarán de su compañero! — Plamo tranquilizó a Ace — ¡Te aseguro que no le harán nada a su cuerpo! ¡Ahora lo importante es el combate contra los berrod!

    […]

    Reinor conducía una de las cuatro naves, la del frente, para ser más precisos. Aunque el ataque y la retirada no salieron como planeaban, el soldado se puso contento al recibir noticias de otro de sus grupos de ataque que se encontraba en otra ciudad.

    — ¡Ya hemos logrado asesinar a los garak de esta ciudad! — gritaba eufórico uno de ellos — ¡¿Cuál es nuestro siguiente objetivo?!

    — ¡Su capital! — ordenó Reinor, sabiendo que ese era el lugar más importante — ¡Si la destruimos, los garak habrán perdido la guerra! ¡Todos diríjanse hacia allá de inmediato!

    — ¡Como usted ordene!

    Reinor estaba feliz de saber que otro de los grupos había tenido éxito en aquel ataque. El líder de los invasores supo que la mayor parte del ejército garak se concentraría en la capital de Pgarak, por lo que una victoria en ese lugar sería una forma de asegurar una victoria completa en contra de sus enemigos.

    Las naves tardaron medio minuto en llegar hasta allá, y una vez que la tuvieron a la vista, Reinor tuvo un plan para poder causar más daño antes de empezar el combate.

    — ¡Estrellen las naves contra los edificios! — ordenó el líder a todos los que lo acompañaban — ¡Estas naves son resistentes, y seguirán funcionando después de un impacto como ese!

    En un principio, todos creyeron que su líder estaba totalmente enloquecido, hasta que lo vieron en persona estrellar su nave en contra de varios edificios de la ciudad. El impacto derrumbó los edificios en cuestión de segundos, provocando que escombros se esparcieran por todos los alrededores, causándole la muerte a decenas de garak que se encontraban allí.

    Los gritos de horror de los habitantes de dicha ciudad no se hicieron esperar. Varios de ellos abandonaron sus casas y se fueron corriendo en todas las direcciones buscando evitar la muerte a toda costa. Dentro de poco, las tres naves que acompañaban a Reinor, que luego fueron acompañadas por otras cinco naves más, imitaron la acción del líder y se fueron a estrellar contra los edificios del lugar, causando cientos de muertes en tan solo menos de dos minutos. Los berrod estaban aturdidos por el golpe, pero ninguno de ellos estaba herido de gravedad, por lo que, tras cinco minutos de descanso, todos bajaron y empezaron a pelear en contra el ejército garak, el cual estaba llegando hasta el lugar.

    […]

    El grupo de Asmir fue el primero en llegar hasta el lugar. El líder de los garak no pudo evitar sentir un gran nudo en la garganta al ver su ciudad capital, la ciudad donde él vivía y llevaba el control del planeta, destruida en forma parcial con varias naves berrod intactas alrededor. La cólera se apoderó de él una vez que ese nudo desapareció. El líder solamente quería eliminarlos a todos allí y en ese preciso instante.

    — ¡Toda su maldita fuerza está concentrada en este lugar, igual que mi ejército! — Asmir enfurecía — ¡Esta será nuestra última batalla, ganemos o perdamos! ¡El vencedor se quedará con la victoria! ¡Vayamos todos ahora y matémoslos de inmediato!

    Mientras todos los garak gritaban al unísono en apoyo a las palabras de su líder, Michael y Alicia se preocupaban de que el ver su ciudad en ese estado pudiera afectarlo en el combate. Su país y la raza que descubrieron iban a formar una alianza, pero si perdían el planeta en contra de los berrod, no podrían formar ninguna alianza. Y en el caso de que fuera posible, la alianza no serviría de mucho.

    — Ten cuidado en la batalla, Asmir — le advirtió Michael, que se preocupaba al no conocer la personalidad del líder garak en esas circunstancias.

    — Lo tendré, Michael, no te preocupes — Asmir estaba ansioso por matar a todos los berrod que pudiera — Este es el lugar en donde mataré a todos los berrod y salvaré a mi planeta de su invasión. Entiendo la importancia de este combate, y no voy a caer aquí. ¡Avancen!

    Los vehículos de los garak se dirigieron hacia la ciudad bajo el asedio de los berrod. Una sorpresa desagradable para ellos fue darse cuenta que las naves y los escombros les estaban bloqueando cualquier tipo de entrada desde aquella zona, lo que los obligó a rodearlos, sabiendo que perderían tiempo al hacerlo.

    — Cada segundo que perdemos es un segundo que ellos ganan — Asmir no podía tranquilizarse, aunque lo intentara.

    — Descuida, Asmir, una vez que lleguemos los asesinaremos — Alicia quería que se tranquilizara — Ellos van a morir el día de hoy.

    […]

    El grupo del comandante Zion fue el primero en entrar a la ciudad, dado a que la zona por la que llegaron estaba descubierta de escombros, permitiéndoles el paso sin problemas. El grupo lamentaba la pérdida de Vigía, dado a que les sería de mucha utilidad contemplar el escenario desde arriba y saber de dónde atacar para causar más daño.

    Los vehículos lograron llegar hasta el lugar del enfrentamiento. Todos se asombraron del espectáculo mostrado. Los garak que quedaban luchaban ferozmente contra los berrod. Los golpes y los disparos iban de un lado al otro. Un segundo moría un soldado de los berrod, para que al otro segundo muriera uno de los garak. Estos últimos usaban los vehículos para pasar por encima a los berrod, sabiendo que no estaban preparados para eso. Tras matar a uno o dos, o incluso tres si tenían suerte, las ruedas de los mismos se trababan, permitiéndole a los berrod forzar las puertas y entrar para ejecutar a sus enemigos allí adentro.

    Las fuerzas de los nuevos aliados del Zenith se sumaban a cada minuto por todas las direcciones, por lo que Zion no se quiso quedar atrás.

    — ¡Prepárense, porque los vamos a pasar por arriba! — el comandante quiso mantener listos a sus soldados — ¡Y una vez que los vehículos se detengan, quiero que salgan y disparen a matar! ¡Si los berrod saben que esta es la ciudad principal, entonces su fuerza mayor estará situada aquí!

    Los tres soldados del Zenith estaban nerviosos por la maniobra que iban a realizar. Nunca habían viajado en uno de los vehículos de los garak, y ahora los iban a utilizar para embestir y aplastar a sus enemigos. Los soldados del planeta no estaban asustados, dado a que iban a pelear por su ciudad más importante, pero para los tres soldados humanos era demasiado. El caos de los disparos, los gritos y las muertes que se concentraba en ese lugar los aterraba.

    Finalmente, el comandante dio la orden.

    — ¡Ahora! — gritó Stones sabiendo que deberían saltar apenas los vehículos ya no avanzaran.

    Los vehículos corrieron a gran velocidad hacia el campo de batalla, intentando entrar en lugares donde había más concentración de enemigos. Al atropellarlos, los berrod quedaban aplastados, y varios miembros de sus cuerpos salían despedidos en varias direcciones, llevando a que varios llegaran a parar en las ruedas de los vehículos. Estos se detuvieron en el acto, y un segundo después, todas las puertas se abrieron, dando lugar a que todos los que iban a bordo de los mismos empezaran a disparar en cada dirección.

    El combate se tornó más frenético en ese entonces. Los garak y los humanos recién llegados abrían fuego contra los invasores, quienes tuvieron que cambiar la dirección de sus disparos hacia ellos. Las muertes no tardaron en llegar. La sangre y los cuerpos adornaban las calles de la ciudad, la cual se podría convertir en todo un cementerio de seguir así. La lluvia de balas era tan grande que incluso las armaduras no lograban detenerlas a todas, y varias de ellas lograban llegar hacia las cabezas de los berrod, causando que sus números empezaran a reducirse.

    Zion decidió implementar en ese lugar la misma estrategia que usó en la anterior ciudad. Aunque le estaba funcionando, los soldados eran más fuertes esta vez, por lo que decidió detenerse y empezar a pelear cuerpo a cuerpo contra ellos al darse cuenta. Wagner y Dustin lo notaron y se acercaron para ayudarlo, junto con algunos soldados garak. Los berrod que estaban allí eran buenos para el combate cuerpo a cuerpo, además de que eran mayores en número a lo que se habían enfrentado en la ciudad.

    Devlin, por su parte, hizo lo mismo, pero en otra parte de la ciudad junto con otros soldados garak. En total, fueron unos veinte guerreros los que se tiraron encima del grupo en donde se encontraba el líder de los invasores. Reinor y los suyos vieron como una estampida pequeña se acercaba hacia ellos, matando a algunos de sus compañeros en la corrida. El líder berrod decidió frenarlos antes de que terminaran reduciendo sus números del todo.

    — ¡Al ataque! — Reinor disparó contra uno de los garak, volándole la cabeza al acertarle tres disparos en el rostro donde su casco no lo cubría — ¡Mátenlos a todos!

    Imitando las acciones de sus enemigos, el líder y todos sus soldados empezaron a correr hacia ellos. En menos de veinte segundos se produjo un choque, y varios garak y berrod terminaron muertos. Devlin logró superar a su rival, por lo que le pisó el cuello y luego le metió un tiro en la frente. Tras haber matado a ese enemigo, cambió de objetivo y se dirigió a pelear contra otro que se le acercó. Le dio un golpe en la cabeza con su rifle. El impacto causó que el arma de Devlin se cayera al suelo, por lo que el soldado empezó a lanzarle energía a la cabeza hasta que lo mató.

    Reinor esquivó un golpe que uno de los garak le dirigió a la cabeza, para luego agacharse, patearle la pierna para tirarlo al suelo, y así poder meterle un tiro en el rostro que acabó con su vida. Otro de los enemigos lo atacó por atrás en un intento de eliminarlo. El invasor reaccionó rápido y logró voltearse a tiempo para desviar su arma. Una vez desarmado, solo necesitó ponerse de pie para poder encajarle un tiro en el rostro.

    Al mirar hacia el costado, pudo ver como Devlin estaba asesinando a uno de los suyos sirviéndose de la energía que salía de sus cuerpos. Supo que se trataba de otro de los seres que describían las leyendas, por lo que se acercó para eliminarlo antes de que pudiera causar aún más muertes. Devlin desvió la vista y lo vio venir. Cuando Reinor disparó, el mellizo logró levantar su brazo para cubrirse, pero el disparo le terminó golpeando en la mano, causándole un agujero justo en el medio. Devlin empezó a gritar de dolor al recibir un disparo como ese.

    — ¡Maldito! — Devlin extendió su mano herida en contra del berrod.

    El soldado del Zenith dejó escapar energía, pero dado a la herida que tenía, el ataque lo lastimó mucho más a él que al líder berrod, quien no se vio afectado dado a que terminó recibiendo el golpe en la armadura.

    — Las leyendas no eran como yo esperaba que fueran — las palabras de Reinor confundían a Devlin — No solo conquistaré el planeta de los garak, sino que también podré aniquilar a una raza muy peligrosa.

    — ¡¿Tú eres el líder de estos hijos de puta?! — Devlin interpretó eso por la forma en que hablaba.

    — Veo que tienes inteligencia, pero no la suficiente como para unirte a la raza correcta — Reinor corrió hacia Devlin con su arma levantada.

    Devlin dio un salto hacia su enemigo, consiguiendo darle un codazo en el pecho que causó que tirara su arma, pero eso lo dejó vulnerable a un golpe de puño de Reinor, quien le pegó con tanta fuerza que lo arrojó al piso de forma violenta. Devlin levantó ambas manos y le disparó energía hacia su enemigo, pero los disparos solamente impactaban en su armadura.

    — ¡La puta madre! — Devlin sentía como la mano herida se le quemaba cada vez más, mientras que su enemigo no recibía daño.

    El líder de los invasores le pateó la cabeza al soldado del Zenith. El golpe le dolió en el pie, pero fue bastante fuerte como para causar una grieta en el visor del casco al enemigo. Devlin giró para levantarse y luego corrió hacia el berrod para poder taclearlo. Logró llegar hasta él, pero su enemigo soportó la embestida, recibiéndola sin moverse de su lugar. Acto seguido, le dio un golpe de puño en la cabeza al soldado humano, que luego acompañó con un codazo tan fuerte que apartó a Devlin al tirarlo a un costado. Reinor caminó hacia su arma y la tomó, apoyó el cañón sobre la otra mano de Devlin, y de un disparo le voló la mano en cientos de pedazos, causando que sus huesos, carne y piel salieran volando en todos lados, acompañados de un grito de dolor de parte del soldado.

    Devlin vio que lo tenía cerca, por lo que le pegó una patada en la pierna, la cual le hizo perder el equilibrio a su enemigo, quien cayó sobre su rodilla al suelo. Devlin no se iba a rendir hasta que no hubiera matado a todos los berrod. Apoyó su mano restante sobre el rostro de Reinor, quien se frotaba la rodilla por la herida, para luego liberar energía de forma frenética sobre su enemigo. Reinor sufrió quemaduras por parte de una energía como esa, pero al tercer fragmento que impactó, tomó la mano del enemigo y la apartó de su rostro. Una vez que ya estaba libre de ataques, juntó sus dos manos sobre la de su enemigo, haciéndole presión sobre el hueco que quedó en el medio, en un intento de rompérsela. Devlin gritaba mientras liberaba energía, la cual le estaba causando quemaduras leves a Reinor. Ambos se pusieron a gritar como locos, pero al final fue Reinor quien consiguió su objetivo antes que Devlin. Haciendo una gran fuerza, logró destrozarle la mano al humano, quien ahora gritaba mucho más de dolor.

    — ¡Mierda! — Devlin veía como pedazos de carne le colgaban de la muñeca — ¡Hijo de puta! ¡¿Qué mierda me hiciste?!

    — ¡Me has quemado las manos! — Reinor veía las quemaduras en su piel, eran leves, pero le dolían como el infierno.

    El invasor se levantó muy enojado y le pegó otra patada en la cabeza a Devlin, quien quedó tirado en el suelo muy aturdido, dado a todos los golpes en la cabeza y la pérdida de sangre. Reinor se dirigió a su arma, tomándola con dificultad debido a las quemaduras, pero siendo capaz de usarla para matar a su enemigo.

    El soldado del Zenith lloraba tanto del dolor como de la impotencia del momento. Supo que ya no podía seguir peleando, y que aún quedaban muchos berrod por asesinar, lo cual era un dolor mucho más fuerte que todo el daño que había recibido en el combate.

    — ¡No, no, no! — Devlin supo que era el final, pero no quería aceptarlo — ¡No puedo morir aquí! ¡No cuando todavía no los he matado a todos! ¡Tengo que matarlos a todos! ¡No puedo dejar que ninguno de ellos siga vivo después de lo que te hicieron, Erin!

    Reinor se le acercó, puso su arma en el interior de su casco y luego disparó tres balas que le perforaron por completo el cráneo al humano, matándolo al instante. Reinor respiró aliviado tras haberlo matado, dado a que ese combate le había costado mucho más que el anterior. El líder se tomó unos segundos de descanso para tomar aire, y luego regresó junto a sus guerreros, que continuaban la lucha.

    Se integró al combate disparando y matando a varios garak que tenía al alcance. Sin embargo, antes de poder continuar con los disparos, un fragmento de energía le impactó en el rostro, principalmente en el ojo, causando que le explotara y le dejara un pequeño hueco en el cráneo, del cual salía mucha sangre.

    — ¡Mierda, ¿de dónde vino eso?! — Reinor creyó que su armadura debería haber funcionado.

    Al mirar con el único ojo que le quedaba, logró ver a Asmir acercándose hacia él junto con otros dos soldados que portaban la misma armadura que Devlin. Uno de ellos le disparaba energía, la cual impactaba en varias partes de su cuerpo que no estaban cubiertas por su armadura, causando que terminara tirando su arma al piso y gritara de dolor. Los berrod se voltearon y observaron como un enorme número de garaks se les acercaban cada vez más, con Asmir al frente de ellos.

    — ¡Ahora, mátenlos! — todos escucharon el grito de parte del líder garak.

    Alicia disparó una vez más contra Reinor, quien cayó al suelo muy herido tras recibir ese disparo en la cabeza. Michael, su novia, y el resto de los garak empezaron a pelear contra los berrod, quienes ya estaban cansados tras haber peleado tanto. Reinor, cuyo rostro ya estaba muy quemado de tantos ataques recibidos, quiso tomar su arma sin mirar bien en donde colocaba sus manos. Antes de poder tomarla, sintió como una patada en la cabeza lo llevó a caer boca arriba sobre el piso. Sabiendo que su enemigo estaba cerca suyo, levantó su pie, logrando darle a Asmir, el que lo atacó, una patada en el rostro, seguida de otra en el pecho.

    — ¡Muérete de una vez! — Asmir estaba muy furioso con Reinor.

    El líder garak encendió los guantes para luego tomarle el pie a Reinor, y quemárselo en tan solo tres segundos. El líder berrod estaba sintiendo un dolor muy inmenso, que casi no podía soportar. Asmir le dio un pisotón en la cabeza, para luego agacharse y colocarle las manos en el cráneo del enemigo, que empezó a fundirse en el calor acompañado de los gritos.

    — ¡Detente, detente! — Reinor ya no soportaba el daño que recibía.

    — ¡Todo esto es tu culpa, Reinor! — Asmir presionó aun con más fuerza — ¡Tú mismo causaste esto! ¡Te merecías esto desde que atacaste por primera vez, pedazo de mierda!

    Los gritos del invasor siguieron por unos cinco segundos más hasta que luego se detuvieron por completo. Eso le dio la señal al líder garak de que ya estaba muerto, pero no quiso detenerse ahí. Siguió presionando hasta que le derritió su cráneo por completo. Una vez que terminó, retiró sus manos de allí, y luego se tomó unos segundos para contemplar a su enemigo muerto.

    — Ya terminó… — Asmir suspiraba aliviado — Sin su líder, los berrod caerán con facilidad…

    A unos metros del lugar, Michael y Alicia peleaban junto a varios garak en contra de sus enemigos. La pareja se ayudaba mutuamente al asesinar berrods con las armas y con energía. Llegó un momento en el que las armaduras de los berrod recibieron un daño tan terrible que ya no podían seguir atrayendo todos los disparos recibidos, provocando que varios de ellos terminaran muertos dado a que no se daban cuenta hasta que el daño que recibían era mortal.

    A lo lejos se podía ver a Wagner y Dustin luchando juntos con el comandante Stones. Sus compañeros no notaban que las armaduras de los enemigos estaban fallando, por lo que buscaban derribar a los enemigos y luego dispararles energía en sus cráneos desde muy cerca.

    Como su líder había muerto, los berrod ya no tenían a nadie que los organizara, más allá de los líderes de los escuadrones, que no sabían hacer más allá de dar un par de indicaciones.

    No pasó mucho tiempo hasta que Plamo, Domir, Ace, Agustina, Thomas, Gwyn, y más refuerzos del ejército garak aparecieran y se sumaran a la batalla. Una vez que el comandante Stones notó que los demás ya habían llegado al lugar, ordenó que se acercaran para pelear juntos.

    — ¡Reúnanse todos! — Zion llevó a Wagner y a Dustin con el resto del equipo.

    Los soldados humanos se juntaron y empezaron a luchar juntos en contra de los pocos enemigos que quedaban.

    — ¡¿En dónde están Owen y Bastien?! — Wagner notó que sus dos compañeros no estaban con el grupo.

    — ¡Owen no sobrevivió! — Gwyn se mostraba muy arrepentida por dar esa noticia.

    — ¡Bastien corrió su mismo destino! — Ace supo que Wagner se sentiría mal por la muerte de su amigo.

    — ¡Comandante Stones, no veo a Devlin con usted! — Michael se preocupó al no encontrar a su hermano alrededor — ¡¿En dónde está?!

    — ¡Lo perdí de vista hace rato! — contestó Zion, sin tener certeza de que su soldado estuviera vivo — ¡Esto fue todo un caos antes de que llegaran!

    — ¡Yo lo vi junto a un equipo de garaks! — Dustin recordó haberlo visto durante un segundo en el combate — ¡Pero fue hace varios minutos!

    — ¡Lo buscaremos después! — Thomas quiso tranquilizar a Michael — ¡Ahora tenemos que asesinar a todos estos berrod!

    La lucha se prolongó durante unos diez minutos más. Los berrod cada vez eran menos, y los garak cada vez eran más. Poco a poco, las fuerzas invasoras caían muertas en manos de los guerreros del planeta atacado y de los soldados del Zenith.

    Llegó un momento en el que los berrod ya estaban agotados en el combate, y los refuerzos de los garak no dejaban de llegar, sumándose al combate y cerrándoles todas las salidas posibles. Finalmente, los últimos invasores fueron asesinados en el campo de batalla, cosa que se notó cuando los disparos y las luchas cuerpo a cuerpo cesaron. Esa era la señal de que todo finalmente se había terminado por fin. La guerra entre garaks y berrods ya había concluido, y fueron los invasores quienes terminaron siendo exterminados.
     
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    Reydelaperdicion

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    La Gran Catástrofe III Invasor Agresivo
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    Hola. Finalmente, tras casi un año de haber empezado a publicar esta tercera parte, llegamos al final. Ahora que la parte III está terminada, es momento de ir preparando el terreno para la parte IV. Aviso que no tengo una fecha pensada para poder iniciar la publicación de la parte IV, solo puedo confirmar que no será demasiado pronto, ni siquiera sé si realmente comenzaré a publicarla este año. Todo dependerá de una gran cantidad de factores, por lo que, no puedo prometerles nada.

    Quiero agradecerles a todos los que estén leyendo esto el haber llegado hasta aquí. Quizá antes, quizá después, pero lo importante es que llegaran. Al final del capítulo habrá una serie de preguntas, como en todas las partes que yo he escrito, las cuales me gustaría que fueran respondidas, puesto a que me ayudarían a mejorar cosas para el futuro. Sin intención de distraerlos más, les dejo el capítulo.


    Después de la batalla:

    La guerra terminó, y los cadáveres de cientos de garaks y berrods adornaban las ciudades que se convirtieron brevemente en el campo de batalla. Tras haber finalizado con la amenaza de los berrod, los garak decidieron tomar los cuerpos para alejarlos de las ciudades. Estos serían llevados a campo abierto donde serían incinerados por completo, para evitar que alguna enfermedad extraña pudiera propagarse entre ellos. Junto a los líderes del planeta, se encontraba reunido el equipo del Zenith que había acudido para participar de la misión.

    Michael notaba que Devlin no aparecía, y dado a que la batalla ya había terminado, estaba claro que él había tenido algún problema. Pidió a todos sus compañeros que lo ayudaran a encontrarlo, dado a que podría estar herido, cosa que el soldado esperaba que fuera cierta, y no que estuviera muerto. Alicia acompañó a Michael a buscarlo junto con el comandante Stones, mientras el resto del equipo ayudaba a retirar los cuerpos del campo de batalla.

    No necesitaron mucho tiempo para encontrar al soldado tirado en el campo de batalla, sin mover su cuerpo ni un poco. Michael, al verlo, se aterró y corrió para ver si se encontraba bien. Sin embargo, al llegar hasta él se llevó una amarga sorpresa. Su hermano mellizo había sido asesinado. El casco estaba manchado de sangre, tanto por dentro como por fuera, y su cráneo estaba destrozado. Michael empezó a derramar varias lágrimas, para luego caer de rodillas frente al cuerpo de su hermano menor por apenas unos minutos.

    — Devlin… — Michael tomó una de sus manos — No puedo… esto no puede estar pasando…

    — Michael… — Alicia apoyó su mano sobre el hombro de su novio — Lo lamento mucho — La chica le dio un abrazo para consolarlo, dado a que sabía que Michael lo iba a necesitar.

    El comandante Stones miraba la escena con seriedad. Devlin no era un mal soldado, al menos no para lo poco que había visto de él. Su pérdida, junto con la de los dos soldados de su grupo, era una gran herida para el Zenith. No tenía idea de que decir en ese momento, por lo que simplemente decidió esperar a que Michael se sintiera bien.

    — Michael, solo dime si necesitas algo — Alicia abrazaba fuertemente a su novio — Yo sé lo que es perder a un hermano, y voy a ayudarte en todo este proceso.

    — No es solo su muerte… — Michael hablaba con la voz quebrada — Sabía que algo como esto podría pasar, dado a que él y yo lo tuvimos en cuenta cuando nos convertimos en soldados. Lo que más me duele es que haya muerto estando enojado conmigo. Me odiaba, era obvio, pero creí que podría ganarme su perdón en algún momento… ahora ya no puedo. Perdí a mi hermano sin haberme ganado su perdón. Eso me convierte en el peor hermano que exista.

    — Umcali, lo mejor será que te retires a descansar — Zion supo que Michael debía estar delicado en ese momento — Yo me ocuparé de él. Noble, acompáñalo y quédate con él.

    — Ententido, comandante Stones — contestó Alicia, ayudando a su novio a ponerse de pie — Vámonos, Michael. Necesitas descansar ahora mismo.

    Michael tardó en incorporarse, pero una vez que lo hizo, tanto él como su novia se marcharon del lugar. El comandante Stones decidió hacerse cargo del cuerpo de Devlin. Estaba decidido a llevarse su cuerpo junto con el de Owen y el de Bastien, de forma en que pudieran ser enterrados en el cementerio donde el resto de sus compañeros estaban enterrados. Cargó el cuerpo para alejarlo del lugar, y así evitar que uno de los garak lo tomara. El resto de soldados lo vio, y al darse cuenta de que habían perdido a Devlin, una expresión de dolor se formó en sus rostros, principalmente en el de sus cuatro compañeros desde que formaban parte del equipo de Richard. Ellos conocieron a Devlin desde hace mucho, y su pérdida se podía sentir en ellos. Gwyn y Agustina no pudieron evitar ponerse a llorar tras haberlo perdido, Ace agachó la cabeza, y Thomas no podía evitar sentir un nudo en la garganta. Wagner y Dustin también estaban dolidos por la muerte de su compañero, aunque no lo sentían tanto como los demás.

    Domir, quien veía que habían dejado de trabajar, se acercó hasta ellos.

    — Será mejor que trabajen o se retiren — Domir quiso sonar como Likar — Si no van a ayudarnos y prefieren descansar, háganlo, pero retírense de aquí.

    — No, yo me quedaré — Wagner reanudó su actividad — Varios de estos cadáveres fueron hechos por mí, así que supongo que es lo correcto.

    — Yo también me quedo — Dustin acompañaría a su compañero — Pero ustedes deberían retirarse. Probablemente Michael necesite de su compañía. Seguro el comandante Stones estará de acuerdo. Nosotros se lo explicaremos todo.

    — Gracias por eso — Gwyn quería ver a Michael, sabiendo que debía encontrarse muy mal.

    Los cuatro soldados se retiraron para ir a ver a su compañero. El comandante Stones los vio, pero no emitió queja alguna. Él, sus dos soldados, y el resto de los garak continuaron con la limpieza de los cadáveres de la ciudad que en parte estaba en ruinas.

    Se requirió de varias horas de trabajo para poder apartar a todos los soldados garak y berrod del lugar. Una vez que se realizó el conteo de los cuerpos, Asmir llegó a la conclusión de que los berrod muertos no eran la población entera, y de que debía haber varios de ellos refugiándose en algún otro planeta. El líder garak ordenó a Plamo quedarse y organizar la limpieza de los escombros, la cual sería una operación previa a la reconstrucción de los edificios destruidos. Él, junto con Domir comandaría una expedición hacia el planeta Sgarak, y otra expedición se iría hacia Tgarak. El objetivo era encontrar a los berrod y eliminarlos. Consideró que, sin su líder, no debería costarles demasiado trabajo aniquilar a toda la especie.

    […]

    Dos días después, Asmir se reunió junto al equipo del Zenith en compañía de sus dos hombres de mayor confianza y varios otros soldados garak. Ya había varios trabajadores tratando de reconstruir los edificios que los berrod destruyeron con aquellas naves. Los cuerpos se habían retirado y quemado tras una ceremonia en honor de todos aquellos que pelearon de forma valiente, y ahora, se aproximaba un anuncio de parte del líder.

    — Todos los berrod que se refugiaban en Sgarak han sido eliminados — Asmir se mostraba muy serio — Eso quiere decir que la amenaza que ellos representaban se ha extinguido. Ya nunca más los volveremos a ver, y nuestra gente finalmente podrá vivir en paz. Todo esto es gracias a la colaboración de todos ustedes, principalmente de Alicia. Si no la hubiéramos tenido a ella, la pelea habría sido mucho más difícil, y probablemente hubiéramos terminado siendo nosotros los que fuéramos asesinados.

    — ¿Qué es lo que sigue ahora? — preguntó Wagner, curioso de saber qué era lo que les deparaba la misión.

    — Tal y como acordé con Magnus, su país y mi planeta formarán una alianza para explorar el universo en busca de las respuestas a la Gran Catástrofe — Asmir anunciaba la unión como algo oficial — Nosotros nos haremos cargo de tres de los “sectores” que ustedes han asignado al universo. Una vez que la reconstrucción esté terminada, enviaremos naves hacia el espacio para explorar.

    — ¿Requieren algo más de nosotros? — preguntó Thomas, quien quería saber si ya podían abandonar el planeta.

    — No. Este es nuestro planeta, y nosotros somos una especie totalmente unida — explicaba Asmir — No sería muy bueno de nuestra parte pedirle a un país que nos ayude a restaurar todo lo dañado, así que son libres de regresar a su planeta si así lo desean. Pero quiero pedirles un favor. Plamo y Domir quieren explorar el universo junto a ustedes. Son dos de los soldados más confiables que tengo, y ahora que la guerra con los berrod terminó, ya no preciso que se queden en una base de Tgarak. Estoy seguro de que serán de gran ayuda para ustedes, principalmente ahora que han perdido a tres soldados. Llévenselos con ustedes. Eso es lo último que les pediré.

    El grupo entero estaba asombrado con una petición como esa. La realidad es que nunca esperaban tener a dos soldados del ejército garak luchando en equipo junto a ellos, pero se trataba de dos de los mejores. Habían comprobado de primera mano la fuerza de ambos, y supieron que serían una adición invaluable para sus equipos. Era una oferta que no querían rechazar, pero el comandante del Zenith quería asegurarse de algo antes de aceptarla.

    — Mi nave no es un centro turístico — el comandante se mostraba serio ante la propuesta — Si van a viajar con nosotros, entonces deben aceptar que obedecerán mis órdenes en todo momento. Caso contrario, puedes considerar esa petición como denegada.

    — No tengo problema en seguir sus órdenes, comandante Zion Stones — Plamo aceptó con tranquilidad el pedido del humano — En tanto nos permitan ayudarles, estaré encantado de formar parte de su equipo.

    — Yo digo lo mismo — Domir se sumaba a su compañero — Creo que será una experiencia interesante, y después de las pérdidas que han enfrentado, creo que se trata de lo mejor en este momento.

    — En ese caso, sean bienvenidos — Zion aceptó incorporar a dos de los garak en el equipo — Pero hasta que regresemos al Zenith, ustedes van a tener que compartir habitación. Dado a que usaremos una de las habitaciones para poder llevar los cuerpos de nuestros compañeros.

    — No es problema para nosotros — Plamo le hizo saber que estaba bien para él — Su nave es mucho más espaciosa que las que nosotros acostumbramos a usar. No será un problema para mí.

    — Si ya todo está arreglado, entonces tienen el permiso para marcharse — les hizo saber Asmir, acercándose hacia Zion — Aprecio la ayuda que nos han brindado, y les deseo la mejor de las suertes en la exploración del universo — tras decir esas palabras, estrechó las manos del comandante — Si encontramos algo interesante, se lo haremos saber de inmediato.

    — El satélite está para eso — contestó Zion, aceptando el saludo del líder garak — Cuidaré de tus dos soldados, así que no hay necesidad de preocuparse.

    — Eso es algo que me alegra escuchar — Asmir decidió acercarse a Alicia — Escucha, Alicia, quiero pedirte otra disculpa. Esta va por todos los garak que han dado su vida y todos los garak que han sobrevivido. Lo que te hicimos no es algo que se pueda perdonar con facilidad, pero tienes que saber que se debió a un error, y no fue para nada intencional.

    — Lo entiendo, y es por eso que acepto sus disculpas — Alicia supo que los garak nunca tuvieron la intención de perjudicarla — Aprecio lo que han hecho por nosotros, y eso ya es más que suficiente para que pueda aceptar sus disculpas. No hay necesidad de guardar rencores.

    — Me alegra que sea de esa forma — Asmir se alivió al ver que Alicia aceptó las disculpas que le ofreció — Una vez más, les deseo la mejor de las suertes en la exploración.

    Tras haberse despedido, Zion, los soldados humanos y los dos soldados garak se subieron a la nave del Zenith con la cual habían llegado hasta el planeta Pgarak, el cual, ahora que los conflictos hostiles contra los berrod habían terminado, volvió a tomar el nombre de Garak. En tan solo dos minutos, la nave abandonó el planeta, ante la vista de varios soldados y del líder de la especie.

    Con la guerra en contra de los invasores terminada, lo único que les quedaba ahora mismo era ponerse a trabajar para poder terminar de reconstruir los edificios que los berrod habían destruido.

    […]

    Michael, Alicia, Gwyn, Thomas, Ace, Agustina, Plamo y Domir se encontraban reunidos en la sala de entrenamiento. Los dos soldados garak, y a partir de ahora nuevos compañeros del equipo, se sorprendieron con la existencia de una sala dedicada exclusivamente para el entrenamiento. Las naves que ellos utilizaban no contaban con algo así, y sería una experiencia nueva para ellos. Dicha experiencia apenas comenzaba.

    — Entrenar con ustedes nos servirá de mucho para poder prepararnos para pelear — Ace estaba decidido a tener su revancha contra Plamo — No he olvidado que me derrotaste en el pasado. Puedes estar seguro de que entrenaré para vencerte, pero ahora será una lucha pareja. Esto quiere decir, sin armaduras.

    — Acepto, será una oportunidad perfecta para medirme sin una armadura — Plamo estaba ansioso por poder luchar contra Ace — Dado al conflicto que enfrentamos, las llevamos puestas en cada combate. Será bueno adaptarse a algo nuevo.

    — Tendrás tiempo para eso — Agustina también deseaba poder pelear en contra de él — Yo también voy a pedirte la revancha, Plamo.

    — Tal parece que tendremos mucho tiempo para adaptarnos a ese nuevo estilo de combate — Domir quería empezar a entrenar lo más pronto posible — Dime, Plamo, ¿te gustaría que entrenáramos un poco nuestros movimientos sin las armaduras?

    — Será mejor que lo dejemos para otra ocasión — contestó su compañero — Por ahora, disfrutemos del inicio de este viaje.

    Michael decidió retirarse hacia su habitación. Alicia vio la tristeza en su mirada, por lo que decidió acompañarlo. Gwyn también lo notó, y se sentía muy mal por él. A pesar de todo lo que había pasado entre ambos, tal y como Thomas dijo, eran compañeros, y debían apoyarse mutuamente. La chica siguió a sus dos compañeros hacia la habitación de Michael, y entró para poder hablar con ellos.

    — Michael, ¿está todo bien? — Gwyn quería asegurarse de que se encontrara en condiciones para poder entrenar con ellos.

    — Sí, Gwyn, muchas gracias — Michael no se sentía del todo bien, pero apreciaba el apoyo de su compañera — Creo que eres una persona magnífica. Has estado para mí cuando Julie y Devlin murieron, pero yo no estuve cuando murió Erin.

    — Eso no fue culpa tuya — Alicia creyó que a Michael no le haría bien culparse por eso.

    — No, pero lo pude haber evitado — Michael decidió ponerse de pie para abrazar a su compañera — Gracias Gwyn. Eres una buena persona, y no creo merecer la preocupación que muestras por mí.

    — Eres mi compañero, y los compañeros deben ayudarse mutuamente — Gwyn aceptó el abrazo.

    Alicia se sentía algo incómoda al ver a Michael abrazando a Gwyn de esa manera. Entendía que Gwyn simplemente estaba mostrándose compasiva, pero no le agradaba del todo que ambos se abrazaran, mucho menos conociendo el pasado que ambos tenían. Michael soltó a su compañera y luego se sentó junto a Alicia, abrazándola a ella también. Eso tranquilizó un poco más a la chica.

    En ese momento, Thomas entró a la habitación. Él supo que Gwyn estaría allí, y quería hacerle compañía.

    — Michael, ¿cómo te sientes? — preguntó Thomas, esperando que fuera mejorando.

    — Estoy como se puede — Michael fue sincero con su compañero — Ya lo estoy superando. Lo bueno es que podré enterrar a Devlin junto a mis padres, a Julie y a Erin. Hubiera sido peor no poderlo enterrar.

    — Ante cualquier cosa, ya sabes que puedes hablarme a mí o a Gwyn — Thomas le hizo saber que lo ayudaría.

    — Lo sé, Thomas, muchas gracias — contestó el soldado.

    Los cuatro se quedaron hablando por más tiempo en la habitación.

    En la sala de comandos, Zion se encontraba junto con Wagner y con Dustin, los dos últimos soldados de su grupo original. Los tres estaban muy afectados por las muertes de Owen y Bastien, considerando que murieron en un conflicto que no les pertenecía.

    — Espero que este maldito satélite esté en condiciones de comunicar ambos planetas — Zion no quería imaginarse que algo no funcionara correctamente — Si no es así, deberemos regresar a Garak, y eso solo nos retrasará más tiempo.

    — Lo bueno es que ellos van a encargarse de tres sectores — Wagner veía las cosas desde un enfoque positivo — No es demasiado, pero cualquier ayuda sirve. Sobre todo, con un universo tan grande por explorar.

    — El tiempo que nos van a ahorrar ya suma mucho — Dustin consideraba que esa alianza había beneficiado al Zenith — Teniendo en cuenta que quedan menos de tres años para encontrar las respuestas, esta alianza es beneficiosa para nosotros.

    — Escuchen, si quieren pueden retirarse — Zion no quería que se quedaran con él solo por obligación — Pueden pasar el tiempo con sus compañeros. Después de todo, ahora ellos forman parte del equipo.

    — Vendré a la noche para hacerte compañía, papá — Wagner no se dio cuenta de que no lo llamó de forma correcta — Es decir…

    — No tienes que disculparte, Wagner — el comandante Stones no quería castigarlo por eso — Lo dejaré pasar por esta vez. Retírense a descansar. Ya nos hemos estresado demasiado.

    Dustin y Wagner salieron de la sala de comandos para dirigirse a la sala de entrenamiento, lugar en donde se encontraban sus compañeros, o al menos eso era lo que creían. Durante el camino, Dustin aprovechó para hablar con el líder del equipo.

    — Wagner, ¿te has dado cuenta? — preguntó en voz baja — Ahora solo quedamos nosotros dos.

    — Dustin, carajo, no lo digas de esa forma — a Wagner no le agradó esa forma de hablar de su compañero — No me gusta que hables así. Nuestros compañeros han muerto en esta guerra, muestra un poco más de respeto.

    — No era mi intención — Dustin agachó la mirada algo avergonzado — Lamento si te incomodó. Pero esa es la verdad. Todos nuestros compañeros han muerto.

    — Tristemente, así es — Wagner recordaba a los caídos con dolor — Todos ellos eran muy buenas personas. Ninguno de ellos merecía morir así.

    — Han muerto y no hemos conseguido ningún avance todavía, más allá de la unión con los garak — Dustin se encontraba desanimado al pensar en eso — Y no solo han muerto nuestros compañeros. El comandante Richard, y tres de sus soldados también han fallecido durante la misión. No tenemos ninguna respuesta a la Gran Catástrofe, ni siquiera una teoría. Sus muertes han sido para nada.

    — No me gusta admitirlo, pero tienes razón — Wagner quería mentirse, pero no podía — Si hubieran muerto descubriendo algo útil sería distinto, pero no fue así. Sus muertes no nos han llevado a ningún lado.

    — Eso me lleva a mi siguiente pregunta — Dustin se ganó la atención de su líder — ¿Crees que nuestras muertes vayan a servir para algo?

    — Haré todo lo que esté en mi alcance para no morir en esta misión — Wagner estaba decidido a pelear con todas sus fuerzas — Y si muero, será habiendo obtenido como mínimo una respuesta, y dándola a conocer a la humanidad. Es lo que más importa en este momento.

    Al llegar a la sala de entrenamiento, los dos soldados vieron que los únicos que estaban allí eran Domir y Plamo, los cuales estaban ejercitando de la forma en la que los humanos les habían mostrado. Todos sus compañeros se habían ido. Wagner y Dustin decidieron unirse, sabiendo que tal vez los garak podrían querer alguna clase de consejo para ejercitarse.

    En una de las habitaciones, Ace se encontraba con Agustina. La chica le dijo que quería hablar de algo importante con él, y eso fue más que suficiente para que él acudiera al lugar.

    — ¿De qué querías hablar? — Ace sentía curiosidad.

    — Ace, lamento no haberte dicho esto antes — Agustina se sentía mal por lo que iba a decir — Pero no quería que te metieras en una pelea. Te quitaron el puesto de líder de forma injusta, y si te ponías a pelear, era obvio que nunca te lo iban a devolver.

    — ¿Qué es tan importante como para haberme metido en una pelea? — el soldado estaba confundido.

    — Se trata de Bastien — Agustina no sabía cómo explicárselo, por lo que dijo lo primero que se le vino a la mente — Él… él me tocó.

    — ¡¿Qué?! — el grito de Ace fue más de sorpresa que de enojo.

    — Lo lamento, Ace — Agustina abrazó a su novio — Tú eres el único que puede tocarme. Solo fue por unos segundos, pero fui yo quien permitió que ese idiota me tocara. Lo lamento.

    — ¿Qué fue lo que pasó?

    — Él sentía algo por mí, y simplemente me tocó. Me dijo que yo debería estar agradecida por eso, y que debería estar con alguien como él.

    — ¿Y qué fue lo que le dijiste?

    — Le dije que era un pedazo de mierda por eso — la respuesta de la chica llamó la atención de Ace — Ace, tú eres el único chico del que yo podría enamorarme. Has sido muy bueno conmigo, y creo que deberías saber lo que pasó. No lo dije antes porque no quería que empezaras una pelea con él, y que eso perjudicara tus posibilidades de poder convertir en el líder del equipo otra vez.

    El soldado se encontraba conmovido con las palabras de su novia. Ella realmente pensó en él en todo momento, no solo al rechazar a Bastien, sino también al querer evitar que ambos entraran en un conflicto. Ace decidió darle un abrazo a su chica.

    — Eres la mejor chica que he conocido — Ace estaba muy feliz de tenerla — Pero ser el líder no es algo que me importe ahora mismo. Lo único que me importa es que te encuentres bien. La próxima vez que alguien te haga algo así, dímelo de inmediato.

    — Lo haré — Agustina estaba feliz de poder confiar en Ace — Lo sabrás de inmediato. Pero no debes preocuparte por nadie. Como he dicho antes, tú eres quien me gusta, y la única persona de la que me podría enamorar. Por lo que no voy a quedarme quieta si alguien me toca otra vez.

    Con cada soldado afrontando la situación de forma diferente, la nave recorría el espacio exterior con su destino fijado en la Tierra. El viaje duraría una semana, y una vez que se aseguraran de que las comunicaciones entre el Zenith y el planeta Garak estuvieran bien, reanudarían la exploración del espacio.

    […]

    El comandante Frans, en compañía de sus cinco últimos soldados estaban cargando provisiones en camiones de un país que se encontraba más al sur. Varios de los trabajadores de dicho país observaban con satisfacción como varios soldados de Black Meteor, entre los que se encontraba el comandante Frans, cargaban las provisiones en los camiones. Hace un par de días, un país se vio afectado por un terremoto, y los líderes del mundo obligaron a Black Meteor y a Zenith a enviar su ayuda a dichos países. Abel y Magnus no tuvieron más opción que aceptar, por lo que ahora los soldados de Black Meteor estaban cargando la comida en los camiones. Cuando terminaron, ya estaba por caer la noche.

    — Gracias por la colaboración — uno de los hombres de aquel país se mostraba sonriente — Son una gran ayuda cuando se lo proponen.

    — Mejor tomen las cosas y lárguense de aquí — Frans no estaba de humor para bromas — Váyanse antes de que me arrepienta, los mate, y les quite todo esto. Si se me dan las ganas, los voy a dejar sin nada.

    — Lo mejor será que tú controles el tono, o solo perjudicarás más a tu país — le contestó soberbio uno de los conductores — Salvo que quieras abandonar la Tierra antes de los tres años, yo no te recomendaría que nos dispares. Pero eres libre de hacerlo y ver qué pasa.

    Frans no contestó a esa provocación, pero tuvo que contenerse con todas sus fuerzas para no hacerlo. Sus cinco soldados y el resto de los que estaban allí estaban igual que él. No hubo una enorme cantidad de víctimas en ese terremoto, y el país que lo sufrió no necesitaba de la ayuda ni del Zenith ni de Black Meteor. Los demás países solamente los obligaron a cederles sus cosas por un simple castigo.

    Una vez que tuvieron lo que quisieron, los trabajadores se marcharon de regreso a su país, ante la mirada seria de todos los soldados y del comandante.

    — Vamos — Frans ordenó a todos retirarse — Comeremos algo en la base.

    Cada uno de ellos se fue por su lado, pero Natasha, Casey, Paul, Xander y Claire se fueron en el mismo vehículo que el comandante Frans. Los seis compartían el mismo sentimiento de frustración al estar pasando por una situación así.

    — ¿Cuánto falta para que las pruebas terminen? — preguntó Xander a su comandante.

    — Abel mencionó que no falta demasiado — Frans informaba a sus soldados — Pero requiere tiempo. Necesita evaluar bien que soldados son aptos para formar parte del ejército que partirá al espacio, y cuáles son los que deberán quedarse a defender el país.

    — ¿Creen que podamos encontrar las respuestas antes que el Zenith? — la pregunta de Claire no sintió bien a ninguno de sus compañeros.

    — Eso espero — Natasha expresó preocupación por la situación actual — La verdad es que creo que esto será cosa de la suerte. Quien llegue de casualidad al lugar en donde inició todo será quien descubra lo que verdaderamente causó la catástrofe.

    — Si ese es el caso, esperemos que la incorporación de estos nuevos soldados nos traiga algo de suerte — Paul rogaba porque las cosas se tornaran de esa manera.

    El viaje siguió en silencio hasta que los soldados llegaron hasta su base. Dejaron el vehículo fuera de la misma y luego entraron. El comandante y los soldados tenían hambre, y lo que más deseaban era comer algo antes de poder irse a dormir.

    Tras entrar en la base, todos fueron a la cocina, el lugar en donde guardaban todos los alimentos. Sin embargo, al llegar, se toparon con una sorpresa nada agradable.

    — ¡¿Qué demonios pasó aquí?! — Casey no creía lo que veía.

    Las puertas de los muebles y despensas en donde guardaban los alimentos y bebidas se encontraban abiertas, y toda la comida que había dentro ya no estaba en su lugar. No solo se vaciaron los muebles, sino también el refrigerador que era en donde almacenaban parte de la comida. Con el hambre que estaban sintiendo en ese momento, eso era justamente lo que menos esperaban o querían que pasara.

    — ¡Maldición! — Frans estaba muy furioso — ¡Alguien nos robó toda nuestra comida!

    — ¡¿Pero quién carajo haría algo así?! — Paul no entendía lo que pasaba.

    — ¡¿Por qué alguien nos traicionaría de esa manera?! — Casey se sentía igual que Paul — Robar los suministros de los soldados está prohibido, y Black Meteor no es un país donde haya hambruna como para que se tenga que robar nuestra comida. Quien haya hecho esto se ganó problemas innecesarios.

    — No creo que haya sido alguien del país — Natasha estaba segura de lo que decía.

    — ¿Cómo estás tan segura? — preguntó Claire.

    — Es lógica simple — Xander estaba de acuerdo con su compañera — La gente de Black Meteor no pasa hambre, y si así fuera, saben que no tienen que robar nada de comida. Solo bastaba con pedirla, y nada más. Es imposible que alguien del país haya hecho esto, sabiendo las consecuencias a las que se enfrenta si es descubierto.

    — ¿Y quién podría haberlo hecho? — Casey tenía varias dudas al respecto.

    — Se trata de una persona, o de un conjunto de personas que no son del país — Natasha daba su teoría — Nadie que supiera las consecuencias haría algo como esto así sin más.

    — ¿Creen que lo mejor sea poner cámaras en las bases militares? — sugirió Paul ante la situación actual — Abel considera que no es necesario, pero si hay gente de otros países que vino a robarnos la comida, creo que sería lo más conveniente.

    — La comida que teníamos aquí era suficiente como para mantenernos con comida por un mes — contestó el comandante Frans — Ya no sirve para nada poner cámaras aquí, porque el ladrón o los ladrones están bien suministrados.

    — Pero es una idea que debería ser tenida en cuenta — Xandre creyó que Paul hablaba con razón — Si hay más de un grupo, lo más probable es que otras bases militares se conviertan en objetivos. Poner cámaras no hará ningún daño.

    — Eso es cierto. Voy a comunicárselo a Abel de inmediato — Frans se retiraba del lugar — Y prepárense para salir, porque ya que nos han robado la comida de esta base, no quedará más que irnos a comer a otro lugar.

    Una vez que el comandante se retiró de la sala para poder comunicarle este hecho al líder de Black Meteor, los cinco soldados regresaron muy frustrados al vehículo. La situación no era del agrado de nadie. No solamente fueron obligados a enviar ayuda a un país que no la necesitaba y que se aprovechó de su situación, sino que también deberían lidiar con gente de otros países que se hubiera infiltrado a robarles la comida.

    Aquel día, el ánimo de todos los soldados de Black Meteor se encontraba por los suelos.

    Invasor Agresivo ha concluido, pero La Gran Catástrofe continuará…


    Las preguntas:

    ¿Cuál es tu opinión de esta parte en general?

    ¿Te ha gustado más esta parte o alguna de las dos anteriores?

    ¿Cuáles son los personajes que más te agradan? (Pueden ser 1, 3, 5, todos o ninguno) ¿Por qué?

    ¿Cuáles son los personajes que menos te agradan? (Pueden ser 1, 3, 5, todos o ninguno) ¿Por qué?

    ¿Cuáles han sido los capítulos que más te gustaron? (Pueden ser 1, 3, 5, todos o ninguno) ¿Por qué?

    ¿Cuáles han sido los capítulos que menos te gustaron? (Pueden ser 1, 3, 5, todos o ninguno) ¿Por qué?

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