Disney La ecuación perfecta [Atlantis: el imperio perdido]

Tema en 'Fanfics sobre TV, Cine y Comics' iniciado por Fenix Parker, 10 Septiembre 2020.

  1.  
    Fenix Parker

    Fenix Parker Orientador Comentarista destacado

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    Escritor
    Título:
    La ecuación perfecta [Atlantis: el imperio perdido]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1087
    Este es un de esos fics que uno hace por gusto, pero ve difícil que sea leído de cualquier manera, aquí va.


    Milo pasó su mano por su rostro cierta desesperación, presionó con las yemas de sus dedos con fastidio exhaló mientras jalaba sus mejillas, releyó el párrafo del libro que tenía frente a él y las palabras impresas en él le parecieron casi indescifrables.



    Al hombre le había costado una tarde y un caja de galletas de chocolate el resolver el misterio detrás de un idioma perdido combinando varias lenguas muertas, pero este tema parecía encriptado por el mismísimo diablo, tomó otro de los libros y lo abrió en donde había puesto un separador, se puso los lentes alreves, revisó algo en el texto y escribió algo en la pizarra para luego irse de dar de topes con esta.



    — ¡ Doc!— exclamó.



    El doctor de la expedición, el afroamericano alto que se había criado con nativos entró con su acostumbrada calma, llegó hacia él lo tomó de la quijada y con dos movimientos rápidos y certeros y que los huesos de su cuello tronaran y Milo suspiró aliviado.



    — Muchas gracias— Le indicó.



    —Tatch ¿estás bien?, has estado actuando muy extraño, incluso para ti y el resto de los chicos está preocupado— señaló el doctor Joshua.



    — Claro, dile a todos que estoy bien, solo es algo muy importante que resolver para mi y debo encontrar la respuesta— respondió el científico.



    — Entiendo, solo intenta comer algo.



    Diciendo esto salió de la habitación y se encontró con el resto de sus compañeros de misión y negó con cabeza.



    — ¿Sigue haciendo lo mismo entonces?— Preguntó Audrey con cierta preocupación.



    —Igual que hace cinco días— afirmó el doc.



    — Ya he visto antes en los estados del norte— indicó Cookie gesticulando como acostumbraba— necesitamos cabezas de ajo, una estaca, yo y dos valientes voluntarios para que podemos arrastrarlo a la luz del sol.



    — ¡Cookie! Milo no es un vampiro— Le reprendió la joven mecánico.



    — Un primo mío también terminó consumido por la locura, pobre de él, siempre estará presente en nuestra memoria—dijo Pakard con su acostumbrado tono de desgane y mirada al vacío.



    —Mole ¿tu que sugieres?— Cuestionó Joshua.



    Un tumulto de tierra respiraba con agitación debajo de este habitaba un hombre que adoraba la tierra.



    — No sé por que me molesto en siquiera hablarle



    Audrey puso las manos en su cintura y suspiró.



    — Yo veré que hacer, ahora vuelvo.



    Y así se adentró a la tienda donde estaba Milo.



    — Hola Milo



    —Hola Audrey, discúlpame pero estoy en medio de un proyecto muy importante.



    —Entiendo— Dijo la chica mientras indigaba— ¿Se trata de Atlantis verdad?.



    Milo la vio nervioso pero no dijo nada.



    — ¿Es sobre su fuente de energía?¿encontraste algo nuevo del cristal?



    Milo Tatch tenía las narices sumidas en un libro y se asomó para negar con la cabeza.



    La chica torció sus labios y tomó entonces uno de los libros que su amigo ojeaba, este hizo un gesto para intentar retomarlo pero ella retrocedió.



    Comenzó a dar lectura y bastó completar el primero de los párrafos para que alzara una de sus cejas y lo mirara extrañada.



    —Considere, además, que a pesar de sus muchos atractivos, no es seguro que reciba otra proposición de matrimonio. Su fortuna es tan escasa que anulará, por desgracia, los efectos de su belleza y buenas cualidades...—Leyó la chica y miró la portada del libro— Orgullo y prejuicio de Jane Austen.



    Tomó otro de los libros de una pila



    — Amor en tiempos de colera— tomó otro y miró la portada igual—Romeo y julieta, la dama de las camelias, como agua para chocolate...todos son libros de amor...¿pero que?...



    Alzó la vista y Tatch descubierto cubría el pizarrón frente a ella, sin percatarse que en las otras dos pizarras, había un corazón con las letras M + K y unas caricaturas donde se planificaba una cita.



    Audrey le dedicó una mirada cómplice y luego se hecho a reír, al entender todo; no por que se burlara si no por lo complicado que había terminado todo. Ellos imaginando cientos de teorías de lo que le pasaba y complicándose demasiado la existencia.



    Había formulas químicas escritas aún lado de un poema.



    — Solo quería que nos besaramos— Confesó Milo suspirando.



    — Ella te gusta, tu le gustas, no es tan complicado— explicó Audrey.



    — Lo es para mi, nunca pensé que alguien como ella, no soy alguien que busquen las mujeres, jamás imaginé...



    Hubo un silencio incomodo y la joven tuvo algo de pena por él. Incluso ella a ella le habían robado un beso, lo había golpeado luego, pero el chico siguió afirmando que había valido la pena.



    — Espérame aquí, te ayudaré, si puedes, arreglate un poco— Le indicó.



    —¡Espera!¿qué es lo que vas a hacer?.



    Pero ella se había ido corriendo.



    Milo pasó angustiosos momentos luego de tomar un baño y ponerse ropa limpia, suspiró y se recargó en el escritorio viendo los libros que había tomado prestados.



    — Fue una suerte que los atlantes los hayan encontrado en tan buen estado en aquel barco.— Dijo sonriendo mientras bajaba la mirada.



    — ¿Milo?—Le llamó aquella voz dulce y envolvente.



    Ella estaba allí.



    Milo intentó mantener la compostura diciendo las capitales del mundo en orden alfabético. Pero sus manos lo tomaron las mejillas y lo acariciaron.



    — Bueno, no haré mal tercio, tu puedes tigre—Dijo la joven mecánica y salió de la tienda.



    Milo vio a Kira a los ojos, pero a la distancia que estaban no pudo soportar su intensidad, sin embargo al bajar la mirada vio sus piernas y las capitales, las coordenadas y su capacidad de habla lo abandonaron al momento.



    Balbuceó palabras inteligibles y ella se rio encantada y enternecida, lo aproximó a ella y entonces pudo probar su aliento, sus labios se rozaron y él se esforzó para que sus piernas no se volvieran gelatina, sus manos temblaban de nerviosismo y esto no hacia más que fascinarla más a ella.



    Milo siendo tan listo como era entendió luego de mucho, como es que había logrado tal hazaña en su vida, comprendió que el amor era maravillosamente caótico no había una formula o patrón a seguir, pasos para conseguir un beso o factores para una chica perfecta y al mismo tiempo que a pesar de su complejidad y su impredictibilidad cada uno de nosotros cuenta con características concretas totalmente predeterminadas que te hacen perfecto para otra persona y te unirán a esta toda la vida.



    Ser uno mismo, esa es la ecuación perfecta.
     

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