Historia larga La culpa es nuestra

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Sick memo, 16 Agosto 2018.

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    Sick memo

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    La culpa es nuestra
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
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    2
     
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    Aquí os presento los primeros pasos de mi proyecto. Sin más explicaciones, disfrutad de la lectura.


    PRÓLOGO:

    Ella no comprendía aquella situación.
    Apenas hacía un mes de la muerte de su madre, y su marido se había empeñado en celebrar el segundo cumpleaños de la primogénita. Ni el negro de sus ropas, ni el rojo de sus ojos hicieron que aquel marido se compadeciese de su esposa.
    —Un mes es suficiente para olvidar, la niña no tiene culpa de la muerte de tu madre —dijo el hombre, tomando una cucharada de la sopa en su plato.
    —Pedro, sólo te pido que respetes nuestro luto —respondió ella, perdida en sus pensamientos mientras le daba otra cucharada de sopa a su hija.
    El niño dentro de su seno comenzó a moverse y como un acto reflejo su mano se posó en el enorme bulto que sobresalía de su tripa. En menos de tres semanas salía de cuentas, y su única pena era que su madre no estaría allí para sostener su mano durante el parto. Sus ojos se humedecieron mientras observaba la boca de la pequeña abrirse pidiendo otra cucharada.
    —Cariño, tu familia no tiene por qué venir. Sólo vendrán mis hermanos y mis padres.
    La niña fijó su mirada en la cuchara, que cayó al suelo manchando la blanca moqueta, y dio un salto al escuchar el golpe que su madre propinó en la mesa.
    —Creo que no te ha quedado claro que yo también estoy de luto y esta es mi casa, la que mis padres construyeron con el sudor de su frente a base de trabajo y esfuerzo, dos palabras que ni tu madre ni tu hermana conocen —gritó con rabia—. Te lo he repetido muchas veces y ya me estoy cansando de decirte que no quiero a tu madre en esta casa. Es una sinvergüenza y manipuladora.
    Pedro cerró los ojos unos segundos, tratando de calmarse.
    —Flora, no empecemos. Ya he llamado a todas las personas que tienen que estar aquí, y mi madre es una de ellas, te guste o no. Te vuelvo a repetir que tu hija no tiene la culpa de que tu madre se haya muerto. Se merece que celebremos su cumpleaños. Además, mi hermana quiere presentar a su novio, ya es hora de que lo haga oficial; la pobre ha estado muy mal desde que se divorció.
    Flora no podía creerse el trato que estaba recibiendo por parte de su marido. No reconocía al Pedro de unos años atrás, tan dulce y encantador. No sabía si estaba siendo víctima de una broma pesada, o estaba hablando enserio. La rabia se estaba convirtiendo en ganas de llorar, y como muchas otras veces se dio por vencida. Sin decir ni una sola palabra se dirigió al cuarto de baño y allí lloró sin consuelo mientras su marido le subía el volumen a la televisión.
     
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    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Te recomendaría separar los párrafos en próximas actualizaciones, si bien la forma en que lo has escrito es correcta, como se trata de una página el ver todo pegado es algo molesto. Por ejemplo yo, que leí el prólogo en un celular y todo se vio muy comprimido y eso que el texto es corto, ¿qué será de uno más largo? Es solo una recomendación.

    La verdad es que el tema de la muerte de un ser querido es duro y doloroso. Y no sabría exactamente como reaccionar a la situación en la que Flora y su marido están. Si bien la niña no tiene conocimiento, por la corta edad, de lo que sucede, ella si desearía una fiesta, aunque también se debe guardar respeto por la perdida; en cierta forma apoyo a los dos.

    No obstante, si noté ya una tensión que ha existido desde ya vario tiempo entre la pareja. Ya que Flora mencionara su suegra describiéndola de esa forma es evidencia para saber que no se lleva para nada bien con ella. Es algo triste ver como las nueras sienten de esa forma por su suegra, o por el contrario, el que Pedro mencione la muerte de su suegra así tan despectivo solo indica que tampoco se llevaba bien con la familia de su esposa. No sé hasta que punto es que terminaron de esa forma, si fue por los familiares porque a veces pasa que una pareja se casan de lo más feliz pero su matrimonio se vuelve un infierno por culpa de la familia que se mete en ellos. Decepcionante pues un matrimonio es de dos, no de dos y toda familia.

    Y el final, el como ella se va a llorar y él a ver la televisión mientras subía el volumen para no escucharla, uff, fue duro, muy duro y triste.

    Me gustaría saber más sobre a dónde llevará esa historia. Siendo este el prólogo se puede interpretar de muchas forma, siendo el culmine de la historia o hasta un recuerdo, y jugando el título y el género de drama me atrevería a decir que tal vez la novela se centre en la pareja… aunque también pensé que probablemente se centre en la hija, eso se me ocurrió, aunque tal vez no y si se centre en los dos y me gustaría saber en que aspecto se centrara la novela.

    Mas a pesar de todo, hace falta leer el primer capítulo para saber más sobre la historia. Bueno, creo que eso sería todo de mi parte, así que nos estamos leyendo.
     
    Última edición: 18 Agosto 2018
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  3. Threadmarks: Capítulo 1: La infancia de él
     
    Sick memo

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    Antes de comenzar con el siguiente capítulo, quería dedicar un breve agradecimiento por el comentario recibido en el prólogo. Voy a seguir tu consejo y en los próximos mensajes separaré los párrafos. No quiero desvelar ninguno de los acontecimientos que ocurrirán con el futuro de la historia, puesto que uno de mis objetivos es sorprender al lector y no sé muy bien si lo voy a conseguir. No quiero que esta historia sea predecible, para nada. Aunque sí es cierto que existan varios tópicos familiares, por ejemplo la mala relación entre suegra y nuera, hay una serie de causas para ello y espero poder describirlas bien para vuestra comprensión. No obstante, si existen dudas que no impliquen dar explicaciones de más, las resolveré con mucho gusto.

    Muchas gracias de antemano a todos los lectores.

    Capítulo 1: La infancia de él

    Pedro fue un niño muy travieso y prueba de ello eran las cicatrices en su rostro y en sus brazos. Su madre no se cansaba de contar siempre las mismas historias cada vez que sus nietos visitaban la casa del pueblo.

    —Si es que tu padre nunca se estaba quieto. Que si para arriba, que si para bajo. Aún recuerdo la vez que se tiró la cocina encima— decía ella.—No sé qué es lo que estaba cocinando, pero el crío de las narices se subió encima; no sé qué estaba haciendo, trepando, digo yo. Si es que era un mono. Pues ¿no te digo yo que se le cayó encima? Se hizo un corte en la frente... pero no lloraba el chiquillo, se lo callaba todo. Era más malo... me recuerda a tu hermano, el pequeño.

    Pedro era el tercero de seis hermanos, cinco varones y una mujer. Era un joven bromista, con buen sentido del humor, quien gozaba de la compañía de sus amigos y compañeros. Por las noches siempre salía, y por las mañanas trabajaba con sus hermanos y su padre arreglando los tejados de las casas en el pueblo en el que todos vivían. Luis era el mayor de los hermanos, Juana era la segunda, Pedro el tercero, Jaime y Sebastián eran los gemelos, y el pequeño era Carlos. El piso en el que vivían no era muy grande, tan solo existían tres habitaciones. Una para los padres: Dolores y Francisco; otra para Juana, y una tercera para cuatro de los cinco hermanos restantes. Uno de los gemelos, Jaime, solía dormir en el salón, pues tenía una rara enfermedad que afectaba su sistema motor, y no era capaz de moverse sin ayuda de una segunda persona. Vivían en un cuarto piso, en una de las viviendas cedidas por el ayuntamiento a familias sin recursos. Dolores esperaba con ansias la muerte de su madre para heredar la casa en la que ella había vivido hasta antes de casarse. No soportaba aquel pequeño y oscuro lugar.

    Las discusiones abundaban en la casa, especialmente lo que estaba relacionado con el cuidado de Jaime, el trabajo en casa y el tiempo libre.

    —¡Juana!— espetó un día Sebastián.—¿No es hora de que vayas aprendiendo a cambiarle el pañal a Jaime? Digo yo, eh. Llevamos desde esta mañana trabajando con papá, ¿qué has estado haciendo hasta ahora?¿Dónde está mamá?

    Las uñas relucientes de Juana la delataban. Era verano y estaba de vacaciones, no tenía que ir a la escuela hasta el mes de Septiembre, y aquel día lo había aprovechado para ir con sus amigas de compras y gastar su dinero en una buena manicura.

    —Oye Sebastián, que yo le cambié el pañal ayer por la noche. Te recuerdo que somos cinco hermanos, Pedro se lo ha cambiado esta mañana, y el siguiente turno le tocaba a Carlos. Si no estabais aquí, no es mi problema, yo también tengo cosas que hacer, que estoy de vacaciones— reprochó Juana.

    Francisco se dirigió a la pequeña cocina, en busca de su mujer y dejando a sus hijos discutiendo en el salón.

    —¿Perdón?— saltó Luis en defensa de su hermano.—Te recuerdo que nosotros también estamos de vacaciones y hemos estado casi diez horas trabajando para que tú tengas pan en la mesa. Seguro que otra vez has puesto tres servilletas y tres cucharas: para ti, para mamá y para papá. ¿Qué pasa con nosotros?

    —Vosotros sois cuatro, tenéis ocho brazos. Estoy harta de haceros de criada, los tiempos están cambiando queridos hermanos, las mujeres ya no somos vuestras esclavas— con cada palabra Juana se armaba de razón.

    Los hermanos se miraron entre ellos con rabia. Sabían que si empezaban una discusión tenían las de perder, pues aún recibirían una bofetada de su padre. Juana se había ganado a pulso el mote de "la intocable" por parte de sus hermanos, pues nunca ayudaba en casa y aún así su padre la protegía alegando que las labores de la casa eran compartidas por todos.

    El sonido de la puerta abriéndose distrajo a todos de su discusión para dar la bienvenida a su madre. Carlos cogió a su hermano enfermo en brazos como pudo, pues el niño era menudo, y se lo llevó a la habitación para cambiarlo y ducharlo. Carlos solo tenía diez años, y apenas podía pronunciar palabra alguna. Su tartamudez lo había vuelto temeroso de hablar y nunca hablaba a no ser que fuera necesario. Era un buen chico, esperaba a que sus hermanos comenzaran a roncar para poder llorar en silencio. Sus hermanos mayores tenían bastante con cuidar de ellos mismos, por lo que siempre trataba de no llamar la atención. Había visto a escondidas cómo su padre pegaba a su hermano Pedro con el cinturón por escabullirse en la noche y coger un trozo de pan de la cocina. Eran muchos y el dinero escaseaba.

    —¿Dónde cojones has estado durante todo el día? Tus hijos peleando por el pañal sucio del niño, la cena sin hacer y tú sin aparecer. Aún culparán a mi Juana, que no tiene por qué hacer nada— dijo un Francisco muy enfadado.

    Dolores trataba de esconder el gran abrigo de piel recién adquirido. Un abrigo caro, sin lugar a dudas, de buena calidad.

    —Hoy ha sido día de paga en el trabajo, y he ido de compras, necesitaba un abrigo nuevo que pronto va a llegar el invierno— se excusó ella dirigiéndose a la habitación.

    Francisco puso los ojos en blanco y la siguió a la habitación, cerrando la puerta tras él.

    Juana se encogió de hombros y se dirigió a la cocina donde puso tres servilletas y tres cubiertos, sintiéndose realizada por su tarea. Tras ello, se dirigió a su habitación y cerró la puerta tras ella.

    Luis negó con la cabeza y puso rumbo al baño, necesitaba un tiempo para arreglarse pues esa noche había quedado con una chica. Por fin había ahorrado lo suficiente para comprarse unos pantalones nuevos, de una buena marca, y que todos sus amigos llevaban. Pronto podría deshacerse de aquellos pantalones descoloridos que Pedro tanto deseaba, no conocía la sensación de estrenar unos pantalones, el olor a nuevo de los vaqueros o la incomodidad de las primeras puestas. Los hermanos heredaban las prendas de ropa de mayor a menor , y la mayoría de las veces las compraban ellos mismos en mercados de segunda mano. En el caso de Juana , Francisco le daba dinero todos los meses. Y en el triste caso de Jaime, todas las ropas rotas y viejas acababan siendo suyas, pues no podía quejarse.

    Pedro salió a la calle, enfadado con su familia y consigo mismo por no saber cómo afrontar la situación en su casa. Sentía pena por sus hermanos pequeños, pero ya bastante tenía él con cuidarse a sí mismo. Cuando era más pequeño solía compartir pupitre con los niños más obesos de su clase , siempre compartían su comida en la hora del recreo y con un poco de suerte podía robarles un trozo de queso para la cena.

    Sebastián se quedó en silencio, sentado en el sofá del salón. Podía escuchar a sus padres desde donde estaba y no pudo evitar contener las lágrimas de rabia. Sentía que la vida había sido injusta para él y para su hermano. Era el único que realmente sentía aprecio por Jaime. Luis tan solo se preocupaba por su imagen; Juana era una niña mimada y egoísta; Pedro quería ser libre y marcharse de aquel agujero que todos llamaban hogar; y el pequeño Carlos actuaba por miedo, no quería sufrir lo que sus hermanos habían sufrido antes que él.

    —Trabajo para mí. Yo no pedí a estos chiquillos. Si trabajas y no tienes dinero para todos nosotros ¿por qué tendría yo que trabajar por todos vosotros?— replicó Dolores .— Me tendría que haber casado con un hombre con dinero. Fíjate en mi hermana Josefina, una casa de dos pisos y él ganando un buen jornal. Ella sí que es feliz . La cara se te tendría que caer de vergüenza, hacer que tu mujer salga a trabajar para poder vestir como Dios manda ... Un hombre con dinero me tendría que haber buscado. Menos desgracias tendría que llevar a mis espaldas. Gracias al cielo que soy una mujer luchadora y humilde , que me conformo con tan poco pudiendo haberlo tenido de todo.

    Sebastián no quiso escuchar nada más. No aguantaba ni un día más en aquel infierno. Nadie se preocupaba por él, nadie iba a echarlo de menos. La avaricia en aquella casa era la ley. El egoísmo era el dictador. El hambre era un hermano más. La justicia no existía. La suerte lo había abandonado. Estaba solo. Se dirigió al balcón y sin dudarlo ni un segundo, se tiró por él. Una última lágrima quedó suspendida en el aire al tiempo que él descendía con rapidez. Un solo pensamiento de arrepentimiento quizás, pasó por su cabeza al mismo tiempo que su cuerpo impactaba contra el suelo.

    Pedro salía por el portal cuando el cuerpo de su hermano, inmóvil, estaba siento rodeado por vecinos que había observado la tragedia.

    "Lo siento".



     
    Última edición: 19 Agosto 2018
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    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Por lo que vemos Pedro si que vivió una vida muy difícil. El capítulo fue corto, pero sabes, me gustó mucho la manera en la que escribiste porque mientras leía, me recordó mucho al pasado de mis padres y mi abuela, en aquella época no la tenían nada fácil. Sobre todo para ellos al tener que cuidar a un hijo y un hermano enfermo como Jaime.

    Aun así, aunque Pedro tuvo una infancia, adolescencia dura, el hecho de que haya presenciado el suicidio de su hermano, debió dejarlo con algún trauma y con muchas cicatrices. Me gustaría saber de que forma afectó eso su vida y su relación, en su forma de ser.
     
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