La alquimista de la sangre dorada (¿vic, hija de ed?)

Tema en 'Fanfics Abandonados de Temática Libre de Anime' iniciado por Nekogirlmorr, 20 Diciembre 2007.

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  1.  
    Nekogirlmorr

    Nekogirlmorr Guest

    Título:
    La alquimista de la sangre dorada (¿vic, hija de ed?)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    4802
    La alquimista de la sangre dorada (¿Vic, hija de Ed?)

    Hi,éste tema ya lo había publicado antes n.nU, pero me ausenté por mucho tiempo que cuando regresé ya habían cerrado la discusión -_-U. He hecho más capítulos desde el último que publiqué aquí en el foro. También he corregido todo el fic en cuestiones de redacción (ortografía, etc.) pero advierto, no se cambió nada del contenido. Con todo lo anterior, decidí publicar de nuevo el fic. Agradezco enormente a quienes me brindaron su apoyo la vez pasada, y les doy una sincera disculpa u///u

    Si leen el fic, dejen un comentario pliz n.n

    ***Importante***Si no quieres esperar las próximas publicaciones de los capítulos siguientes, puedes entrar a ésta página: FanFiction.Net - La alquimista de la sangre dorada, a Fullmetal Alchemist fanfic ahí, en la parte superior derecha aparece la lista de capítulos para que puedas leerlos, y en la parte inferior izquierda puedes dejar un comentario sin estar registrado en el sitio.

    [Fanarts que he hecho del fic, imágenes de los protagonistas:
    Victoria Elric:
    (niña) http://i99.photobucket.com/albums/l302/Nekogirlmorris/vistocopia23.jpg
    (adolescente) http://i99.photobucket.com/albums/l302/Nekogirlmorris/victoriaelric.jpg
    Joseph Elric:
    http://i99.photobucket.com/albums/l302/Nekogirlmorris/Josephelric.jpg ]

    Atención lector: éste fanfic se ubica después de la película de "Full Metal Alchemist: Conqueror of Shambala", por lo tanto tiene "SPOILERS".
    NOTA IMPORTANTE: el fanfic se ubica después de mi fic "Destino"(FanFiction.Net - Destino, a Fullmetal Alchemist fanfic)como una continuación, pero NO es necesario que lo leas para leer éste fic.

    Sinopsis: Ah pasado el tiempo, los suficiente para que Edward y Alphonse pudieran formar una familia en nuestro mundo. Victoria es hija de Ed y Joseph hijo de Al. Todo parece ir bien en la familia Elric, una familia aparentemente normal, ¿Pero qué sucede cuando el pasado reclama lo que la sangre lleva? Un pasado,que llevará a sus sucesores a un futuro completamente desconocido e inesperado...

    INTRODUCCIÓN:
    Después del paso del tiempo, Edward se casó con Lily (doble de Winry) y Alphonse con una chica llamada Estefanía, ambos con la edad de 20 y 19 años respectivamente, en aquel entonces. Los Elric, viven del otro lado de la puerta, es decir, en nuestro mundo.

    Un pasado, un presente... (Capt 1)

    Ese día los árboles se mecían ante el fugaz paso del viento, y en las copas, entre ramas y hojas, se dejaban pasar tenues rayos de sol, que a su paso, teñían las hojas de dorado.
    Era el año de 1934. En un sendero con grandes árboles a los costados pasaba un automóvil.
    En su interior, mientras el chofer conducía, el espejo retrovisor reflejaba por la parte trasera los ojos profundamente azules de una mujer adulta joven, que vestía elegante pero fresca, con el cabello rubio totalmente recogido. Sonreía mirando la senda por el cristal de enfrente cuando desvió la mirada a su derecha percatándose de la silueta de una niña de unos ocho años sentada a su lado, que vestía un vestido azul marino con una camisa blanca por debajo y zapatos escolares negros con calcetines. La pequeña, a quien no se le veía el rostro, se encontraba contemplando el paisaje por la ventana recargando tiernamente la mejilla en la mano. Al verla, la mujer la contempló un poco preocupada frunciendo el gesto.
    - ¿No te parece hermoso el paisaje?- preguntó tratando de darle ánimos a la infante.
    Por el costado del coche se podía ver el rostro de la pequeña asomándose por la ventana. La niña recargaba la mano en su mejilla como gesto de aburrimiento. Miraba hacia el cielo con la mirada perdida pero fija en los árboles que se cubrían de hojas doradas por los rayos de luz. En sus ojos se reflejaba el dorado de las hojas, no obstante, tras pasar la arboleda, sus ojos miraron el azul del cielo y aún así permanecieron dorados. Ése era su color, tenía los mismos ojos miel de su padre.
    Rubia cabellera, ojos dorados y la misma mirada penetrante.
    Con ese gesto, en un principio inocente, era obvio quien era su progenitor.
    - ¿Victoria? ¿Me estás escuchando?- preguntó la mujer tras no obtener respuesta alguna.
    - Si, mamá.- respondió la niña con voz malcriada y cansada sin quitar esa cara de aburrimiento.
    - Deberías alegrarte… pronto conocerás chicos nuevos.- dijo la madre con una sonrisa fingida que ni siquiera ella se la creía.
    - ¿Alegrarme?- preguntó la niña rubia con voz fastidiada y suspirando mientras no perdía la vista del paisaje.
    Preocupada, la madre escuchó provenir la pregunta de la infanta que se acomodaba cerca de la ventana.
    - Si acaso, debería darte gusto…- dijo con voz firme, sonrió y luego bajo la mirada.- Tu padre está muy emocionado.
    La niña no respondió, o cuando menos no se escuchó provenir nada de la pequeña silueta.
    Pronto dejaron de haber árboles dejando a la vista un terreno abierto en cuya colina se hallaba una casa, un panorama bastante familiar…
    - ¿Qué te parece, hermano?- preguntó una voz.
    - Justo como esperaba.- suspiró otro.
    Mientras se escuchaba una conversación a lo lejos, Victoria subía la colina a paso lento y la mirada baja. Ahora, que se le podía ver de cuerpo completo, se apreciaba que llevaba el cabello medio recogido por una coleta.
    Alcanzó a un chico castaño de unos diez años que estaba de pie mirando a dos hombres jóvenes adultos establecer una conversación. Cuando Victoria estaba a lado del chico, uno de los dos hombres, que era rubio, la viró a ver.
    - Victoria ¿Qué te parece?- preguntó Edward sonriente, mientras que Alphonse imitó el mismo gesto.
    La niña no respondió y Ed la miró con preocupación.
    - ¿Sucede algo?- preguntó.
    El niño que estaba a lado de Victoria, al notar que ella no respondió, la miró sin importancia y por la diferencia de estatura se inclinó para decirle burlonamente:
    - Seguramente extraña a sus “amigos”.
    La niña lo miró con rabia apretando los puños mientras sus ojos se humedecían.
    - ¡Yo no extraño a nadie!- gritó y se fue corriendo, no sin antes estallar en llanto.
    - ¡Joseph!- regañó Al a su hijo por burlarse de su prima.
    El chico miró de mala gana a su padre y cruzó los brazos. Ed solamente se quedó de pie mirando preocupando a su hija que se había adentrado a la casa.
    La niña había entrado corriendo y llorando, su madre que inspeccionaba la vivienda en su interior, sólo alcanzó a llamarla por su nombre al verla entrar sin detenerse y subir al segundo piso.
    Victoria entró en uno de los cuartos, empezó a sollozar y se asomó por la ventana mientras se lamentaba de su suerte.
    - No a todos les gustan los cambios.- poco después, se escuchó a sus espaldas.
    Ella volteó y vio a su padre recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados.
    - Pues parece que a ti sí.- dijo aún con lágrimas.
    Edward suspiró y miró hacia el techo adentrándose en sus recuerdos
    - Una vez, yo también me tuve que mudar de hogar…a un lugar totalmente desconocido para mí.- dijo sin querer profundizar en el tema, luego miró a su hija y le sonrió.- Pero no por eso todos los cambios son malos, es cuestión de acostumbrarse.
    - Aún así ¿no te gustaría regresar?- preguntó la infante frunciendo el ceño y un poco molesta, como si estuviera reprochándole a su padre.
    Ed miró a su pequeña un poco sorprendido, luego bajó la cabeza y sonrió débilmente.
    - Por su puesto… pero es algo que no está en mis manos.- contestó.
    - Mamá dice que te gusta estar aquí, entonces, ¿Si te gustan los cambios?- preguntó esta vez con cierta tristeza al hablar.
    Ed se metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros mientras suspiraba de nuevo.
    - Como dije, no todos los cambios son malos…además, este lugar me recuerda mucho a mi antiguo hogar.
    Victoria no soportó más y estalló de nuevo en lágrimas como cualquier otra niñita caprichosa.
    - ¡No me importa! Quiero regresar a casa, ahí en la ciudad, con mis amigos ¡No quiero que eso cambie!- gritó con los ojos cerrados mientras lágrimas se le escurrían por sus delicadas mejillas.
    Ed miró a su hija.
    - Yo tampoco quería que las cosas cambiaran…- le dijo, luego adquirió un semblante más sólido.- Victoria, a lo largo de tu vida sufrirás cambios, unos buenos y otros malos, es algo que debes aprender…no debes aferrarte al pasado, o afectarás tu futuro y tu presente- dijo al acercársele y darle un abrazo para consolarla.
    Victoria se talló los ojos e imitó el gesto de su padre, aferrándose a él después de recuperar su sonrisa al pronunciar tiernamente:
    - No importa, mientras estés a mí lado todo estará bien.
    Ed escuchó las palabras de su hija, lo que lo hizo pensar, estaba apunto de contestarle pero prefirió disfrutar ese cálido abrazo, como si quisiera aferrarla a él para que así el tiempo no pasara, sin embargo, el tiempo había pasado, y seguía transcurriendo…
    xXx​
    - Vic, Victoria…Victoria…- decía Edward adormilado una mañana con la voz cansada y vestido casualmente. Tras no obtener respuesta perdió los estribos y se despertó así mismo gritando.- ¡Victoria ya levántate!
    Una niña que reposaba en una cama cubierta por sábanas de pies a cabeza hizo caso omiso al llamado. Sin abrir los ojos y haciendo un gemido de flojera e ignorando la presencia de su padre, acomodó de nuevo sus mejillas en la almohada y relajó el rostro para seguir durmiendo.
    Edward, al notar que lo ignoraron, se colocó por enfrente de la cama y jaló de los pies a la niña hacia él. Ella, al sentir cómo era arrastrada a lo largo de la cama abrió grandemente sus ojos y ya apunto de caer al suelo se aferró a una de las balaustradas de la cama.
    - ¡¡Ya levántate!!- gritó Edward mientras jalaba a la niña suspendida en el aire.
    - ¡No quiero ir a la escuela!- gritaba tratando de no soltarse de la balaustrada.
    - ¡AAAH! ¡QUE TE LEVANTES!- gritó Ed por tercera vez con más fuerza en lo que jalaba a Victoria que se resistía a soltarse.
    - ¡Ya te dije que NO quiero ir a la escuela!- le volvió a decir haciendo berrinche.
    Mientras padre e hija peleaban, Lily entró a la habitación poniéndose los aretes.
    - ¡Edward!- gritó Lily llamando la atención de los dos- ¡Te pedí que despertaras a Victoria, no que jugaras con ella!
    - P-pero…- dijo Ed tratando de excusarse en lo que Victoria hacia carita de inocente.
    Edward miró a Victoria desdeñosamente y la soltó aprovechando que se distrajo ahora que ya no hacía fuerza.
    - ¡Auch!- se quejó al caer sentada al piso.
    - Ya oíste a tu madre, vístete que se nos hace tarde.- dijo Edward naturalmente.
    Victoria hizo mala mueca y no le quedó de otra que obedecer a su papá.
    Ya en el desayunador, Victoria dormitaba en la mesa, Edward se servía café y Lily se daba los últimos retoques pues estaba muy bien arreglada.
    - Ya me voy.- miró Lily el reloj, luego viró a ver a Victoria y la miró con ojos de ternura. Se acercó a ella y pasando la mano sobre su dorada cabellera en muestra de cariño le dijo.- Pórtate bien, no comas dulces y obedece a tu padre.
    - Mejor que él me obedezca a mí.- dijo Victoria aún dormitando.
    Edward sólo escuchaba un poco molesto la conversación. Lily los miró a ambos dando un gran suspiro.
    - No debe durar mucha la conferencia, así que pienso regresar en dos días, no creo que haya problema ¿Verdad Edward?- hizo énfasis en lo último.
    Edward que tomaba café, sacudió un poco la taza y viró a ver a Lily.
    - ¡Claro que no habrá problema! Me encargaré de que sea así.- dijo viendo a Victoria que yacía dormida en la mesa.
    - Por favor, pórtense bien.- se mostró Lily angustiada.
    - Já.- río Edward indiferente y mirando hacia otro lado sin soltar su taza de café. Lily se acercó a él y lo besó en la mejilla.
    - Cuídense.- dijo la rubia mujer a pesar de que su esposo seguía indiferente, conociendo su carácter, para ella era de lo más normal. Le sonrío por lo mismo, tomó sus maletas y se fue tras cerrar la puerta.
    - Apúrate que debo llevarte al cole… ¡Victoria ya te dormiste otra vez!- gritó Ed al virar a ver a su hija tras la partida de Lily, pues la encontró completamente dormida en la mesa con la boca abierta.
    Edward se le acercó para sermonearla.
    - Victoriaaa…- la llamó.
    - Pero…- levantó media dormida la cabeza. Ed se había acercado demasiado a Victoria que al momento de levantarse le botó encima la taza de café que él sostenía.
    - ¡AAAAH!- gritó Edward al sentir lo caliente del café.
    Victoria lo vio con ojos cansados y se volvió a echar a dormir.
    - ¡Pero que demo…!- exclamó Ed al ver la falta de preocupación por parte de su hija.
    - Mientras te cambias dormiré.- tranquilamente recargó la cabeza sobre los brazos sin mirar a su padre.
    Hubo un momento de silencio…
    -¡VICTORIAAAAAA!- resonó por toda la casa.
    Precisamente, tales eran las situaciones que le preocupaban a Lily.
    Ya en el coche, Edward manejaba bastante enojado.
    - Oye papi ¿me compras dulces saliendo del colegio?- dijo Victoria inocente, ya despierta y sin tomar en cuenta todo lo que ocurrió por la mañana.
    Edward la miró de reojo con su nueva camisa limpia y de nuevo se acomodó en el volante, sin contestarle y resistiendo el coraje, sólo porque se trataba de Victoria, su hija, se la dejaba pasar, pero de haber sido otro, pobre de aquél.
    El trayecto de la colina donde vivían hacia la ciudad era demasiado largo por lo que se podía ver el contraste rural- urbano entrando a la capital.
    Poco después llegaron al colegio que estaba repleto de estudiantes en la entrada. Victoria bajó del auto, cerró la puerta y empezó a marcharse, mientras que Ed, aún frunciendo recio la veía alejarse. De pronto, ella se detuvo, miró en dirección al auto y le sonrío a su padre alzando la mano y despidiéndose de él. Edward no pudo evitar sensibilizarse por tal gesto que le devolvió la sonrisa al tiempo que suspiraba.
    La niña rubia cruzó la entrada del colegio en donde muchos niños también se despedían de sus padres; unos jugaban, otros hacían el resto de la tarea, y otro montón lloraba por lo poco que faltaba para que la campana diera inicio a las clases. Victoria se habría unido a éstos últimos, pero más que eso, después de que se fuera su padre, sólo hacía mala mueca y se hallaba preocupada.
    Las escenas que pasaban en la entrada de la escuela parecían fotografías antiguas, con los niños vestidos de gorra y zapatos de charol, mientras que las niñas pareciendo muñequitas.
    Pasando por los corredores de la escuela, Victoria llevaba un hermoso uniforme azul, llevando por peinado unos bucles en su media cola amarrada por un listón blanco. Con todo esto junto, lucía elegante y tierna.
    - Estúpido uniforme, me hace ver ñoña.- murmuró, pues efectivamente, además de los rasgos heredados de su padre, también heredó un poco de su carácter. Sólo cuando le convenía usaba su feminidad, una chica alegre y juguetona, con la edad de diez años era un poco despreocupada y demasiado distraída. Inocente, de cualquier desgracia.
    xXx​
    - ¡Victoria!- enojó la profesora al ver que la niña, quien estaba sentada junto a la ventana, se encontraba distraída con el profundo cielo azul, con la mirada perdida y sin prestar atención a la clase.
    - ¡Déjela maestra!- gritó otra niña llamando la atención de todas las estudiantes, pues en esa época los salones de varones y niñas se encontraban separados.- Seguramente está rezando para tener “atributos”- dijo seguida de burlas hacia Victoria.
    -¡Aún falta para que me crezcan!- excusó Victoria sonrojada y tratando de hacerse a la enfadada.- Además, ¡Si tienes es porque te pones relleno!- gritó.
    La niña que empezó a burlarse se molestó por lo que dijo Victoria, tanto, que siguió con el pleito.
    - ¡Niña varón! ¡Niña varón! ¡Te juntas sólo con niños porque eres uno de ellos!- le gritó.
    -¡Y tú eres una estúpida!- respondió Victoria.
    Apenas terminó de insultar le arrojaron el borrador por parte de la maestra. Se sobó la cabeza mientras no entendía porqué sólo a ella le agredieron.
    -Te lo merecías desde un principio por no prestar atención a mi clase. Yo no puedo permitir que me faltes al respeto, Victoria.- dijo la maestra fríamente, al tiempo que la burlona chica se río de la ambarina.- Además, eres una chiquilla majadera. Debería darte vergüenza- terminó diciendo mirando con desprecio a quien había agredido.
    Victoria se quedó callada y miró ofendida hacia un costado de su pupitre.
    Tocó la campana del recreo y la infanta salió con su bello vestido de holanes que se revolvía por cada paso que daba. Todas las niñas se dividieron por grupos y poco después salieron los varones.
    - ¿Lo trajiste Vic?- preguntó un niño acercándose a Victoria, quien estaba sola y de nuevo distraída, pero al oír su voz, sonrió alegremente.
    -¡Claro que lo traje!- dijo muy contenta.
    Apenas dijo esto, el niño viró a ver a sus compañeros y les llamó diciendo:
    -¡Vengan a ver lo que les conté!- gritó al igual muy feliz.- ¡Muéstrales Vic lo mucho que has mejorado!- emocionaba mirando a la Elric.
    Victoria asintió con la cabeza y a continuación sacó un yoyo de madera de uno de los bolsillos de su uniforme. Un grupo de chicos miraban muy atentos en lo que ella se disponía a usarlo.
    - Bien ¡Aquí va!
    Comenzó a jugar con el yoyo de tal forma que hacía grandes acrobacias con él, el ser niña le permitía manejarlo con delicadeza, era hábil y rápida en sus movimientos, lo pasaba de un lado a otro y hacía cuanto truco y acrobacia sabía, lo arrojaba de atrás hacia delante como si el artefacto tuviese vida propia.
    Todos miraban asombrados las hazañas de Victoria.
    -“Incroyable”.- dijo Vic. - así es conocido en Francia y significa increíble.
    - ¡Oooh!- exclamaron todos.
    - ¿Sabían que hace mucho tiempo era utilizado como instrumento de caza?- preguntó ilustrando a la vez a sus compañeros.
    - Y… ¿Quién te lo dio?- preguntó otro niño mientras no perdía de vista el objeto.
    - Mi papá me lo hizo.- dijo orgullosa.
    - ¿T-tu papá te lo hizo?- repitió asombrado un pequeño.
    - Así es, como podrán ver, está hecho de madera, mi papá es muy hábil para fabricar cosas con las manos.- dijo Vic, que en un pasado, sus palabras habrían tenido un doble sentido por la habilidad alquímica de su padre. Habilidad, que ella desconocía.
    Después de contar los orígenes del artefacto, nadie más volvió a decir ni preguntar nada prefiriendo mirar lo que la niña hacía con tanto gusto.
    Por lo que se podía ver, Victoria era una chica popular entre los chicos, que evitaba a las muñecas y por lo tanto a las niñas, razón obvia de los constantes desprecios que tenían hacia ella.
    Mientras transcurría el día escolar de Victoria, Edward, se encontraba trabajando.
    xXx​
    En un salón, recargado en su escritorio se hallaba Ed dando clase. En la estrada del aula leía un libro mientras sus estudiantes escuchaban con aplicación su lectura y le miraban con atención.
    - Como principal concepto, encontramos que la palabra química proviene del vocablo griego khumeia que significa ‘echar juntos’, ‘verter juntos’, ‘soldar’ o ‘alear’.- mencionaba el rubio sin apartar la vista del libro, con voz aburrida y suspirando a lo último.
    Momentos después se escuchó sonar el timbre.
    - Muy bien, los espero la próxima clase con todos los conceptos y definiciones mencionados.- finalizó la clase de igual forma.
    Todos los estudiantes salieron de inmediato del aula en lo que Ed se quedó con la misma posición de un principio. Cerró el libro que sostenía leyendo en su portada “Principios básicos de química” contempló breves instantes el título un poco nostálgico para luego mirar en dirección a la ventana del salón y observar el atardecer.
    - No importa si son de la vida, de química o de física, siempre habrán leyes y principios...en cualquier parte.- se dijo así mismo rodeado del profundo silencio del salón.
    Terminó la escuela tanto para Ed como para Vic. Edward recogió a Vic del colegio y en el camino de regreso a casa, ella le contaba su día a su padre en lo que este manejaba.
    -…….y después de eso, la maestra me arrojó el borrador.- dijo Vic haciendo una mueca de sufrida y sobándose la cabeza recordando el dolor.
    Edward sin perder la vista de la senda río un poco.
    - ¿De qué te ríes?- le preguntó un poco molesta.
    - Eso no es nada comparado con lo que tu tío y yo pasábamos con nuestra maestra.- recordó que a él y Alphonse en vez de arrojarles borradores les daban tranquizas por Izumi, su maestra.
    - Lo dices como si hubiera algo peor.- dijo Victoria irónicamente.
    - Sí lo hay.- alegó Ed volviendo a reír por la ingenuidad de su hija.
    Cuando llegaron a casa y estaban bajando del auto, Edward se dirigió a Victoria.
    - Toma.- le dijo al arrojarle una bolsa de papel que ella en seguida atrapó.
    Victoria abrió la bolsa y observó que en su interior había caramelos. Sonrió muy feliz después de ver el contenido de la bolsa, luego, miró extrañada a su padre.
    - No le digas a tu madre.- dijo Edward sonriéndole y guiñándole un ojo.
    Esos, eran los momentos que cualquiera disfrutaría.
    xXx​
    Para la familia Elric el tiempo les había sido grato, sin tomar en cuenta las constantes peleas padre-hija, todo marchaba bien. Edward y Lily se habían encargado de criar durante diez años a su amada Victoria. Al parecer Lily viajaba mucho por sus conferencias pues sus libros le habían dado renombre, y Edward también era bien conocido como profesor de una prestigiada universidad.
    Joseph, hijo de Alphonse y Estefanía, viajaba mucho a lado de su padre pues Al buscaba recompensarle a su hijo un vacío emocional que desde muy pequeño le afectaba.
    Los Elric eran una familia pequeña pero normal, común y corriente, en donde nunca, por decisiones propias, se había mencionado la palabra “alquimia”, y en la cual el pasado de los hermanos Elric era tan misterioso y ajeno a sus sucesores.
    xXx​
    - ¡Aaaah nada como un café por la mañana!- exclamó Edward una mañana saboreando la taza de café que tenía en manos.
    Nadie estaba en la cocina. Él estaba enfrente de la ventana, de donde aparentemente, nada se asomaba. Fue por unas cucharadas de azúcar y cuando regresó a donde estaba había un gatito por la ventana, no le tomó importancia y sorbió un poco de café, aún medio dormido no notó que ahora no había uno, sino tres gatos por la ventana. Sin saber de los mininos, volvió a sorber de su exquisito café, y cuando miró repetidamente por la abertura se percató de que habían más gatos. Edward miraba confundido, y cuando se dio cuenta, no sólo había gatos por afuera de la casa, sino también dentro.
    - Pero…argh ¡VICTORIAAAAAAAAAAAA!- gritó al dar con el culpable.
    - ¿Si papi?- dijo asomándose en la cocina.
    - ¡¡ ¿Me puedes explicar por qué hay tantos gatos en la casa?!!
    - Pues tengo permiso.- dijo Victoria muy firme.
    - ¿Permiso? ¿De tu madre?- preguntó Ed desconcertado.
    - No.
    - ¿Entonces?
    - Bueno, pues tú dijiste que si alguien de la familia aceptaba, los gatos se podían quedar…- decía Victoria.
    - Ajá.- la apresuró su padre para que fuera al grano.
    - Y pues… ¡Tío Alphonse dijo que eran lindos y que se podían quedar!
    Edward cayó al suelo por las cosas con las que le salía su hija.
    - ¡¡Cuando dije familia me refería a tu madre o a mí!!- gritó para que a Victoria le quedara claro.
    Victoria miró a su padre inocentemente y con ojos de ternura sobreexplotando la imagen de niña tierna que emanaba. Edward sólo se limitó a suspirar profundamente en lo que Victoria agregaba:
    - ¡Huy sí! Olvidé decirte que Edo…
    - ¿Edo?
    - Si, Edo, mi gato rubio.- afirmó la niña.
    - ¿L-LE PUSISTE MI NOMBRE A TÚ GATO?- gritó más irritado.
    - Si papi, porque te quiero mucho- dijo dulcemente Victoria.
    Edward se mantenía mudo por el indudable “cariño” de Victoria.
    - … pues, él tomó mucha leche y se orinó en tu saco, jeje.- le dijo un poco sarcástica.
    - Vic….vic…to…- tartamudeaba Ed de coraje.
    - ¡Ya me voy papi, nos vemos luego!- empezó a huir después de ver a su padre apunto de dar el último grito.
    Momentos de silencio antes de la explosión.
    - ¡VICTORIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!- resonó no sólo en la casa, sino en toda la colina.
    xXx​
    En aquellos días todo era perfecto y normal dentro de lo que cabía, una familia feliz y completa, en donde el pasado pasaba desapercibido.
    Tal vez el pasado jamás tocaría la puerta de los Elric para desentrañar lo que este albergaba, pero existe un llamado que inexplicablemente nos imbuye a conocerlo: el llamado de la sangre que nos une. Un llamado, que pronto resonaría desde lo más profundo de Victoria Elric, cuyo apellido, decía más que mil recuerdos.

    Continuará…
    <!-- end story -->
     
  2.  
    yurika omoi

    yurika omoi Guest

    Re: La alquimista de la sangre dorada (¿Vic, hija de Ed?)

    hola!

    º-º!
    por fin!! regresaste! wiiii!!
    no se si me recuerdes..pero yo leia el fic la otra vez que lo publicaste....y ahora que vi que estaba el tema de nuevo no dude en entrar...es que me encantaba tu fic! *.* en verdad eres una gran esccritora te felicito ^^

    em....espero que lo continues pronto que estra muy interesante ^^...aunque no te apures....toma tu tiempo

    matta ne!
     
  3.  
    inoxsai

    inoxsai Iniciado

    Virgo
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    7 Enero 2008
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    41
    Pluma de
    Escritora
    Re: La alquimista de la sangre dorada (¿Vic, hija de Ed?)

    si si me encto sabes yo ya abia leido algunos fics asi pero este me encato.

    ahora sera mi preferido jajaja

    bueno espero que pongas la continuacion por q en realidad esta padre la historia.

    te deseo buena suerte

    besos!!!
     
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