One-shot La última resistencia

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por George Asai, 6 Marzo 2017.

  1.  
    George Asai

    George Asai Maestro del moe

    Aries
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    Escritor
    Título:
    La última resistencia
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1833
    Un pequeño fanfic del universo de Warhammer fantasy.



    El fin de los tiempos: La última resistencia


    Ya no había salvación para este mundo, frente a mí yacía una insaciable horda de guerreros del caos, todos ellos mutados con horrores corporales verdaderamente asquerosos. Muchos apenas razonaban, la única cosa presente en sus cabezas era la aniquilación de este mundo por los reinos del caos. Ya no había ciudades que salvar, tampoco personas que proteger, nosotros éramos los únicos sobrevivientes de la civilización.


    Pero no íbamos a caer sin pelear, las fuerzas del orden daríamos una última carga con la esperanza de vencer a nuestros horribles adversarios. Sabía que esto era un desperdicio, este mundo estaba condenado desde un inicio, no obstante, nos aferramos a la vida, a la esperanza, creímos que si trabajábamos juntos podríamos salvar este hermoso planeta. Desgraciadamente, nos equivocamos.


    Las tropas de Archaon, el elegido y señor del fin de los tiempos destruyeron lo que quedaba del Viejo Mundo.


    —¡Es momento de cargar!, ¡a la batalla! —El glorioso emperador del Imperio, Karl Franz, comandó el último ataque de la humanidad, con un grito valeroso los pocos sobrevivientes nos fuimos detrás del emperador y su grifo volador. Mi caballo aplastó guerreros mutantes a su paso, no le resultó difícil quebrar sus huesos de una embestida y para mí tampoco fue complicado decapitar soldados del caos con mi espada. La carga valerosa continuó mientras mis compañeros eran desmontados y asesinados uno a uno, mientras la sangre danzaba alrededor de nosotros como un carnaval enloquecido.


    Incluso los poderosos caballeros de Bretonia cayeron víctimas de esas abominaciones tan aterradoras que parecían sacadas de una pesadilla. Frente a mí, había un soldado blindado hasta los dientes con una armadura negra, la mirada en su ranura indicaba que deseaba destrozarme. Y no lo dudaba, esos bastardos habían reducido al mundo a este pedazo de mierda.


    Sin recursos, ni sonrisas o esperanza, solo una roca ardiente con guerras interminables en su superficie.


    —¡Venga! —exclamé, de inmediato lancé una carga contra el paladín oscuro, éste bloqueó el golpe de mi espada y con un rápido movimiento de su arma (un hacha negra) trató de bajarme de la montura. Por suerte, mi caballo logró evadir el impacto antes de que fuese demasiado tarde, dándome así una segunda oportunidad para cargar —. ¡Al ataque! —El peso de mi animal, combinado con la barda metálica que traía consigo hacía de las embestidas un arma mortal, ni siquiera su armadura del caos podría ser capaz de resistir tales impactos.


    Las batallas a mi alrededor también se volvieron sangrientas, los soldados del caos asesinaban sin piedad a los pocos caballeros que sobraban, lo mismo pasaba con los fenómenos mutantes, cuyas garras improvisadas parecían despedazar a la infantería del Imperio y a los pocos campesinos bretonianos que decidieron hacer el viaje al lugar de la batalla final. No pude ver al emperador en ningún lado, seguramente se batía en duelo contra el elegido del caos.


    En fin, distraerme contra un oponente tan problemático no me traerá nada bueno.


    —¡Por Sigmar! —grité el nombre de mi santo patrón, con la esperanza de ser bendecido por alguna fuerza divina. Obviamente no pasó nada, un simple caballero de la Reiksguard como yo jamás podría ser tocado por la gracia divina, tenía que valerme de mis habilidades como guerrero para sobrevivir.


    Mi segunda embestida logró derribar al campeón del caos, de inmediato apuñalé su cuello con mi espada, matándolo al instante. Pero la guerra estaba muy lejos de terminar, justo después de vencer al soldado enemigo un monstruo del caos se acercó emitiendo una hostilidad impresionante, no había palabras para describirlo, era una bola de carne con muchas patas pegadas alrededor de su cuerpo. Rápidamente supe lo que debía hacer, las mejillas deformes de ese monstruo se inflamaron como si hubiese sido picada por abejas, segundos más tarde, un ácido súper corrosivo salió disparado de sus fauces.


    Afortunadamente, pude tirarme del caballo y caer al piso sin lastimarme. La suerte no acompañó a mi montura, el animal acabó por derretirse y desaparecer por culpa del ácido, dejando solamente rastros de la barda. ¡Era mi oportunidad!, el monstruo estaba preparando otra descarga de ácido, pero logré detenerlo de un solo corte con mi espada. Ya no tenía montura, por ende, debía pelear a pie contra estos engendros.


    —¡Luchemos hasta nuestro último aliento! —Mis gritos me mantenían alerta, no quería reconocerlo, pero me estaba abrumando, ver a cientos de hombres morir de las maneras más horribles hacía flanquear mi moral, las ganas de irme corriendo a casa se acumularon de manera casi grosera en el fondo de mi corazón.


    No quería morir, mucho menos de esta forma, tirado en medio de un mar de cadáveres mutados y horribles. El caos no perdonaba a nadie.


    Un hombre de dos cabezas intentó cortarme la garganta con sus afiladas garras, no tuve mayor problema en detener su ataque con el filo de mi espada y luego, medio segundo más tarde, corté sus dos cabezas de un solo tajo. Más amenazas llegaron, soldados envueltos en auras negras intentaron por todos los medios clavarme sus hachas en el pecho.


    Mi cerebro literalmente trabajó a mil por hora, en lo que bloqueaba un ataque, mi consciencia ya tenía planeados de antemano varios movimientos. Todo para no morir, sabía que retrasaba lo inevitable, que este mundo perecería junto a toda su historia.


    ¡Pero si el mundo iba a terminar, daríamos un espectáculo digno de Sigmar!


    Por mi flanco izquierdo, un contingente de caballeros bretonianos aplastó a los engendros del caos que amenazaban con venir hacia mí. A la distancia pude ver a un caballo sin jinete, éste traía bardas bretonianas, por lo tanto, debía pertenecer a un caballero caído. En otros tiempos habría resultado inaudito que un hombre no bretoniano tomase un caballo de esa región, pero las reglas de la etiqueta poco importaban en una situación tan desesperada como ésta.


    —¡Es momento de atacar! —Cuando me subí al caballo, otro contingente de la Reiksguard llegó para aplastar al enemigo y ensartarlos en sus poderosas lanzas de caballería. Las viseras de los monstruos salieron disparadas por todos lados, fue una visión placentera, ellos mataron a incontables inocentes del Imperio y la civilización en general. ¡Merecían pagar!


    —¿Cuál es el plan? —susurré a un superior.


    —No hay de otra, vamos a cargar de frente por última vez. Solo quedamos nosotros, hermano, atrás solo hay desolación.


    —Supongo que el Imperio y Bretonia darán su última carga juntos, ¿no es así? —Un caballero bretoniano se acercó a mi superior, posteriormente se quitó el casco y dejó ver su rostro, era un hombre algunos años mayor que yo, tenía el cabello rubio repleto de sangre y un ojo fuera de lugar, seguramente por culpa de una lanza o flecha.


    —¿Podrá la Dama darles poder, noble caballero? —cuestionó el caballero de la Reiksguard.


    —Oh, no nos subestimen, hijos de Sigmar, pues la Dama no tiene caballeros mediocres. ¡En esta carga final vamos a demostrarle al caos el poder de la humanidad! —No había nada más que decir, detrás de mí, un contingente de 100 caballeros bretonianos y 300 imperiales elevaron sus estandartes saludando al cielo. A Sigmar, a la Dama, a cualquier deidad del orden que estuviese viendo nuestra última resistencia.


    Frente a nosotros yacía el caos, tropas amorfas que caminaban con sed de sangre y destrucción. No me interesaba saber cuantos eran, al final del día, no quedaría nadie vivo.


    —¡Avancen! —Emprendimos la carga a toda velocidad, tuve suerte de recoger una lanza de caballería y colocarla al frente de la montura. Los guerreros del caos fueron empalados como simples bolas de arroz, una y otra vez, mi caballo embestía y yo lanzaba golpes desde la montura. Sin embargo, no nos parábamos, continuábamos avanzando hacia el lugar donde se encontraba el Elegido, ¡podíamos hacerlo!, ¡realmente podíamos ganar!


    O eso creí…


    Al girar mi cabeza por un segundo fui regresado a mi realidad, casi todos los caballeros que emprendieron la carga conmigo estaban muertos o siendo devorados de pies a cabeza, ni siquiera sus armaduras de placas o mallas pudieron detener los colmillos de aquella horda monstruosa. Solo quedábamos cincuenta caballeros cargando entre las líneas enemigas.


    —¡Sigmar! —Continué gritando el nombre de mi deidad, salía del combate y volvía a entrar, tratando de causar el mayor daño posible con la fuerza de la carga, pero eventualmente, mi montura se cansó, al punto de no ser capaz de evadir el martillazo de un soldado enemigo.


    Caí al piso dolorosamente, por fortuna, no me rompí nada gracias a la armadura de placas que traía conmigo.


    —Debe ser una broma. —Un troll del caos se acercaba rápidamente hacia mi posición, sus ojos sanguinarios indicaban claramente que deseaba devorarme. Su garrote gigantesco se dirigió hacia mi cara, tuve que rodar por el suelo con todo y armadura para evadir el impacto, posteriormente, tomé del suelo una alabarda ensangrentada y de un solo golpe la clavé en el pecho del monstruo. A pesar de caer muerto, el cadáver continuaba siendo una amenaza, pues podía caer sobre mí y matarme sin ninguna consideración. Tuve suerte de que ese troll estuviese herido, en optimas condiciones no bastaría solo un golpe preciso para aniquilarlo.


    Empujé la alabarda hacia atrás y volví a desenfundar mi espada, cuando el monstruo cayó un paladín del caos vino a verme con su espada demoniaca en manos. No sabía muy bien de donde provenía y la verdad poco me importaba, al momento de intercambiar miradas el duelo estuvo cantado.


    Lo nuestro no fue una pelea digna de recordarse en los libros de historia (ya ni siquiera existía la “historia” como tal), fue un intercambio de golpes rápidos, el paladín trató de cortarme la cabeza y yo me defendí, a pesar de sus favores ruinosos mi habilidad con la espada fue superior. Contraataqué una estocada con un tajo rápido, la ventaja que me daba mi tamaño inferior era que podía explotar sus puntos débiles con gran rapidez.


    Luego de haber chocado nuestras armas por medio minuto, finalmente logré penetrar su armadura con un certero golpe mortal. Había ganado, pero no hubo tiempo de relajarse o al menos celebrar, pues un enorme ogro dragón apareció frente a mí.


    —¿Es esto una broma? —susurré resignado, el monstruo rápidamente me reconoció como su enemigo. Esa cosa medía diez o quince metros de alto, yo parecía una insignificante cucaracha a comparación suya, ni siquiera miles de alabarderos y artilleros pudieron hacerle frente a uno de los suyos más pequeño. Y ahora, acá estaba yo, frente a frente con un monstruo temible que amenazaba con ponerle fin a la vida inteligente.


    El ogro dragón tenía la piel café, cuatro patas pero tronco y brazos humanoides, además, sus ojos solo emitían un aura asesina que se acumuló por cientos de años. Incluso más.


    Y justo cuando su enorme maza iba a destrozarme como un insecto, el mundo llegó a su fin.


    Sí, esto fue realmente el fin de los tiempos…

    ¿O no lo fue?


    FIN.
     
    Última edición: 29 Noviembre 2017
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  2.  
    Kikuz-sama

    Kikuz-sama Usuario popular

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    No tengo el placer de conocer el mundo en el que esta basado su fic, sin embargo, has despertado en mí la curiosidad pues la historia me recordó un poco al Cantar del Roldan.
    La narración fue fluida y fuiste capaz de evocar increíbles imágenes de la guerra. Generalmente, cuando se describen peleas violentas, no se alcanza a apreciar la estética y belleza en el ámbito bélico. No obstante, las palabras que utilizaste pudieron mostrar la crueldad y hermosura de la muerte. Además de transmitir la desesperación que cada soldado sentía. Tenían miedo pero su orgullo no les permitía huir aunque tampoco es que tuvieran un lugar que les proporcionará seguridad.
    La ortografía fue buena y las descripciones fueron geniales porque lograron presentar perfectamente la desesperanza de la última batalla.

    Bello día :D
     
  3.  
    Leviatán

    Leviatán Usuario popular

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    Al final, esta batalla fue sólo por la dignidad de la humanidad. El mundo colapsó con el caos y, según lo que describes, no importaba el resultado ya no se podía hacer mucho con lo poco que quedaba.

    La batalla fue heroica y triste al mismo tiempo, pero a pesar de lo apocalíptico que parece ese final dejó una pequeña esperanza en que Sigmar, la Dama o un valeroso caballero cambiara el resultado de tan sangrienta y larga guerra.
     
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