Chiyoda Keshcorran [Pub]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 3 Mayo 2026 a las 9:50 AM.

  1.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

    Piscis
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    Pub irlandés con más de veinticinco años de existencia. Se trata de un local relativamente pequeño, pero de aspecto reconfortante y cálido. Cuenta con una barra de madera oscura y mesas bajas con sillas o sillones empotrados en las paredes. Frente a la barra resaltan las botellas de licores, organizadas con cuidado. En las mesas y la barra descansan candeleros de vidrio ocupados por velas que desprenden un sutil aroma a enebro y se mezcla con el olor de la madera de los muebles.

    A pesar de lo reducido del establecimiento, cerca de la puerta de entrada, cuenta con una especie de tarima que es ocupada casi todos los fines de semana por diversos músicos e incluso cantantes cuyas carreras apenas inician. El Keshcorran forma parte de una familia de pubs administrados por la misma persona desde hace dos décadas, sin embargo, este ya existía al menos diez años antes de la apertura del siguiente más antiguo, a finales de los noventa, el Oweynagat en Shibuya.

    Keshcorran [Pub].png

    Barrio de Tokio: Chiyoda
     
  2.  
    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Después de haber haber hecho la llamada me quedé dándole vueltas al móvil en mi mano, pendiente de cuando el chófer de turno me avisara que estaba fuera. Al salir sentí el aire de verano lamerme la piel y solté el aire por la nariz, pues venía acostumbrado al frescor del salón. Liberarme del ambiente del interior también fue agradable en cierta medida, pues porque a la larga estos eventos siempre cansaban un poco mentalmente incluso si uno no hacía la gran cosa. Además, fue ya en el exterior que Suiren retomó mis comentarios.

    —¿Te lo imaginas? —atajé junto a una risa y asentí a lo siguiente, pues como ya estaba visto con la conversación donde Hubert, a veces me daba el venazo de leer sobre estas cosas—. Dos, de hecho. Acuario empezaba en el veintiuno, creo.

    Horóscopo o no, a pesar de lo caótico de mis amistades, todavía conservaba algunas de mi preadolescencia. Ahora todo se tambaleaba, sí, pero quería pensar... ¿Era ingenuo de mi parte? Quizás. Solo sabía que no quería perderlos, no así. No sin haberlo intentado antes ni sin haberme disculpado por lo menos.

    Guardé silencio, mirando la calle, y con la mano libre aireé un poco la camisa dentro del saco. Él me hizo otra pregunta entonces.

    —No. Soy hijo único —contesté sin más.

    De pronto me vibró el teléfono y tomé la llamada, el hombre me informó que estaba a un par de metros de la entrada y ubiqué uno de los característicos coches negros. Le di un toque en el brazo al albino, lo guié y abrí la puerta dejándolo pasar primero en el asiento trasero. Una vez estuvo acomodado, subí yo también, saludando al chófer con un "Buenas noches".

    —Buenas noches, joven Dunn —contestó, estoico.

    —¿Puede llevarnos al Keshcorran?

    —Por supuesto.




    Era un viaje corto de alrededor de diez minutos o doce minutos, como mucho. Los chóferes de mi padre hablaban entre poco y nada, habituados a él y a mí, por lo que el hombre guardó un respetuoso silencio todo el trayecto. Yo me excusé con Suiren para poder escribir un par de veces a mi madre con tal de hacerle saber que llegaría tarde a casa, que estaba con un amigo de la escuela. Ella me contestó que tuviera cuidado y que mañana a alguna hora por favor fuese a comprarle comida a los gatos.

    Nuestro destino era un local pequeño y que saltaba a la vista tenía tiempo de existir. Afuera, pegado a la pared, una pieza de madera rezaba el nombre del establecimiento con letras de aspecto celta. Keshcorran, como las cuevas de Irlanda. Bueno, había que reconocer que habían seguido una línea temática en la medida de lo posible. Aquí Kaoru y los mayores habían entrado más de una vez, usándolo como una suerte de guarida. Yo era demasiado pequeño todavía, pero mi viejo nos había prestado estos lugares o a ellos.

    Era incapaz de diferenciar los acuerdos de la protección y con el paso de los días, comenzaba a pensar que Liam también. Desconocía hasta donde su dichosa sombra, la que me había cubierto tantos años, era una manifestación distante de paternidad o un simple protocolo. No sabía si pensar en lo primero era venderme humo a mí mismo y por ello lo mejor era siempre esperar lo peor de él y punto. Volver a trazar el límite y borrarlo tanto como me lo permitiera.

    No tenía sentido esperar algo que nunca iba a recibir, ¿verdad? Y estaba bien.

    Así eran las cosas a veces.

    Sorteando mis pensamientos empujé la puerta, invitando a Suiren a pasar antes, y así el sonido del interior nos alcanzó. Era una guitarra solitaria acompañada por una voz. Era un cover, reconocí la canción o al menos parte de ella y aunque no se equiparaba a la original, conservaba la esencia incluso a pesar del acento que se colaba aquí y allá. Al mirar hacia la tarima vi al dúo, la chica era la que rascaba las cuerdas, un arreglo que debía haber pensado ella misma, y añadía una armonía delicada que no estaba en la versión original. Tenía el cabello, teñido de rubio, cortado en una especie de wolf cut desordenado y vestía de negro, mientras que el chico, alto y de cabello castaño, se mecía al ritmo de su melodía o más bien al ritmo de la energía que la canción generaba en su cuerpo. Ambos lucía jóvenes, si acaso algo mayores que nosotros. Quizás fueran estudiantes de música o artistas en sus tiempos libres.

    —Elige dónde quieras sentarte, sea la barra o una mesa —dije hacia el albino, metiendo las manos en los bolsillos.

    Había varios hombres mayores en algunas de las mesas, jugaban a las cartas, y también habían otras personas repartidas por el pub. Fuese solas o en parejas, bebían o atendían a la música. En la barra, un chico joven de cabello negruzco estaba secando vasos con paciencia aunque detuvo su tarea un momento al vernos entrar. Algo chispeó en su mirada, que dicho de paso era heterocroma, celeste y avellana. Quizás era simple y llana inquietud, en verdad lo fue, lo entendí cuando habló. Ya ni recordaba a cuántas personas de mi padre había visto en la suerte de spree que había tenido cuando busqué a Liam hasta debajo de las piedras, puede que este tipo fuese una de ellas, pero de todas formas daba lo mismo, si yo parecía una fotocopia del cabrón de Reaper y estaba el asunto de Kinryū.

    —Bienvenido, joven Dunn —saludó con la misma formalidad que el chófer—. Tome asiento donde se sienta más cómodo. Hoy tenemos música en vivo, espero que le agrade a su acompañante.

    —Gracias —respondí junto a una inclinación ligera.

    El chico regresó a su tarea después de un asentimiento. Yo le eché un vistazo a Craig, en espera de su decisión.


     
    Última edición: 5 Mayo 2026 a las 7:02 AM
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  3.  
    Insane

    Insane Maestre Comentarista empedernido

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    A lo que respondía mi conversación de la noche aguardábamos el vehículo, pensé inicialmente que sería algún conocido que lo transportaba ocasionalemte, sin embargo al subirnos la forma en que el hombre se refirió a él me fue bastante formal -saludé de igual manera con un "buenas noches"-, lo cual no sería extraño, la gente del Sakura solía tener dinero, imaginaba que las becas eran pocas y en parte la pareja ausente de mi madre la había apoyado economicamente para mudarme de Rusia acá, por lo que imaginé -apenas ahora-, el que Cayden tenía modo de vida, aunque podía ser algo anticipado de asumir por lo que tan solo lo guardé en alguna parte de mi cabeza.

    Me pasé el rato mirando por la ventana las luces de la ciudad en lo que él texteaba en el móvil; la gente aún caminando en las calles por ciertas zonas sociales, uno que otro se veía paseando a su mascota -imaginaba y salían recién del trabajo o clases extras-, era algo particular de Japón, el como se mataban estudiando y demás, fue entonces que entre tanta divagación el auto se detuvo por completo, por lo que asumí que llegamos al lugar.

    Nos bajamos y contemplé el exterior del bar hasta que él alcanzó la entrada, siguiéndolo. Me invitó a pasar primero y así lo hice, escuchando la cuerda de la guitarra. Observé a quién la tocaba, la canción no la conocía realmente por lo que no me ubiqué, pero no sonaba mal, además de que la chica estaba entregada a su rol, tanto como el muchacho que estaba con ella. Ya regresando los ojos al espacio, era pequeño pero acogedor, parecía justo el sitio para conversar, tomar unas cervezas y pasar el rato. Dunn me dejó a cargo de elegir el lugar para ocupar, y bueno, la barra no me parecía mal.

    —La barra —respondí, escuchando al hombre de dicho espacio al percatarse de mi acompañante, invitándolo a sentarse en algún lugar, además de esperar una estadía agradable para él y de paso para mí. Me acerqué apenas, murmurando a su costado—. No sabía que eras tan influyente en estos lugares —lo decía enserio, digamos que parecía respetarlo como si fuese un trabajador suyo.

    No esperaba una respuesta real a mi comentaria, solo era algo que empezaba a notar.

    >>No había tenido la oportunidad de conocer un bar así, con música en vivo —hablé al empezar a caminar hasta la barra y tomar asiento en uno de los bancos, apoyando el codo en la superficie para girar ligeramente el cuerpo y visualizar a la chica que estaba tocando el instrumento—. Es agradable. Y la ambientación no es nada Japonesa, por lo que me siento en otro lado —murmuré suavizando las facciones sin notarlo.

    No era como sino disfrutase Japón y sus espacios, pero extrañaba bastante los míos, y esto se asemejaba más a ello, aunque fuese Celta y lo mío Eslavorusa.
     
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