Audiohistoria Joel...

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por Paulijem, 16 Octubre 2019.

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    Paulijem

    Paulijem HIJA DE ASLAN Duende bloguero

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    Escritora
    Título:
    Joel...
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    804



    No podía respirar. Ese primer indicio de asfixia fue todo lo que necesitó para aterrarse. Corrió, corrió mientras sus manos rasgaban su suéter, intentando desesperadamente que una pizca de oxigeno volviese a entrar por sus vías respiratorias. Pero era en vano, muy lejos, en aquel subconsciente, lo sabía más que nadie.

    Su espalda chocó contra la pared, se dejó caer al suelo, ya casi sin fuerzas. No le quedaba mucho tiempo, aquel olor a azufre le quemaba por dentro. Escuchó los pasos de Joel por el pasillo, las luces rojas brillaban intensamente y aquel humo tóxico parecía venir de todas partes. Giró su cabeza hacia la derecha y él apareció segundos después. Caminaba como si nada, cargando su traje rojo favorito con unos relucientes zapatos negros.

    Joel le sonrió. Su mirada era maligna, su sola aura era oscura. Aquel sitio era el maldito infierno, pero nadie habría pensado en ello con aquella hermosa sonrisa.

    —¿Te sientes bien? —le preguntó, se acuclilló frente a ella mientras luchaba por mantenerse viva —. Ya veo, mueres por algo de romance. No tienes palabras, puedo notarlo en tus ojos —acarició su rostro, ya no escuchaba lo que decía.

    De repente, su apuesto rostro comenzó a deformarse en una horrible criatura. Cualquiera que lo hubiera visto, hubiese opinado que se trataba de un dragón. Aquellos cuernos, la textura de su piel, sus ojos rojos, sobre todo sus ojos rojos. La miró por un segundo para luego, en un pestañeo, lanzarse sobre su cuello con sus afilados dientes.

    El grito rasgó su garganta.

    ¿Estaba viva? ¿Estaba viva? Soltó las sábanas con lentitud cuando lo notó. Ver el techo de su habitación la tranquilizó y el ruido de las calles le dio la certeza de que todo había sido una terrible pesadilla, ¿o no?. Aún así, su corazón latía frenético, la sensación de dolor en su cuello persistía y esa necesidad de dar grandes bocanas de aire la estaba mareando.

    Rodó por la cama lo mejor que pudo, era como si su cuerpo no le respondiera. Estaba duro, duro como una tabla; quedó sentada en el suelo y sólo después de calmarse e intentar varias veces mover sus piernas y brazos, gateó hasta su escritorio. Buscó sobre el mismo una tarjeta, no más grande que una tableta de aspirinas; su secretaria se la había dejado sobre su agenda con una nota aquella mañana.

    El nombre brilló con la luz de su lámpara. La tarjeta negra no tenía más que eso: un nombre, un número telefónico y un dibujo de dragones formando un círculo, todo estaba grabado en rojo sangre. Pero para ese día no le había dado importancia, hasta que recordó el caso que había caído en sus manos meses atrás.

    Su compañía estaba defendiendo a una mujer que había sido víctima de satanismo. Las evidencias apuntaban a una familia influyente de New Valley, pero en especial al único heredero de una interesante y cuantiosa fortuna del Imperio comercial de los Adler: alguien llamado Joel. Faltaban un par de días para dar a conocer sus fechorías en contra de la integridad de las mujeres. El asesinato, el femicidio tan sólo formaba parte de una larga lista de las cosas horripilantes que había cometido. Una vez, todo tocara la luz, su vida y su imperio se convertirían en un montón de escombros.

    —Dragones... —susurró. Algo había rondado por su cabeza, una idea, una sospecha, sin embargo, un dolor intenso apareció en su cuello esfumando por completo sus pensamientos. Llevó su mano a la zona afectada y notó que algo salía de allí. Corrió hacia el baño con prisa, encendió las luces precipitadamente y se miró de inmediato en el espejo. Lo que vio, no fue agradable —. Dios mío...

    Las marcas de dientes frescas estaban impresas en su cuello. La sangre salía de ellas a borbotones, tiñendo de rojo su blusa blanca y salpicando hacia todas las direcciones con gruesas gotas. Era incontrolable, antinatural; tomó con torpeza una de sus toallas e hizo presión en la zona afectada. Se dirigió inmediatamente hacia la salida ni siquiera cerró la puerta, para ir hacia el ascensor. Tocó todos los botones, la sangre comenzaba a teñir esta vez la toalla, las gotas comenzaban a caer en la alfombra del pasillo y las puertas del maldito ascensor permanecían cerradas.
    Esa necesidad de respirar regresó, la debilidad se apoderó de ella hasta el punto que le fue necesario apoyar su mano libre sobre la pared. Estaba apunto de desmayarse cuando las puertas, las puertas se abrieron, atinó a entrar pero algo la detuvo.


    "Joel..."


    Hace mil años que no hao una AudioHistoria, espero que les guste y como siempre dispuesta a seguir aprendiendo a hacer estas cosas geniales :nice:
     
    Última edición: 16 Octubre 2019

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