Historia larga Instinto

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Resistance, 20 Junio 2017.

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  1. Threadmarks: 6x04 (Final): Hombre de fe
     
    Resistance

    Resistance Hope

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    Ciencia Ficción
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    6x04 (Final): Hombre de fe




    La noche estaba pasando sin sobresaltos. El grupo al completo dormía plácidamente en el interior del bus, que pese a no ser cómodo, era mejor que nada dadas las circunstancias.

    Afectada por lo ocurrido, Sally salió del autobús para tomar aire fresco. La noche era silenciosa y al no haber casi contaminación por la escasa producción de dióxido de carbono de los humanos se podían ver las estrellas en su máximo esplendor.

    De pronto, la mujer observó en el asfalto de la carretera la sangre seca que había brotado de las ocho personas fusiladas literalmente por Tann y Fer. Aquello provocó en Sally un llanto afónico que rápidamente se encargó de disimular cuando alguien salía del bus.

    — ¿No puedes dormir? — La voz del hombre resultó ser la de Michael.

    — La verdad es que no — Respondió Sally, aguantando el dolor que le carcomía por dentro.

    — Oye, ¿quieres un cigarro? — Michael se encendió uno y le dio una calada — Me quedan cinco, así que...

    — No fumo, pero gracias de todas formas — Agradeció Sally.

    — No hay de qué — Musitó Mike, dándole una segunda calada a su cigarrillo — Bonita noche, ¿eh?

    — Si, muy agradable — Sally se volteó hacia el hombre con curiosidad — Michael, ¿necesitas algo?

    — ¿Por qué lo preguntas?

    — No sé, tengo la sensación de que solo sueltas tonterías por la boca — Dijo Sally — ¿Bonita noche? ¿En serio?

    — Si esperabas que te preguntara cómo estás y si necesitas hablar, lo siento pero te equivocas de tipo — Michael le dio una calada más a su cigarro, lo tiró al suelo y lo pisó con el pie — Yo no soy de los que se mete en mierdas ajenas. Buenas noches, Sally.

    Michael dio media vuelta y regresó de nuevo al interior del autobús, dejando a Sally pensativa. La mujer comenzó a meditar la idea de hablar con los demás para vigilar a Fer en el caso de que pudiera cometer alguna locura, considerando lo ocurrido hacía unas horas. Sin embargo, aquello provocaría en Fer un enfado notable, aunque ella lo hiciera por su bien.

    Mientras le daba vueltas a la cabeza, alguien la tomó del hombro. Sally se asustó y retrocedió, y al ver el rostro desfigurado de un no muerto, gritó presa del pánico. En ese instante, un fogonazo de bala traspasó el cráneo del infectado, haciéndole caer al suelo.

    A un lado se encontraba Fer, aún con el arma en alto y un ligero pero evidente humo que salía del cañón.

    — Suerte que los dos tenemos insomnio — Murmuró Fer, escuchando como la gente se despertaba sobresaltada — ¿Estás bien?

    Sally asintió, mientras la gente salía del bus totalmente aterrada fruto del disparo que acababan de oír.

    — ¡¿Qué carajo ha sido eso?! — Exclamo Michael, que no hacia ni cinco minutos había estado fuera del bus.

    — Un infectado casi... — La boca de Sally temblaba del susto — Casi me...

    — Ha estado a punto de ser mordida — Dijo Fer, al que se le notaba en el rostro que llevaba muchas horas sin dormir — He tenido que disparar a esa cosa.

    — Bonita forma de despertarnos — Indicó Stefan, con cara de sueño y abrazando con una mano a Amanda.

    — Vale, se acabó el quedarnos aquí — Dijo Randall, que no quería permanecer más tiempo en aquel atasco — Retrocederemos y seguiremos por otro camino. Yo conduzco.

    — Randall, ¿estás seguro que lo mejor es movernos de noche? — Alexa tenía dudas acerca del nuevo giro de los acontecimientos.

    — Prefiero arriesgarme antes que quedarme aquí, y más después de esto — Randall señaló el infectado abatido — Podría haber más de camino, especialmente tras el disparo. Rashid, ¿podrás indicarme otro camino?

    — Si, claro, no hay problema — Rashid observó a Alexa, recordando lo que habían hablado horas antes.

    — ¿Tenemos suficiente gasolina? — Preguntó Natasha, preocupada — No me gustaría quedarme en medio de la nada.

    — Hay suficiente, tranquila — Respondió Randall — Vamos, todos adentro.

    La gente, algunos más calmados y otros con los nervios a flor de piel, subieron de nuevo al vehículo y se prepararon para partir a altas horas de la noche. Alma, Fer y Sally eran los últimos en subir.

    — Venga Sally, ven conmigo — Indicó Alma, llevándola de nuevo al interior del autobús.

    — Fer, gra...

    — No las des, he hecho lo correcto — Fer respondió con frialdad a su mujer — No volveré a perder a otra persona a la que quiero.

    [...]

    Randall conducía el bus a una velocidad calmada mientras Rashid observaba un mapa que sujetaba con su única mano y le daba indicaciones de a donde ir. El resto del grupo decidió seguir durmiendo, aunque la gran mayoría no pudieron hacerlo y se limitaron a hablar entre sí.

    El autobús iba con los faros puestos por lo que no era difícil ver el camino. Sin embargo, la noche hacia que pudiera ser impredecible cualquier cosa que no pudieras ver venir de cerca. Randall observaba la carretera pese a sus ojos cansados.

    En cierto punto, le pareció ver algo en la carretera a cierta distancia, pero no fue hasta que se acercó cuando vio varios cadáveres en medio de la calle. El hombre dio un frenazo que hizo que algunas personas chocaran con los asientos de delante suya.

    — ¡A ver si conducimos mejor, joder! — Gritó un hombre, molesto con la maniobra del conductor.

    — ¡¿Qué diablos haces, Randy?! — Se preguntó una mujer que abrazaba a su hijo de siete años.

    — ¡Lo siento, lo siento! — Exclamo Randall, respirando agitadamente — Joder.

    — Santo cielo... — Murmuró Rashid al ver como varios cuerpos eran devorados por algunos infectados — Nunca me acostumbraré a esto.

    — Oh, no — Dijo Randall de pronto.

    — ¿Qué pasa? ¿Por qué has frenado? — Preguntó Fer, que al instante vio el porque — Mierda, esos son...

    — Así es — Randall agachó la cabeza, dolido — Marty, Cindy y su hijo Zack. Están siendo devorados.

    Se trataba de una de las familias que pidió probar fortuna por su cuenta, lejos de la seguridad del grupo. Randall y Sally les proporcionaron suministros para que pudieran sobrevivir solos, sin embargo, no llegaron muy lejos.

    Aquello minó completamente la moral del grupo, que sintió como el mundo les golpeaba con sucesos terribles uno detrás de otro. Los infectados, al ver las luces del bus que les alumbraban, se incorporaron y se abalanzaron sobre el capó del autobús.

    — Pásales por encima, no merece la pena bajar a terminar con ellos — Dijo Michael, asomándose a ver lo que sucedía.

    — Entendido — Musitó el conductor.

    Randall se dispuso a atropellarles y seguir su camino cuando de pronto las luces se vieron cegadas por una cantidad de no muertos que era desconocida, al no alcanzar la vista en la oscuridad. La gente del bus comenzó a impacientarse y murmurar, temiendo estar en serios problemas.

    Los podridos comenzaron a golpear el bus alrededor de éste y terminaron por rodearlo ante la mirada de todos los supervivientes. De los nervios, Randall apretó el acelerador con desesperación.

    — ¡A la mierda, saldremos de aquí! — Exclamo, iniciando un impulso.

    El bus comenzó a aplastar infectados pero en vez de avanzar, comenzó a hacer una pendiente de cadáveres que hacia que el vehículo se fuera empinando cada vez más, hasta el punto de estar con el frente boca arriba.

    La situación comenzaba a ser desesperante y la gente comenzaba a expresar su temor mientras el resto pensaba en una forma de salir de aquel embrollo nocturno.

    — ¡El camino a la gloria de Dios siempre es difícil! — Dijo el árabe, haciendo una referencia bíblica.

    — ¡¿Qué mierda dices?! — Michael no entendía a que venía eso en aquel momento.

    — ¡Soy un hombre de fe, amigo! — Exclamo Rashid con un sorprendente entusiasmo — ¡Esto es solo una prueba más! ¡Al final del camino obtendremos la gloria, créeme!

    — ¡Lo que tú digas, compañero! — Dijo Michael, siguiéndole el rollo.

    — ¡¿Cómo diablos vamos a salir de aquí?! — Alma estaba completamente aterrada y preocupada, al estar ella y el bebé en peligro.

    De pronto a Fer le vino una idea a la mente. Requisó todas las armas de fuego a bordo, que eran unos seis rifles de asalto junto a dos escopetas y tres pistolas, y las repartió entre los mejores y más expertos tiradores. La idea consistía en acribillar a los infectados, pues era la única y por el momento la mejor forma de salir de aquel lio.

    Fer, Randall, Michael, Alexa, Stefan, Amanda, Tann, Sally, Natasha, Alma y Rashid tomaron las once armas de fuego y esperaron a la señal de Fer, artífice del plan que se efectuaría en esos momentos. El resto del grupo se agachó entre los asientos y se cubrieron la cabeza con chaquetas o maletas para evitar que los casquillos o cristales les cayeran encima.

    — ¡¡¡AHORA!!! — Exclamo Fer con todas sus fuerzas — ¡¡¡FUEGO!!!

    Los once elegidos comenzaron a disparar a discreción contra la horda que les rodeaba. Los cristales del autobús saltaron por los aires y la luz que emitían fugazmente los disparos servían para ver la cantidad preocupante que había de infectados en el lugar. Estaban completamente rodeados.

    La balacera dio paso a los tiros más precisos y seguros para ahorrar munición, ahora que había una pila de muertos a cada lado del autobús. Sin embargo, el plan no salió del todo bien, puesto que los no muertos comenzaron a escalar los cadáveres acribillados y algunos comenzaron a colarse en el bus.

    La gente, presa del pánico, comenzó a defenderse empujando a los demás y saliendo por las ventanas para huir del lugar, pero antes de conseguirlo eran rodeados y devorados vivos por los demás podridos. Niños, madres, padres; familias enteras perecían a costa de los no muertos, deseosos de carne fresca para sus entrañas en descomposición.

    Randall, Rashid y Michael salieron por las ventanas de delante y rápidamente se vieron rodeados. Por suerte, sus habilidades eran más que probadas contra los infectados y no serían fáciles de matar.

    Fer, Sally, Alma y Tann salieron por las ventanas del medio. El hermano de Gabriel comenzó a matar infectados con absoluto frenesí, como si estuviese desfogándose de alguna manera. Sally vio, por un momento, una sonrisa en el rostro de su pareja, como si disfrutara con aquella situación.

    Alexa, Stefan, Amanda y Natasha salieron por las ventanas del final, que al estar menos rodeadas, les hizo más fácil el huir. Sin embargo, no iban a dejar tirados a los demás, por lo que volvieron con todas sus fuerzas a terminar con la mayor cantidad de muertos posible.

    La lucha contra los muertos estaba siendo encarnizada y recordaba a la ocurrida hacia ya unos cinco días en Zona. El bus había quedado prácticamente inservible, por lo que a los supervivientes solo les quedaban correr.

    Randall golpeó a un infectado con su rifle, puesto que éste se había quedado sin munición. Rashid solo tenía una mano, por lo que al acabársele las balas, el árabe se vio en serios problemas. Michael no dudó en ayudarle, golpeando con la culata de su escopeta, sin embargo, cuando se dio cuenta, Rashid estaba siendo devorado por cinco infectados. Su mano sana sobresalía entre las cabezas de los no muertos.

    — ¡¡¡RASHID, NO!!! — Gritó Michael, totalmente impactado.

    El grito lo escuchó Alexa, que se temió lo peor. Sin embargo, tanto ella como Natasha, Stefan y Amanda habían perdido de vista a los demás entre tanto infectado. La doctora, pese a no parecerlo, sabía desenvolverse en combate. Randall la había enseñado bien, sin duda. Stefan y Amanda luchaban codo con codo, mostrando una compenetración sorprendente.

    Alma supuso que era el fin, por lo que se quedó paralizada. La situación la había superado por completo. Los infectados la rodearon y ella se dispuso a dejarse llevar, cuando de pronto estos fueron abatidos por Fer, Sally y Tann. Éste último fue mordido en el hombro y cayó de rodillas, propiciando que los demás le mordieran en otros lugares y comenzaran a comérselo.

    Fer tomó a Sally y Alma y las metió bajo el autobús. Acto seguido se colocó varios cuerpos encima, tanto él como a ellas, para evitar ser detectados por los infectados. Aquel truco lo hizo su hermano Gabriel en su día, por lo que de alguna forma, él les había salvado la vida.

    Michael trataba de ayudar a Rashid pese a que ya era demasiado tarde. El árabe ya ni gritaba, cosa que presagiaba lo peor. Mientras los muertos lo devoraban, Randall sacó al hermano de Brandon de allí y le invitó a correr por el bosque. Randall y Michael se perdieron por el bosque mientras eran perseguidos por algunos infectados.

    Fer, Sally y Alma se encontraban camuflados bajo varios cadáveres.

    Alexa, Stefan, Amanda y Natasha no entendían el mensaje de Randall hasta que el propio Stefan se percató de la señal que había en la carretera pese a la poca visibilidad en la oscuridad.

    — ¡Vamos, huyamos por el bosque! — Dijo también Stefan, siendo seguido por las tres chicas.

    En medio de la noche, Sally observó a su amado hombre, consciente de todo lo que estaba pasando y todo por lo que estaba pasando él. Fer, sin embargo, tenía la mirada perdida en algún lugar de los bajos del autobús. Por primera vez, Sally sintió que aquel hombre no era el Fer que conoció al inicio.

    [...]

    Randall y Michael fueron los primeros en llegar a aquel viejo restaurante a pie de carretera. Recién comenzaba a amanecer y la luz del día comenzaba a iluminar los rincones más oscuros.

    Del exterior del restaurante llamaban la atención tres coches aparcados allí, aunque estos estaban polvorientos y daban una evidente sensación de total abandono. El dúo se planteó inspeccionar el local por su cuenta, pero decidió esperar a los demás para hacerlo.

    — ¿Crees que me entendieron? — Se preguntaba Randall, preocupado — ¿Y si no me escucharon?

    — Esperemos que si lo hicieran — Murmuró Michael, afectado por la muerte de su amigo Rashid — Y que sigan con vida.

    — ¡Mierda, mierda, mierda! — Gritó Randall, tratando de desahogarse.

    Por culpa de sus gritos, un infectado del interior del restaurante comenzó a gruñir y golpear el cristal de una ventana, consciente de que fuera había comida. Randall se dispuso a entrar al recinto con el cuchillo en mano, pero fue frenado por su compañero, que oteaba el horizonte a la espera de ver aparecer al resto del grupo.

    — Luego nos ocuparemos de ese, tranquilo — Indicó Michael.

    — ¡Necesito hacer algo, joder! — Exclamo Randall, dando vueltas de un lado a otro — ¡Odio esperar sin hacer nada!

    — Pues es lo único que puedes hacer, Randy — Murmuró Michael, manteniéndose alerta por si aparecían sus compañeros — Esperar.

    — ¡No puedo! ¡No puedo! — Randall parecía muy nervioso.

    De pronto, el hombre decidió entrar en el restaurante para acabar con el infectado que no dejaba de golpear la ventana.

    — ¡Randall! ¡Eh! — Le gritó Michael, entendiendo que el acto de su compañero era absurdo — Maldito terco.

    Michael decidió seguir a su amigo al interior del lugar. Éste estaba casi oscuro y se veía bastante limpio, considerando la situación actual de la humanidad. Randall llamó la atención de su compañero.

    — Mira esto — Randall señalaba una cadena que sujetaba al infectado en cuestión, para evitar que pudiera moverse libremente.

    — Está claro que ha sido obra de alguien — Michael lo tenía claro — La pregunta es, ¿quién?

    Cuando ambos alzaron la vista, pudieron ver que las ventanas estaban precintadas con plástico aislante, las mesas y sillas estaban bien colocadas y había infectados colocados estratégicamente en distintas zonas del interior del local. Aquello les llamó aún más la atención y les hizo curiosear.

    — Voy a mirar en la cocina, a ver que hay — Dijo Randall, decidido — Quizá haya provisiones de la gente que estuviese aquí.

    — Comprobaré los baños — Musitó Michael, poniéndose manos a la obra.

    Mientras Mike inspeccionaba los cuartos de aseo para hombres y mujeres, Randall se metió en la cocina. En ella todo estaba en orden, cosa que inquietaba más al confirmar que allí vivía alguien, o por lo menos ese alguien frecuentaba ese lugar cada cierto tiempo.

    — ¡Nada en los baños! — Exclamo Michael, ahora en la sala principal — ¡Voy fuera a ver si aparecen los demás!

    — ¡Vale!

    El hombre prosiguió con su búsqueda. Comenzó a abrir cajones y armarios, sin embargo, todos estaban vacíos. Furioso, Randall pateó con fuerza el cubo de basura que había allí, haciéndolo caer al suelo. La sorpresa se la llevó cuando del cubo salieron esparcidas por el suelo distintas armas de fuego.

    Un rifle de francotirador, uno de asalto, una escopeta automática, una recortada, una pistola reglamentaria, un revólver de punta larga... aquello era un auténtico arsenal, con no muchas armas pero bien provisto. La variedad de armas parecía haber sido ordenada y todas y cada una de ellas estaban bien limpias.

    Randall comprobó el cargador de un rifle de francotirador con su mira telescópica incluida y vio que estaba cargado. Sin embargo, no parecía haber cajas de munición escondidas, tan solo las armas cargadas con su cantidad limitada de balas. Michael se encontraba fuera, pensativo, cuando vio a Randall salir con el cubo de basura.

    — ¿Qué diablos haces con eso? — Preguntó Michael, intrigado.

    — Acércate, querido Mickey — Randall estaba bastante contento de repente — No es comida, pero ayudará a encontrarla.

    — ¡Joder! ¡Increíble! — Michael contemplaba todas las armas que había en ese cubo — ¡Nos ha tocado la puta lotería con esto!

    — ¡Y que lo digas! — Randall tomó el rifle de francotirador y se puso a observar por la mira.

    Michael rebuscó entre las armas y decidió tomar la escopeta recortada. En ese momento recordó las palabras de Rashid, acerca de que al final del camino siempre aguarda la gloria. Él no la había alcanzado, pero había guiado a los demás por el camino.

    Hombre de fe, ¿eh, amigo? — Susurró Michael, pensando en su amigo Rashid.

    — Eh, Michael — Murmuró Randall, observando por la mira del rifle — Tenemos compañía.

    — ¿Qué?

    Michael y Randall observaban desde su lugar como tres jeeps de aspecto militar frenaron justo en la entrada del restaurante. De ellos se bajaron una docena de hombres y mujeres armados y con un uniforme militar estándar. Aquello sorprendió y mucho al dúo, que los observaba como si estuviesen viendo fantasmas. Uno de los soldados vio el cubo de las armas allí fuera y comenzó a mirar a su alrededor.

    — ¡¿Te dejaste el cubo con las armas fuera del restaurante, Patt?! — El hombre parecía muy enfadado.

    — ¡No, señor! — Aquel Patt no daba crédito al ver el cubo fuera y sin armas — ¡Hice lo de siempre! ¡Rellenarlo y meterlo en la cocina!

    — ¡Pues alguien acaba de robarnos nuestro maldito alijo de armas! — Exclamo el militar, furioso — ¡¿Qué mierda le diremos ahora a Aarón?!

    — Lo siento, señor, de verdad — Murmuró Patt, resignado.

    — Bernard, el chico no tiene culpa de que otras personas hayan encontrado las armas, dudo que Patt las dejara fuera — Otro de los soldados trató de disuadir al hombre enfadado — Siempre he dicho que es mejor llenar el interior del restaurante con más infectados, así nadie se atreverá a entrar.

    — Cada vez hay supervivientes más osados — Dijo una mujer, sujetando un rifle entre sus brazos — Solo Dios sabrá en qué manos han caído esas armas.

    — Muy bien, muy bien... — Murmuró aquel hombre enfadado que se llamaba Bernard, que parecía liderar a aquel grupo de soldados — Patt, Marko y Kate; entrad en el restaurante y comprobad que no haya ninguna de esas ratas ladronas ahí dentro. Los demás, estableced un perímetro y comprobad que estamos solos.

    — Entendido, señor.

    Los tres soldados que habían hablado con ese tan Bernard eran Patt, Marko y Kate. Ellos tres se dirigieron a la puerta del restaurante y la abrieron, entrando con atención al recinto.

    En ese momento, Randall y Michael les interceptaron puesto que se escondieron dentro, sabiendo que era cuestión de tiempo el que fueran detectados.

    Los tres soldados salieron del restaurante con las manos en alto y sus armas en manos de las de Randall y Michael. Los militares vieron al dúo, que tenía retenidos a Patt, Kate y Marko.

    — Vaya, así que no me equivocaba — Dijo Bernard, haciendo una mueca — Las ratas ladronas que han buscado en mi basura, ¿eh?

    — Las cogimos por necesidad — Randall tomó la palabra — Y siento deciros que no estamos dispuestos a devolvéroslas.

    — Joder, chico, cálmate — Murmuró Bernard, sonriendo — ¿Para qué las necesitáis?

    — ¿Para qué mierda cree? — Dijo Michael con cara de pocos amigos — Para sobrevivir.

    — ¿Es eso? ¿Buscáis sobrevivir? — Preguntó Marko, siendo apuntado por Randall.

    — Como todo el mundo aquí fuera — Respondió Michael con normalidad.

    — ¿Acaso eres nuevo en esto? — Le preguntó Randall, sorprendido por la absurda pregunta de Marko.

    — Eh, hombretón, mírame a mí — Bernard llamó la atención de Randall — Yo soy el que manda aquí. Dirígete a mí.

    — Márchate con tus compatriotas y déjanos seguir nuestro camino — El tono de Randall fue muy serio — No queremos problemas.

    — Eh, tranquilo, aquí nadie va a darte problemas — Dijo Kate, vigilada por Michael.

    — Cállate — Le cortó el propio Michael.

    — ¿Cómo te llamas, muchacho? — Preguntó Bernard con curiosidad.

    — ¿Te importa?

    — Si no me lo dices, entonces si tendréis un problema.

    — Randall. Soy Randall — Musitó el hombre — Mi amigo se llama Michael.

    — Un placer, yo soy Bernard — Respondió el militar — Dime, Randall, ¿estáis solos vosotros dos, o tenéis amiguitos por aquí cerca?

    — ¿Ves a alguien más? — Dijo Randall, sabiendo que tenía el ás en la manga si las cosas se ponían feas.

    — No, cierto, no veo a nadie, pero podrían estar en cualquier parte — Bernard no se andaba con tonterías — Randall, la sinceridad es la principal base de una relación con confianza. Si me dices la verdad, no ocurrirá nada de lo que podamos arrepentirnos. De otro modo... bueno, pareces un tipo listo. Podemos ser amigos, chicos, no hay necesidad de tensar la cuerda.

    — Aquí fuera no hay muchos amigos — Dijo Michael, sujetando con sus brazos a la soldado Kate — Y vosotros no parecéis muy amigables.

    — Quizá te sorprendas... — Bernard sonrió con sarcasmo ante la mirada tensa de Randall y Michael.

    [...]

    En otro lugar, Ben, Jess y Jonathan caminaban por un lateral de la carretera, en silencio. Llevaban casi una semana caminando, con pocas paradas pasa descansar y sin la comodidad que ofrecía un lugar como Zona.

    La comida y la bebida escaseaban, las armas no tenían apenas munición y el no saber hacia donde ir provocaban en el trío una irascibilidad evidente. La tensión se podía cortar con un cuchillo, y más con la última discusión entre Ben y Jonathan por una botella de agua que había desaparecido.

    Ben creía que Jonathan se la había bebido sin compartir, mientras que Jonathan realmente lo había hecho y se encubría diciendo que la habrían perdido en alguna de sus breves paradas. El trío avanzaba con pasividad, resignados y cansados, cuando de pronto el sonido lejano de un gran vehículo les llamó la atención.

    Ni siquiera se molestaron en esconderse, puesto que les daba igual todo. El cansancio, las pocas horas sin dormir... todo afectaba al rendimiento del grupo. El vehículo fue aproximándose, y al ver al trío, comenzó a frenar hasta colocarse a su lado.

    Se trataba de un camión, parecido a los que reparten fruta, pero con un numeroso grupo de hombres y mujeres en la parte trasera, en lugar de comida. De delante, solo bajaron el conductor y el copiloto, juntos a sus compañeros de detrás. Todos iban bien armados, cosa que intimidó un poco al trío.

    — Hola, compañeros supervivientes de éste mundo agónico — Dijo el hombre que salió del puesto de copiloto — Me llamo Park y, ¿adivinad qué? ¡Acabo de salvaros el puto culo!
     
    Última edición: 31 Julio 2018
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola. Gracias por haberme avisado que has editado el capítulo. Veo que esta historia te ha tenido con varias idas y vueltas. Incluso borraste un capítulo de la parte 7 y hasta editaste el capítulo de la parte 6. Solamente espero que el final que quieras darle a esta historia esté a la altura. Si bien esta historia nunca ha sido algo espectacular, ha logrado mantener un nivel de regularidad en todos los capítulos, lanzando excepciones como los finales de las partes 3 y 4, y el final de la parte 5.

    Bueno, comentaré intentando recordar como era el capítulo original y haciendo la comparación. Dado a que es un capítulo publicado en marzo, tal vez me equivoque con un par de cosas.

    Creo que el principio es igual, excepto por este diálogo de Stefan:

    No recuerdo que ese diálogo formara parte en la versión anterior. La verdad me parece que Stefan se está tomando muchas libertades con todo esto. No creo que haya pasado una semana desde que lo introdujeron al grupo, y con todo lo que hizo no creo que tenga el derecho de hacer algo así. Está bien que haya cambiado, pero está tratando a los tipos a los que llevó a una prisión como mejores amigos de toda la vida. Igual se lo están permitiendo, así que la culpa no es toda suya.

    Esa parte sí que es nueva. No estoy de acuerdo con la miradas que le dan a Fer. Aunque es verdad que está dejándose llevar mucho por la muerte de su hermano. Parece como que ya no le importara nada, y ahora mismo tiene que cuidar de su mujer y de la mujer de su hermano. A ver como resulta.

    Me pregunto qué sucederá ahora que solo Randall y Michael se han encontrado con Bernard y compañía. En esa parte noté a Bernard como tipos más cuidadosos que en lo que recuerdo de la primera versión, pero tal vez se deba a que algunos de sus diálogos han cambiado. Si has editado la parte donde el grupo de Stefan, Natasha, Alexa y Amanda (por un lado) y el de Fer, Sally y Alma (por el otro) llegan al restaurante es porque tienes pensado meterlos en alguna clase de problema. Si al principio del próximo capítulo vas a hacer que se reúnan de entrada estaré decepcionado, dado a que no habría casi ninguna razón para que no lo hicieran en este. No me malinterpretes, quiero que el grupo entero se reúna, pero si lo hacen con facilidad, el haber editado esa parte sería inútil.

    Me pregunto si Alexa discutirá con sus compañeros lo que Rashid le dijo acerca de dejar a Fer fuera. En el capítulo eliminado ella menciona haberlo delatado, y aunque no debería tenerlo en cuenta por haberlo eliminado, está claro que ella confía en él. Sería interesante que el grupo de Fer apareciera luego de que Alexa y sus compañeros acordaran que hacer con él.

    Y pasamos al final, donde Ben y su grupo se reúnen con Park. No noté varios cambios, pero la escena donde Ben y Johnathan discuten por una botella de agua no la recuerdo en la versión original.

    Como moderador podría revisar el historial, pero veo que has editado el capítulo más de tres veces, y no voy a pasarme por todas las ediciones para ver si es cierto o no. Las escenas que no recuerdo haber leído son nuevas para mí y ya está.

    Ahora te hablaré de forma severa. Entiendo que has mencionado que confundes con mucha frecuencia "haber" y "a ver", pero después de todas las ediciones que hiciste no le echaste un vistazo a estos errores. Imagino que me los habré pasado por algo cuando leí tu primera versión, pero yo solo leí tu capítulo una vez y (según el historial) tú lo has hecho unas cinco veces, y dejaste estos tres errores en pie.

    Entiendo que te da problemas, pero antes solo pasaba una vez cada dos capítulos. Ahora estamos hablando de tres veces en un mismo capítulo que editaste más de una vez. Imagino que una vez más no hará daño XD.

    He decidido borrar mi anterior comentario dado a que no tiene mucho sentido que mencione cosas que has cambiado de la historia, y además, si lo edito no te llegará la alerta y no podrás corregir los errores. Saludos y suerte.
     
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    Última parte: Instinto de supervivencia


    Sinopsis: Con el grupo separado tras la pérdida de tanta gente, los distintos grupos enfrentarán todo tipo de situaciones mientras luchan a la desesperada por encontrar un lugar en el que comenzar de cero. ¿Qué problemas se encontrarán en el camino? ¿Lograrán reunirse?



    Capítulo 1: Sin esperanza


    Las hojas secas que habían caído de los árboles meses atrás eran arrastradas con la fuerza del aire por el asfalto de una carretera que estaba cubierta. A un lado había varias casas mientras que al otro solo se veía bosque. Dos mujeres se encontraban sentadas en unas escaleras que hacían de entrada hacia una vivienda. Ambas se encontraban en un estado de debilidad fruto de la escasez de comida que tenían y sus labios estaban agrietados de llevar muchas horas sin hidratarse. Una de ellas comenzó a acariciarse la notable barriga que tenía, estando embarazada de cuatro meses.

    — Encontraremos algo, no te preocupes — Sally trató de animar a su amiga.

    Alma asintió con una mirada deprimida, consciente de que las cosas no venían a ti pese a que las desearas. En ese momento, una serie de ruidos en el interior de la casa puso en alerta a Sally, que desenfundó una pequeña navaja que portaba en uno de sus bolsillos.

    — ¿Fer? — La mujer se puso de pie en las escaleras — ¿Has sido tú?

    Tras unos segundos sin obtener respuesta, la puerta de la vivienda se abrió lentamente y de ella salió un hombre con la camisa salpicada de sangre oscura acompañada de un machete del que goteaba más sangre. Las dos mujeres le observaron con preocupación mientras el hombre negó con la cabeza al ver el rostro de sus acompañantes. Tras esto, Fer se aproximó a Alma y posó su mano izquierda sobre el hombro derecho de la embarazada mientras agachaba la cabeza.

    — Lo siento — Musitó, y acto seguido comenzó a caminar por la carretera.

    Alma tragó saliva para contener las lágrimas mientras Sally tomó a su pareja del brazo para frenarle, pues éste se puso a caminar sin esperarlas.

    — ¿Nada? — Sally sonaba desesperada — ¿No has encontrado nada?

    Fer negó con la cabeza mientras lanzaba un largo suspiro en señal de sentirse abatido. Sally le tomó de la mano y le besó en el hombro mientras el hombre parecía lamentarse de la situación.

    — No te preocupes, encontraremos algo — Sally parecía ser la única persona optimista de los tres — Es cuestión de tiempo.

    — Llevamos casi tres meses así, Sally, apenas hemos podido salir adelante con lo poco que conseguíamos — Fer estaba realmente molesto y deprimido por la situación en la que se encontraban — Ya ha dejado de ser una cuestión de tiempo.

    Fer se volteó a ver a Alma, que estaba de espaldas a ellos y con las manos en el rostro, dando la sensación de estar llorando en silencio.

    — Si no come pronto, ella y el bebé morirán — Murmuró Fer, mirando fijamente a los ojos de su pareja — Lleva en sus entrañas al hijo de mi hermano y no quiero perderlos.

    — Fer, no es...

    — Son mí prioridad — Dijo Fer en un tono muy serio para luego hacerlo más suave — Sois... mí prioridad.

    Sally asintió, consciente de que Fer las protegía a toda costa y que se estaba cargando de una responsabilidad que no era del todo suya.

    — Lo sé, sé que nos estamos quedando sin tiempo y que cada hora que pasamos sin ingerir algo es una hora menos que nos queda de vida — Respondió Sally, siendo realista — Pero no puedes culparte de ésta situación, Fer, estamos los tres en ella. Los tres hemos acabado aquí, no tú solo. No cargues con una culpa que no tienes.

    Fer asintió, dándole la razón a su mujer. Tras unos segundos en silencio, Sally se acercó a Alma para tranquilizarla y seguir con su camino. El trío estaba pasando por muy malos momentos tres meses después de haberse separado de su grupo.

    — Vamos, pronto anochecerá — Murmuró Sally, mientras consolaba a Alma.

    Durante las primeras semanas, el trío estuvo buscando encontrar al resto del grupo, sin éxito. Tras perder la esperanza, se limitaron a viajar por su cuenta en busca de un lugar en el que asentarse un tiempo, sin embargo, la falta de suministros en el exterior les comenzaba a dejar sin opciones, como si tuviesen una soga en el cuello que les apretaba más y más cada día.

    Y así estuvieron tras esas primeras semanas hasta los casi tres meses que habían pasado desde aquel fatídico momento en el que el bus que llevaba al grupo y a gente de Zona fue rodeado y emboscado por infectados. Desde aquel día, la situación solo hizo más que empeorar para ellos.

    [...]

    Randall despertó sobresaltado. Alterado, se sentó al borde de su cama, concretamente se trataba de una litera. El hombre trató de calmar su respiración mientras observaba por la única ventana de su pequeña habitación. Era de noche, pero la luz de la Luna dejaba ver algo. Randall observaba una valla de casi tres metros llena de alambre de espino y a cuatro infectados pululando por delante suya. Para su suerte, él se encontraba al otro lado de la verja.

    — ¿Otra pesadilla? — La pregunta fue formulada por su compañero de habitación, que dormía en la cama de arriba que conformaba la litera.

    — Sí, Mike — Musitó Randall, aún angustiado por el mal sueño que acababa de tener.

    — ¿Es la misma de siempre o es una nueva? — Michael se encontraba tumbado en su cama mirando hacia la oscuridad del techo.

    — ¿Qué más da eso? — Randall estaba harto de tener la misma conversación y encontrarse en la misma situación todas las noches — El caso es que llevo así desde que llegamos aquí, hace más o menos tres meses.

    — Quizá deberías hacerle caso a Kate y tomarte esas pastillas para dormir — Dijo Michael, proponiendo soluciones al mal despertar de su amigo.

    — Creo que debería buscarla, en vez de soñar todas las noches como la muerden y no puedo evitarlo — Randall se pasó la mano por la frente sudada mientras estaba pensativo.

    — ¿Hablas de Natasha? — Michael se puso de lado en la cama, centrado en la conversación — ¿Otra vez con eso?

    — ¡Se trata de la persona a la que quiero! — Randall se incorporó para mirar a Michael a los ojos pese a la penumbra que había en el cuarto — ¡Perdona por tener esperanza y creer que sigue ahí fuera, capullo!

    Michael se volvió a recostar con las manos en el rostro, sin entender como su compañero seguía teniendo la esperanza de encontrar a Natasha fuera del lugar que les mantenía a salvo.

    — Siempre que hacemos una salida nos preocupamos por dejarle mensajes allá donde vamos sin que nadie se dé cuenta, así desde que nos separamos del grupo y nos encontramos con éste — Michael trataba de hacer entender algo a su compañero — Si en todo este tiempo no ha aparecido, es porque muy probablemente habrá muerto, al igual que todos. Cuanto más antes lo asimiles, mejor podrás dormir.

    Randall sintió el irrefrenable deseo de estrangular a Michael en su cama, pero controló sus impulsos y se limitó a recostarse en su sitio sin responderle. Tras separarse del grupo y quedarse a solas junto a Michael, ambos fueron encontrados por un grupo de militares que sobrevivía por su cuenta y que colocaba alijos de suministros por los alrededores de su refugio — vivían en un sector sin infectados de su base militar — para así tener opciones de sobrevivir si tenían problemas por el exterior.

    El dúo fue llevado al refugio de los soldados liderados por un tal Bernard, que junto a los suyos había decidido recoger a todos los supervivientes que se encontraran para así prosperar con el refugio. Sin embargo, solo se llevaban supervivientes que fueran útiles en algo, pues aquellos que estuviesen heridos o enfermos solo serían una carga, además de ancianos y niños.

    Durante esos tres meses, Michael logró aclimatarse en su nuevo hogar y formar ciertas amistades allí mientras que Randall estaba más centrado en salir a buscar a Natasha y al resto. Sin embargo, Bernard prohibía a todo aquel que quisiera salir por voluntad propia pues según él no quería perder miembros de su comunidad.

    Randall decidió ofrecerse voluntario la mayoría de las veces que se realizaban salidas al exterior para dejar mensajes e indicaciones a Natasha de dónde se encontraba. Michael le ayudaba en su tarea personal aunque no creía que pudiese funcionar. No obstante, debían hacerlo cuidadosamente porque si alguien se daba cuenta de que dejaban indicaciones de como ir a la base, podrían tener serios problemas con Bernard.

    [...]

    Tres mujeres y un hombre se encontraban alrededor de una fogata en el interior del bosque. A un lado había una furgoneta con las puertas traseras abiertas en la que se podía ver dos colchones juntos que hacían de cama para dos. En la hoguera se estaba cocinando el cuerpo sin vida de un conejo mientras las cuatro personas lo miraban hacerse en silencio.

    — No me gusta hacer fogatas en plena noche — Musitó una de las mujeres, rompiendo dicho silencio — Siento que estamos revelando nuestra posición a cualquiera.

    — Por algo estoy haciendo guardia — Respondió el hombre, de espaldas a la fogata y con una ballesta.

    — Alexa, necesitamos el fuego para cocinar y para mantenernos en calor — Intervino otra de las mujeres, tratando de hacerle entender a su amiga — A mí tampoco me gusta esto, pero es lo que hay.

    — No sería la primera vez que nos vemos sorprendidos por una horda — Dijo Alexa, recordando lo sucedido tres meses antes.

    — ¿Por qué no te callas? — Dijo la que hasta ahora era la única mujer sin hablar — Parece que quieras ser gafe.

    — Cállate tú, Amanda — Contestó Alexa, mirándola con cara de pocos amigos — Te crees muy dura pero no sabías hasta ahora lo que era vivir fuera de un lugar seguro. Estamos tentando a la suerte.

    — Chicas, por favor, no empecéis — Murmuró Natasha, queriendo impartir la paz — Cuando el conejo esté lo suficientemente cocinado, nos lo comeremos y apagaremos la maldita fogata.

    — ¡Silencio! — Stefan apuntó con la ballesta hacia el frente — Creo haber oído algo.

    Instintivamente, Natasha tomó su cuchillo suizo al igual que Amanda sujetaba en sus manos una barra metálica. Alexa llevaba la única arma de fuego del grupo, un rifle de caza. El cuarteto se quedó en silencio mirando hacia la zona donde Stefan creía haber oído algo. Tras un largo minuto sin escuchar nada más, el grupo bajó la guardia.

    — Si hubiésemos encontrado ese lugar del que nos hablaste... — Natasha se dirigió a su amiga Alexa — No estaríamos viviendo en esta situación.

    — Es verdad, llevamos casi tres meses buscando ese sitio del que te habló Rashid — Dijo Amanda, que no parecía creerse nada de eso — ¿Por qué no te dijo su ubicación?

    — Porque él quería llevarnos hasta allí, pero entonces murió durante el ataque de esa horda al bus — Alexa parecía sentirse mal cada vez que hablaba del árabe — Al menos sabemos que hay una comunidad ahí fuera, y no debemos perder la esperanza de encontrarla.

    — No estamos perdiendo la esperanza; estamos perdiendo el tiempo — Stefan se sentó frente a la fogata al lado de Amanda, su pareja — En tres meses habremos peinado un radio de veinte kilómetros a la redonda, mínimo. ¿Qué tan lejos deberá estar ese sitio?

    — ¡No lo sé! — Alexa explotó ante sus compañeros al sentirse presionada y culpada — ¡Solo sé que hay una comunidad por ahí y que voy a encontrarla, con o sin vosotros, joder!

    Stefan, Amanda y Natasha se quedaron mirando a Alexa, que tras sus palabras, decidió irse a la furgoneta a dormir. Tomó el asiento del piloto, pues le tocaba dormir atrás a la pareja formada por Amanda y Stefan.

    — No debimos haber sacado el tema — Natasha se sentía mal por haber molestado a su amiga — Me voy a dormir. Buenas noches.

    La doctora fue la segunda en irse a dormir, tomando el asiento del copiloto, junto a Alexa. Amanda y Stefan observaron con resignación como, al no haber estado pendientes, el conejo se había quemado demasiado.

    [...]

    La luz del Sol comenzaba a salir por el horizonte y sus rayos ya comenzaban a iluminar un campamento lleno de tiendas de campaña y con dos pequeños camiones a un lado. Sobre uno de ellos estaba Ben, que había montado guardia toda la noche y veía el amanecer con nostalgia, pues antes de la caída de la civilización siempre le gustaba despertarse justo cuando amanecía para ver como el Sol iba saliendo. De pronto, sus pensamientos y recuerdos fueron cortados de raíz cuando el líder del campamento le llamó la atención.

    — Ben — Dijo el hombre, corpulento y con una barba poblada que contrastaba con su cabeza rasurada — Tu turno ha terminado. Ve a descansar unas horas.

    Ben asintió y en silencio saltó de encima del camión al suelo. El líder del campamento le dio unas palmadas en la espalda mientras éste se marchaba con escopeta en mano.

    — Ben, el arma. No la necesitas ahora.

    — Claro, toma — Ben obedeció y le dio la escopeta a su líder para acto seguido retomar el camino hasta su tienda de campaña.

    — Hazme el favor y despierta a tu chica, hoy le toca salir con la expedición.

    — Está bien, Park.

    Ben se dirigió a su tienda mientras veía como él y Park, el líder del campamento, eran los únicos despiertos por el momento. El hombre entró en su pequeño hogar y contempló como Jess dormía plácidamente, cosa que le hizo sentir mal pues tenía que despertarla.

    — Eh, Jess, despierta — Ben comenzó a acariciar el rostro de su pareja — Tienes trabajo.

    — Lo sé... lo sé... — Jess no tenía ganas de nada, pero nadie en el campamento desobedecía a Park por el tipo de castigos que éste imponía si no se le hacía caso — Ahora me levanto.

    — No tardes, ya sabes que es lo que pasa si le hacen esperar.

    Ben se recostó al lado de su chica y cerró los ojos mientras al mismo momento Jess los abría y se incorporaba para colocarse la ropa y los zapatos. Dos minutos después ya se encontraba fuera de la tienda y observó como un grupo de cinco la esperaba en la salida del campamento, junto a Park.

    Varias personas ya se habían levantado y se disponían a realizar las tareas tales como lavar la ropa, comprobar las trampas para cazar y asegurarse de que ningún infectado había cruzado el perímetro de seguridad, hecho a base de un hilo con latas. Jess se dirigía hacia la expedición con la que iba a partir en busca de suministros cuando Jonathan se interpuso en su camino.

    Jess observó al que hacia más de tres meses fue su salvador, sacándola a ella y a Ben de Zona antes de que el grupo de Fer les hiciera pagar lo sucedido en la comunidad. Jonathan estaba en unas pésimas condiciones, pero lo más destacable era la falta de su mano izquierda, donde ahora solo había un vendaje sucio para cubrir el muñón.

    — ¿Qué quieres, Jonathan? Tengo prisa — La mujer no quería perder el tiempo.

    — Sé que tienes una salida y quería preguntarte si podrías conseguirme un vendaje limpio, si lo encuentras ahí fuera — Murmuró Jonathan, mostrando el suyo, bastante sucio y desgastado — No nos queda en el campamento y el mío necesita ser cambiado.

    La falta de la mano izquierda de Jonathan tenía una explicación. Todo ocurrió dos meses antes, cuando se cumplía un mes de la estancia de Ben, Jess y Jonathan con el numeroso grupo de Park, que les encontró al lado de una carretera hacía más de tres meses. Ellos les dieron protección, víveres y un lugar en el que permanecer a cambio de trabajar y ganarse el puesto.

    Sin embargo, Jonathan no quería estar allí. No estaba de acuerdo con el método de liderazgo de Park, pues éste castigaba a todo aquel que incumplía sus normas u órdenes, incluso a aquel que quisiera irse del grupo le haría saber que no estaba de acuerdo. Jonathan trató de convencer a Jess y Ben de huir, pero estos se negaron.

    Fue entonces cuando el hombre lo intentó por su cuenta, no sin antes robar algo de comida para tener posibilidades ahí fuera, pero fue pillado por sorpresa por Dominic, uno de los hombres de confianza de Park. Tras esto, Park supuso que Jonathan estaba robando simplemente, por lo que le cortó la mano izquierda en una clara referencia a lo que se le hacía a los ladrones en la edad media.

    Desde aquel día, Jess y Ben dejaron de tener una estrecha relación con Jonathan, conscientes de que podría meterles en líos. El castigo a Jonathan fue visto por todos los miembros del campamento para que sirviera de lección y aviso. Tras ello, nadie intentó robar comida y toda se almacenaba en uno de los camiones bajo llave que solo Park podía abrir.

    — Está bien, si encuentro vendas, te las traeré — Dijo Jess, más por quitarse al tipo de encima que por tratar de ayudarlo — Hasta luego.

    — Adiós, Jess.

    La mujer prosiguió su camino durante unos metros hasta reunirse con los cinco que iban a salir en busca de suministros. Park se encontraba con ellos, mostrándoles una ubicación en el mapa que podría contener comida y demás cosas útiles.

    — ...y si no encontráis nada aquí, seguid buscando — Decía Park a Dominic, quién estaría al cargo del pequeño grupo — Pero no quiero que volváis con las manos vacías, ¿entendido?

    — Totalmente — Respondió Dominic, tomando el mapa que Park le había dado — Volveremos con suministros.

    — Tenéis dos días antes de que movamos el campamento a otro lugar, en el mapa está marcado el próximo sitio en el que nos instalaremos, ya sabes que nos quiero en constante movimiento — Añadió Park ante la atención del resto — Si tenéis problemas, no los traigáis con vosotros, ya sabéis a qué me refiero. Si venís a ésta ubicación y no está el campamento, dirigíos al próximo lugar, nos reuniremos allí. ¿Queda claro?

    — Así es — Dominic se dirigió a una caja que había cerca y comenzó a sacar armas de ella — El único que llevará un arma de fuego seré yo, así que id cogiendo lo que os voy a dar.

    Dominic comenzó a repartir dos machetes, un bate de béisbol y dos cuchillos de caza entre los cinco miembros del campamento que le iban a acompañar. A Jess le tocó llevar el bate.

    — Muy bien, si ya está todo, podéis iros — Dijo Park, esperando a que los seis se fueran.

    — Ya habéis oído al jefe, ¡vamos! — Ordenó Dominic.

    Al solo tener dos camiones para transportar las cosas, el grupo de seis personas que realizaría la misión tendría que dirigirse andando hasta el lugar marcado en el mapa en el que podría haber suministros. El viaje les tomaría algo más de dos horas, por lo que se levantaron pronto aquella mañana para no perder horas de luz.

    [...]

    El grupo liderado por Dominic llevaba una hora andando en dirección al punto marcado en el mapa por Park donde podría haber comida. Al parecer, se trataba de una pequeña tienda que podría haber pasado inadvertida para otros supervivientes, justo a la salida de un pueblo cercano.

    Jess avanzaba por detrás del grupo con la mirada seria y el bate de béisbol en su mano derecha, apoyándolo en el hombro de su mismo brazo. Al frente iba Dominic, que además de portar una navaja de abrir y cerrar, tenía enfundada la única pistola del grupo.

    Park confiaba en muy pocos miembros del campamento, y aquellos que se ganaban su confianza podían portar armas de fuego tanto en el campamento como en las salidas que realizaran en busca de víveres. Dominic era una de esas personas, al igual que Ben, quién parecía caerle bien al líder del grupo y por ello le daba una escopeta cuando hacia guardia.

    El grupo seguía avanzando en completo silencio por el medio de una carretera cuando del interior del bosque salió un podrido que instantáneamente comenzó a gruñirlos. La persona que se encontraba más cerca del infectado era el encargado de eliminarlo, por lo que uno de los hombres se aproximó al no muerto y se dispuso a hundirle el machete en la frente cuando Dominic le frenó las intenciones.

    — No lo mates, Saúl — Dijo Dominic, esbozando una sonrísa cruel mientras veía como el infectado se aproximaba a ellos con los brazos extendidos — Déjalo inútil.

    — Pero, ¿por qué...?

    — ¡He dicho que lo hagas, idiota! — Dominic desenfundó la pistola y se la puso en la frente a Saúl mientras el resto del grupo comenzaba a retroceder al ver que el no muerto estaba cada vez más cerca — Haz lo que te digo o dejaré que ese pedazo de mierda te muerda. Tú verás, amigo.

    Dejarlo inútil era una expresión que Park usaba cuando se encontraba a un infectado y lo mutilaba, literalmente, sin golpearle la cabeza. Aquello solo provocaba que el podrido deambulase por ahí sin brazos, para así no poder pillar a nadie por sorpresa. Era una tontería, pues eliminarlos era lo mejor, pero cuando Park o alguien de su círculo te ordenaba dejar inútil a un infectado, debías hacerlo aunque te pareciera absurdo.

    — Si me quitas la puta pistola de la cara... — Saúl miraba desafiante a Dominic, que volvió a enfundarse el arma — Muy amable.

    Saúl esperó a que el infectado estuviese a una distancia óptima y al tener los brazos levantados, cuando lo tuvo donde quería no le fue difícil cortárselos en dos movimientos rápidos de muñeca. Una vez mutilado, para evitar que se le lanzara y le mordiera, Saúl le pateó el torso, empujándolo varios metros hasta hacerlo caer de espaldas. El podrido trataba de levantarse pero tenía dificultades para hacerlo, momento que Dominic aprovechó para reírse de él y acto seguido indicar que había que seguir avanzando.

    Tras aquella escena, el grupo siguió tal y como Dominic ordenó. Saúl se volteó para ver a Jess y en su cara se podía ver una expresión de incomodidad con lo que acababa de hacer. La mujer decidió mirar hacia un lado, decidida a no hablar ni con él ni con nadie.

    Jess y Ben tenían claro que debían pasar desapercibidos y obedecer sin rechistar, solo así podrían mantenerse con vida. Sabían lo duro que era sobrevivir sin tener un lugar seguro en el que poder dormir, tener protección y comida, por lo que pese a no estar de acuerdo con la forma de liderar de Park y los suyos, preferían eso a quedarse sin esperanza.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola amigo, paso a comentar este capitulo. Instinto realmente ha sido una historia que ha pasado de regular a buena con el correr de los capitulos. Ha mantenido un buen nivel y espero que el final esté a la altura.

    Veo que te ha estado dando varios dolores de cabeza. El capitulo anterior a este es del 30 de marzo (pasaron 6 meses). Hubo un capitulo que luego decidiste borrar y hasta editaste el capitulo anterior a este. Espero que realmente hayas logrado tener la idea correcta para darle el cierre a esta historia.

    Ahora comentaré el capitulo. Veo que el grupo sigue fragmentado después de 3 meses. Imagino que con todo el tiempo que pasó Sally y Alma ya no verán a Fer como un monstruo. Digo, si lo hicieran, ya deberian haberlo abandonado. Pero parece que su situación está de mal en peor.

    Randall y Michael quedaron con Bernard en un refugio diferente al que tenias planeado, y parece que Randy no se rinde en la busqueda de su novia. Michael se ha ganado mi odio maximo a este punto. Ya expliqué por qué en capitulos anteriores y no creo que sea necesario repetirme. Estoy esperando ansioso que se muera. Alguien que nunca ha arriesgado su vida no merece ser un sobreviviente. Sigue vivo porque todos hicieron todo por el. Estoy esperando a que se ponga a hacer algo por los demas o que lo maten.

    Alexa, Amanda, Stefan, y Natasha tambien estan jodidos. Al menos esos meses le habran servido a Stefan para demostrar por completo que el ya cambió, dado a que Alexa no parece importarle mucho. Ahora, me resulta comico que 4 personas no pudieran vigilar a un conejo XD.

    Por ultimo esta el grupo de Park. Parece que Park es un tipo letal, pero ahora se lo ve más razonable que antes. Dominic parece ser de confianza, pero me da la sensación de que Saul (me asombra que ese cobarde siga vivo) no lo es. Ben y Jess son literalmente basura humama. Johnathan los salvó y ellos dos lo han mandado literalmente a la mierda. Imagino que sentiran algo de arrepentimiento por haber hecho lo que hicieron. Me resulta raro el modus operandi del grupo al no matar a los zombis, sino amputarlos. Ahora sabemos que fueron ellos los causantes de que hubiera esa clase de zombis. Me pregunto por que lo hacen.

    Sin mas que decir, quedo a la espera del nuevo capitulo. Saludos.
     
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    Capítulo 2: Cuentas pendientes



    Fer, Sally y Alma habían tenido que dormir esa noche en el interior de un todoterreno que yacía estampado contra el tronco de un árbol torcido. La embarazada se había quedado toda la parte de atrás para ella, pues necesitaba estar alargada para no perjudicar en la medida de lo posible al bebé. La pareja, por otro lado, durmió en los asientos de piloto y copiloto respectivamente.

    A los primeros rayos de sol, el trío emprendió camino hacia el pueblo más cercano en busca de suministros y un lugar en el que pasar varios días seguidos, obteniendo así algo de tregua a su delicada situación.

    Durante el viaje a pie, las dos mujeres y el hombre no tuvieron ningún encuentro con infectados, cosa que agradecieron dado al evidente agotamiento con el que cargaban, pues dormir en un vehículo no era nada cómodo. Tras más de media hora andando, Fer, que iba al frente, divisó la entrada del pueblo a escasos metros.

    — Vamos chicas, solo queda un poco más — Fer trató de animar a sus acompañantes.

    Fer desenfundó el machete que tenía cruzado en el cinturón de su pantalón y se quedó observando la hoja de éste, percatándose de la sangre seca que había en ella. El hombre tenía claro que una vez estuviesen tranquilos en alguna casa, la limpiaría.

    — Fer — Sally llamó la atención de su pareja — ¿Dónde pretendes que nos alojemos?

    — No sé, me vale cualquier vivienda de las que veamos — El trío ya estaba en la primera calle de aquel pueblo.

    — ¿Y por qué no esa tienda? — Sally señaló a su izquierda un pequeño local que hacía esquina con otra calle.

    Fer desvió su rumbo y se dirigió hacia la cristalera del local para observar si dentro había algún podrido. Colocó sus manos como si sujetara unos binoculares y se aseguró de que aparentemente no hubiese ninguna sorpresa indeseable. Tras unos minutos, Fer forzó la puerta con la navaja que portaba Sally.

    Pese a que ya era de día, la penumbra en aquella tienda era evidente. Mientras Sally cuidaba de Alma, el hombre golpeó con su machete la puerta para llamar la atención con el ruido, para que si hubiese algún infectado éste saliese. Para suerte del trío, allí no había nadie.

    — Bueno, no me gusta como sitio en el que quedarnos unos días, así que coged cualquier cosa que pueda servir y seguiremos buscando una casa — Indicó Fer, que no se sentía seguro en una tienda con grandes cristaleras.

    — Tienes razón, desde fuera parecía más seguro — Murmuró Sally, sujetando una mochila en sus manos para almacenar suministros en ella.

    El trío comenzó a observar los estantes de aquella tienda en busca de cualquier cosa que poder comerse. Para su suerte, había algunas barritas energéticas que no dudaron en requisar.

    — Quedaos aquí, voy a ver que puedo encontrar en el almacén — El hombre señaló una puerta cerrada que tenía justo enfrente.

    Mientras las dos mujeres seguían registrando el lugar, Fer decidió inspeccionar la entrada a lo que parecía ser un almacén o sótano. El hombre sujetaba el machete con fuerza mientras con la mano libre abría la puerta, girando el pomo. La oscuridad hizo que no viese nada durante unos segundos hasta que la vista se acostumbró mínimamente. Sin embargo, pese a lo poco que podía ver, Fer quedó boquiabierto al ver diversas cajas aún sin abrir.

    Entusiasmado, el hombre se dirigió rápidamente a abrirlas para comprobar su mercancía y ver si la comida que hubiese estuviese caducada o no. Fer usó el machete para abrir las cajas por el centro y una vez abrió la primera, dejó el arma blanca a un lado. Acto seguido metió la mano y sacó más de esas barritas energéticas que habían encontrado en el establecimiento. Tratándose de una simple tienda, eran conscientes de que no se toparían con comida en conserva o cosas así.

    Como no podía ver la fecha de caducidad de la barrita al estar todo tan oscuro, Fer se volteó dispuesto a salir del almacén para ver a plena luz cuando dos manos huesudas lo tomaron de los hombros y un rostro desencajado se lanzaba contra él, provocando que el hombre cayera sobre el resto de cajas que había allí.

    — ¡Fer! — Sally escuchó varios ruidos extraños que le hicieron dirigirse a ayudar a su pareja.

    Fer forcejeaba con aquel infectado que presentaba signos de estar encerrado allí durante mucho tiempo, encontrándose prácticamente en los huesos. Pese a ello, el hombre no entendía como esa cosa tenía la fuerza de derribarlo.

    Sally entró al oscuro almacén con su navaja en mano y empujó al infectado para quitárselo de encima a Fer, que rápidamente la tomó de la mano y la sacó de allí, encerrando al podrido en su interior.

    — ¡¿Estáis bien?! — Alma se acercó a ellos para asegurarse de que estuviesen bien.

    — Sí... sí... — Murmuró Fer, respirando de manera agitada — Faltó muy poco, esa cosa salió de la nada, estaba oscuro y no lo vi...

    — ¿Encontraste algo? — Preguntó Sally, notablemente hambrienta.

    — Había varias cajas y antes de que el infectado me atacara, abrí una de ellas y tenía bastantes barritas energéticas, al menos eso parecía cuando metí la mano — Explicó Fer, enseñando la única que tomó — Tenemos que encargarnos de ese podrido y tendremos comida para quién sabe cuanto tiempo.

    — Con que le abramos la puerta y salga, bastará — Indicó Alma, que quería obtener esos suministros sí o sí.

    — Entonces no esperemos más y hagámoslo — Dijo Sally, lista para acabar con aquel ser.

    — Muy bien, abriré la puerta mientras la sujetó y cuando esa cosa saque la cabeza ya sabes lo que hacer — Fer se colocó junto a la puerta — ¿Estás lista?

    — Cuando quieras — Musitó Sally, con la navaja en alto.

    — Voy...

    — ¡No! — La embarazada hizo que la pareja frenase en su intento por acabar con el no muerto — ¡Hay gente ahí fuera!

    Fer, Sally y Alma se agacharon tras uno de los estantes y comenzaron a observar a través de la cristalera como un grupo de seis personas se aproximaba directamente hacia la tienda. El infectado que había en el interior del almacén comenzó a golpear la puerta, haciendo que el grupo de supervivientes de fuera se aproximara a la tienda.

    — ¿Es aquí? — Preguntó la única mujer del grupo, al margen de Jess.

    — Así es, la tienda que Park nos indicó en el mapa — Respondió Dominic, guardando el mapa en su mochila — ¿A qué mierda esperáis?

    — Oigo ruidos — Murmuró uno de los hombres, escuchando los golpes del muerto que se hallaba en el interior del almacén.

    — Tú, Saúl; conmigo — Ordenó Dominic, acompañado de un gesto que les indicaba que le siguieran.

    Dominic desenfundó su pistola, la única arma de fuego que tenía el grupo de seis personas, mientras Saúl sujetaba un machete y su otro compañero un cuchillo de caza. Los tres entraron en la tienda con cautela mientras un infectado golpeaba la puerta desde el interior de una habitación.

    Saúl comenzó a inspeccionar la parte derecha de la tienda mientras que Dominic iba por el centro y su otro compañero por la izquierda. Los estantes estaban vacíos excepto por alguna barrita energética suelta, cosa que decepcionó a Dominic.

    — ¡Quietos todos o lo mato!

    Rapidamente, tanto Dominic y el hombre que le acompañaba como los tres que esperaban fuera se percataron de que Saúl había sido retenido por un hombre que curiosamente también llevaba un machete consigo, aunque se veía más desgastado. El hombre tenía sujeto a Saúl por el cuello mientras le colocaba el machete por debajo de la barbilla, decidido a cortarle la garganta si fuese necesario.

    — Tranquilo, amigo — Musitó Dominic, que al encontrarse tras un estante tenía la ventaja de no mostrar el arma que llevaba en sus manos — No hay necesidad de hacerlo.

    Todos permanecían alerta al ver a aquel extraño muy nervioso mientras amenazaba con matar a Saúl. En ese momento, una voz femenina hizo que aquel hombre abriese los ojos como platos.

    — Fer... — Jess no podía creer lo que veía — Dios mío...

    Fer observaba a Jess, que fue una de las causantes de que Zona fracasase bajo su mando, allí de pie con el rostro desencajado. Dominic se sorprendió durante un instante pero al centrar su vista en Fer, comprobó que lo conocía de algo. Sin embargo, decidió mantenerlo en secreto.

    — Fer... ¿es así como te llamas? — Dominic intentaba distraer la atención del hombre — Parece que os conocéis.

    — Sí, así es — Fer seguía sin soltar a Saúl, que pese a todo, no mostraba estar nervioso — No quiero problemas, solo... marcháos de aquí.

    — Me temo que eso no va a ser posible, Fer — Finalmente, Dominic mostró su arma de fuego y acto seguido apuntó a Fer — Suéltalo, ahora.

    — Hazle caso, tienes todas las de perder — Murmuró Jess, que pese al tenso reencuentro, no quería que Fer muriese y menos a manos de alguien tan despreciable como Dominic.

    — Ya he perdido suficiente, en parte, gracias a ti y los tuyos — Fer hizo referencia a Ben, Jonathan y el resto de seguidores de Damián que provocaron el fin de Zona — Lo soltaré porque no veo otra opción.

    — Buen chico — Musitó la mano derecha de Park.

    Fer quitó el machete de la garganta de Saúl y éste regresó con sus compañeros mientras se acariciaba el cuello. Mientras esto ocurría, Sally y Alma permanecían escondidas tras el mostrador de la tienda, justo al lado de la puerta que daba al almacén. Viendo la situación en la que se encontraba Fer, Sally decidió provocar una distracción para huir con Alma, que era la máxima prioridad para la pareja.

    — Espera aquí — Susurró Sally, ante la incertidumbre de Alma.

    — ¿Qué? — La embarazada no sabía que tenía en mente su amiga — ¿Qué pretendes?

    Sally avanzó sigilosamente por el suelo mientras aquel grupo se centraba en Fer, hasta llegar a la puerta del almacén donde el infectado seguía metido. La mujer trató de girar el pomo de manera sigilosa pero éste chirrió y llamó la atención de Dominic, que estaba más próximo a la entrada.

    Al ver a la chica, inmediatamente la reconoció justo al igual que a Fer: ellos estuvieron en la prisión cuando Theodore les lideraba. Debido al impacto de reconocer a la chica, Dominic no actuó y Sally abrió rápidamente la puerta, momento que aprovechó el muerto para salir lanzado contra Dominic.

    — ¡Mierda! — Gritó el hombre, que trató de disparar al infectado pero éste se le echó encima más rápido.

    Dominic comenzó a forcejear contra el infectado mientras dos de sus hombres se aproximaron para ayudarle. Queriendo evitar el posible escape de Fer y compañía, la mano derecha de Park ordenó a Jess, Saúl y el resto que detuvieran al trío.

    — ¡Evitad que escapen! — Gritó Dominic mientras era salvado de ser mordido.

    Fer se encontró cara a cara con Saúl, a quien recientemente había tenido retenido y amenazado. Sin embargo, el hombre no quiso oponerse a Fer y con un gesto le indicó que le despejaba el camino. La otra mujer que estaba en el grupo de Dominic si que corrió a oponerse ante él, sujetando un cuchillo.

    — ¡Apártate! — Sally la empujó contra uno de los estantes, provocando que la chica cayera y éste volcara.

    Lo único que separaba a Fer, Sally y Alma de la salida de aquella tienda era Jess. La mujer, que cargaba con machete, se quedó paralizada.

    — Será mejor que te ap...

    — ¡De aquí no sale nadie! — El grito de Dominic frenó en seco a Fer, que estaba frente a Jess — Vosotros vais a veniros conmigo.

    — ¿Por qué? — Fer se volteó y vio que Dominic les apuntaba con el arma de fuego mientras esbozaba una sonrisa.

    — Porque tenemos cuentas pendientes.

    [...]

    — Cada vez hay más agolpándose contra las vallas — El hombre clavó una palanca de hierro en la frente de un infectado que se agarraba a la verja — ¿Crees que pueda haber una horda cerca?

    — Es posible, quizá algunos se estén desviando del rebaño, por así decirlo — Respondió Randall, imitando la acción anterior de su compañero — Dime Marko, ¿cuando realizaremos la próxima salida? ¿Sabes algo?

    — Sinceramente, Randy, no tengo ni idea — Musitó Marko, observando que ya habían terminado de matar a los infectados agolpados sobre las vallas — El invernadero va bien, tenemos reservas para varias semanas, tenemos munición... creo que tomará un tiempo hasta que volvamos a salir ahí fuera.

    — Ya, bueno, supongo que tienes razón.

    Randall y Marko dejaron las palancas de hierro sobre una mesa que tenían cerca y se dirigieron al interior de la base militar. Dicha base era enorme, pero el grupo tan solo tenía asegurada la zona B del complejo, estando las zonas A, C y D destruidas o invadidas por podridos.

    Bernard tenía un plan de futuro en el que asegurarían el resto de zonas una vez convirtiesen la base militar en una comunidad próspera, aunque todo eso llevaría tiempo. Michael se hallaba en el interior de un hangar realizando inventario de armas junto a Kate, una de las soldado que vivía allí.

    — Tenemos nueve Glock, diecisiete carabinas, tres lanzagranadas y doce escopetas semi automáticas — Kate ojeaba el historial de armas en una libreta mientras mordisqueaba el bolígrafo con la boca — Somos veintiseis personas en el refugio, así que creo que tenemos armas de sobra para defendernos.

    — Parece que sí — Michael observaba con curiosidad uno de los lanzagranadas — ¿Alguna vez has usado uno de estos?

    — Un par de veces — Murmuró Kate, dejando la libreta para prestar atención a su compañero — Cuando nos encontramos con una horda, solemos usarlos. Tendrías que ver como vuelan trozos de carne por los aires.

    — Suena divertido — Musitó Michael, colocando dicho lanzagranadas en su lugar correspondiente.

    — Lo es, te lo aseguro — Dijo una voz a espaldas de Michael.

    Se trataba de Patrick, más conocido como Patt. Era el más joven de los cuatro soldados que se encontraron a Mike y Randall. Bernard, Kate, Marko y Patrick limpiaron la zona B de la base, convirtiéndola en una zona segura.

    — Joder, ¿soy el único que no ha probado un trasto de esos? — Michael tenía ganas de disparar una granada contra una horda.

    — Los únicos que hemos tenido ese privilegio somos Kate y yo — Dijo Patt, sonriendo de oreja a oreja — Pero oye, con un poco de suerte, la próxima vez te dejan usarlo.

    — Sí, claro. Ojalá — Musitó Michael, volteándose para encontrarse justamente con Randall y Marko llegando — ¡Hey! ¿Qué tal ha ido la limpieza en las vallas?

    — Bastante tranquila, aunque me preocupa que cada vez hay más de esas cosas ahí — Explicaba el soldado Marko — Voy ahora a hablar con Bernard, quizá debamos salir a ver si tenemos una horda a la vuelta de la esquina. Nos vemos, chicos.

    — Voy contigo — Indicó Patrick, acompañando a su compañero.

    — A mí me toca hacer guardia en cinco minutos, nos vemos más tarde... Michael — Murmuró Kate mientras salía del hangar.

    — Por supuesto, Kate — Michael se mordió los labios mientras observaba el culo de la chica.

    — Deja de hacer esa mierda, pareces un baboso — Le recriminó Randall, aguantándose la risa — Oye, ahora que estamos solos, quería hablarte de algo.

    — Cuéntame, amigo.

    — Necesito que me cubras esta noche en la cena — Dijo Randall con seriedad.

    — ¿Qué? ¿Por qué? — Michael comenzó a molestarse — ¿Qué mierda pretendes?

    — Voy a salir a buscar a Natasha, esta noche me toca hacer guardia y es mi oportunidad — El hombre parecía tenerlo decidido.

    — ¡Estás loco, joder! ¡No voy a cubrirte! — Michael susurraba molesto — ¡Sabes que si se enteran de que estás fuera, no te dejarán volver a entrar! ¡Bernard no deja que nadie salga salvo cuando tenemos que hacerlo para buscar suministros! ¡Maldición, Randall, vas a estropear esto!

    — Voy a buscar a mí mujer, te guste o no — Dijo Randall, manteniendo su postura — Solo te pido que me hagas ese favor. Di que no me encontraba bien y me he quedado en la habitación. Si descubren que me he ido, puedes decir que no lo sabías.

    — ¡Haz lo que quieras, joder! — Exclamo Michael, bastante molesto con su amigo — ¡Es el último puto favor que te hago! ¡Si quieres problemas, adelante, pero no me involucres!

    — Gracias Mike — Randall dio media vuelta y se fue por donde vino — A veces pienso que no eres tan capullo como aparentas ser.

    Michael observó con recelo a su amigo e hizo lo propio, yéndose directamente a la habitación que ambos compartían. El hombre estaba realmente molesto con la actitud de su compañero y no entendía porque seguía teniendo esperanzas de encontrar a Natasha y al resto.

    Tras tres meses, Mike tenía asumido que todos estaban muertos y que debían comenzar una nueva vida allí en la base junto a su nuevo grupo.

    [...]

    — ¿Y bien? — El rostro de Amanda reflejaba cierta preocupación.

    Stefan se encontraba frente la parte delantera de la furgoneta con el capó levantado mientras salía una leve cantidad de humo blanco que hacía presagiar lo peor.

    — Creo que esta cosa no va a llevarnos mucho más lejos — Indicó el hombre, cerrando el capó con furia — Maldito trasto.

    — Nada, ¿verdad? — Natasha hablaba con indiferencia — Sigamos avanzando a pie.

    — ¡¿Pero a dónde?! — Exclamo Stefan, que no pudo contener la frustración que llevaba dentro — ¡Ese es el jodido problema! ¡No sabemos a dónde vamos!

    Alexa se aproximó a Stefan con la mirada seria y plantándole cara ante la mirada de Natasha y Amanda.

    — Gritando no ayudas una mierda — Murmuró la chica, sujetando el rifle — No quedan muchas horas de Sol, así que lo mejor será encontrar un sitio más cómodo en el que pasar la noche.

    — Estoy de acuerdo — Musitó Natasha — Dormir en la furgoneta es horrible.

    — Entonces no perdamos más tiempo — Amanda apartó a Alexa y se interpuso entre ella y su pareja — Stefan y yo cargaremos con las cosas.

    Alexa respondió a Amanda con una mirada fulminante y acto seguido retomó el camino hacia delante, acompañada de Natasha. La pareja fue a la parte trasera de la furgoneta y recogió las pocas pertenencias que se habían dejado en el vehículo.

    — Quizá deberíamos irnos — Propuso Amanda de manera repentina — Tú y yo. No las necesitamos.

    — ¿Qué carajo dices? — Stefan se sintió defraudado con las palabras de su mujer — Eso de ir cada uno por su cuenta nunca termina bien.

    — ¿A qué te refieres?

    — La última vez que probé suerte aquí fuera con alguien, las cosas no fueron bien y tuve que abandonarlo a su suerte — Contaba el que fuera un preso antes del fin de la civilización — Cuantos menos seamos, más problemas habrá. Al menos, así lo veo.

    — ¡Yo no soy como ese chiflado! — Exclamo Amanda, haciendo referencia a Theodore — ¡Espero que no te equivoques con esto!

    Visiblemente enfadada, Amanda tomó sus cosas y comenzó a caminar siguiendo los pasos de Alexa y Natasha, que ya estaban algo adelantadas y no habían oído nada de la conversación. Stefan frunció el ceño, molesto por la reacción de la mujer, y se dispuso a seguirla.

    Los cuatro supervivientes estuvieron vagando durante dos horas y cada vez el Sol se iba escondiendo más. Había poca luz y el grupo seguía sin encontrar alguna casa aislada en la que descansar, por lo que las esperanzas de poder dormir esa noche comenzaban a desvanecerse.

    De pronto, Alexa dejó de avanzar hacia el frente para centrar su atención a un lado de la carretera, donde había un lago y espeso bosque. Al verla, sus compañeros se extrañaron y miraron al mismo lugar que ella.

    — ¿Lo veis? — La chica señaló con el dedo una zona del bosque — Viene hacia nosotros.

    — Mierda, parece un solo tipo, ¿no? — Stefan trataba de analizar la situación.

    — El problema es que solo tenemos un arma de fuego y no tenemos ninguna cobertura donde escondernos — Añadió Amanda.

    — Pues va a tocar enfrentarlo de cara... — Murmuró Alexa, apuntando con el rifle a la luz de una linterna que se movía por el bosque y que en unos segundos se toparía con ellos — ¡Eh, tú, quieto ahí!

    Aquella persona frenó en seco pero no dejó de apuntar al grupo con la linterna y tras varios segundos en silencio, la dejó caer al suelo. Pese a la poca luz que había, el grupo reconoció un rostro familiar en aquel hombre solitario.

    — ¿Randall...? — Dijo Natasha con una expresión de enorme sorpresa en el rostro.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, amigo. Ha sido un capítulo liviano pero interesante sin duda. Parece que el destino quiere que Park y Fer se vuelvan a encontrar. Me pregunto cómo se llevarán. Ahora que ha pasado mucho tiempo, tal vez no se guarden resentimiento por el pasado. No debería, ya que fue gracias a Fer que Park logró deshacerse de la tiranía de Theodore y convertirse en un lider de un grupo grande de gente. Imagino que tal vez Dominic le guarde algo de rencor. Por las acciones de Saul, creo que a él no le interesa. Me sorprende la reacción de Jess, y tengo ganas de ver a los últimos de los seguidores de Damian hablando con Fer sobre lo ocurrido. Sobre todo, ya que eso causó la muerte de Gabriel.

    Por otro lado, parece que Mike y Randall llevan una vida relativamente tranquila. Están seguros, armados y bien suministrados. Debo decir que Michael es el tipo con más suerte en la historia. Nunca ha tenido que hacer nada que pusiera en peligro su vida (a diferencia de su hermano, y fue justamente eso lo que causó su muerte) y ahora es de los más cómodos en el mundo en el que viven. Si algún dia ocurre un apocalipsis, quiero que me toque la misma suerte que él. Conseguir pareja, refugio y ver como se mueren todos menos yo mientras no hago nada al respecto XD. Randall es un buen tipo, y me alegra que haya logrado reencontrarse con su pareja. Al menos eso parece.

    Por otro lado, Amanda está deseando irse por su cuenta y no creo que les vaya muy bien. Tal y como dijo Stefan, en grupo están más seguros. Tienen que conseguir más recursos, pero la fuerza es mayor. Parece que Alexa está molesta porque no logra encontrar el refugio de Rashid, mientras que Natasha se toma las cosas con más calma. Me pregunto que es lo que hará Bernard cuando vea que cuatro personas más llegan a su puerta. Ya que dudo que Randall sea tan estúpido para ir de frente y decirle que ha salido sin autorización, y me imagino que, o bien planea algo para que puedan entrar, o se irá por su cuenta con ellos.

    Te marcaré dos errores que encontré:

    La tilde no debería ir.

    Creo que quisiste poner "largo", aunque podría ser que hicieras referencia a un lago al lado del bosque. Pero no me dio la sensación.

    Eso será todo por ahora. Saludos.
     
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  7. Threadmarks: 7x03: Una idea equivocada
     
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    Capítulo 3: Una idea equivocada




    Una serie de mesas conjuntas se situaban en el centro de un amplio pabellón militar que antes era usado como galería de tiro. Casi treinta personas tomaron asiento mientras conversaban las unas con las otras y se servían la cena, todo verduras cultivadas del invernadero. El líder de la base decidió tomar la palabra justo antes de comenzar a cenar, incorporándose y atrayendo la atención de todos los presentes.

    — Hoy, he tachado el día doscientos siete del calendario que tenemos aquí — Comenzó diciendo Bernard, el militar líder del complejo — Con esto quiero decir que hoy hace más de seis meses que convivimos en un área segura.

    La gente, entre la que se encontraba Michael, Marko, Kate y Patt, comenzó a aplaudir tras las palabras del soldado, orgulloso de la evolución que había experimentado su refugio en tan solo medio año.

    — Ha habido algún que otro momento difícil... como la pérdida de nuestro gran amigo, soldado y explorador, Rashid — Bernard agachó la cabeza, recordando a su fallecido amigo y compañero — Sin embargo, su legado perdura en todos vosotros, que estáis aquí gracias a él y a su juicio.

    Michael recordó la primera vez que se encontró con Rashid. Él y Alexa tenían serias dudas sobre si era de fiar pero el árabe se ganó la confianza de ellos y tiempo después de todo el grupo.

    Tras el ataque de aquella horda al bus, él y Randall fueron hallados por el grupo de soldados de Bernard y los llevaron a la base, sin esperar que se tratase del hogar de Rashid. Él nunca les dijo nada de una comunidad, sin embargo, parecía que les estaba llevando directos a una.

    Cuando Mike y Randall contaron su historia a Bernard y le hablaron de Rashid, todo encajó. Ellos eran los últimos supervivientes que Rashid se disponía a llevar a la zona B de su base militar. Su sacrificio tomó más sentido para el dúo desde que supieron lo que hacía el árabe.

    — Por suerte, hemos tenido más buenas que malas noticias y eso es motivo de celebración suficiente para mí — Indicó Bernard, visiblemente emocionado — Estamos trabajando en prosperar, en crear un sitio sostenible en el que vivir... y es todo gracias a cada uno de nosotros, que contribuimos en algo para mejorar este sitio día a día. Así que, desde mi más humilde posición... muchas gracias a todos.

    Finalizado el emocional discurso de Bernard, la gente aplaudió de nuevo durante un largo minuto hasta que la situación se calmó y se dispusieron a cenar. Michael se limitó a cenar en silencio mientras veía de reojo la silla vacía a su izquierda, lugar en el que tendría que estar Randall.

    Mientras éste cenaba, Kate se aproximó a él y se sentó en el sitio vacío junto a su cena. Mike se sorprendió por ello pero no dijo nada.

    — ¿Te importa que me siente aquí? — Kate no quería ser maleducada.

    — No, tranquila — Musitó Michael, concentrado en comer.

    — ¿No se supone que aquí debería estar Randall...?

    La pregunta por parte de la mujer fue tan repentina que incomodó bastante a Michael, al que le costó tragarse el alimento debido a los nervios.

    — N-no... no se encuentra bien, lo dejé en la... habitación... — Michael salió del paso con una excusa barata que esperaba que pudiese funcionar.

    — ¿Qué le ocurre? — Kate no era una mujer delicada ni inocente, por lo que sabía que Mike no decía del todo la verdad.

    — No sé, no me dijo nada más — El hombre dejó de comer, fruto de los nervios de que su tapadera fuera descubierta.

    Kate se quedó mirando fijamente a Michael, mostrándose más seria de lo normal. El hombre sabía que Kate no se estaba creyendo en lo absoluto la pantomima que le estaba contando y el silencio comenzó a incomodarle.

    Sorpresivamente, la mujer se levantó de la silla dejándose el plato con la cena y Michael observó como ella se dirigía hacia Bernard. El terror a ser descubierto lo invadió por completo y Mike solo quiso esperar a que Bernard le recriminase su postura.

    Efectivamente, Bernard se levantó de su asiento con seriedad y se dirigió acompañado de Kate hacia Michael, ante la mirada de algunas personas que se extrañaron de ver aquella situación en una noche de cena.

    — Michael, tenemos que hablar — La seriedad del líder del refugio denotaba que sabía algo, o al menos se lo olía.

    — Ah, sí, claro — Murmuró Michael, incorporándose — Te sigo.

    Kate sonrió a Michael de forma burlona y provocativa tras esto, cosa que al hombre no le gustó en lo absoluto. Para Michael, Kate era tremendamente atractiva pero era una mujer peligrosa y muy difícil de manipular. El trío salió del hangar y se dirigió a un edificio cercano de la base donde se hallaban las habitaciones de los supervivientes de la comunidad y el despacho principal donde Bernard tomaba decisiones o se reunía con gente.

    Tras recorrer varios pasillos y subir un par de escaleras, los tres llegaron a dicho despacho donde el líder fue directo su asiento. Kate se quedó en la puerta, quizá para evitar una posible fuga de Michael, mientras Bernard se quedó sentado frente a éste con una mirada muy seria.

    — ¿Dónde está Randall? — Preguntó Bernard directamente.

    Michael no sabía que hacer. Por un lado, sentía que ya le habían pillado y que seguir con la mentira tendría graves consecuencias para él. Por otro lado, si confesaba la verdad sabía lo que podría pasarle a Randall. Finalmente, tras debatirlo internamente durante unos segundos, Mike tomó una decisión.

    — No lo sé — El rostro de Michael pasó de parecer preocupado a mostrarse inflexible.

    — Michael, lo mejor será que nos digas la verdad — Kate comenzó a masajear los hombros del chico por detrás — No me gustaría que te pasara algo.

    Michael frunció el ceño, consciente de que ya estaba realmente jodido y tendría que afrontar las consecuencias. Pocas veces en su vida había dado la cara por alguien que no fuese su hermano Brandon, y esta vez, no iba a dejar que a su amigo Randall le privasen de encontrar a su chica.

    — Ya sabes que pasa cuando se desobedecen las reglas aquí, Michael... — Bernard se levantó de su silla, rodeó la mesa y se colocó cara a cara con Michael — Última oportunidad: ¿dónde está Randall?

    — No lo sé.

    Instantáneamente, Kate pateó la pierna derecha de Michael para colocarlo de rodillas ante el líder del refugio, que se quedó quieto y mirando con rabia y resignación al hombre.

    — Has hecho mucho por éste sitio desde que llegaste, hace más de tres meses — Bernard miraba fijamente a Michael — Es una pena que te creas más de lo que realmente eres: parte de un sistema. Sabes que no puedo permitir que la gente salga de aquí, necesito personas para mejorar éste sitio.

    — Randall ha salido a buscar a su mujer y a sus amigos — Dijo Michael, permaneciendo de rodillas mientras Kate lo sujetaba de los hombros — Traerá más gente, ¡y más gente mejorará éste sitio!

    — El único que puede traer gente aquí, soy yo — Bernard se mostraba inflexible — Ambos habéis cometido un error, y como bien sabes, yo no tolero errores.

    — Si Rashid hubiese sabido en que te has convertido después de su muerte...

    Kate interrumpió las palabras de Michael colocando un cuchillo de hoja fina sobre la yugular del hombre. La mujer presionó un poco sobre la piel y logró hundir la hoja lo suficiente como para que el cuello del hombre comenzara a sangrar de manera lenta.

    — Si quieres librarte del castigo, te ofrezco una oportunidad — Bernard sonaba decisivo — Vas a salir ahí fuera y me vas a traer a Randall de regreso, y si está con tus amigos, a ellos también. Además, no dirás ni una palabra sobre esto.

    — Te aconsejo que aceptes, Mike — La voz era de Marko, que se encontraba justo en la puerta que daba al despacho acompañado de Patrick, uno de sus compañeros.

    Michael sentía impotencia por todo. Tanto él como Randall sabían que las reglas y la política de Bernard no eran especialmente justas y que a veces podía incluso sobrepasar límites. Sin embargo, la desesperación hizo que aceptasen las normas con resignación, pues al fin y al cabo era un nuevo hogar.

    Ahora, no obstante, no iba a dejar que se saliesen con la suya. No podía seguir fingiendo que las cosas eran geniales y que vivían en armonía. Bernard y los suyos no eran unos psicópatas sádicos pero sí peligrosos y conflictivos. Michael alzó la mirada para observar fijamente los ojos de Bernard, que los tenía clavados en los del hombre arrodillado.

    — No voy a hacer una mierda por vosotros — Dijo Michael con contundencia — Para mí, éste sitio está acabado.

    Bernard cerró los ojos y apretó los puños con rabia pero finalmente se contuvo. Tras unos instantes en completo silencio, el líder del refugio dio media vuelta y se dirigió hacia una de sus ventanas, donde comenzaban a golpear algunas gotas de lluvia, fruto de una tormenta que se les echaba encima.

    — Tienes razón — Murmuró Bernard con absoluta frialdad y sin mirar al hombre — Éste sitio ha terminado para ti.

    Bernard chasqueó los dedos y en ese momento Kate rajó por completo el cuello de Michael, que comenzó a ver como de su yugular brotaba una incesante cantidad de sangre. El hombre luchaba por colocar sus manos en la herida pero en menos de un minuto, Michael se ahogó en su propia sangre ante la mirada de Marko, Patt y Kate, su asesina.

    — Deshaceos de él y dejadme a mí la explicación a la gente — Bernard seguía manteniendo su mirada a través de la ventana — Es probable que Randall regrese con su gente, si la encuentra.

    — ¿Qué haremos entonces, señor? — Preguntó Patrick con curiosidad.

    — Necesitamos personas para construir un futuro, pero no la clase de personas que desobedecen las reglas — Dijo el líder de la base militar — Yo me encargaré de que Randall, solo o acompañado, descubra que su amigo salió ahí fuera a buscarle y terminó brutalmente asesinado por alguien desconocido. El miedo infundado en la gente parece ser la única forma de que no salgan ahí afuera salvo que sea en una misión de suministros.

    [...]

    Fer observaba con seriedad y estado de alerta a su alrededor mientras era escoltado junto a Sally y Alma por cinco personas, exceptuando a su líder que iba en cabeza. Dominic se volteó para observar a los capturados y cuando su mirada se cruzó con la de Fer, el primero sonrió con ironía mientras que éste último apretó los dientes con ira.

    Al frente de todos ellos, la luz de una fogata iluminaba diversas tiendas de acampar por el alrededor y dos camiones de tamaño pequeño a cada lado, sobre cada uno de ellos había un guardia armado. El silencio de la noche era interrumpido por sonidos de insectos y murmullos de la gente que veían como Dominic y los suyos llegaban con tres personas desconocidas.

    — ¡Ya han regresado! — Gritó una mujer, alertando al resto de la gente.

    De una de las tiendas salió Park, interponiéndose en el camino de Dominic que iba al frente de su grupo. El resto de gente observaban con curiosidad a las tres nuevas personas que habían llegado. El líder del campamento hizo lo mismo, sorprendido de ver caras nuevas.

    — Dom, ¿quiénes son estas personas?

    — Los encontramos en la tienda que fuimos a saquear — Respondió Dominic — Por cierto, nada interesante. Solo hemos encontrado decenas de cajas con barritas energéticas.

    — Es mejor que nada — Musitó Park, centrado en Fer, Sally y Alma — ¿Hubo problemas?

    — Digamos que nuestros nuevos amigos no querían acompañarnos y los hemos tenido que traer un poco a la fuerza — Indicó el segundo al mando de Park, señalando a los capturados.

    Park se aproximó lentamente hacia Fer, Sally y Alma mientras los observaba de arriba a abajo. Jess parecía tensa mientras que Saúl tenía una mirada seria.

    — Es sorprendente que a estas alturas aún haya gente que prefiera sobrevivir sin la protección de un grupo — Dijo Park en referencia a la negación de Fer y las chicas por ir con Dominic al campamento — Hoy en día las probabilidades de sobrevivir ahí fuera son escasas.

    — Prefiero arriesgarme — Dijo Fer, cortante.

    Park sonrió levemente y centró su vista en Alma. La chica le resultaba muy familiar, pero lo que tenía al líder del campamento intrigado era verla con una barriga de embarazada.

    — ¿De cuantos meses? — Park señaló la panza de la chica.

    — Cuatro meses — Musitó Alma con seriedad.

    Park asintió ante la respuesta de Alma y tras quedarse dubitativo durante unos segundos, decidió acomodarla considerando su estado.

    — Jess, ¿te importaría llevarte a la embarazada al camión? Seguro que tiene hambre y come por dos, así que...

    — Yo voy con ella — Intervino Sally, que no iba a abandonar a su amiga — Por favor.

    — Claro, por supuesto — Murmuró Park, haciendo una mueca de resignación — El tipo se viene conmigo, tenemos que hablar.

    — Park, antes me gustaría hablarte de algo... — Dijo Dominic, que parecía tener algo importante que decir.

    — Sea lo que sea, puede esperar — Respondió Park, volteándose hacia Fer e indicándole con el dedo que le siguiera — Ven conmigo.

    Jess llevaba a Alma y Sally hacia uno de los camiones donde almacenaban la comida. Fer estaba tenso por no poder quedarse con ellas pero confiaba en que Sally protegería a Alma y el futuro niño que tenía dentro.

    Guiado por Park, Fer avanzaba detrás de él mientras dos tipos más le vigilaban para evitar que hiciese nada estúpido. El hombre observaba el lugar improvisado que había allí, con gente cocinando en las fogatas, trampas con latas para ser alertados si algún infectado irrumpía en el campamento...

    Sabiendo que en su tienda de campaña no tendrían mucha privacidad, Park decidió llevar a Fer lo suficiente lejos del campamento como para poder hablar tranquilamente. Junto a dos de sus hombres, que se limitarían a vigilar que no se aproximara nada ni nadie, el líder del campamento invitó a Fer a sentarse sobre una gran roca mientras éste lo hacía sobre un tronco de árbol caído.

    Entre ellos dos se hallaba un farolillo con una vela que se había consumido por la mitad, pero que hacía la luz suficiente para que ambos pudiesen verse el rostro en la conversación.

    — ¿Cuál es tu nombre? — Comenzó preguntando el líder.

    — Fer — Musitó el hombre, sin inmutarse — ¿Y el tuyo?

    — Park.

    — Eres el líder de ésta gente, ¿verdad?

    — Así es — Respondió Park — La chica embarazada... ¿cómo se llama?

    — ¿Te importa? — Fer no entendía esa repentina pregunta y se mostró muy serio al oírla.

    — Creo que la conozco — Murmuró Park, con los dedos de las manos entrelazados los unos con los otros — Y tú también... creo que nos hemos visto antes...

    — Sois presos, lo sé — Dijo Fer de manera repentina, sorprendiendo a Park — En cuanto vi a ese tal Dominic, lo supe.

    — Joder, ¡el mundo es un pañuelo! — Exclamo Park, riéndose — En fin, destruisteis nuestro hogar, ¿lo sabes?

    — Te equivocas, eso lo hizo una horda — Murmuró Fer — Tu líder psicópata capturó a parte de mi gente y los demás fuimos a sacarlos de allí. No tuvimos nada que ver con esa horda que se os vino encima. Fue una buena distracción, la verdad, pero no estaba planeado.

    — Tranquilo, amigo, no necesito explicaciones — Park le restaba importancia a lo ocurrido en el pasado — ¿Qué fue lo que pasó con Theodore? ¿Os encontró?

    — Mató a varios de los nuestros; tuve que asesinarlo.

    — ¿Estaba solo? — Park se acordaba de que Theodore viajaba con Stefan la última vez que lo vieron.

    — Sí, vino por venganza — Fer no quería hablar más de ello — Dime, Park, ¿qué quieres de nosotros?

    — Que os quedéis aquí, que trabajemos juntos — Murmuró el líder, tratando de convencerlo — Estaréis a salvo, juntos somos más fuertes.

    — No tengo intención de quedarme — Dijo Fer, firme en su decisión — Espero que eso no sea un problema.

    — No lo es — Musitó Park, mostrándose muy serio — Si queréis iros, está bien, pero la embarazada se queda.

    [...]

    Stefan, Amanda y Alexa observaban con emoción como Natasha y Randall se abrazaban, reencontrándose tras más de tres meses sin verse. El hombre no podía creer que tras salir de la base militar se hubiese encontrado en las proximidades con su mujer. Por otro lado, la chica estaba igual de sorprendida pero feliz de haber encontrado finalmente a su pareja.

    Tras varios largos minutos de abrazo con su mujer, Randall observó al resto de sus amigos. En su rostro se podía ver la emoción de haberse reunido con ellos, pese a que faltasen algunos. Randall se dirigió primero a Stefan y le tendió la mano, que fue rápidamente aceptada por el ex preso. Acto seguido, el hombre abrazó a Amanda e hizo lo propio con Alexa.

    — ¿Dónde están los demás? — Preguntó Randall, suponiendo que el resto del grupo se hallaba con ellos — Fer, Sally, Alma...

    — No lo sabemos — Respondió Natasha, cabizbaja — Solo somos nosotros cuatro.

    — Mierda... — Musitó el hombre, deprimido por la noticia.

    — ¿Y Michael? Estaba contigo cuando la horda nos atacó, ¿cierto? — Alexa estaba preocupada por su otro amigo.

    — Así es — Dijo Randall, dispuesto a explicarles donde se encontraba Mike — Tras separarnos de vosotros, nos encontramos con un grupo de militares que nos llevó a su base, es una zona segura.

    — ¿Militares? — Amanda estaba impactada — ¿De verdad?

    — Sí, lo son — Murmuró Randall con seriedad — Nos llevaron a mí y a Michael a su lugar, les contamos nuestra historia y hemos estado viviendo allí desde entonces. Mike está allí, cubriéndome para evitar que sepan que he salido por mi cuenta.

    — Pero, ¿no les dijisteis que saliesen a buscarnos? — Natasha no lograba entender que hubiese costado tres meses reencontrarse.

    — Les explicamos lo ocurrido, pero esa gente no realiza rescates y se niega a que los residentes de la zona segura salgan al exterior por su cuenta — Explicó Randall, justificándose — Es complicado, pero lo entenderéis todo cuando regresemos.

    — ¿Está cerca? — Preguntó Stefan, agotado de caminar.

    — Lo está, he salido de allí sin vehículo — Indicó Randall, visiblemente alegre de regresar al refugio con sus amigos — Allí nos pondremos al día.

    Stefan, Amanda y Natasha se dispusieron a seguir a Randall a la base militar, sin embargo, Alexa no parecía dispuesta. El resto de sus compañeros se voltearon, extrañados, de que la chica no les siguiera.

    — ¿Qué ocurre, Alexa? — Randall estaba confundido — ¿Estás bien?

    — No puedo ir con vosotros — Murmuró la chica, apenada — Yo... debo buscar la comunidad de la que Rashid me habló.

    Stefan, Amanda y Natasha entendían de qué hablaba, pero Randall no. No obstante, el hombre rápidamente recordó que Rashid formaba parte de la base militar, pues era soldado.

    — Esa comunidad de la que hablas... es la base militar a la que nos dirigimos — Dijo Randall, con una tímida sonrisa en su rostro.

    — ¿De qué hablas? — Alexa no entendía nada — Horas antes de que esa horda atacara el bus, Rashid me contó en privado que era un explorador y nos estaba llevando a su comunidad, me lo contó porque confiaba en mí.

    — Entonces todo encaja — Indicó Randall — Cuando Mike y yo contamos nuestra historia y les hablamos de Rashid, ellos nos dijeron que se trataba de uno de los suyos. Así que si lo que dices es cierto, Rashid nos estaba llevando a esa base militar.

    Alexa se quedó boquiabierta al igual que los demás. Pese a ser todo muy repentino, el árabe, incluso muerto, había logrado reunir a la mayoría del grupo. La mujer respiró profundamente al recordar a su amigo Rashid, y en el fondo sentía una alegría inmensa de haber encontrado ese lugar prometido.

    Decididos, los cuatro supervivientes siguieron a su viejo amigo a través del bosque mientras la noche seguía silenciosa. Tras meses deambulando a la deriva, las cosas parecían asentarse de nuevo.

    Lo que tenían claro es que una vez reunidos, buscarían la forma en hallar al resto del grupo. Sin embargo, lo que no sabían, era que Bernard y los suyos tenían una idea equivocada de como crear un nuevo futuro para todos, y Michael había pagado las primeras consecuencias de la salida fructífera de Randall al exterior.
     
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    Reydelaperdicion

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    Hola amigo, paso a comentar el capítulo. En primer lugar, AL FIN. Al fin Michael está muerto XD. Primera vez que ese inútil hace algo por alguien más. Si no recuerdo mal, es la primera vez que hace algo por alguien que no sea él mismo (tampoco hacía cosas por él mismo, sino que enviaba a otros a hacer el trabajo sucio). Que bueno que ya no seguirá viviendola de gratis. Aunque me parece algo excesivo que Bernard lo haya matado de esa forma. Podría ser comprensible, pero me parece demasiado. Ahora Randall, Natasha, Alexa, Amanda y Stefan van a llegar a un lugar en el que las cosas serán demasiado estrictas. Imagino que es gracias a eso que consiguieron llegar tan lejos en un apocalipsis zombi, pero ser tan extremo podría espantar a la gente y provocar caos.

    Por otro lado, parece que Fer tendrá problemas. Aunque de primera vista, el grupo de Park no parece guardarles ningún rencor por las cosas del pasado, ni tampoco parece que tendrán problemas por lo ocurrido en la tienda, si quieren retener a Alma, les será muy difícil escapar. Me pregunto como se las arreglarán para escapar, y si los dos grupos volverán a juntarse y en qué circunstancias lo harán.

    Me resulta algo raro que Rashid hablara tan bien de la comunidad siendo que Bernard no es un ángel precisamente. O quien sabe, incluso cabe la posibilidad de él tampoco conociera ese lado suyo.

    Déjame decirte que estoy notando una disminución en la calidad en la historia. Cuando apareció Zona, te tomaste el tiempo de mostrar a personajes como Oscar, Ben, Jess, Ezequiel, y Damian. Ahora no hemos visto casi nada de Bernard, Kate, ni sus dos compañeros, más allá de un par de diálogos que nos muestran muy poco de la personalidad de estos.

    Eso sumado a que no he visto zombis en este capítulo. Instinto ha tenido niveles entre regulares y buenos, pero ahora se ve como la idea está cansando. Disculpa si suena duro, pero así lo siento. Se nota que esta historia te está costando. Los capítulos de antes eran más largos y mejore, además de que ahora son cortos y se notan más acelerados. Aunque no es difícil darse cuenta si miramos que has borrado un capítulo que habías publicado y que incluso editaste otro. Te deseo suerte para que la historia tenga un buen final a nivel de lo que estuvo mostrando desde su arranque. Saludos.
     
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  9. Threadmarks: 7x04: Una forma de vivir
     
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    Capítulo 4: Una forma de vivir





    — No voy a permitir que nos forcéis a quedarnos — Fer se encaró con Park, que era el doble de grande y media casi dos metros — Pensaba que eráis personas con capacidad de raciocinio, pero veo que me he equivocado.

    — Fer, estamos razonando aquí — Murmuró Park, confiado — Tu amiga debe quedarse por cuestión de salud y protección. ¿Cuanto crees que aguantará una embarazada ahí fuera? Os estoy librando de esa carga, a ti y a tu otra amiga.

    — Vete a la mierda — Fer estaba visiblemente enfadado — Está claro que el tiempo no os ha cambiado. No está Theodore, pero seguís siendo presos y pensando como tal.

    Sin esperarlo, Fer se vio sorprendido y fue tomado del cuello por Park, que tras las últimas palabras del hombre parecía haberse enfadado. Fer no se quedó atrás y aprovechó que el líder del campamento tenía una mano ocupada para quitarle de su propia funda un machete. Antes de que Park pudiese reaccionar, Fer cortó la mano al hombre para que éste soltara su cuello.

    La acción provocó un grito desgarrador de Park que muy probablemente habría escuchado todo el campamento. Los dos hombres que se encontraban allí se voltearon, uno con un cuchillo y el otro un hacha de mano. Al no tener armas de fuego por orden del propio Park — que las tenía bajo llave salvo que realizasen una salida en busca de suministros — sus dos secuaces se quedaron cara a cara con Fer, que portaba el machete del líder del campamento.

    — ¡Se ha escuchado por allí!

    — ¡Vamos, vamos!

    — ¡Deprisa!

    Más gente del campamento se aproximaba, por lo que Fer optó por retener a su líder y así tener una pequeña ventaja. Park se encontraba de rodillas, sujetándose con la mano izquierda el muñón donde debería haber una mano derecha. A escasos metros se veía la mano, inerte.

    Fer colocó el machete en el cuello de Park mientras le sujetaba la cabeza. El líder del campamento estaba perdiendo sangre y pese a ser de noche, su palidez comenzaba a notarse.

    Cinco hombres, entre los que se encontraban Ben y Saúl, llegaron al lugar con los rostros desencajados al ver semejante escena, y uniéndose así a los dos hombres que ya había allí presentes. Siete personas en contra de una, que pese a tener la desventaja numérica, parecía tener la sarten por el mango.

    — ¡Un paso más y lo degollo aquí mismo! — Exclamo Fer, furioso — ¡Dejad las armas en el puto suelo, ya!

    Ben estaba impactado al reencontrarse con Fer, no obstante, éste último no se sorprendió de verlo puesto que suponía que se hallaba allí al haber visto anteriormente a Jess. Saúl, por su parte, estaba contento interiormente, pues realmente no tenía aprecio ni por Park ni por Dominic, que habían llevado al numeroso grupo a vivir como nómadas y a usar unas reglas dignas de dictadura. Los siete hombres obedecieron a Fer y dejaron las armas en el suelo ante la mirada asesina de éste.

    — ¡¿Qué quieres?! — Preguntó uno de los hombres, aterrado por ver a su líder en esa situación — ¡Venga, amigo, esto no tiene porqué ser así!

    — ¡Lo será, al menos que dejéis que yo y mis amigas nos larguemos de aquí! — Exclamo Fer, reclamando su oportunidad.

    — Creo que has tomado la decisión equivocada, Fer.

    Los siete miembros del grupo se Park se pusieron a un lado al oír a alguien tras ellos. Se trataba de Dominic, sujetando a Sally por los pelos con una mano mientras con la otra le apuntaba por la espalda. La mujer se veía muy tensa considerando que la situación no era muy buena ni para ella ni para su pareja.

    — Tira el machete a un lado, Fer — Musitó Dominic con una mirada ida de sí — Has perdido la posibilidad de negociación en esto.

    Fer se dio cuenta de que la situación se le había ido de las manos, precipitándose de tal manera que ahora estaba en serios problemas. Además, el haber amputado la mano del líder del grupo en un arrebato de defensa tampoco ayudaba. Park se desangraba a sus pies y los suyos tenían a Sally, dispuestos a todo si le ocurría algo a su líder, por lo que el hombre no tuvo más remedio que lanzar el machete a los pies de esa gente.

    Rápidamente, Ben y tres hombres más corrieron a socorrer a Park y a retener al propio Fer. Mientras Ben y otro tipo recogían del suelo a su líder, los otros dos sujetaron a Fer de sus brazos para evitar que pudiese huir. Dominic sabía que con Park fuera de su liderazgo hasta que pudiese recuperar fuerzas, él era el hombre al mando.

    — Sacad las armas de uno de los camiones y encerradlos ahí, a los dos — Ordenó Dominic, refiriéndose a Fer y Sally — Por la mañana decidiremos que hacer con ellos.

    — Vamos, andando — Dijo uno de los hombres que retenía a Fer, empujándolo.

    [...]

    Randall iba en cabeza seguido de Natasha, Stefan, Amanda y Alexa. El trayecto por el bosque había sido tranquilo y el grupo estaba muy sorprendido de no encontrarse con ningún infectado. Randall les comentó que Bernard y sus soldados limpiaban el perímetro de la base cada semana, por lo que era algo normal no haber visto a ningún podrido por el camino.

    Tras media hora larga avanzando por la oscuridad de la noche que solo era iluminada con la linterna de Randall, el grupo llegó a la entrada de la zona B de una base militar. En dicha entrada había varios infectados abatidos por el guardia que se hallaba en una torre de vigilancia y éste no tardó en ver al grupo en las puertas de su refugio.

    — ¡Quietos! ¡Las manos en alto! — Una luz muy potente alumbró de manera repentina a los cinco supervivientes — ¡Identificáos!

    — ¡Soy Randall! — Exclamo el hombre — ¡Estos son amigos míos!

    — ¿Randall? — El guardia bajó la intensidad de la luz al reconocer a un miembro de la comunidad — ¿Qué diablos hacías aquí fuera de noche? ¿Tenías permiso de Bernard?

    — No, no lo tenía — Murmuró Randall, consciente de la reprimenda que le esperaba — Pero tenía que salir a buscar a mis amigos.

    — Entiendo, podéis pasar.

    El guardia abrió la puerta con un botón, mostrándose que funcionaba con electricidad. Natasha, Stefan, Amanda y Alexa se quedaron gratamente sorprendidos y estaban deseando conocer más acerca del sitio y de sus habitantes.

    — Vamos, no seáis tímidos — Murmuró Randall, ofreciéndole la mano especialmente a su chica — Aquí estaremos a salvo.

    Natasha tomó la mano de su pareja y juntos fueron los primeros en entrar a la base militar, seguidos del resto.

    — No puedo dejar la vigilancia y acompañaros al hangar — Explicó el guardia desde lo alto de la torre — Randall, tú sabes donde ir. Avisaré a Bernard.

    — Entendido, no te preocupes.

    Dicho y hecho, el grupo se dirigió a uno de los hangares donde se reunirían con Bernard, especialmente porque el líder del refugio quería una explicación de Randall de porqué salió de la base sin permiso. Finalmente, el grupo se presentó en uno de los hangares donde ya les esperaba Bernard, acompañado de Patt.

    — Nuevas caras... — Murmuró Bernard, observando de arriba a abajo a los amigos de Randall — ¿Has salido ahí fuera sin permiso para traerlos?

    — Así es — Musitó Randall, siendo sincero — Tuve suerte de encontrarlos cerca de aquí, por eso estoy de vuelta ahora.

    — Ya sabes lo que pienso acerca de salir sin una orden de mi parte — Dijo el militar, mostrándose muy serio — Necesito que hablemos a solas, Randall.

    — ¿Y qué hay de mis amigos?

    — Patrick les pondrá al día — Indicó Bernard, indicándole a uno de los suyos que se llevara al resto del grupo — Patt, ¿te importa? Muestrales el complejo y dales algo de comer, en el comedor aún están cenando. Pero antes, necesito que dejen las armas.

    El grupo obedeció sin rechistar, confiando ciegamente en Bernard pues era el líder de la comunidad en la que Randall y Michael se hallaban y a la que Rashid les estaba llevando.

    — Muchas gracias, señor — Dijo Natasha, contenta — Le estamos muy agradecidos.

    — Aún no he hecho nada por vosotros, solo quiero que os sintáis cómodos en vuestro nuevo hogar — Dijo el líder, sonriendo con satisfacción — Id con Patt, él os llevará a vuestras habitaciones.

    — Luego os buscaré con Michael y nos reuniremos — Musitó Randall a sus compañeros — No os preocupéis, estáis en buenas manos.

    Natasha se despidió de su chico con un beso y junto a Amanda, Stefan y Alexa se fue con Patrick a que les mostrara el lugar y les diera algo para comer. Ahora que estaban a solas, el líder del refugio frunció el ceño y se puso serio, cosa que el propio Randall notó.

    — Podrías haberme notificado que ibas a irte — Murmuró Bernard con seriedad.

    — No ibas a dejarme, ¿qué más podía hacer?

    — ¡Lo que no debías hacer era callártelo y hacer que Michael te encubriera! — Exclamo Bernard, al que se notaban las venas en la frente — Le he tenido que castigar...

    — ¿Dónde está? — A Randall comenzaba a olerle mal todo el asunto — ¿Qué le has hecho?

    — Lo he desterrado — Mintió Bernard — Son las normas.

    — ¡A la mierda las putas normas, Bernard! — Exclamo Randall, muy enfadado por la decisión tomada por el líder — ¡Si quieres gente, debes salir ahí fuera a buscarla, no esperar a encontrártela! ¡Y menos desterrarla!

    — He hecho lo que tenía que hacer — Se justificó el soldado — Y debería hacer lo mismo contigo... pero tienes razón, debemos buscar a la gente.

    — Es lo correcto — Dijo Randall, algo molesto.

    — Solo el tiempo lo dirá — Murmuró Bernard — Ve con tus amigos, aquí ya hemos terminado.

    Mientras se iba, Randall asintió con una mezcla de frustración y enfado ante la mirada de Bernard, que sabía que el amigo de Michael iba a ser un problema para la estabilidad de su comunidad. Además, era evidente que querría ir a buscar a Michael en el exterior, por lo que eventualmente podría descubrir lo que verdaderamente le había pasado a su amigo.

    — Marko, aquí Bernard — Dijo el líder del complejo por walkie — Asegúrate de que no queda rastro alguno de Michael. Quema su ropa, sus pertenencias... todo. Incluido el cuerpo. Que no quede nada.

    [...]

    Fer se encontraba encerrado en la parte trasera de un pequeño camión. Al no haber ninguna luz en su interior, el habitáculo era iluminado por un farolillo que evitaba que el hombre se quedase completamente a oscuras. Consciente de que su destino se estaba decidiendo en ese momento por Dominic y varios más, Fer comenzó a pensar en una forma de salir de allí, sin embargo, no había ninguna otra salida salvo por la que había entrado.

    — Estoy encerrado en una jodida caja — Murmuró con rabia el hombre.

    Molesto por no tener ninguna oportunidad, Fer decidió dejar de resistirse y sentarse a la espera de que lo sacaran de allí. Lo mejor que podía hacer era intentar dormir un poco, pues seguramente sería juzgado por la mañana. No se arrepentía de lo ocurrido con Park, pues éste era un preso al fin y al cabo y no parecía haberse rehabilitado completamente en lo que a buena persona se refería.

    El tiempo pasaba y Fer no lograba conciliar el sueño al no dejar de pensar en que Sally y Alma podrían pagar las consecuencias de sus acciones. No tenía reloj, pero el hombre sentía que habían pasado varias horas al menos y el silencio era notable tanto dentro como fuera del camión, indicando que la gente estaría durmiendo en sus tiendas de acampar.

    En ese momento, Fer pudo escuchar como alguien estaba abriendo el cerrojo de la puerta lentamente para no llamar la atención. Al ser todo tan silencioso, Fer temía que fuese Dominic que, decidido a matarlo, lo planease en secreto. Sin embargo y para su sorpresa, cuando uno de los laterales de la puerta se abrió, no era Dominic el que se encontraba ahí; eran Jonathan y Saúl.

    — Venimos a sacarte de aquí — Indicó Saúl, que ya había demostrado anteriormente no estar de acuerdo con los métodos de Park y Dominic.

    — ¿Jonathan? — Fer se sorprendió de verlo, especialmente cuando vio que le faltaba la mano izquierda.

    — Un placer verte de nuevo, Fer — Dijo Jonathan con una sonrisa sarcástica — Tenemos que darnos prisa, nos están esperando en el bosque.

    — ¿Qué? — Fer no entendía nada — ¿Quiénes?

    — Tus dos amigas y Jess — Respondió Saúl con seriedad — Nos largamos de aquí.

    Fer salió rápidamente del camión y comenzó a seguir a Jonathan y Saúl, quiénes lo guiaban. Tras diez minutos en los que el trío se metió de lleno en el bosque de manera sigilosa, llegaron al lugar de encuentro. Inicialmente, Fer tenía dudas y creía que podría estar siendo llevado a una trampa, pero al ver a Sally y Alma esa idea se desvaneció de su cabeza.

    Fer y Sally se dieron un largo beso y acto seguido Fer abrazó a la mujer de su hermano, contento de tenerla a salvo. Jess se hallaba a un lado y su presencia allí sorprendía mucho al hombre, que no dudó en preguntarle.

    — ¿Por qué quieres irte del campamento?

    — Porque busco una forma de vivir que tenga sentido y en ese campamento nada lo tiene — Respondió la mujer con sinceridad — Sé que en el pasado tuvimos nuestras diferencias y de alguna manera provoqué la caída de Zona, sé que es difícil que volváis a confiar en mí... pero prefiero ganarme vuestra confianza que fingirla con Park o Dominic.

    — ¿Y qué hay de Ben? — Preguntó Sally, muy intrigada de que la chica dejara atrás a su pareja — ¿Por qué abandonarlo?

    — Desde que Park y su grupo nos encontraron, dejó de ser el mismo — Explicaba la mujer — Se volvió más agresivo y comenzó a ser uno de los hombres de confianza de Park... — Jess se arremangó los brazos y mostró varios cortes profundos que ahora eran cicatrices — Cuando hacia algo que no le gustaba, tomaba mis brazos y me hacia cortes. La gente de aquí pensaba que me quería suicidar y todos me miraban mal.

    — Se convirtió en un hijo de perra — Añadió Jonathan, hablando con repudia del que era su amigo.

    — Chicos, no me importa que os pongáis al día si os conocéis de antes pero debemos irnos ya mismo si no queremos que se den cuenta de que hemos desaparecido — Saúl estaba visiblemente nervioso y ansioso por alejarse del campamento — Conozco un sitio cercano en el que podremos pasar lo que queda de noche, solo deb...

    — ¡Está huyendo! — Gritó de pronto un guardia, al percatarse de que Fer no se encontraba encerrado en el camión.

    — ¡Mierda! — Exclamo otro, mientras buscaba con la linterna al fugitivo.

    — Debemos irnos — Susurró Saúl, que parecía el dueño del plan de huída — Rápido, seguidme.

    Fer, Alma, Sally, Jess, Jonathan y Saúl comenzaron a avanzar de manera rápida y sigilosa por el bosque con el objetivo de cruzarlo y seguir adelante, hasta un lugar que Saúl conocía.

    — ¿Tenemos armas? — Preguntó Fer de pronto, considerando la opción en la que eran arrinconados.

    — Las armas están todas en el otro camión y solo las llevan los guardias que patrullan de noche, así que no, no tenemos nada — Respondió Saúl, al frente.

    — ¿Ni cuchillos? ¿Nada? — Sally no se lo podía creer.

    — Nuestra prioridad era sacaros de aquí — Indicó Jess — No había tiempo para coger armas.

    Los seis supervivientes prosiguieron con su andadura mientras en el campamento todos parecían haberse despertado justo para buscarles. Diversas linternas se podían ver a medida que el grupo tomaba distancia con sus perseguidores.

    — Estamos cerca de un maizal, los terminaremos de perder ahí dentro — Indicó Saúl, señalando el camino.

    [...]

    — ¿Eres un militar de verdad o te has puesto el traje para aparentar? — Preguntó Amanda, con curiosidad.

    — Soy militar, no voy por el mundo disfrazado porque sí — Respondió Patt, un poco molesto con la pregunta de la chica.

    — ¿Sois muchos militares aquí? — Preguntó Stefan, queriendo obtener información del lugar.

    — Lo éramos, pero son tiempos difíciles — Murmuró Patrick — Ahora somos más de treinta personas en el complejo, pero solo ocho somos soldados de verdad.

    Patt llevaba a Stefan, Amanda, Natasha y Alexa a sus respectivas habitaciones mientras respondía a sus preguntas y despejaba sus dudas. El grupo observaba como era la base militar por dentro durante el camino cuando de pronto, Alexa vio algo extraño. Sin que Patrick ni el resto de sus amigos se dieran cuenta, la chica se desvió del camino, tomando una ruta distinta.

    Si sus ojos no le fallaban, acababa de ver a un hombre y una mujer cargar con un muerto, metido en una bolsa para cadáveres. Alexa avanzó lentamente hasta un hangar donde había varios jeeps militares y uno de ellos estaba siendo cargado.

    — Voy a ver si me he dejado alguna cosa de ese capullo y regreso — Dijo una mujer rubia vestida de soldado.

    — No tardes, Kate — Respondió otro soldado.

    Mientras Kate se iba del hangar, Marko se aproximó al maletero del jeep que estaban cargando, donde se hallaba alguien muerto en el interior de una bolsa para cadáveres. El soldado dio media vuelta de manera repentina, como si se hubiese olvidado de coger algo. Marko salió del hangar, dejando el lugar completamente vació.

    Alexa se aproximó con una gran curiosidad y sentido de la intuición que le decía que se trataba de algo realmente malo y peligroso. La mujer se acercó a la bolsa y se quedó frente a ella, dudando de si abrirla o no, pues era evidente que había un cuerpo sin vida. Tras dudarlo durante unos instantes, Alexa comenzó a bajar la cremallera de la bolsa, descubriendo el cuerpo sin vida de Michael.

    Inevitablemente, Alexa soltó un grito mientras retrocedía hacia atrás y se colocaba las manos en la boca. Aterrada de ver lo que acababa de ver, la mujer quedó paralizada e impactada. En ese momento, Marko entró al hangar y vio a Alexa con el rostro desencajado.

    — ¿Pero qué...?

    Antes de que Marko pudiese darse cuenta de lo que ocurría, Alexa comenzó a correr por el pasillo del que había venido, decidida a contar a sus compañeros lo que acababa de ver y teniendo claro que debían irse de aquel lugar. No lograba entender porque Randall los había llevado ahí, pero tenía dudas acerca de si su amigo conocía el estado actual de Michael.

    — ¡Eh, tú, quieta!

    Marko comenzó a correr tras Alexa, consciente de que si revelaba lo que había visto podría poner a todos en contra de Bernard y los suyos. La chica corría por el pasillo sin saber por donde iba ni hacia donde se dirigía, sin embargo, tenía claro que debía encontrar a sus compañeros para advertirles de que aquel lugar no parecía ser el refugio esperado.

    — ¡Si no te detienes tendré que dispararte! — Exclamo Marko, harto de perseguirla.

    Alexa hizo caso omiso a las palabras de su perseguidor y en un completo estado de shock continuó corriendo. Marko dejó de hacerlo, tomando su walkie para avisar a sus compañeros de que tenían un problema.

    — Aquí Marko, tenemos un problema.

    Informa, ¿qué ocurre? — Preguntó una voz masculina.

    — Uno de los supervivientes recién llegados, una chica — Explicaba Marko — Ha encontrado el cuerpo de Michael y ha huido.

    Entendido, vamos a buscarla.

    Marko guardó el walkie en su funda y se dispuso a buscar a Alexa, cuando de pronto alguien lo golpeó por detrás, noqueandolo y dejándolo inconsciente.

    — Hijos de perra — Musitó Randall, mirando con ira al soldado tirado en el suelo — Vais a pagar el haber matado a mí amigo.

    El hombre se agachó y tomó el walkie, un cuchillo y la pistola de Marko. Antes de buscar al resto de sus amigos, Randall usó el cuchillo y lo hundió con rabia en la cabeza del soldado, asesinándolo. Tras esto, no se molestó en esconder el cuerpo, pues la furia nublaba sus pensamientos y su capacidad de raciocinio.

    Patt seguía guiando al resto del grupo a sus habitaciones cuando el walkie emitió las palabras de Marko. El soldado frenó rápidamente y cuando el aparato terminó de emitir el mensaje, se volteó rápidamente decidido a confrontar al grupo para evitar que se le echaran encima. No obstante, Stefan se adelantó a sus intenciones y se lanzó contra él, cayendo los dos al suelo. El ex preso comenzó a golpearle hasta que lo dejó lo suficientemente aturdido como para quitarle las armas.

    — No entiendo nada — Natasha estaba preocupada — ¿Habéis escuchado lo mismo que yo?

    — ¿Qué tienen el cuerpo de Michael? Sí, lo hemos oído — Respondió Stefan, apuntando a un dolorido Patrick — Tú te vienes con nosotros, capullo.

    — ¿Dónde está Alexa? — Preguntó Amanda al voltearse y no verla con ellos.

    — La deben estar buscando, tenemos que encontrarla antes — Indicó Stefan, levantando al soldado golpeado del suelo — Pero antes necesitamos armas para defendernos, y nuestro nuevo amigo se encargará de señalarnos el camino, ¿verdad?

    — Y una mierd...

    Stefan puso rápidamente el cañón de la pistola en la nuca de Patrick, intimidándolo.

    — Si no nos jodes y haces lo que te digamos, vivirás para contarlo — Dijo el ex preso con seriedad — De otra manera tendré que volarte los sesos.

    — Está bien, está bien — Murmuró Patt, consciente de que tenía todas las de perder — Estamos cerca de la armería, recto y el segundo pasillo a la derecha.

    — Espero que no estés jugando conmigo.

    Stefan sujetaba a Patrick cogiéndole de la camiseta mientras apoyaba el cañón de la pistola en la nuca de éste por si intentaba algo. Junto a Natasha y Amanda, los cuatro pusieron rumbo a la armería mientras a cada minuto que pasaba la situación obtenía más riesgo.

    [...]

    Saúl iba en cabeza seguido de Jess y Jonathan, mientras tras ellos Sally y Alma seguían sus pasos con Fer protegiendo la retaguardia. Los seis supervivientes corrían por el maizal, asegurándose de que perdían de vista al grupo de Park. Tras un largo recorrido en plena noche, el grupo llegó al lugar del que Saúl hablaba: una casa de granja ubicada en el centro de dicho maizal. Con la distancia obtenida entre el campamento y su actual ubicación, el grupo supuso que podrían pasar la noche en dicha vivienda.

    — Hay comida y agua en las despensas — Indicó Saúl nada más entrar en la casa — He estado preparándome para esto desde hace varias semanas.

    Sally fue junto a Alma hacia dichas despensas para que la embarazada pudiese reponer energías. Jonathan fue directo a una de las ventanas para observar desde la lejana distancia como las linternas seguían encendidas, señal de que no habían cesado en la búsqueda por encontrarles. Jess fue al segundo piso y Saúl se dirigió a una zona del salón donde había una amplia alfombra polvorienta mientras Fer se aproximaba al hombre para ver que pretendía hacer.

    — Aquí debajo hay un sótano que me encargue de mantener oculto cuando vine por aquí junto al grupo — Dijo Saúl mientras apartaba la alfombra y se mostraba una trampilla — Ayúdame a abrirla, está algo oxidada.

    Fer accedió y junto a Saúl lograron abrir la entrada a un oscuro sotano que ya de por sí olía a cerrado. Jess bajó del segundo piso con una pequeña linterna y se la cedió a su compañero, que alumbró las escaleras que bajaban a dicho lugar. Fer decidió bajar junto a ellos para ver que albergaban allí abajo.

    — Las veces en las que realizábamos salidas al exterior yo siempre escondía algo entre mis cosas y cuando tenía la oportunidad venía hasta aquí y lo guardaba — Explicaba Saúl, alumbrando varias pistolas y rifles sobre una mesa de madera carcomida — También robaba comida del camión donde la almacenan junto a las armas. Todo esto llevo planeándolo desde hace muchas semanas.

    — ¿Y durante todo éste tiempo no te han pillado? — Fer observaba con incredulidad a Saúl.

    — Solo una vez — Musitó Jess, interviniendo en la conversación — Jonathan nos ayudaba y cuando descubrieron que faltaba comida, las pruebas les llevaron hasta él.

    — Por eso no tiene mano izquierda — Añadió Saúl, que abrió una caja de munición para los rifles de caza.

    — Entonces, ¿lleváis semanas recogiendo suministros entre los tres y guardándolos aquí? — Fer seguía sorprendido de todo lo que estaba ocurriendo respecto al grupo de Park.

    — Exactamente — Musitó Saúl con seriedad — Irte de un lugar sin comida ni armas es un suicidio hoy en día. Hemos aprovechado tu acción para huir pese a que no formaba parte del plan. No íbamos a dejaros allí, os habrían matado tras lo que le hiciste a Park.

    — Y os lo agradezco pero, ¿cuál es el siguiente paso una vez nos vayamos de aquí?

    — Encontrar un lugar seguro en el que comenzar de cero — Murmuró Saúl, esperanzado y optimista — Encontrar una forma de vivir que no sea matar o morir.

    Aún faltaban unas pocas horas para que se hiciera de día, por lo que el grupo permanecería ahí durante ese tiempo. Jonathan observaba por la ventana pero dada la escasa visibilidad debido a la oscuridad nocturna, el hombre no veía nada más allá de varios metros. El maizal era espeso y alto, por lo que no pudo ver como varios infectados encabezaban una horda de gran tamaño que cruzaba el campo tras detectar luces en constante movimiento que parpadeaban en la lejanía.
     
    Última edición: 16 Diciembre 2018
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, amigo, paso a comentar el capítulo ahora que puedo. Debo decir que lo sentí un poco mejor al anterior, pero solo un poco. Se nota el esfuerzo, pero no se ha desarrollado del todo bien a comparación de tu otra historia (ya sabes cual XD).

    Comentaré mi opinión general y luego la crítica. Me ha gustado ver ese nuevo lado de Saul, Jess y Johnatan. Creo que Saul ha recapacitado y se ha dado cuenta de que estar con Park y Dominic es exactamente lo mismo que estar con Theodore, y si no es lo mismo, la situación se parece demasiado. Saul siempre ha sido algo cobarde, pero parece que ahora tiene la intención de sobrevivir ayudando a gente buena. Habria sido mejor si se narraba un poco mas sobre el antes de eso. Quedo bien pero podria haber quedado mejor. Me alegro que Jess y Johnathan reconocieran su error, y supieran que lo mejor era escapar con Fer y los demas. Reconocieron que tuvieron la culpa de lo que paso en Zona cuando los seguidores de Damian no lo hacian, y supieron que Fer era mucho mejor que Park, Dominic o Ben. Este ultimo, por su parte no aprendio. Ha sido un imbecil. Tuvo cada oportunidad para hablar con Natasha desde sus sentimientos, y por no hacerlo, alguien lo hizo antes y empezó a odiar a todo el mundo. Me sorprende la lealtad de Dominic, ya que crei que iba a aprovechar lo que le paso a Park para tomar el liderazgo.

    Por otro lado, en la base militar las cosas no van muy bien. Bernard no solo es un tirano, tambien es imprudente. Ni siquiera puede sostener una mentira. Me gusto que fuera Alexa quien lo descubriera todo, ya que ella era quien mas queria ver si lo que decia Rashid era cierto o no. Y sobre Rashid, me parece raro que el no mencionara la forma tan autoritaria de la base militar. O el era un mentiroso, o Bernard estaba engañandolo, o las cosas cambiaron tras su muerte. Fer mató a los seguidores de Damian y el dijo "no puede venir con nosotros" pero Bernard actua peor y no parece importarle.

    Por ultimo el final. Me sorprende que los 3 mencionados al principio hayan logrado robar y recolectar cosas para llevarlas a ese lugar sin que se dieran cuenta de las cosas. O sea, se dieron cuenta, pero por lo que se ve tardaron mucho en hacerlo.

    Me da intriga esa horda que esta vagando por el maizal. Me pregunto si se dirige al refugio o hacia los hombres de Dominic. No se cuantos capitulos quedaran, pero parece que se viene una gran cantidad de muertes.

    Ahora, hubo momentos del capitulo que me parecieron muy apresurados, demasiado en realidad. Fer cortandole la mano a Park, Alexa descubriendo lo que ocurrio con Michael, Stefan y el grupo sometiendo a Patrick. Creo que han estado muy aceleradas, ya que ocurrieron en unos dos segundos.

    Note una mejora, pero siempre se puede mas. No se cuanto quedara, pero espero que las mejoras continuen en lo poco que queda. Saludos.
     
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  11. Threadmarks: 7x05: Un mar de muertos
     
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    Resistance Hope

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    Capítulo 5: Un mar de muertos





    Alexa no sabía por donde iba pero la sensación de angustia e impacto que tenía no la dejaba tranquilizarse. El ver el cuerpo de Michael y las intenciones de esa gente de esconderlo al grupo dejaban claro que las personas que dirigían el refugio parecían tener sus propias leyes.

    Mientras avanzaba por uno de los muchos pasillos de la base militar, la chica tuvo que esconderse en una de las habitaciones para evitar ser detectada por una pareja de soldados que parecían estar buscándola. Sin embargo y para su sorpresa, en el lugar en el que se había escondido no estaba sola.

    — ¿Quién eres?

    Alexa se volteó, sobresaltada, al escuchar a alguien detrás suya. Se trataba de una chica joven que no superaba los veinte años, al menos a simple vista. Las dos mujeres se miraban de forma extraña, analizándose mutuamente y esperando que la otra no hiciese ningún movimiento brusco. Tras unos segundos de máxima tensión y temor, Alexa habló.

    — Me están buscando — Susurró, mientras observaba como iba vestida la chica — No pareces una de sus soldados.

    — Eso es porque no lo soy — Respondió la joven, algo intimidada — ¿Por qué te buscan? No eres de aquí, ¿verdad?

    — Acabo de llegar con un grupo, somos amigos de Randall — Dijo Alexa, que estaba preocupada por si alguien más entraba a la pequeña habitación.

    — Lo conozco, es muy querido entre todos — La chica miraba con indiferencia a Alexa — No has respondido a la primera pregunta.

    — Lo siento, estoy recuperando el aliento — Murmuró Alexa, apoyada sobre sus rodillas — He visto como cargaban el cuerpo de un amigo en uno de los vehículos y me han visto, por eso me buscan. Al parecer, no quieren que propague la noticia.

    — Dios mío, ¿de qué personas estás hablando? ¿Quién ha muerto?

    — Michael, seguramente lo conozcas — Musitó Alexa, soltando varias lágrimas tras decir su nombre — Él... creo que lo han matado.

    — ¡Eso es imposible, los soldados mantienen la zona B segura y traen gente del exterior! ¡No hay manera de que hayan matado a Michael! — La joven estaba muy sorprendida.

    — ¡¿Entonces por qué me están buscando?! — Gritó Alexa, molesta por la reacción de la chica.

    La joven asintió, extrañada por la situación. Tenía dudas de si confiar o no en Alexa pues no la conocía y nunca la había visto allí en la base, no obstante, si Michael había muerto realmente y se estaban llevando el cuerpo sin contar al resto de la gente que había sucedido con él, era algo bastante sospechoso.

    — Mira, no espero que me creas, pero me conformo con que te quedes aquí y no digas que me has visto — Dijo Alexa, que no pretendía quedarse en el habitáculo durante mucho más tiempo — Necesito encontrar a mis amigos y salir de éste sitio. No quiero problemas.

    — Todo esto es muy extraño, pero tengo la sensación de que estás en lo cierto — Dijo la chica, para sorpresa de Alexa — Tranquila, no te delataré salvo que la situación demuestre lo contrario.

    — Me parece justo — Musitó Alexa, abriendo la puerta y asomándose para asegurarse de que no había nadie cerca — Debo irme, gracias.

    Decidida y consciente de que no podía perder mucho más tiempo, pues sus amigos podrían estar en peligro, Alexa comenzó a avanzar con la cautela que antes no tuvo para evitar ser detectada y dar con su grupo para explicarles lo que había visto.

    Tras moverse de manera sigilosa durante unos minutos, la mujer logró llegar a uno de los hangares de la base. Una larga mesa llena de platos con restos de comida era lo más llamativo del lugar, junto a unas pocas personas que parecían estar recogiéndola. En ese momento apareció Bernard, que parecía guardar la apariencia ante sus súbditos.

    — Buenas noches, Bernard — Dijo uno de los hombres que había allí.

    — Buenas noches a todos — Respondió el líder de la base con una falsa sonrisa.

    El militar parecía estar actuando, pues realmente estaba buscando a Alexa al igual que sus soldados. La mujer pensó en hacer acto de presencia y plantarle cara, pues dudaba que Bernard intentase hacerle algo frente a esa gente. Entonces optó por quedarse tras la puerta y esperar a que el líder pasara para tomarlo por sorpresa.

    Bernard se paseó por el hangar hasta llegar al otro extremo, por el que salir y donde estaba Alexa. El soldado iba con las manos en la espalda, manteniendo su porte para evitar llamar la atención de la gente, que no sabía nada de lo que estaba ocurriendo. Al cruzar la puerta, no se esperó que alguien se lanzara por su espalda y lo tomara del cuello.

    — ¡¿Qué carajo...?!

    La mujer se agarró con fuerza al corpulento Bernard, apretándole el cuello con sus dos brazos y tomándolo de la cintura con sus piernas. El soldado trataba desesperadamente de quitársela de encima y viendo que no podía, se lanzó contra la pared de espaldas para golpear a Alexa. El golpe fue fuerte y el grito de la chica fue escuchado por las cinco personas que recogían la mesa del hangar.

    Alexa cayó al suelo visiblemente aturdida mientras Bernard se hallaba furioso por el intento de estrangulamiento de la chica. Enfurecido, el soldado la levantó del cuello y comenzó a golpearla repetidas veces en el rostro, aprovechando su aturdimiento.

    — ¡¿Qué diablos haces, Bernard?! — Exclamo un hombre, que al oír el grito de Alexa, corrió en su ayuda junto a los demás.

    — ¡Déjala, Bernard! — Gritó una mujer, impactada.

    Uno de los hombres corrió a parar a Bernard pero éste soltó a Alexa y desenfundó rápidamente una pistola, cosa que hizo frenarse en seco al tipo.

    — ¡¿Qué...?! — El hombre se echaba atrás mientras el resto observaban atónitos — ¡¿Qué mierda haces?!

    — ¡No te entrometas en los asuntos de seguridad! — Respondió el líder del complejo, fuera de sí pese a que trataba de guardar las apariencias y adornar la mentira — ¡Ésta mujer se ha colado en la base y ha matado a Michael!

    — ¿Cómo? — Dijo otra mujer, colocándose las manos en la boca.

    — ¿Qué dices? — Preguntó un hombre con incredulidad.

    — Eso, Bernard — Dijo alguien más tras las cinco personas — ¿Qué puta mierda estás hablando?

    Esa persona era Randall, que con la pistola que había tomado de Marko, apuntaba al líder del lugar. Había llegado justo a tiempo para evitar la muerte de Alexa y también para evitar que pudiese manipular a esas personas.

    — ¡Maldito traidor, estás con ella! — Exclamo Bernard, apuntando al hombre mientras seguía con su mentira — ¡Tú la has ayudado a entrar!

    La gente se volteó sorprendida para ver a Randall, pues lo conocían lo suficiente como para pensar que el hombre no fuese un traidor. Sin embargo, estaban confusos.

    — ¡No mientas a la gente como me has mentido a mí! — Gritó Randall, furioso — ¡Has matado a Michael y ahora ibas a hacer lo mismo con mi amiga! ¡No tienes excusas, maldito hijo de puta!

    — Bernard, suelta el arma — Dijo uno de los hombres, confiando en Randall — Deja el arma en el suelo y solucionaremos esto.

    — ¡Si alguien se acerca a mí le vuelo la cabeza a la chica! — Bernard apuntó a Alexa, que se hallaba en el suelo con el rostro ensangrentado y bastante golpeada.

    — Vamos Bernard, no hagas esto tan difícil — Le dijo una mujer.

    Bernard hacia caso omiso a las advertencias de su propia gente. En un arrebato por quitarle el arma, dos hombres se lanzaron contra su líder repentinamente, cosa que el hombre no se esperó. Instintivamente, el militar disparó dos veces el arma sin alcanzar a nadie, justo antes de que dos hombres lo redujeran en el suelo.

    El arma cayó a los pies de Alexa, que la tomó rápidamente, pero cuando alzó la cabeza recibió un repentino disparo en la frente que la mató al instante. Randall y los demás observaban con horror como la chica acababa de ser asesinada por Kate, que junto al resto de soldados que servían a Bernard, habían aparecido.

    — Apartaos de encima suya o sufriréis el mismo destino que ella — Advirtió Kate a los dos hombres que estaban sobre Bernard, teniéndolo inmovilizado.

    Estos se quitaron de encima del líder sin quitar la vista a Kate, que los estaba apuntando. Los soldados tras ella — dos mujeres y cuatro hombres más — portaban rifles de asalto y parecían seguir las órdenes de la mujer rubia.

    La muerte de Alexa había sido tan repentina que Randall no había ni siquiera comenzado a procesarla. Viendo que aquello iba a quedarse sin ningún tipo de justicia, el hombre, entre lágrimas y con el arma en alto, comenzó a apretar el gatillo de manera desesperada mientras retrocedía para evitar recibir disparos.

    — ¡¡¡IROS AL INFIERNO!!!

    Las balas de Randall no iban dirigidas a nadie pues el hombre no estaba apuntando a ningún soldado en específico, sin embargo, al encontrarse en un espacio tan reducido, estas lograron alcanzar a Kate y dieron en una mujer y un hombre del bando de los soldados, hiriéndolos de muerte.

    Randall logró desaparecer de la vista de los soldados, que al no esperarse la balacera, no reaccionaron a tiempo. Al igual que el hombre, los habitantes del complejo que apoyaron a Randall huyeron por su cuenta para evitar un mal mayor. Una soldado y un soldado quedaron en el suelo sin vida junto a Kate mientras que Bernard fue incorporado por la mujer y los tres hombres restantes que quedaban con vida.

    — Se acabó el sueño de Rashid de construir una comunidad — Murmuró Bernard con cierta ira y frustración — Matad a Randall y a todo aquel que esté de su lado.

    [...]

    — Vaya vaya... pero que pedazo de arsenal...

    Stefan observaba con gran asombro la armería de la base militar. Había varias pistolas Glock, más de diez rifles de asalto y carabinas, el mismo número de escopetas semi automáticas e inclusive había tres lanzagranadas. Natasha y Amanda también estaban gratamente sorprendidas con la cantidad de armas a elegir.

    — He cumplido mí parte — Musitó Patrick, quién fue el encargado de guiar al grupo hasta la armería — ¿Vais a matarme?

    — Si fuese el hombre que era hace casi un año... seguramente sí, te mataría — Dijo Stefan, sorprendiendo incluso a sus compañeras — Pero ahora sé distinguir cuando debo matar a alguien y cuando no representa una amenaza, así que...

    El ex preso se acercó a una mesa que había en la armería y tomó unas esposas que habían allí. Acto seguido, se aproximó al soldado y le indicó con su pistola que colocara las manos en posición.

    — Cariño, ¿te importaría ponerle las esposas? — Stefan se las lanzó a Amanda para que ella las pusiera.

    — Será un placer.

    Patt observaba con resignación como Amanda le colocaba las esposas y no podía hacer nada para contraatacar, pues Stefan lo apuntaba constantemente con su propia pistola. Una vez tenía las esposas puestas, Stefan se aproximó a Patrick, colocándose cara a cara.

    Sin decirle nada, el ex preso usó la culata del arma para golpearle en la cabeza con el fin de dejarlo fuera de juego por un rato. Una vez Patt cayó inconsciente al suelo, el trío se miró decidido a encontrar a Alexa y Randall, cuando escucharon un disparo que los puso en alerta.

    — ¿Qué fue eso? — Preguntó Natasha, preocupada.

    — Un disparo, espero que no fuera ninguno de los nuestros — Respondió Amanda, seria.

    — Creo que esta mierda acaba de explotar — Añadió Stefan — Rápido, tomemos algunas armas.

    Natasha tomó una pistola y una escopeta, Amanda un rifle de asalto y otra pistola mientras que Stefan optó por un rifle, una escopeta y un lanzagranadas. Ambas chicas lo miraron con escepticismo al ver que el hombre quiso cargar con diversas armas.

    — ¿Qué? — Stefan colocó a la espalda el lanzagranadas y el rifle mientras portaba al frente la escopeta — Hay que estar preparados para todo.

    — Claro... — Musitó Natasha, prefiriendo no decir nada más.

    — No esperemos más, Randall y Alexa nos esp...

    De pronto, comenzaron a oír una serie de disparos rápidos que los pusieron en alerta. Tras esto, solo había silencio. El trío se miró con seriedad y preocupación mientras salían de la armería decididos a reunirse con Alexa y Randall.

    [...]

    La noche avanzaba tranquila y tan solo faltaban unas pocas horas para que la luz del Sol iluminara el horizonte. Tras huir del campamento liderado por Park, el grupo conformado por Fer, Sally, Alma, Saúl, Jess y Jonathan se hospedaron en una casa rodeada por un inmenso maizal en el que esperaban pudiesen pasar desapercibidos para sus perseguidores y de paso recuperar energías para irse a primera hora de la mañana.

    La vivienda contaba con tres habitaciones, tomando Fer, Sally y Alma una de ellas y Saúl, Jess y Jonathan otra, mientras la restante se quedaba vacía. En la primera de estas, Fer se hallaba en un sillón mientras que ambas chicas ocupaban la cama. Las dos parecían dormir cómodamente pero el hombre no podía hacerlo, su mente no dejaba de dar vueltas.

    Por primera vez en más de tres meses, Fer comenzó a pensar en sus amigos desaparecidos. Su cabeza no dejaba de preguntarse que era de Randall, Michael, Alexa, Natasha, Stefan, Amanda... tenía la esperanza de que siguiesen con vida aunque no la tenía en poder encontrarlos y reunirse de nuevo.

    Fer seguía sumido en sus pensamientos cuando de pronto le pareció ver un destello repentino que alumbró por unos breves instantes la ventana de la habitación, colocada en el segundo piso de la casa. Rápidamente se incorporó y se posicionó a un lado de la ventana para observar que podía haber sido eso.

    Cuando pudo verlo, respiró tranquilo al ver que se trataba de Jonathan, que con linterna en mano y un cigarro en la boca había salido al porche para fumar.
    Con intriga, Fer se quedó mirando al que una vez formase parte de su grupo de Zona para ver que hacía, pues pese a que tanto él como Jess y Saúl lo habían sacado del campamento, no terminaba de confiar en ellos al cien por cien.

    El hombre se sentó en uno de los escalones del porche y con su única mano le dio una calada al cigarro, lanzando el humo al aire. Al parecer no podía dormir, por lo que decidió desvelarse fumando. Sin embargo, el momento tranquilo que parecía tener comenzó a sentirse extraño cuando a ciertos metros comenzaron a moverse unos maizales.

    Jonathan se colocó el cigarro en la boca y tomó la pistola que tenía en la funda de su pantalón, en la que también tenía un pequeño cuchillo. Inicialmente, el tipo se quedó en silencio esperando que la cosa que se movía por el maizal saliese de éste y pudiese ver realmente que era. Sin embargo esto no sucedió y Jonathan, con curiosidad e intranquilidad, se adentró en el frondoso maizal.

    — ¡¿Quién eres?! — Preguntó Jonathan, atemorizado y enfadado — ¡¿Me estabas vigilando?!

    Tras las palabras, el silencio se hizo evidente. Estaba claro que ahí había algo pero lo que fuera que fuese, no respondió. Jonathan se volteó dispuesto a salir del maizal y regresar a la casa cuando de pronto comenzó a oír gruñidos leves que parecían provenir de todas direcciones. Aterrado, el hombre comenzó a apuntar a todos lados de forma desesperada hasta que repentinamente y de la nada salió un infectado, tomándolo desprevenido por la espalda y mordiéndole entre el hombro derecho y el cuello.

    Jonathan lanzó un fuerte grito que vino seguido de un disparo al aire, fruto del acto reflejo en un intento por defenderse. No pudo hacer muchos más disparos pues varios no muertos se le echaron encima en cuestión de segundos, realizando un festín con su carne. El fogonazo del disparo fue visto principalmente por Fer, que miraba con terror el maizal y como éste se movía a cada lado que mirabas. El ruido despertó a Alma y Sally, sobresaltadas, y rápidamente Saúl y Jess entraron en la habitación de estas y Fer con el rostro desencajado.

    — ¡¿Qué mierda ha sido eso?! — Saúl tenía los ojos como platos — ¡¿Quién fue?!

    — ¡¿Nos atacan?! — Se temía Sally.

    — ¡Fue Jonathan, salió fuera y se adentró en el maizal! — Indicó Fer, que pese a no poder ver que había ocurrido debido a lo frondoso del campo, si pudo ver el destello del disparo.

    — ¡Joder! — Gritó Jess, corriendo escaleras abajo con un rifle entre brazos.

    Seguida por Saúl, Fer, Sally y Alma, el grupo bajó al salón principal con armas en mano y salió al porche solo para comprobar que del maizal comenzaban a salir podridos y los gruñidos de estos comenzaban a sonar en todas partes.

    — ¡¿De dónde diablos han salido?! — Exclamo Alma, impactada.

    — ¡No me jodas! — Saúl comenzó a disparar su pistola contra los infectados más cercanos a la entrada — ¡Tenemos que irnos!

    — ¡¿Por dónde?! — Respondió Fer — ¡Estamos rodeados!

    — ¡Hay una puerta trasera, seguidme! — Indicó Jess.

    La mujer regresó al interior de la vivienda junto a sus compañeros para dirigirse a la salida trasera. Saúl no lo dudó y colocó el sofá del salón en la puerta para evitar que los muertos irrumpiesen en la casa. Sin embargo, cuando Jess salió por la puerta trasera se topó de lleno con más infectados, que la habrían cogido de no ser por los rápidos reflejos de Sally para tomarla del brazo y empujarla de nuevo adentro.

    — Gracias — Musitó Jess, consciente de que estuvo cerca de ser mordida.

    Sally asintió mientras Saúl regresaba con ellos con la intención de irse.

    — ¡¿Podemos irnos?!

    — También están por detrás — Dijo Fer, serio — Estamos atrapados.

    — ¡Maldita sea! — Exclamo Saúl, furioso — ¡Logramos evitar que nos maten Park y sus psicópatas para que nos terminen matando esos comemierdas!

    — Encontraremos la forma de salir — Murmuró Alma, tratando de calmar la situación y pensar fríamente.

    — Y Jonathan ha muerto — Musitó Saúl, dándole un golpe a la pared y respondiendo después a Alma — Eso espero.

    — Creo que lo peor no es que estemos rodeados de infectados — Dijo Fer, ante la mirada de sus compañeros — Sino que la gente del campamento habrá oído el disparo.

    [...]

    Stefan, Natasha y Amanda salieron de la armería en busca de sus dos compañeros. Tras oír varios disparos, el trío avanzaba en alerta y con las armas listas para ser usadas. El ex preso iba en cabeza acompañado de Amanda y terminando con Natasha, caminando por un pasillo. El silencio era roto por gritos de gente y ráfagas de metralleta, lo que indicaba que alguien estaba matando a toda persona con la que se encontraba.

    — Esto no me gusta nada — Murmuró Natasha, preocupada.

    — Encontramos a Randall y Alexa y nos largamos — Dijo Stefan con seriedad, sin permanecer mucho más tiempo del deseado en la base militar.

    El trío proseguía con su búsqueda personal cuando de pronto, al doblar una esquina, se encontró de cara con varias personas que parecían huir despavoridas de algún suceso. Al encontrarse con Stefan, Natasha y Amanda, las siete personas que eran se sobresaltaron y uno de ellos, un hombre, golpeó rápidamente a Stefan y le quitó la escopeta de las manos, apuntándole con ella.

    — ¡¿Quién carajo eres?! — El hombre estaba exaltado.

    — Aarón, déjalo — Musitó Randall, que al parecer se encontraba con ellos — Son mis amigos.

    El hombre, de nombre Aarón, se disculpó con Stefan y le devolvió el arma, sin embargo, el ex preso se la cedió al ver que no portaban armas exceptuando a Randall.

    — Para que puedas protegerlos — Le dijo Stefan, que tenía la sensación de que estaba ocurriendo algo malo.

    Natasha corrió a Randall y lo abrazó con fuerza, gesto respondido por el hombre. La gente observaba aquel tierno momento pero parecía desear irse de allí.

    — ¿Qué está pasando, Randall? — Preguntó Amanda, queriendo obtener información — ¿Dónde está Alexa?

    Randall terminó de abrazar a su chica y asintió para acto seguido negar con la cabeza, dando así una respuesta negativa sobre el paradero de su amiga. Stefan y Amanda permanecieron cabizbajos y dolidos con la noticia, pero fue Natasha la que más sufrió la pérdida de su amiga, echándose a llorar en aquel instante.

    — Aquí en pasillo estamos expuestos — Dijo Stefan de forma repentina — La armería está aquí al lado, conviene que nos armemos todos.

    — Así es — Dijo Randall — Los militares están matando a todo aquel con el que se encuentran. Bernard se ha vuelto loco.

    El grupo, que ahora eran siete habitantes civiles de la base militar y Randall, Natasha, Stefan y Amanda, volvieron tras sus pasos y se encerraron temporalmente en la armería para abastecerse. Randall portaba el walkie de Marko, por lo que podía escuchar las órdenes que Bernard diera a sus cuatro soldados restantes con vida.

    Al entrar a la armería, Randall y el resto de sus acompañantes se quedaron sorprendidos de ver allí a Patt, esposado. Aarón, que parecía ser padre de un pequeño niño que cargaba una mujer, se puso echo una furia al ver a alguien del bando de los militares y le apuntó con la escopeta. Sin embargo, Randall paralizó sus intenciones, pues parecía tener una idea.

    — Aarón, no lo hagas, le necesitamos — Murmuró Randall, bajando la escopeta del hombre.

    — ¿Para qué? — Preguntó una mujer, incrédula.

    — Está con el loco de Bernard, sugiero que lo matemos como ellos han hecho con los demás — Dijo un tipo, que al parecer había perdido a algún familiar.

    — Lo esposé porque nos trajo a la armería sin ponerse tonto y pacté con él no matarlo — Añadió Stefan para sorpresa del resto — Podría sernos útil.

    — Eso pensaba — Musitó Randall.

    — Eso, escuchad a esos tipos — Dijo Patrick, sentado en el suelo y recostado sobre la pared, a un lado de la habitación — Puedo ayudar.

    — ¡¿Ayudar a qué?! ¡¿A qué nos maten?! — Exclamo furioso un hombre joven.

    — Supongo que queréis salir de la base militar, ¿cierto? — Patrick sabía jugar sus cartas — Las entradas y salidas las tendrán bloqueadas con el cierre automático de la zona B, no obstante, hay un sitio por el que podemos salir y que no tiene bloqueo eléctrico.

    — ¿Pero...? — Amanda sabía que había un pero.

    — Nos llevaría a las oficinas administrativas de la zona C, que está completamente invadida.

    — ¿No hay alguna forma de ir a la zona A y D? — Preguntó una mujer que al vivir allí sabía de la situación de las demás zonas de la base.

    — La zona A está bloqueada desde el principio, allí ocurrió el primer brote infeccioso en la base y se decidió sellarla — Explicaba Patrick con sorprendente sinceridad — La zona D sufrió una explosión hace algunos meses, allí se almacenaban misiles para los cazas y fue un milagro que no volara la base al completo.

    El resto del grupo se miró con seriedad y dubitativos, pues parecía que no tenían muchas más alternativas. Nadie quería arriesgarse a buscar a los soldados que quedaban con vida para matarlos, pues alguien podría morir en el proceso. La principal idea de todos era irse de aquel lugar y comenzar de cero en otro.

    — Muy bien Patrick, te vendrás con nosotros — Dijo Randall, ayudándole a incorporarse.

    — Os sacaré de aquí — Murmuró Patrick, que cambió repentinamente de tema — Me vais a quitar las esposas, ¿no?

    Stefan comenzó a reírse ante la pregunta del soldado, dándole a entender que eso no iba a ocurrir. El grupo salió de la armería y puso rumbo a un pasillo que conectaba con la zona C con el objetivo de salir de la base militar, no sin antes tener que cruzar un mar de muertos.
     
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    Hola, paso a comentar el capítulo. Me doy cuenta de que ya solo queda un capítulo más para que esta historia llegue a su fin. Comentaré el penúltimo capítulo. Debo decir que me pareció un buen capítulo, pero hay cosas que las sentí algo apresuradas, o con falta de detalle para que le diera un ritmo más calmado al igual que en el capítulo anterior.

    La muerte de Alexa ha sido una lástima, ya que no me caía mal. Aunque por lo apresurada que fue, no me ha puesto demasiado triste ni me ha despertado ninguna otra clase de emoción. Si no me equivoco, con su muerte ya no queda nadie del grupo de la gasolinera que esté con vida. Ahora, parece que Randall es muy querido en la comunidad, algo que se siente repentino ya que no se ha mostrado demasiado sobre ese aspecto en la historia, y parece que se armó un grupo nuevo para escapar, y que incluso (aparentemente) van a llevarse a Patt con ellos. Me pregunto si van a provocar que esa base militar sea invadida o si van a escaparse sin más. Estoy seguro de que la gente que se les une a ellos va a morir, dado a que ni siquiera se ha mencionado su nombre. En otras palabras son extras a punto de cumplir su función.

    Debo admitir que ha sido interesante ver a los zombis atacando el refugio desde el maizal, ya que no recuerdo haber visto antes una escena así, pero la parte dedicada al grupo de Fer no me ha gustado demasiado. No se ha profundizado demasiado las relaciones entre Fer, Sally y Alma con Jess, Saul y Jonathan. Siendo dos de ellos los causantes de lo ocurrido en Zona y otro de ellos un preso, habría sido interesante el verlos interactuar y desarrollarse más como grupo. Johnathan no ha tenido mucha suerte, ya que ha sido el primero en caer ante los zombis, y ahora le podría tocar al resto del grupo.

    Quedo a la expectativa por el capítulo final, ya que no sé que es lo que ocurrirá con ambos grupos que se encuentran en proceso de escape de un grupo de gente, mientras están rodeados por zombis. No tengo idea de si van a poder reunirse o no, lo que sí sé es que nada será igual. Después de cosas como lo ocurrido con la primer zona militar, la gasolinera, y Zona, además de lo ocurrido en la segunda base militar está claro que no querrán buscar otro refugio por el momento. A ver cual es el destino que les depara a ambos grupos.

    Te digo la verdad, solo me sentiría mal si llegaran a morir Fer, Sally o Alma. No es que Randall o Natasha no me agraden, lo hacen, pero sus muertes solo sería algo que me causaría una ligera molestia y nada más. Por Stefan y Amanda tampoco sentiría la gran cosa. El personaje de Amanda lo siento muy secundario, y Stefan ahora me cae bien pero nunca llegó a escalar en realidad a un top. Eso será todo por ahora. Saludos y hasta la próxima.
     
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  13. Threadmarks: 7x06 (FINAL): Tan lejos
     
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    Bienvenidos al que será el último capítulo de esta historia titulada Instinto. Ha sido un largo recorrido para Fer y para las personas que lo han acompañado en su camino, que llega a su fin. Ha sido complicado y eterno llegar hasta aquí pero ya tenéis el desenlace; espero que os guste.


    Capítulo 6 (FINAL): Tan lejos


    El ruido de los cristales y el sonido de los gruñidos se mezclaron en una banda sonora escalofriante.

    — ¡Han entrado!

    El grupo corrió escaleras arriba con el fin de resistir en el segundo piso de la vivienda.

    — ¡Voy a contenerlos!

    — ¡Buscad algo con lo que obstruir la escalera!

    Fer bajó unos escalones y preparó su pistola para evitar que los infectados subieran mientras el resto de supervivientes buscaba desesperadamente algo con lo que obstruir las escaleras.

    — ¡Lo tengo!

    Con ayuda de Sally y Jess, Saúl tomó un armario de gran tamaño y lo sacó de su habitación para lanzarlo por la escalera.

    — ¡Fer, sube, rápido!

    El hombre comenzó a disparar contra dos podridos que ya habían comenzado a subir. Fer dejó la escalera libre y ayudó a Saúl a soltar el armario, que bajó varios escalones y se llevó consigo a un infectado, estampándolo contra la pared.

    — ¡Con eso no bastará! — Exclamo Fer, buscando un segundo armario en otra habitación — ¡Saúl, ayúdame!

    — ¡Voy!

    Ambos hombres tomaron un segundo armario y lo arrastraron hasta las escaleras para luego soltarlo, terminando de obstruir el camino al piso superior y manteniendo a los infectados temporalmente a raya.

    — Eso los mantendrá ahí abajo, al menos de momento — Murmuró Saúl, respirando de manera agitada por el sobreesfuerzo.

    De entre el fuerte ruido de los gruñidos que había, Fer se distrajo cuando vio que los primeros rayos de Sol se veían en el horizonte y alcanzaban la casa, comenzando a dar en el segundo piso y en sus ventanas.

    A bastante distancia de la vivienda ubicada en el maizal, concretamente en la lejanía del bosque, Park y sus hombres observaban la peliaguda situación en la que se encontraban Fer y el resto. Por suerte, la horda no había llegado a ver el campamento, asentado en una colina, y se había fijado completamente en los traidores que habían huido de éste.

    — Están en serios problemas — Musitó Park, recuperando el color de piel tras la pérdida de sangre en la noche anterior y con un fuerte vendaje en el muñón que tenía — Es imposible que logren salir todos de ahí.

    — Es cuestión de tiempo — Musitó Ben, con resentimiento — Espero que sea lento.

    Dominic se mostraba serio respecto a los comentarios de su líder y uno de sus compañeros. Sin embargo, terminó molestándose cuando Park ordenó a todos que regresaran al campamento para recogerlo e irse de aquel lugar.

    — ¿En serio? — La pregunta de Dominic hizo que todos se voltearan a verlo — ¿Vamos a dejar en manos del azar el castigo que merece esa gente?

    — Dom, no tienen forma de salir con vida de ahí — Park trataba de hacerle entrar en razón — Están prácticamente muertos.

    — Aproximarnos allí nos traería riesgos innecesarios — Añadió Ben, siendo lógico.

    — ¡¿Pero qué mierda habláis?! — Dominic no comprendía porqué iban a irse sin más — ¡Son unos traidores! ¡Merecen que seamos nosotros los que terminemos con sus vidas!

    — ¡Mira eso! ¡Míralo! — Exclamo Park mientras se aproximaba con rabia hacia su segundo al mando y le señalaba el horizonte infestado de podridos con su única mano — ¡Son cientos! ¡Probablemente más! ¡Ellos se encargarán!

    Tras sus palabras, el líder del grupo se volteó junto a los demás para regresar de nuevo al campamento, recogerlo todo e irse a otro lugar a acampar, pues era lo que solían hacer y la forma que tenían de sobrevivir. No obstante, Dominic no quiso tolerar aquella decisión y desenfundó su pistola con la intención de matar a su amigo, momento que vio Ben a tiempo para dispararle rápidamente, rozándole en el costado derecho del torso y haciéndolo caer al suelo.

    — ¡Mierda! — Exclamo Park al vivir lo sucedido — ¡¿Ibas a matarme, Dom?! ¡¿Por la espalda?!

    Dominic se incorporó poco a poco mientras colocaba su mano izquierda en la herida del costado derecho para evitar que saliera mucha sangre. Su pistola cayó a escasos metros, pero fue tomada por Ben para evitar una segunda intención del segundo al mando.

    — Tus decisiones comienzan a ser extrañas y tu juicio respecto a esas personas no es el adecuado — Murmuró Dominic, doliéndose del disparo limpio que acababa de recibir — Hace tiempo que debí haber hecho esto. Lo siento, amigo.

    Park se aproximó a su amigo con un rostro de frustración e ira, colocándose cara a cara con el hombre. Tras unos segundos en silencio y con sus súbditos observando la escena con atención, el líder del campamento comenzó a reírse ante la sorpresa de Ben y el resto de personas allí presentes.

    — ¿Qué... qué lo sientes? — Park soltó varias carcajadas — Te equivocas, Dominic; lo siento yo.

    Tras sus palabras, Park se volteó e indicó a varios de sus hombres con un gesto que se aproximaran a ellos.

    — Tomadlo de los brazos — Ordenó el líder, sorprendiendo a todos.

    Dicho y hecho, varios de sus hombres sujetaron con fuerza a Dominic, que luchaba por soltarse sin éxito alguno pues sabía lo que le iba a ocurrir.

    — Ben, ¿me dejas tu machete?

    — Por supuesto.

    Ben le cedió su machete a Park, que comenzó a jugar con el haciendo movimientos de malabares con el arma blanca en su única mano.

    — El disparo habrá sido oído por esas cosas — Dijo Park, haciendo alusión al disparo de Ben — Eso hace más urgente el hecho de irnos de aquí.

    — Avisaré a los demás para que comiencen a empacar sus cosas — Respondió Ben, dispuesto a regresar al campamento por su cuenta y contar las órdenes del líder.

    — Hazlo — Le ordenó Park, indicándole que se llevase con él al resto de hombres — Yo terminaré con éste asunto y me uniré a vosotros.

    Ben asintió con las órdenes bien claras y junto al resto del grupo de personas volvieron de regreso al campamento para avisar al resto de que debían partir, quedándose Park a solas junto a cuatro de sus hombres que sujetaban a Dominic. El líder del campamento no quería haber llegado a ese extremo, pero el repentino intento de asesinato de su segundo al mando había terminado de decantar la situación.

    — Debí haber hecho esto hace mucho tiempo — Murmuró Park, alzando el machete al aire con su única mano solo para dejarlo caer con fuerza y cortar el brazo izquierdo de Dominic.

    El hombre comenzó a gritar de dolor mientras uno de los tipos que le sujetaba el brazo se había quedado con éste, lanzándolo a un lado con cara de asco. Park no esperó mucho más y cortó con la misma fuerza el otro brazo de su amigo, dejándolo sin brazos. Entre la sangre que brotaba de las amputaciones y los gritos de dolor, Dominic comenzó a perder la consciencia, no sin antes oír unas últimas palabras del que fuera su líder.

    — Si quieres acabar con esa gente por ti mismo, aquí tienes tu billete al bando de los muertos.

    Park hundió con ira el machete en el pecho de Dominic, concretamente en la zona de su corazón, terminando de manera fatídica con su vida. Sus hombres soltaron el cuerpo y lo empujaron colina abajo para que cuando se reanimase estuviese junto a la horda de infectados que vagaba por el maizal en dirección a ellos.

    — Vámonos, aquí hemos terminado — Dijo Park mientras observaba la sangre fresca del machete y se dirigía de regreso al campamento.

    [...]

    Randall, Patt, Stefan, Natasha, Amanda y siete personas más se encontraron con una compuerta que indicaba mediante un letrero que daba acceso a la zona C de la base militar.

    Había un pasador de tarjetas electrónico a un lado pero estaba desactivado fruto de la falta de electricidad en dicha zona, sin embargo, la compuerta podía abrirse a mano aunque debía ser a la fuerza, pues estaba atrancada por una barra metálica que impedía que se cerrara completamente.

    Stefan, Randall, el tipo llamado Aarón y otro hombre más se unieron para hacer fuerza, dos en cada lado, y abrir la compuerta. Tras un momento de esfuerzo, los cuatro hombres lograron abrir la entrada de acceso a la zona C.

    — Stefan, vigila a nuestro amigo Patrick por si intenta algo que no deba — Indicó Randall — Los demás, permaneced atentos. Yo iré delante.

    Asumiendo el liderazgo del grupo, Randall se puso en cabeza seguido de Amanda y Natasha, tras ellas iban Stefan y Patt seguidos de un grupo de siete personas atemorizadas pero decididas a salir de aquel lugar costara lo que costara.

    El lugar estaba conformado por un largo pasillo y distintos despachos y salas, algunos con la puerta cerrada y otros con ésta semi abierta. Había un reguero de sangre por el suelo y sangre salpicada por las grises paredes, además la penumbra era un problema para el grupo pues en ese sector no había electricidad.

    Diversos cadáveres de soldados con el torso perforado por balas y metralletas automáticas llenas de polvo debido al tiempo que habían pasado inertes en aquel lugar. El grupo observaba todo esto con repugnancia y temor. Sin lugar a dudas, en su momento hubo una tremenda batalla entre militares e infectados.

    — ¿Por dónde vamos, Patt? — Preguntó Stefan al hombre encargado de ayudarles a salir de la base.

    — A unos metros habrá dos pasillos; uno se abrirá a la derecha y el otro a la izquierda — Explicaba Patrick con seriedad — Hay que tomar el de la derecha, que nos llevará a uno de los hangares de la zona C, a partir de allí, la cosa no va a ser precisamente fácil.

    Algunos rostros del grupo se veían atemorizados y tensos ante el inminente encuentro con los infectados, sin embargo otros mostraban una seriedad y valentía dignas de alguien que sabía sobrevivir completamente bien a esas alturas del apocalípsis.

    El grupo prosiguió con su camino hasta llegar a dicho lugar donde el pasillo se dividía en dos, tomando por indicación de Patrick el pasillo de la derecha. Randall iba al frente y pese a la penumbra que reducía la visión, estaba tranquilo al no ver nada moverse por delante.

    Finalmente llegaron a una puerta que parecía con total claridad la entrada al hangar que Patt acababa de decir. Antes de salir, todos prepararon sus armas por si se topaban de lleno con los podridos, a los que se podía oír gruñir y deambular tras la puerta.

    — A partir de aquí, corremos peligro — Indicó Patrick, visiblemente nervioso — Tendremos que abrirnos paso hasta llegar a la salida de vehículos, por donde nos iremos.

    — Entendido, ¿estáis todos listos? — Randall no quería sorpresas y los quería a todos concentrados — Si permanecemos juntos, podremos con esto.

    — U-un... un momento — Musitó Patt, llamando la atención de todos — ¿Podéis quitarme las esposas? No quiero ser comida fácil para esas cosas.

    Randall y Stefan se miraron, dubitativos, mientras el resto esperaban una resolución rápida de la situación.

    — Está bien, quítaselas Stefan — Dijo Randall, advirtiendo al soldado — Si terminas haciendo algo que nos ponga en peligro, yo mismo te agujerearé la espalda para que los infectados te coman tranquilamente, ¿me has oído?

    — Alto y claro, jefe.

    Stefan, que portaba las llaves de las esposas, las sacó y se las quitó al soldado, que comenzó a mover las muñecas mientras hacía muecas de dolor.

    — Necesito un arma — Musitó Patrick, frenando la intención de salir de una vez ahí fuera.

    — Dale un puto cuchillo, no lo quiero con armas de fuego — Randall hablaba en serio.

    Stefan le cedió su cuchillo con el ceño fruncido, gesto que fue agradecido por Patrick mediante una reverencia burlona. Tras esto, el grupo con Randall a la cabeza se preparo finalmente para confrontar a los no muertos.

    — ¡Ya! — Exclamo Randall, abriendo de forma rápida dicha puerta.

    El grupo salió decidido y se encontró con un escenario apabullante y aterrador como poco. El hangar estaba repleto de muertos que se giraron al oír como la puerta se abría y de ella salían varias personas. Algunos ya comenzaban a arrepentirse de haber cruzado dicha puerta.

    — ¡Hagamos un círculo, niños y madres dentro! — Ordenó Randall, tratando de proteger a los más vulnerables.

    El grupo imitó la orden dicha por Randall y formó un círculo de protección, colocándose en el centro una mujer y su hija, un anciano y una embarazada. Los muertos comenzaron a dirigirse hacia el grupo mientras los supervivientes hacían uso de sus armas.

    La salida se veía algo lejana, considerando la inmensa cantidad de infectados que habían en aquella zona C. No obstante, estaba a unos cuatrocientos metros.

    Los no muertos comenzaron a rodear al grupo y un infectado tomó del brazo a Aarón, uno de los habitantes de la base militar que tenía a cargo a su mujer y una hija. Antes de que pudiese darse cuenta, el podrido hundió sus sucios dientes en el antebrazo del hombre, que gritó con una mezcla de dolor y furia, terminando por empujar al infectado contra varios que se aproximaban.

    — ¡Aarón, Dios mío! — Exclamo su mujer, que rápidamente cubrió los ojos de su hija.

    — ¡Os sacaré de aquí! — Gritó Aarón, decidido a sacrificarse por su familia.

    El grupo proseguía avanzando sin tregua hacia la salida mientras gastaban de manera incesante la poca munición que tenían. Todo el alboroto que estaban formando terminó siendo oído por Bernard y los cuatro soldados que quedaban con vida, que desde las rejas de la zona B observaban la situación.

    — Estúpidos — Musitó uno de los soldados — Vaya forma más patética de morir.

    — Los infectados nos ahorrarán el trabajo de tener que matarlos a todos — Murmuró otro, sonriendo de manera maquiavélica.

    — Cerrad el pico — Dijo Bernard con seriedad — Traigan los lanzagranadas que queden en la armería.

    Los cuatro soldados se miraron sorprendidos con la orden de su líder, sin embargo, no se negaron y dos de ellos fueron corriendo hacia la armería para traer lo indicado por Bernard.

    El grupo seguía combatiendo a los no muertos. Stefan se quedó sin munición de su escopeta, por lo que la tiró a un lado y tomó el lanzagranadas que cogió de la armería. Consciente de que eso les abriría camino, el ex preso advirtió a los suyos de lo que pretendía.

    — ¡Todos atrás, voy a despejar el camino! — Exclamo Stefan, empuñando el lanzagranadas.

    El grupo echó rápidamente hacia atrás, momento que aprovechó Stefan para disparar su arma. Hasta cinco granadas cargaba, por lo que no sería complicado abrir un camino para el grupo. En ese momento, una explosión cercana al ex preso le hizo caer al suelo, aturdido.

    Todos se giraron hacia su derecha para ver como Bernard y sus hombres utilizaban los lanzagranadas para intentar matarlos. Los soldados apuntaban por arriba de las vallas para disparar y cuando las granadas contactaban con el suelo, explotaban, realizando una auténtica carnicería de restos de muertos por el asfalto.

    Presas del pánico, la mayoría de personas que estaban en el grupo comenzaron a correr, huyendo por su cuenta y peleando a los infectados también por su cuenta. Aarón tomó la mano de su mujer, que cargaba en brazos a su hija, y comenzó a abrirse camino él mismo.

    — ¡¿Qué hacéis?! — Randall observaba la escena con terror, viendo que el grupo se estaba dispersando — ¡Solos no podréis sobrevivir!

    — Merece la pena intentarlo — Dijo de manera repentina Patrick, dejando a Randall, Natasha y Amanda a solas mientras el resto de personas huían despavoridas y terminaban siendo devoradas o desaperecían entre tanta multitud de infectados.

    Stefan yacía en el suelo a punto de ser mordido cuando Amanda disparó rápidamente a tres podridos que se le aproximaban. La mujer corrió a ayudar a su pareja, que debido a la explosión tan cercana, se encontraba aturdida y con dificultades para oír.

    Amanda trataba de levantarlo del suelo mientras Randall y Natasha veían como la gente a la que intentaron salvar decidía probar fortuna por su cuenta, viendo a algunos morir allí mismo y a otros perderlos de vista.

    De pronto, el grupo fue sacudido por dos explosiones seguidas muy cerca de su posición, provocando que tanto ellos como los infectados salieran disparados por los aires.

    [...]

    Fer, Sally, Alma, Saúl y Jess se encontraban en una de las habitaciones del segundo piso. Cada uno parecía estar pensativo, tratando de encontrar la forma de poder salir de la casa sin ser incordiados por los infectados. Sin embargo, sus pensamientos se vieron perturbados de forma repentina por un lejano y único disparo.

    — ¿Qué ha sido eso? — Preguntó Saúl, levantándose de un sillón en el que estaba sentado.

    — ¿Un disparo? — Preguntó Sally, que tenía dudas debido a la lejanía del sonido.

    — Creo que sí — Musitó Alma, confirmando lo que todos se temían — ¿Quién habrá sido?

    — Los únicos que pueden ser son los del campamento — Dijo Saúl, siendo lógico — No sé para qué habrán disparado, pero quizá haga que la horda se dirija allí.

    — Sea lo que sea, dudo mucho que lo hayan hecho para ayudarnos — Indicó Jess con seriedad.

    Fer observaba por la ventana como los infectados tenían rodeada la casa, sin embargo, gracias al disparo, algunos se dieron la vuelta y tomaron otro rumbo.

    — Algunos se están yendo — Informó Fer al grupo — Pero siguen siendo muchos ahí fuera.

    — Vaya mierda — Murmuró Saúl, frustrado.

    El grupo permanecía en silencio, sin muchas opciones que tomar ni cosas que hacer. Tan solo quedaba esperar a que los infectados se fueran además de que no lograran alcanzar el segundo piso, bloqueado por dos armarios tirados en las escaleras.

    Los minutos iban pasando y la sensación claustrofóbica que tenían algunos comenzaba a hacerse evidente en algunas personas, pues Alma estaba pálida y Saúl no dejaba de dar vueltas de un lado al otro de la habitación.

    — Necesitamos algo, una idea — Dijo Saúl, más para sí mismo que para los demás — No podemos seguir así...

    — Lo que no podemos es seguir viéndote ir de un lado a otro — Dijo Jess, poniéndose nerviosa con la intranquilidad de su compañero.

    — ¡Estoy pensando, joder! — Gritó Saúl, molesto por el comentario de la mujer — ¡Deberías hacerlo tú también!

    — Lo estamos haciendo todos, no hay necesidad de ponernos así — Intervino Sally.

    — Chicos... — Alma trataba de llamar la atención de los suyos.

    — ¡Me pongo así porque estoy hasta los huevos que estar aquí atrapado! — Exclamo Saúl, enfadado.

    — ¡Será mejor que te relajes! — Fer se encaró con el tipo al ver que estaba demasiado nervioso — ¡Cálmate!

    — ¡Chicos...! — Exclamo Alma, logrando finalmente acaparar toda la atención — Mirad ahí.

    La embarazada señalaba al centro del techo de la habitación, donde un pequeño hilo pasaba desapercibido y parecía servir para abrir una trampilla.

    — Creo que es un desván instalado en la parte alta de la casa — Pensaba Alma — No es una idea, pero podríamos ver que cosas útiles hay ahí arriba.

    — Cierto — Musitó Saúl, decidido a hacer bajar la escalerilla de esa trampilla — Me subiré al sillón y tomaré ese hilo para abrirlo.

    Dicho y hecho, el hombre se subió al sillón en el que un rato antes había estado sentado y logró alcanzar aquel pequeño hilo, pudiendo estirar y abrir dicha trampilla de la que hizo bajar una escalerilla que daba acceso a un desván un tanto oscuro.

    — ¿Tenemos linterna? — Preguntó el hombre, pues no podía apreciar nada en el interior de aquella planta superior.

    — Creo que sí, un momento — Sally comenzó a buscar entre varias cosas hasta encontrar una linterna — Aquí tienes, sabía que teníamos alguna.

    — Veamos que tenemos aquí... — Murmuró Saúl, iluminando el interior de aquel desván de ático.

    El tipo asomó la cabeza al interior de aquel desván en el ático e iluminó con la linterna todos sus rincones. Allí no parecía haber nada interesante, tan solo sillas plegables, una mesa y todo tipo de cajas esparcidas por el pequeño espacio. Sin embargo, Saúl vio algo tras una montaña de cajas que sobresalía por un lado.

    — ¿Has visto algo? — Preguntó Jess al ver que su compañero subía la escalerilla.

    Sin obtener respuesta, el resto del grupo esperó con curiosidad a que Saúl dijera algo. El hombre parecía estar cogiendo algo pues no dejaba de hacer ruidos, como si estuviese arrastrando algo.

    — ¿Qué diablos haces, Saúl? — Preguntó Fer, esperando una respuesta definitiva.

    En lugar de hablar, Saúl se limitó a bajar con cierta dificultad una escalera bastante larga. El grupo comprendió rápidamente que podría ser útil para salir de la casa.

    — Estaba bien escondida — Dijo Saúl mientras bajaba de dicho desván — Pero servirá. Tengo una idea.

    — Creo que sé por donde vas — Murmuró Sally, suponiendo que había pensado lo mismo — Pero di qué idea tienes.

    — Esa escalera mide unos dos metros — Explicó Saúl — Desde la ventana hasta abajo serán dos metros y algo... podríamos usarla para salir de aquí. Bajamos por la ventana y nos largamos.

    — Pensaba lo mismo — Musitó Sally.

    — Es una buena idea pero necesitamos una distracción — Indicó Fer, pensando con lógica — Ahora mismo los infectados rodean la casa. Si todos se fueran a un lado de ésta, nosotros podríamos usar el lado libre para salir e irnos.

    — Lo entiendo pero, ¿quién quiere quedarse atrás para hacer de distracción? — Preguntó Alma, dudando que alguno se ofreciera.

    — Cualquiera menos tú — Dijo Fer, no queriendo arriesgar a la mujer y futuro hijo de su hermano — Me quedaré yo si es necesario.

    — No, Fer... — Sally no parecía de acuerdo.

    — Lo haré yo — Propuso Jess — Os daré tiempo para que salgáis.

    — ¿Estás segura? — Preguntó Saúl, viendo que el rostro de Jess no demostraba convicción.

    — Lo estoy — Respondió Jess con seriedad — Conozco a estas personas y en el pasado no me porté muy bien con ellas, hice cosas malas y ahora, de alguna forma, puedo remediar todo aquello.

    Fer, Sally y Alma observaban sorprendidos a Jess, pues pese a que ya había dicho que pretendía ganarse de nuevo su confianza, ellos no terminaban de creerla hasta ese momento, en el que iba a arriesgarse a quedarse atrapada allí.

    — Gracias por lo que vas a hacer, Jess — Dijo Alma con sinceridad.

    — No te preocupes, cuando estemos todos fuera te esperaremos para que salgas — Le aseguró Fer, cosa que la tranquilizó un poco.

    — Exacto, no nos iremos sin ti — Añadió Sally.

    Jess sintió cierto apoyo por los que una vez formaron parte de su grupo de Zona y no podía estar más agradecida, especialmente tras todo lo ocurrido entre ellos. Saúl no tenía ni idea pero de alguna manera comprendía a Jess.

    — Bien, id colocando la escalera y yo provocaré una distracción al otro lado — Indicó Jess, que se dirigía a la habitación contigua que daba al otro lado.

    — Vamos — Dijo Saúl.

    Mientras Saúl, Fer, Alma y Sally abrían la ventana y observaban a los infectados que había en su lado, sin poder colocar la escalera para no llamar la atención, al otro lado de la vivienda se encontraba Jess, disparando a los podridos con su pistola y provocando que el ruido fuera atrayendo a los muertos del otro lado hacia el suyo.

    — Ahora, es el momento.

    Entre Saúl y Fer, ambos comenzaron a colocar la escalera metálica por el lateral de la casa que se había ido vaciando debido a los disparos de Jess al otro lado. Una vez colocada, el primero en bajar fue Saúl, que una vez pisó tierra firme se preparó por si aparecían infectados.

    — Te toca, Alma — Le dijo Fer a la embarazada.

    Dicho y hecho, Alma bajó lentamente pero con seguridad hasta fuera de la casa y ahora se encontraba con Saúl. La siguiente era Sally, que le dio un beso a Fer y descendió por las escaleras. Finalmente era el propio Fer, que antes de bajar avisó a Jess de que ya estaban todos.

    — ¡Jess, ven, rápido!

    Fer comenzó a bajar rápidamente las escaleras para dejarle espacio a la mujer, que tras oír las palabras del hombre, no dudó de obedecerle. Sin embargo, el cese de los disparos hizo que los infectados comenzaran a deambular de nuevo a sus anchas, rodeando de nuevo la casa. Jess se disponía a bajar por la escaleras cuando varios infectados hacían acto de presencia.

    — ¡Mierda, están volviendo! — Exclamo Saúl, quitando el rifle que colgaba de su espalda y listo para usarlo.

    — ¡Vamos Jess, date prisa! — Gritó Sally, con tensión.

    Jess comenzó a bajar con velocidad mientras sus compañeros confrontaban a los no muertos, sin embargo, tuvo la mala fortuna de resbalar en uno de los escalones y la escalera cayó hacia atrás junto con ella. Jess logró saltar rápidamente a un lado pero los muertos ya estaban encima del grupo.

    — ¡Que no se acerquen! — Exclamo Fer, preparándose para defenderse.

    Jess se dolía del tobillo izquierdo y Saúl tuvo que ayudarla a incorporarse, tomándola de un brazo para poder avanzar juntos. Los infectados se aproximaban cada vez más y considerando la cantidad que había de estos, los cinco supervivientes optaron por huir.

    — ¡Los despistaremos en el maizal! — Gritó Saúl, ayudando a Jess a avanzar — ¡Vamos!

    [...]

    Natasha comenzaba a abrir los ojos tras haber sido lanzada varios metros a su izquierda, fruto de una explosión muy cercana a ella en su derecha. Pese a no poder oír nada inicialmente y mientras los ojos se acostumbraban a la humareda, la mujer pudo ver cadáveres en llamas, sin embargo lo más impactante de esto fue ver a Amanda siendo plácidamente devorada por varios infectados.

    Su cuerpo había sufrido ciertas quemaduras debido a la explosión y el haberse puesto delante de Stefan había logrado salvarle a él, pero ella no había sufrido mejor destino y los muertos la habían atrapado. A medida que el sonido comenzaba a penetrar por sus oídos, Natasha comenzó a escuchar como Stefan gritaba de manera enloquecida mientras disparaba las granadas restantes de su lanzagranadas contra Bernard y los suyos, causantes de todo lo que estaba sucediendo.

    — ¡¡¡Estáis muertos malditos hijos de perra!!! — Gritaba el ex preso con una furia evidente.

    El grupo de Bernard se vio sorprendido por una de las granadas que disparó Stefan, que cayó cerca y destruyó las vallas que separaban la zona B de la C además de haber alcanzado a uno de los soldados. Los infectados vieron el agujero y comenzaron a dirigirse algunos hacia allí.

    — ¡Tenemos que irnos, joder! — Ordenó Bernard, frustrado — ¡Este sitio será historia! ¡Vamos!

    Bernard comenzó a correr en dirección al interior del hangar junto a los tres soldados que quedaban con vida a sus servicios. Stefan disparó las granadas que le quedaban al arma, sin éxito, pero provocando más grietas en las defensas de la zona B y causando que ésta fuese a terminar invadida eventualmente.

    Natasha comenzó a incorporarse adolorida sin percatarse de que un infectado estaba muy cerca. Antes de que pudiese darse cuenta, Randall, que salió de la nada, tomó al muerto por detrás y le hundió el cuchillo en la cabeza. La mujer corrió rápidamente al verlo y lo abrazó.

    — ¡Tenemos que irnos, Stefan! — Le gritó Randall, consciente de que su compañero aún estaba en shock por ver morir a Amanda.

    Stefan lanzó el lanzagranadas sin munición a un lado y se dirigió hacia Randall y Natasha sin dar respuesta. El trío avanzó entre la polvoreda levantada por las granadas explosionadas hasta salir de la zona C, donde la puerta de entrada estaba derruida.

    Los tres supervivientes salieron de la base militar y no se pararon hasta alejarse lo suficiente como para no tener problemas con los infectados. En el interior de un bosque cercano a una carretera, el grupo comenzó a recuperar energías mientras asimilaban lo sucedido.

    — Stefan, siento much...

    — Déjalo, Natasha — Respondió el ex preso, con lágrimas en los ojos y pareciendo resignado — He visto morir a mucha gente, no necesito compasión.

    — Hemos perdido a Amanda, a Alexa, a Michael... — Murmuró Randall, visiblemente afectado por todo lo sucedido — Joder, ni siquiera sabemos si Fer, Sally y Alma siguen vivos en algún lugar...

    — Deben estarlo, al menos eso espero — Dijo Natasha, pensativa — Tenemos que tener cuidado aquí fuera, Patrick se ha ido por su cuenta y Bernard y sus hombres siguen por ahí...

    — Tenemos que encontrarlos y matarlos — Propuso Stefan, en modo vengativo — Esos malnacidos no se merecen tener la oportunidad de sobrevivir aquí fuera.

    — No vamos a iniciar una búsqueda por venganza, Stefan — Le recriminó Randall — Yo también les deseo la muerte por haber matado a Michael y Alexa, al igual que Amanda... pero buscar venganza no nos llevará a ningún lado. Debemos pensar en cuál es nuestro siguiente paso.

    — ¿Siguiente paso? — Stefan comenzó a reírse — Es absurdo pensar en un siguiente paso, cuando tras llegar tan lejos en éste mundo de mierda, solo te encuentras comunidades lideradas por psicópatas o psicópatas en la carretera. ¿Qué sentido tiene pensar en un siguiente paso? Sugiero que vivamos el día a día, es más realista.

    — Entiendo que estés frustrado, amigo, y no te culpo, en tu lugar probablemente me sentiría igual — Respondió Randall — Pero debes entender que rendirse ahora no es una opción. Vivimos en éste mundo desde hace más de un año y medio, las cosas no van a mejor pero... tenemos que hacerlas mejor.

    — ¿A qué te refieres? — Preguntó Natasha, con curiosidad.

    — Sugiero que regresemos a Zona y volvamos a reconstruirla, empezar de cero — Respondió el hombre para sorpresa de sus amigos — Ha pasado tiempo, quizá sea momento de construir un lugar seguro de verdad. Al fin y al cabo, habrá más gente como nosotros ahí fuera y necesitan que haya una comunidad que no esté liderada por psicópatas, ¿no crees, Stefan?

    El ex preso frunció el ceño mientras cruzaba los brazos en señal de disconformidad con la idea. Sin embargo, era consciente de que su compañero Randall tenía razón, y que para estar vagando por el mundo sin rumbo, que mejor que tener un objetivo por el que vivir. Stefan pensó que Amanda accedería, por lo que pese a no quererlo inicialmente, el hombre terminó apoyando la decisión.

    Natasha, por otro lado, estaba totalmente de acuerdo y le entusiasmaba la idea de volver a Zona, pues siempre fue su hogar y ahora podría serlo de nuevo, con ellos tres y con más gente que encontraran por el camino y que demostraran ser buenas personas.

    — Entonces no hay nada más que decir — Murmuró Randall, apenado por las muertes pero contento de que sus compañeros creyeran en su visión de futuro — Volvamos a casa.

    [...]

    Fer corría en cabeza, teniendo que apartar tallos de maíz constamente para poder avanzar. Sally lo seguía junto a Alma, asegurándose de que a ésta no le ocurría nada. Tras ellos iban Saúl y Jess, el hombre hacia un considerable esfuerzo al hacer de apoyo para la mujer, que con un tobillo lesionado le era muy difícil seguir el ritmo del resto.

    El grupo sentía que los infectados le pisaban los talones pues los gruñidos no cesaban y la frondosidad del maizal dificultaba la visibilidad de los supervivientes, que se sentían realmente en un laberinto claustrofóbico. Sin embargo aquello no era lo peor, pues los infectados estaban en todas direcciones y podían salir por cualquier lado, siendo un peligro evidente.

    — ¡Fer! ¡Fer! — Exclamaba Sally al ver que Saúl y Jess no podían más — ¡Fer! ¡Para!

    Fer se volteó al oír a su pareja y se aproximó a ella y a Alma. Saúl se encontraba abatido de tener que arrastrar casi a Jess y la mujer no estaba en condiciones de correr.

    — Él está cansado y ella no puede caminar — Dijo Sally — Tenemos que ayudarles.

    — No deberíamos parar, hay infectados por todas partes — Murmuró Fer mientras observaba a su alrededor con alerta.

    — Ellos nos han ayudado a salir del campamento ese y ahora necesitan nuestra ayuda — Indicó Sally, tratando de que el hombre entrara en razón.

    De pronto, dos infectados salieron de la nada y se lanzaron contra Saúl y Jess, que estaban varios metros atrás del trío formado por Fer, Sally y Alma. Saúl reaccionó rápidamente tomando su cuchillo para no hacer ruido y mientras aguantaba el avanza del muerto con una mano con la otra lo ejecutaba. Sin embargo, el segundo infectado se encontraba tras él y Jess, sentada en el suelo, tuvo que darle una patada para hacerle caer.

    — ¡Saúl! — Avisó Jess a su compañero.

    — Lo tengo — Musitó el hombre, acabando con el segundo infectado.

    Fer se quedó mirando la escena en silencio, al igual que hicieron las dos chicas, cosa que no gustó nada a Saúl, lanzando una mirada seria a estos.

    — Te guste o no, tenemos que ayudarles — Murmuró Sally, dirigiéndose hacia Jess para ayudarla a caminar junto a Saúl.

    — Tiene razón, Fer, lo sabes — Dijo Alma, tratando de consolar al hermano de su fallecida pareja — Se lo debemos.

    — Hasta que la situación diga que deben ser ellos o nosotros — Respondió Fer, que pese a querer ayudarles no quería arriesgar a las dos chicas — Movámonos.

    Los cinco supervivientes prosiguieron con su andadura durante varios metros más y se encontraron con que habían salido del maizal. Se hallaban en un camino que podía llevarles de nuevo a la carretera y por ende alejarlos de allí, no obstante, dicho camino estaba repleto de infectados que deambulaban sin rumbo.

    — Mierda, mierda, mierda... — Susurraba Fer al ver la situación — Volved atrás, vamos.

    El grupo entró de lleno al maizal al ver que el camino estaba lleno de no muertos y era inviable pasar entre ellos. Fue entonces cuando a Fer se le ocurrió una idea, una vieja idea que ya puso en práctica en Zona.

    — Necesitamos los cuerpos de los infectados que habéis matado — Le dijo Fer a Saúl.

    — ¿Para? ¿Qué quieres hacer con ellos? — Saúl no entendía nada.

    — Ahora lo verás — Musitó Fer, dirigiéndose unos metros adentro del maizal mientras le seguían sus compañeros.

    El grupo retrocedió unos pasos hasta llegar al lugar donde habían dejado esos dos cuerpos de infectados. Fer se inclinó sobre uno de ellos y con su propio cuchillo, comenzó a abrirle el pecho, mostrándose sus tripas. Aquello repugnó de tal manera a Alma que tuvo que girarse para no vomitar.

    — ¿Qué diablos estás haciendo? — Saúl no dejaba de mirar a todos lados, rezando para que no los detectaran más muertos — ¿Me puedes decir que pretendes?

    — Cierra la boca y aplícate sus tripas por todo tu cuerpo — Le ordenó Fer con seriedad.

    — No voy a hacer esa mierda — Saúl se negaba.

    — Lo vas a hacer si quieres sobrevivir al día de hoy — Fer llamó a Sally y Alma, pues iba a untarlas de tripas a ellas primero — Puede parecer asqueroso pero se trata de camuflaje.

    — ¿Camuflaje? — Jess estaba sorprendida — Si nos echamos tripas infectadas por encima... ¿no nos detectan?

    — Tal y como suena — Musitó Fer, restregando sangre por la espalda de Alma, que luchaba por no vomitar — Saldremos de aquí rápido y en silencio.

    — Joder, vaya asco — Resignado, Saúl comenzó a echarse vísceras por encima.

    Una vez los cinco supervivientes se echaron tripas por todo el cuerpo para pasar inadvertidos ante los muertos, comenzaron a usar su estrategia. Salieron del maizal con lentitud e imitando medianamente los movimientos de los infectados para no llamar la atención, cosa que funcionaba y que sorprendió a todos, especialmente a Saúl y Jess, que nunca habían oído hablar de aquello.

    Los podridos se cruzaban por delante del grupo sin siquiera mirarles, cosa que indicaba que todo iba bien. Sin embargo, un infectado comenzó a fijarse en Alma, pues era la que menos tripas se quiso echar encima al tenerles pudor fruto de la sensibilidad de estar embarazada.

    Aquel detalle pasó desapercibido para el grupo excepto para ella, que veía de reojo como a su lado la seguía un infectado. Incomodándose, la embarazada comenzó a pegarse más al grupo. Fer se fijó que a menos de cincuenta metros había una camioneta de granja estacionada y que podía servirles si tenía gasolina. Sin embargo, no podía comunicarlo al resto del grupo pues no quería siquiera susurrar para evitar arriesgarse a que fuera detectado.

    De pronto, el podrido que seguía a Alma se lanzó sobre ella tratando de morderle. Aquello fue tan repentino que la embarazada tropezó y empujó a Sally, sacándola del círculo del grupo y exponiéndola al resto de infectados. Alma soltó un grito agudo que hizo que el resto de infectados se voltearan mientras ella forcejeaba contra el muerto que la había atacado.

    Fer corrió en su ayuda y hundió rápidamente el cuchillo que portaba en la cabeza del podrido, matándolo al momento. Sally se vio rápidamente rodeada por infectados y sin ninguna salida aparente. Saúl pensó en quedarse quieto como cuando ellos lo hicieron mientras dos infectados le atacaban anteriormente, no obstante, terminó yendo en ayuda de la mujer junto a Fer.

    Jess desenfundó su pistola y se quedó con Alma mientras Fer y Saúl corrieron a quitarle de encima los muertos a Sally. La chica también sabía defenderse y comenzó eliminar podridos, sin embargo, cuando clavó su cuchillo en la cabeza de uno que tenía al frente apareció otro por un lado para morderle en el antebrazo.

    El grito de dolor de Sally hizo que Fer, que se encontraba matando a un podrido, levantara la vista instantáneamente para ver lo que acababa de suceder. Saúl estaba más cerca por lo que llegó primero a la escena y acabó con el infectado al momento. Sally, presa del pánico, comenzó a verse con horror la mordida que tenía en el antebrazo derecho.

    — No, no, no... — Murmuró Fer al ver la marca de los dientes clavada en la piel de Sally, que sangraba — T-tengo que amput...

    — ¡Tenemos que irnos, se nos echan encima! — Gritó Jess, que comenzó a disparar fruto de la desesperación al ver que los muertos los habían detectado.

    — ¡Ahí delante hay una camioneta, tenemos que llegar a ella! — Exclamo Fer, mientras tomaba a Sally de la mano para llevarla consigo.

    El grupo comenzó a correr en dirección al vehículo mientras iban eliminando infectados con las armas de fuego, pues ya no servía de nada el sigilo. Al llegar a la camioneta, Saúl rompió el cristal de la ventanilla para abrir la puerta y acto seguido se dispuso a hacerle un puente para arrancarlo.

    — ¡Cubridme, pondré en marcha a esta tartana! — Gritó Saúl, con los nervios y la tensión a flor de piel.

    Jess, Alma y Fer comenzaron a disparar a los infectados más próximos exceptuando a Sally, que se encontraba en shock sin dejar de mirarse el mordisco que acababa de recibir. Fer se percató de esto y la tomó de los hombros para hacerla reaccionar.

    — ¡Sally! — Exclamo, mirándola fijamente a los ojos — ¡Te necesito conmigo! ¡¿Me entiendes?! ¡Te necesito!

    Sally parecía fuera de sí, aún sin creerse el hecho de que su vida iba a terminar pronto. Sumida en un estado de parálisis, la mujer no se percató de que Saúl arrancó el vehículo, dándoles el visto bueno al resto del grupo para que se subieran.

    Fer la tomó del brazo y la subió a la parte trasera junto a él, mientras que Alma y Jess se colocaron en la parte delantera junto a Saúl, que pisó frenéticamente el acelerador y comenzó a atropellar infectados hasta salir del camino en el que se encontraban.

    Saúl condujo durante cinco minutos hasta alejarse lo suficiente del maizal por la carretera, en ese momento, Fer le indicó que parara. Sin decir nada a nadie, el hombre comenzó a buscar en el vehículo algún machete con el que cortarle el brazo a su pareja, pues con el cuchillo sería muy complicado y perdería el doble de sangre al no ser un corte tan limpio.

    Saúl y Jess lo miraban con tristeza y desolación, pues Fer buscaba desesperado y con lágrimas en los ojos algún objeto cortante con el que poder tratar de evitar la infección de Sally. Alma, por su parte, se encontraba sentada en la parte trasera junto a Sally, que tenía la mirada perdida y no quería hablar. Abatido por no hallar lo necesario, Fer se dirigió a Sally, se arrodilló ante ella y la tomó de las manos mientras estaba entre lágrimas.

    — Lo siento, Sally, yo... — A Fer le costaba mucho hablar — ...no he encontrado nada y... no sé que puedo hacer, no sé si...

    — Está bien, Fer — Murmuró Sally, tras llevar un rato sin decir nada — Cuando te llega la hora no puedes hacer nada.

    — Dios, si quizá se me hubiese ocurrido otra idea, quizá tú...

    — Tenía que pasar esto, no es culpa tuya ni de nadie — Sally ya comenzaba a ponerse pálida — Tengo mucho frío, Fer...

    Fer rompió a llorar y se alejó unos metros para estar solo durante un momento, pero su soledad no duró nada porque Saúl se aproximó a él por detrás. Jess y Alma se quedaron cuidando de Sally.

    — La infección está avanzando rápido en ella — Murmuró el hombre, tratando de no sonar muy brusco — No creo que le queden más de dos horas, quizá deberíamos ir pens...

    — Lo sé — Musitó Fer, sin mirar a su compañero a la cara — No voy a hacerlo hasta que deje de respirar.

    — Lo entiendo — Respondió Saúl, cabizbajo — Por cierto, ¿alguna sugerencia de hacia donde ir?

    — No lo sé.

    — Fer — Dijo Alma, apareciendo tras ellos e interviniendo en la conversación — Sally quiere hablar contigo.

    — Ahora mismo voy.

    — Una cosa más...

    — Dime.

    — He oído que estáis pensando hacia donde ir y... bueno, tengo una sugerencia — Dijo Alma, sorprendiendo al propio Fer y a Saúl.

    — ¿Y cuál es? — Preguntó Saúl, con curiosidad.

    — Zona — Murmuró Alma, mirando a Fer — Una vez me dijiste que algún día me llevarías de regreso, que enterraste a Gabriel allí... creo que es el momento. Además, creo que... preferirías enterrar a Sally allí que a un lado de la carretera.

    Fer se quedó pensativo durante unos segundos y finalmente asintió con la cabeza. Tras esto, puso rumbo hacia la camioneta donde estaba Sally, dejando a Alma y Saúl hablando a solas.

    — Os dejo solos — Murmuró Jess al ver venir a Fer.

    Jess se alejó de la camioneta, dejando a Sally y Fer a solas. La pareja se miró fijamente durante unos instantes, pues sabían que no les quedaba mucho tiempo para despedirse.

    — ¿Recuerdas... recuerdas la primera vez que nos vimos? — Preguntó Sally, hablando con lentitud y cierta dificultad.

    — ¿Cómo olvidarlo? — Dijo Fer, no pudiendo evitar sonreír — Me dijiste que tenía suerte de no estar muerto.

    — Y tú me respondiste que la suerte no existe — Respondió Sally, cabizbaja — Yo siempre creí en la suerte, pero ahora que voy a morir... creo que es una excusa que se dicen algunos. Me abriste los ojos.

    — Sally... — Fer agachó la mirada al oír aquello.

    — Enfrentaste a ese tal coronel Santiago y a uno de sus hombres con valentía — Murmuró Sally — De no ser por aquello, nunca te hubiese invitado al plan de huida que teníamos yo, Randall, Marcus, Alexei y Cassandra. No nos hubiésemos conocido, no hubiésemos llegado tan lejos... Fue un verdadero acierto traerte con nosotros porque desde aquel entonces, has sido tú quién nos has llevado hasta aquí.

    — Yo tampoco habría llegado hasta aquí de no ser por vosotros — Respondió Fer, mirando a los ojos de su chica — De no ser por ti, luego por Gabe, ahora Alma... cada uno me dio fuerzas para seguir.

    — Y tú nos diste fuerza a nosotros.

    — Echo de menos a Andy, a Cassandra, a Gabe, a Randall... a todos los que alguna vez coincidieron conmigo... — Fer comenzó a emocionarse — Ahora te vas tú y... y no sé que voy a hacer...

    — Saldrás adelante, eso es lo que haces siempre — Dijo Sally — Hemos estado todos estos meses cuidando de Alma porque lleva al hijo de tu hermano en su interior, y aparte de su madre, te tiene a ti. Sois su familia y él o ella será la tuya. Eso es motivo más que suficiente para seguir hacia delante. No te pido que me olvides, ni que dejes de pensarme, yo siempre estaré en ti... solo te pido que ayudes a la gente como una vez me ayudaste a mí y a los demás. Tienes ese don para guiar a la gente, Fernando, no lo eches a perder. Nunca dejes de escuchar la voz de tu instinto.

    [...]

    Nueve años después


    — Feliz cumpleaños, hijo.

    — Gracias, papá.

    El niño abraza a su padre y acto seguido se tumba en la cama mientras el hombre lo tapa hasta el cuello.

    — Papá...

    — Dime, Gabe.

    — Ahora que he cumplido diez años... ya soy mayor, ¿verdad?

    — Lo eres, pero aún te faltan varios cumpleaños más para ser un adulto, que es muy distinto — Dijo Fer, sonriendo — ¿Por qué me lo dices?

    — Porque tú y mamá me dijisteis una vez que cuando fuese mayor me contaríais algunos secretos y responderíais a mis preguntas...

    — Y lo haremos, pero todo a su debido tiempo. Ahora debes dormir.

    — Me iré a dormir si me dejas preguntarte algo — Gabriel Jr se cruzó de brazos, dispuesto a cumplir con su palabra.

    — Está bien, está bien — Fer sonrió, accediendo a la propuesta del niño — Solo una pregunta, ¿entendido?

    Gabe Jr asintió, decidido. Fer esperó la pregunta del pequeño con curiosidad y teniendo claro que no iba a responder cualquier pregunta.

    — ¿Es cierto que los monstruos que existían antes han dejado de existir?

    La pregunta sorprendió a Fer, pues no solía hablar de ese tema con el niño como para que éste lo sacara de forma repentina. Cauteloso con sus palabras, el hombre respondió a la pregunta.

    — Es verdad, los monstruos dejaron de existir hace años — Murmuró Fer con una voz tranquila — Ahora te dormirás, ¿verdad?

    — Sí, papá — Musitó el niño, recostándose en la cama mientras Fer le daba un beso en la frente — Buenas noches.

    — Buenas noches, Gabe.

    Fer salió de la habitación con el rostro serio y la mirada opaca. Acto seguido salió de la casa en la que vivía y cruzó la calle, donde enfrente se hallaba un muro de casi cinco metros de altura hecho con paneles metálicos, yeso y ladrillo. El hombre se aproximó lentamente a dicho muro y se colocó de lado para poner la oreja.

    No había nadie fuera de sus casas y el silencio solo era roto por la brisa nocturna que mecía las hojas de los árboles. Tras estar más de un minuto sin oír nada, Fer se volteó para regresar de nuevo a su casa.

    Pero de repente, un sonido perfectamente reconocible para Fer hizo que éste se paralizara y su sangre se le helara en ese preciso instante. Se trataba de un gruñido, y por ende, un monstruo del exterior de Zona que había llegado hasta sus muros.

    Habían pasado cuatro años sin encontrarse con infectados en el exterior, siendo evidente su constante descomposición pútrida con el paso del tiempo. Tanto tiempo sin oír aquel característico sonido hizo que Fer se quedase parado.

    ¿Se trataba de algún superviviente del exterior infectado más recientemente o realmente el virus había logrado mutar y sobrevivir al paso del tiempo? El intento del hombre por mantener a Gabriel Junior al margen del horror de años pasados comenzaba a desmoronarse.

    Fer tenía claro que aquello era una señal y no le gustaba nada. ¿Acaso había más supervivientes ahí fuera? Hacía años que no encontraban a nadie, por lo que la segunda opción cobraba más fuerza. En ese momento y tras años en letargo, su instinto de supervivencia volvió a despertar.


    FIN
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola amigo, paso a comentar el capítulo final de la historia. En líneas generales, lo sentí bueno y mucho mejor que los demás capítulos de la parte 7, y también a los anteriores. El asunto es que siento que algunas cosas pasaron demasiado rápido y hubo otras a las que no se las mostró y podrían haber quedado bien, dado a que eran cosas importantes que hubieran sido geniales para mostrar en el final.

    En primer lugar, no recuerdo haber visto errores con la ortografía o la gramática, por lo que me saltearé esa parte para pasar a comentar la trama.

    Veo que el plan de Randall no salió muy bien a causa de Bernard. Increíble que en sus últimos disparos haya querido causar daño a la gente que se hartó de su dictadura. Todo esto hace que el personaje de Rashid quede como un mentiroso e hipócrita, o bien Bernard hacía muy bien el papel de ser un mentiroso. Imposible que el explorador quisiera llevar gente a esa comunidad con buenos motivos. Increíble también que haya querido dejar fuera a Fer cuando Bernard es mil veces peor. Encima terminó guiando a Michael y Alexa, quienes confiaron en él y lo ayudaron a sobrevivir, a una muerte en manos de todos ellos. Michael murió por encubrir el escape de Randall y Alexa cuando descubrió todo lo demás. Al final, ellos estaban los dos solos. Como te dije, yo siento que Michael merecía morir, pero me da algo de lástima que por ayudar a alguien por primera vez terminara en una trampa mortal.

    Amanda murió, pero como dije antes, su personaje no era demasiado importante como para sentirme mal. Ni siquiera me siento mal por Stefan, que por cierto, yo creí que iba a perder la cabeza e irse solo creyendo que tras la caída de la prisión actuando como una mierda de persona o con la caída de Zona actuando como alguien bueno, considerara que ser bueno o ser malo no importa, que los zombis no discriminan y que lo ideal es estar solo siendo un loco. Luego, era obvio que las personas sin nombre iban a morir o a ser carnada para los zombis en este capítulo. Me sorprende que Randall haya considerado la idea de volver a Zona. Justamente, él, Natasha y Stefan eran de refugios diferentes. Y es interesante que personas de lugares distintas fueran a ser los refundadores de un refugio.

    Por otro lado, estaba el grupo de Park, Ben y Dominic. Que te digo, Ben parecía estar enamorado de Park. Park le podría decir que se cogiera a un infectado y Ben lo haría sin pensarselo dos veces. Me sorprende que Dominic lo traicionara de esa forma, y que Park actuara así con alguien que se supone que fue su amigo. Claramente, a nadie le gustaría ser traicionado así, pero creí que le metería un tiro a la cabeza y lo mataría de forma rápida, no que lo convertiría en un zombi para que cumpliera su deseo.

    El plan para salir de la casa era bueno, si Jess no se hubiera resbalado, habría salido perfecto seguro. Me sorprendió la mujer queriendo remendar su error por la destrucción de Zona. No me gustó ver a Fer queriendo dejarlos atrás cuando tenía la oportunidad de hacerlo. Aunque Saúl y Jess lo jodieron y ahora estuvieran a mano, él no es así. Incluso debería considerar que no estaban a mano, ya que con salvarlo del campamento y darles ayuda para salir de la casa, sería Fer quien estuviera en deuda.

    El típico plan de las tripas que aparece en The Walking Dead y en casi cualquier videojuego de zombi. Un clásico, que por alguna razón, siempre falla. Aunque aquí fue por una razón lógica. En varias otras series, es porque un personaje es estúpido y lo arruina todo. Ahora sí está justificada la falla del plan. Una lástima que Sally haya terminado muerta. Te dije que me dolería verla morir, ya que ella y Fer habían estado juntos desde casi el principio si no el principio mismo, incluso había demostrado ser una sobreviviente fuerte y con ganas de ayudar a los demás. Lo que no me gustó es que fuera asesinada por un simple error, aunque su muerte fue bien escrita, no me gustó pero es más por una visión mía que por otra cosa. El haber sobrevivido tanto tiempo para morir así no me gustó. Te digo la verdad, habría sido mucha casualidad que pasara, y sería poco creíble, pero me hubiera gustado que Dominic hubiera estado entre los infectados que causaron el desastre final, ya que así sería un destino curioso sin más.

    Seré sincero totalmente contigo, el final abierto no me gustó. Quedaron una gran cantidad de cabos sueltos (tengo el presentimiento de que no quieres dejar la historia y que por eso lo hiciste, comentaré eso más adelante). La lista de los cabos te la dejo en formato lista:

    1. ¿Qué ocurrió con Patrick? ¿Escapó por su cuenta, murió, se encontró con Bernard?
    2. ¿Y con Bernard? ¿Su gente se apegó a él a pesar de ser un psicópata, lo abandonaron, a donde se dirigieron?
    3. ¿Y que hay de Park y Ben y los demás? ¿Evitaron la horda al final? ¿Ben le propuso matrimonio a Park? XD :mudv:
    4. ¿Cómo fue la reconstrucción de Zona? ¿Fue difícil? ¿Encontraron los cuerpos de gente que se quedó allí?
    5. ¿Cuantas personas viven en Zona en ese momento? ¿A cuantos encontraron en las afueras?
    6. ¿Llegaron Randall, Natasha y Stefan al lugar? No se los ve al final ni tampoco se los menciona.
    7. ¿Cómo es la relación de Fer con Alma? Es decir, Fer amaba a Sally y Alma amaba a Gabe. Imagino que ambos están juntos por el bien del hijo de Gabe, pero ¿se aman o es una obligación que ambos tienen?
    8. ¿Se cruzaron con los grupos de Bernard y Park en algún momento, o entre ellos?
    Como ves, hay varios cabos sueltos que evitan que el final me guste del todo. Es como si este final no fuera un final, sino una introducción a una posible parte 2. Más aún con infectados mutando, ya que después de varios años, deberían haberse podrido, es cierto. Si te digo la verdad, ver infectados mutados sería genial. Hubiera sido mejor una historia de zombis con ellos desde el principio, les habría dado más protagonismo y los habría vuelto más peligrosos.

    Te daré la lista de cosas que me gustaron y las que no. Sé que este comentario es largo, pero la historia también lo fue y como duró desde 2017 hasta acá, creo que lo amerita. Además, el foro me da más monedas dependiendo de la longitud del post XD.

    Me gustó:
    1. La introducción de Fer y Gabe
    2. La forma en que Gabe y Alma se conocen
    3. El escape del grupo de 7 del refugio militar
    4. La discusión de Fer vs Marcus en todo lo que duró
    5. La introducción de Stefan y los presos
    6. El rescate de la prisión
    7. La introducción de Oscar, Ben, Jess y Ezekiel. Fue simple y nada extraordinario, pero la vi acertada
    8. El personaje de Theodore en cada capítulo que salió. Un buen villano sádico, psicópata, hábil y duro de roer. Jodió al grupo y lo jodió bien.
    9. La guerra civil y la caída de Zona y los dilemas morales que trajo consigo
    10. La muerte de Gabe y Sally. Me gustan por lo bien escritas que estuvieron.
    11. La redención de Stefan, Saúl y Jess
    12. Fer haciéndose cargo del bebé de su hermano y de la gente que no tenía hogar
    13. El final en líneas generales, ya que estuvo tenso y lo vi bien escrito a pesar de estar algo acelerado
    No me gustó:

    1. La dictadura militar de los dos líderes. Lo veo cliché.
    2. El manejo del personaje de Davidson después de la caída de la zona militar. Hubiera sido mejor darle una segunda oportunidad, además, el grupo perdonó cosas peores. Davidson como aliado contra los presos sería interesante, además de que no jodió al grupo tanto como Theodore
    3. El personaje de Michael. Me resulta muy raro que nunca ayudara a nadie hasta el final y nadie se lo reprochara nunca. Le perdonaron muchas cosas y le ignoraban otras.
    4. La muerte de Marcus. Honestamente, Marcus era de los personajes que necesitaba llegar más lejos dado a que era genial y daba que hablar. Era bueno algunas veces y malo en otras. Un personaje realista que debió durar más
    5. Los personajes de Phil y Rudolf. Los veía con potencial para más. Rudolf se veía con ira a los demás pero Phil se notaba más calmado. Pero quien suelta su cadena es Phil al final.
    6. El personaje de Bernard. Lo noto como un villano de cartón.
    7. El manejo de algunas cosas en las partes 6 y 7.
    En conclusión, el punto alto de la historia estuvo en las partes 3, 4 (la mejor) y la 5. El final levantó más, pero no fue una gran cosa. Se notaba el cansancio a la trama.

    Con esto, finalmente doy por finalizada Instinto, y decirte que esperaré con ansias la publicación de LV II. Saludos y suerte.
     
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    Resistance

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    Un saludo amigo, he leído tu comentario y aprecio todo lo que dijiste, estoy de acuerdo en muchas cosas y respeto lo que piensas de otras. Es un placer saber lo que pensabas de la historia. Te respondo para responder las preguntas que tienes sobre esos cabos sueltos que dejé, no sin antes decirte que puse un final abierto porque en un futuro podría retomar la historia (o no, todo dependerá de como esté en ese momento). Nada más que decir, te daré respuestas:

    1- Patrick formaba parte del grupo de Bernard, por lo que no iba a quedarse con los protagonistas. Él huyó por su cuenta y no, no se reencontró con Bernard.
    2- Bernard y los tres soldados que quedaron con él se fueron juntos para comenzar de nuevo y sobrevivir en otro lugar, evidentemente sin la comodidad de su refugio tendrá problemas y tendrá que adaptarse al mundo exterior.
    3- Park, Ben y el resto del grupo se fue a tiempo de que la horda les alcanzara. Fueron a otro sitio que tenían pensado para ubicarse de nuevo con el campamento y seguir sus vidas.
    4- La reconstrucción fue difícil considerando que eran pocas personas. El grupo se reunió de nuevo allí y comenzaron de cero, obviamente con dificultades, pero fueron encontrando gente buena y la comunidad creció. No encontraron ningún cuerpo allí más allá de la tumba de Gabe.
    5- No lo dije pero en el momento del final, del salto temporal, Zona es una gran comunidad y alberga más de doscientas personas. Muchas más que las sesenta (si no recuerdo mal) que tenían cuando Damián era su líder y el grupo llegó. La mayoría de ellas fueron encontradas fuera y otras fueron llegando.
    6- No se les menciona porque lo vi innecesario, pues quería mostrar a Gabriel Jr y al protagonista, Fer. Evidentemente ellos están allí, llegaron y viven allí.
    7- Es una obligación que ambos tienen, Fer hace de padre y Alma es la madre biológica del niño. Si éste le llama papá a Fer es porque nunca conoció al suyo y porque a un niño no se le suele decir que su padre está muerto. Fer actuó de padre con él y cuando el niño le dice que le dijeron que responderían a sus preguntas y le contarían secretos es por el hecho de revelarle que él no es su verdadero padre sino su tío, y contarle toda la historia real.
    8- Tomaron direcciones distintas así que no, no se encontraron con ninguno.

    Espero que haya respondido todo lo que me has preguntado, quizá me deje algo XD de nuevo, gracias por haber leído y llegado hasta el final. Nos veremos en Febrero con Los Viajeros II: Cara a cara. Un saludo.
     
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