Explícito Inocente curiosidad [Niza | Pokémon Rol Championship]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Hygge, 23 Octubre 2019.

  1.  
    Hygge

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    Escritora
    Título:
    Inocente curiosidad [Niza | Pokémon Rol Championship]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1725
    I


    Nikolah Cruz tomó una larga bocanada de aire que dejó salir de sus pulmones inclinando todo su cuerpo hacia delante, como si de un globo desinflado y vacío se tratase. Los brazos acabaron colgando en el aire, balanceándose sin fuerza alguna. De su rostro apenas permanecían atisbos de lo que alguna vez fue un joven enérgico y vivaz, cubierto ahora por horribles ojeras y muestras de cansancio producto de noches enteras sin poder conciliar el sueño. Los hombros le pesaban como si Alicia y Florencio hubiesen decidido sentarse sobre ellos a contemplar las vistas, y el sofocante calor que irradiaba la zona comenzaba a resultarle asfixiante. No tenía intención alguna de erguirse de nuevo y revisar el avance de la cola, sabía que solo un simple vistazo bastaba para volver a desvanecer cualquier rastro de esperanza de poder sentarse en algún lugar y descansar de nuevo.


    Observó con insistencia el suelo, cubierto por las cenizas del volcán Barniz, y luego dirigió la mirada hacia la castaña a su lado. No, había fruncido el ceño: tumbarse en el suelo a esperar no era una opción.


    ¿Era impresión suya o aquella cola para el nuevo balneario no estaba avanzando desde hacía veinte minutos?


    —Niko.


    No contestó. En su cabeza se reproducían mil y una opciones alternativas que usar como asiento. Desde el hombre que cargaba todo un arsenal de maletas apiladas hasta la enorme barriga del Snorlax que dormitaba un par de metros atrás, a un lado de la fila, y que se veía realmente cómoda y suave ahora que la miraba con atención. ¿Podría hacerse una litera completa ahí arriba?


    Sintió un suave tirón en su brazo, y al volverse hacia su costado los profundos orbes de su acompañante le sacaron de su ensimismamiento, buscando su mirada con insistencia. Parecía preocupada.


    —Niko, cielo, el papel con las reservas —Liza no quitó la mano sobre su brazo, como si aquel contacto le asegurase que mantendría al rubio atento a la realidad. Volvió a insistir una vez más, intentando no perder la paciencia—. Lo guardaste tú, ¿recuerdas?


    El chico zarandeó su cabeza, tomado por sorpresa. Lo cierto es que no tenía ni la más remota idea, pero sabía que responder eso sería un suicidio. Bien, tocaba improvisar, quizás apareciesen por allí sin querer.


    —Oh, eh… ¡Sí, claro! Las tengo justo aquí, está todo perfectamente… —comenzó a palpar cada uno de sus bolsillos, sintiendo su corazón latir con fuerza ante la mirada fija de la castaña, que parecía leer sus pensamientos con una claridad abrumadora. Una gota de sudor se deslizó por su frente cuando reparó en que todos sus bolsillos estaban vacíos—. ...calculado. Ehm, ¿te parece si te quedas guardando la cola un momento de nada mientras voy a revisar el asiento del autobús? Creo que me olvidé la botella de agua ahí, es muy importante mantenerse hidratado, como vine haciendo todo el día. ¿Te has hidratado hoy, Liza?


    —¡Por supuesto! —la castaña sonrió, radiante, pero Nikolah pudo intuir que había algo de espeluznante en aquella sonrisa cuando un escalofrío recorrió su espalda, premonitorio. Sus sospechas se confirmaron cuando sacó dos botellas de agua de su bolso—. Y ya veo que tú no, porque tu botella la guardé yo cuando salimos de casa. Al menos te ahorré la caminata, ¿no es eso genial? —y volvió a sonreír, fingiendo inocencia con una profesionalidad innata.


    Nikolah apenas atinó a sonreír, visiblemente nervioso. Estaba empezando a sudar, ¿Liza se daría cuenta? ¿El hombre de delante se daría cuenta? ¿¡Por qué hacía tanta calor de repente!?


    —Ah, sí, maravilloso. Estás atenta a todo, ¿eh? —comentó, tomando la botella que le tendía, bebiendo de ella sin ganas solo porque le estaba observando con atención, expectante.


    Ya está, estaba perdido. Y ahora la cola avanzaba dos metros más, cuando menos lo necesitaba.


    ¿Acaso Arceus quería aumentar su desdicha?


    La fila avanzó con mayor soltura durante los siguientes minutos, para la suerte de Liza y la desgracia del tenso Nikolah. Y no era de extrañar que el lugar rebosase de clientes, siendo aquel día la inauguración de las primeras aguas termales de los alrededores del volcán Barniz. A pesar de que su idea principal era invitar a todos los holders para pasar un día juntos, la joven decidió aprovechar la cercanía de la fecha para celebrar su tercer aniversario como pareja. Era plenamente consciente de que con lo despistado que era el chico iba a tener que encargarse de todo ella sola, y vaya que pareció sorprenderle la noticia cuando se lo recordó.


    Tuvo que detenerle con todas sus fuerzas antes de que fuese a comprar algún regalo por los alrededores como alma que lleva Giratina.


    De madrugada, cuando no había nada abierto.


    Con tan solo su pijama de Machoke.


    A pesar de todo, Liza no podía llegar a reprochárselo: Nikolah había estado atendiendo infinidad de casos en su compañía de detectives durante las últimas semanas, producto de una curiosa crisis de ladrones de galletas que se había propagado por los alrededores, y supo entonces al ver su carita agotada que no habría nada mejor para él que poder relajar sus cansados músculos en las aguas del balneario. Despejarse de todo, al menos durante un día.


    Después de todo, ambos se merecían un gran descanso. Y hacía tiempo que no compartían un viaje a solas. Sus vidas como entrenadores no dejaban de mantenerles ocupados recorriendo la región, cada uno con sus propios objetivos en mente.


    Pero ahora, sin embargo, tenían otro problema que atender.


    —Hey, relájate —pudo escuchar la dulce voz de Liza cerca de su oído, enternecida quizás con la imagen que estaba mostrando, tan inquieto y tembloroso. ¿Cuántas veces había revisado ya sus bolsillos? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Quizás más? El joven sintió cómo revolvía su cabello con suavidad, mientras que con su mano libre le mostraba el papel que andaba buscando, justo a tiempo para entregárselo al recepcionista—. Sabía que acabarías olvidándolo y me aseguré de traerlo yo misma. Vas a ver cómo a la próxima no te vuelve a pasar después de ese susto.


    Niko pudo ver cómo la castaña le sacaba la lengua antes de acercarse al mostrador, burlona, y sintió cómo todo el peso de sus hombros se esfumaba de un solo golpe. Frunció el ceño cuando fue consciente de todo, queriendo molestarse por haberle mantenido en tensión durante todo el trayecto, pero estaba demasiado agotado como para retener aquella postura por mucho más tiempo.


    Cuando quiso darse cuenta una sonrisa tonta se había dibujado en su rostro mientras observaba a su novia encargarse de la reserva, y no pudo evitar fijarse una vez más en la corta cabellera castaña que caía tímidamente sobre sus hombros, danzando con cada sutil movimiento. Había sido un cambio brusco y se sorprendió mucho en su momento, pero fue consciente entonces, mientras la veía volverse hacia él con ánimos renovados, que no importaba el cambio que se hiciese: seguiría siendo Liza, y la querría igual que siempre.


    Caminaron a través de la recepción, guardando la llave de su habitación a buen recaudo junto al resto de sus pertenencias. Aquellas aguas termales eran el centro de atención de los turistas, pero seguía perteneciendo a un complejo residencial al que no dudaron en reservar su propia estancia. Después de relajarse en en el lugar no tendrían fuerzas para volver a casa, así que Liza decidió anticiparse y hacer de aquella visita puntual unas pequeñas vacaciones aseguradas.


    Ambos se detuvieron cuando llegaron a la intersección que dividía la zona de chicos con la zona de chicas, y la castaña se volvió hacia su acompañante entonces, conteniendo un pequeño bostezo. Niko ladeó la cabeza; aunque intentase ocultarlo la castaña se encontraba igual de cansada que él, quién sabía si incluso más.


    —Bien, yo me iré yendo ya a mi baño, antes de que se haga tarde. Nos vemos aquí mismo a las nueve, ¿te acordarás? ¿Trajiste tu videomisor? —inquirió entonces, maternal, acercándose hacia él para ajustar el cuello de su camisa con delicadeza.


    —Claro que sí Liza, no tienes que preocuparte por nada, ¿sí? A las nueve estaré —repitió entonces, dejándose hacer con una sonrisa. Revisó su muñeca al recordar la existencia de aquel chisme que aún no sabía manejar del todo (pero del que no dejaba de aceptar condiciones de uso de todo tipo), y lo alzó hacia ella para corroborar sus palabras—. Aquí está, todo en orden.


    La joven pulsó la superficie táctil, desconfiada. La pantalla no se encendió.


    —Está sin batería.


    —¿¡Qué!? ¿Pero acaso esta cosa se carga?


    No pudo evitar soltar un suspiro, dejando caer los hombros con resignación. Ese era su Nikolah, con o sin sus despistes. Le quitó el aparato con cuidado para guardarlo en su bolsillo ante su atenta mirada, colocándole el suyo en su lugar.


    —Yo preguntaré la hora a alguien de por allí, ¿de acuerdo? No te preocupes por mí —se llevó un mechón tras la oreja antes de despedirse de él con un beso en su mejilla, ruborizando al joven al tomarle por sorpresa. Sonrió entonces para sí, triunfante, porque adoraba teñir sus mejillas de aquel color—. Disfruta, te lo mereces.


    Niko tan solo atinó a asentir, contento con aquel gesto mientras observaba cómo se marchaba tras los sinuosos pasillos del balneario. Miró hacia todos lados al verse completamente solo al fin y se cruzó de hombros, sin nada más que hacer allí. Llegó hasta él el olor de las sales de baño, y el vapor que surgía de las puertas colindantes llamaron poderosamente su atención.


    —Bueno, llegó la hora de ver qué tan milagrosas son estas aguas termales de las que todo el mundo habla, ¿no es así? —comentó al aire, animado. Algunas personas se giraron hacia él, y Nikolah les saludó con alegría. Quizás hasta hiciese nuevos amigos por allí, quién sabe. Tenía todo el tiempo del mundo para aprovecharlo como se debe.


    Pero tan distraído estaba que al darse por fin la vuelta para encaminarse hacia su zona, con quizás demasiado entusiasmo esta vez, chocó contra el hombre de las maletas que había estado observando en la fila, y todo el cansancio y el peso del equipaje acabaron por hacerle caer inconsciente mucho antes de lo que hubiera llegado a imaginar.


    Ni Liza alcanzó a ver el accidente, ni Nikolah supo en qué momento el suelo impactó contra su frente.
     
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    Inocente curiosidad [Niza | Pokémon Rol Championship]
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    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1855
    II


    Podía escuchar algunas voces distorsionadas hacer ruido en su cabeza, murmurando algo que no alcanzaba a comprender. Arrugó la nariz, dándose media vuelta, reconfortado en la calidez de su propio sueño cuando la sensación de estar cayendo al vacío le arrancó un grito de terror. Abrió los ojos de golpe, elevando su torso al notar sus sentidos volviendo en sí lentamente. Se acababa de caer de un banco en el que se encontraba recostado, quizás al intentar acurrucarse en vano en medio de su sueño. Eso explicaría la sensación de vértigo que acababa de tener, pero dos golpes en la frente ya eran innecesarios.


    Se irguió entonces con pesadez, algo más descansado a pesar de todo. Somnoliento, revisó sus alrededores, solo para cerciorarse de que se encontraba en el mismo pasillo que antes… Pero completamente desierto en aquella ocasión.


    —¿Y esto? ¿Por qué tengo la frente mojada? —se preguntó mientras palpaba su cabeza, de donde un fino surco de agua descendía a través de su rostro, refrescando su temperatura corporal. Al llevar la vista hacia su regazo notó que había caído un paño mojado, y comprendió que alguien se había encargado de hacerle bajar la inflamación del golpe mientras estaba inconsciente. Intentó buscar a ese alguien a quien agradecerle, pero no hubo caso: estaba completamente solo allí. Se levantó, rascando su nuca sin comprender lo que sucedía. ¿Dónde se había metido la infinita cola de hacía un momento? ¿Acaso Arceus volvía a jugar con él?—. Bueno, le diré luego al recepcionista que mande el agradecimiento por megafonía. No puedo perder más tiempo o Liza saldrá antes que yo, y yo también quiero relajarme.


    Y tambaleándose ligeramente, aún perdido entre el sueño y la vigilia, quizás embriagado por la densa neblina que el vapor de agua cubría en los alrededores, acabó desviando la trayectoria de sus pasos en la dirección contraría a la que debía ir, frotándose los ojos mientras reprimía un bostezo. Adentrándose así en el pasillo sobre el que rezaba el cartel de “baño de mujeres”, sin reparar antes en ello.


    Ni mucho menos pareció pasársele por la cabeza en aquel estado, mientras dejaba sus pertenencias en una de las múltiples taquillas vacías y rodeaba su cintura por una única toalla, revisar la hora en su videomisor.


    Una corriente de aire cálida acarició su piel al adentrarse en la sala e inspiró profundo, llenándose del aroma que irradiaba las sales minerales y las hierbas aromáticas esparcidas por su superficie. Aquel primer choque relajó ligeramente su cuerpo, invitándole a adentrarse en el agua sin contemplaciones. Dejó la toalla sobre uno de los bancos y hundió sus pies primero, cauteloso, probando la temperatura a la que se encontraba el agua. Sonrió para sí al recuperar el calor que andar desnudo por aquella sala le arrebataba y decidió zambullirse sin más, olvidando por un instante que no se encontraba en una piscina, si no en un lugar donde se respiraba una paz y una tranquilidad abrumadoras. Aunque se encontrase con otros chicos, le avergonzaba un poco ir por ahí en paños menores.


    Nikolah comprobó al sacar la cabeza del agua que se trataba de una extensión de agua no demasiado amplia, rodeada de rocas que delimitaban su contorno, dándole cierto toque de charca natural rodeada de una leve bruma. Una barrera de madera de gran altura delimitaba la zona de la derecha, probablemente separando ambos baños, y el manto nocturno en todo su esplendor se abría paso sobre sus cabezas, refrescando sus mejillas gracias a la brisa nocturna que soplaba por allí. Se permitió cerrar los ojos, soltando un amplio suspiro, rindiéndose a las agradables sensaciones que le transmitía estar ahí.


    De vez en cuando buscaba con la mirada a otras personas que pudiesen encontrarse en la zona, quizás ocultos por el vapor de agua, pero no parecía haber nadie.


    Qué extraño.


    En una de las ocasiones, sin embargo, tuvo que parpadear varias veces para cerciorarse de que la figura que había aparecido en su campo de visión no fuese un espejismo. Ladeó la cabeza, curioso, puesto que aquel hombre se encontraba de espaldas a él, tumbado aparentemente sobre las piedras que delimitaban las aguas, recostado sobre sus brazos. Le sorprendió la blancura de su piel y su cuerpo menudo en comparación con el suyo, pero lo que pareció preocuparle fue el hecho de que no se moviese ni un ápice desde hacía un buen rato. Se limitaba a estar allí, semiacostado, y en principio imaginaba que aquella sería su forma de relajarse. Pero no podía evitar imaginarse todo tipo de escenarios, desde que se hubiese desmayado hasta que se encontrase herido.


    ¿Y si necesitaba ayuda? No pasaría nada porque fuese a asegurarse, ¿verdad?


    Miró hacia todos lados, y al ver que nadie más que él podría ayudarle se acercó sin dudarlo, buscando no asustarle por la cercanía. Con cada paso que daba el vapor de agua se esfumaba para dar paso al contorno de su figura, mucho más sinuosa de lo que hubiese imaginado, y notó entonces que su cabello castaño era algo más largo que el suyo propio. Le recordó al de Liza, así de rizado y castaño, pero zarandeó su cabeza mientras acercaba una mano a su hombro. No, no era el momento de pensar en ella. Tenía que salvar una vida. O no, quizás solo se ganaría un golpe por molestar al individuo. Pero al menos se iría a dormir con la duda resuelta.


    —¡Hola! Disculpa por molestarte de repente, pero quería asegurarme de que no te pasaba nada. Como no te movías me preocupé. Qué tontería, ¿verdad? ¿Te encuentras…?


    Su voz murió en su garganta, sin embargo, al mover ligeramente su cuerpo, cerciorándose de que se encontraba consciente en primer lugar. Lo suficiente como para girar a aquella persona hacia un costado, sintiendo entonces la suavidad y la calidez de su piel bajo su tacto, y un aroma muy familiar inundando sus fosas nasales. Se encontró a sí mismo abstraído, delineando el contorno de aquella persona con la mirada, que de repente había comenzado a asemejarse peligrosamente al cuerpo de una mujer. Su expresión se paralizó de la impresión al reconocer el rostro somnoliento de Liza devolverle la mirada, apenas abriendo los ojos, y toda la sangre se le subió a la cabeza al clavar la mirada en la curvatura que sus brazos, ahora apartados de sus pechos, habían dejado paso.


    Algo hizo cortocircuito dentro de su cabeza y abrió los ojos como platos, asustado, nervioso. Su cuerpo se paralizó por completo, incapaz de reaccionar ante aquella escena. Los orbes azules de Liza se abrieron de par en par, ahora más despiertos que nunca, y un chillido escapó de sus labios de la propia impresión de ver a su novio allí, despertándola de aquella forma.


    Y ninguno de los dos parecía ser capaz de desviar la mirada.


    —¿¡N-N-Nikolah!? —exclamó entonces en un momento de lucidez, abrazándose a sí misma mientras se hundía en el agua por mera inercia, su rostro completamente enrojecido por la vergüenza—. ¿¡Q-Qué estás haciendo aquí!?


    —¡¿Quéhacestúaquí?! ¡Estesesuponequeeramibaño! ¡Loponíaenelcartelque…! —se detuvo un momento, respirando con dificultad, tratando de recordar en el proceso. Cada vez que se ponía nervioso era incapaz de hablar a una velocidad inferior a esa, era superior a sus fuerzas. La situación había hecho de su mente un completo caos y ya nada le parecía seguro.


    —¡N-Niko, estás…!


    Ni siquiera reparó en que estaba de pie, rebatiendo a una Liza que parecía empezar a echar humo por la cabeza, y al mirar hacia abajo cayó rápidamente al agua al comprender la situación. Pero cuando la castaña quiso darse cuenta, bajo la superficie donde se suponía que se encontraba Niko comenzaba a burbujear el agua profusamente. Permaneció unos segundos allí, expectante, aguardando a que dejase de hacer el bobo y saliese del agua, hasta que de un momento a otro se detuvo, dejando ver la cabellera rubia del chico suspendida en la superfcie.


    No reaccionaba.


    Liza soltó una exclamación ahogada y corrió hacia él, sacándolo del agua mientras lo abrazaba desesperada, creyendo que se estaba ahogando. Por suerte o por desgracia la consciencia del chico regresó tan pronto como la castaña intentó llevarle fuera, abrazada a su espalda para poder arrastrarle hacia el exterior, en busca de un poco de aire. Sintió cómo su rostro ardía con la fuerza de mil soles al notar la suave y mullida textura rozando su espalda con cada paso, y una corriente eléctrica que jamás había sentido antes recorrió su espalda, generándole una extraña sensación en la parte baja de su cuerpo.


    —Cariño, por Arceus, dime algo. ¿Me escuchas? —rogaba Liza, angustiada por el esfuerzo de tener que sacarle ella sola de allí, y por lo vergonzosa de la situación en sí.


    Pero ante su sorpresa, Nikolah pareció reaccionar y frenó en seco, hundiéndose en el agua a escasos metros antes de salir al exterior. Juntaba sus piernas, tembloroso y enrojecido, y se alejó con pudor, sus manos intentando tapar algo que se escapaba de su punto de vista, dándole la espalda.


    —¡Sísíestoyperfectamentenotienesquepreocuparte! —habló atropelladamente, sintiendo su corazón golpear con tanta fuerza contra su pecho que creyó que Liza le oiría. Aquello era vergonzoso, la piel le ardía con cada vez más intensidad y no comprendía qué puñetas pasaba ahí abajo. Pero no podía dejar que le viera en ese estado, tenía que salir antes de que le diese un paro—. ¡Mehabréconfundidodebañodebeseresoyamesalgo!


    Nikolah echó a correr presto a por su toalla, y Liza no pudo evitar observarlo en silencio, sus mejillas ardiendo con fuerza al ser incapaz de despegar la mirada. No era la primera vez que le veía semidesnudo, pues ya le había visto en bañador varias veces, pero aquella vez se había sentido demasiado diferente. A pesar de que la diferencia la marcase una única prenda. Ladeó la cabeza cuando el chico, ya provisto de su toalla, se giraba hacia ella para despedirse con nerviosismo antes de echar a correr fuera del baño, a punto de resbalarse en más de una ocasión, que la mantuvo en vilo hasta entonces.


    Finalmente acabó rodeada de un silencio sepulcral, únicamente acompañado por el desbocado latido de su corazón cuando todo hubo pasado. Su respiración agitada al recordar la escena que acababa de ver ante sus ojos, llenándola de sensaciones que comenzaban a rebasarla, incapaz de desviar su tren de pensamientos antes de que fuese demasiado tarde. Quizás por la temperatura del ambiente, que aumentaba la suya propia, quizás por razones que escapaban a su propia inocencia, se vio a sí misma deslizando su mano bajo su vientre, recorriendo su torso con lentitud, conteniendo el aliento. Sintiendo su piel ardiendo reaccionar ante el tacto. Se detuvo segundos antes de tocar aquel punto sensible para ella, palpitando con fuerza entre sus piernas, y las apretó entre sí para intentar calmarse con la fricción. Contuvo el aliento y mordió su labio inferior, sofocada, decidiendo que lo mejor sería salir de allí y tomar aire fresco para tranquilizarse.


    Arceus… Aquellas reacciones de su cuerpo volvían a hacer de las suyas.


    ¿C-Cómo pretendía ahora... dormir junto a él como si nada?
     
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    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    3621
    III

    La luz de la luna se filtraba tenuemente entre las cortinas, danzando ante el suave vaivén de la brisa nocturna. El aire en aquella habitación se sentía escaso y enrarecido, pero Nikolah no se animaba a salir de la cama y abrir la ventana. Había perdido la cuenta de cuántas vueltas había dado ya sobre el colchón, inquieto, en un vano intento por querer conciliar el sueño. Pero el ruido en su cabeza le impedía encontrar sosiego en la calma de la noche.


    Nunca se había saltado antes una comida, al menos no cuando tenía la oportunidad de llevarse algo a la boca, pero en aquella ocasión había sido incapaz de asistir a la cena, excusándose burdamente sin poder mirarla a los ojos mientras hablaba. Era consciente que si lo hacía, aquellas extrañas sensaciones volverían a causar estragos en su cuerpo, y no podría soportarlo en medio de un restaurante atestado de gente como lo era aquel. Frente a los ojos de Liza.


    No comprendía por qué su agitado corazón deseaba tanto prolongar aquel martirio, ni por qué cada vez que se dirigía al baño para mirarse al espejo continuaba tan enrojecido. Imágenes de aquella tarde, de la humedad del ambiente, de la suave y clara piel de Liza y su aroma anulando sus sentidos regresaban sin orden ni concierto cada vez que cerraba los ojos. Se acurrucó bajo las sábanas, hecho un ovillo sobre sí mismo, sintiendo de vez en cuando aquella molesta presión en su entrepierna sumarse a su frustración por no comprender lo que sucedía con su cuerpo.


    A sus oídos llegó el sonido de las llaves girar la cerradura al otro lado de la habitación y la puerta se abrió lentamente. La respiración del chico se aceleró, tensando todo su cuerpo como un resorte. Como si el hecho de no moverse ni un ápice, a un costado de la cama, le diese la oportunidad de ser invisible a sus ojos. Liza caminó despacio hacia la cama, sujetándose el brazo con su mano libre, visiblemente nerviosa y dubitativa. ¿Debería hablar? ¿Guardar silencio? ¿Simplemente acercarse?


    Se detuvo frente a la cama durante unos segundos, inclinando su cuerpo hacia delante con delicadeza, asegurándose de ver que estaba dormido. Suspiró al no obtener respuesta alguna y se introdujo bajo las sábanas hacia el lado contrario, dándose la espalda.


    ¿Su táctica de hacerse el dormido había funcionado? Niko sintió que podía respirar tranquilo de nuevo, pero al cabo de unos minutos la voz de Liza llenó la habitación con un murmullo apenas audible.


    —Niko... ¿Estás despierto?


    El chico, preso del pánico, aguantó la respiración. La castaña se removió en su lugar.


    —Sé que lo estás, te acabo de escuchar contener el aire —una breve sonrisa se dibujó en sus labios, mientras cerraba su mano en torno a las sábanas. Guardó unos segundos, mordiendo su labio inferior—. Cariño, si por alguna razón crees que estoy molesta, no lo estoy.


    Tardó un tiempo en responder, inseguro, en un murmullo que apenas llegó hasta sus oídos. No se movió en ningún momento.


    —¿...De verdad?


    Liza dejó escapar la risa por la nariz, dándose la vuelta hacia él a pesar de que este le diese la espalda.


    —Claro que no, ¿por qué razón debería estarlo? —se preguntó entonces, abrazándose a sí misma para intentar contener todas aquellas bulliciosas emociones, hirviendo a flor de piel. Recorrió con la mirada su amplia espalda, iluminada bajo la luz de la luna—. Llevamos juntos mucho tiempo, en algún momento iba a pasar. Vernos… así, quiero decir.


    No pareció haber respuesta de su parte, pero no le hizo falta verle para saber que se encontraba asustado, muy asustado con aquellas nuevas facetas de su cuerpo. Tomó una bocanada de aire, su corazón golpeando insistente contra su pecho. A pesar de ser un adulto Nikolah aún era todo un niño, era su niño, y por muy nerviosa que se encontrase en aquel instante necesitaba tragarse todo aquello que sentía con tal de poder pasar aquella situación juntos. Debía explicarle, por muy vergonzoso que fuese, algo acerca de lo que le sucedía. Que dejase de tenerle miedo.


    —Probablemente ahora estés asustado y nervioso. Yo... yo también lo estoy, para qué mentir. Es una sensación... molesta, lo sé —abrazó sus piernas contra su pecho, notando el ardor en su propia piel y la excitación de su cuerpo. No era la primera vez que se sentía así, pero nunca lo había hecho con tanta intensidad como hasta entonces—. Pero no tienes que avergonzarte. Es algo natural, que le pasa a todo el mundo en algún momento de su vida.


    Cerró los ojos, abochornada ante el profundo silencio que se había instalado en la habitación.


    "Por favor, di algo"


    De repente, la voz de Nikolah llegó hasta sus oídos, haciendo que el corazón le diese un vuelco en el pecho.


    —¿A ti... también? —musitó.


    —¿Cómo?


    El joven entrenador se removió en su lugar, tragando saliva con esfuerzo.


    —¿A ti también te pasa? Todo… todo eso.


    —Sí, cielo —rio con suavidad, acariciando su espalda con cariño—. A mí también me pasa.


    Apretó los labios, vacilante. Estos acabaron moviéndose solos.


    —¿...Y cómo podemos hacer que pare?


    Liza le escuchó en silencio, atenta, y poco después se irguió sobre el colchón, cruzando las piernas sobre la cama. Desvió la mirada hacia el techo.


    —...Puedes esperar a que se te pase, o también… hacer otra cosa. Pero es... a-algo vergonzosa de explicar, ¿sabes? —se llevó un mechón castaño tras su oreja, buscando las palabras adecuadas—. Es algo que hacen las parejas para demostrar cuánto se quieren, pero antes de eso deben sentirse preparados, porque es un paso importante —contuvo el aliento, arrugando las sábanas—. Y yo no te pediré hacerlo si tú no lo estás.


    —¿Es más importante que un beso? —preguntó entonces, inocente.


    Liza sonrió.


    —...Sí, algo más.


    Nikolah arrugó la nariz, visiblemente sorprendido. Sentía muchísima vergüenza, pero era plenamente consciente de que sus sentimientos por la castaña a su lado eran reales. Le había costado mucho tiempo comprenderlo, pero ahora que estaba seguro de ello, quería demostrarle a Liza cuánto la quería. Quería conocerla más, y si aquella forma en la que las parejas se demostraban que se querían era suficiente para ella, lo haría. No sabía si estaba preparado o no, pero ella en cambio parecía estar lista desde hacía bastante tiempo. Su infinita paciencia y amabilidad seguían esperando por él, caminando a su ritmo.


    Liza comprendió al ver cómo elevaba su rostro enrojecido y se sentaba junto a ella, frente a frente, que a pesar de lo asustado que estaba, la curiosidad acabó ganando por sobre el miedo que debía estar sintiendo.


    Mordió su labio una vez más, de forma involuntaria.


    —¿Qué sucede? ¿Te... da curiosidad?


    Nikolah asintió, agachando la mirada. Liza abrió los ojos, y de repente todo el miedo y la inseguridad que habían estado paralizándola se esfumaron sin dejar rastro. Él también sentía curiosidad, tal y como ella. Se levantó, caminando sobre sus rodillas hasta él, acortando sus rostros con cada avance. Su aliento acariciando el rostro del otro, arrancándole un trémulo suspiro.


    —Ese es mi chico —susurró contra sus labios, acariciando su mejilla con la yema de los dedos.


    Permanecieron segundos que se sintieron eternos perdiéndose en la mirada azul del otro, sus orbes brillando con una intensidad inusitada. Se sonrieron, y tan solo aquel gesto bastó para disipar toda la inseguridad que detenía sus impulsos. Darían aquel paso, juntos.


    Liza selló sus labios con un dulce beso, que Nikolah no tardó en corresponder. Sus manos se posaron sobre su rostro, acariciando con mimo sus mejillas, revolviendo su cabello a medida que profundizaban aquel inocente beso. El joven rodeó su cintura con cierto temblor en sus manos, acercándola hacia sí, dejándola explorar su boca con libertad. Aquello se sentía realmente bien. Cada pequeño movimiento de ella, cada leve suspiro que se escapa de sus labios ante las caricias que brindaba sobre su espalda, inexpertas, le hicieron hervir la sangre con una intensidad abrumadora. Ella se separó un instante por falta de aire, momento que aprovechó para acomodarse sobre su regazo y rodear con sus piernas su cintura, pudiendo sentirse más de cerca.


    El cabello de Liza le cosquilleaba en el cuello, sus caricias relajaban su cuerpo. Cada vez que intercambiaban miradas cómplices, llenas de amor, indicándole al otro que todo estaba bien, incitaron al rubio a desviar la trayectoria de sus besos, desde la comisura de sus labios hasta la nívea superficie de su cuello. Allí donde podía sentir con mayor intensidad su aroma embotar sus sentidos. Los suspiros de Liza se volvieron más frecuentes, y entrelazó los dedos tras su nuca, buscando más del contacto de sus labios sobre su ardiente piel.


    En algún momento su intimidad rozó con aquel bulto en el pantalón del chico que tanto le había estado avergonzando, haciendo que Nikolah exhalara con fuerza, excitándola lo suficiente como para provocar que su cuerpo hormonado buscase cierta fricción sin siquiera pensarlo. Se sorprendió al dejar escapar un gemido de sus labios y el rubio se detuvo, volviendo la mirada hacia el rostro completamente enrojecido de Liza.


    Jamás había escuchado su dulce voz de aquella forma.


    —¿Te he hecho daño? —exclamó, preocupado, colocando sus manos en el rostro de la confusa chica—. ¡Lo siento, yo no…!


    Pero Liza cayó sus palabras con un nuevo beso. Sus labios rozaron los suyos con suavidad, presionando ligeramente. Al separarse no pudo evitar soltar una suave risa, nacida de la más profunda ternura que le causaba el joven frente a sus ojos.


    —No, no me has hecho daño —le confirmó uniendo sus frentes, cerrando los ojos—. Al contrario, me hiciste sentir bien.


    No fueron necesarias las palabras. Habían llegado a un punto en el que sabían hablarse con la mirada, y Nikolah pudo sentir tras el brillo de sus ojos que todo estaba bien. Esta vez fue él quien buscó el contacto de sus labios, apremiante, movido por el desbocado latir de su corazón. Pronto aquella sensación cálida dio paso a la curiosidad que les provocaba poder explorar sus bocas. Sus lenguas se rozaron, buscándose la una a la otra con timidez en un principio, con necesidad una vez más. La sintió acariciar su pecho con movimientos circulares, enviándole sensaciones electrizantes hacia su columna. Colocó sus manos sobre los hombros de Liza y la dejó hacer, ligeramente inquieto, pues no era consciente de que le permitía explorar todo su cuerpo con libertad.

    Tan solo había aprendido a besar, pero nada más.


    La castaña lo comprendió al verle dudar, y dejó de repartir besos cada vez más húmedos por su cuello para tomar una de sus manos con ambas, colocándola sobre su pecho. El rostro de Niko enrojeció a niveles insospechados, tensándose de repente. Aquella textura se sentía distinta sobre la ropa, y lo cierto es que la curiosidad por volver a palparlo rondaba por su cabeza, pero no sentía que fuese correcto.


    —Niko, relájate, cariño. Puedes tocarme, ¿ves? —le susurró, casi en un ronroneo que le hizo estremecer por completo. Separó su mano durante un instante, despojándose de su camisa, y dejando así entrever su sostén blanco bajo la ténue luz de la habitación. Le dio la espalda, sintiendo sus mejillas arder, y corrió su cabello hacia un lado, dejando la apertura del sostén en sus manos.


    Ambos contuvieron el aliento, nerviosos. Los dedos de Niko tamborilearon sobre el sostén, incapaces de encontrar la forma de despojarse de aquel encaje. Intentó tironear con cuidado, pero por más que probaba no había forma de sacarlo. Liza no pudo evitar soltar una ligera risa, descargando sus emociones en el proceso, y se ofreció a ayudarle, pero Nikolah se negó, terco como él solo. Tomando aquella pelea como algo personal. Al fin, tras cinco eternos minutos, fue capaz de abrir el sostén y dejarlo a un lado. Los pechos de Liza cayeron con suavidad frente a sus ojos y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no sufrir otro de aquellos cortocircuitos, secando su garganta en el proceso. Su piel se encontraba ligeramente bronceada por el tiempo que pasaba expuesta al sol, pero en aquella región de su cuerpo la blancura de su piel captó su atención. Tan suave y tersa, con aquellos botones rosados revelando su creciente excitación, le enmudecieron en el acto.


    La castaña desvió la mirada, completamente avergonzada, sintiendo su piel erizarse ante la mano que se aproximaba hacia ella, dirigida por la suya propia. Presionó ligeramente, cerrándola con delicadeza en torno a su pecho, y por más que apretó sus labios fue incapaz de evitar gemir ante el intenso estremecimiento que arqueó su cuerpo. Algo dentro de Nikolah parecía reaccionar a cada uno de aquellos sonidos, ansiando por escuchar más. Eran tan dulces pero tan excitantes al mismo tiempo, que pronto se vio masajeando con sus dos manos su piel descubierta, acallando algunos suspiros con sus labios.


    Acarició y guió las manos de Nikolah en un principio, recurriendo su superficie con caricias leves que más tarde dejaría libres, explorando a su antojo a pesar de su visible timidez. Sujetó con sus manos las sábanas, aferrándose al calor que irradiaba su cuerpo, avergonzada por los sonidos que dejaba escapar involuntariamente de sus labios cada vez con más frecuencia. Todo pareció nublarse en su cabeza cuando el rubio descubrió la corriente que generaba el mero hecho de cerrar sus manos y rozar la sensible zona de sus pezones.


    Liza sentía que acabaría perdiendo la razón entre aquellas oleadas de placer, y solo pudo aferrarse a su cuerpo con vehemencia, rasguñando tras su nuca por más. Los nervios que habían mantenido paralizado a Nikolah durante tanto tiempo comenzaban a hacerse a un lado ligeramente para dejar paso a sus propios instintos, esos que no era consciente de que tenía hasta ahora, y a pesar de la notoria inexperiencia de ambos, que les llevaban a realizar movimientos torpes y bochornosos, podían asegurar que no habían imaginado sentir algo tan intenso en su vida. La castaña llevó sus manos hasta los límites de su camiseta y le despojó de la misma con dificultad, quedando así ambos en igualdad de condiciones.


    Ahora era su turno de recorrer su pecho, de acariciar sus cicatrices. Entrelazar sus manos libres y con un ligero apretón hacerles saber que todo estaba bien, que estaban allí para el otro. Depositó besos y pequeñas mordidas por todo su cuerpo, y ahora fue el turno de Nikolah de llevarse el dorso de la mano a los labios, sorprendido por sus propias reacciones. Un fuerte cosquilleo recorrió su zona baja, y de repente la cercanía del calor que irradiaba el cuerpo femenino que reposaba sobre él hizo reaccionar con más fuerza aquella molesta presión en su pantalón.


    Dolía, comenzaba a hacerse insoportable y ello le obligó a desviar la mirada, apretando los labios sin saber exactamente qué decir. Era vergonzoso, estaba al borde del colapso y tan solo Liza parecía saber la respuesta a cómo calmar su necesidad. Al notar su cuerpo tensarse la castaña se detuvo, colocando sus rodillas a ambos costados de su cuerpo para acercarse al rostro de Nikolah, obligándolo a que lo mirase.

    —Niko, escucha —susurró, sintiendo la voz pastosa. Su respiración tornándose cada vez más y más agitada al ser consciente de lo que venía. Nikolah le sostuvo la mirada, sus ojillos temblorosos sumidos entre la incomodidad y la curiosidad creciente—. Vas a tener que confiar en mí y en lo que haga a continuación. ¿Lo entiendes, cariño?


    Tan solo se limitó a asentir, sin saber qué más decir. Confiaba plenamente en ella y en que nunca le haría daño, así como él esperaba tratarla, pero jamás esperó ver cómo sus manos se deslizaban hacia su pantalón, desabrochando el cierre con cierta urgencia y temblor en sus manos. Abrió los ojos, notando cómo salía humo de su cabeza, pero fue incapaz de reaccionar. Pronto su ya erecto miembro quedó en libertad, y un suspiro escapó de sus labios al ver desaparecer la mayor parte de aquella presión perpetua. Fue incapaz de mirar a Liza a los ojos, pero si lo hubiese hecho habría visto cómo sus mejillas se coloreaban con la misma intensidad. Era la primera vez que veía cómo generaba esa reacción en su pareja y a pesar de que se sentía morir por lo que estaba a punto de hacer, debía seguir adelante por ambos. Habían llegado muy lejos, y su propio cuerpo imploraba saciar la necesidad que había estado requiriendo desde hacía tanto.


    Ahora fue ella quien se desprendió del resto de su ropa, ante el colapso que parecía estar sufriendo Nikolah, y no fue consciente de lo mojada y excitada que estaba hasta que no se separó de su ropa interior. Agachó la mirada, sentándose a un lado de la cama, ambos completamente desnudos por primera vez. Por un momento sus miradas se perdieron en el cuerpo del otro, recorriéndolo en su totalidad, apreciando todos sus rasgos y sus detalles. Delineando sus contornos, sus lunares y sus cicatrices. Para el otro eran perfectos, lo supieron cuando sus miradas conectaron, oscurecidas por las intensas emociones que habían comenzado a controlar sus cuerpos, y sus labios se encontraron en un beso apremiante y necesitado.


    No supieron en qué momento acabaron rodando, entre pequeñas risas ante el cosquilleo que les enviaba cada una de las caricias a su cuerpo, y Liza acabó aquella vez justo debajo de Nikolah. Supo que debía dirigir el primer movimiento cuando Niko pareció dudar de lo que había que hacer, y en un momento de valentía fue ella quien encaminó sin mediar palabra alguna su miembro hacia su intimidad. Aferró sus manos tras su nuca, temblorosa.


    —S-Solo tienes que… Y-Ya sabes… —susurró, titubeando. Reprimiendo con todas sus fuerzas las ganas que sentía de establecer aquel contacto solo por encaminar y guiarle con paciencia.


    Nikolah pareció dudar, aterrorizado por la idea de poder hacerle daño. Pero todas sus dudas se esfumaron en su cabeza cuando Liza le tocó, haciendo que fuese su propio cuerpo quien tuviese el control. Se abrazó a su cintura, apretándola contra sí, y se adentró en su interior con excesivo cuidado. Ignoró las necesidades de su cuerpo de sentirla más y más fuerte al notar cómo apretaba las uñas sobre su piel, soltando gemidos cada vez más fuertes, similares a pequeñas exclamaciones de dolor. Se detuvo, ambos conteniendo su agitada respiración, sin ser capaces de separar sus cuerpos. Acostumbrados ya a la calidez del otro de tal forma que eran incapaces de separarse.


    —¿Estás bien, Liza? ¿Te he hecho daño? ¿Quieres que…?


    Pero ella se limitó a soltar una risa por la nariz, besando su frente con los ojos acuosos por las lágrimas. Se abrazó con más fuerza, sintiendo su interior acostumbrarse poco a poco a aquella intrusión.


    —E-Estoy bien, cielo, estoy bien. C-Continúa... por favor.


    Todo su cuerpo se estremeció ante la sensación, permitiéndole el paso gracias a la lubricación producto de su creciente excitación. Dolía, claro que dolía, pero Nikolah era delicado y atento y aquello solo hacía las cosas más fáciles para ambos. Permaneció unos segundos en su interior, buscando que Liza y que él mismo se acostumbrasen a aquel contacto, y pronto la presión y el dolor fueron sustituidos por oleadas de infinito placer. Fue su instinto el que inició aquel vaivén entre sus cuerpos, chocando primero con suavidad para alcanzar una mayor velocidad. Entrando y saliendo de aquella húmeda y caliente cavidad, alcanzando un estado de éxtasis que ya no les dejaba pensar con claridad.


    Se encontraron a sí mismos gritando casi con el mismo volumen que el otro sus nombres, y pronto la sintió aferrarse aún más a él, enterrando sus dedos en su espalda, arqueándose con cada espasmo producto de las embestidas. Besando y acariciando cada parte de su cuerpo que tenían a su alcance.


    Toda aquella vorágine de sensaciones alcanzó su clímax en el instante en el que toda la presión contenida acabó desatándose dentro de ella. Sus caderas se tensaron y pronto todas aquellas emociones burbujeantes se esfumaron dejando pasar a una pesadez repentina. Nikolah se tumbó a su lado, exhausto y jadeante, y ambos se volvieron hacia el otro, dirigiéndose miradas chispeantes y sonrisas cansadas. Sus rostros eran todo un cuadro, tan enrojecidos y avergonzados que no podían mantener la mirada por demasiado tiempo, pero a pesar de todo sentían una calidez especial instaurarse en su pecho. El chico acarició un mechón de su cabello con ternura y Liza acunó su mano entre su mejilla y su hombro, sintiendo sus párpados pesados.


    Había sido un día cargado de emociones para ambos, y ahora recaía en sus hombros el peso tras el pico de emoción que acababan de atravesar. Al día siguiente estaban seguros que iban a tardar en asimilar lo que acababan de hacer.


    —Liza —murmuró, jadeante, intentando normalizar su agitada respiración. La castaña se removió en su lugar, entrelazando los dedos de sus manos, acurrucándose a su lado. Unió sus frentes, sintiendo el aliento del otro chocar contra su rostro.

    —¿Sí?


    Niko sonrió, depositando un suave beso sobre su nariz.


    —Te quiero.


    Las mejillas de Liza se tiñeron de rojo, y sintió su corazón golpear feliz contra su pecho. No importaba cuánto pasasen juntos, jamás se acostumbraría a todas sus muestras de afecto. Acarició su rostro una última vez, cerrando los ojos.


    —Y yo a ti, mi vida.


    Ambos cayeron pronto en los brazos de Morfeo, acurrucados bajo las sábanas, con una sonrisa dibujada en sus labios. Sintiendo en la calidez y el confort que irradiaban sus cuerpos el refugio que siempre habían buscado; habían encontrado al fin su hogar.


    Y por primera vez desde que estaban juntos, se sintieron más unidos que nunca.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    NALKSDHLFVANSJCNASJDKHLFAÑSDCÑJHAKJDGSHÑALSHDFÑLKJASD GOSH GIRL. Ya te fangirleé por privado un montón, pero no podía quedarme sin escribirte un comentario. Es que gosh, esto fue demasiado. Demasiado muy mucho, la verdad (? Dicho bien simple: lo amé. LO AMÉ. Con todas las letras en mayúsculas, y con sus diéresis, tildes y Hs.

    La primera parte me mantuvo sonriendo como un estúpido como por diez minutos. Y no es que se me hiciera lento para leer (de hecho, se me pasó rapidísimo, sumado a que yo ya de por sí leo rápido), sino que tenía que detenerme cada cinco líneas para mirar a otro lado y dejar de sonreír, pero se me hacía imposible. Es que estos dos son tan bellos y tiernos juntos que me los como. Desde que Liza le hace pasar por todo el momento de preocupación para enseñarle que no debe olvidarse las cosas, hasta la mención de la inutilidad de Nikolah con su videomisor, y todas las sonrisas que uno le provoca al otro, es demasiado. E incluso la mención de que a Liza le encanta hacer ruborizar a Nikolah, eso pegó un poco cerca de casa (? La primera parte es demasiado preciosa, y me mantuvo alegre por toda la lectura. El detalle encima de como Liza le acomoda el cuello de la camisa es tan pequeño y simple pero me hizo tan bien al alma. Que querés que te diga, cada pequeña oración de esta parte me mantuvo sonriendo como idiota.

    Pero la segunda parte uffff. Ahí las cosas se ponen picantonas, ¿eh? Desde mi pobre niño confundiéndose de sección hasta que los dos no podían despegar la mirada del otro. Pues mira, que a pesar de actuar super maduro o super inmadura muchas veces, siguen siendo dos jóvenes, enamorados uno del otro. Y el amor no es puramente emocional, algo de atracción física debe haber. Y lo dejaron bien claro ambos esa vez. Y a pesar de la situación vergonzosa (extremadamente vergonzosa, la verdad. Siendote sincero, yo hubiera reaccionado igual que Nikolah (?) ambos siguen siendo ellos mismo, el rubio sin saber como diablos reaccionar y prefiriendo ahogarse y desmayarse en el agua, y Liza toda preocupada sacándolo del estanque a duras penas. Mira que hay que hacerle un monumento a la paciencia de esa chica, si tiene que lidiar con el alto todo el tiempo. Y al final que Liza se queda sola, uyuyuyuy. Pobre chica xD Pobre ambos (???

    Y luego viene la tercera parte. La creme de la creme. La sauce de todo el tema. Pero, déjame decirte, que a pesar de que es, justamente, la parte explícita de todo el relato, no lo sentí igual que otros que leí. No sé, en ningún momento lo vi como algo...bueno, me da mucha vergüenza decirlo por acá. Lo diré en el privado (? Pero se me entiende. Sino que fue todo tan...tierno, tan romántico, tan bello. Tan justo diría. Se sintió...bien. Como debía ser. No sé, es difícil de expresar. O sea, fue todo como me hubiera imaginado que ocurriría entre ambos. Y no sé, leerlo como que me emociona y me trae paz. Me siento feliz por ellos, la verdad. Siento que avanzaron y consolidaron su relación, que dieron un paso más allá. Es difícil de expresar. Al terminar de leerlo, lo único que pude sentir fue calma, felicidad, y rubor en las mejillas. Y una sensación cálida en el pecho.

    No hay mucho más que decir en sí, o al menos, no me salen más palabras. Fue un escrito demasiado lindo, y valió completamente la pena toda la espera (tampoco fue muy larga, pero para alguien ansioso y curioso como yo, te podés imaginar lo que fue (?). Solo me queda decir gracias, Andy. De verdad :D

    Esta frase, esta GODDAMN FRASE. ME LLEGÓ AL KOKORO, ¿OKAY? ME HICISTE UN HUEQUITO Y LO LLENASTE CON MALVADISCOS Y CHOCOLATE. Teniendo en cuenta lo que han pasado nuestros personajes, en su pasado y su presente, esa frase cobra tal potencia y fuerza, tiene un significado tan profundo. Es un broche de oro para finalizar, la verdad.

    Sorry, pero tenía que hacerte la corrección xD Acá es "calló", que si no quiere decir otra cosa (?
     
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    Sinceramente, Andy, te doy mis dieces por completo por este fic, en serio. Estaba claro que esperaba algo precioso de ti, porque escribes precioso como siempre te digo, pero la verdad, se nota que le has puesto un montón de cariño y eso siempre hace que una trabajo sea mucho mejor. Así que bueno, sobra decir que he adorado cada una de las palabras que ha puesto <3

    Me encanta que hayas hecho un introducción al tema tan extenso, la verdad, porque realmente a mi me cuesta mucho pensar un contexto para eso y desarrollarlo, sobre todo, por eso siempre voy al tema (? Al caso, que me encanta la relación de estos dos, la escena de Liza con las botellas de agua en plan: ¿te crees que soy pelotuda o...? los amo, se nota que ambos se conocen muy bien, y qué menos, claro, después de tantos años de relación uwu Obvio que la chica sabía que Niko iba a olvidarse y se encargó ella de todo.

    Que btw, que pillina la Liza, que quería ir a solas con el Niko... EEEEEH 7uuuu7 (?)

    Anyways, Niko siendo el típico desastre que él es, golpeándose y acabando en el baño de las chicas, pretends to be shocked wey (?) La escena en la que se encuentran es entre cómica y sensual, tbh, bueno y un poco sad incluso (?) Me encanta el detalle de poner a Liza en plan: fuck, i'm such a moronsexual y ahora estoy cachonda, bien (?

    Ah pero mira, la parte final, sublime, estupenda, maravillosa <3 Omg, es que me ha encantado. No tengo necesidad de comentar parte por parte, en general se ha notado el cariño de la pareja, lo mucho que se quieren y como de fácil es que la primera vez vaya bien cuando es con alguien que quieres <3 Y pues Niko es todo un niño pequeño y Liza tiene que guiarlo y es supah cute que tenga la paciencia de hacerlo cuando tiene que estar bastante bastante necesitada, y pues obvio el chico es un amor y está asegurándose de no hacerle daño en todo momento <3 En eso me recuerdan un montón al Demily, que para mí Dante también es así, haciendo lo posible por asegurarse que a Emily no le duele nada, they are two beautiful people <3

    Y las dos últimas frases, omg, como dijo Tom, ambos personajes han sufrido mucho y se merecen esto, ser felices, encontrar su hogar. Eso acarrea mucho peso para ellos.

    En fin, tú sabes mejor que yo como son estos personajes pero me siento en la necesidad de decirte que los he visto super bien representados y que me los imagino perfectamente en la situación, la narración fluida y perfecta como siempre <3 El único fallo que he visto es que "tenue" no lleva tilde, por consiguiente tenuemente tampoco debería. Por lo demás, todo estupendo <3

    Y como nota final, te felicito por haber hecho y publicado un explícito. Incluso a mí me sigue dando vergüenza publicar uno y llevo cuatro, así que el primero para ti imagino que ha tenido que ser bastante vergonzoso, pero bueno, diría que es mi explícito favorito hasta el momento y creo que no soy la única que cree que es genial, así que puedes estar tranquila, porque lo has hecho muy bien. Y bueno, eres una de las personas de las que más quería leer algo así, así que estoy obviamente muy feliz y orgullosa, y espero leer más cosillas de este estilo tuyas porque necesitamos más explícitos softs por aquí (?)
     
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