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Inconsciente

Tema en 'Relatos' iniciado por Blood Dupre, 20 Enero 2015.

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    Blood Dupre

    Blood Dupre Usuario VIP

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    27 Abril 2010
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    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Inconsciente
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2211
    Han pasado siglos desde la última vez que se reunieron en aquel valle rodeado de un lago cristalino, punto vital para los seres vivos ya que cohabitaban de manera pacífica demostrando que a pesar de no contar con la inteligencia de la que hace gala el hombre, ellos eran capaces de vivir en paz y armonía sin destruir su entorno. No obstante la parte fundamental eran dos siluetas que parecían observarse fijamente desde cada punta de aquel paisaje y a pesar de que la atmosfera reflejaba calma la presencia de ambos personajes desarrollaba un silencio impenetrable.

    Aun así ninguno de los dos se movía, permanecían completamente apacibles en sus respectivos lugares, hasta que uno de ellos decidió romper con la afonía.

    —Vaya, tenemos años sin vernos tal vez un siglo o dos, aunque para nosotros la concepción de tiempo es una nimiedad. —Se regocijaba arduamente la primera sombra mientras que con resaltada tranquilidad tomaba entre sus brazos una pequeña rama de un árbol.

    —Cierto, es muy extraño encontrar casos en donde ambos debamos juzgar una vida humana, aunque si fuera tu decisión ya lo hubieses mandado al purgatorio o al olvido —comentó seriamente señalando a su compañero de forma acusadora.

    —Por supuesto que lo haría, ¿por qué debería tener consideraciones por un alma mortal?, los humanos simplemente se creen llenos de grandeza e intelecto, se glorifican en su propia inmundicia llena de sangre y corrupción, entonces dime ¿realmente debería mostrarles piedad? —Cuestionó enérgicamente y con un movimiento de mano se abrió un portal en el que se mostraban imágenes de guerra y destrucción.

    —No obstante también son capaces de crear belleza, se aman, ríen y lloran por el dolor de otros, muestran emociones que aún con nuestra eternidad nunca terminaremos de comprender y ellos lo hacen en ese insignificante y efímero regalo llamado vida.

    —Podría ser verdad, ya había olvidado que tú y yo jamás estaremos de acuerdo, después de todo tú siempre serás amado incluso deseado por ellos, se aferran a ti más que a cualquier cosa; a diferencia de mí, de quien huyen y temen eternamente, yo que realmente les recuerdo que sin importar su poder en la tierra son simples humanos, tan frágiles como la rama de este árbol —Retomó el objeto en sus manos para convertirlo en un fino polvo negro.

    —Esa es tu opinión, pero en esta ocasión debemos de decidir sobre que le ocurrirá a esta alma, si se le permitirá irse en paz o si se quedará en la tierra, así que toma tu herramienta de trabajo y muestra los registros del sujeto —Respondió exigentemente mostrando entonces a un joven en un departamento.

    —Veamos entonces, su nombre es Ricardo Soto Altamirano, su edad es veinticinco años, estudia en la Universidad Autónoma de México en la carrera de literatura, su círculo social se limita a unos cuantos amigos ocasionales, lo consideran un escritor con grandes expectativas hacia el triunfo, ha ganado algunos concursos institucionales y estatales, así mismo se le considera un posible modelo a seguir dentro del género de horror —mencionó sin darle importancia a los logros de aquel joven postrado. —No veo ninguna razón para darle otra oportunidad, de mí parte puede entrar al viaje sin retorno.

    —Te propongo un trato démosle la oportunidad de vivir durante un día más si él no demuestra un logro significativo entonces serás completamente libre de llevártelo —argumentó pacíficamente frente a su compañero.

    —Si no ha conseguido nada en veinticinco años de su vida, por qué lo lograría en un mes, realmente estoy considerando si eres ingenuo o un completo idiota segado por su amor perpetuo hacia los hijos del hombre.

    —Prometo que en caso de que éste falle no volveré a intervenir por un humano a menos de que realmente su muerte provoque un desequilibrio en el mundo, ¿no es un buen trato?

    —Ja, en serio pensaba que eras un sabio que aprendía de las historias pero veo que eres un tonto que necesita aprender de la misma experiencia, cuando te des cuenta de la cruda realidad te sentirás traicionado tal y como si te apuñalaran con veinte cuchillos en tu corazón —Rio sarcásticamente mientras observaba a Ricardo aún acostado e ignorante de aquel debate sobre su vida.

    —Estoy completamente seguro que no seré lastimado y que posiblemente tú aprendas una gran lección mi querido amigo.

    Ambos sujetos sonrieron complacidos con su contrato, desapareciendo entonces del paisaje hasta que se cumpliera el plazo establecido a Ricardo el cual inconsciente de su situación despertaba de un sueño placentero gracias a la alarma del reloj que le informaba que el día había comenzado y con ello su rutina diaria de trabajo; se levantó de la cama para dirigirse al baño en donde al mirar su reflejo en el espejo pudo percatarse de que a pesar de que su rostro mostrará que era un adulto en plena juventud su mente le recordaba que era anciano y amargado por las experiencias vivenciales a las que se había enfrentado.

    Aún recordaba que durante su niñez se veía asombrado por cosas tan insignificantes como el simple volar de una mariposa de la cual comenzaba a crear una historia en donde ésta era la forma espiritual de la reina hada que estaba condenada en la maldición del rey de los demonios y donde su fiel amiga la reina serena con ayuda de sus caballeros la rescatarían; sí, así de inocentes eran sus primeras creaciones literarias en donde escribir para él era una diversión, un escape de la cruel realidad en la que vivía con sus padres.

    Su padre siempre estaba ausente sólo en algunas ocasiones convivía con él y regularmente era en la hora de la comida sólo para regañarlo sobre sus modales en la mesa, mientras que su madre al sentirse abandonada se refugiaba en los brazos de otro hombre el cual ingresaba a su hogar durante los largos viajes de negocios de su padre, por lo que realmente siempre se había sentido solo en todo el sentido de la palabra, en los eventos escolares siempre se fugaba de la escuela o se mantenía en la esquina del aula, alejado completamente del mundo de felicidad que se observaba tras la ventana; precisamente esos fueron motivos suficientes como para que él creciera desconfiado de las personas, se volvió frío y estoico para cosas tan triviales como una conversación, no obstante lo único que lo sacaba de esa realidad asquerosa era la literatura si bien ya no escribía sobre temas fantásticos como cuando era un niño relataba historias sobre lo cruel que es la vida y como siempre ésta tenía la capacidad de colocarte en una situación peor que la anterior, para él el término de “Y vivieron felices para siempre” no existía, en sus relatos era común esperar un final con la muerte del protagonista o un mundo consumido por la desesperanza.

    Y aun así lo consideraban un genio con un gran futuro por delante que podía ofrecer una nueva forma literaria de retratar el género de horror, realmente le causaba gracia todo aquello, no era más que una divina comedia llena de sentimentalismo por parte de los que lo rodeaban.

    —¿Acaso no se darán cuenta? de que las expectativas que cargan sobre un ser, no dejarán de ser eso, una condena impuesta con la que debes cumplir para evitar el fracaso y la burla, entre más admirado es el hombre, éste pierde su sentido de la libertad, limitándose a ser una marioneta de la sociedad —dijo mientras tomaba su caja de cigarrillos e introducía uno de éstos en su boca para inhalar plácidamente su contenido.

    —Ah, ahora que lo recuerdo tenía que entregar un manuscrito, bueno que más da, ni siquiera llevó la tercera parte de éste así que seguramente conseguiré a un editor sumergido en la ira a tal grado que si pudiera me mandaría al octavo infierno, en estos casos podría decir que me arrepiento de pasármela de juerga, no obstante ese no es mi sentir, siendo entonces que daría razones hipócritas sobre mi ociosidad —tomó su teléfono presionando el botón de apagado hasta que el sonido de la puerta lo hizo entrar en razón. —¿Quién podrá ser?

    Dejó sus actividades para abrir la puerta en donde el ruido producido por el golpeteo se volvía cada vez más desesperante e insistente, revisó el orificio de la puerta, pero sin éxito para identificar a la persona al otro lado de le puerta, siendo entonces que su resolución lo llevó a abrir la puerta y vaya sorpresa que se llevó al ver a una pequeña de diez años con su mano estirada hacia él, a lo que su reacción inicial fue de sorpresa pero al dar una mirada rápida en la vestimenta de la infante notó que su condición era deficiente.

    —¿Qué quieres? —Inocentemente la pequeña volvió a realizar la acción inicial. —En esta casa no creemos en los pobres.

    —Pero yo sólo quiero un poco de comida, llevó días sin comer —mencionó angustiosa tocándose la barriga.

    —Muy bien quieres comer, pues entonces hazme un favor y mueve esas cajas a la parte inferior del edificio, si logras hacerlo te daré el suficiente alimento como para que no sientas hambre por una semana —comentó el hombre vanagloriándose en su inteligencia, ya que las cajas eran lo suficientemente pesadas como para que pudiera cargar con ellas.

    —Cuente con ello señor, yo me encargaré de esa molestia por usted —pronunció emocionada y con ánimos ante la propuesta de aquel hombre.

    —Bueno, suerte con ello.

    Se alejó de nuevo en la soledad de su apartamento dispuesto a continuar con su trabajo pendiente para mínimo tener un avance lo suficientemente grande como para calmar la furia de su editor, las horas pasaban y no se le ocurrían ideas para integrarlas en la obra, por lo que se decidió a salir por unas compras, al dejar su vivienda se dio cuenta de que las cajas de las que en su momento había hecho gala ya no estaban y al bajar las escaleras se encontró nuevamente con ellas y la niña de la que se había burlado.

    —Señor, miré ya he acabado con lo que me pidió, ahora puede darme lo que me prometió —Dijo llena de sudor y golpes pronunciados por las continuas veces en las que las cajas cayeron sobre ella.

    —Te lo has ganado así que no tengo objeción, vamos acompáñame. —Con un ademán le indicó a la jovencita que se acercará.

    —Sabes, en un principio creí que eras un cretino pero al menos si cumples lo que dices —sonrió gratamente para el hombre.

    —Y no estás equivocada no soy más que un miserable hombre que a su corta edad está lleno de amargura, rencores y problemas existenciales, así que tomate la libertad de llamarme como quieras —aludió encendiendo uno de sus inseparables cigarrillos.

    —Está bien, señor no debería fumar, es malo para su cuerpo además de que esas acciones ensucian su alma, ¿no quiere estar limpio y puro cuando llegué su momento de partir?

    —La pureza en este mundo querida niña es relativa, hasta la rata más corrupta del senado puede parecer un puro y santo si tiene el dinero suficiente para hacerlo, siendo realistas el mundo es cruel, algunos nacen con mucho, otros sin nada, hay guerras y matanzas por algo tan sencillo como un pedazo de territorio, que no es más que eso un trozo de un continente que jamás cabra en el ataúd de esos avariciosos —concluyó riendo sarcásticamente.

    —Pero pienso que en el momento en que morimos nosotros nos convertiremos en hermosos ángeles que cuidarán de sus seres queridos, ¿no sería eso fantástico? —Cuestionó la niña con inocencia.

    —¿Lo sería?, créeme no pretendas convertirte en un ángel, si lo logras podrías arrepentirte después de tu decisión.

    Justo en ese momento, un coche perdió el control y atropelló al hombre, arrojándolo unos 100 metros de distancia, poco a poco iba perdiendo la conciencia hasta que sólo pudo observar a una figura negra al lado de la niña que lo acompañaba.

    —Ves te dije que yo ganaría, este humano inconsciente del regalo de la vida, todo este tiempo se la pasó desaprovechando sus oportunidades y renegó de su existencia, ahora lo entiendes los humanos aunque alcanzaran la divinidad no dejarían de ser simples criaturas sedientas de sangre y poder —agregó la sombra oscura acercándose lentamente al joven.

    —No importa, seguiré creyendo en los humanos sin concernir que los consuma la amargura, ahora puedes descansar abrazando la forma de vida que en tus sueños siempre anhelaste, lamento que no cambiará tu destino, pero ahora ya no sufrirás más en este mundo que te llena de dolor —susurró suavemente la que ahora dejo ser una niña para tomar su forma original como representante de la existencia.

    El hombre simplemente inconsciente de su situación e incrédulo de los acontecimientos sólo atinó a decir unas últimas palabras antes de caer en el sueño eterno.

    —Los seres humanos no somos más que juguetes del destino, la vida no es más que una hermosa mentira y la muerte una triste realidad, en palabras sencillas ¿qué asco? —musitó de manera casi inaudible sólo para esas dos criaturas que contemplaron por última vez el cuerpo sin vida para alejarse lentamente de nuevo a la oscuridad y la luz de la tierra.
     

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