Historia larga Huellas de sangre: Nicolás

Tema en 'Novelas' iniciado por Roseé, 1 Junio 2019.

  1.  
    Roseé

    Roseé Soy muy viejo

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    Escritor
    Título:
    Huellas de sangre: Nicolás
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1322
    ¡Buenas tardes/noches mis cachorritos!

    Hoy les traigo algo que vengo trabajando desde hace un buen tiempo, pero primero:
    1. Esto es una novela omegaverse donde existe presencia de relaciones homoeróticas.
    2. Temática de Hombres lobos (transformaciones en general), cazadores y seres mitológicos en general. (recuerdo que existía un foro para esto, pero no lo encontré, si un reader me puede orientar lo agradecería mucho)




    Me colgué la mochila de un hombro, listo para salir a la escuela, me giré para dar una última mirada a mis padres que sostenían en alto sus tazas de café humeante. Sonreí ante esa imagen tan hogareña, sentados en la cocina, desayunando en la mesa redonda de caoba, con estantes repletos de frascos de fondo, envueltos en los aromas del pan tostado, mermelada y mantequilla derretida.

    Parte de nuestra rutina diaria que la primera y última comida del día fuese juntos, era una forma para compensar el tiempo que pasábamos alejados, en el caso de ellos por el trabajo, y el mío la escuela.

    A pesar de que ya me había despedido de ellos, me detuve unos segundos en la puerta para dedicarles ese gesto y, al mismo tiempo, mirar de forma disimulada el calendario de gatitos que tanto me molestaba, pero que fingía encontrar adorable.

    Ya Afuera di una bocanada aire frío que llenó mis pulmones, era temprano y ciertamente el frío de la noche todavía perduraba en la solitaria calle, encaminé mis pasos hacia la mi destino.

    Siempre llegaba caminando hasta allá, lo consideraba relajante y necesario, podía divagar mientras observaba mi alrededor, admiraba las fachadas de las casas, el canto de los pájaros, la gente que regresa de su turno nocturno o aquellos especímenes extraños como yo, que les gusta llegar de los primeros a la escuela o al trabajo.

    Mientras camino me pongo a pensar en un tema particularmente interesante: la cruz roja marcada en el calendario de gatitos que colgaba en la cocina.

    Falta un solo día...

    Sabía perfectamente lo que significaba, mañana “aquello” volvería ocurrir, siempre es estas fechas empezaba a hacer memoria de cómo me metí en este lío.

    Hace un dos años, cuando cumplí los 16 me tuve que escapar de mi fiesta de cumpleaños y subí a mi habitación, de repente no me sentía bien y decidí en irme a dormir con la esperanza que el malestar cesara pensando que tal vez hubiese sido causado por el cansancio o algo que había comido durante la cena. Todavía me pregunto qué impulso me llevo a cerrar la puerta con seguro, supongo que algo dentro mío sabía que quería estar solo. Lo que puedo asegurar era que me sentía extraño, realmente extraño. El dolor no parecía mitigar y tampoco podía dormir, ya a altas horas de la noche, cuando la pequeña fiesta que habíamos organizado con mi familia había parado y no se escuchaba ruido alguno; yo seguía despierto, solo podía pensar en el malestar y en lo sofocante que se había transformado mi habitación, no podía respirar bien, lo suave y agradable de la tela de mi pijama se transformó desagradable, y un especie de calor trepaba lentamente desde mis piernas; mis venas se convirtieron en surcos de agua hirviente paseándose lentamente por mi cuerpo.

    En un intento para sentirme más fresco y disminuir esa abrazadora temperatura me saqué la playera, luego le siguieron las otras prendas que usaba para dormir hasta terminar desnudo sobre la cama, pero la sensación sólo aumentaba ferozmente, el cuerpo me empezó tiritar, pensé en que debía de tener fiebre por los mareos y la debilidad que sentía.

    —Mamá debe tener algo para mitigar esto, ella debe saber que hacer— pensé en ese minuto.

    Traté de incorporé en la cama, quería levantarme, pero me sentía realmente mal, ya no podía mirar un punto fijo en la habitación; por un momento me vi reflejado en el espejo, si antes era una hoja de papel en blanco ahora era un fantasma. Me di un impulso para ponerme de pie, pero las piernas se doblaron bajo mi peso, por lo que caí al lado de mi cama.

    Para ese minuto imaginaba que mis padres no subirían a verme porque creerían que estaba dormido, me quejé, pero mis palabras quedaron atrapadas en la garganta, no podía emitir sonido alguno, aunque intentara gritar nadie podría escucharme porque de mi garganta apenas salía un especie de chillido muy bajo. Era un momento desesperante, me sentía confundido, adolorido y sin la posibilidad de pedir ayuda.

    Mis padres estaban a una habitación de distancia y a pesar de eso no podía hablar o moverme. Todo parecía dar vueltas, como último intento cerré los ojos esperando que acabara todo. Pero en cambio, algo húmedo y caliente empezó bajar desde mi parte trasera que escurrió hasta los muslos, intenté tocarlo, pero ante el menor movimiento aumentaba mi vértigo.

    Mi mente entraba por momentos a un estado inconsciente, era como que si me quedara dormido a ratos, para luego volver al infierno bajo mi piel, no sé cuanto tiempo estuve en ese transcurso, pero hubo un minuto donde sentí que era insoportable, solo rogaba que parara de una maldita vez y de un momento a otro mis huesos empezaron a crujir, era el mismo sonido que producen las ramas de los arboles cuando las pisas. En ese minuto pensé que iba a morir.

    Tras esa noche descubrí varias cosas: la primera y más obvia fue que no era "humano" o al menos no completamente, cuando desperté caminaba con cuatro patas y pude observar en el reflejo del espejo que mi apariencia había cambiado. Al principio retrocedí torpemente ante la visión de lo que parecía un perro naranja grande, en realidad, a un zorro gigante.

    No cabía duda, el color del pelaje, la forma, incluso la terminación de la cola declaraba que era un zorro.

    La segunda cosa que descubrí fue que podía destransformarme, eso fue lo más difícil ya que el pánico que sentía mirándome en el espejo no me dejaba pensar con claridad. Pero finalmente había conseguido tranquilizarme y volver a mi forma normal.

    Aún recuerdo que me había pellizcado muchas veces para asegurarme que no fuese un sueño...

    Una Pesadilla...

    La tercera cosa que pude comprobar fue que sería algo de por vida, pasó tres meses sin incidentes, me convencí de que no había nada de malo en mí, solo una "Alucinación" producida por el cansancio o la comida, o al menos con eso trataba de convencerme hasta que volvió a suceder, pero para mi suerte mis padres no se encontraban en casa.

    Esa vez fue distinta que la primera, no sentía tanto mareo, pero si un gran calor.

    No quería que mis padres se enteraran, los quería demasiado como para asustarlos con algo tan… Aterrador. ¿Un hijo que podía transformarse en zorro? ¿Qué tipo de locura era esa? ¿Qué seguía ahora? ¿Hombres lobos? ¿Vampiros? ¿Cazadores? ¿Nadar con vagabundos? No, no podía dejar que me vieran o se enteraran de mi "condición" por lo que empecé anotar la regularidad con la que me sucedían estos incidentes, de ahí la existencia de ese maldito calendario que yo mismo colgué: marcaba el día en el cual volvería a pasar por aquella experiencia.

    Pensar en eso le dio escalofríos. Yo nunca pedí esto.

    Suspiré, no lo comprendía, ya tenía 18 años, había sobrellevado un buen tiempo sin contárselo a nadie. Internet, por primera vez en la vida, no me daba una respuesta satisfactoria, no encontraba nada que encajara conmigo, tampoco tenía un amigo lo suficiente cercano, aunque creo que tampoco se lo diría.

    Había estado tan sumido mis recuerdos que no había notado que caminé automáticamente, al doblar la esquina me di cuenta de que había llegado a la escuela.

    Un día, mañana faltaría a clases con alguna escusa creíble que tenía planeada y me escondería bajo la cama en mi forma de zorro mientras trataría de calmar a mi "amiguito" que despertaba animadamente durante ese tiempo.
     

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