One-shot hostage [Connie x Alice] [DMW]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Gigi Blanche, 24 Agosto 2019.

  1.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master sixteen k. gakkouer

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    Escritora
    Título:
    hostage [Connie x Alice] [DMW]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2285
    Nombre: hostage
    Personajes: Connie Dubois, Alice Dumont
    Rol: Deadman Wonderland
    Advertencia: contenido sensible y lésbico, se recomienda discreción (?
    Notas: weno, here we are, Kurone uwu No estoy segura si usé bien a Alice, si esto quedó agradable a la lectura, ya no sé nada(? Nunca había escrito algo así, de modo que iba pisando clavos xd But anyways, ojalá te guste <33

    Está bastante inspirado en hostage, la canción de Billie Eilish. La dejo en spoiler bc reasons


    hostage
    .
    .
    .

    ii.

    cuatro meses, una semana y cinco días.


    Los talones de Connie se agolpaban en sus oídos, replicados hacia el infinito entre las paredes vacías del pasillo. El silencio, el frío, las luces fluorescentes, sus talones, y ella. Ya apenas veía guardias; se habían ido marchando a medida que los presos morían. Al último cadáver lo habían recogido hace pocas horas. O, al menos, sus restos. Connie oyó la bofetada antes de sentirla, primero en su mano, luego en su mejilla. Dolió un poco y estuvo bien, aunque podría haber sido mejor. Los talones golpeaban el suelo blanco con insistencia, con fuerza, y Connie sonreía ante esa presión como de abejas rabiosas.

    Se sentía bien.

    Las bofetadas siguieron, luego sus uñas rascaron, hasta que logró desprender el vendaje y sonrió al observar la sangre seca sobre la gasa. Sonrió y la olfateó, reviviendo la fuerza de sus látigos sobre el menudo cuerpo de su oponente. Todo brillaba y era magnífico, el intenso rojo convirtiéndose en dorado, las agujas negras clavándose a los costados de su visión, obligándola a seguir buscando sangre para mantenerse en pie. Era el único olor, el único sabor y el único color que la mantenía cuerda. Y era excitante. Un hilo de tibio líquido corrió lentamente por su mejilla y se sintió revivir sobre un cuerpo moribundo, como una mariposa abandonando su capullo.

    Sí, como una hermosa mariposa.

    Agnes había rasgado sus muslos, allí donde su piel blanca brillaba de rojo, y Connie había sonreído y buscado más. Se había quitado las botas y hundido los dedos entre sus costillas, obligándola a acercarse. Pero Agnes era una mujer cruel, y había decidido dejarla así. Sin botas, sin paciencia; con maravillosos surcos de sangre en sus piernas, como hilos dorados, corriendo río abajo para teñir el blanco suelo de roja suciedad. Connie le echó un vistazo al pasillo recorrido y soltó una sonora carcajada, girando sobre sus talones adoloridos. Lo roto era hermoso, y la imperfección era perfecta. Eso lo había aprendido de alguien más.

    Al verla, sonrió. Alice podría haber sido la única mancha dorada del pasillo, pero Connie estaba sangrando y eso era aún más resplandeciente. Ambas lo sabían. Esa vez, ella había ganado.

    —¿No estás cansada?

    La voz de la joven Dumont corrió suave y burlona casi por debajo del silencio. Connie le sonrió y se acercó a su oreja, inhalando con fuerza el perfume mortecino de su cabello.

    —Tu querida Agnes se divirtió harto conmigo —susurró, enterrando los dedos de su mano derecha en las costillas de Alice. Con fuerza, con insistencia—. ¿Qué harás al respecto?

    Dumont la observó cuando ésta se hubo alejado, y barrió la sangre de su mejilla con la punta de la lengua.

    —Pobrecilla, Corianne. Apenas dejaste rastro de su ropa… o su adorable rostro. Aún siento contra mi nariz el aroma de su cadáver. —Se tomó un considerable momento para cerrar los ojos y llenarse los pulmones de aire. Al suspirar, un ligero escalofrío le sacudió la columna—. Me brindaste un magnífico espectáculo, mi preciado colibrí. Tú ganaste. Ahora sabes qué hacer.

    Connie abrió la puerta lentamente, en silencio, y sus pies fríos alcanzaron la tibia alfombra. Tenían todo el tiempo del mundo, y ambas lo sabían.


    i.

    tres meses, dos semanas y cuatro días.


    —Dicen que yo disfrutaba de tu compañía. ¿Eso es cierto?

    Alice se tomó un segundo para borrar la sorpresa de su expresión, para volver a su nívea máscara de muñeca, y esbozó una ligera sonrisa divertida.

    —Vaya. Bienvenida de vuelta, Corianne.

    —Es un placer, perra.

    Allí estaban, sobre la cama de agua que por tanto tiempo había significado un punto de encuentro, un escondite silencioso, las cuerdas de una siniestra orquesta. Allí, sobre esa cama de agua, Alice había vivido… momentos inolvidables. Pero su inocente colibrí había volado lejos, había muerto. ¡Ah! ¡Cuán hermosa era la muerte!

    —¿No sientes curiosidad?

    Las palabras se deslizaban solas por su garganta, sedosas y dulces, casi como un ronroneo. No podía evitarlo. El éxtasis de sus fantasías amenazaba con embargarla si se detenía, si se permitía ceder.

    —¿Curiosidad?

    Oh, sus ojos… ¡Habían cambiado tanto! Donde nunca había existido más que temor e inocencia, ahora yacía un animal salvaje, bribón, impetuoso. Alice adoraba esos ojos, necesitaba saber hasta dónde eran capaces de llegar.

    ¿De qué sería capaz su colibrí si le permitía abrir las alas?

    Con cautela, fue deslizándose lentamente sobre el colchón de agua hacia ella.

    —¿No te preguntas por qué? ¿Por qué disfrutabas de estar conmigo, Corianne? —Sonrió al apreciar su tiesa, radiante, aquella inalterable belleza, y sus labios alcanzaron su oído—. ¿Por qué solías pedirme más?

    Dentro suyo vibraba una emoción ligeramente diferente ante este colibrí, emoción que se sacudió entre sus huesos cuando su tierna, ingenua y adorable muñeca la sujetó del cuello con brusquedad y le escupió palabras de odio sobre el rostro.

    —Me importa una mierda, y me importas una mierda, ¿oíste? —bramó en voz baja, peligrosa, tan cerca como para sentir su respiración acelerada. Connie rió y presionó un poco más—. ¿Qué pasa, princesa? ¿Ya estás asustada?

    Alice sintió sus mejillas teñirse de un delicado rosa y apretó los dientes, el aire quemándole los pulmones. Ah, qué maravilla…

    —Oh, Corianne —musitó, sin esforzarse por contener el éxtasis creciendo dentro de todo su cuerpo—. Bienvenida de vuelta.


    iii.

    cuatro meses, una semana y seis días.


    Connie descubrió cuánto le gustaba el cabello largo a los cinco años. Desde entonces, decidió jamás llevarlo corto. Le encantaba sentirse tan bonita, tan femenina; una princesa, como su papá solía decir.

    Poco tiempo después, descubrió cuánto le gustaban las coletas. Era un peinado divertido y ligero, que acentuaba su delicada belleza de niña; pero, sobre todo, era un peinado dócil. A Connie le resultaba muy fácil jalarle el cabello a sus compañeras cuando éstas lo llevaban en coletas, y por ello se convirtió en su favorito.

    Connie amaba la sensación de agarrar un montón de pelo quebradizo, tan frágil y tan suave, y tirar con todas sus fuerzas hacia ella. Amaba tomarlas por sorpresa, arruinar sus dibujos, hacerlas caer de sus sillas. Amaba oírlas llorar y correr a quejarse con la maestra. Sentía entonces una inigualable sensación de poder y superioridad, la certeza absoluta de ser más y mejor que ellas, todas ellas.

    ¿Siempre había sido una niña llena de odio y crueldad? ¿Comenzó, quizá, cuando su madre la abandonó? ¿O cuando descubrió que su padre jamás la reprendería por nada, absolutamente nada de lo que hiciera?

    Quién sabe.

    Con el tiempo dejó de jalar cabellos y buscó otras formas de divertirse. Hurtando, engañando, usando, despreciando. Quizá ya no inflingiera dolor físico, pero seguía disfrutando de las lágrimas ajenas; hasta que llegó a Wonderland, y poco a poco revivió sus aficiones favoritas. Esas carnales y salvajes, esas que nacieron como el simple hábito de jalar cabellos ajenos.

    Oyó el gemido de Alice rasgando el aire taciturno de la habitación y Connie se detuvo, silente, para apreciarla. Apretó las rodillas alrededor de su cintura y estiró el brazo para alcanzar su mejilla. Esbozó una sonrisa a medida que rasguñaba la piel impoluta, hecha de nieve, dejando surcos rojizos debajo de sus ojos opacos, su nariz respingada, sus labios pálidos y agitados. Apenas intercambiaban palabras, no las necesitaban.

    Esa noche, sin embargo, Connie se sentía particularmente enérgica.

    —Cuatro meses —murmuró, una amplia sonrisa acompañando su mirada insana, mientras descendía su torso para rozar el cuello de Alice con su aliento—. Cuatro meses, una semana y seis días.

    Selló sus labios, y utilizó el silencio para comenzar a moverse sobre su acompañante. Le gustaba mantener los ojos abiertos, pues así podía apreciar cada minúsculo cambio en el semblante de Alice. En sus ojos entrecerrados, oscurecidos por el tinte de sus pensamientos. En el sudor perlado de su piel, tintineando pálido junto a las luces del parque. En sus pequeñas orejas, tan delicadas, casi de muñeca, levemente enrojecidas por las oleadas de calor bañando cada costado de su cuerpo. Verla así, callada, obediente, sumisa, le confería un placer inexplicable. Solo lograba equipararlo con la sensación de sus látigos, veloces y despiadados, bañándose del mismo color que poseían.

    Sangre, sangre, sangre, sangre, sangre, sangre, sangre.

    Sus respiraciones parecían haber alcanzado la misma frenética y calurosa sincronía. El aire, sus pieles y el vaivén de sus caderas les quemaba por dentro.

    —Me encanta, ¿sabes? —farfulló Connie, obteniendo un sonoro gemido de Alice al clavar las uñas en sus hombros. Se abrazó a su cuerpo, y le habló directamente al oído—. El olor de tu sangre. Es mi favorita. Siempre quiero más.

    La fricción comenzaba a arder, a quemar de verdad. Sus huesos comenzaban a chocar como barras de metal, una y otra vez. Connie no planeaba detenerse, y Alice permanecía atada al cabezal de la cama. Los embates de su cuerpo repercutían en sus muñecas, donde las cuerdas rozaban y lastimaban. Eran ásperas, eran duras y despiadadas. Alice apretaba los dientes y fijaba los ojos en el techo blanco, impoluto, hecho de nieve. Allí, sobre ese lienzo virgen, trazaba con esmero y sin apuro todas y cada una de sus fantasías; hasta que su verdadera devoción, su amada Reina de Corazones, aparecía frente a sus ojos, le hablaba al oído y la maltrataba. La rasguñaba, la mordía, se frotaba contra su intimidad y le gruñía cuánto amaba su sangre.

    Ah… Era el paraíso.

    —Oh, vamos. ¿Esto es todo lo que tienes?

    Siempre querría más, más, más y más. Más de ella. Pero ella era cruel, y no disfrutaba satisfaciéndola. Por suerte, su salvaje y tonto colibrí estaba allí para adorarla y descargar sobre su cuerpo desnudo cada ápice del incalculable odio devorándola.

    Odio por ella. La mujer presente en los sueños y pesadillas de ambas.

    —Maldita perra —gruñó Connie, sintiendo la carne fresca debajo de sus uñas, el cabello pegajoso contra su rostro, la humedad creciente allí, donde sus cuerpos jamás se separaban—. Maldita enferma, enferma de mierda. Ah… Te mataría. Ojalá pudiera matarte.

    Se enterró aún más hondo en el cuerpo de Alice, si es que eso era posible, cuando las piernas dejaron de obedecerle y una avasallante ola de placer barrió todas sus fuerzas restantes. Se dejó caer sobre Alice y de repente, en aquella habitación, solo había silencio.

    Sus respiraciones amainaron lentamente. Connie extendió sus manos poco a poco, apreciando la sensación de la carne liberando sus uñas, y el rojo carmín brilló en sus pupilas cuando comenzó a brotar de las heridas recientes. Su sonrisa era trémula y lamió con su lengua, una y otra vez, hasta limpiar su piel y devolverle aquella pureza de nieve tan hermosa. Alice permaneció en silencio, inmóvil, resultando absolutamente ajeno para Connie lo que ella pudiera estar pensando o sintiendo.

    Tampoco era como si le importara.

    —Cuatro meses, una semana y seis días —repitió, alzando su cuerpo para erguirse. El aire le golpeó el torso, empapado de sudor frío, y se cargó los pulmones de aire. Ya no quemaba—. Bien, creo que ha sido suficiente por hoy.

    Desde su nueva posición, le echó un vistazo al cuerpo de Alice y se sonrió. El joven y delirante flamenco parecía seguir aún dentro de sus fantasías; calmo, paciente, a la espera de más. Connie meneó la cabeza y comenzó a dibujar círculos suaves sobre su abdomen y sus pechos. Su piel reaccionó de inmediato al contacto y encontró, entonces, la mirada opaca de Alice observándola fijo.

    —Vaya, sí que eres insaciable, princesa —murmuró en tono burlón, estirándose para alcanzar su boca y trazar el contorno de sus labios con la lengua, suave y lentamente—. ¿Qué quieres ahora?

    Sus noches juntas eran eternas, pues dentro de aquella habitación el tiempo parecía congelarse. Cerraban las puertas de su perfecta casa de muñecas, tan ajena al resto del mundo, a sus leyes, su ritmo, su mirada atenta. Allí adentro el rojo de la sangre era oro, el blanco virgen debía mancharse, y ambas accedían a tomarse de rehenes el tiempo que les apeteciera.

    Y todo por ella. Siempre era ella.

    Al oír su pregunta, el brillo en los ojos de Alice se tornó ominoso y de su garganta brotó una voz dulce, amanerada, tan suave como peligrosa. Tan sólo de imaginar cuánto podía llegar a doler comenzó a excitarse.

    —Quiero arder.
     
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  2.  
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    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    OMG. OH MY FUCKING GOD. ASDFGHJKÑKZMF

    En un principio, en eso se resume mi reacción a esta obra de arte. Y digo obra de arte porque francamente Gigi, esto vale su peso en oro. Te he dicho muchas veces que amo tu narración pero debo repetirlo, desde el momento que leí tu primer post simplemente me enamoré de tu estilo narrativo <3 Me parece tan cuidado y profesional, casi poético. Por tu forma de narrar puedo deducir que has leído muchísimo y que de hecho es algo que disfrutas genuinamente.

    Ahora hablando del fic... omg. OMG. Porque omg. Estas chicas están bien jodidas (?) Creía que solo Alice tenía problemas pero resulta que nuestra querida Connie también tiene lo suyo. El paralelismo de sus personalidades me gusta muchísimo porque como posteé en el tema de los fanarts; "they are the same". Son iguales a pesar de parecer tan distintas. Ambas disfrutan dominar, controlar y provocar dolor ajeno. Precisamente por esto su relación resulta tan tóxica, incluso enfermiza a ojos de cualquiera—míos incluídos (?)— pero no puedo quejarme porque dentro de ese submundo enfermo que se traen ambas, tienen una química brutal que reflejaste de forma perfecta en este relato. Se palpa, se siente y casi salta fuera de la pantalla mientras lo lees.

    No hay amor de por medio—y de hecho se me hace MUY difícil imaginarlas en algo mínimamente tierno, si no imposible xD— porque se usan la una a la otra en pos de paliar sus frustraciones. Connie aplaca con ella ese visceral odio que siente hacia Agnes y Alice vive con ella su propio delirio y obsesión con su amada Reina de Corazones. Y creo que ha sido ese el detalle que más me ha gustado del fic.

    El hecho de que se están usando para satisfacer sus propios deseos egoístas, cada una a su manera. Alice de forma genuina no puede amar a nadie—lo que tiene ser una psicópata (?)— y aunque Connie si podría, no logro imaginar a la Connie sana enamorada de Alice xD Si acaso la mentalmente inestable siente una profunda admiración, fascinación, quizás incluso obsesión por ella... no imagino que la Connie mentalmente estable sienta nada más que un profundo odio. Por lo tanto este detalle me ha parecido sublime uvu <33

    Como te dije, no has hecho naaaada nadita de OoC con Alice. Ni siquiera sumiseándola bien hardcore con Connie (?) A Alice le gusta dominar, llevar el control, es a lo que está acostumbrada en literalmente todos los aspectos de su vida. Pero en determinadas situaciones si puede ceder, incluso pueden obligarla a hacerlo. Esta es una de esas situaciones y he amado con el alma tu forma de narrarlo. He amado tu forma de narrar todo el relato like (???

    ¿Qué tendrán estas dos chicas que hace que me resulte tan sexy verlas juntas? Imagino lo que hubiera pasado entre ellas en el rol, lo que hubieran sido sus interacciones porque Alice nunca tuvo la oportunidad de hablar con la Connie estable... y me pongo bien sad. Quiero mi ship canon, lo exijo ;__; (?)

    Es muy probable—aunque no prometo nada— que escriba un explícito siguiendo este mismo hilo narrativo. Me da mucha curiosidad que locura puede salir de ahí gg

    En definitiva me ha gustado muchísimo. Tu forma de narrar, la situación que nos planteas, el hecho de verlas juntas porque hay tanto (tantísimo) que sacar de esta ship <33 Amaría ver más cositas de ellas.

    Ja ne <3
     
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