Colección Historias de Mogekos [Mogeko Castle]

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Luncheon Ticket, 26 Febrero 2019.

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    Luncheon Ticket

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    Escritor
    Título:
    Historias de Mogekos [Mogeko Castle]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2689
    Algunas historias que he escrito hace unos años ambientadas en el universo de Mogeko Castle.



    Problemas Dentales

    A un mogeko le dolía tanto una de sus muelas que un día dejó de alimentarse para evitar en lo posible la incomodidad. El problema persistió durante mucho tiempo, hasta que se hartó y decidió hacerle una visita al Mogeko Dentista, versado en la “odontología mogekil”, para ver si éste le ayudaba a superar aquella insoportable penuria. Se preparó una mañana y recorrió el castillo hasta llegar a la habitación del susodicho compañero. Tocó la puerta, hasta que esta se abrió pasados unos minutos.

    El Mogeko Dentista, versado en la “odontología mogekil”, lo recibió amablemente y le invitó a pasar. Fue así como transcurrió la visita en medio de un clima apacible: platicaron un rato sobre helados de zanahoria, jugaron al dominó y tomaron leche con chocolate y galletas. Una vez terminado el tiempo, el mogeko visitante se marchó al comprobar que el dolor por fin había cesado.

    Llegó a su casa totalmente aliviado y se puso contento de haber resuelto su problema dental solo por una simple visita amistosa al Mogeko Dentista, versado en la “odontología mogekil”, que por supuesto, era un excelente anfitrión.
    A la hora de acostare, el mogeko se durmió pensando si por lo menos era posible que los de su especie siquiera tuvieran dentadura.


    El juego de las Escondidas

    Intentando esconderse detrás de una pila de cajas de cartón, un mogeko oyó que alguien entraba en el oscuro recinto que él escogiera para tal efecto. Se trataba de una muchacha joven, vestida con un saco de color gris oscuro y una falda roja a cuadros. También usaba un peinado que consistía en dos delicadas coletas además de un flequillo que le cubría parte de la cara. El mogeko, al verla, se quedó fascinado, puesto que le encantaban las chicas de preparatoria. Pensó en encararla en ese momento, pero de una manera inexplicable, sintió mucha desconfianza al considerar esa idea, pues tenía una corazonada.

    Otro mogeko entró al recinto, aparentemente en búsqueda de la muchacha, ¿será que ella se había sumado al juego de las escondidas?
    El recién llegado empezó a hablarle a la joven, invitándola a que se dejara ver. Ella también se había refugiado detrás de una pila de cajas de cartón, que abundaban en aquél amplio lugar. El mogeko escondido oyó que la chica se llamaba Yonaka Kurai y que todos los mogekos del castillo querían atraparla. Oyó incluso las campanadas que anunciaban la hora de la comida, haciendo que se sobresaltara por el deseo de comer el tan ansiado prosciutto. Pero se contuvo una vez más, estaba determinado a ganar el juego, aún a costa de sacrificar aquel manjar. Él estaba seguro de que se trataba de una trampa, puesto que los que llegaran al gran comedor serían descubiertos por su falta de autocontrol y de esa manera todos perderían fácilmente.

    Sin embargo, al mogeko se le presentó el dilema de encontrarse en una situación altamente conflictiva: deseaba ganar el juego, pero también quería abordar a Yonaka. Y no podía ejecutar ninguna de esas dos posibilidades, porque si salía de su escondite para atrapar a la joven, podrían descubrirlo; si en cambio permanecía al resguardo de su guarida, la muchacha tal vez se escaparía más adelante. La presión fue tan grande que el mogeko perdió la conciencia. Al despertar se dio cuenta que Yonaka ya no estaba, pero tampoco lo habían encontrado.

    Supuestamente, el mogeko escondido todavía sigue en su refugio hasta estos días, nadie sabe cuántos años han transcurrido desde ese entonces. Se ha considerado que tal vez haya muerto de inanición o por falta de estímulos sexuales; una completa contradicción, teniendo en cuenta que las mismas cajas que abundan en ese sitio contienen una dotación vitalicia de prosciutto y muchos juguetes eróticos.
    Lo que sí es seguro: los mogekos nunca juegan a las escondidas. No saben cómo.


    El Gran Éxito

    Los mogekos no suelen fanatizarse por nada, excepto por las chicas de preparatoria atractivas, las persecuciones y el prosciutto. Pero una vez hubo una notable excepción.
    Resulta que Moge-ko, la regente del cuarto piso del castillo, quiso ser aún más famosa y reconocida de lo que ya era, por lo que conminó a sus subordinados a que hicieran lo posible por transformarla en una celebridad cuyo renombre trascendiera todos los rincones de su mundo.

    Moge-ko hostigaba a todos y transmitía sus exigencias mediante amenazas vehementes, haciendo honor a su personalidad cruel y despiadada. Luego de eso, el Mogeko Escritor Aficionado publicó un libro donde se relataba el sadismo que la infame líder solía impartir a todo aquél que se cruzara en su camino, de una manera fiel e impecable. En esa publicación figuraban todas las barbaridades que ella ejecutaba en medio de sus sesiones de tortura y escarnio, cuyas principales víctimas eran los demás mogekos bajo su servicio.

    El trabajo se convirtió al poco tiempo en un best seller, por lo que Moge-ko se sintió muy conforme. Tal era el impacto que la novela causara, que pronto se realizó una adaptación fílmica cuyo éxito de taquilla fue inevitable, prácticamente llenó todas las salas.
    Y esta es la historia del mayor éxito del castillo de los mogekos: “Cincuenta Sombras de Moge-ko.”


    Negocio Oportuno

    En este cuento figura el momento en el que Raspbel aprendió una muy valiosa lección.
    Resulta que la encantadora demonio de cabellera rosada estaba paseando tranquilamente por las paradisíacas calles de aldea gris. Iba caminando, hasta que un bostezo acudió a ella y le hizo considerar la idea de volver a su hogar para disfrutar de una buena siesta. Sin notarlo y por distraerse tanto, tropezó con una tienda muy extraña. Entró al negocio y vio a dos mogekos que atendían el lugar, detrás de sus respectivos mostradores.

    “¿Qué es lo que ustedes venden aquí?”

    Fue la pregunta que la señorita Preserva formulara, con mucha curiosidad.

    “Vendemos objetos y armas, mogege. Son excelentes para todo tipo de emergencias.”

    Le respondió cordialmente uno de los mogekos.

    “Pero actualmente esta es una aldea llena de paz y armonía, no creo que las armas sean muy útiles en esta época.”

    Declaró Raspbel, sin dejar de examinar la mercadería, compuesta por garrotes, espadas, cuchillos, escopetas, armas láser y hasta un cupón para alquilar un tanque de guerra.

    “No se lo crea, señorita. Eche un vistazo.”

    El mogeko señaló la puerta del negocio, Raspbel se acercó y la abrió. Entonces vio, con mucha estupefacción, cómo la aldea entera estaba siendo asediada por murciélagos envueltos en llamas, dragones de fuego y bestias de ultratumba. Además, un gran incendio extendía su gran poderío destructivo sobre la mayoría de las casas que allí se encontraban.

    “Bueno… en ese caso quiero adquirir un lanza misiles, por favor.”

    La señorita Preserva hizo su pedido con gentileza, mientras sacaba su monedero para abonarlo. Por esto es que Raspbel comprendió el verdadero significado de la frase «si vis pacem, para bellum», y que era totalmente cierto.


    Respuestas Equivocadas

    Estudien bien la moraleja de este cuento, si quieren saber exactamente cómo no dejarse engañar. Un día, un mogeko larva o mogeko bebé que habitaba en la habitación de los mogekos recién nacidos quiso averiguar de dónde provenían los mogekos, por lo que decidió preguntarle eso a un mogeko adulto que oportunamente pasaba por allí.

    El mogeko adulto, algo tenso por la interpelación tan incómoda e inusitada, procedió a explicarle al mogeko larva o mogeko bebé una retahíla de conceptos que consistían en procedimientos obscenos y vulgares, tales como el cortejo, la singamia, la fecundación, el embarazo, la lactancia, el parto y todas las poses de un libro titulado “Kama Sutra”, que por cierto parecía tener connotaciones muy inverosímiles y fantasiosas.

    Sin creer ni una palabra de los datos que el mogeko adulto le dispensara, el mogeko larva o mogeko bebé se escabulló a la biblioteca del castillo a indagar sobre ese tema. Luego de una intensa búsqueda, el mogeko larva o mogeko bebé halló un tratado que exponía detalladamente de dónde provenían los mogekos.

    Se alegró bastante al encontrar la verdad, por entender que los mogekos nacían mediante la siembra de semillitas, la cosecha de repollos o la intervención de unos curiosos animales llamados cigüeñas, así como otros medios. Quizá todo ello resultaba algo poco probable, pero al menos era más creíble que las tonterías que el mogeko adulto le dijera.
    La verdad nos libera.


    Un Maravilloso Tesoro

    Nadie jamás esperaría que algo como lo que sigue le suceda en medio de una aventura.
    Pues resulta que Wadanohara, la encantadora bruja del Reino del Mar, se hallaba en la Isla Solitaria, en el marco de una misión que consistía en reparar una de las esferas de cristal que oficiaran como núcleos de energía para la barrera que protegía el feudo por el que ella velaba.

    Recorriendo los pasadizos y los corredores de una peligrosa cueva, la bruja y sus valientes familiares encontraron frente a sí un cofre que aparentemente contenía un tesoro, por lo que les sería de gran utilidad. Se prestaron a abrirlo, cuando de repente surgió del contenedor una criatura extraña, de pelaje amarillento y rictus desenfadado.
    Wadanohara se sorprendió por aquella revelación, al igual que sus tres familiares allí presentes.

    «¿Qué se supone que eres tú?»

    Preguntó Dolphie, sin dejar de mirarlo, con una actitud a la defensiva.

    «Hola, soy un mogeko, mogege.»

    La bruja y sus compañeros de aventuras se miraron extrañados.

    «Está bien… sucede que esperábamos encontrar un tesoro dentro del cofre. Algo maravilloso y útil que nos ayudara en nuestra misión por proteger el reino del Mar.»

    Wadanohara se atrevió a aclarar el asunto, siempre con un tono afable y una poca de timidez.
    El mogeko continuaba asomándose por la rendija del cofre con un gesto estoico, hasta que habló nuevamente.

    «¿Y acaso no es algo maravilloso encontrar un mogeko como yo?»

    Silencio. Nadie atinó a decir algo. Aquella incoherencia era fatal. Parecía que todos imitaban la personalidad de Fukami, que a esta altura del partido hubiera querido dar por terminada la misión y largarse a tomar una taza de té.

    «Bah, no tiene caso. Sigamos.»

    Memoca alargó una de sus aletas y cerro nuevamente el cofre, mientras exhibía el ceño fruncido, al igual que sus amigos. Pereciera que estaban ligeramente fastidiados.
    Entonces Wadanohara y sus familiares continuaron con su aventura, esperando no toparse con otros mogekos y sus pésimos chistes.


    Mofuko Astronauta

    Otra historia ejemplar sería el del mofuko que quería ser astronauta. Este mofuko en cuestión se había obsesionado con ir a la luna luego de maravillarse al ver ese satélite natural en una mística noche estrellada. Tal era su determinación, que nunca dejaba de hablar de ello, hasta que un grupo de Mogekos Ingenieros se ofreció a ayudarlo. Los mogekos hicieron planos para construir un transbordador, una pista de despegue y un traje espacial para el ilusionado mofuko.

    El proyecto era muy ambicioso, por lo que tardaron muchos meses en llevarlo a cabo. Finalmente llegó el día tan esperado. Todo estaba listo. Las pruebas habían dado buenos resultados, por lo que el entrenamiento del mofuko fue muy efectivo. Los Mogekos Ingenieros se instalaron en la base de operaciones mientras el mofuko se enfundaba su traje y se encaminaba al transbordador.

    Dieron inicio al despegue, la cuenta regresiva comenzó a computarse. Los monitores exhibían muchas cifras y gráficas que calculaban cada detalle. Un mogeko estaba tan inspirado por lo que sucedía, que compuso una canción de piano titulado “For Mofuko”, que era una especie de homenaje al sueño del compañero mofuko por viajar a la luna y que también resultaba muy emotiva, por cierto.

    La cuenta regresiva llegó a cero, el despegue ocurrió con éxito. Los mogekos festejaron, mientras veían la nave atravesar la estratósfera de su mundo para surcar en el vasto espacio. Se dieron gritos de júbilo y una bulla tremenda. Muchos se emocionaban hasta las lágrimas, todo era muy glorioso y conmovedor. El mofuko astronauta se quedó obnubilado al contemplar las estrellas y las constelaciones. Ya faltaba poco para que la nave llegara a su destino, cuando el mofuko astronauta notó que había un error en la trayectoria: estaba a punto de arribar a la órbita del sol, no de la luna.

    Las coordenadas no eran las apropiadas. El mofuko se lamentó de no haber traído suficiente bronceador cuando la nave se desintegraba a causa de la descomunal fuerza calórica que exudaban las potentes olas de fuego en la superficie solar. El mofuko astronauta murió calcinado en un santiamén, obviamente. Mientras que en el castillo los Mogekos Ingenieros festejaban lo que ellos pensaban que era un logro astrofísico sin precedentes, entre jugo de tomate y tartas de mantequilla de maní.


    Epidemia de Locura

    Ubicados en varios rincones del inmenso castillo, un hatajo de mogekos aparentemente defectuosos se entregaban a una insólita demencia y a un comportamiento errático.
    De repente, quizá por lo sucedido con el mogeko astronauta y su excéntrico proyecto cumplido, estos mogekos empezaban a tener hábitos que iban muy en contra de las propiedades de su especie.

    Uno de ellos se encerró en la parte más alta del castillo, dormía continuamente y soñaba que recorría desiertos blancos, bosques densos y diversas locaciones surrealistas, por medio de un nexo en donde había muchas puertas. Luego de varias noches reviviendo esos trances, el mogeko soñador decidió saltar desde las alturas del castillo para dar por terminada la experiencia, sin motivo alguno.
    Un segundo mogeko tuvo la idea de atrapar a un mogeko larva o mogeko bebé para someterlo a un proceso de embalsamamiento y convertirlo así en una especie de muñeco de mogeko larva o mogeko bebé y conservarlo con él para siempre. Lo perseguía por todas partes con una motosierra, por lo que se ganó el apodo de “Mad Mogeko”, que además le quedaba muy bien.

    Un mofuko también se puso a soñar continuamente, y recorría un mundo de color rosado lleno de paz y ternura. Allí tenía varias amistades, como ser una coneja, un hombre búho, una zorra y un jabalí antropomorfo muy sospechoso. Hasta había tres mogekos que construyeron una galería donde se llevaba a cabo una exhibición de arte, allí las pinturas y las esculturas cobraban vida y los perseguían, pero ellos de valían de tres rosas mágicas para protegerse, una de color rojo, otra azul y otra amarilla.

    Incluso hubo un mogeko que se encerró en una habitación en donde solo había una computadora, la cual usaba para viajar hasta un mundo extraño y siniestro. Cada que el mogeko internauta avanzaba su recorrido, iba oxidándose cada vez más y se comportaba de manera violenta. Allí también se encontraban seres como una sirvienta robot y un muchachito que tenía una sonrisa perturbadora, cuyo lugar de residencia era una escuela abandonada. Nadie sabía por qué los mogekos se comportaban así, pero todo se acabó cuando Moge-ko decidió sacrificarlos en pos de erradicar definitivamente aquella epidemia.


    Una Larga Espera

    Muchos de los mogekos son impacientes. Especialmente algunos que desde hace tiempo aguardan por la segunda parte de uno de sus juegos favoritos: “Ningen City Gaiden.”
    Desde hace un tiempo que el desarrollador Negnin —bajo su firma High Mountain Nomad— lo había anunciado, pero no hay señales de aquella secuela… por ahora.
    Pobres mogekos, cuyo fanatismo y determinación son admirables.


    Escribiendo Tonterías

    Ahora es el turno de un cuento del Mogeko Escritor Aficionado.
    Un buen día, este mogeko decidió escribir una historia que contara las vivencias de un grupo de humanos que frecuentaban una red social en donde opinaban sobre el juego que les gustaba, publicaban fanfics, fanarts, teorías y demás contenidos, llenos de entusiasmo y ociosidad. Incluso compartían ilustraciones jocosas y hasta elaboraban peluches.

    El Mogeko Escritor Aficionado lo pensó un poco y dejó de redactar. Creyó que sería mejor no escribir nada sobre personas que esgrimían un comportamiento asaz improcedente. Solo quienes poseen una mente tan retorcida son capaces de mantener una conducta como esa.
    Pues eso, mogege.
     
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