Colectivo Havoc/Harvest: Overlay

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Maze, 3 Enero 2019.

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  1. Threadmarks: Capítulo 6-Koiso
     
    Armiel

    Armiel Iniciado

    Aries
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    12 de mayo / Themis

    El Santuario Laurel era tal como lo imaginaba. Una enorme reserva natural cuya vegetación y colmenas de insectos arraso con cualquier vestigio de lo que pudo haber sido hecho por la mano del hombre.

    Como era de esperarse se nos había prohibido cualquier cosa que pudiera ser un potencial peligro para el santuario lo que incluía pokémon así que mi Charmeleon está vetado de hacer cualquier cosa y en su lugar llevo a Dragante. Quien al ser un tipo bicho de seguro es capaz de encontrar cosas que yo no.

    Vamos a separarnos –Sogia hablo —No hay que ser muy listo para darse cuenta del vasto tamaño del santuario. Exploren por su cuenta y dentro de treinta minutos nos reuniremos en este sitio para reportar cualquier hallazgo que encuentren.

    ¿Qué sucederá si no encontramos nada? –Anansi pregunto.

    Nos adentraremos más profundo y repetiremos las veces que sean necesarias.

    Tras separarnos cada uno por nuestro lado solté a Dragante mientras exploraba por mi cuenta y Crobat hacía de guardia. Aunque las búsquedas son más difíciles cuando no sabes que es lo que debes encontrar.

    El gruñido de Dragante resonó con fuerza, me dirijo al sitio y allí lo veo atrapado en telaraña. El culpable era el mismo Durant tuerto que había visto en Themis antes de enfrentarme a Palas.

    Tú otra vez.

    Este emitió un chillido que podía considerar como que me recordaba. Crobat se colocó en guardia, pero el Durant le ignoro y retrocedió. Miro de reojo a donde estaba dando a entender que quería que le siga. Libero a Dragante de sus ataduras y nos dirigimos a donde sea que nos lleve.

    Llegamos a un sitio sin vegetación, aunque más que una tierra muerta se podría decir que más bien arrancaron toda planta como si fuera simple maleza. Durant parecía estar buscando algo ya que parecía estar inspeccionando las rocas que sobresalían cada que las mordía.

    ¿Buscas alguna roca en específico?

    Quedarme observándole no me llevaría a ningún lado así que ver su pequeña cabeza asentir fue de ayuda por lo que comencé a inspeccionar las rocas que sobresalían del lazo izquierdo mientras que Dragante lo hacía por el derecho.




    Fuera de la vista de Koiso y a una distancia prudente de la eco localización de Crobat. Dragante cada vez se aproximaba al lugar de descanso de una especie la cual poseía una suerte de rivalidad con los de su clase, un conflicto del cual Durant era consciente y contemplaba tranquilo con su único ojo como estallaría en pocos segundos.

    Una mordida fue todo lo que se necesitó.

    El pokémon mitad dragón al intentar desenterrar algo que a sus ojos era una “cosa puntiaguda” asomando en un agujero. Al sostenerlo con su mandíbula fue arrojado de forma brusca hacia el frente alertando a su entrenadora con el ruido de su caída.

    ¿Durant?

    La aguda intuición de la joven era tan efectiva como acostumbraba. Al dirigir una mirada acusadora contra la hormiga de acero esta emitió un ruido antinatural para su especie similar a una risa antes de hundirse en la tierra.

    Quiso soltar un improperio para toda su especie, pero la situación actual ameritaba enfocarse a lo que sucedía al frente. Unas rocas cubiertas de moho con un pedazo de metal incrustado en medio, no se sabría que es un pokémon si no fuera por los agujeros donde titilaban sus ojos recién despiertos.

    Koiso estaba a punto de hablar cuando su Dragante escupió las características llamaradas azules propias de una Furia Dragón avasallando sin misericordia a aquel desconocido pokémon. Al cesar el fuego un pequeño domo traslucido hizo presencia con quien lo genero haciendo un extraño movimiento de pies en su interior casi pareciendo una clase de baile rudimentario.

    Sera mejor que me hagas caso no crees.

    La entrenadora hablo a su pokémon quien acepto el consejo al ver que su as fallo de forma patética.

    Al momento de desaparecer la barrera el pokémon pétreo dio un brinco para conectar lo que a primera vista sería una cornada para aquel que no supiera de combates pokémon.

    Esquiva y luego 64.

    Una orden que sería confusa para cualquiera, pero no para ella quien se había acostumbrado al sistema que usaba. No solo confundía al enemigo, sino que ocultaba los movimientos que usaría al haber muchas combinaciones de letras y números que memorizo para resultados similares.

    Un corte de varios centímetros apareció en la tierra donde antes estaba parado. Tal como intuía Koiso era un ataque de corte no de embestida, dado el daño que hizo al suelo recibirlo hubiera sido malo.

    Estrellado una vez más en la tierra Dragante escupió su tela sobre su oponente, no era una cantidad exuberante como aquella vez en el pantano, sino que era la suficiente para entorpecer la ya pobre movilidad enemiga. Estaban casi igualados en velocidad así que ralentizarlo daba más oportunidad de acertar golpes.

    109.

    La pequeña hormiga corrió para dar un fuerte bocado contra la zona del rostro, pero ocurrió lo inesperado. Una roca fue generada al instante frente al atrapado pokémon siendo esta arrojada para sellar la principal arma de su enemiga y así privarle de su ofensiva. Él se había dejado atrapar por su tela para tener un agarre fijo para que su disparo no perdiera fuerza en el retroceso y su precisión le otorgara un golpe crítico.

    Intenta romperlo con la fuerza de tu quijada.

    Fue ambigua adrede. Dragante conocía sus propios movimientos y sabría cual era mejor para romper el peñasco atorado en su mandíbula. Las llamas azules deberían de hacerse presentes para carbonizar el mineral.

    Sin dejar tiempo para liberarse el pokémon de roca hizo un nuevo corte. Esta vez no solo la distancia aumento, también su poder. Ya estaba claro que aquel movimiento era Corte Furia. Y le habían dejado que su poder aumente al máximo.

    Ni siquiera tuvo necesidad de ser un golpe directo. La onda de choque fue suficiente para arrojar a Dragante contra la vegetación que se hallaba a varios metros de donde estaban. Incluso la roca entre sus dientes estallo como su fuera un globo ante el ataque.

    Ese raro bailecito cuando uso Protección era Danza Espada –Koiso chasqueo la lengua –Aprovecho la arrogancia innata del tipo dragón para dejarse atrapar y dar un mejor golpe. Sellar la principal fuerza de combate de su rival. Sin mencionar que sabía cuándo usar Corte Furia para no perder su capacidad de doblar su potencia en caso de fallar —Es como si estuviera acostumbrado a luchar contra dragones pensaba.

    En la mente de la informática cavilaban opciones sobre el mejor movimiento que podía hacer ahora que el pokémon estaba distraído esperando una reacción del inconsciente Dragante que venció.

    Charmeleon no era una opción ya que estaba la posibilidad de que supiera enfrentarse a su especie y el peligro latente de incendiar el santuario. Caldrows era un último recurso y solo sabía que estaba vivo porque aun su Acopio Ball le reconocía. Todo indicaba que debía ser Crobat quien termine todo, con su velocidad y veneno debería dejarlo fuera de combate en pocos movimientos.

    Desde las plantas una horrible mezcla entre rugido y zumbido rompió la tensión en el ambiente.

    El pokémon de Koiso había evolucionado. Este quien apenas alcanzaba la altura de su rodilla doblo su altura, su cuerpo se había alargado, perdió sus patas delanteras para ser reemplazadas por unas fuertes alas con uñas garras sobresaliendo a la mitad mientras que las traseras dejaron su aspecto de insecto para pasar a las de un dragón, y su parte trasera obtuvo un aguijón.

    Increíble –exclamo su entrenadora con asombro.

    El dragón bicho lleno nada más que de cólera se elevó al cielo para caer en picada tan rápido como subió. La barrera había evitado una vez más el daño directo, pero no es algo que se pueda usar seguido.

    El dragón no paro de atacar hasta que viera estallar en pedazos el muro que lo separaba de su enemigo. Cuando lo hizo fue recibido por otro golpe directo de su Corte Furia, pero lejos de volver a caer derrotado esto le enfureció más y en un movimiento inusual metió a su enemigo en su boca por completo buscando romperlo como si fuera una nuez lo cual no dio resultado así que se elevó al cielo.

    ¿Qué está haciendo?

    El pokémon capturado intentaba forzar su escape por todos los medios posibles de los colmillos de su oponente quien estaba exudando veneno de su boca. Protección no se activaría, Corte Furia y su ataque de tipo roca necesitaban que pudiera maniobrar. La batalla había acabado desde que quedo a su merced entre sus dientes o eso pensaría en cualquier otra situación y usando todas sus fuerzas para girar su cuerpo hacia el interior de la boca atacando su interior.

    Aquel ataque fue el último y sin más remedio el dragón cayó como un peso muerto arrastrado por la gravedad hasta el suelo. Había cedido ante todo el daño acumulado antes de evolucionar sumado a la energía gastada por usar todos sus movimientos para romper la Protección.

    Koiso se aproximó a su al sitio de impacto en donde su ex-Dragante yacía tendido entre las ramas de un árbol, aunque la planta se veía más dañada que su pokémon. Lo regreso a su Acopio Ball y dirigió la mirada a unos metros del sitio.

    Allí se encontraba la pequeña piedra quien derroto a su dragón. Seguía consciente, pero ya no podía moverse y por el líquido que cubría sus áreas dañadas reconoció que estaba gravemente envenenado.

    Tuviste mucha suerte.

    Sin dudar ni un poco arrojo una Acopio Ball hacia él.




    La visita al santuario tuvo provecho al final del día.

    Habían hallado unas ruinas en cuyas paredes estaba impresa lo que parecía una suerte de poema dedicado a Menasis o al menos eso creo. Sigo sin saber demasiado sobre los mitos de Aiwass.

    Sin embargo, esa figura erosionada en el mural central me parecía familiar, pero no sé de dónde.

    Naohiro apresúrate que ya nos marchamos.

    Sogia gritaba desde la escalera ya que solo quedaba yo tras tomar las fotos y muestras necesarias para su estudio. Al dar media vuelta me encuentro con el Durant que me tendió una trampa.

    ¿De dónde saliste? –le pareció sorprendente que nadie haya notado una pokémon de su tamaño.

    Su ya furiosa mirada resultaba más intensa que la última vez, gruño un poco y se internó al interior. Ilumine con la linterna su dirección, pero ya no se encontraba por ningún lado.

    Los insectos en esta región son muy extraños.

    Me reagrupe con los demás tras salir de las ruinas hasta llegar a la salida donde nos estaba esperando Pallas quien tras unas palabras nos dejó volver a descansar a nuestros aposentos.

    ¡El Refulgente! –hable sin pensar llamando la atención de Sogia.

    ¿Qué cosa?

    La figura que vimos en las ruinas. Su forma se me hacía familiar y ya sé porque, encaja con la descripción de una vieja leyenda de Alola que una vez me contaron.

    Sabes que Alola está casi al otro lado del mundo.

    Lo sé, pero se asemeja, no puedes descartar la teoría de que quizás la gente de Narciso en su camino a Aiwass se haya traído alguna que otra leyenda de otras tierras.

    Tiene su fundamento, pero me sigue pareciendo descabellado. Te daré el beneficio de la duda ya que eres de ayuda en la traducción de los jeroglíficos. Hay cosas que no entiendo ni yo, pero tú sí. Sabía que mantener enfocada en cosas que no sean Sericci seria de ayuda –dijo con una expresión orgullosa.

    Ignore ese último comentario.

    Por cierto ¿viste un Durant tuerto en algún momento?

    No ¿por qué?

    Nada importante, solo que estoy empezando a creer que a los pokémon bicho no les agrado.




    Me encontraba en la entrada del Centro Pokémon acompañada por Sogia a quien había llamado para identificar a los nuevos pokémon que ahora formaban parte de mi equipo.

    Ya es tarde y hay mucho material que inspeccionar de lo que encontramos en esas ruinas del santuario. Hagamos esto rápido.

    Apresuraba el recio hombre.

    Bueno, -desde mi Acopio Ball el haz de luz se liberó hasta tomar la forma del pokémon insecto con rasgos draconianos —Eres un especialista en el Tipo Dragón ¿sabes qué es él?

    Los ojos de Sogia se abrieron como platos.

    Imposible –musito —Pensé que con el dragón en tu equipo te referías a tu Charmeleon, pero no a esto.

    ¿Es tan extraña?

    Es un maldito Wyvaust, estas cosas nunca las tiene un entrenador por ser demasiado violentos y son liberados al poco tiempo.

    Asentí sin decir nada. Es cierto que esa cólera mostrada en la reserva era algo muy raro de ver en un pokémon, pero no me parece razón suficiente como para liberarlo.

    Sogia le inspeccionaba muy a detalle. Al parecer nunca había visto un ejemplar tan de cerca a pesar de que entrena con dragones desde quien sabe cuándo.

    Y bien ¿Cuál es el otro?

    Regrese a Wyvaust para colocar en su lugar a la pequeña roca con una estrella incrustada. Apenas se formó y vio a Sogia intento embestirlo, pero Crobat le empujó hacia un lado a tiempo.

    Por los pelos –comento.

    Lo guarde de inmediato para evitar algo peor.

    Lamento eso. No tengo idea el porqué de eso cuando actuó muy voluble con la gente del Centro Pokémon.

    No te preocupes ya que era inevitable –explico —Él es un Exocali. También llamado en Aiwass como el “enemigo de los dragones”. Las leyendas dicen que saben luchar contra cualquier pokémon de ese tipo y ganar, pero solo contra ellos.

    Entonces te ataco ¿porque creyó que eras uno?

    Lo más probable –río despreocupado —Eres un imán de rarezas.




    17 de mayo / Caribdis

    El haber sido invitados a Caribdis es lo mejor que ha pasado en las últimas semanas. La bella ciudad costera sede del gran festival es tan bella como la describen los medios.

    El viejo Sogia había insistido por no decir chantajeado que si quería ver las presentaciones de los coordinadores y performers invitados debía ir mejor vestida. No discutí pues en verdad quería ir así que acepte sus condiciones además que el chico Sericci de seguro estaría hurgando por allí, pero dudo que haga algo llamativo sabiendo que estoy en el sitio o eso espero.

    Durante la celebración me aleje de las conversaciones fingiendo que era muda al quitarme mi sintetizador lo que ayudo a que nadie se sintiera con suficiente seguridad como para acercarse y pretender que me entiende.

    En mi camino a una zona más tranquila me detuve a observar a Sericci quien se encontraba bailando con una bella mujer rubia. No era una escena deslumbrante ni nada parecido, pero me produjo un fuerte sentimiento de nostalgia.

    Espero que no hagas nada –pensaba para mí misma —Por esta noche al menos no quiero pensar en algo preocupante.

    Kiwi Aquí mi cap...
     
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  2. Threadmarks: Capítulo 6-Anansi
     
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    Aries
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    Ø6/Sangre de mar


    ... tal vez, sólo tal vez, prefieran darle una mirada a esto.



    La niña de Cirse trató de robar pokémon.

    La niña de Cirse conoció al profesor.

    El profesor de los pokémon pidió ayuda a la niña de Cirse.

    —¿Qué tengo que hacer? —preguntó la niña en el libro. El profesor de los pokémon se aclaró la garganta, se acomodó el cabello a través del retrovisor y empezó a explicar su plan:

    —Vamos a conocer a una persona muy importante, alguien que puede convertir mi sueño en algo más que real. Piensa que vamos a conocer a Jirachi.

    —Dijiste que eran los Frey.

    —A fin de cuentas es lo mismo: la mayor parte de la región rinde vasallaje a Ciudad Caribdis. Ellos tienen la influencia, recursos y ascendencia sobre la gente de Aiwass para llevar a cabo mi proyecto de modernizar la región, pero para eso primero tienen que escucharme, y ahí es donde participas tú: tu trabajo es hacerme parecer bueno, el mejor tipo del mundo, para que estén más dispuestos a... tú sabes, escuchar lo que tengo que decir. Vamos a decir que estás enferma y que te acabo de salvar de una manada de mightyena.

    —¿Mighty-qué?

    El hombre guardó silencio, pensativo, y corrigió:

    —¿Qué pokémon suelen atacar en las inmediaciones de Caribdis?

    —Drowzee... Hypno...

    —Bien. Diremos que te salvé de un hypno.


    Anansi echó la cabeza hacia atrás, riendo una larga carcajada. Un plan como ese no tenía muchas oportunidades de funcionar, pero, para su sorpresa, funcionó. Un par de páginas más adelante se encontró con que habían llegado a Caribdis, que en ese entonces era una ciudad de arquitectura gótica y sombría. Aunque poderosa, la modernización era casi inexistente. Ni siquiera contaban con un centro pokémon.

    La residencia de los Frey tenía un nombre: El Palacio de la Luna. Era una estructura majestuosa, un verdadero castillo de recios muros plateados. Más alta que las Torres Nova de Narciso, y más extensa que el gimnasio de Lyses. Tan imponente como la fortaleza de Ignis en Efesto. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Siglos? ¿Milenios? Parecía tan fuerte, tan poderosa, que creí que seguiría ahí para siempre, incluso mucho después de que yo muriera.

    El tiempo se encargó de demostrarme lo contrario, pero en aquel momento, me sentía más pequeña que nunca ante la opulencia que mis ojos veían. Podría hablar de las lámparas de plata, de las mullidas alfombras o de los suntuosos tapices. Podría pasar páginas y páginas detallando las esculturas, los cuadros, los muebles y los exquisitos uniformes que usaba la servidumbre, pero nada de eso tiene importancia, porque el único recuerdo que vale la pena conservar es el de la persona que nos dio audiencia esa noche: su nombre era Leryna Frey; matriarca de la familia Frey y posiblemente la persona más poderosa de la región. Era la mujer más bella que jamás había visto, una encarnación misma de la elegancia y la sublimación. Sus ojos azules tenían la profundidad del océano nocturno, y su largo cabello tenía el color de la espuma de las olas. Su piel parecía haber asimilado la luz de la luna, y cada uno de sus movimientos era pausado y moderado. La reina del castillo del mar y, como decía el profesor, la persona que podía convertir sus sueños en realidad.

    Asumí el papel que me había pedido, y Leryna Frey lo aceptó sin dudarlo un instante. Tras asegurarse de que estaba bien, darme algo de ropa seca y llevarnos a comer, tuvimos una audiencia con ella en su propio estudio. El profesor le explicó sus planes para modernizar la región, empleando toda una terminología que escapa a mi comprensión y que poco importa para lo que quiero contar. Ella lo escuchó atentamente, pero al mismo tiempo, como si supiera exactamente lo que había ido a decirle.

    —Así que el futuro, ¿cierto? Dice usted que puede traer la luz del conocimiento a nuestra querida tierra de Aiwass, que tanto ha sufrido en la oscuridad...

    —Con su ayuda, sin duda podemos llevarlo a cabo —respondió afanoso el profesor—. Por ello desearía que viniera conmigo a Cirse, a contemplar el trabajo que ya estamos haciendo. Cirse es solo el comienzo; con nuestros esfuerzos combinados, ni siquiera el cielo es el límite para lo que podemos lograr.

    —Cirse, ¿verdad? Ha elegido usted un emplazamiento muy particular, señor, pero me preocupa el impacto que pueda generar en el medio ambiente. Cirse, aunque no lo parezca a simple vista, es un punto crucial en la historia de la región. ¿Qué pasaría si, con la expansión del pueblo de Cirse, tanto el Bosque Sombra como el Castillo del Espejismo se vieran comprometidos?

    —Entiendo su preocupación, pero es absolutamente innecesaria. Mi programa de expansión toma en cuenta la preservación del Bosque de Sombras, así como de todos los pokémon que lo habitan, pues, ¿qué es el progreso a costa de la naturaleza? Por otro lado, aunque he investigado los rumores sobre la existencia del Castillo del Espejismo, en Cirse carecemos de registros acerca de que alguien lo haya visto. Si es que existe, debe ser poco más que ruinas, y aún en caso de serlo, estas historias lo sitúan en algún punto del bosque. No se ocasionará perjuicio alguno mientras nos mantengamos en los límites de lo convenido.

    —Yo sé dónde está —intervine casi sin darme cuenta. Tanto uno como la otra fijaron su atención en mí—. Lo he visto, conozco el castillo, sé cómo llegar ahí.

    Leryna Frey me miró con curiosidad, luego al profesor, y luego a mí nuevamente.

    —Muy interesante. Y dime, pequeña, ¿serías tan amable de llevarnos hasta ahí?

    —Claro, con una condición.

    Pese a su eterna máscara de virtud, la señora Frey se permitió una modesta risa de sorpresa ante esta niña que trataba de negociar con ella, y me respondió.

    —Muy bien, ¿qué es lo que quieres a cambio?

    —Un pokémon... no, ¡dos pokemones! Y pokebolas para dos personas, y... y... ¡una caña de pescar! ¡Dos!


    Suspiró con el rostro entre las páginas. Quería seguir leyendo. El trato entre Frey y el profesor no podía interesarle menos, pero quería saber si Miriam y Mathos terminaban juntos al final.

    —¡Anansi! —la llamó el viejo Sogia bajando de la cubierta— Vamos a desembarcar.

    Zubat voló hacia él tratando de embestirlo, pero el hombretón detuvo al pequeño pokémon con su enorme mano —¿Qué le pasa a este?

    —Sigue así desde su derrota con Palas. —La líder de gimnasio había sido una oponente formidable y el pequeño Zubat no había tenido la menor oportunidad. Por suerte, Crobat, Charmeleon y Sand pudieron hacerse con la victoria y la Medalla Enjambre, pero su adorable y cobarde bola de pelo con alas había sido herida en su autoestima, y ahora trataba de compensarse.

    —Hablando de eso, siento lo del Fraxure. El chico Weiss llegó primero y todo eso.

    —Está bien. No creo que sea capaz de cuidar a otro pokémon ahora mismo.

    —Aún así, fue una sorpresa. Creí que harías lo mismo que Naohiro y Sericci. Todos se volvieron locos por las megapiedras.

    Lo cierto es que no se había fijado en los premios. Asumió que el viejo Sogia elegiría a algunos de ellos para ganar la medalla y estaba bien con eso. Igual que la Medalla Vínculo, había sido algo que simplemente se cruzó en su camino.

    —De todos modos, si hay algo que quieras en lugar del pokémon, veré qué puedo hacer.

    —¿Qué tal una caña de pescar?

    —Estás bromeando, ¿verdad?




    Caribdis no tenía nada de gótica, ni de fría, ni de lúgubre. Era un pequeño paraíso de tiendas, cines, teatros, museos y todo lo que no había visto hasta ese momento. Se preguntó qué pensaría Miriam si pudiera ver en lo que se había convertido.

    Salió de una tienda de recuerdos con una pequeña correa en la mano. Le quitó el sencillo medallón plateado con forma de dos corazones unidos y lo guardó en su bolsillo. Luego tomó la Medalla Enjambre para reemplazarla. Zubat descendió hasta su altura, mirando la pequeña presea con codicia. Anansi le pasó una mano por el pelaje.

    —Algún día ganaremos una —le prometió—, pero esta es para Sand.

    Tomó distancia, extrajo la Ocaso Ball de su cartera y liberó a su rebelde anfibio de fuego, quien miró alrededor en actitud alerta.

    —Todo está bien —le dijo—, sólo quiero darte algo.

    Caminó hacia él con pasos cortos, levantando la correa al alcance de su vista. Ponerla en su cuello iba a ser difícil por su collar de veneno, pero al menos podía ajustarla en uno de sus delgados brazos, o al menos eso esperaba. Justo antes de que pudiera tocarlo, Sand se agitó con violencia, golpeando a su entrenadora en el hombro con una rápida puya nociva que la derribó, para después huir a grandes saltos en dirección contraria.

    —No vas a escapar —murmuró—. Scarfy, Zubat.

    Su bufanda se deshizo en el aire para lanzarse en persecución con su propia forma de pokémon. Zubat dudó por un momento, pero finalmente le siguió el paso mientras Anansi echaba a correr tras ellos para no perderlos de vista. Revisó rápidamente su hombro: había rasgado su vestido y dejado un corte superficial en su piel, pero no estaba envenenada, tal como esperaba.

    Sand era veloz, más que Scarfy o Zubat, y probablemente tanto como Imperator, pero carecía de estamina para mantener la carrera por mucho tiempo. Empezaba a acostumbrarse a su modo de actuar, y atraparlo era cada vez más fácil que antes.

    Había avanzado un par de calles cuando sintió unos dedos no a su antebrazo. Una sensación extrañamente familiar.

    Frente a ella, dos firmes garras metálicas sujetaban a Sand.

    Entonces volvió la vista con pequeños puntos de luz brillando en sus ojos. Frente a ella se encontraba Taena Ericksen, la líder de gimnasio de Ciudad Efesto. El largo cabello rojo atado atado en una coleta baja, una blusa negra sencilla, jeans grises destacados y zapatillas negras. Parecía una chica de su edad, más de lo que había parecido nunca en la ciudad del acero. Y apenas tuvo tiempo de murmurar un "hola" antes de que Anansi la embistiera con los brazos abiertos.




    —Así que venciste a Palas —comentó la líder de Efesto cuando pudo regresar a Sand a su pokéball.

    —Algo así. El mérito es de Naohiro y este chico. Bueno, lo importante es que entramos al santuario y asunto resuelto. ¿Puedes creer que no hay laureles ahí?

    —Lo he visto —respondió—. Viví algunos años en Themis antes de volverme líder de gimnasio.

    Seguía siendo distante, y no sonreía ni aunque le pagaran por ello, pero algo en Ericksen empezaba a cambiar. Quería creer que empezaba a abrirse con ella, que lo sucedido en Efesto suponía un vínculo entre ellas.

    —No esperaba que vinieras

    —Tyros insistió en que lo hiciera. Dijo que era una buena oportunidad para conocer Caribdis.

    —¿Nunca habías estado aquí?

    —Hasta hoy, no —suspiró—. Caribdis, Lyses, Nix...

    No necesitaba preguntar por qué a esas alturas, pero aún así sentía que no estaba del todo bien. Tanto ella como Scylla eran retraídas a su manera, y no podía evitar culpar a la línea divisoria entre ambas partes.

    —¿Quieres ir a Nix? Después de esto.

    —¿Nix?

    —Escuché que hay una universidad y todo, y no está tan lejos de aquí. Si quieres, podemos ir juntas y conocer el lugar. O podemos ir a Lyses, si no tienes nada qué hacer.

    —¿Qué hay de ti? —preguntó con un dejo de duda— Trabajas para los Frey.

    —Según el viejo Sogia, la expedición ha concluido. Sólo nos invitaron a la fiesta como un último agradecimiento. En cuanto nos paguen, podemos ir a donde queramos.

    —Y eso... ¿está bien para ti?

    —Me uní a la expedición para encontrar algo. En el camino encontré otras cosas. Es hora de buscar otra vez por mi cuenta, y eso significa que puedo buscar donde yo quiera.

    La pregunta quedó suspendida en el aire por el resto de la tarde, mientras se tomaban su tiempo para conocer la ciudad. Taena aún tenía que encontrar un vestido, de modo que visitaron una tienda tras otra hasta encontrar uno que la satisficiera. Anansi lamentó que no escogiera el blanco y negro de temática espacial, pero poco podía hacer al respecto.

    —¿Qué hay de ti? —preguntó la líder— ¿Ya escogiste algo para mañana?

    —Seguro el viejo Sogia se encargará de todo. Siempre lo hace.

    Agitó una mano para restar importancia al asunto mientras sostenía con curiosidad una chaqueta azul, pero Taena le respondió con un tono más serio de lo que esperaba.

    —No confíes demasiado en los Frey. Son personas deshonestas.

    —¿Scylla también? —preguntó sin dejar de sonreír, provocando que Taena perdiera un poco su balance.

    —¿Qué te ha dicho ella de mí?

    —No demasiado. En Efesto me contó sobre tu ivornose y cómo vencerlo. También dijo que no pensabas dejarnos ir ni aunque uno de nosotros te venciera.

    —¿Solo eso?

    —También me dijo que pelearon cuando estudiaban juntas con Palas Unfair —mintió. Ambas se habían excluido una a la otra en sus historias, pero por razones de tiempo era la única respuesta posible—. No quiso hablar al respecto de todos modos.

    —Esta luce bien —respondió tomando la chaqueta entre sus manos. Anansi se encogió de hombros mientras la seguía hacia la caja.

    —¿Lyses o Nix? —preguntó cuando estaban afuera nuevamente.

    —La que prefieras. También podemos quedarnos unos días más en Caribdis.

    —No puedo hacer eso —negó con la cabeza—. No en la casa de los Frey.

    —Entiendo que hay toda una situación entre los Lann y los Frey, y que hay algo así como un «vasallaje» con las otras ciudades, pero ¿eso qué importa? Tu apellido es Ericksen, ¿cierto? Los problemas de los Lann son problemas de los Lann. Estás fuera de esto.

    Esperó a que asimilara la respuesta, y después le puso una mano sobre la cabeza, sacudiendo su cabello como si fuera una niña.

    —Y yo ni siquiera tengo apellido.




    Incluso antes de llegar a Caribdis, sabía que había una sola persona en esa ciudad que debía conocer. La única que aparecía en el Mitos e Ilusiones que también formaba parte de su realidad. El único nexo entre el Aiwass en las memorias de Miriam y aquel que podía ver con sus propios ojos: Leryna Frey.

    La directora de la Liga Pokémon tenía poco tiempo libre, pero el favor que pidió a Sogia fue tener una conversación con ella, a la que el líder accedió de buen grado en prestar una mano. Para su sorpresa, la reconoció de inmediato. Es cierto que los los veinte años desde la narración de Miriam habían dejado algunos surcos en su piel, que sus movimientos eran más lentos y sus maneras más comedidas, pero nada de eso podía enmascarar su presencia. Los profundos ojos azules, la voz serena, pero imperiosa, esa aura de dominio que parecía extenderse a su alrededor como manos espectrales. Era exactamente la misma sensación que le producía Tyros de Lann, y ahora que los conocía a ambos, entendía por qué eran capaces de ejercer semejante presión en Aiwass.

    —He de agradecer tu colaboración en nuestra expedición. No he tenido el tiempo suficiente para presentarme como es debido con ustedes.

    A sugerencia de Leryna, recorrían las instalaciones de la Ópera Lunar. Más concretamente, la cámara submarina que albergaba el museo de arte.

    —He aprendido mucho del viejo Sogia, y también de Scylla. No quería irme de la ciudad sin aprender de usted.

    —Escuchar eso me satisface. Para mi nieta siempre ha sido complicado tratar con otros. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

    Dos pasos adelante de ellas las acompañaba Sand. Vestía una caperuza negra con contorno de llamas violetas, y mantenía una actitud sosegada contraria a su carácter de siempre. Taena le había dicho ya que debía ser más firme con su entrenamiento.

    —He escuchado algunas cosas y he leído otras. Acerca de cómo Aiwass tuvo un salto tecnológico hace veinte años, y cuando sucede, siempre se nombra a tres grandes mentes que lo hicieron posible.

    —¿Ya está Sogia alardeando de nuevo? —rio— Seguro trató de convencerte de su modesta grandeza.

    —Fue la líder de Themis. Así se refirió a él y a la profesora Acacia.

    —Así es, ambos hicieron su parte. Sogia siempre tuvo un interés especial en la arquitectura debido a un incidente desafortunado cuando éramos jóvenes. Esa afinidad resultó ser invaluable en el proceso de modernización, cuando empezamos a abrirnos a los avances del mundo. Su motivación era la seguridad: su deseo era poner un techo firme sobre cada familia de Aiwass, levantar bibliotecas, hospitales, centros pokémon y todo lo que pudiera facilitar la vida de las personas. Es un buen hombre que ha pasado por muchas cosas.

    —¿Y la profesora Acacia?

    —Era una niña en aquel entonces, una adolescente no mayor que mi nieta, pero no he conocido una persona más brillante que ella, ni más interesada en los pokémon. Como todos los nativos de Alseide, tiene una conexión natural con la naturaleza, pero la suya es más fuerte que cualquier otra, o quizás se debe a su percepción aguda y su curiosidad. Los hechos son que aprovechó todos los medios a su alcance para cultivar su conocimiento, descubriendo y catalogando todo lo humanamente posible sobre las especies de la región. A su modo, influyó tanto como Sogia: él diseñaba ambiciosos proyectos de construcción a gran escala para convertir las ciudades en sitios cada vez más atrayentes, mientras que los descubrimientos de Knowing llamaron la atención de los entrenadores de todas partes del mundo, seducidos por la vasta biodiversidad de Aiwass. También desempeñó un papel crucial en la creación de la Liga Pokémon, poniéndonos en el mundo competitivo en su papel de campeona.

    Le costaba trabajo imaginar a Acacia Knowing como una entrenadora, aunque tampoco tenía apariencia de profesora, ni se comportaba como una doctora. Sin embargo, no era ninguno de ellos dos por quien quería preguntar, sino sobre el tercero sobre el cual sospechaba su identidad.

    —Cuando los mencionan hacen referencia a tres. Aun así, no nos hemos cruzado con el tercero.

    —Es cierto, y mucho lamento decirte que no vas a conocerlo. A diferencia de Knowing y Sogia, él fue un extranjero que vino de más allá del mar. Su nombre era Fenn El Callahan. Una noche llegó a mi casa hablando de una oportunidad de negocios que involucraba abrir las fronteras de Aiwass a la nueva era, "a la nueva luz", como solía decir. Tuvimos nuestras dudas, por supuesto, pero él contaba con el carisma, las conexiones y la destreza para hacer funcionar el plan. Sin su iniciativa, Aiwass nunca se hubiera convertido en lo que es ahora.

    —¿¡Dónde está!? ¿Cómo puedo encontrarlo?

    —Aquí no, me temo. Era un hombre brillante, sí, pero un genio como el suyo siempre está plagado de demonios. Sentía una profunda afección hacia los mitos y leyendas de la región, y lo que en principio parecía un interés excepcional, aun dentro de los límites de lo sano, acabó volviéndose una obsesión. Empezó a descuidar su trabajo para enfocarse en sus teorías, visitando ruinas e investigando con especies, tratando de emular lo que, según él, respondería el misterio detrás de todas sus preguntas. Con el tiempo se volvió algo preocupante que afectaba su trato social, incluso su forma de vestir y de hablar. Llegó un momento en el que ni siquiera podía mantener una conversación coherente, sufría de estallidos de violencia, e incluso alucinaciones. Eventualmente acabó perdiendo el juicio.

    Anansi sentía la garganta seca cuando salieron de la galería al largo pasillo de acrílico reforzado que rodeaba a la estructura. Se sentía como en una gigantesca burbuja sumergida en el mar, rodeada de luvdisc, tentacool y frillish. Entonces aconteció algo que no esperaba: Sand, ajeno a su presencia, caminó hacia el borde del muro cristalino y apoyó las patas en él, absorto en la contemplación del océano, seducido por la luz que se refractaba a través del agua.

    —Es un frogadier de Themis, ¿verdad? Aunque se han adaptado a la vida en tierra, siempre serán criaturas acuáticas.

    —Pero no lo son. Es tipo tierra/fuego.

    —Si te alejas demasiado de donde vienes, puedes convertirte en algo completamente diferente; algo que no pueda volver al lugar de donde vino. Callahan lo aprendió por el camino difícil, igual que cualquier frogadier que se aventuró en las arenas del sol.

    Con una sensación ominosa bajando por su espalda, Anansi tomó la ocaso ball y recuperó a Sand antes de seguir a Frey por el pasillo.

    —Los mitos y leyendas de la región es lo mismo que estudia el viejo Sogia.

    —Tanto él como Knowing se vieron influenciados por Callahan, pero ninguno llegó a sus extremos. Sogia trata de entender el origen de esos mitos y cómo pueden ser útiles a los habitantes de Aiwass. Escucha, Anansi, tal vez nunca encontremos a Menasis, pero no es lo que buscamos de todos modos. Nuestro objetivo es entender las propiedades del thelema pa convertirlo en una herramienta más, en un paso más hacia el futuro de Aiwass.

    «Un futuro de Frey» pensó mientras la seguía, pero se abstuvo de decirlo.

    —Me he enterado de que has vencido a Palas Unfair, y que también obtuviste las medallas de Lyses y Efesto. ¿Te interesa la medalla de Caribdis?

    —¿La Medalla Remolino?

    Habían llegado al final del pasillo. Leryna Frey abrió las puertas dobles que daban entrada a un gimnasio pokémon completamente vacío. El centro del mismo incluía una plataforma flotante sobre una amplia piscina.

    —Los aprendices están preparando sus presentaciones para mañana, pero mi nieta aún hace rondas. Si quieres añadir una insignia más a tu registro, puedes esperarla aquí. Lamentablemente tengo que irme.

    —Oh... Gracias. —murmuró mientras la directora se dirigía al ascensor en el fondo de la habitación.

    —Ha sido un placer. Espero verte de nuevo en la fiesta.

    Se marchó sin más ceremonia, dejando a Anansi silenciosamente sola en el gimnasio pokémon. Sólo por no quedarse de pie caminó hacia donde estaban las gradas para sentarse, admirando el entorno de trabajo de Scylla. Le costaba imaginar a aquella chica bajo esa gigantesca presión submarina, coordinando a un montón de aprendices con esa vocecita suya.

    «Candice era diferente».

    O tal vez no. Tal vez esos aprendices veían a Scylla como ella veía a Candice cuando era niña. Había pasado mucho tiempo desde entonces y había crecido también. Quizás, sólo quizás, podría vencer a la líder de Puntaneva con sus pokémon actuales. Sin pensarlo demasiado, jugó con la sana ball que contenía a Zubat en su interior.

    —¿Crees que podamos vencer a Scylla? ¿Que puedes tener tu propia medalla?

    La pequeña esfera no respondió, naturalmente, pero tampoco hizo falta porque en ese momento una puerta al fondo del gimnasio se abrió de golpe llamando su atención. Al otro lado de la misma se hallaba una pokémon fantasma.

    —¿Encotraste algo?

    Scarfy levitó trazando círculos, pidiendo que la siguiera. Anansi bajó con ella a través de una larga escalera de caracol ignorando sistemáticamente las señales de acceso restringido mientras trataba de recordar cómo la habían llevado hacia ahí sus pasos.

    —La canción de la victoria —murmuró para sí misma la única parte que podía recordar. Mientras Naohiro y el viejo Sogia traducían las inscripciones, su atención estaba enfocada completamente en el grabado del mapa de Aiwass.

    La cosa con cuernos se encontraba al norte de Narciso, en la ubicación que Acacia Knowing llamaba Illyon.

    En el sur, bajo Alseide, había una extraña criatura de sombras.

    Y al norte, en septentrión, un remolino custodiado por una bestia alada.

    Justo donde se encontraba la Ópera Lunar.




    Esa noche nos quedamos en la residencia de los Frey. El profesor dijo que todo había salido bien. Si lograba convencer a Leryna Frey de apoyar su iniciativa, Aiwass se convertiría en un lugar completamente diferente.

    Fue la primera noche que tuve una habitación como esa solo para mí, pero no podía dormir. Me habían prometido un pokémon y lo necesario para empezar mi viaje. Era como si el mundo se hubiera puesto de cabeza en el lapso de unas horas. Una sensación tan abrumadora como aterradora.

    El cielo había pasado de nublado a lluvioso. El viento rugía con furia esa noche, y los relámpagos estallaban en las nubes de tormenta. La lluvia misma golpeaba incesantemente la ventana amenazando con romper los cristales.

    Pero puedo jurar que había algo más. Que sobre aquel concierto tormentoso prevalecía una voz solitaria; un alarido ultraterreno que me llamaba desde el mar.

    Cuando el cansancio me superó, mis sueños se convirtieron en un siniestro remolino.





    No podía dejar de imaginar ese alarido, tratar de comprender qué clase de monstruo había causado una impresión tan profunda en Miriam de Legion.

    La fiesta seguía su curso, pero no sentía con ánimos para hablar con nadie, de modo que huyó de la multitud para refugiarse en el anillo exterior de la plataforma con una copa de vino, tratando de poner un orden al caos de sus pensamientos.

    —La luna que flota en el mar nocturno —recitó—, la puerta al corazón del mundo.

    ¿Qué había más allá de esa luna? ¿A dónde había ido al remolino? ¿Quién esperaba en el corazón del mundo?

    Inclinó la cabeza hacia atrás para vaciar su copa en un vano esfuerzo por olvidarse de todo. Entonces la arrojó al mar con un gesto descuidado.

    Por un momento creyó escuchar murmullo bajo sus pies.

     
    Última edición: 21 Marzo 2019
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  3. Threadmarks: Capítulo 6-Blake
     
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    VI: Royal Blood



    Estar rodeado de gente se lo hacía sentir extraño, más no incómodo. Dado su vida como coordinador, estaba acostumbrado a los bailes lujosos, eventos y presentaciones con grandes cantidades de gente a su alrededor. Su presencia se mezclaba fácilmente entre el mar de opulencia, y no se sentía socialmente torpe cuando alguna mujer trataba de conversar con él.

    Sin embargo, no podía evitar sentir que poco a poco se estaba alejando de ese mundo, alguna vez tan querido por él. Las batallas lo seducían cada vez, llevándolo por el camino de la estrategia y la fuerza por encima de la belleza y la innecesaria elegancia en cada ataque. Ambos mundos no eran exclusivos y podían ser fácilmente combinados, pero Blake había crecido toda su vida siendo adoctrinado para creer lo contrario; si era un “bárbaro” como solía decir su madre, inmediatamente quedaba descalificado para poder participar en los concursos, pues carecería del tacto necesario para lograr las mejores combinaciones y su sentid de la belleza se habría siempre perdido en un mar de violencia sin sentido.

    Se ajustó la corbata color vino que llevaba al cuello y se remangó un poco las mangas de su traje color plata. Todo el conjunto había sido cortesía de Lewis, quién había quedado más que complacido con la información que recabó del santuario, además de alquilarle una habitación bastante amplia en caso de que “tuviera alguna conquista nocturna a la que quisiera impresionar”, en uno de los hoteles más caros de Caribidis, decorado específicamente para pasar una noche mágica.

    Había sido demasiado generoso para tan poca información y la verdad Blake estaba pensando seriamente que Lewis lo hacía simplemente por el derroche de dinero; siendo una persona tan rica y de una familia tan respetada, habría pocas cosas que le hicieran falta que no pudiera construir él mismo, que los billetes seguro le sobraban en grandes cantidades para gastar en las cosas más estúpidas.

    Si tenía que ser sincero consigo mismo, Blake se hubiera conformado con cualquier habitación cómoda y no muy cara, con un ambiente cálido y agua caliente. En contra posición a eso, su cuarto de hotel tenía hasta una pequeña licorería en la barra, un jacuzzi y una televisión de cuarenta pulgadas que no usaría en los breves días que pasarían en Caribidis.

    Era un gasto innecesario, sin mencionar la cama con pétalos de rosa y música romántica.

    No entendía tampoco porque el líder de gimnasio asumía que tendría noches alocadas con alguna mujer o mujeres; durante su vida solo había tenido una novia y era pésimo tratando de ligar. Muy apenas podía sacar una cita para tomar un café o ver una película, pero estaba seguro que no podría usar sus encantos para tener sexo, aunque tampoco es como si lo fuera a intentar para probarse lo contrario; después de todo, tenía cierta balanza de moralidad respecto a esos temas.

    Sacudió la cabeza para librarse de esos pensamientos y siguió caminando por todo el recinto, tratando de encontrar alguna cara familiar para poder desentenderse por un rato. Ya fuera Lewis, Sogia, Scylla o incluso Alexis, una de las tías del excéntrico líder de gimnasio, quién había atendido al evento como parte del cuerpo de seguridad y vigilancia a pesar de que cuando se dio la presentación, la bella mujer venía ataviada con vestido que hacía resaltar su belleza natural.

    Incluso estaría dispuesto a volver a charlar con Roxanne, su profesora en la universidad de Nix, pues la primera y última vez que se vieron, la conversación había sido demasiado leve y escueta.

    No encontraba a Anansi, Vega, Arianne o Koiso, y mientras más pasaba el tiempo y diversos coodinadores subían al escenario para demostrar sus habilidades en el espectáculo, él comenzaba a sentirse más y más presionado, reviviendo sus viejos temores y reabriendo las heridas de su corazón que no habían terminado de sanar, volviendo la duda poco a poco a su semblante.

    ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Seguir sus deseos estaba bien? No quería perder el único lazo familiar que conocía, no quería perder a su madre solo por sus deseos egoístas que nunca tuvo la oportunidad de experimentar. No quería llegar al punto de toparse con la cruda realización de que nunca sería igual a su hermana, siendo delegado a quedar oculto entre las sombras bajo un oscuro periodo de gloria amarga.

    No quería descubrir que era mejor que su ídolo, no quería presentarse con Alexa como su rival, sino como un colega que destacaba en otro campo. No quería saber que todas sus victorias no habían sido más que una racha de buena suerte, que le habían entregado sus premios por pena.

    El corazón le dolía, con dudas cada vez más absurdas asaltando su mente. Sería cuestión de tiempo para que su madre se enterara de sus actividades; sería cuestión de tiempo para que dejara de amarlo y volteara su vista hacia la vida de ensueño que se le fue arrebatada a manos de un matrimonio con un entrenador y el subsecuente camino de sus hijos biológicos.

    Quería pensar que se estaba preocupando de más, que sus miedos no tenían razón ni fundamento, pero entonces volvía a rememorar las fotos que le mandó de forma tan fría, la boda a la que nunca fue invitado y la presentación que nunca se dio.

    Él era una desgracia para su nombre, para su fama. Era una de las manchas que su madre jamás podría borrar, pero podría ignorar como si no estuvieran ahí.


    Había comenzando a hiperventilar cuando sintió una mano posarse sobre su hombro. Al girar sobre su eje para encarar a la persona que lo sacó de sus cavilaciones, se encontró con una mujer joven, un par de años mayor que él, de pelo café y ojos azules. Su atuendo dejaba poco o nada a la imaginación, pues su vestido era rojo como la sangre, con un pronunciado escote, sin espalda y un corte en V que hacía resaltar sus piernas. Le sonrió y Blake sintió sus mejillas teñirse de un leve carmín.

    —Blake, ¿cierto? Mi nombre es Rina. Soy una de las hijas de Alphonse, seguro me viste en las fotos que Diana te envió.

    El pelirrojo negó levemente. Su madre le había mandado bastantes imágenes, pero por el dolor de haber sido excluido había optado por solo ver unas cuantas. Seguro la tal Rina aparecía en el resto de las fotos, pero no le importaba mucho.

    —Eres más guapo en persona, ¿sabes?—Siguió ella con cierto tono seductor.—Hubieras sido un perfecto yerno en vez de un hijo adoptivo. Y nuestros bebés hubieran sido preciosos.

    —¿Q-qué?

    —No somos hermanos de sangre, apenas y nos unimos bajo la misma familia por circunstancias ajenas. No sería demasiado tarde para…

    —No.—Respondió Weiss con tono autoritario.—Madre dijo que me viera contigo para hablar de algunos asuntos, no para esto. Por amor a Arceus, se supone que de ahora en adelante eres mi hermana...—Pronunció aquellas palabras con cierto recelo y desprecio para dar a entender su punto.—¿Qué demonios pasa contigo?

    —Pero querido hermano, ya te lo he dicho. Apenas nos hemos reunido por circunstancias ajenas a nosotros. No somos realmente familia y cualquier cosa podría pasar en estas fiestas, ¿sabes?

    —Estás loca.

    —Al contrario. ¿Es acaso porque no soy Alexa? ¿No soy tu querida hermana de sangre? Tú eres quién está enfermo, obsesionado, persiguiendo una meta que nunca podrás alcanzar. Diana nos contó todo, tu linaje, tus parientes; Dime la verdad, Blake. ¿Es que acaso sueñas con cogerte a tu verdadera hermana?

    Él gruñó, frunció el ceño y se mordió el labio, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no soltarle un puñetazo. ¿Cómo diablos se le ocurría hablar de su hermana así? ¡No sabía nada de él, carajo! Esa mujer estaba enferma. Maldijo el día en que su madre le educó para no golpear a una mujer; pero se sentía tan impotente en esos momentos. No podía hacer un escándalo, porque no quería causarle problemas a los Frey ni Lewis, pero le hacía mal quedarse callado.

    —Estás enferma, Rina.

    Ella rió.

    —¿Lo estoy? Al menos no soy una deshonra familiar. ¿Qué diría Diana cuando le contara las cosas de las que me he enterado estando aquí? ¿Cómo crees que reaccionaría al saber que su hijo la odia tanto como para darle la espalda y seguir el camino de su inútil padre y la zorra de Alexa?

    —Cuidado con tus palabras, Rhodes.— Interrumpió otra voz. Blake se volteó de forma inmediata para ver de quién provenía, y grande fue su sorpresa cuando se encontró a Roxanne con una mirada fría y una postura tensa. El tono de voz también le había cambiado en cuando exteriorizó esa amenaza, pasando de enérgico a uno mucho más frío y hostil.

    —Lo siento, señorita Evers, pero me temo que esta es una charla familiar.—Respondió la otra con marcada mofa, tratando de remarcar un punto.

    —Es mi asunto cuando estás insultando a uno de mis alumnos y a la campeona de la región.—Gruñó la líder, acercandose peligrosamente hacia la otra mujer.

    —¿Campeona? La última vez que supe de ella, es que había perdido contra Tyros y empatado contra Meridión. Ni siquiera estuvo cerca de enfrentarse a los otros dos. Mathos sigue siendo el campeón.

    Por ahora.—Siseó Rox de forma amenazante y de un movimiento rápido, vació su copa de vino sobre el vestido de la otra mujer.—¿Tú quién eres? Solo una vil coordinadora más del montón, ni siquiera fuiste invitada para los concursos que se hicieron a inaugurar el evento. Eres mediocre, promedio, ni siquiera fuiste lo suficientemente buena para entrar a la Universidad de Nix.

    —¡Eres una hija de perra! ¡¿Cómo te atreves a ensuciar mi vestido tú…?!

    Rox dio un paso más, la distancia que las separaba era mínima.

    —Yo estoy bajo la protección de la Luna, vengo de un linaje ancestral. Yo soy alguien aquí. Así que, cuando vuelva a ver tu horrible cara por estos lugares, quiero que recuerdes que, si no estás pudriéndote en una celda, ha sido por mi generosidad y el de la familia Frey. ¿He sido lo suficientemente clara? Tómalo como una muestra de la bondad de Aiwass.

    Rina simplemente bufó y retrocedió de muy mala gana, dando zancadas de mal gusto cada paso que daba. Los cuchicheos no se hicieron esperar, pero eso a Roxanne le importó más bien poco. La líder de gimnasio entonces dejó que su cuerpo se relajara durante unos minutos y suspiró, acomodándose la excéntrica diadema con cuernos antes de voltearse y encarar a Blake.

    —Vamos a bailar, tengo asuntos que hablar contigo.



    2​

    Lamentablemente para Blake, la música justamente había pasado de ser más o menos animada a una balada más lenta, lo que lo obligaba a tomar a Rox por la cintura y atraerla más a él para seguir el ritmo que marcaba la sinfonía romántica. Hacía girar a la líder sobre su eje de cuando en cuando, a veces los pasos requerían que ella se pusiera de espaldas y él la guiara con ambas manos en su cadera, y otras veces, ella insistía en pegarse a su cuerpo de forma sensual.

    —Eres buen bailarín, Blake.—Elogió la líder de Nix, pasando una de sus manos por el cabello rojizo del muchacho.—Y por lo que me contó Arianne, un peleador capaz. Palas no fue blanda contigo y te ganaste la medalla de forma justa. Eres una caja de sorpresas.

    —¿Conoce a la señorita Labelle?— Preguntó él, intrigado por tal descubrimiento más que agradecer los halagos hacia su persona. Rox frunció levemente el ceño y cuando Blake la hizo girar de nueva cuenta, volvió a retomar la conversación.

    —Es una de mis alumnas también, así como tú. Su padre la envió conmigo. Aunque a diferencia tuya, he tenido… ligeros problemas con ella.

    —¿Cómo cuales?

    —¿Has visto a su Rowlet? La envié a Icaros para que lo ganara en un torneo, pero terminó destruyendo la plaza del Sol. Y al ser mi alumna, yo tuve que hacerme cargo de todos los malditos gastos; ese estúpido mujeriego me cobró cada centavo y hasta más.

    —¿Mujeriego?

    —Lewis de Lann.—Escupió el nombre con veneno.—Seguro lo conoces, el tipo idiota con gafas que se cree cool.

    Weiss no entendía tal animosidad entre ellos, pues también había escuchado a Lewis quejarse de ciertos líderes alineados a la Luna, siendo una constante en sus quejas cierta líder con diadema de cuernos que tenía enfrente. Lewis no se le hacía un mal tipo y Rox no le parecía una mala mujer, pero no entendía porque tanto desprecio entre ambos; desconocía su pasado, claro está, pero ¿qué había sido tan malo para ponerlos en contra el uno del otro de esa forma? Se suponía que estaban del mismo lado, aparentemente, así que no podía concebir una razón lo suficientemente poderosa como para desatar tal desagrado mutuo.

    —Sin embargo, me he ido demasiado del tema. He escuchado cosas buenas de ti, Blake, por parte de Sogia y Scylla. Has demostrado ser un chico excepcional y por lo que veo, no sería raro llamarte mi alumno estrella. Me has dado más de lo que he podido pedir.

    —Gracias. ¿Pero esto no se interpondrá en mi educación superior?

    La mujer rió y Weiss pensó que aquel era uno de los sonidos más lindos que jamás había escuchado.

    —Para nada. Como dije, eres una caja de sorpresas; es cierto, te inscribiste como coordinador y sería una mala influencia decirte que te saltaras tus clases originales pero… ¿por qué no tomas ambos planes? Tienes potencial para ello.—Le sonrió y en ese momento Weiss supo que era un hombre débil.

    —Serás grande, Blake. Lo serás.—Complementó ella con voz dulce.

    Siguieron bailando por otros varios minutos más, dejándose llevar por el ritmo de la música lenta. Wallace se sentía en el cielo, olvidándose de todos sus problemas y preocupaciones actuales. Quería disfrutar el momento, pues saliendo de ahí sabía que no volvería a repetirse; después serían alumno y maestra, marcando una férrea línea divisoria que no sería erradicada hasta que terminara con sus estudios como se lo había propuesto.

    Tampoco es como si pudiera o quisiera decir algo ahora, sabía que sus palabras saldrían en forma de un torpe lamento o una petición extraña, y prefería no causar malas impresiones ahora que estaba tan cómodo en su presencia. Y no es como si se conocieran de mucho, aunque debía admitir que Roxanne era hermosa, pero aquello era insuficiente como para intentar cualquier otra cosa.

    Ella había ido a felicitarlo y animarlo, por lo que no debía hacerse ilusiones ni pensar en nada más.

    Durante el resto del baile, sintió como una pequeña mirada asesina dirigida hacia él o al menos así le pareció, pero con cada movimiento que hacía, con cada vuelta que daba, no lograba encontrar nada. Seguro eran los nervios, se dijo, y dio los últimos pasos antes de separarse de Roxanne para dar paso a la siguiente pareja; la música había cambiado y el baile también, ahora convirtiéndose en un cambio sucesivo de compañeros de baile en una compleja coreografía de la que no sabía nada.


    Pasó por otras varias mujeres, quienes intentaron hacerle plática en cada ocasión, y aunque el correspondía la charla, ninguna logró hacer tanta mella en él como la líder de gimnasio. Con cada cambio, las chicas se le hacían cada vez más superficiales, pues ahora no se molestaban en esconder que su mayor interés era saber su linaje y procedencia para saber si sería un buen pretendiente.

    Volvió el dolor de saber que no era nadie, que a pesar de su edad, sus logros eran simples y opacos; que toda su vida vivió para otros y no para él, y que la duda de si liberarse de aquellas cadenas tan pesadas le costaría un precio demasiado alto.

    La música cesó y él entonces salió de la pista de baile justo a tiempo antes de que otra pieza volviera a empezar.

    Necesitaba un cigarrillo.



    3​

    Ella llegó cuando el evento estaba en su auge y los primeros borrachos comenzaban a hacerse notar. Su presencia no fue anunciada como habría de esperar, pero eso no le molestó en lo más mínimo, pues ella era suficientemente imponente para hacerse notar sin la necesidad de un vocero. Cuando abrió las puertas de la Ópera Lunar, sintió sobre su cuerpo las miradas confusas, escuchó los murmullos de la gente, y la multitud no tardó ni un minuto en conglomerarse a su alrededor.

    Y aquellos que no la conocían lo tardaron en verla con sumo desprecio, como si no fuera más que una extraña invadiendo su burbuja de lujos y confort.

    Seguía vestida en un traje militar, aunque este era mucho más elegante que con el que se le vio la primera vez, era blanco, con varias medallas de oro adornando su lado derecho y unas hombreras de color dorado; su usual parche había sido cambiado por una venda y su boina había desaparecido. No era lo que alguien de su rango usaría en una fiesta de gala, pero hacía mucho tiempo había dejado de preocuparse de esas estúpidas banalidades.

    Ella era una de las invitadas de honor, después de todo, la heroína de una guerra, la promesa de una región extranjera. Y cualquier otro solo era una basura que no merecía compartir su mismo espacio.

    Sin pensarlo, sin desearlo siquiera, sus pasos la guiaron hacia donde se encontraba la heredera de los Frey, bailando con lo que parecía ser un príncipe sacado de un cuento de hadas, quién parecía alardear de sus proezas y de su linaje. Scylla vestía un sencillo vestido de color blanco con algunos pequeños tonos rojos que se ceñía perfectamente a su figura, iba levemente maquillada y su cabello lo tenía completamente suelto.

    A Alexa le pareció que bajo esa luz, Scylla si podía llegar a parecer una mujer. Era demasiado tarde para retirarse, por lo que no tuvo más opción que pedir la mano de la dama para un baile, lo cual no se le fue negado. ¿Cómo podría siquiera tratar de rechazar sus peticiones? Aquel muchacho podrá haber tenido todo el dinero del mundo, pero ella era una liga completamente diferente.

    Ignoró la leve corriente eléctrica que la recorrió en cuanto tomó a la heredera entre sus brazos y simplemente dejó que su mente divagara en los planes futuros que tenía por delante.

    —Es bueno verte, campeona.—Saludó Scylla con voz dulce, dejando su fachada de frialdad y lejanía de lado.

    —No sé porque me llamas campeona, Frey, la última vez que estuve aquí no llegué a derrotar a Mathos.—Gruñó Alexa, aunque incapaz de realmente hacerle una contestación mordaz. Era como si ella misma no pudiera controlarse, como si Scylla rompiera todo lo que era.

    —La directora piensa en que esta vez te puedes alzar con el título con facilidad, así que no sería errónea la forma en que me dirijo hacia ti. Quizás solo me adelanto un poco a los hechos.—Le sonrió de forma cómplice y con naturalidad, como si con Weiss no tuviera que temer, que fingir o encerrarse en sus propios demonios. Y la misma sensación era correspondida por la ex-campeona de Hoenn.

    Era como si fueran dos piezas destinadas a encajar, de una y o de otra forma. Y eso le molestaba a la mercenaria, pues los recuerdos se hacían más fuertes, más claros.

    Su corazón latía y su cuerpo reaccionaba, lo que la hacían sentir vulnerable.

    No podía permitirse tal debilidad.

    —¿Y quién dice qué volveré a enfrentarlos, Frey? A tu abuela le gusta adelantarse a todo.

    Ella volvió a sonreír, y pasó uno de sus dedos por su rostro. Era la primera vez que veía a Scylla tan feliz, tan desinhibida, tan fuera de sí. Lejos se había ido la timidez, y las formalidades. Lejos estaba aquella niña que siempre despreció y que dentro de todo, aún lo hacía, pero se veía incapaz de manifestarlo como antes.

    —A veces creo que la subestimas, Alexa.

    —Algo tonto aseverar eso, Scylla.

    La heredera rodeó el cuello de la otra mujer con sus manos, provocando una cercanía cómplice, cálida. Era como estar en un hechizo; el mundo dejó de girar, la música dejó de importar y todo se redujo a ellas dos, ensimismadas en la presencia de la otra.

    «Se va a llamar Miriam.»
    «¿Alexa?»
    «Nuestra hija se va a llamar Miriam. »


    Recodó como los ojos de su esposa brillaron como si fueran dos estrellas bajadas del cielo, recordó como sus suaves labios se unieron con los suyos en un beso lleno de amor y de agradecimiento. Aquel nombre parecía hacerla feliz, como si fuera parte de un legado que estuviera a punto de ser olvidado.

    Miriam.

    El nombre se le hacía tan familiar y, a la vez, tan extraño.


    La distancia había sido casi erradicada, los ojos rojos de ella, llenos de frialdad y hostilidad, veían fijamente al mar azul enfrente suyo, calmado, pero que dentro de sí escondía una tormenta feroz. Estaban tan cerca que podía robarle un beso y comprobar si las sensaciones de sus recuerdos eran verídicas.

    Nadie la culparía, después de todo. Pero sería un movimiento demasiado arriesgado.

    Algo que no estaba dispuesta a tomar.

    El hechizo se rompió de forma abrupta cuando dejó de enfocarse en Scylla y volteó a sus alrededores. Vio la mirada herida de Lewis y la cara sorprendida de Rox, vio la sonrisa de Sogia y el ceño desaprobatorio de Arys. Rompió el contacto con Scylla como si fuera una indeseable y se alejó en cuanto tuvo la más mínima oportunidad, tratando de no verse muy afectada por el intercambio tan íntimo.

    Había sido un descuido, un descuido demasiado arriesgado, pero podía arreglarlo. Allison se aseguraría que eso sucediera. Estaba claro que debía mantener una distancia prudencial de esa casa y cambiar su chip cuanto antes.

    No podía seguir así, debía tomar medidas drásticas.

    En su camino hacia uno de los balcones chocó con alguien, una mujer ebria que parecía darse tumbos contra los muebles de forma poco elegante. La reconoció de forma instantánea y la otra mujer a ella, drenándose cada gramo de alcohol de su cuerpo.

    Ah, nunca esperó ver a Alexis en un estado tan deplorable.

    Alexis Zentris-De Lann, un alma azotada por la soledad, por el peso de la casa que la había acogido bajo su nombre. Despojada de su inocencia en una escuela militar, despojada de su felicidad al morir su marido. Alexa estaba segura de que había algo más en esa historia, que habían piezas faltantes en ese relato que había escuchado una y otra vez de diferentes bocas, pero ya tendría tiempo para ello.

    Sentía que le debía algo a la capitana, sentía cierto apego y sentido de familiaridad, aunque de forma diferente a lo que sentía con Scylla, similar al sentimiento que le provocaba la presencia de Allison; si fuera otra persona ya la hubiera desaparecido, pero aceptó de buena gana las disculpas torpes y atropelladas que le brindó, simplemente dejándola en el suelo y siguiendo su camino.

    Aunque se encontró con unos curiosos ojos plateados que la veían fijamente.

    Ojos plateados… como los de ella.

    «Bienvenida a la familia, Alexa.»

    Miriam​


    Miriam.​


    Ojos como los de Miriam.​


    Miriam de Legión.​



     
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    Capítulo Ω - El Rugido y el Remolino





    Scylla

    Tenía cinco años cuando mi madre murió. Fui la última en enterarse de todo porque nadie me dijo una palabra al respecto. Ni mi abuela, ni el tío Caron, ni nadie de la mansión. Simplemente, Mamá no volvió de su último viaje a Tesseus. Estaba acostumbrada a su ausencia, a pasar semanas enteras en el gimnasio cerrado de Caribdis, pero esta vez era diferente; había un aura de tristeza envolviendo todo, un silencio evasivo cada vez que alguien me veía. La única vez que pregunté a alguien sobre ello fue al tío Sogia, y aún puedo recordar la expresión sombría en su cara, cómo se pasó la mano por los ojos y se marchó con la cabeza baja sin emitir una sola palabra. A partir de entonces entendí que no debía hablar al respecto, que era un terreno prohibido y que adentrarme en él iba a causar problemas. Aprendí que el mundo había cambiado desde ese momento, y que había cosas que nunca me dirían. Mi deber era guardar silencio y limitarme a hacer lo que me decían, igual que siempre, y las cosas no empeorarían.

    Y también aprendí que Mamá no regresaría.

    No me llevaron al funeral, y por las siguientes semanas nadie parecía prestarme atención. Me convertí en un fantasma en mi propia casa. Iba y venía de un lado para otro sin que alguien tratara de detenerme, aunque tampoco quería ir a ningún lugar. Sólo trataba de alejarme, de caminar y caminar, de dejarme atrás a mí misma. Por lo regular estos paseos me llevaban la costa en la que el Tío Sogia y el profesor trabajaban en lo que acabaría siendo la Ópera Lunar. Trataba de mantenerme lejos de ellos, caminando por la arena con la vista fija en el mar hasta que se hacía tarde. A veces, en los días tranquilos, podía ver a lo lejos el remolino.


    Ese día me quedé hasta tarde. Simplemente no tenía ganas de volver. La abuela apareció por mí cuando ya estaba anocheciendo. No parecía molesta, sino triste. Aunque triste era su emoción por defecto desde tiempo atrás. No me reprendió ni nada de eso, sólo caminó hacia donde estaba yo y se quedó conmigo, mirando hacia el remolino creciente a lo lejos.

    —Mañana vas a ir a Themis. Vas a quedarte ahí por un largo tiempo como aprendiz de Palas Unfair, ¿sabes quién es?

    Sacudí la cabeza para negar y ella torció los labios hacia abajo.

    —Yo tampoco la conozco muy bien, pero era amiga de tu madre y Sogia confía en ella... Es una persona más adecuada para tu educación que cualquiera de nosotros. Tienes que obedecerla en todo lo que te diga.

    —Sí, Señora.

    —Themis está lleno de bichos. Allá los aman, pero siguen siendo desagradables así que ten cuidado con ellos. Unfair te va a enseñar a ser una líder de gimnasio, así que asegúrate de aprender bien. Eres una chica lista, sé que lo harás bien. Sé que cuando vuelvas estarás lista para ocupar tu lugar en Caribdis. Por eso...

    Buscó dentro de su bolso por unos segundos para extraer una Buceo Ball. En sus dedos era pequeña y fácil de manipular, pero en mis manos se sentía sumamente pesada.

    —Los niños no tienen su primer pokémon sino hasta los diez años, pero tú eres una Frey. Los Frey valemos el doble que cualquiera. Vamos, puedes abrirla.

    Obedecí, en una extraña mezcla de felicidad y tristeza. Sabía dentro de mí que las circunstancias eran adversas, más sombrías que nunca y que iban a enviarme muy lejos, pero la abuela estaba hablando conmigo, me estaba prestando más atención que nunca y me trataba como alguien importante, y yo quería corresponderle.

    Era un pequeño pokémon azul cielo con forma de sombrero. Tenía dos orbes rojos a los lados de su cuerpo y tentáculos claros debajo de ellos. Sus ojos eran bonitos y parecía feliz cuando lo estuve en mis manos.

    —Tentacool es el pokémon más común de todos los mares, pero en el Río Vastari no vas a encontrar uno solo. Llévalo siempre contigo para que nunca olvides quién eres y de dónde vienes... Y más importante que eso.

    Este es el lugar al que perteneces






    La fiesta seguía su curso luego de las presentaciones. Los Frey habían hecho gala de toda su arrogancia al traer a coordinadores destacados de todo el mundo, mientras que por otro lado, Caron de Nadir alardeaba con sus invitados de altas esferas, y aquel viejo inútil ya estaba completamente ebrio, riendo y presumiendo sobre su equipo de investigación, los Grandes Hermanos de Narciso y tanto más. Había pocas cosas que Arys soportara menos que los Frey, y para evadirse de su repulsión empezó a beber una copa tras otra. Eventualmente empezó a achisparse, no lo suficiente para tambalearse, pero sí para que no le importara lo que decía.

    En ese estado caminó hacia donde se encontraba su sobrino, quien en ese entonces bailaba con una hermosa chica castaña en un revelador vestido rojo. Lo apartó bruscamente de su compañera y tiró de él hacia una zona más apartada.

    —¿Qué pasa contigo? —protestó el muchacho, a lo que puso un dedo en sus labios para que guardara silencio.

    —Oh, Lewis... sigues quejándote, Lewis...

    Haciendo un esfuerzo por contenerse, el joven líder de gimnasio lo apartó y procedió a acomodarse la chaqueta para luego observar a su tío. Ataviado con un traje beige, camisa escarlata y una ostentosa corbata amarilla. Como todos los hombres nacidos bajo el nombre de Lann, Arys de Septentrión lucía orgulloso los colores de su casa. A pesar de ello, su presencia siempre lo hacía sentir incómodo. Sus ojos dorados eran diferentes a los de otros Lann. Todos expresaban lo mismo de una u otra forma: poder, pero los de su padre hablaban de autoridad y orgullo; los de su tía, de honor. Los de él, por otro lado, eran pura arrogancia. Un brillo peligroso que a la menor provocación deformaba sus facciones y se convertía en violencia.

    —Dime, sobrino, ¿te la has pasado bien entre tanto Frey? Cualquier Lann que se respete mantiene una distancia saludable de ellos, pero tú pareces disfrutar su compañía.

    —Cumplía órdenes de mi padre —se defendió—. Eso es todo.

    —Y seguro hiciste un gran trabajo, ¿cierto? ¿Aprendiste mucho de los Frey, o pasaste todo este tiempo tratando de no matarte en las ruinas de Narciso?

    Lewis forzó una sonrisa torcida. Había tenido que soportar suficiente hostilidad de parte de su familia desde que se volvió parte de los Lann. Arys simplemente era un poco peor que el resto.

    —Sé que te haría ilusión. Conmigo fuera del camino, serías el siguiente en la línea de sucesión, pero no tengo intención de morir por ahora. ¿Te he decepcionado, tío?

    —Para nada, solo a tu padre. Pero sé que tienes experiencia en eso.

    —Es suficiente, ustedes dos.

    Antes de que su disputa fuera a más, la capitana de la guardia intervino en la conversación sujetando el hombro de su sobrino. Su tono era calmado, pero desafiante.

    —No es el momento para que discutamos y demos un espectáculo aquí. No tendría que recordáselo a ninguno de los dos.

    —A mí no tienes que recordarme nada, Zentris. Recuerda cuál es tu posición.

    —No te han nombrado cabeza de la familia aún, ni lo harán nunca —replicó sin inmutarse—. No soy tu subordinada.

    Arys retorció sus manos, considerando seriamente la posibilidad de dar un puñetazo a aquella linda cara. No estaría tan segura de sí misma luego de que le rompiera la nariz, pero se contuvo. No había bebido lo suficiente para olvidar que era una mujer entrenada capaz de tumbarlo al suelo sin mucho esfuerzo, de modo que cambió la táctica, poniendo en sus palabras todo el veneno que era capaz de evocar.

    —Tú eres una mestiza producto del descuido de un verdadero Lann, y tú, niño, el sustituto de tu padre para un hijo de verdad. Yo soy todo un Lann. No importa qué nombre usen ni que vistan nuestros colores, el verdadero rugido se lleva en la sangre —se golpeó el pecho a la altura del corazón—. Yo soy un miembro del Alto Mando, Zentris. una simple guardia no puede cuestionar lo que digo, menos el líder de gimnasio que no puede cuidarse solo.

    No esperó respuesta; dio media vuelta y se marchó, empujando a un camarero en el camino. Tan pronto como lo perdieron de vista, Alexis emitió un largo suspiro.

    —Menos mal que no permitieron el ingreso con pokémon, o este imbécil hubiera empezado una batalla.

    Lewis rio disimuladamente, agradeciendo en silencio el apoyo de la capitana, y esta a su vez le sonrió.

    —Pero en algo tiene razón: no deberías socializar demasiado con los Frey, ni con su grupo.

    —Oh, vamos. Tú parecías muy feliz con uno de ellos —se interrumpió de inmediato al notar un brillo de peligro en los ojos de su tía—. No voy a hacer nada ni a traicionar a la familia. ¿No están exagerando con todo esto?

    —Hay cosas que no sabes —respondió en un tono más bajo—. Aún es demasiado pronto.


    Ajenas a la conversación entre los Lann, la cabeza de los Frey y su heredera sostenían una conversación similar.

    —¿Qué fue ese espectáculo en la pista de baile? —preguntó la anfitriona a su nieta— No fue digno de tu posición.

    —Lo siento —murmuró frotando sus manos. No podía inventar ni siquiera una excusa porque ella misma no sabía lo que había pasado. No era la primera vez que trataba con Alexandra Weiss, pero sí la primera que generaba una reacción tan poderosa en ella.

    —No es lo que esperaba de una mujer como ella, pero así son los extranjeros. No importa qué clase de costumbres tengan en su tierra, en Aiwass no toleramos esas cosas. Creí que te había quedado claro.

    —Sí, Directora.

    —Una cosa más: a partir de mañana te quedarás conmigo en el Palacio de la Luna. Vamos a empezar tu entrenamiento para sucederme como líder de la familia.



    Y sentados a la barra del bar, las dos grandes mentes de Aiwass bebían hombro con hombro.

    —Linda fiesta, Frey —celebró una alegre Acacia más alegre de lo normal. A diferencia de su colega, había prescindido de la bata de laboratorio para enfundarse en un ajustado vestido sin mangas y de falda corta.

    —¿A qué has venido? —refunfuñó el líder dragón— Tu investigación no va a progresar aquí, si es que sigues con lo que creo que pretendes.

    —Tu expedición ya terminó, así que estoy pensando en llevarme a algunos de tus chicos de vuelta a Alseide. Espero que no te moleste.

    —Aún tengo algunas cosas qué hacer. Nunca dije que hubiéramos terminado.

    —¿A dónde pretendes ir?

    —Cirse. Necesitaré gente fuerte para la misión. Puedes llevarte a algunos, pero tendrás que dejarme a Weiss y a Naohiro.

    —Me parece justo.


    El mundo se detuvo solo un segundo después.

    Cuando piensas un poco en ello, puedes darte cuenta de que algunas cosas no tienen sentido.

    ¿Un remolino que gira eternamente sin ninguna causa aparente, sin apartarse de su lugar ni disminuir su fuerza?

    ¿Una ciudad sumergida, aplastada por el peso del agua, desaparecida en una sola noche?

    ¿Una isla artificial que flota en total estabilidad en los mismos mares tempestuosos, desafiando a la misma gravedad sin dar el menor indicio de cómo sostiene su propio peso?

    No muchos son capaces de cuestionar lo que ven sus ojos. ¿Por qué vas a dudar de tus propios sentidos? Una vez que presencias algo por ti misma y lo aceptas como real, es difícil cuestionarte el por qué son las cosas así. Este principio de aceptación hace más fácil nuestras vidas en condiciones normales, pero cuando algo falla, se convierte en nuestra debilidad. Y aquellos que más acostumbrados están al mundo son los que más fácilmente se rompen cuando la realidad empieza a ir mal. Fue justo esto lo que pasó a los más de doscientos invitados a la Ópera Lunar cuando la plataforma se sacudió con violencia y una sorpresiva ola de varios metros de alto se elevó sobre sus cabezas. Algunos cayeron al suelo y otros fueron lanzados por los aires. Algunos menos afortunados fueron expulsados de la plataforma para nunca más volver, pero la expresión de terror en sus ojos era exactamente la misma.


    La realidad había cambiado sus reglas.

    La luna sobre el agua ya no era segura.

    Y antes de nadie pudiera asimilar lo que estaba ocurriendo, una figura solitaria apareció en el centro de todo. Un hombre sucio y de aspecto descuidado que arrastraba los pies al caminar. Cabello rubio y apelmazado del color de la paja, gruesas botas de hule que chirriaban cuando se movía y un traje barato, viejo y desgastado que parecía caerse a pedazos bajo una gruesa gabardina gris.

    —Señores, señores... y todos los demás. Antes de que nadie intente hacer una locura, quiero aclarar que están en mi poder. —Movió su mano derecha como si estuviera saludando. Un simple gesto que no fue más allá de su muñeca, y aún así, la Ópera Lunar volvió a sacudirse como si fuera parte de su propio cuerpo. Los invitados, que ahora eran rehenes, trataron de sujetarse a cualquier cosa que pudieran mientras el suelo crujía y los cristales estallaban, provocando esporádicas lluvias de esquirlas de vidrio. Incluso el hombre de gris se vio afectado por su propia demostración y cayó de bruces al suelo, pero nadie se atrevió a hacer nada por someterlo por temor a empeorarlo todo.

    La amenaza había dado resultado. El individuo se levantó con parsimonia mientras acomodaba su ropa y se aseguraba de que mantenía la atención de todos sobre sí, haciendo énfasis en los dos brazaletes de negro y plateado que brillaban en sus muñecas. Y así, con una simple demostración de control, un hombre se colocó por encima de doscientas personas.

    —Gracias por la consideración, gracias —añadió en un tono entre sosegado y aburrido—. Si algo malo me ocurre, estoy preparado para llevarme a todos ustedes conmigo. No siento mucha estima por la vida de nadie presente en este lugar, y eso incluye la mía.

    En completa calma, la directora de la Liga Pokémon se abrió paso entre la multitud para dirigirse hacia él en el centro de la plataforma. El invasor hizo un gesto con la mano para indicarle que se detuviera cuando quedaban unos cinco metros entre ambos y así lo hizo.

    —¿Quién eres, y qué asuntos tienes en mi casa?

    —Hace mucho que no puedo responder esa pregunta, señora, señora. En cuanto a mis asuntos, son muchos y muy variados. Espero que podamos atenderlos todos.

    —Antes de seguir con esto, quisiera pedirte que nos permitas evacuar el lugar.

    —¿De qué sirve un rehén si los dejar ir?

    —Yo me quedaré. ¿No es eso suficiente?

    —No, no lo es —dio un rápido vistazo a su alrededor—. Que se vayan los civiles, y también todo tu personal de servicio, mantenimiento y seguridad; pero quiero aquí a los coordinadores y los líderes de gimnasio, así como a Knowing y sus subordinados.

    —Cuánta desconfianza —expresó la profesora Knowing surgiendo de la multitud—. Y pensar que éramos amigos.

    —¿Lo conoces? —inquirió la directora. El hombre de la gabardina echó la cabeza hacia atrás con una sonora carcajada.

    —Siempre has sido una esnob, Frey, juzgando a las personas por el exterior. ¿No me recuerdas, a pesar de todo lo que hicimos juntos? ¿A pesar de que fue gracias a mí que posees todo lo que posees ahora?

    —¡Deprisa! —interrumpió Caron Frey con energía— ¡Vamos a evacuar este lugar!

    Mientras la multitud obedecía sus órdenes, un perplejo Sogia Frey avanzaba con desconcierto total hacia donde se hallaban los demás.

    —Imposible... ¿qué haces tú aquí?

    —¡Al fin, alguien que me reconoce! —celebró el individuo— ¡Este sí es un amigo de verdad!

    —Ahórrate las bromas, Fenn. Di qué diablos quieres.

    —¿Fenn? —una tímida voz se alzó entre el gentío. De pie e inmóvil, la joven Arianne reconocía al hombre que había visto antes en la ciudad. La profesora Knowing suspiró mientras hacía un esfuerzo por aclarar la situación.

    —Así es —prosiguió el viejo Sogia con la mirada sombría—. Este hombre es uno de los más grandes científicos que ha conocido Aiwass, y el detonante principal de su salto tecnológico hace veinte años. Fenn El Callahan.

    —Pero tú puedes llamarme Kozaky.

    —Suficiente de esto —intervino la directora tratando de recuperar el control—. Habla de una vez.

    —¿Tienes miedo de lo que pueda decir? Yo en tu lugar lo tendría. Pero está bien, está bien, está bien. No pretendo causar más inconvenientes de los necesarios ni infortunar a personas inocentes. Solo quiero tener de vuelta lo que es mío —emitió un largo suspiro de satisfacción mientras giraba sobre sus talones con los brazos abiertos contemplando a su audiencia—: quiero mi Tiara de la Paz.

    Las voces a su alrededor se convirtieron en un murmullo incomprensible mientras se intercambiaban miradas de incredulidad entre la expedición, los Lann y los Frey. Solo la directora se mantuvo imperturbable, pero incluso su serenidad era sospechosa.

    —Es absurdo —exclamó Lewis mirando alternativamente a Kozaky y a los Frey— ¡La Tiara está perdida desde hace siglos!

    —La original, tal vez, tal vez, aunque por siglos, es llevar las cosas muy lejos. ¿No recuerdan la conferencia de nuestro admirable líder de Lyses? ¿Creían que ese juguete era lo más lejos que habíamos llegado? No, no, no... no. Nuestros amigos los Frey han investigado el thelema desde hace mucho tiempo atrás. Cuando arribé a Caribdis hace veinte años, ya tenían prototipos casi tan desarrollados como ese. ¿Por qué nadie sabía esto? Porque nuestro amigo Hemot Frey no quería que sus vecinos los Lann supieran nada al respecto.

    —No digas más, Fenn —amenazó Sogia, para regocijo de Kozaky.

    —¡Pero nuestros amigos quieren oír el final de la historia! Y estoy seguro de que tú quieres que la escuchen. Tanto te gusta hablar de ti mismo, pues deja que yo hable un poco de ti también —Alzó la vos ignorando su advertencia, disfrutando con las expresiones de incredulidad que le rodeaban—. Este chico grande y yo trabajamos en el refinamiento del thelema con mucho más éxito que seis generaciones de Frey. Y tuvimos éxito, ¡Y la replicamos! Y si necesitan alguna prueba de nuestro éxito, solo tienen que mirar a sus propios pies.

    Kozaky chocó sus palmas con exagerado dramatismo, y apenas un segundo después la gigantesca isla artificial giró sobre su propio eje apenas un par de grados, con la suficiente fuerza lanzar a todos sobre ella un par de metros en el aire.

    —La Ópera Lunar es la nueva Tiara de la Paz. MI Tiara de la Paz. Una réplica a gran escala de la reliquia que encarna el poder de Menasis: la capacidad de ralentizar y detener el movimiento absoluto de la materia a través del espacio y el tiempo, la capacidad de anular todas las fuerzas existentes. ¿Por qué la Luna de los Frey flota en el mar? ¡Porque nada puede obligarla a caer al abismo! Nada excepto yo, yo... y la directora de la Liga Pokémon.

    Extendió los brazos amenazando con chocar las palmas de nuevo, provocando un coro de terror entre sus rehenes.

    —¿Entonces... por qué? —preguntó un contrariado Blake con los ojos fijos en Sogia— ¿Por qué convocaron una expedición cuando ya tenían lo que estaban buscando? ¿Qué hemos estado haciendo todo este tiempo?

    —Esa es la mejor parte. ¿Qué podían encontrar en Narciso, sino ruinas e información sobre Menasis? ¿Qué podrían buscar en Themis, sino el Anillo de la Victoria? ¿Por qué estarían buscando estas cosas para replicar la Tiara de la Paz? Para absolutamente nada, pero vamos a guardar silencio para que los Lann no sospechen lo que hacemos. Porque nuestros amigos Frey no trataban de replicar el poder de Menasis; su objetivo es despertar y controlar al propio Menasis. La misma bestia que borró la ciudad de Cirse de la faz de la Tierra hace veinte años.

    —¿Es eso cierto, Sogia? —le cuestionó Acacia Knowing con voz mortalmente neutra.

    —Luego pueden discutir todo lo que quieran al respecto. Primero está nuestro asunto, Directora. Con el dispositivo que he desarrollado por mi cuenta puedo desestabilizar la Tiara en el interior de esta isla, pero no controlarla. Quiero que abras todos los sistemas de seguridad y me des su control, junto con toda la investigación que hicimos en el pasado. Una maravilla de la tecnología como esta merece un mejor uso que ser el ostentoso trono de una anciana medio muerta. Devuélveme lo que es mío para convertirlo en lo que debe ser. Acepta y cumple mis condiciones y todos los presentes podrán irse a sus casas sin sufrir un rasguño más. Niégate... niégate, y convertiré tu Ópera Lunar en una triste tumba submarina para todos nosotros.

    La directora de la Liga bajó los ojos en completo silencio. La garganta reseca, el corazón martilleando en su pecho y el filo de una espada metafórica balanceándose sobre su cuello. Sus neuronas ateapadas en una sinapsis enloquecida tratando de comprender hasta qué punto se había torcido todo, buscando desesperadamente una salida.

    —Alto ahí.

    Una voz autoritaria, arrogante y diabólica se alzó sobre su silencio. Los sonoros pasos de Arys de Pan anunciaron que todo iba a peor.

    —¿La directora de la Liga Pokémon, negociando con un terrorista? Esto no se ve todos los días. ¿Tan poco vale el valor de un Frey?

    —Contrólate, Lann —intervino Sogia—. No empeores las cosas.

    —¿Empeorar? ¿Piensas dejar que este payaso se lleve tecnología potencialmente peligrosa solo para salvar tu vida? No creas que será tan fácil.

    —Haz caso a tus mayores, niño —amenazó Kozaky—. Aún puedo hacer contigo lo que quiera.


    —Te lo ordeno, Arys de Septentrión. Como directora de la Liga Pokémon...

    —¿Sigues siendo la directora? —le rio— Cuando se sepa lo que has estado construyendo, tus mentiras y tus planes para despertar despertar a la bestia que tomó miles de vidas en Cirse tendrás mucha suerte si acabas tras las rejas. Detenerlos a ti y a tu amigo terrorista es lo que haría cualquier persona decente en esta situación.

    —Ya basta.

    —Y una cosa más, Frey —se llevó una mano al bolsillo de la chaqueta para extraer de ella una Lujoball y arrojarla al aire— ¡Nunca me digas qué hacer!

    Un destello carmesí se encendió sobre sus cabezas, creciendo hasta convertirse en un imponente dragón de cuerpo serpentino crema y azul. Sus grandes alas emplumadas desplegadas a su máxima extensión, y los ojos entrecerrados con irises rojos de furia mientras gemas incandescentes de materializaban a su alrededor.

    —¡Cometa...

    —¡Cometa Draco!

    La voz de Sogia Frey resonó a la par que el rugido de su Tyrantrum, generando una lluvia de meteoros opuesta para contrarrestar la de Dunseraph con resultado desigual.

    —¿¡Qué diablos pasa contigo, maldito loco!? ¿¡Tratas de matar a todos los presentes!?

    —El único loco eres tú si crees que puedes hacerme frente. ¡Dunseraph!

    La sangre del dragón empezó a bombear con fuerza desmesurada por todo su cuerpo, tiñendo sus escamas de un rojo encendido. Arys saltó a su espalda y la bestia rugió, justo antes de lanzarse en picada sobre Tyrantrum, que lo recibió embistiendo con la cabeza. La masiva fuerza de ambos pokémon se extendió como una poderosa onda de choque por la plataforma.

    Sogia tomó tres pokéball más de sus bolsillos y liberó a Dratini, a Hydreigon y a Noivern.

    —Saquen de aquí a tanta gente como puedan, por aire o por mar, ¡y ustedes! —gritó hacia los que hasta ese momento eran sus subordinados en la expedición— ¡Sus pokémon están en la recepción! ¡Vayan por ellos y ayuden a evacuar!

    —No voy a caer con eso, Frey —respondió el propio Arys liberando tanto a Braviary como a Minior— No permitan que escapen.

    —¡Scylla!

    La heredera de la luna hizo lo que debía hacer: tomó una Buceo Ball de la manga de su vestido para llamar a Tentacruel a la batalla, cerrando el paso a Kozaky al extender sus tentáculos

    —Entrega el dispositivo. Cualquier cosa que estés usando para interferir con el control de los sistemas.

    —¿Y si digo que no?

    —Tentacruel —amenazó.

    Decenas de tentáculos se agitaron en el aire mientras emitían un siniestro brillo púrpura capaz de someter a un ser humano en instantes, todos cayendo como una lluvia mortal hacia el hombre que amenazaba a su familia y que, incluso en aquella situación, mantenía una imperturbable sonrisa.

    —¡Mathew!

    Un estallido lo envolvió de súbito repeliendo los tentáculos con violencia, y apenas un segundo después, el mismo estallido embistió a su tentacruel entre los ojos con velocidad y fuerza devastadoras. Solo cuando el pokémon cayó inconsciente y el atacante se posó sobre él pudo reconocerlo como un linoone de mirada fiera.

    —¡Tentacruel!

    —No fue tu mejor idea.

    Linoone saltó hacia ella mostrando los dientes y la chica cerró los ojos esperando el impacto, pero todo lo que pudo escuchar fue el el sonido apagado del pokémon chocando contra pared de roca.

    —A un lado, Scylla.

    Acacia Knowing le puso una mano sobre el hombro. Entre ella y el Linoone se erguía un imponente Cradilly tan alto como la profesora.

    —¿No se supone que el acceso con pokémon estaba prohibido? —se burló Kozaky.

    —Sabes que nunca he sido buena siguiendo las reglas.

    —Matthew —sonrió a su pokémon—. Velocidad Extrema.

    —Hierba Lazo.

    La bestia blanca se convirtió en un espejismo enloquecido que se dispersaba como la niebla para evadir las lianas de Cradilly, quien apenas podía levantar una barrera lo suficientemente resistente para proteger a Scylla. A su alrededor la situación era caótica; los rehenes, desprovistos una vez rota su seguridad a causa del ataque de Arys, se empujaban unos a otros tratando de huir de una muerte segura.

    —¿Por qué haces esto, Callahan? —inquirió la profesora mientras esgrimía una nueva pokéball— ¿Realmente ignoras las consecuencias que tendrán tus acciones de esta noche? ¿Crees tan siquiera que puedes escapar?

    —¿Escapar? Claro, claro que no.

    Trazó un arco con su mano derecha y la Ópera Lunar perdió su soporte por un momento, sumergiéndose poco más de medio metro en el mar para recuperar su altitud un segundo después, provocando que todos a bordo perdieran el equilibrio mientras él agua que los rodeaba crujía y se alzaba de forma alarmante. La pokéball de Acacia salió rebotando por el suelo al igual que ella, peligrosamente cerca del borde de la plataforma e incluso Kozaky resbaló y se golpeó bruscamente contra una mesa derribada, pero por su expresión, no parecía importarle en absoluto.

    —¿Qué ha pasado contigo para que termines así? —prosiguió con un hilo de voz. Su pie empezaba a inflamarse y tenía que poner todos sus esfuerzos en formar una frase coherente sin gritar, pero aún así, su tono salió sin ningún rastro de ira ni compasión, sólo de una profunda curiosidad— ¿Qué pretendes conseguir con todo esto?

    —Lo mismo que tú, Acacia. Lo mismo que quiere Sogia, y todos los que son como nosotros —se puso lentamente en pie, limpiando un rastro de sangre de la herida que acababa de hacerse en la frente—. Quiero respuestas. Solo, solo respuestas.

    Caminó con pasos torpes hacia ella. Acacia Knowing permaneció en el suelo sujetando con una mano sobre su tobillo con una expresión dolorosa.

    —¿Dónde has dejado a Trillowee? Si estuviera contigo no habría permitido que te hicieras daño. ¿Por qué no está contigo? Hey, ¿Por qué no está contigo?

    Se arrodilló para ponerse a su altura y pasó delicadamente una mano por su cabello. —¿Qué ha pasado contigo, Acacia, que has olvidado a Trillo? ¿Acaso has olvidado todo? —la mano descendió por su mejilla, por su cuello, y entonces se convirtió en una tenaza—¿¡LO HAS OLVIDADO A ÉL TAMBIÉN!?

    —No sé de qué hablas —respondió imperturbable—, pero tampoco me interesa.

    Kozaky incrementó la presión en sus dedos y empezó a sacudirla con violencia, tan ofuscado con ella que no vio venir al pequeño pokémon volador que atravesó la estancia envuelto en electricidad para embestirlo en el hombro como una flecha, obligándolo a retroceder mientras trataba de mantener el equilibrio.

    —Voltio... Cruel... —suspiró Scylla mientras su pequeño swablu liberaba una poderosa descarga sobre él, pero eso no le detuvo, y luchando contra las convulsiones que sacudían su cuerpo, Kozaky logró sujetar al ave con sus manos.

    —No lograste nada antes, Scylla, ni lo harás ahora. Ahora ordena a tu pokémon que se detenga si no quieres que todos terminemos en el fondo del ma... r.

    La corriente eléctrica cesó, y tanto él como swablu quedaron completamente inmóviles. Scylla trató de gritar una orden solo para notar que ella tampoco podía moverse. Ninguno de las cien personas en la Ópera Lunar podía. Incluso el Dunseraph de Arys de Septentrión cayó bruscamente sobre la plataforma al verse privado de su vuelo.

    —¿Qué... —se esforzó por expresar el Alto Mando en el suelo— qué diablos...?

    —Es lo más lejos que hemos llegado —respondió una voz en completa calma.

    Una sola persona se movió en el espacio paralizado, la directora de la Liga Pokémon irradiando toda su autoridad. En su mano izquierda sostenía un dispositivo electrónico similar a una tableta.

    —Las leyendas dicen que Menasis podía sosegar los corazones de humanos y pokémon para detener la guerra entre ellos. Estudiando el thelema llegamos a una conclusión completamente diferente: la radiación que emite tiene un efecto negativo sobre la bioelectricidad tanto de humanos como de pokémon. Nos ha tomado mucho tiempo convertirlo en algo que verdaderamente pueda usarse.

    —Mal... dita... —insistió Arys en el suelo—... de verdad lo tenías...

    La directora le dirigió una mirada carente de desprecio, como si aquél individuo no le inspirara nada.

    —Eres persistente, te concedo eso. Desafortunadamente, si incremento la presión para tenerte en silencio puedo poner en peligro la vida de todos ustedes.

    —No... creas... que vas a salir bien de esto...

    Hizo un último esfuerzo por reírse, pero la voz no le rindió para ello.

    —No pretendo escapar de mi responsabilidad llegado este punto, pero no deberías alegrarte por eso, Lann. Ofendiste mi nombre, atacaste mi casa y has herido a mi familia. No creas que te espera un final feliz luego de esto —volvió la vista hacia su nieta, quien permanecía inmóvil a un metro de Kozaky—. Has entrenado bien a ese swablu. No me hubiera atrevido a usar esto si no lo hubieras inmovilizado.

    Leryna Frey bajó la mirada hacia el dispositivo de control en sus manos. Se sentía increíblemente pesado, como si sostuviera el peso del mar entre sus dedos, y frío, sumamente frío. La mantenía a salvo del efecto de la Tiara, pero al mismo tiempo la aislaba completamente del mundo.

    —No era esto lo que esperaba cuando te presentaste a mi casa hace veinte años, Callahan.

    —Culpa tuya —respondió arrastrando las palabras—. Tú me mostraste el remolino.

    —Empieza y termina con nosotros. Como debe ser.

    Callahan se encontraba a menos de veinte pasos. Solo tenía que caminar hacia él y quitarle el disruptor de las muñecas. Luego todo terminaría. Si asumía la responsabilidad, podía reducir el daño al nombre de la familia. Lo que dijeran Callahan y Lann podía fácilmente demeritarse dadas las acciones de ambos. Caron sabría cómo hacerlo y Sogia se encargaría de las especificaciones. La familia podía salir adelante aún sin ella.

    Veinte pasos. Esa era la distancia que la separaba del fin. Dio uno, dos y luego tres, sintiendo a cada paso cómo su futuro se oscurecía. Y entonces, cuando llegó al cinco, toda su visión se volvió negra, la fuerza de sus rodillas empezó a desvanecerse estuvo a punto de caer al suelo.

    «¿Qué ha sido eso?»

    Tres ojos. Tres brillantes ojos dorados en la oscuridad era todo lo que podía ver. Y cuando sus sentidos empezaron a volver a la normalidad, vio una garra espectral surgir de su propia sombra, arrancar el control de sus manos y aplastarlo con maldad.

    Y entonces, el tiempo volvió a correr. Sus rodillas tocaron el suelo y la Ópera Lunar se convirtió en un concierto de gritos de miedo. Y como si el mar se hubiera liberado de sus ataduras, empezó a remolinear con furia tempestuosa alrededor de la isla.

    —Creí que nunca lo haría —se quejó Kozaky mientras lanzaba al pequeño swablu hacia el suelo para después revisar el dispositivo en su muñeca derecha—. No sería lo más sabio forzar las cosas ahora.

    Y antes de perder el control de la situación, se llevó una mano al bolsillo de la gabardina para extraer un artefacto de acero y madera que apuntó hacia Scylla Frey. El mismo que le había tomado meses construir a partir de recuerdos difusos en Efesto. Una máquina rudimentaria que no tenía igual en el mundo, capaz de segar una vida en un abrir y cerrar de ojos.

    —Nadie intente nada. No hemos terminado.

    Scylla miró al artefacto con extrañeza, y cuando Leryna salió de su estupor y volvió a levantarse, le dedicó la misma mirada. Incluso Acacia parecía confundida, y las dudas de ellas tres se convirtieron en escepticismo en el resto de los presentes.

    —Por supuesto —se quejó Kozaky dejando caer el brazo—, si nadie sabe qué es no sirve ni como amenaza. —Luego disparó.

    Un rugido de acero. Luego, silencio.

    Una flor de sangre comenzó a expandirse sobre el vestido azul de Leryna Frey para desconcierto de todos. La víctima se pasó una mano por el torso, incapaz de entender lo que acababa de pasarle. Dio uno, y dos pasos hacia adelante, y entonces supo que estaba muriendo.

    Dos fuertes brazos evitaron que cayera al suelo.

    —¿Leryna? —preguntó Sogia Frey en un susurro, y después, en un grito— ¡Deprisa, alguien...!

    Frustrado, Kozaky agitó sus muñecas para comprobar que había perdido toda su influencia sobre la Ópera Lunar.

    —Devuélvela —ordenó con una tranquilidad disonante. Devuelve mi Tiara de la Paz.

    Y sus ojos se posaron en la única persona al alcance de su mano: la joven heredera que se cubría la boca con las manos.

    —¡Ve a buscarla!

    Empujó su liviano cuerpo con todas sus fuerzas, y Scylla Frey, apenas después de su abuela se perdió entre las olas de un mar enfurecido.

    Y entonces, la sombra de un Mega-Gengar envolvió al victimario de ambas.

    —Evers —ordenó Caron Frey con la voz quebrada—. Terminemos de evacuar y reúne a los ayudantes de Sogia, de Acacia, y llévalos a Nix. No permitas que se comuniquen con el exterior hasta mi nueva orden, ni permitas que divulguen su paradero.





    Dos días les tomó llegar a Nix sin ser vistos, y desde entonces pasaron otros cinco en la ciudad oculta del desierto bajo el cuidado de su líder. Roxanna los había encontrado a casi todos y, salvo un par de problemas, se habían mantenido bajo control, pero las noticias del exterior eran todo menos alentadoras.

    Los lesionados de gravedad se contaban por decenas y aún había algunos desaparecidos. Los muertos no llegaron a los dos dígitos, pero entre dos de ellas eran un golpe crucial para la situación de Aiwass. El nuevo líder de la familia Frey determinó que la Ópera Lunar debía ser desmantelada. No se hablaba de elecciones a corto plazo para un sucesor en la dirección de la Liga. Las pérdidas financieras eran enormes, pero el mayor daño estaba en la opinión pública de lo sucedido, y bajo la excusa de prestar ayuda humanitaria, los Hermanos de la Ley llegaban por cientos a las puertas de Caribdis, Lyses y Nix. Desafortunadamente, Roxanna no podía negarles la entrada.

    La mañana del 24 de Mayo, una comisión del sol se presentó a las puertas de su ciudad. Estaba formada por Hepsis de Meridión, escoltada por sus Hermanos de la Ley; y por Lewis de Lann acompañado de la capitana de su guardia. Con tan solo verlos supo que las cosas iban a ser dificiles, pero de todos modos les dio la bienvenida a la academia de Nix.

    Por solicitud de Hepsis de Meridión, la reunión se llevó a cabo con los tres representantes de su grupo, Roxanna Evers y sus protegidos: Vega Sericci, Madison Keyfinder, Arianne Labelle, Blake Weiss, Naohiro Koiso y Anansi. Y contrario a lo que esperaba, cuando todos estuvieron reunidos en su sala personal, quien empezó la conversación fue Alexis Zentris de Lann con su voz moderada, pero firme.

    —Antes de decir otra cosa, quiero aclarar que no se les acusa de nada y esto no es un interrogatorio. Solo queremos saber la verdad en la medida en que pueda ayudarnos a todos.

    —Han estado por mucho tiempo con Scylla y Sogia Frey —intervino el joven Lewis entre disgustado e incómodo—. Cualquier cosa que hayan visto, ya sea con ellos o mientras estuvieron en Efesto puede servir.

    —Requerimos de toda la ayuda disponible en este momento, por el bien de Aiwass —añadió su tía.

    —No empiecen a hablar con acertijos —replicó la líder de la ciudad—. ¿Qué sucede que requiere tanta ceremonia? Además del atentado en la Ópera Lunar...

    —Palas Unfair fue víctima de un ataque —le interrumpió Lewis con el mismo tono endurecido—. La Guardia de la ciudad la encontró en las ruinas del Santuario Laurel. Aún no recupera la consciencia.

    —Los hechos se dieron la noche del 15, el mismo día que ustedes dejaron la ciudad —añadió Alexis— En caso de que sepan algo al respecto, necesitaremos toda su ayuda posible.

    —¿Y eso es todo? —inquirió con seriedad y clavando los ojos en Meridión—. Es un asunto grave, pero no amerita la presencia de un Alto Mando.

    —Me temo que no —respondió la aludida—. Desafortunadamente, hay un asunto mucho más grave a tratar. Seguramente ya lo saben, pero el Bosque de Pan ha sido declarado zona de riesgo.

    —¿No fue acaso por culpa de tu expedición? Es lo que pasa cuando juegas con los pokémon salvajes.

    —Me temo que no —repitió—, es algo mucho peor: la Gran Ordalia se ha incendiado hasta sus raíces. Todo el pueblo de Alseide ha sido testigo del fuego azul que consumió el símbolo de la ciudad. Pan ha enloquecido.

    Evers se mordió la lengua. Esa última noticia escapaba a todo lo que podía esperar.

    —Por eso necesitamos su ayuda —insistió Meridión—, y toda la información que puedan ofrecernos. Sobre Menasis, sobre la Tiara de la Paz, sobre Themis, sobre Efesto...


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    Vega – Capítulo 7: "Tormenta"



    Era sumamente divertido ver la expresión de envidia de tanta gente desconocida, mientras hacía algo tan sencillo como dar vueltas con Alexis en la pista de baile de la Ópera Lunar. Ni fuerzas sobrenaturales, ni poderes psíquicos, ni espíritus merodeando.

    Simplemente una mujer que reía alegremente mientras su cabello y su vestido dorados se danzaban en el aire con cada giro, siguiendo el compás de la agitada música que los hacía olvidarse de todo. Estaban allí para divertirse. Nada más ni nada menos que eso.

    Extendiendo su brazo, Vega hizo girar a Alexis, alejándola de él pero sin llegar a soltarla. Sin embargo, el paso de baile se estropeó un poco, pues su compañera se estrelló contra una mujer pelirroja que se cruzó en medio de ellos, a pesar del pequeño espacio que les estaba dejando la multitud al verlos tan animados.

    —¡Ah! Oh. Lo siento muchísimo, señorita Weiss.

    Incluso con el envión que llevaba Alexis gracias al giro, esa mujer no dio ni un paso para atrás al recibir el choque: se podría decir que la capitana rebotó contra ella. La tal Weiss le lanzó una clara mirada de condescendencia, antes de marcharse sin decir ni una palabra. ¿Qué diablos le pasaba? ¡Se había cruzado justo entre medio de ellos!

    —¿Podemos sentarnos un rato?

    —¿Qué? ¿Por qué? —protestó Vega, decepcionado—. Claramente lo hizo a propósito, nosotros-

    —No debería estar haciendo esto —replicó ella en voz baja.

    Accediendo con un suspiro, ambos se retiraron al balcón de la mansión para tomar un poco de aire. Alexis se llevó una mano a la cabeza, dirigiéndole una sonrisa antes de elevar la vista a las estrellas. La alegría del momento se había desvanecido de un segundo para el otro. Se quedó mirando a la gente que bailaba en la oscuridad de la pista de baile: Blake bailaba con una chica de ojos azules que no conocía, y más allá Anansi se partía de risa al ver la expresión de bochorno en la cara de Taena Ericksen mientras la obligaba a quedarse hasta que pasara la balada romántica.

    Nos estamos perdiendo el baile, capitana…

    Maldita sea. Esa militar rarita le había estropeado el ambiente justo antes del mejor momento. Siguió ojeando a los alrededores, enfocándose esta vez en la esquina de la gran mesa exterior. Dos personas se encontraban charlando despreocupadamente. Una chica de pelo rosa chicle, extrañamente similar al de los ojos de la mujer que tenía en frente. Y como si se hubiera percatado de que la estaban mirando, la segunda se volteó exactamente hacia donde él se encontraba. Inexplicablemente y por primera vez desde que la había conocido… Koiso Naohiro le dirigió una sonrisa, llamándolo con la mano.

    —Qué diablos está haciendo… —escuchó decir a Alexis, mientras Vega trataba de decidir qué hacer —. Dame un momento, ya regreso.

    No alcanzó a responderle nada, pues la capitana enfiló directamente hacia la puerta-ventana de la mansión, donde Lewis de Lann parecía a punto de darle un puñetazo a un tipo mucho más grande que él. Alexis no estaba allí para divertirse. La única razón por la cual la habían invitado era para hacer su trabajo. No quería interrumpirla, pero se moría de ganas de escuchar que estaba pasando entre los dos, por lo cual se acercó hacia la mesa, saludando a Koiso con incomodidad.

    —Ah, Vega Sericci. ¿La conoces? Es la chica que ganó el torneo de Icaros— su voz era apenas audible. Tuvo que acercarse hacia la cara de la chica para poder entender lo que decía, con una tremenda cautela ya que las amenazas - y miradas amenazadoras - que le venía lanzando desde hace semanas no fortalecían mucho su confianza—. Su nombre es Arianne Labelle

    Sabía quién era. No sólo la había visto en la televisión, sino que Ren prácticamente le había lanzado su Pikachu en la cara luego de que este se pusiera demasiado cariñoso con ella de repente. A pesar del incidente, Arianne lo miró con aprehensión, como pidiéndole que la rescate de aquel lugar.

    —¿Está... "tu hermana" aquí también?— preguntó con un tono de suspicacia. Koiso no desperdiciaba la oportunidad de contarle a cuanta gente pudiera su secreto, por más que todo el mundo lo supiera ya.

    —No la he visto. Lo siento… —replicó, tratando de pedir disculpas por lo que había pasado ese día. A decir verdad, tampoco sabía dónde se había metido Ren.

    “No tienes que recordarme nada, Zentris. Recuerda cuál es tu posición.”

    “Tu sólo eres una mestiza, producto del descuido del verdadero Lann.”

    “Una simple guardia no puede cuestionar lo que digo.”

    La voz del tipo de pelo negro que discutía con Alexis y Lewis se escuchaba claramente a sus espaldas. Podía sentir como le hervía la sangre al escucharlo dirigirse a ella de tal manera. El impulso de lanzarlo por el balcón era irresistible: había mandado a volar por los aires cosas mucho más pesadas que un ser humano anteriormente. A pesar de eso, se contuvo. No quería armar una escena, y menos al frente de tanta gente.

    —Me alegro que no estés dando problemas esta noche, Sericci. No he tenido un día tranquilo desde… —Koiso se quedó con la palabra en el aire, perdida en sus pensamientos. ¿Acaso había tomado de más? ¿Dónde había dejado aquel aparato para su voz?—. Estoy empezando a pensar que tu Ralts es la problemática y no tú. Sino mira ahora. No la veo por ningún lado y todos estamos en paz.

    Prefería a aquella Koiso. Más tranquila, menos paranoica y sobre todo, con una voz dulce y suave, en lugar de un montón de chirridos metálicos cada vez que lo veía pasar. Podía hasta ser agradable mantener una conversación con ella, aprender un poco de su forma de pensar y que le contase cómo demonios funcionaba su método deductivo, para poder anticipar las cosas con semejante precisión. Estaba a punto de sentarse a conversar con ella, liberando a Arianne de tener que quedarse a su lado. Si las cosas iban bien, quizá hasta podría hacerse amiga de Alexis. Ambas tenían casi la misma edad, y las unía un fuerte sentido de la justicia.

    Pero el destino no le daría una noche tan tranquila.

    Como si la palabra "paz", emitida por una voz tan tranquilizante y hermosa hubiera sido la detonante, una terrible sacudida puso todo patas para arriba. Mesas, sillas y cientos de personas fueron lanzadas por los aires, en un caos repentino que se convirtió en gritos de desesperación ahogados por la gigantesca ola que los pasó por encima.




    —Antes de que nadie intente hacer una locura, quiero aclarar que están en mi poder…

    Se encontraba empapado de pies a cabeza. La única razón por la cual no había salido volando de la plataforma directamente al mar era gracias a la barandilla de mármol del balcón del segundo piso. No había tenido tiempo a sujetarse de nada: se mantenía en la isla nada más que por pura suerte. Koiso sujetaba a Arianne para que su cuerpo no se escurriera entre los barrotes y Alexis hacía lo mismo con Lewis, el cual se tanteaba la cabeza cubierta de sangre.

    En una segunda sacudida, la Opera giró como un disco, primero hacia la izquierda, luego deteniéndose bruscamente, y de vuelta hacia la derecha. Koiso, Alexis y Vega se aferraron a la baranda con todas sus fuerzas hasta que el movimiento se detuvo. La adrenalina le impedía pensar por claridad. Tenían que salir de ahí inmediatamente, ¿pero cómo?

    “¡Vaya! ¿Esta es la atracción principal?”

    —Quiero aquí a los coordinadores y los líderes de gimnasio, así como a Knowing y a sus subordinados.

    “Vegaaa… aquí abajo, holaaa…”

    Se asomó a través de los barrotes con incredulidad. Mirándolo tranquilamente y con un Pikachu entre sus brazos, Ren lo saludaba con una mano. No en su forma humana. No en su forma de Ralts.

    Ren había evolucionado en una Kirlia. De aspecto delicado y sumamente frágil. De mirada perspicaz y lista para la acción.

    “Sácanos de aquí, Ren. ¡Ahora!”

    “¿Por qué? ¡No sabía que la Opera Lunar se convertía en un tagadá!”

    —¿Fenn? —oyó decir a Arianne, al escuchar el nombre de aquel que había causado todo aquel estrépito.

    —Siéntate y quédate callada si no quieres terminar en el fondo del océano —susurró Koiso, tirando de ella hacia el piso. La mirada de la mujer se encontraba clavada en las manos de Fenn, atenta al más mínimo movimiento. La forma en la que se había aferrado a la baranda de mármol para no soltarse ni en el peor de los casos, sumado a la posición que tensaba todos sus músculos como los de un felino, listo para reaccionar al menor indicio de peligro, la hacía parecer una completa profesional. ¿Y ésta mujer trabajaba de seguridad de una biblioteca?

    “¿Qué diablos es un tagadá?”

    “¡Ya sabes, esa atracción en el parque de diversiones de Unova!”

    “¿Cómo sabes eso? ¿¡Y por qué estamos hablando de-!?”

    “Tienes razón: ¿cómo sé eso? Yo tampoco he estado en Unova.

    —¡La Tiara está perdida desde hace siglos! —exclamaba Lewis, apretando los dientes por el dolor.

    —¡No te muevas! —le reprochó Alexis, empujando su cabeza herida contra su pecho, a la vez que trababa el codo con uno de los barrotes para sujetarse—. Vega, dile que nos saque de aquí, ¡YA!

    —Niégate… niégate, y convertiré tu Ópera Lunar en una triste tumba submarina para todos nosotros.

    “Oh, por favor, ¡hazlo! Me harías un gran favor.”

    “¡REN!”

    “Está bien, está bien. Eres un aburrido”.

    —Sujétense —alcanzó a oír la advertencia de Koiso, al ver a Fenn amenazar con girar la Ópera Lunar nuevamente.

    Se aferró una vez más a los barrotes de mármol y cerró los ojos. Pero un destello brillante atravesó sus párpados. El material desapareció de su alcance, y cayó de bruces sobre un terreno suave, llenándosele la boca de arena.

    La gente gritaba a su alrededor. Se encontraba en la playa de Caribdis, desde donde se podía ver claramente a la Opera Lunar sacudirse de una forma irreal, como si fuera un gigantesco plato tambaleante.

    Alexis fue la primera en ponerse de pie. Sin perder un segundo, rasgó la parte inferior de aquel magnífico vestido, ahora empapado, para cubrirle la herida en la cabeza a Lewis. Ren soltó al Pikachu de Arianne, que corrió a los brazos de su entrenadora.

    —Tenemos que evacuar a tanta gente como podamos. Kirlia, tienes que...

    “¿Desde cuándo tu novia me da órdenes a mí?”, replicó Ren, que seguía mirando la isla flotante con excitación. Satisfecha de haber mostrado su nueva evolución, liberó a Mew y recuperó la forma de su hermana. Koiso apenas reaccionó: era la primera que lo había descubierto, después de todo.

    —¡Te salvé de que te despedazaran los Pokémon salvajes en Pan! —protestó la rubia, con la voz cargada de impotencia.

    —No nos hagas esto— agregó Vega—. La gente está muriendo allí.

    —Bah, iba a volver de todas formas: no querría perderme la fiesta. Supongo que si veo a alguien conocido lo traeré aquí.

    Y con un nuevo destello y un giro de aquel vestido blanco, que guardaba una clara semejanza con la anatomía de los Kirlia, Ren desapareció de la vista. La corriente marina le helaba el cuerpo, bañado de pies a cabeza. Koiso no perdió un instante en liberar a dos de sus Pokémon, un Charmeleon de Aiwass y un extraño Pokémon, similar a un Torkoal, para calentar el ambiente y que los evacuados no perdieran el calor corporal.

    Cada diez o quince segundos, Ren aparecía con un puñado más de personas rescatadas. En el primer grupo se encontraba Anansi, con la pierna ensangrentada y sujetándose de Taena para poder caminar. Dos grupos más adelante, Blake cargaba con la figura inconsciente de una chica diferente a aquella con la que había estado bailando.

    —Están hablando de la Tiara. Supongo que era real, después de todo.

    Ren iba y venía, trayendo grupos de gente cada vez más pequeños. Esta vez no reconocía a nadie. Ni rastro de Sogia, ni Acacia, ni nadie más que supiera. Ren trató de saltar una vez más, pero a pesar del destello de luz, el teletransporte falló.

    —¡Ey! —Ren probó un par de veces más, pero no tuvo éxito—. Algo está pasando allí. ¡No puedo entrar!

    —¿Crees que es por culpa de tu evolución?

    A modo de respuesta, Ren se movió a la otra punta de la playa y volvió. Pero al intentar saltar a la Ópera, lo único que lograba era un brillo de luz, seguido de ella regresando inmediatamente.

    Insistió varias veces más, con destellos cada vez más fuertes. Pero luego de una decena de intentos cayó sentada sobre la playa, agotada. Vega se acercó, alzándola entre los brazos. A pesar de ser más grande que antes, seguía siendo tan liviana como una pluma.

    —Está bien, descansa un poco— le susurró mientras le quitaba la arena del cabello. Alexis se acercó a ambos con prisa, estrujándose el pelo empapado.

    —Todavía falta gente-— quiso decir, pero Vega la interrumpió inmediatamente.

    —No la presiones. Sabes quién está dentro de ella.

    No había ninguna razón por la cual Ren salvaría a toda esa gente. Claramente estaba más interesada en saber qué diablos estaba pasando en la Ópera que otra cosa. Sin embargo, en el fondo de su ser, un alma la estaba convenciendo de salvarlos. Un alma humana que empatizaba con toda la gente que seguía en ese infierno, persuadiéndola de rescatar a los que pudiera…

    ¿Por qué ahora? ¿Cuál era el motivo? La paranoia empezó a carcomerle la conciencia. ¿Su hermana estaba bien? ¿Lyses estaba a salvo? Tenía que asegurarse cuanto antes, pero con Ren en ese estado...

    —Tengo un mal presentimiento. Creo que voy a volver a Lyses.

    —¿Qué? Vega, ¡estos no son ni la mitad de los invitados!

    —No puedo volver ahí— la interrumpió Ren—. Algo me lo está impidiendo.

    —¡Y yo no puedo dejar a la gente ahí! Kirlia, por favor...

    Ren protestó en voz alta, tomando tres Pokéball de uno de los bolsillos de su vestido. Le devolvió la esfera de Tey a Vega, y una vez más recuperó a Mew, para acto seguido darle las dos Pokéball restantes a Alexis.

    "Es tu culpa si no te obedecen, así que trata de convencerlos. Mew debería poder transformarse en algo grande, pero no te atrevas a ponerlos en riesgo, y en especial a ese Milotic. ¿Contenta? ¿Podemos irnos ya?"

    Se alejaron un poco de la multitud. Más de un centenar de personas la habían visto liberar a un maldito Mew de su Pokéball, que la disfrazó de humana para acto seguido salvar a quién sabe cuanta gente de la Ópera Lunar. Todos los ojos estaban clavados en ellos, pero nadie decía ni una palabra.

    —Ya habíamos hablado de no montar un espectáculo al frente de tanta gente.

    Ren rió por lo bajo, estirándose y bostezando entre sus brazos. Probablemente lo único que provocaba peso en su cuerpo era el agua, producto de ir y volver entre las olas tantas veces.

    "Hice lo que me pediste, así que espero que luego no te enojes por lo que tengo que mostrarte. ¿Seguro que no quieres que intente volver a por más gente?"

    —Quiero saber si Kaz está bien antes que nada— replicó Vega, sintiendo ese mal presentimiento en su mente acentuarse al escuchar aquella frase—. ¿Crees que puedes llevarnos a Lyses?

    "Es sólo un salto más."

    La playa desapareció bajo sus pies. Las olas dejaron de oírse. Los ojos dejaron de mirarlos. En tan solo un instante, se encontraba en medio de la plaza al frente del hospital privado Knowing.

    —Creí que habías aprendido a aparecer dentro de la habitación.

    "Tu hermana está bien... pero algo más pasó. Y no creo que te guste."

    —Oh, no...

    Un resplandor azulado cubría el sur de la ciudad. A lo lejos se escuchaban gritos distintos a los de la playa de Caribdis. Se quedó mirando el cielo, incrédulo, y un camión de bomberos pasó a escasos centímetros de ellos, con las sirenas sonando a toda potencia.

    "Solo quería ese árbol enorme, pero las llamas se salieron de control. Tenía pensado usar a Ray, pero luego él empezó a brillar, y en ese momento supe que no había marcha atrás... pero tenía que hacerlo."

    La mañana antes de la fiesta, Ren le había pedido a su Quilava. Doce horas después, el Bosque entero ardía en llamas azuladas. Llamas azules tan potentes y con una combustión tan pura que uno hasta diría que un Pokémon Legendario las había causado.

    —¡Qué es lo que hiciste, Ren!

    Tomó la Pokéball de Tey y la lanzó al suelo. Y en el lugar de su Quilava, un enorme Thyplosion les lanzó una mirada amenazante.

    "Lo eché todo a perder, ¿verdad?"



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    Arianne (VII)

    Nix/Veinte de Mayo
    Un poco irónico es que la muchacha de Kalos haya vuelto a su pequeño departamento en medio de la ciudad, donde la ropa tirada en el suelo seguía en el mismo sitio, la caja de pañuelo arrugada en el escritorio, algunas monedas de diez o dos pokés esparcidas por toda la habitación que nunca serán recogidas. Durante estos días, desde la tragedia en la opera lunar, no tenía mucho ánimo ni ganas de hacer nada. Sus pokémon estaban tratando de animarla, excepto Ivy que le mostraba su aburrimiento aplacando contra ella.

    Nunca conoció a la señora Frey, pero ver morir a una anciana frente a sus ojos y sin poder hacer nada, además de lo que le pasó a la chica de porcelana, le seguía haciendo mella en su mente. Además, esta la identidad del victimario, que resultó ser nada ni nada menos que el vagabundo que encontró en las calles de Caribdis. Sin olvidar de que si no fuera por Koiso, ella estaría junto a ellas...

    Frey, Lann, la tiara de la paz y otros nombres rimbombantes le daban igual. Ella quería irse a casa.

    —Supongo que es imposible—susurró Arianne secándose unas lagrimas con la manga de su chaqueta.

    Aunque la señorita Evers era una perr…mala persona que decidió castigarla ligándose al inocente de Blake, debía reconocer que conocía bastante bien a su alumna. Lo primero que hizo al llegar a Nix (después de tomarse mil selfies con As quien estaba complacido de poder posar con semejante celebridad) fue quitarle el celular para que no se le ocurra llamar a su padre.

    La joven guardó esa peligrosa piedra dentro de la mochila para luego levantarse. Pasarla llorando todo el día llegaba a ser aburrido a la larga.

    Su padre le había depositado algo de dinero hace unos días, seguro puede comprarse algo bonito para animarse. En cuanto salió del edificio acompañada de sus pokémon, comenzó a recordar las cosas dichas por la directora de la escuela cuando le dio la bienvenida. Unas cuantas indicaciones pedidas fueron suficientes para encontrar el mercado del lugar; un sitio cercano a la cabeza del esqueleto que atravesaba el coliseo.

    Miraba sin mucho interés los stands hasta que un aparato colocado en una manta le llamó la atención. Una especie de un brazo mecánico que se colocaba en el hombro. El señor que atendía era el típico cliché de vendedor de dudosa moralidad. Vestía un traje oscuro, un sombrero de copa de color morado y unas minúsculas gafas. El mercader tuvo que mirar a todos lados antes de poder atenderla, dando a conocer que tal vez ninguna de las dos partes estaba siendo algo debido. Les echó un vistazo superficial a los demás artefactos del lugar como orquídeas, jarrones raros e incluso un programa de ordenador cuyo nombre estaba garabateado en una caja de cartón: “pokehex”.

    Al final, el caballero decidió hablar.

    —Buenas tardes, señorita, ¿le interesa alguno de mis objetos?

    —Ese—contestó Ari señalando el brazo—¿Qué es eso?

    —Ah, eso—dijo el amable señor esbozando una ligera sonrisa—. Es un pokécepo.

    —¿Pokécepo?

    —Sí, en cortas palabras, podíamos decir que sirve para capturar pokémon que ya han sido capturados.

    —¿O sea que es para robar pokémon?

    La sonrisa del hombre se ensanchó.

    —Eres lista.

    En otras condiciones ni pensaría comprar un aparato, pero mirando a sus criaturas, pensó en que, si quería ser una buena entrenadora, debería tenerlos en sus pokéball para sacarlos en cualquier ocasión. Además de salvaguardarlos cuando estén heridos después de los combates puesto que los apapachos tenían su límite. Mientras pensaba en esto, la joven observaba los alrededores asegurándose de que nadie la este vigilando. A continuación, se dirigió al bondadoso sujeto.

    —Lo quiero.

    —No tan rápido, cuesta 7000 pokés.

    La estudiante inclinó su cabeza; si comía fideos instantáneos apenas podría ser capaz de sobrellevar la mitad del gasto. ¿Cómo va conseguir ese dinero?

    Le ofreció un billete de 1000 pokés.

    —¿Lo puedo apartar?—dijo la chica.

    —Te lo dejare apartado hasta la siguiente semana—asintió el misterioso hombre—. No creo poder quedarme aquí por mucho tiempo, será mejor que me llames al número de empresa cuando tengas el resto.

    El amable señor le otorgó una tarjeta de plástico barato antes de desaparecer con la mercancía.

    Nix/Veintitrés de Mayo
    Aunque fuera estudiante de la escuela pokémon, la verdad es que, al pertenecer al curso normal, nunca había pisado el gigante coliseo y al entrar en él por primera vez se sentía como una pequeña hormiga en el respaldo de un sillón. La misteriosa figura que le acompañaba tampoco la estaba pasando bien. El supuesto amigo de su padre que encontró paseando por mera casualidad, se encontraba tapado de pies a cabeza con una holgada gabardina que combinaba perfecto con su enorme sombrero.

    La mayoría del espacio del gimnasio pokémon estaba vacío debido a la temporada vacacional, en las gradas estaban algunos curiosos, además de Rox que jugueteaba aburrida en su celular. Arianne le agarró la mano a su nuevo compañero para darse ánimos a ambos. O más bien a ambas, porque al no poder encontrar a un compañero, tuvo que disfrazar a Dulcinea. Aparte de los entrenamientos de combate, pudo tomarse el tiempo de entrenar su voz masculina.

    —¡Buenas tardes, señorita!—exclamó Arianne tratando de imitar a su padre.

    Después de un ligero sobresalto, Rox miró con ligera sorpresa a su estudiante.

    —¿Qué haces aquí, Arianne? ¿No te dije que tenías que quedarte tranquilita en el departamento? Más importante que eso, ¿Quién es el guapetón a tu lado?

    —Un amigo de mi padre. Se llama…Ernesto

    Ari había entrenado a la gabite para asentir ante esas palabras.

    —¡Así es!

    —Vinimos a retarte—continuo la chica juntando los deditos.

    —¿Acaso crees que tus bebes, igual de mimados que tú, van a poder derrotarme?—preguntó la líder carcajeándose—. Intentare no humillarte demasiado.

    La rubia estiró su lindo cuerpo de una manera demasiado exagerada para el nerviosismo de Dulci, luego se desabrochó la chaqueta para dejarla en la silla donde estaba sentada antes. Las dos caminaron a su extremo designado en la arena. El calor aumentó de repente en el cuerpo de la muchacha, dándole ganas de quitarse su propia chaqueta, pero sabía que tendría que acostumbrarse a llevarla puesta todo el día si obtenía el pokécepo.

    —¡Adelante!—dijo la voz grave de Arianne.

    Sus tres pokémon dieron un paso al frente; Ivy, González y As. La líder de gimnasio no conocía a la eevee, así que podría pasar perfectamente por la criatura de Ernesto. No obstante, Rox al ver a sus contrincantes, echó una fuerte risa que casi la derribaba al suelo. Siguió riéndose unos minutos más hasta que finalmente tuvo que detenerse antes de ahogarse. A la chica pelirosa eso no le importaba, después de todo era parte de su plan.

    —¡Eres una imbécil si crees que esas cosas van a poderme hacer un rasguño! Supongo que tendré que hacer las cosas más justas…¡Ven, mi amor!

    La criatura originaria de Hoenn estampó sus fuertes brazos en la arena, soltó una especie de grito de batalla que en realidad podría hacer un bostezo. Dos pokéball cayeron al suelo liberando a los otros dos contricantes; uno de ellos, gigante rinoceronte parecido al que usaban para carreras en su región natal, salvo que era colosal y su cuerpo tenía un bonito brillo plateado. La “ventaja” que le iba a dar Rox es usar a su pequeño gible que gruñía de forma adorable.

    Esa selección de combatientes no hizo retroceder a ninguno de los tres pokémon; González era demasiado orgulloso, Ivy solo escuchaba ruidos estruendosos e insignificantes para ella mientras que As era demasiado caballeroso y no quería defraudar a su dama. Aunque sabía que al menos dos de ellos tenían miedo.

    —¿Te rindes?—preguntó Roxanne con ambas manos en la cadera.

    —No…claro que…no—dijo Labelle temblando como un flan, luego se abofeteó a si misma—¡Quiero hacer una apuesta contigo!

    —¿De qué se trata?

    —¡Si logro derrotarte sin que ninguno de mis pokémon se debilite ni tampoco los de mi compañero, me vas a dar 7000 pokés!

    Ni siquiera lo pensó ni un segundo.

    —¡Esta bien mocosa, pero si pierdes, le voy a decir a tu papi que rompiste la plaza de sol para que me recupere el dinero que gasté contigo y vas a ser mi sirvienta!

    —¡Muy bien!¡Empecemos!—exclamó la estudiante—¡As, ya sabes que tienes que hacer!

    El rowlet asintió determinado mientras batía sus alas, atacando con un viento de color morado al mismísimo González quien no puede hacer nada al ser arrastrado hacia el swampert.

    Aprovechó el tiempo en el que tardó en llegar hasta el pez lodoso para cargar su Puño Certero.

    La chica rubia soltó una breve carcajada.

    —¡Swampert! ¡Derriba a esos inútiles con Aqua Jet!

    El pescado corpulento expulsó agua de las palmas de sus manos, creando una especie de capa alrededor de él para impulsarse contra la rata amarilla. El pikachu decidió no retroceder y logró encajar un puñetazo en el vientre del inicial antes de que el ataque fuera suficientemente potente, pero el susodicho no se dejo amedrentar. Sin ninguna orden de por medio, realizó otro Aqua Jet que empujó unos centímetros a Gonzalez. La rabia al recordar la desesperación que sintió cuando ese buizel se burló de él en el torneo de Icaros se hizo presente.

    —¡Ivy, ve contra Gible! ¡As, ve con el rhydon!

    La eevee obedeció, guiándose por el olor para detectar donde estaba su rival. Mientras tanto, su maestra seguía igual de confiada.

    —¡Rhydon! ¡Machada contra esa zorra!

    El rinoceronte de piedra interceptó a la pokémon ciega cuando estaba a punto de llegar contra su rival. No dejándose asustar, ella sonrió antes de escurrirse entre sus patas. La forma regional, furioso ante esa provocación, siguió persiguiendo a la hembra que no dejaba de saltar con alegría. La verdad es que la intervención de la gigante criatura siempre estuvo dentro del plan de Arianne quien esperó a que su pájaro estuviera enfrente del antes mencionado para ejecutar el siguiente paso.

    —¡Asústalo!

    As se tapó la cara para revelarla de golpe. El rhydon quedó petrificado del susto. Eso le dio suficiente tiempo para que Ivy recordará la película que le había puesto su dueña y el nuevo juego que le enseñó.

    —¡Gible, Carga Dragón!

    La ivy recibió el ataque directamente, pero al levantarse, le dirigió unos ojos inocentes al pequeño dragón. En cuanto bajo la guardia, usando su cuerpo escurridizo, se colocó detrás y le dio con su nuevo ataque.

    Cola Férrea.

    —¡Evoi! (¡González, juguemos!)

    —¡Pika! (¡Deja de molestar!)

    El ratón iztlaleño respondió con su propia cola, pero la tipo normal seguía insistiendo. Las lagrimas comenzaban a correr en el rostro de Rox al ver que usaban a su pequeño como pelota de tenis.

    —¡Rhydon! ¡Destruye a esa maldita zorra!

    La furia que compartían entrenadora y pokémon era inmensa cuando el rinoceronte estaba detrás de Ivy. La zorra le dirigió una malvada sonrisa antes de retirarse en el ultimo momento. En unos instantes un proyectil en forma de gible había impactado el vientre del gran animal a una fuerza tan grande que terminó debilitando a ambos. El ultimo golpe de González fue extremadamente fuerte, después de todo estaba harto de decirle a esa pendeja que no quería jugar.

    —¡Muy bien, González! ¡Terminemos con esto!

    El pikachu murmuró unos insultos en su propio idioma mientras de los pliegues de su piel sacó la infame piedra morada. Los ojos sorprendidos de Rox miraron el objeto.

    —¿Eso es una piedra venenosa?...¿¡Estas loca!?

    —Solo un poquito—dijo la chica estirándose—. Mira más de cerca.

    La líder obedeció intrigada, luego apretó los puños al ver el objeto que llevaba colgado del cuello. Nada más ni nada menos que una toxisfera que, aunque causaba un envenenamiento grave, no era nada en comparación a el virus mortal que contenía ese pequeño regalo. Según las leyes de los combates pokémon, una criatura solo puede tener un problema de estado a la vez, eso incluye distintos tipos de envenenamiento. Roxanne se abofeteó a sí misma para tranquilizarse.

    —¡Tu pikachu estaba envenenado desde el principio! ¡Eres una vulpix tramposa!

    —A mí también me causó algo de ruido, pero Gonzales puedo aguantar eso y más.

    «Pero tu swampert no» pensó Arianne.

    El tipo eléctrico lanzó la piedra con un Cola Férrea a una de las costillas del techo, después volvió a rebotar y pese a que el pez de lodo trató de esquivar el objeto venenoso, este se rompió al impacto contra el suelo, explotando en varios fragmentos que dieron directo al tipo tierra. Por unos momentos no paso nada hasta que varias ronchas le empezaron a aparecer en el cuerpo. Al igual que como lo había planeado Ari, su contricante no esperó ni un momento para salvaguardarlo en su pokéball. La estudiante tampoco esperó tanto tiempo para ir a curar a Gonzalez mientras su maestra buscaba la maquina curativa.

    Roxanne volvió en unos segundos al mismo tiempo que Dulcinea trataba de darle un abrazo a su entrenadora. Afortunadamente lo logró disfrazar a tiempo.

    —¡Arceus!—exclamó Rox con una voz demasiado dramática—¡Nunca me habían ganado de una forma tan humillante!

    De su escote sacó las dos medallas navajas, acercándose peligrosamente a Dulci.

    —¡Ernesto esta bastante cansado!

    —¡Yo estoy cansada de que seas un incordio y no digo nada!

    Le lanzó la medalla tan rápido que, si no la hubiera atrapado, seguro que hubiera muerto, junto con un cheque garabateado de mala gana.

    —¡Ya se están largando de mi gimnasio!

    Unas horas más tarde, en una noche oscura, estaba reunida en el callejón con el extraño sujeto quien le entregó el pokécepo en un lindo estuche de cuero. Después de entregarle el dinero, el vendedor terminó perdiéndose en las profundidades de la noche. La chica soltó un nervio suspiro y cuando estaba a punto de retirarse, sintió una zarpa tocando su pierna. En cuanto bajó los ojos casi le da un infarto. Un iinoone sostenía un objeto envuelto en papel.

    Lo desenvolvió sin mucha seguridad, dándose cuenta de que el objeto también estaba envuelto en aluminio debajo de la primera cobertura, que era una nota con una descuidada caligrafía.

    Un placer hacer negocios contigo.

    PD: Por favor señorita, los regalos se cuidan.

    PD 2: Esa hermosura fue un prototipo que diseñé en mis años mozos, ten cuidado al usarlo, puesto que no hay ningún otro en el mundo.

    SI Dulcinea no hubiera estado detrás de ella, es probable que terminara desmayándose, sentía una enorme opresión el pecho. Quería dejar caer ese estuche y pisarlo hasta que no quedara nada, pero eso significaría que el sacrificio que hizo González, junto con el envenenamiento que sufrió el pobre swampert, se convertiría en algo inútil. Además de que, si rompía la piedra de nuevo, estaba más que segura de que habría una nueva esperándole en casa.

    —Maldito Kozaky—susurró Arianne antes de irse del callejón.

    O debería decir, Fenn...


    Nix/Veinticuatro de Mayo

    El pokécepo era más difícil de colocar de lo que pensaba en un primer momento, estuvo durante horas frente al espejo hasta que logró engancharlo en su hombro desnudo. Ya puesto se sentía increíblemente cómodo. Al ponerse la blusa del uniforme, se dio cuenta de que la tela no conseguía ocultarlo del todo. Tendría que tener la chaqueta puesta todo el día.

    En cuanto salió del baño, sus criaturas ya la estaban mirando con curiosidad y cuando estuvo a punto de sacar las pokéball para probarlo, alguien tocó la puerta. Se trataba de Roxanne quien ya parecía haberse recuperado del humillante combate en el gimnasio. Estuvo a punto de preguntar que necesitaba cuando le entregó un teléfono.

    —Tu papi esta en la línea—dijo Rox sonriendo de manera maliciosa—. Estaré al otro lado de la puerta.

    —¡Hola, papá!—exclamó Arianne radiante al irse la líder.

    —Creo que te lo he dejado muy claro, mi vida—dijo su padre en un tono melancólico

    —¿Qué cosa?

    El señor Labelle suspiró.

    —¿Recuerdas al señor Jean?

    —Sí, el viejo de la guardería…

    —Es mi amigo. Nos conocemos desde pequeños, pero ya hace veinte años que se fue de Kalos.

    «¡El registro!» pensó Ari «¡Eres una estúpida, Arianne!»

    —Papá, yo tuve que…

    —Te deje muy claro que no salieras de la ciudad y me entero de que te estuviste paseando por Caribdis. Me mentiste.

    —Supongo—reconoció Arianne.

    —¿Para qué usaste el dinero que te mandé cuando estabas enferma? ¿Eso era una mentira también?

    —¿Qué vas a hacer? No me puedes castigar desde la distancia—dijo la estudiante tratando de evocar un tono rebelde, pero fracasando en el intento.

    —Claro que puedo. Desde ahora, Roxanne va a administrar todos tus gastos. No pienso mandarte ni un centavo para que vayas por ahí de compras.

    —Papá…

    —Lo siento, mi vida, pero cada acción tiene su consecuencia.

    —Sí, lo entiendo.

    —Tengo que colgar, pero te llamo luego. Te quiero.

    —¿¡Qué querías!? ¿¡Qué me quedará muerta de aburrimiento en esta asquerosa ciudad!? ¿¡No querías que tu hijita malcriada aprenda a valerse por si misma!? ¡Pues ya lo logré!

    No obstante, el timbre del teléfono fue el único que escuchó ese supuesto estallido. Arianne suspiró, Rox abrió la puerta de nuevo, carcajeándose sin apenas poder respirar. Le devolvió el aparato sin poder ocultar un poco de agresividad. La líder ni siquiera lo notó mientras seguía alejándose del departamento hasta que su risa se apagó como una mala canción de pop en la radio.

    —Maldita...—murmuró sacando las pokéball que especialmente había elegido para sus pequeños—. En fin, vamos a probar.
     
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    Vega – Capítulo 8: "Calma”




    —No más secretos. Ninguno de los dos.

    Se encontraban sentados sobre el marco de la ventana, cada uno contra un borde y enfrentados entre sí. Dentro de la habitación, Tey no le quitaba el ojo de encima a su hermana. Ahora era demasiado grande para subirse a la cama, por lo que se mantenía vigilante junto a la cabecera.

    Fuera del hospital, el resplandor azulado del Bosque de Pan ardiendo en llamas no le permitía conciliar el sueño. Ren había ido demasiado lejos, y todo por andar ocultándose secretos entre ellos. ¿Pero era realmente por eso? Incluso si se lo hubiera contado, jamás habría juntado el coraje para quemar ese árbol enorme. Era demasiado peligroso, y había una aldea entera viviendo allí. ¿Cuál sería la diferencia entre lo que había hecho aquel hombre en la Ópera Lunar y el incendio que había causado Ren?

    “¿Quién va a empezar?”, siempre bromista y de buen humor, se mantenía más seria que nunca. Quería creer que su intención no era ocasionar todo este caos. Pero era imposible saberlo con exactitud.

    —Pregunta lo que quieras.

    “¿Cómo es que te acompaña Entei?”, preguntó sin dudarlo.

    —No pierdes el tiempo— suspiró, echándole una mirada a su Thyplosion—. Mis padres me regalaron un Cyndaquil cuando tenía diez años. En ese entonces no me agradaban mucho los Pokémon, por lo que nunca le hice mucho caso. Falto de atención, y viendo como claramente no iba a recibirlo de parte mía, Kaz le tomó muchísimo cariño. Era prácticamente su Pokémon, y estaba encantada con él.

    “¿Entonces sí era un Cyndaquil?”

    —El más común y corriente que existía. Los días pasaron, y eventualmente descubrimos de lo que éramos capaces. No gracias a mí, sino debido a ella. Un día, como si fuera lo más normal del mundo… aprendió a crear fuego de la nada. Sin nada más que su concentración y del lazo con Cyndaquil, era capaz de imitar de lo que él era capaz. Copiar su elemento. ¿Nunca te has preguntado cómo es que puedo hacer todas estas cosas? Es gracias a ti.

    Mover objetos. Usar la telepatía. Quizá algún día aprendería a saltar con tanta sencillez como lo hacía ella. Ren sonrió, sacudiendo una de las cortinas con un ademán de la mano. A modo de respuesta, Vega hizo lo mismo. No importaba que hubiera despertado hace poco tiempo. Llevaba cuidándola desde hace meses, y su lazo era suficiente como para permitirle usar parte de sus habilidades.

    —Empecé a sentir celos. Envidia de ella, de sus poderes, de lo que era capaz. Y como el niño idiota que era, decidí quitarle a Cyndaquil y encerrarlo en la Torre Campana de Ciudad Iris. Nadie vigilaba su interior, porque el acceso estaba prohibido. Pero eso no impidió que Karen saliera a buscarlo por toda la ciudad. Era casi como si pudiera sentir donde estaba. Y antes de que me diera cuenta, la torre entera ardía en llamas. Igual que lo había hecho su gemela hace años.

    Ren levantó la vista, un tanto perpleja. Ya se lo había contado, su hermana era mucho más hábil que él, incluso desde que eran niños. Y aunque un Pokémon de fuego no podía morir por culpa de las llamas, sí lo hizo cuando una construcción de diez pisos de altura se desplomó sobre él.

    —La desesperación y la angustia de mi hermana hicieron arder esa torre. Ese día, Cyndaquil había muerto por mi culpa. Lo único que pude hacer fue sacarla de allí antes de que la torre entera cayera encima de nosotros. Pero en el momento en que corríamos, vimos pasar a algo en dirección contraria. Corriendo como el viento en dirección a la torre, atravesando los escombros de la entrada como si estuvieran hechos de papel.

    La leyenda del trío de Johto era verdad. Entei no permitiría que sucediera lo mismo que le había ocurrido a él. Trató de sacarlo de ahí, llevarlo de vuelta junto a los hermanos. Pero era demasiado tarde.

    —Entei no era un Pokémon normal. La leyenda hablaba de una resurrección, pero eso era imposible. Ho-Oh ató sus almas a este mundo, liberándolas de sus cuerpos fallecidos. Espíritus errantes, condenados a vagar por la región hasta el fin de los tiempos.

    El Pokémon Legendario se compadeció de la niña que había perdido a su compañero. Decidió renunciar a su forma, sólo con tal de evitar que la historia se repitiera una vez más. Y aquel Cyndaquil volvió a respirar. Sacrificó el regalo que Ho-Oh le había dado, quedándose atrapado bajo la forma de aquella criatura insignificante.

    —Lo que hicimos no pasó desapercibido. Habíamos hecho arder uno de los monumentos más emblemáticos de la región. En menos de una semana terminamos bajo el cuidado de Sabrina, quien nos enseñó a controlar nuestros poderes. Y durante los diez siguientes años, Karen nunca más se despegó de él.

    “¿Crees que Entei… se enamoró de ella?, preguntó dubitativamente.

    —No lo sé. Tú eres el Pokémon aquí. ¿Puede un Pokémon sentir esa clase de amor por un humano?

    Vega le clavó la mirada, y Ren se cruzó de brazos con molestia. ¿Y si ella…?

    No seas ridículo. Sólo te he traído problemas. Y si te quisiera de esa manera, tu noviecita ya estaría muerta.”

    Apoyó la cabeza contra el marco, soltando una risa entre dientes en medio del silencio. Se sentía bien, saber que a pesar de todo lo que había sucedido ese día, conservaba el sentido del humor. A pesar de que no fuera el mejor momento para chistes.

    Y ya deberías saber que pasó después.

    La niña había quedado en deuda con el Pokémon Legendario. Esperó durante años, tratando de encontrar la forma de pagarle por lo que había hecho. Y finalmente lo encontró: un Pokémon sin vida en las afueras de Ciudad Azafrán. Un extraño Ralts con pelo de color azulado en lugar de verde. Como si hubiera sido sacada de otro mundo.




    Apenas había dormido aquella noche. La luz del sol había ocultado el resplandor del incendio de Pan, pero las noticias en la televisión no paraban de hablar de los dos mayores incidentes en Aiwass desde hace años.

    A la mañana siguiente, una mujer de ojos azulados golpeó la puerta de la sala. Se trataba de la chica con la que Blake había estado bailando la noche anterior: su nombre era Roxanna Evers, líder de gimnasio de Nix, una ciudad desértica al noreste del oasis de Themis.

    Alexis no había perdido el tiempo. Había programado una reunión en esa ciudad para dentro de una semana, y esta chica era la encargada de buscarlos. A juzgar por el noticiero, ella también debía ser parte de la ayuda para combatir el incendio, por lo que también había tomado la responsabilidad de encontrarlo.

    —Las noticias de tu Kirlia se están esparciendo por toda la región. No sólo la vieron salvar a un puñado de gente en Caribdis, sino que hay numerosos reportes de ella rescatando a la gente de Alseide del incendio. Atravesando esas llamas azuladas como si no existieran.

    Ya lo sabía. La Telepatía de Ren tenía un efecto secundario, no sólo se trataba de la capacidad de hablar sin necesidad de palabras. Ante cualquier Pokémon que la considerara su aliada, sus ataques elementales no tenían efecto en ella. Y Entei jamás pensaría en dañar el alma de su hermana. Al ver el fuego incontrolable, había decidido ayudar a salvar a la gente. Ni siquiera ella sabía muy bien el motivo, por lo que ambos habían llegado a la conclusión de que, una vez más, Kaz estaba bajo aquella influencia.

    “Es inquietante. Se siente como si algo estuviera controlándome”.

    —Sólo trata de escuchar su voz. Seguirá dentro tuyo hasta que encontremos la solución.

    .
    .
    .

    —Sólo danos la medalla. Estamos perdiendo el tiempo.

    —¿Quién rayos crees que eres?

    —Ya te lo dije, yo no soy nadie. Pero a ella no puedes vencerla.

    Su Rhydon era lo más parecido a un tanque de guerra. Fuerte. Pesado. Indestructible. Pero sumamente lento. Y al igual que Palas y Taena habían hecho anteriormente, era su momento de jugar con sus reglas. La acompañarían si ella lograba vencerlos en una batalla. Era la última medalla para completar el trío, y si todo iba bien, el último combate que tendría en la región.

    Era un tanto humillante. Roxanna se enfadaba cada vez más al no poder acertar ni un ataque, y Ren prácticamente bailaba alrededor de su Pokémon. Ni siquiera se molestaba en atacar: era más divertido para ella saltar de un lugar para el otro, creando una ocasional barrera de Protección cuando este se acercaba demasiado.

    Sólo estaba probando su nuevo cuerpo. La velocidad de su teletransporte, su tiempo de reacción y la potencia de sus ataques. Los proyectiles de energía rosada no alcanzaban a atravesar su coraza, y su fuerza psíquica no era suficiente como para repelerlo, aún menos lanzarlo en el aire. A esas alturas, era más una batalla de terquedad que de otra cosa.

    Una completa pérdida de tiempo.

    Ni siquiera le daba una orden: dudaba que le hiciera caso de todas formas. Cansado de estar parado en una de las puntas del campo de batalla de la plaza sin hacer nada, se sentó en una de las bancas para más agravio de la líder. Tuvo que esperar casi media hora hasta que Roxanna se dé por vencida, luego que intentara más de una docena de estrategias, cada una más estrambótica que la otra pero sin éxito.

    —Haz lo que quieras, Sericci —le espetó, arrojando la medalla al piso con desprecio, mientras Ren le sonreía con altanería—, no he venido a ser objeto de tus burlas. Sinceramente, no sé qué diablos vio una mujer como Alexis en un desgraciado como tú.

    Y con la cara roja por la ira y sin mirar hacia atrás, se encaminó hacia el sur, de camino al bosque. Ren levantó la medalla, observándola con detenimiento. Ya fuera por comodidad, o simplemente para provocar aún más a esa mujer, había utilizado las insignias de Taena y de Palas como broches para el pelo, atándose el mechón que le caía en frente de la cara en dos coletas, una para cada uno de los dos cuernos que ahora tenía en la cabeza.

    “Estás pensando en ir allí de todas formas, ¿verdad?”, preguntó, tomando el trío entre sus manos y entregándoselas a Vega.

    Aún tenemos que volver a por Mew y tu Milotic— objetó este, sacudiendo las medallas en su palma—. ¿Estás lista?

    Ren cargó tres proyectiles de energía, y los moldeó en forma de afiladas espinas. Al lanzar las insignias en el aire, cada una se clavó en los metales, partiéndolos por la mitad con un chasquido. Los seis trozos de medalla cayeron tintineando en el suelo, seguidos por un silencio expectante.

    —¿Te sientes bien? —preguntó, al cabo de casi un minuto sin hacer nada.

    “Lo sabía… el árbol era demasiado grande, Vega.”

    “Son demasiado débiles a estas alturas.”




    —Solo queremos saber la verdad en la medida en que pueda ayudarnos a todos.

    Ninguno de los dos tenía la más mínima idea de donde se encontraba el desierto de Nix. Tuvieron que saltar a Themis, y desde allí pidieron transporte para llegar a su destino. Roxanna Evers no mentía: la gente lo trataba como si fuera una especie de héroe.

    Si tan sólo supieran lo que Ren había hecho realmente.

    Esperó unos cuantos días en Lyses: la última vez había roto un par de medallas, y en ese entonces Ren había echado a Karen de su cuerpo. Sin embargo, y a pesar de que la energía del árbol había sido suficiente como para hacerla evolucionar, esta vez no sucedió nada en absoluto.

    La única razón por la cual pudo entrar en la ciudad fue debido a que la líder todavía no había vuelto. De haber sido así, jamás le hubiera permitido el acceso. Para el momento en el que Roxanna regresó, las noticias de que el entrenador de la Kirlia rescatista estaba en la ciudad se habían propagado tanto que exiliarlo de Nix sólo le traería más conflictos. Y el objetivo de la reunión era colaborar por el bien de Aiwass, no sembrar la discordia aún más.

    Alexis llegó el día 24, una vez la mayor parte de los convocados se encontraban en la ciudad. Llegó acompañada de Lewis de Lann y una de los miembros del Alto Mando. Y su grupo ya lo sabía todo.

    Scylla Frey y su abuela, la directora de la Liga, habían muerto a manos de ese hombre.

    Al menos una docena de personas habían sido víctimas en el ataque a la Opera Lunar.

    El Bosque de Pan había ardido en llamas, y habían detenido a un culpable por ello.

    —Requerimos de toda la ayuda disponible en este momento, por el bien de Aiwass.

    La capitana no dudó un instante en llamarlo primero a una sala contigua para hablar con él. Ren había estado en los dos incidentes. Era lógico que tuviera preguntas para ambos. Antes de decir nada, le entregó las Pokéball de Mew y de Ray.

    —Ambos están bien, el peligro había pasado cuando llegamos. Nadie supo explicar por qué no pudiste entrar en la Ópera, desafortunadamente— comentó, mientras Ren liberaba al Ditto y se disfrazaba sin perder un segundo.

    —Estoy harta de que la gente me reconozca por donde sea que voy— protestó ésta, cruzándose de brazos—. Es la primera vez que mis saltos han fallado. Yo tampoco lo entiendo.

    —Tenemos algo que contarte— soltó Vega, antes de que la conversación se desviara demasiado.

    No encontraba las palabras para decírselo. Le había hecho jurar a Ren que no diría nada: conociendo su manera de dirigirse a la gente, lo echaría todo a perder en un segundo. Decidió que una prueba más contundente ayudaría. Su mano se deslizó sobre la Pokéball de Tey, liberando al Thyplosion en medio de la sala. Su lomo cubierto de llamas azules, alerta al no reconocer dónde se encontraba.

    —Zentris, hay algo que me ha estad-

    Una voz se escuchó del otro lado de la puerta. Vega trató de guardar a Tey cuanto antes, pero para el momento en que lo regresó, era demasiado tarde. Taena Ericksen estaba plantada en la entrada, boquiabierta y con los ojos clavados donde su Thyplosion estaba hace sólo un segundo.

    Fuiste tú…

    —Taena, él vino a-

    —¡FUISTE TÚ! ¡Sabía que había visto ese fuego antes, malnacido hijo de-!

    —¡Cálmate! —Alexis la sujetó de los hombros para que no se le echara encima, a la vez que Ren agitaba la mano para cerrar la entrada de un portazo.

    Taena estaba fuera de sí. Forcejeaba con Alexis, pero la capitana era más fuerte que ella, y eso sólo hacía que se enfadara aún más. Su Kirlia se puso en posición de guardia, dispuesta a mandarla a volar al otro lado de la sala en el momento que intentara tocarle un pelo. Pero él se lo tenía merecido.

    —¡Baja la voz! ¿Quieres que todo el mundo se entere?

    —¡Por supuesto que sí! ¡Suéltame, Zentris! Tú no estuviste allí en el bosque, no viste lo que sucedió realmente. ¡Estuvimos luchando contra el incendio que este idiota ocasionó durante días! ¿Y ahora viene, creyendo que va a pedir perdón y todo va a estar bien?

    —¡No es lo que estás pensando! Debe haber tenido una razón para-

    —¿¡Una razón!? ¿Cómo sabes que no fue él quien atacó a Palas? ¡Y este desgraciado ni siquiera apareció a ayudar! ¡Abre los ojos, idiota enamorada!

    Las palabras de la líder de Efesto fueron suficientes como para que Alexis se distraiga por un segundo. Un momento que le bastó para que ella se zafara y alzara un puño en su dirección. Y Vega cerró los ojos, esperando el impacto.

    Estaba bajo el cuidado de Ren. Era él quien le había prestado a Tey. Era él quien no se había percatado de lo peligrosa que podía llegar a ser. Se merecía que le dieran un puñetazo por lo idiota que había sido.

    Pero su Kirlia no iba a quedarse de brazos cruzados. Taena fue repelida hacia atrás, chocando contra la pared mientras Ren la amenazaba con un dedo índice, su pelo azulado ondeando en el aire frente al choque del cuerpo de la líder contra su Protección.

    —Aléjate de él.

    —Aprende cuál es tu lugar, estúpido Pokémon —espetó en voz baja, llevándose la mano a la cintura.

    El lugar era demasiado pequeño. Taena no estaba en sus cabales. Lo único que lograría sería que todos terminaran bajo los escombros. Y como si fuese capricho del mismo destino, la puerta se abrió de golpe, distrayendo a la líder en el último momento.

    Es suficiente, Taena.

    La voz de Anansi era completamente opuesta a la de Alexis. Si la de la capitana era firme, la de ella fue casi como una súplica. Bajo sus ojos ensombrecidos por las ojeras y la falta de sueño, no encontró nada más que tristeza y cansancio.

    .
    .
    .

    —No sé por qué te esfuerzas en defender tanto a esta gente. Te han tratado como si fueras basura durante toda tu vida, por algo tan estúpido como tu sangre. No tienes por qué seguir con ellos.

    —No es tan simple. Ellos aún son mi familia.

    Familia. La familia que no dudó en echar dos niños fuera de la ciudad al más mínimo estallido de sus poderes. La familia que siempre la vio como si fuera un trozo de mierda pegada en el zapato. Algo indigno, algo que debía esconderse. Eso no era una familia.

    —Aiwass no es el único lugar en el mundo. No tienes por qué quedarte aquí.

    Ambos se interrumpieron de golpe con el regreso de Taena, acompañada de Anansi y mucho más calmada que antes. Se sentaron en sillas contiguas, sin decir una palabra. Alexis estaba a punto de empezar a hablar, pero Vega la detuvo.

    Faltaba alguien. Una mujer con un intelecto especial. Una chica que descubriría lo que estaban tratando de ocultar del resto de la gente en un santiamén, por mucho que se esforzaran.

    No iba a repetir lo mismo que aquella vez. En esta oportunidad, iba a confiar en ella.

    —¿Te importaría llamar a Koiso Naohiro?




    Kiwi Armiel - sobre todo Armiel
     
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    Armiel

    Armiel Iniciado

    Aries
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    La noche en la Opera Lunar avanzaba sin problemas. Aquellos que se acercaban por mi apariencia habían desistido y los pocos que entendían mi lenguaje de señas no se mostraban muy interesados.

    Cuando la música de baile inicio lo tome como señal para retirarme cerca del balcón para disfrutar del paisaje nocturno ya que las últimas semanas me encontraba entre cuatro paredes ya sea vigilando o ayudando en la investigación de Sogia.

    Un leve zumbido llego hasta mis oídos mientras estaba sentada. Venia de mi sintetizador.

    ¿Qué le sucederá? Lo calibre esta mañana –me quejaba en mi mente.

    Algo estaba haciendo interferencia con su funcionamiento, pero no sabía que era. Podía emitir sonido, aunque era apenas audible si el ruido era demasiado.

    No era algo grave por lo que le arreglare mañana. Para cuando deje de atender el asunto de mi “voz” veo a una joven chica sentada en la silla contigua. Si la memoria no me falla era la chica que acompañaba a Acacia en Themis. Arianne Labelle.

    Vaya, pero si no es la pequeña campeona del torneo de Icaros —le hable de sorpresa, al parecer ella no pensaba que tomaría mi atención.

    Este sí ¿Usted es?

    Soy Naohiro Koiso –me presente —Trabajo para Sogia así que es posible que me hayas visto en Themis.

    La joven estaba con un rostro pensativo parecía intentar recordar algo.

    Nao… Nao… –murmuraba. –El apellido me suena, aunque no se dé dónde.

    El accidente en Ciudad Marina era lo más probable ya que fue un evento bastante raro. No quería que derivemos a ello así que mejor la distraigo.

    Tengo entendido que acabaste con Acacia por un incidente en Alseide –interrumpí —Ayudaste a rescatar a ese hombre que llaman Type quien se supone era su aprendiz además de que ese tal Keyfinder que no vino igual lo ayudaste porque se estaba hundiendo en un pantano o algo así –continúe narrando lo que había logrado con suma precisión pues me informe bastante de los nuevos cuando llegamos a Themis.

    Fue coincidencia –hablaba cabizbaja —Estaba ayudando a los Hermanos de la Ley.

    El rostro de Arianne se mostraba avergonzado, al parecer no estaba acostumbrada a elogios de desconocidos y hasta parecía que quería escapar, pero sus modales le impedían hacerlo por descortesía por lo que decía algo de vez en cuando.

    ¿El culto? ¿Qué hacían allí?

    Por lo que me explicaron querían investigar el Thelema. Al parecer afecta a los pokémon dando mutaciones como un Bulbasaur de ojos plateados que nos mostraron.

    No parecía ser un buen recuerdo por su rostro.

    Mi Eevee –hablo entrecortada —Igual fue afectada. Es ciega, pero al menos estaba mejor que los otros que vi.

    El ánimo de ella bajaba con cada palabra pronunciada y yo no era la mejor elección para subirlo. En lo que pensaba que hacer un sentimiento repentino se hizo presente.

    Alguien me observaba.

    Para mi sorpresa era el chico Sericci quien había parado de bailar con la mujer de los Lann. Este se había dado cuenta de mi presencia y trataba de fingir no verme así que como un pequeño castigo infantil y para mejorar el ambiente con la joven Arianne le hice señas lo que le altero al no esperar eso.

    Fue divertido ver su cara extrañada.

    Debido a que su compañera se alejó probablemente por pleitos entre familias viendo donde nos encontramos y los gritos que se escuchaban. Sericci decidió acercarse, aunque visiblemente incómodo al igual que la joven Labelle.

    Un par de frases del chico Sericci bastaron para que Arianne se recompusiera y suplicara con su mirada al joven para que le saque de allí, pero esta no sabía que para él era un problema del mismo valor que para ella.

    Una verdadera noche tranquila y serena.

    Un Vega sin intentos raros de meterse donde no le llaman y su problemático Ralts lejos quien seguro montaría una escena para alejarse arruinando el humor. Todo yendo bien hasta que toda la estructura dio un brusco giro sobre sí mismo.




    Las cosas ocurrieron muy rápido. De un momento a otro pasamos de estar sentados y tranquilos a ser amenazados de muerte por un desconocido que controlaba el edificio como una extensión de su cuerpo.

    Ese hombre harapiento fue presentado como Fenn El Callahan. La última de las tres grandes mentes de Aiwass explicaba Acacia. Por su apariencia y palabras estaba claro que había perdido el rumbo y la cordura en los 20 años desde que llego.

    La cantidad de información que estaba soltando era increíble. Menasis, la Tiara de la Paz, el Anillo de la Victoria. Lo que parecía una simple lucha de influencia entre familias era en realidad una Guerra Fría por el control de la región mientras más avanzaba su discurso.

    Callahan volvió a alzar su mano con intención de mover la Opera Lunar. Cerré los ojos y me aferré a las barandas junto a la joven Labelle. Pero una luz atravesó mis parpados cegándome por unos segundos hasta aparecer de forma repentina entre la arena de la costa de Caribdis viendo a la inmensa estructura agitarse a lo lejos.

    La mujer de Lann ignorando el cómo terminamos allí se levantó rasgando su vestido para cubrir una herida en la cabeza de Lewis. Yo por mi parte me interesaba saber cómo acabamos en este sitio pues dudo que hayamos salido disparados de la estructura sin recibir daños.

    La respuesta yacía parada con una sonrisa arrogante frente a Sericci. Un Kirlia.

    Por supuesto. Era imposible que ella le abandonara –pensé —Pero… ¿Por qué nos rescató a todos? Especialmente a mi quien no soy alguien de su agrado.

    La mujer de Lann, Alexis por lo que escuche. Le rogó al Kirlia con ayuda de Sericci para que rescatara a la gente inocente que seguía atrapada. Esta acepto a regañadientas el pedido desapareciendo con un flash de luz.

    Dejando de lado esto me vuelvo al grupo de personas que llego a la playa junto a nosotros. Más que heridos estaban empapados de pies a cabeza y sería una completa pérdida de tiempo haberles salvado de morir aplastados solo para que les mate una hipotermia.

    Libere a Charmeleon y a Caldrows para que den calor a los presentes los cuales iban en aumento. Poco a poco los grupos disminuyeron hasta que la Kirlia no pudo regresar lo cual demostró con visible molestia.

    El joven Blake fue el último de los del grupo que fueron rescatados y llego diciendo que la tiara era real. Fui a interrogarlo para recabar más información de lo que sea que estuviera ocurriendo al interior.

    No obtuve mucho ya que solo me dijo que Sogia les ordeno buscar sus pokémon para evacuar a la gente y creyó escuchar algo sobre sosegar corazones para cuando se dio cuenta que estaba en la playa.

    Devolví mi atención al chico Sericci con su Kirlia. Se habían alejado de la multitud junto a Alexis de Lann y por los gestos parecían estar discutiendo. Cuando parecían haber terminado tome rumbo a su dirección, pero pude ver como la Kirlia le entrego unas Poke Balls a Alexis para desaparecer junto a su entrenador.

    Maldita sea –dije en voz alta.

    Descuida –me contesto.

    Alexis no sabía la verdad detrás de mis quejas. Ella no sabía que cuando esos dos estaban juntos las cosas tendían a empeorar.

    Solo fueron a Lyses a ver como estaban las cosas –comento sin reparo –Es mejor que regresemos para pensar cómo sacar a quienes siguen atrapados.

    Se alejó rápidamente hacia los espectadores quienes se acercaron curiosos debido al “Mew” que convirtió al Kirlia en humano. Los alejaba y agrupaba para atender a los heridos entre otras cosas.

    Lyses… –pensaba —Sogia nunca me dice nada sobre él y por lo que investigue esa vez por el asunto de la biblioteca lleva varios meses en la ciudad. ¿Qué es tan importante que tienes que regresar?

    Por mucho que le diera vueltas al asunto no conseguiría nada. Lo más importante ahora es averiguar cómo entrar a la Opera Lunar.




    Los días subsiguientes al atentado en Caribdis fueron básicamente alejarnos del ojo público ya que las cosas ya estaban lo suficientemente mal con la muerte de la cabeza de los Frey y un terrorista loco suelto buscando una reliquia ancestral de inmensurable poder.

    Nos enviaron a todos a Nix la cual era una ciudad perdida a la mitad del desierto que al contrario de Themis esta no irradiaba vida por las calles al carecer de vegetación y ser solo tierra árida atrapada entre murallas casi como Efesto.

    La mejor parte era la universidad pokémon que es donde me pasaba la mayor parte de mi tiempo. Tenía un objetivo a corto plazo y ese era averiguar porque la persona llamada Vega Sericci estaba allí en primer lugar.

    Los trágicos eventos recientes estuvieron a mi favor permitiéndome ingresar a las bases de datos de cuanta institución pudiera recogiendo cada pequeña migaja que involucrara a aquel ladronzuelo.

    En el nombre de Arceus esto tomara mucho tiempo.

    Me levante de mi silla para estirarme tras horas buscando cualquier pista. Retome la lectura de un curioso libro llamado “Trascendiendo las Emociones” el cual trataba sobre la línea evolutiva de Ralts. Retome la lectura en la sección dedicada a Kirlia:

    »
    Kirlia, al igual que Ralts, Gardevoir y Gallade es capaz de captar los sentimientos de su entrenador, y dependiendo de éstos, Kirlia se sentirá de la misma manera (si su entrenador es feliz, Kirlia también lo será, además, sus poderes aumentarán y bailará; si su entrenador está triste, Kirlia también lo estará, y su poder, disminuirá). Esto se debe a que Kirlia tiene un gran nivel de empatía.

    Empatía. Así que eso explica cómo es capaz de comunicarse sin decir nada. No es necesario mediar palabra si ya sabes cómo se siente con quien hablas. Además, hay un dato interesante “poder vinculado a las emociones”.

    Quizás no es que algo le evitara entrar a la opera desde dentro, sino desde fuera. Algo perturbaba su nexo con Sericci –murmuraba mis teorías.

    Pase las paginas hasta llegar a una que hablaba sobre sus capacidades.

    »
    Los cuernos grandes y rojos que Kirlia dispone sobre su cabeza sirven para amplificar su energía psicoquinética de gran alcance. Esta energía es utilizada por Kirlia para mantenerse de puntillas. Además, gracias a esta energía, Kirlia puede originar espejismos que confunden al adversario en un combate.

    Si ese pequeño demonio aprende sobre sus capacidades veo venir que habrá demasiados problemas a futuro, aunque todo sigue dependiendo de Sericci.

    Detuve mi lectura para poder pensar en una nueva perspectiva desde donde recabar información lo cual significaba salir de la biblioteca a conseguir café. Hace horas que no tomo uno y si sigo así volveré a quedarme encerrada como en Lyses.

    En mi camino a la salida pude escuchar un rítmico sonido que parecía provenir de alguna habitación contigua.

    Es bastante pegadizo.

    En pocos segundos comencé a seguir el ritmo de aquella canción desconocida hasta que noté cierto patrón en las notas. Se repetía en bucle cada cierto lapso escondido como un estribillo. Corrí buscando lápiz y papel para transcribir las notas musicales. Hasta que apareció un viejo conocido a interrumpirme.

    Un Durant tuerto.

    Me inspecciono con su mirada para proseguir a avanzar por uno de los pasillos. A medio camino se volteo dando una señal de que lo siga. La música perdía volumen mientras más me acercaba al Durant.

    ¿Qué hace aquí? ¿Cómo llego? ¿Está involucrado en todo esto? Tenía muchas preguntas en mente que no paraban de surgirme a cada paso que daba junto a él avanzando en silencio por la enorme biblioteca hasta que llegamos a un pequeño rincón donde había un televisor de plasma abandonado. Durant mordió un cable que asomaba en el suelo para encender el aparato.

    Un mensaje escrito no tardó en aparecer.

    “⠨⠎ ⠁ ⠇ ⠥ ⠙ ⠕ ⠎ ⠏ ⠗ ⠕ ⠋ ⠁ ⠝ ⠁ ⠙ ⠕ ⠗ ⠁”
    (Saludos. Profanadora.)

    En el nombre de Arceus ¿Qué está pasando?

    Mi cuerpo por reflejo intento dar un paso atrás, pero se le vio impedido por una fuerza mayor. Estaba anclada al sitio y lo único que podía mover era la cabeza.

    “⠨⠃ ⠗ ⠑ ⠧ ⠑ ⠨⠁ ⠃ ⠁ ⠝ ⠙ ⠕ ⠝ ⠁ ⠙”
    (Breve. Abandonad.)

    No te entiendo. Habla en mi idioma.

    Intente fingir ignorancia para ver si me soltaba.

    “⠨⠍ ⠑ ⠝ ⠞ ⠊ ⠗ ⠁ ⠨⠑ ⠝ ⠛ ⠁ ⠻ ⠕ ⠨⠊ ⠝ ⠁ ⠉ ⠑ ⠏ ⠞ ⠁ ⠃ ⠇ ⠑”
    (Mentira. Engaño. Inaceptable.)

    Al parecer no lo creyó. La fuerza que me contenía aumento su fuerza.

    Está bien –clame adolorida —Lo admito, entiendo lo que dices.

    El agarre se aligero.

    Muy bien –tranquilizaba mi respiración. —Primero que todo explícame porque me llamas ladrona.

    “⠨⠗ ⠑ ⠇ ⠊ ⠟ ⠥ ⠊ ⠁ ⠎ ⠨⠞ ⠕ ⠍ ⠁ ⠎ ⠞ ⠑ ⠨⠊ ⠝ ⠁ ⠉ ⠑ ⠏ ⠞ ⠁ ⠃ ⠇ ⠑”
    (Reliquias. Tomaste. Inaceptable.)

    ¿De qué estás hablando? Yo jamás tomaría algo que tiene dueño.

    La pantalla se apagó. Busque a Durante, pero no estaba por ninguna parte. Seguía sin poder moverme así que debía estar cerca. Intentaba moverme de alguna forma para lograr que alguna de mis Acopio Ball cayera al suelo y si tenía suerte saldría Crobat.

    Un fuerte temblor llego hasta mi posición. Algo grande se acercaba a paso lento hasta mi posición. Cuando el estruendo fue mucho más poderoso pude ver que lo provocaba.

    Un Golurk. Uno blanco como la más pura nieve.

    ¿Cómo en el nombre de Arceus estas aquí?

    Estaba aterrada. Siendo un simple Golett ya era más fuerte que Lewis, un líder de gimnasio, y yo juntos en equipo. No me sorprendería que ahora evolucionado necesitáramos de todos los lideres presentes para vencerlo.

    El enorme autómata se agacho para quedar frente a mi rostro. Un brillo rojizo que surgía desde lo que supongo eran sus ojos me inspeccionaba a detalle. De improviso una chispa salto desde él hasta la pantalla.

    “⠨⠎ ⠊ ⠝ ⠉ ⠑ ⠗ ⠊ ⠙ ⠁ ⠙ ⠨⠊ ⠝ ⠑ ⠎ ⠏ ⠑ ⠗ ⠁ ⠙ ⠕”
    (Sinceridad. Inesperado.)

    Es obvio. No soy alguna clase de escoria que tomaría algo solo porque sí.

    “⠨⠗ ⠑ ⠞ ⠕ ⠍ ⠁ ⠗ ⠨⠁ ⠇ ⠑ ⠚ ⠁ ⠕ ⠎ ⠨⠕ ⠇ ⠧ ⠊ ⠙ ⠁ ⠙ ⠨⠙ ⠑ ⠎ ⠊ ⠎ ⠞ ⠊ ⠙”
    (Retomar. Alejaos. Olvidad. Desistid.)

    Sigue insistiendo con ello. ¿De qué exactamente quiere que nos alejemos? ¿Menasis? ¿Callahan? ¿Las dos familias? Hay muchas cosas peligrosas y extrañas como para tener una idea de que me trata de persuadir.

    “⠨⠗ ⠑ ⠉ ⠕ ⠗ ⠙ ⠁ ⠙ ⠨⠁ ⠍ ⠑ ⠝ ⠁ ⠵ ⠁ ⠎ ⠨⠏ ⠗ ⠊ ⠕ ⠗ ⠊ ⠙ ⠁ ⠙ ⠨⠑ ⠇ ⠊ ⠍ ⠊ ⠝ ⠁ ⠗”
    (Recordad. Amenazas. Prioridad. Eliminar.)

    No creo que pueda conseguir más información. Parece enfrascado en lo mismo así dejare que me libere y averiguare por mi cuenta.

    Estaba a punto de decir algo cuando una leve niebla empezó a aparecer.

    Golurk se puso en alerta. Inspeccionaba los alrededores hasta que una bola de barro choco con su cuerpo buscando su atención. Ambos dirigimos la mirada a la dirección de donde vino y para mi sorpresa fue la cosa más inesperada de todas.

    ¿Tú?

    Un pequeño pokémon del tamaño de un cesto de basura de oficina parecido a un Torkoal aplastado.

    Su nombre era Caldrows ya que eso el tallado en su cuerpo.

    Incluso entre las especies extrañas que formas mi equipo yo diría que él es el más raro de todos. Lo compre en Tesseus pensando que era un calefactor y estuve meses usándolo así hasta que exhalo vapor un día que derrame agua sobre él.

    Desde ese día lo mantuve guardado. No sabía porque, pero emitía una sensación extraña desde que supe que era y siendo sincera me aterraba.

    Nunca comía.

    Nunca bebía.

    Nunca se movía.

    Nunca emitía ruidos.

    Nunca hacia nada.

    Solo estaba allí. Durmiendo. Hubo veces que lo arrojaba como si fuera un simple objeto como esa vez con Dragante y aun así no reaccionaba. Llegue a pensar que estaba muerto un par de veces.

    Pero esta vez era diferente. Sus ojos estaban abiertos y eran completamente negros. Unas cuencas vacías.

    Golurk ataco con un poderoso ataque eléctrico que dio de lleno.

    Caldrows estaba intacto. Unas pequeñas luces salían de sus ojos cada vez obteniendo más fuerza, los otros agujeros en su cuerpo destellaban con igual intensidad. ¿Qué movimiento será?

    No tuve tiempo de reaccionar cuando Golurk se puso frente a mí para cuando una enorme explosión resonó por toda la biblioteca. Como no podía moverme la onda de choque me movió de mi lugar.

    En tan solo unos segundos todo el sitio no era más que un infierno de llamas descontroladas que consumían todo cuanto pudieran.

    ¿¡Cómo voy a explicar esto!? –grité alterada —¿Puedo moverme? ¡Estoy libre!

    En el lugar donde antes había estado atrapada no había más que un agujero al haber sido el punto cero de aquella explosión. No veía a Golurk por ningún lado así que asumo que la madera del suelo quemada cedió ante su peso y tampoco veía a Cladrows así que debió caer junto a él.

    Todo estaba cubierto de fuego por lo que mi única salida era el agujero en el piso. Me acerqué para comprobar su profundidad y lo que vi me aterro. No sabía que era, pero cada fibra de mi ser le temía. Aquello me devolvió la mirada. Sentía sus intenciones en ese breve intercambio. Pura destrucción.

    En mi distracción algo me atrapo. No sabía lo que era. Había patas de un tipo bicho. Aletas de un tipo agua. Escamas de un tipo dragón. Me sostenía algo como una pata de un tipo normal. ¿Qué rayos eres?

    “⠑ ⠎ ⠏ ⠊ ⠑ ⠗ ⠞ ⠁”
    (Despierta.)

    Lo último que supe fue ver un destello sobre mí.




    El ruido de una silla cayendo resonó en la biblioteca. Era Koiso quien se había quedado dormida. Se levantó alterada observando los alrededores.

    ¿Una pesadilla?

    Tocaba su cuerpo para verificar que todo siguiera en su sitio y se pellizco para estar segura.

    Creo que es la peor baja de cafeína que he tenido en mi vida.

    Levanto su asiento para regresar a su investigación. Lo mejor sería ignorar aquel sueño tan extraño cuyo único pro fue que despejo su mente lo suficiente para que encontrara finalmente la información que buscaba.

    Hospital Knowing –susurro.

    Leyó los documentos encontrados con tranquilidad para que permeen bien en su mente pues ayudarían a saber qué era lo que pasaba por la cabeza del joven a quién vigila.

    Soltó un suspiro.

    Vega Sericci ¿qué demonios ha pasado en tu vida?

    Lo que descubrió le abrió más dudas lo que significo más horas encerrada para buscar toda información relacionada. Sin embargo, fuera de su ojo avizor la pequeña piedra roja de su sintetizador había actuado de receptor para una cierta melodía que ella olvido. Una melodía que escucho en sus sueños y la cual ella intento descifrar si nada hubiera interferido.




    Después de la primera reunión con el comité conformado por los Lann y uno de los Altos Mandos fui llamada a una sala contigua por la capitana de la guardia Alexis de Lann.

    Grande fue mi sorpresa cuando vi quienes estaban en el interior.

    Creo que es la primera vez que me acerco a ti por mi propia cuenta.

    Es correcto.

    Observe a los otros presentes: Taena, Anansi y su “hermana”.

    Primero que todo quiero decirte que te mande a llamar por qué…

    Le hice un gesto para que se detenga.

    Me imagino que es por el incendio.

    Los presentes me miraron con sorpresa excepto Vega. Por sus miradas de seguro no sabían cómo lo sabía cuándo ellas recién se venían enterando hace poco.

    Así que ya lo sabias. Puedo saber cómo llegaste a la conclusión.

    Tu Ralts no estaba junto a ti en la Opera Lunar, solo traías contigo a tu "Mew" y Milotic ya que vi cómo se los entregaste a la señorita de Lann.

    Pero el incendio ocurrió al mismo tiempo que el atentado. Cualquiera pensaría que lo provoco el mismo sujeto para distraer la atención.

    La jefa de seguridad de los Lann salto a su defensa.

    Callahan. Ese hombre no haría eso.

    ¿Cómo lo sabes? -cuestiono.

    Esa noche llego sabiendo exactamente que quería, a quien amenazar, y cómo hacerlo. Él mismo lo declaro “Quiero mi Tiara de la Paz”. Hablamos de una de las tres grandes mentes de Aiwass. Puede que ahora no se vea muy cuerdo, pero estoy segura que prenderle fuego a toda una ciudad a miles de kilómetros de la tierra de los Frey no es una medida muy persuasiva cuando planeas negociar con su líder.

    ¿Quizás era su plan de respaldo?

    Estuvimos allí y estoy segura que escuchamos que su plan B era convertir el edificio en un mausoleo para todos los presentes.

    Alexis intento replicar, pero no se le vino ninguna idea a la mente..

    Entonces. Dime Sericci, el acto de piromanía de tu pokémon no fue intencional ¿o me equivoco?

    Ahora la mirada de sorpresa vino de él.

    ¿Cómo lo…?

    Apunte a su Kirlia disfrazado.

    Debo decir que tienes un gusto horrible ¿Por qué la forma de tu hermana en coma?

    Su rostro se puso más pálido e incluso su pokémon no vio venir esa bomba.

    Esa noche tu rostro era de genuina preocupación, pero no una de alguien que sabía que sucedía. Fue un presentimiento. Sentías que alguien cercano podría estar en peligro y por eso te marchaste. Se eso porque me paso lo mismo una vez solo que yo no tuve suerte.

    Las otras tres personas presentes solo se limitaron a observar el intercambio verbal. Estaban sorprendidas por la enorme cantidad de información revelada.

    Tu hermana está internada en Lyses. Alseide está al sur de la ciudad rodeada de un mar de árboles. Un incendio tiene una alta probabilidad de llegar. Tu Kirlia nunca haría algo que te dañara emocionalmente porque su propio ser se vería afectado, son llamados el pokémon empatía por algo.

    Vega se mostró nervioso. Al parecer mencionar a su hermana real hizo mella.

    Además los rumores vuelan rápido y seguro los escuchaste de camino aquí, no es cierto “héroe”. Pero te daré crédito porque no sé cómo consiguieron fuego azul con un Quilava y porque estas en Aiwass, no tuve tiempo para averiguar más de ti que lo que halle en el hospital.

    Acabada mi explicación tome una silla para sentarme.

    Ahora bien. ¿Por qué me llamaste aquí?


    Kiwi Aquí mi post...
    Merinare Hice un poco de interacción con Vega desde donde cortaste. Me dices si lo debo arreglar ya que no te contacte por razones que no vienen al caso...
    DoctorSpring Tu nena moe igual aparecer un rato...
     
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    Ø7 - En Otro Mundo



    Dejamos Caribdis dos semanas después. Durante ese tiempo, Callahan y Leryna Frey estaban siempre juntos; visitando castillos y teatros, acordando sus planes para la región y conociéndose el uno a la otra. Yo era demasiado joven para entender lo que sucedía entre ellos pero, en retrospectiva, nunca vi al profesor más feliz que esas noches en las que los veía conversar por horas en el comedor. Ella siempre tenía una observación aguda para sus planes de grandeza acompañada de una risa veleidosa, y él, imperturbable, subía el tono de sus pretensiones, exagerando a tal punto su discurso que ella rompía a reír, esta vez sinceramente. Ver este espectáculo desde mi lugar en la mesa se convirtió en algo cotidiano durante nuestra estancia en el Palacio de la Luna. Y cuando llegó la hora de marcharnos, la actitud efusiva de Leryna Frey evidenciaba que su interés en las ruinas ya era poco más que una excusa.

    En el camino pasamos por Efesto y Mumai, aunque recuerdo demasiado poco de ambas ciudades, al menos en aquel entonces, y tampoco son importantes para lo que quiero contar. Años después Efesto ardió hasta sus cimientos como la gigantesca pira funeraria de Devastal, y Mumai pasó a convertirse en la prisión más retorcida y sombría de toda Aiwass, pero tú estuviste ahí, y sabes exactamente lo que sucedió.

    En aquel entonces todo lo que me interesaba era tener mi propio pokémon, por lo que, apenas poner un pie en Cirse, tironeé de Callahan para dirigirnos a las Ruinas de If. El resultado fue tan decepcionante como para él como para mí. Leryna Frey, por otro lado, parecía divertida.

    —Necesitamos más información para entender lo que dicen estos símbolos —aseveró mientras volvíamos a través del bosque—, datan de hace siglos, pero tal vez haya alguien que pueda leerlas.



    —Alseide... o Narciso, si es que puedes convencerlos de que no eres un enemigo. Pero por ahora tenemos un asunto más importante —añadió mirando en mi dirección—. Hay que cumplir una promesa con esta señorita.

    Y así lo hizo en cuanto volvimos a su casa. Callahan nos entregó dos pokémon, uno a Mathos y uno a mí, de su propio criadero. Él recibió un pequeño riolu saltaba alegremente a su alrededor, lleno de vitalidad.

    —Riolu es una especie muy rara en la región de Sinnoh —explicaba el profesor—. Será un compañero invaluable para ti, y si logras ganar su confianza despertarás todo su poder.

    Mathos dejó Cirse a la mañana siguiente y no volví a verlo hasta meses después, cuando la región ardía en llamas. Para aquel entonces ambos habíamos cambiado tanto que apenas y podíamos reconocernos.

    Mi primer compañero no era tan excepcional. Era un frágil y pálido pokemon que se arrastraba por el suelo sobre sus brazos y rodillas, demasiado torpe para hacer cualquier cosa por su cuenta que no fuera tropezar una y otra vez porque el cabello le bloqueaba la vista.

    —Ralts es mucho más difícil de entrenar que riolu, pero has probado ser una chica astuta y estoy seguro de que lo harás bien.

    No estaba para nada convencida. Esa pequeña criatura escuálida no podría defenderme ni siquiera de los caterpie salvajes, y me sentí tentada a pedir una segunda opción. Pero cuando aparté el flequillo verde para poder ver sus ojos rojos, descubrí que estos me miraban con algo muy similar a la adoración. Me es difícil lo que sentí en ese momento porque en aquel entonces ni siquiera lo entendía. Sólo sabía que, sin lugar a dudas, no me apartaría de ese pokemon en lo que me quedara de vida.

    —Grandes esfuerzos traen grandes recompensas —me recordó el profesor mientras llevaba una mano a su bolsillo para entregarme una reluciente gema turquesa, lisa y redondeada, como una gota del cielo. Una Piedra Alba.

    «Para cuando llegue el momento».



    Anansi arrojó el libro contra la pared, con tanta fuerza que escuchó las cubiertas desgarrarse. Estaba cansada de leer sobre personas que ya no existían y sobre sueños que nunca se cumplirían. Le enfermaba leer acerca de un flirteo entre dos personas que acabarían matándose el uno a la otra. Le dolía incluso leer el nombre de Scylla.

    Todo sucedió tan rápido ante sus ojos que apenas y podía comprenderlo. El fantasma de Kozaky surgió de la nada para sumergir la Luna en el remolino del caos mientras ella, impotente, solo podía presenciar, escuchar como cada una de sus teorías eran derribadas frente a sus ojos y ser arrastrada lejos por Ren y Taena. Y ahora no podía parar de pensar en cómo pudieron ser las cosas. Si alguien hubiera notado la presencia de Kozaky antes de que hiciera su movimiento, si Ren lo hubiera sacado a él en lugar de a los rehenes en la Ópera Lunar, si les hubieran dicho la verdad desde el principio.

    Recogió sus cosas y salió del Centro Pokémon. No deseaba cruzarse con ninguno de sus acompañantes, y aunque la pierna aún le daba unos pocos problemas, lo prefería a sentirse encerrada.

    Themis y Nix no podían ser más diferentes, pese a encontrarse ambas en el desierto de Lios. La primera era un oasis rodeado de plantas, ríos y pokémon llenos de vida en los que la tecnología convivía con la cultura más ancestral, mientras que Nix, con aquel horroroso esqueleto como muralla, hablaba de muerte y tristeza, y si bien contaba con comodidades a la par de las de Lyses, emanaba una fría sensación de rechazo. Y eso sin mencionar a sus líderes de gimnasio: Palas Unfair era una mujer vanidosa, pero se preocupaba por aquellos bajo su mando y había sido una figura materna para Scylla y Taena así como guardiana del oasis, y sus encuentros en dos contra uno eran una forma de enseñar una lección sobre trabajo en equipo y cooperación. Roxana Eveers dirigía la universidad de Nix, pero era arrogante y frívola, acosaba a sus estudiantes y sus batallas en desventaja eran una forma de subirse el ego. Tan similares y a la vez tan opuestas, como sus ciudades; una de pie frente al Sol y otra a la sombra de la Luna.

    O tal vez estaba pensando demasiado. Tal vez se reducía en que en Themis había sido feliz y en Nix no.

    Siguió andando por la ciudad un rato más. Desde su llegada a Aiwass no se había sentido tan incómoda como en ese lugar, y más de una vez se quedó mirando los muros, preguntándose qué tan difícil sería huir. Técnicamente no eran prisioneros, si no huéspedes, y los Frey seguían mostrando cierta hospitalidad con ellos, pero aún así les pedían que se mantuvieran en el territorio de Nix. ¿Por qué no se había marchado ya? La expedición había terminado, y ahora que sabía que se había tratado de una farsa, no sentía deseos de trabajar con ninguno de los Frey restantes. Entonces, ¿por qué?

    Tal vez porque, al igual que Miriam, no tenía otro sitio al qué ir.

    O tal vez porque temía que algo pasara cuando no estuviera cerca.

    En el camino de regreso se encontró con Vega, o sería más apropiado decir que lo vio. El chico se encontraba al otro lado de la calle rodeado por una multitud de lugareños. Era un espectáculo que se repetía desde que llegó a la ciudad unos días luego del resto. Pensó en acercarse para hablar con él, pero desistió casi de inmediato y en lugar de eso se sentó en una banca a pocos metros de ahí, jugando de nuevo con la idea de irse y dejar Aiwass atrás, una idea que cada vez se hacía más tentadora.

    Una pokéball en su cartera empezó a agitarse. Un momento después, Ren apareció detrás de ella, con los brazos apoyados sobre el respaldo de la banca. Estaba más alta que antes, casi de la estatura de una niña, y en lugar de un solo cuerno ahora tenía dos. Ya no necesitaba sujetarse el cabello para poder ver como cuando era una ralts, y sus ojos rojos miraban en dirección a Vega con fastidio.

    "Han estado así desde que entramos a la ciudad".

    —Salvaste a muchas personas en la Ópera Lunar — respondió—. «Pero no las salvaste a todas». Y ustedes son fáciles de reconocer.

    Antes de poder replicar, Ren se escondió detrás de Anansi cuando una persona miró en su dirección.

    "¿De qué hablas?"

    —No hay ralts en Aiwass —las palabras le salieron sin siquiera darse cuenta mientras se quitaba la chaqueta para ponerla sobre Ren—, y menos azules.

    "No debí dejar a Mew con esa mujer".

    «¿Por qué se fueron esa noche?» estuvo a punto de preguntar, pero a fin de cuentas no era asunto suyo. —¿Por qué vinieron a Nix?

    "¿No sabías?" La miró extrañada. "Van a hacer una reunión aquí con los líderes o algo así. La capitana también va a estar".

    No lo sabía porque nadie les había dicho, y porque trataba de pasar el menor tiempo posible con la líder de gimnasio. Aún así, la noticia le sentó mal. Había mucha gente que no estaba segura de querer ver, y a juzgar por la expresión de Ren, su opinión al respecto no era muy diferente.

    Se le quedó viendo por un momento. Había algo nuevo en ella, una velada acidez que no alcanzaba a comprender. Menos risueña, más propensa a quejarse. Incluso en sus bromas había un matiz más oscuro. Tal vez algo había cambiado sin que se diera cuenta, una distancia que no le gustaba en lo absoluto.

    —Oye... tú eres una chica, ¿verdad?

    "¿Ah?"

    —Ya sabes, como chico y chica.

    "¿Qué clase de pregunta es esa?"

    —¿Cuánto... cuánto tiempo llevas en Aiwass?

    "¿A qué viene esto?" Preguntó con el ceño fruncido, y Anansi se dio cuenta de lo ridícula que había sido su pregunta.

    —Estoy pensando demasiado —se pasó una mano por la frente—. No me hagas mucho caso.

    Miró una vez más en dirección a Ren y pasó los dedos por su cabello azulado. En Sinnoh su especie era conocida por evolucionar muy, muy lentamente. Podían incluso pasar años sin salir de su primera etapa... pero no eran el mismo. No podía ser el mismo ralts de Miriam. Aquel tenía una Piedra Alba.

    —Me alegra que hayas evolucionado —dijo al fin con una mano sobre su mejilla—. Vas a ser una linda gardevoir algún día.

    "Y seré más alta que tú".

    Se escuchó a sí misma forzar una risa momentos antes de que Vega llegara hasta ellas y volvieran juntos al Centro Pokémon. Al parecer la reunión sería al día siguiente, y además de la capitana y el hijo de Lann, iría con ellos la última miembro del Alto Mando. Anansi se tomó la noticia neutralmente. Una parte de ella esperaba que Taena viniera también, pero otra estaba segura de que no sabría cómo lidiar con ella.

    Esa noche se tiró en la cama sin fuerzas para pensar en nada más. Tratando de no pensar en Taena, en Scylla o en Ren. En todo lo que había salido mal y lo que no había podido hacer.

    —Traté de hacerlo bien esta vez —se dijo a sí misma en la oscuridad. Se quedó dormida antes de notar que estaba llorando.

    Esa noche soñó con el Monte Corona. Sus compañeros habían caído uno tras otro ante la fría determinación de ese Garchomp, y mientras los túneles en la roca se sacudían amenazantes, ella luchaba por escapar antes de que todo se viniera abajo.

    Su golbat había escapado. Croagunk los había dejado mucho antes, y estaba demasiado asustada de abrir su última pokéball por temor a lo que había dentro. Lo único que podía hacer era seguir corriendo.

    El frío viento del invierno le golpeó la cara cuando llegó a la cima de la Columna Lanza. Su pesadilla siempre terminaba en la cima de la Columna Lanza; el cuerpo inerte de la comandante Venus entre las rocas. La comandante Ceres tratando de reanimarla y el líder Helio gritando hacia el cielo, habiendo sometido a los dioses del espacio y el tiempo y encadenado a su vez por su propia locura mientras la campeona de Sinnoh se alzaba para hacerle frente. Sabía lo que venía: el cielo se abriría por la mitad para dejar salir a la bestia fantasma que se llevaría todo. Pero en esta ocasión sería diferente.

    El niño héroe que los había enfrentado una y otra vez estaba con ella.

    Y a su lado, un Gallade tan alto como ella preparado para luchar.





    Seguía con vida al día siguiente, así que acudió al gimnasio a primera hora en espera de la reunión. Vega, Blake y Koiso no habían llegado aún, y a la única que encontró fue a la líder de gimnasio tamborileando con los dedos sobre su escritorio. Le dirigió un saludo de asentimiento y procedió a recorrer el plantel. Sus avances eran como mínimo comparables a los de Lyses, y al igual que la anterior ciudad, se hallaba bajo patrocinio de los Frey, y eso la incomodaba. Empezaba a notar un patrón, un pragmatismo fundamental en la forma de ser de todos ellos. Aunque se interesaba en las leyendas, Sogia Frey era un escéptico; pese a ser coordinadora, Scylla dedicaba muy poco tiempo a ello, y si Leryna Frey había accedido a trabajar con alguien como Kozaky, abriendo las puertas de Aiwass al mundo, era por mantener su dominio, probablemente temiendo (o al menos eso podía inferir) que si rechazaba la iniciativa de Callahan, este buscaría apoyo en la familia rival.

    Todo tenía una razón secreta, cada paso que daban estaba determinado a un objetivo: el de mantenerse en la cima de todo. Y eso era incluso evidente en el gimnasio de Nix. Todo ese conocimiento, las instalaciones y las enseñanzas a sus alumnos estaban encaminadas al progreso y la evolución. En Themis y Efesto protegían el conocimiento, pero en Lyses, Nix y Caribdis lo producían.

    Cuando su pierna empezó a doler tomó un descanso en el comedor, y sin nada mejor qué hacer, volvió a abrir el libro de los Mitos e Ilusiones. Las tapas se habían desprendido un poco a causa de su exabrupto anterior, y el marcador de páginas se había perdido en el proceso.

    ¿Qué era lo que tenía en las manos? ¿Quién era realmente Miriam de Legion? Los eventos estaban relatados en pasado, y si Miriam tenía nueve hace veinte años, el libro no podía tener más de diez. ¿Era una novela, o una crónica de verdad? Tocaba temas que alguien tan poderosa como Leryna Frey preferiría mantener ocultos, entonces ¿por qué había sido publicado? ¿Por qué se encontraba en la biblioteca de Lyses? Y por encima de todo, ¿por qué lo había encontrado tan fácilmente sobre una mesa?

    Aturdida por tantas dudas, abrió el libro desde el principio para encontrarse con la misma introducción que, en vista de los sucesos, le parecía mucho más sombría:

    Yo soy Miriam de Legion, líder del Alto Mando de la región de Aiwass y maestra del Tipo Psíquico; soy Miriam del Espejismo, campeona coordinadora de la Ópera Lunar y protectora de Ciudad Caribdis; mi nombre es Miriam de Aurumoth, una portavoz de Devastal, verdadero señor de esta tierra maldita; soy Miriam del Incendio Violeta, quien a sus órdenes trajo la Danza del Estrago y la Cosecha sobre Cirse; y soy Miriam de la Ley: maestra de....

    La imperiosa voz de Evers anunció a través de los parlantes que la reunión estaba por comenzar. Anansi se levantó con dificultad; sus piernas temblaban y el peso de sus pensamientos la obligaba a ladear la cabeza. Sus pasos eran torpes y tenía que apoyarse a la pared con una mano. Scarfy abandonó su forma de bufanda y levitó junto a ella confusa.

    —No puede ser —trató de convencerse—, no puede ser.

    Cuando por fin llegó a la sala de reuniones la encontró vacía, y escuchó un escándalo de la habitación contigua. Se movió tan rápido como pudo y cruzó la puerta temiendo lo peor:

    Taena luchaba por levantarse, malherida furiosa, de cara a una Ren de ojos amenazantes. La conversación, a gritos, apenas y le daba pistas de lo que sucedía: alguien había atacado a Palas Unfair la noche en que habían dejado Ciudad Themis. Conociéndola a ella y sabiendo lo que había sucedido recientemente, era evidente a qué conclusión iba a llegar.

    «La Maestra de Scylla Frey».


    —Es suficiente, Taena.

    Como si leyera sus pensamientos, Zubat voló hacia la chica, embistiendo suavemente su larga cabellera rojiza. Ella solo empezó a temblar, momento en que Ren y Anansi cruzaron miradas. La Ultraball en su cartera se agitaba furiosamente, pero no le hizo caso, a pesar de que una parte de ella deseaba que todo volara en pedazos. ¿Qué tan difícil sería provocarlo? Con Evers, Ren y la capitana en el lugar y los ánimos tan encendidos, ¿qué tan lejos podían llegar las cosas antes de que alguien pudiera detenerlos? El pensamiento en sí mismo la atemorizaba.

    —Ya está bien, Ren —añadió mientras abrazaba a Taena por la cintura para sacarla de la habitación. No protestó, probablemente tan confundida como ella, y se dejó arrastrar hacia el pasillo sin que nadie dijera una palabra. A una señal de Anansi, Scarfy cerró la puerta, y fue entonces cuando escuchó su voz como un susurro cargado de ira.

    —¿Por qué...?

    —No fue él.

    —Fue él.

    —No fue él.

    —No me digas... ¿¡Tú también!?

    Taena trató de girar la cabeza para mirarla, pero ella lo impidió sujetando su frente. Físicamente no eran tan diferentes, pero Anansi estaba tan débil por los sucesos de los últimos días que si podía someter a Taena era porque ella debía encontrarse peor.

    —Tú también... —rio en voz baja, escupiendo cada sílaba con amargura. Luego del ataque a la capitana, podía hacerse una idea de lo que estaba pensando.

    —Te equivocas, pero no fue él.

    —Yo misma lo vi. Ese fuego azul matando el Bosque de Pan... el fuego de su maldito quilava... ¡No trates de negarlo!

    Volvió a debatirse entre sus brazos. En comparación a la furia de Taena, la voz de Anansi irradiaba calma.

    —Tienes razón, pero ambas sabemos que no lo estás acusando por eso.

    —¡No hay nadie más! Su pokémon... esa...

    —No fue ella tampoco. Ren no tiene motivos para atacar a Palas, y lo sabes.

    —¿Por qué los defiendes? Han causado problemas en Lyses, ¡Provocaron un incendio en el bosque! ¡Escaparon de Efesto con...

    Su voz se quebró antes de llegar a la próxima palabra y su cuerpo empezó a agitarse. Sintió su mano humedecerse por las lágrimas de Taena y un momento después, sus piernas cedieron y cayeron de rodillas al suelo.

    Para una persona tan orgullosa como ella, llorar de esa forma, clamando repetidamente el nombre de Scylla, era una prueba de hasta qué punto había sobrepasado su límite. Es-ci-la, es-ci-la. Las mismas tres sílabas una y otra vez, las únicas que podía articular. Probablemente no había podido hablar con nadie, desahogarse con nadie, porque no confiaba en nadie. La única persona con quien mantenía un vínculo había sido víctima de un ataque al mismo tiempo que perdía a la otra. No le sorprendió notar que ella misma estaba llorando también, pero tampoco le importaba. Si alguien se atrevía a interrumpirlas estaba dispuesta a hacerlo pedazos.

    Taena no lo vio venir. Sabía que el vínculo entre ellas no estaba del todo roto y contaba con que el tiempo las haría cruzarse de nuevo, en mejores circunstancias que Efesto y Caribdis. Llegaría el momento en que pudieran dejar atrás los rencores y el peso que sus nombres ponían sobre ellas, en el que pudieran escucharse la una a la otra y perdonarse cuando fueran más maduras. Tal vez en un mundo diferente hubiera sido así, en una realidad externa donde sus palabras fueran escuchadas, pero ese no era su mundo y el encuentro final de reconciliación nunca tuvo lugar. Nunca pudo saber realmente lo que sentía Scylla, o si aún pensaba lo mismo que ella. Nunca podría saber si estaba dispuesta a perdonarla y la única respuesta que la esperaba en el futuro era el silencio, el doble de silencio si es que Palas no abría los ojos de nuevo. Y si Anansi podía comprenderlo era porque esa historia también era su historia, porque el arrepentimiento era lo único que compartían dos personas tan diferentes como ellas.

    —Va a sentirse bien —le susurró al oído—. Tal vez Levian puede acabar con ambos si atacas por sorpresa. Vas a sentirte bien cuando lo hagas y, si tienes suerte, habrás dado con el atacante de Palas, pero no podrás hacer nada contra la persona que mató a Scylla, y si te equivocas, el atacante de Palas seguirá libre para seguir con su plan. Si dejas que la ira te consuma ahora, no podrás honrar el nombre de Scylla ni las enseñanzas de tu maestra.

    —Son culpables del incendio de Pan. No necesito más pruebas para...

    —Taena, ¿puedes decirme sinceramente que sólo lo harías porque cumples tu deber? ¿O estás dispuesta a hacerlo solo porque te han dado una razón para ello? Eso no es lo que haría una buena persona. Alguien capaz de tomar una vida solo porque tiene un motivo para hacerlo nunca será feliz. Alguien así no piensa en segundas oportunidades y no está en condiciones de liderar a nadie. Tú eres mejor que eso, y mientras pueda sostenerte, no te permitiré hacerlo.

    —¿Puedes... ¿Puedes decirme lo mismo de Callahan? Y si él o alguien más hizo daño a Palas, ¿vas a detenerme de todos modos?

    Taena se liberó de su mano para darse vuelta y mirarla con sus intensos ojos dorados. Aún refulgía la ira dentro de ellos, así como el dolor y el miedo.

    —Primero tenemos que encontrarlos —respondió—, y cuando llegue el momento, te prometo que estaré contigo.

    Antes de que pudiera insistir, la abrazó de nuevo y apoyó la cabeza en su hombro.

    —Tengo algunas ideas para ayudar. Pero hasta entonces, haremos las cosas a mi manera.




    Cuando volvieron a la habitación, Vega y la capitana seguían discutiendo. Anansi intercambió una rápida mirada con Ren y antes de sentarse, sujetando fuertemente el brazo de Taena mientras imploraba que no pasara nada más. Su cabeza estaba a punto de estallar.

    El interrogatorio prosiguió. Se unió Naohiro Koiso, exponiendo lo que ya más o menos sabían, y tanto Blake como la niña de cabello rosa se unieron a la sala, respondiendo con aprehensión a las preguntas que venían de Evers, los Lann o la mujer del Alto Mando, Hepsis de Meridión. Cuando llegó el turno de Anansi, la capitana le miró fijamente y preguntó con educación.

    —¿Hay algo que puedas decirnos al respecto?

    —Lo conocí antes. A Kozaky.

    Los diez pares de ojos se fijaron en ella bruscamente. La niña de cabello rosa estiró la manga de su chaqueta hacia abajo.

    —¿Puedes contarnos al respecto? —añadió la mujer del Alto Mando. Anansi hizo un esfuerzo por no sonreír.

    —También hay algo que quiero saber: los dueños de algunos nombres y lo que han estado haciendo.

    «Miriam de Legion» estuvo a punto de decir, pero desistió. Si era quien creía que era, podía provocar un desastre.

    —Realta Nua. Liber al vel Legis. Y Mathos... solo Mathos.

    Los nativos de Aiwass se miraron entre sí, intercambiando miradas de genuino desconcierto.

    —No conocemos a nadie con esos nombres, y Liber al vel Legis, no es un nombre de Aiwass —respondió Meridión—, pero ese último... ¿hay algo más que sepas sobre Mathos? ¿Su apariencia, por ejemplo?

    —Sé que viene de Cirse, nada más.

    De nuevo silencio. La mitad de los presentes no entendía lo que ocurría, y la otra mitad parecía dudosa de decirlo. Finalmente fue el hijo de Lann el que decidió hablar.

    —La cosa es... que hay alguien así. Hay alguien muy famoso allá afuera que tiene esas características. Seguramente es el que buscas.

    —¿Y quién es?


    Mathos van Price, el Campeón de Aiwass.
     
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    Capítulo 8 - Punto de Quiebre



    Themis


    —¿Por qué tengo que hacerlo?

    Arys no se sentía conforme con la situación. Tras los eventos en la Ópera Lunar había sido interrogado por la Policía Internacional debido a su conducta, y severamente reprendido por Tyros. Afortunadamente las cosas no llegaron demasiado lejos gracias a que la atención se dispersó entre Kozaky, los secretos de los Frey y el incendio en el Bosque de Pan. Además de aquel pokemon que había ido de un lugar a otro salvando rehenes.

    Había jugado con la idea de tomar vacaciones fuera de la región, pero Tyros lo había convocado a la Flor del Sol en Ciudad Themis. En sus propias palabras: «convocado», y eso era lo que más le fastidiaba. Su primo tal vez era el líder de la familia, pero se venía demasiado arriba cuando no era la gran cosa. Encima de ello, quería obligarlo a aceptar un desafío oficial a la Liga.

    Alexandra Weiss. Ya antes había desafiado a la Liga de Aiwass e incluso se había coronado como campeona de Hoenn. Era al mismo tiempo un monstruo y un infierno de mujer. ¿Tyros trataba de castigarlo con ello, o lo enviaba como chivo expiatorio en lugar de enfrentarla él mismo? No era justo, ambos eran miembros del Alto Mando, pero él tuvo un nacimiento un poco más afortunado.

    —El encuentro se llevará a cabo en una semana, en la Plaza del Sol —indicó Tyros en la oficina de la líder. Era otra cosa que odiaba de él: nunca daba órdenes, nunca exigía nada. Decía lo que debía hacerse, se hacía y punto.

    —No es el mejor momento para dar espectáculos, ¿Luego del escándalo de la Ópera Lunar? ¿De verdad quieres que haga un teatro de desafío a la Liga con todo esto?

    —La gente necesita espectáculos. Si no se los damos, empezará a buscar los suyos, especialmente a nuestra costa.

    —Claro, ¿y por qué tengo que hacerlo yo? ¿Por qué no la enfrentas tú?

    —Tendré que hacerlo si te dejas vencer. Considéralo una oportunidad para resarcir el daño que hiciste en Caribdis.

    —¿El daño? —Arys enrojeció de indignación—, fui el único que hizo algo, ¡Ese maldito demente iba a matarnos a todos! Y mientras tanto, ¿Qué hizo tu "hijo", Tyros? ¿Qué hizo esa bastarda? Escaparon a la primera oportunidad.

    —¿Y qué hiciste tú? —replicó con voz firme, pero calmada— Atacaste a un compañero de la Liga y provocaste tanta destrucción como te fue posible. ¿Sabes que los Frey alegan que rompiste las reglas respecto al uso de pokémon?

    —Daño colateral —se quejó—. Y ese cabrón de Callahan hizo lo mismo. ¿Cómo diablos tenía sus pokémon consigo? ¿Cómo fue aceptado en la fiesta para empezar?

    —Ya lo averiguaremos. No es imposible que haya tenido ayuda interna de parte de los Frey, o quizás de alguien más. Alexis y Lewis están en Nix para aclarar la situación.

    Arys escupió al suelo habiendo llegado a su límite.

    —Otra vez esos dos, Zentris y Lewis. Si de verdad piensas hacer del chico tu sucesor, ¿por qué lo envías con su guardia a todas partes? ¿Es que no confías en él? Tal vez en el fondo sabes que no está hecho para el puesto.

    Tyros no le respondió. Se limitó a clavar sus ojos dorados en los suyos. Cualquier otro se habría intimidado ante su mirada, pero Arys no era de esos.

    —Y la bastarda. ¿Por qué tanta condescendencia con ella? Es una pordiosera venida a más surgida por un descuido... y a decir verdad, la encubres con sospechosa benevolencia —sonrió con malicia—. ¿De eso se trata, Tyros? ¿De estrechar los lazos familiares? Tienes un concepto de familia muy cuestionable.

    El líder de la familia se puso de pie y caminó lentamente hacia él. En estatura eran similares, pero el la sombra de Tyros era mucho más grande que la suya.

    —¿Qué eres, Arys? —prosiguió con voz gélida—. Un ebrio, un imbécil violento que tuvo la suerte de nacer en la familia correcta y de que yo esté a cargo. Deberías agradecer que mi concepto de familia me impida hacer contigo lo que te mereces, pero has tentado a tu suerte demasiado tiempo. Lewis es mi hijo y Alexis vale por diez como tú. Y si vuelves a referirte a ellos de esa manera vas a encontrarte con una parte de mí que no quieres conocer.

    —Estás arruinando el buen nombre de la familia...

    —De eso ya te encargas tú. Ahora irás a cumplir con tu deber, vencerás a Alexandra Weiss y demostrarás a todo el mundo que no eres el idiota que en verdad eres.

    Arys apretó los puños, considerando seriamente la posibilidad de golpearlo, pero finalmente desistió y salió de la estancia azotando la puerta. Tyros esperó hasta dejar de escuchar sus pasos alejándose, y entonces salió también.


    Themis era eterno, siempre tal y como lo recordaba. Era verdad que se había modernizado, pero las personas no cambiaban ni lo hacía el oasis, era como si la vida misma fluyera de la arena y envolviera todo con su luz. Era una sensación que ni siquiera Icaros le transmitía, el único lugar en Aiwass en el que se permitía bajar sus defensas.

    Sus pasos lo llevaron hasta el hospital. Palas Unfair era una persona muy querida por la gente del oasis, y cuando se propagó la noticia de su estado se desató la conmoción. Afuera de su habitación privada se encontró con un ridículo número de arreglos florales y otros obsequios de gente común como evidencia de ello, y al verlos sintió que una sombra negra le cubría los ojos. Se preguntó si también habría flores en el funeral de Scylla.

    Las visitas estaban prohibidas para todo el mundo, pero sabía que nadie insistiría en sacarlo de la habitación. En ese sentido no era tan diferente de Arys. Abrió la puerta con cuidado y encontró a Palas Unfair tendida bajo las mantas, el brazo derecho conectado a una sonda y extraños equipos médicos de los que no sabía nada, pero esperaba que sirvieran de algo. Creyó que estaba dormida, pero en cuando escuchó la puerta cerrarse abrió los ojos y esbozó una sonrisa.

    —Sabía que vendrías.

    Su aspecto era demacrado, la piel, reseca y pálida. El cabello quebradizo y ojeras bajo sus ojos. Su voz apenas alcanzaba el rango de lo perceptible. No era mucho lo que sabía al respecto: los guardias del Santuario Laurel empezaron a preocuparse cuando no regresó, y temiendo que hubiera sido atacada por un pokémon, procedieron a buscar por toda la reserva hasta encontrarla inconsciente en una sala oculta de las ruinas, la sala que solo pocos como Bastian y él conocían. La herida en su vientre no era grave por sí misma, pero la toxina que corría por su cuerpo era persistente y no habían conseguido eliminarla.

    —Acabo de volver de Alola. Las cosas han cambiado mucho últimamente.

    —El Oasis... ¿qué ha pasado en el oasis?

    —Bajo control: la noticia se ha propagado, pero la administración sigue su curso. No habrá problemas porque descanses un tiempo. La versión oficial es que te atacó un pokémon venenoso, tus subordinados lo consideraron mejor.

    Palas hizo el intento de negar con la cabeza, pero quedó solamente mirando hacia un lado.

    —Los pokémon salvajes no se acercan a esas ruinas, le temen a lo que se encontraba ahí.

    —Invitaste a mucha gente al santuario esos días. Uno de ellos no encontró lo que quería, así que esperó. Cuando bajaste a asegurarte de que no lo había encontrado, lo guiaste a él y lo tomó.

    —Es imposible. Era Sogia Frey quien...

    —Era un Frey. Y aún si suponemos que no fue él, venía con un grupo de desconocidos, igual que Acacia Knowing. Cualquiera de ellos pudo ser.

    Palas intentó replicar, pero se le quebró la voz antes de que pudiera decir algo, de modo que alzó la vista hacia el techo en silencio.

    —¿Qué va a pasar ahora, Tyros? Se lo han llevado, el Anillo de la Victoria. Sin él, el Oasis...

    Tyros de Lann mantuvo la cabeza en alto, sin permitir que su expresión lo traicionara. Tenía una región sobre los hombros y bajo sus pies, envolviéndolo y tratando de aplastarlo. Y si se permitía mostrar la menor debilidad, acabaría consiguiéndolo.

    —Hemos trabajado en un prototipo por décadas, desde lo acontecido en Cirse hace veinte años... estuvieron a punto de robarlo en Efesto, pero se encuentra a salvo. El Oasis no empezará a mostrar signos de deterioro a corto plazo, tenemos tiempo para hacer que funcione.

    La contraparte de la Tiara de la Paz: el Anillo de la Victoria. Una reliquia ancestral capaz de irradiar vitalidad a su alrededor, protegida por generaciones y generaciones en Themis. Era la principal razón por la que existía un oasis como aquel en medio del desierto; lo que la hacía diferente a la árida Nix... y la que podía provocar una extinción en masa a corto plazo.

    —¿Tienes idea de quién pudo ser?

    —No vi a nadie, sólo una sombra. Pudo ser incluso un pokémon, no lo descarto. Pero, ¿por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué alguien querría...?

    —Si fuera algún simple ladrón o un cazador de tesoros, sólo tendríamos que encontrarlo y ahogarlo en arena, pero no se trata de algo tan simple. Han atacado el santuario después de fallar en Ignis. No importa quién sea, está claro que piensa utilizarlo.

    —¿Para qué?

    A él se le ocurrían muchas formas, cada una peor que la anterior, así como muchos sospechosos. Los Frey, los hermanos de la Ley, cualquiera que hubiera entrado en el Santuario...

    —Me ocuparé de eso. Tarde o temprano tendrá que ejecutar su plan, y antes de eso dará señales de vida. Cuando eso suceda, lo detendremos y le haremos pagar.

    Dejó la habitación media hora después, cuando Palas volvió a cerrar los ojos más tranquila que antes. Había dado severas instrucciones para que no se le informara de nada que ocurriera fuera de Themis. La caída de los Frey, el incendio de Pan, Scylla, especialmente Scylla. Sólo podía esperar que Alexis hiciera su parte en Nix.

    Sus pasos lo llevaron hasta una habitación diferente. Golpeó la puerta con los nudillos y una voz suave le invitó a pasar. Unos segundos después, Tyros de Lann escucharía a Arrel Strauss.



    Nix


    —Mathos van Price, el Campeón de Aiwass.

    Un silencio incómodo se extendió por la sala de reuniones mientras varios de los presentes apartaban la vista. Anansi comprendió rápidamente que, entre todos ellos, era probablemente la única que no conocía su nombre.

    —¿Qué asuntos tienes con el campeón? —preguntó Evers con fastidio. Hasta ese momento no le interesaba demasiado el curso de la conversación, y la escena que acababan de montar Ericksen y Sericci no la había complacido, pero para ese momento Anansi tampoco sentía mucho respeto por ella, así que se limitó a sonreír.

    —Eso es asunto mío.

    —¿Qué dijiste?

    —Si el campeón es la persona que buscas —intervino Meridión para evitar una confrontación—, puedo llevarte con él. Pero antes necesitamos que nos digas lo que sabes de Kozaky. Lo mismo todos ustedes: el propósito de esta reunión es solucionar el problema que tenemos entre manos, no ocasionar más.

    Lanzó una mirada de advertencia a ambas. Evers apartó la vista y Anansi cerró los ojos, buscando en sus memorias.

    —Lo conocí en Lyses, durante los días que presentaba el examen escrito. Parecía un sujeto peculiar, alguien que no se llevaba muy bien con el mundo. Dijo que el viejo Sogia estaba mal de la cabeza... y ya tenía esa cosa, el arma que usó contra la Directora Frey. La usó también con mi Misdreavus, pero pasó a través de ella sin causarle daño. Después me crucé con él en la conferencia de la tiara.

    —¿Fue la última vez que lo viste? —preguntó esta vez la capitana.

    —Luego de la conferencia volví a cruzarme con él. Ya se iba de la ciudad, dijo que iba a... Cirse.

    —Cirse ya no existe —interrumpió Evers—, eso cualquiera lo sabe.

    —Sabemos a dónde fue después de ello —añadió Alexis agotada—. Fue a Caribdis, todos lo vimos.

    —Hay algo que quiero saber al respecto.

    Los ojos de la habitación se enfocaron en Naohiro Koiso, e incluso Evers expresó cierto interés. Sericci ya se había referido a ella como una genio capaz de realizar deducciones impecables, y hace nada había hecho una demostración de su sagacidad probando su inocencia. Confiaran en ella o no, todos los presentes parecían interesados en escucharla.

    —Ese hombre, Kozaky, o como lo llaman, Callahan, también habló de Cirse en la Ópera Lunar. Se refirió a un experimento con la Tiara de la Paz que causó su destrucción, pero la versión oficial es que se trató de un desastre ambiental. ¿Qué fue realmente lo que sucedió en Cirse hace veinte años? Sogia y Leryna Frey daban muestras de no querer que se supiese. También las ruinas del Santuario Laurel ponían especial atención en el mar que rodea a Cirse, e incluso los murales de Narciso lo referencian. Lo que sea que esté planeando podría relacionarse con Cirse.

    —Y Callahan llegó a Aiwass a través de Cirse —añadió Anansi sin pensar, y después bajó los ojos—. Me lo dijo la Directora.

    Las autoridades, Evers, Meridión y Alexis intercambiaron miradas. Taena se mantenía de brazos cruzados haciendo un esfuerzo por controlarse, y Lewis de Lann estudiaba las actitudes de los demás. Fue finalmente mujer del Alto Mando quien retomó la conversación.

    —Si de eso se trata, puedo llevarlas a Cirse, o al menos tan cerca como sea seguro. Actualmente es poco más que una isla fantasma, pero con la marea adecuada podemos investigar. También organizaré un encuentro con el campeón. Es difícil de encontrar, pero podemos atraer su atención. En la biblioteca de la Ley también podríamos encontrar información.

    —Aún no hemos terminado —interrumpió la capitana con educación—. Hemos determinado lo ocurrido en Pan, y tenemos un rumbo a tomar en Tesseus. Lewis —preguntó a su sobrino—, ¿con qué datos de las ruinas de Narciso contamos?

    —Prácticamente nada —bufó con disgusto—, los Frey se han quedado con todo salvo un par de fotos, y tampoco estuve mucho tiempo en las ruinas.

    —¿No podemos pedirlas al viejo Sogia?

    Alexis ignoró la pregunta de Anansi y se dirigió a Taena.

    —También necesitamos que alguien vuelva al santuario del Oasis, y entre todos los presentes eres nuestra mejor opción.

    Le sostuvo la mirada con sus mismos ojos dorados y asintió.

    —Y si alguien más tiene algo qué agregar, les pido que lo compartan ahora. Cualquier cosa que pueda sernos de utilidad. ¿Alguno de ustedes notó algo durante la expedición? ¿Cuándo fueron al Bosque de Pan, o en Alseide, en Lyses? ¿Sobre las personas que invadieron Efesto, sobre Callahan?

    Mientras su tía hacía las preguntas, Lewis miraba con atención a los demás. Meridión era indescifrable, y tanto Taena como Roxanna eran irredimibles, así que las ignoró para concentrarse en los demás. Vega Sericci parecía harto de todo, deseoso de que la reunión terminara cuanto antes para seguir flirteando con Alexis. Su kirlia mantenía una expresión indiferente, aunque seguía con los ojos el curso de la conversación. Aquella chica, Anansi, hacía exactamente lo mismo que él, y la arqueóloga amateur parecía tallada en piedra. Del otro lado estaba Weiss, visiblemente incómodo, lo que era comprensible. El coordinador tenía poca tolerancia a la presión, y dado los recientes roces con su hermana en la ciudad, no se encontraba de humor para soportar un interrogatorio. La última...

    La última era la niña que había ganado el torneo de Icaros, Arianne Labelle. Se encogía en su lugar, mirando a todos los presentes con algo parecido al miedo, y cuando parecía que iba a decir algo, se interrumpía en el último segundo. Al principio pensó que era lo normal en una chica rodeada de adultos salvo Taena, pero poco a poco, su nerviosismo empezó a parecerle anormal. Golpeaba el suelo con los talones, se frotaba las manos y ocasionalmente se alisaba el cabello, y cuando se daba cuenta de este gesto, bajaba los brazos de inmediato y tiraba de las mangas de su chaqueta para cubrirse.

    —Espera un momento por favor —interrumpió la conversación para centrar la atención en ella—. Déjame ver eso por un momento.

    Arianne obedeció, más aterrada que nunca, lo que solo reforzó sus sospechas. A petición suya descubrió su brazo para mostrar una extraña pieza de armadura que la cubría.

    —Préstamelo —pidió en un tono ligeramente menos amable. Arianne se quitó la chaqueta y entregó la pieza de tecnología. Salvo el hijo de Lann, nadie parecía comprender qué sucedía.

    —Tú... ¿cómo tienes esto?

    —¿Qué es esa cosa, Lewis?

    —Un pokécepo. Hace muchos años un científico prominente de Aiwass empezó a trabajar en un dispositivo para capturar pokémon que ya habían sido capturados. Nadie sabe qué tan lejos llegó en el proyecto, pero ocasionalmente mostraba avances del mismo. Tanto mi padre como la directora Frey consideraron que esta clase de tecnología era peligrosa si caía en malas manos y se detuvo su financiamiento, de modo que el proyecto fue abandonado y cayó en el olvido antes de llegar a la etapa de producción comercial.

    —Felicidades, eres un nerd —replicó Taena con aspereza—, ¿eso qué tiene que ver con nuestro problema?

    —Tiene que ver —exhaló—, porque el nombre de ese científico era Fenn el Callahan. Te preguntaré una vez más, señorita, ¿cómo es que tienes esto?

    Hepsis de Meridión palideció, los ojos de Taena refulgían con ira, Arianne Labelle se esforzaba por articular palabra alguna.

    —N-no sabía que era él, ¡se lo compré a un vendedor en la calle! Sólo cuando lo desenvolví encontré una nota suya donde decía quién era...

    —¿Y te guardaste esa información? —atacó Ericksen— ¿Aún cuando acabamos de preguntar si alguno de ustedes sabía algo?

    —¿Es eso cierto, Arianne? —preguntó Meridión a su vez en una nota más suave.

    —No... no quería...

    —¿¡Por qué no me lo dijiste antes!? —vociferó la líder de Nix—. Para eso me hiciste apostar contra ti, para comprarle está cosa a ese terrorista... No creas que te vas a librar fácil de esto.

    Evers torció una sonrisa, una parte de ella disfrutaba la oportunidad de devolverle la humillación por su derrota. Los otros dos líderes de gimnasio apartaron la mirada con disgusto.

    Pero Alexis de Lann no lo hizo. Alzó sus ojos con la mirada seria y dominante que caracterizaba a todos los de su familia, y por su sola presión obligó a Evers a mirarla.

    —¿Estás diciendo que una chica a tu cuidado ha estado recibiendo tecnología procedente de Kozaky? ¿Que tú le has facilitado el obtenerla?

    —¿Qué estás... —siseó con rabia— ¿qué estás insinuando?

    —Kozaky se oculta en tu ciudad. Kozaky proveé a tu personal con tecnología.

    —¡Déjame fuera de esto! En cualquier caso, ha sido ella la que se ha metido con Kozaky, ¡Es ella la sospechosa!

    Alexis miró a una y a otra. La niña de cabello rosa temblaba de miedo, pero Roxanna también parecía amenazada.

    —Primero en Lyses, luego en Caribdis y ahora en Nix. Hasta el más incauto notaría que hay un patrón en sus apariciones, ¿es que acaso han estado trabajando juntos todo este tiempo?

    —¡No seas ridícula! Las únicas que han sufrido bajas han sido las ciudades de la Luna, ¿No han sido ustedes? —miró desesperada a Meridión— ¿No reclutaste tú a esta mocosa para tu propia investigación?

    —Te equivocas en algo —respondió Lewis perdiendo toda calidez—. Arianne Labelle solo conoció a Meridión porque la enviaste a Icaros.

    —Son demasiadas coincidencias —concluyó Alexis, consciente de que si le daba un segundo más a Taena, esta acabaría usando la violencia—. A menos que tengas algo más qué decir, la reunión ha concluido. Roxanna Evers: nos acompañarás pacíficamente a Icaros.

    La risa histérica de la líder contrastó con la fría calma de la capitana —¿Quién te crees que eres? ¿De verdad piensas que voy a seguirte sumisa como todos los demás? ¿¡Me ves tan estúpida para caer en tu trampa!?

    —Si en verdad eres inocente no tienes nada qué temer. Te doy mi palabra de que serás tratada con dignidad hasta que lleguemos al fondo de esto. Pero mientras tanto, es mi deber ponerte bajo custodia.

    Los otros dos líderes la miraron con una mezcla de miedo y admiración e incluso Meridión empezaba a ponerse alerta. No era la bastarda quien hablaba, ni la tía de Lewis, ni la hermosa mujer que arrancaba suspiros. La capitana de la Guardia de Icaros actuaba como una guardiana. Alexis Zentris de Lann actuaba como una Lann, y Roxana, aunque intimidada, no estaba dispuesta a retroceder.

    —No te creas más de lo que eres, guardiana de Icaros —respondió burlona—. No te atrevas a amenazarme en mi cara, en mi propia ciudad, o enfrente de mis propios guardias.

    Como si hubiera dado una señal, diez de los miembros de su propia guardia derribaron la puerta y rodearon al grupo. El líder de ellos, un hombre joven de cabello castaño, tomó posición detrás de Alexis y cada uno sostenía una pokéball.

    —No quieres hacer esto, Roxanna —respondió inmutable—, no empeores las cosas.

    —Fuiste tú. Tú me obligas a hacer eso.

    Hizo un asentimiento a su propio capitán, pero antes de que este pudiera hacer cualquier cosa, fue repelido por una fuerza física hasta estrellarse con la pared al igual que sus subordinados. Evers miró en dirección a Sericci, el tipo con una sonrisa de burla dibujada en su cara, ¿había olvidado acaso de lo que era capaz?

    —¡Basta tú también! —ordenó Alexis a su vez mientras sujetaba el brazo del psíquico. Todo ocurrió en cuestión de segundos, pero fue el tiempo que necesitaba su guardia para incorporarse y esgrimir un hacha arrojadiza en dirección a la capitana de Icaros, con tanta temeridad que solo Lewis de Lann pudo reaccionar a tiempo y apartarla del camino, recibiendo un severo corte en el hombro en el proceso.

    —¡Vega!

    —¡Ren, sácanos de aquí!

    Y en el intervalo de un parpadeo, Lewis, Alexis, Taena y Sericci desaparecieron, así como su kirlia.



    Tesseus


    Dos días habían pasado desde la reunión que tantos problemas había ocasionado. Naohiro Koiso y Anansi caminaban por la orilla de la playa de Tesseus. El lugar parecía a punto de reventar a causa de tantos turistas, pero ninguna de las dos estaba ahí para vacacionar. Incluso Anansi, de natural distraída, mantenía los ojos fijos en el horizonte mientras se cubría los ojos con una mano a modo de visera.

    —¿Eso de ahí es Cirse? —preguntó señalando en dirección al mar.

    —No es visible a esta hora del día, debe ser solo un espejismo.

    Hepsis de Meridión las había citado ahí para llevarlas a la isla fantasma de Cirse, pero hasta que apareciera, tenían el resto del tiempo libre. A diferencia de Evers, Meridión no pretendía tenerlas vigiladas, solo solicitar un mínimo de ayuda posible para resolver un problema que realmente no era suyo, pero en el que se habían involucrado hasta el cuello.

    —¿Crees que estén bien? Taena, Vega y los demás...

    —Tratándose de ese kirlia, seguramente llevó a todos a un lugar seguro, aunque es sospechoso que no den señales de vida, especialmente los dos líderes.

    Anansi también creía que estaban bien, pero temía personalmente que Taena y Vega trataran de matarse el uno al otro. Sólo le quedaba confiar en que no lo hicieran, y mientras tanto, ayudar en lo posible con Hepsis y Naohiro. La investigadora miraba de cuando en cuando a su alrededor, como si buscara algo oculto entre la multitud o la naturaleza.

    —¿Pasa algo?

    —Hay demasiada gente —se quejó—, todo porque el campeón anunció que vendría a Tesseus anoche.

    —En Sinnoh no éramos tan exagerados con esto. La campeona iba y venía por todas partes y nadie perdía la cabeza.

    Naohiro asintió. Lo cierto es que, aunque similares en su aproximación entre el pasado y el futuro, Aiwass y Sinnoh eran diferentes en el interior. Había algo discordante en la gente y en sus pokémon, en su historia y en sus leyendas. Algo que parecía fuera de lugar.

    —No se trata solo del campeón —las interrumpió una voz amable—. Dentro de un par de días empezará un nuevo desafío por el título.

    Volvieron la vista para encontrarse a un joven miembro del Culto a la Ley. Debía estar en sus veintes y tenía una buena disposición, pero el resto de él era imposible de distinguir: facciones comunes, complexión normal, ropa civil sin ningún detalle particular más allá de la estrella de siete puntas que colgaba de su cuello. Nada en él era fácil de recordar. Tan pronto como se alejara de ellas olvidarían su rostro.

    —¿Quién eres?

    —Un hermano como cualquier otro —respondió con una mano en el pecho—. Tengo instrucciones de la líder para llevarlos hasta Cirse.




    Nix

    Dos días habían pasado y la situación iba para peor. Alexa había desaparecido y seguían sin rastro de Lewis de Lann y los demás. La posición de los Frey era más precaria que nunca y se había visto obligada a abrir las puertas de la ciudad a la Guardia de Icaros. Lo peor era que ni ella ni sus subordinados ni sus estudiantes tenían permitido salir de Nix. Incluso sus comunicaciones habían sido cortadas.

    —Esa maldita mujer —murmuró Roxanna Evers en la soledad de su oficina. Hepsis de Meridión se había marchado luego de someter a sus guardias junto con Naohiro Koiso y Anansi, y había difundido información falsa para poner las cosas en su contra. Tyros de Lann aprovechó el momento para dar otro golpe a la credibilidad de los Frey, y lo que más la enfurecía era saber que, probablemente, esa había sido su intención desde el principio. Le habían tendido una trampa y ella había caído en las manos de Zentris.

    Ya eran altas horas de la noche cuando Blake Weiss y Arianne Labelle acudieron a su llamado. No permitió que Meridión se llevara a la chica también, pero Weiss había decidido quedarse por sí mismo, y los motivos le eran incomprensibles. Una parte de ella también empezaba a desconfiar de él, aunque llegados a ese punto desconfiaba de todo el mundo.

    —Ambos son mis estudiantes, lo que los vuelve mis subordinados. Tengo una misión para ustedes.

    Deslizó dos pendrive por su escritorio, eran exactamente iguales, con una forma similar a la de la luna creciente.

    —Tienen que huir de Nix, pasar la seguridad de los Lann y llegar a Caribdis. Una vez que lleguen a la ciudad estarán seguros, pero deben encontrar a Sogia o a Caron Frey y entregarle esto. Cualquiera de ellos sabrá de qué se trata.

    —¿Qué hay aquí? —inquirió Blake con el ceño fruncido mientras examinaba el dispositivo.

    —Nuestra última carta. Si todo sale bien podremos invertir esta situación. Hay uno para cada uno... Si uno de ustedes es capturado, destruyan su unidad y den tiempo suficiente al otro para escapar. Basta con que uno de los dos llegue a Caribdis para que funcione.

    —No quiero hacerlo —respondió la joven Arianne con un tono de amargura en su voz—, voy a irme a casa.

    —Tendrás suerte si después de esto puedes tener una vida normal... ¿olvidas que tu pequeña torpeza nos puso en esta situación? Ya basta, no quiero ver a ninguno de los dos. Tomen los datos y váyanse antes de que salga el sol. Ustedes no serán los únicos perjudicados si no lo consiguen.

    Horas más tarde, luego de que los chicos se hubieran marchado, Roxanna Evers miraba por la ventana, preguntándose cómo habían llegado las cosas a ese punto. Las ciudades de la Luna, que por siglos habían sido las verdaderas regentes de Aiwass, ahora se hallaban al borde de la sumisión total, como si una mano diabólica guiara sus destinos por el peor camino posible.



    Tesseus


    —¿¡Qué diablos pasa contigo!?

    Kozaky era más alto, más fuerte y más propenso a los estallidos de violencia, pero eso no evitó que Meridión lo sujetara por el cuello para empujarlo contra la pared.

    —¿¡Por qué demonios tenías que ir a Nix y sabotear la reunión!? ¿¡Por qué tenías que exponerte de esa forma!? ¿¡Tienes idea de lo que has causado!? ¿¡De hasta qué punto nos has puesto en peligro!?

    Él no hizo el menor esfuerzo por defenderse. Espero a que los brazos de ella perdieran fuerza y no pudieran sostenerle más para dejarlo caer, y fue hasta ese momento que se permitió hablar.

    —Si solo fuera culpa mía, arrastrarlos a todos no hubiera sido tan fácil. Todo fue parte del plan, y todo va perfecta, perfectamente.

    Apartó las manos de Meridión y empezó a caminar por su oficina con la misma expresión de sosiego.

    —Responde. ¿Qué utilidad tenía dar ese pokécepo a la niña?

    —La posición, Meridión. Últimamente me siento inseguro respecto a todo, así que quería recordarte qué tan, tan ligados estamos, qué tan peligroso es que caiga yo para ti.... y también quería meterme un poco con nuestros amigos los Frey.

    —Esto no es un juego...

    —... excepto que sí lo es: algunos de ustedes pueden engañarse a sí mismos pretendiendo que los mueve una buena causa, pero todos siguen jugando, esperando el momento para mover, dispuestos a hacer cualquier cosa, cosa que los lleve a la meta. ¡Y hemos llegado! Estamos en la posición correcta para llevar a cabo la última alianza, y cuando nuestro amigo finamente nos dé la mano, es que todo, todo habrá valido la pena.
     
    Última edición: 15 Abril 2019
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    Ella estaba muerta.

    La había visto deslizarse hacia el remolino, siendo devorada por las implacables olas. Por mero instinto había tratado de atraparla, mas había sido demasiado lenta… y llegó demasiado tarde; antes de que el cuerpo de Scylla cayera a su fin, cruzó miradas con ella, un error de cálculo en su accionar y cuanto se lamentaba de haberlo hecho.

    Vio en sus ojos el dolor de haber fracasado, de morir tan joven sin ser nadie, aunque dentro de todo, vio la súplica que ocultaban. La súplica para salvar a la directora, de no dejarla morir, aunque sabía que era demasiado tarde también para eso.

    Y entonces sintió algo romperse dentro de ella en miles de pedazos.

    Un dolor intenso e inexplicable, así como unas ganas de incendiar todo el edificio con Kozaky dentro, de asesinar a todos por haberle quitado algo tan importante. ¿Qué importaba la vida de los demás cuándo se suponía que ya no tenía una parte fundamental de sí? Cayó de rodillas y sintió como su único ojo se llenaba de lágrimas; se le hizo un nudo en la garganta y tensó sus músculos.

    Se sentía destrozada, pero se negaba a llorar, las emociones solo eran un obstáculo que la hacían vulnerable. Ella había sido la campeona de su región, había peleado en una guerra, y Scylla nunca fue importante para sus fines. ¿Por qué entonces sentía que todo se había desmoronado? No tenía ningún sentido.

    Debería ser feliz, pues Fenn se había deshecho de las dos personas que más problemas podrían causarle a futuro. Debería estar aliviada pues finalmente aquel hechizo extraño se había roto, debería haber seguido manteniendo la fachada de heroína de guerra y seguirle la corriente a Callahan para robarse toda la gloria.

    Pero los recuerdos seguían, como torrentes salvajes y descontroladas.

    Scylla murió, pero su mente se negaba a borrarla de su memoria.

    Todo era su culpa.



    El suelo bajo sus pies volvió a sacudirse de forma abrupta y sin tener ningún soporte para afianzarse, su cuerpo cayó hacia el vórtice donde minutos antes la mujer que plagaba sus recuerdos había encontrado su fin. No había ayuda, pues todos los ojos estaban puestos en la muerte de Leryna Frey y en los parloteos de aquel hombre que se veía había perdido el juicio, sin embargo, antes de que pudiera hundirse en las profundidades del océano, una cálida sensación embargó su cuerpo.

    Al voltear hacia abajo, notó como su Charizard se había liberado por cuenta propia para rescatarla, y batía sus alas con furia para alejarse lo más posible del remolino que parecía succionar todo cuanto estuviera cerca.

    Escuchó entonces los gritos de auxilio, pero cuando volvió a darse cuenta, Owain la llevaba muy lejos del desastre. Dejando que la Opera se consumiera a si misma, dejando a su ama perderse en las imágenes que pasaban por su mente.

    Era muy tarde para salvarlos, era muy tarde como para intervenir.

    Aunque no era como si quisiera hacerlo.

    Su cabeza punzaba con cada ola de recuerdos indeseables, y su cuerpo reaccionaba en discordancia con lo que le ordenaba.

    —Llevame al hospital de Lyses, rápido.

    Lo cierto era que tenía miedo de que dejar de tener el control de ella misma, ahogando su esencia en otra que no formaba parte de su ser, pero a la vez, resonaba con cada fibra de su cuerpo. Tenía miedo de arrepentirse a base de sentimientos falsos y experiencias ajenas.

    «Nunca serás la elegida de Rayquaza...»

    2​

    Narciso era tan frío y desolado como lo recordaba, y las ruinas tan sombrías como la primera vez que las vio. Sin embargo, la cuidad fantasma no era el motivo de su visita, o al menos, la parte céntrica de la misma. Siguió caminando entre la densa nieve hasta llegar a aquellas torres que se alzaban más allá; aquellas edificaciones que contrario al resto, su estructura no parecía haber sucumbido ante el clima hostil, manteniéndose firme a pesar del paso de los años.

    Era el nido perfecto, y la influencia de aquel Pokémon había hecho de que todo se conservara en las mejores condiciones para la proliferación de la colmena. Entre todos los datos inútiles que recabó su Absol en el ataque furtivo a la expedición de Sogia, el hecho de que se enterara de una colmena de Colarva había sido sin duda el mejor.



    Si quería aplastar a sus enemigos, si quería hacerlos arrodillarse a sus pies no solo necesitaría a la larga el poder de un legendario, sino el mismísimo poder de una fuerza cataclismica, el poder de algo capaz de llevar una gran ciudad a las ruinas a base de números y poder bruto. El hecho de que hubiera un Frosthra ahí era una casualidad de una en un millón, el hecho de que también se hubiera hecho con el mando de su colmena era simplemente…



    Destino.



    Se rió de tan siquiera pensarlo. ¿Cómo podría siquiera considerar tal opción?



    Se paró delante de la entrada, llena de hielo y que guiaba hacia un abismo negro e interminable. Dio unos cuantos respiros, tratando de relajarse; los deseos de venganza estaban ahí, pero suprimió lo más que pudo los pensamientos banales; la cabeza le punzaba cada vez que evocaba esas ideas, tan impropias de ella, y los recuerdos que habían extirpado de su ser amenazaban con volver con más fuerza.



    La operación había sido un éxito parcial, pues las memorias extrañas pararon durante algunos días. Durante ese efímero descanso, analizó que aquellos fragmentos solo se manifestaban cuando se encontraba con algo remotamente familiar, como con Scylla, la Ópera Lunar o Fenn. Dado que no podía limitar más su vista sin comprometer su habilidad en el combate, cada vez que pequeños fragmentos comenzaban a manifestarse a base de cualquiera de las emociones que manifestara, se forzaba a apagar su cerebro y respirar.



    Funcionaba las mayorías de las veces, pero había otras tantas donde debía tomar medidas más drásticas; tales como someterse a dolor físico intenso para recurrir a su instinto más primario de supervivencia.



    Ahora con el clima tan hostil no había sido necesario recurrir a tales extremos, mas no podía confiarse. Sabía que cuando estuviera ahí dentro cualquier paso en falso podría significar el fracaso de su misión; todo debía ser perfecto, porque si Frosthra era una fuerza de la naturaleza, ella era el fuego que terminaba consumiendo todo, reduciéndolo a cenizas. Y se negaba rotundamente a perder ante tal prueba.

    Se llevó una mano a su cinturón y liberó a su Charizard antes de adentrarse directo a las fauces del monstruo. La ventisca era inclemente y la nieve apenas y se derretía gracias a las flamas de su lagarto, pero no le importaba. Una vez dentro, todo cambiaría. Una vez dentro…

    ¿Qué pasaría?

    El piso bajo sus pies era vidrio, brillante y frágil a partes iguales. La llama de su Charizard hacía que los colarva y frosulo danzaran en de forma hipnotizante en un intento vano por alejarse del calor producido por el no-dragón, como pequeños azulejos que se retraían y volvían a expendirse, simulando las olas del mar.

    Le recordó al remolino de Caribdis, pero trató de no pensar mucho en ello. Si lo hacía, el dolor de cabeza volvería; si lo hacía, estaba condenada a dar un paso en falso.

    Concentración.

    En cuanto más se acercaban y dejaban que el abismo los consumiera, se podía escuchar el crujir de la coraza de los mismos insectos, el hielo a su alrededor se derretía y la colmena entonces pareció tratar de cambiar su modus operandi, incapaz de sofocar la amenaza por sí mismos. Dejaron de danzar como azulejos para retraerse hacia las sombras, huyendo de los intrusos que habían osado irrumpir en su guarida sin permiso. Las paredes dejaron de brillar y las Torres Nova nunca se vieron tan desoladas por dentro como ahora…

    Siguió los rastros de lucha y destrucción, producto de que se había librado una batalla con anterioridad antes de su aparición. Las columnas rotas, las paredes desechas, las marcas de garras y un poco de sangre seca le hacían recordar al campo de batalla; pero no había bandos, ni entrenadores siendo asesinados en una especie de genocidio masivo por defender el honor de su región. Las Torres Nova era el producto de bestias, de parásitos, y eso la reconfortaba.

    Porque era más fácil domar a una bestia por fuerza bruta que razonar con un ser humano a través de tratados.

    Ella lo sabía, era el producto de la avaricia y la gloria. Mas no se arrepentía de ello.

    Y quería más para satisfacer sus deseos egoístas.

    Cuando llegó al punto donde no podía seguir su camino sin bajar hasta los cimientos de la edificación, no titubeó en lo más mínimo. Sabía lo que le esperaba del otro lado, y estaba más que preparada para enfrentarlo.

    Subió al lomo de su lagarto y descendió lentamente hacia la concentración del nido, los insectos siseaban en una frecuencia demasiado baja como para que lo pudiera oír, más sabía de ello por las vibraciones que sus cuerpos emitían, propogandose por el espacio reducido. Tratando de ahuyentar a la amenaza, tratando de desestabilizarla.

    Pero Charizard no se inmutó en lo más mínimo, rugiendo para acallar las voces de aquellos subordinados.

    Y cuando aquellos fueron acallados, Frosthra emergió entre las sombras, con su propio bramido y creando una ventisca con sus alas.

    —Owain.—Fue lo único que escapó de los labios de la mercenaria, un comando implícito para su criatura.

    Una poderosa llamarada chocó contra el viento helado, creando una nube de vapor. Los Frosulo y Colarva se replegaron, pues la nube ardiente los quemaba y derretía levemente sus corazas; las torres se tambalearon, la frágil estructura de hielo apenas pudiendo soportar la ola de calor repentina. Charizard rugió y volvió a arremeter, solo para ser recibido por otra onda de intenso frío que congeló parte de sus alas, obligándolo a caer bruscamente contra el suelo.

    Frosthra aprovechó aquel pequeño instante para envolverse en un halo de color azul, agitando con violencia sus alas en cuanto su oponente volvió a alzar vuelo. El zumbido con el que contraatacó el titán de hielo empujó al lagarto unos pocos centímetros hacia atrás, pero con cada aleteo, Owain recibía cada vez más y más rasguños que rajaban sus escamas como mantequilla.

    En una movida arriesgada, Charizard uso el mismo viento helado que poco a poco hacía mella en su llama interna para imitar a su oponente; usando la corriente de aire, el no-dragón redirigió las últimas fuerzas de su ataque contra el salvaje, quién se cubrió apenas de forma oportuna usando su ventisca. Charizard entonces aprovechó, usando su lanzallamas para crear un daño significativo; la gran polilla alzó vuelo cuando las llamas se acercaron peligrosamente de nuevo, y el fuego quemó parte de su pelaje en aquel movimiento tan brusco de huida.

    La estructura volvió a temblar, y pequeños pedazos cayeron hacia el campo de batalla. Las Torres no aguantarían una lucha prolongada, por lo que Alexa tenía que ser rápida y certera en sus combinaciones; el hielo se derretía producto del calor, y si sus cálculos no le fallaban, la estructura aguantaría apenas otros tres intercambios consecutivos antes de venirse abajo.

    Los Frosulo y Colarva no eran mejores para preservar la colmena, pues en su búsqueda por alejarse de los enemigos, su peso combinado debilitaba la edificación. Ella los había obligado a alejarse gracias a su confrontación con la reina, y cuando los zumbidos de aquellos insignificantes subordinados se unieron al choque de ataques entre ambos colosos, el tiempo se reducía cada vez más y más, pero Frosthra no parecía ceder ni un poco ante sus ofensivas.

    Si se hubiera enfrentado a aquel reto siendo una entrenadora inexperta, hubiera luchado bajo las estúpidas reglas de honor implícitas que regían el comportamiento de un entrenador al momento de capturar salvajes; una batalla individual hasta que alguna de las dos criaturas convaleciera o se negara a seguir, luchando con fervor en cada movimiento, poniendo el corazón en la batalla y esperando resultados favorables.

    Reglas estúpidas que simplemente alargaban el combate de forma innecesaria, volviéndolo torpe y tedioso al paso de los minutos, sin mencionar que se tornaba riesgoso si los factores como clima y entorno estaba en contra; reglas que solo servían para venderle a los niños incautos la fantasía de ser un entrenador, poniéndoles una venda en los ojos que los hacía ciegos ante la cruda realidad que se desenvolvía verdaderamente.

    Regresar a Owain sería un suicidio, pues aquellos bichos aprovecharían para unirse a su reina en cuanto la fuente de calor se hubiera apagado; mas no podía seguir comprometiendo la estructura. Escapar sin Frosthra no era una opción, pues en cuanto el nido se destruyera pasaría mucho tiempo para volver a ubicar a la colmena, y aquella polilla era parte importante de su juego de ajedrez.

    Un entrenador más novato se lo pensaría dos veces, pero ella sabía mejor que aquel era el movimiento idóneo.

    —Dreyfus.—Llamó casi en un susurro.

    Charizard se replegó en medio de un ataque de Frosthra, dejando al titán aturdido por el repentino movimiento. Absol salió entonces entre las sombras, saltando por encima del Alfa y asestando un golpe contra su cuerpo usando el viento a su favor para crear cuchillas que danzaran a su alrededor.

    El titán acortó la distancia usando sus alas, y zumbó cerca del cuerpo del cuadrúpedo, creando una muy pequeña onda de choque lo lanzó a unos metros hacia atrás. El golpe fue duro, pero Dreyfus se irguió con apenas con leve rastro de sangre en su pelaje.

    Absol estaba en desventaja, siendo un tipo con debilidad elemental y cuyo cuerpo no estaba adaptado para esos climas al contrario de su contraparte de la región, era de contextura frágil y movimientos que requerían corto alcance, aunque precisos cuando debían de serlo.

    Dreyfus tenía sobre sus hombros el peso de batallas incontables, la experiencia de toda una vida viviendo por y para la lucha, denotada en todas las cicatrices que adornaban cada esquina de su cuerpo. Sus ojos de distinto color denotaban el mismo vacío que su entrenadora; si Charizard era un reflejo de sus sentimientos superficiales, Dreyfus era un vistazo hacía su alma misma.

    Frosthra volvió a rugir y su cuerpo se volvió a iluminar de un resplandor azulado, ahora mucho más notable que la primera vez. Absol entonces saltó, cargando energía en su único cuerno en forma de un psicocorte para manterlo a raya; pero la polilla se adelantó. El coloso de hielo envolvió sus finos colmillos con escarcha y mordió en el aire una de las patas de su enemigo. No obstante, el pokémon de Hoenn aprovechó tal movimiento para cerrar los centímetros que los separaban, y asestar la energía psíquica que venía almacenando en la cabeza del otro.

    La separación fue súbita y otro temblor azotó los cimientos del edificio, pedazos cada vez más grandes de cemento congelado comenzaban a caer.

    El mundo comenzaba a cerrarse.


    —No me hagas esperar.—Más que una orden, una advertencia.

    Charizard fue el segundo en actuar, lanzando una llamarada contra el cuerpo aturdido del insecto de hielo. Frosthra se levantó pocos segundos antes de que el ataque le diera de lleno, causando que el fuego consumiera gran parte de su pelaje y derritiera sus alrededores. Absol fue el siguiente, dando una tajada en el pecho; pero aún así, Frosthra se negaba a caer.

    —¿Quieres morir junto con tu colmena o someterte a mí?


    Otro rugido, pero esta vez más apagado, más débil. Otro trozo más cayó, mucho másgrande que los anteriores, amenazando con aplastarla. Sin embargo, la roca fue partida por la mitad mucho antes de que pudiera tocar a la mujer, cortesía del Bisharp que ahora se encontraba a su lado, inclinado y sin ninguna intención de entrometerse a la batalla.

    Frosthra atacó con otra ventisca, pero se encontró de nueva cuenta con el muro de llamas de Owain y aunque la nieve eclipsó por un leve momento al fuego abrasador, fue fútil. Entre el vapor Dreyfus volvió a emerger y aunque fue recibido por un potente zumbido que debió haberlo dejado fuera de combate, el siniestro volvió a levantarse, envuelto en un resplandor rojo que se hacía cada vez más y más notable.

    Cuando las Torres Nova temblaron por última vez, comenzando a desmoronarse rápidamente, Alexa supo que ya había sido suficiente.

    —Terminemos con esto.

    Una llamarada, un viento cortante y una lujoball lanzada en medio de todo ese caos.

    Para cuando las ruinas cedieron, fuera se encontraba ella, llena de raspones y moretones, con un pequeño esférico congelado a la mano, moviéndose brutalmente a pesar de haber cedido a la prisión. Y en su rostro se encontraba una sonrisa satisfecha.

    A su lado, miles de Colarva y Frosulo corrían entre la nieve, asustados y temerosos, pero sin alejarse de ella. Esperando una orden, una señal.

    Al final, la incursión había tenido mucho mejores resultados de los que se había podido esperar.





    3​

    Para cuando llegó a Nix, las noticias ya se habían esparcido como pólvora de los diferentes sucesos y Alexis junto a Lewis y Meridión se adelantaron mucho antes de lo esperado; no era como si no hubiera previsto esa reacción, pero extraño que se adentraran tan rápido a territorio Frey a pesar de los sucesos de los días anteriores.

    Los habitantes se habían vuelto mucho más hostiles ante la presencia de los extranjeros y notó como varios hermanos de la Ley recorrían las calles de la ciudad pregonando sus enseñanzas; sintió asco al verlos, pero no podía mostrar tal desagrado de forma pública; si bien muchos de los habitantes de Aiwass habían olvidado ya la pequeña escena que protagonizó con Scylla en la Ópera Lunar, eso no quería decir que el resto del mundo no le recriminara sus acciones en silencio; después de tal escándalo, era obvio que más de uno la señalaría y acusaría como un peligro potencial, algo no estaba lejos de ser verdad. Mas nadie tenía porque saberlo.

    No podía bajar la guardia solo por estar en territorio conocido, pues si daba un paso en falso todo terminaría antes de empezar. Cuando todo terminara, los Hermanos de la Ley no serían más que una triste pila de cadáveres apilados uno tras otro, sin falsas intenciones ni falsos predicamentos.

    Un sentimiento contradictorio, considerando que la mujer de ojos plateados con la que se encontraba soñando hace poco al parecer los había fundado.

    ¿Qué hacía tan especial a Miriam de Legion?

    Quizás simplemente no tenía nada de espectacular, pero su presencia le recordaba de alguna forma a su madre, aunque mucho cálida de una manera extraña, muy diferente al frío que parecía rodear a su verdadera progenitora. Lo poco que recordaba de esas breves interacciones había sido sido fragmentos de pláticas ya olvidadas, en una guerra que al parecer la otra mujer había perdido.

    «Bienvenida a la familia, Alexa»

    No lograba ubicar el contexto de la frase, aunque no es como si quisiera hacerlo. Aquellas palabras, pronunciadas aparentemente al azar solo para confundirla, no dejaban de hacer eco en su cabeza. Como una especie de permiso, de bendición.

    Sacudió la cabeza de nuevo, provocando que la herida de la cirugía volviera a punzar, aunque de forma más leve. Darle vueltas a eso no la llevaría a nada, pues para empezar no había nada que quisiera encontrar con ello; así que siguió caminando, ignorando esos pensamientos recurrentes, los cuchicheos alrededor de su persona y los señalamientos morbosos.

    Que hablaran todo lo que quisieran, que la culparan de las desgracias ajenas, que maldijeran su nombre. ¿Qué importaban los gruñidos de meras sabandijas?

    —No esperaba verla tan pronto en la ciudad, señorita.—Saludó entonces el capitán de la guardia de Nix, quién al parecer había estado haciendo unas cuantas rondas para vigilar que no hubiera disturbios de ningún tipo.—¿Los Hermanos o alguien la ha estado molestando?

    Era un hombre alto, con el cabello de color claro peinado hacia atrás de forma rebelde; sus pokéball se encontraban a lo largo y ancho de la correa negra que cruzaba su torso, cubierto por la ostentosa armadura que portaba. Al igual que ella, solo tenía un ojo visible, el otro cubierto por un parche negro que surcaba medio rostro.

    A pesar de su imponente apariencia, la sonrisa del capitán era amable y despreocupada, su postura era relajada, como si estuviera hablando con un amigo de hace años en vez de alguien con muchos más rangos que él. Erik sin duda era un sujeto extraño, que emanaba una extraña aura de confort a pesar de ser un muchacho maltratado por más batallas de las que quisiera contar.

    —No, capitán Lancaster, no me han molestado.—Replicó ella, de forma neutral.

    Él asintió y se inclinó de forma cortés para mostrar sus respetos.

    —La directora esperaba hablar con usted en una semana más, pero me temo entonces que tendrá que adelantar la reunión.

    —¿Cómo es que soy la última en enterarme de esta dichosa reunión? Si Samantha quería hablar conmigo, sabía el proceso para hacerlo.

    —No se disguste con la directora, campeona; como dije, ella esperaba estar presente en
    una semana más para hablar esto personalmente con usted, pues ella se encuentra en Hoenn por un viaje de negocios y la única que se encuentra en la ciudad es la señorita Roxanne.

    —Quiero hablar con Rox, Erik.

    —Me temo que eso tendrá que ser después, campeona.—Sonrió de forma nerviosa cuando la mujer torció los labios.—Todo tendrá sus explicaciones, por favor, sígame.

    Weiss chistó por lo bajo y se obligó a hacerlo; no había anunciado su llegada, por lo que su presencia en el lugar seguía siendo desconocida, así que seguir a Erik era una de las pocas maneras de entrar a la Universidad rápidamente; si bien podía tramitar un pase como el resto de los visitantes a las instalaciones, era un proceso que iba a requerir demasiado tiempo; sobre todo considerando que la líder de gimnasio al parecer se encontraba ocupada.



    4​

    El despacho de la directora seguía como lo recordaba; espacioso, pero solo con el equipamiento necesario para poder funcionar adecuadamente. Nada de despilfarros, nada de retratos o insignias familiares por todos lados; solo unos cuantos diplomas y el escudo de la Universidad junto a un par de sillones, un archivero y un pequeño mueble con libros.

    Era una sobriedad contrastante considerando como se desenvolvían las dos familias más influyentes de la región.

    —Hablé con la directora en nuestro camino hacia acá, no tarda en iniciar la videollamada con usted. Por favor, póngase cómoda. Disfrute su estancia, campeona.

    Y sin más que un rápido saludo, Erik se retiró de sala, cerrado la puerta tras de sí para darles algo más de privacidad. Alexa se sentó en uno de los sillones de piel, tratando de pensar en cualquier otra cosa para evitar a cualquier costo el ciclo del que no podía escapar.

    Escuchó el tenue sonido de un televisor bajando desde el techo de la oficina, después unos cuantos segundos de estática. Un leve resplandor y del otro lado de la pantalla apareció una bella mujer, de ojos color púrpura y cabello negro; sonreía de forma afable, aunque sus expresivos ojos dejaban entrever que se encontraba preocupada por algo.

    —Es bueno verte después de tanto, Alexa.—Saludó ella con formalidad.—Lamento no recibirte apropiadamente.

    Weiss asintió, esperando que la directora pudiera ir al grano, pues el tiempo de ambas era limitado y la reunión debería ser rápida antes de levantar sospechas.

    —Escuché que vas a retar de nuevo a la Elite y al campeón por el título… Son buenas noticias.—Dio un suspiro de alivio y sus ojos parecieron brillar, aunque de forma tenue.—Campeona, serás campeona…

    La voz de la directora pareció quebrarse por un breve momento, sus ojos se llenaron de lágrimas que se negaba a derramar. Weiss prefirió no hacer ningún comentario al respecto, no era el momento, ni el lugar y si Samantha quería ponerse emocional, ¿quién era ella para impedírselo? Mejor seguir jugando con las esperanzas de la mujer antes de que la realidad volviera a azotar otra vez en las puertas de los Frey.

    —Mi duelo con Arys se ha hecho famoso, ¿eh?—Inquirió con sarcasmo, pues sería tonto fingir lo contrario. El tono duro y frío pareció sacar a la heredera Evers de su estupor, ya que inmediatamente volvió a recomponerse.

    —Fuiste sensación cuando lanzaste el reto hace años, eres quién ha peleado en una guerra y la estrella que vuelve a aparecer después de mucho tiempo; claro que serás sensación de nuevo. Sin embargo, no estamos aquí para hablar de tu reto, no de esa manera, me temo; los Lann están avanzando, como has visto. Lo de la Tiara de la Paz no hubiera causado tanto revuelo si no hubiera alguien diciéndole a la presa qué hacer, qué decir, infundado rumores falsos.

    —¿Me estás diciendo que los Lann son lo suficientemente tontos para decir que lo de la Tiara de la Paz fue culpa entera de los Frey y que tanto Leryna y Scylla murieron por puro daño colateral?

    Pensar en eso hacía su sangre hervir, y sus ganas de asesinar a ese estúpido científico se incrementaban más.

    —Hay testigos que pueden probar lo contrario, pero como sabes, los testigos se pueden comprar. Nos están llevando a un punto donde no quedará otra manera más que ceder; sin Leryna, sin Scylla…

    —Están vulnerables.

    —Nos podemos recuperar, pero necesitamos tiempo… y eso es algo que no tenemos. Rox lo sabe y temo que cometa alguna estupidez.

    Ah… todo tenía sentido ahora.

    A pesar de su fachada de niña rica y malcriada, Rox no era alguien que aguantara mucho la presión. Sus deberes como líder la deberían haber preparado para someterse a situaciones así, pero lo cierto era que en su corta vida, la menor de la casa Evers no había recibido tantos golpes consecutivos a su orgullo. No sabía como manejar tal cantidad de humillación, y sobre todo, no sabía como encerrar esos sentimientos de impotencia.

    Roxanne dentro de todo seguía siendo una niña, aislada del mundo real, viviendo en una burbuja de la realeza. ¿Pero qué tanta culpa tenía en realidad de forjarse una actitud frívola y hostil a base de lujos y riquezas? Sus padres habían decidido que la menor de sus hijas creciera lejos de las batallas, que no compartiera el mismo peso real que el resto de los herederos, que tuviera que vivir su vida atemorizada por ataques y pesadillas de una guerra inminente.

    Rox era diferente a su hermana, a pesar que durante años las compararan tanto de forma física como en comportamiento. Roxanne siempre le dijo que crecer con comentarios despectivos hacia su persona era lo normal, pues sabía que nunca podría llegar a superar o igualar a su hermana. Samantha era quién tenía la belleza, el temple para las batallas, las estrategias perfectas; quizás, en un afán por hacer resaltar a la menor de la camada, Samantha tomó la decisión de alejarse de todo eso, pintando su cabello para ocultar su parentesco, usando lentes de contacto para disfrazar el azul de sus ojos. Creyendo, ilusamente, que pasar el manto de heredera la haría madurar, la haría fuerte, que podría ver la realidad.

    Y simplemente terminó empeorándolo todo…

    —Te pido, Alexa. Por el amor que alguna vez le tuviste, por el apego que alguna vez sentiste hacia nosotros; cuídala. No dejes que cometa un error.

    Palabras que entre líneas eran demasiado claras: Cuídanos, no dejes que su imprudencia nos arrastre a la perdición.

    —Haré lo que pueda.—Dijo de forma resuelta, aunque ambigua. Comprometerse a la tarea era encadenarse y ponerse una diana en la espalda; negarse era levantar sospechas. Lo mejor era seguir bajo esa fachada de ambigüedad, jugando en ambos bandos.

    Aunque no sabía cuanto tiempo podría seguir en un papel tan pasivo.

    —Gracias…

    Cuando la televisión se apagó y ella salió para seguir con su camino, no pudo evitar pensar en el mal augurio de esas palabras.

    Poco sabría ella, que días después los temores de la directora se volverían realidad.



    5​

    Eran las once de la noche cuando llegó al cuarto de Lewis, aprovechando que el cielo nocturno había menguado con el calor. La charla con su hermanito provocó ser fructífera, y tener un aliado en terrenos peligrosos sería una ventaja; con Blake en el campo, podría desprenderse de su papel neutral para comenzar con el insidioso levantamiento.

    Sin embargo, debía erradicar sospechas, al menos de forma temporal. Tener a una de las dos familias detrás de ella era peso con el que no quería cargar.

    El muchacho se encontraba al borde la cama, esperándola, limpiando sus googles y viendo hacia la nada. Se le notaba cansado, con pequeñas ojeras apenas haciéndose visibles por debajo de sus ojos.

    —Es extraño, ¿sabes?—Comenzó él, tirándose sobre el mullido colchón de su habitación.—Siempre detestaste a Scylla y sin embargo, a pesar de todo, era como si estuvieran hechas la una para la otra. Tus palabras eran distantes con ella, casi hostiles, pero en vez de una amenaza, sonaban como si la estuvieras alejando a posta de ti.

    —Lo estás sobrepensando demasiado.

    Él se removió entras las sábanas, ignorando las palabras de su acompañante.

    —Quizás sí, quizás no. Pero era extraño.—Admitió.—Si ambas compartían el mismo espacio se podía sentir ciertas cosas. A decir verdad… no me hubiera molestado si terminabas con ella al final de todo.

    —¿No te hubiera molestado? ¿Y la mirada de condescendencia y decepción que capté de tu parte en el baile de los Frey?

    Él suspiró pero se negó a levantarse de su cómodo colchón. No es como si las apariencias y los modales importaran ahora; habían sido amigos, habían sido amantes, ¿pero qué eran ahora? Quizás simples conocidos cuyos lazos estaban demasiado deteriorados como para arreglarse, pero Lewis confiaba en que podía aun salvar cualquier tipo de relación amistosa que le quedara con la mujer. Dentro de todo, se negaba a pensar en Weiss como una enemiga, una causa perdida.

    —Si te soy sincero, como amigo no me hubiera importado. Pero no soy solo tu amigo, soy el heredero de una las casas más poderosas de la región; como futura cabeza, claro que me decepcionó, porque pudiste ser parte de la revolución del Sol, parte de un cambio; estarías cometiendo un error al elegir irte con una casa menor, opacada por los daños, incapaz de brillar por sí misma. Poco falta para su caída...—Murmuró lo último por lo bajo, aunque la mercenaria pudo escucharlo perfectamente, mas optó por no decir nada.

    —Lo de la Opera fue un error.—Se obligó a decir y aunque una parte de ella no quería calumniar sobre los cadáveres de la directora y la líder de Caribdis, su parte racional y poco escrupolosa le decía todo lo contrario. Ya no estaban ahí, ya no podía refutarla, ¿más por qué se sentía como si le hubieran arrancado parte de su corazón?—No me extrañaría que la directora usara un prototipo en menor escala para lograr ese efecto en la gente; ¿y qué mejor que dárselo a su nieta?

    —Con lo que pasó esa noche, no sería nada descabellado.—Meditó Lewis.—Aunque nunca le agradaste a la directora, no del todo al menos; mas no me extrañaría que el aparato estuviera configurado para resonar con las personas con mayor afinidad a la casa, por mas extraño que parezca. Aún así, es una mera hipótesis…

    —Y Scylla está muerta, y su cuerpo no ha sido encontrarlo, así que no hay forma de comprobarlo.—Siguió con el aliento entre dientes, tratando de no darle vueltas innecesarias al tema.

    —Exactamente.—Se levantó y vio con ojos cansados y tristes a su interlocutora.—Al final no sé qué será verdad, qué será mentira. No sé si tuviste algo con la heredera de los Frey, no sé qué planeas; pero Alexa, por favor, no te arriesgues más.—Pidió casi en una súplica, viendo fijamente a su interlocutora. Esperaba encontrarse con ojo amable y dispuesto, pero lo único con lo que chocó su mirada fue un abismo interminable.

    Y sintió temor, las dudas asaltaron su mente. Todo era un espiral de caos a su alrededor.

    Mas la tormenta en su interior cedió un poco en cuanto ella, de forma súbita, lo abrazó; pero no era lo mismo, nunca volvería a ser lo mismo.

    —Haré lo pueda.—Repitió por segunda vez en el día, sin comprometerse, sin ceder. El gesto debería bastar para aplacar al líder, al menos hasta que ella se hubiera ido de nuevo para su reto contra el alto mando.

    —Ya has peleado suficientes guerras…



    6​

    Lewis le había dicho que unos pocos días más se llevaría a cabo una reunión importante entre ellos, los chicos refugiados y los dirigentes de Nix; lo que reducía su margen para actuar de forma considerable. Aún debía encontrar a Rox y tenía una charla pendiente con Alexis, pero no podía deambular libremente esperando toparselas por los pasillos de forma inesperadas; aquello era una fortaleza de guerra, no un paseo por un parque lleno de rosas.

    Alexis seguro estaría arreglando algunas cosas con Lewis, pero a Roxanne no se imaginaba haciendo otra cosa que no fuera desahogar su ira y frustración con batallas de gimnasio. La chica era inteligente, sí, y tenía todas las cualidades para demostrar su valía, pero seguía renuente a tomar responsabilidad, a tratar de hacerse cargo.

    O al menos, eso pensó hasta que, sin quererlo y casi de manera automática, entró a una de las salas reservadas exclusivamente para la líder de gimnasio. En vez de un enfado y berrinche infantil, Alexa pudo apreciar la seriedad de su rostro, sus ojos opacados por lo que parecía ser la sombra de la duda y sus manos estaban aferradas a un pilar de piedra, rojas y llenas de sangre.

    El Swampert que le regaló siendo un Mudkip se encontraba a su lado, y fue el único que captó su presencia cuando entró a la sala.

    El gran anfibio se acercó a ella y agachó la cabeza, Alexa pasó una de sus manos por sus escamas, y sonrió. Ah, sin duda aquellos habían sido tiempos más simples.

    —Es bueno verte, Zuzu.—Comentó, acariciando la cabeza del enorme pokémon azulado. Y fue suficiente para que la líder prestara atención.

    —No te escuché entrar…—Susurró y trató de ocultar la sangre que tenía en los nudillos, sin éxito alguno.

    —Es bueno verte a ti también, Rox.—Le sonrió, esta vez de forma más natural y cálida. Ser directa y fría tendría el efecto contrario en la mujer, así que debía cambiar de táctica y ser más cuidadosa mientras estuviera con ella.

    —No en estás condiciones.—Contraatacó ella, mordaz.—Siempre fuiste por las ligas mayores, Alexa. ¿Para qué conformarte con una duquesa, cuando directamente puedes estar con la reina?

    —Ah, ¿entonces los rumores que dicen de ti es verdad, Roxy?—Sonrió, tratando de aminorar la carga, de hacerla ceder aunque fuera un poco. En ese estado, Roxanne era mucho más propensa a cometer cualquier tipo de error que en condiciones normales; está frágil, con el ego herido, e incapaz de pensar claramente.

    No estaba dispuesta a tolerar errores.

    —No, no son verdad.—Se abrazó a sí misma, en un vano intento por refugiarse de sus propios pensamientos.—Al menos ya no lo son.

    Alexa se alejó de Swampert y caminó lentamente hacia ella, tratando de no asustarla. Rox no hizo amago alguno de moverse, haciéndose cada vez más pequeña en pos de ocultarse de todos. En sus ojos se tornaban cada vez más y más acuosos, pero ni una lágrima salía de ellos.

    —Es interesante, ¿porque sólo él tiene nombre?

    —No tiene ciencia, Alexa.—Se defendió con un pequeño hilo de voz.—Me lo regalaste cuando cumplimos un año, ¿por qué no habría de ponerle nombre? Aunque no pueda llamarlo como tal, con tal de erradicar todo lo que se dice de mí, de terminar por enterrar la esperanza que mi familia tiene en ti. Nunca aprendí a dejar atrás los cuentos románticos; donde a pesar de las adversidades, el príncipe vuelve por su princesa.

    »Y sin embargo, debería alegrarme, por que de alguna forma estás con nosotros. Yo no soy tu princesa, Scylla aparentemente lo era, pero ahora ya no está. ¿Y qué va a suceder con nosotros?Todo se derrumba, y no hay nada que aparentemente pueda detenerlos.

    Incertidumbre, miedo a un futuro que no podía ver, que no se podía imaginar. Rox no lloraba por lo que no pudo ser, su dolor no era por su amor perdido, sino por su familia y por la casa a la que pertenecían. Tenía miedo de que en un estado tan vulnerable, los Lann terminaran por aplastar el último resquicio de esperanza que pudieran llegar a tener.

    Era demasiado tarde como para poder ayudarla.

    Por mero impulso, Rox aprovechó la cercanía para abrazarla en un intento por calmarse. Alexa no respondió el gesto inmediatamente, pero dejó que de alguna manera, la líder encontrara confort en su aura tan fría. Las lágrimas pararon, y el agarre se intensificó.

    —¿Sabías de la Tiara de la Paz?

    —No, no lo sabía. Aunque no dudo que mis padres y mi hermana sí, aunque no todos los detalles seguramente.—Susurró, tratando de articular sus palabras lo mejor que podía.—Se tomaron en serio el hecho de querer incluirme en los asuntos políticos de la familia.—Rió de forma triste y forzada.

    Una niña forzada a tener siempre puesta una máscara de altivez y arrogancia, comportándose como la dueña del mundo aunque no lo fuera, tratando de ocultar la tristeza y el dolor que en verdad sentía. La niña mimada, la niña alejada; la niña tonta. Se sabía la historia al derecho y al revés, y le resultaba tan familiar.

    Desafortunadamente, ya no podía emanar el calor que la líder tanto necesitaba, las palabras de confort sonaban forzadas en su boca, y las palmadas en la espalda parecerían más un gesto de condescendencia y un insulto. Dejó entonces que la líder acomodara su cabeza en su hombro, mientras su respiración se iba haciendo cada vez más estable, el único gesto que se podía permitir para tranquilizarla.

    Por favor, no nos abandones.—Suplicó, antes de separarse súbitamente y retomar la compostura. Evers se alisó entonces los ropajes y quitó las lágrimas secas de su rostro, antes de salir sin mirar atrás, seguida de su Swampert.

    Sí debía ser sincera consigo misma, el encuentro había sido diametralmente diferente a como lo había imaginado en un principio. Sin embargo, si hubiera presionado mucho para lograr el escenario deseado, hubiera estado danzando sobre hielo quebradizo.

    Rox no estaba bien, y explotaría a la más mínima provocación. Lo veía venir.

    Pero si realmente le hubiera importado, hubiera tratando de impedirlo a toda costa.



    7​

    Se encontró con Alexis en uno de los campos de entrenamiento, cuando el fuego de uno de los ataques de su Pokémon pasó muy cerca de su rostro por accidente; dio un paso hacia atrás para evitar la llamarada, llamando la atención de la otra mujer cuando sus tacones chocaron súbitamente contra el pavimento por el movimiento tan brusco.

    —¡Mil disculpas, señorita!—Inclinó la cabeza y por un ligero instante, sus piernas temblaron. Ya era la segunda ocasión en que sus emociones la habían hecho ser imprudente. Si hubiera sido cualquier otra persona en vez de Weiss…

    —Últimamente ha estado muy distraída, capitana.—Echó un vistazo al Pokémon detrás de Alexis y notó como no se trataba de su usual Typhlosion, sino de un lagarto de colores rojos y amarillos de ojos azules con alas.—¿Cuál es la ocasión especial por la cual estás entrenando con Magmaitor? La última vez que estuve aquí, era raro que lo utilizaras.

    —Simplemente pensé que sería bueno sacarlo de su encierro. Han pasado varios años desde la última vez que peleó de forma consecutiva…

    —Cierto, desde lo de tu esposo.—Se aventuró a decir, a sabiendas de que se había adentrando en hielo quebradizo; había algo más en toda esa heroica muerte y complot de asesinato que Allison amablemente le hizo saber unos días antes. Iba a jugar con fuego, pero no temía quemarse.

    ¿Pero que pasaría cuando la hermosa capitana se diera cuenta de que la versión que se le fue dicha después de aquel fatídico día distara mucho de la verdad de los hechos?

    Sin duda, sería un espectáculo interesante.

    —Sí, desde ese día.—La capitana se tensó y sus palabras salieron más molestas de lo que hubiera querido expresar.

    —No hay necesidad de ocultar tu enojo. Temas delicados, pero que son necesarios traer a la mesa de una vez.

    —Lo siento, señorita Weiss, no entiendo como un evento de mi vida personal, pudiera ser necesario en nuestra charla.

    —Llegaremos pronto a eso, querida.—Notó como el lagarto a espaldas de su entrenadora siseaba y agitaba su cola de forma incesante, esperando al parecer una orden para atacar al sentir el descontento de su ama.

    Ella no se quedó atrás, llevándose discretamente una mano cerca de su cinturón en caso de que las negociaciones no fueran fructíferas.

    —Me tengo que ir, señorita Weiss; hay algo que…

    —Me han dicho que has llegado a favorecer mucho a cierto muchacho de la expedición de los Frey. Los rumores corren, Alexis, sobre todo de este tipo; y es cuanto menos preocupante, ¿no lo crees?

    —Usted debería saber mejor que nadie, que los rumores son solo eso, rumores; si yo me hubiera guiado por lo que dicen de usted hace años, no estaríamos hablando ahora.

    —¿Entonces, qué fue lo que vi en la Opera Lunar?—Inquirió ella con sorna, esperando la respuesta de la capitana. Porque por mucho que Alexis tratara de ocultarlo, había algo entre ellos dos. Las sonrisas, los toques discretos, el marcado favoritismo. Una pena que la historia estuviera condenada a repetirse.

    —Eso fue…—“Un descuido” quería decir, “Nada importante” debía de afirmar, pero no tenía el valor para decirlo. Afirmar que había hecho esas acciones en un leve estado de ebriedad no se vería mejor que admitir de lo que era acusada, así que decidió callar, morderse la lengua y dejar que la aquella frívola mujer se regodeara en su victoria temporal.

    —Tyson estaría profundamente decepcionado.—Picó, y fue entonces cuando la criatura de fuego lanzó otro ataque contra ella. Las llamas chocaron contra un cuerpo, pero cuando el humo se hubo dispersado, Absol había sido quién había recibido el ataque en vez de su entrenadora, quién se encontraba cómodamente sentada en uno de las gradas viendo el espectáculo.

    —No se te ocurra mencionar de nuevo a mi esposo, Alexa.

    —Es curioso, si lo piensas. Antes no tenías problemas para confraternizar con los Frey, pero después tu esposo muere, y tu moral se ve comprometida. Y sin embargo, vuelves a caer en sus garras, de una u otra forma.

    —¡¿Y tú qué vas a saber?! No entiendes nada, solo has escuchado versiones fragmentadas de los hechos. Yo…

    —Tú tampoco lo viste. Pero es curioso, lo que un poco de investigación puede hacer…

    —¿Vas a venirme con el cuento absurdo de que ellos no lo asesinaron? Dime, ¿sabes cómo suena eso? ¡Tenemos rencillas, siempre las hemos tenido! ¡Un Lann no puede confiar en un Frey! Y las pruebas están desperdigadas por todos lados. La Opera Lunar… eso sólo confirmó lo que ya todos sabíamos. Son tan egocéntricos, tan cerrado en sí mismos; no podían dejar que su preciosa sangre se mezclara con una mestiza, perteneciente a la casa rival.

    —Los desprecias, pero estuviste casada con uno. Los detestas, pero caíste de nuevo por uno de los chicos bajo su protección. Siendo una hija del Sol, orbitas hacia la Luna; y no puede haber más contradicciones.

    Otro disparo de fuego, Magmaitor se acercaba peligrosamente al borde, listo para saltar y hacer de la charla una verdadera lucha de voluntades. Dreyfus, no obstante, cortó por la mitad aquella llama, dejando que las lenguas de fuego danzaran dispersas alrededor de su ama.

    Alexis temblaba, el cuerpo no respondía como quisiera. Sus ojos se encontraban acuosos y rojos, llenos de lágrimas que se sentía incapaz de derramar a pesar de la rabia que la consumía por dentro; pensó en Vega, pero los recuerdos felices al lado del muchacho fueron prontamente opacados por otros, más lejanos, más borrosos. Y después las llamas, la sangre, la muerte y la desesperación de aquel día.



    Una parte de ella quería hacer callar a esa mujer por cualquier medio posible. En combate la fuerza de la ex-campeona era muy superior a la suya propia, pero en cuerpo a cuerpo nunca podría saberlo; confiaba en sus destrezas militares, pero era muy diferente tener una educación militar a haber participado activamente en los campos de batalla.

    —Leryna Frey adoptó a Sogia, un niño de la calle, bajo su casa. Sobre la Luna se irguió Nix, a pesar de carecer de todo vínculo consanguíneo con ellos, aceptó la remisión de Themis, muchos años atrás sin tomar acciones. ¿Por qué, entonces, habrían de asesinar a uno de los suyos si la mezcla de sangre solo los haría más fuertes? Te empeñas en odiarlos por creer que te quitaron lo que más querías; a tu marido, y a tu hijo. Vivir en la mentira es cómodo, porque la realidad es mucho peor de lo que te imaginas.

    —¿Cómo tú…?

    —Tu familia no es muy buena ocultando cosas, Alexis. No, al menos, cuando tienes a una de las mentes más brillantes trabajando para ti.

    —Naohiro…

    Ella no es la única…

    Un sudor frío recorrió su frente, y el temor la embargó como hacía mucho no lo hacía. Ante sus ojos no se encontraba la ex-campeona, sino algo mucho mayor que ella, desconocido y peligroso. Hambre de poder, deseos de victoria, Alexis pudo ver en el único ojo de su interlocutora una marejada de intenciones que no lograba del todo resolver. Sin embargo, no sabía si temerle a ella o a la supuesta verdad que decía esconder a puertas abiertas, amenazando con romper la seguridad de lo que había conocido desde siempre.

    Y no quería escucharlo, por que si lo hacía, si dejaba que plantara esa semilla de duda en su mente, entonces…

    Pero tenía ganas de saber la verdad, de dejar de sentir que había algo más en todo ese evento. Ella misma sabía que había algo extraño con la versión de los hechos que Arys le presentó aquel día, pero no lo cuestionó por lealtad a su casa; ¿por qué su propia familia habría de mentirle acerca de esos asuntos? Los Lann eran todo lo que tenía y ahora…

    —Tu eres una mestiza, y sólo tu sabes como te han tratado por carecer de sangre pura. ¿No sería un insulto a la casa del Sol, entonces, mezclar la sangre del poderoso León con el del cobarde lobo? ¿No se mancharía más su nombre? ¿No crees que se hubieran deshecho de ti, si no hubieras resultado ser una pieza importante en el juego?

    «¿Es él un reemplazo para el marido que has perdido? ¿O es una fantasía de algo que jamás vas a volver a tener?»

    Entonces recordó los monstruos que se ocultaban en el armario cuando era niña, los moretones con los que se levantaba al amanecer y las repentinas enfermedades que la azotaban mientras crecía. Los pequeños cortes, los brebajes de sabor extraño y el aislamiento al que se vio sometida.

    Nada de eso parecía tener ningún sentido, pero ahora, quizás, le había dado a esos eventos otro significado. Uno más cruel, más siniestro.

    Y tuvo miedo, por lo que podría ser verdad.


    8​

    La liga era exactamente a como la recordaba, cuatro grandes paredes adornadas que demostraban el poder y la maestría de los entrenadores que ahí se encontraban, arenas personalizadas y acondicionadas para que los Pokémon del elemento que representaba su Elite pudieran brillar en su máximo esplendor. Alzarse con las medallas de aquella región era un reto, luchar en la liga para acceder a los privilegios de retar a la Elite era un desafío; tratar de ganar la copa de región era simplemente llegar a otro nivel de masoquismo.

    Pero todo tenía un porqué, y arraigado a ello eran los privilegios de cada posición. Aún ahí, donde la sangre y las batallan eran ley marcial sobre todas las cosas, el sistema que componía ese intrincando ascenso estaba hecho en base al tributo de los vasallajes. Para un extranjero era casi imposible coronarse con el título de Aiwass, y aunque los entrenadores endémicos no recibían tanto castigo, igual debían ser de una casta casi excepcional.

    Sin embargo, con el paso de los años, se había dado cuenta de que, si un aspirante a campeón se alineaba con alguna de las familias involucradas, su ascenso era mucho más fácil que cualquier otro. Seguía habiendo reto, pero los Elites afilados a cada rama podían darse el lujo de contenerse en pos de dar un espectáculo memorable a la audiencia si el títere contribuía a sus intereses. Oh, pero que escandalo se armaría si se enteraran todos aficionados; cuantos sueños se romperían si aquella verdad fuera tan aparente al público.

    Todo colapsaría en un santiamén.

    Por eso debían todos fingir, ajustarse a sus papeles y esquemas hasta que no fuera el momento oportuno. Panem et circenses.

    Distrae al pueblo de todos sus problemas, deja que se enfoquen en las luces de colores que opacan su vista para hacer los movimientos importantes tras las sombras. Dales seguridad, miénteles cada vez más hasta que ya no puedan escapar de tu juego.

    Hazlos peones de tu sistema roto.

    Por eso los extranjeros como ella eran tan despreciados y alabados a partes iguales. Eran fuerzas brutas desconocidas que amenazaban con cambiar el orden preestablecido de las cosas; de revelarse, de dejar expuestas las redes invisibles de su trampa.

    Alexa muy dentro de sí se regocijaba al saber que le tenían miedo a todo lo exterior, a todo aquello que amenazara su comodidad cotidiana.

    Hoenn no era muy diferente de Aiwass, pero Aiwass trataba lo más que podía de reprimir su pasado, sus miedos, sus carencias. Porque si una pieza caía, todas caían con ella en un macabro efecto dominó.

    Ya había empezado, pero no quiso darle vueltas al asunto, o sino ese estúpido e incómodo dolor de pecho volvería a hacerse presenta.

    Y no quería recordar su rostro, aquel que vio caer al vacío, aquel perdido entras las olas del remolino. Porque entonces ya no lo soportaría. Apretó los puños de forma inconsciente y recitó amenazas de muerte contra Callahan en un susurro.

    Calma.

    Pensó entonces en Acacia y Mathos, las dos únicas personas capaces de alzarse con la victoria y ser coronados. Como la primera se había mantenido neutral hasta el final, siendo más una investigadora que un peón político de las familias; y como el otro solo era una fuerza devastadora, nacido desde lo más bajo y superviviente de una tragedia para después perderse en el alcohol.

    Los estrépitos que eso había causado en la jerarquía, pero eran amenazas de las cuales no se podían deshacer sin parecer sospechosos. La revelación de Acacia resultó en un boom de desarrollo científico; la revelación de Mathos había debilitado más las frágiles estructuras; y ella se encargaría de destruir y acabar con todo.

    Dejó entonces atrás la salas pertenecientes a Carson y Arys, no encontrando a éste último en su puesto como era usual; siguió su camino entonces hacia la sala de Tyros, la cual contrastaba de sobremanera con la casa que el Elite poseía en Icaros; allá detonaba opulencia y arrogancia, en la sala de batalla, sin embargo, se encargó de que todo el ambiente reflejara el orgullo y honor de pertenecer a su familia, dejando atrás las cabezas de Luxray para reemplazarlas con adornos mucho más humildes en apariencia, como pequeños soles hechos de oro y una pequeña escultura de Menasis hecha de mármol. Los diamantes habían sido reemplazados por meros rubíes y las luces habían sido reducidas para darle paso a varias antochas y algunos escudos con el símbolo familiar.

    Cuando llegó a la sala de Meridión, la más carente de las otras tres, conformada sencillamente seis pilares de piedra que se extendían a lo ancho del recinto y una simple estatua de Alakazam tallada en la roca más corriente, se encontró a Arys apoyando en una de las paredes de piedra, lanzando una pokébola al aire y capturandola antes de que tocara el suelo. Tan soberbio y arrogante como siempre, parandose en un lugar que no le correspondía, tratando de ser más de lo que siempre fue, ocultando su complejo de inferioridad bajo esa capa de amargura y violencia.

    —La liga está cerrada, ya sabes, después de que se revelara la naturaleza traidora de los Frey. Aunque no me sorprendería que lo supieras, se veía a leguas que te estabas cogiendo a esa niña caprichuda de la heredera. Dime, ¿te valieron esos minutos de fama que te dio? Ya todo mundo te ha olvidado, solo eres una extraña aquí, Alexa.

    La sangre le hirvió de forma casi instintiva al escucharlo hablar así, pero se negó a demostrar su enojo e ignoró de nuevo el dolor que se hacía presente a cada palabra mordaz sobre Scylla. Arys le sonrió con prepotencia, esperando romper con esas simples palabras a una mujer que había visto y oído peores cosas que los delirios de un niño malcriado; la ex-campeona de Hoenn ni se inmutó ante sus ataques, viéndolo como si no fuera más que una cucaracha delante de ella.

    —¿La liga se ha cerrado? ¿Entonces porque aun se puede competir por las medallas, porque siguen abiertos los gimnasios? No hay director de la Liga, pero Leryna fue tan eficaz que seguro dejó instrucciones en caso de que ella llegara a faltar. Deberían estar bien por unos meses más en la legislación, ¿o acaso tu incompetencia es contagiosa, Arys?

    Él gruñó, molesto ante el insulto, y se levantó de la columna de forma brusca para intentar de amedrentarla. Ella rió de buena gana.

    —Cuida tus palabras, Frey.

    —Weiss.—Corrigió ella, aun a sabiendas que de Lann lo había hecho a propósito para tratar de romper sus barreras, de revelar su naturaleza. Una forma absurda de presión; podían jugar ese juego todo el día y él acabaría perdiendo.

    —¿Quieres negar los lazos con su familia?

    —¿Te recuerdo que casi pertenecí a la tuya?

    Él bufó y se acercó hacia ella para eliminar la gran distancia que los separaba. Sus músculos estaban tensos y se podía ver todo el desagrado que sentía hacia ella por el mero lenguaje corporal; Arys la detestaba, siempre lo había hecho desde que ganó la medalla rugido, y solo se acrecentó todavía más cuando empezó a salir con Lewis.

    —Eso no hubiera sido posible para una extranjera como tú. Darías solo herederos mestizos e incompetentes.

    —Oh, así que apoyas el incesto. Eso es nuevo, Arys, porque tu familia me recibió muy bien aquella vez.—Se burló.—¿Qué el mestizaje no estaba prohibido justamente si era con un Frey? ¿Como tu querida prima?

    Él dio un puñetazo, pero ella fue mucho más rápida y logró interceptar el golpe a tiempo para torcerle el brazo. Todo el cuerpo del aquel mastodonte giró y lo obligó a ponerse de rodillas contra el suelo.

    —¡Tú que sabes de eso, perra estúpida! ¡Ella de por sí es una desgracia familiar!

    —Te recomiendo respetarme, Arys.—Sonrió como pocas veces lo hacía, su único ojo rojo brillando con malicia y sadismo. Liberó al hombre segundos después y se llevó su mano hacia su chaqueta militar, revelando las ocho medallas debajo de esta; las insignias brillaban en todo su esplendor a pesar del paso del tiempo; no había necesidad de hacerlo, puesto que solo era por mero protocolo, pero Arys veía en aquel simple gesto algo ofensivo e insultante.

    —Dado que no se ha cancelado nada, y tú eres el único Elite presente, te reto de nuevo para empezar mi recorrido por el título.

    Él rió esta vez y se levantó del suelo dando tumbos, una visión patética para quién proclamaba ser mejor que su primo y el campeón juntos.

    —No pudiste vencer a Tyros, ¿crees que vas a poder contra mí?

    —Es hilarante ver como piensas que están en la misma liga.

    Después del empate contra Meridión, dos semanas después rompió con Lewis, provocando que el combate contra Tyros fuera más cerrado de lo que hubiera esperado. En aquel entonces era una niña que se regía más un talento nato que una verdadera estrategia; aun así, había acabado con cinco pokémon del Elite y él con cinco de ella, provocando una final de infarto en un combate decisivo. En ese tiempo, su Aggron había perdido contra ese extraño Luxray de Aiwass en el último minuto del combate, y mentiría si dijera que cuando sintió el peso de la derrota sobre sus hombros no se sintió decepcionada de sí misma.

    Habían pasado los años y estaba segura que podía acabar con todos y cada uno de los Elites en un par de meses; ya era una adulta, forjada a base de la experiencia del fuego y la sangre, y aunque ellos también habían cambiado, se habían fortalecido, carecían del instinto para matar a sangre fría de ser necesario.

    El evento oficial se llevaría a cabo en la Plaza del Sol, una costumbre de la casa del León aparentemente para celebrar la inauguración de su reto hacia la Liga. Ambos salieron de la cumbre donde se encontraba el establecimiento para dar inicio oficialmente al combate, lleno de público y cámaras; conociendo a los de Lann, aclimatarían el estadio para hacer relucir a Arys y darle ventaja de campo, cosa que no le molestaba en lo absoluto pues quería humillar a Septentrión de toda forma posible; ¿y qué mejor que ganarle en su propio terreno, donde él tenía ventaja con sus dragones? Frosthra podría tener ventaja de tipo, pero eso quedaba anulado cuando la sala potenciaba a sus rivales de otras formas.

    Cuando ambos tomaron sus respectivos lugares y Arys liberó a su Braviary, Weiss resistió el impulso de aplastarlo usarlo a su pokémon recién capturado. Frosthra haría su debut cuando la batalla fuera por la mitad, por lo que de momento liberó a uno de sus pocos constantes de su equipo; su Bisharp emergió como una especie de verdugo, viendo de forma amenazante al ave que tenía como oponente.

    —Te voy a destrozar, Weiss.

    «Las cámaras han sido hackeadas, Alexa» Escuchó la otra al unísono de la amenaza. Allison había hecho un muy buen trabajo jodiendo la seguridad de la ciudad, atacándola un par de semanas antes.

    Esto iba a ser demasiado divertido.



    Its just the beginning.

    Ella tecleó perezosamente unos pocos comandos en el teclado, un último chequeo de rutina para asegurarse que todo en Lyses estuviera listo para ejecutarse sin ningún inconveniente. La última vez que habían intentado el ataque, un mocoso entrometido estaba allí para poner en aprietos a los mercenarios que habían contratado. Mas esta vez, las cámaras no arrojaban ningún cuerpo extraño fuera de los guardias y otros visitantes habituales.

    Sogia no se encontraba, seguro encargándose de asuntos pendientes en Caribdis después de lo ocurrido hacía unos cuantos días atrás, lo que dejaba a la ciudad todavía más vulnerable. Los de Lann estaban tomando terreno gracias a los rumores y falsa información esparcida aprovechando ese momento de debilidad por parte de sus rivales.

    Pero no por mucho tiempo.

    Un derecho, un revés y los Frey no serían los únicos en aprietos; aunque en cierta manera resentía dañar una estructura que albergaba gran conocimiento útil, era un mal necesario si quería que las tensiones terminaran por explotar.

    Había hackeado la seguridad hacía no mucho, con ayuda de sus pokémon eléctricos y un Metagross que Alexa se tomó la molestia de proporcionarle; evadió barreras, patrones sin aparente sentido y varias otras defensas más antes de poder tumbar por completo el sistema y reemplazarlo con el propio. Sin duda, los Frey contrataron a un prodigio en el campo; pero ella también lo era y aunque había sido un reto, al final siempre encontraba la manera de ingresar.

    Todos caían.

    Ajustó las últimas preparaciones y dejó correr un pequeño cronometro que marcaba como hora tentativa las doce de la noche. No iba a estar disponible para ver el edificio arder y caer hasta sus cimientos, pues tenía otra tarea más importante que hacer; había logrado interceptar una llamada de la líder de Nix hacia su hermana, informándole que aparentemente los Lann y un chico de un Kirlia habían desaparecido cuando hubo problemas. Si la conversación de Alexa y la capitana se había desenvuelto como creía que había sido, no podía dejar de ir a la hermosa capitana ir así como así.

    El trabajo de campo no era lo suyo, y no pretendía ser una experta, pues siempre había preferido los entornos controlados y cerrados, las máquinas y los números, pero hasta ella sabía que Alexa no podía hacer todo sola.

    Y prefería encargarse antes del asunto, que dejar que la duda que implantó Wiess se perdiera entre varias barreras mentales.

    —Ven, Silver.—Llamó al Metagross.—Tenemos una cacería pendiente.






    -----------------------------------------
    Puta madre, esto salió más largo de lo que esperaba. En sí sería una precuela-secuela antes de la actu, parte de Alexa para poner algunas cosas set in motion e_e Aun me falta la parte de Blake, consierando los eventos del cap pasado y este, espero no sea tan pinches largo porque me voy a dar un tiro.

    No hay que leerlo todo, joder, creo que ni yo lo leería todo. Si quieren solo saltense a las partes que les puedan llegar a interesar.

    Si quieren forrearme, ya saben donde ando (?)

    En un rato más le doy formato para que quede mucho mas presentable... FUCK​
     
    Última edición: 17 Abril 2019
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    Ren – Capítulo 9, “Despertar”


    “Esta idiota realmente cree que lo sabe todo, ¿eh?”

    “Cálmate. No vinimos a ocasionar más problemas.”

    A pesar de que tenía todas las oportunidades disponibles para mostrar la sonrisa más engreída del universo, Koiso sólo se mantenía cruzada de brazos, su mirada saltando del uno al otro esperando que alguno de los dos hablara.

    —Realmente sabes arruinar un momento de suspenso, mujer —protestó Vega, llevándose la mano al entrecejo—. No debería sorprenderme a estas alturas, ¡adivina quien acaba de descubrirlo todo una vez más!. Sí, nosotros…

    —Yo. Yo comencé el incendio de Alseide. Tomé la forma de uno de los humanos que nos acompañaba en la expedición. Aquel que tienen detenido.

    Era una situación extraña. Un Pokémon había actuado por su propia cuenta, sin seguir las órdenes de su entrenador y ocasionando un desastre. Pero ninguna región tenía jurisdicción contra los Pokémon que vivieran en su territorio. Nadie jamás había tenido que juzgar y castigar las acciones de una criatura que no fuera humana. Y aunque así fuera, ¿cómo lo harían? Encerrarla en una celda era inútil. Tratar de capturarla sería en vano.

    —¿Por qué razón lo hiciste?

    “¿Por qué, Ren? ¿Por qué lo hiciste?”

    Sólo llamaría a un humano por su nombre en aquel mundo: dos, si hubiera tenido la oportunidad. Los hermanos Sericci la habían rescatado cuando más lo necesitaba. Y allí estaba ella: una humana que había decidido prestarle la esencia más pura de su ser, sin la cual su misión habría fallado desde el primer momento.

    Debía volver a su lado. Ya les había robado suficiente tiempo a ambos. Ya les había ocasionado suficientes problemas. Pero para solucionarlo todo, había que hacer ciertos sacrificios. Nunca se hubiera esperado que al atravesar aquel maldito agujero… volvería a ser tan sólo un simple Ralts.

    —Ese árbol tenía fuerza evolutiva, más de la que se imaginarían. Más feroz que cualquier oponente, y más fuerte que cualquier Pokémon Legendario. Tan sólo encender la copa de aquel árbol fue suficiente para transformarnos a ambos. Pero el fuego se expandió fuera de control demasiado rápido.

    “No fue casualidad que te entregara aquel libro sobre nuestra especie, Vega.”

    <Ralts tiene el poder de sentir las emociones de la gente y de otros Pokémon. Huirá con desconfianza al sentir algún tipo de hostilidad.>

    <Kirlia usa los cuernos en su cabeza para amplificar su poder psicoquinético. Posee el poder suficiente como para crear una ruptura en las dimensiones y ver el futuro. Cuando usa su fuerza, el aire alrededor suyo se distorsiona, creando espejismos de paisajes inexistentes.>

    —Muchos Pokémon Fantasma son capaces de crear ilusiones. No es nada fuera de lo normal, la verdad. A veces los usan para gastar bromas y…

    “Ese es el problema: que no son ilusiones. No son paisajes inexistentes, no son para ver el futuro. El autor de aquel libro no tenía idea de lo que estaba hablando, porque ninguno de mi especie jamás le revelaría de lo que somos capaces para plasmarlo en una enciclopedia. Nosotros decidimos a quién mostrarles cómo somos en realidad.”

    El aire que entraba por la habitación del hospital era muy frío. Se sujetó las piernas con ambos brazos. Unas piernas de un extraño color azulado, muy extraño en su especie. Un color que no había visto nunca. Un color que no era el suyo.

    “Y no fuiste el primero. Yo tenía-, todavía tengo, un entrenador.”

    Trató de explicarles lo mejor que pudo: cómo el Fuego Sagrado había sido demasiado fuerte como para controlarlo con su Telepatía, y como había decidido salvar a cuanta gente pudiera en aquel bosque. Los humanos no son estúpidos: su empatía es tan grande que prefieren ponerse en riesgo para salvar a los más vulnerables. Carecen del sentido de supervivencia más básico, y sin embargo su disposición a ayudarse entre ellos los coloca entre la especie más poderosa del mundo… de cualquier mundo.

    “Subyugando a los Pokémon en cápsulas, convirtiéndolos en energía fácil de transportar. Porque al fin y al cabo, no son más que monstruos. Criaturas con poderes extraordinarios, capaces de crear y destruir el mundo a su antojo. Un error de la naturaleza, que no debería existir.”

    “Y una sola criatura había sido la responsable.”

    —¡Ren, sácanos de aquí!

    Y una vez más, sus habilidades eran usadas para servir a los humanos. Vega no dio ninguna orden, por lo que pensó en el primer lugar que le inspirara seguridad. Las ruinas de Narciso, donde había encontrado a ese Dusclops. Donde había oído su voz después de tanto tiempo.

    —¡Realmente nos arrojó un hacha por los aires! ¡Santo cielo, ese grupo está completamente demente!

    Los había oído numerosas veces. Humanos llamando su nombre como si se tratara de un ser todopoderoso. Por todos lados, era casi una costumbre. Sin embargo, sus humanos nunca lo habían hecho. Y eso es lo que le había hecho confiar en ellos.

    La presión en su pecho se hacía más grande. No sabía cuánto tiempo podía permitirse, pero aún no se sentía lista. Si no podía elevar un simple Rhydon por los aires, ¿cómo lograría volver? ¿Cómo evitaría que terminara muerta del otro lado una vez más? Esta vez, no contaría con una humana que la rescatara. No tendría tanta suerte.

    Se llevó la mano al corazón. O al menos donde los humanos tenían su corazón. Y sus manos se impregnaron de una sustancia caliente y aterradora a la vista. Porque por muy escurridiza que fuera, eventualmente cometería un error en sus deberes. Los deberes de cualquier Pokémon.

    Servir. Proteger. Obedecer.




    Reconocía a esa mujer. De cabellos dorados e irises a juego, erguida imponente frente a la que alguna vez había sido su entrenadora. La mujer del Arcanine. La voz de su conciencia.

    —No podemos quedarnos aquí por mucho tiempo. Ese monstruo podría aparecer en cualquier momento.

    —¡Pero Gardevoir no ha regresado todavía! Por favor, sólo unas horas más…

    Ella nunca les había dado un nombre. Llamaba a los Pokémon por su especie, ya que odiaba reemplazar el nombre que Él les había regalado. Quizás fue aquel amor tan puro por las criaturas, que hizo que Él posara sus ojos en su humana.

    —No ha respondido a tus llamadas, Rachel. Un Gardevoir sencillamente no posee la fuerza suficiente como para abrir una brecha.

    —¡Tú no sabes qué tan fuerte era! No tienes idea…

    Ah. Tan obstinada. Tan inmadura. Sólo eran dos niñas tratando de divertirse. Humana y Pokémon, enseñando la una a la otra la otra cara de este mundo. A esa mujer no le importaba el vínculo que ellas pudieran tener, porque su único objetivo era sacarla viva de ahí.

    Porque ningún humano se merecía estar en ese lugar. Ella entendía que los Pokémon no eran más que herramientas, usadas para salvaguardar la vida de los humanos. Y sin embargo, siempre habría alguna oveja descarriada que sería tan estúpida como para enamorarse de ellos. Pero jamás se esperó algo así del Pokémon Creador. Quizá era por esa misma razón: todo el bien, y todo el mal, podía ser remontado a él.

    Fue él quien impuso esas reglas sobre todas las criaturas.

    Servir, proteger y obedecer a los humanos.


    —Ella va a volver. Sé que volverá. Porque él la acompaña.

    Y sin embargo, no se había comunicado nunca con ella. Las había arrastrado a ambas a ese páramo, para luego abandonarlas sin decir una palabra. Y por mucho que llamara su nombre, alzando la vista al vacío nocturno, Él jamás le respondería.

    El Pokémon Creador amaba al Humano Creador.

    ¿Por qué, por qué impediría que sus hijas fueran felices?

    Abrió los ojos, sólo para encontrarse a uno solo mirándola de vuelta. Rojo, enorme y brillante. Sentado a su lado, observándola fijamente. Un Dusknoir la observaba, como el más silencioso guardián, en una de las cabañas congeladas en el tiempo de Narciso.

    El único Pokémon capaz de viajar a aquel lugar maldito. Aquel que los humanos conocían como el Mundo Espiritual, donde las almas de los Pokémon que fallecen descansan por toda la eternidad. Y las voces venían de allí adentro, con más claridad que la última vez.

    —Ella logró abrir una brecha. Sé que lo logrará de vuelta.

    —Esperaremos una hora. Si realmente puede oírte, sabrá que hacer.

    “Recuerda la música, Gardevoir.”


    Cerró los ojos. Cuántas veces había escuchado esa melodía. Nunca había necesitado protegerla, porque ella le había enseñado la cara más bella de ese mundo.

    Reír. Amar. Vivir.

    Pescar en las costas de Ciudad Cerezo, donde los pétalos cubrían el agua como una alfombra rosada. Observar el mar desde el faro de Ciudad Olivo, danzar por las calles de Ciudad Trigal bajo la música que inundaba sus calles. Rezar en la Torre Bellsprout, escuchar las historias del Trío Legendario que vagaba eternamente por las rutas de Johto.

    Tenía que aceptar la derrota y pedirle una vez más su ayuda. No podía seguir involucrando a los hermanos en esto. No podía abandonar a su entrenadora en ese lugar. Pero el hermano mayor siempre estaría allí para ciudarla. A pesar de que le había dicho claramente que, llegado el momento, no había nada que pudiera hacer.

    —No lo hagas, Ren. ¡Todavía estás herida!

    Ni una sola vez la había culpado por todo lo que había pasado. Quizás todos los Pokémon estaban destinados a amar a un humano. Y definitivamente, ella no quería que sufriera el más mínimo daño. Odiaba tener esos sentimientos, herederos de su ascendencia. Los mismos que le habían causado tantos problemas.

    “¿Me harías un último favor, Vega?"

    Aléjate de este lugar, antes de que sea demasiado tarde.

    La había encontrado en su última visita a Lyses. Enterrada bajo la docena de cachivaches que Vega le había traído a su hermana, el último regalo de su entrenadora. El instrumento capaz de convocarlo. Una extraña flauta ornamentada, de color violáceo y el tamaño justo para un humano. No era el cuerpo de la hermana aquel que emitía aquella energía tan impresionante.

    Su entrenadora le había enseñado a jamás matar a un humano, pero no era ella lo que tenía que destruir. Sin embargo, se habían quedado sin tiempo. Tocaría la melodía que ella le había enseñado, y Él la rescataría de ese extraño mundo.

    Encontraría al Pokémon Creador como habían planeado, y éste la llevaría de vuelta al Mundo Espiritual. Se reencontraría con su entrenadora, y las salvaría a ambas de vuelta a su hogar. Todo estaba marchando tal y como ellas querían.

    Tomó la Flauta Azur con ambas manos, llevándosela a la altura de la boca. Sus manos temblando de la emoción. Su cuerpo brillando con un resplandor violáceo…

    "¿No es verdad... Arceus?"

    El instrumento del Pokémon Creador no emitió la melodía para la que fue creado. Un horrible crujido se oyó en su lugar, para luego estallar en mil pedazos. Comprimido ante la fuerza psíquica de su portadora, que sonreía con malicia. Liberando una onda expansiva que mandó a volar por los aires todo lo que se encontrara alrededor de ella. Los Pokémon Fantasma comenzaron a revolotear a su alrededor, mientras los escombros de la ciudad congelada empezaban a armar un remolino sobre su cabeza.

    "Nunca confié en ti en lo más mínimo."
    <Gardevoir hará todo lo posible para proteger a su entrenador, incluso siendo capaz de arriesgar su propia vida. De ser necesario, esta especie consumirá todo su poder, desatando su energía psíquica con una fuerza incluso superior a la de un agujero negro.>

    "Y no voy a entregarte mi humana."
     
    Última edición: 20 Abril 2019
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    Arianne (VIII)

    Nix/26 de Mayo
    La chica se revolvía en su cama, mirando el reloj de vez en cuando, dándose cuenta de que, aunque quisiera, no podía seguir durmiendo e ignorar lo que estaba pasando a su alrededor. Rox la había mandado a despertar a las tres de la mañana para decirle que ella y Blake ya estaban involucrados en esta estúpida pelea entre familias y todo por su egoísmo y por querer sentirse mejor consigo misma. El reloj marcó las cinco, con dos horas faltando para el amanecer y Arianne simplemente terminó rindiéndose. Se levantó tambaleante, se puso el uniforme que había tirado en el suelo, incluyendo la chaqueta donde estaban enganchadas sus pokéball, también un poco de perfume que quedaba en un frasco viejo y cuando estuvo a punto de salir por su cuenta, alguien llamó a la puerta.

    —¡No voy a hacer tu estúpido encargo! ¡Déjame en paz!

    —Arianne…soy yo.

    La estudiante dudó un momento al oír la voz de Blake, no quería que la viera toda despeinada y con los ojos rojos de tanto llorar, pero por otra parte, no importaba a esas alturas. Al parecer estos días tampoco habían sido fáciles para el coordinador oriundo de Sinnoh. Las ojeras debajo de sus ojos eran remarcables junto con el insoportable olor a cigarrillo prendido en su ropa. La verdad que aún era guapo en ese estado, aunque de una forma diferente.

    ——Te he estado esperando. Ya casi amanece y no has salido.

    —Ese es el punto—dijo Arianne tratando de que no se le quebrara la voz—. Yo no pienso seguir participando en este estúpido juego de poder.

    —Entonces…¿Qué vas a hacer?

    —Nada. Eso es exactamente lo que voy a hacer. No espera, sí voy a hacer algo.

    Mientras salía de su habitación, agarró el pendrive, lo sacó frente a Blake haciendo ademan de tirarlo contra el suelo como debió haberlo hecho con el pokécepo. No obstante, el chico pelirrojo ya estaba unos pasos delante de ella. En un movimiento fugaz, lanzó un silbido al mismo tiempo que lanzaba su copia al aire. Entre las sombras apareció Yatsu que con un tajo destrozó el dispositivo de almacenamiento en dos mitades. Ari se detuvo temblorosa.

    —Sé que es injusto, pero ahora los dos estamos metidos en esto. Nuestra mejor oportunidad es que yo distraiga a los guardias para que salgas de la ciudad y llegues a Caribdis por el desierto.

    —Pero Blake…no quiero dejarte aquí.

    El chico esbozó una sonrisa confiada, recuperando el carácter que le había visto en Themis.

    —Estaré bien. Te prometo que pronto nos volveremos a ver.

    —¡No! ¡Estamos metidos en este problema por mi culpa! ¡Tienes que dejarme que yo me arriesgue!

    La señorita Labelle no podía ver la cara de su compañero. La vista la tenía empañada por culpa de las lagrimas que no dejaban de salir de sus ojos. Weiss le agarró de los hombros y le miró fijamente.

    —No sería de un caballero abandonar a una dama a su suerte.

    —Blake…

    —Rápido. Tenemos que salir antes del amanecer.

    Ari asintió, tratando de devolverle la sonrisa sin ningún éxito.

    Los dos chicos salieron de la escuela pokémon con la mochila de una carga de suministros y sin dejar de mirar a los alrededores, cuidándose de los guardias de la familia Lann que no dejaba de aparecer. La ciudad de Nix estaba amurallada por lo que el único camino posible que tenía era usar una de las dos salidas que estaban de lo más custodiadas por motivos obvios. Después de que intercambiaran unos susurros, Weiss se separó. Su instinto le gritaba que debía agarrarlo del brazo para que no la dejara sola, pero tenía que ser fuerte. Blake le dirigió una ultima mirada de despedida antes de ejecutar su plan, liberando a Alpha, Hazel y Shura.

    —Buena suerte.

    —¿Blake?

    —¿Sí?

    —¿Confías en mí?, ¿verdad? Yo nunca quise negociar con Kozaky, yo no…

    El señor Weiss sonrió una vez más. No obstante, esta sonrisa tenía algo de especial. No era su típica sonrisa confianzuda para aparentar estar en control de la situación; era una sonrisa sincera. Salida desde el alma.

    —Si no confiara en ti, tendría que replantearme lo que voy a hacer. Ahora vete.

    La chica obedeció a su pesar, corrió todo lo que pudo, esforzándose en no oír los ruidos de la pelea.

    Desierto de Líos/26 de Mayo
    El sol había iluminado el desierto hace una hora, la muchacha tenía un pañuelo cubriendo su cabeza que había robado de un guardia que estaba durmiendo sobre la arena en un ejercicio o de poco sentido común, o de mucha valentía. Le estaba acompañando Dulcinea que había abandonado su Lujo Ball para ayudarle a mantener a raya a esas ranas que le miraban con ciertas ansias. Aunque sabía que debía manejar bien su suministro de agua, ninguna de las dos podía aguantar sin beber más de diez minutos, como si fueran unas borrachas a las que sus familiares mandaron a morir lejos. Un escalofrío le recorrió la espalda al descubrirse pensando en esas cosas.

    Liberó a As de su Honor Ball. Le hizo señas para ordenarle que vigile desde el aire. Esperó un poco mientras jugueteaba con una superball, lanzándola y atrapándola. El sonido de unas ruedas desplazándose en la arena le hizo moverse, atrapó a su rowlet de Aiwass y Dulcinea al mismo tiempo que el ruido del vehículo todoterreno se acercaba más. En un intento de desplazarse sin hacer ningún ruido, pisó un juguete de esos que chillan cuando los aprietas para luego darse cuenta de que era un frogardier del desierto que estaba durmiendo antes de que una chica distraída le pisase una pata por accidente.

    Se preparó para darle un puñetazo a la criatura venenosa lo que no fue necesario pues un todoterreno derrapando fue suficiente para ahuyentarle y puede que la patada de su conductor también haya tenido algo que ver. No era nadie más ni nadie menos que un joven rubio que vestía unas gafas que le protegían de la arena, una chaqueta negra demasiado cara para el lugar donde estaban y una camisa a cuadros. Lewis bajó del vehículo, mirándola con una sonrisa desagradable.

    —¡Sabía que ibas a estar aquí!—exclamó el líder de Icaros llevándose una mano al cinturón—Tu amiguito hizo un gran escandalo ¿Quién iba decir que los dos muchachos a los que les preste mi ayuda iban a terminar siendo unos terroristas?

    —¿Tú no habías huido junto con la capitana y ese otro chico?—preguntó Arianne queriendo dejar el hecho de que la habían llamado terrorista a lado.

    —Sí, pero he decidido venir a ayudar a la guardia del sol. Tarde o temprano, esto puede que sea mío.

    Ari hizo una mueca de desgrado al ver la verdadera cara egocéntrica del antaño presentador del torneo.

    —Ahora sé una buena chica y súbete al carro. Te prometo que no saldrás tan perjudicada si te quedas quietecita con tu maestra.

    Lo pensó por un momento. Ella no había pedido participar en esto. No tenía ningún motivo para completar esta misión.

    «Blake confía en ti» recordó cuando estaba a punto de entregarse.

    —¡No!

    —Como quieras.

    El señor De Lann lanzó una pokeball al aire, liberando a un enorme tigre que la hizo trastabillar de los nervios.

    —¡Adelante, Dulcinea!

    La gabite salió de su lujosa esfera, haciendo un esfuerzo enorme para no amedrentarse ante su rival.

    —¡Velocidad Extrema!

    Antes de que una de los dos pudiera pensar en su primer movimiento, el arcanine aplacó contra el vientre de la dragona, utilizando su cabeza como si fuese un pesado ariete. La gabite cayó de espaldas en la arena, pero pudo recuperarse enseguida. Un poco de sangre en la frente del perro relevaba que había sufrido los efectos de las rasposas escamas de su pequeña dama. Aun pese a eso, el líder le mandó a su pokémon hacer lo mismo a una impresionante velocidad, tanto que apenas podía ver los espejismos que dejaba detrás de él.

    —¡Cuchillada y luego entiérrate!

    Dulci realizó un tajo a ciegas que le impacto al arcanine justo debajo de los ojos, luego se escondió bajo arena. Arcanine no viéndose afectado por esto comenzó a rastrear usando su nariz para después meter su hocico. Sus grandes fauces fueron suficientes para sacar a Dulcinea. Arianne se mordió la manga de la chaqueta mientras seguía manoseando la misma Superball de manera nerviosa. Lewis ajustó sus gafas, chasqueó los dedos y una gran llamarada salió del hocico del tigre.

    Quemó a Dulcinea hasta que decidió devolverla a su lado con un rápido movimiento.

    —¡Dulci!

    La dragona se aterró al ver el color carbón poco fashion que había tornado sus escamas. Miró a su rival con furia. Arcanine volvió a moverse de nuevo con ayuda de su ágil cuerpo, más rápido que nunca. Sabiendo que esta vez no le iba dar de casualidad, una idea afloró en su mente, pero solo era eso.

    Una simple idea que no tenía utilidad por sí misma. Salvo que…

    —¡Dulcinea! ¡Cúbrete de arena! ¡Luego usa Excavar!

    La tipo tierra levantó una polvareda. El tigre falló y volvió junto a su entrenador.

    —¿¡Crees que eso va funcionar!? ¿¡Te olvidaste del olfato de Arcanine!?

    —No lo olvide—dijo la señorita Labelle sonrojándose.

    Arcanine dio unas cuantas vueltas confundido, intentando encontrarla, pero de pronto la hembra salió debajo del tipo fuego, dándole un fuerte golpe al veterano pokémon al mismo tiempo que la arena terminó disipándose. El líder de gimnasio retrocedió asustado al ver la blusa blanca y la chaqueta enredada en el cuello de la dragona como un lindo pañuelo. Resultó que ese perfume viejo tirado en su departamento sirvió de ayuda. El tigre no supo que hacer al solo captar el olor de la entrenadora.

    Afortunadamente llevaba una blusa de tirantes debajo, pero no dejaba de ser vergonzoso. Sacudió su cabeza para quitarse esos pensamientos de encima.

    —¡Golpe…

    —¡Rayo Solar!

    En cuanto la gabite estuvo a punto de ejecutar la orden, un rayo de luz salió de las fauces del arcanine. El impacto tumbó a Dulcinea debajo de las narices del tigre.

    Lewis soltó una carcajada. El intenso

    —Hace mucho calor, ¿No crees, pequeña?

    Si consideraba la diferencia de edad entre los dos y la sencilla ropa que llevaba ella, esa pregunta sonó peor de lo que debería.

    —¡Arcanine, acabala con otro Rayo Solar!

    La gabite soltó un gruñido al mismo tiempo que alzaba una de sus cuchillas. Un fuerte grito salió de la boca de la dragona cuando su brazo izquierdo se tornó de color negro. Arcanine intentó aplacar contra ella, pero en un acto desesperado, su chica le detuvo con ambos brazos. El arcanine exhaló un Lanzallamas que carbonizó la otra extremidad de Dulcinea. En serio que estaba sorprendida de que su refinada pokémon pudiera aguantar tanto con esas horribles heridas, a la vez que le ponía de los nervios.

    —¡Dulcinea!

    —Niña—dijo Lewis tratando de parecer serio—. Si te entregas, tu pokémon no tendrá que seguir sufriendo.

    —Yo…

    —¡Arcanine! ¡Acabala!

    En ese instante, la chica pensó que un ángel había venido a recoger a Dulci, debido a brillo que la estaba rodeando en ese momento. Ese no era el caso. Cuando la luz se apagó, la pequeña dragona había aumentado de tamaño, entre otros cambios físicos. La magia de la evolución permitió que su collar se agrandara a la vez que ella. Una estrella apareció en su frente. Las heridas de la, en ese momento, garchomp, desaparecieron como por arte de magia.

    —¡Rapido! ¡Golpe Bis!

    La dragona golpeó a toda velocidad la cara del tigre. El ultimo golpe mandó a arcanine a unos metros de ellos, intentaba pararse, pero era claro que estaba fuera de combate.

    No tuvo tiempo de celebrar cuando varios soldados la rodearon. De Lann sacó a sus otras criaturas.

    —Lo lamento, pero yo no juego limpio. Ahora entrega las pokéball y nadie saldrá lastimado.

    Arianne suspiró. Lewis se acercó con la victoria asegurada o al menos eso pensaba antes de que algo le golpeara el estómagoLa figura azulada hizo lo mismo con los guardias, matando a algunos en el proceso. No pudo ver quien era el atacante hasta que golpeó a Dulcinea en el menton. Sin importar su aumento de poder, no pudo aguantar ese golpe que la dejo inconsciente. El recién llegado miró friamente a la chica con unos ojos rojos en medio de una cascara hueca de metal.

    —Bien hecho, Silver.

    La voz pertenecía a una alta mujer que salía de la nada. Vestía una especie de vestido oscuro, un parche le cubría los ojos, tenía un pelo corto de color blanco. La estudiante temblaba tan solo ver la forma mecánica con la que caminaba, como si la que estuviera caminando frente a ella fuera una especie de androide o peor aún, un autómata que seguía órdenes de alguien superior. Se dirigió al líder de gimnasio que estaba tratando de incorporarse y lo devolvió a su sitio con una patada.

    —Vaya. Me temo que esto no le gustara a Alexa.

    El metagross esperaba al lado de su dueña.

    —¿Dónde esta la capitana?

    —No lo sé…

    —Es una lástima.

    En un movimiento veloz, el rostro del que anteriormente era el líder de gimnasio ya no era reconocible. No pudo evitar soltar un sollozo mientras el chico caía como un peso muerto. La salazzle saltó de una esquina para vengar a su amo, pero Silver fue más rápido que ella y en un instante la salamandra dejo de moverse en medio del aire. La mujer avanzó hacia donde estaba echado el arcanine que le gruñó a su asesino antes que cometiese el acto con la misma frialdad con la que lo ordenó su entrenadora. El monferno ni siquiera se movió de donde estaba. Ni siquiera pudo hacerlo cuando el metagross ya le había debilitado para siempre. Los guardias fueron los siguientes.

    Finalmente, se acercó a Dulcinea.

    —¡No!

    La cabeza de la mercenaria se giró hacia ella, como si la acabara de notar. Le lanzó un seco silbido al tipo acero para que dejara lo que estuviera haciendo. Arianne se dejo caer sobre sus rodillas.

    «Lo siento, Blake» pensó.

    Al menos esperaba que As, González y Ivy lograran salvarse.

    —Lo siento por ti, nena—dijo la mujer acercándose cada vez más—. No puedo dejar testigos, seguro que lo entiendes.

    Un yunque negro cayó del cielo, interceptando el rápido golpe del despiadado pokémon. Mirándolo mejor, se dio cuenta de que no era un yunque, sino un dragón de tres cabezas. Aprovechó para volver a guardar a Dulcinea. Trató de liberarse cuando alguien le agarró por detrás, pero una voz le detuvo.

    —Tranquila, estas a salvo.

    Arianne miró hacia atrás. En un vehículo todoterreno rodeado de guardias se encontraba sentando un hombre viejo, envuelto en una vieja gabardia de cuero. El hombre que le había tomado le lanzó hacia el asiento del copiloto del vehículo el cual no tardó en arrancar a todo velocidad mientras el hydreigon volaba al lado de ellos. La chica no podía dejar de temblar y el viejo que no reconoció hasta ese momento le ofreció su gabardina para que se acostara.

    —No sabes cuánto lamento no haber llegado antes, señorita Labelle—dijo Sogia Frey sin dejar de mirar el camino.
     
    Última edición: 22 Abril 2019
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