Colectivo de Pokémon - Havoc/Harvest: Overlay

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Kiwi, 3 Enero 2019.

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  1. Threadmarks: Capítulo 3-Vega
     
    Merinare

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    Vega – Capítulo 3: Transformación



    Probablemente haya sido su expresión boquiabierta la que evitó que su Ralts lo elevara por los aires y lo tirara de cabeza al caudal del río. No podía ver lo que creía, pero allí estaba y no había duda de ello. Se trataba de un Mew, quizá la especie Pokémon más escurridiza de la historia. Danzando alegremente entre los árboles, tratando de llamar su atención. Ren miró por un par de segundos a Vega antes de voltearse hacia el bosque, y su reacción fue exactamente la misma.

    “No puede ser”, susurró en su cabeza, corriendo sobre el lecho y seguidamente sobre la playa, cubriéndose de arena al moverse de forma atolondrada en la costa. Sin importarle el agua que chorreaba por su cuerpo, saltó sobre el hombro de Vega, que finalmente reaccionó. “¿¡Vamos a seguirlo, o qué!?”

    No esperó una respuesta. En menos de un segundo, sintió como sus pies descalzos abandonaban la cálida arena para caer sobre un césped frondoso. El súbito movimiento no pasó desapercibido para aquel Mew, que comenzó a huir inmediatamente en sentido contrario, hacia el interior del bosque.

    —¡Mis cosas siguen ahí! —protestó, mientras Ren bajaba de su hombro y realizaba saltos de aquí para allá, buscando una señal del Pokémon—. ¡Y Tey no puede cruzar!

    “¿Quieres que queme todo el bosque?” replicó, visiblemente alterada. Del otro lado del ancho cauce, su Quilava los miraba con sorpresa. “¡Muévete, volveremos por él después!”

    Haciendo caso omiso a la fuerte voz de la conciencia que le alertaba de la necesidad de tener un calzado antes de entrar a aquel bosque, ambos empezaron a correr. Eventualmente, Ren se adelantaba con sus teletransportes, sólo para volver y empujar a Vega varias decenas de metros más adelante. El follaje se hacía cada vez más frondoso a medida que se introducían más y más en él. Y sin embargo, no dejaba de escuchar sus risas. Aquel Pokémon se estaba burlando de ellos, apareciendo y desapareciendo constantemente de su vista.

    “¡Ven aquí!”, los gritos de Ren le retumbaban en la cabeza. En medio de la carrera, un destello rosado se mostró por un momento en sus manos. Una nube informe de energía se convirtió progresivamente en afiladas espinas mágicas que salieron despedidas en dirección al punto en el que Mew se encontraba, mas solo logró que éstas quedaran clavadas en los árboles, desvaneciéndose a los pocos segundos.

    Lo que comenzó como una frenética persecución en el Bosque de Pan se convirtió progresivamente en una especie de juego del escondite entre dos Pokémon psíquicos. La intención de Ren era herirlo para entorpecer sus movimientos, pero acertar a una criatura capaz de volverse invisible a voluntad parecía realmente imposible. Y sin embargo continuaba, provocándolos a ambos y en especial a su Ralts, que parecía más y más irritada a medida que el tiempo pasaba.

    El patrón siempre era el mismo: una vez se acercaban lo suficiente, se desvanecía en el aire para reaparecer varios metros lejos de ellos. Y a juzgar por el tiempo, no parecía capaz de teletransportarse.

    —¿Puedes detenerlo con Protección?

    Es una barrera, no una jaula. Y no podemos saber en que dirección irá una vez desaparece.”

    Ren lo sujetó una vez más, arrastrándolo varios metros hacia adelante en aquel bosque interminable. Pero en el momento en que quiso soltarse de su mano, éste se aferró a ella, deteniéndose en seco.

    “¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!”, Ren forcejeaba para liberarse, pero una mano alcanzaba para frenar con creces la fuerza física de su Ralts.

    —Tengo una idea. ¿No te parece raro que se quede esperando que lo alcancemos?

    Se llevó un dedo a los labios en señal de silencio, para luego señalar hacia los árboles al frente suyo. Lo había visto detenerse eventualmente, para revolotear alegremente al verlos reaparecer. Y esa vez no fue la excepción. Tras unos momentos de silencio, se asomó de un árbol. Ren ahogó un grito.

    “¿Y si pretendemos darnos por vencidos?”

    —¿Cómo que “lo has perdido”, Ren? —protestó en voz alta, mientras se volteaba en la dirección contraria—. No puedo creerlo. ¡Estábamos tan cerca!

    Suspiró exageradamente con aspecto derrotado. “Prepárate para lanzarle una Pokéball”, sintió en su cabeza. Dio un par de pasos hacia el otro lado, fingiendo haberlo pasado de largo. Y en ese momento, sintió un cosquilleo en su oreja izquierda. “¡AHORA!”

    La esfera lo rozó por unos centímetros. Presa del pánico, Mew trató de desaparecerse y escapar, pero Ren resultó ser más rápido que él esta vez. La corta distancia en la que se encontraban hizo que su barrera de Protección tuviera éxito, haciendo que su invisible cuerpo rebotara contra el campo de energía, aterrizando directamente en los brazos de Vega.

    —¡Lánzasela tú! —exclamó extasiado, mientras aquel Pokémon se sacudía frenéticamente.

    Pero no sólo se sacudía. A medida que recuperaba su color, notó horrorizado cómo su cuerpo parecía derretirse en sus brazos. Ren alzó la Pokéball en el aire y la lanzó girando hacia él. Y aquella masa amorfa de color rosa en la que se había convertido Mew fue absorbida por un rayo de energía de color rojizo.

    —¿Acabas de ver lo mismo que yo? —preguntó, recuperando el aliento.

    “No puedo creerlo”. Ren pateó la Pokéball con enfado y ésta se abrió, revelando nuevamente una especie de chicle gigante en lugar de su Mew.

    “Sólo era un estúpido Ditto."



    Tardaron casi media hora en regresar a la playa y recuperar a Tey. Saltar al hotel era una opción, pero éste quedaba más lejos y la caminata sería más larga, sumado a que ninguno de los dos quería levantar sospechas acerca de alguien desapareciendo en el bosque.

    “Me pregunto cuando aprendió a transformarse en un Mew.”

    —¿A lo mejor vio una imagen? —aventuró Vega, observando a su nueva adquisición levitar despreocupadamente a su lado. Seguía manteniendo la forma de aquel Pokémon Legendario: seguramente le era más fácil moverse bajo aquella figura en lugar de una masa deforme que se arrastraba patéticamente por el suelo.

    “Su especie necesita una muestra real para copiar su ADN: a lo mejor sí había un Mew en el Bosque de Pan después de todo”, replicó su Ralts. “¿Tú crees que deberíamos quedárnoslo? Una leyenda dando vueltas por Ciudad Lyses va a llamar bastante la atención, por más que sea una copia.”

    Vega se detuvo antes de adentrarse en una calle más concurrida de la ciudad, observando al Ditto pensativamente. Si copiaba el ADN de otros Pokémon…

    —¿Podrías transformarte en otro Pokémon que hayas visto en el Bosque? Algo menos… llamativo, si es posible.

    Esperó durante unos segundos, observando una vez más como su Ditto se derretía ante sus ojos para regresar a su forma original. Cayó al piso, y su cuerpo tomó el color del césped a la vez que adoptaba una forma ovalada. En menos de un minuto, una copia exacta de un Petilil se encontraba a sus pies.

    —Esto. Es. Increíble— susurró Vega. ¿Cuántas especies convivían en ese bosque? Las posiblidades eran infinitas.

    “Me pregunto si…”. Ren se quedó mirando al Petilil mientras este se encaramaba sobre el hombro derecho de Vega. “¿Me lo prestarías un rato? Quiero comprobar una cosa”.

    —No hagas nada ilegal —masculló, pero ésta ya había desaparecido junto con el Ditto.

    Caminó de regreso al hotel, exhausto por el calor que golpeaba la ciudad y el frenesí de la persecución en el Bosque de Pan. Sonrió al ver la fachada del edificio: se daría una ducha de agua helada, pediría algo en el servicio a la habitación y luego iría a visitar a Karen antes de…

    —¡Alto ahí!

    Vega se volteó al escuchar el súbito grito, al igual que varias de las personas que caminaban por el lugar. Una mujer de cabello platinado la observaba con ojos cargados de ira, mientras el líder de gimnasio trataba de retenerla.

    —¿Te refieres a mí?

    Había visto aquella forma de vestir: era del mismo atuendo y tonalidad de colores que el guardia que entregaba los números en la Torre Lyses. Y su cuerpo se heló al escuchar las siguientes palabras.

    —¿A quién más, maldito ladrón?

    Trató de hacerse el tonto, pero aquella mujer lo sabía todo. La desaparición de los libros. Un Ralts entrando y saliendo a gusto de la biblioteca. Estaba perdido. Sogia le quitaría la medalla el último día antes de la expedición, ¿Por qué tenía que tener esa mala suerte? Con una mirada victoriosa, aquella mujer le pedía que mostrara a sus Pokémon.

    Pero Ren no estaba con él. Incluso bajo la insistencia de mostrar su Tarjeta de Entrenador, su Ralts no aparecía por ningún lado, ya que él nunca la había atrapado. Ni siquiera el nuevo Ditto aparecía, ya que no había visitado un Centro Pokémon que actualizara sus datos. O quizás era el hecho de que técnicamente, él no había capturado al Ditto.

    Sogia se disculpó con él, reprendiendo a la guardia y retirándose del lugar, pero eso sólo logró que la mujer le lanzara una serie de temerarias amenazas antes de acompañarlo de vuelta a la Torre Lyses. Observó su rostro un poco pálido en uno de los numerosos espejos que había en los pasillos del hotel. Habían estado cerca. Demasiado cerca. Sus planes de ir a la expedición se habían ido por la borda: en el momento en que vieran a Ren, sabrían que él era el culpable. ¿Cómo iba a solucionar eso?

    Abrió la puerta de la habitación con su tarjeta magnética, dubitativo. Y la respuesta se mostró ante sus ojos. Sentada sobre la cama con una sonrisa de picardía, su hermana se encontraba allí. Un sencillo vestido blanco de verano dejaba entrever sus pies descalzos.

    —¡Ka-! —alcanzó a emitir, con un nudo en la garganta. Tragó saliva un par de veces.

    No. No era ella. Su hermana no tenía el pelo azul. Ni ojos rojos. Ni tenía el cuerpo de una niña de diez años. Pero a pesar de eso, sus facciones eran tan similares...

    —¿Qué pasa? ¿Soy tan linda que te has quedado sin palabras?

    Su voz seguía siendo la misma, pero esta vez no estaba dentro de su cabeza. Era capaz de hablar sin ningún impedimento, a la vez que agitaba las piernas sobre un colchón demasiado alto para ella.

    —No es gracioso —replicó con amargura. Sólo verla le producía una desagradable presión en el pecho.

    Sabía perfectamente lo que estaba pasando. Tomó la Pokéball de su Ditto y apuntó hacia el extraño doppelgänger de su hermana. Cuando el rayo de energía capturó al Pokémon, sólo Ren quedó en la cama, cruzada de brazos con molestia.

    “Pensé que te haría ilusión. ¡Perdóname por no poder hacer una copia exacta! Mew hizo lo que pudo en el hospit…”

    —¡No me importa qué tan parecida puedes ser…! ¡Tú no eres…! ¿Por qué creerías que yo…?

    No lo sabía. Estaba claro que no lo sabía. Respiró un par de veces para tranquilizarse, y se mojó la cara en el baño. Reflejada en el espejo, Ren lo miraba con expresión culpable.

    “Lo siento. Creí que sería una linda sorpresa…”

    No es tu culpa. A decir verdad, puede que sea la solución a nuestros problemas.

    Al ponerla al tanto del altercado en la entrada del hotel, las neuronas de su pequeña Ralts se pusieron a funcionar a toda marcha. Parecía genuinamente sorprendida de que alguien la hubiera descubierto.

    “¡Pero devolví los libros, te lo prometo! ¿Por qué seguirían buscándome después de eso?”

    Le tomó bastante tiempo convencerla de que uno seguía siendo culpable por tomar algo sin permiso, incluso aunque luego lo devolviera, y otro buen rato explicarle la indignación que aquella mujer debería tener por que se le hubiera escapado su culpable entre los dedos de aquella manera.

    —¿Cómo has logrado hacer… eso, precisamente? —preguntó finalmente.

    “¿Prometes no enojarte?” Vega levantó la palma de la mano en señal de paz. “Hice que Mew copiara el ADN de tu hermana. Mi cuerpo era demasiado chico para el de una adolescente, por lo que tuvo que ajustarse a mi tamaño.”

    —O sea que es como un disfraz.

    “Uno muy pegajoso, pero sí. Aun así sigue siendo enormemente grande, por lo que más allá de la cabeza, cuello y hombros, debo ordenarlo con fuerza psíquica: Mew me ayuda con eso. ¿Quizás una marioneta es el término más apropiado?”

    —¿Y qué pasó con el pelo y los ojos? ¿Y por qué lo sigues llamando Mew?

    “No pudimos conseguir datos sobre pigmentación en su cuerpo, por lo que tomó los míos en su lugar: piel blanca, pelo azul, ojos rojos. Y sobre Mew”, rió en voz baja, “es su forma favorita, y es un nombre bastante corto.”

    “Eso es bueno para los combates.”
    —Nosotros no… —quiso decir, pero Ren lo interrumpió inmediatamente.

    “No peleamos, sí: no sé por qué pensé en eso, de todas las cosas. Qué más da, ¡Mew suena lindo!”

    Vega se desperezó en la cama, haciendo girar la Pokéball del renombrado “Mew” entre sus dedos. Ren parecía haber aprendido a saltar dentro de la sala del hospital donde se encontraba su hermana. Teniendo en cuenta que dejarían la habitación mañana, era algo más que conveniente.




    —¿Para qué es la mochila? —susurró Vega, cegado por la luz matutina.

    —La chica de la biblioteca me prestó uno de sus libros: fue ella la que lo reservó, así que devolverlo la haría sospechosa a ella— masculló Ren a modo de respuesta—. Oh, mira: ¡ahí está!

    —No lo eches a perder y quédate a mi lado. Ya le daremos las gracias más tarde.

    Era primera hora del domingo. La expedición a Ciudad Narciso comenzaba el día de hoy. Un pequeño grupo se encontraba frente a la entrada de la Torre Lyses, siendo registrados por una chica pálida y menuda, de nombre Scylla. No sólo la chica de la biblioteca se encontraba junto a ellos: aquella guardia de la torre también se registró en la expedición, bajo el nombre de Koiso Naohiro.

    —¿Nombre y medalla?

    —Vega Sericci. Medalla Vínculo —se presentó, mostrándole la pequeña insignia entre los dedos.

    Las cejas de la tal Scylla se arquearon al ver a la pequeña niña tomada de la mano de Vega. Ren hacía un trabajo excelente simulando a una chiquilla asustada frente a tantos desconocidos.

    —Es mi hermana. Sólo estamos nosotros dos, no puedo dejarla sola aquí. Esperaba que me dejaran… —no logró terminar la frase, pues una palma gigantesca en su espalda casi lo tira al piso. Al voltearse, Sogia Frey lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.

    —Normalmente no permitiríamos que venga nadie más, pero tu cabeza es algo excepcional, ¿verdad, Scylla? Además te debo una por el mal trago que te hicimos pasar ayer.

    La chica se limitó a escribir su nombre en la planilla. Koiso, que había sido la última en ser anotada, se percató de la indirecta y le lanzó una mirada asesina a Vega una vez más. En su rostro podía verse claramente una expresión de “no vas a salirte con la tuya para siempre”.

    El viaje hacia Efesto, una ciudad intermedia, no debería haber tardado más de un día de viaje. Desafortunadamente, la tormenta que había arreciado a Lyses previo al fin de semana había provocado una fuerte inundación en la ruta principal, por lo que habían tenido que recurrir a un par de automóviles todo terreno. E incluso con aquellos vehículos, el viaje era lento y tortuoso.

    Luego de varios planes descartados, habían seguido adelante con el plan de que Ren se disfrazara de su hermana junto con Mew. Si todo salía bien, deberían ser capaces de mantener el disfraz hasta que lograran tener una habitación privada en Efesto. Ni Koiso ni Sogia, y ahora Scylla podían ver que Ren era un Ralts, o estarían en serios problemas.

    Sin nada mejor que hacer, Ren se pasó casi todo el primer día leyendo aquel libro. La tapa citaba La Caída de Illyon, más allá de los Grandes Hermanos, y parecía tan denso como sonaba. No fue hasta que decidieron detenerse para acampar que los grupos de los dos vehículos se reunieron de vuelta. Además de un par de ojos rosáceos clavándole la vista durante toda la cena, la noche transcurrió con tranquilidad.

    Grande fue su sorpresa al día siguiente al ver a la chica de la biblioteca saltar al todoterreno en el que él y Ren se habían subido. Sonreía con una mirada cómplice a su “hermana”, la cual sujetaba el libro entre sus brazos.

    —Me llamo Anansi. ¿Cuál es tu nombre?

    —Karen… —dijo con falsa timidez: Sogia, Scylla y Koiso estaban en el asiento delantero, y podían escuchar todo lo que decían.

    —Tienes un lindo nombre— respondió con una sonrisa—. A tu edad yo también solía leer mucho, ¿sabes?

    A modo de respuesta, Ren se aplastó contra el hombro de Vega. ¿Había alguna necesidad de seguir actuando? ¿No era ella su famosa amiga que los había ayudado a pasar ese diabólico examen?

    —¡Vaya! ¿No le has contado de mí, Vega? —la chica fingió estar dolida, para luego llevarse la mano al pecho en un actuado gesto de orgullo—. Yo estuve ayudando a tu hermano a pasar el examen, para que podamos estar todos aquí. ¿A qué sí, a que sí? ¡Incluso le presté ese libro que tienes ahí!

    Éste asintió vagamente mientras bostezaba, y Ren sonrió con timidez. ¡Nadie la estaba mirando más que ellos dos, Actriz Pokémon en miniatura! Recostándose sobre el asiento, la chica sacó un mazo de cartas. Los ojos de Ren se iluminaron inmediatamente al ver el decorado rojo y negro de la caja y los coloridos detalles de los naipes.

    Con la batería de su teléfono muerta, y Ren obsesionada con aprender todos los juegos posibles de cartas que existían en el mundo, Vega decidió hojear el libro que ésta había traído. Hablaba sobre un trabajo de investigación realizado al este de Aiwass, y detallaba una ciudad en ruinas al otro lado de la cadena montañosa en la que descansaba Ciudad Narciso, su destino. Sólo esperaba que Ren no decidiera ir a investigar aquel lugar: no estaba con ganas de trepar montañas heladas en aquella excursión.

    El camino parecía volverse más y más peligroso a medida que avanzaban. Los movimientos que sacudían el vehículo eran tan violentos que apenas podía dormir, pero eventualmente el sueño le venció. Sin embargo, al despertarse por la mañana, el vehículo estaba detenido. La crecida de los ríos había creado un desagüe natural por el que ningún vehículo podría pasar. Sogia ofreció ir a Efesto a pedir ayuda; sin embargo, más de seis horas después, no había señal de él.

    Preocupada por la lluvia que haría crecer la corriente aún más, Scylla ordenó continuar a pie. Ella iba a la cabeza seguida de Ren, que iba de la mano de Anansi, saltando inocentemente y esquivando los charcos de agua. Vega iba a un costado, acompañado por un chico pelirrojo que no le quitaba los ojos de encima a la chica de la biblioteca. A juzgar por los ocasionales comentarios entre los dos, parecía que habían trabado amistad durante el primer día de viaje en el otro vehículo.

    La lluvia era cada vez más fuerte. Debían llegar pronto…

    Acróbata.

    Apenas pudo entender el murmullo que sonó a sus espaldas. Con un súbito vendaval, un Crobat salido de la nada pasó zumbando frente a los dos, para estrellarse con violencia en la mochila de Ren. Ésta fue embestida hacia adelante, rodando varios metros sobre los charcos de agua y barro y ensuciándose de pies a cabeza. Por un momento alcanzó a divisar la mirada de profundo odio hacia aquel Crobat, que regresó trazando un arco al lado de Koiso.

    Vega se quedó paralizado. Ren los iba a matar. A ella y a su Crobat. Le iba a arrancar las alas con su fuerza psíquica, y lanzaría a la chica desde la punta de la Torre Lyses en el momento en que bajen la guard-

    ¡¡¡BUUUUAAAAAAAAA!!!

    El grito más desgarrador que había escuchado jamás salió de los pulmones de Ren, que empezó a llorar desconsoladamente, sentada en el piso y cubierta de barro y lágrimas. Anansi fue la primera en reaccionar y correr hacia ella, mientras el chico pelirrojo enfrentaba a Koiso, enfurecido.

    —¡¿Por qué hiciste eso?!

    —¡Ella es la Ralts ladrona! ¡Sabía que era ella!

    —¿De qué rayos estás hablando?

    Vega fue el segundo en llegar a donde Ren se encontraba, y se encontró con algo que realmente no esperaba. Sus brazos y piernas rasguñadas por la caída se encontraban salpicados no solo de barro, sino también de sangre. ¿Cómo había logrado ese Ditto replicar un cuerpo humano, lágrimas y sangre incluidos, con tal perfección? Incluso al alzarla era imposible distinguirla de una niña común y corriente.

    —Pensé que era la falta de café, pero luego empecé a atar cabos. Ese Pokémon no era un Ralts común, ¡era un Ralts “Shiny”! ¡Su pelo tiene el mismo color, y sus ojos también! Quizás pueden engañar a Sogia y al resto, ¡pero a mí no!

    Vega estaba en shock. No podía creer que esa mujer tuviera las agallas para atacarla bajo una simple sospecha. Los llantos de Ren le perforaban los oídos al tenerla tan cerca. No había oído a su hermana llorar así desde aquella vez…

    —¡Es sólo una niña, estúpida! —le espetó Anansi, furiosa—. ¡Mira cómo la lastimaste!

    —Es suficiente.

    —¡No es una “niña”! —insistió elevando la voz, la cual emitió un extraño ruido metálico—. Y se los voy a demostrar ahora mismo.

    Su Crobat se colocó en posición de ataque una vez más. Tanto Anansi como el chico pelirrojo tomaron una Pokéball. Pero Scylla fue más veloz que cualquiera. Un enorme Milotic se interpuso entre las dos partes junto con su entrenadora. A pesar de su contextura pequeña, tanto la actitud de ella como de su Pokémon eran imponentes.

    —¡Es suficiente! —sentenció con voz firme—. ¿Desde cuándo una especie como Ralts ha sido capaz de disfrazarse de un humano?

    —Scylla, ya sé que parece descabellado, pero quizás con ayuda de otro Pokémon…

    —Escúchate a ti misma. Sogia sabía que ibas a intentar algo así, pero decidiste esperar a que él no estuviera. No me interesa que tanto odies a este chico: no voy a permitir que lastimes a gente bajo mi cuidado por culpa de tus paranoias.

    La expresión de incredulidad en la cara de Koiso era casi la misma que Vega trataba de disimular con todas sus fuerzas. Esa mujer no tenía ninguna prueba, y sin embargo había acertado cada una de sus sospechas con una precisión aterradora. Agradeció a los cielos que su Tarjeta de Entrenador no haya revelado a Mew aquel fin de semana, o de lo contrario no hubiera tenido escapatoria. Indignada, Koiso recuperó a su Crobat y continuaron la marcha, sin despegarle los ojos a Ren por el resto del camino.

    —¿Está bien? —le preguntó el pelirrojo con amabilidad, mientras esta seguía sollozando en los brazos de Vega—. Toma mi chaqueta: la protegerá del frío hasta que puedas cambiarla en Efesto.

    —Sólo tiene un par de rasguños. Muchas gracias… um…

    Blake. Blake Weiss.

    Vega aceptó la prenda de aquel chico, envolviendo a su supuesta hermana con ella. Oculta bajo el cuello alto, los ojos de Ren brillaban bajo sus lágrimas falsas: apenas podía aguantar la risa. ¡Maldita artista! ¡Lo había hecho preocuparse para nada!

    Las cosas no mejoraron mucho al llegar a Efesto. La líder del Gimnasio de aquella fortaleza se comportó de una manera sumamente hostil con ellos, prácticamente acusándolos de haber robado un “artefacto de gran valor”. Estaba empezando a cansarse de todos aquellos artefactos y reliquias y artilugios desperdigados por toda la región. Realmente esperaba que a Ren le sirvieran, para poder hacerlos estallar en mil pedazos y que dejaran de mencionarlos constantemente.

    Aunque probablemente eso no terminaría bien.

    Escuchó desinteresadamente sus advertencias de que nadie podía dejar la ciudad durante la investigación, que se trataba de una fortificación impenetrable y muchas amenazas más antes de enviarlos al Centro Pokémon. A veces le gustaba imaginarse la cara con la que se quedaría esta gente, supuestos líderes e hijos de familias de influencia a través de la región, si tomara a Ren del brazo y se esfumaran al frente de ellos. Pero eso tampoco terminaría bien, ¿verdad?




    “Lo siento tanto, Mew. Pero has estado estupendo”.
    Una vez se encontró a solas en una de las habitaciones del Centro Pokémon, Ren finalmente se deshizo de su disfraz. Su diminuto cuerpo real se mantenía impoluto e ileso: el cuerpo de chicle de su Ditto, antes rosado, se encontraba hecho un asco. Vega lo llevó a la bañera y dejó que corriera el agua caliente a la vez que le echaba una buena dosis de jabón líquido del lavabo encima. Colgó la chaqueta de Blake, cuyo interior estaba bastante arruinado, y se secó el agua de lluvia con una de las toallas del baño, mientras Ren veía a Mew estirarse y desdoblarse para eliminar todo rastro de barro. En el suelo, la pequeña mochila se encontraba dañada por el ataque del Crobat de Koiso.

    “Parece que sí estaba completamente loca después de todo” Ren sonrió. “¿Qué esperaba, que me transformara de vuelta como un Zorua?”

    —Es posible. ¿Cuándo compraste eso?

    “El domingo por la mañana, antes de despertarte. Quería comprobar la reacción de la gente si les hablaba. Con la excepción de la gente sorprendida de ver a una niña caminando sola con una billetera llena de Poké a primera hora de la mañana, nadie pareció sospechar de nada”.

    —¿¡Tomaste mi billetera!?

    Ren no pudo responder. Un leve golpe en la puerta les puso los pelos de punta a ambos. ¿Cuánto había dicho? ¿Había mencionado algo incriminatorio? Preguntó quién era con tono despreocupado, y una voz de mujer le respondió con tranquilidad.

    —Anansi.

    No conozco ninguna Anansi— bromeó, sólo para que Ren le lanzara la mochila en la nuca.

    —“La chica de la biblioteca”—la escuchó suspirar del otro lado—. ¿Vas a dejarme pasar o no?

    Abrió con cautela la puerta. Nadie más se encontraba en el pasillo. Apresurándola para que entre, cerró la puerta tras de sí. Sólo necesitó cinco segundos de observar el lugar con los ojos como platos para que todo encajara como un rompecabezas en su mente.

    —No he tenido la oportunidad de darte las gracias. ¿Necesitas algo?

    Sólo quería ver cómo se encontraba ella.

    Se hizo un momento de silencio, mientras Anansi asentía y suspiraba con alivio. Ren estaba usando su Telepatía con ella. La conversación a medias siguió por un buen rato. ¿Realmente se veía así de estúpido desde lejos, hablando solo como un completo desquiciado? Luego de unos minutos, ésta se retiró agitando la mano en dirección a ambos. Apenas le había dirigido la palabra.

    Creo que no le agrado— suspiró este, sentándose sobre la cama.

    “Puede que haya difundido ciertos… rumores sobre ti. Rumores un tanto exóticos”. Ren también sacudía las piernas en aquella forma. ¿Cómo no lo había notado antes?

    —¿¡Qué clase de cosas raras le has estado diciendo sobre mí!?

    A modo de respuesta, un Ditto empapado aterrizó sobre su cabeza.




    Sin posibilidad de salir de Efesto, Scylla tomó las riendas en el asunto una vez más. Existían dos formas de salir de aquella ciudad. Una era ganándose la confianza de Taena, ofreciéndose como voluntarios para atrapar al ladrón que se había llevado las cenizas de su abuela o lo que sea que se hubieran robado. La otra, como ella misma les había mencionado, era vencerla en una batalla de gimnasio. Vega y Ren se preguntaron una y mil veces cómo diablos ganarle en combate probaría la inocencia de su retador, pero jamás lograron encontrar una respuesta sensata.

    Durante los días siguientes se encargó de hablar periódicamente con cada uno de ellos, debatiendo sus ideas, organizando un punto y fecha de reunión y enseñándoles el camino a Narciso en caso de que sucediera algún inconveniente. Eventualmente, le llegó el turno a Vega. Scylla lo separó del montón para hablar en privado.

    —Quiero que te enfrentes a Taena: tendremos que practicar con tu Quilava bastante si queremos que esté al nivel de alguno de sus Pokémon. Te entrenaré personalmente si hace falta. Quizás se ablande un poco si la llevas contigo —agregó señalando con la cabeza a Ren, que estaba a su lado en todo momento.

    —Preferiría no tener una batalla— replicó. La boca de Scylla se crispó un poco ante la negativa—. ¿No podemos simplemente esperar a que encuentren la reliquia?

    Ésta negó con la cabeza, descartando la idea. Su pelo largo era sedoso y brillante. ¿Por qué todas las chicas de Aiwass tenían que ser tan lindas?

    —Ella no confía en nosotros, o mejor dicho, no confía en mí. Incluso aunque logren recuperar el objeto robado seguiremos bajo investigación hasta que Taena se asegure completamente que ninguno de nosotros estuvo implicado. Necesito que hagas lo que te pido.

    A pesar de su expresión impasible, sus ojos entornados en un gesto de ruego lo hipnotizaban. Ren le tiró del brazo con fastidio.

    “No dejes que te engañe. Le gustan las chicas.”

    ¿¡Qué!?

    Vega dio un par de pasos para atrás, tratando de asimilar las palabras de su Ralts. Lo habían tomado tan de sorpresa que no se había percatado de que lo había preguntado en voz alta. Scylla lo miraba un tanto confundida.

    —Incluso aunque aceptara —dijo rápidamente, desviando el tema—, ¿cómo esperas que yo logre vencerla? No parecías segura ni de ti misma cuando te ofreció luchar contra ella.

    La chica se cruzó de brazos, ofendida.

    —Estoy tratando de ayudarlos. Quiero que salgamos de aquí sin problemas.

    —Cualquiera de las opciones que esa mujer nos ha dado implica seguir sus condiciones. Nos encerró aquí, ¿pero adivina qué?: Nosotros no peleamos. Y nosotros no seguimos reglas. Karen y yo podemos irnos cuando queramos, a donde queramos. Y a decir verdad, quizás nosotros somos los que podamos darte una mano.

    Ya hubiera sido por preocupación o simplemente para mantener el grupo unido, Scylla los había defendido de Koiso en el camino a Efesto. Y si alguien necesitaba urgentemente que le devolvieran un favor, era ahora.




    El grupo de Scylla, eventualmente, dejó de aparecer en el gimnasio. Los planes de la chica con el resto estaban teniendo éxito. Luego de casi una semana de esperar, sólo ella y Vega quedaban en el Centro Pokémon. Ellos… y la chica de la biblioteca. A pesar de que Scylla entrenaba con ella diariamente, Anansi no había ido al gimnasio ni una vez.

    —¿Quieres venir con nosotros? —le preguntó Ren—. No tienes por qué enfrentarla si no quieres.

    —Sólo estoy esperando a que ustedes se vayan: tengo mis asuntos pendientes. ¡Nos vemos afuera!

    —¿Estás listo?

    Scylla había aparecido finalmente. El trato era simple: Vega la sacaría de Efesto sin dejar ningún rastro, y a cambio ella le prestaría una de sus medallas por unos minutos. Scylla se negó inmediatamente, desconfiando inicialmente de la extraña condición que éste le había dado. Pero luego de discutirlo un largo rato, se vio forzado a contarle la verdad.


    «Es un Pokémon muy extraño. Aprendió a hablar usar Telepatía a la perfección luego de romper una de esas medallas. Queremos saber que sucedería con unas cuantas más.»

    Ren, Scylla y Vega salieron del Centro Pokémon y se dirigieron lo más al sur de la ciudad que pudieron. El gigantesco muro protector de la ciudad se elevaba a tal punto que ni alzando la vista podían ver el borde. La necesidad de una construcción así era absurda e innecesaria: la familia Ericksen seguramente había visto demasiadas películas apocalípticas – aquellas donde Pokémon colosales arrasaban ciudades y se comían a sus habitantes.

    —¿Cuánto dices que tiene de grosor? ¿Veinte metros?

    —Quizás un poco más. No deberíamos preocuparnos por nada al otro lado: La pared está pegada al río. En el peor de los casos, la marea estará un poco alta por culpa de las lluvias. Este parece un buen lugar.

    Un pequeño callejón sin salida desembocaba directamente contra el paredón. Revisaron rápidamente que nadie los estuviera observando: Scylla sabía que la seguían a todas partes, por lo que tenían que actuar con velocidad. Cada uno se tomó de uno de los brazos de Ren y empezaron a correr en dirección al muro. Vega cerró los ojos con fuerza, aterrado ante la posibilidad de terminar partido a la mitad, y dio un suspiro de alivio al notar, finalmente, el agua bajo sus pies. Lo habían logrado.

    —¡Creo que alguien me debe una medalla!—gritó Ren con alegría, olvidándose completamente de su personalidad tímida y desconfiada—. Tú también, Vega: ¡doble o nada! Ya hemos esperado suficiente…

    Ayudando a salir a ambas del agua, Scylla le entregó la Medalla Remolino, y él sacó la Medalla Vínculo de su bolsillo. Vega lanzó las dos medallas al aire, y Ren sacudió un brazo con elegancia.

    Su precisión fue excelente. Las dos insignias emitieron un ligero chasquido al ser partidas a la mitad con un corte perfecto, y cayeron al agua para desaparecer arrastradas por la corriente, río abajo.

    —¿Ya estás satisfecha? ¿…Ren?


    Su Ralts se había quedado mirando el otro lado del bosque con la mirada perdida. Le recordó a cuando había encontrado a Mew, sólo que era ella la que estaba observando el horizonte esta vez. Sin previo aviso, una punzada de dolor le cruzó la sien. Y ésta echó a correr.

    Por qué…

    La corriente era demasiado fuerte para su cuerpo. Se tropezaba continuamente sobre las piedras, empapándose completamente en el agua cristalina. ¿Por qué no simplemente se teletransportaba al otro lado? Scylla se quedó perpleja de ese lado de la costa, mientras Vega la comenzó a perseguir.

    —¿A dónde vas? ¡Ren! —gritó, mientras esta corría colina arriba sin decir una palabra. El dolor en su cabeza se acentuaba más y más a medida que se acercaba a ella.

    Ren se detuvo en la cima. Un árbol solitario descansaba en la colina, un tanto alejado del resto. Su mano le temblaba cuando pasó los dedos sobre la corteza. Parecía un árbol normal… pero había algo tallado a la altura de sus ojos. Dos nombres que apenas alcanzaban a leerse.

    FAY.

    GALLAND.



    Gold , Armiel - avisen si quieren que cambie algo.
    Kiwi , para vos también. ¡Dejá de alienarnos y llevanos con el resto!
     
    Última edición: 3 Febrero 2019
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  2. Threadmarks: Capítulo 3-Arianne
     
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    Arianne (III)

    Tesseus/Trece de Abril-Veinte de Abril
    Aunque algunos que iban a participar en la expedición de Meridión decidieron venir con unos días de anticipación, no tantos como los que tomó Arianne, Aun así, después de asegurar su hospedaje, tomó la determinación de aprovechar los días que tenía de ventaja para prepararse e incluso hacer algo de turismo. Lo segundo mucho antes que lo primero, para preocupación de sus pobres pokémon.


    —¡Pónganse para una foto, mis amores!

    Los rostros de los tres fueron retratados en una “selfie” con el mausoleo de fondo, una estructura que sirve como gimnasio de la ciudad; la joven mostraba la mejor de sus sonrisas mientras que sus criaturas trataban de disimular su incomodidad. Repitieron el proceso con otras estructuras como un imponente templo donde personas vestidas de forma preocupante salían y entraban, un gigante mercado en el que convenció a algunos tenderos sonrientes, además de una especie de bosque submarino. Si pudieras ver las cuatro fotos, podrías hacer un estudio de como el hartazgo era reflejado en esos dos fascinantes especímenes.

    En eso gastó el primer día.

    El segundo día no pudo evitar ver unos lindos charmander, diferentes a los que regalaba ese egocéntrico profesor, pese a que a la vista de los demás, esas manchas podrían parecer lepra. El precio estaba bastante alejado de su presupuesto actual, su padre actualmente no le daría dinero para comprarse algo así. Tuvo que conformarse con unas cuantas fotos junto a los felices reptiles que parecían mas que complacidos, aunque luego tuvieran que pagarle unos cuantos pokés al vendedor por las molestias.

    El tercer día decidió enfocarse en probar distintas comidas que llamaron su intención y se vio complacida al ver como vendían dulces de su región natal de los que no tardó en atiborrarse. No pudo hacer nada más que dar unos pequeños paseos hasta que su estómago dejará de torturarle de una forma merecida por comer tantas porquerías. En esas múltiples caminatas, su pikachu trataba de aguantar sus instintos primitivos mientras Dulcinea caminaba al lado de su dueña, alzando el cuello para que todos vean su collar.

    Esa fue la rutina hasta el veinte de abril, desde ese día comenzó a comprar cosas, con el dinero que consiguió de su padre.

    —Papá, estoy enferma—dijo Arianne entonando la voz más sufrida posible.

    —No te preocupes mi vida, tengo un amigo que es doc…

    —No, solo con unas cuantas medicinas voy a estar bien, el problema es que la farmacobiología de este lugar parece estar más cara que los diamantes.

    No estaba demasiado orgullosa de mentirle a su padre, pero ya había retado su autoridad, puesto que le ordenó explícitamente que no saliera de su pequeño horno en Nix. No haría daño una mentira piadosa para obtener un artículo que ya ha visualizado en sus numerosos recorridos; una especie de estuche para pokéballs en forma de tubo, con eso resguardará a los pokémon afectados que vaya a capturar, si es que lograba capturar alguno. Después de darle su pago a la anciana vendedora y haber esperado pacientemente su cambio, guardó el tubo de fibra de vidrio en su bolsa de cuero.

    —¡Qué le vaya bien!

    —Pika PIka…

    —¿Están cansados de caminar?—dijo Arianne cargando a su pikachu a quien acurrucó contra su pecho.

    Dulcinea pataleó el suelo en señal de protesta. Comenzaban a atraer miradas curiosas de los entrenadores

    —González es pequeñito, no puedo cargarte a ti…

    La gabite no entendía razones por lo que tuvo que acercarle la mano. Aun le quedaba dinero para comprarse una pomada después de todo.


    Tesseus/Veintiuno de Abril

    La señorita Labelle logró llegar a tiempo a la explanada frente al Templo de la Ley, con una mano vendada y escondida en su chaqueta, justo cuando Meridión alzó el micrófono. Su pikachu aztlaleño sirvió de gran ayuda para abrirse paso entre la multitud, sobre todo porque estaban más enfocados en proteger a las hembras de su equipo que mantener su posición. Ari suspiró, prestando toda la atención posible a las palabras de la mujer de gafas oscuras, soltando un gruñido digno de su edad al escuchar lo de los dos días.

    La concentración de la chica era tal que en cuanto escuchó el graznido, se sobresaltó, lo que aprovechó el pájaro para tomarlo como señal para aterrizar. Su sorpresa fue mayúscula cuando el pájaro en cuestión era el mismo que ofrecían de premio en el torneo de Icaros; no podía ser otro si de verdad era tan escaso.

    —Esto sí es buena suerte—susurró mientras el pájaro picoteaba sus rojas plumas—. Creo que te llamare As.

    El rowlet ronroneó ante ese mote, luego se refugió en su bolsa. ´

    Unos momentos después, un joven de extraña apariencia llamaba la atención de la concurrencia, retando a los interesados de la multitud en esa baratija llamadas medalla. La verdad es que ni se acordaba donde había dejado la de Lewis. Algunos quedaron murmurando sobre esa posibilidad, pero la mayoría fue yendo a sus lugares de hospedaje. A punto de hacer lo mismo estaba cuando As salió de la bolsa de repente; no aguantó las ganas de perseguir la cola de Gonzalez que estaba persiguiendo a su vez a las natu hembras de la plaza.

    Dulcinea y ella se sentaron en un banco cercano a esperar a que acabaran. Volvieron cuando el sol estaba ocultándose en el horizonte.


    Tesseus/Veintitrés de Abril
    El día de la expedición la despertó su amable asistente con unos cuantos picotazos en la frente, Arianne estiró su cuerpo mientras bostezaba. Ayer pasaron el rato en casa, jugando al pokér o al menos intentándolo. La pobre de Dulcinea no entendía nada y el entusiasmo ocasionaba que el nuevo miembro del equipo tirara las cartas de la mesa.

    El joven búho de fuego era un recién nacido por lo que estaba lleno de vida, puede que demasiado. La posibilidad de un combate de entrenamiento le pasó por la cabeza, pero los recuerdos del shroomish desangrándose le hizo rechazar la idea de inmediato. Lo único que sabía en ese momento sobre el tipo volador, es que As parecía ser bastante obediente—probablemente por su naturaleza—, agregando el hecho de que se estaba alimentando de caterpie hasta que ella lo acogió, cuando su comida favorita parecían ser las semillas de sunflora.

    Despertó a sus otros dos pokémon, vistió su uniforme de siempre y salió del centro pokémon cargando la bolsa de cuero, dirigiéndose sin demora al templo de la ley. Después de terminar el registro, guardó su pokédex asignada, luego se acopló al grupo que le pareció el más agradable.

    Recibieron sus provisiones de manos de más miembros de esa religiosa organización para ser los primeros en cruzar el río encima de un wailord y los primeros en separarse. La verdad es que comprendió que sus compañeros decidieran alejarse, a nadie le gustaría despertar para darse cuenta de que el campamento estaba lleno de huevos por culpa de cierto pikachu que estaba babeando en esos momentos. No importaba, estar sola le serviría para estar más al pendiente de sus pokémon, así como ayudarse de ellos.

    Dulcinea cargó con la mochila donde estaban las cosas de acampada mientras que Gonzalez cargaba la comida. As también intentó cargar algo, pero se rindió, volviendo a su brazo que desde ahora iba usar a modo de percha.

    —Lo siento, ustedes también tienen que poner de su parte—dijo Ari ante las protestas de sus criaturitas.


    Bosque de Pan/Veintitrés de Abril

    No recordaba haberse metido a un bosque tan frondoso como este cuando era niña, más que nada porque era peligroso y su padre temía que el descuido a las cosas materiales se trasplante a sí misma. La joven muchacha miraba a todos lados mientras tenía el radar a la vista por si necesitaba huir con alguien más preparado que ella. Entre los troncos salían vulpix que huían al ver a Dulcinea, pese a sus esfuerzos de caminar elegantemente.

    Algunos swellow volaban sobre el cielo, pero no notaba ninguna anomalía en ellos, aunque sentía que una de las zorras tenía la cola un poco más pálida. La verdad es que después se dio cuenta de que era por la luz del sol que entraba a través de los arboles o puede que la tipo fuego estaba en proceso de decolorarse para ser un ninetales. Si González no fue por ninguna de ellas es que As le hacía el favor de mantenerlo lejos a base de picotazos.

    Una manada de shroomish, idénticos al que tenía Braulio—¿lo habrá capturado aquí?—, pasaron al lado de ellos en fila india. Los arbustos se movían a su paso, revelando a pequeños petilil que huyen despavoridos. Unas horas de tanto caminar más tarde, decidió dejarlo por hoy en cuanto el sol terminó escondiéndose. El reloj de su celular marcaba las diez de la noche.

    —¿En verdad huyen por ti?—preguntó Arianne mientras abrigaba a su dragona quien comía impulsivamente de una lata de frijoles.

    El pikachu prendió la fogata con sus chispas y unas pocas plumas echadas sobre una madera seca que la gabite se encargó de recoger. El fuego comenzó a danzar al mismo tiempo que Ari cobijaba a sus pokémon con las mantas que le dieron para ella. Seguramente pensaron que tenía las pokéball para mantenerlos calientitos; se ve que no tuvieron tiempo para conocerse.

    La señorita Labelle suspiró envolviéndose con la chaqueta, recargada en un árbol.

    —Buenas noches.

    Bosque de Pan/Veinticuatro de Abril

    El día jueves amaneció nublado, siguieron la marcha como ayer; la estudiante lideraba la marcha, As volaba al lado de ella mientras vigilaba a su recién compañero aztlaleño quien iba en la tercera posición. Dulcinea estaba hasta atrás. No vieron nada novedoso; más vulpix escondiéndose de ellos en la arboleda, shroomish huyendo entre sus piernas, swellow recorriendo la tela azul en dirección contraria al lado de ella. Si no fuera porque escuchaba el crujir del pasto ante los zapatos de sus compañeros de expedición, lo más probable es que hubiera abandonado.

    En cuanto pensaba en pararse a comer, notó que el pasto no era del mismo tono verde claro. Unas cuantas gotas comenzaron a caer sobre su pelo y sus hombros.

    As voló con rapidez sobre la cabeza de su dueña, recibiendo toda el agua en su plumaje.

    —No, bájate. Te vas a enfermar.

    La mirada de la chica estaba enfocada en su búho de fuego que se negaba a bajar pese a empezar a oírse el típico ruido de la llovizna sobre una fogata. No pudo darse cuenta del caterpie que terminó su vida debajo de su zapato. Escuchó el “splash” cuando era demasiado tarde.

    El cadáver aplastado del pobre gusanito tenía unas cuantas manchas moradas, apenas visibles en sus restos apachurrados. Sus pokémon se acercaron detrás de ella, todos lamentando la muerte de la inocente criatura, excepto Gonzalez que parecía tener el rostro de un luchador de lucha libre por los múltiples picotazos de As. Dulcinea usó sus garras para hacer un pequeño hueco en el que meter lo que quedaba de la preevolución de metapod. Después de un momento de silenció, la felicidad volvió a florecer en su pequeño corazón.

    —Al menos sabemos que estamos cerca—dijo ajustándose la chaqueta.—. Tenemos que seguir adentrándonos.

    La lluvia arreció de pronto, tanto que hasta el pobre rowlet de Aiswass tuvo que esconderse dentro de su bolso. El grupo encontró refugio debajo de un árbol.

    —Deberíamos estar acercándonos a lo más profundo del bosque…

    Una manada de growlithe estaba buscando refugio del aguacero, lanzando aullidos debido a las gotas que eran ácido para ellos. Varios se amontonaron debajo de los árboles, pero uno de ellos se quedó desprotegido.

    No era muy común encontrar esta clase de perrito en los bosques, más bien su hábitat serían las grandes llanuras de Kanto, o de otras regiones como Unova. Una punzada de melancolía le hizo darse cuenta de que un humano debió abandonar a uno de esos pobres animales hace tiempo y han creado una población estable a base de reproducirse con las vulpix. Salió corriendo con la chaqueta en la mano para envolver al cachorro, después volvió a su pequeño refugio junto a sus pokémon.

    Mientras estaban esperando que el tiempo amainara, escuchó algo parecido a un motor proveniente del bulto. Resultó ser el gruñido del tipo fuego quien trataba de liberarse de ella. Alrededor pudo mirar como los otros cachorros rugían en posición de ataque, solo siendo ahuyentados por el agua cayendo a raudales. Deberían aprovechar el regalo de la naturaleza para huir de estos pequeños, pero tampoco quería hacerle daño al pobre animalito entre sus brazos.

    La chica liberó al growlithe en el suelo, después salió corriendo al fondo del bosque junto a sus criaturas. Unos días después dentro del centro pokémon, reflexionó que lo más razonable en ese momento era salir del lugar en vez de adentrarse en él, pues, el Bosque de Pan podría compararse con el mar. Al mismo tiempo que bajas, la fauna es más peligrosa, peculiar y si desciendes demasiado es mucho más difícil salir.

    No podría decirte el tiempo que corrió, solo sabe que después de haberlo hecho durante un rato, se vio inmerso en una parte mucho más oscura del bosque. El pasto parecía carbón como si un charizard le hubiera pasado un lanzallamas. El agua había dejado de caer. El cansancio les hacía temblar las rodillas, a Dulcinea más que nada. Si trataba de dormir en la interperie, era bastante probable que amaneciera con el cuello rajado ni tampoco valía la pena perder el tiempo armando la tienda de campaña, considerando que apenas iba a dar el medio día.

    —Deberíamos seguir…

    Unos cuatro eevee salvajes le dieron la razón. No tenía demasiada energía para correr ni mucho menos sus pokémon. Los zorros si tenían mucha energía para despedazarla. No era momento de pensarlo, pero es extraño que tantos de esa especie estén juntos en un mismo lugar, considerando que es bastante rara y no son comunes en la hierba alta, aparte de que estos tenían patrones morados en el pelaje. Significaba que estaba bastante profundo.

    —¡As, yo te elijo!

    El rowlet salió de la bolsa, la pereza en su mirada. Era el único pokémon en perfectas condiciones. En cuanto buscaba una hiperpoción, se dio cuenta de que solo tenía una pequeña, una pokédex y cuatro ultraball. Su nuevo compañero dejo el cierre entreabierto, ella tiró todo por el suelo sin darse cuenta. Suspiró.

    —¡As, usa picotazo!

    El pokémon regional tomó algo de impulso, luego le desgarró la cara a su rival quien terminó huyendo dentro del bosque. En cuanto terminaron con todos, Arianne capturó a los tres que se habían quedado malheridos. Aunque renunciaba a capturar a otros especímenes ocupando tres de una vez, era insano dejarlos así, además de que cada uno tenía manchas diferentes.

    No podía creer que hubiera salido tan bien. Liberó unos segundos a los tres eevees. Su mente tardó en procesar lo que veía, ocupada en repartir pequeños tragos del medicamento a los animales heridos.

    El primero de izquierda a derecha tragó usando sus cuatro bocas, el segundo cojeaba debido a la falta de una de sus patas, el tercero parecía ser más pálido no porque fuera shiny sino por un defecto de nacimiento que le hacía tener los huesos frágiles. Sus oídos escucharon con terror los huesos del enfermo chocarse entre sí. Mínimo se le veían animados por lo que no tardó en devolverlos a sus esféricos refugios. Sintiéndose agotada, no de manera física precisamente, voltio para ver a los suyos. As parecía más que cansado, el pico lastimado de tantos golpes. Los demás también. Deberían retroceder un poco para recargar energías o al menos eso quería hacer cuando algo más salía de la profundidad. Todos tranquilizaron los músculos cuando una pequeña eevee daba pequeños saltitos, en una escena que hubiera sido de lo más adorable, si no tropezara a cada rato, causándose heridas cada vez más graves.

    La muchacha corrió a acobijarla con su chaqueta olor a canino. Mirándola con más atención, vio la razón de tanta torpeza mientras sentía su corazón quebrarse por completo. Los ojos de la pequeña estaban opacos con el iris morado fosforescente. Es probable que el mineral la haya dejado ciega. Acercó una ultraball, rompiéndose esta al contacto. Recordó algo que le había contado su padre cuando se preguntó si podía capturar pokémon de otros, una especie de chip que hacía que la pokéball se autodestruyera si se acercaba a un pokémon con dueño.

    —Salgamos de aquí—dijo Arianne—. No tengo ganas de seguir.

    «Ni por hoy ni por nunca» pensó dándose la vuelta.

    Durante la noche escuchaba los vagos ronquidos de la eevee, señal de un sueño intranquilo, la estudiante revisaba las entradas de la pokédex sin poder dormir pese a tener todo el cuerpo dispuesto a ello. Al final terminó quedándose dormida con el dispositivo en el regazo, sin importarte los depredadores de alrededor.

    Una pequeña planta salió de entre la espesura, tenía algunos cuantos rasguños, pero nada grave como para sacarla de combate. Siguió a la chica el resto del camino sin que se diera cuenta.

    Bosque de Pan/Veintiséis de Abril
    Arianne estaba a punto de salir del bosque con menos espíritu con el que entró, aunque llevaba a tres pokémon curiosos, no sentía ninguna clase de felicidad. Desde un punto de vista insensible digno de un psicópata, podríamos decir que la pequeña desorientada terminó de arruinar de alguna manera la expedición. Esperaba ver alteraciones igual de hermosas que el ojo de ese ivysaur, saber que el susodicho thelema podría ocasionar cosas así, le llenaba de un sentimiento deprimente.

    ¿El ojo colorado de esa planta también carecía de vista?

    En cuanto vieron la luz de salida, la zorra quien estaba caminando al lado de ellos, parecía sentir menos la esencia de hábitat y quería volver por algún motivo. La chica se encontraba bastante desanimada como para darse cuenta de ese detalle y el comportamiento inquieto lo vio como miedo. Las otras personas alrededor que estaban saliendo al mismo tiempo de ella, seguro que para reponer provisiones, no prestaron atención ni siquiera.

    —No te preocupes, estarás bien—dijo la señorita Labelle quitándose una lagrima que había comenzado a bajar en su rostro.




    Solo Kiwi sabe los cambios que tuvo que haber en este episodio antes de que pudiera llegar a la luz, y lo cerca que estuve de emputarlo, muchas gracias por tomarse la molestia de resolver nuestras inquietudes.
     
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  3. Threadmarks: Capítulo 3-Maddison
     
    Plushy Berry

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    Capítulo 3: Ladrón de leyendas

    Lyses / 18 de abril

    La planta superior era en comparación apenas una pequeña bodega respecto a la biblioteca principal; sin embargo, los pasillos reducidos, apenas visibles entre las hileras de libreros de madera, la decoración rústica y austera que contrastaba con el estilo más moderno y mecánico de la planta inferior, en realidad, le hacía sentir más acogedora su nueva guarida secreta…

    Quizás no tan secreta…

    En una de las pocas mesas se encontraba la chica del día anterior, con un pequeño montículo de libros a un lado. No le agradaba la idea de compartir espacio, sobre todo con la costumbre de entrar a sitios a altas horas de la noche cuando nadie moraba en ellos. La chica se veía tan recluida en su lectura que si tenía suerte ni siquiera le notaría. De todos modos, no se sentía verdaderamente con prisa y la medalla le garantizaba poder buscar a placer. Qué raro era tener el tiempo a favor, al menos por una vez.

    Recorrió con la mirada uno de los estantes que, a diferencia del piso inferior, no tenía marcada ninguna clase de inscripción sobre el tipo de libros que ahí se encontraban, encima, muchos de los libros de tapa dura ni siquiera tenían grabado en el lomo por lo que tendría que inspeccionar uno a uno el contenido.

    Si esa era una prueba de paciencia, la iba a tener que afrontar.

    Perdió la noción del tiempo, la chica hacía horas que se había marchado y las luces de emergencia se habían encendido. Llevaba inspeccionado alrededor de treinta libros de medicina, botánica, geopolítica y, por su puesto, información ultra super técnica sobre los pokémon de la región. De la tirara o del dichoso Menasis, nada.

    Se había inmerso tanto en la búsqueda y en la frustración de no encontrar lo que necesitaba que cuando oyó la voz del guardia sintió como le volcaba el corazón y salía el alma de su cuerpo (o lo que le restaba después de tantos ataques por parte de Litwick). Fue tanto su desconcierto que no pudo evitar alzar las manos y gritar a viva voz: “¡No he sido yo!”

    —Es hora del cierre y nadie puede permanecer dentro de la biblioteca.

    —Oh…

    Qué convincente había sido… y quizás nada tenía que tenía que que tuviese puesta la medalla por encima de su capa…

    No le costaría demasiado volver a entrar, pero tener que pelear contra las cámaras y el hecho de que a Litwick tarde o temprano le daría por salir a merendar poniendo en riesgo toda la biblioteca no era plan, así que regresaría a su refugio improvisado a descansar un poco.

    Descansar tras leer un par de libros que más o menos habían captado su interés y quería leer más a fondo.

    Lyses / 19 de abril

    El cielo nublado del día anterior había resultado la antesala de la primera tormenta tropical del año. Llegó a la biblioteca bajo un pedazo de plástico encontrado entre la basura de algún lugar de la ciudad. Estaba prácticamente desierto, incluso hasta el guardia de la planta se sorprendió al verle. “Pensé que todos los acreditados irían a la excursión con el señor Sogia”. Subió de nuevo a continuar con su investigación y pasearse entre los estantes escogiendo uno de aquí y otro de allá, le daba algo de gracia sentirse como niño pequeño indeciso ante qué sabor de helado quiere escoger.

    Claro estaba, todo sería más fácil si hubiese un libro con letras doradas bajo el título de “Mitos de Aiwass” pero si la vida fuese tan sencilla dejaría de ser emocionante.

    Lo otro que saciaba sus ansias era una pequeña sección apartada de los estantes, una pared de vidrio reforzado y cerrada con llave con varias cámaras en su interior. En cuanto desacatara que los libros no le servían, no dudaría ni un segundo para entrar a investigar.

    Pasaron por sus manos libros tales como “El libro pokémon de los récords mundiales”, “Registro contable de la ciudad de Teseus” y posiblemente el más interesante: “Aplicación de la metodología de la investigación para el desarrollo de nuevos materiales en la industria” en el cual entre toneladas de conceptos matemáticos y de ingeniería apenas y había una pequeña mención sobre la Thelema y su efecto en cuerpos orgánicos. Algo que se resumía a que había que tener cuidado con esa cosa por ser radioactiva.

    Y las lecturas soporíferas continuaban y continuaban en lo que comenzaba a hacerse algo a la idea sobre algunas cuestiones de la región y apellidos que parecían repetirse en los libros: unos tan Lann y otros Frey.

    Política, más política, conflictos, guerras, tiempos difíciles y descripciones que cada vez tenían más de magia que de tecnología…




    Abrió lentamente los ojos. Se llevó las manos a la cara y dio un bostezo largo y tendido, tardando un poco en comprender que se había dormido. La idea de continuar durmiendo un poco más resultaba tentadora hasta que el ver al Litwick sobre la mesa le hizo sobresaltar. ¿En qué momento se había escapado?

    Y ahora que lo pensaba mejor… ¿qué hora era?

    No había ninguna clase de ventanal en la sección superior para guiarse, así que sacó un pequeño dispositivo de una de sus bolsas que le daba diversos datos. Cinco para las nueve. Era raro, juraría que el día anterior el guardia ya le había hecho desalojar desde mucho antes. ¿Sería que simplemente no le había visto? No tenía sentido.

    La llama del pokémon vela chispeó intensamente, recordándole que tenía una preocupación mayor.

    En sus manos tenía in libro.

    —Yo vine aquí a investigar, no a saciar tu piromanía —regañó quitándole el libro.

    Enojada, se lo arrebató usando el poder de su llama como su fuese una mano. Siendo un tipo fantasma, podía decidir a voluntad qué se quemaba bajo su fuego infernal y qué no; parecía demasiado encaprichada con el libro como para ser material de fuego de artificio.

    Sin esperar a la contestación de su “dueño”, abrió nuevamente el libro en donde se había quedado.

    La pagina tenía un grabado bastante bonito y llamativo. Parecía tratarse de un pokémon. Uno que no recordaba haber visto nunca.

    Fue entonces cuando vio la inscripción debajo, apenas legible en una engorrosa letra cursiva.

    “Menasis en el Bosque de Pan. Siglo V a.p. Autor desconocido.”

    ¡¿Cómo diablos?! ¡Maldito pokémon, se la había vuelto a jugar!

    —¡Déjame ver eso! —pidió al pokémon ante el temor de que fuera a cometer una estupidez, como casi siempre.

    Pero no parecía muy dispuesta a soltar el libro.

    —Anda. Te dejaré darle un susto a alguien.

    Parecía comenzar a ceder…

    —Te conseguiré un helado Vanillite, sé que te gusta ver cómo se derriten mientras te los comes.

    Dando un pequeño salto de alegría, dejó que Mad se sentara con calma y comenzara a inspeccionar el libro. Más que un libro parecía una colección de manuscritos con una cubierta gastada y verde. No tenía nada ni en el lomo ni sobre la tapa, pero en su interior, la portada tenía como título “Cancionero Popular de Aiwass”. El libro venía acompañado de una serie de grabados de tiempos remotos que ilustraban gente y pokémon danzando al compás de una melodía que emocionaba sus corazones hace cientos de años. A Litwick parecía gustarle los dibujos porque, claro estaba, qué otra cosa podía interesarle de un libro; no es como que los pokémon supieran leer.

    Una vez más regresó la página donde la mítica criatura. Parecía una especie de Arbok fusionado con un Fearow y con la cresta de un Gyarados. Algo de la figura ambigua se asemejaba a una corona. La página siguiente rezaba:

    ¿Ves, Desesperación, ese arroyo que girando
    entre cañas y flores
    les da verdor, a éstas olores?
    ¿No vez como tu cuna abandonando,
    ya con pasos inciertos
    ya muy lejos de su plácido oasis,
    va solitario a atravesar desiertos?
    Pues mira en la imagen de Menasis.


    Aquella estrofa le generaba más dudas que respuestas, pero antes de poder hojear, escuchó un ruido.

    Pasos.

    Más de uno.

    Pasos pesados y sincronizados, como marcha militar.

    Algo no iba bien y tuvo que habérselo figurado desde el momento en que el guardia nunca subió.

    —Litwick, prepárate, vamos a tener compañía.

    Segundos más tarde subía una escolta de hombres de gran tamaño, todos ellos de aspecto militar y armados con un par de dispositivos de captura. Tenían toda la pinta de ser… mercenarios.

    Mad miraba con es estómago revuelto desde la mampara del techo gracias a la acción de su gancho. Si había algo que odiara más que a los cazadores era a los mercenarios, al menos los primeros valoraban bastante su vida. Un mercenario no era más que una carcasa vacía, un ser sin alma ni emociones capaz de cometer las peores atrocidades el nombre del dinero y del “honor” de su dueño; siempre a las sombras, siempre morando con y para la muerte.

    De entre todos sobresalía un hombre de boina y pañoleta roja al cuello, claramente el líder del grupo. En sus manos tenía una jaula con un pokémon cautivo. Y a sus pies se encontraba un sujeto, atado y visiblemente golpeado.

    —Señor, no cree se debió dejar al A7 dentro del vehí…

    —Esta sabandija es más escurridiza de lo que aparenta —contestó golpeando al pobre joven de cabellos plateados—. Lo que vale tu peluche marica apenas y va a cubrir una parte de los gastos y no pienso matarte hasta que hayas pagado todo lo que le debes a la organización. Lo de Irina va a costarte el trasero.

    El Sentret de pelaje mentolado comenzó a golpear contra los barrotes ante la desesperación de ayudar a su dueño, pero una corriente eléctrica recorrió su cuerpo haciéndole chillar de dolor.

    Mientras Mad veía con indignación la escena, Litwick se asomaba por sobre su hombro con cierta fascinación. Como ser que se alimenta de las mas turbias emociones y del dolor ajeno, la presencia ominosa de ese hombre era tan atrayente como para un muerto de hambre lo sería un bufet de todo lo que pueda comer.

    Al sujeto le bastó chascar los dedos para tener al grupo de hombres inspeccionando por todo el lugar. Y si Mad deseaba hacer algo al respecto tenía que seguir observando. Analizando.

    Lo primero que le sorprendió era la relativa tranquilidad con la que actuaban. En operaciones “relámpago” las fuerzas armadas intervenían de manera brusca, destruyendo todo a su paso, incluso a costa de dañar a su presa o lo que fuese que buscasen. Y el hecho de que ni siquiera volteasen a ver a las cámaras o intentasen destruirlas decía que no estaban preocupados por la seguridad.

    ¿Las habrían desactivado antes de entrar? (¡Si tan sólo lo hubiese sabido antes!)

    Se le ocurrió, así nada más como idea, que sus intereses en ese instante eran los mismos y no estaba dispuesto a cederles su más reciente descubrimiento. Lanzarse al ataque sería suicida, si uno de esos hombres (o para el caso, pokémon) le ponían la mano encima no iban a dudar en romperle el cuello.

    ¿Qué podía hacer?

    Por esta vez, tendría que pedirle ayuda.

    No parecían estar dispuestos a hojear uno por uno y todos los libros eran tomados y arrojados en bolsas. Uno de los hombres estaba a punto de tomar un libro cuando éste salió… volando.

    Luego otro… y uno más.

    De golpe, cientos de libros salieron disparados como proyectiles y tras golpear no caían al suelo, sino que planeaban y volvían a atacar como si fuesen una parvada de Spearow.

    —La jefa mencionó estaría vacío, pero parece que algún chistosito se ha colado —escupió el líder. Sin moverse de su posición, sacó un visor de calor para escanear el área. Así, pudo ver una pequeña mancha. —Al ala izquierda, en posición de ataque, YA, YA, YA.

    Los hombres se movilizaron al instante a donde les habían ordenado y al llegar encontraron varios libros desperdigados en el suelo formando un círculo externo y a su centro una poderosa llama violácea que chispeaba con una intensidad feroz y espectral, un auténtico altar diabólico.

    Aunque lo que de verdad heló el corazón de los hombres fue que, al momento de voltear, había un pequeño pokémon flotando… de que golpe se había transformado en una diabólica criatura gigantesca con los ojos inyectados en sangre y colmillos dispuestos a desgarrarles la carne.

    —¡Qué están haciendo, imbéciles! —gritó al mirar por el visor que todos sus hombres se movían de forma errática ante lo que emanara esa fuente—. Mierda, deben estar atacando con algún pokémon psíquico o fantasma.

    Siguió usando el visor para encontrar al responsable. Nada, la única fuente de luz y algo de calor era la que emitía la mampara…

    ¡Jodido! Había caído en una trampa básica, estaba tan confiado en que sería una misión tan fácil que esos segundos de inseguridad le habían costado que esa cosa pegajosa se impactase de lleno en su cara. Y esos breves segundos que le llevó al capitán recuperar la visión y el control de sus manos fueron más que suficientes como para que Mad saltara del techo para tirarse en caída libre, con la navaja escondida en uno de sus botines de tal manera que la fuerza de la caída fuese la suficiente como para cortar la cuerda que tenía atado al chico o al menos aflojarla. Un breve error de cálculo le hubiese dejado una graciosa cicatriz en toda la cara, pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr (el chico quién sabe).

    Silbó para llamar a Litwick que casi al instante apareció de un libro cercano para montarse de nuevo en su hombro, apuntó con el gancho ya montado en su mano derecha para bajar de un solo salto a la planta baja…

    Cuando de las sombras algo salió a toda velocidad, una saeta roja disparada por el mismo diablo- Sintió el golpe justo en el estómago y antes de poder procesar el dolor, Mad ya había salido disparado casi diez metros rompiendo el vidrio templado del fondo del nivel.

    Con vidrios incrustados por todo su cuerpo y un dolor terrible que apenas y le tenía consciente apenas y pudo levantar el rostro para contemplar un pokémon rojo como la sangre y de coraza reluciente.

    Esos malditos, siempre jugando con sus pokémon como ases bajo la manga.

    Para su desgracia, al pokémon ya se le habían unido más: tres Machamp y dos Pangoro.

    Genial, ni siquiera se dignarían a acabar con su vida con sus propias manos.

    Pese a sus diferencias, Litwick se veía preparada para atacar y defender a su principal fuente de alimento y transporte para viajar por el mundo.

    —N-no —apenas y podía articular palabra alguna—, si ata-cas… podrías incendiar…

    El resto de los hombres se veían dispuestos a darle el remate, pero el líder intervino: ellos tenían trabajo que hacer y que del resto se encargaran los pokémon. Los ojos del chico destellaban una enorme ira y sed de venganza.

    —Sé que si pudieras intentarías matarme —hizo especial énfasis en la palabra de que ese intento jamás se haría realidad—. Una lástima que no puedas mover ni un dedo sin que tu amiguito sufra en el proceso.

    Y con una sonrisa sardónica, volvió a activar el mecanismo de la jaula a máxima potencia, sin importarle si mataba al pokémon o no porque esa era de una de esas pocas veces que el sufrimiento ajeno le era más importante que el dinero.

    Con los pokémon más que dispuestos a hacer malabares con sus piernas y brazos, Mad tenía que pensar ya mismo como escapar de ahí. Si volvía a usar el gancho quizá esta vez estaría a tiempo de poder escapar de sus fauces, aunque sabía sin saber cómo lidiar con los mercenarios… tendría de improvisar, como casi siempre. Al intentar mover su brazo sintió algo extraño en el piso, cosa que le hizo perder por un momento la concentración…

    Error. En ese momento todos los pokémon se encontratan preparando un Hiperayo en su contra mientras que Litwick había decidido ignorar las órdenes y ya preparaba un buen disparo pirotécnico. Por inercia, se cubrió el rostro alzando el objeto del piso…

    Aquello comenzó a brillar. Fue solo un segundo, pero aquella luz embelesadora y celestial no parecía tener el mismo efecto que el Flash de Lanturn. Era una luz mucho más suave, cálida la que llegó a los ojos de los pokémon que, en ese momento, se convirtieron en haces de luz rojas para volver a las pokébolas de sus amos sin que estos se lo ordenasen.

    No solo eso, incluso la voluntariosa Litwick regresó a su pokébola tras ese destello, incluso, había sido tal que el Sentret que se encontraba preso también lo había presenciado, haciendo que su cuerpo se volviese una forma de energía capaz de fugarse de la jaula.

    —¡¡¿Qué?!! ¡¡Eso es imposi…!!

    No pudo terminar la frase, aprovechando el descuido y la liberación del rehén, el chico impactó con fuerza sobrehumana aquella mole de músculo.

    Mad seguía sin procesar qué había pasado, pero sí le quedaba claro que ese era el momento para escapar. Pese al dolor y las heridas, logró engancharse al arnés metálico del techo para conseguir el impulso y poder llegar a las escaleras.

    El resto de los soldados gustosamente se hubiesen encaminado a seguir a aquel buscaproblemas pero el grito del líder les había dejado bien el claro cuál era la prioridad: A7 estaba libre, con su pokémon de vuelta y esta vez un ataque sorpresa no iba a servir de nada. Y eso, aparentemente, no era bueno.


    Cuando sintió que había avanzado un buen tramo entre las entrañas de la ciudad, dando vueltas entre los callejones y las calles donde era fácil perderse, por sin se sintió con la seguridad para casi desplomarse en el piso y respirar pesadamente.

    Esa había estado condenadamente cerca.

    Esta ves sin dolerle tanto el orgullo, tomó una pokébola de su cinturón. De la esfera, salió un regordete pokémon rosado que movió sus orejitas al ver el estado de su portador. Sin decir nada, el pokémon puso sus manos sobre el rostro de Mad y cerrando los ojos comenzó a emanar una energía rosada que comenzó a recorrer todo su cuerpo. Gracias al Pulso cura, por la mañana ya sólo tendría raspones y heridas menores.

    Sin previo aviso, Litwick había vuelto a escaparse y esta vez más que molesta se mostraba confundida ya que no recordaba que la hubiesen llamado de vuelta. En realidad, se veía bastante amable y gentil… hasta que vio que Audino también estaba fuera.

    A Litwick le incomodaba el aura linda y positiva del pokémon rosadito pese a que lo que recordaba de la tabla de tipos nada indicaba que los tipo hada le hiciesen daño de consideración a los fantasma. Posiblemente su Litwick era en realidad de tipo siniestro y en una vida pasada fue un dragón. Sin decir nada, regresó a su pokébola con cara de “no cuenten conmigo en los próximos días” y Mad comenzó a reír por el asunto.

    Sintiéndose mejor, volvió a examinar aquella cosa. Parecía un simple bastón de piedra en cuya punta se encontraban varias cavidades recubiertas de algo brilloso. El bastón tenía grabada algunas inscripciones de un idioma desconocido. El qué era y descubrir con exactitud qué hacía sería también una de sus próximas metas. Por otro lado, echo mano al bolsillo secreto que tenía en la espalda para sacar el libro. No pensaba robarlo teniendo acceso libre a la biblioteca, pero las cosas habían cambiado; no podría volver ahí ni quedarse en Lyses. Volvió a echar una mirada a aquel dibujo de la bestia mítica y a la leyenda inferior: “Menasis en el Bosque de Pan”

    Tuvo todo el presentimiento que la respuesta a ambos misterios se encontraba ahí, así que buscaría un lugar lo más a las orillas de la ciudad, andaría por ahí para evitar que le siguiesen y entonces se encaminaría al bosque.




    Camino del Rayo/ 20 de abril

    Había conseguido un mapa en el departamento de turismo de la ciudad y otro en una tienda de antigüedades en uno de los barrios viejos (y el lugar se veía tan decadente que esta vez decidió pagar el costo en vez de usar un descuento mágico). Era increíble lo mucho que la región había cambiado apenas en cincuenta años, parecía que antaño no era ni la sombra de lo que hoy días Aiwass parecía proyectar al mundo.

    Se preguntó si esa era la razón por la cual no recordaba ninguna historia por parte de su abuelo acerca de aquel lugar. Y joder que el hombre había recorrido buen trecho del mundo.

    Ambos mapas señalaban un lugar en medio del bosque llamado Ciudad (o Pueblo, en el anterior) Alseide con diferencia que el reciente marcaba una ruta al sur de Lyses llamada “Camino del Rayo” así que decidió ir por ahí…


    —No puedes pasar sin la medalla Raíz —enunció el guardia con voz casi robótica en la caseta de vigilancia.

    —Tengo esta… ¡y la he pasado con el examen! ¿Es la especial, no?

    —Sin medalla Raíz o permiso emitido por Icaros no se permite el acceso.



    ¡Estúpido Litwick!

    ¡Estúpido pajarraco!

    Además de ser algo sumamente estúpido le sorprendía de sobremanera que el camino estuviese tan fuertemente resguardado, por lo que entendía, Alseide ni siquiera era un lugar importante como para escudriñar a todo el que quisiese entrar. El motivo que le habían dado de tanta seguridad era la seguridad del usuario ya que en el bosque habitaban pokémon sumamente peligrosos que podían poner en peligro la integridad del visitante y por ello todo el sendero se encontraba fuertemente amurallado.

    Cosa que no se iba a tragar tan fácilmente.

    Decidió pasar del camino seguro, total, de todos modos en algún momento le iban a ganar las ganas de meterse a explorar entre la maleza en búsqueda de pistas. Anduvo más al este a buscar un segmento angosto del rio que conectaba al bosque y comenzar su andanza por ahí.

    Bosque de Pan / 23 de abril

    Ya llevaba un buen trecho recorrido gracias al compás, un buen sentido de la orientación y a la dotación de barritas energéticas que mantenían a Litwick ocupado como para sacar sus instintos a flote. Llegó por fin a la parte donde los árboles espaciados, grandes extensiones de flores y pasto y pequeñas posas de agua se tornaban en una versión de pesadilla. Arboles tan frondosos y encimados que parecían formar un domo que no permitía el paso de la luz, y en la perpetua oscuridad donde no se sabía si era de día o noche las bestias se encontraban activas permanentemente. Los alegres Petilit y Sunflora que había visto a la entrada se habían transformado en Ariados hambrientos y Parasect con la muerte escrita en la mirada.

    El lugar tenía suficientes elementos de “humanos, no pongan un pie aquí” que en realidad parecía un buen candidato a tener alguna pista de su búsqueda.

    Necesitaba saber más de Menasis. Incluso, encontrarlo.

    Necesitaba más datos sobre el artefacto de Ciudad Lyses.

    Necesitaba saber qué era “Desesperación”.

    Y sobre todas las cosas, ansiaba ver qué obtenía al juntar todas estas piezas de las que tenía la certeza le llevarían a descubrir algo mucho más grande, quizás la clase de tesoro que toda su vida había anhelado.

    El tiempo en aquella parte del bosque no existía ya, podían ser horas o días enteros, el lugar se mantenía con una naturaleza inmutable, muerta. Incluso la brújula, por alguna razón comenzó a fallar. A donde quiera que se dirigiera tendría que hacerlo con los ojos vendados.

    Continuó con su camino hacia ningún lugar cuando el terreno comenzó a tornarse violentamente pantanoso, incluso con una linterna potente la visión era bastante limitada. Una vez más, echó un suspiro largo y tendido antes de sacar otra pokébola y lanzarla al aire.

    —Lanturn, ilumina el camino.

    Con la luz del pokémon, comenzó a andar a paso lento entre el barro y la hojarasca muerta hasta el punto donde tuvo que subirse al lomo del pokémon para atravesar una ciénaga.

    El único sonido presente era el aleteo de su pokémon sobre el agua, aquel lugar estaba completamente en silencio a diferencia de unos metros atrás del alarido infernal de los pokémon reclamando a los intrusos por pisar su territorio.

    Pese al silencio y una buena audición, ni siquiera Mad pudo escuchar el leve burbujeo que se formaba a sus espaldas…

    —¡Detrás de ti!

    Con desconcierto, miró detrás…

    ¡Un gigantesco Swampert cubierto en algas y barro había agarrado la pata trasera de Lanturn, dispuesto a llevarlo al fondo para merendarlo! Mad intentó patearlo sin suerte alguna.

    —¡Onda trueno!

    El pokémon lanzó una corriente eléctrica al pokémon con la finalidad de que lo soltara… sin éxito. Diablos, seguro también era tipo tierra… cosa que hubiese sabido su hubiese agarrado un libro de datos básicos de pokémon en vez de ese registro contable.

    Con todo y pokémon, la criatura le hundió mientras Lanturn seguía luchando por soltarse. El agua era tan terriblemente lodosa que no podía ver nada y casi no podía respirar. Donde se lo pensara mucho ya podría hacer de ese lugar su tumba. Para desgracia del pokémon, Mad conocía bien la ubicación de sus accesorios, cosa necesaria al explorar una cueva o lugar cerrado sin la posibilidad de iluminarse. Y la ubicación que mejor conocía era la de la pokébola de Litwick…

    ¡Ploc! ¡Ploc! ¡Ploc!



    ¡¡Ploc!!

    La explosión de los gases del pantano logró mandar a volar a Mad, Lanturn y Litwick hasta el otro lado y por su bien esperaba que ese renacuajo estuviese bien enterrando en el fondo.

    De momento sólo tenía dos cosas claras: Que seguía detestando a los pokémon y que aquella voz claramente se trataba de la de una mujer.

    Thranduil lo que te comentaba, dime si así esta bien lo le edito
    lo mismo para Gold y Kiwi
     
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  4. Threadmarks: Capítulo 3-Koiso
     
    Armiel

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    Camino a Efesto / 21 de abril

    El grupo de exploración había tomado un descanso en su largo desvió que tenían que hacer para llegar a la fortificada ciudad conocida como Efesto. Debido a cierto incidente la mayor parte del grupo se mantenía unido cuidando que nada peligroso volviese a ocurrir, excepto una persona.

    Koiso se encontraba alejada en una arboleda descargando su frustración ya que por muchas ganas que tuviera de gritar el hacerlo la dejaría sin poder hablar hasta que estuvieran en la próxima ciudad. Por lo que se limitó a destruir arboles con ayuda de Charmander y Crobat hasta que su ira amainara.

    Son todos unos inútiles –se sentó ya más tranquila —Aunque eso me incluye a mí. Nunca pensé que actuaría así ante una amenaza directa contra su integridad.

    Rememoro la escena muchas veces para corregir sus errores en un futuro y demostrar que estaba en lo correcto. Los principales baches a superar eran dos: la sangre y el cuerpo. La primera podía ser fabricada así que solo debía asegurarse de probarla para verificar su autenticidad, pero su apariencia era el misterio actual ¿Cómo se las arregló para tomar forma humana?

    Dirigió la mirada hacia sus pokémon.

    Si tan solo alguno de ustedes pudiera aprender Profecía o Rastreo podría demostrar que esa “niña” es una vil estafa.

    Sabiendo que lamentarse no le llevaría a nada decidió regresar a la caravana. Regreso a su Crobat a su Acopio Ball, pero cuando iba a tomar la de su Charmander un pequeño pokémon surgió de la maleza.

    Por la estructura de su cuerpo parecía un Tipo Bicho, era de un rojo intenso con excepción de sus patas traseras y antenas de un tenue gris. Era de la misma altura de Charmander y le miraba de forma desafiante con su único ojo.

    Esto es oportuno. Ese pokémon servirá para entrenarte Charmander ya que desde que te tengo no has luchado mucho así que practicaremos morse esta vez.

    El lagarto de fuego asintió al entender que sería entrenamiento.

    (.-)

    Koiso emitió un silbido y en respuesta Charmander ataco con una pequeña llamarada blanca. El pokémon enemigo respondió liberando fuego azul. Ambos ataques al chocar se consumieron entre si soltando una humareda.

    ¿Eso fue Furia Dragón? Creo que esa cosa era más fuerte de lo que esperaba creo que necesitare a Crobat –antes de poder mover el brazo Koiso fue impactada por un ataque —¿¡Qué demonios!? ¿Tela? –una masa blanquecina cubría su mano impidiendo tomar cualquier cosa —Sabe cómo luchar contra humanos. Que espécimen tan curioso.

    Pequeños choques hicieron eco luego del ataque a Koiso hasta que el humo disipo. El insecto intentaba dar un bocado contra la lagartija, pero no podía igualar la velocidad natural del espécimen de Aiwass.

    (--. / --)

    En respuesta a los silbidos la garras de Charmander tomaron un tono metálico, dejo de esquivar y cuando su oponente iba a dar bocado este contuvo su mandíbula dejándola abierta de par en par.

    Koiso noto que la fuerza física del insecto era demasiado alta ya que podía empujar con facilidad a Charmander mientras forzaba el cierre de su quijada a pesar de que la habilidad de su pokémon fortalecía su movimiento.

    Esto es malo. Si sigue así perderá. Debo hacer que ataque al interior de su boca. –pensó.

    A pesar de que el plan llego rápido a su mente para cuando iba a hablar las llamas azules de la Furia Dragón arrojaron a su Charmander contra un árbol. Koiso reaccionó de inmediato con su brazo libre para enviar a Crobat, pero de la misma manera el pokémon arrojo más tela sobre ella y esta vez impacto con fuerza suficiente dejándola en el suelo.

    No me gusta el desarrollo de esto –se decía a si misma.

    Koiso vigilaba con algo de pánico al desconocido pokémon ya que no conocía su naturaleza. Este se acercó a ella, dio una vuelta a su alrededor, se acercó a su rostro y le olfateo o eso entendía ella. Cuando vio que abría la boca se limitó a pensar lo peor.

    Con una velocidad el doble de lo normal su Charmander intercepto al pokémon empujándolo contra un árbol. El tipo fuego había usado Agilidad y Garra Metal sin necesidad de una orden al ver a su entrenadora en peligro. Aprovechando el aturdimiento libero a Koiso cortando la tela que la sujetaba al suelo.

    Es bueno saber que puedes resistir una Furia Dragón directa, pero estas muy dañado de todas formas –miro una Acopio Ball que rara vez usaba —No pensé que terminaría usándolo de esta manera.

    Presiono el botón liberando el haz de luz sobre el pokémon insecto y este fue aplastado por una masa de roca que respondía al nombre de Caldrows. Al acercarse para revisar el estado de ambos pokémon noto como el primero ni se inmutaba ante lo sucedido manteniendo su forma habitual que lo había confundido con un adorno mientras el segundo, aunque fue aplastado, se apreciaba que solo estaba inconsciente.

    No sé qué eres, pero tu manera de actuar me impresiona para ser una especie salvaje –arrojo una Acopio Ball —Siento que serás una buena adición a mi equipo –el aparato se meneo un par de veces hasta dar el aviso de captura exitosa.




    Efesto / 23 de abril

    Habían abandonado Lyses hace casi una semana para poder llegar a Narciso, pero circunstancias mayores los habían obligado a quedarse atrapados entre las murallas de la majestuosa ciudad de acero, Efesto.

    Koiso se encontraba junto a Taena Ericksen la actual líder de gimnasio en una pequeña operación rastrillo junto a algunos guardias en la zona donde ella había visto a los ladrones ingresar. La joven líder no se mostraba muy confiada ante la pálida informática adicta al café, pues apenas dio su ultimátum al grupo comandado por Scylla ella se ofreció a ayudarle sin chistar ni pedir nada y eso le provocaba inquietud por lo que decidió averiguar sus intenciones, aunque sea de manera directa.

    ¿Por qué te ofreciste a ayudar? ¿Qué buscas conseguir de esto?

    Koiso le miro sin mucha preocupación, dio un sorbo al pequeño termo que traía consigo y respondió.

    Porque odio a los ladrones. Y no busco nada a cambio, es más una manera de seguir liberando mi estrés causado por ese montón de idiotas que tengo por equipo.

    Respondió de manera sincera. La pelirroja noto que decía la verdad y que genuinamente sus intenciones eran buscar a esos criminales. Cosa curiosa, pues rara vez se escuchaba una declaración tan sincera.

    Comprendo. Confiare en ti por el momento.

    Cuando volvió su mirada a la informática esta se encontraba entregando una cuchara a su Crobat e indicándole que se acerque a unas cámaras que los guardias le habían revelado.

    ¿Qué estás haciendo?

    Verifico si usaron poder psíquico en el sistema de seguridad.

    ¿Con una cuchara? –dijo confundida —Eso no tiene sentido.

    La había conseguido originalmente para rastrear a cierto Ralts Shiny, pero ocurrieron varios percances –sacudió la cabeza para dejar de pensar en ello.

    Eso no me explica nada.

    No es cualquier cuchara, es una “cuchara torcida”. Es un objeto naturalmente afín al tipo psíquico como los revestimientos metálicos a los que debes estar familiarizada –Taena parecía comprender a donde quería llegar —Tú fuiste testigo de que el pokémon usado para retenerte fue un Alakazam. Si además lo usaron para burlar las cámaras abran remanentes de su poder en la zona y la cuchara reaccionara a estos.

    Acabada la explicación un guardia dio aviso que el Crobat de Koiso emitía un brillo rosa. Ambas voltearon de inmediato para observar como la cuchara se mantenía levitando en las alturas unos segundos hasta caer al suelo por la gravedad.

    Esto confirma lo que temía – Koiso recogió el utensilio y se dirigió a Taena —Las grabaciones de esa noche deben estar alteradas por aquel Alakazam. Si me das permiso para ingresar al sistema puedo crear algo que nos permita ver lo que realmente grabaron las cámaras y descubrir a los culpables.

    La líder de gimnasio guardo silencio meditando si era una buena idea aceptar la sugerencia de aquella mujer. En los cinco días desde el incidente no habían encontrado ningún tipo de pista que los guié, pero ahora en un par de horas ya habían encontrado un rastro y le estaban ofreciendo una manera de seguirlo.

    Bien, te guiare al centro de seguridad –concluyo su debate interno al considerar que era la mejor opción si quería preservar el orden de su ciudad —Pero te tendremos vigilada para que no hagas nada raro.

    Acepto –respondió —Será más agradable que las miradas acusadoras que no paran de lanzarme en el centro pokémon –pensó para sus adentros.




    Efesto / 24 de abril

    Desde la noche anterior y parte de la mañana Koiso estuvo revisando las grabaciones de las cámaras que rodeaban la zona del atraco. Los videos no mostraban nada fuera de lo normal y eso había sido un error que no debieron de notar los culpables: en la pantalla se podía observar la noche tranquila y a Taena caminando en la cima de las murallas, pero pasados unos quince minutos de golpe pasaba a revelar el caos generado por el robo. Probablemente era la primera vez que usaban un pokémon psíquico para inutilizar tecnología.

    En la tarde gasto la mayor parte de su tiempo recolectando una lista de materiales que había escrito y consultado a la líder en donde conseguirlos dentro de la ciudad. Según la explicación que pidió era una especie de aparato que le permitiría mostrar lo que realmente grabaron las cámaras, pero que estaría listo al menos en 2 días porque debía asegurarse que funcione tal como deseaba.




    Efesto / 25 de abril

    Veo que sigues trabajando.

    Taena entro en la habitación donde se encontraba Koiso dentro de la sede de seguridad. Por alguna razón ella pidió quedarse alejada de su grupo ya que según ella no era bienvenida allí al menos hasta que la marea se calme.

    Mientras más rápido encontremos a tus ladrones más rápido podre encontrar al que yo busco.

    Koiso le contestaba mientras parecía estar soldando algo o eso creía Taena, aunque era una entrenadora especializada en el tipo acero no era más que una novata en la tecnología que estos representaban supuestamente.

    Tiene que ver con ese Ralts que mencionaste hace unos días.

    Que buena memoria. Es correcto, es el pokémon de un ladrón que descubrí en Lyses que se las arregló para mantenerse a salvo, pero ya le llegara la hora. Yo lo sé. –Koiso reía mientras parecía murmurar de forma ininteligible maldiciones hacia alguien.

    Ignorando el errático estado de la informática la líder se dedicó a examinar su rostro y apariencia. No sabía porque, pero tenía la sensación de que conocía o de mínima había visto a esta mujer en algún lugar antes. Sin embargo, algo no terminaba de convencerla por mucho que lo pensara. Había algo que le impedía relacionar a la persona frente a ella con alguien de sus recuerdos.

    Maldición –una fuerte queja despertó a Taena —Se acabó más pronto de lo que pensaba.

    Aquella mujer ahora con una actitud que se podría llamar infantil agitaba un termo vacío en un vano intento de que fuera mentira.

    Puedo pedir a alguien que lo rellene.

    No es necesario –la afilada mirada que tenia se había suavizado —Iré yo misma a buscar más suplemento de vida. –hasta su forma de hablar era distinta —Asegúrate que nadie entre aquí o haré que este bicho rojo que capture antes de este enclaustramiento los muerda a todos.

    Declarando esa ridícula amenaza Koiso abandono el sitio dejando a una extrañada Taena quien comenzó a pensar que estaba tratando con una persona diferente el día de hoy.

    Algunas horas habían pasado desde que decidió salir a buscar algo que ya no recordaba que era. Siendo precisos, ella no recordaba cómo o porque estaba en la ciudad en ese momento.

    ¿Qué ha pasado? –Koiso indagaba en que zona de la ciudad se encontraba, tenía una leve migraña y sus ideas aun necesitan tiempo para organizarse.

    Al igual que todos los edificios de Efesto conservaba el estilo medieval rustico. Sin embargo, las murallas se sentían más elegantes gracias a la serie de grabados que representaban la convivencia entre humanos y pokémon, los vitrales parecían representar alguna especie de pokémon de cuerpo alargado y oscuro, cuando decidió prestar atención a si misma vio que se encontraba sentada en unas escaleras con una especie de colgante con una estrella de seis puntas.

    ¡En el nombre de Arceus! –la sorpresa repentina le hizo botar un vaso desechable que había en su mano el cual cayó sobre su Charmander quien se encontraba a sus pies. Por el contenido derramado pudo saber que se trataba de café barato (del que reparten para la caridad) y uno bastante cargado por su aspecto. La lagartija de fuego al notar que su entrenadora había vuelto a la normalidad a gruñir de alegría.

    Espero no haberme metido en nada raro.

    —Señorita se encuentra bien –un joven de unos quince años con el mismo colgante que portaba en su cuello corrió hacia ella.

    Disculpa ¿me puedes decir dónde estoy?

    —¿Eh? ¿En serio está bien? Está actuando raro.

    Viendo la reacción Koiso pudo deducir la situación en la que se encontraba.

    Mira chico. No sé qué es lo que haya dicho o aceptado –retiro el colgante de su cuello para entregarlo —Pero no me encontraba en mis cabales, con quien sea que hayas charlado no era yo.

    —Entonces todo lo que dijo sobre que nuestros objetivos eran admirables ¿no era verdad?

    Ni siquiera sé de qué me hablas. Cuando me baja la cafeína no soy diferente a un borracho.

    —Es algo decepcionante escuchar eso –acongojado por la explicación tomo el collar de regreso —Estamos en el Templo de la Ley de esta ciudad si sigue caminando por unas 3 calles regresara al Centro Pokémon.

    Gracias por las indicaciones, y el café. También lamento las molestias que te haya causado. Recordare tu rostro para devolverte el favor.

    Aclarada la situación Koiso y su Charmander abandonaron la sede de los Hermanos de la Ley para ir de regreso a cumplir con su trabajo.

    —¿Quién era ella?

    Una mujer de cabello corto se acercó curiosa.

    —Solo una mujer a quien le conté la historia de mi vida y ni siquiera la recuerda. –contesto apenado.




    Efesto / 26 de abril

    Déjame ver si entiendo ¿Quieres que le diga a la gente de tu grupo que traiga sus pokémon del tipo psíquico a este sitio para ser usados por esa máquina que fabricaste?

    Taena replicaba a Koiso.

    Básicamente, aunque creo que yo lo dije más amigable.

    ¿Por qué? Quiero decir ¿para qué es necesario un pokémon?

    Necesito algo con una capacidad sobrehumana de interpretación de datos para decodificar las anomalías que invaden tu sistema de seguridad a algo que podamos ver con nuestros ojos.

    Sus palabras sonaban lógicas, pero la líder no estaba convencida.

    Tengo entendido que tú eres bastante inhumana en ese sentido. La Liga Pokémon sigue agradecida por tu trabajo aun en estos momentos.

    ¿Estabas en esa fiesta?

    Correcto. Te me hacías familiar, pero tu actitud era muy diferente y no fue hasta ayer cuando el cansancio te afecto que descubrí que eras aquella informática.

    Era cierto que trabajo para la Liga Pokémon cuando llego a Aiwass, pero la verdad es que no recordaba que fue lo que hizo. Su problema con la cafeína era más grave en ese entonces así que todas sus memorias relacionadas a aquel trabajo estaban sepultadas en su psique hasta que se estabilizo en la fiesta de celebración que hicieron una vez termino.

    Para su yo actual es una memoria incomoda pues todo lo que sabe se limita a despertar en medio de una celebración, recibir un pokémon regional y algunas palabras de agradecimiento para más tarde largarse a otro sitio.

    Bueno, puede que sea superior a la media, pero sigo sin ser capaz de igualar a un pokémon –apunto al Metang de Taena quien se encontraba libre —De seguro sabes que los Metagross tienen un cerebro que es más potente la mejor súper computadora que alguna vez hayamos inventado, pero aun así se limita a recibir órdenes de entrenadores –hizo una pausa —Te has preguntado al menos una vez el porqué.

    Taena quedo sin palabras. Al igual que muchos esas eran preguntas que si bien cruzaron su cabeza no duraban más que unos segundos.

    Un familiar me dijo una vez Sabiduría e Inteligencia son cosas distintas a pesar de que podrías pensar que son iguales –Koiso saco una Baya Zreza —Inteligencia es saber que esto es una Baya. Sabiduría es saber que puedes hacer con esta Baya.

    » Los pokémon a pesar de que tienen capacidades claramente superiores a los humanos siguen siendo capaces de unirse a ellos para luchar codo a codo. Usando de ejemplo al Alakazam que causo todo esto. Nosotros sabemos que es una especie con más de 5000 CI y aun así tus ladrones podían usarlo sin problema.

    En otras palabras, si bien la inteligencia de los pokémon puede ser por mucho mayor a la humana su sabiduría es muy baja para aprovechar sus capacidades.

    Exacto. –respondió con un gesto afirmativo.

    El silencio poco a poco inundaba la habitación ya que el tema había hecho pensar a Taena en algo que por lo general nadie le daba mucha importancia. Al final abandono estas ideas ya que había algo más importante al frente.

    Iré a ver que consigo. Si no encuentro nada usaremos a mi Metang.

    ¿Segura? Prácticamente incitaste a todos a ganar la medalla.

    Hay prioridades en este momento y un pokémon menos me parece una ventaja justa para el resto –abandono el lugar con esas palabras llenas de confianza.

    Entrada la noche Koiso se encontraba arreglando las grabaciones con el Metang de Taena. Según le explico el único pokémon psíquico que encontró fue un Woobat cuya dueña insistía que era un Zubat y como le pareció inútil llevarlo no se lo llevo. Terminando así con el pokémon de la líder de gimnasio como soporte.

    Ese desgraciado de Vega sabe ocultar bien a su Ralts. Pensé que algo de presión externa viniendo de la persona con más autoridad en esta ciudad le aflojaría la boca, pero veo que me equivoque.

    Mientras ella lucubraba su siguiente plan de acción el Metang emitió un sonido que alerto a la informática y a la líder quien se encontraba en la sala contigua.

    ¿Qué fue ese ruido?

    Hemos acabado. –respondió —Ahora podremos quienes son realmente los culpables.

    Tecleando en su portátil mostró en la pantalla más grande lo sucedido aquella noche: Como Taena había contado un Alakazam se encontraba levitando mientras le retenía y unas figuras humanas seguían al pokémon. Cambia la cámara cada vez que se desplazaban a una nueva locación, pero sus ropas combinadas a la iluminación no ayudaban hasta que en cierto momento uno de los ladrones se tropezó aun área iluminada dejando ver su rostro. Era un chico joven, de la edad promedio de un entrenador cualquiera. Luego de eso la transmisión terminaba ya que el lugar donde entraron tenía su propio sistema de vigilancia.

    Maldición, aunque tenemos un rostro no es nadie que haya visto en la ciudad.

    Koiso se mantenía meditabunda. Esa cara se le hacía familiar de algún sitio.

    ¿Puedes ampliar esa imagen?

    La pregunta la despertó de su breve trance.

    ¿Ah? Claro.

    Bien, porque revisaremos cada rincón de la ciudad hasta encontrar a ese chico.

    La líder se dirigió a dar la noticia a seguridad gracias al avance conseguido. Solo restaba imprimir una imagen en buena calidad y la cacería comenzaría.




    Efesto / 30 de abril

    Habían pasado cuatro días desde que tenían un rostro que buscar entre la multitud. Pero identificar una persona en particular en una ciudad con varios miles de habitantes seguía siendo una tarea difícil además que no lo anunciaron para evitar que el sospechoso escape.

    Koiso una vez termino lo que ella consideraba su parte se separó de Taena diciendo que ahora era su trabajo buscar a sus ladrones ya que al final era su ciudad.

    Paso los días entrenando a su nuevo pokémon quien descubrió gracias a unos libros que era una especie llamada Dragante. Una especie que era el mal tercio en los conflictos entre los Gyarados y Charizard, aunque tenían la fuerza para enfrentar a ambos el avance humano redujo sus números lo que provoco que dirijan su furia a la humanidad y por ello eran tan violentos al ver un entrenador. Su instinto se desarrolló en formas de neutralizarles para evitar ser capturados.

    Rara vez se movía del Centro Pokémon ya que debía mantener un ojo en Vega, pero como no le dejaban acercarse por haber atacado a su “hermana”. Debía limitarse a una posición de vigía a distancia. Además, que el rostro del ladrón de Efesto seguía rondando su mente.

    ¡En el nombre de Arceus! ¿Dónde están?

    Para asegurarse de vigilar a Vega a sitios donde no pudiera entrar hackeo la seguridad del Centro Pokémon para mantener un ojo en él. Pero justo en el momento que había salido para buscar más café el susodicho ya no aparecía en ninguna cámara.

    Corrió buscando por todo el edificio, pero no hubo caso hasta que un comentario que oyó en la entrada le dio una pista.

    Esos hermanos están tardando mucho. Tan lejos estaba Scylla.

    Un sujeto con ropa de mecánico lanzo su queja al aire.

    Scylla. –murmuro.

    Abandono el lugar rápidamente para llegar lo más rápido que podía. Había una arena de combate al sur donde seguro deberían estar ya sea luchando o entrenando ya que había escuchado que Scylla estaba ayudando a fortalecer los pokémon de todos esperando que alguien venza a Taena lo más rápido posible.

    Cuando llego vio a las tres personas que esperaba corriendo lejos del sitio aún más al sur de la ciudad. Estaba cansada así que no los alcanzaría a tiempo por lo que envió a su Crobat con la orden de evitar que hagan cualquier movimiento extraño usando la fuerza si era necesario, las consecuencias a estas alturas no le importaban.

    Avanzando a toda prisa logro divisar como se encontraban acorralados ante el imponente muro de la ciudad. En el cielo vio a su Crobat rodeando el lugar esperando actuar así que apresuro el paso buscando derribar a Vega. Si su hermana era realmente el Ralts actuaría en defensa propia buscando proteger a su entrenador y eso serviría como prueba de que ella tenía razón.

    Sin embargo, nunca espero el desarrollo que sucedería a continuación. Con un fuerte flash las tres personas desaparecieron de su vista. Debido al impulso se estrelló con la pared dañando su sintetizador. Koiso empezó a palpar con desesperación el muro invadida por la frustración de que se escapó frente a ella, la ira de que nadie le creyera junto a un deje de alegría por tener razón en sus hipótesis. Tantas emociones mezcladas acabaron por quebrar el poco raciocinio que le mantenía cuerda soltando un alarido que por su potencia su sintetizador no pudo arreglar dejando libre su voz real.

    [​IMG]
    Un escabroso alarido se escuchó en la avenida. Era una voz que no pertenecía a este mundo, una especie de canto olvidado por el tiempo que solo podía describirse como profano. Algo que no debía estar ahí.

    Habiéndose desahogado pudo notar que su Crobat se había posado en su cabeza probablemente buscando tranquilizarle. Se levantó para dirigirse de regreso al Centro Pokémon y en el camino se topó con aquella joven castaña de nombre Anansi.

    Joder que habrá sido eso, no parecía ser algo agradable.

    Koiso iba a replicar buscando desviar el tema, pero recordó que su sintetizador se había roto en el impacto. Estaba muda. Aunque podía hablar ella odiaba su voz así que tendría que limitarse a responder con gestos simples, pues dudaba que la chica frente a ella supiera lenguaje de señas.

    Como sea. Taena te está buscando cafeinomana.

    Dando un suspiro asintió en respuesta para dirigirse donde la líder de gimnasio. Su pequeño lapso había servido para recordar donde había visto el rostro de la grabación. Era el muchacho de esa extraña iglesia en la zona alejada de la ciudad. La gente que portaba la estrella de seis puntas. Los Hermanos de la Ley.

    Kiwi Aqui el post junto a una breve aparición de Anansi...
    Merinare Lo que habíamos quedado...
    Gold @Dr Kaos Ustedes igual andan metidos en lo de ayudar a Taena, así que echen una ojeada...
    Cualquier cosa que se deba editar avisan...
     
    Última edición: 4 Febrero 2019
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    Anansi Ø3/Caída





    21 de Abril

    "Cirse será diferente —me decía—, un lugar completamente nuevo. Vamos a pavimentar las calles, instalar electricidad, y más importante que todo eso, vamos a convertirla en un verdadero puerto. Una vez que tenga el apoyo de Leryna Frey podré comenzar en grande, porque esto es solo el comienzo, Cirse es solo el comienzo. Créeme, antes de que te des cuenta vas a despertar en una Aiwass deslumbrante.

    Nunca había visto unos ojos tan sinceros, ojos azules que creían en un futuro esperanzador. Aún después de todo lo que pasó, estoy segura de que en el principio sus intenciones eran puras, pero las cosas no tardaron en cambiar. Él, con toda su ciencia e intelecto, cometió un error de cálculo fatal: creyó que era un mejor hombre de como fue en realidad, y para cuando se dio cuenta de su error, la caída ya era inminente".


    Cerró el libro sin dudarlo un momento; la lectura se estaba poniendo deprimente y no toleraba las historias tristes. Aún así, sabía que iba a retomarlo tarde o temprano solo para saber si el hombre de ojos azules se salvaba, y si Miriam y su amigo de la infancia terminaban juntos.

    Dio un vistazo a su alrededor. Se habían separado en dos jeeps. Para su mala suerte, no conocía a ninguno de los que compartían el vehículo con ella, así que se fijó en el chico sentado a su lado; alto y vestido a la moda, con un sneasel aferrado a su cabello rojizo, aparentemente dormido, mientras su entrenador miraba a la distancia. Decidió que debía hablar con él, así que se le quedó viendo fijamente. De tanto en tanto, él volvía la vista hacia ella y se encontraba con su mirada directa una y otra vez. Confundido en un principio, luego un poco incómodo, y para cuando llevaban unos segundos mirándose mutuamente, Anansi estiró hacia él su mano derecha. Estaban tan cerca, que con el índice rozó su mejilla.

    —Tú... tienes... ojos plateados... —murmuró en un falso tono de sospecha, a lo que el chico desvió la vista.

    —Sí... son algo de familia...

    —¿Cómo te llamas?

    —Blake Weiss, Weiss.

    —Yo soy Anansi —apuntó con una mano hacia arriba, señalando al pequeño pokémon volador agitando sus alas para mantenerse al paso del vehículo—, y él es Zubat.

    —¿Zubat? —señaló con los ojos hacia el sneasel en su cabeza— Este chico es Yatsu.

    —Blake y Yatsu, muy bien. ¿Al final vencieron a Scylla?

    —¿Disculpa?

    —Los vi el... martes, afuera del gimnasio. Creí que también ibas a desafiarla.

    Su semblante cambió en un segundo. Había hecho la pregunta equivocada.

    —Y lo hice, sí... pero perdimos. Era demasiado fuerte.

    No parecía un mal chico. Un poco retraído, pero decente, al menos en comparación a quienes había conocido los últimos días. La primera persona que conocía en Musas que no estaba golpeando, robando o amenazando a alguien.

    —¿Entonces ganaste la medalla de Sogia?

    —¿Uh? No, tengo la Medalla Derrumbe. Soy estudiante de la Universidad de Nix, así que me la dio la líder. La verdad no soy entrenador, sino coordinador, ¿los conoces? Es una disciplina común en Hoenn

    —De donde vengo también hacían concursos. No tengo nada de gracia con los pokémon así que no era para mí... pero espera. ¿No tienes problemas con tus clases por esta expedición?

    —Tengo tiempo —respondió un poco más animado—. Además, quería intentarlo, hacer algo... ¿diferente?

    —Entiendo, entiendo. No sabía que se podían usar otras medallas a parte de la Vínculo y la Remolino.

    —¿Cuál conseguiste tú?

    —Vínculo —señaló con ojos chispeantes hacia su bufanda—. Y luego me quedé a ver la conferencia del viejo Sogia. Y ahora estoy aquí.

    —¿Aprobaste el examen? Eso de estudiar tampoco es lo mío.

    Sin poder contenerse, Anansi rio una breve carcajada y le puso una mano en el hombro justo cuando los vehículos se detenían.

    —Bueno, Blake, Yatsu, en lo que deciden qué es lo suyo, tengo cosas qué hacer con los demás. Nos vemos después.

    Un mundo nuevo se abría ante sus ojos, uno diferente a Sinnoh poblado por desconocidos. Por un momento se sintió como una recluta de nuevo escalando el Monte Corona, luchando por alcanzar un nuevo mundo deslumbrante.

    Por un momento, antes de subir al camión junto a Ren y su entrenador, sintió que el vehículo se alejaba y ella empezaba a caer rápidamente por la pendiente, pero fue un pensamiento nada más. Al abrir los ojos de nuevo se encontraba a lado de la niña de cabellos azules.






    22 de Abril

    Tras la disolución del Equipo Galaxia, Anansi pasó por un largo período de ansiedad constante. Aunque nunca se dio el caso, cada vez que salía a la calle o interactuaba con un extraño, una parte de ella le susurraba que sabían quién era y lo que había hecho. Le asustaba ser tratada como una criminal, y eso era lo que sentía cuando su mirada se cruzaba con la de otra persona. Ese miedo al rechazo era superior al posible castigo por sus acciones. Le tomó años entender que se sentía así porque, en el interior, sabía que había sido culpable, y le tomó aún más tiempo aprender a vivir bajo esa opresión. Aiwass aliviaba un poco su carga porque nadie la conocía, y aún si supieran sobre una organización criminal en una región como Sinnoh, era prácticamente imposible que la relacionaran con ella. Así que fue bajando la guardia, abriéndose de nuevo a lo que la rodeaba. Y entonces, lo que nunca sucedió en Sinnoh sucedió en Efesto, y tanto ella como las personas que la acompañaban fueron señalados como criminales.

    Dejó de caminar, y clavó los ojos en la espalda de Scylla mientras esta se alejaba camino al Centro Pokémon. Y antes de que se dieran cuenta de que se había detenido, echó a correr en dirección contraria, hacia ese gigantesco muro que parecía aislarlos de todo. No tenía un plan, pero ya se le ocurriría uno en el camino, y si no, tendría que improvisar. La líder de Efesto les había dado dos alternativas: vencerla o resignarse, pero no estaba de acuerdo con eso. Siempre había un tercer camino, un cuarto y un quinto. Una piedra que mover, una roca que romper o un árbol que cortar. Un modo diferente de atravesar la montaña.

    Tardó más de dos horas en encontrarla, y para entonces ya tenía una idea de qué hacer y el esfuerzo físico ayudó a despejar su cabeza de pensamientos sombríos. Encontró a la pelirroja al pie del muro, dando instrucciones al personal de guardia y supervisando la seguridad. Cuando volvió la vista hacia Anansi, se mostró levemente contrariada.

    Taena Ericksen. Dieciocho años y ya era líder de gimnasio. Lo bastante buena en su trabajo para coordinar la seguridad de la ciudad, y al menos lo bastante fuerte para intimidar a Scylla. Aunque era un poco más baja que Anansi, no parecía la mitad de intimidada que ella, simplemente le devolvía la mirada con esos ojos dorados y determinados. Sabía que la gente del acero era dura y obstinada, pero había algo más en esa chica; un brillo de arrogancia en su forma de tratar a otros. Una desventaja de los que son demasiado buenos y demasiado jóvenes al mismo tiempo. Aún antes de empezar a hablar, sabía que la conversación iba a ser difícil.

    —Tú venías con Frey. ¿Qué haces aquí?

    —Anansi —respondió tratando de parecer calmada—. Yo soy Anansi. Vengo con Scylla desde Ciudad Lyses.

    —¿Qué haces aquí? —repitió con hostilidad— No pueden salir de la ciudad.

    —No hasta que encontremos al ladrón, ¿cierto? Entonces déjame ayudar.

    Taena Ericksen inclinó la cabeza, claramente sorprendida por lo que acababa de escuchar. Anansi notó un brillo de sospecha en sus ojos, pero lo la dejó responder.

    —Si recuperamos lo que se robaron, no habrá razón para que nos quedemos más, ¿verdad? Y nos abrirás la puerta que lleva hacia Narciso. Nosotros no tenemos nada que ver con lo que pasó en la ciudad antes de que llegáramos, pero si trabajamos juntos podemos encontrar al verdadero culpable.

    —¿Y qué te hace pensar que necesito de su ayuda?

    «El que no has podido resolver el caso sola» estuvo a punto de responder, pero se contuvo a tiempo. No podía permitirse caer en la provocación —No digo que no puedas hacerlo sola, pero si lo hacemos juntos terminaremos antes. Nosotros tenemos cosas qué hacer fuera de la ciudad, y no sabemos dónde está el viejo Sogia.

    Intentó bajar la cabeza lo más que pudo. La líder, con las manos en la cintura, parecía segura de sí misma.

    —¿Y? ¿Cómo piensas ayudar?

    —Con trabajo de campo. Todo el mundo conoce a tus guardias, pero nadie sabe quiénes somos nosotros y podemos mezclamos mejor. Y con ideas, con cualquier cosa. Un par de manos más pueden hacer más fácil el trabajo, ¿no crees? Incluso puedes dejarnos las tareas peligrosas.

    —¿Y por qué debería confiar en ustedes?

    —Porque no somos culpables. Porque estaremos bajo tu vista todo el tiempo. Y porque no vas a dejarnos ir hasta que este caso esté resuelto.

    A cada palabra suya, Taena Ericksen reforzaba su posición de superioridad, pero Anansi estaba bien con eso. Era preferible a que se sintiera amenazada, y mientras más segura de su poder estuviera, menos probable era que reaccionara de forma violenta.

    —Hablas mucho de "nosotros" pero eres la única que veo aquí.

    Sonrió, sintiendo la victoria en sus manos, pero todo lo que hizo Anansi fue extender los brazos con gesto resignado.

    —Ahí me tienes. Salí corriendo sin preguntarles nada, pero estoy segura de que nos ayudarán. Tal vez no todos... pero prometo que no causaremos problemas. Haremos todo lo que digas, y si aún así desconfías de nosotros, puedes poner a alguien para vigilarnos.

    —¿Quién te dijo que no iba a vigilarlos de todos modos? —y volvió a sonreír antes de darse la vuelta y alejarse un par de pasos, dándose importancia con el silencio.

    —No voy a tolerar el menor inconveniente, tanto si es voluntario como si no. En cuanto causen problemas... o parezca que vayan a causarlos, los encerraré a todos en el muro. —Dio un golpe con la mano abierta a la gruesa pared, como refuerzo a su amenaza.

    —No habrá problemas. Te lo prometo. Vamos a encontrar el objeto perdido, y cuando ya no sospeches de nosotros podremos reírnos juntas de esto.

    —A decir verdad —apartó la vista— alguien de tu grupo acaba de irse antes de hacerme la misma pregunta. ¿De verdad los dejaste atrás para venir a verme?

    —Me perdí —se sinceró—. La ciudad es enorme.

    —¿Y aún así crees que serás de ayuda? —volvió a reír, pero recuperó su expresión seria en un instante—. No quiero trucos. Si tratan de engañarme se arrepentirán. Vas a reportarme cada paso que den, todos los días, y si difiere un poco de mi propia información, voy a tomar medidas. A cambio, mientras no hagan nada sospechoso mis guardias no los lastimarán, y si cumplen su palabra y recuperamos lo que se llevaron, yo misma les abriré la Puerta del Cielo.

    En dos saltos llegó hasta la líder de gimnasio, puso las manos en sus hombros y depositó un breve beso sobre su frente. Entonces echó a correr en dirección contraria antes de que pudiera reaccionar, pensando quién pudo acudir antes que ella con la líder de gimnasio, y exhalando un suspiro de alivio al saber que al menos tenía un aliado. Tal vez el resto no fuera tan difícil de convencer.

    Scylla parecía una persona sensata y probablemente ayudaría. Luego de ver a Blake tratar de defender a Ren, estaba segura de que él también era de fiar. Naohiro Koiso tenía una personalidad peculiar, pero su obsesión por los ladrones podría jugar a favor de ellos, y aunque no conocía al resto, esperaba que no causaran problemas. Sólo quedaba alguien capaz de estropearlo todo, y necesitaba encontrarle antes de que algo malo pasara.

    Ya era de noche cuando encontró el Centro Pokémon, y la mayoría había ido a dormir. Ella también se sentía capaz de colapsar en cualquier momento, pero debía mantener una conversación esa noche, así que preguntó por la habitación de Vega Sericci y hacia allá dirigió sus pasos. Llamó un par de veces esperó a la respuesta del chico.

    —¿Quién es?

    —Anansi.

    —No conozco ninguna Anansi— respondió una voz risueña al otro lado de la puerta. No estaba de humor para bromas, pero lo dejó pasar.

    —“La chica de la biblioteca” ¿Vas a dejarme pasar o no?

    Abrió la puerta con sospecha, apenas lo suficiente para asomar la cabeza y asegurarse de que viniera sola. La tomó del brazo y la condujo al interior rápidamente para volver a cerrar. Bajo el chorro de agua de la bañera había una pequeña masa rosada que no pudo reconocer, y sentada en la cama se encontraba Ren, mirándola con curiosidad.


    —No he tenido la oportunidad de darte las gracias.

    Hasta entonces no había prestado mucha atención al compañero de Ren (porque no podía considerarlo su entrenador, no había una clara jerarquía entre ellos). Un chico simpático, atractivo incluso, pero que la hacía sentir incómoda. Tal vez fuera esa seguridad que percibía en él, esa autonomía ante lo que sucedía a su alrededor. Cuando Naohiro atacó a Ren y cuando Taena los amenazó en el muro, Vega Sericci parecía en completo control, ocupándose de sus propios asuntos, y cualesquiera que fueran, debían ser algo grave para que fuera tan indiferente a lo demás. O tal vez eran esos intensos ojos azules que parecían atravesar con la mirada.

    —¿Necesitas algo?

    —Sólo quería ver cómo se encontraba ella.

    O tal vez fuera Ren. Podía ser adorable, pero su forma de actuar también era inquietante. Hace apenas unas horas era una niña llorando en el piso y ahora lucía como si nada hubiera pasado, incluso mostraba una tenue sonrisa de triunfo. Le caía bien, sin duda, y a través de los últimos días había empezado a sentir estima por ella, pero no se engañaba; Ren carecía de una brújula moral, y era potencialmente más peligrosa que cualquiera de los demás.

    "¿Pasa algo?" Preguntó en un tono casi inocente. Anansi señaló hacia la criatura en la bañera.

    —¿Es eso un pokémon?

    "Su nombre es Mew. Me ayuda a ocultarme, puedes pensar en él como un disfraz".

    Vega Sericci continuó limpiando al pokémon, fingiendo que no prestaba atención.

    —Creo que escuchaste lo que pasó allá afuera. Alguien robó algo importante y no podemos salir de la ciudad.

    "Eso creen" respondió con media sonrisa. "Ya viste lo que puedo hacer en la biblioteca: no tienen una pared en esta ciudad que pueda detenerme".

    —Lo vi. Por eso debo pedirte un favor.

    "¿De qué se trata?"

    —No lo hagas. No huyas. Vamos a encontrar al ladrón y lo entregaremos a la líder de gimnasio.

    "¿Ah? ¿Por qué?"

    —Porque nos traerá problemas a todos —siguió con voz suave, tratando de parecer razonable—. No se robaron un par de libros, sino algo lo bastante importante para cerrar la ciudad. Si desaparecemos mientras somos sospechosos, van a perseguirnos hasta el fin.

    "¿Y eso qué? No tiene que ver con nosotros. Nos iremos cuando queramos y no..."

    —No te pido mucho tiempo. Vamos a encontrar a quien sea que esté detrás de esto y saldremos por la puerta principal. No te pido que nos ayudes, solo que no hagas una locura.

    "¿Y si no funciona? Van a tenernos aquí por siempre".

    —Funcionará, lo haremos funcionar, confía en mí —se señaló a sí misma con una seguridad que estaba lejos de sentir—. ¿Puedo yo confiar en ti?

    Ren guardó silencio por un momento, agitando sus pequeñas piernas en el aire, y finalmente asintió.

    —Excelente. Es una promesa.

    Vega Sericci las miraba con fingida indiferencia, cargando al pokémon rosado entre sus manos. Anansi se alejó y se despidió de ambos agitando el brazo. Quería creer que había convencido a Ren, pero no se hacía demasiadas ilusiones, y conocía muy poco a su entrenador como para saber qué postura tendría al respecto. Aún así, no podía hacer nada más. Si en verdad querían irse no tenía forma de detenerlos.

    Llegó a su habitación un minuto después. Demasiado cansada para desvestirse o para tener una pelea más. Había sido un día demasiado difícil que había agotado todas sus energías, así que solo se dejó caer en la cama y cerró los ojos, rezando por que todo saliera bien.






    23 de Abril

    La visión quitaba el aliento. Ante mí se alzaba un imponente castillo de muros blancos y torres tan altas que parecían tocar los cielos con sus cúpulas azules. La construcción se ubicaba en el extremo norte de la ciudad, alzándose en un risco protegida en tres de sus caras por las poderosas olas del mar. Supe de inmediato que nunca volvería a ver nada tan majestuoso. Y que quien viviera tras esos muros debía ser la persona más importante del mundo.

    El profesor notó mi ansiedad y sujetó mi mano. —Cuando terminemos en Cirse, Caribdis solo será una sombra. Pero para hacer ese sueño realidad necesitamos el apoyo de los Frey
    .

    Anansi sabía poco de los Frey. Scylla y el viejo Sogia compartían apellido, pero aunque fueran familia (que no lo parecían), era difícil saber qué tan cercanos eran. Ambos eran líderes de gimnasio, y a juzgar por lo que decía el libro, eran una familia importante en la región. Y por alguna razón, no tenían buenas relaciones con la gente del acero.

    Pasaban de las siete de la mañana y el resto de la expedición seguía durmiendo. Anansi estaba en el recibidor del Centro Pokémon, dispuesta a aprender un poco más de los Frey con el libro, cuando una Frey de carne y hueso le tocó el hombro.

    —¿Scylla?

    La líder de gimnasio le puso un dedo en los labios en señal de silencio y la invitó a salir del edificio, hacia un terreno baldío en la parte posterior.

    —¿Qué sucede?

    —Vamos a entrenar —indicó con voz neutra—. Para desafiar a Taena por la medalla.

    Anansi sacudió la cabeza sorprendida. La misma Scylla les había dicho la tarde anterior que no tenía oportunidad contra Taena Ericksen, y si ella no podía, difícilmente uno de los otros lo lograría. Ren era hábil, pero carecía de verdadero poder ofensivo. Blake era coordinador, así que estaba fuera de discusión. El crobat de Naohiro era fuerte, pero contra aquella bestia de tres brazos podía hacer muy poco.

    —¿Por qué no ayudamos en la investigación? —sugirió— Cuando encontremos al ladrón nos dejarán ir por las buenas.

    —Nunca lo van a encontrar —musitó en voz baja, y Anansi creyó ver por un instante que sus labios se curvaban hacia arriba—. Taena no es tan competente como cree. Seguramente el ladrón escapó de la ciudad incluso antes de que llegáramos, y ahora está desesperada porque sabe que es su culpa.

    Hasta entonces había creído que Scylla era la persona más moderada que había conocido en Aiwass, pero ese tono amargo en sus palabras la sacaba de balance.

    —Aún así, es demasiado fuerte. Ya sabes que yo no tengo oportunidad de vencerla.

    —Ninguno de nosotros seguramente. No creas que va a perdonarnos por ganar la medalla o que va a dejar de sospechar de nosotros. Simplemente lo dijo para humillarme, porque sabe que es más fuerte, pero no importa. Vamos a tomar la oportunidad que nos dio para salir de aquí. Es tan testaruda que no va a retractarse de su palabra.

    ¿Ocultaba algo, o solo se comportaba como la adolescente que era? Tal vez ambas cosas. En ausencia del viejo Sogia Scylla era la líder del grupo, pero se estaba dejando llevar por sus emociones.

    «Al menos no está tratando de huir» pensó, y tomó una sanaball de su bolso.

    —Está bien, vamos a practicar.

    Frey liberó su primer pokémon; aquel swablu de alas grises y mirada fiera. Anansi volvió a guardar la sanaball y en su lugar tocó su bufanda con dos dedos.

    —Scarfy.

    La pequeña fantasma se agitó y recuperó su verdadera forma para acercarse levitando al centro del terreno.

    —¡Voltio cruel!

    La pequeña ave se envolvió en electricidad, liberando chispas de sus plumas para generar una poderosa corriente antes de embestir.

    —¡Juego Sucio!

    Scarfy se extendió como una amplia tela, atrapando a Swablu en su cuerpo maleable y cambiando su rumbo hacia el suelo, donde se estrelló con violencia. Para sorpresa de ambas, sin embargo, se levantó rápidamente sin mostrar señales de daño.

    —Doble Equipo —ordenó Scylla.

    —Vamos con... Rizo defensa.

    Mientras sus pokémon luchaban, Anansi se dedicó a observar a Scylla, concentrada en el combate. Tal vez había algo más en su enemistad con Taena Ericksen. Algo en el trato de ambas la hacía sospechar, y si ese era el caso, su actitud al respecto podría estar relacionada.

    «Cada quién tiene su historia» pensó, cuando notó la sombra de alguien acercarse. Se trataba de Blake saliendo del Centro Pokémon.

    —¿Qué están haciendo?

    —Entrenar, ¿nos ayudas?





    25 de Abril

    Los días se sucedían con pasmosa lentitud y la investigación estaba lejos de dar frutos, por lo que Taena Frey seguía siendo tan irascible como al principio. Sin embargo, los oficiales en la ciudad habían empezado a bajar la guardia con ellos y cada vez lea daban más espacio para investigar. Esa misma tarde Anansi había tenido una idea, por lo que canceló la sesión de entrenamiento con la líder de gimnasio para descender a los túneles de la ciudad. Su acompañante era aquella mujer alta de cabello lavanda y una anormal dependencia de la cafeína.

    —Anansi, ¿verdad? —le preguntó con cierto rechazo ante la actitud de su acompañante.

    —¿Sí? ¿Qué pasa?

    —¿Qué le ocurre a tus ojos?

    Desde que habían bajado al subsuelo, Anansi no había apartado la vista de ella, en una expresión libre de toda sospecha. Parecía encandilada, con la boca abierta en una amplia sonrisa y alzando la mirada constantemente sobre la cabeza de Naohiro. En sus ojos brillaban pequeños puntos de luz que se asemejaban a estrellas.

    —Es un crobat... ¡Uno de verdad!

    Efectivamente, sobrevolando su cabeza se encontraba el pokémon alado vigilando la ruta, emitiendo ondas de sonido imperceptibles para ambas.

    —¿Te refieres a él? Con su ecolocación será más fácil guiarnos a través de los túneles.

    —Sí, eso, eso —respondió sin prestar atención—. Eres mucho más lindo cuando no estás tratando de matar a alguien.

    Naohiro suspiró. Anansi sabía que no le había causado muy buena impresión, pero no estaba dispuesta a dejarse llevar por su ritmo. Le había conseguido una linterna a Scarfy para vigilar el camino, pero la fantasma se había adelantado para jugar con la luz que proyectaba en las paredes.

    —¿Para qué querías bajar al subsuelo?

    —En el lugar del que vengo también hay túneles —comentó adelantándose un par de metros—. A veces los usábamos para movernos entre pueblos y ciudades evadiendo a la Policía Internacional. Pensé que estos chicos podrían intentar lo mismo.

    —Es inútil. Taena Ericksen conoce su ciudad; asegurar cualquier salida por el subsuelo debió ser su primera medida para evitar un escape.

    —No perdemos nada por intentar. Podríamos encontrar una o dos cosas. Además, quería saber si vendrías conmigo.

    Dejó de escuchar los pasos de Naohiro tras ella, y también se detuvo.

    —Tú sabes lo que es esa niña en verdad. Tal vez pueda engañar al resto, pero a ti te vi con ese ralts en la biblioteca, y aún así...

    —No es una niña —concedió— y tal vez tampoco es muy inocente, pero ese no es motivo para que permita que la lastimes, ¿o sí?

    —¿Vas a encubrirlos hasta el final? ¿Aunque sepas que son culpables? Dijiste que serías mi testigo en Lyses...

    —Oye, ¿qué planeas hacer cuando los atrapes? Los libros fueron devueltos ya. La biblioteca es territorio del viejo Sogia y a él no le importa. ¿Realmente te vale la pena el esfuerzo?

    Siguió adelante, prestando mucha atención al caminar de su acompañante. En el peor de los casos tendrían que luchar, y esa era una perspectiva que no le agradaba. Tomó la ultraball de su cartera y jugó con ella entre sus dedos. El pokemon en su interior no reaccionó en absoluto.

    —Nadie puede ser malo si entrena un crobat —pensó en voz alta.

    —¿Dijiste algo?

    —Ericksen, Taena. Tan joven y ya es líder de gimnasio.

    —No es tan raro en Aiwass. Scylla Frey es aún más joven...

    —Siento que hay algo entre ellas. Oye, ¿crees que encontremos al criminal?

    —¿Qué?

    —Ya sabes, Taena Ericksen parece hablar contigo más que con los demás. ¿No te parece raro?

    —La verdad no. He trabajado desde tiempo atrás con el sistema de seguridad de Lyses y...

    —Por eso mismo. Si se lleva tan mal con los Frey, es un poco extraño que confíe más en ti, ¿no crees?

    Se alejó un paso más. La ultraball seguía completamente inmóvil.

    —Sabes más que nosotros y eres más lista. Por favor, encuentra al que se llevó esto. Si nos tardamos demasiado, algo malo puede pasar.

    Lo que más temía era a sus propios compañeros. Ella y Blake podían ganar tiempo entrenando con Scylla para que mo intentara algo más, pero el problema era Ren. Le había arrancado una promesa casi por la fuerza, pero sabía que no le gustaba esperar. Si se dejaba llevar por un impulso y los dejaba atrás, todo se derrumbaría.

    —Espera.

    Escuchó el agudo silbido de las alas de crobat cortando el aire. El pokémon pasó a lado de si cabeza dejando atrás a su entrenadora.

    —¿Qué fue eso?

    Naohiro encendió su propia linterna y se puso a la par de Anansi. Algunos metros más adelante encontraron a Scarfy y a Crobat mirando hacia una pared negra. La misdreavus iluminaba hacia arriba y hacia abajo.

    —Un túnel sin salida... ¿regresamos?

    Naohiro pasó su mano por la superficie de la pared. Era extrañamente lisa para ser una roca, además de fría.

    —¿Hierro? O quizás...

    Anansi la imitó y notó profundas fisuras en la pared cada tantos metros. —Scarfy, aléjate un poco e ilumina esto.

    Su bufanda obedeció y proyectó su luz sobre la superficie negra, provocando un ahogado grito de sorpresa en su entrenadora. Lo que había ante ellos no era una pared de roca, sino el colosal cuerpo de un pokémon.

    —¿Un Onix? —preguntó Naohiro— Nunca había visto uno de este tamaño... ¿es una variante regional?

    —Es un steelix —respondió Anansi, que no acababa de creer lo que veía—, es su steelix, el de el libro, el del líder de gimnasio.

    A medida que comprendía, los ojos de su acompañante se abrían de sorpresa —¿El legendario Steelix Negro de Bastian Ericksen? Se dice que murió debido a una malformación, pero para pensar que lo encontraríamos aquí...

    —Espera... ¿dijiste algo? Eso último, eso... ¿qué dijiste?

    —El Steelix Negro de Bastian Ericksen.

    —¿Ericksen? ¿Como Taena?

    —Es su hija. Bastian murió hace años y Taena Ericksen heredó su puesto. ¿Por qué?

    —Creo que, tal vez, comienzo a entender.






    30 de Abril

    La investigación seguía su curso. Blake y ella aportaban con trabajo de campo, mientras el tipo de gesto vicioso que iba con ellos insinuaba alguna idea interesante de cuando en cuando. Según Naohiro, estaban haciendo grandes progresos y Taena Ericksen estaba segura de que pronto cerrarían el caso. Lo cierto es que desde el paseo por el subsuelo, Anansi ya no podía verla de la misma forma.

    Todo iba bien, tan bien que algo malo debía pasar, y cuando Scylla la citó a solas cerca del Muro de los Tiempos y en compañía de Vega Sericci, supo que ese algo malo había pasado. El mismo cielo se había cubierto de nubes plateadas que bloqueaban la luz del sol.

    —¿Se van?

    —No podemos seguir aquí. Taena no va a dejarnos ir, y aún si lo hace, podría ser demasiado tarde. Ya no puedo esperar más.

    Anansi dio un vistazo en dirección a Vega, quien trataba de aparentar indiferencia al igual que Ren. No necesitaba preguntar nada más. No hizo el menor intento de detenerlos porque sabía que nada podía hacer.

    —¿Vienes con nosotros?

    —Todavía no puedo —respondió con una sonrisa—. Aún... aún tengo cosas qué hacer por aquí. Tengan cuidado con los guardias.

    —No será por mucho —le aseguró tomando sus manos—. En cuanto pueda contactar con mi familia voy a sacarlos a todos de aquí.

    —Está bien —soltó sus manos con una brusquedad que trató de disimular—. Pero antes de que te vayas, dime una sola cosa.

    —Lo que sea.

    —Ericksen y tú. ¿Qué hay entre ustedes?

    La expresión de Frey empezó a romperse. Era todo lo que debía saber.

    —Váyanse ya —le apuró con una mano sobre su hombro—. Nos vemos afuera.

    Ni siquiera dudó. Desapareció frente a sus ojos junto con Vega y Ren mientras ella agitaba una mano en señal de despedida.

    Apoyó la cabeza en el muro, incapaz de procesar un solo pensamiento, pero aferrándose a ello, tratando de conectar los delgados hilos de su psique. No podía rendirse. No podía dejar de luchar y dejar que la ola los consumiera. Blake y los demás seguían en la ciudad, y a menos que pudieran huir al otro lado del mundo, ni Vega ni Ren estarían a salvo tampoco.

    Escuchó un grito desgarrador e incomprensible resonar a través de ella. Al principio pensó que se trataba de sí misma, pero cuando volvió la vista, se encontró con Naohiro Koiso.

    «Dios... ¿tú también?»

    La vio dar media vuelta y alejarse en dirección opuesta. Empezaba a trazar una idea, algo que aún estaba muy lejos de poder considerarse un plan.


    —Joder que habrá sido eso, no parecía ser algo agradable —la llamó, logrando que se detuviera. Parecía que trataba de decirle algo con señas, pero no entendía nada. De todos modos, después de un grito como ese no le sorprendería si se hubiera roto las cuerdas vocales.

    —Como sea. Taena te está buscando cafeinómana —se mordió la lengua, y antes de que pudiera irse la retuvo por el brazo—. Lo siento, eso estuvo mal. Está con Blake en la Puerta Sur. No sé si descubrieron algo nuevo o lo que sea. Pero si sabes algo, por favor... encuéntralos ahora. Se terminó el tiempo.

    Sintió que los segundos se hacían eternos mientras la veía alejarse en una dirección equivocada para ganar un poco más de tiempo. Lo último que necesitaba era confrontar a ambas al mismo tiempo y que Naohiro la obligara a decir lo que sabía de Ren. Así que, cuando la informática desapareció de su vista, echó a correr en dirección a la Puerta Este para encontrarse con Taena.


    —¿¡SE FUERON!?

    El rostro de Taena pasó de la profunda incredulidad a la ira más absoluta. Sus hombros empezaron a temblar, y antes de que Anansi pudiera reaccionar, había sujetado el cuello de su blusa con sus manos como si fueran garras para zarandearla.

    —¡Me tendieron una trampa! ¡Sabías que ya los teníamos! ¡Tú y esa mujer... ayudaron a huir a Frey ahora que los tenemos acorralados! ¡Estábamos tan cerca!

    No opuso resistencia. Además de Taena, en la estancia había cuatro oficiales contra los que no tenía oportunidad.

    —No van a huir... voy a atraparlos, a todos ustedes... ¡Dense prisa! —gritó a sus subirdinados— ¡Den la voz de alarma y salgan tras ellos!

    —Sobre eso... —se permitió interrumpir, expresando una calma que estaba lejos de sentir—. Tengo una propuesta para ti.

    Taena Ericksen la miraba fijamente, pero Anansi aprovechó ese momento de incertidumbre para tomar sus muñecas con delicadeza y apartarla lentamente de sí misma.

    —Una batalla de gimnasio. Tú y yo. Ahora.

    —¿Q-qué...?

    —Prometiste dejarnos ir. "Si uno de ustedes me derrota, abriré la Puerta del Cielo". Pues hagamos eso. Si te venzo ahora, no vas a tener motivos para perseguirlos.

    —¿A qué estás jugando? ¿Te estás burlando de mí?

    —Si gano la medalla no habrían huido, solo habrán salido de la ciudad por adelantado. Tú misma lo dijiste, la investigación está por terminar, así que falta poco para que descubras que no somos culpables, así que en lugar de perseguirnos a todos, acepta mi desafío —suavizó su tono—. Sólo dame tiempo. Un poco de tiempo para demostrarte que no estamos en tu contra.

    Había jugado su última carta. Esperaba entretenerla lo suficiente para que Naohiro y los demás pudieran hacer algo. Sin embargo, todo dependía del carácter de Taena. Si no le seguía el juego se habría quedado sin ideas.

    —Enciérrenla —ordenó a los guardias con la voz cargada de ira—. No quiero escuchar una palabra más.

    Dos de ellos le cerraron el paso. Anansi se encogió de hombros y suspiró evitando de que la sujetaran.

    —Qué decepción —se lamentó—. Esperaba que cumplieras tu palabra.

    —Si estás tratando de...

    —Había oído que la gente del acero era firme con sus promesas. Y que la hospitalidad de Efesto era sagrada. Supongo que todas eran mentiras.

    Los guardias se detuvieron en el acto, y las manos de Taena empezaron a sacudirse.

    —No trates de jugar conmigo —amenazó la líder—. O te vas a arrepentir.

    Sonrió con fingida lástima. Si no podía razonar con la guardiana de Efesto, tenía que hacerlo con la adolescente, con la niña volátil y agresiva que se escondía bajo la superficie.

    —¿Qué diría de esto Bastian Ericksen?

    —¡Te lo advierto! —arremetió contra ella sujetando su cuello— ¡Ni una palabra más!

    Anansi le sostuvo la mirada a sus ojos dorados, y siguió.

    —Dicen que tu padre era un gran hombre —suspiró con fingida pena mientras hacía el gesto de sujetar algo muy pequeño entre sus dedos—. Tú debes ser lo que quedó.

    Lo siguiente que supo fue que estaba en el suelo, y sintió un intenso ardor en la mejilla ahí donde Taena la había abofeteado, así como el peso de la chica sobre su abdomen.

    —Te voy a aplastar. Y luego te voy a encerrar. Preparen todo para el combate.

    Los guardias se apresuraron a obedecer, y menos de diez minutos después, ambas estaban en la cima del muro, a más de doscientos metros del suelo. A decir de Anansi, era lo bastante ancho como para que incluso un steelix se moviera con fluidez en su superficie, incluso uno tan grande como el negro, pero aún así, la sensación de vacío alrededor de ellas ejercía una presión avasallante.

    Sentía un leve resquemor en la mejilla. Ya se encargaría de devolverle el golpe a alguien, pero de momento podía aliviarse de que Taena Ericksen hubiera caído en su provocación.

    —¿Cómo lo haremos? ¿Tres contra tres?

    —Tendrás tu desafío —le cortó con tono gélido—, no tus condiciones. Y no creas que esto será una batalla, voy a destrozarte.

    Arrojó una pokéball al aire. De ella surgió aquel monstruo de tres brazos siseando amenazante y agitando su cola como si fuera un látigo. Sus fauces armadas con colmillos se abrieron para exhalar una tenue nube de vapor, y de las uniones de sus escamas nacían ardientes lenguas de fuego.

    —Uno contra uno.

    Sin dudarlo por un segundo, Anansi tomó la ultraball con firmeza y la tocó con su frente.

    —Muéstrate —le susurró—, y guíame hacia la victoria.

    La esfera blanca y negra se agitó con violencia para liberar un brillante destello de luz que se materializó como un pokémon cuadrúpedo de brillante pelaje blanco con una melena alrededor de su cuello. Sus patas terminaban en zarpas negras que se aferraban con firmeza al concreto, y en su faz de rasgos oscuros dos fieros ojos rojos refulgían. El cuerno en forma de media luna en su cabeza apuntaba hacia el aterrador oponente que duplicaba su altura.

    —Espero que cumplas tu promesa —comentó a la líder. Taena Ericksen pasó una mano por su largo cabello.

    —Prometí encerrarlos en una celda. ¡Ivornose!

    Aquella criatura salida del infierno rugió irguiéndose sobre sus patas traseras. Las relucientes escamas metálicas arrancaban destellos de sus propias llamas al moverse.

    —¡Garra Metal!

    —¡Esquiva! — gritó Anansi cuando saltó hacia su absol esgrimiendo sus garras, pero éste ya había retrocedido valiéndose de sus propias reacciones. Esquivó el primer brazo por un amplio margen, el segundo por un pelo y el tercero le hizo un corte a la altura del cuello.

    —¿Estás bien? —preguntó sin obtener respuesta mientras absol intentaba desesperadamente esquivar el ataque implacable de la bestia de acero. Taena repetía la misma orden una y otra vez, decidida a no darle la menor oportunidad.

    —¡Garra Metal! —ordenó, y Absol rodó por el suelo para esquivar un mortífero ataque del ivornose que clavó sus garras en el suelo.

    —¡Danza!

    Abril se alejó un par de metros, extendiendo sus patas en la tierra y apuntando hacia el cielo con su cuerno. Emitió un agudo aullido con resolución y empezó a oscilar su cuerpo con movimientos rítmicos.

    —¡Detenlo! ¡Terremoto!

    Ivornose unió sus dos brazos restantes al primero para provocar una potente sacudida sísmica. El suelo se partió a la mitad, levantando rocas y lanzando a Absol hacia atrás. La potencia del ataque había sido tal que incluso Anansi perdió el equilibrio y se golpeó contra el concreto.

    —Te lo advertí. No tienes oportunidad.

    Le tomó un momento levantarse, aturdida por el ataque de aquel monstruo. Taena permanecía de pie en perfecto equilibrio, indiferente al temblor.

    Lentamente, Anansi extendió un brazo hacia adelante con la mano extendida mirando arriba sin decir una palabra. La cabeza le dolía, pero no podía determinar si era por el estrés de todos esos días o si acaso se había dado un golpe en la cabeza.


    —¿Vas a hacer algo? Tu pokémon...

    La respuesta llegó como una gota de agua en la palma abierta de Anansi, quien no pudo contener una sonrisa. La segunda cayó sobre el cabello de Taena, y las demás lo hicieron juntas en forma de una pesada cortina de lluvia.

    —¿¡Danza Lluvia!? Pero tu absol...

    El pokémon siniestro se hallaba en el borde del muro a una distancia considerable de su oponente. Su fino pelaje se pegaba a su piel, dando un aspecto más serio a su postura, pero tan pronto como lo encontró, Taena volvió la vista hacia su propio ivornose, contrariado por la lluvia que luchaba por apagar su fuego.

    —¿Cómo diablos...?

    —Los absol aprenden muchas cosas. Éste chico es un aguafiestas y sabe este movimiento desde que lo conocí. Casi nunca sirve de algo, pero aún así...

    —¡Garra Metal!

    Ivornose se liberó del suelo y cargó hacia su oponente con los brazos extendidos, pero era evidente que sus movimientos eran un poco más lentos que antes, y antes de que pudiera cerrar la distancia entre ellos, Absol volvió a aullar con la cabeza apuntando hacia las nubes.

    —Trueno.

    La poderosa columna de electricidad cayó sobre Ivornose con un efecto devastador, silenciado su alarido con su propio estruendo. Tema se cubrió los ojos para protegerse de la cegadora luz que acababa de golpear a su pokémon. Todo mientras Absol se recuperaba del esfuerzo y echaba a correr en dirección contraria.

    —¡Ve tras él! ¡Garra Metal!

    Haciendo gala de su estamina, Ivornose se incorporó y salió en pos de su presa. Sus movimientos eran erráticos y sus garras de metal se aferraban con dificultad en el suelo cubierto de agua.

    —Fuego y Acero, ¿verdad? Una mala combinación bajo la lluvia.

    —¡Garra Metal!

    —¡Tajo Umbrío!

    Ivornose saltó hacia Absol abriendo sus tres brazos en el aire como una tenaza, pero el tipo siniestro logró evadir el primer ataque y cruzarlo en el pecho de lleno con su cuerno. Chispas de luz se desprendieron de su coraza al tiempo que caía al suelo con violencia. Enardecido, giró sobre sí mismo para lanzar una cuchillada hacia el pecho de su oponente que falló cuando su cuerpo metálico resbaló.

    —Fue Scylla, ¿cierto? —musitó la líder con rencor—. Ella te habló de mi Ivornose.

    —Un poco —respondió quitándose el pelo mojado de la cara—. Los tipos de tu pokémon, su habilidad, algunos de sus ataques...

    —¡Ivornose, Terremoto!

    —¡Trueno!

    Un segundo pilar relampagueante atravesó al pokémon cuando este apenas empezaba a erguirse sobre sus patas traseras para sacudir el suelo.

    —Eso también —prosiguió Anansi repitiendo las palabras de Scylla en su cabeza—. Un movimiento como Terremoto es especialmente devastador en un terreno inestable como éste. El vértigo y las sacudidas además de su extrema potencia... seguro que los retadores y sus pokémon están demasiado asustados para pelear correctamente.

    Y antes de que pudiera incorporarse, Ivornose fue alcanzado por un tercer rayo.

    —Pero toma un poco de tiempo hacerlo y tu pokémon debe quedarse quieto. El Trueno de Absol no es muy potente, pero sólo tenemos que seguir acumulando daño.

    —Fue idea suya... Lo planearon desde el principio, ¿verdad? Desde que veniste a buscarme para "ayudar en la investigación".

    —¿Qué? ¡No!

    —No te hagas ilusiones. Scylla no puede vencerme, ni sola ni a través de ti. ¡Ivornose!

    Pokémon y entrenadora gritaron juntos. Mientras la pesada bestia de acero se incorporaba, las llamas entre sus escamas empezaron a arder con fuerza, evaporando al instante la lluvia que caía sobre su ser. Pronto se vio envuelto en una densa cortina que vapor sofocante.

    —¡Envite Ígneo!

    Arremetió contra Absol haciendo uso de una potencia y velocidad abrumadoras, lanzando por los aires a su oponente, pero incapaz de frenar y lastimando su propio cuerpo al golpearse contra el suelo.

    —Pensar que les creí...

    —¡Yo quería ayudar! Esperaba que encontráramos al ladrón a tiempo, pero tú tienes que ser tan insoportable y desconfiada de todo el mundo.

    —No te hagas la inocente. Sé que Scylla entrenaba en secreto con ustedes para desafiarme, pero mira ahora —se burló—, al final fue la única en escapar.

    —Porque tú no le diste otra opción. ¿Por qué tenías que tratarnos como criminales? ¿Por qué encerrarnos en tu ciudad?

    —Demasiadas coincidencias. La desaparición del Anillo de la Victoria, su llegada a Efesto, y ahora que estamos por cerrar el caso, Scylla huye por su cuenta. ¡Es demasiado obvio!

    Anansi no pudo replicar, absorta en la expresión de Taena Ericksen. Sus ojos aún la miraban con furia, pero su mandíbula empezaba a temblar y apretaba sus puños fuertemente.

    —¡Envite Ígneo!

    —¡Trueno!

    Ivornose embistió de nuevo, pero no antes de recibir otra descarga. La distancia había sido tan corta que Absol también sintió el impacto de su propio ataque cuando ambos rodaron entre las rocas, pero ninguno estaba dispuesto a ceder. Se incorporaron con torpeza arrastrando las patas y se atacaron el uno al otro con garras y colmillos.

    —¿¡Tienes idea de lo que va a pasar si Scylla huye con el prototipo!? ¿¡Del alcance que pueden tomar las cosas a partir de ahora!?

    —¡No lo sé! ¡Ni siquiera sé qué fue lo que se robaron!

    —¡Entonces...!

    —¡No quiero que la persigas! No me importa quién tiene la culpa de todo esto, pero no quiero que siga. ¿Por qué todos tienen que buscar problemas?

    —Yo termino con los problemas. Te venceré y luego traeré a Scylla de vuelta.

    —Vas a abrir la Puerta del Cielo. Y cuando encontremos al criminal, te vas a disculpar con ella.

    —¿Y si fuera la responsable?

    —Entonces yo te pido perdón.

    —Pero no la entregarás...

    —No.

    —Ivornose —murmuró—. Terremoto.

    El pokémon se irguió tan alto como era, preparado para causar otra sacudida y poner fin al combate cuando sus músculos se crisparon y una tenue corriente de electricidad atravesó su cuerpo, impidiendo que se moviera.

    Absol, sin embargo, se encontraba peor, apenas capaz de mantenerse en pie.

    —Se terminó —declaró Ericksen—. Perdieron.

    —Aún no. Absol, Canto Mortal.

    Asintió a la orden de Anansi, pero la parálisis le impidió cumplirla y lo único que salió de su garganta fue un aullido lastimero.

    «Vamos a ganarles un poco más de tiempo».

    Como si pudiera escucharla, Absol inhaló llenando sus pulmones de aire, luchando contra la parálisis que sometía a su cuerpo, pero antes de que pudiera emitir una sola nota, Ivornose ya se había levantado por completo. Las fauces abiertas. Pequeños destellos de luz reuniéndose entre sus dientes y una furia inconmovible en sus ojos brillantes.

    «Perdimos». Fue el único pensamiento en su cabeza.

    Taena y Anansi se miraron la una a la otra con una similar expresión de terror, pero ella fue la más rápida. Echó a correr hacia Absol esgrimiendo la ultraball, fallando en el primer intento para recuperarlo y quitarlo de la trayectoria del ataque de Ivornose. Si esa cosa llegaba a golpearlo acabaría con él.

    —¡Regresa!

    Segundo intento. El rayo de la ultraball alcanzó a su pokémon y lo puso a resguardo, fuera del alcance del hiperrayo que explotó en la cima del Muro de los Tiempos.

    Lo siguiente que supo es que su cuerpo se había vuelto ligero, tan increíblemente ligero que de alguna forma se había separado del suelo. Luego, volvió la sensación de la caída.



    Vale. Esto tomó más de lo que debería.
    Gold tomé prestado a tu ruby.
    Armiel y a tu loca...
    Yakov y a tu vago...
    Merinare y tu manía de poner musiquita.
     
    Última edición: 12 Febrero 2019 a las 3:04 PM
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  6. Threadmarks: Capítulo 4
     
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    Capítulo IV: Fantasmas



    30 de Abril

    Meridión/Tesseus

    Faltaban pocos minutos para la salida del sol, y como todos los días el templo rebosaba de actividad, con jóvenes hermanos limpiando las estatuas, barriendo los suelos y preparando todo para la actividad de la tarde; alegres y dedicados a su labor. Su gente era, probablemente, la más noble que podía encontrarse en Aiwass: personas con cicatrices interiores que hallaban consuelo en la hermandad, en la libertad de ayudar a otros como un camino para ayudarse a sí mismos. Esa era su forma de hacer las cosas, lo único que aún tenía sentido para ellos.

    Todos los días hacía acto de presencia en el templo, al menos por un par de horas, incluso ahora que debía trasladarse del campamento a las afueras del bosque hasta Ciudad Tesseus. Alentaba a sus fieles, se aseguraba de que todo siguiera en orden y ocasionalmente hacía trabajo de campo para después acudir a los laboratorios en la parte posterior del recinto, justo como hizo ese día.

    Su equipo de investigación se encontraba analizando las muestras de sangre, pelo o escamas que habían obtenido los entrenadores. En la repisa del fondo había al menos doscientas pokéball, todas con pokémon infectados de una u otra forma. La cantidad era muy superior a la que esperaba encontrar en tan solo unos días, aún con el elevado número de entrenadores que tenía bajo su cargo. Los números simplemente habían explotado.

    «Algo está pasando ahí adentro».

    Sobre una de las mesas de aluminio se encontraba un espécimen recientemente capturado; un eevee de tonalidad pálida con manchas púrpura en el pelaje. Pasaba dormido la mayor parte del día y apenas si podía comer. Si su condición seguía empeorando, no viviría más que algunas semanas, y sus hermanos no estaban en mejores condiciones. Meridión lo contempló absorta, y pasó una mano por sus orejas mientras recordaba la conversación con la chica que lo había llevado.

    —La exposición al thelema es nociva para los seres vivos, es algo que ya les había advertido en su momento. La radiación que emite es muy baja, tan imperceptible que apenas si produce un efecto notorio con el paso de años, pero estos pokémon han vivido así desde que llegaron al mundo y eso ha causado trastornos en su desarrollo.

    —¿Hay alguna cura?

    —Tal vez. Si recopilamos las suficientes muestras... Acacia Knowing fue la primera en estudiar el efecto del thelema en las especies del Bosque de Pan, así que ya tenemos un punto de partida. Pero para eso debemos hacer nuestro mejor esfuerzo. Por el bien de los pokémon del bosque, y por todos nosotros en Aiwass.



    La chica había vuelto al bosque hace ya un par de días. Cada vez se adentraban más y más en la espesura, y el número de pokémon infectados crecía y crecía.

    —¿De dónde viene tanto thelema? — preguntó en voz alta, provocando que uno de sus subordinados alzara la vista hacia ella.

    —Las lecturas son completamente diferentes a las de hace dos años, cuando hicimos la última expedición. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

    Volvió la mirada hacia el pequeño eevee que se agitaba entre sueños.

    —A ti también te voy a salvar.






    Scylla/Fuera de Efesto


    FAY

    GALAND​


    Una burda inscripción en un árbol que parecía marcada con un cuchillo. Dos nombres, sin duda. ¿Humanos? ¿Una pareja acaso? En verdad le parecía algo diferente, la dureza de los trazos le hablaba de una mano inquieta, pesarosa...

    «De una tumba».

    Aquel chico, Sericci, también parecía inquieto con aquellos nombres, al igual que su ralts. Empezó a sentir tristeza, una extraña sombra sobre su estado de ánimo que no parecía tener motivo alguno. Como si la lluvia tratara de decirle algo. Como si los truenos en el cielo trataran de decirle un nombre.

    —Tenemos que buscar refugio —interrumpió Sericci sus pensamientos— Al menos hasta que pare la lluvia.

    Scylla tomó su celular. Imaginaba que dentro de Efesto lo intervendrían si trataba de comunicarse, pero no sabía si ya estaban a suficiente distancia.

    —¿Vas a llamar a alguien?

    —A mi abuela. O quizás... a mi tío.

    —¿Sogia Frey?

    —No hará falta —intervino una voz rebosante de confianza.

    Un hombre joven, de aspecto agraciado y ataviado con un fino traje gris. El cabello rubio peinado con rebeldía y ojos azules ocultos tras unas gafas discretas. Se protegía de la lluvia con una peculiar sombrilla con forma de alas extendidas y una cabeza de orejas grandes en la punta. Scylla lo conocía. Se habían visto varias veces en las reuniones de los líderes, aunque por razones obvias no habían cruzado palabra en años. Se trataba del líder de gimnasio de Ciudad Icaros y futuro heredero de la familia más poderosa de Aiwass: Lewis de Lann. Caminó en su dirección con una sonrisa de seguridad total, y aunque detuvo su mirada por un momento en Sericci y éste rodó los ojos intentando disimular, pronto volvió su atención hacia ella.

    —Scylla Frey, ¿cierto? Nos enteramos de la situación y venimos a encargarnos antes de que las cosas no escalen demasiado. Nadie va a intervenir tu teléfono, pero no hace falta que hagas esa llamada.

    —Taena Ericksen nos impidió el paso por Efesto, así como abandonar la ciudad —respondió con recelo—. Antes de que esto escale más...

    —Te digo que no hace falta. Vamos a manejar este asunto con la mayor discreción posible.

    Un incómodo silencio se prolongó por espacio de varios segundos. No sentía el mínimo aprecio por su familia, y mucho menos confianza.

    —¿Qué piensa Ericksen al respecto?

    Lewis de Lann apretó los labios en un infructuoso intento por disimular una carcajada.

    —¿Ella? Será mejor que no piense nada. En este momento mi padre viene en camino.

    Apenas terminó la oración y la lluvia empezó a amainar hasta detenerse por completo. Las nubes empezaron a abrirse dando paso a los rayos del sol, como si reforzaran sus palabras.

    —¿Ves? Ya está aquí.





    Anansi/El Muro de los Tiempos


    Había dejado de caer. En el momento en que perdió la esperanza y se abandonó al vacio, sintió la presión de unos dedos delgados aferrándose a su muñeca y la gravedad dejó de tirar de ella.

    Alzó la vista hacia arriba. Taena Ericksen la sujetaba con ambas manos, un tercio del cuerpo fuera del muro y una expresión de alarma que nunca hubiera creído ver en ella mientras Anansi oscilaba pegada a la pared. La ira había desaparecido de sus ojos sustituida por el miedo, y el contraste era tan grande que dejó de pensar en nada más. Ni siquiera se dio cuenta de en qué momento paró de llover.

    —Dame un momento. Te subiré.

    Un graznido en la distancia las distrajo de sus pensamientos. Del creciente hueco entre las nubes descendió un ave de tamaño considerable. Su plumaje era amarillo radiante en su mayor parte y blanco por el pecho. Las plumas de su cola formaban una "V" por la que circulaban tenues corrientes eléctricas, y su mirada era determinada y orgullosa. Sin dar señales del mínimo esfuerzo, sujetó a Anansi por los hombros con sus poderosas garras y la llevó de vuelta al muro hasta ponerla a salvo.

    Tendida boca arriba esperó a que su corazón volviera a latir con normalidad mientras aquella ave se acicalaba las plumas. Taena en cambio se incorporó con rapidez, buscando con los ojos a su alrededor por lo que, intrigada, Anansi la imitó hasta que ambas escucharon el sonido de un caminar hacia ellas.

    Un hombre se acercaba a su posición. Traje, camisa, corbata y zapatos negros como su cabello ligeramente crecido. Atractivo, sin duda, pero severo, con un rostro de facciones inertes que parecían haber olvidado cómo sonreír hace siglos. Aunque su andar era normal, cada uno de sus pasos resonaba contra el concreto, y Anansi podía sentir que era porque él así lo deseaba. Aunque el rasgo que más llamó su atención del desconocido fueron sus ojos: brillantes, fieros y dominantes, con una fuerza casi opresora en sus irises dorados.

    Hizo un rápido movimiento con su brazo como si indicara al pokémon ave que fuera hacia él, y éste se convirtió en un rayo de luz carmesí que se refugió en su chaqueta. Acto seguido volvió la mirada hacia Taena y la sostuvo sobre ella sin decir una sola palabra. A cada segundo, la imperiosa chica parecía volverse más pequeña, incapaz de decir nada y bajando los ojos al suelo. Entonces el desconocido se movió hacia donde se encontraba el Ivornose de la líder, prácticamente vencido.

    —Levian —expresó con voz carente de toda emoción—. Su huevo eclosionó unos días después de tu nacimiento. Ella tiene tu misma edad, ¿sabías? Los ivornose son una especie muy agresiva desde su primera etapa evolutiva, así que Bastian quiso hacerse cargo de su crianza, pero mírala ahora; no solo se mantiene en forma, sino que es claramente más fuerte que cuando él vivía. Has hecho un buen trabajo en entrenarla desde entonces. No esperaba menos de ti.

    La líder de Efesto permaneció a la expectativa. Anansi veía a uno y a otro sin atreverse a decir nada.

    —Dime entonces, Taena, ¿por qué te has conducido con tanta incompetencia? —cruzó los brazos detrás de la espalda sin apartar los ojos de ella ni elevar el tono de su voz— ¿Qué parte del desastre de estos días te parece propia de un líder?

    Anansi dio un paso hacia atrás desviando la mirada hacia los lados. Sus labios empezaron a temblar.

    —A-alguien burló la seguridad de Ignis... tuve que tomar medidas para...

    —La seguridad no es infalible —le interrumpió con firmeza—, nunca lo es, ni siquiera en una fortaleza como Ignis. Por eso existen los líderes de gimnasio: para hacerse cargo cuando las cosas no van como deberían. Aún así, te las arreglaste para empeorar la situación a niveles inimaginables en ti. ¿Qué te hizo pensar que retener por la fuerza a Scylla Frey era una buena idea?

    —¡No podía dejar que nadie se fuera! El anillo...

    —El prototipo está a salvo, y no gracias a ti sino al mismo grupo que retuviste contra su voluntad. Tras determinar su ubicación, los guardias del acero se hicieron cargo de asegurar la zona y reducir a los culpables. Poco les faltó para escapar frente a tus propias narices, pero eso no es ni la mitad de grave de lo que pudiste provocar. Tenemos suerte de que Sogia Frey tuviera el sentido común de hablar conmigo antes de dejar que la situación escalara más. Algo que tú debiste hacer también.

    —No quería... era mi obligación...

    —Cuando los líderes de gimnasio no pueden hacerse cargo, es trabajo del Alto Mando lidiar con la situación. Recuérdalo la próxima vez.

    Taena musitó un breve "sí" para después recuperar al ivornose dentro de su pokéball. El hombre de ojos dorados miró fugazmente a Anansi y después volvió a dirigirse a su subordinada.

    —Parece que entiendes que estuviste a punto de hacer algo irremediable. Reflexiona al respecto.






    Meridión/El Templo de la Ley

    —Así que la misión fracasó —exclamó con un suspiro en la seguridad de su oficina. Recostado en el sofá de la misma había un chico de largo cabello castaño vistiendo una camiseta negra, jeans desgastados y una gorra púrpura que jugaba a arrojar una pokéball y atraparla de nuevo.

    —Los chicos fueron descubiertos, no me preguntes cómo. Pero no te preocupes, hice que Kazam les borrara la cabeza. No van a decir nada acerca de nosotros.

    —Eso no detendrá a Tyros de Lann.

    —Tal vez no, pero no podrá sacarles nada. No hay un pokémon tipo psíquico más fuerte que Kazam en toda Aiwass, y aún si lo hubiera, lo que hicimos con los chicos no fur simple hipnosis, sino destrucción de recuerdos. Simplemente no hay nada qué encontrar en sus cabezas. ¿Son nuestros Hermanos de la Ley, o son un grupo criminal que finge ser Hermanos de la Ley para pasar desapercibidos? El sentido común favorece a la segunda opción, y Lann es un hombre de sentido común.

    Meridión asintió con gesto serio, incapaz de compartir el alivio del joven.

    —Hicieron lo correcto. Lo que nadie más hubiera hecho.

    —Y no fue en vano —respondió lanzando la pokéball una última vez para liberar al pokémon psíquico en su interior—. Cuando Kazam me dijo que escapar con todos era imposible, le ordené quedarse con ellos hasta el final. Todos estos días ha estado analizando el prototipo de los Lann, su intento de replicar el Anillo de la Victoria —sonrió con satisfacción—. No hay un solo pokémon psíquico superior a él. Ha memorizado a la perfección el dispositivo y su funcionamiento.

    —Así que, no tenemos el prototipo como tal...

    —... pero tenemos todo el conocimiento necesario para replicarlo. Lo robamos, pero no saben que lo robamos. No podríamos pedir una conclusión más ideal, y todo gracias al sacrificio de esos chicos.

    —Es suficiente con eso —declaró—. Cuando tengamos éxito, también los salvaremos a ellos.

    —Y hablando de eso... ¿cómo va todo con la expedición?

    Le relató lo sucedido en los últimos días, incluyendo el anormal número de especímenes afectados. A cada tanto, Abimael asentía con gesto sombrío.

    —El Bosque de Pan nunca me ha dado buena espina, y ese tipo Kozaky, mucho menos.

    —A mí tampoco —admitió Meridión—. Pero los necesitamos a ambos.

    —Al menos el bosque está lleno de respuestas. En cuanto a Kozaky... estoy seguro de que nadie lo extrañaría.

    —Después nos ocuparemos de él si hace falta. De momento... tengo otra misión para ti, y para tu Alakazam.





    Efesto/Residencia de los Lann


    La escena tomó lugar en el amplio comedor principal. Los viajeros de Lyses descubrieron que si había algún edificio en Efesto que no fuera completamente gris, ése era la residencia de los Lann. El reflejante piso de azulejos rojos y celestes, las tallas con forma de luxray en las paredes, los cuadros de paisajes de la región, los ostentosos candelabros con forma de dewpider iluminando la estancia. Todo cuando los rodeaba le daba al lugar una atmósfera sobrecargada en acentuado contraste con el aspecto austero de la ciudad.

    Se encontraban sentados en torno a una larga mesa de caoba bellamente ornamentada en un diseño de olas con relieves dorados. La cabecera la ocupaba el dueño de la casa: Tyros de Lann, de modales corteses, pero distantes. A su derecha, en el asiento de honor, se hallaba Sogia Frey, degustando la cena con verdadero placer, y a su izquierda su hijo, el joven Lewis de Lann y líder de Ciudad Icaros. A lado de Sogia estaba Scylla, y a lado de Lewis, Taena, ambas encontradas, intercambiando miradas fugaces pero sin atreverse a emitir palabra, y después de ellas los ocho miembros restantes de la expedición.

    —He de agradecerles una vez más el servicio que han prestado a la gente de Efesto y a mi propia familia. Y disculparme por los inconvenientes causados.

    —Basta, basta —insistió el investigador—. Lo importante es que todo salió bien al final. Y ustedes, chicos —añadió dirigiéndose a sus ayudantes—. Hicieron un buen trabajo atrapando a esos cabrones.

    Levantó su tarro con la intención de hacer un brindis para ser imitado por algunos de ellos.

    —¿Qué estaba haciendo usted? —preguntó Anansi tratando de fingir una sonrisa—. Desapareció en el camino y no volvimos a verlo.

    —Cuando me enteré de la situación en Efesto traté de comunicarme con nuestro principal patrocinador. Mientras estaba en eso, ustedes llegaron a la ciudad y las cosas se volvieron complicadas. Y para evitar que la situación fuera a peor, consideré que era mejor tratar esto directamente con Lann.

    —¿Por una semana? —susurró Yakov.

    —Había detalles qué arreglar, además de preparar el equipo que usaremos en Narciso. No es el lugar más acogedor del mundo, ¿sabían?

    —Lo cierto es —interrumpió Lann— que el tema de su investigación nos interesa profundamente.

    —¿En serio? Nunca pensé que fueras un hombre de historia.

    —Y no lo soy, pero velo por el bienestar de Aiwass, y más aún por su progreso. Sogia Frey, su trabajo acerca del thelema puede traer beneficios ilimitados al desarrollo tecnológico de la región. Es mi deseo hacer todo lo que esté en mi poder para llevar su investigación a buen puerto.

    Un silencio incómodo se extendió por el comedor. Lentamente Sogia Frey dejó sus cubiertos sobre la mesa para mirar fijamente a su anfitrión con una sonrisa maliciosa.

    —No es que no agradezca tu propuesta, pero no se trata de una apuesta segura, ni puedo prometer beneficios a corto plazo a sus intereses.

    —Mi interés es el bienestar de Aiwass, ya se lo he dicho —respondió imperturbable—. Estoy dispuesto a asumir los riesgos.

    —Y eso habla bien de ti. Sin embargo, la familia Frey ya se encarga de patrocinarnos en todo lo necesario.

    —Y no me cabe duda que hacen un excelente trabajo —replicó en un tono que casi sonó sincero mientras miraba al resto del equipo por arriba—. Pero no es de eso de lo que hablo. Sé que está familiarizado con mi hijo Lewis, aquí presente.

    —Por supuesto, el chico de los fuegos artificiales.

    Lewis de Lann tosió incómodo, pero rápidamente logró devolverle la sonrisa burlona. Tyros hizo caso omiso del comentario.

    —Encuentro interesante su investigación en el campo del thelema —dijo el joven Lann—. Y también he seguido su trabajo en el desarrollo de Ciudad Lyses. Estoy seguro de que combinando nuestros avances y habilidades podríamos hacer grandes cosas.

    —Seguro que sí —contestó el viejo Sogia en un tono que indicaba todo lo contrario—. Pero me temo que no puedo comprometerme a una colaboración externa a largo plazo sin consultarlo primero con los directivos.

    —Por supuesto que no —insistió Lann—. Es mi intención tratar el asunto personalmente con la directora Leryna Frey, sin embargo, mientras tanto, sería conveniente para todos que Lewis se vaya acostumbrando al trabajo de campo con ustedes. Eso no comprometería la investigación posterior si simplemente se une al equipo de expedición, sólo en el remoto caso de que no lleguemos a un acuerdo provechoso para ambos. Lewis los acompañará durante la expedición como cualquiera de sus otros ayudantes, y lo que ocurra después, ya lo veremos.

    Sogia Frey hizo silencio para después recorrer a todos los presentes con la mirada. Finalmente suspiró y alzó su tarro en dirección a Lewis de Lann.

    —Bienvenido chico. Estás dentro.






    2 de Mayo

    Scylla/Narciso

    Como la mayoría de los niños de Aiwass, había escuchado historias acerca de Narciso: el asentamiento más antigua del continente que se ubicaba al pie de los Grandes Hermanos desde hace más de tres milenios. De acuerdo a la leyenda, los habitantes de Narciso eran escasos dadas las duras condiciones de vida y su población nunca superó el millar de habitantes, al menos hasta que los exploradores partieron de sus hogares entre las montañas para buscar un ambiente más cálido en las tierras del oeste. Pero aún cuando las grandes ciudades de Icaros y Efesto se alzaron en las llanuras, y con ellas los poblados de Caribdis, Themis y Tesseus, la gente de Narciso nunca dejó su hogar ancestral, cerrada y recelosa, guardiana del antiguo conocimiento transmitido de generación en generación. De modo que el pueblo de Narciso siguió siendo el mismo lugar hermético, regido por la tradición que aún en tiempos modernos se conservaba tan puro como en el pasado, o al menos así fue hasta que un desastre natural acabó con toda su población en un abrir y cerrar de ojos hace cincuenta años.

    Scylla conocía la historia, pero nunca había tenido motivos para aventurarse a Narciso, así que esperaba encontrarse con un pueblo deshabitado al pie de la montaña, con construcciones semidestruidas que servían de refugio a los ratatta, calles resquebrajadas y vegetación salvaje creciendo por los muros. No podía estar más equivocada.

    Llegaron cuando aún quedaban algunas horas de luz de día. Sofía se había aprovisionado con ropa de invierno para todos, y Scylla pronto se dio cuenta de lo acertado de su juicio cuando sintió el viento helado de los Grandes Hermanos. Narciso no se hallaba simplemente al pie de la montaña, sino en una profunda depresión entre dos colosales montañas. Sus piernas se hundían hasta las rodillas bajo la gruesa capa de nieve que no cedía un centímetro ni siquiera durante el verano, y las ruinas no eran el refugio de plantas o pokémon, sino rocas desnudas, paredes, techos y columnas de roca helada que emitían aterradores aullidos cuando el viento pasaba a través de ellas.

    Luego de dar un rápido paseo por el pueblo, Sogia dio instrucciones al grupo de volver al extremo del valle, lo bastante lejos de la ciudad, para levantar el campamento.

    —Aún tenemos tiempo. Quedan unas cuantas horas de sol. Que los pokémon también ayuden.

    —¿Por qué no acampamos en las ruinas? —sugirió Lewis de Lann— No hace más frío aquí que allá, y con paredes de roca estaremos más seguros. Además de ahorrarnos la molestia de desplazarnos todos los días.

    —No quiero que nadie se acerque al pueblo luego de la puesta de sol. Los pokémon estarán al acecho.

    —¿Pokémon? —preguntó Scylla con incredulidad— ¿Es que algo puede vivir en un lugar como éste?

    Más arriba en las montañas habitan las manadas de ñeozone y houndoom, además de algún solitario absol que les da caza, y en los riscos helados, esos braviary hijos de puta, pero ellos no son los que nos importan. Podemos mantenerlos a raya con hogueras, pero la verdadera amenaza son los pokémon fantasma. Pocos sitios vas a encontrar en Aiwass más malditos que éste. Con todas las vidas que se perdieron aquí, Narciso es prácticamente un criadero de espíritus. Y no importa qué tan valiente seas, cuando el sueño llega, tú y tus pokémon son tan vulnerables como un caterpie.

    Lewis se retiró sin discutir, ayudando a Blake Weiss a extender una tienda. Aprovechando el breve momento de intimidad, Scylla le preguntó a Sogia por la conversación en la cena con los Lann.

    —Ese cabrón de Lann quería un testigo dentro de nuestro grupo y mandó a su propio hijo, aunque dada la situación, no podía negarme a traerlo sin empeorar las cosas.

    La joven Frey asintió siguiendo al mayor en dirección a la ciudad.

    —¿Cree que la Tiara de la Paz se encuentre aquí?

    —Seguramente no. De todos modos, esta gente sabía cosas sobre los pokémon antiguos que nosotros no, aún si no podían comprenderlas. Por ejemplo...

    Habían llegado hasta un edificio de gran tamaño con una cúpula ovalada que había perdido la mitad de su superficie, probablemente una iglesia. Sogia le mostró algunas inscripciones en las paredes interiores, dañadas en gran medida por la erosión del viento y la nieve, y además, grabadas en una lengua antigua que no podía comprender.

    —Tenemos mucho trabajo. Al menos sacaremos alguna pista sobre el destino de la tiara y de Menasis, pero eso será a partir de mañana. Por ahora volvamos con el resto.

    Ya habían dado media vuelta cuando Scylla sintió un movimiento en el borde de su visión, y volvió la cabeza en su dirección. Muy a lo lejos, sobre el tejado de una vieja casa, creyó ver una sombra agitando su brazo hacia ella, como llamándola a acercarse. Y haciendo un esfuerzo por distinguir a la figura, le pareció que se trataba de un humano, de un niño que la saludaba con una enorme sonrisa en el rostro. Su vision, o alucinación, apenas duró un segundo, porque el chico desapareció en un instante y fue reemplazado por un escalofrío que le recorrió la espalda.

    —No hagas caso —dijo Sogia mirando hacia adelante—. Ya te dije que esto está lleno de fantasmas.





    Abimael/Alakazam

    Tras el éxito en Efesto, Meridión le había ordenado ocuparse de un asunto diferente: la desaparición de Arrel Strauss. Líder de gimnasio de Ciudad Alseide y una joven promesa en el campo de la biología pokémon. Durante las escasas ocasiones en que coincidieron, "Type" le causó siempre una impresión favorable. Si acaso, demasiado honrado. Si acaso, demasiado inocente para sobrevivir por mucho tiempo en un mundo como Aiwass. Por eso le sorprendía aún más que Meridión tratara de mantenerlo con vida. No era la clase de persona que podía sumar a sus propósitos.

    La última vez que se le había visto fue durante los primeros días de abril, cuando partió de Alseide en dirección a Lyses. Había una alta probabilidad de que se hubiera perdido o accidentado en el Bosque de Pan, que era un sitio peligroso y traicionero incluso para los entrenadores más experimentados.

    Abimael sabía que no era un aventurero. Carecía de la destreza física y el arrojo intempestivo para llevar esa clase de vida. Lo suyo eran el ingenio y la velocidad mental, así que hizo uso de esas habilidades para encontrar a Arrel Strauss. Kazam era el más indicado para la tarea. Su pokémon poseía un dominio de la telepatía verdaderamente asombroso, pudiendo comunicarse con su entrenador a cientos de kilómetros de distancia, transmitiendo sus recuerdos casi de forma inmediata, por no hablar de sus increíbles habilidades psicoquinéticas. En comparación, su cuerpo físico era realmente frágil, pero poco importaba cuando nadie podía tocarlo.

    Así que fue Kazam quien se aventuró al bosque, levitando a una distancia segura por encima de las copas de los árboles y transmitiendo directamente a su entrenador sus recuerdos inmediatos.

    "Gran Ojo".

    Kazam se concentró, cerrando los ojos para ver el mundo que lo rodeaba con su poderosa mente. Los obstáculos físicos dejaron de importar y las almas se hicieron visibles ante él. Toda cosa con un intelecto propio apareció a su vista interior. Pokémon de todos los tipos, edades y egos, los entrenadores de Meridión que se habían infiltrado al bosque. Las de los árboles, los bichos... cada una de ellas se hizo visible para Kazam, y por tanto, visible también para Abimael.

    Sólo tenían qué encontrar una: el alma de Arrel Strauss, pero a Nadal le resultaba difícil concentrarse en buscar, puesto que la agitación en el bosque era cada vez más intensa. Pokémon naturalmente inofensivos se habían vuelvo más salvajes los unos con otros, así como con los intrusos, y aquellos pokémon infectados le causaban una sensación de creciente incomodidad. Tal vez era justo por eso que Meridión deseaba contactar con Arrel Strauss.

    "Sigue buscando, amigo. Tiene que estar ahí".

    Probablemente ya hubiera muerto. Era difícil de creer que alguien sobreviviera en el bosque por tanto tiempo entre los enloquecidos pokémon salvajes, pero al menos debía intentarlo.

    La presión crecía dentro de su cráneo. Buscar aquella mente en particular agotaba la fuerza mental de ambos, en especial con el ruido de fondo de los incontables pokémon salvajes que viven y mueren en el Bosque de Pan. Cada vez más agitados. Cada día más violentos. Meridión tenía razón: algo malo estaba ocurriendo en esos malditos bosques.

    Y entonces, completamente de la nada, lo escuchó: un aterrador alarido resonando en su cabeza, un grito de horror tan doloroso que la conexión entre humano y pokemon que rompió en un instante. Y Abimael abrió los ojos en su propio gimnasio, respirando agitadamente como si le faltara el aire luego de vivir una horrible pesadilla.

    Alakazam, en cambio, perdió el control de su levitación y cayó al suelo desde las alturas. Su frágil osamenta recibió un severo castigo físico cuando tocó tierra. Pero lo peor estaba por empezar.

    Bestias ocultas en las sombras de los árboles, pequeños depredadores listos para atacar.

    Intentó activar su Gran Ojo una vez más. Los humanos corrían asustados al interior del bosque, asediados por los pokémon nativos, conducidos lentamente hacia una trampa mortal en el corazón del bosque, justo como la que le tenía prisionero a él.

    El rugido de un verdadero monstruo sacudió el bosque con violencia. Lo siguiente que supo Alakazam es que todo se había vuelto negro.


    Well... Esta vez nos tardamos bastante. Fumu...

    Como pueden ver, seguimos separados en grupos. Para algunos, las cosas han cambiado un poco más que para otros. También habrán notado que en esta ocasión solo pasaron tres días.

    Para los que se encuentran en el Bosque de Pan: los pokémon se han vuelto mucho más agresivos y el nivel de peligro ha subido en consecuencia a partir del 2 de Marzo. Si quieren encontrar la salida, deben hallar a Type.

    Para el grupo de la expedición: ya estamos en Narciso. Tengan cuidado con los fantasmas y los otros pokémon salvajes. Si quieren colaborar con los líderes presentes, dedicarse a la caza de pokémon o lo que sea, también pueden hacerlo. Also, los que no pudieron postear a tiempo, pueden usar esta oportunidad relativamente ligera para ponerse al corriente de su post pasado. Dudas y demás por mp. La ficha de Narciso la subo más al rato.

    Una semana de plazo en la historia, hasta el 19 para postear.

    Una vez más, gracias a todos.


    Armiel
    Yakov
    Gold
    DoctorSpring
    Maxinne
    Plushy Berry
    Merinare
    Kiwi el poderoso.
     
    Última edición: 12 Febrero 2019 a las 2:51 PM
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  7. Threadmarks: Capítulo 4-Vega
     
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    Vega – Capítulo 4: Déjà Vu (2)

    Por qué…
    Sólo eran dos nombres, dos nombres tallados en un solitario árbol en las afueras de Ciudad Efesto. Ninguno de los dos había estado en aquel lugar anteriormente, tan al este de Aiwass. Las únicas ciudades que había visitado en su estadía en la región habían sido la capital de Ícaros, la moderna Lyses y el centro mercantil de Tesseus. Era imposible que Ren recordara ese escenario en específico, y aun así…

    —…siento que conozco ese lugar. —Musitaba para sus adentros, con la mirada aún clavada en la corteza, como intentando descifrar algún significado oculto en aquellos nombres. A lo mejor sentía aquella extraña fuerza, aquella misma magia que sólo ella notaba en las medallas.

    Curiosamente, Scylla los observaba a unos cuantos metros de distancia con la misma expresión de incertidumbre que su Ralts. El agua de lluvia le chorreaba por el largo pelo celeste de su disfraz, pero ella no le prestaba atención. La tormenta cedía lentamente, de una manera inversamente proporcional a aquel sorpresivo dolor de cabeza que se acentuaba más y más.

    Viajar a pie hasta Narciso bajo la lluvia le parecía una mala idea, y más con ellos dos empapados. Pero caminar por el linde del Bosque de Pan para protegerse del aguacero a medida que la noche los acechaba cada vez más sonaba incluso peor. Tomando a Ren de la mano, se acercó a Scylla para preguntarle cuál había sido el siguiente paso en su mente una vez hubieran escapado de Efesto. Según las sospechas de la líder del gimnasio y a juzgar por la gente que los seguía a todos lados, estaban vigilando todos sus movimientos, por lo que no se había atrevido a realizar ningún pedido de auxilio hasta que estuvieran fuera de aquel ridículo paredón.

    Ésta comenzó a buscar un número en la agenda de su teléfono, pero antes de que pudiera elegir un contacto, notó como dos figuras se le acercaban de lejos. Era como si supieran de antemano exactamente donde se encontraban, en qué dirección habían escapado. ¿Cómo los habían encontrado tan rápido? ¿Acaso Scylla les había dicho que la esperaran allí? ¿O quizás se trataba de aquellos extraños personajes que les habían estado pisando los talones todo el tiempo?

    Se trataba de dos personas que él conocía. La primera era aquel presuntuoso líder de gimnasio al cual le había arrebatado la primera medalla que Ren había roto. La segunda era nada más y nada menos que la capitana de la guardia de Ícaros. La mujer del lirio azul. Aquella con la que había jugado una estúpidamente arriesgada carrera por los tejados de la ciudad que ella conocía como la palma de su mano.

    Los irises dorados de la mujer estaban abiertos como platos de la incredulidad mientras el líder, de nombre Lewis de Lann, los presentaba y se disculpaba con ambos por las molestias ocasionadas. Con un tenso apretón de manos entre los dos, poco a poco Vega comenzó a percatarse de lo innecesario que habían sido todos los planes de Scylla en Efesto. Crear diferentes planes para cada uno, ayudar a Taena para encontrar a los verdaderos culpables, entrenarlos para conseguir la medalla y obtener una salida fácil hacia Narciso… todo había sido en vano. Aquella súbita migraña se mezcló con una punzada de resentimiento: era más que obvio que la desaparición de alguien tan importante como la líder de gimnasio de Caribdis no pasaría desapercibida en absoluto. Por mucho que aquella impetuosa chica de Efesto quisiera retenerla a ella y a su grupo por siempre, era más que seguro que alguien vendría a rescatarla en cuanto se percataran de su ausencia o no lograran comunicarse con ella. ¡Cómo podía haber sido tan idiota!

    La próxima vez, no lo dudaría ni un instante. Se esfumaría al frente de todos, de vuelta a Lyses con Ren y pasaría toda tarde eligiendo los sabores de helado más estúpidos que encontrara. El resto bien podía arreglárselas por su cuenta.

    Vega…

    Estaba tan distraído por la aparición de aquella mujer y de querer enterarse cuál era la verdadera razón por la cual los habían encerrado por tantos días en Efesto que no se percató de aquella débil fuerza que le había estado tirando del brazo todo este tiempo hacia abajo. No fue hasta que se agachó a su lado que se percató de que algo andaba mal con ella. Ren prácticamente se había dejado arrastrar de regreso a la costa del río. Respiraba con lentitud, y sus ojos parecían dos rubíes apagados, sin rastro de aquella mirada atenta y perspicaz que ningún otro Pokémon jamás tendría.

    ¿Podemos… descansar un rato? —alcanzó a murmurar, en un atisbo de voz.

    El alivio inmediato del dolor en su sien fue su primera alerta, pero no fue lo suficientemente rápido para percatarse de lo que estaba sucediendo. En menos de un segundo, las rodillas de Ren se doblaron de golpe, como si se tratara de una marioneta a la cual le soltaran los hilos de repente. Su cuerpo cedió bajo su propio peso, y Vega apenas alcanzó a tirar de su brazo hacia arriba lo suficiente como para que su cabeza no chocara directamente contra las rocas que había junto a la costa del río.

    La sujetó entre sus brazos, alarmado, mientras un horrible escalofrío le corría por la espalda. Un silencio se produjo en la conversación de los líderes, seguido de la voz de Scylla que oyó con dificultad, como si se encontrara del otro lado de un túnel.

    —¿Están bien? —preguntó, y éste tuvo que tomar aire un par de veces para poder calmarse y responder con la mayor naturalidad posible.

    —Sí, sólo está un poco cansada: todo esto le ha afectado un poco. ¿Nos reuniremos con el resto del grupo e iremos a Narciso, entonces?

    No hubo respuesta. Scylla, Lewis y la capitana lo miraron un tanto desconcertados, ésta última con los ojos cada vez más entrecerrados, como si estuviera tratando de leer sus pensamientos, pero sin emitir ni un sonido. El líder de Ícaros hizo un ademán hacia atrás con el pulgar, señalando el gigantesco Muro de los Tiempos a sus espaldas.

    —Tenemos que volver a Efesto primero. Deberíamos aclarar la situación allí adentro antes de dejarlos ir, para evitar cualquier tipo de conflicto.

    —Oh. —Vega se reacomodó el cuerpo de Ren entre sus brazos, para reforzar la idea de que simplemente estaba dormida del cansancio—. Supongo que tendremos que viajar por nuestra cuenta entonces.

    ¡Qué respuesta más estúpida! Se encontraban mojados de pies a cabeza: jamás los dejarían irse en dirección a una ciudad tan lejana cuando tenían el Centro Pokémon de Efesto a menos de un kilómetro de distancia. Debería haberse inventado que Ren estaba enferma, y necesitaban volver a Lyses por una medicina que se habían olvidado o alguna excusa similar. Pero ya era demasiado tarde. Con las cejas arqueadas, Lewis miró de reojo a Scylla antes de continuar.

    —Tu también deberías venir con nosotros. Además, —agregó, extendiendo una mano para quitarle un mechón de pelo de la cara a Ren— ¡la chica está exhausta! Que mejor lugar para descansar que-

    Vega actuó inconscientemente. En un reflejo por evitar que la toquen, se echó hacia atrás, aferrándose a ella con fuerza. El movimiento no pasó desapercibido para ninguno de los tres, y en especial para Lewis, que se cruzó de brazos un tanto ofendido. Este abrió la boca una vez más, pero antes de que alcanzara a decirle algo, Scylla se acercó a su oído, poniéndose en puntas de pie. En menos de treinta segundos, su mirada de recelo se había convertido en una de completa sorpresa.

    —Oh… ¿Entonces ella no…? Ahora veo. —Lewis se llevó la mano al interior de su chaqueta—. Bueno, si no quieres regresar al Centro Pokémon, al menos toma un poco de medicina.

    En sus manos se encontraba una hiperpoción, cuya dosis era mucho más que suficiente para tratar a un Pokémon en su etapa inicial como lo era un Ralts. Aunque realmente hubiera preferido que Scylla no se lo hubiera contado.

    —Voy a pedirles que eviten mencionarla: sólo levantaría más sospechas. Los veré en unos días en Narciso.

    A decir verdad, no creía que ni la mejor medicina del mundo funcionara en ella a estas alturas. Esperó con fingida tranquilidad a que se pusieran en marcha de vuelta a la ciudad, pero en el último momento, la capitana de Ícaros finalmente abrió la boca, tomando de sorpresa a todos.

    —Lo acompañaré a Narciso, si no te importa. El bosque ha estado un tanto peligroso últimamente.




    —¿Estás segura, Alexis?

    Aún un poco desconcertados ante la decisión de la mujer, pero sin ninguna intención de detenerla, Scylla y Lewis se alejaron en dirección al portón sur de Efesto, aquel que daba directamente a uno de los dos únicos caminos que llevaban a Alseide, el misterioso pueblo perdido en medio del Bosque de Pan. Aquella mujer le estaba haciendo pagar por haberse burlado de ella en su ciudad.

    —¿Qué es lo que quieres de mí, capitana? —le espetó, una vez estuvieron bastante lejos como para oírlos.

    —Saber que estás tramando ahora —respondió ella con suma tranquilidad—. No vas a escaparte esta vez.

    Vega chasqueó la lengua con impaciencia, mientras su nerviosismo crecía cada vez más en su interior. ¿Realmente importaba que aquella mujer se enterara? Meses de esfuerzo se irían por el drenaje si seguía perdiendo el tiempo ahí parado. Recostó a Ren en el césped y tomó una Pokéball de su cinturón.

    Alexis no pudo evitar ahogar un grito al ver como aquella niña se desvanecía en un rayo de energía rojiza, para emerger nuevamente convertido en un Pokémon Legendario. Su fino pelo rosado erizado por la lluvia y observando con preocupación el verdadero cuerpo de Ren, mientras Vega la alzaba nuevamente con una mano. Realmente era diminuta en comparación.

    —Qué diablos está pasando aquí… —alcanzó a decir, sin dar crédito a lo que veía. Era una reacción más que esperable, después de todo.

    —Te lo explicaré más tarde. ¡Te lo prometo! —insistió con firmeza, antes de volverse a su Ditto—. Mew, necesitamos volver a Lyses con urgencia. ¿Hay alguna forma de que-?

    Sabía con certeza, gracias a sus múltiples intentos de captura, que aquella forma de Mew que había conseguido era incapaz de utilizar Teletransporte. Su única idea era que éste copiara la genética de Ren y se convirtiera en un Ralts, si no lo había hecho ya. Grande fue su sorpresa al observar como este se transformaba, sin previo aviso, en una criatura bastante más grande que aquella que esperaba. Una criatura amarillenta de un metro y medio de altura y aspecto raquítico lo miraba con una sonrisa perturbadora que, si bien se veía encantadora en un Pokémon inocente como lo era un Mew, era más que aterradora en un Alakazam.

    —¿¡Dónde ha aprendido-!? —masculló Alexis con un sorpresivo tono de alarma en su voz, pero Vega la interrumpió inmediatamente.

    —¿Puedes usar teletransporte? No importa si es muy lejos, busca un lugar seguro que recuerdes con exactitud.

    Su Ditto, de nombre Mew y convertido en un Alakazam, sonrió perturbadoramente una vez más, extendiendo dos brazos en dirección a ellos. Tomando aire, apretando el cuerpo de Ren con fuerza contra su pecho y cerrando los ojos, Vega le estrechó firmemente el brazo con su mano libre. Pero nada sucedió. Alexis seguía ahí parada, mirando a Mew con incredulidad y sin mover ni un músculo.

    —¿Vas a quedarte ahí parada? ¿¡Vienes o qué, capitana!? —le gritó, y ésta finalmente pareció reaccionar.

    En el momento en que los dedos de la mujer se cerraron sobre los del transformado Alakazam, Vega notó, con mucha más violencia que antes, aquella sensación de que su cuerpo se elevaba en el aire a la vez que se comprimía. Y en una violenta sacudida, cayó de cara contra el suelo, cubriéndose con el codo para no aplastar a su Ralts. A su lado, escuchó el quejido de la mujer al caer: claramente no estaba acostumbrada a andar saltando de aquí para allá.

    Se encontraban en un lugar mucho más frío que el exterior de Ciudad Efesto. Oscuro, silencioso y tenebroso: se trataba del claro en el bosque donde finalmente había atrapado a Mew. Convertido una vez más en su forma predilecta, agitó la cola con alegría al ver que Vega reconocía el lugar. Alexis también lo conocía, y estar ahí no le hacía ninguna gracia.

    —No han pasado ni cinco minutos desde que Lewis mencionó que Alseide ha estado en alerta naranja los últimos días, y lo primero que haces es transportarnos al corazón del bosque. Mira, si esto era una trampa, no creo que lo hayas pensado muy bien…

    Vega guardó silencio. Sentía que algo los acechaba desde la oscuridad. Y sin Ren, sentía como si le faltase la mitad del cuerpo. Sin ella, en lo único que podía confiar era en sus reflejos. Ahora entendía por qué parte del adiestramiento de Sabrina incluía tanto entrenamiento físico. Titubeó durante unos instantes, pero finalmente llevó su mano a su segunda Pokéball.

    —Necesito que nos cubran hasta que lleguemos a Lyses. ¿Te importaría…? — le preguntó a Alexis, señalando a su Quilava con una mano—. Nos vendría bien una mano.

    Mew dio una voltereta en el aire en señal de aprobación. Un Pokémon que había vivido en aquel bosque toda su vida, tomando muestras de todas las criaturas que vivían en él. Y un Pokémon que había estado sometido al mismo riguroso entrenamiento que ellos desde que eran niños: a pesar de su tamaño, Tey estaba más que apto para protegerlo de cualquier amenaza que hubiera allí dentro. Las llamas se encendieron en su lomo, iluminando el lugar con un débil resplandor, pero este se vio rápidamente ofuscado ante las fuertes llamas del extraño Thyplosion volcánico de Alexis.

    —Supongo que es hora de correr una vez más, capitana.

    —¿Cómo sé que no te escaparás con tu Ralts en cuanto te dé la espalda?

    Alexis era más fuerte, pero su agilidad era superior. Si alguien era el más adecuado para protegerla del daño, era ella. Y si se trataba de evitar que nadie se acercara a su guardia, él era el indicado. Se quitó la chaqueta, envolviendo a Ren en ella y se la entregó a la mujer, quien la sujetó con un trato casi maternal.

    Confío en ti. No perdamos más el tiempo.

    Ninguno de los dos tenía idea de en qué dirección debían dirigirse para llegar a Lyses. Pero para eso estaba Mew. No tardaron mucho en alcanzar un buen ritmo, ambos esquivando con destreza el mar de árboles que se presentaban en frente suyo, pero notando más y más como las criaturas del bosque comenzaban a acecharlos. La primera señal fue una sombra que salió volando para estamparse en un árbol, redireccionada por la fuerza psíquica de Mew.

    Saben que no somos de aquí.

    Le temían al fuego. Vega no se atrevía a darle órdenes, por lo que Tey trabajaba en base a lo que Alexis le ordenaba a su compañero. Se envolvía en una Rueda Fuego y rodaba de aquí para allá cada vez que demasiados destellos rojizos se congregaban en las sombras. Maliciosos y brillantes, Pokémon salvajes en cuyos ojos se reflejaban las llamas de los Pokémon de fuego. Una vez caía la noche, el Bosque de Pan parecía un lugar completamente distinto.

    A pesar de tratarse de un grupo de tres Pokémon y dos humanos, los gritos de Alexis al comandar a su Thyplosion hacía que las criaturas salvajes se enfocaran en ella más de lo normal. Progresivamente, aquella carrera nocturna por el bosque se convertía más y más en una batalla campal contra los Pokémon. Tirando del brazo libre de Alexis cuando un Pokémon se abalanzaba sobre ella fuera de su campo de visión, acertando patadas en el aire con una precisión absoluta contra cualquier monstruo que quisiera arrebatarle un mordisco al cuerpo de Ren.

    Ditto era un Pokémon fantástico. Volteándose con una amenazadora mirada en sus orbes azules, lo observó convertirse en un Eevee y quedarse atrás para elevar una potente barrera de Protección a sus espaldas, para reaparecer en la oscuridad como un Persian que corría a una velocidad demencial. Saltaba en el aire y su pelaje se convertía en plumas negruzcas, su cola en dos plumas perpendiculares a su cuerpo de las cuales emergía un destello eléctrico dispersaba a sus perseguidores con un estallido. Jamás había visto un Swellow usar un ataque eléctrico.

    Una criatura capaz de convertirse en cualquier otra a su antojo. ¿Cómo es que los Ditto no eran considerados Pokémon Legendarios? La oscuridad del bosque aflojaba poco a poco, dejando ver de vez en cuando resquicios del resplandor de la luna. Y en una última carrera, un último salto para esquivar un tronco caído, sus pies cayeron más de lo esperado, para aterrizar una vez más en el agua. Alexis fue la siguiente: al seguir sus pasos, cayó en el mismo lugar que él, hundiéndolo nuevamente para emerger a continuación entre toses y farfulleos.

    Se trataba del río a las afueras de Lyses: sólo le quedaba la ciudad por delante. Mew alcanzó a frenar a Tey con Psíquico y lo elevó del otro lado del río, pero el Thyplosion de Alexis cayó con todo su peso, cubriendo el lugar con un denso vapor. Como si el cauce fuera una barrera para ellos, las sombras de decenas de Pokémon salvajes los observaban entre los árboles. La diversidad de especies era increíble y a la vez aterradora.

    —¿En qué rayos estabas pensando? —protestó Alexis, arrastrándose sobre la costa mientras recuperaba a su Thyplosion, el cual bramaba en dirección a las criaturas del bosque—. Si querías volver a Lyses, ¿por qué no simplemente…?

    Vega la escuchaba a medias: recuperó a la inconsciente Ren de sus brazos, y luego de comprobar con gran alivio que se encontraba ilesa, se enfocó en su Ditto. Los Pokémon del bosque eran malditamente ferales. Realmente parecía que una maldición hubiera caído en ese lugar en los últimos días que había estado atrapado en Efesto.

    —¿Así que un Persian también? —preguntó, recuperando el aliento mientras se acercaban a las luces de la ciudad—. ¿Te importa si nos ahorras la caminata?

    No vas a escaparte otra vez— Alexis lo tomó del brazo antes de que este se montara en el transformado felino.

    Caminar les llevaría demasiado tiempo. Y por muy versátil que fuera Mew, dudaba que la espina dorsal de un Persian lograra aguantar a ambos. ¿Cómo diablos lograría convencerla? Y entonces lo recordó. Aquella flor solitaria, en un sencillo vaso de vidrio apoyado contra la ventana. Tomó la mano de Alexis, aquella que la sujetaba del brazo y la acercó hacia su corazón en un gesto de ruego, mirándola fijamente a los ojos.

    —Hay una plaza al frente del Hospital Privado Knowing. Tienes que confiar en mí. Responderé cualquier pregunta que tengas, pero por favor...

    Tienes que dejarme ir.

    Una figura veloz proyectando su sombra en las calles. Un entrenador dispuesto a salvar a su compañera, las fuertes pisadas de un Pokémon felino corriendo a toda velocidad en medio de la noche, clavando las garras en el asfalto para girar bruscamente a la más mínima orden de su entrenador…

    —Sabes que no puedes entrar con Pokémon. Tu Ralts era una excepción, pero-

    El guardia del hospital se sorprendió al verlo entrar acompañado de dos Pokémon más, un Persian enorme y un Quilava con las llamas en alto. Sin embargo Vega no le prestó atención. Corriendo con Ren en brazos, trepó las escaleras hacia el segundo piso de dos en dos mientras Mew recuperaba su forma original, corriendo hasta el fondo del pasillo para detenerse resbalando en la habitación marcada con el número cuarenta y cuatro.

    Abrió la puerta. Y una chica estaba sentada en la cama.

    Su cabello albino reflejando el resplandor de la luna.

    Agitando las piernas sobre el borde de la camilla.




    Podía ser un paso hacia atrás. Podía ser todo lo contrario a lo que estaban buscando. Pero el corazón no le cabía en el pecho de la emoción de verla una vez más. Apenas pudo saludarla, con un nudo en la garganta.

    —Ey, Kaz…

    Te tomaste tu tiempo, ¿eh?

    Era su familia, la persona más importante en su vida. Quiso ir a abrazarla, pero Tey fue más rápido que él. Apagando las llamas de su lomo, la embistió con la misma desesperación de una mascota que reconoce a su dueño después de años sin verlo. Un quejido salió de la boca de Karen, para ser reemplazado por una risa que comenzó ronca y progresivamente recuperó su tono natural.

    ¿Hace cuánto tiempo no la oía reír?
    —¡Me estás aplastando, Tey! Sí, sí yo también te extrañé. ¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó entre el embrollo de sábanas, ropa de hospital y pelo de Pokémon.

    Su Quilava parecía desesperado. Se aplastó contra su falda, mientras su hermana lo abrazaba con fuerza.

    —Más de tres meses. Estamos casi en mayo.

    Karen abrió los ojos con sorpresa. Sus ojos azules brillaban con la misma fuerza de siempre. Se estiró elevando los brazos sobre su cabeza, y miró sonriente a Vega, que seguía parado en la entrada sin poder moverse.

    —Tengo demasiadas preguntas —comentó señalando al Pokémon a sus espaldas.

    —Ah... No te emociones mucho, Kaz: es sólo un Ditto. Pero le decimos Mew: somos muy originales.

    Karen inclinó la cabeza un tanto confundida. Mew se acercó revoloteando hacia ella, mirándola con curiosidad. Su hermana extendió un dedo a modo de saludo, y este le respondió con ambas manos.

    —Me llamo Karen. Soy la hermana de ese inútil que tienes como entrenador.

    ¿¡Perdona!?

    —Sabes que estoy diciendo la verdad —respondió, sacudiendo la mano para restarle importancia—. Para empezar, ¿se puede saber dónde estamos? Está demasiado brillante para ser de noche.

    A través de las cortinas que claramente ella había movido a un lado, la luz de las farolas iluminaba el ambiente con facilidad. Ni siquiera necesitaban encender la luz de la mesa de noche para ver con claridad.

    —Estamos en Lyses. Es una ciudad de Aiwass.

    —¿Aiwass? ¿Dónde es eso?

    Estaba por replicar, pero se contuvo. Aquella región estaba bastante cerca de su hogar, apenas unos cuantos kilómetros al este de Kanto. Era imposible que no hubiera oído de la región. Quizás simplemente no lo recordaba: su cabeza había estado en stand-by por demasiado tiempo.

    Karen quiso insistir un rato más, pero sus ojos se desviaron hacia sus brazos. Y su expresión cambió drásticamente. Fue ella la que se levantó, un tanto tambaleante producto de no haber utilizado los músculos por tanto tiempo, para acercarse a Ren. Apoyó su mano en el pecho del Pokémon. Y dejó salir un suspiro de derrota.

    —Todavía no se ha acabado, ¿verdad? —preguntó, y Vega negó con la cabeza.

    —No sé por qué te echó de su cuerpo. Creo que las medallas tienen algo que ver con eso.

    —¿Medallas?

    Brevemente, le explicó como Ren había roto una medalla, en la cual según ella había un poder increíble. La activación de su telepatía. Los disfraces. Los parecidos con su voz. Con su forma de ser. Comportamientos tan inconscientes como agitar las piernas en el aire. Y hace casi una hora, al romper dos medallas más…

    —Entonces ella sigue ahí dentro, después de todo.

    —¿Estás segura que no recuerdas nada?

    La persecución por Ícaros. La captura en el bosque. El escape de Efesto. No recordaba nada.

    —Solamente compartimos nuestra alma, Vega—le recordó—. Emociones, sentimientos… pero nuestras memorias siguen aquí adentro —apuntó con un índice a su sien—. Las mías aquí dentro, y las de ella en su cabeza.

    —Mírala. Está igual que cuando la encontramos, Kaz. Y no recuerda nada en absoluto. ¿Cuánto crees que-?

    —¿Cómo explicas que me haya echado, entonces? Y me acabas de decir que sintió que había estado frente a ese árbol antes. Si logramos reconstruir sus memorias, quizás…

    Vega apretó el cuerpo de Ren entre sus dedos. Estaba helada. Y por mucho que su hermana le prestara su voluntad de vivir, el fondo de su corazón aún se mantenía frío como el de un muerto. Él mismo lo había notado en más de una ocasión ya. Lo único que lograría es que ambas terminen igual. Ni siquiera sabían con exactitud cómo funcionaba todo esto. Sólo ellos dos eran capaces de algo así.

    Tú sabes que se lo debo. No puedo dejarla así como así, no después de lo que él hizo por mí. Y tú prometiste ayudarme, siempre y cuando haya una opción.

    —Esto no era lo que esperaba.

    —Y yo tampoco, créeme. Pero lo que me cuentas es un avance. ¿Ha dicho algo más, algo que sientas fuera de lugar?

    Vega se exprimió el cerebro. Situaciones que no encajaban con su hermana… la obsesión con los libros. La mención a las batallas. Kaz jamás se tiraría a un río con agua helada, tampoco… y Ren odiaba sus extraños sabores de helado.

    —Su mente es un desastre, pero al parecer se está recomponiendo. Y ahora ha comenzado a echarme sin darse cuenta. Tienes una pista en aquellas medallas, ¡sabes lo que tienes que hacer!

    Su mirada era dura. Siempre había tenido aquel mal carácter. Era impulsiva y siempre decía lo que le pasara por la cabeza. Sonrió con tristeza… si tan solo él pudiera tomar su lugar. Pero ella jamás se lo permitiría.

    —No tenemos tiempo que perder. Mientras más nos demoremos, más altas son las probabilidades de que ella no despierte de vuelta. ¡No me mires como si-!

    No pudo terminar la frase. Su voz se interrumpió cuando Vega la estrechó con fuerza. Un abrazo que duró un minuto. Dos. Tres minutos…

    —No vas a poder abrazarme para siempre.

    —Puedo intentarlo.

    —¡Suéltame de una vez! ¡Me estás aplastando!

    Aunque fuera una vez más, quería oírla reír. No a la voz de Ren en su cabeza. No a la imitación de un Ditto. A ella, su hermana de verdad.

    —¿Estás segura que no quieres hacer algo antes de volver?

    —Tardaste tanto en venir que tuve tiempo hasta para darme un baño. Con eso me alcanza.

    Quería echarse a reír. Ella no se percataba de todo el tiempo que realmente había pasado. Para Karen, bien podría haber sido como levantarse a la mañana siguiente. Tanto que lo único que pensó al despertar fue en darse una ducha.

    Se recostó sobre la camilla una vez más, tapándose con las sábanas y sujetando el cuerpo inerte de Ren en sus brazos como si fuera un peluche. Estaba por irse otra vez. Y no podía hacer nada para evitarlo. Y en el último momento, su hermana extendió el brazo hacia el Quilava que se mantenía junto a la cama.

    Cuida de él hasta que vuelva, Tey. Nos veremos de vuelta antes de lo que crees, te lo prometo.




    Salió del hospital con los ojos cerrados, con la sensación de que las piernas le pesaban una tonelada cada una. Ren había recuperado su calor corporal. Pero cada vez que ella intentara usar aquella extraña habilidad que poseían los Ralts para percibir los sentimientos, encontraría aquel horripilante frío. Lo que verdaderamente había, o mejor dicho... no había dentro de ella.

    —Tengo demasiadas preguntas.

    Vega forzó una sonrisa: exactamente la misma frase, pero dicha con un tono que no podía ser más distinto. Apoyada sobre una de las farolas frente al hospital, la figura esbelta de Alexis, la capitana de la guardia de Ciudad Ícaros lo observaba de brazos cruzados. Este pasó de largo, para sentarse en una de las bancas de la plaza, mirando el cielo y dando un largo suspiro.

    —Nunca me has dicho tu nombre, ni de dónde eres.

    Deseaba estar de vuelta en Johto. Jamás haberse encontrado a Ren. La mujer se sentó a su lado, ofreciéndole un refresco a medias de una de las máquinas expendedoras. Por supuesto que su sabor favorito sería de Baya Safre. Le había prometido responderle cualquier pregunta.

    —Vega Sericci. Sí, Vega como la estrella. Nací en Johto, en Ciudad Iris.

    A modo de respuesta, ella también se presentó. Su nombre completo era Alexis Zentris de Lann, descendiente mestiza de una de las dos familias más importantes de la región.

    —¿Qué estabas haciendo en ese hospital?

    —Visitar a mi hemana. Está internada hace unos cuantos meses.

    Qué diablos importaba esconderse tanto de la gente. Sólo eran lecciones de Sabrina para que nadie se aprovechara de sus poderes. Al igual que su regla de no combatir, no eran más que medidas de precaución para que no los obligaran a participar en ninguna guerra, como habían hecho con ella hace años en el conflicto entre Kanto y Johto.

    —¿Por qué robaste una de las medallas de Lewis?

    —Al principio, por un simple capricho. Pero Ren… mi Ralts, encontró un poder en ella. Al romperla, pareció despertar de una especie de trance. Como si algo estuviera bloqueándola. Aprendió a usar la Telepatía. A hablar, a reír, a leer... A comportarse como una persona.

    Por supuesto que se comportaría como un humano. Un alma humana era lo único que la mantenía con vida. Era imposible que Alexis no se hubiera dado cuenta al tenerla entre sus brazos. Un cuerpo frío, inerte y que no respiraba. Sin pulso. Sin la imposición de su hermana, Ren no era más que un Pokémon muerto. Sabía que ella no le creería, pero se lo dijo de todas maneras. Y su respuesta no se hizo esperar.

    —¿Realmente te esperas que me trague todo eso?

    —Puedes creerlo o no. A decir verdad, lo ideal sería que no me creyeras ni una palabra de lo que estoy diciendo.

    Alexis se puso de pie, golpeando la punta de su bota contra el talón del otro pie mientras avanzaba lentamente, intercalando sus pasos y enfrascada en sus propios pensamientos. A fin de cuentas, todo se reducía a una opción. Creerle o no, por más absurda que fuera la historia.

    —Y tu plan es seguir destruyendo las medallas.

    Vega asintió. Y no sólo eso. Si Ren llegaba a sentir aquel poder de la famosa reliquia que Sogia y Scylla estaban buscando, también la destruirían. Los mitos y las leyendas de Aiwass podían irse al diablo si eso ponía en juego la vida de su hermana. Lo único que importaba era restaurar el alma de aquella Ralts.

    —Sabes que no puedo dejarte destruir una reliquia como esa, ¿verdad?

    —Y ese será el día en que nos enfrentemos de verdad, capitana.

    Lo dijo sin pensar. Realmente esperaba que Ren no necesitara destrozar aquella tiara, ya que el sólo hacerlo los convertiría en criminales a lo largo y ancho de toda la región. E incluso así, había decidido mencionárselo a la última persona a la que debía, la figura de autoridad más alta de la seguridad de la capital de la región.

    Levantó la vista para observar su reacción. Pero Alexis se había quedado estática con un pie delante del otro, sujetándose ambas manos con fuerza contra el pecho. Sus ojos brillantes solo acompañaron una débil sonrisa que escondía una profunda tristeza, mientras esta soltaba un objeto que colgaba de su cuello. Pequeño, dorado y circular. Un anillo de compromiso.

    —La verdad es…

    Quizás ya no ame esta región tanto como lo hacía antes, Vega Sericci.



    —¿Cómo terminamos de vuelta en Lyses?

    —Ya te dije que Tey quería visitar a Karen de vuelta. Mew nos llevó mientras dormías. ¿Sabías que puede convertirse en un Alakazam?

    Como si de una montura se tratase, Ren viajaba sobre su Quilava, que desde la noche anterior estaba más apegado a ella que nunca. Según Scylla, el conflicto en Efesto se había solucionado y podía transitar la ciudad sin problemas ahora. Sin embargo, ahora tenía un motivo más para regresar.

    —Allí arriba, Ren. Puede que necesite un poco de ayuda.

    —¡A la orden! —respondió esta con excitación.

    El viento arreciaba con fuerza en el Muro de los Tiempos. Y Taena Ericksen se encontraba allí, cruzada de brazos contra uno de los pilares. Atravesar el gimnasio. Enfrentar a los numerosos entrenadores del lugar hasta llegar a la cima y tener una batalla allí arriba.

    No iba a seguir sus reglas.

    Él jamás había tenido entrenamiento de combates Pokémon. Y ella elegía el lugar. Los Pokémon. El estilo de batalla. Los años de práctica. Todo por una medalla que sería destruida al final del día. Si tenía que vencerla, lo haría con sus propias manos. Ella jugaba con ventaja, así que debía igualar el terreno. Usar sus propias habilidades a su favor.

    —Te dejo a cargo, Ren.

    Una medalla la había despertado. Dos habían logrado echar a Kaz de su cuerpo. La próxima vez necesitaría tres. Apoyó una de sus manos sobre la cabeza de su inicial ante la mirada despectiva de la líder de gimnasio, la cual enviaba a su Pokémon al combate. Seguramente el hecho de que saltara sus condiciones para conseguir la medalla la ofendía de sobremanera.

    Vencer a Taena y obtener la Medalla Navaja. Abrir la Puerta del Cielo y llegar a Narciso.

    Se sentó en el suelo. Ren se colocó delante de él en posición defensiva. Y un Pokémon saltó con firmeza para enfrentar a su oponente. Un Quilava cuyos irises destellaban con el brillo azulado de los ojos de su entrenador, las llamas en su lomo ardiendo con una fuerza bestial.

    Una criatura encontrada sin alma.

    Y dos almas en una misma criatura.



    6 y media de la mañana, hoooly shit. Sí, Gold Plushy Berry Kiwi van a tener que leerlo de nuevo porque redacté de vuelta toooda la primera parte (esta vez con ganas, y no pensando en el fucking word y sus crasheos mágicos, así que ahora estoy conforme). Y hay una escena más entre medio, y mucha reescritura y bla bla bla me voy a dormir.
     
    Última edición: 15 Febrero 2019 a las 6:47 AM
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  8. Threadmarks: Capítulo 3-Blake
     
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    El rey de las coincidencias


    Quizás después de todo, su madre tenían razón.

    Era irrisorio el hecho de que cuando se emocionaba respecto a algo, la vida, el destino o tal vez una deidad que gozaba de ver sus esperanzas destruidas, siempre terminaba por darle la razón a su progenitora. ¿Cuanto tiempo es que había estado en Aiwass hasta entonces? ¿Unas cuantas semanas? Y ahora era sospechoso de un crimen y estaba privado en cierta forma de su libertad. No podía salir de Efesto por méritos convencionales, aunque tampoco es como si tuviera ganas de intentarlo gracias que las palabras de la líder de la ciudad habían sido más que suficientes para acabar con cualquier impulso de idiotez.

    No podía aspirar a la medalla como el resto de sus compañeros, pues carecía de las habilidades necesarias para ello. Peor aún, estaba consciente que aún de poseer tales habilidades no sería reto para aquella estoica mujer; de hecho, uno de los recuerdos que más tenía presente cuando era un adolescente era haber visto un enfrentamiento de su hermana contra Taena. El reto consistía en luchar contra todos los aprendices del líder de gimnasio de forma consecutiva, sin descaso entre enfrentamientos; si el retador lograba pasar las pequeñas barreras de acero que significaban los peones, entonces pasaba a luchar directamente contra Erickesen de forma inmediata; así, cansado, estresado y herido, subías al último piso de la fortaleza de Ignis para batirte en duelo contra el líder en una plataforma móvil, sometiéndote a cambios de presión y movimientos bruscos.

    En esos ayeres, la líder era mucho más joven que ahora, pero no por ello más inmadura o menos estricta; prácticamente Ericksen simplemente había cambiado un poco en apariencia, porque su actitud seguía tan inquebrantable como siempre. Y sin duda alguna, el reto que había permanecido inmutable de generación en generación era una prueba innegable del legado, forjado a base de fuego y sangre, que cargaba la ciudad y su gente.

    Efesto se caracterizaba por muchas cosas; su gente incorruptible, su fama como fortaleza impenetrable, pero lo que más permanecía grabado en la memoria colectiva de todos aquellos que escuchaban el nombre de la ciudadela, era sin duda el gran desafío que imponía su gimnasio.


    Así que era normal que Scylla buscara entrenadores con el suficiente potencial y la suficiente capacidad para poder enfrentar un desafío así y tener posibilidades más a favor que en contra de ganar contra Taena. Pero Blake se había esperado un número mayor al actual; la mujer solo había escogido a dos entrenadores de entre todos los candidatos disponibles, excluyendolo a él, claro está. Vega, aquel chico que por alguna razón poseía demasiada suerte, y Anansi, la chica del Swoobat que decía que era un Zubat.

    Había hablado con ambos de forma breve, una conversación más extraña que la anterior, y había notado que ambos poseían la medalla vínculo por parte de Sogia. Por puro descarte quedaba claro que no la habían conseguido en una batalla, sino en el examen, por lo que habían estado bajo un considerable estrés al estudiar y buscar patrones. Un test no era lo mismo que una batalla, pero dicha capacidad se podía entrenar para poder lidiar con situaciones similares al mismo tiempo que fortalecían a sus criaturas para crear resistencia ante enfrentamientos consecutivos.

    El resto de los entrenadores que los habían acompañado se habían rendido casi inmediatamente encuanto se encontraron atrapados, incluso rehúsandose a siquiera investigar quienes eran los verdaderos culpables. Si bien aquello debió haber levantado sospechas, estas fueron descartadas después de una rápida revisión en el Centro Pokémon.

    Y él no era mejor que aquellos cobardes y holgazanes, quienes seguro se encontraban en su cuarto no haciendo más nada que ver televisión por cable y alimentar a sus criaturas, pues desde que ingresaron, no los volvió a ver salir.

    No podía llamar a su madre y contarle la situación, pues era muy malo para mentir descaradamente, mas no tanto para omitir la información necesaria, pero en una situación tan precaria como ahora, su madre seguro se enteraría de sus trucos; tampoco era de los priviligiados que podían entrenar con Scylla, dado que carecía toda habilidad estratégica y el poder de fuego necesario. Y si bien queria salir a explorar la ciudadela, no quería que esa fuera su única actividad del día.

    Deberías reestablecer el vínculo con tu Pokémon...

    Volteó entonces a ver a Yatsu, quién se encontraba entretenido usando sus garras para sacarle el relleno a una de las tantas almohadas que había en la habitación; desde que se alojaron, las únicas actividades que hacía su Pokémon eran dormir o romper cualquier objeto afelpado y sacarle todo lo que tuviera dentro. Afortundamente, las enfermeras hasta el momento no le habían cobrado por los materiales que su Sneasel destrozaba comodamente.

    Sin embargo, aquel nivel de actividad tan estático lo estaba comenzando a fastidiar y su moral le impedía quedarse sentado mucho tiempo sin hacer nada. Así que, mas por obligación que por gusto, se levantó de la cama y tomó a su Sneasel para comenzar con su investigación personal; en dado caso de quedarse estancado con alguna pista, podría comenzar a volver a entrenar con sus pokémon, que buena falta les hacía; estaba cansado de que sus batallas siempre terminaran con el mismo resultado: derrotado en apenas pocos movimientos, creando lástima y preocupación por su precario desempeño.

    Era coordinador sí, su especialidad era hacer combinaciones vistosas para apantallar a un público general y jueces, pero estaba cansado de que lo despreciaran por su profesión y asumieran que pelear era una actividad demasiado salvaje y complicada para sus estándares.

    Aparte de coordinador, primero era entrenador y debía comenzar a demostrarlo si quería dejar de ser visto como un chico raro.

    Cuando salió se encontró con una curiosa escena de batalla. Anansi y Scylla se encontraban en lo que parecía ser una pequeña pelea de calentamiento; el Misdreavus de la chica contra el Swablu de la líder. Blake recordó como esa pequeña bola de plumas no tardó en someter a su Sneasel cuando retó a Scylla aquella noche, y una parte de él tenía miedo de volver a repetir lo mismo si se acercaba y ambas mujeres lo notaban.

    No obstante, había algo en ese entrenamiento que le parecía sumamente hipnótico; quizás en parte era admiración por ver a la fantasma desenvolverse tan fluidamente en la batalla, quizás era ese deseo latente de querer ser mejor, pero algo lo impulso a acercarse cada vez más y más para poder observar de forma más detallada todo lo que se estaba llevando a cabo en la improvisada arena.

    Scylla no pareció notarlo, pero Anansi sí, y aunque no dijo nada para hacerlo notar, Blake supo que tratar de pasar desapercibido ya no era opción.

    —¿Qué están haciendo?—Preguntó tratando de sonar inocente, pero la mentira era demasiado transparente.

    Por suerte, Frey no fue la que respondió sino Nancy.

    —Entrenando, ¿nos ayudas?— Ofreció con una sonrisa. Scylla no pareció objetar, mas Weiss se sentía como un pequeño entrometido que no tenía que hacer nada ahí.

    Pero quería mejorar y la única manera de hacerlo, era entrenando. ¿Y que mejor que entrenar en compañía? Así puliría sus oxidadas habilidades mucho más rápido que peleando contra un montón de troncos.

    Antes de que pudiera responder afirmativamente, Yatsu no tardó ni un segundo en saltar de su hombro y lanzarse con sus garras afiladas contra el Swablu.

    Blake suspiró.



    2​

    Estaba agotado tanto física como mentalmente, no recordaba que crear estrategias fuera tan complicado, aunque debía de habérselo esperado en un combate tipo Battle Royal. No solo debíaa cuidarse de los ataques de Scylla, sino también los de Anansi y a veces de ambas a la vez en una especie de ofensiva combinada.

    A pesar de que cayo varias veces, no lo dejaron marcharse tan fácilmente, mas Anansi que la líder de gimnasio por su puesto. En parte Blake debería agradecerle propiamente después, ya que aquello ayudo a que Yatsu pudiera volver a retomar la velocidad natural de su especie. Debió haber imaginado que años de presentaciones mayormente estáticas, harían un da;o tan terrible en las piernas de su Sneasel; entumiendolas casi totalmente, solo sirviendo como meros apéndices para caminar a paso regular -y ni de forma constante, pues Yatsu tenia que ser cargado después de recorrer una distancia mas o menos extensa-.

    Había sido un mal entrenador toda su vida, persiguiendo los sueños de alguien mas, descuidado a sus criaturas, negándose a entrenarlas y fortalecerlas, siguiendo los estereotipos da;inos de que no debia luchar ya que eso no era propio de su profesion. Escuchando quizas a las personas equivocadas.

    Había probado un poco de lo que eran las "soluciones" del mundo real. La violencia, aunque muchas veces innecesaria, era parte fundamental de su mundo, de una u otra manera. Y aprender a luchar imprescindible para la supervivencia: eran tiempos de paz, sí, pero había mucha maldad en el mundo, gente que no dudaría ni un segundo asesinarte con sus pokémon si tuviera la mas mínima oportunidad, sin importarle si solo eres un estúpido showman que no hace nada mas en su vida que entretener a los sectores mas privilegiados.

    Por eso adopto la nueva resolución de entrenar todos los días, aunque no estuviera acompañado, se hizo el propósito de vigilar a Vega y Anansi en sus entrenamientos con Frey; observar sus movimientos, sus tácticas, tratar de imitarlos por su propia cuenta.

    Si Scylla los había escogido, es porque algo estaban haciendo bien.

    Sin embargo, no quería verse como un acosador ni mucho menos, después de todo, el fin de seguirlos era con fines científicos y prácticos, nada más, así que tendría que ser sumamente prudente con las distancias que tomaba para así poder tener una buena vista, y a la vez, estar lo suficientemente alejado para no ser notado.

    Los siguientes días no fueron muy buenos con él, pero no todo fue trabajo perdido. Había comprando una cámara barata en la ciudad, incapaz de reproducir sonido y con una calidad de imagen bastante mala, pero distinguible, y la había atado al cuello de su Staravia. Cuando Alpha sobrevolaba la ciudadela en busca de Vega y Anansi para poder ubicarlos para su entrenador, regularmente regresaba con vídeos extraños; pocos eran de una rutina de entrenamiento formal, la gran mayoría eran sobre charlas que no podía oír y acontecimientos extraños, como Anansi hablando con Taena.

    Y entonces recordó que una de las razones por las cuales se encontraban atrapados ahí, era por el hecho de que la líder de Efesto consideraba que ellos habían un artefacto sagrado; pero sin pruebas que los encarcelaran, ni pistas que llevaran hacia los verdaderos ladrones, era difícil ver cualquier otra solución a simple vista que no fuera pelear.

    Quizás después de otra sesión de entrenamiento, podría ir a investigar más a fondo ese caso. Le llamaba la atención que se pudiera cometer un robo en una ciudad que tenía fama de fortaleza impenetrable.

    Tenía que haber sido algo desde adentro, ¿no?



    3​

    —Creo que ser Sherlock Holmes no es lo mío.—Dijo con desgano.—Nadie dice nada, nadie sabe nada…

    Había optado por un toque más novelesco al acercarse al problema, interrogando gente y algunos guardias que tuvieran la suficiente disposición para responder sus preguntas, pero nunca encontraba nada. La población de Efesto se veía sumamente confundida cuando les mencionaba el robo de un artefacto, otros inclusos se reían ante tal estamento ridículo. Los guardias eran un poco más amables, pues solo ellos tenían conocimiento de la situación, pero se ofendían si Blake trataba de “presionarlos” al insinuar que ellos pudieron haber tomado parte del robo. Ninguno lo golpeó, pero si terminaban la conversación de forma sumamente brutal antes de que pudiera preguntar algo más.

    —Nunca vas a encontrar nada si solo le preguntas a los lugareños, muchacho.—Comentó alguien a lo lejos. Cuando Weiss se volteó, divisó a un hombre de aspecto descuidado con un overol de mecánico limpiándose las manos de aceite.—La gente de Efesto es incorruptible; preferirían morir antes que cometer un crimen o incluso aceptar sobornos.

    Blake sentía que aquel hombre se le hacía extrañamente familiar, pero no lo lograba ubicar. Para él, ese sujeto podía pasar sin ningún inconveniente como un mecánico cualquiera de Efesto, pero no se veía que fuera oriundo de ahí; en primera, lo delataban sus maneras, que, aunque corteses, distaban mucho de ser una cortesía frívola. Su porte además se veía mucho más relajado, lejos de las posiciones estoicas del resto de los ciudadanos. ¿Venía de fuera como ellos?

    —Los humanos no somos incorruptibles, todos tenemos nuestras fallas. Sé que no debería generalizar, pero todos tienen un punto débil. En mi región natal se habla mucho de un tal Equipo Galaxia y...

    El extraño esbozó una pequeña sonrisa y levantó un dedo para indicarle a Weiss que debería callarse.

    —No todos tienen las mismas debilidades, chico. La gente de aquí es así por todas las tragedias que ha tenido que vivir. Sin embargo, esa misma vida los vuelve cuadrados y poco tolerantes.—Se recargó en una pared y soltó un pequeño bostezo.—Son demasiado paranoicos con los extraños, pero son parte de una sociedad y saben que no pueden aislarse, así que los dejan entrar, aunque por dentro juzgan cada uno de sus movimientos.

    —¿Cómo sabe todo eso?

    —No es gran ciencia, muchacho. Solo tienes que aprender a ser observador. Se vuelve fácil con gente que no expresa muchas emociones, pequeños gestos que llegas a notar.—Se señaló a si mismo.—Llegué aquí hace poco, me contrataron para reparar una de las máquinas de la ciudad, dado que uno de sus hombres enfermó gravemente. Mis compañeros no lo dicen en voz alta, pero sé que no estoy a la altura de sus estándares. Noto como hacen pequeños gestos de desagrado cuando no sigo a rajatabla sus procedimientos, o cuando no configuro bajo ciertos pasos alguna maquinaria.

    —Debe ser muy bueno en lo que hace para que no lo hayan despedido mientras está aquí.—Comentó Blake.

    Por una fracción de segundo, Yakov se sintió bastante ofendido porque el chico no lo hubiera reconocido para nada, yendo tan lejos para tragarse esa mentira tan básica que le había contado. Sin embargo, quizás aquello era mejor para él a largo plazo; si nadie le prestaba verdadera atención a su presencia, hacer y deshacer cosas sería mucho más sencillo, aunque no podría bajar la guardia completamente de todos modos; la expedición era más tonta de lo que creyó en un principio.

    Sin embargo, optó por seguir el juego. Cerró los ojos y se relajó, una pequeña sonrisa maliciosa adornó de sus facciones, pero Weiss no lo notó en lo absoluto.

    —Si funciona, funciona, ¿no?—Dio unos cuantos pasos y se recostó en una banca.—No sé lo que estás haciendo o buscando, pero trata de buscar fuera de la caja.

    —¿Disculpe?

    —Ya te dije, los de adentro son gente inquebrantable. Pero esa regla no aplica para la gente de afuera; ¿por qué crees que son tan desconfiados?




    4
    Le tomó algún tiempo procesar las palabras de aquel desconocido. ¿Gente de afuera? Él no conocía la ciudad, así que todo le parecía que encajaba perfectamente, pero lo cierto era que había cierto grupo de personas bastante amables y dispuestas a ayudar que pertenecían a un culto del que no había oído hablar jamás. Hermanos de la Ley, parecía que se hacía llamar.

    No se había percatado de ellos porque, a sus ojos, eran iguales a cualquier otro ciudadano -a excepción de la estrella de ¿seis? Picos que parecían cargar siempre a todos lados-, además ellos no se acercaban a nadie para entablar conversación, respetando los límites y el espacio personal de cada individuo.

    Caminaban de un lado a otro, siempre sonriendo, siempre en silencio, hasta que alguien se dedicaba a pedirles cualquier cosa -información, direcciones, incluso había quienes los tomaban de consejeros personales- era cuando podían al fin hablar. No hablaban de su fe abiertamente ni molestaban a los transeúntes para adoctrinarlos en su religión; no cuestionaban otras creencias, no tenían ceremonias aparatosas.

    Solo eran gente normal con atuendos raros y gran gusto por ayudar al prójimo.

    En la opinión personal de Blake, el culto ideal. Utópico.

    Así que decidió probar suerte con una de las chicas que se encontraba dandole de comer a algunos Aivorn salvajes para hacer su sesión de “preguntas”. Aunque debía pensar minuciosamente en cada una, no podía cometer los errores anteriores. Sacudió la cabeza ante tal pensamiento idílico; era un muchacho común y corriente, no un niño jugando a ser detective, así que su mejor iniciativa sería actuar normal, como si fuera cualquier otro día en su vida.

    Aunque si era sincero, sí tenía una curiosidad sobre el culto. Bajo su poca experiencia en la vida, nada podía ser así de bueno y debía tener varios huecos en sus mandamientos para engatusar a la gente más susceptible a creer en tales patrañas.

    —Disculpa, ¿eres de los Hermanos de la Ley, cierto?—Preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca, ganándose la atención de la chica de forma casi inmediata. Ella le sonrió y le dio varias palmadas a los Pokémon bebé antes de dirigirse a Sigurd.

    —Sí, ¿en qué puedo ayudarte?

    —¿Podrías hablarme más sobre su… religión? Me causa sincera curiosidad. No recuerdo haberlos visto en Lyses.

    —No somos una religión, ni un culto.—Ella rió.—Es más un estilo de vida. “Haz todo lo que quieras, esa es la única Ley”.

    —¿Eh? ¿Entonces porque tienen templos en la ciudad?—Interrogó el pelirrojo, contrariado. Un estilo de vida no debería tener templos religiosos, o como sea que llamaran esas estructuras. Era demasiado… extraño.

    —No son templos, son más sitios de congregación. Dado el creciente número de hermanos que hemos tenido en los últimos años, había que tener edificios para albergamos a todos.—sonrió.—Ayudamos a quién lo necesite y muchas veces eso implica llevarlo a un lugar seguro para poderlo tratar o darle refugio, así que esa sería su otra función.

    —¿Por qué no hay de sus… sitios de reunión en Lyses?

    —No somos invasivos; vamos a donde nos quieren, nunca forzamos nada. Hablamos de nuestra “fe”—entrecomilló lo último entre sus dedos para hacer resaltar que no lo decía en serio.—si quieren escucharnos, son libres de hacerlo. No queremos que nadie se condicione a nada. Los Frey no ven con buenos ojos la “religión”, son mas hombres y mujeres de ciencia, así como los Lann; sin embargo, los Lann son mucho más flexibles. Mientras seamos buenos ciudadanos y contribuyamos a la ciudad, ellos nos facilitan el acceso a muchas ciudades para nuestra congregación.

    Blake parpadeó, confundido. No entendía la relación de los De Lann con el hecho de que pudieran establecerse en otras ciudades, ni tampoco el hecho de que los Frey no los aceptaran del todo. Quería pensar que era una extraña manera de sintetizarlo todo, porque de otro modo, sonaba a que la región estaba en una división fría entre dos de las familias más poderosas; como si fueran pequeños feudos al servicio de un diferente señor.

    Y se rehusaba a creer eso, pues eran tiempos de paz, no una absurda historia acerca de juegos de poder e intrigas políticas. Las épocas de guerra y clanes habían quedado en el olvido hacía ya varios años, enterrados miles de metros bajo tierra de nuevas eras para la humanidad.

    Ojalá hubiera conservado esa inocencia en los meses posteriores…

    —Entiendo.—Mintió, en realidad no lo entendía, pero era mejor decir algo para “zanjar” la conversación.

    No sabía como proseguir, ¿cómo acorralas a alguien para que te diga la información que necesitas? No podía preguntarle directamente sobre el prototipo robado porque no sabía en primer lugar ni para que servía ni como era. Y quizás era su paranoia hablando, pero no quería que la chica, en caso de ser alguna “espía”, fuera a avisar al resto de los posibles involucrados.

    Tampoco podía decirle si sabía algo de la situación en general que acontecía en el gimnasio. No era como si el resguardo del artefacto se hubiera hecho de forma pública, ni se hubiera anunciado la pérdida del mismo. ¿En que posición hubiera dejado aquella información a su líder?

    La cabeza le dolía, le estaba dando muchas vueltas al asunto y no tenía una respuesta clara. Estaba en ceros, solo con la frase al aire de un mecánico de apariencia desaliñada.

    Ugh… esto de ser investigador no era definitivamente lo suyo.

    Sin despedirse, Blake simplemente se giró y comenzó a caminar, tratando de lidiar con la maraña de pensamientos que tenía en ese momento.

    4​

    —¿Tuviste suerte, chico?

    Horas después se volvió a encontrar con ese extraño hombre familiar, quién ahora bebía sin pena ni gloria una pequeña lata de cerveza. Wallace lo vio apenas de reojo y negó de forma sutil.

    —No estoy llegando a nada.

    —No tienes que serlo, solo tienes que saber qué estás buscando.

    —Ese es el problema, no sé lo que estoy buscando. ¿Qué forma tiene? Estoy perdido.

    —¿Tienes su nombre?

    —¿Disculpe?

    —El nombre de lo que buscas. No podrá ser mucho, pero hay una pequeña biblioteca al norte de la ciudad; libros viejos que hablan de leyendas mayoritariamente pero otros tantos de temas interesantes, tecnología, desarrollo, economía. Quizás alguno te sirva.—Le dio un sorbo a su cerveza.—Y una vez que encuentres en papel lo que buscas, te sugiero que abras mas tu mente.

    —A veces me pregunto porque sigo hablando con usted, no le entiendo nada.

    Él extraño hombre rió y agitó la lata.

    —Lo sabrás en dado momento.



    5/center]

    «El anillo de la victoria no lleva su nombre por su grandioso poder, ni por invocar ejércitos invencibles. El anillo sólo sirve como vínculo a su portador, vínculo a una gran cantidad de conocimiento, demasiada para un humano. Se dice que el anillo posee toda la información del mundo, pasado, futuro y presente.

    Y quién quiera que lo porte, será invencible si no cae a la locura en el proceso»

    Lo que tenían era un prototipo de dicho legendario anillo. No tendría todo el conocimiento del mundo, pero imaginó que igual tendría un montón de información clasificada que nadie debería saber.
    El prototipo entonces no solo era importante por la tecnología usada para crearlo y los millones que se desperdiciaron en un mecanismo similar a aquel artilugio de leyenda, sino que poseía secretos que ninguna de las dos familias involucradas debería poseer. Al ser un experimento de los De Lann, los Frey eran los más sospechosos, al parecer aquellos dos tenían un conflicto que dificultaba que pudieran confiar cien por ciento en el otro bando y mientras hubiera la más mínima posibilidad de traición por parte de alguno de los bandos, la tensión era palpable.

    Por ello Taena no confiaba en ellos. Por ello al entrar a la ciudadela fueron inmediatamente tachados y retenidos.

    En cuanto aquello pasó por su cabeza, Blake fue para hablar con Taena para tratar de apaciguar su paranoia; y, de paso, ir limpiando poco a poco su nombre.

    No tuvo que hacer mucha labor de convencimiento, pues al parecer otras dos compañeras se habían acercado a la impetuosa líder para dialogar la situación, así que Taena lo aceptó a regañadientes como uno más de los que querían ayudar a esclarecer todo el asunto.

    Pero no sabía si era el cansancio o el hecho de quizás dar vueltas en círculo, pero Sigurd comenzó a ver pequeñas manchas blancas en forma de diversos Pokémon por aquí y por allá en toda la ciudadela; al principio creyó que era un Frosslass, pero en sus diversas “visiones” la mancha tomaba una forma completamente diferente: a veces era un pequeño pikachu, otras un pequeño cubchoo, otras un swinub. Últimamente la veía más y más, como si lo estuviera siguiendo a todos lados, como una especie de aparición.

    Efesto, a pesar de su cercanía con Narciso, carecía de pokémon de tipo hielo en la zona; no era para menos, pues el terreno no propiciaba para nada su aparición. Era un terreno rocoso, mayormente templado y en temporadas demasiado caluroso, que vivía del metal y forjas. Había metal y fuego por doquier, no era un lugar agradable para cualquiera que estuviera acostumbrado al frío.

    Y seguía a su aparición, su instinto le decía que la siguiera, una especie de necesidad. Sin embargo, siempre desaparecía. Se desvanecía en el viento, como si nunca hubiera estado ahí, pero debía de admitir que cada vez que eso pasaba, encontraba una pequeña “pista”.

    Mas no lograba conectar los puntos.

    Se había encontrado con un pedazo de capa rota, vendajes, incluso una cuchara muy parecida a las que usaban los Alakazam.

    Con eso se hizo a la idea que los ladrones estaban heridos y cansados en su mayoría, y que tenían un Alakazam, también que estaban encapuchados, pero no por ello eso le daba una idea de donde podían estar ubicados.

    Hasta ese día en específico.

    6


    Hacía mucho que su Sneasel no paseaba con él, técnicamente habían sido solo unos cuantos días, pero Blake se había acostumbrado tanto a la presencia de Yatsu que se le hacía extraño no tenerlo fuera todo el tiempo. Los entrenamientos lo habían dejado exhausto, pero iba fortaleciéndose cada día. Si la suerte corría a su favor, quizás a Yatsu ya se le diera por hacer algún ataque de hielo.

    Aquel día Sneseal si bien había quedado cansadísimo, todavía le quedaba energía para pasear con su entrenador por las calles de Efesto, acompañándolo en su investigación absurda. Los lazos entre ellos no habían sanado por completo, ni de cerca, pero Yatsu se sentía mejor en presencia de su entrenador y comenzaba a respetarlo, como antes.

    Una pequeña sombra blanca irrumpió su paz, pasando entre ellos como si fuera un bólido. Los golpeó de forma leve antes de seguir avanzando, confirmandole a Blake no era una simple alucinación lo que veía, sino que era algo real. Sneasel salió primero que él detrás de la extraña mancha blanca mientras su entrenador lo seguía a unos metros más atrás.

    Yatsu no había recuperado del todo la agilidad y velocidad de su especie, pero se acercaba a esa meta poco a poco. El pequeño blanco era absurdamente rápido, por lo que Yatsu hacía acopio de toda su fuerza restante para darle caza. El instinto de se apoderó tanto de él como de su entrenador, y no podía dejar pasar la oportunidad de atrapar a ese extraño ser que había cautivado su atención en tan pocos minutos.

    Vio a la extraña forma escalar por unos edificios y meterse a una venta, él no tardó en seguir sus pasos.

    Y Blake los de él.

    Para cuando Blake se trepó a uno de los ladrillos de la pared del Centro Pokémon, tratando de escalar hacia la ventana, el muchacho sintió una pequeña onda de oscuridad golpeándolo, seguido de una onda expansiva de frío. Escuchó golpes y vio un destello.

    Para cuando cayó, producto de perder el equilibrio por tan extraño despliegue. Los guardias de Efesto iban acercándose al edificio.
    Escuchó más gritos y lo último que vio fue a Yatsu salir de la ventana antes de desmayarse por el golpe.


    7



    —Yukio, tratamos de pasar desapercibidos, no de atraer a la policía.—Murmurró Yakov detrás de una una pequeña banca, escondiéndose. Su Frosslass había escapado en el tiempo justo de aquella habitación. Sin embargo, ese no había sido el plan en lo absoluto.—Al menos conseguiste un conejillo de indias perfecto.

    Su Frosslass permaneció inmóvil, viéndolo fijamente con las manos en la cadera, como si le estuviera recriminando algo, pero Yak no le prestó atención.

    —Hiciste un buen trabajo en guiarlo. Hubiera sido mejor si le hubieras creado esquizofrenia y hubiera sido el motivo perfecto.—Chistó. No había obtenido nada, pero tampoco había salido perjudicado gracias a las vueltas de su femme fatale, así que por él podía darse por bien servido.


    Yakov introduje a tu pj
    Kiwi el post que debía, ahora escribo el que me falta.​
     
    Última edición: 16 Febrero 2019 a las 4:18 PM
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  9. Threadmarks: Capítulo 4-Blake
     
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    Acampar en un terreno frío y desolado era una nueva experiencia para él, considerando que desde que empezó su "viaje pokémon" rara vez se quedaba en la intemperie. Siempre había visitado los centros de hospedaje mas lujosos en Sinnoh, y cuando salió de la región para poder seguir adquiriendo el conocimiento necesario para sus presentaciones, las camas limpias y cómodas del Centro Pokémon siempre estaban disponibles. Su madre siempre le había negado esa experiencia fundamental que todo niño debería tener alguna vez en su vida y, en consecuencia, su cuerpo estaba demasiado acostumbrado a la comodidad que no podía dormir en una pequeña cama improvisada a base de cobijas gruesas y un colchón hecho a base de ropa.

    Le sorprendía las condiciones tan precarias en las que se encontraban; un nombre tan famoso como los Frey debería de poseer muchísimos recursos para gastar en una expedición tan importante como aquella; peor aún, con dos miembros de la ilustre familia guiando la expedición, los materiales,equipos y demás deberían haber sido de la mejor calidad. Sin embargo, los vehículos se habían averiado, los recursos eran risibles y no tenían equipo especializado para localizar la famosa tiara.

    Para rematar, el hijo de uno de los Elites y heredero de los de Lann se había unido a la expedición. Blake no conocía al chico, tres años mayor que él, así que realmente no tenía una opinión formada, pero sentía como si el ambiente se hubiera hecho muchísimo más incómodo desde su llegada. Lewis era amable con todos, incluso Sogia y Scylla, pero estos no parecían tragarse la fachada de aquel muchacho.

    Blake se preguntó que suceso fue tan importante para fragmentar a dos familias que ayudaron al crecimiento de Aiwass de esa manera, tratando de que su mente se imaginara los escenarios mas pintorescos aunque imposibles para entretenerse un rato. La noche le parecía eterna en esas montañas gélidas y mañana le esperaba un día pesado, por lo que tenía que aprovechar para dormir lo más que pudiera si no quería desmayarse del cansancio o ser presa fácil para los fantasmas. Lo mejor que se le ocurrió para tratar de conciliar el sueño era fantasear sobre los juegos de poder y política que tanto le aburrían para adormecerse.

    Vega había desaparecido completamente a sus ojos. Quizás por ello Koiso se había calmado en sobre manera y ya no se sentía esa aura asesina sobre ella cada vez que veía al otro chico. Si Sericci los hubiera seguido, estaba seguro que el ambiente hostil se hubiera tornando sumamente pesado y desagradable para todos los presentes; pues la programadora no cesaría hasta probar que sus delirios eran ciertos y la situación entre los líderes de gimnasio no sería mejor.

    Se giró sobre sus sábanas y pensó que una lucha entre esas dos potencias sería devastadora para la región, pues eran los principales “poderes” de la misma. De haber un choque la región no solo se fragmentaría, sino que también se volvería una región desolada como lo eran ahora las ruinas de Narciso. Dos potencias imparables harían añicos todo a su paso y no tendrían piedad de nadie con tal de matarse los unos a los otros.




    Se imaginó que la causa del conflicto se pudiera haber debido a un matrimonio que salió mal entre las dos ramas, o tal vez que los Frey hicieron un descubrimiento que no quisieron compartir con los De Lann, quizás estos últimos desarrollaron un artefacto en secreto para matar a los Frey y que ellos fueran la única potencia, pero los Frey se enteraron de ello.

    En su mente pasaba toda una película ficticia donde había espías, armas de fuego y entre medio organizaciones malvadas que se aprovechaban la vulnerabilidad de la región para hacer sus fechorías. Se rió por lo bajo de sus estupideces, pero al menos se alegró de que darle tantas vueltas a un asunto que no le convenía en lo más mínimo lo estaba haciendo quedarse dormido.

    Lo último que pasó por su mente, segundos antes de entregarse a Morfeo, no fue una escena ficticia, sino el recuerdo de hace unos días: como caía mientras veía esos fulgores extraños salir de la ventana.

    Los ladrones siempre habían estado entre ellos en el Centro Pokémon, y nunca lo notaron hasta el final de la semana, cuando después de ese espectáculo de luces, los guardias de Efesto se conglomeraron para recuperar el objeto perdido.

    Taena tenía razón en cerrar las puertas de la ciudad aquella vez. Pero Blake no fue lo suficientemente afortunado para ver quienes eran al caer inconsciente segundos después del arresto, así que solo podía esperar y confiar en que la líder no había tenido razón con ellos; de los entrenadores que habían desaparecido de la expedición por cuenta propia no tuvieran nada que ver con el robo del Anillo.

    Todo era sumamente extraño.

    2​


    —¡Oye! ¿Por qué la cara tan larga? Estas formando parte de un descubrimiento magnífico.—Le dijo Lewis de Lann, sacando a Blake de forma súbita de sus pensamientos.

    —Me desperté en la madrugada por varios ruidos extraños que alteraron a mi Sneasel, después no pude volver a conciliar el sueño.—Respondió el pelirrojo dando un bostezo al final.— No está acostumbrado.

    El comentario tomó por sorpresa al líder de ciudad Ícaros, quién arqueó una ceja ante ello.

    —¿Los Sneasel no están acostumbrados al frío?

    — Él nunca fue salvaje, mi madre lo consiguió de un criadero de renombre cuando me lo obsequió. Fue mi primer pokémon.

    Lewis esbozó media sonrisa y le dio una palmada en el hombro.

    —No tengo nada en contra de que te regalen pokémon, pero deberías tener una verdadera experiencia capturando uno salvaje. ¿Cuanto llevas viajando?— Preguntó tratando de sonar lo más interesado posible.

    —Desde que tengo diez salí de viaje. Pero para mis concursos, mi madre me prestaba sus Pokémon para poder competir.

    Lewis gruñó por lo bajo al escuchar aquello.

    Lewis había ido por petición de su padre, quién sospechaba que los Frey querían hacer algo más ahí que obtener una Tiara legendaria. Lewis tenía el mismo sentimiento, y bastó echar un vistazo al campamento para confirmarlo; poco personal, poco equipo, era como si los Frey simplemente estuvieran haciendo un simulacro de expedición en vez de algo real y tangible. Tenían los recursos, estaban a la par de científicos con su familia (quizás ellos tenían unos pocos más, considerando que todos ellos eran estudiosos y eruditos) entonces ¿porque no utilizarlos? Parecían querer llevar a esos chicos hasta el límite, ver sus capacidades, su ingenio.

    Como si fuera un entrenamiento.

    Como si estuvieran preparando “soldados” para una inminente guerra.

    Él sabía que las cosas no andaban bien, que la tensión entre ambos crecía de forma exponencial a cada hora. Solo faltaba una chispa para incendiar todo aquello, para propiciar la caída.

    El anillo casi había sido esa chispa.

    Pero actuaron rápido, aunque no tanto como hubieran querido. Si bien las acciones de Taena no fueron las mejores y solo ayudaron a acentuar más los conflictos entre ellos, al menos impidió una catástrofe mayor al impedir salir a los verdaderos ladrones de la ciudad; se lo podía reconocer, aunque nunca se lo diría en la cara. Esa chica amargada e impulsiva no se merecía elogios

    Y si esos chicos no hubieran intervenido, él no estaría ahí, sino en Ícaros haciendo otras cosas más importantes.

    Aquella expedición era el lugar donde menos quería estar, pero era necesario, debía evitar que los Frey adoctrinaran a esos chicos o hicieran movimientos sospechosos que indicaran una posible traición. Su actitud no ayudaba mucho, pero al menos tenía fe de que esa farsa podía sacar algo bueno.

    Trató de convivir con los muchachos que habían seguido a Sogia y… había tenido resultados mixtos, por no decir malos. La chica programadora parecía estar perdida en su propio mundo dado la baja de cafeína, la chica del Swoobat, que juraba era un Zubat, era interesante; incluso supo por Taena que la había retado a un duelo y le había empatado, así que tenía su respeto, sin embargo, no charló más con ella por el mero hecho de que inmediatamente cortó la conversación para ayudarle a Scylla.

    El mecánico lo había ignorando completamente y ahora se encontraba con un entrenador de juguete.

    Sin embargo, no todo era tan malo. Si quería tener mínimo un aliado ahí y no hacer todo solo, debía de escoger quién sería su Rapidash de guerra. Y hasta el momento, aquel pelirrojo se veía bastante confiable; no hacía preguntas incómodas, se veía respetuoso y a pesar de sus habilidades, Lewis tenía certeza de que podía enseñarle un truco o dos.

    No pudo evitar pensar que, de hecho, Blake le recordaba demasiado a alguien, pero descartó ese pensamiento de forma inmediata. Después de todo, ella era hija única.

    —Debemos cambiar eso, Blake. Vendrás conmigo.—Aseveró De Lann antes de tomarlo de la chaqueta y arrastrarlo hacia las estructuras abandonadas.

    3​

    El resto estaba explorando las cercanías de la ciudadela, sin adentrarse mucho aún al corazón de la que alguna vez fue una gran ciudad. Según Sogia, debían empezar poco a poco a peinar el terreno para descartar posibles áreas y avanzar a un buen paso si querían recorrer todas las ruinas antes de que los golpeara el próximo frente frío que estaba pronosticado para dentro de una semana. Aun con el tiempo limitado, la búsqueda iba a paso lento, por lo que Lewis pronto se separó del grupo para llevar a Weiss hacía uno de los rincones de la ciudadela.

    No era lo suficientemente cerca para no encontrar nada, ni tampoco lo bastante lejos como para perderse en caso de una eventualidad. Era un punto medio, lo que había sido alguna vez una apacible zona residencial; el hielo cubría las viviendas como si fuera roca, y el viento que soplaba entre las casas parecía el susurro de los caídos que no pudieron escapar. Era un pequeño cementerio hecho de cristales helados y nieve, y con cada paso que daban, Blake se sentía abrumado por la energía que emanaba de ese lugar.

    Era de día, por lo que no habría pokémon fantasmas rondando, pero alguno que otro pokémon de hielo estaría ahí, sobre todo porque con la presencia de humanos, eso significaba comida.

    Hubo un momento en que dejó de seguir a Lewis y se vio atrapado por la destrucción del lugar. Era increíble como todo podía reducirse a eso en cuestión de segundos. Todo parecía haber sido inesperado, pues se encontró con cadáveres dentro de las casas haciendo cosas de lo más cotidianas; madres cocinando, maridos viendo la televisión. Se encontró también pequeños juguetes llenos de hielo alrededor y camas llenas de nieve con pequeños bultos en su interior.

    Una ciudad dejó de existir en menos que un parpadeo.

    Y lo que era más aterrador, es que la muerte llegó de forma súbita para sus habitantes.

    Un cóctel de fantasmas, un cementerio.

    Almas en pena tratando de buscar el motivo del cese de su existencia y la comida perfecta para los fantasmas.

    Siguió caminando y pasó su mano enguantada por el frío mental roto de los barandales que adornaban las casas.

    Nada de eso tenía sentido.

    Ciudad Puntanueva era estructuralmente parecida a Narciso; alejada, construida en la cordillera de las montañas. Los habitantes sabían que la zona en la que vivían era peligrosa y propensa a avalanchas, por lo que su líder, Candance, hacía simulacros cada semana para prevenir a su gente. Tenían un centro especializado con pokémon para detectar cualquier variación en las montañas y en la tierra, por lo que si un desastre los azotaba, ellos podrían estar preparados de antemano gracias a la tecnología sus criaturas; y con ello, abandonar la ciudad de ser necesario.

    Sinnoh estaba a años luz de Aiwass y aunque Narciso fuera la primera ciudad, la ciudad ancestral, dudaba que se hubiera negado al avance tecnológico de su región; peor aún, en caso de negarse a que la tecnología reemplazara totalmente a sus criaturas como detectores y preventores de desastres naturales, deberían haberse quedado con sus sistemas arcaicos pero efectivos igualmente.

    Los Pokémon, sobre todo los Absol, nunca se equivocaban en su detección. Y a pesar de su historia, Aiwass hacía mucho había dejado de ser una región supersticiosa; por lo que era casi imposible que un desastre de tal magnitud los hubiera azotado y ellos no estuvieran enterados de ello.

    Una idea sombría se le cruzó por la mente; ¿y si ellos lo sabían, pero decidieron no hacer nada? ¿Y si la Tiara traído aquel desastre como un efecto colateral?

    Paró en seco, sintiendo como unos ojos lo escudriñaban desde lejos. Volteó y se encontró con un Absol de Hoenn, su pelaje blanco se confundía con la nieve y sus dos ojos rojos lo veían con intensidad.

    —Hey...—Susurró y levantó la mano, pero Absol no hizo ningun amago de moverse. Blake entonces tomó eso como una señal para acercarse.—¿Qué haces aquí?

    Se sintió estúpido por preguntarle eso a un pokémon, porque sabía que no le iba a responder. Pero aquel Absol tenía un aura a su alrededor que lo hacía imponente y bello a partes iguales; dio otros cuantos pasos y la criatura no se movió tampoco. Él sonrió.

    —No te muevas, chico.—Era la primera vez que hacía eso; la primera vez que buscaba una pokébola vacía en su cinturón y la apretaba para tenerla lista. Sintió la adrenalina correr por su cuerpo, mientras hacía movimientos lentos para no asustar a su presa; estaba tan cerca, tan cerca…

    Quería a ese Absol. Quería tener un pokémon del que pudiera estar orgulloso de haber capturado con sus propias manos. Alzó el esferico sobre su cabeza y Absol seguía sin moverse.

    Tomó impulso y…

    Justo cuando iba a lanzar la pokébola, esperando una captura exitosa, un viento cortante salió expelido a su dirección, rebanando el aparato con suma facilidad y causándole una herida en la palma de la mano.

    Absol entonces aulló y evocó más viento sobre su cuerno para lanzarlo contra las ruinas, cortando todo el hielo a su paso y creando una corriente salvaje a su alrededor.

    Y mucho, mucho ruido.

    Blake apenas pudo sacar a su Sneasel antes de que la bestia blanca saltara sobre su cabeza y se fuera de tejado en tejado, alejándose lentamente del punto inicial hasta los colindantes de las ruinas.

    Espera.

    ¿A acaso esa bestia iba directamente contra la expedición?


    Corto, pero era lo que tenía en mente más o menos.
    Yup, el Absol es el de Alexa :D
    Kiwi Yakov Armiel
     
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