Hallowed be the name

Tema en 'Relatos' iniciado por Lady Kyros, 7 Noviembre 2010.

  1.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

    Acuario
    Miembro desde:
    5 Julio 2005
    Mensajes:
    986
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Hallowed be the name
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1091
    Basado en la canción homónima de Iron Maiden.
    Dedicado a Sandritah.


    Hallowed be the name (Santificado sea Tu nombre)

    Los cálidos rayos del sol se filtraban débilmente por los barrotes de la celda besando con tristeza el rostro ceniciento del joven. Evans se había agotado ya de gritar y forcejear contra las cadenas que lo mantenían atado a la fría pared de piedra. Sus muñecas se hallaban laceradas por los pesados grilletes que lo capturaban; sus lágrimas habían dibujado senderos por sus mejillas, apartando el polvo que se alojaba en ellas.

    A lo lejos las campanas comenzaron a sonar con una fúnebre melodía marcando las cuatro de la tarde. Anunciaban que se aproximaba la hora de su ejecución.

    Cerró los ojos tratando de capturar en su mente las escenas de su pasado que lo condujeron a su fin. Se había enamorado, nada más. Como un niño devoto al cariño de su madre había sido conquistado hasta la locura por la hija del alcalde, la bella Isabel. Recordó sus cabellos negros acariciados por el viento, su piel nívea besada por el sol, sus ojos acaramelados posarse en él a la salida de la iglesia junto a su padre. La amó desde el día en que la vio, ignorante de quién era, desconocedor del cruel destino que le acarrearía su desventurado amor.

    Abrió los ojos para borrar de su mente la encantadora sonrisa de Isabel, aquella que lo había conducido a cometer el delito que lo condenó. Ahora sentía un sabor amargo en la boca al pensar en ella y en todo cuanto la rodeaba. Su amor, su maldición.

    Los minutos pasaban sin piedad, acortando su tiempo de vida, recordándole los errores de su paso por el mundo, aquellos que lo atormentaban sin tregua.

    Cuando el sacerdote llegó a leerle los últimos ritos, el joven desvió la mirada hacia la ventana adornada de barrotes de su celda; frente a él se extendía un mundo que le fue inadecuado, al cual no pudo adaptarse, al cual no se quiso someter. Y por eso tenía que pagar el precio de su rebeldía.
    Involuntariamente se encontró pensando en Isabel… Pero esta vez estaba con otro sujeto, uno que se hacía llamar su esposo. Un despreciable tipo rico que con su fortuna convenció al alcalde de otorgarle la mano de su hija a cambio de una gran dote.

    El día anterior se hallaba paseando en busca de leña, como hombre honesto que era, cuando escuchó los gritos de su amada y corrió en su auxilio. Ese hombre repulsivo se había abalanzado contra ella en la profundidad del bosque, queriendo someterla a sus asquerosos deseos carnales.

    Una ira venenosa se apoderó de Evans al verla indefensa y asustada a la merced de aquel bastardo: sin darse cuenta se hallaba sobre él descargando su hacha con furia una y otra vez. No le importó que ya no se moviera ni que sus chillidos de cerdo asustado hubiesen parado, siguió enterrando el arma en su vil cuerpo hasta que los gritos histéricos de Isabel alertaron a los guardias del pueblo.
    ¿Por qué estaba allí? Hizo lo que cualquiera debiese haber hecho con ese infeliz: matarlo como el animal que era. ¿Es que nadie lo entendía? Debía haber algún error. ¡Él no debería morir! ¡Aquel bastardo se merecía esa muerte! ¡No había hecho ningún mal!

    Pero por más que gritara y alegara su inocencia nadie quería escucharlo. Él no pertenecía a su mundo, era un inadaptado y debía morir por su crimen.

    Se entregó a un llanto desconsolado, dejándose dominar por un miedo apremiante, deseando que todo se tratase de una pesadilla, una muy horrible y escalofriante pesadilla. Pero el tiempo seguía corriendo y él perdía las esperanzas de despertar de aquel horrible sueño.

    Al oír las pisadas de los guardias acercarse a su celda comprendió que su hora había llegado. Se extrañó de continuar llorando, porque no le temía a la muerte en sí, sino a que su vida terminase justo en aquel instante. ¡Dejó tantas cosas por hacer! Ya su tiempo se había acabado, y no sería capaz de realizar los sueños que durante tantos años había planeado. ¿Por qué el cielo no podía esperar? ¿Por qué uno valora su vida cuando ya se escurre de su cuerpo como el agua entre las manos?

    Los guardias lo escoltaron hacia el patio de la ejecución, alguien gritó desde otra celda “que Dios esté contigo”. Si Dios existía, ¿por qué lo dejaba morir? Decidió encomendarse a Él; tal vez así pudiese al menos salvar su alma, adolorida de permanecer tanto tiempo en aquel mundo que no lo comprendía.

    Subiendo los escalones que lo llevaban a su fin una serenidad inesperada se había apoderado de Evans. Una calidez reconfortante abrazaba su corazón, como el gesto cariñoso de una madre. No se arrepentía de sus actos, sólo de no haber usado mejor su tiempo.

    Había sido tan repentina su sentencia de muerte que, al enfrentarla, su vida le pareció una mera ilusión. La voz del sacerdote llegaba hasta sus oídos apaciguada por sus propios pensamientos. Las lágrimas antes derramadas se le antojaron infantiles, ahora ya no estaría atado a las absurdas leyes del mundo en que vivía, ya no tendría que soportar las injusticias que allí se cometían, no tendría que sufrir por un amor que jamás tendría. Al fin la ilusión terminaría y su alma sería capaz de abandonar su frágil cuerpo para viajar al más allá y conocer la verdad de las cosas. No más sufrimiento, no más humillaciones, no más dolor.

    Sintió el vacío abrirse a sus pies, el aire escapar de sus pulmones, su corazón latir desbocado, su rostro enrojecerse con un calor infernal, sus ojos hincharse amenazando con salir de sus órbitas. Sintió cómo su vida lo abandonaba. Una llama siendo extinguida por el soplido de un niño caprichoso. Mientras el calor abandonaba su cuerpo la voz del sacerdote se apagaba lentamente como un débil murmullo…

    “Santificado sea tu nombre”



    Cantidad de palabras: 982
     
  2.  
    Kobato

    Kobato Guest

    Buenísimo, pero hago una pregunta, ¿acaso la palabra de Isabel no valdría para hacer algo? Me dejó bastante atonita eso de que a al final lo maten, no sé por qué, pero esperaba que le dieras un giro a esta historia, aunque esto ya va para gustos personales. En fin, buen escrito Kyros.

    Saludos.
     
  3.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

    Acuario
    Miembro desde:
    5 Julio 2005
    Mensajes:
    986
    Pluma de
    Escritora
    ¿Y tú crees que, para la época a la que se remonta la historia, la palabra de una mujer hubiese valido? ¿O que ella quisiese salvar a un lunático que asesinó a un hombre como un cerdo? Ese infeliz merecía la muerte que tuvo, pero como Evans lo dijo (o pensó): "frente a él se extendía un mundo que le fue inadecuado, al cual no pudo adaptarse, al cual no se quiso someter. Y por eso tenía que pagar el precio de su rebeldía."
     
  4.  
    Sandritah

    Sandritah Usuario popular

    Piscis
    Miembro desde:
    5 Septiembre 2007
    Mensajes:
    719
    Pluma de
    Escritora
    Yo, en particular, estoy de acuerdo con Kyros en el desenvolvimiento de la idea principal. En aquella época no es sólo, como bien dices, que la mujer no fuese a tener palabra, sino que además la chica estaría tan anonadada ante lo que ocurría a sus ojos que sería prácticamente imposible que pudiera decir algo a favor del asesino (además, la forma en que Evans asesinó a su "esposo" no fue precisamente limpia y elegante, sino sangrienta, en cierta forma causante de un cierto trauma). Me gustaría también ver la historia desde los ojos de la mujer, porque al fin y al cabo sería interesante saber qué tipo de problemas mentales le dejó ver tal escena.

    Kyros, me encanta el escrito y adoro la canción. Últimamente vas a mis puntos débiles ¬¬!
     

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso