Guerra y Paz de Tólstoi con un café

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por hana kotoba, 26 Agosto 2010.

  1.  
    hana kotoba

    hana kotoba Iniciado

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    Guerra y Paz de Tólstoi con un café
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    Guerra y Paz de Tólstoi con un café

    Gente, buenas.

    Descripción: Serie de cuentos medio cortos medio largos que pasan alrededor de la vida de Meridiana y Ecuador.
    Advertencia: Seguro no te gusta. Lapsos de tiempo entre relatos indefinidos. Prostitución. Botero. Cigarros. Lenguaje grosero y explícito. Ganas de molestar la paciencia. El prefijo es mentira.

    El título tendrá una explicación (quizá sí aunque después no).

    La próxima vez

    No quise despertarla. Se movía de un lado a otro y respondía de vez en cuando con un ronquido. Noté que ya se levantaba cuando bostezó y se acomodó en la cama.
    —¿Quién carajo eres tú?

    Reí. Claro que sentado en la ventana con aquel solazo mañana no podría ver mi cara.
    —Bienvenida.
    —¿Quién coño eres?
    —¿Así le dices a todos?
    —Maricón. ¿Y mis cosas?
    —En el baño —miré como se levantaba y añadí:— ¿Te vas?

    Me pintó una paloma. Mientras se alejaba, acomodó su pantaleta con el mismo dedo.
    —Oye, Meridiana...

    No me escuchó o el portazo era la respuesta. No iba a tardar en salir y quedarse quieta por un momento: mirarme y echarse a reír. Y entonces oí los gritos.
    —¡Puta sea, los cigarros! ¡Mira tú, hijo de puta, malparido! ¡¿Qué coño hiciste la caja, maldito?!

    No podía aguantar la risa. Me tiré en la cama mientras ella gritaba. Salió del cuarto más desnuda de lo que entró y me encontró ahí. Se paró, agarró los pantalones del perchero y sacó la cajita de Belmont. La apretó contra sus manos regordetas.
    —Eres una vaina seria, Meridiana —le dije, aún riendo.

    Me regresó la mirada y torció la boca.
    —Dime que no lo hicimos.
    —Como si fuera masoquista o algo.

    Meridiana también rió y se sentó en la cama. Encendió el cigarro y cruzó las piernas desnudas.
    —La próxima vez avisa, Ecuador.
     
  2.  
    hana kotoba

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    Re: Guerra y Paz de Tólstoi con un café

    Una puta gorda


    —¿Cómo se veía?
    —Medio chungo. El carajo parecía un vampiro.
    —¿Chungo? ¿Carajo? Eres una pésima combinación de jergas
    —Eres la única persona que dice 'jerga' mientras habla. Di vaina, culo, teta: me aburres de una manera...
    —Yo no hablo para ti.
    —Cállate un rato.

    Volteó su mirada hacia la ventana. Ambos lo hicieron. La chica se cruzó de piernas y la falda dejó mostrarlas, pálidas y regordetas, como una pintura de Botero. Sostenía con su mano derecha un cigarrillo y con su mano izquierda su gordo mentón. El chico también miraba a la ventana con las piernas cruzabas. Vestía una chemise medio abierta y pantalones de tintorería.
    —Sucede, Meridiana, que detesto esas agallas tuyas...
    —¡Pelotas! ¡Di pelotas! Me tienes arrecha.
    —¿Cuál es tu predisposición?
    —Predisposición mi culo, Ecuador.
    —Y vas con eso...
    —Cállate. Ecuador, sucede que detesto esa despelotación tuya.
    —¿Falta de pelotas? Habla de una manera en la que te entienda.
    —Lámeme el culo, te dije.
    —¿Cómo?
    —¿Te lo saco?
    —Asco, Meridiana.

    Meridiana se metió el cigarro a la boca. Aspiró unas cuantas veces, y luego lo restregó en la cenicera. Meridiana fumaba y le soltaba todo en la cara a Ecuador. Y él se volteaba arrecho.
    Iban los martes al café y discutían cualquier cosa, hacían barullo, ordenaban un dulce, se quedaban quietos y volvían a la normalidad.
    —¿Qué me decías del López? —dijo Ecuador.
    —Que lo vi el sábado, en Las Mercedes. Andaba medio malo el tipo.
    —Ah, que parecía un vampiro.
    —Sí. Me iba a saludar, pero como andaba con un cliente le dio culillo —Meridiana rió con fuerza y se recostó de la silla.
    —Meridiana —dijo Ecuador.
    —¿Qué?
    —Tú sabes.
    —No, no sé un coño.
    —Claro que sabes.
    —Me voy —dijo Meridiana. Se levantó y tropezó con la silla. Se acomodó la falda y agarró su cartera. Ecuador se quedó en la mesa terminándose su dulce.
    —Cuidado con una vaina —dijo, pero Meridiana ya había cerrado la puerta.

    Ecuador siempre se quedaba veinte o treinta minutos más después de que Meridiana se iba. Meridiana lo insultaba, lo hacía reaccionar, lo callaba y se iba moviendo su enorme trasero. Estaba buscando que Ecuador dejara de ser siempre lo que ella esperaba que sería, quizá para darle más emoción, o fetiche, o ganas de quemar tiempo y ganarse un café.
    —A nadie le interesaría alguien como vos —dijo una vez Meridiana a Ecuador.
    —¿Según quién? He tenido un viaje de mujeres, Meridiana.
    —¿Y por qué no sigues con ellas?
    —No tienes moral para decirme nada, tú eres una... prostituta.
    —¿Arrugas? Dilo, me importa media mierda, ¿ves? No lo estoy escondiendo.
    —Meridiana, joder, piensa un poco
    —Por eso no sirves, Ecuador.

    Una puta gorda: así decía Meridiana. “Igual viene gente”, decía; “Les gusta, a los desgraciados”. Meridiana se pintaba los labios de rojo, se ponía una mini falda, relucía la celulitis ante los faroles de los carros y prendía un cigarrillo. Fumaba sin gracia, tosía a veces. Meridiana le alzaba el brazo a las motos. Debajo, la axila sin afeitar los tentaba.

    Ecuador seguía sentado en la mesa del café. Había terminado el dulce y no sabía si ponerse a fumar o levantarse de una vez. Varias meseras se le habían acercado a preguntarle si iba a comer algo más, si quería la cuenta. Una lo llamó señor Ecuador. Maldita puta, maldita Meridiana; pensaba.

    Luego, después de media hora, se fue del local.

    Caminó desde Los Símbolos hasta La Victoria fumándose una caja que había dejado Meridiana: Belmont y baratos para la puta sin clase que no compra Marlboro. No tenían sabor. Recordó entonces una pregunta que le hizo su padre cuando, sentados en la camioneta, muchos años antes, recorrían esa misma avenida.
    —Ah, que quieres ser periodista
    —Sí, papá
    —¿Sabes que vas a terminar pelando bola, no?
    —Sí, papá
    —Entonces, descríbeme esta avenida
    —¿Papá?
    —¿No vas a estudiar periodismo? Tienes que aprender a describir entonces —Su papá hizo una pausa y se aclaró la garganta— ¿Puedes describirme esta avenida?

    No podía. Dos porciones del nerviosismo que su papá le generaba y tres porciones de la falta de adjetivos. Cinco porciones de “no, papá” enlatadas y lo que restaba de envasado al vacío era un sonrisa burlona del padre. Repitió la palabra “suerte” desde ese momento varias veces. Caminando por la avenida, empezó:

    “(nota mental: encomillado y aparte para acotaciones de más de cinco líneas, mayúscula)
    “El lado derecho de la avenida está decorado con Samanes que florecen en esta época del año. Sus ramas son robustas, y firmes; en el tronco tienen pintado una línea blanca de tránsito. La acera que comienza a sus pies está siendo remodelada: está totalmente destruida a cinco metros del semáforo. Una cinta amarilla de alerta se sostiene en los Samanes y cierra el paso. Dos obreros trabajan en el remodelado. Ambos son de piel morena, calvos y visten con jeans deshilachados y remeras rasgadas. Las manos están llenas de piel muerta por el contacto directo con cemento. Recostada del poste de luz, una mujer no mayor de 18 años. Viste con una franela rosada y una falda negra. Hay tránsito lento siguiendo hacia San Agustín.”
    —Chica

    Tipo Meridiana, pensó; puta terca malparida sucia como Meridiana. A la tipa del poste se le veía todo. Como Meridiana, volvió. Botó a colilla del cigarro y sacó otro de la caja. Se acercaba al poste. La mujer volteó a verlo y Ecuador sonrió.
    —¿Cuánto es?

    El cigarro cayó al suelo. La cifra se la dijo sin vacilar:
    Ciertamente, en aquel coñazo no había dudas.
     
  3.  
    sessxrin

    sessxrin Fanático

    Virgo
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Guerra y Paz de Tólstoi con un café

    Te comente esto antes, pero no lo pasaron a FFL :(
    Igual, tratare de escribir lo que te comente.

    No tengo palabras y sinceramente no creo que importe. Las viñetas me han gustado, a pesar de las tantas groserias en un solo parrafo, pero que creo que es bueno debido a la jerga local que estas utilizando. Mariana no me cae muy bien, pero tiene algo que si me gusta. Ecuador parece tener cierta obsesion con la chica, o esa impresion me da ya que le echa toda la culpa a ella xD

    Seguire este escrito, nos vemos hanita ;)
     
  4.  
    Damaia

    Damaia Usuario común

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    Pluma de
    Escritora
    Re: Guerra y Paz de Tólstoi con un café

    Aunque hay tantas groserías, me gusta la forma de tu narración. Es fascinante la forma de ser de los dos, la media-sofisticación de Ecuador, la forma en que a Meridiana le da igual lo que pase, lo que puedan pensar de ella. Su vida tan problemática.

    He leído varios escritos tuyos y hasta ahora es que te comento.
     

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