En una aldea perdida entre las montañas, en una noche de fiesta, mientras todos celebraban. Un grito en lo profundo del bosque alertó al mundo. La gente se acercó preparada para todo, pero lo que vieron no cabía en sus cabezas. Una joven gritaba. Con los ojos saliéndose de sus órbitas y la mandíbula desencajada, no paraba de gritar. Miraba a la gente que la rodeaba pero no reaccionaba. No respondía preguntas, no se zafaba de los zarandeos, no hizo nada cuando su madre la abofeteó entre lágrimas ordenándola que parara. Sólo gritaba. Huyó torpemente adentrándose en el bosque, tropezándose con las raíces y las rocas, aterrada de sí misma. Siempre gritando. Con los pulmones ardiendo, heridos por las punzadas del agotamiento y vacíos de tanto gritar siguió toda la madrugada. Nada interrumpía el chillido. Cuando no le quedaba aire lo tomaba deprisa emitiendo un seco carcajeo que rompía su garganta y seguía gritando. Nadie se atrevió a seguirla hasta que no reinó el silencio. El médico del pueblo certificó su muerte por la mañana, cuando la encontraron con esa mueca de terror congelada para siempre en su frío rostro. Con los ojos abiertos apunto de salírsele de la cara, la boca abierta más allá de lo posible y la nariz ensangrentada por la presión. El luto no duró mucho, aquella misma noche su madre empezó a gritar. Nadie podía consolarla. No reaccionaba y muchos se temieron lo peor. A la mañana siguiente volvió el silencio, pero ya era tarde. Esa misma noche fueron sus hijos, a la siguiente, su marido y tres vecinos, y en unos días, el terror llenaba el aire con gritos infernales que convertían las pesadillas en realidad. Los que aún podían huyeron del pueblo, pero el recuerdo... En la parte más oculta de su mente oían los gritos, y una extraña sensación les llamaba a gritar a ellos también. Gritar. Gritar con todas sus fuerzas, llevados por la misma maldición que portaban como una plaga por allá donde iban. Incapaces de huir del horror. El sencillo hecho de pensarlo da ganas de gritar.... Sintiendo el corazón latir con fuerza, la boca seca y la garganta tensa, trago saliva. Quizás debería empezar a gritar, ¿no crees?
Primero de nada, quiero darte las gracias por participar en la actividad, me hace muy feliz. En cuanto al relato, se me hizo entre escalofriante e interesante. Además, como que el broche que le diste deja como un atisbo de "realidad" ya que le habla al lector, como si pusiese en nuestro propio presente esta historia. Me gustó mucho, no fue algo super elaborado pero te deja meditabundo. Muchas gracias y sigue escribiendo. ¡Un saludo!